p^..^^
'■f l'.^;
•^^Sí*"
^\M
sí^
w
r /ri^
'jif
^
" m
ú
BIBLIOTECA
DI
AUTORES ESPAÑOLES.
(TOMO LXX DE LA COLECCIÓN.)
^j^... BIBLIOTECA
/^^¿>'(i
AUTORES ESPAÑOLES
DESDE LA FORMACIÓN DEL LENGUAJE HASTA NUESTROS DÍAS.
CRÓNICAS
DE
LOS REYES DE CASTILLA
DESDE
DON ALFONSO EL SABIO, HASTA LOS CATÓLICOS DON FERNANDO Y DONA ISABEL.
COUBCCION ORDENADA
POR DON CAYETANO ROSELL.
TOMO TERCERO.
///
MADRID,
M. RIVADENEYRA — EDITOR,
ADMIKI8TBACI0N : MADEBA BAJA, KÚM, 8,
1878.
^ , lo
lUrREKTA , ESTEREOTIPIA T OAI.VASOPLAfiTIA DE AlilFAU Y COMPASÍA (POCESOBES DE RIVADENEYEA),
lUi'itEwr.rj DE cAMAri DE í. M Cftlledfll BnnupiJe Omina, niün. 3.
ADYEETENCIA.
■Para dar por terminada la colección de Crónicas de los Reyes de Castilla, que nos propu-
simos incluir en la Biblioteca , restan únicamente las que corresponden á los reinados de
Jthirique IV y los Reyes Católicos. Hasta ahora contamos en cada reinado con una crónica;
ni tampoco se extendia á más nuestro empeño , atenidos como estábamos , no á reproducir
monumentos esencialmente históricos, sino aquellos que de común acuerdo se conservan y
recomiendan como superiores por su concepto y mérito literarios. Pero el renacimiento de
las letras en Occidente perfeccionó los estudios, ensanchó el campo de la erudición, y armo-
nizó más y más la manera de expresar las ideas con el mejor arte de la forma, modelada
sobre los insignes ejemplares de la antigüedad clásica.
El siglo XV cae de lleno en este período; y lo que antes era semilla copiosa, pero poco
fecunda aún , llega en breve á hacerse campo de frondosa y lozana fertilidad. Allí no era
posible la preferencia ; aquí lo dificultoso es la elección ; pues exceptuándose algún investi-
gador de memorias y documentos, que en fuerza de aplicación y voluntad hacía olvidar lo
deslucido de su propósito, los más eran escritores de profesión, que con observar lo que
acontecía á su vista y referirlo según su pasión ó sus intereses , por elegante manera y aci-
calado estilo , creían haber desempeñado su papel á gusto de los que los pagaban ó los aplau-
dían. El más retórico era el que presumía de mayo^iacíerto.
Dijimos al finalizar la Advertencia que encabeza el tomo ii de nuestras Crónicas, que en
el presente, relativo al reinado de los Reyes Católicos, marcharíamos con más desembarazo
en cuanto á la concurrencia de los autores que se disputan la propiedad de alguna de las
obras de esta colección. No cabe, en efecto, duda respecto á los verdaderos historiadores de
aquel reinado; pero no sucede lo mismo conloa del precedente, es decir, con el de D. Enri-
que IV, en cuya vida pusieron mano á la vez varios escritores , sin que sea posible afirmar
sin pruebas á quién ha de atribuirse esta ó la otra obra determinada. Cuál más, cuál ménos^
sabemos que intervinieron en aquella empresa el competidor de Nebrija, Alonso de Falen-
cia, Mosen Diego de Valora, Diego Enríquez del Castillo , D. Juan Arias Dávila, el famoso
compilador y refundidor de los documentos históricos de aquella edad , Don Lorenzo Ga-
lindez de Carvajal, y con carácter más general, sin ceñirse á limitado ¡espacio de tiempo, el
bachiller Alfonso de Toledo, Pedro de Escávias , y quizá algún otro.
No nos detendremos á referir las circunstancias de la vida de algunos de estos autores,
personajes importantes en las cortes de Enrique IV y de los reyes Don Fernando y Doña
Isabel (1), porque están ya consignadas tan ampliamente como es posible en obras recientes
(1) Alfonso de Falencia ó Fernandez de Palen- bando del rey intruso Don Alfonso, hermano do
cía, natural quizá de esta ciudad, ó según otros, de Don Enrique.— Diego Enriquez del Castillo, natu-
Sevilla, nació el año 1443, y murió el 92. Se educó ral de Segovia, fué capellán y del consejo de dicho
en Italia, adonde pasó de joven con el obispo de rey Don Enrique. — Diego de Valera, nacido en
Burgos, Don Alfonso de Santa María ó de Cartagena, Cuenca en 1412 , murió en 1486. Merced á su talen-
siendo familiar del célebre cardenal Besarion. Vuel- to y á los caballerescos servicios que prestó á Es-
to á España, sucedió á Juan de Mena en el empleo paña en los países extranjeros, fué muy estimado y
de cronista y secretario de latín, y se afilió ea el distinguido por Don Juan II y los Keyes Católicos.
VI CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de autores contemporáneos, que sin dificultad pueden consultarse (1). Ni es tampoco del
caso incluir aquí la enumeración y juicio de los muchos y varios escritos que se conservan
de aquéllos , cuando sería inútil por una parte y pretencioso por otra el intento de acometer
este trabajo ; no será poco el de concretarnos á nuestro ot^jeto.
Tres son las principales Crónicas que se citan de Enrique IV : la de Alfonso de Falencia,
la de Diego Enriquez del Castillo y la de Mosen Diego de Valora , esta última titulada
Memorial de diversas hazañas , y hasta hoy inédita como la primera. Escribió también Fa-
lencia las Décadas Latinas , cuyo verdadero título es las Tres Décadas de las cosas de mi
tiempo f que comprenden desde 1440 hasta que queda asegurada la sucesión de la reina Isa-
bel en el trono de Castilla. La Crónica abraza solamente el reinado de Enrique IV, y en
algunos ejemplares, no cabal, falta que puede atribuirse á que los códices no estén completos.
Las Décadas están escritas en latin, la Crónica en castellano; lo cual ciertamente no se opone
á que ésta, ya que no una traducción , por lo menos sea casi un extracto de las primeras.
Fudo muy bien Falencia ser autor de este trabajo , como lo es de las versiones de otras
obras suyas, dado que todas las escribió en latin, obligación tal vez aneja al título de Secreta^
rio de latin ^ en que sucedió á Juan de Mena; mas esta conjetura, sobre alguna razón que ale-
garemos luego, es de ningún valor desde el momento en que se dice, como es verdad, que
él mismo formó una lista de sus escritos, y no menciona en ella la Crónica de Enrique IV,
Si ésta, según la opinión de algunos, fuese meramente un extracto romanzado de las Déca^
das, quedarían resueltas todas las dificultades; se llamaría Crónica de Falencia lo que, sin
ser trabajo propio, era creación suya, como se llaman comedias de Calderón, por ejemplo,
lasque andan hoy refundidas por otras manos, unas conocidas, otras anónimas é igno-
radas.
Fundamento hay, pues , para negar la autenticidad de la Crónica de Falencia tal como
existe hoy día. De este parecer es el señor Ríos, allegándose al emitido anteriormente por ei
académico Don Fedro Sainz de Baranda, quien demuestra con argumentos incontestables
que ni aun traductor de sí propio puede §er quien desfigura su obra original hasta el extremo
de no comprenderla y equivocar por ignorancia aquello mismo en que había probado su su-
ficiencia. La solución que Zurita, y el señor Fabié en su biografía de Alfonso de Falencia,
dan á este problema es tan admisible, que no cabe explicación más satisfactoria. Mosen Die-
go de Valora tomó de las Décadas latinas su Crónica de Enrique IV, que llamó Memorial
de Hazañas; algún otro quizá tradujo de aquéllas la parte que se atribuye al primitivo au-
tor, y de aquí las dudas, la confusión y las tergiversaciones en que se ha incurrido. ¿Qué
tendría esto de extraño, cuando Galindez de Carvajal confiesa que su Historia de JEnri-'
que IV no es más que una compilación de la de Falencia ?
Hemos tenido la curiosidad de cotejar algunos trozos de la obra de Valora con la llamada
de Falencia, y es completa su identidad. El atentado de Ávila y la muerte del infante Don
Alfonso, con levísimas variantes, se refieren en los mismos términos. ¿Cuál de los dos re-
latos es anterior al otro? Coetáneos eran ambos autores, aunque Valora de más edad; pero
no es creíble que Falencia tradujera en latín para los doctos lo que andaba vulgarizado en
romance, y por consiguiente al alcance de todo el mundo. Y que el Memorial de Hazañas
pueda reputarse obra do Falencia, no es verosímil tampoco. Falencia escribe tan premiosa-
mente y con un sabor tan exótico en castellano, como lo prueban sus traducciones.
Algo más añadiremos para terminar cuestión tan empalagosa. En la Biblioteca Nacional
(1) Don José Amador de los Ríos, en su Historia del Triunfo Militar, impresos ambos, con un Ensa-
Crítica de la Literatura Española, tom. vii, capítu- yo biográfico y bibliográfico que los precede en
los xvn y xx, Don Antonio María Fabié en los dos la Colección titulada Libros de Antaño, tomo v
tratados de Alfonso de Falencia , la Batalla campal Madrid, Duran , 1876.— Discurso de recepción en la
que los Lobos y los Perros ovieron , y la Ferfeccion Academia de la Historia del mismo señor Fabié.
ADVERTENCIA. vil
existen multitud de códices de la Crónica de Enrique IV escritos en los siglos xvi, xvii y
aun xviii (1); unos alcanzan solamente hasta la muerte del falso rey Don Alfonso; otros
llevan por vía de continuación la Crónica de Enriquez del Castillo, ó el Memorial de diversas
Hazañas, de Valera, y alguno la de un anónimo. Es de advertir que en muchos se ha omi-
tido el nombre de Falencia, é intercaládose ó añadídose posteriormente. ¿Qué indicaba esta
opinión ó esta incertidumbre? Finalmente, en la Biblioteca de la Academia de la Historia
se conserva , entre otros , uno en cuya portada , que se refiere á las Crónicas de Falencia y
Enriquez del Castillo, hay una nota escrita por Don Luis de Salazar y Castro, que dice así:
«Esta Crónica no es de Alonso de Falencia, ni de Diego Enriquez del Castillo, sino formada
por la de ambos , y debió de ser obra de Don Ambrosio Sánchez del Águila , ó del Doctor
Lorenzo Galindez, etc.» (2). Basta de suposiciones.
Ahora bien: nadie ha negado jamas que el Memorial de diversas Hazañas sea obra de Me-
sen Diego de Valera. Original ó traducida, completa ó extractada, merece que se dé á luz;
si en ella tiene parte Falencia , por no defraudar de su respectiva propiedad á ninguno de
ios dos autores; si sólo pertenece á Valera, por no dejar más tiempo en la oscuridad la que
como historia es á todas luces recomendable, y como trabajo literario, no inferior en verdad
á ninguno de los de su época. El que ilustró la suya , de joven , con proezas que tan singu-
lar nombradía y tan extraordinarios honores le granjearon entre propios y extraños; en su
edad viril , defendiendo la causa de la razón y de la justicia contra los ambiciosos magnates
que destronaban á su rey, so pretexto de incapacidad, para sentar sobre el trono una oli-
garquía facinerosa; y el que en sus postreros años dirigía, por medio de sus memoriales y
cartas, sabios y patrióticos consejos á los reyes, á los amigos y á los adversarios, ganándose
reputación de animoso , fiel , cuerdo y docto en todos los ramos del saber humano , digno es
de mayor aplauso y estimación que la que la posteridad ha tributado hasta hoy á sus virtu-
des y á su talento. El tono sencillo y grave y el espíritu de rectitud é imparcialidad que re-
saltan en su Memorial de Hazañas ó Crónica de Enrique IV, purgada de la afectación que
iba ya cundiendo entre los escritores de aquel siglo, y de los discursos, arengas y aderezos
convencionales con que se procuraba remedar á los historiadores de la antigüedad, dan, á
nuestro juicio, indudable preferencia á esta obra sobre cualquiera otra monografía histórica
de aquel reinado. En todo caso, la rareza del libro, que por primera vez se da á la estampa,
juzgamos que lleva en sí suficiente recomendación (3).
For la que de antiguo goza , mayormente desde que se divulgó impresa en el postrer ter-
cio del pasado siglo (4), no hemos debido excluir de esta colección la Crónica, relativa tam-
bién á Enrique IV, escrita por su capellán Diego Enriquez del Castillo. Falencia era secuaz
del imberbe monarca proclamado en Avila; Castillo guardaba fidelidad á su señor; y aun-
que reconocía y confesaba sus defectos, censurables en cualquier hombre , pero más graves
y perniciosos en un rey, pintaba en su repugnante desnudez las maldades de aquellos nobles,
rebeldes por sistema, traidores por instinto y perversos por naturaleza. Tan denodadamente
los combatía, y de tal modo se atrajo su enemistad, que allanaron su casa, se apoderaron de
(1) Llevan las signaturas siguientes : G. 21.— G. Valera las eiguientea obras: Defensa de virtuosas
25.— G. 27. — G. 28. — G. 33. — G. 34. — G. 35. — G. mujeres; Esp^o de verdadera noblesa; Ceremonial de
168. — G. 192. — I. 213. — J. 224. — J. 225. — J. 226, — Príncipes ; Tractado de las armas; Genealogía de los
Q. 127. — T. 4.— T. 36. — V. 12.— V. 23.— X. 19. — X. reyes de Francia; Doctrinal de Príncipes; Coránica
120. — Dd. 31.— Ee. 217. — Ee. 219. Abreviada de España; en cuatro partes, y algunos
(2) Lo de Sánchez del Águila se deduce de que, otros tratados morales. Los cinco primeros se con-
segun el testimonio de Don Manuel Pantoja y Al- servan en el departamento de MSS. de la Bibliote-
puche, la letra del Códice es suya, y ademas está ca Nacional.
firmado por él , y era persona dada á este género de (4) Por Sancha , Madrid, 1787. Dícese segunda
estudios. edición, pero no conocemos la primera.
(3) Ademas de bus Cartoi familiares, escribió
Vni CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
sus manuscritos y le condenaron á muerte (1). Salvóle el ser sacerdote; pero aquella perse-
cución le obligó á interrumpir sus trabajos, de que no poco debió resentirse la obra cuando
pudo proseguirla y llevarla á cabo. A esta contrariedad se atribuyen los defectos é inexacti-
tudes de que adolece en fechas y pormenores de poca monta ; pero otros más sustanciales,
como el amaneramiento del estilo, lo artificioso de la frase, las frecuentes declamaciones, ra-
zonamientos y apostrofes con que interrumpe la narración, no admiten igual disculpa ; el
lenguaje, sin embargo, es enérgico, elegante y fluido. No desmerece de sus modelos.
La protección que la reina Católica dispensó á los que cultivaban las letras con tanta gloria
de su reinado, necesariamente habia de aumentar el número de sus biógrafos, pudiendo todos
ellos, sin dar en lisonjeros, representar el airoso papel de panegiristas. Distinguíase sobre los
demás, el autor de los Claros varones de Castilla , que por sus especiales condiciones para la
historia, y por ser secretario, canciller de la puridad y cronista de la misma Reina, no podia
eximirse do aquel deber (2). Alguno afirma (3) que escribió asimismo una Crónica de Enri-
que IV. No ha llegado hasta nosotros ; si existia realmente, no habrá perecido por olvidada.
Ello es que al reunir las obras que más ordenada y elocuentemente refieren los grandes
hechos del reinado de Don Fernando y Doña Isabel , no podíamos menos de dar principi(*
por la Crónica de Hernando del Pulgar (4). Ni el bachiller Palma en su Divina Retribu-
ción, compendio de lo acaecido en España desde Don Juan I hasta su restauración por
los Reyes Católicos (5) ; ni el obispo Don Diego Ramírez de Villaescusa al llenar la His"
toria de la vida y muerte de la reina Doña Isabel ; ni el capitán y cronista Gonzalo de Ayora,
autor de otra de la misma Reina; ni el cosmógrafo Alonso de Santa Cruz , que se empleó
también en escribir libros sobre igual asunto , aventajan á nuestro Hernando del Pulgar en
la acertada distribución de su obra en tres partes, ó mejor dicho en dos, precedidas de una
introducción, como tampoco en la grandiosidad del conjunto, en la gallardía de la expresión,
en la regular y armónica construcción de los períodos, sin otras prendas que, como dice un
juicioso historiador de nuestra literatura (6), «preludiaban el próximo reinado de la verdade-
ra historia.» Incurre en el propio abuso que Castillo, en la intercalación estudiada y falsa de
las arengas y discursos, bien que algunas puedan considerarse como acabados modelos de
elocución ; por falta de datos veraces, falsea en algún período de su obra hechos que debió
investigar más detenidamente ; pero ni siempre es mordaz , ni sin notoria y apasionada in-
justicia puede ser calificado de escritor bárbaro, como alguno ha dicho (7).
Su Crónica termina mucho antes de la muerte del rey Católico ; y para obviar en parte
este inconveniente en que algunos han reparado, hemos añadido en un apéndice cierta con-
tinuación (8), que acaso no nos agradezcan nuestros lectores. Es una relación insulsa, pesa-
(1) La Crónica que se dice de Falencia refiere el En el prólogo de la edición de Monforte (Valen-
lance del allanamiento y secuestro en términos que cia, 1780), que es la más hermosa y la que nos ha
dejan muy malparada la reputación de Valera. Ya servido de texto, se explica este quid pro qiio, como
Be hizo cargo de ambas versiones el Sr. D. José A. verán nuestros lectores.
do los Ríos en la parte citada de su Historia de la (5) Tenemos entendido que va á publicarse en
Literatura Española. Sabido es que los testimonios breve por la Sociedad de Bibliófilos Españoles.
de los enemigos no son fehacientes en buena crítica. (6) El mencionado D. José A, de los Eios.
(2) Supónese que Pulgar , á quien el lector habrá (7) Véase el Prólogo de la edición de 1780, que
entendido que nos referimos, nació en Toledo : más copiamos en esta nuestra.
probable parece que en Madrid, porque Fernandez (8) Copiada de un MS. de la Biblioteca del se-
de Oviedo así lo afirma. ñor Duque de Osuna, que se nos recomendó extra-
(3) Don Nicolás Antonio, en el artículo correspon- ordinariamente por quien sin duda no tuvo ni si-
diente do su Bibliotheca Nova, quiera la curiosidad de verlo. Es sobre todo insopor-
(4) En la edición que se hizo do ella en Vallado- table la monotonía con que están construidos los
lid, el año 1565, se puso por autor á Antonio de Le- periodos, en los cuales el verbo va siempre al fin,
brija, porque así lo hizo creer el haber hallado el aunque para llegar á él se tropiece con mil estorbos
manuscrito entre sus papeles ; pero al reimprimirla y escabrosidades. No era más sistemático el abate
dos años después en Zaragoza se subsanó el error. Marchena en su enrevesada prosa.
ADVEETENCIA. n
dísima, obra al parecer de más de un ingenio, como se advierte desde que se da por termi-
nada la conquista de Granada (1), en que el texto ofrece tantos tropiezos como palabras, y
un criterio tan vulgar y tan insensato , que no sabemos si provoca á risa, & asombro ó á in-
dignación. Discúlpenos nuestro buen deseo.
Con el mismo fin de completar la vida de Don Fernando, y de salvar al propio tiempo al-
guna omisión ó descuido de Pulgar, hemos insertado en un segundo apéndice los Anales
que dejó manuscritos el Dr. D. Lorenzo Galindez de Carvajal, y el principio de una Cróni-
ca de los Reyes Católicos hasta la muerte del esposo de Doña Germana de Fox, literalmente
tomados de una publicación importante que ha preservado ya de la destrucción muchos do-
cumentos de nuestros archivos (2). Son, como su título lo indica, apuntes puramente cro-
nológicos , pero ilustrados con copiosas notas que dan sumo interés y utilidad á este im-
portante epítome.
Finaliza este último tomo de nuestra colección, por cierto sobrado voluminoso, con la
Historia de los Reyes Católicos del bachiller Andrés Bernaldez, Cura de los Palacios (3), teni-
da en grande estima de los eruditos , y sin embargo casi desconocida , hasta que el célebre
sevillano Rodrigo Caro franqueó un ejemplar de su propiedad, y de él se sacaron los prime-
ros traslados , que después se reprodujeron en bastante número , y podían disfrutarse en la
Biblioteca Nacional , en la de la Academia de la Historia y en las librerías de algunos parti-
culares. Imprimióse por primera vez años atrás en Granada, mal y desaliñadamente, y con
esmero y perfección en Sevilla, el año 1869, por la Sociedad de Bibliófilos Andaluces (4).
Para nuestra edición nos hemos valido de una excelente copia, que hoy se guarda en la Bi-
blioteca Nacional (5).
No le conviene el nombre de historia á la obra del Cura de los Palacios: carece del tono,
del movimiento, de las condiciones internas que se requieren hoy en estas composiciones , y
sobre todo del estudio amplio y particular que desentraña y completa el verdadero estado
social, intelectual y político de un país en un tiempo dado; no se sutilizaba tanto en aque-
llos : gracias que se acopiasen los materiales para acometer en los nuestros tan ardua empre-
sa. Este objeto se propuso al parecer Bernaldez, y lo realizó con un celo, una buena fe y una
modestia que ni entonces ni después ha tenido muchos imitadores (6). Es su trabajo una Cró-
nica, en el verdadero sentido de la palabra, rica de datos y pormenores, llana en su estilo,
ingenua en la exposición , escrita con facilidad, sin pompa ni pretensiones ostentosas : él mis-
mo refiere sencillamente el móvil que le excitó y los propósitos que le guiaban á la ejecu-
ción de tan noble y honrado empeño (7).
Damos punto á esta enojosa advertencia , y, como queda dicho , término á nuestra colec-
ción, renovando aquí cuanto dejamos expuesto en loa dos tomos anteriores respecto á las
(1) Con razón puede hacérsenos el cargo de que, (4) En dos tomos, que van precedidos de unos
al echar mano de este documento, no hemos tenido datos biográficos y un juicio crítico debidos á la
en cuenta la índole de la Biblioteca, como otras ve- distinguida pluma del Sr. D. Fernando de Gabriel
ces.^8i es ; no lo negamos ; pero si no en este senti- y Ruiz de Apodaca.
do, estímese como una muestra del espíritu religio- (5) Era, según noticias , la que destinaba el edi-
so y político que animaba al vulgo de aquella épo- tor Sancha á ser impresa, para que formase parte
ca, y de la fraseología que empleaba al discurrir de su bella colección de Crónicas.
sobre estas materias. (6) De las íntimas relaciones que tuvo con Cris-
(2) El tomo xviii de la Colección de documentos tóbal Colon, no hace alarde; y las alabanzas que
inéditos para la Historia de España, por Don Mi- tributa al Duque de Cádiz, y que algunos censuran,
guel Salva y Don Pedro Sainz de Baranda. Madrid, eran un sentimiento espontáneo de admiración há-
viuda de Calero, 1851. cia aquel héroe.
(3) Natural de la villa de Fuente, en la Enco- (7) Véase el capítulo vn déla obra, que tiene por
mienda Mayor de León de la Orden de Santiago. Se epígrafe : Delpronóstico del reinado del rey Don Fer-
ignora la fecha de su nacimiento ; es de presumir nando el Católico en Castilla,
que fuese á mediados del oiglo xv.
t CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.'
irregularidades y faltas que se observan en la parte material de aquéllos i como 8d obsenrá-
ránen éste: inconsecuencia en la ortografía, inconsecuencia en la escritura de los nombres
y vocablos, en términos de ser imposible fijar la genealogía gráfica de la lengua. Saltan
desde luego á la vista que en Jas primitivas copias intervinieron varios amanuenses. No
hemos querido tomarnos la fácil libertad de adoptar un sistema uniforme j propio : harto
trabajo nos ha costado interpretar el sentido de algunos textos, que parecen escritos adrede
para que resulten ininteligibles.
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS,
POR
MOSEN DIEGO DE VALERA.
O.-III.
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS,
POR
MOSEN DIEGO DE VALERA.
Sigúese él prólogo en la obra llamada Memorial de
diversas hazañas, ordenada por Moscn Diego de
Valera, Maestre Sala y del Consejo de los Serení-
simos PrÍ7icÍ2Jes Don Fernando y Doña Isabel, Rey
y Reyna de España, nuestros Señores.
Como entre las cosas terrenas, caducas y transito-
rias , el honor y fama sean con mayor ardor de de-
sear según sentencia de Séneca en el segundo de la
Clemencia , donde dice : « Vuestros hechos y dichos
la fama rescibo ; por ende de ninguna cosa otra de-
bes más curar»; y Salomón en sus Proverbios : «Más
vale ol buen nombre que las muchas riquezas», é
el filósofo en el cuento de las Eticas : « El honor es
galardón de la virtud, y por eso á los virtuosos es
debido»; pues si esto se deniega ó encubre, no pe-
queña injuria en lugar do galardón se les hace;
donde yo , no queriendo ser de tal error participan-
te, determiné en suma escrebir las cosas más dignas
de memoria, no solamente hechas en esta España,
mas en otras partes, desde el año de mil é quatro-
cientos y cinquenta y quatro años en que comenzó
á reynar el Serenísimo Príncipe Don Enrique, quar-
to deste nombre en Castilla y en León, hasta el
tiempo presente ; las quales como quier que elegan-
temente estén escritas en las Corónicas d'España,
éstas son tan largas y tan difíciles de haber, que
muy pocos las pueden alcanzar ni leer : por eso las
hazañas y virtuosas obras de aquellos que las hicie-
ron están como sepultadas y puestas en olvido ; y
ponerlas en luz me parece ser honesto y provecho-
so trabajo , siquiera porque los hacedores de aque-
llas y los descendientes suyos sean acatados con la
reverencia y honor que les pertenece , y por enxem-
plo suyo otros se esfuercen á tales obras hacer : y
determiné en esta obra , no solatnente escrebir las
hazañas y virtuosas obras, mas algunas aunque ta-
les no fueron , porque los obradores así de las unas
como do las otras , resciban el premio á su mereci-
miento debido ; y dexé de escrebir en esta obra las
cosas mucho antiguas, porque^ de aquellas asaz men-
ción se hizo en la copilacion de las Corónicas de Es-
paña por mí ordenadas , que Valeriana se llama. Y
porque en tal obra no conviene largo prefacio ó exor-
dio , lo prometido quiero seguir.
CAPÍTULO PRIMERO.
Como el Príncipe Don Enrique fué rescebido por Rey y Señor des-
pués del fallecimiento del Rey Don Juan su Padre.
Fallescido el Rey Don Juan el Segundo, comenzó
á reynar en estos Reynos Don Enrique , quarto hijo
suyo y de la Reyna Doña María, hija del Rey Don
Fernando de Aragón , en la Villa de Valladolid,
martes veinte y tres dias del mes de Julio, año del
Nascimiento de nuestro Salvador y Redentor de mil
é quatrocientos y cinquenta é quatro años y medio
y diez y ocho dias. En el mesmo dia del fallesci-
miento del Rey, depositado su cuerpo en el Mones-
terio de San Pablo, todos los Grandes que en la Cor-
te se hallaron le vinieron á besar las manos por su
Rey y Soberano Señor, y le hicieron homenage se-
gún la costumbre é forma de España ; y los princi-
pales que ende estaban fueron los siguientes : Don
Juan Pacheco, Marqués de Villena ; Don Pedro Gi-
rón , su hermano , Maestre de Calatrava ; Ruy Diaz
de Mendoza, Mayordomo mayor que fué del Rey
Don Juan ; el Mariscal Diego Fernandez , Señor de
Baena ; Don Pedro de Aguilar , Señor de Pliego y
Cañete ; y sepultado el cuerpo del Rey , el Prínce-
pe Don Enrique , ya obedecido por Rey , cabalgó
por la Villa, y con él todos los Caballeros ya dichos,
llevando delante de sí su pendón Real , y todos los
reyes de armas y trompetas que en la Corte habia,
uno de los quales, vestida su cota de armas, en alta
voz, de hora en hora, diciendo : ((Castilla, Castilla,
por el Don Enrique » ; y en esta forma anduvo por
toda la Villa, y vuelto á su Palacio se vistió de luto
y todos los caballeros y gentiles hombres, y comun-
mente todos los hombres de honor se vestieron de
marga, la qual truxeron los nueve dias que duraron
las osequias del Rey Don Juan, después de los qua-
4 CRÓNICAS DE LOS
les sobrevinieron en diversos dias Don Gastón de la
Cerda, Conde de Medina Celi y Don Pero Hernán-
dez de Velasco, Conde de Haro, y Don Alonso Piínen-
tel , Conde de Benavente , y Don Juan Manrique,
Conde do Castañeda , y Don Alvaro de Estúfiiga,
Conde de Plasencia, y Don Kodrigo Manrique Con-
de de Paredes , y Don Gabriel Manrique, Conde de
Osorno , y Don Pedro Alvarez Osorio , Conde de
Trastamara, y Don Pedro de Acuña, Conde de Va-
lencia y Don Juan do Silva, Alférez Mayor del Rey,
que después fué Conde de Cif uentes , y Don Pedro
de Acuña, Señor de Dueñas y Tarrego , que después
fué Conde de Buendia, hermano de Don Alonso
Carrillo , Arzobispo de Toledo , Primado de las Es-
pañas, y Don Rodrigo Delma, Arzobispo de San-
tiago , y Don Alonso de Fonseca , Arzobispo de Se-
villa, y Don Alonso de Cartagena, Obispo de Bur-
gos, y Don Pedro de Castilla, Obispo de Palencia,
y Don Fray López de Barrientes , Obispo de Cuen-
ca, y Don íñigo Manrique, Obispo de Oviedo, y Don
Pero Baca, Obispo de León, y Don Alonso de Ma-
drigal , llamado el Tostado, Obispo de Avila, y Don
Diego de Iniescas, Obispo de Córdoba, y otros al-
gunos Perlados y Caballeros, los quales todos le be-
saron la mano y le hicieron homenage en la forma
acostumbrada, y los otros Grandes del Reyno, así
Perlados como Caballeros y Alcaydes de las Forta-
lezas, que allí no pudieron venir por algunas justas
causas, inviaron sus Procuradores á le dar la obe-
diencia y le hacer homenage, como eran obligados.
El Rey Don Enrique , así obedecido, acordó de in-
viar sus embaxadores en Francia , los quales fueron
Don Juan Manuel, Caballero mancebo pariente
suyo , su Guarda mayor, el Doctor Ortiz Velasco de
Cuellar, Protonotario Apostólico, Dean de la Iglesia
de Segovia; por los quales hizo saber al Rey de
Francia el f allescimiento del Rey Don Juan su pa-
dre , y como era obedecido por Rey por todos los
Grandes de su Reyno , sin contradicion alguna , y
que á 61 placiendo, quería con él tener y guardar el
alianza y amistad que entre él y el Rey Don Juan
su padre hablan, á lo qual el Rey de Francia res-
pondió habiendo muy grande desplacer del falles-
cimiento del Rey Don Juan, y placerle mucho la
sncesion del Rey Don Enrique con el qual era con-
tento, y lo placía tener la confederación y alianza
que con el Rey Don Juan bu padre habia tenido.
CAPÍTULO IL
De como el Rey Don Enrique poco tiempo después que rcynó,
mandó delibrar de prisión á Don Diego Manrique, Conde de
Trevifio, y le mandó restituir todo lo suyo.
No mucho tiempo después que las osequias del
del Rey Don Juan fueron fechas, el Rey Don En-
rique envió á mandar á Diego do Tapia , Maestre
Sala suyo, que delibrase á Don Diego Manrique,
Conde de Trevifio, que lo tenía preso en la Ciudad
de Segovia por su mandado, é mandóle restituir to-
dos sus lugares é fortalezas ó rentas , que le estaba
todo embargado desde el tiempo del Rey Don Juan,
REYES DE CASTILLA.
de lo qual todos los grandes destos Reynos fueron
mucho alegres, porque les* páreselo buen comienzo
para las cosas porvenir, lo qual fué causa de animar
á su servicio á los parientes é amigos del dicho Con-
de é aun generalmente á todos, como sea verdad que
los Reynos é Señoríos mucho mejor se gobiernen ó
tengan con clemencia é amor , que con fuerza é ri-
gor. E después desto Don Iñigo López de Mendoza,
Marqués de Santillana , como fuese pariente é mu-
cho amigo de Don Fernando Alvarez de Toledo,
Conde de Alba, procuró con grande instancia la de-
liberación suya, que habia seido preso en Tordesi-
llas con los otros Caballeros, como dello es hecho
larga mención en la Corónica del Rey Don Juan , é
así por la intercision del Marqués, como por lo que
fué dicho al Rey, que para la guerra de los moros,
quél mostraba mucho desear , le cumplía ser delibe-
rado, porque era Caballero que habia mucho ejerci-
tado aquella guerra é sabía bien todo lo que para
ella convenia, y era de los moros mucho temido, é
é por eso el Rey lo mandó delibrar.
CAPÍTULO m.
De como el Rey Don Enrique se fué para la Cibdad de Avila, é
allí mandó llamar algunos Grandes del Reyno para haber su Con-
sejo de la forma que habia de tener en la guerra que quería ha-
cer á los moros.
Estando el Rey en Avila, vinieron allí por su man-
dado algunos de los Grandes del Reyno, allende del
Marqués é Maestre su hermano, que de contino en
su Corte estaban , é por todos se acordó que , pues á
nuestro Señor habia placido dar al Rey tantos é tan
grandes aparejos para recobrar la tierra que los mo-
ros en España tenían usurpada, en injuria de los
Reyes antepasados é del, é de tan noble caballería
cuanta en sus Reynos habia, el propósito suyo en
les querer facer guerra era sancto é bueno, é que lo
debía luego poner en obra, para lo qual envió lue-
go á llamar la gente que para esto era menester, pues
nuestro Señor le habia dado grandes tesoros para lo
cumplir , é voluntad é cuerpo para lo proseguir y
acabar ; para lo qual el Rey acordó de llamar sola-
mente tres mil hombres de armas, repartidos entre
los Grandes de sus Reynos, contando entre estos los
continos de su casa é algunos vasallos suyos, no de
grande estado, y con éstos y con la gente del Anda-
lucía é con veinte mil peones, le parecía asaz para
hacer la guerra como convenía, y determinóse que
el Rey enviase al Sancto Padre Caliste tercero le
quisiese ayudar con el tesoro de la Iglesia, dándo-
le plenaria indulgencia so cierta forma para vivos é
muertos, la qual indulgencia le fué dada por Nicolao
quinto sucesor (1) inmediato que fué de Calísto
tercero; y dada conclusión en las cosas ya dichas,
el Rey mandó á los de su Consejo é á sus Conta-
dores mayores que estuviesen en la Villa de Aré-
(1) AI mSrgcn del MS. que nos sirve de texto se lee la pala-
bra «antecesor», corrigiendo el evidente error en que incurre el
cronista.
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
valo pwque allí se hiciese la libranza de tierras y
mercedes y raciones é quitaciones y limosnas y
sueldo para la gente que habia ordenado de llevar;
y desde allí el Rey se partió para Segovia, donde
tovo la Navidad del año de cinquenta y cinco, que
fué segundo de su reynado de este Rey Don Enrique.
CAPÍTULO IV.
De como estando el Rey en Segovia concurrió allí una grande mu-
chedumbre de frailes de San Francisco oservantes y claustrales,
y de la forma quel Rey tuvo con ellos.
En este tiempo hobo grande ayuntamiento en Se-
govia de frailes de San Francisco, los unos oservan-
tes y los otros claustrales, y los oservantes decían
que los claustrales no guardaban la Orden de San
Francisco, y que suplicaban al Rey que les diese el
Monesterio que allí estaba ; sobre lo qual hobo muy
grandes alteraciones ; é ayudó mucho á los oservan-
tes el Maestro Fray Alonso del Espina, que era hom-
bre muy letrado y gran predicador, y era oservanto
y Confesor del Rey , y con todo eso los claustrales
daban por sí tantas razones que no se pudo bien de-
terminar quales tuviesen mayor razón; y el Rey,
deseando concordarlos , y no queriendo amenguar á
los unos ni á los otros, deliberó dexar á los claustra-
les en su Monesterio, como lo habían poseído de mu-
chos tiempos acá, y mandó edificar de nuevo fuera
de la Cibdad un Monesterio muy notable de la advo-
cación de San Antonio, el qual dio á los oservantes,
y le dio muy ricos ornamentos y todas las cosas ne-
cesarias al culto divino.
CAPÍTULO V.
De como, después que el Rey hobo dado orden para la Justicia
en sus Reynos, se partió tle Segovia para hacer guerra á los
moros.
El Rey partió de Segovia en un día del mes de Mar-
zo del dicho año, é anduvo tanto , que pudo entrar
poderosamente en el Reyno de Granada las ochavas
de Pascua de Resurrección ; do que los moros fue-
ron mucho espantados en ver en tan breve tiempo
facer entrada contra Granada con tanta muchedum-
bre de gente como el Rey llevaba. Y el Rey llegó
con toda su gente cerca de la Cibdad de Granada; y
como los moros creyesen que el Rey no podía en
tan breve tiempo y tan presto entrar, como quiera
que fuesen avisados de la gente que llamaba para
les ir á facer guerra, no pusieron guarda en sus ga-
nados, ni en los muebles que tenían en las alcayrias
cercanas á la Cibdad, en lo qual recebieron muy gran
daño, y fueron quemadas y robadas las más de aque-
llas. Y el Rey estuvo con su gente desta entrada qua-
tro días en la tierra de los moros ; en el qual tiempo
80 fizo gran daño en los panes y viñas de la vega de
Granada, y fueron sacados dende grandes rebaños
de ganados, así de vacas ó yeguas , como de asnos
é acémilas; é como quiera que algunas veces se mos-
traron bien dos mil de caballo, nunca osaron pelear,
é algunas pequeñas escaramuzas que hicieron fueron
cerca de los olivares más cercanos de la Cibdad ; é
así en la entrada como en la salida la gente del Rey
fizo gran daño en los panes é huertas de Mochín ó
lUora. Y de allí el Rey se volvió á Alcalá la Real ,
y de allí despidió la mayor parte de la gente é ví-
nose para Ecija, sin poner cerco ni facer otra cosa
mas de lo ya dicho, de que los más de los Caballeros
fueron mucho maravillados por haber visto facer
tan grandes aparejos para no hacer más de lo quo
se hizo; y los Grandes que con el Rey fueron en esta
entrada, son los siguientes: Don Juan Pacheco,
Marqués de Villena y su hermano Don Pedro Girón,
Maestre de Calatrava , y el Conde de Osorno, Don
Gabriel Manrique , que era capitán do la gente do
la guarda del Rey , y los mariscales Diego Fernan-
dez de Córdoba, Señor de Baena, que después fué
Conde de Cabra , y Payo de Ribera , y el Mariscal
Pedro de Ayala , y Alfonso de Monte Mayor, Señor
de Aleándote , y los Comendadores Gonzalo do Sa-
yavedra. Comendador Mayor de Monte Alban , Al-
cayde de Tarifa, y Juan Fernandez Galindo, Comen-
dado de Rcyna. Iba así mismo con el Rey la gento
de Don Alonso de Aguilar, que era niño, y no ha-
bia quatro meses que era muerto Don Pedro de Agui-
lar su padre. Iban con el Rey otros muchos Caba-
lleros de menores estados , de que la Corónica no
hace mención , entre los quales no se debe olvidar
Garcilaso de la Vega, Comendador de Montizon , el
qual así en esta entrada como en otras cosas en que
se habia visto con moros, siempre se hobo valiente-
mente, y mató por su mano algunos dellos, y siem-
pre hizo cosas muy hazañosas y de valiente y noble
caballero , como lo era , aunque no de gran cuerpo.
Fueron así mismo en esta entrada las Cibdades de
Córdoba y Jaén y Ubeda y Baeza y Carmena y Eci-
ja : así que sería toda la gente que con el Rey entró
fasta ochocientos hombres de armas y ocho mil gi-
netes y treinta mil peones.
CAPÍTULO VI.
De la entrada que tres caballeros ficieron en tierra de moros, lla-
mados el uno Martin de Avcndaño , natural de la Montaña , Te-
niente de Adelantado de Cazorla por Pedro de Acuña , Señor
de Dueñas, hermano del Arzobispo de Toledo D. Alonso Car-
rillo, y Gonzalo de Deteta, Corregidor de la cibdad de Ubeda,
6 iüigo de Molina, que Cra Alcayde de Quesada.
En este tiempo los caballeros susodichos, con
cierta gente del Adelantamiento de Cazorla y de
Ubeda y de Quesada juntaron consigo docientos é
veinte do caballo y novecientos peones, y en el día
de San Jorge, que fué en veinte y tres dias del mes
de Abril , acordaron de entrar en tierra de moros
por barajar una aldea ques cerca del rio de Fardos,
término de la cibdad de Guadis , los quales perdie-
ron el camino por falta do los adalides, de tal ma-
nera , que no pudieron allegar al lugar que desea-
ban, y anduvieron ansí perdidos la mayor parte de
la noche; y cuando amáneselo, acordaron de enviar
cinquenta de caballo á correr el rio de Fardos, y los
ciento y veinte con los peones se pusieron en cela-
da ; de los quales enviaron otros cinquenta á correr
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
la tierra y vega de Guadix ; y como los de la cibdad
vieron los corredores, salieron della hasta docien-
tos y cinquenta y con ellos el Alcayde de Guadix y
trabóse escaramuza con los corredores ; y estando
ansí escaramuzando los unos con los otros , pares-
ció muy cerca dende el Rey de Granada , llamado
Muli Abdelico, con quatro cientos de caballo, el qual
iba á la cibdad de Almería á cercar á un hijo del
Rey Ceriza ; el qual visto los christianos , juntó su
batalla y consigo los de la cibdad , que podían ser
todos hasta ochocientos de caballo y ocho mil peo-
nes , y los christianos se juntaron todos en su trai-
miento , de los quales los moros fueron hasta cerca
do un alcana que se llamaba La Torre de Xequelis,
quanto una legua de la cibdad de Guadix, y los Ca-
pitanes christianos con la gente que traían acorda-
ron de pelear con ayuda de Dios, como les páresela
que no podían otra cosa facer, como quiera que se
veía ser muy grande la ventaja que los moros de-
llos tenían ; y ficiéronse todos un cuño, y con gran-
de ánimo fueron f eríendo en los moros de la delan-
tera, y desbaratáronlos, por manera que luego co-
menzaron todos á huir, y los christianos acordaron
que treinta de caballo anduviesen con la cabalgada
que traían en que habia ducientos bueyes y vacas,
y ciertos moros cativos, y pusieron á las espaldas
dellos cinquenta ballesteros , y los otros peones to-
maron á la mano derecha, y así firieron á los moros
con tan grande osadía, que los moros fueron desba-
ratados y volvieron las espaldas , y los christianos
fueron hiriendo y matando en ellos hasta que lle-
garon á una grande acequia, quanto tercio de le-
gua de donde los moros comenzaron á huir, y los
christianos no quisieron pasar allende, vista la gran
muchedumbre de moros que páresela ; asi se volvie-
ron mucho alegres y vítoriosos, y dende á tres ho-
ras se vino para ellos un Elche que habia sido chrís-
tiano, con propósito de se reconciliar, el qual se lla-
maba Luis de Jaén, que habia sido page del Rey de
Granada ; el qual les díxo que supiesen que habían
peleado con el Rey de Granada , y que le habían
muerto mucha de su gente , y que los caballeros de
Guadix habían habido gran debate con el Rey por-
que no habia desbaratado los christianos, habiendo
dellos tan gran ventaja como todos habían visto, y
que el Rey les respondiera que aquellos christianos
eran gente desesperada y habían voluntad de mo-
rir si con ellos se porfiara más la pelea. Era cierto
que los moros rescebieron muy mayor daño del que
Iiabian rescebido , y quél había por mejor lo hecho
que no de haber peleado más de lo que peleó con los
christianos.
Después desto el Rey se partió de la cibdad de
Ecija, víspera de San Marcos, que fué á veinte é cin-
co días del mes de Abril del dicho año, y el Marqués
de Villena con él con trecientos de caballo, con pro-
pósito de escalar la villa de Archídona, con algún
ardid que para ello tenia ; y anduvo todo el día y
la noche , y cuando llegó era cerca del sol salido
de manera que no ovo lugar de hacer lo que pen-
saba , y mandó correr la tierra y facer el daño que
pudo, y volvióse á Ecija, y desde allí envió sus car-
tas á todos los grandes del Reyno mandándoles que
viniesen á la cibdad de Córdoba para cierto dia, y
que cada uno truxiese cierto número de gente de
armas , en tal manera que el que pudiese traer qui-
nientas lanzas traxiese ciento, y por este respeto to-
dos los otros, mandándoles que la gente que traxie-
sen fuesen hombres muy escogidos y polidamente
armados y bien encabalgados. Y en tanto que esta
gente se juntaba , acordó con consejo del Marqués
y del Maestre su hermano de tornar á entrar en
tierra de moros , y partió postrimero de Abril con
hasta ochocientos hombres de armas y docientos
ginetes, y vinieron á él los pendones de las cibda-
des de Sevilla y Carmena y Xerez y Ecija y Jaén,
en que podían ser hasta seis mil de caballo y veinte
mil peones, y puso el primer real cerca de Alora, y
otro dia siguiente se sentó en la Vega de Anteque-
ra, y de allí fué á talar los campos de Archídona.
Y los moros salieron por defender la tala, y fueron
retrahídos por fuerza de armas á la villa ; y otro
dia , que fué primero de Mayo , continuó su camino
para Málaga, y asentó su real cerca de la villa de
Alora , en un valle que está entre dos ríos, y allí fue-
ron presos algunos moros y tomado el ganado que
ende se falló y talados los panes, y dende á dos días
fué á poner su real á una legua de Málaga, y otro
día mandó pasar el real á media legua de la cibdad,
donde estuvo seis días ; en el qual tiempo se hizo
asaz daño en panes y en viñas , y se hubieron algu-
nas escaramuzas en que murieron más moros que
christianos, aunque no fueron muchos, y se quema-
ron en rebato dos lugares que se llaman el uno Po-
piana y el otro Loabin, con una fortaleza asaz bue-
na con otro lugar llamado Huriana, con otra for-
taleza bien fuerte, en los quales lugares ovieron
algunos moros, y allí vino el Rey Ciriza de Grana-
da á facer reverencia al Rey D. Enrique.
En este tiempo, como oviese días que el Rey
D. Enrique oviese hecho divorcio de doña Blanca,
su legítima muger, hija del Rey de Navarra , y ovie-
se comenzado trato de casamiento con doña Jua-
na, hermana del Rey de Portugal, y desease mu-
cho hacer este casamiento, acordó de enviar á don
Fernán López de la Orden , su Capellán mayor, y
Albar García de Cibdad Real, su Secretario, por dar
fin en el negocio ; y rescebida por el Rey D. Alonso
de Portugal la embaxada, dilatóse la conclusión
bien por espacio de quatro meses , y después con-
cluyóse quel dicho Fernán López se desposase con
la Infanta doña Juana con los poderes bastantes
que del Rey D. Enrique llevaba ; el qual desposorio
se hizo en la cibdad de Lisbona por mano del obis-
po de Cohimbra, seyendo presentes el Rey D. Alon-
so y el Infante D. Fernando , su hermano , y la In-
fanta doña Catalina, hermana suya, y otros muchos
grandes señores de Portugal. É las condiciones del
casamiento fueron que la Infanta doña Juana, ya
llamada Reyna de Castilla, no llevase dote alguno,
y quel Rey D. Enrique hiciese el dote en suma de
cien mil florines de oro , y la Reyna hobiese veinte
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
mil florines de arras , y se le diese en prendas Cib-
dad Real, con condición que aunque aquellos vein-
te mil florines le fuesen pagados, luego que la cib-
dad fuese de la Reyna para en toda su vida, y le
fuese dada la villa de Olmedo é su tierra, con me-
ro é mixto imperio y jurisdicion , y para manteni-
miento lo fuesen puestos en los libros del Rey quen-
to y medio de maravedís en cada un año. Otrosí,
que la Reyna pudiese traer consigo en Castilla doce
doncellas generosas, ó quel Rey D. Enrique les die-
se maridos según á sus linages y estados convenia,
compliendo las arras é dotes é gastos de los tales
casamientos ; é que truxese la Reyna por su aya á
doña Beatriz de Merueña, con quatro doncellas hijas
de algo, de poca edad ; en el qual desposorio se hi-
cieron muy grandes fiestas de justas é danzas é de
todas las otras formas acostumbradas de hacer en
tan alto auto entre grandes Príncipes. Y luego se
dio orden en la venida suya para venir en los Rey-
nos de su marido , con todo lo susodicho ; é así par-
•tió la Reyna doña Juana de la cibdad de Lisbona,
é salieron con ella el Rey de Portugal y el Infante
D. Fernando su hermano , y la Infanta doña Cata-
lina, é muchas dueñas é doncellas é muchos otros
grandes de aquel Reyno ; é salió por la costa de la
mar é hízose una calle con toneles y mucha otra
madera , la qual iba cubierta de ricos paños de ra-
so , por la qual entraron en una galea muy rica-
mente guarnida, y fueron ansí fasta un lugar ques
á tres leguas de Lisbona , é allí estuvieron aquella
noche , habiendo grandes deportes é gasajados ; é
desde allí el Rey y el Infante é las dueñas é donce-
llas y caballeros que con la Reyna habían salido se
volvieron á Lisbona, y la Reyna continuó su cami-
no para Castilla.
CAPÍTULO VIL
De como la Reyna daña Juana , esposa del Rey D. Enrique , fu6
rescebida en la cibdad de Badajoz así por los caballeros quel
Rey mandó que viniesen con ella, como por los caballeroso
Regidores de la cibdad.
Sabido por el Rey D. Enrique como la Reyna do.
ña Juana era partida de la cibdad do Lisbona para
venir en Castilla , mandó á D. Juan de Guzman,
Duque de Medina Sidonia é Conde de Niebla, que
partiese de Córdoba con hasta docientos caballeros
y grandes hombres de su casa muy guarnidos , é
fuese á recebir á la Reyna su esposa á la salida de
Portugal, é viniesen con ella fasta Córdoba donde
estaría; é mandó á D. Alonso de Madrigal llamado
el Tostado, Obispo de Avila, que era varón de gran
ciencia, que juntamente fuese con el Duque para
acompañar á la Reyna ; y como fueron certificados
que la Reyna era cerca, el Duque y el Obispo y to-
dos los caballeros de la cibdad la salieron á recebir
hasta un lugar que se llama la Raya , ques en los
confines de los Reynos de Castilla é Portugal, don-
de les era mandado por el Rey que la rescibiesen é
se viniesen con ella ; pero los caballeros portugue-
ses que con la Reyna venían" no quisieron dexarla
fasta llegar á la cibdad de Badajoz, donde fué res-
cebida con aquella solenidad que se acostumbran
recebir á los nuevos Reyes ; é allí se fizo muy gran
fiesta á los portugueses , no solamente por el Duque
de Medina, el qual allí fizo muy grandes despensas,
mas por ciertos oficiales del Rey , los quales por su
mandado eran allí venidos para facer la despensa á
la Reyna é á todos los que con ella venían , fasta
llegar en Córdoba, é la Reyna no se detovo en Ba-
dajoz más de un día, é de allí se partió continuando
su camino para Córdoba en el qual le fueron he-
chas muchas fiestas é servicios por todos los lugares
donde pasó.
Estando el Rey en Ecija , como fué certificado
que !a Reyna llegaba cerca de un lugar que se lla-
ma las Posadas , salió desconocido al camino con
quatro de caballo por ver en qué forma venia ; ó
anduvo ansí gran pieza mirando á la Reyna sin ser
conocido, la qual venía en una hacanea muy rica-
mente guarnida , é con ella doce doncellas en esa
misma forma, todas cabalgando en sus hacaneas; y
el Rey llegó así al lugar, é fuese aposentará la posada
de su embaxador; é desque ovo cenado envió secre-
tamente á decir á la Reyna cómo él era allí venido por
la ver, de lo qual ella fué muy alegre, é luego el Rey
se vino para ella y estuvo quanto quatro horas en
sus gasajados, y el Rey se tornó para Córdoba don-
de la Reyna fué rescebida con muy gran solenidad,
así por los caballeros é gente de la cibdad como
por todos los grandes de Castilla que allí eran en-
tonces juntados para ir á la guerra de los moros, é
por los Procuradores de las cibdades é villas que
allí estaban por mandado del Rey. E falláronse allí
á la sazón dos Embaxadores del Rey de Francia,
muy notables hombres: el uno era Arzobispo de
Torens, en Torayna, llamado D. Juan Bernal, y el
otro Senescal de Berga , que se llamaba Micer Gui-
llaome Destachc , é venían con ellos Gayralso Bol-
sier , maestro de las requestas de Francia , é Iñigo
de Arceo , Bolsero de España, Regidor de la cibdad
de Burgos, los quales eran allí venidos por afirmar
las alianzas é confederaciones del Rey de Francia
con el Rey D. Enrique ; las quales como quiera que
ya eran afirmadas por D. Juan Manuel é por el
Dean de Segovia, Ortuño Velazquez de Cuellar, el
Rey de Francia quiso enviar solemne embaxadapor
hacer saber al Rey el pesar que había habido de la
muerte del Rey D. Juan, é porque sus Embaxadores
viesen firmar las alianzas al Rey D. Enrique. E la
Reyna entró en miércoles veinte de Mayo del dicho
año, acompañada de tantos é tan grandes Señores,
como por aventura ninguna Reyna en Castilla en-
tró ; donde se le ficieron tantas fiestas ó de tan di-
versas formas, que si se hobiesen descrebir sería
muy largo proceso, y el Rey la esperó en el Palacio
con los Embaxadores de Francia; é llegado cerca
del Palacio , el Rey la salió á recebir á la puerta, ó
le fizo muy grandioso recebimiento , é le dio paz , é
la tomó por la mano é la metió en una Sala Real
que estaba muy ricamente aderezada, é allí los Em-
baxadores de Francia le ficieron reverencia ; é lue-
go el Arzobispo Embaxador les tomó las manos é
8 CRÓNICAS ÜB LOS
los desposó, é dende á poco espacio cenaron en una
mesa el lley y la Reyna é los dos Embaxadores , é
púsose otra mesa donde cenó la Condesa de Tubra
que dende Portugal era venida con la Eeyna, en la
qual se asentaron las dueñas é doncellas que con
ellas venian y el dia de Pasqua de cinquesma el Rey
se veló con la Reyna su esposa é velólos D, Alfon-
so eleto confirmado de la Iglesia de Mondoñedo,
que después fué Obispo de Jaén, é díxoles la misa
baxa en la cama ; é luego el Rey y la Reyna cabal-
garon y con ellos todos los grandes que en la corte
estaban y fueron á oir misa solene á la Iglesia Ma-
yor, la qual dixo el Arzobispo Embaxador del Rey
de Francia. Acabada la misa volviéronse á su Pala-
cio y comieron juntamente el Rey y la Reyna y con
ellos los dichos Embaxadores, é á la noche el Rey é
la Reyna durmieron en una cama, y la Reyna que-
dó tan entera como venía, de que no pequeño enojo
se rescibió por todos ; é fecho este auto , el Rey se
detuvo pocos dias en Córdoba , é porque los Emba-
xadores del Rey de Francia no se detuviesen allí
hasta la vuelta , envióles á mandar que explicasen
su embaxada lo qual ellos lo pusieron en obra.
CAPÍTULO VIII.
De como el Arzobispo de Torens enTorayna, embaxador del
Rey de Francia, explicó su embaxada en iircscncia del Ilcy
jauto todo su Consejo.
Como el Rey estuviese presto para se partir por
facer guerra á los moros , envió á decir á los Em-
baxadores del Rey de Francia que antes de su par-
tida espUcasen su embaxada, y en el dia siguiente
ellos vinieron al Palacio como les era mandado , y
estando el Rey en Consejo con todos los Grandes
de su Rcyno , el Arzobispo propuso en latin larga-
mente todo lo quel Rey de Francia le mandó , é las
conclusiones de su embaxada fueron, después de
las saludes acostumbradas entre los Reyes, facer
saber al Rey el gran sentimiento quel habia habi-
do del fallecimiento del Rey Don Juan su padre , y
gran placer que habia rescebido en saber el ser obe-
decido en estos Reynos sin contradicion alguna , y
quel Rey en presencia de sus Embaxadores firmase
las alianzas entre entrambos á dos é sus Reynos ; á
los cuales el Rey respondió en breves palabras,
agradeciendo al Rey de Francia su buena voluntad
y dixo al Arzobispo que qualesquier escrituras ó
instrucciones que él traya, que las diese al Doctor
Fernán Diaz de Toledo , su Relator é Referendario
ó de su Consejo, para que vistas, le ficiese dellas
relación, al tiempo que de la guerra viniese; é asi
los Embaxadores quedaron en Córdoba, y el Rey se
partió para la guerra á quatro dias de Junio del di-
cho año; é algunos de los gentiles hombres france-
ses que con los Embaxadores venian, le suplicaron
que hubiese por bien quollos fuesen con su Alteza
en aquella entrada, ó al Rey plugo dello, ó les
mandó dar caballos 6 armas y todo lo que menester
ovieron para aquella entrada ; ó fueron con ellos
por mandado suyo Iñigo de Arceo porque los acom-
REYES DE CASTILLA.
pañase ; é los Grandes que á esta guerra vinieron
por mandado del Rey fueron los siguientes : el Al-
mirante Don Fadrique su tio ; Iñigo López de Men-
doza, Marques de Santillana, Conde del Real; Don
Juan Pacheco , Marqués de Villana ; Don Pedro Gi-
rón , su hermano ; Don Enrique de Castilla , Conde
de Alba, hermano del Almirante; Don Alvaro de Es-
túñiga Conde de Plazencia, Don Fernán Alvarez
de Toledo , Conde de Alba ; Don Alfonso Pimentel,
Conde de Benavente ; Don Diego Manrique , Conde
de Trevifio ; Don Juan Manrique, Conde de Casta-
ñeda; Don Gabriel Manrique, Conde de Osorno; Don
Rodrigo Manrique, Conde de Paredes, é muchos
otros caballeros no de tanto estado , á los quales to-
dos el Rey mandó traer cierta copia de gente , de
manera quel que podia traer quinientas lanzas,
truxese ciento , é por esta forma todos los otros, é
así se juntaron para esta entrada con el Rey tres
mil hombres de armas muy señalados é muy bien
armados ó muy bien aviados , é fasta ocho mil gi-
netes é veinte mil peones ; y el Rey se fué con sola-
mente veinte de caballo á dormir á un lugar que se
dice Castro el Río; é mandó á los Comendadores
Gonzalo de Sayavedra é Juan Fernandez Galindo
que fuesen á la villa de Baena é Almochen , é allí
ñciesen que se recogiese toda la gente de la hues-
te; la qual recogida, el Rey so juntó con su hueste
c do allí entró por Alcalá la Real poderosamente
en el Rcyno de Granada sin fallar resistencia nin-
guna ; é asentó su real cerca de Moclin , y el Rey se
apartó con doscientos de caballo de la cibdad do
Ubeda, y fué á correr á Monte Frío, é salieron do
la villa cinquenta de caballo , los quales trabaron
con el Rey su escaramuza , en la qual fueron fcri-
dos algunos christianos, é los moros fueron re-
trahidos á la villa por fuerza do los christianos; é
antes quel Rey llegase á la vega de Granada , fué
asimismo á correr á Moclin con otros docientos de
caballo , é alli se ovo otra escaramuza mucho mas
peligrosa que la primera, donde fueron feridos con
saetas muchos mas de los christianos que lo prime-
ro , entre los quales fué f erido de una saeta enar-
bolada un noble caballero llamado Gonzalo Muñoz
de Castañeda, é alli fueron algunos muertos, é de
los moros asimesmo fueron algunos feridos, y el
Rey se tornó al real á hora de comer, y á la tarde
tornó á dar otra vista á Moclin , el qual se acercó
tanto á la villa, que le tiraron una saeta que lo dio
en la estribera , de que todos los Grandes del Rey no
que con él estaban hobioron gran desplacer , ó se
maravillaron mucho de un Príncipe tan grande
quererse meter en tales escaramuzas donde ligera-
mente podia ser muerto sin hacer cosa de su honor,
y como quiera que por algunos le fuese reprehen-
dido la tal osadia, como él fuese hombre regido
mas por voluntad que por razón , no dexaba de se
meter cada dia en las semejantes cosas. Y en este
dia los moros de lUora enviaron al Rey un gran
presento de muchas aves é figos é pasas , suplicán-
dole que no mandase hacer tala en sus panes ni vi-
ñas é otros daños algunos, lo qual les fué otorgado;
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
y estando el real allí asentado , Miguel Lucas , que
después fué Condestable , y un hermano suyo que
era camarero de los paños del Rey, se apartaron con
cierta gente é fueron á una atalaya que es cerca de
Illora, de donde los christianos rescebian mucho
daño é derribáronla hasta loa cimientos , y de allí
mandó mover su gente, ó asentóse allende de la
puente de Pinos , y de allí el Rey con poca gente
fué á dar vista á Granada, y en el camino se trabó
escaramuza de los moros quel Rey consigo llevaba
con algunos de los de Granada que andaban en el
campo ; y en el día siguiente el Rey mandó asentar
su real casi una legua de Granada , y él se fué á co-
mer á una alearía que era entre la ciudad y el real,
y aquella mandó que no se derribase. Y entre tanto
quel Rey allá estuvo siempre fué á comer aquel al-
quería y en el día de San Bernabé el Rey puso to-
das sus batallas en orden y fué á dar vista á Gra-
nada y pasó de los olivares y salieron de la ciudad
fasta mil é quinientos de caballo y gran gente de
pie , y trabáronse escaramuzas por diversas partes,
aunque no en la orden que el Rey quisiera , en las
quales fueron muertos y feridos asaz moros, y chris-
tianos murieron solamente quatro, de los quales el
uno se llamaba Figueroa y el otro Diego de Valera,
que vivía en Ubeda, y otros dos escuderos cuyos
nombres no se supieron. En el qual día Garcilaso de
la Vega, Comendador de Montizon, de quien desuso
es fecha mención , en presencia del Rey mató un
moro muy valiente , y derribó otro y tomólo el ca-
ballo y la adarga y presentó el caballo al Rey, y el
Rey diólo á Miguel Lucas. Y en aquel día se arma-
ron Caballeros por mano del Rey, Don Alonso En-
riquez , hijo del Almirante Don Fadrique , y Don
Juan de Luna, Conde de Santisteban, y Miguel
Lucas, que después fué Condestable, y Fernand
Arias de Sayavedra, hijo de Gonzalo de Sayavedra,
Comendador mayor de Monte Alban, y un gentil
hombre francés de los que con el Rey fueron en
aquesta entrada , y otros algunos escuderos caste-
llanos , cuyos nombres la historia no escribe. Y en
este dia acaesció asimesmo una escaramuza que co-
menzaron con los moros Lope de Baldevieso, Maes-
tre Sala del Rey, y Pedro de Ribadeneyra, hijo del
Mariscal Hernando de Ribadeneyra, y Juan de
Barrionuevo , y otros algunos caballeros y escude-
ros, en la qual murió un moro muy principal lla-
mado Abenamar de Mendoza, y otros quatro; y los
moros fueron retrahidos por un callejón que duraba
bien dos tiros de ballesta, donde los christianos pa-
saron una celada que los moros tenían, la qual dio
luego en ellos y los mas volvieron á fuir , y Lope de
Baldevieso y Juan de Barrionuevo y otros escude-
ros quedaron atajados, los quales juntos rompieron
por los moros y pasaron por ellos fasta el fin del
callejón donde ficieron rostro ; y allí mataron el ca-
ballo áLope de Baldevieso, y dieron á él veinte y
dos f erídas que algunas dellas fueron muy peligro-
sas , y con todo eso so levantó ; y peleando como
caballero el espada en la mano , so defendió fasta
que fué socorrido, y allí ovo tan gran pelea, que
fué cosa maravillosa, en que murieron algunos mo-
ros y ovo un caballo ; y asi con el ayuda de Dios
escapó y estuvo mas de veinte días á la muerte. Y
como en la vega de Granada quedase una valiente
torre en que estaban quince moros, la qual estaba
bien bastecida de todo lo que menester habían , el
Marqués de Villena suplicó al Rey le diese licenoiii
por la combatir, la qual el Rey le otorgó; y luego
fueron á la combatir Juan de Luna, hijo de Juan
Fernando de Mendoza , Mayordomo mayor del Rey
Don Juan, y Hernando de Ribadeneyra, Camarera
que fué del Maestro Don Alvaro de Luna ; los qua-
les la combatieron con esas artillerías que tenían,
que no eran tales que los bastaba para la fuerza do
aquella torre y los moros se defendían valientemen
te con ballestas y saetas y piedras y canteras. En
el qual combate Juan de Luua fué ferido en la ca-
beza de una esquina de tal manera , que ovo de
dexar el combato y quedó en él Fernando de Ri-
badeneyra ; lo qual visto por el Rey invió á Fernan-
do de Villafranca y á otros de su casa porque el
combato uo cesase; y como Hernando de Ribade-
neyra, que estaba firme en el combate, vido que
venían de nuevo aquellos caballeros ovo dello tan
grande desplacer que dexó el combate diciendo que
al tiempo quel tenía el fecho casi vencido venían
otros por atribuir á sí el honor de aquel fecho ; cou
todo eso como los moros estaban mucho cansados y
algunos de ellos feridos , diéronse á prisión, y al-
gunos se quemaron en el fuego que los christianos
pusieron ; y en esto segundo combate fué ferido de
una saeta enarbolada Fernando de Villafranca, pero
fué socorrido de tal manera, que sanó, y la torre so
puso por el suelo.
En este tiempo los moros ficieron muchos rebates
especialmente de noche, de que los christianos res-
cebian asaz trabajo y enojo ; y acaesció que un mo-
ro quo había sido christiano y había sido criado en
la Cámara del Rey de Granada , alumbrado por el
Espíritu Santo, se vino para el real y se tornó chris-
tiano, y dixo al Rey que fuese cierto quel Rey de
Granada llamado Muli Ato , era concertado con el
Rey Arisa y se había de venir á Granada con seis-
cientos de caballo donde se juntaba toda la caballo-
ría del Reyno y los mas y mejores peones que en él
había; y se habían concertado de venir una noche
todos juntos y salir y dar en el real , por tal mane-
ra que pensaban ser maravilla, según la muche-
dumbre dellos, poder escapar ninguno de los chris-
tianos ; y esto sabido , púsose muy gran guarda en
el real ; y como dende á tres días tuviese la guarda
del real Don Rodrigo Manrique , Conde de Paredes
quera caballero muy esforzado y mucho diestro en
la guerra, esa noche acercóse tanto ala ciudad, que
pudo oír el bollicio que en ella había para ver de
venir en la forma que dicha es ; y dexando sus es-
cuchas y guardas en el campo , se vino á gran prie-
sa para el Rey, y despertóle y díxole lo que había
sentido y púsose tal guarda en cl real que toda la
gente se armó y se puso en la forma que debía para
rescebír los moros si viniesen ; lo qual por los mo»
10 CRÓNICAS DE LOS
roa sentido, dexaron la venida y oko dia salieron
de la ciudad fasta dos mil é quinientos de caballo
y setenta mil peones y mas , y pusiéronse entre los
olivares, y algunos de líos se vinieron tendiendo á
puerta del real , y el Rey estaba en el campo con
asaz gente de hombres de armas y ginetes, y como
conosció que las batallas suyas querían pelear , no
dio á ello lugar, antes los detuvo creyendo que los
moros tenian puestas algunas celadas de donde los
christianos podrían rescebir gran daño ; y allí el Rey
evo su consejo de lo que debia hacer, en que ovo
diversas opiniones; y el Conde de Paredes dixo al
Rey que según lo que los moros en aquel dia hablan
mostrado, querían haber batalla y que era cierto
que entre ellos se fallaba serles gran mengua de ver
talar y quemar sus riberas , y por temor de muerte
haberlo do sufrir , y que su parecer era que pues el
Rey allí tenía tanta y tan buena gente , con que
con el ayuda de Dios podría esperar la vitoria , que
debia dar la batalla si los moros la quisiesen espe-
rar; finalmente como los mas que en el consejo es-
taban quisiesen seguir la voluntad del Rey, la qual
era de no pelear, determinóse que la batalla no se
diese, salvo si los moros saliesen del todo al llano,
donde sin ventaja los christianos pudiesen pelear
con ellos, y la tala se ficiese lo mas duramente que
ser pudiese; lo qual así se puso en obra , que les
fueron talados todos los árboles y viñas y panes que
haberse pudieron, y les fueron quemadas algunas
aldeas y alquerías y lugares ; lo qual visto por los
moros , enviaron á hablar con Don Alonso Pimen-
tel, Conde de Benavente, los quales le dixeron que
no pensase el Rey que por talas ni quemas de luga-
res habían de sojuzgar el Reyno de Granada, en el
qual había tantas y tan grandes fuerzas y tanta y
tan buena gente para las defender , que no espera-
ban que jamas los christianos las pudiesen ganar, y
que al Rey le estaba mejor haber paz con el Rey
de Granada y con sus Reynos , y que se le darían
las parias muy mas crecidas que á ningún Rey de
los antepasados , y lo darían todos los christianos
cativos ; lo qual sabido por el Rey , acordó de dar
seguro á Abdíbar para que viniese á hablar con el
Rey, y para concertar lo ya dicho, y este moro Ab-
díbar vino á la f abla con el Rey , y traxo consigo
hasta dos mil de caballo, los mas á punto de guerra
que había en el Reyno de Granada ; y salieron con
el Rey á la f abla el Almirante Don Fadrique y los
Marqueses de Santillana y Villena, y el Maestre de
Calatrava y los Condes do Plasencia y Benavente
y Alba y Paredes , y todos los otros principales Ca-
balleros que en el real estaban ; y las batallas del
Rey estaban todas en el campo puestas en el orden
que debían ; y los moros mostraron grande alegría
creyendo que se concluiría perpetua paz entre estos
Reyes , y la conclusión que so tomó fué que cono-
cida la voluntad del Rey que no fuese de les dar la
paz que demandaban , le darían cierto número de
christianos porque levantase el real de la Vega de
Granada y se tornase en sus Reynos. En tanto que
el trato duraba, el Rey de Granada envió al Rey
REYES DE CASTILLA.
grandes presentes de aves y frutas de diversas ma-
neras , y envióle sus menestriles á los quales el Rey
mandó vestir y dar largamente gran suma de do-
blas. Y en este tiempo el Rey de Granada fué certi-
ficado que en el real oviese gran mengua de vino
y de todas las otras viandas necesarias, y envió á
decir al Rey que si le quería dar la paz en la forma
que la había demandado, que le daría todos los
cativos christianos que tenia y las parias como di-
cho habia , y en otra manera no quería otro partido
que ficiese lo que quisiese ; y asi el fecho se acabó
sin otra conclusión. Y el Rey estuvo en esta entra-
da en el Reyno de Granada diez y ocho días ; y le-
vantó su real de sobre Granada en veinte y nueve
días del mes de Julio , y continuó su camino para
Córdoba, donde afirmó las alianzas del Rey de Fran-
cia y despidió los Embaxadores , á los quales envió
muías y caballos y piezas de brocado y seda; asi
ellos se partieron muy alegres y contentos del Rey,
el qual el año venidero mandó llamar á los Procura-
dores , y les dixo que él entendía entrar en tierra de
moros muy mas poderosamente de quantas veces
había entrado , para lo qual con venia que en sus
Reynos se repartiesen sesenta quentos de marave-
dís; y como quiera que á los Procuradores esto pa-
resciese mucho grave, así por los trabajos pasados,
como por ver la forma que el Rey en la guerra te-
nia, en que conocida la verdad en la guerra pasada
muy mayores daños habían rescebído estos Reynos
quel Reyno de Granada, con todo eso acordaron de
facer lo quel Rey les mandaba, pero suplicáronle que
estos sesenta cuentos se le pagasen dos años , por-
que la gente rescibiese menos trabajo, y el Rey se lo
otorgó y asi se puso en obra; y de allí el Rey se par-
tió para la ciudad de Sevilla , donde era esperado
con muy grande amor , como no hobiesen visto Rey
en aquella ciudad desde el Rey Don Enrique segun-
do , donde le estaba aparejado muy notable recebi-
míento ; y el Rey , no queriendo ver la nobleza de
la gente de aquella ciudad, se apartó con pocos de
los suyos y entróse por el postigo del Alcázar, don-
de muy pocos lo pudieron ver, de que todos los de
la ciudad fueron mucho maravillados y mal conten-
tos; con todo eso la gente del Rey fué muy bien
aposentada , y alegremente rescebida por los hues-
pedes. Y estando el Rey en aquella ciudad acaes-
cieron dos cosas muy estrañas y muy feas, las qua-
les fueron que Mofaras , un moro quel Rey consigo
traía , fué aposentado en la casa de un mercader
llamado Diego Sánchez de Orihuela , el qual tenia
una hija muy hermosa de que el moro se enamoró;
y como á la doncella fuese aborrecible la habla suya
y no quisiese dar lugar á su voluntad, el moro aguar-
dó tiempo en que el padre y la madre estuviesen
fuera de casa , y tapóle la boca de manera que no
pudiese dar voces, y atóle las manos y púsola en un
caballo y con ciertos moros la sacó de la ciudad ; y
quando los padres vinieron y hallaron su hija lleva-
da, dieron muy grandes voces, á que toda la ve-
cindad se juntó , y así una gran muchedumbre de
gente fueron al Palacio Real con el padre y la ma-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
11
dre, que iban dando muy grandes voces, muy agrá-
mente llorando, demandando justicia; y llegados al
Rey, oida su querella, el Rey \atuperó muy fuerte-
mente á la madre, diciéndole ser loca, y haber pues-
to muy mal recado en su casa y fija dexándola sola,
y dando el cargo al padre y á ella del caso acaesci-
do , con la qual respuesta ellos comenzaron muchas
mayores voces, demandando justicia á Dios, de que
el Rey ovo tan grande enojo, que mandó llamar
un verdugo para que los azotase por la ciudad; y en
este punto llegaron allí Don Alonso Pimentel , Con-
de de Benavente, y el Conde Don Juan de Guzman,
y viendo el mandamiento , el Conde Don Juan le di-
xo: «Señor ¿cómo dirá el pregón cuando se esecuta.
re esta justicia que mandáis facer ? » y el Rey con
enojo 80 metió en su palacio , y los que cerca del es»
taban ficieron ir de alli á los que con esta querella
venieron , y asi el moro Mofaras llevó la doncella y
púsola en salvo en un lugar de Granada, y ansi la
tomó por manceba en injuria de nuestra Sancta Fee.
Fué la segunda que un capitán del Rey llamado
Rodrigo de Marchena, hombre de baxo linage y
deshonesta vida, tomó por fuerza una doncella hija
dalgo, y como los padres y parientes al Rey se
querellasen , ovieron el mesmo remedio que Diego
Sánchez de Orihuela, do que no solamente la gente
de la ciudad , mas todos los cortesanos fueron mu-
cho turbados, y decian que cómo se podria consentir
quedar tales cosas ein grande punición, á causado lo
qual al Rey vinieron muy grandes inconvin lentes y
daños de que adelante se hará mención. De allí el
Rey se vino en Castilla ; y estando en la ciudad de
Avila, mandó enviar sus cartas de apercibimiento
á todos los Grandes para que fuesen con él ala guer-
ra, y mandó hacer muy grandes provisiones asi de
bastimentos como de lombardas y ingenios y man-
tas y todos los otros pertrechos necesarios para com-
batir fortalezas.
CAPÍTULO IX.
De como el Rey se partió de Avila, y se fué para la ciudad de
Badajoz por se ver con su primo el Rey do Portugal.
Partido el Rey de la ciudad de Avila para se ver
con el Rey de Portugal , para lo qual el Rey conti-
nuó su camino y la Reyna con él para la ciudad de
Badajoz, desque allí fueron llegados, vino ende el
Rey de Portugal con el qual venían el Infante Don
Fernando, su hermano, y el Infante Don Enrique,
8u tío, y otros muchos Grandes de su Reyno y es-
taban con el Rey de Castilla el Marqués de Villena,
Don Juan Pacheco, y Don Pedro Girón, Maestre de
Calatrava, hermano suyo, y muchos otros Condes y
Caballeros y Perlados. Y sabido por el Rey de Cas-
tilla como el Rey de Portugal venia, saliólo á rece-
bir quanto á media legua, y con él todos los Gran-
des que allí estaban acompañadlas de mucha noble
caballería ; y los Reyes se hablaron con grande
amor, y asi vinieron á la ciudad de Badajoz donde
el Rey tenía aparejada muy gran fiesta para el Rey
de Portugal y para todos los que con él venían, y
comieron con el Rey aquel dia el Rey de Portugal
y la Reyna su hermana y los Infantes Don Fernan-
do y Don Enrique, y el Rey de Portugal estuvo allí
tres días ; en el qual tiempo el Rey mandó facer la
espensa al Rey de Portugal y á toda su gente muy
abundosamente ; y pasados así aquellos dias, el Rey
de Castilla y el de Portugal se fueron á Yelves y
con ellos la Reyna , donde les fueron fechas muy
grandes fiestas , en otros tres días que ende estu-
vieron; y vuelto el Rey de Castilla á Badajoz, vino
allí la Infanta Doña Catalina á ver á la Reyna su
hermana ; y en este tiempo estaba pucjita tregua
entre el Rey Don Enrique y el Roy Ariza de Gra-
nada, la qual el Conde de Cabra había puesto pur
mandado del Rey ; en el qual tiempo Abdalla Am-
bran había hurtado el castillo de Solera, que tenía
Diego de Araya, un Caballero natural de Ubeda, y
al tiempo que aquella treguase asentó, concordóse
que las villas y fortalezas de los Rcynos de Castilla
y del Reyno de Granada fuesen seguros de la una
parte á la otra, y de la otra á la otra, y el Conde de
Cabra envió requerir al Rey Ariza de Granada, por
un Caballero de su casa llamado Gonzalo de Ayora,
que mandase restituir el castillo de Solera que era
obligado de lo asi hacer, según lo capitulado , al
qual el Rey respondió que Abdalla Ambran había
furtado aquel castillo sin su licencia y mandado,
y que desto él no tenía cargo ; al qual Gonzalo de
Ayora respondió que si la fortaleza no se le entre-
gaba, que fuese cierto que luego se faria la guerra,
y el Conde desde allí alzaba la tregua por poder
que para ello del Rey tenía. El Rey moro dixo ;
quél enviaría á llamar aquel caballero Abdalla Am-
bran, y le mandaría que entregase aquel castillo, y
que habría gran placer que lo ficiese ansí, y que en
otra manera él no podria otra cosa facer, porque
aquel moro era tan poderoso quel no podria com-
pelerlo á lo entregar sin su voluntad , y que á él le
placía de guarda la paz con el Rey de Castilla y
con sus Reynos, así como lo había asentado con ol
Conde de Cabra ; al qual Gonzalo de Ayora respon-
dió que si él quería paz con el Rey de Castilla , que
había de facer dos cosas, la primera entregar el
castillo de Solera á Diego de Araya, y le convenia
que fuese vasallo del Rey de Castilla , así como el
Rey Don Mahoma lo había sido del Rey Don Pe-
dro, y fuese de su Consejo, y tener dezmero á la
Puerta Delvira, que cogiese el diezmo y medio
diezmo por el Rey de Castilla, y que diese en el
año primero de la paz mil cativos , y en los tres
siguientes cada año trescientos y treinta y tres
cativos que habían de ser por todos dos mil, y cada
vez que el Rey Don Enrique le llamase en toda el
Andalucía fasta el Reyno do Toledo fuese obligado
á le servir con dos mil de caballo ; y si demás se
quisiese servir que le pagase el sueldo fasta ser
vuelto en su Reyno al fuero y costumbres de Cas-
tilla, y que le volviese todas las villas y fortalezas
que en tiempo del Rey Don Juan su padre habían
perdido, y con estas condiciones se le daría la paz
por diez años, y en este tiempo se metiesen al Rey-
CKÓNICAS DE LOS EEYES DE CASTILLA.
12
no do Granada todas las cosas que en el tiempo de
la paz se soliaii meter. A lo qual el Key de Grana-
da le respondió que aquello que demandaba y los
hijos y las mugeres , todo lo dieran en el año pri-
mero que el Rey Don Enrique reynó, y en el se-
gundo no le dieran los fijos ni las mugeres, y que
ya era el año tercero y lo' habían bien conocido, y
que no le darian cosa de quanto demandaban ; quel
Key Don Enrique ficiese lo que quisiere : con lo
qual Gonzalo de Ayora se volvió para el Conde de
Cabra, el qual escribió todo lo susodicho al Rey que
estaba en Badajoz con el Rey de Portugal, y sabi-
da esta nueva, partióse para Sevilla para desde allí
facer su entrada en tierra do Moros.
CAPÍTULO X.
De como ol Rey Don Eiuriquc se partió de Sevilla para entrar en
tierra de moros y dcxó allí á k lleyna su muger.
El Rey se partió para Ecija y mandó llamar á
Don Juan de Guzman, Duque de Medina Sidonia y
á Don Juan Ponce do León, Conde do Arcos , y los
Consejos do Sevilla y de Xerez y de las otras villas y
lugares comarcanos , y mandó questa gente se jun-
tase en los prados de Antequera, donde fueron jun-
tos fasta ochocientos hombres de armas y tres mil
ginctes y trece rail peones; y los Grandes que con el
Key entonces entraron fueron : el Duque de Medi-
na Sidonia y el Marqués de Villena y ol Maestre de
Calatrava y los Condes de Benaveute y de Arcos y
de Osorno ; y de allí fue á sentar su real en un valle
ques cerca de Alora, entre los dos rios ; y en tanto
quel real se asentaba, el Rey se apartó con hasta
quatrocientos de caballo y fué á correr el Valle de
la Cartana y otros lugares dende cercanos , donde
ticieron algún daño , y el Rey se volvió al real y el
dia siguiente fué á sentar su real en la Vega de Má-
laga, donde estuvo treinta dias ; en el qual tiempo
se fizo tala solamente en los panes, por quel Rey no
consintió que so talasen huertas ni viñas, y se que-
maron algunas aldeas que los moros habían desam-
parado. En este tiempo so ficieron algunas escara-
muzas en que murieron algunos moros é christia-
nos, y así el Key levantó su real de sobre Málaga, y
acordó de se ir por el ¡Val de Coer ques en termino
do Marvclla, é determinó de se ir por la costa de la
mar donde pasó ú tan gran peligro de su gente, que
según la muchedumbre de los moros que por la
sierra parecieron , pudieran si quisieran con solas
piedras destruir la mayor parte del real ; poro siem-
pre estuvieron quedos mirando la gente del real,
do donde se creyó haber un trato secreto entre el
Rey y los moros ; y pasando la gente cerca de una
villota que se llama Benalmadana, seyendo pasado
todo el real y veniondo en el cabo catorce ó quince
hombres de armas de la guarda del Roy y fasta se-
senta hombres de Sevilla , los moros comenzaron á
gritarlos, y tan grande enojo rescibioron los chris-
tianos, que vinieron á combatir el lugar y entrá-
ronlo por fuerza de armas ; y como el Rey lo supo,
ovo dello enojo, é iuvió á Gonzalo do Sayavedra y
á Fernando de Fonseca y á los que estaban en el
lugar, que luego saliesen dende sopeña de la vida ;
los quales lo ficieron luego ; pero pusieron fuego
por muchas partes al lugar de tal manera , que su-
bió tan alto que visto por los moros de Estepona
desampararon la villa y se subieron con todo lo
suyo á la sierra. Y en este dia una fortaleza que se
llama la Fonxirola se combatió, no por mandado
del Rey, y estándose combatiendo por la gente de
un Vallenel de uno que se llamaba Juan Vidal, sa-
lió en tierra y con el maestre del Vallenel escalaron
la fortaleza, y subieron en ella catorce ó quince hom-
bres vizcaínos dando grandes voces diciendo : «Cas-
tilla Castilla por el Rey Don Enrique « ; y como los
moros vieron la fortaleza entrada, todos se retruxe-
ron á una buena torre que ende estaba, y desde allí
se defendían quanto podían , y púsose fuego en las
puertas de la fortaleza, y el Conde de Osorno que
era capitán de la guarda del Rey entró dentro della
con trecientos hombres de armas, y á la entrada
fuéimuerto un gentil hombre francés que ora allí
venido por se fallar en algún fecho señalado, y allí
fueron f eridos otros doce hombres de armas aunque
no de feridas peligrosas ; y los moros no teniendo
ya con que se defender desfacian las almenas y lan-
zaban piedras y ladrillos ; y estando en tan grande
aprieto que de fuerza se habían de dar, demandaron
f abla, y luego el Roy mandó salir toda la gente de
la fortaleza y los moros se quedaron apoderados en
ella. Otro dia el Rey mandó asentar su real cerca
de Marvella, donde se fizo tala en los panes ; y el
dia siguiente se asentó el real cerca de la villa de
Estepona, y el Rey se aposentó dentro della , en la
qual ninguna cosa se falló. Y el Marqués de Ville-
na suplicó al Rey le ficiese merced de aquella Villa,
y al Rey plugo dello, y mandóla bastecer de los
mantenimientos que en la hueste había y de armas
las que eran menester para su defensa, y desde allí
ol Rey mandó á los Grandes que con él venían que
se fuesen con la gente que había de Xerez, y dende
la gente se fuese cada una á su tierra, y el Rey se
fué por la costa de la mar tomando la vía de Gibral-
tar con fasta trecientos de caballo y llegando cerca
de la ciudad salieron della fasta quarenta de caballo,
y el Rey envió á ellos á Gonzalo de Sayavedra á les
decir como el Rey de Castilla venía allí por mirar
aquella tierra ; y como esto supo el Alcayde de Gi-
braltar, que era buen caballero que se llamaba Aben
Comixa, envió á demandar seguro al Rey, con el
qual le vino á facer reverencia, é fizo al Rey pre-
sente de todas las frutas que haber pudo , y mandó
meter barcos y redes en la mar por facer servicio
al Rey, el qual estuvo gran parte del dia allí miran-
do la pesca, y á la noche fué á dormir á una torre
que se dice de Cartagena , que es una legua de Gi-
braltar, y como el Capitán de Ceuta, que se llamaba
Don Sancho, Conde do Udemira, fué certificado por
algunos navios que por mandado del Rey eran ve-
nidos sobre Málaga quol Rey allí estaba , aderezó
una fusta y quatro carabelas por le ir facer reve-
rencia y le facer algún servicio , y como supiese de
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
13
su venida á Gibraltar , luego se puso por mar , é
f uele facer reverencia, y el Rey le rescibió muy
graciosamente y le agradeció mucho su venida ; é
desde allí el Rey mandó á Gonzalo de Sayavedra
que con la gente que ende estaba se fuese á Algeci-
ra y lo esperase ende, y el Rey se metió en el me-
jor navio quel Conde traia, y acordó de se pasar no
solamente en Ceuta mas allende por [ver el Reyno
de Fez, de lo qual Gonzalo de Sayavedra é Juan
Fernandez Galindo, que ende estaba , ovieron muy
grande enojo é dixeron al Rey que se maravillaban
mucho de su Alteza quererse meter en tan gran pe-
ligro, sin causa ni razón alguna, y que mirase bien
como la via de la mar era dudosa, que en un hora
facian en ella mil movimientos, y aunque entonces
parecía el tiempo ser bueno , muy prestamente se
podría mudar de tal manera que no se podiese re-
mediar ; y allende desto debia mirar quanto era de
dudar pasar con gente estrafia mayormente en Rey-
no de infieles y naturalmente enemigos , y le supli-
caban y le requerían que no quisiese hacer tal viage,
del qual aunque con salud saliese, seria diño de gran
reprehensión de todos los que lo supiesen. E con to-
do eso el Rey no creyó de cosa desto : y cuando Gon-
zalo de Sayavedra é Juan Fernandez Galindo vieron
que no pudieron escusar al Rey aquel viage, tomaron
pleito homenage y juramento muy fuerte al Conde
con las mayores firmezas que pudieron que él vol-
verla al Rey de Castilla en segura y sana paz en
sus Reynos , guardándolo Dios de los peligros de
la mar; y así el Rey se partió y con él Miguel Lu-
cas y los dichos Comendadores, y pasaron con él en
Ceuta, ó Gonzalo Carrillo é Gonzalo de Sayavedra
fueron con la gente que quedaba en tierra y se
fueron aposentar en las Algeciras entre el rio que
dicen de la Miel, y estuvieron ende dos dias; y den-
de apoco que ende fueron llegados, llegó allí el
Marqués de Villena, que habla quedado en Estepo-
na, por la dexar á buen recaudo , y alU fué certifi-
cado por algunos navios como el Rey era pasado
en Ceuta ; el qual se metió en uno dellos y seguió
asimismo aquel viage y pasó en Ceuta, donde el
Rey y toda su gente fueron muy bien recebidos y
hospedados y servidos con grande amor y reveren-
cia ; al qual y á todos los que con él iban, el Conde
fizo dar firmemente todas las cosas que menester
ovieren, y el Rey se detuvo allí cuatro dias por-
que los vientos fueron contrarios, y no pudo antes
partir , y en tanto que ende estuvo , fué á correr
monte de leones á tierra del Rey de Fez donde hay
muchos, é yendo asi el Rey con propósito de facer
su montería, vido una gran muchedumbre de moros
que venían por correr á Ceuta, y asi ovo de mudar
su propósito y volverse antes á Ceuta de lo que
quisiera ; y pensando que por aventura por causa
de los vientos se oviera de detener allí mas de lo
que habla estado, envió á mandar á Gonzalo de Sa-
yavedra y á Gonzalo Carrillo que con la gente que
había quedado , se fuesen á Tarifa y le esperasen
allí, los quales lo pusieron así en obra ; é como quie-
ra que la mar se mostrase asaz alta y con mucha
furia, el Rey determinó de pasar. En este mesmo dia
llegó á Tarifa, de que así los caballeros que con él
iban como los otros que lo estaban esperando, fue-
ron mucho alegres por lo ver venir como vino con
el Conde de Udemira , el qual dexó á Gonzalo de
Sayavedra y á Juan Fernandez Galindo que ovic-
sen por bien complido su homenage, pues el Rey de
Castilla era venido en salvamento en la Villa de
Tarifa, que era suya ; y el Conde desde allí se vol-
vió en Ceuta con sus navios , que habla traído en
guarda del Rey ; y el Rey se partió de Tarifa y fizo
la via de la villa de Bejel, ques del Duque de Me-
dina, donde fué rescebido con aquella reverencia y
obediencia que á su Rey y Señor era debida, donde
el Duque tenia aparejadas todas las cosas que eran
necesarias para el servicio del Rey y de todos los
que con el venían ; y allí el Duque le suplicó que
porque ya era el tiempo de las almadravas de los
atunes, le pluguiese de ir á tomar placer y ver co-
mo los atunes se tomaban. El Rey lo fizo así, don-
de ovo grandes placeres , y rescibió muy grandes
fiestas del Duque, el qual fizo dar muy abundante-
mente á los que con el Rey iban todo lo que me-
nester ovieron ; y desde allí el Rey se partió para
Xerez, y dende se fué para Sevilla , donde estuvo
algunos dias con la Reyna su mugor, donde se ficie-
ron grandes justas y torneos, en el qual se creyó
que viniera alguna turbación por las competencias
que habla entre el Duque de Medina Sidonia y el
Marqués de Villena ; y ese dia estuvo armada muy
gran parte de la gente de la ciudad, y aun el Rey vi-
no al torneo trayendo corazas vestidas y casquete
en la cabeza ; y plugo á nuestro Señor que las cosas
se metiguaron. En este torneo fueron Capitanes de
la una parte el Duque de Medina Sidonia, en cuya
parte venia Miguel Lucas, que ya parecía contendor
de parcialidad con el Marqués de Villena, y de la
otra parte el Marqués de Villena.
CAPÍTULO XI.
De como se ganó la villa de Ximena de los moros.
Estando el Rey en Sevilla, Juan de Sayavedra le
envió á decir que había tentado la villa de Ximena,
que los moros habían recobrado, después que la ga-
nó el Mariscal Pero García, y que la falló de tal
manera , que le páreselo ser ligera de tomar , y le
suplicaba le pluguiese irlo á poner en obra ; y oída
esta nueva por el Rey , salió de Sevilla con la más
gente que pudo y fuese para Xerez , y mandó salir
toda la gente así de caballo como de pié , y envió á
llamar á gran priesa al Duque de Medina Sidonia;
y juntáronse con el Rey fasta mil é quinientos de
caballo y fasta seis mil peones , y los caballeros
principales que con el Rey partieron fueron : el Du-
que de Medina Sidonia y D. Juan Paclioco, Marqués
de Villena, y D. Rodrigo Manrique , Conde de Pa-
redes, y otros caballeros aunque no de tanto esta-
do, con docientosde caballo. Y el Rey mandó par-
tir la gente, y tomó consigo á Juan de Sayavedra,
y fué á mirar la villa de Ximena y miróla toda en
14
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
torno, y tornóse á Castellar donde había mandado
que toda la gente le esperase, y mandó al Duque y
al Marqués y al Conde de Paredes que se aposenta-
sen cerca de la villa porque no les pudiesen entrar
gente, los quales lo ficieron ansí; y otro dia bien
de mañana, Juan de Sayavedra quel ardid había
traído , les dixo que debían combatir luego la villa,
lo cual se puso luego por obra, y combatióse de tal
maneta que prestamente se tomó por fuerza de ar-
mas ; y el primero que en ella entró fué Alvaro de
Balbuena, criado de la Reyna doña María , que era
hombre muy valiente y uno de los que mejor se
ovieron en el combate de Benalmadana, y fué allí
muerto de una esquina que le -dieron sobre la ca-
beza. Y los moros se retruxeron á la fortaleza, y
ficieron su pleitesía, quel Rey los mandase poner en
salvo con todo lo que tenían , é al Rey plugo dello,
é mandó luego ir con ellos á un caballerizo de su
casa, llamado Juan Guillen, y al Alcayde de Tari-
fa, que se llamaba Alfonso de Arcos, los quales pu-
sieron los moros en la ciudad de Qibraltar, y se
volvieron para el Rey, y el Rey mandó bastecer la
villa de todo lo quera necesario , y dexó en ella por
Alcayde un caballero de su casa llamado Esteban
de Villacreces , natural de la ciudad de Xerez ; y el
Rey se volvió para Sevilla , donde entonces se pa-
resció una cometa en el cielo , tan grande y con tan
grandes rayos, que parecía quemar una gran parte
del cielo , la qual duró quarenta y siete dias y no-
ches continuos , de la qual diversos juicios se ficie-
ron , ó algunos quisieron decir quel Rey perdería
prestamente la corona ó la vida , 6 que los moros
habrían alguna gran victoria de los christianos;
otros quisieron pronosticar que prestamente mori-
rían algunos grandes del Reyno : los cuales juicios
salieron muy ciertos, que muy pocos dias después,
D. Juan Manrique, Conde de Castañeda, que era
Capitán General en la ciudad de Jaén, fué preso
por los moros y su gente desbaratada, y muchos de
los de sn casa muertos á gran cargo é culpa de la
gente de Jaén que les fuyó ; y como quiera quel
Corregidor de aquella ciudad sócuyo cargo venían,
que se llamaba Pedro de Cuéllar, hombre hijo dalgo
y buen caballero, trabajó quanto pudo con ellos por
los detener, no lo pudo acabar, y quiso antes morir,
como murió peleando como muy buen caballero, que
fuir viendo al Conde do Castañeda é á los de su ca-
sa pelear tan valientemente, que cerca del Conde se
hallaron mas do cínquenta moros muertos, y otros
tantos de los de su propia casa, y él sólo fué preso
y con él dos criados suyos ; el qual estuvo preso en
muy estrecha vida por espacio de diez y siete me-
ses, y por salir de trabajo tan incomportable , él se
rescató por sesenta mil doblas de la banda, y en las
haber trabajó tanto la Condesa su muger, que era
hermana del Almirante D. Fadrique, que fué cosa
muy maravillosa , y vendió para ello todas sus jo-
yas, y empeñó algunos lugares, y requerió á todos
sus parientes que oran grandes señores en estos
Reynos, é importunó tanto al Rey, fasta que delibró
á su marido, de las quales pagó antes que de la pri-
sión saliese las treinta y cinco mil , y por las rea-
tantes dexó en rehenes á su fijo mayor, llamado
D. García ; para lo qual pagar el Rey le fizo merced
de quatro quentos de monedas ; el qual caso acaes-
ció el dia de Sancta Clara del dicho año.
CAPÍTULO XII.
De una entrada que Fernando de Nanaez, Alcayde de Antequera,
fizo en tierra de moros.
En este tiempo Fernando de Narvaez, Alcayde de
Antequera , deseando servir á Dios y al Rey acordó
de entrar á coiTer el Bal de Cártama, y ajuntó con-
sigo ciento é veinte de caballo y trecientos peones,
y en viernes , doce dias de Marzo del año del nasci-
miento de nuestro Redentor de mil y quatrocientos
é cínquenta y seis años, continuó su camino, y pa-
só cerca de la villa de Alora , y llegó á Cártama , é
corrió la tierra fasta el rio de Xuriana, ques á
una legua de Málaga, y de allí sacó un gran reba-
ño de vacas é bueyes é acémilas é otras bestias, y
fasta veinte moros, y volviendo ansí con su cabal-
gada por cerca de la villa de Alora, falló que le es-
taba tomada la delantera por los moros, en una an-
gostura que se face cerca de aquella villa; y estaba
por capitán de los moros un valiente caballero que
se llamaba el Alatar, cabecera de Málaga, con fasta
quatrocientos de caballo y fasta mil peones puestos
en dos partes; y desque los christianos vieron tanta
muchedumbre de moros, é llegaron al vado del rio
que se llama Guadalquevirejo , hobieron gran tur-
bación, y los más eran de acuerdo que matasen to-
do el ganado y los moros que llevaban, y se fuesen
por otro puerto que se llama el puerto de Agras. El
Alcayde Fernando de Narvaez fué de otro propósi-
to, y esforzó tanto su gente, que les ñzo dexar aquel
acuerdo y haber corazón de pelear; é así les fizo
pasar el vado, el qual pasado , los moros dieron en
ellos por dos partes , y los christianos se esforzaron
tanto, que á pesar de los moros pasaron, aunque res-
cibieron algún daño , y fueron muertos y f eridos
muchos délos moros, y volvieron las espaldas, y los
christianos fueron en su alcance algún tanto , don-
de fueron ansí mismo feridos asaz moros ; y Fer-
nando de Narvaez con los suyos continuó su cami-
no, sacando la mayor parte de la presa que lleva-
ba ; y ansí volvió vitorioso y alegre á la villa de
Antequera.
CAPÍTULO XIIL
De como el Rey se partió ffd Andatu»ía y se fué para Castilla,
teniendo gran sospecha de las confederaciones que le decían
que los Grandes de su Reyno facían.
Como el Rey estaba sespechoso del desagrado
que sabía que todos los más de sus Reynos tenían
de la forma de su gobernación , acordó de se partir
para Castilla é dexar por frontero y Capitán Gene-
ral á D. Pedro Girón , Maestre de Calatrava ; é man-
dó quedar en Jaén á Gonzalo de Sayavedra, natural
de Sevilla , con docientos de caballo , allende de la
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
gente de la ciudad , y en la ciudad de Ecija á Don
Fadrique Manrique, hermano de los Condes de Tre-
vifio é Paredes, con otros docientos de caballo; y
esto ansí fecho, el Rey se partió para Segovia, y fué
á tener la Pasqua de Navidad á la ciudad de Falen-
cia, donde le fué traida la Bula de la Cruzada para
vivos é muertos, que el Papa Calisto III le envió,
la qual rescibió con grande acatamiento y reveren-
cia ; y predicóla Fray Alonso del Espina , hombre
muy notable y de honesta vida y gran predicador;
el qual dixo al Rey que debia mucho acatar quan
señalada gracia habia rescebido del Sancto Padre,
que jamas se fallarla haber sido dada semejante
indulgencia ; pero que debia mirar el cargo con que
se la daba , que no podia despender de los marave-
dís de aquella cosa alguna, salvo en la guerra de
los moros, excepto el mantenimiento de los predi-
cadores é cogedores sin caer en descomunión ma-
yor , de la qual no podia ser absuelto sin personal-
mente requerir la Sede Apostólica, lo qual se afir-
maba el Rey haber muy mal guardado. Fué tan
grande el dinero que por virtud desta Bula Cruza-
da se ovo para el Rey durante el tiempo de los
quatro años en ellas contenidos, que se afirmaba
por los thesoreros é recebtores dellas que, paga-
das BUS despensas , vinieron á poder del Rey más de
cien quentos, de los quales muy poca parte se gas-
to en la guerra de los moros ; de lo qual todos los
Grandes del Reyno fueron mucho turbados ; de los
quales el primero que se quiso mostrar fué D, Pero
Fernandez de Velasco, Conde de Haro ; el qual, co-
mo fuese hombíb de gran conciencia y descricion,
mirando como las cosas deste Reyno iban en perdi-
miento, quiso poner su estado y persona á todo pe-
ligro por reformar estos Reynos, como convenia al
servicio de Dios y del Rey y del bien común dellos;
el qual se confederó para esto con el Arzobispo de
Toledo D. Alfonso Carrillo, y con el Almirante Don
Fadrique, y con el Marqués de Santillana, y con los
Condes de Benavente y Alba y con algunos otros
caballeros y ciudades de estos Reynos ; de lo qual
como el Rey rescibiese gran turbación, fué el con-
sejo del Marqués de Villena D. Juan Pacheco y del
Arzobispo de Sevilla D. Alfonso de Fonseca , quel
Rey se fuese á Vitoria, y desde allí se tratase vista
suya con el Rey D. Juan de Navarra por haber su
amistad, en la qual no menos se ganaba el amistad
del Rey D. Alfonso de Aragón, su hermano ; y tra-
tada así esta vista, acordóse la partida del Rey pa-
ra Vizcaya y Guipuzca , y entró por lugares tan
montañosos é ásperos, donde no se acuerdan Rey
haber entrado jamas, y desde allí el Rey se volvió
para Alfaro, ques cercano lugar á Corella, donde el
Rey de Navarra estaba. Concordóse desde allí que
los Reyes en la mitad del camino se viesen, y las
Reynas no menos, las quales eran muy diferentes
en condiciones , é allí se concordaron y se concordó
casamiento del Infante D. Alfonso, fijo del Rey Don
Juan de Castilla, con doña Juana, hija del Rey de
Navarra, y de D. Fernando , Infante de Aragón,
con doña Isabel, Infanta de Castilla, hermana des-
15
te Infante D. Alfonso ; y fecha esta concordia, los
dos Reyes se vinieron á Alfaro , donde el Rey de
Navarra rescibió muy grandes fiestas del Rey y de
la Reyna, y durmió ende una noche , y otro dia se
tornó para Corella ; y dende á tres dias la Reyna do
Castilla salió á la mitad del camino ques entre Alfa-
ro y Corella por ver al Rey de Navarra , que era su
tio, hermano de su madre, y se fué con él á Corella,
y durmió allí aquella noche, donde le fué fecha muy
gran fiesta ; y así quedaron los Reyes mucho con-
formes y amigos. Y estando los Reyes en el campo,
el Rey de Castilla se tornó para Alfaro y el Rey de
Navarra para Corella, y el Rey pensó que acabadas
las vistas, en la vuelta pudiese prender al Conde de
Haro, que estaba en Briviesca ; el qual como esto
sintiese , juntó consigo tres mil peones y quatro-
cientos hombres de armas. Esto sabido por el Rey,
disimuló el fecho, y acordó quel Marqués de Villena
y el Arzobispo de Sevilla ó Diego Arias, su Conta-
dor mayor, que fuesen á hablar con el Conde de
Haro por le segurar y aplacar y le rogar que miti-
guase y aplacase los ánimos del Arzobispo de Tole-
do y del Almirante é de los otros caballeros ya di-
chos, los quales todos insistían que las leyes y los
antiguos estatutos destos Reynos fuesen guardados.
Él temia mucho este ayuntamiento de los Grandes,
y ningún remedio otro fallaban, salvo la conformi-
dad con el Rey de Navarra. En el qual tiempo el
Rey de Navarra tenía preso al Príncipe D. Carlos,
BU fijo, por la inobediencia y grandes enojos que le
habia fecho ; al qual entonces mandó soltar, toman-
do del la fe que nunca volvería en Navarra, y des-
pués de su libertad jamas se juntase con los Navar-
ros ni saliese de su voluntad ni mando ; é así el
Príncipe D. Carlos se partió y tomó el camino para
Francia, y llegado al Rey Carlos VII de Francia, le
suplicó le quisiese favorecer , si acaesciere quel ho-
biese de contender con el Rey de Navarra, su pa-
dre ; al qual el Rey respondió no ser cosa justa quél
hobiese de favorecer á hombre que fuese inobedien-
te á su padre ; é así el Príncipe D. Carlos se partió,
y se fué á Ñápeles para el Rey D. Alonso , su tio,
con el qual estuvo hasta quel preclarísimo Rey Don
Alonso murió. Estas cosas así fechas, el Rey deter-
minó de dar orden en se partir para la guerra de los
moros , para lo qual se vino á Segovia, y de allí en-
vió á llamar á todos los que del tenían acostamien-
to, los quales habia apercibido dias habia, mandán-
doles que se fuesen derechamente para la ciudad de
Córdoba , lo qual así mesmo mandó á Ruy Díaz de
Mendoza, hijo segundo de Ruy Díaz, Mayordomo
mayor que era , Capitán General de su guarda ; é
dio sus cartas y poderes al Mariscal Payo de Ribe-
ra, que juntase todas las gentes del Reyno de To-
ledo y se fuese á Córdoba, y envió á Juan Fernan-
dez Galindo con sus cartas para D. Pedro Girón,
Maestre de Calatrava, que era Capitán General cu
toda el Andalucía, y á los otros capitanes que esta-
ban en Jaén y en Ecija, para que todos estuviesen
prestos y aderezados para entrar con él en el Reyno
de Granada ; el qual mandamiento envió á los Con-
16
sejos de Sevilla é Córdoba é Jaén y Ecija y Carme-
na y Ubeda y Baeza y Andújar; envió así mesino
esto á mandar á D. Juan de Guzman, Duque de Me-
dina Sidonia, y á D. Juan Ponce de León, Conde de
Arcos, y á D. Diego Fernandez de Córdoba , Conde
do Cabra, y á todos los otros caballeros del Anda-
lucía , mandándoles que fuesen juntos á cierto dia
en Almorchon , donde fuesen ciertos que él al mes-
mo tiempo sería ; lo qual todo se puso en obra , y
fueron juntos en Almorcbon á quince de Junio del
año del nascimicnto de nuestro Redemptor de mil é
quatro cientos y cinquenta y siete años ; en el qual
dia el Eey fué con ellos ; y antes que el Rey de Se-
govia saliese, fué certificado que D. Diego Hurta-
do de Mendoza , Marqués de Santillana , estaba en
Uceda con el Arzobispo de Toledo D. Alonso Carri-
llo, á los quales envió al Marqués de Villena Don
Juan Pacheco, é á D. Alonso de Fonseca, Arzobispo
do Sevilla para los concertar, de tal manera que en
tanto quel estaba en la guerra , no oviese noveda-
des ni bullicios en el Eeyno ; y estando el Rey en
Jaén vinieron ende el Arzobispo de Toledo y el
Conde de Alba para fablar al Rey, asi en lo que le
cumplía facer en la guerra de los moros , como en
otras cosas que cumplían á su servicio y á la pacifi-
cación de sus Reynos.
Después que la gente fué juntada en Almorchon,
el Rey entró en tierra de moros , y los caballeros
principales que con él entraron fueron el Marqués
de Villena y el Maestre de Calatrava, su hermano,
y D. Diego Fernandez de Córdoba, Conde de Cabra,
y D. Gabriel Manrique , Conde de Osorno, y Don
Alonso de Silva, Alférez del Rey, hijo del Conde
de Cif uentes D. Juan de Silva, y D. Fadrique Man-
rique, hermano de los Condes de Trevifioy Paredes,
y Ruy Díaz de Mendoza, Capitán de la Guarda del
Rey, hijo de Ruy Díaz de Mendoza, Mayordomo
mayor que fué del Rey D. Juan , y D. Alonso de
Guzman, hermano bastardo del Duque D. Juan, de
Medina Sidonia, y Alfonso de Monte mayor, Señor
de Alcaudete, y Martin Fernandez de Córdoba , Al-
cayde de los Donceles, é Gómez Méndez de Soto
mayor, y el Mariscal Payo de Ribera, y D. Pero
Ponce de Leen, hijo del Conde de Arcos, é Gómez
de Avila, que por entonces era Corregidor de Cór-
doba, é Juan de Sayavedra, y Luis de Pernia, Al-
cayde de Osuna, é Gonzalo de Betueta, criado del
Rey, con la gente de Ubeda , donde por entonces él
era Corregidor. Y el Rey estuvo en tierra'de moros
en esta entrada quince días ; en el qual tiempo no
se fizo cosa alguna que digna sea de memoria, sal-
vo talar algunos lugares, y el Rey se volvió para
Alcalá la Real, y desde allí mandó que así los caba-
lleros como las ciudades que con él habían entrado
se fuesen á sus tierras ; y él se fué para la ciudad de
Jaén ; y desde allí el Rey mandó cabalgar dos mil
é decientes de caballo, y fué á Cambil, y llevó con-
sigo á la Reyna , la qual iba en una hacanea muy
guarnida, y con ella diez doncellas en la misma
forma, do las quales las unas llevaban musequies
muy fcbridos, y las otras guardabrazos y plumas
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
altas sobre los tocados , y las otras llevaban alme-
xias é almayzares , á demostrar las unas ser de la
Capitanía de los hombres de armas , y las otras de
los ginetes ; y llegaron así con esta gente el Rey y
la Reyoa tan cerca de Cambil , que parecían que
querían combatir la fortaleza; y como los moros
vieron ansí llegar la gente, salieron á las haceras, y
la Reyna demandó una ballesta, la qual el Rey le
dio armada y fizo con ella algunos tiros en los mo-
ros; y pasado este juego, el Rey se volvió para
Jaén, donde los caballeros que sabían facer la guer-
ra y la habían acostumbrado , burlaban y reían di-
ciendo que aquella guerra más se hacía á los chris-
tianos que á los moros ; otros decían : por cierto esta
guerra bien parece á la quel Cid en su tiempo solía
facer. Y estando ansí el Rey en Jaén, el Rey de Fez
le envió un rico presente de almexias y almay-
zares y arreos de la gineta, é menjuy y estora-
que y algalia, y muchos otros olores para la
Reyna.
Estando el Rey asi en Jaén, fizo otras dos entra-
das en tierra de moros , en que se ficieron algunas
talas y escaramuzas, en que murieron algunos chris-
tianos é moros ; y lo mejor que en esta entrada fizo,
fué que entró á una aldea llamada Cogollos, que
era lugar de asaz pueblo, é teníanlo los moros muy
bien barreado y fortalecido de tal manera, que so
entró con gran trabajo y peligro y muertos, así do
moros como de christianos; donde algunos caballe-
ros de que aquí se hará mención , se ovieron va-
lientemente, los quales fueron : Don Juan de Men-
doza, hijo del Marqués de Santillana, Don Iñigo
López, é Gonzalo Muñoz de Castañeda, é Diego de
Acebedo, sobrino del Arzobispo de Sevilla Don
Alonso de Fonseca ; en el qual combate fué f erido
el dicho Gonzalo Muñoz de Castañeda, y bien diez
ó doce escuderos que en aquel combate se hallaron,
y por el esfuerzo de aquestos caballeros que podían
ser todos hasta treinta, el lugar se entró y fué que-
mado y robado, y fueron muertos y presos mas de
cien moros y moras, la qual aldea es muy cercana
á la ciudad de Granada. En este dia Pero Arias de
Avila, hijo de Diego Arias , Contador mayor, con
fasta treinta de caballo ovo un encuentro con fasta
ochenta de caballo moros, con los quales peleó va-
lientemente, y fueron muertos siete moros, y otros
algunos heridos, é de los christianos ninguno mu-
rió, y fueron cinco heridos ; y con esto el Rey se
volvió á Jaén.
En este tiempo, partido el Rey de Jaén, fué cer-
tificado que Alonso Faxardo f azia guerra contra su
sei-vicio en el Rey no de Murcia, donde entonces él
estaba muy poderoso, el qual envió en aquel Reyno
á Gonzalo Carrillo, natural de Córdoba, con dos-
cientas lanzas, el qual se juntó con el Adelantado
de Murcia Pero Faxardo, y con el Corregidor que
se llamaba Diego López de Sosa^ los quales con los
poderes del Rey ficieron tan gran guerra á Alonso
Faxardo, que le tomáronlas villas de Alhama y Le-
tar y Lorca, y las fortalezas dellas; y estando cerca-
do Alonso Faxardo en la fortaleza de Lorca, visto
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
17
por el Adelantado é por los otros capitanes que ende
estaban como fortaleza era tan grande , que no se
podía tomar salvo en algún tiempo, acordaron de
estar por el partido siguiente, es á saber; que Alon-
so Faxardo libremente entregase la fortaleza, y fue-
se seguro de muerte y de lision y de prisión , y se
fuese donde por bien tuviese ; é el Adelantado y los
otros capitanes se obligaron de le ganar perdón del
Rey y de suplicar á su Alteza le ficiese merced, para
lo qual se le ovo de dar en rehenes un hijo de Juan
de Haro, y Martin de Sosa, fijo del Corregidor; é así
Alonso Faxardo entregó á los dichos capitanes to-
das las fuerzas quel de Lorca tenia, y se partió con
los que con él estaban, y los llevaron en salvo has-
ta Xiqua ; lo qual todo como habia pasado los di-
chos capitanes le ficieron saber al Rey, el qual ovo
por bien todo lo por ellos fecho , y lo confirmó y
aprobó y rescibió por suyo al dicho Alonso Faxar-
do, y dexóle á Caravaca y á Cehiguin y á Cañera y
á Letur ; é acabadas estas cosas, el Rey envió á
Gonzalo de Sayavedra, Comendador mayor de Mon-
tealban, con sus cartas y poderes, mandando que lo
ficiese entregar la ciudad de Lorca con su fortale-
za, lo qual se puso luego en obra ; y después Gon-
zalo de Sayavedra entregó la ciudad ó fortaleza por
mandado del Rey á Juan Fernandez Galindo , Co-
mendador del Reyno.
En este tiempo el Rey Don Enrique fué certifica-
do que entre el Rey de Francia y el Delfín su hijo
habia gran discordia , y acordó de enviarle sus em-
baxadores, los quales fueron D. Juan Manuel, pa-
riente suyo, y el Dotor Alfonso de Paz , natural de
Salamanca, por dar algún medio entre ellos ; y como
quiera que estos embaxadores trabajaron en ello
cuanto pudieron , el Rey de Francia dio algunas
razones por que no le convenia perdonar al Delfín,
y así los embaxadores se volvieron sin ningún
acuerdo facer entre el Rey de Francia y su hijo ;
y visto por el Delfín quan poco habia aprovechado
el ruego del Rey de Castilla, enviándole agradecer
el trabajo que por él habia querido tomar , se partió
de su tierra, y se fué para el Duque Felipe de Bor-
gofia, el qual le recibió con muy grande acatamien-
to y reverencia , y envió luego su embaxador al
Rey de Francia , faciéndole saber como el Delfín su
hijo ora venido en su tierra y le suplicaba dello no
rescibiese enojo, donde él seria servido y acatado
según debia, fasta que su Alteza perdiese el enojo
que del tenia, y como quiera que se dijo el Rey de
Francia haber dello enojo , disimulólo y enviólo
agradecer al Duque do Borgofia, el qual dio al Del-
fín la villa de Bruselas en Bravante en que estuvie-
se. Es una de las mas gentiles villas que hay en
Alemana, ni en Francia ; en la qual el Delfín estu-
vo por espacio de quatro años, seyendo muy bien
servido, monteando y cazando; habiendo todos los
deportes que dársele pudieren ; y en todo este tiem-
po el Duque le dio en cada año cinquenta mil co-
ronas para su despensa, y á la fin el Duque trabajó
tanto con el Re>y, que á suplicación suya le per-
donó.
Cr.-m.
Después desto, estando el Rey Don Enrique en
Madrid en el año de nuestro Redentor de mil é
quatrocientos y cinquenta y ocho añoa con la Rey-
na Doña Jtiana su muger, si tal se puede decir, se
ficieron allí muy grandes fiestas de justas y torneos
é juegos de cañas ; y entre los otros caballeros que
allí estaban, eran dos criados suyos, el uno llamado
Miguel Lúeas, natural de Belmente, y el otro Gó-
mez de Cáceres, que después so llamó Don Gómez
de Solis; el primero, hombre de poco estado y
bajo linage • el otro , aunque de pobre estado, escu-
dero hidalgo y de buenos parientes , nacido en la
villa de Cáceres ; y como quiera quel primero desde
asaz mozo lo habia criado el Rey y dado grandes
rentas, y le habia fecho su Chanciller mayor , y al
segundo de estado de una muía lo habia fecho su
Mayordomo, parescióle poco lo que les habia dado,
y á Miguel Lúeas fizo barón do torneo y Condesta-
ble juntamente en un día. cosa no vista hasta en-
tonces, y dióle la villa de Agreda, y las fortalezas
de Betunto y Boz Mediano, como quiera que esta
merced no ¡ovo efeto , las quales dinidades se cree
no ser dadas á hombre del mundo fasta hoy en un
día ; y á Gómez de Cáceres el Maestrazgo de Alcán-
tara, que dias habia que era vaco por muerte del
Maestre Don Gutierre de Sotomayor , las rentas del
qual el Rey habia llevado fasta entonces por Bula*
apostólica ; de la provisión de los quales no poco
fueron maravillados todos los que lo vieron, porque
no parecía preceder merecimientos , ni linage , ni
virtudes tan señaladas de aquellas que dinos loa
ficiese de conseguir tan altas dinidades , acostum-
bradas de dar á personas notables y de grandes me-
recimientos.
CAPÍTULO XIV.
De una Vitoria asaz grande que de los moros ovieron Don Pero
Manrique, hijo de Don Rodrigo Manrique, Conde de Paredes,
y Dia Sancliez de Benavides, Señor de la Villa de Santisteban
del Puerto.
En el dicho año, faciendo el Rey la guerra á los
moros asi tibiamente como dicho es, Don Pero Man-
rique, fijo de Don Rodrigo Manrique, Conde de Pa-
redes, como quiera que fuese mancebo de poca
edad , queriendo seguir las pisadas de su padre y
de aquellos de quien descendía , como él én este
tiempo estuviese en el Val de Segura , acordó de
enviar á rogar á Día Sánchez de Benavides, su tío,
Señor de la villa de Santisteban del Puerto , que le
pluguiese tenerle compañía, y que ambos á dos con
la gente que pudiesen entrasen en tierra de moros ;
los quales juntaron consigo fasta quatrocientos de
caballo y seiscientos peones, y fueron correr la vi-
lla de Huesear quel Conde Don Rodrigo Manrique
su padre habia ganado de los moros con gran peli-
gro suyo y muertes de muchos criados, donde en su
persona fué agrámente ferido ; y después de tenida
por él algún tiempo , los moros la recobraron, no
por cierto á cargo suyo, mas porque en tiempo del
Rey Don Juan, á causa de algunos no buenos ser-
vidores suyos, so dexaron do dar las provisiones que
2
18
convenían para aquella Villa, de tal manera, quo
(luedó tan despoblada de los christianos, que los
moros la pudieron tomar, y de allí sacaron los di-
clios caballeros una gran presa de vacas y bueyes,
yeguas é moros , y á la salida quebrantaron una
acequia por donde les venia el agua que ellos con
gran despensa hablan fecho ; en lo qual los moros
rescibieron muy gran daño , y apellidáronse todos
para venir á pelear con los dichos caballeros ; y como
quiera que se juntó gran muchedumbre de moros,
los christianos pelearon así valientemente, que los
moros fueron vencidos y desbaratados, y murieron
dellos bien ciento y veinte, y fueron ochenta cauti-
vos, y fueron otros muchos f eridos, y de los chris-
tianos murieron pocos aunque perdieron asaz caba-
llos feridos de saetas ; ó así los nobles caballeros so
volvieron en su tierra mucho alegres y vitoriosos,
de la qual vitoria el Key ningún placer mostró, y
partióse cerca de Loxa, donde tenia asentado su real
al tiempo que esta nueva le vino, y volvióse en Jaén,
y de allí volvió con poca gente por correr á Baza y
áGuadis, donde se comenzó en Guadix una escara-
muza de poca gente, donde el valiente y noble ca-
ballero Garcilaso de la Vega fué muerto, ferido con
una saeta arbolada (1); y como la nuova déla
muerte de Garcilaso al Eey llegase, no con triste
corazón dixo : «Vamos á ver la fuerza que tiene la
ponzoñan; y así fué sin turbación alguna á ver al
desdichado caballero que con la yerba hacia gran-
des rabias ; y muerto , los parientes suyos se llega-
ron al Rey y le suplicaron que oviese memoria de
quántos servicios aquel noble caballero le habia fe-
cho, y cómo era muerto en su servicio, y le pluguie-
se facer merced á un fijo suyo mozo de la Enco-
mienda de Montizon , que era suya, y le diese el
hábito militar de la Orden de Santiago. Esta supli-
cación hacían al Rey su tío el Conde do Paredes y
muchos de los Caballeros que cerca del Rey esta-
ban ; el Rey respondió floxamente, ni denegando
ni otorgando la suplicación, y en el mesmo día por
virtud del poder que tenia de Administrador de la
Orden de Santiago, proveyó de la dicha encomien-
da á un hermano de Miguel Lúeas ; de lo qual to-
dos los Grandes fueron muy mal contentos ; y vis-
ta la ingratitud del Rey, dende adelante siempre lo
desamaron ; y vuelto en Jaén , fizo desposorio de
Miguel Lúeas con una muy noble doncella llamada
Doña Teresa de Solier, fija de Pedro de Torres, y
nieta del Adelantado del Andalucía, prima del Con-
de Don Pero Fernandez de Velasco, fijo de bu tía,
hermanado su madre, mugor muy rica ; el padre de
la qual era el mayor hombre que en aquella cibdad
habia, en cuyos bienes esta sola hija sucedió ; lo
qual fizo contra voluntad de todos sus parientes, de
que no menos turbación ovieron todos los grandes
y nobles de su Corte que de las cosas pasadas, de
que siempre fué acrecentando el odio é mal queren-
cia cerca del Rey ; y allí el Rey fizo merced á Mi-
guel Lúeas de dos villas de la ciudad de Baeza, Ua-
^1) Al margen: «envenenada con ycrbas<s
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
madas la una Linares y la otra Baños ; y como el
Condestable Don Miguel Lúeas enviase á tomar la
posesión de las dichas dos villas, falló en ellas tan
gran resistencia, que no pudo haber el sefiorio do-
lías ; de lo qual el Rey ovo muy grande enojo é
mandó prender algunos vecinos de los mas princi-
pales que en aquella villa vivían, y mandó ir cierta
gente de armas para tomar las dichas villas, en de-
fensa de las quales la ciudad de Baeza se puso do
tal manera, no solamente defendiéndolas por ar-
mas, mas mostrando los privilegios que tenían de
los Reyes pasados, confirmados por él con grandes
firmezas y juramentos, en tal guisa que el Rey ovo
de dexar aquella empresa; y así el Condestable
Don Miguel Lucas quedó sin aquellos lugares. Y
en este año acaesció que Don Pedro Girón , Maestre
de Calatrava, demandó al Rey la villa de Frexenal,
ques de la cibdad de Sevilla , el qual le fizo della
merced, pero la cibdad de Sevilla la defendió tan
ásperamente, que el Marqués no la pudo haber.
CAPÍTULO XV.
Del fallescimiento del Rey Don Alonso de Aragón, y de la forma
que [tuvo en la sucesión de sus Reynos, y la muerte del Papa
Calísto tercero, y de la criación del l'io segundo, natural de la
Ciudad de Sena.
Estando el Rey en Ubeda, ovo nueva como el
Rey de Aragón su tío era fallescido, de quél mostró
muy gran sentimiento ; el qual dexó por heredero
en los Reynos de Aragón y de Cecilia y el Condado
de Barcelona, y en las Islas de Mallorca y de Me-
norca é Ibiza y Cerdeña , al Rey Don Juan de Na-
varra, su hermano , y dexó el Reyno de Ñápeles á
Don Fernando, su hijo bastardo, porque de la Rey-
na Doña María su muger nunca ovo generación ; y
allí asi mismo ovo nueva de como el Papa Calis-
te tercero era muerto, y era criado en su lugar Pío
segundo, al qual el Rey Don Enrique envió un flai-
re, maestro en Santa teología, gran predicador y de
la Orden de San Francisco oservante, llamado fray
Alfonso de Palenzuela , á le dar la obediencia ; el
qual después fué Obispo de Ciudad Rodrigo ; y co-
mo quiera que muchos de los frailes de su Orden
refutaban del por haber tomado Obispado, él dio
de sí tan buena qucnta y vivió tan limpiamente,
haciendo enteramente su oficio, confesando sus sub-
ditos y predicándoles continuamente de tal manera
que sirvió á Dios en recebir la dicha dinidad de
Obispado , y después ovo el Obispado de Oviedo,
donde no menos sirvió á Dios que en el primero.
En este tiempo el Arzobispo de Sanctiago Don
Rodrigo de Luna, sobrino del Maestre Don Alvaro
de Luna, fijo bastardo de un hermano suyo, que ha-
bia sido caballero de la Orden de San Juan y te-
niente de Basaba , fué llamado por el Rey á causa
de algxmas informaciones que le fueron fechas de
su deshonesto vivir ; y entre otras cosas asaz feas
que este Arzobispo habia cometido, acaesció que
estando una novia en el tálamo para celebrar las
bodas con su marido, él la mandó tomar y la tuvo
consigo toda una noche. Y como esto Arzpbispo vi-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
19
niese al llamamiento del Rey, llegado ya á Sala-
manca, le vino ende nueva como los caballeros
principales de Galicia se hablan levantado contra
él y se hablan apoderado de la Iglesia de Sanctiago
y de toda la cibdad y fuerzas della, y habían en-
trado el Palacio Arzobispal y robado todo lo que en
él fallaron, y habían ocupado las villas de Muros y
Noya y Pontevedra y del Padrón y otros lugares
del Arzobispado; y como desto se querellasen al
Rey, y como ya fuese informado de su deshonesto
vivir, no se dio á ello ningún remedio ; de que se
triguieron grandes daños, muertes y robos en aquel
Reyno de Gralicia ; y los caballeros que contra él se
levantaron fueron Fernán Pérez do Andrada, y
Suero Gómez de Sotomayor, y López Sánchez de
ÜUoa, y Bernal Diañez y muchos otros sus parien-
tes y amigos ; y estando las cosas en este estado,
Don Peralvarez Osorio, Conde deTrastamara, se fué
á Santiago, y los Caballeros que lo tenían se lo en-
tregaron, y asi mesmo todas las villas y lugares
que del Arzobispado tenían ; el qual quisiera haber
aquel Arzobispado para un hijo suyo llamado Don
Luis Osorio, sobre que ovo muy grandes contiendas
y debates; y como solamente ovíese quedado por el
Arzobispo una fortaleza llamada la Focha , un Al-
cayde suyo que en ella tenía con quarenta hom-
bres castellanos naturales de Avila facían tan gran
guerra, que destruían la ciudad de Sanctiago y toda
la comarca, y por eso el Conde determinó de po-
ner cerco sobrella y túvola cercada seis meses, com-
batiéndola con tres ingenios y otros pertrechos; en
el qual tiempo se halla que fueron entradas dentro
en la fortaleza mil é quinientas piedras de inge-
nio ; y con todo eso el Alcayde y los que con él es-
taban se dieron tan gran recaudo, que no solamen-
te defendieron la fortaleza , mas algunas veces sa-
lieron de noche y ficieron grandes daños en la gen-
te del real, de los quales murieron mas de ochenta
hombres y de los de la fortaleza solamente tres ; y
la historia no pone el nombre deste Alcayde , que
no era por cierto de olvidar, y este Arzobispo ovo
siempre de contender por recobrar lo que le era to-
mado, y jamas lo pudo acabar ; y así murió desama-
do y pobre por sus grandes culpas y deméritos, de
que todos los hombres, por de grandes estados que
sean, deben tomar exemplo, y guardarse de facer
lo que no deban, confiando en su gran poder, acor-
dándose ser nuestro Señor tan justo , que ni dexa
mal sin pena, ni bien sin galardón.
CAPÍTULO XVI.
De los daños que los moros ficieron en el Andalucía después quel
Rey della se partió, y de la prisión de Juan de Luna.
La forma de la guerra fecha por el Rey á los mo-
ros en el comienzo de su reynar, les fizo perder el
miedo que antes que reynase del tenían ; y como el
Rey fué partido del Andalucía , el Rey de Granada,
como era caballero bien esforzado y conocía bien
las costumbres del Rey y sus fuerzas , ayuntó muy
gran gente, y vino sobre la Ciudad de Jaén; y por
estonces el Rey había dexado por Capitán á Rodri-
go de Marchena, hombre nuevo y do muy bajo li-
nage, y de vida y costumbres asaz deshonestas. Este
Rodrigo de Marchena es de quien la Corónica arri-
ba hizo mención en la entrada primera quel Rey
Don Enrique fizo en Sevilla, después que tomó tí-
tulo de Rey, forzó auna doncella, é ni del ni de otro
moro llamado Mof arras, que asi mesmo á la sazón
había forzado otra y llevándola á tierra de moros,
ninguna justicia fizo el Rey. El qual Rodrigo de
Marchena, vista la venida del Rey de Granada con
gran muchedumbre de gente , ovo tan gran turba-
ción , que ni él ni los de la Ciudad no ovieron con-
sideración de cerrar las puertas ni poner gente so-
bro la cerca ; de tal manera fueron todos turbados
que sí los moros quisieran, pudieran tomar la Ciudad,
pero esta turbación que en la Ciudad ovo, le apro-
vechó mucho, porque los moros pensaron que aque-
llo fuere algún engaño que los christianos les tuvie-
sen aparejado', y por eso no se osaron de acercar a
la Ciudad , y ansí curaron de correr el campo ma-
tando los hombres que en él hallaron , y las ovejas y
otras muchas bestias, y talaron árboles y viñas y
cuanto pudieron haber, no hallando resistencia al-
guna, y sacaron gran cabalgada de yeguas y vacas
y acémilas, con lo qual todos fueron en salvo. En
este tiempo, habiendo el Rey consideración que des-
pués de la muerte del Rey Don Alfonso de Aragón
sucedió en su lugar el Rey Don Juan de Navarra,
su hermano , del qual temió que viéndose poderoso
querría demandar los heredamientos que en Castilla
le eran tomados y porque Juan de Luna era habido
por mucho suyo y estaba apoderado en todas las vi-
llas y fortalezas de la Condesa, mujer del Maestre
Don Alvaro de Lana, parescióle que si este quisiese
favorecer al Rey de Navarra, que ya era de Aragón,
que podría mucho daño facer, é por consejo del Mar-
qués de Villena Don Juan Pacheco y del Arzobispo
de Sevilla Don Alfonso de Fonseca, fué determina-
do que Juan de Luna fuese preso ; lo qual así se
puso en obra; el qual fué puesto en una torre á muy
buen recaudo, donde jamas salió fasta que entregó
todas las villas y fortalezas que tenía ; y así la Con-
desa, mujer del Maestre de Santiago, perdió la po-
sesión de todas sus villas y fortalezas, y ella se fué
al Castillo de Montalvan después que supo la prisión
de Juan de Luna.
En este tiempo el Papa Pío segundo deste nom-
bre concedió Bulla para que Don Alvaro de Estúñí-
ga, Conde de Plasencia, pudiese casar con Doña
Leonor Pimentel, sobrina suya, hija de su herma-
na, su comadre, y su ahijada de pila.
CAPÍTULO XVIL
De cierta conjuración que los Grandes del Ileyno de Ñapóles hi-
cieron contra el Rey Don Fernando, hijo bastardo del Rey Don
Alonso de Aragón, y de como un moro llamado Zayde quiso ma-
tar á Garcia de Herrera, Señor de Pedraza; y de algunas mara-
villosas señales acaescidas en este tiempo.
El Rey Don Fernando, fijo bastardo del Illustre
Señor Rey Don Alonso de Aragón, ayudó mucho en
20
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
este caso un casamiento que habia fecho do una fija
suya con un sobrino del Papa Pió, donde asi fué
que, muerto el Serenísimo Rey Don Alonso de Ara-
gón , todos los Grandes del Rey no de Ñapóles hicie-
ron entre sí conjuración de tornar la corona del Rey-
no á Don Juan , hijo de Reynel, y á espulsar de
aquella señoría, para lo qual acordaron de matarle,
al Rey Don Fernando ; la qual empresa tomó el
Duque de Sesa , y para lo poner en obra , acordóse
quel Rey y este dicho Duque oviesen de haber fabla
en un campo á cierto dia con cada docieutos de ca-
ballo, y que solamente á la habla con el Duque lle-
gasen dos caballeros llamados el uno Diafebus, hijo
del Conde de Averso, y el otro llamado Tártago ; de
los quales el uno disimulando obediencia, con gran-
de acatamiento llegase al Rey á le besar la mano , y
en tomándola, se la tuviese tan recio quanto pudie-
se y el otro le firiesc con un cochillo empozoñado
que traía ; los quales llegando al Rey, Diafebus que-
riendo tomar la mano al Rey por se la besar , mudó
tanto el color y se turbó de tal manera, quel Rey
conoció la voluntad con que venía, y Diafebus no
pudo tomar la mano, y el Rey puso las espuelas al
caballo y dio un gran salto, de manera que se deli-
bró dellos. Tártago, teniendo sacado el cuchillo en
la mano, fué por ferir al Rey, y el Rey se ovo tan
valientemente con ellos , que los desbarató , y luego
las gentes de la una parte y de la otra comenzaron
á pelear, y los del Duque f uyeron y los del Rey los
fueron siguiendo ; y desde allí en adelante se co-
menzó abiertamente la guerra de los napolitanos
contra el Rey Don Femando. En este tiempo vino
Don Juan, hijo del Rey de Ñápeles, á quien todos
los napolitanos querían haber por Rey eceuto el
Conde de Fanda y los españoles, los quales en el
Rey no habían poco poder, de los quales eran los
principales Don íñigo de Guevara, gran Senescal, y
sus hermanos, y todas las ciudades y villas le fueron
rebeldes , salvo Ñapóles y Gaeta ; é ya le fallecían
dineros, que habia fecho muy grandes despensas
en las gentes que había ajuntado contra el dicho
Don Juan , al qual con todos sus parciales fizo re-
traer á la Ciudad de Esenía, ques maravillosamente
fuerte, y no contento de la Vitoria habida, con ar-
dor juvenil pensó por fuerza entrar aquella Ciudad
contra el consejo de Símoneto, Duque viejo, que era
en extremo prudente caballero, el qual requirió al
Rey que no aquexase tanto á la nobleza que allí es-
taba inclusa ; el qual consejo , teniendo el Rey en
poco, rescibió daño muy grande que súbitamente sa-
lió toda aquella gente con grande ímpetu y dio en el
real del Rey Don Fernando , donde ovíeron de f uir
los suyos , y fué muerto Símoneto, y muchos otros
de los mas principales déla hueste , y el Rey con solos
tres caballeros délos suyos se, fué huyendo á la ciu-
dad de Ñapóles; en el qual dia el gran Senescal Don
Iñigo de Guevara y su hermano Don Alfonso de
Avales, valientes caballeros, con fasta setecientos
de caballo llegaron. Llegó así mismo cu el tiempo
de esta adversidad el ayuda de Madama Lucrecia
pj^adrastra del Rey , que estaba en un cantillo cerca
de Ñapóles, y allí paresció la traycion de muchos
de quien el Rey entendía ser servido, entre los qua-
les principalmente se mostró enemigo Ercoles, her-
mano de León, el Marqués que fué de Ferrara, cría-
do desde niño con el Rey Don Fernando como si
fuera hermano suyo, el qual quisiera matar á tray-
cion al estrenuo caballero Don Alfonso de Arauso,
si por su brazo viguroso no se defendiera. Y tanto
iba abaxo el partido del Rey Don Fernando, que si
el Papa Pió no le socorriera , sin duda perdiera la
Corona. Envió así mismo gran ayuda al Rey Don
Fernando, Francisco Esforcía, Duque de Milán, c6n
cuya hija era casado Don Alonso, Duque de Cala-
bria , primogénito del Rey Don Fernando, y envió
así mesmo el muy fuerte y estrenuo varón Estandar-
be, que de muy léxos traía quatrocíentos do caba-
llo en ayuda del Rey Don Fernando, al qual en al-
gún tiempo el Rey Don Alfonso habia mucho ayu-
dado en Albania, faciendo guerra contra el Turco;
el qual, no queriendo ser ingrato al beneficio resce-
bido del Serenísimo Rey Don Alonso, quiso pagallo
en tiempo de tan gran necesidad de su fijo , y pasó
en Italia dexando sus propios negocios á se juntar
con el Rey Don Fernando, para ser su compañero
en la adversa y próspera fortuna que Dios darle
quisiese , y por esto quiso que por batalla en un dia
se determinase, y así se fizo; en la qual tanta fué la
virtud y valentía del Rey Don Fernando y de Es-
candarbe , y así esforzaron sus gentes, que los ene-
migos fueron vencidos y muchos dellos muertos. Y
tan grande fué el gozo que Don Iñigo de Guevara
desta Vitoria ovo que súpitamente murió, sin haber
rescebido ninguna herida en aquella batalla; en la
qual fueron presos muchos de los principales de los
enemigos, y el Duque Don Juan que los napolita-
nos quisieran haber por Rey, salió fuyendo de la
tierra. El Rey Don Enrique que deste caso quedó
como atónito, porque le paresció que la vitoría por
el Roy Don Fernando habida , resultaría en favor
de\ Rey Don Juan de Navarra, á quién él quería des-
truir, y teniendo ya habla con los valencianos y
barceloneses y aragoneses , pensaba conseguir su
deseo á tanto , queriendo el Rey ocupar la Villa de
Pedraza , ques cinco leguas de Segovía , pensó de
enviar un moro suyo , el qual era mucho conocido
de García de Herrera, cuya es Pedraza, para que ha-
blando con él lo matase ; el qual se fué para Pedra-
za, simulando venir muy descontento del Rey , di-
ciendo que lo habia echado de su corte, no acordán-
dose de muchos servicios que le había fecho; y como
él fuese moro y estrangero , natural de Granada , y
en este Reyno no tuviese parientes ni amigos, era
allí venido conociendo su gran liberalidad y virtud,
á suplicarle le quisiese recebir en su servicio como
él ninguna esperanza tuviese de volver en su tier-
ra, lo qual todo dixo con grandes sospiros y gemi-
dos; al qual García de Herrera respondió maravi-
llándose mucho de la humanidad que en el Rey to-
dos hallaban , como con él de tanta dureza hubiese
usado, dicíéndole que después de comer quería con
él más largamente hablar para dar órdeu en lo quo
MEMORIA.L DE DIVERSAS HAZAÑAS.
21
habia dicho ; y asi García de Herrera se subió á la
fortaleza y el moro fué por su mandado bien apo-
sentado, y fuéle inviado todo lo necesario á su po-
sada, y asentado en la mesa, puesta delante del la
vianda , jamas la quiso gustar, y estovo siempre gi-
miendo y Suspirando; y en levantándose de la mesa
sin comer , como hombre enojado decia ; a conviene
que se haga lo que se ha de hacer » ; y antes de las
vísperas , el moro se fué á buscar á García de Her-
rera, al qual falló saliendo de la fortaleza; y co-
menzando á hablar de gran priesa , sacó un cuchi-
llo, y dio una tan gran herida á un mozo que cerca
de García de Herrera venía , que le fendióla cabeza
hasta los dientes. Entonces Luis de Herrera, herma-
no de García de Herrera, que cerca estaba, dio un
tan gran golpe con un palo que en la mano traia al
moro encima de la ^cabeza que dio con él en el sue-
lo ; y por cierto sea que en un monte muy cercano
de aquella villa estuvieron aquel día cinquenta de
caballo esperando al moro para lo salvar si á García
de Herrera matase ; la cual cosa dio muy gran te-
mor á los Grandes deste Eeyno, los quales no sola-
mente dendo adelante se guardaban de los moros,
mas de cualesquier mensageros que el Rey les en-
viase. En el qual año muchas señales parecieron,
que se mostró en un día muy sereno una muy gran
llama en el cielo, la qual se partió en dos partes, la
una paresoió quedar, y la otra corrió al oriente en
tierra de Burgos y de Valladolid ; en el Estío mu-
chas aves y bestias de gran piedra é agua perecie-
ron ; los panes y árboles fueron gastados ; un niño
*de tres años cerca de Penal ver habló amonestando
hiciesen penitencia; en el mesmo año se mostró
otra muy gran llama en el cielo , y lo que mayor
turbación dio en todos los deste Eeyno , fué que te-
niendo el Rey en Segovia en su Palacio muchos leo-
nes y leonas, é habiendo ende uno muy grande á
quien todos los otros obedecían , se comenzó entre
ellos tan gran pelea, que todos se juntaron contra
el mayor loon, y lo mataron y comieron parte del :
do ende todos pronosticaron ser cercana la muerte
del Rey ó gran caída,
CAPÍTULO XVIIL
De la gran turbación y escándalos acacscidos en estos Reynos en
el año de 1í60 años; y del ayuntamiento y conjuración que
ficicron muchos de los Grandes dellos.
Visto por los Grandes deste Rcyno como las co-
sas del iban de mal en peor, y acordándose que en
el año LVII el Rey había sido requerido por supli-
cación muy justa é muy honesta , fecha por el Ar-
zobispo de Toledo Don Alonso Carrillo y por Don
Iñigo López de Mendoza , Marqués de ¿antillana,
en nombre de los tres Estados destos Reynos , su-
plicándole con gran reverencia quisiese enmendar
su vida y castigar las cosas mal fechas y facer la
guerra de los enemigos do la fe, como cathólico
Rey, y no en la forma que hasta allí la habia fe-
cho , la qual suplicación por el Rey vista , no con
propósito de emendar cosa alguna , mas con perti-
nacion y desolucion mas y mas cada día los daños
se acrecentaban ; comenzaron á buscar alguna vía
para reparar los grandes males é daños destos Rey-
nos, lo qual conocieron que si con tiempo no se fi-
ciese , no solamente serian destruidos , mas serian
para siempre tenidos por desleales y malos caba-
lleros, acordaron el Marqués de Santillana, Don Die-
go Hurtado , y los Condes de Haro y de Alba y de
Paredes juntarse con el Arzobispo de Toledo , Don
Alonso Carrillo, y con el Adelantado Don Fadrique
cerca de la villa de Yepes , donde determinaron de
resumir suplicaciones fechas al Rey por el Arzo-
bispo y por el Marqués Don Iñigo López , como di-
cho es, y dióse el cargo que en nombro de todos el
Almirante y el Conde de Haro enviasen al Rey su
petición, BÓ la forma siguiente: suplicándole se
acordase que al tiempo que fué por Rey rescebido,
fizo el juramento acostumbrado por los Reyes ante-
pasados del , es á saber , que guardaría inviolable-
mente la fé cathólica y el derecho de la Iglesia, y
de todos los eclesiásticos, y de los caballeros y due-
ñas y doncellas, y generalmente de todos los pue-
blos por Dios á él encomendados , y gobernaría se-
gún las leyes y estatutos fochas por los ínclitos
Royes sus antepasados, y que en casa mandase
guardar toda honestidad, y fuera de ella toda igual-
dad y justicia, y ternia integridad en el regimiento
y gran prudencia en facer diferencia entre las per-
sonas, y en el castigo de los malos toda severidad,
y en honrar y mirar por los Grandes, dando á cada
uno según mereciese, y cerca de sí tuviese hombres
notables , ancianos , prudentes , de quien rescibiese
consejos, y quisiese en sus rentas poner recaudado-
res honestos, tales que fielmente cogiesen sus tribu-
tos, sin dañar ni destruir sus subditos , como fasta
allí se habia fecho , y quisiese reformar la discipli-
na militar en la forma acostumbrada por los Reyes
antepasados del, y ficieso la guerra á los infieles
como la ficieron los altos Reyes de donde venía, y
apartase de sí ios moros que en su compañía traia,
é mandase castigar los corregidores de las ciudades
é villas y los regidores dellas, poniendo en los tales
oficios personas idóneas y suficientes para los admi-
nistrar. Las quales cosas humílmente le suplica-
ban pusiese en obra, según las leyes de sus Reynos
lo disponían ; y que en tanto que fijos no habia, que
á nuestro Señor pluguiese darle como él deseaba,
quisiese mandar á todos los Grandes y ciudades é
villas y lugares, y generalmente á todos sus subdi-
tos y naturales , oviesen por primogénito heredero
al ínclito Infante Don Alfonso, su hermano ; y qui-
siese retornar en poder de la Serenísima Reyna do-
ña Isabel viuda, los Ilustrísimos Infantes Don Al-
fonso y doña Isabel, sus hijos, que inhumanamente
habían sido sacados de su poder , dando lugar que
con ella estuviesen en alguna ciudad ó villa qual á
él pluguiese, poniéndoles ayos y servidores así pru-
dentes y buenos como á tales Señores convenia , y
no consentiese que los derechos de la eclesiástica
inmunidad fuesen violados, y en el dar de las dig-
nidades quisiese acatar la calidad de las personas,
22
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que fuesen tales quales el derecho canónico deter-
mina, y destruyeselas públicas usuras, según las
leyes de sus lieynos lo disponen y mandan, y las
querellas de los querellantes quisiese oir benina-
mente, y á los injuriados proveyese con justicia, no
dando lugar que los dañadores quedasen sin pena
y los dañados rescibiesen injurias , como muchas
veces hasta aquí ha acaescido. La qual suplicación
por mandado de los dichos caballeros llevó al Rey
el noble y prudente caballero Diego de Quiñones;
la qual le dio en pública forma ; y le dixo de pala-
bra todo lo que le fué mandado. El Rey respondió
breve y escuramente que convenia ver lo que de-
cía con los que en su corte y Consejo tenía, y faria
lo que le pareciese que debia, y con grande enojo y
como amenazando se lanzó en su cámara con esos
que cerca de sí tenía, y con la malenconia que lle-
vaba, como ya claramente lo habia mostrado, luego
acordó de enviar en Cecilia á llamar al Príncipe Don
Carlos, é requirió por sus embaxadores á los de
Barcelona que allí lo rescibiesen. ¿Quién podría
decir la gran felicidad que los barceloneses tovicron
en el tiempo quelllustrísimo Rey Don Alfonso en el
Reyno de Ñapóles estuvo ? Y con todo eso tentaron
de haber libertad , y regíanse por comunidad , sin
obedecer yugo real; á lo qual pensar, les dio osadía
la gran riqueza , de donde tan gran soberbia consi-
guieron, la qual suele muchas veces derribar aque-
llos que la tienen ; con el qual deseo se afirma que
los de Barcelona mataron con yerbas al Serenísimo
Rey Don Fernando en el lugar de Igualada, y conti-
nuando su propósito , como no pudiesen conseguir
lo que deseaban en tiempo del Rey Don Alonso por
lo ver tan poderoso , atentaron de ponerlo en obra
en tiempo del Rey Don Juan, sucesor suyo, acatado
como estaba y ocupado en grandes cosas, y no tan
poderoso ni tan rico cuanto convenia , y con gran
pertinacia perdieron el seso , pensando entre todos
los hombres ser ellos los mas sabios, publicando
osadamente que si Dios oviese menester consejo,
no en otra parte que en Barcelona lo fallaría ; y
luego acordaron de enviar á llamar al Príncipe Don
Carlos, el qual, olvidando los mandamientos de su
padre el Rey de Navarra, con liviano consejo luego
se vino á Barcelona, con el qual se esforzaron ; el
qual siguiendo la voluntad de los ciudadanos en su
comienzo, le paresció que debia poner cizaña entre
la Reyna su madrastra y todos los ciudadanos , no
solamente de Barcelona mas de toda Cataluña, di-
ciendo ella ser inventora de las contribuciones ó
tributos quel Rey les demanda y ser amiga de los
malos, y causa del odio quel Rey les habia. Así el
Rey, estimulado de las cosas pasadas y vístelo que
de nuevo el Príncipe Don Carlos su hijo trataba, de-
terminó de lo prender, y como lo pensó lo puso por
obra ; lo qual sabido por los barceloneses enviaron
al Rey su embaxador^ no como rogando , mas ame-
nazando , el qual , como dilatase en deliberar al
Príncipe, la conjuración y rebelión declaradamente
se fizo entre los de Barcelona y Cataluña, y luego
acordaron de prender al Rey que en la ciudad de
Lérida estaba, lo qual como el Rey sintiese , se fué
á Fraga donde la Reyna su mujer y el Infante Don
Fernando su fijo estaban, y desde allí se fué para
Zaragoza, y puso á la Reyna y al Infante en seguro
lugar. Y los barceloneses y catalanes combatieron
á Fraga, y tomáronla ; y después de muchas cosas
pasadas entre el Rey y los de Barcelona , dio lugar
á quel Príncipe Don Carlos volviese á Barcelona, de
donde muy mayores daños se siguieron, según ade-
lante se dirá ; los quales dieron mayor esperanza al
Rey Don Enrique y álos que lo seguían para poder
conseguir lo por ellos deseado ; y no curaron de
guardar las palabras y convenencias fechas y re-
cobradas por juramento entre el Rey Don Enrique y
el Rey Don Juan de Aragón á causa de los quales el
Rey de Aragón habia renunciado todo el derecho
que tenía á las villas y castillos y rentas que en es-
tos Reynos poseía por cierta suma de dinero que de
juróse le habia de pagar, como dicho es ; lo qual
todo quebrantó y con gran gente fué facer guerra
en NavaiTa, y mandó facer moneda mucho más ba-
xa que la quel Rey Don Juan su padre labró , y la
quel Rey Don Enrique su abuelo habia mandado la-
brar, que era mucho mejor ; y mandó fundir á causa
de haber alguna ganancia con gran daño de sus
subditos.
A causa de lo qual en estos Reynos se ficieron
muy grandes ayuntamientos de gentes, así por la
parte del Rey, como por parte de los caballeros, de
que muy grandes daños y males se siguieron; lo
qual dio osadía á los moros para entrap en ellos po-
derosamente como entraron, y entre otros males y
daños que en estos Reynos ficieron , entraron por
fuerza en la villa de Quesada y pusiéronla á fuego
y á sangre.
CAPÍTULO XIX.
De la pmbaxaíla de los aragoneses y valencianos , y de la guerra
de Navarra y de la muerte del Príncii)e D. Carlos, y de la muer-
te del Rey Don Carlos de Francia.
La guerra comenzada en Navarra por dañar al
Rey de Aragón, como dicho es, vinieron al Rey Don
Enrique embaxadores de Aragón y Valencia y Bar-
celona de voluntad verdadera ó falsa del Príncipe
Don Carlos, el qual entonces simulaba concordia con
su padre, los quales suplicaron al Rey les pluguie-
se dexar en paz á los Reynos de Aragón y Valencia
y Barcelona , pues nunca á ellos habia placido la
guerra , ni en ella habían consentido contra el Rey
á los que por sus cosas particulares querían tentar-
la, la qual voluntad en todo tiempo habían conoci-
do de su Roy ; el qual siempre habia determinado
de tentar todas las cosas ante que venir á la guer-
ra á la qual si necesidad lo atraxiese, constreñido y
contra su voluntad, tomaría las armas por tirar loa
daños de Navarra ; y como quiera que honesto le
fuese resistir á aquellos, nunca para ello constriñó
á los aragoneses ni valencianos, porque á ellos no
viniese desta guerra daño. Al Rey D. Enrique plu-
go la sentencia dcsta embaxada, estimando más fá-
cilmente poder apremiar los navarros , no teniendo
MEMOKIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
23
favor ni ayuda de los aragoneses ni valencianos y
barceloneses, como les quedase flaco favot en el
Eey de Aragón sin ayuda de sus Reynos , al qual
Don Carlos su hijo secretamente dañaba. En este tiem-
po el Rey de Aragón vino á Sangüesa, y forneció
las fuerzas, y puso ende á Don Alonso su hijo bas-
tardo , que era muy valiente y esforzado caballero.
El Rey Don Enrique comenzó á facer la guerra en
Navarra, y tuvo cercada la villa de Viana por espa-
cio de quatro meses la qual defendia un estrenuo
caballero llamado Mosen Pieres de Peralta, el qual
ya no podiendo sufrir la hambre y trabajo, la en-
tregó al Rey Don Enrique, la tenencia de la qual el
Eey dio á Juan Hurtado de Mendoza, prestamero
de Vizcaya ; el qual cerco se puso en principio del
mes de Julio del año de nuestro Redentor de mil é
quatrocientos y sesenta y un años por mandado del
Rey, y fueron en él los principales, el Conde de Mc-
dellin y Payo de Rivera ; y después el Rey dio la
posesión de aquella villa al Marqués de Villena, el
qual en esta guerra con el Rey de Aragón parecía
disimular, porque en aquellos dias la fortuna pares-
cia favorecer al Rey Don Fernando de Ñapóles y el
Duque Juan, hijo del Rey Reynel , y los franceses
que en Genova precedian hablan sido vencidos de
los ginoveses y de los caballeros del Duque de Mi-
lán, Francisco Eaforza. En este tiempo murió el Rey
Carlos de Francia, cuyo poder y fama entonces mu-
cho florescia en el mundo, y sin dada Luis, sucesor
suyo, no sucediera en el Reyno, sino por el favor
del Ínclito Diaque FeUpo de Borgofia, el qual á sus
despensas lo tuvo en su tierra quatro años contra
voluntad de su padre, como dicho es, y lo fizo co-
ronar por Rey de Francia en París, el qual ora mur
cho amigo del Rey de Aragón, y creíase por todos
según los grandes beneficios rescebidos del Duque
de Borgoña , que jamas debía de salir de su querer
y voluntad, al qual ni espantó la ira del Rey Carlos
tan poderoso, ni las grandes despensas que con él
fizo le enojaron; así la voluntad de todos estaba sus-
pensa ante quel secreto del querer del Rey Luis se
conociese , creyendo favorecer al Rey Don Juan ue
Aragón, á quien el Duque de Borgoña mucho ama-
ba. En este año murió asimesmo Don Carlos, Prínci-
pe de Navarra, cerca do la ciudad de Barcelona,
donde entonces los ciudadanos de aquella ciudad
ovieron de declarar la maldad concebida contra el
Rey de Aragón ; y luego comenzaron á decir é afir-
mar el Príncipe Don Carlos ser muerto por yerbas por
su madrasta, la mahcia de los quales no les dexó
acordarse cuantos años había quel Príncipe Don
Carlos había que padescia la enfermedad do perle-
sía, de la qual muchas veces habia llegado en pun-
to de la muerte ; y así todos unánimes y conformes
tomaron las armas para revelar á su Rey y Señor;
en el qual tiempo muy grandes maldades intenta-
ron. Y luego el Conde de Pallares con mucha gen-
te de Barcelona puso sitio á la ciudad do Girona,
queriendo no solamente prender á la Reyna y al
Príncipe Don Fernando , su fijo , que ende estaba,
mas matarlos si haberlos pudiesen. Y entre las
otras maldades atentaron una no fecha semejante
fasta entonces en el mundo, la qual fué que sepul-
taron al Príncipe Don Carlos en forma de santo , y
ficiéronle altar, y pusiéronle diadema, y buscaron
hombres pobres á quien dieron gran suma de dine-
ros tomando dellos estrecho juramento que jamas
este secreto revelasen, de los quales unos se ficie-
ron ciegos, otros tullidos, ó endemoniados, y otros
de muy diversas enfermedades, que viniesen velar
delante del Príncipe Don Carlos, y salidos de allí pu-
blicasen que salían sanos cada uno de la enferme-
dad que tenía ; esto para enemistar al Rey y á la
Reyna con todos los catalanes ; y como á nuestro
Señor place que las maldades algún tiempo preval-
gan y no puedan para siempre permanecer vi que-
den sin pénalos perpetrados de aquellas, quiso que
un capitán de los que principalmente en esta mal-
dad fueron llamados viniese por los campos de Ur-
gel á la ciudad de Lérida con cierta gente , porque
la ciudad más segura estuviese por los barcelone-
ses, al qual el Illustrísímo Rey de Aragón de aven-
tara encontró y peleó con él y lo prendió á él y á
muchos de los suyos, y los que escaparon subiéron-
se á una alta montaña, y pusiéronse en un castillo
derribado que se llamaba el castillo de los Asnea;
á los quales todos el Rey mandó tomar las armas y
dexolos ir libres, y solamente detuvo al malvado
capitán , el qual afirmaba en la ciudad de Tarrago-
na el Príncipe Don Carlos haber fecho muy grandes
milagros, sanando á coxos y dando vista á los cie-
gos, y salud á todos los enfermos que venían á vi-
sitar su sepultura ; lo qual juraba todo ser verdad.
Y como después de su vencimiento el Rey viniese
á Tarragona y allífuese traído el dicho capitán Hga-
do en grandes prisiones, en público confesó por sen-
tencia de Dios ser venido en el punto en que estaba
por la falsedad que habia afirmado por juramento
de los milagros ya dichos , falsamente fabricados,
con gran suma de dinero por la maldad do los bar-
celoneses, en la qual él habia sido compañero y uno
de los principales fabricadores de aquella ; por la
qual confision espontánea el Rey lo mandó enfor-
car, y sin duda los barceloneses no quedaron sin
pena de la maldad así por ellos falsamente fabrica-
da, á los quales el Rey fizo contino cruel guerra por
espacio de trece años, en el qual tiempo el Rey ovo
dellos muy grandes Vitorias, y ñieron infinitos
muertos de los catalanes, y finalmente la ciudad de
Barcelona fué tomada por el Rey, y toda la provin-
cia de Cataluña fué puesta so la obediencia de su
cetro Real , y después la ciudad de Barcelona se le
dio, como adelante se dirá, con perpetua infamia y
daños irreparables de los barceloneses; los quales,
de muy ricos y poderosos que antes eran , por su
maldad fueron tornados pobres , flacos y mengua-
dos, y en vano demandaron ayuda del Rey Don
Enrique, al qual desde el comienzo desta rebelión
habían enviado por embaxador á Mosen Copones,
hombre muy astuto, malicioso, y sin vergüenza y
gran elocuente.
24
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPITULO XX.
Del nacimiento de Doña Juana, fija de la Reyna Doña Juana , se-
gunda mugcr del Rey D. Enrique, y de la venida del Conde de
Armenaque á Madrid, y de la venida de los Embaladores de
Barcelona y de Aragón, y de la batallTque ovieron los del An-
dalucía con el Rey de Granada.
Estando el Rey Don Enrique en Madrid , nació á
la Reyna Doña Juana una hija que llamaron Doña
Juana, scyendo los mas destos Reynos certificados
de la impotencia del Rey é de la duda de la Reyna,
en el nacimiento de la qual el Rey mostró tan gran-
de alegría , quanto si por cierto tuviera ser su hija;
y mandó hacer muy grandes alegrías y fiestas. En
el qual tiempo vino allí el Conde de Armenaque,
seyendo mucho aborrescido del Rey Carlos de Fran-
cia, y no menos lo fué del sucesor Luis, fijo suyo,
por la maldad por él cometida con una hermana su-
ya, en la qual ovo dos hijos, y fué la causa de su
venida por haber favor del Rey Don Enrique en sus
fechos , y fué padrino desta Doña Juana. Y enton-
ces el Rey mandó á los Grandes deste Reyno que
jurasen á esta Doña Juana por Princesa, lo qual al-
gunos hicieron mas por temor que por voluntad, co-
mo fuesen ciertos aquella no ser fija del Rey, y otros
no lo quisieron facer, y algunos ficieron reclama-
ción del juramento ; entre los quales como quiera
que á Don Luis de la Cerda, Conde de Medina Celi,
fueron prometidos mil vasallos porque la jurase por
Princesa , nunca lo quiso facer. En este tiempo vi-
nieron al Rey embaxadores de Aragón y de Barce-
lona, muy diferentes en lo que demandaban , como
los aragoneses demandaban al Rey le pluguiese
guardar las confederaciones fechas entro estos Roy-
nos y quisiese concordia é paz, la qual á todos era
muy provechosa, y los de Barcelona , con artificiosa
maldad , ofreciesen al Rey el señorío de Barcelona,
Y estando las cosas asi suspensas, el Rey moro de
Granada conociendo la pereza y mala gobernación
del Rey Don Enrique, y la poca guarda que en el
Andalucía se hacia , ayuntó muy grandes gentes,
asi de caballo como de pié, y fueron tantas, que
pensó con aquellas poder sobrar á toda la gente del
Andalucía ; con el qual exército entró por la parte
de Osuna ; de lo qual como el Conde de Cabra , Don
Diego de Córdoba, fuese certificado, luego lo envió
facer saber á Luis de Pernia, Álcayde de Osuna, ca-
ballero muy esforzado y de los moros mucho temi-
do; el qual luego lo envió á decir á los de Arcos y
Marchcna, y á todos los vecinos, y á los de Córdoba
y á los de Ecija y de Xercz, faciéndoles saber el
camino qucl Rey de Granada traia. Y Don Rodrigo
Ponco de León, fijo heredero de Don Juan, Conde
de Arcos, con esa gente que pudo cabalgó muy pres-
tamente camino de Osuna y falló á Luis de Pernia
con alguna gente de caballo que andaba recogiendo
toda la mas gente que podia ; á los quales vino lue-
go nueva qucl Rey de Granada con todo su exército
estaba muy cerca , y que páresela locura con tan po-
ca gente quanta tcnian Don Rodrigo é Luis de Per-
nia esperar tan gran muchedumbre de moros quun-
tos el Rey de Granada traia ; y asi parescia mas se-
gura cosa retraerse y esperar gente, que haber de pe-
lear; que todas las gentes que estos dos caballeros po-
dían tener podian ser fasta trecientos de caballo y
seiscientos peones, y eran ciertos el Rey de Granada
traer mil é quinientos de caballo y ocho mil peones^
allende de quatrocientos de caballo muy escogidos
que Audalla Amblan había llevado por correr á Eci-
ja; y con todo eso Luís de Pernia , como fuese ca-
ballero muy esforzado , parescióle ser mejor tentar
la fortuna que haber de volver atrás , el qual dixo su
parecer á Don Rodrigo Ponce de León , el qual co-
mo fuese de muy poca edad , que apenas le eran las
barbas salidas, y nunca fasta entonces oviese pelea-
do ni en peligro se oviese visto , respondió como ca-
ballero muy esforzado , queriendo seguir las pisa-
das de su padre y de aquellos de donde venia , di-
ciendo que á él placía mucho de seguir el consejo de
Luis de Pernia ; y luego fueron á tomar un paso que
se llamaba el Madrofw , donde ya los moros llegaban
y algunos habían comenzado á ocupar el paso. En
este tiempo llegó ende el Comendador de Cazalla,
Diego de Castilla , que después fué Comendador
mayor de Calatrava, con diez de caballo, y juntóse
con los dichos caballeros , y ovóse en la batalla va-
lientemente peleando y esforzando la gente como
muy buen caballero ; y con tan grande ímpetu lle-
garon á pelear con los moros con esa poca gente
que tenían , esforzando los suyos y peleando tan ani-
mosamente , que la primera batalla de los moros fué
rompida, y en aquella entrada Don Rodrigo Ponco
fué m al herido en el brazo derecho , pero no como
mozo, mas como veterano caballero mucho mas se
esforzó á pelear y esforzar los suyos, en tal manera
que los moros fueron vencidos por el esfuerzo y vir-
tud destos caballeros, y asi el Rey de Granada con
muy pocos fué huyendo, y los moros por diversfiS
partes recibieron gran daño ; y mucho mayor lo re-
cibieran, si la noche no les ayudara. Y en tanto que
estas cosas se facían , Audalla Ambian corría el
campo de Ecija , donde por fierro mas de trecientos
hombres mató y muchos mas matara, si la gente de
caballo de Ecija no saliera ; y allende desto otro
mayor daño entonces rescibieron : que sobrevino el
Conde de Cabra y Martin Fernandez de Córdoba,
Alcayde de los Donceles, y Martín Alonso de Mon-
temay or con mucha gente de pié y de caballo , y
fueron en siguimicnto del Rey de Granada por las
faldas del monto donde mataron y prendieron mu-
chos moros, y así por la gracia de, Dios é por el es-
fuerzo de los caballeros ya dichos , el Rey de Grana-
da fué vencido , y la tierra del Andalucía quedó sin
recibir el daño que esperaba.
En este tiempo yo el dicho Mosen Diego estaba
en la ciudad do Palencia donde tenia la goberna-
ción de la justicia por el Rey ; y conociendo el
desagrado que los tres Estados destos Reynos te-
nían de BU gobernación, temiendo lo que después
acaescíó, escrebí á Su Alteza la siguiente epístola:
«Muy alto é muy ccelente Príncipe, podcroeo Rey
y Señor ;
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
25
nComo todos los derechos, así positivos como na-
turales , á todo vasallo apremien y obliguen á decir
verdad á su Rey y Señor natural , mayormente en
las cosas que de tal calidad son que podrían traer
daño mengua é peligro á la persona Real ó al bien
común de sus Reynos ; yo aunque el menor do vues-
tros subditos , teniendo mi lealtad en el precio que
debo , por la presente determiné de declarar á vues-
tra Alteza algunas cosas á su servicio cumplideras,
aunque no es duda muchas veces haya traido daño
álos que las dicen. Pues, Illustrísimo Príncipe, á
vuestra Real Majestad suplico no quiera haber tur-
bación en lo que diré, mas con ánimo libre lo quie-
ra mirar, y con gran discreción remediar, como á
tan alto Príncipe, como vos, Señor, sois, conviene
acordándoos del Cesar á quien acaesció que como
un su caballero le dixese palabras de que grande
enojo recibiese, él respondió con gran paciencia:
« á tus palabras debemos risa ; á nuestros yerros
emienda.» En lo que diré sea menos preciado por la
poqueza de mi estado ó mengua de autoridad, ha-
biendo memoria de Séneca , que dice : «jno te mueva
la autoridad del que f abla ni quien es , mas lo quo
dice entiendo»; ni haga á vuestra Alteza tan ciega ó
loca osadia yo f ablar en cosas tan altas , que me
acuerdo ser hombre y vuestro vasallo y no tengo ol-
vidado á Terencio que dice: «hombre so; de las
cosas humanas ninguna pienso ser agena de mi.»
Pues, Príncipe muy esclarescido, es así quo muchos
de los grandes de vuestros Reynos , y porque mas
verdad diga, la mayor parte do los tres Estados
dellos son de vos mal contentos por las cosas si-
guientes : la primera, porque para la gobernación
de tan grandes cosas como son los fechos tocantes
á la guerra y gobernación destos Reynos , de todos
Be ficiese poca mención y si alguna parece facerse,
no se rescibe consejo de quien se debía ; la segunda
la forma que tenéis en el dar de las dinidades, así
eclesiásticas como seglares, que dicen, Señor, quo
las dais á hombres indinos, no mirando servicios,
virtudes, linajes, ciencias ni otra cosa alguna,
salvo por sola voluntad, y lo que peor es, quo so
afirma que las dais por dinero , lo qual , quanta in-
famia sea á vuestra persona Real , á vuestro claro
juicio asaz ha de ser manifiesta ; tercera , por el
grande apartamiento vuestro, no queriendo oír á
los que con grande necesidad ante vuestra Alteza
vienen; quarta, por ser todos comunmente mal pa-
gados de lo que en vuestros hbros han ; quinta , y
no menos principal , que todos los pueblos á vos su-
jetos reclaman á Dios , demandando justicia como
no la hallan en la tierra , y dicen como los corre-
gidores sean ordenados para facer justicia y dar á
cada uno lo ques suyo; que los mas de los que hoy
tales oficios ezercen son hombres imprudentes , es-
candalosos , robadores y cohechadores , y tales que
vuestra justicia públicamente venden por dinero,
sin temor de Dios ni vuestro , y aun los que mas
blasfeman es que en algunas ciudades é villas de
vuestros Reynos vos los mandáis poner, no los ha-
biendo menester ni seyendo por ellos demandados,
lo qual es contra las leyes de vuestros Reynos. Pues
con ánimo atento oya agora vuestra Alteza mi pa-
recer, aunque en poder, discreción y saber sea el
menor de los menores de vuestros subditos; en
lealtad , amor y deseo del servicio de Dios y vues-
tro y bien común de la natural tierra , sin duda,
Señor, igual del mayor de los mayores; y. Señor,
todo hombre es de oír, porque el espíritu de Dios
donde quiere espira, y muchas cosas se callaron
por algunos grandes varones que so dixeron por
otros menores , y como el filósofo diga que las co-
sas contrarias por sus contrarios se deban curar,
conviene curarse la vieja enfermedad destos Reynos
con todo lo contrario que hasta aquí se ha hecho;
y si queréis, Señor, saber quanto vos cumple aques-
te remedio poner, quered. Señor, en los tiempos de
la ociosidad las antiguas y modernas historias leer,
y fallareis que por muy menores causas de las ya
dichas se perdieron grandes Reynos y Príncipes,
que dexando agora de mencionar trece Reyes go-
dos que en España murieron por manos de sus va-
sallos por su mala gobernación , de quien el Arzo-
bispo Don Rodrigo face mención en su corónica,
parece por la corónica de los Reyes de Francia que
el Papa Zacarías privó de la corona del Reyno á
Grifón, hermano de Carlos Martel, y puso en su
lugar á Pepino , padre de Cario Magno , y asolvió á
los franceses del juramento y homenagc que áél te-
nían fecho, como se nota en el capítulo
(1); y no menos acaesció á Federi-
co, Emperador, al qual quitó la corona el Papa Ur-
bano por indino de tanta dignidad como parece por
el treceno libro déla Historia Teutónica, y si que-
remos agora las naciones estrañas poner en olvido,
hayamos memoria del Rey Don Fernando de Por-
tugal , á quien fué dado coadjutor para la goberna-
ción del Reyno al Conde Dabelona, su hijo, como
parece por el capítulo (2) para
lo tomar; y si todos los ya dichos en olvido pone-
mos, no debemos. Señor, olvidar al Rey Don Pe-
dro, que fué quarto abuelo vuestro , el qual por su
dura y mala gobernación perdió la vida y el Reyno
con ella. Pues no plega á Dios semejante caso de
los ya dichos á vos. Señor, pueda acontescor, para
lo qual , Señor, evitar conviene tomar los caminos
contrarios que fasta aquí Devastes, lo qual , Señor,
será tan ligero á vos do facer , quanto á ellos os
queráis desponer. Si mas osadamente que debo. Se-
renísimo Príncipe, he hablado, vuestra Majestad
me perdone , que me compelió á decir lo ya dicho
temor do ver lo que nunca acaesca. De Palencia
á XX de Junio del año del nacimiento de nuestro
Redentor de mil quatrocientos sesenta e dos años;
suplicando á nuestro Señor que asi alumbre vues-
tro entendimiento porque á su servicio en paz y
concordia gobernéis estos Reynos que por él vos fue-
rou encomendados.
(1) Esta cita está tan mal indicada en el origina!, que no es
posible adivinar lo que se lia querido decir.
(2) Aquí ocurre la misma dificultad ; se ven unas abreviaturas
ininteligibles.
26
CRÓNICAS DE LOS
CAPITULO XXI.
[)e la f rma en que la ciudad de Gibraltar se tomó á los moros, y
de lus debates que sobre esto soa entre el üuque Don Juan de
Guzman y el Conde de Arcos Don Juan Ponce deLeon.
Eq un (lia del mes de Agosto del dicho año acaes-
ció que un moro vecino de Gibraltar llamado Alí el
Curro, se vino á la villa do Tarifa y se tornó Chris-
tiano; el qual fabló con el Alcayde de aquella villa,
que se llamaba Alfonso de Arcos, y le mostró como
pudiese facer una entrada á los moros de aquella
cibdad, y de tal manera se lo dixo, que conocieron
ser cosa f acedera , y luego fabló con algunos de los
de la villa y les dixo lo que aquel tornadizo que ya
se llamaba Diego el Curro le liabia dicho, y concor-
dó con ellos de lo ir poner en obra ; é ayuntó ochen-
ta de caballo y ciento y cinquenta peones, y fuese
para Gibraltar; y repartiólos por la forma que Die-
go el Curro le habia dado y mostrado; y salieron de
la ciudad tres moros atajadores y fueron luego pre-
sos y puestos al tormento, y confesaron que todos
los principales de la ciudad eran idos á Málaga por
recebir un Rey que se llamaba Muley Mahomad,
que de Castilla habia entrado con docientos de ca-
ballo con favor del Rey Don Enrique ; ó que en la
ciudad quedaba muy poca gente, y el principal era
Mahomad Caba ; y Diego el Curro dixo al Alcayde:
«Señor, ya vedes lo que estos moros dicen : la ciu-
dad es muy grande , y está ansí despoblada, y creo
que ei buen recaudo se pone, será muy ligera de to-
mar ; y es cierto que si en ella gente oviera, alguno
oviera salido ; y pues nuestro Señor vos ha fecho
tanta gracia de ser vencido en tal tiempo , debes
ordenar que los chistianos de la comarca vengan
á la tomar. Al Alcaide le páreselo bien lo que Die-
go el Curro decia, y luego escrebió á la ciudad de
Xorez y á todas las villas de la frontera y al Conde
Don Juan Ponce de León que estaba en Marchena
y á Don Juan de Guzman, Duque de Medina Sido-
nia, que estaba en Sevilla ; y los que primero vinie-
ron fueron las gentes de las villas de Arcos y Me-
dina y Bejel y Alcalá de los Ganzules y Castellar; y
otro dia siguiente llegó allí el pendón de Xerez con
quatro cientos de caballo y muchos peones , é Gon-
zalo de Avila con él , que era buen caballero y tenía
el corregimiento de aquella ciudad ; y quando la
gente de Xerez llegó, ya habían combatido la ciu-
dad la gente do los dichos lugares por muchas par-
tos ; y por la parto de la mar combatieron gentes
de algunos navios que entonces allí se hallaron , de
los quales algunos fueron muertos, y otros f crides,
y dos barcos tomados por los moros ; y acabado este
combate, estuvieron en gran división los christia-
nos, porque unos decian que se debían partir de allí
pues los moros también se defendían y ellos habían
rcscobido asaz daño ; otros decian ser vergonzosa
cosa pues tanta gente allí estaba y esperaban muy
gran socorro; ó Diego el Curro dixo que traían muy
mal consejo haberse de levantar de allí teuieudo la
gente que allí estaba y esperando el socorro que ha-
REYES DE CASTILLA.
bian llamado, y quél era cierto que tornando á com-
batir la ciudad, sin ninguna duda se tomaría ; y
estando en este debate, un moro salió de la ciudad
y se vino á los christianos, y les dixo como los mo-
ros estaban muy temerosos de habur otro combate,
porque en la ciudad habia muy poca gente y desa
que era en el combate del dia pasado, eran algunos
muertos, y otros asaz heridos, con la qual nueva los
christianos fueron mucho alegres; y como en la ciu-
dad fué sabido este moro ser salido creyendo que
diría la necesidad en que estaban , acordaron de de-
mandar habla con los Alcaydes , y sacaron ciertos
capítulos ordenados ; en los quales se contenia que
dándoles libertad de sus personas y de sus mujeres
y fijos , y que pudiesen ir libremente con todos sus
bienes al Reyno de Granada y que le pagasen por
su valor todo lo que no pudiesen llevar, así do man-
tenimientos como de otras cosas, que ellos darían
la ciudad y fortaleza, y les diesen de plazo quatro
días para facer sus líos y ataviar sus faciendas. Y
los Alcaydes respondieron que algunos dellos eran
del Rey, y los otros eran de los dichos Señores Du-
que y Conde, y que no podían facer ningún asiento
y por esta respuesta, de que los moros fueron no
bien contentos , se volvieron á la ciudad. Y estando
las cosas en este estado, Don Rodrigo Ponce de
León llegó cerca de la ciudad con trecientas lanzas,
que venía á más andar, dexando al Conde su padro
en la ciudad de Arcos , porque venía flaco y no pudo
tanto andar ; y el Alcayde y gente de la ciudad de
Arcos, como supieron la venida de Don Rodrigo»
salieron del Real á se juntar con él , en manera que
llevaba en su batalla quatrocientos y cinquenta de
caballo ; y ante que Don Rodrigo llegase á la ciu-
dad, salieron á lo rescebir sin gente los Alcaydes y
Caballeros que allí estaban: al qual ficieron relación
de todo lo pasado, y Don Rodrigo determinó de lle-
gar á la puerta de la ciudad por ver la dispusicion
della ; y como los moros de la ciudad vieron aque-
lla gente, dieron voces por saber quien eran; y como
les fué dicho que era Don Rodrigo Ponce de León,
hijo mayor del Conde de Arcos, plúgoles mucho, y
enviáronle á demandar seguro para fablar con él, y
él se lo envió por la venida y estada y vuelta á la
ciudad ; y luego salieron Mahomed Caba y otros
cuatro de los más principales y le dixeron: «Señor
á nuestro Señor ha placido que esta ciudad sea ve-
nida en tan gran necesidad, que vos la hayamos de
dar, lo qual haremos otorgándonos los capítulos que
á los caballeros que ante de vos vinieron demanda-
mos » ; y Don Rodrigo respondió: «Yo he visto es-
tos capítulos, los quales no puedo otorgar, porque
el Conde mi Señor y mi Padre será aquí esta noche
ó mañana á comer ; y asi mismo Don Juan de Guz-
man, Duque de Medina Sidonia que son parientes y
amigos y confederados , y es razón que ambos á dos
resciban la honra de la tomada desta ciudad. E yo
pediré por merced álos dichos Señores que losquie-
rau otorgar esto que demandáis : por eso volveos á
la ciudad, y si acordáremos de combatilla y tomalla
por fuerza no estéis con fianza de mi seguro, que
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
27
no fué para más de para hablar conmigo » ; y con
esta respuesta los moros se volvieron muy tristes á
la ciudad ; y como Don Rodrigo se volvió por el ca-
mino del Real , los caballeros de Xerez no fueron
con él, antes se volvieron á la ciudad ; y Gonzalo
de Avila habló con Mahomad Caba diciéndole que
bien habia entendido aquellas palabras que Don Ro-
drigo le habia dicho ; el qual era caballero que se
andaba á ganar honra, y que viniendo el Conde
fuese cierto que combatirían la ciudad y la toma-
rían por fuerza, y serian cativos ellos y sus mujeres,
y quel remedio desto era* que le diesen aquella puer-
ta y las otras de allá, y quél y los caballeros que allí
estaban la defenderian y meterían dos mil hombres
que allí tenía de Xerez, y él compliria con ellos todo
lo que habían demandado. Y con esta fabla los mo-
ros fueron tan atemorizados, que no les quedó es-
fuerzo ni razón, é abrieron luego las puertas. Y los
caballeros de Xerez descabalgaron para entrar, y
como Don Rodrigo iba cerca y sintió lo que los ca-
balleros de Xerez hacían , volvió las riendas á su ca-
ballo, y vino á espuela hita con toda la gente que
traia, y llegó tan presto que pudo entrar en la ciu-
dad antes que los caballeros de Xerez so pudieron
della apoderar; y en muy poco espacio tomó las
torres, y mandó poner su bandera sobre la puerta y
los moros fueron f uyendo hacia la fortaleza ; y la
gente de Don Rodrigo firió y mató algunos dellos,
y prendieron algunos , y tomaron muchos líos y jo-
yas y apoderáronse de toda la ciudad ; y Don Ro-
drigo fizo poner estancias contra la fortaleza, por-
que los moros no pudiesen salir á hacer daño en los
christianos ; y esto ansí fecho los caballeros de Xerez
con toda la gente del real se vinieron para la puer-
ta de la ciudad y pedieron por merced á Don Rodri-
go que les diese lugar de entrar, pues habían mu-
cho trabajado y habia habido malas noches en el
campo ; y á Don Rodrigo plugo dello, y mandóles
abrir las puertas, y entraron todos, é aposentáronse;
y luego enviaron á demandar albricias al Rey, y
otros á Sevilla y á Córdoba, y á todos los lugares co-
marcanos. Y como esta nueva llegó al Duque, con
el qual venia Don Enrique, su hijo, y Don Pedro do
Estúñiga, su hierno, por el camino donde venía,
anduvo quanto pudo , y envió dos caballeros de su
casa , llamado el uno Rodrigo de Ribera, y él otro
Pero Suarez á Don Rodrigo , faciéndole saber el pla-
cer que habia habido de la vítoria que Dios le había
dado, rogándole afectuosamente que le pluguiese
sobreseer en la tomada de la fortaleza fasta que lle-
gase; y los dichos caballeros quando llegaron con
esta embaxada, hallaron á Don Rodrigo á la puerta
de la fortaleza ; el qual la demandaba á los moros ;
y como los moros estuviesen muy temerosos, res-
pondieron que les placía de se la dar. Y oída la em-
baxada del Duque Don Rodrigo, respondió á su«j
embaxadores que como quiera que la fortaleza se le
daba, como ellos veiau, que á él placía de sobreseer
fasta que el Duque viniese ; y luego mandó cabal-
gar fasta cinquenta lanzas , con las quales salió á lo
recebir, y desque ee ovieron fablado, Don Rodrigo
le recontó todas las cosas pasadas desde que allí ha-
bia venido, y como el Conde su padre le había man-
dado que así ficíese el querer y mandado suyo como
de su propia persona ; y por esto como quiera que
la ciudad se le daba , luego como á ella llegó, él no
la quiso rescebir, esperando la venida suya y del
Conde su padre ; y habíase ofrescido caso en que
ovíese de tomarla, como la tomó, y que le pedia por
merced que le pluguiese sobreseer en la tomada del
castillo fasta la venida del Conde su padre , lo qual
le ternía en merced porque todos oviesen parte de
la honra, lo qual entre ellos así quedó concertado; y
como en el punto que Don Rodrigo entró en la ciu-
dad escrebió al Conde su padre la forma en que la
habia tomado, el Conde envió la mesma carta al Rey
por la qual fué sabido de la tomada de Gibraltar
ante que de otra persona , de que el Rey ovo gran
placer y todos los que lo supieron , y quedando fe-
cho el asiento ya dicho, el Duque secretamente en--
vió aquella noche á hablar con los moros á Martin
de Sepúlveda, haciéndoles saber que si más espera-
sen, que todos serian cativos y sus bienes tomados,
y que si le diesen la fortaleza, que él los f aria libres
con todas sus faciendas;y á los moros plugo desto,
y le respondieron que se lo tenían en mucha mer-
ced ; y concertó con ellos que otro día de mañana
enviasen á decir de la fortaleza al Duque y á Don
Rodrigo que les diesen seguro para quatro moros
que querían f ablar con ellos , el qual seguro so les
dio, y venidos Mahomad Caba y con él otros cinco
moros, dieron una carta que se creia el Duque haber
mandado ordenar la noche de antes, por la qual le
facían saber que ellos y los moros que en la fortale-
za estaban la tenían tan bien proveída, que la po-
dían bien defender por algún tiempo ; pero que por
reverencia del Duque y por haber sido muerto el
Conde de Niebla, su padre, en aquella ciudad, les
placía de entregar á él aquella fortaleza, y no á
otra persona alguna; á lo qual Don Rodrigo con
mucho enojo respondió : que lo que los moros decían
no había lugar porque era cierto que desque la (du-
dad se tomó, la fortaleza estaba tomada, y por ellos
mesmos se la daban si la él quisiera recebir; y que
le pedia por merced no quisiese ir contra lo asenta-
do, quel Conde su padre vendría á más tardar esa
noche y que pues en esperar no habia inconvíniente
alguno, le pluguiese que la toma de la fortaleza se
detuviese por la venida del Conde. El Duque res-
pondió que él habia de dar quenta al Rey de aquel
caso, y que si algún inconviníente ovíese en no to-
mar la fortaleza , se le podría de ello seguir gran in-
convíniente y daño ; y con esto dióse orden entre
ellos que las banderas de ambos á dos viniesen con
cada cien escuderos á pié, y juntas las pusiesen en
la fortaleza y con la del Duque que iba Martin de
Sepúlveda y con la de Don Rodrigo Don Diego, su
hermano; y el Duque y Don Rodrigo fueron á caba-
llo , y como las banderas entraron en la fortaleza,
un moro demandó la bandera del Duque y dexabán
la de Don Rodrigo, de lo qual Don Rodrigo ovo tan
grande enojo que puso mano á la espada y dio un
28
CBÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
golpe al Alférez del Duque en el brazo , que le fizo
derribar la bandera en el suelo, de lo qual el Duque
ovo grande enojo, y dixo á Don Rodrigo que le ro-
gaba que en aquello no oviese mas. Y mandó su-
bir las banderas juntas ambas á dos, y luego entró
la gente de los dichos Señores y se apoderaron de
la fortaleza y torres de ella ; y el Duque mandó que
pocos á pocos viniesen á la fortaleza muchos de los
suyos, diciendo que venían por la mirar, y desque ee
fallaron dentro bien ducientos del Duque, allende
de los ciento que primero entraron , comenzaron á
se apoderar de la torre del homenaje y de las otras
principales torres de la fortaleza , lo qual Don Die-
go envió á facer saber á Don Rodrigo, pidiéndole
por merced le enviase á mandar lo que ficiese , y
Don Rodrigo cabalgó y fuese para la fortaleza y
fabló con Don Diego ; y sabido todo el caso, mandó-
le que tomase la bandera y con toda la gente que
aUí tenía, dexase la fortaleza y se viniese á su apo-
sentamiento ; lo qual Don Diego puso así en obra
de lo que todos los que lo vieron ovieron gran des-
placer, porque temieron los inconvinientes que de
aquellos podrian nascer , como después por la obra
páreselo. De lo qual el Duque mostró desplacer, y
envió á decir á Don Rodrigo que se maravillaba del
y que no sabia la causa ni porque había mandado
sacar su bandera de la fortaleza, y venirse su gente
que en eUa estaban ; á lo qual Don Rodrigo respon-
dió que no era necesario dar la causa, pues él muy
bien la conocía; lo qual él no pudiera pensar ni creer
si por obra no lo viera, y que no queria que desqucl
Conde su padre viniese , hallase su bandera y su
gente debaxo de la mano de la gente del Duque. Y
esto ansí pasado , Don Rodrigo supo como el Conde
venia y saliólo á rescebir ; y como quier que el Du-
que supo bien de su venida y oyó sus trompetas, no
salió á él ; y Don Rodrigo fizo relación al Conde de
todo lo pasado , y después de ser el Conde aposen-
tado y haber cenado , el Conde quiso haber consejo
con Don Rodrigo y con los otros caballeros princi-
pales suyos , que allí estaban, de lo que debia facer;
y el parecer de Don Rodrigo fué que pues el Conde
veía las formas que el Duque en aquel caso había
tenido, y como no había guardado el amistad y con-
federación que con él tenia, y había mostrado claro
el enemistad en no quererlo salir á recebír, le pare-
cía que toíla cosa debía de facer contra él sin re-
proche alguno ; y la venganza de esto se podía muy
ligeramente tomar si á él le placía, porque la posa-
da del Duque era muy cerca de allí y «vos, Señor,
dixo , tenéis aquí mil hombres muy buenos y bien
apercebidos , con los quinientos de los quales yo iré
á su posada y le prenderé ó mataré, y los otros qui-
nientos quedarán con vuestra Señoría. A lo qual el
Conde respondió alegremente que le placía de lo
que decia ; pero que le parecía que no se debia fa-
cer; porque de rompimiento en aquel lugar se podria
seguir gran deservicio á Dios y al Rey; y pues eran
vecinos, tiempos vendrían en que pudiesen emen-
dar, y con este consejo concordaron Suero Vázquez
de Hoscoso y Juan Alonso de Mesa; y con esto cesó
de se poner en obra el propósito de Don Rodrigo ;
y estas cosas ansí pasadas, el Duque envió á rogar
al Conde que cabalgase con quatro ó cinco y se sa-
liese á una plaza que era cerca de In? posadas de
ambos á dos, y el Conde lo fizo así y el Duque co-
menzó ase disculpar de las cosas pasadas, rogándole
que se diese medio el que convenía para lahonra de
ambos á dos, pues que los moros habían querído dar
á él aquella fortaleza, habiendo respeto á ser muer-
to en aquella ciudad el Conde Don Enrique su pa-
dre, é que á él le pluguiese dello; y que para dar el
medio que convenia, se diesen quatro caballeros,
dos de cada parte, y quel estaría por lo quellos sen-
tenciasen. A lo qual el Conde respondió que en esto
no había lugar, porque según las cosas pasadas si
Don Rodrigo quisiera no obedecer el mandado su-
yo, en facer todo lo que él quisiese , que él pudiere
haber bien tomado la fortaleza, como el Duque Bo-
bía, y que por esto no le parescia que pudieso
haber buen medio en este caso ; y sobre esto pasa-
ron entrellos algunas palabras de enojo, pero hones»
tamente , y así se partieron , y cada uno dellos se
fué á su posada ; y otro día el Conde y Don Rodri-
go se partieron de la ciudad con toda su gente, y
asentaron su real en Guadiaro, ques cerca de la ciu-
dad ; y el Conde envió á decir al Duque que lo es-
peraba en aquel. campo do le faría conocer el error
que había fecho en haber quebrantado su amistad y
alianza en la forma que á todos era jiotoria. Y el
Conde estubo allí tres dias; en el qual tiempo el
Duque no vino ni respondió cosa alguna, y el Conde
se partió para Sevilla, y desde allí siempre queda-
ron resabiados y se siguieron entrellos muy grandes
contiendas y muertes y daños. Y sabido por el Rey
todo el caso , envió á mandar al Duque so grandes
penas que luego entregase la ciudad de Gibraltar y
su fortaleza á Pedro de Porras, natural de Córdoba,
criado suyo , al qual el dio el alcaydia. Y visto el
mandamiento del Rey y sabido como habia man-
dado provisiones para el Conde y para todas las ciu-
dades é villas del Andalucía, que le diesen favor y
ayuda para tomar aquella ciudad si el Duque no la
quisiese entregar, el Duque entregó la ciudad y for-
taleza á Pedro de Porras, el qual la tovo algún
tiempo por el Rey, el qual juró de nunca enagenar
de la Corona Real aquella ciudad y fortaleza el con-
trario de lo qual no muchos dias después puso en
obra.
CAPÍTULO XXII.
De como los Hoyes Luis de Francia y Don Enrique de Castilla se
vieron en San Jaan de Luz, y de la embaxada del Uey de In-
glaterra en este tiempo venida al Key Don Enrique.
En el mes de Enero del año de nuestro Redentor
de mil y quatrocíentos y sesenta y tres años se
concertó vista de los Reyes, estando el Rey Don
Enrique en Navarra ; y dexando allí al Arzobispo
de Toledo se partió para Segovia , porque las cosas
80 dilatasen por dos meses ; y Don Alonso de Silva,
que después fué Conde de Cifucntes , haciendo
guerra á Valencia y los catalanes y barceloneees,
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
id
ofrecían al Arzobispo grandes dádivas de oro y
plata porque los f avoresciese , la qual no pudieron
con él acabar y comenzaron luego mover otras co-
sas nuevas. En este tiempo embaxadores de Duar-
te, hijo del Duque de Yorca, que ya se llamaba Rey
de Inglaterra, menospreciando á Enrique , que an-
tes del fué Rey, vinieron al Rey Don Enrique en la
ciudad de Burgos demandando perpetua amistad
suya, como en el tiempo del Rey Don Pedro se te-
nia, la qual amistad parescia ser muy provechosa
á las dos partes. Y como el Rey Don Enrique tu-
viese gran odio al Rey Don Juan de Aragón, á
quien el Rey Luis de Francia parescia entonces fa-
vorescer, oida la embaxada de los Ingleses tovo
suspensa la respuesta, hasta ver como sucedía la
fabla con el Rey de Francia ; y mostró placerle mu-
cho de la amistad del Rey de Inglaterra ; pero puso
algunas limitaciones y condiciones tales á que con-
venía respuesta del Rey de Inglaterra, porque en
este medio tiempo so conociese lo que mas le con-
venía facer. Y en el mes do Marzo del mesmo año
el Arzobispo de Toledo y el Marqués de Villena so
fueron á Bayona, donde vinieron el Maestre de Mon-
tosa Don Luis del Puche, y Mosen Pierres de Peral-
ta, ya Condestable de Navarra, para que en uno en-
tendiesen en las cosas de Cataluña y de Navarra y
en todas las otras contiendas en quel Rey de Fran-
cia había de intervenir; y la Reyna Doña Juana,
muger del Rey de Aragón, á quien era dado poder
del Rey su marido para en todo determinar, traba-
jaba con todas sus fuerzas por guardar la honra de
su marido, y así la porfiaban y acrecentaban ; pero
al ñn parecióle que debía todo dexarlo só la fe del
Roy do Francia , mayormente como viese al Arzo-
bispo y al Almirante estar en voluntad de se partir
de Bayona y las cosas dañarse ; pero todavía de-
terminóse só la forma siguiente, es á saber: quel
Rey Don Enrique se dexase de favor escer ni ayu-
dar á los barceloneses, y que llamase toda la gente
que en Cataluña y en Aragón y en Valencia facía
guerra por su mandado , y que en Navarra el Rey
Don Enrique tuviese la villa d'Estella con su tier-
ra, y que la Reyna Doña Juana estubiese en la villa
de Larago, y quel Arzobispo de Toledo la guarda-
se, y quel Rey de Aragón nunca demandase los
treinta mil florines de oro quel Rey Don Enrique
era obligado de le pagar perpetuamente por el pa-
trimonio y rentas que en el Reyno de Castilla había
dexado. El Rey de Francia llegó á San Juan de Luz
en fin del mes de Abril, y con él el Duque de Berri,
BU hijo, y el Arzobispo de Toledo, y el Conde de
Fox, y un fijo suyo, Príncipe de Navarra, nieto del
Rey de Aragón, y el Duque de Borbon , y el Almi-
raüte de Francia , y el gran Mariscal , y otros mu-
chos nobles caballeros y dos Obispos; losquales to-
dos venían no ricamente guarnidoo. El Rey Don
Enrique llegó con gente muy maravillosa y muy
ricamente ornada ; é iban con él el Marqués de Vi-
llena y el Maestre de Alcántara y los Condes de
Santa Marta y Osorno, y el Mariscal García de Aya-
la, é Juan de Vivero, que después fué Vizconde de
Altamira, y el Conde de Ledesma Don Baltasar de
la Cueva, entre los quales esto sobraba á todos en
riqueza ; y en el viage este hizo mayor despensa
con el Arzobispo de Toledo. Venían muchos nobles
hombres entre los quales fueron el Conde de Ríba-
deo, Gómez Manrique y Juan de Albornoz, Señor de
Torralba y Beteta ; y los Reyes se vieron alegremen-
te, y hablaron algún poco público, y todos los que
eran presentes pensaron que desde allí la paz queda-
ba perpetua para siempre entrellos ; pero allí el Rey
de Francia pareció menospreciar el amistad del Du-
que de Borgoña, por respeto de la qual parescia de-
biese ayudar al Rey de Aragón , y con tiránica vo-
luntad menospreciando la convenencía que estaba
entre él y el Rey de Aragón, no solamente qxiiso
ocupar á Perpífian, mas la ciudad de Uñan, y todos
los lugares del Condado de Ruísellon, lo qual el
Rey de Aragón no pudo sufrir ; y como la Reyna
quedase detenida en poder del Arzobispo , la villa
de Estella no se entregó al Rey Don Enrique, y las
gentes que estaban en Cataluña y en Aragón y en
el Reyno de Valencia se vinieron en Castilla, y
quedó la guerra contra los de Barcelona, y no se
perdió la esperanza de la reconciliación venidera
por los casamientos que ya eran hablados, que Do-
fia Juana, hija del Rey de Aragón, casase con Don
Alonso, Príncipe de Castilla, y Doña Isabel, Infan-
ta de Castilla, con Don Fernando, Principe do Ara-
gón. En este tiempo ovo gran contienda entre los
dos Arzobispos de Santiago y de Sevilla, tío y so-
brino de un mismo nombre, porque con la gran pri-
vanza que este Arzobispo viejo de Sevilla Don Alon-
so de Fonseca ovo con el Rey Don Enrique, pu-
do haber el arzobispado de Sevilla para su sobrino,
y quedó él con el otro de Santiago, lo qual él fizo
con intención de llevar las rentas de ambos á dos
estos arzobispados. Y como ya estuviese fuera de
la privanza que solía, y le fuese dicho por algunos
adevínos á quien él daba mucha fe , que jamas él
no tornaría en la privanza sino tomaba el Arzobis-
pado de Sevilla, para esto procuró quel sobrino
oviese el Arzobispado de Santiago , y él retornase
en Sevilla, lo qual como fuese al sobrino muy mo-
lesto, trabajó quanto pudo por quedar en Sevilla, y
ovo entrellos tan gran desconcordia, que della se si-
guieron grandes daños y males en la ciudad de Sevi-
lla y en otras partes destos Reynos, porque el Arzo-
bispo viejo era mucho desamado del pueblo , y el
nuevo mucho amado, porque en el tiempo de la ca-
restía había dado mucho pan á la ciudad, y habíase
con todos muy humana y graciosamente ; y el viejo
mandaba cargar su pan , algunos afirman que para
tierra di moros, otros para otras diversas partes ; y
con todo eso el sobrino, como fuese hombre de gran
conciencia y viese grandes daños aparejados, como
quiera que pudiera quedar en Sevilla según la par-
te que en ella tenia y las fuerzas de la ciudad, qui-
so dar lugar al tío para retornar en Sevilla, y él
quedó en Santiago, donde rescíbió grandes trabajos
y peligros , y aun hoy no está fuera dellos. En el
dicho año Don Pedro Girón, Maestre do Calatrava,
30
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ganó de ios moros la villa do Archidona por indus-
tria y trabajo del buen caballero Luis de Pernia, á
lo qual ayudó mucho Don Diego de Córdoba , Con-
de de Cabra, el qual en persona vino allí, y con toda
su casa estuvo ende á sus propias espensas fasta
que se ganó.
CAPÍTULO XXIIL
De como el Rey Don Alonso de Portugal tomó por fuerza de ar-
mas la ciudad de Arcila de los moros, y la ciudad de Tanjar por
ellos desamparada.
Ovo próspero viento Don Alonso de Portugal, y
mandó á los marineros que tomasen la via de Arcila,
con esperanza de la haber, como el Rey Don Juan
su abuelo tomó la ciudad de Ceuta, y él oviese to-
mado de los moros la villa de Alcázar Saguer. Y
llegado á la ribera, fué certificado de la ciudad ser
saUda alguna gente de caballo que Mubixeque, Rey
de Túnez, habia mandado llamar , el qual por trai-
ción habia muerto al Rey su Señor , y habíase apo-
derado del Reyno , y con el Rey Don Alonso iban
muchos caballeros castellanos ; y como los portu-
gueses sean de natura muy soberbios, pensando de
ganar el mayor honor del mundo , no sabiendo el
puerto, entraron sin orden, donde algunos navios
se perdieron, en que murieron mas de trecientos
portugueses ; y sin duda si los de la ciudad gente
de caballo tuvieran , el Rey do Portugal pudiere
recibir gran daño ; mas como todos estuviesen á pié,
y oviesen gran temor de los tiros de pólvora , no
pudieron defender que la gente de la flota no toma-
se puerto en tierra, y así el Rey , y no con muchos
decendió en tierra y dio muy gran priesa en man-
dar asentar las lombardas, y en mandar armar los
trabucos é ingenios, y mandó combatir la cibdad,
como ya toda la gente suya estuviese junta y los
moros muy temerosos , y en al no pensasen , salvo
en defender los muros, de los quales en el primero
combate, que fué el segundo dia que allí llegó, una
parte fué derribada, y por allí la gente del Rey,
puestas escalas, tomó el muro, y los moros, no
esperando remedio, se juntaron todos en la plaza
con pocas armas que tenian. Los christianos , así
castellanos, de que muy gran parte allí habia, como
portugueses, fueron ferir en los moros, de los qua-
les muy gran parte allí murió ; y como uno dellos
viese al Conde de Marialba ricamente armado, pen-
sando que fuese el Rey , tan do súpito se vino para
él, que ante que fuese socorrido el Conde fué muer-
to, lo qual fué causa que ninguno de los moros que-
dase á vida, salvo los mozos y mozas y niños. Y
luego la ciudad fué tomp.díi ú sacomano^ lo qual
acaesció en veinte y quatro días de Agosto del año
de nuestro Redentor de mil y quatrocientos y se-
tenta y un años, lo qual sabido por los moros de
Tan jar teniendo ciudad muy fuerte y bien murada
y torreada, concebieron tan gran temor del caso
acaescido en Arcila , que desampararon su ciudad ;
y el Rey de Portugal dex^ndo el recaudo que debía
en Arcila, se partió para Tánjar, y como la hallase
desamparada y sin defensa, ocupóla y puso en ella
la gente y pertrechos y vituallas que le paresció
bastar para su defensa, y rescibió só tributo los lu-
gares cercanos de aquellas ciudades. En esta ciu-
dad de Tánjar, en el año do mil é quatrocientos y
treinta y siete años , los Infantes Don Enrique y
Don Fernando, tíos deste Rey Don Alonso , ovie-
ron muy adversa fortuna, queriendo tomar aquella
ciudad por el poco saber y gran soberbia de los
portugueses ; é allí fueron desbaratados, y fué pre-
so y cativo el Infante Don Fernando , y fué dexa-
da en salvo toda la otra gente é así yitorioso este
Rey Don Alonso, con gran triunfo, se tornó en su
tierra, dexando todos los castellanos que en aquel
caso Je hablan bien servido.
CAPÍTULO XXIV.
De como el Rey acordó de dar el Maestrazgo de Santiago al Conde
de Ledesma Don Bcltran.
En este tiempo, las Bullas del Maestrazgo de San-
tiago para Don Beltran de la Cueva llegaron á Se-
govia, estando ende el Rey Don Enrique, donde el
Marqués de Villena Don Juan Pacheco trabajó por-
que no se lo diesen y, quanto no pudo, trabajó por
ajuntar á sí todos los grandes por traer en efeto la
punición y castigo del Rey y de sus sequaces como
muchas veces se habia pensado, los quales consin-
tieron en ello, salvo el Marqués de Santillana y toda
la casa de Mendoza ; el qual con su casa seguró al
Rey Don Enrique; y luego el dicho Marqués de
Villena se salió de Sogovia, y de aquí comenzaron
las revueltas de Castilla que se dice la desampa-
raron.
CAPÍTULO XXV.
De como el coronista Alonso de Palencia fué enviado en Roma por
facer saber al Sanio Padre la dura y áspera gobernación que
el Rey Don Enrique en estos Reynos tenia, y de la deliberación
del Principe Don Alonso, hermano del Rey Don Enrique, y de
los Jueces que fueron puestos para entender en las divisiones
del Reyno, y de la revocación del Maestrazgo fecha á Don Bel-
tran de la Cueva.
En tanto que estas cosas se facían, Alonso de
Palencia, coronista, fué enviado á Roma por facer
saber al Santo Padre la forma que el Rey Don En-
rique en la gobernación destos Reynos tenia, el qual
falló ende á Pedro de Solis , protonotario del Papa,
que después fué obispo de Cáliz , procurador del
Rey Don Enrique y del Marqués de Villena , cuyo
criado él era, y Antón de Paz, procurador del Conde
de Placencia, y el Dean de Salamanca, procurador
del Arzobispo de Toledo, y Juan Fernandez de Si-
guenza, procurador del Arzobispo de Santiago ; los
quales todos eran grandes letrados y de grande
autoridad, los quales cometieron la narración de los
negocios de Castilla al dicho Alonso de Palencia,
por ser hombre muy elocuente y haber muy ente-
ramente noticia de las cosas de Castilla, y junta-
mente ganaron del Santo Padre que un griego,
Obispo, Cardenal Tusnalano, y Guillermo, fran-
MEMORIAL DE DIVEESAS HAZAÑAS.
31
ees, Obispo Cardenal de Ostia, por autoridad del
Santo Padre oyesen cierta acusación que el Rey Don
Enrique del Arzobispo viejo de Sevilla facia, y á
ellos oyesen, no solamente para escusar al Arzobis-
po, mas para acusar al Rey de los crimines y ece-
sos por él cometidos , la qual narración Alonso de
Falencia fizo á los dichos jueces elegante y pruden-
temente ; y vista por ellos, como quiera que antes
de entonces los Cardenales usando de la condición
curial, favoreciesen la parte del Rey Don Enrique,
creyendo ser mas poderosa que la de los caballeros
querellantes , pero después que fueron certificados
de los muchos Grandes que al Rey contrallaban, y
de las cosas por él cometidas, vinieron á considera-
ción de la gran paciencia que en tan grandes cri-
mines se habia liabido y la calidad vergonzosa de
aquellos, comenzaron á aprobar la lealtad y bondad
de los grandes querellantes, deseando en lo comen-
zado perseverasen porque fuese corregida la tirá-
nica gobernación del Rey Don Enrique : lo qual
visto por el Rey, comenzó á temer ; é como sea
cierto que ninguna cosa, según sentencia de Séneca,
haga temeroso el corazón salvo la vida reprehensi-
ble, luego deliberó al Infante Don Alonso, su her-
mano, el qual tenia preso en el Alcázar de Segovia
en gran peligro de su persona, el qual , según fama,
algunas veces tentó de matar con yervas la Reyna
Doña Juana su muger , lo qual se cree fué puesto
en obra, salvo por la diligencia y bondad de Peru-
cho Vizcaíno, Alcayde del Alcázar de Segovia ; á la
qual deliberación mucho amonestó al Rey Alvar
Gómez, su secretario, cuya sentencia mucho por en-
tonces el Rey aprobaba; después de lo qual un
ayuntamiento de los Grandes se fizo en la villa do
Dueñas, que en aquellos dias fué tomada por Don
Alonso , premogénito del Almirante Don Fadrique,
por Juan de Vivero ; y allí se acordó f abla destos
Grandes con el Rey Don Enrique cerca de la villa
de Cabezón , en la qual f abla , después de grandes
alteraciones, se hizo compromiso en el qual fueron
puestos por jueces de todos los debates que eran
entre el Rey y el Príncipe Don Alfonso y los Gran-
des deste Reyno, en manos de Don Pedro de Velasco,
primogénito del Conde de Haro, y de Don Gonza-
lo de Sayavedra, Comendador mayor de Monto Al-
ban, en el Reyno de Aragón, de la Orden de San-
tiago, y por parto del Príncipe Don Alonso y los
Grandes que lo seguían, el Marqués de Villena Don
Juan Pacheco, y Don Alvaro d'Estufiiga, y junto
con ellos Fray Alonso de Oropesa, General de la
Orden de San Gerónimo , que era varón de gran
ciencia y de honesta vida ; los quales pudiesen di-
finir todos los debates que eran entre el Rey y el
Príncipe su hermano y los grandes de sus Reynos,
y que antes de toda cosa Don Beltran de la Cueva
renunciase el Maestrazgo de Santiago en manos del
Sancto Padre, al qual dio el Rey en equivalencia el
Condado de Ledesma y las villas de Alburquerque
y Cuellar y Roa é el Colmenar de Arenas y el Andra-
da, y le fizo Duque ; y la renunciación fizo en favor
del Ilhistrisirao Príncipe Don Alonso, el qual ins-
trumento fué inviado á los procuradores que en Ro-
ma estaban, la qual renunciación rescebida por el
Padre Sancto, para la espedicion do las letras al
Papa demandó ser pagado de la media nata, lo qual
Alonso de Falencia contradixo , dando muchas ra-
zones porque no se debia pagar, mostrando como
los que oviesen el Maestradgo no eran obligados á
pagar media nata, porque en los tiempos antepasa-
dos el Santo Padre no tenia que ver en el Maes-
tradgo de Santiago , ni otra persona alguna, salvo
solamente trece comendadores de aquella Orden
para ello deputados, á quienes pertenecía la elecion ;
ni la Sede Apostólica en ninguna cosa se requería,
salvo en ciertos casos, de los quales ninguno por
entonces se requería ; y en tiempo de Don Alvaro
de Luna esto se comenzó; y allende desto los hijos do
los Reyes no eran tonudos á pagar medía nata, ma-
yormente el lUustrissimo Rey Don Alfonso que era
verdadero heredero del Rey Don Enrique, é hijo del
Rey Don Juan el segundo de Castilla y de León ;
lo qual el Padre Santo no negó ser ansí , pero con
todo eso dixo que, en tan gran necesidad como él
estaba por la guerra de los moros en defensión do
la religión chrístiana, le parecía ninguno debía ser
esemido de pagar media nata á la Sede Apostólica
para pagar el sueldo á la gente ; á lo qual Alonso
de Falencia respondió , que aunque todos los otros
Príncipes esto debiesen pagar, el Príncipe Don
Alonso debia ser esemido, porque no reformándose
las costumbres del Rey Don Enrique, asaz turcos
tenían en las entrañas do España, les quales seyen-
do vencidos enflaquecería la cabeza dellos, que era
el turco y todos los miembros de los infieles ; y así,
vistas las cosas dichas por Alonso de Falencia, el
Sancto Padre mandó despedir las Bullas del Prínci-
pe Don Alonso para la Administración del Maes-
tradgo. En tanto Don Beltran de la Cueva fué apar-
tado de cerca del Rey, el qual se fué á la villa de
Cuellar, la qual pertenecía á la Illustríssíma Infan-
ta Doña Isabel, hermana del Rey Don Enrique, á
quien fué dada por el Rey Don Juan su padre, y así
dexada en su testamento los jueces ya dichos en-
tendían en diñnir y acabar las disinsiones comen-
zadas, y el Rey ya no podía comportar la absencia
de Don Beltran de la Cueva ni el destierro de los
moros y, seguíendo el consejo de los que cerca del
estaban, pensó de prender á los jueces, lo qual les
fué revelado por Alvar Gómez, Secretario, el qual,
porque el Príncipe Don Alonso fuese libre, no quiso
mas estar cerca del Rey, y juntamente con Don Gon-
zalo de Sayavedra se fué al Maestre de Alcántara,
con el qual gran familiaridad tenía, y luego el Rey
mandó llamar á Don Beltran de la Cueva, en el
qual llamamiento se ficieron las cosas que adelante
se dirán, y la culpa de dar el Rey al Infante Don
Alonso á Gonzalo de Sayavedra por cuyo consejo
él entonces se regía, y le deshonró muy mal Juan
Fernandez Galindo on Xerez sobre este caso.
32
CRÓNICAS DE LOS
CAPITULO XXVI.
De cómo se concertó entre los Grandes que el Rey Don Enrique
fuese preso.
Visto por loB Grandes deste Keyno como ningu-
na amonestación bastaba para corregir la mala go-
bernación del Rey Don Enrique, y visto como las
cosas siempre iban do mal en peor, y todo esto vi-
niese en punto de se perder, en un ayuntamiento
que se fizo en el Monesterio de San Pedro de las
Dueñas, fue determinado quel Rey fuese preso; y
en la mesma liora de la habla, ó le fué revelado
por alguno, ó porque el Rey so le antojó, con muy
pocos se fué huyendo á Segovia y deude en ade-
lante se fué mas encendiendo la guerra.
Después desto ovo guerra en diversas partes des-
tos Reynos y el Príncipe Don Alonso se vino á la
villa de Arévalo por ver á la Reyna su madre, y de
allí se partió para Plasencia, donde se entendió en
la privación de la corona al Rey Don Enrique, y
fueron ocupadas diversas villas y ciudades, algu-
nas por la parte del Rey Don Enrique, y otras por
la parte del Príncipe Don Alonso ; y como Alvar
Gómez, Secretario, oviese comprado la villa de
Torrejon de Velasco, fué acordado que se diese el
cargo del cerco de aquella villa á Pedro Arias , hijo
de Diego Arias, Contador mayor, el qual la tovo
asaz tiempo cercada , y después de grandes traba-
jos y peligros é muertes de gente , así de la parte
suya como de los que en la fortaleza estaban , se le
dio por el Alcayde llamado Pedro de Arroyo, varón
esforzado que la tenia , no pudiendo comportar la
gran hambre y necesidad y todas las otras cosas
que le fallecían.
CAPÍTULO XXVII.
De la Vitoria que bobo el Principe de Aragón Don Fernando, hi-
jo del Rey Don Juan , de Don Pedro Condestable de Portugal,
que se llamaba Rey de Aragón , y de los borgoñones y portu-
gueses y barceloneses que le ayudaban.
Don Pedro , Condestable de Portugal , venido en
Barcelona llamado por la ciudad después de haber
dexado el Rey Don Enrique de ayudar y favorecer
á los de Barcelona ; á este Don Pedro secretamente
f avorcscia con intención de destrr.ir al Rey de Ara-
gón, su tío ; y como entonces oviese muchos por-
tugueses en casa de la Royua Doña Juana , su mu-
gcr, á todos les dio con larga mano lo que ovieron
menester para ir á servir á este Don Pedro en apa-
rato de guerra. Y en este tiempo acaesció que el
Duque de Borgoña envió cí^vloñ navios al Santo
Padre Pío para facer la guerra al turco , y como los
capitanes dellos fueron certificados el Papa Pió ser
fallescido, y su armada ser desbaratada , acordaron
de se volver, y venidos en Barcelona, asi por se
fornecer como per reposar de los trabajos pasados
en la mar , fallaron allí al incluso Don Pedro de
Portugal, que Rey de Aragón se llamaba, los qua-
les conociendo el gran deudo que este tenia con la
REYES DE CASTILLA.
Duquesa de Borgoña , como lo fallasen en punto
para ir á socorrer á los de Barcelona que estaban
cercados y en gran trabajo y peligro , acordaron de
le ir servir en aquella jornada , creyendo en ello fa-
cer servicio á su Señor, y ansí Don Pedro de Por-
tugal salió de Barcelona con muy gran número de
gente, así do caballo como de pié, borgoñones,
portugueses y catalanes, por ir socorrer á los do
Cervera; y como el Rey Don Juan de Aragón esto-
viese en Tarragona muy trabajado, de manera que
casi ninguna cosa veia por el crecimiento de las ca-
taratas que entonces mucho se le habían acrecen-
tado , y teniendo muy poca gente en comparación
de la mucha quel adversario traía , determinó en
lugar suyo de enviar al Príncipe Don Fernando,
seyendo de edad de trece años , á resistir el paso al
dicho Don Pedro , é dio el cargo de la gobernación
á Don Juan de Cardona , Conde de Paredes , varón
estrenuo , é caballero mucho esforzado ; é ansí el
Príncipe partió con asaz poca gente en comparación
de la quel adversario traía , pero gente muy leal y
esforzada é usada en los belicios atos, si en ntime-
ro fuera igual á los adversarios ; pero sin duda
eran mas de dos tantos que la gente del Rey Don
Juan. E partido el Príncipe con esa gente que pudo
por defender el paso , considerada la muchedumbre
de los enemigos é las ayudas que tenían de los ca-
balleros espertos en la guerra, ninguna cosa tanto
les facia temer como la persona del Príncipe en
tan tierna edad , é acordaron de escrebir al Rey to-
das las cosas en el punto en que estaban , donde no
se sabían dar remedio ; el qual respondió que la ce-
guedad le habia costreñido no ser en la batalla, co-
mo deseab a, é haber de enviar al Príncipe su hijo
que tuviese su lugar, porque aquel todos mirasen y
él á ellos pudiese mirar, lo qual todo á solo Dios
encomendaba, E viendo esta respuesta, el Conde
ordenó sus batallas como sabio y esforzado capitán
é puso al Príncipe acompañado de muy escogidos
caballeros en lugar donde pudiesen ayudarle, es-
tando fuera de la orden de las batallas é así la ba-
talla se dio de tal manera , que con el ayuda de
Dios é la buena ordenanza quel Conde de Paredes
dio en esta batalla, Don Pedro de Portugal fué
vencido é desbaratado , é mucha de su gente é de
sus ayudadores muertos é presos, é á él le fué muer-
to el caballo é oviera de ser preso , salvo porque fué
socorrido, é le fué dado un caballo en que se pudo
salvar ; é de los peones catalanes pudiéronse muy
pocos salvar, porque venían tan armados que no
ovieron lugar de f uir. El alcance no se siguió mu-
cho por la gente ser muy poca , é tenia mucho que
facer en guardar los prisioneros. Fué esta batalla
cerca de la villa de Cohimbre , é poco tiempo des-
pués este Don Pedro de Portugal murió, afírmase
que por yerbas que le fueron dadas por los barce-
loneses , donde de en delante las fuerzas de los re-
beldes so fueron abaxando , y el favor del Rey Don
Juan fué siempre creciendo , de lo qual no menos
desplacer mostró el Rey Don Enrique que si el caso
propio suyo fuera.
CAPITULO XXVIII.
De como faé quitado el cetro real c la corona del Reyno al Rey
Don Enrique en la cibdad de Avila.
Los Grandes del Reyno que en Avila estaban con
el Principe Don Alonso determinaron de deponer
al Rey don Enrique de la corona é cetro real , é pa-
ra lo poner en obra eran diversas opiniones, por-
que algunos decian que debia ser llamado é se de-
bia hacer proceso contra él; otros decian que debia
ser acusado antel Santo Padre de herejía é de otros
graves crimines é delitos, que se podrían ligera-
mente contra él probar. La segunda opinión fué
reprobada por los que conocían las costumbres de
los Romanos Pontífices , cerca de los quales valen
mucho el gran poder é las dádivas de quien quiera
que darlas pudiese , é tenían que si el caso se defi-
niese, el poder del Rey Don Enrique se acrecenta-
ría por el gran tesoro que tenian , é las fuerzas del
Príncipe Don Alonso é de los que lo seguian no so-
lamente se adelgazaban é apocarían, mas total-
mente se perderían por la mengua del dinero ; por
lo qual ninguna cosa les parecía mas conveniente,
ni que mas sabiamente se pudiese facer , que la pri-
vación del tirano , al qual f allecia vigor de corazón
é prudencia , é esfuerzo é todas las otras habilida-
des que á buen Príncipe convienen ; ninguna otra
cosa le quedaba, salvo nombre de Rey , el qual qui-
tado , él era todo perdido , lo cual no era cosa nue-
va en los Reyuos de Castilla é de León , los nobles
é pueblos dellos elegir rey é deponello, lo cual por
canónicas autoridades se podría bien probar, ó por
muy menores causas de las que contra el Rey Don
Eurique probarse pueden. Quel Rey Don Alonso,
deceno deste nombre , que por su gran virtud é bon-
dad fué elegido por Emperador, por solamente ser
habido por pródigo, fué privado de la corona, é
muy mas reciente enxemplo tenemos del Rey Don
Pedro , el qual por su mala é dura gobernación per-
dió el Reyno é la vida con él, é óvolo Don Enrique
su hermano, no le perteneciendo derecho por ser bas-
tardo , é por favor de los nobles é pueblos del Rey-
no ; é finalmente ansí por consejo de los Grandes
que allí estaban , como de algunos famosos letra-
dos, fué determinado que al Rey Don Enrique fue-
se tirada la corona del Reynoj para lo qual , en un
llano questá cerca del muro de la cibdad de Avila,
Be fizo un gi-ande cadahalso, abierto, como de to-
das partes que allí eran por ver este acto, pediesen
ver todo lo que encima se ficiese , é allí se puso una
silla real con todo el aparato acostumbrado de de-
poner á los Reyes , y en la silla una estatua , á la
forma del Rey Don Enrique , con corona en la ca-
beza é cetro real en la mano ; y en su presencia se
leyeron muchas querellas que antel fueron dadas de
muy grandes ecesos , crimines é dilítos antel mu-
chas veces presentadas, sin las querellas haber ha-
bido cumplimiento de justicia ; é allí se leyeron to-
dos los agravios por él fechos en el Reyno, é las
causas de su depusicion, é la estrema necesidad en
Cr.-III.
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS. 33
que todo el Reyno estaba para facer la dicha de-
pusicion, aunque con gran pesar é mucho contra
su voluntad. Las quales cosas ansí leídas, el Arzo-
bispo de Toledo, Don Alonso Carrillo, subió en el
cadahalso , y quitóle la corona de la cabeza, como
primado de Castilla, y el Marqués de Villena, Don
Juan Pacheco, le quitó el cetro real de la mano,
habiéndole fecho Marqués de Villena, que su padre
Diego Tclles no tenia mas de á Belmente, en la
mancha de Aragón; y el Conde de Placencia, Don
Alvaro de Estuñiga, le quitó el espada como Jus-
ticia mayor de Castilla ; y el Maestre de Alcántara
Don Gómez de Solis , al qual el Rey fizo maestro
de un escudero fijodalgo, natural de Cáceres ; y el
Conde de Benavente, Don Rodrigo Pimentel, y el
Conde de Paredes, Don Rodrigo Manrique , le qui-
taron todos los otros ornamentos reales , y eon los
piós le derribaron del cadahalso en tierra y dixeron
á tierra , puto / y á todo esto giraiaa y lloraban la
gente que lo veian ; é luego incontinente el Prín-
cipe Don Alonso subió en el mismo lugar donde
por todos los Grandes que ende estaban le fué be-
sada la mano por Rey y Señor natural destos Rey-
nos; y luego sonaron las trompetas, y se fizo muy
grande alegría, lo qual acaescíó jueves, á cinco
días del mes de Julio del año de nuestro Redentor
de mil y quatrocientos y sesenta y cinco años, se-
yendo el Príncipe Don Alonso de once años y cinco
meses é cinco días. Ansí duró el Reyno del Rey
Don Enrique dcsdel dia que comenzó á reynar
fasta esta depusicion do su corona , diez años é on-
ce meses é quatro dias. Oídas por todas las partes
de España la privación del Reyno fecha al Rey Don
Enrique, maravillándose mucho, daban gracias á
Dios como les pareciese cosa que por manos de
hombres no pudiese ser fecha. Al Papa Pablo pá-
reselo grave cosa esta depusicion , é pesóle mucho
de la caída de tan gran Príncipe , como por letras y
mensajeros del Rey Don Enrique el Santo Padre
era certificado que del todo quería ansí é á este Rey
no sojuzgase á él.
CAPÍTULO XXIX.
Del tumulto é administración que los Reynos de Castilla é de
León ovieron por el aucto en Avila pasado, é de las letras que
al Santo Padre fueron enviadas por las principales cibdades
destos Reynos.
Los mas de los pueblos de Castilla é de León es-
tovieron como atónitos maravillados del caso en la
cibdad de Avila acaecido, la forma del qual á al-
gunos fizo temerosos é á otros mas osados. La cib-
dad de Toledo, cinco dias después de la depusicion
del Rey Don Enrique é de la sublimación del Rey
Don Alonso , no solamente aprobó lo fecho en Avi-
la por bueno, mas óvolo por muy necesario, ó sú-
pitamente el pueblo tomó las puertas de la cibdad
é el alcázar é la puente de Alcántara , é combatie-
ron fuertemente la puerta de San Martin, la qual
por fuerza de armas tomaron. É pasados diez días
del aucto fecho en Avila, en la cibdad de Sevilla
Don Pedro de Estüñiga é con él Fernando de Cue-
3
34
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
vas Rubias, Maestre Sala del Rey Don Alonso, que
dias avia secretamente estaban en Sevilla, persua-
dieron al Duque Don Juan de Guzman é al pueblo
á las cosas que se debian en obra poner. El pueblo
alegremente recibió la sublimación del Rey Don
Alonso, é luego los caballeros é regidores de la
cibdad se juntaron en su colegio acostumbrado,
donde las letras del Rey Don Alonso se leyeron,
las qualcs leidas el Duque Don Juan de Guzman,
que tenia el primero lugar en el ayuntamiento, con
grande aJegria recibió por Rey é Señor natural al
Rey Don Alonso , y otro tanto fizo el Conde de Ar-
cos , Don Juan Ponco de León , Don Pedro d'Es-
tuñiga que en este caso dias habia que trabajaba
con muy mas alegre cara , recibieron por Rey á Don
Alonso, é ansí mismo lo fizo Don Enrique de Guz-
man , heredero del Duque Don Juan de Guzman.
Don Rodrigo , fijo del Conde de Arcos, no fué pre-
sente al caso ; é todos los otros caballeros é oficia-
les questaban en aquel ayuntamiento con grande
alegría siguieron lo que los mayores comenzaron,
é todos juntos fueron al Sagrario de la Iglesia , é
sacaron dende el pendón del bien aventurado é San-
to Rey Don Hernando que ganó á Sevilla é á Cór-
doba é á la mayor parte del Andalucía , por facer
honor en la fiesta del aceutacion del nuevo Rey
Don Alonso , llevándolo en la mano Luis de Medi-
na, caballero novel, natural de aquella cibdad. An-
dovieron por toda ella con grande alegría faciendo
el aucto acostumbrado de se facer á los Reyes que
nuevamente encomienzan á reynar.
CAPÍTULO XXX.
De los Grandes que aprobaron la sublimación del Rey D. .\lonso,
é de los que siguieron al Rey D. Enrique.
Los Grandes que siguieron al Rey Don Alonso,
allende de los que en Avila con él estaban é de los
sevillanos é cordobeses, en la provincia de León si-
guieron al Rey Don Alonso el Almirante Don Fa-
drique y el Conde de Alba de Liste , Don Enrique, su
hermano, ó Don Diego Fernandez de Quiñones Con-
de do Luna, Merino mayor de Asturias, é Don Pe-
dro de Bazan Vizconde de Palacios ; en la provincia
de Burgos , é Palencia los Condes de Castañeda é
Osorio, Don Juan Manrique, é Don Gabriel Manri-
que, hermanos, é Don Juan Sarmiento, Conde de
Santa Marta é Don Pedro de Acuña, Conde de Buen-
día é Señor de Dueñas, é Don Juan de Vivero, Viz-
conde de Cabezón, y el Mariscal Gómez de Benavi-
des , Señor de Fromesta , Don Diego de Estúfiiga,
Conde de Miranda, ó Don Fernando de Rojas , Con-
de de Castro ; en la provincia de Toledo Don Pe-
dro Girón , Maestre de Calatrava ; Don Alonso de
Silva, Conde de Cif uentes ; Pero López de Ayala,
que después fué Conde de Fuen Salida; Don Alvaro
Pérez de Guzman, Señor de Santa Olalla; Lope d'Es-
túñiga, Señor do Cuerva; Payo de Ribera, Mariscal;
Fernando de Ribadeneira, Mariscal; Don Pero Puer-
top.arrero, Conde de MedcUin; Don Alonso de Cárde-
nas, Comendador mayor de León, de la Orden de
Santiago, que después fué Maestre de Santiago ; en
la provincia de Murcia el Adelantado Pero Fajar-
do ; el Obispo de Burgos , Don Luis do Acuña ; Don
Iñigo Manrique, Obispo de Coria, Don Pero de
Montoja, Obispo de Osma; Don Diego Banegas,
Obispo de Cádiz, el electo de Sigüenza Don Diego
de Madrid, después de la muerte de Don Pero de
Luxan. Don Pero de Silva, Obispo de Badajoz, fizo
estar dudoso al Conde Cif uentes su sobrino , el qual
y el Conde de Feria estuvieron algún tiempo como
neutrales. E ansí la mayor parte destos Reynos de
Castilla é de León contradecían al Rey Don Enri-
que, é Don Pero Fernandez de Velasco Conde de
Haro, que por cierto era muy contrario á las condi-
ciones del Rey Don Enrique, quiso ser como media-
nero entre los dos Reyes ; pero con todo eso dio lu-
gar á su hijo primogénito , llamado Don Pero de
Velasco, que siguiese al Rey Don Alonso, el qual
tenía gran sentimiento del Arzobispo de Toledo é
de los otros que ficieron la depusicion del Rey Don
Enrique , ansí aceleradamente sin lo consultar con
él ; Don Beltran de la Cueva, Duque de Alburquer-
que, que no solamente por voluntad, mas por nece-
sidad al Rey Don Enrique seguía; Don Diego Fur-
tado de Mendoza, Marqués de Santillana, é Don Pe-
ro González de Mendoza, Obispo de Calahorra, é
Don Alonso de Figueroa, Conde de Colufias , é Don
Iñigo de Mendoza, Conde de Tendilla, é Don Gil de
Mendoza é DonFurtado, hermanos, Al Rey Don En-
rique seguían Don Alvaro Pérez de Osorio, Marqués
de Astorga ; Don García de Toledo, Duque de Alba,
y el Condestable Don Miguel Lucas, é Don Juan de
Valenzuela, Prior de San Juan, é Alvaro de Mendo-
za é su hermano Rodrigo de Mendoza, hijos de Ruy
Díaz de Mendoza Mayordomo mayor que fué del
Rey Don Juan, é Don Pedro de Mendoza, Señor de
Almazan, é Juan Ramírez de Arellano, Señor de los
Cameros, é otros muchos, aunque no de tanto es-
tado, seguían al Rey Don Enrique; é los obispos de
Galicia constreñidos por necesidad seguían al Mar-
qués de Astorga ; é el Obispo de Zamora, Don Juan
de Mella , estaba en Roma ; el Obispo de Salamanca
de necesidad seguía lo que aquella cibdad, aunque
contra su voluntad ; Don Martin de Vilches Obispo
de Avila seguía al Rey Don Enrique ; Don Juan
Arias, Obispo de Segó vía, por necesidad seguía lo
que aquella cibdad seguía; Don Alonso Pelaez,
Obispo de Jaén, seguía al Rey Don Enrique, y Don
Lope de Barrientes, Obispo de Cuenca, siguia asi-
mismo al Rey Don Enrique, aunque contra toda su
voluntad ; Don Pero de Solíer, Obispo de Córdoba,
en el comienzo destas cosas estovo como neutral , y
al fin siguió al Rey Don Alonso ; Don Alonso de Pa-
lenzuela, frayle. Obispo de Cibdad Rodrigo, fué neu-
tral, y Don Juan de Carabajal, Cardenal de Santán-
gelo, Administrador de Placencia, estaba en Roma.
Ansí los Reynos de Castilla é de León estaban di-
visos en la forma ya dicha.
CAPITULO XXXI.
Déla forma que los ya dichos tavieron en seguí
Eejes é para los tener en pendencia
estos dos
Cosa sería muy difícile de escrebir por urden to-
das las cosas pasadas entre los Grandes ya dichos,
de los quales los menos forzaban su partido por bien
de la cosa pública destos Eeynos , ni por servir á
estos Eeyes, mas por acrecentar sus estados , entre
los quales, como quiera que el Marqués Don Juan
Pacheco pareciese seguir al Rey Don Alonso, con
todo eso sostenia al Rey Don Enrique , no daedo
lugar totalmente a su caida, ni queria tanto favore-
cer el partido que parecía seguir, é porque mocho
sobrase al Rey Don Enrique ; é así en la pendencia
destos dos Reyes se perdian é destruían e&tos Rey-
nos ó no menos los Grandes dellos, especialmente
los que seguían al Rey Don Alonso , de lo qual el
Arzobispo- de Toledo, Don Alonso Carrillo, tenía
gran sentimiento, é ovo sob relio palabras de gran-
de enojo con el Marqués de Villena , su sobrino. E
como en este tiempo el Rey Don Enrique conociese
el gran desamor que todos los pueblos destos Rey-
nos le avian , determinó de se pasar en- Portugal,
temiendo que si se ponía en Segovia allí sería cer-
cado é se perdería. Entre los caA)alleros que al Rey
Don Alonso seguían había diversas opiniones , y el
Arzobispo de Toledo y el Ahnírante Don Fadrique,
y el Conde de Paredes, que verdaderamente perse-
guían el negocio, porfiaban que el Rey Don Alonso
debía ir con la mas gente que pudiese donde quiera
que su hermano estuviese, é dar fin al negocio, para
questos Reynos quedasen en paz ; é que sí esto de-
xaba de facer , poco le aprovechaba aver tomado
nombre de Rey, é ya el derecho en las armas esta-
ba, é debia trabajar por haber la vítoria, porque
siempre los vencedores ovieron corona ; lo qual sin
dilación se debia luego poner en obra porque el fa-
vor de los pueblos es mudable ; é la, gente castellana
es codiciosa, é como conozcan el gran tesoro que el
Rey Don Enrique tiene abriendo la mano así los
pueblos lo seguirán como las moscas siguen la miel;
é como quiera que todos conociesen al Rey Don
Alonso tener la justicia , por aventura se desviaran
del derecho camino ; é pues para la gente quel Rey
Don Alonso pudiera llevar había dinero para dos
meses de sueldo, en el qual tiempo con el ayuda de
Dios se podía este fecho acabar , por eso convenia
ponerse luego en obra, porque la dilación sería muy
dañosa. El Marqués de Villena é otros algunos que
lo seguían contradecian este consejo , lo qual sabi-
do por el Rey Don Enrique , determinó de se ir á la
cibdad de Zamora , ansí por ser muy fuerte , como
por ser cerca de Portugal para que , si necesario le
fuese, pudiese usar del consejo que pensado tenía;
donde ayuntó gran número de gente, ansí de caba-
llo como de pié ; é como esto fuese sabido por el
Rey Don Alonso é por los que lo seguían, como á
la fin todo se gobernase por Don Juan Pacheco , el
Marqués determinó que porque pareciese no estar
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS. 35
de valde, que se fuese á Medina del Campo , donde
teniendo aquella villa é llevando las rentas della,
se daria enxemplo á otras cibdados é villas, é se es-
forzaría más el partido del Rey Don Alonso. E to-
mada la villa de Medina, el R«y Don Alonso se par-
tió para Valladolid, é allí se determinó que se pu-
siese cerco sobre la villar de Simancas, ques á dos
leguas de Valladolid , ques lugar muy fuerte, é te-
níala por el Rey Don Enrique el Comendador Juan
Fernandez Galindo , que era caballero esforzado y
usado de sufrir trabajos é peligros ; é tenía consigo
ciento é cinquenta lanzas de hombres escogidos; é
como quiera que los caballeros que al Roy Don
Alonso seguían bien conocieron que aquella forta-
leza no se podía tomar, salvo eu largo tiempo, ovó-
se de facer lo quel Marqués Don Juan Pacheco que-
ría ; y en la tardanza el partido del Rey Don Enri-
que crecía y el del Rey Don Alonso se amenguaba,
especialmente poique el Rey Don Enrique daba
muy grandes previlegios y esenciones á los luga-
res que por él^se tuviesen, k> qual mucho le ayudó;
é puesto an«í el-cereoBobi'e SimaHcas, el- Arzobispo
deToledo con la gewte de su casa f^ié á poner cerco
sobre la villa de Pefiaflor, la qual tenía un caballe-
ro de la casa del Rey Don Enrique , llamado Lope
de Cernadilla, hombre mucho esforzado é bueno, el
qual la defendía valientemente ; lo qual como el Ar-
zobispo mandó poner escalas por diversas partes
como los de la villa conociesen que no les convenia
pelear por defender ks almenas, por su vida é bie-
nes determinaron de ser contrarios al Alcayde á
quien primero ayudaban , daotlo lugar á los cerca-
dores que libremente+omafien la villa, á fin de guar-
dar sus personase bienes, é ansí Lope do Cernadi-
11a, tom-ado no solamente de 1<5S enemigos, mas de
los que solamente le debían ayudar á defender la
villa , ovo de darse al Arzobispo, con partido que
dexase las armas , é caballeros é se fuesen donde
quisiesen con la gente que allí tenía. El cerco de
Simancas se tovo dos meses donde murieron algu-
nos , así de los cercados como de los cercadores , en
el qual cerco ningún provecho ni honor se recibió;
y estando allí Don Enrique, fijo del Almirante Don
Fadrique , salió de Torre de Lobaton con poca gen-
te, é cayó en celada de gente muy demasiada de la
quél traia , é fué desbaratado, é allí murió un buen
caballero de la casa del Almirante llamado Juan
Carrillo, hermano de Gonzalo Canillo el de Córdo-
ba, Y en tanto questas cosas pasaban el Rey Don
Enrique tuvo lugar de ayuntar muchas mas gentes
de las que tenía, y el cerco de Simancas se alzó , y
el Rey Don Alonso se volvió á Valladolid, y el Rey
Don Enrique se volvió á Simancas con gran núme-
ro de gentes; é allí se vino para él Don Alvaro
Pérez de Osorio, Conde de Trastamara con quatro-
cientas lanzas é gran número de peones , al qual el
Rey Don Enrique dio la cibdad de Astorga é le fizo
Marqués della ; con el qual venía Gutiérrez Quexa-
da. Señor de Villa García, varón muy noble y es-
trenuo caballero. Don García de Toledo ,. Duque de
Alba, como oviese recebído gran suma de dineros
36
del Rey Don Enrique, vino allí á servir con ocho-
cientos de caballo ; Don Luis de la Cerda, Conde
de Medina Celi, traxo alli en sei-vieio del Rey Don
Enrique quatrocicntas lanzas ; Don Di«go Furtado,
Marqués de Santillana é sus hermanos traxeron
ochocientas lanzas ; Juan Ramírez do Arellano, Se-
ñor délos Cameros é Pero de Mendoza, Señor de Al-
mazan, é mucl«3s otros caballeros, aunque no de
tanto estado, traxeron asazgente; é aiísí el Rey Don
En-riquo allegó alli ocho rail lanzas é veinte mil
peones. Sabida la venida del Rey Don Enrique por
el Rey Don Alonso con tan gran muchedumbre de
gente, el Marqués de Villena , que antes solía mos-
trar tener en poco el poder del Rey Don Enrique,
comenzó á teiner la batalla, ó deeia qa« e» la dfla-
cion siempre se a¡ej-eGeBíí;aria el poder del Rey Don
Alonso por su edad ó fu«i-za é habilidad é por tener
la mayor parte del Rey«o por sí, é todo lo contra-
rio se debia juzgar del adversario, el qual á Dios é
á los hombres era abon-eGÍble é á ninguno tuviese
fiel á sí salvo por respeto de las dádivas que con ne-
cesidad facia é sus tesoros mal ganados por gran-
des que fuesen ligerajnente avrian íin. Así la do-
blada seña del Marqués tenía suspensos los corazo-
nes de los que lo oian ; pero con todo eso por todos
se d<;terminó quel Rey Don Alonso eetoviese en Va-
lladolid, é toviese consigo la mitad de la gente que
allMenía, é la otra dexase ir á sus casas; é tales
formas se truxeron, que se dio tregua por cinco me-
ses de la una parte á la otra. En este tiempo Don
Pero Fernandez de Velasco, Conde de Haro, que
decían questaba encerrado con cierto número de ca-
balleros de 8u casa só cierta regla en un hospital
que el había edificado en la villa de Medina de Pu-
mar, seyendo certificado de las grandes turbaciones
que en estos Reynos habia, trayendo hábito de re-
ligioso, vino á la villa de Cigalespoxdar algún me-
dio entre estos dos Reyes lo cual como no pudiese
acabar se volvió en su hospital como de primero es-
taba.
CAPÍTULO XXXIL
Del cerco de Jacn, é de las cosas que en la provincia del Andalu-
cía en este tiempo se flcieron.
En tanto questas cosas se facían, el Maestre Don
Pero Girón pensó ocupar el Andalucía ; é como la
cibdad de Jaén se acercaba á las fortalezas del
Maestrazgo, parecióle que podía ligeramente tomar-
la, como los mas de los fidalgos de aquella cibdad
fuesen suyos é desamasen mucho al Condestable
Don Miguel Lucas, el qual siempre á los populares
favorecía ; y en tanto sojuzgó aquella cibdad, que
sus mandamientos mejor en ella eran obedecidos
que de ningún Rey ; é como en ella ante de entonce
no oviesemas de quinientos de caballo , los llegó á
niimero de mil peones ó diez mil lanceros é balles-
teros los quales todos le eran así obedientes como
si domésticos suyos fuesen, de lo qual al Maestre de
Calatrava pesaba mucho ; el qual como tuviese muy
gran partQ con Don Alonso do Aguilar y él tuviese
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
la cibdad de Córdoba á su querer é mando, é no me-
nos toviese en la cibdad do Ecija y en Sevilla y en
Xerez é Carmona ; é tuviese gran parte en Ubeda y
Baeza le favoreciese, porque los principales de aque-
llas dos cibdades vivían con él, ansí que en aquella
provincia los mas estaban á su querer, salvo Don
Diego Fernandez, Conde de Cabra que era muy no-
ble y esforzado caballero, el qual tenia dentro de
su villa de Baena quatrocíentos de caballo, é de las
otras villas suyas docientos de caballo, é Alonso de
Montemayor, Señor de Alcaudetc , que en aquella
villa tenía docientos de caballo , los quales estaban
quedos sin favorecer ninguna de las partes, é sola-
mente el Condestable Miguel Lucas con la grande-
za de Jaén é Andujar facia guerra al Maestre Don
Pero Girón , el qual con tres mil de caballo é gran
número de peones puso cerco sobre la cibdad de
Jaén , donde vanamente gastó la mayor parte del
verano, é allí se ficieron muchas escaramuzas en
que mas perdieron los cercadores ; é como el Maes-
tre conociese aver gran gente en aquella cibdad pa-
ra su defensa é no les faltar cosa de lo que menes-
ter avian, é tener lugar por la parte de la sierra pa-
ra traer la gente que quisiesen, determinó de levan-
tar el cerco é irlo á poner sobre la fortaleza que le
era contraria en la villa de Carmona, la qual tovo
cercada asaz días, é la puso en tanto estrecho , que
de necesidad se le ovo de dar , é ansí se apoderó de
aquella villa, de lo qual grandes daños se siguieron
en aquella provincia.
En tanto questas cosas pasaban, el Rey Don
Alonso se partió de Valladolid, é se fué á Portillo ; é
de allí se acordó de ir á Coca por saber el propósito
del Arzobispo de Sevilla que en aquella villa resi-
día ; é de allí el Rey se partió para Arévalo é con él
el Arzobispo de Toledo, y el Marqués de Villena, y
el Maestre de Alcántara, Don Gómez de Solís, é los
Condes de Plaeencia é Benavente é Miranda é Pa-
redes , y el Obispo do Coria , Don Iñigo Manrique,
el qual como partiese de Valladolid, topó en el ca-
mino con gente del Obispo de Palencia Don Gu-
tierre de la Cueva, hermano del Duque de Albur-
querque, é peleó con él de manera que lo desbarató,
é fueron allí algunos muertos y otros presos.
CAPÍTULO XXXIII.
De lo que el Rey Don Enrique en este tiempo fizo , é de las ins-
trucciones quel Rey Don Alonso al Papa Pablo envió, é déla
muerte de la Infanta de Portugal, abuela de la Reyna Doña Isa-
bel, é de la i Ja del Conde de Plaeencia é del Maestre de Al-
cántara en el Andalucía , é del Rey Don Alonso en Avila , é rie
la ¡da del Arzobispo de Toledo en Huele por socorrer á su
hermano Lope Vázquez , que lo tenía cercado García Méndez de
Badajoz.
En tanto que las treguas duraban , el Rey Don
Enrique puso gran gente cerca de la villa de Medi-
na del Campo que Pedro Arias luengamente habia
tenido cercada, é la habia tomado, é asimismo en la
villa de Olmedo. Y en tanto quel Rey Don Enrique
estaba en Simancas, escribió al Santo Padre cartas
muy ansiosas , quexándose de sus vasallos, especial-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
37
mente de aquellos que había fecho gratides, é como
hijos los había criado é peor que á enemigo le trf-
taban ; demandándole favor en las cosas venideras
porque sus Reynos libremente le quedasen ; )o qual
sabido por el Rey Don Alonso, envió al Santo Pa-
dre haciéndole saber el fundamento é comienzo de
los debates destos Reynos é causas de la depusicion
del Rey Don Enrique su hermano , suplicándole no
quisiese dar fée á las cosas no verdaderas que por
parte de su hermano Don Enrique le eran escritas,
sobre lo qual todas las cibdades é villas al Rey Don
Alonso sujetas escribieron ásu Santidad, siguiendo
la forma en que la cibdad de Sevilla escribió. En
este tiempo la Infanta de Portugal agüela del Rey
Don Alonso, falleció é fué enterrada muy honrada-
mente en el Monesterio de San Francisco , fuera de
los muros de la villa de Arévalo , la muerte de la
qual fué muy dañosa, ansí por ser muy notable
muger é de gran consejo, como porque su vida fa-
cía grande ayuda é consolación á la Reyna viuda
su hija. E de allí el Rey Don Alonso se fué á Avi-
la, y el Conde de Placencia y el Maestre de Alcán-
tara se fueron para sus tierras que en el Andalucía
tenían, é desde allí para Sevilla por dar sosiego en
las cosas de aquella cibdad. Y estando el Rey Don
Alonso en Avila, vino nueva cierta al Arzobispo de
Toledo de como Garci Méndez de Badajoz tenia cer-
cado á Lope Vázquez su hermano en Huete , con
seiscientas lanzas del Rey Don Enrique é gran nú-
mero de peones, é combatía la fortaleza, é es cierto
que según la gente que Garci Méndez allí tenía y
el desamor que los de la cibdad le avian, fuera for-
zado de se dar, é le fuera tomada la fortaleza por
fuerza; lo qual sabido por el Arzobispo de Toledo,
partió de Avila con fasta decientas lanzas, y cuan-
do llegó á Tarancon llevaba bien ochocientas ; é
desde allí envió alguna gente para que comenzasen
la pelea por espaldas del castillo ; el qual como tu-
viese por su parto toda la cibdad , salió della con
seiscientas lanzas é con cinco mil peones que allí
tenía ; é como en el camino para Tarancon por don-
del Arzobispo venía por las espaldas de la forta-
leza, como Garci Méndez lo supo, volvió por socor-
rer á los suyos é así vuelta la pelea, el Arzobispo
de Toledo é los suyos vinieron peleando con Garci
Méndez fasta lo meter por las puertas de la cibdad,
en la entrada de la qual fué preso Garci Méndez, é
con él alguno délos suyos, é de los seiscientos de á
caballo no escaparon quarenta que no perdiesen las
armas é caballos ; é así Lope Vázquez no solamente
fué libre é la fortaleza quedó por él , mas los mise-
rables cibdadanos quedaron debaxo del poder suyo
que ante de entonce muy dura é ásperamente los
trataba é mucho peor esperaban ser tratados dende
adelante. En tanto el Almirante é los Condes de
Paredes é Buendia é Santa Marta é Monte Rey, y el
Vizconde de Palacios de Valduema estaban en Va-
lladolid, donde vino nueva que Alvaro de Chinchi-
lla con decientas lanzas del Rey Don Enrique ha-
bía tomado una fortaleza cerca de una cibdad de
León ;é luego Don Alonso Enriquez, hijo mayor
del Almirante Don Fadrique, se partió para allá con
ciento é ochenta de caballo c quatrocientos peones,
é puso el cerco sobre aquella fortaleza, é combatióla
de tal manera , que la tomó por fuerza de armas é
mató algunos de los que en ella estaban é á otros to-
mó las armas é caballos, é volvióse á Valladolid
donde al Rey Don Alonso vinieron embaxadores
del Conde de Fox, que en aquel tiempo avia toma-
do la cibdad de Calahorra é gran parte del Reyno
de Navarra, el qual afirmaba haber tomado aquella
cibdad por questaba á obediencia del Rey Don En-
rique, é por su embaxada se ofrecía servir al Rey
Don Alonso, el qual Rey Don Alonso respondió por
Don Pero Duque, varón noble, juntamente con los
embaxadores del Conde de Fox, al qual mandó que
le requiriesen que no detuviese mas en los Reynos
de Castilla, pues era cierto haber pasado las leyes
de la verdadera amistad, como él oviese venido en
estos Reynos con color de le ayudar, é había fecho
en ellos muy grandes daños é males. Oída esta em-
baxada por el Conde de Fox, él se partió de Cala-
horra con intincion de tomar la villa de Alfaro por
trato ó por fuerza, lo qual en vano trabajó, como en
ella estuviese Gómez de Rojas , noble y estrenuo
caballero, el qual con ayuda de los moradores della
la defendió tan valientemente , que los franceses y
gascones recibieron muy gran daño , é muchos de-
Uos murieron allí, é otros fueron destrozados ; é an-
sí el Conde de Fox se volvió en su tierra con poca
honra, é mandó á los que habia dexado en Calahor-
ra que la desmamparasen é lo siguiesen. E al tiem-
po quel Conde de Fox tomó la cibdad de Calahorra,
acaesció allí una cosa asaz dina de memoria, la
cual fué que como ios franceses anduviesen roban-
do la cibdad, cinco se metieron en una casa de un
judío, é cerraron la puerta por de dentro ; é como el
judio no estuviese en la cibdad, en la casa estaba
solamente la muger, moza hermosa, de edad de vein-
te é quatro ó veinte é cinco años ; la qual como sin-
tió los franceses en casa, se escondió é con ella una
mozuela que tenía de ocho ó diez años; é como los
franceses anduvieron por la casa entraron en la bo-
dega donde habia muy buenos vinos é bebieron
tanto que todos cinco se durmieron, é dexaron tira-
do el tapón de una cuba , 6 derramóse muy gran
parte del vino ; é como la judía estuviese muy gran
pieza é no oyese bollicio en la casa, envió á la mo-
zuela á ver que facían los franceses , la qual los fa-
lló tendidos con el vino durmiendo , é la judía de-
cendió con un cochillo que tenia muy agudo , y en-
tró en la bodega muy paso é degollólos á todos cin-
co, é salióse para la puerta que era en anochecien-
do, é fuese á la villa de Alfaro. Y en eete tiempo el
Rey Don Enrique, que envió tratar con el Conde de
Fox que le ayudase contra su hermano ó ficiese
guerra al Rey de Aragón, como fuese certificado
que Doña Blanca, su muger que habia sido, era
muerta, el Rey Don Enrique, sabida la muerte su-
ya, fizo nuevas velaciones con cerimonia eclesiásti-
ca con la Reyua Doña Juana, de que todos los dis-
cretos facían burla conociendo ser tan vana la boda
38
CBÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
tercera como la primera y segunda. En este tiera-
po se comenzó la hermandad en la mayor parte des-
tos Eeynos, de que gran provecho se siguió, como
quiera que desque la hermandad se vido poderosa,
pasó los términos del fin á que fué ordenada, é reci-
bieron algunos por ello asaz daños é muertes.
CAPÍTULO XXXIV.
De la pertinancia (|ue los barceloneses tuvieron, y del injusto favor
que el Papa Pablo dio al Rey Don Enrique, é de como el Dean
de Toledo quiso sostener no ser bien fecha la deposccion del
r.cy Don Enrique , sin consultar al sumo Pontíüce, é de como
por valientes letrados le fué probado el contrario.
Después de la muerte de Don Pedro de Portugal,
que se llama Rey de Aragón , como quiera que á los
de Barcelona se hiciese muy áspera guerra, no de-
xaron de añadir error á sus errores pasados, ca des-
pués de comienzo do su rebelión demandando para
ello favor al Eey Don Enrique é aquel ya cesase,
después de haber llamado á Don Pedro de Portugal
é haberle dado título de Rey é aquel ser muerto de
BUS capitales enemigos, que quisieron facer amigos,
como entrellos é los de Marcela oviese antigua
amistad, é ante que el Rey de entonce se oviese lla-
mado Rey de Cecilia é fuese en decrépita edad , pe-
ro curaron que el Duque Juan , primogénito suyo,
viniese en Barcelona, prometiendo el dominio con
nombre de Rey, del qual se quisieron ayudar con-
tra su verdadero Rey tan humano, tan noble, tanto
amador de sus vasallos ; é ansí el Duque Juan ya
una vez vencido en la guerra napolitana y echado
vituperiosamente de la posesión de Genova á reques-
ta de los barceloneses, fué ende venido, con cuyo
favor ellos pensaron poder conseguir el fin desea-
do, é donde gloriosa vitoria esperaban, siempre cai'
da peligrosa é infamia perpetua les vino ; el qual ya
llamado Rey de Aragón , con el favor de Luis Rey
de Francia, cuyo primo él era, pensó salir con la
empresa que por gran daño suyo comenzó é la guer-
ra se fizo ásperamente. Los navarros después de la
muerte de la Princesa Doña Blanca, que fué muger
del Rey Don Enrique , comenzaron á contender , é
la división entrellos siempre so fué acrecentando,
de que gran trabajo al Rey de Aragón se siguia , é
la ceguedad allende de los otros trabajos le comen-
zaba, é á su afición se añadieron las turbaciones que
en Castilla tenían todos los que deudo é amor le
avian, á los quales el Papa Paulo injustamente per-
seguía queriendo favorecer al Rey Don Enrique, ó
á los intrusos por sus letras favorecía, llamando por
ellas al Duque Juan , Rey de Aragón, en gran per-
juicio del verdadero Rey Don Juan é á suplicación
de aquel ó de las Iglesias catedrales ; é en Cataluña
proveía, é otro tanto hizo en el término de Castilla,
mandando á los procuradores del Rey Don Alonso
que en su corte no le llamasen Rey, por lo qual el
Arzobispo escribió al Santo Padre bus cartas llenas
de querellas por las quales esplicó las verdaderas
causas por qué las principales cibdades de los Rey-
nos de Castilla á su Santidad avian escrito so la
forma que la cibdad de Sevilla } é con aquellos en-
vió las instrucciones de las leyes de España con au-
toridad teológica 8 canónica ; á las cuales todos los
Grandes que al Rey Don Alfonso seguían, unáni-
mes é conformes dieron su consentimiento ; lo qual
como el Rey Don Enrique supiese, buscó alguna do-
, fension para su causa , é fué requerido por él Don
Francisco de Toledo, Maestro en Teología, varón
muy famoso en ciencia é de honesta vida ; al qual
rogó quisiese , ansí en sus predicaciones como en
escrito, favorecer su parte ; el qual en muchos ser-
mones que fizo siempre concluyó que por malo quo
fuese el Rey, sus siiditos no debían ni podían pro-
ceder contra él ni privarlo del Reyno , salvo seyen-
do ante juez competente, probando el crimen de he-
rejía ; al qual fué respondido é probado lo contra-
rio por Don Antonio de Alcalá, Obispo de Asturias,
f rayle de la Orden de San Francisco , varón muy
notable é de gran ciencia, é por Fray Juan López,
famoso maestro en Teología de la Orden de los Pre-
dicadores, é por otros Doctores, famosos legistas é
canonistas, los quales todos por muy diversas auto-
ridades, así del Testamento viejo como del nuevo,
teológicas é canónicas é jurídicas, corroboraron é
aprobaron la deposecion fecha del Rey Don Enri-
que; é por eso los Grandes destos Reynos á las ar-
mas ocurrieron, según la costumbre vulgar que en
semejantes casos se suele tener entre los Reyes , en-
tre los quales en las armas está el derecho é por
proverbio común so tiene que en la corte romana
á los vencedores dan la corona é á los vencidos des-
comulgan.
CAPÍTULO XXXV.
De como fué tomada la cibdad de Gibraltar á Esteban de Villa-
creces por Don Enrique de Guzman, fijo del Duque de Mcdíaa
Sidonia, Don Juan de Guzman, c de la tomada de Coria.
Grande esperanza tovo el Duque Don Beltran de
la Cueva de poder tener la cibdad de Gibraltar , la
qual tenia por él un buen caballero natural de Xe-
rez, llamado Esteban de Villacreces, cuñado suyo,
casado con su hermana , hombre mucho esforzado é
muy discreto en las cosas de la guerra , é usado á
sofrir peligros é trabajos. E como el Duque de Me-
dina Sidonia siguiese al Rey Don Alonso, é le pa-
reciese á su primo mucho convenir aquella cibdad
estar á su obediencia, envió mucha gente á la cer-
car en comienzo del mes de Mayo del año de mil y
quatrocientos é sesenta é seis ; la qual venida Este-
ban de Villacreces consideró que según la grande-
za de aquella cibdad , él no la podría defender con
la gente que tenia é por eso él se retraxo á la for-
taleza , lo qual luego fizo saber al Rey Don Enrique
é al Duque Don Beltran ; lo qual sabido por el Rey
escribió letras á gran priesa á los moros de Grana-
da , rogándoles afectuosamente que quisiesen so-
correr á Esteban de Villa creces, los quales mirando
como no podían socorrer la fortaleza sin tomar la
cibdad , é esto á ellos les fuese difícil, según la mu-
chedumbre de gente que en ella estaba, como quie-
ra que algunas veces llegaron muy cerca doUa, no
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS
39
lo osarou atentar; é con esto siempre el Duque de
Medina acrecentó el cerco, é mandó poner estancias
contra la fortaleza, combatiéndola fuertemente cada
día con grandes tiros de pólvora é con todos los otros
aparejos acostumbrados á combatir ; lo qual duró
fasta quince dias de Febrero del año de mil é qua-
trocientos é sesenta é siete años, en el qual tiempo
Don Enrique deGuzman, hijo del Duque Don Juan
de Guarnan, sobrevino con mucha mas gente é con
mas artillería, é fizo combatir la fortaleza de tal
manera, que fué derribada muy gran parte de los
muros, é derribadas algunas torres della y entrada
la fortaleza ; y Esteban de Villacreces se retraxó á
la torre principal con su mujer é fijas que allí tenia
é con algunos peones que le quedaron, donde se de-
fendió varonilmente por quatro meses, pasando in-
finitos trabajos de noche é de dia, teniendo ya muy
gran mengua de las cosas necesarias ; é como quie-
ra que muy grandes partidos le fueron movidos,
jamas quiso entregar la torre, como quiera que vido
los que con él estaban descolgarse con^sogas é darse
á misericordia de los cercadores; é como ya no le
quedase gente con que pudiese la torre defender , é
todas las vituallas le falleciesen , dio la torre sin
ningún partido , é ansí el Duque de Medina poseyó
libremente la cibdad de Gibraltar é su fortaleza , ó
ovo previlegio, del dominio de aquella cibdad , no
embargante ser título del cetro Real. En este tiem-
po como el Maestre de Alcántara Don Gómez de So-
lis toviese cercado mucho tiempo avia la cibdad de
Coria, en la qual estaba Alfonso de Monroy Clavero
de Alcántara, la defendía ansí porque seguia al Rey
Don Enrique, como porque tenia grande odio al
Maestre Don Gómez, La causa principal habia sey-
do porquel Maestre tiránicamente tenia ocupada la
villa de Cáceres, donde el Clavero tenia muchos pa-
rientes é amigos, los quales del Maestre eran mal-
tratados, seyendo caballeros dinos de honor; é no
solamente aquella villa mas la mayor parte de aque-
lla provincia tenia así sometida é sojuzgada , é al-
gunas veces con soberbia decía que el Rey por po-
deroso que era no lo temía, como quiera quel Cla-
vero envió á demandar socorro al Rey Don Enrique
que nunca ge lo envió é pasó muy grandes trabajos
é fatigas, estando mucho apretado y de contino com-
batido con munchos pertrechos é artillerías, é cos-
treñido por mucha necesidad después de haber sei-
do luengamente cercado, entregó la cibdad al Maes-
ti-e, é fuese á la fortaleza de Fertejo que habia to-
mado por escala. La toma desta cibdad ensoberbe-
ció mucho al Maestre de Alcántara ; é d«sde allí fué
á tomar la cibdad de Badajoz, ques cerca del rio lla-
mado Guadiana, con las quales cibdades quiso su-
blimar y engrandecer sus hermanos , el uno llama-
do Gutierre, al qual entregó á Coria con título de
Conde , y al otro llamado Fernán Gómez puso en la
cibdad de Badajoz, cibdades obispados muy nobles
é antiguas é anejas á la Corona Real.
CAPITULO XXXVI.
De la muerte de Don Pedro Girón, Maestre de Calatrava, 6 del
gran milagro que nuestro Señor en ella demostró por la llustri-
sima Infanta Doña Isabel, é de la caída de Donjuán de Valen-
zuela. Prior de San Juan , é de la muerte de Francisco Esforza,
Duque de Milán, é de la victoria que en este .tiempo ovo el gran
Turco.
Don Pedro Girón , Maestre de Calatrava, no con-
tento de la gran dignidad é rentas que la fortuna
le avia administrado , pensó mucho más sublimar
su estado, para lo qual ovo dispensación del Santo
Padre para casarse , seyendo fray le profeso do la
Orden de San Benito, é ovo pensamiento de aver
por mugcr la Serenísima Infanta Doña Isabel, que
hoy es Reyna é Señora nuestra , lo qual creyó lige-
ramente pudiese acabar según la parte que en el
Rey Don Enrique tenia ; para lo qual determinó de
venir en la villa de Ocafia con tres mil lanzas, don-
del Rey Don Alonso é la Infanta Doña Isabel esta-
ban , con propósito de inclinar la voluntad de la In-
fanta á que quisiese casar con él, é quando de gra-
do no lo pluguiese, tomarla por fuerza; la qual
como fuese certificada del propósito con quel Maes-
tro venia é con grande aparato, no solamente de
guerra mas de Corte é con grandes aparejos para fa-
cer justas y torneos é todas las fiestas que se acos-
tumbraban facer en las bodas de los grandes prín-
cipes, la señora Infanta como desto fué muy turba-
da é triste, estuvo un dia y una noche las rodillas
por el suelo, muy devotamente rogando á nuestro
Señor que le pluguiese matar á él ó á ella, porqueste
casamiento no oviese efeto, é viniendo ansí el Maes-
tre muy sano é alegre, dando forma en las fiestas
que en sus bodas se avian de hacer, llegando á un
lugar que se llamaba Villa Rubia , cerca de Villa
Real, de súpito de la mano de Dios f ué f erido de
esquinencia de tal manera, que dentro de tres dias
fué muerto, quedando todos los suyos sanos , é no
menos los vecinos de aquel lugar; é ansí nuestro Se-
ñor quebrantó la elación é soberbia de aqueste ca-
ballero, en quanto los hombres deben tomar enxem-
plo para no querer subir en mas alto de quanto les
conviene por la sobervía é vana presunción, que las
mas veces derribaron á quier que las toma , como
sea por Dios desamado, por lo cual el ángel del cie-
lo cayó, é el hombre del paraíso fué echado, la torre
de Babilonia derribada, é Golias muerto. E allí el
Maestre repartió entre algunos de sus criados muy
gran parte de tesoros que consigo traía, é dexó el
cargo de sus hijos é la administración de sus bienes
á su hermano el Marqués Don Juan Pacheco. Aquí
parece dina cosa escrebirse un caso maravilloso
acaecido siete dias antes de la muerte del Maestre,
el qual fué que, como partiese de la villa de Porcu-
na para continar su viaje , fué á dormir á un casti-
llo llamado el Barrueco, que es de la cibdad de Jaén,
donde casi á hora de vísperas vido venir por el ca-
mino quel avia traído una muy gran muchedumbre
de cigüeñas, que era maravilla do las ver, viniendo
delante de todas una que las guiaba ; y llegando en-
40
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cima del castillo , allí estuvieron un gran rato fa-
ciendo tan gran ruido conlos picos, que era extraña
cosa de ver; é juntándose todas ficieron una redon-
dcza tan grande, que aunque facia sol muy claro,
el castillo escureció, poco menos que si fuera de no-
che ; de lo qual el Maestre fué mucho turbado é pre-
guntó á todos que qué les parecía de aquello , los
quales re«poudieron que no sabian qué decir, salvo
que nunca vieron semejante cosa, y el Maestre man-
dó que mirasen que camino seguían las cigüeñas, é
fallaron que llevaron el derecho camino que otro
dia el Maestre habia de llevar. B sabida por el Mar-
qués la muerte de su hermano, el Arzobispo de To-
ledo y el Marqués é con ellos D. Juan Tellez, fijo
mayor del Maestre , se partieron de gran priesa de
la villa de Arévalo, y el Arzobispo se fué á Yepes,
y el Marqués á Ubeda ; é desde allí dio forma como
las villas é fortalezas del Maestre de Calatrava se
entregasen á Don Rodrigo Girón , su sobrino ; y él
se partió para la villa de Almagro , donde fizo jun-
tar los Comendadores con los quales tovo tales for-
mas, que eligieron por Maestre al dicho Don Ro-
drigo, como quiera questa elecion fuese contra las
Ordenanzas de la Santa Orden de Calatrava, así por
la inhabilidad de su nacimiento como por la poque-
za de su edad. En este tiempo fué tomada la villa
de Sepúlvcdaque por el Rey Don Alonso estaba por
gente del Rey Don Enrique, en la entrada de la
qual murieron algunos del Marqués de Villena que
en ella estaban ; é ansí mismo pusieron cerco sobre
la cibdad de Ubeda el Condestable Don Miguel Lu-
cas é Don Juan de Valenzuela, Prior de San Juan
al socorro de la qual el Marqués de Villena ovo de
ir con trecientas lanzas; los quales como fueron cer-
tificados de la venida del Marqués, dexaron el arra-
bal que de Ubeda tenían tomado, é partiéronse para
Jaén; é levantado el cerco, en seguimiento dellos
fueron Dia Sánchez de Benavides é Gonzalo de Sa-
yavedra é Carabajal, los quales, como quisiesen pa-
sar el rio indiscretamente, el Prior de San Marcos
se afogó y el Prior de San Juan con seiscientos de
caballo é ochocientos peones se fué á la villa de An-
duxar, é en el camino ovo recuento con Don Fadri-
que Manrique, Hermano del Conde de Paredes, el
qual le quiso defender el paso de Guadalquevir,
donde ovo cntrellos cruel batalla en que murieron
muchos de ambas partes , pero al fin como fuese
mucha mas la gente del Prior de San Juan que los
de Don Fadrique , que de súpito acaesció que Don
Alonso de Aguilar que llegó allí, que quería pasar
á Ubeda con gran gente, como sintió la pelea de la
gente, socorrió muy prestamente á la parte de Don
Fadrique su tío, é no solamente lo delibró, mas des-
barató los enemigos , é mató é prendió dellos mas de
doscientos, é recobró la presa que de los arrabales
de Ubeda habían traído éde allí el Prior de San Juan
fué f uyendo con muy poca gente, andando de dia é
de noche, é con gran peligro pudo llegar al castillo
de Consuegra donde sostuvo grandes trabajos y
intolerables necesidades, fasta que ovo de dar la
fortaleza, quedando menospreciado de sus propios
vasallos. En el qual tiempo Don Juan Ponce de
León , Conde de Arco, cercó la cibdad de Cádiz , la
cual tomó hallándola muy vacía de gente por cau-
sa de la pestilencia que en ella habia. En este tiem-
po fué muerto Francisco Esforza, Duque de Milán,
estando seguro oyendo vísperas en la iglesia mayor
de aquella cibdad por un mal hombre, sin sabérsela
verdadera causa porque lo fizo, llegándose á él di-
ciendoque le quería fablar é le pasó una daga por el
cuerpo, deque súpitamente murió; y algunos decían
questo se fizo por quel Duque avia forzado uno her-
mana de aquel caballero; otros decían que porque
quitó á un hermano suyo una abadía que rentaba
dos mil ducados cada año. Como quiera quel Duque
se murió, como dicho es, é para lo poner en obra,
como dicho es , tuvo esta forma : que se conjuró
con otros dos, é todos tres llegaron mostrando que
querían facer reverencia al Duque, y el uno le pasó
tres ó quatro veces la daga por el cuerpo , é no se
pudo conocer qual dellos fuese , é los dos fueron
luego allí muertos , y el uno f uyó, é después se supo
queste que fuyó lo habia matado. E esto ansí pa-
sado, la Duquesa , como quiera que ovíese gran do-
lor de la muerte del marido , luego de súpito prove-
yó en lo que más le cumplía é se metió en la forta-
leza con el primogénito heredero é con los otros sus
fijos; é luego mandó pregonar por mandado del
unigénito que ninguno fuese osado á traer armas so
pena la vida, é que todos honrasen é acatasen á su
primogénito heredero en el lugar de su padre, el
qual desde aquella hora quitó todas las cesaciones
que su padre en aquella cibdad avía puesto , sola-
mente dexando para sí las rentas ordinarias que so-
lian levar los Duques de Milán , faciéndoles saber
que cualcsquier costas quel Duque debía ó injusta-
mente avia llevado , los mandaba luego en dinero
contado pagar, é quería que su hijo el nuevo Duque
se rigiese é fuese gobernado en tanto que fuese
mozo por consejo de nobles cibdadanos escogidos
por el pueblo ; é luego escribió á los ginovescs ro-
gándoles afectuosamente que quisiesen estar en la
fee que habían estado del Duque Francisco Esforza,
é después de su hijo Galeaso ; é tanta fué la virtud
de la Duquesa, que todas las cosas sosegó en tiempo
de tan dura é grave adversidad. En el qual tiempo
el gran Turco ovo una gran vitoria contra los Alba-
leses por la pereza é tloxedad é discordia do loe
Príncipes ; é para más sin temor natural, dizque los
que le dieron tenían en su casa fecha una estatua
del Duque, al qual llegaban á dalle de manera que
cuando vinieron al efeto le tenían ya perdido el
miedo, el qual fué dia deSant Esteban.
CAPÍTULO XXXVII.
De la Embaxada quel Santo Padre en estos Reynos envió por el
lloclor Misur Leonardo.
Grande ocasión dieron los Santos Padres de nues-
tro tiempo á las discordias é daños de los príncipes
cathólicos, los cuales, como supiesen los escándalos
é desifiaciones que entrellos pasaban , no con aquel
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS,
fervor é ardiente deseo de bien universal ponían los
remedios que los antiguos Padres Santos solian bus-
car é con gran diligencia poner, mas buscando sus
propios provechos, con desordinada codicia de los
Rey nos extraños, buscan nuevas ecesione8,y el Papa
Pablo de aquestos, mostrando que por dar libertad
al Arzobispo de Santiago, questaba oprimido por los
Grandes de Galicia, enviaba su embaxador Mister
Leonardo, varón grave y muy docto, el qual mas
para buscar provechos para el Santo Padre, que
por otra cosa, paresció venir en estos Reynos, é á
fin de conseguir su propósito mostraba por blandas
palabras , ansí á la parte del Rey Don Enrique como
á la del Rey Don Alonso, querer la concordia ; de
la venida del qual otro ningún provecho se siguió ;
é por trato del Arzobispo Don Alonso de Fonseca
en este tiempo se dio alguna suspensión en los ne-
gocios ; é si agora por estenso se oviese descrebir
las formas é tratos, é juntamientos de gentes, é cer-
cos de cibdades é villas é fortalezas que se ficieron
desde la sublimación del Rey Don Alonso fasta su
fallecimiento, mucho pasarían los términos de lo pro-
metido en el exercicio desta obra, é por esto todas las
otras cosas dexadas, solamente se fará esencion de
la batalla acaecida entre estos dos Reyes cerca de la
villa de Olmedo, é de las cosas más principales acae-
cidas fasta la muerte deste Rey Don Enrique.
CAPÍTULO XXXVIII.
i ' li la batalla qnc se ovo cerca de la villa de Olmedo entre los Re-
yes Don Enrique y Don Alonso.
En este tiempo Don Pedro de Velasco , primogé-
nito de Don Pedro Hernández de Velasco, Conde
de Haro, que hoy es Condestable , que algún tiem-
po habia seguido la parte del Roy Don Alonso, con
gran diligencia ayuntó todas las gentes que pudo
en Castilla la Vieja para venir en ayuda del Rey
Don Enrique, é ansi lo ñcieron Don Diego Hurtado
de Mendoza, Marqués de Santillana é sus hermanos
en la provincia de Toledo, é Don Beltran de la
Cueva, Duque de Alburquerque, é no menos el Rey
Don Enrique , dexada la pereza que solia tener , ni
perdonaba las despensas ni el trabajo ; é queriendo
aver venganza de las cosas pasadas, con toda soli-
citud se esforzaba de venir á poner el cerco sobre
el Rey Don Alonso su hermano , que en la villa de
Olmedo estaba ; de lo qual como el Rey Don Alon-
so fuese certificado , como quiera que le fallasen
principales ayudadores, determinó con consejo del
Arzobispo de Toledo, Don Alonso Carrillo, é de Don
Diego Hernández de Quiñones, Conde de Luna, de
dar la batalla con esa gente que tenia, si el Rey
Don Enrique á la villa de Olmedo se acercase ; é
para la venir ayudar estaba muy poco tiempo ; é
como el Marqués de Villena estoviese en la provin-
cia de Toledo empachado en diversas cosas , y el
Conde de Placencia y el Maestre de Alcántara es-
toviesen mucho lexos para poder al tiempo venir
é solamente el recurso quedaba en el Almirante
Don Fadrique y el Arzobispo de Sevilla, Don Alon-
41
so de Fonseca , nuevamente al Rey Don Alonso
reconciliados, y el Conde de Luna, Don Diego Fer-
nandez de Quiñones, que poca gente tenia, y el
Conde de Miranda, Don Diego de Estuñiga , que
traxo fasta ochenta lanzas ; é desde aquesta guerra
se conxuróel Arzobispo de Toledo nunca menos gen-
te haber tenido que entonces, no creyendo poder ve-
nir las cosas en el punto en questaban ; pero como
quiera que la gente quel Rey Don Alonso tenia era
muy poca en comparación de la mucha quel Rey
Don Enrique traia , pero habia en ellos hombres
muy nobles y estrenuos caballeros é muncho espe-
rimentados en las cosas de la guerra , que serian
todos en número ochocientos de caballo, en que
podia haber docientos hombres de armas, é la gen-
te del Rey Don Enrique serian mil é setecientos
de caballo é mil peones, en los quales habia ocho-
cientos hombres de armas, ó de la gente quel Rey
tenia falleciéronle el dia de la batalla bien decien-
tas lanzas de guisa é luego que le no quedaron seis-
cientas. Al qual tiempo se llegó Don Enrique En-
riquez, hijo del Almirante Don Fadrique , con do-
cientas lanzas, é ansi mesmo Fernando do Fonseca,
hermano del Arzobispo de Sevilla, con ciento é cin-
quenta de la Condesa de Bcnalcazar, hija del Con-
de de Placencia, é de algunos comarcanos que le vi-
nieron se compiló número de mil é trecientas lanzas,
en las quales todas podia haber quatrocientos hom-
bres de armas ; y el Rey Don Enrique con la gente
ya dicha partió de Tu déla con el propósito ya di-
cho, continuando su camino para Olmedo enten-
diendo que seguu la poca gente quel Rey Don Alon-
so tenia, le convenia estar dentro de los muros de
Olmedo, ó locamente pelear, ó facer deshonesto
partido , ca entrellos no se f acia mención de la ba-
talla, creyendo que los del Rey Don Alonso no la
osarían dar , é que si el Arzobispo locamente darla
quisiese, muy por cierta temían la vitoria ; é vinien-
do ansí por el camino, cometieron de tomar la for-
taleza de Yecar, ques del Conde de Miranda, é no la
pudieron aver ; ó como ya llegasen quatro ó dos le-
guas de Olmedo. Como Don García de Padilla, cla-
vero de Calatrava, que hoy es Maestre, fuese muy
noble y esforzado caballero y estuviese en el cam-
po con fasta cinquenta de caballo por mandado
del Rey Don Alonso para ver la ordenanza quel
Rey Don Enrique traia, visto por él la gente, lo fizo
luego saber al Arzobispo de Toledo é como el Du-
que Don Beltran de la Cueva un escudero de la com-
pañía del clavero quel mucho conocía, dándole se-
guro, le rogó que quisiese fablar con él, el qual to-
mando letras del clavero se llegó á la f abla , y el
Duque le preguntó si crcia que la gente de Olmedo
osase pelear con la que allí venia , y él le respondió
que no solamente lo creía , mas era cierto que si á
la villa de Olmedo se acercaban la batalla no se po-
dría escusar ; de lo qual el Duque riéndose tornó á
decir si aquello que decia lo avia por cierto ; el cual
lo tornó afirmar, y el Duque le dixo que si ansi fue-
se él se ofrecía de le dar cinquenta mil maravedís de
juro, el qual teniéndogelo en merced lo aceutó , é á
42
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ruego del Duque estovo allí fasta que todas las ba-
tallas del Roy Don Enrique parecieron, lo qual el
Duque quiso facer, porque vista la muchedumbre
de la gente que venia, lo dixese á los de Olmedo
para les facer temer ; el qual mensagero se vino
para Olmedo é dixo al Rey Don Alonso é al Arzo-
bispo todo lo pasado, é ávido su consejo , se deter-
minó quel Rey Don Alfonso otro dia muy de ma-
ñana saliese con sus gentes á dar batalla á los que
acercarlos querian. E dende á poco el Rey Don
Alonso fué certificado que los enemigos estaban
cerca ; ó luego el Arzobispo de Toledo salió al
campo ó ordenó su batalla ; é aunque el Rey Don
Alonso era mozo, armóse de todo arnés é salió al
campo, encima de su caballo encubertado, é con
61 el Conde de Miranda, hermano del Conde do
Placencia, y el Obispo de Coria y otros algunos
de los continos, los quales todos se pusieron de-
lante del Monesterio de Santo Domingo , que es
cerca de la villa de Olmedo, y el Rey Don En-
rique se apartó de sus batallas é con fasta trein-
ta de los que mas queria seguirle ; é llamó á Mo-
sen Pieres de Peralta , caballero navarro que de
aventura era allí venido por negociar con él, que
era ávido por muy estrenuo é mucho esperimentado
en cosas de guerra, al qual rogó quisiese ordenar
BUS batallas, las qualea él ordenó en cinco ; en la
primera puso al Coronel Juan Fernandez Galindo,
con trecientos de caballo ; é después del al Marqués
de Santillaua con dos esquadras de gente , la una
do cien hombres de armas, é la otra de ciento
de ginetes; é cerca dél venia Don Beltran de
la Cueva con cient hombres de armas é ciento cin-
quenta ginetes ; é cerca deste venían hasta mil
peones é con ellos cinquenta de caballo ; é luego
venia Don Pero de Velasco con docientos ginetes é
quatrocientos hombres de armas; é como el Rey
Don Enrique viese las batallas del Rey Don Alon-
so con tan poca gente, maravillóse mucho del Ar-
zobispo de Toledo osar pelear con tanta muche-
dumbre do gente quanta él traia, lo qual ninguno
de los que allí venían podían hacer. El Rey Don
Enrique determinó que antes que la batalla se die-
se, fuese enviado mensagero al Arzobispo de Tole-
do, el qual fué un religioso de la Orden de la
Trenidad, acompañado de un trompeta, el qual lle-
gó al Arzobispo é lo dixo que el Rey Don Enrique
le enviaba decir quisiese no empachar su camino,
quél quería seguir para la villa de Medina del Cam-
po BÍn intención de haber batalla ; al qual el Arzo-
bispo respondió que dixese á Don Enrique que otros
munchos caminos pudiera tomar si quisiera para ir
¿Medina, sin acercarse tanto á Olmedo, sin perjuicio
ni ofensa del Rey Don Alfonso ; pero como parecía
questo á sabiendas se facía por ir á vista de los dos
exércítos donde vergüenza ó batalla se siguiese, é
como escusarlale fuese mejor, debía desde allí tomar
otro camino porque por allí no podía pasar sin la ba-
talla, la qual en las manos tenía. E luego el Arzo-
bispo, ordenadas sus batallas, puso sobre sí su cota
de armas é un estola colorada con cruces blancas,
en el contrario de lo qual los enemigos traían ; é ya
las batallas de los enemigos, cercándose muncho,
las del Rey Don Alonso se pusieron á encontrallo,
do las quales la primera llevaba Don Enrique En-
riquez, hijo del Almirante Don Fadrique, con do-
cientos é cinquenta de caballos suyos é del Conde
de Luna, para pelear con la primera batalla ; é co-
mo quiera quel Conde de Luna estaba muy mal de
una vieja f erída que en la pierna tenia, no dexó de
entrar en la batalla contra el querer del Rey, en la
qual fizo su deber como muy buen caballero, é lue-
go Don Garcia de Padilla, clavero do Calatrava
con docientos de á caballo, é cerca dél Fernando de
Fonseca, hermano del Arzobispo de Sevilla con
ciento é cinquenta de caballo para pelear con el
Marqués de Santíllana é con el Obispo de Calahorra
é con los otros sus hermanos, los quales tenían el á
la siniestra del Rey Don Enrique. Contra la batalla
de Don Pedro de Velasco que mas fuerza traía, se
puso la batalla del Arzobispo de Toledo con ciento
é veinte hombres de armas é docientos é quarenta
ginetes, los quales iban debaxo del pendón real, é
cerca dellos iban ciento é cinquenta hombres de
armas é docientos é quarenta ginetes del Conde de
Placencia y de su hija la Condesa de Benalcazar,
viuda, los quales gobernaba Pero de Ontiveros. E
como súpitamente Don Pedro de Velasco con gran
ímpetu mudase la orden de su batalla porquel sol
dañase á los enemigos, el Arzobispo de súpito pro-
veyó de manera que aquello no hobiese lugar , é
Don Enrique, hijo del Almirante é Fernando de
Fonseca, con tan grande animo firió en los enemigos
que fué cosa maravillosa, los quales pelearon con
el Duque de Alburquerque, el qual se ovo muy va-
lientemente en la batalla, é con él algunos nobles
que en su compañía venían, é con todo eso se vido
en tan gran peligro , que oviera de ser muerto ó
preso , é salvóse por la bondad de su caballo , que
como llevase las riendas cortadas ó llevase cubier-
tos el cuello é testera, salvó á su Señor metiéndolo
entre su gente ; é Don Enrique é Fernando de Fon-
seca, hermano del Arzobispo , peleaban como muy
valientes caballeros ; en la qual batalla Fernando
de Fonseca fué f erido de dos f cridas muy grandes,
é dende á siete días que fué la batalla murió , é con
todo ese nunca dexó de pelear ; el qual siempre en
la batalla fué acompañado de dos escuderos suyos
que al fin fueron allí muertos. El Arzobispo de To-
ledo con animoso corazón esforzaba sus gentes é pe-
leaba como caballero muncho esforzado ; é como
quiera quel brazo izquierdo le fuese pasado de un
encuentro de lanza, nunca por eso dexó de pelear de
tal manera , que munchos de los que poco ante pen-
saban ser vencedores iban fuyendopor esos campos;
otros fallaban resistencia é desamparaban las ban-
deras , é Don Enrique Enríquez é Pero de Fontive-
ros siguieron muncho el alcance de los que ansí
f uian ; é como ya se volviesen cansados , recon-
traron con alguna gente de los enemigos que ha-
bían f uído y estaban muncho apartados de donde
se fuian, é allí fueron presos. En tanto el Arzobis*
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
43
po de Toledo peleaba con gran vigor en medio de
las batallas de los enemigos, contra el qual peleaba
Don Pedro de Velasco como caballero muy esfor-
zado , ó los que primero rompieron en el lado iz-
quierdo de la batalla de Don Pedro de Velasco fue-
ron Girónimo de Baldevieso é Bartholomé Malaver
ó Alonso Cano, que iban hombres de armas, é por
enxeniplo de aquellos munchos otros entraron sin
temor é desbarataron aquella ala de Don Pedro de
Velasco é los mas de aquellos se socorrieron á las
batallas del Marqués de Santillana é del Duque Don
Beltran. E paresciendo á los del Roy Don Alonso
que oviesen la vitoria no mirando quanta gente en-
tera quedaba debaxo do la bandera de Don Pedro
de Velasco, que era la mayor fuerza quel Rey Don
Enrique tenia, comenzaron á robar, y en diversas
partes diversa fortuna seguía á los unos é á los
otros, porque algunas partes parecieron vencedores
los del Rey Don Enrique y en otras los del Rey Don
Alonso; ansí fueron tomadas diversas banderas asi
de los unos como de los otros ; que por la parte del
Rey Don Enrique fué tomada la bandera del Arzo-
bispo de Sevilla, en tanto que su hermano Fernan-
do do Fonseca siguió el alcance de los adversarios
que iban huyendo, é fué tomada la bandera del
Clavero de Calatrava é las banderas del Conde de
Placencia é su hija la Condesa de Benalcazar. Por
la parte del Rey Don Alfonso fueron tomadas siete
banderas, en las quales fué la de Don Pedro de Ve-
lasco, é dos banderas del Marqués de Santillana, é
otras dos del Duque Don Beltran, é un pendón real
del Rey Don Enrique , que venia metido en una
arca. Así fué tan dudosa esta vitoria, que no es
quien pudiese verdaderamente juzgar qual de las
partes enteramente la oviese ávido ; é duró esta ba-
talla por espacio de tres horas, é por maravilla se
halla aver acaescido batalla de la manera que aques-
ta ; la suma de la verdad es que como el Rey Don
Enrique en el comienzo de la batalla viese los su-
yos huir con fasta quarenta de á caballo, se fué á
mas andar á una aldea que se llama Pozaldes, ques
á legua y media de Olmedo , é allí esperó donde
ovo diversos mensajeros que diversas nuevas le
traían de lo que en la batallase facia, ó muy gran
parte de la gente del Rey Don Enrique fuyó, de la
qual unos fueron á la villa de Cuellar, é otros á Va-
lladolid é á Simancas ; é de los que mas firmes de
su parte estuvieron fueron los de Don Pedro de
Velasco é del Duque Don Beltran , é de los de la
parte del Rey Don Alonso fuyó casi la tercera
parto, é otro tanto se ocupó en el robo, en que poca
honra ganaron, é la otra tercia parte peleó valien-
temente como en ella quedasen munchos hombres
hijosdalgo é buenos. De los de la parte del Rey
Don Enrique quedaron muertos en el campo qua-
renta, é de los del Rey Don Alonso ciento, é de amas
partes murieron docientos é ochenta caballos, é mun-
chos otros murieron después, ansí de la una parte
como de la otra, de los que fueron feridos en esta
batalla, en la qual de la parte del Rey Don Alonso
fueron presos sesenta, c de los del Rey Don Enri-
que docientos é quarenta, entre los quales fué preso
Arnao de Solier, hermano de Juan de Velasco , va-
ron noble y muy esforzado que en esta batalla muy
valientemente se ovo. El Arzobispo de Toledo nun-
ca dexó de pelear aunque estaba muncho ferido, fas-
ta que en el campo no fallaron con quien, é ansí
estovo fasta la noche ser tenebrosa. E los que mas
valientemente se ovieron en esta batalla de la par-
to del Rey Don Enrique , fueron Don Pedro de Ve-
lasco é munchos do los suyos, y el Duque Don Bel-
tran y gran parte de los suyos, y el Marqués de
Santillana, y el Obispo de Calahorra é algunos de
los suyos, é Juan Fernandez Galindo, é Martin Ga-
lindo, su hijo, é Barrasa, hijo de Barrasa el viejo, é
munchos otros cuyes nombres no se saben, E los
que de la parte del Rey Don Alonso mas valiente-
mente se ovieron fueron el Arzobispo de Toledo, é
Don Enrique Enriquez, hijo del Almirante Don Fa-
I drique. Mayordomo mayor que fué después del Rey
; Don Fernando de Castilla y de Aragón, en cuya he-
I rencia sucedió el Conde de Alba de Liste, su nieto
i y Don Enrique , hermano del Conde que vive en
I Baeza, y el Conde de Luna, é García de Padilla.
Clavero de Calatrava, é Fernando de Fonseca, her-
I mano del Arzobispo de Sevilla, y Troyllos Carrillo,
■ el Conde de Ri vadeo, Juan de Vivero é Pero do
Fontiveros, Girónimo de Valdevieso é Bartholomé
I de Malaver , é Marchena é Carriaso. E ya pasa-
I da alguna parte de la noche, el Arzobispo de To-
ledo se fué para el Rey Don Alonso, al qual halló
donde lo había dexado; é recogida toda la gente
antes quel Rey entrase en la villa , guardando la
orden que en las batallas se suele tener, el Rey Don
Alonso mandó facer muy grandes fuegos en el cam-
po é se pregonó la vitoria ávida por él , é las bande-
ras que por su parte fueron tomadas fueron colga-
das en la plaza de Olmedo, en señal de la vitoria
ávida por él de su adversario, y el Rey Don Enri-
que escribió á munchas cibdades é villas destos
Reynos faciéndoles saber como había peleado en
campo con su adversario é avía ávido la vitoria del.
La fama desta batalla voló por diversas partes, de
lo qual cada uno hablaba según el partido que se-
guía ; é como el Rey Don Enrique oviese visto ir las
cosas en otra manera quél pensaba, envió á gran
priesa á llamar á todos aquellos de quien creía ser
servido é ayudado, y entre aquellos se vinieron pa-
ra él todos los que de la batalla de su parte habían
huido , é luego se comenzó por diversas partes des-
tos Reynos la guerra de que grandes daños en él se
siguieron, é la cibdad de Segovia se tomó por el Rey
Don Alonso, de que gran caimiento se siguió al
Rey Don Enrique; la qual tomada, creció tanto el
partido del Rey Don Alonso , que se juntaron con
él cerca de seis mil lanzas, é á gran pena quedaron
con el Rey Don Enrique dos mil, el qual, mengua-
do de con^sejo, determinó de se ir para Coca , don-
del Arzobispo de Sevilla estaba, al qual encomendó
todos sus hechos, dexándolos á su arbitrio é volun-
tad, é para certidumbre desto le dio en prendas la
hija de la Reyna quel suya llamaba ; é los Grandes
44
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
(jiie al Rey Dou Enrique siguian determinaron de
Btí ir á BUS tierras. El Marqués de Santillana é sus
hermanos so fueron á Guadalaxara, y el Conde de
Trevifio á Najara, é ansí lo ficieron todos los otros
movidos ; é se determinó que para dar alguna con-
cordia entre estos Reyes , el Rey Don Enrique vi-
niese al Alcázar de Segovia que por él estaba , con
seguro é voluntad del Rey Don Alonso que en Se-
govia estaba , el qual vino allí y entró en el Alcá-
zar solamente con cinco de muías, dexando de fue-
ra toda la gente de caballo que traia , de la qual ve-
nida, como fué certificado el Rey Don Alonso, ca-
balgó é andovo por toda la cibdad faciendo á todos
saber como la venida de su hermano en el Alcázar
era por su consentimiento, y en el dia siguiente se
acordó que se diese el hábito é los pendones del
Maestre de Santiago á Don Juan Pacheco, Marqués
de Villena, lo qual se puso ansí en obra en la Igle-
sia mayor de aquella cibdad, donde los mesmos au-
tos é cerimonias avian seido fechas "tres años aviaá
Don Beltran de la Cueva por Maestre de Santiago,
é allí los electores del Maestrazgo é los otros co-
mendadores besaron la mano á Don Juan Pacheco
por Maestre de Santiago , é le fué tomado el jura-
mento é pleito homenage acostumbrado ; en el qual
tiempo se acordó que la Reyna saliese del Alcázar é
viniese á la Iglesia mayor , donde le esperaban los
Maestres de Santiago é Alcántara, é los Condes de
Placencia, é de Alba de Tormes, é Don Enrique En-
riquez, Conde de Alba de Liste, é Don Alonso Enri-
quez , primogénito del Almirante Don Fadrique, y
el Condestable Don Rodrigo Manrique, y el Conde
de Cif uentes , é Gómez Manrique , é García Manri-
que, hermanos del Condestable, é juntos todos estos,
el Rey Don Enrique les dixo que notorio era á to-
dos ellos quantas turbaciones é daños é males eran
venidos en los Reynos de Castilla é de León des-
pués que los Grandes dellos , ansí prelados como
caballeros, é todos los otros eran divisos é por ar-
mas contendían si el cetro Real destos Reynos per-
tenecía á él ó á Don Alonso su hermano que por
alguno dellos había sido sublimado en estado real,
como á ellos fuese notorio estos Reynos él oviese
ávido por derecho hereditario, después de falleci-
miento del Señor Rey Don Juan su padre, é los
oviese poseído pacíficamente algún tiempo por vo-
luntad de todos, ninguno discrepante, é la dispe-
rencia mostraba cuanto mas cada dia los daños se
acrecentaban , si por el camino comenzado oviesen
de proseguir , lo (jual él todo deseaba mucho escu-
sar, é con todas sus fuerzas le placía buscar la paz
é fuir toda discordia é rigor, é por eso, dexado todo
su exército con poca gente , avia ido á la villa de
Coca, é de allí era vuelto en el Alcázar de Segovia,
donde las partes estaban, é á él placía no refusar
ninguna condición por venir á la paz aviendo con-
fianza en los homenajes ó juramentos pasados en-
trellos, é su honor é libertad é fortuna é todo lo en-
comendaba al arbitrio dellos, é si en otra manera,
según la calidad de los negocios, á la sospecha se
diese lugar, mucho dañosa sería la tardanza, é por
causa suya no quedaría do venir á toda honesta
compusicion , rogándoles en esto ningún engaño ni
tardanza oviese. Estas cosas dichas por el Rey Don
Enrique , todos los de la parte del Rey Don Alonso
se apartaron é ovieron consejo con sí en lo que de-
bían responder, como quien seria el que por todos
respondiese ; é fué dado el cargo de la respuesta al
Condestable de Castilla Don Rodrigo Manrique, no
solamente por ser un caballero anciano é muy gra-
cioso y esforzado , mas por ser muy discreto y elo-
cuente ; el qual en el exordio de su f abla loó mu-
cho las cosas dichas por el Rey Don Enrique , que-
riendo después de tantas sospechas dar vía ó lugar
ala paz; é descurriendo por su fabla, comenzó á
increpar á cualesquiera que habían comenzado la
guerra , é diciendo que si el Don Alonso era su-
blimado, é ávido por Rey, avia sido por justas é
verdaderas causas , las quales por todos eran clara-
mente conocidas, á lo qual facer la debida lealtad
de suditos les obligaba, é aquella mesma les costre-
ñia siempre á sostener su honor é guardar su servi-
cio , como las leyes destos Reynos le disponían é
mandaban. Estas cosas así dichas por el Condesta-
ble, comenzóse á entender en lo que se debía dis-
poner del Alcázar de Segovia, é concluyóse quel
Rey Don Enrique alzase el pleito homenaje á Pe-
rucho, Alcayde de aquel Alcázar, é lo diese al Maes-
tre de Santiago, é diese á Perucho, Alcayde , el Al-
cázar de Madrid ; é Perucho como temiese las cosas
de la concordia é no llevar fundamento de verdad,
requirió al Rey que no entregase aquel Alcázar á
ningún caballero. El Rey , teniendo en poco el re-
querimiento de Perucho , entrególo á Don Juan Pa-
checo, Maestre de Santiago, y el Rey Don Enrique
se fué á Madrid. Como todos los negocios estaban
en gran peso é avian de verse en ellos munchas co-
sas , acordaron de dexar por entonces la determina-
ción dellas , é por todos se acordó que dexasen en
depósito , en poder del Conde de Placencia é del Ar-
zobispo de Sevilla, todas las joyas de gran precio en
el Alcázar de Madrid , donde quedase Pero de Fon-
tíveros, é un hermano de Perucho , y el Rey dio á
Pero de Fontiveros , en nombre del Conde de Pla-
cencia muchas joyas que se avían prometido. En
este tiempo el común de la cibdad de Toledo envió
á suplicar al Rey Don Alonso por sus mensajeros
que le pluguiese aprobar todas las cosas que en
aquella cibdad eran fechas contra los conversos, ó
hiciese merced á los que poseían sus bienes é oficios
que libremente los poseyesen ; á los quales el Rey
respondió que no pluguiese á Dios quél aprobase
petición tan injusta é tan inicua, que su intincion
no era agi-aviar á ninguno ni tomar á persona lo su-
yo sin justas causas, siendo los tales oídos; é díxo
al Alcayde Fernán Sánchez Calderón, que era el
principal mensajero: «Bachiller, mucho soy ma-
ravillado de vos, por ser hombre de letras de buena
fama é acetar tan iaf:une é deshonesta embaxada,
suplicándome que yo diese autoridad á los malos,
no solamente aprobando su maldad , mas que se les
diesen las f aciendas de los robados. » El qual res-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
45
pondió al Rey : que no pluguiese á Dios quél oviesé
tomado aquel cargo , salvo por haber lugar de ma-
nifestar á su eselencia las maldades fechas por
aquellos malvados robadores, los quales afirmaban
que si lo por ellos demandado no les otorgaban,
que darian la obidencia al Rey Don Enrique, al qual
el Rey respondió : «fagan lo que quisieren, según
su maldad, tanto que no sea á cargo mió ; é yo co-
mo á malos los entiendo de castigar que no es mi
voluntad de facer mercedes á los malf echores ; asaz
les debe bastar que las cosas tan mal fechas por
ellos pasen so disimulación por la tribulación del
tiempo; mas que las cosas nefandas é aborrecidas
yo haya de confirmar, deshonesta é torpe cosa se-
ria. » Estas cosas ansí pasadas, el Rey se partió pa-
ra Arévalo y llevó consigo la Illustrísima Princesa
BU hermana, la qual dende pocos dias llevó ú la vi-
lla de Medina del Campo , á la qual dio la posesión
della con todas las rentas que le pertenecían ; y en
comienzo del año de mil é quatrocientos é sesenta
y ocho años se comenzaron á romper las cosas en
Segovia asentadas é ordenadas; é la Reyna Doña
Juana se fué á Alahejos con el Arzobispo de Sevi-
lla, y el Rey Don Enrique se partió para Placencia,
é los Maestres de Santiago é Alcántara, é los Condes
de Placencia, é de Alba de Termes, é de Alba de Lis-
te se juntaron en Peñaranda ; é como en el ayunta-
miento se apuntasen munchas cosas en perjuicio del
Rej' Don Alonso, el Obispo de Coria Don Iñigo Man-
rique , varón muy noble é muy entero defensor del
bien destos Reynos, sabiamente é sin temor fizo
protestación en nombre del Arzobispo de Toledo ó
del Almirante Don Fadrique, su tio, ó del Condes-
table Don Rodrigo Manrique, su hermano, é de los
tres Estados de los Reynos de Castilla é de León
que no consintió ni consintia en cosa alguna de lo
que allí era acordado, lo qual, si ansí oviere de pa-
sar, sería en gran daño é perdimiento destos Rey-
nos é del verdadero poseedor del cetro , de los que
era el Rey Don Alonso ; y ansí discordes se partie-
ron, y el Rey Don Enrique se fué para Guadalupe,
el Arzobispo de Sevilla para Alahejos, y el Maestre
de Santiago y el Obispo de Coria se volvieron á
Arévalo para el Rey Don Alonso , donde acaso un
día antes del alba , yendo el Rey Don Enrique de
Santijusti para Olmedo, topó con el Obispo de Co-
ria Don Iñigo Manrique, donde pensaron los que
con el Rey iban que lo mandara matar ó prender,
antes le trató bien é le dixo: «Tío, ¿dónde is? — A
tal parte.— Anda con Dios.»— Y á los del Rey pesó
por no prenderlo.
CAPÍTULO XXXIX.
De la muerte de la Ilustrísima Reyna Doña Juana, muger del
Rey Don Juan de Aragón.
En este tiempo falleció en la cíbdad de Tarrago-
na la Illustrísima Reyna Doña Juana , hija del Al-
mirante Don Fadrique, muger del preclarísimo Rey
Don Juan de Aragón , siendo presente el Rey su
marido, el qual había tres años que era privado de
la vista por grandes cataratas que se le habían fe-
cho ; é como el Rey tuviese muy gran corazón , tra-
bajaba con maestros que del curaban que se quita-
sen las cataratas con fierro, lo qual la Reyna como
soberanamente lo amase , diferia de dia en día , te-
miendo que del dolor en las quitar, le podría ocuiTÍr
otro mayor daño ó peligro , de lo qual tan gran cui-
dado la Reyna tenía. Ansí con el enojo del trabajo
del Rey, como de no poder remediar en lo que tanto
deseaba, le vino callentura , de tal manera, que en
trece dias del mes de Febrero del dicho año la Illus-
trísima Reyna partió desta vida en edad floreciente,
después de aver recebido todos los sacramentos con
muy gran reverencia é contrición, fablando muy
cathólicamente, en consolación del aflexido señor é
marido, sin aver memoria de cosa alguna de las
temporales, de donde se cree según sus virtudes é la
forma que en su vivir tovo é la muerte gloriosa
que ovo , ser cibdadana en aquella soberana cibdad
á que todos sospiramos ; para lo qual creer, allende
de lo dicho, se afirma por hombres muy dinos de
fée que en el punto que la Reyna espiró tan suave
olor procedió de su cuerpo, que sobraba á todos los
olores naturales, de que todos los presentes se ma-
ravillaron é ovieron por muy bien aventurado su
fallecimiento. Difícile cosa sería de contar, é mim-
cho mas de creer, con la paciencia quel Serenísimo
Rey comportó tan gran pérdida en edad tan decré-
pita como la suya ; é luego quiso esperimentar si se-
ria cierta la espirencia de poder recobrar lu vista
que por los físicos se afirmaba; á lo qual, ayudante
nuestro Señor, las cataratas le fueron quitadas é la
vista le fué retornada en tal manera, que conocía á
quien quiera, é afirmaba su nombre tan bien como
en el tiempo que cataratas no tenía.
CAPÍTULO XL.
De la dolorosa muerte del inocente Rey Don Alonso el onceno de
este nombre en Castilla y en León.
Como en este tiempo en la villa de Arévalo, do el
Rey Don Alonso estaba muriesen de pestilencia,
acordóse que dende se partiese, é partió de Arévalo
postrimero día de Junio , y llegó á Cardeñosa, qua-
si á dos leguas de Avila , é con él la Serenísima
Princesa Doña Isabel, su hermana ; é como se asen-
tase á comer, entre los otros manjares f uéle traída
una trucha en pan, quél de buena voluntad comia;
é comió della aunque poco, y luego en punto le to-
mó un sueño pesado contra su costumbre, é fuese á
acostar en su cama sin fablar palabra á persona, é
durmió allí fasta otro día á hora de tercia , lo qual
no solía acostumbrar ; é llegaron á él los de su cá-
mara, é tentaron sus manos é cuerpo, é no le falla-
ron callentura, é como no despertaba, comenzaron á
dar voces, y él no respondió, é al clamor é grandes
voces que daban, el Arzobispo de Toledo y el Maes-
tre de Santiago y el Obispo de Coria con la Señora
Princesa vinieron, á los quales ninguna cosa habló,
é tocaron todos sus miembros, é no le fallaron lan-
dre ; é venido el físico á gran priesa, lo mandó san-
46 CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA
giar, ó ninguna sangre le salió ; é finchóse la len-
gua, é la boca bc le paró negra , é ninguna señal de
pestilencia en él pareció ; é así desesperados de la
vida del Rey los que muncho le amaban , mengua-
dos de consejo daban muy grandes voces, suplican-
do á nuestro Señor por la vida del Rey : unos f a-
cian voto de entrar en religión ; otros de ir á muy
largas romerías ; otros facian diversas promesas, é
sin ningún remedio el inocente Rey dio el espíritu
á aquel que lo crió, en el quinto día del mes de Ju-
lio del año de nuestro Redentor de milé quatrocien-
tos é sesenta é ocho años ; lo qual más se cree ser
yerbas que otra cosa , porque , aunque era de poca
edad, parecíales á los principales que con él esta-
ban que seria nitás recio en la gobernación que su
hermano, y como personas questaban mostrados á
sujuzgar á su hermano, quisieron despachar á esto-
tro por tornarse al otro , el qual dicen que munchas
veces se oviera ido á su hermano si no le ovieran
puesto guardas. Vivió este Rey Don Alonso catorce
años é seis meses é seis dias ; reynó desdel dia de
la sublimación suya tres años é un mes. Tan gran-
de fué el dolor que todos de su muerte ovieron, que
sobró á todos los dolores que por muertes de Prín-
cipes se suelen facer, y esa noche de la muerte su-
ya el Obispo de Coria con los criados del Rey é con
iofe suyos se fué á Arévalo con el cuerpo suyo , el
qual fué sepultado en el Monesterio de San Fran-
cisco fuera de los muros de aquella villa. Afírmase
por munchos que en la mesma hora quel lUustrísi-
mo Rey Don Alonso desta vida partió , murieron
rnunchos de diversas enfermedades por algunos lu-
gares de las cibdades de Avila é Segovia, los quales
revelaron á la hora de su muerte su fallecimiento é
su eterna felicidad, mayormente los niños, los qua-
les dixeron aver de ir á la gloria en compañía del
Rey Don Alonso, el qual aquella hora daba el espí-
ritu á Dios. El Arzobispo de Toledo y el Maestre de
Santiago partieron luego con la Serenísima Prince-
sa Doña Isabel , legitima heredera destos Reynos
para la cibdad de Avila, donde fué requerida por
munchos do los Grandes que luego se llamase Rey-
na de Castilla é de León é tomase la gobernación
dellos, pues de derecho le pertenecía; el qual re.
quirimiento le fué ansí mismo fecho por todas las
cibdades é villas que al Rey Don Alonso obedecían^
pues Don Enrique su liermano por sus deméritos
avia perdido el cetro Real ; á ios quales la Illustrísi-
ma Princesa respondió que, pues á nuestro Señor
avia placido llevar desta vida al Rey Don Alonso
su liermano, que tanto viviese el Rey Don Enrique,
ella no tomaría la gobernación, ni se llamaría Rey-
na, mas procuraría con todas sus fuerzas como el
Rey Don Enrique viviese c gobernase mejor estos
Reynos que lo había fecho en el tiempo que pacífi-
camente los poseía. De donde se pudo bien conocer
quanto fué grande la virtud desta preclarísima
Princesa ; en lo qual á todos dio tierta esperanza de
ser tal que después en todo se ha mostrado.
CAPÍTULO XLl.
De la variable torbacion en que fueron puestos los tres estados
destos Kcynos después de la muerte del Rey Don Alonso.
La dolorosa é acelerada muerte del Rey Don
Alonso debe ser asaz cierta prueba á todos los mor-
tales de la vana é poca firmeza de las cosas deste
mundo y de las cosas del nuestro Rey Don Alonso/
Como dicho es, los tres estados destos Reynos fue-
ron puestos en tan variable turbación, que los unos
quedaron como atónitos, y los otros como triunfan-
tes é vencedores, é los neutrales no menos ansiosos
é tristes que los primeros , creyendo quedar so la
única é dura gobernación del Rey Don Enrique, á
los quales sola una esperanza quedaba ; esta era,
que como conociesen á la Ilustrísima Princesa Do-
ña Isabel, su verdadera heredera destos Reynos, en
quien ya iban conociendo muy grandes virtudes en
tan tierna edad, creían que iría á tomar la corona é
gobernación dellos, pues de derecho le pertenecían,
la qual como después de la muerte del Rey Don
Alonso se fuese á la cibdad de Avila, desde allí es-
cribió á todas las cibdades y villas destos Reynos,
faciendo saber el fallecimiento del Rey Don Alon-
so su hermano, trayéndoles á la memoria la lealtad
que les obligaba á que la oviesen por legítima su-
cesora en estos Reynos y señoríos ; la qual fué allí
requerida, no solamente por muchos de los Gran-
des dellos, mas por las mas cibdades é villas que al
Rey Don Alonso obedecían, que tomase la gober-
nación y título de Reyna pues le pertenecía como
á verdadera heredera del Rey Don Alonso su her-
mano ; á lo qual la Serenísima Princesa respondió
que nunca pluguiese á Dios que viviendo su herma-
no el Roy Don Enrique, ella tomase la gobernación
ni título de Reyna de Castilla ; y lo que entendía de
facer seria que trabajaría con su hermano quanto á
ella posible fuese porque tuviese otra forma en la
gobernación destos Reynos que fasta allí había te-
nido, y como quiera que desto fué muchas veces
requerida, nanea le pudieron de su propósito mu-
dar.
CAPÍTULO XLII.
De la variedad de consejos que entre los Grandes ovo para dar
orden en la gobernación destos Ucynos, é de como se de-
terminó que la Princesa Doña Isabel se viese con el Rey Don
Enrique, é de las cosas que se asentaron cerca de los toros de
Guisando; é de como la Princesa Doña Isabel fué allí jurada
por el Rey Don Enrique y por todos los Grandes y Procurado-
res de Cortes por legítima heredera y sucesora en estos
Reynos.
Como el Rey Don Enrique fuese gobernado é no
gobernador, avia gran turbación en las cosas des-
tos Reynos é óvose de dar forma que la Princesa,
juntos los Grandes dellos, se oviese de ver con el
Rey Don Enrique, á la qual vista el Arzobispo de
Toledo no daba consentimiento , conociendo la
poca firmeza que en el Rey Don Enrique avia ; é á
la fin el Maestre de Santiago Don Juan Pacheco,
MEMOUTAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
47
tanto ovo de trabajar, que la vista se concluyó, pa-
ra la qual se acordó que la Princesa partiese del
monesterio de monjas ques fuera de la cibdad de
Avila y se fuese á la villa de Zebreros , lugar llano
de la dicha cibdad , donde la Princesa se detuvo al-
gunos dias, y con ella el Arzobispo de Toledo con
docientas lanzas en su guarda , é los Obispos de
Burgos é Coria , en tanto quel Maestre de Santiago
era ido á se ver con los Condes de Plasencia é Be-
navente é con el Arzobispo de Sevilla , los quales
todos acordaron que la Princesa se viese con el Rey
Don Enrique su hermano en la villa de Cadahalso.
E las cosas estando en este estado y el Arzobispo
teniendo gran sospecha desta vista, de súpito llegó
tanta gente del Rey Don Enrique en torno de la
villa, que la cercaron toda en torno , de lo qual el
Arzobispo ovo muy gran turbación, é pensó que to-
dos loa que estaban en aquella villa serian presos ó
muertos ;é no sabiendo darse remedio, recurrió al
consejo de la Princesa ; la qual , como quiera que
mucho se maravillase de aquella novedad é dello
toviese gran desplacer, rogó afectuosamente al Ar-
zobispo que en aquel caso no atentase fuida ni otra
cosa siguiese , salvo lo quel Maestre ordenase , el
qual creia que todas las cosas traerían al fin que de-
seaban, paralo qual convenia disimular el miedo, é
ir donde quiera que el Maestre quisiese , y en esto
no dudase ni temiese, que donde su persona estaba,
no solamente de la muerte seria seguro , mas no se
tratarla cosa que no fuese en el acatamiento de su
honor y estado. Y estando las cosas en este punto,
acordóse por ciertos mensajeros que allí vinieron
que así los que estaban en Zebreros como los que
estaban en Cadahalso con esperanza viniesen á la
mitad del camino , á una casa que es cerca dé los
Toros de Guisando, donde la vista del Rey é de la
Princesa se habia de facer, é allí la Princesa Doña
Isabel , vino con ella el Arzobispo de Toledo y el
Obispo de Burgos é de Coria é con ellos docientos
de caballo ; é de la otra parte vino el Rey, é con él
el Maestre de Santiago y el Arzobispo de Sevilla, y
el Obispo de Calahorra, é los Condes de Placencia
é Benavente, é Miranda, é Osorno, é Pedro López de
Padilla, Adelantado de Castilla, é otros muchos ca-
balleros con fasta mil y trescientos de á caballo , y
allende destos vinieron con el Rey Don Antonio de
Veneris, Obispo de León, Nuncio Apostólico Lega-
do del Santo Padre Pablo II ; el qual vino allí por-
que todas las cosas que en aquel ayuntamiento pa-
saban se hiciesen con su autoridad y mandado, por-
que para siempre quedasen válidas é firmes, porque
todos los rigores é daños en estos Reynos cesasen y
de los autos en este ayuntamiento fechos resultase
pacífica holganza ó conocimiento de la verdadera
subcesion destos Reynos. E como se acercasen los
unos de los otros, el Arzobispo que traía á la Prin-
cesa , dejó la rienda , é la Princesa se llegó gl Rey
por le besar la mano , el qual no se la quiso dar por
mucho quel] a lo porfió ; y en todo esto el Arzobis-
po ningún acatamiento ni reverencia fizo al Rey ni
habló á ninguna otra persona, é la Princesa se lle-
gó á él, y muy quedo le dijo que besase la mano al
Roy é le ficiese el acatamiento que debía ; á lo qual
el Arzobispo de Toledo respondió que ninguna cosa
él faria fasta quel Rey la declarase por legítima
heredera é sucesora destos Reynos ; é luego el Rey
en presencia de todos los Grandes susodichos, en
las manos del Legado juró la legítima sucesión des-
tos Reynos pertenecer á su hermana la Princesa
Doña Isabel, verdadera heredera dellos, ó de todos
los otros señoríos que so el cetro dellos se cuentan,
no embargante las cosas por él fechas antes de en-
tonces, en favor de Doña Juana, hija de la Reyna
Doña Juana, con juramento é solenidadde los Gran-
des destos Reynos é de los pueblos, según la costum-
bre de España, lo qual todo avia por vano ó por nin-
guno, como ya él fuese amigo de la verdad ó de to-
da malicia enemigo ; lo qual afirmó por espontáneo
juramento, é dijo que ante Dios y ante los hombres
confesaba aquella Doña Juana no fuese por él en-
jendrada , la qual la adúltera Reyna Doña Juana
habia concebido de otro varón , é no del ; é por eso
no queriendo engañar la lejítima sucesión destos
Reynos, esto avia querido confesar para confirma-
ción del derecho hereditario de la Princesa Doña
Isabel, su hermana. E las cosas dichas ó puestas en
forma jurídica ó corroboradas por instrumento con
gran ruido de trompetas é gran solemnidad de to-
dos los Grandes que ende estaban por sí ó por los
ausentes, é por los tres estados destos Reynos, be-
saron la mano á la Princesa Doña Isabel, á la qual
todos juraron por Princesa é verdadera heredera
destos Reynos. E luego la Princesa mandó escrebir
ciertas letras dirigidas al Arzobispo de Toledo do
las quales el tenor es el que sigue : «Doña Isabel por
))la gracia de Dios, Princesa legítima heredera des-
»t08 Reynos de Castilla é de León, mirando como
«vos el reverendísimo in Christo padre Don Alonso
«Carrillo, Arzobispo de Toledo, primado de las Es-
«pañas. Chanciller mayor de Castilla, tío mió, sc-
wguistes en el tiempo pasado muy fielmente en ser-
«vicio de mi señor hermano el Rey Don Alonso,
«cuya ánima Dios haya, y en la tutela de la suce-
«sion destos Reynos con grandes trabajos 6 solíci-
ft tud de vuestra persona é gentes fecistes grandet
«espensas, como muy leal é verdadero servidor ó
«pariente, é aquello mesmo aveis siempre procura-
ndo después de la muerte del señor Rey Don Alonso
«mi hermano, lo qual todo es muy gran cargo é
«tengo en voluntad de siempre vos lo conocer en
» regra de ser satisf aciéndovos en todo lo que á mí
«posible será; é como quiera que después de la
«muerte del señor Rey Don Alonso mi hermano, yo
«pudiera tomar el título é corona destos Reynos si
«quisiera, déjelo de facer acatando los inconvinien-
»tes de guerras que se pudieran seguir en estos Rey-
anos entre el señor Don Enrique, mi hermano é mí;
«é por quitar de fatiga á vos é á todos los otros
«Grandes que aveis seguido é seguís, é por eso con
«buena igualdad yo soy acordada con el señor Rey
«Don Enrique, mi hermano, así sobre la sucesión
«destos Reynos, que después de su vida á mí perte-
48 CRÓNICAS DE LOS
»necen,como eobre el titulo de las otras cosas á
«ello concernientes. Por ende, yo vos ruego ó man-
))db que si complacerme deseáis éá mi mandamien-
))to queréis seguir, con igual corazón queráis acetar
»Ia concordia é queráis concertar vuestros fechos
Bcon el Rey mi hermano , lo mas honesto á mí, é á
» vos mas provechoso que pudiéredes; lo qual á mi
B mucho aprovechará, por respeto de la paz ó fol-
«gancia de todos, que á mí place quel Rey mi her-
«niano huya, este título quanto viviere, é yo por
«agora me contento con título de Princesa, é vos
»ruego queráis prestar á él la obediencia y fidelidad
»que á los Reyes de gloriosa memoria mis progeni-
» toree se acostumbra dar. E yo por el vigor é f uer-
»za de las presentes vos relieve, si necesario es, de
» qualquiera juramento á que f uéredes obligado á
»nii señor hermano el Rey Don Alonso, así como á
»Rey é señor, é á mí como á Princesa heredera suya
»como la sucesión destos Reynos á mí pertenezca,
» en tal manera que solamente á mí seáis obligados
»como á Princesa heredera destos Reynos é al señor
«Rey mi hermano como á Rey é señor, el qual de mi
» consentimiento quiero que sea dellos llamado Rey;
»por ende yo vos ruego, é mando é quiero é me pla-
» ce que vos le fagáis la reverencia que á Rey se
«conviene é le fagáis el juramento de fidelidad que
» por él vos será demandado ; la qual libertad é man-
«damiento do al reverendo in Christo padre Don
«Iñigo Manrique, Obispo de Coria, mi primo , é á
«qualquier otras personas eclesiásticas é seglares
«familiares vuestros, é por vigor de las presentes
B relieve á todos los susodichos de qualquier jura-
omento do fidelidad que tenían fecho al señor Rey
«Don Alonso mi hermano é á mi obediencia fueren
» obligados á lo facer; el qual juramento quiero é
«les mando que lo fagan al señor Rey mi herma-
»no.» Las quales letras la señora Princesa firmó de
su mano é mandó sellar de su sello.
E leídas las letras dichas en presencia de los su-
sodichos so leyeron las letras que se siguen : « Don
«Antonio de Veneris, Obispo de León, Nuncio Ora-
«dor alegado á latere embiado en estos Reynos, por
«nuestro muy Santo Padre Pablo II, con plenario
«poder de su Santidad, como vos Don Alonso Carri-
«11o, Arzobispo de Toledo , primado de las Españas,
« Chanciller mayor de Castilla , ayais seguido é ser-
• Bvido al Ilustrísimo Rey Don Alonso, cuya ánima
«Dios haya, é después de su fallecimiento ayais
» servido é seguido á la Ilustrísima señora Doña Isa-
«bel Princesa destos Reynos, hija legítima heredera
» del Serenísimo Rey Don Juan, de gloriosa memo-
»ria y en defensión del derecho de la dicha señora
«Princesa ayais con grandes trabajos é despensas
«diligentemente trabajado, é agora por la divina
«gracia la señora Princesa por una buena igualdad;
«es acordado por el señor Rey Don Enrique su her-
« mano, así sobre la sucesión destos Reynos, como
«sobro el título dellos, quieren que vos le fagáis
«obediencia é juramento de fidelidad, relevando á
«vos de qualquier presente é juramento á ella fecho,
»lo quaJ vos ruego é mando que fagáis por servicio
REYES DE CASTILLA.
nde Dios é por lo que cumple al bien é tranquilidad
«é sosiego destos Reynos. E Yo en virtud del po-
«der, por la autoridad por nuestro muy Santo Pa-
ndre á mí dado , como legado en estos Reynos, re-
« quiero é amonesto, é de parte del Serenísimo Pon-
«tífice, mando á vos el Arzobispo de Toledo que al
«señor Rey Don Enrique dedes la obediencia é fa-
B gades el juramento como á Rey se conviene , é por
«virtud de la dicha facultad de que uso vos asuelvo
«de qualquier vínculo ó vínculos de sacramentos
«que ayais prometido de qualquier calidad quesean
«que en los tiempos pasados por vigor de los dichos
Bsacramentos seáis obligado á la dicha señora Prin-
«cesa, de los quales quiero seáis relevado é asuelto,
Ben testimonio de lo qual, mandé dar estas mis le-
» tras subscritas de mi mano é selladas con mi sello,
«dadas en Cadahalso á diez y ocho dias del mes de
B Setiembre del dicho año, é por vigor de las presen-
« tes letras por la apostólica autoridad asuelvo á vos
«el Reverendo Padre Don Iñigo Manrique, Obispo
» de Coria, é á los otros Grandes, así eclesiásticos co-
« mo seglares , de qualquier juramento é promesas
» de fidelidad fechos á qualesquier personas ó por
«qualesquier causas por ellos ó por qualquiera de-
«llos fasta el día de hoy, álos quales mando qne al
«dicho señor Rey Don Enrique fielmente sirvan.»
Las quales letras fueron puestas en la Corónica por-
que queden para perpetua memoria. E como quiera
que al Arzobispo de Toledo fué muy grave la re-
conciliación con el Rey Don Enrique , por facer lo
que de parte del Santo Padre, é de la señora Prince-
sa le era mandado é por la pacificación destos Rey-
nos, fué contento de besar la mano al Rey Don En-
rique, y él se volvió á Zebreros, é con él los Obispos
de Burgos é Coria. E habiéndose por bienaventura-
do por la Princesa Doña Isabel ser declarada por
heredera destos Reynos con consentimiento del
Rey Don Enrique. E porque algunos decían quel
Arzobispo tenia ocupada la fortaleza de Avila que
comunmente se llamaba el Cimoro, entrególo por
mandado de la señora Princesa á Gonzalo Chacón,
comendador de Montiel, é desde allí al Rey Don
Enrique. E la Princesa su hermana é todos los
Grandes que con él estaban se fueron á Casarrubios,
y el Arzobispo de Toledo é los Obispos que con él
estaban se partieron de Zebreros á Yepes.
CAPÍTULO XLIII.
De las formas que el Bey Don Enrique tuvo para ir contra toa'; lo
asentado cerca de los Toros de Guisando.
Como la condición del Rey Don Enrique fuese
mudable , é cerca de su persona oviese hombres que
sus costumbres siguiesen , acordó de se ir á la villa
de Ocaña, por ser del Maestre de Santiago, creyen-
do que todas las cosas allí se podían hacer s»igun
su querer é voluntad ; é mandó allí venir al Maestre
de Santiago é álos Condesde Placencia é Benaven-
te, é al Arzobispo de Sevilla , é al Obispo de Ca-
lahorra que ya era de Sigüenza, los quales quiso
juntar allí para dar suspensión en los negocios, es-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS
pecialmente en el casamiento de la señora Prince-
sa, 8U hermana, con el Príncipe Don Fernando de
Aragón, el qual casamiento el Arzobispo de Tole-
do con todas sus fuerzas procuraba, y el Maestre de
Santiago lo estorbaba ó aborrecía ; é para anular é
destruir todo lo asentado con Apostólica autoridad
cerca de los Toros de Guisaddo, mandó que en nom-
bre de Doña Juana, hija de la Reyna, se ficiese re-
clamación é protestación é apelación de todo lo allí
fecho y espontáneamente por él jurado, de que se
siguieron grandes inconvenientes, daños é murmu-
raciones generalmente por todos estos Reynos ; y
el Rey con todas sus fuerzas procuraba que la se-
ñora Princesa su hermana casase con el Rey Don
Alonso de Portugal, en daño universal destos Rey-
nos. E como Don Juan de Guzman, Duque de Me-
dinasidonia, fuese requerido por el Arzobispo de
Toledo que diese consentimiento al casamiento de
la señora Princesa doña Isabel con el señor Prínci-
pe Don Fernando de Aragón , estaba en ello dudo-
so, porque recelaba, si este casamiento se cumplie-
se, seria dar gran favor á Don Enrique , Conde de
Alba de Liste , con quien se esperaba contender so-
bre la sucesión suya ; é como sobre aquesto tomase
consejo con algunos, entre los quales habia diversas
opiniones, Alonso de Palencia, Coronista, que era
uno de aquellos, dijo tantas ó tales razones al Du-
que, que fizo dexar todas las dudas, é concertólo á
lo voluntad del Arzobispo de Toledo. E como en
esto tiempo el Duque Don Juan fallesciese, sucedió
en su lugar Don Enrique de Guzman , su hijo , el
qual siguió el camino comenzado por su padre. En
este tiempo, poco antes de la muerte deste Duque,
páreselo en Sevilla una cometa muy grande é ar-
diente que duró poco menos de dos meses, de la
qual fueron proverticados los males é daños que
después en aquella ciudad se siguieron ; de la muer-
te del qual los ciudadanos de aquella ciudad ovie-
ron muy entrañable dolor , como fuese de todos
mucho amado ; en el qual tiempo acaeció una cosa
muy estraña en la provincia de Toledo, en un lu-
gar que se llama Pero Moro , ques del Conde de
Fuensalida, la qual fué, que como fuese ya el tiem-
po de segar las cebadas y un hombre, el principal
de aquel lugar, fué con sus hijos para segar una
pieza suya, del primero manojo que segó corrió tan-
ta sangre del, que fué cosa maravillosa ; é como los
hijos viesen la rnano del padre llena de sangre, vi-
nieron á gran priesa á lo ver, pensando que se o^^e-
se cortado con lafoz, y catando la mano, falláronla
sin ferida alguna é tomaron el manojo segado, é
vieron como por cada caña salia viva sangre, don-
de todos los del pueblo se llegaron é segaron algu-
nos otros manojos de los quales salia tanta sangre
como del primero, lo qual tomaron por testimonio,
é lo enviaron al Conde do Fuensalida á la ciudad
de Toledo.
49
CAPITULO XLIV.
De la embajada quel Rey Don Alonso de Portugal embió en Cas-
tilla, pensanilü concluir el casamiento suyo con la señora Prin-
cesa Doña Isabel.
Cr.— III.
Los grandes destos Reynos por diversos respetos
deseaban que la señora Princesa Doña Isabel fuese
casada. E los que seguían la voluntad del Rey, aun-
que bien conocían el casamiento del Rey de Por-
tugal ser muy dañoso á estos Reynos , daban á ello
consentimiento, y el Arzobispo de Toledo é los que
verdaderamente deseaban el bien general contra-
deciendo, trabajaban quanto podían porquel casa-
miento con el Principe don Fernando de Aragón se
concluyese ; entre los quales principalmente el Ar-
zobispo de Toledo no cesaba por secretos mensaje-
ros á suplicar y requerir é amonestar á la Princesa
no consintiese en el casamiento del Rey de Portu-
gal ni otro alguno acetase , salvo el Príncipe Don
Fernando de Aragón, el qual era el mas honorable
é mas provechoso é mas convenible para su verda-
dera bienaventuranza. Y estando las cosas así sus-
pensas, el Rey Don Alonso de Portugal embió su
embajada solene al Rey Don Enrique, la conclusión
de la qual era rogándole afetuosamente quisiese
darle en casamiento á la señora Princesa Doña Isa-
bel su hermana,' el qual como estuviese en propósi-
to de concluir este casamiento con el Rey de Por
tugal, é conociese ser muy contraria la voluntad de
la Princesa su hermana, acordó que Don Pedro de
Velasco, hijo del Conde de Haro, fuese á hablar con
la Princesa, é como aconsejándole le dixese que to-
davía cumplía seguir la voluntad del Rey, é dexar
á su arbitrio lo que cerca de su casamiento quisiere
facer ; en otra manera fuese cierta que seria puesta
en prisión, la qual con muchas lágrimas respondió
quella esperaba en Dios se daría forma porque se
escusase de recebir tan grande injuria. Y en tanto
que estas cosas se pasaban , los embaxadores del
Rey de Portugal esperaban su respuesta, é como
ningún modo se fallase el casamiento de la Prince-
sa, atentaron de ponerla en el Alcázar de Madrid, lo
qual sabido por el Arzobispo de Toledo , envió se-
cretamente á fablar con los principales caballeros
de la villa de Ocaña, para que diesen lugar á la en-
trada, de sus gentes en aquella villa para dende
llevar á la Princesa ; lo qual sentido por el Roy Don
Enrique é por los que le seguían , por la gracia de
nuestro Señor concibieron tan gran temor, que acor-
daron de enviar á decir á los embaxadores, que con-
venia sentar otros modos para aplacar la voluntad
de la Princesa, la qual naturalmente era enemiga de
violencia. Con la qual respuesta los embaxadores se
partieron, no mucho alegres, pero con todo eso no
desesperados del casamiento ; de lo qual todo á su
Rey ficieron relación. E como el Maestre de San-
tiago fuese mucho amigo de la suspensión, aunque
parecía este casamiento desear , é él trabajaba por
lo deferir, como supiese la venida del Cardenal Tra-
pacense, el qual solicitaba el casamiento de la se-
4
50
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ñora Princesa Doña Isabel con el Duque de Berri,
que después fué de Guiana , hermano del Rey Luis
de Francia, de la qual embajada venir en estos Rey-
nos al Conde de Placencia desplacía como estuviese
mucho aficionado al casamiento del Rey de Portugal,
con el qual dio su voto que la Princesa casase quier le
pluguiese ó le pesase. En el qual tiempo Don Rodrigo
Manrique, Conde de Paredes, como fuese verdadero
celador del bien común destos Reynos, vino á Yepes,
donde el Arzobispo de Toledo estaba, é trujo el con-
sentimiento de los Condes de Medinaceli é Trevifio
é Benavente é Buendia é de muchos otros grandes
que en ello avia traido Don Iñigo Manrique Obispo
de Coria, para que la Princesa casase con Don Fer-
nando, Príncipe de Aragón , en lo qual el Almiran-
te Don Fadrique, abuelo del Príncipe, aprovechó
mucho, atrayendo á muchos grandes á este consen-
timiento.
CAPÍTULO XLV.
De una gran Vitoria que de los moros ovo Don Lope Vázquez de
Acuña, Adelantado de Cazorla , que hoy es Conde de Bacndia,
y el Comendador Alonso de la Peñuela, alcayde deQuesada.
En tanto questas diferencias en nuestros Reynos
estaban, el Rey de Granada, creyendo no aver re-
sistencia , pensó de facer en ellos gran daño, para
lo qual juntó novecientas lanzas étres mil peones
de la gente mas escogida que en su Reyno avia; y
envió sus capitanes , mandándoles que viniesen á
correr las ciudades de Ubeda é Baeza, é quemasen
é destruyesen la villa de Quesada , ques lugar des-
cercado, los quales lo pusieron así en obra, é lleva-
ron de aquellas ciudades gran presa de vacas é bue-
yes é yeguas é ganados menudos é hombres del
campo : desde allí continuaron su camino para
Quésada. De lo qual como fuese certificado por el
dicho alcayde el dicho Don Lopes Vázquez de Acu-
ña, caballero noble, mancebo mucho esforzado, de-
seoso do servir á Dios é al Rey, cabalgó con fasta
ciento de caballo é quatrocientos peones que pudo
aver, é á mas andar se fué á meter en la villa de
Quesada , donde todos los suyos tuvo tan encubier-
tos que aunque los moros vinieron, no sintieron
aver mas gente en la villa de los moradores della ;
é como los moros anduvieron la mayor parte de la
noche, estando ya qnanto media legua de la villa,
los capitanes embiaron trecientos de caballo é mil
peones poco antes del alba para que entrasen en la
villa, é toda la otra gente se quedó con la presa que
de Ubeda é Baeza avia traydo, y el Adelantado con
su gente é con la de la villa tomó las entradas é
pasos por donde los moros avian de venir, é veni-
dos , con tan gran vigor é fuerza el Adelantado y
Alcayde é sus gentes pelearon, que todos los moros
que se apearon para entrar en la villa fueron muer-
tos é presos é los que pudieron fueron fuyendo para
se juntar con sus gentes, y el Adelantado como
quiera que conociese la ventaja sin comparación
que los moros del tenian, esfuerzo su gente, como
virtuoso caballero, la qual fizo un cuño ; é con gran-
de ánimo fueron fcrir en ios moros que tenian la
presa, é de tal manera pelearon con ellos que ovie-
ron de dejar la presa é ir fuyendo. Y el adelantado
y el Alcayde ganaron dellos trecientos caballos, ó
gran despojo de jaeces ó armas ; é mataron é pren-
dieron ochocientos ; en la qual batalla Don Fernan-
do de Acuña, hermano del Adelantado, y mozo de
diez y seis años, que contra su mandamiento é vo-
luntad entró en aquella batalla , hizo cosas tan se-
ñaladas , que paresció mas ser caballero anciano
que mozo ni mancebo ; el qual fasta aquel dia no
avia tomado armas ni lanza en la mano para pe-
lear. Deste se afirma haber conservado su virgini-
dad fasta el dia que casó, que seria de edad de
treinta años, que fué una cosa muy maravillosa, que
quando la primera pelea se comenzó, las mugerea
de la villa tomaron armas é siguieron á sus maridos
peleando virilmente, é fállase que entre estas fué
una que vido estar siete moros en la concavidad
de una peña, é con una lanza en la mano fué sola á
pelear con ellos é los prendió é trajo á todos á su
casa. E en esta batalla el Adelantado ganó catorce
banderas, las cuales hoy trae en torno de sus armas.
Algunos de los que fueron cativos en esta batalla
afirmaron que la gente que el Adelantado traia, con
la de la villa que traia el Alcaide , les pareció mu-
cha mas que la suya, é que avian visto encima del
armadura de la cabeza de Don Fernando de Acuña
tan gran claridad, que les tiraba la vista; de que
creyan verdaderamente nuestro Señor aver embia-
do á los Christianos ayuda en esta batalla, en la qual
ganó y ovo un quento en moros é despojo el diclio
Alcayde, la qual dicha alcaydia Ubeda le dio la qual
provee de alcayde cada año.
CAPITULO XLVI.
De la gran diligencia que Don Rodrisío Manrique, Conde de Pa-
redes, ovo para que no solamente los grandes destos Reynos
diesen consentimiento al casamiento de la señora Princesa Do-
ña Isabel con el Príncipe Don Fernando de Aragón, mas las
ciudades 6 villas dellos.
En este tiempo Don Rodrigo Manrique, Conde
de Paredes, se vino á la ciudad de Toledo, el qual so
concertó con Pero López de Ayala su suegro, el
qual Conde avia sido casado la primera vez con hija
de Gómez Suarez de Figueroa, Señor de Zafra é de
Feria, de quien avia ávido muy nobles hijos y es-
trenuos en caballería, é segunda vez con hija de
Diego Furtado de Mendoza, montero mayor del Rey
Don Juan, de quien ningunos hijos ovo, é ya en la
vejez tercera vez casó con hija de Pero López de
Ayala, pero con todo eso tan robusto ó tan hábil Be
halla para todo lo que facer quería, como seyendo
mancebo; el qual discurrió por muchas partes, pro-
curando el consentimiento ya dicho. En el qual
tiempo el Maestre de Santiago procuró de llevar al
Rey al Andalucía, el qual determinó que antes de
la partida fuese tomado juramento á la Princesa
Doña Isabel que ninguna novedad fiziese en su ca-
samiento, creyendo el Rey que quebrantando la
MEMORIAL DE DTVEHSAS HAZAÑAS.
51
Princesa este juramento bastaria para destruir su
derecho, y si esto no atentase , parecería aver co-
metido todo su querer é autoridad al mandado é
querer al Rey; é como deseasen que la Princesa que-
brantase aquel juramento, diéronle mayor libertad
é mandaron partir cerca della todos los que podian
empachar su voluntad para escrebir é oir, estando
tan cercana del Arzobispo de Toíedo , que en Yepes
estaba de donde cada dia podia embiar los mensa-
geros que quisiese é proseguir el negocio comenza-
do en favor del Príncipe de Aragón ; el qual casa-
miento la Princesa ya tenia acetado antes del jura-
mento que por el Rey le fué tomado. Y en tanto que
estas cosas pasaban, el Arzobispo de Toledo acordó
de embiar en Aragón al Coronista Alonso de Palen-
cía, por aver veinte mil florines que eran prometi-
dos de se dar al tiempo quel casamiento se acetó, é
un collar muy rico de gran valor de piedras é per-
las para la Princesa.
CAPÍTULO XLVII.
De la embajada quel Roy Luis de Francia embió al Rey Don En-
rique sobre el casamiento de la Princesa Doña Isabel con el
Duque de Berri é de Guiana , su hermano.
En este tiempo los embaxadores del Rey de Fran-
cia vinieron al Rey Don Enrique, el principal de los
quales era Guillelrao , presbítero Cardenal llamado
Trapacense , é después Albacense , hombre al pare-
cer mucho letrado é soberbio. La conclusión de su
embaxada era demostrar al Rey quanto el Rey de
Francia deseaba el matrimonio de la Ilustrísiraa
Princesa doña Isabel , su hermana, con Carlos Du-
que de Guiana é de Berri , su hermano , mostrando
quanto este casamiento era provechoso é honroso,
así á los españoles como á los franceses. La res-
puesta desta embaxada se detuvo , é á la fin fué
respondido á los embaxadores, que si les placía po-
der ir á ver la ciudad de Sevilla en tanto que el
Rey consultaba este negocio con los grandes de su
Reyno, los quales lo pusieron así en obra, como
quiera que desta respuesta fueron mal contentos,
pero con todo eso el Cardenal tovo esperanza que
si él pudiera f ablar á la Princesa , el casamiento
avria conclusión ; la qual en este tiempo era parti-
da de Ocaña para Arévalo, é desde allí se fué á Ma-
drigal, por ver á la señora Reyna su madre que allí
estaba. Y el cardenal Albacense, sabido como la
Princesa estaba en Madrigal, se partió para allá
donde fué visitar la Princesa ante la qual propuso
su embaxada, mostrándole por quantas razones de-
bía facer el casamiento del Duque de Guiana. La
Princesa con gran discreción respondió no aproban-
do ni negando lo quel cardenal decía, mas con gran
modestia en breves palabras dijo que ella habla de
seguir lo que las leyes destos Reynos disponían é
mandaban en honor é gloria é acrecentamiento del
cetro real dellos. Con la qual respuesta el Cardenal
mal contento se partió para Francia.
CAPITULO XLVIII.
De las cosas que afirmaron el casamiento de la Serenísima Prin-
cesa Doña Juana con el iluslrísimo Príncipe Don Fernando,
quando la fortuna raas contraria se mostraba.
Trabajaba mucho el Arzobispo de Toledo la difi-
cultad del negocio comenzado, como cada dia le
viniesen mensajeros de las turbaciones en las cosas
de Aragón, así por la graveza de la guerra de Bar-
celona, como por la tardanza del collar ó suma de
oro que se había de traer para la Señora Princesa,
quel Arzobispo de Toledo avia prometido de le dar
al tiempo que se concertó su casamiento con el
Príncipe de Aragón. É allende desto le fatigaba
mucho saber que entre los grandes de Aragón é aun
comunmente entre los plebeyos, avia gran diversi-
dad de opiniones, porque á los unos parecía bien es-
te casamiento é á los otros desplacía, pareciéndoles
que seyendo el Principo de Aragón Rey de Castilla
con tan gran poder podia oprimir al Reyno , lo qual
no podia seyendo solamente Rey de Aragón ; é
creyan que dándose aquella suma 'de oro y el collar
quera prometido, el casamiento se concluiría. B co-
mo Alonso de Palencia, coronista, allí se fallase,
como por mandado del Arzobispo fuese venido en
Tarragona donde el Rey D, Juan de Aragón estaba,
ante su Alteza esplicó la embaxada que traya , y el
Rey la oyó graciosamente , aunque estaba mucho
empachado en dar orden á la armada que facía de
muchas naos é galeas para hacer cruda guerra á los
de Marcela é Barcelona, como el Rey de Francia
mucho apretase la guerra por tierra, aviendo toma-
do el Condado de Rosellon é alguna parte de Am-
purias ; las quales cosas mucho trabajaban al Rey,
aunque las comportaba con gran corazón ; é lo que
mas pena le daba era conocer la voluntad de los
Grandes de su Reyno ser lejos de su querer en el ca-
samiento del Príncipe su hijo, en lo qual Aloní.o de
Palencia dijo al Rey su parecer, el qual el Rey
aprobó ; é para esto mandó que los Grandes que allí
estaban fuesen presentes , é que ante todos Alonso
de Palencia esplícase su embajada, los quales eran
don Pedro de Urrea, Patriarca de Antioca, Arzo-
bispo de Tarragona , é Don Juan de Cardona , Con-
de de Paredes, é Beltran de Ugon de Rojabeltrin,
Castellan de Amposta , Prior de la Orden Militar de
San Juan, é Don Juan Pajoso, Vice Canciller; los
quales todos reusaban el matrimoaío del Príncipe
Don Fernando con la Princesa de Castilla doña Isa-
bel. E después de Alonso de Palencia aver esplíca-
do su embaxada que al Rey se dirigía , f abló á los
Grandes que allí estaban largamente reprobando su
errada opinión , mostrándoles muchas evidentes ra-
zones por que ninguna cosa en el mundo tan bien
les podia venir como el casamiento de la Princesa
de Castilla, de que los contradítores de aquesto que-
daron vencidos de tal manera, que acordaron de
dar é dieron el casamiento por el Rey deseado. E
luego el Rey determinó que el Príncipe se viniese
de Cervera, donde avia ido por socorrer á los de
52
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
aquella provincia, después que la foitaleza de Mon-
tefalcon avia seido ocupada por un ladrón que
grandes daños en ella liabia fecho. Con la venida del
Príncipe el Rey ovo gran placer , é con acuerdo de
amos el Rey quedó en Cervera, y el Príncipe se vi-
no en Valencia, por quitar el collar questaba en
prendas por gran suma de dineros. E desque tros
dias en uno estuvieron entendiendo en sus nego-
cios , estando presentes todos los Grandes , al Prín-
cipe amonestó que á toda virtud se diere é siempre
ficiese bienes é mercedes á los que bien y lealmen-
to sirvieren , amonestándole que al Arzobispo de
Toledo en lugar de padre tuviese , é ansi lo acata-
se c honrase é gratificase, á quien mas debia que á
persona del mundo , que le páresela con todos sus
Reynos no poder enteramente pagarle lo que le de-
bia faciendo mención de la libertad fecha por él á
la Reyna su mujer é de las inumerables ayudas, que
le avia fecho en tiempo de muy grandes necesidades
é la vigilancia é dolencia maravillosa que cerca de
aquel casamiento avia tenido, é por eso le manda-
ba que lo mas presto que pudiese embiase al Arzo-
bispo el collar, é la suma de oro que á la Princesa
lo era prometido, con grande humildad de cumplir
todo lo á él por el Rey mandado. É luego el Prínci-
pe desde allí se partió para Valaguer, é dende se-
f ué en Valencia , donde ligeramente ovo el collar é
los veinte mil florines ; lo qual todo mandó dar á
Alonso de Palencia é á Pedro de la Caballería, hon-
rado ciudadano de Zaragoza, los quales lo traxeron
todo é lo entregaron al Arzobispo de Toledo que
estaba en la Villa de Alcalá de Henares ; el qual
con su venida fué mucho alegre, dando gracias á
nuestro Señor porque tan grandes dificultades tan
ligeramente avia determinado. Restaba con todo
eso socorrer á la Princesa que estaba en Madrigal,
con la señora Reyna su madre , la qual el Maestre
do Santiago solicitaba de aver en su poder. En este
tiempo Don Alonso de Monroy , Clavero de Alcán-
tara, con muy poca gente desbarató quatrocientos
de caballo quel Maestre do Santiago tenia sobre la
fortaleza de Montanchez.
CAPÍTULO XLIX.
De como el ney Don Enrique se partió para la Ciudad de Sevilla
con intención de prender al Duque de íledinasidonia é apode-
rarse de aquella ciudad, é de como el Arzobispo de Toledo fué
llamado por la Princesa Doña Isabel, y de la deliberación suya
fecha por él.
En este tiempo el Rey Don Enrique se partió
para el Andalucía con propósito de prender al Du-
(|ue de Medinasidonia y apoderarse de la ciudad de
Sevilla ; y sabido por el Duque Don Enrique la ve-
nida del Rey, embió á Cantillana á suplicalle que
no metiese consigo al Maestre de Santiago que era
su enemigo, lo qual el Rey mucho porfió así allí
como después en Alcalá de Guadayra, desde donde
embió á llamar ciertos veinte y ([uatros de la ciu-
dad para quejarse dellos diciendo que , siendo su
señor no consentille meter á quien él quisiese ; y un
veinte y quatro llamado Sancho Mexia, dijo quelloa
tenían mas razón de quejarse por aver dado el al-
caydia mayor al Duque de Medina, que antes que
la tuviese , lo echaba la ciudad cada vez que que-
ría , y con ella entraba en cabildo y tenía parte pa-
ra ser lo que su Alteza veia , así por el voto como
por la vara ; y aunque el Rey entró en Sevilla, es-
tuvo poco por causa del Maestre ; y como no pudo
hacer lo que quería, determinó de ir en Extrema-
dura , con voluntad de dar la plaza de Truxillo al
conde Plasencia. Y venido en Truxillo, vista por
los moradores de aquella ciudad la intención del
Rey, hicieron conjuración con el Alcayde, llamado
Gracian de Sesé, y resistieron al querer del Rey, de
tal manera que gastó allí algún tiempo sin acabar
cosa de lo que quería ; la qual tardanza aprovechó
mucho á la libertad de la Princesa, porque si el Rey
pasara los montes á la parte de Toledo, no pudiera
la Princesa ser libre como lo fué , porquel Maestre
de Santiago continuamente solicitaba al Arzobispo
de Sevilla, que en Coca estaba, que juntase gente ó
viniese á Madrigal é se apoderase de aquella Villa
é prendiese á la Princesa porque no se concluyere
el casamiento con Don Fernando Príncipe de Ara-
gón , para lo qual &1 Rey escribió á los moradores
de aquella villa rigurosamente mandándoles so gra-
ves penas que ningún favor diesen á la Princesa
porque In opresión suya era muy conveniente á la
pacificación é bien común destos Reynos. Lo qual
sabido por la Princesa escribió á gran priesa al Ar-
zobispo de Toledo demandándole ayuda ; el qual,
vista su letra , se partió con trescientos de caballo
mucho escogidos , é continuó su camino todavía es-
perando mas gente, la qual le vino, é ansí llegó á un
lugar que se llama Pozaldes cgn asaz gente , donde
fué certificado que cerca de allí en una aldea esta-
ba Don Alonso Enriquez, primogénito del Almi-
rante Don Fadrique , con decientas lanzas para el
mismo remedio por llamamiento de la Princesa,
donde supo que, si tres dias tardaran, el Arzobispo
de Sevilla viniera en Madrigal con gran compaña
de gente, é se apoderara de la villa é prendiera á la
princesa. E desde aquella aldea el arzobispo embió
á la Princesa el collar muy rico que el Príncipe lo
embiaba, que fué estimado por grandes lapidarios
en quarenta mil florines , é le embió ocho mil flori-
nes , de los veinte mil que Alonso de Palencia é
Pedro de la Caballería avian traído, que avian sei-
do prometidos á la señora Princesa al tiempo que
se concluyó el desposorio suyo ; é de allí el Arzo-
bispo de Toledo, é con él Don Alonso Enriquez, fi-
jo del Almirante don Fadrique, é don Iñigo Man-
rique con gran copia de gente, la Princesa salió do
Madrigal, é se vino al Monesterio de monjas ques
fuera de los muros de aquella villa ; é allí se dio
forma que viniesen algunos perlados é caballeros ;
los quales vinieron dende tres dias con seiscientos
de caballo ; é ansi la Princesa se partió de allí, é no
tornó á entrar en la villa, temiendo que en ella ovieso
traycion, quedando el Obispo de Burgos é otros que
con ella estaban muy tristes é afligidos é no quitos
MEjrOlíIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
53
de temor, como no oviesen poJido concluir lo á
ellos mandado. É la Princesa dixo al Obispo de
Burgos que so podia ir donde le pluguiese , é ansí
el Obispo de Burgos se partió muy triste, é la Prin-
cesa con grande alegría é sonido de muchas trom-
petas é atabales se fué para la villa de Fontiveros,
CAPÍTULO L.
De como Gutierre de Cárdenas, maestre sala de la señora Prin-
cesa doña Isabel, é Alonso de Falencia, coronistJ, fiieum em-
biados en Aragón por concordar la venida del l'rincipe Dun
Fernando en estos Ueynos,
Gran cuidado tenía el Arzobispo de Toledo por
concluir este casamiento, ya tanto deseado por el
Príncipe Don Fernando e por la Princesa, lo qual
Be acordó que Gutierre de Cárdenas , que después
fué Comendador mayor de León é Contador Mayor
de Castilla, primero fundador de la casa del Ade-
lantado de Granada, su hijo, al qual la dicha se-
ñora Princesa fizo muchas mercedes después de
Reyna, que ovo á Torrijos é á Maqueda y á otros
lugares en el Reyno de Toledo , y en el de Granada
á Marchenilla y su tierra , y en Aragón á Elche y
Crevillent y Aspe; el qual estuvo mucho tiempo
con el Arzobispo de Toledo Don Alonso Carrillo
muy proveniente con no mas de una muía. Era so-
brino de Gonzalo Chacón , que lo puso con la seño-
ra Princesa. Alonso de Paleucia fuese eii Aragón
por concertar la venida del Príncipe D, Fenando,
porque cesase el pensamiento del Cardenal Trapa-
cense , de quien se creia oviese de volver en estos
Reynos continuando su propósito comenzado , los
qualcs continuaron su camino para Zaragoza donde
fueron certificados quel Príncipe Don Fernando es-
taba; al qual fecha la reverencia, le suplicaron les
quisiese oir ; lo qual con muy alegre voluntad él
hizo, é se metió con ellos solos en una capilla en
el monesterio de San Francisco, y explicada su em-
bajada, acordóse que se fablase con el Arzobispo su
hermano , é con Mosen Remon de Espes, é con Mo-
Bcn Pedro Baca ; los quales visto lo dicho por Gu-
tierre de Cárdenas é Alonso de Falencia, ovo di-
versas opiniones, é al Arzobispo páresela quel Prín-
cipe se devia partir sin tardanza alguna, del qual
60 sospechaba querer mas infortunio ó daño del
Príncipe que su felicidad, como parecía queste don
Juan, hijo bastardo del Rey de Aragón, tenía pre-
sunción de aver el Reyno ; é allende de otras cosas
por donde esto se sospechaba , parecía que nunca
quiso recebir orden sacra , como quiera que muchas
veces le oviere seido mandado é rogado por el Rey
de Aragón su padre é Mosen Pero Baca, decía que
tan gran negocio antes se debía consultar con el
Rey de Aragón que ponerse en obra, el qual enton-
ce estaba en la provincia de Balaguer ; é de otra
parte miraba como en este casamiento estaba todo
el bien de aquellos señores, é se acababan todos
los trabajos é angustias de los Aragoneses ; é visto
por el Príncipe las opiniones en esto tenidas, deter-
minó quel señor Rey su padre fuese en esto con-
sultado , é lo fuesen dichos todos los bienes é utili-
dades que de su ida se esperaban , é quanto la tar-
danza de su ida en Castilla le podría dañar, si por
ventura el Rey diese lugar á la tardanza, é la par-
tida del Principe todavía se ficiese ; é ante de venir
la respuesta del Rey el Príncipe secretamente se
partió con cinco ó seis servidores, por engañar á los
que bien no le querían ; é ansí el Príncipe continó
su camino fasta que llegó al Burgo de Osma , donde
Don Pedro Manrique, Conde de Treviño, primero
Duque de Najara , estaba con decientas lanzas : é
como el Príncipe llegase á media noche , el Conde
á gran priesa se levantó, é mandó encender antor-
chas é lo recibió é besó las manos con la reverencia
que debía ; el qual con gesto muy alegre le dio paz,
é las trompetas con grande alegría por mandado
del Conde sonaron, de que los vecinos del lugar re-
cibieron grade espanto é no menos los que velaban
la fortaleza, y el Príncipe y el Conde y los que con
ellos estaban pasaron el rio é se fueron á Osma,
donde estaba aposentada la gente del Conde, y el
Príncipe desde allí escribió al Arzobispo de Zarago-
za su hermano, faciéndole saber todo lo pasado; y
el día siguiente el Príncipe se fué á Gumiel de Mer-
cado, donde estaba Doña Juana Manrique , mujer
de Don Fernando de Rojas, Conde de Castro, don-
de fué elegremente recebido é servido según con-
venia ; é allí le vino nueva de la liberación de Juan
de Vivero, questaba preso en el Castillo de Curiel,
el qual fué deliberado por la gran diligencia del
Arzobispo de Toledo que dio muy grandes dádivas
á quien lo delibró. E allí fué el Príncipe certificado
de un gran desbarato que ovo la gente del Papa
Pablo, cerca de la villa de Armiño, en Italia, fecho
por caballeros del Rey Don Fernando de Ñápeles,
de la qual nueva fueron todos alegres, no solamen-
te por la victoria habida por el Rey de Ñápeles , su
primo , más porque el Papa Pablo favoreciese quan-
to podia la parte del Rey D. Enrique.
CAPÍTULO LI.
Déla venida de Gutierre de Cárdenas 6 de Alonso de Palencia á
la villa de Valladolid con la nueva de la bienaveulurada venida
del l'rincipe Don Fernando y de la llegada suya á la villa de
DueQas.
Gutierre de Cárdenas é Alonso de Falencia con-
tinuaron su camino desde el Burgo de Osma fasta
Valladolid , andando de noche é de día por los ca-
minos mas encubiertos que pudieron , fasta que lle-
garon á la villa de Valladolid, donde fallaron á la
illustrísima Princesa é al Arzobispo de Toledo, á los
quales dijeron el próspero suceso que el señor Prín-
cipe en su viaje avia ávido, é cómo era pasado á la
villa de Dueñas. Con las quales nuevas la Princesa
y el Arzobispo fueron sin comparación alegres , é
no menos todos los que lo supieron, é luego se fizo
un gran juego de cañas de muchos caballeros con
grande alegría ; en el qual Troylos Carrillos ovo un
gran infortunio , que su caballo cayó con él é fué
f crido de tal manera, que oviera de morir, la qual
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
caid:! turbó mucho el alegría de todos, porque se
verificase aquella sentencia del sapientísimo Salo-
món que dice que en los grandes gozos siempre se
mezcla alguna tristeza. En tanto questas cosas se
lacia n , el Príncipe Don Fernando entró en la villa
de Dueñas, á nueve de Octubre del año de nuestro
ííedentor de mil é quatrocíentos é sesenta é nueve
años con gran compañía de noble gente, donde mu-
chos mas le vinieron á facer reverencia como cono-
cieron aver de ser de todos señor. E después de
aver estado el Príncipe en la villa de Dueñas cinco
ditis, recibiendo grandes servicios é fiestas, secre-
tamente de noche, por concierto del Arzobispo de
Toledo se vino á Vallado! id con solos tres servido-
res, para en presencia suya ver la señora Princesa;
y entre los que con la señora Princesa estaban , ovo
gran debate de la forma que se avia de tener por la
Princesa en la vista del Príncipe, la qual no curan-
do de las vanas opiniones tenidas por algunos , que
cerca della estaban , determinó con consejo del Ar-
zobispo de Toledo , de facer al Príncipe todo el aca-
tamiento que debía como á su esposo; y el Príncipe
á catorce de Otubre entró secretamente por la puer-
ta del campo, é con él solamente Mosen Remon
Despes é Mosen Gaspar su hermano, donde el Arzo-
bispo llegó al postigo á lo recebir, é trabajó por le
besar la mano, y el Príncipe no se la quiso dar, é
abrazólo con muy alegre cara , é honrólo mucho ; é
ansí el Príncipe se fué á ver á la Princesa, é con él
el Arzobispo, la qual lo recibió muy alegremente
con aquel acatamiento que á su esposo debia ; é pa-
sadas dos oras después de la media noche , el Prín-
cipe se volvió á la villa de Dueñas^ habiendo rece-
bido de la Señora Princesa las dádivas que se sue-
len dar á los esposos , tales quales convenia de se
dar por quien se daban é quien las recebia.
CAPÍTULO LII.
De la solenidad que se fizo á las bodas destos serenísimos Prín-
cipes Don Fernando y Doña Isabel.
Fecha la fabla entre el Príncipe é la Princesa,
presente el Arzobispo de Toledo , como de la tar-
danza se esperase algún inconvinieute, determinóse
el matrimonio de aquestos Príncipes se acelerase, é
acordase que los desposorios públicamente se hicie-
sen con la debida solemnidad , ni estuviese escon-
dida la utilidad que á todos estos Reynos desto se
seguia, é ansí el Príncipe estovo pocos dias en Due-
ñas, é al sexto dia en honor de San Lúeas Evange-
lista con gran número de gentes aceleradamente se
volvió en la villa de Valladolid, al recibimiento del
qual el Arzobispo de Toledo salió con muy noble
gente , así de su casa como de vecinos de la villa ;
el qual fué de todos recebido con grande alegría , é
con mucha tristeza y enojo de los que allí eran ve-
nidos por mandado del Maestre de Santiago é del
Conde de Placencia, á quien mucho desplacía este
casamiento ; é ya venida la noche y el Príncipe en-
trando cu la posada de la Princesa, en presencia de
todo el pueblo é del Almirante Don Fadrique , agüe-
lo del Príncipe , é de todos loa otros grandes é no-
bles que allí estaban , el Arzobispo de Toledo fizo
presentación de la Bula Apostólica, por la qual el
Papa Pío segundo , sucesor inmediato de Pablo se-
gundo, daba la dispensación para el casamiento del
Príncipe Don Fernando con la Princesa Doña Isa-
bel, legíCima heredera de los Reynos de Castilla c
de León , mostrando á todos como el deudo que avia
entrellos , ningún empacho les dava para su casa-
miento, é ansí el Arzobispo fizo su desposorio por
consentimiento del Príncipe é de la Princesa. Este
auto ansí fecho, el Príncipe se fué á la posada del
Arzobispo, é otro dia, que fueron diez y nueve de
Otubre, el Príncipe se volvió á la casa de Juan de
Vivero, donde la Princesa posaba, é ante que cele-
brasen los desposorios, segunda vez el Arzobispo
mandó facer la protestación ya fecha ; el Arzobis-
po los desposó y veló, é aquel dia todo se consumió
en fiestas y danzas é mucha alegría ; é la noche ve-
nida , el Príncipe é la Princesa consumieron el ma-
trimonio. Y estaban á la puerta de la cámara cier-
tos testigos puestos delante, los quales sacaron la
sábana que en tales casos suelen mostrar, demás do
haber visto la cámara do se encerraron, la qual en
sacándola , tocaron todas las trompetas y atabales
y menistriles altos , y la mostraron á todos los que
en la sala estaban esperándola, questaba llena de
gente. E por siete dias duraron las fiestas, é guar-
dándose la católica costumbre, pasados estos diap,
el Príncipe é la Princesa fueron á oir misa solcno
en la Iglesia Colegial de aquella villa, por recebir
las bendiciones; la qual misa dixo el Arzobispo.
Estas nuevas sabidas por el Rey Don Enrique é por
el Maestre de Santiago, ovieron dellas gran triste-
za, é pesóles mucho de aA^er gastado vanamente el
tiempo en la estada de Truxillo , sin facer caso al-
guno de lo que deseaban ; en lo qual se dio lugar
al Príncipe Don Fernando para que libremente pu-
diese tomar su mujer. E con grande enojo él se fué
para Segovia, y el Maestre de Santiago, muy fati-
gado de quartana , se partió para Ocafia. Y luego el
Príncipe y la Princesa, por consejo del Arzobispo
ó del Almirante , embiaron al Rey sus embaxadores •
los quales fueron Mosen Pero Baca é Diego de Ri-
bera, el Ayo del Rey Don Alonso, é Luis de Ante-
zana. La conclusión de la embaxada era suplicando
humildemente al Rey quisiese aprobar el matrimo-
nio fecho , no dando en esto cargo alguno al Arzo-
bispo , como él lo oviese trabajado, conosciendo la
verdadera medicina de los males destos Reynos,
ser el ayuntamiento destos dos Príncipes, é que
sin duda si él conociera otra cosa para esto mas con-
veniente , él la procurara con toda diligencia ; lo
qual el Rey debia aprobar, si le placía el remedio
común de los males destos Reynos ; á lo qual el Rey,
por consejo del Arzobispo de Sevilla, ninguna otra
cosa respondió salvo que convenia esperar la veni-
da del Maestre de Santiago, con consejo del qual
aprobaría lo que fuese de aprobar, é siguiendo esta
seña mandó dar sus letras á los embaxadores, los
quales carecían de título del Príncipe. Los quales
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
55
vueltos á Valladolid , fué determinado quel Arzo-
bispo enibiase familiarmente al Maestre de Santia-
go su sobrino, afetuosamente le rogando quisiese
tener manera con el Rey como aprobase lo fecho,
é quisiese tratar ol Príncipe é Princesa como á obe-
dientes menores hermanos, lo qual así puesto en
obra ninguna cosa aprovechó.
CAPÍTULO Lili.
De las divisiones y dolos acaecidos en las ciudades do Salaman-
ca 6 Córdoba , ó de la venida de los franceses en el condado de
Nanpurdan, c de la guerra del gran Turco.
En este tiempo el Rey Don Enrique , continuan-
do su dañado propósito por aver á Don García, Con-
de de Alva, fizóle merced de la ciudad de Salaman-
ca, en la qual como de grandes tiempos acá oviese
bandos de la mayor parte de los caballeros della,
algunos por dineros, otros por ser del ayudados en
BUS bandos le servian y acataban. E como en este
tiempo oviese debate entre ellos , el Conde de Alva,
. como fuese tan vecino , vino allí con color de los
poner en paz acompañado de muchas gentes, así de
caballo como de pié , con intención de se apoderar
de aquella ciudad. E como con algunos fablase, di-
ciéndoles la merced que el Rey della le habia fecho,
creyendo atraerlos á su querer , ellos seyendo ami-
gos de su libertad, fablaron con los principales de
aquella ciudad, faciéndoles saber el propósito con
quel Conde allí era venido , lo qual sabido por ellos
recorrieron á las armas, é fecho grande ayunta-
miento de gentes, pelearon con el Conde de tal ma-
nera, que ovo de salir do la ciudad con grande pér-
dida é daño suyo é de sus gentes. Lo qual sabido
por el Rey , salió de Segovia con seiscientos de ca-
ballo con propósito de prender al Príncipe é á la
Princesa, lo qual no pudo acabar porquellos esta-
ban en tan buen recaudo que los no osó prender.
En este tiempo se fizo en Córdoba otra mayor
guerra, de la cual fué causa la ida del Rey en aque-
lla ciudad , so color de allanar los debates della é
restituirse las fortalezas quel Conde de Cabra é Don
Alonso de Aguilar contra su voluntad le tenían to-
madas ; y entonces dio el Alcázar de Córdoba y la
Torre de la puente al Conde de Cabra, de que mu-
cho desplugo á Don Alonso de Aguilar, é pensó
como podría recobrar aquellas fuerzas , y esperó al-
gunos dias, fasta que allí vino el mariscal Don Die-
go de Córdoba, al qual Don Alfonso prendió á cau-
sa de la qual prisión ovo entrellos grandes debates,
c Don Alonso combatió con gran gente la fortale-
za , é ansí mismo la torre de la Puente, lo qual todo
obró en gran daño é muerte de sus gentes. E como
quiera que de todo esto el Rey fuese avisado , nin-
gún remedio á ello dio.
En esto tiempo el Príncipe Don Fernando embió
en Aragón al coronista Alonso de Palencia, por su-
plicar al Rey su padre le mandase embiar dinero
para pagar el sueldo á mil lanzas que tenía é le
convenía tener en Valladolid é sus términos, por-
quel Rey Don Emúque no oviese lugar de lo ofen-
der como lo procuraba cada día , no demandándole
otra cosa, salvo que á él é á la Princesa quisiese oír
á justicia. En el qual tiempo el Rey de Aragón es-
taba en la villa de Monzón, donde avia llamado los
tres Estados por ir á resistir á los franceses , que ya
tenían ocupada alguna parte del Condado do Nam-
purdan , mostrando el Rey Luis de Francia esto fa-
cer por ayudar al Duque Juan , fijo del Rey Renel,
que se llamaba Rey de Aragón, que poseía á Bar-
celona é á Gerona para lo qual avia metido en Ca-
taluña veinte mil hombres de armas , creyendo que
si por la vejez del Rey de Aragón, é por estar pobre
é por el Rey Don Enrique de Castilla serle contra-
rio, podía ligeramente tomarle la tierra ; y en aque-
llos dias se comenzó guerra por el Duque Cario de
Borgoña en favor de su cuñado Duarte, Rey de In-
glaterra , y en Italia se ovo gran turbación por el
armada del gran Turco á que los príncipes christia-
nos poco curaron socorrer, como el Rey Luis de
Francia curase mas entender en la injusta guerra
que al Rey de Aragón facía, ó los otros príncipes
cada uno curase mas de entender en su bien parti-
cular, que en el universal provecho de todos.
CAPÍTULO LIV.
De la pertinacia y engañosa división quel Rey ovo por esperar la
venida de los franceses, é déla suplicación de los vizcaínos é
lispuscanos, é déla venida y embaxada de Francia é de su
partida para Bretaña.
Muy poco aprovechó cerca del Rey Don Enrique
la justa suplicación é protestación fecha por los
Príncipes Don Fernando y Doña Isabel , estando el
Rey muy atento esperando la venida del Cardenal
Trapacenee por concluir el casamiento de la hija de
la Reyna Doña Juana, que suya llamaba, con el Du-
que de Guiana, hermano del Rey Luis de Francia,
el qual venia acompañado de muchas gentes é con
él venía el Conde de Bolonia; la qual embaxada
el Rey embió á mandar que viniese á la villa de Me-
dina del Campo. En el qual tiempo los vizcaínos é
lipuscanos, sabiendo que este casamiento se trata-
ba , é seyendo certificados quel Rey Don Enrique
avia fecho merced á Don Pedro de Velasco, Conde
de Haro, de la villa de Bilbao, del gran sentimien-
to que tenian , acordaron de suplicar al Rey que no
quisiese facer este casamiento tan dañoso para sus
Reynos , ni quisiese meter en ellos franceses , que
sería encender fuego que rauj' tarde se acabase. E
los primeros queste daño avian de sentir serian ellos
por la cercana vecindad que tenian. E los cmbaxa-
dores do Francia llegaron á la ciudad de Burgos en
fin del mes de Julio de mil quatrocientos setenta
años para desde allí se venir en la villa de Medina
del Campo ; y en el camino ovieron nuevas por
mensageros del Rey de Francia, por los quales fue-
ron certificados que la Reyna su muger avia parido
hijo , la qual ante de entonce avia siempre parido
hijas ; de lo qual el Cardenal fué muy triste, porque
en el trato del casamiento del Duque de Guiana,
siempre decia él ser verdadero heredero de los Rey-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
nos de Fiaacia ; ó así después del parto de la Rey-
na de Francia, muchas novedades se comenza-
ron, é por mandado del Rey de Francia mudaron el
consejo, dejando de proseguir la comenzado, é par-
tiéronse para Bretaña, porqucl Roy Duaitc de In-
glaterra ó Carlos Duque de Borgofia comenzaban
facer guerra al Roy Luis de Francia. En el qual
tiempo el Conde do Barruy é muchos do los nobles
de Inglaterra sacaron de prisión al Rey Enrique,
que dias avia estaba preso, y el Rey Duarte ovo de
ir fuyendo en Borgoña por demandar ayuda al Du-
que su cuñado.
CAPÍTULO LV.
De las novedades quel Rey Luis de Francia en las parles de Ilalia
movió.
El Rey Luis de Francia como fuese codicioso é
promovedor de guerras , siempre procuraba noveda-
des ; é como ya oviese puesto discordia entre loa
Grandes de Inglaterra, después del nacimiento de
su hijo comenzó de hazer alianzas é nuevas amis-
tades en Italia , ó poner diferencia entro los Prínci-
pes é los pueblos della, para lo qual ovo mayor lu-
gar seyendo Padre Santo Pablo Segundo, á quien
siempre novedades placían ; é como se fallase muy
rico é poderoso, pensaba todas las cosas poder traer
á su voluntad por difíciles que fuesen ; ó como el
Rey Luis de Francia oviese poco cuidado de repa-
rar los males quel gran Turco á los christianos f acia,
curó solamente de atraer á sí la voluntad del Duque
de Milán, Galiazo Maria Esforza, hijo del Duque
Francisco Esforza ; el (jual aunque en muchas cosas
siguiese las pisadas del padre, engañado por el
deudo que ya tenía con el Rey de Francia , como
fuese casado con hermana de la Reyna , acordóse
con él, é ovo entrellos consejo que se ficiese amistad
é alianza entrellos y algunos príncipes é pueblos de
Italia, lo qual el Papa Pablo trabajaba, atrayendo
á esto el Rey Femando de Nápol , requiriendo en
esto los florentines, los quales avian por grave de
se partir de su vieja amistad , é demandaban algún
tiempo para que mas honestamente aquello pudie-
sen facer. La concordia se fizo del Papa con el Rey
de Nápol, la qual trajo al Rey mas provecho que
honor al Santo Padre, como el Rey ovo del Papa las
ciudades de Benavente é San Germán que ala Sede
Apostólica pertenecían, porque la ciudad de Armiño,
poco antes ocupada, fuese restituida al Papa , é el
hijo de Sigismundo , á quien la había querido res-
tituir, la tuviese consigo en la provincia de Nápol,
ó le proveyese dándole equivalencia por la ciudad do
Armiño quel Santo Padre avia dado como aquella
ciudad á el hijo de Sigismundo perteneciese por ser
patrimonio de su Padre ; é como esta amistad no to-
viese verdadero fundamento de virtud , della se si-
guió gran daño al negocio principal de laguerrade
los turcos, como los venecianos al comienzo destas
cosas estoviesen como atónitos , é no pudiesen pro-
veer á los negocios de Italia como convenia en las
cosas de la guerra de los turcos, en que todos esta-
ban turbados, no sabiendo donde la armada suya
dispararía.
CAPÍTULO LVI.
Del perdimiento de la isla de Negroponte.
E por la poca resistencia quel gran Turco en
los príncipes christianos falló , acrecentó mucho la
gloria é la grandeza de su imperio , titulándose de
títulos muy injuriosos á la christiana religioa ; é ya
hallándose tan poderoso sin fallar ninguna repuuan-
cia parecióle grave de comportar que los venecianos
libremente poseyeren la isla antiguamente llamada
Boecia, que agora Negroponte se llama, que es en cl
mar greciano, donde fué la muy excelente ciudad de
Tebas, que malaventuradamente cayó, corea de la
qual es el monte Parnaso é no muy alongado de allí
la ciudad de Lacedemonia ; é los venecianos sospe-
charon quel gran Turco quería señorear aquella pro-
vincia, é algunos decían que avia de ir sobre Cecilia,
é otros en la isla de Creta, é otros en otras diversas
partes. Pero como los venecianos conociesen el gran
desamor quel gran Turco les avia siempre, cre-
yeron que iria sobre Boecia , para lo qual proveye-
ron enviando un capitán suyo llamado Nicolao de
Canal, con quarenta y cinco galeas é quince carracas,
mandándole que estuviese en las islas Caladas para
socorrer é guardar sus tierras , é para prestatnento
resistir á la flota del Turco donde quiera que supie-
sen que estava. En este tiempo el gran Turco em-
bió con su flota un capitán llamado Mahouiad, viz-
caíno, con quatrocientas é treinta y cinco velas de
diversos navios ; é mandóle que fuese en la isla de
Boecia, sin que persona del mundo supiese donde
iba ; é así la flota del Turco se vino en el mar Egeo,
y llegó á la isla deTencdos el día primero de Junio
del año de nuestro Redentor de mil é quatrocientos
é setenta años. E de allí se partió en once de Julio
en la isla de Embros , donde tomó por combate una
villa que tenia un capitán veneciano llamado Juan
Marcos, caballero muy esforzado, el qual fué allí
muei-to, é con él trecientos hombres escogidos, E de
allí la flota se fué en la isla de Leranos, la qual te-
nia Antonio Jacobo, ciudadano de Venecia; en la
qual cinco dias continuos combatió un castillo 11a-
modo Policastro, é no lo pudo granar por ninguna
fuerza ni arte. E de allí se fué á la isla llamada Ca-
teron, donde quemó una pequeña villa, el castillo de
la qual no pudo ganar, ó desde allí se fué á la isla de
Boecia, agora llamada Negroponte ; y en el mcsmo
dia que la flota allí surgió, llegó el gran Turco con
infinitas gentes de caballo é de pie , que avia pasa-
do por Tesalia é por Acaya, é luego mandó facer
artificiosamente sobre naves una maravillosa puen-
te en que avia en luengo trecientos pasos é quaren-
ta en ancho , por donde toda su gente pasase en la
isla sin trabajo. E de la flota descendieron allí con
su capitán cinquenta é cinco mil combatientes;
el qual puso su real cerca del monesterio de San
Francisco , y el gran Turco puso el suyo junto con
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
57
el monesterio de Santa Clara , é todas sus tiendas
eran coloradas. Y el primogénito del Turco puso su
real también de tiendas coloradas de la otra parte
de la villa. E traia el gran Turco, entre muchas otras
artillerías, diez tan gruesas lombardas, que un hom-
bre puesto de rodillas podia entrar en qualquiera
dellas sin llegar cabeza arriba , é treinta cortagas
de grandeza increíble, é muchos engeños é trabu-
cos é cabritas, con que combatía la villa de tal ma-
nera , que de diani de noche un momento no hablan
de descansar. Con todo eso la virtud é valentía de
los christianos era tan grande , que aunque ningu-
na esperanza tenian en los muros ni fosados, que
estaban llenos de agua, según los pertrechóse puen-
tes é bastidas y escalas que los enemigos tenian, no
dejaban de ferir muchos turcos , creyendo por las
manos poderse defender, como quatro dias sin ce-
sar oviesen maravillosamente peleado sin les poder
entrar por ninguna parte con bastidas ni escalas ; é
se creia que no les entraran , si no fuera por la trai-
ción de Tomas Ilirico, que dio lugar á los turcos;
los quales avian muerto todos los moradores de las
islas ya dichas, solamente dejando para su servicio
los mozos y mozas; y el gran Turco mandó cegar
el fosado , questaba lleno de agua, con gran muche-
dumbre de gabillas de sarmientos, donde queriendo
entrar los turcos, fué puesto fuego por algunos ca-
balleros italianos que allí estaban , donde por fierro
é por fuego fueron muertos catorce mil turcos ó
muy pocos christianos. Y el siguiente dia, como los
christianos toviesen su bandera sobre la cerca, los
turcos o vieron tan grande enojo , que súpitamente
todos vinieron á combatir la villa por diversas par-
tes ; é como los christianos oviesen muchos tiros do
pólvora ó gran ballestería, tan duramente pelearon
que mataron dellos diez y seis mil. E otro dia vol-
vieron á combatir la villa no con menor ardidez é
osadía que los dias pasados, en el qual combate mu-
rieron tres mil turcos ; y en este dia se mostró cla-
ramente la traición de Tomas Ilirico, por ayuda é
favor del qual los christianos vinieron en perdimien-
to, c los turcos se esforzaron tanto, que subieron por
la parte de los muros questaban derribados, é allí
fué la pelea muy agrámente peleada por ambas
partes ; é tan grande era la mortandad de los hom-
bres é caballos, que se fizo con ellos llana la entrada
del fosado. Duró tanto esta pelea que era cerca del
dia quando los turcos ganaron el muro de la villa,
é la crueldad del Turco fué tan grande, que ningu-
na persona perdonó ; é muertos todos los christianos
por mandado del gran Turco', fueron contados to-
dos los muertos ansí turcos como christianos , é fa-
llóse de los turcos ser treinta y nueve mil , é de los
christianos treinta mil. Y el mal aventurado caba-
llero Nicolao de Canal, capitán de los venecianos,
que muy cerca dende estaba con quarenta y cinco
galeas é quince caracas , no quiso socorrer á los déla
villa, ni tampoco á los caballeros italianos que su
ayuda esperaban ; el qual les pudiera muclio valer
si quisiera. Esta vitoria ávida por el gran Turco, de
alli se oartió para islas cercanas , las quales todas ,
se le dieron sin pelear. De lo qual gran variedad
avia de pensamientos en el Senado de Venecia, por-
que este caballero en muchas cosas pasadas se avia
mostrado forzado é valiente, é siempre avia dado
de sí buena cuenta; é los unos creian questo fuese
por trato que con los turcos toviese , otros creian
esto ser fecho por parte del Santo Padre , porque
como quiera que pareciese ayudar é defender é fa-
vorecer á los venecianos, muchos dias avia que
tenia con ellos secreta enemistad , porque siendo el
padre Barbo ante que fuese Santo Padre, el Senado
de Venecia avia desterrado de allí á algunos parien-
tes suyos. Como quiera que sea , este mal caballero
pudiera mucho ayudar su partido si quisiera, según
el gran poder que tenia, por cuya culpa los venecia-
nos recibieron gran daño, que toda la christiandad
no bastaría á remediarlo.
CAPÍTULO LVII.
De la nueva embajada de I(ts franceses venida por el casamiento
de Carlos, Duque de Guiana , con Doña Juana, hija déla
Ueyna.
En este tiempo el Rey Luis de Francia , que no
solamente dejaba de ayudar é favorecer á la religión
christiana mas aun á los príncipes ó provincias á
quien debiera traer á dar ayuda, injustamente fati-
gaba é contra ellos facia guerra, c fasta las postri-
meras partes d'España metia discordias y disensio-
nes. E del colegio de Roma sacó al Cardenal Trapa-
cense, porque con la soberbia é audicia é maliciosa
astucia de aquel buscase cosas nuevas, al qual quiso
fuese corredor del dañoso é aborrecible casamiento
de Carlos, Duque de Guiana, su hermano, con Doña
Juana, fija de la reina Doña Juana. El qual por su
mandado vino en la villa de Medina del Campo con
docientas é cinquenta cabalgaduras, dondel Roy Don
Enrique los esperaba é los Grandes que se siguen :
Don Juan Pacheco, Maestre de Santiago, Don Alva-
ro d'Estuñiga, Duque de Arévalo é Conde de Placen-
cia, é los Condes de Bcnavente é Miranda, é Don Pero
González de Mendoza, Obispo de Sigüenza; los qua-
les todos con gran pompa lo salieron árecebir, é des-
que fueron juntos en el palacio, el Cardenal esplicó
su embazada por palabras muy deshonestas, ca era
hombre sin vergüenza é osado , é parecíale que la
sabiduría en aquello consistía ; y entre las otras co-
sas dixo algunas injuriosas al Príncipe Don Fer-
nando é á la Princesa Doña Isabel y al Arzobispo
Toledo, é atacaba de malicia é de infidelidad á la
gente d'España, y con su soberbio fablar pensaba la
voluntad de los oyentes, á quien claramente inju-
riaba, atraer á lo que quería , deseando quel casa-
miento del Duque de Guiana se concordase con
Doña Juana, hija que se llamaba del Rey Don En-
rique , é allende destas cosas otras muy mas locas
palabras. En presencia del Rey é de todo su Conse-
jo habló, no habiendo vergüenza de injuriar al Rey
Don Alonso, é á todos los Grandes que con él esto-
vieron, ni menos á los ausentes príncipes Don Fer-
nando é Doña Isabel , al Rey tan conjuntos. En
ós CRÓNICAS DE LOS
deudo de lo quul , el Rey como fuese usado de so-
frir injurias, ningún sentimiento mostró, ni tampo-
co los Grandes que presentes estaban, antes el Rey
determinó de facer este casamiento, é muchos ovo
de los nobles deste Reyno , así de la casa del Ar-
zobispo de Toledo , como de otros Grandes , que
determinaron poner las manos en el Cardenal al
tiempo que destos Reynos saliese , y sin duda so
pusiera en obra si el Arzobispo y el Almirante Don
Fadrique á ello dieran lugar ; y el Rey continuan-
do BU propósito, dio forma de ir á la ciudad de Se-
govia para á facer el desposorio de Doña Juana,
que su fija llamaban, con Carlos, Duque de Guiana,
hermano del Rey Luis de Francia ; para lo qual
tomó consigo á Don Juan Pacheco , Maestre de San-
tiago, é al Conde de Placencia, Don Alvaro d'Estu-
ñiga , llamado Duque de Arévalo , é al Arzobispo
viejo de Sevilla, Don Alonso de Fonseca, é á Don
Diego d'Fstuñiga, Conde de Miranda, é á otros mu-
chos que favorecían este tan gran error. Y en veinte
dias de Otubre del año de nuestro Redentor de mil
é quatrocientos é setenta años se partió de Segovia,
é se fué al monesterio de Cartujos que se llamaba
Sotos Albos, donde el Marqués de Santillana é sus
hermanos avian de venir con Doña Juana, hija de
la Reyna ; la qual como el Rey supo que venia, por
la mas honrar, la salió á recebir ; é desque todos
fueron juntos en un valle ques entre Buytrago é
una pequeña aldea que ende está, se comenzó á en-
tender en el negocio, ó el Rey en presencia de to-
dos declaró su voluntad en gran daño de la prince-
sa Doña Isabel su hermana. Faciendo dia muy cla-
ro, un viento súpito se levantó con una tan grande
escuridad de nublados é de agua é granizo tan
grande, que no se pudiendo remediar, se partieron
los unos de los otros , buscando cada uno donde
pudiese guarecerse, dejando á Doña Juana sola. Ni
el Rey que era usado de sofrir muchas veces nieves
é vientos, no se pudo sofrir, que no desamparase la
hija tan amada , la qual sola quedó con un mozo
de8puelas,el qual la puso debajo de algunos robles,
y estuvo alli una gran pieza fasta que pasó aquella
turbación ; é los caballeros con gran vergüenza vol-
vieron ala buscar , de los quales algunos ovo que
pronosticaron de aquel caso los males que después
vinieron, á causa desta Doña Juana , nacida por
daño universal d'Espaüa ; lo qual conocían por la
voluntad divina aver seido fecho, porque fuese por
todos conocido el aborrecible ayuntamiento ser alli
fecho en ofensa de Dios y en daño común destos
Reynos. Después desto, el Rey con todos los caba-
lleros ya dichos se volvió en Segovia por dar conclu-
sión en lo por él deseado. E queriendo el Rey que
los autos del desposorio so celebrasen , los embaxa-
dores del Rey de Francia dixeron que antes questo
se ficiese, querían ver el derecho que Doña Juana
tenia á la sucesión de los Reynos de Castilla é de
León ; que como á todos fuese notorio el debate
que avia si esta sucesión pertenecía á Doña Isabel,
su hermana del Rey, ó á Doña Juana su hija, que á
ellos convenía ver la certitumbre de aquesto, ante
REYES DE CASTILLA.
que se obligase el Duque de Guiana á este casa-
miento á ellos encomendado , porque de aquí no se
siguiese guerras ó daños entre los franceses é espa-
ñoles, entre los quales avia buena paz. A los quales
el Rey é la Reyna respondieron que eran prestos á
mostrar la obedencia fecha por legítima heredera
sucesora destos Reynos á Doña Juana su hija, con
juramento y omenaje de los Grandes de los Reynos
de Castilla y de León, por todos los pueblos dellos;
el qual juramento é omenaje fazia asaz firme el de-
recho hereditario de Doña Juana , su hija ; pero si
allende desto otra mayor seguridad querían, porque
no fuesen acusados de negligencia por el Rey de
Francia é por el Duque de Guiana que avia de ser
príncipe de Castilla é de León , le placía en público
delante de todos, la Reyna, en la Iglesia mayor de
Segovia, solemnemente recibir el Cuerpo de nues-
tro Señor , y diciendo la misa el Cardenal , é antes
que acabase de consagrar, tomó el Corpus en las
manos, y subió la Reyna Doña Juana al altar ma-
yor, y en presencia de todos juró ser hija D.* Juana
del Rey Don Enrique y della, de que los embaxa-
dores fueron contentos ; é dixo q«e por tal la daba
de muy buena voluntad por esposa á Carlos, Duque
de Guiana, con consentimiento , así de los Grandes
destos Reynos , como de los pueblos ; lo qual los
embaxadores acetaron , y el desposorio se fizo con
grandes alegrías y juegos. Y luego el Rey Don En-
rique reprobó á su hermana por ciertas cláusulas
escritas en letras que por estos Reynos envió, por-
que todos fuesen certificados de la reprobación fe-
cha por él de Doña Isabel , su hermana. No ovo te-
mor de Dios ni vergüenza del mundo el Rey Don
Enrique de facer este aborrescible desposorio;
aviendo pasado los autos ya escritos cerca de los
Toros de Guisando, en presencia de los Grandes des-
tos Reynos y del Obispo de León, legado á latero é
Nuncio Apostólico , é infinitas gentes , donde con-
fesó espontáneamente é juró en las manos del dicho
legado públicamente, Doña Juana ser hija adulte-
rina de la adultera Reyna Doña Juana, é no suya;
é allí juró é fizo jurar á todos los Grandes que allí
estaban por princesa é legítima heredera destos
Reynos é señoríos á la señora Doña Isabel, su her-
mana.
CAPÍTULO LVIII.
Del bienaventnrado parto de la Serenísima Princesa Doña Isabel,
é de como le fué tomada por el Rey Don Enrique la villa do
Medina del Campo.
Como en este tiempo no solamente muchos de los
Grandes destos Reynos, mas generalmente todos
los pueblos estoviesen doseosos de ver el parto de
la Princesa, mayormente los que en la villa de Due-
ñas estaban con ella con muy mayor ansia lo espe-
raban ; é como ya se acercase el dia é las señales
pareciesen, estaban en gran cuidado recelando su
peligro. E plugo á nuestro Señor que á quatro ho-
ras del dia del mes do Otubre del año de nuestro
Redentor de mil quatrocientos setenta años, la se-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
59
ñora Princesa parió una hija, á quien llamaron
Doña Isabel como a su madre. E cerca del Rey Don
Enrique estaban dudosos si era hijo ó hija. Como
de la verdad fueron certificados por mandado del
Rey, Rodrigo de ülloa y Alvaro de Bracaraoute, se
fueron á Medina del Campo que era de la Princesa,
é luego quitaron su justicia é pusieron otra nueva
en nombre del Rey ; é de las rentas de las ferias
que en aquella villa dos veces en el año se facen, el
Rey dio la mayor parte á Don García de Toledo,
Duque de Alva, é la otra parte dio al Arzobispo vie-
jo de Sevilla en gran mengua y daño de su herma-
na la Pi'incesa en galardón de no haber querido to-
mar el título de Reyna quando el Rey Don Alonso
su hermano murió. E trabajaba porque la ciudad de
Avila, que á la Princesa obedecía, le fuese tomada,
á la qual empachó el presto remedio del Príncipe,
que luego á ello envió á Gonzalo Chacón con cien-
to é cinquenta de caballo, é envió á mandar á Pe-
dro de Avila, señor de Villaf ranea é de las Navas,
que se juntasen ambos á dos é toviesen la guarda
de aquella ciudad. En el qual tiempo de dos forta-
lezas queran del Aftsobispo de Toledo é se las auian
furtado, se facían grandes robos, la una llamada
Canales, que tenia Cristóbal Bermudez, é la otra
Perales, que tenia Vasco de Contreras ; á los qualcs
el Rey Don Enrique mucho favorecía. En este tiem-
po vino en estos Reynos un caballero de la Orden
de San Juan, Guido de Monte Alvaldo enviado por
embaxador del maestre de Rodas con facultad suya
é con letras del Papa Pablo para proveer del Prio-
razgo de San Juan á Don Alvaro d'Estufiiga , hijo
del Duque de Arévalo, al qual el padre en ninguna
cosa ayudaba, porquel Maestre de Santiago ayuda-
ba á Don Juan de Valenzuela , que por Prior de San
Juan so avia ; al qual el Príncipe é la Princesa y el
Arzobispo de Toledo favorecieron. A Don Alvaro
d'Estufiiga desbarató la gente quel Maestre avia
embiado en favor de Don Juan de Valenzuela, é to-
mó la fortaleza de Consuegra é labróla é fortificóla;
y en este mesmo tiempo Don Alonso de Monroy,
Clavero de Alcántara, como sóplese quo doscientas
lanzas del Maestre Don Gómez de Solis estoviesen
cerca de Guadalupe, se fué á pelear con ellos, é me-
tiéronse en la villa, é allí los cercó ; é los principa-
les se lo dieron, é á los otros despojó de caballos é
armas é ansí los embió; de que gran daño se siguió
á los moradores de aquella villa.
CAPÍTULO LIX.
Oc la villa que ovo Don Jorge Manrique , que ayudaba á Don
Juan de Valenzuela , prior de San Juan de (juel ovo la Vi-
toria.
En mucho fué culpado de todos el Duque de Aré-
valo por dexar de ayudar á Don Alvaro d'Estuñiga
su hijo por complacer al maestre de Santiago, que á
Don Juan de Valenzuela] favorecía ; el qual Don
Alvaro ovo do buscar el favor del Arzobispo de To-
ledo é de sus primos los hijos del Conde de Pare-
des, Don Rodrigo Manrique , entre los quales Don
Joj-ge Manrique comendador de Montizon maravi-
llosamente favoresció á Don Alvaro d'Estuñiga su
primo ; el qual como fuese caballero mucho esfor-
zado é con entera voluntad quisiere ayudarle, mu-
chos de los que al Rey Don Enrique seguían y es-
tovieron juntos en Ajofrin , lugar de la ciudad de
Toledo, Don Jorge con la gente que pudo aver,
aunque no era igual número de la que ayudaban á
Don Juan de Valenzuela , determinó de ir á pelear
con ella, é salió de la villa de Alcázar, en un día del
mes de Diciembre del año setenta ; é porque la gen-
te de caballo que llevaban era poca, acordó do lle-
var peones bien armados , é porque no se cansasen,
mandólos sobir en carretas ; é como el camino era
llano, andubo á gran priesa ; é visto los enemigos
que ya estavan en el campo, mandó que todos pres-
tamente viniesen é puso la gente de caballo en un
tropel, é mandó poner los peones á su mano dere-
cha é con grande osadía paso á paso fué f erir en los
contrarios, donde la batalla fué ásperamente pelea-
da por ambas partes ; é los peones siguiendo el
mandado de Don Jorge , firieron tan sin temor en
los enemigos, que mataron muchos caballeros é los
que allí cayeron fueron luego por los peones dego-
llados, de tal manera que los del Rey Don Enrique
á rienda stielta ovícron de foír ; c los enemigos así
vencidos, Don Jorge se volvió á la villa de Alca-
zar donde avia salido.
CAPITULO LX.
De la muerte del Duque Juan hijo de Renel, que fué Rey de Cesi-
lia.é del malaventurado caso acaecido al primogénito Conde
de Fox,
Mucho ayudó la fortuna á los serenísimos Prín-
cipes Don Fernando é Doña Isabel en un gran da-
ño que se les aparejaba , si los franceses mucho
tiempo poseyeran á Barcelona. Como el Rey Luís
de Francia desde allí ganara la mayor parte de las
fortalezas del Príncipe Don Fernando, ansí en Ca-
taluña é Aragón como en los Reynos de Castilla é
de León , como sea cierto que tanto quel Duque
Juan tuvo á Barcelona con ayuda del Rey de Fran-
cia, cada día se aumentaba el señorío del Rey Don
Juan de Aragón ; el qual ya no podía resistir los
enemigos, así por la decrépita edad suya, como
por la demengua del dinero, lo qual todo quiso
nuestro Señor remediar maravillosamente ; donde
quiso que se cumpliese aquella sentencia de Grigo-
rio que dice que entonce nuestro Señor embía los
remedios, quando los hombres no esperan de aver-
íos, cayendo estos daños sobre aquellos que busca-
ron sin causa destruir al verdadero Rey y su legí-
timo heredero ; como ya no tuviesen ninguna ayu-
da á tan grandes fatigas , donde por la mano de
Dios vino en el intruso Duque Juan que Rey de
Aragón se llamaba tan grave enfermedad, que fué
verdadera medicina á los trabajos é infortunios de
Don Juan, verdadero Rey de Aragón, en tanto que
como el Duque Juan se viese en peligro de muerte
é conociese aquella enfermedad serle venida por la
60 CRÓNICAS DE LOS
mano de Dios , mandó llamar á todos los principa-
les de Barcelona á los quales amonestó é requirió é
rogó que no quisiesen estar más en la rebelión que
contra su verdadero Rey avian estado y estavan,
mas á la clemencia suya con grande humildad per-
don demandasen, á. quien sin duda la potencia di-
vina ayudaba como pareciese que en tanta edad,
aviendo perdido la vista, se la avia tornado. E co-
mo los barceloneses estuviesen endurecidos en su
malvada pertinacia, trayeron de lo postrimero de
España á Don Pedro, Condestable de Portugal, hi-
jo del Infante Don Pedro , al qual por Rey recibie-
ron, y en breve tiempo malaventuradamente murió;
ó como en su enfermedad conociese que nuestro Se-
ñor quisiese dar fin á los trabajos del Rey Don
Juan de Aragón , á los barceloneses exhortó que en
otra manera mirasen las cosas que fasta allí las
avian mirado, é inclinasen los corazones á la ver-
dad, ni quisiesen tener la malvada rebelión que
fasta allí contra su Rey avian tenido , en tal perdi-
miento ó desolación do aquella miserable ciudad,
certificándoles que si de aquella enfermedad se le-
vantaba él, buscaría modo como con buena conve-
nencia é sin peligro de los ciudadanos el Rey de
Aragón fuese señor de lo suyo , é si la muerte lo
llevase , que otra vez y otra les i'ogaba y amones-
taba que no buscasen otras nuevas redes en que se
embolvcr, é conociesen á su Rey, é fuesen ciertos
que la desordenada codicia y ambición del Rey Luis
de Francia avia fecho venir en aquella ciudad al
Duque Juan su primo, por no solamente apode-
rarse del Condado de Rosellon é Concentayna , más
de la provincia de Ampurdan , con sed inestingui-
ble de ocupar todo lo que pudiese. Estas cosas é
otras se afirman ser dichas á los barceloneses, los
quales como ya estoviesen obstinados en su per-
tinacia, ninguna cosa de su propósito les pudo
tirar ; con todo eso , después de la muerte del Prín-
cipe, aunque mostraron defenderse con ayuda de
los franceses, ya los populares claramente osaban
decir mal de los mayores, é loaban la virtud del
Rey á quien contra toda justicia tan luengamente
avian aflejido ; é turbó mucho los corazones de
todos el mal aventurado caso acaecido al primo-
génito del Conde de Fox, á quien esperaban ser
Rey de Navarra, al qual el Rey Luis de Francia
avia desposado con su hermana, con quien enten-
día meter viva sentella en los Rey nos de Aragón.
É como en este tiempo viniese la nueva al Rey de
Francia de ser fecho el desposorio de su hermano
el Duque de Guiana con Doña Juana, llamada hija
del Rey Don Enrique , ficieron en su corto grandes
fiestas por este desposorio , entre las quales se or-
denó una justa de guerra, en la qual el mal aven-
turado mancebo primogénito del Conde Fox justó,
é por liviano é feble ames f uéle dado un encuentro
que todo el cuerpo le pasó, é ansí súpitamente mu-
rió ; por quien muchos dixeron esto aver seido di-
vino misterio, como el Rey de Francia coii este
pensase muy mayores daños ministrar al ilustrísi-
mo Rey de Aragón porque desde Navarra nueva
REYES DE CASTILLA.
guerra los franceses pudiesen facer á Don Fer-
nando, Príncipe de Aragón, Rey de Cisilia, á
quien la sucesión pertenecía de los Reynos de Cas-
tilla é de León , y por cierto en otra manera lo dis-
puso la soberana Providencia , que todos los casos
dichos quiso é ordenó que fuesen en favor é ayuda
del Príncipe Don Fernando por destruir la maldad
é porfiosa obstinación de los barceloneses, los qua-
les con toda el ayuda de los franceses nunca pudie-
ron cobrar el puerto de Colibre, ques cerca de Gi-
rona, por la industria é buena guarda de un capi-
tán natural de Mayorga á quien el Rey de Aragón
la avia dado , donde murieron muchos de los fran-
ceses con tiros de pólvora é ballestas por la virtud
de los buenos que en aquella fortaleza estaban, que
con mano vigorosa ficieron fuir los franceses.
CAPÍTULO LXI.
De la causa que ovo para los debates é guerras de Don Pedro de
Velasco, Conde de ílaro, con Don Pero Manriquez Conde Trc-
viño, primo suyo.
La vecindad de la tierra de estos señores dio cau-
sa que entrellos oviese algún desamor ; é como los
vasallos del Conde de Treviño recibiesen algunos
agravios de los vasallos del Conde de Haro, y él no
lo remediase, el Conde de Treviño tenia desto gran
sentimiento, como quier que lo disimulaba por no
aver tiempo para se vengar : donde ansí fué que co-
mo el Rey Don Enrique todavía estoviese en pro-
pósito de casar á Doña Juana, hija de la Reyna,
con el Duque de Guiana é conociese esto desplacer
á los vizcaynos é lipuscanos, parecióle ser necesa-
rio ponerles freno, para lo qual acordó de embiar
en aquellas provincias á Don Pedro de Velasco,
Conde de Haro, con sus poderes muy bastantes pa-
ra los costreñir é apremiar á facer su querer é vo-
luntad ; é como el Conde de Haro era hombre sa-
gaz é desease acrecentar su estado, parecióle esto
le venir muy bien , é con muchas gentes se apoderó
de la ciudad de Vitoria ques cabeza de la provincia
de Álava, é desde allí trató con los de Malbaseda
con quien tenia antigua amistad, á los quales atra-
jo á su querer é desde Vitoria se fué para la villa
de Bilbao , ques la más noble de Viscaya , donde
quiso mostrar su grandeza ; é como los vizcaínos
tengan antiguas leyes é costumbres que puedan
desnaturarse del Rey si atentase quebrantarlas, y
el Condestable ay quisiese algunas cosas facer con-
tra sus leyes é costumbres, los vizcaínos fueron
dello muy mal contentos, é pensaron buscar su re-
medio, aunque la antigua discordia entrellos, en
que inumerables gentes por fierro é por fuego avian
sido muertos, ansí de linaje de Oñez como de Gam-
boa que aquella provincia señoreaba, les dava gran-
de estorbo, y el odio que entrellos avia repunaba
al deseo de la libertad, é la enemistad que ninguno
fasta entonces pudo quitar de entre estos dos lina-
jes á la ambición y deseo de señorear aquella pro-
vincia. El Condestable buscó nuevas vías de recon-
ciliar los enemigos do tan largos tiempos ; ni pu-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÍíAS.
61
dieran ningunos religiosos ni otras personas miti-
gar lá ira de los corazones quel amor de la libertad
podo templar en el Conde de Haro, olvidando la
persuasión del muy virtuoso é muy noble padre su-
yo , el qual al tiempo de su fallecimiento le rogó é
requirió que á los grandes de Vizcaya é Lipuzcoa
quisiese tratar amigablemente como á parientes é
mucho amigos, certificándole que si en otra manera
lo ficiese se le seguirla dello gran daño ; é como ya
los vizcaínos oviesen enteramente conocido el pro-
pósito con quel Conde de Haro en aquellas provin-
cias entrava, é fuesen ciertos que buscar remedio
en el Rey seria demasiado, determinaron de reque-
rir por ayuda a Don Pedro Manrique, Conde de
Treviño , el qual como quiera que fuese primo del
Conde de Haro é como del estoviese quejoso, pen-
só serle venido tiempo para vengar sus injurias,
lo qual podia bien facer con aquella gente que en
tan gran fatiga se veia, é ovieron consejo de re-
conciliar á los dos principales caballeros , los qua-
les eran Juan Alonso de Moxica é Pedro de Aven-
daño, hombres muy dispiertos en la guerra, los
quales vinieron á'la villa de Carrion, donde falla-
ron al Conde de Treviño ; los quales como el Conde
conociese dias avia ser enemigos, maravillóse de su
venida, é fabló con cada uno dellos aparte, é meti-
dos en una celda en el Monerterio de San Francis-
co fabló con amos á dos juntamente, é cada uno
dellos mirando el uno al otro estuvieron turbados é
ninguna cosa fablaron, E como el Conde viese la
turbación suya, comenzó la fabla, rogándoles mu-
cho que su vieja enemistad no turbase el bien co-
mún é libertad de todos. Entonces Juan Alonso de
Moxica dijo á Pedro de Aven daño : «Pedro de
Avendaño, ¿dónde está mi padre que vos cruel-
mente con fuego matasteis ? » Al qual Pedro de
Avendaño respondió : «¿Qué voluntad pensáis que
08 tenga aviendo por vuestra mano muerto á mi
hijo é á mis hermanos é á muchos otros de mis pa-
rientes?» Oidas estas palabras por el Conde, dijo :
«Parientes, señores y amigos, dejad de fablar en
las viejas querellas ; encomendaldas á olvidanza,
pues otro remedio no tienen, é fáblese en las cosas
presentes de que mayor caida para todos se espera ;
¿qué dolor puede aver en los que ya perecieron
ansí de una parte como de la otra? más es de doler
de los que viven en miserable catividad que la
muerte de aquellos que en libertad la recibieron que
ninguna infamia podia ser igual á la de vosotros
gente noble Vizcaya, á quien nunca la mano real
pudo domar voluntariosamente, si quisiéredes el
yugo infame consentir. El justo imperio de los re-
yes nunca quisistes sofrir, ¿é sofrireis agora el tira-
no señorío del Conde de Haro? Pues tornad en vo-
sotros las fuerzas que aver soliades que vanamente
ejercitasteis , con detrimento é daño vuestro é de
vuestros parientes é amigos, para conservar vues-
tra libertad con mayor gloria é fama , é si ayuda
habéis menester, aquí estoy yo, que no como prin-
cipal , mas como igual de vosotros porné la vida y
estado por conservación de vuestra antigua liber-
tad.» Lo qual teniéndole en mucha merced , los ca-
balleros ya dichos ficieron compromiso , é dejaron
todas las cosas á querer é voluntad del Conde de
Treviño, el qual luego fizo amistad de los dos ca-
balleros con juramento é homenaje de siempre se
guardar é honrar, é fizóse casamiento de lija é fijo
de los dos porque mas la paz entrellos se corrobora-
se. É luego se dio forma á todas las cosas necesa-
rias para echar de la dicha tierra al Conde de Haro,
en ansí las gentes del un bando é del otro fueron
conformes para ello.
CAPÍTULO LXII.
nc la batalla que ovieron el Conde ile Haro y el
Conde de Treviño.
No fué negligente ni perezoso el Conde de Tre-
viño en llamar sus gentes , así de á pié como de á
caballo ; é luego en el comienzo se trabajó por de-
liberar la villa de Bilbao de la servidumbre en que
esperaba quedar, é comenzó de apremiar y castigar
algunos moradores della que eran conformes al que-
rer é voluntad del Conde de Haro, en gran daño é
perdimiento de la cosa pública de aquella villa ; lo
qual ligeramente se acabó, como para ello los dos
bandos fueron conformes ; é de allí se acordó de
embiar gente así de caballo como de pié á la villa
llamada Villarreal, que es de Pedro de Avendaño,
muy cercana á la ciudad de Vitoria , porquel Conde
de Haro no pudiese sin gran daño pasar por la es-
trechura de los montes que allí hay. Y en tanto
questo se facia, la Condesa de Haro en persona vi-
no con asaz gentes por pasar á la villa de Bilbao
por el camino de Balmaseda, en el qual como quie-
ra que hay muchas labranzas , no es el lugar cerca-
do , pero hay muchas torres las quales por sus ban-
dosidades, todos tenían muy aparejadas de balles-
tas é tiros de pólvora. E como ya la gente de Vizca-
ya toda fuese conforme para facer todo el daño que
pudiesen al Conde de Haro é á sus gentes , de tal
manera tomaron los pasos, que la Condesa no pudo
pasar, é ovo de se volver con gran peligro de los
suyos, y el Conde de Treviño estando cerca de Vi-
Uareal con gran gente, cada dia peleaba con los
del Conde de Haro , é por los llanos de Álava ve-
nían é facían en ellos grandes daños, de que mu-
cho se acrecentó el homecillo entre aquellos seño-
res, en que muy gran daño recibieron los del Conde
de Haro, é por eso acordó de dexar algunos dias de
facer guerra , porque idos los vizcaínos á sus luga-
res, él quedaba muy mucho mas poderoso así de
gente como de dineros quel Conde de Treviño , ma-
yormente que cada dia esperaba ayuda del Rey Don
Enrique é del Maestre de Santiago ; y como todo
esto el Conde de Treviño conociese, no tardó de
buscar ayuda que le convenia para lo qual requirió
á Pero López de Padilla, adelantado mayor de Cas-
tilla, caballero muy noble que ya en algunos peli-
gros avian sido compañeros, del qual algunos sos.
pechaban que ayudaría á la parte contraria como
fuese yerno del Maestre de Santiago ; á los quales
G2
CKÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
Conde de Haro é de Trevifio el Maestre de Santiago
envió afectuosamente á rogar que dejasen la guer-
ra, é para que esto oviese lugar, tovo maña como
el Ecy se fuese á Burgos , creyendo questo sabido,
los Condes ambos á dos dejarían la guerra y el Rey
en persona, si menester fuese, los iria á pacificar ;
é como el Rey creyese la parte del Conde de Haro
estoviese mas poderosa é desease aquella oviese Vi-
toria, detóvose mas de quanto debiera, y entre tan-
to la batalla de los Condes se dio cerca de Monguia,
ques muy cercana á la muy noble villa de Bermeo,
donde la gente del Conde de Treviño á quien mucho
ayudóles la aspereza de la tierra , sobró á la muche-
dumbre de la gente del Conde de Haro, donde muy
í'speramente por ambas partes la batalla se peleó ;
pero á la fin como quiera quel Conde de Haro pe-
lease animosamente como muy valiente caballero
y esforzase mucho su gente , todavía ovo de ser des-
baratado, é mucha della muerta, de la qual se afir-
ma ser perdidos más de mil hombres, de los quales
fueron bien trecientos de caballo , entre los quales
fué muerto Alvaro de Cartagena, caballero mucho
esforzado , hijo de Pedro de Cartagena ; y el Conde
de Salinas, Don Diego, é Don Luis de Velasco pri-
mo del Conde de Haro con gran trabajo se pudieron
salvar; y el Conde de Haro fuera allí muerto ó pre-
so , salvo porque fué bien guiado por algunos que
la tierra sabían , é por muy ásperos é montuosos
caminos con gran trabajo se pudo salvar. El Rey
Don Enrique, que ante de la batalla otra voluntad
tenia, después de pasada comenzó averse más blan-
damente en las cosas que solía. ¡ Oh quanto daño
trae á los mancebos menospreciar el consejo de los
padres ancianos! Que por cierto si este Conde de
Haro creyera el consejo de su excelente padre, no
viniera aquel rompimiento que vino con su primo,
ni tomara por enemiga la nación de Vizcaya que
por amor siempre sirvió á su padre, el qual con
prudencia muchas veces supo hacer de los enemigos
amigos, é tanto fué caritativo é christiano é amador
de sus vasallos, que como en algunas villas suyas
oviese muchos judíos é con los logros le pareciese
aquello emprobecer, mandó so graves penas ningu-
no fuese osado do dar á logro ; é como algún tiem-
po esto durase los vasallos se quejaron á él dicien-
do que muy mayor daño recibían en no fallar di-
neros á logro ni en otra manera como ya, no los fa-
llando, les convenía vender sus ganados é lanas é
pan é otras cosas adelantado, é por ende le suplica-
ban que diese libertad á quel logro se diese. El
Conde queriendo en esto remediar, mandó poner
tres arcas en Medina de Fumar y en Herrera y en
Villadiego, poniendo en cada una dellas docientos
mil maravedís, en los alfolíes de cada una destas
villas dos mil fanegas de trigo, mandando dar las
llaves do lo ya dicho á quatro regidores de cada
una de las dichas quatro villas, mandándoles que
qualquíer vasallo que menester oviese dineros ó
pan fasta en cierto número , dando prendas ó fian-
za, le fuese prestado por un año, con lo qual con-
servó todos los vecinos de aquellas villas que todos
vivieron fuera de necesidad. Cosa fué por cierto
esta de muy cathólico é prudente varou é muy dina
de memoria.
CAPITULO LXIII.
De la muerte malaventarada del Papa Pablo segundo.
Conveniente cosa parece escrebir aquí la nueva
manera de muerte del Papa Pablo segundo , no vis-
ta semejante en el mundo fasta entonces , el qual
mucho favorecía al Rey Don Enrique y encobria
sus errores , la maravillosa muerte del qual dio tes-
timonio de su torpe vida, el qual quando vivió
siempre se ejercitó en cosas vanas, y en juegos, y
en buscar las figuras de las monedas de los tiempos
mas antiguos, y en mirar sus tesoros é piedras pre-
ciosas en lo qual siempre contemplaba, é procura-
ba tener cerca de sí nigrománticos é fechiceros ; el
qual, como fuese muy hermoso de gesto, é de cuer-
po muy grande é muy sano, sin enfermedad algu-
na, la noche que murió fué fallado en su cama tan
pequeño é tan flaco, como de un mozo pequeño de
diez ó doce años , todo consumido é f erido el rostro
é la cabeza en muchos lugares é los huesos de tal
manera como si fuesen quemados en fuego ; el qual
se afirma tener en un anillo un espíritu familiar,
por el qual muchas cosas sabia. E muerto así el
Padre Santo , los suyos dieron muy gran priesa á su
enterramiento, porque no fuese á todos manifiesta
la nueva forma de su muerte , la qual bien confor-
me fué á su vida, como siempre se diese á deleites
é pompas é obras vanas dejando entender en las co-
sas á que su divinidad le obligaba. Solo esto fizo bue-
no en su pontificado, que recobró algunos bienes del
patrimonio de la Iglesia, que tiránicamente eran te-
nidos por algunos ; é murió este Padre Santo en el
mes de Agosto del año del nasciraiento de nuestro
Redentor de mil é quatrocientos é sesenta y un años,
el qual no contento del excelente palacio edificado
por Nicolao quinto cerca de San Pedro , mandó fa-
cer otro mucho mayor cerca de San Marco en Ro-
ma. Fué enterrado miserablemente en una pobre
sepultura, é sucedió en su lugar Sixto quarto, fray-
le de San Francisco, antes llamado Francisco de
Ona, ginoves, maestro de Santa teología, el qual
muchos cardenales crió de sus parientes ; que en
este tiempo nuestro los Padres Santos parece que
para sublimar sus deudos son puestos en la silla de
San Pedro , siendo en todo contra el orden de la
Santa iglesia.
CAPÍTULO LXIV.
De los escándalos acaecidos en la ciudad de Sevilla, entre Pon
Enrique de Guznian , Duque de Medinasidonia , é Don Rodrigo
Ponce de León, Marqués de Cádiz, é de la salida del Marqués
de la ciudad de Sevilla.
Como en este tiempo las voluntades del Duque y
Marqués estuviesen dañadas por las cosas entre
ellos pasadas, é como ya muchos de los ciudadanos
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
63
estoviesen en desgrado é mal querencia del Mar-
qués, la parte del Duque se hacia cada dia mucho
mayor ; é como de contino entre las gentes destos
señores oviese debates é contiendas é muertes é fe-
ridas de hombres, acaesció que en veinte y cinco
dias del mes de Julio del año del nacimiento de nues-
tro Redentor de mil é quatrocientos é setenta y un
años , ovo un tan gran roido entre las gentes destos
señores, que duró quatro dias, en que murieron
é fueron feridos muchos de la una parte é de la
otra, é puesto fuego en diversas partes de la ciu-
dad , en que se quemaron muchas casas ; é como
quiera que allí estoviesen el Adelantado Don Pedro
Euriquez é Don Pedro Estuñiga que según quien
.eran debieran poner paz entre aquellos señores,
ayudaron enteramente á la parte del Duque, por-
que el Adelantado y él eran casados con dos her-
manas, é Don Pedro era casado con su hermana, é
como los suyos fuesen muchos más que los del
Marqués , oviéronse de retraer en dos coiliciones de
Santa Catalina é San Román, donde se ampararon
é defendieron de la muchedumbre de la gente del
Duque é de los otros caballeros que le ayudaban ;
é algunos religiosos queriendo el servicio de Dios
y el bien común de aquella ciudad , se interpusie-
ron y dieron medio como el Duque y el Marqués
fuesen amigos é se juntasen en la laguna, é de allí
anduviesen juntos por toda la ciudad porque fuese
por todos conocida la amistad suya. E para mayor
corroboración de aquello, los religiosos tuvieron
manera como el Duque y el Marqués hiciesen ju-
ramento é pleito omenage de se guardar verdadera
amistad ; é para mayor firmeza de lo ansí complir é
guardar , partieron ambos á dos el cuerpo de nues-
tro Señor , de todos los caballeros ciudadanos é co-
munidad de aquella ciudad fueron mucho alegres,
creyendo que la paz entre ellos para siempre se
guardaría. La qual duró fasta un miércoles veinte y
siete de Julio del dicho año, en el qual dia algunos
dicen que estando el Marqués durmiendo la siesta
muy seguro, según las cosas entrellos pasadas, que
dos hombres de pié el uno del uno , y el otro del
otro, murieron, é comenzaron á llamar apellidos.
Juntóse mucha gente de una parte y de otra, de
manera que comenzaron á pelear, tanto que entra-
ron por el barrio del Marqués, firiendo é matando
é robando á los suyos, é otros afirman que la gente
del Marqués comenzó aquesta pelea, é que sobre
aquello ovieron de venir la gente del Duque y él en
persona ; lo qual dice se hizo tan de súpito, que los
del Marqués no se pudieron tanto ayudar de las ar-
mas como les cumplía ; con todo eso pelearon de tal
manera, que muchos dellos fueron heridos é muer-
tos, así de la parte del Duque como del Marqués;
el que viéndose así apretado , puso estancias en las
calles donde fué combatido tres dias ; en el qual
tiempo fueron muchos muertos é feridos , ansí de
una parte como de la otra, é á la fin, como el Mar-
qués viese la gran ventaja de gente que el Duque
tenía, á quien ayudaba la mayor parte de la ciu-.
dad, y él se viese arrinconado en una pequeña par-
te de allí, tomó por remedio desar la ciudad é par-
tirse para Alcalá de Guadayra [lo qual fué causa
por lo mucho que quiso alargar sus estancias ; é co-
mo tenía poca gente , é como tenía mucho que guar-
dar, no pudo sofrir, de que de necesidad ovo de ir-
se. Ido, le robaron la casa, y estándola robando,
llegó el Duque, y el Adelantado dixo al Duque que
seria bien que no se la robasen , y dixóle el Duque
que entrase él allá, y entró, toda la qual halló que
no se había robado, é dióla á Doña Isabel de León,
mujer de Don Pedro el Bayo, hermana del Mar-
qués ; é demás de todo esto fué la causa principal
el fuego que pusieron los suyos á la iglesia de San
Marcos, la que se quemó, y viéndola arder el Mar-
qués dixo que no había medio de apagalle ; al qual
pesó mucho del fuego que se puso ; y la Marquesa
su mujer, después de él muerto, dio para ayuda á la
labor de la iglesia] (1); é como la fortaleza de Alca-
lá de Guadayra, tuviese Hernán Darías de Saave-
dra, cuñado del Marqués, casado con Doña Constan-
za, su hermana, mandó llamar todos los caballeros
y escuderos que ende tenía, de los quales algunos
vinieron, é otros no quisieron dexar sus estancias,
no sabiendo lo quel Marqués quería hacer, é así el
Marqués salió de la ciudad por la puerta del Hosa-
rio, con fasta docientos de caballo é se fué á Alca-
lá de Guadayra. É allende lo fecho , la comunidad
é gente del Duque robaron más de mil é quinien-
tas casas de los parientes é aficionados al Marqués ;
é así el Duque quedó en Sevilla, de lo que se si-
guieron infinitos daños ó males, no solamente en
aquella ciudad, más en toda su comarca ; y el Mar-
qués de Alcalá embió llamar toda la gente de sus
villas é lugares, é á los Alcaides de Osuna é Morón,
llamados el uno Luis de Pernia y el otro Luís de
Godoy, los quales vinieron á gran priesa con la mas
gente que pudieron é ay se juntaron con el Marqués
fasta mil é quinientas lanzas é dos mil peones, con
la qual gente el Marqués salió de Alcalá de Gua-
dayra á tres dias de Agosto de dicho año é dio á en-
tender á todos los que allí iban que querían entrar
en la ciudad, é tomó su camino derecho para ella,
é como allí estoviesen espías del Duque, fuéronselo
á decir ; el qual mandó luego armar toda la gente
de la ciudad para se poner en defensa ; é como el
Marqués llegó quanto media legua de la ciudad,
tomó el camino del Olivar que va para el Alcanta-
rilla é anduvo tanto , que antes de que anocheciese
llegó á las Cabezas con toda su gente ordenada en
batallas ; ó otro dia , que fué sábado , á quatro de
Agosto, amáneselo sobre la ciudad de Xerez [como
quiera que los de Xerez tenian fecho concierto en-
tre sí que si el Duque de Medina viniese, dixesen
que no lo podían rescibir de miedo de la parciali-
dad del Marqués, é si el Marqués viniese los del
Duque de Medina dixesen lo mismo de manera que
al uno ni al otro lo rescibiesen. Al tiempo que llegó
eran salidas mil y cinquenta lanzas á partir lostér-
(1) Este trozo consta solamente en el Códice de que nos hemos
servido jiara esta edición.
64
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
rninos con los moros , é salió á él Pedro de Vera con
un capote vestido , que le mostró por donde avia de
entrar porque aun los mas de los caballeros estaban
deste concierto, é algunos tenía él ciertos á su vo-
luntad ] (1) ; y entró en ella por el postigo del
Alcázar , que por él tenía Manuel Riquel , é otros
entraron por la puerta de Santiago, de tal manera
que el Marqués de súpito tomó todas las fuerzas de
la ciudad, é sin apearse, hizo prender de casa en
casa á todos los aficionados al Duque, sin ponerse
ninguno en defensa, salvo Iñigo López , Veinte y
quat7;o , el qual se defendió por gran espacio é fué
ferido en la cabeza, é á la fin óvose de dar á prisión;
los quales luego embió á su tierra y les robaron to-
do lo que én sus casas tenían. Luego el Marqués
mandó pregonar cartas del Rey por las quales le
embiaba á mandar que toviese aquella ciudad con
la administración de la justicia ; las quales prego-
nadas é obedescidas, toda la gente se sosegó; el
qual fortificó la fortaleza é hizo en ella aquel fo-
sado que agora tiene , para lo que derribó todas las
casas que eran mas vecinas á la fortaleza ; é los ca-
balleros que mandó prender, dellos embió á Marche-
na é otros á Arcos, é algunos mandó que quedasen
allí , é de allí en adelante se hizo tan cruel guerra
entre el Duque y el Marqués como entre moros é
christianos. Como el Duque tuviese en San Lucar al-
gunas naos armadas , decían ser para venir sobre
Cáliz ; entre las quales avia una llamada la Bena-
cleva que era muy grande. Sabido por el Marqués,
mandó annar en Cáliz ciertas naos é carabellas , é
envió en ellas ciertos capitanes que fuesen á San
Lucar é peleasen con la flota del Duque , certificán-
dole que como ellos llegasen en San Lucar, él por la
tierra iría con toda la gente de Xerez, lo qual así se
puso en obra ; é la flota del Marqués peleó de tal ma-
nera que fué desbaratada é tomada por el armada del
Duque. E como los capitanes della quedasen orgu-
llosos por la Vitoria ávida, movieron su flota el rio
arriba hasta cerca de las Horcadas, tomando é ro-
bando todos los navios que fallaron. En el qual
tiempo un corregidor quel Duque en San Lucar te-
nía, llamado Diego de Villalan, como fuese caba-
llero esforzado , á muy gran priesa metió gente en
algunas gruesas naos que en Barrameda estaban, é á
la vuelta de la flota del Marqués peleó con ella , de
manera que el armada del Marqués fué desbaratada,
é le fueron tomados algunos navios de los qtie lle-
vaba, é los otros navios con gran trabajo salieron
del puerto después de haber recibido gran daño.
(1) Todo este párrafo consta asf en el códice que liemos segui-
do para nuestra impresión. En otros que liemos consultado dice
como sigue : «y como quiera que el Duque tuviese gran parte en
aquella ciudad y todos los aficionados á él rondasen aquella no-
che, á la maflana se fueron á dormir, al qual tiempo el Marqués
llegi') á la ciudad y entró en ella por el postigo del Aicíiz&r, que
por él tenia Manuel Requel, etc.»
CAPITULO LXV.
De la adversa fortuna acaescida al Rey Duarte de Inglaterra , é de
la batalla que ovo después de vuelto en Inglaterra con el Rey
Enrique en que murieron el Rey Enrique y el Conde de Barry
é muchos otros.
Como estas cosas en los Reynos de Castilla é de
León pasasen, é buscasen contrariedades á la biena-
venturanza de los Príncipes Don Fernando é Doña
Isabel , gran daño se siguió al Rey Luis de Francia
por la tornada del Rey Duarte en Inglaterra, el qual
como después de salido del Reyno en él tornase con
favor del Duque Carlos de Borgoña su cuñado , é
con muchos otros que le ayudaban, prósperamente
peleó, é ovo vitoria; en el destierro del qual el Rey
Luis de Francia por estrafios modos avia trabajado,
y en aquel tiempo atentó de pelear con Carlos, Du-
que de Borgoña, en la qual batalla ovo la fortuna
contraria; así que costreñido el Rey de Francia por
gran necesidad, ovo de buscar algunas formas con
el Duque vencedor, como ya no pudiese ayudar en
aquellos días al Conde de Barrunque ; el qual como
fuese certificado del gran poder quel Rey Duarte
tenia en muy grande armada aparejada, é oviese te-
nido muchos navios asi de ginoveses como de espa-
ñoles por sueldo el Duque Carlos para este pasage;
el Conde de Barrunque con gran diligencia ayuntó
quantas gentes pudo de las que deseaban la restitución
del Rey Enrique con el que todos juntos vinieron
en batalla contra el Rey Duarte, en la qual tan pros-
pera fortuna ovo Duarte, que el Rey Enrique y el Con-
de de Barrunque é todos los grandes que lo seguían
fueron muertos, é los que ende fueron presos dentro
de tres dias los mandó degollar en la ciudad de
Londres, en el dia de la pasión de nuestro Señor del
año de mil y quatrocientos y setenta y un arlos.
Muerto así el Rey Enrique é todos los que le seguían,
fálleselo la esperanza al Rey Luis de Francia, pro-
movedor de todas estas cosas, que pensaba aver ma-
yor poder para destruir al Rey Don Juan de Ara-
gón é á su hijo el Príncipe Don Femando é á todos
los que lo seguían , y estudiaba no menos hacer ea
Italia como pensase destruir al Rey Fernando de
Napol, aviendo ya por amigo á los venecianos ; é
pensaba de aver para esto la voluntad del Duque de
Milán, Galiazo María Esforza, é los ginoveses é los
florentines ; y el papa Paulo en esto estovo dudoso;
y el Rey Don Alonso de Portugal buscaba no^ve-
dades entro el Rey Don Enrique y él ; é comenzó de
tratarse casamiento de Doña Juana hija de la Reyna,
su sobrina, con él, aunque en ptiblico estaba despo-
sada con el Duque Carlos de Guiana, hermano del
Rey Luis de Francia ; el qual conosciendo el error
que avia hecho , buscaba como el desposorio se di-
solviese ; lo qual como el Rey Don Enrique conos-
ciese, buscó de tratar casamiento de Doña Juana
con Don Fadrique, hijo del Rey Fernando de Na-
pol ; lo qual si el Rey Fernando aceptara , quedara
enemigo del Rey de Aragón, su tío, é del Príiuipe
Don Fernando, su primo, E dexando esto, el Maes-
MEMORIAL DE DWEESAS HAZAÑAS.
tro de Santiago Don Juan Pacheco, procuró casa-
miento desta Doña Juana con Don Enrique llamado
Fortuna, hijo del Infante Don Enrique, Maestre de
Santiago, B porque mas notorio sea la forma quel
Rey Luis de Francia en su vivir tenia, paresció ser
cosa razonable aquí en escribir un trato muy desho-
nesto por él comenzado, en gran daño é mengua
del Eey Don Enrique de Castilla, teniendo con él
muy estrecha confederación é alianza, el que fué
que envió en Inglaterra solene embaxada al Roy
Duarte, enviándole á rogar é requerir que quisiese
con él amistad, é hiciese guerra en los Reynos de
Castilla é de León, pues de derecho le pertenescian,
é le daba su fe que en el tiempo que pusiese plan-
ta en tierra con su flota en los Reynos de Castilla,
él poderosamente entraria por la tierra, por manera
que ligeramente amos á dos podrian ganar estos
Reynos, de los quales para sí no quería, salvo los
muebles que pudiesen aver para sus despensas, é los
Reynos enteramente quedasen para él, pues justa-
mente le pertenescian, y ellos quedasen para siempre
amigos é confederados. E al tiempo que el Rey de
Francia esta embaxada en Inglaterra embió, estaba
ende por su embajador del Rey Don Enrique de
Castilla, Don Alonso de Palenzuela, frayle del Or-
den de San Francisco, hombre muy noble en vi3a y
en ciencia, Obispo de Ciudad Rodrigo, que después
fué de Oviedo; á la qual embaxada el Rey de In-
glaterra no quiso en secreto responder, ante embió
á decir á los embaxadores de Francia que viniesen
al Palacio á explicar su embaxada , presentes todos
los de su Consejo, y embió decir al Embaxador de
Castilla que fuese presente á oír la embaxada quel
Rey Luis le embiaba ; é juntos así todos en presen-
cia del Rey, los embaxadores del Rey de Francia
explicaron su embaxada en la forma dicha, á los
quales el Rey Duarte dixo : « Vosotros diréis al Rey
))Luis que oí las cosas que de su parte me dixistes,
»de que no poco soy maravillado, sabiendo la estre-
Dcha amistad, confederación é alianza que él tiene
»con el ilustrísimo Príncipe Don Enrique,. Rey de
^Castilla é de León ; la qual estando muy firme en-
«trellos, mover trato tan feo é tan detestable entre
»qualesquier personas , quanto mas entre Reyes,
3)cosa paresció muy estraña de oir ; é á lo que dice
Dque yo tengo derecho á los Reynos de Castilla é
»Leon, diréis que no lo tiene bien aprendido, porque
»tanto que durare el linaje del Rey Don Juan mi
3)tio, de gloriosa memoria, ellos son herederos de
))aquellos Reynos, y ellos vivientes , yo no tengo á
cellos derecho alguno ; é al Rey Don Enrique yo lo
»amo mucho, y lo ayudaría é favoresceria quanto
«pudiese en todo lo que me menester oviese ; é de-
«cirleeis que yo no tengo en el mundo otro enerai-
»go sino á él, como él posea el Reyno que á mí me
«pertenesce, é que por eso tenga por cierto que,
))quando no pensare, yo iré á tomar lo que me per-
Mtenesce.)) E poco tiempo después desto el Rey Duar-
te de Inglaterra pasó poderosamente á Francia , é
comenzando facer la guerra, el Rey Luis tovo con
él tales formas, que él pagó las despensas que avia
Cr.— III.
65
fecho y el pasage porque se volviesen en su Reyno,
sin le facer mas daño, dándole por cierto tiempo
cinquenta mil coronas cada año, las quales algún
tiempo el Rey Luis de Francia le pagó é sin empa-
cho é vergüenza pxxblicamente decía que el Roy de
Inglaterra vivía con él é le daba cinquenta mil co-
ronas cada año de acostamiento. En este tiempo el
Rey Don Enrique de Castilla embió su embaxada al
Rey Don Alonso de Portugal para afirmar el casa-
miento de Doña Juana hija de la Reyna Doña Jua-
na. E al tiempo que los embaxadores llegaron , fa-
llaron al Rey de Portugal embarazado, que se par-
tía para África ; y como supo la venida de los em-
baxadores, salió de la nao donde estaba por los oir,
de que los Grandes que con él iban ovierpn gran
enojo, sospechando la causa de la embaxada, é su-
plicándole que ne quisiese venir en el casamiento
de Doña Juana sobre quellos creían aquella emba-
xada venia después de ser tantas veces ofrescida é
dada á Carlos, Duque de Guiana, é con ella quisiese
tantos yernos buscar é con este bueno buscase todo
el mundo enficionar, é no oviese parte donde con él
no oviesen tentado ; é lá suplicaban no quisiese á
tan gran gloría quanta avía ganado, tan gran torpe-
dad se juntase. Con todo eso, el Rey de Portugal
determinó de aceptar el casamiento ; ó después de
haber hablado secretamente con los embajadores, en
público dixo aver salido de la nao por rescibir mas
honradamente aquellos embaxadores por respeto de
quien los embiaba ; y en presencia de todos dixo á
los embaxadores que podían certificar al Rey Don
Enrique, quedándole Dios próspero suceso, con muy
buena voluntad se vería con él, é daría forma como
el amor para siempre entre ellos quedase con gracia
de ambos á dos. Las quales cosas en público dichas,
el Rey se tornó á la nao é mandó dar las velas al
viento.
CAPÍTULO LXVI.
De la venida de D. Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cáliz, á
la ciudad de Sevilla.
En este tiempo Don Rodrigo Ponce de León, de-
seando hacer algún ultraje al Duque, determinó de
se venir á Sevilla, para lo que con muy gran priesa
embió á rogar á todos sus ayudadores , parientes y
amigos que á cierto día fuesen con él en Xerez ; los
quales muy prestamente vinieron, é asi mismo to-
das las gentes de sus villas é lugares. E como el
Duque supiese el llamamiento que el Marqués ha-
cia, embió llamar todos sus amigos, de los quales
ninguno quiso venir, salvo Don Alonso de Cárde-
nas, Comendador Mayor de León , que después fué
Maestre de Santiago, del que una sola hija que te-
nía era esposa de Don Pedro de Guzman, hermano
del Duque, el que vino en Sevilla con trecientas y
treinta lanzas. El Marqués á gran priesa se partió de
Xerez, contra la voluntad de muchos que con él ve-
nían, por mostrar á los sevillanos del infoiiunio pa-
sado averie resultado mayor poder, lo que tan-
to mas provecho se le páresela , quanto mas presto
5
66
CKÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
lo hiciese, como do la tardanza muy grandes des-
pensas se le siguiesen, é al enemigo se le acrecen-
tarían las fuerzas ; lo que hizo por consejo de Don
Gonzalo de Sayavedra, Comendador Mayor de Mon-
talvan, el que so color de entender contra estos ca-
balleros, se vino á la ciudad de Xerez , é quedó en
ella por guardar la fortaleza é ciudad con algunos
de quien el Marqués se confiaba , y el Marques con
mil é quinientos de caballo é tres mil peones se
vino ala villa de Alcalá de Guadayra, ques muy
cercana ala ciudad de Sevilla, lo que sabido por los
sevillanos, todos recurrieron á las armas, especial-
mente el pueblo que mucho deseaba la batalla ; ni
era persona que pensase que escusarse pudiese. Y
el dia siguiente que el Marqués á Alcalá llegó, sacó
sus gentes é ordenó sus batallas para ir á Sevilla, y
el Duque salió de la ciudad con fasta mil é trecien-
tos de caballo, é con tan gran número de personas
que pasaban de diez mil muy bien armados ; los
quales todos iban con muy gran voluntad de pe-
lear. E las cosas estando así, dinero é consejos se
ovieron de cada parte, é ya pesaba á la gente del
Marqués ser venida tan cerca de Sevilla, como se co-
nosciese ser muy pocos para pelear con tan gran
muchedumbre de gente como delante de sí veían.
El Marqués esforzaba mucho los suyos. Conoscien-
do su temor los sevillanos , esperaban comenzar la
batalla por ordenanza del Comendador mayor de
León, á quien el Duque había dado el cargo , é con
palabras trabajaba quanto podía por quitar el temor
á los suyos. El Duque incierto del consejo que debía
tomar, oyó diversos consejos de los principales que
con él estavan. Eran algunos que decían que los peo-
nes armados apartasen de la ciudad porque la cerca-
nía de la guarida no les diese ocasión de f uir. Fué el
consejo del Adelantado, el qual respondió quél no
quería dar consejo en aquello, é antes se desvió, é díso
que lo quel Duque determinase facer que eso haría,
que eran chrístianos, é que él no quería dar su parecer
en ninguna cosa, sino hacer lo que el Duque hiciese.
E Don Pedro d'Estuñiga, hijo mayor del Duque de
Plasencia, dixo que era bien de mirar qué cara los
enemigos facían, antes que mas á ellos se acercasen.
El Comendador Mayor do León, á quien era dado
el cargo de ordenar las batallas , confirmó lo dicho
por Don Pedro, é ordenó que quedasen con el Duque
ciento y quarenta hombres d'armas de caballos en-
cubertados é que toda la otra gente de la gíneta se
partiese por escuadras, de las quales una fué con
Don Pedro d'Estuñiga para se acercar á los enemi-
gos é los tentar é poner temor, lo qual así se fizó, é
fasta entonces siempre fué sospechoso el consejo del
Comendador Mayor. E como Don Pedro d'Estuñiga
livianamente comenzase su escaramuza con los del
Marqués, luego en ellos se conosció el temor. Esto
conoscído por los sevillanos, todos dieron muy gran
clamor, diciendo al Duque que si era deseoso de
honra, que á tiempo estaba de la aver , y en aquel
dia podía ganar paz perpetua para sí é para todos
los de aquella ciudad, destruyendo el enemigo, lo
(jue muy ligero les páresela de hacer, como fuese
cierto aquella gente era allí venida contra su volun-
tad; el Comendador Mayor dio tantas razones porque
la batalla no se debiese dar, que turbó las voluntades
de los unos y do los otros, é la batalla se escusó por
causa de los priores de la Cartuja é de San Jeróni-
mo é de otros monesterios que en ello anduvieron
de una parte á otra muchas veces. Ovo gran tardan-
za en debatir quien primero partiese mano del cam-
po; é después de muchas alteraciones, determinóse
que quien primero avia presentado la batalla, pri-
mero se partiese del campo. E asi el Marqués ovo
de volverse primero ; lo que se hizo contra el dere-
cho de armas, el qual quiere quel demandado salga
primero del campo ; é así el Marqués que presenl ó
la batalla debiera quedar en el campo fasta quel
Duque se metiera en la ciudad. Y el Duque después
se fué á la villa de Alcalá, é fué conoscída cosa con
quanto temor los ayudadores del Marqués miraron
la muchedumbre de los sevillanos, entro los quales
uno de los principales llamado Luís de Pernia, ca-
ballero muy esforzado y criado desde su niñez so la
disciplina militar, trabajaba quanto podía por es-
cusar la escaramuza ; el que tanto se metió á apartar
los unos de los otros, que no se pudo escusar que no
recibiesen un encuentro de uno de los de Sevilla, de
que* fué asaz herido ; el qual dixo al Marqués que
avia sido mucho engañado en pensar con la gente
que allí traia podría contra los de Sevilla prospera-
mente pelear ; los quales si el Duque fuera acostum-
brado á las armas é supiera hacer lo que cumplía,
según la gente que allí tenia , el Marqués y todos
los que allí venían sin duda fueran perdidos. La
gente de Sevilla se quejaban mucho del Comenda-
dor Mayor de León, al qual decían muchas injurias
y palabras por no aver dado lugar á que la batalla
se diese donde tan conocida ventaja el Duque tenia.
El Comendador Mayor, mostrando tener grande eno-
jo de las cosas á él dichas, se volvió en su tierra,
quedando las cosas en pendencia entre el Duque y
el Marqués. E después el Duque con mucha gente
fué á dar vista á Xerez , á dó le fueron cerradas las
puertas , é algunos de los del Duque echaron lanzas
por encima del adarve , á do mostró mucha cobar-
día el Marqués de no salir, como hizo el Duque á él
quando fué á Sevilla.
CAPÍTULO LXVIL
De una batalla que Don Alonso de Aragón, hijo bastardo del ilus-
trísimo llcy Don Juan de Aragón, ovo cerca de Barcelona con
franceses é italianos é catalanes, de que ovo la victoria.
En este tiempo vinieron al príncipe Don Fernan-
do alegres nuevas de una gran vitoria que Don
Alonso de Aragón , hermano suyo , ovo cerca de
Barcelona , teniendo muy poca gente , con gran mu-
chedumbre de catalanes é italianos , de los quales
ovo muy gran despojo é muchos prisioneros, estan-
do el señor Rey su padre en la provincia de Ampur-
dan , después de aver recobrado á Girona é aver fe-
cho cosas muy famosas contra los franceses. E como
ávida esta victoria Don Alonso se viniese para el
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
67
Roy su padre, é oviese algunos de aquella provin-
cia que mostrando ser amigos del Rey metieron los
franceses muy cerca de Peralada, por tal manera
que muy poco fálleselo de se perder el Rey ó toda
su hueste, como los franceses llegasen antes que
amanesciese , é la hueste del Rey estuviese segura
durmiendo, é como Don Alonso de Aragón se fa-
llase mas presto con algunos pocos de caballo , de
tal manera dio en los franceses , que mató é hirió
muchos de ellos é salvó la vida de su padre ; con to-
do eso el Rey perdió allí mas de doscientos de ca-
ballo é algunas tiendas. E después deste infortunio,
el Rey recogió sus gentes é siguió los enemigos , é
los desbarató é venció , é contra la opinión del so-
berbio enemigo se of resció á dalle batalla ; é así los
franceses despojados é huidos de la ocupación d'Am-
purdan, mayor gloria se siguió al excelente Rey ; é
con tan gran voluntad todos los de la provincia se
juntaron con él que pudo luego poner el cerco sobre
Barcelona.
CAPÍTULO LXVIII.
De como Don Enrique , Duque de Medina , partió de ta ciudad de
Sevilla con intención de tomar la ciudad de Xerez.
En fin del año de setenta y uno el Duque de Me-
dina Sidonia Don Enrique de Guzman , determinó
de ir á Xerez, donde el Marqués de Cáliz estaba, des-
que supo que los ayudadores del Marqués eran par-
tidos de Xerez. E como el Marqués fué certificado
que el Duque se aparejaba para venir contra él, em-
bió á gran priesa á llamar sus vasallos de Arcos é
Marchena é de todos los otros sus lugares, é algunos
de sus amigos, conque juntó fasta ochocientos de
caballo é ocho mil peones , con la qual gente se fué
á Librixa é de allí á San Lucar de Barrameda. Lo
qual como el Marqués supiese , todos los sospecho-
sos echó de la ciudad de Xerez , é mandóles estar en
los arrabales, é metió toda la gente que le era veni-
da en la ciudad é las mujeres é hijos pequeños de
los que mandó estar en los arrabales, los quales hi-
zo estar sobre buena guarda , é las haciendas dellos
mandó meter en la ciudad so color que no rescibie-
sen daño , é solamente los varones quedasen para
pelear con los enemigos, E como el Marqués supie-
se el Duque venir cerca, dejada en orden la guarda
de la ciudad é arrabales, dando á entender á todos
que quería ir á dar la batalla al Duque, cabalgó con
solamente docientos de caballo , é fué mirar las
batallas del Duque en la ordenanza questaban ; é
vistas, se volvió á la ciudad. Y el Duque llegó á la
villa que es cerca del arrabal de San Miguel , y allí
esperó por ver si el Marqués le daría la batalla , ó si
los de Xerez que por secretos mensajeros le habían
fecho allí venir, habrían osadía de pelear contra el
Marqués como los tovieso opresos contra su volun-
tad. E como ninguna destas cosas sucediese , pare-
cióle ser demasiado su venida; é como oviese diver-
sos consejos de lo que se debía facer, determinó
de se venir á San Lucar, é dende á Sevilla, de que
mucho desplacía á los mas de los sevillanos, los qua-
les ovíeron por mal quel Duque no quisiese tentar
los arrabales, que creían se podían tomar ligera-
mente según la muchedumbre de gente quel Duque
allí traía, é con la voluntad que todos le tenían de
combatir ; y esto así fecho comenzóse á tratar tregua
entre estos señores é firmóse por quatro meses que
fueron fasta el postrímero día de Marzo del dicho
año.
CAPÍTULO LXIX.
De como estando el Rey Don Enrique en la ciudad de Córdoba,
determinó de se ir á la villa de Andujar por desapoderar della
al Condestable Don Miguel Lucas.
Como al Maestro de Santiago despluguiese del
gran poder quel Condestable Don Miguel Lucas te-
nía, procuró como el Rey que con poca gente fuese
á la villa de Andujar é della se apoderase , lo qual
el Rey puso en obra ; é llegando en Andujar , fuese
para la fortaleza la qual tenia un virtuoso varón lla-
mado Pedro Descabias, de quien el Condestable Don
Miguel Lucas mucho confiaba. Al qual como el Rey
demandase la fortaleza, y él denegase de se la dar,
el Rey mucho le amonestó que mírase en que obli-
gación los hijosdalgo estaban de dar qualesquier for-
taleza que toviesen á su Rey é Señor natural , que
quan feo nombre les quedaba para siempre á los que
lo contrario hacían, é bien debía saber quan gran
daño se avia seguido á todos los de aquella provin-
cia por el Condestable aver ocupado la ciudad de
Jaén é las villas á ella comarcanas ; al qual Pedro
Descabías respondió : « Señor Rey, todo lo que vues-
» tra alteza dice es á mi notorio , sí lícito sea llamar
» Rey á quien por su voluntad se face siervo ; é
«cierto es las leyes destos Reynos disponen á los
«Reyes no se nieguen las fortalezas por los Alcay-
» des , ni creo yo ser notado por desleal aviendo
» fielmente guardado esta fortaleza por el Condesta-
»ble, que tanto que los desleales á vos con muy
«grandes injurias vos trataban, yo siempre guar-
» dando vuestro servicio y el bien déla tierra, tiran-
» do muchos daños della , resistiendo aquellos de
« quien era deservido é duramente injuriado ; y aque-
» líos queréis que sean de vos señores é así confir-
» mais é facéis verdad todas las cosas que de vos se
» dicen, porque verdaderamente mas mostruo ó bru-
«to animal debe ser llamado que Rey, é á los tales
« Reyes gran servicio se les hace en denegarles las
» fortalezas porque dellas no pueda usar en daño su-
« yo y en destruimiento de los bienes de la Corona,
» ni estos avran vergüenza según su fidelidad 11a-
» mar lo que ellos hicieron maldad , los quales olvi-
» dados los grandes beneficios de vos recibidos, no
«solamente vos son ingratos, mas siempre acres-
«cíentau en vuestras injurias, é consentís ser nota-
« dos de infidelidad aquellos que grandes angustias
« é trabajos han sufrido por vuestro servicio, á quien
« el gran poder de los infieles á vos no pudo jamas
« atraer á seguir sus errores. En la memoria debíades
» tener el áspero y duro cerco que la ciudad de Xaen
» por vuestro servicio sufrió del Maestre de Calatrava
68
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
» Don Pedro Xiron , el qual así mesmo quisiera esta
» villa ocupar con toda la provincia de Andalucía.
» En ninguna parte desta comarca érades ávido por
» Rey , salvo en la ciudad de Xaen y en esta villa; é
« si nosotros de infidelidad somos notados por aver
«pasado los trabajos é fatigas que pasamos, tenien-
»do siempre vuestra firme obidiencia, ¿por qué
)) causa podéis aver por leal al Maestre, á quien te-
» neis por Señor é obedesceis por diversos respetos
» contrarios , é aveis por fiel á quien por estonce de
«necesidad conviene tener por verdadero ó agora
» por desleal ? El qual é los otros de su parcialidad,
» ingratos á tan grandes beneficios ciertos que de
» vos rescibieron , más sin vergüenza y temor inju-
» riaron de gran fealdad de obras é palabras vuestra
» persona real , lo cual todo tenéis olvidado por las
» leyes por ellos quebrantadas é por nosotros guar-
» dadas , ¿ é á ellos queréis aver por leales é á nos-
» otros por traidores?» Estas cosas oidas por el Rey
con gran turbación, ninguna cosa respondió, é
vueltas las riendas salió de la villa, é fuese para él
Maestre que lo estaba esperando , é desde alli se par-
tió para la ciudad de Baeza, é de allí se fué á la pro-
vincia de Toledo , con intención de no dar al Maes-
tre la noble villa de Madrid. E dende el Rey se vol-
vió á Segovia con propósito de darle la villa de Se-
púlveda, porque así de la una parte de los montes
como de la otra el Maestre toviese libre sefiorio.
Lo qual como sintiesen los vecinos de aquella villa
temiendo la dura servitud que muchos dias avian
trabajado por escusar , á muy gran priesa embiaron
al Príncipe suplicándole quisiese ocuparla. El qual
luego embió á Don Beltran de Guevara é á Pedro de
Avila , señor de Villaf ranea , nobles y estrenuos ca-
balleros con ciento y setenta de caballo del Arzo-
bispo de Toledo ; los quales se apoderaron de la vi-
lla. E luego lanzaron della algunos de quien avian
sospecha que la querían dar al Maestre de Santia-
go, en daño universal de toda aquella provincia, lo
que ovo por muy grave el Rey , y acrecentó mucho
el desamor suyo que á los principes avian ; ni se pu-
do abstener el Maestre que no hiciese grandes ame-
nazas á los moradores de aquella villa.
CAPÍTULO LXX.
De la embajada que Carlos , Duque de Borgofia , embió á los Prín-
cipes Don Fernando é Doña Isabel.
Partido el Príncipe Don Fernando para Cataluña,
donde se esperaba con su ida fuese quebrantada la
provincia de los barceloneses, en este tiempo los
embaxadores de Carlos, Duque de Borgoña, vinie-
ron á los Príncipes Don Fernando é Doña Isabel por
confirmar la consideración é alianza y estrecha
amistad que de largos tiempos acá avian seido en-
tre los Reyes de Aragón é los Duques de Borgoña, de
la venida de los quales la Princesa Doña Isabel res-
cibió gran placer , aunque le desplugo el señor Prín-
cipe ser ausente. E en el rescibimiento de estos em-
baxadores é la manera de su aposentamiento, con
larga mano les fueron ministradas todas las cosas
nescesarias por el Arzobispo de Toledo, como la Prin-
cesa estoviese en Alcalá de Henares, los quales des-
de allí se fueron en Cataluña por visitar al Rey Don
Juan de Aragón é al Príncipe Don Fernando su hi-
jo, é por concluir el efeto de su embaxada, en la
qual oír el Rey y el Príncipe fueron mucho alegres,
como la vieja amistad de los Duques de Borgoña
con los Reyes de Aragón á las partes amas á dos
fuese muy provechosa, é mucho mas agora lo era, el
Rey siendo en edad tan decrépita, é al Príncipe su
hijo como después de aquella afirmada mas y mas,
el Duque seria obligado resistir la cruel tiranía del
Rey Luis de Francia , el qual con tiránica voluntad
todo el mundo entendía ocupar, con todo eso tres
veces avia seido desbaratado por la fuerza é vigor
del Duque Carlos de Borgoña , la grandeza del co-
razón del cual siempre quiso socorrer á los amigos
que menester le oviesen ; é por esta causa embió
embaxadores de los principales de su casa, no sola-
mente nobles, mas prudentes y esforzados, por dar
enojo á los adversarios del de Aragón é de su hijo,
é á ellos consolación é alegría.
CAPÍTULO LXXI.
De la batalla que se ovo en la villa de Carmena , é de la muerte
desastrada de Luis de Pernia.
En estos dias , pasada la tregua que era puesta
entre el Duque de Medinasidonia y el Marqués de
Cáliz , el Marqués dio forma como los que seguían
la parte del Duque fuesen echados de aquella villa,
é Luis de Godoy, que era alcayde de las dos forta-
lezas, no cesaba de molestar é dañar aquanto podía
á Gómez Méndez de Sotomayor, alcayde de la ter-
cera fortaleza de aquella villa, el qual la defendía
virilmente, á gran pesar del Maestre de Santiago,
que mucho averia deseaba ; para lo qual , no con-
tento Luis de Godoy de tener las dos fortalezas, las
iglesias ocupó é puso en ellas mucha gente é tiros
de pólvora é ballestería, é en aquellos lugares sa-
grados algunos hombres mataron ; é ya estaba en
propósito de combatir la fortaleza que Gómez Mén-
dez tenia, so la qual los vecinos de aquella villa
rescibieron muy grandes daños, é ya no les queda-
ba ningún remedio , si la fuerza con la fuerza no re-
sistían , como los de Sevilla conosciesen si aquella
tercera fortaleza se tomase, fuese la mayor parte
del daño suyo , acordaron embiar á Gómez Méndez
socorro para la defensa de su fortaleza, donde has-
ta allí estaban encerrados , de lo qual Luis de Go-
doy con gran rabia embió á requerir á Marchena y
Arcos , de donde le vinieron asaz gentes , é con ellos
Don Manuel Ponce de León , hermano del Marqués,
y después vinieron ende Luis de Pernia , alcalde de
Osuna, é Perea, alcayde de Morón, .de donde fué
forzado á los sevillanos de luego enviar socorro á
Gómez Méndez de gente de caballo é de pió, Jo qual
Luis de Godoy menospreciaba , diciendo los sevi-
llanos aver ávido mal consejo en embiar aquella
gente perdida á pelear con setecientos de caballo é
otros tantos peones usados de guerra, é así pensó
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
69
Luis de Goríoy poder señorear toda la villa, é de tal
manera la guardar que los sevillanos no pudiesen
ayudarles ; é como de amas paites so aparejase la
pelea, llegó con la gente do Sevilla Don Gastón de
Castro , caballero mancebo muy noble y esforzado, é
mandó de súpito derribar una albarrada de piedra
quelos de la parte de Godoy tenian para su defensa,
é no solamente entró oon grande osadía, mas luego
descendió á lo llano por dar la batalla , y luego los
Xerecianos caballeros , que primero de Sevilla ha-
blan venido, de quien Godoy avia burlado , comen-
zaron á pelear con tan grande osadia , que los de la
parte de Godoy se turbaron, B luego Luis de Per-
nia, como fuese caballero muy esforzado , é quisie-
se á gran priesa socorrer á su valia, ó como él fue-
se el primero que iba ordenado con su gente, fué
herido de un espingarda de tal manera , que de sú-
pito murió, el qual en muchas batallas contra los
moros, con poca gente, muchas veces de gran mu-
chedumbre se halló vencedor, con cuyo nombre los
enemigos algunas veces se espantaban ; el qual
siempre aborresció las batallas dentro de lugares , é
mucho contra su voluntad fué esta venida suya en
Carmena. Así fué muerto este virtuoso y esforzado
caballero por la mano de un barbero mancebo , en
el mes de abril del año del nascimíento de nuestro
Redentor de mil é quatrocientos é setenta y dos años.
Fué este caso de gran temor á Godoy é los suyos, é
dio grande audacia á los sevillanos, los quales por
diversas partes iban venciendo los enemigos, en
que muchos de ambas partes fueron muertos. E ve-
nida la noche, la cual cubrió la fuida de muchos,
algunos no curando de los caballos que en las posa-
das dexaban , se fueron huyendo á meter en sus
iglesias que por su parte estaban tomadas. Así fue-
ron tomados por los sevillanos bien ciento y noven-
ta caballos de los de los de Arcos é Marchena é Mo-
rón é Osuna, é otro día las iglesias tomadas por los
de Godoy fueron libres ; é ninguno otra cosa en la
villa les quedó , salvo las dos fortalezas que Godoy
tenia , y en todo lo otro quedaron apoderados los se-
villanos vencedores. E después de la vitoria ávida é
tomado el despojo, con mucha alegría se volvieron á
Sevilla ; los quales partidos, los de Carmona rescibie-
ron muy grandes daños , é fueron muchos muertos é
heridos, é puesto fuego por muchas casas, y las igle-
sias ocupadas por Godoy y por los suyos, robando y
matando y forzando mujeres sin ningún temor de
Dios. E así los sevillanos no sabiendo usar de su Vito-
ria , dieron lugar á que los vecinos de aquella villa
rescibiesen grandes daños , y los cometedores de tan
grandes excesos quedasen impunidos , y no mucho
tiempo pasó que hubieron la paga de su negligencia.
CAPÍTULO LXXII.
De como el Rey Don Juan de Aragón puso el cerco sobre la ciu-
dad de Barcelona , é se le dio.
Acabada de sojuzgar la provincia de Ampurdan , el
ilustrísimo Rey Don .Juan luego puso el cerco sobre
Barce'ona, aunque con poca gente, del qual los de
Barcelona ovieron muy grande temor y los del pue-
blo improbaban á los principales, notándolos de in-
fidelidad por la rebelión tenida contra su Rey tan
humano y tan benino , y maravillóse de su hijo ser
venido á le visitar, y no detenerse por le quitar de
los trabajos de la guerra ; mas el Príncipe, como le
cumpliese mucho la venida en Castilla, partióse
para Tarazón a é desde allí se partió para Castilla , é
con todo loor y gloria quiso guardar nuestro Señor
para el serenísimo Rey su padre , el qual benina é
mansamente tiró el temor que del tenian los barce-
loneses , é todos aunibles y conformes , determina-
ron de dar la obidencia á su Rey , poniéndose todos
á la voluntad suya, á quien tan gravemente habían
errado. En este cerco fueron muertos de un tiro de
pólvora el noble y esforzado caballero Diego de
Guzman , hermano del Conde Don Jerónimo de Guz-
man , é fué dada al bienaventurado Rey Don Juan
la ciudad de Barcelona, en un día del mes de no-
viembre del año del nascimíento de nuestro Reden-
tor de mil é quatro cientos y setenta y dos años.
CAPÍTULO LXXIII.
De como Don Rodrigo Ponce de León, Marqués de Cáliz, tomó
de los moros la villa de Cárdela é su fortaleza, é de la venida
del Príncipe Don Fernando en los Reynos de Castilla.
Entanto que la tregua duraba entre el Duque de
Medinasidonia y el Marqués de Cáliz, el Marqués
no dejaba de pensar como pudiese hacer guerra á
los moros , paralo qual embió secretamente sus ada-
lides para tentar la villa de Cárdela , ques muy fuer-
te , é como por ellos fuese certificado poder aquella
villa escalar y estuviese por estonce menguada de
gente , como la mayor parte de los moradores della
fuesen idos á la guerra de Málaga , el Marqués de-
terminó de la tomar. Para ello ayuntó toda la gente
que pudo demostrando que la juntaba para hacer
guerra al Duque ; el qual se fué de su ciudad de
Arcos , é allí juntó cerca de tres mil de caballo é
tres mil peones é partió á media noche sin persona
saber donde iba , sino sus adalides ; é tomó el cami-
no para Cárdela ques quatro leguas de allí, sobre la
qual amáneselo. E antes que á la villa llegase , fue-
ron muertos tres moros que en el campo se fallaron.
E como los moros desde la villa vieron la muche-
dumbre de gente que venia , subieron todos los mu-
ros pensando poderse defender, según la fuerza
que tenian , como otras veces oviese sido cercada de
christianos é nunca oviese eeido tomada. E burla-
ban de los christianos peleando todavía valiente-
mente. Y el Marqués mandó á los christianos poner
fuego á las puertas é á la villa, é se entró por fuer-
za de armas ; é los moros se retragerou á la fortale-
za con todo lo que pudieron llevar , los quales pen-
saban estar allí seguros según la altura de aquella
fortaleza. E tanto la fortuna favoresció al Marqués,
que como con él se hallase un hombre que avia sei-
do algún tiempo pastor en aquella tierra ó sabia un
postigo que avia á las espaldas de la fortaleza ques-
taba cerrado, é aunque la subida para él era muy
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
70
alta é muy agrá , dixo al Marqués : « Yo so por don-
)) de esta fortaleza se pudiese ligeramente tomar sin
1) peligro; por ende, Señor, mandad fuertemente
« combatir por la parte de la villa, porque los mo-
«ros socorran allá, que de las espaldas bien piensan
«estar seguros, é mandad que conmigo vaya algu-
» na gente , ó yo les daré luego la torre del omenage
»en las manos.» En lo qual el oir el Marqués fué
mucho alegre, é luego su hermano Don Manuel
dixo quel quería tomar el cargo , é tomó consigo al-
guna gente, é siguió aquel hombre queste aviso avia
dado ; é visto el lugar ó subida tan agrá ovo por di-
ficile poder subir por peñas tan altas. Con todo eso
el hombre ios dio cierta esperanza de aver presto la
fortaleza, subiendo él primero que otro ; é como Don
Manuel fuese caballero muy esforzado , é viese aquel
labrador tan osadamente subir, siguiólo, é todos los
otros siguieron á él , aunque con gran trabajo , de
tal manera que como los moros estobiesen ocupados
en defender su fortaleza no recelando de las espal-
das, antes que fuesen sentidos, Don Manuel é loa
que con él iban tenian tomada la torro del omenaje,
é como paresciese á todos imposible hombre poder
subir desarmado por donde Don Manuel con todas
sus armas subió, óvose por cosa maravillosa, é Don
Manuel comenzó á pelear con los moros , é ellos fue-
ron espantados de lo ver , y uno deJlos muy deno-
dadamente 80 vino para él , al qual luego mató, é los
otros le demandaron misericordia é se le dieron. E
porque no rescibiese daño dixo á los que con él iban
que les habia dado seguro , y no consintió que daño
roscibiesen. E así esta fortaleza se tomó por el aviso
de aquel buen hombre , é por el grande esfuerzo é
osadía de Don Manuel , é los moros fueron todos to-
mados á vida, salvo algunos que avian sido muer-
tos peleando. Este noble caballero Don Manuel fué
tanto deseoso de honra , que hizo voto de pasar en
Berbería é no volver en Castilla hasta aver muerto
en pelea tres moros por su mano , é así lo puso en
obra ; é cumplido su voto vino en Cárdela con el se-
ñor Marqués su hermano, é óvose allí en la forma
ya dicha. El Marqués escribió este caso al Rey Don
Enrique é á los grandes del Rey no , de que todos
ovicron gran placer porque la toma desta villa era á
los moros gran quebranto , como fuese guarda y
amparo de los lugares á ella mas cercanos, é la di-
visión é guerra quel Duque y el Marqués tenian no
pudo tanto que en Sevilla no oviesen por ello gran-
de alegría, como supiesen quo después que los mo-
ros á España ganaron , que ha mas de setecientos
años, en este tiempo aver sido esta villa muchas
veces cercada de christianos é ser sobre ella mucha
sangre derramada , é no aver sido tomada , la qual
el Marqués reparó é basteció de gente y armas é de
las vituallas necesarias, é hizo consagrar la mezqui-
ta, é pUfO en ella clérigos, é los ornamentos nece-
sarios al culto divino. Después de ser así tomada la
villa de Cárdela por el Marqués , el Rey de Grana-
da con muy gran gente puso sitio sobre ella , é
mandóla combatir de tal manera, que fueron que-
madas las puertas, y entraron algunos moros den-
tro en ella ; é los christianos que eran solamente se-
tenta con su Alcayde llamado Bernal Diañez , pe-
learon tan valientemente, que echaron los moros
fuera y mataron y hirieron muchos dellos , é como
quiera que algunos de los christianos fueron allí
muertos y los mas dellos feridos, diéronse tal re-
caudo , que los irnos firieron en los moros con ba-
llestas é tiros de pólvora , é los otros cerraron las
puertas de piedra seca de tal manera que los moros
Se partieron del combate ; y visto por el Rey moro
el gran daño que los suyos rescibian , é creyendo
que prestamente serian socorridos , según quien el
Marqués era, levantó el cerco de allí con poca hon-
ra é gran perdida de sus gentes.
En tanto que estas cosas se hacían, en muchas
partes de Castilla se comenzaron grandes escánda-
los entre algunos de los Grandes. Como Don Rodri-
go Pimentel, Conde de Benavente , ocupase la noble
villa de Carrion quel Conde de Treviño, Don Pedro
Manrique, decía pertenecerle , la qual tomó con in-
dustria de algunos vacinos della, y del solar donde
la casa de los Manriques antiguamente avia seido, el
Conde de Benavente hizo fortaleza, en mengua é
oprobio de la corona Real de Castilla é de la antigua
nobleza de los moradores de aquella villa ; é Don
Diego Sarmiento, Conde de Salinas, por escalas ocu-
pó la villa de Santa Gadea, ques de Pero López de
Padilla, Adelantado Mayor de Castilla, é Don Alon-
so deFonseca, el viejo Arzobispo de Sevilla, inten-
tó de tomar las villas de Olmedo é Madrigal. Todos
estos nuevos crímenes c excesos reproveyó é sosegó
la venida del Ilustrisimo Príncipe Don Fernando.
CAPÍTULO LXXIV.
De la vana é llorosa entrada del Castillo que se llama de la Rey-
na en la villa de Carmona, c de la guerra é daño que el Mar-
qués de Cáliz hizo á los moros en la villa de Graciago.
En este tiempo, en el Andalucía, el Duque de Me-
dinasidonia, por consejo de Gómez de León, criado
suyo, cobró la fortaleza de Calanis é de Arache,
quel Marqués de Cáliz avia tenido algún tiempo , y
en el comienzo de su guerra la fortaleza de Cons-
tantina avia tenido duramente cercada. E después
el Adelantado Don Pedro Enriquez, que la parte del
Duque f avorescia , tomó la fortaleza de Tenpul, ques
de la ciudad de Xerez , de que gran daño al Mar-
qués é á aquella ciudad se siguió ; é como estas co-
sas bienaventuradamente al Duque paresciese ha-
ber sucedido, determinó de tomar la fortaleza que
se llamaba de la Reyna en la villa de Carmona , el
cargo de la qual dio á Gómez de León , hombre de
quien él mucho fiaba, de que grandes daños se si-
guieron ; é como Gómez de León tuviese este cargo
en aquella fortaleza, estaba por Godoy un hombre
muy malicioso llamado ¡ (1) deseoso de ha-
cer venganza de la gente del Duque, por las cosas
allí pasadas. Este dixo á Godoy que si quisiese, li-
geramente podrían ser los del Duque engañados, lo
(1) Hay aquí un trozo en blanco en el eódice original.
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
71
qual se podria facer habiendo él habla secreta con
Gómez de León, de quien el Duque mucho se fiaba,
la qual fabla éste procuró, é fingió tener muy gran-
de enemistad con Godoy é con sus hermanos, dán-
doles causas é fingiendo dellos haber rescibido
grandes injurias, habiéndoles servido lealmente; el
qual ya cansado de sufrir injurias y daños intolera-
bles de aquellos hombres que más les parescia ser
esclavo que libre en sofrir la compañía de tan ma-
los hombres, se avria por muy bien aventurado, é
anteponiendo la fuerza á la virtud , queria buscar
modo de se vengar si pudiese juntamente con su
propia libertad; lo qual todo Gómez de León creyó,
y alegremente oyó lo dicho por aquel enemigo, al
qual en nombre del Duque grandes dádivas prome-
tió, si él daba lugar á la toma do aquella fortaleza,
é concordaba la traición de aquel que avia de dar
la fortaleza. Gómez de León lo f abló con el Duque,
é dióse orden como Gómez de León tomase docien-
tos de caballo, é fingiese ir á Almodovar del Rio á
Gonzalo de Córdoba , hermano del Conde de Cabra,
que aquella fortaleza tenía, é á media noche, por el
camino más escondido que pudo se fué para Car-
mona, é llegó por aquella parte é con aquel enemigo
quedó concertado ; el qual como sintió la gente, co-
menzó á cantar , que era la señal que avia quedado
concertada con Gómez de León. E luego descendie-
ron de los caballos é fueron por sus escalas é subie-
ron cinco, los qualcs por la mano del traidor fueron
puestos en un apartado lleno de hombres de armas,
é después de aquellos subieron otros quatro, los qua-
lcs todos fueron muertos; é quando el deceno subió
é sintió el ruido de la gente de armas, no quiso más
adelante pasar; lo qual visto por la gente que abajo
quedaba se hubieron de retraer é volver á Sevilla
con el daño ya dicho. Y es cierto que si gente aper-
cibida oviera en la fortaleza para salir, según el lu-
gar donde la gente del Duque era metida, uno sólo
no pudiera escapar. Fué por cierto este caso al Du-
que muy dañoso, é peligroso á los que en Carmena
la parte suya seguían, y el mesmc día que esto
acaesció, se ovo en Sevilla una terrible y espantosa
señal, la qual fué dos lobos que saliendo el sol, cor-
riendo entraron por medio de la ciudad, los quales
dando muy grandes ahullidos se fueron á la iglesia
de Santa Catalina y llegaron fasta el altar, estando
el sacerdote diciendo misa, y el uno dellos le trabó
de la vestimenta, é de allí se fueron á la iglesia de
San Pedro , el uno de los quales iba herido de dos
dardos, al qual cortaron la cabeza é la llevaron al
Duque, y el otro fuyó é se fué á Santa Lucía, é sin
rescibir ninguna herida salió de la ciudad. De la
qual señal diversas señas se dieron ; mas lo común
fué que al Duque venía algún gran caimiento, como
por obra después páreselo.
En este tiempo el Marqués de Cáliz fué certifica-
do por sus adalides que la villa de Cadiago estaba
de tal manera, que la podia bien robar é quemar si
quisiese, para lo qual él juntó toda la gente que pu-
do, é anduvo tanto una noche quanto que ante que
íimanesciese, él tenía la villa cercada de todas par-
tes en torno, salvo una pequeña parte que no se po-
dia cercar por unas grandes peñas questaban; é co-
mo los suyos entraron la villa é dieron gran grita,
los moros con temor sacaron las mujeres é mozos
por aquella pai'te que no avia gente , é comenzaron
á defenderse quanto pudieron , é á la fin todos los
que ende quedaron fueron muertos é presos; é sacó-
se de allí muy gran despojo ; é los moros que huye-
ron apellidaron la gente de la tierra, é luego vinie-
ron fasta trescientos, tan sin ruido que no se sintió
su venida, fasta que estuvieron dentro de la villa;
é como alguno de los chrietianos peones quedaban
robando las casas, fueron algunos dellos muertos;
é como el Marqués quisiera tornar á la villa é la
estada fuese muy estrecha, mandóle poner fuego
por muchas partes, é allí fué muerto Pero Nuñez do
Villavicencio, Veinte y cuatro de Xerez, que era
muy buen caballero , de quel Marqués ovo muy
grande enojo ; é así se volvió vitorioso é con su pre-
sa á la ciudad de Xerez.
CAPÍTULO LXXV.
De la malaventurada muerte de Carlos, Duque de Guiana, fe-
cha con yerbas, según se afirma, dadas por mandado del Rey
Luis su hermano.
Ayudó mucho ala perversidad del Rey Don En-
rique la maldad del Rey Luis de Francia, el qual,
en tanto que las cosas dichas en España pasaban,
el Rey de Francia, como desamase mucho al Duque
de Guiana su hermano, porque parescia favorecer
al Duque Carlos de Borgoña, é porque de los Gran-
des, é aun de los pueblos, era mas amado quel Rey,
é como fuese notorio quel Rey Carlos seteno , pa-
dre destos , mucho mas amase á este Duque que á
Luis primogénito é lo desease dejar Rey, si la for-
tuna le ayudara , tanto quanto mas esto el Rey sa-
bía , tanto mas esperaba el destierro suyo , y disi-
mulaba el odio que le avia ; concordóse á vista
destos dos hermanos con consentimiento destas dos
partes que entonces parecía el Reyno estar partido
é la fabla entre ellos duró poco espacio; é lo que se
pudo conoscer á los de la una parte é de la otra fué
que se partieron con gesto alegre , y el Rey mandó
dar al Duque cierta suma de oro y socorro de sus
necesidades y algunas piezas de seda y do paño, de
que todos los que lo vieron fueron alegres. E den-
de á pocos dias el malaventurado Duque súpita-
mente ovo tal enfermedad, que se le cayeron las
barbas é cabellos é cejas, é las uñas se le apartaban
de la carne, con gran dolor, é muchas otras señales
parescieron en él , de donde se conosció aver yer-
bas rescebido , de que el Rey ningún sentimiento
mostró, antes con cara serena dio forma de ocupar
la señoría de su hermano é todas las otras cosas
que poseía; lo qual dio suelta licencia al Maestre
de Santiago do traer en Castilla á Don Enrique
Fortuna, al qijal hizo estar en Requena, é de allí lo
hizo venir al castillo de Garci Muñoz, donde estu-
vo dos meses, mandándole servir con tan gran pom-
pa como si fuese Roy, enviando con él á fablar la
72 CRÓNICAS DÉ LOS
foruia que se avia de tener de su desposorio con
Doña Juana, hija de la Reyna Doña Juana, la qual
falsamente le ofrecía por mandado del Rey ; é así
Don Enrique era de todo engañado; las quales co-
sas, aunque sean secretas, no se escondieron al Rey
de Aragón en la provincia de Ampurdan, donde
estaba ; á causa de lo cual algunas veces pensó
prender al sobrino ; é así escribía al Príncipe Don
Fernando su hijo todo lo ya dicho , amonestándole
lo que avia de hacer;. el qual siguiendo el mandado
del padre, no quiso acebtar el consejo de algunos
que se ofrescian á lo prender; el qual vanamente
pensaba señorear estos Reynos, si su casamiento
^oviera efeto. En este tiempo el Serenísimo Rey
Don Juan de Aragón tomó toda la provincia de
Ampurdan, é todos los puertos della, alguna parte
por fuerza de los moradores, en tanto que los fran-
ceses estaban en Viana, con intención de hacer la
guerra al Conde de Armeña , que ya era vuelto de
España en su tierra.
CAPÍTULO LXXVI.
üc la muerte del malaventurado Conde de Armefia, fecha á
traición.
Este Conde de Armefia que en tiempo del Rey
Carlos de Francia, padre de Luis, muchos trabajos
avia pasado por las culpas y excesos por él come-
tidos, como oviese ávido en su propia hermana dos
hijos é la oviese tenido públicamente por manceba
en oprobio de nuestra Santa fe Cathólica , temien-
do las censuras del Santo Padre y las amenazas del
Cathólico Rey , no aviendo venganza de las quere-
llas que del se daban por todos los comarcanos, ovo
do ser desterrado de su propia tierra, andando por
el mundo vagando, siendo privado de su heredita-
rio dominio , é después fué tornado en posesión de
lo suyo, que contenia muchas fortalezas é villas é
grandes tierras, en las quales afirman aver mil y
seiscientas plazas de puentes levadizas, en que hay
tres notables ciudades, la una llamada París, que
es Arzobispado, é la otra Leytora é la tercera Re-
des ; é como ya este Conde fuese restituido, é ovie-
se por mujer una hija del Conde de Fox, el qual
casamiento hizo por quitar antiguas enemistades
que entre dos casas había , é por mas confirmar el
amistad, algunas veces estos señores se juntaban
en sus gasajadas é deportes. Esta amistad turbó la
malicia del Rey Luis de Francia, de toda concor-
dia enemigo, mayormente deseando destruir al Con-
de de Armeña , para lo qual cada día buscaba oca-
siones mostrando del tener grande enojo , diciendo
que había fecho guerra á los de Ampurdan en fa-
vor del Rey de Aragón. E porque algún tiempo
íivia tenido amistad á los ingleses é avia tenido
ocupado el Ducado de Guiana, por lo qual una vez
con su mujer era venido en Fuenterrabía, en tanto
^uel Rey Don Enrique de Castilla allí estaba, el
qual en los Reynos de Castilla poseía el Condado
de Cangas é Tineo, por cuyo ruego ovo perdón del
Rey Luis; tornado en su tierra requerido por al-
REYES DE CASTILLA.
gunos que de sus infortunios mucho Be dolían , so
vino en la ciudad de Leytora ques muy fuerte , así
por el sitio y altura que tiene, como por algunos
notables edificios , donde determinó esperar qual-
quier fortuna que le viniese. E luego el Rey Luis
le comenzó á facer cruda guerra , é ninguna cosa
dexó de buscar de quantas pudo para lo destruir; é
como el Rey conosciese aquella ciudad ser inpuna-
ble é perder el tiempo que sobre ella estoviese,
gastando en balde dineros é gentes , determinó qtie
ninguna cosa le podría aprovechar más que la trai-
ción para conseguir su deseo , é con muerte de un
hombre excusar los daños é muertes de muchos y
ensanchar su señorío, á quien después de la muerte
del Conde pertenescía, como el Conde hijos no tu-
viese que fuesen dinos de heredar su señorío. Estas
cosas en la voluntad del Rey asi concebidas, deter-
minó de buscar personas que pudiesen poner en
obra la traycion por él pensada , é ninguna halló
mas á propósito para aquella maldad que el Carde-
nal Trapacense, el qual fué intérprete del malaven-
turado casamiento del Duque Carlos de Guiana con
Doña Juana, llamada hija del Rey de Castilla Don
Enrique, el qual algunos pensaban aver seido parte
en la muerte del Duque de Guiana; pero como quie-
ra que sea, después de su muerte, siempre fué muy
probado é único principal consejero del Rey Luis,
no haciendo ningún sentimiento de la muerte del
que tanto en su vida loaba, mas con alegre cara,
sin vergüenza alguna, iba por las calles con las ma-
las mujeres hablando ; é como el Cardenal mas al
Rey que á Dios obedeciese, é le mandase que en-
trase en la ciudad de Leytora con siguro del Con-
de é con fe que le diese de trabajar con el Rey que
lo perdonase é perdiese del todo enojo, el malvado
Cardenal con grande instancia procuró la habla con
el Conde de tal manera é con tanta familiaridad,
quel Conde ya enteramente se confiaba del creyen-
do todas sus palabras; el qual dixo al Conde que si
quería bien librar, entregase al Rey la ciudad é sus
bienes é su vida. El Conde conosciendo la crueldad
del Rey, dudaba mucho en esto, y decia que quan-
to viviese serviría al Rey con toda la lealtad, y pa-
ra esto daría toda la siguridad que el Rey deman-
dase, tanto que le dexase vivir en sola aquella ciu-
dad sin injuria de ninguno ni opresión de los pue-
blos, é como ya fuese viejo é pobre, la edad que le
quedaba pasar haciendo penitencia de los grandes
errores en que avía caído , suplicando al Cardenal
que le pluguiese procurar con el Rey como su justa
suplicación oviese efeto ; é como la fe por ambas
partes fuese dada, el Cardenal entraba fiablemente
en la fortaleza todas las veces que queria , ó trata-
ba secretamente como el Conde fuese muerto ; el
qual ninguna cosa de aquello sospechaba. E como
un día el Conde estuviese muy atento en la fabla
que el Cardenal le hacía, por uno de los que con el
Cardenal venían le fué puesta una daga por los pe-
chos, do que súpitamente murió ; é luego el castillo
fué tomado, é la ciudad ocupada, é asimismo todas
las otras ciudades é villas é fortalezas que al Con-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
73
de pertenecian , diciendo pertenecer al Rey , como
el Conde hijos no toviese que heredarlo deviesen;
lo qual todo se cree pertenecer á Carlos de Arme-
ña, ques hijo legítimo suyo. Deste caso el Cardenal
Trapacense quedó muy ufano , como triunfante é
vencedor de maldad tan conoscida, é muy cercano
á la voluntad del Rey, como fuesen muy conformes
en sus condiciones.
CAPÍTULO LXXVII.
De como el Rey Don Juan de Aragón recobró la muy noble villa
de Pcrpiñan, é la muchedumbre de franceses quel Rey de
Francia embiópor defender la fortaleza que por él estaba, é por
recobrar la villa.
En tanto quel Rey Luis de Francia se ocupó en
acabar esta obra tan dina de memoria, de hacer ma-
tar al conde de Armeña, que por la forma dicha,
los de Perpiñan, mirando la prosperidad que Dios
avia dado al serenísimo Rey natural señor suyo,
que no solamente oviese recobrado la muy noble
ciudad de Barcelona, mas toda la provincia de An-
purdan, dello por fuerza é dello voluntariamente,
determinaron de lo embiar llamar como le viesen
en su vejez aver fecho cosas notables , dignas de
eterna memoria, é páreselo claramente la divina
gracia ayudarle como en tan grande y decrépita
edad le oviese retornado la vista que algunos años
avia tenido perdida, é aver muerto todos los intru-
sos en el cetro real á él perteneciente, é o/iese que-
rido alongar de allí tan grande enemigo como era
Luis Rey de Francia, dándoles nuevas ocupacio-
nes ; así los de Perpiñan secretamente embiaron á
suplicar al Rey su señor quisiese venir tomar su vi-
lla, ni tuviese en mucho el poder del Rey Luis en
que tuviese la fortaleza que los franceses tenían
muy armada. El Rey recibió alegremente la emba-
xada de sus fieles vasallos, poniendo luego en obra
lo por ellos suplicado , no temiendo ningún peligro
que venir le pudiese, ni á los de Perpiñan les es-
pantó el gran poder del Rey Luis de Francia, te-
niendo en poco qualquiera mal que venirles pudie-
se por recobrar su libertad , la qual por ninguna
otra vía podían aver, salvo seyendo socorridos de su
Rey. E como la gente de los franceses á ellos mu-
cho desamase, é siempre fuesen enemigos los Cata-
lanes é Aragoneses, é fuese cruel é agena de toda
virtud é incomportable su condición , la qual siem-
pre fué tener oprimidos á los que á ellos se sojuzga-
ban, el magnánimo Rey, ganada la voluntad de sus
fieles vasallos, quiso igualmente con ellos esperi-
mentar la fortuna. Ávida esta embazada, el Rey se-
ñaló día en que los de Perpiñan con los franceses
de súpito peleasen, certificándoles en aquel dia mes-
mo sería con ellos, el qual lo puso así en obra, é los
de Perpiñan pelearon tan duramente con los fran-
ceses , que les echaron de la villa , matando é hi-
riendo muchos dellos ; é sin duda si la fortaleza no
tuvieran, donde se retrajeron , maravilla fuera ene-
migo poder escapar de ser muerto ó preso. El Rey
sobrevino al tiempo por él asignado, ó mandó lue-
go facer un gran fosado sobre la villa, entrella y la
fortaleza, por la parte por donde los franceses po-
dían salir á hacer daño á los de la villa, donde man-
dó poner los ingenios é lombardas para combatir la
fortaleza por dar temor á los franceses é seguridad
á los suyos. E como la provincia de Rosellon sea
cercana á Narbona, á la parte del Oriente, é al Occi-
dente tenga amas provincias, el Rey tovo forma de
tomar la ciudad de Helna, situada en los valles no
muy alongados de Perpiñan , que parescen del al-
tura de los montes Pirineos, que derechamente van
del Occidente al Oriente, é se estiende al medio dia
fasta el mar Mediterráneo y llega fasta el puerto
de Colibre. Los de Helna quando vieron la magna-
nimidad del Rey que á todo peligro so ponía por
la salud do sus subditos, valientemente pelearon
contra los franceses que la ciudad tenían, y rescí-
bieron el ayuda que el Rey su señor les embió, dan-
do libre entrada á los catalanes y aragoneses de la
provincia de Ampurias en Ruisellon. El Rey que-
riendo proveer en las cosas venideras, mandó ha-
cer un grueso muro entre la villa de Perpiñan y el
castillo por mucho mas fortificar el fosado que ha-
bía mandado hacer, é desde allí de dia é de noche
el Rey mandaba combatir la fortaleza con ingenios
é lombardas ó con todas las otras artillerías que
aver pudo, de tal manera que gran parte de las tor-
res é muralla le derribaron, de forma que los france-
ses fueron puestos en tanta estrechez é necesidad,
que ningún remedio esperaban, salvo el socorro del
Rey de Francia, el qual se tardaba, como estuviese
ocupado en la guerra del Duque de Borgoña; la
qual quiso dexar con cierta conveneucia que con él
ovo, ó complia entonces mucho al Rey de Francia
aver el puerto de Colibre ; é como la provincia de
Narbona ningunos puertos tenga , é desde Marsella
fasta Co libre no haya lugar para poder estar naves,
salvo allí donde Aguas Muertas se llaman , é allí
suelen muchas veces las galeras estar, así era gran
cuidado á los franceses por recobrar otra vez á Per-
piñan é á Helna, é á los catalanes en recobrar á Co-
libre é otras muchas villas cerca del lomar en los
llanos del Ruisellon. Colibre, como estuviese ocu-
pada por valiente gente de Francia, no se pudo re-
cobrar ; cobráronse con todo eso alguuas villas,
unas por fuerza y otras por su voluntad. La villa
de Salsas cercana á Narbona convenia tomar, la
qual estaba guardada por muchas gentes de fran-
ceses : así duró por muchos días la contienda de los
unos por recobrar aquellas villas, é de los otros por
defenderlas.
CAPÍTULO LXXVIIL
De coj;po el Marqués de Cáliz üon Rodrigo Ponce de León tomó
por escala el castillo de Alanis y después le tomó el Duque.
Como el Duque de Medina-Sidonia, después de los
debates comenzados entre él y el Marqués de Cáliz,
oviese tenido la villa é fortaleza de Alanis , dio
la tenencia de ella á un escudero llamado Pedro de
Nadal, al qual dio muy pobre tenencia, é como él
74 CRÓNICAS DE LOS
viese la poca gente que podia sostener, escribió mu-
chas veces al Duque suplicándole le quisiese pro-
veer de gente é de vituallas, con que pudiese aque-
lla fortaleza defender ; é como el Duque no lo pro-
veyese, determinó de írselo á requerir en persona; é
venido el Duque, fué avisado que el Marqués se
aparejaba para venir á tomar aquella fortaleza ;
dióle muy poca provisión, é mandóle que muy pres-
tamente se volviese á poner recaudos en su fortale-
za, é por mucho que él anduvo, quando llegó ya la
fortaleza era tomada por el Marqués ; a la qual toma
el Marqués avia enviado un caballero de su casa
llamado Christobal Mosquera , hombre no perezoso
ni cobarde, el qual la tomó con muy gran gente
que del Marques llevó, como la fallase acompaña-
da de solos dos hombres ; é luego se apoderó de la
villa é fortaleza. El qual era en ella mucho amado,
é tenia allí grande heredamiento. El mensajero de
la tomada de la fortaleza fué el miserable alcayde,
de lo qual en Sevilla por todos se ovo gran tristeza,
como esperasen las cosas del Duque siempre ir de
mal en peor, como desde Alanis é desde Alcalá de
Guadayra podia defender el paso para Ecija y Car-
mona , é desde Constantina eran tomados quales-
quiera que de Córdoba viniesen con pan ; é como el
a5o fuese menguado, ninguna buena esperanza á loa
de Sevilla quedaba, y ala provincia de León era ocu-
pado el camino , lo qual era sigurosi Alanis estovie-
ra guardada, é asi tomada de los enemigos, gran
clamor en la ciudad se hacia , dando gran culpa é
cargo al Duque de la tomada desta fortaleza. E ovó-
se gran consejo en la ciudad por buscar remedio
para la recobrar, é fueron muy diversas opiniones,
é á la fin visto el daño universal que en la ciudad se
seguía, aunque al Duque convenia remediar este
caso, como por culpa suya fuese aquella fortaleza
perdida, la ciudad acordó de sacar el pendón , é con
él mil é quinientos de caballo é seis mil peones , ó
partieron así, é con ellos el Duque, por dar libertad
á la ciudad en lo qual consistía la vida y honra
de todos los ciudadanos de aquella ciudad, y en
la tardanza perdimiento con grande instancia é
infamia ; é así fueron todos con grande animo é vo-
luntad por recobrar aquella fortaleza. E salió esta
gente de la ciudad de Sevilla á diez de hebrero del
año de nuestro Redentor de mil é quatrocientos y
setenta y tres años. Lo qual como el Marqués supie-
se, llamó á gran priesa sus ayudadores, é como en
Xerez alguna sospecha toviesen, llevó consigo so-
lamente setecientos de á caballo é fuese á Alcalá de
Guadayra, con esperanza que ovo de aver entrada
en la ciudad por algún trato que en ella tenia, el
qual como fuese sentido, los que en el trato eran
fueron enforcados en vista del Marqués, é sin duda
si en Sevilla capitán hubiera , pudiera en la pasada
rescibir muy gran daño, é Christobal de Mosquera
como era caballero discreto y esforzado , reparó su
fortaleza y esforzó la gente que tenia , esperando
todavía el socorro del Marqués ; el qual pasó sus
batallas ordenadas juntas con la cerca de Sevilla, y
fué pasar por el vado que se llama de las Estacas; é
REYES DE CASTILLA.
tomó el camino de Alcalá del Rio, el qual en otro
tiempo fué muy bien murado, é agora está derriba-
da la cerca, en la qual villa el Marqués entró é hizo
en ella muy gran daño ; é allí se detovo dos días, é
volvió por cerca de Sevilla; é llegando á la puerta
que se llama Gradada, ques una legua de la ciudad,
en la qual avia una torre muy buena questaba por
el Duque, é la tenia un esforzado escudero llamado
Pedro de Montesdoca , mandóla combatir. E como
los de Sevilla esto supieron, determinaron de salir
á defenderla, como les pareciese grave cosa de com-
portar quel Marqués con tan poca gente tan grande
injuria pudiera hacer á la ciudad de Sevilla ; é como
Rodrigo de Rivera, hombre de noble linage, pero
doblado é maneroso, oviere quedado allí como prin-
cipal, no lo consintia, diciendo que guardase su
ciudad, é de otra cosa no curasen fasta que el Du-
que viniese ; y la torre se combatió , y el Marqués
mandó poner bancos pinjados y de manera que se
pudo cavar por el pie, é puesta sobre puntales lo
pusieron fuego, é la mitad de la torre de súpito cayó,
é mató quatro de los que en ella estaban que avian
valientemente peleado, é otros quatro quedaron en
la mitad de la torre, á los quales el Marques dejó ir
á Sevilla, é llevó consigo al alcayde. Y en tanto que
estas cosas el Marqués hacia, el Duque tenia el cerco
sobre la fortaleza de Alanis, el qual determinó de
la combatir por tres partes. El un combate tomó
para sí ; el otro dio á Don Pedro d'Estúñiga, su cria-
do ; el tercero, que era el mas fuerte é mas peligroso,
dio á Hernando de Rivadeneyra , que era capitán
de la gente del Adelantado don Pero Henrique ; y
en quebrando el alba, el combate se aconteció dura-
mente por todas partes. Christobal Mosquera esfor-
zaba la gente que en la fortaleza tenia, é peleaba
valientemente como buen caballero, dando espe-
ranza á los suyos que el Marqués muy presto loe
socorrería. Hernando de Rivadeneyra, como fuese
caballero esforzado é deseoso de ganar honra , con
tan gran fuerza apretó el combate por su parte, que
derribando mucho del muro, puestas las escalas, la
fortaleza también por él se entró, y el alcayde toda-
vía valientemente peleando con los suyos, de ma-
nera que allí fueron muchos muertos é heridos, así
de la una parte como de la otra, é á la fin fueron
todos los de la fortaleza presos, é algunos balleste-
ros que estaban en la fortaleza, que eran del comen-
dador Mayor de Calatrava, el Duque los mandó ir
libremente , é á todos los que de la villa en la for-
taleza halló mandólos enforcar. El alcayde man-
dó honorablemente tratar. E sabido por el Marqués
como la fortaleza de Alanis era tomada con grande
enojo fué á Alcalá de Guadayra. El Duque tardó
en la toma desta fortaleza trece días é ovo consejo
si desde allí iría con la gente que tenia sobre Alcalá,
donde creía el Marqués esto viese, por ver si le que-
ría dar batalla, ó por ventura si los de la villa, visto
sobre sí tan gran poder , avrian corazón de pelear
contra el Marqués, que tiránicamente los tenia opri-
midos, seyendo ellos vasallos de la ciudad ; lo qual
como el Marqués sóplese, dejó á Alcalá la mejor
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
75
guarda que pudo, y partióse para Xerez. El Duque
con todas las gentes que traía é con la que de Se-
villa mandó venir, que fueron todos veinte mil
peones é mil é ochocientos de caballo, se fué para
Alcalá de Guadayra, donde estovo esperando gran
pieza si f aria algo de lo que avia pensado ; é como
su pensamiento f allesció, él se volvió á Sevilla con
toda su gente.
CAPÍTULO LXXIX.
De la dolorosa é mal aventurada muerte de Don Pedro de Gúz-
man, é de Don Alonso, hermanos del Duque de Medinasidonia;
é.del desbarato de Don Pedro d'Estúülga , é de la prisión de
Don Juan, hermano del Duque.
Como entre el Duque y el Marqués se hiciesen
cruel guerra é cada dia oviese recuentos del uno y
del otro , é que á las veces llevaban los unos á los
otros ventaja , é á veces los otros , no se podia des-
to cierta cosa escrebir, pero entre las otras fué una
que se puede bien decir batalla, la qual acaesció
en esta guisa : que como el Marqués tuviese cien
lanzas en Alcalá de Guadayra, de las quales eran
capitanes Hernán Darlas de Saavedra, cuñado del
Marqués, é Martin Galindo , hijo del Comendador
Juan Fernandez Galindo, é de allí hiciesen conti-
nua guerra á los de Sevilla, acaesció que un dia,
miércoles de las tinieblas del año de nuestro Reden-
tor de mil y quatrocientos y setenta y tres años, sa-
lieron de Sevilla Don Pedro d'Estúñiga, primogéni-
to del Conde de Plasencia, é Don Pedro é Don Alon-
so é Don Juan, hermanos bastardos del Duque Don
Enrique de Guzraan , é con ellos fasta cieato ó ciu-
quenta de caballo de hombrea muy principales d«
aquella ciudad, con intención de acuchillar á los de
Alcalá , si en el campo los fallasen. É como Fernán
Darías de Sayavedra é Martin Galindo fuesen certi-
ficados de la salida destos caballeros de Sevilla, em-
biaron luego decir á Godoy, Alcayde de Carmona, é
á Pedro Mosquera, Alcayde de Marchena, rogán-
doles que á mas andar viniesen con la mas gente
que pudiesen, porque ello» avian enviado alguna
gente de la que allí tenían por algunas cosas cum-
plideras al servicio del Marqués ; los quales , vistas
las letras , partieron á mas andar , de manera que
el Jueves de la Cena en amanesciendo llegaron á
Alcalá con fasta docientos de caballo ; ó luego pu-
sieron gran recaudo en la villa é fortaleza, temien-
do que por aventura oviese allí algún trato ; é salie-
ron los capitanes con docientos é cinquenta de ca-
ballo é siguieron la vía por donde creyeron que los
caballeros de Sevilla avian de venir, é hicieron dos
batallas no muy lejos la una de la otra, y estuvie-
ron así esperando gran pieza del dia , é desque vie-
ron que ninguna gente páresela acordaron do se
volver cada uno para su lugar ; é como Pedro Mos-
quera oviese mas larga la jornada, acordó de se ir
luego , é Godoy se detuvo á dar cebada á sus caba-
llos, é los capitanes de Alcalá quisiéronle tener com-
pañía fasta que fuese á caballo para se partir, Y es-
tando así, vieron venir la gente de Sevilla, é cabal-
garon a gran priesa y enviaron un mensagero a mas
andar á Pero Mosquera, rogándole que luego vol-
viese, é los capitanes de Alcalá, é Godoy con la
gente que traia fueron paso á paso al camino que
los caballeros de Sevilla traían , é fechos todos un
tropel , tomaron un cerro , é como los caballeros de
Sevilla traían todos camisas blancas sobre las ar-
mas , como los vieron los contrarios tomaron las ar-
maduras de cabeza é las lanzas en las manos é man-
daron salir todos los pages de la batalla, é así vi-
nieron los unos contra los otros , é así en la mitad
de la ladera del recuesto se dieron de las lanzas , é
cayeron muchas así de los unos como de los otros, c
allí fué la batalla muy duramente ferida por amas
partes, é los caballeros del Marqués estaban ya po-
co menos vencidos ; y estando la batalla en este es-
tado llegó Pero Mosquera con la gente de Marchena
ó dio tan de súpito en los caballeros de Sevilla, que
los desbarató ; é allí fueron muertos Don Pedro é
Don Alonso, hermanos del Duque, é viéndolos, to-
mándolos uno del Marqués á vida é después de co-
noscidos matólos , de lo qual al Marqués pesó mu-
cho ; é Don Juan su hermano preso é á Don Pedro
d'Estúñiga mataron el caballo ó dióle otro un carni-
cero de Sevilla, el qual so salvó á uña de caballo ;
en la qual batalla murieron otros quince escuderos,
é fueron muertos muchos caballeros así de la una
parte como de la otra ; é fueron presos Mousalve,
criado del Rey Don Juan , é Arellano , hijo del Ma-
riscal Carlos de Arellano , y el Comendador Pedro
de Cabrera , hermano del mayordomo Andrés de Ca-
brera , que después fué Marqués de Moya , é los dos
hermanos Morales é otros muchos ; é los caballeros
del Marqués ojearon el campo é ovieron gran des-
pojo de caballos, é jaeces, é sillas, é armas, rica-
mente guarnidas ; é así vitoriosos con todo el des-
pojo , se volvieron á la villa de Alcalá , aunque tris-
tes por la muerte de aquellos caballeros é de algu-
nos otros con quien deudo tenían. E allí mandaron
enterrar todos los muertos , salvo los dos hermanos
del Duque, los quales embiaron á Sevilla, puestos
en sendos ataúdes, en dos acémilas acompañados de
alguna gente ; lo qual sabido por el Marqués mos-
tró sentimiento de la muerte de los dos hermanos
del Duque, é puso luto por ellos; é mandó llevar á
Don Juan é á los otros presos á la villa de Marche-
na, donde los mandó bien servir y honorablemente
tratar. El Duque fué tan remiso é tan poco cuida-
doso , que tomó la salida de tan nobles caballeros de
Sevilla; como ellos saliesen é llegase al Duque un
pastor é le dixese: «Señor, yo sé cierto que en Al-
calá son venidos asaz güespedes, é por eso sería nes-
cesario que mandasedes enviar mas gente á los se-
ñores vuestros hermanos»; é como allí se hallase
Rodrigo de Rivera, dixo al Duque: «Señor, no cu-
réis de enviar mas gente, que para el ayuda que
puede venir á los de Alcalá asaz basta la gente
questos caballeros llevan » ; é como fuese presente
Alonso de Palencia, coronista, dixo al Duque: «Si
bien sería que V. S,'* mandase enviar alguna mas
gente, que de las cosas dudosas siempre debe tomar
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
76
lo mas seguro.» El Duque como hombre adormido
é impróvido, rescibió tan gran daño de que otros
muy grandes daños é males se siguieron , por dejar
de creer á quien buen consejo le daba.
CAPÍTULO LXXX.
De la venida de D. Enrique Fortuna en Castilla, é de la forma
que el Rey Don Enrique con él tuvo.
El Rey Don Enriqxie determinó de embiar por
Don Enrique Fortuna , para lo qual ordenó de le
embiar embaxadores de autoridad que de parte suya
lo llamasen é le ofresciesen el casamiento de Doña
Juana, bija suya, con esperanza de haber estos Rey-
nos después de su f allescimiento , para lo que avia
consentimiento , no solamente de los Grandes , mas
aun de los procuradores de las ciudades é villas de-
llos; en tanto que algunas cosas se emparejaban é
Don Fernando ó Doña Isabel eran desterrados, lo
que ligeramente sería de acabar que Don Enrique
Fortuna se viniese á la villa de Requena , ques cer-
cana á Valencia, donde el Rey embiaria gran copia
de dinero en plata é caballos é muías é todas las
cosas á su estado conv inientes. Oida esta embaxada
por Don Enrique creyó todo lo que era dicho, é su
madre para la venida le dio muy gran priesa olvi-
dando los beneficios rescibidos del Rey de Aragón
su tio, é no aviondo memoria del juramento é ome-
nage que tenia hecho de no hacer cosa de sí, sin sa-
biduría é consentimiento suyo , conosciendo las mu-
danzas que en el Rey Don Enrique avian, el qual
sin mas pensar se vino á Requena. Este Don Enri-
que Fortuna fué hijo del Infante Don Enrique her-
mano de los Reyes de Aragón Don Alonso é Don
Juan , el qual fué Maestre de Santiago , caballero de
gran virtud , por cuyo merescimiento el Rey Don
Juan de Aragón no solamente dexó de punir é cas-
tigar los excesos de Don Enrique Fortuna, mas tra-
tándolo como á hijo le hizo siempre merced é bene-
ficios, é como por su mala gobernación oviese per-
dido la ciudad de Segorve , que por derecho heredi-
tario era suya , é no la pudiese recobrar, le dio re-
compensación de aquella en la provincia de Am-
purdan, una muy noble villa llamada Castillon, lo
qual todo olvidado, Don Enrique ensoberbecido con
vana esperanza se vino á Requena , é desde allí el
Marqués le hizo venir en el castillo de Garcimuñoz,
en el comienzo del mes de hebroro de mil y quatro-
cientos y setenta y tres años como pensase muy li-
geramente los príncipes sus primos podían ser des-
truidos, y el Rey de Aragón preso en poder del Rey
Luis de Francia , é que él podia poseer á Valencia é
al Reyno de Aragón con ayuda del Rey Don Enri-
que , que ya creía ser su yerno, lo qual todo después
sucedió muy lejos de su pensamiento.
CAPÍTULO LXXXL
De como el Rey de Granada por fuerza de armas recobró la villa
de Cárdela.
Haciéndose la guerra duramente entre el Duque
de Medinasidonia y el Marqués de Cáliz, en un dia
del mes de Agosto del año susodicho, el Rey de
Granada sacó muy gran gente , é vino á poner sitio
sobre la villa de Cárdela; lo qual como supiese el
Marqués de Cáliz, determinó de la ir socorrer. E co-
mo el Duque de Medina supiese la gente quel Mar-
qués allegaba, sacó muy gran gente de Sevilla, é
vínose por la villa de Utrera, de lo qual como el
Marqués fuese certificado , como quiera que ya te-
nia mucha gente ayuntada, así de sus vasallos como
de sus valederos, vióse forzado de dejar de ir á so-
correr á Cárdela, temiendo que el Duque viniese
por le tomar á Xerez. El Rey de Granada, temiendo
que Cárdela seria socorrida, dio tan gran priesa en
el combate, que aunque los christianos que en ella
estaban se ovieron valientemente, é la defendieron
valientemente quanto pudieron, al fin ovieron de
retraerse á la fortaleza ; é como los mas de los chris-
tianos estoviesen heridos , ovieron de darla con con-
dición que libres les dejasen ir, y así el Rey do
Granada recobró la villa de Cárdela , é así fueron
llevadas las cruces é cálices é campanas é todas otras
cosas sagradas que el Marqués allí avia dado, é la
iglesia fué tornada mezquita , de quel Marqués ovo
muy entrañable sentimiento, é propuso de perder la
vida y estado ó aver venganza del Duque, á causa
del qual aquella villa se avia perdido. El qual com-
bate los moros hacían peligrosamente, y el Rey con
un terciado y una adarga les dijo: «Arriba, per-
ros, que hoy será Cárdela de Moros.» Avia Rey nue-
vo en Granada.
CAPÍTULO LXXXII.
De como el Marqués de Cáliz tomó por escala la villa y fortaleza
de Medinasidonia.
Estando el Marqués muy lastimado por la pérdi-
da do Cárdela, cada dia andaba buscando como pu-
diese dañar al Duque en cosa que mucho le dolie-
se, para lo qual mandó á Bernal Diafiez, el qual
avia sido Alcalde algunos días en Cárdela, que se
fuese á estar en la torre de Lopera quel Marqués
avia tomado á Payo de Ribera, que desde allí ha-
cia grandes daños é males á todos los caminantes
así naturales como estrangeros. El qual estando en
aquella torre, como fuese cerca de Medina é fuese
en invierno , iba muchas noches por tentar aquella
fortaleza é hallábala á mal recaudo, donde no pá-
resela velar mas de un viejo , é la mayor guarda que
en ella avia era muchedumbre de perros que de dia
tenían atados , é de noche soltaban por la fortale-
za. E BeiTial Diafiez, que muchas veces venia sin-
tiendo aquellos perros, conosció no se poder escalar,
pero con todo no dejaba de venir muchas noches á
tentar aquella fortaleza, en la qual era Alcayde un
caballero llamado Pedro de Basurto , el qual como
quiera que era casado , dábase tanto á mugeres , que
pocas veces durmia en la fortaleza , é á fin de no
gastar no tenia gente, é todo su gasto era en caba-
llo y en jaeces, de que mucho se preciaba, é no te-
nia mas en la fortaleza de dos viejos. É como la ma-
dre de este Alcayde oviese grande enojo de su mal
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
vivir, é viese la fortaleza tan mal acompañada , é
muchas veces lo oviese reñido al hijo é que ningu-
na cosa le aprovechase, á fin de que tomase gente,
mandó matar todos los perros. É como Bemal Dia-
fiez á menudo viniese á requerir aquella fortaleza, é
una noche llegare allí é ningún perro ladrase, ni
oyese mas de una vela, la noche siguiente trajo sus
escalas é subió á la fortaleza , é vido el mal recaudo
que en ella avia , é continuó esto algunas veces ; é
como conosció sin peligro poderse aquella fortaleza
tomar, venida la Pasqua de Navidad , Bernal Diañez
se fué para el Marqués é le hizo relación de todo lo
pasado ; é luego el Marqués mandó llamar á Don
Diego, su hermano, é á Pedro de Vera, Alcaide de
Arcos, álos quales dio gente escogida de sus cria-
dos, é mandóles que siguiesen á Bernal Diañez, ha-
ciendo fama que iban á tierra de moros por hacer
algún hecho señalado. E así Don Diego partió de
Xerez la primer noche de Navidad, é tomó el cami-
no de la ciudad de Arcos , é anduvo dos dias por los
montes por desatinar la gente , é la tercera noche de
Navidad , que fué á veinte y siete dias del mes de
Diciembre del año susodicho, llegó á la fortaleza
de Medina, é como la noche fuese muy escura é hi-
ciese gran niebla, no fueron sentidos. É Don Diego
mandó al Alcayde Pedro de Vera que siguiese á
Bernal Diañez , y embió con ellos cien escuderos,
hombres principales, para que fuesen á poner las
escalas ; é Don Diego quedó con toda la otra gente
de caballo é de pié para socorrer, desque la fortale-
za fuese escalada, media legua ó algo mas; la qual
se escaló sin ser sentidos, é como ya estuviesen en-
cima é la vela que andaba rondando llegase á ellos
sin sentir ni ver cosa alguna, con la grande oscuri-
dad, fué luego preso é pusiéronle los puñales á los
pechos, diciendo que lo matarían si voces diese. E
luego subió toda la gente, é dos ó tres fueron con
aquella vela á la torre del omenage, é mandáronle
que llamase, diciendo que el Alcayde venia, el qual
dormía fuera de la fortaleza ; é dos pages que en la
torre estaban abrieron la puerta creyendo que el Al-
cayde venia ; los quales fueron luego presos é ame-
nazados que callasen ; é dieron luego las llaves de
la fortaleza á Pedro de Vera , el qual fué luego á
abrir el postigo por el qual Don Diego entró coa
toda la gente que de fuera avia quedado ; é todo lo
dicho ninguna cosa se sintió por la madre del Al-
cayde, ni por su mujer, ni por los esclavos y escla-
vas que en la fortaleza estaban. É luego Pedro de
Vera fué al palacio donde estaba la madre del Al-
cayde é su muger é sus hijos, é cercóles el palacio
por defuera, é tomadas ya todas las torres é apo-
sentamiento é todas las cosas que en la fortaleza se
hallaron , Don Diego envió un hombre de á caballo
á mas andar, á decir al Marqués lo que era hecho, el
qual anduvo tanto, que partió de allí á medía noche
é llegó á Xerez en quebrando el alba. B la tercera
noche de Navidad la fortaleza se escaló; é como
Don Diego mandase á toda la gente del Marqués
que en la fortaleza estaban que diesen una gran gri-
ta, y el Alcayde lo oyese , vino como hombre turba-
77
do con fasta cinquenta ó sesenta hombres , é llegan-
do cerca de la fortaleza salieron algunos de los que
en ella estaban é comenzaron á pelear, y el Alcayde
Diego de Basurto, hombre desesperado, metióse tan-
to en los enemigos , queriendo quebrar una cadena
de la puente levadiza, que fué ferido de una lanza-
da por la boca que le pasó al colodrillo, de que lue-
go súpito murió ; é así juntamente perdió la vida é
honra é bienes y el ánima é fué en tan gran peligro
quanto paresce que debe ir, según se dice de su vi-
da. E muerto , dijo Pedro de Vera á su madre y her-
manas que estaban en un palacio encerradas , que lo
tomasen allá, que estaba muerto. Respondió la ma-
dre que el que lo mató que lo pusiese en cobro, sin
tomar voz ninguna ni hacer ningún sentimiento. E
afirmase que los muebles que le robaron valían mas
de un quento. E sin duda, si este malaventurado Al-
cayde oviese leído la segunda partida, no pusiera
en tan mal recaudo su honra é su vida ; la muerte
del qual á todos los Alcaydes 4ebe ser enjemplo,
para que sepan poner cobro en las fortalezas que les
son encomendadas. Sabida esta nueva por el Mar-
qués, ovo grande alegría, é mandó repicar las cam-
panas é salió de la ciudad de Xerez con quatrocíen-
tos de caballo , é fuese á Medínasidonia. Llegando
á la ciudad, los vecinos della le salieron á rescibir
é le besaron la mano como si fuera su señor natu-
ral, de lo qual fué causa la enemistad que los mas
de los vecinos tenían con el Alcayde, é les injuria-
ban é les quitaban las mujeres por fuerza, aunque
algunas veces se quejaban al Duque del , y ningún
castigo en ello puso. El Marqués dejó por Alcayde
en la fortaleza de aquella ciudad á un hermano de
Pedro de Vera, llamado Martin Gómez, y encomen-
dó la justicia á Francisco de Vera, jurado de la ciu-
dad de Xerez , é basteció la fortaleza de gente é ar-
mas é de todas las vituallas nescesarias , é hizo re-
parar la fortaleza, é mandó hacer en ella una bar-
rera á la parte donde fué escalada, y una cava asaz
honda ; y estas cosas así hechas, el Marqués se vol-
vió á Xerez, é mandó que Pedro de Vera tomase
todos los bienes del Alcayde Pedro de Basurto por
le satisfacer de quanto el Duque tomó á Ximena,
teniéndola este Pedro de Vera , donde entonces Pe-
dro de Basurto ovo todos sus bienes. E volviendo
el Marqués á Xerez , fué certificado cómo el Duque
era salido de Sevilla con muy gran gente, pensan-
do poder socorrer á Medina , é como por mensage-
ro cierto fuese certificado la fortaleza é ciudad eran
pacíficamente por el Marqués, volvióse á Sevilla
con gran tristeza y enojo , al qual tomó la nueva
llegado á Librixa.
CAPÍTULO LXXXIII.
De los grandes daños acaescídos en la ciudad de Córdoba.
De las diferencias é guerras pasadas entre el Du-
que de Medina Sidonia y el Marqués de Cáliz, resul-
taron grandes males , no solamente en la ciudad de
Sevilla, mas en Córdoba y en Sanlúcar é la mayor
parte del Andalucía. E como en aquellas ciudades
78 CRÓNICAS DE LOS
los príncipes Don Fernando é Doña Isabel fuesen
mucho amados, algunos que bu servicio no desea-
ban, procuraron de meter gran cizaña entre los
Christianos viejos é nuevos, especialmente en la ciu-
dad de Córdoba, donde entre ellos avia grandes ene-
mistades é grande envidia, como loa christianos
nuevos de aquella ciudad esto viesen muy ricos y les
viesen de contino comprar oficios de los quales usa-
ban soberbiosamamente, de tal manera que los
christianos viejos no lo podian comportar. E como
Don Alonso de Aguilar toviese aquella ciudad por
estonce enteramente á su mandar é querer, f avores-
cianlos quanto podian por grandes servicios que le
facían , é tanto eran de Don Alonso favorecidos, con
la amistad y envidia que dellos tenian y aviendo
quien siempre añadiese discordia entre estas gentes,
de tal forma que esta causa se ovo de hacer una con-
juración en la ciudad so color de donación , en que
entró la mayor parte della , á la qual llamaron her-
mandad de la ciudad, hicieron en ciertos dias pro-
cisiones , mostrando hacerse con grande devoción ;
é acaesció que un dia yendo asi la precisión, una
moza de edad de ocho ó diez años derramó una poca
de agua por la ventana de una casa de un conver-
so, la qual cayó encima de la imagen de nuestro
Señora; é como allí fuese un cetrero, que en aque-
lla cofradía ó hermandad era ávido por muy prin-
cipal, dio muy grandes voces diciendo aquellos ser
meados echados á sabiendas, en injuria é menospre-
cio de nuestra santa fé católica , é á grandes voces
diciendo : «Vamos todos á vengar esta gran injuria,
é mueran todos estos traidores é herejes.» E como
los chistianos viejos tuviesen el odio concebido con
loa conversos, iban todos juntos por quemar las ca-
sas de los conversos ; é como por allí pasase un es-
cudero del Alcayde de los Donceles , llamado Pedro
de Torre blanca, hombre de sana é buena intención,
comenzó á decir que no hiciesen tan gran movi-
miento y escándalo , de que se podia seguir muy
gran daño é deservicio á Dios é al Eey ; é como es-
tas cosas dixese , el cetrero le dio una grande heri-
da , é luego vinieron muchos en ayuda de Torre-
blanca, y allí se comenzó muy gran pelea y el her-
rero con los de su compañía se fué huyendo á San
Francisco, é de súpito se llegó allí mucha gente, é
Don Alonso de Aguilar vino allí á muy gran priesa
no solamente por el daño que Torreblanca avia rcs-
cibido, mas por escusar el daño que esperaba que de
aquello se avia de seguir. E como Don Alonso allí
llegase, el herrero salió primero, é habló á Don
Alonso con gran soberbia , lo qual Don Alonso no
pudiendo comportar, le tiró una lanza de que le pasó
de parte á parte , que luego murió ; y llevado á su
casa el herrero muerto, afirmaron que milagrosa-
mente era vivo, de que ovo muy gran turbación en-
tro los conversos, é se fueron retrayendo á sus bar-
rios é casas, donde se aparejaron para su defensa ;
é muchos christianos viejos fueron á casa del herre-
ro dardo muy grandes voces, diciendo que era vivo
é sano , é así lo fueron publicando por toda la ciu-
dad, á causa de lo qual la mayor parte de la ciudad
REYES DE CASTILLA.
! se levantó por matar é robar los conversos. E como
Don Alonso de Aguilar ay estoviese , salió armado
é con gente de caballo pensando escusar el gran
daño que estaba aparejado ; é vino ala casa del her-
rero creyendo con su presencia poder pacificar aque-
lla gente ; é como en aquella ciudad estuviese un
caballero llamado Pedro de Aguayo, hombre codi-
cioso , trajo consigo muchos de sus vecinos , con
voluntad é propósito de robar sin vergüenza é aca-
tamiento de Don Alonso. Comenzó el robo, y allí se
hizo muy gran pelea , é fueron tirados por los del
pueblo muchas piedras á Don Alonso, de tal mane-
ra que se ovo de retraer á la fortaleza ; é así por to-
das las calles de la ciudad se comenzó gran pelea
entre los christianos viejos é nuevos ; en el qual
tiempo se fallaron allí muchos labradores que ve-
nían al mercado , los quales publicaron por toda la
comarca el estado en que aquella ciudad estaba , á
causa de lo qual muchos vinieron á robar ; é como
quiera que algunos de los hidalgos de la ciudad
ayudasen á los conversos , conosciendo la maldad
con que eran muertos é robados, muchos dellos, vis-
to la muchedumbre de los robadores , diéronles lu-
gar, é así todas las cosas de los conversos é algunas
de los christianos viejos fueron quemadas é puestas
á robo, é matronas desonrradas, é algunos muertos;
é ningún linage de crueldad quedó que aquel dia
no se ejecutase por los robadores ; lo qual acaesció
en diez y siete dias del mes de Abril del dicho año
de setenta y quatro. E la pelea duró dos dias conti-
nos, en que mucha gente murió, así de la una parte
como de la otra , é al tercero dia se hizo el robo ge-
neral ; en el qual dia muchas mas casas fueron que-
madas, é los que por los campos fueron vistos por
los labradores luego los mataban é robaban ; é fué
hecho pregón por la ciudad que todos los convirsos
fuesen para siempre privados de los oficios públicos
della , é de los que escaparon muy gran parte se fué
á la villa de Palma, donde por exemplo de lo de
Córdoba, así allí como en Ecija y en Xerez, hicie-
ran otro tanto si lo consintieran los señorcB que las
gobernaban ; y en Andami y en Montero y en la
Rambla fueron robados , y lo mesmo hicieron en Ca-
bra, si el conde de Cabra Don Diego Hernández,
señor della, lo consintiera ; el qual en algunos que
comenzaron á robar hizo muy crudo castigo ; y en
la villa de Almodovar del Campo algunos conver-
sos fueron muertos é robados por mano de los la-
bradores, los principales de los quales fueron en-
f oreados por mandado de Don Rodrigo Jirón, Maes-
tre de Calatrava , é donde quiera que no habia quien
los pueblos castigase, semejantes robos se facían.
CAPÍTULO LXXXIV.
De la muerte del Condestable Don Miguel Lucas, é del robo de
muchos conversos moradores en la ciudad de Xerez.
En este tiempo entró el Rey de Granada podero-
samente á correr las ciudades de Ubeda y Baeza
quemando é talando gran parte de la tierra con dos
mil de caballo é quince mil peones; por lo qual el
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
79
Condestable Dou Miguel acordó de tomar un puerto
con quinientos de caballo é tres mil peones por ha-
cer daño en los moros. E vista la muchedumbre de-
llos, el Condestable receló de continuar lo comenza-
do, lo qual dio osadía á los moros de pasar con su
presa de que los de Xaen daban muy gran culpa é
cargo á la flaqueza del corazón del Condestable su
capitán, como es cierto que, según el lugar donde
estaban, si él quisiera lo que caballero debia, los
moros podían recibir muy gran daño , é luego co-
menzaron todos entre si de murmurar é decir mal
del Condestable, é buscar algunas novedades, é no
tratarlo con el acatamiento ni reverencia que solian,
é hízose entre algunos del pueblo conjuración en
que se cree cupiese Gonzalo Mexia, caballero de no-
ble linaje, el qual tomó algunas torres de aquella
ciudad, é puso en ellas gente de armar para su de-
fensa , de que el Condestable ovo grande enojo ; é
luego mandó llamar gente é comenzóse la pelea mu-
cho mas grande de quanto el C'ondestable pensaba,
en la qual murió un caballero llamado Diego do Que-
sada, pariente muy cercano de Doña Teresa de Tor-
res, muger del Condestable. A todos los de la parte
contraria paresció que ya no podia bien venir des-
pués de la muerte de aquel caballero , si algún re-
medio no se buscase, por quien pensasen ser esemi-
dos de la dura servidumbre en que estaban, seño-
reados por el Condestable , contra la condición do la
gente de aquella ciudad, la qual siempre sufrió de
mala voluntad sujeción. E como fuesen asi muchos
armados, discurriendo por la ciudad , diciendo que
querían saber qué mandaba hacer el Condestable,
como entrasen todos en una iglesia donde él acos-
tumbraba á oir misa é hacer sus ayuntamientos,
cerno el Condestable pusiese las rodillas para hacer
oración, uno del pueblo que mas cerca del se halló,
le dio un tan gran golpe con una ballesta de acero
en la cabeza, que dio con él en el suelo, é todos los
que cerca del estaban le firieron con lanzas y espa-
das de tal manera que , no quedó en él señal de
persona humana. B luego todos juntos fueron robar
é matar los conversos ; y en tanto que la multitud
del pueblo en aquello se ocuparon. Doña Teresa de
Torres, m.uger del Condestable, como fuese muy
noble é de gran corazón, temiendo la crueld al ó
maldad de aquella gente, con sus hijos é con los
hermanos del Condestable, se metieron en la f ortale-
za , é la basteció de gentes é de armas é de todas las
otras cosas nescesarias , de tal manera que hacian
cruel guerra á los de la ciudad, donde muchos de-
llos fueron muertos. E tal fué la maldad de los del
pueblo de Xaen , que no contentos de la muerte del
Condestable ó de los conversos , que sin causa al-
guna avian muerto , fueron en un lugar llamado
Torre del Campo, cercano á la ciudad de Jaén, é
combatiéronlo é mataron al Alcayde llamado .Juan
de Marruecos, é ásu muger é hijos y esclavos é ser-
vidores, é robaron la torre : tan grave fué ia rabia
desta crueldad ; é como ya conosciesen los grandes
males que habían fecho é dello se arrepintiesen,
acordaron de retornar en la ciudad los caballeros y
escuderos que el Condestable avia desterrado por se
ayudar dellos para la defensa de aquella ciudad, ó
costreñídos por necesidad, acordaron de mitigar el
rigor, ernbiando por Fernán Lucas comendador de
Oreja, é por Martin Lucas, comendador de Monti-
zon, é por consentimiento de la Condesa viuda Doña
Teresa los dieron la administración de la ciudad.
CAPÍTULO LXXXV.
De cómo se declaró el engaño que el Rey Don Enrique fizo á
Don Enrique Fortuna con una esperanza de casamiento suyo con
Doña Juana hija de la Rcyna.
Estas cosas así pasadas , el Maestro Don Juan Pa-
checo paresció ser tiempo de declarar el engaño que
el Rey habia fecho á Don Enrique Fortuna, dicién-
dole cierto del casamiento suyo con Doña Juana
llamada su hija, pasando tiempo con él, haciéndole
venir á Requena é al castillo de Garcimuñoz, é des-
pués á la villa de Madrid , donde estaba muy pobre
é amenguado, en tanto que costreñjdo por estrema
necesidad , se ovo de ir al conde de Bcnavente su
primo , con el qual estuvo algún tiempo asaz men-
guado con su madre donde estovieronó sintiéronla
pena de su ligero creer. Y en este tiempo el Rey
Don 'Enrique y el Maestre de Santiago no olvida-
ban de revivar el casamiento del Rey de Portugal
que días avia tenían asegurado con Doña Juana,
hija de la Reyna Doña Juana , con esperanza de ha-
ber estos Reynos después del fallescimientodelRey
Don Enrique ; é ovóse consejo muy secreto que el
Rey de Portugal ayuntase todo el tesoro que pudie-
se y aparejase las gentes de su Reyno de caballos é
armas é de navios é de todas las otras cosas necesa-
rias para facer guerra, socolor que se aparejaba para
pasar allende para hacer guerra á los moros, en
tanto que se trabajaba para delgazar el poder de los
Príncipes Don Fernando ó Doña Isabel. E como ya
oviese opremido los pueblos del Andalucía, que mas
opremir deseaba, á los unos por robos é muertes, é á
los otros por temor, al Duque de Medinasidonia
que seguía la parte de los príncipes avia fatigado
é fatigaba por cruel guerra que el Marqués yerno
del Maestre le avía fecho é facía continuamente; las
quales cosas procedieron de la pereza é flojedad dal
Rey Don Enrique, é por la malicia de los que cerca
del estaban , a quien placía de todos los daños y es-
escándalos en estos Reynos acaescídos, creyendo
por aquellos poder mas sublimar sus estados é acre-
centar sus rentas, con ayuda general de la fé pú-
blica dellos,
CAPÍTULO LXXXVI.
Del cerco de Perpiñan é del Consejo que se ovo para que el Prín-
cipe Don Fernando fuese á socorrer al serenísimo Rey su
padre.
En tanto que los Reynos de Castilla é de León tan
grandes trabajos sostenían, é los catalanes pensa-
sen en algo de sus trabajos ser aliviados, después de
aver recobrado á Perpiñan , ninguna otra cosa les
80
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
parecía de adversidad les quedar , salvo los casti-
llos de aquella villa é de Colibre , que los franceses
tenían. El Rey Luis de Francia sufría de mala vo-
luntad que el Rey Don Juan de Aragón oviese reco-
brado las villas de Perpiñan é de Helna é por eso
trabajó de se concertar con el Duque Carlos de Bor-
gofia porque pudiese todas sus fuerzas poner para re-
cobrar á Perpiñan , para lo qual ayuntó gran copia
de gentes, con los quales embió estrenuos é valien-
tes capitanes, é con ellos al Cardenal Trapacense, y
al llamado Albacense, como superior é amonestador
de las cosas que facer se debían. Esto sabido por los
catalanes é aragoneses , que con su Rey agravado en
tanta vejez estaban, suplicaban al Rey que le plu-
guiese de dejallos el cargo de la defensa de aquella
villa, é pusiese su persona real en mas seguro lu-
gar ; ni quisiese ponerse en peligro tan conocido,
como sola su libertad podía mucbo mas aprovechar
á los trabajos de sus subditos que si igualmente á
ellos fuese cercano , porque les páresela ser necesa-
rio de embiar sus mensageros al Príncipe Don Fer-
nando su hijo, los quales le amonestasen que todas
las cosas dejadas en Castilla, viniese socorrer á su
padre , como él fuese en estremo caballero é mancebo
é pudiese prestamente discurrir por las provincias
cercanas á los Reynos de Aragón, el qual podía
traer gran copia de gentes para resistir á los enemi-
gos ; lo qual si dejaba de hacer con gran corazón é
dureza , ponía en peligro su persona real con gran
infelicidad suya é miserable servitud de los suyos.
A lo qual el fortísimo Rey respondió: «Caballeros,
mucho estoy maravillado de la prudencia y virtud
de vosotros como ayais ávido el honor que resce-
bístes con la guerra, pensásedes agora la verdadera
salud de Perpiñan é de todo el Condado de Ruyse-
llon no estar en mi presencia, que yo estando nin-
gún espanto nos puede hacer el exército de los
franceses por grande que sea; é si yo me par-
tiese , por la opinión concebida ser de miedo, los que
cerca de mí estando, serian valientes, con mi ausen-
cia enflaquecerían , é por aventura darían la villa á
miserable sujeción é podía ser que algunos de los
moradores delta se inclinar á la dar por traición.»
E visto el propósito del Rey , los aragoneses é va-
lencianos é catalanes que allí estaban acordaron de
embiar sus embaxadores suplicando al Príncipe Don
Fernando quisiese venir ayudar á su padre puesto
en tan decrépita edad, entre tan grandes trabajos é
peligros. Estas cosas oídas por el Rey mandó lla-
mar generalmente á todos que viniesen á la iglesia
mayor , donde algunas veces mandaba hacer sus
ayuntamientos, é allí en presencia de todo el pueblo
hizo un juramento en forma de nunca se partir de
Perpiñan fasta tanto que aquella villa fuese librada
del temor que tenia del cerco venidero de los fran-
ceses, quitando mucho la venida dellos con gran
muchedumbre de gentes , las quales pensaron opre-
mir al Rey é á todos los de la villa por contino com-
bate de tiros de pólvora é trabucos é ingenios é por
hambre, apretándolos de tal manera, que de nin-
guna parte le pudiese venir socorro, mayormente
como les pareciese que el atajo que el Rey avi«
mandado facer entre la villa é la fortaleza no podía
ser bastante para se poder amparar é defender ; é
tenían los franceses allende desto esperanza de ha-
ber la villa por traición de algunos moradores de-
Ua , é creían el Rey tan viejo no podría sostener tan
grandes trabajos é fatigas , é convenille ya enco-
mendar el cargo algunos de quien los moradores de
la villa no acatasen con reverencia, lo qual por
cierto mucho lejos acaesció del pensamiento de los
franceses como el valientísinio Rey desde la horade
la nona armado , encima de un caballo andaba de
estancia en estancia , requiriéndolas é poniendo en
cada una un estrenuo caballero por capitán, é gen-
tes escogidas para las guardar é con maravillosa so-
licitud ninguna cosa le quedaba de proveer en todo
lo necesario ; pero con todo eso los franceses tenían
en poco la virtud del Rey confiando en la traición
que algunos días estaba puesta en obra, como tu-
viesen una mina fecha desde el campo , que entra-
ba en la casa de un traidor hombre muy principal do
aquella villa ; é como la gente de los franceses de
súpito saliesen por aquella casa, el Rey que en to-
das las calles avia fecho contraminas, temiendo
aquella traición poderle ser fecha, socorrió con
muy gran presteza con quarenta caballeros , é en la
mitad de la noche valientemente combatió aquella
casa de tal manera que todos los franceses que por
la mina entraron ninguno quedó que no fuese muer-
to ó preso , y en los otros que de fuera estaban so
hizo tal daño , que pocos dellos volvieron sanos á la
fortaleza , é todo aquel día los franceses gastaron
en proveer los caminos como no tuviesen mucha es-
peranza de aver la villa por combate , é los france-
ses hicieron en torno de la fortaleza tres fosados,
porque los catalanes é aragoneses aunque eran po-
cos en comparación de la muchedumbre de los fran-
ceses, no pudiesen entrar en la fortaleza é por la
tardanza del tiempo con la hambre oviesen de dar
la villa; é como en este tiempo los que en ella esta-
ban con Don Juan, Arzobispo de Zaragoza, hijo
bastardo del Rey de Aragón, corrían el campo é
traían provisiones á Perpiñan, é hacian grandes da-
ños en los franceses, pero con todo eso los de Per-
piñan, temiendo el largo cerco, enviaron sus mensa-
geros al Príncipe Don Fernando , suplicándole se-
gunda vez no tardase de venir socorrer á su padre,
como el cerco cada dia mas amenazase la toma de
aquella villa, según la muchedumbre de los enemi-
gos que cada día mas se acrecentaban, como la vo-
luntad del Rey Luis de Francia mas atenta en esto
fuese que en otra cosa, é si por batallas á banderas
desplegadas no eran socorridos, difícil sería, ó mas
verdaderamente hablando , imposible no ser muer-
tos por hambre. Visto este mensaje por el Príncipe,
aunque continamente pensaba venir socorrer á su
padre, determinó de aver el consejo de la Princesa
Doña Isabel, su muger, é del Arzobispo de Toledo,
los quales como quiera quo conosciesen quanto daño
venían en las cosas de Castilla por la partida del
Príncipe , paresoioles ser cosa razonable de dejar to-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
81
dos los otros negocios por socorrer en tan estrema
nescesidad donde pendía la vida del padre é la liber-
tad de los fieles caballeros é vasallos suyos, é que
con venia sin tardanza alguna la partida suya poner-
se en obra , como quiera que al Arzobispo quedaba
gran cargo después de la partida del Príncipe con
muy delgada sustancia, después de aver hecho muy
grandes despensas ; é como entonces Troyllos Car-
rillo tuviese siete mil florines por aver el derecho
del Condado de Aguata en la isla de la ulterior Ce-
cilia , mandó el Arzobispo que los diese para pagar
sueldo de docientas lanzas que con el Príncipe fue-
sen por dos meses , sin que el Rey de Aragón ni el
Príncipe les oviese de dar cosa alguna. El Príncipe
loó mucho la mananimidad é liberalidad del Arzo-
bispo , é todos los otros grandes que á los Príncipes
seguían se ofrecieron de lo hacer mas largo servi-
cio, los quales todos con palabras satisficieron, sal-
vo solamente Don Alonso Manrique , hijo mayor del
Almirante Don Fadrique , el qual trajo setenta lan-
zas muy escogidas é algunos otros peones hijos-dal-
gos que quisieron ir á servir al Príncipe , con la
qual se acrecentó el número de la gente que el Prín-
cipe llevó en Aragón fasta quatrocientas lanzas, lo
qual incitó á los de Zaragoza á hacer ayuda al Prín-
cipe con docientas lanzas é á los de Valencia no rae-
nos movió la ida del Príncipe é la calidad de tan es-
trema nescesidad en que su padre estaba. E con es-
tas gentes el Príncipe continuó su camino fasta lle-
gar en Perpifian.
CAPÍTULO LXXXVII.
Del bienaventurado suceso que ovo el Príncipe Don Fernando en
la ida de Perplñan, é de la muerte del Cardenal Albacense é
de la concordia fecha entre los Reyes de Francia é de Aragón.
En otra manera sucedió el viaje del Príncipe Don
Fernando de como lo pensaba el Rey Don Enrique,
el qual , como continuase su camino , muchos de los
aragoneses, valencianos é catalanes lo quisieron
seguir, aviéndose por bien aventurados en poderse
fallar en servicio de tan gran Príncipe contra sus
enemigos; ni menos los que estaban en Perpiñan
con su Rey trabajaban por conservar su salud é la
libertad de sus subditos, en tanto quel Príncipe
Don Fernando recogía sus gentes para venir en so-
corro del Rey su padre. Ni los que en Perpiñan es-
taban dejaron de pelear continuamente con los
franceses, de los quales, aunque en número eran
mucho menos, en virtud eran mayores, é de tal ma-
nera se avian con ellos, que siempre los sobraban é
llevaban dellos ventaja conoscida. E como los fran-
ceses á los caminos saliesen, los que estaban en
Helna con el Arzobispo de Zaragoza , hijo del Rey
de Aragón , aguardábanlos , é mataban é prendían
muchos dellos; é increíble y maravillosa cosa es
con quales artes y engaños los aragoneses conser-
vaban la vida de su Rey é la libertad general de
todos, como fuese tan poca gente dentro en Perpi-
ñan en comparación de la muchedumbre de los
franceses , teniendo tan grandes fuerzas , é fuese
Cr.-in.
libre de los franceses á la parte de Colibre é á la
provincia de Narbona ; é á los catalanes ningima
salida les era sigura sigun la dispusicion é ordenan-
zas de las estancias que en los caminos los france-
ses tenían, á los quales pudo engañar el estrenuo é
valiente caballero Mosen Pierres de Peralta, Con-
destable de Navarra, el qual como supiese la lengua
francesa, vistiéndose hábito de fraile menor, dis-
currió por todas las estancias de los franceses é por
todo el Condado de Ruysellon , y entró en el Real
de los franceses, é con ellos muy largamente fabló
haciéndose á ellos muy principal ; é como entre los
franceses é catalanes peleasen , é algunos cayesen
de los franceses mostrándose misericordioso é así
con los que se volvían á Perpiñan se metió, de quel
Rey ovo gran alegría , el qual en muchas cosas les
avisó, de que gran provecho se le siguió ; y de con-
tino este caballero, aunque viejo, con dos hermanos
llamados el uno Beltran de Almendarez y el otro
Juan de Almendarez que mucho habían servido al
Rey de Aragón en el tiempo de la rebelión de Bar-
celona, cabalgaban todos tres con poca gente é tan
sabiamente lo hacía, que siempre mataban é pren-
dían algunos de los franceses, de tal manera que ni
osaban ir al campo, ni solamente á dar agua á sus
caballos, ni á traer leña, que saliendo de su real
no fuesen presos ó muertos. E acaesció que como
cada día bienaventuradamente los navarrospeleasen
con los franceses, tanto cresció en ellos la osadía,
que como los franceses desasen las puertas del
real abiertas , Juan de Almendarez con tres de ca-
ballo en la entrada del real fué preso , é contra la
ley de la guerra, por la furia de los franceses fue-
ron muertos. El Rey con el gran enojo de la muerte
de aquel caballero é de los que con él iban , mandó
degollar todos los prisioneros franceses que tenía»
lo qual como en el real se sintiese, embiaron luego
humil mente suplicar al Rey le pluguiese usar de
clemencia é misericordia por la muchedumbre de
prisioneros que tenía, perdonando el error hecho
por algunos sin consentimiento ni voluntad del ca-
pitán ni de los otros principales que con él esta-
ban, é quisiese creer que dende en adelante las le-
yes de la guerra se guardasen. Al clementísimo Rey
plugo de acetar el ruego de los franceses, los quales
como ya sintiesen la venida del Príncipe Don Fer-
nando, pensaron hacer alguna cosa hazañosa ante
de su venida, para lo qual hicieron una mina secre-
ta por debajo del atajo que el Rey de Aragón había
mandado hacer, é un día antes que amanesciese,
salieron por la mina la gente de armas de los fran-
ceses, é pusieron las escalas al muro, é subieron al-
gunos por ellas; é como uno quisiese tomar una tor-
re en la qual estaba un velador , de quien ante de
entonces muy poca cuenta se hacía , tan valiente-
mente peleó, que mató á aquel que primero subió,
é defendió de tal manera el muro, que antes que los
franceses pudiesen tomar ninguna torre el velador
fué socorrido por los españoles , é la virtud de solo
un hombre pudo tanto, que por su esfuerzo la villa
no se tomó é muchos de los franceses fueron muer-
6
82 CRÓNICAS DE LOS
tos. E dejadas de escribir otras muchas cosas con
viril osadía hechas por la gente del Rey de Aragón,
es de escribir todo lo acaescido al Príncipe Don
Fernando ante que pasase de la provincia de Am-
purias é la villa de Helna de donde los que en la
guarda della estaban socorrían la mengua de vian-
das que los de Perpiñan tenian; é como á los fran-
ceses paresciese que aunque se juntasen los de Per-
piñan é los de Helna no bastarían para pelear con
ellos y el contrarío tenian creido los españoles co-
mo siempre en las peleas pasadas oviesen llevado
conoscida ventaja á los franceses , é los de Helna
señalaron un día á los de Perpiñan por bus mensa-
jeros para que fuesen prestos para su socorro, por-
que entendían en aquel dia al tiempo del alba pe-
lear con los franceses, donde pelearon de tal ma-
nera que los franceses fueron desbaratados , é allí
fueron presos los capitanes llamado el uno Mosen
Dolao é el otro el Senescal de Balcayre con muchos
nobles é otra mucha gente común ; é los que esca-
par pudieron se fueron huyendo á su real ; lo qual
acaesció en veynte y dos dias de Junio del dicho
año. El Principe Don Fernando llegó á un paso lla-
mado el puerto de Mozana, la subida del qual era
muy alta é difícil de subir. En aquel dia hizo un
viento tan grande que á todos parescia ser imposi-
ble poder pasar á causa de lo qual los grandes que
con el Príncipe estaban le suplicaron no quisiese
contender con la adversidad del tiempo, ni quisie-
se poner á sí ni á los suyos en tan gran peligro , el
qual querer por el gran esfuerzo suyo é porque el
espíritu divino lo llevaba , porfió contra la volun-
tad de todos continuar su camino , é subió en la
cumbre de increíble altura , é por exemplo suyo to-
da su gente subió, ante que fuese quatro horas del
dia, é pasó de manera, que sin perder cosa alguna
casi á cinco horas del dia el Príncipe Don Fernan-
do en vista de los enemigos ordenó sus batallas; el
qual como viese grandes lumbres en el real, que
de lejos paresciesen las batallas de los enemigos
aparejadas para pelear, el Príncipe amonestó á to •
dos rogándoles tuviesen buen corazón y esperasen
bien aventurada Vitoria , como á todos ellos fuese
notorio la maldad de los franceses ; que quisiesen
aver memoria de los maravillosos acaescimientos
en que siempre la divina Providencia ayudó á la
verdad, ni les pareciese cosa grave de recobrar de
los franceses lo que en Cataluña tenian ocupado,
como la muchedumbre dellos no pudiese sufrir la
ferocidad é valentía de los españoles y como fuese
peligrosa cosa á la muchedumbre de gente medro-
sa pelear en campo con banderas desplegadas con
gente escogida aunque en número sea mucho me-
nos como muchas veces la muchedumbre de los
franceses haya sido desbaratada de los pocos que en
Helna y en Perpiñan estaban con gran daño de
sus capitanes: «é si por ventura, dixo el Príncipe,
«aquí hay algunos que teman pelear por la muche-
»dumbre de los franceses, díganlo ante que la ba-
n talla comencemos, porque el temor de aquellos no
)) traiga daño á la virtud do los esforzados varones.
REYES DE CASTILLA.
» como mas segura les sea con los pocos escogidos
» terribles cosas cometer, que con muchedumbre de
» gente medrosa, donde la turbación de los tales
» suele traer perdimiento de todos, » Las quales co-
sas como todos oyesen , á muy grandes voces dixe-
ron: «Señor, vamos á ellos, que aquí no hay ningu-
» no que tenga temor, mas todos queremos ya pe-
))lear é no perder tiempo. Vamos, vamos con la gra-
»cia de Dios.» Entonces sonaron las trompetas, ó
las compañías de Helna é las batallas del Príncipe
á banderas desplegadas se movieron. El Rey en
este tiempo requirió todas las estancias de torres ó
puertas, en las quales proveyó de la gente necesa-
ria, é salió contra los enemigos con los pecnee na-
varros acostumbrados de guerra ; é mandóles que,
quando menester fuese , siguiesen las banderas ó
hiciesen lo que les fuese mandado. El f ortísimo Rey
armado de todas armas é fortísimo arnés, encima
de un gran caballo discurrió por sus batallas, or-
denándolas; con el qual estaba Don Alonso, su hi-
jo bastardo; y el Conde de Paredes, é Beltran Ugon
de Rodelmin, Prior de la orden de San Juan, el Cas-
tellan de Amposta é Mosen Pierres de Peralta, Con-
destable de Navarra y Fernando de Rebolledo y
Beltran de Almendares; con los quales acordó de es-
perarla venida del Príncipe, para ver si sería mejor
juntarse todas las gentes para la batalla, ó dasse ca-
da una por su parte, como la muchedumbre de los
franceses fuese tanta que serían bien quarenta mil
hombres d'armas , de los quales en las peleas pasa-
das desde el principio del cerco fueron perdidos por
diversos casos bien quince mil hombres, algunos
por hierro é otros de fiebres é grandes enfermeda-
des; y el Cardenal Albacense fatigado de grande en*
f ermedad se avia partido del real, el qual dado á to-
da corrupción é malas costumbres, ovo muerte muy
penosa, en testimonio de su torpe vida; el que fué el
primero que en esta guerra mandó poner fuego en
las iglesias, y amonestó á los franceses usar de cruel-
dad aun allende de su natural costumbre. E los otroe
capitanes franceses , mirando como eran presos loe
principales dellos , é sabiendo como el Príncipe Don
Fernando venía con gran gente contra ellos de Cag-
tilla en otra manera , pensaron de hacer de lo que ei
Rey de Aragón ni su hijo creían, los quales manda •
ron poner fuego á su real con intención de dar la
batalla, con ma» voluntad de se ir á la villa de SaS-
sas ques cercana á la provincia de Narbona; los qufe»
les cometieron á poner fuego á su real, á tiempo qiisji
vieron á lexos por la ladera de un monte al Principa
Don Fernando con sus batallas ordenadas; y el Bej
de Aragón eso mesmo esperaba al ver lo que loa
franceses querían hacer y querían dar batalla ant^
quel Príncipe llegase. Entre tanto los franceses pe-
so á paso se fueron sus batallas ordenadas como b$
ovieran de pelear; é visto por el Rey lo que los frac-
ceses hacían, embió á gran priesa á quien conosclo»
se por qué causa el real de los franceses se queraf:*
ba ; ó los que fueron hallaron algunos que con la
fuerza del fuego no pudieron salir; lo qual como ti!
Rey conosciese, movió con toda su gente de cabj»-
^Hfe por ir rescibir al Príncipe que no muy lexos pa-
^^■scia por la parte de Helna é como llegase muy
^Bkrca las batallas del Rey é del Príncipe, los Gran-
des que con el Príncipe venían llegaron besar las
manos al Eey , é los que con él estaban con muy
gran gozo fueron besar las manos al Príncipe , el
qual, como vido al Rey, con gran reverencia le vi-
no besar las manos, y el Rey le dio paz é le dixo:
«Agora me tengo por bienaventurado, pues engen-
dré á quien dio libertad en mi tierra. Yo quiero que
seáis mi huésped é mi convidado en la ciudad de
Helna que está muy cerca, dond« comeremos, é
después de comer iremos á Perpiñan.» E así lo pu-
sieron en obra; é antes de las vísperas- llegaron á
Perpiñan, donde los salieron los hombres é mujeres
con gran gozo á rescibir , y con muchos cantos é
danzas é juegos , dando grandes gracias á nuestro
Señor é loando mucho la virtud del Rey é no me-
nos del Príncipe, que en tan gran nescesidad les vi-
no socorrer é á dar libertad á los de íiquella villa é
toda la comarca, dándoles hartura que mucho de-
seaban después de tan gran hanbre pasada.
CAPÍTULO LXXXVIII.
De como el Principe Don Fernando el dia sigaiente salió á dar la
batall» á ios franceses , é de muchas cosas que acaescicron aate
que el Principe velvjese; é de algunas cosas que un caballero
llamado DoD Donis, Disto del Rey Don Donis de Portugal, hizo
estando en servicio del ilu»trisimo Rey Don Juan de Aragón.
El siguiente dia el Príncipe Don Femando salió
de la villa de Perpiñan con sus batallas ordenadas,
é fuese á la provincia de Narbona, donde supo que
los franceses se habían reta«i^, paresciéndole ser
poco avcr feche levantar el cerco de Perpiaaa á
gran mnchedumbre de franceses , si con eiloe no pe-
lease, á k»fi quales envió presentar la batalla á ban-
deras desplegadas ; y en tanto que el Prfocipe esto
hacia, el Rey Don Juan su padre mandaba comba-
tir con gran vigor la fortaleza que los franceses te-
nian , de los quales muchos dellos estaban derra-
mados por la provincia de Rosellon , é como supie-
ron la venida , se vinieron .á juntar con la muche-
dumbre de los franceses que con sus capitanes esta-
ban ; é luego todos los lugares questaban cerca de
Perpiñan se dieron al Rey, é muchos otros questa-
ban en la ribera de la mar , en tal manera , que to-
dos los franceses estaban ya juntos en un lugar. El
Príncipe Don Fernando llevaba sus batallas ordena-
das , é como sus corredores discurriesan por diver-
jas partes , todos los franceses que topaban é iban
por se juntar con sus capitanes, los mataban ó
prendían ; é tantos caballos les fueron tomados
que por un florín de Aragón se fallaba un caballo.
E ya el Príncipe cerca de los franceses , perdida la
soberbia que solían tener , como quiera que fuesen
muchos mas que los españoles, no osaron dalles ba-
talla , aunque ningún recelo pudiesen aver de cela-
da , como las batallas del Príncipe en campo llano
todas paresciesen. En aquel dia, con doscientos gi-
nrt'.'s salió uu capitán de los franceses á escaramu-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
83
zar con la gente del Príncipe , con los quales de tal
manera los del Príncipe pelearon , que muchos de-
llos fueron muertos , é los otros con su capitán á
gran trabajo pudieron llegar á su real ; el qual te-
nían mucho fortalezido de cavas y palizas de guer-
ra, según costumbre francesa, sin voluntad de dar
la batalla ; lo qual como el Príncipe conosciese, des-
pués de haber gran pieza esperado , sus batallas or-
denadas , se volvió en Perpiñan ; lo qual todo como
fuese escrito por los franceses, el Rey de Francia
ovo tan grande enojo , que mandó llamar toda la
gente que avia embiado contra los ingleses é breto-
nes é borgoñones, que con capitanes muy escogidos
viniesen contra el Rey de Aragón ; el qual estaba
como atónito y espantado que en tan grande edad é
con tan poca gente, é menguado de dinero pudíeso
aver recobrado á Ruisellon é á Barcelona é á Perpi-
ñan é á todas las villas cercanas á ella , é oviesen
combatido é combatiesen cada dia la fortaleza d';
Perpiñan que él pensaba ser inespunable , é oviesc
muerto é vaicido tanta gente suya ; é allende desto
dolíale mocho perder las rentas de Ruisellon quo
eran muy grandes , así por mar como por tierra, poi-
que en esta guerra estaba mas atento que en nin-
gún otro negocio el Rey de Aragón, creyendo que
después de aver los franceses tan grandes daños res-
cebido no podían tan presto le hacer guerra , é
dio licencia á la mayor parte de la gente que tenia
dejando solamente quinientos de caballo; é luego
llegó al Rey de Aragón la fama de la venida de los
franceses con mucho may^r ejército qu« antes ha-
bían venido , é los grandes que con el Príncipe es-
taban mostraron gran temor, é solo el Rey sin otro
consejo determinó de irles dar la batalla y con él so-
hwnent© quinientos de caballo y dos mil peones que
tenia. E como ei Príncipe fuese al Rey muy obi-
dieute é conosciese su portinacia, obedesció su man-
dado , é ninguno fué de los grandes que ende esta-
ban que osase contradecir el querer del Rey, espe-
rando con todo eso que á la vista de los enemigos
se tomase consejo , de que el Rey viese la muche-
dumbre grande de ellos , é quan poca gente era la
suya para poder con ellos peleai-. E así el Rey coa
sus batallas andando , embió algunos pocos de ca
bailo que supiesen qué tanta gente era la francesa
los quales miraron discretamente el real y dixeron
que podían ser treinta mil combatientes é mas ; lo
qual dixeron ai Príncipe Don Fernando é á ios Gran-
des que con él estaban , los qualas pensaban aquel
dia España perderse si peleasen tan poca gente con
tan gran muchedumbre de enemigos. La mayor
parte do los susodichos eran de caballo, é con quan-
to temor los españoles tenían , ninguno ovo que osa-
se decir al Rey su parescer como ya al Rey oviesen
visto en grandes peligros ; é fué acordado que uu
escudero que allí estaba llamado Lope Alonso de
Laguna, aposentador del Príncipe, criado del Ar.
zobispo de Toledo , á quien el Rey mucho quería, lo
fuese decir la verdad de la gente que los franceses
tenían , mostrándole qnan gran peligro seria con
poca gonto aver de dar la batalla á tan tjrau mu-
84 CRÓNICAS DE LOS
cheduinbre; alo qual el valientíaimo Rey respon-
dió : « Vosotros los que nunca esperimientastes la
» fuerza de los franceses, ligeramente vos espantáis
)) viendo la muchedumbre dellos ; mas nosotros que
•S) muchos años ha que los conocemos , é mucho de
)) sangre avernos derramado por dar libertad á esta
» tierra , podemos mejor conoscer qué peligro , qué
«infortunio nos pudiese venir si pocos espafio-
)) les contra muchos franceses peleasen , é y a de los
))mios ninguno avria quedado, si temor de los mu-
» chos franceses ovieseu concebido ; por eso , Lope
» Alonso, yo vos ruego queráis aver buen corazón,
» que yo vos certifico que ante que sea hora de vís-
)) peras, seréis muy alegres con nueva victoria.» E
Lope Alonso dixo al Rey que no sabia como espera-
se victoria quien veia cien franceses para un espa-
ñol. Al qual el Rey dixo : «Andad, ios, que otra vez
» certifico avremos victoria por la gracia de Dios.»
El qual espantado é maravillado con esta respuesta,
se volvió al Príncipe y á los Grandes que con él es-
taban , los quales como quiera que viesen tan cerca-
no el peligro , no pudieron estajtque no riyesen de
la respuesta del Rey ; é como todos estoviesen des-
esperados , vista la voluntad del Rey dende á poco
espacio en grande alegría se convirtió la tristeza de
los españoles , como por la mano de Dios á los fran-
ceses llegó un mensagero , el qual les dixo que fue-
sen ciertos que infinita gente de españoles venían ;
ó como este mensagero les llegó de súpito , levanta-
ron el real, dejando en él todas las artillerías de
mayor peso, las quales el Rey de Aragón mandó lle-
var á Perpiñan , y los franceses espantados iban di-
ciendo que por demás era el Rey de Francia con-
quistar aquella provincia en tanto que el Rey Don
Juan de Aragón viviese , no se ganaria por mucha
gente que contra él viniese. Las nuevas de todo esto
fueron en Borgoñay en Bretaña, de que el Rey de
Francia ovo gran turbación , é pensó de tomar otra
forma, y envió al Rey de Aragón personas que en-
tre ellos moviesen tratos de concordia , lo qual mu-
cho ayudó al Rey de Aragón cansado de tan gran-
des trabajos é larga guerra ; y en tanto que el Prín-
cipe Don Fernando en los Reynos de Castilla se vol-
vió , determinó de embiar al Rey de Francia solen-
ne embaxada , en que fueron principales Don Juan
de Córdoba , Conde de Paredes, é Bernaldo Ugonde
Rocabertin, Castellón de Amposta, é con ellos cin-
quenta caballeros é gentiles-hombres, con grande
aparato , allende de la gente de servicio , por mos-
trar el poder de los aragoneses , porque no pensase
el soberbio Luis de Francia la nobleza de España
fuese del todo consumida. Ni por eso el Rey de
Aragón dexó de fortificar el atajo que avia fecho
entro la villa de Perpiñan é la fortaleza, el qual
acrecentó mucho , así en hondura como en largura,
é puso en él muy gruesas lombardas para combatir
la fortaleza, así de las que de los franceses tomó
como de las suyas. El Príncipe Don Fernando con
mucha alegría é triunfo tomó licencia del Rey su
padre , é fuese visitar é proveer algunas ciudades de
Cataluña é Aragón que bu presencia deseaban.
REYES DE CASTILLA.
Poco tiempo antes desto avia estado en servicio
del serenísimo Rey Don Juan de Aragón un caballe-
ro llamado Don Donis , nieto del Rey Don Donis de
Portugal , el qual en servicio del Rey avia ganado
algunas villas é fortalezas de los rebeldes á él , ó
avia venido al socorro de Cervera, pasando veinte y
quatro leguas por tierra de enemigos, con ciento y
cinquenta castellanos que le seguían ; é aviéndole el
Rey grande amor, é deseando facerle merced, en-
gañado por el Rey Luis de Francia con vanas espe-
ranzas, dexó el servicio del Rey de Aragón é pasóse
á los franceses con la gente castellana que le se-
guía^ de que el Rey de Aragón ovo mucho enojo, E
como el Rey de Francia ninguna cosa cumpliese con
él de lo que le fué piometido, dejó su compaña, é
fué servir al Duque Carlos de Borgofia, é después de
su muerte ha servido y sirve al Rey de los Roma-
nos , hijo del Emperador Federico de Alemania.
CAPÍTULO LXXXIX.
De la venida del Príncipe Don Fernando en Castilla , é del enga-
ño que el Rey Luis de Francia hizo al Rey Don Juan de Aragón.
Estas cosas así pasadas , el Príncipe Don Fernan-
do se vino en Castilla, é ante que de Cataluña vi-
niese el Rey Luis de Francia, mas con propósito de
seguir á se vengar que de aver buena paz , fingió
de tener los caballeros quel Rey de Aragón avia en-
viado por embaxadores, en el comienzo de las con-
diciones de la mistad que entre ellos se avia de ha-
cer, con esperanza del casamiento del Delfín su lii-
jo con Doña Isabel , hija del Príncipe Don Fernan-
do é de la Princesa Doña Isabel , diciendo que esto
hecho , daría qualesquiera fuerzas que él toviese to-
madas en el Condado de Ruisellon , con tanto quel
Rey Don Juan de Aragón dentro de un año le pa*
gase trescientas mil coronas que él avia prestado
para hacer la guerra á los rebeldes catalanes , la con-
firmación de lo qual se cometiese al Conde de Pare-
des é al Castellan de Amposta, en galardón de la
embaxada ; álos quales el Rey de Francia desto cer-
tificó , é como estos caballeros oviesen entrado en
Francia con muy noble compañía é grande aparato
é mucha costa, defirió la fabla mostrando tener al-
guna duda, porque en la tardanza estos caballeros
creyeron no tener franca libertad ni se les daba lu-
gar de rescibir cartas , ni las embiar, ni menos ya
ir donde querían , lo qual al Parlamento de París
páresela muy mal. El Rey de Francia de nada desto
curó, é mandó que los cinquenta caballeros que allí
eran venidos con el Conde de Paredes é con el Cas-
tellan de Amposta , se volviesen al Rey de Aragón,
é los dos principales con poca compañía de los ser-
vidores quedasen allí , simulando esto facer no por
los privar de su libertad , mas que fasta tomar con-
clusión de los ingleses é borgoñones é bretones, no
podia entender en las cosas de España ; lo qual el
Rey de Francia hizo por aver lugar de poder enviar
gente poderosa para no solamente ocupar el Conda-
do de Ruysellon , mas Cataluña é Aragón é las pos-
trimeras partes de España.
CAPITULO XC.
I>ei cerco de Alcalá de Guadayra fecho por el Duque de Mcdinasi'
donia, é de la venida del Marqués de Cáliz por socorrer á la di-
cha villa , é del trato que entre ellos ovo.
En tanto qne estas cosas pasaban, otros movi-
mientos de Andalucía se movieron , como aún dura-
se la guerra entre el Duque de Medinasidonia , Don
Enrique de Guzman, y entre el Marqués de Cáliz,
Don Kodrigo Ponce de León. E como la villa de
Alcalá de Guadayra tuviese Fernán Darías de Sa-
yavedra, cufiado del Marqués, é desde allí siempre
rescibiesen daño los de Sevilla , el Duque acordó de
allegar gran campaña de gente, diciendo que qucria
ir á Xerez ; é como Alcalá sea dos leguas de Sevilla,
mandó sacar sus pertrechos muy grandes de lombar-
das é quartagos é trabucos, é varios pinjados, é to-
das las otras cosas nescesarias para combatir, é vi-
no poner el cerco sobre Alcalá de Guadaira con fas-
ta tres mil de caballo , é ocho mil peones. E como
el Marqués fuese certificado el Duque combatir la
villa de Alcalá , escribió á todos sus amigos é ayu •
dadores, é juntó poco menos gente de la quel Du-
que tenia, donde es cierto que de la una parte é de
la otra fué puesta la mayor parte de la noble gente
del Andalucía ; é como el Duque oviese comenzado
á combatir la villa , en la qual estaban Don Alonso
Ponce de León, hermano del Marqués , é Fernán Da-
rías de Sayavedra, é Martin Galindo é algunos otros
buenos caballeros criados del Marqués, trabajaban
quanto podían por la defender ; é con el Duque ve-
nían algunos á quienes placía que la villa se toma-
se, los quales tubíeron forma que los dichos caballe-
ros fuesen avisados de todo lo quel Duque hacer
quería, entre los quales se afirma aver seído el prin-
cipal Alonso Pímentel , de quien el Duque mucho
confiaba ; é allende desto un Comendador de la or-
den de Santiago, llamado Mosquera, criado del
Maestre Don Juan Pacheco , que hizo grande empa-
cho porque la villano se tomase, el qual fingió aver
seído herido por la mano de Maestre Alonso , lom-
bardero del Duque, el qual como fuese á poner fue-
go auna gruesa lombarda, díóle una gran cuchilla-
da en el pescuezo de que luego cayó en el suelo co-
mo muerto ; lo qual como el Duque supiese , como
quíer que él naturalmente no fuese inclinado á
crueza , gran ira ovo que puesta mano á la espada,
la puso por el cuerpo á Mosquera, de tal manera
que de parte á parte lo pasó, é de la muerte del tan
grandes dificultades ovo é nascieron, que se dio
grande estorbo en la tomada de aquella villa. Con
todo eso el arrabal de San Miguel se combatió por
los del Duque , é como llegase la nueva de la veni-
del Marqués, ovo turbación de consejos de lo que
se debía hacer , é algunos dixeron que como el Du-
que allí tuviese gran muchedumbre de gentes , que
debía escoger los que mas le pluguiese para tener
el cerco , é con la otra gente el debía ir á darle ba-
talla al Marques. Otros fuerorí de acuerdo que el
Duque debía levantar el cerco, é con toda la gente
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS. 85
dar la batalla, y el Conde de Tendilla, Don Iñigo
de Mendoza, é Alonso de Velasco , hermano del Con-
de de Haro , dixeron que su parescer era que por al-
gunos medios el Marqués fuese tentado para dar
entera paz entre el Duque y él ; é como el Duque
fuese mas deseoso del reposo que de la guerra , ovo
por bueno este consejo como su final intención fue-
se recobrar la ciudad de Medina que tenia perdida,
de que no solamente se le seguía aquel daño , mas
desde allí se esperaba perder la mayor parte de la
tierra que le quedaba. El Marqués estaba en grande
agonía , porque sí la batalla se daba páresela muy
gran sobra de gente la quel Duque tenía , ó , si tar-
daba de la dar, érale gran trabajo haber de pagar
sueldo á tan gran gente ; é los caballeros que al
Marqués ayudaban avian por grave cosa aver de
pelear con gente tan demasiada, é con quien tan
gran dinero tenía para la pagar, é decían ser ma-
nifiesta locura del Marqués sí presumía pelear con
la gente que el Duque allí tenía. Y el Marqués es-
tando en esta agonía , llegaron áél el Conde de Ten-
dilla é Alonso de Velasco , los quales quisieron aver
por compañero á Don Fadrique Manrique , que ha-
bía traído la gente de Ecija á favor del Marqués, el
qual mucho deseaba poner la paz entre estos caba-
lleros, especialmente porque Don Pedro d'Estuñí-
ga, sobrino suyo, que mucho amaba, estaba allí
con el Duque é al Duque así mesmo amaba ; é dán-
dose la batalla ninguna alegre nueva le podía venir.
E todas estas cosas vistas , el Marqués fué ligero de
hacer atraer á facer el compromiso, el qual se hizo
por parte del Duque en el Conde de Tendilla é en
Alonso de Velasco, é por parte del Marqués en el
Obispo de Cáliz Don Pedro de Solís y en Don Fadri-
que Manrique , de que mucho desplacía á los sevi-
llanos, mayormente á los peones, los quales desea-
ban mucho pelear. Y el comienzo de lo asentado por
los dichos jueces fué que el Duque y el Marqués se
fuesen al castillo de Marchenilla, lugar de Alonso de
Velasco , ques muy cerca de Alcalá de Guadayra , é
con ellos entrasen cada tres servidores sin armas al-
gunas llevar, é que de allí no saliesen hasta que los
jueces susodichos determinasen en todos los deba-
tes que entrellos estaban. La senteacía en suma fué
la siguiente : que la una parte á la otra luciesen per-
don de qualesquier muertes que ovíesen pasado de
los unos á los otros , é que todo lo tomado de los
unos á los otros se tornase ásus dueños, é la ciudad
de Medinasidonia , que por el Marqués estaba ocu-
pada, la restituyesen al Duque, cuya era, en cierto
tiempo , é que el Marqués oviese perpetua libertad
para pescar los atunes cerca de la ciudad de Cáliz,
después de ávidos los privillejos por el Duque en
que alien desto todas las cosas que restituir se pu-
diesen de la una parte á la otra fuesen restituidas á
sus dueños ; lo qual todo se concluyó en tres días,
como quiera que muy grave fué al Marqués la res-
titución de la ciudad de Medina.
86
CRÓNICAS DE LOS
CAPÍTULO XCI.
í)e la venida en Vizcaya de los Embaxadores del Dnque Carlos
de Borgoña, el qual con singular amor embió al Príncipe Don
Fernando su devisa del Tusón de oro.
En este tiempo el Principo Don Femando fué
certificado que en Vizcaya eran venidos para él
enabaxadores del Duque Carlos de Borgoña , á los
quales luego escribió rogándoles que se quisiesen
venir á la ciudad de Burgos , donde mejor pudian
estar que en otra parte , fasta que oviese despacho
de los debates de Carrion ; é aunque ovo diversidad
de consejos donde el Príncipe los debiese recebir,
al fin acordóse que fuese en la villa de Dueñas , lo
qual asi se puso en obra; donde vinieron quatro em-
baxadores del Duque de Borgoña con asaz gente é
grande aparato. La causa de su embaxada fué el
Duque desear confirmarse con el Príncipe Don Fer-
nando el amistad que antiguamente avia sido en-
tre los Reyes de Aragón Don Alonso é Don Juan,
y el Duque Felipo su padre, la qual deseando te-
ner el Duque Carlos , con verdadero amor embiaba
al Príncipe Don Fernando su devisa del Tusón , la
qual avian tenido los Reyes de Aragón ya dichos.
y el principal de estos embaxadores era uno de los
de la divisa, el qual dijo al Príncipe las condicio-
nes que debían guardar los que esta devisa tuvie-
sen, la qual el Duque le enviaba por firmeza in-
violable que para siempre entrellos se guardase por
juramento militar para se ayudar é socorrer en qua-
lesquier necesidades que se viesen ; la qual divisa
tanto aprovechó al Rey Duarte de Inglaterra, que
como fuese echado de su Reyno con el ayuda de
Carlos, Duque de Borgoña, le hizo fuese su Reyno
restituido ; la qual embaxada fué explicada ante el
Príncipe Don Fernando en la Iglesia de Santa Ma-
ría de la dicha villa ; á la qual por mandado del
Príncipe fué respondido por Maestre Hernando de
Moya. E de allí los borgoñones se partieron para
Portugal. E ante quel Príncipe de Dueñas partiese,
fué certificado de la concordia fecha entre el Du-
que Don Enrique de Guzman y el Marqués de Cáliz
Don Rodrigo Ponce de León.
CAPÍTULO XCII.
De la vnelta del Príncipe Don Fernando en Segovia 6 de la nue-
va que le vino de la enfermedad del Rey su padre.
Fué forzado el Príncipe Don Fernando do se
partir de Segovia é ir en Aragón á causa de la en-
fermedad del Rey su padre , en tan grande edad
ocupado en grandes trabajos, é añadió á esto que
parescia ser conveniente el apartamiento del Prín-
cipe é la Princesa por el peligro que se aparejaba
de amos á dos , si juntos estuviesen, é de la estada
de la Princesa en Segovia se esperaba suceder pro-
vecho común, como ella allí estando , siempre que-
daría á los del Reyno alguna esperanza de conve-
nencia con el Rey Don Enrique , ni el Maestre de
Santiago habría lugar de ocupar aquella ciudad que
REYES DE CASTILLA.
mucho deseaba, como lo avia comenzado luego que
de Carrion vino; pero fué puesta tal guarda por la
ciudad por algunos hombres que la parte del Mayor-
domo Andrés de Cabrera siguian , y muchos desea-
ban el servicio do los Príncipes, que no se dio lugar
á lo pensado por el Maestre ni por los que lo se-
guían , los quales trabajaban por destruir la repú-
blica destos Reynos, queriendo someter en misera-
ble servitud, trabajando quanto podían por concluir
el casamiento del Rey Don Alonso de Portugal con
Doña Juana, hija de la Reyna. E como no sucedió
la ocupación de Segovia como el Maestre de San-
tiago pensaba, el Rey se partió por correr monte
como solía. Allí dio las villas de Landrades del
Colmenar al Duque Don Beltran de la Cueva , con
previllegio quel Colmenar dende adelante se llama-
se Monbeltran. E con aquella montería, el Maestre
encubrió algunos días la ida de Portugal. E ya el
Rey enojado de las cosas de Segovia no haber su-
cedido como quisiera, se partió para los confines de
Portugal, pensando en el viaje ó concordia concor-
dar los Grandes del Andalucía para que consintie-
sen en el matrimonio del Rey Don Alonso de Por-
tugal con Doña Juana, hija de la Reyna, lo qual no
pudo acabar, como todos conosciesen este casa-
miento ser total destruimiento destos Reynos.
CAPÍTULO XCIII.
De como el Príncipe Don Fernando se partió para Aragón, é de
la muerte de Ximeno Gordo, fecha por justicia, por mandado
del Príncipe Don Fernando en Zaragoza.
En el mes de Agosto del dicho año de nuestro
Redentor de mil y quatrocientos y setenta y qua-
tro años, el Príncipe Don Fernando ávido su con-
sejo, se partió para Aragón, dejando en Segovia á
la Princesa Doña Isabel , en tanto que el Rey Don
Enrique y el Maestre de Santiago estaban en los
confines de Portugal, á los quales era esperanza de
acabar ligeramente lo que deseaban por las nuevas
angustias é perplejidades en que conoscian al Prín-
cipe Don Fernando estar, como fuesen ciertos el
Rey Luis de Francia tuviese ayuntado muy gran
ejército para venir sobre la ciudad de Helna é pro-
vincia é sobre los otros lugares que por el Rey de
Aragón estaban en el Condado de Rosellon. E ávi-
do por el Príncipe cierto mensajero destas nuevas,
determinóse quel Príncipe se partiese para Aragón,
donde los que su servicio deseaban estaban con
gran temor por ver su Rey en tanta vejez, mengua-
do de gentes é de dinero para contender con ene-
migo tan rico é tan poderoso. El Príncipe con gran-
de ánimo se partió, é quiso en el camino ver al Ar-
zobispo de Toledo que en Alcalá de Henares esta-
ba , é desde allí determinó ir por Guadalajara, por-
que si pasara por el camino que llaman la senda
Galiana, é no fuera por Guadalaxara, paresciera
poner el Marqués deSantillana alguna sospecha. E
allí el Príncipe estovo dos días rescibiendo del Mar-
qués grandes servicios é fiestas é desde allí el Prínci-
pe se partió para Zaragoza, é allí comenzó á enten-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
87
der en las cosas necesarias para la guerra que de
los franceses esperaban; donde fué certificado quan
disolutamente Ximeno Gordo en aquella ciudad vi-
vía, é le fueron nunciados grandes crímenes é deli-
tos por él cometidos é perpetrados; el qual con gran
avaricia y deseo de haber mando en aquella ciu-
dad, como quiera que él fuese de noble linage, re-
nunció el estado de la nobleza é tomóse ciudadano,
porque en aquella ciudad los hidalgos no pueden
haber oficios ; el qual era hombre astuto é malicio-
so é tenía la lengua muy despierta é dulce, con que
atraia á sí el pueblo. E como quiera que el Rey de
Aragón oviese sido algunas veces avisado de las
maldades deste hombre, como quiera que esto viese
ocupado en grandes negocios 6 por ser naturalmen-
te misericordioso é benino, dejólo sin punición. El
Príncipe muy secretamente quiso saber la verdad
délas cosas cometidas por este Ximeno Gordo, é
sabidas , desimuló con él mostrándole muy buena
cara é mandaba que hiciese algunas cosas , llamán-
dole muchas veces; é como de aquello Ximeno Gor
do estuviese muy contento, el primero que en el
palacio venía era él, no sospechando que siniestra
cosa le pudiese venir. E acaesció que en un dia ante
que el sol saliese, el Principe le envió llamar, el
qual muy prestamente vino , y el Príncipe le pre-
guntó si avia puesto en escrito algunas cosas que le
habia mandado. Él respondió que sí. Y luego el
Príncipe le mandó que se subiese arriba á lo mas
alto de la casa, é con él Mosen Ramón de Espés é con
ellos un secretario, para hablar algunas cosas que lo
cumplian, en tanto que él oia misa. E como el Prín-
cipe vido ser ya Ximeno arriba , él se subió á gran
priesa é díxole la conclusión del negocio, el qual al
Príncipe respondió maravillándose mucho del caso;
y el Príncipe respondió é replicó diciendo que haria
mejor de se arrepentir de sus pecados é dar consejo
á su ánima, pues le convenia luego desta vida par-
tir. Al qual Ximeno Gordo respondiendo que don-
de estaba el clérigo que lo habia de confesar , co-
menzó luego á dar grandes voces porque oyesen en
la ciudad lo que hacía, porque según las leyes della
el Rey no podia matar á ninguno después que ape-
lase ante el pueblo, fasta que fuese visto por dere-
cho; la qual esperanza el Príncipe lo quitó mandán-
dole luego ahogar, después de leida ante él la sen-
tencia en que se contenia todos los excesos é male-
ficios por él cometidos. Al Príncipe fué suplicado
por los presentes que oviese misericordia de Xime-
no Gordo c se lo acordase de muchos servicios que
le habia fecho , los quales fuesen en compensación
de los males por él cometidos ; á lo qual el Príncipe
respondió que á él pluguiera por los servicios facer-
le merced, mucho mas que aver de punir sus deli-
tos, si la calidad de aquellos fuera tal; pero á él con-
venia facer justicia, é los servicios que Ximeno Gor-
do le tenía fechos, á sus hijos los entendía galardo-
nar, porque sus graves excesos no quedasen sin pe-
na, ni los servicios sin galardón ; lo qual ninguno
supo, salvo aquellos que por mandado del Príncipe
hicieron la ejecución. E luego el Príncipe , oida mi--
sa, mandó llamar un pregonero, é mandó que subie-
se arriba, é tomase al hoinbre que allí estaría muer-
to é lo llevase á la plaza, el qual como conosciese
ser Ximeno Gordo , quedó atónito pensando de la
muerte de aquel se siguiese grande escándalo en la
ciudad. E aunque con gran temor, hizo el mandado
del Príncipe , é llevó el cuerpo de Ximeno Gordo á
poner en la plaza , é por mandado del Príncipe en
alta voz pregonó que ninguno fuese osado á llevar
aquel cuerpo sin mandado del Príncipe, so pena de
la vida. La muerte de aqueste dio gran temor á to-
dos los ciudadanos de Zaragoza, mayormente á Mo-
sen Fernando de Lanuza, como páresela este haber
sido consentidor en los crímenes y excesos cometi-
dos por Ximeno Gordo, que como tuviese poder del
Rey para punir y castigar los malf echores , oviese
dejado este sin pena. Esto fecho , el Príncipe deter-
minó de se partir para Barcelona para el Rey su pa-
dre, é mandó al Gobernador Mosen Juan de Torre-
llas que luego como él se partiese, ficiese degollar á
Estéf ano de Urrea, porque se probaba ser falsario é
compañera*en los crímenes cometidos por Ximeno
Gordo. El Gobernador hizo el mandado del Prínci-
pe con grande admiración del pueblo , é no menos
de los Regidores é nobles de aquella ciudad, de que
todos concibieron temor, como nunca oviesen visto
en sus tiempos semejantes justicias facerse.
CAPÍTULO XCIV.
Del gran exército que el Rey Luis de Francia ayuntó en la ciudad
de Narbona para embiar en la ciudad de llclna 6 Pcrpiñan, 6
de los consejos que el Rey Don Juan ovo sobre la guerra que fa-
cer le convenia é sobre el casamiento de la Infanta Doña Juana
su bija.
Por maravilla fué ávido en tan grandes necesida-
des y en edad tan tierna el vigor y esfuerzo que el
príncipe Don Fernando mostraba, como fuese cier-
to del grande ayuntamiento de gentes, así de caba-
llo como de á pié que el Rey Luis de Francia tenia
en la ciudad do Narbona , con tantas é tan grandes
artillorias para combatir, como nunca fasta enton-
ces en las partes de España fueron vistas para ve-
nir sobre la ciudad de Helna , que es situada al pié
de los montes Perineos, á la una parte Ruysellon, é
á la otra parte la provincia de Ampurias, para facer
guerra no solamente en los lugares que por el Rey
do Aragón avian seido recobrados , mas en todo lo
otro que le quedaba. El Rey de Aragón en tan decré-
pita edad, fatigado de tan grandes cuidados, desea-
ba mucho la venida del Príncipe Don Fernando su hi-
jo,así porconsultarconéllas cosas que le convenían
para resistir atan duro adversario, como por enten-
der en el casamiento de la infanta Doña Juana, su
hija; que ya era en edad de casar, los quales nego-
cios así difíciles le parecían. El Príncipe siguiendo
la voluntad del padre, se partió de Zaragoza, é se
vino en Barcelona, donde el Roy largamente comu-
nicó con él todas las cosas que le parescian, así en
lo uno como en lo otro ; y el Príncipe no menos es-
plicó al Rey los gra?)d/i« daños , agravios y males
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que rescibia del Rey Don Enrique é del Maestre de
Santiago Don Juan Pacheco , quejándose de la mal-
dad del Rey Don Alonso de Portugal , á quien el
Rey de Aragón oviese mucho amado, como fuese
sobrino suyo, hijo de su hermana, y el Rey se ma-
ravilló de la ingratitud á él mostrada por el Rey Don
Alonso de Portugal, intruso en sus Reynos, olvidan-
do el deudo tan cercano que con él tenia, é no sola-
mente con esto el Rey de Portugal habia mostrado
su malicia , como él fuese cierto que mostraba ale-
gría en saber las aflicciones é trabajos que en tanta
vejez estaba , é maravillábase como seyendo el Rey
de Portugal en fama de hombre prudente , quererse
meter en las cosas perdidas del Rey Don Enrique,
regido por el Maestre de Santiago é de los grandes
de Portugal , á los quales siempre fué aborrecible la
infelicidad de los Castellanos. E como en el comien-
zo de las cosas en Castilla acaecidas al príncipe Don
Fernando, él estubiese incrédulo de las formas que
contra él é contra la Princesa su muger se tenían, la
espiriencia lo mostró ser verdad ; todo lo qual Alon-
so de Falencia coronistale habia dicho cerca délos
casamientos de Doña Juana , hija de la Reyna , en
Francia y en Italia y en Cataluña , los quales todos
avian seido dejados, porque oviese efeto el casa-
miento de Don Alonso , Rey de Portugal , que avia
seido desechado por la princesa Doña Isabel ; don-
de el Rey de Aragón conosció enteramente la ene-
miga amistad del Maestre de Santiago, el qual siem-
pre le habia seido capital enemigo, é ni por ruego
ni por promesas nunca su propósito quiso mudar.
Por lo que el consejo para proveer en estas cosas
fué el siguiente : que el Rey de Aragón se fuese á la
provincia de Ampurias , é se pusiese en la villa de
Castellón ques cerca de los montes Pirineos , é aque-
lla villa é fortaleza hiciese mucho fortificar é apa-
rejar de todo lo necesario , é pusiese la gente de ca-
ballo de Valencia en la villa de Figueras, é con
ellos algunos de los peones de Navarra é Vizcaya,
é los caballeros mas acostumbrados de la guerra de-
jase en la ciudad de Helna con los caballeros ita-
lianos quel Rey Don Femando de Nápol le avia
embiado, con un su capitán llamado Julio , é que de
los caballeros questaban en Perpifian ninguno fuese
llamado , é que el Príncipe Don Femando se fuese
en Aragón é hiciese Cortes generales, donde apro-
base las leyes aprobadas, é las que fuesen de apro-
bar confirmase, é demandase el sueldo para tres-
cientos do caballo , los quales á muy gran priesa
luego lo embiase á la provincia de Ampurias, é con
gran diligencia buscasen dinero para el armada que
mucho le convenia hacer , como el Rey de Francia
fuese cierto que tenia grandes galeas contra la cos-
tumbre antigua de los franceses para traer en ellas
gran muchedumbre de gentes. E dado consejo en
las cosas dichas, el Rey quiso saber el parecer del
Príncipe cerca del casamiento de su hija Doña Jua-
na, el qual era demandado por notables embaxado-
res por parte del Rey Don Fernando de Nápol, para
él ó para su hijo segundo , llamado Don Fadrique ;
á lo qual el Príncipe respondió, ninguno destos ca-
samientos le páresela se debiese facer, como en el
deudo pequeña diferencia oviese entre el padre y el
hijo ; é como el padre después de haber perdido la
primera muger muchos años, recusó nuevos casa-
mientos por no dar madrastra á los hijos, y el ma-
yor hijo suyo, Don Alonso , príncipe de Capuana é
Duque de Calabria, tuviese hijos de su mujer y her-
mano del Duque Galeazo de Milán , al primogénito
del qual peYtenescia la corona del Reyno; asi su pa-
rescer era el ya dicho al Rey , con todo eso páres-
ela seguirse algunos agravios é inconvinientes, é
dejándose de facer alguno destos dos casamientos
como menospreciándolos, no solamente ingratitud
se mostraría al sobrino Rey de Nápol , de quien mu-
chas veces avia seido socorrido con gente é dinero,
mas páresela tener con él enemistad , é no solamen-
te á esta causa dejaría de dar ayuda, mas podría ser
de ocupar la isla de Cecilia que por él mucho
era deseada , como le fuese muy cercana ; por las
quales causas le páresela se debía acetar el casa-
miento del Rey Don Fernando con su muy ilustrí-
sima hija, lo qual era mas conveniente que darla al
hijo segundo , como ya su hija quedaría Reyna. E
como al Rey paresciese esto se debiese consultar
con la hija, porque grandes inconvinientes se si-
guian de los casamientos que se hacen sin consenti-
miento de las mugeres , el Rey mandó llamar á la
Infanta su hija , é díxole todo lo que en este caso
avia pasado é visto con el Príncipe su hermano, en
las causas que le movían á este casamiento; porque!
Rey ninguna cosa desto quería concluir sin volun-
tad é consentimiento suyo ; é así le mandaba quo
claramente le dixese su determinada voluntad. Lo
qual oído por la Infanta , rescibió vergüenza en este
caso aver de hablar ; pero como fuese toda de mu-
cha virtud é discreción , respondió que como ella
fuese nascida para casar é la razón esto demandas©
é la bienaventuranza suya fuese en el casamiento,
esto era de remitir á nuestro Señor, en cuyabenini-
dad esperaba querría mirar con ojos de misericor-
dia los grandes trabaxos del Rey su señor é su pa-
dre en los quales algún remedio se daría si ella bien-
aventuradamente casase , é ya ella fuese en edad
conveniente demandada por aquellos príncipes al
Rey muy parientes é caros ; é pues á su parescer el
Rey esto dexaba, teniéndoselo en merced, é besan-
do las manos por ello , respondía parescerle ser maa
conveniente el casamiento del Rey Don Femando
su primo ; á lo qual dio muchas y evidentes razones,,
las quales el Rey aprobó y el Príncipe loó mucho el
ingenio y virtud de su muy amada hermana. E á los
embaxadores del Rey de Nápol, oída esta respuesta,
con grande alegría fué luego denunciando ; é pres-
tamente subcedió otro nuevo embaxador del ya di-
cho Rey de Nápol, el qual siempre siguió las pisa-
das del Príncipe. E como el Rey de Nápol toviese
gran vigilancia, en cada parte del mundo procura-
ba tener hombres discretos que en todas las partes
supiesen las cosas, é por sus letras se las hiciesen sa-
ber. Estas cosas así fechas en Barcelona, el Prínci-
pe Don Fernando se volvió á Zaragoza por proveer
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS
en las cosas según el mandamiento del Rey su
padre.
CAPITULO XCV.
De las cusas en este tiempo en Portugal acaescidas 6 de la muer-
te de Don Juan Pacheco, Maestre de Santiago.
En este tiempo el Maestre de Santiago Don Juan
Pacheco á reqüesta del Rey de Portugal se vido con
él. Entonce, entre todos los Príncipes Christianos,
tenia fama de ser el mas prudente é mas casto, te-
niendo el cetro, por Dios á él encomendado, en aque-
llos dias pacíficamente ; ni avia causa de tener guer-
ra con ninguno , salvo con los moros que á él era
muy honrrosa, el qual habia rescibido aquel Reyno
asaz menguado de riquezas, é por industria del In-
fante Don Enrique su tio, hombre muy notable de
grande edad , le habia enriquecido, mostrando á los
portugueses navegar. E ya el Rey Don Alonso, ávi-
do por muy claro entre los príncipes Christianos, no
pudo guardarse de los engaños de la fortuna, como
tuviese esperanza do avor el casamiento de Doña
Juana , llamada hija del Rey Don Enrique ; é cre-
yendo haber estos Reyuos de Castilla é de León des-
pués de la muerte de aquel , tovo forma con el Maes-
tre Don Juan Pacheco como el dicho casamiento
oviese efeto, sabiendo ser aquella la voluntad del
Rey Don Enrique , é para ello oviese público con-
sentimiento, no solamente de los Grandes, mas de
las ciudades é villas é pueblos dellos; y como en esto
ya se sonase muy poderoso, desde allí comenzó paso
á paso de entender en el negocio, tentando el pares-
cer de los grandes do su Reyno, porque los otros
casamientos de que ya es fecha mención , se avian
estorbado, é todas e?tas cosas asi pasadas , de con-
sentimiento destos dos Reyes se ofresció oportuni-
dad para hacer este casamiento, en tanto que el Rey
Don Enrique estaba en los confines de Portugal, el
qual habia de dar al Maestre Don Juan Pacheco la
ciudad de Truxillo , la qual dias avia que avia sido
dada al Duque de Arévalo ; la posesión de la qual
dada al Maestre de Santiago, se avia de facer el
desposorio del Rey Don Alonso de Portugal con
Doña Juana, hija de la Reyna Doña Juana; la qual
ciudad de Truxillo, el Duque de Arévalo no avia
ávido porque le fué dado el Maestrazgo de Alcán-
tara para su hijo Don Juan Pimentel , en recompen-
sación della; é el Rey Don Enrique vino á Madrid en
tanto quel Maestre de Santiago con autoridad suya
ablandaba los corazones de los de Truxillo , é podia
atraer á Gracian de Seso , Alcayde de la fortaleza
de Truxillo, á que la entregase. En tanto questas
cosas se trataban , el Maestre estaba en la villa de
Santa Cruz , ques cercana á Truxillo , y desde allí
por sus mensageros solicitaba los grandes de Anda-
lucía, que diesen consentimiento al desposorio del
Rey Don Alonso de Portugal con la dicha Doña
Juana. En el qual tiempo nuestro señor quiso que el
Maestre de Santiago no viese el casamiento por el
Rey de Portugal tanto deseado en daño universal
destos Reynos , porque en él se verificase aquella
89
sentencia del santo Job que dice : Dios disipa los
pensamientos de los malos, porque sus manos no pue-
dan acabar lo que desean. E su voluntad fué que de
la misma enfermedad de que murió el Maestre de
Calatrava , su hermano , muriese él ; é así el Maes-
tre de Santiago Don Juan Pacheco murió en la villa
de Santa Cruz , á quatro de Octubre del año de mil
é quatrocientos é setenta y quatro años , estando en
los tratos con el Alcayde Gracian , y quando esta-
ba al cabo, ovo de venir el Alcayde á hablarle , y
hicieron sentar al Maestre en una silla, y que se es-
forzase lo mas que pudiese, haciendo que la cáma-
ra estoviese escura , porque el Alcayde no le viese
la flaqueza que tenia, á do concertó que le entrega-
se la fortaleza. Y luego otro dia, en yéndose el Al-
cayde , murió el Maestre , y fué tanta la astucia de
Pedro de Baeza que lo contrataba , que aunque el
Alcayde estaba receloso dello, le dio tanta priesa
que le entregó y dio el Maestre al Alcayde Gracian
á Sahelices de los Gallegos. El Maestre dejó por he-
redero á Don Diego López Pacheco, Marqués de Vi-
llena, primogénito suyo, al qual entre las cosas
grandes que le dejaba , encomendóle fuese dada la
guarda de Doña Juana , que según él creía avia de
ser esposa del Rey Don Alonso de Portugal ; é á Don
Pedro Puertocarrero, su hijo segundo, dejó el AI-
caydia Mayor de Sevilla en la casa que avia sido do
la Marquesa de Villana, su madre, con todas las
otras rentas que tenia en Sevilla y en sus términos,
y las villas de Villanueva y MoguU , con otros pe-
queños lugares que en el Andalucía tenia; é á Don
Alonso Tellez , su hijo tercero , dejó el castillo de
Montalvan é la Puebla de Montalvan é otras rentas
de dinero ; é á Don Alonso Pacheco, hijo suyo bas-
tardo , Comendador de Guadalherza , de la Orden
de Calatrava , dejó algunas rentas de dinero. E f a-
Uescido asi el Maestre Don Juan Pacheco, tóvose su
muerte encubierta algunos dias fasta que lo lleva-
ron á depositar al Monesterio de Guadalupe, para
desde allí trasladar sus huesos á la sepultura por
él ordenada en el Monesterio del Parral de Segovia,
de la Orden de San Jerónimo.
CAPÍTULO XCVI.
De los Grandes destos Reynos que pensaron avcr el Maestrazgo
de Santiago é de la forma no pensada que el Arzobispo de To-
ledo en esto tuvo.
Grande fué el alegría que los mas pueblos destos
Reynos ovieron <ie la muerte del Maestre de Santia-
go, é mucho mayor de algunos de los Grandes, cada
uno dellos creyendo aver aquella dignidad , no con
Dios ni con orden , mas por modos esquisitos ; de
los quales el principal fué Don Enrique de Guzman,
Duque de Medina Sidonia, que no avia seido en la
Orden, ni avia razón alguna para lo demandar, sal-
vo por su grandeza ; y el Conde de Benavente, que
ya en vida de su suegro pensó aver esta dignidad
sin tener para ello razón alguna , con grande ansia
la procuraba, tomando enjemplo en los Maestres
Don Alvaro de Luna é Don Juan Pacheco, loa qua-
90
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
les mas verdaderamente intrusos que maestres se
pedieron decir, é como de esta dignidad, mas forzo-
samente que por debida elección, rescibieron. El
Marqués de Santillana con gran solicitud demandó
esta digjnidad, diciendo no quererla á cansa de las
rentas, mas por reformarla, por ser nieto del Maes-
tre Don Alonso Suarez de Figueroa, que fué muy
buen caballero é reformó mucho esta Orden. Entre
todos estos competidores, el Marqués de Villena,
Don Diego Tellez , con mayor razón pensaba aver
el Maestrazgo, como después de la muerte de su
padre luego se fuese para el Rey Don Enrique ; ol
qual mucho lo consolaba é le decia que el mesmo
amor que avia tenido á su padre queria tener á él.
É como entonces el Marqués adolesciese cada dia, el
Rey le visitaba, é mandaba allí venir menistriles é
cantores por darle placer. É dióle forma para poder
aver el Maestrazgo de Santiago, la qual fué que se
fingiese el Maestre su padre averie renunciado el
raaestradgo , é sobre ello haber suplicado al Santo
Padre é tener su consentimiento. É sobre este fun-
damento el Rey envió suplicar al Santo Padre en
favor del Marqués , para lo qual le parescia tener
grande ayuda en el Arzobispo de Toledo, el qual, no
mucho ante de la muerte del Maestre , le avia recon-
ciliado á sí, é le mostraba grande amor, el qual te-
nia muy gran parte en Alarcon que enteramente
gobernaba el Arzobispo , á causa de lo que , el Rey
Don Enrique ya mostraba grande amor al Arzobis-
po de Toledo ; é como quiera que ya todos los dichos
trabajaban cada uno para sí, no menos lo hacían los
caballeros de la Orden , á quien con mayor razón el
Maestrazgo pertenescia ; entre los quales demanda-
ba esta dignidad Don Rodrigo Manrique, Conde de
Paredes, que muy mayores razones tenia para lo
aver, como ya oviese seido llamado Maestro de San-
tiago por voluntad Apostólica del Santo Padre Eu-
genio quarto, aviendo respeto á la grandeza de su
linage é antigüedad en la Orden, é merescimiento
de su persona, como fuese cierto aver peleado ca-
torce veces á banderas desplegadas con los moros
enemigos de nuestro Santa Fé , é haber dellos siem-
pre ávido Vitoria, aviendo dellos ganado la villa de
Huesca por fuerza de armas con derramamiento de
BU propia sangre é muerte de muchos criados su-
yos, el qual Maestrazgo Don Alvaro de Luna for-
zosamente le avia tomado después de la muerte del
Infante Don Enrique, hermano de los Reyes de
Aragón Don Alonso é Don Joan. É pensaba Don
Rodrigo Manrique tener ayuda en el Arzobispo de
Toledo, no acordándose de las cosas pasadas, mas
siguiendo el querer de Alarcon, fué degollado en To-
ledo año de ochenta ; hombre perverso é malo , fa-
voresció quanto pudo el Marqués de Villena su so-
brino. Esta mesma dignidad pretendió haber Don
Gabriel Manrique, Comendador Mayor de Castilla,
Conde de Osorno , muy magnífico caballero en aque-
lla Orden, el qual trabajó por ser elegido é ovo al-
gunas voces, así por la antigü6dad que en la Orden
tenia, como por la nobleza de su linage. Fué el ter-
cero Don Alonso de Cárdenas, Comendador Mayor
de León , el qual procuró de ser elegido , para lo
qual atrajo á sí á Gómez de Miranda, intruso en el
Priorazgo de San Marcos , é otros tres 6 quatro de
los trece á quien pertenesce la elección ; de los qua-
les Don Rodrigo Manrique tenia ocho con autori-
dad del prior de Uclés ques á do se ha de hacer la
elección , é no en otra parte ; el qual prior los ha de
convocar y estar presente , y ansí Don Alonso de
Cárdenas afirmaba pertenecer la elección según las
constituciones de la Orden al prior de San Marcos,
por ser muerto el Maestre Don Juan Pacheco en la
provincia de León, por lo qual él decia, la elección
de Don Rodrigo Manrique ser ninguna. La quarta
elección decia tener el Duque de Medina, con color
de la renunciación que le avia de hacer Juan de Al-
varado, Comendador de Lobon, el qual por ruego
del Duque avia dejado el nombre de Maestre. Allen-
de destos, Don Beltran de la Cueva, Duque de Al-
burquerque, que ya otra vez avia seido elegido á
esta dignidad , pretendía aver derecho é con gran
instancia la demandaba, mas el Rey, con gran per-
tinacia , procuraba la sublimación del Marqués de
Viileua menospreciando todos los otros.
CAPÍTULO XCVIL
De la prisión del Marqaés de Villena é del poco saber qae el Con-
de de Osorno tovo en lo guardar, é de las formas que el Arzo-
bispo de Toledo junto con la voluntad del Rey Don Enrique en
esto ovo.
En tanto questas cosas pasaban, estaban los Gran-
des como atónitos mirando el entrañable amor que
el Rey Don Enrique mostraba al Marqués de Ville-
na, el qual les parescia así en la dignidad como en
todas las otras cosas aver de tener el lugar de su
padre cerca del Rey, que poco miraba el bien de
BUS Reynos. Lo qual visto por algunos que á su pa-
dre desamaban , á él mostraban f avorescer, entre los
quales el principal el Arzobispo de Toledo que ya
parescia á cansa del Marqués tener gran parte en
el Rey y procuraba con todas sus fuerzas la subli-
mación del Marqués ; entre los quales Don Gabriel
Manrique, como pensase aver el Maestradgo de
Santiago , así por algunas voces que de los Electo-
res tenia, como por la nobleza de su linage» ó por
ser Comendador mayor de Castilla, como viese al
Rey tanto inclinado á dar el Maestradgo contra to-
do derecho al Marqués de Villena, determinó de
buscar forma para lo prender, al qual como el Rey
pensase atraer á que diese su voto en el Maestrazgo
al Marqués de Villena , envióle muchas embazadas,
lo qual asimismo con gran solicitud el Arzobispo
procuraba, el que en el comienzo se mostró muy
grave, dando muchas razones para mostrar como
el Marqués no podía ni debía haber el Maestradgo,
como en esto rescibirian muy grande agravio los
ancianos Caballeros de la Orden , habiendo de dar
esta dignidad á hombre tan mancebo fuera de la
Orden, contra los estatutos é decretos della, donde
paresceria que ya por herencia esta dignidad se ha-
bía de aver, asi como avia acaescido en el Maes-
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
tradgo de Calatrava que, muerto Don Pedro Xiron,
su hijo espúreo nascido, contra todo derecho, ovo el
Maestradgo. E todas estas cosas é otras mas respon-
didas por el Conde de Osomo , como otra nneva em-
baxada le viniese con grandes ofrescimientos, res-
pondió mas blandamente diciendo que deseaba mu-
cho ver aquella Orden reducida á su primer estado,
como estuviese muy abaxada, é si él fuese cierto
que con el poder del Marqués, á quien el Rey tanto
amaba, la Orden fuese sublimada comodebia, por
aventura daria lugar que las Constituciones della
en este caso fuesen derogadas; la qual respuesta
fué muy agradable al Rey, é no menos al Arzobispo
de Toledo ; é hablándose mucho de una parte á otra
é faciéndose al Conde engañosos ofrescimientos,
acordóse fabla, á cierto dia en lugar señalado, con
igual compañía del Marqués é del Conde ; é de como
el Marqués oviese visto á su padre tener en poco las
asechanzas, no resceló de venir al lugar acordado,
el qual traxo consigo hombres de poco valer, pen-
sando venir al lugar seguro. El Conde de Osomo
fizo el contrario trayendo consigo hombres señala-
lados, é puso en celada gente escogida para ser so-
corrido bí no bastase acabar lo "pensado con los que
consigo tenia. É como á la fabla se juntase, é algo
la fabla durase, los suyos sin facer repugnancia se
fueron huyendo dejando preso al Marqués, el qual
maravillado de su prisión dixo al Conde que por
qué razón le avia prendido así á mala verdad. El
Conde respondió que porque el Maestre su padre
siempre avia sido quebrantador de la fó é do los ju-
ramentos que hacia ; el qual en tiempo del Rey Don
Alonso le avia jurado de le dar la villa del Made-
ruelo, porque él renunciase el derecho del Maestrad-
go de Santiago, é después de tomada la posesión,
sin ninguna vergüenza le avia mentido diciendo que
mas le placía ser ávido por quebrantador de la fé
que aver de dar la villa de Maderuelo, el qual per-
juro en él quería vengar, lo qual no era sin razón.
E sabida por el Rey la prisión del Marqués , pensó
salir fuera de sí como hombre sin sentido, é como
naturalmente fuese de flaco corazón , comenzó do
llorar agrámente , é por mucho que lo consolaban
los que cerca del estaban, ninguna consolación que-
ría oír ni rescibir. Todas las cosas tenia en poco en
comparación de la liberación del Marqués. É luego
recorrió al Arzobispo de Toledo, al qual no menos
desplacía la prisión del Marqués ; é Alarcon aqueja-
jaba mucho en que se diese en ello remedio, como
fuese mucho suyo é le oviese dado la villa de Zafra
en el Marquesado é oviese del de acostamiento qua-
t'ro mil florines en cada un año ; y el Conde de Be-
n avente fué requerido por ayuda para la delibera-
ción del Marqués , como fuese casado con su herma-
na ; é prestamente fué recogida gran gente para ir
combatir la fortaleza de Fuente Dueña , donde el
Marqués estaba preso, para lo qual el Arzobispo fué
en persona, é, con toda la fuerza quel llevaba, la ma-
yor esperanza que ovieron de la liberación del Mar-
qués fué el engaño, por lo qual facer, se juntaron
Lope Vázquez de Acuña, hermano del Arzobispo, é
91
Juan de Vivero , hermano de la Condesa de Osorno,
los quales se pusieron por medianeros para tratar
con el Conde sí queria dar alguna forma en la deli-
beración del Marqués ; é determinóse questos dos ca-
balleros hablasen en ello con la Condesa de Osorno,
la qual como saliese á la fabla con ellos , fué con-
certado que Lope Vázquez la prendiese, mostrando
que al hermano de Juan de Vivero pesaba dello , é
ficíese muestra que la quisiese defender, é que no
podía resistir á la fuerza de Lope Vázquez ; é si an-
tes el corazón del Conde estaba flaco , mucho mas
enflaqueció después de la prisión de su muger; é
luego el Conde descendió á muy mas baxo partido
de lo que primero demandaba, el qual deliberó al
Marqués en esta forma ; que le diese la villa de Ma-
deruelo. Lo qual como fuese sabido por los que al
Marqués mal querían , ovieron dello gran desplacer,
é ni por eso el grande ánimo de Don Rodrigo Man-
rique , que Maestre de Santiago se llamaba, dexó de
perseguir lo comenzado, contra voluntad del Rey é
del Arzobispo de Toledo , que ya en este negocio
enemigo se le mostraba ; é con toda esta contrarie-
dad Don Rodrigo Manrique no dexó de poseer la
provincia de Castilla que al Maestrazgo do Santiago
pertenescia, é lo mismo hacía en la provincia de
León Don Alonso de Cárdenas, Comendador Ma-
yor, sojuzgando á sí y á todo lo que podía, como
quiera que mucho les estorbaba la vecindad del Con-
de de Feria, con favor del Duque de Medinasido-
nia, ó de algunos otros caballeros de la Orden que
se juntaron con la parte del Comendador Juan de
Alvarado.
CAPÍTULO XCVIII.
Del cerco qne los franceses pusieron sobre la ciudad de Helna
é de la toma della, 6 del mandamiento del Consejo del Rey Don
Juan de Aragón.
En tanto questas cosas pasaban , el Rey Luís de
Francia no dejó de perseguir lo concertado é tovo
consigo al Conde de Paredes Don Juan de Cardona ó
al Castellan de Amposta , embaxadores que el Rey
de Aragón le avia embiado ; el qual los prendió, é
aviéndoles dado seguro porque con ellos iba la flor
do los caballeros de Aragón , mandando ayuntar
gran muchedumbre de gente , así de caballo como
de pié en la provincia de Narbona , con muy gran-
des artillerías é pertrechos ípara combatir ; é vinie-
sen en el Condado de Ruisellon para el mes de No-
viembre porque la ciudad de Helna no pudiese de-
fenderse. Lo qual sabido por el Rey de Aragón,
ajuntó caballeros para la defensa della, aunque pen-
saban que los franceses no venían tan presto por la
braveza del invierno, los quales acostumbran tam-
bién facer guerra en invierno como en verano, é para
estar en el campo hacen casas soterrañas para ellos
é para sus caballos ; para lo qual tenían muy poca
gente y ferramientas con que prestamente las ha-
cen, é luego se cerca de fosados de tal manera, que
se hacen tan fuertes como si dentro del lugar mo-
rando estuviesen. El Rey de Aragón estando en
92
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Castellón estrañaba los franceses no poder tomar á
Acuña, así por la fortaleza della é gente que en ella
tenia , como por las grandes nieves é yelos que en-
tonce avia é algunas veces el Rey dixo que avia
piedad de los franceses, aunque fuesen sus enemi-
gos, por emprender cerco en tal tiempo, y los caba-
lleros que en Helna estaban cada dia embiaban á
decir al Rey que ningún temor tenian de los ene-
migos, aunque el tiempo fuese bueno, como creye-
sen que aun el muro primero, según la gran fuerza
que tenia, no podia ser derribado por ningunas ar-
tillerías, c mucho menos lo alto de la ciudad que
naturalmente estaba cercado , donde si tal necesi-
dad viniese podrían socorrerse y ampararse ; la qual
confianza trajo gran dafío, como dende en ocho
dias que el cerco se pusiese, la cerca primera se
derribó, é los caballeros que en la villa estaban no
podian resistir los enemigos como fuesen quarenta
rail combatientes é los defensores á quatro mil no
llegaban, é los ciudadanos no les ayudasen é ansi no
tardó veinte dias de se tomar la ciudad, como no
solamente los muros é torres con las lombardas der-
ribasen, mas ficieron minas para entrar en lo mas |
alto de la ciudad, de lo qual tan grande espanto los
ciudadanos tomaron, que ya quisieran aver dado
á si é á sus hijos á los enemigos , en tanto que la
vida pudieran salvar de la briosa crueldad de los
franceses, donde la estrema nescesidad fizo que la
ciudad se diese á partido, que quatro de los princi-
pales que en la ciudad estaban seguros de la vida,
fuesen levados al Rey de Francia , é todos los otros
dejasen las armas é caballos é se fuesen donde qui-
siesen, é los ciudadanos quedasen en su ciudad sin
daño reseibir, so el señorío del Rey Luis de Francia.
Fué pública fama que fué causa de darse esta
ciudad Julio caballero italiano, capitán que allí es-
taba con decientas lanzas, que el Rey Don Hernan-
do de Nápol al Rey de Aragón habia embiado , el
qual aunque estaba en fama de buen caballero ante
de entonces, en la defensa de aquella ciudad teme-
roso é flaco se mostró, é desde el comienzo de aquel
cerco siempre amonestó á los españoles que no con-
fiasen mucho en la fuerza de aquella ciudad según
el gran poder de los franceses , é ¡buscasen algún
partido para su salvación ; lo qual mucho enflaque-
ció los corazones de algunos. La toma de esta ciu-
dad fué muy dañosa á los de Perpiñan , los quales
luengamente sostuvieron el cerco con fambre tan
estraña , que comían los ratones é gatos é perros,
después de aver comido los caballos é muías ; ó se
afirma algunos aver comido carne humana de los
cuerpos muertos de los enemigos, é lo que mas gra-
ve paresce, algunas madres aver comido á sus hi-
jos. Cosa es muy difícile de creer los trabajos é an-
gustias que los de Perpiñan tan luengamente tu-
vieron sin esperanza de socorro como los franceses
toviesen tomados todos los pasos por donde pudie-
sen ser socorridos. Después de tomada Helna y Alon-
so de Falencia coronista é Luiz Gutiérrez, secreta-
rio del Príncipe Don Fernando, llegaron á Castellón
donde el Rey de Aragón estaba , asaz seguro no te-
miendo la toma de Helna, el qual con atento ánimo
oyó todo lo que por estos embaxadores le fuese di-
cho, é como mucho amase á Alonso de Falencia, la
mayor parte de dos dias é dos noches gastó en le
preguntar el estado de las cosas de los Rey nos de
Castilla, y entre las otras cosas tuvo gran cuidado
de los negocios del Duque de Medinasidonia, al qual
decía que el Príncipe no solamente avia de ayudar
é favorescer en el negocio del Maestrazgo de San-
tiago, mas en todas las cosas, que de lo propio suyo
le debía largamente dar, pues á él no podia falles-
cer, pues con el ayuda de Dios tan grandes Reynos é
señoríos esperaba ; é que así le amonestaba é rogaba
é mandaba, si como padre facerlo podia , que no so-
lamente en el Maestrazgo, mas por todas las vías que
pudiese al Duque de Medinasidonia ayudase é favo-
resciese ; é luego él quería escrebir á sus procurado-
res que en Roma tenía, que ayudasen é favorecie-
sen en los negocios del Duque de Medinasidonia;
que el Príncipe así lo debía poner luego en obra, si
deseaba facerle placer, é que dejadas todas las co-
sas se fuese al Andalucía , según por el Duque de
Medinasidonia le avia sido suplicado , de lo que al
Príncipe se seguiría gran provecho é á los adversa-
ríos daño conoscído , como la posesión de aquella
ciudad de Sevilla siempre aprovechó mucho á los
que la tuvieron, é que él como hijo quisiese ser en
todo certificado de su voluntad la calidad de las
cosas lo excusasen si el inconsulto prestamente en
el Andalucía se oviera ido , por ende sin tardanza
alguna se partiese para el Andalucía , acordándose
de aquel común viejo proverbio que dicen : quando
te diere la cabrilla , etc. Y el Rey aprobó mucho la
solicitud de Alonso de Falencia. E con esta respues-
ta, Alonso de Falencia que con ello había venido y
el Secretario se volvieron alegres á Zaragoza ; é
vista por el Príncipe la respuesta del Rey, comen-
zó á aparejar su partida para el Andalucía, la qual
estorbó la triste nueva de su mensajero que luego
faciéndole saber la toma de Helna, con revocación
del mandamiento primero , mandando al Príncipe
que todas cosas dejadas se fuese para él, é si mas
no pudiese, si quería, con tres ó quatro ; lo qual pá-
resela muy grave á todos los que al Príncipe debían
consejar, los quales decían que en él no debia par-
tir fasta llevar los trecientos de caballo quel Rey-
no debia pagar para servicio del Rey é fasta aver
despachado todas las cosas necesarias para la guer-
ra, si se deseaba que la cosas de la provincia de
Ampurias bien se hiciesen.
CAPÍTULO XCIX.
De la tristeía que el Príncipe Don Femando rescibió de la toma
de la ciudad de Helna é de la varia determinación de consejos
en la ida del Príncipe á Ampurias, como antes tuviese determi-
nado de proveer las cosas del Andalucía.
Aunque el Príncipe Don Fernando naturalmente
fuese magnánimo, tan grande fué el enojo de la
toma de Helna é tanta turbación rescibió con el se-
gundo mandamiento del Padre, que fué forzado de
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
Ó3
lo descubrir por muchaa señales, como conoscieso
para la ida de Ampurias ser nescesario mucha mas
gente de la que él por entonces podia aver, é le pa-
reciese que yendo él con poca gente, mayor desma-
yo seria á los de Ampurias, como les parecería que-
dar desesperados de mayor favor, quando viesen al
Principe con poca gente contra enemigos tan pode-
rosos, porque les parecía muy mal consejo el que
el Bey su padre avia tomado en aver revocado su
primero mandamiento, el qual avia pensado con solo
su hijo podria defender aquella provincia con pe-
queño ejército , é parecía ser mas sabio consejo en-
comendar la gente que tenia de Valencia en Figue-
ras y en Castellón al ilustre Don Alonso , Maestre
de Calatrava al qual mandase discurrir á unas par-
tes y á otras, proveyendo en tanto que él podria
juntar la gente necesaria para resistir á los france-
ses, los quales, después de ávida aquella victoria, si
viesen al Príncipe venir con tan poca gente , como
antes de su venida, no es duda que requerían la ba-
talla, la qual convenia acebtar con peligro inrepa-
rable, 6 vergonzosamente denegarla quedando cer-
cados, el qual cerco seria mucho peor que perder la
tierra; é páresela á los prudentes consejeros ser pro-
vechosa la sentencia del Príncipe, el qual estaba du-
doso qual mejor seria, si obedescer al mandamiento
del padre, que á todos dañoso páresela, ó facer
aquello que por mas subtil era de todos ávido ; en
lo qual la voluntad del magnánimo Príncipe estaba
suspensa por escoger qual mejor consejo le seria, ó
fué acordado en la siguiente sentencia que luego par-
tiesen de allí trescientos de caballo pagados por el
Reyno debaxo de la capitanía de Don Juan de
Aragón, Arzobispo de Zaragoza, é Don Alonso
Maestre de Calatrava, sus hermanos bastardos , en
tanto que el Rey por su parte allegaba mas gente,
él por la suya encomendando las cosas del Andalu-
cía al Duque Don Enrique de Quzman, para lo qual
mandó á Alonso de Palencia que juntamente fuese
con el noble caballero Gómez Suarez de Figueroa
para que á los de Sevilla diesen esperanza de la
ida suya en aquella ciudad, que tanto por ellos era
deseado. En Zaragoza los consejos eran muy con-
trarios, é algunos de los Grandes se mostraban es-
tar deseosos de ir prestamente en este socorro é
buscaban otras formas para se detener, é alegrá-
banse por las angustias que en las cosas veían, como
durando la guerra pensaban poder abiertamente
robar ; y en el comienzo muchos de los nobles estor-
baron el casamiento del Príncipe con la ilustrísíma
Princesa Doña Isabel, paresciéndoles que con esto
se aumentaban el poder del Rey viejo, al qual ya
cansado por vejez y pobreza en poco estimaban; el
qual teniendo poder quería dar pena á los disolutos
hombres, los quales como no pudiesen estorbar este
casamiento, de qualquier trabajo que al Rey vinie-
se les placia ; así que en aquel ayuntamiento de
Zaragoza muchas maldades se buscaron para estor-
bar la verdadera provisión, sobre lo qual el Prínci-
pe de día é de noche no cesaba de hablar con los
<iue el conoscia ser mas fieles é apartar de sí los sos-
pechosos, dando esfuerzo á los temerosos con espe-
ranza de toda fielidad , é rogando á Gómez Suarez
é al de Falencia que prestamente se partiesen; é
como á causa de Gómez Suarez de dia en día se de-
tuviesen, cada dia venían nuevas mas tristes de la
provincia de Ampurias, como los franceses cada
dia mas afligesen á aquella provincia que ningún
socorro esperaban , ó afirmábase el Rey Luis con
dádivas é promesas aver atraído á sí los embaxado-
res del Rey de Aragón que consigo tenia, dándoles
esperanza de les dar muy mayor poder de lo quo
tenían, é álos de Barcelona esto mesmo movían, co-
mo ya ovíesen seído rebeldes é ya fuesen avisados
por fieles. Y en este tiempo algunos mensageros de
Navarra vinieron faciendo al Príncipe saber quo
de aquella parte algún peligro se esperaba aver,
como Doña Leonor, hija del Rey de Aragón , des-
pués de la muerte de su hija el Príncipe muy mal
rigiese, é al Rey su padre, verdadero Rey de Na-
varra, nuevos daños buscase, favoreciendo á los de
Biamonte contra los Agramonteses que al Rey ser-
vían, por lo qual aquel estrenuo caballero Mosen
Pierres de Peralta, principal entre los Agramon-
teses, tan duramente se avia, que ya por los ene-
migos era buscado por subsidio, como parecía aquel
Reyno en vivas llamas arder por diversas partes,
por la crueldad de algunos caballeros que á los po-
bres labradores destruían , de tal manera que so-
lamente las mugeres ya tenían cargo de la labor y
la fama ya cada día crescía que con tantos tra-
bajos los navarros muy ligeramente á los franceses
se darían.
CAPÍTULO C.
De las cosas que en este tiempo en Castilla se hicieron y de la
muerte del Rey Don Enrique.
• Cada dia venían mensageros al ilustrísimo prín-
cipe Don Fernando de como en Castilla había gran
competencia entre algunos de los grandes por ha-
ber el Maestradgo de Santiago, los quales todos
acusaban la negligencia do Don Gabriel Manrique
é la nueva solicitud que el Arzobispo de Toledo te-
nia en procurar esta dignidad para el Marqués do
Villena, olvidando la vieja amistad que avia tenido
con Don Rodrigo Manrique, Conde de Paredes, ca-
ballero tan noble é de tanto merescimiento é tan an-
ciano en aquella Orden , é no menos recusaban el
poco cuidado que el Arzobispo tenía de su mesmc
honor, gobernándose enteramente por Alarcon, hom-
bre conoscido por todos por muy malo é disoluto,
el qual públicamente decía poder traer al Arzobis-
po de Toledo á todo lo que quisiese, en tanto que
sí él le quisiese mandar dexar el hábito pontifical, ó
vestir ropas de ruñan ó poner espada é broquel é cas-
quete en la cabeza, que él lo podia hacer ; é de aquí
afirmaba Alarcon que pues él avía de servir al Mar-
qués, que con el favor del Arzobispo no solamento
avria el Maestrazgo de Santiago , mas qualquiera
otra cosa que quisiese , mayormeoto que el Arzobis-
94
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
po ya seguia al Rey Don Enrique, al qual ante de
entonce había mucho aborrescido, é así parescia
agora aprobar lo que muchas veces avia reprobado
por las quales cosas no solamente muchos de loa
grandes , mas los pueblos que solían amar é loar al
Arzobispo porque veían que síguía á los Príncipes,
murmuraban del é desamábanlo. Todas estas cosas
vistas por el Cardenal de España que al Arzobispo
era contrario , determinó de se ir á Segovia é allí
continuar, porque él y el Conde de Benavente pu-
diesen tener lugar cerca del Rey Don Enrique, que
ya seguia en todo el querer del Marqués de Ville-
na, á quien ya el Arzobispo síguía con esperanza
que él avia de estar por principal cerca del Rey, é
después el Cardenal ; é como esto al contrario subce-
diese, avíendo de tener segundo lugar después del
Cardenal, enojado de aquesto se fué á la villa de Al-
calá de Henares, lo qual hizo contra voluntad del
Marqués, el qual quisiera que continuara con el
Rey, como quiera que mucho amaba al Cardenal é
al Conde de Benavente, los quales al Arzobispo eran
contrarios, salvo en la espedicion contra el Conde
de Osorno que por consentimiento de todos se hizo
después de la partida del Arzobispo de Toledo. El
Marqués de Villena pensó para siempre tener la vo-
luntad del Rey Don Enrique á su querer y ordenan-
za, á la qual presunción mucho añadía el tener á
Doña Juana , hija de la Reyna. Todo este pensa-
miento turbó la muerte arrebatada del Rey Don En-
rique , el qual ante de entonces tenía muchas pasio-
nes , como fuese muy mal regido y en ninguna cosa
siguiese razón, ni quería obedescer en sus enferme-
dades á los físicos que del curaban ; é al fin un sú-
pito flugio de sangre le vino, que ninguna cosa le
pudo aprovechar, como en dos días toda la fuerza
perdiese , de manera que se tornó tan disforme , que
era cosa maravillosa de lo ver, é con todo eso pen-
só esforzarse contra la enfermedad si viese los fie-
ros animales que en el bosque del Pardo tenía, é cqp
este deseo cabalgó en un caballo pensando poder
llegar allá; é muy cerca de la villa enflaqueció de
tal manera, que ovo de volver, lo qual á muy gran
pena pudo facer ; ó así , vuelto en su palacio con
pocos de los á él mas allegados estuvo echado en su
cama, fallescido de todas sus fuerzas ; é como quie-
ra que conosciese ser cercano al su fin, ninguna
mención hizo de confesar ni rescibir los cathólícos
sacramentos , ni tampoco hacer testamento 6 codi-
cílio , que es general costumbre de todos los hom-
bres en tal tiempo hacer ; é los que ende estaban
apartábanse diciendo unos á otros qué remedio se
podría dar á tan gran presura, é como el físico fue-
se preguntado con grande instancia dixese qué le
páresela de aquella enfermedad , respondió que muy
pocas horas quedaban al Rey de vida, é luego los
unos fueron llamar al Cardenal, otros al Marqués,
otros al Conde de Benavente, otros á un devoto re-
ligioso llamado Fray Juan de Máznela, que había
sido prior en el Monestcrio de Santa María del Pa-
so, el qual á muy gran priesa vino ; é como conos-
ciego estar este Rey en fin de sus dias , dulce é sa-
biamente le suplicó recorriese á curar de su ánlm&,
como este fuese el mayor remedio que tenía y lo que
mas le cumplía ; lo qual oido por el Rey enmudeció
estando en la cama mal vestido , no á la forma que
á los enfermos suelen estar, mas teniendo calzados
borceguíes ; é ya mostraba el resuello apresurado,
comenzándosele á turbar la lengua ; é como alguno
de los que allí estaban le preguntase á quién dexa-
ba por heredero destos Reynos , á su hermana ó á
su hija sospechosa, respondió que Alonso González
de Turuégano su capellán sabía en esto su intin-
cion ; é como aquel religioso, presciando al Carde-
nal, le requiriese que abiertamente dixese á qual de
las dos Princesas dexaba por heredera destos Rey-
nos , ninguna cosa respondió. Entonces el devoto re-
ligioso le dixo : «Señor, gravemente erráis á Dios é
«mucho ofendedes á vuestros súdictos en no decla-
»rar la verdad, que ya. Señor, vos sabéis é á todos
»es notorio que cerca de los Toros de Guisando, en
«presencia de muchos de los Grandes destos Rey-
»no8, en público declarastes el adulterio de la Rey-
una Doña Juana é confesastes Doña Juana su hija,
» que" antes de entonces mandastes princesa llamar,
»no ser hija vuSstra, mas engendrada de otro va-
»ron , lo qual bien se verifica por dos razones, allen-
» de de vuestra confesión primera, por vuestra noto-
» ría impotencia en el ayuntamiento de las muge-
j)res, segunda por la disolución é conoscida infa-
» mía de la Reyna Doña Juana vuestra muger, si
» tal se pudiese decir ; é allí, en aquel general ayun-
» tamiento, jurastes é mandastes á todos jurar por
» legítima sucesora heredera destos Reynos é seño-
»ríos á la Señora Princesa Doña Isabel, vuestra
» hermana, y por tal en vuestra presencia por todos
))le fué besada la mano ; é por eso, Señor, con Dios
»vos requiero no queráis callar la verdad, como en-
»tre todos vuestros pecados este sería el mas detes-
» table é mas enorme , como de todos los otros po-
» dríades ser asuelto por Dios todopoderoso, sí fiel-
» mente lo confesáis , avíendo dellos verdadero ar-
»repentimiento, é deste nunca, pues por vuestro ca-
» llar dexais llama encendida en que vuestros Rey-
» nos se quemen , é daréis lugar á los malos para
» perseverar en su acostumbrada tiranía.» Cosa res-
pondió , mas comenzó á revolverse en la cama tor-
ciendo la boca é los ojos , é moviendo los brazos á
una parte y á otra, comenzó de temer como ya su
muerte fuese cercana , é luego fué mandado poner
el altar pensando provocarlo á devoción , é ni por
eso mostró señal de cathólico , ni menos arrepenti-
miento de sus culpas é pecados , é ansí dende á po-
co espacio espiró, poco ante que amanesciese , en
doce dias de Diciembre del año de nuestro Reden-
tor de mil é quatrocientos y setenta y quatro años.
Fué levado su cuerpo á Santa María del Paso sin
pompa alguna de las que se acostumbraban facer
en el fallescimíento de los grandes Príncipes, é allí
estovo depositado fasta que fué llevado á Santa
María de Guadalupe , donde está sepultado cerca de
la Serenísima Reyna Doña María su madre. Vivió
este Rey poco mas de cinquenta años j tovo el cetro
MEMORIAL DE DIVERSAS HAZAÑAS.
95
real veinte afios é cinco meses (1) sin cosa ejercer
al oficio real conviniente. Fué verdaderamente pró-
digo, en ninguna cosa liberal, salvo en algunos no-
bles edificios que hizo, como en la ciudad de Sego-
via constituyese el monesterio de Santo Antonio,
fuera de los muros, el qual dio á los frayres de ob-
servancia de San Francisco , el qual ornó de muy
ricos ornamentos ó de todas las cosas nescesarias
al culto divino ; y en esta mesma ciudad reydifi-
có muy suntuosamente el monesterio de Santa Ma-
ría del Parral, de la Orden de San Jerónimo, é
dotólo de grandes rentas; é fortificó maravillosa-
mente el Alcázar, é hizo encima de la puerta del
una muy alta torre labrada de mazonería , y en el
corredor que se llama en aquel Alcázar de los Cor-
dones, mandó poner todos los Reyes que en Cas-
tilla y en León han seido después de la destruicion
d'Espafia , comenzando de Don Pelayo fasta él , é
mandó poner con ellos al Cid, é al Conde Fernán
González , por ser caballeros tan nobles é que tan
grandes cosas hicieron, todos en grandes estatuas,
labradas muy sutilmente de maderas cubiertas de
(i) Hasta aqaf llegan otros códices que hemos consultado. El
que seguimos á la letra nade todo lo que resta hasta el nnal de
la Crónica, que insertamos más como curiosidad que por poder
afirmar que sea obra del cronista Valera.
oro é plata. É hizo en este Alcízar un fosado muy
fondo, picado en la misma peña ; é cerca de la Igle-
sia de San Martin desta ciudad hizo una casa asaz
notable para su aposentamiento. É en Balsain , ques
á dos leguas de allí, hizo otra casa asaz buena para
su recreación, con un bosque muy grande cercado
de cal y canto, en que tenía muy gran muchedum-
bre de bestias salvages ; y en la villa de Madrid,
fuera de los muros , hizo un monesterio de la Orden
de San Jerónimo, llamado de Santa María del Paso,
á quien dio grandes rentas y ornamentos muy sun-
tuosos ; y en el Pardo , ques á dos leguas desta vi-
lla, hizo otra casa asaz notable , con un bosque poco
menos bueno que el del Balsain, y en otras partes
hizo otros edificios asaz suntuosos. Fué este Rey do
gran cuerpo, bien proporcionado, blanco y colorado
mesuradamente, los cabellos rubios. Era romo, de
una caída que dio seyendo niño. Fué gran caballero
de la gineta, buen bracero. Dióse demasiadamente
á la música ; cantaba y tañía muy bien. Era grande
escribano de toda letra ; leía maravillosamente. Fué
docto en la lengua latina. Oía de mala voluntad á
quien quiera que á él venia. Era mucho apartado.
Vestíase mal. Tovo muchos privados á quien con
larga mano dio muy grandes dádivas. Fué siempre
regido por su voluntad, fuyendo de todo sano con-
sejo.
CRÓNICA
DEL
REY DON ENRIQUE EL CUARTO
DE ESTE NOMBRE,
POR SU CAPELLÁN Y CRONISTA
DIEGO ENRIQUEZ DEL CASTILLO.
Cr.-IÍI.
COMIENZA LA HISTORIA
DEL
REY DON ENRIQUE EL CUARTO
DE ESTE NOMBRE,
DE GLORIOSA MEMORIA.
Tanto los príncipes señalados y antiguos varones
de las edades pasadas quedai'on famosos, é sus vir-
tuosos trabajos cubiertos de renombre, quanto la
dulce pluma de los sabios oradores, haciendo vivos
sus nombres los quiso prestar memoria ; á los quales
con sus inmortales letras , con su perpetua scriptura
tan nombrados quiso dexar é tal gloria mundana
permitir, que ni el pasado tiempo los tiene morti-
guados , ni la nueva edad adormidos , ni la vida lar-
ga los olvida, ni el corto vivir los amengua. E así,
aunque de siglos tan luengos hayan discurrido, y de
tiempos tan antiguos pasados, siempre ante los ojos
tenemos sus hazañas, no solamente figuradas , mas
en nuestras fantasías imprimidas é señaladas ; por-
que tanto alguna cosa estimamos ser mejor é la te-
nemos por mas buena , quanto mas lexos se mues-
tra , quanto mas es apartada é quanto menos es ve-
cina de nuestra conversación. Pues si aquellos fue-
ron dignos de tanto don señalado , é de tal excelen-
cia merecedores, que la sola scriptura ansi nos re-
presenta sus bienes , é en tal manera los dexa loados,
alcancen nuestros días con vivas razones, merezcan
nuestros tiempos con dulces historias , gane nuestra
edad con \nano estudiosa las insignes obras , los
sangrientos sudores é trabajos fatigosos de nuestros
presentes ; porque ellos renombrados, á toda inmor-
talidad sobrepujen en tal manera, que ni la anti-
güedad los olvide, ni transcurso de tiempo los con-
suma ; ca injusta cosa sería si el pregón de sus loores
del todo quedase mudo, é sus hazañas calladas. Esi
los altos ingenios de los scriptores, la viva luz de
sus renglones , é la dulzura de su estilo hicieron loa-
bles á los Griegos, é notables á los Romanos; cuya
perdurable fama, ni el pincel de los pintores, ni el
martillo de los plateros , ni el hierro de los sculpido-
res pudieían hacer inmortal, si la heroica pluma de
aquellos olvidada la dexara. No menos el resplandor
de nuestros invictísimos Godos, la pujanza de su
grandeza é la excelencia de sus obras merecen al-
canzar memoria , como sea cierta cosa é muy sabi-
da verdad que aquellos la porfía de los unos con ma-
no armada venciendo, é la sobervia de los otros con
sangrienta espada derrocando, abatieron su presun-
ción, é destruyeron su osadía ; 6 así quedaron, no
solamente renombrados é temidos , mas famosos y
estimados. De cuyos varoniles hechos, caballerosas
cosas, reales exercicios y empresas tan altas grande
testimonio nos representa aquel señalado Rey Theo-
dorico, que así como fuerte guerrero, esforzado va-
ron y caudillo animoso, con su gente gótica no so-
lamente sojuzgó toda Italia, mas con sus belicosas
armas puesta en servidumbre , al Emperador Zenon
despojó del señorío, y echó fuera del Imperio. E no
solamente aquesto de que inmortal gloria é famo-
sa nombradla les debe ser otorgada, porque asi co-
mo magnánimos supieron señorear, y como pruden-
tes capitanes facerse vencedores, mas de tanta no-
bleza fueron acompañados, y de tanta clemencia
fueron revestidos, que alcanzada la victoria, con
muy gracioso amor, con dulce benignidad, con gran-
de piedad humana trataron sus enemigos. De que
azaz claro testimonio é prueba manifiesta nos es
aquella insigne bondad, y piadosa virtud del Rey
Alarico, que combatida la cibdad de Roma, tomada
por fuerza de armas , apoderado y fecho señor de
ella, con pregones de amenazas, so graves penas
mandó que las muertes, estragos, é daños, é cruel-
dades fuesen del todo cesadas, c que ningunos des-
de allí adelante osasen entrar en los templos, ni ho-
llar los santuarios ; mas que los vencidos fuesen li-
bros é seguros , los christianos é sus eglesiasno fue-
sen damnificados ; donde publicando su manse-
100
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dumbre, y manifestando su noble humanidad, de-
cía : con los Romanos lo avernos , contra ellos pe-
leamos, é á guerrearlos venimos; los siervos de
Christo queremos sean libres. En tal manera que su
bondad fué muy loada , é su grandeza en mayor re-
verencia tenida ; porque templando su furia , puso
freno á su poder, é amansando su rigor, se abrazó
con la clemencia. E no solamente aquesto , de que
tan largos titules de honra, é tan cumplidas ala-
banzas les deben ser otorgadas , mas si , discurrien-
do lo pasado , é viniendo á nuestros tiempos , que-
remos escudriñar sus historias, y saber de sus haza-
ñas , aunque somnolientas é ciegas , aunque dexadas
olvidar por poco cuidado, tantos é señalados he-
chos, tan altase tan grandes cosas terniamos para
decir, que sus comienzos serian muchos, sus loores
infinitos , y BU fin nunca hallado. No solamente
aquesto ; mas como entre aquellos haya sido mas
cierto el afecto belicoso é la costumbre de la guer-
ra, que el estilo del hablar, mas de contino fatiga-
ron sus manos en el uso de las armas, mayor deley-
te sintieron en el menear de las espadas , que en el
rodear de la pluma. E así , menospreciando lo uno,
que famoso nombre les diera, é anteponiendo lo
otro , que sangrienta muerte traia , dieron exercicio
á sus fuerzas , é adurmieron sus memorias ; donde
con sobra de sueño pasadas , y en silencio dormi-
dos, dexaron entonces los unos muy sepultada su
fama , é los otros agora cegada su nombradla , de
tal guisa , que ni los pasados lo leyeron , ni los pre-
sentes lo saben. A los quales como su negligencia
haya sido madrastra , é su menos cuidado enemigo,
quise, condolido de tan grave pérdida , é sentido del
error en que así cayeron los pasados , despertar las
hazañas, decir los famosos hechos de los que agora
viven é son, para que revivan sus nombres, é sue-
ne su fama , así de los buenos para su mayor ala-
banza, como de los malos para su vituperio. Oyan
por ende los presentes, atiendan los que vernan,
sepan los ignorantes é noten los que leyeren , que
del muy esclarecido quarto Rey Don Enrique de
Castilla é de León, sus hechos é vida tratando , su
puxanza é grandeza diciendo , sus infortunios é tra-
bajos recontando , con testimonio de verdad prosi-
guiendo , yo el Licenciado Diego Enriquez del Cas-
tillo, Capellán é de su Consejo, como fiel coronista
suyo protesto relatando scribir su Corónica. E pues
que á los historiadores señaladmente se otorga, é á
ellos solos , como jueces de la fama é pregoneros de
la honra es dado de la gran prosperidad recontar
enteramente , é de las adversidades hacer larga re-
lación , diré sin dubda ninguna lo que vieron mis
ojos, las cosas que sucedieron, la causa de donde
emanaron , ó también del fin que ovieron ; porque el
sobrado señorío á los mas bien afortunados jamas
les ponga soberbia , ni los trabajosos males hagan
á los hombres cobardes ; ca sabida cosa es, que tan-
to á los osados ayuda mas la fortuna, quanto puede
á los mayores derribar de lo mas alto. E quanto
quiera que hablar de tan alto Príncipe , de los Gran-
des de BUS reynos é de los otros mas baxos parezca
presunción de rudo marinero , que puesto en la fu-
ria del mar , lanza su batel en las hondas , é da sus
velas al viento, sin saberse gobernar, pero supli-
cando á la infinita bondad del soberano Redentor
que de sus inmensas gracias me preste alguna par-
te, para que obedeciendo al mandado, é la licencia
del poderío Real, que para esto me fué dado, po-
niéndolo por obra , pueda dar fin á mi promesa.
Pero si aquesta Corónica no fuere tan copiosa é
complida como debe , de las cosas que sucedieron
en la prosperidad del Rey , primero que le viniesen
las duras adversidades , merezco ser perdonado con
justa escusacion ; porque fui preso sobre seguro en
la cibdad de Segovia, quando fué dada por traycion
á los caballeros desleales ; donde me robaron , no so-
lamente lo mió , mas los Registros con lo procesado
que tenia scripto do ella, visto que la memoria, se-
gún la flaqueza humana , tiene mayor parte de la
olvidanza, que sobra de la recordación.
CAPÍTULO I.
De la fisonomía, vida é condición del Rey.
Quanto mas alta cosa es aquella de que se debe
tratar, tanto su grandeza pone temor en el decir; é
quanto de mayor excelencia, tanto es el defecto de
las palabras mas graves ; porque antes el estilo de
screvir, que materia de hablar fallesce. Siempre
nuestras lenguas son mas aparexadas á disparar sus
dichos que las plumas á componerlos ; y aun aques-
to la misma experiencia natural nos lo muestra,
como sea cosa cierta que el uso común de la habla
es a todos general , y á muy pocos la perfección del
decir ; é no sin cabsa los humanos ingenios mayo-
res cosas entienden que saben proponer, é mejor
las conciben que aciertan á pronunciarlas, ni decir
lo que de dentro sienten. E porque tratando de tan
alto Rey, altas é grandes cosas se deben notar pri-
mero que al proceso de la historia vengamos, para
que de todo prestemos razón, é la reprehensión de
la ignorancia se escuse, algo de su gesto y facciones,
de sus condiciones é vida converná que digamos;
en tal manera, que relatada su figura é la orden de
su vivir, emprima señal é noticia en los que su his-
toria leyeren. E pues conviene al coronista y ea ne-
cesario que sea zeloso de la verdad , ageno de la
afición , quito de amor y enemistad , en tal manera,
que reprehendiendo los culpados, é alabando los
buenos, escriba sin pasión, é proceda como juez en
las cosas de la fama ; yo desde aquí protesto que
todo lo que dixere y mi pluma recontare, sea para
cumplir con Dios en descargo de mi conciencia ó
del cargo que me fué dado ; é asi agora, procediendo
con la reverencia que debo, fablaré primero del
Rey. Era persona de larga estatura y espeso en el
cuerpo, y de fuertes miembros ; tenía las manos
grandes y los dedos largos y recios ; el aspecto fe-
roz, casi á semejanza de león, cuyo acatamiento
ponía temor á los que miraba ; las narices romas é
muy llanas, no que así naciese, mas porque en su
niñez rescibió lision en ellas ; los ojos garzos é algo
DON ENRIQUE CUARTO.
esparcidos , encarnizados los parpados : donde po-
nía la vista , mucho le duraba el mirar ; la cabeza
grande y redonda ; la frente ancha; las cejas altas;
las sienes sumidas , las quixadas luengas y tendi-
das á la parte de ayuso ; los dientes espesos y tras-
pellados ; los cabellos rubios ; la barba luenga é po-
cas veces afeytada ; el tez de la cara entre rojo y
moreno ; las carnes muy blancas ; las piernas muy
luengasy bien entalladas ; los pies delicados. Era de
singular ingenio y de gran aparencia , pero bien ra-
zonado , honesto y mesurado en su habla ; placente-
ro con aquellos á quien se daba; holgábase mucho
con sus servidores y criados ; avia placer por darles
estado y ponerles en honra : jamas deshizo á ningu-
no que pusiese en prosperidad, Compañia de muy
pocos le placia ; toda conversación de gentes le da-
ba pena. A sus pueblos pocas veces se mostraba ;
huia de los negocios; despachábalos muy tarde. Era
muy enemigo de los escándalos ; acelerado é aman-
eado muy presto. De quien una vez se fiaba , sin
sospecha ninguna le daba mando é favor. El tono
de su voz dulce é muy proporcionado ; todo canto
triste le daba deleyte : preciábase de tener cantores,
y con ellos cantaba muchas veces. En los divinos of-
ficios mucho se deleytaba. Estaba siempre retraydo;
tañia dulcemente laúd ; sentía bien la perfección de
la música: los instrumentos de ella le placían. Era
gran cazador de todo linage de anímales y bestias
fieras ; su mayor deporte era andar por los mon-
tes, y en aquellos hacer edificios é sitios cercados
de diversas maneras de animales, é tenia con ellos
grandes gastos. Grande edificador de iglesias é mo-
nasterios, y dotador é sustentador de ellos: dábase
á los Religiosos ó á su conversación. Labraba ricas
moradas y fortalezas ; era señor de grandes tesoros,
amigo é allegador de aquellos, mas por fama quo
cobdicía. Fue grande su franqueza, tan alto su co-
razón , tan alegre para dar, tan liberal para lo cum-
plir, que de las mercedes hechas nunca se recorda-
ba , ni dexó de las hacer mientras estubo prospera-
do. En la guarda de su persona traía gran muche-
dumbre de gente, de guisa que su corte siempre se
mostró de mucha grandeza , y el estado real muy
poderoso. Los hijos de los Grandes, los generosos y
nobles , y los de menor estado , con las pagas de su
sueldo se sustubíeron en honra. Era lleno de mu-
cha clemencia , de la crueldad ageno, piadoso, á los
enfermos caritativo , y limosnero de secreto ; rey sin
ninguna ufanía , amigo de los humildes, desdeña-
dor de los altivos. Fué tan cortés , tan mensurado é
gracioso , que á ninguno hablando jamas decía de
tú, ni consintió que le besasen la mano. Hacía poca
estimado sí mesmo. Con los príncipes y reyes, y
con los muy poderosos era muy presuntuoso, Pres-
ciábase tanto de la sangre Real suya é de sus ante-
pasados, que aquella sola decía ser la mas excelei)te
que ninguna de los otros Reyes de Christianos. Fue
su vivir é vestir muy honesto, ropas de paños de
de lana del trage de aquellos sayos luengos, y ca-
puces é capas. Las insignias é cerimonias Reales
muy agenas fueron de su condición. Su comer mas
101
fué desorden que glotonía , por donde su complexión
en alguna manera se corrompió , é asi padecía mal
de la ijada, y á tiempo dolor de muelas ; nunca ja-
mas bebió vino. Tubo flaquezas humanas de hom-
bre, y como Rey magnamínídades de mucha gran-
deza. Era gran cabalgador de la gineta, y usábala
de contíno , tanto que los del Reyno á su exemplo
conformados dexaron la polecia de ser hombres de
armas. Tubo muchos servidores y criados, y de
aquellos hizo grandes señores ; pero los mas de ellos
le fueron ingratos , de tal guisa que sus dádivas y
mercedes no se vieron agradecidas , ni respondidas
con lealtad. E así fueron sus placeres pocos , los
enojos muchos, los cuidados grandes, y el descan-
so ninguno. Mas decíme agora, reyes de la tierra,
compañeros de la cobdicía, é amigos de la sober-
bia y padrastros de la humildad , cuya libertad es
captíverio, cuyo señorío es servidumbre , cuya gran-
deza congoja, cuyo poder persecución, ¿de quál
bienandanza vos podéis alabar, de quál prosperidad
presumir , que ni el retrete vos descansa , ni la ca-
ma reposa, ni el tesoro consuela, ni el dar basta? O
¿ de quál perfección mas digna queréis alcanzar re-
nombre , quando ni siendo señores tenéis libertad,
ni como poderosos la dais á ninguno? Baste pues
saber de vosotros que quanto mas grandes, mas
congojados, é quanto mas altos, mas sin descanso.
CAPÍTULO n.
Como rné jurado por Rey, y la fabla que hizoá los Grandes de las
Cortes, para soltar á los Condes que tenia presos.
La muerte natural , que á todos hace iguales,
aquella que á ninguno jamas perdona, é á los mas
poderosos priva del mando, y los quita el señorío,
trasportó del mundo, y agenó del estado al segun-
do Rey Don Juan en la villa de Valladolíd, por
cuyo fin los Grandes del Reyno, que allí se hallaron
á la sazón, alzaron por rey al Príncipe Don Enri-
que , su hijo primogénito. Donde hechas los obse-
quias funerarias de su padre en el monasterio de
Sant Pablo con aquella solemnidad que para tal acto
se requería , según la excelencia de tan alto Rey ;
dada la orden en las pías cabsas del alma, el nuevo
Rey queriendo manifestar su clemencia é la gran-
deza de su corazón , para dar buen exemplo de su
realeza , mandó llamar los Perlados , é Caballeros é
personas de estado que en la Corte estaban. Los
quales venidos delante su real presencia, con ale-
gre cara é gracioso semblante les díxo : «Suele al-
)) gunas veces el gran poderío mover á los que reynau
«antes á mal hacer que ábíen obrar ; y el absoluto
» señorío de reynar á los altos Príncipes , á usar mas
» del furor que de la graciosa mansedumbre. Por
» esto es necesario álos que en tal cumbre y tan alta
«suceden, si quieren mirar á la nobleza, y ser teui-
» dos por tales , que hayan de ser revestidos de cle-
» mencía é ceñidos de piedad. Ca el mando ó la po-
» tencia en la persona Real , el regir y gobernar en
»el virtuoso el Rey, solamente ha de ser para ha-
Bcerlo magnánimo, gracioso y benigno, olvidador
102 CRÓNICAS DE LOS
» de las injurias é galardonador de los servicios. De
«donde se sigue, que á los reyes es dado, é á ellos
»propriamente conviene ser agenados de la ira y
» apartados del rencor é muy despojados de toda
» enemistad. E por esto , considerando quanto mas
«segura es la piedad , que el rigor de la justicia, yo
» agora porque veáis que tan humano Rey quiero
«ser á los culpados, amoroso á los leales y amigo
»de los buenos, vencido de mi propia voluntad, y
» usando de aquella liberalidad que á los reyes de
» tan alta sangre como la mia pertenece , perdono á
«D. Fernán Dalvarez de Toledo, Conde de Alva,éá
«Don Diego Manrique, Conde de Treviño , que ten-
»go presos, y lie tenido de algunos tiempos acá: á
» los quales desde agora suelto é pongo en su liber-
B tad ; é mando que les sean tornadas sus tierras sin
«dilación alguna.» Oyda su habla, é vista la reale-
za de que asi usaba con aquellos Condes presos, que
mandaba soltar, todos los que presentes estaban,
con grande reverencia las rodillas en tierra, dixeron
que se lo tenian en mucha merced, besando sus rea-
les manos ; que bien páresela que esta era la reale-
za de su sangre , pues que el primero dia que rey-
naba, ansi les daba tan cumplidas señales de bien,
por las quales no solamente los obligaba para lo
amar y obedesccr, mas que les robaba los corazones
para le servir y acatar de alli adelante con mayor
reverencia. ¡O singular excelencia, la virtud del per-
dón , que donde quiera que mora , siempre roba los
corazones y gana las voluntades para mayor afición!
¡Bienaventurados los rey nos que de tales Reyes son
suf "-agáneos! que si el rigor de su poderío no se tem-
plase con la mansedumbre de perdón , ni los subdi-
tos osarían ser vasallos, ni los que sojuzgan la tier-
ra hallarían quien los sirviese. Asi que la clemencia
puebla los reynos , y los hace vivir contentos, y la
crueldad los disipa, y hace ser querellosos.
CAPÍTULO IIL
Como el Rey mandó llamar ü los servidores ó criados de su pa-
dre, é consolados graciosamente, les confirmó los oficios que
tenian.
E por la muerte del Rey sus servidores quedaron
muy afligidos , en tanto grado que hacian muy do-
lorosos llantos, sin que ninguno los pudiese conso-
lar. E como fuese notificado al Rey, mandó que fue-
sen llamados ; é venidos á su Cámara, con graciosa
begninidad les dixo : « No dudo que la muerte del
«Rey, mi Señor, que haya sancta gloria, os haya
«puesto grave dolor é tristeza, asi por la pérdida de
«su Real persona, con que estábades amparados é
«con favor defendidos, como porque podria ser que
» vos teméis é receláis de perder los oficios con que
«teniades cabida en su Casa Real , y segura sustcn-
« tacion de la vida. Mas porque de aquesta sospecha
« seáis seguros , é conozcáis que las tales novedades
«han de ser muy agenas de los reyes, mayormente
« de mi condición , y que si aquello se hiciese, parc-
«ceria mas crueldad que magnificencia, é mas po-
«quedad que realeza, quiero, é es mi determinada
REYES DE CASTILLA.
» voluntad, que todos quedéis en vuestros oficios,se-
« gun los teniades con el Rey mi Señor (que Dios
» haya) sin novedad alguna que en ellos se haga. Y
«aquesto por dos razones, la primera, porque sin-
« tais que si en él perdisteis señor, en mi tenéis se-
«fior é defensor; la segunda, para que con aquel
«mesmo amor é lealtad me sirváis queserviades ásu
«Señoría quando era vivo, é por ello merezcáis otras
» mayores gracias y mercedes. Por tanto , yo vos
«mando que desde agora cada uno de vosotros me
« sirva en el oficio que tenéis; é viváis alegres é con-
«tentos.» Los cuales oyda su habla, é la merced que
les hacia tan realmente , hecha su reverencia, salie-
ron dando gracias á Dios, porque en pos de tan no-
ble padre les sucedía tan excelente hijo, que ansi
los amparaba é recebia con amor.
CAPÍTULO IV.
Como el Rey dio medio entre los capellanes del Rey su padre é
los suyos, para que en conformidad todos lo sirviesen, y la
gratiücacion que los hizo.
Entre los capellanes del Rey Don Juan su padre
é los suyos hubo grande división é diferencia, ansi
en el servicio, como en los asentamientos déla Ca-
pilla , queriéndose preferir los unos á los otros ; so-
bre lo qual estaban en gran debate, diciendo que
pues algunos de ellos eran primeros en tiempo por
ser del Rey pasado, que deberían ser mejores en la
preeminencia , é precederles en el asentar. Los otros
respondían que ellos avian servido al Rey siendo
Príncipe, para quando sucediese en el Reyno ; é que
asi como primero sucedieron en los trabajos, era
justa cosa que venido á ser Rey, gozasen en el asen-
tamiento de la mesma prerogativa que ellos avian
gozado con su Rey de que vino á reynar ; é por esta
razón debian conseguir de hecho lo que por muchos
servicios tenian merescido. E como aquesto fuese
notificado al Rey, mandó que todos viniesen á su
Real cámara é presencia : donde todos venidos , les
dixo: «Si á vuestras porfías se diese lugar, sería
))cabsa de mayor enconveniente , ó cabsa de mas
»mal exeniplo dexaros perseverar. Mas por quitaros
»de contienda y dar medio entre vosotros, quiero
))que sepáis que yo no solamente sucedí en el esta-
))(lo, lugar é señorío del Rey mí Señor, que ponga
))Dios en su gloría, mas en todas las otras cosas
»de que su Real persona se servia, y entre aquellas
«en esta Capilla suya : por donde paresce que tam-
wbien los unos como los otros sois míos para servir-
))me. Por tanto cumple que todos de hoy mas seáis
«conformes sin contradicción alguna; ca de otra gui-
»sa yo no seria bien servido, ni vosotros haréis lo
))que debéis como buenos servidores. Pero por qui-
»tar el escándalo en que agora estáis, y escusar la
«enemistad que de aquí adelante se puede recrescer,
«quiero é mando que oí Capellán mayor del Rey mi
))Señor, y el mío, que por agora no sirvan, hasta que
))á alguno de ellos se do algún obispado en equíva-
»lencía de su oficio , y entretanto, que en lugar de
«ellos sirva Don Justo Alonso Chiríno, Abad de Al-
DON ENRIQUE CUARTO.
103
«cala. E asi mesmo mando que los oficiales junta-
» mente sirvan sus oficios en mucha conformidad, ó
»que los Capellanes sea sienten los mas antiguos so-
»bre los que después entraron é vinieron ; ca seria
» cosa vergonzosa que siendo del estado eclesiático,
)) donde ha de resplandecer el bien de la paz é sosie-
»go, oviese de nacer discordia y rancor en las vo-
»luntades.» Dada esta orden é medio entre ellos, que-
daron todos pacíficos y contentos, é servían con
mucho amor. E dende á pocos dias , como vacase el
Obispado de Cartagena , fue dado al Capellán ma-
yor del Rey Don Juan su padre , y el suyo tornó á
servir hasta tanto que le hicieron Obispo de Sego-
via. Visto aquesto , todos los otros capellanes é can-
tores fueron muy alegres , y desde aquella hora en
adelante con speranza de recebir mercedes trabaja-
ron de servir sin enojo ; por donde fueron sublima-
dos con granes dignidades , é no sin cabsa; porque
el Rey se deleytaba mucho en los Oficios divinales,
y así daba grandes rentas á los que le servían.
CAPÍTULO V.
Como hizo paz con el Rey de Navarra, su tio, 6 le compró los lu-
gares que tenia en Castilla, é perdonó al Almirante é á otros
caballeros, que estaban desterrados del Reyno, 6 les mandó
tornar lo suyo.
Después que así liberalmente, é con tanta gracio-
sidad ovo tratado sus subditos, acordóse como entre
el Rey Don Juan de gloriosa memoria su padre, y
el Rey de Navarra su tio avia sus grandes diferen-
cias , de que se siguieron batallas campales, guer-
ras, muertes, robos é prisiones tales, é tan crudas
é de tal forma, que muchos caballeros principales é
otras personas de menos condición se salieron hu-
yendo del Reyno , é quedaron despojados de sus es-
tados, no solamente por ser parciales de los enemi-
gos, pero porque á banderas desplegadas, pelearon
contra su Rey : de que asaz enemistad quedó arrai-
gada por grande tiempo de la una parte á la otra.
Pero él como rey humano, queriendo que la discor-
dia pasada fuese convertida en sus dias en amor, é
la guerra en mucha paz , é porque antes fuese ama-
do que temido , determinó aunque poderoso é sin
necesidad de aver menester á ninguno, por enxen-
plo de virtud de hacer amistad con su tio ; para lo
qual envió sus embaxadores , que fueron muy bien
recebidos por él. Y su embaxada contenia dos co-
sas : la primera, que para quitar todos los debates é
controversias pasadas, le vendiese las villas de
Atienza é de la Pefiaé de Alcázar que tenia en Cas-
tilla ; la segunda, que visto el deudo que entre ellos
estaba tan cercano, quería hacer con él perpetua
paz é confederación de firme amistad. Oyda su
habla, el Rey de Navarra respondió que de aquello
era muy contento, é le plascia de lo hacer; pero con
tal condición, que pues el Almirante Don Fadri-
que , é los hijos del Conde Castillo, é Juan de Tovar,
Señor de Berlanga , con otros caballeros se avian
perdido por él , é estaban no solamente desterrados
de Castilla , mas despojados de sus tierras , le plu-
guiese perdonarlos, é mandar restituir lo suyo, que
el Rey su padre le avía tomado. A lo qual respon-
dió el Rey que le plascia de lo así hacer , asi por
contemplación suya que gelo rogaba , como porque
sus naturales conosciesen quanto era contento de
los tratar, mas con beninidad , que con rigor, é ser
para ellos mas amigable rey , que duro señor. E así
concertada la cantidad que se avía de dar por las
villas , é pagada , las villas fueron entregadas, é
puestos en ellas alcaydes por el Rey. E luego veni-
dos dolante su Real presencia el Almirante Don Fa-
drique é los otros caballeros, que andaban dester-
rados, el Rey con alegre cara los recibió, é dixo al
almirante : «Tío, é vosotros Caballeros, ya sabéis
)) que los reyes reynan en lugar de Dios sobre la tier-
» ra ; é porque asi se representa su señorío divinal,
)) todos los subditos débenles fidelidad , lealtad, te-
» mor, reverencia y obediencia. De donde se sigue
»que los naturales han de ser obedientes, é no re-
«beldes, servidores, é no enemigos , é leales, é no
ntraydores; porque el resistir al poderío terrenal de
» los reyes , es resistir á Dios , que los pone en su
)) lugar, para que manden é señoreen. E pues ve-
))des agora la humanidad con que liberalmente vos
» perdono , y el amor con que vos rescibo , é como
«vos mando tornar todo lo vuestro , sin acordarme
» de vuestros hierros , catad que vos amonesto, que
«vos emendéis , é miréis por mi servicio mejor qne
»lo hicístes contra el Rey mi Señor, que Dios haya^
» porque tenga yo cargo de haceros mercedes, é por
«lo contrario no tornéis á ser peregrinos , é andar
» por tierras agenas.» Entonces el Almiranteen nom-
bre suyo é de los otros caballeros que con él venían,
respondió que besaban las manos á su Alteza, pro-
testaban de lo hacer así como su Real Señoría lo
mandaba. E tomada licencia, se fueron para sus
tierras, que les fueron entregadas.
CAPÍTULO VI.
Como el Rey envió embaxadores al Rey Don Alonso de Aragón,
que estaba en Ñapóles, é se conürmaron las paces entre Cas-
tilla c Aragón.
E luego que así ovo perdonado á estos caballeros,
é recobrado las villas que el Rey de Navarra tenía
en Castilla, para mayor cumplimiento de reposo,
acordó de enviar sus embaxadores al Rey Don Alon-
so de Aragón, su tio, que estaba en el Reyno de Ñá-
peles, donde con gran triunfo , é vítoría de sus ene-
migos reynaba pacíficamente , así para le notificar
el suceso de su próspero Real estado, porque le ama-
ba mas que á ninguno de sus hermanos é parientes
de su linage, é le tenía en grande acatamiento , co-
mo para confirmar las alianzas é paces, que estaban
entre Castilla é Aragón. Llegados aquestos embaja-
dores cerca de la cibdad de Ñápeles , notificada su
ida al Rey, mandó que les fuese hecho honrado re-
cibimiento, é que fuesen no solamente bien aposen-
tados, mas proveídos copiosamente de todas las co-
sas que hubiesen menester. E así recebidos con mu-
cha honra é tratados con mucho amor, después que
i 04
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
la negociación é capítulos de la paz fueron conclui-
dos entre los embajadores é los deputados por el
Rey de Aragón , estuvieron en gran diferencia de-
batiendo sobre que en la scriptura qual de los Re-
yes se pornia primero. E como de ello de amas par-
tes altercasen alegando sus razones , quales á cada
uno pertenecía en favor de su Rey, los embaxadores
de Castilla dixeron, que aquella contienda querían
que su Rey la determinase. Ante quien relatada la
controversia en que así estaban, respondió, que pues
él venía de la casa de Castilla , y el Rey Don Enri-
que su sobrino era el tronco de quien él y el linaje
Real de los Godos de España decendian, que le pla-
cía, é mandó que el Rey su sobrino le precediese , é
fuese primero puesto en las scripturas é capítulos
que se hiciesen. E dada la conclusión de todo ello,
ol Rey de Aragón queriendo mostrar el mucho
amor que con el Rey su sobrino tenía, é quanto
deseaba honrar á él é á sus cosas, ansí por ser el ma-
yor é principal del linaje, como porque era hijo de
la Reyna Doña María su hermana , á quien él mas
que á todos sus hermanos avia querido, convidados
estos embaxadores á comer, hízoles grande fiesta é
mandóles hacer muchas mercedes, con que despedi-
dos, se tornaron al Rey. E recontadas las noblezas
que el Rey Don Alonso su tio con ellos avia fecho,
é la forma con que los avia tratado, quedó mas afi-
cionado con él , é asi puestos sus Reynos en tanta
paz é sosiego, quanto nunca se vieron en tiempo de
su padre. Él quedó tan próspero, y obedecido, y aca-
tado y tan estimado por el mundo , que á todos sus
comarcanos hacía ser embidiosos, en tanto grado
que ninguno de los reyes sus antepasados se pudo
decir mas glorioso, ni con tal triunpho mundano, si
todavía quisiera la fortuna serle favorable. Pero con
todo, mientras que le fué parcial, muy mas próspe-
ramente subcedieron sus cosas, quel supiera deman-
dallas.
CAPÍTULO VII.
Qué personas-señaladas tuvo el Rey en su Consejo para
gobernar.
B porque siempre suele é debe aver cabe los Re-
yes personas señaladas, así para su secreto consejo,
como para la gobernascion de sus Reynos, conve-
nible cosa es que se digan quién fueron las princi-
pales personas que con aqueste Rey ovieron cabida,
é de quien confiaba las cosas de su consejo é de la
gobernascion. Tenía á Don Juan Pacheco , Marqués
de Villena, que quando mozo pequeño, fué paje de
Don Alvaro de Luna, Maestre de Santiago, Condes-
table de Castilla, é después que algún tiempo le sir-
vió, diólo al Rey quando era Príncipe. Salió tan dis-
creto é de tan buen seso é reposado , que para qual-
quiera debate , ó contradicción solia hallar muchos
medios. Daba en todas las cosas sanos expedientes,
en tal manera que su prudencia era mas provechosa
que de otro ninguno de quantos por entonces le ser-
vían. E así allegó á tener grande cabida con el
Príncipe antes que fuese Rey; por donde quedó con
grande amor con él, en tanto que por su solo saber
se gobernaba; por dó subió á ser Marqués de Ville-
na, é alcanzar rico casamiento. E quando el Rey vi-
no á reynar , como aquel se avia criado en su casa,
é le tenía por hombre de singular ingenio , quedóse
en aquella mesma cabida que primero tenía, de tal
guisa, que era el mas principal hombre de su Con-
sejo. Tenía así mesmo á Don Alonso de Fonseca, que
fué Capellán Mayor del Rey Don Juan su padre, é
desde alli subió á ser Obispo do Avila , é después
Arzobispo de Sevilla; é porque aqueste siempre fué
mas aficionado á él que á su padre, quiso que fuese
segundo con el Marqués do Villena para su servi-
cio. Pero aqueste , puesto que tenía viveza de in-
genio, faltábale gravedad é perfecta discreción pa-
ra gobernar; mas no por eso dexó de ser muy leal
al Rey. E ansí el Marqués con prudencia , y él con
lealtad é viveza de ingenio , rigieron é gobernaron
sabiamente, de tal guisa, que el Re}' por mucho
tiempo vivió descansado á su plascer sin que ad-
versidad le perturbase.
CAPÍTULO VIII.
Como el Rey hizo Cortes generales, é determinó liacer guerra
contra los moros.
Traídas todas las obediencias de las cibdades é
villas de su Reyno, é prestada la fidelidad de to-
dos los grandes, así perlados, como caballeros ; des-
que ya conoció quanto prósperamente sucedían las
cosas en sublimación de su estado Real, queriendo
manifestar su gran poder é grandeza, determinó de
hacer Cortes generales. E así llamados los tres Esta-
dos, é convenidos en la villa de Cuéllar ante su Real
presencia, les dixo : «Entre los varones romanos
» siempre fué la paz mas peligrosa que la guerra,
D porque con ella puestos en ociosidad, se dieron
» mas á los deleites que al exercicio de las armas,
Dy procurando sus particulares intereses, menos-
j> preciaron la fama , pospusieron el bien de la pa-
riría común, é perdieron el señorío universal del
» mundo, que como industriosos guerreros alcanza-
»ron é poseyeron. Mientras les tuvo la guerra fue-
» ron siempre virtuosos, señorearon la monarquía,
» vencieron sus enemigos, sostuvieron la república,
» multiplicaron el bien de ella, é quedaron renom-
5)brados. Pues si tales y tantos bienes suelen nascer
»de la guerra, justa cosa é muy necesaria es que
» nosotros los católicos como verdaderos christia-
» nos la queramos emprender , porque con ella des-
D echando los vicios é tomando las virtudes, destru-
»yamoslos enemigos que persiguen nuestra fe; pe-
«loemos céntralos moros que usurpan nuestra tier-
»ra, tomada por gran traición á aquellos que ge la
» dieron. Para lo qual tres cosas señaladas son que
»nos ayudan : la primera, que nos mueve justa can-
osa; la segunda, que tenemos clara justicia ; la ter-
»cera, que nuestro propósito es sancto, y el celo de
)) Dios nos guia, cuya causa es la que se hace. Asi
«que guerreando contra ellos, nosotros pelearemos
» por la verdad y ellos por la mentira ; nosotros por
DON ENRIQUE CUARTO.
105
5) glorificar á Dios, los otros por ofenderle. Pordon-
» de espero en la infinita bondad de nuestro Reden-
» tor que nos dará vencimiento de ellos tal, é de tal
» manera, que tornaremos con honra, é recobrare-
»rao8 lo que nuestros antepasados perdieron. Para
»lo qual quise mandaros llamar, porque con vues-
»tro acuerdo se haga, é dándome vuestro consejo,
» digáis vuestro parecer de lo que hacerse debe, pues
» aveisoydo mi determinada voluntad.» Acabada la
habla del Rey, aquellos señores é gentesque allí esta-
ban de los tres Estados quedaron tan contentos, que
loando su propósito, é aprobando bu deseo por cosa
muy sancta , rogaron á Don Iñigo López de Men-
doza, Marqués de Santillana, Conde del Real de
Manzanares, que en nombre de todos ellos é suyo
quisiese responder á su Alteza. El qual aceptando su
ruego, con mucha gravedad propuso, diciendo: « Bien
aparece sin duda, serenísimo Rey, quanto sea exce-
» lente la grandeza de vuestro real corazón, quando
«a^í ha querido el dia de hoy convidarnos para tan
» altos é señalados exercicios de bondad. Pero por-
»que délas cosas deliberadas é con discreción pro-
» veidas ningún an'epentimiento se atiende, con tan-
» ta reverencia como puedo , le suplico que quiera
» saber, y sepa, que para tan arduo negocio y seña-
» lada empresa, primero que se comience, antes que á
wlas manos vengamos , es necesario que con madu-
»ro seso se piense, é que con deliberado acuerdo se
1) haga ; porque adonde así se aventura la vida, don-
»de así se pone la honra, é donde peligro cuelga, no
» quiere razón , ni consiente que con liviandad sea.
» Pues así, Señor, se comience la guerra, é así la 11o-
» vemos delante sin pereza, que por ella alcancemos
»la Vitoria, destruyamos los enemigos, é merezca-
» mos ser conocidos. Para lo qual tres cosas son ne-
» cesarías, sin las quales sería imposible vencer. Pri-
«mera, franca liberalidad, como que se gana lahon-
«ra, é se trasdobla la fama, con que las gentes obe-
ft decen y se animan á servir. Segunda , que vuestra
«Real Magestad tenga continuo en su hueste pru-
» dentes capitanes é diligentes cabdillos, que sepan
«gobernar las batallas sin hacer jamas errada; ca
«la guerra é sus astucias son de tal calidad é de tal
«proporción compuestas, que luego dan la pena del
«error que se hiciere; que sean tan animosos, tan
» sufridos de miedo, con tal presunción de esf orza-
» dos, que se arreen de vencer, é jamas nunca huir;
«que se pre8cien,é se atrevan, mas en la fuerza de
8SUS manos, q^ie en la ligereza de sus pies. Terce-
»ra, que con mucha dulzura, con gran beninidad tra-
»te á las gentes que le fueren á servir , para que le
«tengan amor, é obedezcan su mandado ; ca la hu-
» manidad de los príncipes hace que los subditos su-
«fran muchos trabajos, é lesplega comportallos ; lo
«qual, muy esclarecido Rey, con la humildad que
«debo, protesto que sea dicho.» Estonces el Rey con
alegre gesto dixo : « Marqués, bien paresce que tales
» palabras sustanciosas ó discretas propiamente con-
» vienen para la lengua de tan buen caballero, gra-
«cioso en el hablar y esforzado en las armas : yo
«agradezco vuestro consejo, é lo apruebo por muy
» bueno, n E así fué allí determinado que la guerra
se comenzase en el año venidero , que se contaron
mil é quatrocientos é cinquenta é cinco años del
nascimiento de nuestro Salvador Jesu-Christo : de
que todos fueron muy contentos. E así tomada li-
cencia del Rey, Be tornaron á sus tierras para se pro-
veer de las cosas á la guerra necesarias.
CAPÍTULO IX;
Como el Rey dexó por Virreyes en Valladolid á Don Alonso Car-
rillo, Arzobispo de Toledo, é á Don Pedio Fernandez de Ve-
lasco, Conde de Haro.
Entre tanto que las cosas de la guerra se adere-
zaban, é se acercaba el tiempo de ir á los moros , el
Rey por sus cartas envió á llamar cá Don Alonso
Carrillo, Arzobispo de Toledo , é á Don Pedro Fer-
nandez de Velasco, Conde de Haro. E venidos á en
Corte les dixo: «Bien sabéis como yo determiné de
«guerrear céntralos moros, é porque ya se acerca el
«tiempo de ir á la tal guerra, quiero y es mi volun-
«tad que vosotros entramos quedéis en mi lugar por
«virreyes en Valladolid , para que en las cosas de
«la justicia dedes aquella orden y expediente que
«según Dios, é vuestras conciencias viéredes que
«conviene. Por manera, que los litigantes no ayan
« de ir en pos de mí, ca sería cosa grave para ellos,
» é á mí darían pena en avellos de oir. Por tanto yo
«vos encargo, que como varones prudentes y de
» conciencia administréis á todos igual justicia, é
» gobernéis según de vosotros confio ; y espero que
«haréis por manera que ningunas apelaciones ni
«querellas ayan de ir ante mí entre tanto que allá
nestubiere/ E mando al Presidente é Oidores de la
» Chancillería que se junten con vosotros, é vos obe-
« desean é acaten como á mi mesma persona.» Los
quales obedesciendo lo que su Rey les mandaba, to-
madas sus provisiones, é ávida su licencia, se par-
tieron para Valladolid , adonde estubieron residen-
tes hasta que el Rey volvió del Andalucía.
CAPÍTULO X.
Como el Rey se partió para el Andalucía, y los Grandes del Reyno
que fueron con él.
Venido el mes de Abril del año siguiente de su
reynado, que se contaron mil é quatrocientos é cin-
quenta é cinco años del nascimiento de nuestro Sal-
vador, en que la guerra se había de comenzar en el
Andalucía contra los moros, el Rey se partió para
Córdoba, donde los grandes del Reyno , é las otras
gentes , asi de á caballo como peones , se avian de
juntar. Los señores que alli vinieron, fueron los que
aqui serán nombrados. Del estado eclesiástico , Don
Alonso de Fonseca, Arzobispo de Sevilla, con otros
algunos perlados. Del estado militar, Don Fadrique
Enriquez, Almirante de Castilla, tío del Rey, Don
Juan de Guzman, Duque de Medina Sidonia y Con-
de de Niebla, Don Iñigo López de Mendoza, Mar-
qués de Santillana, Conde del Real de Manzanares,
con sus hijos ; Don Diego Hurtado, Don Pero Laso
106
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Don Iñigo López, Don Lorenzo Suarez, Don Juan
Pacheco, Marqués de Villena, Don Pero Girón, su
hermano. Maestre de Calatrava, Don Alvaro deEs-
tuñiga , Conde de Plazencia , Don Juan Pimentel,
Conde de Benavente , Don Fernand Alvarez de To-
ledo , Conde de Alva, Don Pedro Ponce de León,
Conde de Arcos, Don Juan de Luna, Conde de San-
tisteban, Don Enrique Enriquez, Conde de Alva de
Liste, Don Juan de Acuña, Conde de Valencia, Don
Pedro de Córdoba, Conde de Cabra, con su hijo el
Mariscal Don Diego de Córdoba, Don Garci Fer-
nandez Manrique, Conde de Castañeda, Don Ga-
briel Manrique, su hermano, Conde de Osorno é
Comendador Mayor de Castilla, Don Rodrigo Man-
rique, Conde de Paredes, Don Pedro, Señor de
Aguilar, Pedro do Mendoza, Señor de Almazan , y
otros caballeros de estado. Llevaba el Rey de las
gentes de sus guardas tres mil de á caballo , hom-
bres d'armas é ginetes : Alvaro de Mendoza , hijo de
Rui Diaz de Mendoza, Señor de Castro Xeriz, capi-
tán de mil é quinientos hombres d'armas ; Rui Diaz,
su hermano, capitán de quinientos ginetes ; Gonza-
lo Carrillo, capitán de quinientos ginetes; Rodrigo
de Marchena, capitán de quinientos ginetes ; Garcia
de Jaén, capitán de trescientos ginetes moriscos.
Demás, é allende de aquestos tres mil rocines ya
recontados, iban ducientos ginetes enjaezados, de
los hijos de los grandes é nobles, que solamente te-
nían al Rey por capitán , que de continuo aguarda-
ban su persona Real quando cabalgaba. Asi que
entre la gente del Rey é de los caballeros , serian
por todos catorce mil de á caballo y ochenta mil
peones. Juntados aquestos, y hecho el alarde, el Rey
partió con todo este exército poderosamente , é por
sus jornadas caminó fasta que llegó á la Vega de
Granada , adonde fué asentado su real. Y quando
quiera que los moros sallan á trabar escaramuzas, el
Rey no daba lugar que ninguno de su hueste salie-
se á ellos , antes mandaba á sus capitanes que ja-
mas consintiesen , ni diesen lugar á que se mezcla-
sen con los moros ninguno de los suyos , recelan-
do, como era la verdad, que los moros eran mas in-
dustriosos en aquello , é que saliendo á se mesclar
con ellos , avria mas muertes de christianos que de
moros. Ca su voluntad era solamente hacer la tala
por tres años, para ponellos en mucha hambreé
mengua de vetuallas, é luego poner su cerco y estar
sobre ellos hasta tomarlos. E asi fecha la tala muy
grande, mandó levantar su real , é salióse á la villa
de Alcaudete ; é por aquesto quedaron los caballe-
ros muy descontentos, en tanto grado, que algunos
ó los mas de ellos confederados de secreto con el
Maestre de Calatrava Don Pero Girón , acordaron
de prender al Rey. E asi dieron el cargo de lo exe-
cutar á Don Fernand Alvarez de Toledo, Conde de
Alva, é á Don Rodrigo Manrique, Conde de Pare-
des. E como de aquesto fuese sabidor Don Iñigo
López de Mendoza, hijo tercero del Marques de
Santillana , siij descubrir el caso de la traición al
Rey, le dixo el mesmo dia que le avian de venir á
prender, que le páresela que si su Alteza quisiese.
que seria muy bien partirse luego, é pasarse á dor-
mir á Córdoba, donde podria estar de mayor repo-
so. Vista la mucha gente que alli cargaba, siendo
el lugar pequeño , é porque Dios es guardador de
los reyes é el defensor de sus ungidos, púsolo en
voluntad que lo pusiese por obra é se partiese sin
ningún detenimiento , en tal manera, que quapdo
los condes fueron á executar su dañado propósito,
hallaron partido al Rey, é como se iba camino du
Córdoba; é asi quiso Dios librarlo, porque aquella
traición no se cumpliese. ¡ O falsa deslealtad de va-
sallos, feo pensamiento de subditos naturales, des-
honesta empresa de caballeros subditos, cruel atre-
vimiento de caballeros, que tal osadia atrevíades, é
presumíades emprender, para desdorar la nobleza
de vuestra sangre ! Decidme pues agora , indiscre-
tos varones, ¿quién defendiera vuestra limpieza,
quando vosotros la destruíais sin temor de haber in-
famia? ¿ quién sostuviera vuestra honra, quando
vosotros la denostábades, sin recelar vituperio?
Baste , pues , saber de vosotros que vos plascia per-
der lo que ninguno vos podia dar, é queríades aba-
tir lo que jamas recobraríades. Llegado el Rey á
Córdoba, porque la gente de la hueste venia fati-
gada, mandó que les pagasen todo el sueldo que les
era debido , é se fuesen á sus tierras con tanto que
estuviesen apercebidos para el año venidero. E asi
derramada la gente, después que el Rey reposó allí
algunos dias, fuéle descubierta la traycion que con-
tra él se avia ordenado. Y entonces él como católico
Rey dio muchas gracias á Dios, que le avia librado
de tan grand maldad. Pero ni por eso dexó el pro-
pósito de la guerra contra los Moros , antes deter-
minó de la hacer todavía con tanto que ninguno de
los grandes no fuese, salvo que cada uno enviase
cierta gente. Ávida esta consideración entre sí mes-
mo, partió para Madrid.
CAPÍTULO XI.
Como el Rey tornó á entrar en la Vega, é hizo la tala.
Llegado el Rey á Madrid , tuvo alli el invierno é
las fiestas de Navidad con mucho placer : donde los
montes é la caza era su mayor deporte, porque en
aquello era su contino pasatiempo. E venido el mes
de Abril, que era el tercero año de su reynado, man-
dó llamar sus gentes , é de cada uno de los grandes,
según su estado, ciertos hombres d'armas é gine-
tes. El Rey se partió para la Vega de Granada, é
llegado á la cibdad de Ecija, se partió dende víspe-
ra de sant Marcos, que fué á veinte é cinco dias deJ
mes de Abril de dicho año , y el Marques de Villena
con él , con trecientos de caballo. Y entró muy po-
derosamente en tierra de moros con propósito de es-
calar la villa de Archidona con algund ardid que
para ello tenia ; é anduvo todo el dia é la noche ; é
quando llegó, era cerca del sol salido; de manera
que no ovo lugar de facer lo que pensaba , é mandó
correr la tierra, y fizo el daño que pudo, é volvióse
á Ecija. E dende alli envió sus cartas á todos los
grandes del Reyno , mandándoles que cada uno le
enviase los dichos hombres d'armas y ginetes á la
cibdad de Córdoba para cierto dia, é que el que pu-
diese enviar quinientas lanzas enviase ciento , é por
este respecto todos los otros ; é que fuesen de hom-
bres umy escogidos , c pulidamente armados ó bien
cabalgados. Y en tanto que esta gente se juntaba,
acordó con consejo del Marques, é del Maestre, su
hermano, de tornar á entrar en tierra de moros, ó
partió postrimero de Abril con hasta ochocientos
hombres d'armas, é docientos ginetes. E vinieron á
él los pendones de las cibdades de Sevilla y Carme-
na y Xerez y Ecija y Jaén, que podian ser hasta
seis mil de caballo, y veinte mil peones; y puso el
primer real cerca de Lora ; y otro dia siguiente se
asentó en la Vega de Antequera, é de alli fué á ta-
lar los campos de Archidona, é los moros salieron
por defender la tala, é fueron resistidos, é por fuer-
za d'armas retraídos á la Villa. E otro dia , que fué
segundo de Mayo, continuó su camino para Mála-
ga, é asentó su real cerca de la villa de Alora, en
un vallo que es entre dos rios , é alli fueron presos
algunos moros é tomado el ganado que ende se ha-
lló, ó talados los panes. Dendo á dos dias fué á po-
ner su real á una legua de Málaga ; é otro dia man-
dó pasar el real media legua de la cibdad, donde
estuvo seis dias , en los cuales se fizo asaz daño en
panes é viñas. E se huvieron algunas escaramuzas
en que murieron mas moros que christianos, aunque
no fueron muchos; é se quemaron é robaron dos lu-
gares, que se llamaba el uno Pupiana, y el otro
Loubin, con una fortaleza asaz buena, y otro lu-
gar llamado Churriana con otra fortaleza bien fuer-
te. Ea los quales lugares vinieron algunos moros, é
alli vino el Rey Ciriza de Granada á facer reveren-
cia al Rey. E puesto que los caballeros mancebos
asi generosos, como hijos-dalgo é otras personas se-
ñaladas, iban ganosos de hacer algunas cosas haza-
ñosas, famosas do varones, por ganar honra é al-
canzar nombradla, segund la costumbre de la no-
bleza de España, quando los moros sallan á dar las
escaramuzas, jamas el Rey daba lugar á ello, por-
que como era piadoso, é no cruel, mas amigo de la
vida de los suyos, que derramador de su sangre, de-
cía que pues la vida de los hombres no tenia prés-
elo, ni avia equivalencia, que era muy grand yer-
ro consentir aventuralla, é que por eso no le pías-
ela que los suyos saliesen á las escaramuzas, ni se
diesen batalla, ni combates. E quanto quiera'que en
las talos entradas se gastaban grandes sumas de di-
neros, queria mas expender sus tesoros, dañando
los enemigos poco á poco, que ver muertes y es-
tragos de sus gentes. E asi hecha la tala, mandó
alzar el real , é salióse á la Cibdad de Córdoba, adon-
de venido, mandó pagar su sueldo á toda su gente
para que se fuesen á sus tierras, y que para el año
siguiente estuviesen apercebidos. E despedida toda
la gento, el Rey tornó á Madrid, é de Madrid á Se-
govia, donde reposó hasta que fué tiempo de hacer
la tala.
DON ENRIQUE CUARTO.
107
CAPITULO XIL
Como el Rey tornó ú entrar por la Vega , é lo que allí sucedió.
Venido el mes de Abril , que era el quarto año de
su reynado , convocadas las gentes de sus Reynos,
asi de á caballo, como peones, salvo los grandes,
que no quiso llevarlos, el Rey se fué para Córdoba,
é de alli entró poderosamente en la Vega de Grana-
da. Donde llegado, luego otro dia siguiente, como
los moros, segund su costumbre, saliesen á dar sus
escaramuzas , ciertos caballeros mancebos del real
con deseo de ganar honra, sin ser sentidos de los
capitanes, se desmandaron, é salieron á los moros.
Donde vuelta la escaramuza muy brava , fué muer-
to un caballero de la Orden de Santiago , que se lla-
maba Garcilaso de la Vega, varón de mucho esfuer-
zo é de grand merescimiento. El Rey fué muy pe-
sante, é se indignó de tal guisa, que luego mandó
hacer la tala muy crudamente, en tanto grado, que
no solamente los panes, pero muchas viñas é huer-
tas é olivares fueron destruydos. E desde alli fue-
ron sobre una villa que dicen Gimena, lugar muy
fuerte , el qual mandó combatir ; donde muchos no-
bles hijos-dalgo aprobaron tan bien, que la Villa
con la fortaleza tomaron por pura fuerza de armas.
Entonces el Rey de Granada, visto aquesto, temien-
do la furia del Rey, envióle sus embajadores, su-
plicándole quisiese tomar del algunas parias y tri-
butos en señal de vasallage, con tanto que luego
saliese con toda su hueste ; y como el Roy estaba
indignado por la muerte de Garcilaso, respondió
muy ásperamente. E al fin vencido de las suplica-
ciones quo los moros mensageros le hicieron do par-
te de su Rey, aceptó las treguas condicionalmente,
que cada año le diesen doce mil doblas feroces , é
seiscientos captivos christianos; é si faltasen chris-
tianos, que fuesen moros, puestos en Córdoba á cier-
to dia señalado. E asi concertados con estas condi-
ciones , y que la guerra contra ellos se quedase abier-
ta por la parte del Rey no de Jaén , fueron alli luego
traídas las parias de aquel año primero, y el Rey se
volvió á Córdoba, donde mandó despedir toda su
gente, y él se quedó alli por algún tiempo.
CAPÍTULO XIII.
Como el Rey determinó de casarse , y se casó con la Infanta Doña
Juana , hermana del Rey Don Alonso de Portugal.
Pasados algunos dias que reposó el Rey en la cib-
dad de Córdoba, mandó llamar los perlados é caba-
lleros de su Reyno que alli estaban ; é convenidos
en su palacio, les dixo: «Quanto sea cosa justa é
«debida que los reyes hayan de ser casados, las le-
»yes divinas é humanas lo disponen é lo mandan.
«Pues si aquesto es convenible entro todos los esta-
«dos, porque la generación dellinage humanal vaya
«de gentes en gentes, é los nombres de los padres
«revivan en los hijos, mucho mayor é mas necesa-
»rio é convenible cosa es en los estados Reales;
«porque quando en ellos falta la sucesión, crescen
108
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
«muchas divisiones, y hay grandes escándalos y tra-
«bajos; é los reynos donde tal acaesce son damnifi-
«cados con sobra de gran detrimento. E por esto, co-
»mo yo esté sin muger, según vedes, seria gran ra-
nzón de casarme, ansi por el bien de la generación
«quesubceda en'estos Reynos, quando Dios me qui-
Bsiere llevar, como porque mi Real estado con ma-
»yor abtoridad se represente. E pues ya vos he dc-
» clarado mi voluntad, quería saber vuestra detor-
»minacion, y el consejo que para esto me dais.»
Oyda su habla por los grandes que presentes esta-
ban, respondieron cada uno por su orden, que el
proposito é voluntad de su Alteza era justo é nece-
sario, é que les páresela que se debia luego poner
por obra; pero que le suplicaban les quisiese decir
con quien le agradaba, é seria cosa convenible que
su casamiento so contratase, é que entonces le sa-
brían decir mejor su parescer. Y el Rey les respon-
dió, que su deseo é gana era de se casar con la In-
fanta Dofía Juana de Portugal , hermana del Rey
Don Alonso de Portugal, porque do aquella sabía é
avia oydo ser muy señalada muger en gracias é en
hermosura. Los Grandes respondieron que aquello
aprobaban é avian por muy bueno, é que su voío
era que luego se enviasen sus erabaxadores á lo coi>
tratar.
CAPÍTULO XIV.
Como el Rey envió sus crabaxíclores al Rey Don Alonso ¡le Portu-
gal, para que le diese S la Infanta Doña Juana su hermana por
muger, y se concluyó el casamiento.
Ávido el consejo é acuerdo de los Grandes do la
Corte, el Rey envió por embaxador á Don Fernan-
do, su Capellán Mayor, al Rey de Portugal , que le
diese á la Infanta Doña Juana su hermana. E asi
rescibidas sus letras con la instrucción de la nego-
ciación é cabsa sobre que lo mandaban ir, el Cape-
llán Mayor se partió para el Rey de Portugal , don-
de fué muy bien rescebido é festejado , asi por el
Rey, como por los principales de su reyno. Donde
oyda su embaxada con que asi venia, muy alegre-
mente respondió que le placía, pero con tal condi-
ción, que el Rey hubiese de dar á la Infanta su her-
mana á Cibdad Real , é la villa de Olmedo, é ciertos
quontos de renta situados en dote y arras; é que
diese su palabra Real , que daría casamiento á cier-
tas damas que la Infanta su hermana llevaría con-
sigo quando se fuese á casar con el Rey. E consul-
tados con él , y ordenados los capítulos de ello , é
los firmó é juró, segund que en tales casos se acos-
tumbra á hacer. E asi cumplido, é acordado por am-
bas las partes, asignado asi rnesmo el tiempo que
avian de venir por ella, el Rey mandó á Don Juan
de Guzman , Duque de Medina Sidonia, que fuese
por ella á Badajoz, donde le seria entregada; y la
trnxcse cf n aquella solemnidad é honra, que para
muger de tan alto Roy pertenescia. E así el Duque
se partió muy acompañado de singulares caballeros
é nobles personas, é se fué á Badajoz, donde la
Reyna lo fué entregada. E asi rescebida, el Duque
la truxo, haciendo muchas fiestas en todos los lu-
gares en que se aposentaban , hasta que llegó á Cór-
doba. Sabida su venida , mandó el Rey que la fuese
fecho muy alto recibimiento, asi por los señores ó
grandes de su Corte, como por parte de la cibdad, é
con muchos entremeses é alegrías grandes entró en
la cibdad. E luego llegada, los desposorios fueron
celebrados por Don Alonso de Fonseca, Arzobispo
de Sevilla, é pasados tres días, se celebraron las
bodas. Ansi celebradas, el Rey se fué á Sevilla con
la Reyna, donde le fueron hechas muchas fiestas de
justas, é juegos de cañas, correr toros, é señalada-
mente un torneo de cien caballeros, ciuquenta de
cada parte, de que fueron capitanes el Duque de
Medina Sidouia é Don Juan Pacheco, Marques do
Villena; que fué cosa muy señalada de ver. Pasa-
dos algunos días después de aver reposado alli con
la Reyna, acordó de andar por su Reyno ; pero por-
que la frontera de los moros de la parte del Regno
no quedase á mal recabdo , mandó que Don García
Manrique, Conde de Castañeda, quedase en la cib-
dad de Jahen por capitán frontalero con dos mil lan-
zas. E asi puesto, el Rey se partió con la Reyna ó
toda su Corte para Madrid.
CAPÍTULO XV.
Como el Papa envió al Rey un sombrero y una espada , y (t*4«tBo
desbarataron los moros al Conde de Castañeda.
Venido el Rey á Madrid, estuvo alli grand tiempo
mucho á su placer, asi porque se holgaba con la
Reyna, como porque sus cosas sucedían próspera-
mente. E como la fama de su grandeza se publica-
se por todo el mundo con muy claro renombre , di-
ciendo que guerreaba contra los moros enemigos de
la sancta Fé católica, conquistando el reyno de Gra-
nada , era tenido en grande estima entre los princi-
pes christianos, mayormente por el Papa Calixto,
que entonces era Sumo Pontífice en la Iglesia Ro-
mana. El qual teniendo del muy alto concepto, é
viéndole por el mejor de todos los royes que enton-
ces reynaban en la christiandad, y porque el dolor de
la perdición de Costantinopla , que el Turco avia
tomado, estaba muy reciente en los corazones d»
todos, parecióle que él mas dignamente merescia
ser honrado por la Sede Apostólica, que ninguno
de los otros. E ansi bendixo el sombrero y el espa-
da, que la noche de Navidad á los maytines el Papa
pone en el altar quando celebra la Misa del gallo. E
acordósele de enviar con un mensagero , exortándo-
le por su Breve , que pues tan varonilmente se avia
en defensión de la Fé católica é aumento de ella,
quisiese continuar su santo propósito comenzado;
notificándole asi mesmo, que él, siguiendo su cami-
no , enviaba una grande armada contra el Turco
por el mar con el Cardenal Patriarca de Aquileya,
su Legado á latere, para que le hiciese cruda guer-
ra. El Rey con mucho amor rescibió el Breve y «íl
presente del Papa, é mandó hacer grandes merce-
des al mensagero. Pero como ningún gozo en esta
vida sea cumplido , ni tan lleno ni entero , que con
DON ENRIQUE CUARTO.
109
algun pesar no se mésele, acontesció que el Conde
de Castañeda, que avia dexado el Rey por capitán
frontalero contra los moros en Jahen , siendo mas
remiso que diligente, mas descuidado que astuto en
las cosas de la guerra, é mas escaso que franco para
la gente de su hueste, en tanto grado, que á todos
daba mal recabdo del cargo que asi tenia , lo fué en
tal manera , que los moros, vista su desorden y mal
procedimiento, armaron contra él una grande cela-
da secretamente de muchos caballeros é grande
peonaje , y echaron sus corredores que robasen el
campo. Y como esto fuese notificado al Conde, sa-
lió á resistir la cabalgada con poco tiento é menos
orden de su gente, de tal guisa, que sin se saber go-
bernar, ni mirar los engaños de la guerra que los
enemigos suelen armar, siguiendo contra los corre-
dores, dio en la celada, donde él fué preso, é su
gente destrozada, muchos feridos, muertos é capti-
vos, de tal son, que rescibió grandísimo daño ; asi
que podríamos decir aqui aquello del refrán viejo,
uno vale por mil, y mil no valen por uno. De este
destrozo el Rey fué muy pesante, no tanto por la
pérdida de su gente, quanto por la fama que de ello
sonaría por el mundo. Entonces el Roy envió luego
otro capitán , y mandó que del todo se concertase
paz con el Rey de Granada, con tanto que las parias
acostumbradas al tiempo limitado se pagasen, y fué
rescatado el Conde por grand suma de doblas. En
este medio tiempo fallesció Don Alonso de Carta-
gena, Obispo de Burgos, y fué dado el Obispado á
Don Luis de Acuña , Obispo de Segovia ; y el Obis-
pado de Segovia á Don Hernando, su Capellán ma-
yor del Rey, é la Capellanía mayor á Don Luis Da-
za, pariente del Marqués de Villena.
CAPÍTULO XVI.
Como proveyó el Rey ciertas dignidades, que estiban vacas, á sns
criados.
Acordábase al Rey que algunos Grandes de sus
Reynos se avian confederado , para lo prender ; lo
qual queriéndose remediar contra lo semejante,
para tener seguridad en su estado y estar con me-
nos recelo de lo tal, acordó de sublimar algunos de
BUS criados y hacerlos grandes hombres ; porque asi
fechos é puestos en estado , toviese servidores lea-
les, que mirasen por su servicio y osasen poner las
manos en quien lo desirviese. E como por entonces
estaban vacantes la Condestablia de Castilla, y el
Maestrazgo de Alcántara, y el Priorazgo de Sant
Juan, proveyó é dio el Maestrazgo de Alcántara á
Don Gómez de Cáceres, su Mayordomo mayor, é la
Mayordomia á Don Beltran de la Cueva, otro cria-
do suyo, que avia sido paje de lanza ; é la Condes-
tablia dio á Don Miguel Lucas Diranzo ; y el Prio-
razgo de Sant Juan á Don Juan de Valenzuela. E
asi fechos é puestos estos tres criados en grandeza
de señorío, parescióle que su estado Real estaba
mas crescido é con mayor seguridad. En este medio
tiempo fallesció Don Iñigo López de Mendoza,
Marqués de Santillana. Subcedió en el señorío Don
Diego Hurtado, su hijo mayor, él qual vino allí á
Madrid luego con sus hermanos el Obispo de Ca-
lahorra, Don Iñigo López, Don Lorenzo Suarez,
Don Juan y Don Hurtado á hacer reverencia al
Rey, para dar la obediencia é fidelidad acostumbra-
da. El Rey le confirmó su señorío con los títulos de
Marqués y Conde, que su padre tenia, é mandó que
Don Juan é Don Hurtado andubiesen continos en
su corte como otros hijos de Grandes estaban.
CAPÍTULO XVII.
Cómo Tino nueva que era muerto el Rey Don Alonso de Aragón.
La cibdad de Segovia é la villa de Madrid fue-
ron dos señalados lugares, donde el Rey mas se hol-
gaba, é mayor descanso para su reposo rescebia. E
no sin cabsa * porque como él en alguna manera
era retraído, avía allí bosques en que estaban gran-
des montes espesos, amigables á su inclinación y
calidad, en tal manera, que naturalmente se deley-
taba en andar por ello, y entremeterse en la caza de
los animales salvages, que alli nasciesen y anda-
ban , é aun porque asi mosmo los negocios de la
gobernación le daban pena, é eran muy ágenos do
su condición. Verdad es que ni por esto se dexaba
el regimiento del Reyno, ni el despacho de los li-
brantes ; ca dada la orden, y expidiente de las cosas
por los de su alto Consejo, el Rey firmaba las ¡jrovi-
siones que aquellos le enviaban. Tampoco se per-
día la administración déla Justicia; que siempre
se daba en ella tal orden , que la Corte estal)a en
muchapaz é sosiego ; los insultos castigados de tal
guisa, que ninguna violencia ni opresión se hacia.
E quando quiera que al Rey era necesario andar
por su Reyno á remediar é proveer en las cosas del,
no le páresela tener reposado asiento, salvo quando
estaba en algunos de estos lugares, señaladamente
lo mas del tiempo en Madrid, porque la comarca
suya era mas abundosa de vituallas é mantenimien-
tos para los cortesanos. Estando el Rey alli en Ma-
drid con grand contentamiento , no solamente por
la pujanza do su próspero estado, mas por las mu-
chas y diversas fiestas que los caballeros é nobles
de su Corte le hacían, asi por le servir , como por
cabsa de la Reyna su muger , que nuevamente era
venida, á cuyo respeto páresela que todos avian
gana de festejar, y de expender el tiempo en cosas
de placeres, según el estilo y costumbre de la Cor-
te ; llegó la nueva como el Rey Don Alonso su tío
era fallescido en la cibdad de Ñápeles , de que ovo
grand sentimiento ; ca lo amaba mucho, é tenia en
lugar de padre ; porque ala verdad era persona que
meresció ser querido de todos los grandes , y todas
las gentes, asi por sus muchas é señaladas virtudes,
como perlas grandes excelencias que hizo mientras
murió. E asi tomado luto por él, mandó que le fue-
sen fechas solemnes é ricas obsequias, segund que
á tan señalado Rey portenescia. Subcedió en su lu-
gar, porque no tuvo hijo legítimo, en los reynos de
Aragón el Rey Don Juan de Navarra, su hermano,
y en el reyno de Ñápeles Don Hernando , su hijo
lio
bastardo. A este contradixo el Papa Caliste, que-
riéndole privar de la subcesion del reyno, diciendo
que pues aquel Señorío era feudatario á la Iglesia,
á él como Sumo Pontífice pertenescia poner Rey é
confirmarlo; por donde padesció asaz trabajos, é
grandes persecuciones. Pero en ftqueste medio tiem-
po fálleselo el Papa Calisto, é subcedió el Papa Pió
Segundo, que favoreció á este Rey Don Hernando
por amor de las grandezas del Rey de gloriosa me-
moria su padre, é lo tornó á pacificar en el Reyno.
CAPÍTULO XVIII.
Como el Rey mandó prender á Juan de Luna, é le quitó el Seño-
río que tenia.
Algunos caballeros é grandes del Reyno por afi-
ciones siniestras de la paz que unos con otros te-
nían, estaban aliados para poner al Rey en necesi-
dad é acrescentar sus estados. Entre los quales era
uno Juan de Luna, sobrino de Don Alvaro de Luna,
Maestre de Santiago, é Condestable de Castilla, que
estaba poderoso en el Reyno , no tanto por anti-
güedad de su estado, quanto porque el Maestre su
tio le avia apoderado en algunas tenencias , así de
la cibdad de Soria, como de otras Villas que le avia
dado con singulares fortalezas, asi mesmo el Conda-
do de Sant Esteban, que estaba todo de su mano
después de la muerte del Conde Don Juan de Luna,
hijo del Maestre Don Alvaro de Luna ; é la hija he-
redera como tutor de ella y gobernador del Conda-
do. Y como el Marqués de Villena avia grand gana
de aver aquel señorío con las tres Villas del Infan-
tazgo pai-a Don Diego Pacheco su hijo mayor, y ca-
salle con aquella hija succesora y heredera de aquel
condado y señorío , ovo manera de indinar al Rey
contra este Juan de Luna, para que le prendiese,
diciendo, que pues aquel era parcial de los caballe-
ros deservidores de su alteza, é tenia usurpada la
fortaleza y cibdad de Soria, y el Condado con las
Villas del Infantado, que desde alli, si se rebelase,
podría hacer mucho daño. En tal manera, que el Rey
determinó de ponello en obra, diciéndole que le iba
á deportar por las tierras del Condado, y fuese para
Ayllon, donde Juan de Luna estaba; el qual con
mucho amor y ganosa voluntad le rescibió é fes-
tejó lo mejor que pudo. E después á la partida,
quando Juan de Luna salió con el Rey, el Marqués
de Villena tenia dado cargo aciertos criados suyos,
que vista su señal, que les avia de hacer, que le cer-
casen é prendiesen en el campo , junto con la per-
sona del Rey. E ansí salido Juan de Luna al campo,
y fecha la señal por el Marqués, aquellos que tenían
el cargo, le prendieron muy rigurosamente, é pre-
so, mandó el Rey que le llevasen á buen recabdo,
diciendo que le mandaría degollar, si luego no en-
tregase todas las fortalezas que tenia, asi de Soria,
como del Infantazgo , é del Condado é las suyas,
con la Condesa de Sant-Estevan, que estaba en su
poder. Entonces Juan de Luna, temiendo de morir,
mandó luego entregar todo quanto le fue pedido
por el Rey; é ansí entregado, el Rey puso sus al-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
caydes en todas las fortalezas. Pero dende á poco
tiempo fue entregado al Marqués todo lo que era
del Condado, con el Infantazgo y la Condesa ; don
de apoderado, hizo lo que adelante será contado por
la historia.
CAPÍTULO XIX.
Como Alonso Faxardo fué destruido por los males que hacia en el
reyno de Murcia contra los christianos en favor de los moros.
Alonso Faxardo fue un caballero de los mas prin-
cipales en el reyno de Murcia ; el qual por las tur-
baciones del Reyno, que fueron en tiempo del Rey
Don Juan, se avia apoderado de la cibdad de Car-
tagena, é de Lorca con otras fortalezas é lugares,
asi del Maestradgo de Santiago, como del Marque-
sado de Villena y de la Corona Real. Y como esta-
ba poderoso, hacia muchos males, unas veces me-
tiendo moros, que robaban la tierra , é captivaban
los christianos, é otras guerreando, é desipando
muchos lugares, que no se querían someter á su
mandado , porque eran sus vecinos é comarcanos.
Sabido que fué aquesto por el Rey, é visto como se
hacia grande ofensa á Dios, é deservicio suyo, asi
mesmo el Marqués de Villena, porque perseguía á
sus vasallos, le suplicó mandase castigar tan feos
insultos como aqueste caballero hacia. E luego el
Rey mandó á Gonzalo de Saavedra, un caballero de
su Consejo, prudente varón, para capitán, que fuese
luego sobre él, é le cercase con seiscientos caballos.
El qual fué, y dio tal orden en cercarle, é púsole en
tanto estrecho , que muy presto le tomó quanto te-
nia usurpado, é solamente se quedó escudero de
una lanza; empero teniéndolo en merced señalada,
porque el Rey no le mandaba degollar. Donde pá-
reselo que la mano poderosa de Dios le quiso cas-
tigar, asi por su vana' soberbia , como por la par-
cialidad que tenia con los moros en ofensa de la
Fé, é daño de la religión christiana. ¡ O quáato se
deben guardar los que tienen estado, de hacer mal,
y los que son poderosos, de tener presunción , y ser
desdeñosos! Porque ninguna cosa hay que tanto
desagrade á la divina voluntad, quanto el menos-
precio de los ultrajosos, y la soberbiado los alti-
vos : ca ni los unos quedan sin abatimiento , ni los
otros sin ser avergonzados.
CAPÍTULO XX.
De las cosas excelentes que el Rey hizo é dixo como Principe
magnánimo.
Altas cosas de mucha grandeza , é señalados di-
chos de magnánimo Príncipe tuvo el Rey en los
tiempos que prósperamente subcedieron sus cosas ;
porque mientras la fortuna le fué favorable y no
contraria, muy famosos hechos y señaladas obras
de grandeza fueron las suyas: por donde meresció
claro renombre entre los reyes de su tiempo. Y no
sin cabsa: ca traía de contino en la guarda de su
persona tres mil é seiscientas lanzas, hombres d'ar-
mas y ginetes, con muy singulares capitanes. An-
DON ENRIQUE CUARTO.
111
daban de contino en su Corte muchos nobles hijos
de grandes, é otras notables é generosas personas,
á quien no solamente mandaba pagar sueldo é acos-
tamiento , mas ayuda para su costa con otras mu-
chas mercedes : de tal forma que siempre andaban
lucidos, é tan caballerosamente ataviados, que bien
representaban quién ellos eran, é á quién servían.
E como sus realezas é magnificencias fuesen mu-
chas é señaladas de contino, acaesció un dia que
Diego Arias su Contador mayor é Tesorero, que-
riendo pagar sueldo á todas estas gentes, le dixo :
«Ciertamente Vuestra Alteza tiene mil escesivos
» gastos é sin provecho ; porque sin dubda manda
» dar de comer á muchas gentes, que no le sirven,
»ni lo merecen, é seria bien que se diese otra forma,
»y es que solamente sean pagados los que sirven , é
i)no los que son sin provecho. » A lo qual el Rey
como magnánimo Príncipe y liberal, respondió :
» Vos habláis como Diego Arias, é yo tengo de obrar
«como Rey, en quien como en espejo todos se han
»de mirar é tomar doctrina ; porque sabida cosa es
» que con los enxemplos del Rey se conforman los
» del reyno. Asi que si bien consideramos la dignidad
»Real, y como Dios la hizo para señorar en el mundo
«por el bien universal de todos, no son nascidos los
«Reyes para procurar sus propios intereses, ni para
«hacer lo que solo á ellos cumple , mas que aprove-
fjchen á todos, é quieran la utilidad de los muchos;
» ca de otra guisa mas se podria llamar tiranía que
«realeza, é mas codicia desordenada, que señal de
«bondad. Porque los buenos Reyes ansi han de ser
«amigos de sus subditos, é parciales de la franqueza,
» que no á si mesmos, mas que á todos ayuden y se ale-
«gren quando dieren. Y pues no es magnanimidad
« dar y perder, salvo perder y dar, quiero é mando que
«dedes de comer, á unos porque me sirvan, ó á otros
«porque no hurten y mueran desonrados. Tampoco
«me place que para esto mis pueblos sean despecha-
«dos, ni tampoco les pongan nuevos tributos, pues
«que por la gracia de Dios queme lo dio, tengo rentas
«y tesoros para ello grandes.» De alli adelante fué
muy amado de los buenos, y temido de los malos y
servido de los suyos, pero en lo secreto mal querido
de los Grandes; porque todos los hijos-dalgo y gente
común dexaba de vivir con ellos , por ir á servir al
Rey, que les hacia muchas mercedes. Andaba por
su Reyno muy poderoso ; todos los suyos ricos , con-
tentos y ganosos de su servicio; la justicia bien ad-
ministrada en su Consejo, donde se oian las cabsas
de la Corte ; y la Chancilleria , donde pendían los
pleytos, tenia Perlados Presidentes, Letrados famo-
sos de conciencia, donde se descubría la verdad , y
por ninguna cosa se tercia la justicia. Para la puni-
ción de los malhechores avia prudentes alcaldes, que
executaban sus delitos ; y ansi andando por sus ciu-
dades y villas, vino á la villa de Arévalo, donde se
descubrió una grand falsedad de un secretario suyo
que se llamaba Pero de Tiedra, que él y otras per-
sonas falseaban la firma del Rey é de los otros Ofi-
ciales, y vendían las cartas en grandes sumas de di-
neros, los quales fueron justiciados públicamente.
CAPITULO XXI.
Como el Rey fué á la cibdad de León y de lo que alli hizo.
Partió el Rey de la villa de Arévalo, y fué á la
cibdad de León, donde fué rescibido con gran so-
lemnidad; pero porque el Rey era poco amigo de
las cirimonias Reales, y jamas queria que fuesen
hechas en grande aparato, mandaba que á la Reyna
se hiciesen; y ansí era ella rescibida con palio y
con las otras insignias que á los Reyes pertenes-
cen, porque con aquello se abtorizaba lo que él avia
menospreciado. Luego que allí fué llegado á León,
fuéle dada querella de ciertos hijos-dalgo que por
traycion avian tomado una fortaleza de un caba-
llero en el reyno de Galicia, y se la tenían por fuer-
za con favor de algunos enemigos suyos; y como
aquello fuese caso aleve, mandó á cierta gente de
sus guardas con un capitán, que fuesen sobre ellos
y se los trugesen presos. Asi tomada la fortaleza,
fueron traídos á la cárcel ; de los quales mandó el
Rey hacer justicia, diciendo que pues todas las for-
talezas de su Reyno estaban so la guarda y amparo
de su Real persona, y á él primero se juraban los
oraenajes que los alcaydes hacían por ellas, que
aquellos escuderos en hurtar tales fortalezas avian
cometido traycion y en quebrantar su seguro; y
mandaba que fuesen degollados. Así fueron públi-
camente justiciados, y el caballero querelloso resti-
tuido en su fortaleza; lo qual páreselo cosa muy
bien hecha, y digna de gran loor; porque mientras
el Rey hacia tales justicias como aquestas, reynó
pacíficamente con mucho amor de sus pueblos. Ca
sabida cosa es que mientras los Reyes se trabajan
por ensalzar la justicia, y con sana voluntad la ad-
ministran sin usar de crueldad. Dios pelea por ellos,
y los hace vivir prósperos sin contradicción algu-
na; ca escrito es: pelea por la justicia, y Dios pe-
leará por tí contra todos tus enemigos. Pasados al-
gunos días después que el Rey estuvo en León, se
partió de allí para la villa de Escalona.
CAPÍTULO XXIL
Como el- Re; fué á la villa de Escalona, y de lo que allí hizo.
La villa de Escalona fué del Maestre Don Alva-
ro de Luna, donde labró una singular fortaleza con
muchos é ricos aposentamientos, grandes é visto-
sos. Y por ser tal ó señalada casa, é asi mesmo la
tierra suya fértil y deleytosa, acordó el Rey de irse
allí á tener las fiestas de Navidad con la Reyna é
con toda su Corte; donde estuvo mucho á su con-
tento, así por verse no solamente próspero, mas
acompañado de muy notables personas, así perla-
dos, como caballeros é otras gentes de abtoridad ó
merescimiento. Estuvo allí mucho á su reposo, é
como se deleytaba en los oficios divinales, traya
señalados varones en su Capilla, así capellanes do
grande aotoridad, como cantores de dulces voces,
que de contino le desoían sus Oras cantadas. Estos
eran en tanta cantidad, que ningún emperador por
112
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
monarcHa que fuese, podría traer mas abtorizada
Capilla : con que sin duda resplandescia la grande-
za de 8U Real estado. Verdad es, que por la mayor
parte, unos eran generosos é otros letrados de gran-
de merescimiento; é como fuesen tales, de contino
los sublimaba, á unos para obispos, y á otros en
grandes dignidades é rentas; por manera que se
animaban á le hacer agradables servicios sin enojo.
E no solamente aquesto, mas siempre les mandaba
hacer mercedes é socorros para sus gastos; de gui-
sa, que con aquestos vivían tan ricos como con la
renta que la Iglesia les daba. En este mesmo tiem-
po subcedió que como el Papa Pió segundo fuese
asumpto en el Papazgo, llamó todos los príncipes
christianos para la dieta que hizo en Mantua. Donde
convenido con sus cardenales quiso primero resce-
bír las obediencias de todos los Reyes, para notifi-
carles después la cabsa de su. llamamiento. E como
ansí fuesen embaxadores de cada reyno, el Rey en-
vió por su embaxador á Don Iñigo López, hijo ter-
cero de Don Iñigo López de Mendoza, Marqués de
Santillana, caballero prudente y gracioso, segund
que para tal embaxada convenia. Y concedidas las
peticiones que cada uno de los embaxadores avia
menester para su Rey, el Papa declaró como quería
ir en persona contra el Turco, enemigo guerreador
de la Christiandad, rogando á todos los Reyes, que
para esto le quisiesen dar 'favor é ayuda. E así des-
pedidos los embaxadores, para que aquesta cabsa
de tanta importancia consultasen con sus Reyes,
Don Iñigo López de Mendoza suplicó á su Santidcd
le quisiese conceder un Jubileo para una herraita
de la advocación de Santa Ana, que él tenia en una
villa suya que se decia Tendilla; porque la quería
hacer Monasterio de devotos Religiosos. Entonces
el Papa considerando la calidad de tan generoso
caballero, y la grandeza del Rey que le avia envia-
do, liberalmente se lo quiso conceder, con tanto
que los que visitasen aquella Iglesia, desde las pri-
meras vísperas de la vigilia, fasta las segundas del
día de Santa Ana, y diesen cada dos reales, que ga-
nasen todos los perdones y plenarías indulgencias,
que ganan los que van á -Jerusalen, y á Roma é á
Santiago. Publicada esta indulgencia por todas las
Españas, vinieron asaz gentíos; y de lo que ansí se
ofresció, Don Iñigo López hizo allí un singular
Monasterio de la Observancia del señor San Geró-
nimo, que agora se llama Santa Ana de Tendilla.
Dotólo en alguna manera muy bien, y hizo allí su
enterramiento; pero después Don Iñigo López, y el
Arzobispo de Sevilla su hijo, le ennobleció mucho
mejor. Publicado el propósito del Papa, é notificado
á los reyes christianos, dio indulgencias plenarias
con infinitos é grandes perdones para todos aque-
llos, que á su costa por un año le fuesen á servir é
ayudar en la Santa Cruzada contra el Turco enemi-
go de Jesu-Christo, perseguidor de la religión chris-
tiana; para lo qual se movieron infinitas gentes de
diversas naciones, de muchas partes. Entretanto
que estos gentioa se iban allegando, el Papa mandó
hacer una armada grande de muchos é diversos
navios, para entrar por mar, é pasar contra al Tur-
co á Costantinopla, donde estaba muy poderoso. E
así adereszadas todas las cosas que para su viaje
eran nescesarias, é juntas las gentes, el Papa se
partió de Roma con todo el Colegio de sus Carde-
nales muy poderosamente, y con todos los otros
Perlados de la Corte, y se fué camino de Ancona,
para embarcar allí. Dondo llegado, le tomó el mal
de la muerte de que fallesció; por donde fallesció
la justa guerra comenzada y las gentes se fueron
para sus tierras; é los Cardenales se tornaron á Ro-
ma, y entrados en su conclave eligieron el Papa
Paulo Segundo. Pasado algunos dias que el Rey
reposó en Escalona acordó de ir á Madrid.
CAPÍTULO XXIII.
Cómo el Rey se faé á Madrid, y las cosas que allí subcedieron.
El Rey con toda su Corte se fué á la villa de Ma-
drid, donde vido concurrían siempre muchas gentes
de todas partes, así de mayores estados, como de
menor condición, tanto por ver la grandeza de su
potencia, quanto por negociar lo que avian menes-
ter. E como las cosas de sus estados subcedian
prósperamente, la mayor parte del tiempo se distri-
buía en justas, convites, galas, juegos de cañas y
correr toros, de tal guisa, que á los cortesanos esto
les era su mayor deporte. Entonces el Arzobispo de
Sevilla Don Alonso de Fonseca una noche hizo sala
al Rey é á la Reyna con todas sus damas; é después
que muy espléndidamente uvieron cenado, en lugar
de la colación mandó sacar dos platos con muchos
anillos de oro, en cada uno diversas piedras pre-
ciosas engastadas, para que la Reyna é sus damas
tomasen el anillo con la piedra, que mas les agra-
dase. E quanto quiera que la Reyna era la mas
hermosa del Reyno, é tenía singulares mugeres
desenvueltas é palancíanas que le pertenescian para
estado de Reyna, entre aquellas avia una que se
llamaba Dofiía Guiomar, que era de singular presen-
cia, y hermoso parecer, y agraciada; con la qual el
Rey tomó pendencia de amores, de que se le siguió
asaz honra y provecho. Verdad es que ella con el
favor tomó alguna presunción , mas que la razón
queria, en tal guisa que hacia muy poco acatamien-
to á la Reyna, de donde subcedió, que vista su poca
mesura, la Reyna puso las manos en ella ayrada-
mente, de que el Rey uvo grande enojo. E así man-
dóla apartar de la compañía de la Reyna, é que se
aposentase dos leguas de la Corte. Pero dióla esta-
do de gran señora, y gente de abtoridad que la sir-
viese é acompañase; é iba el Rey muchas veces á
la ver, é holgar con ella. De aquesta Doña Guiomar
era el Arzobispo de Sevilla muy parcial, y el Mar-
qués de Villena de la Reyna, de tal guisa que cada
uno honraba su parcialidad.
DON ENRIQUE CUARTO.
113
CAPITULO XXIV.
De un embaxador que vino del Duque de Bretaña, y de las gran-
des flestas é mercedes que el Rey le mandó hacer.
Estando el Rey asi muy acompañado de los
Grandes de su Reyno é de los otros nobles, que con
tal triunfo honraban su Corte, el Duque de Bretaña
le envió una embaxada con un principal caballero
de su casa, en que le pedia su confederación é
alianza; de que el Rey fué muy contento, y le re-
cibió graciosamente. Entretanto que se daba con-
clusión en la demanda que traia, mandó que fuese
hecha gran fiesta; 6 porque mejor se mostrase la
pujanza de su grande estado, quiso que se hiciese
en una casa suya de bosque, que se dice el Pardo,
lugar muy deleytoso y dispuesto, así por la espe-
sura de los montes que al rededor avia, como por
los muchos animales que dentro del sitio estaban,
que es á dos leguas de Madrid. Allí fué aderezada
la fiesta muy ricamente, así de atavíos de casa,
como de grandes aparadores, en que había mas de
veinte mil marcos dorados. Aquí mostró el Rey una
gran nobleza de real magnanimidad; que como
viese que dos escuderos en ávito é demostración de
abtoridad llegaron disimuladamente á los aparado-
res y hurtaron ciertas piezas de plata, fingiendo
que no los veía, les dexó abarcar su hurto y llevar-
lo; é quando los reposteros hallaron mftnos la pla-
ta, y se lo notificaron, respondió: «los ladrones eran
«personas que lo avian menester, y pues que lo hi-
»cieron con necesidad, mas vale que se atreviesen
»á lo mió que de otro ninguno; yo les hago merced
»dello: por ello no curéis de buscallo.» La fiesta duró
quatro dias: el primero se hizo una fiesta de justa de
veinte caballeros, diez de cada parte, todos con muy
ricos paramentos y atavíos; iba precio de una pieza
de brocado, y otras dos de terciopelo carmesí para
los que mejor lo hiciesen. El segundo dia corrieron
todos á caballo, é después un juego de cañas, en
que avia cient caballeros, cincuenta por cincuenta,
los mas principales nobles y hijos de grandes que
avia en la Corte, todos con jaeces dorados y gran-
des atavíos de sus personas. El tercero dia fué una
señalada montería donde se mataron muchos é di-
versos animales bravos é peligrosos, así á caballo
como á pié. Para estas fiestas hizo el Rey muchas
mercedes de dineros, brocados, sedas, paños é sin-
gulares enforros de martas, armiños, grises y veros,
no solamente á la Reyna, é á sus damas é á los
principales de su Corte, mas á sus criados é servi-
dores é á los otros nobles caballeros que la seguían.
El quarto dia fué como el Rey tenía entonce por su
mayordomo un caballero que se llamaba Beltran
de la Cueva, antiguo hidalgo de los mas generosos
de Úbeda, persona muy acepta á él, tanto que nin-
guno de los privados pasados hasta allí tuvo tan
grande privanza, ni tanta parte en la voluntad del
Rey como él solo; é no sin cabsa: que ciertamente
avia en él tantas partes de bondad, que le hacían
merecedor de toda bondad y prosperidad é bien
Cr.— III.
andanza que le vino. Era grande servidor é sin
enojo para el Rey, y magnífico en sus cosas, cortés
é gracioso con todos; hacia liberalmente por los que
á él se encomendaban. Era grande gastador, f este-
jeador é gran honrador de los buenos; gran cabal-
gador de la gineta, gran montero é cazador, costo-
so en los atavíos de su persona, franco é dadivoso.
E como ya oviese alcanzado estado de grand señor
é corazón para ello, acordó que para la torna del
Rey y de la Reyna é Embaxador con los otros seño-
res á Madrid, se hiciese un Paso en el medio del
camino cerca de la villa en aquesta guisa. Estaba
puesta una tela barreada en derredor, de madera
con sus puertas, por donde avian de entrar los que
venían del Pardo; en cuya guarda estaban ciertos
salvajes que no consentían entrar á los caballeros é
gentiles hombres que llevasen damas de la rienda,
sin que prometiesen de hacer con él seis carreras, é
si no quisiesen justar, que dexasen el guante dere-
cho. Estaba junto, cabe la tela, un arco de madera
bien entallado, donde avia muchas letras de oro
muy bien obradas, é avia tal postura, que cada ca-
ballero que quebrase tres lanzas, iba al arco é to-
maba una letra en que comenzase el nombre de su
amiga. Avia así mesmo fechos tres cadahalsos al-
tos, uno para que comiesen é mirasen el Rey, y la
Reyna con sus damas, y el Embaxador; otro para
los grandes señores; é otro para los jueces de la
Justicia. La comida que se dio á todos fué muy
suntuosa, en grandísima abundancia é con mucha
orden, sin desconcierto ninguno. Duró esta fiesta
desde la mañana hasta la noche, que se retruxo el
Rey con la Reyna á sus Palacios. Y como aquel
Paso fué cosa señalada, queriendo el Rey honrar su
Mayordomo é favorecer su fiesta, mandó allí hacer
un Monasterio de la Orden de Sant Gerónymo,
que se llama agora Sant Gerónymo del Paso, Aca-
badas las fiestas, y el Embaxador tratado con tanta
honra, dada conclusión en su embaxada, el Rey le
mandó hacer grandes mercedes de caballos, muías,
plata, dineros y piezas de brocado y de seda; con
que se partió muy contento loando la grandeza de
su estado.
CAPÍTULO XXV.
Como el Rey tomó la cibdad de Guadalaxara, y echó fuera de ella
al Marqués de Santillana é á sus hermanos.
Don Diego Hurtado de Mendoza, Marqués de
Santillana, tenia la cibdad de Guadalaxara, donde
estaba muy apoderado, asi de la fortaleza é puer-
tas, como de los oficios de ella, que toda estaba en
su poder segund que sus antepasados le avian te-
nido , en tal manera , que parescia estar mas cierto
é seguro que los otros Grandes del Reyno , asi por
el asentamiento é morada que en lugar tan señalado
tenia, como por la pujanza é grandeza de su esta-
do. Hallábase asi mesmo próspero con cinco her-
manos, un Obispo, é quatro Caballeros, todos prós-
peros é bien afortunados. Mas como las bienandan-
zas del mundo tarde ó nunca se hallan sin aver ad-
114 CRÓNICAS DE LOS
versidad que las combata , ni sin envidia que las
malsigne,ni sin maldicientes que las revuelvan por-
que el poderío temporal jamás está en su ser, ni
vive sin adversarios ; acaesció que teniendo él por
Alcayde de la fortaleza un hidalgo , criado antiguo
de BU casa, que se llamaba Alonso de Gaona, mo-
vido con propósito más de dañar á su Señor, que no
hacer lo que debia, é mas con gana de intereses que
de servir á su Rey, trató muy secretamente que le
daria entrada en la cibdad por la fortaleza que él
tenia, y que asi podrian prender al Marqués é á sus
hermanos , é apoderarse de su cibdad ; lo qual el
Rey aceptó de buen grado, porque estaba descon-
tento del á cabsa de la confederación que tenia con
Don Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo , y otros
Grandes del Reyno en deservicio suyo. E fecho el
concierto , é asignado el dia en que él les daria la
entrada, el Rey envió al Comendador Juan Fernan-
dez Galindo, un caballero de los mas leales de su
Consejo, con seiscientos rocines ; el qual disimula-
damente partió sin que fuese sentido á donde iba,
é llegó á media noche por la parte de la fortaleza ;
y allí llegado , el Alcayde le dio entrada por la for-
taleza , por la puerta de Bramante. Entonces Juan
Fernande^í con toda la gente que llevaba cercó la
casa del Marqués; el qual como se vido cercado, te-
mió ser preso ; asi mesmo el Obispo de Calahorra,
su hermano , que allí estaba con él. Y estando asi el
Comendador Juan Fernandez Galindo, llamó al
Marqués que se parase á una ventana, y parado le
dixo: «Señor Marqués, el Rey nuestro Señor vos
» manda que le dexeis su cibdad , é vos vais á vues-
« tra tierra.» El Marqués le respondió : «Comenda-
» dor, ¿seremos seguros yo, y mis hermanos de pri-
» sion? El le dixo ; «señor, si ; pero cumple que lue-
ngo vos y ellos partáis é salgades de la cibdad. » Y
asi el Marqués y el Obispo con los otros sus herma-
nos que allí estaban con él é sus hijos, se salieron é
se fueron á mas andar á la villa de Hita ; y dende
á pocos dias el Rey y la Reyna con toda su Corte se
vinieron á Guadalaxara , donde estuvo de reposo
algún tiempo. E luego como alli fue venido, man-
ió á Alonso de Gaona , que le dexase la fortaleza,
donde puso por Alcayde á Diego de Sepúlveda. E
mandó luego hacer una barrera en derredot con
una caba ; é dexó alli por Asistente al mariscal Her-
nando do Ribadeneyra con gente para guarda de la
cibdad ; é partióse para Segovia.
CAPÍTULO XXVI.
Como el Rey llegó á Segovia, y se partió luego para Valladolid,
é lo que ailf sucedió.
E después que el Rey uvo reposado algunos dias
en Segovia, yendo al plascer de sus montes ó de sus
bosques , partióse para Valladolid muy poderosa-
mente , asi porque llevaba consigo á la Reyna y al-
gunos grandes del Reyno, como por la gente de
BUS guardas que era mucha é de señalados hombres.
Alli fué rescobida la Reyna con grande solemnidad,
porque entonces entraba nuevamente después que
REYES DE CASTILLA.
era casada. Estando alli gobernando su Reyno con
mucha justicia, f uéle notificado como el Rey Don
Juan de Aragón se habia confederado con el Almi-
rante Don Fadrique su suegro, é con Don Alonso
Carrillo, Arzobispo de Toledo, é con el Maestre
Don Pedro Girón, é con todos los Manriques y con
otros caballeros algunos, para lo deservir y dañar.
E asi mesmo porque su dañado propósito se pudie-
se mejor executar, el Rey de Aragón tenia fecha
cierta alianza con el Rey Don Alonso de Portugal,
y quería que una hermana suya casase con el Prín-
cipe Don Carlos, su hijo. B como aqueste trato fue-
se descubierto á Don Alonso de Fonseca , Arzobispo
de Sevilla , primero que á ninguno, usando de mu-
cha lealtad como fiel Consejero, lo hizo saber al
Rey secretamente, para que lo remediase. Entonces
el Rey envió al Obispo de Cibdad Rodrigo, é á Die-
go de Rivera con cierta embaxada al Rey de Ara-
gón , para que disimuladamente tratasen con el
Príncipe Don Carlos, como no casase con la Infan-
ta de Portugal, é que le daria la Infanta Doña Isa-
bel su hermana para su muger. Y como aquello era
lo que el Principe Don Carlos deseaba , é le cum-
plía á cabsa de la enemistad que el Rey Don Juan
su padre le tenia por respecto del Almirante, é por-
que con el favor de la casa de Castilla estaría mas
seguro é con mayor favor, aceptó lo que el Rey que-
ría, é denegó el casamiento de Portugal. E asi de-
negado, la Infanta de Portugal se metió luego mon-
ja ; por donde el concierto fecho contra el Rey pá-
reselo quedar vano. Durante aquestos tratos que
ansi pendían , el Rey en alguna manera tomó sos-
pecha contra el Marqués de Villena , diciendo que,
pues su hermano el Maestre de Calatrava era en la
liga é confederación de sus enemigos , no podía ser
sin su acuerdo é consentimiento , é por aquesto
deliberó de prenderlo. E como aquestas cosas po-
cas veces se pueden tener secretas, señaladamente
donde hay diversas aficiones, el Marqués de Vi-
llena fué avisado , é por algunos días dexó de ir
á Palacio, disciendo, que se sentía mal dispues-
to, é poniendo su persona á buen recabdo. Y en-
tre tanto dio forma de reconciliarse con el Rey,
de manera, que tornó á su privanza, tanto, y
mas que de primero , é no solamente aquesto, pero
muy cautelosamente rodeó con el Maestre de Cala-
trava se apartase de la confederación del Rey de
Aragón é de los otros caballeros que eran con él , é
se tornase á servicio del Rey. Lo que asi fecho, el
Rey por gratificarle hízole merced de la villa de
Morón, que era una principal encomienda del Maes-
tradgo de Alcántara. E porque de alli era Comen-
dador Diego de Belmonte , criado suyo , envióle á
descir que la dexase para el Maestre de Calatrava ;
el qual rehusó de la dar. Entonces el Rey le mandó
prender, hasta que la dexó é le fué dada equivalen-
cia por ella. E dio asi mesmo el Rey al Maestre de
Calatrava, á Fuente Ovejuna, que era el lugar mas
grande que avía en tierra de Córdoba , é de alli
quedó mucho á su servicio. Pero como el Marqués
de Villena sospechó que á cabsa del Arzobispo de
DON ENRIQUE CUARTO.
115
Sevilla el Rey le liabia querido prender, quedó en
la voluntad muy enemigo suyo, é no menos el Maes-
tre de Calatrava, su hermano , con propósito de le
echar fuera de la gobernación é del Censejo, segund
que adelante será relatado. E como por entonces el
Arzobispo de Sevilla estaba muy conjunto con el
amor del Rey, y vacase el Arzobispado de Santia-
go, el Rey se le dio para Alonso de Fonseca su so-
brino, que era Dean de Sevilla. El reyno de Galicia
estaba á la sazón alterado, á cabsa de Don Luis Oso-
rio, hijo del Conde de Trastamara, que estaba en-
truso en el Arzobispado ; y grande parte de aquella
provincia era con él. Por manera que paresció cosa
dificultosa al sobrino poderlo aver, y por esto el
tio quiso que proveyesen al sobrino del Arzobispa-
do de Sevilla, y á él el de Santiago, por donde muy
mejor se pudiese aver la posesión del Arzobispado,
y echar fuera el intruso ; pero con tal condición,
entre tio y sobrino , que pacificado lo de Santiago,
tornasen á destrocar los Arzobispados : en la qual
provisión subcediólo que adelante se dirá. Después
que el Rey uve estado asaz de tiempo en Vallado-
lid, acordó su partida para Segovia. Estando allí,
adolesció el Arzobispo Don Alonso de Fonseca, y en
andas le llevaron á bu villa de Coca , donde estuvo
hasta que fué sano é tornó á la Corte.
CAPÍTULO XXVII.
Coran el Rey de Aragón prendió al Principe Don Carlos su hijo
por inducimiento del Almirante Don Fadrique, é de lo que snb-
cedió de aquella prisión.
El Almirante Don Fadrique Enríquez fué nieto
del Maestre Don Fadrique , hermano de un vientre
del Rey Don Enrique el segundo, hijos del Rey Don
Alonso, el que ganó á Algezira. E quanto quiera
que fué de sangre real , aunque de bastardía , era
presuntuoso, é quería ser de todos muy acatado é
tenido en grande reverencia. Presciábase de ha-
cer por sus parientes, tanto porque le siguiesen,
como por les hacer mercedes. Era caballero bulli-
cioso, y si como venia de sangre real, se presciára
de ser pacífico, y viviera en sosiego sin escándalos,
no se viera en los trabajos que se vio , é menguas
que padesció, ni anduviera peregrino ni avergon-
zado por tierras agenas en algunos tiempos como es-
tuvo. Fué padre de la noble Reyna Doña Juana,
muger del Rey Don Juan de Aragón , en quien sin
duda moraba gran perfección é muchas virtudes.
Era muy amiga de castidad y limpieza, abrigo de
la bondad, reparo de la nobleza, en tanto grado,
que mas se pudo llamar madre de las excelencias
mundanas , que hija de hombre humano. Aqueste
Almirante siempre tuvo secreta enemiga contra el
Príncipe Don Carlos, hijo del Rey Don Juan de Ara-
gón , después que su hija casó con el padre ; en tan-
to que por toda vía trabajó en poner discordia é mal
querencia entre padre é hijo. Qual fué la cabsa de
ello, ligeramente se podrá juzgar en el seso de los
prudentes. Ansí el Príncipe Don Carlos sintiendo
su propósito é siniestra voluntad con que le trataba,
un dia se descomedió á le descir feas y descomedi-
das palabras, de donde se quedó la enemistad ar-
raigada entre ellos. Como asi estuviesen las volun-
tades dañadas el uno contra el otro , después que el
AkrJrante vio que era descubierto lo que ansí esta-
ba concertado entre él y los otros caballeros confe-
derados, é como no podía sortir efecto, envió se-
cretamente un caballero de su casa, que se llamaba
Juan Camilo , al Rey de Aragón é á la Reyna su
hija , notificándoles como el Príncipe Don Carlos
se avia confederado con el Rey para ser contra
ellos, é daba orden como fuesen danificados é des-
truidos, en tal manera, que indignada la voluntad
del padre contra el hijo, rodeó como el Príncipe f ue-
83 preso en la cibdad de Lérida ; de que todos los
tres estados del Principadgo de Cataluña sentidos,
é aviéndolo por muy grande mal, se levantaron
contra el Rey de Aragón, disciendo que por su man-
dado , é sobre su real fe ellos avian dado seguridad,
é sido fiadores del Príncipe Don Carlos su hijo, para
que seguramente pudiese venir á él sin temor é sin
rescelo de prisión é muerte , é que sobre aquesta se-
guridad , que ansí ellos avian dado al Principe , se
avia venido á él como hijo de obediencia, ganoso
de servir é acatar á su padre ; y pues él , no guar-
dando lo que como Rey había jurado é prometido,
tan rotamente les avia quebrantado su palabra real,
y mandado prender á su hijo injustamente , le su-
plicaban é requerían una é muchas veces le manda-
se soltar, é se lo diese libremente sano y esento ;
donde no, que á ellos era necesario, é les convenia
forzadamente buscar como libertasen su Príncipe,
seyendo como era legítimo subcesor, para reynar
después de sus días en aquellos reynos é señoríos. E
quanto quiera que todos ellos insistieron con él que
ge lo diesen, siempre el Rey traía dilaciones, dán-
doles palabras sin efecto. Entonces ellos, ávido su
acuerdo, determinaron de se poner en armas ; pero
entretanto que aquesto se ponía por obra, acorda-
ron de enviar sus mensageros al Rey, notificándole
la prisión del Príncipe, suplicándole les quisiese so-
correr con favor é con gente.
CAPÍTULO XXVIII.
De como llegado el Rey á Madrid, supo la prisión del Príncipe por
los embaladores de Cataluña, y envió gente para ayudarlos has-
ta que fuese suelto; y lo que subcedió eu el Andalucía contra
los moros.
El año que se contaron mil é quatrocientos é se-
senta y dos años del Nascimiento de nuestro Salva-
don Jesu Christo, se partió el Rey de Valladolid, y
se fué para Segovia, donde estuvo muy poco, y
luego se pasó á Madrid. Y estando allí, le llegó la
mensagería délos Catalanes, notificándole la pri-
sión del Príncipe Don Carlos , como el Rey Don
Juan de Aragón le avia prendido á cabsa de la con-
federación é amistad que con su Alteza había fecho,
porque tenia acebtado el casamiento de la Infanta
Doña Isabel su hermana, y dexado el de la Infanta
de Portugal. Sabido aquesto , el Rey envió al Co-
mendador Gonzalo de Saavedra con mil c quiuien-
116
tos rocines en favor é ayuda de los Catalanes, é
mandóle que si el Key de Aragón no soltase luego
al Príncipe , que le hiciese guerra por el reyno de
Aragón muy crudamente. El Comendador, allegada
la gente que con él avia de ir, se partió é entró por
el reyno de Aragón fasta la frontera de Cataluña;
por cuya llegada los Catalanes se esforzaron mucho
contra el Rey Don Juan , diciéndole como le con-
venia soltar al Principe su hijo luego, é dárselo sano
é vivo. Entonces el Rey de Aragón , visto el favor
y ayuda que el Rey les hacia, y el atrevimiento de
los Catalanes, que con tanta osadía le hablaban,
fuéle necesario soltar al hijo contra todo su grado ;
de tal guisa , que por no se enclinar á las rogarías
é suplicaciones de sus subditos , lo que primero pu-
diera hacer á su honra, uvolo de hacer por fuerza,
sin que le fuese agradescido. ¡O quánto es excelen-
te virtud en los Príncipes ser convencidos de rue-
go , é jamás vendicativos! Nunca experimentar su
poder , ni probar su gran pujanza ; porque la resis-
tencia no los ofenda, ni la contradicción los traiga
á mengua ; ca solo el poderío de Dios es aquel que
sin resistencia alguna puede quanto quiere , y quie-
re quanto puede. Ansi que fuera mejor á este Rey
de Aragón oír el clamor de sus vasallos, é amansar
su saña ; que usar de voluntad, para verse en tal
afrenta. Páresela mas honroso aver piedad de su
propia carne, que ser carcelero de lo que engendra-
ron sus lomos ; fuera mas justa cosa escuchar á sus
vasallos, que creer los adversarios y enemigos de su
hijo. Entregado el Príncipe á los Catalanes, muy
triunf antemente, con grande honra é grande alegría,
le llevaron á Barcelona; é ansi libertado, el Comen-
dador Gonzalo de Saavedra con su gente se volvió
al Rey. E como todas sus cosas subcedian próspe-
ramente , y se hacían mucho mejor que él quería,
acaesció que el Infante Muley Bulhacem con dos
mil é quinientos rocines, é diez mil peones salió de
la casa de Granada para hacer cavalgada en tierra
de christianos , é vino á correr la villa de Estepa,
donde robó mucho ganado, é mató é cautivó muchas
ánimas de los que andaban por el campo. E como
la nueva de este rebato vino de Marchena á Don
Rodrigo Ponce de León , hijo mayor del Conde de
Arcos , salió de presto con ciento de caballo, é fue-
se camino de Estepa. E como llegó cerca de Osuna
donde era Alcayde Don Luis de Pernia , salióle á
rescebir ; é como allí se certificaron de la entrada de
los moros , tomó otros ciento de á caballo, é juntos
se fueron para socorrer á Estepa. E como así cami-
nasen de grande priesa, supieron el gran daño é ro-
bo que los moros avian fecho allí en Estepa, y como
llevaban gruesa cavalgada é algunos captivos. En-
tonces Don Rodrigo é Luis de Pernia como caballe-
ros animosos, animaron su gente , que seria hasta
ducientos é sesenta de á caballo , é seiscientos peo-
nes , que se vinieron juntando con ellos de los luga-
res por do pasaban , de tal guisa que les pusieron
gana de pelear. Yendo asi ordenadamente recogidos
por tan señalados capitanes , llegaron á Peña- rubia,
é allí alcanzaron la rezaga de los mo¡ros, donde ma-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
taron algunos de ellos. Pero ni por eso los christia-
nos se desordenaron , antes con mucho tiento iban
siguiendo el rastro de los moros ; y llegando al rio
de las Yeguas, vieron subir los Moros por la ladera
de la atalaya, que se dice de Madroñal. Luego que
los moros vieron á los christianos , apartaron hasta
dos mil é trecientos de á caballo, los mejores arma-
dos é de mayor esfuerzo que entre ellos avia, y en-
viaron toda la otra gente, asi de á caballo como do
peones, con la cavalgada ; y enviados, se hicieron
tres batallas. Y quanto quiera que los christianos,
vista la muchedumbre de los moros, desmayaban,
Don Rodrigo é Luis de Pernia los pusieron tanto
esfuerzo, que los hicieron cobrar nuevo corazón é
osadía para pelear; é asi desplegada la bandera de
Don Rodrigo Ponce, mandó tocar sus trompetas , é
con mucho denuedo se fueron duscientos é sesenta
de á caballo, é seiscientos peones á dar en los mo-
ros, donde la batalla fué tan reñida de ambas par-
tes por una gran pieza, que ninguna ventaja ni me-
joría se mostraba de los unos á los otros ; pero al
fin los christianos volvieron sobre la mano derecha,
hiríendo tan de recio á los moros , que los desbara-
taron , é hicieron fuir del campo á rienda suelta sin
resistencia ninguna. Y non solamente aqueste des-
trozo, mas un capitán moro con trecientos rocines
se avía arredrado, para dar en las espaldas, é los
christianos dieron en él tan de recio, que lo desba-
rataron é hicieron ir huyendo en pos de las otras ba-
tallas. Entonces Don liodrígo Ponce é Luis de Per-
nia mandaron tocar las trompetas para recoger su
gente , y recogida , hallaron que de los suyos que-
daban muertos treinta de á caballo, é ciento é cin-
cuenta peones , é de los moros infieles mil é quatro-
cientos, sin los que llevaron presos. Ávida la victo-
ria de los moros, infieles enemigos , aquella noche
se fueron á reposar á la Fuente de piedra, de la que
otro día vinieron por la matanza, para acabar de
recoger el despojo de los vencidos; é allí vieron como
el ganado que los moros llevaban se volvía, á cab-
sa de lo aver desamparado por huir. Fueron toma-
das en aquella batalla las banderas é atabales é aña-
files del Infante Albuhacem con otros instrumentos
suyos ; é asi mesmo grand despojo , que fué allí re-
partido entre todos. Sabida esta nueva de tan gran-
de é señalada victoria , el Rey mandó hacer gran-
des procesiones é alegrías en su Corte. Estuvo allí
en Madrid asaz tiempo , é fué acordado que pasase
los puertos.
CAPÍTULO XXIX.
Como el Rey se partió de Madrid, é pasados los puertos, fué á la
villa de Sepülveda; é vinieron á su servicio el Marqués de San-
tillana y el Obispo su hermano.
Después que el Príncipe Don Carlos fué liberta-
do de la prisión , el Rey acordó de se partir de Ma-
drid y pasar los puertos ; el qual se fué á Segovia, ó
luego de allí se fué á la villa de Sepúlveda, donde
reposó algunos días. Entonces el Marqués de San-
tillana y el Obispo de Calahorra bu hermano por bus
DON ENRIQUE CUARTO.
117
mcnsageros notificaron al Rey como ellos querían
ser suyos é venir á su servicio. Oida su embaxada,
el Rey aceptó su ofrecimiento y obediencia; y para
dar medio y conclusión en lo que asi proferían,
mandó al Marqués de Villena é al Arzobispo de Se-
villa que saliesen á verse con ellos, para que se die-
se asiento en lo que convenia para su servicio. Las
vistas fueron fentre Buitrago é Sepúlveda ; donde,
convenidos , fué concertado que el Rey le mandase
volver al Marqués á Guadal axara con todo el man-
do é preeminencia que en ella tenia ; pero que el
Obispo de Calahorra uviese contino de estar en la
Corte ; y que el Marqués de Santillana enviase á su
hijo Don Juan en rehenes á la Corte condicional-
mente, que no saliese de ella sin licencia y expreso
mandado del Rey. E asi desde en adelante el Mar-
qués y el Obispo y los otros sus hermanos fueron
siempre firmes é muy constantes é leales servidores
del Roy. Dada conclusión, é firmada esta concor-
dia, el Rey se partió de Sepúlveda para Aranda.
CAPÍTULO XXX.
Como el Rey se fué á la villa de Aranda, y de las cosas que allí
se hicieron, é subcedieron en el Rcyno.
Partióse el Rey do Sepúlveda, y fuese á aposentar
á la villa de Aranda, donde reposó gran tiempo con
mucha tranquilidad é sosiego de sus Reynos , é sin
adversidad alguna, que á la pujanza de su estado
pusiese perturbación, teniéndose por muy servido
de los dos principales señores que traiaen su conse-
jo, el Arzobispo de Sevilla y el Marqués de Ville-
na , los quales por mucho tiempo parescieron estar
conformes, si todavía les durara. Mas como las co-
sas mundanas nunca están en un ser, antes de con-
tino se mudan étrastuecan, unas veces levantando,
otras veces trastornando, señaladamente aquellos
que mas cercanos se hallan de la sombra é favor de
los reyes, los quales suelen ser combatidos de las
furiosas adversidades é subversión tempestuosa de
la fortuna ; así fué, que este Arzobispo de Sevilla,
siendo muy enteramente del Rey fiel consejero ó
vasallo , celador de la honra é real estado de su se-
ñor, haciendo lo que debia, no respondió el tiempo
con lo que la razón demandaba, antes al contrario,
que el Marqués de Villena, Don Juan Pacheco, so
especie de buen servidor , teniendo pendencias en
diversas partes mas siniestras que convenibles al
servicio del Rey, con sus modos astutos, antes fun-
dados sobre intereses que llenos de leal consejo,
siempre rodeó como los leales fuesen arredrados del
costado del Rey , y los que tales no eran acogidos,
según que sus obras lo mostraron é fueron testigos
de ello. E así acordándose como el Rey lo quiso
prenderen Valladolid, creyendo que á cabsa dei
Arzobispo de Sevilla fuese , ansí mesmo veyendo
que en alguna manera le contradecía algunas cosas
de las que él proponía en el Consejo delante del
Rey, señaladamente en las de la gobernación, pensó
de lo expeler y echar fuera del Consejo y apartar
de cabe el Rey, en tal manera, que mostrándose muy
parcial de este Arzobispo de Sevilla , queriendo lo
que él quería, y que era lo 'mejor, especialmeote
contra el Rey de Aragón, dixo : que el Rey en todo
caso debia de ir á guerrear al reyno de Navarra, así
para damnificar al Rey Don Juan de Aragón, como
para ayudar é favorecer al Príncipe Don Carlos, que
tanto era suyo, é por seguir su partido le avia pren-
dido el padre. E que para esta guerra Don Pedro
Girón su hermano, Maestre de Calatrava, vernia con
gruesa gente á lo servir. E así mesmo, porque el
Arzobispo de Toledo y el Almirante Don Fadrique
Enriquez estaban juntos en Yepes, y se creia que
querían ayudar al Rey de Aragón, y mostrarse por
él, que le páresela debia enviar algún caballero que
tratase con ellos, para los traer á su servicio. E vis-
to que en tierra de Campos avía muchos caballeros
poderosos, de quien podría nascer algún escándalo
por su ausencia de la entrada en Navarra, que sería
bien enviar á Valladolid persona principal por vir-
rey, para tenellos en paz é sosiego. Ávido este con-
sejo por muy bueno , según que entre el Rey y el
Marqués estaba de secreto acordado , el Rey deter-
minó que venido el Maestre de Calatrava con la
gente, el Marqués fuese á negociar con el Arzobis-
po de Toledo y con el Almirante que viniesen á su
servicio, y el Arzobispo de Sevilla quedase por vir-
rey en Valladolid ; y tomada esta deliberación , el
Rey envió luego á llamar al Maestre de Calatrava.
En aqueste medio tiempo subcedió que el Obispo de
Palencia Don Pedro de Castilla, subiendo á ver una
labor que en su casa se hacía, cayó de las escaleras
abaxo, é murió ; é fué dado el Obispado á Don Gu-
tierre de la Cueva, hermano de Beltran de la Cueva,
Mayordomo del Rey. Estando allí la Reyna se hizo
preñada, de que el Rey fué muy alegre. El Maestre
do Calatrava obedesció el mandado del Rey, é vino
con dos mil é quinientos rocines de gente muy lu-
cida é ataviada ; de que el Rey se tuvo por muy
bien servido por su venida. E así acordada su parti-
da, mandó que el Marqués de Villena fuese á Oca-
fia, para tratar con el Arzobispo y con el Almiran-
te, í)orque deOcaña á Yepes avia dos leguas; y el
Arzobispo de Sevilla fuese á Valladolid ; y la Rey-
na por su preñez se quedase en Aranda. Y luego el
Rey se partió muy poderosamente así con la gente
de sus guardas, como con la que Don Pedro Girón
traía ; llamando así mesmo á los perlados é caballe-
ros de aquellas comarcas, que con sus gentes lo vi-
niesen á servir: é así se fué para la cibdad de Lo-
groño.
CAPÍTULO XXXI.
De como el Rey fué á Logroño, y de lo que allí se hizo contra el
Rey de Navarra , é los lugares que se ganaron.
Luego que el Rey fué llegado á la cibdad de Lo-
groño , los que estaban en la guardia temieron ser
cercados, é que rescibirian mucho daño, é acordaron
darse al Rey. E así hecho su trato, qual entendían
que les cumplía, obedecieron su mandado, é le en-
tregaron la fortaleza é las puertas de la villa ; é pu-
118
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
so el Rey allí por alcayde á Rodrigo de Mendoza.
Diéronse así mesmo los Arcos, Sant Vicente é otros
lugares pequeños de enderredor. E luego que estos
1 ligares fueron tomados, é puestos alcaydes en ellos,
acordó de poner cerco sobre Viana ; é así dio el car-
go á Gonzalo de Saavedra, Comendador, capitán
muy prudente , é astuto en las cosas de la guerra,
sabio é discreto para gobernar grandes exércitos de
gentes , persona de grande confianza en lo que el
Rey se naba del para la guerra. E si tal fuera des-
pués en el fin quales fueron sus comienzos en ser-
vicio del Rey, quedara sin dubda su fama mas lim-
pia que non la dexó. Dentro de Viana estaba por ca-
pitán Mosen Fierres de Peralta, Condestable de Na-
varra ; el qual se defendió muy bien por algunos
días; pero los daños que le Lacian con las lombar-
das, quartadgos y tiros de ingenio fueron tantos, é
de tal manera, que por sobra de los males que así
rescibia , sin se poder defender ni amparar , vino á
demandar por partido que le diese seguridad de
muerte é prisión para él é los suyos , é que le dexa-
ria la villa. Dado el seguro por el Rey , é firmado é
sellado, se salió por una puerta cubierto de luto con
todos los suyos ; é luego entró la gente del Maestre
de Calatrava, é se apoderó de la villa. E así apode-
rado, alzaron luego pendones por el Rey, é fué allí
puesto por alcayde Mendoza el Prestamero. Entre
tanto que la guerra se hacía contra Navarra, el Prín-
cipe Don Carlos envió al Rey por embajador un ca-
ballero catalán, que se descia Mosen Juan Trayllas,
así para concluir é capitular su casamiento con la
Infanta Doña Isabel, su hermana del Rey, como por
verla é llevar nuevas de ella al Príncipe. De aques-
to fué el Rey muy contento, é fecha la capitulación
é concluida , mandó al Obispo de Astorga , que lo
\levase á la villa de Arévalo donde la Infanta esta-
ba, é se la hiciese ver y hablar ; de cuya vista é pre-
sencia el embaxador fué muy contento, é se fué pa-
ra el Príncipe. Tomada Viana , el Rey acordó de ir
en persona á poner cerco sobre la villa de Lerin,
donde estuvo por espacio de diez dias. E como era
lugar enrocado é muy fuerte, no se pudo poner allí
cerco sin gran peligro, mayormente que no se podia
batir ni bombardear ; é por eso mandó el Rey levan-
tar el cerco , é tornóse á Logroño, donde llegado,
mandó derramar su gente. En este comedio vino allí
Don Pedro González de Mendoza, Obispo de Calahor-
ra, hermano del Marqués de Santillana, para andar
de contino en la Corte según se avia capitulado
quando él é sus hermanos se tornaron al servicio del
Rey ; é traxo consigo á su sobrino Don Juan, hijo del
Marqués su hermano, para que anduviese allí en re-
henes donde quiera que el Rey fuese. Derramada la
gente de guerra, el Rey se partió para Aranda.
CAPÍTULO XXXII.
Como el hey se vino á la villa de Aranda é la dio á la Reyna su
muger.
E venido el Rey á la villa de Aranda, estuvo allí
algunos dias holgando con la Reyna, así porque la
amaba mucho como porque estaba preñada de tres
meses. E por gratificar su preñez , que tanto avia
sido deseada, hízole merced de aquella villa de Aran-
da é su tierra, donde luego fué jurada é obedecida
por Señora. Fecho aquesto , estando allí el Rey con
grande contentamiento , el Marqués de Villena le
escribió desde Ocaña , notificándole como el Arzo-
bispo de Toledo y el Almirante querían estar muy
á su servicio , con tanto que el Arzobispo hubiese
de estar en su Consejo, así para entender en la go-
bernación del Reyno, como en la administración de
la justicia; por tanto que cumplía á su servicio que
luego fuese para Madrid. E como el Rey muy ente-
ramente se guiaba por el querer de entrambos her-
manos, determinó su partida, é mandó que la Reyna
se quedase allí en su villa , hasta que él enviase por
ella.
CAPÍTULO XXXIII.
Como el Rey se fué á Madrid , é vino allí el Arzobispo de SeviUa,
para avisarle de tas cabtelas que contra él traian, éno le quiso
oir ni escuchar.
Después que el Rey vino á Madrid , el Arzobispo
de Sevilla veyendo el camino tan errado que lleva-
ba el Rey, é cómo aquella confederación del Arzo-
bispo de Toledo con el Marqués de Villena avia do
redundar en grande deservicio suyo, puesto que por
entonces páresela que echando á él fuera de la go-
bernación del Reyno, ser cosa que le cumplía, acor-
dó de le venir á hacer reverencia , é avisalle de lo
que le convenia hacer. E como ya el Rey estaba in-
clinado á el querer del Marqués de Villena é de su
hermano el Maestre, é determinado entre ellos lo que
se debía de hacer, no le mostró buena cara, ni mu-
cho menos le quiso oir, antes le mandó que luego
se tornase á Valladolid ; el qual obedesciendo lo que
su Rey le mandaba, se partió. ¡O quánto se deben
guardar los Reyes de tener consejeros parciales de
sus enemigos , é aficionados á sus propósitos é inte-
reses, é nunca dexar á los que con amor é fidelidad
sirven é guardan su servicio! Ca las tales mudan-
zas mas peligrosas son que seguras, mas vergonzo-
sas que honestas, é mas dignas de reprehensión que
de alabanza ; porque jamas pudo ser ni se vido que
los interesales fuesen sanos consejeros, ni pudo nas-
cer lealtad de la arraigada mal querencia : así que
ni dul árbol inficionado salió buen fruto, ai de co-
razón dañado buen servicio.
CAPÍTULO XXXIV.
Como el Bey fué á la villa de Ocaña, é le vino á hacer reverencia
el Arzobispo de Toledo é el Almirante.
Luego que el Arzobispo de Sevilla se partió , el
Marqués de Villena envió á suplicar al Rey que se
fuese á Ocaña, lo que el Rey puso por la obra. Don-
de llegado , le fué fecha relación de lo que se avia
concertado: de que el Rey mostró algún contenta-
miento, creyendo que tales estaban las entrañas de
dentro, qusl demostraban sus lenguas por palabras.
E así fué acordado que le viniesen á hacer reveren-
DON ENRIQUE CUARTO.
119
cia cada uno por si. Luego dende á dos dias vino
el Arzobispo de Toledo desde yepes, que está dos
leguas de Ocaña ; el qual vino muy acompañado de
señaladas personas, así de los Manriques como de
otros generosos varones. El Rey le rescibió muy
graciosamente con alegre cara, mostrando ser con-
tento de su servicio para estar en su consejo, y en-
tender en la gobernación del Reyno. E asi aparta-
dos hablaron un rato, donde páreselo el Rey estar
alegre de su venida, todavía el Arzobispo mostran-
do grand deseo é gana de servirlo, é el Rey prome-
tiéndole honras é mercedes. Acabada la habla, el
Arzobispo se tornó á Yepes, é otro dia siguien-
te vino el Almirante; é llegado delante del Rey
con grande reverencia dixo que protestaba de allí
adelante le seria leal servidor : el Rey le respondió
que así le baria muchas mercedes. Fecha su habla
on breve, el Almirante se despidió del Rey, é so
volvió á Yepes , á desde allí para su tierra. Eston-
ces el Roy se partió para Madrid, y envió á mandar
al Arzobispo que luego se fuese para la Corte, por-
que su ida era necesaria.
CAPÍTULO XXXV.
Como el Rey se fué á Madrid , é de la manera qae se tenia en la
administraciou de la justicia.
Tornado el Rey á Madrid, vino allí luego el Ar-
zobispo de Toledo, que fué muy bien rescibido por
todos los Grandes de la Corte, é tratado con mucho
amor del Rey ; por cuya venida fué acordado que
de alli adelante todos los viernes se uviese de tener
Consejo público de la justicia en la posada del Ar-
zobispo, é que todos los letrados del Consejo de la
justicia fuesen alli convenidos , para que relatadas
las cabsas de los pleytos que ante ellos ocurrían,
determinasen lo que por justicia se avia de hacer, é
fuese luego executado ; porque los pleyteantes no
se gastasen : donde continuamente de aquesta guisa
iban todos despachados sin dilación de tiempo é
perdición de sus haciendas. Entre las otras cosas
que alli venían á pedir justicia, acaesció que uno
llamado Garci Méndez de Badajoz, entremetido de
servir al Rey de cosas interesales de qualquier
suerte que fuesen , ovo tomado ciertas joyas á un
mercader estrangero, diciendo que porque no las
avia manifestado en los puertos por donde entró, las
avia perdido ; é asi tomadas , presentólas al Rey. E
como el mercader se vido injustamente despojado
do lo suyo, reclamó muy ásperamente del agravio
é violencia que le era fecha, delante del Arzobispo
é del Marqués, presentes todos los del Consejo ; é
asi mostrada la verdad é su inocencia , é llamado
Garci Méndez para que mostrase las cabsas por
donde avia tomado lo de aquel mercader, conoscie-
ron por su respuesta la grande sinrazón que á aquel
mercader se le hacia, é condenaron a Garci Méndez
en el principal é costas ; é mandaron que aquella
sentencia fuese notificada al Rey, para que su Al-
teza mandase dar las joyas que asi avia llevado á
su Cámara. El Rey respondió alegremente que le
plascia, é que si Garci Méndez merescia pena cor-
poral por averias tomado injustamente, que fuese
castigado. E llamado aquel mercader, mandóle el
Rey no solamente dar las joyas é pagar las costas,
mas hizole merced. De aquesta guisa por algún
tiempo estuvieron las cosas de la justicia muy prós-
peras, é la gobernación del Reyno en mucha orden
é grande sosiego.
CAPÍTULO XXXVI.
Como el Rey envió por la Reyna, é vino á parir á Madrid.
Vista la gobernación del Reyno é administración
de la justicia que andaba en tanta orden, con mu-
cho sosiego, sin turbación de cosa ninguna, el Rey
80 hallaba descuidado é contento. Así para su ma-
yor placer, acordó de enviar por la Reyna, que vi-
niese á parir alli á Madrid, donde él estaba. E ávi-
do su acuerdo con los del su muy alto Consejo, rogó
á Rodrigo de Marchena que con la gente de su
guarda fuese por ella, é la truxese en andas, porque
viniese reposada, é sin peligro de la preñez. Obe-
desciendo el mandado del Rey , fué por ella, é la
traxo muy acompañada, según que á tan alta Rey-
na pertenescia. E como Juan Guillen tenia la guar-
da de ella, traia siempre cien rocines en su capita-
nía. Llegada la Reyna cerca de Madrid, el Rey con
todos los Grandes de su Corte la salieron á rescebir;
é visto como venia en las andas, mandó que la pu-
siesen á las ancas de su muía, porque con mas hon-
ra é reposo entrase en la villa hasta el Alcázar
donde se avia de aposentar, en que se mostró el mu-
cho amor que el Rey la tenia , por donde era muy
acatada é tenida en gran reverencia. Y si ella asi se
quisiera conservar con templada honestidad, é re-
girse discretamente según que estaba estimada en-
tre todos, sin duda muy renombrada fuera su gran-
deza, é mayor la gloria de su fama ; mas como po-
cas veces suelen los señores terrenales pasar sin
adversidad, ella como las otras también pa^ó sus in-
fortunios.
CAPÍTULO XXXVIL
Como á grande instancia del Arzobispo de Toledo, é á suplica-
ción del Marqués de Villena el Rey mandó traer á los Infantes
á la Corte.
El Rey Don Juan de gloriosa memoria ovo en la
Reyna Doña Isabel, su segunda muger, dos fijos : á
la Infanta Doña Isabel, que nasció primero , y al
Infante D. Alonso. Aquestos dos Señores, después
que el padre fálleselo, siempre el Rey los trató con
mucho amor é grande honra, é no menos á la Reyna
su madre ; ca los tuvo todavía en lugares señalados,
una vez en la villa de Escalona, y otra vez en la
villa de Cuellar. Traia con ellos en su guarda un ca-
pitán con ducientos rocines ; estaban de contino
proveídas sus personas de todas las cosas que les
eran necesarias, é convenían al estado de hijos de
tpíin altos reyes. El como el Arzobispo de Toledo y
el Marqués de Villena tenían algunos siniestros
motivos , ágenos de lo que al estado del Rey con-
120
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
venia, insistieron con el Rey que mandase traer
á los Infantes sus hermanos , para que de contino
anduviesen por la Corte, porque allí serian raejor
criados, y aprenderían mas virtuosas costumbres
que estando apartados del Rey. El Rey aviendo por
bueno su consejo, mandó que los truxesen ; é traí-
dos, dio cargo del Infante á Diego de Ribera, caba-
llero de limpia sangre , é crianza de mucha virtud,
para que fuese su Ayo, é le dotrinase como á hijo de
Rey pertenescia ; é mandó que la Infanta Doña Isa-
bel de contíno estuviese con la Rey na, de la qual
con mucho amor é hermandad fué siempre tratada.
CAPÍTULO XXXVIII.
Como la Reyna parió una hija que sollamó Doña Juana, é de
cómo vino el Conde de Aimeñaque por erabaxador del Rey Luis
de Francia á conQrmar las alianzas entre entrambos Reyes.
Estando las cosas del Reyno en próspero estado,
fálleselo el Rey Carlos de Francia, é subcedió en
el reyno el Rey Luis su hijo ; el qual, queriendo con-
servar la antigua confederación é hermandad que
sus antepasados tuvieron con la casa de Castilla, en-
vió por BU embaxador al Conde Armeñaque, para
que se confirmase. Sabida su venida, el Rey mandó
que le fuese fecho honrado reacibiraiento, como la
razón quoria, é así fué tratado con mucho amor,
rescibiendo grandes fiestas, y entre ollas el Arzo-
bispo le presentó mil fanegas de trigo, é mil de
cebada, é mil cántaras de vino, é mil pares de ga-
llinas, é quarenta pavos : lo qual fué luego llevado
á su despensa. En aqueste medio la Reyna se sintió
de parto, donde fueron convenidos, teniendo ala
Reyna en medio, puestos por orden : de la una par-
te el Rey, y el Marqués de Villena, y el Comenda-
dor Gonzalo de Saavedra é Alvar Gómez, secretario;
de la otra parte el Arzobispo de Toledo , y el Co-
mendador Juan Fernandez Galindo y el Licenciado
de la Cadena, estando la Reyna en los brazos de
Don Enrique, Conde de Alva de Liste. Tuvo en al-
guna manera trabajoso parto, é parió una hija, por
cuyo nascimiento se hicieron alegrías en la Corte de
muchas justas é juego de cañas é de correr toros.
Pasados los ocho días después del parto, fué acor-
dado que el baptismo se hiciese en la capilla dentro
de BU palacio real. Baptizóla el Arzobispo de Tole-
do : tenia por asistentes al Obispo de Calahorra, y
al de Cartagena y al de Osma ; y fueron padrinos
el Conde de Armeñaque y el Marqués de Villena, é
madrinas la Infanta Doña Isabel, hermana del Rey,
é la Marquesa de Villena, Sacó en brazos á la Prin-
cesa el Conde de Alva de Liste, y túvola en la pila;
pusiéronla por nombre Doña Juana, como á su ma-
dre. Por todo el Reyno se hicieron grandes alegrías,
asimesmo los reynos comarcanos, haciendo merce-
des á los que llevaban las nuevas.
CAPÍTULO XXXIX.
Como el Rey hizo conde de Ledesma á Don Beltran de la Cueva,
y dio la Mayordomía á Andrés de Cabrera otro criado suyoj
Pasados algunos días después del baptismo de la
Princesa, el Rey veyendo los merescimientos del
su Mayordomo Beltran de la Cueva, é conosciendo
los servicios que le hacia sin enojo, parescióle cosa
convenible sublimar su persona con título de mayor
honra ; é así , ávido su acuerdo con los de su alto
Consejo, determinó de le hacer merced de la villa
de Ledesma, é darle título de Conde. E así determi-
nado, un domingo después que el Rey ovo oido la
Misa cantada solemnemente , salióse á su sala real
acompañado de los Señores del su alto Consejo,
como de los caballeros de su Corte, estando allí pre-
sente el Conde de Armeñaque, que junto con el Rey
estaba. E estando asi, el Mayordomo Beltran de la
Cueva entró por la sala adelante con muchas nobles
é generosas personas que lo acompañaban. Donde
llegado en presencia del Rey con humilde reveren-
cia, hechas las cerimonias é solenidades que en tal
caso se requerían, le fué dado título de Conde con
todas las insignias que á la dignidad pertenescen.
E como aqueste Conde era magnánimo, asi de mi
propia inclinación, como por la mucha parte que
en la voluntad del Rey tenia, quiso aquel dia hacer
sala y fiesta al Conde de Armeñaque que presente
estaba, é á los otros Grandes é principales de la
Corte ; donde mucho fué loada su liberalidad y
magnificencia ; porque á la verdad era tal, é tan
cumplido en todas las cosas, que después del nin-
guno meresció ser privado del Rey. E después que
así fué criado Conde, quiso el Rey, por dalle mayor
honra, que dende allí adelante entendiese en la go-
bernación del Reyno, é anduviese en todos los ne-
gocios en que los otros Señores de su alto Consejo
entendían, como uno de ellos. E porque por el título
de Conde, que asi le avia dado , vacaba la mayordo-
mía, hizo merced de ella á otro criado suyo, que se
llamaba Andrés de Cabrera ; el qual aunque de
poca edad en los dias, era viejo en el seso é reposo;
de quien el Rey se confiaba, é le daba parte de sus
secretos. Este era casi medianero entre el Rey y el
Marqués de Villena ; porque entrambos hallaban en
él habilidad, é suficiencia para ello. Capitulada é
concluida la capitulación de las alianzas de Francia,
el Rey mandó hacer muchas mercedes al Conde de
Armeñaque, é se partió muy contento, parcial é afi-
cionado al servicio del Rey.
CAPÍTULO XL.
De eomo el Rey hizo Cortes generales, é mandó jurar á la Prince-
sa Doña Juana su hija.
Después que la Princesa Doña Juana ovo do&
meses, el Rey determinó de hacer Cortes generales,
donde fueron convenidos Perlados, é grandes Se-
ñores, caballeros é Procuradores de sus Reynos. Los
quales ayuntados é venidos delante su Real presen-
cia, é de los Infantes sus hermanos que estaban á
par de él, les dixo: «Quanto sea grande la premi-
«nencia de los primogénitos Reales, las leyes divi-
» nales é humanas lo disponen ; porque asi como es
' » cosa de mucho peligro morir los Reyes sin dexar
«subcesion, por los males é escándalos que de ello
«se siguen en los reynos donde tal acaesce, asi ea
DON ENRIQUE CUARTO.
121
» gran bien señalado quando place á Dios é tiene por
»bien dalles generación en quien subceda el sefio-
» río. E pues su bendita bondad quiso darme fruto
» de bendición en quien subceda la memoria de los
«Reyes mis antepasados é mia, é aquella vaya é
upase adelante, yo le rindo infinitas gracias, é hu-
«mildemente suplico á su piadosa clemencia, quiera
I) darme gracia, que asi se lo sepa servir é agrades-
a cer, que siempre le reconozca, y nunca le ofenda.
«Por tanto yo asi, como vuestro Rey é Señor natu-
«ral, ruego á los Perlados, é mando á los Caballeros,
»é Procuradores que aqui estáis, é á los otros que
«son absentes, que luego juréis aqui á la Princesa
«Doña Juana, mi hija primogénita, é la prestéis
«aquella obediencia é fidelidad, que á los primogé-
«nitos de los Reyes se suele é se acostumbra á dar,
«para que quando Dios nuestro Señor dispusiere de
»mí haya después de mis dias quien herede é reyne
«en aquestos mis Rey nos.» Acabada su habla, mandó
al Arzobispo de Toledo que tomase á la Princesa
en los brazos, é tomada, llegaron primero los In-
fantesa la jurar é dar obediencia besándole las ma-
nos ; é luego en pos de ellos los Perlados é Caballe-
ros que alli se hallaron. E porque entre los Procu-
radores de las cibdades é villas avia algunas dife-
rencias, señaladamente entre los Burgaleses y To-
ledanos, queriéndose preferir loe unos á los otros,
alegando sus justas razones , estonces el Rey, vista
su controversia, mandó que ninguno de ellos llega-
se á dar la obediencia primero, sino quien él quisie-
se é nombrase. E asi llamando primero á los de
Segovia, juraron, é después como él los nombraba,
é asi quitó la porfía. Pero cuando todos llegaron
delante del Rey, dixo : yo hablo por la cibdad de
Toledo ; hablen los de Burgos é los de León. Dada
la obediencia , é pasada por autos públicos según
que las leyes en tal caso disponen, el Rey por al-
gunos dias reposó alli en Madrid , andando en bus
montes é holgando con la Reyna.
CAPÍTULO XLI.
Como el Rey se partió de Madrid , é se fué á la villa de Alfaro, pa-
ra quitar ciertas diferencias que estaban entre él y el Rey Don
Juan de Aragón , su tio, y de lo que subcedió por entonces.
Estando el Rey mucho á su plascer con descan-
so, se recrescieron algunas diferencias entre él y el
Rey Don Juan de Aragón , su tio , do páresela an-
tes esperar discordia que paz, é mayor escándalo
que sosiego. Pero porque entre ellos se tomase al-
gún medio convenible, é la rotura cesase, fué acor-
dado que el Rey se fuese á la villa de Alfaro , y el
Rey de Aragón para la cibdad de Tudela, del rey-
no de Navarra, que ay quatro leguas de un lugar á
otro. Tomado aqueste concierto el Rey se partió de
Madrid para Segovia , é llevó consigo á la Reyna.
Estuvo allí algunos dias, por irse á su bosque á de-
portar, é de Segovia se partió para Aranda. Donde
llegado , porque la Reyna estaba preñada de tres
meses, el Rey mandó que se quedase alli, conside-
rando el peligro que suele acontescer á las muge-
res preñadas' quando caminan ; é fuese á la villa de
Alfaro, donde llegado, supo como ya el Rey de Ara-
gón , su tio, estaba en Tudela. E porque el Marqués
de Villena era prudente negociador, é sabia dar
medios en qualesquier debates é contrataciones,
mandóle el Rey que fuese de su parte á hablar con
el Rey de Aragón, Y puesto que él obedesció. el
mandado del Rey, fué necesario que para seguridad
de su vida demandase que el Rey de Aragón envia-
se á la villa de Alfaro al Arzobispo de Zaragoza , su
hijo , á poder del Rey , para tener rehenes , entre-
tanto que él iba á Tudela á hablar con él. El Rey de
Aragón fué muy placentero dello , é mandó á su fijo
que fuese ; el qual vino á hablar al Rey ó hacerle
reverencia , donde fué muy bien rescibido é feste-
jado. Estuvo allí un dia é una noche, hasta que el
Marqués fué tornado , y él se fué á Tudela. Entre-
tanto que aquestos tratos pendían , é de cada parte
se buscaban los medios que le cumplían , subcedió
que alli en Alfaro un dia vino muy súbitamente un
muy fiero y espantable nublado , tenebroso y oscu-
ro, el qual traxo consigo tan terrible pedrisco, con
muy grande é furioso viento , que tal nunca fué vis-
to entre los vivientes de aquel tiempo. Duró la tem-
pestad por espacio de una hora; las piedras que así
cayeron fueron gruesas é muy muchas, tanto , que
páresela aver nevado. Fallóse que algunas piedras
de aquellas pesaban mas de una libra. Fué tanta la
destrucion é daño que hizo en aquella tierra el pe-
drisco , que casi por dos años no se pudo coger fru-
to ninguno que aprovechase. Entonces visto el mal
é pérdida que á los moradores de aquella tierra les
era venido , el Rey movido á compasión de su tra-
bajo hízoles merced de sus alcabalas é tercias por
tres años , con que se pudiesen remediar de su pér-
dida. En pos de aquesto llegó nueva como la Reyna
estando un dia al rayo del sol, que entraba por una
ventana de su cámara , le encendió fuego en la ca-
beza , que le quemó un poco de los cabellos ; é si no
fuera presto socorrida , que le mataron el fuego las
mugeres que con ella estaban , fuera peligro de su
vida. Así mesmo de aquel espanto avia movido un
hijo de seis meses , de que el Rey no solamente fué
pesante , mas turbado é muy triste. Sobre aquesto
ovo diversos juicios entre las personas notables del
Reyno, pronosticando los trabajos que después vi-
nieron sobre el Rey é sobre la Reyna , según será
recontado , por el proceso de la Corónica. E porque
la conclusión de los debates que entre entrambos
los Reyes pendían , llevaba dilación, é á cada uno
de ellos convenia ir á entender mas en las cosas de
sus Reynos , tomaron por expediente que para el
despacho de todo ello el Marqués de Villena oviese
de ir á Zaragoza , donde el Rey de Aragón , é la no-
ble Reyna su muger se iban á reposar, é que allí
se tomaría medio , é conclusión é concordia. E ansí
el Rey se partió para Aranda á mas andar, y el
Marqués se quedó en Alfaro, para ir á Zaragoza. E
llegado el Rey á la villa de Aranda , halló á la Rey-
na flaca y descayda, asi por el espanto del caso en
ella acontescido , como por el mal parto del hijo va-
122 CRÓNICAS DE LOS
ron que avia movido , de que sin dubda estaba muy
triste ; pero con la venida del Rey ella se alegró é
convalesció de tal guisa, que pudo luego caminar;
é partióse con el Rey , é fuéronse derechos á Sego-
via , é de alli á Madrid. E en aqueste medio tiempo
el Marqués de Villena se partió de Alf aro para Za-
ragoza, donde llegado , halló que el B.ey de Aragón
era ido al Principado de Cataluña para tornar muy
presto. E como asi fué llegado , la Reyna le mandó
aposentar, é le rescibió con muy alegre cara. Otro
dia siguiente quiso que comiese con ella, é le man-
dó asentar á su mesa ; é entre las otras fiestas que
alli rescibió fué una señalada , que solas las damas
sirvieron sin varón ninguno á la mesa de todos los
oficios que todos los Reyes suelen ser servidos. Es-
tuvo alli el Marqués algunos di as esperando la ve-
nida del Rey , é luego que vino , fué concluida la
negociación , é firmada la paz é concordia entre am-
bos Reyes. E asi el Marqués, tomada licencia del
Rey de Aragón , é de la Reyna su muger , se vino á
Madrid , donde estaba el Rey y la Reyna con los
Grandes de su corte.
CAPÍTULO XLIL
Como Don Beltran de la Cueva se casó con la hija menor del Mar-
qués de Santillana.
Por la venida del Marqués de Villena el Rey fué
muy alegre, así por aver puesto concordia entre él
y el Rey de Aragón, su tio , como por los negocios
de la gobernación del Reyno que les daba buen ex-
pediente, y el Rey se confiaba mucho del. E como
el nuevo Conde de Ledesma se vio puesto en esta-
do con el grande é continuo favor del Rey , deter-
minó de buscar parentela con quien se pudiese abra-
zar é tener mayor parte de valedores quando fuese
menester. E asi , ávido su acuerdo con el Rey, su-
plicóle tratase casamiento con una hija del Marqués
de Santillana , la menor , que estaba doncella ; de
que el Rey fué muy contento , asi por lo que cum-
plía al Conde de Ledesma, como porque ya tenia
por mucho suyos al Marqués y al Obispo de Cala-
horra su hermano. Para lo qual envió sus embaxa-
dores al Marqués , y él en persona habló al Obispo
que andaba en la corte, en tal manera que luego fué
concluido. E asignado el dia de los desposorios, el
Rey por honrallos , determinó de ir á Guadalaxara
con la Reyna é con toda su corte ; donde ido, le fue
fecho solemne rescibimiento por el Marqués é todos
BUS hermanos. Los desposorios se hicieron con mu-
chas fiestas de diversas maneras , torneos, correr
toros y sortija ; de noche con muchos faroles. De
aqueste casamiento desplugo mucho al Marqués de
Villena , ansí por la grand parentela que el Conde
de Ledesma tomaba con la casa de Mendoza , á cu-
ya cabsa ternia mayor parte en el Reyno , como por
la voluntad del Rey tan inclinada para lo querer
prosperar y poner en grande estado. E siempre fué
que la envidia pare discordia , acarrea enemistad,
busca novedades é formas cautelosas para dañar;
así que podemos descir que aqueste casamiento fué
REYES DE CASTILLA.
sementera de los males que después subcedieron.
Acabadas las fiestas, é pasados pocos dias, el Rey
determinó su partida, é mandó que la Reyna con la
Princesa é los Infantes sus hermanos , c los del Con-
sejo , é toda la corte se fuese para Segovia. Y él
con muy pocos de los suyos se fué á la villa de
Atienza por verla , é holgarse allí un dia ó dos ; en
la qual avia mandado labrar tanto, que casi de nue-
vo páresela ser tornada. Llegado allí , parescióle tan
bien, que quiso reposar en ella mas de ocho dias, y
estuvo allí mucho á su plascer.
CAPÍTULO XLIIL
Como fallesció el Príncipe Don Carlos en Barcelona, y por su
muerte se rebelaron los Catalanes de todo el Principadgo con-
tra el Rey de Aragón, é embiaron su embajador al Rey con la
obidiencia de vasallos suyos , para que los rescibiese é enviase
socorro ; é llegó su embaxador allí á la villa de Atienza ; y lo
que el Rey respondió.
Después que el Rey don Juan de Aragón sacó de
la prisión al Príncipe Don Carlos , su hijo , é lo lle-
varon los Catalanes á Barcelona, nunca se sintió
bueno, ni tuvo disposición de salud en su persona,
antes la enfermedad cresció tanto en él, que sin
rescebir mejoría fallesció. Por cuya muerte todos los
del Principadgo de Cataluña ovieron grand senti-
miento , é se rebelaron , é pusieron en armas contra
su Rey, disciendo que él avia sido cabsa que mata-
sen al Príncipe su hijo con hierbas , teniéndole pre-
so en poder de los que le avian mas gana de matar
que darle la vida ; por donde páresela que mas le
avia sido enemigo que padre , é mas desipador de
su salud, que ganoso de conservarla, vistas las
grandes crueldades que contra él por su mandado é
consentimiento se avian cometido ; de lo qual daban
cierto testimonio las claras é públicas prisiones
donde lo avia tenido los tiempos pasados. E así
puestos en rebelión , haciendo públicos actos en for-
ma jurídica con grandes protestaciones, enviaron
sus querellas delante la See Apostólica, publicando
la crueldad con que duramente los trataba , no como
su propio Rey , ni como Señor natural , mas como
adversario é perseguidor porfióse ; por donde justa é
legítimamente , como damnificados en la vida y en
la libertad contra sus fueros é privíUejos, que to-
dos los Reyes sus antepasados les juraron ó guarda-
ron sin violencia ni quebrantamiento alguno , onde
visto que él ansí se los usurpaba é corrompía contra
toda razón , que lo podían desobedecer ; por tanto,
que ellos lo denegaban de Rey é Señor, é le quita-
ban toda la obidiencia é fidelidad que hasta alli co-
mo subditos é vasallos le avian tenido , é la pasa-
ban á la casa de Castilla, é al Rey Don Enrique, su
verdadero Rey é Señor, á quien según derecho divi-
no é humano pertenescia el Reyno de Aragón é se-
ñorío de Cataluña ; al qual desde allí elogian é to-
maban por su Rey é Señor natural, é que así, como
verdaderos subditos é vasallos suyos , se ponian de-
baxo de su protección é amparo é defendimiento
real. Fecho aquesto , todos en una conformidad en-
viaron por su embaxador al Rey un caballero letra-
DON ENRIQUE CUARTO.
123
do , que se desoía Mosen Copones ; el qual por temor
del Rey de Aragón ó de sus gentes vino en ávito di-
simulado, hasta que llegó ala villa de Atienza, don-
de el Rey estaba, fíl qual llegado delante de su real
presencia, con grande sentimiento, con lágrimas
en sus ojos , propuso diciendo : « Muy alto é serenl-
» simo Rey : si el Rey Don Juan, nuestro Rey que
«solia ser, se acordara de la clemencia Real y de
n la noble cepa gótica de Castilla, donde él descen-
n dia , tratara á su propia carne con mayor clemencia
» é piedad que la trató. Mas como todo aquello es-
» taba desterrado de sus entrañas , y era muy age-
» no de su condición , sabrá vuestra Real Magestad
» que el Príncipe Don Carlos de gloriosa memoria,
» su hijo , estando en la isla de Sicilia mas temeroso
» que contento de su padre , por las prisiones en que
» le avia tenido tan largos tiempos , é sospechando
» mayores enconvenientes é males de los pasados,
» tenia determinado de estar allí apartado , así por
» no provocar la ira de su padre , como por escusar
I) los peligros que sospechaba y después le sobrevi-
» nieron. E quanto quier que los Sicilianos , segund
» los privillejos de la casa de Aragón, que los primo-
» génitos de ella so han de llamar Reyes de Sicilia,
» lo querían alzar Rey , él deseando ser obediente é
»no salir del querer de su padre, jamas consintió ni
» quiso aceptallo ; antes como hijo de obidiencia
» dixo que quería esperar, y ver lo que el Rey su pa-
» dre mandaba é disponía. E como así estuviese es-
» perando lo que le fuese mandado , el Rey á íns-
j) tancía é suplicación de los tres estados de sus rey-
» nos determinó de lo llamar é traer, Pero porque el
» Príncipe sin rescelo osase venir , mandó á los per-
» lados del estado elesiástico, é á los otros nobles va-
» roñes é caballeros del Principadgo de Cataluña,
» que sobre su fe y palabra real , que publicamente
» é con juramento nos dio, le diésemos todas las se-
» guridades que él nos demandase é á nosotros pa-
» resciese ser necesarias para en tal caso , que él las
«guardaría inviolablemente, é lo trataría de allí
» adelante con todo amor paternal , segund que todo
» padre piadoso suele tratar á su hijo. E así el Prin-
» cipe confiándose de nosotros , é creyendo el seguro
» que así le dábamos, vino muy alegre á la obidien-
» cía de su padre. E puesto que el Rey le rescibió
» con gracioso semblante , é mostró aver plascer con
» su venida , antes que mucha dilación de tiempo
«pasase, no solamente le mandó prender feamente,
» é tratar con gran crueldad , mas disimuladamente
» consintió é dio lugar que su propia carne é lo que
» engendraron sus lomos fuese á manos de alevosos
» muerto con hierbas venenosas. E así muerto el hi-
» jo , encendido con mayor saña , puso por obra de
» disipar los bienes é consumir la vida de sus vasa-
»llos, en tal manera, que ni podemos sufrir sus ho-
Rmicidios, ni comportar su desenfrenada ira. Por
» donde justa é debidamente le pedimos denegar de
» Rey , é quitar la fidelidad é obidiencia que como
» subditos le debíamos ; porque si como vasallos le
Ddebiamos servidumbre é temor, él como Rey nos
» avia de responder con piedad é con amor. La qual
«obidiencia así quitada, todos los de aquel Princi-
» padgo é sus cibdades ó villas muy conformes , é
» sin discrepacion alguna de los tres estados, ave-
» mos elegido á vuestra Real celsitud por nuestro
» Rey é legítimo é verdadero Señor natural , á quien
» segund derecho divino é humano por reta descen-
)) dencia la casa de Aragón é Principadgo de Catalu-
» fia pertenesce. Por tanto , yo en voz y en nombre
» de todo aquel Principadgo é sus cibdades é villas
Ȏ lugares, por virtud de los poderes que de ellos
» traygo , aquí vos rescibo por Rey ; é yo en su nom-
» bre vos doy la obidiencia é fidelidad , que como
«subditos debemos y avemos de dai ; suplicando
«con quanta reverencia y humildad puedo, nos
» quiera tomar por vasallos , é amparar con su
«sombra real.» Oída su embajada, el Rey con mu-
cha graciosidad le respondió : « Yo agradezco á los
» del principadgo el amor é buena voluntad que han
» mostrado en quererme por su Rey. Placerá á Dios
» que ellos resciban de mí no solamente muchas
» mercedes, mas tales obras , que siempre sean con-
» tentos de tenerme por Señor. Pero porque este ne-
« gocio es de gran importancia , é para lo aceptar se
» requiere seso é maduro consejo, será necesario aver
» deliberación ó consultallo con los del mi Consejo,
» para que en ello se dé la orden que conviene. Por
B tanto , converná que ayais paciencia hasta que yo
«vaya á Segovia, que allí seréis respondido, é se
« hará lo que cumple. » Dicho aquesto , mandó que
le aposentasen muy bien , y se fuese en pos del
quando se partiese. Pasados ocho días que el Rey se
holgó en Atienza , se partió para Segovia.
CAPÍTULO XLIV.
Como venido el Rey á Segovia, é llamados los de su alto Conse-
jo, ovo acuerdo, é envió gente en socorro de los Catalanes.
Venido el Rey á Segovia, llamados los del su alto
Consejo, les dixo : «Muchas veces avemos visto é
» así meamo leído que á los altos Príncipes altas é
«grandes empresas se les suelen ofrecer, á unos con
«grande trabajo, é á otros con poca fatiga; é de aquí
«es que aquellos se juzgan ser famosos, que con
«mayor corazón las osan emprender. E por esto los
«antiguos poetas dixeron que la fortuna es de tal
«condición compasada, que á cada uno de los varo-
«nes se le presenta delante, cogidos los brazos é
«descabellada la cabeza, para que quien mejor la
«supiere asir de los cabellos é tener que no se le
«vaya, aquella señoree é triunfe con vitoria sin te-
«mer sus adversidades. E pues agora se me ofrece
«señalada prosperidad sin fatiga, señorío sin tra-
«bajo, vasallos que se me dan sin illos á conquistar,
«yerro manifiesto sería é cobardía de corazón dexa-
«llos de rescebir. Aveis de saber que el Principad-
»go de Cataluña se ha rebelado contra el Rey de
«Aragón á cabsa de la prisión é muerte del Prínci-
«pe Don Carlos, que Dios aya; é todos los tres Es-
«tados unidos é conformes me han elegido por Rey
«y por Señor, é me han venido á suplicar con un
«caballero suyo, que á mí es venido por embaxadíT,
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
124
«los quiera rescebir por mis subditos é vasallos. E
» porque aquesto parece disposición de la divinal
«Providencia, é los tiempos lo acarrean, parésceme
«que se debe aceptar. Por eso quiero oir vuestro pa-
«rescer, y esperar vuestro consejo; porque de las
«cosas deliberadas nunca viene arrepentimiento.»
Oido lo que el Rey avia propuesto, todos los del
Consejo fueron maravillados de aquella tan grande
novedad; ó como las voluntades de los mas princi-
pales estaban divisas y en diversas aficiones pues-
tas, unos votaban que aquello no se debia aceptar
porque era contra su tio; otros afirmaban que era
cosa justa tomallo, porque su tio mas le avia sido
contrario que buen pariente, quando hizo sus alian-
zas con los caballeros de Castilla y con el Rey de
Portugal contra él. Al fin, dexadas las altercacio-
nes, acordaron que Mosen Copones fuese allí llama-
do; é venido fué preguntado qué era lo que al Rey
demandaba, é quería que el Rey hiciese en favor
de los Catalanes. El qual respondió é dixo que dos
cosas eran las que príncipalmen,te pedía é deman-
daba en nombre de aquellos que le enviaban : la
primera é mas principal que el Rey los tomase por
sus vasallos, pues que ya le tenían elegido por su
Rey, y el señorío de Aragón é Cataluña le pertenes-
cía por legitima subcesion; la segunda que les en-
víase gente, para quo con su favor alzasen pendones
por él, é labrasen luego su moneda, é para que los
defendiese de quienquiera que los quisiese guer-
rear. E que pues tan sin trabajo de conquistar é de
gasto lo ponían en el señorío, que su Alteza no le
debía rehusar, ni mostrar flaqueza de corazón en
dexar de aceptar lo que Dios é las gentes le daban
é ponían en las manos sin contraste ninguno. En-
tonces los del Consejo, visto que el Rey se inclina-
ba, é estaba ganoso de lo hacer é aceptar, dixeron
que convenía enviar para caso tan grande señala-
dos capitanes y copia de buena gente, é fué acor-
dado que fuesen dos mil é quinientos de á caballo,
E así el Rey mandó á Don Juan de Biamonte, Prior
de la Orden de San Juan en el reyno de Navarra, é
á Juan de Torres, un caballero principal de la cib-
dad de Soria, que fuesen por capitanes de aquella
gente, é diesen orden como alzasen pendones en
todo el Principadgo, señaladamente en Barcelona;
por manera que en todo se diese buen recabdo qual
cumplía á su servicio. Los quales tomada su gente
se partieron é pasaron sin contrasto ninguno hasta
que llegaron á Barcelona, donde fueron muy bien
rescebidos. Llegados allí, todos los de la cibdad
muy conformes alzaron pendones por el Rey, é la-
braron luego su moneda ; así mesmo por las otras
cibdades del Principadgo.
CAPÍTULO XLV.
orno el Rey «e fué á la villa de Agreda, y de lo que allí
subcedió.
Enviada la gente al Principadgo de Cataluña, fué
acordado que el Rey se allegase á la frontera de
Aragón é Navarra; é así fué. á la villa de Agreda,
que está junto con entrambos reynos, pava hacer
espalda á los suyos é tener en sosiego aquella tier-
ra, que no se osase hacer rebato ninguno. Estando
allí, con grande poder é triunfo de señorío, le llega-
ron alegres nuevas é prósperas mensagerías de di-
versas partes. Sus capitanes le hicieron saber como
todo el Principadgo ie Cataluña era suyo muy pa-
cificamente. Llególe jiueva como Don Juan de Guz-
man. Duque de Medina-Sidonia, Conde de Niebla,
con su gente é la de Xerez é de aquellas comarcas
al derredor avían tomado la cibdad de Gíbraltar
de poder de los Moros ; y sabido , mandó que
aquella de allí adelante se pusiese en el titulo
de sus ditados. Vínole otra nueva, como Don Pe-
dro Girón, Maestre de Calatrava, avia tomado do
los Moros la villa de Archídona, lugar muy fuer-
te. Vínole otra nueva del Rey Don Fernando de
Nápol su primo, suplicándole que lo tomase por
suyo de acostamiento, para que con nombre de
suyo é con su favor fuese defendido en su Reyno,
por quanto lo guerreaban sus enemigos para lo
echar del Reyno. E llególe otro mensagero por par-
te del Papa Pío é del Colegio de los Cardenales, ro-
gándole que quisiese hacer perpetua confederación
con la Sede Apostólica. E llególe así mesmo otro
mensagero por parte de los Ginoveses é Venecia-
nos, diciendo que Genova se le quería dar en per-
petuo vasallage de su Corona Real, é Venecía en
perpetua amistad, para ser por siempre amiga de
amigos y enemiga de enemigos con la Casa de Cas-
tilla. E puesto que todas estas cosas de tan alta
prosperidad é honra temporal le vinieron, era tan
magnánimo, que nunca mostró mas alteración por
ello, como si ninguna cosa ni oferta le ovieran fe-
cho é ofrescído. Lo qual muy pocas veces suele
acaescer entre los poderosos; ca bien tarde se vido
que los altos Principes, á quien semejantes prospe-
ridades suele acarrear la fortuna, se pudiesen abs-
tener de presuntuosa vanagloria, ó sin ramo de
fantasía ó de soberbiosa altivez. Pero aqueste Rey, á
quien propia cosa era reynar é hacer mercedes, en-
salzar los hombres é ponerlos en grandes estados,
sí la deslealtad no le fuera contraria é pudiera en-
clavar la rueda de la fortuna, que nunca se tastor-
tornára, ansí era singularmente magnánimo, que
todas las honras, prósperos sucesos, pujanza de se-
ñoríos é grandeza de estado en que viniese, estima-
ba de ser merecedor é digno de rescebirlas. Mas
como la deslealtad de sus falsos consejeros iba cres-
ciendo, su poco amor se desdoraba, é sus dañados
deseos, tratos é pensamientos se descubrían, todas
las cosas de prosperidad que asi le venían, impug-
nándolo ellos, las contradecían disciendo que aque-
llas cosas mas eran vanas, de poca certidumbre, é
grandes gastos, que de honra ni provecho alguno,
é mas peligrosas que seguras, en tal manera que le
hacían atibiar el corazón, no sólo para aceptallas
como la razón quería, mas para proseguíllas como
á los animosos varones conviene. Y asi de contino
buscaban exquisitas formas de dilación, con que las
cosas aparejadas é ligeras de aver efecto se perdían,
DON ENRIQUE CUARTO.
125
con grand infamia, mengua é vituperio del Rey, se-
gund que sus obras fueron claros testigos que dieron
testimonio, como adelante será relatado por el pro-
ceso. Ca por esta cabsa apartaron de cabe el Rey
al que con entrañas leales daba sano consejo, é con
afición verdadera procuraba su bien é aumento de
la Corona Real. Estando asi el Rey en calma, que
no se sabia elegir qual camino le seria mejor é mas
provechoso para su eetado, vino secretamente un
escudero navarro á hablar con el Conde de Ledes-
ma, proferiéndose de le dar una puerta principal de
Tudela de Navarra con una torre, para que el Rey
se apoderase de ella é oviese la cibdad de su mano
con tanto que le hiciese alguna merced. Entonces
el Conde habló con el Rey, é por su mandado con-
certó con el escudero, dándole grandes seguridades
é promesas muy firmes, que entregada la cibdad é
apoderado el Rey de ella, le daria cierta renta de la
misma cibdad, é dineros de juros situados en la vi-
lla de Agreda. Fecho el concierto, el Conde envió
con el escudero un caballero de su casa llamado Pe-
dro de Guzman con otros veinte hombres, para que
aquel tratante les entregase la puerta con la torre
como estaba concertado, y entregada, se alzasen
con ella, é serian luego socorridos; porque el Conde
iba en pos de ellos con gruesa gente para socórre-
nos. E yendo una noche, como el trato era falso, en
llegando á la puerta de la cibdad fueron luego pre-
sos, de que el Rey ovo grande enojo, é mandó al
Conde de Ledesma que tomase mil rocines de los
de las guardas, é fuese sobre Tudela, é si no le en-
tregasen luego los presos, sin detenimiento que hi-
ciese luego talar las viñas é las huertas, é pusiese
fuego á toda la tierra. Pero como el Conde llegó, é
vieron todos los de la cibdad que comenzaba á talar
sacaron luego los presos é se los entregaron, é así
librados, el Conde mandó cesar la tala, ó se tomó
para el Rey. Pasados algunos dias que el Rey ovo
estado en Agreda, fué determinado que se fuese á
tener la Navidad á la villa de Almazan.
• CAPÍTULO XLVI.
Como el Rey vino á la villa de Almazan, é de lo que allí subcedió '
con los Catalanes.
Luego que el Rey fué venido á la villa de Alma-
zan con la Reyna é la Princesa é con los Infantes
sus hermanos, é aposentados los de su Corte, tuvo
alli la fiesta de Navidad con mucho placer. En
aqueste medio tiempo llegaron otros dos embaxado-
res del Principadgo de Cataluña, uno Eclesiástico,
que era Arcediano de Girona, é otro Caballero, que
se llamaba Mosen Cardona; los quales le tfaian la
obidiencia del todo el Principadgo con grand con-
formidad, en que le juraban por Rey, é le prestaban
la fidelidad que los vasallos acostumbran dar á su
Rey quando le resciben por su Señor. Donde veni-
dos, é juntados con el otro Embajador que vino pri-
mero, fueron al palacio Real; é presentado delante
del Rey é los de su Consejo, con grande reve-
rencia el Arcediano de Girona propuso, diciendo: I
«Serenísimo Señor, é muy poderoso Rey: si el Rey
«Don Juan de Aragón, que solía ser nuestro Rey, se
«recordara de la grandeza Real de España, de don-
»de su padre y él descendían, fuera por cierto mas
« piadoso é humano para sus subditos que lo han
«mostrado sus obras, después que sobre nosotros
«reynó. Mas como su reynar era contra derecho, y en
«grande perjuicio de la Corona Real de Castilla é
«de á quien de derecho divino é humano pertenes-
«cia, no quiso Dios que tanta sin razón padesciése-
«mos, ni que fuésemos agenados de quien eramos
«con justicia. E por eso él olvidando la clemencia
«é benignidad que como Rey avia de tener con sus
«subditos, no solamente fué cruel para nosotros,
«mas en nombre de padre fué capital enemigo con-
«tra su hijo, desipador contra nuestra república, é
«desbaratador del bien común de aquella, matándo-
«nos é privándonos del verdadero y ligítimo subce-
«sor que sobre nosotros avia de reynar, dando lugar
» que fuese muerto con hierbas, avíéndole nosotros
«asegurado de muerte é de prisión, sobre su fé é
«palabra Real que nos dio é juró. Por donde los
«tres Estados de Principadgo do Cataluña justa é
«debidamente lo pedimos é debimos denegar por
«Rey, é darnos á quien de derecho pertenesciamos,
«que sois vos, muy alto é muy poderoso Rey. E
«pues asi tan piadosamente nos aveis Señor abri-
«gado, enviándonos socorro de gentes é capitanes
«que nos socorriesen é ayudasen é defendiesen,
«viéndonos ya libres de la cruel servidumbre en
« que vivíamos con tanto temor de perder las vidas,
« venimos á vuestra Real celsitud, para que así como
«allá vos elegimos en concordia, y quedamos por
«vuestros vasallos, asi acá en nombre de todos ellos
«besamos vuestras reales manos, é damos la obi-
«diencia como á Rey é Señor natural. A cuya Real
«excelencia notificamos que el Rey Don Juan ha
«empeñado la villa de Ferpiñan con ciertas fortale-
«zas al Rey de Francia, é se la ha entregado condi-
ncíonalmente, que le prestase ciertas mil coronas, é
»le ayudase con gente de guerra para nos destruir;
«por manera que ha enviado gente de armas contra
«nosotros, é destruye la tierra. Porque humilmente
«con quanta humildad podemos, le suplicamos quie-
«ra defender lo suyo, é enviar luego tal socorro de
« gente, que nuestros enemigos no nos puedan da-
»ñar, é quedemos libres é exemptos, como vuestros
«vasallos, para vuestro servicio; porque sépanlos
«Franceses que la casa de Castilla mató sus Pares
»de Francia, é destruirá su soberbia quando 'fuere
«menester. Pero porque todo aquesto lleve cimiento
«de salud, é del buen principio se atienda próspero
«fin, con quanta instancia podemos le suplicamos
« se quiera luego entítular é tomar nombre de Rey
»de Aragón é Conde de Barcelona; porque con sólo
«aqueste nombre seremos amparados é abrigados é
«defendidos; y entre todas las naciones con solo
«este apellido avremos lugar é cabida.» Acabada su
habla el Rey les respondió, que les agradescia mu-
cho la voluntad é buen amor con que se avían mo-
vido á ser suyos, é que estaba ganoso, no solamente
126
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de los amparar é defender, mas de hacelles muchas
mercedes, como á buenos servidores; pero que para la
conclusión de aquello quepedian era necesario con-
sultallo con los de su Consejo, é ávido su acuerdo
ó deliberación, les mandaría responder con efecto.
Entonces todos tres embaxadores, fecha su reveren-
cia, salieron muy contentos, é salidos, el Rey habló
con los de su Consejo, é les dixo que seria bien lue-
go hacer é poner por obra lo que aquellos embaja-
dores de Cataluña pedian é suplicaban, ansi de lo
uno como de lo otro, porque él tenia mensageros de
los principales do Aragón en que se proferian que
6Í tomase titulo de Rey de Aragón, que se levanta-
rían por él la cibdad de Zaragoza; é ansi mesmo de
otros Valencianos, que le prometían de le dar á Va-
lencia cada é quando se llamase Rey de Aragón. E
que bien considerado lo que Dios así le traía á las
manos é le ofrescía con tan poco trabajo, que sería
manifiesto error no rescebillo: por tanto, que su voto
era de avello de aceptar é poner por obra lo que
con tanta instancia le suplicaban, porque tarde é
muy pocas veces se avía ofrecido semejante caso.
Algunos de su Consejo, los mas principales, que mas
gana avían de le ver abatido que prosperado, res-
pondieron que las tales empresas, quando así venían
tan de rebato, mas era tentación humana que pro-
visión divina; é que aquellos que tan ligeramente
se proferian á tan grandes cosas, mas lo hacían por
voluntad de algund interese, que por gana de le ser-
vir; é que su parescer era que en ninguna manera
aquel titulo de Rey de Aragón se debía tomar hasta
que todo fuese ganado é sometido á su Señoría. El
Rey, replicando, descia que dexar de lo hacer, era
mostrar mas cobardía que esfuerzo, é que no era
cosa justa que los Aragoneses é Valencianos se le-
vantasen contra el Rey de Aragón, sin que viesen
que él se intitulaba Rey de ellos, é que todavía era
su voto que se debía poner por obra lo que pedian
los Catalanes, pues que de justo titulo le pertenescía
el llamarse Rey é socorrerlos. Mas como los que im-
pugnaban é contradescian con grand instancia lo
que al Rey convenía, y fuera mejor aceptar, eran los
principales del Consejo, conviene á saber, el Arzo-
bispo de Toledo y el Marqués de Villena, los otros
que allí estaban, puesto que veían ser sus dichos
ágenos de la verdad é les pesaba, no tenían osadía
de votar lo contrarío, ni menos contradecirlo. En
fin fué acordado, porque aquellos dos lo quisieron,
que les fuese respondido á los Catalanes que sí que-
rían 'gente, que traxesen dinero para pagalla, y se
la darían; é quanto al tomar del título, que el Rey
lo tomaría quando fuese tiempo, E ávido aqueste
acuerdo, el Arzobispo y el Marqués con los otros
del Consejo salieron á la habla con los embaxadores
é apartados con ellos, el Marqués les dixo: uEl Rey
«nuestro Señor oyó vuestra embajada, y entendidas
«las cosas particulares de ella, puesto que sea bue-
» no lo que asi traéis á su Alteza en querer daros
»por vasallos suyos, paresce que desdora con lo que
))á la postre pedís, sí es que vos dé gente para vues-
»tra defensión contra los Franceses que vos guer-
»rean; porque su Alteza ya vos envió dos mil, é
«quinientos rocines con señalados capitanes, por
«cuyo socorro no vos han dañado vuestros enemí-
»gos, é pedir agora mas gente de nuevo, es que
«haya de gastar de sus tesoros para vuestra libertad.
» Mas pues tanta necesidad tenéis de gente, y con
«tanta instancia la pedis, fuera razón que truxera-
«des dinero para pagalla, porque fuérades mas pres-
«to socorridos.» Por la habla del Marqués sintieron
bien los Catalanes que el Marqués y el Arzobispo
mas eran parciales del Rey de Aragón, que verda-
deros servidores del Rey. E por eso Mosen Cardona
tomó la habla, é dixo. «Por cierto, señor Marqués,
» esa libertad que vos decis ser nuestra es acrecen-
«tamiento de la corona y estado del señor Rey mas
«que provecho nuestro; é sí algo aquí su Alteza
«gastaba de sus tesoros, era trasdoblallos de renta.
«Mas queríamos. Señor, saber de vuestra merced é
«ser certificados de únasela cosa: si dando nos-
« otros el sueldo que decis para dar á su Real Señoría
« la tierra del Principadgo que le ofrecemos y da-
«mos, si seremos seguros, é tememos certidumbre
«que su Alteza quiera intitularse de Rey de Ara-
«gon.» A esto respondió el Marqués titubeando, é
dixo que sin duda quando ellos truxesen dinero para
pagar sueldo á la» gente que demandaban, que él
sería contento de llamarse Rey de Aragón. Luego
que aquesto oyó el Arcediano de Gírona, dixo: «Se-
nñor Marqués, si aquesto que vuestra merced dice es
«ansí, y somos seguros de ello, muy mas cumplida-
« mente lo quiere hacer el Principadgo de Cataluña
» é nosotros en su nombre, porque ansi nos es man-
« dado, é traemos señalados poderes para ello de to-
«das las cíbdades é villas, y de los perlados, condes
«barones é caballeros señalados que en él viven y
» están é tienen sus tierras é señoríos, que desde
«el día que su Alteza se intitulase é llamase Rey
» de Aragón é Conde de Barcelona, en sesenta días
«primeros prometemos y aseguramos que le da-
» remos setecientos mil florines de oro puestos en
» Castilla, con que podrá guerrear nuestros enemigos
« é quedar pacífico Rey de Aragón é nosotros libres
Ȏ perpetuos vasallos de su Corona Real. Mas ave-
»mos, señor, oído, é aun somos certificados, que al-
«gunos de los que estáis en su alto Consejo estorbáis
» que su Magestad no acepte aquesta impresa tan
«alta é gloriosa de emprender, ligera de acabar, y
«segura de señorear. Pues ciertamente osamos afir-
nmar, é somos ciertos, que si lo semejante fuera
«ofrescido al Rey Don Juan que nos persigue, con-
»tra los reynos de Castilla, que sin tantos rodeos é
«acuerdos é dilaciones lo hubiera emprendido é
«puesto las manos con mejor esfuerzo é denuedo
»que acá se ha rescebido. Por ende, señores, por
«parte de aquella provincia que acá nos envía, vos
«suplicamos é requerimos, pedimos por merced é
«amonestamos, sí de fieles consejeros, verdaderos
« servidores, é leales vasallos vos presciais, le que-
«rais consejar que luego se llame Rey de Aragón é
» Conde de Barcelona, é lo acepte sin dilatar, pues
«que Dios é su justicia so lo da; é los setecientos
DON ENRIQUE CUARTO.
127
Binil florines que asi le proferimos , crea su Real
» celsitud que sin dubda se los daremos, so pena que
«todos tres, como aqui estamos, perdamos la vida.»
Oido su razonamiento, é lo que tan liberalmente pro-
ferian, todos del Consejo quedaron maravillados.
Pero como el Marqués y el Arzobispo tenian daña-
das las voluntades, é muy agenas de lo que al Rey
é á la sublimidad de su Estado convenia, respondie-
ron que aqtiello era necesario comunicarse con el
Rey, é que sabida su deliberada voluntad, los tor-
narían á hablar. Mas la comunicación que con el
Rey hicieron fué burlar é juzgar por cosa vana lo
que avian proferido disciendole, que mucho mejor
é mas segura cosa era tractar con el Rey de Fran-
cia, para que tuviese forma como le diesen alguna
parte del reino de Navarra, que le cayese mas jun-
to de sus Reynos, que no el Pr'incipadgo de Catalu-
ña. Y puesto que el Rey fue avisado ó amonestado
é requerido por algunos del Consejo é leales servi-
dores é criados del grande daño y engaño que le
hacian en hacer dexar lo cierto ptfr lo dudoso, é que
se guardase que por cosa del mundo no desampa-
rase á los Catalanes, porque en aquello consistía la
seguridad de su Estado, la paz é sosiego de sua
Reynos, no ee curó de ello, antes se inclinó á lo que
el Marqués y el arzobispo descian é le aconsejaban.
E como ya ellos de secreto tenian inteligencia con
los Reyes do Francia é de Aragón, enviaron á de-
cirles que viniese á hablar con el Rey uno de aque-
llos capitanes Franceses que estaban contra Catalu-
ña, é que el Rey se iria á la villa de Monteagudo
con muy pocos de los suyos en son de ir á caza, é
que allí se tomaría algún medio. E asi el Rey se
fué á Monteagudo el día de Año Nuevo, donde ve-
nido el Capitán, habló con el Rey en el campo disi-
muladamente, é fué concertado con él que el Rey
de Francia enviase un caballero principal de su
Corte á concertar vistas entre ellos. Y tomado aques-
te acuerdo, el Rey se tornó á la villa de Almazan,
donde estuvo la fiesta de los Reyes con mucho
plascer y reposo, festejándole Mendoza, Señor de
la villa.
CAPÍTULO XLVII.
Como estando el Rey en Almazan, vino un embaxador del Rey de
Francia, é se acordaron las vistas de Fuenlerrabía, é de lo que
alli subcedió de aquella embaxada.
Tornando el Rey á la villa de Almazan, tuvo allí
la fiesta de los Reyes con la Reyna é con la Prince-
sa é con los Infantes sus hermanos, pasando el tiem-
po en mucho plascer. E no sin cabsa, que era razón
de sentirse alegre, ca se vía puesto en la mas alta
cumbre de sublime estado que nunca estuvo ningún
Rey de sus antepasados de grandes tiempos, ni tan
poderoso ni temido ni tan enjoyado , viéndose no
Bolamente poseedor de grandes tesoros , mas Señor
de los ricos, porque todos en sus Reynos estaban
enriquecidos é nunca despechados. Pasadas asi las
fiestas de los Reyes, vino allí un embaxador del Rey
de Francia, donde oída su embaxada, en que rogaba
al Rey quisiese verse con el Rey de Francia su Se-
ñor, para dar algún medio en los debates del Prin-
cipadgo de Cataluña con el Rey Don Juan de Ara-
gón , fueron acordadas las vistas entre Fuenterrabía
é Sant Juan de Luz, pasada la fiesta de la Resurrec-
ción. Tomada así la conclusión de las vistas, el Rey
mandó hacer fiesta á este embajador, y fué que la
Reyna con todas sus damas saliera á la sala del Rey,
donde los caballeros de la Corte danzaron con ellas,
é porque el embaxador rescibiese mayor honra, qui-
so que danzase con la Reyna. E como el embaxador
vio quanta honra señalada le fué danzar con tan al-
ta Reyna, acabado de danzar con la Reyna la baxa
é la alta , hizo voto solepne en presencia del Rey é
de la Reyna que jamas danzaría con dama ningu-
na, pues que con tan alta señora había danzado. El
Rey mandó hacer mercedes á este embaxador, con
que se partió muy contento. Luego fué acordado
que el Roy se partiese para Segpvia con toda su
Corte.
CAPÍTULO XLVIII.
€omo el Rey estuvo en Segovia algunos días , y de allí se partió
para Burgos , para verse con el Rey de Francia.
Después que el Rey ovo reposado en Segovia al-
gunos dias, como ya se acercase el tiempo asignado
para las vistas del Rey de Francia , el Rey mandó
que la Reyna y la Princesa con los Infantes sus
hermanos se quedasen, y el Comendador Juan Gui-
llen en su guarda con ciento de caballo, é él con to-
da su Corte se fuese á la cíbdad de Burgos, donde
estuvo hasta que la Quaresma fué entrada , é desde
allí se fué á Sant Sebastian. Llegado allí, como el
Arzobispo de Toledo y el Marqués de Villena eran
los mas principales por quien las cosas del Consejo
se gobernaban, é tenian voluntad de sostener al Rey
de Aragón, rodearon por sus exquisitas formas co-
mo el Rey oviese de poner los debates de Cataluña
en las manos del Rey de Francia, para que él sen-
tenciase entre él y el Rey de Aragón su tío; por ma-
nera que se tomase medio convenible, é se quitasen
las diferencias. El Rey, creyendo que tales tenian
dentro los corazones qual fuera lo manifestaban
sus lenguas, dio su consentimiento, é otorgólo co-
mo ellos quisieron. Para conclusión de lo qual, con-
formándose con su querer y voluntad, mandó, que
ellos entrambos y Alvar Gómez de Cíbdad Real, su
Secretario, fuesen embaxadores al Rey de Francia,
así para entender en la forma de la sentencia, que
fuese á su honra é provecho, como para concertar
las vistas quando é donde avian de ser. De aquesta
embaxada se siguieron los infortunios ó infamias é
dolorosos trabajos del Rey , no solamente por la di-
soluta maldad que aquestos sus mensageros hicie-
ron é cabsaron en la sentencia que contra la honra
y estado y fama de su Rey ordenaron é consintie-
ron, haciéndose parciales de los enemigos de su Rey,
mas porque siendo él amonestado é requerido por
muchos de sus leales servidores que se guardase de
ellos é supiese cómo avia de sor engañado é des-
128 CRÓNICAS DE LOS
honrado por eu cabsa, no los quiso creer, é hizo con-
fianza de los que le vendieron. Después que así fue-
ron entrados en Francia, se juntaron con el Rey en
ia cibdad de Bayona. Luego el Marqués tomó acos-
tamiento de él, é llevaba cada un año por^uyo do-
ce mil coronas. El Arzobispo se alió é confederó
con él, y Alvar Gómez quedó por su servidor, en
tal manera, que teniéndolos por suyos, fué ordena-
da é capitulada la sentencia á mengua é abatimien-
to del Rey é á honra é provecho del Rey de Ara-
gón ; porque el fin é conclusión de todo ello fué
mentira, é con intención de mentir é engañar al Rey,
según que la obra dio testimonio de ello, é por el
proceso de la Corónica será recontado. Luego que
la sentencia fué concluida, firmada é consentida por
el Rey de Francia é por estos embaxadores, el Arzo-
bispo y el Marqués escribieron al Rey que se pasase
á Fuenterrabía , donde el Rey con la caballería de
su Corte, vino luego. Llegado el Rey á la villa de
Fuenterrabía, fué acordado que el Marqués viniese
á hablar con él, é por parte del Rey de Francia el
Conde de Comenge á le notificar mas falsías que
verdades. Aunque hablando aquí sin pasión, pues-
to que sin mucho dolor é sentimiento no se podría
escribir, la venida del Conde de Comenge al Rey,
mas fué por colorar la falsedad é disimular la ma-
licia de sus embaxadores , que por ser necesaria.
Mas como los tales insultos siempre van cubiertos
de alguna dorada razón , mientra que no se descu-
bren parece que todo es oro , é después son como
falsa moneda, que en nombre de ser buena va llena
de falso metal : así fué lo de estos tratos que , ci-
mentados sobre poca verdad con dañadas entrañas,
fueron descubiertos al tiempo que no llevaban re-
medio. E porque todo lo que al Rey convenia fuese
de mal en peor , quisieron que en aquellas vistas , 6
mas propiamente ciegas, quedase antes ofendido su
Rey que honrado, mas desabtorizado que tenido en
estima. Ca lo que debiera ser en medio de los tér-
minos de Castilla é de Francia, hiciéronle que pa-
sase todo el rio y entrase en el reyno ageno, no mi-
rando á lo que la lealtad les obligaba, é á la decen-
cia de su Rey con venia. Pues decidme agora, grand
Perlado é grand Caballero, ¿ qué tan buenas obras,
qué señaladas mercedes pudisteis rescibir del Rey
extranjero é ageno, que no fuesen muy mayores las
que de vuestro Rey natural teniades rescebidas?
¿ Qué interese tan grande vos pudo venir de honrar
al Rey ageno, que no fuese mayor pérdida la men-
gua de vuestro Rey, que vos puso en su lugar, para
negociar lo que á su estado é honra tocaba ? ¿ Qué
pudisteis ganar en ser parciales á los enemigos de
vuestro Rey, que no perdieseis mucho mas en ser
ávidos por traydores , no mirando al servicio de
vuestro Rey, ni perdonando á vuestras píopias
famas ?
REYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO XLIX.
Como se vieron los Reyes, é de la forma que se tuvo en sus vis-
tas, é fué leyda é pronunciada la sentencia sobre el debate de
Cataluña.
El día que ovieron de ser las vistas , el Rey de
Francia se vino á Sant Juan de Luz , que está jun-
to con el rio de Fuenterrabía, é con él el Arzobispo
de Toledo, que aquel día comió con él ; y el Rey con
mucha caballería é principales Señores de su Corte
pasaron en barcas hasta la otra parte del rio , donde
el Rey de Francia con muchos señores y perlados le
estaba esperando á pié. El Rey iba en una barca , y
con él el Marqués de Villena y el Obispo de Cala-
horra , y en torno dq la barca del Rey iban otras
muchas barcas y en ellas los Señores que aquí serán
nombrados. En una barca iba Don Gómez de Cáce-
res, Maestre de Alcántara, é con él muchos caballe-
ros principales de su Orden ; en otra iba Don Juan
de Valenzuela, Prior de Sant Juan , con otros mu-
chos caballeros de su Orden ; en otra iba Don Luis
de Acuña, Obispo de Burgos , con mucha notable
gente de los suyos ; en otra barca iba Don Beltran
de la Cueva, Conde de Ledesma, acompañado de
muy notables caballeros. En otras barcas iban otros
muy señalados caballeros de Estado, cuyos nombres
seria grand proligidad contar por extenso. Todos
fueron tan ricamente ataviados é vestidos, quanto
en ningún tiempo se pudo ver en Castilla ; tanto é
de tal guisa que los Franceses quedaron muy ma-
ravillados. Y como los Reyes se vieron, el uno des-
de el agua , y el otro en tierra , con mucha mesura
quitaron los sombreros, é salió el Rey en tierra. El
de Francia se vino para él, é quitados los bonetes á
la par , se abrazaron ; é abrazados con acatamiento,
el uno del otro se tomaron de las manos ; é juntos á
la par se fueron hasta una peña baxa que está á la
orilla del rio, donde el Rey se arrimó las espaldas,
y el Rey de Francia se quedó delante de él sin arri-
marse, y en medio de ellos se puso un valiente le-
brel é hermoso , sobre el qual tenían ambos Reyes
puestas las manos. El Rey comenzó la habla con el
Rey de Francia, que estaba muy atento á ella , por
espacio de un quarto de hora. Acabada la habla, el
Rey de Francia le respondió ; é luego llamó al Ar-
zobispo de Toledo, y al Marqués de Villena, y al
Conde de Comenge y junto con ellos á Alvar Gó-
mez, que traia la sentencia; al qual mandaron que
la leyese, en que el Rey de Francia dio por su sen-
tencia que el Rey desistiese de la impresa de Ca-
taluña , y que en equivalencia de aquella y de loa
gastos que había hecho , el Rey de Aragón le diese
la cibdad de Estella con toda su merindad, que es en
el reyno de Navarra , é así mesmo cinquenta mil
doblas ; é que todo aquesto le oviese de dar é cum--
pliese dentro de seis meses. E que para certinidad y
seguridad del cumplimiento de todo ello , la Reyna
Doña Juana de Aragón se pusiese en rehenes en po-
der del Arzobispo de Toledo en una villa de Navar-
ra, que se dice Lárraga, la qual le fué luego entre-
DON ENRIQUE CUARTO.
129
gada y puesta en ella la Reyna. E que el Rey man-
dase á sus capitanes con la gente que tenía en Cata-
luña saliesen de toda ella dentro de veinte dias pri-
meros siguientes, é mandase á los Catalanes que se
volviesen luego á la obidiencia de su Rey , con que
el Rey de Aragón los perdonase. Leyda la senten-
dia, é consentida por ambas partes, el Rey se despi-
dió del Rey de Francia ,'é con toda la caballería se
tornó á las barcas en que avia venido, é ee fué á
'dormir á Fuenterrabía.
CAPÍTULO L.
Como el Rey mandó llamar los embaxadores de Cataluüa , y les
dixo, como era necesario se tornasen ú la obidiencia de su
Rey, el qual les daria todas las seguridades que ellos quisie-
sen, é lo que ellos respondieron, é allí subcedió.
Venido el Rey á Fuenterrabía , y con él el Mar-
qués y el Arzobispo, mandó llamar á los embaxado-
res de Cataluña; é venidos delante de su real presen-
cia, les dixo: «El Rey de Francia, como hermano
»mio de armas y amigo del Rey de Aragón, con
» mucha instancia procuró que aquestos debates de
» Cataluña , por el bien de la paz é por escusar las
» muertes é daños que tan aparexados estaban , se
» pusiesen en sus manos , para que determinase en
» ello lo que mejor é mas convenible le paresciese
«para entrambas las partes ; lo que se huvo de com-
B prometer. E seguud lo que él ha pronunciado por
»su sentencia, vosotros aveis de tornar á la obidien-
»cia de vuestro Rey ; pero con tal condición que vos
»dé seguridad, y vos perdone lo pasado , é do aquí
» adelante vos haya de tratar muy benina é gracio-
« sámente, sin mirar á cosa ninguna de lo pasado.
«Por tanto yo vos ruego que así lo queráis hacer,
» porque para ello vos serán dadas las seguridades
«éfinnezas que vosotros demandáredes ; y esto es
«necesario que hagáis, porque á mí me conviene
«sacar toda mi gente que allá está.» A esto respon-
dió Mosen Copones con mucho denuedo: «Pensába-
» mos, serenísimo Rey, que por avernos encomenda-
»do á la casa de Castilla y á vuestra real Excelen-
«cia, como á nuestro Rey natural, que aviamos de
«ser amparados, é somos destruidos; é que aviamos
B de ser defendidos , é somos maltratados. Querría,
« Señor, que mirase vuestra Alteza , y estos Señores
» de su muy Real Consejo, é nos dixese á qué razón
«quiere que nos podamos confiar y esperar piedad
» alguna, de quien nunca la ovo de su propia car-
» ne, y así tan crudamente consintió matar á su pro-
»pio hijo. Nosotros nos dimos á vuestra Real Coro-
8 na, sabiendo muy bien que el rey no de Aragón con
«el Principadgo de Cataluña é su señorío según de-
Brecho divino y humano le pertenescia, esperando
«como suyos ser libres de las manos de nuestros
«perseguidores, é de nuestro capital enemigo; é
» agora somos puestos al cuchillo por quien nos de-
«biera amparar y defender, Pero pues así le plasce,
»é quiso antes creer á sus desleales servidores é con-
«sejeros, que tomar lo que Dios le daba, de tanto le
«certifico, y téngalo bien en su memoria, que nunca
» á vuestra Real Magestad faltará de aquí adelante
«sobrade muchas guerras y persecuciones, ni á los
«Catalanes quien los defienda en gran menosprecio
» de vuestra real Alteza, é vituperio de su Consejo.»
E dicho aquesto, él y Mosen Cardona sin mas dila-
ción se salieron del Palacio, y se pasaron en Fran-
cia, disciendo á grandes voces: Descubierta es ya
la traj'cion de Castilla ; llegada es ya la hora de su
grand desventura é deshonra de su Rey. Pero el Ar-
cediano de Girona y el otro su compañero se que-
daron allí con el Rey hasta que se partió para Se-
govia y fué con él. Y el Arzobispo de Toledo se fué
á Lárraga, é le fué luego entregada. Donde vino
luego la Reyna de Aragón, é se puso en su poder
segund la forma de la sentencia. El Marqués de Vi-
llena quedó allí por algunos dias, disciendo que con-
venia para bien de lo capitulado.
CAPÍTULO LI.
Como venido el Rey á Segovia, conosció el engaño que avia res-
cebido, 6 lo que bizo.
Venido el Rey á Segovia, é salida su gente de Ca-
taluña, sintió el engaño que había rescebido en con-
sentir la sentencia del Rey de Francia, é como todo
aquello se avia hecho por sacar al Rey de Aragón de
la necesidad en que estaba , é que el Arzobispo de
Toledo é el Marqués á este fin lo avian rodeado. E
ansí muy sentido del Arzobispo y del Marqués, con-
cibió alguna enemistad contra ellos , y pensó en sí
de no cumplir cosa de lo sentenciado. Y pensándo-
se remediar de tan grande pérdida, así de la honra,
como del señorío, mandó llamar al Arcediano de
Girona, que se avia quedado en Fuenterrabía, é ve-
nido, habló con él largamente, rogándole que se fue-
se á mas andar á Barcelona, é trabajase como no se
hiciese mudanza ninguna, é que luego tornaría á
enviarlos muy gruesa gente con que se defendiesen;
y el embaxador como estaba ganoso de servirlo, res-
pondió que le plascia de ir á trabajarlo con todas
sus fuerzas. Entonces mandó el Rey hacerle merced
é socori'o, con que se partió luego. Pero puesto que
este embaxador iba con buen deseo , su ida aprove-
chó muy poco ; porque ya los Catalanes , viéndose
desamparados, avian elegido por su Rey á Don
Pedro, Condestable de Portugal, y enviádole á
llamar.
CAPÍTULO LII.
Como el Arzobispo de Toledo y el Marqués de Villena enviaron á
llamar al Rey, que se fuese á Logroño; donde llegado, le hicie-
ron entrar en la villa de Lerin.é lo que alli subcedió.
El Rey estaba descontento del Arzobispo y del
Marqués, sintiéndose mucho en lo secreto de su
poca fidelidad é menos amor que avian mostrado á
su honra é servicio, en lo que de ellos avia confia-
do. Mas como á la decencia de los Reyes pertonesce
mostrar en los enojos serena cara, é disimular las
cosas con alegre semblante, é fingir con apariencia
lo que en la voluntad no tienen , puesto que ansí
9
130
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
estaba sentido , nunca su boca disparaba palabra
deshonesta ni rabiosa contra ellos. Los quales , pa-
sados algunos dias que el Rey avia reposado en Se-
govia, lo escribieron que se fuese á Logroño con
su gente ; porque alli estaría mas cerca por cabsa de
los tratos. Ávida su carta, el Rey se fué á Logroño,
donde llegando, le tornaron á escribir que seria
mejor que se entrase dentro en Navarra á la villa de
Lerin , que estaba asi por él. Entonces el Rey se fué
á aposentar en ella, y estuvo alli por espacio do
tres meses sin que conclusión alguna se diese, antes
las mentiras se multiplicaban é las cabtelas iban
trasdobladas sin vergüenza ninguna, tanto , que ya
el Rey cansado de sus falsías , no daba crédito al
Marqués que iba ó venia con los tratos, antes quan-
do iba al Consejo , no se le hacia la cabida que de
antes se le solia hacer y tener. E quanto quiera que
todo el tiempo que alli estuvo se pasó en vanidad,
subcedió luego otro mas disoluto caso, y fué que
Mosen Fierres de Peralta entró en Estela, y se apo-
deró de la fortaleza é del lugar, fingiendo rebelarse
on ella contra el Rey de Aragón, para no ge la dar
ni consentir que se enagenase de la Corona de Na-
varra. E no solamente aquesto, mas para temorizar
al Rey de la estada en aquella villa , se echaban
algunos escritos, de ellos en las escaleras, y de ellos
en las salas, diciendo que se guardase é pusiese
grande guarda en su persona, que estaba en grande
peligro su vida. De manera que vista la poca ver-
dad é grand falsia de los que avian de ser leales é
veladores de su honra, determinóse de partir, é fue-
se á la cibdad de Logroño ; el Marqués de Villena
80 quedó alli todavía tratando é fingiendo negociar
sin provecho. Llegado el Rey á Logroño, se partió
luego de allí para Segovia.
CAPÍTULO Lili.
Como el fiey se partió para Segovia, y de aüi á Madrid , c de lo
que alli subcedió.
Mas enojado que contento llegó el Rey á Segovia,
donde reposó algunos dias ; é luego se partió para
Madrid desde Segovia con la Reyna é la Princesa é
los Infantes. Estando alli el Rey de reposo, y con él
el Obispo de Calahorra, y el Conde de Ledesma con
otros algunos del Consejo, vino alli el Maestro del
Espina, y Fray Fernando de la Plaza con otros Re-
ligiosos de la Observancia de Sant Francisco á no-
tificar al Rey, como en sus Reynos avia grande he-
regía de algunos que judaizaban, guardando los ri-
tos judaicos , y con nombre de christianos retaxa-
ban sus hijos ; suplicándole que mandase hacer in-
quisición sobre ello , para que fuesen castigados. So-
bre lo qual se hicieron algunos sermones ; y en es-
pecial Fray Fernando de la Plaza , que predicando
dixo que él tenia prepucios de hijos Christianos con-
versos, que avian retaxado sus hijos. Sabido aques-
to el Rey les mandó llamar, ó les dixo , que aquello
do los retaxados era grave insulto contra la Fé Ca-
lliólica , y que áél pertenescia castigarlo, équetra-
traxese luego los prepucios, y los nombres de aque-
llos que lo avian fecho , porque él quería entender
en ello. Fray Fernando le respondió, que gelo avian
depuesto personas de autoridad ; el Rey mandó que
dixese quién eran laa personas ; denegó desculo;
por manera que se halló ser mentira. Entonces vino
alli Fray Alonso de Oropesa, Prior General de la or-
den de Sant Gerónymo , con algunos Priores de su
Orden, é se opuso contra ellos, predicando delante
del Rey, por donde quedaron en alguna forma loe
Observantes confusos. Pasados pocos dias después
de aquesto, vino el Marqués de Villena con un nue-
vo trato que le avian movido para equivalencia do
la merindad de Estella. Pero como el Rey estaba
sentido y enojado de las mentiras pasadas , no le
dio el crédito que solia, antes se apartaba do él sin
mostrarle el amor que primero le mostraba, en tal
manera, que al Rey crescia la enemistad, y al Mar-
qués el temor y la sospecha; por donde los hierros
del uno contra el otro se comenzaron a multiplicar.
Y puesto que aques tas cosas pasaban , el Marqués
era astuto, é de grande sufrimiento, y con mucha
pascíencía disimulaba los ultrages y desdenes; pero
de seci'eto comenzó su trato con los Grandes del
Reyno; mas para deshonrar y destruir al Rey que lo
hizo, que para servirlo. Y esto es lo que dixeron los
antiguos, que los que yerran nunca perdonan, antes
sospechando la pena de sus culpas, multiplican en
el mal. E desde alli en adelante el Obispo de Cala-
horra y el Conde de Ledesma comenzaron á enten-
der en las cosas de la gobernación del Reyno, y ser
casi los principales del Consejo, y mayormente el
Conde, como que tanto estaba en su voluntad del
Rey, de tal guisa, que la enemistad entre el Mar-
qués y el Conde quedó del todo arraigada señala-
damente, porque las cosas del Consejo se goberna-
ban por las manos del Obispo y del Conde. Pero el
Rey por convencer las malicias del Marqués y lle-
varlas fasta al cabo, mandó que él y el Obispo de
Calahorra juntamente fuesen á Navarra para enten-
der en aquel nuevo trato que el Marqués dixo que
traía ; los quales fueron, é llegados allá, como las
cosas iban cimentadas sobre falsedad, fué tan vana
su ida é de tan poco fruto, que ninguna conclusión
se pudo tomar sobre ello. E acordaron de escribir al
Rey y embíarle un mensagero á le notificar como
el Rey de Aragón é la Reyna su muger decían que
en ninguna forma podían cumplir lo sentenciado,
asi por la mucha necesidad en que estaban, como
porque Estella la tenia Mosen Pierres de Peralta, é
no la quería dar. Entonces el Rey, oídas las vanas
escusaciones, y vista la dañada voluntad del Arzo-
bispo y del Marqués, les envió á mandar que hicie-
sen lo que mejor les paresciese y se viniesen á Ma-
drid. Vista la respuesta, el Arzobispo soltó ala Rey-
na que tenia en rehenes, y entregó Lárraga áel Rey
de Aragón. E ansí entregada, el Arzobispo, y el Mar-
qués y el Obispo de Calahorra se vinieron juiítos
hasta Madrid , y estuvieron allí esperando al Rey,
que era ido al Andalucía, y á Gíbraltar, donde se
vido con el Rey de Portugal, que estaba en Cept.iy
segund será contado
DON ENRIQUE CUARTO.
131
CAPITULO LIV.
Como dieron nueva al Rey que la cibdad de Sevilla estaba muy
alborotada, para se perder, y el Rey se fué allá á grande priesa,
é lo que allí se hizo.
Luego que el Marqués de Villena y el Obispo de
Calahorra se partieron para Navan-a, llegó nueva al
Rey como la cibdad de Sevilla estaba muy alterada
para se perder ; porque el nuevo Arzobispo de Se-
villa y la Comunidad estaban puestos on armas con-
tra los Caballeros y la Clerecia, á cabsa de no querer
el Arzobispo obedescer los mandamientos del Papa,
en que mandaba que pues su tio de este Arzobispo
avia pacificado el Arzobispado de Santiago, que le
avia dado el Rey para él, segund que ya fué re-
contado por la historia, le tomase é dexase el de Se-
villa. E asi estando él rebelado, é apoderado en los
lugares ó fortalezas, y en la Iglesia mayor, que te-
nia encastillada, presumió de se defender. E como
á el Papa fuese fecha relación de la ingratitud de
este Arzobispo contra su tio, dio im mandamiento
monitorio penal en que le mandaba que luego se de-
sistiese del Arzobispado de Sevilla, é lo dexase pa-
cifico para el tio , que tan bien le avia fecho , é se
fuese á su Arzobispado de Santiago , so graves pe-
nas é censuras, no solamente contra él, mas contra
toda la clerecía de la cibdad, y los caballeros de ella,
para que no le oviesen por Arzobispo , ni le obedes-
ciesen, salvo ásu tio. E como asi estaba endurecido^
lleno de ingratitud tenia muy engañada la comuni-
dad con muy grandes promesas , para poner á cu-
chillo toda la clerecía , é caballeros, porque avian
obedescido los mandamientos Apostólicos en tal ma-
nera; que muerta la clerecía, avia prometido los be-
neficios suyos á los hijos de aquellos que le ayuda-
ban en los insultos. En aqueste comedio llegó el Rey,
é mandó al Doctor Diego Sánchez del Castillo , su
Oidor é del su Consejo, que hiciese la pesquisa ; é
fecha, hallóse que no solamente quería hacer aque-
lla cnxeldad, mas que executada, se avia de alzar
con la cibdad e hacerla comunidad , é tomadas las
galeras que estaban en las Atarazanas, hacer guer-
ra por mar, é defenderse por tierra, para que de alli
adelante no fuesen sujetos al Rey ni reconosciesen
señor ninguno. Sabido aquesto, é vista la pesquisa
en el Consejo, el Rey mandó llamar á los principa-
les de la Comunidad, que eran capitanes de aquella
conjuración con el Arzobispo ; é venidos delante de
él, dentro en el Alcázar mandó prender algunos de
los mas culpados ; y entretanto que se hacia justicia
de ellos, mandó que el Arzobispo como inventor é
cabsaíior de los tales insultos estuviese detenido en
pu casa, é no saliese de ella so pena de perder la na-
turaleza de sus Reynos. E porque en menosprecio
de la Sede Apostólica tenia encastillada la Iglesia
Mayor é muy fortalecida, mandó derrocar todo lo
que asi estaba fecho é dar la posesión del Arzobis-
i>íulo al tio; lo qual fué muy alegremente obedecido
portufloH, asi dignidades, y canónigos, como por
los caballeros de la cibdad. E deudc ú tres días fue-
ron ahorcados seis hombres de los que estaban pre-
sos , de las ventanas de sus casas, como perpetrado-
res del insulto; é á los otros mandó que los llevasen
presos á Madrid. E asi sosegada la cibdad, partióse
para Gibraltar.
CAPÍTULO LV.
Como el Rey fué á Gibraltar, é vino el Rey de Portugal, que estaba
enCepta, á verse con él.
Partióse el Rey de Sevilla para Gibraltar, porque
después que se avia ganado de los moros, nunca
avia estado en ella; é llegado allí, sopo como el Rey
Don Alonso de Portugal estaba en Cepta de la otra
parte del Estrecho , de que el Rey ovo mucho plas-
cer, y le envió á rogar se quisiese ver con él é ve-
nirse á holgar con él ; lo que el Rey de Portugal
aceptó de buen grado, é se vino á Gibraltar con muy
poca gente. Fué rescebido con mucho amor, segund
que se acostumbra entre propios hennanos, y estu-
vo alli por espacio de ocho dias, comiendo entram-
bos á una mesa. Fué tratante entre ellos, para los
conformar, Don Beltran de la Cueva, Conde do Le-
desma; púsolos en grande alianza é confederación,
y quedó la conclusión de ciertos capítulos para otras
vistas, que después se hicieron, segund que ade-
lante será contado, de las quales se encendió el fue-
go de Castilla. Concluido aquesto, é ávido sus de-
portes de mucha monteria, donde los mas dias se
salian á solazar, el Rey de Portugal se despidió
para tornarse á Cepta, y el Rey salió con él hasta la
ribera del mar. E luego que el Rey de Portugal fué
partido, el Rey quitó la alcaydia de Gibraltar á Pe-
dro de Porras , que la tenia desde que la cibdad se
ganó, y la dio al Conde de Ledesma, y el Conde
puso alli por él á Estovan de Villa-Creces, casado
con una tia suya. Y esto hizo el Rey porque avia
grand voluntad de prosperar al Conde, vista la ene-
miga que el Marqués tenia contra él sin cabsa algu-
na. Después que el Rey ovo reposado en Gibraltar
algunos dias, partiese para Ecija.
CAPÍTULO LVI.
Como el Rey fué á Écija, y de alli fue sobre Granada, para que
le diesen las parias , y dadas, se partió á Jahen , 6 lo que alli
sucedió.
Venido el Rey á la cibdad de Écija, mandó jun-
tar toda la gente de á caballo que alli estaba , é por
toda la comarca, é partióse para la vega de Grana-
da, donde puso su Real ; y puesto, los moros salieron
áél con las parias acostumbradas, é con ricos pre-
sentes de ricas é diversas cosas que le presentaron.
Estuvo alli una noche, é á otro día derramada la
gente, se fué para Jahen, donde fue muy bien res-
cebido por el Condestable Don Miguel Lucas Di-
ranzo , que tenia la gobernación con los Alcázares.
Venido alli el Rey para reposar algunos dias, vino
á le facer reverencia Don Pedro Girón , Maestre de
Calatrava, mas con propósito de dañar al Conde de
Ledesma, que de ver al Rey. Solamente fué su ve-
132 CRÓNICAS DE LOS
nida cabtelosa, para suplicar al Rey diese el Maes-
trazgo de Santiago al Condestable, sospechando que
lo quería dar al Conde de Ledesma. Como el Rey
ya estaba indignado en la voluntad contra el Arzo-
bispo de Toledo. y el Marqués de Villena su herma-
no, por las formas que avian tenido contra él sobre
las cosas de Cataluña, y que él no avia de ser con-
tra el hermano, antes ayudalle en deservicio suyo,
no le mostró el amor que solia , ni le quiso otorgar
lo que le suplicaba porque vio que aquello que pe-
dia no lo pedia de verdad, ni lo descia para que se
hiciese, salvo para enemistar al Condestable con él
y con el Conde de Ledesma. Y no solamente aques-
to, pero el Rey se apartaba de él é se retraía; por
manera que se ovo de tornar á su tierra. En este
medio tiempo vino un torbellino en Sevilla tan es-
pantable é tan temeroso, que jamas fué oido ni vis-
to, segund los grandes males que hizo. Arrebató un
par de bueyes unidos con su arado colgado del yu-
go, é llevólos en el ayro un grand trecho. Arrebató
una campana de la Iglesia de Sant Agustín, que la
echó de alli un grande tiro de ballesta. Derribó cier-
tos arcos de los caños de Carmena , é muy grandes
pedazos de los muros de la cibdad. Arrancó de raiz
muchos naranjos, y echólos tan altos , que pujaban
sobre las paredes de quatro é de cinco tapias á la
parte de fuera de las huertas ; é otras muchas co-
sas temerosas de oir. Afirmaron algunas personas
de buena vida é niños inocentes que vieron venir
en el aire gentes armadas, peleando unos con otros
con estruendo muy grande. Entre tanto que el Rey
estaba en Jahen, el Arzobispo y el Marqués esta-
ban en Madrid con la Reyna, puesto que entendían
en la gobernación del Reyno é administración de la
justicia. E aunque algunas querellas les venian do
los agravios que se hacian en algunas cibdades por
los corregidores de ellas , asi de robos , como de
muertes injustas, mas les placía dello que no de re-
modiallo, segund que lo solian remediar é castigar
antes, siendo remisos en aquella. Con mayor dili-
gencia procuraban sus confederaciones é alianzas
con los Grandes del Reyno ; é como quiera que sus
capitulaciones que asirhacian no declaraban ser con-
tra el Rey, tampoco declaraban que guardando su
servicio; pero el fin de todo ello fué para destruir
su Estado, según que las obras dieron testimonio
dende á poco tiempo. E puesto que de todo aquesto
fué avisado el Rey por muchos de los suyos, asi
grandes como pequeños, que amaban su servicio,
fué tan remiso , que no lo quiso creer , ni curó de
ello ni de remediarse ; de guisa que el malino de-
seo de sus enemigos ovo lugar de se cumplir. Des-
pués que el Rey ovo reposado en Jahen por algún
tiempo, acordó su partida para tornarse á Madrid.
CAPÍTULO LVII.
Cómo el Rey vino á Madrid, y lo que alli sucedió; é como se vido
con el Rey de Portugal en la puente del Arzobispo, y de lo que
alli se concertó.
Venido el Rey á Madrid, como ya estaba mas sos-
pechoso que contento del Arzobispo y del Marqués,
REYES DE CASTILLA.
é ellos temerosos de él, las cosas de la gobernación
eran mal administradas, c peor proveídas, en tal
manera, que los negocios que ocurrían no avian
conclusión, ni los librantes despacho, ni la justicia
execucion ; porque quanto el Rey con el desgrado
que con ellos tenia , estaba tibio y atónito , tanto
ellos con sus dañados propósitos y pensamientos di-
lataban lo que muy ligeramente se podia despachar.
Mas como su determinado propósito ora mas para
destruir que para reparar, antes deservir que no
ayudar, andaban por su camino hasta ponello en el
cabo. E así dieron ocasión que las querellas de loa
menudos, y el mal contentamiento de los mayores,
ellos ayudando, cresciesen. Pero si como el Rey era
enagenado de la crueldad, é amigo de la clemencia
que jamas le plugo matar ni destruir á ninguno,
fuera vendicativo, y executor de los que tales yer-
ros ensayaban, quedara temido é servido é acatado.
E no solamente aquesto, mas quaudp el Arzobispo
y el Marqués iban á Palacio, si por caso no les abrian
tan presto, los suyos se atrevían con palabras desho-
nestas contra los porteros. Estando asi las cosas mea
en vegilia de rompimiento que de paz , para que
mas se doblase el temor ó la sospecha en el Arzo-
bispo y en el Marqués , escribió el Rey de Portugal
al Rey é á la Reyna como iban á tener novenas á
Guadalupe, rogándoles quisiesen ir á la Puente del
Arzobispo, para que se viesen alli. El Rey ovo plas-
cer de ello, é sin consultar cosa alguna con el Arzo-
bispo ni con el Marqués , determinó su partida , é
mandóles que se quedasen , é llevó consigo á la Rey-
na, é la Princesa con los Infantes sus hermanos.
Llegado el Rey á la Puente del Arzobispo, vino alli
el Rey de Portugal ; donde vistos, hicieron grandes
alianzas é confederaciones ; y entre las otras cosas
que alli se concluyeron, fué que el Rey de Portugal
casaría con la Infanta Doña Isabel, hermana del
Rey. E fechos sus conciertos, firmados é señalados,
el Rey de Portugal se tornó á Guadalupe, é de alli
para su reyno.
CAPÍTULO LVIIL
Como partido el Rey, el Arzobispo y el Marqués de Villena sa-
lieron de Madrid, y se fueron á Alcalá de llenares, c lo que allí
subcedió.
La partida del Rey muy acelerada, sin averia
consultado con el Marqués ni con el Arzobispo , é
sin avellos llevado consigo, fué para ellos muy es-
candalosa, é los puso en tanta sospecha, que temien-
do ser presos é destruidos , determinaron de ir á la
villa do Alcalá de Henares , y no tornar á Madrid
ni estar en la Corte; y aquesto no sin justa -cabsa,
ca razonable cosa era aver miedo donde la concien-
cia dañada remordía, é reprehendía la deslealtad,
é acusaba las maldades y nialvadas obras. E asi
partidos, é pospuesta toda vergüenza, poniendo por
obra sus malos deseos, comenzaron de hacer nue-
vos tratos , provocando á los Grandes á rebelión,
é desobidencia al Rey , en tal manera, que algunos
de los mas principales descubiertamente lo aceta-
DON ENRIQUE CUARTO.
ron. De los quales fueron el Almirante Don Fadri-
que Enriquez, é Don Rodrigo Pimentel , Conde de
Benavente, hierno del Marqués de Villena, el Obis-
po de Coria, é todos sus hermanos de la seqüela del
■ Arzobispo de Toledo. E no solamente aquesto, mas
entretanto que el Rey estaba en las vistas con el
Rey de Portugal , el Marqués de Villena como as-
tuto é mas industrioso en las cabsas de cabtela, se-
cretamente, sin que fuese sabido, con dos de muía
que le acompañaron, se fué á meter por las puertas
de Don Alvaro de Zuñiga, Conde de Plascncia, é de
Don Garci-Alvarez de Toledo, Conde de Alva. Con
los quales se confederó con grandes seguridades,
para ser juntos contra todas las personas del mun-
' do, é si fuese menester, contra el Rey. E asi confor-
mados, fué el concierto que en lo público fingiesen
estar enemigos, para engañar al Rey, como adelan-
te se dirá, é aver á los Infantes á sus manos ; y
esto fecho, se tornó para Alcalá, E quanto quier
quel Arzobispo y él parescian estarse allí de reposo,
no á lo menos tan descuidados que sus mensageros
' cesasen de andar por todo el Reyno, moviendo y al-
'terando las gentes para escandalizarlos. Y no sola-
mente ellos alli donde estaban sembraban discor-
dia, mas el Maestre de Calatrava Don Pedro Girón
por toda la Andalucía hacia lo semejante. E puesto
que cada dia iban mensageros al Rey á le notiíiüar
las novedades é formas deshonestas que con él se
hacian , fue tan remiso en se proveer y remediar,
que lo trageron á los trabajos en que se vido.
CAPÍTULO LIX.
Como el Rey torní á Madrid, é de loque alli subcedió.
Venido el Rey á Madrid , é vista la novedad del
Arzobispo y del Marqués, que asi avian fecho en se
apartar de donde él los avia mandado quedar , es-
peró su venida por espacio de quatro dias, é luego
enviólos á rogar é mandar que se viniesen, para co-
municar con ellos las cosas que con el Rey do Por-
tugal se avian negociado, asi mesmo acerca del ca-
samiento de la Infanta su hermana, y de oíros ne-
gocios particulares que cumplian á su servicio. Ellos
respondieron que si su Alteza oviera gana de les
dar -parte de las cosas concertadas con el Rey de
Portugal , les mandara ir con él, y pues les mandó
quedar, páreselo que no le plugo de ello. E que se-
gund avian visto é conoscido en los dias pasados,
la experiencia mostraba que tornar á su Corte é an-
dar en su servicio les era cosa de grand peligro é
de poca seguridad, asi por lo que de su real Señoría
les era notificado, é lo sabían de cierto, como por la
enemiga que contra ellos tenian algunos de los que
andaban cerca del, E que por aquello é otras cosas
notorias, que á ellos eran notificadas , avian deter-
minado de se apartar de su Corte, por escusar los
enconvinientes que se lea podían seguir ; mas que si
su Alteza quisiese salir á verse con alguno do ellos
en el campo, alli serian notificadas todas por exten-
''' iBO las cabsas de su apartamiento ; y puesto que
por una parte se ponian en pendencia de tratos, por
133
la otra buscaban el reparo é seguridad de sus vi-
das y estados, basteciendo sus fortalezas é aperci-
biendo sus gentes. Pero aunque el Rey era sabidor
de aquesto, disimulaba no sabollo. Al fin por con-
firmar su malicia, é no Uegalla hasta el cabo, de-
terminó de salirse á ver con el Marqués entre Ma-
drid é Alcalá. E como ya se iba rompiendo el velo
de la vergüenza, crescia el desamor, é reynaba la
deslealtad ; por manera, que de aquellas vistas nin-
guna conclusión se pudo tomar, antes do contino,
fingiendo mayores sospechas, ó porque sus concien-
cias los remordían, ó sus culpas los acusaban , so
movían nuevos tratos sin conclusión de ningunos.
Al fin, después de tomados muchos acuerdos, fué
determinado que para la seguridad de su venida
del Marqués de Villena á Madrid , que el Marqués
de Santíllana é D. Pedro de Velasco, Conde de Haro,
se oviesen de ir á la fortaleza de Alcalá la Vieja, y
ponerse en rehenes en poder del Arzobispo do To-
ledo, y estar alli fasta que el Marqués de Villena
fuese tornado á Alcalá. Tomado aqueste medio, el
Marqués de Santíllana é D. Pedro de Velasco se
fueron á la fortaleza de Alcalá ; é asi puestos en po-
der del Arzobispo, el Marqués de Villena se fué á
Madrid; donde venido, por enemistar al Rey con
los Grandes, para que ninguno se fiase de él ni cu-
rase de servirlo, díxole que Don Alonso de Fonso-
ca, Arzobispo de Sevilla, era su enemigo capital , é
que si no le mandaba prender para destruillo, que
él en ninguna manera se fiaría de andar en su Cor-
te. Y aquesto hacia él para que viesen todos, é to-
masen mal enxemplo del Rey, que destruia sus lea-
les, señaladamente aquel, que por muy fiel lo avia
echado fuera de la gobernación. B no solamente
movió la voluntad del Rey á ello, mas hizo creer al
Obispo de Calahorra, que, prendido el Arzobispo, le
daria el Arzobispado de Sevilla; por manera, que
el Obispo con la cobdicia fué incitador de la pri-
sión suya con el Rey, porque de aquella prisión se
alterarían los Grandes para no se confiar del Rey ;
é seria forzado por pura necesidad que oviesen do
creer sus engaños, y querer lo que él quisiere, y no
la voluntad del Rey que le avia levantado del pol-
vo. Y quanto quiera que el Rey sentía sus cabtelas,
deseando quitar los escándalos, porque las cosas no
viniesen á rompimiento, para convencer su malicia,
consintió en ello, é mandó á Juan Fernandez Galin-
do, Comendador de Rey na, é del su Consejo, porque
siempre fué leal servidor é consejero, que fingien-
do irse á su casa, fuese {*> Cantillana, é prendiese al
Arzobispo de Sevilla, que por fuerza, que de grado.
El Marqués por otra parto secretamente envió á avi-
sar al Arzobispo de Sevilla que se pusiese en salvo,
porque el Rey le enviaba prender. E asi el Arzo-
bispo quedó enemistado con el Rey, é amigo suyo;
por manera, que quando llegó Juan Fernandez Ga-
líndo, ya el Arzobispo estaba en Bojer. Do dondo
resultó que los que estaban ganosos do servir al
Rey, quedaron sospechosos é con róscelo de lo se-
guir ; por donde los malos deseos del Marques de
Villena ovleron cabida en los pensamientos de mu-
134
CRÓNICAS DE LOS REYJíS DE CASTILLA.
chos, que estaban fuera de la Corte, é no se osaban
mostrar por el Rey, ca no sabían de que forma pa-
saban las cosas.
CAPÍTULO LX.
Como quisieron prender al Rey en el Alcázar, é prender á los
Infantes, y quebrantadas las puertas, entraron por fuerza en la
Cámara del Rey.
Pasados algunos días después que el Marqués
vino á Madrid, yendo á Palacio unas veces solo, é
otras acompañado , apartábase á solas con el Rey,
para hablar en las diferencias que traían. Y desque
sintió la grand afición que el Rey tenia con el Con-
ile de Ledesma y con el Obispo de Calahorra, y
como en aquel propósito perseveraba, acordó de
llamar algunos caballeros de su confederación. Don-
de vino luego Don Alonso Enriquez, el hijo mayor
del Almirante, é Don Rodrigo Pimentel , Conde de
Benavente, é Don Rodrigo Manrique, Conde de Pa-
redes , y otros algunos caballeros é personas de
quenta. E asi venidos, é ávido su consejo secreto
entre ellos, acordaron que todos juntamente se fue-
sen á Palacio con sus secretas armas , para tomar
los Infantes de su mano, é prender al Rey y al Con-
de de Ledesma. E como quiera que los tratos pen-
dían, siempre el Rey estaba sobre aviso de poner á
sus hermanos á buen recabdo , por manera, que la
maldad pensada no ovíese efecto, é lo mas del tiem-
po del día los mandaba estar en la torre del ome-
nage con guardas. E como aquel día venían con da-
ñado propósito, llamaron á las puertas con gran ri-
gor, ó sin acatamiento ninguno : de tal son que las
quebraron , entrando todos por fuerza á pesar de
los porteros. Entonces el Rey, oydo el estruendo de
la entrada con tanto alboroto, sospechando la des-
lealtad de los que ansí entraban , tomó consigo al
Conde de Ledesma, é retrúxose en un retrete peque-
ño, donde pudo estar en alguna manera seguro ; de
guisa, que quando pensaron hallar al Rey en la
sala y al Conde de Ledesma con él, no los pudieron
aver, ni tampoco á los Infantes. Pero el Marqués de
Villena, como era astuto, visto que su mal propósi-
to no se podia executar, disimuladamente hablan-
do, fingiendo rigor, comenzó á retraer la gente, dis-
ciendo algunas palabras mas lisongeras que de re-
prehensión. E así apartados fuera de la puerta de la
Cámara, fuese á donde el Rey estaba, é fingiendo
ser pesante de lo que avían fecho , díxole que su
Alteza debía de mandar castigar aquel insulto.
Mas si el Rey quisiera tener esfuerzo de varón é
osadía de caballero , é para tan feo atrevimiento le
plugíera mas el castigo que la toleracion de ello,
muy ligeramente les podía dar el pago de su des-
vergonzada osadía. E porque fue muy remiso quan-
do debiera ser executivo, é mostró flaqueza quando
debiera de tener esfuerzo, sus desleales cobraron
osadía, y él quedó mas amedrantado que con de-
nuedo. Luego que el Rey vio al Marqués de Ville-
na, dixo : «¿ Parecevos bien. Marqués, esto que se
ha fecho á mis puertas ? sed seguro , que ya no ee
tiempo de mas paciencia.» El Marqués , de que vido
la indignación del Rey , salióse de Palacio con to-
dos los que avian venido con él ; é para aplacar la
indignación del Rey, envióle aquella tarde al Conde
de Benavente su hierno con trato de mas livianas
cosas que de sustancia. Y esto no sin cabsa : ca co-
mo de la condición del Rey sabia que era íncliaarsc
á los tratos, é con aquellos le avia de traer á quan-
to él quisiese, todavía buscaba con él nuevas pen-
dencias sin conclusión ninguna.
CAPÍTULO LXI.
Como el Rey acordó de dar el Maestradgo de Sanctiago al Conde
de Ledesma.
Viendo el Rey el feo atrevimiento que se avia fe-
cho á sus puertas, é que aquello se hacia maliciosa-
mente por apartar al Conde de Ledesma de la Cor-
te é quitalle de su favor, crescióle mayor afición de
ponello en mas alto estado. E asi para mayor des-
grado del Marqués de Villena, determinó de le dar
el Maestradgo de Santiago, que él tenía en admi-
nistración desde la muerte de D. Alvaro de Luna,
Condestable que fué de Castilla, así para hacerle
mayor pesar , como para que con la grandeza del
estado pudiese competir con él. Ávido su acuerdo
entresí mesmo, mandó llamar al Obispo de Calahor-
ra y al Conde de Ledesma é á Alvar Gómez su se-
cretario, y apartado con ellos en grand secreto, les
dixo : « Conocida tengo la maldad y dañado propó-
»sito del Marqués é de estos caballeros que á cabsa
nsuya andan, no solamente por me deservir y enojar
wsegundse ha mostrado por el perverso atrevímien-
»to que á mis puertas hicieron , mas porque yo aya
»de apartar de cabe mí al Conde de Ledesma que
«aquí está. Pero porque sus malinos deseos no ayan
nlugar, ni se cumpla lo que ellos quieren, tengo
«determinado, y es mí deliberada voluntad de ha-
«celle Maestre de Sanctiago, para que como Grande
))é con la grandeza de su estado me pueda mejor
«servir, é competir con el Marqués de Villena, que
«tanta enemistad ha concebido contra él sin cabsa
«ninguna, é á mí ha deservido con tantos enojos ó
«pérdidas que por él me son venidas. Por tanto yo
« desde agora como administrador del dicho Maes-
«tradgo lo renuncio en las manos de nuestro muy
«Sancto Padre, que agora es para que su Sanctidad
»lo provea del. E asi mando que todas las provisio-
«nes, é todo lo que fuese necesario lo despachad
«luego Alvar Gómez, sin que sea sabido.» E con
este mensage fué un capellán de su Capilla, que se
llamaba Suero de Solis, al qual dieron luego cator-
ce mil florines para la data y expedición de las bu-
llas , con que se partió disimuladamente é á grand
priesa. Entre tanto que este mensagero iba su ca-
mino de Roma, como Alvar Gómez era muy aficio-
nado y parcial al Marqués de Villena desde la mal-
dad de la embaxada de Francia, en que tanta pér-
dida cabsaron contra el Rey, todo el negocio de la
renunciación del Maestradgo le descubrió, por don-
de la enemiga creció mayor en el Marqués contra el
DON ENRIQUE CUARTO.
135
lley é contra el Conde de Lodesma ; por manera que
las cosas desde alli adelante iban mas dañadas é
de peor suerte ; y el Marqués tuvo tiempo de ma-
yores confederaciones con los Grandes del Reyno,
para que cuando las bullas del Maestradgo de Sanc-
tiago fuesen venidas, que todos se alterasen é rebe-
lasen contra el Rey ; de tal forma, que por todas las
vias é formas que pudo buscar, buscaba la perdi-
ción del Rey é destrucion de su magnifico estado, é
tan pacifico. E porque aquello se pudiese mejor
executar, dixo al Rey que aquellos negocios mejor
88 acabarían en Segovia, que en Madrid. Aquesto
no lo procuró sin cabsa; porque estando alli ternia
mas cercanos los caballeros de su partido, para
quando fuese menester venir á las armas ; los qua-
les eran el Almirante con los Manriques, é los Con-
des de Plasencia, é Alva, é Benavente con otros de
menor estado. El Maestre de Calatrava se pasó lue-
go á su villa de Peñafiel ; é fue acordada la partida
de los rehenes que estaban en Alcalá la Vieja , que
eran el Marqués de Santillana, é Don Pedro de Ve-
lasco, como arriba se dixo, é asi mesmo el Conde de
Saldaña Don Pedro y Don Juan de Mendoza que
estaba en üzeda en lugar del padre ; pero por algu-
na seguridad quiso el Marqués de Villena, que el
Obispo de Falencia, hermano del Conde de Ledes-
ma se pusiese por rehenes en Peñafiel, en poder del
Maestre su hermano ; é puesto, el Rey se pasó luego
á Segovia con la Reyna é la Princesa su hija, é con
los Infantes sus hermanos, y el Marqués de Villena
en pos del.
CAPÍTULO LXII.
Como llegado el Rey á Segovia, sucedieron grandes novedades.
Después que el Rey fué llegado á Segovia, donde
mas pensaba reposar, el Marqués de Villena publi-
caba que los Condes de Plasencia y de Alva eran
sus enemigos, y que siendo aquellos contra él, no
podia estar seguro en la Corte ; que por eso conve-
nia que el Rey les enviase á mandar que se aliasen
con él. B esto hacia él porque cuando los Condes le
ayudasen, que fuese por su mandado. El Rey cre-
yendo ser asi, envió 'sus mensageros á los Condes.
Durante aquesta falsa pendencia, el mensagero que
avia enviado á Roma fué tan solícito , que despa-
chó la provisión del Maestradgo de Sanctiago para
el Conde de Ledesma, é traxo las bullas, de que el
Rey fue muy contento. E asi envió á llamar al
Marqués de Villena, é venido, notificóle, como el
Papa avia proveydo del Maestradgo de Santiago al
Conde de Ledesma, rogándole quisiese dar su con-
sentimiento en ello. El Marqués respondió que si á
suplicación de su Alteza se le avia dado el Papa, á
él no convenia sino obedescer, pero que fuera me-
jor avello consultado con los Grandes de su Reyno,
é no esperar los grandes escándalos que por ventu-
ra se podrían seguir , por no avello sabido antes ;
mayormente pues que tenia á su hermano el Infan-
te, á quien de derecho le pertenescia, y lo debia de
aver. El Rey no curando de aquello, porque sintió
ser dicho con malicia, otro dia siguiente acordó de
gelo confirmar, é darle las insignias que como á
Maestre le pertenescian. Entonces el Marqués de
Villena vista la novedad , y como el Conde do Le-
desma, seyendo Maestre, era mayor señor que no él,
procuró y trabajó quanto pudo la deshonra é per-,
dicion del Rey, en tal manera , que luego procuró
que los Grandes de su confederación allegasen sus
gentes é se pusiesen en armas y estuviesen aperce-
bidos. E asi pensó como pudiese prender al Rey con
la Reyna y la Princesa, é tomar á los Infantes, é
tenerlos asi de su mano, é matar al nuevo Maestre ;
para lo qual se puso en tratos secretos con un capi-
tán del Rey que se llamaba Hernando Carrillo, hijo
de Gonzalo Carrillo de Córdoba. Este Hernando
Carrillo era casado con una dama de la Reyna, quo
se llamaba Doña Mencia de Padilla. Esta Doña
Mencia era á la sazón dama de la infanta Doña Isa-
bel, que después fue Reyna de Castilla. E porque
entrambos dormían dentro del Palacio de la Reyna,
que estaba junto cabe con el Palacio del Rey, pro-
metiéndole grandes mercedes, concertó con ellos
que una noche señalada les diesen entrada por la
puerta de la Reyna secretamente, élos apoderasen
dentro la casa, para que él tomase á los Infantes; el
Conde de Paredes prendiese al Rey, el Maestre do
Calatrava al nuevo Maestre de Sanctiago , é lo de-
gollase , é los Condes de Alva y de Plasencia á la
Reyna é á la Princesa. E asi concertados é todos
apercebidos, para lo poner en obra, plugo á la bon-
dad de Dios, que nunca se paga de la traycion ni
de la ingratitud, que aquella mesma noche que
aquello se avia de executar, tres horas antes fuese
descubierto al Rey, estando el Marqués con él en eu
Palacio, de que el Rey fue turbado. E apartado con
algunos principales de su Consejo, para se lo mani-
festar, todos eran de acuerdo que lo prendiesen, pues
lo tenía dentro de su Palacio é tan feas cosas per-
petraba contra él ; pero el Rey no lo quiso hacer,
diciendo, que seria infamia de su Real pebona ;
porque él era venido alli sobre el seguro suyo, é que
á todos no seria notorio el caso de su traycion, como
seria manifiesta la prisión, é que de alli se podría
seguir mayor escándalo é menos confianza de su
palabra Real, segund el estado en que las cosas es-
taban ; pero mandó que Gonzalo de Sayavodra é
Alvar Gómez se lo entrasen á notificar, para saber
lo que respondía. E respondió que él no sabía tal
cosa, é pluguiese á Dios que no oviese de caer en
tal fealdad ; que él iría á saber la verdad, ó que si
algunos de los suyos eran en culpa los entregarla á
la justicia para que fuesen castigados. E asi con
gesto demudado salió de Palacio, é sin ir á su casa,
se fue al Parral fuera de la cibdad , donde puso su
persona á grand recabdo con gran guarda de gente.
E después nunca- entró eu la cibdad, antes hacia que
el Rey saliese á hablar con él , pero no el nuevo
Maestre.
136
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPITULO LXIII.
Como se trataron vistas entre el Rey y los Condes de Plasencia y
de Alva, y quisieron prender al Rey.
» Desque vio el Marqués de Villena que so avia des-
cubierto el trato de su traycion , é que por allí no
se podia executar su dañado propósito, pensó con
sus cabtelosaB formas otro nuevo trato de mayor
escándalo, y fué hacer que los Condes de Plasencia
é de Alva pidiesen vistas con el Rey , diciendo que
de su boca querían saber lo que le píasela que se hi-
ciese en la paz con el Marqués de Villena , y en que
forma los mandaba concertar con él porque después
su Alteza no los culpase de lo que sobreviniese. E
como el Rey tenia grand gana de la paz , respondió
que le píasela, c que las vistas fuesen entre Sant
Pedro de las Dueñas é Villa-Castin , donde ellos es-
taban. E asi concertadas , el Rey se fue alli á Sant
Pedro , que es un Monesterio de 1 a orden de Santo
Domingo , á quatro leguas de Segovia , con la gen-
te de sus guardas ; ó fué con él el nuevo Maestre do
Sanctiago con quinientos rocines, y el Obispo de Ca-
lahorra con sus contínos, é los otros caballeros é le-
trados del Consejo. Los Condes estaban en Villa-
Castin con quatrocientos rocines ; y el Marqués de
Villena , fingiendo su enemistad con los Condes , se
vino á Lastrillas con trescientos rocines ; y el Maes-
tre de Calatrava á Tuerégano con quatrocientos ro-
ñes , é con él el Conde de Paredes y el Obispo de
Coria con ciento é cinquenta rocines. Pero porque
el Maestre de Calatrava é los Manriques estaban
ocho leguas del lugar donde las vistas estaban con-
certadas , é para el dia señalado, que se avian de
hacer, no pudo llegar , y el Marqués dilató las vis-
tas para otro dia siguiente , que el Maestre su her-
mano podria llegar , y se hiciese lo que entre ellos
estaba concertado contra el Rey. El Rey aquella
noche en el Monesterio reposó sin sospecha de lo
que contra él se ordenaba , é á la media noche lle-
garon dos measageros á grand priesa, uno en pos
de otro , haciéndole saber que el Almirante Don
Fadrique se avia puesto en armas en Valladolid,
para levantarse con ella , é que avia alzado pendo-
nes por el Infante su hermano, diciendo : Castilla
por el Rey Don Alonso; é que los de la villa avian
ido contra él , é lo avian echado fuera, no solamen-
te á él , mas á todos los de su valia ; por manera
que la villa estaba á su servicio , y que le suplica-
ban, que pusiese luego remedio , é les enviase so-
corro de gente, y capitán que loa gobernase. E sa-
bido aquesto, el Rey envió luego al Comendador
Gonzalo de Sayavedra del su Consejo, con trescien-
tos rocines de las guardas , que se partió luego á
mas andar; y entrando en la villa, puso luego guar-
da. Venido el dia siguiente de las vistas , los Con-
des enviaron á descir al Rey que su Alteza comiese
luego de mañana, porque las vistas serian después
mejor é tcrnian mas largo espacio para platicar é
comunicar los negocios, pero aquesto rodeaba al
Marqués cabtelosamente por dilatar el tiempo, para
que el Maestre su hermano pudiese llegar á las vis-
tas é juntarse con ellos. Después que el Rey ovo co-
mido, salió al campo con la gente de sus guardas,
aunque era poca la que allí estaba, é asi naesmo la
del nuevo Maestre, esperando la venida de los Con-
des. Estando asi , llegaron quatro de á caballo cor-
riendo á muy grande priesa por diversos caminos,
haciéndole saber como el Maestre de Calatrava é los
Manriques venían con seiscientos rocines con deli-
berada voluntad de lo prender; de lo qual avian sido
avisados de los que venían con el Maestre para que
lo notificasen á su Alteza ; é en el concierto de la
traycion eran los Condes , é principalmente el Mar-
qués de Villena, á cuya requesta estaban todos con-
formes, é que se venían á juntar para ello. Quanto
quiera que el Rey se turbó de aquella nueva , con
disimulado semblante llamó al Obispo de Calahor-
ra é á mí, como su Coronista é del su Consejo, é nos
mandó que de parte suya fuésemos á los Condes , ó
les dixésemos aquella novedad , que se descia , ó le
avian venido á descir por tantas partes ; que se ma-
ravillaba de ellos de caer en tan gran fealdad, é que
quería saber si era verdad , para ver si los avia do
tener por suyos ó no. E asi el Obispo é yo con él
tomamos nuestro camino para Villa-Castín, por
donde los Condes venían; pero apoco mas demedia
legua que ando vimos, encontramos con otros, que
ibaná desengañar al Rey; porque avian cabida en el
secreto, é como lo avian de prender en aquellas vis-
tas, é le cumplía no esperar allí ni verse con ellos.
Entonces el Obispo de Calahorra acordó que yo tor-
nase al Rey á mas andar, para notificalle lo que alH
nos avian certificado. E desque llegué al Rey, é le
notifiqué todo lo que al Obispo é á mí avian dicho é
descubierto, tomó consigo veinte de á caballo, é su-
bióse por lo alto de la sierra, camino de Segovia ; ó
mandó hacer apellido por todos los lugares de la
sierra, para que la gente saliese á le acompañar, é
llevasen sin rescelo. Fecho el mandado, salieron
mas de cinco mil peones, que lo acompañaron hasta
las puertas de Segovia. B como el nuevo Maestre de
Sanctiago se quedase en el campo con su gente é la
de las guardas ordenando sus esquadrones , para dar
la batalla al Maestre de Calatrava, subiéndose el
Rey á la sierra , envióle á mandar conmigo que mo-
viese su gente, é se fuese camino de la cíbdad lo
mas ordenadamente que pudiese, é que por cosa del
mundo non pelease ni consintiese revolver escara-
muza ninguna. El nuevo Maestre, oydo lo que yo
le dixe de parte del Rey, movió sus batallas con
buen tiento camino de Segovia ; pero como el Maes-
tre de Calatrava , llevaba seis cientos rocines, si es-
tuvieran los Condes y el Marqués juntos con él, sin
dubda todavía se diera la batalla al Maestre de
Sanctiago. E como por todo aquel dia no se pudie-
ron juntar hasta la noche, no ovo lugar de pelear;
por manera quel Maestre Don Beltran de la Cueva
pasó sin contradicion alguna fasta que llegó á Sego-
via, donde halló al Rey, é le plugo, porque no avia
peleado. Entre tanto que el Rey y el Maestre Don
Beltran de la Cueva se fueron á la cib'lad, el O bis-
DON ENRIQUE CUARTO.
137
po de Calahorra llegó donde los Condes venían por
su camino adelante ; é como los vio venir armados
en son de pelear con propósito de prender al Rey, él
les dixo : «Por cierto, Señores Condes, feo apellido
» paresce aqueste que traéis el dia de oy , que fián-
»dose el Rey de vosotros, é saliendo él seguramen-
» te á verse con vosotros como con sus subditos é
«naturales vasallos, deseando pacificar vuestras
«discordias, vengáis con tanto disoluto é peligroso
» pensamiento , que queráis prender á vuestro Rey.
«Parecería mejor por cierto presumir de servillo
» con lealtad, que procurar de perseguillo sin cabsa,
» mayormente acordandovos de los bienes é merce-
«des señaladas que hizo á vuestros padres, quando
» al uno hizo tornar la tenencia de Burgos é dar
»la cíbdad de Plasencía con título de Conde, é al
» otro soltó de la prisión é mandó dalle lo suyo. De
» tanto yo vos aseguro, pues que con tanta ingrati-
»tud, é sin cabsa ninguna vos movéis á perseguillo,
«que antes hallará su Alteza caballeros que lo sir-
»van é sigan con su lealtad , que vosotros un tal
» Rey, que tales mercedes vos haga.» Equauto quie-
ra que los Condes quisieran trabar largo razona-
miento con el para colorar su yerro, el Obispo se
despidió dellos , é se tornó á Segovia con diez de á
caballo que le acompañaban.
CAPÍTULO LXIV.
Como los caballeros se fueron á la cibdad de Burgos , y lo que
alli tentaron é hicieron contra el Rey.
Luego aquella noche se juntaron el Marqués de
Villena y el Maestre de Calatrava con los Condes, y
halláronse confusos y descontentos, visto que el
Rey y el Maestre Don Beltran de la Cueva se avian
ido en salvo. Verdad es que si el Rey quisiera como
varón tener osadia del Rey y esfuerzo de caballero,
para que aquella mesma noche fuera sobre ellos,
muy ligeramente los pudiera prender y destruir para
siempre , porque ellos estaban derramados ó mal
proveídos ó sin orden ; mas como era remiso , é la
rotura may agena de su condición, antes quería
pendencia de tratos, que destruir sus enemigos. Es-
tonces sus enemigos acordaron que para la exccu-
cion de su propósito, sería bien ir á la cíbdad de
Burgos; porque allí temían mayor seguridad que en
otro ningún lugar del Reyno, visto que la fortaleza
estaba porel Conde de Plasencía. E asi determinado
otro dia siguiente partiéronse , é se fueron derechos
hasta entrar en la cibdad ; donde llegados , la ma-
yor parte del pueblo se alborotó , veyendo la nove-
dad con que venían. Pero el Marqués de Villena,
como era astuto, comenzó de convocar la gente an-
dando por las Iglesias , hablando con los vecinos,
ó perroquianos dellas, é así mesmo por las plazas,
donde mayores ayuntamientos se hacían. A los qua-
les con dulces razones halagüeñas comenzó á apla-
car é atraer, dísciendo que ellos no venían á damni-
ficar la cíbdad , ni alterar el Reyno , salvo para re-
mediar loa grandes insultos é graves delitos é agra-
vios enormes que contra toda razón so hacían por
la culpa del Rey é de su mala vida. El qual se po-
dría mas propiamente llamar enemigo del Reyno
que señor , mas disipador que Rey, mas tirano que
gobernador, mas cruel que justiciero. E que sobre
aquesto ellos seyendo de los mas principales del
Reyno , é sintiéndose de tantos males que así se ha-
cían , en nombre de todos los grandes señores é ca-
balleros del Reyno, se avian venido ámeter en aque-
lla cibdad , como principal é cabeza del Reyno, para
que juntamente con ellos se diese forma que los ma-
les é daños fuesen remediados ; é que esto querían
que se hiciese con su acuerdo é consejo é consenti-
miento. E asi colorando sus razones, y desdorando
la honra ó fama del Rey , aplacó algún tanto su al-
teración ; mas no enteramente, que á los discretos é
personas de abtoridad no pareciese cosa muy des-
vergonzada é de mal enxemplo lo que así el Mar-
qués de Villena proponía de hacer ; é asaz mormu-
rando de su feo atrevimiento, é de su disoluta osa-
dia, daban sobre él diversas sentencias. Unos le
juzgaban por alevoso servidor, dísciendo que pues
era levantado del estiércol, ó fecho tan grand señor,
c puesto en tan alta cumbre, páresela cosa muy de-
testable , fiera é de muy grand abominación poner
la lengua tan rotamente en el Rey , que lo avia fe-
cho , é disfamar á quien tan sobrado señorío le avia
dado. Pero ni por esto dexaban de sentir ni conos-
cer que aquello que asi se intentaba, era muy aire-
ño de la verdad ; é que no lo hacia por celo que tu-
viese al bien común, ni afición á la justicia , salvo
por su propio interese , é á fin de aver el Maestrad-
go de Sanctiago, é quítallo á quien lo tenía. Aca-
bados sus largos razonamientos por diversas partes
de la cibdad , y en el ayuntamiento donde la ma-
yor parte del pueblo concurría , dixo que para la
prosecución de esta sancta empresa convenía que
algunos principales hombres de los cibdadanos se
juntasen con él é con los otros señores que alli es-
taban y esperaban venir ; donde todos juntamente
diesen orden en el bien del Reyno, é los daños del
fuesen ;luego remediados. E así, elegidas algunas
señaladas personas, vinieron á su congregación , é
venidos, acordó el Marqués de Villena, como guia
é cabdillo de aquella congregación, que se escribiese
una carta al Rey , la qual sin dubda iba tan desme-
surada con espuelas de rigor, tan fuera de todo aca-
tamiento, sin freno de templanza, que ni á los sub-
ditos era conveniente envialla, ni á la decencia del
Rey rescebilla. Mas como ya él avia perdido al mun-
do la vergüenza, é á Dios el temor, é de.su anima
la consciencia, pospuesta la honestidad, que siquie-
ra como grande Señor fuera razón de tener, sin em-
pacho ninguno, é sin memoria de las señaladas mer-
cedes é bienes rescebídos, quiso que allí pública-
mente en presencia de todos se leyese. E puesto
que toda ella era disoluta, é llena de feas palabras,
quatro muy señaladas cosas en ella se contenían :
La primera, que su Alteza en ofensa de la Religión
christiana traía consigo ordinariamente capitanía
de moros infieles, enemigos de la sancta fee catho-
líca, que forzaban las christianas, é hacían otros
138
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
muclios graves insultos , sin ser pugnidos ni casti-
gados. La segunda, que los corregimientos, é ofi-
cios de la Justicia eran dados á personas inhábiles,
agenas do todo merecimiento é de malas concien-
cias ; en tal manera , que con poco temor de Dios
vendían la justicia, haciéndolo sin miedo ninguno.
La tercera, que avia dado el Maestradgo de Sanctia-
go á Don Beltran de la Cueva, Conde de Ledesma,
en grand perjuicio del Infante su hermano, á quien
de derecho pertenescia como hijo del Rey Don Juan
su padre. La quarta, que en grand perjuicio é ofen-
sa de todos sus Reyuos, é de los legítimos subceso-
res sus hermanos, avia fecho jurar por princesa he-
redera á Doña Juana, hija de la Reyna Doña Jua-
na, su muger, sabiendo él muy bien, que aquella no
era su hija , ni como legítima pedia subceder , ni
ser heredera después de sus dias. Por tanto, que
le suplicaban é amonestaban é requerían con Dios,
una é muchas veces , quisiese remediar tan grandes
agravios ; é remediados, mandar luego jurar por
Príncipe heredero al Infante Don Alonso su herma-
no, y dalle el Maestradgo de Sanctiago como á le-
gítimo hijo del Rey Don Juan su padre ; pues que
de derecho divino é humano le pertenescia.
CAPÍTULO LXV.
Coiiio el Rey se fué á Valladolid , é de las cosas que allí sub-
cedieron.
Luego como el Rey supo que los caballeros esta-
ban en Burgos, ó lo que andaban ordenando, acor-
dó de se ir á Valladolid con grande poder de gen-
tes, así de sus guardas como de algunos caballeros
que lo venían á servir, por estar mas cerca de ellos.
E si como traía sobrado poder, quisiera tener es-
fuerzo de varón, é osadía de caballero é atrevimien-
to de Rey, muy livianamente sin peligro ninguno
los pudiera destruir ; en tal manera, que castigan-
do sus yerros, rcscibieran el pago de su desvergüen-
za é maldad, c perpetua memoria de sus graves cul-
pas, é quedaran denostados para siempre con feo
apellido de desleales, y él como Rey vencedor, é
prosperado é con glorioso renombre entre todas las
naciones. Llegado el Rey á Valladolid é notificada
8U venida á los caballeros , acordaron de le enviar
un mensagero con la carta que así tenían ordena-
da. La qual rescebida é vista por él , hizo tan poco
scntiniiento, qnanto si ninguna cosa llevara, ni fue-
ra en flerogacion de BU persona Real; de que to-
dos, así los do su Real Consejo, servidores é criados,
como los otros que seguían su partido , fueron no
solamanto niaravillados, mas tristes é muy descon-
tentos, viendo quan tibiamente c con quanta floje-
dad se descuidaba, é ponía á las espaldas lo que tan
criminalmente en la honra le tocaba y en la fama.
Mas como los juicios de la divinal providencia son
altos é muy cscuros, nuestros humanos entendi-
mientos no los pueden comprehender, ni bastan á
conocer sus profundos secretos. Ni avrá quien sepa
desoír de un Rey tan poderoso, tan rico, y tan pros-
perado, é tan temido desdo el dia que reynó, siendo
de persona tan dispuesto, teniendo tan varonil aca
tamiento , para atemorizar á las gentes , puesto en
edad de valentía, que no avia quarenta años, donde
las fuerzas corporales é la ira del corazón avian de
resplandecer, y hervir, é ser bravo, cómo perdido
el esfuerzo, le cayó la osadía, é murió su denuedo,
para perseguir sus enemigos desleales é vengar sus
enjurias; antes como atónito, ni á lo uno daba re-
medio, ni á lo otro socorría con tiempo, quando era
menester. Baste, pues, saber que ni en los grandes
estados está la fortaleza , ni los muy poderosos tie-
nen mayor osadía , é que la omnipotencia de Dios
es aquella que manda los corazones de los Reyes, é
los guia quanto quiere , para que anden en vano é
vayan fuera de camino. Leyda la carta que así le
traxeron de parte de los caballeros, mandó llamar
á los del su muy alto Consejo, principalmente á Don
Beltran do la Cueva, Maestre de Sanctiago, é á Don
Pedro González de Mendoza , Obispo de Calahorra,
é á Don Lope de Barrientes, Obispo de Cuenca, quo
por mandado del Rey era venido allí, porque avia
sido su ayo é su Maestro, é á los otros caballeros ó
letrados del su Consejo. A los quales convenidos en
su Cámara, é mostrada la carta, díxoles que sobro
ella quería que lo dixesen é aconsejasen lo quo ha-
cer se debía. E como el Obispo de Cuenca era entro
todos el mas antiguo, é de mas letras , que en los
tiempos del Rey Don Juan su padre, avia cabido en
la gobernación del Reyno, todos conformes dixeron,
que le pertenescia hablar primero. E así tomada la
habla, díxo, que su voto era quo su Alteza no vi-
niese con ellos á partido ninguno , salvo en todo
caso dalles la batalla ; é que sería sin dubda vence-
dor por quatro razones : la primera, porque sus ene-
migos eran tray dores, y siempre Dios destruíala
traycion; la segunda, porque sus desleales vasallos
traían la falsedad como mentirosos, y él la verdad,
é la justicia; la tercera, porque él estaba rico, é po-
deroso é con mucha gente, é sus enemigos pobres,
é desacompañados, aborrecidos de los pueblos ó de
los suyos menospreciados ; la quarta, porque él iba
contra ellos como Rey y Señor natural de todos
ellos, y ellos venían como vasallos traydores des-
agradecidos ; é que en los tales casos siempre ayu-
daba Dios á los Reyes, como ungidos suyos ; ó por
aquello su voto era que todavía les diese la batalla,
mediante la qual era muy cierta cosa que sería ven-
cedor, é quedaría poderoso é temido para siempre, é
sus desleales enemigos destruidos sin reparo. E co-
mo el pelear y el rigor de las armas era muy ageno
de su condición del Rey , é cosa muy aborrescida
para su voluntad, un poco riguroso se volvió contra
el Obispo, é dixole : «Los que no aveisde pelear, ni
«poner las manos en las armas siempre hacéis fran-
» queza de las vidas agenas. ¿Querriades vos, padre
» Obispo, que á todo trance diese la batalla, para que
«pereciesen las gentes de amas partes? Bien parcs-
fl ce que no son vuestros hijos los que han de entrar
« en la pelea, ni vos costaron mucho de criar. Sabed
» que de otra forma se ha de tornar este negocio , é
» no como vos desoís, y lo votáis. » Estonces el Obis-
DON ENRIQUE CUARTO.
139
po coñio era osado, respoudióle con poca paciencia,
é dixole: «Ya he conoscido, Señor, é veo que vues-
« tra Alteza no ha gana de reynar pacíficamente,
» ni quedar como Rey libertado ; y pues que no quie-
» re defender 8U honra, ni vengar sus injurias, no
«esperéis reynar con gloriosa fama. De tanto vos
«certifico, que dende agora quedareis por el mas
» abatido Rey que jamas ovo en España, é arrepen-
» tiros heis, Señor, quando no aprovechare.» Pero ni
por estas amonestaciones el Rey dexó de venir á
tratos con el Marqués de Villena , pensando de ha-
llar algún medio para paz é sosiego ; é con esto que
así vieron los del Consejo , acordaron el callar sin
descir su parescer. Luego el Rey envió secretamen-
te á descir al Marqués de Villena é á los otros caba-
lleros de su partido que se viniesen á Dueñas , que
está seis leguas de Valladolid, por cabsa de los tra-
tos ; é asi él é los otros caballeros se vinieron allí
luego, y el Almirante y el Arzobispo de Sev^illa se
vinieron allí á juntar con ellos, donde los tratos an-
duvieron do una parte á la otra ; é al fin fué concer-
tado para mayor engaño del Rey é persecución su-
ya, que los caballeros se viniesen á Óigales é á los
lugares de al derredor, y que el Rey se fuese á Ca-
bezón ; é desde allí se saldrían á ver él y el Mar-
qués de Villena, é se ternaria medio para la paz é
concordia.
CAPÍTULO LXVI.
Como el Rey se vio con el Marqués de Villena, y le enlregó al In-
fante Don Alonso su hermano.
Dado ol concierto de las vistas, é asignado el dia
en que se avian de hacer, el Rey se fué á Cabezón
con alguna gente de sus guardas , y el Maestre de
Sanctiago y los Obispos de Calahorra é de Cuenca
con los otros del Consejo se quedaron en Vallado -
lid ; é los caballeros se vinieron á Óigales é á los
otros lugares de al derredor. E venido el dia asig-
nado de las vistas , se salieron á ver en aquesta for-
ma : que el Comendador Gonzalo de Sayavedra con
cinquenta de á caballo salió á mirar el campo por
parte del Rey, é por la otra parte salió Pedro de
Fontiveros con otros cinquenta. E requerido é ata-
layado el campo, el Rey salió con tres de á caballo,
y el Marqués con otros tres. E asi vistos , después
que juntamente se ovieron paseado una grand pie-
za por el campo, fué determinado entre ellos que el
Rey entregase al Infante Don Alonso su hermano
en poder del Marqués de Villena ; é que así entre-
gado le mandaría jurar por Príncipe heredero é sub-
cesor de sus Reynos , con que ellos prometiesen que
casase con la Princesa Doña Juana su hija ; é que
Don Beltran de la Cueva renunciase al Maestradgo
de SanctiagOi é lo dexase para el Infante Don Alon-
so su hermano ; é que así mesmo para el regimien-
to é goliernacion del Reyno é ponello en justicia,
fuesen diputados quatro caballeros ; é que Fray
Alonso Oropesa, Prior General de la Orden de Sanct
Gerónymo, fuese tercero entre ellos, para que don-
de él se acostase con los dos de los diputados, aque-
llo valiese é pasase ; é que para mayor seguridad de
que el Rey daría y entregaría al Infante su herma-
no dentro de doce días, que Don Beltran de la Cue-
va, Maestre de Sanctiago, se pusiese en poder del
Comendador Gonzalo de Sayavedra en la fortaleza
de Portillo, hasta que el Infante fuese entregado; é
que de parte de los caballeros el Conde de Bena-
vente se pusiese en poder del Conde de Sancta Mar-
ta en la fortaleza de Mucientes para seguridad que
ellos en aqueste comedio no harían ninguna nove-
dad. E así puestos estos dos señores en rehenes , ju-
rados é sellados, é firmados ios capítulos por ambas
partes, el Rey con muy poca gente se partió para
Segovia donde halló á la Reyna é á la Princesa con
los Infantes sus hermanos, que estaban dentro del
Alcázar á buen recaudo. Iba con el Rey Alvar Gó-
mez, su Secretario, Luego que el Rey fué llegado á
la cibdad, muchos de sus criados é servidores le su-
plicaron, requirieron é amonestaron que se guar-
dase de entregar á su hermano é de lo sacar ; por-
que si al contrario ficieso, luego lo alzarían por Rey,
que no lo querían para otra cosa, é que no se lo
demandaban por otro respecto. Ecomo Alvar Gó-
mez tenia ya raygada la maldad en el cuerpo, é to-
da su afición era con el Marqués de Villana, comen-
zó de insistir con el Rey , disciendo : que le conve-
nía guardar lo que avia capitulado é puesto con los
caballeros, porque de otra guisa sería grand infa-
mia suya é peligro quebrantallo ; é que entregando
al Infante , pacificaba su Reyno , y de otra guisa
pornia grand fuego, é se rcbolveria mas cruda guer-
ra. De tal forma que el Rey convencido de la false-
dad de sus entrañas, entregó al Infante, é mandó á
él como Secretario suyo, que lo llevaso á la villa de
Sepúlveda , que entonces la avia tomado al Rey el
Marqués por traycion ; ó allí estaban ciertos caba-
lleros suyos esperando que gelo llevasen , para to-
mallo. E ansí entregado en poder do aquellos , Al-
var Gómez se tornó á Segovia al Rey ; é desdo Se-
govia el Rey se tornó á Valladolid. Donde llegado,
los dos señores Maestro de Sanctiago é Conde de
Benavento fueron librados de los rehenes en que es-
taban.
CAPÍTULO LXVII.
Como el Rey se tornó á ver con todos los caballeros sus contra-
rios entre Cabezón é Cigales, y juraron al Infante por Príncipe
heredero, é fué ordenada la Deputacion en Medina del Campo.
Para dar conclusión en lo que así estaba capitu-
lado, é jurado entre el Rey é los caballeros, el Rey
fué á Cabezón, é con él los perlados é caballeros de
su alto Consejo ; donde llegados, luego otro dia si-
guiente salió el Rey al campo con ellos, é de la otra
parte los perlados é caballeros que allí estaban, que
aquí serán nombrados : Don Alonso Carrillo , Arzo-
bispo de Toledo ; Don Alonso de Fonseca, Arzobis-
po de Sevilla ; Don Iñigo Manrique , Obispo de Co-
ria ; Don Fadrique Enríquez, Almirante; Don Juan
Paclieco, Marqués de Villena ; Don Alvaro de Zúñí-
ga, Conde de Plasencia ; Don Garn-Alvarez de To-
140
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA
ledo, Coiiilc de Alva; Dou Rodrigo Manrique, Con-
de de Paredes; el Conde de Saucta Marta, el Conde
de Ribadeo é otros muchos caballeros. Donde todos
así convenidos juraron al Infante Don Alonso Prín-
cipe heredero c subcesor en los Reynos después de
los días del Rey , que presento estaba. E que así
inesmo todos elíos juraban é prometían que á su
leal poder trabajarían é procurarían como el Prín-
cipe Don Alonso, que asi avían, jurado , casase con
Doña Juana su hija del Rey, é no con otra mugor
ninguna. Fecho aquesto , el Rey dixo que para la
diputación acordada nombraba de su parte á Don
Pedro de Velasco , hijo primogénito heredero do
Don Pedro Hernández de Velasco , Conde de Haro,
y al Comendador Gonzalo de Sayavedra, de su Con-
sejo. Los caballeros nombraron al Marqués de Villc-
na y al Conde de Plasencía, é de consentimiento de
todos á Fray Alonso do Oropesa , por tercero. Los
quales así nombrados , juraron solemnemente que
guardarían el bien del Reyno é lo que cumplía á la
administración de la justicia. Dada conclusión en
todo esto, el Rey por aquella noche se tornó á Ca-
bezón, é los caballeros á sus aposentamientos. E
luego otro día siguiente por la mañana vinieron al
Rey por parte de los caballeros el Licenciado de
Logroño, y Hernando de Arce, para que su Alteza
mandase á Don Beltran de la Cueva que renunciase
al Maestradgo de Sanctiago según estaba capitula-
do. El obedesciendo el mandado del Rey, dixo que
como leal servidor , é sin aver hecho traycion , ni
cosa por dó debiese perder el Maestradgo ; mas por-
que el Rey gelo mandaba é por el bien de la paz, que
desde allí lo renunciaba en manos del Papa, aunque
contra todo su grado. E así renunciando , el Rey en
equivalencia del le dio la villa de Alburquerque con
titulo de Duque, é dióle las villas de Cuellar , de
Roa, é Molina, é Atienza, é la Peña de Alcázar con
tres quentos é medio de renta situados en Ubeda y
en Baeza y en otros lugares del Andalucía, donde
él quiso. E dende allí adelante dexado el título de
Maestre, se llamó Duque de Alburquerque y Conde
de Ledesma. Fecho aquesto, el Rey se partió de
Cabezón para la villa de Olmedo; los diputados se
fueron á la villa de Medina del Campo, é los perla-
dos é caballeros se aposentaron por los lugares
de al derredor , esperando la sentencia de los dipu-
tados.
CAPÍTULO LXVIII,
Como durante la diputación el Almirante y el Arzobispo de To-
ledo trataron con el Hoy de ser suyos , y el Rey los rescibió ; y
lo que subcedió de la diputación.
Entretanto que los cinco diputados entendían on
las cosas á ellos encomendadas, Don Alonso Carri-
llo, Arzobispo de Toledo , é Don Fadrique, Almiran-
te de Castilla, fingiendo estar descontentos del Mar-
qués de Villena é de sus formas interesales , y de
como en todos los negocios se hacia parcial , trata-
ron secretamente con el Rey , diciendo que de allí
adelante querían sor suyos enteramente, é servillo
contra todas las personas del mando, vistas las cán-
telas y engaños de poca verdad que el Marqué»
traía con todos. E que si su Alteza les diese las se-
guridades con que ellos so pudiesen fiar del, que lo
vernian luego á seguir é servir lealmente, para que
el Marqués de Villena fuese destruydo, y el Prínci-
pe Don Alonso su hermano tornase á su poder é
sombra real, como la razón lo requería. Y él creyen-
do que el Arzobispo dé Toledo era perlado de mu-
cha verdad é firmeza, é que á cabsa suya el Almi-
rante no sería movible, como fasta allí avía sido
muchas veces, acordó de los rescibir é fiarse do
ellos. E así capitulado con ellos, se concertó, que
para la seguridad que así demandaban, daría al Ar-
zobispo la fortaleza , y el Cimorro de la cibdad de
Avila, é la Mota de Medina del Campo , y al Almi-
rante haria merced, é le daría de juro la villa do
Valdeuebro con la tenencia de Valladolid. E en tal
manera, que ellos mostrando contentamiento de ser-
vir al Rey, quedaron dende allí adelante por suyos,
dando para ello sus firmas é sellos con grandes jura-
mentos. Fecho aquesto, con que el Rey páreselo te-
ner algún contentamiento , acordó do enviar á lla-
mar á Don Gómez de Cáceres , Maestre de Alcánta-
ra, é á Don Pedro Puertocarrero , Conde de Mede -
Ilin, qué viniesen con las mas gentes, que pudiesen
traer ; á los quales él mandó llamar , porque de po-
bres escuderos los avia fecho grandes señores ; y
ellos respondieron que les plascia, é que lo poriiian
luego por la obra, quanto su gente fuese allegada.
Puestas las cosas en aquestos términos , con que el
Rey pensaba llevar bien cimentado lo que á la se-
guridad de su estado convenia, creyendo que el Ar-
zobispo y el Almirante é aquellos sus dos criados,
que así mandaba llamar, le avían de ser firmes, é no
desleales, quando pensó tener descanso, ovo nuevo
cuidado. E aquesto fué porque las cosas de la dipu-
tación subcedieron tan adversarias, que así los di-
putados por su parte, como los otros estrecharon el
poderío del Rey en tanto grado é de manera, que
casi ningún señorío le dexaban , salvo solamente fel
título de Rey sin libertad de mandar, ni preminen-
cia. De que el Rey fué avisado , é como muy senti-
do dello, quiso saber la verdad, y halló que Don Pe-
dro de Velasco, inducido por el Marqués de Villena,
no solamente seguía su querer é de los otros caba-
lleros de su parte, mas que de secreto estaba ya con-
federado con ellos, como dende á pocos días lo mos-
tró por la obra , ca se pasó á ellos , é dexó de seguir
al Rey ; y de aquello fué pesante el Conde su padre,
é jamas quiso dalle gente ninguna, de manera que
se andaba solo éntrelos otros caballeros, é desacom-
pañado ; Gonzalo de Sayavedra halló que era con-
sentidor, é le plascia de lo que así so ordenaba en
detrimento de su persona real ; Alvar Gómez su se-
cretario, que yendo é viniendo del Rey á la deputa-
cion, era cabsador, inventador é perpetrador de to-
do lo que contra la honra, y estado real suyo se avia
fecho é ordenado. Estonces eí Rey , para ser del to-
do informado antes que la sentencia so diese ni se
acabas© de firmar , envió á llamar al Comendador
DON EKRTQUE CUAETO.
141
Goo/.íilo de Sayavedra y Alvar Gómez; pero ellos,
como ya los acusaba su culpa, é los condenaban sus
yeiTOs , c remordía la consciencia de su falsa des-
lealtad, huyeron ascondidamente, é se fueron sin
ser sentidos. E porque su traycion fuese del todo
cumplida, fuéronse á encontrar con el Maestre de
Alcántara, y con el Conde deMedellin, que venían
con rail de á caballo á servir al Rey. A los quales
falsificadamente mintiendo , hicicronles creer que
el Rey los enviaba á llamar para los prender é des-
truillos; en tal manera, que ellos creyéndoles lo que
así les descian, dexaron de ir al Rey, é se fueron
todos quatro juntamente á juntar con los caballeros
desleales. E pues aquestos como perversos asi se
quisieron señalar en la dcslealtad, para ser conoci-
dos por tales en perpetua memoria de su traycion,
razón será que diga quien fueron. Gonzalo de Sa-
yavedra, aunque fué de limpia sangre, ensució los
descendientes de él, é puso alguna mancilla en su
liuage. Aqueste por aver seido del Condestable Don
Alvaro de Luna , Maestre de Sanctiago , el Rey lo
quiso para su servicio , é después do aver rescebido
muchas mercedes, lo hizo de su Consejo, é dióle car-
go de algunas capitanías, de que dio buena quenta.
por donde lo puso en estado de caballero ; pero quan-
do debiera de ser mas leal , é servir al Rey , que lo
hizo, cególo su malicia, é fue traydor contra su Rey.
Alvar Gómez de Cibdad Real , así fué de baxa san-
gre, que de su linage no conviene hacer memoria.
Este después que el Rey lo hizo secretario, confió de
él quanto de ningún secretario se pudo hacer ma-
yor confianza. Hízolo Señor de Maqueda ; ganó tan-
to con el favor de la Secretaría , que pudo comprar
á Sanct Silvestre é á Torrejon de Velasco. Estaba ri-
co é prosperado y puesto en estima de mucha hon-
ra ; mas como sus merescimientos eran pocos, é los
defectos muchos, huyó de la lealtad, é halló cabida
la traycion; en tal manera, que no acordándose de
quien era, ni délas mercedes rescebidas, pospuso el
temor de Dios é la vergüenza de las gentes , para
destruir á su Rey.
CAPÍTULO LXIX.
Como el Rey se partió de Olmedo para Segovia , y los caballeros
se fueron á Plasencia con el Príncipe y lo que se hizo en este
tiempo.
Luego como el Rey supo como Don Pedro de Ve-
lasQO era con los caballeros é se avia pasado á ellos,
é vio la traycion de Gonzalo de Sayavedra y de Al-
var Gómez, que así avian huido é estorbado la ve-
nida del Maestre de Alcántara é del Conde de Mede-
llin á su servicio , é los hicieron ir á juntar con los
caballeros sus enemigos, quedó muy enojado. Y
puesto que de todos tres tenia sentimiento, mucho
mas lo tenia de Alvar Gómez ; porque él avia sido
el inventor de las maldades, é descobridor de los se-
cretos de su Consejo : de tal forma, que sus pisadas
fueron las de Judas, que vendió á su Rey é á su Se-
ñor. E así, movido con indignación, mandó á Pedra-
riay de Avila, hijo de Diego Arias Dúvila, su Con-
tador mayor é servidor leal, que fuese luego á cer-
car á Torrejon de Velasco, é lo tomase para sí, de
la qual le hizo merced. E no solamente aquesto, mas
estaba muy sentido é descontento délas ordenanzas
y estatutos que los diputados avian fecho en dero-
gación de su preminencia é dignidad real; como
quiera que todo aquello , é todo lo al que hacían,
procedía de las dañadas entrañas del Marqués de
Villena, cuyo propósito era de destruir é deshonrar
al Rey. E por eso él revocó , é dio por ninguno todo
lo que así avian fecho é ordenado, poniendo sospe-
cha en ellos como en enemigos de su servicio. Fe-
cho aquesto, el Rey se partió de Olmedo para Sego-
via; é los caballeros, eentida la indignación del
Rey, tomaron al Príncipe Don Alonso, é se fueron
con él ala cibdad de Plasencia; donde llegados, so
vinieron á se juntar con ellos el Maestre de Alcán-
tara y el Conde de Medellin, é con ellos los dos tray-
dores que los inducieron : los quales fueron bien res-
cebidos, porque con ellos paresció crescer su parti-
do. El Maestre de Calatrava se partió al Andalucía,
así para levantalla contra el Rey, como para guer-
rear á los leales servidores, seguud adelante será re-
contado. El Arzobispo de Toledo y el Almirante
Don Fadrique se fueron á sus tierras, para seguir al
Rey quando los llamase.
CAPÍTULO LXX.
Como el Uey se partió de Segovia para Madrid, y el Arzobispo lie
Toledo vino allí, para lo servir, é de lo qne alli subcedio.
Pasados algunos días que el Rey estuvo en Sego-
via, partióse para Madrid, é mandó que la Rey na é
su hija é la Infanta su hermana se quedasen alli co;.
buena guarda. E venido á Mfjdrid, el Arzobispo de
Toledo se vino luego á su servicio á grand prisa ;
porque supo que la muger del Marqués de Villena
venia á él con tratos del Marqués su marido é de
parte de los otros caballeros. Con su venida el Rey
fué muy alegre, é fué muy bien rescibido asi del
Rey como de los otros perlados é caballeros que en
la Corte estaban. E otro dia siguiente mandó llamar
al Obispo é á los otros del su muy alto Consejo.
Dónelo convenidos ante su Real presencia les dixo :
«Ya creo aveis visto é conoscido las formas desho-
«nestas que el Marqués de Villena, mi criatura é
fihechura desagradecida ha tenido para me destruir
))c deservir é poner en necesidad, no solamente po-
Bniendo osadía en los corazones de mis subditos,
» para que sin vergüenza se atreviesen é pusiesen en
«armas contra mí, para quererme prenderen el cam-
«po, mas después con sus cíibtelosas formas rodeó
«que yo le oviese de entregar al Infante mi her-
«mano, discien do, que jurado por Príncipe, avria
«paz ó sosiego en mis Reynos. E asi convencido de
«sus pocas verdades, confiándome del como de cria-
ndo, é considerando que á mí como á padre del
«Reyno pertenescia escusar la rotura é procurar el
«sosiego, porque las muertes é males de mis natu-
«ralcsse escusasen, phigome do lo dar. E asi entrc-
Dgado é jurado en tanto perjuicio de mi honra é de
142
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA
»la justicia de mi hija, quando pensé tener sosiego,
»veo mas alteración y menos sosiego; porque él é
»los caballeros de su confederación agora que tienen
ȇ mi hermano en su poder, andan puestos en ar-
»mas por mis Reynos, cabsando alteraciones en mis
» pueblos por donde van, en grand deservicio de Dios
))é mió. Por tanto quiero aver vuestro consejo, élo
))que vos parece que sobre ello se debe hacer.» Aca-
bada su habla, todos los del Consejo, que alli estaban,
dieron sus veces al Arzobispo, porque como era pri-
mado, respondiese primero é diese su voto. El qual
con grand reverencia propuso, disciendo : «Sin dub-
)) da, Señor, vistas las desórdenes del Marqués é de los
B otros caballeros de su confederación, mucho me-
»jor fuera no avelles dado al Infante vuestro her-
» mano, para jurarlo por Príncipe, según lo que ve-
»mos, que se hace y el camino tan roto que llevan;
«pero pues ya es fecho, conviene buscar el remedio.
wP] porque ellos en lugar de estar sosegados andan
«deshonestamente por vuestros Reynos con gente
«armada, escandalizando los pueblos é alborotando
«las cibdades ; por tanto mi parecer es, que vuestra
«Alteza les envié luego á mandar que le tornen
«luego á el Príncipe vuestro hermano, visto que es-
«tarú mucho mejor debaxo de vuestra sombra Real,
«que no en su poder ; ca teniéndolo ellos, procura-
«rán de escandalizar vuestros Reynos, é poner en
» necesidad vuestra persona real, para que les haya
«de dar, é tengan cabsa de pedir. E quando asi no
« quisieren obedescer, que se proceda contra ellos,
«como contra rebeldes é desobedientes vasallos é
«subditos naturales ; é que con mano armada é su
«grand poder, vuestra excelencia los vaya á buscar,
» yéndose á Salamanca, cerca donde ellos están ; en
«tal manera, que con la pujanza de su poderlos
«haga venir á obediencia por fuerza quando no qui-
«sieren de grado. Yo entre tanto llamaré mis gen-
ntes, ó serán luego conmigo, para proseguir esta cab-
«sa en vuestro serví ció. « Oydo lo que asi avia pro-
puesto el Arzobispo, quedó el Rey muy contento , é
los otros del Consejo que presentes estaban , pen-
sando que tales estaban los enforros de dentro qual
se mostraban en la cara por las palabras de fuera.
E asi aprobando lo que desoía, é aviéudolo por mas
sano, fué acordado que luego se partiesen para Sa-
lamanca, disciendo que tomarían á los enemigos de
sobresalto, sin que se pudiesen proveer ni estar aper-
cibidos. A este voto se llegaron los otros del Con-
sejo ; é asi acordada la partida, el Rey con toda su
Corte é la gente de sus guardas se partió camino de
Salamanca.
OAPÍTÜLO LXXI.
Como íion Garci-Alvarez de Toledo, Conde de Alva, envió á su-
plicar al Rey se quisiese ir por aquella su villa, á rcscebir lies-
tas; á donde el Rey fa6,y el Conde quedó por suyo.
Luego que el Conde de Alva supo la pasada del
Rey á Salamanca, le envió á suplicar que quisiese
venir por aquella su villa de Alva, á rcscebir fiesta
é servicio ; lo lual el Rey aceptó. E venido, estuvo
alli por espacio de quatro días, y el Conde le festejó
quanto mejor pudo, no solamente á su persona real,
mas á los otros señores que iban con él. Y estonces
el Conde queriendo satisfacer y enmendar el yerro
pasado de las vistas de Sant Pedro , díxo al Rey
que le quería servir é ser suyo, é que suplicaba á su
Alteza, que perdiendo el enojo de lo pasado, lo qui-
siese rescebir por suyo é para su servicio. De aques-
to fué el Rey muy contento , e le respondió que los
Reyes nunca avian de acordarse de sus propias en-
jurias, mas disimuladamente olvidallas ; porque de
otra guisa serian vendicativos, é por ello no mere-
cedores de reynar ; que á él píasela de lo que asi lo
hablaba, y era muy contento de su servicio, é le pro-
metía grandes mercedes. Fecho este concierto con
el Conde de Alva , el Rey se partió para la cibdad
de Salamanca.
CAPÍTULO LXXII.
Como el Rey llegó á Salamanca, 6 de lo que alli subcedió.
Después que el Rey fué llegado á Salamanca, é
con él el Arzobispo de Toledo y el Duque do Al-
burquerque y el Obispo de Calahorra é los otros del
Consejo, fué acordado que el Rey enviase su carta
patente á los caballeros que estaban en Plasencia,
en que le mandaba que luego le diesen y entrega-
sen al Príncipe Don Alonso su hermano , porque
ya ellos sabían que lo avían demandado para la pa-
cificación é sosiego del Reyno, y que ellos le traían
haciendo escándalos y alborotos, andando con gen-
te armada por las cibdades é villas é lugares de sus
Reynos sin su licencia é mandado : por tanto , que
era necesario é convenia que gelo oviesen de tor-
nar á su poder ; é que como á subditos les mandaba
que depusiesen las armas é viniesen á su servicio,
segund que todo leal vasallo era y es obligado á
su Rey : en otra manera , que los avria por rebeldes
é desobedientes , é mandaría proceder contra ellos,
así como contra deservidores de su Rey é señor na-
tural. Entre tanto que aquesto se trataba , é la res-
puesta de los caballeros venia, el Arzobispo de To-
ledo, como ya se acercaba el tiempo , para lo que
él deseaba é movía de secreto , envió á suplicar al
Rey quisiese cumplir lo que con él y con el Almi-
rante estaba capitulado, é su Alteza tenia prometi-
do para la seguridad de sus personas, pues que es-
taban prestos é aparejados para su servicio. El Rey
respondió que le plascia de buen grado ; pero ^ que
entre tauto que venían los Alcaydes de Ávila é de
Medina del Campo é de Valdenebro, para mandalles
entregar las fortalezas, que llamasen luego sus gen-
tes é las juntasen ; el Arzobispo la suya, que la tru-
xese allí consigo , y el Almirante la suya ; é que la
tuviesen en Valladolid, para guardar la villa ; é les
mandaría dar luego sueldo para ella. E quando
quiera que por una parte estos dos Señores pedían
al Rey que cumpliese con ellos io capitulado é con-
certado, por la otra parte tenían de secreto su trato
con el Marqués de Villena é con los otros caballe-
ros -"ue estaban en Plasencia para que se hiciese lo
DON ENRIQUE CUARTO.
143
que presto se mostró por la obra. Llegado el mensa-
gero del Rey á Plasencia, é presentada la carta á
los caballeros que el Rey les enviaba, é vista, ávido
BU acuerdo entre ellos, respondieron por otra carta,
disciendo que su Alteza les avia dado para seguridad
de sus estados al Príncipe Don Alonso su hermano,
y que ellos le tenian con aquel acatamiento que á
todo Príncipe heredero se debe tener, y lo servían
con aquella reverencia que se debía ; porque su
real señoría los perseguía, é venía contra ellos con
mano armada, pidiéndoles cosas injustas. Por tan-
to, que humildemente le suplicaban no los quisiese
molestar ni estrechar ; é pues que ellos como sub-
ditos se arredraban é huían de su ira, que su Alteza
no los quisiese mas perseguir ni ir contra ellos. E
donde aquello no bastase, para aplacar su indig-
nación, tomando á Dios por testigo, se despedían de
BU servicio : é que le suplicaban, no quisiese casar la
Infanta Doña Isabel su hermana con el Rey de Por-
tugal sin grado é consentimiento de los tres Esta-
dos de Castilla, é de sus Roynos. Tornando el men-
sagero con la respuesta, que ansi enviaban los ca-
balleros al Rey, é vista por algunos de sus criados
é servidores, le dixeron é amonestaron que su Alte-
za quisiese mirar é notar las palabras señaladas de
aquella carta, en que los caballeros desoían que se
despedían de su servicio ; pero que no se desnatu-
raban de BUS Reynos, por las quales se manifestaba
la dañada voluntad de todos ellos, é páresela que-
rían hacer Rey á su hermano : por tanto, que viese
bien lo que le cumplía, é se remedíase con tiempo;
é que asi mesmo sospechaban é aun eran certifica-
dos que el Arzobispo de Toledo y el Almirante so
avian de pasar á los caballeros quando les fuesen
entregadas las fortalezas ó dado el sueldo que pe-
dían. E como el Rey era mas remiso que diligente,
mas descuidado que proveído en sus cosas , pasó
muy livianamente por todo lo que asi le fué de-
puesto, disciendo que quería cuinplir con el Arzo-
bispo y con el Almirante, confiando de su bondad
que le serian leales, é que con ellos se estorbaría el
dañado pensamiento de los caballeros. E asi veni-
dos los Alcaydes de Avila é de Medina del Campo
é de Valdenebro, mandóles entregar las fortalezas:
al Arzobispo la de Avila con el Címorro, é la Mota
de Medina del Campo, é para el sueldo de mil é
quatrocientas lanzas le diesen doce mil Enriques ;
é al Almirante fuese dada la villa de Valdenebro,
de juro, con la tenencia ó guarda de Valladolid , é
para sueldo do ochocientas lanzas ocho mil Enri-
ques, con que luego juntasen sus gentes, el Arzo-
bispo para andar con el Rey , y el Almirante para
estar en Valladolid. Hecho aquesto, mandó el Roy
llamar á los de su muy alto Consejo, donde conve-
nidos, fué acordado por voto del Arzobispo que el
Rey se fuese á poner cerco sobre Arévalo, discien-
do que los caballeros, por no perder aquella villa,
se pornian en algún trato de venir en lo que el Rey
quería ; é que entre tanto que su gente se acababa
de juntar, que su Alteza con sus guardas devia de
ir prestamente á la cercar ; é que venida su gente.
seria luego con él, é vernia por la otra parte la gen-
te del Almirante ; por manera que muy prestamente
pudiesen tomar aquella villa. Ávido aqueste acuer-
do, el Rey mandó apercebír sus guardas é pagarles
sueldos. Entre tanto que en aquesto se daba conclu-
sión é priesa para partir, acaescío un día por la ma-
ñana, estando el tiempo muy asosegado y el cíelo
muy sereno, que vino á desora un viento muy gran-
de é muy furioso, que arrrebató el tablado que es-
taba en la picota en medio de la plaza mayor de
Salamanca, é lo echó un gran tiro de piedra en lar-
go, de que algunos astrólogos, que allí estaban,
pronosticando, dixeron algo de los males é trabajos
que al Rey le sobrevinieron.
CAPÍTULO LXXIII.
Como el Rey se partió para cercar la villa de Arévalo, y lo que
de aquel camino subcedió.
Entregadas las fortalezas do Avila é Medina del
Campo al Arzobispo, é Valdenebro al Almirante, é
apoderado en la villa de Valladolid, é rescebidos
veinte mil enriques de sueldo, el Rey se partió para
Medina del Campo con las capitanías de sus guar-
das, é mandó que el Duque de Alburquerque , é el
Obispo de Calahorra con los otros Caballeros de la
CortQ se quedasen allí en Salamanca ; y que el Ar-
zobispo de Toledo , recogida su gente , que tenia en
Hontíveros , se fuese luego en pos de él sobre Aré-
valo , é la gente del Almirante acudiese allí. E así
llegado á Medina del Campo , envío á mandar ú Juan
Guillen, que tenía la guarda de la Reyna en Segovia,
que la truxese luego allí, ó á la Infanta Doña Isabel
su hermana con ella, é que á su hija la dexase en el
Alcázar en poder del Alcayde Perucho de Monxar-
raz, que la tuviese á buen recabdo. Puesto por obra
lo que el Rey mandaba, la Reyna fué trayda é muy
bien rescebida por el Rey. Pasados tres días que la
Re5ma fué venida , mandó el Rey que ella ó la In-
fanta su hermana quedasen allí en Medina , é Juan
Guillen con ciento de á caballo en su guarda. El Rey
se fué sobre Arévalo con las gentes de sus guardas,
esperando la venida del Arzobispo, é la gente del
Almirante. Mas como ya ellos tenian fecho su con-
cierto con los caballeros, é dado su asiento en la
maldad que se puso por obra, su venida para el Rey
fué pasarse á los enemigos de la lealtad , en tal ma-
nera, que su "fidelidad se tornó en rebelión. Viendo
el Rey la tardanza del Arzobispo, acordó de enviar
por él con un secretario suyo , que se llamaba Her-
nando de Badajoz , diciéndole , que se maravillaba
de su tardanza, é rogándole quisiese venirse presto
para poner el cerco , porque con su venida , é con la
gente del Almirante tomarían muy presto aquella
villa. Como aqueste mensagero llegó al Arzobispo,
hallólo en el campo con su gente , que se iba camino
de Avila , é dixole: «Señor, el Rey está esperando
vuestra ida, para que se haga lo que por vuestro
consejo ordenaste que se hiciese.» El Arzobispo lo
respondió furiosamente : « Id é decid á vuestro Rey,
que ya esto harto de él é de sus cosas ; é que ago-
144 CRÓNICAS DE LOS
ra se verá quien es el verdadero Rey de Castilla. »
Estonces el secretario , oyda su desmesurada res-
puesta , tornóse á grand prisa al Rey, é recontóle lo
que le avia dicho el Arzobispo. Llegó luego otro
mensagero presm-osamente , haciéndole saber cómo
el Almirante Don Padrique se avia alzado con Va-
lladolid, disciendo: ¡Viva el Rey Don Alonso! En
la misma hora llegó otro mensagero , notificándole
como el Marqués de Villena é los otros caballeros
que estaban en Plasencia , la noche de antes se avian
partido para Avila, á juntarse con el Arzobispo de
Toledo , para alzar por Rey al Príncipe Don Alonso
su hermano ; é que , para atraer los caballeros que
hiciesen aquesto, se avia pasado á él, éno para ser-
virlo. ¡ O reverendo Perlado ! j O quánto se podria
agora escribir de tí! ¡ que si tanto dolor ovieras de
tu vergonzosa infamia , quando asi te deleytaste en
hacer tan grand yerro , ni tu honra quedara denos-
tada, ni tu fama tan abatida en el mundo ! E pues
mucho te presciaste de lo que debieras aborrescer, é
procuraste con diligencia tan vituperioso nombre,
quedarás para siempre con feo apellido , é tu denos-
tada memoria para siempre avergonzada. E tú,
grand Señor Almirante de Castilla , si tanto te pres-
ciabas de la sangre real venir, si mucho te gloria-
bas descender de aquella cepa , ¿ por qué denegriste
tu persona con obra tan deshonesta? ¿por qué desdo-
raste tu fama con tan vergonzosa f azafia ? ¿ por qué
ofendiste tu memoria con forma tan disoluta? así
que según aquesto , mas te podria llamar enemigo
de tu linage , que conservador de su claro renom-
bre. E estonces el Rey , oidas las nuevas que así le
traían de cada parte, secretamente retraído , las ro-
dillas en tierra, é las manos alzadas áoia el cielo,
con grand devoción , dixo así : (c A tí glorioso Re-
«dentor, por quien reynan los reyes en el mundo,
» en cuyo poderío son todos los derechos de los rey-
» nos , me encomiendo ; en tus manos pongo mi vi-
» da ; infinitas gracias te doy , porque así te ha pla-
» cido acuitarme por mis culpas; mas es lo que yo
» merezco , é menos lo que padezco. Riégate , Señor
«soberano, Rey de la gloria, que aquestos trabajos
)) mios sean en descuento de las penas que mi áni-
» ma por las culpas que he hecho tiene merecidas. E
n si á tu infinita bondad place que por mí hayan de
» pasar tantos denuestos , dolores y males , suplíco-
ftte, quanto puedo, me quieras dar pasciencia con
)) que los sufra , é seso y entendimiento con que me
» gobierne, n Acabada su oración , mandó tocar sus
trompetas á cabalgar , é fuese para Medina antes
que amaneciese. Donde llegado, tomó á la lieyna é
á la Infanta su hermana, é se partió á mas andar
para Salamanca , é todas sus gentes en pos del.
CAPÍTULO LXXIV.
Como ios caballeros entretanto que el Rey llegó á Salamanca con
la lUiyna é la Infanta , pnrtieron para Avila, é fecha la estíitua
del Rey, la descompusieron, é alzaron por Rey al Príncipe Don
Alonso.
Entretanto que el Rey llegaba á Salamanca con
la Reyna y la Infanta su hermana , e^ Arzobispo de
REYES DE CASTILLA.
Toledo se apoderó de la cibdad de Avila y del ci-
morro de la Iglesia Mayor , que estaba de su mano;
é así apoderado, vinieron allí luego los caballeros
que estaban en Plasencia con el Príncipe Don Alon-
so ; donde fueron convenidos é juntados los que aquí
serán nombrados : Don Alonso Carrillo , Arzobispo
de Toledo ; Don Iñigo Manrique , Obispo de Coria;
Don Juan Pacheco , Marqués de Villena ; Don Alva-
ro de Ziífiiga , Conde de Plasencia ; Don Gómez de
Cáceres, Maestre de Alcántara; Don Rodrigo Pimen-
tel , Conde de Benavente ; Don Pedro Puertocarrero,
Conde de Medellin ; Don Rodrigo Manrique , Conde
de Paredes ; Diego López de Estúfiiga, hermano del
Conde de Plasencia, coi^ otros oaballeros de menos
estado. Los quales manuaron hacer an cadahalso fue-
ra de la cibdad en un grand llano , y encima del ca-
dahalso pusieron una estatua asentada en una silla,
que descian representar la persona del Rey , la qual
estaba cubierta de luto. Tenia en la cabeza una co-
rona, y un estoque delante de sí, y estaba con un
bastón en la mano. E así puesta en el campo , sa-
lieron todos aquestos ya nombrados acompañando
al Príncipe Don Alonso hasta el cadahalso. Dondo
llegados , el Marqués de Villena y el Maestre de Al-
cántara y el Conde de Medellin , é con ellos el Co-
mendador Gonzalo de Sayavedra é Alvar Gómez to-
maron al Príncipe , é se apartaron con él un grand
trecho del cadahalso. Y estonces los otros señores que
allí quedaron , subidos en el cadahalso , se pusieron
al derredor de la estatua ; donde en altas voces man-
daron leer una carta mas llena de vanidad que de
cosas sustanciales, en que señaladamente acusaban
al Rey de quatro cosas : Que por la primera , meres-
cia perder la dignidad Real ; y entonces llegó Don
Alonso Carrillo , Arzobispo de Toledo , é le quitó la
oorona de la cabeza. Por la segunda, que merescia
perder la administración de la justia ; así llegó Don
Alvaro de Zúñiga , Conde de Plasencia , é le quitó el
estoque que tenia delante. Por la tercera, que me-
rescia perder la gobernación del Reyno ; é asi llegó
Don Rodrigo Pimentel , Conde de Benavente , é le
quitó el bastón que tenia en la mano. Por la quarta,
que merescia perder el trono é asentamiento de Rey;
é así llegó Don Diego López de Zúñiga, é derribó la
estáttia de la silla en que estaba, disciendo palabras
furiosas é deshonestas. ¡ O subditos vasallos! no te-
niendo poderío ¿ cómo descomponéis el ungido de
Dios? ¡O sugetos sufragáneos! no teniendo liber-
tad , ¿ cómo podéis deshacer al que Dios é la natura
quisieron que fuese Rey ? ¡ O gente sin caridad! sien-
do criminosos , ¿ cómo podistes ser jueces y acusa-
dores, imponiéndole vuestro crimen? Pensando que-
dar sin culpa, vos fecistes mas culpados; por abo-
nar vuestros yerros , fecistes mayor errada. ¿De qua-
les defectos querréis condenar á vuestro Rey, que
los vuestros no sean mayores ? ¿ Quáles infamias le
queréis imponer, que las vuestras no sobrepujen? S*
fuerades naturales del Reyno , huviérades dolor de
desfamar vuestra nación. Porque érades estrange-
ros, de tierras agenas venidos, deshonrasteis al Rey
natural de los Reynos de Castilla. Mas como fuisteis
DON ENRIQUE CUARTO.
145
r genos é de agena nación venidos, no vos condolis-
tes ni ovistes compasión de robar agena fama. Así,
por cobrir vuestras mancillas amancillasteis los lim-
pios, é quedasteis ensuciados en la fama para siem-
pre. — Luego que el abto de la estatua fué acabado,
aquellos buenos criados del Rey, agradesciendo las
mercedes que de él rescibieron, llevaron al Prínci-
pe Don Alonso hasta encima del cadalialso ; donde
ellos é los otros perlados é caballeros , alzándolo so-
bre sus hombros ó brazos , con voces muy altas di-
jeron : M ¡Castilla por el Rey Don Alonso!» E asi dicho
aquesto , las trompetas é atabales sonaron con gran-
de estruendo. Estonces todos los Grandes que allí
estaban , é toda la otra gente llegaron á besalle las
manos con grand solemnidad , señaladamente el
Marqués deVillena é los criados del Rey que seguían
BUS pisadas. ¡ O crianza desagradecida ! j O fechura
sin bondad ! que después de puestos en tanta pros-
peridad , subidos en alta cumbre y estados , con tan-
ta ingratitud olvidasteis ios beneficios que del Rey
recebisteis. ¡ O servidores perversos que así vos con-
fonnasteis, para deshonrar á quien vos honró! ¿Por
qué tan nueva perversidad aveis devisado é demos-
trado á las gentes? ¿ Por qué tan sin miedo abris-
teis las puertas de la traycion , é quitasteis el velo
de la vergüenza á la deslealtad? ¿Por qué aveis
querido que la lealtad sea traycion, é la traycion
por lealtad coronada? Oygan agora pues las gen-
tes de las España» ; tomen enxemplo las naciones
del mundo ; aprendan los leales á ser agradesci-
dos; sepan los hidalgos mantener lealtad, é los
príncipes terrenales noten bien é contemplen la
nobleza de aqueste Rey é la vileza de sus cria-
dos, que rescibiendo menosprecios é vituperios é
baldones, se tornó siempre mejor, y ellos rescibien-
do siempre beneficios é honras é señoríos se hicie-
ron muy peores ; de tal guisa , que por la grand bon-
dad del señor, hayan conosciraiento de la malvada
villanía de sus perversos criados, é vean ó conozcan
con quan doloroso manto cubrieron sus personas
para herencia de sus hijos.
CAPITULO LXXV.
De lo qae sucedió en Salamanca , y lo que el Rey hizo, quando
supo la novedad que los caballeros hicieron contra él.
Sabida la novedad y el caso tan feo que los caba-
lleros avian fecho en Avila , el Rey con mucho re-
poso , sin tomar alteración , dixo : « Agora podré yo
)) descir aquello que dixo el Profeta Isaías en perso-
ftna de Dios contra el pueblo de Israel, quando ido-
» latrando se apartaron de él , para seguir á los ído-
ft los de los gentiles. Crié hijos é púselos en grand
n estado , y ellos menospreciáronme. Pero puesto que
» aquellos mis criados é los otros caballeros como
» desleales pensaron ofenderme con aquel corruto
«traslado de la estatua de mi persona, que así des-
w compusieron , apartándose de mi servicio, para
» conseguir sus ordenadas tiranías , no podrán tanto
» hacer , que el original verdadero que soy yo , no
))fie quede muy sano pava sacarlos mentirosos. Es-
Cr— III.
n pero en la soberana voluntad de mi Redentor Je-
» su-Christo , como justo juez de los Reyes , que su
» maldad será destruyda, é mi limpia inocencia ma-
» nif estada ; porque quanto agora ee glorífican de
n ser traydores , vernán después con mayor dolor, y
«lloren porque nascieron.» ¡ O palabras dignas de
ser pronunciadas por boca de Rey , si así se consi-
guieran las obras con el dicho! Mas como los cora-
zones de los Reyes están en las manos de Dios, vuél-
velos adonde quiere ; múdales el querer ; quítales el
enfuerzo ; hácelos errar como beodos , é andar fuera
de camino , sin que sepan atinar. Certificado el Rey
por extenso de los abtos que se hicieron por los ca-
balleros, acordó de llamar, así á los Grandes de su
Reyno que 'sintió que le serian leales, como á las
oti-as gentes comunes é populares ; é así acordado,
mandó hacer sus cartas de llamamiento. En este me-
dio tiempo comenzaron de llegar á él mensageros de
diversas partes con nuevas mas dolorosas que pla-
centeras, é mas tristes que llenas de solaz. Unos le
hicieron saber como en la cibdad de Toledo , Pedro
López de Ayala y el Mariscal Payo de Ribera con
otros caballeros é grand parte del pueblo, se avian
puesto en armas é prendido á su Asistente Pedro de
Guzman , é le tomaron el Alcázar é las puertas ; ó
ansí tomadas , que alzaron pendones por su herma-
no. Otros mensageros le hacían saber como la cib-
dad de Burgos era rebelada contra él , é avian alza-
do pendones por su hermano. Otros mensageros le
certificaron como Don Pedro Girón, Maestre de Ca-
latrava, andaba muy poderosamente por el Anda-
lucía , é avia fecho rebelar las cibdades de Sevilla é
Córdoba contra él , y al Duque de Medina Sidonia
Don Juan de Guzman, é á Don Juan Ponce de León,
Conde de Arcos. Entonces el Rey, oídas las nuevas
de tantas rebeliones , respondió con grand pascien-
cia: «Desnudo salí del vientre de mi madre, é des-
» nudo me espera la tierra: no puede morir ninguno
«tan pobre como nació: si agora me azota Dios por
«mis pecados, después les dará remedio é salud;
B porque su infinito poder es el que mata y el que
» resucita , el que enferma y el que sana , el que
» da los señoríos y los quita, el que hace los Re-
«yes é los deshace, quando él quiere.» Dichas
aquestas palabras , mandó despachar sus cartas por
todo el Reyno á todos los Estados, notificándo-
les la grand traycion é maldad de los caballeros que
así se avian levantado contra él é alzado por Rey al
Príncipe Don Alonso su hermano , para que le vi-
niesen á servir é ayudar á destruir los traydores,
prometiendo mercedes y exemptiones , libertades é
franquezas , en tal manera , que muy grand parte
del Reyno se movió , é vinieron muy ganosos á lo
servir. E como Don Garci-Alvarez de Toledo, Conde
de Alva, era ya suyo, é estaba mas cercano de Sa-
la.manca que ninguno de los otros caballeros de su
partido, vino primero á servirlo con trescientos
hombres d'armas , é duscientos ginetes , é mil peo-
nes ; donde fué muy bien rescebido. E así venido,
fué acordado que el Rey con bu hueste se fuese alle-
gando contra los oncmifjns, para que sonando por el
10
146
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Reyno que el Rey los iba á cercar, recorrería ma-
yor número de gente á laervillo , é con mejor gana.
Concertada la partida , el Rey mandó que el Conde
de Alva con su gente , ó Juan Fernandez Galindo,
Capitán General de todas sus guardas, é Don Alva-
ro de Mendoza con la gente d' armas , é los otros Ca-
pitanes con sus gentes se fuesen juntos ordenada-
mente á aposentar á Zamora. El Roy con poca gen-
te se fué por Ledesma, é llevó consigo á la Reynaé
á la Infanta su hermana; donde llegado , el Duque
de Alburquerque le hizo allí muchas fiestas. Entre-
tanto que así le festejaba, juntó duscientos hombres
d'armas é trescientos ginetes. Pasados ocho dias que
el Rey estuvo en Ledesma , acordó de se ir á Zamo-
ra é juntarse con sus gentes ; é mandó que la Reyna
se fuese desde allí á ver con el Rey de Portugal su
hermano , para que si necesario fuese , concertase
con él que según la confederación entre ellos fecha,
le enviase gente. Con la Reyna fué la Infanta Doña
Isabel ; pero á la verdad aquellas vistas aprovecha-
ron poco. El Rey se partió para Zamora , donde le
fué fecho solemne recibimiento con grand alegría
de todo el pueblo. Llegado el Rey á Zamora, vino
allí luego á lo servir Don Alvar Pérez Osorio , Con-
de de Trastamara, con ducientos hombres d'armas,
é otros tantos ginetes. En pos de él vino Don Juan
de Acuña , Conde de Valencia , con cien hombres
d'armas é ducientos ginetes, en tal manera, que ya el
partido del Rey se mostraba crescido. E entretanto
que las otras gentes , así de los caballeros Grandes,
como de los otros pequeños venían, mandó á dos ca-
pitanes suyos que con trescientos rocines se fuesen
á Segovia , ó truxesen á su hija Doña Juana. La
qual traída, mandó que le fuese fecho rescibimíento
de Princesa ; é así fué rescebida con mucha solem-
nidad, ó metida en la cibdad con su rico palio, se-
gún se acostumbraba hacer á los Príncipes here-
deros.
CAPÍTULO LXXVI.
Como el Maestre de Calatrava hizo grandes novedades en el An-
dalucía contra los servidores leales del Rey, é lo que allí sub-
cedió.
Aunque las cosas del Rey parescian llevar algu-
na mejoría y estar en camino de recobramiento, así
por los muchos señores que eran de su parte, como
por la grand muchedumbre de gentes que lo venían
á servir, por donde se hallaba tan poderoso , que á
otra mayor hueste que á la de sus enemigos pudiera
vencer y destruir, ni por eso cesaba jamas la desen-
frenada desobediencia de Don Pedro Girón , Maestre
de Calatrava, de guerrear á los leales servidores del
Rey, é perseguir las cibdades que estaban por él en
el Andalucía, en tal manera , que unas veces rogan-
do, otras con dádivas, otras amenazando, é otras ve-
ces con halago, hacia pervertir á muchos, que esta-
ban con buen deseo dé servir al Rey, para que fue-
sen tales como él y siguiesen sus pisadas. E como
Don Juan de Valenzuela, Prior de Sanct Juan , fue-
se uno de los leales que seguían el partido del Rey,
este Maestre de Calatrava trató vistas con él, é des-
pués de dadas grandes firmezas é seguridades de
cada parte, venidos entrambos á las vistas, el Maes-
tre rogó al Prior quisiese dexar la voz del Rey é
confederarse con él, é seguir el partido del Príncipe
Don Alonso, á quien él llamaba Rey ; y el Prior le
respondió, que nunca Dios quisiese que él oviese de
olvidar los beneficios que el Rey le avia fecho é ser
contra él. Estonces el Maestre , quebrantando su fé
y palabra, que con tanta firmeza é seguridad avia
dado, prendiólo muy deshonestamente , é púsolo en
muy grand estrecho, hasta que le hizo entregar á
Lora y á Setefilla, que son una villa é dos fortalezas
del Prioradgo de Sanct Juan. Y entregadas, é suel-
to el Prior, fué luego , é tomó la villa de Alcázar de
Consuegra; é tomada, puso luego cerco sobre la for-
taleza de Consuegra, hasta que por hambre el Al-
cayde é los que estaban dentro se ovieron de dar ; y
entregada, puso luego su Alcayde. E no solamente
aquesto, que fué quitalle la mayor parte de su Prio-
radgo , mas despojólo para siempre del señorío de
él ; porque lo entregó á Don Alvaro de Zúfiiga, hijo
tercero del Conde de Plasencia ; por donde nunca
se pudo recobrar. E no contento con aquesto , trató
vistas con el Obispo de Jahen, que se desoía de pe-
leas, y escribióle como se iba á folgar é verse con
él en un lugar de su Obispado , adonde estaba lo
mas del tiempo , que se dice Bexixar ; y llegado
allí, el Obispo le rescibió con mucho amor, é le hi-
zo la mayor fiesta que se pudo ; y el Maestre por
pagalle la honra que le avia fecho , é que así avia
rescebido en su casa, porque no quiso ser contra el
Rey, que lo avia fecho, mandóle robar todo el dine-
ro é la plata é joyas é atavíos que allí tenia; tanto,
que le dexó pobre por muchos dias. Fecho aquesto,
para dar cumplimiento en la romería de su dañado
propósito, rompió guerra contra los caballeros é cib-
dades é villas del Andalucía que estaban por el Rey,
en tal manera, que de los unos é de los otros se ha-
cían muchas muertes é robos ; é lo que peor é mas
abominable paresció á los oyentes fué que no sola-
mente se glorificaba de guerrear y alterar la tierra
contra su Rey natural, que lo hizo, mas ponía rota-
mente la lengua en su Real persona, tanto que po-
nía ten'or en los corazones. ¡ O Maestre Don Pedro
Girón, ingrato criado y desvergonzado subdito! ¿qué
infamia querrás imponer al Rey, que te hizo, que la
tuya no sea mayor? ¿ de qué insultos lo querrás acu-
sar, que á tí mesmo no te condenes? ¿qué males di-
rás que hizo, que no sea escupir en tu cara? ¡ en qué
lo querrás desdorar, que tú no quedes vestido de lo-
do? Pues dime agora , ingrato criado, al que siem-
pre te hizo mercedes, al que te dio tanta pujanza, al
que te subió en tan alto estado, al que nunca te hi-
zo yerro, é tantas veces perdonó los tuyos , al que
siempre te trató con mucho amor, ¿cómo lo pediste
deshonrar? ¿ qual corazón te bastó para perseguillo
tan sin piedad ? ¿qué crueldad fué la tuya dalle tan
feo pago por tan altos beneficios como de él resce-
biste? Pues, blasfemador de Dios, é renegador de
eu divinal bondad, ofendedor de su bendita clemen-
DON ENRIQUE CUARTO.
147
cia, con tan poco temor de su grand poderío, no me
quiero mara\ illar que deshonres al que te hizo del
polvo. — E puesto que con su maldescir atraía algu-
nos, otros como discretos, temerosos de Dios é cela-
dores de la lealtad, sostenían la voz del Rey , é de-
fendían la tierra de su persecución. E pues como
leales se mostraron en servicio de su Rey aquestos,
que con las armas iban contra el Maestre de Cala-
trava, justa cosa es que sean "nombrados, porque
gocen sus subcesores de la lealtad de sus padres , é
se glorifiquen de su limpieza. El primero fué Don
Juan de Valenzuela , Prior de Sanct Juan , que se
perdió por ser leal ; é Don Miguel Lúeas Diranzo,
Condestable de Castilla, que defendió la cibdad de
Jahen con toda su tierra, sosteniendo la voz del Rey;
é Don Pedro de Córdoba, Conde de Cabra, é sus hi-
jos; é Don Diego, el Mariscal de Castilla, é Don
Martin su hermano , Comendador de Estepa ; é Mar-
tín Alonso, Señor de Alcaudete. E si aquestos como
leales deben quedar remembrados , no dexemos ni
pongamos en olvido á los desleales que sin ver-
güenza se armaron contra su Rey ; porque por el
loor de los unos queden los otros en perpetua me-
moria denostados para vituperio de sus herederos.
Era el primero Don Pedro Girón, Maestre de Cala-
trava; é Don Juan de Guzman, Duque de Medina
Sidonia , Conde de Niebla ; é Don Pedro de Zúñiga,
su yerno, hijo mayor de la casa de Plasencia ; Don
Juan Ponce de León, Conde de Arcos, ó Don Rodri-
go Ponce de León, su hijo mayor. Aquestos se alza-
ron con Sevilla, é se rebelaron contra el Rey. Don
Alonso de Aguilar se rebeló con la cibdad de Cór-
doba, é acogió en ella al Maestre de Calatrava, á cu-
ya cabsa se hicieron grandes males por todas las
comarcas.
CAPÍTULO LXXVII.
Como el Rey se partió de Zamora, é se fué á Toro con su hueste;
é lo que después subcedió.
Desque el Rey vio que su poder iba crescíendo , y
grand multitud de gentíos venían de contíno á lo
servir con mucho amor, vista la maldad de los ca-
balleros tiranos que contra él se avian mostrado, fué
acordado en su alto Consejo que se debía ir á Toro
con todo el exército de su hueste, donde se acaba-
rian de juntar los otros señores, que lo venían á ser-
vir. E así llegado á Toro, fuéle notificado como los
caballeros tíranos avían salido de Valladolid, y eran
idos sobre Pefiaflor , é la aportillaron todo el muro
en derredor ; é que desde allí se iban á poner cerco
sobre Simancas. Estonces el Rey mandó á Juan Fer-
nandez Galindo, su Capitán General é leal , que se
fuese luego é meter dentro con mil de á caballo pa-
ra defendella ; é que si fuese menester mas gente,
que él iría en persona con toda su gente. E así Juan
Fernandez se fué á Simancas, donde llegado, é pues-
ta buena guarda en la villa , vinieron dende á dos
días los tiranos sobre ella, é pusieron su real encima
de una cuesta que está casi junta con el lugar. Pero
como ya la vilU estaba muy bien bastecida asi de
gente, como de las otras cosas que eran necesarias
para defensa de ella, no la pudieron facer daño nin-
guno, antes los cercadores les rescebian, y estaban
mas temerosos que los cercados. E de aquí cresció
tanto esfuerzo y osadía á los de dentro, que los mo-
zos d'espuelas que allí estaban, tovieron atrevimien-
to de se juntar una grand copia de ellos, é así jun-
tos acordaron de hacer entre sí una estatua, que re-
presentábala persona de Don Alonso Carrillo, Arzo-
bispo de Toledo, al que llamaban Don Opas, herma-
no del Conde Don Julián , que metieron los Moros
en Castilla contra el Rey Don Rodrigo , por donde
fué perdida España. E así fecha la estatua, é pues-
ta en prisión, uno de ellos se asentó como Juez , é
mandó traer la estatua delante de él, é pronuncian-
do sentencia, dixo: «Que por quanto Don Alonso
Carrillo, Arzobispo de Toledo, siguiendo las pisadas
del Obispo Don Opas, el traydor destruidor de las
Espafias , avia seido traydor á su rey é señor natu-
ral, rebelándose contra él con los lugares é fortale-
zas é dineros que le avia dado para que lo sirviese:
por ende, que vistos los méritos del proceso , por el
qual se manifestaban sus feos insultos y delíctos,
mandaba que fuese quemado, llevándolo por las ca-
lles é lugares públicos de Simancas, á voz do prego-
nero, diciendo : «Esta es la justicia que mandan ha-
cer de aqueste cruel Don Opas ; por quanto rescebí-
dos lugares, fortalezas é dineros para servir á su
Rey, se rebeló contra él : mándanle quemar en prue-
ba é pena de su maleficio : quien tal fizo', que tal
haya. » Dada la sentencia, un mozo d'espuelas tomó
la estatua en las manos , y así pregonando la saca-
ron fuera de la villa á vista del real. Con esta esta-
tua iban mas de trescientos mozos d'espuelas, acom-
pañándola. A las voces de aqueste pregón se para-
ron los caballeros é gentes del real á mirar ; é des-
que los mozos llegaron casi en comedio del real é
de la villa, hicieron una grand foguera, donde que-
maron aquella estatua ; y quemada , comenzaron á
desoír en alta voz un cantar, que descia :
Esta es Simancas,
Don Opas traidor,
Esta es Simancas,
Que no Pefiaflor,
con otras coplas muy feas, que contra él se descían.
Aqueste cantar duró grand tiempo en Castilla, que
le cantaban á las puertas del Rey é de los otros ca-
balleros. E quando los caballeros del cerco vieron
que estar sobre Simancas no aprovechaba, ni se po-
día tomar por combate, ni mucho menos por ham-
bre , é que ya el Rey se acercaba con grand poder
contra ellos, acordaron de levantar su real, y levan-
tado, se tomaron á Valladolid. i
CAPÍTULO LXXVIII.
Como estando el Rey en Toro vino mucha gente á lo servir , así
caballeros de grandes estados, como de otra gente de á pie y
de á caballo.
Después que por el Reyno se fué conoscíendo la
grand tiranía é deslealtad de los caballeros enerai-
148
CRÓNICAS DE LOS EEYES DE CASTILLA.
gos del Rey, é vista la persecución é dolorosa infa-
mia de su Rey , muy ganosamente so movieron
grandes gentios, así de mayor condición como de
menor, é vinieron para lo servir. E luego vino allí á
Toro Don Diego Hurtado de Mendoza , Marqués de
Santillana, é Conde del Real de Manzanares con se-
tecientos rocines hombres d'armas é ginetes, é con
mucho peona ge. Vino Don Luis de la Cerda, Con-
de de Medina-Celi, con quinientos rocines é grand
peonage. Vino Don Pedro de Mendoza , Conde de
Almazan , con duscientos rocines. Llegaron al mis-
mo tiempo muchos hijos-dalgo de las montañas, así
de á pié como de á caballo en tan grand cantidad é
en tal manera, que la hueste del Rey no podía ca-
ber en lo poblado , é fué necesario salir luego al
campo, é poner su real ordenadamente. Halláronse
allí ochenta mil peones é catorce mil de á caballo,
ganosos de pelear é venir á las manos con los tira-
nos que avian deshonrado su Rey natural. E si tal
fuera la gana del Rey, como el deseo de sus subdi-
tos, é si tal corazón quisiera tener para destruir á
sus enemigos , como aquellos venían dispuestos pa-
ra dar la batalla, muy ligeramente é sin muchas
muertes se alcanzara la victoria y fueran destrui-
dos. Mas como en esto y en las otras cosas se hace
lo que Dios quiere , y no lo que piensan los hom-
bres, vienen los sucesos como lo dispone la divinal
providencia. Visto el grand poderío con que el Rey
se hallaba, así de muchas gentes, como de grandes
tesoros para pagallas, mandó llamar á consejo á to-
dos aquellos señores, que allí eran venidos á servi-
11o ; é convenidos ante su real presencia, díxoles que
viesen lo que se debía hacer, y diesen orden en ello.
Fué acordado que se fuesen derechos á poner su real
cerca de Simancas ; porque estando allí paresceria
que tenia cercados á sus enemigos, é afloxaria su
partido. Ávido aqueste acuerdo , luego otro día si-
guiente ajuntados todos aquellos señores en la Igle-
sia del Sancto Sepulcro , oyeron su misa solepne é
bendichas las banderas con grand cerimonia, an-
dubieron con ellas en procesión al derredor de la
Iglesia.
CAPÍTULO LXXIX.
Como el Rey partió de Toro con toda su hueste, y se fué á poner
su real cerca de Simancas , y lo que allf suLcedió.
Después que las banderas fueron bendichas , é
todas las gentes apercebidas , el Rey con toda su
hueste é Corte se partió otro día siguiente , sus ba-
tallas ordenadas en esta manera : que por quanto el
Conde de Alva fué el primero que lo vino á servir,
que llevase la delantera de todas las batallas contra
los enemigos ; é de la batalla Real, donde el pen-
dón é las banderas del Rey iban desplegadas, que
fuese capitán el Obispo de Calahorra ; é después to-
dos loa otros señores , cada uno con las batallas do
su gente. Aquel día se fueron á juntar y aposentar
junto con la villa de Castronufio, ribera del rio de
Duero. Otro día siguiente , tocadas las trompetas,
tomaron su camino , é fuéronse á aposentar al
derredor de Tordesillas , ribera del rio. Entretanto
que la hueste llegaba al aposentamiento, donde
aquella noche avian de reposar, acaesció que un ca-
pitán del Rey, llamado Garci-Mendez de Badajoz,
salió con duscientos rocines de su capitania por una
traviesa cerca de Valladolid, por donde se encontró
con un caballero del Almirante, que sollamaba Juan
Carrillo, el qual traia consigo hasta cinquenta de á
caballo. E como el Garci-Mendez lo vio, fuese luego
contra él, é por la sobra de su gente fué herido
Juan Carrillo de muerte, é preso él y toda su gente;
é así preso trúxolo á una ermita , que estaba en un
llano fuera de Tordesillas á la parte del rio. E co-
mo Juan Carrillo se vio preso y herido de muerte,
rogó á Garci-Mendez que de su parte suplicase al
Rey le quisiese ver, para decirle algunas cosas que
mucho cumplían á su servicio y al bien de su vida,
é para el descargo de su propia conciencia ; é Gar-
ci-Mendez lo hizo así. Estonces el Rey á suplicación
de su capitán fué allí á la ermita, é llegado, como
Juan Carrillo vido al Rey, con muchas lágrimas, le
dixo : « Por cierto, Señor, yo he seido traydor contra
» vuestra Alteza tantas veces', que aunque muchos
«días me quedasen para vivir, é no tengo dos ho-
wras, dubdo si podría hacer satisf ación y enmienda
» dello. E lo que agora con todo lo otro mas me re-
» muerde la consciencia, es que yo é algunos oü-os
» caballeros de mi suerte por mandado de algunoG
«señores, que mandárnoslo podían, estábamos con-
» cortados de matará vuestra Alteza, poniendo laa
«manos cruelmente en su Real persona. Eparabus-
» car lugar é tiempo convenible para ello, era hoy yo
«salido al campo, donde mis pecados me compren-
« dieron é me dieron el pago de mis merecimientos.
« Por tanto con quanta humildad é reverencia pue-
» do, á vuestra Excelencia suplico que usando de su
» acostumbrada clemencia y humanidad, me quiera
«perdonar ; porque si vuestra Real Señoría, como
«mi verdadero Rey y Señor natural , á quien tanto
«he deservido, por hacer placer á mi señor el Almi-
nrante, me perdona, espero en la misericordia de
«Dios, que habrá piedad de mi ánima pecadora.» El
Rey oyda su habla, con mucha benignidad le di-
xo: «Juan Carrillo, según mi condición, no es mu-
« cho perdonaros los yerros que contra mí aveis co-
» metido, porque los Reyes siempre han de perdonar
«sus propias injurias; y mayor plascer avria que vi-
«viésedes para haceros mercedes por ese arrepenti-
» miento que agora mostráis, para que conociésedes
«quánto meplasce mas la clemencia que la vengan-
»za. Yo vos perdono de buen grado : plega á mi se-
«fior Jesu-Christo vos perdone; pero conviene que
» me digáis quien son los que cabían con vos en la
«traycion de mi muerte.» Respondió Juan Carrillo,
que le píasela de decirgelo en secreto ; é así aparta-
dos todos los que presentes estaban , le dixo muy
paso quien eran ; pero tanta fué la nobleza del Rey,
que jamas los descubrió, ni se pudo saber quien
eran. E luego que el Rey se partió de allí, espiró
Juan Carrillo, y otro dia siguiente se partió el Rey
con sus huestes, ordenadas las batallas. Era tunta
DON ENRIQUE CUARTO.
149
la nmchidurubre de los geutios que venían, así de á
caballo como de á pié , que sin duda ponian admi-
ración á los que los miraban. Fuéronse á aposentar
en un grand llano entre el rio de Duero y el rio Pi-
suerga, que pasa por Valladolid, adonde entrambos
se juntan , en tal manera , que ol real estaba bien
fortalecido é seguro de los enemigos ; y el Rey con
BU hija se fué á aposentar á la villa de Simancas.
CAPÍTULO LXXX
De como la venida del Rey á Simancas fué sin pfoveebo alguno.
Venido el Rey á Simancas poderosamente, asen-
tado el real , é fortificado con las cavas de la una
parte é de la otra con los dos rios, que cercaban casi
la mayor parte de él, estando la gente muy ganoaa
de pelear é de venir á las manos con los tiranos^
subcedieron las cosas de tal manera y forma, que
los dias se pasaron en vano ; los gastos eran excesi-
vos en las pagas del sueldo , é sin provecho ; y el
trabajo de tantas gentes con menos fruto , de tal
guisa, que por forma de los tratos engañosos del
Marqués de Villena, por muchas vistas en el campo,
de ninguna ovo conclusión por espesas mensagerias
de poca verdad é de grandes mentiras. E asi la ca-
ballería se tornó tráfago de negociar , el exército
belicoso interese desvergonzado , el esfuerzo varo-
nil perezosa floxedad, la arriscada osadía flaqueza
de corazón ; é ansí ni la guerra truxo paz, ni las ar-
mas dieron sosiego , ni el bullicio puso descanso ;
antes denegada la batalla, se cabsaron mayores ba-
tallas, recrescieron mayores escándalos, é subcedie-
ron muchas muertes. Pero de aquesta negligencia
ó flaca solicitud, no se podría el Rey escusar de
grand culpa, ni sus caballeros quedar sin mucho
cargo de dura reprensión ; porque cosa justa fuera
so quisieran conformar, de tal guisa, que sin descre-
par de lo que al bien é prospero subceso de tan ar-
duo negocio convenia, sin diferencia ninguna se
debían conformar, sin hacer variación hacia diver-
sos fines ; porque si con celo de justicia se movían,
y el sancto proposito de sostener la verdad los guia-
ba, convenible cosa fuera que dexando las malicias
aparte, y arredrando las cabtelas de su seno, en tal
manera debieran estar unidos, que si en los caballe-
ros faltaba la gana de ponello á las manos, el Rey,
á quien mas que á todos tocaba, como soberano de-
biera tener sobrado querer para hacerlo executar ;
y si en el Rey se apocaba la voluntad de lo que mas
le cumplía, en sus caballeros debiera sobrepujar el
deseo de lo poner en arrisco ; ca sabida cosa es é
muy manifiesta que la honra de la victoria siempre
cuelga del peligro , y no de rehuir la batalla. E
puesto que aquestos caballeros como leales vinieron
á servir á su Rey, no so les quitará por eso la cul-
pa de ser remisos en lo que pudieran é debieran ha-
cer si quisieran, pues que no lo hicieron ; porque
muchas cosas quieren los reyes como gx'andes, que
les debieran ser denegadas é como á hombres con-
sentidas, é otras que como á hombres se las deben
arredrar, é como á Reyes aver por buenas, conside-
rando que de los príncipes é reyes que señorean é
reyuan en el mundo, unos son buenos reyes é ma-
los hombres , é otros son malos hombres é buenos
reyes ; como sea cosa cierta, que quanto los unos
como hombres, quando suben á la cumbre del seño-
río, son derramadores de sangre, omicidas sin com-
pasión, vendicativos, crueles y ágenos de piedad,
tanto los otros como reyes , quando tienen el impe-
rio, tienen vestiduras de humanidad, enforros de
clemencia, é mantos de caridad, con que dignamen-
te son merecedores del trono real que poseen. E
pues de aquestas excelentes insignias , é otras tales
conoscian los caballeros leales que estaba compues-
to su Rey, razonable cosa fuera que ellos, sin espe-
rar su mandado, grado ni consentimiento, procura-
ran de dar la batalla, desafiando á los tiranos y afean-
do su tiranía, mayormente pues que sabían que el
Rey en alguna manera tenia mas flaqueza é piedad
que esfuerzo y osadía. Mas hablando agora con re-
verencia de tan alto Rey , so enmienda de la noble
caballería é leales servidores que lo seguían, ¡quánto
bien paresciera no solamente á los que por estonces
vivían, másalos que después subcedierau, quando
fueran sabídores por el proceso de esta historia, que
encendidos en ira el señor é los subditos, desenfre-
nados con saña se quisieran vengar de sus disolu-
tos ofendedores! Pues que Dios lo permitía, é que-
ría que se hiciese ; porque destruidos los tiranos,
crueles dísf amadores de su Rey é de su nación é del
Reyno en general, rescibieran el pago de sus obras ;
sí quiera porque punidos los traydores , quedaran
ellos coronados como leales , é su Rey para siempre
restituido en su honra é recobrada su fama , en tal
manera, que lloraran los desleales su abatimiento,
y los leales se glorificaran de aver sido limpios, sin
ensuciar su linage. Verdad es que según la mucha
gente del Rey, é la poca que los tíranos tenían en
Valladolid, no tuvieran osadía de salir á la batalla,
puesto que una vez les fué ofrescída; pero ellos
como los acusaba su dañada consciencia , é remor-
día la gravedad de su pecado, no la quisieron acep-
tar, ni se atrevieron á salir, antes aunque las bata-
llas del Rey se allegaron junto á los muros de la
villa, jamás se mostraron ni dieron lugar á que nin-
guno saliese fuera do las puertas. En aqueste me-
dio tiempo llegó la Reyna á Simancas, é la Infanta
Doña Isabel con ella, que venia de verse con el Rey
de Portugal su hermano, puesto que las vistas fue-
ron sin provecho , con cuya venida el Rey ovo
plascer,
CAPÍTULO LXXXI.
Como el Rey se vido con el Marqués de Villena, y lo que alli se
concertó.
Desque ya sintió el Marqués de Villena la floxe-
dad del Rey, é vido como les avia ofrescido la ba-
talla, é les era peligroso aceptalla, pasadas algunas
vistas entre el Rey y él , un día acordó de verse con
el Rey á solas en el campo. E como el Rey natural-
mente era mas inclinado á los tratos que al rompí •
150
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
miento, plúgole de ello, é salió á él. E asi vistos, el
Marqués le prometió que hasta cierto tiempo limi-
tado daría orden como él é todos los otros caballe-
ros é perlados de su partido se tornasen á su obi-
diencia ó servicio, y quitarla á su hermano el titulo
de Rey, con tanto que mandase luego levantar el
real y derramase la gente : lo qual el Rey aceptó
de buena gana. ¡ O Rey poderoso, Príncipe de tanta
grandeza, subido en tan alta cumbre é puesto en
tan próspero estado , quanto nunca Rey de sus an-
tepasados se vio ! ¿ cómo te osas confiar de aquel que
asi te destruyó ? ¿ cómo puedes dar crédito á aquel
que con tantos vituperios te dexó deshonrado ? ¿qué
mas peligrosa confianza , qué mas vana seguridad,
ni engañosa certidumbre pudo ser para tí, que dar
crédito al mentiroso, convencerte de su falsedad, é
consentir en sus engaños? Ca ciertamente no se po-
dría llamar pasciencia la tuya, ni enxemplo de hu-
mildad, mas gana de ser engañado, é voluntad de
vivir sojuzgado. E tú. Marqués de Villena, espejo
de la ingratitud, tiranía é insaciable codicia desor-
denada, ¿quál corazón te pudo bastar, ni tuviste,
para destruir á quien te hizo , y deshonrar á quien
te honró, y perseguir á quien te dio tanta grande-
za? ¿Por qué disfamaste al que te hizo famoso?
¿ Por qué denostaste al que te puso en estado? Con-
tentarte debieras con que te hizo tan grand Señor,
é no pesarte porque á otros hiciese grandes ; ca
bien sabes tú que los Reyes tienen el oficio de Dios
en la tierra, é ensalzan á los pobres , y levantan á
los pequeños del polvo. Tan grande fué tu cruel-
dad como la de los Griegos contra los Troyanos.
Tan despiadado fué tu insulto, como el de las ma-
dres cercadas en Jerusalen, que aquellas sin piedad
se comieron á sus hijos. E tú, desleal, ¿cómo á tu
Rey é á tu Señor, y al hacedor que te puso en tan
alta cumbre, quieres mas perseguir? ¿Porque no te
contentas de los engaños pasados, que agora de
nuevo lo tornas á engañar ? Prometes para no cum-
plir, é juras lo que no harás, é certificas lo que nun-
ca verná en efecto, ni tú has gana que se cumpla.
Fíase tu Rey de tus palabras, deseando la paz, por
escusar muertes é robos ; y tú como escandaloso bus-
cas alteraciones . Créese tu Rey de tus promesas , é
tu, alborotador, despiertas los boUicios, Después
que el Rey ovo determinado de hacer lo que el Mar-
qués de Villena le pedia, é quedó asi concertado,
tornóse é Simancas , y el Marqués para Valladolid.
CAPÍTULO LXXXII.
Como el Rey mandó levantar su real ; y la habla que hizo i los
caballeros ; y las mercedes que les dio, y confirmó.
Luego que el Rey fué venido de las vistas á Si-
mancas , mandó llamar á los caballeros é personas
principales de su real ; los quales venidos delante
de su Real presencia, lesdixo: a Todos los Reyes
»Christiano8, porque reynan en nombre de Jesu-
n Christo en la tierra, han de ser padres de sus súbdi-
»tos, sus tutores é defensores, para quitallos de la
«muerte é procurarles la vida, E por eso, yo avien-
»do compasión de mis naturales, señaladamente d©
«tantos nobles, asi hombres de estado, como peque-
))ños caballeros, é las otras gentes que aquí estáis
«ajuntados en mi servicio, he determinado delevan-
»tar el real sin que se dé la batalla; porque, pues
»aqui tengo á todos por hijos, áspera cosa me sería
«poneros en arrisco de la muerte, é ver derramar
)) vuestra sangre, mayormente porque espero en la
))grand bondad de nuestro Señor que él, como justo
» Juez, verá la maldad de los que en tanta necesi-
» dad han puesto mi persona é mis Reynos por sus
«propios intereses, é les dará el pago que su des-
» lealtad meresce. E asimesmo verá el fin con que
«yo me muevo, y el deseo que tengo de la paz é
«concordia. Yo vos agradezco muy mucho el traba-
»jo que aveis sufrido por mi servicio ; é porque se-
«ría injusta cosa é de mal enxemplo, que vuestra
«grand lealtad quedase sin galardón, quiero y es mi
«determinada voluntad que antes de todas cosas
«seáis todos pagados fdel sueldo que se vos fuere
«debido, é después haceros mercedes tales, que res-
«pondan á vuestros servicios, é por ellas crezcan
«vuestros estados ; en tal manera, que quanto vos-
« otros como leales quedareis con famoso renombre,
«los traydores queden vituperiados para siempre, 6
«sus nombres denostados.» Hecho el pago á la gen-
te común, no solamente del sueldo, pero de mucha»
exenciones é franquezas que les mandó dar, con que
se tomaron muy contentos á sus casas, mandó el
Rey que los caballeros é personas principales de es-
tado se fuesen con él á Medina del Campo. Donde
llegados, estuvo alli algunos dias, haciendo gran-
des mercedes á los señores que le avian seguido é
servido. ¡ O mercedes bien empleadas ! ¡ ó dádivas
bien merecidas, ganadas por la lealtad, compradas
por limpios servicios! ¡ caballeros dignos de galar-
dón , varones merecedores de satisfacción , cuya
lealtad pide corona, su fidelidad premio condigno,
sus virtuosos trabajos perpetua memoria! Pues
servísteis á Dios , sirviendo á vuestro Rey, y tanto
sin reproche pagasteis vuestra deuda, cumpliendo
con la verdad é con vosotros mismos, justa cosa es
que vivan vuestros nombres con inmortal nombra-
dla, y que quedéis entre las gentes por espejo do
lealtad, y de gentes en gentes por tales renombra-
dos con dulce pregón ; en tal manera que reviva
vuestra fama é jamas nunca perezca. E pues que
tan lealmente cubristes vuestras personas con man-
to de firmeza, sin hacer mudanza ninguna , debida
cosa es que asi vuestros nombres como las merce-
des que por ello rescebistes, se declaren por escrip-
to ; porque quanto vosotros dexasteis glorioso ape-
llido á vuestros descendientes, tanto mas será dolo-
rido é triste é lleno de mancilla el título que pusieron
los traydores á sus hijos. A Don Diego Hurtado de
Mendoza, Marqués de Santillana, dio la villa de
Santander porque estaba junta con su Marquesado,
con setecientos mil maravedís de juro situados en
el servicio é montadgo. A Don Pero González de
Mendoza, Obispo de Calahorra, dio las tercias de
Guadalaxara é su tierra. A Don Iñigo López do
DON ENRIQUE CUARTO.
151
Mendoza su hermano, é á Don Lorenzo Suarez, Viz-
conde de Torija, é á Don Juan é á Don Furtado, á
cada uno de estos dio dineros de juro , según el es-
tado y edad que tenian. A Don Luis de la Cerda,
Conde de Medina-Celi, dio la villa de Agreda é su
tierra. A Don Garci-Alvarez'de Toledo, Conde de
Alva, dio el Carpió, y con él ciertos lugares de tier-
ra de Salamanca , y le tornó á Buendia, que dice que
fué de su padre. A Don Alvar Pérez Osorio, Conde
de Traetamara, Señor de la casa de Villalobos, dio
la cibdad de Astorga, é le hizo Marqués della. A
Don Juan de Acuña, Conde de Valencia, dio el Con-
dado de Pravia é Gijon, é le hizo Duque de Valen-
cia. A Pero de Mendoza, Señor do Almazan, dio tres-
cientos mil maravedís de juro , situados en el puer-
to de Monte- Agudo. A Alvaro de Mendoza, su ca-
pitán de la gente d'armas, dio la villa de Requena,
con todos los derechos del puerto. A otros muchos
dio ansimesmo dineros de juro, ansi á los que alli
sirvieron en la guerra, como á los de la Andalucía,
é de otras partes del Reyno, que sostuvieron su
partido contra el Maestre de Calatrava é contra
los otros traidores. De aquestas mercedes , que asi
hizo el Rey, algunas de ellas ovieron efecto, y otras
no se cumplieron, mas por culpa é floxedad de
aquellos á quien se ficieron, quo por falta de la vo-
luntad del Rey. Fechas aquestas mercedes, é dados
los privillejos dellas á cada uno , los caballeros se
tornaron á sus tierras muy contentos , y el Rey se
fué para Segovia, y llevó consigo á la Reyna y á
8u hija é á la Infanta su hermana.
CAPÍTULO LXXXIII.
Como el Conde de Fox tomó la cibdad de Calahosra, y io qoe
alH subccdió.
Aunque el Rey levantó su real, é despedida la
gente se tornó á Segovia, esperando el cumplimien-
to de la fe del Marqués de Villena , no se abajaron
los escándalos, ni cesaron los bollicios del Reyno •
antes de cada dia crescieron mayores novedades,
ansi de robos é muertes y prisiones , como de otras
violencias y fuerzas que se hacían, en tanto grado
que ninguno osaba salir de lo poblado, ni andar
por los caminos sin grand compañía. E porque el
Marqués de Villena no se avergonzó de quebrantar
su promesa , que quitarla el título de Rey al Prínci-
pe Don Alonso, é que haria que los señores de su
confederación tornasen á servicio del Rey, añadien-
do tráfagos á las mentiras , truxo tan largas dila-
ciones , que siempre sus cabtelas se renovaban , é
jamás sus palabras traían conclusión , antes siem-
pre mayores engaños. Ni por eso se congojaba de
los grandes males que se hacían , ni se curaba de
remedíanos, en tal manera, que no solamente den-
tro del Reyno eran los daños multiplicados entre
los naturales que se guerreaban unos á otros , mas
como la cisma de dos Reyes estaba raygada entre
ellos, los unos diciendo Enrique, é los otros dicien-
do Alonso , sin temor de Dios ni de sus conciencias
délos cismáticos é tiranos, que lo tal acarrearon, los
estrangeros tomaron osadía é denodado atrevimien-
to de entrar en el Reyno con mano armada, á usur-
par la tierra ; señaladamente el Conde de Fox , que
seyendo casado con la Princesa Doña Leonor, hija
del Rey Don Juan de Aragón, hermana del Prínci-
pe Don Carlos de gloriosa memoria, por cuya muer-
te le pertenescia la subcesion del reino de Navarra.
Este Conde de Fox, llamándose Príncipe de Navar-
ra por parte de la muger, vino sobre la cibdad de
Calahorra , é la tomó mas por traycion que por lar-
go cerco ni combate. E luego que asi tomó la cib-
dad é se apoderó della , envió un mensagero al Rey,
suplicándola que quisiese envialle luego una perso-
na fiable con quien pudiese hablar é negociar algu-
nas cosas sobre su entrada en el Reyno ; porque su
deseo é voluntad mas era de tener amistad y confe-
deración con él , que no discordia , para que acerca
de todo ello se tomase algún medio. Oyda la habla
que su embaxador propuso, el Rey respondió que
lo plascia de hacer lo que el Conde de Fox le envia-
ba rogar ; y apartado con los de su Consejo acordó
que yo como su Capellán y Coronista y de su Con-
sejo debiese de ir con aquella embaxada, E asi acor-
dado , mandóme proveer de gente que me acompa-
ñase por el peligro de los caminos, é que León, uno
de sus Reyes d'armas , fuese conmigo. E tomado mi
camino, yo me fui derecho á Calahorra, donde el
Conde de Fox , Príncipe de Navarra , é la Princesa
8U muger estaban. E después de ser bien rescebido
de sus caballeros, vine delante dollos, é dadas las
cartas del Rey, les dixe : « Ilustres Señor y Señora:
Bel Rey de Castilla, mi soberano Señor, oyó la su-
Dplicacion de un embaxador qtie á su Alteza envias-
j)tes con cartas de crehencia, para que acá enviase
» alguno suyo; su Real celsitud, queriéndolo hacer
»ansi lo que en nombre vuestro le fué pedido, mo
» envía á vuestras Señorias, á dos principales co-
rsas: la primera, para que vos dixese que él no
» puede saber qual sea la cabsa que vos haya movi-
B do á tan grand atrevimiento y osadía de entrar
7> así en su Reyno con mano armada , y tomar ó ocu-
» par aquesta su cibdad , mas por la traycion de al-
» gunos cibdadanos que vos la dieron , que no por
» fuerza de armas, estando en hermandad é confe-
» deracion de perpetua paz con el Rey y con el rey-
Bno de Francia. E que su Alteza no tiene scnti-
» miento tanto de la pérdida de esta cibdad, que sin
» cabsa se la aveís usurpado, quanto de la necesi-
»dad en que está por la traycion de sus subditos.
» Porque sabida cosa es, que si fuera della estuvie-
))ra, ni vos. Señor ni Señora, vos curárades de em-
» prender tomalla, ni vuestro atrevimiento se que-
» dará sin venganza. Pero como las cosas de los re-
» yes sean juicios de Dios , é todas procedan de su
«divinal providencia, halo querido tolerar con pa-
» ciencia, esperando en su infinita bondad que aque-
«llas muy presto subcederán en muy próspero au-
» mentó de su estado real, é lo que agora está en-
))fermo, presto se convertirá en salud, é se tomará
«la enmienda que tales osadías merescen. La scgun-
»da , para saber que es lo que á la Señoría de vos-
152
«otros place, y que cabsa vos movió á pedir mi ve-
» nida á vuestras Excelencias.» El Conde de Fox res-
pondió que la tomada de aquella cibdad solamente
avia seido para hacer prendas por los lugares de
Navarra que el Rey en los tiempos pasados avia to-
mado ; é que á esta cabsa ellos avian escripto á su
Eeal celsitud les enviase persona fiable con quien
pudiese tratar é negociar sobre aquello ; é pues yo
era alli venido, ellos eran muy placenteros. Des-
pués de pasadas muchas altercaciones é largas ha-
blas , contrastando sus soberbias , é respondiendo á
sus demandas, fué acordado entre ellos é mí y el
Obispo de Pamplona , que era el Gobernador dellos,
y por quien se reglan , que oviese de enviar conmi-
go un licenciado suyo, de quien se fiaba, por Em-
baxador al Rey, para que de parte suya le suplicase
dos cosas: la una, que su Alteza lo quisiese dar los
lugares que asi tenia en Navarra , é que se entre-
garía luego su cibdad de Calahorra; la otra, que
en satisfacion de los gastos que se avian fecho en
el cerco de los dichos lugares quaudo los tomó, que
le serviría con cierta gente quanto durase la guerra
con sus subditos. Estonces yo acepté lo que asi de-
mandaban, pero con tal condición, que ellos no
aceptasen trato ninguno de los caballeros tiranos,
ni los enviasen mensagero ninguno. Y esto quise yo
pedir á cabsa de un embaxador, que alli estaba por
parte de ellos. A esto me respondieron el Conde é la
Princesa su muger que les plascia, é me dieron su
palabra Real de lo cumplir. Aquesto asi determina-
do, tomé su embaxador conmigo, é tórneme al Rey
á Segovia ; donde llegados , é venidos ante el Rey,
en su presencia é de los del su muy alto Consejo
aquel embaxador propuso y explicó lo que por sus
Príncipes de Navarra le era mandado. Oyda su fa-
bla, el Rey le respondió que le plascia de lo hacer
con tanto que pues le quería entregar los lugares
que ansí le demandaban , que para seguridad é cer-
tidumbre de lo que asi proferían , le oviesen de dar
en rehenes á Don Juan, Señor de Narbona, é á Do-
ña María de Navarra, sus hijos, con las otras condi-
ciones que sobre aqueste caso se concertasen. Esto
fecho é concertado, y esta capitulación fecha, man-
dó el Rey que yo tornase á los Príncipes con gran-
des poderes, para que si los rehenes me fuesen en-
tregados , les entregase los lugares é fortalezas de
Navarra, é alzase los pleytos omenages á los Al-
caydes que las tenían ; asi mesmo para capitular é
negociar con ellos todo lo que me paresciese con-
venible é necesario. Y porque los rehenes que de-
mandaba me fuesen entregados , envió ciertos capi-
tanes suyos con trescientos rocines á la cibdad de
Logroño, para traellos seguramente. Acordado
aquesto con el embaxador é despedido del Rey, él y
yo nos partimos y fuimos derechos á Logroño. E
llegados alli , el Licenciado embaxador se entró en
Navarra para notificar á sus Príncipes como yo iba;
los quaies luego que supieron de mi ida , me escri-
bieron (^ue me fuese á la villa de Alfaro, porque el
Conde de Fox se iba á Corella, una villa de Navar-
ra que está una legua de Alfaro. Y como llegué á
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Alfaro, supe que la venida del Conde de Fox á Co-
rella, era por mirar donde podría poner sitio para
cercar á Alfaro. E sabida por el Conde mi venida,
envióme á desoír que me saliese al campo , donde
quería que hablásemos; é salidos, después de mu-
chas hablas que paseando entre él é mí pasaron, sen-
tí del que no avia gana de cumplir con el Rey lo
que su embaxador avia proferido, antes que de sal-
to, si oviese oportunidad, quería dar sobre Alfaro,
Como supe aquello , proveí luego muy secretamen-
te, y envié á llamar á dos capitanes de los que allí
el Rey avia enviado con gente para llevar los rehe-
nes, los que se llamaban, el uno Gómez de Roxas,
é el otro Pedro Faxardo, los quaies vinieron con
cient rocines de noche , sin ser sentidos ; proveí asi
mesmo de muchos tiros de pólvora. En este medio
tiempo el Conde de Fox se tornó á Tudela, para
apercebir su gente é venir al cerco ; é quando se par-
tió de Corella, envió un Doctor de su Consejo, que
se llamaba Mosen Menaute, y el Mariscal de Bear-
ne, que viniesen por mí é me llevasen á Tudela,
donde fui bien rescebido é aposentado. E luego otro
día siguiente , el Conde de Fox y la Princesa dipu-
taron al Obispo de Pamplona, é á Mosen Martín de
Peralta, é al Doctor Mosen Menaute, é á los Maris-
cales de Fox é de Bearne, para que negociasen con-
migo cerca de las cosas por sus Príncipes deman-
dadas. Estaban de mi parte como vasallos del Rey,
Don Juan de Beamont, Prior de Sanct Juan de Na-
varra , é el Conde de Lerin su sobrino. E como es-
tuviésemos juntos altercando lo que se debía de ha-
cer para el bien de amas las partes, vi que el Obis-
po de Pamplona, no solamente desviábala concor-
dia, mas hablaba con poco acatamiento é menos re-
verencia dei Rey con algunas demostraciones de
enemistad. E quanto quiera que fué amonestado por
mí, que se honestase y midiese en sus palabras,
visto que no lo quería hacer, yo le dixe : « Señor
«Obispo, en la tierra de los discretos, donde mora
«la prudencia, é la nobleza tiene parte, suelen los
«virtuosos é los que de limpia sangre se prescian
«quando hablan de los Reyes, tener mucha tem-
«planza, mesura é comedimiento, mayormente de
«aquellos que por la grandeza de su estado ó sole-
«nidad de su sangre son excelentes ; é los tales co-
»mo vos les deben no solamente reverencia, mas
«humilde sujeción ; y los que de otra manera lo ha-
«cen , dan testimonio de su liviandad y basa crian-
»za. Digo esto, señor Obispo, para que sepáis, que
» quando los tales como vos hablan de los Reyes de
«Castilla, han de poner la boca en el suelo en señal
«de humildad, é no con la soberbia que aveis raos-
«trado con poca temperanza é menos tiento para ser
«perlado. E sí vuestro Príncipe es discreto, ha de
«hincar la rodilla, é pedir mercedes como Príncipe
achico á Rey grande, que las sabe hacer é puede.
«E pues tan desenfrenado sois de la lengua, desde
« aqui vos digo que no quiero negociar con vos , por-
«que la decencia de mi embaxada no lo consiente.»
Acabada mi habla, Don Juan de Beamont, que es-
taba á par de mí asentado, dixo : «Señor Obispo,
DON ENRIQUE CUARTO.
153
»bíeo paresce á quien envia el Rey de Castilla por
«embaxador á estos señores Príncipes; é por lo que
naqui se vos ha dicho, no debéis de maravillaros ni
«tomar alteración ; porque debéis de saber que la
«casa de Navarra nunca hizo acatamiento á ningún
«Rey de la christiandad, salvo al de la casa de Cas-
» tilla. E pues vos fuistes destemplado para hablar
» sin acatamiento de tan alto Rey, su embaxador vos
«ha respondido como varón de limpia sangre é per-
»sona de crianza. Por eso no curéis de alteraros,
«que sin dubda él ha fecho lo que debia como leal
«embaxador ; é de lo que asi vos dixo á todos los na-
«turales de Navarra nos plasce é somos alegres de-
slio.» Estonces el Obispo, viéndose confuso, muy
cortesmente se bolvió á mí, disciendo : «Señor Em-
«baxador, yo hablé mas con pasión que con mesu-
»ra ; protesto de lo enmendar de aqui adelante.» Pe-
ro como él era el mas principal de Navarra y esta-
ba aficionado á la parte de los caballeros tiranos,
siempre desvió la conclusión de la concordia, en
tal manera, que ningún medio de paz se pudo to-
mar. Estonces vista su dilación é las formas exqui-
sitas que conmigo tenia , dix© al Conde de Fox é á
la Princesa su muger que les pluguiese de dar or-
den como cumpliesen conmigo lo que avian profe-
rido al Rey, mi soberano señor, con su embaxador;
é que si aquello no entendían cumplir, que me lo
dixesen , porque yo me quería partir, é no expender
el tiempo en vano. A esto el Conde de Fox me res-
pondió con alguna indignación , disciendo que no
entendía de dar rehenes ningunos, ni la gente para
ayudar al Rey, antes que si luego no le daba los lu-
gares de Navarra, pornia cerco sobre Alfaro é lo to-
maría. Estonces le respondí : « La villa de Alfaro
«está á tan buen recabdo, que non ha miedo de ser
«tomada ; é si vuestra Señoría la hace cercar, de
«tanto vos certifico, que avrá quien vos la haga
«descercar.» Estonces el Conde de Fox con grand
furia me dixo que ninguno le haría levantar el cer-
co sino Rey, ó hijo de Rey poderoso. Yo le respon-
dí , que le certificaba é prometía que no sería Rey
ni hijo de Rey el que vernía á hacerle levantar el
cerco por pura fuerza contra su grado. E pues que
así rehuía de la paz, é procuraba la guerra, que
aquella le sería tan enteramente dada, que á él des-
pluguiese de avella comenzado. E asi despedido del
é de la Princesa, me partí para Alfaro, donde estu-
be por espacio de quatro días basteciéndola é per-
trechándola de las cosas necesarias. E asi proveí-
da , me salí derecho á Soria é á los otros lugares
de la frontera, apercibiendo la gente, asi de caba-
llo como peones. Entretanto que yo apercebia la
gente, el Conde de Fox vino sobre Alfaro, é le dio
dos combates muy ásperos , donde con los tiros de
pólvora que traía, derribó un grand pedazo del mu-
ro. E quanto quiera que por quatro partes le pusie-
ron las escalas, los de la villa se defendieron tan
bien , que los hicieron abaxar de las escalas y arre-
drar de los muros de la villa. E no solamente los va-
rones se mostraron animosos y esforzados, pero las
mugeres se ponían á las almenas , é defendían su
parte quanto podían , tirando muchas piedras con
hondas é mandrones. Sabido el cerco, di grand prie-
sa para juntar la gente, de guisa , que en espacio de
doce días se juntaron mil é trescientos de á caballo
é cinco rail peones. Iban por capitanes Don Alon-
so de Arellano , Señor de los Cameros , é con él otro
capitán que se llamaba Alvaro de Hita. E ansi jun-
tados, con mucha orden fueron á socorrer á Alfaro:
donde llegados á vista del real, el Conde de Fox se
levantó del cerco, muy vergonzosamente huyendo,
y se fué á Tudela. Luego dende á pocos días se le-
vantó la cíbdad de Calahorra, donde fué fecho
grand estrago en los Franceses que allí avía dexado
el Conde de Fox, y de allí quedó grand enemiga
entre los Navarros ó Franceses, De que subcedió
que Mosen Fierres de Peralta, Condestable de Na-
varra, sintiendo la traycíon que el Obispo de Pam-
plona cometía contra el Conde de Fox é contra el
reyno de Navarra é naturales de ella , lo mató á pu-
ñaladas, de que todos los Navarros fueron muy
alegres.
CAPÍTULO LXXXIV.
Como la villa de Valladolid se alzó por el Rey, que la tenían
, los tiranos.
Entretanto que las cosas de la frontera de Navar-
ra pendían , acaesció que los vecinos é moradores
de la villa de Valladolid, viendo la tiranía de los
caballeros , é lo que el Almirante avia fecho contra
el Rey en rebelarse con aquella villa, que le avia
dado en guarda para su servicio, é como se avian
apoderado de ella los tiranos, que traían al Prínci-
pe Don Alonso , llamándolo Rey; considerando co-
mo estaban puestos en tan feo nombre de traydo-
res , como los escismáticos que los señoreaban; pen-
sando libertarse por dar la villa á su Rey, espera-
ron disposición de tiempo convenible. E como un
día salieron fuera los tiranos con su Príncipe, para
ir á la villa de Arévalo, todos muy conformes con
mano armada se levantaron por el Rey, disciendo
«Enrique» ; donde peleando con algunos de los tray-
dores que allí avian quedado , los echaron fuera de
la villa, y echados, enviaron á llamar luego al Rey,
que viniese á tomar su villa ó la señorease como
Rey é señor de ella. Sabido aquesto , el Rey se par-
tió luego de Segovia poderosamente, é se fué allá,
donde fué bien rescebido con muchas fiestas ó gran-
des alegrías. Estuvo alli algunos días, asi para so-
segar el pueblo , como para dalles contentamiento é
seguridad con su estada. En este mismo tiempo
acaesció que el Almirante con propósito de guer-
rear é hacer mal á los de Valladolid, porque se
avian alzado por el Rey, envió secretamente una no-
che ciertos hombres que escalasen á Simancas, para
hacer en ella guarnición de gente contra ellos. E
como los que asi fueron á escalar pusieron las es-
calas, fueron vistos por los que velaban la villa, y
prendiéronlos, é asi presos lleváronlos á Vallado-
lid , é fueron desquartizados por justicia. Pero pues-
to que de aquestas cosas muchas hacia Dios por el
154
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Rey, nunca por eso él quiso ayudarse , ni tomar osa-
día de varón para hacerse temer. Tampoco el Mar-
qués do Villena cesaba de lo perseguir y engañar,
en tal manera, que si el uno se presciaba do hacer
engaños, el otro se del ey taba en sofrillos con pa-
ciencia. Quando el Marqués de Villena vio que el
partido del Rey iba cresciendo y el suyo se apoca-
ba, é las voluntades de todos se aflacaban contra
él, porque ya se descubrían su tirana condición é
poca verdad con que se contrataba , para contentar
á los caballeros de su valia , acordó con ellos de tra-
tar vistas con el Rey para prendello , de que el Rey
fué avisado por algunos que lo deseaban servir,
aunque seguían ageno partido , é ansi denegó las
vistas , y en su lugar envió al Obispo de Calahorra
y á Juan Fernandez Galindo que se viesen con él ;
de que ningún buen fruto ni conclusión de paz se
pudo tomar. E quando quiera que de contino se des-
cubrían sus cabtelosas formas é dañados propósitos
de mal hacer, nunca el Rey perdió la gana de que-
rerlo tornar á su servicio y hacer paz con él. De que
no pocos deservicios se le recrescieron , no solamen-
te por querer á quien contino le deshonraba é pro-
curaba su perdición , mas porque á esta cabsa se ati-
biaron los corazones de los que lealmente le avian
seguido é servido en su necesidad ; é asi arredrá-
banse de su Corte , y no curaban de ir á ella. Verdad
es que ni aun por esto la casa de Mendoza, el Mar-
qués de Santillana , y el Obispo de Siguenza é los
otros sus hermanos dejaron de ser siempre leales , é
Don Pedro Fernandez de Velasco, Conde de Haro,
Don Juan de Acuña, Conde de Valencia, Don Al-
var Pérez de Osorio , Marqués de Astorga y Conde
de Trastamara, y Don Beltran de la Cueva, Duque
de Alburquerque y Conde de Ledesma , el Conde de
Cabra é sus hijos, Don Miguel Lucas de Iranzo, Con-
destablo de Castilla con la cibdad de Jahen , Martin
Alonso, Señor do Alcabdete, y Pedro de Mendoza,
Señor de Almazan, que jamás hicieron mudanza,
mas siempre estuvieron firmes en el servicio del
Rey. E después que el Rey ovo sosegado la villa de
Valladolid,y echado fuera los sospechosos, dexó
allí alguna gente en guarda de ella , y partióse para
Segovia.
CAPÍTULO LXXXV.
De lo que subcedió después de venido el Rey 4 Segovia.
Vino el Rey á Segovia , donde páreselo hallarse
con mas prosperidad , que primero , por aver reco-
brado á Valladolid , y aun porque algunos Grandes
del Reyno se le enviaban á ofrecer con ganosa vo-
luntad de servillo por el desgrado é contentamiento
malo que tenían de las formas interesales que el
Marqués de Villena traía con todos. E si como el
Rey tenia afición con él é avia gana de su amistad,
le quisiera ser entero enemigo, todos, ó la mayor
parte de los que seguían á la parte contraria de su
hermano , se vinieran á su servicio. E no menos el
Príncipe avia gana de se tomar á su servicio y som-
bra é obediencia por el mal contentamiento que te-
nia. El qual intentó de lo hacer, salvo que fué sen-
tido, é le pusieron en grandes temores , disciendo
que lo matarían con yervas, si se pasaba. Estando
así las cosas en calma, sin conclusión ni esperanza
de concordia , vino el Arzobispo de Sevilla D. Alon-
so de Fonseca con un trato secreto , grave é no ho-
nesto por parte de Don Pedro Girón, Maestre de
Calatrava , con acuerdo é consentimiento del Mar-
qués de Villena su hermano, diciendo que si el Rey
le daba á la Infanta Doña Isabel, su hermana, por
muger, que lo vernia á servir con tree mil lanzas
á su costa , é le prestaría setenta mil doblas, é su
hermano el Marqués de Villena prometía de se ve-
nir luego á su servicio, y traer al Príncipe su her-
mano é ponello en su poder , en tal manera, que se-
ría luego mas pacífico Rey que de primero. E como
el Rey estaba deseoso de la paz según su condición,
y visto el ofrescimiento de entrambos hermanos,
aceptó el trato con deliberada gana de lo hacer ; é
así dado su consentimiento para ello, fué acordado
que él mandase ir de su Corte al Duque de Albur-
querque y al Obispo de Calahorra. E como entram-
bos anduvieron siempre en propósito é voluntad de
obedescer y servir al Rey , el Duque de Alburquer-
que se fué á sus villas de Cuéllar y Roa , y el Obis-
po de Calahorra á la cibdad de Guadalaxara con sus
hermanos. El Arzobispo de Sevilla quedó con el Rey
entendiendo en el negocio que traía, y en las cosas
del Consejo. E como el concierto del casamiento es-
tuviese capitulado con las seguridades é firmezas
que para ello convenían para entrambas las partes,
el Rey con grand placer , esperando la venida del
Maestre de Calatrava, envióle á decir que se vinie-
se lo mas presto que pudiese ; el qual se partió lue-
go de Almagro con grand poder , así de gente como
de dinero. Pero como los juicios de Dios son de tan
altos misterios y profundos secretos, puesto que
los hombres proponen , el infinito poder de su pro-
videncia dispone lo que le plasce. E así, como el
Maestre de Calatrava viniese con aquel proposito
de casar con la hermana del Rey , é no queriendo
Dios lo concertado , é no dando lugar á tan grand
falsedad , súpitamente le tomó en el camino el mal
de la muerte , en tal manera , que dentro de diez días
murió, mas con poca devoción, que como cathólico
Chrístiano debía morir, en tal manera, que su da-
ñado propósito no pudo aver efecto , ni alcanzar lo
que procuraba. De la muerte suya fué el Rey muy
pesante, porque se tenía por cierto que con su ve-
nida recobraría su estado.
CAPÍTULO LXXXVI.
De lo que subcedió después de la muerte del Maestre de
Calatrava.
Aunque alguna turbación ovo eu la voluntad del
Rey por la muerte del Maestre de Calatrava (por-
que se tenia por supuesto , que tornaría en su prós-
pero estado por él , si oviera efecto su venida ), fué
provechosa para la honra é prosperidad de la Infan-
ta Dofia Isabel , por lo que después eu|?,cedió en su-
DON ENRIQUE CUARTO.
155
blimacion de su Real persona. E así muerto Don
Pedro Girón, quedó su Maestradgo en Don Alonso,
su hijo , por virtud de una Bulla Apostólica que avia
ganado , en que el Papa dispensaba que el hijo des-
pués de la vida del padre subcediese el Maestradgo,
é así fué luego obedescido por los caballeros de la
Orden. Empero así el Maestradgo , como el señorío
del Condado de UreBa , por otro hermano del nuevo
Maestre , todo quedó al mando é gobernación del
Marqués de Villena, porque á la verdad tenia seso
y prudencia, para la administración de aquello é do
otra mayor cosa. Entretanto que las cosas estaban
en calma sin declinación de paz ni de guerra , mas
todos de una parte y de otra sospechosos y con po •
ca confianza, subcedió que el Conde de Benavente,
hallándose avergonzado é confuso , por aver sido
contra el Rey en las cosas pasadas en su deservicio,
queriendo enmendar el yerro pasado , trató secreta-
mente con él , suplicándole que lo quisiese perdo-
nar é tomarle por suyo ; de que el Rey fué muy
contento. B como por estonces , sobre cierto tracto
é conveniencia que hizo con el Alcayde de Portillo,
ovo la fortaleza de su mano é apoderóse de la villa,
é así apoderado , suplicó al Rey que le hiciese mer-
ced de ella , lo qual el Rey liberalmente hizo, c gela
confirmó ; por donde le páreselo al Conde quedar en
mayor obligación de lo servir de allí adelante. E
visto el descontentamiento que el Rey tenia del Ar-
zobispo de Toledo , así por la fealdad que hizo quan-
do se rebeló contra él con la Mota de Medina del
Campo y con la cibdad de Avila, donde fué cabsa-
dor de la scisma que allí se hizo ; y no solamente
aquello, mas siempre trabajaba por lo deservir y
enojar, y poner la lengua en él sin temperanza nin-
guna ( verdad es que los que una vez yerran en
especial tan gravemente como él , nunca jamás se
enmiendan , antes siempre acrescientan é multipli-
can en el mal), el Conde de Benavente deseando ha-
cer algún servicio agradable al Rey , é visto que el
Arzobispo traía al Príncipe de su mano , que él é
los otros caballeros de lascisma llamaban Rey, mas
para colorar su feo insulto que para dar paz é sosie-
go , é mas para tiranizar que para administrar jus-
ticia ; queriendo hacer algún servicio agradable al
Rey , acaesció que pasando el Príncipe de Toledo
para Arévalo , acompañándole el Arzobispo é los
otros sus parciales que lo seguían , salvo el Marqués
de Villena, que se avia quedado en su tierra, vinie-
ron una noche á dormir á Portillo , donde el Conde
los rescibió muy bien é con mucho amor. El Prín-
cipe fué aposentado en la fortaleza, y el Arzobispo
é los otros caballeros en la villa. E luego otro día
siguiente por la mañana , quando todos aquellos se-
ñores vinieron juntamente á la puerta de la fortale-
za , y esperaban al Príncipe para partir, el Conde
de Benavente envió á desoír al Arzobispo que se
fuese en buen hora, porque el Príncipe no avia de
andar mas debaxo de su mando , ni andar cerca de
él ; de que el Arzobispo se sintió muy amenguado.
Por manera que la enemiga entro él y el Conde
estuvo grftnd tieoípo arraigada. Pero porque el Mar-
qués de Villena nunca daba lugar á rotura ninguna
entre los caballeros de su partido , después que tor-
nó de su tierra, tuvo forma de los conformar en
amistad, aunque las voluntades siempre estuvieron
dañadas. De aquesto que hizo el Conde, se tuvo el
Rey por muy servido , en tal manera , que lo tuvo
por mucho suyo , para hacerle grandes mercedes. E
como el Conde sintió que ya le tenia ganada la vo-
luntad, envió á suplicarle quisiesee hacerle merced
del Maestradgo deSanctiago, pues que no avia Maes-
tre, ni Administrador que lo gobernase; lo qual el
Roy se lo otorgó liberalmente con mucho amor. Es-
tonces el Conde de Benavente , fiándose del Mar-
qués de Villena su suegro, creyendo que le ayuda-
ría é sería buen padre para él , hizoselo saber para
que le diese su voto é consentimiento ; el qual se lo
otorgó mas con la boca, que con el corazón ; por-
que luego procuró secretamente de lo aver para sí ;
porque aquel fin lo avia movido á todo quanto mal
hizo contra su Rey. E así con sus cabtelosos modos
trató con los Comendadores de la Orden para que le
eligiesen por Maestre, según que adelante será re-
contado , en tal manera , que mostrando ayudar al
hierno , lo recabdó para sí ; de donde se recresció la
enemiga entre ellos muy grande y criminosa, según
lo que recontará la historia adelante por su pro-
ceso.
CAPÍTULO LXXXVII.
Como el Ucy é ciertos caballeros del bando contrerio se juntaron
en la villa de Coca , para dar algún medio de paz, é no se dio.
Las muertes y robos é males que se hacían por to-
das las partes del Rey no, eran tales é tantas, ó tan
disolutos é feos sin temor de Dios por falta de jus-
ticia y execucion de ella, que ninguna gente no
osaba caminar ni salir de poblado , en tal manera,
que apenas tenían seguridad en sus casas. E como
los pueblos se viesen tan afligidos y puestos en
tanta necesidad é peligro , inspiró Dios en ellos de
tal guisa , que todas las cibdades , y villas é luga-
res se movieron é conformaron para hacer herman-
dad ; por donde se remediaroij los tt&ha,]oB , y ee dio
seguridad en los caminos , de tal gui«a , que ya las
gentes andaban sin miedo por todas partes. Verdad
es que los malos é de malvados deseo», ansí lo»
del bando del Rey , como de los tiranos , trabajaron
porque no se hiciese, é después de fecha, procura-
ban de desbaratarla ; pero plugo á la bondad de
Dios , que sus dañados deseos no se pudieron cum-
plir. E porque el Rey la quería , y daba todo su fa-
vor para ella, prevaleció en tanto grado, que por
los muchos castigos que se hacían, fué cabsa de tan
gran sosiego é de ser cada uno señor de lo suyo. E
así haciendo sus congregaciones á ciertos tiempos
en diversos lugares , ordenaron singulares estatutos
é leyes. E como ya estuviesen en grand prosperidad
ajuutados en la villa de Tordesillas , el Rey me man-
dó que yo les escribiese esta carta siguiente: —
« Dado vos es el poderío de Dios : por tanto quien
» quisiere puede razonar en qualquier ajuntaraiento,
156 CRÓNICAS DE LOS
)) quanto aquello que se trata mas general se demues-
» tra , y tanto de aquello entre ellos disputar, quan-
» to el común interese lo torna cabsa propia ; por-
» que allí donde el bien ó el mal de todos en común
« se trata, quien quiera tiene licencia de llegar á dar
)) su voto , como sea cosa cierta que la mesma pro-
» piedad hace á cada uno juez de lo suyo , é presta
«osadía de hablar en guarda de su derecho. Por
)) ende , padres conscriptos é honorables señores, oy-
» das las nuevas de vuestra congregación , como
» por la bondad de Dios érades ajuntados para rede-
» mir é reparar las grandes vexaciones, los feos in-
«sultos, los públicos robos, las grandes tiranías, é
» las nefandas infamias de aquestos cuitados é mal
«aventurados Reyuos, por nuestros pecados entre
» ellos venidos ; quise asi como uno de sus hijos, ven-
«cido de piedad é condolido de sus males, ante
» vuestro consistorio entregerir algún dicho, no por-
» que aquel pueda hacer largo edificio, mas porque
«delante varones tan famosos, donde la prudencia
» parece tener mayor vigor é fuerza, sea presentado
»y se muestre mi deseo, ¿Quién fuera poderoso en
«tanta conformidad á juntar tan grandes gentíos,
» si la mano de aquella soberana bondad, por su in-
« finita clemencia , en ello no pusiera su gracia? Los
B quales venidos con deseo tan cathólico , allegados
«con propósito tan noble, fechos conformes con
)) celo tan justo , de tan diversas voluntades tornadas
» en una , de tan varios corazones reducidos eu un
«querer, é todos finalmente tras un virtuoso fin
«aguijando, bien paresce sin duda lo tal ser des-
n cendido del cielo , é propio nombre de sancta her-
B mandad aver alcanzado. ¡ O bienaventurados los
« dias en que tal obra se hizo y tiempos dignos de
«gloria, que tal merced rescibieron, que levantase
« Dios á los baxos en confusión de los mayores, des-
» portase los flacos en vergüenza de los fuertes, é
« privase del consejo á los grandes , para dalle á los
«chicos! Podremos pues por ello descir, cantando
« con el Profeta : Aquesto es fecho por Dios , y es
» maravilloso en nuestros ojos. Pero si en ellos f uen-
» te de lágrimas dolorosas nos pudiese ser empresta-
« da , ¡ó quán bien paresciera sin duda, para que pu-
« diésemos llorar , no con David los muertos de su
» pueblo , ni con Jeremías los cautivos de sus pro-
» vincias , mas como nuestro Salvador la destruycion
« de Jerusalen, la destruycion é perdimiento de
« nuestra mezquina España! La qual por mayor do-
» lor es ya tornada en menosprecio de las gentes vi-
«tuperio de los estraños, conseja de los viandan-
j» tes , é comparación de todas las miserias. ¡ O tierra
» desconsolada cubierta de maldición ! ¡ O reyno sin
» abrigo cercado de tantas infamias ! ¡ O nación avil-
« tada llena de tantos denuestos, que si algunos
» hasta aquí de ser castellanos por el mundo ee pres-
» ciaban , do quier que ahora fueren , por baldón se-
«rán desechados! ¿A quién seremos ya buenos,
» quando á nosotros somos malos? ¿De quién avre-
«mos piedad, quando á nosotros somos crueles?
» ¿Quién nos querrá por amigos , quando asi nos des-
» truymos , eeyendo todos hijos de una patria? E no
KEYES DE CASTILLA.
solamente aquesto , mas aun por mayor dolor fe-
chos desvatadores de nuestros propios bienes, di-
sipadores de la honra , ministros de los engaños,
maestros de la maldad, inventadores de los yer-
ros , cabsadores de los insultos, padres de la cruel-
dad, é de la natura enemigos, perversos para to-
dos , é á nosotros peores ; puestos en la cumbre de
todas las blasfemias é infamias, é tornados bebe-
dores del vino de la Babilonia ; ni la potencia de
Dios nos espanta, ni su grandeza nos atemoriza,
ni su justicia nos castiga , ni su bondad nos refre-
na, ni sus juicios nos enmiendan , ni sus amoríos
nos convierten, ni el morir nos- pone miedo, ni la
memoria del infierno nos quita del mal vivir. E así
atraydos en seso tan reprobado, hacemos lo que nos
conviene , porque sea cumplido en nosotros aque-
llo del Sapiente que dice : ¿ Qué será de aquellos
que huyeron de mí, ca prevaricaron, ó serán des-
truydos? ¡O venerables canas de los castellanos
envejecidas en mal, para ver tantas angustias! ¡O
tierna juventud ! ¡ O varonil mancebía sin dubda
mal empleada en vida tan vergonzosa! ¡ O siglos
atribulados de los Reynos de Castilla, que en tan-
to abatimiento la truxo su desventura! ¿ A dónde
se bolverá que tristeza no la cerque y angustias
no la rodeen? Ca sus grandes valentías convertidas
son en robos , la verdad en falsedades , la justicia
en tiranías, la virtud en grandes vicios, la gloria
en deshonor , la firmeza tan presciada tomada es á
viva quien vence. Donde ni á los generosos la su
limpia sangre, ni á los sabios su ciencia, ni á los
grandes el estado , líi á los buenos la verdad , ni á
los justos la limpia vida , ni á los caballeros las
armas, ni á los oficiales su trabajo, ni á los reli-
giosos su apartamiento, ni á los labradores el ara-
do podrán absolver de^la infamia , ni librar del feo
apellido ; porque con Jeremías llorando, podremos
sin consuelo descir : Caída es la corona de nuestra
cabeza , y en triste llanto tornada la dulce vihue-
la. Mas vosotros , honorables señores , á quien des-
pertó la virtud, para reparo de tantos males, á
quien ensalzó la divinal clemencia, para librar los
afligidos, cuyo espejo es la verdad, cuyo fin el
bien común, é cuya grand fortaleza tornará el
Eeyno en su ser; con cuya vigorosa mano los pue-
blos son defendidos ; en cuyo valor y esfuerzo es-
peramos aver paz ; á cuya sombra é amparo son
seguros los caminos; y en cuyo sancto favor vivi-
remos en justicia : vosotros sois los cabdillos , vos-
otros los defensores, por cuya fuerza é abrigo será
mejorada la honra, restituida la fama , ensalzada
la Real Corona, multiplicados los bienes, honra-
dos los virtuosos , galardonados los buenos , esti-
mada la esciencia, conoscidos los malos, é casti-
gados sus yerros. E siguiendo el justo camino que
tenéis encomenzado , aviendo compasión de nues-
tras tribulaciones, vencidas de piedad vuestras en-
trañas, doledvos por solo Dios en amor de caridad,
vos requiero , é suenen en vuestras orejas los ge-
midos de los pobres , las lágrimas de las viudas, la
sin razón de los huérfanos , la muerte de tantas
DON ENRIQUE CUARTO.
157
» gentes, el despojo de los templos, la inregularidad
ft de los profanos , la persecución y escándalos de la
» patria, madre nuestra , y el falso adulterio de ella,
» en que forzadamente la tienen. Salid con vuestros
» pendones; despleguense las banderas, que diez so-
n brepujarán á ciento , é ciento serán mil , é mil
» vencerán á todos ; que si vosotros no fuérades, ya
» dexará de ser Castilla ; si no vos levantáredes ago-
» ra , ella cayera para siempre ; é si Dios no vos des-
» pertára, ella sin ningún reparo dormiera. ¡O pues,
)) padres conscriptos é venerables Señores ! si fuertes
))en las batallas hasta aquí vos demostrasteis, for-
»tÍ8Ímos varones agora vos conviene que seáis; por-
» que puestas las manos á ello , mas vuestra virtud
» que su maldad prevalezca , é mas vuestra ver-
)) dad que su errada sobrepuje. Catad que la glo-
» ria de España , y la grand corona de ella en vues-
)) tras manos es puesta; é si celo de Dios é de justi-
»cia, é 8i amor de la república, y del bien común
» de ella, é si deseo de la paz y sosiego de los Rey-
» nos vos mueve , como creerse debe , no se pasen
«los dias en vano, ni los tiempos sin provecho, ago-
))ra que el menester lo demanda, é la necesidad lo
» requiere. Que si de esto por ventura vos dexáse-
» des , como lo sospecho , gran desmerecimiento da-
firíades á vuestras personas, mostrando visiblemen-
» te que por grandes culpas vuestras érades torna-
» dos indignos de tan sancto seguimiento. Ni por
B eso tampoco se entienda que proceder de ligero é
» con alguna pasión de parcialidad é aficionada con-
» tra razón sería servicio de Dios , ni cabsa de pros-
» peridad ; como á los que en tan alta cumbre son
» asentados como vosotros no convenga, antes sea
» muy peligroso, ser á los unos aficionados jueces , y
» á los otros adversarios ; ni tampoco afición nin-
» guna agena de la verdad vos ha de hacer guiar
B ni mover , antes como ágenos y despojados de todo
B amor é enemistad tener igual el peso y el ceptro
» de justicia, dando á cada uno lo que suyo fuere
» sin usurpar su derecho ; porque no venga sobre
» vosotros aquello de la Sapiencia, que se dice:
«Siendo ministros del Reyno , juzgasteis injusta-
» mente, sin guardar las leyes de la justicia , ni se-
» guir la voluntad de Dios ; por" eso verná sobre vos-
» otros cruel espanto ; ca será fecho durísimo juicio
» sobre aquellos que presiden. E si algunos hay,
» como no dudo , en que lo tal fuera sentido, mayor
» sea la tardanza de sabello , que de ser lanzado f ue-
B ra de vuestra congregación ; porque si los años pa-
Bsados así se hiciera, no se viera tan derribada
» vuestra fuerza , ni tan abatido vuestro poder como
» sabéis que se vio. Por tanto , pues quiso Dios que
» sanase y así prevaleciese, diré yo á vosotros, ho-
B norables Señores , aquellas palabras de nuestro Sal-
» vador , que á el ciego alumbrado dixo : Cata que
B eres ya sano ; no peques de aquí adelante , porque
Bpeor no te acontezca. Por tanto vos requiero que
Bochando el veneno fuera de vuestro consejo, é la
» ponzoña fuera de vuestra gobernación , tomando
» aquello que buenamente podéis alcanzar sin peli-
B gro , con sanas voluntades procedáis ; porque el po-
«derío de Dios á vosotros dado, la virtud de su al-
Bteza. lo guie é la sancta hermandad prevalezca.)) —
En este medio tiempo andando la vanidad de los
tratos entre el Rey é los caballeros tiranos, fué con-
cordado con el Rey se fuesen á juntar ciertos caba-
lleros del bando contrario en la villa de Coca, so la
salva guarda de Don Alonso de Fonseca, Arzobis-
po de Sevilla, así porque la villa era suya, como
porque entrambas las partes se fiaban del sin sospe-
cha. Y porque algunos de los tiranos se estaban en
sus tierras ó no avian gana de venir allí, acordaron
que todos los que no viniesen, cada uno enviase su
hijo mayor en rehenes, para que estuvieran por lo
que allí se concertase y concluyese. Mas como el
Marqués de Villena era mas amigo de los tratos que
del concierto , é le plascia mas andar en pendencias
que tomar conclusión de paz ni sosiego, fueron ta-
les gas astucias, é tan cabtelosas sus formas, que á
cabo de veinte dias que allí estuvieron, ningún me-
dio ni provecho se sacó de su estada , é salieron de
allí tan sin fruto como de las vistas é juntamientos
pasados, antes con mayor discordia que de prime-
ro. Así el Rey se tornó á Segovia , é los caballeros á
la villa de Arévalo.
CAPÍTULO LXXXVIII.
Como la villa de Madrid fue puesla en poder del Arzobispo de Se-
villa, para que allí se juntasen el Rey é ciertos caballeros del
bando contrario, á dar orden en la paz , é lo que allí subce<li<5.
Quanto quiera que muchas vistas, é ajuntamien-
tos se hicieron , para dar medio en los trabajos del
Reyno , nunca en ninguno de ellos se concluyó paz
ni concordia , antes los trabajos é males se encen-
dian mas de cada dia, en tal manera, que siempre
crescia mayor fuego sin aver quien lo matase ; por-
que el Marqués de Villena quería pendencias sin
conclusión y tratos sin dar remedio. E como ya mu-
chas personas, ansi grandes señores, como religio-
sos y varones de consciencia lo afrentaban, é daban
mucha culpa, disciendo que de los insultos y males
que se hacían , él tenia la culpa, porque sus propios
intereses no daban lugar á la paz , por donde serian
excusadas las muertes y robos y escándalos é albo-
rotos del Reyno ; asi viéndose afrentado, mas para
colorar sus tiranos deseos , que para arredrarse de
su acostumbrada voluntad é condición de mal hacer,
é antes para poner al Rey en necesidad, que para
quitallo de ella, é tenello mas sojuzgado que libre,
demandó, que la villa de Madrid con el Alcázar é
las puertas se pusiese en poder de Don Alonso de
Fonseca , Arzobispo de Sevilla, para que él la tuvie-
se por espacio de seis meses ; donde el Rey con cier-
tas personas de su partido , y el Marqués de Villena
y Conde de Plasencia con otras personas de su ban-
do se juntasen á dar medio é forma de paz ó sosie-
go ; é que alli estuviesen todos seguramente só la
salvaguardia del Arzobispo de Sevilla ; lo qual muy
liberalmente otorgó el Rey; é se la mandó luego en-
tregar. Donde apoderado el Arzobispo de Sevilla
puso alcaydes en los alcázares , y tomó de su mano
158 CRÓNICAS DE LOS
las puertas. Luego que asi fué apoderado el Arzobis-
po en la villa , el Eey vino alli, é su persona fué
aposentada en el Alcázar , é los suyos por la villa.
Dende á pocos dias vinieron el Marqués de Villena,
é Conde de Plasencia é otras personas de menos con-
dición. El Arzobispo de Toledo é los otros caballe-
ros tiranos llevaron al Príncipe á la villa de Oca-
fia, donde se aposentaron de reposo. Después que
asi se juntaron en Madrid, comenzaron á negociar
con el Rey , é con los de su Consejo, mas dilatando
que concluyendo, mas engañando que aprovechan-
do , é mas multiplicando discordia que sembrando
paz ; en tal manera, que ninguna conclusión se to-
maba. E asi con acuerdo é consentimiento de amas
partes fué determinado que la Condesa de Plasen-
cia oviese de venir allí , de que el Rey fué muy ale-
gre ; porque ella se mostraba muy aficionada á su
servicio , é el Rey la tenia por mucho suya. A la
qual desque vino, le fué hecho honroso rescibimien-
to por el Rey, é por los grandes que allí estaban.
CAPÍTULO LXXXIX.
Como el Marqués de Villena rodeó por esquisitas formas, que
Pedrarias fuese preso, para indignar las voluntades de los lea-
les contra el Rey.
Entretanto que los tratos pendían , y ningún me-
dio de concordia se tomaba , el Marqués de Villena,
que siempre buscaba novedades dañosas contra el
Rey, é provechosas para sí, secretamente envió á
pQdir é requerir á Pedrarias de Avila, Contadorma-
yor del Rey, caballero de mucho esfuerzo, buen
guerrero é capitán , é muy leal servidor del Rey,
para que quisiese seguir su partido é dexar al Rey ;
lo qual Pedrarias denegó, diciendo que nunca plu-
guiese á Dios que en ninguna cosa él fuese traydor
á su Rey, que tanto bien le avia fecho á él y ásu li-
nage, y los avia puesto en tanta honra y estado. Es-
tonces el Marqués , visto que Pedrarias denegaba lo
que asi le rogaba, trató con el Arzobispo de Sevilla,
que era todo juntamente con él aliado é confedera-
do desde la scisma de la estatua que en Avila se hi-
zo , para que , pues tenia el Alcázar y al Rey en su
poder, lo indignase de tal manera, que mandase
prendello, buscando sus rodeos para ello, para que
fuese no solamente preso mas destruido. Y aquesto
hacia el Marqués porque hecho aquello, los que es-
taban en propósito de servir al Rey se arredrasen é
temiesen de venir á su Corte y estar á su servicio,
visto lo que tan injustamente se hacia contra aquel,
que tan bien lo avia servido. E asi el Arzobispo de
Sevilla , poniendo por obra lo que el Marqués de Vi-
llena quería , indignó en tanto grado la voluntad
del Rey contra Pedrarias , que lo mandó prender , é
dio consentimiento para ello , no aviendo otra cabsa
justa , salvo porque fué leal servidor. El qual lla-
mado por su mandado, como entró en el Alcázar
halló al Rey cabalgando que se iba al Pardo, é di-
xóle : «Pedrarias venios conmigo al Pardo »; y dicho
aquesto, el Rey se salió por la puerta que está sobre
el rio, pensando que se fuera en pos de él. E quando
REYES DE CASTILLA.
Pedrarias quiso salir en pos del Rey, que estaba ea
un caballo á la gineta halló todas las puertas cerra-
das é mucha gente en el corral fuera del Alcázar, que
le descian agrandes voces: «sed preso.w Estonces él
echó mano á su espada, para defenderse ; pero como
eran muchos contra él , no pudo resistirlos ; y entre
tanto que asi andaban alderredor de él para lo pren-
der , uno de los que tenían cargo de prendello , lle-
gó por el costado, é dióle una estocada por el lado
derecho, que le entró bástalo hueco; y como la llaga
fuese peligrosa , él en alguna manera desmayó , en
tal forma, que le ovieron de prender; é preso lo su-
bieron á la torre que está encima de la otra puer-
ta del Alcázar. E de aquesta prisión muy alterados
fueron asilos del bando del Rey, como los del otro;
señaladamente los criados é servidores del Rey,
visto lo que asi se hacia con los que lealmente ser-
vían, é como el Rey daba lugar á tal fealdad. Pero
pues licencia de escribir se me otorga, y osadia de
hablar me debe ser dada, digo con reverencia de tan
alto Rey , que aquesta prisión tan injusta mas fué
ser perseguidor de los leales, que enemigo de los
traydores , y que más le pesó con la lealtad, que con
la traycion le desplugo. {O que mal exemplo de Rey!
¡O que deshonesta hazaña de Príncipe! ¡O qué feo
consentimiento y desoluta licencia! el que había de
ser defendedor de sus servidores , hacerse persegui-
dor de ellos, el que avia de amparar su hechura leal,
mandalla prender, é dar lugar á su muerte. Luego
que asi fué preso Pedrarias y puesto en poder desús
enemigos, el Arzobispo de Sevilla como parcial del
Marqués de Villena, para que las voluntades de las
gentes mas se alterasen é quedasen mas indignadas
contra el Rey, y perdiesen la afición de servillo,
hizo al Rey que se partiese luego para Segovia é
prendiese al Obispo, disciendo que preso aquel , no
avría alteración ninguna. El Rey , creyendo que su
engañoso consejo fuese lo mejor, puso por obra su
partida, y otro día siguiente se partió para Segovia
con propósito de executar lo que asi le aconsejaba.
De aquesto fué luego avisado el Obispo, é púsose á
tan buen recabdo é con tal defensa, que el Rey no
lo pudo prender, ni tampoco lo intentó, antes como
arrepentido de su venida se tornó luego para Ma-
drid, en tal manera, que yaparescia ser mas parcial
de sus trabajos , que ganoso de libertad , ó que mas
le plascia andar corrido que tener reposo. ¡O infini-
ta grandeza de Dios! ¡O alto poder soberano! ¡quán
hondos son tus juicios , quán incomprensibles tus
secretos , e quán escures tus misteríos ! Tú haces
acobardar á los Reyes , é afeminar sus corazones ;
tú los agenas del seso, y mudas el entendimiento; tú
los haces andar á ciegas fuera de todo camino , por-
que vayan desatinados sin tener tiento ninguno.
Este Rey, que quando Príncipe en los dias de su
padre se mostraba tan osado, tan esforzado en las
armas, tan denodado en las batallas, tan temido en-
tre las gentes, tan sin miedo en las afrentas, ¿quién
le privó del esfuerzo? ¿quién le quitó la osadía?
¿quién lo hizo tan medroso ? ¿ quién captivo su li-
bertad? ¿quién le sojuzgó el poder, é le puso en tal
DON ENRIQUE CUARTO.
159
servidumbre? El que solía mandar, es venido á ser
mandado ; el que rey naba é señoreaba, queda pues-
to en servidumbre ; á el que todos se sojuzgaban, ya
ninguno lo obedece , y él obedece á todos. En tanto
grado es ageno de quien era, que no se acuerda si
fué Rey , ni si nació para ello. Asi que según aques-
to, tú sola, Providencia divina , eres la que trans-
mutas los Reyes , la que les quita el sentido y pone
en seso, reprobando que vengan en menosprecio y
hagan lo que no cumple.
CAPÍTULO XC.
Como los Alcaldes de la Hermandad de la mayor parte del Reyno
vinieron á suplicar é requerir al Rey que soltase á Pedrarias, é
como lo soltó, é lo que subcedió.
En aqueste medio tiempo como las Hermandades
del Reyno estuviesen en grande prosperidad, é
su justicia muy temida, hizose la junta de ellas en
la villa de Valladolid , donde sabida la prisión de
Pedrarias, é como injustamente é contra toda razón
lo avian prendido, determinaron que los Alcaldes
della de los Reynos de Castilla é de León fuesen
juntamente á suplicar é requerir al Rey le pluguie-
se soltar á Pedrarias, é dargelo liberalmente. Los
quales venidos delante su Real persona, é fecha su
habla al Rey, tomó deliberación para respónde-
nos. E ávido su acuerdo con algunos de su alto
Consejo é otros criados suyos, determinó de los sol-
tar, y dárgelo ; é así mandó que lo soltasen y entre-
gasen á los Alcaldes de la Hermandad, y ellos se
lo tuvieron en señalada merced. Esta deliberación
del preso, que el Rey fizo, fué muy loada por todos
los que estaban en la Corte , puesto que desplugo á
los tiranos, señaladamente á los que avian sido cab-
sadores de su prisión. De donde surtió que los tra-
tos de la concordia, sobre que el Rey é los caballe-
ros desleales eran alli venidos, se desmanaron de
tal forma que ningún medio de concordia se pudo
tomar entre ellos, antes el Marqués de Villena y el
Conde de Plasencia se partieron luego para Ocafia,
donde estaba el Príncipe, é de allí pasaron con él á
la villa de YUescas. Verdad es que la Condesa de
Plasencia se quedó en Madrid por algunos dias,
mostrándose aficionada al servicio del Rey, median-
te lo qual andaba en algunos tratos, que de nuevo
se comenzaron, según que adelante será recontado,
por lo que dellos resultó. Estonces el Arzobispo de
Sevilla, visto el desmano de los negocios, desapo-
deróse de la fortaleza y de las puertas, y el Rey
puso en ella por su Alcayde á Pedro de la Plaza,
criado suyo antiguo.
CAPÍTULO XCI.
Como se resistió la partida del Rey para Bejar, y lo que allí su-
cedió.
Como la Condesa de Plasencia se quedó en Ma-
drid, el Marqués de Villena tornó á los tratos por
mano de ella, disciendo que si el Rey con la Reyna
y con su hija é con la Infanta su hermana se fue-
sen á Béjar, só la salvaguarda del Conde de Plasen-
cia su marido é della, que él y los otros señores de su
partido llevarían allí á su Rey, donde todos juntos
los concertarian y darían entre ellos algún medio
de concordia é forma en la gobernación y regimien-
to del Reyno ; pero aquesto era de sus cabtelas del
Marqués de Villena, porque rodeaba de tener al Rey
de su mano para destruir á los leales que le avian
seguido. E movido aqueste trato por la Condesa , el
Rey quiso consultallo con los del su Consejo, é como
algunos de ellos eran parciales del Marqués de Vi-
llena, votaron que lo debía hacer, puesto que otros
tenían lo contrarío. Al fin el Rey convencido de los
aficionados al Marqués de Villena aceptó de lo ha-
cer, é dio su palabra dello aunque mucho contra su
grado. E asi dado su consentimiento , fue acordado
el día de la partida , para que él é la Reyna é su
hija y la Infanta Doña Isabel su hermana se fue-
sen juntos con la Condesa de Plasencia, é los caba-
lleros con su Reyipor otro camino, hasta que los jun-
tasen á todos en Béjar, Venido el día que se avian
de partir, los caballeros criados é servidores del Rey
que alli estaban , viendo quan aceleradamente le
hacían partir, é como él con toda la cepa Real se
iba á poner en las manos de los enemigos caballe-
ros tiranos, donde los temían mas sojuzgados que
libres, por donde avrian poder é mando, para des-
truir los leales ; poniendo ante sus ojos la lealtad
é firmeza, con que tan limpiamente avian servido
á su Rey, acordaron de se juntar todos en una Igle-
sia que se dice de Sant Gínes. E juntados, enviaron
erogar á los Alcaldes de la Hermandad que alli eran
venidos sobre la deliberación de Pedrarias, que les
pluguiese de venir á hablar con ellos. Los quales
venidos, rogaron á mí como eclesiástico y antiguo
criado del Rey, quisiese desoír é proponer la cabsa
de su ajuntaiuiento, E asi convencido de su ruego
les dise: «Tanto los leales se deben presciar de su
» lealtad, quanto mas limpiamente vivieron en ella,
«porque quanto á los traydores desdora su traycion,
«tanto á los otros arrea ó compone su mucha firme,
»za. E de aquí es que tres cosas son las que mayor
«dolor y sentimiento suelen poner en los corazones
«de los buenos : la primera, quando los libres nací-
«dos en libertad son privados de ella^é puestos en
«sujeción de los tiranos ; la segunda , quando los
«leales son mandados é señoreados por los traydo-
«res ; la tercera y mas grave, quando los Príncipes
»é Reyes poderosos son venidos á servidumbre de
«los siervos é criados que criaron. E como aquesto
«es la mayor fealdad é grave abominación, lo que
«mas nos debe afligir es ver como vemos el abati-
«timiento, la deshonra y vituperio en que á nuestro
«Rey é Señor natural han puesto aquestos que él
«crió, los que levantó del polvo, é hizo de nada,
«que no solamente se han contentado del feo aba-
«timiento en que lo tienen, mas lo traben tan acor-
«rido é afligido é asenderado, que agora de nuevo
«después que le hicieron prender á sus leales ser-
5)vídores sin cabsa, por enemísí;allo con todos é que
«perdiesen la gana de servillo, han rodeado con sus
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
160
» astuciosos tratos como su Alteza con toda la cepa
wReal de su descendencia se vaya á poner debaxo
Jidesu mano, é á su mandado é gobernación en la
»villa de Béjar, para que ni tengamos Rey que nos
«ampare, ni sombra que nos cubra, ni abrigo que
«nos defienda; en tal manera, que quando á ellos
«agradare, nosotros los leales seamos puestos a cu-
«chillo sin reparo, é asi nuestra lealtad será sojuz-
3)gadapor trayc¡on,y ellos reputados por leales. Pues
» ciertamente, Señores, asi es necesario é cumple que
«resistamos su partida, y de tal guisa defendamos
))á nuestro Rey, que nunca lo consintamos llevar en
)) captiverio ; ca dura cosa seria, seyendo como so-
» mos unos criados suyos é antiguos , é otros subdi-
ntos naturales celadores de su servicio, consentir
«tan grand maldad, y dexarnos desabrigar sin ex-
«perimentar nuestras fuerzas é poner á ello las ma-
))nos. Asi que, concluyendo, digo que será cosa con-
Dvenible y loable hazaña que antea como varones
»no8 perdamos, que como ovejas destrozadas nos
«despojen déla vida. » Ojda aquesta habla, todos
quedaron muy contentos, y tanto conformes en ello,
que sin replicato ninguno , asi los Alcaldes de la
Hermandad, como los otros criados é servidores del
Rey, aviendo por muy bueno lo que asi les era di-
cho , determinadamente deliberaron de lo hacer é
poner luego por obra. Fara lo qual fué luego acor-
dado que primero con mucha humildad fuese su-
plicado al Rey que dexase la partida , é quando por
suplicación no lo quisiese hacer, que con mano ar-
mada le fuese resistida. E asi fueron diputados qua-
tro Alcaldes de la Hermandad , que por parte de
todo el Reyno fuesen primero á se lo suplicar, é le
notificasen como su partida era peligrosa para su
Real persona é de su cepa Real, é grande perdición
de sus Reynos ; é donde no lo quisiere hacer, que
protestasen de le resistir la partida, é no consenti-
11a por ninguna manera. Luego que aquestos fue-
ron oidos é propusieron su embaxada, fueron en
pos de ellos de los criados é servidores del Rey otros
quatro Diputados, que eran Frey Arias de Ríos, Co-
mendador de Bamba, é Juan Guillen, Guarda ma-
yor de la Reyna, é Martin Galindo , hijo mayor de
Juan Fernandez Galindo é yo, para que de parte de
BUS criados é servidores é de toda la gente de sus
guardas, le suplicásemos lo mesmo que los Alcaldes
de la Hermandad. E asi llegando delante do su Al-
teza con otros algunos caballeros, é señaladas per-
sonas que nos acompañaban, dieron á mí el cargo
de proponer, y dixe : «Tantos insultos y tan gran-
» des é tan disolutos yerros se han ensayado contra
» la Real persona de vuestra Excelencia, que aque-
«llos nos hacen sospechar otros mayores males ; é
«asi mesmo. Señor, avemos visto quantos tratos han
«andado de que ninguna conclusión ni ningún me-
n dio de paz se ha tomado , ni se espera según la
)) muchedumbre de las mentiras que en tanto grado
«han prevalecido ; por donde medio alguno de con-
«cordia no se debe atender. E como ya lo pasado
«nos da sospecha de las cosas adelante venideras
«qué tales podran ser, y del fruto que de lo tal se
» puede seguir, todos los vasallos é criados é servi-
» dores de vuestra excelsitud tememos, é los que
«agora sospechamos de esta partida, que vuestra
«Alteza quiere hacer para Béjar, donde parece que
» inconsultamente por voto de dos ó tres parciales y
« enemigos suyos , se va á poner en las manos de
«aquellos que tan crudamente le han tratado con
» sus lenguas, é disolutas obras. E no solamente que
«vuestra Real persona vaya á su poder, mas toda
«la cepa Real de vuestra descendencia, de que otros
«muy grandes y mas perversos males se podrían
«cabsar y recrescer. Por lo qual muy humildemente
«con quanta reverencia podemos una é muchas ve-
nces le suplicamos quiera é tenga por bien de cesar
«su partida ; porque de aquella no solamente redun-
«dará peligro en la persona Real de vuestra Magea-
ntad y de toda su sangre Real, mas en la vida de
«todos aquellos que con lealtad lo han servido é se-
«guido; protestando, que si todavía quiere ensistir
«en la partida, que la resistiremos con todas nuestras
«fuerzas, fasta poner las manos en los que lo con-
« trario de aquesto le quisieren aconsejar é procura-
«ren desde el mayor estado hasta el menor.» Acaba-
do mi habla, quanto quiera que al Rey le agradaba
lo que asi le suplicábamos, se apartó con algunos
de su Consejo para tomar su acuerdo é deliberación
con ellos de lo que se debia hacer. Pero como al-
gunos de ellos eran parciales del Marqués de Ville-
na, votaron é diéronle por consejo que todavía se
partiese, y que á nosotros respondiese que su parti-
da era muy necesaria, é era cosa muy cumplidera á
su servicio. Oyda aquesta respuesta, é divulgada
entre los criados é servidores del Rey, é por las
gentes de sus guardas, é por los Alcaldes de la Her-
mandad, é visto como su partida se aceleraba muy
prestamente, se pusieron todos en armas en tal ma-
nera, que la villa fué muy alborotada, dando favor
á la Hermandad , é á los criados é servidores del
Rey, con las guardas. Entretanto que asi andaba el
alboroto, el Arzobispo de Sevilla é la Condesa de
Plasencia con un capitán suyo, que se llamaba Pe-
dro de Hontiveros, con trescientos rocines cabalga-
ron á mas andar, é se pusieron de la otra parte del
rio enfrente del Alcázar, esperando al Rey que sa-
liese con la Reyna é con la hija é con la hermana,
para llevarlas consigo. E como el Rey salió por la
puerta del Alcázar, que está sobre el rio, fue muy
grande el escándalo de la gente por todo el pueblo,
disciendo á grandes voces, «que llevan al Rey pre-
so.» E luego sin detenimiento alguno salió toda la
gente de la villa, asi de á caballo como de peones
armados, disciendo , « mueran, mueran los traydo-
res, que llevan preso al Rey» ; en tal manera, que
llegados con muy grand furia, cercaron al Rey en
torno, de tal guisa, que no pudo de salir de entre
ellos. E como aquesto vieron el Arzobispo de Sevi-
lla y la Condesa de Plasencia é su capitán, que es-
peraban al Rey, ovieron tan grand temor, que sin
detenimiento ninguno se fueron huyendo é mas an-
dar hasta la villa de YUescas, donde estaba el Mar-
qués de Villena y los otros Señores con el Príncipe,
DON ENRIQUE CUARTO.
161
á quien ellos llamaban Rey. Los qualea á la misma
hora se partieron aceleradamente, é pasaron lo^
puertos para la villa de Arévalo. Hecha la resisten-
cia, y estorbada la partida del Rey, y tornado al
Alcázar, é con él sus servidores y criados con los Al-
caldes de la Hermandad y gentes de las guardas
que alli estaban, pusieron luego tan grand recabdo
de guardas enderredor del Alcázar, que ninguno
podia entrar ni salir sin que fuese visto, y sabido á
que venia ó iba ; de tal forma, que los tratos de la
una parte á la otra no tuvieron lugar de andar. Y
asi todos puestos como en cerco suplicaron al Rey
que su Alteza mandase que ciertos hijos-dalgo é
personas de autoridad de los que alli estaban entra-
sen en el Alcázar, para que juntamente con el Al-
cayde estuviesen en la guarda de su Real persona y
de la Reyna y de su hija é su hermana, lo qual el
Rey tuvo por bien ; é asi deputados los que avian
de estar, y entrados en el Alcázar, levantáronse de
allí (londe estaban en el campo ; é de tal guisa los
que entraron en el Alcázar pusieron recabdo, que
ni el Rey podia enviar tratos , ni los caballeros á
él. De aquesta resistencia fueron muy alegres é con-
tentos los servidores é caballeros del partido del
Rey, asi por la libertad de su persona Real, como
por la seguridad de sus propios estados ó vidas, que
sin duda fueran destruidos, si el Rey fuera á Dejar
en podeíde sus enemigos ; porque la principal cab-
sa que á los tiranos movia á llevar al Rey en su po-
der é tenello de su mano, era aquella. E por esto
luego que la resistencia fué hecha, vinieron allí á
Madrid algunos Señores de su partido , señalada-
mente Don Luis de la Cerda, Conde de Medina Celi,
é Don Pedro Gonzalos de Mendoza , Obispo de Ca-
lahorra, que avia grand tiempo que estaba fuera de
la Corte ; por cuya venida el Rey fué muy alegre é
contento; porque páresela estar su persona Real
con mas abtoridad. Estonces ávido su Consejo, de-
terminaron que el Rey se partiese para Segovia.
CAPÍTULO XCII.
De lo que sucedió después que el Rey se partió para Segovia.
Pasados algunos dias después que el Rey ovo lle-
gado á la cibdad de Segovia, vino allí Pedro de
Hontiveros, disciendo que por parte de los caballe-
ros tiranos traia cierta contratación. Pero aquello
era falso ; porque el fin de su venida fué tratar con
Pedrarias de Avila la traycion é vendida de aquella
cibdad, que por su secreto mensagero les avia profe-
rido de dar. Y así como su venida eraagenade lo que
él fingía traer, se tornó sin conclusión alguna ; por-
que ya las cosas de la paz é sosiego se iban de con-
tino empeorando, é tanto las novedades crecían de
cada día é las trayciones se multiplicaban, que un
hombre de baso estado, que se llamaba Pedro de
Silva, aviendo rescibido mercedes de la Reyna, cu-
ya era la villa de Olmedo, é teniendo la goberna-
ción de ella por su mandado, porque era casado con
una doncella suya, pospuesta la vergüenza, ensu-
ciando su linage, é envilesciendo su persona con
Cr.^-III.
nombre de traydor, vendióla á los tiranos desleales,
é dióles entrada por un postigo del muro , que esta-
ba junto con su casa; donde luego los caballeros con
su Rey , que desoían , se vinieron allí á aposentar.
Sabido aquesto por el Rey , é ávido su deliberado
acuerdo, envió á llamar al Marqués de Santillana,
que viniese con la mas gente que pudiese traer ; el
qual obedesciendo su mandado , vino con quinien-
tos rocines, y se aposentó en una aldea que se dice
Sanct Christoval, que está media legua de Segovia.
E así aposentado , envió á desoír al Rey que pues
su Alteza quería servirse de él como de leal caba-
llero que siempre le avia sido , que para seguridad
de su estado, é de sus hermanos é parientes que lo
avian de servir, le diese en rehenes á su hija. B
quanto quiera que sobre ello ovo algunas diferen-
cias, al fin él gela ovo de entregar en esta manera,
que salió con su hija hasta la subida del puerto, y
el Marqués salió á la rescebir, donde le fué entrega-
da. E así tomada de su mano, la dio á Don Iñigo
López de Mendoza, Conde de Tendilla , su herma-
no , que la llevase á Buytrago, é la tuviese en grand
guarda, y el Marqués con toda su gente se fué á Se-
govia. Donde venido, él y el Obispo de Calahorra,
su hermano y el Conde de Medina Celi comenzaron
á entender en la gobernación y cosas del Consejo.
Pero según aquellas subcedian,y se iban empeoran-
do , fué acordado que el Rey con toda su Corte se
fuese á la villa de Cuéllar, y que la Reyna y la In-
fanta Doña Isabel se quedasen allí en Segovia. La
ida del Rey á Cuéllar paresció ser cosa necesaria,
así por mostrar que se acercaba contra sus enemi-
gos, que estaban en Olmedo, como por hacer espal-
das á los de Medina del Campo , que de contino pe-
leaban contra el Alcayde de la Mota, que estaba por
el Arzobispo de Toledo rebelado contra el Rey. E
luego que así fué llegado á Cuéllar, vinieron ciertos
escuderos de la villa de Medina del Campo á deman-
dar ayuda é socorro é amparo contra el Alcayde que
los perseguía y hacia grandes daños desde la forta-
leza, porque se diesen al Príncipe, rey que se des-
oía. Oyda su habla y la necesidad con que venian,
el Rey con aquellos caballeros de su Consejo acordó
de los ir á socorrer , pero entretanto que el socorro
les iba, les díxo que estuviesen á buen recabdo, é se
barrease la villa, por manera que no rescibiesen
daño alguno. Tomado aqueste acuerdo, é dada for-
ma de ir á socorrer aquella villa , porque no la se-
ñoreasen los enemigos, llegó Don Pedro de Velasco
secretamente por mandado del Conde su padre, su-
plicando al Rey que le perdonase si algún deservi-
cio ó enojo le avia fecho; porque en enmienda é sa-
tisfacion del hierro pasado le quería venir á servir
con quatrocientos hombres d'armas é trescientos gi-
netes condicionalmente , que todavía fuese á socor-
rer á Medina del Campo porque no se perdiese ; de
lo qual fué el Rey muy contento, así con su venida
para lo servir, como por la proferta que traia, vista
la necesidad en que estaba y quanto era su venida
provechosa. E así regradesciendole mucho el desee
con que venia é la proferta que le daba, mandól;
11
162 CRÓNICAS DE LOS
luego se fuese á recoger su gente é que se bolviese
muy presto. E luego el Rey se tornó á Segovia, don-
de mandó recoger toda la gente de sus guardas y
la de los otros caballeros que allí eran venidos á su
servicio ; é así mesmo mandó llamar á los otros que
tenia por suyos é se avian proferido de venir á ser-
virlo por las mercedes que les avia fecho. Entre los
quales principalmente envió á llamar á Don García
Alrarez de Toledo , Conde de Alva, é mandó á mí
que fuese á él de parte suya con carta de creencia.
Al qual llegado, después de muchas hablas que en-
tre él é mí pasaron , respondió que estaba muy al-
canzado é en grand necesidad de dinero , así para
pagar alguna parte de su gente, como para otras
cosas que avia menester ; que si su Alteza lo man-
dase socorrer con medio quento de maravedís, que
lo iría luego á servir. De lo qual tomada por mí su
feeé palabra que ansi lo faria, dixe que enviase
conmigo su Camarero , é que le haría dar recabdo
de aquello que demandaba ; é luego me tomé para
el Rey. Al qual recontando lo que el Conde pedia,
dixo : « Bien sé é soy certificado que él no ha de ve-
«iiir; mas porque no paresca que dexo con él de
«cumplir en no darle lo que demanda, yo mando
»que luego se le dé» ; é así fué dado á su Camarero,
que conmigo avia venido.
CAPÍTULO XCIII.
Como los (le Medina del Campo demandaron socorro al Rey por
el peligro en que estaban ; é venido Don Pedro de Velaseo con
su gente, fué acordado de ir á socorrer á Medina del Campo.
Entretanto que la gente se allegaba, los debates
de Medina del Campo contra el Alcayde de la Mo-
ta se avian de tal manera, que cada dia llegaban á
pelear unos con otros , donde peligraban de cada
parte; pero los de la villa tenían ciertas Iglesias
fortalecidas alderredor de la Mota, donde se defen-
dían, é resistían las salidas de sus contrarios á la vi-
lla. E como el Príncipe Don Alonso , rey Jque se
desoía, estaba en Olmedo con los caballeros é Perla-
dos de su partido, daban favor é hacían espaldas al
Alcayde de la Mota, é los de la villa no solamente
estaban con temor, mas en grand peligro que una
noche vernian de salto é darían sobre ellos é los
destruyrian de tal guisa, que la villa quedase del to-
do por ellos, y los que tenían la voz del Rey queda-
sen destruydos. E así iban de contíno mensageros
al Rey, dándole priesa que los viniese á socorrer an-
tes que sus enemigos viniesen á dar en ellos, é que-
dasen robados y echados fuera de sus casas ; pero el
Rey que atendía la venida del Conde de Alva , se-
gún la f ee é la promesa que avía dado, é á Don Pe-
dro de Velaseo, respondíales que se defendiesen,
que él seria muy presto con ellos. En aqueste me-
dio tiempo llegó Don Pedro de Velaseo á la villa de
Cuéllar con los setecientos rocines que avia prome-
tido al Roy é con asaz pconage ; donde llegado , el
Duque de Alburquerque y él escribieron al Rey que
pues la venida del Conde de Alva se dilataba, su-
plicaban á su Alteza que se viniese luego con sus
REYES DE CASTILLA.
guardas é con aquellos señores que allí estaban, pa-
ra que socorriesen á los de Medina del Campo antes
que los enemigos diesen sobre ellos é los destroza-
sen. Estonces el Rey se partió de Segovia á mas
andar con el Marqués de Santillana y el Obispo de
Calahorra, é Don Juan é Don Hurtado sus herma-
nos, é toda la gente de sus guardas, é mandó que la
Reyna é la Infanta su hermana se quedasen allí , é
Juan Guillen con cierta gente en su guarda. Lle-
gado el Rey á Cuéllar, fué acordado que otro dia si-
guiente se partiesen camino de Medina, é que su
ida fuese por delante de Olmedo. E quanto quiera
que el Rey lo estorbaba por excusar la batalla, y
que se fuesen por otra parte , el Marqués de Santi-
llana y el Duque de Alburquerque é Don Pedro de
Velaseo y el Obispo de Calahorra é Juan Fernandez
Galindo , capitán del Rey, como estaban ganosos de
pelear contra sus enemigos, insistieron todavía de
pasar por allí, y así con aquella deliberación se par-
tieron de Cuéllar con toda su hueste, ordenadas muy
bien sus batallas, y aquella noche se fueron á apo-
sentar al monte de Hiscar. Estando allí aposenta-
dos, casi á la medía noche llegó un Rey d'arraas
secretamente al Duque de Alburquerque de parte
de Don Alonso de Fonseca , Arzobispo de Sevilla,
haciéndole saber que quarenta caballeros hijos-dal-
go de la casa del Príncipe, que se decía Rey, é del
Arzobispo de Toledo avian fecho voto solene , que
todos é cada uno de ellos lo buscarían por toda la
hueste de la batalla, quando se diese, é lo prende-
rían ó lo matarían, ó perderian la vida en aquella
demanda ; é que le rogaba, é le requería como ami-
go, que á la batalla no saliese con armas conocidas,
porque le sería en peligro de su vida y de la hon-
ra. El Duque respondió al Rey darmas : « Decid al
» señor Arzobispo , que yo gelo tengo en señalada
)) merced, porque me paga la debda de buen amigo;
» pero que en los tales tiempos conviene á los caba-
» lleros salir señalados, é mostrarse á sus enemigos,
» porque la honra siempre cuelga del peligro. E por
»tanto á vos como oficial de armas requiero que á
» los caballeros que así han jurado de me prender ó
«matar en la batalla, les digáis que las armas é la
«insignia cpn que yo he de pelear en la batalla, son
» las que aquí vedes : por eso cumple que las conos-
«cais, é se las sepáis blasonar, para que por ellas me
» conozcan é sepan quien es el Duque de Alburquer-
nque.» E mandóle dar una ropa de seda y dineros
con que so tornase, é tornado el Rey d'armas, noti-
ficólo á los caballeros que avían fecho aquel voto.
CAPÍTULO XCIV.
Como el Marqués de Villena se hizo Maestre de Santiago.
En el tiempo que así estas cosas pendían y esta-
ban en vigilia de tanto rompimiento sin esperanza
de concordia, de que tantas muertes é daños se aten-
dían, Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, que
con su hambrienta codicia no dormía, avia buscado
sus formas é maneras astutas con los Comendado-
res de la Orden, que le diesen el hábito de Sanctia-
DON ENRIQUE CUARTO.
163
go, é le eligiesen por Maestre. E así con la mayor
parte é mas principal dellos era ido á la villa de
Ocaña, adonde rescibió el hábito, é fué luego eligi-
do por Maestre de Sanctiago, y obedecido por todos
los caballeros de la Orden ; en tal manera, que sin
grado ni consentimiento del Rey, ni del Príncipe su
hermano, por quien avia de ser renunciado , ni de
los perlados é grandes del Reyno, é sin lo consultar
con el Papa, no curando de ser proveydo por él, ab-
solutamente se intituló Maestre de Sanctiago. ¡O
desvergonzado caballero, ingrato criado, y desleal
servidor ! que por subir en tan alta dignidad , aba-
tiste la grandeza del que te puso en tan alto esta-
do, disipaste su honra , denigraste su fama , denos-
taste sus reynos, sus gentes y nación. Por poner la
espada de la caballería en tu pecho , pusiste á cu-
chillo tanta gente é inocentes, que murieron por tu
cabsa: por hacerte Maestre, destruyste á quien te
hizo , cabsaste infinitos robos , hiciste muchas viu-
das, desabrigaste muchos hijos de sus padres, é
desconsolaste á tantos padres de sus hijos. Por in-
titularte de Maestre, intitulaste tu persona con feo
renombre y dejaste á tus hijos con vergonzoso ape-
llido. Dime, pues, agora, caballero tirano, ¿qué te
pudo aprovechar la honra transitoria de tan breve
tiempo, quando el pregón de tu infamia irá de gen-
tes en gentes y quedará por memoria quanto el mun-
do durare y parieren las mujeres?
CAPÍTULO XCV.
Como el Arzobispo de Toledo é los otros caballeros , que estaban
en Olmedo con el Príncipe, se pusieron en armas é salieron
al campo para resistir el paso de Medina al Rey é á sus caba-
lleros.
Quando el Arzobispo de Toledo, é los otros caba-
lleros y capitanes que estaban en Olmedo, supieron
como el Rey con sus batallas ordenadas iba á so-
correr á Medina, y querían pasar por delante de las
puertas de Olmedo, determinaron de se poner en
armas é resistir la pasada. E asi ajuntadas sus gen-
tes , quanto mas presto pudieron , salieron á ponerse
en el campo muy juntos con los muros de la villa;
de tal guisa, que por aquella parte pudiesen tener
seguras las espaldas. E quanto quiera que asi estu-
viesen puestos en armas en el campo, bien quisie-
ran que la batalla é el rompimiento de ella se es-
cusara, con tanto que el Rey con su hueste se fuera
por otra parte. E puesto que para ello enviaban al-
gunas personas religiosas que se lo suplicasen é re-
quiriesen , mas no con aquella reverencia é acata-
miento que como subditos debían tener á su Rey,
mas como soberbiosos é rebeldes enemigos, que
ningima obediencia le querían demostrar. Verdad
es que el Rey estaba muy ganoso de estorbar la ba-
talla y traer las cosas á conclusión de paz, si ser
pudiera ; pero vista su desonestidad é poco acata-
miento, dio consentimiento á la rotura, é quiso to-
davia que la pasada fuese por delante las puertas
de Olmedo. E otro día siguiente, que fué Jueves,
día d«i Qífii,Qi Beroaldo , á veinte días de Agosto se
levantó de mañana el Rey ; el qual , oyda su Misa é
todos los otros Señores en sus tiendas, mandó to-
car sus trompetas para que todos cabalgasen é se
pusiesen en orden de caminar. E asi llamados aque-
llos señores é caballeros del real, é venidos ante su
Real presencia , les díxo: «Sin dubda, caballeros,
» mucho me pluguiera que el rigor de la batalla f ue-
»ra hoy escusado, así porque las muertes, de donde
«mayor enemiga recrece, se quitaran, como porque
»de la guerra nunca procede amistad ni concordia.
»Pero considerando la poca templanza é menos aca-
ntamiento del Arzobispo de Toledo é de los otros
» caballeros é grandes que están en Olmedo contra
»mí servicio, é visto como quieren mostrar mas so-
«berbia que obediencia, é mas presunción que cor-
«tesia, sin venir en conocimiento de sus yerros, que
«con tanta fealdad han ensayado , quiero contra mi
» grado dar lugar al rompimiento que hoy se espe-
»ra. E pues que vosotros como leales, haciendo lo
«que debéis, é pagándola debda de vuestra noble-
»za, soys alegres é contentos con la batalla, yo con-
«formándome con vuestro deseo é animoso querer,
«doy á ello mí consentimiento con protestación que
«hago , tomando á Dios por juez y testigo , que me
» desplace de ello , y que sería más contento con su
«obediencia que con la rebeldía que tienen , perma-
«neciendo como están en su dañado propósito de
n deslealtad. Por tanto ordenad vuestras batallas é
«vamos contra ellos; porque soy cierto é tengo tal
«seguridad de la grand bondad de Dios, que nos
» dará hoy vencimiento contra su soberbia ; en tal
«manera, que serán abatidos los enemigos, é nos-
» otros prosperados. « Dicho aquesto, mandó que
Don Pedro de Velasco fuese delantero de cara los
enemigos , é los otros caballeros é señores en pos do
él. Estonces las batallas se ordenaron de aquesta
guisa : Don Pedro de Velasco llevaba tres batallas ;
á su mano derecha iban Don Luis de Velasco y Don
Sancho sus hermanos con una esquadra de trescien-
tos ginetes ; á la mano izquierda iba Don Juan do
Velasco , su primo , el Señor de Síruela , con otra
batalla en que iban ochenta hombres d'armas; Don
Pedro de Velasco iba en medio con otra esquadra
de trescientos é veinte hombres d'armas ; en pos de
aquestos iba Don Diego Hurtado de Mendoza, Mar-
qués de SantíUana, con dos esquadras ; él llevaba la
una de ducientos hombres d'armas; el Obispo de
Calahorra, é Don Juan de Mendoza, é Don Hurta-
do de Mendoza, sus hermanos, á la parte derecha con
otra esquadra de ciento é cinquenta ginetes ; y el
Comendador Juan Fernandez Galíndo llevaba una
esquadra de trescientos ginetes de las guardas mal
armados ; é por eso fué acordado que se pusiese á
la mano izquierda del Marqués de Santillana ; en
pos de aquestos iba Don Beltran de la Cueva, Du-
que de Alburquerque , con dos batallas ; él llevaba
una de ciento é cinquenta hombres darmas, é Don
Pedro de Velasco á la mano izquierda con otra es-
quadra de ducientos ginetes. E quanto quiera que
aquel dia suplicaron al Rey que mandase sacar su
pendón Real ó alguna de sus banderas, respondió
164 CRÓNICAS DE LOS
que pues él no traía batalla de gente d'armas , que
no era razón que su pendón Real saliese al campo,
ni se desplegase tampoco bandera ninguna.
CAPÍTULO XCVL
Como el Arzobispo de Toledo é los otros caballeros que estaban
en Olmedo ordenaron sus batallas.
Los enemigos de que vieron que la batalla no se
podia escusar, y que el Rey con sus gentes se iba á
pasar derecho por donde ellos estaban puestos en
el campo, ordenaron sus batallas en esta guisa: la
batalla primera adonde pusieron al Príncipe, su
rey que se descia, era de seiscientos rocines, hom-
bres d'armas é ginetes , y de aquesta batalla era ca-
pitán el Arzobispo de Toledo , é Don Diego de Qui-
ñones, Conde de Luna. En medio de aquesta bata-
lla estaba una lombarda armada, para tirar á los
primeros encuentros; de aquesta mesma batalla
eran sobresalientes el Cobije de Ribadeo y Pedro de
Ontiveros , capitán de la gente del Conde de Plasen-
cia,. con ducientos ginetes. Estaba á par de aques-
ta batalla otra de quatrocientos hombres d'armas é
ginetes, de la qual era capitán Don García de Pa-
dilla, Clavero de la Orden de Calatrava ; estaba otra
batalla de quinientos é cinquenta rocines de diver-
sos caballeros que los avian enviado ; de aquesta
batalla era capitán Don Fernando de Fonseca, her-
mano del Arzobispo de Sevilla. E puesto que asi es-
taban en el campo ordenadas sus gentes, todavía
quisieran que el rompimiento se escusara. E ansi en-
viaron al Rey á Mosen Fierres de Peralta , Condes-
table de Navarra , y consuegro del Arzobispo de To-
ledo, para que le suplicase que aquella batalla se
escusase, considerando las muertes, é daños, é ma-
les que de alli se podrían rescrescer. E como ya sus
batallas iban acercándose á mas andar á sus enemi-
gos , aprovechó poco su venida , por manera que su
rotura no se pudo excusar. Pero puesto que los ca-
balleros leales de la parte del Rey, como animosos
y esforzados varones, se pusieron á pelear con asaz
denuedo, fueron tan malamente proveydos, que de-
xaron la persona del Rey sin gente alguna que la
guardase, ni quedaron con él sino quatro ó cinco
de á caballo é Mosen Fierres de Peralta, parcial de
los enemigos é poco servidor del Rey. Y no sola-
mente fueron negligentes en esto , mas todo el f ar-
daxe que traían, aunque era mucho, se quedó tan
desacompañado, que ninguna gente de resistencia
pusieron para guarda, salvo los azemileros é mozos
de espuelas , que supieron mas huir que defender.
CAPÍTULO xcvn.
Como pelearon las batallas, y fueron los enemigos del Rey
vencidos.
Luego que las batallas se vieron unas á otras, la
pelea se ordenó de aquesta fonna : que Don Pedro
de Velasco pelease con la batalla principal del Prín-
cipe, donde el Arzobispo de Toledo era capitán ; el
Marqués de Santillana é sus hermanos é Juan Fer-
REYES DE CASTILLA.
nandez Galludo con la batalla del Clavero de Cala-
trava ; el Duque de Alburquerque con la batalla de
Hernando de Fonseca. Y asi arremetiendo los lea-
les contra los enemigos, el Marqués de Santillana
hirió primero en la batalla del Clavero, donde mez-
clada la esquadra del Comendador Juan Fernandez
Galindo, fué luego desbaratada; porque yendo con
flacas é pocas armas , no pudieron sufrir la furia de
los contrarios, é asi la mayor parte de ellos huye-
ron ; pero el Marqués con su gente hirió tan brava-
mente en la batalla del Clavero , que por pura fuer-
za la hendió por medio , é la desbarató de tal mane-
ra, que bolviendo sobre ellos no halló con quien
pelear que resistencia le hiciese. Don Pedro de Velas-
co envió delante de sus batallas á Don Juan de Ve-
lasco BU primo, con su esquadron de ochenta hom-
bres d'armas, que hiriesen primero en la batalla
principal del Príncipe ; el qual se adelantó un buen
trecho, y entró como caballero esforzado con tal de-
nuedo, que hendió la batalla é se puso de la otra par-
te hacia la villa de Olmedo , é pasando , derribó su
pendón y llevólo consigo. En pos de él entró Don
Pedro de Velasco con las otras dos batallas, é hirió
tan de recio en ellos, que los llevó de arrancada sin
resistencia ninguna hasta las puertas de Olmedo.
Alli fué herido el Arzobispo de Toledo en el brazo
izquierdo, é preso el Conde de Luna sobre su fé,
puesto que después no quiso acudir á ella, aunque
fué llamado por Don Juan de Velasco que le pren-
dió. E como Don Juan de Velasco avia hendido
aquella batalla , é pasado por medio de ellos hasta
la otra parte, no conociendo que Don Pedro de Ve-
lasco la llevaba de vencida sin resistencia, pensan-
do que toda la batalla del Príncipe y del Arzobispo
iba á dar en él, huyó de la batalla con su gente, y
no se halló en el destrozo de los enemigos. Huyó
asi mesmo Don Juan de Mendoza, hermano del
Marqués de Santillana ; pero Don Pedro de Velasco
aquejó tanto á los enemigos, que los hizo meter en-
tre la cerca é la barrera de la villa , y en algunas
iglesias que muy cerca de alli estaban , de tal for-
ma, que ninguno de ellos osaba salir á la batalla.
El Duque de Alburquerque con sus dos esquadronea
hirió en la batalla de Hernando de Fonseca, y él en
la suya, de tal guisa, que cada uno de ellos con loa
suyos se daba tan grand priesa é buen recabdo á pe-
lear unos contra otros , que bien parescia estar ga-
nosos de menear las espadas : donde asi andando en
la furia, como el Duque de Alburquerque iba muy
señalado , según lo avia prometido al Rey d'armas,
que le fué á avisar del juramento contra él fecho,
los caballeros y hidalgos que lo buscaban por el
voto hecho contra él, halláronlo allí, é tomado en
medio, pusiéronlo en grand estrecho, aquexándolo
que se diese á prisión, en tanto grado, que si el
Marqués de Santillana su suegro no lo socorriera,
todavía fuera muerto , porque jamás se quiso dar á
prisión. Pero después que fué socorrido tornó á pe-
lear tan bravamente, que bien parescia tener cobdi-
cia de ganar honra. E ansi andando peleando en la
batalla, halláronse á las manos él y Hernando fie
DON ENRIQUE CUARTO.
165
Fonaeca, y el Duque le dio un golpe de espada con
la punta, que le entró entre la babera é la celada,
que le hirió mortalmente en la cabeza, de que mu-
rió dende á quatro diag. E como los suyos lo vieron
'fisi herido é sin esfuerzo para pelear, fueron muy
pesantes é prestamente desbaratados. Entretanto
que las batallas de los leales iban ganando victo-
ria, y el Rey se avia quedado solo, Mosen Fierres
de Peralta , no negando la afición que tenia al Ar-
zobispo do Toledo, é la poca gana de la houra del
^Rey, liízole creer que los suyos eran todos desbara-
tados por las gentes de las guardas que al comien-
zo salieron huyendo, é que si de allí no se aparta-
ba, que á su persona correrla grand peligro en es-
tar allí. E asi el Rey, creyendo su mentira , se apar-
tó del campo , é se fué á media legua de allí á una
aldea, que se dice Pozal de Gallinas, donde se es-
tuvo paseando por las eras , fasta saber alguna nue-
va de los suyos una gran pieza. En este medio tiem-
po, como el Conde de Ribadeo é Pedro de Hontive-
ros andaban sobresalientes á todas las partes del
campo sin pelear, desque vieron que el fardage es-
taba atan mal recabdo sin guarda ninguna, mas
ganosos del interese que no de la honra , dieron en
él, y mandaron á los suyos que lo pusiesen á saco-
mano, en tal manera, que llevaron la mayor parte
de ello é lo metieron en la villa de Olmedo. Eston-
ces los caballeros leales, conociendo la gloria de su
triunfo, é como ya el campo estaba por ellos, sin
resistencia dieron en el Conde de Ribadeo y Pedro
Hontiveros, de tal forma, que muy ligeramente
fueron desbaratados , é Pedro de Hontiveros preso
sobre su fé. E luego que los caballeros leales vie-
ron que sin contradicion alguna el campo quedaba
por ellos, é ninguno de los enemigos no páresela,
acordaron de reposar allí un grand rato cabe de
imas anorias á donde ellos é su gente se refresca-
sen. E asi ayuntados , é fecha su pesquisa , halla-
ron que el pendón del Príncipe Don Alonso , Rey
que se dcscia, era ganado é traydo á su poder con
ciertas banderas de sus capitanes , é su alférez Die-
go de Merlo herido é preso, é asi mesmo el Conde
de Luna , é Don Enrique Enriquez , hijo tercero del
Almirante sobre la f é , é Pedro de Hontiveros. Es-
tos dos respondieron á la fé, quando fueron llama-
dos á Medina ; pero el Conde de Luna no quiso ir,
dando algunas vanas excusaciones. De la parte del
Rey fueron presos é llevados á Olmedo algunas per-
sonas de baxa suerte, no en la batalla, mas porque
se apartaron de sus capitanes. Estonces yo que como
Coronista avia estado presente, é visto los trances de
la pelea fasta el fin, é como ya los enemigos que-
daban desbaratados é vencidos, busqué al Rey, pen-
sando que estaba alli donde se avia quedado á mi-
rar, é fallé que por falsa relación mentirosa se avia
absentado del campo, de que sin duda fui maravi-
llado. E asi sabido su apartamiento, fuílo á buscar
á grand priesa por el rastro hasta el aldea donde
estaba , y hallándole le dixe : « ¿ Como los Reyes
«que son vencedores, é pelea Dios por ellos ansi se
Tjhau de arredrar de su hueste, que tan varonilmen-
»te han alcanzado la gloria de su triunfo? Andad
»acá, Sefior, que soys vencedor, é vuestros enemi-
ngos quedan vencidos é destruidos.» E quando el
Rey oyó lo que asi le descia, con alegre risa me
dixo; «Coronista, si con tan sanas entrañas como
«las vuestras me aconsejara el Condestable de Na-
«varra, que aqui estaba aconsejándome, y haciéu-
n dome creer lo que él deseaba , é no el efecto de la
«verdad, ni yo me apartara de donde estaba, ni vos
» tomárades el trabajo en venirme á buscar ; mas
«bien parece quanta diferencia hay de vuestro leal
«deseo á su dañada voluntad, que él en son de tra-
» tar paz , vino como parcial de los traydores , é vos
«como leal é verdadero servidor me traéis nuevas
«placenteras é de tanta gloria» ; é asi despedido el
Condestable de Navarra se tornó á Olmedo, mas
avergonzado que con placer. Estonces el Rey salió
al encuentro de sus leales servidores , que venían
con tan prospera victoria ; é vistos, escribió una car-
ta de su mano para los de Medina, é mandóme que
yo fuese á mas andar á notificarles el suceso de la
batalla, é que los aposentasen aquella noche lo me-
jor que pudiesen ; pero porque era peligro ir des-
acompañado , mandó á Pedro de Sandoval que mo
acompañase con veinte de á caballo que traía. E asi
llegado á Medina , vista la carta é la relación que
les hice de la victoria con que el Rey venia, no so-
lamente se alegraron, mas con mucho amor obe-
descieron quanto en nombre del Rey les mandaba.
E puesto luego por obra , abrieron todas sus puer-
tas, é ficieron grandes hogueras por las calles, é
pusieron lantern as alas ventanas, en tal manera,
que parescia ser de día según la mucha claridad que
se mostraba. Pasado un grand rato de la noche, en-
tró el Rey con toda su hueste , donde fueron resce-
bidos, no solamente en la villa, mas dentro en sus
casas con grand alegría aposentados ; porque según
venían fatigados de la pelea é del camino avian me-
nester reposo é descanso. E quando sentí que todos
estaban ya sosegados, mandé á los de la villa que
pusiesen luego guardas grandes por sus estancias
contra los de la Mota, por manera que no pudiesen
salir á hacer algún rebato ni mal alguno.
CAPÍTULO xcvm.
De lo que subcedió en Medina después qae alli vino el Rey con
su hueste.
Venido el día siguiente , fué acordado por aque-
llos leales servidores é caballeros que para regraciar
á Dios la grand victoria que les avia dado contra
los enemigos tiranos , se hiciese una procesión so-
lene desde la Iglesia de Sanct Antolín hasta el Mo-
nesterio de Sanct Andrés , que es de la Orden do
Sancto Domingo, en que por el medio de ella lle-
varon casi rastrando el pendón Real é las otras
banderas de los enemigos que avian ganado en la
batalla con tanta gloria. Verdad es que como el Rey
era tan poco amigo de la presumpcion é vanaglo-
ria, no quisiera que ninguna cosa de aquellas se hi-
ciera, salvo solamente la procesión ; pero el Obispo
166
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de Calahorra insistió todavia que se llevasen alli
las banderas ; é asi llevadas se colgaron delante del
altar mayor del dicho Monesterio, donde estuvieron
por algún tiempo. Sonada la nueva de la victoria
por el Reyno, mucho» caballeros se vinieron á ser-
vir al Rey, entre [los quales se vino luego Don Pe-
dro Manrique, Conde de Trevifio con ducientos
rocines, é vino Pedro de Mendoza, Señor de Alma-
zan , con ciento cinquenta de á caballo é grand peo-
nage, é otros de menor estado que venían con la
gente que podian. E vinieron de la villa de Valla-
dolid ciento de á caballo, é grand peonage , é otras
muchas gentes diversas que con afición lo vinieron
á servir, deseando su prosperidad y la destruicion
de sus enemigos.
CAPÍTULO XCIX.
Como el Conde de Alva quebrantó su fe y palabra, é se pasó á los
traydores.
Pasados algunos pocos de dias después (^e el
Rey con su hueste fué llegado á Medina, vista la
tardanza del Conde de Alva, que no venia, mandó
el Rey al Obispo de Calahorra que fuese á hablar
con él á la villa de Alva, para que viniese á su ser-
vicio según que lo avia prometido , é dado su fé
quando le enviaron medio quento de maravedís con
Pezelin su Camarero ; donde el Obispo fué, é des-
pués de muchas hablas que entre ellos pasaron, tor-
nó á dar su fe que iría á servir al Rey quando su
gente fuese ayuntada. E asi el Obispo se tornó mas
dudoso que cierto, según lo que pudo sentir, porque
sabia que era caballero movible, é de poca firmeza,
mas amigo del interese que no de la honra. E como él
era persona de captelosas formas , solamente fué su
tardanza para concertarse con los enemigos y deser-
vidores del Rey, esperando la venida de Don Juan
Pacheco, Marqués de Víllena, que avía ido á Ocaña
para hacerse Maestre de Santiago ; é luego que fué
venido á Olmedo hecho Maestre , fué concluido su
concierto con ellos de aquesta guisa : que Don Juan
Pacheco, el nuevo Maestre de Santiago, le entrega-
se á Montalvan, y el Arzobispo de Toledo la Puen-
te del Arzobispo, para seguridad de ciertos vasallos
que le prometieron. E quando aquesto le fué en-
tregado, envióse á despedir del Rey con un caballe-
ro de su casa que se llamaba Pedro de Barrientes ;
é despedido, pasóse luego á los enemigos con qui-.
nientos de á caballo hombres d'armas é ginetes.
Aquesta maldad que asi hizo, paresció tan fea á los
de su partido á quien él se pasó, como á aquellos á
quien mintió su fé é palabra ; de que todos los de
entrambos partidos mormurando descían que se
avia vendido en pública almoneda á quien diese mas
por él. E no solamente aquesto, mas por todo el
Reyno fué tan publicado é ávido por muy mal he-
cho, que los mozos de espuelas se atrevían á desoír
sin miedo donde quieran que lo vían, ¿ quién dá
mas por el Conde de Alva, que se vende á cada can-
tón ? ¿ay algunos que lo pongan en prescio?
CAPITULO C.
Como el Papa Paulo, sabida la novedad de los caballeros é perla-
dos desleales, envió al Obispo de León Antonio de Veneris
por su Nuncio Legado, á tratar paz enlre el Rey é sus deslea-
les enemigos; é vino alli á la villa de Medina, y le fuó hecho el
rescebimiento que se le debía.
Quanto las novedades son mas criminosas , tanto
el pregón de aquellas corre con mayor priesa, y pu-
blica sus males por todas partes. E como el insulto
de los desleales enemigos, que se rebelaron contra
su señor é su Rey natural, fué de tan grand fealdad
é desvergozado atrevimiento qual nunca jamas fuó
oydo ni visto, entre todas las naciones fué condena-
do', é ávido por muy abominable caso é disoluto
yerro. Lo qual llegado á las orejas del Papa Pau-
lo II, que por estonces era Summo Pontífice en la
Iglesia universal, aviéndolo por cosa denostable,
con consejo é acuerdo de sus Cardenales fué deter-
minado que envíase su Nuncio Apostólico con po-
derío de Legado ó Latere , para que amonestase á
los perlados é caballeros que se avian rebelado
contra el Rey, se tornasen é su obediencia , ó para
que persuadiese al Rey, que benignamente los per-
donase, é tornase en su servicio. Aqueste Nuncio se
llamaba Antonio de Veneris, que era Obispo de
León. El qual como llegó á Medina del Campo des-
pués de la batalla, é fuese notificada su venida al
Rey, mandó que le fuese fecho aquel solene resce-
bimiento é honra que á semejante nuncio pertenes-
cia. E asi fué rescebído por los perlados é capella-
nes del Rey é con la clerecía en procesión hasta la
Iglesia. E luego desde allí se fué al Palacio Real,
donde el Rey le rescebíó con mucha graciosidad.
Estonces el Nuncio, dado el Breve del Papa, le dixo:
((Serenísimo Rey, nuestro muy Sancto Padre, sa-
)) hiendo la discordia y escísma que algunos Perla-
» dos é caballeros de aquestos vuestros Reynos con
)) poco temor de Dios perpetraron contra vuestra cel-
)) situd, aviendo este caso por muy exorbitante y con-
» doliéndose de ellos, como él sea Vicario de Jesu-
«Christo, á quien pertenece remediar lo semejante
))é quitar las discordias é sembrar paz é sosiego, su
«Santidad como verdadero padre espiritual de la re-
«ligion Christiana me mandó venir acá, para enten-
» der en ello. Por tanto á vuestra Magostad de su
«parte exorto é requiero como ácatholíco Rey Chrís-
«tiano, quiera obedescer sus mandamientos Apos-
«tólicos, en tal manera que vuestras reales entra-
«ñas se inclinen á|la piedad, é quieran ser conven-
«cidas de lo que yo le suplicare, é su Santidad vos
«envía á mandar, según que vuestra Alteza por su
«Breve podrá sentir y ver; porque la rotura de las
» guerras , de donde las muertes suceden , del todo
«cese, é la tranquilidad é sosiego puedan permane-
«cer en aquestos vuestros Reynos. Ca sabida cosa
»es é muy cierta, que de los Reyes se espera lacle-
» mencia, y á ellos pertenesce la virtud del perdón.»
Acabada su habla, el Rey leyó el Breve del Papa, é
leydo, sin tomar acuerdo ni deliberación para res-
DON BNKIQUE CUARTO.
167
*
ponder,con grand tiento é mucha gravedad, le dixo:
Bien paresce sin dubda que nuestro muy Sancto
Padre ha querido manifestarnos quanto es recto
Pontífice é verdadero subcesor de Sanct Pedro en
»el poderío de Jesu-Christo, que siguiendo las pisa-
»das de aquel, tan cumplidamente nos da testimo-
«niode su Apostólico deseo y paternal afección. Yo
nse lo agradesco quanto puedo, y gelo tengo en se-
«ñalada merced, é por ello beso los pies é las manos
»de BU Santidad. Verdad es que si los perlados é
«caballeros que son errados contra mí en tanta
» ofensa de sus honras, quisiesen venir á mi servicio
«con tan sanas entrañas como yo tengo las mias
» aparejadas para perdonallos , muy prestamente se
» haría la paz. Mas como ellos sin cabsa han perpe-
Btrado tan feos insultos é feas maldades quanto su
«conciencia los acusa, asi los remuerde, que ellos
n de sí mesmos sospechando, nunca se perdonan ni
í) tienen seguridad ; y por esto quiero creer, y aun
«afirmo que según están endurecidos en su dañado
«propósito de rebeldía , que tarde ó nunca se osaran
«confiar, ni mucho menos los podréis atraer al co-
«nocimiento de sus culpas, para que ellos se confor-
»men con lagaña que yo tengo de excusar los es-
ncándalos é procurar sosiego ; porque á los Reyes
«pertenesce como á padres do sus reynos perdonar
«las ofensas, é olvidar sus propias injurias, sin to-
» mar venganza de ellas. Yo desde agora digo é afir-
amo é doy mi palabra real, que si vinieren á mi ser-
» vicio como subditos naturales, no solamente los
«quiero perdonar, mas hacelles mercedes y acrecen-
«talles sus estados. Por tanto pues vos para esto
«sois venido, y su Santidad vos envia, mirad que
»yo como hijo de obediencia obedezco su manda-
« miento, é me place complillo.» Acabada su habla
del Rey, el Nuncio se despidió é se fué á su aposen-
tamiento. En este medio tiempo, como Don Juan
Pacheco , Marqués de Villena , estuviese en Ocaña,
donde y a se intitulaba Maestre de Sanctiago, de don-
de nació la enemistad capital entre él y su hierno el
Conde de Benavente, según que adelante será re-
contado, llegó la nueva de la batalla, é sabido todo
el suceso de ella , pesóle mucho ; é así llegada toda
la gente que pudo de hombres d'armas é ginetes, se
tornó á Olmedo , donde llegado, increpó mucho el
rompimiento de la batalla ; y como traía grand so-
corro de gente, fué muy bien rescebido. Estonces el
Nuncio Apostólico, por dar buena quenta del cargo
que traia, mandó publicar sus cartas patentes, por las
quales mandaba á los caballeros, asi de la parte del
Rey, como do los escismáticos, que estaban en Ol-
medo, só pena de excomupion papal, que todos de-
pusiesen las armas ; é depuestas, les ponía inducías
é treguas por un año , para que entretanto se diese
medio de paz y de concordia, é los rebeldes se tor-
nasen á la obidiencia de su Rey. Mas como los ca-
balleros é perlados que estaban en Olmedo , según
los graves insultos que avían cometido, tenían pos-
puesto el temor de Dios é la vergüenza del mundo,
no curaron de obedescer sus mandamientos, antes I
«on grand menosprecio burlaban de él. Con todo le j
enviaron á descir que saliese á verse con ellos en
el campo, á cuya instancia el Nuncio salió. E sali-
do entre Medina é Olmedo, esperando la venida do
los principales que se avian de venir á ver con él,
vinieron de sobresalto mas de trescientos de á ca-
ballo muy furiosamente sobre él, disciendo « muera,
muera» , y disparando palabras muy desvergonza-
das contra él, y contra el Papa que lo avia enviado,
queriendo poner las manos en él, de que sin dubda
el Nuncio se vido en grand peligro. E asi después
de rescebidos muchos ultrages é tratado con mucho
vituperio, salieron á él el Maestre Don Juan Pache-
co y otros muchos caballeros de los que estaban en
Olmedo, donde la habla fué mas engañosa que cier-
ta ; de tal guisa, que sin ser obedescidas sus censu-
ras, ni él ser acatado como la razón lo requería, se
tomó medroso é con poca honra á la villa de Me-
dina del Campo.
CAPÍTULO CI.
Como Pedrarias de Avila vendió la cibdad de Segovia á los ene-
migos del Rej, y los apoderó en ella.
Al tiempo que el Rey se quiso partir de Segovia
para dar la batalla, fué avisado que Pedrarias de
Avila trataba con los enemigos para dalles la cib-
dad y metellos dentro. Mas el Rey confiándose en
las muchas mercedes é honras que al padre é á los
hijos avia fecho, é visto que le avia dado la conta-
duría mayor de su padre, y hecho merced de Tor-
rejon de Velasco por la traycion de Alvar Gómez,
cuya era primero, é las muchas riquezas que , por
ser suyos, avian ganado, con que mercaron los va-
sallos y heredamientos que tenían, é como avía he-
cho Obispo de Segovia á su hermano Juan Arias,
no lo quiso creer ; antes mandó llamar á entrambos
hermanos, é después de aver hablado con ellos
largamente, encomendóles la guarda |de la cibdad,
disciendo que de ellos la confiaba. E asi tomados
grandes juramentos é fidelidades que la temían ó
defenderían para su servicio , se partieron para Se-
govia. Pero como Pedrarias estaba muy sentido,
asi por la prisión que en Madrid le avian fecho,
como por la estocada que le dieron, jamás aquel
rencor se le apartó del corazón, antes de contino se
le trasdoblaba ; de tal manera , que desque vido
tiempo aparejado para vengarse y executar su saña
é dañado proposito, envió secretamente á uno suyo,
que se llamaba Luis de Mesa, para que tratase con
el Maestre Don Juan Pacheco é con los otros de su
partido, que estaban en Olmedo, que les quería dar
la ciudad é apoderallos en ella , por vengarse del
Rey. De aquesto fueron muy contentos, asi el Maes-
tre como los otros perlados é caballeros enemigos
del Rey, segund el sentimiento é dolor que sentían
de aver sido vencidos é presos algunos de sus capi-
tanes, é perdido su pendón Real. E asi fecho el
trato, é asignado el día tercero, en que gela avia de
dar, otro día siguiente se partieron con su Rey é
con su hueste camino de Segovia. En el trato de la
traycion fueron con él el Obispo do Segovia, su her-
168
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mano, y el Maestre ffeí* Erexamo , que al presente
era Provisor del Obispo, y gobernaba á entrambos
hermanos, é Fray Rodrigo de Mesa, Prior del Par-
ral, é Luis de Mesa su hermano, que iba con los
tratos al Marqués é á los otros de su partido , é Pe-
rucho de Monjaraz, Alcayde de la fortaleza, que
como parcial de Pedrarias, y consentidor en la tray-
cion, dio entrada á los enemigos por un postigo que
estaba debaxo de la fortaleza en la casa del Obispo,
en tal guisa, que quando debiera él como leal Al-
cayde defender la cibdad para su Rey, dio lugar á
la traycion, é quiso que se hiciese. ¡O perverso Al-
cayde, enemigo déla lealtad, é parcial de la tray-
cion ! Si tú eras el principal defensor de la cibdad,
para guardalla á tu Rey, ¿ como no te avergonzaste
de dexar entrar en ella á sus capitales enemigos,
pudiendo livianamente resentirlos? Si eras obliga-
do ádefendella como Alcayde, ¿por qué no defen-
diste la entrada de sus enemigos, que la venian á
tomar? que con muy chicas pedradas, con pocos
tiros de pólvora, con pocos ingenios y ballestas los
pudieras hacer huir é arredrar que nunca entraran.
¿ Qué tan grande podia ser tu amistad con Pedra-
rias, que no fuese mayor la que á tu Rey de-
bías ? ¿ Qué tanto dolor pediste sentir en la prisión
y herida de Pedrarias, que no fuese trasdoblado lo
que era razón consideraras? ¡ quanto era mayor
mal la perdición é abatimiento de tu Rey, que de
mozo de alanos te hizo su Alcayde, y te puso en
poder de tan ricos tesoros! Mas porque moraba
contigo la ingratitud , y estaba desterrada de tí lá
bondad, volviste alegre la cara á la deslealtad, de
que debieras apartarte , é huíste sin provecho del
bien de la lealtad, donde te debieras remirar. Asi
denostaste tu nombre y apedreaste tu fama. La
gravedad de los insultos es de sí misma tan públi-
ca pregonera, que quando los perpetradores presu-
men tenella muy secreta, estonces ella mas públi-
camente se manifiesta, en tal manera, que ni el
rincón los asconde ni la plaza los calla. E asi fué
que como se llegase la hora en que los enemigos
venian al llamamiento de Pedrarias, é se acercaban
á mas andar para entrar en la ciudad, notificaron á
la Reyna é á la Infanta Doña Isabel, como avia
trato de traycion, é que á cabsa de ello venian los
señores que estaban en Olmedo. De que la Reyna
atemorizada é con grande alteración se acogió á la
Iglesia Mayor, é de allí con grandes ruegos impor-
tunando al Alcayde , que la quisiese acoger en la
fortaleza , se metió dentro ; porque la Iglesia é la
fortaleza están muy juntas. Verdad es que por es-
tonces el Alcayde mas la rcscibió por encubrir algo
de su maldad, que por gana de hacer virtud. Aco-
gió asi mesmo á la Duquesa de Alburquerque con
mucha mejor voluntad ; pero la Infanta Doña Isa-
bel no quiso ir con la Reyna, antes se quedó en el
Palacio Real con sus damas. E pasada la noche,
quando ya venia el alba, todas las gentes, ordena-
das sus batallas, llegaron debaxo del Alcázar , sin
que resistencia ninguna les fuese fecha por el Al-
cayde ni por los suyos, antes muy seguramente su-
bieron por un camino que está junto á las poftas
de la fortaleza, hasta que encontraron por el posti-
go que avía fecho el Obispo grand tiempo avia,
que estaba pegado á las paredes de su casa. E ansí
entrados á vista del Alcayde , Pedrarias los llevó
hasta el Palacio, adonde la Infanta estaba, la qual
desde allí adelante se apartó del Rey y se quedó
con el Príncipe su hermano. Luego que asi entraron
poderosamente con tanto gentío , se apoderaron de
la cibdad é la pusieron en sosiego, sin que el pue-
blo se osase alterar, puesto que á todos los cibdada-
nos pesó muy gravemente de su entrada, porque sin
duda amaban mucho al Rey ; é así ovo lugar de
cumplirse el mal propósito é dañada voluntad de
Pedrarias, no recordándose de las mercedes y hon-
ras que el padre é los hijos é todo su linage avian
rescebido del Rey. ¡O desagradecida persona, agena
de la virtud, y de buen conocimiento ! que si tanto
dolor te pusiera la fealdad de tu obra quanto á mí
pone en escrevilla, ni tú te deleytáras de tu infa-
mia, ni á los oyentes dieras cabsa de maldecirte.
¿ A quién podras ser bueno, quando á tí fuiste malo?
¿ A quién serás tú fiel , quando á tí fuiste enemigo?
¿Qué daño tan grande pediste rescebir del Rey, que
te hizo de nada, que no sea mayor el que tú mismo
feciste? Si bien te recordaras de quien era tu pa-
dre, quando el Rey le tomó por suyo, é le puso en
tan gran estado de ser su Tesorero , é su Contador
mayor, no sintieras mucha pena en verte preso ni
herido. Debieras considerar que él te dio meresci-
miento para ser tenido por bueno y estimado entre
los mejores, y no asi tan ciegamente j sin temer los
juicios de Dios y de los hombres, y el cargo de
consciencia , abatir á quien te ensalzó , destniir á
quien te honró, vender á tu Señor y Rey, y vender
tu propia patria y denostar tu memoria. Asi que ni
tu quexa te hará disculpado, ni jamaste librará del
feo apellido, é denostado vituperio , con que asi te
cobixaste.
CAPÍTULO CU.
Como sabida la traycion, se partió el Rey de Medina para Cué-
Uar, y lo que subcedió en el camino.
, Venida la nueva de la traycion que Pedrarias
avia hecho, y como los enemigos del Rey estaban
dentro en Segovia muy apoderados de la cibdad sin
contradicion alguna, el Rey determinó de se tornar
á Cuéllar; é asi ordenadas sus batallas, con poco
plascer se partieron. E como de camino pasasen jun-
to á la fortaleza de Iscar, supo el Conde de Treviño
que la Condesa su madre «staba allí dentro, la qual
en alguna riaanera era mas disoluta que honesta,
porque la tenia allí Don Diego de Zuñiga, Conde'
de Miranda , por su manceba ; y el hijo doliéndose
de la infamia de su madre, y de la deshonra que
por ello le venia, suplicó al Rey le diese licencia
para combatir la fortaleza de Iscar, é sacar dende
á su madre ; lo qual el Rey le otorgó, é mandó pa-
rar allí las batallas por una grand pieza. Estonces
el Conde, ávida la licencia, con su gente é con la
DON ENRIQUE CUARTO.
169
del Marqués de Santillana é la del Duque de Albur-
querque é la de Don Pedro de Velasco dio el com-
bate por todas quatro partes de la fortaleza muy
varonilmente. E puesto que el Alcayde se defendió
un rato lo mejor quQ pudo , no tuvo tantos pertre-
chos, ni tanta copia de gente, que pudiese resistir
la furia de los combatidores; porque le dieren tan-
ta priesa, que apenas tuvo tiempo de estar aperce-
bido, para poderse defender , de tal guisa, que por
fuerza de armas á escala vista entraron en la forta-
leza, y el Conde prendió á su madre, é la envió lue-
go á su tierra á buen recabdo. Dado el combate, é
presa la Condesa é tomada la fortaleza, el Rey man-
dó mover las batallas, é aquella noche se fué á apo-
sentar al monte de Iscar ; donde llegados reposa-
ron, é otro dia siguiente se fueron á la villa de
Cuéllar.
CAPÍTULO CIII.
Como llegado el Rey á Cuéllar se faé á Coca i manos de sus ene-
migos, 6 se apartó de sus caballeros , criados y servidores lea-
les que le avian servido.
Luego que el Rey fué llegado á Cuéllar con toda
su hueste, sintió en tanto grado la pérdida de Sego-
via, que todas las turbaciones pasadas sobre él ni
las alteraciones de las cibdades y villas que contra
él se rebelaron, en comparación de aquella no le
afligieron tanto ni hicieron tanta impresión de tris-
teza en él, quanta fué la que asi se manifestó por
su gesto. Y no sin cabsa : ca desde su niñez se crió
en ella, y la tenia por su propia naturaleza, como
si fuera uno do los ciudadanos de ella ; la qual no
solamente avia ennoblecido , renovándola con mu-
chos edeficios, mas tenia en ella todos sus tesoros,
que eran sin duda muchos , en grand cantidad de
diversas riquezas, que yo vi muchas veces. E asi
mismo alli tenia los montes en que se deleytaba é
deportaba é tenia su mayor pasatiempo ; de donde
resultó la grand afición que con ella tenia. E de tal
forma se entristeció, que ningún hombre humano,
de qualquiera suerte que fuera, pudiera mostrar tan
poca disimulación como él. Pero como los tratos
nunca cesaban por su duro perseguidor el Maestre
Don Juan Pacheco, acaesció que aquella mesma no-
che secretamente envió un mensagero , disciéndole
que se fuese á Coca, é dexase los caballeros que le
avian seguido, y que le prometía de hacer sus co-
sas muy cumplidamente. E como ya el Rey estaba
cansado según su condición de sufrir tantos desas-
tres, é tenia gana de reposar, si las persecuciones le
dexáran, creyendo la poca verdad de su enemigo,
sin mas consultar su ida con aquellos que le seguían
é servían con tanta lealtad , aceptó de lo hacer. E
luego otro dia siguiente, llamados los señores que
alli estaban, les dixo que su determinada voluntad
era deseirá Coca, porque ya tenia seguridad que
se harían sus cosas muy bien. E asi desamparados
los caballeros leales, criados é servidores , con muy
pocos de los suyos se fué á la villa de Coca , donde
por el Arzobispo de Sevilla fué rescebido con muy
poca honra é menos acatamiento, porque si muy
poca gente llevaba, con la menos parte de ella fué
acogido dentro de Coca. De aquesta partida del
Rey tan acelerada quedaron muy sentidos los caba-
lleros de su partido é las otras gentes que le avian
venido á servir , no tanto por la poca quenta que
de ellos se hizo, quanto por la mengua é perdición
del Rey, que se fué á poner en las manos de aque-
llos, que vengándose del é trayéndole asenderado,
no le ponian remedio ninguno, segund que después
páreselo y las obras dieron testimonio de ello. Pasa-
do el Rey á Coca, todos los unos é los otros se der-
ramaron, é se fueron á sus casas é tierras ; é no so-
lamente aquesto fué desmano para ellos , mas des-
abrigo é persecución para sus criados é servidores,
que se quedaron desamparados é corridos, en tal
manera, que ni los acogían donde su Señor estaba,
ni hallaban quien los amparase ; é asi andaban tan
persiguidos sin remedio , que se avergonzaban en
descir cuyos eran. ¡O grandeza de Dios omnipoten-
te ! que asi trastornas los estados Reales , y quie-
res que prosperen los malos ; destruyes la prudencia,
y discreción y seso de los Reyes , y despiertas la
malicia de sus adversarios ; abates la lealtad quan-
do quieres , y ensalzas á los traydores quando te
plasce ; consientes que los buenos sean afligidos, é
que los perversos prevalescan ; que disipen los so-
bervios á los humildes, é los crueles á los piadosos,
é prevalescan sus insultos ; que anden los Reyes
abatidos corso siervos llenos de pobre<&a y miseria,
y los siervos como Señores, ricos é muy prospera-
dos. ¿Quién podrá considerar tus juicios, ni escu-
driñar tus secretos ? Conozcamos de aqui adelanta
que tu profundo saber tiene tanto poderío, que nos-
otros no lo sentimos , ni lo sabemos conoscer. En-
tretanto que ansi andaba la persecución de los tira-
nos, los leales desechados por traidores, corridos
é deshonrados sin temperanza ni caridad alguna,
y los traydores estimados y puestos en la cumbre
del señorío, subeedió que yo sobre seguro del Prín-
cipe, Rey que se descia, é de los Perlados é caballe-
ros que con él estaban, fui á Segovia, para poner
en salvo lo mió, que allí tenia. Donde llegado, fué;
mayor la tardanza de poner los pies en mi casa, que
de ser preso, y quebrantado el seguro desús firmas é
sellos que me avian dado. Y no solamente prendie-
ron á mi persona con grand deshonestidad, mas ro-
báronme todo lo que yo tenia , con las escripturas
de la Corónica del Rey , que hasta entonces tenia
ordenada y escripta. Y tan innominosamente me
trataron, como á los que suelen ser traydores, acu-
sando mi lealtad por alevosía', y poniendo sus des-
lealtades por cosa de mucha honra hasta las nubes.
Mas yo, que sin reproche de sus vergonzosas culpas;
me hallaba, como vestido de mas limpio manto que
el suyo , sin temor alguno é con grand osadía in-
pugnaba sus reprehensiones é contradescia sus acu-
saciones falsas, en tal manera , que fué reprobada
su mala escisma y defendida raí fidelidad. E porque
mi verdad los concluía é ponia en conclusión, de-
terminaron de matarme; pero aquella soberana ele-
170
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mencia de nuestro Redentor, que nunca ee cansa
de obrar misericordia, me libró de sus manos, y es-
capé con la vida.
CAPÍTULO CIV.
Como d Rey se fué dende Coca á meter en el Alcáiar de Segovia,
para verse con el Maestre de Sanctiago ; y visto le entregó el
Alcázar; é jamás cumplió con él cosa alguna de quanto le pro-
metieron.
Pasado el Rey á la villa de Coca, é puesto al que-
rer de sus enemigos, el Maestre Don Juan Pacheco
le envió á descir que seria bien qtie se fuese al Al-
cázar de Segovia, porque allí estaría mas cerca , y
prestamente se daria el concierto de lo que se avia
de facer. Estonces el Rey, visto como sus enemigos
tenian la cibdad, y él avia determinado de estar á
todo su querer, puso Juego por obra su ida. E antes
que llegase á la fortaleza, salieron á él Don Gómez
de Cázeres, Maestre de Alcántara, y Don Garci-Al-
varez de Toledo, Conde de Alva, media leg^a fue-
ra de la cibdad, tan sin vergüenza ninguna como si
mucho le ovieran servido, é nunca les oviera fecho
mercedes. E asi acompañáronlo fasta cerca del Al-
cázar, donde Perucho su Alcayde lo rescibió do
mala gana y con peor gesto. Entrado el Rey en el
Alcázar, fué acordado que se fuese á la Iglesia ma-
yor, é que alli vernia el Maestre Don Juan Pache-
co con ciertos caballeros de su partido , é se vería
alli con él, donde convenidos después de largas fa-
blas fué concertado que el Rey mandase entregar
el Alcázar al Maestre Don Juan Pacheco, con tanto
que el tesoro con todas las joyas y cosas que allí
estaban se pasase al Alcázar de Madrid, y que Pe-
rucho fuese el Alcayde de Madrid y tenedor de los
tesoros, é que la Reyna se pusiese en rehenes en po-
der del Arzobispo de Sevilla, con que prometieron
é aseguraron que dentro de seis meses restituirían
al Rey en todo su estado. E asi puesto por obra,
que el tesoro é las otras cosas se pasaran á Madrid,
la Reyna fué llevada á la fortaleza de Alahejos, y
el Alcázar de Segovia se entregó á Juan de Daza
para el Maestre Don Juan Pacheco. Quando el Rey
pensó que las promesas de lo capitulado , é concer-
tado con él se cumplirían, hallóse tan en vano como
en todas las otras promesas pasadas ; de tal guisa,
que con solas palabras de vana esperanza le hicie-
ron andar por sus Reynos, mas en son de peregrino,
que como Rey é Señor. E asi muy avergonzadamen-
te con diez cabalgaduras se fué á meter por las
puertas del Conde de Plasencia ; é quanto quiera
que ansí andaba corrido , todos los pueblos se con-
dolían de él, disciendo agrandes voces ¡O buen Rey,
piadoso é franco, que nunca nos despachabas mal!
Mal haya quien te persigue. ¡ O traydores criados,
é malos caballeros, que ansí te han destruido por
hacerse á si mismos grandes ! Y llegando el Rey á
Plasencia, el Conde y la Condesa le rescibieron con
mucha honra, y le aposentaron con mayor amor en
la fortaleza, é desde allí adelante procuraron de lo
rcstitair en su estado, y en ello trabajaron quanto
podían. Pero ni por eso el Maestre Don Juan Pa-
checo jamas se movió á cumplir con el Rey cosa
ninguna de quantas le prometió, antes de contino
lo hacia por el ccmtrario. E ansí el Rey estuvo allí
en Plasencia por espacio de quatro meses, esperan-
do alguna conclusión de quantas promesas el Mar-
qués le daba ; de donde vino que el Conde y la
Condesa, sabiendo las formas tan siniestras á la
virtud que asi tenia con él Rey, determinaron de ser
suyos , y ayudarle por todas las vias y modos que
pudiesen. E como el Maestre Don Juan Pacheco
sintió aquesto, vino allí á Plasencia á verse con el
Roy y con el Conde y la Condesa, mas para mentir
que para cumplir , y mas para dilatar que para do-
ner en obra. De tal guisa, que con palabras dulces
dilataba, é con promesas vanas hacia tener espe-
ranza ; y así hacia estar abatido al Rey, y andar por
casas agenas amenguado, no como Rey que tantas
mercedes le hizo, ni como señor que en tanta honra
le avia puesto, mas como enemigo de quien desea-
ba vengarse. Y no sin cabsa , que pues sin meresci-
miento le avia dado tanta prosperidad , é seyendo
ageno de la virtud, puesto en tan alto estado,
aquello era el agradecimiento con que avia de res-
ponder ; ca sabida cosa es é muy cierta que los ma-
los rescibiendo beneficios, se tornan peores, y aquel
pago dan á quien los ensalza é hace ser grandes.
CAPÍTULO CV.
Como en aqueste medio tiempo vacó ei Obispado de Siguenza, ¿
fué dado al Obispo de Caiaiiorra, é lo que sobre ello sucedió.
Al tiempo que estas cosas pendían en el Reyno,
fallesció Don Hernando de Luxan, Obispo de Si-
guenza, é quedó apoderado en las fortalezas y cib-
dad con toda la hacienda del Obispo Diego López
de Madrid, Protonotario , é Dean de la Iglesia Ma-
yor de la misma cibdad. E como este Diego López
era hombre de baxa suerte , veyéndose rico é con
tantas fortalezas de su mano , presumió de aver
aquel Obispado ; é asi acordó de seguir el partido
del Príncipe Don Alonso, é tomó por señores é fa-
vorecedores al Maestre Don Juan Pacheco é al Ar-
zobispo de Toledo, los quales por tenello de su par-
te, le dieron grandes promesas y ñrme esperanza de
le hacer aver el Obispado. Estonces él , convocados
los Canónigos é Dignidades de la Iglesia, hízose
elegir por Obispo ; é elegido, cuando pensó que con
el favor de su partido sería Obispo , el Papa Paulo,
aviendo por vana su elecion, y teniéndolo por escis-
mático contra el Rey, proveyó el Obispado á Don
Juan de Maella , Obispo de Zamora, Cardenal de
Sancta Prisca. E asi proveydo , desque vinieron á
tomar la posesión por parte del Cardenal con las
Bullas Apostólicas , el Dean no quiso obedescer al
Papa, antes dixo que apelaba de él y de todas sus
censuras para el futuro Concilio. De que el Papa
Paulo muy indignado contra él mandó pronunciar
entredicho ; pero él nunca jamás quiso venir á obe-
diencia, ni otros ciertos Canónigos é Dignidades
que eran sus consortes y aliados. Estonces el Papa,
DON ENRIQUE CUARTO.
171
vista 8u rebeldía, en que así estaban endurescidos,
mandó facer proceso contra él é contra todos los de
pu liga, é fueron privados de quantos beneficios te-
nían, ó fecha provisión de ellos á ciertos cortesanos
en Roma, y á otros en Castilla. Durante aquesta re-
belión, en que el Dean todavía estaba apoderado
de la cibdad é fortalezas del Obispado , murió el
Cardenal, y el Rey suplicó al Papa por el Obispado
para el Obispo de Calahorra , y fué proveydo de él.
E quanto quiera que el Dean estaba desobediente
contra el Papa, é puesto en rebelión con los caba-
lleros tiranos, queriendo el Rey usar de benignidad
y ayudar al Obispoj que le tenia mucho amor, man-
dó que yo fuese de su parte al Dean, para que dexa-
se libremente aquel Obispado, y que á él darían el
Obispado de Zamora con el Abadía de Huerta. Mas
como ya él estaba no solamente endurficido, mas lleno
de cobdicía, creyendo de se quedar con el Obispado
de Sigüenza, no quiso acetar el partido que el Rey
le facía ni venir á su servicio. Estonces Pedro de
Almazan, Alcayde de Atienza , deseando servir al
Rey, movió un trato secreto con un criado del Dean,
que se llamaba Gonzalo Bravo , para que le diese
entrada en la fortaleza, prometiéndele grandes co-
sas. E asi fecho su trato , é acordado el día en que se
avia de facer, Pedro de Almazan fué una noche , é
por mano de aquel Gonzalo Bravo , puestas sus es-
calas en la fortaleza de Sigüenza, entró con mucha
gente, é prendió al Dean, y al Tesorero su hermano,
y tomó todas las joyas y plata y dineros é atavíos
que avían quedado en su poder, é así mesmo lo suyo,
que era asaz, que por todo era una grand suma. E
presos, llevólos á la fortaleza de Atienza, donde apo-
derado de la fortaleza é de la cibdad, envió á desoír
á Don Pedro González de Mendoza que viniese á
tomar su cibdad, el qual fué luego á la tomar. Don-
de tomada la posesión del Obispado , y apoderado
de la cibdad y fortaleza , dentro de quince días le
fueron entregadas las otras fortalezas del Obispado,
con que mucho se fortificó el partido del Rey, y se
aflacó el de los caballeros tiranos. Por aqueste ser-
vicio, que asi hizo Pedro do Almazan al Rey é á la
Sede Apostólica, el Papa lo hizo Canónigo de Si-
güenza, y el Rey le confirmó la tenencia de Atienza
de juro.
CAPÍTULO CVI.
De los casos desastrados, que en este tiempo acaescieron por el
Reyno.
Después que el Maestre Don Juan Pacheco é los
otros tiranos de su partido se ovieron apoderado de
la cibdad de Segovia con el Alcázar, dexaron á Pe-
drarias en guarda de ella, y al Obispo su hermano,
y partiéronse de allí para la villa de Arévalo, donde
llevaron al Príncipe. E como el Rey estaba en Pla-
sencia, y tenía muy ganadas las voluntades del Con-
de y de la Condesa su muger, que estaban determi-
nados de lo servir é ayudar, vistas las pocas verda-
des del Maestre Don Juan Pacheco , enviaron desde
allí con los tratos á la villa de Arévalo á Pedro de
Hontíveros su capitán de la gente d'armas , el qual
estaba muy enemistado con Gil de Vivero, hijo de
Alonso Pérez de Vivero. E quanto quiera que asi
estaba la enemiga entre ellos, Pedro de Hontiveros
tenía en poco á Gil de Vivero, que estaba muy sen-
tido del por algunos ultrajes que entre ellos eran
pasados á cabsa de sus mugeres ; é como un día el
Pedro de Hontíveros partió d© Arévalo para ir á
Plasencia, salió Gil de Vivero al camino con gente
de á caballo é matólo á lanzadas. Luego en pos de
aquesto subcedió, que como Garcí-Mendez de Bada-
joz, un capitán del Rey, ovíese guerreado á los bur-
galeses porque estaban rebelados contra el Rey,
prendiendo algunos mercaderes de ellos, é robándo-
les sus haciendas é mercadurías, en tal manera los
tenía amedrentados y en tanto estrecho , que nin-
guno osaba salir de la cibdad, salvo muy acompa-
ñado, de que la enemiga do todo el pueblo estaba
muy arraygada contra él. Este capitán tenia muy
estrecha amistad con un mercader de Burgos , que
se llamaba Pedro de Maznólo, Tesorero de la mone-
da de aquella cibdad, el qual trabajaba por la paz
entre él y los mercaderes, y envióle á rogar secreta-
mente que se viniese al Monesterío de Sanct Juan,
para dar conclusión á la paz. El Garcí Méndez fué
muy encubiertamente allí ; pero su ida no pudo ser
tan secretamente que se pudiese encubrir, é asi fué
publicada su venida por la cibdad. En tal manera,
que el pueblo común á voz de hermandad se levan-
tó con mano armada, é venidos al Monesterío don-
de él estaba , quebrantaron las puertas por fuerza,
donde fué preso, é sacado fuera en una plaza, que
está delante de la Iglesia, determinaron de matarlo.
E como quiera que algunos principales de la cib-
dad, asi eclesiásticos como seculares, vinieron allí,
por librarlo de las manos de aquellos, que así lo te-
nían en medio con tanta furia, no pudieron escapar-
lo, porque muy aceleradamente, sin ser oydo,lo
mataron á puñaladas.
CAPÍTULO CVII.
Como el Papa, sabida la forma deshonesta que los caballeros tu-
vieron contra su Nuncio Legado, é como le salieron al camino
á poner las manos en él, se enojó, y envió dos Breves, el uno
al Rey, y el otro á los Perlados é caballeros que estaban con el
Príncipe Don Alonso.
Luego que al Papa le fué notificada la desmesu-
ra é feo atrevimiento de los perlados é caballeros
tiranos que intentaron contra Don Antonio de Ve-
neris. Obispo de León, su Nuncio Apostólico con
poderío de Legado de Latere, é quan deshonesta-
mente le avían tratado en el campo , aviéndole ro-
gado que se saliese á ver con ellos, ovo grand sen-
timiento, é acabó de conoscer sus tiranías en que
andaban con su Rey. E ansí envió luego un trotero
con dos Breves plomados, eí uno para el Rey, con-
solándolo é rogándole que no se afligiese por las
injurias é persecuciones que sus ingratos criados é
los otros naturales de su Reyno le avian fecho; que se
acordase quanto fueron mayores las ofensas de Je-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
172
su-Christo, vendido por su Apóstol Judas en tan vil
é baxo precio é deshonrado tan vituperiosamente
por los do su pueblo ; é si mucho sentimiento tenia
de aquellos que avia criado ó fecho é puesto en tan
alta honra, se acordase que Jesu-Christo hizo mayo-
res é mas altos beneficios á los judíos, y en pago de
aquellos lo truxeron á la muerte , ó con tantos tor-
mentos crueles lo crucificaron ; é si sus criados fal-
samente lo disfamaron, que se acordase que mayo-
res é mas falsos fueron los testimonios de los ju-
díos contra Jesu-Christo , con que lo hicieron con-
denar á muerte sin merescerla. Por tanto que otras
muchas veces le rogaba quanto podía pospusiese el
dolor é aflicción que de lo tal avia rescebido é sen-
tido, ó que dexase á Dios la venganza dello ; porque
élgela daria tan cumplidamente, que todos verían
como su justicia divinal castigaba á los tiranos é
ingratos, é les daba el pago de sus obras. E asi mes-
mo le rogaba é requería por las caritativas entra-
ñas de Jesu-Chrieto, que si los tales subditos, aun-
que desleales, viniesen á le demandar perdón, con
mucha benignidad los perdonase é rescibiese en su
servicio, acordándose que la soberana clemencia
de Dios, continuamente perdona, é rescibe los pe-
cadores, disciendo : Quien viniere á mí no lo echaré
fuera. A este Breve respondió el Rey que besaba
los pies é las manos de su Saatidad por la dulce
consolación que le avia enviado , y que obedesoien-
do su mandado, le plascia y era contento de perdo-
nar á todos los que viniesen á su servicio é obedien-
cia como eran obligados. El otro Breve era para
los perlados é caballeros, que estaban rebelados con-
tra el Rey, en que les mandaba so pena de anathema,
que coBOSoiendo sus culpas del feo error que avian
cometido contra su señor é Rey natural, se tornasen
luego á su servicio é obediencia , é se apartasen de
la escisma que avian puesto é seguían tan injusta-
mente, poniendo nombre de Rey á quien no lo era,
ni ellos gelo podían dar ; ni tampoco su poder bas-
taba, ni tenían abtoridad para quitar de Rey á
quien según las leyes divinas é humanas de la Reli-
gión chtisf«ana era el verdadero Rey de Castilla é
de León. Por tanto , que él como Vicario de Jesu-
Chrfsto les ponia perpetuo silencio , é les mandaba
que no llamasen Rey al Príncipe Don Alonso, ni
por tal le obedesciesen, salvo solamente al Rey Don
Enrique, legítimo é verdadero subcesor de Castilla
é de León, amonestándoles que si asi lo hiciesen,
ios temía por hijos obedientes de los mandamien-
tos Apostólicos ; é que si en lo contrario endure-
cidos permaneciesen, que aviéndolos por escismáti.
cos, procedería contra ellos, como contra enemigos
de la unión é paz del Reyno, é como disipadores dej
bien común de la república, cabsadores de omici-
dios. Estonces los perlados, é caballeros tiranos,
vistas las censuras del Breve, acordaron de respon-
der al Papa sobre ello. E asi enviaron por sus Em-
baxadores á Don Pedro Fernandez de Solis, Abad
de Parraces, y al Comendador Fray Hernando de
Arce, Secretario de su Príncipe ; los quales llegados
cerca de Roma, é notificada su ida al Papa, envióles
á mandar que no entrasen en su Corte ni parescie-
sen ante él. Ellos obedesciendo su mandado estuvie-
ron algunos días, que no osaron entrar en Roma ; é
como con grand instancia procurasen su entrada
para hablar con su Santidad , dióles licencia , pero
con tal condición é apercebimiento , que no se osa-
sen llamar mensageros del Rey, salvo solamente
del Príncipe, só pena de anathema. Los quales, obe-
desciendo todo lo que asi les era mandado, vinieron
delante de su Santidad, é oídas algunas razones de
las que traían encargo de le hablar por parte de los
perlados é caballeros, que los avian enviado, el Papa
les dixo: «Decid á esos perlados é caballeros, que
acá vos en^daron, que yo mas los judgo por escismá-
ticos que por cathólicos chrietíanos ; é que si ellos
por sus pasiones deshonestas é aficiones interesa-
les se movieron livianamente á cometer tan grand
insulto, é quisieron usurpar el infinito poder de
Dios á quien solo pertenesce quitar é poner Royes
quando quiere, que no »e lo tengo de aprobar ni
consentir que lo hagan , antes castigallos como á
usurpadores de la potencia divinal, cuyas veces yo
como su Vicario tengo en la tierra , presidiendo en
la Silla de Sanct Pedro. Por tanto descildes, que yo
les mando, só pena de anathema, que se tomen pres-
to á la obediencia de su verdadero señor é Rey na-
tural, é que se guarden de seguir mas al Príncipe,
porque Dios lo llamará presto , é los que lo siguen
se verán avergonzados é confusos.» Estonces el
Abad de Parraces y el Comendador, tomada su li-
cencia, se volvieron á Castilla.
CAPÍTULO CVIII.
Como el Conde de Benavente quiso matar al Maestre Don Jnau
Pacheco, su suegro, porque le quitó el Maestradgo de Sanctiago
que el Rey le avia dado, é se lo tomó para si.
La cobdícia desordenada, que es raiz de todos los
males, siempre hace falsos á los hombres, corrompe
la virtud , niega el amistad , desdeña el bien de la
parentela, daña la consciencia, pierde la vergüenza,
es insaciable, nunca vive contenta, é por sus pro-
pios intereses pospone los ágenos. Ansí hizo el
Maestre Don Juan Pacheco, que por ser Maestre de
Sanctiago, no solamente deshonró al Rey, é puso
fuego en todo el Reino , é despojó al Duque de AI-
burquerque, mas engañó al Conde de Benavente su
hierno, que se lo quitó, aviéndole el Rey hecho mer-
ced del, y consintiendo él en ello, é dado su pala-
bra de ayudalle, de que el Conde de Benavente que-
dó muy sentido, é tomó tanta enemistad contra él,
que determinó de matallo. É asi fué que el Maestre
Don Juan Pacheco , estando en el Palacio del Prín-
cipe hablando con la Infanta Doña Isabel , el Conde
con ciertos caballeros de su casa bien armados vino
á Palacio para executar su propósito, quando el sue-
gro saliese. B sí no fuera avisado de ello, sin dubda
allí lo matara, salvo que salió tan prestamente de la
cámara que aquellos que lo aguardaban no pudie-
ron ni tuvieron tiempo de poner las manos en él,
en tal guisa, que se salvó y salió libre de entre
DON ENRIQUE CUARTO.
173
ellos ; pero desde allí adelante siempre anduvo á
buen recabdo con asaz gentes que guardaban su
persona, é siempre andaba armado con armas se-
cretas, é á caballo. É quanto quiera que el Conde de
Benavente después de aquello disimulando se ha-
blaba con él , siempre tuvo aquel rancor en las en-
trañas raygado., buscando y esperando tiempo para
vengarse. Pero el suegro todavía se rescelaba del, é
asi el Conde se partió luego de Arévalo para Pla-
sencia, donde fué muy bien rescibido por el Rey y
el Conde y la Condesa, porque eran primos, hijos
de hermanos.
CAPÍTULO CIX.
Como el Arzobispo de Sevilla , é los Condes de Plasencia y de
Benavente y de Miranda se declararon por servidores del Rey,
y se fueron con él á la villa de Madrid, é lo que alli acaesció.
DcRpues que el Arzobispo de Sevilla é los Condes
de Benavente é de Plasencia é de Miranda vieron
las pocas verdades é vanas palabras del Maestre
Don Juan Pacheco, é como no se avergonzaba de
traer al Rey tan abatidamente , sin cumplir con él
cosa alguna de qu antas le avia prometido al tiempo
que le entregó el Alcázar de Segovia é no solamen-
te aquesto , mas que traia tratos secretos con el Al-
cayde Perucho para que le diese el Alcázar de Ma-
drid con todo el tesoro que allí estaba, determina-
ron de lo seguir y servir. E porque la traycion de
Perucho no oviese lugar ni pudiese aver efecto,
acordaron que el Rey se fuese luego á Madrid, y
ellos juntamente con él. Donde venidos , fué deter-
minado que se buscase modo é forma como el Alcá-
zar fuese quitado á Perucho , porque ya su traición
se iba descubriendo en tal manera, que muy pocas
veces desaba entrar al Rey dentro, é si alguna vez
entraba era con muy poca gente ; de tal guisa, que
BU maldad ya no se podia disimular. Pero con todo
el Rey tuvo sufrimiento por algunos dias, hasta
que vido tiempo apto para hacer lo que adelante
será recontado.
CAPÍTULO ex.
Como la Cibdad de Toledo se alzó por el Rey, y quienes fueron
los que lo hicieron, é las cosas que sobre ello acaescicron.
Entretanto que asi estas cosas pendían, y las gen-
tes iban conosciendo la perversidad de los tiranos,
Dios como es justo Juez é sabidor de la verdad, que
quería manifestar la inocencia del Rey é la cruel-
dad de sus enemigos, inspiró en los corazones de
los buenos que se apartasen de la escisma é se tor-
nasen á la verdad , para dar al Rey lo suyo, que tan
injustamente estaba usurpado. B asi fué que Don
Fray Pedro de Silva, Obispo de Badajoz, como leal
é justo Perlado, veyendo que las cosas de los tira-
nos perseguidores del Rey iban en tanta ofensa de
Dios, en grand confusión del Reyno, é en daño de
las conciencias de aquellos que seguían la traycion
de los desleales , habló muchas veces en secreto con
su hermana Doña María de Silva, muger de Pero
López de Ayala, disciéndole quanto era cosa peli-
grosa para el ánima é á la fama consintir que aque-
lla cibdad de Toledo , donde ellos vivían y tenían
algún mando, estuviese asi rebelada é desobediente
contra su Rey natural, considerando que aquellos
perlados y caballeros que así la hicieron rebelar,
eran mas disipadores de la Corona Real para sus
propios intereses, que procuradores del bien común
del Reyno, según que la esperencia lo mostraba en
sus tiranías é robos ; por ende , que le rogaba é amo-
nestaba con Dios una é muchas veces que se quisiese
juntar con él para dar forma como todavía la cib-
dad se desenbarragauase é la tornasen al Rey, cu-
ya era según Dios é verdad , pues que sabia muy
bien , que los falsos testimonios contra él levanta-
dos eran mentirosos. A lo qual Doña María respon-
dió convencida de razón é temor de Dios ganosa-
mente, que le plascia, é que aquello era lo que á
ella mas le agradaba é avia por mejor, porque sabia
que era lo cierto, y lo ál todo falsedad é mentira.
Pero que le parescia que aquello se debía tratar con
el Rey, sin que Pero López de Ayala su marido lo
sóplese ; y que entretanto, que ella trabajaría de lo
atraer al servicio del Rey, para que fuese plascente-
ro de lo que ellos entrambos tratasen. Entonces el
Obispo y ella enviaron su mensagero secretamente al
Rey, notificándole el deseoso propósito é voluntad que
tenían de servirlo, é dalle su cibdad, de que el Rey
fué muy alegre ; é así él les respondió , que si ellos
ponían en obra lo que le proferían, no solamente
les haría grandes mercedes, mas que les acrecenta-
ría sus estados. Ávida esta respuesta del Rey, acor-
daron , que sería bien una noche secretamente traer
al Rey á la casa del Obispo , que estaba junto con
Sanct Pedro Martyr, é que después de venido alli,
llamarían á Pero López de Ayala, disciéndole que el
Obispo le rogaba que se fuese allá para fablar con
él, é que allí lo aplacarían de tal manera, que fuese
suyo , y que él saliese desde allí á tomar su cibdad
juntamente con él. É fecho este concierto , llamaron
al Mariscal Hernando de Rívadeneyra, que estaba
en una fortaleza suya, que se dice Cabdílla, el qual
vino luego encubiertamente , sin ser visto ni oydo,
ni sabido ni conocido ; é venido, fablaron con él,
notificándole el caso para que lo llamaban, visto
que él era leal servidor del Rey. Que fuese luego
por él á Madrid , para que lo truxese á su fortaleza,
é desde allí, quando fuese anochecido, lo metiese
en la cibdad. El Mariscal aceptó de lo facer, é des-
de allí se partió esa noche para Madrid ; donde lle-
gado habló largamente con el Rey, para que luego
se fuese con él á tomar su cibdad. E quanto quiera
que el Rey fué muy alegre de la embaxada, para su
partida ovo grandes alteraciones entre él y aquellos
señores que allí estaban, especialmente el Arzobis-
po de Sevilla le desoía quanto peligro era apartarse
de Madrid, pues que sabía que Perucho su Alcayde
era mucho del Maestre Don Juan Pacheco é del
Arzobispo de Toledo, é como rodeaba de dalles el
Alcázar con todos los tesoros. Finalmente fué acor-
dado que el Rey fuese solo con el Mariscal disimula-
174
CROI^ÍCAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
damente, y que el Arzobispo de Sevilla con los
Condes que allí estaban quedasen en guarda de la
Villa é del Alcázar contra la traycion del Alcayde,
é que si algo de mal sintiesen , que llamarían la ca-
sa de Mendoza, que vernia á socorrellos; é que Juan
Fernandez Galindo con ducientos de á caballo se
fuese camino de Toledo, para que amanesciese jun-
to con las puertas. E llegado el Rey á Cabdilla, vino
allí un Secretario de Doña Maria de Silva, para que
á mas andar se viniese luego el Rey á la cibdad,
porque Hernán Hernández, el portero, le daria li-
bremente la entrada por la puerta del Cambrón.
Estonces el Rey se partió , é llevó consigo al Maris-
cal Hernando de Rivadeneyra con otras tres cabal-
gaduras , é quedó concertado que Pedro de Rivade-
neyra, bijo del Mariscal, dende á poco fuese en pos
de ellos con ochenta hombres d'armas, que allí esta-
ban juntados. E como el Rey llegó á la puerta, fuéle
dada sin detenimiento ; pero yendo para el Mones-
terio de Sanct Pedro Martyr, donde estaba junta
la casa del Obispo, fué el Rey conocido por un
hombre del Mariscal Payo de Ribera, é se lo fizo
saber á la mesma hora. Estonces el Mariscal Payo,
como era enemigo é desleal servidor del Rey, fue-
se á juntar con Pero López de Ayala, que ninguna
cosa de todo ello sabia ; los quales juntados, man-
daron dar á la campana mayor de la Iglesia y á la
de la Hermandad , de que todo el pueblo fué muy
alterado é puesto en armas para ir á combatir la
casa del obispo á donde el Rey estaba. El Mariscal
Hernando de Rivadeneyra, oyendo el escándalo de
la gente, que asi venían derechos á combatir la ca-
sa del Obispo para prender al Rey, salió con hasta
cinquenta hombres, que pudo haber de presto, é
comenzó á pelear con los que asi venían á prender
al Rey; con los quales peleando, los detuvo una
gran pieza, por manera, que no pudieron llegar á
combatir ni hacer daño en la casa del Obispo. En-
tretanto que asi estaba trabada la pelea, Pero López
de Ayala, como prudente caballero, queriendo es-
cusar los males é daños que vio tan aparejados , di-
xo al Mariscal Payo de Ribera que sería mejor en-
viar á requerir al Rey, que se saliese de la cibdad,
porque saliéndose él , se escusarian muchas muertes
é grandes inconvenientes, que se podían recrescer
de su estada. É así ávido aquello por buen acuerdo,
enviaron á Pero López de Ayala, y Alonso de Sil-
va, hijos de Pero López de Ayala, é á Pero Afán de
Ribera, hijo del Mariscal Payo de Ribera; los qua-
les entrados donde el Rey estaba, le dixeron, que
le convenia salirse luego de la cibdad, porque toda
la gente del pueblo estaba muy alterada é puesta
en armas contra él , é que su estada era muy peli-
grosa para su persona é para otros muchos, que se-
ría necesario morir si no saliese. Oyda su habla, el
Rey les respondió mansamente sin alteración algu-
na: <¡c A los Reyes pertenece evitar los escándalos,
»y escusar las muertes, porque son padres de sus
»reyno8 é como tales han de buscar el sosiego é pro-
» curar la vida de sus súbdditos. Verdad es que fue-
))ra mejor para vuestra lealtad no alteraros contra
«mí, pues sabéis, é no podéis negar ser yo vuestro
» verdadero Rey, á quien aveis de obedescer ; mas
«queriéndome conformar con la voluntad de Dios,
«que le plasce que asi se haga, digo que me plasce
«de salir , pero soy cierto que antes de muchos días
«será mi tornada á Toledo con vuestro grado é amor,
«aunque no de todos.» E dicho aquesto, puesto que
venia muy cansado, é muy fatigadas las bestias
que aquel dia avian caminado diez é ocho legnas,
tomó su camino. E porque su persona Real saliese
segura , aquellos tres caballeros salieron con él ca-
balgando , é envió á llamar al Mariscal Hernando
de Rivadeneyra , para que fuese con él ; el qual res-
pondió, que su Alteza se fuese en buen hora, por-
que él no entendia salir de la cibdad sin ser preso
ó muerto por su servicio. E asi cargando toda la gen-
te sobre él , fué luego preso é llevado al Alcázar.
Quando llegó el Rey á la puerta, visto que sus bes-
tias iban tan cansadas que no se podían moVer, di-
xo á Pero Afán de Ribera que le emprestase su ca-
ballo en que fuese, el qual, pospuesta la lealtad,
como quien tenia raygada la traycion de su padre
en el cuerpo , sin vergüenza ninguna dixo que no
queria. ¡ O vil corazón de caballero é mezquina con-
dición de hidalgo, que mayor deleyte puso la esca-
cesa en tus entrañas , que no la nobleza de la vir-
tud! Desdeñaste la gloria de la liberalidad, por
quedar vestido con tan feo manto de mezquino. Si
te presciabas de limpia sangre ¿ qual mayor biena-
venturanza te podía venir, para ganar dulce fama,
que servir á tu Rey con un caballo en tiempo de
tal afrenta? Si presumías de generoso, ¿qual mejor
memoria podías dexar á tus hijos, y renombre á tu
linaje , que prestar un caballo á tu Rey de quien
tantas mercedes tu y los de tu sangre aviados resce-
bido? Mas porque teníades dañadas las entrañas
con veneno ponzoñoso , no pediste denegar tu ma-
ligna condición , ni trastornar el f ructo que nacía
de tal árbol. Estonces Pedro de Ayala y Alonso de
Silva, vista la desmesura de Perafan de Ribera é su
poco acatamiento, descabalgaron de sus caballos, é
con grand reverencia suplicaron al Rey que toma-
se aquellos, uno para su Real persona, y otro para
su paje de lanza ; é asi á pié con mucho amor salie-
ron con él fasta fuera de las puertas , y se tomaron.
¡ O virtuosos caballeros dignos de rico nombre, que
vencidos de vuestra propia nobleza servistes á vues-
tro Rey en tiempo de tanta necesidad ! ¡ O varones
merecedores sin duda de muy limpia fama, que
quando el pueblo liviano de vuestra patria denega-
ba eí servicio de vuestro Rey, vosotros como leales
le pagastes vuestra deuda! ¡Ó generosos hijos- dal-
go , que como leales é buenos socorristes á vuestro
Rey, quando mas fué menester, asi que ni morirá
vuestra fama , ni perecerá vuestra memoria ! Salido
el Rey de la cibdad , é recogida la gente que avía
venido por su mandado , tornóse para Madrid ; é
luego Pero López de Ayala anduvo por la cibdad
sosegando el pueblo. E para mayor sosiego é con-
tentamiento de todos envió á rogar al Obispo do
Badajoz que luego dentro de media hora se saliese
DON ENRIQUE CUARTO
fuera de la cibdad, el qual sin tardanza alguna sa-
lió, é se fué á su huerta, que dicen del Rey, que
está cerca de la cibdad, junta con el rio de Tajo.
Fecho todo aquesto , la gente se fué á desarmar é
recoger á sus casas.
Í7é
CAPÍTULO CXI.
De como se ordenó la entrada del Rey en Toledo, y fué rescebido
con macha fiesta, é lo que alti subcedió.
Desque Pero López de Ayala tornó á su casa, ha-
lló muy afligida é congoxada á Doña Maria de Silva
su muger, en tanto grado que apenas podia fablar,
así por la salida del Rey, como por la mengua en
que avia caydo en averio traydo, para que fuese
echado con tanta mengua, de que Pero López de
Ayala su marido fué muy pesante, porque la amaba
mucho. Pero desque ella tornó en sí, fabló con su
marido de tal forma, que lo convenció é truxo al
servicio del Rey muy enteramente, en tanto grado,
que luego determinó de lo poner por obra, y dar
orden en levantar la cibdad por el Rey, é tornarlo á
meter con mucha honra. E como él era bien quisto
de todo el pueblo fabló de secreto con aquellos que
gobernaban la comunidad, que eran ciertos Jurados
de las Collaciones principales, en tal manera, que
los provocó, é ganó las voluntades para todo lo que
él quisiese. E asi atraydos, luego otro dia siguiente
envió á mandar al Mariscal Payo de Ribera, ó á
Perafan de Ribera su hijo, é á todos sus adherentes
que luego sin detenimiento saliesen de la cibdad,
cuyo mandado fué luego obedescido sin excusación
alguna, é salieron prestamente sin dilatar una hora.
Esto fué cosa de grand maravilla, obrada por mano
de Dios, que dentro de cinco di as que salió el Rey
de la cibdad con tanto menosprecio del pueblo,
todos con una conformidad tornaron con mucho
amor al servicio del Rey, en tanto grado, que nin-
gún apellido avia por toda la cibdad, sino viva el
Rey Don Enrique, é mueran los traydores. Estonces
Pero López de Ayala é Doña Maria de Silva su
muger escribieron al Rey que viniese á tomar su
cibdad; y entretanto que atendía su venida, mandó
soltar al Mariscal Hernando de Rivadeneyra, que
estaba preso en una torre del Alcázar. E asi Pero
López y él anduvieron cabalgando por la cibdad
con mucha gente de á caballo é peonage; é tomó á
BU mano, no solamente la fortaleza, mas todas las
torres de las puertas, é puso en todo alcaydes. E
luego otro dia siguiente, Domingo por la mañana,
entró el Rey á comer en la cibdad, donde fué res-
cebido con grand solenidad é fiesta, ó fuese á posar
á las casas de Pero López de Ayala, por ver á Doña
Maria de Silva, y regraciarle la lealtad é tan seña-
lado é grand servicio, como le había fecho, la qual
se holgó mucho. E luego mandó el Rey que el Obis-
po de Badajoz so tomase á la cibdad.
CAPITULO CXII.
De como cierta gente de la cibdad alborotadamente vinieron á
pedir al Rey una exención é merced nneva.
Los pueblos ignorantes donde mora continamen-
te la malicia, siempre son escandalosos enemigos
del sosiego, desean novedades, huélganse con los
boUicios, ensalzan los malos, é aborrecen los bue-
nos. Así fué que alguna gente común de la cibdad,
mas con liviandad de poco seso que conocimiento
de la razón, después que ovieron comido, hallándo-
se mas llenos de vino que de prudencia, por induci-
miento de otros tales como ellos, aquel domingo se
juntaron hasta dos mil hombres; é asi juntados, vi-
nieron á las casas de Pero López de Ayala, donde
el Rey estaba, dando grandes voces é disciendo que
querían ver al Rey, para pedirle cierta franqueza,
asi de las alcabalas como de las otras cosas, de que
la cibdad de Toledo era esenta é previllegiada é que
aquella convenia que su Alteza les diese é confir-
mase. E quanto quiera que el Rey mandó á ciertos
caballeros é personas de su Consejo que saliesen á
hablar con ellos é de su parte les dixesen que le
plascia de les hacer las mercedes que demandaban,
mas que convenia entender en ello para dar la orden
y forma que era necesaria, ellos jamas quisieron
apartarse de allí, antes todavía insistieron que que-
rían ver la cara del Rey, para que él en persona
gelo otorgase, é firmase, de tal manera, que el Rey
por contentarlos salió á los corredores é les dixo
que subiesen dos ó tres de ellos á hablar con él. E
subidos aquellos que eran cabsadores del bollicio,
diéronle una escritura mas vana que provechosa,
para lo que así demandaban; la qual el Rey les fir-
mó liberalmente, é firmada les dixo que se volvie-
sen á sus casas, que otro dia les mandaría dar todo
el despacho que para ello avian menester, los quft-
les se fueron. E no contentos de aquello, otro dia
siguiente, lunes, sin templanza alguna tornaron á
su bollicio, disciendo que lo firmado por su Alteza
no estaba bien ordenado; que les firmase otra escri-
tura que allí traían. Estonces Pero López de Ayala
é sus hijos, y el Mariscal Hernando de Rivadeneyra
cabalgaron con grand gente armada, y tomados los
alcaldes y alguaciles, entraron por ellos, tropellán-
dolos de tal guisa, que presos algunos de los albo-
rotadores, unos fueron ahorcados, y otros desoreja-
dos, é otros azotados. E asi viéndose desbaratados,
fueron huyendo cada qual á su casa, en tal manera
que la cibdad fué luego puesta en mucho sosiego
sin alteración alguna. Pero porque el Abad de Me-
dina estaba rebelado en la torre de la Iglesia Mayor
con algunos Canónigos de parte del Arzobispo de
Toledo, mandó el Rey poner estancias sobre él, é
puestas, luego el Abad de Medina demandó seguro
de la vida para sí é para los que con él estaban; é
dada la seguridad, entregó la torre, é la Iglesia
quedó desencastillada, en tal manera, que toda la
cibdad quedó muy llana y enteramente al servicio
del Rey, Fecho aquesto el Rey mandó Ilamsr á los
176
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Regidores é Jurados é caballeros é gente principal;
los quales convenidos delante de su Real presencia,
dixo á Pero López de Ayala: «Poco aprovecharía la
«lealtad, si á los que la hacen no se respondiese con
»el galardón de su merescimiento; porque asi como
«es justa razón que los tray dores sean destruidos
«en la fama y en sus estados é bienes temporales
«fasta en la quarta generación, así es debida cosa,
«según Dios é verdad, que sean los leales galardo-
«nados para siempre en lo uno y en lo ál. E pues
«vos, Pero López de Ayala, tan alto servicio de
«lealtad me aveis fecho como éste en restituirme
«mi cibdad usurpada por los desleales tiranos que
«yo fice é crié, es necesario que no solamente yo
«responda á vuestra lealtad é persona con honras é
«con mercedes é acrecentamiento de estado, mas al
«Obispo de Badajoz é á Doña Maria de Silva vues-
«tra muger, que con tan leales entrañas comenza-
«ron é se movieron á me servir. Ni tampoco és de
«olvidar la leal nobleza que vuestros hijos Pedro
«de Ayala é Alonso de Silva hicieron á la media
«noche el lunes, quando yo salí de esta cibdad, que
«con* tan grand amor me dieron sus caballos en que
«fuese, como hijos de quien eran. E porque tales ser-
«vicios tan señalados no queden sin pago, es mi mer-
«ced, que en señal é comienzo de lo que facer en-
«tiendo con vos é con ellos, que la guarda é gober-
« nación de aquesta cibdad quede y esté á vuestro
«mandado y querer como caballero prudente, para
«que asi como leal me la distes, con lealtad é discre-
«cion la rijáis é gobernéis; é mando á todos los que
«presentes están, é á todos los otros vecinos é mora-
« dores de ella, que vos obedezcan y acaten como á
«mi mesma persona sin contradicción algunaf« E
dicho aquesto, mandóle dar asaz poderes, é dados,
acordó de partirse luego, é otro dia siguiente se
tornó para Madrid. Donde llegado, mandó que yo
como Coronista, á quien pertenescia loar la lealtad
é vituperar la traycion, escribiese á los de Toledo la
carta siguiente, loando el leal servicio que le avian
fecho : «Tanto son los buenos merescedores de ala-
«banzas, quanto sus hechos y obras son conformes
ȇ la virtud. E tanto aquellos deben ser estimados
«mas, quanto el fin por que se mueven es de mayor
«perfecion. De donde se sigue que á los verdaderos
«vasallos su propia voluntad los despierta, á los
«animosos hidalgos su generoso é noble deseo, é los
«famosos caballeros pelean por la verdad en tal
«manera, que todos conformados en uno, siguiendo
«el justo camino, desechando de sí los yerros, bus-
«cando claro renombre, desviando de sí las culpas, y
«queriendo aver corona, ponen la lealtad por espejo.
«De tal guisa, que vestidos de nuevos renombres ga-
»nan para sí mesmos limpieza, combidan á los que
«miran, é llaman á los oyentes, é aquesto no sin cab-
«sa: ca los actos de la bondad no solamente consis-
«ten y están en el solo bien obrar, mas en la sana
«voluntad con que se hacen, é de si mesmos son pro-
«vechosos. Porque según la verdadera conclusión,
«la bienaventuranza do los humanos tanto está en
«avudar á los próximos, quanto en aprovechar á sí
«mesmos. Lo qual aprobando TuHo Cicero en su li-
«bro de los Oficios dice: ¿quál mayor bienandanza
«podría venir á ninguno, salvo ser nacido para de-
«fender é ayudar á los hombres? como sea cierta
«cosa que todos en general son mejores para sí mes-
«mos que buenos para los otros. Aquesto, pues, ago-
»ra sin dubda, señores eclesiásticos, 6 nobles caba-
«Ueros é pueblos virtuosos, bien se ha mostrado por
«experiencia en vosotros, que conosciendo el yerro
«disforme en que avíades caydo, alumbrados de res-
» plandor divinal, temiendo su potencia, rescelandt)
» el rigor de su justicia, é saneando vuestras cons-
w ciencias, quisistes con entera lealtad de subditos é
«naturales, con verdadera fidelidad de vasallos res-
«tituir al Rey su cibdad, é á vosotros tan en limpia
«fama tornando á él lo suyo, é á vosotros vuestra
«limpieza; á él en su señorío, é á vosotros en vuestra
«honra. ¿Qué podremos pues descir de lo tal, siao
» que convencidos de la verdad, é celando el bien de
«la patria, desechastes las tinieblas que tenían ce-
«gados vuestros entendimientos, y cobrastes el res-
« plandor de la vuestra claridad antigua; trocastes
«la fealdad por el buen nombre, la enfermedad por
«la salud, el escándalo por el sosiego, y el temor
«por la seguridad? ¡O bienaventurada gente, pueblo
«diño de gloria, nación merescedora de renombre!
« que mudando el feo apellido cabsado por los rebel-
«des, é quitando la infamia que los tiranos vos pu-
«sieron, con tan leal obediencia quisistes trocar lo
«uno en loable memoria, y lo ál en perpetua fama.
»E así manifestada su maldad, é conocida vuestra
«virtud, fué descubierta su tiranía é «publicada
«vuestra obediencia; por donde quedastes vosotros
«inmortalmente famosos, y ellos sin recurso para
«siempre denostados. E pues vos así vos rodeastes
«de tan alto merescimiento, é cefiistes de tan alto
«valor, justa cosa es que voléis en el mundo por in-
» mortal fama, y en los siglos venideros por memo-
wria perdurable. E digamos por vosotros aquello
» del Profeta Isaías, que dice: ¿Quién son aquellos
«que vuelan como nubes, é así como palomas están
«á sus ventanas? Sin dubda. Señores, si bien queréis
«considerar vuestro piadoso servicio, y en ello con-
» templar vos pluguiere, hallareis que no solamente
Bservistes á vuestro Señor é Rey natural, mas si con
«ojos espirituales lo miráis, en la cabsa de Dios y
«en el bien de su fe sagrada mucho edificastes, no
«solamente como subditos de vuestro Rey, mas como
«varones devotos é cathólicos christianos; porque
«si en dar al Rey lo suyo por ventura vos dilatára-
«des, y vuestro grand conocimiento, como privado
«de la razón se detuviera, para no executar lo que
«hizo, sabida cosa es que ni á los rudos quedara
«creencia, ni á los buenos esperanza, ni los malos
«ovieran miedo, ni los justos osadía, ni tos simples
))tubieran ley, ni los sabios que descir. E no sola-
» mente aquesto, mas aun osaran decir y afirmar que
«el poderío de Dios daba favor á los perversos;
«porque ya su malvada secta prosperaba sin contra-
«diccion, su crueldad tenia mando, su falsa preva-
«ricacion licencia de texer maldades; y asi fuera
DON ENRIQUE CUARTO.
177
«nuestra España tornada Babilonia, cueva de ladro-
»nes y cabana de maleficios, ¡O gloriosos caballeros,
Bvirtuosos hijos-dalgo, señalados cibdadanos! ¿con
» qué gracias y loores, con qué amor y graciosidad
«podremos regraciar vuestra virtud é galardonar
«tan gi-and servicio? ¿Qnál paga será condigna, ó
«quál retribución igual, que á nosotros saque de
ndebda, é á vosotros dexe contentos? ¡O hijos de
«bendición, padres de grand nombradia, que con
«sólo hacer lo que debíades, tamaño bien nos hicis-
fttes! Vosotros nos restaurastes; á vosotros somos
«obligados; vosotros liberalmente nos redimistes; á
«vosotros somos en cargo; vosotros fuistes principio
«de tornar la libertad en su ser; á vosotros somos
«debdores, que osastes hacer justicia, é trocar guer-
«ra con mengua por paz muy honrada. Al tino de
«vuestra lumbre verán los descaminados, al tono de
«vuestro canto responderán los gentios, al son de
«vuestras trompetas baylarán todoe los pueblos;
«porque sea cumplido en vosotros aquello de los
«Proverbios, que dice: «En la bondad de los justos
«se alegran las cibdades. » Pues si vosotros, Señores,
«guia de nuestro favor, y favor de nuestra verdad,
«sois las lumbreras relucientes', de quien así résci-
«bimos tan grand claridad, fuentes de lios cabdales
«de donde tal dulzura nos mana, y doctrina exce-
» lente de quien lealtad deprendemos, suban vuestros
n gritos al cielo, cerquen los pregones la tierra, den
«apellido las lenguas, fagan clamor las gargantas,
« vaya vuestra voz por el Reyno, é suene por todos
« los pueblos. Requiera á los rebelados que se tornen,
»á los desleales que paguen sus debdas ; á nnos
«que sean constantes, é á otros que tengan firmeza;
«que dexar de convertir á los errados, é cesar de ha-
«Idar donde conviene, quasi confusión de idolatría
Ȏ pecado de menosprecio parece; ca escrito es: No
«detengas la palabra en el tiempo de la salud, ni
«ascondasel saber de su propio resplandor. Por ende,
») Señores, pues que vuestra lealtad con grand certi-
«dumbre se prueba, y con tanta verdad se conosce,
«tanto vos certifico que será para siempre espejo
«para los buenos é castigo para los malos, en tanto
«grado, que ninguno lo contradiga sin cargo, ni lo
«menosprecie sin vergüenza. « Leida esta carta, to-
dos muy alegres respondieron, que daban muchas
gracias á Dios porque les avia alumbrado para des
echar las tiniebras de la traycion y venir á la luz
de la lealtad.
CAPÍTULO CXIII.
Como el Rey certificado de la traycion de Pernclio le quitó el Al-
cázar, é le prendió, é después se ovo piadosamente con él.
Tomado el Rey á Madrid, fué certificado como
Perucho tenía concertado de dar el Alcázar al Maes-
tre Don Juan Pacheco, y al Arzobispo de Toledo; é
sabido, fué una tarde para entrar en el Alcázar, y
como el portero que guardaba la puerta, estaba ino-
cente de la traycion de su amo, abrió la puerta sin
consultallo con él, de que Perucho fué muy altera-
do, é con soberbia muy deshonesta deshonró al por-
Cr.— III.
tero porque le avia dexado entrar. E no solamente
aquesto, mas con la persona del Rey se puso en al-
guna manera riguroso con armas en las manos. E
como el Rey vio que ya se iba del todo descubriendo
su maldad, hablóle benignamente por aplacallo, ó
determinó de no salir del Alcázar hasta quitárselo,
porque su traycion no oviese efecto ni pudiese aver
lugar de cumplirse. E como ya lo amansó un poco,
díxole: «Perucho, yo quiero aposentarme en mi Al-
» cazar, porque es cosa deshonesta que j'o pose en
«casa agena, teniendo tal aposentamiento como éste
«y es vergüenza mía é vuestra. Por ende mi deter-
» minada voluntad es de haceros mercedes, é señala-
«daraente vos dó la villa deSanct Martin de Valde-
» Iglesias, para que por vuestra vida seáis Señor
«della é viváis en reposo con honra; por eso haced
«luego escre.bir el previllejo, para que lo firme, y
«enviad luego á tomar la posesión de ella, é dexad
«mi fortaleza. « Estonces Perucho, visto que su da-
ñado propósito no se podia cumplir, intentó de poner
las manos en el Rey, si los suyos fueran traydores
como él y le ayudaran; pero plugo á Dios nuestro
Señor en cuya mano está la vida y estado de los
Reyes, que no se cumplió su dañado y maligno de-
seo. Luego el Rey, vista su púbica traycion, mandó
á Juan Guillen que lo prendiese, é preso, puso por
su Alcaydc al Comendador Juan Hernández Galin-
do, au leal servidor é fiel Capitán General. E puesto
que el Rey justamente pudiera mandar justiciar á
Perucho, así por público traydor y vendedor de su
Alcázar é tesoros á los enemigos desleales, como
porque intentó poner las manos en su Real persona
y darle pena y castigo, la que á los tales quieren las
leyes divinas é humanas que se den, fué tanta su
clemencia é tan grande su beninidad, que dende á
pocos días, soltado Perucho de las prisiones, vino
delante su Real presencia, demandándole misericor-
dia é perdón de sus culpas. Estonces el Rey, vuelta
la cara acia los que estaban delante del, dixo: «Ma-
«yor fué la maldad de Judas, que vendió á nuestro
«Señor é Salvador, é si hiciera lo que éste ahora
«hace, lo perdonara y oviera piedad del; é así es
«justa razón que yo así lo haga; porque á los Reyes
«pertenesce seguir las pisadas de aquel que nos re-
«dimió, y en su nombre reynamos en la tierra. Por
«eso, Perucho, porque Dios perdone mi ánima quan-
»do de esta vida partiere, yo vos perdono de buen
«grado: idvos en buen hora para vuestra tierra, é si
«no tenéis con que vos podáis ir, yo mando que vos
«den lo que ayais menester.» E mandólo luego sol-
tar, é se fué. ¡O gran mananímidad de Rey que ol-
vidando los yerros contra él cometidos, y no acor-
dándose de las injurias que los traydores le dixeron
ni curando de los falsos testimonios y trayciones
que sus criados le pusieron y le hicieron siempre, le
plugo mas el perdón que la venganza, mas la cle-
mencia que la crueldad, mas la piedad que el rigor!
Nunca se deleytó de matar, ni le plugo de destruir
á ninguno.
n
178
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO CXIV.
Como el Príncipe Don Alonso, Rey que se descia , murió de pes-
tilencia en Cardeñosa cerca de Avila.
Entretanto que aquestas cosas pasaban y subce-
dian , é Dios peleaba por el Rey, mostrando su ver-
dad é descubriendo la traycion de los tiranos , por-
que los pueblos conosciesen los yerros manifiestos
de aquellos é dexasen de seguillos, subcedió que el
Principe Don Alonso , Rey que se descia, é los des-
leales caballeros é perlados que con él estaban en
Arévalo, como supieron la nueva de Toledo, que se
avia alzado por el Rey, y que estaba pacíficamente
á su servicio, fueron muy pesantes, no tanto por la
pérdida de tan señalada cibdad , mas porque veian
que su maldad se iba descubriendo y les daban po-
co crédito. E asi acordaron de partirse de allí para
la cibdad de Avila, disciendo que iban acercará
Toledo. Asi fué que acaesció que en este tiempo
por todas aquellas tierras é comarcas , por donde
iban , avia grand pestilencia ; é desque llegaron
una noche á una aldea, que se dice Cardeñosa, que
está dos leguas de Avila, el Príncipe se sintió malo
de una seca , en tanto grado , que luego parescieron
en él señales de muerte, en tal manera, que no lo
pTidieron sacar de allí ; donde estuvo por espacio de
quatro dias, cada dia mas aquexado, hasta que al
quinto dia f allesció , martes en la noche , á cinco
dias del mes de Julio, año del nascimiento do nues-
tro Salvador Jesu-Christo de mil é quatrocientos é
sesenta é ocho años. Pero fué cosa de grand mara-
villa que tres dias antes que muriese, fué divulga-
da su muerte por todo el Reyno, de que todos los
perlados é caballeros que lo seguían, fueron muy
tristes é temerosos. E luego enviaron al Príncipe á
la villa de Arévalo al Monesterio de Sanct Francis-
co , donde fué sepultado. Estonces los perlados é
caballeros que allí se hallaron tomaron á la Infan-
ta Doña Isabel , é f uéronse á mas andar con ella á
la cibdad de Avila, donde se pusieron grandes guar-
das por todas las partes.
CAPÍTULO CXV.
Como el Rey envió á requerir á los caballeros é perlados que es-
taban en Avila, que viniesen á su obediencia.
Luego que la muerte del Príncipe Don Alonso
fué sabida, el Arzobispo do Sevilla é los Condes de
Plasencia é de Benavente é de Miranda con los otros
caballeros que en Madrid estaban, tornaron á jurar
é obedescer al Rey por su señor. E asi jurado é obe-
descido, fué acordado que su Alteza con sus cartas
patentes enviase á mandar é á requerir á los perla-
dos é caballeros que estaban en Avila con la Infan-
ta su hermana que viniesen á su obediencia; para lo
qual envió al Doctor Garci López de Madrid, é á
Rodrigo de UUoa, y al Licenciado Antón Nufiez de
Cibdad Rodrigo, todos tres del su Consejo. Los
quales llegados á la cibdad de Avila, y hecho su
requiriraiento, el Maestre Don Juan Pacheco res-
pondió en nombre de todos que ellos enviarían en su
nombre á su Alteza tal persona de abtoridad é de
estado, que tratase entre ellos; de tal forma, que
las cosas viniesen á bien de paz é concordia. E asi
despedidos los mensageros , escribieron luego al
Arzobispo de Sevilla, rogándole quisiese llegar
donde ellos estaban en Avila , para que por su ma-
no se contratase é concluyese la paz é concordia.
Luego que el Arzobispo rescibió su carta, con li-
cencia del Rey se partió é fué para Avila ; donde
llegado , le dixeron como en nombre de todos ellos
avia de suplicar al Rey, que jurase á la Infanta Do-
ña Isabel su hermana por Princesa heredera, é que
luego todos irian con ella juntamente á le besar las
manos , é obedescer por su Rey ; é de aquí enco-
menzaron los tratos. En aqueste mismo tiempo se
alzó la cibdad de Burgos por el Rey á cabsa de Don
Pedro de Velasco que allí estaba , y enviaron sus
mensageros con la obediencia. Entretanto que pen-
dían los tratos, vinieron el Marqués de Santillana
y el Obispo de Sigüenza con sus hermanos á hacer
reverencia al Rey ; porque asi como en las adversi-
dades lo avian servido bien é fielmente, en la pros-
peridad se gozasen con él. Los quales fueron muy
bien rescibidoB con asaz honra ; porque el Rey con
los grandes de su Corte los salió á rescebir, é mos-
tró grand plascer con su venida, como era razón.
CAPÍTULO CXVI.
Como venido el Arzobispo de Sevilla con el trato de los perlados
y caballeros de Avila, el Marqués de Santillana é sus hermanos
se partieron muy descontentos de la Corte, porque sintieron
que el Rey queria jurar á la Infanta su hermana por Princesa.
Pasados algunos dias después que el Marqués de
Santillana, y el Obispo de Sigüenza é sus hennanos
fueron venidos á la Corte, vino el Arzobispo de Se-
villa con el trato de los perlados é caballeros, que
estaban en ^vila , en que la suplicaban que pues el
Príncipe Don Alonso su hermano era fallescido,
quisiese en lugar de él jurar Princesa heredera y
Bucesora de los Reynos después de sus dias á la In-
fanta Doña Isabel, su hermana. E puesto que aque-
llo fuese muy molesta cosa para el Rey, porque
era contra su voluntad, como ya estaba harto de
muchas congojas é de poco reposo, según su condi-
ción, é tenia grand gana de tornar á su servicio al
Maestre Don Juan Pacheco , para tener algún des-
canso é reposo , pensando que de esta manera lo
ternia, sin consultar cosa alguna de ello con los
Mendozas, aceptó de lo hacer; de que el Marqués
de Santillana y el Obispo de Sigüenza é los otros sus
hermanos fueron muy descontentos , asi por la men-
gua del Rey, como por la perdición de su hija , que
ellos tenían en rehenes ; é ansí , en son do muy eno-
jados, se partieron de Madrid para Guadalaxara.
CAPÍTULO CXVII.
De como la Reyna Doña Juana, que estaba en Alabejos en poder
del Arzobispo de Sevilla, se soltó de la Fortaleza, y se fué :'i
Buy trago donde estaba su hija.
Entretanto que asi estos tratos pendían , la Roy-
na Doña Juana, que contra su grado la avian lie-
DON ENRIQUE CUARTO.
179
vado á la fortaleza de Alahejos en poder del Arzo-
bispo de Sevilla, estaba muy descpntenta por verse
puesta debaxo su mano , é hizo ci^to trato con al-
gunos del Alcayde para que una noche se descolga-
se por los adarbes. E dada la orden de como se avia
de hacer, vino Luis Hurtado, hijo de Rui Diaz de
Mendoza, á cierta hora diputada para esto , y pues-
to secretamente al pié de la fortaleza , la Reyna se
descolgó en un cesto ; é como la soga con que la
descolgaban era corta, que no alcanzó hasta el sue-
lo, los que la descendían, pensando que ya estaba
en el suelo , soltaron la soga, y cayó en tierra ; por
manera , que se lijó un poco en la cara y en la pier-
na derecha. Pero luego que asi cayó, fué arrebata-
da, é puesta en las ancas de la muía de Luis Hur-
tado ; é asi á mas andar sin parar, se vino con ella
hasta la villa de Buytrago , donde estaba su hija.
Sabido aquesto por el Arzobispo de Sevilla, ovo
tanto sentimiento, que dio grand priesa en los tra-
tos, é fué concluido que todavía el Rey mandase
jurar á su hermana , para lo qual fueron acordadas
las vistas entre Cebreros y Cadahalso, á la venta de
los Toros de Guisando ; é desde allí en adelante el
Arzohispo de Sevijla fué tan enemigo de la Reyna,
que siempre trabajó por destruilla.
CAPÍTULO CXVIIL
De como la Infanta Doña Isabel fué jurada por Princesa y los
perlados é caballeros desleales se vinieron con ella á obedien-
cia del Rey.
Después que la contratación fué concluida, fir-
mada é sellada entre el Rey é la Infanta é los per-
lados ó caballeros que la seguían, para que fuese
jurada y obedescida por Princesa, el Rey se partió
de Madrid para Cadahalso, y fueron con él el Ar-
zobispo de Sevilla, é los Condes de Plasencia é Be-
navente é Miranda , é los otros de su Consejo é ca-
balleros de la Corte ; y la Infanta Doña Isabel se
partió de Avila para Cebreros , é fueron con ella el
Maestre Don Juan Pacheco, é Don Alonso Carrillo,
Arzobispo de Toledo , é Don Luis Acuña , Obispo de
Burgos, Don Iñigo Manrique , Obispo de Coria con
los otros caballeros é gentes que la seguían. E asi
venidos, otro dia siguiente lunes de mañana, que
ee contaron diez é nueve dias del mes de Septiem-
bre, año de nuestro Salvador Jesu-Christo de mil
é quatrocientos é sesenta é ocho años, el Rey con
los perlados é caballeros que le acompañaban, salió
al campo cerca de la venta de los Toros de Guisan-
do ; é por la otra parte salió la Infanta Doña Isabel
con los perlados é caballeros que la seguían. Donde
asi convenidos con otras muchas é diversas gentes
que allí se juntaron, que vinieron á mirar aquella
solemnidad , mandó el Rey leer una carta patente,
en que desoía : Que por quanto los perlados é caba-
lleros que allí estaban , le avian suplicado por el
bien de la paz é concordia de sus Reynos é señoríos,
quisiese mandar jurar por Princesa heredera é sub-
cesora suya á la Infanta Doña Isabel su hermana,
c^úe allí estaba presente, que él queriendo condes-
cender á la suplicación de sus subditos, é porque
los escándalos , é muertes , é robos y daños cesasen,
y las gentes to viesen seguridad é reposo , que le
plascia é lo tenia por bien. Por tanto , que él desde
allí la juraba en manos de Don Juan Pacheco, y la
tomaba por hija , para que después de sus dias ella
subcediese y heredase su Reyno y reynase en los
Reynos de Castilla é de León. E que rogaba é man-
daba á los perlados é caballeros que allí estaban , y
á todos los otros del Reyno, que la jurasen, é obe-
desciesen por Princesa é subcesora suya. Leída la
carta, propuso luego Don Antonio do Veneris, Obis-
po de León, Nuncio é Legado del Papa, é dixo : Que
por quanto de aquella concordia é juramento que
allí se hacían, se atendía grand paz é segundad é
sosiego en los Reynos de Castilla é de León , é so
escusaban muchas muertes, robos y escándalos que
de lo contrario se podían seguir ; por ende que él
por virtud del poderío é abtoridad que traia del
Sancto Padre Paulo II, relaxaba é daba por ningu-
nos qualesquier juramentos que antes de aquellos
sobre aquel mesmo caso fuesen fechos, é los daba
por ningunos , é solamente confirmaba é aprobaba
é avía por buenos los que allí se hacían, para jurar
é obedescer á la Infanta Doña Isabel , que presente
estaba, para tenella por Princesa heredera, é sub-
cesora de los Reynos, después de los dias del Señor
Rey. Estonces los perlados é caballeros que estaban
allí con el Rey , la juraron é obedescieron ; é luego
el Maestre Don Juan Pacheco , después de tomado
el pleyto omenage del Rey, él y los que venían con
él y con la Infanta juraron al Rey, é después á ella.
Fecho aquesto , el Rey con la nueva Princesa su
hermana y heredera , se fueron juntos aquella no-
che á Cadahalso con toda la caballería que los acom-
pañaba, salvo el Arzobispo de Toledo y el Obispo de
Burgos y el de Coria , que se tornaron á Cebreros.
Pero el Arzobispo de Toledo desde allí quedó quo-
xoso é mal contento , porque pensaba que la Prin-
cesa avia de estar siempre debaxo de su mano é
guarda é gobernación , é desque vido que aquello le
fué quitado, fuese á Yepes, donde estuvo grand
tiempo.
CAPÍTULO CXIX.
De como el Rey 6 la Princesa su hermana se fueron á aposentar
á Casa-Rubios, y desde alli se fueron el Rey y el Maestre i Ras-
cafria ; y enviaron á mandar á Pedrarias é al Obispo su herma-
no que se saliesen de la cibdad de Segovia, é se salieron.
Otro dia siguiente , después que ovieron reposado
aquella noche, el Rey é la Princesa se vinieron jun-
tamente á Casa-Rubios, donde reposaron algunos
dias ; é fué acordado que la Princesa se quedase
allí con toda la Corte , y el Rey y el Maestre con
poca gente se fueron para el Pardo , é desde allí pa-
ra Rascafria. Donde llegados, enviaron luego á
mandar á Pedrarias de Avila é al Obispo su herma-
no que se saliesen de la cibdad de Segovia é la de-
xasen libremente ; lo qual ellos hicieron luego con-
tra todo BU grado, mas arrepentidos que contentos
180
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
por lo que contra el Rey avian fecho ; por manera,
que quanto f ué grande el plascer que sintieron de
averia mandado é gobernado ocho meses , tanto fué
mayor la tristeza que sintieron de perderla , para
nunca recobrar la gloria que perdieron por su in-
sulto cometido. ¡ O quánto se pueden alegrar los
que de las tales erradas son libres , los que nunca
ensuciaron sus personas, ni oscurecieron su linage
con semejante fealdad ! y ¡ quánto deben llorar sus
infamias los que con tan deshonesto apellido, é
abatido nombre se quisieron señalar , para quedar
envilecida su fama é deshonestada su memoria!
Estonces el Rey hizo merced de los oficios de Sego-
via con la gobernación de ella á su Mayordomo An-
drés de Cabrera, que desde allí comenzó á prosperar
é subir en grand favor ; pero el Alcázar por eston-
ces se quedó en poder de Don Juan Pacheco. Des-
pués que la cibdad quedó muy asosegada por el
Rey con grand contentamiento do todo el pueblo,
quisieran que el Rey se fuera luego allá, salvo que
avia grand pestilencia en ella ; pero anduvo por allí
algunos dias á monte, é tornóse luego para Casa-
Rubios, donde la Princesa lo atendía.
CAPÍTULO CXX.
Como la Reyna Doña Juana envió á intimar en nombre de su hija
una apelación ante el Obispo de León, Nuncio 6 Legado del
Papa.
Entretanto que estas cosas subcedian é las dispo-
nía la divinal providencia de Dios con su infinito
poder, sin que los sesos humanos puedan conosce-
11o ni mucho menos sen tillo, la Reyna Doña Juana,
que estaba en Buytrago con su hija, luego que su-
po como la Infanta Doña Isabel era jurada por
Princesa, fué muy triste, así por la deshonra que de
ello le venia, como por la perdición de su hija con
tal vituperio. De que á la verdad, hablando sin afi-
ción é sin pasión , grand culpa é cargo se le debe
dar ; porque si mas honestamente ella viviera, no
fuera su hija tratada con tal vituperio. Estonces,
ávido su Consejo , hizo ciertas protestaciones en
nombre de su hija, é hechas, dio su poder bastante
á Luis Hurtado de Mendoza para que en nombre
suyo é de su hija fuese á Casa-Rubios , donde esta-
ba el Nuncio Apostólico del Papa, delante del qual
hizo su apelación extrajudicial, disciendo : Que por
quanto el como Nuncio é Legado de la Sede Apos-
tólica avia fecho una absolución de ciertos jura-
mentos de la subcesion de los Rey nos de Castilla é
León , é revocando aquellos , avia mandado hacer
otros de nuevo, lo qual todo era en daño é perjuicio
de la Princesa Doña Juana, hija del Rey é de la
Reyna Doña Juana su muger, que él en nombre de
la dicha Princesa Doña Juana , é por virtud de los
poderes que para ello tenía, é traía de la Reyna
Doña Juana su madre, asi como su tutora, apelaba
de todo ello una é dos é tres veces según forma de
derecho, protestando que todo ello fuese en sí nin-
guno y de ningún valor é efecto , é de se quexar
del como de injusto juez-é parcial delante su San-
tidad del Papa Paulo II. E de como asi lo desoía,
lo demandaba por testimonio para en guarda é fa-
vor del derecho de su parte. Donde fecho su reque-
rimiento é apelación, se partió á mas andar sin de-
tenerse un solo punto. E puesto que la Princesa
Doña Isabel supo todo aquello, túvolo por cosa
vana.
CAPÍTULO CXXI.
Como el Rey é la Princesa su bermana se fueron á la villa de Oca.
ña, é las cosas que alli suceiiieron.
Luego que el Rey fué llegado á Casa-Rubios,
donde la Princesa su hermana lo estaba esperando,
fué acordado que se fuesen ala villa de Ocaña, don-
de reposaron grand tiempo. E como el Maestre Don
Juan Pacheco sabia que el Marqués de Santillana,
é el Obispo de Sigüenza, é sus hermanos é asi mes-
mo Don Pedro de Velasco su cuñado, se avian par-
tido muy descontentos de Madrid, á cabsa de la
subcesion que se avía dado á la hermana del Rey,
porque era en perjuicio de la señora, que ellos te-
nían en su guarda y rehenes, procuró de se ver con
ellos, asi por aplacar su indinacíon , como por te-
nerlos en afición y en amistad. E asi concertadas
las vistas para un lugar que se dice el Villarejo,
que es de la Orden de Santiago, salió el Maestre y
el Arzobispo de Sevilla y el Conde de Plasencia ; de
la otra parte vinieron el Obispo de Sigüenza é Don
Pedro de Velasco ; y juntados , fué acordado entr^ ^
ellos que la hija del Rey casase con el Príncipe de
Portugal, é la Princesa Doña Isabel con el Rey de
Portugal , que estaba viudo ; é condicionalmente
que si el Rey de Portugal no ovíese hijo varón en
la Princesa Doña Isabel, y el Príncipe lo ovíese en
la Señora Doña Juana, hija del Rey, que ellos sub-
cediesen en los Reynos. E acordado aquesto entro
ellos, determinaron que para la conclusión de todo
aquesto el Rey en persona oviese de ir á verse con
el Rey de Portugal, é que la Reyna Doña Juana
fuese con él á las vistas. Pero temiéndose ella que
la dexarían en poder del Rey de Portugal su her-
mano, para nunca tornar á Castilla, denegó la ida ;
porque sabia que el Arzobispo de Sevilla era su ene-
migo, é trabajaba quanto podía su destruycíon, á
cabsa de averse salido de Alahejos. E puesto que
aquestas cosas asi pendían y se concertaban, la Prin-
cesa Doña Isabel jamás tuvo propósito ni voluntad
de casarse con el Rey do Portugal, ni para esto ja-
más quiso dar su consentimiento ; pero ni por eso
el Rey ni el Marqués doxaron de lo insistir. Y el
Maestre escribió al Rey de Portugal que debía de
enviar sus Embaxadores , pensando que en aqueste
medio tiempo pudieran convencer á la Princesa que
viniese en ello.
CAPÍTULO CXXU.
I Como el Rey se salió á ver con el Obispo de Sigüenza é con l)r
Pedro de Velasco á la barca de Oreja é los truxo á la Corte
¡ Quanto quiera que el Obispo de Sigüenza é Don
Pedro de Velasco se vieron con el Maestre Don J u&u
DON ENRIQUE CUARTO.
181
Pacheco y con ol Arzobispo de Sevilla y Conde de
Plasencia, siempre mostraron estar descontentos
por el juramento liecho á la Princesa Doña Isabel
do la subcesion del Reyno ; porque el Marqués de
Santillana y ellos favorecían é ayudaban quanto
podian á la hija del Rey, que ellos tenian en su po-
der ; á cuya cabsa el Maestre Don Juan Pacheco
avia fecho jurar á la Infanta , no solamente para
abaxar el partido de la casa de Mendoza, mas por-
que las dañadas obras suyas con algún falso color
se encubriesen, en tal manera, que jamás daba
conclusión en cosa alguna. Verdad es, que quando
los de Mendoza vieron que la Reyna Doña Juana
no quiso ir á las vistas de su hermano el Rey de
Portugal según que se avia concertado , ellos que-
daron descontentos della, y poco ganosos de la ayu-
dar á ella ni á su hija , segund que después pares-
ció, puesto que mostraban lo contrario por el inte-
rese que de allí se les seguía. Estonces el Rey, vis-
tas las dilaciones y el poco fruto que de ellas re-
dundaba en su servicio, acordó de irá vistas con el
Obispo de Sigüenza é con Don Pedro de Velasco ; é
vistos, fué determinado á consentimiento del Maes-
tre que el Rey ayudase é favoreciese de secreto á
su hija, sin que la hermana lo supiese ni el Arzo-
bispo de Sevilla. E así acordado , con aquesta segu-
ridad, se vinieron con el Rey á Ocafia, para andar
en la Corte ; donde venidos, paresció en alguna ma-
nera que las cosas iban en son de mayor paz é so-
fiiego.
CAPÍTULO OXXIII.
De como algunos Señores Grandes del Reyno quedaron descon-
tentos déla estrecha amistad del Rey con el Maestre Don Juan
Pacheco.
Después que la hermana del Rey fué jurada por
Priacesa, el Rey se conformó con el Maestre Don
Juan Pacheco para estar á su gobernación ; pero los
otros Señores é Grandes del Reyno, asi los de Castilla
y del Reyno de León, como de Andalucía, queda-
ron muy descontentos y quexosos, asi [por la poca
quenta que se avia fecho de ellos en el jurar de la
hermana, porque no fueron llamados, ni consultados
para ello, como porque el Rey tan estrechamente se
avia juntado con el Maestre Don Juan Pacheco,
aviéndole sido tan duro enemigo, á cuya cabsa tan-
tos males é tray cienes avian sido contra el Rey. Los
quales muy sentidos de todo esto, se confederaron
con el Arzobispo de Toledo, dando al Rey sus que-
rellas del Maestre ; é cada uno por sí le enviaba sus
tratos. Mas como el Rey estaba determinado de te-
ner al Maestre Don Juan Pacheco en su compañía,
y estar á su gobernación é consejo, jamás quiso dar
orejas á sus tratos, asi por parte del Arzobispo, co-
mo de los otros caballeros ; por manera que siempre
cresció en ellos mucho desgrado y poco amor de
servir y seguir al Rey, visto quan vergonzosamen-
te se avia sometido á la gobernación del que con
tantos vituperios lo avia deshonrado, solo por se fa-
cer Maestre de Sanctiago, á cuya cabsa nunca falta-
ron alteraciones é bullicios en el Reyno, con poco
reposo é menos descanso de su Real persona. En este
medio tiempo murió Don Juan de Guzman, Duque
de Medina Sidonia é Conde de Niebla, é subcedió en
el Señorío Don Enrique de Guzman , su hijo bas-
tardo.
CAPÍTULO CXXIV.
De como el Rey tuvo las fiestas de Navidad «n Ocaña, é lo que
allí subcedió.
Quando quiera que algunas novedades se hacían
por el Reyno, señaladamente en el Andalucía, nun-
ca el Rey se movió de su villa de Ocaña , donde es-
tuvo algún tiempo, é allí tuvo las fiestas de Navi-
dad con alguna manera de plascer, aunque no muy
contento, segund el suceso de las cosas mas adver-
sas que prósperas. Pero con todo, pasadas las fies-
tas, mandó llamar á los Procuradores de las cibda-
des é villas del Reyno, asi por consultarles las co-
sas de la gobernación de los pueblos, como para el
bien de la justicia. E puesto que todos obedeciendo
vinieron al llamamiento del Rey, los del Andalucía
denegaron su venida, porque las mas de las cibda-
desde ella estaban aun alteradas, sin averie envía-
do la obediencia, é los Grandes que en ellas vivían
las hacían detener , no tanto por lo que al servicio
del Rey tocaba, quanto por la enemiga que tenían
con el Maestre Don Juan Pacheco, vistas sus formas
interesales é conocidas sus cabtelosas astucias, que
con todos traía con poca honra del Rey y menos-
precio del Reyno ; en tal guisa, que ninguna con-
clusión de paz ni sosiego se tomaba. E no solamen-
te aquesto ; pero la Princesa su hermana parecía
tomar algunos siniestros contra su grado , porque
de secreto trataba de casarse con el Príncipe de
Aragón, Rey de Sicilia ; á cabsa de lo qual denegó
el casamiento del Rey de Portugal que le trataban,
segund que adelante será recontado, de que el Rey
estaba muy sentido, en tanto grado , que determinó
de tornar sobre la hija, é ayudarla para que subce-
dieso ella y no la herníana. Verdad es que segund
la deshonesta vida de la Reyna Doña Juana su mu-
ger, fué grand sospecha en los corazones de las
gentes sobre la hija que avia, ca muchos dubdaron
ser engendrada de sus lomos del Rey, por donde
nasció toda la novedad de la subcesion. Pero ni por
eso el Rey jamás la denegó por su hija, antes en
público y en secreto siempre afirmó ser suya, é la
tovo por tal, puesto que desamaba mucho á la Rey-
na, é la tenia en tanto aborrecimiento , que no se
curaba della. E asi escritas ciertas cartas de su pro-
pia mano, una para el Papa Paulo, en que le supli-
caba con grand instancia que no confirmase la
subcesion de los Reynos á la hermana , salvo sola-
mente á su hija Doña Juana, otra para su Procura-
dor en Roma , que con diligencia solicitase con el
Papa que no consintiese en lo concertado, otra para
el Rey de Portugal, qne él asi mesmo escribiese al
Papa sobre ello ; é asi escritas, mandó á mí que se-
creta é díaímuladamente me partiese é las llevase á
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
182
la Reyna su muger, que estaba en Buytrago con la
liija, para que luego enviase á Roma á mas andar
persona diligente que lo supiese negociar. Donde
yo llegado, se dio tal ordenamiento, que luego en
Ja hora se partió un mensagero para Roma, é otro
para el Rey de Portugal. E puesto que muy oculta-
mente llegué á Buytrago de noche, y me partí antes
del dia, luego fué sabidor de ello el Arzobispo de
Sevilla, de que ovo mucho enojo porque desamaba
mucho á la Reyna, tanto que procuraba su destrui-
cion é queria estorbar si pudiera lo que el Rey tenia
gana ; salvo que el Maestre Don Juan Pacheco avia
sido en aquel trato, é le plascia mucho de ello ; por
manera que el mal propósito del Arzobispo no huvo
lugar de hacer mal á la Reyna.
CAPÍTULO CXXV.
De como el Rey se partió de Ocaña muy descontento, é se fué á
Miidiid con muy iioca gente, y entregó el Alcázar con los teso-
ros á su Mayordomo Andrés de Cabrera.
Como el Rey avia determinado de ayudar ó favo-
recer el partido de su hija, á cabsa de los desgrados
que tenia de la Princesa su hermana , partióse de
Ocafia muy descontento, é fuese á Madrid con muy
pocos do los suyos. Donde llegado, halló que Juan
Fernandez Galindo, alcayde del Alcázar, estaba
muy malo en peligro de la muerte ; é como él era
leal caballero é servidor fiel, temiendo que por su
muerte no so siguiese algún enconviniente en el
servicio del Rey, suplicóle con grand instancia que
pusiese otro alcayde, porque sus tesoros é joyas es-
tuviesen á buen recabdo. Entonces el Rey, con
acuerdo é consejo del Maestre Don Juan Pacheco,
mandó dar el Alcaydía á su Mayordomo Andrés de
Cabrera ; por donde comenzó de subir en estado, é
llegó después á ser grand señor, porque de allí ade-
lante cabía en los mas secretos consejos del Rey y
del Maestre, según la grand parte que tenia en la
voluntad de entrambos. En aqueste medio tiempo
acaesció que Don Diego de Quiñones, Conde de Lu-
na, á trato secreto de uno que se llama Alvar García,
vecino de la eibdad de León, vino una noche á hurtar
la eibdad de León é alzarse con ella por los caballe-
ros enemigos del Rey y del Maestre Don Juan Pa-
checo ; pero como la traycion fué descubierta , antes
que el Conde llegase, fué preso el traydor é justicia-
do, por donde la traycion no pudo aver efecto. Des-
pués que el Rey ovo entregado el Alcázar al Mayor-
domo Cabrera, é reposado allí por algunos días á
su plascer , yendo é viniendo del Pardo , el Maestre
Don Juan Pacheco, é los otros Perlados é caballe-
ros que estaban en la Corte, le enviaron á suplicar
que se fuese á Ocaña, lo qual hizo contra su grado.
CAPÍTULO CXXVI.
Como el Maestre Don Juan Pacheco dio el título de Marqués de
Villena á Don Diego su hijo , é lo casó con la Condesa de San-
tistevan.
Luego que el Rey fué tornado á la villa de Oca-
ñg, como ya el Maestre Don Juan Pacheco se vido
pacifico en su Maestradgo, porque el Papa gclo avia
confirmado, suplicó al Rey que le diese el título de
Marqués de Villena á su hijo primogénito Don Diego
López Pacheco. E asi dado, casó con la Condesa do
Santistcvan, hija del Conde Don Juan de Luna, é nie-
ta del Maestre Don Alvaro de Luna, la qual tenia en
su poder desde que Don Juan de Luna fué preso é
destruido. E desde allí adelante el estado del Maestro
Don Juan Pacheco se mostró de mayor grandeza é
pujanza sobre los otros Señores del Reyno. Aunque
hablando la verdad sin pasión , pues de aquella to-
dos deben ser amigos, y no de lo contrario, no pue-
do pensar ni sentir de aqueste grand caballero su-
bido en tan alta cumbre por formas tan disolutas,
que tan alto pudo ser el estado é señorío que así
procuró tener y alcanzar, que acordándose del pago
que dio á quien lo hizo de nada, é como deshonró á
quien lo subió en tanta grandeza, que no se aver-
gonzase de sí mismo , é no le remoi'diese su con-
ciencia, é lo acusasen sus culpas de la grave mal-
dad cometida contra quien mas debiera servir que
destruir, para que nunca presuman sus huesos allá
dó yacen , de gloriarse que fué criado leal á su Rey,
ni fiel servidor á su Señor ; ca por él no solamente
fué perseguido é avergüenzado , mas la caballería
del Reyno hizo tornar en tratos de tiranía , é la cla-
ra nobleza en cobdicia desordenada. El en su vida
abrió la puerta de la traycion á los malos, é quitó
el velo de la la vergüenza á los traydorea. Asi que
ni viviendo se pudo llamar varón de limpia fama,
ni en la muerte digno de rica memoria.
CAPÍTULO CXXVII.
De como el Rey de Portugal envió sus Erabaxadores a! Rey, para
tratar su casamiento con la Princesa Doña Isabel, é ella no
quiso.
Como el Maestre Don Juan Pacheco avia envia-
do al Rey de Portugal sus mensageros, para que en-
viase Embaxadores á contratar el casamiento suyo
con la Princesa Doña Isabel , é como aquello era lo
que el Rey de Portugal deseaba, envió al Arzobis-
po de Lisboa y á otros dos caballeros muy princi-
pales de su Corte con grandes poderes para concer-
tarlo é concluirlo. Pero desque la Princesa Doña
Isabel supo que venían sobre aquello, envió á des-
oír al Rey que le suplicaba que no entendiese de ca-
salla con el Rey de Portugal ni se lo mandase, por-
que ella en ninguna manera entendía de lo hacer
ni consentir en ello ; de que el Rey no solamente
quedó alterado é sentido, mas enteramente ganoso
de llevar á conclusión su propósito comenzado de
favorecer é ayudar á su hija, para dexalle la subce-
sion de los Reynós. Mas bien podemos aqui decir é
traer á propósito aquel antiguo proverbio que dice :
Proponen los hombres , é Dios dispone lo que quie-
re ; porque quanto el Rey y el Maestre trabajaban
con diligencia por desheredar á esta Señora , tanto
la divinal Providencia disponía y ordenaba lo con-
trarío, para que ella subcediese, según se mostró
por la obra, quando el Rey pasó de esta vida. E
DON ENRIQUE CUARTO.
183
puesto que todos los Grandes que por estonces es-
taban en la Corte , negociaban con ella para que
quisiese lo que el Rey quería, jamás la pudieron
convencer, en tal manera, que vista su voluntad , é
como nunca se mudó de aquel propósito , fué acor-
dado que el Arzobispo de Lisboa é los otros caba-
lleros Embaxadores que con él venían los aposenta-
sen en una aldea que se llama Cíenpozuelos, donde
estuvieron veinte días. Y aposentados , salió el Rey
á verse con ellos á la barca de Oreja, é vistos, man-
dó que se viniesen á Ocafia, donde fueron muy bien
rescebídos é festejados por el Maestre Don Juan
Pacheco. Estonces el Arzobispo de Lisboa é los
otros caballeros Embaxadores, tomada licencia del
Rey, se despidieron é se fueron sin conclusión nin-
guna de su embaxada ; y el Rey, vista la voluntad
de la Princesa su hermana, mandó que los Procura-
dores del Reyno se partiesen sin juralla por Prin-
cesa , é se fueron á sus casas.
CAPÍTULO CXXVIIL
De como el Rey se partió para Andalucía , 6 dexó á la Princesa su
hermana en Ocaña hasta que él tornase , é de lo que subcedió
de su ida, é de la quedada de su hermana.
Como el Rey sintió el mal propósito de los caba-
lleros del Andalucía, que no daban lugar, ni con-
sentían que las cibdades donde ellos vivían se alza-
sen por él ni fuesen á darle la obediencia que de-
bían, determinó de ir allá, é mandó que el Conde de
Ben avente é Don Pedro de Velasco quedasen por
Víreyes en Valladolíd , é con ellos el Presidente é
Oidores de la Chancíllería. Pero antes que se par-
tiese, rogó á la Princesa su hermana que se queda-
se allí en Ocaña , é que no dispusiese de su persona
ninguna cosa fasta que él tornase del Andalucía , é
que en tornando, se entendería en su casamiento,
como ella fuese contenta , é ella dio su palabra de
lo hacer así. Estonces el Rey se partió, é fueron con
él el Maestre Don Juan Pacheco, y el Arzobispo de
Sevilla, y el Obispo de Sigüenza con los otros de
su Consejo y Corte ; y el Arzobispo se quedó enfer-
mo en Cibdad-Real, donde estuvo por algún tiem-
po curando su dolencia, é procurando de su salud.
E el Rey continuó su camino hasta la villa de Osu-
na , donde llegado , acordó de ir á la cíbdad de Ja-
hen, y así envió allá sus aposentadores. Y como el
Condestable Don Miguel Lucas de Iranzo tenía
aquella cíbdad por el Rey, y avia sido siempre leal
y fiel en su servicio, vistos los aposentadores, y leí-
da la carta que el Rey le enviaba , respondió que
aquella su leal cíbdad de Jahen avía estado siempre
y estaría á su servicio ; é de la venida de su Alteza
no solamente todos eran alegres é muy contentos,
mas deseosos de ver su Real Excelencia ; é que asi
él y todos ellos juntamente le suplicaban se fuese
luego á su cíbdad con sus leales servidores ; pero
que le pedían por merced é requerían con mucha
humildad que no llevase consigo á los traydores
que tan malamente lo avían deshonrado é perse-
guido, porque en ninguna manera serían allí acó- i
gídos, é que aquello decían por el Maestre Don
Juan Pacheco é otros algunos de los que con su
Alteza venían. Eetonces el Maestre, oyda la res-
paesta del Condestable, acordó de quedarse allí en
Osuna , é el Rey se fué de Jaén ; donde llegado , el
Condestable le salió á rescebir con mucha gente de
á caballo. E al tiempo de la entrada de la cíbdad él
se puso de la parte de adentro , y en entrando el
Rey, dixo al Obispo de Sigüenza que iba junto con
él : « Entrad vos , leal perlado , merecedor de mucha
«honra, que vos y vuestro linaje servistes siempre
»é seguistes al Rey mí Señor como noble é de lim-
»pia sangre»; y en pos del dexó entrará los del
Consejo , é á los criados é contínos servidores del
Rey. E como Rodrigo de Ulloa fuese para entrar,
púsole el quento de la lanza á los pechos , discien-
dole : ((Teneos vos allá fuera, Rodrigo de Ulloa;
»que la cíbdad de Jahen no suele acoger á los tray-
» dores , sino á los que fueron leales al Rey mí Se-
«fior» ; é asi mesmo avergonzadamente le mandó
dar con la puerta en el rostro , é dexallo fuera. E
luego tomó el Rey muy alegremente , é llevólo á
aposentar en su casa con la mayor fiesta que pudo,
é todos los otros fueron muy bien aposentados ; y
estuvo el Rey aposentado allí por el espacio de ocho
días mucho á su plascer. Pero como ya se goberna-
ba por el Maestre Don Juan Pacheco, luego que lo
envió á llamar, se partió de Jahen para Osuna.
CAPÍTULO CXXIX.
Como el Rey rué con gente sobre Córdoba, é lo que allf subcedió.
Venido el Rey á Osuna , estuvo allí tres días , é
desde allí se fué á aposentar á Castro del Río , don-
de falló á Don Pedro de Córdoba , Conde de Cabra,
é á sus hijos con su hierno Martin Alonso, Señor de
Alcabdete, con mil de á caballo, que atendían su
venida á guisa de leales servidores , de que el Rey
fué muy contento. E así venido allí, fué acordado que
fuese sobre Córdoba, porque Don Alonso de Aguí-
lar estaba dentro contra el servicio del Rey, é no
consentía que la cibdad se alzase por él. Verdad es
que aquello se hacía con grado é consentimiento
del Maestre Don Juan Pacheco , porque Don Alon-
so avía sido siempre con él en las turbaciones pasa-
das, é á esta cabsa estaban entramos muy confor-
mes , puesto caso que la demostración era por el
contrarío. Pero ni por eso dexó el Rey de ir á po-
nerse sobre la cíbdad, é puesto, el Maestre Don
Juan Pacheco en son de tratante , quiso entrevenir
en la concordia ; é fué la conclusión que el Rey
diese cierto juro situado á Don ^onso ; é así dado
é confirmado, entregó la cibda<Pal Rey. El qual
rescibido con mucho placer del pueblo , estuvo allí
algún poco de tiempo hasta pasada la fiesta de
Corpus Christi ; y estonces el Rey mandó á Don
Alonso que dexase el Alcázar é las puertas de la
cíbdad , el qual lo hizo asi ; é dexadas , el Rey se
apoderó de todo ello. E visto como el Conde de
Cabra y Don Alonso de Aguí lar estaban muy ene-
migos á cabsa de las turbaciones pasadao, é que
184
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA
el Conde de Cabra avia sido leal, é no Don Alon-
so , el Rey , queriendo quitar la enemistad entre
ellos, mandó que fuesen amigos ; é tornó el Algua-
cilado Mayor do la cibdad é la Tenencia del Al-
cázar al Conde de Cabra, por quanto aquello era
suyo , é de sus antepasados. Pero puesto que los hizo
amigos, aquella paz no quedó muy raygada en
Don Alonso, segund lo que á cabsa suya subcedió,
E fué que como cada uno de ellos oviese tomado
algunos lugares de la cibdad de Córdoba, y estu-
viesen apoderados de ellos como de vasallos sala-
riegos , quanto quiera que por diversos é diferentes
respectos, porque el Conde, é Martin Alonso los
avian tomado , guerreando contra la cibdad , quan-
do era traydora , como leales servidores del Rey ;
el Conde de Cabra tenia á Castro del Rio , é Mar-
tin Alonso á Montero, de que el Rey les avia fecho
merced; é lo que Don Alonso usurpaba, fué como
parcial á los traydores, é uno de ellos con feo color
é apellido. Pero como aqueste tuviese tanta parte
en la voluntad del Maestre , confiándose en aquella,
visto que él no podia quedarse con lo que asi avia
usurpado, desirviendo al Rey, queriendo dañar al
Conde é á Martin Alonso , para que no gozasen de
los lugares que poseían, secretamente movió la co-
munidad á que viniesen reclamando ante el Rey
que mandase dexar á todos los caballeros lo que te-
nían de la Corona Real. Donde el alboroto del pue-
blo fué tal, que al Conde de Cabra é á Martin Alon-
so les fué necesario desistirse de los lugares que
asi tenian, é también Don Alonso ; los quales en las
manos del Rey hicieron pleyto omenage que dende
á ciertos dias los dexarian libres y desembargados
para el Rey. Fecho ansí el omenage , y renunciadas
las mercedes, el Conde de Cabra y su yerno Martin
Alonso quedaron , no solamente descontentos , mas
muy quexosos, visto que el Rey á cabsa del Maes-
tre Don Juan Pacheco favorescia á los traydores,
é maltrataba á los leales, que tan bien é fielmente
lo avian servido ; de que sin dubda fueron muy al-
terados , de tal forma , que estando el Rey otro dia
siguiente en el Monesterio de Sanct Gerónymo, que
está una legua de la cibdad , ellos se partieron ace-
leradamente sin tomar licencia del Rey, é se fueron
á sus tierras , de que grand parte de la cibdad fue
muy escandalizada, é mostró sentimiento mormu-
rando é disciendo palabras mas feas que honestas.
Estonces envió el Rey á Don Lorenzo de Figueroa,
Vizconde de Torija, para que hablase con ellos, y
los aplacase ; pero aquesto aprovechó poco , porque
la enemiga quedó tan arraygada entre el Conde do
Cabra é Don Alonso , que de allí se siguieron algu-
nos inconvenienlls que adelante serán recontados.
CAPÍTULO CXXX.
Como el Cardenal Atrabatensis vino por Embaxador del Rey Luis
de Francia, á confirmar la paz y hermandad entre Castilla é
Francia; porque el Rey se avia confederado con el Rey de In-
glaterra, dexando el amistad de Francia.
Al tiempo que el Principadgo de Cataluña se al-
zó por el Rey, y se levantaron pendones por él en
grand conformidad, el Rey de Francia le fué con-
trario, ayudando al Rey Don Juan de Aragón; y
no solamente aquesto, mas quando el Rey se fué á
ver con él á Fuenterrabía , é puso aquel debate en
BUS manos, dio una sentencia en que en todo se mos-
tró mas contrario que buen amigo , en tal manera,
que no solamente el Rey quedó perdidoso, mas
amenguado, de que estaba muy sentido é quexoso,
asi de su falsa hermandad , como de las cabtelosas
formas que contra él avia tenido. E por esto deter-
minó de le quitar la antigua hermandad que estaba
entre los Reynos ; é confederándose con el Rey de
Ingalaterra, hizo su paz é alianzas con él; é fechas,
mandó que los naturales de sus Reynos desde allí
adelante ayudasen á los Ingleses contra los Fran-
ceses, de que el Rey Luis é los de su Rey no resce-
bian no solamente daño mas grand pérdida ; porque
los mercaderes de Castilla no iban á Francia con
sus mercadurías. E por esto, viendo los inconve-
nientes que de aquello se le seguían, envió por Em-
baxador al Cardenal Atrabatensis, é con él otros
ciertos caballeros. El qual, como llegó á Córdoba,
fué rescebido por el Rey, é por los grandes del Rey-
no que estaban en la Corte con grand solenidad se-
gund que á tal persona pertenescia. E así rescebi-
do, fuele dado singular aposentamiento; é luego
otro día siguiente el Rey le dio audiencia en la Igle-
sia Mayor en la Capilla de los Reyes ; é como aquel
Cardenal era grand letrado , propuso en latín por
espacio de una hora largamente. E el comienzo de
su oración fué un dicho del Apóstol Sanct Pablo,
que dice : Fecho soy á todos toda cosa ; y en fin
concluyó que el Rey no avía podido desfacer la
hermandad de Castilla y de Francia ; porque aque-
lla era fecha de gente á gente , é de reyno á reyno,
é de Rey á Rey , en perpetua confederación é paz
inmutable ; é que por tanto él de su parte suplica-
ba, y en nombre de su Rey rogaba é pedia quisiese
tornar en su graciosa hermandad é amistad , por-
que aquello que sus antepasados guardaron é man-
tuvieron en los dias de ellos, no ee perdiese. Aca-
bada su habla , el Rey se apartó con el Maestre de
Sanctíago é con el Obispo de Sigüenza é con los
otros de su Consejo que allí estaban , é mandó al
Obispo de Sigüenza é á Don Pedro de Velasco que le
díxesen como él estaba contento de su habla, y so-
bre aquello avrian su acuerdo é le mandarían res-
ponder. E después de ávido su acuerdo é delibera-
ción con el Maestre Don Juan Pacheco, por cuyo
querer se guiaba el Rey en todas las cosas, espe-
cialmente en aquello, porque el Maestre era entera-
mente del Rey de Francia, é á su respecto era veni-
da aquella embaxada , fué acordado de aceptar la
hermandad de Francia é dexar la confederación
del Rey de Inglaterra , é publicar guerra con los
Ingleses. Aquesto sin dubda páreselo cosa muy fea,
porque sin necesidad alguna que por estonces tu-
viese de la casa de Francia, sin averie errado los
Ingleses, tan presto hicieron al Rey quebrantar su
palabra. En aqueste medio tiempo murió Don Frey
Lope de Barrientos , Obispo de Cuenca , é fué dado
DON ENRIQUE CUARTO.
185
el Obispado á Don Antonio de Vonerís, Obispo de
León , y ol Obispado de León al Doctor Vergara,
Procurador del Rey en la Corte Romana.
CAPÍTULO CXXXI.
[te como la Princesa doña Isabel se partií) de Ocaña sin licencia
del Rey, é se fué á la villa de Madrigal, é lo que después sub-
cedió.
Entretanto que las cosas asi pendian y se ordena-
ban, mas al querer del Maestre, que á la honra ni
provecho del Rey , la Princesa Doña Isabel su her-
mana se partió de la villa de Ocaña , donde el Rey
la avia rogado que esperase su tornada del Andalu-
cía. E así partida, sé fué derecha á la villa de Aré-
valo, pensando averia de su mano por cierto trato
que tenia con el Alcayde que allí estaba por el Con-
de de Plasencia, á quien avia sido empeñada por el
Príncipe Don Alonso é por los perlados é caballeros
que estaban de su partido quando le alzaron por
Rey. Pero aquel trato fué descubierto, é preso el Al-
cayde ; por manera, que su entrada en la villa no
pudo ser ; é ansi, desde allí se pasó á Madrigal, don-
de estuvo por algunos dias. Notificada su partida al
Rey, quedó muy alterado contra ella, porque sintió
que todavía se quería casar con el Rey de Sicilia,
Príncipe de Aragón, de quien estaba sospechoso
por la enemiga que estaba entre el Rey de Aragón
su padre y él sobre lo del Principadgo de Cataluña;
ó tenia roscólo que aquel casamiento sería cabsa de
mayores enconvinientes é peligros de su vida. E
por esto fué acordado en su Consejo que aquel Car-
denal embaxador que allí estaba y el Arzobispo de
Sevilla oviesen de ir á ella é requerilla que no se
casase con el Príncipe de Aragón, salvo con el Du-
que de Berri, hermano del Rey Luis de Francia, á
quien por estonces pertenescia la subcesion del Rey-
no de Francia ; pero aquesto la Princesa lo desechó
con tal menosprecio, que el Cardenal quedó muy
sentido, é tomó grande enemistad contra ella , en
tanto grado que determinó de favorecer é ayudar á
la hija del Rey, lo qual luego puso por obra seguud
que adelante será recontado. Verdad es que aquella
desobediencia de la Princesa contra el Rey toda se
fizo por acuerdo é consejo é rodeo de D. Alonso Car-
rillo, Arzobispo de Toledo, y del Almirante Don
Fadrique, por cuyo seso é querer ella se regia é go-
bernaba ; é asi ovo lugar el consejo é deseo é volun-
tad de ellos para que el casamiento del Príncipe de
Aragón con ella se concluyese, segund que luego se
fizo ; lo qual será recontado por el proceso adelan-
te. En aqueste medio tiempo murió Don Alonso Gi-
rón, Conde de üreña, hijo bastardo del Maestre Don
Pedro Girón; subcedió en el señorío Don Juan Girón
su hermano, niño de poca edad.
CAPÍTULO CXXXIL
De como el Rey se partió de Córdoba para Écija, é lo que allí
subcedió.
Partido el Cardenal embaxador, el Rey se fué á
la Rambla, que es un grueso lugar de la tierra de
Córdoba, por aver algún concierto con el Conde de
Cabra, que estaba inuy quexoso del y del Maestre
Don Juan Pacheco, donde se estuvo por espacio de
quatro dias;é desde allí se fué á Ecija, é mandó que
el Maestre y el Obispo de Sigüenza quedasen allí
para aplacar al Conde de Cabra y concluir la paz
entre él y Don Alonso de Aguilar. Llegado el Rey á
Ecija, fué rcscebido con mucho amor é plascer del
pueblo, é mucho mas por Don Martin de Córdoba,
hijo del Conde de Cabra, que la tenia como Alcayde
é Gobernador della, á quien todos los vecinos é mo-
radores de aquellacibdad amaban é querían mucho.
Pasados algunos pocos de dias después que el Rey
llegó allí, mandó á Don Martin que dexase las puer-
tas y el corregimiento de lacibdad é de la justicia;
é dexado, fué dado al Doctor Garci-Lopez de Ma-
drid, que era uno de los de su Consejo. Después que
el Maestre y el Obispo de Sigüenza dieron asiento é
concoidia entre el Conde de Cabra é Don Alonso de
Aguilar, viniéronse á Ecija ; donde venidos , como
las cosas del Maestre eran fundadas sobre su propio
interese, é sobre aver por bien la deslealtad que con-
tra el Rey se avia fecho, hizo que el Rey quitase la
tenencia de la fortaleza á Don Martin , é se fuese
de la cibdad. E porque no paresciese que desnuda-
mente lo echaba, trató como le diese cierto juro sin
efecto ; ó asi desapoderado de la fortaleza, luego
fué entregada á Don Fadrique Manrique con los
oficios ó puertas de la cibdad. De aquesta novedad
todos los del pueblo , grandes é pequeños , fueron
muy tristes c descontentos, en tanto grado, que des-
dan públicamente ser arrepentidos é pesantes, por-
que avian sido leales al Rey , visto como desechaba
los leales é daba las tenencias é los oficios álos que
tanto le avian deservido é sido traydores; señalada-
mente á Don Fadrique, público enemigo de su hon-
ra é servicio. E no solamente pesó á ellos, mas á to-
dos los criados del Rey páreselo cosa fea é de mal
enxemplo ; ca bien veían qual era el intento del
Maestre , que quería facer leales de los traydores,
porque los leales quedasen amenguados é sin
honra.
CAPÍTULO CXXXIII.
Como el Rey se fué á la cibdad de Antequera , para verse con un
cabdillo de Málaga , que se descia Aliquezotc, é no lo quiso
acoger el Alcayde dentro sino con diez cabalgaduras, é todos
los que iban con él se quedaron fuera.
Después que Don Fadrique fué apoderado de la
cibdad , é fortaleza é puertas de Écija, é tomó el
corregimiento en su mano, acordó el Rey do se ir á
ver con el Aliquezote, un caballero moro cabdillo
de Málaga , varón famoso entre los moros , el qual
siempre se avia mostrado servidor suyo ; é asi por
esto, como por consultar con él algunas cosas cum-
plideras á su servicio, determinó de lo ver y hablar.
E porque la cibdad de Antequera es el lugar mas
cercano de Málaga, mandó que lo fuesen allí á apo-
sentar ; pero como Hernando de Narvaez, el Alcay-
de della, supo de su venida, sospechó que iba por
186
CRÓNICAS DE LOS REYES .DE CASTILLA.
dalla á Don Alonso de Aguilar , que avia graud
tiempo que andaba por avella ; é con aquesta sos-
pecha juntóse la fealdad que se hizo en Bcija con-
tra Don Martin de Córdoba , aviendo sóido tan leal
caballero á su servicio, quitalle la fortaleza é puer-
tas para dallas al desleal, de tal manera, que deter-
minó de estar á buen recabdo. E asi desque el Rey
llegó á las puertas de Antequera que estaban cerra-
das é cop gentes que las guardaban, salió allí Nar-
vaez, y díxole que su Alteza avia de entrar con has-
ta quince cabalgaduras é no mas , é todos los otros
hizo aposentar en los arrabales de fuera. Verdad es
que de aquesto no fué pesante el Rey, antes le plu-
go. Estando el Rey allí, fué concertado el dia de las
vistas con Aliquezote ; é concertado pasóse á la vi-
lla de Archidona , porque estaba mas cercana de
Málaga ; é desde allí salióse á ver con él al campo,
do Aliquezote vino desarmado, é llegó al Rey con
muy grand reverencia é humildad como propio va-
sallo. E después que ovo hablado un grand rato,
Aliquezote presentó al Rey ciertos caballos de allen-
de, é otras cosas moriscas , con que el Rey ovo mu-
cho plascer, teniéndoselo en servicio é agradescién-
doselo mucho. E de allí adelanto lo tuvo por mucho
suyo, para le favorecer é ayudar contra el Rey de
Granada que lo quería destruir é echar fuera de
Málaga, donde estaba muy querido.
CAPÍTULO CXXXIV.
Como el Rey se fué á Carmona , é de lo que allí subcedió.
Tornado el Rey de las vistas de Aliquezote fuese
para la villa de Carmona, que es un lugar muy
fuerte. Venido allí, estuvo algún tiempo , é como
aquella villa tiene tres alcázares, de los quales el
Maestre Don Juan Pacheco tenia los dos, é del otro
era Alcayde un caballero <iue se llamaba Gómez
Méndez de Sotomayor, pariente, é muy bien quieto
de los Señores é caballeros de Sevilla ; el Maestre,
para hartar su demasiada cobdicia , acordó que el
Rey enviase á mandar á Gómez Méndez que le die-
se su Alcázar, é que le haria mercedes, y en equiva-
lencia otras cosas que á él mas gustasen; pero el
Alcayde no salió á ello, y respondió que no lo podía
dar ni entregar sin consultarlo con los Señores é ca-
balleros de Sevilla. E luego envíeselo á notificar; de
que el Duque de Medina Sidonia, é Don Rodrigo
Ponce de León , é Don Pedro de Zúfiiga su cufiado,
y el Adelantado de Andalucía, é los Regidores é
caballeros de la cibdad fueron muy alterados. So-
bre lo qual acordaron de suplicar al Rey no quisie-
se enagenar aquella villa de su corona Real , por-
que de ello se le seguiría grand deservicio á su Al-
teza ; y que pues Gómez Méndez avia seido siempre
leal Alcayde, é que no avia quien no le quisiese por
pariente é amigo en aquella cibdad , que su Alteza
no le quisiese quitar el alcaydía. E asi enviados sus
mensageros , propusieron su embaxada con mucha
osadía. Estonces el Rey, sintiendo el escándalo de
íla cibdad, respondió muy dulcemente que á él le
jplascia de hacer lo que le suplicaban , é avia por
bien que Gómez Méndez tuviese el Alcázar. Mas ei
Maestre que su sed no le dexaba descansar, ni su
cobdicia reposar, hizo al Rey que tornase á deman-
dar el Alcázar á Gómez Méndez, ol qual denegó do
dalle. Sabido aquesto por el Duque de Medina ó por
los otros caballeros. Regidores, é Jurados ó Oficia-
les, acordaron de combatir ol castillo de Tríana, é
combatido, fué tomado , é preso el Mariscal Her-
nán d' Arias de Saavedra que le tenia, é pusieron allí
otro Alcayde por ellos. Fecho aquesto el Duque
ajuntó grand compaña de gente, asi de caballo co-
mo de peones, de que el Rey fué muy enojado, y el
Maestre se resceló de ello ; pero acordaron que se-
ría bien se acercasen mas á la cibdad de Sevilla. Y
asi el Rey con toda su Corte so fué luego á aposen-
tarse á la villa de Alcalá de Guadayra , creyendo
que desde allí se podría mejor contratar alguna ma-
nera de paz é sosiego. Donde venido el Rey, envió
á maudar que derramasen aquella gente que tenían
junta, porque era cosa muy fea, é parescia que es-
taba contra su servicio. El Duque le respondió que
la gente y él estaban á su servicio, é que nunca plu-
guiese á Dios que él otra cosa ninguna pensase; mas
que le parescia que el Maestre Don Juan Pacheco
se mostraba su enemigo, é que se temía que con el
favor de su Alteza le queria dañar, porque siempre
procuraba sus propios intereses, dañando á todos,
según que la experiencia de las cosas pasadas en el
Reyno á su cabsa lo mostraba, y en lo de Carmona
se avia visto, de que su Alteza avía sido mejor tes-
tigo que todos ; é que por aquello no entendía der-
ramar su gente, ni su Real Señoría se lo debía de-
mandar; mayormente que no la tenia salvo para se-
guridad de su persona é de sus parientes é amigos,
é no para deservir á su Excelencia , en tal manera
que siempre tovo su gente allegada. Entonces el
Maestre, por disimular el disfavor que de aquello
rescebia, envió é rogar al Duque que quisiese verse
con él, para que allí se diese algún asiento de con-
cordia entre ellos. E quando quiera que el Duque
determinó de salir á las vistas, é le respondió que le
plascia, los otros Señores, é caballeros é Regidores
no quisieron dar lugar á ello, disciendo que pues el
Maestre era cabteloso , que le traería en algún en-
gaño de los que acostumbraba con todos. E asi es-
torbadas las vistas , paresció que los corazones do
todos en aquella cibdad quedaron indignados, é con
mayor enemiga con el Maestre. E como en aquesta
conformidad estaban muy juntos el Duque de Me-
dina, é Don Rodrigo Ponce de León , é Don Pedro
de Zúñiga, é Don Alonso Enriquez, Adelantado del
Andalucía con todos los Regidores, caballeros é Ofi-
ciales de la cibdad, enviaron al Rey una embaxada
de personas principales, suplicándole con grand ins-
tancia, que en ninguna manera no quisiese enage-
nar de su corona Real la villa de Carmona, é con-
firmase el alcaydía á Gómez Méndez de Sotomayor,
é asimismo pluguiese á su Alteza de remediar algu-
nos agravios, que á la cibdad eran fechos, porque
así cumplía á su servicio. Oyda su habla é lo que le
suplicaban, el Rey liberalmente se lo otorgó , dis-
DON ENRIQUE CUARTO.
187
fjjciendo que puossu petición era justa, convenia que
f ! les fuese otorgada. E quanto quier que estaba some-
I tido al querer del Maestre, vistas sus cobdicias des-
' I ordenadas, sin dubda lo plascia quando tales afren-
' tas le venían, porque no se cumpliese lo que su ham-
í| bricnta codicia deseaba é procuraba, mayormente si
j Ids lugares que él pedia se le defendian, é no se le
J! daban.
CAPÍTULO CXXXV,
j Como el Rey se partió á Cantillana, é lo que allí subccdió.
Visto el desacuerdo del Maestre é del Duque, é
como ningún medio de concordia se ponia entre
ellos, antes la enemiga crescia de contino, acordó el
Rey de so partir á Cantillana, asi por tomar des-
canso de su fatiga espiritual , como por escusar al-
gunos inconvenientes de rotura entre aquellos dos
caballeros. Donde venido, acordó el Maestre quo el
Rey enviase á llamar á Don Alonso de Aguilar ; el
qual, visto su llamamiento, vino luego , y el Rey le
mandó que pues él era tan amigo del Maestre y del
Duque de Medina, entendiese entre ellos, por mane-
ra quo se uniesen, y entrambos quedasen conformes;
lo qual Don Alonso puso por obra, y andando del
nno al otro, concertó como se viesen con cada trein-
ta de á caballo entre Sevilla é Cantillana. E vistos
paresció que se conformaron ; é fué acordado que el
Rey oviese de entrar en Sevilla, para que allí fuese
fecho el rescebimiento que convenia. Y asi luego el
sábado siguente el Rey se fué á la cibdad , y con él
el Obispo de Sigüenza, y el Maestre quedó en Canti-
llana. Fué el Rey con grand solenidad rescebido asi
en la Iglesia, como por los caballeros é cibdadanos
del pueblo, mostrando todos mucho gozo con su ve-
nida. Estuvo allí hasta el lunes rescibiendo fiestas;
é quanto quiera que quisiera reposar allí algunos
dias, el Maestre le envió á decir que se partiese lue-
go, é asi fué, en acabando de oir misa, sin que nin-
guno de los caballeros de la cibdad lo supiesen ; de
que todos quedaron maravillados y descontentos.
Llegado el Rey á Cantillana, fuéle notificado como
el Arzobispo de Toledo y el Almirante con algunos
caballeros de Campos se avian juntado con la Prin-
cesa su hermana, é la avian llevado áValladolid pa-
ra casalla con el Rey de Secilia, Príncipe de Aragón;
el qual avia venido encubiertamente por mandado
de la Princesa, y del Arzobispo de Toledo y del Al-
mirante ; é que llegado á Valladolid , se hizo luego
el desposorio, é ctro dia siguiente se celebraron las
bodas. E como para ninguna cosa de aquello fué
consultado el Rey, ni se lo hicieron saber, ovo grand
sentimiento é enojo, é acordó sn partida para Tru-
zillo.
CAPÍTULO CXXXVI.
Como la ida del Rey á Tiuxiüo fué para h dar al Conde de Pla-
sencia, é no pudo aver la Fortaleza, 6 de lo que cerca dello
subcedió; é de una carta que la Princesa Doña Isabel escribió
al Rey su hermano cerca del casamiento suyo con el Principe
Don Fernando.
Porque D. Alvaro de Zúñiga , Conde de Plasen-
cia, avia sido muy parcial é servidor del Rey en las
adversidades pasadas, queriéndole remunerar sus
servicios é serle agradecido, asi porque él lo avia
gana, como porque el Maestre D. Juan Pacheco lo
quería, determinó de dalle la cibdad de Truxillo, é
asi so partió para ella, E como aquestas cosas tarde
ó nunca no pueden estar secretas, fué notificada á
los caballeros cibdadanos de Truxillo la cabsa de su
ida del Rey, los quales cauta é muy calladamente
hicieron su concierto con el Alcayde que se llamaba
Gracian de Sesé, para que no diese la fortaleza ni
saliese á partido ninguno quo lo moviesen. El Al-
cayde se confederó con ellos, é les dio tales seguri-
dades é firmezas, que quedaron muy ciertos de su
palabra, en tal manera, que desque vino el Rey ala
cibdad, y envió á mandar al Alcayde que le diese
aquella fortaleza, respondió que su Alteza venia
agenado de su propia libertad, puesto en poder de
algunos caballeros enemigos de su servicio, por cu-
yo enducimiento quería dar aquella cibdad é apar-
talla de la Corona Real ; por tanto, que le suplicaba
con quanta humildad podia no curase de gela de-
mandar porque él no la quería dar, ni cumplía á su
servicio ni al bien de sus Reynos ; y que por esto
no entendía desapoderarse de ella, salvo tenella é
guardalla para su servicio. E quanto quier que el
Rey insistió con él para que se la diese, jamás la
quiso dar ni desapoderarse de ella. Entretanto que
así pendían aquellos tratos, Don Gómez de Cáceres,
Maestre de Alcántara, vino allí á hacer reverencia
al Rey, mostrándose culpado de sus feas culpas é
demandándole perdón. E como el Rey fué siempre
encunado & piedad, perdonólo liberalmente con tan-
to que le dexase la cibdad de Badajoz é villa de Cá-
ceres que tenia usurpadas ; las quales dexó luogo, é
quedaron libres é desembargadas para el Rey. Es-
tonces á suplicación de entrambos Maestres, el de
Sanctiago é de Alcántara, fizo merced de la cibdad
de Coria á Don Gutierre de Cáceres su hermano, que
ya ee decía Conde della, é confirmóle el dicho título
de Con de. E porque el Clavero de Alcántara D. Alon-
so de Monroy avia sido siempre su leal servidor,
guerreando contra el Maestre de Alcántara é los
otros traydores , hízole ciertas mercedes , dándole
grand cabida y favor en su casa é Corte. Pasados
algunos dias después que el Rey vino á Truxillo, la
Princesa Doña Isabel su hermana le envió esta car-
ta siguiente :
«Muy alto, é muy poderoso Rey y Señor: bien
» sabe vuestra Señoría como después que el muy
«ilustre Rey Don Alonso, hermano de vuestra Seño-
» ría é mío, pasó de esta presente vida, é algunos de
» los grandes, é perlados é caballeros , que le avian
188 CRÓNICAS DE LOS R
«seguido é servido, quedaron en mi servicio on la
» cibdíul de Avila, yo pudiera continuar el titulo ó
» posesión que el dicho Rey Don Alonso mi herma-
))lio antes de su muerte avia conseguido. Pero por
» el muy grande é verdadero amor que yo siempre.
»ove é tengo á vuestro servicio ó persona Real, é al
B bien é paz é sosiego de estos vuestros Rcj'nos, é
» sintiendo que vuestra Alteza deseaba que las guer-
» ras y escándalos ó peligros é movimientos c muer-
» tes é turbaciones se pacificasen , é acordadamente
» se compusiesen, quise posponer todo lo que parecía
» aparejo de mi sublimación, y mayor señorío é po-
» derío, é por condescender á la voluntad é disposi-
ncion de vuestra Excelencia. La qual asimismo co-
» nociendo que la subcesion verdadera de estos Rey-
» nos é señoríos pertenesci*. ó pertenece á mí como
» legítima subcesora y heredera de ellos después de
«losdias de vuestra Señoría, que Dios muchos años
» conserve é acreciente, tuvo por bien que en las
» vistas acordadas c fechas entre Cadahalso éZebre-
»ros, donde vuestra merced personalmente quiso
» venir, é yo vine , intreviniendo el Obispo de León
»Don Antonio do Veneris, Nuncio Apostólico, con
» poderío de Legado á Latere de nuestro muy santo
» Padre, en presencia de muchos grandes, é perlados
» é caballeros, ya por mi mandamiento informados,
» é venidos allí á vuestro servicio é obediencia, por
» actos Apostólicos, y escripturas patentes fuese en-
» de publicado é denunciado por todos vuestros
» Reynos é partes diversas de la Christiandad per-
» tenecerme la dicha subcesion. B luego por reme-
)) diar el peligro é daños que podrían recrescer, si
«los dichos Reynos é señoríos no tuviesen quien
» adelante legitiraamonte en ellos subcediese , fué
» acordado por vuestra Excelencia é por los grandes,
» é perlados é caballeros de su Corte é muy alto Gon-
«sejo, que según las leyes y ordenamientos que
«cerca délo semejante disponen, se viese con dili-
» gencia quál matrimonio do quatro que á la sazón
» se movían del Príncipe de Aragón, Rey de Secilia,
» é del Rey de Portugal , é del Duque de Berri, é del
» hermano del Rey de Inglaterra páresela mas hon-
» rado á vuestra corona Real, é mas cumplidero á la
» pacificación y ensanchamiento de los dichos vues-
»tro8 Reynos, é se conosciese ser en todo mas con-
» forme. E como quier que la calidad de tan alto ne-
» gocio requiriese juntamente con la observancia de
» las leyes é ordenamientos de estos vuestros Reynos
» la presteza, no solamente dio vuestra Merced lu-
» gar á la dilación é quebrantamiento de las cosas
» á mí prometidas é contenidas en las escripturas é
«actos públicos, corroborados é solenizados, quan-
» do el acuerdo é unión susodicha se hizo , para pa-
» cificacion universal de vuestros Reynos, é rem'^lio
«de los escándalos pasados é advenideros; mas aún
» vuestra Alteza sin ser consultados los grandes de
» los dichos vuestros Reynos, según que yo lo pedia
«épedí, é sin intrevenir en la tal consultación é
«acuerdo los Procuradores de las mas principales
» cibdades é provincias sujetas á vuestra Real coro-
» na. olvidando todo lo provechoso é honroso, por
EYES DE CASTILLA.
» consentir el acuerdo particular de algunos, envió
«mensageros al Rey de Portugal mi primo, no es-
)) perando que antes de su parte fuese movido é pro-
» curado, según la razón lo requería. E venida la
» embaxada, sin tenerse la forma conveniente, algu-
» nos Procuradores de las cibdades é provincias, que
» por el llamamiento de vuestra Señoría eran llama-
«dos é venidos á vuestra Corte, fueron requeridos é
» amonestados, teniéndolos encerrados é apremiados
» en cierto lugar, é usando ccn ellos de ciertas arae-
» nazas , para que viniesen en el acuerdo é consen-
» timiento del dicho matrimonio. E asimesmo con-
» migo fueron traídas algunas formas de dilaciones
» en quebrantamiento de lo que por lo capitulado se
« avia de hacer é cumplir. Y en los razonamientos
» do vuestra Alteza, é de algunos por su mandado
«claramente se conocía como vuestra Señoría, con-
» descendiendo á la voluntad de algunas particula-
» res personas, me quisieron constreñir é apremiar
» al dicho casamiento. De lo qual procedió que yo
« asi como sola y enagenada de la justa é debida li-
» bertad, é del poderío del mi franco alvedrio, que
»en negocio matrimonial, después de la gracia de
«Dios, principalmente se requiere, secretamente
» hice sabidores á los grandes, é perlados é caballe-
»ros, vuestros subditos, é naturales, ganosos del
n servicio de Dios é vuestro, é del honor é gloria y
» grand exaltamiento de vuestros Reynos, signifi-
» candóles las formas conmigo tenidas, é demandán-
n doles su muy leal parescer, según el qual , diesen
» su voto é declarasen lo que mejor é más complido-
» ro les parescia al servicio de Dios é vuestro, é pro-
» vecho de estos Reynos. A la qual requesta respon-
» dieron é denunciaron muchas cabsas notorias, por-
«que en manera alguna no cumplía al bien de los
« dichos vuestros Reynos el casamiento de Portu-
» gal, ni el que se movía de Francia, según mas lar-
» gamente en sus respuestas se contiene. E confor-
» mes del todo loaron é aprobaron el matrimonio del
«Príncipe de Aragón, Rey de Secilia, alegando las
» cabsas muy evidentes, que á la tal aprobación les
» movían. Las quales cabsas nunca pudieron mover
»ni solicitar á los que procuraban lo que conocían
» ser siniestro á vuestro servicio, y al bien é honor
« de estos vuestros Reynos. Cuyos deseos mas se ma-
«nifestaron, quando ya visto el despontentamiento
«de todos vuestros subditos é naturales cerca de
» casamiento de Portugal, é conocidas las fuerzas de
» la razón repugnantes á su deseo, mostraron trocar
«su primero acuerdo, teniendo manera que vuestra
« Alteza diese plascientes orejas á la embajada do
« Francia, no se queriendo revocar de semejante so-
» licitud por algunas de muchas razones manifiestas
» á los deseosos de vuestro servicio, é del bien é ho-
» ñor de vuestra corona Real é Reynos. Cuyo deseo
» é voto fué que no casase en parte tan lexos de mi
« naturaleza, disciendo asimismo, que quanto quiera
» que sea el Duque de Berri excelente é muy noble
» Príncipe, pero que su advenidero ensalzamiento á
w la posesión de la corona de Francia, principalmen^
n te allegado por los que el dicho matrimonio indu-
DOK ENRIQUE CUARTO.
189
» clan, es dudoso por las razones é cabsas en sus vo-
» tos mas largamente expresadas. E aunque el caso
)) adugese la subcesiou del reyno al dicho Duque de
»Berri, mostraban inconvinientes por la principali-
» dad é mayoría del título que los Franceses á Fran-
» cía otorgarían, teniendo á estos muy notables Rey-
» nos é grandes señoríos por provincias sufragáneas.
» Y no menos les paresció ser muy peligroso á vues-
B tros señoríos, segund que de verdad se conoce, el
» favor que se ha procurado dar á los Franceses con-
» tra el muy ilustre Rey de Aragón vuestro tio é
»mio, para que ocupen é conquisten sus señoríos,
» no considerando los males é daños que de la tal
«ocupación se podrían recrescer, segund el grand
«poderío que se les añadiría, é segund la cercanía
» que temían á las principales partes de vuestros
» Reynos ; allende de la grand ignominia é abati-
» miento que á vuestra Real persona veraia, ocupán-
ftdoso por nación estrangera los señoríos poseydos
» por ReyéS vuestros tan cercanos parientes, cuyos
«progenitores fueron asimesino progenitores de
» vuestra Señoría é niios ; á los quales han porfiado
» antes de agora, y al presente porfían hacer ágenos
Ȏ adversarios de vuestra corona, no muy deseosos
» de vuestros servicios , ó de la paz é sosiego de los
«dichos vuestros Reynos é señoríos. E, muy alto Rey
B é Señor, vistas las respuestas ó leales votos en todo
a conformes de muy muchos grandes, é perlados é
» caballeros, deseosos del servicio do Dios ó vuestro,
» y del bien é honor é ensalzamiento de todos los
» dichos vuestros Reynos é señoríos por cabsa de tal
» matrimonio ; é conoscida la verdad de sus razones,
«por ellos, como dicho es, asignadas, cerca de la
» conformidad mas honrosa é provechosa del casa-
n miento del Rey de Secilia ; considerando la edad é
» unidad de nuestra antigua progenie, é lo que se
» añadería ala Corona Real de estos vuestros Reynos
» por cabsa de tal matrimonio, é los merescimientos
«muy claros del Rey Don Fernando de Aragón,
» agüelo del dicho Príncipe, Rey de Secilia , herma-
» no del muy esclarecido Rey de gloriosa memoria
» Don Enrique, agüelo de vuestra Señoría é mió ; cu-
» ya postrimera voluntad en su testamento fué que
» siempre se continuasen nuevas conexiones matri-
» mouiales con los descendientes por linea recta del
» dicho Rey Don Fernando ; é por otras cabsas mu-
» chas aquí no expresadas, yo oviera luego manifes-
» tado mi conforme parecer á vuestra merced como
» hermana menor, é obediente hija deseosa de vues-
» tro servicio é de la verdadera paz c tranquilidad
» de vuestros Reynos é señoríos, salvo por ser cierta
«que se recrecerían de la semejante manifestación
» mayores é mas escandalosos estorbos é daños, pro-
» curados por los que seguían caminos siniestros é
» muy desviados de lo que cumplía á vuestro servi-
» cío é á los provechos suso contenidos. E asimismo
» porque de la venida del Cardenal Atrabatensis , é
» del Arzobispo de Sevilla , que por consentimiento
»de vuestra Alteza vinieron á la villa de Madrigal,
» donde yo estaba, pudo mejor conoscer que vuestra
«Señoría por complascer á personas no ganosas del
» engrandecimiento de estos vuestros Reynos é de
» la gloria de la vuestra corona Real, qualquier otro
» casamiento menos provechoso han mostrado desear
«que se concluyese porque se desechase el matrimo-
)) nio del dicho Príncipe, Rey de Secilia, tanto cum-
1) plidero é honroso, como dicho es. Lo qual fué mas
n manifiesto por se absentar secretamente algunas
«damas, mis criadas é servidoras, que ya conosciau
«el intento de vuestra Alteza, é sabian como vues-
«tra Señoría daba orden como yo fuese presa y
» enagenada de mi libertad , segund paresció por
«unas cartas mensageras que vinieron á mi noticia,
« é por la carta patente que vuestra Merced mandó
« enviar al Concejo de la dicha villa de Madrigal
» disciendo é mandando que me detoviesen é apre-
» miasen, segund que por la dicha carta original mas
» largamente so puede ver é saber. Por lo qual mo
«fué necesario enviar por el muy Reverendo en
«Christo Padre D. Alonso Carrillo, Arzobispo de
n Toledo, Primado do las Españas mi tio, para quo
« viniese luego dó quiera quo yo fuese ; y en tanto
«por escusar la dicha prisión, y enagenamiento de
«mi debida libertad, mandé venir algunas gentes
» del Almirante mi tio, que estaban mas cercanas.
«E como quier que yo probé, si dentro de la dicha
» villa de Madrigal sería rescebido el dicho Arzobis-
«po, fasta que notificasen á vuestra Alteza mi justo
» temor, y las querellas de que debía de usar, por las
«formas que vuestra Alteza mandaba conmigo te-
«ner, segund dicho es, nunca pudo facer que allí
«fuese rescebido ; é por quitar los miedos que algu-
«nos cabtelosamente ponian á los vecinos de la di-
« cha villa, yo me partí dende é me fui á Fontive-
» ros; é dende allí otra vez los requerí, que quisiesen
«rescebirme con los que me acompañaban, ó por
« los temores que les avian inducido, no lo quisieron
« facer. Por lo qual acordé de mo ir á la mi cibdad
n de Avila ; é supe de la grand pestilencia que en
» ella crescia mas cada día , ansí que fué necesario
» venir á esta noble villa de Valladolid, que es lu-
» gar sano, Dios loado, é mas seguro é pacifico, don-
n de acordé de estar, para esperar la respuesta de
«vuestra Señoría, y entender en la mas provechosa
» consultación de lo cumplidero al servicio de Dios
» é vuestro, é al bien é paz é sosiego de estos vues-
«tros Reynos. E luego después que á esta dicha
«villa vine, los que ocupaban la villa de Arévalo,
» de la qual es señora la muy illustre Reyna Doña
n Isabel mi señora madre, no seyendo contentos de
« la resistencia que hicieron quando yo vine alli
» desde Ocaña, por solenizar las obsequias del dicho
« Señor Rey Don Alonso mi hermano, é de otros in-
» sultos é ocupaciones ende por ellos cometidos con-
» tra el pleyto omenage antes fecho; agora, según
B se dice, con mandamiento é abtoridad de vuestra
« Alteza han ocupado la jurisdicion é señorío é ren-
» tas de la dicha villa é su tierra , privando della é
«do cada una cosa é parte dolía á la dicha señora
» Reyna, en total perjuicio de la justicia, y en opre-
«sion de su viudez, y en acresccntamiento do su do-
«lor y soledad, y en menosprecio de los huesos é
190 CRÓNICAS DE LOS
» nombro del muy OBclarecido señor Rey Don Juan,
» padre de vuestra Alteza é mió. Las quales cosas
» de BUSO contenidas, y los nuevos insultos é acome-
Dtimientos y escándalos me movieron al consenti-
» miento de algunos remedios repugnantes á la so-
» licitud é siniestra voluntad de los que lo contrario
» avian procurado é procuraban. Por ende, muy alto
» Rey é Señor, suplico á vuestra Alteza quiera man-
n dar que todos aquestos agravios cesen, é mande
» aprobar al Real Consejo el buen parecer de los que
» verdaderamente aman vuestro servicio é procuran
» la bonra de vuestra corona Real , y desean el en-
nsalzamiento y sosiego de estos vuestros Reynos.
«Ysi vuestra Alteza ha dado fé á los que, no obs-
» tantos las cabsas dichas tan evidentes é favorables
» al consentimiento del matrimonio del dicho Prín-
Bcipe Rey de Sicilia, por ventura ponen temores,
«disciendo que si el dicho matrimonio viniese en
«efecto, se recrescerian por ello muchos escándalos
B é detrimentos é diminuciones de vuestro Real es-
» tado é de las rentas debidas á vuestra Real Seño-
B ría, como quier que no quisieran , ni desearían en-
» tender en tal consultación ; pero por apaciguar, é
» pacificar é asosegar el ánimo Real de vuestra Se-
n noria, si por semejantes inducimientos se conmue-
» ve, é por dar término á tantos males y escándalos,
» como de cada dia se intentan é crecen ; yo por la
«presente desde agora me obligo de dar tales sanea-
«mientos, que vuestra Alteza se deba tener por
«bien contento é seguro del cumplimiento de mis
n promesas é obedientes ofrecimientos, é de la obe-
ndiencia que el dicho Príncipe de Aragón debe y
«entiendo en presentar á vuestra Señoría, si lo qui-
» siere rescibir por obediente hijo. E den de agora
«ofrezco mi voluntad é propósito de obedescer vues-
ntros Reales mandamientos, asi como de amado é
» mayor hermano, á quien por padre é Señor tengo,
»é propongo tener; cuya vida é real estado Dios
«largos tiempos prospere é conserve. De la noblo
«villa de Valladolid á doce días del mes de Octubre
«de mil é quatrocientos ó sesenta é nueve años.»
Vista esta carta por el Rey é por los de su alto
Consejo, fué acordado de no responder por escripto,
pero dixo al mensagero que él sería presto en Sego-
via, é allí se determinaría lo que fuese mejor. Como
ya el Rey estaba enojado de su larga estada en
Traxillo sin provecho, vista la dureza del Alcayde
Gracian de Scsé é de los caballeros y gente do Tru-
xillo, acordaron él y el Maestre de gratificar al Con-
de Plasencia con la villa de Arévalo, la que él tenía
empeñada por ciertos quentos que prestó al Príncipe
Don Alonso quando se llamaba Rey, E así dada esta
seguridad, ó confirmada la merced de Arévalo, é
dado el título de Duque della, el Rey se partió para
Guadalupe, é do allí á Segovia. En aqueste medio
tiempo murió el Marqués do Astorga y el Conde de
Cifuentes, é subcedieron sus hijos en los títulos é
señoríos.
REYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO CXXXVII.
De como el Rey vino á Segovia 6 de lo que allí subcedió.
Después que el Rey fué venido á Segovia, donde
era su mayor contentamiento que en otro ningún
lugar de su Reyno, como ya era consumido el ma-
trimonio de la Princesa Doña Isabel su hermana
con el Príncipe de Aragón, Rey de Sicilia, ellos,
ávido su acuerdo é consejo con el Arzobispo de To-
ledo é con el Almirante D. Fadrique, por cuyo seso
se gobernaban, acordaron de enviar al Rey sus em-
baxadores, y escribirle, notificándole otra vez su
casamiento, para que le pluguiese aprobarlo, y ha-
ciéndole saber en qué forma é con qué condición se
avia fecho é concluido. Los mensageros de aquesta
embaxada fueron Mosen Pero Vaca por parte del
Príncipe, é Diego de Ribera, Ayo que fué del Prín-
cipe Don Alonso, por parte de la Princesa, y Luis
de Atienza por parte del Arzobispo de 'I>)ledo, para
que por vía de creencia explicasen su mensagería
en la forma siguiente.
Lo que vos Mosen Pero Vaca, é Diego de Ribera,
é Luis de Atienza aveis de descir de nuestra parte
al muy excelente Rey é Señor, el Rey de Castilla é
de León nuestro hermano é padre, es lo siguiente:
Primeramente, que ya por cada uno de nosotros su
Señoría ha sido sabidor de lo que fasta aquí es pa-
sado; é que agora notificamos á su Excelencia como
mediante la gracia é voluntad de Dios somos ajun-
tados por casamiento, eegund manda la Santa Ma-
dre Iglesia de Roma, lo qual diferiéramos fasta ver
el consentimiento de su Merced, y los votos é con-
sejo de todos los perlados, é grandes hombres de
todos estos sus Reynos, á los quales generalmente
fuera notificado, si entre ellos oviera la paz, é tran-
quilidad é concordia que en los tiempos pasados,
en que los tales casos ocurrieron, avia; mas seyendo
tan claro é tan manifiesto, como á todos es, que si
de todos se oviera de atender el acuerdo é consenti-
miento, fuera muy difícile de averse, ó pasara tanto
tiempo, que en estos sus Reynos ocurrieran grandes
peligros por la falta de los subcesores, nuestro Se-
ñor Dios, que en las tales cosas muestra su grand
poder, así lo tenía ordenado. De donde nosotros,
con acuerdo é consejo de los perlados é caballeros
de sus Reynos, cuyos votos é consejos ovimos, acor-
damos de contraher el dicho nuestro matrimonio lo
mas sin escándalo que pudimos, como á la merced
suya es manifiesto, no metiendo algunas gentes ex-
trangeras, ni haciendo otros ningunos movimientos,
por evitar las materias escandalosas é grandes peli-
gros que podrían ocurrir; porque en la verdad nues-
tro determinado fin ha seydo, y es y será, plasciendo
á la Merced suya, de nos aj untar, para servir á su
Excelencia con amor é acatamiento y obediencia de
hijos, é averie en paternal reverencia en todos los
dias de su vida, que Dios haga tan largos quanto por
la merced suya es deseado; é de conservar é de acre-
centar su corona Real é alto estado, é de le ayudar
á concordar, é pacificar estos sus Reynos é señoríos,
DON ENRIQUE CUARTO.
191
por manera que él sea solo Señor dellos. E asi mes-
mo de honrar, é acatar é bien tratar á todos sus na-
turales, á cada uno segund su dignidad requiere, é
favorecer con todas nuestras fuerzas á la justicia, la
qual por cabsa de los movimientos pasados está
flaca, como su Señoría lo ve. E porque de todo esto
que decimos su Señoría sea mas cierto, proferiréis
á su Merced de nuestra parle todas é qualesquier
certinidades, que para el saneamiento de la volun-
tad suya fueren necesarias, y á nosotros posibles é
hacederas. E porque su Señoría conozca esta ser
nuestra final determinación y voluntad, decirle eis,
que antes de nuestros desposorios fueron apuntados
é concertados ciertos capítulos, los quales pública-
mente yo el Príncipe aprobé, otorgué, firmé é juré
muy solemnemente. El tenor de los quales es este
que se sigue.
Capitulación hecha y jurada por él muy ilustre y ex-
celente Principe Rey y Señor, el Rey Don Hernan-
do, Rey de Sicilia, primogénita y legitimo suhcesor
de los reynos de Aragón, é la muy excelente y muy
esclarecida señora la señora Doña Isabel, prim^ogé-
nita legítima subcesora de los reynos de Castilla y
de León.
Primeramente, que su Señoría como cathólico
Príncipe é Señor, será devoto é obediente á los man-
damientos de la sancta madre Iglesia y Sede Apos-
tólica, y do los Pontífices della que canónicamente
á la sancta Sede Apostólica fueren elegidos, é terna
encomendados á los Perlados é personas eclesiásti-
cas y religiosas con la honra é acatamiento que se
debe á la sancta Madre Iglesia, y á la libertad ecle-
siástica.
Iten, que con toda fiel reverencia tratará é obe-
descerá al muy alto é muy poderoso Príncipe, Rey
é Señor, el señor Rey D. Enrique, y que en todos los
días de su vida le terna por su Rey y lo acatará, que-
riéndole su Alteza así recibir; y que á todo su leal
poderío no consentirá, que persona alguna de qual-
quier estado é condición que sea se aparte de su
servicio é obediencia; mas que trabajará con todas
sus fuerzas, que todas é qualesquier personas de
estos sus Reynos le obedezcan é sirvan.
íten, que con toda veneración y acatamiento
avrá é terna por madre é señora á la ilustre señora
Reyna Doña Isabel, madre de la dicha señora Prin-
cesa.
Iten, que á todo su leal poder será unánime y
conforme con el dicho señor Rey Don Enrique, para
facer guardar la justicia é todos los buenos usos é
costumbres de estos sus Reynos é señoríos, y lo que
así en él fuere lo cumplirá é guardará, é será asi-
mcsmo en que se guarden los establecimientos ó
leyos de estos sus Reynos.
Iten, que jura y promete de guardar la con-
cordia ó paz hecha entre el dicho señor Rey Don
Enrique é la dicha señora Princesa, guardando
aaimesmo la dicha concordia su Alteza del dicho
señor Rey.
Iten, que jura é promete que consumido el matri-
monio con la dicha señora Princesa, que estará con
ella en los dichos Reynos personalmente, é que
nunca se partirá de ellos sin voluntad é determina-
do consejo, é que no la sacará fuera de estos Reynos
sin su consentimiento.
Iten, que jura é promete que quando le dé Dios
alguna generación así hijo como hija, segund que
de nuestro Señor se espera, que á los tales hijos é
hijas nunca los apartará de ella, ni los sacará fuera
de estos Reynos, mayormente al primogénito quo
de ella oviere, sin su licencia y expreso consenti-
miento.
Iten, que jura é promete que en todas é quales-
quier cartas y provisiones, é otras qualesquier es-
cripturas que se hayan de firmar é enviar, se hayan
de intitular entrambos juntamente, é se firmen por
el dicho Príncipe é por la dicha Princesa, y que
esto mesmo se guardará en los Reynos é señoríos,
que el dicho señor Príncipe tiene ó toviere,
Iten, que jura é promete de no traer ni poner al-
guna ni algunas personas en el Consejo, así de la
justicia como de los otros fechos, de qualquier ca-
lidad que sean, de la dicha señora Princesa ni del
dicho señor Príncipe, salvo personas naturales de
estos Reynos sin su consentimiento é deliberado
consejo de la dicha señora Princesa.
Iten, que jura y promete de guardar que la dicha
señora Princesa reciba por sí todos los juramentos
é pleytos omenages de qualquiera cibdad, villa ó
lugar ó fortaleza, que en el principadgo de estos
Reynos é señoríos la dicha señora Princesa tiene ó
toviere de aquí adelante de los dichos Reynos, al
tiempo que ella los aya de aver, é que á la dicha
señora Princesa pertenezcan, para después de los
días del señor Rey Don Enrique; mas que antes to-
dos los Alcaydes que ovieren de ser, hagan los pley-
tos omenages á la dicha señora Princesa.
Iten, que agora ni en ningún tiempo no hará ni
proveerá en cosa alguna del dicho principadgo é
señorío déla dicha señora Princesa, ni de los dichos
Reynos al tiempo que los ella aya de aver por sub-
cesion del dicho señor Rey Don Enrique, ni provee-
rá de oficio alguno salvo á personas castellanas é
naturales de estos dichos Reynos é señoríos.
Iten, que jura é promete que no dará tenencia de
alguna fortaleza salvo á los naturales y á quien-
quiera que determinare su Señoría poner en ellas á
su servicio é bien de ambos.
Iten, que jura é promete que quandoquier que su
Señoría quisiere facer merced de qualquier villa, ó
lugar, 6 juro ó otras qualesquier cosas, que las pue-
da facer sin embargo alguno, é que la tal merced él
la guardará, como si él mesmo la hiciere; ó dando su
fó ó palabra sobre ello la dicha Princesa, que él la
guardará é cumplirá como ella mesma.
Iten, jura é promete que por qualquier injuria
que el señor Rey su padre ó qualquier de los suyos
oviese rescebido en otros tiempos en estos dichos
Roynos, asimismo que por otro qualquier enojo ú
odio que el dicho señor Rey su padre ó otro qual-
CRÓNICAS DE LOS HF.YES DÉ CASTILLA.
192
qaier de los sayos oviese contra qualquier persona
de estos Reynoa, por esta cabsa no procurará con
el dicho señor Rey que las tales personas resciban
daño ó enojo, ni hará iuovacion alguna contra las
tales personas, antes por contemplación de la dicha
Princesa apartará de sí qualquier rancor y enojo
que tenga contra qualquier personas que sean do
estos Reynos.
Iten, que jura é prometo do no tomar empresa
alguna de guerra ó confederación de paz con qual-
quier Rey ó señor comarcano, ó con qualquier ca-
ballero ó señor de estos Reynos eclesiástico ni se-
glar, sin voluntad de la dicha señora frincesa é de
su determinado consejo; porque mejor se hagan
todas las cosas á servicio de Dios é del dicho señor
Rey, é bien del uno é del otro é destos dichos Rey-
nos.
Iten, que jura é prometo de dar á la dicha señora
Princesa en acatamiento ó confederación de los
Reynos de Castilla, que él ha con ella, para después
de los dias del señor Rey Don Enrique, en acrecen-
tamiento de su dote, en el Reyno de Aragón á Bor-
ja, é á Magallon; y en el Reyno de Valencia á El-
che y á Crevillen; y en el reyno de Secilia á Zara-
goza y Catania: los qnales lugares siempre fueron
dados á las Reynas de Aragón antepasadas.
Iten, que jura é promete de dar á la dicha señora
Princesa allende los lugares susodichos, en cada uno
do los dichos Reynos un lugar que ella quisiere y
escogiere, excepto que los tales lugares no sean ca-
beza de los dichos Reynos é principadgos; é que la
dicha señora Princesa en su vida aya é tenga los
pechos é derechos é todas las otras rentas de los di-
chos lugares; pero que los Alcaydes que oviere de
poner en los dichos lugares, que sean narurales de
los dichos Reynos é no extrangeros. E que si por
caso Dios dispusiese del dicho señor Rey, que la
dicha señora Princesa en sus dias aya é tenga y po-
sea los dichos lugares é vasallos é fortalezas; é des-
pués de sus dias los ayan é tengan los herederos del
dicho señor Rey, ó se tornen á la corona Real. Y
esto mismo se entienda, asi en los lugares que se
dieron á las otras Royaas de Aragón en casamien-
to, como en los lugares que han de ser dados á la
dicha señora Princesa en su escogimiento.
Iten, que jura é prometo que si se hallare que á
la muy ilustro y excelente Reyna é señora Doña
María, muger del Rey Don Juan é á la muy exce-
lente señora Doña Juana, madre del dicho señor
Rey, allende de los lugares susodichos, les fueron
dados otros lugares ó señoríos, ó hechas otras man-
das 6 concedidas preminencias, que todo le sea dado
y entregado á la dicha señora Princesa luego que
el matrimonio fuero contraído é consumido.
Iten, que jura ó promete de dar en arras á la di-
cha señora Princesa en mejoría ó acrecentamiento
de todo lo susodicho otra tanta cantidad quanta so
hallare que el Rey Don Alonso su tio. Rey que fué
do los Reynos de Aragón é do Sicilia é del Reyno
de Nápol, prometió ó dio á la Reyna Doña María su
inuger, hermana qno fué del muy esclarecido señor
Rey Don Juan, padre de la dicha señora Princesa;
lo qual promete de cumplir desde el dia que fuere
contraydo é consumido el matrimonio hasta dos
meses primeros siguientes.
Iten, que jura é promete el dicho señor Principe
á la dicha señora Princesa de la dar y entregar
dentro de quatro meses primeros siguientes cien
mil florines de oro del cufio do Aragón, para man-
tenimiento é sustentación de su hohia y estado, y
para otras qualquier necesidades, y dende en ade-
lante sostener su estado bien y enteramente segond
quien es la dicha señora Princesa.
Iten, que jura é promete que si algunas roturas
nascieren en estos Reynos, que el dicho señor Prín-
cipe estará en ellos personalmente con quatro mil
lanzas, hasta que las dichas roturas cesen, é si las
dichas quatro mil lanzas no truxere, que el dicho
señor Príncipe sea obligado á las pagar.
Por ende diréis á su Merced que le suplicamos
con la mayor reverencia é instancia que podemos,
que mitigando qualquier enojo ó desgrado que de
lo pasado aya tenido, quiera recebiruos por verda-
deros hijos, é como tales aprovecharse y servirse de
nosotros, é no permitir que otros escándalos ni mo-
vimientos se hagan. Porque si las cosas comenzasen
á entrar por roturas segund las alteraciones de estos
sus Reynos é señoríos, sería deservido é molestado
con las fatigas que de los tales movimientos suelen
resultar, como su Señoría bien sabe, é su Real coro-
na se acabaría de destruir. Por tanto diréis á su
Merced que otra y otras veces le tornamos á supli-
car que pues conformándonos con la razón é d<?bJo
voluntariosamente lo queremos acatar ó servir como
verdaderos hijos, que á la merced suya plega acep-
tar nuestra suplicación, pues es tan justa y razona-
ble que no debe ser negada. E porque por las habí ¿ir
é gestos de las personas se conoce mucho lo que
tienen los hombres en los corazones, é aun porque
con grand deseo deseamos facer reverencia á su
merced é besarle las manos, descirle eis, que le su-
plicamos quiera dar forma como podamos ver á su
Excelencia en lugar convenible é seguro; porque
allí conocerá de nosotros, é de los perlados, é caba-
lleros é servidores suyos é nuestros que están en
nuestra compañía, que las obras no discrepan de las
palabras, segund mas largamente vos hablamos.
Por ende muy afectuosamente vos rogamos y en-
cargamos como á naturales de estos Reynos, quo
pues la dicha nuestra suplicación es justa, vos con-
forméis, para suplicar á su Merced aquello mesmo,
porque pues á su Señoría proferimos de nuestras
propias voluntades todo aquello que debemos, obli-
gados soys á lo facer así, é procurar el atajo de to-
dos los rigores, por evitar los inreparables daños
que de ellos se esperan seguir á todos generalmen-
te; lo qual en agradable servicio vos tememos, é
fiamos en nuestro Señor que por nosotros vos sea
remunerado. Yo el Príncipe. Yo la Princesa.
Oyda su embaxada é dada la creencia que así
traían, el Rey después de haber hablado con los del
su Consejo, habló con ellos, é les respondió que
DON ENRIQUE CUARTO.
103
aquello que traían era cosa de mucha importancia,
é que requería deliberación é acuerdo; que convenia
comunicarlo con los grandes de sus Reynos que allí
avian de venir, é que ávido su acuerdo é consejo
con ellos, él los mandaría responder. E así se torna-
ron sin respuesta ninguna los mensageros.
CAPÍTULO CXXXVIII.
De como Don Alonso de Aguilar sobre el amistad fecha por el
Rey entre él y el Conde de Cabra é sus hijos prendió al Maris-
o#i Don Diego de Córdoba , y de lo que sobre ello subcedió.
Al tiempo que el Rey estuvo en Córdoba, vista la
enemiga que estaba entre el Conde de Cabra é sus
hijos con Don Alonso de Aguilar, mandó que fue-
sen amigos, é asi venidos delante de su Real pre-
sencia , habláronse ; pero como Don Alonso tenia
raygada la enemistad contra el Conde y sus hijos,
no estimó su amistad ; en tal manera, que siempre
fueron incompatibles en la vivienda de la cibdad,
mayormente que confiaba en la grand parte que te-
nia con el Maestre Don Juan Pacheco. E asi fué que
el Mariscal Don Diego de Córdoba , hijo mayor del
Conde de Cabra, vino á la cibdad de Córdoba sobre
aquella seguridad , que de razón debía de venir co-
mo Alguacil mayor della por el Conde su padre.
Donde fué rescebido por Don Alonso con alegre
semblante; é como él ya tenía fecha su confedera-
ción con algunos de los mas principales Regidores
y caballeros de la cibdad , luego que todos vinieron
al Ayuntamiento , donde se acostumbraban juntar,
para entender en las cosas del regimiento é gober-
nación de la cibdad , Don Alonso de Aguilar se le-
vantó con mano armada, é con ayuda de aquellos
que eran con él , prendió al Mariscal Don Diego de
Córdoba é á Don Sancho su hermano ; é presos muy
deshonestamente , envió luego al Mariscal á su for-
taleza de Cañete, donde lo pusieron en grandes
prisiones, é á Don Sancho tóvolo consigo por algu-
nos dias. Sabido aquesto por el Rey, ovo grand
enojo, é se indinó contra Don Alonso de Aguilar,
porque asi avia quebrantado la paz y amistad en
que los avia dexado ; é luego sin mas dilación en-
vióle á mandar que lo soltase sin detenimiento nin-
guno, con apercibimiento que si lo contrarío ha-
cia, de ir en persona contra él. Llegado aqueste
mandamiento á Don Alonso, soltó al Mariscal; y asi
suelto é puesto en su libertad en la villa de Baena,
determinó de le afear é reprochar á Don Alonso, lla-
mándole á trance de batalla ; pero antes que le es-
cribiese ni hiciese nada, escribió al Rey una carta
en la forma siguiente:
« Muy alto é muy poderoso Príncipe y Señor. Don
>) Diego vuestro Mariscal , y Alguacil mayor de la
» cibdad de Córdoba, besólas manos de vuestra Real
I) Señoría ; la qual bien sabe y es notorio en vuestra
» Corte y en todos vuestros Reynos, como estando
» yo en la misma cibdad de Córdoba en las casas del
» Cabildo en buena paz ó concordia con todos los de
«la cibflad , un dia miércoles, que fueron veinte y
«cinco días del mes de Octubre, año de mil é qua-
Cr.— III.
«trocientes, é sesenta é nueve años, Don Alonso de
» Agilar me envió á rogar con Alonso de Ángulo
» que yo s.ubiese á lo alto de la dicha casa á hacer
» colación con él , é yo subí por su ruego ; y estando
» entrambos ya acabando de comer y beber , recres-
« ció gente armada , la qual él tenia junta para me
» prender , y el dicho Don Alonso me prendió con la
» dicha su gente armada ; lo qual hizo, sin proceder
» desafio, que por él me fuese fecho, ni injuria que
«yo le hiciese, ni otro caso por donde me debiese
» prender , como me prendió ; y en la prisión que
n me hizo me trató asaz injuriosamente, por lo qual
« segund las leyes y prematicas reales de vuestros
» Reynos , el dicho Don Alonso incurrió en crimen
» é caso de aleve. E porque , muy poderoso Señor,
)) yo le quiero demandar , é afear en presencia de
«vuestra Señoría, que yo con el ayuda de Dios, é
» de mi Señora la Virgen María , é del Apóstol San-
» tiago , é con la justicia é verdad que tengo , en-
» tiendo do le facer confesar el mal caso de alevo-
» sía en que cayó, ó le mataré , ó echaré del campo
» en presencia de vuestra Real Magostad ; porque
» aquesto asi por mi fecho , vuestra Alteza le man-
» de por su sentencia las penas que por las leyes y
)) ordenamientos de vuestros Reynos son estableci-
« das contra los alevosos. E dándome vuestra Seño-
« ría esta licencia é facultad , usará de su justicia ó
« hará aquello que á Rey justo pertenece y es debi-
»do de facer, y hará en ello á mí merced. E quan-
» do , lo que á Dios no plega, á vuestra Alteza no
«le pluguiere darme esta libertad y li^icia, y me
«la denegare por palabra, ó disimula^Hk respues-
« ta en tal manera, que la tal licencia no me quiera
«dar, si yo buscare lugar é manera por donde yo
«pueda satisfacer á mi honra, y aclarar la fealdad
» é alevosía que el dicho Don Alonso de Aguilar
» fizo, yo protesto de por ello no caer ni incurrir en
«caso ni pena alguna; porque lo haré, si lo hiciere,
« por me ser por vuestra Señoría denegada la justi-
))cia, é no querer dar lugar á que yo la alcance de-
« lante de vuestra Real Magestad, cuya vida y es-
« tado Real nuestro Señor acresciente por luengos é
n bienaventurados tiempos. Fecha á veinte ó siete
» de Mayo , año de setenta.»
Leyda la carta é visto lo que sus mensageros le
suplicaban , como aquellas cosas eran muy agenas
de la condición del Uey, é los escándalos le despla-
cían, respondió que aquellas cosas que el Mariscal
demandaba no cumplían al servicio de Dios ni al
suyo ; y pues que lo semejante era defendido en la
religión christiana, ?1 no entendía dar la tal licen-
cia para lo que pedia , mayormente considerando
quanta enemiga entre ellos quedaría raygada de
aquella tal licencia, é los muchos males que por ello
se seguirían. Pero puesto que el Rey denegó esta
licencia, el Mariscal no dexó de seguir su propósito
comenzado ; é asi envió su cartel á Don Alonso de
Aguilar reptándolo , é afeándolo de alevosía, y de-
safiáudolo á batalla. En fin, pasados entre ellos sus
carteles, mas deshonestos que cumplidos de corte-
sía , el Mariscal asignó el campo en la vega de Gra-
13
194
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
nada, enviando sogaro del Rey de Granada, para
que fuesen allí, devisando las armas Don Alonso do
Aguilar. El qual , puesto que devisó las armas , no
fué al campo señalado por el Mariscal. Estonces el
Mariscal Don Diego de Córdoba se fué á poner en
el campo señalado con las armas que Don Alonso
avia devisado en su primera respuesta , donde estu-
vo el Mariscal esperando el dia aplazado y asigna-
do entre ellos por el Rey de Granada ; y como Don
Alonso allí no vino, el Mariscal hizo sus actos y
llamamientos contra él con sus Oficiales d'armas. E
fechos, después que fué traspuesto el sol, el Ma-
riscal tomó una pintura pintada en una tabla de la
figura del dicho Don Alonso , y atada á la cola de
BU caballo, las piernas arriba é la cabeza abaxo, la
truxo rastrando por todo el campo, disciendo á
grandes voces : « Aqueste es el alevoso Don Alonso
de Aguilar , que denegando su palabra , no vino al
plazo señalado. » Y fecho aquesto , el Rey de Gra-
nada lo dio por vencedor , é condenó á Don Alonso
por alevoso. E luego dende alli envió por todas las
cibdades del Rey no muchas tablas con aquella pin-
tura colgada á la cola de su caballo de las piernas,
y la cabeza abaxo , con un escripto en cada una, que
decia : «Este es el alevoso de D. Alonso de Agui-
lar. » En este medio tiempo el Almirante Don Fa-
drique escaló una noche á Simancas , é tomada la
fortaleza, se hizo señor della sin grado ni licencia
del Rey.
4
CAPÍTULO CXXXIX.
Como el R¿)9 Francia envió sos embaxadores sobre diversos
casos.
Entretanto que aquestas cosas subcedian por el
Reyno, el Maestre Don Juan Pacheco se partió
de Segovia para OcaSa , y dexó en su lugar con el
Roy á Don Alonso de Fonseca, Arzobispo de Sevi-
lla. Y como el Maestre llegó á Ocaña, adoleció de
una grave enfermedad , que después resurtió en
quartana ; por manera que su estada en Ocaña fué
por algún tiempo , de que el Rey sentía grand pena
por su ausencia , porque sin él ninguna cosa se des-
pachaba. En aqueste mismo tiempo el Rey de Fran-
cia envió una embaxada al Rey , demandándole á
Doña Juana su hija para el Duque de Guiana su
hermano, que por entonces esperaba subceder enla
corona ^ Francia, porque el Rey de Francia no te-
nia hijo varón. Oyda la embaxada que aquestos
raonsageros traían , hizolo saber al Maestre, el qual
respondió que su Alteza lo adaptase, ó asi el Rey
respondió que le plascia y que era muy contento;
que enviase su embaxador qual convenia para tan
arduo negocio, y que estonces se concluiría éfarian
los desposorios con aquella solenidad que de razón
convenia. Despedidos aquestos mensageros, vinie-
ron otros dos mensageros Doctores eclesiásticos con
cartas do creencia del Rey de Francia ; y explicada
au creencia, demandaron al Rey que quisiese ser
junto con el Roy de Francia para demandar conci-
lio contra el Papa Paulo , que por estonces era Sumo
Pontífice. A esto les respondió el Rey sin consulta-
lio con los del su Consejo , que los Reyes de Casti-
lla sus antepasados jamás avían seido escismáticos
contra la Sede Apostólica , mas siempre en su fa-
vor, y que él no quería quebrantar lo que ellos
avian guardado ; mayormente que él era en mucho
cargo al Papa, porque en las turbaciones pasadas
siempre le avia seido muy parcial é ayudador con-
tra los Perlados é caballeros que lo avian deservi-
do. Por tanto que le rogaba que en aqueste caso no
curase de insistir, porque él antes avia de ayudar
al Papa que ser contra él, ni dar lugar á lo que el
Rey do Francia quería. E asi fueron despodidoa
aquellos Doctores , é se fueron.
CAPÍTULO CXL.
De como Don Alonso de Monroy, Clavero de Alcántara, con los
Comendadores de la Orden se levantaron contra el Maestre de
Alcántara , y fué destruido.
Don Gómez de Cáceres, Maestre de Alcántara, no
Bolamente erró contra el Rey que lo hizo , mas fué
tan mal acondicionado, que trató muy perversa-
mente á los Comendadores de la Orden , en tal ma-
nera , que no pudiendo sufrir los agravios y sinra-
zones que les f acia , se rebelaron contra él. E)e don-
de subcedió que Don Alonso de Monroy, Clavero
de la Orden , porque siempre avia sido leal servidor
del Rey , todos los Comendadores se ayuntaron lue-
go con él ; é asi vista la maldad del Maestre, é quan
perversamente los trataba , en una conformidad con
mano armada fueron contra él para lo prender ; y
si el Maestre no lo supiera , é se pusiera prestamen-
te en buen cobro, y huyera, todavía fuera preso ó
muerto. Entonces el Clavero é los Comendadores,
visto que no lo podían aver á las manos, determi-
naron de cercar las villas de Alcántara , Valencia é
Badajoz; donde estando en el cerco, el Maestre,
allegada la mas gente que pudo, fué por descercar á
Alcántara ; pero el Clavero y los Comendadores sa-
lieron contra él al camino por donde venia é le die-
ron la batalla , donde fué desbaratado é destrozado,
de tal guisa, que nunca jamás pudo tornar á reha-
cerse. E como el Conde de Coria, su hermano, vio
el destrozo del Maestre , acordó de ir á meterse por
las puertas del Conde de Alva, que era tío de su
muger, rogándole con grande instancia quisiese ayu-
dar á su hermano, para descercar los lugares que
los Comendadores tenían cercados. Estonces el Con-
de de Alva, como era astuto é discreto caballero,
vista la necesidad con que venia , respondióle que
le plascia de ir á socorrer é ayudar al Maestre su
hermano ; pero que debía de considerar que no avia
de ir á su costa ; mas que si le daba dineros con que
pagase el sueldo á la gente , que le plascia de ir
de buen grado. El Conde de Coria le respondió que
él y el Maestre su hermano estaban tan alcanzados,
que luego no le podían dar dinero ; pero que le da-
rían en prendas algún lugar , y tal seguridad con
que él fuese contento. El Conde de Alva díxole que
le diese en prendas la cibdad de Coria , é que luego
DON ENRIQUE CUARTO.
195
iría con él á socorrer al Maestre. El Conde de Coria
con la gana que tenia de socorrer é ayudar al Maes-
tre BU hermano , é vengarse del Clavero é de los Co-
mendadores, entrególe la cibdad de Coria con la
fortaleza. E asi apoderado della el Conde de Alva,
juntó su gente é fué á socorrer al Maestre para des-
cercar á Alcántara é á las otras villas. Sabido aques-
to por el Clavero ó por los Comendadores, que es-
taban en su cerco, quebraron todas las barcas é
puentes que avia en Tejo, por manera que el Con-
de ni el Maestre no pudieron pasar ni socorrer á
alguno de los lugares que asi estaban cercados, y
se ovieron de tornar , é por estonces la cibdad de
Coria se quedó en poder del Conde de Alva. Desde
allí adelante el Maestre de Alcántara siempre fué
descayendo, sin poderse recobrar, hasta que murió,
no como Maestre de Alcántara, mas como Gómez de
Cáceres , qual era quando vino á la casa del Roy;
porque la soberana justicia de Dios es aquella que á
los tales ingratos nunca dexa sin pena, ni consien-
te que permanezcan sin rescibir el pago de sus
obras. Ca pues este Maestre, enemigo de la lealtad,
no quiso acordarse de la honra señalada y alto es-
tado en que su Rey le puso sin merecerlo , é con tan-
ta deslealtad é deservicios le fué enemigo sin cab-
sa, convenible cosa era que asi padesciese é fuese
^ destruido é desposeído en la vida , como él fué en
deshonrar é perseguir al Rey , que lo hizo ; é que
muriese deshonrado como él deshonró á quien tan-
ta honra le avia dado.
CAPÍTULO CXLT.
Como el Maestradgo de Alcántara fué dado á Don Juan de Zufiiga,
hijo del Conde de Plasencia, é se lo conflrinó el Rey.
Don Alvaro de Zufiiga, Conde de Plasencia, y la
Condesa su muger fueron tan aficionados servido-
res del Rey , que merescieron ser galardonados en
diversas maneras. E como la Condesa tuviese cer-
tidumbre de la buena voluntad del Rey, quiso sa-
ber secretamente, si avria desplacer que ella supli-
case al Papa que proveyese del Maestradgo de Al-
cántara, que asi estaba vaco , á Don Juan de Zufii-
ga su hijo , y el Rey le respondió que antes sería
placentero dello. Entonces la Condesa envió ciertos
presentes al Papa suplicándole, que pues el Maes-
tradgo de Alcántara estaba vacante, su Santidad
proveyese del á Don Juan de Zufiiga, hijo del Con-
de su marido y suyo ; lo qual el Papa le otorgo, é
dio sus bullas Apostólicas; é venidas, el Rey gelo
confirmó con mucho amor. E quanto quiera que el
Clavero, é muchos de los Comendadores por eston-
ces estuvieron alterados é desobedientes, al fin ovie-
ron de venir á darle la obediencia ; porque á la ver-
dad la Condesa, como era varonil, por pura fuerza
de armas ganó la villa de Alcántara é otros muchos
lugares del Maestradgo ; por manera que unos Co-
mendadores por amor, y otros por fuerza, y otros
por miedo, vinieron á obedecer á su hijo por Maes-
tre, y quedó pacificamente con el Maestradgo.
CAPÍTULO CXLTI.
Como el Rey se fué á Madrid, é las cosas que sabcedieron por t\
Reyno estando allí.
Como el Maestre Don Juan Pacheco, á cabsa de
su larga enfermedad, no se atrevía á venir á Sego-
via por el largo camino é asperidad de los puertos,
acordó el Rey de pasar á Madrid porque estaría mas
cercano del, para la consultación de los negocios
que de contino ocurrían ; donde venido , reposó. E
pasados algunos días, el Conde de Armeñaque se
vino huyendo á se poner debaxo de su amparo, por-
que el Rey de Francia lo quiso prender é le toma-
ba toda la tieri'a ; no porque le avía fecho traycíon
alguna, salvo que sin su licencia é mandado so avia
casado con la hija del Conde de Fox , Príncipe de
Navarra. E asi venido, el Rey le mandó hacer hon-
rado rescebimíento , é fué muy bien aposentado , é
estuvo allí por algún tiempo , hasta que el Rey de
Francia lo envió á llamar á trato del Cardenal Atra-
batensis. El qual sobre grandes seguridades que le
dio por parte del Rey de Francia, é partida con él
la Hostia del Corpus Ch'isti, lo mataron á pufiala-
das muy crudamente ; pero al Cardenal que tan
grand insulto consintió, no le dexó Dios sin pena,
que después se quemó de fuego salvage sin reme-
dio alguno ni cura que le pudiese prestar sanidad;
é asi murió mas desesperado que con devoción,
aunque tardó algún tiempo. Después que el Maes-
tre de Sanctiago se sintió mas convalescido , aun-
que avia quedado quartanario, hízose traer en an-
das á Madrid, donde el Rey en persona con los per-
lados, é caballeros de su Corte, lo salió á rescebir
con mayor solenidad que si fuera otro alguno su
igual. ¡ O singular é maravillosa grandeza de Dios,
alto, poderoso, infinito ! ¡ quán altos son tus miste-
rios! ¡quán escures tus juicios! ¡quán profundos
tus secretos! Al que fue desonrador de su Rey ; al
que con tantos vituperios lo amenguó ; al que con
tantas deshonestidades lo persiguió, ¿ cómo, Sefior,
consientes y te plasce que con tanta honra lo res-
ciba su Rey, por él ofendido, con tanta obediencia
salga el Sefior á su siervo, y el hacedor á su hechu-
ra ? Entretanto que el Maestre convalescia de su
quartana, siempre el Rey con toda su Corte estu-
vieron en Madrid hasta que fué libre ; pero todos
los negocios del Reyno se despachaban por su ma-
no. En este medio tiempo que él asi convalescia,
aconteció que Luis de la Cerda, Alcayde de Esca-
lona, al tiempo de las turbaciones del Reyno, se re-
beló con la fortaleza é con la villa contra el Rey
por la parte de los tíranos, y estuvo siempre só
aquella rebelión. E puesto que muerto el Príncipe
Don Alonso , todos los Perlados é caballeros vinie-
ron á la obediencia del Rey, él jamas quiso venir,
temiendo que le quitarían la tenencia. Pero como
era mortal , é avia de entrar por el camino estrecho
de la carne humana, adolesció de una grave enfer-
medad, de que murió; y estando asi, de que conos-
ció en muerte, mandó á todos los suyos que entre-
196
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
gasen la fortaleza é la villa al Rey sin detenimien-
to alguno. Entonces los suyos obedesciendo su man-
dado como buenos servidores, acabado de enterrar
á su señor, enviaron á decir al Rey que viniese á
tomar su fortaleza ó la villa de Escalona, de que el
Rey fué muy alegre é plascentero , porque quería
aquel lugar para su deporte é recreación ; pero su
plascer luego se tornó en doblado enojo ; ca como
el Maestre Don Juan Pacheco supo de la muerte
de Luis de la Cerda, y que los suyos querían entre-
gar la villa é fortaleza al Rey, envióle suplicar le
hiciese merced della. E quanto quiera que el Rey
dio algunas legítimas excusaciones porque no la
debia dar ni agenar, en fin la importunidad del
Maestre fue tanta, que contra su grado se la dio y
mandó dar y entregar. E porque aquellos que den-
tro estaban dixeron que no la avian de dar 6 otro
ninguno, salvo á la persona del Rey, el Maestre le
hizo que fuese luego á mas andar á Escalona, don-
de llegado, fué rescebido , y asi la entregó al Al-
cayde que el Maestre envió. En aqueste medio
tiempo fálleselo Don Pedro Hernández de Velasco,
Conde de Haro, é subcedió en el señorío Don Pedro
de Velasco, su hijo mayor. Aqueste Conde fué el
que en aquestos tiempos se halló vivir é morir mas
catholicamente como verdadero cristiano é con mas
honrada fama de varón temeroso de Dios que nin-
gún caballero ni señor de todas las Españas ; por-
que retraydo de la Corte, y de todas la vanidades
del mundo en una villa suya, que se dice Medina
de Pumar, hizo un Monesterio encerrado de mon-
jas generosas, donde puso tres hijas suyas, é hizo
un hospital para doce hidalgos que viviesen en po-
breza, donde fuesen sustentados honrosamente ; y
dotó el monesterio y el hospital engrand abundan-
cia ; hizo asimesmo una capilla, á donde puso sus
antepasados, y él se enterró. Y no solamente aques-
to, mas antes que muriese, hizo el descargo do su
conciencia en suma de mas de quince quentos, que
de muy pocos ó de ninguno se podría descir lo se-
mejante. Asi que podemos descir por él que dexó
perdurable memoria para certidumbre de su salva-
ción, é que mayor envidia deben de aver los nobles
do su fin que de su estado que dexó. En pos de
aquesto subcedió que el Conde de Benavente estan-
do en algunas diferencias con el Conde de Lemos
é con el "Vizconde de Bazan, el Conde (}e Luna, que-
riéndolos conformar ó poner en paz , trató vistas
entre ellos, para que se juntasen en la villa de Vi-
llalpando. Donde convenidos, el Conde de Benaven-
te prendió al Vizconde de Bazan, é preso, mandó-
lo llevar á la fortaleza de Benavente. Luego sin
dilación fué con grand gente é puso cerco sobre
Matilla, una villa que era del Conde de Lemos, é la
tomó. E porque los antepasados del Conde de Be-
navente avian usurpado, é tenían injustamente los
Barrios de Salas, que eran de la Iglesia y Obispado
de Astorga, á cuya cabsa estaban puestas graves
censuras contra todos ellos, él queriendo sor obe-
diente ú la Iglesia, se desapoderó de todos ellos, y
los entregó á Don Garcia de Toledo, que por en-
tonces era Obispo de Astorga, y fué absuelto de la
descomunión papal que sobre aquesta cabsa estaba
puesta. En aqueste medio tiempo subcedió que co-
mo el Arzobispo de Toledo se mostraba muy si-
niestro al servicio del Rey, y en aquello insistiese,
un Capitán muy acepto al servicio del Rey, que se
decía Christobal Bermudez, vista la poca obedien-
cia que mostraba contra el Rey, fué con la gente
de su capitanía, é combatió la fortaleza de Canales,
que es del Arzobispo de Toledo, é tomóla por com-
bate, de que el Rey fue muy contento, é lo tovo en
servicio ; pero el Arzobispo ovo tan grand senti-
miento, quanto si otra mayor injuria le fuera fecha;
en tal manera, que de allí se siguieron asaz escán-
dalos é robos é males de cada parte por el Reyno
de Toledo. Pasados algunos días después que el
Maestre fué convalescido, f ué^acordado entre el Rey
• y él qu,e pues avia dado su palabra Real al Conde
de Plasencia de le facer equivalencia por la cibdad
de Truxillo, que le hiciese merced de la villa de
Arévalo con título de Duque ; é asi fecha la merced
é confirmándogela, lo hizo Duque de Arévalo, aun-
que la villa era de la Reyna Doña Isabel , muger
que fué del Rey Don Juan de gloriosa memoría,
padre del Rey. E porque al tiempo que los tiranos
alzaron por Rey al Príncipe Don Alonso, quando lo
truxeron allí, se la empeñaron por ciertos quentos ^
de moneda, é la tenia en prendas de lo que avia
prestado, el Rey le hizo merced della. Esto en
alguna manera paresció cosa de mal enxemplo, por-
que desheredar á las viudas , mas fué querer hacer
fuerza, que usar de franqueza. De lo qual la Prin-
cesa Doña Isabel, como hija, ovo grand sentimiento,
puesto que por estonces no lo pudo remediar.
CAPÍTULO CXLIII.
Como el Rey se partió de Madrid para Segovia, é délas cosas que
subcedieron.
Después que el Maestre fué libre de la quartana
fué acordado que el Rey se fuese á Segovia, donde
páresela tener algún descanso, asi por la salud del
Maestre, como porque él lo descuidaba de los nego-
cios que subcedian é ocurrían ; por manera, que sin
empacho se podia andar por los montos, y estar en
sus bosques á su plascer. Pasados algunos dias des-
pués que estaban en Segovia, el Maestre entregó el
Alcázar al Rey, y fué dada la tenencia del al Ma-
yordomo Andrés de Cabrera. En este medio tiempo
vino allí el nuevo Conde de Haro á hacer reveren-
cia al Rey, donde fue rescebido con mucho amor,
y tratado con grand honra, asi por el Rey como por
los señores de la Corte. E como por estonces avia
grandes males de bandos é questiones en las pro-
vincias de Guipúzcoa y de Vizcaya, acordó el Rey
do enviar allí con grandes poderes de Virrey al
nuevo Conde de Haro, asi porque estaba muy ve-
cino dellos, como por ser el mayor é mas poderoso
de aquellas comarcas y porque era caballero pru-
dente é muy cuerdo. El qual obedesciendo lo que
asi le era mandado por su Rey , f uélo á cumplir y
DON ENRIQUE CUARTO.
197
ponerlo por obra, y entró muy poderosamente , se-
gund que para tal caso convenia. Donde entrado, é
obedescido por entrambas provincias, fecha su pes-
quisa con grand diligencia, halló que Pedro de Aven-
daño é Juan Alonso de Moxica con algunos pa-
rientes é valedores suyos eran cabeza de bandos, á
cuya cabsa se seguían muchos escándalos é muer-
tes y robos é males que de contino se hacían. E
asi administrando justicia, vistos los insultos que
por ellos se recrescian, mandó por su sentencia que
Pedro de Avendafio, é Juan Alonso de Moxica sa-
liesen desterrados fuera de ambas provincias,» no
tornasen á ellas fasta que fuese la voluntad del
Rey, é que para tornar les fuese dada expresa licen-
cia de su Alteza , so pena de la vida, é de perder
sus haciendas, si lo contrario hiciesen. E después
de justiciados muchos ladrones é malhechores, que-
dó la tierra en grand paz é sosiego , si el diablo no
tornara á sembrar su discordia y á tender las redes
de sus escándalos , para lo que después subcedió,
segund que adelante será recontado. El Maestre
Don Juan Pacheco que tenia enagenada la su villa
de Montalvan en poder del Conde de Alva desde la
batalla de Olmedo, quando se la entregó en pren-
das de los vasallos que él y los otros tiranos le
prometieron, para que rompiendo su f ee tantas ve-
ces dada, dexase al Rey, é se pasase á dios, traba-
xaba con el Conde, que gela tornase. Pero el Conde
nunca quiso desapoderarse de ella, antes requería
al Maestre cumpliese con él lo que mas principal-
mente que los otros le avia prometido, y que en otra
manera no la entendía de dexar. E quanto quier
que el Maestre traia sus rodeos , disciendo no ser
obligado á cumplir aquella promesa, nunca el Con-
de de Alva quiso dexar la villa. Estonces el Maes-
cre acordó que el Conde se viniese á ver con él é
con el Arzobispo de Sevilla á Sanct Pablo de la Mo-
raleja. Donde convenidos, ansi para concluir su de-
bate, como para dar algún medio de paz en el Rey-
no, el Almirante Don Fadrique les envió esta car-
ta siguiente :
«Señores amigos, enemigos de Dios y de Casti-
» Ha : vosotros y nosotros ¿ por qué queréis que de-
» mos mal enxemplo de todo» los que agora vivimos
»y estados tenemos, que para siempre perdamos
»las almas, y en las Corónicas las famas; que en
» nuestro tiempo se sufra tal destrucion , que es peor
» que la de Don Rodrigo ; que por las cobdicias é
» omecillos secretos y públicos sea destruida la mas
» honrada fama de Rey é de caballeros que en Rey-
» nos de Christianos solia é pudo aver ? Ya todo lo
» pasado era tolerable , aunque vergonzoso é daño-
H so ; porque los prisioneros de las guerras se daban
«sobre las fees , y era toda la guerra entre parien-
»tes é amigos; é asi los cabsadores como los defen-
)) sores con sola la lengua é conocimiento unos á
» otros se soltaban ; los vencidos é presos é los ven-
» cedores se dolían del trabajo de los otros. Mas ago-
» ra los enemigos de Dios é de nuestra sancta Ley
» metidos por parciales en estos Reynos, se glorifi-
»can asi vencidos como vencedores en ver la san-
1) gre de los Christianos derramada , é los hombres,
Dmugeresy niños captivos ; los quales dan voces
» ante Dios y el mundo por las susodichas cosas , é
)) por otras que quiero callar. Por lo qual me parece
» que la vergüenza de lo pasado y la f ee de lo pre-
» senté é por venir nos debrían de cerrar los corazo-
Dnes á la cobdicia, é abrirlos á la conciencia, para
1) que dexados nuestros particulares provechos, en-
» tendamos todos en el bien común y paz de estos
n Reynos. Por ende , Señores , pues agora yo he sa-
» bido que vosotros todos tres tenéis la péñola del
))Rey nuestro Señor en vuestras manos, é ahí vos
«juntáis, y estos muy esclarecidos Príncipes se jun-
» tan en Dueñas con el muy reverendo Señor el Ar-
» zobispo de Toledo é con otros Grandes que allí
» seremos , plégavos por solo el servicio de Dios y
» por la honra de todos los que agora vivimos, de
«dar orden como se dé un lugar, dó todos nos po-
» damos ayuntar , para que se dé entre todos tal f or-
»ma, que no pasen los males adelante; que harto
» es de mala ventura entre tantos debdos é parien-
» tes tan cercanos no aver de hallar quien tenga esta
«salvaguarda, pues que entre moros y Christianos,
» personas de quien se puede fiar , hallarse suelen.
« E paréceme que seria bien dar tal orden , que es-
» tando todos alli ayuntados , y en manos del mejor
n clérigo 6 fraile que á vosotros paresciese , é aver-
«se pudiese, puesto el cuerpo de Christo delante, y
« él revestido , tomase á todos los que alli estuvié-
« sernos juramento que aquesto que seguimos , que
» creemos ser verdad quanto á Dios é al mundo A
» todo nuestro creer é saber , é lo seguiremos sin
«otra alguna pasión, amor ni interese. Para esta
» cónclave deben ser llamados todos los Grandes del
» Reyno que quieran venir, é si esto no quisieren
«jurar, juren de seguir lo que seguiéremos los que
«juráremos. E porque así creo podría ser remediado
« este fuego infernal como en este Reyno está en-
n cendido , con esto me descargo ante Dios é ante
« todos vosotros , é vos pido por merced ésta mos-
«treis al Rey nuestro Señor, porque vea y conozca
» mi deseo. Al qual no escribo , porque sé que no
)) aprovecharía , como en las otras cosas pasadas
» hasta aquí , que vosotros los Grandes é yo le ave-
» mos escrípto. Nuestro Señor vuestras personas y
» estados conserve é acreciente. De la mi villa de
aValdenebro á quatro de Noviembre. El Almi-
« rante. »
Leyda su carta , no curaron de le responder por
estonces , porque el Maestre y el Arzobispo de Se-
villa no estaban de aquel propósito que el Almiran-
te quería, mas eran de contraría opinión , y sola-
mente procuraron de se concordar con el Conde de
Alva, para lo que eran allí venidos. E como el
Maestre era tan astuto , que á todas las diferencias
sabía dar remedio , señaladamente á las de su inte-
rese, concertó con el Conde de Alva, que pues él
tenia la cibdad de Coria, y el Maestre de Alcántara
y el Conde de Coria su hermano eran muertos, que
él se la haría dar ó confirmar de juro , con que le
haría dar título de Duque de Alva, é Marqués do
198
Coria é Conde del Barco, coiulicionalmente que lue-
go dexase á Montalvan y á la Puente del Arzobis-
po. Lo qual el Conde do Al va aceptó de buen gra-
do , porque su deseo era de acrecentar su estado , é
subir en títulos de tanta dignidad é honra, y asi el
Maestre , haciendo liberal franqueza do lo del Rey,
recobró su villa, y envió las provisiones al Rey
para que las firmase, el qual, puesto que le desplu-
go , no lo contradixo , antes luego las firmó é despa-
chó. Dadas las provisiones al Conde de Alva , en-
tregó á Montalvan c dexó la Puente del Arzobispo,
ó do alli adelante se intituló Duque de Alva é Mar-
qués de Coria , é Conde del Barco. E despedidos con
mucho amor, el nuevo Duque de Alva se volvió á
su tierra , y el Maestre y el Arzobispo á Segovia.
Donde llegados , vino al Rey el Licenciado de Al-
calá por parte del Arzobispo de Toledo con una car-
ta de creencia , que descia :
«Lo que vos el Licenciado de Alcalá aveis de des-
»cir de nuestra parte al Rey nuestro Señor, es lo si-
Mgaiente: Primeramente, después de besadas sus Rea-
wles manos en nuestro nombre , diréis á su Alteza
))que ya sabe los grandes escándalos que en estos
»Reynos se han levantado de siete años é esta parte
na cabsa de la subcesion de ellos. E como quiera que
«las opiniones de los unos é de los otros en el princi-
»pio es do creer que fuesen fundadas sobre justo ze-
»lo, bien se puede descir que al medio ni al fin no
»han conseguido, ni consiguen con el comienzo, se-
»gun los grandísimos males é daños , é destruiciones
))que se han seguido de cada dia , é se continúan. E
»que á su Merced es manifiesto el estado'en que se ha
jpuosto su Real dignidad , é como estos sus Reynos
nestán en total perdición por falta de justicia , que
»en ellos no hay alguna , salvo aquella que la nece-
Dsidad ha puesto y pone en algunos pueblos , aun-
nque pocos ; y en las otras partes parece que no hay
«otro derecho salvo la fuerza. Asimismo ve su Alte-
»za un intolerable daño que se ha seguido é sigue de
ola moneda, el qual ha traido é trae tan grand con-
»fu8Íon , que bastaria para destruir un Reyno muy
ísano , quanto mas uno tan quebrantado como este,
»y tan lleno de miserias é afliciones, é tan mengua-
»do de todas las cosas convenibles al sostenimiento
»de la república. Asimismo, que bien ve su Merced
«las guerras particulares que al presente hay entre
DBUB naturales en las montañas, en las Asturias, en
sGalicia , en Estremadura, en Sevilla, en Córdoba y
3»en otras partes de menor calidad ; en las quales ha
»avido tanta efusión de sangre, c tantos robos é tan-
}>ta8 quemas , que si huviese seido en los tiempos
i^asados, sería dolor do lo oir, quanto mas de lo ver
dIos que lo vemos por los ojos, veyendo en estas tur-
»baciones levantarse hombres de sendas lanzas , é
»con latrocinios y robos llegar á tener ciento é dos-
»cientas , é sostenellas con el sudor de los mísera-
«bles , comiendo sobre aquellos los tales robadores,
«como se^hizo en Francia en tiempo de sus devisio-
«nes. E diréis á su Señoría que todos estos males en
«alguna manera serian reparables por tiempo , ex-
scepto las muertes ; porque si se toman fortalezas ó
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
«villas, ó otras cosas de unas partes á otras, torio se
«queda en sus Reynos, y en poder de sus naturales;
))cmpero las muertes que de cada dia subceden , no
»hay remedio ; y aun esto es mayor mal, por lo que
«agora parece que se comienza, entrando los moros
«enemigos de nuestra santa Fé poderosamente , ha-
Bciendo las crueldades é males que se hacen, matan-
))do, é quemando é destruyendo sus tierras; que
«aquesto parece un mal irreparable , según la fama
«suena del esfuerzo de este Roy de Granada, é la en-
«trada que agora hizo á dó ha muy grandes tiempos
»qua moros no llegaron; é si agora no se les pone al-
»guna resistencia , segund las contiendas que están
«en el Andalucía, mucho se debe de temer el perdi-
))miento de aquella tierra , é aun mas adelante por
«los aparejos que parece que hay para ello, é mas por
«los grandes pecados de todos. Y diréis que como
))nos seamos constituidos en esta dignidad , que es la
«mayor de estos Reynos, y llegados en tal edad, que
«por estas cosas somos mas obligados á procurar el
«servicio de Dios y el bien común que otro ninguno,
»é instimulados de estos grandísimos males é daños
«que vemos acrecentar, é de los que se nos figuran
«que entre ellos pueden venir, si nuestro Señor Dios
«no lo remedia, é nosotros todos no lo remediamos
»é no nos ayudamos mejor que fasta aquí, acorda-
«mos de vcm enviar á su Alteza por descargo nuestro
»á le suplicar é requerir con Dios nuestro Señor, que
«pues se muestra todo esto resultar del debate de
«esta subcesion (porque durante esto, no parece que
su Señoría puede asi remediarlo, porque lo que una
«parte dice, la otra lo niega); que á su Real Señoría
«plega por servicio de Dios, é por facer bien é mer-
«ced á estos Reynos suyos , é por el bien universal
«de aquellos que en esto se entienda. E diréis que el
«parescer nuestro queremos descir asi como uno de
«los principales de sus Reynos según somos obliga-
«dos , só pena de caer en mal caso; el qual sería, á su
«Señoría plasciendo, que se toviese esta forma : que
»su Alteza permitiese é mandase que nos ayuntase-
«mos en alguna parte convenible los Perlados é Gran-
«des de sus Reynos , en especial los que sean mas
«cercanos , para prestamente se poder juntar, y que
»á mi ver podríamos ser estos que se siguen : De los
«caballeros: el Maestre de Sanctiago, el Duque de
«Arévalo, el Marqués de Santillana, el Duque de Al-
«burquerque , y el Conde de Ilaro , y el Duque de
«Alva , y el Conde de Benavente , y el Conde de Tre-
«viño y el Almirante. De los Perlados: Micer Biano-
«rio. Nuncio Apostólico, el Arzobispo de Sevilla , el
«Obispo de Sigüenza , el de Burgos , el de Coria y
«nos, é otros algunos , si para esto pudiesen conve-
«nir , como dicho es ; por manera que fuésemos en
«número nones. E para este ayuntamiento, por las
«diferencias que hay entre algunos de éstos, oviese
«algunas seguridades entre nosotros, para nos guar-
«dar durante aquel. E juntos jurásemos en el sepul-
«cro de Sanct Vicente de Avila sobre la Hostia con-
«sagrada en manos de un Preste de dar aquel medio
«en aqueste fecho qual nos pareciese ser cumplidero
»al servicio de Dios é suyo, y á la paz, é sosiego é
DON ENRIQUE CUARTO.
199
«buena gobernación de estos sus Reynos é señoríos,
Dé sostenimiento de su estado Real; ca grand ver-
3)güenza é daño es de todos sus naturales que siendo
»él nuestro Señor é Rey, tenga las necesidades é po-
seo pederé desabtorizamiento que su Merced tiene;
»que los ceptros Reales acompañados quieren ser de
«moderadas riquezas é poderío, con que puedan sa-
Dtisf acer los servicios , é castigar los maleficios. E
íasimismo para dar orden en todos los otros daños
ísobredichos, é principalmente en lo de la moneda,
»y en lo de la resistencia de los Moros enemigos de
ínuestra santa Fé ; que grand oprobio debe ser y es
ȇ la nobleza castellana que los comarcanos pasen
»lo8 mares á conquistar tan grand muchedumbre de
j)moros , y que estos pocos que tenemos aquende del
]>agua no solamente se nos defiendan, mas nos en-
wtren á tomar la tierra. E que destos , que ansí nos
«juntáremos , se conformen lo menos con la deter-
»minacion de los mas , y que á su Alteza plega de
»estar al consejo de estos. E nos procuraremos que
>asi mesmo hagan los Señores Príncipes; y placerá
»á nuestro Señor , que usando de su acostumbrada
smisericordia, alumbrará á todos, para que hallemos
«entero saneamiento para agora é para de aquí ade-
2>lante; que ya se halló en otros tiempos por permi-
»sion de Dios en otros tan grandes debates; el qual
»no tiene agora menos poder que solía , si nosotros
j)á él nos encomendásemos. Y quando entero sanea-
»miento no se hallase, no podría ser que algún mo-
ndo no se diese porque en la vida suya durante no
íovicse sobre que debatir, y el debate se suspendie-
íse , y los Reynos se pacificasen y gobernasen , por
«manera que Dios fuese servido, y su Señoría tenido
Dé acatado como es razón, é los enemigos de nues-
»tra santa Fé resistidos y aun molestados. Por tanto
Ddiréis que una y muchas veces amonestamos é tor-
Dnamos á suplicar á su Alteza que quiera volver los
«ojos de la discreción que Dios le dio, sobre estos
«Reynos que le encomendó, é poner alguna meleci-
»na sobre tan grandes llagas como en ellos hay.
»Para todo lo qual podréis de nuestra parte certificar
»á su Real Señoría que hallará toda nuestra persona
«é casa dispuesta, y que ninguna cosa que á nos sea
jposible de hacer, nos será grave. E que de esto, que
«con verdadero zelo del bien común y de toda pa-
«sion é interese particular despojados suplicamos é
«aconsejamos á su Real Señoría, como somos obli-
Dgados según las leyes, hacemos testigos á nuestro
»Señor Dios en los cielos , é á su Señoría é á todos
»los que lo supieren en la tierra, para descargo de
]>nuestra conciencia é honra de la fialdad que le de-
♦bemos.» Vista esta creencia é leida por el Rey, res-
pondió al Licenciado, é díxole : «Decid al Arzobispo
»que yo le agradezco su buena voluntad, é que plas-
Dciendo á Dios , en todo lo que él envia á desoír por
»su creencia , se dará presto tal modo y orden qual
Del verá.» Aquesto descia el Rey, porque ya espera-
ba el embaxador de Francia.
CAPÍTULO CXLIV.
De como el Príncipe de Aragón y la Señora Princesa Doña Isa-
bel, sintiendo la novedad que quería hacer el Rey , le escribie-
ron la carta siguiente.
El Príncipe Don Fernando, y la Princesa Don i
Isabel, veyendo que siempre el Rey mostraba eno-
jo contra ellos, aunque honestamente lo disimula-
ban, é que ninguna respuesta por escripto les daba
las otras veces que le avian escripto y enviado su
embaxada, sintiendo el desposorio que quería ha-
cer de la hija con el Duque de Guiana é tornarla á
hacer heredera si le aprovechara , acordaron de le
escribir otra carta en la forma siguiente :
« Muy alto, é muy poderoso Príncipe , Rey é Se-
)) ñor. Ya vuestra Señoría sabe como en el mes de
» Octubre del año pasado ovimos enviado á vuestra
)) Alteza nuestras cartas con Mosen Pero Vaca é Die-
»go de Ribera é Luis de Atienza con cierta creen-
»cia por escripto. La qual en efecto contenia : pri-
» meramente facer saber á vuestra merced el casa-
» miento nuestro, é la razonable cabsa porque para
«ello no se avia atendido el mandado, consejo é
«consentimiento de vuestra Real Señoría ; é des-
» pues de aquesto certificado , averse aquello fecho
» con puro respecto del servicio vuestro , é no
» con otro fin que á aquel fuese contrario , é pidien-
» do por merced á vuestra Alteza, que si por esto se
»aver fecho ansí, oviese ávido algund desgrado,
«quisiese, por nos facer merced, de postponello ; su^
n plicándole que nos rescebiese por verdaderos hijos
né servidores, ofreciéndole nuestra obediencia y
» servicio lo mas acatada é humildemente que pu-
» dimos con ofrecimiento de suficientes é determi-
» nadas seguridades, para lo demostrar por obra, se-
»gund que mas por estenso en la dicha creencia se
» contenia. Aquesta embaxada vuestra Real Señoría
«rescebió é oyó muy graciosamente, é nos respon-
» dio que como viniesen á vuestra Corte algunos
» Grandes destos vuestros Reynos que esperaba,
«que estonces entendería en ello é nos respondería.
«La qual respuesta, muy poderoso Señor, de día en
» día avemos atendido con la paz é sosiego é obe-
» diencia que vuestra merced ha visto. E aun en es-
» te comedio aprobando por la obra, avemos dado
» orden, rogando á esta vuestra muy noble villa de
» Valladolid é á las otras cibdades y villas y tierras
» que no estaban á vuestra obediencia, que en ella
» se pongan ; é si otra cosa nos quedase de facer,
«para mostrar el amor, é fidelidad é deseo que te-
« nemos á vuestro servicio, prestos estamos, para lo
«cumplir. E, muy excelente Señor, ya pasados son
» cerca de quatro meses que vuestra Señoría no nos
» ha respondido, é agora por muchas partes avemos
n sido avisados que en lugar de aceptar nuestra su-
» plicacion justa, por algunos rodeos é maneras muy
« poco cumplideras á vuestro servicio, é á la paz é
» sosiego de vuestros Reynos, se procuran de meter
» gentes estrangeras á esta vuestra nación muy odio-
» sas, é facen otros movimientos contra nosotros , é
200
» contra la derecha é legítima subcesion á nos per-
» tenesciente. Lo qual vuestra Alteza de su libre
)) voluntad, usando de razón é justicia, á mí la Prin-
wcesa en pública plaza, estando en vuestro poder, en
» las ventas de Guisando en presencia del Delegado
» de nuestro muy Sancto Padre, é con su abtoridad,
» aquello mesmo hizo jurar á los muy Reverendos
w en Christo Padres, Arzobispos de Toledo ó de Se-
» villa, y al Maestre de Sanctiago, y Conde de Pla-
«sencia, é Obispo de Burgos, é de Coria, ó de otros
n Duques é Condes que á la sazón allí se juntaron. B
» después en la villa de Ocaña por mandamiento de
« vuestra Señoría, é otros muchos Perlados é Pro-
» curadores de las cibdades é villas de estos vues-
» tros Reynos lo juraron, segund que vuestra Sefio-
» ría bien sabe, é á todos es notorio. E, muy ex-
» célente Señor, porque nosotros todavía estamos é
«permanescemos en el deseo que vos enviamos á
«descir que tenemos de vos servir, acatar y obedes-
» cer como á Rey é Señor é Padre verdadero, de lo
» qual queremos dar cuenta á Dios nuestro Señor en
» los cielos, que es el verdadero sabidor de las in-
» tenciones públicas é secretas, é á vuestros natura-
» les en la tierra, y aun á los estrafíos, acordamos de
«escribir esta presente carta á vuestra Merced ; á
B la qual por ella con reverencia de hijos y servido-
» res suplicamos quiera acebtar la nuestra primera
» justa suplicación ; é acebtando aquella, resciba
» nuestra obediencia ó servicio ; é postponiendo todos
«los otros enojos é desgrados por servicio de Dios
» nuestro Señor, é por la pacificación de estos vues-
« tros Reynos é señoríos, é por hacer merced á nos-
» otros, cuya voluntad nunca fué ni será, á vuestra
«Señoría plasciendo, de vos enojar, ni deservir. E
)) si por ventura, muy excelente Señor, á vuestra Al-
» teza no le placerá hacer esto, asi graciosamente
»como lo pedimos, suplicámosle lo que de justicia
»no nos puede denegar; es á saber, que antes que
» los tales rigores se comiencen , los quales serán
B malos de atajar después de comenzados, y de ellos
B se podrían seguir grandes ofensas á Dios, y da-
Bfios irreparables de estos vuestros Reynos, y aún
» creemos que se extenderían á muy grand parte de
«la Cliristiandad, que á vuestra merced plega de
Buos oír é mandar guardar nuestra justicia, en es-
«ta manera : que vuestra Alteza venga en plascerle
« que á quatro grandes de vuestros Reynos, que á
Blas partes sean fieles, sea entregada una villa con
nías Bolenidades que se requieren para en tal caso
»á dó á su salvaguarda vuestra Alteza, é los per-
n lados é grandes de vuestros Reynos puedan venir
Bá los quales vuestra merced mande llamar ; 6 asi-
» mismo nosotros y aquellos que nos siguen poda-
amos ir ; y allí vuestra Señoría mande llegar los
» Procuradores de las cibdades ó villas, é los prin-
«cipales Religiosos en vida y en letras de todas
«las Ordenes de vuestros Reynos, los quales oygan
bIo que vuestra merced les querrá descir, é asimis-
» mo lo que nosotros diremos, ó quiera estar á la
«determinación de ellos, 6 de la mayor parte de ellos
« sobre soleue juramento que hagau de determinar
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
«lo que les pareciere mas justo. A la qual determi-
wnacion nosotros por servicio de Dios é vuestro, é
«por evitar grandísimos males como de la rotura,
»si se comenzase, se podrían seguir, desde agora
«nos ofrecemos, é proferimos de estar obedientes,
«sin poner á ello ninguna contradicion. E porque
» pocas veces los muchos se acordaron en una cosa,
«si entre en los susodichos oviere alguna difercn-
« cia en la determinación , á vuestra Alteza pías-
«ciendo, plascerá á nosotros que quatro religiosos
«ó mayores perlados de las Ordenes de Sancto Do-
» mingo, y Sanct Francisco, y Sanct Gerónimo, é
» de la Cartuxa en estos vuestros Reynos entiendan
«en las tales diferencias , é las atajen como en sus
«conciencias vieren y entendieren ser mas cumpli-
«dero al servicio de Dios, y á la paz universal de
«estos vuestros Reynos ; á la determinación de los
« quales asimismo ay amos de estar só cargo del di-
» cho juramento que primero hagan. Por ende, muy
«poderoso Señor, pues tan llanamente nos ofrece-
» mos, é nos sometemos al juicio y justicia de vues-
« tros naturales, suplicamos á vuestra Real Señoría^
« é si menester es, le requerimos con aquel Dios po-
«deroso que suele ser y es justo juez entre los em-
«peradores, é reyes é grandes señores, que no nos
» quiera negar aquesto que le suplicamos, y que al
» menor de vuestros Reynos negar no se puede ni
«debe. Lo qual una é muchas veces tornamos á su-
» pilcar é requerir á vuestra Señoría con quanta ins-
«tancia podemos, é reverencia debemos. Lo qual
«entendemos publicar en vuestros Reynos é fuera
» de ellos ; porque si esto asi no se rescibiere, y en
«la defensa de nuestra justicia hiciéremos aquello
» que á todos es permitido por los derechos divinos
fté humanos, seamos sin cargo quanto á Dios é
» quanto al mundo. E de esto suplicamos á vuestri^^
«Señoría ayamos luego la determinada voluntad é
«respuesta.»
Rescebida esta carta é leída por el Rey, como ya
estaba determinado de poner en obra lo que des-
pués se hizo contra la Princesa su hermana, aunque
aprovechó poco, segund lo que dispuso la divinal
Providencia en favor de ella , quando los días del
Rey fueron cumplidos, ó pasó de esta vida, res-
pondió mas tibiamente que las otras veces, dis-
ciendo que lo vería con los de su Consejo, y les man-
daría responder.
CAPÍTULO CXLV.
Como el Rey con toda su Corte se fué á Medina del Campo, é a!H
vino la embazada de Francia sobre el casamiento de su hija, c
de lo que subccdió por el Reyno.
Pasados algunos días que el Rey estuvo en Sego-
via, mas á su grado que á provecho del Reyno, su-
po como venia la embaxada de Francia ; é fué acor-
dado que él fuese á Medina del Campo á recebilla,
porque traya la conclusión del casamiento del Du-
que de Guiana para su hija. E asi acordado, mandó
que toda la gente de la Corte se fuesen derecha-
mente á aposentar en Medina del Campo , y el Rey
DON ENRIQUE CUARTO.
201
con el Maestre de Sanctiago y el Obispo do Sigüen-
za se fueron á la villa do Coca á holgar con el Ar-
zobispo de Sevilla, donde estuvieron seis dias , res-
cibiendo fiestas ; é dende allí se fueron á Medina, é
con ellos el Arzobispo de Sevilla. Donde llegados,
vinieron muchos de los grandes del Reyno , asi per-
lados como caballeros. Verdad es que todos ellos es-
taban ganosos de paz é sosiego, aunque desconten-
tos del Maestre de Santiago, porque veian quan so-
juzgado tenia al Rey con poca honra ; pero los mas
de ellos estaban aficionados á la Princesa Doña
Isabel, é no sin cabsa ; ca bien sabian el deshonesto
vivir de la Reyna Doña Juana, por donde sospechan-
do, afirmaban que aquella hija mas fuese agena
que del Rey. Estando el Roy asi en Medina del
Campo acompañado de muchos perlados é caballe-
ros llegó la embaxada de Francia , en que venían
personas señaladas, conviene á saber : el Cardenal
Atrabatensis y el Señor de Torsi en nombre del
Rey ; y el Conde de Bolonia y el Señor de Mani-
comi por parte del Duque de Guiana con grandes
poderes suyos, para desposarse en su nombre con la
hija del Rey. Aquesta embaxada fué rescebída muy
honradamente, asi por los señores de la Corte que
salieron á la rescebir al camino , como por el Rey,
quando le entraron á facer reverencia, que con mu-
cho amor les habló, mostrando grand plascer con
BU venida. Y asi rescebidos y aposentados , dendo
á tres dias el Cardenal é los otros embaxadores vi-
nieron al palacio del Rey , é entrados en una sala
ante su Real presencia, estando presentes los per-
lados é caballeros de su Corte, el Cardenal propuso,
disciendo que como el Rey de Francia tovíese mu-
cho amor con él, y lo quisiese como á hermano,
confederado é aliado, queriendo que aquella her-
mandad fuese mas firme é durabje, enviaba á él é á
los otros caballeros que con él venían á su Alteza,
para contratar con su Alteza el casamiento del Du-
que de Guiana su hermano con la señora Doña Jua-
na su hija ; é aquí disparó algunas palabras contra
la Princesa Doña Isabel, tales, que por su desmensu-
ra, son mas dignas de silencio que de escriptura ; é
asi concluyendo, dixo que pues el Rey de Francia
enviaba á él y aquellos caballeros que con él ve-
nían sobre aquel negocio de parte de su Rey , ro-
gaban á su Real Magestad lo quisiese aceptar, é
aceptado, les mandase dar personas fiables á su ser-
vicio, para lo concluir y negociar. Oyda su habla,
el Rey con mucha graciosidad le respondió , que
avia mucho plascer de la demanda que traían ; por-
que aquello era lo que le agradaba ; por tanto, que
desde allí nombraba é deputaba al Maestre de
Sanctiago, é al Arzobispo de Sevilla é al Obispo
de Síguenza, para que lo contratasen é concluye-
sen. E asi dada la respuesta, el Cardenal ó los otros
Embaxadores se tornaron á sus aposentamientos ; é
desde allí los Diputados por el Rey comenzaron á
platicar é dar orden en la negociación á ellos enco-
mendada, yendo de contino á hablar con el Carde-
nal. Entretanto que así estas cosas pendían ó se con-
certaban, acaesció en Kstremadura que Don Alonso
Ponce de León, hermano bastardo del Conde de
Arcos Don Rodrigo Ponce, como capitán de la Con-
desa de Medellin, llevaba dos hijas suyas dende
Toledo, donde se las avia entregado el Conde do
Cif uentes con hasta ciento é cinquenta de á caballo,
é con él otro capitán del Maestre de Alcántara, quo
se llamaba Pedro de Grijalva. Y como el Maestro
de Alcántara, antes que fuese destruydo, avia pre-
so al Comendador de Lares, parcial é grande amigo
de la señora de Benalcazar, que se desoía Doña El-
vira de Zúñiga, é la Condesa de Medellin toviese
presos á Ñuño Mexia, é otros caballeros, los quales
eran parientes de los Chaves, é de otros caballeros
hidalgos de Truxillo, quando Doña Elvira é los
otros de Truxillo sopieron como aquellos dos capi-
tanes traían aquellas doncellas , é se iban á Guada-
lupe con ellas, allegaron presto grand copia de gen-
te, así de á caballo como peones , é dando cargo de
la Capitanía general sobre todas á Don Francisco
de Zúñiga, hermano de Doña Elvira , vinieron so-
bre ellos de salto, en tal manera, que no solamente
los hicieron acoger á la villa , ó de allí, herido Pe-
dro de Grijalva , ir huyendo , é puestos en venci-
miento, se retruxeron todos á la iglesia del Mones-
terio no solamente ellos, mas con todas sus bestias,
y fardage que llevaban : en tal manera, que la igle-
sia por estonces fué mas establo que lugar sagrado;
é á las doncellas con las dueñas que las acompaña-
ban, metieron los frayles en la claustra del Mones-
terio en una capilla porque allí estuviesen mas ho-
nestamente. Estonces Don Francisco y un caballe-
ro de los mas principales de Truxillo, que se llama-
ba Ñuño de Chaves , acordaron de cercar el Mones-
terio y la iglesia con muchas guardas por todas
partes, y quanto quier que los cercados que asi es-
taban dentro, sintieron pena, no fué mucha, por-
que los frayles los proveían de comer á ellos é á sus
bestias. Pero como los cercadores vieron é conos-
cieron aquello, comenzaron de estrechar el Mones-
terio , quitándoles el agua é las otras provisiones
que les venían y eran necesarias para su manteni-
miento : en tal manera, que también los reUgíosos
como los cercados estaban en asaz trabajo. Visto
aquesto por el prior é frayles, enviaron á grand
priesa dos religiosos al Rey, suplicándole como á
protector suyo , los mandase socorrer y enviar re-
medio. Oída su petición por el Rey , é avisado por
los frayles del estrecho en que estaban ellos y el
Monesterio, el Rey ovo mucho enojo , é mandó á
mí como á persona del su Consejo, que fuese luego
allá á mas andar con grandes poderes, para que en
qualquiera manera que yo mejor pudiese, hiciese le-
vantar el cerco, de tal guisa, que el Monesterio
quedase sin opresión alguna ; lo qual puse luego
por obra , é me partí con los religiosos que avian
venido. E como llegué á la villa, visto el cerco que
así estaba de gente armada en torno de la iglesia,
mándeles de parte del Rey só graves penas, por vir-
tud de los poderes que llevaba, que se arredrasen
bien afuera de la iglesia, los quales obedeciéndome,
se apartaron. Esto asi fecho, vino é mí Don Fran-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
202
cisco de Zúñiga, é mostróme una contrataciou quo
tenia fecha con Pedro do Grijalva, que fué allí he-
rido á la entrada del lugar ; en la qual avia jurado
ó firmado quo si dentro de ciertos dias no le viniese
socorro, se daria á prisión, y quo ya el dia señala-
do del socorro era pasado, é que ninguno era veni-
do á le ayudar ni socorrer ; que me rogaba é reque-
ría que le hiciese cumplir la fe é palabra que él
avia jurado é prometido. Lo qual visto é leido , fui
á él donde estaba herido, y hablando con él larga-
mente, le hice cumplir su promesa ; é asi salió, y se
puso en poder do Don Francisco de Zúñiga con
ciertas seguridades que le hice prometer, y le fue-
ron guardadas. Pero entretanto que aquesto pen-
dia, yo escribí secretamente á la Condesa de Mede-
llin, que remediase sus hijas porque estaban en
grand peligro de ser presas ; mas ella no curó de
ello. Luego que los Truxillanos é Ñuño de Cha-
ves en su nombre vieron preso á Pedro de Grijalva,
insistieron muy aqucxadamente que les entregase
las hijas de la Condesa, é á Don Alonso Ponce
que las traía. E como pareciese exceso grande que
se o viese de quebrantar la inmunidad de la iglesia,
respoudiles que aquello que demandaban era cosa
de sacrilegio, é muy fea; é que á mí no me perte-
nescia quebrantar la eclesiástica libertad, antes de-
f endella, é que no lo entendía de facer, mayormen-
te que aquellas doncellas eran niñas , é no tenían
edad ni saber para contratar ni conocer lo que en
tal caso les cumplía, ni para saber disponer de sí
mesmas de que los Truxillanos quedaron muy des-
contentos é alterados. E luego sentí como la gente
que estaba en la iglesia con Don Alonso Ponce de
León se trataba con los de fuera, é se concertaba de
prenderlo y entregarlo sin partido ninguno, con tan-
to que los que asi lo prendiesen y entregasen fue-
sen libres. Estonces yo conosciendo que Don Alon-
so estaba enemistado , á cabsa de un caballero que
avia muerto en Sevilla, rescelando su perdición, hí-
ceselo aaber, para que luego se remediase y viese lo
que le compila ; el qual agradesciéndome lo que le
avisaba, mo rogó que yo negocíase con Don Fran-
cisco de Zúñiga, que él solamente lo tomase por su
prisionero, con tal condición, que no lo entregase
en poder de sus enemigos , ni consintiese ni diese
lugar que por persona alguna le fuese fecha injuria
ni daño en su persona ; é que quando le oviese de
soltar, le diese todas las armas é caballos é atavíos
que él pusiese en su poder. Esto asi capitulado, é
jurado en mis manos por Don Francisco, é sellado
é firmado, Don Alonso Ponce salió de la iglesia de
BU propia voluntad, con todos los que estaban á la
gobernación de su capitanía, y se pusieron en po-
der de Don Francisco. Pero ni por eso los Truxilla-
nos cesaron de insistir que les entregasen las hijas
de la Condesa , para lo qual vino alli Luís de Cha-
ves, un caballero de los mas principales y mas pru-
dentes de Truxillo, el qual después de muchas al-
tercaciones que entre él y mí pasaron, á consenti-
miento del prior é religiosos de la casa fué acordado
que Luis de Chaves como principal é mayor de los
Truxillanos de su apellido é nombre, é los otros que
lo seguian , entrasen con mano armada , quebran-
tando las puertas del monesterio, y las sacasen de
la iglesia por fuerza. Lo qual pusieron luego por
obra con asaz escándalo ; é asi fecho, se partieron,
dexando la villa fatigada é con mucho daño, y la
iglesia quedó tan sucia de las bestias é hombres
que avian estado dentro, que ninguna privada po-
día estarían llena de mal olor como ella ; éasi des-
pués de limpiada pasaron muchos días antes que en
ella se pudiese celebrar el Oficio Divino. E luego
que el cerco fué levantado, é toda la gente ida, yo
me torné al Rey, para le recontar lo que se avia fe-
cho, c como el Monesterio quedaba libre, de lo qual
fué muy contento.
CAPÍTULO CXLVL
De como el Rey con los Embaxadores de Francia é toda su Corte
se partió de Medina para Segovia, para ganar el Jubileo, que el
Papa habia otorgado en la Iglesia Mayor de la cibdad , y de lo
que allí subcedió.
Concluida la negociación del casamiento , firma-
dos é sellados los capítulos dolió , fué acordado que
el Rey con toda su Corte y los Embaxadores de
Francia se fuesen á Segovia, asi para que la hija
del Rey que estaba en Guadalaxara en poder del
Marqués de Sanctillana, fuese allí traída, é se hi-
ciese el desposorio , como para ganar una Indulgen-
cia plenaria, que el Papa había otorgado á suplica-
ción del Rey, para que se hiciese la claustra de la
Iglesia Mayor , que se ganase desde las primeras
vísperas de la Natividad de nuestra Señora , hasta
las vísperas segundas del día , con que los de ma-
yor estado ofreciesen á quatro reales , é los medía-
nos á tres , é los menores á dos. Pero el Papa otor-
góla con tal condición , que el tercio del dinero
que asi se ofreciese, fuese para su Cámara Apos-
tólica ; por manera, que si alguna suma de dinero
se allegó , no fué de tanta cantidad , como fuera
mepester , para acabar la claustra. Mas como el Rey
naturalmente era caritativo, visto la poca cantidad
que se llegó, mandó dar para que se acabase no so-
lamente aquesto , mas hizo derrocar toda la iglesia,
para tornarla á facer de nuevo ; é dióle una proce-
sión de capas de brocado , é instituyó ciertas cape-
llanías é dotólas. Después que el Rey fué venido á
Segovia, envió sus mensageros al Marqués de Sanc-
tillana , para que le tornase á su hija como se la
avia entregado, y que para recompensación de sus
gastos le quería facer mercedes. B asi fué acordado
que le diesen las tres villas del Infantadgo, que
se dicen Alcocer , y Valdeolivas é Salmerón, las
quales eran de la Condesa de Santistevan, muger
del Marqués de Villena , hijo del Maestre Don Juan
Pacheco, en equivalencia de las quales le dio el Rey
de juro la villa de Requena con todos los derechos
del puerto , que es mucha mas renta que las tres
villas del Infantadgo. E asi fechas las mercedes é
confirmadas, quedó que para cierto dia el Marqués
traería la hija del Rey y se la entregaría. Entre-
DON ENRIQUE CUARTO.
203
tanto que asi estas cosas pendían, y los Embaxado-
res esperaban la venida de la hija del Rey, para ha-
cer los desposorios , acaesció en Valladolid que los
christianos conversos é los christianos viejos ovie-
ron grand discordia, en tal manera, que venidos á
las armas, pelearon, de donde se siguió grand alte-
ración en todo el pueblo. E como Juan de Vivero
estaba mas apoderado en la villa que otro ninguno»
porque estonces era el más principal de ella, é la
tenia contra el grado del Rey , siguiendo la parte
del Príncipe é de la Princesa Doña Isabel , mostróse
favorable á la parte de los christianos viejos. E
porque mas fuesen favorecidos é ayudados, acordó
de traer secretamente una noche al Príncipe é á la
Princesa que estaban en Dueñas , é con ellos al Ar-
zobispo de Toledo; é traídos, aposentólos dentro de
BU casa , que la tenia muy fortalecida con cavas e
barreras ender redor pegada con el muro de la villa.
E como aquesto fué sabido por los del pueblo, como
todos estaban aficionados al servicio del Rey , fue-
ron muy escandalizados ; asi en tal manera, que se
conformaron juntamente los unos con los otros , é
confederados se pusieron en armas para ir á com-
batir la casa de Juan de Vivero , é prender á los
Príncipes, é á Juan de Vivero é al Arzobispo de
Toledo , y no sin cabsa : ca todos los pueblos esta-
ban muy destruidos de las guerras pasadas , é te-
míanse no viniesen otras, segund las novedades que
veían de cada día por el Reyno , é los males é muer-
tes é robos, que por todas las partes se hacían sin te-
mer al Rey ni á la justicia. E asi movidos con de-
liberado propósito de los ir á combatir , como allí
estuviese el Obispo de Salamanca por Presidente de
la Chancillería , aunque era pariente de Juan de Vi-
vero , visto el escándalo y el alboroto del pueblo,
fué á muy grand priesa á los Príncipes á los reque-
rir que se fuesen muy prestamente , y no esperasen
la furia del pueblo que así venia contra ellos, por-
que no se recresciese algún peligro en sus personas.
Estonces los Príncipes , temiendo algo de aquello
que el Obispo les descia , y conf oi-mándose con el
tiempo que por estonces no les convenia esperar
afrenta níAgiina especial de gente común, saliéron-
se á mas andar de Valladolid , é tornáronse á Due-
ñas, é Juan de Vivero desamparó su casa, é no osó
atender allí, y fuese con los Príncipes. . Estonces el
Obispo , apoderado de la casa , envió á ciertos cib-
dadanos á llamar al Rey que viniese á tomar su vi-
lla , el qual vino luego á mas andar, y con él el Maes-
tre de Sanctiago y el Conde de Benavente. Donde
venidos , é asosegada la villa del escándalo que en-
tre los conversos y christianos viejos avia, acordó
el Rey que el Conde de Benavente se quedase allí, é
tomase la casa de Juan de Vivero, asi para la de-
fensión de la villa, como para tenella en paz é so-
siego. E fecho aquesto , el Rey se tornó á Segovia.
CAPÍTULO CXLVII.
De como traxerou la hija del Rey á Valde-Lozoya, é se hicieron
allí los desposorios.
Tornado el Rey á Segovia con mucho plascer, fué
asignado el día de los desposorios, é determinado
que se hiciesen en Valde-Lozoya, que es entre Sego-
via é Buytrago para que allí fuese trayda la hija del
Rey, y entregada en su poder. Fecho aqueste con-
cierto, el Rey se fué á aposentar al Monesterio de-
Paular, é por el valle se aposentaron todos los per-
lados é grandes del Reyno, que aquí serán nombra-
dos : el Maestre Don Juan Pacheco, el Arzobispo
de Sevilla , el Duque de Arévalo , el Conde de Be-
navente , el Duque de Valencia, el Conde de Miran-
da , el Conde de Sancta Marta y otros muchos caba-
lleros de menos estado. Vino asimismo el Cardenal
Atrabatensis con los otros Embaxadores de Francia.
Vinieron con la Reyna é con Doña Juana su hija el
Marqués de Santillana, el Obispo de Sigüenza é sus
hermanos , é los Condes de la Coruña é Tendilla,
¡ é Don Juan é Don Hurtado. E asi venidos todos de
una parte é de la otra en un grand llano , que es en
el mismo valle de Lozoya, riberas del rio, ayun-
tados allí otros muchos gentíos, que concurrieron á
ver aquella tan grand novedad , é desque asi todos
fueron juntos, el Rey con sus perlados é caballeros,
el Cardenal con sus Embaxadores, la Reyna é su
hija con toda la casa de Mendoza , mandó el Rey al
Licenciado de Cibdad Rodrigo que leyese una car-
ta patente firmada de su mano, é sellada con su se-
llo Real, que descia; que por quanto el Rey á ruego
de los perlados y suplicación de los caballeros é
Grandes de sus Reynos, é por la paz é sosiego de
ellos , deseando dar fin á los males é daños é traba-
jos pasados, que hasta allí avian seído, tovo por bien
de mandar jurar por Princesa heredera , é legítima
subcesora de sus Reynos é señoríos á la Princesa de
Aragón Doña Isabel su hermana, con tanto que ella
fuese hija obediente, y estuviese á su mandado y
gobernación, y que no curando de lo que asi le ha-
bía prometido , desechando los casamientos que
él le avia traído y tenia concertados , y no sola-
mente aquello , mas contra su querer é grado é con-
sentimiento, pospuesta la obediencia que como á
padre é hermano mayor le debía tener, se había ca-
sado con el Rey de Secilia, Príncipe de Aragón, se-
yéndole amonestado que no lo hiciese. E que por
tanto , visto su poco acatamiento é menos obedien-
cia que mostró en se casar por su propria abtoridad
sin su acuerdo é licencia, é por otras justas cabsas
que á ello le movían, él por aquella presente carta
la desheredaba, é daba por ninguna é de ningún
valor qualquier carta ó título de Princesa y subce-
sion de heredera, que asi le ovíese dado ; é que ro-
gaba é mandaba á los grandes, perlados é caballeros
de sus Reynos y señoríos que presentes estaban, é á
todos los otros sus subditos é naturales, que de allí
adelante no la toviesen por Princesa legítima here-
dera, ni la obedeciesen , é que asi lo mandaba ; ó
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
204
que solameuto oviescn por Princesa heredera legí-
tima subcesora á la su nuiy amada hija Doña Jua-
na, que presente estaba , ó la diesen la obediencia,
ó la jurasen con aquella solenidad que de Derecho
en tal caso se requería, para que después de sus días
olla Bubccdiese, y heredase los dichos sus Reynos.
Leída la carta en presencia de todos, el Cardenal
Atrabatonsis se allegó á la Reyna, é tomándola un
grand juramento la dixo, que sí juraba é afirmaba
que aquella señora Doña Juana que allí estaba, y
ella había parido, era verdadera hija del Roy su ma-
rido ; ella respondió que sí. Entonces el Cardenal se
llegó al Rey , é tomándole asi mesmo juramento si
creía é afirmaba que aquella señora Doña Juana que
allí estaba era su hija, el Rey respondió que creía
ser hija suya, y que con tal certidumbre de hija la
tenia é había tenido desde que nasció, ó por esto la
mandaba jurar y prestar fidelidad é obidiencia que
á los primogénitos do los Reyes es debida, é se acos-
tumbra á dar. Estonces llegaron los perlados, é ca-
balleros que allí estaban, é todos los otros, é besan-
do su mano , la juraron é obedescieron por Prince-
sa. Luego que asi fué jurada, llegó el Conde de Bo-
lonia, é presentados los poderes que traía del Du-
que de Guiana, el Cardenal les tomó las manos , é
hizo los desposorios con aquella solenidad que se
requería; é luego las trompetas catábales, enco-
menzaron de sonar una grand pieza. Fecho aquello
el Rey c la Reyna con la Princesa se fueron á apo-
sentar al Monesterio del Paular, é los otros señores,
asi embaxadores, como perlados, é caballeros por
los lugares de Valdolozoya. Otro dia siguiente el
Cardenal se tornó á Segovía con todos los caballeros
de su embaxada ; pero en el camino, al pasar del
puerto que dicen de Malagosto , le tomó una grand
tempestad de viento, ó aguaé nievo, que se vido en
asaz trabajo ó peligro, en que perecieron algunas
personas sin podellas remediar. Por manera que el
Rey ni los otros Señores no se atrevieron á pasar;
pero visto el daño do los que asi perecieron, avíén-
dolo por desastrado prodigio, echaban diversos jui-
cios, pronosticando mas mal que bien alguno. E así
pasados tres dias que el tiempo so sosegó , el Rey y
la Reyna con muy poca gente se fueron á Segovía
y los perlados é caballeros con grand compañía de
gente acompañaron á la Princesa hasta la cibdad,
donde le fué fecho Boleno rcacibímiento, qual se
dcbia facer.
CAPÍTULO CXLVIII.
fíe como el Cardenal 6 los otros Embaladores de Francia se par-
tieron, rcsccbidas muchas mercedes, y de loqne snbcedió.
Después que el rescibimíento de la Princesa fué
fecho, el Rey mandó hacer grandes mercedes de di-
versas cosas al Cardenal é á los otros embaxadores
quo con él venían ; los quales regradesciéndole sus
mercedes, se despidieron para partir, é se fueron. E
porque ellos en alguna manera so roscelaban del
Principo do Aragón y de la Princesa Doña Isabel,
eu hermana del Roy, mandó ol Rey al Obispo de
Sigüenza que con cierta gente de sus guardas los
acompañase hasta la cibdad do Burgos. E puestos
allí en salvo, el Obispo se tornó al Rey, y ellos se
fueron á Francia. Donde llegados, subcedieron gran-
des novedades entre el Rey Luis é los Grandes de
su Reyno, en tanto grado, que do ello nacieron guer-
ras é batallas campales é muchas muertes; señala-
damente se afirmó que el Duque de Guiana era
muerto con hierbas que le dieron , rescebido el Cor-
pus Christi, en tal manera que los desposorios fue-
ron vanos é sin provecho ; porque las cosas que el
infinito poderío de Dios quiere, su eternal providen-
cia las rodea, é da sus toques francos, donde le plas-
ce, para que se cumpla lo que él ordena ; é quiere
que roynen los que á él le agradan, é mas justamen-
te les pertenece; ca ni las gentes humanas saben lo
que se piden , ni sus flacos juicios conocen lo que
les cumple, salvo solamente aquel cuyo poder es sin
contradicción, su saber sin igualdad , é su querer
sin remedio é sin resistencia. E no solamente esto
Duque de Guiana falleció, mas el Duque de Borgo-
ña fué muerto en batalla, y degollado el grande
Condestable de Francia, que se descia Conde de
Sanct Polo, é otros asaz grandes de aquel Reyno
muertos é destruidos. En aqueste medio tiempo sub-
cedió que como el Arzobispo de Toledo, á cabsa de
la subcesion, estaba siniestro en el servicio del Rey,
porque de contino andaba y estaba en compañía de
los Príncipes Don Fernando é Doña Isabel, favore-
ciendo y ensalzando su partido, Vasco de Contreras
deseando de servir al Rey, le tomó una fortaleza del
Arzobispado, que se descia Perales, la qual basteció,
é estuvo muchos dias á desgrado del Arzobispo, ha-
ciendo desde allí daños en su tierra, de que el Rey
fué muy placentero; y teniéndoselo en señalado ser-
vicio, mandóle dar todo el favor é ayuda que oviese
menester en daño é disfavor del Arzobispo, é asi
tovo la fortaleza asaz tiempo. En aqueste año, que
se contaron de mil é quatrocientos é setenta años
del Nascímiento de nuestro Salvador Jesu-Christo,
concurrieron dos grandes trabajos é muy grandes
males en el Reyno : lo primero grandísima carestia
é mengua así de pan é de vino, como de todos los
otros bastimentos para la vida humana , en tanto
grado, que las gentes comían pan de cebada é de
grama é de otras legumbres, de que en algunas
tierras se halló perescer é morir la gente de hambre.
En este mismo año se descubrió una grand falsedad
de la moneda, que por diversas é muchas casas se
labraba en tanta cantidad de mala, que fué necesa-
rio abaxalla, asi la del vellón, como la de oro é pla-
ta, de que vino muy grand pérdida á muchas perso-
nas en diversos lugares, en tal manera , que sobro
ello se recrescieron grandes escándalos y alborotos
en los pueblos. Pero aquesta baxa que asi se hizo
era necesaria é muy convenible al bien común del
Reyno ; porque toda la moneda, en especial la del
oro, era tan falsa , que ninguna de ellas estaba en
Hu justo precio, antes sobrepujaba de la mitad de su
justo valor. En aqueste mismo tiempo subcodió que
estando la Condesa de Sancta Marta en Galicia en
DON ENRIQUE CUARTO.
205
una villa suya , sus vasallos se levantaron contra
ella é la mataron á puñaladas, é puesto que asi la
mataron, subcedió el hijo pacificamente porque ellos
le obedescieron, y él los perdonó. Entretanto que
estos males é plagas corrían por el Reyno, siempre
el Rey se estaba en Segovia retraído, no porque le
faltaba seso ni discreción, para sentir é conocer los
trabajos de sus Reynos, mas porque estaba tan so-
juzgado al querer é voluntad del Maestre Don Juan
Pacheco, que no se acordaba de ser Rey, ni como
Señor tenia poder para mandar, ni como varón li-
bertad para vivir; en tal manera, que por tales indi-
cios se sospechaba que por hechicerías ó bebedizos
estaba enagenado de su propio ser de hombre ; por-
que por ninguna resistencia ni contradicion salia
del grado é querer del Maestre, é por esta cabsa to-
dos los grandes del Reyno avian gana de estarse en
sus casas, é no andar en la Corte.
CAPÍTULO CXLIX.
De como el arzobispo de Toledo puso cerco sobre Perales, y el
Rey se partió á mas andar para Madrid, y de allí salió contra el
Arzobispo, y le hizo levantar el cerco.
El año que se contaron de mil, é quatrocientos é
setenta é un años del Nascimiento de nuestro Sal-
vador Jesu-Christo, tuvo el Rey la fiesta de Navidad
en Segovia con poco plascer é menos sosiego, por-
que le fué notificado como el Arzobispo de Toledo,
que estaba en Dueñas con los Príncipes, avia pasa-
do los puertos, é tenia cercada la fortaleza de Pera-
les, dándole rescios combates. E sabido por el Rey,
mandó luego apercebir sus guardas, é pasada la fies-
ta se partió para Madrid, donde llegó la víspera de
los Reyes ; é dende á ocho dias salió al campo con
ochocientos de á caballo é gran peonage ; é salido,
envióle á mandar al Arzobispo que se quitase del
cerco sin mas detener. Estonces el Arzobispo, te-
miendo la furia del Rey, se levantó mas por fuerza
que de grado, é respondió que por acatamiento de
su Alteza le plascia levantarse. E asi levantado, se
fué para su villa de Alcalá, y el Rey á Madrid con
el Maestre de Sanctiago, y el Conde de Haro, y el
Obispo de Sigüenza é con otros caballeros que se-
gm'an su Corte. E puesto que el Arzobispo se levan-
tó del cerco sin rescebir daño alguno, ni ser destro-
zada su gente, que muy ligera cosa fuera de facer,
si el Rey diera lugar para ello, nunca el Arzobispo
dexó el partido de los Príncipes ni se apartó de se-
guillos ; en tanto grado que de contino procuraba
de enojar y destruir al Rey; sobre lo qual el Rey
acordó de notificar al Papa los insultos é atrevi-
mientos suyos é del Obispo de Segovia, hermano de
Pedrarias. El Papa, oidas las querellas del Rey, ó
sabido el poco acatamiento que estos dos perlados
mostraban contra su Rey natural, envióles dos bre-
ves: uno para el Obispo de Segovia, en que le man-
daba que dentro de noventa dias, visto aquel su bre-
ve, paresciese personalmente ante su Santidad , asi
para le examinar de su suficiencia, como para lo
castigar por la traycion en quo avia caído con su
hermano Pedrarias contra su Rey, quando vendie-
ron la cibdad de Segovia á los tiranos enemigos. En
el otro breve enviaba á mandar que el Rey con loa
del su muy alto Consejo, llamados quatro Canóni-
gos de la sancta Iglesia de Toledo, con los quales
juntamente por via jurídica se hiciesen ciertos
amonestamientos al Arzobispo de Toledo, requirién-
dole que viniese luego á su servicio como siibdito
natural, é se apartase de los Príncipes Don Fernan-
do é Doña Isabel. E asi requerido, quando no qui-
siese venir á estar á su obediencia, é como rebelde
perseverase endurecido en su propósito, que hecho
su proceso contra él, se lo enviasen á buen recabdo,
que él lo castigaría de tal manera qual merescia la
culpa y la pena de sus errores como Perlado escan-
daloso. Entre tanto que los troteros iban á Roma é
venían , mandó el Rey que sus tesoros é joyas que
estaban en los Alcázares de Madrid, los tornasen al
Alcázar de Segovia; é asi fueron luego trasportados
con grand fardaje de bestias é copia de gente que
los acompañaban. En pos do aquesto subcedió una
requesta mas voluntariosa que necesaria entre Don
Manuel Ponce de León, hermano de Don Rodrigo
Ponoe de León, é Don Fernando de Velasco, herma-
no del Conde de Siruela, en quo huvieron de salir
entrambos al campo entre Madrid é Alcalá para pe-
lear. E sabido aquesto por el Roy, ovo enojo porque
semejantes usos eran ágenos de su condición ; é asi
mandó á su Mayordomo Andrés de Cabrera que sa-
liese allá con las gentes de sus guardas y los sacase
del campo sin dexallos llegar á las manos ; el qual
salió prestamente, é se puso entremedias de entram-
bos, para concertallos que con amor se tornasen.
Fuéle dicho, que ya estaban puestos á caballo, é so
iban el uno contra el otro ; entonces el Mayordomo
Andrés de Cabrera corrió á grand príesa, para dete-
ner á Don Fernando de Velasco, écomo iba desapo-
derado, é la gente de á caballo en pos del, su caba-
llo estropezó en tal manera, que él y el caballo ca-
yeron en tierra , de tal guisa, que á cabsa de la grand
polvareda que hacían, no fué visto, é asi pasaron
por encima del tan furiosamente, que quedó amor-
tecido sin sentido alguno. Sabido aquesto por el
Rey é por el Maestre de Sanctiago, salieron al campo
donde estaba, é visto como yacia tan sin conoci-
miento alguno, fueron muy pesantes, porque le te-
nían mucho amor, é le querían bien ; é asi manda-
ron que lo llevasen en unas andas al Alcázar de
Madrid, donde estuvo algunos dias sin sentido al-
guno. Pero fué tan bien curado é con tanta diligen-
cia, que convaleció, é recobró grand parte de su sa-
lud, aunque siempre le quedaron algunas reliquias
de pasión é turbamiento de cabeza á tiempos.
CAPÍTULO CL.
De como foeron llamados quatro Canónigos de Toledo, é lo qne
se hizo contra el Arzobispo.
Luego que los Breves fueron venidos de Roma,
ávido el Rey su acuerdo con los de su alto Con-
sejo, envió á mandar por sus cartas al Cabildo de la
206 CRÓNICAS DE LOS
Santa Igleaki de Toledo que le enviase quatro Canó-
nigos de su Colegio, quales ellos deputasen ; para
lo qual fueron nombrados Hernán Pérez de Ayala,
hermano bastardo del Conde de Fuensalida, Diego
Delgadtllo, Marcos Pérez, é Don Francisco de Pa-
lencia, Prior de Aroche. E asi nombrados se partie-
ron para Madrid, donde fueron aposentados ; é ve-
nidos delante del Rey é de su alto Consejo, fué man-
dado al Licenciado Antón Nuñez de Cibdad-Rodri-
go, que les notificase la cabsa para que eran allí ve-
nidos é llamados. E asi notificado lo que el Papa
mandaba, y el Rey ordenaba que hiciese, Hernán
Pérez de Ayala, que era el mas principal é mas an-
tiguo respondió : Que según el afición, amor é deseo
que las Dignidades, é Canónigos é Beneficiados de
aquella Sancta Iglesia tenemos al servicio de vues-
tra Alteza, y segund que deseamos todos la prospe-
ridad suya y quieto estado de vuestra Excelencia,
no solamente querríamos que el Arzobispo de Tole-
do, que es nuestro Perlado, estuviese á su servicio
y obediencia, mas que el restante del mundo fuese
sometido á bu servidumbre y obediencia ; y pues que
con aqueste propósito venimos, é así nos fué man-
dado por los que acá nos enviaron, vea vuestra Ma-
gostad é los señores del su muy alto Consejo lo que
Be debe facer ; que á nosotros nos plasce de ser en
ello, é lo aviemos por bien fecho. Estonces el Li-
cenciado Antón Nuñez replicó que por quanto el
Arzobispo de Toledo como Metropolitano podría
ponw entredicho, é facer censuras Eclesiásticas, asi
contra la persona del Rey, como contra todos los
que siguiesen su servicio, mayormente que lo que
se avia de facer, era dentro del Arzobispado, é con-
tra él ; que por eso convenia ante todas cosas apelar
de todas, é qualesquier censuras que él ficiese ó pu-
siese. E dixo que el Rey que presente estaba, apela,
ba una, é dos é tres veces de qualquier censuras que
Don Alonso Carrillo, como AriSwbispo de Toledo pu-
siese contra él ; é que él desde allí ponía su Real
persona só la protección é amparo de la Santa Sede
Apostólica. E luego el Maestre de Sanctiago y el
Obispo de Sigüenza y el Conde de Haro y todos los
otaros que allí estaban del Consejo, dixeron que se
aderian é allegaban é allegaron á la mesma apela-
ción del Rey ; é asi mesmo los Canónigos dixeron
otro tanto. E luego el Rey dixo que aquella su ape-
lación, no solamente quena que se entendiese por
él y los que allí estaban de presente mas por todos
los grandes, criados, é servidores suyos, é por todos
aquellos que se quisiesen aderir ó allegar á ella.
Fecha asi esta apelación por actos públicos, fué
acordado que un Doctor é un Caballero con un No-
tario público Apostólico fuesen á le requerir que se
apartase del Príncipe de Aragón, Rey de Secilia é
de la Princesa, faciendo grandes protestaciones
contra él, é requiriéndolo que luego lo pusiese por
obra. E asi requerido, respondió que ya su Alteza
sabia como le avia mandado en las vistas de entre
Cadahalso é Zebreros jurar á su hermana por Prin-
cesa heredera subcesora de sus Rcynos, é que aque-
lla entendía seguir ó tener por tal, é no otra ningu-
REYES DE CASTILLA.
na ; por tanto, que suplicaba á su Alteza que aque-
llo quisiese aver por bien, é no insistir en lo contra-
rio, porque aquella era su determinada voluntad. E
como quier que vista su respuesta, el Rey quisiera
proceder contra él, é poner en exsecucion é cumplir
lo que el Papa mandaba, el Maestre de Sanctiago,
asando de lo que solía, hizo que se dilatase, dicien-
do que aquello sería mejor por tratos que por rigor.
E asi acordó el Rey y el Maestre que yo fuese á él
secretamente con sus cartas de creencia, prometién-
dole tres mil vasallos para sus hijos Troylos Carri-
llo é Lope Vázquez, con tanto que se apartase de
los Príncipes y se pasase á su servicio. Pero como
el Arzobispo era muy constante varón, é mantenía
mucho su fé é palabra quando la daba, no quiso
aceptar el partido que yo llevaba, ni apartarse de
seguir al Príncipe Rey de Secilia y á la Princesa.
Estonces el Maestre, mas como parcial del Arzobis-
po, que fiel servidor del Rey, acordó que se diese al-
gún sobreseimiento con él, disciendo que al Rey
convenia ir luego á Segovia ; y asi dado el sobresei-
miento, los Canónigos de Toledo se despidieron mal
contentos, porque los avian mandado venir para
cosa tan vana é sin fruto ; é asi tomada su licencia,
se partieron. E como seguramente se fuesen por su
camino, salió Pedrarias de Avila desde Torrejon de
Velasco por mandado del Arzobispo, con quien él
vivía, é prendió los tres de ellos, salvo á Fernand
Pérez de Ayala, que se apartó por una vereda, é se
fué derecho á la Fortaleza de Canales, que estaba
por el Rey. Sabido aquesto por el Rey, ovo mucho
enojo, é mandó á los Capitanes de sus guardas que
saliesen con gentes á los caminos, é prendiesen á
todos los que pudiesen aver del Arzobispo, asi ecle-
siásticos como seglares; donde fueron presos Don
Diego de Guevara, Canónigo de Toledo criado suyo,
é otros algunos Clérigos é muchos de sus contiuos
servidores; por manera que al Arzobispo convino
soltar los canónigos que avia mandado prender, y
el Rey estonces mandó soltar los que tenia presos
en el Alcázar. En este medio tiempo subcedió que
el Maestre Don Juan Pacheco con sus exquisitas
formas de cobdicia se apoderó de la cibdad de Alca-
r«z porque estaba junto con su Marquesado, ó supli-
có al Rey que le confirmase la tenencia de juro, é le
diese todas las rentas de ella, donde puso por Alcay-
de é Gobernador á Juan de Haro, un pariente suyo.
Viendo aquesto y otras semejantes cosas que se ha-
cían por el Maestre, é como de contino apropiaba
para sí en detrimento de la corona Real , é otros
Grandes del Reyno, conformados á su enxemplo se-
guían aquellas pisadas, el Conde de Benavente cercó
á Villalva, una Villa de la Duquesa della, que avia
seydo siempre leal servidora del Rey, é por fuerza
de muchos combates la tomó é se apoderó de ella,
la qual fortaleció muy mucho. Y como señorease á
Valladolid, prendió á Pedro Ñuño, Merino mayor de
aquella villa, é quitóle aquella merindad, é dióla á
Don Pedro Pimentel su hermano. De aquestas tira-
nías é otras talos que el Maestre favorecía , é á su
cabsa so quedaban sin castigo, vino la justicia é ad-
DON ENRIQUE CUARTO.
207
ministracion della en tanto detrimento, que sin te-
mor de Dios ni del Rey, por todas las cibdades é pue-
blos del Reyno se cometian grandes é feos insultos,
é muchas muertes públicas, robos, injurias, fuerzas
é violencias, que las gentes ninguna seguridad te-
nían dentro de sus casas. En tal manera que los pue-
blos, vistos sus trabajos, escándalos é males que asi
padecían , acordaron de buscar formas de remedio,
para asegurar sus vidas é haciendas ; é asi en cada
cibdad é villa de cierto en cierto tiempo elegían dos
buenos hombres , que anduviesen acompañados con
gente armada para castigar los malhechores. E no
solamente plugo al Rey de aquello, mas mandó que
las Hermandades se tornasen á confirmar y estar
fuertes para guarda é seguridad de los caminos,
puesto que el Maestre de Sanctiago y sus sequaces
las estorbaban quanto podian, disciendo que los vi-
llanos é gente común se harían Señores, é presumi-
rían de mandar sobre los hidalgos. Mas el Rey é al-
gunos desús leales servidores ensistieron tanto, que
prevaleció en tal manera, que con los buenos hom-
bres de los pueblos, é con la Hermandad de los ca-
minos, se puso el Reyno en mucha seguridad, é asi
podian las gentes caminar é tratar para vivir. E lue-
go que el sobreseimiento fué dado en lo del Arzo-
bispo de Toledo, el Rey se partió para Segovia.
CAPÍTULO CLI.
De como el Rey se partió para Segovia , é de lo que subeedió en
el Reyno.
Venido el Rey á Segovia, donde parecía tener al-
gún descanso de sus congoxas é cuidados , falleció
Don Juan Ponce de León, Conde de Arcos, é subee-
dió en el señorío Don Rodrigo Ponce de León su
hijo. El qual en los tiempos pasados de las turba-
ciones, ó mas propiamente trayciones del Reyno , se
avia señoreado de la cibdad de Cáliz , é rebeládose
con ella, teniéndola usurpada con el mesmo título
de tiranía que los otros caballeros sojuzgaban los lu-
gares que podian tomar. Mas como este era hiemo
del Maestre Don Juan Pacheco, desposado con una
hija suya , suplicó al Rey que le hiciese merced de
dar á su hiemo á Cáliz con título de Marqués, lo
qual el Rey otorgó mas contra su grado que de bue-
na voluntad; é asi desde allí adelante se llamó Con-
de de Arcos é Marqués de Cáliz. En pos de aquesto
subeedió que como Don Pedro de Velasco, Conde de
Haro, oviese desterrado de las provincias de Vizca-
ya é Guipúzcoa como Virrey de ellas á Pedro de
Avendaño é á Juan Alonso de Moxica, por los gra-
ves insultos que con su favor se cometian ; los qua-
les viéndose fuera de sus casas peregrinos por tier-
ras agenas, f uéronse á meter por las puertas del Conde
de Treviño, que por estonces estaba muy enemistado
con el Conde de Haro á cabsa de un ultrage que la
Condesa de Haro le avia fecho ; é fué , que cierta
gente suya por su mandado avian salido contra él,
é lo corrieron; é así venidos, el Conde de Treviño
los acogió con mucho amor, é quiso tomar su alian-
za é amistad por enojar al Conde de Haro é venir
con él á rompimiento. Donde confederado con ellos
6 con Pero López de Padilla, Adelantado de Casti-
lla, sin grado del Conde de Haro, é sin licencia del
Rey los tornó á sus casas. Sabido aquesto por el Con-
de de Haro, partióse á mas andar de la Corte, é fue-
se para Burgos, donde llegado con su gente, é la
del Conde de Salinas é de sus hermanos Don Luis é
Don Sancho de Velasco que en persona le vinieron
á servir y ayudar con otros valedores, se fueron lue-
go á Vizcaya ; donde los desterrados con el favor
del Conde de Treviño ó del Adelantado andaban pú-
blicamente sin temor é menos vergüenza de los in-
sultos por ellos perpetrados é á su cabsa fechos.
Luego que el Conde de Treviño y el Adelantado su-
pieron la entrada del Conde de Haro , como caba-
lleros que avian gana de pelear, se pusieron en ar-
mas, no solamente ellos con asaz gente de á caba-
llo , mas Juan Alonso de Moxica y Pedro Avenda-
ño con grande peón age. E asi fueron contra él á le
tomar un cierto paso por donde avia de pasar cerca
de un lugar que se llamaba Monjía. E allí junta-
das las gentes de ambas partes pelearon muy bra-
vamente ; en tal manera, que de cada parte fué muy
bien reñida la batalla. Pero como el peonage era
mucho de la parte del Conde de Treviño, é allí va-
lían mas los peones que la gente de á caballo, el
Conde de Haro, como iba sin peonaje, fué desbara-
tado, é con grand daño é destrozo de los suyos fue-
ron presos el Conde de Salinas é Don Luis de Velas-
co, é ovo muchos muertos é feridos de ambas par-
tes ; y en aquella batalla fué muerto Alvaro de
Cartagena, hijo de Pedro de Cartagena. E luego que
el Rey supo aquel ayuntamiento de gentes que es-
tos Condes hacían , partióse á mas andar para Bur-
gos, pensando escusar la batalla é los daños que
allí se hicieron. Llevó consigo al Obispo de Sigüen-
za y otros algunos de su Consejo, y el Maestre de
Sanctiago se quedó en Segovia en guarda de la Rey-
na é de la Princesa su hija del Rey. E puesto que el
Rey caminó á grand priesa, en llegando á Burgos
sopo como los Condes avian peleado , y el destrozo
que en la batalla se avia fecho, de que fué muy pe-
sante, é se partió luego para Orduña ; donde llega-
do, mandó que los Condes dentro de tercero día sa-
liesen de las provincias de Vizcaya é de Guipúzcoa,
y que el Conde de Treviño soltase los presos que te-
nia sin detenimiento ninguno, é puso treguas en-
trellos para determinar é dar entrellos medio de paz
é concordia ; é así fecho aquesto se tornó á Burgos.
Entretanto que estas cosas pendían , acaesció que
Don Pedro Manrique, hijo del Conde de Paredes,
siguiendo las pisadas é bollicios de su padre , fizo
cierto trato con algunos vasallos de Alcaraz , que
le diesen entrada en la cibdad ; é fecho, fué una no-
che secretamente, y entró dentro , pensando apode-
rarse de la cibdad sin contradicción alguna. Pero
Juan de Haro, que estaba allí por el Maestre, como
vio la gente de á caballo y peones que allí eran en-
trados, éconoscídala traycion de los que los avian
metido, retrúxose con los suyos áunafortale/.a, que
estaba á un cabo de la cibdad ; donde se def «judió
208 CRÓNICAS DE LOS
varonilmente. Sabido aquesto por el Maestre de
Sanctiago, partióse prestamente de Segovia con la
gente que pudo allegar, é fuese derecho á su villa
de Ocaña , donde ayuntados ochocientos rocines é
algim peonage, envió á su hijo el Marqués de Ville-
na con ellos en socorro de Juan de Haro. Como Don
Pedro Manrique vio el buen recabdo que se daba
Juan de Haro en la fortaleza, é supo el socorro que
venia, temiendo ser preso é destrozado, salióse de
la cibdad. Estonces el Marqués de Villena, sabido
como Don Pedro Manrique era ido, é la cibdad que-
daba libre, tomóse á Ocaña, é desde allí padreé j
hijo se fueron á Segovia. Luego que el Rey ovo da- :
do algún asiento é forma de sosiego entre los Con- j
des, tomóse para Segovia.
CAPÍTULO CLIL
Ileloquesubcedió en la cibdad de Toledo, porque el Conde de
Faensalida no quiso creer lo que el Rey le envió á decir con-
migo, que fué apercibirle que se guardase.
Después que el Rey fué tornado á Segovia, y es-
taba allí mas con pena que con descanso, segund
los escándalos y alteraciones que andaban por cada
parte del Reyno , viéndose poco temido é menos
acatado, acordóse de los servicios que ol Conde de
Fuensalida Pero López de Ayala le avia fecho, á
cabsa de Dofia Maria de Silva su muger , quando le
dieron la cibdad al tiempo de las turbaciones pasa-
das, é por ello les avia fecho merced de Casarrubios,
con título de Conde , ó dineros de juro situados en
la misma cibdad. Subcedió que en aquel mismo
tiempo fálleselo Doña María de Silva, por cuya
muerte el Conde su marido rescibió asaz detrimento
en la honra y en el estado ; porque el Obispo de
Badajoz su cuñado , que lo debiera guardar é no
engañarlo, fizo con él cierto trato, en que le certificó
que si se confederaba con el Conde de Cif uentes é
con Don Juan de Ribera , é los metia en la cibdad,
porque estaban fuera como enemigos, que el Conde
de Cifuentes se casaría con Doña Leonor su hija. E
aquesto trato hacia el Obispo de Badajoz con grado
é acuerdo del Maestre Don Juan Pacheco , para te-
ner mayor parte en la cibdad ; porque el Conde é
Don Juan eran suyos, é lo avian seguido en las tur-
baciones pasadas. Sabido aquesto por el Rey, fué
muy pesante de ello, ca sintió como aquello era en
deservicio suyo ó perdición del Conde de Fuensali-
da, é que solamente era ó se facía, por echallo de la
cibdad, sin cumplir con él cosa alguna de lo que
asi le prometían. Estonces mandó á mí que secreta-
mente fuese con carta do creencia suya, á le notifi-
car el engaño que le facían, é lo amonestar é reque-
rir (pie por ninguna cosa metiese aquellos dos ca-
balleros en la cibdad ; ca sabia muy bien que si en-
traban , á él lo echaría fuera , é que él no podría
remediallo. Pero puesto que yo se lo fui á descir , é
delante de sus hijos é parientes lo afrontó que se
guardase do metelios en la cibdad, él jamas quiso
obedcscer al Rey, ni aceptar las amonestaciones que
asi le hice, antes luego concluyó bus amistades é ca-
REYES DE CASTILLA.
pituló el casamiento de su hija con el Conde de Ci-
fuentes, de que se le siguió lo que adelante se dirá.
Vístala dureza é lo que asi avia fecho, me torné al
Rey, é le notifiqué lo que avia pasado, de que al Rey
desplugo mucho, no solamente por lo que avia pa-
sado en daño del Conde de Fuensalida , sino porque
también sospechó que el Conde de Cifuentes é Don
Juan de Ribera como deservidores suyos se confor-
mariait con el Príncipe Rtíy de Secília y con la
Princesa Doña Isabel su hermana, é les darían aque-
lla cibdad.
CAPÍTULO CLIII.
Como fué acordado de echar fuera del Reyno á loí Príncipes Don
Fernando é Doña Isabel, y lo que subcedió por el Reyno.
Creyendo que los escándalos del Reyno en alguna
manera se amansarían, sí los Príncipes Don Fernan-
do é Doña Isabel fuesen echados fuera del Reyno,
fué acordado que mandase el Rey Hamar á los Gran-
des del Reyno y perlados é caballeros que eran de
su partido, é viniesen á su Corte, é truxese cada uno
la mas gente que pudiese, lo qual luego fué puesto
por obra. E porque Medina del Campo era lugar é
comarca dispuesta para sufrir todo el exército de la
gente, fué acordado que allí fuese el Rey á recoger
la gente. E así determinada su partida, mandó que
el Conde de Urueña y el Mayordomo Andrés de Ca-
brera quedasen allí en Segovia en guarda de la
Princesa Doña Juana, y el Rey se partió para Coca,
y con él el Maestre de Sanctiago y el Obispo de Sí-
güenza. Venido allí, como el Arzobispo de Sevilla
seguía el querer del Maestre mas por miedo que por
amor, trató con él dixese al Rey que la venida de
los Grandes á la Corte se dexase por estonces, para
echar los Príncipes fuera del Reyno , disciendo que
aquello mejor se haría por tratos que por rigor de
armas. Aquello hacía el Maestre, mas por asegurar
su estado y engrandecello , que por mirar la honra
del Rey ni prosperallo, salvo solamente por tenello
en necesidad de competidores , para que siempre lo
tuviese debaxo de su gobernación, en tal manera,
que ninguna firmeza avia en el consejo , ni execu-
cion en lo que se determinaba. E así hicieron al Rey
que enviase á mandar á los Grandes que se holga-
sen en sus casas, y él fuese á Medina del Campo;
donde llegado , supo como los moros avian entrado
en tierra del Maestradgo de Calatrava, é captivado
muchos christianos varones é mugeres, é que mu-
rieron muchos, é quemaron un pequeño lugar. Sa-
bido aquesto por el Rey, envió á mandar al Marqués
de Cáliz é Conde de Arcos, que rompiese guerra con
ellos , el qual como esforzado caballero é prudente
capitán, haciendo lo que el Rey le mandaba , entró
luego con gente é tomó por combate una villa que
se dice Cárdela , é captivo asaz moros é moras que
halló dentro ; pero aqueste lugar dende á pocos días
se tornó á perder por el mal recabdo del Alcayde,
que allí dexó el Marqués de Cáliz. Estando el Rey
en Medina, vino luego el nuevo Duque de Alvaó
Maruués de Coria á hacer reverencia al Rey, el qual
DON ENRIQUE CUARTO.
209
fué bien rescebirlo por 41 , porque el Maestre de
Sanctiago lo quiso. Estando asi las cosas en vegilia
de algún sosiego , porque todos los grandes avian
gana de reposar, é deseaban saber lo que avian de
seguir, estonces fué alli acordado que se debian de
enviar mensageros al Rey de Portugal , para que
contratasen con él que casase con la Princesa Doña
Juana, de que fué dado el cargo al Maestre de Sanc-
tiago. El que envió personas de su casa con este
mensage al Rey de Portugal, é así ávida su respues-
ta, fueron acordadas vistas entre amos los Reyes
para cierto dia señalado, como adelante será dicho.
Entretanto que entendían la respuesta del Rey de
Portugal, el Rey determinó de irse á Segovia, é
mandó que el Arzobispo de Sevilla y el Duque de
Alva quedasen en Medina por Virreyes , hasta que
él tornase de Estremadura , donde avia de ir á las
vistas.
Délo que
CAPITULO CLIV.
subcedió por el Reyno después que el Rey se fué á Se-
govia.
Después que el Rey fué tomado á Segovia, como
el Obispo de Sigüenza avia grand tiempo que tra-
bajaba por aver el Capelo de Cardenal, y el Rey,
consideíado su linage , avia escripto muchas veces
al Papa sobre ello , suplicando se lo mandase dar,
sintió como el Maestre de Sanctiago queria que con
él juntamente fuese criado Cardenal el Obispo de
Burgos su sobrino, é que á esta cabsa se avia dila-
tado de lo facer Cardenal , de que estaba muy des-
contento , é asi muy disimuladamente se fué de la
Corte para su casa á Guadalaxara con sus herma-
nos, donde estuvo por algún tiempo retraydo. Es-
tando el Rey en Segovia, supo como el Conde de
Qfuentes é Don Juan de Ribera su tio se avian
puesto en armas contra el Conde de Fuensalida, que
como á parientes los metió en la cibdad, confiándo-
se de su amistad , que le avian jurado y prometido,
é que peleaban cada dia, donde se recrescian muer-
tes é males. Sabido aquesto, el Rey fué muy pesan-
te, asi porque el Conde de Fuensalida no quiso creer
lo que conmigo le avia enviado á requerir, como
por los escándalos de la cibdad, cuyo pueblo livia-
namente se suele alborotar é facer novedades. So-
bre aquel fué acordado que el Rey partiese para allá
para lo remediar, antes que mayores males se re-
cresciesen. Llegado el Rey á Madrid vinieron cier-
tos Regidores de Toledo, á le notificar como de ca-
da dia era mas brava la pelea, é se facian mas gran-
des males por la cibdad , suplicándole que luego
quisiese ir á lo remediar. Estonces el Rey y el Maes-
tre acordaron que el Obispo de Burgos é yo con él
fuésemos á mas andar, é trabajásemos por los po-
ner en treguas, fasta que ellos llegasen, lo qual pu-
simos luego por la obra, E como llegamos allá , ha-
llamos como querían pelear ; pero pusímosles gran-
des penas de parte del Roy, é que luego depusiesen
las armas é no saliesen á pelear. Los quales obedes-
cieron lo que en nombre del Rey les diximos, é es-
Or.~-nL
tuvieron en treguas, fasta que el Rey vino. E pues-
to que el Rey quisiera ayudar al Conde de Fuensali-
da, porque le avia muy bien servido, no pudo tanto
facer que la voluntad del Maestre no sobrepuxa-
se, para que prevaleciese mas la parte del Conde de
Cifuentes é de Don Juan de Ribera. E asi ordenó
que el Rey mandase al Conde de Fuensalida que de-
xase el Alcázar é las puertas de la cibdad que las
tenia barreadas, é fueron entregadas al Doctor Gar-
ci-Lopez de Madrid con oficio de Asistente é gran-
des poderes con ello. Estonces el Conde de Fuensa-
lida , visto el disfavor é mengua que contra él se
facia, aunque no por grado del Rey, salió de la cib-
dad, é fuese para su tierra. El qual no solamente fué
engañado por la contratación del Obispo de Bada-
joz su cuñado, pero la hija deshonrada y sin espo-
so ; porque el Conde de Cifuentes, visto que él é la
Doña Leonor, hija del Conde de Fuensalida, eran
muy cercanos debdos en sangre por muchos é di-
versos vínculos de consaguinidad, é que sin dispen-
sación no podían casar, librado de la censura del
derecho, que en tal caso dispone, por Juez ordina-
rio, é absuelto se casó luego con otra. Estando el Rey
allí en Toledo llegó nueva, como en la cibdad de Se-
villa el Duque de Medina Sidonia é el Marqués de
Cáliz avian peleado, de que se rescrescieron muchas
muertes, quemas é robos de cada parte ; porque el
Marqués de Cáliz era echado de la cibdad, é se fué
áXerez de la Frontera, que tenia la fortaleza della;
é que desde allí con su gente é la de los Maestrad-
gos de Sanctiago é Calatrava que le ayudaban, y el
Duque de Medina Sidonia con los caballeros é. gen-
te de Sevilla se hacían muy cruda guerra. Verdad
es que el Maestre favorecía al Marqués de Cáliz su
yerno, é por esta cabsa, aunque el Rey quisiera lue-
go en ello proveer é remediar tan grand rotura,
donde tantos males se hacían , no se pudo hacer,
porque el Maestre lo estorbaba, en tal manera, que
la guerra se quedó sin ningún remedio de paz ni tre-
gua ; de tal guisa , que guerreando é saliendo á pe-
lear de contino , murieron personas señaladas, en
especial dos hermanos bastardos del Duque en un
reencuentro entre Sevilla é Alcalá de Guadaira, que
el Marqués de Cáliz tenia. Y en tanto grado se ha-
cia la guerra cruda entre ellos, que los pueblos co-
marcanos no tenían seguridad de sus vidas ni ha-
ciendas ; pero ni por eso consintió el Maestre que
el Rey envíase personas ni caballeros que lo reme-
diasen. De donde subcedió que el Marqués de Cáliz,
como astuto guerrero, con el favor que su suegro le
daba, fué una noche y escaló la fortaleza de Medina
Sidonia, é tomada, se apoderó disolutamente de la
villa é tierra. E el Duque muy sentido , aviéndolo
por grave injuria, fechos grandes pertrechos de ar-
tillería, é juntadas muchas gentes asi de á caballo
como de peones, suyas é de sus valedores, determi-
nó de dar sobre su villa para recobrarla. El Mar-
qués asimismo fortaleció la villa para defendérsela,
de tal manera, que cada uno hacia grandes ayunta-
mientos de gentes , é pertrechos é provisiones , de
donde se atendía grand perdición é perpetuas ene-
14
210
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mistades en toda el Andalucia. Sabido aquesto por
el Rey, con acuerdo é consentimiento del Maestre
envió allá á Don Yñigo López de Mendoza , Conde
de Tendilla con grandes poderes, para que se apo-
derase de la cibdad de Sevilla , é apoderado , diese
medio de paz é concordia entre ellos. El qual se
partió á mas andar, é llegado á la cibdad , halló co-
mo ya el Duque de Medina quería salir á cercar su
villa de Medina, y el Marqués se apercebia para da-
lle la batalla en el campo. Visto aquesto por el Con-
de, como era caballero prudente, acordó con mucha
discreción é dulzura , é hizo á todos deponer las ar-
mas é derramar las gentes que asi tenian ayunta-
das, é puesta su tregua real entre ellos, dio forma
como aquellos dos Señores se viesen en una fortale-
za de Don Alfonso de Velasco , que dicen Marche-
nilla, teniendo el Conde con su gente en el campo
seguro á entrambas las partes. Donde convenidos é
vistos, dio entre ellos tal medio de paz é concordia,
que con mucho amor salieron de allí hechos ami-
gos. Luego el Marqués de Cáliz dexó la villa de Me-
dina Sidonia, y el Duque puso su Alcayde en ella.
E hecho aquesto, el Conde desató algunos agravios
que se avian fecho de la una parte é de la otra ; por
manera que toda la tierra quedó en mucho sosiego;
ó sosegada, el Conde se tornó al Rey á le notificar
lo que asi por su servicio avia fecho.
CAPÍTULO CLV.
De lo que subcedió después de que vino el Rey de Toledo
á Scgovia.
Tornado el Rey á Segovia, Doña María Puerto-
carrero, Marquesa de Villena, muger del Maestre de
Sanctiago, adolesció de un zaratán en la cara, cuya
enfermedad fué insanable, de que murió. Pero antes
que fallesciese, como era católica Christiana, teme-
rosa de Dios, fizo llamar al Maestre de Sanctiago su
marido, é venido donde ella estaba en la cama, llo-
rando con muchas lágrimas, le dixo : « acordaos, Se-
Dñor, por amor de Dios, y mirad que por faceros
«Maestre de Sanctiago, é subir en tanto señorío
«aveis cubierto vuestra persona de tanta infamia é
ndexais á vuestros hijos con tan feo apellido de
wdesleal. Acordaos como el Rey Don Enrique vos
»dió, é con su favor é sombra aveis alcanzado lo
nque agora tenéis, é considerad el mal galardón que
«por ello le aveis dado, é como le aveis perseguido
sé corrido é abatido, poniendo tantas infamias en
»8U persona Real. Catad, Señor, que sois mortal é
» aveis de morir, é muerto, que seréis llevado delan-
»te de aquel juicio divinal, donde seréis acusado de
«vuestra ingratitud, é de la grand deslealtad con
nque aveis deservido é deshonrado ú quien no sola-
» mente debiérades honrar é defender, mas morir por
«su servicio. E si no queréis condoleros de vuestra
«deshonra é infamia, habed dolor de vuestra alma
«porque no so pierda, ni vaya con Judas condenada
«sin redención; y si fasta agora le fuistes deservi-
«dor tí enemigo, de aquí delante le sirváis con leal-
ntad ó sigáis con firmeza, para que sea Rey entero,
»é no despedazado como lo tenéis. Dexad ya los in-
«tereses é las cobdicias desordenadas, que tanto y
«en tal grado tienen oscurecida vuestra conciencia.
«E pues vedes que mis días se acaban, una é muchas
«veces os suplico é requiero é pido por merced, que
» por reverencia de aquel Dios que nos vino á rede-
»mir, lo queráis asi facer, porque restituyendo al
» Roy que vos hizo en su Reyno, restituyáis á vos
wen la honra, é cobréis nuevo nombre de leal.»
Oida su habla, el Maestre le respondió que le agra-
descia mucho su eancto consejo, é que le plascia do
facer lo que ella le requería é amonestaba. Pasados
dos días después de aquesto, ella fallesció é fué se-
pultada en el Monesterio del Parral, donde le fue-
ron fechas muy sumptuosas é honradas obsequias;
de cuya muerte el Maestre ovo muy grand dolor é
sentimiento, porque sin dubda fué señora de mucho
merescimiento, y en quien moraba mucha bondad.
Pero puesto que el Maestre prometió de prosperar
al Rey é servirle con lealtad, mas tardó ella en mo-
rir que él en olvidar la promesa que hizo, é si mu-
cho lo tenia cegado el interese, mucho mayor ce-
guedad le puso después.
CAPÍTULO CLVI.
De como el maestre con grand instancid importunó al Rey que le
diese la villa de Sepnlveda, é lo que sobre ello subcedió.
Al tiempo que los bollicios del Reyno se comen-
zaron, el Maestre Don Juan Pachaco una noche hur-
tó la villa de Sepúlveda, é óvola por algún tiempo
contra el grado de los vecinos de ella; pero después
quando el Real de Simancas, ciertos hidalgos de la
villa vinieron al Rey secretamente con trato de se
la dar, para que enviase persona fiable con gente á
tomarla, é que le darían la entrada libre é segura.
E porque el trato se hacía por mano de Alfonso de
Badajoz, su secretario, mandóle tomar de las gentes
de sus guardas, é que fuese á tomarla, lo qual puso
él luego por obra, é fué sin ser sentido; é llegando
á las puertas de la villa, le fueron abiertas sin de-
tenimiento ninguno; donde entrado, estuvo en ella
buenos días fortificándola é teniéndola por el Rey.
E como después el Maestre vino á servicio del Rey,
é toda la gobernación del Reyno se administraba
por su querer, hizo al Rey que lo echase de allí, dis-
ciendo que los de la villa eran tan buenos, que no
avian menester gente é capitán que ios sojudgase.
E así echado, los de la villa quedaron mucho á ser-
vicio del Rey, aunque con buenas guardas á las
puertas é velas do noche por los adarves. Mas la
hambrienta cobdicia del Maestre era tan insaciable
que siempre abarcaba é quería mas, é nunca se har-
taba, en tal manera que todos los lugares que cerca
de sus señoríos estaban, pensaba que le pertenescia
por fuero de tiranía. E asi porque aquella villa de
Sepúlveda estaba junta con la tierra del Condado
de Sanct Estovan, importunando al Rey muchas
veces, insistió que so la diese, de que el Rey fué
muy enojado ó descontento. E retraído con algunos
de sus criados leales, un día dixo: «O quién fuer»
DON ENRIQUE CUARTO.
21.1
«señor del mundo por ocho días! Preguntándole ¿á
»qué fin lo decía? respondió que para hartar la
» hambrienta tiranía é desordenada cobdicia del
» Maestre de Sanctiago.» E asi después de pasada la
fiesta de Navidad, que ovo allí con poco plascer,
partió contra su grado de Segovia, é fuese á aposen-
tar á una fortaleza del Maestre que se descia Castil-
novo, que está dos leguas de Sepúlveda. Donde ve-
nido, envió á llamar ciertos hombres de la villa, é
llegados ante su Real presencia, les dixo, que cum-
plía á su servicio y les mandaba que tomasen por
señor al Maestre, porque él le avia fecho merced
de aquella villa; respondieron que suplicaban á su
Alteza, que no se lo mandase ni pluguiese á Dios
que jamás fuesen enagenados de su corona Real, é
que ima é muchas veces le tornaban á suplicar que
no se lo mandase, porque no lo entendían de facer,
ni era cosa que cumplía á su servicio; é que si sobre
aquesto fuesen molestados é importunados, se por-
nian á tan buen cobro, que no avrian miedo de ser
ágenos ni apartados de la corona Real, porque aque-
lla villa no era para ser sujeta de otro ninguno que
de Rey ó hijo de Rey. E quanto quier que algunos
de los que presentes estaban, como parciales é afi-
cionados al Maestre, les dixeron que les cumplía en
todo caso hacer lo que el Rey les mandaba, respon-
dieron, que aquel mandamiento era contra su ser-
vicio, é por importunidad mas que por su grado, é
que por eso ellos no lo entendían obedecer, ni mu-
cho menos cumplir; pero que lo comunicarían con
los otros vecinos é moradores de la villa, é enviarían
la respuesta á su Alteza. E asi despedidos del Rey, é
tomados á su lugar, sin mas dilaciones alzaron pen-
dones por la Princesa Doña Isabel, é la enviaron la
obediencia; la qual luego les envió gente con que
se defendiesen. Estonces el Rey, vista la novedad
é que así se avía perdido y enagenado aquella villa
fué muy descontento y enojado de tan poca cuenta
como del se hacia en lo que á su honra y estado
pertenecía, y del poco fruto y menos provecho que
acarreaba la venida del Maestre á su servicio; é tor-
nóse á Segovia mas enojado que contento.
CAPÍTULO CLVII.
Como el Rey se fué á ver con el Rey de Portugal, é lo q«e allí
sabcedió.
Tornado el Rey á Segovia muy descontento y
enojado por las pérdidas que de contíno se le recres-
cían á cabsa de la cobdicia desordenada del Maestre
de Sanctiago, donde estando asi con tan poco plas-
cer, fué acordado que se fuese á ver con el Rey Don
Alfonso de Portugal sobre el casamiento de la hija
según que lo avían concertado los mensageros del
Maestre de Sanctiago; é porque fuese mas abtoriza-
do, mandaron que yo fuese con sus cartas de creen-
cia al Obispo de Sigüenza á Guadalaxara, rogándole
por parte del Rey é del Maestre que saliese luego á
Madrid, adonde el Rey se iba, para que después se
fuesen desde allí con él á las vistas del Rey de Por-
tugal; pero como el Obispo de Sigüenza estaba des-
contento del Rey é del Maestre de Sanctiago, á
cabsa de las dilaciones que se avian dado sobre el
Capelo de Cardenal, respondió muy ásperamente,
dísciendo que ya no era criado Cardenal porque
quería el Maestre de Sanctiago que juntamente con
él hiciesen Cardenal al Obispo de Burgos su sobrino
é que á esta cabsa se avia tanto dilatado de le dar
el capelo, é aun porque dubdaba si la Princesa Doña
Juana era hija del Rey, visto el disoluto vivir de la
Reyna su madre, é asi dando sus graves quexas de-
negó su ida, puesto que para ello fué muy importu-
nado. E quanto quier que el Rey ovo grand enojo
de aquesta respuesta, disimuló con paciencia, por
no indignar las voluntades de otros algunos, que
sabido aquesto se pudieran alterar. E asi determi-
nada su partida desde Madrid, donde estuvo algu-
nos días, mandó que el Obispo de Burgos llevase á
la Reyna é á la Princesa á la villa de Escalona, é
dende allí adelante siempre la Princesa estuvo en
poder del Maestre de Sanctiago. E puesta allí, el
Obispo de Burgos se fué en pos del Rey, y el Rey
y Maestre se fueron á Guadalupe, donde estuvo
quatro días, é se partió para Truxíllo. E allí vino el
Duque de Arévalo é Conde de Plasencia, con cuya
venida el Rey ovo grand plascer, por estar acom-
pañado con mas abtoridad. Desde allí se partió para
Badajoz, que estaba en poder del Conde de Feria,
el qual no quiso acoger al Rey dentro en la cibdad
salvo en los arrabales, disciendo que la quería para
dar al Maestre Don Juan Pacheco. Dende allí el Rey
sahó á las vistas con el Rey de Portugal, entre Ba-
dajoz é Yelves; é porque el Rey de Portugal tenia
mala opinión del Maestre de Sanctiago, que sabía
de sus pocas verdades, é mucha cobdicia, é confián-
dose poco de las formas tan deshonestas con que
trataba al Rey, no quiso aceptar el casamiento,
puesto que para la seguridad de su persona le da-
ban ciertas cibdades é villas de las principales del
Reyno; pero él jamas quiso aceptallo, é asi se par-
tieron discordes é sin conclusión alguna. Grandes é
diversos son los juicios que sobre este caso podrían
facer los discretos, señaladamente aquellos en quien
algún temor de Dios é celo de la justicia cabe. Que
aquesta Señora jurada dos veces por Princesa here-
dera, seyendo inocente, é sin culpa, así se le hayan
desmanado tres casamientos tan señalados: uno del
Príncipe Don Alonso, hermano del Rey al tiempo
que lo juraron, que fué con tal condición de casarse
con ella; otro del Duque de Guiana, que lo mataron
con yerbas; é después aqueste que se desmanó por
la poca confianza que del Maestre de Sanctiago se
tenia. E de las mudanzas de Castilla ¿qué podría-
mos descir acá en Castilla? sino que las culpas de
los padres suelen á las veces traer á perdición á los
hijos; porque si la Reyna, madre de aquesta Señora,
quisiera vivir honestamente sin ofensa de su honra
é del próspero matrimonio que Dios le avia dado
con tan alto Rey, no padesciera la hija tanta infa-
mia, ni quedara tan abatida, ni con tan grand de-
nuesto deshonrada para siempre. Tornado el Rey á
Badajoz, é vista la poca obediencia é rebelión del
212
Conde de Feria, que no le quiso acoger en su cib-
dad, acordó de se pasar á Mérida, donde llegado
acordó de se ir á Córdoba, é de allí andarse por An-
dalucía. E asi desde Mérida se fué al Maestradgo
de Calatrava, y el Maestre de Sanctiago se fué á la
provincia de León. El Rey desde el Maestradgo de
Calatrava so pasó á Córdoba, donde le rescibieron
con asaz plascer é mucho amor de toda la gente. E
como el Duque de Medina Sidonia supo de su veni-
da á Córdoba, é que de allí quería irse á Sevilla, te-
miéndose de ser echado fuera por la enemiga que
estaba entre él y el Maestre de Sanctiago, ayuntó
dos mil de á caballo, é apoderóse de los alcázares
é de las atarazanas é de las puertas de la cibdad,
donde puso allí luego alcaydo de su mano. Sabido
aquesto por el Rey, sospechando alguna traycion,
desó de ir allá, é desde Córdoba pasó á Baeza, don-
de reposó alguuQs días, mas congojado que con des-
canso, vista la poca reverencia é poco temor que á
cabsa del Maestre de Sanctiago le tenían, denegan-
do de le acoger en sus villas é cibdades. Estando
allí, llegó nueva como el Conde de Cif uentes é Don
Juan de Ribera con otros caballeros sus parciales
avian prendido al Doctor Garci-Lopez de Madrid
que allí avia dexado por asistente, é preso, avian
tomado la Puente de Sanct. Martin, é las otras puer-
tas de la cibdad, las quales estaban é tenían toma-
das de su mano, é asimismo que tenían puestas sus
guardas en derredor del Alcázar, puesto que el Al-
cayde que allí estaba por el Doctor Garci-Lopez se
defendía muy bien. Fuéle asimismo notificado que
Don Juan de Morales, Arcediano de Guadalaxara é
Francisco de Falencia, Prior de Aroche, Canónigos
de la sancta Iglesia de la cibdad de Toledo, con
otros muchos servidores é parciales de su Alteza se
pusieron en armas é tomaron la Iglesia mayor, é
luego acudieron allí los Mariscales Perafan de Ri-
bera é Fernando de Ribadeneyra; donde todos se
juntaron con asaz gente, y enviaron á requerir al
Conde do Cifuentes é á Don Juan de Ribera que
soltasen luego al Asistente, é se apartasen del Alcá-
zar sin le dar combate, donde no, que saldrían á
pelear con ellos é les harían? apartar de allí mal de
BU grado. Visto aquesto por el Conde é D. Juan su
tío, 6 como su dañado deseo no se podía cumplir
como ellos querían, soltaron luego al Asistente, é
arredráronse de la fortaleza sin mas combatilla.
Sabido aquesto por el Maestre de Sanctiago, vino
luego á mas andar á Toledo, y entrado en la cibdad
desterró al Conde, é á Don Juan, é á Don Lope de
Zúfiiga, é á Arias de Silva é á Pero Gómez Barroso,
porque todos estos eran de una liga é confedera-
ción; ó así desterrados, los que estaban en la Igle-
sia depusieron las armas, é saliéronse á sus casas. E
puesto que el Rey vino luego á la cibdad, ya los
escándalos estaban sosegados; é porque morían en
la cibdad, no quiso entrar dentro, mas aposentóse
fuera en el Monesterio de la Sisla; pero aunque los
perpetradores de la sedición fueron desterrados, no
les fué dado otro ningún cargo ni pena, porque
eran del Maestre de Sanctiago. Después que la cib-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dad en alguna manera fué puesta en sosiego, el Rey
se partió para Segovia, donde llegado, halló que
ciertos escuderos de los mas principales de allí, con
algunas gentes de los arrabales ó de otra comuni-
dad se avían levantado con mal propósito, é puesto
en armas contra el Corregidor, de que se rescrecie-
ron muertes é asaz vertimiento de sangre. De aques-
to fué muy enojado el Rey, é sabida la verdad por
la pesquisa, falló muy culpados los escuderos, á los
quales mandó prender é llevar muy avergonzada-
mente con grillos , en sendas acémilas , al Alcázar
de Madrid, donde estuvieron presos por algún tiem-
po. El Maestre de Sanctiago se quedó en Escalona,
donde estuvo algunos días , hasta que el Rey le en-
vió á llamar.
CAPITULO CLVIII.
Como el Maestre de Sanctiago se casó con la hija del Conde
de Haro.
El Maestre Don Juan Pacheco viéndose en algu-
na manera desamado de los Grandes, é con pocos
parientes é amigos, procuró de se confederaré aliar
con la casa de Mendoza , é de Velasco , é ansí an-
dando con ellos en sus tratos , fueron acordadas vis-
tas de ellos con él entre Segovia é Pedraza. De la
una ,parte salieron el Conde de Medínacelí , y el
Obispo de Sigüenza, y el Conde de Haro y el Obis-
po de Falencia ; y de la otra parte vino el Maestre
de Sanctiago y el Obispo de Burgos ; donde junta-
dos, fué concluido , que para mayor firmeza é segu-
ridad de su confederación el Maestre de Sanctiago
casase con hija del Conde de Haro, porque el Mar-
qués de Sanctillana no tenia hija ninguna por ca-
sar. Asi concertados , fué asignado cierto día para
.los desposorios , de que el Rey fué muy contento, é
acordó de salir á verse con ellos, para que todos
conformados estuviesen muy juntos á su servicio.
E asi concluido todo con mucho amor, mandó el
Rey que los desposorios é la boda todo fuese junta-
mente fecho. Estonces el Maestre se fué á la villa
de Pefiafiel, que era del Conde de Uruefia, su sobri-
no, é allí vinieron el Conde de Haro é la Condesa
su muger , con la hija que se avia de casar con el
Maestre. Donde convenidos con mucho plascer é
amor , los desposorios é la boda fueron luego cele-
brados con muy grandes fiestas. E asi fechas , el
Maestre dexó á la Duquesa su muger en Peñafiel
por algunos días, é dende se fué luego á Segovia, y
el Conde de Haro é la Condesa se tomaron á buh
tierras.
CAPÍTULO CLIX.
De como el Rey se partió para Madrid, é vino allí el Delegado
del Papa , é lo qne allí subeedió.
Después que el Maestro de Sanctiago fué venido
de Pefiafiel á Segovia, fué acordado que el Rey se
fuese á Madrid, donde vino el Obispo de Sigüenza.
E porque el Rey y el Maestre avian gana de le com-
plascer al Obispo, é procurar su honra, prometié-
DON ENRIQUE CUARTO.
213
ronle de procurar con todas sus fuerzas que fuese
fecho Cardenal , de que el Obispo fué satisfecho de
las quexas pasadas. Estando allí el Roy con algún
contentamiento , llególe la nueva como por la muer-
te del Papa Paulo , avian elegido por Sancto Padre
al Papa Sixto, y enviaba por Delegado á España á
Don Rodrigo de Borxa, Vichanciller , é Cardenal é
Obispo de Albania , de que el Rey fué muy conten-
to, é le plogo que entrase en sus Reynos. Pero por-
que su venida fuese mas abtorizada, el Rey con los
de su alto Consejo acordó que el Obispo de Sigüen-
za fuese á Valencia , donde el Legado era ya des-
embarcado, y esperaba el consentimiento del Rey,
para usar de su delegación. Estonces el Obispo fué
muy bien acompañado de asaz principales caballe-
ros de su linage, é llegado á Valencia, notificó al
Legado el consentimiento y el plascer que el Rey
tenia con su venida , é que le rogaba que se fuese
luego para su Corte con él ; é asi determinada su
entrada en Castilla, se partieron , y entrados en el
Reyno, se vinieron por las tierras del Maestre de
Sanctiago rescibiendo fiestas. Luego que el Rey y
el Maestre supieron de su venida, mandaron que yo
toviese cargo de dar orden en el rescibimiento que
Be le avia de facer. Donde aparejadas las cosas to-
das, que para lo tal eran menester é necesarias, el
dia que ovo de entrar, lo fué fecho aquel solene res-
cibimiento que para Legado á Latere pertenescia,
asi por el Rey con toda su caballería, que en diver-
sas maneras salieron al campo , como después á la
entrada de la villa , de Clérigos é religiosas perso-
nas de diversas Ordenes en su procesión ordenada-
mente, todos vestidos con muchas é muy ricas ca-
pas, y el Obispo de Astorga vestido de Pontifical
con sus asistentes, é una Cruz en la mano en que
adoró el Legado. E los Regidores é caballeros de la
villa estaban con un rico palio de brocado sobre sus
varas, con goteras pendientes, en que estaban pin-
tadas las armas del Papa y del Rey. Debaxo de
aqueste palio entró el Legado cabalgando, y el Rey
á su mano izquierda un poco antes, hasta que lle-
garon á la Iglesia de Sanctiago, donde descavalga-
ron. E entrados dentro delante del Altar, el Legado
dio la bendición, é otorgó Indulgencia plenaria de
tres años é tres quarentenas de perdón á los que
presentes estaban. Fecho aquesto , el Rey tomó al
Legado por la mano , é á pié le puso en su aposen-
tamiento , que estaba junto con la Iglesia , é llegan-
do con él hasta las puertas, el Rey se despidió, y el
Legado se entró en su posada. Pasados quatro dias
de su venida, el Rey fué á oir su embaxada á Sanct
Gerónymo del Paso, donde venido el Legado en
presencia del Rey é de los de su muy alto Consejo,
é dado al Rey el breve del Papa , propuso con mu-
cha elegancia que el Papa Sixto IV le enviaba por
BU Legado á Latere en todas sus Españas é ínsulas
adherentes, para visitarlas como padre espiritual de
toda la Religión Christiana, é Vicario de Jesu-
Christo , á quien pertenescia conoscer sus ovejas é
dalles aquella medecina espiritual que á sus almas
pertenescia ; é con esto juntamente , para comuni-
car con SU Alteza Real las otras cosas particulares,
necesarias al bien de la See Apostólica ; por tanto,
que leploguiese nombrar una persona que fuese leal
é acepta á su servicio , para que anduviese é tratase
entre ellos. Oida su habla , el Rey le respondió que
le avia plascido con su venida y era gozoso , porque
persona tan singular viniese á sus Reynos con tan
altos negocios, y que él como Rey cathólico é hijo
de obediencia estaba presto de cumplir lo que el
Sancto Padre por su Bula le enviaba á mandar , y lo
que él como Legado de parte de su Sanctidad le di-
xese ; y que para lo al que particularmente se avia
de comunicar entre ellos, nombraba á mí como á su
Coronista é Capellán é d© su Consejo, con quien su
Reverendísima Paternidad podría comunicar todo lo
que quisiese. El Legado oído su graciosa respuesta,
le refirió muchas gracias ; é asi despedido el uno del
otro , se fué cada uno por su parte á sus aposenta-
mientos. En aqueste medio tiempo subcedió como el
Rey Don Juan de Aragón recobró la cibdad de Bar-
celona , que avia grand tiempo que estaba rebelada
contra él á cabsa de la muerte del Príncipe Don
Carlos, donde fué rescebido con grande amor de todo
el pueblo ó de la gente , y él alegremente perdonó á
todos en general sin desoírles fealdad alguna, ni
palabra deshonesta , lo qual fué tenido á mucha no-
bleza é humanidad. Acaesció también en este tiem-
po que el Rey Luis de Francia ovo batalla campal
con los Duques de Borgoña é de Bret aña , é fué
muerto el Duque de Borgoña , de á donde se siguie-
ron otras muchas muertes é grandes males en cada
parte. E puesto que vino allí otro Delegado á los
poner en paz, ó en tregua, no pudo aprovechar su
venida , porque se dieron otras batallas campales,
de que el Rey Luis fué vencedor , é quedó con muy
próspero triunfo é sus enemigos destruidos por grand
tiempo. Pasados algunos dias después que el Legado
fué venido, el Rey y el Maestre, para cumplir la
promesa que avian dado al Obispo de Sigüenza de
lo hacer Cardenal , hablaron con él rogándole afec-
tuosamente que escribiese al Papa muy encargado,
para que hiciese Cardenal al Obispo de Sigüenza,
de que el Legado fué muy contento, y asi escribió
él y el Rey , y el Maestre, y fué despachado un Cor-
reo con las cartas. El Legado y el Rey tuvieron la
fiesta de Navidad allí en Madrid con asaz plascer;
los quales juntamente se fueron á oir Misa solene á
Sancto Domingo , que es monesterio de monjas,
donde el Legado dio su bendición con muchos per-
dones.
CAPÍTULO CLX.
De como el Rey con el Legado se fueron á Segovia , y las cosas
que allí subcedieron.
Pasadas las fiestas de Navidad, fué acordado en-
tre el Rey y el Legado que se fuesen á Segovia, á
donde le fué fecho solene rescibimiento, según que
para Legado pertenescia , ansi por fia clerecía , co-
mo por los caballeros é gente de la cibdad. E el Le-
gado fué aposentado en las casas del Obispo , que
214 CRÓNICAS DE LOS
están junto con la iglesia mayor. Venido allí al Le-
gado , mandó juntar de todo el Royno do cada Igle-
sia Catedral una Dignidad y un Canónigo , donde
fueron ayuntadas asaz personas de ciencia é abtori-
dad. Los quales venidos delante del, los notificó la
necesidad en que el Papa estaba é que se quería ser-
vir dellos con algún subsidio ; é que por tanto les
mandaba , exhortaba é requería lo aceptasen é pusie-
sen por la obra. La clerecía respondió que avrian su
acuerdo é deliberación, sobre lo qual ovo asaz dife-
rencias ; finalmente determinaron de se lo dar , con
tanto que su Santidad otorgase á todas las Iglerias
Catedrales del Reyno perpetuamente dos Calongías,
que fuesen, para que en cada Iglesia Catedral, quan-
do vacasen , el Perlado y el Cabildo diesen la una á
un Teólogo, é otra á un Canonista, lo qual el Papa
lo otorgó adperpetuam rei memoriam. Fecho aques-
to , publicó unas Bullas de indulgencia plenaria de
diversos precios , según el estado é condición de las
personas que las quisiesen tomar. Pero puesto que la
mayor parte de la clerecía del Reyno vino al llama-
miento del Legado , quedaron algunos que no vinie-
ron porque eran aficionados á los Príncipes Don Fer-
nando é Doña Isabel, entre los quales fué mas prin-
cipal Don Iñigo Manrique , Obispo de Coria, que en
nombre de los otros insistió con el Legado que se
saliese de Scgovia é se fuese á estar en Valladolid,
donde le serian notificadas algunas cosas que cum-
plían al servicio del Rey é al bien de la subcesion
de los Reynos de Castilla. Vista la importunidad
con que ansí lo aquexaba que se fuese de allí , envió
por mí como deputado entre el Rey y él , para en-
tender en los negocios ocurrentes ; é como asi me
notificase el caso de la importunidad del Obispo, yo
lo hice saber al Rey , é su Alteza envió á descir al
Legado que le regraciaba el amor é buena voluntad
que le tenía, y que le rogaba que pues conoscía las
formas de Castilla , no curase de dar orejas á seme-
jantes casos é personas, que eran maliciosas é lle-
nas de mucho escándalo ; el Legado respondió que
asi lo entendía hacer, porque ya avia sentido algo
dello. Pasados dos meses que el Legado estuvo allí
negociando lo que el Papa le avia mandado, acordó
de partirse para Alcalá de Henares, para ver á los
Príncipes Don Fernando é Doña Isabel, que estaban
allí con el Arzobispo de Toledo, donde fué rescebi-
do con gran solenidad , é festejado de muchas ma-
neras. Estuvo allí algunos dias, é pasóse á Guada-
laxara , c fué muy bien rescibído por el Marqués de
Santillana é por los Condes sus hermanos, é posó
con el Marqués dentro de su casa, é reposó allí al-
g^n tiempo. En este medio subcedió en la cibdad de
Córdoba que la comunidad con favor de algunos
caballeros se levantaron contra los conversos con
mano armada , donde fueron muertos muchos de-
llos , é todos robados sin resistencia ninguna en tal
manera, que los que escaparon , ninguno dellos osó
vivir mas en aquella cibdad, ni entrar eti ella ó no
sin cabaa; cacorao todos ó los mas dellos judaiza-
ban sin vergüenza ninguna, permitió Dios que los
unos por hacedores, é los otros por consentidores,
REYES DE CASTILLA.
todos pereciesen é fuesen muertos é destruidos. Lue-
go en pos de aquello acaesció que en Jaeu la comu-
nidad asimismo se levantó contra los conversos ; é
porque el Condestable D. Miguel Lucas no daba lu-
gar para que fuesen robados , un dia estando él en
la Iglesia mayor oyendo Misa, entraron todos é allí
delante del altar lo mataron crudamente, é luego sin
tardar fueron robados todos los conversos, ó muchos
dellos muertos sin piedad ninguna. Siguiendo aques-
tas pisadas los de Andujar , hicieron otro tanto é
otros lugares del Andalucía. Sabido questo por el
Rey , puesto que le pesó é ovo sentimiento dello, no
hizo castigo ninguno ; pero á ruego é suplicación
del Maestre de Sanctiago dio la Condestablía al
Conde de Haro, y el sello de la Chancillería al Obis-
po de Sigüenza.
CAPÍTULO CLXL
Como el Rey envió por el Infante Don Enrique á Barcelona , para
casarlo con la Princesa su fija , ó lo que allí subcedió.
Después que el Rey vio que tantos casamientos se
avian desmanado á su fija , habido su acuerdo con
el Maestre de Sanctiago, determinó de enviar por el
Infante Don Enrique su primo , fijo del Infante Don
Enrique, hermano déla Reyna Doña María su ma-
dre, el qual estaba en Barcelona. E así acordado,
envió un mensagero de secreto , para que oculta-
mente hablando con él , lo traxese sin quo fuese
sentido fasta que estuviese en Castilla. Entretanto
que este mensagero iba é negociaba el cargo que le
era mandado , el Maestre de Sanctiago dixo al Rey
que para el bien de la subcesion de su hija, le man-
dase entregar el Alcázar de Madrid, para tenor allí
á la Reyna é á la Princesa su fija, donde estarían
mas seguras é guardadas que en ningún lugar del
Reyno, é las podría ver quando quisiese mejor que
en Escalona , donde por estonces estaban. Luego el
Rey mandó al Mayordomo Andrés de Cabrera, que
entregase el Alcázar al Maestre ; é puesto que lo fué
áspero , é dio algunas dilaciones , finalmente le fué
necesario entregallo , y entregado , el Maestre puso
allí su Alcayde. E quantoquier que se apoderó del
Alcázar é de la villa , sintiendo como Andrés de Ca-
brera é la Bobadilla su muger eran mas aficionados
á la Princesa Doña Isabel , porque ella era criada
suya y la avia casado , parescióle que el Alcázar é
las puertas de Segovia estarían mejor en su poder
que no en mano de ellos , é asi con mucha instancia
procuró el Maestre que el Rey también se lo quita-
se , para que lo toviese él de su mano. Sobre lo qual
ovo asaz diferencias , porque á la verdad el Rey es-
taba en grande confusión é no sabía determinar en
cuyo poder estaría mas seguro su Alcázar é su cib-
dad con los tesoros que allí tenia. E asi dilatando y
tratando, jamas el Mayordomo quiso entregar el
Alcázar, de que el Maestre fué indignado contra él
ó determinó de lo destruir , é asi llamó secretamente
ciertos hidalgos de la cibdad, y entre ellos por prin-
cipal á Diego de Tapia , é trató con ellos como para
cierto dia señalado alborotasen el pueblo contra los
DON ENRIQUE CUARTO.
215
convereos é los robtijsen ; pero que priiicipalineute
procurasen de prender al Rey y al Mayordomo Ca-
brera, para quo el Rey uiandase luego cercar el Al-
cázar y dársele , y el Mayordomo lo entregase por
fuerza. E fecho aqueste concierto, los hijos-dalgo
pusieron por obra lo que asi lea era mandado, é ávi-
do su acuerdo, determinaron que dende á cierto»
dias, quando ya toviesen convocados todos los del
pueblo , un Domingo después do comer diesen cinco
badaxadas en la campana de Sanct Pedro de los
Priores, é á la misma hora se comenzase la pelea en
cinco partes de la cibdad. Diego de Tapia en el ar-
rabal de Sancta Olalla y Sancta Coloma con los ofi-
ciales é gente común de entrambas colaciones, y los
de Contreras á la Iglesia de Sanct Juan , para que
alli abriesen un postigo de los adarves , que están
junto con la Iglesia, por donde avian de entrar Die-
go de Tapia con la gente de los arrabales ; otro rui-
do se avia de trabar á Sanct Martin ; otro á la plaza
de Sanct Miguel , y otros de sobresalientes que an-
duviesen á todas partes. Do aquesta sedición fué
avisado el Rey por el Legado, que estaba en Gua-
dalaxara, tres dias antes; é sabido, mandó al Ma-
yordomo que se apercibiese con tiempo de armas é
gente, é lo hiciese saber á los conversos, para que
estuviesen sobre aviso, ó no les tomasen do salto.
Estonces el Mayordomo Cabrera con algunos hidal-
gos amigos suyos ó gente de su casa , é asi mesmo
los conversos se proveyeron de tal manera, que ve-
nida la hora de la pelea, se hallaron tan apercebi-
dos é bien armados é con tal esfuerzo, que desba-
rataron á sus enemigos sin recibir daño ninguno.
Fué muerto Diego de Tapia , principal incitador de
los escándalos , con un pasador que le pasó la ca-
beza hasta los sesos, é su casa, puesta á sacomano
sin resistencia ninguna. Los Contreras fueron des-
baratados é presos, antes que pudiesen abrir el pos-
tigo , é la gente común de los arrabales quedaron
muy mal parados, porque ovo muchos muertos é
feridos dellos ; de tal manera , que en breve espacio
no avia lanza enhiesta en todos ellos. Estonces el
Maestre , visto que su dañado trato no se cumplía
como él quisiera , é como sintió que los vencidos
descubrían é publicaban que á su requesta lo avian
fecho , rescelándose de algún enconveuiente, salióse
de la cibdad aquella noche á dormir en el Parral é
otro di a de mañana determinó de se partir para
Madrid. Sabido aquesto por el Rey, fué á hablar con
él, maravillándose de su acelerada partida; el Maes-
tre respondió que él no entendía estar mas en Se-
govia , ni entrar en ella , mientras que las puertas ó
el Alcázar della estuviesen en poder del Mayordo-
mo Cabrera é de la Bobadilla su muger, de quien
él tenia mas sospecha que seguridad ; por tanto, que
su Alteza le perdonase ; é asi se partió muy descon-
tento, de que el Rey ovo asaz enojo. Pero vistos los
escándalos de la cibdad , fué necesario quedarse allí
por algunos dias, asi por asosegar el escándalo del
pueblo, como para dar algún medio de concordia é
sosiego entre amas las partes de los bandos. Queda-
ron con el Rey en Segovia el Obispo de Sigüenza y
el Conde de Benavente ; el qual aquel mesmo dia
tenia concertado de matar al Maestre de Sanctiago
BU suegro , para cuya execucion estaban encerradas
en SU casa ciertas personas de secreto ; é si la pelea
del pueblo no interviniera, todavía lo pusiera por
obra.
CAPÍTULO CLXII.
Como vino el Infante Don Enrrique á la villa de Requena con la
Infanta su madre, y el Rey se fuó á Madrid, 6 las cosas que
sobre ello subcedieron.
Entretanto que estas cosas subcedian , é pasaban
sin castigo con poco temor del Rey, aunque él es-
piritualmente se congoxaba é le pesaba dello, el In-
fante Don Enrrique vino á la villa de Requena, é la
Infanta su madre luego en pos del. Donde venidos,
é notificado al Rey como eran llegados , para ver lo
quo mandaba , ovo mucho plascer, y escrivióles que
reposasen allí algunos dias, hasta que proveyese
al Infante de las cosas necesarias para su estado. E
luego mandó que le llevasen una baxilla de plata
muy rica, é camas é atavies, é acémilas é todas las
otras cosas que pertenescian á la decencia de su
persona. E fecho aquesto , fizólo saber al Maestre
de Sanctiago, que estaba en Madrid, el qual envió
luego al Infante dos caballeros de su casa, para que
lo truxeson al castillo de Garci-Muñoz , donde él y
la Infanta su madre estuviesen á su plascer, hasta
que el Rey los enviase á llamar. E fecho aquesto,
el Rey acordó que el Obispo de Sigüenza fuese á
verse con el Maestre de Sanctiago á Guadarrama,
donde vistos , acordaron que el Rey se partiese ó se
pasase á Madrid, pues que el Maestre de Sanctiago
no quería venir á Segovia. E asi el Rey pasó á Ma-
drid, é con él el Obispo de Sigüenza, y el Conde de
Benavente é los del Consejo con toda la Corte. Don-
de llegados , fué luego traída alli la Reyna é la Prin-
cesa su hija , con que el Rey ovo plascer, é páreselo
tener algún contentamiento, por no estar ni verse
en los escándalos de Segovia, é aún porque según
BU condición no se hallaba sin el Maestre para las
cosas de la gobernación del Reyno, puesto que el su
gobernar mas era por su proprio interese , que para
honra ni provecho del Rey ni bien del Reyno ; pero
porque con aquello páresela tener descanso en al-
guna manera, plascíale sufrirlo. Estando el Rey allí
en Madrid, llegó un trotero con un Breve del Papa,
notificándole como el Obispo de Sigüenza era cría-
do Cardenal , de que el Rey fué muy alegre é pla-
centero; é por dalle mas honra, díxole que de alli
adelante se intitulase el Cardenal de España, el qual
título 1© duró toda su vida. Estonces el nuevo Car-
denal acordó de se ir á Guadalaxara, donde estaba el
Legado, para dalle las gracias de lo que por él avia
fecho, é para comunicar con él algunas cosas que
sobre el mismo negocio convenían. Sabida suida, el
Legado le salió á rescibír, é ayuntados con mucho
amor, porque aún no le avian traído el Capelo , el
Legado y él entraron en roquetes con sus bonetes de
grana á la par, acompañados del Marqués de Santi-
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
216
llana é de loa Condes sus hermanos, é de otros n:u-
chos parientes suyos é caballeros, y estuvo allí algu-
nos días á su plascer ; pero el Rey le escribió , rogán-
dole que se viniese á la Corte, el qual lo hizo asi ;y
el Rey y el Maestre, y el Conde de Benavente con
toda la caballería de la Corte le salieron á rescibir;
é aquesta fué la primera honra que como Cardenal
rescibió. E luego como asi fué venido , acordó el Rey
do enviar por el Infante Don Enrrique para que vi-
niese allí, y la Infanta su madre con él ; el qual
vista su carta, se partió é vino á Getafe, donde el
Rey le mandó aposentar y estar hasta que saliese á
verse con él. Luego el Roy con el Cardenal y el
Maestre de Santiago y el Conde de Benavente salió
á verse con él entre Madrid é Getafe, E quanto
quier que el Rey lo quisiera traer consigo á Madrid
para que allí fuera aposentado , el Maestre acordó
que fuese á Odón, donde estaba una casa fuerte,
donde se podrían aposentar muy bien y estar segu-
ros; ansi por estonces el Rey se tornó á Madrid, y
el Infante é su madre se fueron á Odón. E como el
Rey tenia grand gana de ver á su hija desposada,
apartado en su secreto con el Maestre , quiso saber
del lo que se avia de hacer en aquello , é como el
Maestre avia poca gana que aquel casamiento se
concluyese, dando sus dilaciones, descia que pues
quería casar su hija, convenia casarla con Rey ó
Príncipe poderoso , pero que si le agradaba que se
hiciese con el Infante, era necesario que se hiciese
gruesa gente, é veinte quentos para pagalla, é que
fuese luego á Segovia, é que los sacase de sus te-
soros en dinero é plata ; é asi el Rey determinó de
ir á Segovia, é llevó consigo al Cardenal é algunos
del Consejo. Donde llegados, é requerido el Mayor-
domo Cabrera que los diese, respondió que le pías-
ela, é por otra parte buscando justos impedimen-
tos, dilató tanto, que ninguna cosa se cumplió de lo
que el Maestre demandaba ; é visto aquesto , acordó
el Rey de reposar allí en Segovia. Entretanto que
ol Rey estaba en Segovia descontento de oír tantos
tráfagos, é descontento de lo que veia, subcedió en
Madrid que el Maestre y el Conde de Benavente,
como se avian quedado allí , llegaron á muy malas
palabras, disciéndole el Conde que pues el Infante
Don Ennique era su primo hermano del Rey, fuera
razón que mirara mejor lo que le cumplía, é no
traello asi burlado con tantas cabtelas é formas de
poca verdad , engañando no solamente al Rey é al
Beyno , mas á todos los grandes que con él esta-
ban ; é asi muy descontento se fué á Valladolid. Es-
tando el Rey en Segovia, subcedió que Don Alonso
do Fonseca, Arzobiépo de Sevilla, fallesció en su
villa de Coca. Sabida su muerte, el Rey suplicó al
Papa que proveyese del Arzobispado al Cardenal de
España con retención del Obispado de Sigüenza, lo
qual el Papa concedió libremente; y concedido, en
pos de las bullas del Arzobispado vino un mensa-
gero del Papa con el capelo , que hasta estonces no
se lo avian traído. E venido , para que lo rescibiese
con la solenidad que convenia, el Cardenal se fué
á oír Misa á la Iglesia mayor, y el Mayordomo Ca-
brera con toda la caballería ,de la Corte salieron
fuera de la cibdad , donde el meusagero del Papa
estaba esperándolos ; é puesto el capelo sobre una
vara alta, el Mayordomo lo llevó hasta la Iglesia
mayor, donde el Cardenal oía la Misa , é allí el meu-
sagero que lo traía le dio el breve del Papa y el Ca-
pelo con las cerimonias acostumbradas.
CAPÍTULO CLXIIL
De como el Maestre de Sancliago fué á Sancta Ufaría de Nieva , y
el Rey con el Cardenal y toda su Corte vino allí; é asi mcstno
el Infante Don Enrrique con la Infanta su madre.
Desque el Maestre de Sanctiago sintió que el Rey
no avia gana de ir á Madrid, porque ya desamaba
á la Reyna é no la quería ver por su desoluto vi-
vir, acordó de pasar los puertos , é vínose á Sancta
María de Nieva. Donde venido, el Rey se fué apo-
sentar allí con toda la Corte, y envió á mandar al
Infante Don Enrrique é á la Infanta su madre que
viniesen allí, puesto que su venida les aprovechó
poco según lo que subcedió. Estando allí el Rey, en-
vió á llamar allí á los Perlados del Reyno é los Pro-
curadores. Donde venidos , hizo que las Hermanda-
des se confirmasen é hiciesen por todos los Reynos,
é mandó desatar algunos agravios que estaban fe-
chos en los lugares é cibdades é villas que se avían
alzado por el Príncipe , quando los tiranos le pusie-
ron nombre de Rey. E asi mesmo mandó que por
quanto él estaba puesto en mucha necesidad, se re-
partiese cierto pedido é moneda , con que fuese so-
corrido , lo qual le fué otorgado , é mandó luego re-
partir é coger el dinero. E como el Maestre avia
gana de aver á sus manos el Alcázar é las puertas
de Segovia, é sobre aquello era todo su pensamien-
to, para destruir al Mayordomo Cabrera díxo al Roy
que para concluir el casamiento del Infante Don
Enrique con su hija, convenia que se hiciese con
acuerdo é consentimiento de los tres Estados de su
Reyno, señaladamente de los Perlados é caballeros,
para lo qual convenia que su Alteza mandase al Ma-
yordomo Cabrera que entregase al Marqués de San-
tillana las puertas de Sanct Juan é de Sanct Mar-
tín, para que sobre su salvaguarda todos se junta-
sen allí en Segovia, donde se daría medio é orden
asi en los desposorios de eu hija, como en la subce-
sion. E quantoquier que al Rey plugo dello, é man-
dó que asi se hiciese , el Mayordomo Cabrera é la
Bobadilla su muger rescelándose perder la tenencia
del Alcázar, de donde se seguía su destruícion , tra-
bajaron astutamente como aquello se estorbase, pa-
ra lo qual hallaron favor é ayuda en el Cardenal de
España, que ya de secreto estaba confederado con
la Princesa Doña Isabel, á quien ellos querían, é
rodeaban meterla en la cibdad é hacerla Reyna des-
pués de los días del Rey, que fueron pocos ; é asi no
hubo lugar lo que el Maestre de Sanctiago quería.
En este medio tiempo subcedió que como el Maes-
tre de Sanctiago trabajaba por ocupar é tener de su
mano las principales cibdades é villas del Reyno,
procuró de aver la fortaleza é la puente de Alean-
DON ENRIQUE CUARTO.
217
tara de Toledo ; ó ávido su acuerdo , confederóse con
el Conde de Fuensalida, porque era el que mayor
parte tenia en Toledo por la antigüedad de su liua-
ge en aquella cibdad , é porque siempre él y sus
antepasados la mandaron é gobernaron. E asi fecha
BU alianza, quiso que como suyo entrase en la cib-
dad, para tenerla é gobernarla por él , con tanto que
el Mariscal Fernando de Ribadeneyra saliese fuera
de Toledo; el qual como fué siempre leal servidor
del Rey, y el Dean de Sevilla y el Prior de Arocbe
vieron la novedad que contra el Mariscal se hacia,
juntáronse todos tres como buenos servidores del
Rey, y convocada la mayor parte del pueblo , echa-
ron fuera de la cibdad al Conde de Fuensalida c ú
todos BUS valedores ; é asi echados , todos tres que-
daron por gobernadores de la república por algún
tiempo. Pero los dichos caballeros, como se vieron
fiíerade sus casas, fecha su confederación, comen-
zaron de guerrear muy bravamente por todas las
partes, tanto que no los dexaban entrar ningunas
provisiones, é á esta cabsa los ponían en estrecho.
Sabido aquesto por el Rey, fué luego allá, é puesto
que vido el atrevimiento de los caballeros que guer-
reaban á su cibdad é perseguían á sus leales servi-
dores é criados, no hizo castigo en ellos, porque
eran del Maestre , mas doxólos en treguas , que du-
raron poco tiempo. En este medio tiempo subcedió
que vino allí el Marqués de Villena, fijo del Maestre
de Sanctiago, á hacer reverencia al Rey, con cuya
venida fué muy alegre el Rey, en tanto grado, que
desde allí entró en grand privanza con él. Entretan-
to que el Rey estaba en Toledo , el Maestre se fué á
Pcñafiel á ver la Duquesa su muger, con la qual se
holgó buenos dias , hasta que pasaron las fiestas de
Navidad. Luego que el Rey puso la tregua, acordó
de partirse para Segovia, y el Marqués de Villena
con él. Venido el Roy á Segovia, el Marques de Vi-
llena se fué á aposentar al Parral , que no quiso en-
trar en la cibdad á cabsa de la enemiga que estaba
entre el Maestre su padre y el Mayordomo Cabre-
ra; pero el Rey los mas de los dias se iba allí á oír
Misa, por verlo y hablar con él. Estando asi las co-
sas en calma , la Princesa Doña Isabel, hermana
del Rey, por trato que movió con algunos vecinos
de la villa de Arauda, que era de la Reyna Doña
Juana, la tomó é se apoderó della, é se vino luego
allí de estada ; de que el Rey ovo grand sentimien-
to , puesto que desamaba á la Reyna.
CAPÍTULO CLXIV.
De como el Mayordomo Andrés do Cabrera ó la Bobadilla sa mu-
ger trHxeron á la Princesa Doña Isabel, é la metieron en el Al-
cázar, y el Arzobispo de Toledo con ella , é de lo que allí su»
cedW.
Después que la pelea de Segovia entre los hidal-
gos é conversos fué pasada, siempre el Mayordomo
Cabrera é la Bobadilla su muger estuvieron sospe-
chosos é con temor que el Maestre de Sanctiago
con sus astucias y modos los destruyria, si con tiem-
po no se remediaban. E asi, después que algunas
veces hablaron con el Rey, disciétidole quanto me-
jor sería tener á su hermana consigo y estar con
ella con mucho amor , pues que veia que el Maes-
tre do Sanctiago le ponia de contino en mayores
necesidades, é nunca le daba á descanso ni reposo,
y de contino abarcaba quantas cibdades é villas po-
día, en tal manera, que ablandaba un poco la vo-
luntad del Rey, acordaron de traer á su hermana la
Princesa allí á la cibdad de Segovia , donde el Rey
estaba ; é porque el trato fuese mas cierto é secre-
to, la Bobadilla se fué á la villa de Aranda, donde
la Princesa estaba, vestida como labradora encima
de un asno, muy encubiertamente, sin ser conocida
ni sentida. E asi fecho su concierto con la Prince-
sa, que para cierto dia viniese, é la meterían en el
Alcázar, se tornó tan secretamente como fué. Do
aqueste trato fueron sabidores é consentidores é
consejeros el Cardenal de España é el Conde do
Benavente. E quantoquier que el Mayordomo é la
Bobadilla de contino desciau al Roy las tiranias
del Maestre, é que por qué consentía en ellas y él
lo conocía, pero no porque se alterase, ni mostrase
su indignación contra él. Estonces ellos sospechan-
do que la venida del Marqués de Villena sería con
alguna cabtela de las del Maestre su padre, deter-
minaron de poner en obra su pi-opósito comenzado,
E asi pasado el dia de Año nuevo , estando el Rey
en el bosque, enviaron sus mensagoros á la Prin-
cesa que viniese á mas andar ; ella vino, é traxo
consigo al Arzobispo de Toledo Don Alonso Carri-
llo, é antes que amaneciese, entró en el Alcázar,
donde fué rescebida con aquel amor que la llama-
ron. Esto fizo con grado é consejo del Cardenal de
España, que estaba confederado con la Princesa
Doña Isabel sobre firmas é sellos. E como el Mar-
qués de Villena, que posaba en el Parral , supo la
entrada de la Princesa en el Alcázar, temiendo ser
preso, á la misma hora se partió en un caballo á
mas andar camino de Ayllon. Luego que la Prin-
cesa fué entrada en el Alcázar, el Conde de Bena-
vente y el Mayordomo Cabrera cabalgaron antes
del alba, é fueron ambos al bosque donde el Rey
estaba, é notificada la venida de su hermana, le su-
plicaron que se viniese á la cibdad , é asi le truxe-
ron consigo. E asi venido á su Palacio, después que
ovo comido é reposado , el Conde de Benavente y
el Mayordomo le tornaron á suplicar que fuese á
ver á su hermana, el qual fué luego al Alcázar, é
ella salió hasta el patio á lo rescebir ; é vistos , se
abrazaron con mucho amor, é se retruxeron á uua
sala, donde asentados estuvieron por grand espacio
hablando. En fin, como la Princesa era prudente é
de mucho seso, le dixo : « Señor, yo soy venida por
)) dos cosas, la primera, por ver é vuestra Alteza
wcomo á padre é señor y hermano mayor, pues el
» deudo de la sangre lo requiere ; la segunda, á le
n suplicar que le plega, si algún enojo contra mí
n tiene, apartallo de sí ; c según d que por mis cartas
«se lo supliqué, quiera mantener é guardar lo quo
«prometió é mandó, quando quiso que me jurasen
wpor Princesa é legítima subcesora vuestra ; porque
218
)) de aquesto será Dios servido, é de lo contrario es
«cierto que se seguirán grandes males, visto que
«segund Dios ó justo derecho á mí pertenesce la
» subcesion de estos Keynos después de los dias de
» vuestra Alteza, que Dios por muchos años acrc-
» ciente.» El Key le respondió, que avia seydo alegre
con su venida, porque avia deseo de la ver, é que
fuese muy bien venida, y que quanto á lo al, que
él la mandarla responder ; é asi se despidió della con
grande cortesía. Entretanto que esto asi pendía, é
se tomaba deliberación de lo que se debía de hacer,
el Maestre do Sanctiago, que estaba en Peñafiel con
la Duquesa su muger, trató luego vistas con el Du-
que de Alburquerque, que estaban muy enemista-
dos sobre las cosas pasadas en el Koyno contra el
Rey c contra él ; é vistos, quedaron muy amigos é
confederados. E asi puestos en amistad el uno con
el otro, el Maestre se vino á Cuellar, donde el Du-
que de Alburquerque lo rescibíó y aposentó gracio-
samente. Estonces el Maestre envió á rogar al
Condestable su suegro que viniese allí, el qual vino,
é juntados todos tres, el Maestre enviaba de contí-
no BUS mensageros con tratos al Rey para que la
Princesa su hermana fuese echada de Scgovia ; é
quanto quier que el Rey salia á ello, é le plascia,
aprovechaba muy poco porque los del su Consejo
estaban devisos cu diversas opiniones é aficiones.
El Maestre de Santiago y el Duque de Alburquer-
que y el Conde de Bcnavente y el Licenciado de
Cibdad-Rodrigo querían é procuraban el partido de
la hija del Rey ; y el Cardenal de España y el Con-
destable y el Mayordomo Cabrera é Rodrigo de
Ulloa y el Doctor de Madrid querían de secreto á la
Princesa, hermana del Rey, aunque no lo demos-
traban claramente, en tal manera, que ningund se-
creto avia en el Consejo del Rey. Verdad es que la
Princesa, hermana del Rey, envió algunas veces
con tratos al Arzobispo de Toledo, para que hablase
con el Rey ; pero aquello aprovechaba muy poco,
porque el Rey no respondía otra cosa, salvo lo que
el Maestro le enviaba desoír. Estonces vistas las di-
laciones por la Princesa , é que ningún efecto bue-
no se seguía de los tratos, aunque andaban de con-
tíno, envió á llamar al Príncipe su marido, creyendo
que su venida sería cabsa do tomar algún expedien-
te mas convenible, el qual vino luego: é venido, co-
mo el Mayordomo Cabrera ó la Bobadilla su muger
tenían parto en la voluntad del Roy, suplicáronle
con mucha iustancia que lo quisiese ver y hablar,
visto el dendo tan cercano que entre ellos estaba.
G)nvcncído el Rey de su suplicacion,>[iuísolo hacer,
é junto con la vista, hicieron que juntamente cabal-
gasen c anduviesen por la cíbdad, de que el pueblo
fué muy contento é alegre. E porque todos tres her-
manos estuviesen é pudiesen estar conformes é con
mucho amor, acordó el Mayordomo Andrés de Ca-
brero dehacelles fiestas el día de los Reyes en las
casas del Obispo , que están juntas con la Iglesia
mayor é con el Alcázar. Donde todos tres asenta-
dos, el Rey á la cabecera de la mesa , é la Princesa
BU hermana uu poco mas abaxo del , y el Príncipe
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
junto á par della, asi comieron con asaz plascer. E
porque el segundo Rey Don Juan de gloriosa me-
moria, su padre del Rey é de la Princesa, avía fe-
cho merced con privillejo rodado al Conde de Ri-
badeo Don Rodrigo de Villandrando por un seña-
lado servicio que le hizo, que en tal dia como aquel
se sentase con él á la mesa, é la ropa que el Rey
aquel díase vistiese, le fuese dada á él en su vida,
ó después á los primogénitos que del descendiesen,
mandaron que su hijo el Conde de Rivadeo que allí
se sentase, porque la preeminencia de su previllejo
le fuese guardada, é gozase de la honra que su pa-
dre ganó. Después que así ovieron comido, el Rey
é sus hermanos se retruxeron á una cámara á oir
música ; f uéles dada una suntuosa colación , é pasa-
do algund espacio de tiempo, el Rey se sintió malo
de dolor del costado ; de tal son, que fué necesario
irse á reposar á su Palacio, donde por algunos días
estuvo muy trabajado. Pero fechas algunas proci-
siones é rogarías en la cíbdad y en los Monesterios
por su salud, páreselo aver mejoría en su persona,
sin sentir dolor alguno, aunque siempre le queda-
ron reliquias de cámaras é gómito , y echar sangre
por la orina, hasta que murió. En este medio tiempo
de su enfermedad, los Príncipes sus hermanos íbanlo
á ver, é por otra parte los tratantes le suplicaban qui-
siese confirmarles la subcesion que le avía mandado
jurar ; é puesto que de cada parte se alegaban mu-
chas cosas peligrosas de escrebir, ningún medio de
paz se pudo tomar entre ellos ; de manera que la
Princesa como sesuda é de grand prudencia, deter-
minó de estarse queda en Segovia é no salir della.
El Maestre de Santiago, que por aviso del Rey sa-
bia todo lo que pasaba , trató secretamente con él
que una noche entrase cierta gente suya en la cíb-
dad, para que se apoderase de algunas torres de las
Iglesias é casas , é apoderados, que él sobrevernia
con gruesa gente , é que prenderían á los Príncipes
sus hermanos y al Mayordomo Cabrera. Aquesto
trato no pudo aver efecto , porque fué descubierto,
é no sin cabsa , porque aquello que en los cielos se
ordena, é quiere el consistorio de la divinal Trini-
dad que se cumpla en la tierra , es necesario que
asi se haga sin contradicíon alguna, que para lo con-
trario no bastan los deseos humanos, ni el ingenio
de las gentes lo podria contrastar ; porque los Prín-
cipes de la tierra, quando contienden y debaten, si
supiesen lo que hacen, ¿ qué quedaría para el infi-
nito poderío de Dios que los mueve? Asi que de-
bemos concluir y notar, que según es el soberano
poder de Dios, nosotros no lo entendemos ni sabe-
mos conocer.
CAPÍTULO CLXV.
De lo que subcedió sobre la villa de Carrion, que tenia el Conde
de Bcnavente.
En las turbaciones pasadas del Reyno el Conde
de Bcnavente tomó la villa de Carrion é se apoderó
della, donde fizo una fortaleza, y el Rey por la buo,-
na voluntad que le tenia, épor respecto del Maestre
DON ENRIQUE CUARTO.
219
BU suegro, que se lo suplicó, gela avia confirmado.
Lo qual fué cosa muy molesta al Marqués de San-
tillana ; porque allí era el enterramiento é la natu-
raleza de grande parto de su linage, señaladamente
de los de la casa de la Vega ; é asimesmo el Conde
de Treviño, porque sus antepasados y él to vieron
allí mucha parte á cabsa de la cercana vecindad do
su señorío, que allí junto tenían ; é como asi la vie-
sen enagenada en mano de hombre poderoso, esta-
ban entrambos descontentos. E como el Marqués de
Santillana sopo como el Conde de Benavente trata-
ba mal é f acia algunos agravios á ciertos hidalgos
allí de Carrion, los quales eran suyos, envióle á ro-
gar que porsu respeto se quisiese aver graciosamente
con ellos, asi porque eran de los hidalgos de su pa-
rentela, como porla antigua naturaleza de su linage
en aquella villa, é por los huesos de algunos de sus
antepasados que allí estaban enterrados. A lo qual
el Conde de Benavente respondió con poca dulzura é
menos cortesía, disciendo que aquellos huesos de
sus antepasados los mandaría coger en una esporti-
lla y gelos enviaría, para que él los ficiese enterrar
en Guadalaxara con los otros sus abuelos ; de que
el Marqués fué muy sentido , é luego envió á desoír
al Conde de Treviño , que tratase con los hidalgos
de la villa como se rebelasen contra el Conde de
Benavente, é que él con toda su gente y parientes
iría muy presto al acorro dellos, en tal manera, que
la villa se recobrase para la Corona Real, y el Con-
de de Benavente quedase despojado della. Eston-
ces el Conde do Treviño, fecho su concierto con
aquellos hidalgos agraviados, é aquellos con los
otros sus parientes é amigos puestos en armas, me-
tieron de noche al Conde de Treviño, é puesto cerco
sobre la fortaleza, envió á llamar al Marqués de
Santillana, que le viniese ayudar, el qual partió á
mas andar de Guadalaxara, allegando su gente, en
tal manera, que cuando llegó cerca de Carrion es-
taba muy poderoso, no solamente con la gente de
su casa, mas el Condestable y el Duque de Albur-
querque le enviaron la suya, ó los Condes de Casta-
ñeda é Osorno fueron en persona con los suyos á le
ayudar. Pero todavía el Conde de Treviño é los hi-
dalgos de Carrion combatían reciamente la fortale-
za, puesto que el Alcay de se defendía muy bien, es-
perando ser socorrido del Conde de Benavente , el
qual estaba en Segovia á la sazón ; é como supo
aquesto, se partió á grand priesa para Valladolid,
donde ajuntó asaz gente suya é de sus parientes é
valedores. El Maestre deSanctíagosu suegro le en-
vió toda la mas gente que de presto pudo allegar, y
salió al camino á juntarse con él ; y el Conde de Cas-
tro Don Alvaro de Mendoza vino en persona con
toda su casa á le ayudar. Estonces el Rey acordó
de ir allá, é llevó consigo al Cardenal de España ; y
llegados á Valladolid, supieron como el Conde de
Benavente iba á socorrer la fortaleza, y el Marqués
de Santillana le salía á encontrar al camino. Sabi-
do aquesto, el Rey á mas andar pasó á Falencia,
para ponerse en medio dellos, y estorbar la batalla,
El Príncipe Don Fernando, Rey de Sicilia, fué por
otra parte á ponerse cerca del Marqués de Santilla-
na, para le ayudar, é ser con él en la batalla, ha-
ciéndole saber como venia para ayudalle con su
persona ; el Marqués le respondió que se lo tenia
en señalada merced, y le suplicaba que se estuviese
quedo, é no curase de pelear ; mas que se guardase
para Rey de Castilla, porque él tenia consigo tal é
tanta gente, que bastaba para destruir al Conde de
Benavente é á otro mayor que él. E desde allí pares-
ció quedar grand confederación entre el Príncipe y
el Marqués, El Rey desque vido el peligro tan apa-
rejado, si se diese lugar al rompimiento de la bata-
lla, rogó al Cardenal de España como á hermano
del Marqués, y al Maestre do Santiago como á sue-
gro del Conde de Benavente , que se pusiesen á tra-
tar con ellos, é buscasen algún medio para concor-
darlos, para que el rigor de la pelea cesase. E como
entramos comenzaron á negociar andando de una
partea otra, el Marqués de Santillana, vistas é co-
nocidas las formas del Maestre, que tenia mas dul-
ces palabras que buenas obras , respondióle orgu-
llosamente con poca paciencia, rcquiriéndole que no
viniese á él mas con trato ninguno , porque sus ha-
blas eran mas llenas de poca firmeza que de certi-
dumbre ninguna. Lo qual el Maestre con alegre
semblante disimuló, porque á la verdad era caballe-
ro de grand sufrimiento , é aún porque los que de
esta forma tirana é mañosamente viven, aquello les
es mejor é mas sano remedio que les conviene se-
guir. E no solamente aquesto ; pero tornóse contra
el Cardenal su hermano, dísciéndole con mucha fu-
ria que se fuese, é no curase de hablar con él en
aquel caso. E asi con grand rigor mandó tocar sus
trompetas, para salir al encuentro contra el Conde
de Benavente, que venia á dalle la batalla. Eston-
ces el Rey salió al campo, é púsose enmedio, é pues-
to, mandó al Conde de Benavente tornar atrás ; c
apartado con el Cardenal , rogóle que le diese su
villa de Magaña, é que le daña otra mejor satisf a-
cion por ella, con que contentarían al Conde de Be-
navente por equivalencia de Carrion; lo qual el
Cardenal hizo liberalmente, é asi fué Magaña en-
tregada al Conde de Benavente , y el Alcayde que
tenia la Fortaleza de Carrion á la misma hora se
salió della, é fué luego puesta por tierra ; por tal
manera, que la villa quedó libre para la Corona
Real. Derramada la gente de amas partes, el Rey
se tornó á Valladolid, é con él el Cardenal y el
Maestre de Sanctiago y el Conde de Benavente ; y
el Marqués de Santillana , yéndose á Guadalaxara,
pasó muy cerca de Segovia, é la Princesa Doña Isa-
bel salió á verse con él á Sanct Christoval, é de allí
adelante el Marqués quedó secretamente por ellos,
para los ayudar á reynar después de la vida del Rey.
Derramada la gente é puesto algún sosiego en toda
la tierra, el Rey se tornó á Segovia, y con él el Car-
denal de España, y el Maestre se tornó á Cuellar, y
el Conde de Benavente se quedó en su tierra ; y lle-
gado el Maestre á Cuellar, y el Bey á Segovia, es-
tuviéronse algunos días reposando, y el Maestre en-
vió á suplicar al Rey que se pasase á Madrid, por-
220
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que allí estarían juntos é se daría orden en lo quo
á 8U servicio cumplia.
CAPÍTULO CLXVI.
Como el Rey oon el Cardenal se fué i Madrid, y el Maestre con
la Dufjuesa su mugcr fueron allá desde Cuellar, é de lo que
allí subccdió.
Venido el Rey á Madrid, y con él el Cardenal é
los de su Consejo, é toda la gente de la Corte, vino
desde Cuollar el Maestre do Sanctiago con la Du-
quesa su muger. Donde ayuntados, acordó el Maes-
tre, que el Cardenal de España fuese á Segovia pa-
ra procurar de dar algún medio de concordia entre
'3l Rey é los Príncipes sus hermanos ; pero puesto
que el Maestre hacia ir al Cardenal con aquel trato
á los Príncipes , . mas fué para llevar al Rey donde
le fizo ir, que no por la gana que tenia de concorda-
11o con los Príncipes. El Cardenal se partió para Se-
govia, y estando las cosas de la subcesion en pen-
dencia, de que tanto peligro corría á los cuerpos é
á las ánimas , según las diferencias é contiendas que
entre la una parte é la otra avia, el Maestre de Sanc-
tiago, que mayor cuidado tenia de sus propios in-
tereses que de la honra del Rey ni del Reyno, hízo-
le partir para Estremadura , no aviendo lugar ni
cabsa de necesidad alguna para ello, salvo solamen-
te para que le hiciese dar la cibdad de Truxillo, é
mandase al Alcayde Gracian de Sesé que se la en-
tregase. Donde llegados , el Rey mandó á los qaba-
lleros é vecinos dé la cibdad, que no se alterasen, y
al Alcayde que entregase la fortaleza é la diese al
Maestre ; el qual, después que dio sus legítimas ex-
cusaciones porque no la debia de entregar, vista la
voluntad del Rey que se lo mandaba, púsose á trato
con el Maestre, para que le diese equivalencia é le
hiciese partido. Estonces el Rey , visto que los tra-
tos llevaban dilación, acordó de se partir, asi por-
que la tierra estaba mal sana , como por la indispo-
sición é poca salud de su persona, que desque enfer-
mó en Segovia, le fatigaban cámaras é gómito, y
echar sangre por la orina, en tal manera, que de
contino iba descaeciendo y empeorando su salud, y
asi vínose á Madrid, donde estaba la Princesa su hi-
ja en poder del Marqués de Villena, pero la Reyna
apartada do allí por su deshonesto vivir. E como el
Maestre se quedó en un lugar que se dice Sancta
Cruz, á dos leguas de Truxillo , hizo desde allí su
trato con el Alcayde, é dióle la villa de Sahelices de
los Gallegos del Conde Uruefia su sobrino, con que el
Alcayde se tuvo por contento. Entretanto que este
trato se hacia, adolesció el Maestre de una grave apos-
temación en la garganta, echando mucha sangre
por la boca, de que murió , pero los suyos lo tuvie-
ron encubierto, hasta que la fortaleza fué entrega-
da. \ O Maestre de Sanctiago , que tanta gargante-
ría c harnbre tuviste en este mundo , para abarcar
sefiorios ! ¡ tantas congoxas , fatigas y astucias por
regir é mandar en Castilla ! ¡.tantos rodeos disolutos
y deshonestas formas para subir á ser Maestre! Di-
me agora, enemigo de tu alma, desipador de tu fa-
ma, perseguidor de tu Rey, queto hizo perseguidor
del Reyno en que naciste é fuiste criado , la pujan-
za de tu poder, la gi-andeza de tu estado, las muchas
fortalezas é villas que usurpaste, loe títulos de no-
bleza que adquiriste, ¿qué te aprovecharon, quando
una pequeña apostemación en la garganta , un mal
de tan poca fuerza ansi tan prestamente , sin arma-
dura ninguna, te venció é agenó del mundo, é privó
de lo que tenias, é te destruyó la vida, é apartóte el
cuerpo del ánima? Pues ¿qué memoria será la tu-
ya ? ¿ qué renombre dexas á tus hijos ? ¿ qué fama
sonará de tí entre las gentes del mundo , sino quo
perdiste la vida, usurpando lo ageno? Bástete, pues,
saber de cierto que dexas feo apellido de tu nom-
bre, y mayor infamia de tus obras. En este medio
tiempo el Arzobispo de Toledo con licencia del Rey
cercó la fortaleza de Canales, é sin esperar comba-
te ni af ruenta ninguna, gela entregó al Alcayde.
CAPÍTULO CLXVII.
De como muerto el Maestre de Sanctiago, el Rey confirmó al Mar-
qués de Villena su hijo todo lo que el padre tenia, 6 le dio
el Maestradgo de Santiago, sin consultarlo con los grandes
del Reyno, y lo que subcedió.
Sabida la nueva de la muerte del Maestre, el Rey
fué muy pesante , é como Rey amaba ya mucho al
Marqués de Villena su hijo, visto que tenia á su hi-
ja en su poder, queriéndole gratificar y echarle mas
cargo, para que la sirviese é mirase por ella, confir-
móle todas las tenencias que su padre tenia de la
Corona Real de las cibdades é villas é fortalezas. E
no solamente aquesto , mas porque sintió que algu-
nos grandes del Reyno, que él tenia por mucho su-
yos, tenían mas afición con la Princesa su hermana
que con la hija, dióle el Maestradgo de Sanctiago,
sin comunicarlo con ellos, ni con los caballeros de
la Orden, y envió sus suplicaciones al Papa que ge-
lo confirmase, de que asaz indignación se puso en
los corazones de todos los del Reyno , mormurando
del Rey, porque asi facía tan señaladas mercedes, é
mostraba tanto amor al hijo de su capital enemigo,
que lo avia deshonrado é destruido ; pero ni por eso
él no dexó de lo favorecer é ayudar , é dalle mayor
parte de mando é gobernación que á su padre. De
donde subcedió que la mayor parte de los perlados
é caballeros del Rey se aficionaron á la Princesa su
hermana, poniendo grand dubda en la hija. Luego
que el Cardenal que estaba en Segovia, para dar al-
gún medio entre el Rey y la hermana , sopo la ver-
dad de la muerte del Maestre de Sanctiago, é lo que
el Rey avia fecho, vínose á Madrid, y con él el Con-
destable. Donde llegados, trabajaban quanto podían
con el Roy, suplicándole quisiese por bien de su cona-
ciencia, é por óscusar muchas muertes é males dar
la subcesion del Reyno á su hermana, pues que sa-
bia quanto sospechosa cosa era á todos los grandes
ser su hija la Princesa Doña Juana; á lo qual el Rey,
disimulando, respondió con alguna manera de dila-
ción que sería cosa sancta é justa, si para esta dife-
rencia se pudiese tomar algund medio convenible á
DON ENRIQUE CUARTO.
221
entramas las partos, porque los escándalos se quita-
sen. Estando asi aqueste negocio en pendencia, sub-
cedió, que el Marqués de Villena, creyendo ser Maes-
tre, esperando las bullas de Roma, para ganar la vo-
luntad de los principales de la Orden, púsose en tra-
tos con algunos dellos, señaladamente con el Conde
de Osorno, Comendador Mayor de Castilla, rogándo-
le que se quisiese ver con él. El Conde respondió que
le plascia ; mas porque él se sentia mal dispuesto,
que la Condesa su muger saldría á las vistas con él)
é sería su convidado en el Víllarejo donde estaría, é
reposaría é hablarían mas á plascer. Fecho el con-
cierto, é asignado el día de las vistas, el Marqués y
el Obispo de Burgos se fueron al Víllarejo, donde la
Condesa los esperaba. E como descabalgaron, para
entrar á comer con ella, salió gente armada sobre el
Marqués é fué preso luego é prestamente llevado á
la fortaleza de Fuentidueña. Sabido aquesto por el
Rey, fué tan indignado é rescibió tan grand enojo,
que se le dobló su mal ; pero como amaba mucho al
Marqués, sin mirar el peligro de su vida , se partió
luego para Estremadura, é desde allí procuró de ver-
se con la Condesa de Osorno, y puesto que ella salió
á las vistas, fué tan dura , que á ningún ruego del
Rey se quiso mover ; é asi vista la descortesía de la
Condesa, so tornó el Rey á Madrid. E desde allí acor-
dó de verso con el Arzobispo de Toledo en un lugar
que se dice Villaverde ; donde vistos, quedaron muy
conformes, para que dende allí adelante el Arzobis-
po fuese enteramente suyo. E asi con deseo de ser-
virlo tomó el cargo de ir luego á poner cerco sobre
Fuentidueña ; é puesto el cerco, el Rey se fué allá en
persona, quantoquier que él era con poca salud é
mal dispuesto. Durante aquel cerco, López Vázquez
de Acuña, hermano del Arzobispo , trató vistas con
la Condesa de Osorno, á las quales salieron ella é un
liijo suyo ; é salidos prestamente fueron presos la
madre y el hijo, é llevados á la fortaleza do Huete.
De aquella prisión fueron muy alegres el Rey y el
Arzobispo ; porque sintieron, que aquello sería cab-
sa de la liberación del Marqués de Villena. Estonces
el Cardenal y el Condestable vinieron allí, é comen-
zaron á tratar con el Conde de Osorno ; el qual sabi-
da la prisión de la Condesa su muger ó de su hijo,
determinó de soltar al Marqués , con tanto que le
diese una fortaleza é ciertos vasallos, que se dicen
del Maderuelo ; la qual le prometió el Marqués de
Villena de le dar, é fué suelto con tanto que Don Pe-
dro de Velasco quedase allí en rehenes dentro de la
fortaleza, hasta que la Condesa é su hijo fuesen allí
tomados, y que el Cardenal y él fuesen fiadores del
Marqués de Villena, que cumpliría lo capitulado.
Estonces el Marqués salió con el Cardenal á besarlas
manea al Rey, que con tanto trabajo de su persona
avia procurado su libertad. E desde allí el Cardenal
é el Marqués con López Vázquez de Acuña se fueron
á Velez para procurar la libertad de la Condesa é su
hijo, que estaban en Huete; é sueltos, los enviaron
á Fuentidueña, y el Rey se tomó á Madrid, y el Car-
denal y el Marqués se volvieron luego á la Corte, y
el Arzobispo se fué á su villa de Alcalá de Henares.
CAPÍTULO CLXVin.
De como el Rey tornó á Madrid, é le apretó la dolencia,
é murió.
Tomóse el Rey á Madrid con mas plascer que sa-
lud por la deliberación del Marqués de Villena, de-
seando reposar para remediar su persona, que esta-
ba flaca é muy debilitada de andar por los campos
en tiempo de tanta fiialdad, en el mes de Octubre é
Noviembre. Donde, creyendo descansar, cargó en él
tan apoderadamente el mal de sus cámaras é gómi-
to, que luego paresció ser mortal sin remedio algu-
no , en tanto grado que luego los físicos pronosti-
caron ser muy cercano su fin. Pero todavía acorda-
ron de lo purgar un Domingo por la mañana, é pur-
gó livianamente, con que paresció en alguna mane-
ra sentirse mas aliviado , hasta que ovo comido , é
dorraió por espacio de una hora y medía muy sose-
gadamente. E luego que despertó díóle un tan grand
dolor de costado, y tan agudo que ningún reposo ni
sosiego ledexaba tener; en tanto grado, que siem-
pre le fué cresciendo, é nunca menguando , é duróle
aquel dolor por espacio do diez horas. Estonces di-
xeron los físicos á los Señores que allí estaban , que
eran el Cardenal y el Condestable y el Conde de
Benavente y el Marqués de Villena con otros del
Consejo, é muchos criados, é servidores suyos, que
le suplicaban que le hiciesen luego confesar é orde-
nar su ánima, por quanto no tenia mas de tres ho-
ras de vida. Oydo aquesto, mandaron llamar á Fray
Pedro Mazuelo, Prior de Sanct Gerónymo del Paso,
con quien el Rey se confesó por espacio de una ho-
ra grande. E acabada la penitencia, el Religioso le
dixo que mirase como disponía su ánima, é donde
se mandaba enterrar, y el Rey respondió sosegada-
mente, que de xaba por sus Testamentarios y Alba-
ceas al Cardenal de España, y al Duque de Areva-
lo, y al Marqués de Villena é al Conde de Benaven-
te, é les encargaba sus consciencias ; é mandaba quo
su cuerpo fuese llevado á Sancta María de Guadalu-
pe, é lo enterrasen debaxo de la sepultura de la
Reyua su madre Doña María. E asimesmo mandaba
que do sus joyas é tesoros fuesen pagados é satisfe-
chos sus criados é servidores de lo que les era en
cargo. Dicho aquesto, con muy poca pena espiró á
las dos horas de la noche, que se contaron once días
del mes de Diciembre, año del Nascimiento de
nuestro Salvador Jesu-Chrieto, de mil é quatrocien-
tos é setenta é quatro años. Vivió quarenta é nueve
años, é once meses, é once dias, y reynó veinte é dos
años, poco mas ó menos. Quedó tan deshecho en las
carnes, que no fué menester embalsamallo. Fué de-
positado por estonces en el Monesterio de Sanct
Gerónymo del Paso, que él hizo, donde le fueron fe-
chas señaladas obsequias según que á Rey pertenes-
cian. Dixo la Misa el día de su enterramiento el Car-
denal de España con algunos perlados que allí es-
taban por asistentes con él en el Altar. ¡ O Reyes
poderosos, que sojuzgáis los Imperios! ¡O Príncipes
temporales, que señoreáis en el mundo ! Tomad ago»
222
ra enxeraplo en la pujanza de este Rey, quando co-
menzó á reynar. Sean en vos espejo sus altos triun-
fos, que le dio la fortuna, sa franca liberalidad, sus
piadosas obras , su mucha clemencia, con que go-
bernó sus subditos. Mirad que ni lo uno le libró de
la persecución de sus traydores criados, ni lo al lo
escapó de la muerte, que lo privó de los Reynos é le
despojó de sus señoríos. Si primero se vio con glo-
ria, los i3uyos se la robaron. Si fué Señor de grandes
tesoros, aquellos le empobrecieron. Si ganó muchas
tierras, é si algunas provincias se alzaron por él,
aquellos como ingratos se las ficieron perder. Ellos
reecibiendo mercedes, se tornaron peores ; él sufrien-
do sus injurias, se fizo mejor, é asi feneció su vida
con mucha paciencia, é acabáronse sus días con po-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
co descanso, é salieron sus carnea de los trabajos
mundanos, é reposó su espíritu de tantos afanes , y
duermen sus huesos sin verse corridos. Pues si dis-
creción é saber alcanzáis, si seso é prudencia tenéis
vosotros, los del Cetro Real, contemplad su próspero
estado, su graciosa humildad, sus mercedes infinitas,
sus grandes persecuciones , sus trabajos é afanes, sus
desmedidas fatigas; é veréis que ni la mucha poten-
cia os debe cabsar soberbia , ni las sobradas riquezas
haceros avarientos , ni los casos desastrados privar
de la virtud , ni las fuertes adversidades agenar el
corazón de la condición Real, mas con serena cara
faced á todo sereno semblante, é de tal guisa su-
frirlo , que ni por lo muy próspero se muestre mas
alegre, ni por las adversidades señalada tristeza.
CRÓNICA
DE LOS SEÑORES REYES CATÓLICOS
DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL
DE CASTILLA Y DE ARAGÓN,
ESCRITA
POR SU CRONISTA HERNANDO DEL PULGAR,
COTEJADA
CON ANTIGUOS MANUSCRITOS
Y AUMENTADA
DE VARIAS ILUSTRACIONES Y ENMIENDAS.
PROLOGO DE LA EDICIÓN DE 1780.
Ofrezco al público la Crónica de los Eeyes Católicos Don Fernando y Doña Isabel , escri-
ta por Hernando del Pulgar , una de las mas iiyportantes por su objeto y por su estilo de
las mas bien escritas que tenemos. Como desde el principio anduvo en diversas manos, donde
se desfiguró , mudó y aun llegó á perder el nombre de su verdadero autor , no será estraño
que tomemos el asunto en su origen para hacer ver los defectos que contrajo , y la diferencia
que hay de esta edición á las otras dos anteriores.
Hernando del Pulgar , sugeto versado en letras divinas y humanas , empezó á escribir la
Crónica de los Keyes Católicos por autoridad pública el año 1482 , como parece por su Le-
tra XI. escrita á la Reyna Doña Isabel. Bien es verdad que en ella menciona lo escrito has-
ta allí , pero se puede comprender que solo lo escribió por diversión , y falto de las noticias
originales ; y así lo manifiesta la misma Crónica llena do errores en lo substancial de los he-
chos , y aun en lo cronológico, pues coloca muchos de ellos fuera del tiempo en que acaecie-
ron. Después prosigue con bastante exactitud, como quien vio las mas de las cosas que escri-
be , y las que no vio pudo saber de sugetos que las presenciaron , y aun de los mismos que
las hicieron; y concluye en el año de noventa. El motivo porque la dejó en este estado no
sabemos , ni si le cogió la muerte , pues se ignora enteramente el año en que murió : hasta
aquí llegan las noticias que tenemos del Pulgar. Después paró esta Crónica original en ma-
nos del Doctor Lorenzo Galindez de Carvajal, del Consejo de los Reyes, y éste se la entregó
á Antonio de Nebrixa para que la tradujera (I). Tenia también Nebrixa título de Cronista
Real, y ó que quisiera aumentar esta obra , y continuarla hasta su tiempo , ó por otro motivo
que no sabemos, lo cierto es que la traduxo, y le puso aquel Prólogo ó Dedicatoria que él lla-
mó Divinatioy en que mas se explica como autor que como traductor, y lo mismo repite en
la exhortación al lector. También podría conjeturarse que el encargo del Rey á Nebrixa fué
que escribiera en latin, y que este, cansado y viejo , ó no quiso fatigarse en inquirir noticias,
ó creyó que en ningún otro las hallarla mas originales que en el mismo que las habia escrito
de orden del Rey ; y á esto induce el modo con que se explica al principio de su Dedicato-
ria (2). Con esto queda á mi ver desvanecida la acusación que se hace á Nebrixa de que se
quiso apropiar esta obra ; y yo no creo que un hombre por tantos títulos famoso, restaurador
de la Literatura Romana en su patria, y de los estranjeros tan justamente venerado, quisie-
ra arrogarse trabajos ágenos que no le hacían falta para su gloria. Poco después murió Ne-
brixa, con cuya muerte se perdió la memoria de su obra, y de la de Pulgar, que permanecie-
ron olvidadas mucho tiempo hasta que Sancho de Nebrixa, hijo de Antonio, habiendo encon-
trado la obra latina entre los papeles de su padre, la imprimió en Granada, en folio, en 1545,
junto con el Cronicón Latino del Arzobispo Don Rodrigo, y otras obras de Historia Nacio-
nal, y poco después en octavo en la misma Granada en 1550, dedicada al Príncipe Don Fe-
Upe, que después fué segundo de este nombre. Como esta obra estaba en latin, corrió en sus
dos ediciones muchos años sin hacerse mención de la de Pulgar , hasta que se publicó en Va-
lladolid en 1565, también atribuida á Antonio de Nebrixa. Yo sospecho que habiéndose en-
contrado entre sus papeles, se creyó desde luego sin mas examen que era suya , y con esta
(1) Galind. Prefac. al Registro de las Joma- (2) Cui inraortalia gesta tna latino sermone des-
das MS. cribenda mandares. Inü. Divinat
Cr.-IH. 15
226 CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
buena fe se dio al público en su nombre ; pero como babia muchas copias en las cuales lleva-
ba el de su verdadero autor, salió dos años después con el nombre de Pulgar en Zaragoza
15G7 , que son las dos ediciones que tenemos.
Mucho se ha dicho sobre esta obra , y muy varios son los juicios que de ella se han hecho;
pero también es cierto que los innumerables errores que tenia en los impresos apenas dejaban
lugar para formar juicio seguro. El Doctor Lorenzo Galindez de Carvajal, que la tuvo origi-
nal en su poder, no deja de culpar al autor de poco exacto, y de que omite circunstancias, y
aun hechos muy notables, en perjuicio de personas particulares; pero no sabemos sobre qué
recaiga esta particular acusación : la falta de exactitud en los primeros años creo está bastan-
te disculpada con que no tuvo originales; en los tiempos que los tuvo, no sé si otro ha sido
mas puntual en describir hasta las mas menudas circunstancias. Otros le acusan de lenguaje
grosero, algunos de que sus oraciones son prolijas, y el Arzobispo Don Antonio Agustín lle-
gó á decir que le tenia por escritor bárbaro (1). A la verdad esta Crónica no está tan exacta
como lo requería el ser historia de tan grandes Príncipes, Hena de tantos y tan varios suce-
sos , y de tantos y tan ilustres varones como ennoblecieron esta monarquía en la guerra y en
la paz. Muchos de los sucesos están contados con nimiedad , otros con escasez , y en toda la
obra se echa de ver que su autor, ó no quiso, ó no tuvo tiempo para corregirla. En lo que to-
ca al estilo no veo que se le pueda achacar que no fuera común á todos loe de su tiempo, y
aun á todos ellos lleva muy conocida ventaja : su lenguaje es puro , cortado , sin mezcla de
latinismos ni de palabras compuestas, agradable, claro, y para aquel tiempo me atrevo á de-
cir que elocuente : este dictado le dan casi todos los que de él han escrito. En las oraciones
sí que es algo prolijo, pero se le debe agradecer el haber sido el primero que las introdujo en
la lengua castellana, á ejemplo de Livio y Salustio: en algunas de ellas se ven pedazos disi-
mulados de uno y otro. Por fin, yo no alcanzo cómo ó por qué Don Antonio Agustín le pu-
diera llamar escritor bárbaro, y me he entretenido en esto de propósito porque no preocupe á
otros la autoridad de un tan insigne varón. Los escritores que hablan de Pulgar le dan mu-
chos y crecidos elogios , que por ser tantos , y no hacer principalmente á mi propósito , me
contentaré con remitir al lector á que los vea en sus originales (2). De la vida civil de Pul-
gar son muy escasas las noticias que nos quedan, pues no se sabe ni el año de su nacimiento,
ni el de su muerte, ni los empleos que ejerció, bien que de sus cartas se colige que era perso-
na de autoridad , y que desempeñó algunas importantes comisiones. Solo advertiremos que
algunos llevados de la semejanza del nombre, le conftmdieron con Hernán Pérez del Pulgar,
Señor del Salar, Capitán señalado, cuyo valor se distinguió de tal modo en la Guerra de Gra-
nada , que le mereció ser denominado el de las hazañas, por las muchas y singulares que hizo
en esta conquista. Entre otras, fué muy notable cuando siendo Granada aun de Moros entró
una noche solo con quince hombres en la Mezquita mayor, y tomó posesión de ella para Igle-
sia Catedral, como después lo fué, en cuyo reconocimiento el Emperador Don Carlos le dio
privilegio de sepultura para si y sus descendientes , y de poderse sentar durante los Oficios
Divinos en el Coro de dicha Iglesia. Por la fecha del privilegio que es de 1526 , y la muerte
de este Pulgar en 1531, como dice su epitafio, se ve claramente que no es nuestro Cronista
como creyó Gonzalo Argote de Molina, y aun Don Nicolás Antonio lo puso en duda (3).
(1) Carta á Jerónimo Zurita en Tarragona á 5 de también pone el árbol de su descendencia , L.XIV^
Diciembre 1578. ' cap. 3, de la casa de Lara, y en las Pruebas, Tom. 7F,
(2) Marín. Sicul. init. L.XX, De reb. Ilisp. Jo. pág. 577. Don Nicolás Antonio comete aqui dos er-
Vasaeus, Chron. Hisp., cap. IV. Schott. Biblioih. rores : el uno en dudar si el Pulgar que compuso la
Hisp.,p. 449. Salazar, Orón, del Card. MeruJx)za, L. 7, Crónica de los Reyes Católicos es el mismo que os-
ea;). 43. Mariana, De reb. Hisp., L.XXIV, cap. 17. cribió la del Gran Capitán, y el otro en atribuir á
Nicol. Antón. , Bib. Nov. , T. /, p. 295. Pulgar, sea el quo fuere, esta última Crónica impre-
(3) Trae este Privilegio Podraza en la Historia sa en Alcalá en 1584, pues no es sino otra impresa
de Granada , Part. IV, cap. 49, p. 214 ; y el opitafio en Sevilla en 1527 , y pertenece á Pulgar del Salar,
de su sepulcro Don Luis de Salazar y Castro, que Nicol. Antón., Bib. Nov., T. I, p. 295.
PRÓLOGO DE LA EDICIÓN DE 1780. 227
Para dar esta obra lo mas conforme que ser pudiese al original de su autor, se ha coteja-
do con varios manuscritos, unos de su tiempo, y otros muy cercanos , por donde se ha cor-
regido de los innumerables errores que tenia en las otras dos ediciones. El que principal-
mente ha servido, y por donde se han corregido muchos lugares , es uno que en lo correcto
se aventaja á todos los demás, propio del Ilustrísimo Señor Don Miguel María de Nava, del
Supremo Consejo y Cámara de Su Magestad, que se conserva en su preciosa y selecta libre-
ría. Otro manuscrito se ha tenido presente, que es del Señor Marqués de Alcántara, también
bastante antiguo, aunque incompleto; otro algo mas moderno de la Biblioteca del Escorial,
y uno del mismo impresor Monfort , que es el de mayor antigüedad. Este cotejo se debe al
cuidado y diligencia del Señor Don Vicente Blasco, Maestro de los Serenísimos Señores In-
fantes, y Canónigo electo de Valencia, que se ha tomado el penoso trabajo de cotejar los
ejemplares impresos con los manuscritos ya citados, y con prolija puntualidad, apuntar ks
varias lecciones , corrigiendo por los unos lo que ñiltaba á los otros , hasta dejar la obra en el
estado que se imprime, sin perdonar trabajo ni fatiga para contribuir á la perfección della y
á los deseos y esperanzas del público. También se han puesto algunas notas, pero pocas y
breves, y á mi entender necesarias, 6 para corregir, ó para ilustrar, ó para añadir algún
suceso muy notable. Los autores de donde las he sacado son todos contemporáneos á los Re-
yes Católicos, ó bien otros que por su oficio ó proporción tuvieron á mano las noticias origi-
nales. Lo que me ha servido mucho para dicha ilustración es el Memorial ó Registro de las
Jornadas de los Reyes Católicos, del Doctor Lorenzo Galindez de Carvajal, de quien ya se
habló en el Prólogo á la Crónica de Don Juan Segundo: obra manuscrita, pero muy puntual
y exacta, porque su autor se halló presente á los mas de los sucesos que escribe y los anterio-
res sacó de un Sumario que estaba en el cuarto de la Reyna Católica. También se ha tenido
presente la Historia manuscrita de estos Reyes que escribió el Cura de los Palacios Andrés
Bernaldez, de la cual he disfrutado un ejemplar que fué de Rodrigo Caro, anotado en algunas
partes, y rubricado al principio de su mano; autor de mucho crédito, aunque algo sospechoso
en las cosas del Marqués de Cádiz que trata con sobrada afición. Las Epístolas del Protono-
tario Pedro Mártyr de Angleria, que contienen en breve casi toda la historia de aquel tiempo,
me han sido de muy particular uso, y asimismo los Anales de Jerónimo Zurita, á quien por
su puntualidad se debe un lugar muy distinguido entre los Historiadores de España.
Ya se hallaba muy adelante la impresión de esta obra , cuando me ocurrió el pensamien-
to de continuarla escribiendo con brevedad , y á modo de Comentarios los veinte y cuatro
años que faltan hasta la muerte del Rey : aquellos años felices en que la Monarquía Española
con tantas y tan ilustres conquistas, dentro y fuera, fué arraigando su poder y echando los
fundamentos de la grandeza que ahora tiene. La sobrada prolijidad con que trata estas cosas
el cronista Zurita , me hicieron pensar en la necesidad de esta obra , que creí pudiera servir
de continuación á la Crónica ; pero el deseo de publicarla luego porque el publico la espera-
ría con ansia, y otros incidentes no previstos , me han obligado á dilatarla ejecución de este
pensamiento , aunque no lo he abandonado.
La ortografía de la Crónica es la misma de sus originales en cuanto es inseparable del len-
guaje antiguo en que escribía su autor : en lo demás se ha seguido exactamente la de la Real
Academia Española. Las correcciones se han puesto en el cuerpo de la obra por no abultarla
con varias lecciones , poniendo los textos conforme al original mas correcto , y donde había
diversidad notable se ha notado al pié para mayor ilustración ; el orden, y número de los
capítulos, que también iba errado en los impresos, se ha corregido conforme al que llevaban
uniformemente los manuscritos. En fin , no se ha omitido diligencia ni cuidado que pudiera
contribuir á la perfección de esta obra : si este leve trabajo no fuere absolutamente despre-
ciado de los doctos, habré logrado bastante, y esto me alentará á dedicar de hoy en adelan-
te mis tareas en obsequio del Público y de la Naciou.
CRÓNICA
DE LOS MUY ALTOS É MUY PODEROSOS
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL,
REY É REYNA DE CASTILLA, DE LEÓN, ETC.
Gon el ayuda de Dios é de la Reyna celestial, en-
tendemos escrebir la Crónica de la muy alta é muy
excelente Princesa Doña Isabel, hija del muy alto
é muy poderoso Rey Don Juan el Segundo de Cae-
tilla é de León . En la qual se verá como por la
gracia de Dios subcedió por Reyna en los Reynos
del Rey su padre, é casó con el Príncipe Don Fer-
nando hijo heredero del Rey Don Juan de Aragón é
de Sicilia : el qual ansimesmo subcedió por Rey en
aquellos Reynos, é juntos en matrimonio reynaron
en toda la mayor parte de las Espafias. E porque la
Historia es luz de la verdad, testigo del tiempo,
maestra y exemplo de la vida , mostradora de la
antigüedad ; recontaremos , mediante la voluntad
de Dios, la verdad de las cosas, en las quales verán
los que esta historia leyeren, la utilidad que trae á
los presentes saber los hechos pasados, que nos
muestran en el discurso desta vida lo que debemos
saber para lo seguir, é lo que debemos huir para lo
aborrecer. Otrosí haremos memoria de aquellos que
por sus virtuosos trabajos merecieron haber loable
fama, de la qual es razón que gocen sus descen-
dientes.
CAPÍTULO PRIMERO.
De la generación del Rey Don Juan, é como fué jurado por Prín-
cipe é alzado por Rey ei Infante Don Alonso.
E para mejor información de los que esta Cróni-
ca leyeren, es de saber que el Rey de Castilla Don
Juan el Segundo, padre desta Princesa, casó dos ve-
ces : una con la Reyna Doña María , hija del Rey
Don Fernando de Aragón su tio, de la qual ovo un
hijo, que subcedió por Rey en estos Reynos, é se
llamó el Rey Don Enrique Quarto. Muerta aquella
Reyna Doña María, casó con la Reyna Doña Isabel,
hija del Infante Don Juan, que fué hijo del Rey
Don Juan de Portogal, de quien ovo primero esta
Princesa, c después ovo un hijo que llamaron el
Infante Don Alonso. Muerto el Rey Don Juan , la
Reyna Doña Isabel su muger, madre desta Prince-
sa, sintió tan grande dolor por la muerte del Rey
su marido, que cayó en enfermedad tan grave é
larga de que no pudo convalecer. Este Rey Don
Enrique Quarto, hijo del Rey Don Juan , luego que
muerto el Rey su padre reynó, casó dos veces : una
con la Princesa Dofía Blanca, bija del Rey Don
Juan de Navarra su tio , que fué después Rey de
Aragón : con la qual seyendo Príncipe estovo casa-
do por espacio de trocéanos, durante los quales no
ovo á ella allegamiento de varón. E por esta causa
ovieron tan gran desacuerdo, que fué hecho por el
Papa divorcio entre ellos ; porque fué alegado por
ella, que él era inhábil para engendrar, é por parte
del se alegaba que el defeto de la generación era en
ella, é no en él. Hecho este divorcio, tomó por mu-
ger á la Reyna Doña Juana hija del Rey de Porto-
gal. E porque en las esperiencias que deste Rey Don
Enrique se ovieron, fué hallado impotente para en-
gendrar, los Perlados é grandes señores del Reyno,
é comunmente todos los tres estados del, conocien-
do este su defecto, tenían á su hermano el Infante
Don Alonso hermano desta Princesa por heredero
legítimo de los Reynos de Castilla. Pasados cinco
años de su casamiento, la Reyna Doña Juana con-
cibió : del qual concepto todos los del Reyno ovie-
ron grand escándalo, porque según la impotencia
del Rey conocida por muchas esperiencias, creían
que lo concebido por la Reyna, era de otro varón é
no del Rey, é afirmaban que era de uno de sus pri-
vados, que se llamaba Don Beltran de la Cueva,
Duque de Alburquerque, á quien el Rey amaba mu-
cho. E por consejo de algunos que eran cerca del
Rey, estos dos Infantes Don Alonso é Doña Isabel
sus hermanos fueron tomados de poder de la Rey-
na su madre, é puestos en gran guarda ; porque de-
llos no se siguiesen al Rey los inconvinientes que
la'consciencia errada teme que le pueden venir por
su yerro, que siempre le acusa. Lo qual sabido por
algunos Perlados , é caballeros, é por algunos reli-
giosos de buena intención, á quien la impotencia
del Rey para engendrar era notoria ; dellos en per-
sona , dellos por cartas é mensageros, le suplicaron
é aun amonestaron , que diese orden como aquel
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
230
preñado se eucubrieae ; porque según la notoriedad
é certidumbre de su impotencia, de lo que pariese
la Reyua, se siguiria á él disf amia, é al Beyno gran-
de escándalo. El Rey veyéndose por estonces muy
poderoso de gentes é rico de tesoros, queriendo en-
cubrir el defecto natural que tenia para engendrar,
no quiso dar orejas á las amonestaciones é suplica-
ciones que sobre esto le fueron, é publicó el preña-
do de la Reyna ser suyo (1). Esta Reyna parió una
hija que llamaron Doña Juana : á la qual el Rey
hizo que los Grandes del Reyno é las cibdades é vi-
llas del, traídos por diversas maneras, unos por mie-
do, é otros por interese, jurasen por Princesa here-
dera destos Reynos para después de sus dias. Del
qual juramento algunos Perlados é grandes seño-
res é caballeros del Reyno reclamaron secretamen-
te, diciendo haberlo hecho por temor del poder
grande que el Rey por estonces tenia. Los quales é
otros algunos dende á pocos dias rebelaron contra
el Rey, é le embiaron á decir que no consintirian
que aquella Doña Juana o viese la subcesion del
Reyno, pues eran ciertos que no era su hija. E de-
mandáronle , que jurase por legítimo subcesor del
Reyno para después de sus dias al Infante Don
Alonso BU hermano , no embargante el juramento
que constreñidos por fuerza , habian fecho á aque-
lla Doña Juana, que decían ser su hija. El Rey con-
siderando que todos los del Reyno querían que el
Infante su hermano, por ser hijo cierto del Rey Don
Juan, oviese la subcesion del Reyno, otorgólo é in-
titulóle Príncipe heredero de Castilla é de León.
Después de pocos dias pasados se juntaron Don
Alonso Carrillo, Arzobispo de Toledo, é Don Fadri-
que, Almirante mayor de Castilla, é Don Juan Pa-
checo, Marques de Víllena, que fué después Maes-
tre de Santiago, é Don Pedro Girón, su hermano.
Maestre de Calatrava, é Don Gómez de Cáceres,
Maestre de Alcántara, é Don Alvaro de Estúñiga,
Conde de Plasencia, que fué después Duque de Aré-
lalo , é Don Rodrigo Alonso Pimentel , Conde de
Benavente, é Don Rodrigo Manrique, Conde de Pa-
redes, é Don Gabriel Manrique, Conde de Osorno,
Comendador mayor de Castilla, é otros Caballeros é
Perlados del Reyno. E por algunos descontenta-
mientos que ovíeron del Rey Don Enrique, publi-
caron del muchos defetos , por los quales dixeron
que era inhábile para reynar. E tomaron aquel Prín-
cipe Don Alonso, que era de edad de once años , y
liaciendo división en Castilla le alzaron por Rey del
Reyno en la cibdad de Avila, en el mes de Junio (2)
(1) Naeid U InfanU Doña Juana llamada comanmentc /a £«/•
traneja, porqoe las gentes decian que era bija de Don Beltran de
la Cueva, que después fué Duque de Alburquerque, á principios
del ano 1 I6i.
^2t Este memorable suceso, que vuelve después á apuntar en
el cap. 4, sucedió en Miércoles cinco de Junio, y es uno de los
mas singulares que se leerán en las historias. Los Caballeros que
aquí nombra y otros que acaso calla por respetos particulares for-
maron un teatro en una llanura cerca de Avila, donde colocaron
la estatua del Rey coronada y cubierta de lulo, sentada en una
silla con todas las insignias reates. Luego leyeron un manillesto
en que señala lamente le acusaban de cuatro cosas : por la pri-
m"ra decían) merecía perder la dignidad Real, y entonces el Ar-
año del Señor de mil y quatrocientos y sesenta y
cinco años. Para hacer esta división fueron reque-
ridos Don Diego Hurtado de Mendoza, Marques de
Santillana, Conde del Real de Manzanares, que fué
después Duque del Infantadgo , y Don Pero Fer-
nandez de Velasco, Conde de Haro, y Don Garci
Alvarez de Toledo, Conde de Alva, que fué después
Duque de Alva, y Don Pero Alvarez de Osorio, Mar-
ques de Astorga, y Don Pero Manrique, Conde de
Treviño, que fué después Duque de Najara, y Don
Iñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla, y Don
Lorenzo Suarez de Mendoza, Conde de Corufia, su
hermano, y Don Pero González de Mendoza, Obispo
de CalahoiTa, que fué después Cardenal de España
y Arzobispo de Toledo y Obispo de Sigüenza, y otros
Caballeros. Los quales, considerando los comunes
daños que en los Reynos divisos se siguen, dudaban
ser en ella, especialmente creyendo que aquellos
caballeros lo hacían por su interese particular, y no
por la buena gobernación general que publicaban.
Y sobre esto hubieron algunos consejos para se de-
terminar mejor en lo que según Dios y razón de-
bían seguir : y porque conocían de aquel Obispo de
Calahorra ser hombre letrado , generoso, y de buen
entendimiento , quisieron oír su voto , el qual les
dixo : «Notorio es. Señores, que todo el Reyno es
habido por un cuerpo, del qual tenemos el Rey ser
la cabeza; la qual si por alguna inhabilidad es en-
ferma, parecería mejor consejo poner las melecinas
que la razón quiere, que quitar la cabeza que la na-
tura defiende. Especialmente debemos considerar,
que por razón ni por justicia podemos quitar el ti-
tulo que nos dimos, ni privar de su dignidad al que
reyna por derecha subcesion ; porque si los Reyes
son ungidos por Dios en las tierras, no se debo
creer que sean subjetos al juicio humano los que
son puestos por la voluntad divina. La Sacra Es-
criptura espresamente defiende rebelar, y manda
obedecer á los reyes, aunque sean índotos ; porque
sin comparación son mayores las destruiciones que
padecen los reynos divisos , que las quo se sufren
del rey inhábil. Y por eso los varones notables, con-
formándose con los mandamientos divinos, deben
huir de toda división, y seyendo leales á su Rey,
pugnar por el sosiego de su propría tierra, donde
hubieron el nutrimepto ; porque sí rehusan de lo
haber, allende de ser ingratos á la tierra que los
crió, necesario les será si ella padece, padecer jun-
xobispo de Toledo le quitó la corona de U cabeza ; por la segun-
da merecía perderla administración de justicia, y el Conde de
Plasencia le quitó el estoque ; por la tercera merecía perder el
gobierno del Reyno, y el Conde de Benavente le qoitó el bastón
que tenia en la mano ; y por la última merecía perder el trono y
reverencia real, y Diego López de Ziíñiga le derribó con ignomi-
nia del trono. Hecho esto, los Grandes, que ya habian conducido á
aquel parage al Infante Don Alonso, le colocaron en el trono real,
y en altas voces aclamaron : Castilla , Castilla por el Rey Don
Alonso, ceremonia nsada en las prociaraaciones de los Reyes, y
que fué seguida de las demás acostumbradas en iguales casos. A
esta espantosa escena se siguieron todos los horrores de las gucr
ras civiles qae hicieron funestos estragos en Castilla. Reflere este
hecho puntualmente Enriq. del Castillo, Crón, MS. de Don Enri-
que IV, cap. 74. Mariana, lili. 2.3, cap. 9.
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL,
231
tamente con ella ; y por tanto es mejor trabajar por
la paz de los muchos, que caer con el mal de todos.
Otrosí debemos considerar, que si los Caballeros y
Perlados que se mueven á hacer tan gran novedad,
hubiesen intención recta para la hacer, seria buen
consejo que nos juntásemos con ellos, no á hacer la
división que hacen , mas á la buena gobernación
que se debe hacer. Pero pues vemos que para pro-
veer á la mala gobernación del Rey Don Enrique,
que publican, quieren hacer buena la del Príncipe
Don Alonso, seyendo mozo de once años, manifiesto
parece, no seyendo aquella edad capaz para gober-
nar, que no por el bien .general que publican, mas
por su interese particular que desean, quieren apro-
piar á sí esta gobernación, no mirando que do quier
que muchos quieren mandar, difícil es guardar ver-
dadera conformidad. Así que, Señores, si aquellos
Caballeros y Perlados se quieren partir de la divi-
sión que han hecho, cosa justa es que os juntéis con
ellos : y por via jurídica, como hombres temerosos
de Dios, leales á su Rey, y zeladores del bien de
su tierra, proveáis á la buena gobernación del Rey-
no, como aquellos que viven vida á placer del que
da la vida, sin el qual ningún consejo, ningún uso,
ninguna dotrina vale, instruye, ni aprovecha. Y si
todavía quisieren insistir en la división que han
principiado , mi pareceres, que nos apartemos de
hombres scismáticos, que mas parece que se oponen
á impedir la razón que á evitar el escándalo.» Oidas
estas razones que el Obispo dixo, todos aquellos ca-
balleros y otros parientes y parciales se determina-
ron á sostener la parte del Rey Don Enrique, y no
ser en la división del Reyno, que aquellos otros ca-
balleros hicieron ; y pelearon unos contra otros en
la batalla real que se ovo cerca de la villa de Ol-
medo (1) , donde fueron vencidos los del Rey Don
Alonso. El qual vivió en aquella división tres años
con título de Rey, en poder de aquellos Perlados y
caballeros ; y luego murió de pestilencia en Carde-
ñosa, aldea de la cibdad de Avila (2), estando con
él el Arzobispo de Toledo , y Don Juan Pacheco,
que era ya Maestre de Santiago, y el Conde do Pla-
sencia, y el Conde de Benavente, y otros algunos
de los caballeros y Perlados que le habían alzado
por Rey, según que en la Crónica del Rey Don En-
rique mas por extenso se recuenta.
(1) Esta batalla fué Jueves veinte de Agosto, dia de San Ber-
nardo de 1467. Fueron desbaratados los del Rey Don Alonso, el
Arzobispo de Toledo herido en un brazo, tomado el pendón real
y presos el Conde de Luna, el Conde de Alva , Pedro de Fontive-
ros y algunas otros Señores principales. El Rey|I)on Enrique, cre-
yendo ser perdida la batalla , se retiró á una aldea vecina, de don-
de no salió hasta que le halló allí triste y confuso el mismo Cro-
nista que lo refiere y le dio la nueva del vencimiento. Enrique,
Crón. de Enriq. IV, cap. 9H,
(1) Martes en la noche á cinco de Julio de 1468. El Cronista de
Enrique IV nota que tres dias antes se habia esparcido la nueva
de su muerte por todas las ciudades del Reyno. Tal vez en eso
debió fundarse la opinión de los que dijeron que habia muerto de
veneno, y aun Alonso de Falencia asegura que se lo hizo dar el
Marques de ViUena. Otros con Pulgar atribuyen su muerte á la
pestilencia que reynaba en aquellos lugares. Enriq. del Castillo,
Crón. de Enriq. lY, cap. 112. Mariana, lib. 2o, cap. 11.
CAPÍTULO IL
Como la Princesa fué jurada por subcesora del Reyno en los To-
ros de Guisando, y la concordia que hizo con el Rey Don En-
rique.
Veyéndose desamparados estos Perlados y caba-
lleros por la muerte del Rey Don Alonso que ha-
bían tomado , y enemistados con el Rey Don Enri-
que su hermano, que habían dexado, estaban en
gran temor , recelando la indinacion del Rey , á
quien por cartas y por palabras, durante la divi-
sión, habían torpemente injuriado ; y no hallaban
otro remedio para su defensa, sino continuar la
scisma que habían comenzado en el Reyno, alzan-
do en él por Reyna á esta Princesa Doña Isabel en
lugar de su hermano ; porque con ella, por ser per-
sona real', y legítima subcesora del Reyno , pudie-
sen mejor defender sus personas y estado de los
males que rescelaban rescebir del Rey Don Enrique,
por lo que contra él habían cometido, y quisieran
luego ponerlo en obra. Y suplicaron á la Princesa
que estaba con ellos en la cibdad de Avila, que to-
mase título de Reyna de Castilla y de León, según
lo tenía el Rey Don Alonso su hermano , pues le
pertenecía de derecho ; y que todos los Caballeros
y Perlados, y las cibdades y villas que estaban por
él, estarían á la obediencia della, y el Rey Don En-
rique no habría lugar de dar la subcesiou del Rey-
no á aquella Doña Juana que decia ser su hija. La
Princesa, á quien no habia placido la división pa-
sada, por las destruicíones y tiranías que de contino
veía crecer en el Reyno, deliberó de no tomar títu-
lo de Reyna en vida del Rey su hermano, y de se
conformar con él, si quitos los escándalos, le jurase
paradespues de sus dias la subcesiondel Reyno que
le pertenecía, según habia hecho al Principe Don
Alonso su hermano. Con esta voluntad de la Prin-
ciesa se conformó Don Juan Pacheco, Maestre de
Santiago, el qual mostraba ser arrepentido de la di-
visión pasada, y aun se cree que el pecado de la in-
gratitud lo acusaba gravemente ; porque habiendo
seydo criado del Rey Don Enrique, y de quien re-
cibió los bienes y el estado grande que tenia, le ha-
bia errado, seyendo principal causa de aquella di-
visión pasada ; durante la qual habia visto muchas
veces su persona y estado y de sus parientes en
grandes aventuras y destruicion : y asi por esto, co-
mo porque sabia bien que el Rey le perdonaría, y
allende de le perdonar, estaria á su gobernación en
todas las cosas, tuvo manera que se moviese habla
de concordia entre él y la Princesa su hermana ; y
embiáronle á decir que si su voluntad, quitos todos
rigores, le quisiese otorgar la subcesion destos Rey-
nos para después de sus dias, pues le pertenecía de
derecho, ella y los Caballeros y Perlados que con
ella estaban , vernian luego á su obediencia, y le
servirían ; y estando él y ella concordes en la sub-
cesion del Reyno, cesaría la división, y los robos, y
tiranías, é otras desobediencias que en él habia , y
él en su vida seria único Rey sin contención. En es-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
232
te trato de concordia entendieron Don Alonso de
Fonseca, Arzobispo de Sevilla, y Andrés de Cabre-
ra, Mayordomo del Rey , que después fué Marques
de Moya ; y estos dos le dieron á entender que lo
debia hacer, pues la esperiencia de las cosas pasa-
das le amonestaba guardarse de las futuras, y le
mostró el peligro de su estado y el daño acaecido
eu sus Reynos, por tener aquel propósito ; y que en
esto principalmente servirla á Dios, porque cesante
la división, cesarian los males que della se espera-
ban, y él gozarla del fruto de la paz, y seria libre
de todos trabajos y gastos , y del poco reposo y
quietud que su persona padecía. Algunos de los que
cerca del Rey estaban, y deseaban que fuesen puni-
dos los caballeros y Perlados que habían puesto
división en el Royno, trabajaban de indinar al Rey
coi^tra ellos ; y decíanle que bien sabia quantos ca-
sos Dios lo habla ofrecido en los tiempos pasados
para castigar á aquellos sus deservidores , que pu-
blicando voz de justicia y de buen regimiento del
Reyno, lo habían puesto en escándalos, robos, y ti-
ranías ; y que nunca se dispuso á executar en ellos
las penas en que hablan incurrido por el grave cri-
men que cometieron. Decíanle asimesmo, que con-
siderase agora que la muerte del Príncipe su her-
mano en tal edad y tiempo venida, era un caso ma-
ravilloso que Dios ofrecía , para que hubiese lugar
la execucion de su justicia, contra aquellos que pos-
puesta la obediencia debida á su Rey, tan rotamen-
te habian maculado su persona real, diciendo que
no era hábile para reynar, y que era hombre efemi-
nado, y que habla dado de su voluntad la Reyna
su muger á su privado Beltran de la Cueva, á quien
hizo Dijque de Alburquerque, cuya hija afirmaban
que era aquella Doña Juana, y que era odioso á la
justicia, y distribuía el patrimonio real á sus pri-
vados, y á quien ellos querían con gran prodigali-
dad y disolución , y que era envuelto en luxurias y
vicios desordenados, y otras cosas feas ; y que no
solo las habian dicho , mas aun las escribieron por
sus letras al Papa, y las publicaron por toda la
Christiaudad ; cuyos treslados estaban hoy en todas
las cibdades é villas destos Reynos. Decíanle asi-
mesmo, que todas estas cosas habiendo lugar de se
castigar y no se castigando, parecía otorgar las in-
habilidades que aquellos Perlados y caballeros tan
rotamente del habian publicado. Las quales eran de
tal calidad, que ni eran perdonables, ni los que las
díxeron eran dignos de perdón ; porque no lo ve-
nían á pedir con aquella humildad y arrepentimien-
to que deben venir aquellos que conociendo sus
yerros merecen ser perdonados, antes perseverando
en ellos, le requerían que quítase la subccsion á la
que decía ser su hija , para que se diese á su her-
mana. Otrosí le decían, que ninguna cosa podía ser
mejor que la paz ; pero que así como la vida sin
paz no es vida, menos la vida ein honra se puede
á los reyes decir vida ni paz , la qual se debia pro-
curar por guerra, cuando sin guerra no había lu-
gar la razón ; y decíanle otras cosas para le provo-
car á indignación contra aquellos caballeros. Otros
algunos de sus privados conociendo que bu costum-
bre y natural inclinación era dispuesta á deleytes
y aborrecer negocios, conformaron su consejo con
lo que conocían de la condición del Rey ; y decían-
le, que pusiese en obra aquello que el Arzobispo de
Sevilla y su Mayordomo Andrés de Cabrera le
aconsejaban, y el Maestre de Santiago le embiaba
á decir ; porque visto por los del Reyno la confor-
midad del y de la Princesa su hermana , cesarian
los deseos malos de los hombres criminosos, que
tenían puesto el Reyno en guerras y tiranías. De-
cíanle asimesmo que el Maestre do Santiago ver-
nia ásu corte, y continuaría con él en su servicio, y
y que según las habilidades del Maestre, y el po-
der grande que tenía en el Reyno , con su mano y
consejo sería Rey temido y obedecido. Y de secre-
to le decían, que como quier que por agora otorga-
se la subcesion á su hermana la Princesa, pero des-
pués se podía tener en tal manera que se la quitase,
casándola fuera del Reyno , ó en otra forma quo
para ello se daría , estando en su poder ; lo qual no
así bien se podía hacer estando fuera del. Y que
podía casar la que decía ser su hija con tal perso-
na á quien apoderase del Reyno, en tal manera que
su hermana la Princesa no pudiese en él tener par-
te. El Rey cides aquellas razones, con esperanza de
poner en obra lo que en secreto sus privados le de-
cían, acostóse al partido que el Arzobispo de Sevi-
lla, y su Mayordomo Andrés de Cabrera lo movie-
ron, y dixo quo le placía otorgar la subcesion del
Reyno á su hermana la Princesa, y que ella y el
Maestre de Santiago viniesen á su corte, porque
pareciese en tcdo el Reyno la concordia que ha-
bía entre ellos. La qual fué asentada con condi-
ción, que el Rey dentro en quatro meses embíase
ala Reyna Doña Juana su muger, y aquella Do-
fia Juana que había parido , á Portogal , y pro-
curase con el Papa divorcio del casamiento he-
cho entre él y ella, porque aquel no se había po-
dido celebrar entre ellos legítimamente en dero-
gación del primero matrimonio que había celebra-
do con la Princesa Doña Blanca su primer muger,
Iten, que diese á la Princesa su hermana las cibdu-
des de Avila, y Buete, y Molina, y Medina del Cam-
po, y Olmedo, y Escalona , y Übeda, para sostener
su estado. La Princesa otorgó, que guardando rl
Rey esto que le había prometido, no casaría sin su
licencia; y desta manera fué asentada concordia
entre ellos. Don Diego Hurtado de Mendoza, Mar-
ques de Santillana, y Don Pero González de Men-
doza, Obispo de Sígüenza su hermano, que fué des-
pués Cardenal de España y Arzobispo de Toledo, y
Don Pero Fernandez de Velasco, Conde de Haro,
que fué después Condestable de Castilla, y otros al-
gunos Perlados y caballeros , que según habemoa
dicho no quisieron ser en la división pasada, y tu-
vieron siempre la parte del Rey Don Enrique,
quando supieron la concordia que el Rey sin gel»
hacer saber habla concluido con la Princesa su her-
mana, fueron muy descontentos ; porque habiéndo-
le bien servido , y peleado por él en la batalla que
DON FERNANDO
hubieron cerca de Olmedo con el Rey Don Alonso
su hermano , en remuneración del premio que por
la virtud de su constancia debían haber, los dexa-
ba fuera de aquella concordia ; y recelando quedar
en alguna iudinacion con la Princesa, y en des-
acuerdo con el Arzobispo de Toledo, y con el Maes-
tre de Santiago, y con los otros caballeros y Perla-
dos que con ella estaban, embiaron á decir al Rey,
que ellos habian sabido como determinaba perdo-
nar aquellos caballeros y Perlados que con el Rey
Don Alonso su hermano habian hecho división en
estos Rcynos, y le placia declarar á la Princesa su
hermana por subcesora dellos, de lo qual les placia
mucho, porque creian cesar por esta causa todos
los escándalos y guerras en el Reyno ; pero que le
suplicaban, si acordaba perdonar á aquellos caballe-
ros y Perlados que habian seydo sus deservidores,
no condenase á ellos que eran sus servidores , pues
con tanta constancia é lealtad le habian servido. Y
si entendía que era bien quitar la división entre él
y la Princesa su hermana, no la dexase entre los
Perlados y caballeros de su Reyno, que por causa
suya habian seydo divisos : porque aquellos que
por le servir se enemistaron con ellos, no quedasen
fuera de aquella concordia, y padeciesen los daños
que con su mano real les podrían hacer, estando los
otros con él en su corte, y ellos absentes. Oídas es-
tas razones, bien quisiera el Rey, que luego se hi-
ciera reconciliación délos caballeros de la una par-
te y de la otra ; pero su espíritu inclinado á quie-
tud, y ageno do todo negocio , le sometía á la go-
bernación del Maestre de Santiago , de tal manera
que ninguna cosa hacia salvo lo que él ordenaba. Y
por su consejo determinó que se hiciese luego la
concordia suya y de la Princesa su hermana, y des-
pués so entendería en la reconciliación de los ca-
balleros de la una parto y de la otra ; y para esto
arfjordaron , que el Rey que estaba en Madrid vinie-
se para Cadahalso aldea de la villa de Escalona ; y
la Princesa, y el Arzobispo de Toledo, y el Maestro
de Santiago, y el Conde de Plasencía, y los caballe-
ros que estaban con ella en la cibdad de Avila, vi-
niesen para Zebreros. Venidos á aquellos lugares,
acordaron un día que se juntasen en los Toros de
Guisando , que ora en comedio de un lugar y de
otro ; é allí se juntaron el día asignado el Rey y la
Princesa su hermana, y el Arzobispo de Toledo, y
el Maestre de Santiago , y Don Alvaro de Estúfiiga
Conde de Plasencía, y Don Rodrigo Alonso Pimen-
tel Conde de Benavente, y Don Gabriel Manrique
Conde de Osorno, y el Arzobispo de Sevilla, y Don
Iñigo Manrique Obispo de Coria, y Gómez Manri-
que su hermano, y los otros caballeros y Ricos-
Omes que venían en la Princesa. Venidos á aquel
lugar, el Maestre de Santiago llegó al Rey, y le
dixo, que si algunos deservicios el Arzobispo de
Toledo y él y aquellos caballeros y Perlados que
siguieron la vía del Rey Don Alonso su hermano,
habian hecho á Su Señoría en los tiempos pasados,
le suplicaban que los perdonase y olvídase todas
las cosas pasadas : porque ellos entendían en las por
É DOÑA ISABEL. 233
venir servirlo de tal manera, que perdiese todo eno-
jo dellos. Y que en esta concordia que se hacia entre
él y la Princesa su hermana, se daba tal sosiego en
sus Reynos, que Dios sería servido, y él obedecido de
sus subditos. El Rey recibió bien á la Princesa su
hermana, y á aquellos Perlados é caballeros que con
ella vinieron. E luego el legado del Papa Antonio
de Vénerís Obispo de León, que fué después Obispo
de Cuenca é Cardenal , por la autoridad que tenia
del Sumo Pontífice, á pedimiento del Rey, absolvió
á aquellos Perlados é caballeros é á todos los otros
del Reyno, del primero juramento que habian he-
cho, quando en las Cortes de Madrid juraron por
Princesa á la otra Doña Juana, que se decía hija del
Rey. E ansí absueltos , luego el Rey dixo que de-
claraba la subcesion de los Reynos de Castilla é do
León para la Princesa Doña Isabel su hermana que
estaba presente, é la constituía por legítima here-
dera é señora dellos después do sus días ; por quan-
to confesaba, que por ser fallecido el Príncipe Don
Alonso su hermano , no quedaba otro verdadero
subcesor ni legítimo heredero del Reyno, salvo ella.
E juró á Dios é á Santa María é á la señal de la cruz
en manos de aquel Logado del Papa, de nunca gela
perturbar ni contradecir en ningún tiempo ; é man-
dó á aquellos Perlados é caballeros que eran pre-
sentes, é á todos los otros de sus Reynos , é á las
cibdades é villas é tres Estados dellos, que le jura-
sen en la subcesion según que él lo había jurado.
Hecho por el Rey esto juramento, los otros Caballe-
ros é Perlados que allí estaban, juraron solennemon-
te en manos de aquel Legado del Papa á esta Prin-
cesa Doña Isabel por subcesora de los Reynos de
Castilla é de León, y heredera legítima dellos, para
después de los días del Rey. E desto mandó dar
sus cartas para todos los Grandes é caballeros, ó
para las cibdades é villas del Reyno , haciéndoles
saber esta concordia, é las condiciones délla. Y em-
bíóles mandar que jurasen por heredera destos Rey-
nos á la Princesa su hermana para después de bus
días, según que él é los otros Perlados é caballeros
que con él á ello fueron presentes , lo habían jura-
do (1). Hecho el acto deste juramento, luego el
Rey é la Princesa, é con ellos el Maestre de Santia-
go, y el Arzobispo de Sevilla, y el Conde de Plasen-
cía, y el Conde de Benavente, y el Conde de Osor-
no, é los otros Perlados é caballeros que vinieron
con la Princesa, fueron con el Rey para la villa de
•
(4) Hfzose esta concordia en los Toros de Guisando, Lunes 19
de Setiembre de 1468. Es estraño no apunte el Cronista los es-
fuerzos que con esta novedad hizo la Reyna Doña Juana. I.a qiial
sabido en Duytrago el onienayeque se habia prestado á su cuña-
da, y que quedaba por succesora del Reyno después de la muerte
de su hermano, embió á Luis Hurtado de Mendoza (el mismo que
la habia sacado de la fürlaicza de Alahejos) con plenos poderes
al Legado del Papa, ante quien interpuso su apelación una, dos y
tres veces, eu forma de derecho, para el Papa Paulo II, protestan-
do que lodo lo hecho fuera nulo y de ningún valor por el perjui-
cio que seguía i su hija Doila Juana. Hecho lo qual y pedido de
ello testimonio se voivii5 á la Reyna. Pero el, mismo Cronista que
lo refiere dice que la P.eyna Doña Isabel, aunque lo supo, lo tuvo
por cosa vana. Calind., Memor. de los ¡leyes Caló/ic. MS. año 1464.
Enriq. del GaótiUo, Crónic. deEnriq. lY, cap. 116 y 118.
234 CRÓNICAS DE LOS
Madrid ; y el Arzobispo de Toledo fué á su tierra, é
tiesde Madrid acordaron de ir para la villa de Oca-
üa, do se juntaron los Procuradores del Reyno, se-
gún estaba ordenado.
CAPÍTULO III.
Como salió la Reyna Doila Juana, mHger del Rey Don Enrique,
de Alahejos , é fué á Buylrago.
É paramas clara información de aquellos que es-
ta historia leyeren, es de saber, que la Reyna Doña
Juana muger deste Rey Don Enrique, por cierto
pacto que hizo se obligó de estar algunos dias en la
fortaleza de Alahejos en poder del Arzobispo de
Sevilla, cuya era aquella villa. Esta Reyna, como
en la Crónica del Rey Don Enrique su marido debe
ser relatado, deleytándose mas en la hermosura de
su gesto que en la gloria de su fama, ni guardó la
honra de su persona como debia, ni menos la del
Rey su marido. E la causa deste hierro , algunos
quedan afirmar que procedía della , por ser muy
moza y hermosa, é muger á quien placían hablas de
amores é do las otras cosas que la mocedad suele
demandar é la honestidad debe negar. Otros algu-
nos certificaban, que la principal causa de sus yer-
ro habia seydo el Rey , á quien placía que aquellos
BUS privados, en especial aquel Duque de Albur-
querque oviese llegamiento á ella : é aun se decia
que él mandaba é rogaba á ella que lo consintiese.
Este yerro, quier procediese della, quier del 6 de
ambos á dos, fué tan notorio en todo el Reyno , que
los caballeros é Perlados que alzaron por Rey al
Príncipe Don Alonso, la principal causa que ovíe-
ron para la división que hicieron , era haber dado
el Rey esta Reyna su muger á aquel su privado
Don Beltran de la Cueva, á quien habia hecho Du-
que de Alburquerque, é que aquella Doña Juana era
hija de aquel, é no del Rey. Esto se afirmaba por-
que habia en su palacio y en sus retraimientos
grandes é casi manifiestos indicios que lo afirma-
ban ; é allende desto por la vulgar opinión era creí-
da la impotencia del Rey, porque siempre tovo co-
municación con otras mugeres, é procuraba de con-
tino estar cerca dellas, é nunca se halló antes ni
después haber llegamiento de varón á ninguna (1).
Esta Reyna estando en aquella fortaleza de Alahe-
jos fué preñada do un mancebo sobrino del Arzo-
bispo de Sevilla que se llamaba Don Pedro , que ee-
(1) Enrifjucz del Caslillo atribuye este hecho de la soltura de la
Reyna á an Luis Hurtado hijo de Ruy Diaz de Mendoza, quien di-
:e que la descolgó en un cesto, y que habiéndose roto la soga se
lastimíi la cara y la pierna derecha, pero que poniéndola á las an-
cas de so raula la llevó con seguridad á Buytrago. Nada menciona
del otro suceso que apunta Pulgar, ni podia estando en servicio
del Rey su marido, pero en algunas partes de su Crónica no deja
de insinuar el mal porte y poco rerato de esta Reyna, a quien,
con todo, no Im faltado quien defendiera, diciendo que se puede
sospechar que gran parle de estas fábulas se forjaron en gracia
de los Reyes Don Fernando y Doña Isabel, quando el tiempo ade-
lante reynaron, y que les dio probabilidad la flojedad grande y
descuido del Rey ÍJon Knrique , junto con el poco recalo de la
Reyna y su soHura. Mariana, lib.'ii, cap. üU. Bnriq. del Castillo,
CróMc, Cay, llSt,
REYES DE CASTILLA.
taba con ella por guarda : la qual tovo manera con
él, que una noche la descendiese por la cerca de la
fortaleza ; é teniendo bestias aparejadas andovo
aquella noche, y este Don Pedro con ella, fasta que
otro día llegaron á la villa de Buytrago donde es-
taba su hija Doña Juana, á la qual tenia en guarda
Don íñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla,
hermano del Marqués de Santiljana.
CAPÍTULO IV.
En que se sigue la plática habida sobre la subcesion del Reynt
entre la Princesa é la Reyna Doña Juana.
Quando la Reyna Doña Juana sopo que el Lega
do del Papa habia relaxado á los Perlados é Gran-
des del Reyno el juramento que á su hija Doña Jua-
na hicieron al tiempo de su nascimiento , é que €kl
Rey y ellos por su mandado y en preseiicia suya
habían jurado á la Princesa Doña Isabel por Prin-
cesa y heredera de los Reynos, pesóle mucho , é de-
cia que aquel juramento no se debiera hacer, por
ser contra el queá su hija se había hecho; é á fin de
la hacer subcesora de los Reynos, quería dar á en-
tender que era hija del Rey, diciendo que por tal
se debia tener , pues había nasciílo en su casa du-
rante el matrimonio del Rey é suyo. Pero esto é
quanto la Reyna podia decir en favor de su hija,
carecía de fundamento , porque se tenia por muy
cierta la impotencia del Rey ; la qual por muchas
experiencias era conocida , é señaladamente porque
á todo el Reyno era notorio que estovo casado con
la Princesa Doña Blanca , hija del Rey Don Juan
de Navarra, por espacio de trece años é mas, en loa
quales nunca ovo á ella acceso como marido \o de-
be á la muger , ni menos se halló que lo oviese en
todas sus edades pasadas á ninguna otra muger,
puesto que amó estrechamente á muchas , ansí due-
ñas como doncellas de diversas edades y estados,
con quien habia secretos yuntamientos, é las tovo
de Gontíno en su casa , y estovo con ellas solo en
lugares apartados, é muchas veces las hacia dormir
con él en su cama, las quales confesaron que jamas
pudo haber con ellas cópula carnal. E de esta im-
potencia del Rey , no solamente daban testimonio
la Princesa Doña Blanca, su muger, que por tanto
tiempo estovo con él casada, é todas las otras mu-
geres con quien, como habernos dicho, tovo estre-
cha comunicación, mas aun los físicos é las muge-
res é otras personas que desde niño tovieron cargo
de su crianza. É como era ptiblica la impotencia
del Rey, é que la Reyna Doña Juana no guardaba
la honestidad de su persona, adulterando con al-
gunos privados del Rey é con otros , nunca aquella
Doña Juana fué tenida ni reputada por hija del Rey,
antes se creyó é afirmó generalmente por todos des-
de el dia que se publicó ser concebida , aquel con-
cepto ser de Don Beltran de la Cueva, Duque de
Alburquerque, é no del Rey. B si por ser nascída
durante el matrimonio del Rey é de la Reyna como
la Reyna decia, habia do sor reputada é tenida por
hija del Rey , é por consiguiente haber de heredar
DON FERNANDO
al Rey, é subeeder en los sus Reynos, por la misma
razón habían de ser tenidos ó reputados por hijos
del Rey , é con mayor razón heredar estos Reynos
por ser varones, Don Fernando y Don Apóstol , hi-
jos de la Reyna é de Don Pedro de Castilla , que al
presente se criaban en Santo Domingo el Real de
Toledo, en poder de la Priora de aquel Monesterio,
tia de aquel Don Pedro, pues hablan nascido de la
Reyna también como aquella Doña Juana, durante
el mismo matrimonio del Rey y suyo. Y por estas
causas é por otras , todos los mas Perlados é Gran-
des del Reyno, á quien el Rey á instancia y por
instigación de la Reyna, hizo jurar á esta Doña Jua-
na al tiempo que nasció , hicieron reclamaciones en
secreto y protestaciones que hacían aquel juramen-
to contra su voluntad, y costreñidos por temor que
habían del absoluto poder de que por entonces el
Rey usaba, y de la gran parte que la Reyna tenia
en su voluntad. Pero que cada y quando viesen
tiempo, en que sin manifiesto peligro de sus perso-
nas y estados pudiesen hacer lo que debían , reco-
nocerían por herederos destos Reynos para después
de la vida del Rey, al Infante Don Alonso, y en fa-
llecimiento suyo sin generación, á esta Princesa Do-
fia Isabel su hermana, hijos legítimos del Rey Don
Juan. Y ansí en un gran ayuntamiento que los Per-
lados y Grandes del Reyno hicieron con el Rey, en-
tre Cabezón y Óigales (1), el año de mil é quatro-
cientos é sesenta é quatro años, veyéudose ya en
alguna libertad, queriendo guardar sus conscien-
cias y la fidelidad que á estos Reynos debían, y
usando de las reclamaciones y protestaciones que
en secreto habían hecho , todos juntamente con el
Rey, y en su presencia y por su mandado, excluyen-
do totalmente aquella Doña Juana de la eubcesion
destos Reynos , juraron públicamente por príncipe
heredero dellos al Infante Don Alonso. Con el qual
juramento, ansimismo por cartas y mandamientos
del Rey que sobre ello embió por todo el Reyno, se
conformaron todos los Perlados y Grandes que allí
se acertaron , y las cibdades é villas principales de
todos los Roy nos. Por virtud de los quales juramen-
lus hechos al Príncipe Don Alonso y á esta Prince-
sa Doña Isabel , y de la relaxacion que el Logado
del Santo Padre hizo del juramento hecho á la hija
déla Reyna, fué habido por ninguno y de ningún
vigor y efecto el juramento hecho ú aquella Doña
Juana. Y todos perseveraron en el juramento hecho
á esta Princesa Doña Isabel , y en aquel permane-
ciendo lo tornaron á renovar, quando por fin del
Rey Don Enrique la obedecieron y juraron por Rey-
na y Señora de aquestos Reynos. Muchas otras ra-
bones tocantes á esta materia se dexan aquí de de-
(1) En este ayuutaraiento juiaion los Grandes que á él se ha-
llaron de procurar á iodo su leal poder que el Infante Don Alonso
casase con aquella Doña Juana que se decia hija del Rey. Asi-
mismo hizo el Rey renunciar á Don Beltran de la Cuevn el Maes-
trazgo de Santiago , y le dio en enmienda la villa de Alburquer-
que con titulo de Ducado, y las villas de Cuéilar , Roa, Molina,
Aticnza, y la Peña de Alcázar, con oirás mercedes. Enriq. del
Cast., Crón, de Don turiq. IV, cap. 67.
E DONA ISABEL. 235
cír por la honestidad, y por excusar escriptura que
sea en injuria de persona Real ; y aun las reconta-
das se dexarian, salvo porque la fideUdad nos obli-
ga á recontar algunas cosas de las que en verdad
pasaron sobre esta materia , especialmente algunas
de aquellas que muestran claramente el derecho que
esta Princesa Doña Isabel tovo á la subcesion des-
tos Reynos. Y con toda verdad podemos testificar
que el Rey mandó prender por causa deste adulte-
rio a aquel Don Pedro, lo qual sabido por la Reyna,
atribulóse con tantos lloros, que el Rey no pudiea-
do sufrir la pena contina que veía recebir á la Rey-
na, le mandó soltar. Ninguno tenga por cosa grave
de creer esto que leyere deste Rey ni de otro algu-
no, que siguiendo sus apetitos y dándose á vicios,
pierda el verdadero conocimiento délas cosas, y se
convierta en naturaleza flaca. Porque este es el fru-
to que dan los deleytes carnales al que dellos se de-
xa vencer, y no sabe quando mozo resistir las ten-
taciones y combates que recibe la mocedad flaca de
consejo, por la poca experiencia de las cosas. Este
Rey quando fué Príncipe, como era uno solo al Rey
Don Juan su padre, fué criado con gran terneza , y
en grandes vicios y deleytes, y fuéle puestacasa en
edad de catorce años, y apartado del Rey su padre
en la cibdad de Segovia ; y en tiempo de su moce-
dad no resistió á su apetito cosa de loque le deman-
dase, ni otro gelo osó refrenar , aunque le veía se-
guir tras deleytes no debidos. Y en esta manera so
hizo libre do toda doctrina, y subjeto á todo vicio,
porque no sufría viejo que le doctrinase, y tenía
mozos que le ayudasen á sus apetitos y delej'tes. Y
desta manera siguiendo sus deleytes hizo hábito de-
llos, y vino en tanta flaqueza de su ánimo y dimi-
nución de su persona, que después quando reynó
por fin del Rey Don Juan su padre ya estaba sub-
jeto á mozos que tomaba por privados. Verdad es
que en los primeros años que reynó, por los muchos
tesoros que Uegó fué temido ; pero después quando
los del Reyno conocieron que todo su pensamiento
era cumplir sus deleytes, y que hacia dádivas sin
medida á los mozos que eran sus privados, y los su-
blimaba dándoles grandes dignidades y rentas , y
que posponía las cosas que á su oficio real cumplían
por se dar al deleyte carnal ; luego á pocos años
le perdieron el miedo. Y según en su Crónica debe
ser recontado , se juntaron Don Alonso Carrillo, Ar-
zobispo de Toledo, y el Almirante Don Fadrique, y
el Conde de Plasencia Don Alvaro de Estúñíga , y
Don Juan Pacheco, Maestre de Santiago, y Don Pe-
ro Girón, su hermano. Maestre de Calatrava, y Don
Gómez de Cacares, Maestre de Alcántara, y Don
Rodrigo Manrique, Conde de Paredes, y Don Ga-
briel Manrique, Conde de Osorno , con otros algu-
nos Grandes y Caballeros del Reyno , y le quitaron
el título real, y alzaron por Rey al Príncipe Don
Alonso su hermano en la cibdad de Avila, y díxe-
ron del , j^ escribieron por todas las partes de la
Christiandad, las cosas deshonestas que habernos
recontado. Y tanta era la liabituacíon que él tenia
en los deleytes, que con dificultad era traído por el
236
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Marqués de SauHllana, y por el Obispo de Sigüenza,
y por los otros Caballeros que cerca del oran á en-
tender en las cosas que cumplían á la conservación
de BÚ preeminencia , y guarda de su patrimonio. Y
por esta causa vino su estado real á tanta diminu-
ción, quo si alguno le desobedecía y movia guerra,
antes le hacia mercedes porque le desase en sus de-
leytes, que le castigase por los yerros que cometía.
De manera que dando á los tiranos porque no le
enojasen, y á los privados porque le agradasen, to-
do casi el patrimonio real se distribuyó en poco
tiempo, y su persona vino en necesidad tan extre-
ma, que los del Reyno le tenian por rey para rece
bir del mercedes, y no para le servir y obedecer co-
mo á su rey. Y de aquí se siguió que los ministros
de la justicia que eran en aquellos tiempos , pensa-
ban mas en sus provechos particulares, que en el
bien general. Fervian asímesmo los deleytes ilícitos
en todo género de voluntad , y aquel era enemigo
que esto reprehendía, aquel era aborrecido á quien
desplacía. Cosa fué por cierto de grandísimo exem-
plo y dotrina para todos los Reyes y aun para to-
dos los hombres, los quales no crean quo la grande-
za de los estados ni de los reynos , no los tesoros ni
las rentas, no el miedo ni el poderío de las huestes
hacen sostener los grandes estados , si no siguen el
camino de la virtud, y ponen freno á los vicios , en
que la humanidad de contino nos guerrea, y lo hace
todo caer.
CAPÍTULO V.
De las cosas qae pasaron en la villa de Ocaña.
Hecho el acto del juramento , que se hizo en los
Toros de Guisando , luego en este año el Rey y la
Princesa fueron á la villa de Ocaña , y con ellos el
Maestre de Santiago, y el Arzobispo de Sevilla, y el
Conde de Plasencia, y el Conde do Benavente, y el
Conde de Osorno ; y allí vinieron los Procuradores
del Reyno, y juraron á la Princesa por legitima
Bubcesora destos Reynos ; y tratóse asimesmo amis-
tad entreoí Maestre do Santiago, y el Marqués de
Santillana, y el Conde de Haro, y el Obispo de Si-
güenza. Y vinieron á la Corte el Obispo de Sigüen-
za y el Conde de Haro ; los quales juraron á la Prin-
cesa por heredera y subcesora destos Reynos para
después de los días del Roy. Este juramento hicie-
ron estos dos juntamente, porque decían ser infor-
mados de personas fidedignas del adulterio de la
Rejma y de la impotencia del Rey ; y ansimismo
porque el Rey gelo mandó en persona , según habe-
rnos contado, quo lo mandó a los otros caballeros y
Perlados que la juraron. Estando el Rey y la Prin-
cesa su hermana en aquella villa, el Roy dilató de
embiar á la Royna Doña Juana y á su hijaá Porto-
gal, y de procurar el divorcio della dentro en el
tiempo de los quatro meses que era obligado do ha-
cer ; y no dio á la Princesa su hermana las villas que
otorgó de le dar ; y tuvo manera que el Rey de Por-
togal que estaba viudo, la embiase á pedir por mu-
gor, á fin de la embiar fuera del Reyno ; y allí á
Ocaña vino el Arzobispo de Lisbona á demandarla
por muger para el Rey de Portogal. El Arzobispo do
Toledo trataba ansimesmo casamiento á la Prince-
sa con Don Fernando Príncipe de Aragón , que era
Rey do Sicilia, hijo del Rey Don Juan de Aragón.
Y para hablar en este casamiento, vino á la su villa
de Yepes, y secretamente por medio de un Maestre-
sala de la Princesa, que se llamaba Gutierre do Cár-
denas, le embiaba á decir las causas porque no le
cumplía el casamiento del Rey de Portogal , y las
utilidades que había en el casamiento con el Prín-
cipe de Aragón. Este Maestresala trabajaba con la
Princesa que lo concluyese, y despidiese el casa-
miento del Rey de Portogal , dicíéndole que el Rey
su hermano le trataba aquel casamiento por la echar
del Reyno, á fin de quedar della libre, para casar la
que decía ser su hija con el Príncipe de Aragón , ó
con otro Príncipe alguno que traxese al Reyno para
lo apoderar del ; y que ella y sus descendientes es-
tando absentes del Reyno perderían la subcesion de
Castilla ; y porque el Rey de Portogal tenia hijo he-
redero, no se esperaba que su generación oviese he-
rencia ninguna en Portogal. Del Príncipe de Ara-
gón, le decia, que era mozo y hombre de buena dis-
creción, y ansimesmo eran sus deudos de sangre to-
dos los Grandes que había en el Reyno, los quales
deseaban que fuese Rey de Castilla ; y que casando
con él , tenia toda la mayor parte del Reyno para
contraía otra Doña Juana que se decia Princesa, si
en algún tiempo tentase de haber la subcesion. Otro-
sí le decia, que era Príncipe de Aragón, y esperaba
la subcesion de aquel Reyno, y otras grandes utili-
dades porque lo debía concluir. Y mostrábale tales
inconvenientes del casamiento del Rey de Portogal,
porque lo debía negar. La Princesa consideradas es-
tas cosas , y como el Rey su hermano dilataba de
cumplir lo que con ella había asentado , y que pro-
curaba con todas fuerzas de la casar con el Rey de
Portogal, estaba puesta en gran cuidado, especial-
mente porque era aquexada de todas partes por la
conclusión de su casamiento ; en el qual ella deli-
beró de privarse de toda voluntad , y mirar sola-
mente aquello que á honra suj'^a, y paz destos Rey-
nos cumpliese. Y después de muchas pláticas habi-
das en esta materia, considerada la afición que co-
noció á todos comunmente tenor á este su casamien-
to con el Príncipe de Aragón , dio en secreto pala-
bra de casar con él, habiendo los votos de los Gran-
des del Reyno que para ello entendía consultar ; y
despidió el casamiento que le traían con el Rey do
Portogal. Aquel Arzobispo de Lisbona, vista la di-
lación que la Princesa daba despidióse del Rey Don
Enrique y della, sin haber conclusión alguna de su
embaxada. Por esta causa fué el Rey muy descon-
tento de la Princesa su hermana ; y recelando que
se casaría contra su voluntad con persona que á él
no pluguiese, habló secretamente con alguno de
aquellos sus privados que la quería prender ; y pu-
siéralo en obra , salvo porque ovo recelo de hallar
contrarias las voluntades de los Grandes y de los
otros caballeros é gentes del Reyno. Y porque supo
DON FERNANDO
que el Arzobispo de Toledo trataba el casamiento
del Príncipe de Aragón con ella, fué indinado con-
tra él, porque no contento de las cosas pasadas co-
metidas en su deservicio y en escándalo de sus Eey-
nos, agora de nuevo le tornaba á errar, contrarián-
dole su voluntad acerca del casamiento de la Prin-
cesa su hermana, y quisiérale prender y destruir ; y
para lo poner en obra trabajó de ganar la voluntad
del Maestre de Santiago y del Arzobispo de Sevilla,
y del Obispo de Sigüenza que estaban con él ; los
quales secretamente se conformaron con el Rey en
la destruicion del Arzobispo de Toledo. Pero creía-
se que el Maestre de Santiago avisó al Arzobispo
para que se pusiese guarda en su persona , porque
no le placía su destruicion , así porque era su tio,
como porque este Maestre era hombre de gran seso,
y platico en las cosas mundanas , y conocía bien la
condición del Rey ; y por le tener siempre en nece-
sidad, decíase que favorecía de secreto á sus deser-
vidores, ó á lo menos tenia tales maneras porque no
se procediese contra ellos. Y con esto tenia las co-
sas en suspenso, y álos hombres en necesidad , los
quales recorrían á él con sus negocios ; y en esta
manera gobernaba las cosas grandes del Reyno , en
la qual gobernación siempre procuraba acrecenta-
miento de su estado.
CAPÍTULO VI.
Como el Rey Don Enrique partió de Ocafia parj el Andalucía,
y la Princesa fué á la villa de Arévalo.
Visto por el Rey Don Enrique como no podia
concluir el casamiento de la Princesa su hermana
con el Rey de Portogal , deliberó de partir de Ocafia,
é ir al Andalucía para asentar las cosas de aquella
provincia ; porque las principales cibdades y villas
della habían estado por el Rey Don Alonso su her-
mano, y fueron con él el Maestre de Santiago, y el
Obispo de Sigüenza. Y porque hallase mas prestas
á su obediencia las cibdades y caballeros de aquella
tierra, llevó cartas de la Princesa su hermana, noti-
ficándoles la concordia que tenia con él ; y la Prin-
cesa por hacer las honras del Príncipe Don Alonso
su hermano, fué á la villa de Arévalo, que era de la
Reyna su madre, é la tenia el Conde de Plasencia.
El qual recelando que la Princesa se apoderase de-
lla, como quier que se decia haberle hecho seguri-
dad de la tener por la Reyna su madre, y para ella;
pero procuró con el Rey Don Enrique que le hiciese
merced, y le diese título de Duque della. Y porque
el Maestre de Santiago conocía bien que la posesión
de las cosas agenas da pena á quien las tiene , y le
pone en continos trabajos por las defender, procuró
con el Rey que ge la diese , á fin de tener al Conde
de Plasencia en necesidad, de la qual creía que no
podia salir teniendo aquella villa , é tomó título de
Duque della. Lo qual hizo luego el Rey por enojar
ala Princesa, y porque, según es dicho, ligera-
mente distribuía lo de la corona real. Desta dádiva
que el Rey hizo de la villa de Arévalo, pesó mucho
ó todos los del Reyno generalmente por el agravio
É DONA ISABEL. 237
que se hacia á la Reyna madre desta Princesa, cuya
era. E otrosí porque veian una de las principales
villas del Reyno apartada de la corona real ; y asi-
mesmo fué causa do embidia á los Grandes del Rey-
no , porque el Conde de Plasencia se hacia con
ella mayor que todos. Quando la Princesa supo
que el Conde de Plasencia había tomado título de
Duque de Arévalo, é había mandado á Alvaro de
Bracamente, un Caballero de su casa, que se apode-
rase con gente de las torres y fuerzas deUa, dexó de
ir á aquella villa, é vino para la cibdad de Avila,
donde hizo las honras del Príncipe Don Alonso su
hermano.
CAPÍTULO VIL
De los tratos de casamiento que se movieron á la Princesa.
Estando la Princesa en Avila el año siguiente del
Señor de mil y quatrocientos y sesenta y nueve
años, tornáronle á hablar en su casamiento de parte
del Rey de Sicilia Príncipe de Aragón. É como ella
conocía que este era negocio de grand importan-
cia, así por tocar á su persona, como porque aquel
que ella tomase por marido había de ser Rey con
ella destos Reynos, quiso haber el voto de algunos
Grandes del Reyno con quien lo comunicó. Y todos
aquellos que consultó acordaron que debía tomar
por marido al Rey de Sicilia , Príncipe de Aragón,
antes que al Rey de Portogal, porque era mozo y de
buena discreción, y esperaba heredar los Reynos de
Aragón y de Sicilia ; é porque si ella no concluía
con el su casamiento , el Rey Don Enrique estaba
en propósito de casar con él á aquella que decia ser
hija, y le apoderaría quanto pudiese en el Reyno,
de tal manera que ella fincaría desheredada, ó á lo
menos habría gran división entre ellos. De parte del
Rey de Portogal era ansimesmo aquexada que con-
cluyese con él su casamiento ; é los que en ello de
su parte hablaban le daban á entender , que no ha-
bía persona real que mas le conviniese tomar por
marido que áél : porque como quier que era viudo,
pero era un Príncipe asaz mancebo , é tenia Reyno
vecino de Castilla, y asaz riquezas é poder para de-
fender la subcesion que le pertenecía del Reyno de
Castilla, si alguno ge la quisiese ocupar ; y que por
no tener mas hijos de solo el Príncipe , podría ser
que este su casamiento dispusiese Dios de tal ma-
nera, que la generación que oviese heredase á Cas-
tilla é á Portogal , y allende desto se conformaría
con la voluntad del Rey su hermano que lo desea-
ba, y escusaria grandes escándalos en Castilla que
de hacer lo contrario se siguirian.
CAPÍTULO VIII.
Como el Rey Don Luis de Francia embió ó pedir por muger á la
Princesa Doña Isabel para Lon Carlos Duque de Guiana y de
Berry su hermano.
Sabido por el Rey Don Luis de Francia como la
Princesa era por el Rey é por todos los del Reyno
jurada por heredera de Castilla, é que se trataba su
238
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
matrimonio con el Rey de Portogal, y con el Prín-
cipe de Aragón, recelando el inconveniente que se
podria seguir á él y á sus Reynos si con qualquier
destos dos Príncipes se casase , porque ellos y sus
Reynos son de la liga de Ingalaterra , embió luego
al Cardenal de Albi , que era un gran Perlado en
BUS reynos, y de gran sciencia, y con él otros caba-
lleros, por Erabaxadores á la Princesa que estaba
en la villa de Madrigal, á la demandar en casa-
miento para su hermano Don Carlos que era Duque
de Berry y de Guiana ; el qual casamiento se liabia
tratado en vida del Rey de Francia Don Carlos su
padre que lo deseaba. Este Rey Don Luis que sub-
cedió en el Reyno de Francia, porque creia que el
Duque su hermano habría los Reynos de Castilla si
casase con la Princesa , é por excusar que no los
oviese ni el Príncipe de Aragón , ni el Rey de Por-
togal, por el inconveniente grande quede qualquie-
ra de aquellos dos Príncipes ge le podria seguir,
mandó á sus Erabaxadores que trabajasen por lo
concluir. Como el Cardenal y los Caballeros de Fran-
cia vinieron á la villa de Madrigal , propusieron su
cmbaxada ante la Princesa ; á la qual dieron á en-
tender que debía aceptar aquel casamiento, porque
renovaría las antiguas é loables paces é amistades
qne son entre los Reynos de Francia y de Castilla,
las quales el Rey Don Juan su padre é los otros Re-
yes predecesores prometieron que guardarían todos
sus subcesores , y ella como Princesa heredera de
Castilla, y subcesora legítima de sus Reynos era
obligada de guardar; la qual obligación de amistad
seria á ella dífícile de guardar si casase en Portogal
ó en Aragón, por ser aquellas dos casas de la liga
de Ingalaterra, que es enemiga de Francia. Otrosí
le decían grandes loores de la persona de aquel Du-
que, porque lo debía hacer ; é suplicáronle con gran-
de instancia que considerase bien que el Rey Don
Juan su padre si fuera vivo, no la consintiera casar
con el Príncipe de Aragón, ni menos con el Rey de
Portogal seyendo viudo y teniendo hijo heredero,
aunque no fuera Princesa heredera de Castilla,
quanto mas seyéndolo, y esperando tan gran subce-
sion como es la destos Reynos ; y que allá en la otra
vida daría alegría al ánima del Rey su padre sí su
casamiento concluyese con este Duque, por el grand
amor que era entre los Reyes padre del uno y del
otro. Allende desto decían que el Ducado de Guia-
na era en los confines de Castilla, y que casando con
el Duque , seria todo un señorío ; con el qual y con
el otro Ducado de Berry que tenia habría asaz sub-
cesion para la generación que á Dios pluguiese de
les dar. Decían ansimesmo otras cosas, é mostraban
grandes utilidades que concurrían en este casamien-
to porque lo debía aceptar. Ofrecíanle ansimesmo
de tener tal manera con el Rey Don Enrique su her-
mano, que diese consentimiento para ello. La Prin-
cesa oída la embaxada, hizo mucha honra al Carde-
nal é á los Caballeros que venían con él ; y después
de habida su deliberación , respondió , que ante to-
das cosas ella remitía á Dios , que en sus negocios,
y especialmente en este que tanto le tocaba , mos-
trase su voluntad, y le enderezase para aquello que
fuese á su servicio y bien destos Reynos. Después
desto les mandó responder, que ella habia delibera-
do no disponer en esta materia de su matrimonio,
salvo siguiendo el consejo de los Grandes y caba-
lleros destos Reynos, con los quales ella haria con-
sultar lo que el Cardenal le habia propuesto ; y ha-
bido su voto haria aquello que de Dios fuese orde-
nado, y ellos le consejasen. El Cardenal é loe otros
caballeros que con él venían , como quier que cono-
cieron la respuesta de la Princesa ser conviniente,
pero no fueron della contentos , porque les pareció
que habría alguna dilación en la consulta que que-
ría hacer, y tornaron á insistir en lo que habían
propuesto, é decir otras razones por llevar conclu-
sión de su embaxada. Al fin no pudiendo llevar otra
respuesta, con esta fueron despedidos.
CAPÍTULO IX.
Como se concluyó el casamiento de la Princesa con el Rey
de Sicilia , Príncipe de Aragón.
La Princesa aquexada de todas partos porque
concluyese su casamiento, erabiólo hacer saber otra
segunda vez á los Grandes del Reyno, encargándo-
les la consciencia, para que le dixesen lo que les
páresela que debía hacer, pospuesta toda afición , y
propuesta toda utilidad del Reyno. Algunos dellos
públicamente le embiaron decir que debía concluir
su casamiento con el Príncipe de Aragón, por las
razones que habemos dicho, é porque era natural
del Reyno. Otros algunos Grandes de los que esta-
ban de la parte del Rey Don Enrique, secretamente
le embiaron consejar esto mesmo ; é hubo bien po-
cos que discrepasen deste consejo, quier diciéndo-
gelo en público, quier en secreto. Los Caballeros y
Dueñas, sus criados y servidores que estaban en el
servicio contino de su casa, vistas las embaxadaa
que eran' venidas sobre esta materia á la Princesa,
é como á ninguna dallas se determinaba ni respon-
día con efecto ; visto ansimesmo quanto le cumplía
que su casamiento con el Príncipe Don Fernando
de Aragón, mas que con ninguno de los otros que
le eran movidos , se concluyese ; conociendo que
parte de la dilación que la Princesa daba, era por
algún empacho que la honestidad suele á las don-
cellas impedir la determinación de sus casamientos
proprios, porque la deseaban servir con afición , es-
pecialmente aquel su Maestresala Gutierre de Cár-
denas le docia, quantas veces en su consejo era de-
terminado, que según su edad lo era necesario ca.
sar, porque estos Reynos que de derecho le perte-
necían, no fincasen sin derecha subcesion. E como
quier que mostraba placerle del voto de sus criados
y servidores , y de todos los otros de su consejo,
pero según la dilación que daba en cosa que tan
presto efecto requería , creian que la honestidad de
BU persona real le ponía empacho para hablar y se
determinar en su matrimonio. Decíale ansimesmo
aquel su Maestresala, que verdad era que la plática
de semejante materia no á la pai-te principal mas á
DON FERNANDO
loa padres pertenecía, é á los hermanos é parientes
mas propinquos quando los hay; pero que debía
considerar como era huérfana del Rey su padre, é
carecía del beneficio de la Reyna su madre por su
larga é grave enfermedad , y que el Rey su herma-
no no solamente tenía poco cuidado del casamiento
que le cumplía, mas tenía voluntad de la casar don-
de á él placía y á ella no venia bien ; y que donde
tantos casos ocurrían, todo empacho quitado debía
aclararse, y entender en la conclusión de su casa-
miento. Y que debía considerar, que los Príncipes
que la demandaban eran el Rey de Portogal, y el
Duque de Guiana hijo del Rey de Francia, y el
Príncipe Don Fernando de Aragón ; y que no veian
por agora otro Rey ni Príncipe en la christiandad
que debiese contraer con ella matrimonio ; y que las
calidades que en estos Príncipes y en sus señoríos
ocurren, ella las sabía bien, porque en su presencia
diversas veces se había platicado, en lasquales plá-
ticas siempre habían concluido, que como quier que
el Rey de Portogal y el Duque de Guiana eran no-
tables Príncipes, pero que se hallaba el casamiento
con el Príncipe de Aragón ser mas conveniente que
otro ninguno, porque era Príncipe de edad igual
con la suya, é porque esperaba la subcesion de Ara-
gón y de los otros señoríos del Rey su padre, que
confinan con los Reynos de Castilla, en que espera-
ba con el ayuda de Dios subceder ; é porque estos
Reynos é señoríos juntos con ellos puestos en un
señorío, era la mayor parte de España. Allende des-
to decía, que todos los Grandes del Reyno á quien
sobre esta materia había consultado, quier en pú-
blico, quier en secreto, por descargo de sus cons-
cíencías le habían embíado á decir, que por el bien
destos Reynos, dexadas todas las otras cosas, lo
concluyese con él. Y no solamente los Grandes, mas
los Perlados, los clérigos , los caballeros , los fidal-
gog, los cibdadanos, y generalmente todos los tres
estados y comunes del Reyno mostraban placerles
del matrimonio con el Príncipe de Aragón, por las
utilidades y conveniencias que en él mas que en
otros parecían, y les pesaría sí en otra parte lo con-
cluyese. Por ende que mirando quanto cumpha ásu
servicio y bien destos Reynos luego aclarase su vo-
luntad, pues tenía presentes servidores tan leales, á
quien con entera confianza lo podía decir. Y que no
lo tuviese mas suspenso, porque dello ge le podia
recrecer del servicio, y en estos Reynos de Castilla
grandes é irreparables daños, de que Dios Nuestro
Señor seria deservido. La Princesa, oídas estas razo-
nes, conociendo que gelas decían con zelo de leal-
E DONA ISABEL. 239
tad, dixo, que Dios testigo de los corazones sabía
que pospuesta toda afición miraba solamente lo que
al bien destos Reynos cumplía. Y pues los votos de
los Grandes del Reyno eran en esto conformes , do
parecía placerá Dios, ella, conformándose con su
voluntad, se remitía al parecer de todos ; é dio lue-
go comisión á este Gutierre de Cárdenas, su criado
y Maestresala, para lo concluir. Este Caballero fué
luego á las personas que para esto eran deputadas
por el Rey de Aragón, que le estaban esperando
para entender en esta materia ; y en fin plogo á la
voluntad de Dios, que lo concluyese con el Príncipe
de Aragón, según le fué consejado por los Grandes
del Reyno. E luego partió de Madrigal , é fué para
Hontiveros, aldea de la cibdad de Avila, donde vino
el Arzobispo de Toledo que lo trataba, y de allí fué
para Valladolid, donde estaba el Almirante Don
Fadrique, abuelo del Príncipe, y Don Pedro de
Acuña Conde de Buendía , é Don Iñigo Manrique,
Obispo de Coria, é otros algunos Caballeros que
para la conclusión deste casamiento fueron juntos
en aquella villa. Donde vino luego el Príncipe de
Aragón, é con él Don Pedro Manrique, Conde de
Treviño, Adelantado mayor del Reyno de León, é
otros Caballeros de Aragón , y celebraron sus bo-
das (1), de las quales plogo mucho á toda la mayor
parte de los Grandes y Caballeros del Reyno ; prin-
cipalmente plogo á todas las comunidades y pue-
blos del.
(1) Es muy notable en esta Crónica el defecto de fechas. El ca-
samiento de los Royes se celebró en Valladolid Miércoles 18 de
Octubre, dia de San Lúeas, de 11G9, en las casas de Juan de Vi-
vero. El Principe dio en arras á liorja y Magallon en el Reyno de
Aragón, en Valencia á Elche y Clevillente, y en Sicilia ú Zarago-
za y Catania. Los capítulos de la concordia celebrada al tiempo
de estas bodas trac á la letra Enriq. del Castillo, Crónic. de En-
rique lY, cap. IS";. Bernald., Crónic. de los Reyes Católicos , cap. 9.
Galind., Memor., año 1409. Aun es raas notable que el Cronista, po-
niéndose á escribir de proposito la historia de los Reyes Católicos»
no apunte el nacimiento y descendencia de uno y otro. La Reyna
Doña Isabel nació en Avila (otros dicen en Madrigal) en 19 de
Noviembre dia de Santa Isabel de 1430. Fué hija del Rey Don
Juan II de Castilla, y de su segunda muger Doña Isabel, hija del
Infmte Don Juan de Portugal y nieta de Don Enrique el Enfermo
y de Don Juan II de Portugal. El Rey Don Fernando nació en Sos,
villa del Reyno de Aragón en los conünes de Navarra, á 10 dias
de Marzo de 1452. Fufi hijo de Don Juan II de Aragón y I da
Navarra y de su segunda muger Doña Juana, hija de Don Fadri-
que Enriquez, Almirante de Castilla y nieto por su padre del Rey
Don Fernando de Aragón el elegido en Caspe, hermano de Don
j Enrique III, abuelo déla Reyna. Por consiguiente, eran estos
Principes primos segundos. No me ha parecido deber omitir esta
I genealogía, aunfjue común, por la luz que da á la Historia y porque
j sin ella apenas se podrían entender muchos sucesos, como se
I verá adelante. Bernald., Crónic. de los Reyes Católicos, cap. 8 y 9.
COMIENZA LA CRÓNICA
DE LOS MUY PODEROSOS Y EXCELENTES
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL^
PRÍNCIPES HEREDEROS
DE LOS REYNOS DE CASTILLA Y DE ARAGÓN.
CAPÍTULO PRIMERO.
Como el Príncipe y la Princesa embiaron tres caballeros al Rey
Don Enrique á le hacer saber sn casamiento.
Celebradas las bodas de los muy excelentes Prín-
cipes Don Femando é Doña Isabel de Castilla é de
Aragón (1), acordaron de embiar al Rey Don Enri-
que su hermano tres caballeros : el uno de la Casa
del Rey de Aragón, que se llamaba Mosen Pero
Vaca, é otro que se llamaba Diego de Ribera, Ayo
que fué del Príncipe Don Alonso, é otro que se lla-
maba Luis do Antezana. Con los quales le embiaron
hacer saber su casamiento, é que le pedían por mer-
ced que lo oviese por bien, pues habiéndose hecho
con madura deliberación, é con placer de todos los
del Rey no, parecía ansimesmo que plogo dello á
Dios, é que fuese cierto que ellos estaban en propó-
sito de le servir y estar á toda su obediencia como
(1) La Princesa antes de concluir su casamiento había embiado
de Valladolid, con fecha de 12 del mismo Octubre, una larga carta
al Rey su hermano, de que Pulgar no hace mención. En la cual
le manifestaba los motivos porque de común consentimiento de
los Grandes que para este efecto habia llamado, había preferido
el casamiento del Principe de Aragón á los demás que se le ha-
blan propuesto, recontando ios agravios que en perjuicio de lo
tratado su hermano le habia hecho, ya procurando casaria con
el Rey de Portugal para alejaría del Reyno, ya mandando á los de
Madrigal que la prendiesen, y dando la villa de Arévalo al Conde
de Plasencia, que era de la Reyna madre; no obstante todo lo
cual ella se ofrecía á dar al Rey tal seguridad por sí y por el
Príncipe de Aragón, que el Rey fuese contento, y ofrecía que en-
trambos le servirian como hijos, si quisiese recibirios como tales,
y cumplirian fielmente sus mandatos como de Rey y Señor. A la
cual carta el Rey no respondió hasta que celebradas las bodas, sie-
te días después embiaron segunda vez otra carta por estos emba-
jadores Mosen Pero Vaca, por parte del Príncipe, Diego de Ribera,
por la Princesa , y por el Arzobispo de Toledo Luis de Antezana,
¿n la cual inseríaban la concordia de su casamiento y es la misma
^ue aquí extracta Pulgar, y trae á la letra como la antecedente
finriq. del Castillo, Crón. de Don Enriq. IV, cap. iU y 135. He
querido extractar la carta antecedente, por la alta idea que pre-
senta de la Princesa Dofia Isabel y del respeto que siempre tuvo
al Rey su hermano aun después de jurada por heredera. Enríquez,
Crón. de Enriq. IV, cap. 34.
Cr.— III.
hijos; é que no le moviesen informaciones de per-
sonas que deseaban indinarle contra ellos, á fin de
poner necesidades é hacer alteración en el Reyno
por sus proprios intereses, segund veia por experien-
cia que lo habían acostumbrado. Ansimesmo le su-
plicaban que no le ploguíeso hacer mudanza, ni to-
mar otros propósitos nuevos contra lo que habia
asentado é jurado cerca de su subcesion, porque
aquello tal redundaría en grand deservicio de Dios
é suyo é daño destos Reynos. El Rey, oídos aquellos
embaxadores, respondióles que esperaba algunos
Grandes de sus Reynos que presto habían de venir
á su Corte, con consejo de los quales embiaria su
respuesta. Esto fué respondido por consejo del Maes-
tre de Santiago, al qual pesó mucho de aquel matri-
monio, porque tenia el Marquesado de Víllena, que
había seydo del Rey Don Juan de Aragón, padre del
Príncipe, y el Maestre de Santiago tovo tal manera
que el Rey quando era Príncipe se conformase con
el Rey Don Juan su padre, para echar del Reyno al
Rey de Aragón que era estonces Rey de Navarra, é
al Infante Don Enrique su hermano, é los deshere-
dase de todo el patrimonio que el Rey Don Fernan-
do de Aragón su padre les habia dexado en Castilla,
segund en la Crónica del Rey Don Juan es mas lar-
gamente recontado. Este Maestre Don Juan Pache-
co, viendo que tenia el patrimonio del Rey de Ara-
gón, siempre vivió con recelo de lo perder, como vi-
ven aquellos que poseen cosas agenas. E por lo sos-
tener, continamente ponía indiuacion entre el Rey
Don Enrique y el Rey de Aragón, porque la discor-
dia entre estos dos Reyes entendían ser remedio
para poseer lo que tenía del Marquesado de Víllena,
y el Maestradgo de Calatrava, que tenía su sobrino
Don Rodrigo Tellez Girón, fijo de su hermano Don
Pedro Girón ; el qual habia poseído Don Alonso,
hijo bastardo del Rey de Aragón. E considerando
que este casamiento del Príncipe de Aragón con la
Princesa fortificaba mucho la parte que tenía en el
Reyno de Castilla , é que «ra camino para que su hi-
16
242
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
jo perdiese el Marquesado de Villena , del qual le
era ya hecha merced é dado el título de Marqués,
quisiera mucho que aquel casamiento no se hiciera.
Epor aquella causa, uo solamente movia discordia
entre el Rey é la Princesa su hermana, mas daba
lugar que cada uno de los Grandes é otros caballe-
ros del Reyno se apoderasen del patriinonio real, por
quitar de todas partes las fuerzas al Príncipe, é po-
nerlo en necesidades tanto grandes, que entendiese
que la menor de todas fuese cobrar el Marquesado
de Villena que él tenia ocupado, y el Maestradgo
de Calatrava que tenia su sobrino, hijo del Maestre
su hermano que era ya fallecido. En el año siguien-
te del Señor de mil é quatrocientos é setenta años,
allí en Valladolid fué notificado al Príncipe é á la
Princesa que el Rey Don Enrique quería mover
guerra contra ellos para los echar del Reyno, é que
requería para ello algunos Grandes é caballeros.
Esto sabido, hubieron consejo de ir á la villa de
Dueñas, que era de Don Pedro de Acuña, Conde de
Buendía, hermano del Arzobispo de Toledo, donde
estuvieron algunos días ; é allí parió la Princesa á
la Infanta Doña Isabel eu hija (1), primero día de
Octubre deste año de mil é quatrocientos ó setenta
años. Estando en aquella villa, algunos Grandes é
Perlados del Reyno que supieron como el Rey Don
Enrique quería mover guerra contra ellos por los
echar del Reyno, sintiéndolo grave, les embiaron
ofrecer que les ayudarían con sus personas é casas,
para defender la subcesion del Reyno que pertene-
cía ala Princesa, é que no consentirían que otro al-
guno la oviese desde aquellos días. El Rey Don En-
rique, por consejo del Maestre de Santiago, é de
otros algunos que pensaban acrecentar sus estados
habiendo discordia en el Reyno, mostró índinacion
contra la Princesa su hermana por causa del casa-
miento que había hecho sin su consentimiento ; é
poniéndolo por obra le tomó las rentas de la villa de
Medina del Campo, élas otras rentas que tenia para
su mantenimiento, las quales le había dado al tiem-
po que la juró por Princesa é subcesora del Reyno.
En este año no pasó otra cosa que sea de contar, sal-
vo que el Maestre de Santiago embió secretamente
al Rey do Francia á lo decir que embiaso su emba-
zada á pedir por muger para el Duque de Guiana
su heí-mano, á Doña Juana que se decía Princesa é
hija del Rey, é que él temía manera con el Rey que
(l) Esta Princesa tratada primnro de casar con el DelOn de
Francia qun después faé Carlos VIII, sogun parece por el tratado
de alianza hecho entre Luis XI y los Heycs Católicos, Inego que
éstos subieron al trono, en París á 30 de Enero de 1475, casó
después con üon Alonso, Principe heredero de Portugal, hijo de
Don Juan II de aquel Reyno. Pero habiendo muerto desgraciada-
mente de la caida de un caballo poco tiempo después de sus bo-
das, sucedió después t Don Juan en el Picyno de Portugal el
Duqnc Don Manuel, primo hermano del difunto, y casó con esta
Princesa. Tuvo de ella á Don Miguel, de cuyo parto murió su ma-
dre en 23 de Agosto de 1198. El Principe Don Miguel murió poco
después en Granada en 20 de Julio de i'M, ya jurado Príncipe de
España y Portugal. Galind., Memor., ahonde tl70. Mariana, lib. 25,
eajt. 14; lib. 97, cap. 3. Trae el Tratado de alianza que citamos
el Abad Lenglct en su Edición de las Memorias de Comines,
T. ///, j). 3C2, Preuv. n. CCXXVl.
gela diese é oviese con ella la subcesion del Beyno
de Castilla.
CAPÍTULO 11.
Como el Rey Don Luis de Francia embió so embatada á pedir por
muger á Doña Juana, que se decía hija del Rey Don Enrique,
para el Duque de Guiana su hermano.
En el año siguiente del Señor de mil é quatro-
cientos é setenta é un años (2), el Rey de Francia,
mostrando grande enojo porque la Princesa no qui-
so aceptar el matrimonio que por su parte le fué
movido para el Duque de Berry su hermano, é por
que lo concluyó con el Príncipe de Aragón, embió
al Cardenal de Albi é otros Caballeros con él al Rey
Don Enrique, á le demandar por muger para el Du-
que su hermano á la que llamaban Princesa ó docian
ser su hija. Y estando el Rey en su palacio en la
villa de Medina del Campo, é con él el Maestre de
Santiago, y el Duque de Arévalo, y el Arzobispo de
Sevilla, y el Obispo de Sigüenza, y el Obispo de
Burgos, é Don Rodrigo Alonso Pimentel, Conde de
Benavente, é otros Caballeros é Perlados de su Con-
sejo, aquel Cardenal propuso su embaxada, en la
qual recontó el amor que siempre fué entre los Re-
yes de Francia é de Castilla, é la paz que de largos
tiempos se había guardado entre los subditos de la
una parte é de la otra. É después propuso la mate-
ria de aquel casamiento que traía en cargo, é dixo
al Rey que le ploguiese de dar su hija la Princesa
en matrimonio para el Duque de Guiana, hermano
del Rey de Francia, porque se continase el amor
que antiguamente había seydo entre los Reyes de
Francia é de Castilla. Oída por el Rey esta emba-
xada, plógole mucho é respondió á aquel Cardenal
é á los Caballeros que venían con él, que le placía
de dar su hija en casamiento á aquel Duque de
Guiana, é de le otorgar la subcesion del Reyno ; é
luego mandó poner grand diligencia para que se
concluyese. É porque la Rey na Doña Juana é aque-
lla Doña Juana, su hija, estaban en la villa de Buy-
trago, acordaron que el Rey é todos los que estaban
con él, é asimesmo el Cardenal é todos los caballe-
ros Franceses que venían en aquella embaxada fue-
sen á Lozoya, que es cerca de Buytrago, porque mas
prestamente se concluyese el desposorio. É ponién-
dolo por obra, la Reyna Doña Juana é su hija con
ella, y el Marqués de Santillana, Don Diego Hurta-
do de Mendoza, é los Condes do Tendilla é de Co-
ruña, é Don Juan de Mendoza, é Don Hurtado de
(2) Pulgar adelanta estos sucesos un año. El desposorio de Do-
ña Juana;con el Duque de Guiana so hizo en Lozoya viernes 26 de
Octubre de 1470. Desposóse con ella el Conde de Bololía que traia
poderes del Duque junto con el Señor de Monacorsi. El Cardenal
y el Señor de Torcy venian en nombre del Rey para autorizar los
tratos. Tomóles el Cardenal las manos y los desposó. Perreras y
Zurita llaman equivocadamente á este Cardenal Guillermo, y aun
por eso el primero no le encontraba en las promociones de Calis-
to \\i ni de Pió IL Llamábase Juan Godofredo de Arras, y fué
creado por Pió II en las Tí-mparas de Diciembre de 1461. Enriquez,
Crón. de Enriq. IV, cap. 143 y 145. Zurita, lib. 18. cap. 31. Maria-
na, lib. 23, cap. 15. Hermilli, Trad. de Ferrer, T. Vil, p. 241.
DON FERNANDO
Mendoza, sos hermanos, que venían con ella, salie-
ron de la villa de Buytrago quanto una legua ca-
mino de Lozoya, donde estaba esperando el Eey y
el Cardenal é los otros que habernos dicho. É allí
en el campo el Eey, y el Maestre, é todos los otros
Duques é Condes que con él vinieron, por las gran-
des dádivas é maravedís de juro de heredad, é pro-
mesas de mercedes de vasallos, é de otras rentas
que el Rey Don Enrique les dio é prometió, juraron
de nuevo á aquella Dofia Juana como á hija del Rey
por Princesa heredera de Castilla. El Marqués de
Santíllana ni el Obispo de Sigüenza ni los otros sus
hermanos no hicieron aquel juramento, porque di-
xcron que ya lo hablan hecho al tiempo que por
todos los del Reyno generalmente habia seydo ju-
rada. E luego el Cardenal de Albi, por poder que
tenia del Duque de Guiana, se desposó por palabras
de presente con aquella Doña Juana como Princesa
heredera del Reyno. Hecho aquel acto, el Rey Don
Enrique ó la Reyna su muger, é aquella Dofia Jua-
na, y el Cardenal de Albi, y el Maestre, é todos los
otros Duques é Perlados é Caballeros que estaban
con el Rey, fueron para la cibdad de Segovia donde
les fué hecho solemne recebimiento. E allí estovo
el Cardenal é los otros caballeros Franceses pocos
dias; y el Rey les dio de sus dones, é los despidió.
De aquel desposorio pesó mucho á todos los mas de
los Grandes é Caballeros del Reyno, especialmente
á las comunidades de las cibdades é villas, porque
entendían que era materia de escándalo é de guer-
ras en el Reyno, é afeaban mucho á los que venci-
dos de cobdicia, tan varios juramentos hacían unos
contraríos de otros; é así por esta causa como por
las tiranías que se hacían en el Reyno sin resisten-
cia ni castigo, quanto mas el Rey y el Maestre es-
taban en odio de los comunes, tanto el Príncipe é
la Princesa crecían en amor del pueblo, é siempre
se confirmaba mas en las intenciones de todos su
derecho de la subcesion. Como esta Dofia Juana fué
desposada con el Duque de Guiana, luego el Maes-
tre de Santiago se apoderó della, pensando que te-
niéndola en su poder temía el Rey mas cierto á lo
que quisiese, é que su estado sería mas conservado
é acrecentado por causa della. Sabido por el Prínci-
pe é la Princesa el acto de casamiento hecho cerca
de Lozoya, é como el Rey mostraba clara enemiga
contra ellos, la qual el Maestre de Santiago desper-
taba é hacia que se continuase por lo que dicho ha-
bemos, acordaron de escrebir al Rey una letra en la
forma siguiente.
«Muy alto é muy poderoso Príncipe, Rey é Sefior :
«Vuestra Señoría sabe como en el mes de Octubre
«del afio pasado ovimos embíado á Vuestra Alteza
«nuestras letras con Mosen Pero Vaca é Diego de
«Ribera é Luis de Antezana, con cierta creencia por
«escripto; la qual en efeto contenia primeramente
» facer saber á Vuestra Alteza el casamiento nues-
»tro, é la razonable causa porque para ello no se
«había esperado el mandato é consejo é consentí-
» miento de Vuestra Real Señoría, é después certifi-
» cando á aquella como se había hecho con paro
É DOÑA ISABEL.' 24.3
«respeto del servicio vuestro, pidiendo por merced
»á Vuestra Alteza, que sí por haberse hecho así al-
« gun desgrado oviese habido, quisiese por nos ha-
«cer merced de ponerlo, ofreciéndole nuestra filial
«obediencia é servicio, lo mas acatada é homílmen-
«te que podimos, con ofrecimiento de suficientes
» certinidades é seguridades para lo mostrar en obras
nsegund en la dicha creencia mas por extenso se
» contiene. Esta embaxada Vuestra Real Señoría re-
«cibió é oyó graciosamente, é nos respondió que
«como viniesen á vuestra Corte algunos grandes
«destos vuestros Reynos que esperaba, entendería
»en ello é nos respondería. La qual respuesta, muy
«poderoso Señor, de dia en día habernos atendido
»en la paz é sosiego é obediencia que Vuestra Mer-
«ced ha visto, é aun en este comedio, aprobando
«en obras nuestras palabras habemos dado orden,
«rogando á esta muy noble villa de Valladolid, é á
» las otras cibdades, villas é tierras que no estaban
«á vuestra obediencia, que en ella se pongan; é sí
«otra cosa nos queda de hacer para mostrar el
«amor é filial deseo que tenemos á vuestro servicio,
«prestos estamos paralo complir. E, muy excelente
«Señor, ya son pasados cerca de quatro (1) meses,
»é Vuestra Señoría no nos ha respondido. Agora por
«muchas partes habemos seydo informados é avísa-
«dos que en lugar de aceptar nuestra justa suplíca-
«cion, por algunos rodeos é maneras muy poco
«complideras á vuestro servicio é á la paz é sosiego
«destos vuestros Reynos, se procuraban de meter
«gentes estrangeras, á esta vuestra nación muy
«odiosas, é de hacer otros movimientos contra nos-
» otros é contra la derecha ó legítima subcesion á
«nos perteneciente. La qual Vuestra Alteza de su
B libre voluntad, usando de razón é de justicia, juró
«á mi la Princesa en pública plaza, estando en vues-
»tro poder en las vistas de Guisando, en presencia
«del Legado de nuestro muy santo Padre, é con su
«autoridad; é aquello mesmo hizo allí jurar á los
«muy reverendos ín Christo padres Arzobispo de
» Toledo é de Sevilla, é al Maestre de Santiago, é
«Conde de Plasencia, é Obispos de Burgos é Coria,
»á otros Duques é Condes é Ricos-Hombres que allí
« á la sazón se acertaron; é después en la villa de
n Ocafia por mandamiento de Vuestra Señoría lo ju-
» raron otros muchos Perlados é Caballeros, é Pro-
» curadores de las cibdades é villas destos Reynos
«según Vuestra Merced bien sabe, é á todos ellos es
» notorio. É , muy excelente Señor, porque nosotros
« todavía estamos é permanecemos en el deseo que
(i) Según eso esta carta debió escribirse á últimos de Febrero
de 1470. De donde se deduce mas claro el error de Pulgar, que
adelanta estos sucesos al año 71, debiendo referirse al anterior.
Enriquez del Castillo trac también esta carta aunque muy dimi-
nuta en su Crfitt., cap. Wi. Tampoco es cierto que la causa de es-
cribir los Príncipes esta carta fuera la que aquí se explica de ha-
ber sabido lo hecho ep Lozoya, que no fué sino algunos meses
después, en el de Octubre, como dejamos notado, ni en su conte-
nido se hace mención de tal cosa, sino los rumores que se habían
esparcido de que el Rey quería revocar el juramento hecho á fa-
vor de su hermana y hacerlo de nuevo á favor de su pretendida
hija.
244 CRÓNICAS DE LOS
» vos embiaraoB decir de vos servir é acatar é obede-
» cer como á Key é Señor é padre verdadero, de lo
» qual queremos dar cuenta á Dios Nuestro Señor en
«los cielos, que es verdadero sabidor de las intencio-
)) nes públicas ó secretas, é á vuestros naturales en la
«tierra, é aun á los extraños, acordamos escrebir
» esta presente carta á Vuestra Merced. A la qual
«con reverencia de hijos é servidores suplicamos
«quiera aceptar nuestra justa suplicación; é acepta-
J)da aquella reciba nuestra obediencia é servicio,
«posponiendo todos los otros enojos é desgrados
» por servicio de Nuestro Señor, é por la pacificación
«destos vuestros Eeynos é señoríos, é por hacer mer-
Bced á nosotros, cuya voluntad nunca fué ni será
«de vos enojar ni deservir. É si por ventura, muy
» excelente Señor, á Vuestra Alteza no placerá hacer
«esto así graciosamente como lo pedimos, suplicá-
«mosle lo que de justicia no nos puede negar, es á
B saber : que antes que los tales rigores se comien-
«cen, los quales serian malos de atajar depues
«de comenzados, é dellos se podrían seguir muy
«grandes ofensas á Dios é irreparables daños á es-
« tos vuestros Reynos, é aun creemos que se exten-
« derian á muy grand parte de la christiandad, que
« á Vuestra Merced plega de nos oír, é guardar nues-
» tra justicia en esta manera : Que Vuestra Alteza
» mande é le plega que á quatro Grandes de vues-
«tros Beynos que á las partes sean ñeles, sea entre-
» gada una villa con las seguridades que se requie-
«ren en tal caso; donde so salvaguarda de Vuestra
«Alteza á los Perlados é Grandes de vuestros Eey-
«nos mande venir, é ansimesmo nosotros ó todos
» aquellos que nos siguen podamos ir, é allí Vuestra
» Señoría mande llamar los Procuradores de las cib-
ndades é villas, é á los principales religiosos letra-
» doB de todas las órdenes de vuestros Eeynos, los
» quales oyan lo que Vuestra Merced querrá decir, é
«ansimesmo lo que nosotros diremos; é quiera estar
»á la determinación dellos, ó de la mayor parte, so-
» bre solenno juramento que hagan de determinar lo
«que les pareciere ser mas justo. A la qual determi-
» nación nosotros por servicio de Dios é vuestro, é
» por evitar tan grandísimos males como de la rotu-
» ra, si se comienza, se podrían seguir, desde agora
n nos ofrecemos de estar obedientes sin poner á ello
«ninguna contradicion. É porque pocas veces los
«muchos 80 concordaron en una cosa, si entre los
«sobredichos oviere alguna diferencia en el deter-
» minar, á Vuestra Alteza placiendo, á nosotros pla-
» cera que acatada la honrada edad é vida é apar-
ntamiento do los temporales negocios, é la grand
¡discreción de Don Pero Fernandez de Velasco
.; Conde de Haro, que él con los quatro religiosos é
«mayores Perlados do las órdenes de Santo Domin-
» go é de Sant Francisco, é de Sant Hierónymo, é de
» la Cartuxa en estos vuestros Eeynos, entiendan en
«las tales diferencias, é las atajen 6 determinen
«como en sus consciencias entendieren ser mas
«Cumplidero al servicio de Dios, é á la paz é bien
«universal destos vuestros Reynos. A ladetermina-
« cion de los quales, ó de los tros destos religiosos
REYES DE CASTILLA.
«con el dicho Conde ansimesmo hayamos de estar,
« so cargo del dicho juramento que primero hagan.
«Por ende, muy poderoso Señor, pues tan llanamen-
» te vos ofrecemos la paz, é nos sometemos al juicio
» é sentencia de vuestros naturales, suplicamos á
«Vuestra Eeal Señoría, é si menester es, le requeri-
«raos con aquel Dios poderoso que suele ser y es
« derecho é justo juez entre los Emperadores é Ee-
«yes é Grandes señores, que no nos quiera negar
» aquesto, que al menor de vuestros Reynos negar
» no se puede ni debe. Lo qual una é muchas veces
«tornamos á suplicar é requerir á Vuestra Merced
» con quanta instancia podemos é reverencia debe-
«mos. Ansimesmo lo entendemos publicar en vues-
«tros Reynos é fuera dellos: porque si así esto no
» se recibiere, y en la defensa de nuestra justicia
«hiciéremos aquello que á todos es permitido per
« los derechos divinos é humanos, seamos sin cargo
« quanto á Dios é quanto al mundo: é desto suplica-
» mos á Vuestra Alteza que hayamos su determina-
»da respuesta.»
El Rey, vista aquella letra, embió decir á la Prin-
cesa, que no ovo buen acuerdo en concluir su ma-
trimonio sin gelo hacer saber é haber su consenti-
miento para ello, por los inconvinientes que de se-
mejantes cosas se solían seguir en los reynos. É que
bien parecía en este su casamiento hecho contra su
voluntad, que aun no placía á Dios que cesasen los
males é guerras que había en el Reyno. El Prínci-
pe é la Princesa, vista la respuesta del Rey, acor-
daron de ir para la villa de Rioseco, que es del Al-
mirante, por mayor seguridad de sus personas, en lo
qual estovieron algunos días, durante los quales, el
Maestre de Santiago quiso haber para sí de juro de
heredad la villa de Sepúlveda é su tierra, y el Rey
le hizo luego merced della. Conocida por los pueblos
la flaqueza é poca resistencia que el Rey tenia en
conservar lo de la corona real, é la gran disolución
Con que lo daba, todas las cibdades é villas del Rey-
no guardaban de ser agenadas en poder de caballe-
ros; los quales, como se hace en semejantes tiempos,
procuraban de se apoderar cada uno por su parte de
todo quanto mas podían. E por esta causa, los de la
villa de Sepúlveda que estaban avisados de esta
merced, se defendieron de tal manera que el Maes-
tre no la pudo haber; é trataron con el Príncipe é
con la Princesa, que viniesen á la villa é la tomasen
en su señorío, porque entendían que ellos habían de
ser Bubcesores del Reyno, y estarían bien guardados
en su poder para la corona real.
CAPÍTULO III.
Como el Príncipe é la Princesa fueron á la villa de Sepúlveda
é Aranda, é lo que allí hicieron.
Y el año siguiente del Señor de mil é quatrocien-
tos é setenta é dos años, el Príncipe é la Princesa
partieron de la villa de Rioseco, é fueron para la
villa de Sepúlveda, que estaba por ellos; en la qual
fueron bien recebidoe, é tomada seguridad do los
principíales de la villa que la guardarían, fueron á
DON FESNANDO
la villa de Alcalá de Henares. Y estando en aquella
villa con el Arzobispo de Toledo, algunos principa-
les de la villa de Aranda de Duero, que era de la
Eeyna Doña Juana, rebelaron contra ella, é pusie-
ron la villa en el señorío de la Princesa; y echaron
de la villa la justicia é todos los oficiales que esta-
ban puestos por la Eeyna Doña Juana. Ansimesmo
porque el Rey Don Enrique habia hecho merced de
la villa de Agreda á Don Luis de la Cerda, Conde de
Medinaceli, los de la villa se pusieron en defensa, é
como quier que el Conde guerreó é hizo muchos da-
ños, robos é quemas á los de la villa é su tierra por
la señorear; pero al fin se defendieron y entregaron
la villa á la Princesa, por ser defendidos en su poder
para la corona real. Otrosí el Alcayde de Castronu-
fio, un tirano de quien adelante en esta Crónica se
hará mención, estaba apoderado de la villa de Tor-
desillas , é un caballero de la casa de la Princesa,
que se llamaba Alonso de Quintanilla, tovo trato se-
cretamente con algunos de k villa que diesen lugar
al Príncipe para entrar en ella. É una noche del mes
de Mayo deste año, el Príncipe y el Duque de Alva
con él , hicieron traer secretamente barcos , é con
gente de armas, unos por el rio, é otros por parte de
la tierra, entraron en la villa. É aquel Alcayde de
Castrouuño que estaba en ella apoderado, visto como
el Príncipe poderosamente entró en ella, dexóla é fué
con toda su gente para Castronuño ; ó así quedó la
villa de Tordesillas para el Príncipe é para la Prin-
cesa, libre de la opresión en que la tenia aquel tirano.
CAPÍTULO IV.
Como el Rey Don Enrique se vido en Badajoz con el Rey de Por-
togal, é lo que se trató ende del casamiento de Doña Juana.
En el año siguiente del Señor de mil ó quatrocien-
tos é setenta é tres años, al principio del año vino
nueva al Rey Don Enrique como el Duque de (1)
Guiana, esposo de Doña Juana, la que decía ser su
hija, era fallecido, é murió en la villa de Bayona,
que es del Ducado de Guiana. Algunos de aquel
Reyno"de Francia decían que fué muerto con pon-
zoña que el Rey su hermano le habia hecho dar,
porque recelaba que se juntaría con los Duques de
Bretaña é de Borgoña, é con otros Duques é Se-
ñores del Reyne de Francia contra él. Sabida por
el Rey Don Enrique la muerte del Duque de Guia-
(1) Carlos, Duque de Guiana, hermano único de Luis XI de Fran-
cia, es el mismo que en el capítulo 11 llama Duque de Berry. Este,
después de efectuado su desposorio con Doña Juana como nota-
mos arriba, pensó y aun quiso por fuerza casar con una hija del
Duque de Borgoña. Pero su muerte, acaecida en 2^1 de Mayo de
147Í, desconcertó sus medidas y las de sus aliados, que con el ho-
nesto nombre de la liga del bien publico habían conspirado contra
el Rey. Por entonces se creyó que Jordán Faure Abad, de San Juan
de Angelí , le díó á comer un melocotón envenenado, y no falta
quien diga con Pulgar que se lo hizo dar su mismo hermano re-
celoso del poder que adquiría con el nuevo enlace. Un extracto de
la Instrucción dada al Arzobispo de Tours, comisionado para la
causa del Abad de San Juan de Angeli, publicó el Abad Lenglct
en su edición de Gemines, T. III, p. '279, Preuv., n. CCIX. Allí
mismo pueden verse las obscrvacíonessobre esta muerte de Mr. Go-
defroy, T. Ul,p. 187, Preuv., n. CLXXXII!.
É DOÑA ISABEL. 245
na, mostró grand sentimiento; é luego pensó des-
posar aquella Doña Juana, que decía ser su hija,
con el Rey de Portogal. É poniendo en obra su
pensamiento, por consejo del Maestre de Santiago
embió su mensagero al Rey de Portogal á le ha-
cer saber en como seria necesario que se viesen
en uno para platicar algunas materias, que al ser-
vicio de Dios é al bien de sus Reynos por eston-
ces ocurrían. É porque estas vistas fuesen al Rey
de Portogal mas fáciles, de parte del Rey le fué
dicho que se llegaría á las partes cercanas de su
Reyno de Portogal. El Rey de Portogal respondió
que le placía de verse con el Rey; é ambos Re-
yes se juntaron en la cíbdad de Bodajoz, é ©vie-
ron habla el un Rey con el otro solos. É después
por medio de personas de su Consejo se platicó
la materia de aquel casamiento del Rey de Por-
togal con aquella Doña Juana su sobrina. En las
quales pláticas intervinieron el Maestre de Santia-
go, que continamente estaba con el Rey, y el Du-
que de Arévalo, Conde de Plasencia; los quales de
parte del Rey prometieron al Rey de Portogal la
subcesion del Reyno de Castilla. E por parte del
Rey de Portogal fueron demandadas muchas cib-
dades é villas é fortalezas en el Reyno para segu-
ridad de lo que le era prometido; las quales eran
dificiles de entregar segund la poca fuerza que el
mando del Rey tenía estonces en el Reyno, é por
esta causa el casamiento no ovo efeto. Algunos
decían que el Rey de Portogal dexaba de lo con-
cluir porque su consciencía no se saneaba bien
del derecho' de su sobrina, por las cosas pasadas
que habia oído publicar de la Reyna su hermana.
Otros decían que no quiso aceptar aquel casamiento
por la grand parte que tenia el Príncipe é la Prin-
cesa su muger en Castilla, en especial en los pue-
blos, según lo qual le fuera dificíle adquirir el Rey-
no en vida de aquellos; é que era mas cierto que
aceptaba empresa para sostener contína guerra, que
para haber Reyno pacífico. É ansí se despidieron de
aquellas vistas sin haber conclusión de aquel casa-
miento (2).
CAPÍTULO V.
Como el Rey Don Enrique trató casamiento de Oofia Juana con el
Infante Don Enrique.
Despedido el Rey Don Enrique de aquel casa-
miento que trataba con el Rey de Portogal, luego
quiso desposar aquella Doña Juana que decía ser su
hija con el Infante Don Enrique, hijo del Infan-
te Don Enrique, que estaba en Aragón en poder
del Rey Don Juan de Aragón su tío; el qual le
(2) Enriquez del Castillo dice que quando el Rey Don Enrique
fué á Badajoz, halló que estaba apoderado de ella el Conde de
Feria, quien no le quiso abrirni dar entrada, diciendo que la guar-
daba para el Maestre de Santiago, de donde el Rey se vio en pre-
cisión de ver al de Portugal fuera de la ciudad, y éste, escandali-
zado de la sujeción en que el Rey estaba, y temeroso de los malos
tratos del Maestre, no obstante que se le ofrecían en seguridad
varias ciudades, no quiso aceptar el casamiento. Crón,,cap. 155.
246
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
había criado é sostenido después que el Infante su
liorinano murió de la herida que le dieron en la
batalla que ovieron con el Rey Don Juan cerca de
Olmedo , según en su Crónica será contado. Este
casamiento deseaba mucho hacer el Rey Don En-
rique con este Infante, por dar competidor al Prín-
cipe é á la Princesa en la subcesion del Reyno,
É trató secretamente con Don Rodrigo Alonso Pi-
mentel, Conde de Benavente, el qual era primo deste
Infante Don Enrique, que erabiase por él á Aragón,
para darle aquella Doña Juana que decia ser su
hija por muger, é otorgarle la subcesion del Rey-
no. El Infante que estaba á la obediencia del Rey
de Aragón, oido lo que le fué movido cerca deste
casamiento, deliberó de lo aceptar é venir luego
para Castilla á lo concluir. É como quier que veia
bien que no guardaba lo que debia en se apartar
del Rey de Aragón su tio sin su licencia, pero
considerando que le impediría su venida, porque
era contra el Príncipe su hijo, é contra la Princesa
su muger, que esperaban la subcesion del Reyno,
pospuso lo que debia hacer de presente, esperando
lo que pensaba haber de futuro; é sin lo comuni-
car con el Rey su tio se partió del, é vino para
Castilla, donde fué bien recebido del Rey Don
Enrique (1).
CAPÍTULO VI.
Uel ruido que ovo en Segovia , é de lo que alli acaeció con el
Mayordomo Cabrera.
E para mas clara información de los que leyeren
esta Crónica , es de saber , que entre los criados que
el Rey Don Enrique tovo fué aquel su Mayordomo,
de quien habemos hecho mención en el principio
de esta Crónica , que se llamó Andrés de Cabrera,
natural do la cibdad de Cuenca , mozo de buena dis-
posición é de buen juicio. Este fué uno de los pri-
vados que amó el Rey, é hízole Mayordomo de su
casa , é dióle las tenencias de los alcázares de Sego-
via c Madrid, que eran los dos lugares que él mas
continaba en el Reyno ; especialmente á Segovia,
porque tenia cerca de la cibdad sus bosques para
8U8 apartamientos, é todas las otras cosas en que se
deleytaba. Este Mayordomo Andrés do Cabrera ser-
via con afición al Maestre de Santiago quando se
apartó del Rey, é se juntó con el Arzobispo de To-
ledo, é con el Almirante Don Fadrique, é con los
otros caballeros que alzaron por Rey en Avila al
(i) No vuelve ya á nombrar este Infante, ni dice en qué paró su
casamiento. Hiciéronlo salir de Aragón, sin licencia del Rey su tio
romo aquí se nota, y sin drjarle entrar en Madrid lo detuvieron en
lU'lafe, donde después de muchas idas y venidas se deshicieron
'os tratos, por inducimiento del Maestre de Santiago, que no gus-
taba que se hiciese este casamiento, temiendo que si llegaba á rey-
iiir no le quitara las posesiones que tenía, que habían sido del
Infante Don Enrique su padre. A esto ayudó macho la poca cor-
dura y liviandad del Infante, que sin tener sus cosas aseguradas,
presumía ya sobrado, dando á besar la mano con arrogancia á los
Grandes, que le ofrecían la paz acostumbrada. Asf burlado y
descontento hubo de volverse á su tierra, y por esta desgracia le
quedó el apellido de Don Enrique Fortuna. Enriq., Cron. de En-
rique lY, cap. 159 y 160. Mariana, /ib. 23, cap. 19.
Príncipe Don Alonso, é hicieron la división en el
Reyno que habemos recontado. E tanta era la parte
que el Rey daba de si á sus privados, que este An-
drés de Cabrera pudo tener tales maneras con él,
para lo traer que estoviese á la gobernación del
Maestre de Santiago, aunque estaba con su herma-
no en su deservicio. E ansí en vida del Príncipe Don
Alonso, como después que murió, este Andrés de
Cabrera posponía todas lascosas por servir al Maes-
tre ; especialmente en le tener siempre en la gracia
del Rey , é para lo traer á su Corte , según que ha-
bemos contado que pasó en Cadahalso , quando ju-
raron á la Princesa por subcesora de Castilla. El
Maestre de Santiago como vido al Rey tan aficio-
nado por casar á aquella que decia ser su hija con
el Infante Don Enrique , mostró dello algún pesar,
porque venia por mano del Conde de Benavente su
yerno , que de secreto era su enemigo. E la causa
de su enemistad era porque el Conde tenia creído
que el Maestre su suegro le había quitado el Maes-
tradgo de Santiago que él procuraba, ó lo había to-
mado para sí. E como quier que al Maestre pesaba
que el Príncipe é la Princesa oviesen la subcesion
del Reyno, pero recelaba haber mayor peligro si la
oviese este Infante Don Enrique , por ser primo del
Conde su yerno á quien él mucho temía, y eso mes-
mo porque mostraba algunas veces ser pungido de
su consciencia, si fuese en consejo de quitarle la
subcesion del Reyno á la Princesa ; é por esta causa
puso grandes inconvenientes al Rey, porque no hi-
ciese este casamiento. Especialmente decia que ei
el Infante Don Enrique oviese la subcesion de Cas-
tilla , él tenia poca seguridad de su persona y esta-
do ; é para lo haber pidió al Rey el alcázar de Ma-
drid, que tenía el Mayordomo Andrés de Cabrera, y
el Rey gelo prometió. Como el Mayordomo sopo que
el Maestre procuraba de haber para sí aquella tenen-
cia, pesóle de ver la ingratitud que el Maestre le
facia en lugar de las mercedes que del esperaba, é
díxole: «Notorio es. Señor, que algunos de los que
» han estado cerca del Rey, muchas veces é por di-
n versas maneras procuraron vuestra muerte é des-
» truicion ; é sabéis que os avisé de todas las cosas
j) que 08 cumplían en todo tiempo que fué necesa-
n rio , poniendo muchas veces á peligro de muerte
)) mi persona por salvar la vuestra. Agora me pare-
» ce que en pago de los trabajos que ove por conscr-
1) var lo que tenéis, procuráis con el Rey de quitar-
»me lo que tengo. Digna por cierto é bien mere-
« cíente remuneración de mis penas c trabajos es la
» que me procuráis. Decidme, Señor, ¿do está aquel
» tiempo que la Marquesa vuestra muger me 11a-
» maba padre de sus hijos , é vos me llamávades
fl hijo particionero con vuestros herederos ? E ¿ do
» están las promesas tan fervientes é tan complídas,
B que sin vos las yo pedir me hecistes para me acre-
» centar é honrar ? ¿Mudáis por ventura vuestro pro-
» pósito porque mude yo el mió , ó habéis olvidado
nya mis servicios, porque olvidé yo de vos servir,
» ó porque los perdí con algunos deservicios? No por
» cierto. Mas parece bien que estaba engañado quan-
DON FERNANDO
o do los hacia, pues hacéis agora comigo cosa no
» vista ni oida en ningún tiempo ni edad. Porque
» traer en olvido el beneficio , acaece muchas veces;
» tenerlo en la memoria é disimularlo , visto lo ha-
» hemos ; negar el beneficio por no satisfacerlo, mu-
» chos lo usan ; pero confesar los servicios , é prome-
»ter por ellos grandes bienes, y en lugar dellos dar
«grandes males, esto por cierto excede todos limi-
»tes de ingratitud. Yo, Señor , no pido que me deis
» de lo vuestro , mas pido que no me quitéis lo mió;
» no pido cosa injusta ni imposible de hacer , mas
» pido cosa justa é muy razonable do otorgar. Todo
«hombre que alguna cosa se pone á demandar, de-
» be considerar quien es el que se la demanda , é á
» quien la demanda , é que es lo que pide , é por qué,
»y en qué tiempo lo pide, é si se puede 6 debe otor-
» gar lo que pide. Yo, Señor, soy quien vos bien co-
n noceis, é vos sois un Señor que yo pensaba cono-
« cer. La cosa que pido es que no me hagáis mal,
« pues sois obligado á me hacer bien ; é pídelo, por-
D que vos he muy bien é lealmente servido. Y esto
« que pido, vos , Señor , no solamente podéis , mas
» sois obligado á lo facer en todo tiempo , é á todos
«hombres, especialmente á mí, que tantas veces
«habéis fallado leal, quantas me habéis querido ex-
«perimentar. E si vos, Señor, en pago de mis eer-
« vicios daño tan manifiesto determináis de me ha-
»cer, claramente veo que Dios, justo galardona-
B dor , me muestra haber mucho errado, quando con
«tan ferviente afición vos servia. E por cierto,
B quando á tal servidor tal pago facéis , pocos ser-
« vidores hallaréis que sen;.ej antes servicios os fa-
» gan. »
Oidas estas razones del Mayordomo, el Maestre le
dixo que era verdad haber recebido del buenas obras
en los tiempos pasados, é que ni por esto se debía
alterar ni mudar su propósito. Porque bien sabia él
que para la seguridad de su persona y estado le era
necesario de procurar aquella tenencia, é todas quan-
tas pudiese haber del Rey. Por lo qual , si su amigo
fuese, no debía haber enojo ni alteración , antes ha-
bía de haber por bien la seguridad suya, pues ha-
biendo aquella tenencia, recebía él gran provecho,
y el Mayordomo poco daño ; é por ende le rogaba
que oviese paciencia. E no embargante las quexas
del Mayordomo , todavía se entregó la fortaleza de
Madrid al Maestre ; é dende en adelante la amistad
que había entre olios se convirtió en odio é aborre-
cimiento, é no sin causa, porque toda amistad ha-
bida por respeto de interese ó deleyte, ha semejante
fin, como vemos que se face en las amistades mun-
danas, que carecen de aquella virtud verdadera que
face durar los amigos , é permanecer en las obras de
BU amistad. Este Maestre , como es dicho , era dis-
creto é home de buen entendimiento , é tenia sufri-
miento é habilidad para la gobernación destas co-
sas mundanas , y era franco é gracioso en sus f a-
blas , é con el gran juicio que tenía sabia encubrir
los pungimientos de todos los otros vicios , salvo la
cobdicia , que ni la sabia encobrir, ni la podía tem-
plar ; porque pensaba que los grandes estados acre-
E DOÑA ISABEL. 247
contándoles mas se conservaban mejor, é pues no
podían permanecer en un ser , de necesario era , si
no se acrecentaban, que se disminuyesen. Después
que el Maestre fué apoderado del alcázar de Ma-
drid, estorbaba con dilaciones al Rey Don Enrique
el casamiento del Infante, é al Conde de Benaven-
te que lo trataba, representándole algunos inconvi-
nientes que en su persona y estado se podían seguir
si se ficiese. En especial decia que aun con el alcá-
zar de Madrid que le había dado , no fallaba segu-
ridad de su persona si no le entregaba eV alcázar de
Segovia, que tenia el Mayordomo Andrés de Cabre-
ra, porque estos dos alcázares eran donde el Rey
continaba , é que sí gelo diese , luego daría forma
como el casamiento se ficiese. Quando el Rey vido
que habiéndole entregado el alcázar de Madrid , de
nuevo demandaba el de Segovia, fué indinado con-
tra él , 'pensando las cautelas é dilaciones puestas
por el Maestre. Las quales no le osaba declarar , ni
menos negar lo que le pedia, porque tenia en su po-
der á aquella Doña Juana que se decia Princesa , y
estaba tan apoderado en el Reyno , que no sabia dar
remedio á sus cautelas ; porque negándole lo que
pedía, recelaba de su obra mala, é dáudogelo pen-
saba de la no hacer buena. Pero todavía le entrega-
ra también el alcázar de Segovia como hizo el de
Madrid, salvo porque el Mayordomo Andrés de Ca-
brera dio á entender al Roy que menos haría el ca-
samiento entregándole la fortaleza de Segovia, que
lo fizo quando le fué entregada la de Madrid, é que
también le faltaría en lo uno como le había faltado
en lo otro. E de aquí quedó tan grand odio entre d
Maestre y el Mayordomo, que el Maestre estando
en Seo- ovia procuró de alborotar la cibdad contra el
Mayordomo , á fin de le echar della, é le tomar por
fuerza el alcázar é las puertas de la cibdad de que
estaba apoderado. E un Domingo del mes de Mayo
deste año , revolvióse por parte del Maestre un gran
ruido en la cibdad entre los vecinos della : los unos
que tenían la parte del Maestre, los otros del Ma-
yordomo , en la qual venció la parte de los del Ma-
yordomo. B luego la mayor é mas sana parte del
común de la cibdad , visto el vencimiento que ha-
bían habido los del Mayordomo se juntaron contra
el Maestre ; el qual visto el alboroto del pueblo que
se enderezaba contra él, donde se aparejaba peligro
de su persona , acordó dexar la cibdad , é vino para
la villa de Madrid. Este año fué criado Cardenal
Don Pedro González de Mendoza (1), Obispo de
Sigüenza ; y el Papa Sixto le embió allí á Segovia
(1) Este Prelado fué creado Cardenal con título de Sania María
in Dominica por el Papa Sixto IV en su segunda promoción hecha
en viernes 7 de Marzo de 1473. El mismo año después de muchas
contradicciones el mismo Sixto IV expidió Bulas á favor del Car-
denal para el Arzobispado de Sevilla vacante por muerte de Don
Alonso de Fonseca, con retención del de Sigüenza que poseía, y
con el mismo mensagero remitió el Capelo que hasta entonces no
habia venido. Recibiólo en Segovia con las ceremonias acostum-
bradas , y el Mayordomo Andrés de Cabrera lo llevó en procesión
en una vara alta , hasta la Iglesia Mayor , donde celebró misa. En-
riquez, Crón. deEnriq. lY, cfl}).il59,Salazar, Crón. delGr. Carde-
nal, lib. I, cíí;>.37. Ciaccon, inSixt. IV.
248
el Capelo con gran solemnidad , é se intituló dende
en adelante Cardenal de España. Este año fué muer-
to mala é crudamente por algunos labradores del
común de Jaén , Don Miguel Lúeas (1) , á quien el
Rey habia fecho Condestable de Castilla ; ó fué pro-
veído del oficio de Condestable Don Pero Fernan-
dez de Velasco, Conde de Haro, Camarero mayor
del Rey.
CAPÍTULO VII.
Del Legado del Papa que vino á Castilla , 6 de lo que fizo: é co-
mo el Príncipe é la Princesa vinieron á Segovia , c de lo que
ende pasó.
En el año siguiente del Señor de mil é quatro-
cientos é setenta é quatro años , un Cardenal que era
Vicecanceller, é habia venido en aquel tiempo
por (2) Legado del Papa á España , quiso concor-
dar al Rey Don Enrique con el Principe é con la
Princesa , porque desta concordia se seguia la paz
de Castilla. E porque esto no se podia conseguir,
salvo determinándose la subcesion del Reyno para
aquel que la debia haber , habidas muchas infor-
maciones , por las quales sopo que pertenecía á esta
Princesa Doña Isabel , trató concordia é reconcilia-
ción del Maestre de Santiago , con el Príncipe é con
la Princesa , porque entendió que este Maestre la
estorbaba , é que cosaria de la impedir si lo reduxe-
se á su servicio. E porque el Maestre fuese seguro
de no recebir daño en su persona y estado, fué asen-
tado por mano deste Legado , que el Príncipe é la
Princesa fuesen á la cibdad de Guadalaxara , é con-
(1) La cansa de su muerte fué el tomar á su cargo la defensa de
ios Judíos conversos contra quien el pueblo se habia amotinado
con pretexto de religión , pretextando que judaizaban para poder
impunemente oprimirlos y robarlos. Matáronle en la Iglesia mayor
de Jaén estando oyendo misa , dia de San Benito, 21 de Marzo de
liló. El mismo ejemplo siguieron en este año varias ciudades de
Andalucía como Andújar, Córdoba y otros lugares, todos con igual
suceso , pues no se castigó á ninguno. Por muerte de Don Miguel
Lúeas dio el Rey el sello de Cíianciller mayor al Cardenal Don
Poro González de Mendoza. Enriq., Crón. de Don Enriq. lY, capi-
tulo 157. Saiazar , Crón. del Gr. Card., lib. i, cap. 36. En este mis-
rao año el Arzobispo de Toledo Don Alonso Carrillo celebró Con-
cilio Provincial en el lugar de Aranda , cuyas constituciones en
número de veinte y nueve fueron publicadas en la Iglesia de San
Juan de dicho lugar en 5 de Diciembre, siendo presentes Don
Juan Arias, Obispo de Segovia , Don Diego de Mendoza, Obispo
de Patencia , y otros diferentes Prelados que asistieron por si ó
por sus Procuradores. Las Actas de este Concilio imprimió el pri-
mero Scverino Binio en su Colección de Concilios , 2'. IV, p. 517,
y el Cardenal de Aguirre en el T. Y, p. 542. Mariana, que no debió
verlas, dice c.ue solo publicaron quatro decretos que señala, y
acaso por ser los mas notables fueron los únicos que llegaron &
su noticia. Mariana, lib. 23, cap. üll.
(2j Este Legado fué Don l'.odrigo de Borja, Vicecanciller de la
Corte Romana , y primer Arzobispo de Valencia, que después suc-
ccdiü en la Santa Sede á Inocencio VIII en 1492, y se llamó Ale-
jandro VI. En tiempo de su legacía se decretó el subsidio que el
Papa pedia , y se impetró Bula de su Santidad para que el Prela-
do y Cabildo de cada una de las Iglesias de España tuviesen la
presentación de dos Canongias que hubiesen de caer precisamen-
te en un Teólogo ia una, y la otra en un Canonista. Gracia que
concedió luego Sixto IV; y parte de su segunda Bula expedida
con este motivo trae Mariana en su Historia Latina, lib. 23, cap. 18.
Pulgar atrasa un año la venida de este Legado, que no fué sino en
1473. Enriq. del Castillo , Crón. de Don Enriq. lY, cap. 117.
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
fiasen sus personas al Marqués de Santillana , y es-
toviesen en aquella cibdad entretanto que se trata-
ban las cosas que hablan de asentar. Sabido esto
por el Arzobispo de Toledo , luego lo contradixo,
porque no le placía que el Príncipe ni la Princesa
estoviesen en poder del Marqués de Santillana. E
como quier que le fueron dadas á entender tales ra-
zones porque le debia placer , considerando que por
esta causa se pacificaba la subcesion del Reyno , el
Arzobispo no lo quiso otorgar, ni menos mostrar
razones por que lo contradecía. El Príncipe é la Prin-
cesa, como quier que veian la grand utilidad que
dello ge les seguia , pero por complacer al Arzobis-
po de Toledo , dexaron de lo concluir. Como el Rey
Don Enrique sopo que el Maestre de Santiago so
quería conformar con el Principe é con la Princesa
para hacerles haber la subcesion del Reyno, pesóle
mucho dello ; é por consejo del Mayordomo Andrés
de Cabrera é de Doña Beatriz de Bovadilla, sumu-
ger , el Rey trató de haber concordia con el Prínci-
pe é con la Princesa su hermana. A los quales fué
dado á entender que el Rey les podia dar mejor la
subcesion que les pertenecía del Reyno, que el Maes-
tre de Santiago , con el qual el Mayordomo é su mu-
ger estaban enemistados, después de aquel ruido
que con él ovieron en Segovia. Este trato de recon-
ciliación entre el Rey é la Princesa su hermana, se
hizo secretamente ; y el Príncipe é la Princesa , é
con ellos el Arzobispo de Toledo , vinieron para la
cibdad de Segovia donde el Rey estaba ; é posaron
en las casas del Obispo cerca de la Iglesia mayor.
E como llegaron á la cibdad, vino el Rey á ellos ó
hablólos amigablemente, mostrándoles buena vo-
luntad. De parte del Príncipe é la Princesa fué dicho
al Rey que ellos con sana intención é verdadero
amor que tenían al servicio real , venían allí á le
servir é ser obedientes en todas cosas ; é que en
aquella reconciliación que le placía hacer, parecía
claro ser en él infundida la gracia de Dios, del
qual alumbrado veria bien los engaños é cautelas
que algunos siguiendo sus propios intereses traían,
dándole á entender la mentira por verdad , é la des-
lealtad por lealtad. E con estas palabras é otros mu-
chos ofrecimientos que le ficieron quedaron con él
en buena paz é amor. Desta reconciliación pesó al
Maestre de Santiago ; é luego como lo sopo vino
para la villa de Cuellar, que era del Duque de Al-
burquerque, é fizo sus amistades con él paralades-
truicion del Mayordomo Andrés de Cabrera é de
Doña Beatriz de Bovadilla, su muger. Y estando en
aquella villa de Cuellar trató el Maestre con el Rey
que prendiese al Príncipe é á la Princesa , é al Ar-
zobispo de Toledo que estaban con él en Segovia, é
al Mayordomo Andrés de Cabrera , é que estos pre-
sos , luego haria el casamiento de aquella Doña Jua-
na con el Infante Don Enrique , el qual estaba es-
perándole en la villa de Valladolid. E prometió que
si la prisión destos que dicho habemos fio-iese, lue-
go entregaría aquella Doña Juana á la Duquesa de
Arévalo, prima del Infante Don Enrique é del Con-
de de Benavente, para que se concluyese este casa-
DON FEKNANDO
miento. E porque el Conde de Benavente lo desea-
ba , movió al Rey secretamente á aquella prisión ; á
■ la qual fué el Rey traído ligeramente , no embar-
gante la reconciliación que fizo con ellos ; porque lo
fué dado á entender, que ellos presos fincaría sin
impedimento la subcesíon del Reyno á la que decía
ser su fija, é habría venganza del Arzobispo de To-
ledo por las cosas que contra él había cometido. E
para poner en obra esta prisión, había de entregar
secretamente en la cibdad de Segovia cierta gente,
que estaba acordado que entrase. Este trato fué co-
municado con el Cardenal de España, que estaba
con el Rey ; é como lo sopo , díxo al Rey : « Nunca
«plega á Dios, Señor, que yo sea en deservicio des-
» tos dos Príncipes, que de vuestra voluntad vinie-
» ron á vuestro poder. E pues el tiempo que vos plo-
»go que viniesen, no comunicastea comigo su veni-
»da, menos debíades agora comunicar su daño.
» Pero pues ya os plogo de me lo facer 8aber,yo vos
» requiero con Dios , que no concibáis en vuestro
» ánimo tal f azaña ; porque no pongo en dubda que
«hayáis todo el Reyno, especialmente las comuni-
«nidades contrarías, las quales tienen creído que
» de derecho pertenece la eubcesion á esta Princesa
» vuestra hermana ; é podría ser que se vos siguiese
«dello un gran deservicio, é aun peligro de vuestra
«persona real.» Por estas razones é por otras mu-
chas que el Cardenal dixo al Rey, impidió aquella
prisión que se ordenaba facer. B después de algunas
pláticas que sobre ello se ovieron , de las quales se-
cretamente fué avisada la Princesa, luego fizo que
el Príncipe su marido partiese de aquella cibdad , é
fuese á la villa de Turuégano , que es del Obispo de
Segovia , por seguridad de su persona , é la Prince-
sa quedó en la cibdad. E como quier que sus cria-
dos é otros caballeros de su casa le requirieron mu-
chas veces que ella ansimesmo saliese de la cibdad,
pero mostrando gran fuerza de ánimo , no lo quiso
facer ; é dio orden que el Mayordomo que estaba á
BU servicio pusiese tal recabdo en la cibdad , que no
pudiera haber lugar ninguna fuerza que se cometie-
ra contra ella. Quando el Rey vído que el Cardenal
no quiso ser en aquella prisión, é que el trato
que traía era descubierto , é vido ansimesmo el
esfuerzo de su hermana la Princesa, y el recabdo
que ponía en su persona y en la guarda de la cib-
dad , acordó de partir para la villa de Madrid , é la
Princesa quedó en la cibdad de Segovia. Allí á Ma-
drid vino el Maestre de Santiago , por cuyo consejo
el Rey tornó á la indinacion que tenia primero con-
tra la Princesa su hermana cerca de la subcesion
del Reyno.
CAPÍTULO VIII.
Como e! Rey Don Enriqne fué á Trogillo, é como murió el
Maestre de Santiago.
El Rey había dado en los dos años pasados al
Maestre de Santiago perjuro de heredad la cibdad
de Alcaraz, é las villas de Requena y Escalona j é
allende de esto le mandó la cibdad de Trogillo , é
É DO^A ISABEL. 249
luego gela dio. E para haber la posesión della, tovo
manera que el Rey fuese en persona á gela hacer
entregar ; porque Gracian de Sesé , que tenía la for-
taleza, no la quería entregar al Maestre, ni menoa
al Rey que la había del confiado , fasta tanto que
le dio la villa de Sant Felices de los Gallegos. E co-
mo este Gracian entregó la cibdad ó la fortaleza de
Trogillo á un Pedro de Baeza, criado del Maestre,
que la recibió, luego ese día murió el Maestre en un
lugar de tierra de Trogillo que sollama Santa Cruz,
de una postema que le nació en el carrillo (1). E
dende á pocos días los de Sant Felices , vasallos de
aquel Gracian de Seso , se levantaron contra él é lo
apedrearon. En esta manera ni el Maestre gozó del
señorío de aquella cibdad que tanto deseó , ni me-
nos Gracian poseyó muchos días aquella villa que
el Rey contra su voluntad le dio ; é fué causa de la
fea muerte que ovo , por la cobdícia que le movió
de vender al Rey la fortaleza que del había confia-
do. Este año el Príncipe , que se intitulaba Rey de
Sicilia, tomó gente de Castilla, é de Ai-agon, é de
Cataluña, la mas que pudo haber, é fué á socorrer
á su padre el Rey de Aragón , que le tenían cerca-
do los Franceses en la villa de Perpiñan, y estaba
en extrema necesidad por los grandes combates que
daban á la villa. Ansimesmo estaba en tan gran
mengua de mantenimientos , que si el Príncipe no
socorriera , el Rey su padre é la villa fuera tomada
por los Franceses.
CAPÍTULO IX.
Como fué preso el Marqués de Villena.
Muerto el Maestre de Santiago, luego el Rey vino
de Estremadura para la villa de Madrid donde es-
taba la Reyna Doña Juana , é aquella Doña Juana
que llamaba su fija, y estaba en poder del Marqués
de Villena, fijo del Maestre de Santiago, el qual
quedó apoderado de la villa de Madrid, é del alcá-
zar é puertas della, como la tenia el Maeatre su pa-
dre ; é luego tomó aquella Doña Juana, é la llevó á
la villa de Escalona, para la tener allí con mucha
guarda. El Conde de Paredes, Don Rodrigo Manri-
que, Comendador que era de Segura do la Orden de
Santiago, sabida la muerte del Maestre, luego tovo
manera con algunos Treces é Comendadores de la
Orden de Santiago, que le eligiesen por Maestre en
el convento de Uclés, é intitulóse Maestre de San-
tiago. Otrosí Don Alonso de Cárdenas, Comendador
mayor de León, fizo que le eligiesen por Maestre de
Santiago los mas comendadores que pudo haber en
la provincia de León. De manera que estos dos
ficieron división en la Orden de Santiago ; é cada
uno decía que era Maestre, é que le pertenecía el
Maestradgo. El Conde de Paredes alegaba que la
elección verdadera de los Maestres so había de fa-
cer en üclés, do él fué elegido, é que el Prior do
Uclés debia facer según había fecho la convocación
(1) En 4 de Octubre de 1474. Salazar, Casa de Lar a, Tom. II,
p. 308.
250
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de aquellos Treces é comendadores que le eligieron.
El Comendador mayor de León decia que según las
constituciones de* la Orden, el Maestre que subce-
diese habia de ser elegido en la provincia do acae-
ciese morir el Maestre pasado, é no en otra parte ; é
porque el Maestre Don Juan Pacheco murió en la
provincia de León , alegaba que el Prior de Sant
Marcos debia facer según habia fecho la convoca-
ción de los Comendadores é Treces que lo hablan
elegido. El Marqués de Villena, que se llamaba Don
Diego López Pacheco, decia que el Maestre su pa-
dre habia fecho renunciación del Maestradgo en
manos del Papa , é que esperaba ser proveído del, é
procuraba de haber votos de los Treces é Comenda-
dores de la Orden, en especial del Conde de Osorno,
que era Comendador mayor de Castilla, el qual an-
simesmo de secreto procuraba de haber para si el
Maestradgo. E para haber el voto del Conde de
Osorno, el Marqués de Villena le fué á ver en una
aldea que se llama Vazalraadrid , á tres leguas de
Madrid ; é allí vinieron ambos á hablar. Y el Conde
habia pensado de prender al Marqués en aquellas
vistas, para lo qual tenia gente armada, é puesta en
lugar secreto. Y estando en sus fablas, como vido
el Conde tiempo aparejado para aquello que tenia
en el pensamiento, prendió al Marqués , é llevólo á
una fortaleza que se llama Fuenteduefia, que es en
la Encomienda mayor de Castilla ; porque entendía
que teniéndole preso, tenia la voluntad del Rey
para haber el Maestradgo, E como el Rey sopo la
prisión del Marqués, pesóle mucho, porque le quería
por estonces mas que á ninguno de sus privados. E
como quier que era apasionado de los ríñones é de
la hijada, é á la hora aquella enfermedad se le había
agraviado, pero la afición que á las veces ciega los
caminos de la razón, le hizo posponer la salud de su
persona por el cumplimiento de su apetito. E contra
el voto é requerimiento do los físicos, fué luego al
Villarejo, que es cerca de Fuenteduefia, é fueron con
él el Cardenal de Espafia y el Condestable, Conde de
Haro, y el Marqués de Santíllana, y el Conde de Be-
navente, y el Conde de Coruña , é otros caballeros ;
ó vino allí ansímesmo el Arzobispo de Toledo, y el
Obispo de Burgos. E ansí el Rey como todos estos
perlados é caballeros, venían ahorrados , é con poca
gente, con propósito de facer delibrar al Marqués de
Villena. El Cardenal y el Condestable entraron en la
fortaleza de Fuenteduefia , é f ablaron con el Conde
de Osorno, por ver si le podrian traer que soltase al
Marqués con algunos partidos. El qual demandó al
Rey que le diese elTMaestradgo de Santiago, é deman-
daba al Marqués los maravedís é vasallos é rentas que
su padre el Maestre lo habia prometido quando le
dio su voto para haber el Maestradgo ; porque decia
no haber cumplido con él lo que estonces le habia de
dar. En este trato estovo el Rey, é aquellos perlados
é caballeros por espacio de veinte días, á fin de librar
al Marqués de Villena ¡ é fué libre por cierta compo-
sición que se fizo con el Conde de Osorno (1).
(1) Don Rodrigo Manrique Conde de Paredes, que últimamente
quedó Maestre de Santiago, otorgó por escritura pública con piei-
CAPITÜLO X.
De las cosas qne pasaron en aquel lugar de Fuentedueflas.
El Cardenal de España ora por el Príncipe é por
la Princesa tenido en gran veneración por respeto
de su dignidad , é porque era de buen ingenio é hom-
bre generoso, con quien todos los mayores del Rey-
no tenían deudo de sangre. E ansí por esto como
porque eran ciertos de la fidelidad de su persona,
comunicaban con él sus cosas, en especial aquellas
que concernían á la subcesion del Reyno que espe-
raban. Y en aquellos días el Cardenal quiso saber la
final intención del Rey cerca de la subcesion del
Reyno, pues por la muerte del Maestre cesaban loa
estorbos que ponía para que no la oviese la Prince-
sa. E presentes algunos de su Consejo, el Rey le
dixo que le placía declarar la subcesion del Reyno
para su hermana , é que se debían facer Cortes ge-
nerales en la cíbdad de Segovía, é presentes los tres
estados del Reyno, haría aquella declaración, é ce-
sarían las dubdas que cerca desto se habían. El Ar-
zobispo de Toledo, pungido por el honor que al Car-
denal se facía, ovo tan grand alteración , y engen-
dróse en su ánimo tal escándalo, que le fizo mudar
el propósito, é tomar pensamientos nuevos en deser-
vicio del Príncipe é de la Princesa. Allí mesmo pen-
só facer parcialidad nueva en el Reyno con el Mar-
qués de Villena, é con el Maestre de Calatrava, ó
con el Conde de Urueña su hermano, é con otros al-
gunos sus parientes, contra el Príncipe é contra la
Princesa, tomando de su parte al Rey. Con el qual
en aquellas vistas secretamente trató que diese la
subcesion del Reyno á aquella que decia ser su fija,
é que no declarase pertenecer á la Princesa su her-
mana. E porque el Cardenal sintió los estorbos que
de secreto ponía en esto el Arzobispo, pensó de lo
aplacar con razones ; é presentes algunos caballeros
ó otros sus criados, le dixo, que por las dubdas quo
el Rey había puesto cerca de la subcesion destos
Reynos , se habían en ellos seguido las guerras ó
males que á todos era notorio, los quales crescian de
tal manera, que el oficio de la recta razón ya gene-
ralmente se iba pervertiendo. E agora, según lo que
el Rey algunas veces habia fablado, especialmente
después que allí estaba, ansí bien había dicho á los
de su Consejo, parecía que ya finalmente se deter-
minaba en declarar por subcesora destos Reynos á
la Princesa Dofia Isabel su hermana, Reyna de Si-
cilia. De lo qual daba gracias á Dios, porque esta su
declaración haría cesar la división que estaba en el
Reyno, é todos unánimes seguirían un camino, como
fasta aquí habían seguido diversos. E por tanto en
presencia de aquellos caballeros le rogaba, é con
Dios nuestro Redemptor le requería, que pospuestas
to omenage y juramento hecho una, dos, y tres veces á la usanza
de Castilla, que si era elegido Maestre, no impediría, antes poi
su parte ayudarla en quanto pudiera la libertad del Marqués de
Villena. Trae entera dicha escritura Salazar de Castro. Pruebas de
la Casa de Lar a, Tom. IV, p. 397.
DON FERNANDO
todas opiniones que pudiesen impedir la paz, se dis-
pusiese á la procurar, pues miraglosamente se les
ofrecía; de la qual si no sabian usar según debian,
pareceria claro que de tanto beneficio aun no dinos
de los males que las guerras traen eran bien mere-
cedores. E porque la execucion desto no se impidie-
se, como quier que por respeto de su dignidad le
competía la precedencia ; pero por el gran deseo
que tenia á la conclusión desta concordia, le placia
que el Arzobispo fuese el principal, é que seria ale-
gre de todas las cosas que en esta materia ordenase.
E pues al Rey placia que en Segó vi a se ficiesen
Cortes generales, su parecer era que debian ser lla-
mados los G-randes del Rey no, é los procuradores
de las cibdades ó villas ; porque en presencia de to-
dos se fíciese aquella declaración y el asiento que
cumplía al servicio de Dios é pacificación destos
Reynos. La qual dixo que pertenecia procurar á
ellos mas que á otros, ansi por la quietud de sus
personas, como por lo que debian á su propria tier-
ra , é porque tenían oficios de sacerdotes, que los
obligaba á lo facer, ó siquiera por personas movi-
das á compasión de tantas destruiciones como veían
cada día crecer; las quales si no moviesen sus áni-
mos á compasión, conocía bien quanta culpa á ellos
mas que á otros se debía imputar, por el bábito que
tenían, el qual estrechamente les obligaba á ello. El
Arzobispo, oidas aquellas razones del Cardenal, res-
pondió , que él siempre había tenido á la Princesa
por legítima subcesora destos Reynos después de la
muerte del Rey Don Alonso su hermano, é que le
placía mucho que so ficiesen aquellas Cortes en Se-
govia, según se había dicho, é que él seria en ellas
para que la Princesa fuese jurada por legítima sub-
cesora de Castilla ; é que nunca había seydo ni seria
en lo contrario. E ansí so despidieron de aquella fa-
bla , con propósito de juntar luego las Cortes en Se-
govia para facer este juramento ; como quiera que,
según habernos dicho, el Arzobispo traía otras fa-
blas secretas con el Rey Don Enrique, para dar la
subcesion á aquella Doña Juana que decía ser bu
fija, é no á la Princesa.
CAPITULO XL
Que contiene la muerte del Rey Don Enrique.
Después do muchos tratos que se ovieron en aque-
llas vistas con el Conde de Osorno sobro la delíbra-
eion del Marqués de Víllena , el Conde, según díxi-
mos, deliberó de le soltar de la prisión en que lo
tenía, por algunas cosas que le dieron en emienda
de lo que el Muestre de Santiago su padre decía
serle obligado. E luego el Rey vino para la villa de
Madrid, ó dende á quince días gele agravió la dolen-
cia que tenia ; é murió allí en el Alcázar (1), á once
(1) El Rey Don Enrique murió en la noche del once al doce de
Deciembre de 14*4. Esto he podido deducir de la diferencia de
fcciías que se asignan, diciendo unos que el dia once y otros que
el doce. En rifor debiera decirse que el doce, porque es mas ve-
risímil habiendo Mrmado la cédula quo diee el Cronista á las once,
É DOÑA ISABEL. 251
días de Deciembre desto año de mil é quatrocientos
é setenta é quatro años. Murió de edad de cinquenta
años ; era home de buena complexión, é no bebía
vino; pero era doliente de la hijada é de piedra, y
esta dolencia le fatigaba mucho á menudo. No se
pone aquí la dispusicion de su persona, ni su con-
dición, porque en su Crónica, é ansimesmo en un
tratado que hecimos de los Claros Varones de Cas-
tilla que ovo en su tiempo, está largamente recon-
tado. Fueron presentes á su muerte el Cardenal de
España y el Conde de Benavente, y el Marqués de
Villena, é otros algunos de su Consejo é oficiales de
su casa. No hallamos que en su vida ficiese testa-
mento, créese que lo dexó de facer, porque no pensó
morir tan presto. Lo que hallamos que fizo al tiem-
po de su muerte, escrito de la mano de un Secreta-
rio que se llíimaba Juan de Oviedo, de quien él con-
fiaba, es lo siguiente : «En Madrid á once días del
» mes de Deciembre, año del Señor de mil é quatro-
D cientos é setenta é quatro años, á las once horas
»de la noche, el Rey nuestro Señor dexó por sus al-
y> baceas de su ánima al Cardenal de España, é al
» Marqués de Villena ; é mandó que de la Princesa
» su fija se ficiese lo que el Cardenal y el Marqués
» de Santillana su hermano, y el Duque de Arévalo,
By el Condestable, y el Conde de Benavente, y
»el Marqués de Víllena acordasen que se debía
» facer.»
Muerto el Rey Don Enrique, el Cardenal estovo
en Madrid todos los nueve días de las obsequias, las
que muriera después de medía noche; pero esto importa poco. E
Eoitalio de su sepultura hecho por el Cardenal de Mendoza mere
ce ser trasladado aqui por su pureza y naturalidad, poco comunes
en aquellos tiempos.
Al Müir ALTO Y ESCLARECIBO SeSOR DoN ENRIQUE, DK CAS-
TILLA Y DE León Rey Qüarto, Poderosísimo, Príncipe
clementísimo, Señor suyo piadosísimo, Pedro de Mendoza
Cardenal delv Santa Iglesia de Roma como a quien
tanto debía consagró este túmulo. Lloraron su ausencia
Y MUERTE LA HUMANIDAD, CLEMENCIA Y MAGNIFICENCIA. PaSÓ
DE BSTA VIDA A XI DÍAS DK DECIEMBRE DEL AÑO DEL SeÑOR
DE H.CCCCLXXIV.
Galindez en el sumario de este año asegura que aunque el Cro-
nista dice que el Rey no hizo testamento, es cierto que lo hizo, y
que juró que la Princesa Doña Juana era su hija, declarándola por
tal y por legítima heredera de sus Reynos. El qual testamento un
Cura de Madrid amigo del escribano que lo había hecho, ocultó y
dicen lo enterró junto con otras escrituras dentro de un cofre cer-
ca de Almeyda de Portugal, donde permaneció oculto, hasta que
un amigo del Cura á quien éste lo habia descubierto, llamado
Fernán Gómez de Herrera, reveló el secreto á la Reyna , y ésta lo
mandó sacar de donde estaba, pero habiéndolo llegado á teñeron
su poder pocos dias antes de su muerte no pudo verlo. Dicen, quo
después lo tuvo el Rey Don Fernando y lo mandó quemar, y oíros
que quedó en poder de un licenciado Zapata del Consejo del Rey,
por cuyo medio habia llegado á su noticia. Al dicho Fernán Gó-
mez hizo después el Rey varias mercedes, y entre ellas de una
Alcaydia de la Corle. No he leído esto en otro ningún autor de
aquellos tiempos, bien que es noticia muy reservada, pero algo
debió traslucirse, pues el Gura de los Palacios, autor contemporá-
neo, afirma que los Grandes que después fomentaron las divisiones
se fundaban en una cláu.sula del testamento del Rey Don Enrique,
en que nombraba por heredera á la dicha Doña Juana. Esta Cédu-
la que aquí trae Pulgar pudo ser fingida por los apasionados al
otro partido. Galind., año 1474. Bcrnald., Crón. de los Reyes Caiá-
lieos, cap. 10, Salaz., Crón. del Gr. Card., lib. i, cap. 40.
252 CRÓNICAS DE LOS
quales fizo solemnemente en el mouesterio del Paso,
que es cerca do Madrid, do fué luego sepultado, y el
dia do las honras cantó misa. E fecho todo lo que
convenia facer para las obsequias, tomó los oficiales
del Rey que se juntaron con él , é fué para Segovia
do estaba la Princesa que se llamaba Reyna. Des-
pués de algunos dias el Cardenal fizo llevar el cuer-
REYES DE CASTILLA,
po deste Roy Don Enrique al monesterio de Guada-
lupe, donde él se mandó enterrar ; é fizo á sus ex-
pensas un bulto é una sepultura muy sumptuosa,
cerca de la sepultura do estaba el cuerpo de la Rey-
na Doña María, su madre; é fundó allí dos Capella-
nías perpetuas, é dotólas á sus expensas propriaa
por el ánima deste Re;^.
COMIENZA LA SEGUNDA PARTE
DE LA CEÓNICA
DE LOS MUY ALTOS Y ESCLARECIDOS
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL,
REY É REYNA DE CASTILLA É DE LEÓN É DE SICILIA,
PRÍNCIPES DE ARAGÓN.
CAPÍTULO PRIMERO.
Como la Princesa Doña Isabel se intitula Reyna después de la
muerte del Rey Don Enrique.
Como la Princesa que estaba en la cibdad de Se-
govia sopo la muerte del Rey Don Enrique su her-
mano, luego se intituló Reyna de Castilla é de León,
é fizo las obsequias muy solennes por el ánima del
Rey. Otrosí allí en Segovia se fizo por los de la cib-
dad un cadahalso, do vinieron todos los Caballeros
ó Regidores é la Clerecía de la cibdad, é alzaron en
él los pendones Reales, diciendo : Castilla, Castilla
por el Rey Don Fernando é por la Reyna Doña Isa-
bel, su muger,proprietaria destos Reynos; é besáronle
todos las manos, conosciéndola por Reyna é Señora
dellos, é ficieron la solonnidad é juramento de fide-
lidad, que por las leyes destos Reynos es instituido
que se debe facer en tal caso á bus verdaderos Re-
yes. El Cardenal y el Conde do üenavente que vi-
nieron luego alli , ficieron en público este mismo
juramento ; é luego en todas las mas cibdades é vi-
llas del Reyno alzaron los pendones reales diciendo
esto mesmo. Otrosí vino el Arzobispo de Toledo, é
públicamente en una sala del palacio do estaba la
Reyna, le besó la mano, é la recibió por Reyna é
Señora, ó fizo en un libro misal ante todos este jura-
mento. Vinieron ansimesmo Don Diego Hurtado de
Mendoza, Marqués de Santillana, hermano del Car-
denal, é Don Garci Álvarez de Toledo, Duque de
Alva, é Don Alonso Enriquez, Almirante mayor de
la mar, tio del Rey, y el Condestable Don Pero Fer-
nandez de Velasco, Conde de Haro, é Don Beltran
de la Cueva, Duque de Albm-querque , é Don Pero
Manrique, Conde de Treviño, é todos los mas de los
Grapdes é Condes é Caballeros dal Reyno, los quales
ficieron este mesmo juramento ; é los que no vinie-
ron, erabiaron sus Procuradores con sus poderes que
lo üciesen en su nombre. El Rey que estaba en Ara-
gón, sabida la muerte del Rey Don Enrique, vino
luego para Segovia, do estaba la Reyna , su muger.
E luego los Grandes ó Perlados é Caballeros que
habernos dicho le besaron las manos , é le ficieron
el mismo juramento que habían fecho á la Reyna,
é le recibieron por su Rey ó señor, como á marido
de la Reyna, su muger, legítima subcesora é pro-
prietaria destos Reynos. Don Alvaro de Estúñiga,
Duque de Arévalo, ni Don Diego López Pacheco,
Marqués de Villena, que tenia en su poder á Doña
Juana que se llamaba Princesa de Castilla, ni el
Maestre de Calatrava, ni el Conde de Urueña, sus
primos, no vinieron, ni embiaron sus Procuradores
á facer el juramento que todos los otros del Reyno
habían fecho, porque cada uno destos demandaba
al Rey é ala Reyna que les ficiesen nuevos partidos.
El Duque de Arévalo demandaba confirmación de
Arévalo, é otras mercedes. El Marqués de Villena
demandaba el Maestradgo de Santiago, é confirma-
ción de todas las cibdades é villas é lugares, é ren-
tas de la corona real que tenia su padre, conviene
á saber: Alcaraz, Trugillo, Requena, Escalona, é la
tenencia de los alcázares de Madrid, é mas de doa
cuentos de juro de heredad, y el Marquesado de Vi-
llena, el qual pertenecía de derecho al Rey de Ara-
gón, padre del Rey. Otrosí demandaba confirmación
de todas las otras villas é lugares é tierras que tenia
el Maestre su padre. Demandaba ansimesmo confir-
mación do lo que tenia Don Pedro Puertocarrero é
Don Alonso Tellez Girón , sus hermanos , é de los
maravedís de juro de heredad que tenían ellos é los
suyos, lo qual era otra gran suma. E cada imo de
los otros querían confirmación de lo que tenían , é
demandaban otras mercedes de nuevo. El Rey é la
Reyna confirmaron al Cardenal de España el oficio
de su Chanciller mayor del sello de la poridad, de
que el Rey Don Enrique le había fecho merced, é á
Dou Juan Manrique, Conde de Castañeda, el oficio
254
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de Chanciller mayor del sello de plomo; é al Conde
de Haro el oficio de Condestable de Castilla, é Cama-
rero mayor del Rey; el qual oficio de Camarero
mayor Labia ciento é quarenta años que él é sus an-
tecesores hablan tenido de los Reyes de Castilla.
Confirmaron ansimesmo al Almirante su oficio de
Almirante mayor de la mar, é de todos los oficios do
Repostero mayor, é Aposentador mayor. Y en los
oficios de adelantamientos é merindades del Reyno
no ficieron mudanza de como estaban. El oficio de
Justicia mayor del Reyno que tenia el Duque de
Arévalo, y el oficio de Mayordomo mayor que tenia
el Marqués de Villena,é los oficios de los caballeros
sus hermanos é parientes que no vinieron á les dar
la obediencia tovieron suspensos, que no dispusie-
ron dellos por estonces. Proveyeron ansimesmo de
un oficio de Contador mayor á Gonzalo Chacón, que
habia servido muy bien á la Reyna en todos los
tiempos pasados. E del otro oficio de Contador ma-
yor proveyeron á Gutierre de Cárdenas su Maestre-
sala, el que habemos dicho que trabajó en la conclu-
sión de su casamiento, y en las otras sus necesida-
des les habia lealmente servido, y era home de gran
suficiencia. E del tercer oficio de Contador mayor
proveyeron á Rodrigo de UUoa, que lo habia tenido
por el Rey Don Enrique. E luego que comenzaron á
reynar ficieron justicia de algunos homes crimino-
sos é ladrones que en el tiempo del Rey Don Enri-
que habian cometido mtichos delictos é maleficios;
é con esta justicia que ficieron los homes cibdada-
nos é labradores é toda la gente común deseosos de
paz estaban alegres, é daban gracias á Dios, porque
veian tiempo en que le placia haber piedad destos
Reynos , con la justicia que el Rey é la Reyna co-
menzaban á esecutar; porque cada uno pensaba
dende en adelante poseer lo suyo sin recelo que otro
forzosamente gelo tomase. E allende de la afición
que los pueblos tenian al Rey é á la Reyna, con es-
ta justicia que administraban ganaron los corazo-
nes de todos de tal manera que los buenos les ha-
bian amor, é los malos temor; los hombres bolli cío-
ros y escandalosos que habian cometido crimines
en los tiempos pasados, vivian en gran miedo, y es-
taban alterados é muy prestos á bollicies é guerras
por escapar de la justicia que se esecutaba. E por-
que estos eran en tanto número que se recelaba ve-
nir algún daño en el Reyno si se juntasen con el
Marqués de Villena que tenia en su poder aquella
Doña Juana, é con algunos otros tiranos que esta-
ban apoderados de fortalezas, do facían robos é
daños en los pueblos, ovieron acuerdo de templar
por estonces aquella justicia, é perdonar todos los
males que generalmente habian cometido hasta el
dia que reynaron. E ansí amansó por estonces la
alteración que so recelaba por causa de la multitud
de aquellos malos. Otrosí embiaron luego un su Se-
cretario (1) al Rey Don Luis de Francia, á le noti-
(1) Dormer nota qae en nn ejemplar manuscrito de esta Cróni-
ca, que fué de Geniuimo Zurita , y en su tiempo se conservaba en
el Archivo del Keyno de Aragón, se halla la nota siguiente escrita
ficar como el Rey Don Enrique su hermano era pa-
sado desta presente vida. Porque era costumbre
quando algún Rey destos Reynos de Francia ó de
Castilla fallecía, el que subcediese por Rey en el
Reyno lo embiase á notificar al otro ; é como le era
notificado, embiaba su embaxada á refirmar las pa-
ces antiguas que son entre estos Reyes é sus Rey-
nos. E allende desta notificación que fué fecha al
Rey de Francia, le fué dicho por aquel Secretario
de parte del Rey é de la Reyna, que bien sabia en
como el Rey Don Juan de Aragón, su padre, le ha-
bía dado el Condado de Ruisellon, que es en el Prin-
cipado de Cataluña, en prendas de cierta suma de
coronas que habia ganado de sueldo la gente que
embió contra los Catalanes ; el qual empeñamiento
fizo con ciertas condiciones , que el Rey de Francia
no había complido, por lo qual el Condado era libre
del empeñamiento en que estaba , é debia ser resti-
tuido al Rey su padre ; por ende que le rogaba é re-
quería que gelo mandase restituir. El Rey de Fran-
cia oida esta embaxada, mostró algún sentimiento
de la muerte del Rey Don Enrique ; pero respondió
á aquel Secretario, que era muy alegre de la subce-
sion del Rey é de la Reyna en los Reynos de Casti-
lla, é que le placia de refirmar con ellos las antiguas
paces que fueron entre los Reyes sus progenitores
é sus Reynos. E quanto tocaba á la materia de Rui-
sellon, respondió que por él ni por parte suya no se
fizo mudamiento de lo asentado con el Rey de Ara-
gón, antes le habia ayudado en sus necesidades
contra sus rebeldes los de Barcelona é los Catalanes;
por lo qual merecía bien la suma de coronas que
montaba el sueldo que su gente había ganado todo
el tiempo que en aquella guerra estovo ocupada. E
para mostrar las razones que tenia para tener aquel
Condado, embió un Dotor de su Consejo que vino
con aquel Secretario al Rey é á la Reyna á platicar
esta materia , é darles á entender que el empeña-
miento debía durar fasta que él fuese contento de
lo que había gastado en aquel sueldo. Este Dotor
vino al Rey, que por estonces estaba en la villa de
Valladolíd, é platicóse esta materia en su Consejo.
Sobre la qual plática, el Rey é la Reyna tomaron á
embiar segunda vez al Rey de Francia aquel su Se-
cretario que primero habian embiado ; é asentó con
él que para fablar en esta materia embiaria un
Obispo é dos caballeros á Bayona, é que el Rey é la
Reyna embíasen sus Procuradores á Fuenterrabía
y estos toviesen poder para asentar é determinar
todas las diferencias que había sobre la materia de
aquel empeñamiento de Ruisellon, é ansimesmo re-
firmasen las paces que se habian de confirmar entre
estos dos Reyes é sus Reynos.
Agora dexa la historia de relatar mas esta mate-
ria que toca al Rey de Francia, é recuenta las cosas
que pasaron en Segovia.
de mano del mismo Zurita : E.ite íiecretario fné Kenanio del Pul-
gar, como parece por la Historia de Alonso de falencia, ¡ib. í'.", ra-
pilulo S. üonner. Progres, de la Ilislor. en Aragón, lib, 3, cap. 4,
§ 22.
DON í'EUTSÍÁKDO
CAPÍTULO II.
De la plitica qne se ovo sobre la manera que se había de tener
en la gobernación del Reyno.
Hablóse ansimesmo allí en Segovia acerca de la
subcesion del Reyno. Porque alguno de los Grandes
que eran parientes del Rey decían que pues el Rey
Don Enrique falleció sin dexar generación , estos
Beynos pertenecían de derecho al Rey Don Juan de
Aragón padre del Rey , porque no había otro here-
dero varón legítimo que debiese subceder en los
Reynos de Castilla , salvo él que era fijo del Rey
Don Fernando de Aragón, é nieto del Rey Don Juan
de Castilla ; é por consiguiente venia de derecho al
Bey Don Femando su fijo, marido desta Reyna Do-
fia Isabel, la qual decían que no podía heredar es-
tos Reynos por ser muger, aunque venía por dere-
cha linea. Decían ansimesmo que ansí por pertene-
cer al Rey la subcesion destos Reynos , como por
ser varón, le pertenecía la gobernación dellos en to-
das cosas, é que la Reyna su muger no debía enten-
der en ella. Por parte de la Reyna se alegó que se-
gún las leyes de España, é mayormente de los Re-
yes de Castilla, los mugeres eran capaces para he-
redar, é les pertenecía la herencia dellos , en defe-
to de heredero varón descendiente por derecha li-
nea ; lo qual siempre había seydo usado é guardado
en Castilla, según parecía por las Crónicas antiguas,
do se falla, que (1) Ormisinda, fija del Rey Pelayo,
en dof eto de heredero varón , heredó el Reyno de
León é casó con el Rey Don Alonso el Católico. An-
simesmo Odisinda, hermana de Froyla, Rey de
León, casó con Silon , é subcedió por Reyna en el
Reyno, por defeto de heredero varón que debiese
subceder. Otrosí Dofia Sancha , por fin de su herma-
no el Rey Don Bermudo , subcedió en el Reyno de
León , é casó con el Rey Don Fernando el Magno.
Doña Elvira, Reyna de Navarra, subcedió ansimes-
mo en Castilla, que estonces era Condado, é luego su
fijo Don Fernando ovo el Reyno de Castilla, é fué
el primero que so llamó Rey della. Dofia Urraca,
(1) No fué esta la vez primera qne sucedió hembra en los Rey-
nos de España. Cixilona , hija del Rey Ervigio, sucedió i sn padre
en 687, con su marido Egica , que fué ungido por Rey según el
uso de aquellos tiempos Domingo 17 de Noviembre de dicho año,
diez dias después de la muerte de su suegro , como trae Morales,
Crin. General, 1. 12, cap. 57. Tampoco es del todo cierto , que
Ormesinda ó Ermesenda heredase por falta de heredero varón. El
desgraciado Favila, hermano de esta Princesa, que reynó dos afios
después de su padre Pelayo, tenia hijos al tiempo de su muerte.
Asi se comprueba por una inscripción que trae Morales que está
en Santa Cruz de Cangas, fundación de dicho Favila , la mas anti-
gua, según el mismo dice, que de pluma ni de piedra se encuen-
tra en España después de su destrucción. En ella, después de ha-
cer mención de Favila, se habla también de su muger Froyliuba,
y de las prendas amadas de sus hijos. Este Rey murió desgracia-
damente á manos de un oso el mismo año de la inscripción , qne
fué el de 739. No hay otra memoria de sus hijos. Morales dice que
tal vez quedarían niños é inhábiles para la administración. Tam-
poco sabemos si eran varones ó hembras. Si eran hembras queda
en pié la misma diflcultad, pues debían haber sucedido á su padre
antes qne su hermana, por el mismo derecho de la succesiou fe-
menina. Morales, Crónica Gener., L 13, «. 9 v 10. .
É fiOÑA ISABEL. 2é5
que casó con el Conde Don Relbóa de Tolosa, sub-
cedió en loa reynos de Castilla é de León , por fin
del Rey Don Alonso, su padre, que ganó á Toledo; é
después casó con Don Alonso Rey de Aragón, é fué
madre del emperador Don Alonso. Doña Berengue.
la, la fija del Rey Don Alonso de Castilla, el que
venció la batalla de las Navas de Tolosa , subcedió
en el Reyno de Castilla por fin de su hermano el
Rey Don Enrique, el que murió niño en Palencía.
Doña Catalina, fija del Duque de Alencastre, fué ju-
rada por todo el Reyno en concordia por primogé-
nita heredera de Castilla, con su esposo el Rey Don
Enrique, fijo del Rey Don Juan el primero, bísagüe-
lo desta Reyna. E alegaron que no se fallaría en
ningún tiempo, habiendo fija legítima descendiente
por derecha linea, que heredase ningún varón nas-
cido por vía transversal, como era el Rey Don Juan
de Aragón. Acerca de la gobernación del Reyno, se
alegó por parte de la Reyna, que pertenecía á ella,
como á propietaria del Reyno. Porque según los
derechos disponen, ningún reyno podía ser dado en
dote, é sí no se podía dar , menos el Rey podía go-
bernar lo que de derecho no pudo recebír. Especial-
mente no podía facer mercedes, ni disponer de las
tenencias de las fortalezas, ni en la administración
de la hacienda é patrimonio real ; porque estas tres
cosas habían de ser ministradas por aquel que fue-
se señor dellas, é no valían de derecho sí se gober-
nasen por persona que no toviese facultad jurídica
para las ministrar. Esta materia se platicó entre
ellos, é al fin se falló, que según las leyes é la cos-
tumbre usada é guardada en España, estos Reynos
debía heredar la Reyna, como fija legítima del Rey
Don Juan, aunque fuese muger, por qnanto era he-
redera por derecha linea descendiente de los Reyes
de Castilla é de León , é que no podía pertenecer á
ninguno otro heredero aunque fuese varón, si era
transversal. Ansimesmo se determinó , que á ella
como á propietaria pertenecía la gobernación del
Reyno, especialmente en aquellas tres cosas que
dicho habemos. Fecha esta determinación, la Rey-
na dixo al Rey : «Señor, no fuera necesario mover
«esta materia: porque do hay la conformidad que
»por la gracia de Dios entre vos é mi es, ninguna
n diferencia puede haber. Lo qual como quier que
» se haya determinado, todavía vos como mí marido
» sois Rey de Castilla, é se ha de facer en ella lo que
nmandáredes ; y estos Reynos placiendo á la vo-
B luntad de Dios, después de nuestros dias, á vuea-
»tros fijos é míos han de quedar. Pero pues plogo á
«estos caballeros que esta plática se ovíese, bien es
«que la dubda que en esto había se aclarase, segund
»el derecho destos nuestros Reynos dispone. Esto,
» Señor, digo, porque como vedes, á Dios no ha pla-
B cido fasta aquí , darnos otro heredero sino á la
» Princesa Doña Isabel nuestra fija ; é podría acae-
»cer que, después de nuestros dias, viniese alguno
i) que por ser varón descendiente de la casa real d©
«Castilla, alegase pertenecerle estos Reynos aunque
«fuese por linea transversal, é no á vuestra fija la
«Princesa por ser muger , en caso que es hereder»
256
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
«dellos por derecha linea : de lo qual vedes bien , se-
í ñor, quan gran inconveniente se siguiria á nues-
ntros descendientes. É acerca de la gobernación
«destos Reynos debemos considerar, que placiendo
))á la voluntad de Dios, la Princesa nuestra fija ha
»de casar con príncipe estrangero, el qual apropria-
»ria á sí la gobernación destos Reynos, é querría
» apoderar en las fortalezas é patrimonio real otras
» gentes de su nación que no sean Castellanos, do se
«podría seguir que el Reyno viniese en poder de
» generación estrafia ; lo qual sería en gran caVgo de
» nuestras consciencias, y en deservicio de Dios, é
» perdición grande de nuestros subcesores é de nues-
»tros subditos é naturales, y es bien que esta decla-
» ración se haya fecho por escusar loa inconvinien-
))tes que podrían acaecer.»
Oídas las razones de la Reyna , porque conoció el
Rey ser verdaderas , plógole mucho ; é dende en
adelante él y ella mandaron que no se f ablase mas
en esta materia ; é acordaron, que en todas las car-
tas que diesen fuesen nombrados él y olla ; é que el
sello fuese uno, con las armas de Castilla é de Ara-
gón. Ansimesmo en la moneda que mandaron la-
brar, esto viesen puestas las figuras del y della, é los
nombres de ambos. Esta Reyna trabajaba mucho en
las cosas de la gobernación destos Reynos, ansí en
lo tocante á las guerras que en ellos acaecieron , co-
mo en la administracien de la justicia, y en las
otras cosas que ocurrían ; é quando era necesario
que el Rey fuese á proveer en unas partes é la Rey-
na á otras, aunque estaban apartados, nunca se falló
que el uno diese mandamiento que derogase á la
provisión que el otro oviese dado. Porque si la ne-
cesidad apartábalas personas, el amor tenia juntas
las voluntades. E aunque algunos caballeros é otras
personas de dañadas intenciones , procuraban divi-
sión entre ellos, dando á entender al Rey , que como
varón debia tener toda la gobernación ; pero el Rey
é la Reyna, conociendo que estos tales procuraban
divisiones entre ellos por sus proprios intereses, con-
formábanse tanto , que no daban lugar á ninguna
división. El Rey, vista la grande suficiencia de la
Reyna, de todas las cosas se descargaba, é ge las
remitía, é también las que ocurrían de los Reynos
de Aragón é de Sicilia , aquellas que eran arduas é
do grand importancia, porque tenia gran habilidad
é buen seso natural. Cosa fué por cierto de gran do-
trina y exemplo, porque el señorío pocas ó ningu-
nas veces sufre compañía sin discordia. Pero con
tanta providencia sopieron gobernar, que pareció
provisión divina, para que con su conformidad fue-
sen bien proveídos tantos reynos é tan estendidos
señoríos como tenían.
CAPÍTULO III.
De las condiciones é proporciones del Rey.
Este Rey era home de mediana estatura, bien pro-
porcionado en sus miembros , en las f aciones de su
rostro bien compuesto, los ojos rientes , los cabellos
prietos é llanos, ó hombre bion complisíonado. Te-
nía la fabla igual, ni presurosa ni mucho espaciosa.
Era de buen entendimiento é muy templado en su
comer é beber, y en los movimientos de su persona;
porque ni la ira ni el placer facía en él alteración.
Cabalgaba muy bien á caballo, en silla de la guisa ó
de la gíneta; justaba sueltamente ó con tanta des-
treza, que ninguno en todos sus Reynos lo facía
mejor. Era gran cazador de aves , é home de buen
esfuerzo, é gran trabajador en las guerras. De su
natural condición era inclinado á facer justicia , é
también era piadoso, é compadecíase de los misera-
bles que veía en alguna angustia. É había una gra-
cia singular, que qualquier que con él f ablase , lue-
go le amaba é le deseaba servir, porque tenia la co-
municación amigable. Era ansimesmo remitido á
consejo, en especial de la Reyna su muger, porque
conocía su gran suficiencia ; desde su niñez fué cria-
do en guerras, do pasó muchos trabajos ó peligros
de su persona. É porque todas sus rentas gastaba en
las cosas de la guerra, y estaba en contínas necesi-
dades, no podemos decir que era franco. Home era
de verdad, como quiera que las necesidades gran-
des en que le pusieron las guerras, le facían algunas
veces variar. Placíale jugar todos juegos, de pelota
é axedrez é tablas, y en esto gastaba algún tiempo
mas do lo que debia ; é como quiera que amaba mu-
cho á la Reyna su muger , pero dábase á otras mu-
geres. Era hombre muy tratable con todos, especial-
mente con sus servidores contínós. Este Rey con-
quistó é ganó el reyno de Granada, según que ade-
lante en. esta su Crónica será visto.
CAPÍTULO IV.
De las condiciones é proporciones de la Reyna.
Esta Reyna era de mediana estatura , bien com-
puesta en su persona y en la proporción de sus
miembros, muy blanca é rubia; los ojos entre ver-
des é azules, el mirar gracioso é honesto, las faccio-
nes del rostro bien puestas , la cara muy f ermosa é
alegre. Era mesurada en la continencia é movimien-
tos de su persona; no bebía vino; era muy buena
muger, é placíale tener cerca de sí mugeres ancia-
nas que fuesen buenas é de linage. Criaba en su pa-
lacio doncellas nobles, fijas de los Grandes de sus
Reynos, lo que no leemos on Crónica que ficiese
otro tanto otra Reyna ninguna. Facía poner gran
diligencia en la guarda dellas, e de las otras muge-
res de BU palacio; é dotábalas magníficamente, é fa-
ciales graades mercedes por las casar bien. Aborre-
cía mucho las malas ; era muy cortes en sus f ablas.
Guardaba tanto la continencia del rostro , que aun
en los tiempos de sus partos encubría su sentimien-
to, é forzábase á no mostrar ni decir la pena que en
aquella hora sienten é muestran las mugeres. Ama-
ba mucho al Rey su marido, é celábalo fuera de to-
da medida. Era muger muy aguda é discreta, lo qual
vemos pocas é raras veces concurrir en una perso-
na ; fablaba muy bien , y era de tan excelente in-
genio, que en común de tantos é tan arduos nego-
cios como tenia en la gobernación de sus Reynos,
DON FERNANDO
86 dio al trabajo de aprender las letras latinas; é al-
canzó en tiempo de un año saber en ellas tanto, que
entendía qualquier fabla ó escriptura latina. Era
católica é devota ; facia limosnas secretas en luga-
res debidos ; honraba las casas de oración ; visitaba
con voluntad los monesterios é casas de religión , en
especial aquellas do conocía que guardaban vida
honesta ; dotábalas magníficamente. Aborrecía es-
trafiamente sortílegos é adevínos, é todas personas
de semejantes artes é invenciones. Placíalo la con-
versación de personas religiosas é de vid» honesta,
con los quales muchas veces habia sus consejos par-
ticulares ; é como quier que oía el parecer de aque-
llos, é de los otros letrados que cerca della eran, pe-
ro por la mayor parte seguía las cosas por su arbi-
trio. Pareció ser bien fortunada en las cosas que co-
menzaba. Era muy inclinada á facer justicia, tanto
que le era imputado seguir mas la via de rigor que
de la piedad ; y esto facia por remediar á la gran
corrupción de crimines que falló en el Reyno quan-
do subcedió en él. Quería que sus cartas é manda-
mientos fuesen complidas con diligencia. Esta Eey-
na fué la que extirpó é quitó la herogía que habia
en los Reynos do Castilla é do Aragón, de algunos
chrístíanos delinage de los judíos que tornaban á ju-
daizar, é fizo que viviesen como buenos chrístíanos.
En el proveer de las Iglesias que vacaron en su tiem-
po ovo respeto tan recto, que pospuesta toda afición
siempre suplicó al Papa por hombres generosos é
grandes letrados é de vida honesta : lo que no se lee
que con tanta diligencia oviese guardado ningún
Rey de los pasados. Honraba los Perlados é Gran-
des de sus Reynos en las fablas y en los asientos,
guardando á cada uno su preeminencia, según la
calidad de su persona é dignidad. Era muger de
gran corazón, encubría la ira, é disimulábala ; é por
esto que della se conocía, ansí los Grandes del Rey-
no como todos los otros temían de caer en su indi-
nacion. De su natural inclinación era verdadera , é
quería mantener su palabra : como quiera que en
los movimientos de las guerras é otros grandes fe-
chos que en sus Reynos acaecieron en aquellos tiem-
pos, é algunas mudanzas fechas por algunas perso-
nas, la ficieron algunas veces variar. Era muy tra-
bajadora por su persona, según se verá adelante por
los actos desta Crónica. Era firme en sus propósi-
tos , de los quales se retraía con gran dificultad.
Érale imputado que no era franca ; porque no daba
vasallos de su patrimonio á los que en aquellos
tiempos la sirvieron. Verdad es que con tanta dili-
gencia guardaba lo de la corona real, que pocas
mercedes do villas é tierras le vimos en nuestros
tiempos facer, porque falló muchos dellasenagena-
das. Pero quan estrechamente se había en la con-
servación de las tierras, tan franca é liberal era en
la distribución de los gastos continos, é mercedes
de grandes quantías que facía. Decía ella, que á los
Reyes convenia conservar las tierras, porque ena-
genándolas perdían las rentas de que deben facer
mercedes para ser amados, é diminuían su poder
para ser temidos. Era muger cerímoniosa en sus
Cr.— TTI.
É D05ÍA ISABEL. 257
vestidos é arreos, y en el servicio de su persona; é
quería servirse de bornes grandes é nobles, é con
grande acatamiento é humillación. No se lee de nin-
gún Rey de los pasados, que tan grandes homes to-
viese por oficíales como tovo. E como quiera que
por esta condición le era imputado algún vicio, di-
ciendo tener pompa demasiada, pero entendemos
que ninguna cerímonia en esta vida se puede facer
tan por estremo á los Reyes, que mucho mas no re-
quiera el estado real ; el qual ansí como es uno é su-
perior en los Reynos, ansí debe mucho estremarse,
é resplandecer sobre todos los otros estados, pues
tiene autoridad divina en la tierra. Por la solicitud
desta Royna se comenzó, é por su diligencia se con-
tinó la guerra contra los moros fasta que se ganó
todo el Reyno de Granada. É decimos verdad ante
Dios, que supimos é conocimos de algunos grandes
señores é capitanes de sus Reynos, que cansando
perdían toda su esperanza para poderse ganar, con-
siderando la dificultad grande que habia en po-
derla contínar ; é por la gran constancia desta Rey-
na, é por sus trabajos é diligencias que continamen-
te fizo en las provisiones, é por las otras fuerzas
qne con gran fatiga de espíritu puso , dio fin á esta
conquista, que movida por la voluntad divina pare-
ció haber comenzado, según que adelante en esta su
Crónica parecerá.
CAPÍTULO V.
De las cosas que pasaron con el Marqués de Villena.
El Marqués de Villena que estaba en Madrid, em-
bíó al Rey é álaReyna sus mensageros, los quales
demandaron el Maestradgo de Santiago, porque de-
cía que su padre el Maestre gelo había renunciado
en su vida. É ansímesmo pidieron que el Rey é la
Reyna casasen aquella Doña Juana que estaba en
su poder, porque no se descargaría della , salvo ca-
sándola en lugar conveniente é honroso. En esta de-
manda dio á entender, que sino lo ficiesen en la ma-
nera que lo demandaba, él é sus parientes, conviene
á saber el Maestre de Calatrava, y el Conde de
Urueña é otros algunos, se juntarían é farían divi-
sión en el Reyno con aquella Doña Juana, á quien
llamaban Princesa de Castilla. Por parte del Rey é
de la Reyna le fué respondido, que como quiera que
aquella Doña Juana no era persona con quien de
justicia se debiese facer división en sus Reynos,
porque era notorio en ellos no ser fija del Rey Don
Enrique, é aunque el Maestradgo de Santiago es una
de las mayores dignidades de España , y estaba en
poder del Conde de Paredes é del Comendador ma-
yor de León que se intitulaban Maestres, los quales
les habían bien servido ; pero por quitar todos in-
convinientes de sus Reynos, á ellos placía de casar
aquella Doña Juana en lugar convenible, é suplicar
al Papa que proveyese á él del Maestradgo de San-
tiago, é de le dar la posesión del ; pero que había de
entregar luego aquella Doña Juana á persona fiable
que la toviese fasta que se buscase é concluyese su
casamiento, porque después de casada ni ante por
17
258
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
causa della no ge les siguióse deservicio ni escánda-
lo en sus lleynos. El Marqués replicó que no la en-
tregaría fasta que fuese casada , é si la oviese de
entregar , seria á persona fiable á él , que la toviese
hasta que él oviese el Maestradgo de Santiago. Por
parte del Rey é de la Reyna le fué replicado, que si
él quería el Maestradgo de Santiago habia de entre-
gar ante todas cosas aquella Doña Juana á persona
fiable á ellos, tal que estando en su poder no se es-
perase alteración ni escándalo en sus Reynos. E
porque no ovo estonces acuerdo sobre las personas
en cuyo poder aquella Doña Juana habia de estar,
determinó el Marqués de la no quitar de su poder,
fasta que él fuese apoderado de la posesión del
Maestradgo de Santiago, y ella fuese para casar ; el
qual acuerdo ovo por consejo de algunos caballeros
BUS parientes, é de otros sus servidores, é ansiraes-
nio por las amonestaciones que algunos caballeros
del Reyno, homes de malos deseos le ficieron, es-
pecialmente por consejo de un Licenciado que se
llamaba Antón (1) Nuñez de Ciudad-Rodrigo, de
quien él confiaba, el qual habia seydo Contador
mayor del Rey Don Enrique ; é porque el Rey é la
Reyna no le daban aquella contaduría , puso tanta
turbación en el negocio , que no ovo conclusión , ni
el Marqués ni los otros sus primos vinieron al servi-
cio del Rey é de la Reyna. É luego se dixo que el
Marqués comenzaba á tratar de secreto con el Rey
de Portogal tio de aquella Doña Juana, hermana
de la Reyna su madre, para que la tomase por mu-
ger, é se intitulase Rey de Castilla ; é que él é bus
parientes é otros caballeros ayudarían á le dar
la subccsion del Reyno. Ansimesmo trataba se-
cretamente con algunos caballeros, para que jun-
tos con él ñciesen Reyna de Castilla aquella Doña
Juana, prometiéndoles mercedes , é acrecentamien-
tos de sus estados ; lo qual vino á noticia de la
Reyna.
CAPÍTULO VI.
Como el Arzobispo de Toledo partió de la Corle porque el Rey no
le dio los oficios de su casa.
El Arzobispo do Toledo que estaba en Segovia,
Ropo en como el Marqués do Villena por el des-
acuerdo que ovo con el Rey é con la Reyna, no ve-
nia á les facer el juramento é obediencia que los
otros del Reyno hablan fecho; ansimesmo sopo que
trataba con el Rey de Portogal, que tomase por mu-
ger á su sobrina, é que se intitulase Rey de Casti-
lla. E como conoció que nacían necesidades al Rey
é a la Reyua, para que le oviesen menester, deman-
(1) Antón Nuñez, llamado dn Ciudad -Rodrisfo por ser de aque-
lla Ciudad, según el uso de aquellos tiempos, era ya persona de
consideración en tiempo de Don Juan 11, pues fué Corregidor de
Zamora en lli7. El Itey Hon Knrique IV le dio el cargo de Con-
tador mayor en Hfi.'i. I'espucs de la muerte del liey siguió el par-
tido de su pretendirla hija y del de l'ortugal, con quien se pasó á
Lisboa y después le acompañó en su viagt; á l'rancia, y úllima-
nienle volvió i la amistad de los Ueyes de Castilla en li"í). Véase
el cap. 4i y 55. de esta Crónica. Salazar, Casa de Lara, T. ¡I,
p. G73.
dó al Roy ciertos oficios de su casa, 6 otras merce-
des que seyendo Príncipe le habia prometido. El
Rey, considerando que estos oficios que el Arzobis-
po pedia eran de homes criados del Rey su padre é
suyos, los quales le habían bien servido en sus guer-
ras é necesidades, é ansimesmo habían seydo de sus
padres é abuelos, rogó al Arzobispo que tomase al-
gunos dellos, los que buenamente se podían dar, é
dexase los otros, por los quales le faría otras mer-
cedes tales que debiese ser contento. Porque no le
seria honesto quitarlos á los caballeros sus criados
que los tenían, é le habían servido padeciendo en
los tiempos de las guerras pasadas grandes traba-
jos, esperando este tiempo do pensaban haber con
ellos honra é acrecentamiento ; é pues él era su ser-
vidor, no debía procurar mercedes de que tanto de-
servicio geles podía seguir. El Arzobispo respondió
que no dexaría aquella demanda, pues gela habia
prometido , é que se quería ir á su tierra. É como
qtiier que el Rey por le mas encargar fué á su po-
sada, é le rogó mucho que no se apartase de su cor-
te, é le prometió grandes dádivas é mercedes , pero
insistiendo en su propósito, no quiso aceptar su rue-
go, ni recebir las mercedes que le prometía ; é do
secreto con amenazas orgullosas partió de la Corto,
é fué para la villa de Alcalá. Este descontentamien-
to del Arzobispo fué imputado por algunos á sober-
bia, otros decían que procedía de cobdicia, por no la
ser dados los oficios que demandaba ; pero nos creo-
mos principalmente proceder de embídía que ovo
del Cardenal, 'por la honra que el Rey é la Reyna le
facían, é por la gran parte que de sus consejos le
facian mas que á ninguno por respeto de su perso-
na, é porque era home de buen entendimiento , é de
grand autoridad. Este Arzobispo era de línage de
los de Acuña, de nación Portoguesa, home muy
franco, tanto que como quier que tenía la renta del
Arzobispado de Toledo, pero no le bastaba con gran
parte á los gastos é dádivas que facía , é siempre
estaba en estrema pobreza. Y esto se seguía de dos
cosas: la una que era hombre bollícíoso, é deleytá-
base en guerras (2) y en movimientos, á los quales
era traído ligeramente, porque había placer de te-
ner gente do armas en el campo , y entender en fo-
(2) Apenas hubo movimiento alguno en su tiempo en que dexa-
se de encontrarse este Prelado. Quando los caballeros alzaron por
Rey al Infante Don Alonso en la llanura de Avila , él fué quien
quitó la corona á la estatua del Rey Don Enrique, como notamos
arriba. Poco después teniendo cercada á Simancas con los ca-
balleros de la parcialidad del Rey fjon Alonso, los vecinnsde
la villa salieron á los del real y muy cerca de él quemaron pú-
blicamente una estatua que representaba al Arzobispo de Toledo
con nombre de l'on Oppas, dando á cntenderque á semejanza de
aquel causaba con sus movimientos la ruina de su patria , y le
cantiiban públicimente aquel cantar tan sabido, Esta e.i Simnncas,
Don Oppns traidor, esta es Simancas, que no Peña/lor, dando á en-
tender que no serian como los de esta villa que acababan de dc-
xar cercada. Después siguió la opinión del Rey de Portugal, como
se verá adelante. Estos y oíros excesos que se le notaban, se atri-
buían á su facilidad en dexarse gobernar por este Fernando de
Alarcon, que después pagó su traición con la vida y fué degollado
y arrastrado en la plaza do Zocodover de Toledo. Enriq. del Casi.,
CrMi. de Don Enriq. ¡Y, cap 7". Rcrnald., Crón. US. de los Ueyes
Calélicos, CUV. IS.
DON FEKNANt)0
clio de guerra, é procuraba que sonase su fama é
BUS fechos por muchas partes ; la otra porque en-
tendía continamente en el arte del Alquimia , y en
estas dos cosas, y en lo que dellas depende gastaba
lo mas de su tiempo , é toda su renta ordinaria , é
quanto mas podia adquirir. Ansimesmo era de tal
condición, que dado que gele mostrasen algunos in-
convinieutes en las cosas que comenzaba , siempre
quería llevar adelante sus propósitos , no mirando
que la prudencia quiere mudar los consejos segund
ocurren los tiempos ; lo qual le ponia en trabajos
continos, é algunas veces en peligro de su persona
y estado. É tenia un privado que se llamaba Fer-
nando de Alarcon, que á los principios ovo noticia
del por el arte del Alquimia en que era mostrado;
después como este Alarcon era hombre agudo é
cauteloso, é sabia seguir los apetitos é inclinacio-
nes del Arzobispo, servíale en ellos de tal manera
que en poco tiempo le dio todo el crédito de su ca-
sa é de sus negocios.
CAPÍTULO VII.
Como el Rey éla Reyna partieron de Segovia para Valladolid, 6
como el Marqués de Villena requirió al lley de Portogal, que
tomase por muger ú su sobrina.
Partido el Arzobispo de la Corte para su tierra
dende á pocos días partieron el Rey é la Reyna de
Segovia para Medina del Campo, É demandaron al
Duque de Alva que iba con ellos la Mota de Medi-
na que tenia, é luego gela entregó ; é dende fueron
á Valladolíd, é posaron en las casas de Juan de Vi-
vero, que e« junto con la puerta que dicen de Cabe-
zón, la qual tenia fortalecida el Conde de Benaven-
to, é mandaron derribar todo lo fuerte della. É allí
en Valladolíd estovieron algunos días, é ficieron
grandes fiestas, é recibieron omenages de algunos
caballeros é cibdades é villas del Reyno que finca-
ban por recebír. Entretanto que estas cosas pasa-
ban en Valladolíd, el Marqués de Villena é los que
con él estaban no cesaban de tratar con muchos ca-
balleros é otras personas príncipales, por los atraer
á la opinión de aquella Doña Juana, para la intitu-
lar Reyna de Castilla. Y embió públicamente al Rey
de Portogal á lo decir ; « Que bien sabia como aque-
» lia su sobrina era fija del Rey Don Enrique, é por
«ser su legítima heredera le pertenecían de derecho
» los Rey nos de Castilla é de León , los qual es el Rey
» é la Reyna de Sicilia contra toda justicia habían
«tomado, intitulándose Rey é Reyna dellos tiránica-
« mente ; é ansimesmo sabia, que muerto el Rey Don
n Enrique solo quedaba él por amparo de aquella se-
» ñora, é por defensa destos sus Reynos. Por ende
ft que le ploguiese de tomarla por muger , é que se
» intitulase luego Rey de Castilla é de León, pues
«casando con ella lo podia facer; é que no la des-
» amparase, ni consintiese tomar lo suyo, porque si
«él diese lugar á ello perderia los Reynos de Casti-
»llo é de León, que muy ligeramente podía haber;
» lo qual seria imputado á gran flaqueza de ánímo|
» é contra las claras virtudes que por todo el mundo
É DOÑA ISABEL. 259
» se publicaban de su persona.» E para proseguir
esta demanda ofrecía que serian ciertos para su ser-
vicio el Arzobispo de Toledo, su tío, y el Duque de
Arévalo, y el Maestre de Calatrava , y el Conde de
üruefia sus primos, que son de las mayores casas de
Castilla, los quales se juntarían luego con él. Otrosí
le certificaba, que intitulándose Rey de Castilla ver-
nían á su obediencia catorce cibdades é villas de las
principales del Reyno. Ofreció ansimesmo que ver-
nian á su servicio Don Rodrigo Alonso Pímentel,
Conde de Benavente , y el Marqués de Cáliz , Don
Rodrigo Ponce de León, é Don Alonso de Aguilar,
que eran casados con sus hermanas, é ansimesmo el
Duque de Alburquerque é otros muchos que se de-
clararían sus servidores, quando le viesen entrar en
Castilla como Rey della. Diéronle ansimesmo á en-
tender, que en las mas cibdades é villas del Reyno
había divisiones é bandos, é que de necesario seria
que la una parto tomase su voz, la qual edn el fa-
vor de gente é dinero que tovicse pujaría contra la
otra parte, é ansí temía todas las cibdades del Rey-
no á BU obediencia. Dixeron ansimesmo que el Rey
é la Reyna no tenían gente ni renta alguna en
el Reyno donde pudiesen sacar dinero para soste-
ner guerra poco ni mucho tiempo ; porque todo el
patrimonio real estaba enageuado, é no tenían for-
taleza ni caballero á su obediencia , ni quien ficiese
guerra ni paz por su mandado, sino á voluntad de
caíla uno ; é que en entrando en el Reyno de Casti-
lla poderosamente con gente é con dinero, pues por
la gracia de Dios tenía asaz para lo facer, le seria
todo llano, é vernian todos á su servicio é obedien-
cia, de manera que en breve tiempo con poca pena
é mucha gloria habría estos Reynos para él é para
sus subcesores. Estos mensageros le dixeron que
había de dar el Maestradgo al Marqués de Villena,
é confirmarle todo lo que el Maestre su padre tenía
de la corona real ; é que ficiese merced al Arzobis-
po de Toledo de cinco mil vasallos en Castilla, é á
Lope Vázquez de Acuña su hermano , de la cibdad
de Buete, é á otros sus parientes é criados otras mer-
cedes de oficios é rentas, é al Duque de Arévalo otra
cantidad de vasallos en Castilla, é le confirmase la
merced de la villa de Arévalo, é á otros caballeros
que se habían de jurar con él á le servir en esta de-
manda, otras mercedes de vasallos é rentas.
CAPÍTULO VIII.
Como el Rey de Portogal determinó de casar con su sobrina.
El Rey de Portogal, oída esta embaxada, recibió-
la con alegre voluntad; é ansí por la oferta que es-
tos mensageros le ficieron, como por otros mensa-
geros é ofrecimientos que había recebido de algu-
nos caballeros de Castilla secretamente, como quie-
ra que le era dubdoso el derecho de la subcesion de
su sobrina, pero concibió luego en su ánimo de
aceptar esta euí presa , é de ser Rey de Castilla é de
León, para los juntar con su Royno de Portogal. E
como ios caminos para ir á las cosas deseadas se
facen ligeros, aunque sean peligrosos, púsolo en
260 CRÓNICAS DE LOS
obra pensando que esta empresa seria tan ligera-
mente acabada como le fué ofrecida. Á este su con-
cepto ayudaba mucho el deseo que tenia de haber
alguna venganza de la Reyna, porque quando la
embió á demandar en matrimonio no lo quiso fa-
cer. E luego puso en plática esta materia con algu-
nos caballeros, é otras personas de su consejo ;á los
qaales dio á entender, que su voluntad determinada
era de casar con su sobrina, é poner todas sus fuer-
zas por haber los Reynos de Castilla é de León, que
de derecho le pertenecían, é demandóles su parecer
sobre ello. Aquellos caballeros é algunos otros de su
Consejo, vista la voluntad del Rey inclinada á acep-
tar esta empresa, pensando ansimesmo que en la
grandeza do Castilla habia para acrecentarse todos
ea rentas é señoríos ; conformáronse mas con la afi-
ción del Rey de Portogal , que con ¡a rectitud del
consejo. É al fin todos le consejaron que lo debia
aceptar é poner luego en obra, antes que el Rey é
la Reyna oviesen tiempo para se apoderar mas del
Reyno de Castilla. Habido este consejo, luego fizo
asiento sobre todas las cosas que se hablan de com-
piir con el Marqués de Villena, é con el Arzobispo
do Toledo, é con el Duque de Arévalo, é con los
otros caballeros que habemos dicho ; y ellos ansi-
mesmo de lo que hablan de complir con él. É lue-
go embió un caballero con poder para se desposar
con su sobrina, habiendo dispensación del Papa. Y
escribió á todos los Grandes é Caballeros de Casti-
lla, faciéndoles saber como él la tomaba por muger,
é como á su marido le pertenecÍMi estos Reynos , la
posesión de los quales entendía con el ayuda de Dios
venir poderosamente á tomar ; por ende que se jun-
tasen con él, é que les f aria muchas mercedes. Algu-
nos homes de aquel Reyno de Portogal, que mira-
ban aquel negocio sin afición , recelando los gran-
des inconvinientes que en las grandes empresas
suelen acaecer, amonestaron al Rey de Portogal que
pensase mas é mejor en esta demanda que quería
facer: é dixeronle que las grandes empresas con
justos é grandes fundamentos se debían principiar;
é que debia considerar, que estos que le llamaban
para ser Rey de Castilla é de León, eran el Arzobis-
po de Toledo ^ y el Duque de Arévalo, é los fijos del
Maestre de Santiago, é del Maestre de Calatrava su
hermano ; loa quales poco tiempo antes habian afir-
mado por toda España, é publicado fuera della, que
la señora su sobrina no tenia derecho á los Reynos
del Rey Don Enrique, por la impotencia experimen-
tada que del publicaron ; é que debia bien mirar co-
mo estonces habian fallado no ser heredera de Cas-
tilla, é agora dicen que es legitima subcesora , por-
(jue destas variedades é mudanzas en tan poco tiem-
po fechas, se podia sospechar que estos caballeros
de Castilla no se movían por bu servicio , ni menos
con zelo de la justicia que publicaban, sino á fin de
procurar sus intereses de acá é allá, é dar el derecho
do fallasen mayor utilidad. É por tanto le amones-
taron que BUS cosas fasta hoy florecientes , no las
embolviese con aquellos que el derecho do los Rey-
nos miran, no según la verdad, mas según sus pa-
REYES DE CASTILLA.
siones é proprios intereses : porque los propósitos
destos tales no suelen ser constantes según deben»
mas mudables como suelen, para declinar á la parte
que la fortuna se mostrare mas favorable. Otrosí lo
decían que el Rey tenia los mas de los Grandes del
Reyno de Castilla por parientes, é que los pueblos
eran aficionados á él é á la Reyna su muger, é que
los Portogueses no se compadecían bien con los
Castellanos. E que mirase bien que comenzar guer-
ra quien quiera lo podia facer, pero la salida della
suele ser como los casos de la fortuna se ofrecen,
los quales son tan varios é tan peligrosos , que los
estados reales no geles deben cometer sin funda-
mento de justicia é con gran deliberación. Otrosí le
decían que aquel que por odio ó por interese encu-
bre el bueno, é da color al mal consejo, el consejero
con todo lo que conseja perece. É por tanto querían
mas agora carecer de su gracia diciendo la verdad,
que perecer después habiéndola callado. Estas é
otras cosas le fueron dichas al Rey de Portogal pa-
ra le retraer de su propósito ; pero no fueron bien
recebidas , porque eran contra lo que tenía ya con-
cebido en BU ánimo. El Marqués de Villena y el
Maestre de Calatrava y el Conde de ürueña, sus
primos , no cesaban de solicitar públicamente con
los que podían , diciendo que aquella Doña Juana
era verdadera heredera de Castilla, é que la debían
obedecer é tener por su Reyna é Señora , la qual les
faria muchas mercedes. É derramaban esta voz por
las cíbdades é villas, á unos diciendo los crimines
é yerros é tomas del patrimonio real que habían fe-
cho en tiempo del Rey Don Enrique, los quales les
serian perdonados por el Rey de Portogal ; á otros
poniendo miedo si siguiesen el partido del Rey é de
la Reyna, dándoles á entender que serian punidos
en las personas, é les tomarían los bienes é rentas
que el Rey Don Enrique les habia dado. E desta
manera prometiendo mercedes á unos, é poniendo
miedo á otros, trabajaban de traer á todos los quo
podían á su opinión é al servicio del Rey de Porto-
gal. Muchos había que deseaban guerras é alboro-
tos, pensando que las nuevas cosas les traerían nue-
vas ganancias ; otros por miedo de los crimines que
habian cometido aceptaban aquellos ofrecimientos,
é se disponían á seguir el partido del Rey de Por-
togal. É con estas variedades, unos estaban escan-
dalizados, otros alterados; é no les parecía estar
obligados á orden ni subjecion alguna de Rey ni de
justicia, como suele acaecer en los Reynos do hay
división.
CAPÍTULO IX.
Del requerimiento que el Rey de Portogal embió á facer al Rey 6
la Reyna.
Estando el Rey é la Reyna en la villa de Valla-
dolid entendiendo en la provisión do estas cosas,
embió á ellos el Rey do Portogal un Caballero de su
casa, que se llamaba Ruy de Sosa. Con el qual les
embió decir que bien sabia que la Princesa Doña
Juana su sobrina era fija legítima del Bey Don En-
DON FERNANDO
ríqne de Castilla é de Leen, y heredera de sus Rey-
nos, jurada quando Princesa por Reyna ó Señora de-
Uos por los Grandes ó Caballeros, é por las cibdades
é villas del Reyno para después de los dias del Rey
su padre; á la qual él habla deliberado de tomar
por muger. Por ende que les rogaba é requería, que
le desasen estos Reynos que tenian ocupados injus-
tamente, é no se entremetiesen á los poseer, pues
no les pertenecían. É que sí algún derecho pensa-
ban tener á ellos, que fasta ser visto é determinado
por quien é como debía los desocupasen luego , é
dexasen la posesión que usurpaban. É como quiera
que según derecho , todo legítimo heredero puedo
por su propría autoridad entrar en los bienes que le
pertenecían, é la Royna su sobrina lo podía justa-
mente facer como legítima heredera del Rey su pa-
dre ; pero por escusar muertes é otros males que de
la guerra se pueden seguir , saliendo ellos del Rey-
no de Castilla, él suspendería la entrada que en ellos
quería facer, fasta que el derecho de la una parte,
ó de la otra fuese determinado. É sí luego no lo
querían facer, él entendía con la ayuda de Dios en-
trar poderosamente, é poseer estos Reynos como co-
sa suya, pues le pertenecían á causa de la Reyna su
sobrina é su esposa. E que sí por esta causa algu-
nas muertes é otros males y escándalos se siguiesen,
tomaba á Dios por testigo, que fuese á cargo dellos
é no al suyo, pues les requería antes con la razón
que con la fuerza.
CAPÍTULO X.
De la respuesta que dieron el Rey é la Reyna al requerimiento
que les embió á facer el Rey de Portogal.
El Rey é la Reyna , oída aquella ombaxada que
por parte del Rey de Portogal les fué fecha, o vie-
ron su consejo con el Cardenal de España é con su
hermano el Marqués de Santíllana á quien ficieron
Duque del Infantadgo, é con el Almirante, é con el
Duque de Alva, é con el Condestable Conde de Ha.
ro, é con otros caballeros y perlados de su Consejo;
é con el acuerdo dellos respondieron , que se mara-
villaban mucho del Rey de Portogal, querer agora
de nuevo despertar materia tan injusta, la qual sa-
bia él muy bien que según razón se debiera callar,
por escusar plática que de necesario redundaría en
injuria de personas reales ; é que no estaba por co-
nocer á él la verdad del derecho de Doña Juana su
sobrina que agora quería proseguir, ni podrían creer,
por ser príncipe dotado de tan claras virtudes , que
pensase mover guerra tan grande sobre fundamen-
to tan injusto , sin haber primero mayores ó mas
ciertas informaciones , especialmente considerados
los cercanos é grandes debdos de sangre que con
ellos tenía, é la buena é loable paz que hay entre
sus Reynos é los Reynos de Portogal. É que le plu-
guiese considerar, que aquellos caballeros que le
llamaban para execucíon desta justicia, mas lo fa-
cían movidos por sus propríos intereses, que con ze-
lo del derecho que publicaban. Porque él sabia bien
que aquellos meemos é sus padres eran los que po-
É DOÑA ISABEL. 261
co tiempo antes habían tenido el voto contrario, é
publicaron por toda España ó aun fuera della, que
aquella Doña Juana ni era ni podía ser fija del Rey
Don Enrique ; é insistieron en ello para lo verificar,
faciendo grandes ayuntamientos de gentes , é po-
niendo escándalo en el Reyno. Lo qual daba clara-
mente á entender, como en la primera división se
mostraron escandalosos, pues lo que afirmaron es-
tonces negaban agora, é agora se muestran cobdí-
cíosos, pues lo que agora confiesan negaron eston-
ces. Otrosí le embíaron decir, que semembrase quan-
do el Rey Don Enrique le ofreció por muger aque-
lla su sobrina, é con ella le otorgaba la subcesíon
de los Reynos de Castilla é de León ; que ni quiso
aceptar el casamiento , ni menos la subcesíon , por-
que no estaba saneado del derecho que su sobrina
podía tener á estos Reynos. Todo lo qual conside-
rado, con ánimo limpio de pasión , según que á la
conscíencía de persona real convenía, le rogaban,
que no le mo'yíesen las razones de aquellos que ten-
tando sus intereses en una y en otra parte, determi-
naban el derecho do fallaban su mayor utilidad. E
que se dexase desta opinión , do tantas muertes ó
destruíciones de necesario se síguírian ; en lo qual
faria lo que príncipe virtuoso é temeroso de Dios
debe facer. É que sí todavía acordaba ¿nsístir en
esta demanda, le díxese en como ellos poseían estos
Reynos por la gracia é voluntad de Dios, é por jus-
ta é derecha subcesíon perteneciente á la Reyna he-
redera legítima dellos. É que si el Rey de Portogal
decía pertenecerle por alguna acción, ellos estaban
prestos de le responder por justicia; é si otra algu-
na vía de fuerza ó de escándalo quería mover, á ellos
pesaba mucho. Pero que agora fuese por derecho^
según debía, agora por fuerza , según decía, le res-
ponderían, tomando ante todas cosas á Dios de su
parte, porque no les fuese imputada culpa de las
muertes , incendios é otros males , que dello se si-
guiesen en Castilla y en Portogal, pues él quena ser
movedor é causa principal dellos.
CAPÍTULO XI.
De lo que el Rey é la Reyna embiaron á decir al Marqués
de Villena.
Despedido el Embaxador del Rey do Portogal
con esta respuesta, luego el Rey ó la Reyna embia-
ron decir al Marqués de Villena, que mirase bien
quautas muertes é destruíciones se habían seguido
en estos Reynos por la división que en ellos princi-
palmente causó el Maestre de Santiago su padre,
quando se juntó con algunos perlados é caballeros
del Reyno, é ficieron Rey al Príncipe Don Alonso.
De la qual enfermedad no aun libres, quería agora
tornar á facerlos recaer en la mesma dolencia que
habían padecido. E que si no quería mirar su cons-
cíencía, ni menos la fama que cobraba de home, é
fijo de home causador de escándalos, á lo menos se
doliese de tantos males, quantos por su parte é cau-
sa en el Reyno se aparejaban; é quanto peligro
ocurría en su persona y estado, é quanto daño de la
262
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
guerra se podia seguir en bu tierra é patrimonio,
porque no era posible estando todo el Reyno en
guerra, que su tierra estoviese en paz. Por ende que
le rogaban é requerian con Dios, que se doxase de
aquel camino que queria llevar , é pensase pacificar
su persona y estado ; é que ellos le confirmarían to-
do lo que el Maestre su padre le dexó, é le darian el
Maestradgo de Santiago , é allende desto le f arian
otras mercedes. El Marqués de Villena respondió
que ya no era tiempo de se retraer de lo que había
comenzado, é que tenia por su rey é señor destos
Reynos al Rey Don Alonso de Portogal é á la Rey-
na Doña Juana su esposa, á quien de derecho perte-
nccian; por ende que no le fablasenmas en aquella
materia. Oida esta respuesta, luego el Rey é la Rey-
na pensaron de poner gran recabdo en el Reyno, y
embiaron sus cartas á todas las cibdades é villas pa-
ra que fuesen bien guardadas, de manera que nin-
guna persona se pudiese apoderar dellas. Y escri-
bieron á algunos Grandes é Caballeros del Reyno,
faciéndoles saber la embaxada que el Rey de Por-
togal les habia embiado, é la respuesta que le ha-
bían dado. É porque sopieron que al Rey de Porto-
gal facía aderezos de guerra , é llamaba su gente
para entrar en Castilla , mandaron que estoviesen
prestos co» sus gentes para les servir é defender
estos Reynos, según que buenos é leales súbditosson
obligados á facer. Sabido esto en el Reyno , Ipego
las gentes del, como en semejantes casos suele acae-
cer , ovieron diversos pensamientos. A los unos pe-
saba mucho, recelando los males que vienen á to-
dos generalmente de las guerras é divisiones, y es-
tos eran los bornes pacíficos é de buenos deseos.
Otros aunque eran aficionados al servicio del Rey é
do la Reyna, placíales de aquellos escándalos, por
ver necesidades en que los oviesen de servir , por-
que ficiesen mención dellos é les ficiesen mercedes.
A otros deseosos de novedades placía, por ver mu-
danzas de tiempos, en que pensaban adquirir rique-
zas é honores. Otros pensaban de allegarse á la par-
te que mejor partido les ficiese. É á otros muchos
placía, no por otro respeto , salvo por ver tiempo
disoluto, sin ninguna orden ni miedo de justicia,
donde con robos ó fuerzas pensaban adquirir bie-
ues. É ansí los unos como los otros, proveyendo á
sus proprios intereses, habían varios consejos, é da-
ban diversos juicios, y estaban escandalizados, los
ánimos alterados, dubdando á qual parte Dios é la
fortuna seria mas favorable. Pero los homes cibda-
danos é labradores, é todos los mas de la caballería,
é los fijosdalgo de Castilla, eran aficionados al Rey é
á la Reyna, é odiosos á los Portogueses, por la ene-
mistad antigua que es entre Castilla é Portogal. Es-
pecialmente eran odiosos á aquella Doña Juana
porque creían no ser fija del Roy Don Enrique , é
que habia seydo engendrada de feo é detestable en-
gendramiento, é deseaban mucho la vitoria del Rey
é do la Reyna , por ser fija del Rey Don Juan. La
Reyna estaba muy turbada de ver los escándalos é
alteraciones del Reyno; é como desde su niñez ha-
bia seydo huérfana é criada ea grandes necesida-
des , considerando los males que habia visto en la
división pasada, recelando mayores en la que veía
presente, convtvrtióse á Dios en oración, ó los ojos é
manos alzados al cielo dixo ansí : «Tú, Sefior, que
«conoces el secreto de los corazones, sabes de mí,
«que no por vía injusta , no por cautela ni tiranía,
» mas creyendo verdaderamente que de derecho me
«pertenecen estos Reynos del Rey mi padre, he pro-
» curado de loa haber, porque aquello que los Reyes
«mis progenitores ganaron con tanto derramamien-
»to de sangre, no venga en generación agena. A tí,
«Señor, en cuyas manos es el derecho de los Rey-
«nos, suplico humilmente, que oigas agora la ora-
«cion de tu sierva, é muestres la verdad, é manifies-
»tes tu voluntad con tus obras maravillosas: por-
» que si no tengo justicia , no haya lugar de pecar
«por ignorancia, é si la tengo, me des seso y esfuer-
»zo para la alcanzar con el ayuda de tu brazo, por-
«que con tu gracia pueda haber paz en estos Rej"--
«nos, que tantos males é destruicioncs fasta aquí por
«esta causaban padecido.» Esto oían decirá la Rey-
na muchas veces en aquellos tiempos en público, y
esto decía, que era su principal rogativa, á Dios en
secreto.
CAPÍTULO XIL
De las amonestaciones que ficieron al Arzobispo de Toledo por-
que no se juntase con el Rey de Portogal.
Como el Rey é la Reyna sopieron que el Arzobis-
po de Toledo (1) tomaba propósito nuevo, é queria
favorecer la parto del Rey de Portogal , acordaron
de embiar á él algunas personas de su Consejo, por
le retraer de aquel camino. El qual respondió áspe-
ramente , mostrando con orgullo grandes querellas
del Rey é de la Reyna, diciendo que no le habían
tratado con la honra que debían, ni dado los oficios
que el Rey le habia prometido; é decía otras razo-
nes , por do mostraba gran descontentamiento. É
de secreto se sopo que todavía determinaba seguir
aquella via del Rey de Portogal, porque el Marqués
de Villena que estaba con él, le habia traído á la
opinión suya; cerca de lo qual ayudaba mucho
aquel Fernando de Alarcon , que habernos dicho
que era privado del Arzobispo , á quien medíante
muchas dádivas é promesas, el Marqués de Villena
había corrompido é traído á su opinión. El Conde
de Buendia, Don Pedro de Acuña, quando sopo que
el Arzobispo de Toledo su hermano tomaba propó-
sito nuevo contra el Rey é contra la Reyna, con
gran sentimiento que dello ovo, vino á él é trabajó
(li Con este motivo el Cronista Fernando del Pulgar, por man-
dado, según entonces se dijo, de la Reyna, escribió al Arzobispo
una larga carta, que es la 3 de las suyas, haciéndole ver sn mal
porte, y persuadiéndole á que mudara su propósito y diese paz
al Reyno. A la qual el Arzobispo hizo responder por un caballero
criado de su casa, escusándose, y dando á entender, que no ba-
ria nada que no debiese contra el Rey y la Reyna. Entonces el
Cronista, con la libertad que le daba la justicia de su causa, vol-
vió á tomar la pluma y escribió á dicho caballero la carta que
puede verse igualmente en las suyas, Letra 6. Una y otra trae á la
letra Bernald,, lUst. de los lieyes Católicos, c, \t y 13.
DON FERNANDO
mucho , ansí por su persona, como mediante algu-
nos religiosos é otros sus criados, por le retraer de
aquella via que tomaba. E ni la autoridad de aque-
llas personas, ni la fuerza ce sus razones, ni merce-
des que le prometieron , ni inconvinientes que le
mostraron, pudieron retraerlo do aquel propósito. E
vista la pertinacia que mostraba, todos aquellos,
aunque sus dcbdos propinquos, fueron indinados é
mostraron ^rand odio contra él, considerando que
siempre hübia servido al Rey é á la Reyna en los
tiempos pasados, é agora que en tiempo de necesi-
dad era mas menester su servicio, movido por inte-
rese, ó por otra alguna pasión , no solo dexaba de
los servir, mas deliberaba de los deservir, juntán-
dose con el Rey de Portogal á poner nueva divi-
sión en el Reyno ; sin haber respeto á los juramen-
tos que pocos dias antes habla fecho, de tener siem-
pre al Rey é á la Reyna por sus reyes ó señores na-
turales, é de los servir lealmente.
CAPÍTULO XIII.
De como la Reyna pasó aquende los puertos, é vino para Toledo.
El Rey de Portogal , oida la respuesta que em-
biaron el Rey ó la Reyna con aquel caballero Ruy
do Sosa, é como fué certificado por el Marqués de
Villena que el Arzobispo de Toledo y el Duque do
Arévalo se juntarían con él é le servirían , luego fizo
llamar todas las gentes de guerra de su Reyno, en
número de cinco mil homes de á caballo , é quince
mil peones. E según se decia, agraviando sus vasa-
llos en los pechos que les puso y emprestidos que les
demandó, llegó gran suma de dinero, é luego movió
con aquella su gente para entrar en Castilla. Sabi-
do por el Roy é por la Reyna que estaban en Valla-
dolid, la entrada del Rey de Portugal en sus Rey-
nos, é como el Arzobispo do Toledo determinaba
de se juntar con él ; luego acordaron, que el Rey
quedase en Valladolid, é con él el Cardenal de Espa-
ña yol Almirante, é otros algunos caballeros, para
proveer en toda aquella tierra é sus comarcas ; é
que la Reyna pasase aquende el puerto, é viniese á
Toledo para proveer desdo aquella cibdad en las
cosas del Reyno de Toledo é del Andalucía y Es-
íremadura , é de todas aquellas partes. Ansimcsmo
acordó de ver en aquel camino al Arzobispo de To-
ledo, por le retraer de aquel propósito que habla to-
mado. E mandó al Duque del Inf antadgo, é al Con-
destable Conde de Haro, é al Duque de Alva que
luosen con ella. B como llegó á Lozoya, acordó des-
do allí erabiar al Arzobispo á le decir que ella que-
ría ir á la su villa de Alcalá á le ver é f ablar. Este
acuerdo que la Reyna tomaba, pareció bien á los
caballeros que con ella venían, é á los mas de su
consejo porque creian , que quando el Arzobispo
viese á la Reyna, faria todo aquello que le rogase,
mayormente cumpliendo con él en todo lo que so
pediese complir ; ó loaban mucho su condición, por-
que podia forzar su voluntad para ir á f ablar á un
natural suyo, después de tan agras respuestas como
lo habia embiado. Otros algunos, en especial aque-
E DONA ISABEL. 203
líos ano conocian al Arzobispo é habían ido é él
por mandado del Rey é de la Reyna sobre esta ma-
teria, recelando su dureza, le cousejabau que no
dobia ir, porque no se guardaba su preeminencia
real. E que Burla mejor consejo, cmbiar uno de aque-
llos caballeros que iban con ella, que eran de los
mayores del Reyno, é personas de grand uutoridaií;
porque si ella fuese en persona, mostraría gran fla-
queza de su partido , lo qual dañaría mucho en los
negocios principales que por estonces ocurrían. De-
cían ansimesmo , que no podia la Reyna ofrecer al
Arzobispo mas de lo que ellos de su parte le habían
ofrecido ; ni le podían decir ni consejar mas, de lo
que su hermano el Conde do Buendia é otros sus
parientes é criados é algunos religiosos le habían
amonestado é consejr.do; é que las semejantes vis-
tas, sobre cosa concertada se suelen é deben facer.
Porque sí el Arzobispo no aceptase el ruego que la
Reyna le ficíese en persona, doblarsería la enemis-
tad, é su mesmo yerro le faria ser mas duro deser-
vidor; de manera que vernía tarde la reconci-
liación que del por ventura en algún tiempo se es-
peraba. E decían otras muchas razones, por escusar
aquella ida que la Reyna en persona quería facer.
La Reyna respondió : «Porque yo tengo gran con-
» lianza en Dios, tengo poca esperanza en el servi-
nvio, é poco temor del deservicio que el Arzobispo
» puede facer al Rey mi señor é á mí. E sí el Arzo-
)) hispo fuese otra mayor persona, pensaría mas en
« mi ida é él ; pero porque es mi natural é ha estado
»en mí servicio familiarmente, quiero ir áél, porque
» pienso que mi vista le mudará la voluntad , é le
»podrá retraer deste propósito nuevo que quiere to-
» mar. E solo por satisfacer á la opinión del pueblo
«que piensa que ha servido al Rey mi señor é á mí,
» quiero facer esta diligencia, por no le dexar errar
«si pudiere; é no quiero pues que puedo, quedar
))con pensamiento que me acuse, pensando que si
«fuera á él en persona, le pudiera retraer deste ca-
«njno errado que quiere tomar.» E acordó que el
Condestable fuese primero á fablar con él ; é la
Reyna quedó en Lozoya, é con ella los Duques del
Infantadgo é de Alva. El Condestable por manda-
do de la Reyna , fué á la villa de Alcalá ; é luego
1 el Arzobispo f abló con él , é repitióle los servicios
que habia fecho al Rey é á la Reyna ; é díxole quan-
to eran notorios los peligros de su persona, é gas-
tos de su facienda que habia fecho por les servir ;
é que siendo príncipes, teniéndolos en su casa é
tierra, le habia prometido para quando oviesen el
Reyno grandes mercedes, é que nunca ovo dellos
oficio ni merced. Ansimesmo les dixo, que mayores
honras facían, é daban mas parte de sus consejos
¿ otros perlados é caballeros á quien no debían dar,
que á él que les habia ansí bien servido, como á to-
do el mundo era notorio. B que en todo le habían
seydo tan ingratos é le habían tratado tan deshon-
radamente después que eran Reyes, quanto no pu-
dieran tratar al menor capellán de su casa ; é que
acordaba de tornar por su honra, é dar á entepder
especialmente á la Reyna, en que manera se habia
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
264
de tratar persona que tan bien le había servido, ansí
en su casamiento, como en todas las otras cosas.
Este Condestable era home discreto é bien f ablado^
é deseaba mucho retraer al Arzobispo de aquel ca-
mino que tomaba ; é después que le oyó bien, é vi-
do que había descargado sus quexas, como quier
que conocía bien quanto trabajo se requiere para
retraer al arguUoso del propósito que tiene concebi-
do, le respondió :
«Yo, señor, tengo creído, que mayor fama de
» magnífico os dio vuestra naturaleza , que os pudo
«dar vuestra dignidad. Pero si los actos de lamag.
» niñcencía carecen de razón, mas serán reputados
» actos de home voluntarioso , que de magnífico.
» Oído habernos de vos muchas veces , que habéis
«servido bien al Rey é ala Reyna, seyendo prínci-
» pes , é que los habéis tenido en vuestra casa algu-
» nos tiempos , é habéis pasado trabajos , fasta que
«por la gracia de Dios son venidos al estado real
» en que están ; é concluís sobre todo de haber ven-
«gauza desta ingratitud , que contra vos decis que
«han mostrado. Verdad es por cierto, señor, que
« mejor fuera ni vos repetir vuestros servicios , ni
» yo recontar lo que el Rey é la Reyna han fecho
» por vos ; porque repetir el beneficio , parece acu-
»sar la ingratitud. Pero tanto é por tantas partes
«los publicáis por ingratos, que será forzado dar
B razón desta ingratitud que les imputáis. Vos , se-
«ñor, sabéis las guerras acaecidas en estos Reynos.
» quando vos é otros perlados é caballeros alzastes
«en Avila por Rey al Príncipe Don Alonso, é se
» tizo aquella división ; la qual vos principalmente
» la sostuvistes, publicando quasi por toda la chris-
«tiandad, que con sana consciencia no podíais so-
«frir, que el Príncipe Don Alonso, fijo del Rey Don
«Juan, de quien habíades recebido mercedes, per-
« diese la subcesion de estos Reynos que de derecho
«le pertenecía, é la oviese aquella señora Doña
«Juana que se decía fija del Rey Don Enrique.
«Muerto el Príncipe, recelando la enemistad que el
« Rey Don Enrique temía con vos por las cosas pa-
« Badas, acordastes de tomar por escudo de vuestra
» defensa á la Reyna, que estonces subcedió Prince-
« sa en lugar del Príncipe su hermano ; la qual se
« dispuso á todo trabajo por librar vuestra persona
»y estado. Vos, señor, sabéis bien que según lasco-
«sas pasadas, no pudiéradcs seguramente sostene-
» ros, sin algún amparo cierto de persona real , por
«cuyo respeto fuésedes defendido, según que lo
«fuistes por la Reyna todo el tiempo que con ella
« esto vistes. E allende desto sabéis los beneficios
«honras, dádivas ó mercedes de dineros é otras co-
«sas, que el Rey ó la Reyna muchas veces os ficierou,
« las quales bien consideradas, sin dubda incurriría-
«des vos á ellos en mayor caso de ingratitud, si
» dexásedes de los servir, que ellos á vos si no remu-
« nerasen á vuestra voluntad los servicios que decís
«haberles fecho. También sabéis que por sostener á
«vos solo, dexó la Reyna de haber por servidores á
«otros muchos Grandes del Reyno, que por vuestra
«causa se excusaron de la servir. Pero dexemos
«agora, señor, la fabla de los cargos secretos que
«vos tenéis del Rey é de la Reyna , é de los servi-
«cíos públicos que decis que lesficistes. Sabéis bien,
« señor, que muerto el Rey Don Enrique f uestes á Se-
«govia, donde jurastes públicamente sobro un libro
«misal, de tenor por vuestra reyna ó señora natural
« á la Reyna, según que los mas de los Perlados ó
» Grandes, é Caballeros del Reyno lo ficieron. Ago-
«ra, señor, si mudáis el propósito diez/iños conti-
«nuado por enojo de tres meses habido, querría sa-
» ber do vos como podéis sanear vuestra consciencia,
Ȏ guardar vuestra honra, contradiciendo lo que
«con tantas informaciones creístes, é tanto tiempo
«guardastes, ó tan poco ha jurastes é firmastes ; ó
«que casos de ingratitud pueden ser estos cometi-
«dos contra vos, dado que mas graves fuesen de lo
«que recontáis, que puedan quitar á la Reyna el
«derecho de su subcesion, é absolver á vos del ju-
«ramento que le ficistes, salvo si pensáis que el derc-
«cho do ser ó no ser Rey de Castilla, consiste sola-
» menté en tener ó no tener á vos contento; é que
«solo vos por vuestra autoridad podéis quitar aquo-
» lio, que muchas veces publícastes haber dado Dios
«por la suya. No parece por cierto, señor, cau-
« sa suficiente para quebrantar la fidelidad que se
«debe al Rey, porque no faga honras á quien las
«merece, ni mercedes á quien las demanda caso que
» ge les haya bien servido; porque si este taino
«ganase nombre de liberal, ni por esto perderá nom-
«bre de Rey, ni el derecho de su reyno. Ni porque
«08 parezca que la Reyna ofendió á vos, no de-
«beis vos ofender á Dios , quebrantando lo que ju-
«raste, ayudando á facer en el Reyno división. Do
«la qual como de pecado abominable todos debemos
» fuir ; especialmente vos, que de los peligros de la
« división pasada debríades estar escarmentado , ó
» tener ante los ojos, que si trabajastes por facer Roy
» al Príncipe Don Alonso , antes se fizo la división
«que vistes, que el Rey que pensastes ; é queréis
» agora recaer en el fierro que conociste haber cai-
«do, quando tornastes á la obediencia del Rey Don
«Enrique. Mirad bien por Dios, señor, que estas va-
«riedades allende de ser peligrosas, no en pequeña
«injuria se reputan de persona de tal edad é digni-
» dad como vos tenéis. Debéis ansimesmo pensar
«que ni Dios permitirá, ni las gentes consentirán,
«que vos, movido por qualquier enojo, peusedes
«quitar ni poner rey en Castilla; porque quando lo
«quesistes facer, ovistes mayor peligro en lo que
«cometístes, que efeto de lo que pensastes. E pof
«tanto, señor, alimpiad vuestro espíritu desemejau-
«tes pensamientos é poneos en la virtud de la tem-
» planza, avenidora do la voluntad con la razón ; ó
« luego conoceréis el camino errado que tomáis, y el
«verdadero que sois obligado do llevar. B cerca do
« la querella que tenéis por estos oficios que pedís,
» como quiera que seáis merecedor de grandes mer-
« cedes ; pero si consideráis que el home templado
« debe moderar también sus demandas, como tem-
» piar sus dádivas , conoceréis no ser cosa razonable
» haber pedido aquellos oficios, que los mas prínci-
DON FERNANDO
«pales servidores é criados suyos tienen, é tovieron
«BUS padres é abuelos , sirviendo on ellos al Eey su
w padre é á él ; ó veréis ansimesmo el deservicio
«grande que se le siguiria , si por tener á vos solo
«contento, agraviase á los principales de su casa cu-
))yoa son ; los quales ternian mayor razón de se que-
»xar si les quitasen lo suyo, que vos tenéis porque
)) no vos dan lo ageno. Allende desto paresceria que
B el amor que mostrábades al servicio destos nues-
«tros señores, y el derecho que publicábades tener
))la Rey na á estos Rey nos, no era por respeto de
» verdad, mas por fin do interese, pues cesando
» aquel, procurábades de los deservir. Por ende, se-
Dfior, yo vos ruego con Dios é requiero que apar-
»teis de vos este propósito; é pues vuestra digni-
ndad os obliga ser ministro de paz, vuestra confli-
wcion no os fuerce ser materia de escándalo, ni pue-
»da agora en vos mas la pasión que la razón. Per-
» nianeced en lo que habéis jurado é principiado, ó
» no perdáis los servicios que decís haber fecho con
«este deservicio tan grande, que sobrepuja á todo
» lo que habéis servido, dado que en mayor calidad
Ȏ quantidad fuese. B pues la Reyna allende de
» quantas honras os ha fecho , se dispone á venir
«por su persona á vos fablar, é le place complir en
«todo lo que so pudiere complir ; básteos este tan
«gran acto para satisfacción de vuestras querellas,
«porque no siento yo injuria tan grande, que la
«presencia desta nuestra señora no os sanease, con-
)) si derada su grandeza, é la reverencia é obedien-
«cia que le es debida. E no sintáis tanta graveza,
«si el Rey é la Reyna tienen cerca de sí otros Perla-
« dos é Caballeros; porque como sabéis, los reyes
»no deben cerrar su puerta, ni menos su voluntad
«real, á aquellos que con toda lealtad se dispo-
» nen á los servir. E si por ventura el sentimiento
» do la pasión qué agora tenéis , os venciere para no
« servir á estos señores como debéis, á lo menos por
«vuestra honestidad no los desirváis. E deliberar de
» guardar vuestra autoridad, estando quedo en vues-
»tra casa, é no os juntéis con el Rey de Portogal;
« porque pensando deservir al Roy é á la Reyna,
«dañaréis vuestra consciencia, é disfamaréis vues-
» persona, para os traer en la indinacion de Dios é
» odio del pueblo.» '
Oidas las razones del Condestable, luego pareció
que el Arzobispo se inclinaba á sus consejos é amo-
nestaciones , porque conocía que este Condestable
era home do buen seso, é lo decia con sana inten-
ción. E muchos de sus dobdos é criados quisieran
que el Arzobispo pusiera en obra el consejo del
Condestable, el qual les parecía haber fecho mayor
ef eto en él por las razones que había dicho , que
ninguna de las amonestaciones que otros muchos
lo hablan fecho ; é todos los mas le consejaban que
ficieso lo que le amonestaba. E otros algunos le
decían, que si no lo quería facer , á lo menos deli-
berase estar quedo en su tierra, é no se mostrase
por la una parte ni por la otra. Pero al fin, partido
el Condestablo, como el Arzobispo estaba remitido á
la gobernación de aquel home que habernos dicho
E DOÑA ISABEL. 265
que se llamaba Fernando de Alarcon, é tenia cerca
de sí algunos caballeros ó otros homes de malos
deseos, que por sus proprios intereses le movían á
guerras y escándalos, inclinóse mas al consejo do
los escandalosos que á la amonestación do los pa-
cíficos. E luego tornó á insistir en su dureza, é díxo
que no quería mudar el propósito que habia to-
mado de seguir el partido del Rey do Portogal ; é
quo no debía venir la Reyna allí do estaba , porque
si ella viniese, él determinaba de la no esperar, é
irse á otra parte. Quando la Reyna fué avisada del
propósito del Arzobispo, no curó mas del, é continó
su camino para la cibdad de Toledo. Algunos ci-ia-
dos é parientes del Arzobispo, viendo como negó la
vista de la Reyna, aunque en su casa habia diver-
sas opiniones (porque unos le consejaban que si-
guiese el partido del Rey de Portugal , á otros pe-
saba mucho de aquel camino que tomaba), pero
también los unos como los otros quedaron escan-
dalizados, é no sabían dar razón do aquella fealdad
que el Arzobispo fizo, é imputaban toda la culpa á
aquel Fernando do Alarcon que gelo habia conse-
jado ; otros lo imputaban al Arzobispo, por dar cré-
dito en tan grandes cosas á homes do tan baxa con-
dición.
CAPÍTULO XIV.
De lo que el Cardenal escribió al Rey de Portugal, 6 de su res-
puesta.
El Cardenal de España que quedó con el Rey en
Valladolíd, visto el escándalo é las guerras que por
todas "partes se movían en el Royno , pensó poner
esta demanda en algún trato de concordia; y em-
bió un su Capellán al Rey de Portugal con una letra
que decía ansí.
« Muy excelente Rey é Señor : Las virtudes de
«vuestra real persona me mueven á os suplicar, ó
«aun á exhortar, que miréis mas en la entrada quo
» deliberáis facer en estos Reynos, porque la empre-
» sa que tomáis es grande, é los fundamentos que para
«ella tenéis parecen pequeños. E por tanto, señor, sí
«08 place suspender en ella por algunos dias, yo tra-
)) bajaré con bueno é igual ánimo de concordar ai Rey
»é á Reyna mis Señores con vuestra señoría, de tal
«manera que Dios sea servido, é la honra de ambas
«las partes guardada.»
El Rey de Portogal, vista la letra del Cardenal,
respondióle en esta manera : «Agradézcovos mu-
«cho, Reverendísimo señor primo, vuestro buen de-
« seo, y pluguiérame de lo facer, salvo porque estoy
«ya puesto tanto adelante en esta demanda, que
«con buena honestidad no me podria della retraer.
«Pero quiero que sepáis que tengo tantos é tan
«buenos fundamentos para proseguir esta empresa,
«que quisiera teneros de mi parte por el bien vues-
«tro, é del Duque vuestro hermano, é de los Caba-
«Ueros vuestros parientes.«
E ansí el Rey de Portogal no quiso por estonces
fablar en partido ninguno de los que le fueron mo-
vidos, por el grand orgullo que le ponía la gente é
266
dinero que traia de Poitogal , é loa Caballeros do
CaBlillu que se habiau mostrado ya por su parte, é
por otras muchas cibdades é villas é caballeros que
pensaba tener ásn obediencia en pocos dias, según
le Iiabia seydo ofrecido por el Marqués de Villena
é por el Arzobispo de Toledo.
CAPÍTULO XV.
De las cosas que el Rey (izo allende del puerto, entretanto que la
Heyíia cslovo en la cibdad de Toled..».
E\ Rey, con consejo del Cardenal é de otros ca-
balleros que con el quedaron, acordó de ir á las cib-
dades de Salamanca c Zamora, ó refirmar las segu-
ridades é pleytos omenages é juramentos , que los
Caballeros c líegidores de aquellas cibd'ides hablan
fecho á él é á la Reyna ; porque como dicho habe-
rnos, todos estaban dubdosos, é qualquiera nueva
que les venia , les ponia alteración en los ánimos.
Conocido por el Rey, tovo manera que los caballe-
ros é bornes principales dellas refirmasen las segu-
ridades que antes hablan fecho ; é juraron de nue-
vo, é ficieron pleyto omenage do servir al Rey é á
la Reyna con toda lealtad, como á sus Reyes é Se-
ñores naturales contra el Rey de Portogal, é contra
las otras personas que fuesen en su deservicio. Y este
mesmo juramento é pleyto omenago fizo en Zamora
Alonso de Valencia, Mariscal de Castilla, qfio tenia
la fortaleza, é Juan de Porras, su suegro, un Caba-
llero que era Regidor é tenia gran parte en la cib-
dad. A la cibdad de Toro no fué, porque Rodrigo
do Ulloa, Contador mayor del Rey é vecino de aque-
lla cibdad , tenia la fortaleza, y estaba en servicio
contino del Rey c de la Reyna. Pero otro su herma-
no mayor, que so llamaba Juan de Ulloa, estaba
apoderado de la cibdad. El qual teniendo las con-
diciones de honie tirano, habia fecho contra los
vecinos do aquella cibdad é do sus comarcas gran-
des crimines, especialmente en el tiempo del Rey
Don Enrique ñzo aforcar do las ventanas de sus
casas un Licenciado que se llamaba Rodrigo de
Valdivieso, Oidor de la Audiencia del Rey, é de su
Con aojo, é á otro que se llamaba Juan de Villalpan-
do, caballero emparentado é de los principales de
Toro. Otrosí destorró á todos los caballeros natura-
les della, ó tomóles sus bienes, á unos porque le im-
pidian su propósito de señorear, á otros porque no
gelo impidiesen. E con estas formas que tovo que-
dó toda la cibdad á su mandado. Esto Juan de Ulloa
recelando de los uuichos querellosos que le acusa-
ban, é que BUS crimines por ser de tan fea caHdad
no eran perdonables, estaba obstinado é corrompi-
do de tal manera, que ni tenia paz consigo ni la
pudia tener con otro ; c perseveraba siempre en de-
litos, añadiendo unos á otros, pensando salvarse de
unos males con otros. Los quales le ponian tanto
miedo, que el perdón que el Rey é la Reyna le fa-
cían, no le daban seguridad ; ó pensó quo sirviendo
al Roy de Portogal, ó dándole la cibdad, consegui-
rla más é mejor seguridad de su persona é acrecen-
tamiento de su casa ; é por esta causa dexó el Rey
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de ir á la cibdad de Toro. Ansimesmo estaba en
aquella sazón en el castillo de Castronuño, que es
del prioradgo de Sanct Juan , un Alcayde, que se-
gún habernos dicho, habia cometido muchas fuer-
zas é robos; el qual recelando las penas en <[ue in-
currió por los crimines que liabia cometido, no se-
guro en el perdón que el Rey é la Reyna le faeian,
como quiera que costreñidos por la necesidad pre-
sente gelo hablan prometido. Durante el tiempo
que el Rey estovo ocupado en estas cosas, la Reyna,
según habemos dicho , pasó á la cibdad de Toledo,
donde fué muy bien recebida ; y estovo alli algu-
nos dias proveyendo las cosas necesarias á la guar-
da de aquella cibdad, é de las cibdades de Andalu-
cía, é de Estremadura, é de todas aquellas partes.
Esto fecho, dio sus poderes bastantes al Conde de
Paredes Don Rodrigo Manrique , que se llamaba
Maestre de Santiago , para poner guarda en todas
las cibdades é villas del Reyno de Toledo, é.de sus
comarcas, é para facer guerra á sus deservidores. E
mandó á Don Juan de Silva, Conde de Cifuentes, é
á otros caballeros de la cibdad de Toledo, que con
su gente viniesen con ella á la villa de Valladolid,
do el Rey estaba.
CAPÍTULO XVL
De coino se alzaron los de Alcaraz, é cercaron la forlalcía.
Entretanto que estas cosas pasaron, los de la cib-
dad de Alcaraz, que tenia opresa el Marqués de Vi-
llena, deseando salir de aquel señorío ó ponerse en
la libertad real, tomaron las armas contra los del
Marqués de Villena , é cercaron la fortaleza que te-
nia un Alcayde que se llamaba Don Martin de Guz-
man. E como los de la cibdad por la osadía que co-
metieron se fallaron libres de aquel señorío, embia-
ronlo facer saber al Conde de Paredes, Maestre de
Santiago, para que les ayudase á tomar la fortale-
za, porque la cibdad toda esto viese por el Royé por
la Reyna , sin el impedimento que de la fortaleza
recelaban. E luego el Maestre de Santiago , recebi-
das las letras é mensageros de la cibdad, les respon-
dió, que ellos hablan fecho como buenos é leales va-
sallos del Rey é déla Reyna, é que luego seria con
elfos á les ayudar con la mas gente que pediese.
Los de la cibdad que recelaban del Maestre de Ca-
latrava é del Marqués de Villena , quo tenían gente
de armas junta para ir á recebir al Rey de Porto-
gal, fueron alegres del esfuerzo que el Maestre de
¡Santiago les embió, é continarou el sitio que teuian
puesto sobre la fortaleza, é llegaron mas las estan-
zas ; é luego é pocos dias el Maestro de Santiago
vino á la cibdad con gente de caballo é de pié , ó
apretó mas el cerco con estanzas que puso por par-
to de la cibdad é defuera della. Quaudo el Marqués
de Villena sopo que los de Alcaraz se hablan alzado,
fué con la gente de caballo é de pié de su casa ó de
la casa del Maestre de Calatrava su primo, é del
Arzobispo de Toledo á socorrer la fortaleza que es-
l iba por él. Los de la cibdad de Alcaraz, como so-
picrou que el Marqués de Villena venia con tanta
DON FERNANDO
gente, recelaron la perdición de la cibdad, pensan-
do que el Maestre los desampararla por no tener
tanta gente como era necesaria para resistir al Mar-
ques de Villona. Conocido por el Maestre el miedo
que los do la cibdad teniau : « Amigos , dixo , tened
i) b'ieu animo y perseverad en vuestro esfuerzo : por-
n que con d ayuda de Dios é del Apóstol Santiago
)i entendemos dar la orden que conviene en esta em-
ft presa, para que no recibáis el daño que teméis , é
«consigáis el fin que deseáis. Aquellos do yo vengo,
n ni acofitumbraron fuir los enemigos ni desarapa-
orar los amitros, ni yo menos lo faré ; antes entien-
Diio dar aqui fin á esto cerco defendiéndolo, ó á mi
«honra muriendo.»
Oidas estas palabras, los de la cibdad so esforza-
ron mucho, é continaron su cerco. Ansimesrao el
iJcy é la Reyna quando sopieron que el Marqués do
Villona iba á facer aquel socorro, luego embiaron
ai Obispo do Avila c Alonso de Fonseca señor do
Coca, con gente do caballo, para que so juntasen
con el Maestro. El qual con la gente que tenia, é
con la que el Roy é la Reyna le embiaron, fortificó
laf? estanzas que tenia puestas por defuera contra
la fortaleza, de ta! manera quo el Marqués de Vi-
llena que venia á la socorrer, no pudiera por nin-
guna parte entrar ni llegar á olla sin gran peligro
y estrago de su gente. Lo qual sabido por el Mar-
qués, ovo su consejo do so bolver ó dexar perder la
fortaleza. Quando el Alcayde que la tenia fué avi-
sado que el Marques ss había vuelto porque no lo
pudo socorrer, luego entregó la fortaleza al Maes-
tre, é quedó libro la cibdad al servicio del Rey é do
la Reyna; la qual el Marqués do Villena tenia seño-
reada como cosa de su patrimonio. Visto por el
^i arques de Villena lo que los vecinos de Alcaraz
ficieron con e^ favor que el Maestre Don Rodrigo
Manrique les dio, recelando quo no ficiesen otro tan-
to las otras sus villas é lugares , puso gran diligen-
cia on la entrada del Rey de Portogal ; é tomó
aquella Doña Juana que tenia en su poder en la vi-
lla do Escalona, é llevóla á la cidad de Troxillo
donde estaba por Alcayde Pedro de Baeza criado
de su padre. Y escribió al Rey de Portugal que die-
se forma á su entrada en Castilla con la mayor di-
ligencia que podiese, porque de la tardanza, á él
vernia gran deservicio, é los caballeros que estaban
á 6u obediencia daños é males.
CAPÍTULO XVIL
De como el Rey de Portogal entró en Castilla,
El Rey de Portugal visto lo que el Marqués de
Villena le escribió , luego entró (1) en Castilla con
aquella gente que habernos dicho. E venían con él
(1) El Cura de los Palacios señala las fechas de estos sucesos.
Dice que el Rey de Portogal (Don Alonso V) entró en Castilla por
«1 mes de Mayo, y que habiendo parado en Plasencia, en 25 del
mismo Mayo, que aquel año fué dia del Corpus, subió con su so-
brina al cadahalso que se habla hecho en la plaza, donde les des-
posó un Obispo , á cuyo acto se siguió el de aclamarlos por Reyes
en la forma acostumbrada. Bernald., cap. 17.
E DONA ISABEL. 267
de su Reyno el Duque de Guimarans, fijo mayor
del Duque de Berganza, y el Conde de Faro su her-
mano, y el Conde de Villareal, y el Conde de Por-
togal, y el Conde de Leule, y el Conde de Pinela,
y el Conde de Marialva, y el Conde de Pefiamazor,
y el Arzobispo de Lisboa, y el Obispo do Coimbra,
y el Obispo de Ebora , ó Ruy Pereyra, y el Mariscal
dePortogal, é Don Alvaro, fijo del Duque de Ber-
ganza , é todos los mas caballeros é gente de guer-
ra que habla en su Reyno. E los unos vendieron sus
patrimonios , é los otros empeñaron sus rentas para
servir al Rey de Portogal en la prosecución desta
empresa que tomó. E la gente ó arreos de guerra
quo traían, engendró en ellos tan grand orgullo,
quo no creían que el Rey ni la Reyna osasen espe-
rar en Castilla ; porque no tenían dineros ni rentas
donde lo oviesen, é ante de haber el vencimiento,
repartían los despojos de la victoria. E con esta
gente, acompañado de los caballeros que habernos
dicho, el Rey do Portogal vino á la cibdad de Pla-
sencia donde le esperaba el Duque de Arévalo, se-
ñor de aquella cibdad , y el Conde de Miranda Don
Diego de Stúñiga, su hermano, é otros caballeros
castellanos con sus gentes. Alguno s de los caballe-
ros quo eran en la compañía del Marqués de Ville-
na é del Maestre de Calatrava , é del Arzobispo de
Toledo , é de los que seguían el partido del Rey de
Portogal , considerando que la vía que aquellos sus
señores llevaban , era contraría á la vía de la leal-
tad que eran obligados á guardar á su Rey é á su
tierra, se apartaron dellos. Especialmente so apar-
taron los dos principales caballeros de aquella Orden
de Calatrava, conviene á saber : el Clavero Don Gar-
cía López de Padilla , que fué después Maestre , é
Don Diego de Castrillo , Comendador mayor. El
Marqués de Villena que estaba en Troxillo , é soli-
citaba la entrada del Rey de Portogal , vino luego
á Plasencia , é traxo á aquella Doña Juana que se
llamaba Reyna de Castilla. Y en la plaza de la cib-
dad se fizo un cadahalso, en el qual puestos el Rey
de Portogal é aquella su sobrina é con ellos todos
los caballeros que habernos dicho, el Rey de Porto -
gal se desposó públicamente con ella ; é tomadas
las manos , luego se intituló Rey de Castilla é de
Portogal , é á grandes voces un Faraute dixo ; Cas-
tilla, CastUlapor el Rey Don Alonso de Portogal , é
por la Reyna Doña Juana su muger proprietaria des-
tos Reynos. Luego el Duqae de Arévalo y el Marqués
de Villena, é todos aquellos caballeros besaron las
manos al Rey de Poríc.í^al ó á ella , é ficiéronles ju-
ramento é omenage 3e fidelidad, que según losfue-
ros de España se requería facer como á Reyes de
Castilla é de León. Este acto fecho , luego el Rey
de Portogal ovo su consejo con aquellos caballeros
de continar el camino con toda su hueste para la
villa de Arévalo, que era muy fuerte y en comedio
del Reyno ; porque desde aquella villa toviese sus
tratos con los principales caballeros del Reyno, é
con las cibdades é villas del, para que tomasen su
voz , é viniesen á su servicio ; é ansimesmo para im-
pedir al Rey é á la Reyna que no oviesen lugar de
268
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
juntar gente. E luego lo puso por obra, é vino para
Arévalo donde estovo por espacio do dos mesea.
CAPÍTULO XVIIL
De como se tomaron las villas de Nodar é de Alégrete en Por-
to gal.
El Rey ó la Reyna, sabido aquel acto que el Rey
de Portogal había fecho en Plasencia, ovieron con-
sejo do se intitular Rey é Reyna de Portogal; puea
el Rey de Portogal les usurpaba su título , llamán-
dose Rey de Castilla é de León ; é intituláronse
Rey é Reyna de Castilla é de León é de Portogal é
de Sicilia, Príncipes herederos de Aragón. En aque-
llos dias , algunas gentes de las fronteras de Porto-
gal , por la parte de Badajoz, entraron en el Reyno
do Portogal, é tomaron una fortaleza que se llama-
ba Nodar. En la qual el Rey é la Reyna pusieron
por Alcayde á un caballero de Sevilla , que se lla-
maba Martin de Sepúlveda , Veinte é quatro de la
cibdad , el qual les fizo pleyto omenage por ella , é
fizo guerra á los Portogueses por espacio de tres
años ; é al fin vendióla al Rey de Portogal, por di-
neros que le dio, é no vino á Castilla de miedo que
ovo por aquel caso que cometió. En aquel tiempo
que tovo aquella fortaleza ; usó del pecado de lalu-
xuria en toda manera de corrupción , é de la cruel-
dad en toda manera de tormento, é de avaricia en
toda manera de robos que fizo á amigos ó á enemi-
gos. E después de algunos dias pasados acaeció que
este Alcayde quiso cometer otra traycion contra el
Rey de Portogal, é fuyó de aquel Reyno. Ansimes-
mo Don Alonso de Monroy, Clavero de Alcántara,
que se llamaba Maestre, tomó otro lugar de Porto-
gal que se llamaba Alégrete ; el qual tovo con gen-
te de Castilla en servicio del Rey é de la Reyna por
espacio de dos años ; é al fin cargó gente de Porto-
gal sobre él , é cercáronlo , é porque no fué socorrido
lo tornaron á cobrar los Portogueses. E desde aque-
llos dos lugares , todo el tiempo que estovieron en
poder do Castellanos , se facia guerra á Portogal.
Ansimesmo Don Alonso de Cárdenas, Comendador
mayor de León , que como habcmos dicho se llama-
ba Maestre de Santiago, visto que el Reyno de Por-
togal estaba vacío de gente de guerra, la qual el
Rey de Portogal habia traido á Castilla, recogió la
más gente que pudo de caballo é de pié de todas
aquellas fiontoras, y entró bien quince dias dentro
en Portogal , é robó todos los ganados , é quemó é
taló todo lo que falló dentro en el Reyno , é tornó
con gran presa para Castilla. Los del Reyno de
Galicia por aquellas partes que son fronteras de
Portogal , f acian ansimesmo guerra al Reyno de Por-
togal ; c los de Portogal f acian al Reyno de Galicia,
c robaban los unos á los otros muchos ganados é bie-
nes, é llevaban de unas partes á otras prisioneros.
Especialmente uno que se llamaba Pero Alvarez de
Sotomayor, que era natural de aquel Reyno de Ga-
licia , y estaba en la obediencia del Rey de Porto-
gal , desde algunas fortalezas que tenia facia guer-
ra coutina á todas las cibdades ó villas é tierras que
no querían estar á la obediencia del Rey de Porto-
gal. Este caballero Pero Alvarez tomó la cibdad do
Tuy , que es del Obispo de aquella Iglesia, é intitu-
lóse Vizconde della;étomó ansimesmo á Bayona
de Miño , é á otros lugares é tierras, los quales fizo
estar á la obediencia del Rey de Portogal. E duró
algunos dias en aquel Reyno la guerra ; por causa
de la qual crecieron los tiranos é los robadores en
tanto número , que si la guerra de aquella manera
durara , todo aquel Reyno fuera destruido é despo-
blado.
CAPÍTULO XIX.
De lo que en este tiempo acaeeió en el Reyno de Francia.
En estos dias el Rey Eduarte delngalaterra, con
esfuerzo é promesa que fizo de ayudarle el Duque
Charles de Borgofia, fizo grand armada en su Rey-
no por la mar, é con quarenta mil combatientes des-
cendió en un puerto del Reyno de Francia en la
tierra de Picardía , que se llamaba Controy , con
propósito de guerrear á Francia, continando la vie-
ja questíon que aquellos dos Reynos antiguamente
han tenido. E porque el Duque estaba ocupado en
otra guerra que por estonces tenia con el Duque do
Lorena , no pudo venir á le ayudar. El Rey Don
Luis do Francia , visto que su enemigo el Rey de
Ingalaterra habia descendido en su Reyno con toda
su hueste, como quiera que tenia gran poder de
gente para le resistir; pero por ser libre de aquella
guerra para mejor seguir la guerra que tenia en
propósito de comenzar contra Castilla por la parte
de Guipúzcoa, é defender el Condado de Rosellon
que es en las partes de Cataluña; deliberó de se con-
cordar con el Rey de Ingalaterra , é movióse trato
entre ellos de facer tregua por cierto tiempo. El
Rey de Ingalaterra, visto que el Duque de Borgo-
fia que era el ayuda principal que esperaba, lío era
en tiempo de la facer , é que los mantenimientos
para su hueste le faltaban , aceptó el trato, é con-
cordaron de ser ambos Reyes en un rio que se lla-
ma Sona, cerca de la villa de Amians en Picardía.
En el qual río fué fecha una puente de madera, y
en el medio della fué fecha una quebrada de fasta
quatro pasos ; y en el un cabo estaba el Rey de
Francia con seis caballeros, y en el otro el Rey de
Ingalaterra con otros seis , é la gente del un Rey é
del otro estaba ribera del rio, cada uno de la parto
que su Rey estaba (1). E allí fablaron ó concertaron
que el Rey de Ingalaterra volviese para su Reyno,
é que el Rey de Francia le diese luego cien mil co-
ronas de oro para ayuda de sus gastos ; e firmaron
tregua por siete años, é que en cada un año destos
siete, el Rey de Francia diese al Rey de Ingalater-
(1) Las vistas de estos dos Reyes se hicieron en Pequigny, un
castillo distante tres leguas de Amiens. Las cosas que allí pasa-
ron trae muy á la larga Felipe de Comines, Memoir., libA, cap. 10
y sig., y el Abad Lcnglet en su estimable edición de estas Memo-
rias publicó el tratado de treguas que aqui cita Pulgar, y se hizo
en dichas vistas en 29 de Agosto deste año. Memoir, deComin.,
Tom. ni, p. 397 y sig. Preuv., nüm. CCXXXIX.
DON FERNANDO
ra cinquenta mil coronas de oro , allende las cien
mil que le habla dado ; é que casase el Delfín de
Francia con la fija del Rey de Ingalaterra. E con
estos partidos el Rey de Ingalaterra volvió para su
Reyno , y el Rey de Francia quedó libre de aquella
guerra.
CAPÍTULO XX.
Como el Rey de Portogal fizo ligas 6 amislades con el Rey de
Francia ; é como fué á la cibdad de toro, é tomó la fortaleza.
El Rey de Portogal como se vido en Castilla con
título de Rey de ella , é con el ayuda de los caba-
lleros Castellanos que con él estaban, embió sus
Erabaxadores al Rey de Francia. Con los quales le
fizo saber la muerte del Rey Don Enrique, é como
él había eubcedido por Rey en los Reynos de Cas-
tilla é de León , que pertenecían de derecho á Doña
Juana su fija , á quien él habia tomado por esposa ;
e á causa della él como su marido los poseía. Por
ende, que le ploguiese refirmar con él é cou su so-
brina , como con Rey é Reyna de Castilla, las anti-
guas paces é alianzas que son entre estos dos Re-
yes é Reynos de Castilla é do Francia. Al Rey de
Francia plogo mucho dello, é como quiera que te-
nia fecho asiento de facer liga é amistad con el Rey
é con la Reyna como cou Reyes de Castilla, según
habemos dicho que lo prometió á aquel Secretario
suyo que á él en los principios embiaron , pero par-
tióse de aquella promesa, é firmó (1) su amistad con
el Rey de Portogal ; á fin que el Rey é la Reyna no
pediesen facer la guerra que por la parte de Rose-
llon recelaba que le f arlan. B comenzó á facer guer-
ra por las partes de Bayona é de Laborte á la tier-
ra de Guipúzcoa. Sabido por el Rey de Portogal,
que el Rey de Francia habia aceptado su amistad
como con Rey de Castilla, é que en favor suyo fa-
cía guerra á la tierra de Guipúzcoa , esforzóse mas
para proseguir su demanda. Otrosí Juan de Ulloa
que tenia la cibdad de Toro , le embió á requerir
que fuese en persona é tomase la fortaleza de aque-
lla cibdad , que estaba por el Rey é por la Reyna
de otra manera no podría defender la cibdad para
su servicio , teniendo por contraria la fortaleza. E
ansimesmo le dio esperanza , que desde Toro podría
haber á Zamora ; porque creía que el Mariscal que
tenia la fortaleza , é Juan de Porras su suegro que
tenia gran parte en la cibdad , no embargante que
habían fecho juramento é pleyto omenage al Rey é
á la Reyna de estar en su servicio ; pero como le
viesen puesto en Toro , faciéndoles alguna merced
le darían la cibdad de Zamora. La qual habida á su
obediencia ternía muy gran parte en el Reyno; por-
que todos los de las otras cibdades , visto que
Zamora estaba á su obediencia , fallecerían en el
afición que tenían al Rey é á la Reyna , é muda-
(1) Este tratado de alianza heclia por el Rey de Francia con ol
Rey de Portugal como con Rey de Castilla, contra los Reyes Ca-
tólicos y Armado en Senlis á 8 de Setiembre de 1475, publicó
también el Abad Lenglet entre las Pruebas de las Memorias de
Comines, Tom, JIl, p. 40C. Preuv., num. CCXLIY.
É DOÑA ISABEL. 260
rían el propósito, como suelen fazer los comanes
que ligeramente se mueven á la parte que la fortu-
na veen favorable. El Rey de Portogal, habiendo
estas consideraciones fué á la cibdad de Toro con
toda su hueste; é luego como llegó, puso sitio so-
bre la fortaleza , é mandó poner las estanzas bien
junto della; é ansí por la parte de la cibdad como
por defuera fueron tan fortificados, que no pudie-
ra entrar en ella socorro de gente sin recebír daño ;
é por esta causa no se pudo socorrer por el Rey. La
qual por no estar bien bastecida ni de pertrechos ni
de bastimentos según debía, á pocos días la entre-
gó el Alcayde que la tenía al Rey de Portogal , con
partido de la vida que seguró a él é á loa que con
él estaban. E ansí quedó la cibdad de Toro con su
fortaleza por el Rey de Portogal, la qual entregó á
Juan de ülloa. E desde allí tomó la villa de Canta-
lapíedra, que es del Obispo de la cibdad ds Sala-
manca , é puso en ella gente de caballo é de pié
en guarnición. Veyéndose el Rey de Portogal apo-
derado de aquellos lugares , ovo acuerdo de escre-
bír al Mayordomo Andrés de Cabrera, que tenia el
alcázar de la cibdad de Sagovia , en el qual estaban
fasta diez mil marcos de plata, que quedaron de
todo el gran tesoro que ovo llegado el Rey Don
Enrique, mandándole que luego le entregase aquel
alcázar con todo el tesoro, é las cosas de cámara
que habían quedado en su poder ; lo qual decía per-
tenecer á él é á la Reyna Doña Juana su muger,
como á fija heredera del Rey Don Enrique su pa-
dre , é que le daría gran parte dello, é le f aria otras
mercedes, é iría luego en persona con su hueste á lo
resccblr. E que sí no obedeciese sus mandamientos
como de su Rey, mandaría executar en su persona
tan cruel justicia , que fuese exemplo á los vivien-
tes. Oída por este Mayordomo la embaxada del Rey
de Portogal, ni el miedo délas amenazas, ni la
cobdicía de las promesas le movió á facer lo que el
Rey de Portogal le embiaba á mandar. E respon-
dió que él no conocía otro Rey de los Reynos de
Castilla, salvo al Rey Don Fernando é á la Reyna
Doña Isabel su muger, á la qual pertenecían de de-
recho, é á quien él había fecho pleyto omenage por
aquellos alcázares con todo lo que en ellos estaba;
á los quales entendía acudir con ello cada que gelo
mandasen : por ende que lo ovíese por escusado. E
luego entregó toda aquella plata al Rey ó á la Rey-
na, de la qual se pagó sueldo por algunos dias á la
gente de armas que embiaron á llamar. El Rey de
Portogal fué muy indinado contra ol Mayordomo
Andrés de Cabrera, por no haber complido lo que
le embió mandar, é haber fecho todo lo contrario :
porque creía de ello seguírsele deservicio, ansí por-
que aquella plata era algún ayuda para pagar suel-
do á la gente de armas que venia á llamamiento del
Rey é de la Reyna, como porque veía la constancia
del Mayordomo para tener por ellos la cibdad de
Scgovia de que estaba apoderado.
270
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPITULO XXI.
Como el Rey de Portogal ovo la cibdad de Zamora.
Embió ansimesmo el Rey de Portogal á requerir
á Juan do Porras que tenia la cibdad de Zamora, que
le entregase aquella cibdad, é toviese manera con
su yerno el Mariscal, que tenia la fortaleza, que
gela entregase; é prometió de les dar luego una su-
ma de oro, é de les facer merced de cierto número
de vasallos de tierra de la cibdad, ó otras muchas
mercedes. Lo qual sabido por el Rey, embió su mcn-
sagero al Mariscal é á Juan de Porras su suegro, á
les decir que ya sabian el juramento é pleyto ouic-
nago que hablan fecho de ser leales servidores , ó
guardar aquella cibdad para él é para la Reyna su
muger , é de no acoger en ella persona alguna po-
derosa en su deservicio ; el qual pleyto omenage
segunda vez hablan ratificado , quando habia ido
en persona á aquella cibdad. Por ende , que como
caballeros é bornes fijosdalgos, guardasen su leal-
tad é lo que hablan jurado é prometido; é si necesa-
rio era, les embiaria luego un capitán con gente de
armas , para que en uno con ellos guardasen la cib-
dad como cumplía á su servicio. Este Juan de Por-
ras , como tenia propósito de facer mas lo que á su
provecho que á su honra cumplía, á fin de que el
Rey no embiase gente á la cibdad para se apoderar
della, embió su respuesta simulada por dos veces,
mostrando por palabra grand obediencia á sus man-
damientos, é diciendo que no ploguiese á Dios, que
ól ni el Mariscal su yerno cayesen en error contra
sus honras, ni en cosa que fuese su deservicio'; é que
no era necesario gente que defendiese aquella cib-
dad , porque él é los naturales della la defenderían.
E como quier que por algunos fué dicho , que este
Juan do Porras daba respuestas simuladas, é que era
home á quien la cobdicia facia posponer la cons-
ciencia; pero el Rey segurándose en su respuesta,
no proveyó en embiar la gente que deliberaba em-
biar para la guardar. Juan de Porras en este come-
dio trataba con el Rey de Portogal secretaraente de
le entregar la cibdad ; ó como ovo recebido el oro
que le prometió, é las otras mercedes que le fizo,
luego se desnudó de aquella vestidura de simula-
ción que al Rey mostraba defuera, é pareció de den-
tro el verdadero Juan de Porras; y erró é fizo errar
al Mariscal su yerno, é dieron su obediencia al Rey
de Portogal, é fizo alzar en la cibdad y en su forta-
leza pendones por él. E luego el Rey de Portogal,
fué con toda su hueste á la cibdad , en la qual esto-
vo algunos pocos dias, é dexó la fortaleza al Maris-
cal ; é la puente dexó ansimesmo á un caballero na-
tural de la cibdad que se llamaba Francisco de Val-
dés, que la tenia primero en tenencia. Este Francisr
co de Valdes era sobrino de aquel Juan de Porras,
fijo do su hermana, é habia seydo uno de los priva-
dos del Rey Don Enrique, é después por algunos
desacuerdos que ovo con él, fué á vivir con el Rey
siendo Príncipe de Aragón , é ovo gran lugar cerca
del y on su Consejo ; é cuando vido que el Rey de
Portogal entró poderosamente on Castilla, luego
dexó al Rey, é fué á vivir con el Rey de Portogal , é
por aquella causa confió del la puente de la cibdad ,
que es una de las mas principales fuerzas della. De-
xadas las cosas de Zamora asentadas, luego volvió el
Rey de Portogal para Toro do estaba su sobrina. Sa-
bido por el Rey é por la Reyna la dcslealtad que Juan
de Porras y el Mariscal su yerno ficieron en su de-
servicio, ovieron gran pesar, porque Zamora era una
de las mas principales cibdades del Reyno, é porque
el Rey de Portogal é los caballeros de su parcialidad
se esforzaron mas para proseguir la guerra que te-
nían comenzada.
CAPÍTULO XXII.
De la gente que se juntó on Valladolid por mandado del Rey
é de la Reyna.
Según habernos dicho, el Rey é la Reyna acor-
daron de llamar á todos los caballeros é gente do
armas de caballo é de pié de sus Reynos, é de las
montañas, é de Vizcaya, é de Guipúzcoa; é de las
Asturias, é Castilla vieja. Las quales visto el man-
damiento del Rey ó de la Reyna , vinieron con la
mas gente de su casa que podieron ; é las cibdades
é villas embiaban á sus costas gentes de caballo é do
pié. Ansimesmo vinieron los fijosdalgo que fueron
llamados, é otras personas particulares, por ganar
fidalguías é franquezas que les fueron prometidas;
é juntáronse todos en la villa de Valladolid , excep-
tas las cibdades é villas del Andalucía , que no fue-
ron llamadas por ser tan lexos , é otrosí las del rey-
no de Murcia, porque Periaficz Faxardo, Adelanta-
do de Murcia , con la gente de aquel reyno facia
guerrra á la tierra del Marquesado de Villena. An-
simesmo de la villa de Madrid no vino gente á su
llamamiento , porque estaba oprimida contra la vo-
luntad de los vecinos della , con gente del Marqués
de Villena que tenia el alcázar. Fueron con el Rey
en aquel juntamiento el Cardenal de España, y el
Almirante Don Alonso Enriquez, é Don Diego Hur-
tado de Mendoza, Duque del Infantadgo, hermano
del Cardenal , y el Duque de Alva Don Garciálva-
rez de Toledo , é Don Pero Fernandez de Velasco,
Condestable de Castilla é Conde de Haro , é Don Al-
fonso de Arellano, Conde de Aguilar, é Don Iñigo
López de Mendoza, Conde de Tendilia, é Don Lo-
renzo Suarez de Mendoza, Conde de Corufia, herma-
nos del Cardenal, é Don Enrique Enriquez, Conde
de Alva de Liste, é Don Pedro de Mendoza, Conde
de Montagudo , é Don Pero Alvarez de Osorio, Mar-
qués de Astorga, é Don Diego Pérez Sarmiento,
Conde de Salinas, é Don Rodrigo Alonso Pimentel,
Conde de Benavente, ó Don Juan Manrique, Conde
de Castañeda, c Don Gabriel Manrique, su herma-
no, Conde de Osorno, é Don Pero Manrique, Con-
de de Trcvifio, é Don Pedro de Acuña , Conde de
Buendia, c Don Diego Hurtado de Mendoza, Obispo
de Palencia. E generalmentete vinieron todos los
mas de los caballeros é señores , é perlados del Rey-
no, excepto el Duque de Medinasidonia, Conde de
DON FERNANDO
Niebla, é Don Diego Fernandez de Córdoba, Conde
de Cabra , que no fueron llamados , porque estaban
en guarda de toda el Andalucía contra el Marqués
de Cáliz que estaba en Xerez, é contra Don Alonso
de Aguilar que estaba en Córdoba ; porque de aque-
llos dos caballeros se pensaba que seguirían el par-
tido del Rey de Portogal , por ser casados coa dos
hermanas del Marqués de Villena , é por las grandes
mercedes que de parte del Rey de Portogal les eran
prometidas. El Duque de Alburquerque Don Beltran
de la Cueva tenia en bu pecho varios pensamien-
tos ; porque de la una parte era traído por el afi-
ción de aquella Doña Juana, de la otra parte el
miedo de la Reyna le refrenaba. Al fin , movido por
el gran número de gente que vido venir al servicio
del Rey é de la Reyna, vino ansimesmo con toda
su gente á los servir, recelando de perder lo que te-
nia , como quiera que se afirmaba haber dado pala-
bra de servir al Rey de Portogal, é se juntar con
él. Acaeció en aquellos días, que Don Juan , Duque
de Valencia , estando en una torre de la su villa de
Valencia, cayó della é murió luego. Afirmóse por
muchas personas, que lo lanzó de aquella torre un
caballero que so llamaba Juan de Robres, su cuña-
do , casado con su hermana, que estaba f ablando
con él, por debates que con él tenia.
CAPÍTULO XXIII.
Como el Rey movió con su hueste para ir contra el Rey de
Portogal.
Como estos caballeros con toda la gente de caba-
llo é de pié fueron juntos allí en Valladolid, el Rey
acordó de partir de aquella villa,'é ir contra el Rey
de Portogal que estaba en Toro. E repartidas pri-
mero sus capitanías, é ordenadas sus esquadras, si-
guieron su camino por la otra parte del rio de Due-
ro con toda aquella hueste. La Reyna, que según
habemos dicho , había estado en Toledo, partió de
aquella cibdad , é con toda la gente de armas ó de
pié de las cibdades de Segovia é Avila , é de todas
aquellas comarcas, poniendo sus reales en el cam-
po , vino para la villa de Tordesillas , é juntó la gen-
te que traía con la que falló que tenía el Rey ribera
del rio Duero. E todas aquellas gentes fueron repar-
tidas por sus capitanes en treinta é cinco batallas,
en que había doce mil homes á caballo ; de los qua-
les eran quatro mil homes do armas con caballos
encobertados, é todos los otros caballeros á la
gíneta. De las montañas, é de todas las otras
partes del Reyno se juntaron treinta mil homes á
pié. E ansí como el Rey de Portogal quando en Cas-
tilla entró pensando en la multitud de su hueste
ovo gran orgullo , é tenia creído que el Rey no le
daría la batalla, ni aun esperaría en el Reyno: bien
ansí toda aquella gente Castellana, visto que eran
muchos mas de caballo é de pié que los Portogue-
ses, confiando en sus fuerzas, pensaron de los lan-
zar fuera del Reyno. Ayudaba á esto la afición
grande que tenían con el Rey é con la Reyna, ó las
enemistades antiguas que tenían con los Portogue-
Ú DOÑA ISABEL. 2YX
ses , é con los Castellanos que los metieron en oí
Reyno é los favorecían. El Rey con toda aquella
hueste llegó á las aceñas que dicen de Ferreros, qutft
son en el rio de Duero ; las quales tenia fortaleci-
das el Alcayde de Castronuño con hombres que las
guardaban. E luego como allí llegaron los peonen,
especialmente la gente que venía de Vizcaya é Gui-
púzcoa ; con ballestería grande que tenían , comen-
zaron á combatir aquella fortaleza ; é tanta fué la
multitud de la gente que cargó en el combato, é
tanta é tan grande priesa le dieron por todas par-
tes, que los que estaban dentro no pudiendo socor-
rer á todos los lugares por do eran combatidos des-
mayaron , é por fuerza fueron tomados , é aforcados
fasta treinta hombres de aquellos ladrones que en
ella estaban puestos por el Alcayde de Castronuño.
E mandó el Rey derribar aquella fortaleza , é rao-
ver su hueste adelante ; é las banderas tendidas é
las batallas orílenadas, llegó otro día cerca de la
cibdad de Toro por la parte de la puente. El Rey de
Portogal informado de la liueste que traía el Rey,
acordó de cerrar las puertas de la cibdad , é armar
toda su gente é ponerla en guarda de las puertas, ó
del muro , é de las torres. E ansí estovo allí el Roy
por espacio de cinco horas, dando vista al Rey de
Portogal, y esperándole en el campo que saliese con
él á batalla.
Quando el Rey vido que el Rey de Portogal no
salía de la cibdad , embió a él un caballero que se
llamaba Gómez Manrique, el qual le díxo de su par-
te : «Señor, el Rey de Castilla é de León é de Sici-
» lia é de Portogal, Príncipe de Aragón nuestro Se-
»ñor, os embia á decir, que ya sabedes como Ruy
» de Sosa, Caballero de vuestra casa que embiastcs á
» él é la Reyna nuestra señora Doña Isabel su mu-
ft ger, les requirió de vuestra parte que saliesen des-
» tos Reynos, que decís pertenecer á Doña Juana
«vuestra sobrina, á quien afirmáis haber tomado
» por esposa. Con el qual vos respondieron, que se
«maravillaban de vos siendo Príncipe dotado de
«tantas virtudes, embiar demanda tan agrá, é des-
)) pertar materia escandalosa sobre fundamento tan
)) incierto , é tomar empresa de tantas muertes é in-
» cendios se pueden seguir en estos Reynos y en el
n reyno de Portogal. E os embiaron rogar, que quí-
» siésedes dexar la via de la fuerza, é tomar la via
n de la justicia , por escusar los inconvinientes que
i) de la guerra proceden : lo qual no vos plogo acep-
» tar, antes habéis entrado mano armada en sus
» Reynos, é les habéis usurpado su título real, é ha-
» beis publicado que los venís á buscar do quier que
» los falláredes para los lanzar dellos. Cerca de lo
«qual les parece que habéis escogido á Dios por
« juez , é á las armas por executores de aquesta de-
« manda. Agora , señor, el Rey nuestro Señor os em-
»bia decir, que a él place del juez é de los ejecuto-
» tores que habéis escogido ; é que sí le venís á bus-
n car, él es venido á la puerta desta su cibdad á vos
» responder á la demanda que traéis , é os requerir
B que fagáis una de tres cosas : ó que luego salgáis
« destos sus Reynos, é dexeis el titulo dellos quo
272
CRÓNIAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
)) contra toda justicia queréis usurpar ; é si algún
» derecho esa vutístra sobrina decis que tiene á ellos,
» á él place que se vea é determine por el Sumo
» Pontífice sin rigor de armas , ó salgáis luego al
» campo con vuestras gentes á la batalla que publi-
» castes que veníades á le dar : porque por batalla
» do suele Dios mostrar su voluntad é la verdad de
» las cosas , lo muestre en esta que tenéis en las ma-
» nos , ó si por ventura lo uno ni lo otro vos place
» aceptar , porque su poderío de gentes es tan gran-
» de y el vuestro tan pequeño , que no podríades ve-
I) nir con él en batalla campal ; por escusar derra-
» mamiento de tanta sangre , vos embia decir , que
«por combate de su persona á la vuestra mediante
» el ayuda de Dios, vos fará conocer que traéis in-
» justa demanda. »
Oido por el Rey de Portogal este requerimiento
emhió su respuesta con un caballero de su casa que
se llamaba Alfonso de Herrera , el qual dixo al Rey
ansí:
«Señor, el Rey Don Alonso de Castilla é de León
» é de Portogal nuestro señor, vista la requesta que
» con Gómez Manrique Caballero de vuestra casa lo
» embiastes , vos embia decir : que él tiene derecho á
«estos Reynos de Castilla é de León , como esposo
«de la Reyna Doña Juana su sobrina, á quien de
«justicia pertenecen como á fija legítima heredera
» del Rey Don Enrique , la qual fué jurada en con-
«cordia por todos los tres estados destos Reynos
» por Princesa heredera dellos sin contradicción al-
«guna, é fué tenida por su fija natural é legítima.
» Por ende vos requiere , como requerido ha , que
» salgáis vos é la Reyna de Sicilia vuestra muger
n dellos, é ge los dexeis desembargados ; y ellos an-
» sí libres de la usurpación que en ellos facéis , á él
«place que el Papa conozca este derecho, é lo libre
» entre vosotros por justicia. E quanto toca á la ba-
« talla que le presentáis, vos embia decir, que él
» tiene los Grandes de sus Reynos , é otras sus gen-
« tes de armas repartidas en muchos lugares , los
» quales entiende llamar prestamente é salir con vos
» á la batalla que le ofrecéis. E cerca de lo tercero
« que le requerís del combate de persona á persona,
» porque tantas gentes que son sin culpa no perez-
» can, vos responde ; que á él place dello, tanto que
«se dé forma á la seguridad del campo do este tran-
»ce se oviere de facer, c seguridad ansimesmo que
B el vencedor consiga el efeto de la vitoria que Dios
«le diere; porque si esta seguridad no oviese, en
» vano vencería aquel á quien Dios diese la vitoria.
« E que le parece que no pueden ser otros rehenes
» mas ciertos desta seguridad , que la Señora Reyna
» do Sicilia vuestra muger, é la Señora Reyna de
« Castilla é de Portogal su esposa, pues estas son las
«partes principales que competen sobre esta de-
» manda. »
Oida por el Rey esta respuesta, respondió al Rey
de Portogal con Gómez Manrique aquel caballero
que habernos dicho que había ido á él primero ; el
qual le dixo de su parto:
«Señor , el Roy de Castilla , é de León , é de Sici-
«lia, é de Portogal, Príncipe de Aragón nuestro
» Señor , vos embia á decir : que no es venido aquí
» á platicar por palabras el derecho destos Reynos,
n salvo por las armas que vos quisistes mover, é que
» le parecen superfinas estas alegaciones de derecho,
» pues aquí no tenéis juez que las oya é determine.
»Ca si lugar oviese, alegarse ía como el B,ey Don
» Enrique é todos los Grandes de sus Reynos , con
» autoridad del Legado del Papa juraron á la Seño-
« ra Reyna su muger por Princesa heredera destos
» Reynos ; é también lo juraron los procuradores de
«las cibdades é villas dellos. E aun se alegaría é
» probaria , como el mesmo Rey Don Enrique pocos
«días antes que falleciese, quería retificar aquel ju-
» ramento , é mandaba que loficiesen todos los gran-
» des del Reyno é los tres estados del , por cortes
» que se habían de facer en la cibdad de Segovia; é
« lo comunicó con el Cardenal de España , é con el
« su Condestable de Castilla Conde de Haro , é con
» el Conde de Benavente , é ansimesmo con el Mar-
» qués de Villena que está en vuestra compañía, é
» con otros Caballeros é Dotorea de su Consejo. E
» aun allende desta probanza, dice que con el secre-
«to de vuestra consciencia se probaria la inhabili-
» dad de la señora vuestra sobrina para esta deman-
» da que proseguís. Pero pues que no hay aquí juez
» que lo oyga por la via de la justicia, y es necesa-
« rio venir á la via de fuerza que vos escogistes :
«embíaos á decir, que por quanto para tan altos é
« tan poderosos Reyes como vosotros sois , no se f a-
« liaría reyno seguro do fuésedes á facer estas ar-
«mas, con que vos combida de su persona á la
» vuestra , é aun porque buscar tal seguridad seria
«dilación casi infinita; por ende le parece que se
« deben nombrar quatro caballeros , dos Castellanos
«nombrados por vuestra parte, é dos Portogueses
» nombrados por la suya ; é porque ninguna díla-
« cion en esto se pueda dar, Su Alteza nombra lue-
» go de los Portogueses al Duque de Guimarans, é al
«Conde de Villareal que están con vos; é que vos
« nombréis otros dos Castellanos de los que están
» con él , para que estos quatro con cada ciento ó
» decientas lanzas, con grandes juramentos é fide-
» lidades que fagan , tengan el campo donde ficiére-
» des las armas, seguro como debe ser en tal caso.
» E que esta negociación se concluya dentro de ter-
» cero día, porque no es honesto á tan altos Prínci-
« pes la dilación en seinejante materia. E acerca de
« los rehenes que embiastes á nombrar de la Reyna
» nuestra Señora, é de la Señora vuestra sobrina; á
K esto vos embia decir , que estos rehenes no llevan
» ninguna proporción de igualdad, la qual desigual-
«dad es muy notoria á todo el mundo, é no menos
» á Vuestra Señoría ; por ende que no conviene fa-
« blar en ello. Pero por vos satisfacer , é porque no
» parezca que por falta de seguridad queda por f a-
» cer este trance , á él place de dar la Princesa su
«fija, é todas las otras seguridades é rehenes que
«sean necesarias para seguridad que el vencedor
« consiga efeto de su vitoria ; ó si en esta forma vos
«placo aceptar, luego se porná en obra vuestro
DON FERNANDO
» trance ; donde otra cosa placerá á Vuestra Alteza
» añadir 6 menguar, no me es mandado replicar
» mas.»
El Rey de Portogal embió Alonso do Herrera,
aquel caballero que había embiado primero al Rey,
el qual le dixo de su parte:
« Señor, el Rey de Castilla, é de León, é de Por-
» togal , nuestro Señor , visto lo que le embiastes á
«replicar con Gómez Manrique, dice ansí : que á él
» place nombrar los caballeros Castellanos , según
» que Vuesta Alteza nombró los dos Portogueses,
» para que tengan seguro el campo do oviéredes de
» facer el trance. Pero cerca de los rehenes que
» se han de dar para seguridad de la vitoria que
» oviere el vitorioso, él no recibirá otros algunos
» salvo á la Reyna de Sicilia vuestra muger ; porque
))8i ella quedase libre, salvo que él venciese, que-
» daba todavía el debate de la subcesion destos Rey-
»nos é no se definia por vuestras armas, según que
» vos decís que lo deseáis. Por ende , si ella se pone
» por rehenes , á él place de venir en todas las otras
» cosas que por vos son movidas : en otra manera,
»no me mandó fablar mas cerca desta materia.»
CAPÍTULO XXIV.
Como el Rey asentó real sobre Toro , é como lo alzó.
Visto por el Rey en como el Rey de Portogal no
salía á la batalla campal , é que traia impedimento
en el combate que le movió de persona á persona,
acordó de asentar su real ribera del río de Duero
cerca de la cibdad de Toro , y estovo allí tres días,
en los quales la hueste ovo gran falta de mautení-
mientos. Porque aquel Alcayde de Castronufio que
habernos dicho , tenia gente en las fortalezas de
Siete Iglesias é Castronuño ; é la otra gente contra-
ria que estaba por el Rey de Portogal en otras for-
talezas cercanas á la cibdad do Toro facían guerra,
é no consentían pasar los mantenimientos que ve-
nían al real. Y en los tres días que estovo allí el
Rey llegó á valer el pan diez maravedís , que un día
antes se había vendido por dos maravedís, é por
consiguiente todos los otros mantenimientos. Quan-
do el Rey é todos los caballeros de su Consejo sin-
tieron falta de los mantenimientos, é como crescia
mas cada hora, é que no lo podían remediar por el
estorvo que les facían aquellas fortalezas ; de que
vieron ansimesmo, que aunque pudiesen estar allí
mucho tiempo, ni por eso la cibdad de Toro estaba
cercada , porque de la otra parte del rio no había
gente que resistiese la entrada é la salida de los Por-
togueses, ni el rio se podía vadear para que de la
otra parte se pudiesen quitar los mantenimientos
que entraban en la cibdad ; é según la gran gente
que estaba dentro con el Rey de Portogal , era ne-
cesario asentar real de la otra parte de la cibdad, en
que oviese tanta gente quanta el Rey allí tenia, ni
menos tenia dineros para pagar sueldo , é para las
otras cosas necesarias á tan grand exército como
allí con él estaba , ni había pertrechos para comba-
tir la puente, por remediar el daño que la hueste
Cr.-IIL
E DONA ISABEL. §73
recebía, é porque no oviese otro mayor, ovo conse-
jo el Rey de alzar el real, é venir á la villa de Me-
dina del Campo. La gente de los comunes de pié é
de caballo que allí vinieron, que eran en gran nú-
mero, quando sopieron que los caballeros conseja-
ban al Rey que alzase el real, é le facían bolver sin
haber fecho obra ningima ; no mirando las causas
que le costrefiian á lo alzar, comenzaron á murmu-
rar , é partíanse en partes. Los unos decían que el
Rey venia allí engañado , é que los caballeros que
con él estaban lo querían prender ; otros decían que
le consejaban mal, porque teniendo junto tan gran-
de exército de gente , lo facían derramar sin facer
alguna obra , porque no podría juntar en muchos
tiempos otra tanta é tal gente , é con tanta volun-
tad de le servir. Decían ansimesmo , que los caba-
lleros no contentos de las divisiones é guerras pa-
sadas, agora de nuevo querían tener formas de di-
lación , porque esta división del Rey de Portogal
durase en el Reyno , á fin de ganar con el un Rey ó
con el otro , por acrecentar sus estados , é amenguar
é destruir de todo punto el estado real. Este mor-
murió anduvo entre ellos, é eres ció de tal manera,
que vinieron algunos dellos al Rey, é le dixeron co-
mo los caballeros que le consejaban que alzase el
real, no le eran derechos servidores : por ende que
debía mirar cerca dello lo que compila á su servicio,
é que para qualquier cosa que quisiese facer, todas
aquellas gentes de armas de los comunes que allí es-
taban se juntarían con él. B sobre esto ovo gran es-
cándalo en el real , porque los caballeros que fueron
avisados destas fablas se escandalizaron, é cada uno
con su gente se ponía guarda ; é de tal manera iba
creciendo el escándalo, que toda la hueste estovo
en punto de se perder. El Rey que era home de buen
ingenio , é tenia condición amigable , conoció que
como quiera que los comunes no miraban bien las
causas que le constreñían alzar el real , pero que se
movían á decir aquellas cosas con deseo de su ser-
vicio. Eso mesmo sabia, que los caballeros, con toda
lealtad, le consejaban la verdad de lo que debia fa-
cer, según las necesidades ocurrían á la hora. E por-
que vido que no podía durar allí toda aquella gente
muchos días sin recebir gran daño, trabajó de pacifi-
car todo aquel escándalo; é fabló con los principales
de aquellos comunes , las causas que le movían de
alzar el real, é con buena razón satisfizo al buen de-
seo de los comunes, é á la inocencia de los caballe-
ros, é á la concordia de los unos é de los otros. Lue-
go mandó alzar el real, é vino para la villa de Me-
dina del Campo. E al tiempo de la partida aquellas
gentes de las comunidades ,' indinados por la poca
execucion qire habian fecho de lo que tanto desea-
ban, derramáronse por muchas partes desordenados,
de tal manera que si el Rey de Portogal fuera dello
avisado , solos dos mil rocines que soltara é fueran
en pos dellos , ficieran tan grand estrago en los Cas-
tellanos , que en aquel día oviera acabado su em-
presa , si la providencia de Dios que guia las cosas
á los fines que tiene ordenados , no le impidiera el
conocimiento de aquella ventura que ge le ofrecía.
18
274
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO XXV.
De lo que pasó en Medina del Campo , é del acuerdo que se ovo
para tomar la plata de las Iglesias.
El Rey, según es dicho , acordó de venir á Medi-
na; é la Reyna que estaba en Tordesillas vino lue-
go para él , é allí se despidieron para ir á sus tier-
ras todos los mas de aquellos Grandes é caballeros
que con ellos estaban , é todas las otras gentes que
hablan juntado. E quedaron con el Rey é con la
Reyna el Cardenal de España, y el Duque de Alva,
y el Almirante, y el Condestable Conde de Haro, y
el Conde de Benavente , y el Conde de Alva de Lis-
te , é algunos otros caballeros , é gente de caballo é
de pié que estaban en la guarda del Rey é de la
Reyna. Estando allí en Medina , sopieron que un ca-
ballero que se llamaba Don Rodrigo de Castañeda,
hermano del Conde de Cif uentes , que vivia con el
Marqués de Villena, quería venir de noche con gen-
te á quemar los arrabales de Medina. De lo qual el
Rey é la Reyna fueron avisados; é porque vieron
que con tan poca gente no podían estar seguros en
aquella villa por no ser fuerte , en especial estando
el Rey de Portogal tan cerca é con tanta gente, ovie-
ron su acuerdo de volver á Valladolíd. E porque no
tenían dinero para pagar sueldo á la gente de armas
que con ellos estaban , pensaron por muchas mane-
ras donde lo pudiesen haber, porque les convenia
sostener la guerra comenzada. E después de muchas
pláticas habidas por los del su Consejo cerca desta
materia , dixeron al Rey é á la Reyna , que ya veían
quanto les era necesario tener gente de armas jun-
ta , pues el Rey su adversario la tenia , é como quier
que sus subditos con voluntad de los servir vernian
cada que los llamasen , pero que era necesario dine-
ro para les pagar sus gages, é que esto no veían
donde se pudiese haber, porque todo el patrimonio
real estaba enagenado con las turbaciones pasadas
é guerras presentes. Eso mesmo les dixeron, que
ellos eran Reyes é no tiranos , para que diesen lu-
gar á robos ni fuerzas , porque esto tal , ni seria ser-
vicio de Dios, ni suyo, ni aun de semejante gente
se suelo haber provecho ; porque no les pagando
sueldo no tienen obediencia , é sin obediencia f arian
mucha mas guerra á las personas é pueblos que es-
tan á 8u servicio, que á los que están por su adver-
sario ; é desto se siguiria que la afición que los co-
munes tienen á sus reales personas, se convertiese
en odio é malquerencia. E que no seria buen conse-
jo , teniendo justa guerra dar lugar que se faga in-
justa con la mala consciencía de su gente; porque
aquellas guerras han prósperos fines, cuya gente
tiene freno á los robos, é do esto no hay, no sola-
mente lo9 contrarios, mas Dios se muestra enemi-
go. Todo esto considerado , é ansimesmo que su ad-
versario tiene mucho dinero de lo que traxo de su
rey no , é que cada día le traen de sus rentas con que
paga sueldo , é face mercedes, é se sostiene en Cas-
tilla ; dixeron que habían pensado , que se debía to-
mar la plata de las Iglesias ; é que no oviese esto
por cosa nueva ni grave, porque permitido era
quando extrema necesidad , como esta , ocurría en
los reinos, que se suele tomar no solo la plata, mas
los bienes é las rentas de las Iglesias , é de las co-
sas sagradas. Lo qual se había fecho muchas veces
en otros reynos é provincias ; é aun se lee en lo Sa-
cra Escriptnra, que para las necesidades que ocur-
rían en Jerusalem , no solamente se tomaba el teso-
ro del templo, mas tomaban los ornamentos é las
limosnas que se ofrecían para la fábrica , é para las
otras cosas pías, para remediar á las necesidades
que ocurrían en la tierra ; porque aquel remedio tam-
bién es para las cosas eclesiásticas, como para las
seglares , porque no padezcan los males é destrui-
cíones que de las guerras geles siguen. E después
de fenecida aquella necesidad , los buenos Reyes
restituían lo que tomaban del santuario. E que ansí
esperaban en Dios que les daría victoria, é restitui-
rían lo que tomasen, é f arian otras mayores limos-
nas á los templos. E pues los Perlados é Clerescía
del Reyno serian contentos dello, eu voto era que de-
bían dar sus cartas luego é poner receptores que re-
cibiesen esta plata , de que se pudiesen socorrer sola-
mente para pagar sueldo á la gente , é para las otras
cosas necesarias á la guerra ; é que esto no se gaste
ni destríbuya en ninguna otra necesidad , salvo so-
lamente, en esta de la guerra. El Rey é la Reyna,
oídas estas razones, parecióles grave cosa tocar en
los bienes de las Iglesias ; pero considerando su ne-
cesidad, é conocido que á los Perlados é Clerescía
placería dello, acordaron que se tomase solamente
la meytad de la plata de las Iglesias, é la otramey-
tad quedase para el servicio del culto divino , con
obligación que ficieron de la pagar. Para la qual
paga luego diputaron treinta cuentos, que se habían
de pagar en el Reyno del pedido é monedas dentro
de tres años ; é dieron sus cartas , y embiaron sus
tesoreros é receptores para la recebir. Toda la Cle-
recía , considerada la necesidad de la guerra, de su
voluntad dieron la meytad de la plata que tenían
en cada una Iglesia del Reyno. De la qual manda-
ron pagar sueldo , é tornaron llamar gente limitada,
tanta que pudiese ser bien pagada, é della sostuvie-
ron por algunos días la guerra, que en otra mane-
ra no pudieran sostener. La qual fué después paga-
da á las Iglesias de aquellos treinta cuentos, é de
otra gran suma de maravedís que para ello fué li-
brada. E cerca desta paga, la Reyna puso gran dili-
gencia porque se ficiese complidamente, é dio cargo
á los Padres Priores de los monesteríos de San Ge-
rónimo de todo el Reyno, que oviesen información
cada uno en su provincia, si esta plata se restituía
enteramente á las Iglesias. Los quales fueron solici-
tadores desta restitución que enteramente fué fecha.
CAPÍTULO XXVL
De las cosas que el Conde de Paredes facia en el Reyno
de Toledo.
En el tiempo quo estas cosas pasaban , el Conde
de Paredes, Maestre de Santiago, é Don Diego Fer-
DON FERNANDO
nandez de Córdova, Conde de Cabra , por virtud de
los poderes que tenian del Rey é de la Reyna, fa-
cían guerra á las tierras del Maestre de Calatrava
é á la tierra del Conde de ürueña , su hermano , é
del Marqués de Villena su primo, que según habe-
rnos dicho estaban en la obediencia del Rey de Por-
togal , é tomaron á Cibdad-Real, que tenia el Maes-
tre de Calatrava, é reduxeronla á la obediencia del
Rey é de la Reyna. E de tal manera estos dos caba-
lleros tenian ocupada la tierra del Maestre de Cala-
trava, que él ni gente suya no pudo ir en ayuda del
Rey de Portogal , porque le era necesario guardar
con ella sus lugares, por la guerra que desde Cibdad-
Real les f acia el Maestre Don Rodrigo Manrique , y
el Conde de Cabra. Los quales cobraban las rentas
de muchos lugares de los contrarios, de las quales
pagaban sueldo á la gente de armas que tenian. E
después que estovieron juntos algunos dias, acorda-
ron que el Conde volviese al Andalucía á proveer en
las cosas de aquella tierra, en lo que fuese necesa-
rio al servicio del Rey é de la Reyna, y el Maestre
viniese á Uclés, é ansí se partieron cada uno con su
gente. El Maestre como fué en Uclés, luego comen-
zó á facer guerra á todos los lugares del Marquesa-
do de Villena, é tomar las rentas que pertenecían
al Marqués. E porque los moradores de las villas é
lugares de aquel Marquesado aborrecían á los Por-
togueses y eran aficionados al Rey é á la Reyna, acu-
dían de buena voluntad con las rentas al Maestre
de Santiago. Los vecinos de Villena , como vieron
capitán por el Rey é por la Reyna puesto en la co-
marca que les pudiese favorecer, rebelaron contra
el Marqués , é mataron é robaron algunos de la vi-
lla , é quitaron los oficíales que tenia puestos el Mar-
qués , é pusieron justicia por el Rey é por la Rey-
na, é cercaron la fortaleza. E para los favorecer en
aquel cerco, vino un caballero de Aragón, que se
llamaba Mosen Gaspar Fabra, con gente de Aragón,
el qual apretó el cerco en tal manera , que en pocos
días tomó la fortaleza. El Rey é la Reyna , por el
servicio que les ficieron los de aquella villa , prome-
tiéronles de la no apartar de su corona real. Otrosí
los vecinos de las villas de Utíel, é Almansa, é
Iniesta, y Hellin , é Tovarra, é todas las mas de las
otras villas del Marquesado de Villena, algunas por
su voluntad é otras por temor, visto lo que los de
la villa de Villena ficieron , luego rebelaron con-
tra el Marqués , é se pusieron en obediencia del Rey
é de la Reyna. A los quales el Maestre dixo que se
conservasen so el imperio del Rey é de la Reyna,
cuyos naturales eran, e amonestóles, que sí alguna
mudanza ficiesen de lo que habían principiado, se-
rían privados de las vidas é de los bienes; é que á
él en lugar de amigo farian adversario, é al Rey é
á la Reyna en lugar de reyes piadosos, farian jus-
ticieros crueles. Ansímesmo Pedro de Arronís, Al-
cayde de la fortaleza de Requena, veyendo que el
Marqués de Villena por quien él tenia la fortaleza,
seguía el partido del Rey de Portogal, é que no la
podía defender, porque los de la villa la querían
cercar, embió su obediencia al Rey é á la Reyna, é
É DOÑA ISABEL. 275
fizóles pleyto omenage por ella. Destas cosas el
Marqués estaba aquexado, porque de todas partes
le recrecían necesidades, á que no podía proveer, é
recelaba que sus villas del Condado de San Estevan
é otros sus lugares rebelarían contra él ; é sus Al-
caydes por este temor le embiaban requerir, que les
embiase gente é bastimentos para las defender ; é á
fin de proveer á estas necesidades, repartió toda la
gente que pudo haber para guardar las villas que le
quedaron. Esta misma fatiga tenían el Maestre de
Calatrava, y el Conde de Urueña , su hermano, y el
Duque de Arévalo, é todos los caballeros que se-
guían el partido del Rey de Portogal, é les impedia
que no le sirviesen con la gente que habian prome-
tido. El Rey de Portogal , visto que no era servido
de aquellos caballeros según el asiento que con ellos
fizo, é que el Comendador mayor de León, que se
llamaba Maestre de Santiago, se había entrado en
su Reyno con gente para lo destruir ; veyendo eso
raesmo los robos que de las fortalezas de Alégrete
é Nodar se facían continamente en su tierra, qui-
siera embiar alguna de su gente para resistir aque-
llos daños que en su Reyno se facían ; pero recelaba
quedando sin gente, que recibiría mayor daño en
Castilla, é sí no la embiase, lo recibiría en Porto-
gal. E veyéndose por esta causa en pensamiento
trabajoso , embió decir á aquellos caballeros Caste-
llanos que estaban en su obediencia, que lo que veía
por obra , no era conforme á la promesa de la pala-
bra que le habian fecho, ni menos á las grandes fiu-
cias y esperanzas que le habían dado al tiempo que
había entrado en Castilla, quando le prometieron
de le servir en esta demanda con cinco mil hornea
de armas á caballo, é facer que catorce cíbdades é
villas de las mas principales del Reyno se pusiesen
en su obediencia. E porque ninguna cosa destas, ni
otras muchas que le habían certificado , sucedieron
segund ellos lo habian prometido , mostró gran des-
contentamiento dellos. Ansímesmo ellos veyéndose
por tantas partes oprimidos é puestos en necesida-
des le decían , que tener junta su gente con él , ó
tenerla en defensa de la tierra que estaba por él, to-
do era servicio suyo, por el qual, é por le facer Rey
de Castilla, sufrían muchas pérdidas de su patrimo-
nio ; é allende de aquellas, tenían sus personas élos
bienes que les quedaban en aventura de los perder,
é desta manera ovieron algunos descontentamien-
tos los unos de los otros.
El Cardenal de España que fué informado de las
cosas que pasaban entre el Rey de Portogal é aque-
llos caballeros , pensó que seria tiempo conveniente
de fablar en alguna concordia; y embió su mensa-
gero secretamente á fablar con el Rey de Portogal
para le traer á algún trato de paz. El qual conside-
rando que las cosas que veía presentes no corres-
pondían a las que pensó al tiempo de su entrada en
Castilla, respondió al Cardenal que le placía de ve-
nir en partido de concordia sí le dexasen las cíbda-
des de Toro é Zamora que él tenia, é le diesen el
Reyno de Galicia para juntar con su Reyno ; é ansí-
mesmo demandaba una gran suma de dineros , por-
276
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que se dexase de aquella requesta. La Reyna, oida
cata demanda que el Rey de Portogal fizo, respon-
dió que como quiera que el Rey su marido y ella es-
taban en tantas necesidades quantas eran manifies-
tas á todos ; pero que faciendo sus diligencias para
que estos Reynos fuesen conservados é no diminui-
dos, antes lo pornia todo en las manos de Dios para
que dispusiese dellos á su voluntad, que en sus dias
consintiese apartar dellos ni sola una almena, para
que fuese enagenado en otro señorío , ni mudarlos
de la manera que su padre el Rey Don Juan los ha-
bía dexado. E cerca del dinero que el Rey de Porto-
gal pedia, le placía dar una suma de oro que fuese
razonable, é aun sufriría que fuese excesiva, por
remediar estos Reynos de las guerras é trabajos en
que los había puesto. Cerca de lo qual pasaron por
estonces algunas fablas é tratos en diversos tiem-
pos ; pero la historia aquí no face mención dellos,
porque ninguna cosa dello vino en efeto.
CAPÍTULO XXVII.
Como se puso cerco sobre el castillo de Burgos.
Después que el Rey alzó el real de sobre Toro , é
vinieron el Rey é la Reyna para Valladolid, reci-
bieron mensageros de la cíbdad de Burgos ; los qua-
les les ficieron saber, que Juan de Stúñiga, Alcayde
del castillo de la cíbdad, con gente del Duque de
Arévalo, les apremiaba é les facia guerra, porque
no obedecían al Rey de Portogal por su Rey é que
liabian quemado mas de trecientas casas cercanas
al castillo en una calle principal de la cibdad , que
se llamaba la calle de las Armas; é que les facían
de día é de noche tanta guerra con los trabucos que
tenían en el castillo , é con la gente que salía á ro-
bar é á matar los de la cibdad, que no lo podrían
sufrir si no toviesen alguna gente para los resistir.
Otrosí que el Obispo de Burgos , que se llamaba Don
Luis de Acuña, que estaba en la obediencia del Rey
de Portogal , les facia guerra desde una su fortale-
za cercana á la cibdad que se llamaba Rabe. Por
ende les suplicaron que los acorriesen con alguna
gente, en tanto número que pudiesen cercar el cas-
tillo, é resistir á los males que recebian. Oida esta
embaxada , el Rey é la Reyna, considerado el servi-
cio grande que de aquella cíbdad recebian , é que en
tenerla á su obediencia tenían muy ciertas las mon-
tañas , acordaron que el Rey fuese á cercar el casti-
llo de Burgos. Y entretanto que se aderezaba la
gente de armas que había de ir con él, embiaron á
Don Alonso de Arellano , Conde de Aguilar, é á Pe-
ro Manrique, é á Sancho de Roxas, señor de Cavia,
é á un Capitán que se llamaba Estevan de Villacre-
ces, con gente para resistir las fuerzas é robos que
facían los del castillo. Estos caballeros fueron á la
cibdad de Burgos, é pusieron sus estanzas por par-
te la cíbdad contra el castillo , é contra una Iglesia
que se llama Santar María la Blanca , que es cerca
do la fortaleza, é defendían que no saliesen del cas-
tillo á facer tantas fuerzas é robos como solian fa-
cer. Pero como los del castillo tenían dentro y en
aquella Iglesia mucha gente', facíanles poca resis-
tencia, porque por la puerta de la Coracha salían
fuera de la fortaleza libremente , é robaban á los que
venían con mantenimientos é otras cosas á la cib-
dad. Sabido esto por el Rey, deliberó de venir en
persona á sitiar el castillo ; y embió llamar gente de
pié de toda aquella tierra de la comarca, é de las
montañas. Vino asimesmo Don Alonso el bastardo
de Aragón, hermano del Rey, que era Duque de
Villahermosa, y el su Condestable Conde de Haro.
E mandó poner estanzas por de dentro de la cíbdad
é por defuera contra el castillo, é contra aquella
Iglesia de Santa María la Blanca. Mandó ansímes-
mo facer grandes cavas en circuito de toda la for-
taleza, de manera que ninguno podía salir ni entrar
en ella. E las estanzas que estaban por defuera de
la cibdad fueron fortificadas de cavas é baluartes ;
porque si el Rey de Portogal la viniese á socorrer,
no pudiese gente ninguna entrar en la fortaleza sin
recebir gran daño. Mandó ansimesmo poner inge-
nios, lombardas, é otros tiros de pólvora, que con-
tinamente tiraban al castillo. Y en esta manera cer-
có el Rey al castillo de Burgos por todas partes.
CAPÍTULO XXVIII.
De como la Reyna fué á León , é de lo que ende fizo.
Entretanto que estas cosas pasaban, la Reyna,
que había quedado en Valladolid , ovo nueva que
Alonso de Oblanca, Alcayde de las torres de León,
tenía f abla secreta con algunas personas por parte
del Rey de Portogal , que le ofrecían gran suma de
dinero, é le facían otras mercedes, porque le entre-
gase aquella fortaleza. Como la Reyna fué certifi-
cada desto, luego á la hora partió para León, é con
ella ei Cardenal de España. Los de la cíbdad , como
sopieron la venida de la Reyna, ovieron mucho
placer, é juntáronse todos con ella. E luego mandó
llamar al Alcayde, el qual salió á ella, é díxole:
«Alcayde, á mi servicio cumple que me entreguéis
» esta mi fortaleza qUe tenéis.» El Alcayde alterado
en ver la venida tan acelerada de la Reyna, dixo :
« Señora , ¿ por qué vos placo quitarme el cargo do
» la guarda destas torres , pues no he fecho cosa por
«que se me deba quitar? » La Reyna le respondió:
» Alcayde , no digo que sois en cargo , pero á mi
«servicio cumple que luego me la entreguéis.» El Al-
cayde le replicó : « Señora, pues que ansí vos place,
» dadme espacio para sacar mis bienes que en ella
«tengo.» La Reyna le dixo : «A mí me place que ea-
» queis todo lo vuestro , pero no comple á mi servi-
«cío que os apartéis de aquí do yo estoy, fasta tan-
»to que yo sea apoderada de mí fortaleza.» El Al-
cayde quando vído que la Reyna no le daba lugar
para volver á la fortaleza, entrególa luego á un
caballero de su casa, que se llamaba Don Sancho de
Castilla que venía con ella. Recebida aquella forta-
leza por aquel caballero , la Reyna proveyó en la
guarda de la cíbdad , y en la justicia , y en otras co-
sas que entendió ser necesarias á toda aquella tier-
ra ; é volvióse para Valladolid.
DON FERNANDO
CAPÍTULO XXIX.
Del combate que se dio en Sancta María la Blanca en Burgos.
El Rey continó siempre el cerco del castillo de
Burgos ; é acordó de combatir aquella Iglesia de
Santa María la Blanca, que era cercana al castillo,
como dicho habernos, porque entendió que aquella
Iglesia tomada , se podría haber mas presto la for-
taleza. E fizo aderezar los combates por seis partes
con tiros de pólvora , é ballestería ; é un día por la
mañana comenzaron á llegar los pertrechos. Los
quo estaban en la Iglesia se pusieron en defensa; é
recelando que si fuesen tomados , serian puestos á
cuchillo, como hombres que defendían la vida, pe-
leaban con grande ánimo. Duró aquel combate por
espacio de seis horas, en las quales no pudo ser to-
mada por la gran defensa que ficieron los que esta-
ban en ella , con los pertrechos é muchos tiros de
pólvora que tenían. E porque el Rey vido algunos
muertos é feridos de los suyos, é que cada hora fe-
rian mas , mandó retraer su gente ; é cesó el comba-
te por estonces , con propósito de la tornar á com-
batir con mas é mejores pertrechos. E porque la
gente de armas quedó enflaquecida por el poco fru-
to que de su trabajo se había conseguido, el Rey
pensó de los esforzar, é díxoles : « No penséis caba-
filleros que habéis fecho poca fazafia en el combate
I) que ayer f ecistes , aunque no ovimos fruto de nues-
Btro trabajo. Porque como quiera que aquellos mis
«rebeldes no fueron tomados, pero muchos dellos
«son feridos, é los que quedan sanos están ya tan
«cansados de vuestras manos, que no esperarán se-
«gundo combate. Ni menos so cree , que vuestra fla-
» queza é su valentía los ha defendido ; mas def en-
» diólos la dispusicion del lugar, é su desesperación
» que los face pensar ser muertos la hora que fueren
» tomados. Por ende si á ellos conviene ser constan-
» tes en su trabajo por escapar, á nosotros es nece-
» sario perseverar en nuestro esfuerzo por vencer ; é
» no perdamos la voluntad que teníamos al tiempo
» que f ecimos el primer combate ; é con los pertre-
» chos mas é mejores que he mandado traer, torue-
» mos á la f acienda , é yo espero en Dios que los
«habremos á las manos.»
Los que estaban en la Iglesia , que serian en nú-
mero de quatrocientos hombres de armas, queda-
ron cansados, ó muchos muertos é feridos; é rece-
lando que el Rey mandaría tomar al combate, é que
ellos no tenían gente sana para resistirlo, ansímes-
mo porque no tenían las cosas necesarias para los
feridos, quo eran muchos, é de los principales, de-
mandaron pleytesía al Rey, que les segurase las vi-
das, é que le entregarían la Iglesia. El Rey como
quier que había mandado aparejar todas las cosas
para el segundo combate necesarias , pero por no
dar causa á mas muertes, otorgóles aquello que de-
mandaban , é tomó la Iglesia, en la qual estaba por
capitán uno que se llamaba Juan Sarmiento , her-
mano del Obispo de Burgos , é luego puso el Rey
en ella por capitán mayor á Don Juan de Gamboa,
É DOÑA ISABEL. 277
un caballero su criado con gente de laa montañas, é
dende allí fueron mas apretados los del castillo. Ha-
bida aquella Iglesia, porque informaron al Rey que
podía por minas tomar el agua del pozo del casti-
llo , mandó luego minar por seis partes debaxo de
tierra. Los del castillo que sintieron las minas , fi-
cieron sus contraminas, é todos los aparejos que
pudieron para no recebír daño dellas. Pero veyén-
dose muy trabajados , ansí de los reparos que facían
para las minas, como para los tiros de los ingenios
que de día é de noche les tiraban, é de las lombar-
das que tiraban al muro , é ansimesmo tenían falta
de vino, acordaron de erabiar su mensagero al Du-
que de Arévalo ale requerir que les socorriese, por-
que de cada día eran mas apretados , é les crecían
mayores necesidades si no fuesen socorridos. El Du-
que de Arévalo que tenia gran naturaleza en aquella
cíbdad , porque su padre é abuelo habían tenido la
tenencia de aquel castillo, embió al Rey de Porto-
gal que estaba en Toro aquel caballero Juan Sar-
miento, hermano del Obispo de Burgos, con el qual
le embió á decir, que su casa era una de las mayores
de Castilla, é que la mejor cosa de toda ella era la
tenencia del castillo de Burgos, la qual había tenido
su padre é abuelo , é con ella fueron siempre honra-
dos, é sosto vieron , y él sostenía el estado é patrimo-
nio que sus padres é abuelos le dexaron ; é que le
facía saber que los Reyes de Castilla teniendo aque-
lla fortaleza tenían título al Reyno , é se pueden con
buena confianza llamar Reyes del, porque es cabeza
de Castilla ;• é que había quatro meses que el Rey
Don Femando de Sicilia la tenia cercada , é la com-
batía continamente de noche é de día con ingenios
é lombardas, é con minas debaxo de tierra; en los
quales combates eran muertos é de cada día morían
muchos do sus criados é parientes , é los que queda-
ban, con grande angustia llamaban á grandes voces
desde el muro á Don Alonso, Rey de Castilla é de
Portogal, que les socorriese en el aprieto é peligro
en que estaban. Otrosí le díxo que dado que tovio-
sen mantenimientos en abundancia , no podían su-
frir muchos días la fatiga grande que recebian , pe-
leando de día por se defender, é de noche trabajan-
do por reparar lo que destruían los ingenios ó lom-
bardas. E que un grande lienzo de la cerca estaba
para caer en el suelo , é que si aquel caía , juntamen-
te con él caería todo el estado del Duque , é aun el
suyo recibiría gran mengua, é ternia poca parte en
Castilla ; porque los ojos de todos no miraban otro
fin en esta demanda, sino el fin que oviese el cerco
puesto sobre el castillo de Burgos, Por ende le supli-
caba, que socorriese á los que estaban en él, porque
no pereciesen , é ayudase al Duque, porque no lo
perdiese ; é proveyese á él mesmo que proseguía es-
ta demanda, porque no recibiese el daño que habría
sí el castillo viniese á manos del Rey su adversario.
Oídas estas razones, luego acordó el Rey de Porto-
gal de ir á socorrer el castillo de Burgos : porque
ovo consejo que aquel socorro le era necesario de
facer para conseguir el ef eto de su empresa. Pero no
tenia tanta gente para lo facer como quisiera , por-
278
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que la mas de la gente portoguesa que habia meti-
do en Castilla era ya gastada, dellos tornados á
Portogal , é dellos muertos é destrozados en algunos
recuentros que hablan habido , é dellos consumidos
en la guerra que seguían. Pero con esa gente que te-
nia, partió de la cibdad de Toro, ó fué para la villa
de Arévalo ; é allí vino á él el Arzobispo de Toledo
con toda la gente de su casa , é le besó la mano , é le
obedeció por Rey, é le fizo juramento é pleyto ome-
nage de le servir é obedecer como á Rey de Castilla
é de León.
Como la Reyna , que estaba en Valladolid, sopo
que el Rey de Portogal era venido á la villa de Aré-
valo, acordó de embiar gente de caballo con Don
Hurtado de Mendoza, é con Gutierre de Cárdenas,
su Contador mayor á la villa de Medina del Campo
é á Don Juan de Silva, Conde de Cifuentes á la villa
de Olmedo, para que desde aquellas villas ficiesen
guerra al Rey de Portogal que estaba en Arévalo.
El Conde de Cifuentes venido á aquella villa, deli-
beró un dia de salir al campo con la gente que traia
en su capitanía; é fué cerca de la villa de ArévalOj
é puso sus celadas, y embió sus corredores por ver
si podría haber alguna presa de los Portogueses. E
como fué sentido, los Portogueses salieron de Aré-
valo, é corrieron á los corredores del Conde que ha-
bían robado el campo, los quales se retraxieron fas-
ta el lugar do estaba el Conde en la celada en un
pinar; el Conde salió luego de la celada con toda la
gente que tenia, é como quiera que vido los Porto-
gueses ser en mayor número de gente que los que
él traia, quisiera acometerlos, é mandó á su enseña
que fuese adelante. Algunos caballeros que con él
estaban dixeron : «Señor, no nos parece que tenéis
«gente para acometer á los Portogueses, porque son
«mas que nosotros, é salen de refresco de sus casas,
«nosotros é nuestros caballos estamos fatigados de
» la mala noche, é por esta causa nos parece que vos
«debéis retraer, pues á vuestra honra lo podéis fa-
»cer, antes que mas gente de los Portogueses haya
«lugar de salir de Arévalo: porque es cierto que
«aquellos Portogueses ya os habrían acometido, sino
«pensando que hay segunda celada, é recelando esto
«no pasarán mas adelante de aquel lugar do están.
«Por ende debéis recoger vuestra gente, é volver
«para la villa de Olmedo do salimos: porque antes
«debéis cometer vuestras cosas á la razón, que á la
«fortuna.» Otros habia ende que le consejaron que
no era su honra retraerse, é que todavía debía pelear
con los Portogueses, aunque no toviese tanta gente
como ellos. E los que esto le consejaban eran tan
orgullosos, que sin esperar otro consejo quisieron
socorrer algunos corredores que aun no eran traídos
y estaban escaramuzando con los Portogueses; é no
fué en mano del Conde que no se soltase la gente por
socorrer á los que escaramuzaban; é ansí se encen-
dió la pelea sin orden ninguna, é se revolvieron los
«nos con los otros, é se firieron con las lanzas, é
después pelearon gran rato con las espadas, do mu-
rieron muchos de la una parte é de la otra. É al fin
loB Castellanos no pudiendo sufrir el daño que rece-
bian de los Portogueses, retraxiéronsí^ á un cerro, é
allí el Conde recogió la gente que pudo, ó volvió
para Olmedo; é los Portogueses recogieron todo el
despojo, é se volvieron como victoriosos á Arévalo.
CAPÍTULO XXXI.
Como el Rey de Portogal combatió la villa de Baltanas 6 prendió
al Conde de Benavente.
El Rey de Portogal quando se vido acompañado
del Arzobispo de Toledo, é del Marqués de Villena
é de sus gentes, partió de la villa de Arévalo é fué
á la villa de Peñafiel, que era del Conde de ürueña;
é allí se juntaron con él alguna gente de aquellos
caballeros Castellanos que estaban en su parciali-
dad, con intención de ir á socorrer el castillo de
Burgos. Todo esto sabido por la Reyna, partió
luego é fué para la cibdad de Palencia, é con ella
el Cardenal de España y el Almirante y el Conde
de Benavente, con la mas gente que pudo llegar.
E mandó poner sus guardas por los caminos é
sus espías, para saber la hora que el Rey de Porto-
gal partiese de Peñafiel: porque ella entendía ir
luego á las espaldas é ayudar al Rey. É porque sopo
que el Rey de Portogal esperaba mas gente en Pe-
ñafiel para facer aquel socorro, mandó entretanto
repartir la mas gente de pié é de caballo que con
ella venia, en los lugares que estaban en tomo de
Peñafiel, para facer guerra al Rey de Portogal por
todas partes, é quitarle los mantenimientos, é ansi-
mesmo por saber mas presto quando saliese de aque-
lla villa. Entre los caballeros que tomaron aquel
cargo fué uno el Conde de Benavente, el qual con
la gente de caballo!é de pié de su casa, fué á aposen-
tarse á una villa muy cercana de Peñafiel que se
llamaba Baltanas; é desde aquella villa facía guerra
al Rey de Portogal é á los que con él estaban en
Peñafiel. Los caballeros é criados del Conde, consi-
derada la flaqueza de aquel lugar do estaban, é que
por no tener defensas podían reccbir daño, conse-
jaban algunas veces al Conde, que pues no tenía
tiempo de fortificar aquel lugar, debía dexarlo é re-
traerse á otro que toviese mejor defensa, é que esto-
viese mas lexos de Peñafiel. El Conde menospre-
ciando aquellos consejos porque mostraban alguna
flaqueza, esforzaba mucho á los suyos diciéndoles :
que ni mostraría tan gran mengua de su persona,
ni menos por su causa parecería flaqueza en los
fechos del Rey é de la Reyna, la qual conocerían
los contrarios si de aquel lugar se traxiese; é que
toviesen buen ánimo, que estando allí recibirían
honra é no daño ninguno. Los suyos que conside-
raban bien la gran confianza del Conde é la poca
defensa del lugar, le dixeron: «Mirad por Dios, se-
» ñor, que muchas veces daña la confianza, y el mie-
»do provee. Cosa razonable es que recelemos los
«daños que pueden venir, porque los podamos es-
«cusar agora que podemos, é no lo dexemos para
» cuando no pudiéremos. » El Conde confiando en su
esfuerzo, no quiso retraerse de aquel lugar, é toda-
vía facía guerra á loe que estaban en Peñafiel. El
DON FERNANDO
Rey de Portogal como vído que el Conde de Bena-
vente se habia llegado tan cerca é la guerra que le
facía; sabido eso mesmo que aquel lugar que se de-
cía Baltanas era llano é que tenia la cerca flaca y
en muchas partes aportillada, é sin ningún anda-
mio ni otro aderezo de defensa, acordó de ir á lo
combatir; é fizo aderezar toda su gente, é partió de
noche, é con él el Arzobispo de Toledo y el Marqués
de Víllena; é al alba del dia comenzó el combate por
ocho partes do estaba la cerca mas flaca. El Conde
de Benavente púsose en defensa con toda su gente
é repartióla por aquellos lugares que entendió ser
mas necesario; é duró el combate desde la mañana
fasta hora de vísperas. En el qual tiempo los Por-
togueses é Castellanos que venían con ellos, en-
traron dos veces en el lugar, é otras dos veces fue-
ron lanzados fuera por fuerza de armas. Y en estos
combates cayeron muertos é fueron f eridos muchos
de los unos é de los otros. El Conde trabajaba requi-
riendo los lugares flacos é peleando por ellos, é pro-
veyéndolos de gente descansada. É al fin la gente
del Rey de Portogal entró por uno de aquellos lu-
gares que estaba aportillado, porque la gente del
Conde que lo guardaba, cansados ya, é dellos muer-
tos é ferídos, no lo pedieron defender; é ansí los
Portogueses pedieron por fuerza de armas entrar
la villa. El Conde quando vído los enemigos den-
tro é su gente destrozada; púsose en defensa en
una calle con pocos de los suyos que pudo recoger;
é allí pelearon é mataron é firieron muchos de los
que con él estaban, y él fué ferido é preso; é los
Portogueses prendieron á todos los principales del
Conde, é robaron todo el lugar é la Iglesia del. Ha-
bida esta Vitoria, el Roy de Portogal volvió para
Pefiafiel, é llevó preso al Conde é á todos los otros
caballeros de su casa, con todo el despojo que ovo
en el lugar. Desta prisión del Conde pesó mucho al
Rey é á la Reyna, ansí porque su gente se dimi-
nuia, como pensando que el Rey de Portogal toma-
ría mayor orgullo para ir á socorrer el castillo de
Burgos. É luego la Reyna mandó que toda la otra
gente que estaba puesta en guarniciones en torno
de Pefiafiel, se recogiese é viniese pata Palencia do
ella estaba, para ir á las espaldas del Rey de Porto-
gal si moviese para ir á Burgos. Ansimesmo el Rey,
sabida la prisión del Conde de Benavente, fortificó
mas de gente é cavas é baluartes las estanzas que
tenia puestas contra el castillo por la parte de fuera
de la cibdad, de tal manera que ninguna gente pu-
diera entrar en él sin rescebír gran dafio. Lo qual
sabido por el Rey de Portogal, é ansimesmo porque
ovo certinidad que la Reyna con la gente que tenia
estaba presta para ir á se juntar con el Rey su ma-
rido, por lo qual le fuera peligroso facer aquel so-
corro; otrosí porque le dixeron que habia algunos
tratos en la cibdad de Zamora para la dar al Rey
é á la Reyna, ovo su acuerdo de dexar el socorro
del castillo de Burgos é volver para Zamora, porque
creía que aquella cibdad era el mayor é mejor fun-
damento que tenía para su demanda, por ser cibdad
fuerte é populosa, é cercana á su reyno de Portogal;
É DOÑA ISABEL. 279
é acordó de tener allí y en la cibdad de Toro, toda
su gente aquel invierno. E con este acuerdo partió
de la villa de Peñafiel, é fué para la villa de Aréva-
lo, do estaba la Duquesa muger del Duque de Aré-
valo, que era prima del Conde de Benavente; la
qual trató con el Rey de Portogal, que soltase al
Conde su primo é á los suyos, porque le diese las
fortalezas de las villas de Portillo é Mayorga é Vi-
llalva, que eran del Conde, é á su fijo mayor en re-
henes, por seguridad que no ayudaría al Rey ni á
la Reyna. Las quales fortalezas fueron luego entre-
gadas al Rey de Portogal, é puso en ellas gente
Portoguesa en guarda, é fué el Conde de Benavente
suelto de la prisión; é como fué libre, luego vino á
do estaba la Reyna. E como quier qué por el Rey
de Portogal le fué ofrecida libertad é acrecenta-
miento grande de su casa; pero ni su ánimo fué
vencido por el Rey de Portogal, ni su afición apar-
tada del Rey de Castilla (1).
CAPÍTULO XXXII.
De las cosas que pasaron en el año siguiente de mil quatrocicn-
tüs é setenta 6 seis años, 6 como se alzó Ocafia por el Rey é
por la Reyna.
En el año siguiente del Señor de mil é quatro-
trocientoB é setenta é seis años luego al principio
del año, los vecinos de la villa de Ocaña que estaban
oprimidos con gente del Marqués de Villena, tra-
taron con el Conde de Cif uentes é con Don Juan do
Ribera, que estaban en la cibdad de Toledo, de res-
tituir la villa en obediencia del Rey é do la Reyna,
é de acoger en ella al Conde é á Don Juan con toda
su gente. É un dia por la mañana juntáronse todos
los mas de la villa, é dieron lugar que entrasen en
ella los caballeros naturales que fueron echados de-
11a porque estaban á la obediencia del Rey é de la
Reyna. B ansí entrados, echaron de la villa á la gen-
te del Marqués de Villena, é acogieron en ella al
Conde é ú Don Juan de Ribera, con gente de armas
que traían de la cibdad de Toledo; é apoderados de
la villa, luego la entregaron por mandado de la Rey-
na al Maestre de Santiago, Don Rodrigo Manrique.
Sabida esta nueva por el Marqués de Villena, é an-
simesmo como de cada dia se le rebelaba é perdía
toda su tierra, ovo acuerdo de dexar al Rey de Por-
togal é venir para el Marquesado de Villena, por
defender algunas villas que le quedaron, de la guer-
ra que le facía el Maestre de Santiago Don Rodrigo
Manrique. Como vino al Marquesado, é vído que
habia perdido la mayor parte del; ansimesmo con-
siderando que no podía sostener lo que le quedaba,
por la guerra que facía el Maestre, embió decir al
(I) En este año de 1475, á 13 de Junio dia de San Antonio, mu-
rió en Madrid la Reyna Doña Juana muger del Rey Don Enrique,
y fué sepultada en la Iglesia de San Francisco junto al altar ma-
yor al lado del Evangelio, donde los Reyes Católicos mandaron
hacerle un magnifico sepulcro, que después fué removido de allí
con el motivo que apunta Quintana, Grandeza de Madrid, 1. 3,
mp. 50, que trae varias particularidades sobre los últimos años y
muerte de esta Reyna.
280
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Rey de Portogal que bien sabia con quanto amor é
voluntad él se habia movido á le servir, é como le
habia entregado á la Reyna su esposa, é que al
tiempo que ge la entregó, prometió de conservar su
estado, é le facer otras grandes mercedes, las qua-
les no quiso recebir del Rey é de la Reyna, como
quiera que ge las ofrecían complidamente. Agora
le f acia saber, que toda la mayor parte de las villas
é lugares del Marquesado de Villena habia perdido
por su servicio, las quales se habían puesto en obe-
diencia de la Reyna; é todo lo que le quedaba esta-
ba en punto de se perder, por la guerra contina que
el Conde de Paredes, que se llamaba Maestre de San-
tiago, le facía, el qual agora de nuevo había tomado
la villa de Ocaña que estaba por él; é que conside-
rase, que como quiera que la tierra fuese suya é la
perdiese, pero también la perdía él, pues en ella era
tenido por Rey é Señor de Castilla. Por ende que le
suplicaba, quisiese pasar los puertos, é venir para la
villa de Madrid que estaba por él : porque desde
aquella villa podría haber luego á Toledo, é recobrar
la villa de Ocaña é todo lo que había perdido. E que
sin dubda todas las cibdades é villas del Reyno de
Toledo é la tierra de Estremadura, vernian á su obe-
diencia, porque la tierra del Arzobispo é del Maestre
de Calatrava estaban por él é tenían su voz, desde la
qual con su favor é veyéndole con gente en aquellas
partes, se podría ligeramente haber todas aquellas
tierras á su obediencia, é también las cibdades é vi-
llas del Andalucía; lo qual deseaba mucho el Mar-
ques de Cáliz que tenia el castillo de Xerez de la
frontera, é Don Alfonso de Aguilar que estaba apo-
derado de la cíbdad de Córdoba; los quales sí le vie-
sen en el reyno de Toledo, luego se mostrarían sus
servidores é f arían tender á aquellas cibdades, é otras
muchas de la Audalucía su voz, é tenerlo por Rey é
Señor dellas; é ge le siguirian otras muchas é muy
grandes utilidades si pasase los puertos. Suplicábale
ansimesmo, que considerase quan mal exemplo seria
desampararle é dexarle destruir, lo qual seria causa
que los caballeros que estaban en su servicio, é otros
que deseaban venir é le servir, visto el poco reme-
dio que le daba, se apartasen de su servicio é le se-
rian deservidores. El Rey de Portogal, oído lo que
el Marqués de Villena le embió decir, ovo su conse-
jo, que si él fuese á la villa de Madrid perdería todo
lo que tenia en esta otra parte de los puertos. E por
tanto embió á decir al Marqués, que no compila á
BU servicio por el presente su pasada allende del
puerto, porque su adversario el Rey do Sicilia con
quien él por fecho de armas había de librar esta fa-
cíenda, estaba desta otra parte de los puertos; é que
no seria bien considerado teniendo su adversario
delante, dexarle libre é ir á otras partes que serían
muy ligeras de adquirir seyendo vencida la parte
principal, el qual vencimiento con ayuda de Dios
entendía prestamente facer por batalla. Respondió
ansimesmo, que si él se ausentase destas partes, las
cibdades de Toro é de Zamora que estaban á su
obediencia, sin ninguna dubda se perderían é redu-
cirían al Rey é á la Reyna; ó que no era buen con-
sejo perder lo que tenia cierto, por esperar de ganar
lo que estaba dubdoso. E que él fuese seguro, que
deseaba su bien, é no consentiría su perdición: para
lo qual si conviniese pornia su estado real. Dada
esta respuesta, luego el Rey de Portogal que estaba
en Toro, vino para la cíbdad de Zamora con toda su
gente, é dexó en guarda de la cíbdad de Toro á Juan
de Ulloa. E ansí quedó el Marqués en grandes peli-
gros é necesidades, que cada día le recrecían por
las pérdidas que veía de su patrimonio, é por la poca
esperanza que tenía en la ayuda del Rey de Porto-
gal; é no tenia determinada elección si permanece-
ría en su partido, 6 si se reduciría á la obediencia
del Rey é de la Reyna asegurándole solamente su
persona é patrimonio. Estando en Zamora el Rey de
Portogal sopo de cierto trato que algunos de la cíb-
dad trataban para la dar al Rey é á la Reyna; é fizo
prender quatro de los que eran en el trato, é mandó
facer justicia dellos, é acordó de templar su ven-
ganza, porque de la crueldad vista por el pueblo no
se recreciese algún escándalo.
CAPÍTULO XXXIII.
De las cosas que pasaron en el cerco del castillo de Burgos.
Sabido por la Reyna que el Rey de Portogal dexó
de socorrer al castillo de Burgos é que fué para Za-
mora, luego partió de Palencía, é con ella el Carde-
nal de España, é los otros caballeros que estaban en
su corte, é volvió para Valladolid. Porque siempre
tovo tal diligencia en esta guerra, que el Rey, 6 ella,
ó sus Capitanes por su mandado, con gente de armas
se ponían lo mas cerca que podían del logar do el
Rey de Portogal estaba. El Rey continó siempre el
cerco del castillo de Burgos, é mandó poner gran di-
ligencia en las minas que iban debaxo de tierra ; é
los minadores trabajaban de minar el pozo de la for-
taleza que estaba hoftdo, é pensaban que tomada el
agua se tomaría el castillo. Ansimesmo los trabucos
de noche é de día no cesaban de tirar á la fortaleza
é las lombardas gruesas é otros tiros de pólvora ti-
raban continamente. E algunas veces salían los de
la fortaleza á pelear con los de las estanzas que es-
taban puestas por defuera de la cíbdad, é con los
que estaban por la parte de dentro, é otras veces
peleaban con los de las minas que habían fecho. De
manera que muchos días acaeció pelear por dos par-
tes debaxo de tierra, y encima de tierra por tres ó
quatro partes. En los quales combates, por la dis-
posición de los lugares do peleaban, pocos tiros de
pólvora ó de ballestería se facían, que no firiesen ó
matasen á los de la una parte é de la otra; ó aquella
batalla era menos cruel, que venia entre ellos á las
manos con lanzas y espadas. Y en estos combates,
el Rey y el bastardo su hermano. Duque de Villa-
hermosa, y el Almirante, y el Condestable trabaja-
ban veces peleando por sus personas, veces prove-
yendo é favoreciendo de gentes á unas partes é á
otras do era necesario. El Duque de Arévalo tenía
muchos criados é homes principales en la cíbdad,
los quales al tiempo (fue el castillo fué cercado, se
DON FERNANDO
recogieron dentro para lo defender. Ansimesmo em-
bió allí otros muchos de sus criados, é grandes per-
trechos : porque aquella tenencia tenia en mas esti-
ma que la mejor cosa de su casa. Y esta gente, que
seria en número de quatrocientos hombres, ficieron
muchas cavas é baluartes para se defender ; é los
unos peleaban, é los otros reparaban lo que derriba-
ban los trabucos é las lombardas, é con los ingenios
que tenian en la fortaleza tiraban á la cibdad, é des-
truían é derribaban muchas casas, é facían tanta
guerra, que ninguno podia andar seguro por las
calles de la cibdad.
CAPÍTULO XXXIV.
Como el Rey tomó la cibdad de Zamora.
Entretanto que estas jcosas pasaban en Burgos, la
Keyna trató secretamente con aquel Francisco de
Valdes, que habernos dicho que tenia la puente de
Zamora, de lo reducir á su servicio. Este Francisco
de Valdes, considerando que había seydo primero
en la casa del Rey é habia recebido del mercedes , é
que tenía poco cargo del Rey de Portogal, aceptó el
trato que le fué movido, é fabló con un Alcayde que
tenia puesto en la puente, que se llamaba Pedro de
Mazariegos vecino de Zamora, lo que le era f ablado.
Al qual plogo mucho dello, porque como buen cas-
tellano, ni su voluntad se apartó de servir á la Rey-
na de Castilla, ni se juntó al servicio del Rey de
Portogal. Este trato anduvo algunos días, é al fin
fué asentado, que el Rey fuese con gente, y entrase
de noche en Zamora por la puente; é que tomaría al
Rey de Portogal, é á su sobrina que estaba con él.
Tratóse esto tan secretamente, que ninguno eiiten-
dió en ello, salvo el Rey é la Reyna, y el Cardenal
de España, é una persona religiosa que lo trataba.
E porque convenia que el Rey viniese en persona
á lo facer, la Reyna le embió á decir, que simulase
estar Mifermo, porque ninguno conociese que se
había ausentado de la cibdad de Burgos , é que lue-
go ala hora partiese, é viniese secretamente para
Valladolid do ella estaba, é allí tomaría la gente
que había do llevar para la entrada de Zamora :
porque el trato de su entrada en la cibdad, era con-
cluido con Francisco de Valdes. El Rey, oído lo que
la Reyna le embió á decir, fablólo con el bastardo
su hermano, Duque de Víllahermosa, en gran secre-
to, ó con el Almirante su tío, é con el Condestable,
que estaban con él, é con Rodrigo de Ulloa, su Con-
tador mayor, é con un su Secretario de quien él
confiaba, que se llamaba Fernand Alvarez de Tole-
do. Este Secretario fizo poner por mandado del Rey
dos caballos fuera de la cibdad, cerca del moneste-
rio de las Huelgas, é á la prima noche el Rey, dexa-
do el cargo del cerco á aquellos caballeros, salió si-
mulado de su palacio solo con aquel caballero Ro-
drigo de Ulloa, su Contador mayor, é con aquel su
Secretario, é fué al lugar do el Secretario puso los
caballos, é de allí partieron , é fueron á Valladolid.
Aquellos caballeros ú quien dexó el cargo del casti-
llo de Burgos, publicaron otro día que el Rey no sa-
É DOÑA ISABEL. 281
lía fuera de su cámara, porque se habia sentido
enojado. Como el Rey fué en Valladolid, estovo allí
aquel día secretamente en la cámara de la Reyna ; ó
acordó de partir con toda la gente que la Reyna te-
nia llegada, é de embiar delante con gente de caba-
llo á Alvaro de Mendoza, para que entrase primero
en la cibdad. Este trato no pudo ser tan secreto, que
no lo sospechase alguno , que avisó dello al Rey de
Portogal ; el qual por la sospecha que ovo, quisiera
luego desapoderar de la tenencia de la puente á
Francisco de Valdes. E la noche que lo sopo embió-
lo llamar, é como respondiesen los suyos que guar-
daban la puente, que no estaba allí, pensó esa no-
che de tomar la puente por alguna manera de enga-
ño. Y embió á decir con Juan de Porras, tío de Val-
des, á aquel Pedro de Mazariegos que tenia la puen-
te, que la abriese para que saliesen ciertos caballe-
ros que el Rey de Portogal embiaba esa noche á
facer cosas que compilan á su servicio, y esto se
facía á fin que quando la gente estoviese en la
puente, se apoderasen della, y echasen fuera al Al-
cayde é á los que con él estaban. El Alcayde respon-
dió, que no era aquella hora para recebir gente nin-
guna en la puente; pero á la mañana f aria lo que le
mandasen. El Rey de Portogal, aunque dubdoso de
la respuesta de aquel Alcayde, pero por no facer
claro al que estaba deservídor encubierto, dcxole
por esa noche , esperando tomar la puente otro día
por la mañana. Quando el Alcayde Pedro de Maza-
riegos sintió que el Rey de Portogal había sabido el
trato, é que aquella gente que embiaba por la puen-
te era para gela tomar, trabajó esa noche con loa
que con él estaban de facer con piedras grandes un
baluarte ahí dentro de la puerta de la puente ; é no
lo fizo por defuera por no ser sentido que facía de-
fensa contra la cibdad. Y embió decir al Rey, que
viniese á mas andar con gente, porque el Rey de
Portogal habia sentido el trato, é le quería tomar la
puente. Otro día por la mañana vino á la puente
aquel Juan de Porras que habemos dicho, con fasta
cíen hombres á caballo, simulado que iba camino, é
díxo al Alcayde que abriese é dexase pasar por la
puente aquella gente que el Rey embiaba. El Alcay-
de quando los vído, tirando piedras é saetas y es-
pingardas, á grandes voces dixo : Castilla^ Castilla,
por el Rey Don Fernando é por la Reyna Doña Isa-
bel. Como la voz fué al Rey de Portogal, ovo grande
indinacion ; é mezclada la ira con tristeza se armó
luego, é mandó armar toda su gente, é vino en per-
sona á la puente , é mandola combatir. Los Porto-
gueses comenzaron el combate, presente el Rey, tan
recio que ovieron lugar de poner fuego á las puer-
tas de la puente, aunque ovo allí muchos muertos ó
f erídos. Quemada la puerta , el Rey de Portogal en-
cendido en ira contra los que la guardaban, manda-
ba á los suyos que osadamente llegasen. Los quales,
pensando haber luego la entrada, fallaron el baluar-
te que habían fecho la noche antes, é tornaron á pe-
lear é combatir aquel baluarte ; en el qual combate
los Portogueses peleaban osadamente , pero como el
fuego que hablan puesto á la puerta de la puente
282
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
les impedia la entrada , recebian gran daño de los
tiros de espingardas é ballestas que tiraban los de
dentro, en especial por la disposición del lugar que
era tan estrecho, que los de dentro se defendían á
poco peligro, é los de fuera ofendían á su gran da-
ño. En este combate morieron algunos criados del
Rey de Portogal, é oficiales do su casa, porque
aquéllos eran los que con mayor osadia llegaban al
peligro, veyendo presente al Rey su señor que los
esforzaba, é ansí duró el combate desde la mañana
fasta después de hora de vísperas. E visto por un
caballero Portogues, hombre anciano, que estaba
con el Rey de Portogal , el gran daño que recebian
los Portogueses, y el poco fruto que se esperaba de
aquel combate, movido á compasión de los muertos
é feridos que veia, trabajaba por quitar al Rey de
Portogal la ira que mostraba , é díxole : «Que la ira
«que mostraba contra sus deservidores, no le ocu-
»pase la piedad que debia haber de sus servidores,
» é que pues no se podia executar la justicia contra
» los unos, usase de la misericordia que debia con
» aquellos mancebos que habla criado, é veia morir
Bsin conseguir fructo.» El Arzobispo de Toledo que
estaba con el Rey de Portogal , ansimesmo le dixo :
«Señor, yo sé bien que aquel que tiene aquella puen-
» te, espera presto socorro de gente, porque de otra
» guisa , no es de presumir que cometiese tan grand
«osadía. E conozco al Rey é á la Reyna de Sicilia,
» que, ó vernán ellos presto, ó embiarán tanta gente,
» que puje á la gente que tenéis para pelear ; é no es
» vuestra honra que peleemos por las calles de Za-
«mora, do tememos á todos los vecinos della por
1) enemigos : por ende deliberad luego de partir de
«aquí, porque esto es lo que cumple á vuestro
» servicio.» El Rey de Portogal oidas aquellas pala-
bras, é considerando que lo que el Arzobispo é aquel
caballero decían era cosa do creer, visto ansimesmo
que habia estado alli todo lo mas del día sin facer
fruto, fizo retraer á los del combate é fué á su pala-
cio, é mandó armar toda su gente ; é sin mas tardar
tomó á su sobrina que estaba allí con él, recelando
del pueblo no ficiese con él algún alboroto, é con los
mas que pudo recoger partió esa noche de la cibdad,
é con él el Arzobispo do Toledo, é fué á la cibdad de
Toro ; é toda su cámara é otros arreos que tenia fizo
poner en la fortaleza en poder del Mariscal que la
tenia. E fué ansimesmo con él Juan do Porras, aquel
caballero que habernos dicho que era natural de
aquella cibdad ; el qual no osó quedar en ella, por
el fierro que habia cometido contra el Rey é contra
la Reyna. Partido de la cibdad de Zamora el Rey
de Portogal, luego dende apoco espacio llegó Alva-
ro do Mendoza con la gente que el Rey é la Reyna
le habían dado, y entró dentro en la cibdad. E la
gente de los Portogueses que no ovieron espacio de
partir con el Rey de Portogal, rctraxéronse á la
Iglesia mayor que estaba cerca de la fortaleza, é
metieron en ella el f ardage é las otras sus cosas que
pudieron meter, para lo salvar, é pusiéronse en de-
fensa. La gente de Alvaro de Mendoza, como llegó
de noche, tendióse por la cibdad á robar machos de
los bienes de los Portogueses que no hablan podido
guardar. Otro día por la mañana al alba del día, Al-
varo de Mendoza juntó toda la gente de su capita-
nía é mucha gente de la cibdad, é comenzaron á
combatir la Iglesia. Estando en el combate, llegó el
Rey, é con él el Almirante, y el Duque de Alva, y
el Conde de Alva de Liste, é otros caballeros, con
toda la gente de armas de su hueste. Quando los de
la Iglesia vieron que el Rey entraba en la cibdad,
demandaron partido que les salvase las vidas é los
bienes que tenían en aquella Iglesia, é luego la de-
xarian libre. El Rey otorgólo, porque de su natural
condición era home piadoso; ó ovo consejo de no se
ocupar en el combate de aquella Iglesia, por escusar
muertes , é porque habida, se podría mejor poner
sitio sobre el castillo que estaba cerca della. Los
que estaban en la Iglesia, habido el seguro del Rey,
luego salieron con todo lo que tenían, é se fueron á
Toro do estaba el Rey de Portogal. El qual, como se
vido desapoderado de la cibdad de Zamora en la
forma que habernos recontado, como quier que fué
gran disfavor para su demanda, pero pensó de es-
forzar los de su partido, publicando que esta de-
manda no se habia de librar tomando ó dexando de
tomar castillos ó cibdades, sino por batalla campal,
ó cercando á su contrario el Rey de Sicilia, lo qual
entendía facer prestamente. E luego embió mandar
al Príncipe de Portogal su-fijo, que esto viese presto
con toda lamas gente de pié é de caballo que pedie-
se haber en todo su reyno, para quaudo le embiase
á llamar.
CAPÍTULO XXXV.
De las cosas que pasaron en el cerco del castillo de Burgos,
é como se entregó á la Reyna.
El Rey fué muy bien recebido en Zamora , é con
grande amor de los del pueblo, é luego mandó tomar
los bienes de aquel Juan de Porras , é del Mariscal
que tenia la fortaleza, é de todos los otros desleales
que con él estaban. E mandó facer una grande tapia
por atajo, la cual apartó la fortaleza de la cibdad
de manera que por la fortaleza no podia ninguna
gente entrar en la cibdad. E por defuera de la cib-
dad mandó poner once estanzas contra la fortaleza,
é cada una de aquellas estanzas mandó fornecer de
mucha gente bien aderezada de armas é pertrechos
é artillería. E otrosí mandó fortificar cada una des-
tas estanzas de grandes cavas é baluartes á la re-
donda, é de grandes defensas, por manera que aun-
que alguna gente viniese á socorrer la fortaleza por
defuera de la cibdad, no pudiesen entrar dentro ni
desbaratar las estanzas sin gran daño y estrago de
gentes ; é ansí fué cercada la fortaleza de Zamora
por todas partes, é mandó ansimesmo traer engenios
é lombardas para la combatir. Entretanto que estas
cosas pasaban en Zamora, Don Alonso el Bastardo,
hermano del Rey, Duque de Villahermosa, y el Con-
destable, continaban el cerco del castillo de Burgos
é las minas que se facían ; é daban tan gran diligen-
cia, que de noche ni de dia no cesaban los tiros de
DON FERNANDO
la una parte ni de la otra. Acaeció, que los de la for-
taleza movieron un dia por la mañana escaramuza
con los de las estanzas por tres partes , é por una de
las minas ; y estando en la mayor priesa de la esca-
ramuza, echaron gente por una de las otras minas,
é pusiéronle fuego, é quemóse toda , porque los que
la guardaban no lo pudieron resistir, é cayó toda la
mina en tierra. E porque á los cercadores costreñia
la vergüenza é á los cercados la necesidad, cayeron
en aquel dia en los combates é peleas muchos muer-
tos é feridos de la una parte é de la otra. Especial-
mente los de la fortaleza recibieron tanto daño, que
veyendo como la gente ge les diminuía é iba per-
diendo cada dia, acordaron de guardar la fortaleza,
é no salir mas á las escaramuzas como solían. E las
estanzas puestas contra la fortaleza ovieron lugar
de se poner tan cerca de las torres, que podian tirar
piedras con la mano que llegasen fasta las estanzas;
é fablaban muchas veces los unos con los otros, é
los del castillo decían á los de las estanzas , que te-
nían esperanza muy firme que el Key de Portogal
habia do venir á los socorrer, porque lo habia pro-
metido, é que tenian ansimesmo ñucia en la guerra
que el Rey de Francia facia á la provincia de Gui-
púzcoa, é que habia de entrar gran poderío de Fran-
ceses en Castilla en favor del Rey de Portogal. E
con estas cosas estaban mas rebeldes, é no querían
aceptar fabla ni partido ninguno, é llamaban desde
el muro á grandes voces : Alfonso, Alfonso, Porto-
gal, Portogal.
Un Alcalde de Burgos que habia nombre Alfonso
Diaz de Cuevas, á quien el Rey habia dado cargo
con gente de la cibdad de una estanza de las mas
cercanas al muro, conocía bien á los principales do
los que estaban en la fortaleza que eran sus amigos,
é oía aquellas f ablas ; é deseando guardar las vidas
á aquellos ó la fortaleza al Rey, decíales á altas vo-
ces : « O engañados ! desde las almenas de Burgos
«cabeza de Castilla, llamáis á Portogal que os so-
» corra! Mal pensamiento es el vuestro, sí acordáis
»de esperar las penas de la muerte con tantos tra-
» bajos déla vida, esperando socorro de aquellos á
» quien vuestros padres é agüelos siempre tovieron
«por enemigos. Pésame, dixo él, si la afición os tiene
«tan ignorantes de las cosas, que no conocéis que
» sería ya venido el Rey de Portogal á os socorrer si
«pudiese; é mucho mas si lo sabéis, é con desespe-
» ración no sabéis remediaros. Gemir por cierto de-
«brian esas almenas, gemir debrian los vecinos des-
» te lugar, c aun toda la lealtad castellana ; porque
« nunca pensaron las gentes, que tan gran desaven-
» tura habia de pasar por la cibdad de Burgos, que
» aquellos que guardaban su castillo llamasen á los
» Portugueses por ayudadores. Ni menos se pensó,
«que los de Zamora que son cercanos á Portogal,
«guardando su lealtad como buenos Castellanos
» echasen al Rey de Portogal de la cibdad ; é los del
« castillo de Burgos lo llamasen por su Rey, é que-
« masen por le servir la cibdad de su naturaleza. El
» reyno de Portogal, como sabéis, pertenecía de de-
urecho al Rey Don Juan, bisagüelo del Rey é de la
É DOKA ISABEL. 283
» Reyna nuestros señores , por parte de la Reyna
» Doña Beatriz su muger ; é los Portogueses quisie-
» ron por su Rey al Maestre de Avis (1), agüelo des-
«te Rey de Portogal, aunque era frayle profeso é
«bastardo, antes que sofrirpor Rey á home Castella-
» no, aunque era legítimo é tenia derecho claro al
» reyno de Portogal. E vosotros Castellanos tenéis
» Rey Castellano, é Reyna fija legítima del Rey Don
» Juan, á quien sabéis que pertenecen estos Reynos:
« é llamáis por Rey á Don Alonso Rey de Portogal,
» porque casó con Doña Juana su sobrina. ¿ No ha-
«beis vergüenza de sostener tal opinión? ¿Dónde
» está vuestro entendimiento ? ¿ dónde está vuestra
» lealtad? No habéis memoria, que poco tiempo ha
«vimos á los mas principales de los que ahí estáis
«con las espadas en las manos, é con gran sequela
« de gente por las calles de Burgos, diciendo : «Qual-
«quier que díxere que el Principo Don Alonso no
« es heredero legítimo é verdadero de los Reynos de
«Castilla, nosotros le sacaremos el ánima: porque
« no placerá á Dios, ni sof rirán las gentes, que Doña
«Juana, fijado Don Beltran de la Cueva, reyne en
«Castilla.» ¿Tan presto habéis olvidado aquella
«lealtad que publicábades? ¿Tan presto sois veni-
» dos en olvidanza de vosotros mesmos, é moris por
«sostener aquello que á otros consejábades, é aun
« f orzábades que no sostuviesen ? Querría yo saber
» de vosotros, si tornó agora de nuevo aquella seño-
» ra Doña Juana á ser fija del Rey Don Eniique,
» porque no se confirmó la villa de Arévalo al Duque
«Don Alvaro. Andad, dixo, engañados; andad, ó
» tornad á vuestro entendimiento, é dexaos destas
« opiniones dañadas : ca nunca opinión venció á la
« verdad, é la verdad al fin siempre venció á la opi-
» nion. Ni porque no se confirmó Arévalo al Duque,
n no confirméis vosotros tan gran mácula á vuestras
» personas é á vuestros descendientes ; ni sufráis la
« vida tan mala que tenéis , ni la muerte tan cruda
« que esperáis, con fundamento tan injusto. Dexaos
« destas esperanzas vanas de socorros de Franceses,
n porque cansados llegarían por cierto los de París á
« socorrer á los de Burgos ; ni menos de los Porto-
» gueses que llamáis, porque asaz tiene que facer el
« Rey de Portogal en socorrer á sí é á las estremas
» necesidades en que está puesto, las quales son tan
«grandes, que le facen estimar muy pequeña esta
» que vosotros tenéis por grande. Ni esperéis , que
«pues el Rey ha estado tanto tiempo en el cerco
« deste castillo, é lo tiene en tal estado, lo dexe por
» ninguna otra necesidad aunque sea grande : por»
(1) Este fué Don Juan I de Portngal , hijo del Rey Don Pedro,
que por elección de los Portugueses siendo Maestre de Avis su-
cedió á su hermano Don Fernando, hijo legítimo del mismo Don
Pedro y de su primera muger Doña Constanza, hija de Don Juan
Manuel Señor de Villena. Don Juan I de Castilla pretendía el rey-
no de Portugal, por el derecho de su muger Doña Beatriz, hija del
Rey Don Fernando de Portugal y de Doña Leonor de Meneses, á
quien sin duda pertenecía. Pero después de muchos reencuentros,
habiendo sido derrotado eo la memorable batalla de Aljubarrota,
en 1385, hubo de ceder á la fortuna, y su competidor quedó en pa-
cífica posesión del reyno. Crón. de Don Juan I, año 7, cap. 11,
Mariana, lib. 18, cap. 9.
284
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
» qne ninguno debe dexar el trabajo de la cosa, to-
» aiendo la utilidad del fin tan cerca. E mirad, que
» un lienzo de esa cerca esta noche 6 de mañana cae-
»rá, é vosotros todos estáis en peligro de las vidas.
»Ni esperéis que tomada la fortaleza, aunque esca-
» peis con las vidas, vuestros trabajos é servicios se-
«ran mirados ni remunerados por el Duque Don
» Alvaro, ni menos por el Rey de Portogal , porque
«el fin de la cosa se ínira, é no los trabajos della.
«Reducios por Dios á vuestro buen entendimiento,
» é luego conoceréis la verdad , é pensareis de os re-
«ducir al servicio del Rey é de la Reyna, como sois
«obligados. Los quales son tan humanos é piadosos
«con sus naturales, que no mirando vuestros yerros,
nos darán vida é reparo de vuestras personas. Ha-
» bed ya por Dios compasión de vuestra naturaleza
» ó de vuestras moradas que vedes arder ; é habed
» piedad de vosotros mesmos é de vuestra fama, ó
«siquiera de vuestras mugeres é fijos, que viviendo
«vosotros andan como viudas é huérfanos, é tienen
« la vida mala, é la esperanza peor.
Los de la fortaleza oyeron las razones que dixo
aquel Alcalde Alfonso Diaz de Cuevas, al qual co-
nocían que era hombre de buen entendimiento, é
tenia amistad con algunos dellos. E luego comen-
zaron á f ablar entre sí , que debian venir en algún
partido, pues que les faltaban ya muchas cosas que
habiaa necesario para el mantenimiento é para la de-
fensa de la fortaleza ; é ansimesmo habia entro ellos
muchos feridos, é algunos muertos, y esperaban
cada dia mayores necesidades. E decian que no se-
ria buen consejo esperar necesidad tan extrema que
no oviesen lugar de facer partido ninguno ; pues
veian que el Rey de Portogal, ni el Duque de Aré-
valo ponian la diligencia que debian en su socorro.
E cerca desta plática, habia entre ellos diversas
opiniones : porque unos decian que debian morir
allí como leales, é otros decian, que no podían creer
que no fuesen socorridos, seyendo aquel castillo la
principal cosa desta demanda ; é que habiendo ellos
fecho su deber, sería grande inhumanidad del Rey
de Portogal é del Duque de Arcvalo, si no los re-
mediasen. Otros decian, que ninguno f acia, aunque
fuese Rey, mas de lo que pedia , é que el Duque de
Arévalo no podía socorrer el castillo de Burgos sin
gente é favor del Rey de Portogal ; el qual habia
venido fasta Pefiafiel á los socorrer, é se volvió, é
después fué echado de Zamora, según lo qual no
veian manera para que fuesen socorridos del. E
que les seria imputado á gran ignorancia, veyendo
las cosas en tal estado , no haber consejo de salvar
BUS vidas é bienes si pudiesen. E aun que dcsto no
pesaría al Duque su señor ; porque ya eran venidos
á tal estado, que les convenia sojuzgarse al remedio
que pudiesen, é no al que escogiesen, é de buscar for-
ma para conservar la vida, é no para ganar gloria.
Estando estas cosas entre ellos en esta plática, un día
por la mañana cayó el lienzo de la cerca por do ti-
raban las lombardas, en que podía haber fasta
veinte pasos ; é luego pareció por dentro otro muro
de tapia , que habían fecho los del castillo para su
defensa ; al qual tornaron á tirar las lombardas,
pero no podían en él facer tanto daño, porque las
piedras del muro que habían caído , eran grand am-
paro del muro de tapia que habían fecho. El Al-
cayde quando vido el muro caído, á requesta de
aquellos que procuraban que se diese la fortaleza á
partido, los quales eran de los mas principales que
estaban con él, veyendo otrosí que le iban menguan-
do los bastimentos é creciendo las necesidades, de-
mandó fabla con el Condestable. El qual llegó áfa-
blar con seguridad que ovo de la una parte é de la otra
é después de algunas pláticas, que en tres ó quatro
días ovieron, acordaron que daría la fortaleza con
seguridad de las vidas de los que estaban en ella ; ó
que el Rey é la Reyna los perdonasen é restituye-
sen sus bienes. E luego el bastardo hermano del
Rey, y el Condestable, escribieron á la Reyna que
estaba en Valladolid, que viniese á asentar el parti-
do, é á recebir su fortaleza. La Reyna, vistas las
letras del Duque é del Condestable, partió de Valla-
dolid (1), é vino para la cíbdad de Burgos, é posó en
las casas del Obispo. E allí vinieron á ella personas
diputadas por parte del Alcayde, é de los que estaban
con él en el castillo ; é perdonólos, é mandóles res-
tituir sus bienes, ó recibió el castillo, en el qual puso
por Alcayde á Diego de Ribera, Ayo que fué del
Príncipe Don Alonso su hermano ; é dio orden en el
bastimento é reparo del castillo, y en la justicia é
guarda de la cíbdad. Esto fecho, volvió luego para
Valladolid, é dende vino para Tordcsillas, por estar
mas cerca de Toro é de Zamora para proveer las
cosas necesarias á la guerra.
CAPÍTULO XXXVL
De la reconciliación del Duque Don Alvaro con la Reyna.
Estando la Reyna en la villa de Tordesillas, vino
ante ella Don Pedro de Stúñiga , fijo del Duque de
Arévalo, á procurar perdón para el Duque su padre,
é reducirlo á su servicio. Este Don Pedro, como quier
que el Duque su padre é la Duquesa su madrastra
siguieron la via del Rey de Portugal , pero él esto-
vo siempre en el servicio del Rey é de la Reyna, é
con esta confianza vino á la Reyna. A la qual dixo,
como la vejez de su padre liabía engendrado en él
tan gran negligencia acerca de la gobernación de
su casa, que ni de lo malo que en ella se facía le
debía ser imputada culpa, ni por lo bueno merecía
gracias. Porque toda la administración de su fa-
cíenda, é aun de su honra, junto con la gobernación
de su persona había remitido á la Duquesa su mu-
gor ; y él aunque presente, se reputaba como absen-
té de todo lo que en su casa se facía. E que la Du-
quesa su madre había pospuesto la honra de su
marido , é muchas veces habia aventurado á todo
peligro su casa é mayoradgo, á fin de facer gran
(1) Este suceso y los pasados según el sumario de G«!indcz,
deben referirse al año antecedente de 1475, pues señala la ida de
la Reyna de Valladolid á Burgos íi recibir el castillo en dicho año,
y en el mismo la partida del Rey á lo de Zamora. Galindez, hUmor.,
año li75.
DON FERNANDO
señor á Don Juan su hijo ; porque conocía que en
perderlo ella perdía poco de lo suyo. E que le supli-
caba que oviese piedad del , que siempre le había
servido ; y en aquel yerro que contra su magestad
real la casa de su padre había cometido , mostrase
su magnanimidad , é no quisiese que él padeciese
por el yerro que su padre, ciego de ignorancia , y
engañado por la cobdícia de su muger, había come-
tido : mayormente pues que en este yerro, fué ma-
yor la ceguedad de la cobdícia de su madrastra, que
la malicia del Duque su padre. Todo lo qual consi-
derado, él traia comisión de poner, é ponía en sus
manos reales al Duque su padre, é á él é á toda su
cana, para que de todo ello ficíese lo que su volun-
tad fuese. La Eeyna perdonaba los yerros que le
facían con gran dificultad, pero considerando la
humildad con quo vino á ella Don Pedro, é que ha-
bía servido al Rey é á ella, é había de heredar aque-
lla casa, perdonó al Duque su padre, é la Duquesa
su muger, é redúxolos á su servicio. Los quales sir-
vieron después al Rey é á la Reyna tan bien é leal-
mente, que lo entregaron la villa de Arévalo que
tenían ocupada; é habiéndose por bien servida de-
llos les dio consentimiento para que oviese el Maes-
tradgo de Alcántara Don Juan su hijo, que era
proveído por el Papa. Y este Duque mudó el título
que tomó de Arévalo, é llamóse Duquo de Plasencía,
de la qual se solia intitular Conde.
CAPÍTULO XXXVIL
De las cosas que pasaron en Faenterrabfa.
Según habemos dicho, el Rey de Francia fizo su
amistad é confederación con el Rey de Portogal
como con Rey do Castilla. E como se vido libre de
la guerra que el Rey delngalaterra le quería facer,
é vista la necesidad en que estaban el Rey é la Rey-
na por la guerra é división que tenían dentro en su
Reyno ; acordó de embiar á la cibdad de Bayona,
que es en la frontera de Castilla, quarenta mil com-
batientes, para facer guerra á la provincia de Gui-
púzcoa, é poner cerco sobre la villa de Fuentera-
bía, que es muy fuerte. E fuele dado á entender,
que tomada aquella villa por ser la primera é la
mas fuerte de toda la provincia , muy ligeramente
tomaría las otras, é ansiraesmo las del Condado de
Vizcaya, do hay muchos ó muy buenos puertos de
mar, con los quales su reyno que es menguado de-
llos, seria abundado de puertos de mar, é de gente
belicosa, é muy sabia en el arte de marear. La villa
de Fuenterabia es puerto de mar, y está asentada á
la boca de un rio que se llama Alduída, é nace de
los montes Píreneos, y entra en la mar de España, é
viene del Reyno de Navarra , é parte términos en-
tre Castilla é la tierra de Labrot, que es en el Duca-
do de Guiana, del señorío de Francia. E aunque la
villa está puesta en alto, é los muros della son al-
tos ; pero la mar en las crecientes rodea todo lo
mas del circuito della, é sube mas de fasta la mey-
tad del muro. E de la parte de la tierra está muy
torreada, ó la dispusicion del lugar la face mas
É DOÑA ISABEL. 285
fuerte : porque todo lo que está en su circuito por
la parte de la tierra, es lugar fragoso é montuoso,
donde á gran pena pueden andar caballos ni otras
bestias por el impedimento del lugar. Los France-
ses pasaron aquel rio, que muy ligeramente se pue-
de pasar á las menguantes del mar ; y entraron en
la provincia de Guipúzcoa, é quemaron las villas do
la Rentería, é de Oyarzu , é ficieron cruda guerra á
los Guipuzes. Los de la provincia, visto el gran po-
derío de los Franceses , embiaron á la Reyna , quo
estaba en Burgos, en el tiempo que el Rey su mari-
do estaba en Zamora, á le suplicar, que embiase al-
guna gente de caballo, para que con los peones de
la tierra pudiesen resistir á los Franceses. La Reyna
proveyó luego, y embió sus poderes á Don Diego
Pérez Sarmiento, Conde de Salinas, su Merino ma-
yor de Guipúzcoa, con gente de caballo ; ansimes-
mo embió á Don Juan de Gamboa, un caballero na-
tural de aquella tierra, para que entrase en Fuen-
terabia, é tomase la capitanía de ella. B dio sus car-
tas para todas las villas que son en Vizcaya, é Gui-
púzcoa, é Castilla vieja, é Álava, é Burueva, é las
Asturias , é para todos los valles que son en las
montañas ; por las quales mandó que fuesen resis-
tir á los Franceses que habian entrado á facer guer-
ra en sus Reynos, é se juntasen para ello con el
Conde de Salinas á quien embiaba por su capitán
mayor. E luego aquel Don Juan de Gamboa entró
en la villa de Fuenterabia con fasta mil hombres
de la tierra, é fizo grandes cavas é baluartes, é otras
defensas, é forneciola de muchos tiros de pólvora,
é de todas las cosas necesarias á la defensa de la
villa. Los Franceses traían mucha gente de Gascu-
ña, que son vecinos á la provincia de Guipúzcoa,
homes guerreros. Entre los quales venia un caba-
llero que se llamaba Mosen Juan Pargueta, capitán
de mil lacayos, con los quales facía gran guerra á
toda aquella tierra de Guipúzcoa, porque sabia las
entradas é los puertos é pasos della. Este capitán
aposentóse un dia en un lugar cerca de Fuenterabia,
que se llama Iruniranzu. Los Guipuzes con el sen-
timiento grande que tenían de las quemas é robos
que este capitán les facía con aquellos lacayos, sa-
bido como estaba aposentado en una casa de aquel
lugar juntáronse fasta tres mil hombres de pie ; ó
una noche por los lugares de la tierra que ellos sa-
bían, andovieron con tan grand ardideza, que antes
que fuesen sentidos por las guardas, dieron sobro
él, é cercaron la casa do estaba ; é antes que fuese
socorrido de los Franceses que estaban en el real
pusiérole fuego, é quemáronle á él dentro, é fasta
docientos hombres que estaban con él, é retraxe-
ronse á Fuenterabia. Los Franceses como lo sopie-
ron, tomaron armas para ir empos de los Guipuzes,
los quales como sabían los pasos é lugares de la
tierra mas fragosos, fueron por ellos ; é los Fran-
ceses que venían á caballo, no los pudíendo seguir
de noche por aquellos pasos , volvieron á su real, y
estovieron en él espacio de di^ días. E como era
gran número de gente, é no tenían ya mantenimien-
tos, porque hx tierra es muy estéril, volvieron para
286
Bayona, que es cinco leguas de Fuenterabia ; é allí
se proveyeron de mantenimientos que ficieron traer
por mar, é de pertrechos, é de tiros de pólvora, é de
las otras cosas necesarias para el combate. Como
fueron fornecidos de todas estas cosas , volvieron
para Fuenterabia con toda su hueste ; é á la men-
guante del mar pasaron el rio, é con toda el artillería
é pertrechos que traían, asentaron ribera de aquel rio,
cerca de la villa de Fuenterabia por espacio de tres
n)il pasos. E como no podían llegar los pertrechos
á la villa para la combatir, porque la impedían los
muchos tiros de pólvora que tiraban los Guipuzes,
acordaron los Franceses de facer una mina abierta
honda en tierra, obra de estado é medio de un home;
la qual ficieron á vueltas , tomando una vez á la
mano derecha, otra vez á la mano izquierda, porque
los tiros que facían desde la villa no les pudiesen
facer daño. Los de la villa acordaron de la defen-
der por lo baxo della, desde los baluartes, é desde
las cavas que tenían fechas ; é para esto derriba-
ron lo alto de las torres é de las almenas, porque si
el artillería de los Franceses tirase al muro é lo der-
ribase, las piedras que del cayesen, no firiesen ni
ocupasen á los que andaban debaxo en derredor de
la villa por defuera para la defender. Los France-
ses por aquella gran mina que ficieron, llegaron fas-
ta la villa tanto cerca , que peleaban los unos con
los otros desde las cavas. Los de las villas de Sant
Sebastian , é del Pasage é de Ernani , é Tolosa , é
Zarauz, é Guetaria, é Deva, é de las otras villas cer-
canas, sabiendo que los Franceses querían comba-
tir á Fuenterabia, juntáronse fasta tres mil hombres
de toda aquella tierra , é pusiéronse en las cuestas
altas que están en derredor, y en laspefias y en otros
lugares que están en circuito, dispuestos de tal ma-
nera, que poca gente se puede defender de mucha,
é facerles daño, é desde aquellos lugares escaramu-
zaban con los Franceses que quedaban en guarda del
real, é ferian é mataban muchos dellos. Los Fran-
ceses, aunque eran muchos en número , pero por
la díspusicion de la tierra no podían socorrer á las
escaramuzas que aquella gente defuera les facía, é
á los combatos de la villa, pero peleaban los unos é
los otros con mucho esfuerzo. Esta manera de com-
batir duró entre ellos por espacio de nueve días ; é
con los tiros de pólvora, é de ballestas é arcos, mo-
rían muchos de la una parte é de la otra. Los de la
villa esforzábanse cada día mas, especialmente por-
que quando les era necesario entraban en la villa
con las crecientes del mar barcos cargados de las
cosas que habían menester para su provisión. Los
de la provincia armaron naos, é pusiéronlas al paso,
porque por mar no pudiesen venir bastimentos á
los Franceses. Los quales, visto el poco daño que
facían en la villa, y entendiendo que podrían facer
menos según el sitio della, é la díspusicion de la
tierra, é la mucha gente que la defendía, é ansi-
mesmo porque les faltaban los mantenimientos,
acordaron de se retraer é volver á Bayona.
Sabido por el Rey do Francia como su gente no
habiendo conseguido fruto del cerco que habían f o-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cho, se retraxeron á la villa de Bayona, ovo grand
indinacion contra ellos, é tornó á embiar otros ca-
pitanes, é mas gente ; á los quales mandó que tor-
nasen á poner real sobre la villa de Fuenterabia, ó
que en ningún caso la alzasen sin la combatir é to-
mar ; é que en esto se pusiese estremada diligencia
fasta que oviese efeto. En este comedio los de
Fuenterabia, recelando que los Franceses volverian
á la combatir, fortalecieron la villa de muchas ca-
vas é baluartes, é de gentes de la tierra escogidas
para la defender ; y en tal manera se proveyeron
que no habian tanto recelo de la multitud de los
Franceses, ni de sus pertrechos é artillería. Espe-
cialmente porque si se viesen en algún aprieto, es-
taban apercebidas todas las gentes de las comarcas
por mandado de la Reyna paia los ir á socorrer.
Otrosí mandaron, que entrasen en ella otros mil
hombres escogidos de la tierra; é vino allí Sancho
del Campo, un capitán que embió la Reyna, é Juan
de Lezcano , é Juan de Salazar con gente de armas
á caballo, é con el artillería que pudieron haber de
aquella tierra. El Rey ansimesmo habia embiado á
aquella villa una lombarda gruesa, mayor que nin-
guna de las que traían loa Franceses, é otros muchos
tiros de pólvora, é maestros de artillería. Los Fran-
ceses ficieron de su parte mayores aparejos de
guerra que antes habian fecho , é otros artificios
para el combate, é traxeron mayor abundancia de
bastimentos para bastecer su real, porque por falta
dellos no lo oviesen de alzar como habian fecho las
otras veces. Los quales mantenimientos no les po-
dían venir por mar, porque según habemoB dicho,
los Guipuzes habian armado naos, que estaban en
guarda para impedirles el paso ; é como por tierra
de muy lexos habian de venir al real de los Fran-
ceses, por ser gran número de gente, no se podían
sostener muchos días en aquella tierra; é por aque-
lla causa vinieron proveídos para mas tiempo. E
asentaron real en el lugar do lo habian asentado la
primera vez; é un día movieron con su artillería
ordenadamente para la poner en los lugares del
combate. Los Guipuzes con sus capitanes salieron
de la villa con su artillería é pertrechos para la de-
fensa, y escaramuzaron con los Franceses; é duró
la escaramuza entre ellos desde la mañana fasta la
noche, en la qual murieron muchos de la una parte
é de la otra. Los Franceses por el daño que rece-
bian en su real , con quatro lombardas grandes , é
con los otros tiros de pólvora que continamente
les tiraban, acordaron de lo retraer, é pusiéronlo
mas lexos de la villa cerca de aquella aldea que
diximos que se llamaba Iruníranzu , que es una le-
gua de Fuenterabia. E aquel día no pudieron los
Franceses asentar el artillería como pensaron, por
la gran defensa que los de la villa pusieron. Otro
día por la mañana tornaron los Franceses á la esca-
ramuza con el artillería ; é los Guipuzes salieron de
la villa, como el día antes habian fecho, é puestos
en la pelea, como los Guipuzes sabían los lugares
é pasos de la tierra, atajaron por un lugar á los
Franceses, é ficieron grand estrago en ellos, é to-
DON FERNANDO
maronles algunos de sus pertrechos. Los capitanes
de los Franceses, visto el daño que su gente recebia,
retraxeronse al real, que lo tenían muy fortalecido.
Otro dia acordaron de tornar á asentar, los pertre-
chos !para combatir la villa, é de los llevar por
aquella mina abierta que habian fecho ; é pusieron
gente por guarda en aquellos lugares por do habian .
recebido daño el dia de antes, é dispusiéronse todos
con grand ánimo para asentar la artillería. E como
eran en número do quarenta mil combatientes, é los
de la villa habian quedado tan cansados de las es-
caramuzas habidas los dias pasados : como quiera
que salieron algunos á escaramuzar con los France-
ses, pero no los podiendo resistir retraxeronse á la
villa ; é ansí ovieron lugar los Franceses de asentar
la ai-tillería. Y en la pelea que pasó aquel día , ti-
raban de la una parte é de la otra muy grandes ti-
ros de pólvora ; ó llegaron á pelear por las cavas
tan juntos unos de otros, que se tiraban piedras de
mano, é lanzas é dardos. E ansí duraron los Fran-
ceses en aquel sitio por espacio de dos meses, en los
quales los mas días habian con los de la villa gran-
des escaramuzas é peleas, donde morían muchos do
la una parte é de la otra ; pero los Franceses no po-
dían llegar al muro por las grandes defensas que
la villa tenia por defuera, é por la gran gente do
dentro que la defendía.
Agora dexa la Crónica de recontar esta conquis-
ta de Fuenterabia, é torna á recontar las cosas que
pasaron estando el Rey en la cibdad de Zamora.
CAPÍTULO XXXVIII.
De las cosas que el Rey fizo en la cibdad de Zamora.
Después que el Rey entró en la cibdad de Zamo-
ra , siempre tovo la fortaleza sitiada por parte de
dentro é defuera de la cibdad con las estanzas que
habemos dicho. É como quier que el Rey perdona-
ba al Mariscal, é le ofrecía restitución de sus bie-
nes porque le entregase la fortaleza , é aunque se
facían contra él é contra los que con él estaban los
actos que se deben facer contra los que son rebel-
des , pero sus fierros le ponían tanta sospecha , que
le quitaban toda seguridad, É por esta causa siem-
pre estovo pertinaz é no quiso oír partido ninguno,
con esperanza que el Rey de Portogal le socorrería
é le faria grandes mercedes. El Rey veyendo su per-
tinacia, mandó fortificar el cerco, y embiar por mas
gentes é artillería y engenios para combatir la for-
taleza. Durante este tiempo el Rey de Portogal so-
po como venían ciertas lombardas y engenios á la
cibdad de Zamora, é pensó de ir en persona con to-
da su hueste á los tomar, porque fué informado que
el Rey no tenia tanta gente para le resistir, é que sí
saliese con toda su hueste, le seria forzado alzar el
sitio que tenia puesto sobre la fortaleza, ó dexar las
estanzas con tan poco número de gente , que los de
dentro pediesen salir á facerles daño, É con este
propósito salió de la cibdad de Toro con toda su
gente puesta en orden de batalla, é llegó fasta cer-
ca de Zamora por espacio de una legua. É porque
É DOÑA ISABEL. 287
sopo que la artillería que iba á tomar estaba ya en
salvo é que no la podía haber, embió requerir al Rey
con sus farautes é reyes de armas, que alzase luego
el cerco que había puesto sobre la fortaleza de la
cibdad de Zamora, é ansimesmo saliesen él é la Rey-
na destos reynos de Castilla é de León, que eran su-
yos é le pertenecían por el derecho que á ellos tenia
la Reyna Doña Juana su esposa, según otras veces
le había requerido. É sí esto no quisiese facer salie-
se luego con él al campo donde le esperaba con to-
do su exército, porque por batalla esta demanda fe-
neciese, é las guerras é males que por causa della
habia en estos Reynos cesasen. Oídas por el Rey las
razones que el Rey de Portogal le embió decir, ovo
consejo con el Almirante, é con el Duque de Alva,
é con el Conde de Alva de Liste, é con los otros ca-
balleros que con él estaban, É algunos capitanea
mancebos, con (leseo de se ver en batalla con los
Portogueses, consejaban que el Rey con toda su
gente debía salir á la batalla, porque era gran men-
gua de los Castellanos ver los Portogueses en el
campo, é no salir á ellos aunque fuesen mayor nú-
mero : porque decían que la multitud de peonca
que el Rey de Portogal traía, mas era vulgo desor-
denado que gente dispuesta para pelear , é que la
desorden é cobardía de los semejantes suelen mu-
chas veces dar causa al vencimiento é caída de su
mesma hueste. E decían otras razones con gran fer-
vor que tenían de pelear. El Rey mandó á Don En-
rique Enríquez, Conde de Alva de[Líste, que estaba
con él en su Consejo y era caballero anciano y ex-
perí](||^tado en los fechos de las guerras, que díxe-
se su parecer ; el qual dixo :
«Vos', señor, que tenéis cercada esta fortaleza, in-
«juriades al Rey de Portogal ; é para guarda de su
whonra le conviene socorrerla, é faceros alzar el cer-
» co, porque esta es su demanda , ó á vos conviene
»por guarda d© la vuestra, continuarlo fasta Ja to-
»mar. E si vos, señor, dexásedes el cerco por salir á
«la batalla, él acabaría su demanda, pues vos facía
«alzar el sitio, é vos no la vuestra, pues no tomáis
«la fortaleza : en la qual recibiríades gran mengua,
«por no dar fin al fecho de armas que comenzastes.
»É según la orden de la disciplina militar, ningún
n principe ni capitán debe dexar la empresa de ar-
« mas en que está puesto , fasta la acabar, por nin-
Hgunaotra que le intervenga; é durante aquella,
«relevado es de responder á otros fechos de armas.
«Allende desto, no sé yo qué necesidad hay de sa-
n lir á la batalla con el Rey de Portogal : porque
» vos, señor, en el campo estáis con vuestras gentes
«guardando las estanzas que están contra la forta-
«leza, y en el campo le esperáis continuando vues-
«tra empresa. Si él viniese é dexásedes el sitio, re-
«cibiríades mengua; pero continuando vos vuestra
«demanda, él recibe mengua si no viene é acaba la
«suya. Ansí que, señor, á mí parece que por ninguna
«vía se debe alzar el sitio que tenéis puesto, é que
filo debéis continuar fasta tomar la fortaleza, é no
«responder por agora á la batalla que el Rey de
«Portogal os presenta : porque si batalla busca,
288
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA
«aquí la puedo fallar si quisiere venir. É tomada la
«fortaleza, allegareis vuestras gentes que tenéis
«repartidas en las otras guarniciones , que defien-
»den los robos que se facen por los Portogueses
ndesde Cantalapiedra , é Castronuño , é de las otras
«fortalezas que están por el Rey de Portogal. Ver-
»ná ausimesmo el Cardenal de España, que esperáis
«cada dia, con la gente de su casa, é con la que es-
» taba sobre el castillo de Burgos , pues en aquellas
«partes no hay por agora necesidad en que deba
«estar ocupada. Y estonces podéis con el ayuda de
«Dios responder por batalla al Rey de Portogal
«acompañado de muchas gentes , según debe ir un
«Rey tan poderoso como vos sois.»
Oidas aquellas razones que dixo el Conde de Al-
va de Liste, pareció a^Rey é á los otros caballeros
del su Consejo , que decia muy bien. Y embió decir
al Rey do Portogal con sus reyes de armas : que él
tenia puesto sitio sobre la fortaleza de aquella cib-
dad de Zamora que le estaba rebelada por algunos
desleales sus vasallos , el qual sitio con el ayuda de
Dios entendía continuar, fasta la poner en su obe-
diencia. Por ende , que si habia voluntad de bata-
llar con él , viniese á socorrer á aquellos que esta-
ban en ella é tenian su voz y esperanza que los ha
de socorrer ; é allí fuera en el real que tiene puesto
sobre ella le esperaba, donde mediante el ayuda de
Dios le respondería con las manos á la batalla que
le presentaba. Oída por el Rey de Portogal aquella
respuesta , porque se informó que las estanzas que
estaban puestas sobre la fortaleza por parte de fue-
ra de la cibdad eran muy fortalecidas é asei^|^as
de tal manera , que no se podría combatir por la
mucha gente que tenian, ni menos podrían entrar
en la fortaleza á la socorrer, acordó de volver para
la cibdad de Toro. El Rey continó su cerco, é man-
dó armar los engenios que tiraban á la fortaleza é
derribaban las casas que estaban dentro ; é mandó
ansimesmo traer de las comarcas toda la artillería
que habia, para tirar contra el muro.
CAPÍTULO XXXIX.
Del recaentro que ovo Alvaro de Mendoza con el Conde de Pefia-
mazor, é como le prendió.
Estando el Rey en el cerco de aquella fortaleza
de Zamora, vínole nueva como había salido de To-
ro gente de los Portogueses por tomar á un capitán
de la Reyna que se llamaba Cristoval de Valladolid
las provisiones que traia á Zamora; é mandó á Al-
varo de Mendoza que fuese en socorro de aquel ca-
pitán, porque los Portogueses no lo tomasen. Este
caballero Alvaro de Mendoza cabalgó luego con la
gente de su capitanía, é llegó fasta dos leguas do
Toro ; é porque sopo que aquel capitán con todo lo
que traía era ya por otra parte puesto en salvo,
acordó de bolver para Zamora. Como notificaron al
Rey de Portogal sus guardas, que habían visto
gente de caballo que venia camino de Toro, mandó
á un capitán suyo que se llamaba el Conde de Pe-
fiamazor, que fuese con toda la gente que mas
presto pudiese haber, é sopiese qué caballeros eran
aquellos que habían salido de Zamora y estaban tan
cerca de Toro. Aquel Conde de Peñamazor fué con
los mas caballeros que pudo haber prestos , é vino
para el lugar donde las guardas dixeron que habían
visto los caballeros Castellanos. Venidos á aquel lu-
gar los caballeros Portogueses , vieron á los Caste-
llanos, é los Castellanos vieron á los Portogueses.
Alvaro de Mendoza dixo á los caballeros de su ca-
pitanía: «A mí parece, caballeros, que pues aquello
«que veníamos á salvar está en salvo, nosotros de-
«bemos bolver á Zamora, é que no debemos pelear
» con los Portogueses ; porque son mas gente que
» nosotros, é salen cada hora mas de la cibdad.» Los
caballeros por el acuerdo de su capitán , volvían á
Zamora. El Conde de Peñamazor, é los Portogueses
que con él estaban , visto que los Castellanos bol-
vían , comenzaron á andar mas , é ir empos dellos
por los alcanzar ; pero estaban apartados por tanta
distancia de tierra, que no pudieran llegar á ellos,
si los caballeros Castellanos quisieran seguir su ca-
mino. Quando los Castellanos vieron que los Porto-
gueses venían empos dellos, sintiéronlo á grand in-
juria; é dixeron á Alvaro de Mendoza, que debrían
volver y esperar los Portogueses para pelear con
ellos, pues presumían de los correr; é que dado que
se podrían salvar, no debrian dar lugar á que los
Portogueses llevasen aquel dia honra ninguna de-
llos, diciendo que los habían corrido. Alvaro de
Mendoza dixo: «Nosotros no vamos en fuida, para
«que se pueda decir que recebímos mengua; é por
«tanto debemos continuar nuestro camino.» Los ca-
balleros Castellanos eran de los principales de la
guarda del Rey , é homes de buen esfuerzo ; é sin-
tiendo ser injuriados veyendo venir los Portogueses
á las espaldas, iban descontentos é quexándose del
capitán, porque no daba lugar á la pelea. Alvaro de
Mendoza, visto la voluntad de aquellos caballeros,
dixo : « Pues vosotros tan grand deseo tenéis hoy
» de pelear, no plega á Dios que por mí se diga en
» ningún tiempo que el capitán enflaqueció el es-
«fuerzo de su gente: aparejad pues agora las manos
né mejor los corazones, é volvamos á ellos.» É di-
ciendo estas palabras, volvió las riendas á su caba-
llo, é todos juntos dieron de las espuelas á los ca-
ballos, de manera que muy presto fueron con los
Portogueses. É los Portogueses venían ya abiertos
unos empos de otros, como homes que van en al-
cance, é los Castellanos entraron por ellos, é del
primer encuentro cayeron muchos de los Portogue-
ses, é tornaron sobre ellos , é los Portogueses sobre
los Castellanos; é firiéronse los unos á los otros de
manera, que quedaron muy pocos de los unos é de
los otros que no fuesen muertos 6 feridos, E la pe-
lea duró entre ellos por espacio de quatro horas ; é
quando bien miraron los unos por los otros, no se
fallaron ni de los Portogueses , ni de los Castella-
nos, docientos caballeros que podiesen pelear á ca-
ballo ni á pío : porque todos los otros eran muertos
ó feridos. Estos tornaron á pelear con gran corage;
é algunos habia , que perdidas ó quebradas ya las
DON FERNANDO
espadas, peleaban con los puñales desde los caba-
llos, do se vertía mucha sangre. Al fin los Porto-
gueses no podiendo sofrir la fuerza de los Castella-
nos, fueron vencidos é desbaratados, é pocos dellos
pedieron f uir , porque aquel Conde de Peñamazor é
todos los mas de los que con él quedaron , fueron
feridos é presos. É volvió Alvaro de Mendoza para
Zamora, é llevó preso aquel capitán é á los caballe-
ros portogueses que quedaron de los que con él ha-
blan salido de Toro ; todos los otros fueron muertos
é feridos é quedaron en el campo, que no podían
andar de las feridas que recibieron. Otros muchos
recuentros é fechos de armas pasaron entre los del
un partido é del otro, ansí en aquella comarca do
estaban, como en otras partes del Reyno, do fueron
vencidos, veces los de la una parte, veces los de la
otra. Pero la Corónica no face mención dello, salvo
deste, por ser muy ferido, é porque fué preso aquel
Conde que era persona principal , é de quien el Rey
de Portugal fiaba.
CAPÍTULO XL.
Como el Rey dio vista al Rey de Portugal úits puertas
de Toro.
Sabido por la Reyna que estaba en Valladolid,
como el Rey de Portogal había presentado la bata-
lla al Rey su marido, rogó al Cardenal de España
que con toda la gente de su casa é con otra gente
de caballo de sus guardas, fuese á Zamora do el Rey
estaba. El Cardenal recogida toda aquella gente,
fué á la cibdad de Zamora ; y el Rey ovo placer con
él é fizóle posar en su palacio. É luego dieron orden
en apretar mas el cerco é fortificar las estanzas que
estaban contra la fortaleza. Y el Rey con acuerdo
del Cardenal, embió luego por mas gente á Galicia.
Y el Conde de Lemos, Don Pero Álvarez de Osorio,
Señor do Cabrera, le embió gente de armas á caballo
de su casa, é dos mil peones, homes usados en la
guerra. Vino ansimesmo el Conde de Monterey , é
otra mucha gente de caballo é de pie del reyno de
Galicia. Como los caballeros de la hueste del Rey
vieron aquella gente junta , é pensaron que las es-
tanzas puestas sobre la fortaleza podían quedar
bien fornecidas de gente, é ir el Rey á presentar la
batalla al Rey de Portogal, suplicáronle que le plo-
guiese de lo facer, porque se sentían menguados de
los Portogueses, por no haber salido á la batalla que
el Rey de Portogal pocos días antes le habia pre-
sentado. Desta opinión eran ansimesmo los vecinos
de la cibdad, los quales mormuraban contra los ca-
balleros principales que estaban con el Rey , pen-
sando que ellos lo estorvaban por algunos malos
respetos de deslealtad. El Cardenal é aquellos otros
Grandes que estaban con el Rey , como quier que
conocían bien que durante el sitio que estaba pues-
to sobre la fortaleza de Zamora no era razón res-
ponder á otra nueva requesta de armas fasta con-
cluir aquella ; pero habiendo consideración que al-
gunas veces es necesario satisfacer á la opinión del
pueblo, consejaron al Rey que lo ficiese. É proveído
Cr.— III.
É DOÑA ISABEL. 289
lo necesario para la guarda de las estanzas, partió
de la cibdad de Zamora con toda su hueste ; é las
esquadras ordenadas para la batalla, llegó cerca de
la cibdad de Toro quanto media legua, é presentó
la batalla al Rey de Portogal. El qual vista la gen-
te del Rey, ovo consejo de no salir por estonces á la
batalla, porque no se vído tan poderoso de gente
para la dar; é mandó poner gran guarda en las
puertas é torres de la cibdad, porque ninguno salie-
se fuera della, salvo algunos caballeros que salie-
ron á escaramuzar con los corredores que el Rey
habia embíado delante. Visto por el Rey , que habia
estado allí esperando por espacio de quatro horas, é
que el Rey de Portogal no salía á la batalla, volvió
para la cibdad de Zamora, é continó el cerco que
tenia puesto sobre la fortaleza ; la qual se combatía
con engeníos, porque aun no era llegada toda la ar-
tillería que habia mandado traer para derribar el
muro. En este comedio faltó al Rey el dinero para
pagar sueldo á la gente de armas, é por esta causa
algunas gentes se volvían para sus tierras, é la hues-
te se diminuía. Visto este inconviniente, acordó el
Cardenal y el Almirante y el Duque de Alva de
prestar al Rey toda su plata en que comían, por re-
mediar el daño que de aquella necesidad se pediera
seguir.
CAPÍTULO XLL
Como el Rey de Portogal, con la gente que vino de su Reyno con
el Principe su hijo, puso real sobre la puente de Zamora.
El rey de Portogal visto en como habia perdido á
Zamora, y el castillo de Búígos, é que los caballe-
ros castellanos que estaban en su partido , por esta
causa dubdaban permanecer en su servicio , acordó
de embiar á llamar al Príncipe de Portogal, su fijo,
con toda la gente de su Reyno para avivar mas su
partido, é llevar mas adelante su empresa. El Prin-
cipo que estaba apercebido, por mandado del Rey
su padre vino luego á su llamamiento, é traxo gen-
te de pie é de caballo del Reyno de Portogal , fasta
el niimero de veinte mil combatientes ; é llegó con
toda aquella gente fasta la cibdad de Toro, do es-
taba el Rey su padre. El Rey de Portogal quando
se vído acompañado de la gente de su Reyno, con-
siderando que junta con la otra que él tenia, habia
asaz número de gente para pelear con el Rey, em-
bió requerir á los caballeros castellanos que estaban
en su servicio, que viniesen á él, ó embiasen su gen-
te a le servir, porque él en persona quería ir á pe-
lear con el Rey, ó le cercar en la cibdad de Zamora
donde estaba. Especialmente embió sus mensageros
á Don Alvaro de Stúfiiga, Duque de Plasencia, á le
decir, como el Príncipe su fijo era venido con tanta
gente, que podía socorrer la fortaleza de Zamora, é
poner sitio sobre el Rey, é pelear con él , é lo echar
del Reyno de Castilla; é que agora tenia tiempo pa-
ra recobrar el castillo de Burgos, é dar fin á toda su
demanda. Por ende le rogaba que embiase la mas
gente de armas é peones que pudiese para le ayu-
dar alo poner en execucion. El Duque considerando
19
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
290
la negligencia que el Rey de Portogal había puesto
en socorrer al castillo de Burgos, por cuya pérdida
estaba lastimado , c porque aborrecida ya por esta
causa la compañía del Rey de Portogal, habia em-
biado á Don Pedro su fijo á tratar con la Reyna su
reconciliación para ser en su servicio ; respondió á
los mensageros del Rey de Portogal , que él no de-
bía anteponer su servicio al servicio del Rey Don
Fernando é de la Reyna Doña Isabel, Reyes verda-
deros de Castilla é de León, por la voluntad de Dios
declarada á los hombres en todos los fechos pasa-
dos. É que si todos los destos Reynos eran obliga-
dos de estar en su servicio , mucho mas lo debía él
ser, porque el Rey de Portogal se ovo mas cruel-
mente con sus parientes é criados que estaban en el
castillo de Burgos, que el Rey Don Fernando é la
Reyna Doña Isabel , pues que él los dexaba morir
sirviéndole, y ellos les dieron vida desirviéndo-
les. (1) «Ansí que decid vosotros al señor Rey de
B Portogal, que allí debe ir a buscar servidores, don-
»de no se sabe el socorro que fizo á los del castillo
»de Burgos, que le esperaban por remediador de sus
«trabajos. É no pienso que aquello fué pequeño
» exemplo á todos los que le servían en este Reyno,
«porque miren bien como ponen sus personas y es-
ntadosen condición de se perder por le servir. É
»por tanto, díxo él, faga el señor Rey de Portogal
» su guerra como entendiere ; é de mí ni de mi casa
»no espere otra ayuda para su necesidad, salvo la
n que yo fallé en él para la mía.»
El Rey de Portogal, oida la respuesta del Duque,
sabido ansimesmo como Don Pedro, su fijo mayor, é
otros algunos de su casa estaban con la Reyna,
luego lo tovo por ageno de su servicio ; é pensó
con la gente que tenía de su Reyno , é del Arzobis-
po de Toledo , que estaba con él , de ir á Zamora é
poner sitio sobre ella por la parte de la puente. E
una noche á la primera hora, partió con toda su
hueste de la cibdad de Toro, é al alba del día an-
tes que fuese sentido, amaneció sobre la puente, é
asentó allí su real ; y él se aposentó en el monoste-
rio de Sant Francisco , que es cerca de la puente , é
fizo poner tirost-de pólvora muy cerca de la boca de
la puente, por manera que ninguno podía salir do-
lía para pasar donde su real estaba. Como el Rey
vído por la mañana el real que el Rey de Portogal
asentó en aquel lugar, é que no vino por la otra
parte del rio do estaba la fortaleza para la socorrer,
no pudo pensar que utilidad gela podia seguir de
aquel asiento ; porque ni quitaba los mantenimien-
tos que podían venir á la cibdad por la otra parte
del rio , ni menos podía por aquella parte socorrer
la fortaleza que estaba sitiada. E como quiera que
los capitanes é gentes del Rey quisieran salir por la
(1) Esta respuesta es muy semejante á la que con semejante
ocasión dieron los Volcianos, pueblos de la antigua España, á los
Romanos que los solicitaban por amigos después de la memora-
ble pérdida de Sagunto : I!>i '¡unernlis socinn censco,ubi Sagunti-
na clades ignota esl: Hispanis populis slcut luyubre , íía insigne do-
cumenlum Sagunti ruinae entnt, ne quis fidei Romanae aut socieíati
confidat. Liv., lib. 21, cap. 6.
puente, la gente de los Portugueses, é los tiros do
pólvora que estaban asentados contra la boca de la
puente lo impedían de manera, que no podían salir,
salvo bien pocos ; á los quales el peligro de la salida
era tan cierto, que muy pocos homes de los de fue-
ra lo podían resistir. Puesto el real del Rey de Por-
togal en acjuel lugar , embió luego sus cartas á to-
dos los caballeros castellanos que estaban á su obe-
diencia ; por las quales les facía saber como tenia
puesto su real sobre la cibdad de Zamora do estaba
el Rey, al qual entendía con el ayuda de Dios dete-
ner cercado , fasta lo tomar y echar del Reyno. Y
esto mesmo embió á facer saber al Papa, é al Rey de
Francia, é á todas las villas é cíbdades de su Reyno
de Portogal, é de los Reynos comarcanos de Casti-
lla. El Rey , é todos los Grandes é Caballeros que con
él estaban , reputaban á grand injuria la fama que
el Rey de Portogal habia divulgado, como quiera
que no podían recebir daño en el cerco que tenían
puesto sobre la fortaleza de Zamora ; ni menos la
estada del Rey de Portogal en aquel lugar facía
empacho para los mantenimientos , ni para otras co-
sas que venían á la cibdad por la otra parte del rio.
E los Casteíanos estaban con gran deseo de se ver
en batalla con los Portogueses , é procuraron mu-
chas veces de romper el cabo de la puente acia la
parte do estaba el Rey de Portogal , para salir al
real de los Portogueses. Procuraron ansimesmo de
pasar el rio , é cometieron otras muchas vías para
salir al campo con ellos , é ninguna fallaron segura
paralo poder facer. Eansi duró el real del Rey de Por-
togal en aquel lugar por espacio de quince días, en los
quales desde la cibdad tiraban muchos tiros de pól-
vora al real, é del real á la cibdad, de los quales re-
ccbíanasaz daño en la una parte y en la otra; é ansi-
mesmo la fortuna de los fríos tenía muy fatigada la
gente de los Portogueses , é sus caballos que esta-
ban en el real. La Reyna que estaba en Tordesillas,
sabido como el Rey de Portogal habia puesto real
en aquel lugar , é como divulgó por muchas partes
que tenia cercado al Rey su marido é á los Grandes
é Caballeros que con él eran , pesóle mucho , é con
la gente que tenia facía guerra á la cibdad de Toro,
é á las fortalezas de Castronuño , é Siete Iglesias
que estaban por el Rey de Portogal. E mandó al
Duque Don Alonso, hermano del Rey, é al Infante
Don Enrique , que era ya reconciliado con el Rey é
con ella , é á Don Pero Manrique , Conde de Trevi-
ño , que luego fuesen con dos mil hombres á caballo
á se aposentar en las villas de la Fuente del Sabu-
co é Alahejos, que son cinco leguas de do estaba
el Rey de Portogal , para le guerrear é quitarle los
mantenimientos que viniesen á su real.
CAPÍTULO XLIL
De las vistas que se trataron con el Rey de Portogal.
Estando el Rey de Portogal en aquel lugar, tra-
tóse muy secretamente que el Rey y él se viesen
para platicar en alguna forma de concordia. Para
lo qual el Rey de Portogal fiase su persona en el se-
DON FERNANDO
guro que el Rey le ficíese, é pasase el rio en un bar-
co con dos hombres solos, y el Rey esperase de la
otra parte del rio con otros dos , é que allí se f abla-
sen é concordasen ; porque cada uno dellos enten-
día que le venia bien la concordia, por las grandes
necesidades que de la discordia geles recrecían. En
este trato entendió Don Enrique Enriquez, tío del
Rey, é su Mayordomo mayor. E acaeció que el Roy
de Portogal, la noche señalada para las vistas entró
en un barco con dos hombres solos ; é como movió
para pasar para la otra parte del rio donde el Rey
le esperaba, el barco donde iba se finchió de agua,
tanto que el Rey de Portogal , constreñido por el
peligro que vido, se tornó é no osó ir mas adelante
fasta haber otro barco ; y embió otro día á decir al
Rey con una persona religiosa que trataba aquella
vista, el impedimento que aquella noche ovo, por
el qual no pudo pasar á verse con él. E quedó asen-
tada la vista para la otra noche siguiente, la qual
se asentó para la una hora después de media noche.
El Rey , según fué acordado , vino al lugar de la
ribera do había de esperar al Rey de Portogal, y
estándole esperando á la hora entre ellos asentada,
el relox de la cíbdad que andaba errado , dio las
tres horas debiendo dar la una ; é como el Rey pen-
só que se había tardado , é considerando que el Rey
de Portogal debiera ser venido , é se habría buelto,
porque no le había fallado á la hora asentada entre
ellos , acordó de se volver luego á su palacio , por-
que sus guardas no le sintiesen andar á aquella ho-
ra por aquellos lugares. El Rey de Portogal , á la
hora asentada, pasó en el barco á la parte de la cíb-
dad al lugar de la ribera , do pensó fallar al Rey;
é visto que no estaba á la hora , ni en el lugar entre
ellos asentado, volvió para su real ; é acordó de no
volver tercera vez , considerando que aquellos es-
torvos eran por algún misterio. Muchas cosas que
se fablaron é trataron entre estos dos Reyes sobre
esta materia, se dexan de poner en esta Crónica,
porque no ovieron efecto. Ni esta se pusiera, salvo
porque es bien que los homes quando procuran al-
gunas cosas , é ponen sus fuerzas para conseguir el
ef eto que desean , é intervienen algunos estorbos é
impedimentos semejantes , conozcan que proceden
de la voluntad divina, que tiene ordenadas las cosas
ú otros fines contraríos de los que los homes procu-
ran. E ansí todo home que esta consideración ovíe-
re, quando no consiguiere el fin que procura, habrá
buena paciencia, sí se conformare con la voluntad
de Dios, en cuya mano son los derechos de los rey-
nos é de todas las otras cosas. Sin dubda la Reyna
veyendo las necesidades que de todas partes le ocur-
rían , é por quitar las guerras y estragos que se fa-
cían en sus Reynos , estovo en propósito de dar al-
guna suma de oro al Rey de Portogal para sus gas-
tos , é para ayuda al casamiento de aquella Doña
Juana ; é siempre intervinieron tales é otros seme-
jantes impedimentos, que estorbaron la conclusión.
É DOÑA ISABEL.
291
CAPITULO XLIII.
Como el Rey de Portogal alzó el real de sobre la puente de
Zamora.
El Rey de Portogal , visto el poco fruto é gran
daño que había de la estada en aquel lugar , sabido
ansímesmo como la Reyna que estaba en Tordesí-
llas había embiado gente á la Fuente del Sabuco é
Alahejos para quitar los mantenimientos que ve-
nían á su real , é que ya el Rey acordaba de facer
portillos por la parte de la puente para que su gen-
te pudiese salir á pelear con él ; pensó de levantar
su real, é retraerse á la cíbdad de Toro. E para lo
facer mejor, acordó de embiar secretamente una
noche, con seguridad que ovo del Rey, á Don Al-
varo , fijo del Duque de Berganza, é con él al Licen-
ciado Antón Nuñez de Cibdad-Rodrigo en un barco
ala cíbdad; los quales llevaban comisión del Rey
de Portogal de asentar tregua por algunos días, en
los quales pudiese á su salvo alzar el real. Como es-
tos embaxadores pasaron el rio, é vinieron al pala-
cío del Rey , ó movieron algunos partidos de con-
cordia , en los quales parecía al Rey é á los de su
Consejo que no se debía platicar por no ser razona-
bles; visto por Don Alvaro é por aquel Licenciado
que no se aceptaban, díxeron que se debería facer
alguna suspensión de guerra entre los Royes por
quince días , durante los quales vernia la Reyna al
lugar do f ueso acordado , é presente ella se podría
mas largamente f ablar en la materia ; é que espera-
ban en Dios, que se asentaría en ellos toda paz, la
qual eran obligados á facer por servicio de Dios, é
por dar sosiego en sus Reynos é tierras. A esta fa-
bla fueron presentes con el Rey , el Cardenal de Es-
paña, y el Almirante, y el Duque de Alva, y el
Conde de Alva de Liste, é algunos otros caballeros
de su consejo. El Rey quiso saber el voto de aque-
llos que con él estaban en su consejo , cerca de la
tregua que aquellos embaxadores demandaron. Y
el parecer de algunos era que la debía otorgar;
porque honra del Rey era dar lugar que el Rey de
Portogal se fuese de allí do estaba, pues iba sin so-
correr la fortaleza ni conseguir fruto ninguno de
lo que deseaba, de lo qual venia caída en su fecho,
é no podía ser mayor honra al Rey , que embiar el
Rey de Portogal sus embaxadores 4 le pedir tregua.
E allende desto decían, que el Rey de Portogal es-
taba en tierra agena , é odiosa á él é su gente ; é que
diminuyendo é gastándose de cada día mas , de ne-
cesario le seria , ó dexar el Reyno , ó sí en él quisie-
se estar, recebir gran mengua en su persona y esta-
do, ó venir en partido ventajoso al Rey é la Reyna
é injurioso á él. E por tanto que la tregua que pe-
dia gele debía otorgar, é no solamente de quince
días, mas de quanto tiempo él quisiese, en el qual
se gastaría é consumiría, é desta manera se alcan-
zaría venganza del mas presto que por otra vía. El
Rey estaba dubdoso de otorgar aquella tregua, é
quiso saber el voto del Cardenal , é rogóle que dixe-
se lo que le parecía ; el Cardenal propuso ansí ;
21)2
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
« Señor , por la reconciliación é paz del humanal
» linage , Dios nuestro Redemptor muchas injurias
» sufrió , é vos por la paz de vuestros Reynos de-
» beis sufrir la injuria que parece haberos fecho el
» Rey de Portogal en asentar su real allí donde lo
)) asentó ; pero que la suf Eftis vos por tregua de quin-
))ce dias, no me parece que es servicio vuestro ni
))de la Reyna mi Señora, ni menos honra de vues-
K tra corona real. Porque venir él allí con ánimo de
» vos injuriar , é procurar tregua de quince dias pa-
» ra poder alzar su real en salvo , ¿ qué otra cosa se-
» ría, sino haber complido su propósito, é facer ver-
» dadera la fama que divulgó , como tenia puesto
1) sitio sobre la cibdad do vos estáis , é que lo puso
» quando entendió, é lo alzó quando le plogo , é to-
» do á su salvo sin resistencia ninguna? Yo, Señor,
» f ablaré en esta materia , no como fijo de la reli-
» gion é hábito que rescebí, mas como fijo del Mar-
» qués de Santillana , mi padre , que por el grand
» exercicio de las armas suyo é de sus progenitores,
)) fué experimentado en esta militar disciplina. No
)) es de sufrir, diria yo, á ningún caballero, mayor-
)) mente á un Rey tan poderoso como vos sois, que
» otro Rey estrangero venga á poneros sitio dentro
» de vuestros Reynos quando quisiere , é lo levante
«sin daño quando entendiere que le comple, salvo
fl necesidad constrifiente. E si esta tregua se ficiese
» estando el Rey de Portogal en otro lugar de vues-
«tros Reynos, flaqueza mostraríamos, é ventaja da-
» riamos á los Portogueses que entraron y están en
» ellos con tanto escándalo é injuria vuestra é de
» todos vuestros subditos. Pues mucho mayor fla-
»queza nuestra parecería, si se otorgase habiendo
» venido , y estando allí dondo está. La qual estada,
» no á la grandeza de su hueste , ni á la flaqueza de
» vuestro poderío se debe imputar , mas á la dispo-
» sicion del lugar que fallaron para impedir la sali-
« da de vuestros caballeros , caso que muchos mas
» fuesen que los Portogueses. Este impedimento qui-
)) tado, ¿quién impedirá la venganza de la injuria
» que ante los ojos tenemos, si no fuese gran flaque-
» za nuestra , é subjecion otorgada á los Portogue-
» ses ? Los quales pues no vinieron por la parte don-
))de la fortaleza se debía socorrer, ni su estada allí
)) impide los mantenimientos é otras cosas necesarias
» á la cibdad , claro parece haber venido solo por
)) adquirir gloria de la fama que han divulgado.
)) lista por cierto deben llevar sangrienta , é no ansí
)) limpia como presumen llevar; porque allí do pu-
» blicaron tener sitiada vuestra persona real, se se-
« pa ansimesmo como ovieron el pago de su indis-
» creta osadía. Ca do otra guisa, seríamos transgre-
)) sores de las leyes de la caballería, que defienden
»Ia disimulación do semejante injuria, teniendo,
» como tenéis por la gracia de Dios , fuerzas para la
» vengar. E mucho dobria gemir el estado real vues-
» tro é de la Reyna mi señora , mucho vuestra hon-
» ra é la suya, mucho los grandes, los generosos,
)) los caballeros , los fidalgos , ó generalmente todos
» vuestros Reynos , si de tal injuria no se mostrase
» sentimiento, E) qual la Reyna ha tanto mostrado
» en palabras, é proveído en obras, fcrneciondo
» vuestra hueste de gentes é de las otras cosas nece-
» sarias , que seria mostrar gran flaqueza si dexáse-
» des el fin para que todo ello se aparejó. Habernos
» de considerar , muy poderoso Señor , que durar los
» Portogueses en aquel lugar muchos ni pocos dias,
» caso que la pena del tiempo y el daño que reciben
» pudiesen sufrir , no seria posible por la falta de
«los mantenimientos que la gente que embió la
« Reyna puesta á sus espaldas les face. Ansí que de
)) necesario les será alzar de allí , é volver donde sa-
» lieron. E la vuelta que facen los exércitos sin f a-
)) cer fruto , notorio es que les pone gran flaqueza,
» porque los brazos geles caen juntamente con los
» ánimos , ó no vuelven con aquel vigor con que sa-
» len á la facienda. E ansí bien es de creer, que el
« orgullo que estos Portogueses traxeron quando allí
«vinieron, el poco fruto que han conseguido, y el
» mucho trabajo que han padecido , les ha puesto
» mas en deseo de reparar , que de pelear. Repre-
» sénteseos, Señor, quanta fuerza é quanto deseo de
» pelear tenia la gran hueste que llevastes á Toro
» á presentar la primera batalla que presentastes al
» Rey de Portogal ; é pensad también quanta fla-
« queza é desorden á la vuelta traíamos , por no con-
» seguir el efecto que pensábamos. De lo qual si los
» enemigos fueran avisados , pudieran con pocos
» desbaratar toda aquella multitud de gente que allí
«con Vuestra Señoría venimos , si Dios no les cega-
» ra el conocimiento. Desta ceguedad , muy podero-
))so Señor, debemos carecer, pues vemos la razón
«junta con la experiencia, que nos avisa é amones-
» ta lo que debemos facer. Allende desto es de pen-
«sar que ellos están en tierra agena, que natural-
ft mente les pone temor , é de los Castellanos que es-
« tan con ellos , no bien seguros é trabajados é muy
» fatigados de la fortuna del tiempo que han pasa-
» do en el campo. Los vuestros por la gracia de Dios
» deseosos de serviros , é de se vengar de aquella
« osadía que han cometido los Portogueses : sus per-
n sonas é sus caballos han estado en casas , def endi-
« dos de la fortuna del invierno. Están ansimesmo
)) muy dispuestos para la batalla, porque ellos salen,
« é los contrarios vuelven. Conoced pues. Señor, la
« ventura que divinamente se os ofrece. Sabed usar
fi della ; no la perdáis , ni la prolonguéis , porque no
«fagáis esta question inmortal. La qual, otorgando
«treguas, de necesario durará, é andaréis luchando
« con las mudanzas que la fortuna suele facer ; en
» las quales vuestras fuerzas se enflaquecerán de tal
«manera, que no podréis negar á los vuestros las
« mercedes que os demandaren, ni castigar los yer-
n ros que ficieren , por las necesidades continas que
« en la división terneis. E ansí en poco tiempo á voa
n ó á la Reyna quedará poca facultad para dar , é
» menos para usar de la justicia que sois obhgados:
ft donde se siguirá que estos Reynos se conviertan
» en una disolución de tiranías, do que Dios sea de-
« servido, ó vos podría ser que oviésedes alguna
« tentación por el pecado de la negligencia. »
DON FERNANDO É
CAPITULO XLIV.
De la respuesta que llevaron los cmbaxadores del Rey
de Portogal.
Mucho plogo al Rey é á todos los mas de loa
Grandes é Caballeros que con él estaban, déla fabla
que el Cardenal fizo ; por la qual el Rey deliberó de
no otorgar aquella tregua, ni por sola una hora, é
mandó llamar á Don Alvaro é á aquel Licenciado
para les dar la respuesta. Aquellos embaxadores
venidos al Consejo, porque el Cardenal estaba muy
pesante de la destruicion que el Rey de Portogal
babia fecho en el monesterio de Sant Francisco,
donde asentó el real , les dixo : a Decid vosotros al
«Rey do Portogal que mal ha guardado la casa
» consagrada, donde Dios , de quien él esperaba ayu-
»da, era adorado. Mucho estamos acá maravillados
1) de su devoción consentir tan gran destruicion en
» templo tan notable. Los bárbaros quando por fuer-
wzade armas entraron la cibdad de Roma, con gran-
»de veneración guardáronlos templos, é nunca con-
» sintieron en ninguna casa de oración facer una
» sola violencia de las muy muchas que Su Señoría
» ha fecho é permitido facer en aquel santo templo.
» De mi parte le decid que mucho debe á Dios por
» causa desta transgresión, ansí para lo satisfacer en
nobra exterior, como en penitencia é contrición ia-
» terior.» E porque el Roy había rogado al Cardenal
que los diese la respuesta acordada , les dixo que el
Rey habia deliberado en su Consejo de venir en
qualquiera medio de paz é concordia razonable, aun-
que en algo fuese perjudicial á él é á la Reyna, por
dar paz ó sosiego en sus Reynos. Pero que esto con-
venia facerse luego desdo aquel lugar do el Rey de
Portogal estaba, pues por estar tan cerca podrían
platicar mas prestamente en las materias é dar con-
clusión en ellas, lo que no se podría ansí buenamen-
te facer estando apartados el uno del otro. E que
para estar allí donde estaba en tanto que duraba la
plática de la concordia, razonable cosa era que so
ficieso la tregua que de su parte se movía ; pero que
fuese cierto que de allí no se habia do apartar solo
un paso sin perpetua paz ó cruel batalla. E con
aquella respuesta volvieron Don Alvaro é aquel
Licenciado que con él vino.
CAPÍTULO XLV.
De la batalla Real que fué fecha entre Toro é Zamora.
El Rey de Portogal é la gente de su hueste, no
podiendo sufrir mas la estada en aquel lugar, ansí
por la fortuna del tiempo, como porque la gente
que la Reyna habia puesto en la Fuente del Sabuco
les quitaba los mantenimientos , acordó de alzar el
real que habia puesto. E porque Don Alvaro y el
Licenciado de Cíbdad-Rodrigo no habían traído
conclusión de la tregua que habia embiado procu-
rar ; pensó de lo alzar de noche, é tan calladamente
que Jas guardas que estaban en la puente no lo sin-
tiesen, y embió todo su fardage adelante. E un Vier-
DOÑA ISABEL. 293
nes por la mañana, primero día de Marzo deste año
de mil é quatrocientos é setenta é seis años, ante un
poco del alba del día, ordenadas sus batallas volvie-
ron para la cibdad de Toro. Quando las guardas de
la puente vieron bien por la mañana como el Rey
de Portogal habia alzado el real , é que el impedi-
mento de la salida al campo por la puente era ya
quitado, fuéronlo á decir al Rey. E como lo sopo,
mandó luego armar su gente ; la qual comenzó á sa-
lir por la puente, ó la salida era tan estrecha, é las
cavas é baluartes que estaban fechos delante la
puente eran tantos, que no podían salir los del Rey,
sino pocos á pocos. E tanta era la voluntad que to-
dos tenían de salir, é de ir empos de los Portogue-
ses, que muchos de los peones salían en barcos, ó
otros se aventuraban á salir por la presa que estaba
en el río. De manera que quando todos fueron sali-
dos por una parte é por otra , era ya pasada gran
parte del día. E porque muchos, ansí de pie como
de caballo, iban desordenadamente empos de los
Portogueses, el Rey mandó á un su capitán, que lla-
maban Diego de Ovando de Cáceres, que con do-
cientos hombres á caballo fuese á tener la gente,
que no fuese desordenada, fasta que todos los de su
hueste fuesen salidos de la cibdad é puestos en or-
den de batalla. Como la gente de armas ó peones
salió fuera de la cibdad, luego el Rey mandó orde-
nar todas sus gentes de armas en esta manera. En
su batalla real iba Don Enrique Enriquez, su Ma-
yordomo mayor, con algunos caballeros sus criados,
é otros fijosdalgo contínos del palacio real. Ansi-
mesmo iba la gente de armas de Galicia, que embió
el Conde de Lemos, é otros caballeros de aquel Rey-
no; é las gentes de armas de Salamanca, ó Zamora,
é Cíbdad-Rodrigo, é Medina, é Valladolid, é Olme-
do, que habían venido á le servir. Otrosí iban seis
esquadras de gente, en una de las quales iba por
capitán Don Alvaro de Mendoza, á quien el Rey é
la Reyna dieron título de Conde de la su villa de
Castroxeriz ; y en esta iban Gutierre de Cárdenas, é
Rodrigo de Ulloa, sus Contadores mayores. En otra
esquadra iban por capitanes el Obispo de Avila, é
Alonso ¡de Fonseca , señor de Coca é Alahejos. En
otra iba por capitán un caballero que se llamaba
Pedro de Guzman. En otra esquadra iba otro que
se llamaba Bernal Francés. En otra esquadra iba
por capitán Pedro de Velasco. En otra esquadra iba
Vasco de Vivero. Todas estas seis esquadras de
gente iban á la mano derecha de la batalla del Rey,
á la parte de las cuestas que se facen yendo de Za-
mora á Toro por aquella parte de la puente. En la
ala izquierda de la batalla del Rey, á la parte del
rio de Duero iban el Cardenal de España con la
gente de su casa, ó luego cerca del iba el Duque de
Alva con otra esquadra de la gente de su casa ; é de
la otra parte el Almirante Don Alonso Enriquez,
tío del Rey, y en aquella batalla iba Don Enrique
Enriquez, Conde de Alva de Liste. En otra batalla
iba Don García Osorio, capitán déla gente delMar-
qués de Astorga, su sobrino, y el peonage iba enme-
dio de aquellas batallas. Puestas todas estas esqua-
294 CRÓNICAS DE LOS
dras de gentes en orden , el Rey con consejo del
Cardenal é de aquellos caballeros que con él iban,
mandó mover sus haces, é fueron empos de las ba-
tallas del Rey de Portogal , fasta el medio camino
que es de Zamora á Toro, E llegaron á un portillo
estrecho, que se face entre las cuestas y el rio, por
el qual no puede pasar mucha gente junta. E por-
que fué dicho al Rey, que no podría alcanzar al Rey
de Portogal , é que antes que oviese pasado aquel
portillo, todas aquellas gentes portoguesas serian
puestas en salvo en la cibdad de Toro, mandó estar
quedas las batallas, é que se juntasen los capitanes;
é juntos allí en el campo, preguntóles si seria bien
pasar su hueste mas adelante. Ovo ende algunos
cuyo consejo era que el Rey se tornase á Zamora,
pues en llegar fasta aquel lugar empos de su adver-
sario, habia fecho todo lo que se debia facer é com-
plia á su honra, mayormente que el Rey de Porto-
gal no esperaba, é iba como de f uida, é no volvía la
rienda para pelear. E ansimesmo decían, que era ya
tarde, y en el tiempo que era menester para pasar
la gente aquel portillo, seria tanto de noche, que no
podrían pelear. Y estando el Rey en esta dubda, el
Cardenal le díxo : « Sefior, si mandáredes, yo pasaré
» aquel portillo, é veré las batallas del Rey de Por-
ntogal, é vista la forma como van ordenadas, ha-
«breis acuerdo si debéis pasar el portillo; porque
«agora ni vuestras batallas ven á las suyas, ni las
» suyas ven á las vuestras , para que veyéndose los
» unos á los otros, se pueda conocer de que propósi-
B to están los Portugueses. Porque, Señor, un ánimo
pone la absencia, é otro la presencia del enemigo.
¡ Quando los Portogueses vieren vuestras batallas, é
)) no esperaren , estonces se puede decir que van f u-
« yendo, ó podéis mandar soltar alguna gente que
» vaya empos dollos para les facer daño. E si de aquí
» acordáis volver sin ver vuestro adversario, é lo
» poner en fuida, no se puede con verdad decir que
» el día de hoy habéis llevado la honra que vos que-
» reís é todos deseamos. B sabe bien Vuestra Señoría,
» que el deseo de todos vuestros caballeros era verse
«en campo con los Portogueses; é no me parece co-
B sa de caballeros , agora que vemos lo que desea-
» mo8, no poner en obra lo que mostrábamos desear.»
El Rey oída aquella razón del Cardenal , dixo que
era muy buen consejo. E luego el Cardenal, solo
con un capitán que se llamaba Pedro de Guzman,
pasó el portillo ; é vido la gente del Rey de Porto-
gal é sus haces , que iban puestas en orden de bata-
lla, pero no iban desconcertadas ni en fuída. Porque
como sopo el Rey do Portogal que el Rey habia sa-
lido de Zamora con su hueste para venir contra él,
ovo consejo con sus caballeros, que era grand inju-
ria desordenar su hueste. El Cardenal quando los
vído, tornó al Roy, é díxole : « Señor, el Rey de Por-
« togal no va f uyendo como decían , antes lleva sus
«batallas ordenadas; é si vos mandásedes agora
n volver vuestras gentes, é no fuésedcs contra él,
« llevaría hoy de vos toda la honra que vos pensáis
» llevar del , pues no lo ponéis en fuida. Por ende
" carecería que debéis mandar pasar adelante toda
REYES DE CASTILLA.
« la gente, é que se aparejen todos para la batalla,
« si el Rey de Portogal esperare ; é fio por Dios en
» cuya mano son las victorias, que vos dará hoy el
» vencimiento que todos esperamos.» Luego el Rey
mandó á todos aquellos capitanes, que fuese cada
uno al lugar do habían dexado su esquadra de gen-
te ; é movió con su batalla adelante contra los Por-
togueses ordenadamente, como homes que habían
de pelear. E amonestóles que ficiesen como fidalgos
é buenos y leales vasallos deben facer, é que tovie-
sen ante los ojos la injuria que habían poco antes
recebído de los Portogueses, asentando allí do asen-
taron su real ; ó que no ge les olvidase en el campo
la voluntad que tenían en casa de pelear con ellos.
Los capitanes se apartaron del Rey, é cada uno de-
llos fué para su gente, é la amonestó lo mejor que
pudo para la batalla, é pasaron todos aquel portillo.
Sabido por el Rey de Portogal que el Rey venia
empos del, reputando á gran mengua si no tornase
á pelear, mandó volver sus batallas, y esperar al
Rey é darle batalla, porque habia poca diferencia
en el número de la gente de caballo del un exército
al otro. E sus batallas iban ordenadas en esta ma-
nera. En la batalla suya iba el Conde de Lenle, é
Pereyra su guarda mayor con sus gentes, é muchos
caballeros y escuderos Castellanos que estaban en
su compañía. En la ala de su mano izquierda iba el
Príncipe su fijo con otra esquadra , do iba de la me-
jor gente de toda su hueste, é con él iba en otra es-
quadra el Obispo de Ebora con su gente; y estas
dos batallas del Principe é del Obispo, iban forne-
cídas de gran número de espingardas é otros tiros
de artillería. En la ala de la mano derecha iba otra
esquadra, do iba por capitán el Conde de Faro con
su gente é con la gente del Duque de Guimaraíns,
su hermano. Y en otra batalla iba el Arzobispo do
Toledo con toda la gente de su casa, y en esta ala
iba otra esquadra, do iba por capitán el Conde de
Villareal, y en otra batalla iba el Conde de Monsant
con sus gentes. El peouage del Rey de Portogal
venia repartido en quatro partes, todas á la parte
del río. E ansí el Rey de Portogal, como todos aque-
llos capitanes, amonestaban sus gentes á la batalla,
é poníanles esfuerzo, para que con mejor ánimo pe-
leasen. Puestos los unos é los otros en orden de ba-
talla, como las banderas enemigas se vieron , fecho
por las trompetas el signo de pelear, los unos se
vinieron para los otros con recio cometimíento, ó
las batallas se invistieron unas en otras ; é nom-
brando cada uno su apellido, los unos Fernando, los
otros Alfonso, se encontraron con las lanzas. E lue-
go aquellos seis capitanes castellanos, que habernos
dicho que iban á la mano derecha de la batalla del
Rey, contra los quales vino á encontrar el Príncipe
de Portogal y el Obispo de Ébora, volvieron las es-
paldas é se pysieron en fuída, porque en ellos no
había tanta gente como en la batalla del Principe
de Portogal, é porque la batalla de los Portogueses
iba toda junta, é la de los Castellanos repartida en
seis partes, en especial por el gran daño que á los
primeros encuentros recibieron de la muchedumbre
DON FERNANDO
de las espingardas é artillería que venia en la bata-
lla del Príncipe. El Rey é los de su batalla, é los
otros Grandes é Caballeros que iban en las otras es-
quadras á la mano izquierda, encontraron con la
batalla del Rey de Portogal é del Arzobispo de To-
ledo, é contra las otras de los Portogueses que iban
en el ala de su mano derecha ; é quebradas las lan-
zas, vinieron al combate de las espadas. E todos
revueltos unos con otros, sonaban los golpes de las
armas y el estruendo del artillería é las voces, unos
nombrando su apellido, otros gimiendo sus llagas
é caídas, otros demandando ayuda, otros reprehen-
diendo los que veían negligentes en pelear, y esfor-
zándolos que peleasen. E porque- entre los Castella-
nos é Portogueses había la vieja question sobre la
fuerza y el esfuerzo délas personas, cada uno por
su parte se disponía á la muerte por alcanzar la vi-
tona. Duró la fortuna suspensa desta batalla por
espacio de tres horas , que no se mostraba el venci-
miento de la una parte ni de la otra. En este tiempo
los capitanes ayudaban y esforzaban á los suyos,
cada uno en el lugar do era menester. Al fin no po-
diendo los Portogueses sofrir las fuerzas de los
Castellanos, fueron desbaratados, é vueltas las es-
paldas se pusieron en f uída por escapar en la gua-
rida que tenian cerca en la cibdad de Toro. E mu-
chos de los peones portogueses é otros caballeros
se lanzaron en el rio de Duero pensando escapar
nadando; algunos de los quales fueron fallados en
Zamora, que los llevaba el rio. El Rey de Portogal
como vido su gente desbaratada, acordó de dexar
el camino de Toro, por no recebir daño de los del
Rey que seguían el alcance ; é con tres ó quatro que
quedaron con él de todos los que tenían cargo de
guardar su persona, aportó esa noche á Castronuño,
do fué recebido é servido por el alcayde en la for-
taleza. Muchos de los que fueron en aquellas seis
batallas de los Castellanos desbaratados al principio
por el Príncipe de Portogal , visto el vencimiento
que el Rey é los de las otras batallas que con él
eran habían fecho por la parte do peleaban, volvie-
ron é juntáronse con la gente del Rey, é tornaron á
pelear. E allí fué tomado por el Cardenal é por la
gente de armas que guardaba su persona, el estan-
darte del Rey de Portogal. E porque se detenía que-
riendo escapar de muerte al alférez á quien fué to-
mado, aquel caballero Diego de Ovando de Cáceres
que habemos dicho, le dixo : Seguid, señor, la Vitoria
que Dios ha querido dar oy al Rey, é no vos ocu-
péis en esto que está ya vencido. El Cardenal dexó
aquel lugar, y encomendó el estandarte á dos caba-
lleros que se llamaban , el uno Pedro de Velasco, y
el otro Pero Vaca, los quales lo tornaron á perder.
E fueron tomadas ocho vanderas de los Portogue-
ses, c traídas á la cibdad de Zamora; é fueron muer-
tos muchos de la una parto é de la otra (1). Pero de
(I) El Cura de los Palacios dice que, á lo que pudo saberse,
murieron de los del Rey Don Alonso hasta mil y docientos, entre
ellos el Alférez que llevaba el pendón real ; cuyo ames y también
el pendón dice se conservaba en su (lempo en la capilla de los
Keycs de Toledo. El Cronista no apunta el lugar üxo déla batalla,
É DOÑA ISABEL. 295
los Portogueses fueron mas los que murieron lanzán-
dose en el rio por escapar, que los que mató el fierro
peleando. Fueron ansimesmo presos muchos de los
Portogueses, entre los quales fué preso el alférez
que traía el pendón real del Rey de Portogal, é
traído á la cibdad de Zamora. El Rey é la Reyna
mandaron poner el ames de aquel alférez que fué
tomado, en la capilla de los Reyes de Santa María
de Toledo, do está puesto fasta el presente dia. Fe-
cho el desbarato, é venida la noche, fué tan grande
la turbación que los Portogueses ovieron en la ba-
talla, que no miraron por su Rey, ni ovieron lugar
de le guardar ; é por escapar la vida, les fué turbado
el consejo de lo que á la hora eran obligados de fa-
cer, é siguieron la vía de Toro, do pensaron que su
Rey habría aportado. De la parte del Rey fueron
algunos muertos é ferídos en la batalla, pero nin-
guno fué preso, salvo Don Enrique Enriquez, Conde
de Alva de Liste, el qual pensando que iba acompa-
ñado de los suyos, fué tanto adelante en el alcance,
que cerca de la puente de Toro fué preso por los
Portogueses. En este alcance fueran muchos mas
Portogueses muertos é presos, salvo por el impedi-
mento de la noche, é de la gran lluvia que aquella
hora facía ;é ansimesmo porque veyéndose en aprie-
to los Portogueses, acomanse al apellido de los
Castellanos, é llamaban Femando, Feímando; é con
este apellido muchos dellos fueron libres de muerte
é prisión. El Príncipe de Portogal, visto que la gen-
te del Rey su padre era vencida é desbaratada, pen-
sando reparar algunos de los que iban f uyendo, su-
bióse sobre un cabezo, á donde tafiendo las trompe-
tas, é faciendo fuegos, é recogiendo su gente, esto-
vo quedo con su batalla, é no consintió salir dellaá
ninguno. Contra el qual el Cardenal de España, ó
ansimesmo el Duque de Alva, quisieran ir con al-
gunos que podieran recoger de aquellos que venían
del alcance, é de otros que andaban derramados por
el campo tomando caballos é prisioneros ; é no po-
dieron recoger la gente ni moverla, porque la noche
era tan escura, que ni se veían ni se conocían unos
á otros, é la gente estaba cansada, é dellos no habían
comido en todo el dia , porque de Zamora habían
salido mucho por la mañana. El Rey volvió luego
para la cibdad de Zamora, porque le dixeron que
podría venir gente del Rey de Portogal , de la que
había quedado en la cibdad de Toro por la otra par-
te del rio, á dar en las estanzas que dexó sobre la
fortaleza de Zamora. Y el Cardenal y el Duque de
Alva quedaron en el campo recogiendo la gente, é
volvieron con ella á la cibdad de Zamora.
CAPÍTULO XLVI.
De las cosas que pasaron en Toro la noehe del vencimiento.
El Duque de Guimarains , que había quedado por
mandado del íley de Portogal en la guarda de la
que fué el Campo de Pelayo Gonialez, una legua de Toro, como se
ve por un despacho del Rey Don Fernando hecho en Zamora en 9
de Marzo, que trae Zúñiga, Anal, de Sevilla, año 1476. Beruald.,
cap. 22.
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
296
cibdad de Toro , veyendo venir la gente Portoguesa
desbaratada, é que el Arzobispo de Toledo é los
otros caballeros é capitanes Portogueses venian sin
el Rey de Portogal, del qual no sabian decir nue-
vas, sospechó que los Castellanos que estaban en
su compañía habían cometido alguna traycion en
la batalla contra él ; ó fizo guardar el muro é las
puertas de la cibdad, é acordó de poner gente de
armas á la puerta de la puente , é no dexar entrar á
ninguno en la cibdad fasta que el Rey de Portogal
viniese. El Arzobispo de Toledo é los otros caballe-
ros, ansí Portogueses como Castellanos, é otras gentes
que venian f uyendo de la batalla , especial los f eri-
dos que se querían curar, recelando prisión ó muerte
BÍ los del Rey siguiesen el alcance, daban voces, los
Castellanos repitiendo el servicio que habían fecho
al Rey de Portogal poniéndose por él á la muerte;
otros lloraban sus llagas , otros lloraban las muer-
tes de sus amigos é parienteá, otros daban voces
preguntando por sus señores. Los Portogueses de
dentro , escandalizados por la sospecha que habían
concebido , á grandes voces preguntaban á los de
fuera si venía el Rey. Los de fuera con recelo del
peligro en que estaban , rogaban que les abriesen. B
ansí en los irnos como en los otros había turbación
ó confusión , especialmente porque los Castellanos
que allí eran recelaban de los Portogueses, é los
Portogueses de los Castellanos. Y en aquella hora
ni había señor que los mandase ni discreción que los
ministrase ; é ansí duró la turbación entre ellos fas-
ta que el Prkicipe de Portogal llegó , el qual luego
entró dentro en la cibdad , é mandó que abriesen al
Arzobispo de Toledo é á todas aquellas gentes, an-
sí Portogueses como Castellanos. Esa noche, como
el Rey de Portogal no parecía en el campo , ni ha-
bía aportado á la cibdad de Toro, ni lo fallaban por
ninguna parte , é la noche era tan afortunada de
escuridad é de lluvia , que no podían ir á lo bus-
car, estaban todos en gran turbación ; en especial
aquellos caballeros fidalgos de su reyno ó todos sus
criados estaban avergonzados ; porque vencidas las
personas con el peligro de la muerte, les fué turba-
do el juicio para facer lo que eran obligados cerca
de la guarda de su Rey en la hora de la necesidad.
El Duque de Guimarains que había quedado en
guarda de la cibdad , los reprehendía gravemente.
«O fidalgos de Portogal, decía él, ¿do está vuestro
«Rey? ¿Do está vuestro señor? ¿Do desastes vues-
»tra cabeza é vuestro capitán? No sé yo porque no
nsopistes guardar todos á uno solo , que era guarda
»de todos; ni sé como podéis verla gente, ni sofrir
«que la gente vea á vosotros, habiendo dexado
» vuestro Rey en el peligro , por escapar vosotros
«dól. Si perdistos la fuerza para pelear con él, no
))8C como perdistes el entendimiento para venir sin
»él. Guardábades la persona del Rey en la cámara,
«en la tabla ; guardábadesle en las fiestas, en los
«placeres, é dexástesle de guardar en la batalla, do
»su honra é vida habíades mas do mirar.» E aquellos
caballeros estaban tan turbados, que ni lloraban
ni respondían , porque la vergüenza y el pesar les
impedia las lágrimas é la fabla. El Príncipe de Por-
togal estaba ansimesmo muy turbado porque no
sabia del Rey su padre , é porque le ponían en sos-
pecha dé los Castellanos que habían cometido algu-
na traycion. El Arzobispo de Toledo é los Castella-
nos que en aquella batalla se acaecieron , estaban
en recelo por la sospecha que dellos se había ; de la
qual eran tan inocentes con el Rey de Portogal,
quanto culpados con su Rey natural por haber sey-
do en batalla contra él. Otro día por la mañana, el
Rey de Portogal que la noche pasada había estado
en cuidado grave, pensando qué fortuna había sey-
do la de su fijo el Príncipe, embió á decir á los de
Toro como había aportado esa noche á Castronuño;
é luego él en persona vino á la cibdad de Toro , é se
juntó con el Príncipe su fijo.
La Reyna que estaba en Tordesillas , sabida la
victoria que el Rey ovo , é como el Rey de Portogal
había aportado f uyendo á Castronuño, luego mandó
juntar la clerecía de la villa, é facer gran procesión;
en la qual fué á pió é descalza desde el palacio real
do estaba, fasta el monesterío de Sant Pablo, que
es fuera de la villa , dando gracias á Dios con muy
gran devoción, por la victoria que había dado al
Rey su marido é á sus gentes.
CAPÍTULO XLVII.
De las cosas que pasaron en Zamora después de habido el venci-
miento de la batalla real.
El Rey habida aquella victoria, luego otro día
mandó llegar mas las estanzas que estaban puestas
contra la fortaleza de Zamora. E las gentes que el
día antes fueron en la batalla, repartían los despo-
jos que habían habido ; como quier que por ser do
noche é muy escura , fueron en poca cantidad , se-
gún el gran número de la gente que fué desbarata-
da. Muchos de los Portogueses que quedaron de la
batalla, ansí de caballo como de pié , se volvían pa-
ra Portogal. E porque á la entrada en Castilla con
el orgullo que traían, ficieron algunos robos é fuer-
zas de mugeres en una tierra de Zamora por dondo
entraron , que se llama Val de Sayago, los de aque-
lla tierra mataban é prendían todos los Portogueses
que por allí volvían á Portogal, é muchos dellos cas-
traban por las fuerzas de las mugeres que habían
fecho. E por este recelo juntábanse muchos de los
Portogueses, é facían su partido con qualquier de
los del Rey que fallaban , porque los pasasen segu-
ros á Portogal, é dábanles por cada uno un real do
plata. Esto sabido por el Rey, fué platicado en su
Consejo si se debía dar lugar que los Portogueses
pasasen en salvo á Portogal. Algunos caballeros é
otros homes de la hueste del Rey, cuyos fijos y her-
manos é parientes fueron muertos é feridos en la
batalla, con el dolor que tenían del daño de sus pro-
pinquos , trabajaban de provocar al Rey que usase
de crueldad contra aquellos Portogueses que se vol-
vían á Portogal, á fin de los matar ó poner en ser-
vidumbre. E traían á la memoria del Rey las inju-
rias ó muertes crueles que los Portogueses habían
DON FERNANDO
fecho á los Castellanos eu la batalla de Aljubarro-
ta , donde olvidada la piedad , usaron de toda cruel-
dad contra los Castellanos, que con el Rey Don
Juan su bisabuelo fueron. Representábanle ansi-
mesino el orgullo é sobervia grande con que hablan
entrado en sus Reynos á los tomar, é las injurias de
dicho , é los robos é muertes de fecho que contra los
labradores é gente pacífica hablan cometido. E su-
plicaban al Rey que no perdonase á los que no per-
donaran, ni salvase á los que no salvaran, si ven-
cieran. Estas é otras razones decían aquellos caba-
lleros al Rey, porque les diese lugar de se vengar do
los Portogueses , especialmente porque los deseaban
tener por esclavos. El Rey estaba en dubda de lo
que había de facer.
El Cardenal de España le dixo : a Matar al que se
«rinde, mas se puede decir torpe venganza, que
«gloriosa victoria. Si vosotros, caballeros, matára-
«des peleando á estos Portogueses, fecho era de ca-
«balleros ; pero si se os rindieran é los matárades, á
«crueldad se reputara, é mucho se ofendiera el uso
» de la nobleza castellana que lo defiende; quanto
«mas viniendo á pedir misericordia de sus vidas, é
«libertad de sus personas. Cosa es por cierto agena
«do toda virtud matar los desarmados que no se de-
«fienden, porque no los podimos matar armados
«peleando. Estos Portogueses quo se vuelven á Por-
«togal, gente es común, que vino por fuerza á Ua-
«mamiento de su Rey ; é si fuerzas han cometido en
«este Reyno, también las cometiéramos nosotros en
))el suyo si el Rey allá nos llevara. Pero González de
» Mendoza , mi bisabuelo, señor de Álava , en aque-
«Ua batalla de Aljubarrota que vosotros decis, pe-
« loando sacó al Rey Don Juan del peligro de muer-
«te en que estaba, é puesto en salvo, tornó á la ba-
» talla, donde fué muerto peleando ; é desta manera
«fenecieron allí algunos mis parientes, é otros mu-
Mchos homes principales de Castilla. E no es cosa
«nueva que con el orgullo del vencimiento se ficie-
«sen aquellas crueldades que decis, porque dificilo
« es templar el espada en la hora de la ira. Pero se-
«ria cosa inhumana, pasados diez días de la bata-
«11a, que durase la furia para matar á los que vie-
«nen demandando piedad. Nunca plega á Dios, di-
«xo él, que tal cosa se diga, ni en la memoria de
«los vivos tal exemplo de nosotros quede. Trabajc-
«mos por vencer, é no pensemos en vengar, porque
«el vencer es de varones fuertes, y el vengar de
«mugeres flacas. E si venganza queréis, ¿qué ma-
nyor puede ser, que no vengaros del que os podéis
«vengar, é dar vida é libertad al enemigo, podiendo
«darle muerte é captiverio? Por cierto si la pasada
«fuese impedida á estos que se van, de necesario
» les seria quedar en vuestros Reynos , para facer en
«ellos guerras é males , é por tanto parece que es
«mejor consejo dar lugar al enemigo para fuir, que
«darle ocasión para quedar á facer mal.»
Oidas las razones del Cardenal, el Rey mandó
pregonar que no impidiesen la pasada á los Porto-
gueses, ni les ficicsen mal alguno; é fizo merced á
un capitán de los ginetes del Duque de Alva de to-
E DOÑA ISABEL 297
do lo que pediese haber de los Portogueses por los
pasar en salvo. Aquel capitán pasó á todos aquellos
que se iban á Portogal por precio que cada uno le
daba ; lo qual fué reputado á mayor vencimiento ó
caída do los Portogueses, que la que o vieron el día
de la batalla. Ansimesmo algunos de los que fueron
presos é despojados en la batalla é traídos á Zamo-
ra , venían demandar merced ; y el Rey los manda-
ba vestir, ó darles lo que oviesen menester. Este
Cardenal era fijo del Marqués de Santíllana, Don Iñi-
ñigo López de Mendoza , Conde del real de Manza-
nares, é nieto de Don Diego Hurtado de Mendoza,
Almirante mayor do Castilla. Era home esforzado,
ó do grand ingenio ; é siempre fué visto procurar el
pacífico estado, é celar el honor de la corona real de
Castilla.
CAPÍTULO XLVIII.
Co'mo el Rey tomó la fortaleza de Zamora.
El Mariscal Alfonso de Valencia, visto el venci-
miento que ovo el Rey, é como ni había habido , ni
esperaba haber socorro del Rey de Portogal, de-
mandó fabla con el Cardenal, y encomendóse á él,
que ganase perdón del Rey para él é para todos los
que con él estaban , é restitución de todos sus bie-
nes. El Cardenal , acatando que tenia dobdo de san-
gre con él , suplicó al Rey quo le perdonase. El Rey
luego otorgó aquel perdón á suplicación dol Carde-
nal, porque ovo consideración que era mozo, é ha-
bía errado mas por ignorancia seyendo engañado
de su suegro Juan de Porras, quo por malicia é dos-
lealtad ; é mandóle restituir sus bienes. E recibió
del la fortaleza, en la qual estaba la cámara é arreos
del Rey de Portogal, que dexó allí en guarda quan-
do partió de Zamora. Las quales cosas el Rey no
quiso tomar para sí, ni menos facer merced dellas
á ninguno de los caballeros é capitanes que las de-
mandaron, porque sopo que eran cosas de la cáma-
ra del Rey de Portogal , é arreos de su persona. Al-
gunos de aquellos caballeros é capitanes quo esta-
ban quexosos porque ni el Rey lo tomaba, ni lo
daba , le dixeron : « Por cierto , Señor, lo que el Roy
«de Portogal en estas guerras ha podido haber de
» vos é de los vuestros , no lo ha dexado libre , como
«vos dexais esto que buenamente podéis tomar.»
Respondióles el Rey: «Queremos, sí pudiéremos,
n quitar al Rey do Portogal mi primo los malos con-
» ceptos de su voluntad, é no los buenos arreos de su
«persona.» E luego mandó tomar todas aquellas co-
sas que allí fallaron , é lleváronlas en salvo al Rey
de Portogal á la cíbdad de Toro. Tomada la forta-
leza de la cíbdad de Zamora, el Rey dio la tenencia
della á Don Sancho de Castilla ; é con acuerdo del
Cardenal de España , é de los otros caballeros que
con él estaban, deliberó de venir á la villa de Me-
dina del Campo. La Reyna que estaba en Tordesi-
llas , vino ansimesmo para Medina.
El Cardenal , creyendo que el Rey de Portogal por
el desbarato que ovo , estaría mas inclinado á facer
algún partido que escusase mayores daños , le em-
298
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
bió á decir que considerase como esta su demanda
no viniera á tanta rotura , si á los principios le plo-
guiera ponerla en algún medio de iguala conveni-
ble á ambas las partes ; c que agora los inconvinien-
tes principiados irian en crecimiento , é nacerían
otros mayores adelante , si al vencedor duraba la
ira , ó al vencido crecía el odio. Por ende le suplica-
ba que el acuerdo que no le plogo haber fasta
aquí , le ploguiese haber agora ; é que embiase sus
diputados á Castronuño, y el Rey é la Rejí^na em-
biarian los suyos á Alahejos , los quales platicarían
en las materias , é placería á Dios que se diese tal
fin en ellas, con que Dios fuese servido, ó los incon-
vinientes é guerras comenzadas cesasen , ó se con-
virtiesen en paz , que al vencedor convenia , é al
vencido es necesaria. E que esto que le suplicaba
también gelo daba por consejo , é aun le amonesta-
ba que lo ñcíese ; porque si muy presto no se diese
medio de conclusión en esta su demanda, le certifi-
caba que gele aparejaba injuria , ó otro daño irrepa-
rable en su persona y estado. El Rey de Portogal,
considerando que el partido que en aquella sazón fi-
ciese, ni seria á su honra , ni menos en tanta utilidad
como á los principios le era ofrecido, por el desbarato
que ovo en la batalla, embió decir al Cardenal que
le agradecía su buena voluntad , pero que no enten-
día al presente fablar en partido ninguno. E luego
puso guarniciones de gentes en Cantalapiedra , ó
Castronuño, é Cubillas , ó Siete Iglesias , é Villalfon-
80, é la Mota, y en Portillo, y en Villalba, y en
Mayorga , que estaban por él ; é mandó que ficiesen
cruda guerra por todas partes de las comarcas, por-
que no tenia otro remedio por estonces para su de-
manda , salvo la guerra que destas fortalezas se fi-
ciese. En [aquella sazón el Condestable trabajaba
mucho por traer al servicio del Rey é de la Reyna
al Conde de Urueña é al Maestro de Calatrava, su
hermano ; é suplicó al Rey é á la Reyna que los per-
donasen, é los reduxesen á su servicio, porque se
adelgazasen mas las fuerzas del Rey de Portogal , ó
le quedase menor parte en el Reyno de la que te-
nia. E para que esto viniese en efeto é conclusión,
el Condestable dio una su fija en casamiento al Con-
de de Urueña. El Rey é la Reyna inclinados á las
suplicaciones que el Condestable fizo, considerando
ansimesmo que el Maestre y el Conde de Urueña su
hermano eran mozos , é que no habían errado de su
voluntad , salvo por ignorancia , traídos y engaña-
dos por el Marqués de Villona é por aquellos que le
administraban , perdonáronlos , ó reconciliáronlos á
BU servicio. Lo qual sabido por el Rey de Portogal,
é ansimesmo veyendo que los otros caballeros que
le habían traído á Castilla ni le servían, ni podían
servir con gente según él pensaba y ellos le habían
prometido, por la ocupación é necesidad que cada
uno tenía en la guarda de sus tierras, acordó de for-
necer bien aquellas fortalezas de gente, é de todas
las otras cosas necesarias á la guerra, é ir él en per-
sona al Rey de Francia á le demandar ayuda de
gentes é dineros, para tornar poderosamente á Cas-
tilla á la conquistar; po»que según las ligas é con-
federaciones que con él tenia, esperaba que le daría
gran número de gente é todo lo que oviese necesa-
rio para esta conquista.
CAPÍTULO XLIX.
Como se partió el Arzobispo del R«7 de Portogal, é como se
tomaron las fortalezas de Atienza é Caracena.
El Rey é la Reyna que estaban en Medina , vista
la guerra que se facía por todas partes , acordaron
ir á la villa de Madrigal , é llamar los Procuradores
del Reyno , é facer cortes para dar orden en aque-
llos robos é guerras qvQ en el Reyno se facían ; é
ansimesmo poner sitio sobre Cantalapiedra, ó sobre
Castronuño , do estaba la mayor parte de las gentes
del Rey de Portogal. Durante este tiempo , el Arao-
Li'oo de Toledo que estaba con el Rey de Portogal,
habia nuevas cada día que su tierra estaba altera-
da, é so quería r?belar contra él. E recelando algún
inconviniente en su persona y estado , acordó de de-
xar al Rey de Portogal en la cibdad de Toro , é pa-
sar los puertos para proveer en las cosas de su tier-
ra, porque no se alzase; é luego partió de Toro
muy secretamente. E para seguridad de la pasada,
porque no recibiese daño de la gente del Rey é de
la Reyna , el Rey de Portogal le dio un capitán con
gente de caballo Portogueses, que fuesen con él
fasta lo poner en salvo en la villa de Alcalá de He-
nares. E por ir mas seguro dexó todos los caminos
derechos , ó rodeó por partes muy remotas de los lu-
gares do estaba la gente del Rey é de la Reyna ; é
andando grandes jornadas, aportó á la villa de
Atienza, porque el Alcayde de aquella fortaleza es-
taba en el partido del Rey de Portogal. Sabido por
el Rey é por la Reyna que el Arzobispo de Toledo
era partido de la cibdad de Toro , luego manda-
ron á Don Pero Manrique, Conde de Treviño, que
con la gente do su casa, é con otra gente que le die-
ron de su guarda , fuese empos del é le prendiese,
deseando proceder contra él con grand indinacion
que tenían, por los yerros que contra ellos habia
cometido. El Conde de Treviño le siguió todo el ca-
mino , é no lo pudo alcanzar, porque el Arzobispo
andovo tanto , que entró en la villa de Alcalá antes
que el Conde llegase, E luego fortificó de cavas é
baluartes aquella villa , é las otras de su Arzobispa-
do. E porque el Rey de Portogal daba sus poderes
á qualquier Alcayde ó Caballero que quería tomar
su voz, para recebir los derechos reales del Reyno,
é para facer guerra é todas las otras cosas que él
podia facer, procuró el Arzobispo que en común de
los otros Alcay des á quien daba este cargo , lo diese
al Alcayde de Atienza Pedro de Almazan, que se-
gún habernos dicho estaba en su partido , é á otro
caballero que se llamaba Juan de Tovar, Señor de
Caracena é de Cevico. Los quales so color de rece-
bir los derechos reales , facían guerra en todas las
tierras é comarcas que estaban en la obediencia del
Rey é de la Reina. Visto esto por un caballero na-
tural de aquella tierra que se llamaba Garci Bravo,
home de buen esfuerzo , trató con un mozo de aquel
DON FERNANDO
Alcayde de Atienza que la noche que le cupiese la
vela echase una soga é subiese una escala de cuer-
da por do subiesen los suyos é tomasen la fortale-
za. Lo qual se fizo ansí, é la noche que asentaron
con aquel mozo , se puso en obra ; é aquel caballe-
ro Garci Bravo con fasta cien hombres subió por
la escala, é prendió al Alcayde Pedro de Almazan
é á su muger é fijos , é apoderóse de la fortaleza ; é
sópese por verdad, que en oro é plata, é pertrechos,
é armas, é bastimentos, tomó dentro de la fortale-
za valor de cien mil florines de oro. De lo qual to-
do, é de la tenencia de la fortaleza le ficieron mer-
ced el Rey é la Reyna, porque les fizo gran servicio
en quitar aquel tirano de aquella tierra, que la te-
nia tiranizada. E ansimesmo las salinas do Atien-
za, que es una gran renta que pertenece á los Re-
yes de Castilla. Dende á pocos dias este caballero
Garci Bravo combatió la fortaleza de Caracena, é
la entró por fuerza, é prendió á Juan de Tovar, el
otro tirano que facia guerra en aquellas comarcas
sosteniendo la voz del Rey de Portogal. Haber des-
fecho aquellos dos tiranos en tan poco espacio de
tiempo, especialmente considerando la muy difícil
subida del castillo de Atienza, podemos creer que
mucho mas clara se mostró allí la voluntad de Dios
que la osadía de los homes.
Agora dexa de contar la historia desto , é contará
lo quo pasó en la villa de Madrid.
CAPÍTULO L.
De las cosas que pasaron en la villa de Madrid.
Según habernos contado, el Marqués de ViHena
estaba apoderado de la villa de Madrid é de sus al-
cázares. É porque teniendo aquella villa de su mano
entendía que estaba seguro su estado, puso en la
guarda della á Don Rodrigo de Castañeda, hermano
del Conde de Cifuentes, con toda la mas é mejor
gente que tenia, los quales trabajaban mucho en la
guardar. Porque como quier que Juan Zapata , un
caballero principal de un bando, é otros algunos
caballeros y escuderos naturales della vivían con
el Marqués, pero otro caballero principal de otro
bando, que se llamaba Pero Nufiez de Toledo, con
otros caballeros de su parentela, que por estar en
el servicio del Rey é de la Reyna fueron echados de
la villa, con la mayor parte del común eran de opi-
nión contraria, ó quisieran que la villa estoviera á
la obediencia del Rey é de la Reyna. É como la vo-
luntad forzada desea siempre ser libre, algunos de
la villa trataron con Pedro Arias de Ávila, Señor de
Torrejon, é con aquel Pero Nuñez de Toledo, é con
sus parientes , que viniesen de noche con gente , c
que ellos darían forma para los acoger dentro. Es-
tos dos caballeros Pedro Arias é Pero Nuñez, con
deseo de facer servicio al Rey é á la Reyna é de
entrar en sus casas, trataron con el Duque del In-
fantadgo que estaba en la cibdad de Guadalaxara,
que viniese con la gente de su casa á entrar en la
villa, porque los vecinos della habían acordado con
ellos de les dar entrada por lugar cierto. El Duque
É DOÑA ISABEL. 299
consultó este trato con la Reyna, y ella le embió á
mandar que lo aceptase, é ficiese todo su poder por
tomar la villa ; para lo qual le embió á Diego del
Águila, é á Juan de Robres é á Juan de Torres , ca-
pitanes de cierta gente de armas de su guarda, á los
quales mandó que se juntasen con el Duque é ficie-
sen todo lo que él mandase. El Duque habido este
mandamiento, con la gente de su casa, é con aque-
llos dos caballeros Pedro Arias é Pero Nuñez, é con
la gente que la Reyna le embió, vino para la villa.
E como quiera que los vecinos della se dispusieron
á dar la entrada, pero no lo pudieron facer, porque
sabido el trato, aquel capitán Don Rodrigo de Cas-
tañeda echó de la villa á todos los mas principales,
é puso tan gran guarda en ella, que el Duque no la
pudo por estonces haber. E acordó de aposentarse
en el arrabal, é poner la villa en tal estrecho, que
de necesario la entregasen, é fizo poner sus estan-
zas en circuito, é apretó el cerco de tal manera , que
por ninguna parte podían haber mantenimientos.
É mando facer minas por debaxo de tierra, que sa-
liesen á la torre que está sobre una puerta de la vi-
lla que sale al arrabal, que se llama la puerta de
Guadalaxara, para la poner en cuentos, é la derri-
bar con quarenta pasos de la cerca. Como esto fué
sentido por un caballero, que se llamaba Pedro de
Ayala, Comendador de Paracuellos, que tenia en
guarda aquella puerta, recelando el daño que á él
é á toda la villa se siguiriá si por fuerza de armas
se entrase, trató con el Duque de le dar entrada en
la villa, con tal pacto, que fuesen seguros todos los
del bando de Juan Zapata que era de su parentela,
é no recibiesen daño de los caballeros del otro ban-
do de Pero Nufiez que estaban con el Duque : lo
qual el Duque prometió, y en aquella manera le fué
entregada la villa. Don Rodrigo que estaba allí por
capitán, é todos los que con él eran, visto que la vi-
lla era entrada, luego se retraxeron á los alcázares;
los quales estaban bastecidos de armas, é bastimen-
tos en grand abundancia. É luego el Duque fizo
poner estanzas contra los alcázares, por dedentro
de la villa é por defuera, las quales forneció de la
gente que era necesaria. E dio cargo á Don íüígo
López de Mendoza, Conde de Saldaña, su fijo mayor,
para que andoviese requiriendo las estanzas que es-
taban puestas por defuera de la villa, é las prove-
yese de gente, é las socorriese, si los del alcázar sa-
liesen á pelear con ellos. B por dedentro de la villa
mandó facer una tapia entre el alcázar é la villa, la
qual era tan grande é tanto ancha, que los de la
fortaleza, dado que fuesen socorridos con gente po-
derosa, no podían entrar en la villa, ni menos
los de la villa pasar al alcázar, salvo por lugares
ciertos, do guardaba la gente del Duque que entra-
ba á pelear con los del alcázar, en el qual estaban
fasta quatrocíentos homes. É todos los dias habían
escaramuzas con los de fuera, é por la dispusicion
de los lugares, recebian daño los del Duque : en una
de las quales fué muerto Diego del Águila, uno de
los capitanes que la Reyna había embíado, é otros
algunos criados é caballeros de la casa del Duque,
500
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
Otrosí Juan Zapata, aquel caballero que habernos
dicho que era principal de un bando, retrasóse á
una fortaleza euya dos leguas de la villa, que se
llama el Alameda, é otro que se llamaba Pedro de
Córdova, que tenia la fortaleza del Pardo; é desde
aquellas fortalezas f acian guerra á la tierra del Du-
que, é llegaban los mas dias fasta Madrid, é mata-
ban de los del Duque, é robaban lo que podían ha-
ber. Contra los quales el Duque puso ansimesmo
gente en el campo, para resistir los robos é muertes
que facian. É todos los dias habia escaramuzas é
muertes de homes, é robos entre los del Duque é
aquellos dos caballeros que estaban en aquellas
dos fortalezas. É desta manera estovo sitiado aquel
alcázar por espacio de dos meses ; en comedio de los
quales, el Rey é la Reyna que estaban en Madrid,
ficieron cortes generales, en las quales los Procura-
dores do las cibdades é villas del Reyno en concor-
dia, juraron á la Princesa Doña Isabel por Princesa
heredera de los Reynos de Castilla é de León para
después de los dias de la Reyna, que era la propie-
taria dellos, é ficieron algunas leyes é ordenanzas,
que según la dispusicion del tiempo convinieron de
se facer.
Agora dexa la Crónica de f ablar lo que pasó en
el cerco del alcázar de Madrid, é fabla de como se
ficieron las hermandades en Castilla.
CAPÍTULO LI.
Como se juntaron las hermandades en Castilla.
En aquellos tiempos de división, la justicia pa-
decía, é no podia ser executada en los malhechores
que robaban c tiranizaban en los pueblos , en los
caminos, é generalmente en todas las partes del
Reyno. E ninguno pagaba lo que debia, si no que-
ría; ninguno dexaba de cometer qualquier delicto,
ninguno pensaba tener obediencia ni subjecion á
otro mayor. E ansí por la guerra presente, como por
las turbaciones é guerras pasadas del tiempo del
Rey Don Enrique, las gentes estaban habituadas á
tanta desorden, que aquel se tenia por menguado
que menos fuerzas facía. É los cibdadanos é labra-
dores ó homes pacíficos no eran señores de lo suyo
ni tenían recurso á ninguna persona, por los robos
é fuerzas é otros males que padecían de los alcay-
des las fortalezas, é de los otros robadores é ladro-
nes. E cada uno quisiera de buena voluntad contri-
buir la meytad de sus bienes, por tener su persona
é familia en seguridad. É fablóse muchas veces en
los pueblos de facer hermandades ó dar alguna or-
den entre sí, para se remediar de tantos males é
fuerzas como continamente sofrían. Pero fallecíales
persona tal, que oviese zelo á la justicia é á la paz
del Reyno, que lo moviese, é ficíese alguna congre-
gación de pueblos en la qual se diese orden para
remedio de aquellos males. Porque el Rey ó la Rey-
na, como quier que castigaban lo que podían, pero
el impedimento de la guerra que con el Rey de
Portogal tenían, no les daba lugar para lo remediar
como quisieran. Esta plática venida á noticia de un
caballero que se llamaba Alfonso de Quintanilla
Contador mayor de cuentas del Rey é de la Reyna,
natural de Asturias de Oviedo, é Don Juan do Or-
tega, Provisor de Villaf ranea de Montes de Oca, Sa-
cristán del Rey, natural de la cíbdad de Burgos,
doliéndose de la corrupción é males que velan en la
tierra, f ablaron con el Rey é con la Reyna, por sa-
ber dellos si les placería que se ficíese alguna con-
gregación de pueblos para ordenar entre sí herman-
dad, en la qual se ordenasen algunas cosas compli-
deras á servicio de Dios é suyo, é bien general de
todo el Reyno, é para defensa ó resistencia de aque-
llos males que veian. Desto plogo mucho al Rey ó
á la Reyna, porque deseaban el bien é paz de sus
Reynos; é mandái-onles que trabajasen porque vi-
niese en efeto. Estos dos varones, Alfonso de Quin-
tanílla é Don Jnan de Ortega, Provisor de ViUaf ran-
ea, propusieron de poner sus personas á todo trabajo
é peligro, por remediar los males que veian; é fa-
blaron con algunos homes principales de las cibda-
des é villas de Burgos, é Palencia, é Medina, é Ol-
medo, é Avila, é Segovía, é Salamanca, é Zamora, é
de aquellas partes, mostrándoles los males é daños
que padecían, é quanto mayores los esperaban si
con tiempo no se remediasen. Estos cada uno en
sus pueblos platicaron esta materia, é al fin o vieron
su acuerdo, que cada cibdad é villa embiase sus
procuradores, los quales se juntasen á dia cierto en
la villa de Dueñas. E para aquel día que asignaron,
todos los Procuradores de aquellos pueblos, que fue-
ron en gran número, se juntaron en la villa de Due-
ñas, por solicitación é diligencia de aquel caballero
Alfonso de Quintanilla, é del Provisor de Villaf ran-
ea. É los unos á los otros f ablaban é recontaban con
grand angustia los robos é males é rescates que so-
frían de los alcaydes de las fortalezas, é de los tíra-
nos ó otros robadores que cada dia crecían; é que-
xábanse dellos los unos á los otros. E partidos en
partes, los unos daban remedio de una manera é los
otros de otra, é ni daban conclusión, ni se concor-
daban, é queríanse todos volver para sus casas por-
que no veian remedio para los males que padecían.
Aquel caballero Alfonso de Quintanilla, doliéndose
porque no se conseguía fruto de su trabajo, fabló á
todos los Procuradores en esta manera :
«No sé yo, señores , como se puede morar tierra
nque su destruicion propia no siente, é donde los
«moradores della son venidos á tan extremo ínfor-
«tunío, que han perdido ya la defensa que aun á los
«animales brutos es otorgada. No nos debemos que-
»xar por cierto, señores, de los tíranos, mas quexé-
« monos de nuestro gran sufrimiento; ni nos quexe-
»mos de los robadores, mas acusemos nuestra dis-
«cordia, é nuestro malo é poco consejo, que los ha
«criado, é de pequeño número ha fecho grande; que
«sindubda, si buen consejo toviésemos, ni oviera
«tantos malos, ni sufriérades tantos males. E lo mas
«grave que yo siento es que aquella libertad que
«natura nos dio, é nuestros primeros ganaron con
«buen esfuerzo, nosotros la habemos perdido con
«cobardía é caimiento, sometiéndonos á los tiranos.
DON FERNANDO
«De los quales si no nos libertamos, ¿quién podrá
«escusar que no crezca mas la subjecion de los bue-
»nos, y el poder de los malos que ayer eran servi-
«dores, é hoy los vemos señores porque tomaron
«oficio de robar? No heredastes por cierto, señores,
«esta subjecion que padecéis, de vuestros anteceso-
»res; los quales como quiera que fuesen pequeño
«namero en aquella tierra de las Asturias, do yo soy
»natural, pero con deseo de libertad, como varones
«ganaron la mayor parte de las Espafias que ocupa-
«ban los moros enemigos de nuestra santa fe, é sa-
«cudicron de si el yugo de servidumbre que tenian.
«Ni menos tomamos doctrina de aquellos buenos
» cast(^lanos , que ñcicieron la estatua del Conde
«Fernán Gonzalee, su señor, que estaba preso en el
«Reyno de Navarra, é siguiendo aquella figura de
«piedra, ganaron la libertad para él é para ellos.
«Ni menos la tomamos de otros notables varones,
n cuya memoria es inmortal en las tierras, porque
«ganaron libertad jmra sí é para sus reynos é pro-
«vinciae; los quales ovieron gloria por ser libres, é
«nosotros habernos pena por ser subjetos. Muchas
«veces veo que algunos sufren con poca paciencia
» el yugo saave, que por ley ó por razón debemos
» al cetro real, é nos agraviamos é gastamos, é aun
«trabajando buscamos forma por nos libertar del ; é
«desta otra subjecion, que pecamos en sofrir, por
«ser contra toda ley divina é humana ¿no trabaja-
«rémos é gastaremos por nos libertar? No puedo yo,
«señores, por cierto entender como pueda ser que la
«nación castellana, que nunca buenamente sufrió
» imperio de gente extraña, agora por falta de buen
« consejo sufra cruel señorío de la suya, é de los
« malos é perversos della. No tengamos por Dios,
«señores, nuestro entendimiento tan amortiguado;
«ni se refrié en nosotros tanto la caridad é se olvi-
»de el amor de nuestras cosas proprias, que no sin-
» tamos el perdimiento nuestro é dellas; é remedie-
«mos luego los males que vienen de los homes, an-
«tes que vengan los que nos pueden venir de Dios.
«El qual también da pena al que doxa de facer obra
«buena, como al que la face mala; é tan bien da
» punicioE s los buenos como á los malos, á los ma-
«los porque son malos, é á los buenos, aunque bue-
«nos, porque consienten los malos é pudiéndolos
«castigar, dexan crecer sus pecados, dellos por ne-
ftgligencia, dellos por poca osadía, é algunos por
» ganar ó por no perder ni gastar, otros por querer
«complacer, ó por no desplacer á los malos, 6 por
«otros respetos ágenos mucho de aquello que home
«bueno é recto es obligado de facer. Nosotros, sefio-
«rea, visto lo que vedes, é considerando lo que cada
«uno de vosotros considera, nos movimos por ser-
» vicio de Dios, é por el bien é libertad de la tierra,
B á procurar con vosotros que esta congregación se
«ficiese, creyendo que este vuestro juntamiento no
«es do la calidad de otros, donde muchas veces acae-
oce que en el fin y en los caminos para el fin hay
«diversos consejos é opiniones contrarias; antes
» creemos que todos unánimes vais á un fin, é tam-
» bien pensamos que os Qonf ormaróis en tomar los
É DOÍ?A ISABEL. 3Ó1
» caminos mas ciertos para lo conseguir. E si esto
«de vosotros no conociésemos, vano seria por cierto
» nuestro trabajo, é mucho mas inútil nuestra f abla.
»E por tanto no me deterné mucho en recontar los
«males que sofrimos é padecemos, porque cada uno
»de vosotros lo s«be, é aun lo siente; pero breve-
» mente diré el remedio que nos parece para ellos.
«Siete cosas, honorables señores, á mi parecer se
«deben considerar en esta materia que tratamos. La
«primera, si es servicio de Dios, é del Rey é de la
«Reyna nuestros señores. La segunda, quien sois
«vosotros. La tercera, quien son aquellos con quien
» debatimos. La quarta, la calidad de la cosa sobro
«que debatimos. La quinta, en qué tierra es el deba-
»te. La sexta, qué cosas son necesarias para aquello
«que queremos comenzar. La séptima é postrimera,
«que es el pro ó el daño que en el fin se nos puede
«seguir. Quanto á lo primero, no es necesaria mucha
«plática; porque manifiesto es el servicio grande que
«facemos á Dios, é al Rey é á la Reyna, si tomamos
«consejo é ponemos en obra de castigar los tiranos,
«é dar paz al Reyno en general, é á cada uno en
«especial. Quanto á lo segundo, menos faré larga
«fabla; porque sabido es que vosotros sois homes
« caballeros, é fijosdalgo, cibdadanos, é labradores,
«deseosos de paz é sosiego del Reyno; é ansimesmo
«que sabéis seguir la guerra quando conviene, é
«procurar la paz quando comple. Lo tercero, sabe-
nmosbien que debatimos con homes tiranos, ladro-
«nes, é robadores, á quien su yerro mesmo face na-
«turalmente cobardes. Vimos en el tiempo de las
«otras hermandades pasadas, que uno dellos no pa-
«recia en el Reyno; é duraran fasta hoy en sus des-
«tierros, si nosotros duráramos en nuestras ordenau-
ftzas. Vimos ansimesmo que el Rey é la Reyna
» comenzando á facer justicia de algunos dellos en
«Segovia luego que reynaron, quantos dellos fuye-
«ron, é quanta paz é sosiego por aquella causase
«siguió, la qual fasta hoy se continuara, si la divi-
« sion del Rey de Portogal no interviniera. Ansí que,
«señores, por experiencia vemos que nuestra quis-
fttion es con gente á quien su maldad face flacos é
«fuidores; los quales no tienen mas esencia ni resis-
«tencia de quanto vieren nuestra paciencia é poca
«diligencia. La calidad de la cosa sobre que deba-
« timos, que fué la quarta parte de mi división, es
« sobre defensión de nuestras .personas é de nuestras
« f aciendas, é de nuestras vidas, é sobre nuestra li-
nbertad, que vemos perder é diminuir. Considerad
«agora, señores, si son estas cosas de calidad que
« deban ser remediadas. É lo mesmo considerad que
«vida seria la nuestra, si no la remediásemos con
«gran parte de lo que tenemos, é si no con parte, con
«todo cuanto tenemos, porque seamos homes libres
» como lo debemos ser, é no subjetos como lo somos.
«La quinta es, saber en qué tierra debatimos. Á mí
«parece, señores, que esta nuestra quistion no es la
«empresa de Ultramar, ni menos habemos de irá
» conquistar provincias estrañas. La conquista que
«habemos de facer en nuestro Reyno es, en nuestra
«tierra es, en nuestras cibdades é villas es, en núes-
302 CRÓNICAS DE LOS
«tros campos es, eu nuestras casas y heredamientos
» es, donde estando juntos ó concertados, según es-
»pero que lo seréis, no digo yo á aquellos pocos é
«malos tiranos, mas á todo el restante del mundo
«que viniese, podríades resistir é defender, é aun
I) ofender. Porque como sabéis , gran diferencia
«hay de las fuerzas que defienden lo suyo á las
«del ladrón que vien« por lo ageno. La sexta es,
»ver las cosas que para el remedio desta nuestra
«requesta son necesarias. Las quales según pen-
«samos son tres: la primera es el dinero; la se-
» gunda gente é capitanes ; la tercera ordenanzas
«por donde nos gobernemos. B quanto toca al di-
«nero, según los clamores que á todos en general,
»é á cada uno en especial vemos facer por los
«males que recibe, no creemos que haya perso-
Bna que no dé la meytad de sus bienes, por tener
» la otra meytad é su persona é de sus fijos é parien-
«tes seguros: pues quanto mas dará la pequeña é
«bien pequeña cantidad, que le podrá caber en los
» repartimientos que se f aran en los pueblos para
«esta facienda. La segunda es, haber gente é capi-
» tañes; é para haber esto, no habernos de ir fuera de
«nuestro Reyno, porque dentro del abundamos en
B asaz número de gente sabia en la guerra, é bien
«armada, tal é tanta, que no es menester trabajo ni
» pensamiento para la haber. La tercera cosa es, fa-
»cer nuestras ordenanzas y estatutos, é penas según
» se requiere á los delictos é crímenes que se come-
» tieren. E para esto, señores, tenéis la voluntad del
«Rey é de la Rey na, que vos darán facultad é auto-
» ridad para las facer, é poder para las executar, é
» tener vuestra jurisdicion apartada de la ordinaria
«en loB pueblos, de tal manera que no habréis estor-
«bo ninguno de su jurisdicion en lo que quisiéredes
» ordenar, ó salvar; é vos darán ansimcsmo todo el
« favor necesario, para que esto que con el ayuda de
«Dios queréis comenzar, venga en efeto. Ansí que
» el mayor trabajo de esta nuestra obra, es comen-
«zarla: esto fecho, la mesma cosa abrirá los cami-
»nos para el fin que deseamos con el ayuda de Dios,
«en el qual, quanto mayor fe toviéremos, tanto mas
» cierto terneis el efeto de la justa petición que fi-
» ciéredes.
» Bien creo yo, señores , que hay algunos á quien
« esto geles f ara dif ícile , creyendo que no nos po-
«dremos juntar, é juntos no nos podremos concor-
« dar en los repartimientos de los dineros , é otras
« cosas que son menester. E cerca desto , no parece
B que debe haber dificultad , porque todos sabemos
» que la mayor parte del Reyno viene de voluntad
«en esta contribución, é que ningunos hay que la
» contradigan, é si los hay son bien pocos; los qua-
» les veyéndose fuera del beneficio é utilidad que
«de nuestra hermandad se puede seguir, ¿quién
« dubda que no quieran ser comprehendidos en ella,
«por seguridad suya é de lo suyo? Otros algunos
» hay que dubdan en la constitución desta nuestra
» hermandad , recelando ser cosa de comunes é do
» pueblos , do habrá diversas opiniones é volunta-
» des , las quales podrían ser de tanta discordia, que
REYES DE CASTILLA.
B lo derribasen é destruyesen , según se fizo en las
B otras hermandades pasadas. De lo qual se segui-
» ría quedar los pueblos é personas singulares mu-
«oho mas enemistados con los alcaydes é tiranos ó
» con los robadores , para nos poner en mayor sub-
» jecion de la que agora tenemos. E para sanear es-
» te recelo son de notar dos cosas. La primera es
« que si las otras hermandades pasadas no perma-
» necieron en su fuerza , aquello fué porque se entre-
» metieron á entender en muchas cosas mas de lo
» que les pertenecía ; é nosotros á ningún caso otro
» habemos de facer hermandad , salvo al que vié-
B remos ser necesario para seguridad de los cami-
B nos, é para resistir é castigar los robos é prisiones
« que se facen. La segunda es que el Rey Don En-
«rique, que las habia de sostener é favorecer, este
B las contradecía é repugnaba de tal manera , que
» las destruyó en poco tiempo ; y esto tenemos ago-
B ra por el contrario, porque el Rey é la Reyna, nues-
» tros señores , mandan que estas hermandades en
« sus Reynos se constituyan , é dan sus cartas para
«ello, é las quieren con gran voluntad favorecer,
B de manera que permanezcan , considerando el gran
» servicio de Dios é suyo , é la paz é sosiego que de-
B lias en su Reyno se puede conseguir. E por tanto
B mi parecer seria , que luego debéis diputar entre
« vosotros caballeros é letrados que vean los casos
«desta hermandad que debemos facer, é quales é
B quantos deben ser ; é sobre ellos establezcan é íns-
B tituyan las leyes é ordenanzas que entendieren , é
» con las penas que les pareciere. Ansimesmo se
» deben diputar entre vosotros personas que entien-
B dan luego en el repartimiento del dinero, como é
B quanto se debe repartir , é que personas lo deben
B pagar ; é otrosí en la gente que se debe juntar , y
«en los capitanes que se deben elegir, é quanto
«sueldo geles debe dar. Esto fecho, esperamos en
B Dios, que conseguiremos el fin de la seguridad
B que deseamos , que fué la séptima é útíma parte
B desta mi proposición, b
Como este caballero Alfonso de QuintaníUa ovo
acabado su razonamiento, todos aquellos caballe-
ros , é letrados, é cibdadanos, é labradores que allí
estaban, fueron contentos , é loaban la fabla que
habia fecho, é mucho mas su buena intención cerca
del remedio de aquellos males que padecían. E to-
dos unánimes, despertando los ánimos que tenían
caídos de los daños que recebían, dixeron que era
cosa justa é razonable que la tierra se remediase ; é
que se debía facer la hermandad que decia , é re-
partir los dineros necesarios, é llamar la gente de
armas, é facer todas aquellas cosas que aquel caba-
llero habia propuesto. E luego todos estos procura-
dores , que allí vinieron con poderes bastantes cada
uno de sus cibdades é villas é pueblos , ficieron é
instituyeron una hermandad que durase tres años,
para responder unos á otros , é se ayudar contra los
tíranos é robadores ; é diputaron ciertos caballeros
é letrados , los quales ficieron é ordenaron cinco ca-
sos de hermandad , en que habían de entender los
oficiales que fuesen puestos para ministrar esta her-
DON FERNANDO
mandad. Y el primero caso era, toda fuerza, ó robo,
ó furto , 6 ferida fecha en el campo. JEl segundo,
todo robo , 6 fuerza, ó furto fecho en poblado, quan-
do el malíechorse fuese fuera del poblado do lo fizo
ó á otro lugar. El tercero, todo quebrantamiento de
casa. El quarto , toda fuerza de muger. El quinto,
quando alguno fuese contra la justicia é la desobe-
deciese. E instituyeron que oviese en cada cibdad,
villa 6 lugar dos alcaldes de hermandad, que to-
viesen plenaria jurisdicion para juzgar é determi-
nar en estos cinco casos de hermandad cada que
acaeciese. Eso mesmo ficieron cierto número de
quadrillas, para perseguir los robadores é malfe-
chores. ítem diputaron ciertos caballeros, é perso-
nas sabias é de buena intención , á quien cometie-
ron el repartimiento del dinero que se hablan de
coger en cada pueblo. Y estos diputados acordaron
que cada cient vecinos de todas las cibdades é vi-
llas é lugares de los Rey nos de Castilla é de León,
que entraron en aquella hermandad, pagasen el
sueldo é acostamiento de un home á caballo, el qual
siempre estoviese presto con el capitán que le die-
sen para seguir qualquier malfechor. E tomaron
por capitán general de la hermandad que ficieron,
á Don Alfonso de Aragón, Duque de Villahermosa,
hermano bastardo del Rey , y eligieron otros ocho
capitanes, algunos de trecientas, otros de decien-
tas , é de cient lanzas , á cada uno de los quales pa-
gaban el sueldo é acostamiento que le montaba ha-
ber para la gente que tenia en su capitanía. Y estos
estaban continamente juntos con sus armas é caba-
llos, en los lugares é provincias do les era manda-
do. Itera para conocer de los debates que ocurrirían
concernientes á los casos de hermandad, é para los
determinar, eligieron por Presidente á Don Lope de
Ribas, Obispo de Cartagena, un perlado antiguo, con
el qual estaban de cada provincia un diputado con-
tinamente ; y estos se llamaban diputados genera-
les para oir é determinar las cosas que ante ellos
venian, los quales tenian plenaria jurisdicción para
determinar , é del juicio destos no habia apelación.
Otrosí , porque los agraviados con sus querellas no
oviesen de trabajar en venir con sus agravios al
lugar do estaba el presidente é diputados genera-
les, ordenaron que en cada provincia estoviese un
diputado provincial para las oir é remediar, el qual
entendiese en las contribuciones que se hablan de
facer para la hermandad, de manera que todos pa-
gasen segund su facultad , é ninguno fuese agravia-
do en los repartimientos. Otrosí, para entender en
todas estas cosas, é para dar orden en poner teso-
reros é recabdadores , é pagar é repartir el dinero á
quien é como se debia dar , porque era cosa de gran
confianza ; el Rey é la Reyna dieron cargo á aquel
caballero Alfonso de Quintanilla é al Provisor de
Villaf ranea, que según habemos dicho, fueron pro-
movedores é solicitadores para que la hermandad se
ficiese. E todos estos recurrían por la final determi-
nación de las cosas al Rey é á la Reyna é á su Con-
sejo. Ansí fueron constituidas hermandades, en las
quales fueron comprehendidas todas las cibdades é
E DONA ISABEL. 303
villas é lugares de los Reynos de Castilla é de León
é del rey no de Toledo é del Andalucía é de Galicia.
Los lugares é tierras de señorío no entraron luego,
por los impedimentos que los señores dellas le po-
nían. Sobre lo qual fué requerido Don Pedro Fer-
nandez de Velasco, Condestable de Castilla é Conde
de Haro , que era el que tenia mas número de vasa-
llos que ningún otro señor de todas aquellas tierras
de allende los puertos, para que diese lugar que sus
tierras entrasen en aquella hermandad. El qual res-
pondió que le placía, é no solamente daría lugar
que sus tierras entrasen en ella, pero que él ge lo
mandaría é constreñiría que lo ficíesen , é contribu-
yesen en ella con todos los que habían entrado. E
allende desto , él é todos los de su casa quería que
fuesen comprehendidos en aquella santa herman-
dad, considerando quanto era servicio de Dios ó del
Rey é de la Reyna, é bien é seguridad del Reyno.
E luego mandó á todos los de sus villas é lugares
que se juntasen con aquellos que habían entrado
en la hermandad, é fuesen particioneros en ella; é
ansí lo ficieron luego todos los de sus tierras. Este
Condestable era home generoso é recto , y era gran
señor en las montañas ; é nunca le vieron ser en re-
belión contra ningún Rey, antes era obediente á
los mandamientos reales, é daba exemplo á otros
que lo fuesen. Visto por todos los caballeros é seño-
res que tenían vasallos , como el Condestable habia
mandado á sus tierras entrar en la hermandad, lue-
go mandaron á sus villas é lugares que anaimesmo
entrasen en ella. E de lo que contribuían los pue-
blos en esta hermandad, se pagaba sueldo contina-
mente á dos mil homes á caballo, que estaban pres-
tos para lo que el Rey é la Reyna mandaban , é se-
guraban los caminos, é perseguían los malfechores,
E vista la grand utilidad que della se seguía , se
prorogó por otros tres años adelante.
E porque á los principios que esta hermandad se
constituyó , considerando que la utilidad era común
á todos , fué ordenado que todos contribuyesen en
ella , también los esentos como los no esentos ; los
fijosdalgo del Reyno sintiéndose agraviados desta
contribución por ser en quebrantamiento de la li-
bertad que tienen por razón de su fidalguia, recla-
maron a^ite el Rey é la Reyna, é soplicáronles que
pues ellos en las guerras presentes, é sus padres ó
agüelos en las pasadas habían servido á los Reyes
sus progenitores, ansí en la guerra contra los mo-
ros, como contra todas las otras personas que les
era mandado , y estaban dispuestos por sus personas
de se poner á la muerte por su servicio ; que les plo-
guíese mandar guardar el privilegio de su fidalguia,
que nunca habia seydo quebrantado en estos Rey-
nos. El Rey é la Reyna, vista la razón de los fidal-
gos, luego ge lo mandaron guardar; é dende en
adelante los fldalgos no contribuyeron en aquella
hermandad todos los años que duró.
304
CRÓNICAS DE LOB REYES DE CASTILLA.
CAPITULO LII.
De como el Rey asentó real sobre Cantalapiedra , 6 de las cosas
que allí pasaron.
Según habernos recontado , el Rey de Portogal
forneció de mucha gente é pertrechos é bastimentos
las fortalezas que tenia en circuito de la cibdad de
Toro donde él estaba ; en especial la villa de Canta-
lapiedra , en la qual puso por capitán á un caballe-
ro castellano de los que seguían su partido , que se
llamaba Alonso Pérez de Vivero , con muchos ho-
rnea á caballo é á pié. El Rey ovo su acuerdo de po-
ner real sobre aquella villa, é ansimesmo poner
guarniciones de gente contra los que estaban en
Castronuño , por escusar los robos que de aquella
villa se facian en las cornarcas. E dio cargo al bas-
tardo su hermano, Duque de Villahermosa, é al Con-
de de Treviño , de la gente que mandó estar sobre
Cantalapiedra, porque le era necesario estar en las
cortes que tenia en Madrigal , los mas dias con la
gente de su guarda , é desde Madrigal iba á Cantala-
piedra á proveer las guarniciones que tenia puestas
contra Castronuño é Siete Iglesias. E mandó poner
artillería y engenios sobre aquella villa de Cantala-
piedra, é apretar á los que estaban dentro, á fin de
la tomar ; porque tomada se quitaba gran parte del
impedimento que habia para poner sitio sobre Cas-
tronuño , é sobre las fortalezas de la comarca que
estaban por el Rey de Portogal. Los que estaban
dentro pusiéronse en defensa, para lo qual tenian
grandes aparejos, cavas é baluartes, é otros edifi-
cios. E después de muchas escaramuzas que ovieron
en algunos dias, mandó el Rey aderezar el comba-
te. Los de la villa salieron á pelear con los de fuera
por las partes que los del Rey llevaban los pertre-
chos, é por otras cuevas secretas que tenian fechas,
desde las quales podian ofender, é no recebir daño.
E antes que llegasen los pertrechos, porque el Rey
conoció que por las cavas é cuevas que los de den-
tro de la villa hablan fecho secretamente , pudiera
su gente recebir gran daño, mandó retraer los per-
trechos , é acordó que aquel dia no se combatiese la
villa. Los Portogueses, veyendo que los pertrechos
se retraían , cobraron mayor esfuerzo , é salieron á
escaramuzar con loa del Rey á caballo é á pió. Y en
aquella escaramuza , y en otras que otros dias ovie-
ron , fueron muchos muertos é f eridos de los unos é
de los otros. Los de la villa , como quiera que se es-
forzaban , porque tenian al Rey do Portogal cerca
esperando que los socorriera , pero porque los apre-
taban mucho los del Rey , de manera que no les en-
traba mantenimiento ninguno, é ansimesmo porque
trabajaban de dia en las cavas, é de noche en repa-
rar los muros é los baluartes que derribaban las
lombardas del Rey , é poniendo defensas para los
daños que facian los engenios , é otrosí porque en
las escaramuzas que hablan habido, geles diminuía
la gente ; embiaron á decir al Rey de Portogal , que
los socorriese, porque estaban en grande aprieto.
El Rey de Portogal no tenía tanta gente para los
poder socorrer, porque habia sacado por dos vecea
de su reyno toda la gente que en él habia para esta
conquista ; é muchos dellos eran muertos , é otros se
volvían á Portogal por las grandes fatigas é traba-
jos que habían recebído en Castilla. E como se vido
puesto en necesidad , é ansimesmo porque el Arzo-
bispo de Toledo é los otros caballeros castellanos
que estaban á su obediencia , eran tan ocupados en
la guarda de sus tierras, que no le podian servir por
sus personas , ni amblarle de sus gentes , por conse-
jo de algunos sus caballeros é capitanes, acordó de
sahr al campo con toda la gente que tenia , é robar
é quemar los lugares de tierra de Salamanca que es-
taban cercanos á Toro , porque creía que el Rey iría
á los socorrer, é le sería forzado alzar el real que
tenía puesto sobre Cantalapiedra ; y en aquella ma-
nera entendía que los cercados serian socorridos, é
los cercadores no darían fin a su empresa. Algunos
délos de su consejo le dixeron que no era cosa dina
de Rey ir en persona á robar é quemar lugares, ó
dexar de socorrer su gente , que á sus ojos estaba si-
tiada ; é que los Reyes de tal manera habían de salir
al campo acompañados , que no recibiesen mengua
ni fuerza de sus contrarios. E que bien podía man-
dar á algunos de sus capitanes, que saliesen á fa-
cer aquella guerra, porque si recibiesen daño , á su
persona real empecería poco, ó sí saliese, podría po-
ner su persona y estado é la empresa que tenia de
Castilla en perdición. E que si por ventura el Rey
su adversario alzase el real de sobre Cantalapiedra,
é viniese con toda su hueste é resistir los daños é
quemas que él quería facer, una de dos cosas le
convenía facer, ó haber con él batalla, para lo qual
tenia igual poder de gente , ó retraerse al lugar do
habia salido , con poca honra. E amonestábanle , que
pues en esta demanda , á la fortuna tentada por tan-
tas vias habia fallado dubdosa , antes que del todo
la ovíese contraría , remediase á su persona , á su
honra, á su gente, á su reyno , é ansimesmo á los ca-
balleros castellanos , que esperando algún nuevo fa-
vor duraban en su servicio, antes que la dilación
del tiempo les ficiese mudar el propósito que habían
tomado de le servir. E que les parecía, que si el Rey
de Francia le era amigo cierto, según que con él te-
nia firmado é jurado , debía dexar recabdo en aque-
llas fortalezas, é ir al Rey de Francia; el qual lo
habia fecho grandes ofrecimientos para le ayudar
en esta conquista que tenia comenzada. E que cou
el poder de gente é dinero que le daría , podría ve-
nir como á Rey pertenece , é recobrar el Reyno do
Castilla ; é que no debía gastar su tiempo en robos
é quemas de lugares, porque aquella tal guerra,
mas era de homes rateros , que de Reyes. Decíanlo
ansimesmo , é certificábanle , que el ayuda del Rey
de Francia le era muy cierta ; porque esta empresa
de Castilla , tanto la tenía por suya como el Rey de
Portogal , ansí por la question que tenia cou el Roy
por causa del debate de Ruisellon , como por el da-
ño que gele seguiría si su adversario fuese Rey pa-
cífico de Castilla.
E como en su consejo habia diversas opiniones,
DON FERNANDO
é contrarias unas de otras, algunos de su Consejo
le dixeron: aVos, Señor, para socorrer los vuestros,
» tenéis cerca la necesidad presente, é tenéis la ayu-
))da del Rey de Francia incierta, é de futuro. Por-
»que como quiera que vos tengáis gran confianza
» en la amistad que con el Rey de Francia ficistes,
«ansí por lo que os tiene jurado en escripto, como
«por los grandes ofrecimientos que vos ha embiado
» decir por palabra ; pero visto habemos , que mu-
» chos son los príncipes que veyendo á otros en pros-
» peridad , estonces les facen ofrecimientos, los qua-
n les se mudan quando los veen en adversidad. E si
» vos. Señor, vais en persona á él, mostrando que sois
» venido en tal estado que habéis menester su ayu-
»da, no sabemos si terna aquella voluntad en el
» tiempo de la obra , que tovo en la hora del ofreci-
« cimiento , ó si estará tan libre para complir sus
» ofrecimientos , como estaba al tiempo que los f a-
B cia. E dado que la voluntad tenga buena, no sa-
» bemos si terna el poder para lo poner en obra ;
«porque sabemos que está muy ocupado en las
» guerras que tiene con el Duque de Borgoña vues-
» tro primo , y en otras partes. Y es de mirar , que
» los Reyes quanto son mayores , tanto mayores son
n sus necesidades ; é que no deben dexar de proveer
» á las suyas , por socorrer á las agenas , ni vos de
» buena hermandad lo debéis pedir, si en tal necesi-
» dad le vedes puesto. Por tanto. Señor , parecería
«que debéis ir antes á socorrer los vuestros, que
» esperar las ayudas agenas. E no parece ser incon-
» viniente, que vos salgáis en persona al campo á
« facer guerra en las tierras que están por vuestro
n adversario ; pues él ansimesmo está en el campo
» con su hueste, faciendo guerra alas vuestras.» El
Rey de Portogal, oidas estas razones, dexó por es-
tonces de entender en su ida á Francia, é acordó de
partir de la cibdad de Toro , é salir en persona al
campo con toda la mas gente que pudo ; é aderezó
su camino con su hueste á la parte do aquella tier-
ra de Salamanca, que estaba cercana á Toro , é ro-
bó é quemó ciertas aldeas cercanas de aquella cib-
dad. Como el Rey sopo la guerra que se facia en
tierra de Salamanca , creyendo que el Rey de Por-
togal habia embiado algunos caballeros á la facer,
é que no habia ido él en persona, mandó á Don Pero
Manrique, Conde de Treviño, que fuese luego con
gente de caballo ala resistir, con intención de le ir
á socorrer en persona, si la gente del Rey de Por-
togal fuese mayor que la del Conde. El Conde por
mandado del Rey , fué á aquellas partes donde se
facia aquella guerra; é llegando cerca del lugar
donde el Rey de Portogal estaba por espacio de una
legua , fueron tomados por los del Rey de Portogal
diez homes á caballo, de los que el Conde habia
embiado á tomar lengua é saber quanta gente era
aquella que facia aquellas quemas é robos. Estos
diez homes fueron llevados ante el Rey de Por-
togal , é preguntados que gente habia salido del
real, le dixeron en como el Conde de Trevifio con
gente venia por mandado del Rey á le buscar, é
que el Rey venia ansimesmo erapos del con gran
Cr,— III.
B DONA ISABEL. 305
parte de su hueste á le socorrer. Como esto sopo el
Rey de Portogal, pensando que no seria su honra
pelear en persona con el Conde de Treviño , acordó
de volver para la cibdad de Toro ; y el Conde fué á
las espaldas siguiéndole , é faciendo daño en la re-
zaga de su gente , fasta que todos se pusieron en
salvo dentro de la cibdad de Toro.
Quando el Rey de Portogal conoció que no podia
socorrer á los que estaban por él en Cantalapiedra,
ni tenia tanta gente para salir al campo, movió tra-
to de partido al Rey , que alzase el cerco que allí
tenia puesto , é que soltaría la fe que tenia del Con-
de de Benavente, é le restituiría sus fortalezas, con-
viene á saber, á Portillo, Mayorga, é Villalva, que
le habia tomado. E ansimesmo que el Rey soltase
al Conde de Peñamazor que tenia preso , é que res-
tituyese al Licenciado Antón Nufiez de Cibdad-Ro-
drigo sus bienes é rentas y heredamientos que le
habia mandado tomar. Otrosí que dentro de un año
no le ficiese guerra en el Reyno por la gente que
estaba, ó estoviese en Cantalapiedra. E para con-
cluir este trato, vino por parte del Rey de Portogal,
al Real el Conde de Faro. E plogo al Rey de lo con-
cluir en esta manera que habemos dicho , á ñn de
libertar al Conde de Benavente de la fe que habia
dado al Rey de Portogal , é de le restituir sus forta-
lezas ; é luego el Rey alzó el cerco que tenia sobre
Cantalapiedra, y el Rey é la Reyna fueron para Va-
lladolid. E ficieron merced al Conde de Benavente
de quatro quentos de maravedís, en enmienda de
los gastos é daños que ovo por su servicio en la
prisión. E ansimesmo le habían fecho merced de la
cibdad de la Coruña de juro de heredad para siem-
pre jamas , quando vino á les servir contra el Rey
Portogal ; é mandáronle entregar la fortaleza della.
E como los de la cibdad vieron puesta la fortaleza
en poder del Conde de Benavente , é que el Rey é
la Reyna le habían dado la cibdad, é que eran apar-
tados de la corona real , fueron de tal manera atri-
bulados, que no podiendo sofrir señorío apartado
del señorío real , propusieron de se libertar del Con-
de , é posponer sus vidas , é perder sus bienes , por
dexar tal memoria y exemplo á los venideros para
que nunca consintiesen apartar aquella cibdad de
la corona real de Castilla en ningún tiempo. E como
quiera que entre los moradores é caballeros de aque-
lla cibdad, habia algunas divisiones y enemistades;
pero todas las pospusieron , é conformes y en unión
tomaron armas , é pusieron sitio sobre la fortaleza,
é fornecieron la mar de navios é á sus espensas, é
combatían todos los dias al Alcayde que tenia la
fortaleza por el Conde , é á sus criados que habia
puesto para la defender. Quando el Conde que es-
taba en Castilla sopo aquello, juntó toda la gente
de su casa, é ansimesmo la de algunos de sus parien-
tes é amigos, é fué á socorrer su fortaleza, é á fa-
cer guerra contra los de la cibdad que la tenían cer-
cada. A los quales el temor del Conde fizo cobrar
mayores ánimos para se defender ; é fortificaron
mas sus estanzas por parte de la tierra é del mar, de
tal manera que el Conde no pudo entrar ni en la cib-
20
306
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dad ni en la fortaleza á la socorrer- E al fin de gran-
des trabajos , é muchos gastos que fizo , dexó aque-
lla demanda sin conseguir el fruto que esperaba. El
Alcayde , é los otros sus criados que estaban en la
fortaleza , sabido que el Conde no los pudo socor-
rer, entregáronla luego á los de la cibdad ; la qual
fué libre del señorío del Conde , é restituida á la co-
rona real, por las fuerzas é buen ánimo de los veci-
nos de ella.
CAPÍTULO LIIL
Como el Rey fué á socorrer á Fuentcrrabia, é como los Franceses
alzaron el cerco que tenían sobre ella.
Estando el Rey é la Reyna en Valladolid acordó
el Rey de ir á los Reynos de Aragón é de Cataluña ,
porque el Rey su padre muchas veces le embió á de-
cir que convenia su presencia, para proveer en las
cosas que por estonces ocurrían en aquellas partes.
E la Reyna vino á la villa de Tordesillas con gente
de armas , para estar mas cerca de la cibdad de To-
ro, do estaba el Rey de Portogal. Estando el Rey en
Aragón proveyendo las cosas de aquel Reyno con
el Rey su padre ; porque fué informado de la cruda
guerra que los Franceses facían en la provincia de
Guipúzcoa , é á los de la villa de Fuentcrrabia, acor-
dó de ir á las montañas á socorrer aquella tierra, é
la librar de la guerra que le f acian los Franceses. E
vino para la cibdad de Victoria, donde juntó fasta
cinqüenta mil combatientes de Castilla la vieja, é
de todas las montañas, é Asturias , é de las merinda-
des é villas de aquella tierra : con los quales movió
á entrar en la provincia de Guipúzcoa, para ir á
Fuenterrabía, donde estaban los Franceses. Loa qua-
les , visto que si esperaban recibirían gran daño, é
que no tenian tanto número de gente para socorrer
el cerco, acordaron de lo alzar, é volver para la villa
de Bayona. Y embiaron á decir al Rey de Francia
los trabajos que hablan pasado todo el tiempo que
estuvieron en aquella tierra, é la mucha de su gen-
te que allí habia perecido en las escaramuzas habi-
das con los Guipuzes. E que dado que murieron mu-
chos dellos, é asentaron el artillería ; pero que con
ella facían poco daño á los muros de la villa, los
quales estaban amparados con la gran altura de las
cavas, é otras defensas. E ansimesmo sabían de
cierto, que venia el Rey Don Fernando con gran nú-
mero de gente á la socorrer; é que no era buena go-
bernación de guerra , poner sitio sobre plaza que
tenia tan presto el socorro , é de tan grande é ma-
yor número de gente que ellos eran. E que dado
que esto pudiesen sufrir, en ningún ¡caso podrían
sostener la mengua de los mantenimientos que to-
dos los días esperaban de las tierras lexanas. Las
quales cosas consideradas, é otrosí el asiento que
aquella víIIa tiene por parte del mar é de la tierra,
les parecía dif ícilo poderla combatir, sin tener grand
armada é aparejos por el mar. Lo qual le facían sa-
ber, porque no les imputase culpa, sí la villa no se
combatia. El Rey de Francia, oídas aquellas razo-
íies , mandó que quedasen algunas de sus gentes en
guarnición en la villa de Bayona, para que ficiesen
guerra á la provincia de Guipúzcoa, con propósito
de facer grand armada por mar para la tornar á si-
tiar : porque fué informado , que sí no ponia gran
guarda por el mar también como por la tierra , no
podría haber la villa. Dende en adelante los Fran-
ceses facían guerra á los Guipuzes , é los Guipuzes
á los Franceses: donde se recrecieron muertes, é pri-
siones de homes , é otros daños en el un señorío y
en el otro. En esta guerra los Guipuzes se mostraron
leales á su Rey , esforzados en las peleas , é libera-
les de sus bienes, porque mantovieron la guerra á
sus proprias espensas todo aquel tiempo que duró
la guerra. Sabido por el Rey, en como los France-
ses alzaron el real que tenian puesto sobre Fuenter-
rabía é que se habían retraído á Bayona, mandó
derramar la gente que tenía junta para facer el so-
corro que acordaba facer; y entró en las montañas, é
con él el Condestable Conde de Haro. E fizo justicias
en hombres criminosos é robadores, é mandó derri-
bar casas fuertes donde se facían fuerzas ; é dexó
en aquella tierra su justicia, é volvió para la cibdad
de Victoria, do vinieron algunos caballeros del Rey-
no de Navarra de la parte" del Conde de Lerin; los
quales ofrecieron de le dar la obediencia de la cib-
dad de Pamplona , é de otras muchas villas é luga*
res é fortalezas de aquel Reyno de Navarra que ellos
tenian. A los quales el Rey respondió, que no que-
ría recebir ninguna cosa que le fuese dada de aquel
Reyno, porque no le pertenecía , é conocía bien que
de derecho era del Rey Febus su sobrino; pero que
le placía entender en los debates que eran entre
aquel Conde de Lerin é los caballeros de su paren-
tela, y entre Mosen Pedro de Peralta, é los otros
caballeros de la suya, é los determinar, porque ea-
tovíesen en toda paz. E luego los fizo venir ante él,
é les puso treguas, é determinó entre ellos algunos
debates que tenian, los quales habían durado mu-
cho tiempo, do se recrecieron tantas muertes é ro-
bos é quemas de lugares en aquel Reyno de Navar-
ra , que casi estaba ya en punto de se perder. El Car-
denal de España que tenía amistad con el Rey de
Francia, deseando que cesasen aquellos rigores de
guerra entre Francia é Castilla, é ovíese concordia
entre los Reyes destos dos Reynos, según siempre
la ovo, embió á él un su Capellán , que era Vicario
de Festan, con el qual le escribió una letra en latín,
que decía ansí.
CAPÍTULO LIV.
La carta que embió el Cardenal de España al Rey de Francia pSra
que oviese paz entre Castilla é Francia.
ccChristianísimo é muy poderoso Rey é Señor: Los
«Castellanos, en especial los de las provincias do
«Guipúzcoa é Vizcaya, siempre tovieron guerra por
»mar é por tierra con los Ingleses vuestros ancianos
«enemigos, é contra los Portogueses sus aliados; é
«derramaron su sangre por conservación de la co-
»rona real de Francia vuestra, é de vuestros proge-
wnitores. Ved agora que aquella sangre que se der-
DON FERNANDO
wramó en favor vuestro , mandáis que se derrame
»por los vuestros , favoreciendo á los Portogueses
«que no son vuestros : esto os digo, Serenísimo Se-
))ñor: que ni la razón lo consiente, ni la humanidad
»lo puede sofrir. Pidoos por merced, Señor, que man-
»deis cesar la guerra por vuestra parte ; é yo temé
))acá manera con el Rey é con la Reyna de Castilla
»mis señores, que la manden ansimesmo sobreseer
))por algún tiempo , en el qual se dará aquella ór-
))den que cumpla á servicio de Dios , é á conserva-
Mcion de la loable paz é amistad que siempre ovo
«entre estos dos reynos, y entre los naturales dellos.
«Cerca de lo qual, mi Capellán os fablará mi inten-
Dcion, é ansimesmo os dirá en el estado que está la
«guerra que movió en Castilla el Rey de Portogal. »
Este Vicario, Capellán del Cardenal , que se lla-
maba Alonso Yanes , Tesorero de la Iglesia de Si-
güenza, llevó la letra, é fué é vino algunas veces al
Rey de Francia con este trato de concordia ; é al fin
asentó tregua por tiempo de un año, dentro del qual
viniesen diputados del Rey é de la Reyna á Fuen-
terrabía, é diputados del Rey de Francia á Bayona,
con poderes de amas las partes, para fablar en con-
cordia entre los Reyes de Francia é Castilla é sus
Reynos.
CAPÍTULO LV.
De las cosas que pasaron en el cerco de Ucles.
Durante los cercos que el Rey tenia sobre Canta-
lapiedra , y el Duque del Infantadgo tenia sobre el
alcázar de Madrid , el Conde de Paredes Don Rodri-
go Manrique, que se intitulaba Maestre de Santia-
go, fué á lo villa de Ucles, do es el Convento del
Maestradgo de Santiago en la provincia de Castilla,
y entró en la villa ; la qual é la fortaleza della esta-
ban por el Marqués de Villena. E la tenia por él un
su Alcayde que se llamaba Pero de la Plazuela ; el
qual fué requerido algunas veces por el Maestre,
que lo entregase la fortaleza pues era suya , é le
pertenecía de derecho como á Maestre de Santiago;
é ofrecíale grandes intereses é rentas si gela entre-
gase , porque es la principal , é cabeza del Maes-
tradgo de Santiago en la provincia de Castilla ; é
junto con los ofrecimientos, le puso grandes temo-
res si no la entregase. Este Alcayde , ni aceptó los
ofrecimientos , ni temió las amenazas ; é todas cosas
pospuestas, respondió, que no acudiría con ella, sal-
vo al Marqués de Villena bu señor, que gela había
encomendado. El Maestre vista la intención final
de a^uel Alcayde , entró en la villa , é acordó de
poner sitio sobre la fortaleza , é puso sus estanzas
contra ella de dentro de la villa é por defuera. El
Alcayde púsose en defensa quanto pudo , é con la
gente que con él estaba facía gran daño en las es-
tanzas del Maestre , porque las había puesto muy
cercanas á la fortaleza. Este cerco duró por espacio
de dos meses , en los quales ovo grandes fechos de
armas ; porque aquel Alcayde era home esforzado, é
sabia bien en que tiempos , ó porque lugares había
4e Bi^lir á dar en los que guardaban las estanzas. Al
É DOÑA ISABEL. 307
fin, no se pudiendo mas sostener por la falta que
tenia de los mantenimientos, embió á decir al Mar-
qués de Villena que estaba en la villa de Alcalá de
Henares con el Arzobispo de Toledo , que viniese
á socorrer su fortaleza, porque le faltaban ya los
mantenimientos, é no la podía sostener. E certifi-
cóle, que él é la gente que con él estaba, había mas
de quince dias que otra cosa no comían sino pan
é agua mucho dañada, que ya no se podía beber
sino con gran daño de las personas. Ansimesmo que
le fallecían muchos homes de los que gela ayuda-
ban á defender, dellos muertos, dellos feridos, é al-
gunos dolientes del poco é dañado mantenimiento
que comían. El Marqués de Villena, considerando
quanto le compila tener aquella fortaleza, por ser
la principal de todo el Maestradgo de Santiago,
acordó de la socorrer. E comunicólo con el Arzobis-
po de Toledo , en el qual falló presta el ayuda para
en aquel socorro, porque si aquella fortaleza de Ucles
fuese tomada, á él é á su estado, é al partido que
seguía vernia gran daño ; y especialmente enflaque-
cerían las fuerzas á López Vázquez de Acuña su
hermano, que estaba apoderado de la cibdad de
Huete. E luego juntaron fasta tres mil homes á ca-
ballo , é quatro mil peones para el socorro de aque-
lla fortaleza. Lo qual sabido por el Maestre , quiso
conocer el ánimo de los caballeros é capitanes que
con él estaban cerca de aquella afrenta que espera-
ban, é demandóles su parecer. Algunos dellos le
consejaron, é aun le requirieron , que pues los con-
trarios traían gente que pujaba á la suya , no debía
cometer su persona ni su gente á la fortuna ; por-
que do la ventaja era tan parecida, le seria impu-
tado mas á presumpcion indiscreta, que á esfuerzo
de caballero. E que conociendo el tiempo, que la
prudencia en tales casos debe mirar, les parecía que
debía dexar por agora aquella demanda , con espe-
ranza de volver á ella fornecido de tanta gente, que
ninguna otra gela pudiese forzar. E que si por ven-
tura este no le parecía consejo convinieníe,le roga-
ba que él quisiese poner su persona en salvo, é de-
xase en la villa con aquella su gente á uno de sus
hijos ; con el qual ellos quedarían, é pornian sus
personas á todo peligro por la defender. El Maestre
era buen caballero , é toda la mayor parte de su vi-
da gastó en guerra de moros é de christíanos, don-
de ganó por las armas mucha honra. E consideran-
do, que retraerse de aquello que había principiado,
le era gran mengua, pospuestos todos inconvínien-
tes que le presentaban , acordó de esperar al Arzo-
bispo é al Marqués. E dixo á aquellos caballeros,
que no se retraería ni alzaría el sitio : porque él te-
nia confianza en Dios , y en la Virgen gloriosa su
madre, y en el Apóstol Santiago, que le ayudarían
á sostener aquello que con derecho é intención bue-
na había comenzado proseguir en servicio de Dios
é del Rey é de la Reyna, y en utilidad é conserva-
ción de las cosas de aquella su Orden. E fizo luego
fortificar las estanzas, que por de dentro de la villa
tenía puestas contra la fortaleza, é guardar las
puertas é muros della, ó barrearlas calleaj é diputó
308
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
capitanes ó gente en cada una para las guardar. El
Arzobispo y el Marqués , no creyendo que el Maes-
tre de Santiago esperaría la fuerza de su gente ,
quando sopieron que los esperaba é se ponia en de-
fensa , llegaron con sus gentes fasta la villa por la
parte de la fortaleza, é ficieron apear mucha de
aquella gente de armas que traian. Los quales en-
trarou en la fortaleza por parte de fuera; ó ausi en-
trados, comenzaron á salir á pelear con los de las
cstanzas que estaban puestas contra la fortaleza por
de dentro de la villa. La qual pelea duró desde la
mañana fasta la noche, do cayeron muchos de la
la una parte ó de la otra , en especial de los del Ar-
zobispo é del Marqués , por la dispusicion de los lu-
gares, que ayudaba mucho á los del Maestre á de-
fender la entrada de la villa por las cavas é defen-
eas que tenian fechas. Lo qual visto por el Arzobis-
po é por el Marqués, é conociendo que no podian
entrar en la villa, aunque muriesen muchos de los
suyos, retraxéronse á la fortaleza, é dexaron de pe-
lear por aquellas partes, por las quales la entrada
en la villa veian que les era peligrosa. E porque no
hablan traido viandas parala bastecer, pensando
que el Maestre no esperaba en el sitio, acordaron de
sacar la gente que estaba enferma en la fortaleza,
é los que no eran para pelear, é dexaron en ella otra
gente , la mejor que fallaron para la defender. E
partieron de allí, con propósito de tornar luego á la
bastecer de los mantenimientos que fuesen necesa-
rios, é para traer algunos pertrechos é artillería, que
derribasen aquellas estanzas que les impedían la
pasada desde la fortaleza á la villa. E la ira que
concibieron contra el Maestre, por no haber conse-
guido el efeto que deseaban, é porque dexaban la
fortaleza menguada de mantenimientos, les fizo po-
ner presta diligencia para volver luego á la proveer;
y en espacio de veinte dias tornaron con la gente
que tenian , é con toda la mas que pedieron haber^
con intención de combatir las estanzas y entrar en
la villa. Lo qual sabido por el Duque del Infantad-
go, que estaba en el sitio que tenia puesto sobre el
alcázar de Madrid ; considerando que con las gen-
tes é pertrechos que el Arzobispo y el Marqués lle-
vaban, podian desbaratar al Maestre, de lo qual se
seguia deservicio grande al Rey é ala Reyna, éá él
podría venir gran daño en el cargo que tenía, si en
aquella facienda el Arzobispo y el Marqués queda-
sen victoriosos ; acordó de embiar á Don Hurtado
de Mendoza su hermano , con gente de caballo é de
pié en ayuda del Maestre, porque no recibiese daño
en aquella necesidad. Este capitán Don Hurtado,
como sopo que el Arzobispo y el Marqués eran
partidos de Alcalá, luego partió de Madrid con gen-
te para los resistir. Y en llegando el Arzobispo y el
Marqués quanto dos leguas déla villa de Ucles, lle-
gó Don Hurtado cerca do aquel lugar, é puso toda
su gente entre la fortaleza é los contrarios para les
impedir la entrada , y embió á facer saber al Maes-
tre su venida. Como el Maestre sopo de la gente
que el Duque del Infantadgo embiuba en su fa-
vor, tomó grand esfuerzo , é mudó el consejo quo
primero tenia de los esperar dentro en la villa ; ó
dexadas sus estanzas bien fornecidas, con toda la
otra gente salió al campo , é juntóse con el capitán
Don Hurtado , é ordenó sus batallas para 'pelear
con el Arzobispo é con el Marqués. El Arzobispo y
el Marqués, apercebida é amonestada toda su gente
la pusieron en orden de batalla. Esto ya era bien
cerca de la noche, la qual les impedía que no aco-
metiesen los unos á los otros : porque cada uno se
fortificó, é puso enlugareslos mas seguros que pudo
para tener ventaja al otro. E ansí estovieron los
unos é los otros las lanzas en las manos , é dispues-
tos para la pelea, fasta la media noche, sin acome-
ter los unos contra los otros. El Arzobispo y el Mar-
qués, considerando que no podían entrar en la for-
taleza sin pelear, é que de la pelea geles podía se-
guir gran daño por la gente del Duque del Infan-
tadgo que había recrecido en ayuda del Maestre, ni
menos podían proveer la fortaleza de los manteni-
mientos que traian , é otrosí , considerando que sus
gentes é caballos estaban fatigados de los días é no-
ches pasadas , recelando ser vencidos, si venido el
día el Maestre é Don Hurtado los acometiesen, acor-
daron de volver á un castillo que estaba cerca que
se llamaba Castíl de Acuña , que era de Lope Váz-
quez hermano del Arzobispo. E como el Maestre vido
que el Arzobispo y el Marqués volvían las espaldas,
mandó algunos caballeros que fuesen empos dellos;
los quales les ficieron algún daño en el fardage, é
ficleran mas salvo por ser de noche , é tan escura
que no podían mas seguirlos sin recebir daño. Otro
día por la mañana, visto por el Arzobispo é por el
Marqués, que no podian socorrer la fortaleza ni la
bastecer, acordaron de volver para Alcalá. El Al-
cayde conociendo que no le podian socorrer, ni te-
nía mantenimientos para se sostener, sin procurar
ni recebir interese de los que el Maestre le ofrecía,
acordó de entregar la fortaleza , solamente con par-
tido de la vida suya é de los que con él estaban , é
los bienes que tenian en la fortaleza, y el Maestre
gelo otorgó.
CAPÍTULO LVL
Como el Rey de Portogal fué á su Reyno , é dende partió para el
Reyno de Francia.
El Rey de Portogal , vista la poca ayuda que fa-
lló en el Arzobispo de Toledo, y en el Duque de
Plasencía, y en el Marqués de Villena , y en otros
caballeros Castellanos que le habian metido en Cas-
tilla, é como las cosas no le sucedieron según él
pensaba y ellos le habían prometido ; é ^rque
aquel Juan de Ulloa que había entregado la cibdad
de Toro era muerto, el qual murió sópitamente,
acordó de dexar en guarda de la cibdad de Toro al
Conde de Marialva, é ansimesmo poner alguna gen-
te en las fortalezas que por él estaban, para que fi-
ciesen guerra en los lugares de la comarca. Y él
partió de aquella cibdad para su Reyno de Porto-
gal, é llevó en su poder á Doña Juana su sobrina; é
luego como fué en su Reyno , pensando que seria
DON FERNANDO
gran mengua si dcxase la empresa de Castilla que
habia comenzado, para la qual no tenia aquella fa-
cultad de gente ni de dinero que era necesaria, te-
niendo ansimesmo gran confianza en las promesas
é juramentos que el Bey de Francia le habia fecho
para haber los Reynoe de Castilla , acordó de ir en
persona á él. É mandó aparejar algunas naos , é
f oruecerlas de pertrechos é bastimentos , é de las
otras cosas necesarias para el navegar ; é fué para
el Reyno de Francia, con ciertos caballeros é oficia-
les de su casa en número de docientas personas. E
desembarcó en la Provenza en un puerto que se
dice Marsella , é de allí fué por tierra del Rey de
Francia fasta la villa de Torres (1) en Torayna. Sa-
bido por el Rey de Francia en como el Rey de Por-
togal era venido, luego mandó á ciertos caballeros
de su casa, que fuesen á él á le acompañar é servir;
é que le dixesen que le placia de su venida , é le
rogaba que estoviese en aquella villa reposando del
trabajo de su camino, fasta que le viniese á ver é
fablar. Dende á pocos dias vino el Rey de Francia
á aquella villa de Torres, é mandó á los caballeros
que embió acompañar al Rey de Portogal, que cuan-
do fuese á su posada á le ver, no le consintiesen sa-
lir de la cámara do estaba para le facer ninguna ce-
rimonia. É como el Rey de Portogal sopo que el
Rey de Francia venia á le ver, quiso salir á le re-
cebir, é aquellos caballeros Franceses que con él
estaban, no gelo consintieron; pero no pudieron
sus palabras tanto resistirle , que no saliese fasta
la puerta de su cámara , é allí so vieron é abraza-
ron. E después de las primeras salutaciones, el Rey
de Portogal le dixo : Señor, todos mis ^abajos reputo
á gran prosperidad, pues fueron causa que viese la
presencia vuestra , que era el deseo mayor que jamas
tove. El Rey de Francia le respondió : Qtce él ansi-
mesmo daba gracias á Dios, é se reputaba por el Rey
mas bienaventurado del mundo, porque veia al Prín-
cipe mas noble é virtuoso que habia en la christiandad.
E dichas aquellas palabras por el uno é por el otro,
el Rey de Francia le fizo grandes ofrecimientos y el
Rey de Portogal gelos regradeció mucho ; é de allí
se partieron , el Rey de Francia para su posada , é
no consintió que el Rey de Portogal le ficiese nin-
guna cerimonia , ni saliese con él de su cámara.
CAPÍTULO LVII.
De las cosas que pasaron enlre el Rey de Francia y el Rey
de Portogal.
Fecho aquel recebimiento , é pasados algunos
dias, el Rey de Francia partió de la villa de Torres,
é fué á4a cibdadde Paris, por dar orden en la guer-
ra que tenia cerca de aquellas comarcas con el Du-
que de Borgoña. El Rey de Portogal fué ansimes-
mo para Paris (2), donde el Rey de Francia estaba.
(1) Tours, ciudad Arzobispal en Turena y capital de aquella
provincia.
(i) La Crónica de Luis XI , llamada Escandalosa , señala la en-
trada del Rey de Portugal en Paris Sábado 23 de Noviembre de
Ule, y describe con particularidad las ceremonias con que fué
recibido. Lenglet, Tom. II des Uemoir. de Comin., p. 135.
É DOÑA ISABEL. 309
El qual por sus mensageros le embió á decir que
bien sabia quanto los Reyes eran obligados de se
ayudar unos á otros, en especial para que sus sub-
cesores heredasen sus reynos pacíficamente, de ma-
nera que ninguno tiránicamente gelos ocupase. É
que si esta general obligación ligaba á él como
á rey, también le obligaba como á príncipe virtuoso,
de quien tantos fechos notables por el mundo se
predicaban ; é mayormente le obligaba el amistad
é confederación que con él tenia, como con Rey de
Castilla. É que sabia bien, que el Rey Don Enrique
dexó por su fija legítima é subcesora de los Reynos
de Castilla é de León á la Reyna Doña Juana su
sobrina, á quien él tomaba por muger, la qual ha-
bia seydo jurada en concordia por heredera de
aquellos Reynos, después de los dias de su padre ; é
que el Rey Don Fernando de Sicilia , é la Reyna
Doña Isabel su muger, los tenían ocupados é usur-
pados, intitulándose Rey é Reyna dellos sin tener
para ello título ni derecho alguno. É que si á esta
tan grand injusticia se diese lugar, ¿cuál heredero
seria seguro de la herencia de su padre ? en especial
de la subcesion de los reynos , donde los hermanos
menores tomarían osadía de usurpar los reynos á los
legítimos é verdaderos subcesores : de que Dios se-
ria deservido, y en las tierras se siguirian grandes
divisiolies é den-amamientos de sangre. Represen-
táronle ansimesmo la enemiga que el Rey é la Rey-
na tenían con él por causa del Condado de Ruise-
llon ; é que si les consintiese haber pacíficos los
Reynos de Castilla con los Reynos de Aragón é de
Cataluña, é de Valencia, que esperaban heredar, se-
rian muy poderosos, é que ligarían en amistad con
el Rey de Ingalaterra, ifarian guerra á sus Reynos
de Francia por muchas partes, ansí por cobrar el
Condado de Ruisellon que les tenia ocupado , como
por se vengar de la guerra que les habia mandado
facer en la provincia de Guipúzcoa y en especial en
la villa de Fuenterrabía. Por ende le rogaba é le
requería por el amistad é confederación que con él
tenia, que le diese socorro é ayuda de gente para re-
cobrar los Reynos de Castilla ; en los quales decía
que él tenia gran parte de caballeros é perlados
principales de aquellos reynos , ó algunas cibdades
é fortalezas que estaban por él , ó otras muchas que
se reducirían á su servicio é obediencia, si le viesen,
como le esperaban ver, tomando al reyno con gran
poder de gente.
Como esta demanda que se facía por parte del
Rey de Portogal , era de grand importancia , quiso
primero el Rey de Francia deliberar sobre ella al-
gunos dias. E al fin respondió que él estaba impe-
dido por estonces en las guerras que tenia con el
Duque de Borgoña, y en las que esperaba haber
con el Rey de Ingalaterra ; en las quales, é ansimes-
mo con la gente de armas que por le ayudar tenia
puesta en Bayona contra la provincia de Guipúzcoa,
tenia ocupados muchos de sus caballeros; é que él
estaba en propósito de le ayudar , é dar gente con
que pudiese conseguir el efeto de su conquista. Pe-
ro que le parecía para mejor fundamento de su de-
310
manda, que ante todas cosas él se debia casar con
su sobrina ; porque ante de ser casado con ella, no
se podría intitular Rey de Castilla , ni él era obli-
gado de le ayudar como su amigo é confederado,
fasta que justa é legítimamente oviese título de
Rey de aquel Reyno. É pues el casamiento con su
sobrina no se podía facer sin haber primero dispen-
sación del Papa , esta se debia procurar ante todas
cosas : la qual habida, y él legítimamente casado
con ella, estonces podría con derecho intitularse
Rey de Castilla, é como Rey de aquellos Reynos
hermano é confederado suyo, le podría é con razón
le debria ayudar.
Esta respuesta habida , como quiera que el Rey
de Portugal conoció que era forma de dilación, por-
que según los ofrecimientos por palabra é obliga-
ciones que tenia por escripto del Rey de Francia,
pensaba que luego le diera gente para venir en Es-
paña ; pero porque al no pudo facer , le replicó , que
él decía muy bien, é que se debia ansí facer, é para
lo poner luego en obra , por parte del un Rey é del
otro, fueron embiados embaxadores á Roma. Los
quales propusieron su embaxada ante el Santo Pa-
dre, é le suplicaron que le ploguiese dispensar con
el Rey de Portogal , para quo pudiese casar con
aquella Doña Juana su sobrina. Esta embaxada sa-
bida en corte Romana, ovo alguna alteración entre
los de la nación Francesa é Portoguesa de la una
parte , é los de España de la otra ; é fué mucho re-
pugnada é contradicha por los embaxadores del
Rey é de la Reyna que estaban en Roma. En espe-
cial por un Datario del Papa, que se llamaba Don
Francisco Obispo de Coria, Maestro en santa Teolo-
gía, gran letrado é natural <Je la cibdad de Toledo:
el qual puso conclusiones en Roma , por las quales
se ofreció á defender, que no se debía conceder
aquella dispensación, por los escándalos é muertes
que della evidentemente se siguían , 6 por el dere-
cho claro que la Reyna tenia al Reyno. Este Obis-
po Datario, con los otros embaxadores del Rey é de
la Reyna, impidieron por estonces que no se diese la
dispensación. Pero porque el Papa estaba en nece-
sidad del Rey de Francia, é le quiso por estonces
gratificar ; é ansimesmo porque algunos cardenales
é otros oficiales que estaban cerca del Papa , eran
quexosos del Rey de Aragón, padre del Rey, por
causa de la posesión de algunas dignidades que les
impedia en sus Reynos de que eran proveídos, por-
que las provisiones habían seydo fechas por el Pa-
pa contrarias á su suplicación ; estos , en lo secreto,
dieron á entender al Papa , que debia dar aquella
dispensación. El Papa, por información é consejo
destos que tenian lugar cerca del , la concedió no
nombrando persona alguna, salvo dispensando con
aquella Doña Juana , que pudiese casar con qual-
quier debdo suyo dentro del quarto grado. Esta dis-
pensación fué dada en Roma tan secretamente, que
ninguno sopo della , salvo dos ó tres á quien fué re-
velado é mandado por el Papa so pena de escomu-
nion que no lo descubriesen fasta que fuese traída
al Rey de Francia é al Rey de Portogal. Quiso el
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA,
Rey de Portogal ansimesmo gratificar al Rey de
Francia, é ofrecióse de ir al Duque de Borgoña su
primo, con quien tenia guerra , para le reconciliar
con él é quitar de entre ellos toda materia de dis-
cordia, porque el Rey de Francia estoviese mas li-
bre para le ayudar en su conquista. É luego el Rey
de Portogal fué para el Ducado de Lorena , que es
en los confines de Alemana , donde el Duque de
Borgaña estaba faciendo guerra al Duque de aque-
lla tierra de Lorena. É f abló con él cerca de los de-
bates que tenia con el Rey de Francia, para dar me-
dio alguno de concordia entre ellos. É después que
se despidió del é tornando para el Rey de Francia,
casi á una jornada de donde se había partido, ovo
nueva como le habían muerto en una batalla que
ovo con aquel Duque de Lorena. Sabida por el Rey
de Portogal aquella nueva , continó su camino para
la cibdad de París, do estaba el Rey de Francia. El
qual luego que sopo la muerte del Duque de Bor-
goña, aderezó su exército, é lo embió por tres partes
á tomar el Ducado de Borgoña que decia pertene-
cerle, por quanto el Duque murió sin dexar fijo va-
ron legítimo que lo debiese heredar ; é por aquella
causa decía el Rey, que el Ducado de Borgoña tor-
naba á la corona real de Francia. Veyéndose el Rey
de Francia ocupado en tomar este Ducado de Bor-
goña, dilató el ayuda que le pedia el Rey de Porto-
gal ; é decíale que se viniese para España, é que se
casase con su sobrina por virtud de la dispensación
que tenia ; porque casado con ella, estonces como á
Rey de Castilla le podía ayudar, lo que no po-
día facer justamente no seyendo con ella ca-
sado.
El Rey de Portogal (1) que esperaba ser grande-
mente ayudado del Rey de Francia, y esperaba an-
simesmo volver á Castilla con gran número de
Franceses, vista aquella respuesta del Rey de Fran-
cia, muy lexana del pensamiento que le había mo-
vido á venir en persona á él, cayó en tan gran cui-
dado, que pensó apartarse del mundo en alguna re-
ligión, E poniendo este su pensamiento en obra,
despidió los suyos para que volviesen á Portogal,
con los quales escribió al Príncipe su fijo, que su
propósito era do se apartar del mundo y entrar en
religión : por ende que tomase la gobernación del
Reyno, é se intitulase Rey de Portogal. Y él se
apartó en un lugar con dos servidores suyos á quien
descubrió su propósito. Algunos decían que su in-
tención era de se meter en religión en el santo se-
pulcro de Hierusalem. Sabido esto por algunos ca-
balleros é otros oficíales sus criados que habían ve-
(1) Felipe de Cominos, que se hallaba á esta sazón en Francia y
fué uno de los Diputados para los tratos de arabos Reyes, dice
que el de Portugal, viendo que se ponían dilaciones á su preten-
sión , llegó á temer que ci de Francia queria prenderle y entre-
garle á su enemigo el de Castilla, y se huyó de Francia disfrazado,
tomando el camino de Roma para ponerse religioso. Conociéron-
le en Norraandía, y el Rey de;Francia, noticioso del hecho, le
mandó conducir á su Reyno con navios de su nación. Los Histo-
liadores Portugueses callan este viage á Francia y su salida, y
aun se arrogan la victoria de la batalla de Toro. Comin,, Memoir.,
lib. V, cap. 7, Faria, Hist. de Port., P. IIl, cap. 13.
DON FERNANDO
nido con él , fuéronle á buscar , é falláronlo en un
lugar de Francia, del qual quería ya partir para se-
guir su camino de Hierusalem. É fablaron con él é
reprobaron mucho aquel propósito que tomaba, en
especial el Conde de Faro le dixo que aquella mu-
danza tan grande que de su persona quería facer,
mas seria reputada por todo el mundo á flaqueza
que á devoción, por ser focha en tiempo que las co-
sas no sucedían á su voluntad. E que todos los bo-
rnes, mayormente los Reyes, están obligados á los
golpes de la fortuna ; los quales deben estar arma-
dos con fuerza de ánimo para sofrir tan bien la
adversa como la próspera , é no deben mostrar fla-
queza por ningún infortunio que venga, el qual
muchas veces viene á los buenos por permisión de
Dios para los enmendar, pero no para los desesperar
de tal manera , que si pierden los bienes y el seño-
río , pierdan el corazón é buen entendimiento con
que se cobran. É con estas razones , dándole gran-
des esperanzas de la fortuna que le seria favorable
en lo por venir, como le había seydo adversa en lo
presente é p asado, le retraxeron de aquel propósi-
to ; é consejáronle , que pues el Rey de Francia no
respondía á su amistad según del esperaba , debía
venir para su Reyno, donde recobrara mayores
fuerzas para conseguir el efeto de su empresa. El
Rey de Portogal condescendió á los ruegos é conse-
jos del Conde de Faro é de aquellos otros caballe-
ros suyos, que en esto le consejaron ; y embióse á
despedir del Rey de Francia, é vino por mar para
su Reyno de Portogal.
CAPÍTULO LVIII.
De las cosas que pasaron en el año de mil é qnatrocientos é se-
tenta é siete años, é como la Reyna mandó poner guarniciones
contra la cibdad de Toro.
En el afio siguiente del Sefior de mil é quatro-
cientos é setenta é siete años, entretanto que el Rey
de Portogal estaba en Francia entendiendo en las
cosas que habernos recontado , porque la Reyna que
estaba en Tordesillas, sopo que en Toro no habia
mas de trescientos homes á caballo, que habían
quedado en guarda de la cibdad con el Conde de
Marialva, fué consejada por algunos caballeros, que
debía embiar á combatir la cibdad por muchos lu-
gares ; pensando que como tenia gran circuito , los
de dentro no podrían socorrer á todas partes, é se
entraría á escala vista. La Reyna por consejo de
aquellos caballeros, embió gente de armas con el
Almirante Don Alonso Enríquez tio del Rey, é con
Don Rodrigo Alonso Pimentel Conde de Benaven-
te, é comenzaron el combate un dia por la mañana
al alba del día. Los Portogueses que estaban aper-
cebidos para la defensa, f ornecieron los lugares por
do entendían ser combatidos de mucha gente , é de
los pertrechos é defensas que les eran necesarias. Y
en espacio de cinco horas que el combate duró, los
Castellanos recibieron tan gran daño de los Porto-
gueses que no pudieron por ninguna de las partes
que combatían entrar en la cibdad. El Almirante y
É DOÑA ISABEL. 311
el Conde , visto que muchos de sus criados, é de las
otras gentes que con ellos estaban en aquella f a-
cíenda eran muertos é f eridos , é quanto mas se es-
forzaban al combate , tanto mayor daño recibían,
acordaron de se retraer, é se volver para Tordesi-
llas. La Reyna veyendo que la cibdad de Toro no
se pudo tomar, mandó poner guarniciones de gen-
tes contra los que estaban en aquella cibdad ; las
quales mandó que estoviesen en esta manera. Á un
capitán que se llamaba Pedro de Velasco, con la
gente de su capitania, mandó que estoviese en Sant
Román de Ornija. Á Don Fadríque Manrique, con la
gente de su capitanía, que estoviese en una aldea
que se llama Pedrosa. A Vasco de Bivero é á Juan
de Biedma , mandó que estoviesen en Becanes. Al
Obispo de Ávila, é á Alonso de Fonseca, mandó es-
tar con su gente en Alahejos. Y ella quedó en Tor-
desillas, é con ella el Cardenal de España, y el Al-
mirante, y el Conde de Benavente, con toda la otra
gente de la hueste.
CAPÍTULO LIX.
De las cosas qne pasaron en Segovia , cuando Maldonado se álzA
con el alcázar.
El Rey é la Reyna habían dexado todos estos
tiempos pasados á la Princesa Doña Isabel su fija
en poder del Mayordomo Andrés de Cabrera , é de
Doña Beatriz de Bovadílla su muger , que tenían
por ellos la cibdad de Segovia é su alcázar; en el
qual había estado por Alcayde puesto por el Mayor-
domo un caballero que se llamaba Alonso Maldo-
nado ; é después el Mayordomo quitóle la tenencia
é puso por Alcayde á Mosen Pedro de Bobadílla su
suegro. Aquel Alonso Maldonado (1), veyéndose
desapoderado de la tenencia del alcázar, sintiólo á
gran mengua ; é pensó que en aquellos tiempos de
guerras é turbaciones qualquier hazaña habia lugar
de cometer, é que podría salir con ella ; é imaginó
de tomar por alguna traycion el alcázar é la Prin-
cesa que estaba ende aposentada, á fin que le
fuese fecho algún partido por parte del Rey ó de la
Reyna , ó por parte del Rey de Portogal. É como
tenía libertad de entrar quando quería en el alcá-
zar, porque aquel Mosen Pedro que le tenia, no sos-
pechaba del ninguna traycion , un dia que conoció
estar en el alcázar pocos hombres, pidió licencia al
Alcayde Mosen Pedro que le dexase sacar una pie-
dra grande que estaba en el alcázar , el qual gela
otorgó. É para gela ayudar á sacar, entraron con él
quatro hombres con armas secretas , los quales lue-
go en entrando mataron al portero que guardaba la
puerta , é le tomaron las llaves é fueron para el Al-
(1) Este suceso y la toma de Toro deben referirse al afio ante-
cedente, como apunta Galindez en el sumario de este año , y Col-
menares, que vio la cédula original dada con este motivo. Sucedió
lo de Segovia en 2 de Agosto de 1476, y la Reyna permanecirt allf
hasta 27 de Setiembre, que le llegó la noticia de la toma de Toro,
que habia sido Jueves en la noche á 19 del propio mes. Galind.,
año 1476. Colmenares, Hist. de Segovia, cap. Zi, pag, 424. Zurita,
lib. 19, cap. 52 y 58.
312 CRÓNICAS DE LOS
cayde Mosen Pedro é prendiéronle. Los hombres de
Mosen Pedro que estaban en el alcázar, como cono-
cieron la traycion de aquel Maldonado, é veyendo á
8U señor preso, pensando que era mas número de
gente con él en la traycion , no les vino en aquel
momento otro consejo , salvo ir luego á una torre
donde estaba la Princesa, ó apoderáronse della con
propósito de la defender fasta que fuesen socorri-
dos. Aquel Maldonado como tenia preso al Alcay-
de, fué luego con él para aquella torre do estaba la
Princesa por se apoderar della , é no lo pudo facer
por la resistancia que ficieron los homes del Alcay-
de , que se hablan della apoderado. El Maldonado,
vista la resistencia que los del Alcayde facian, co-
metió de matar al Alcayde , á fin de que los suyos
le entregasen la torre. Los homes que dentro esta-
ban, con grand osadía defendieron aquella torre do
estaba la Princesa , no faciendo mención alguna de
la vida del Alcayde. Visto por aquel Maldonado
que no podia haber la torre do estaba la Princesa,
apoderóse de lo otro que pudo e» el alcázar. Esta
voz fué luego por toda la cibdad, é todos los caba-
lleros é cibdadanos se pusieron en armas, é vinieron
para el alcázar en gran número. Aquel Maldonado
como se vido con tan pota gente , porque no tenia
sino solos quatro homes, é pensó que no podia guar-
dar el alcázar con ellos, tomó seguridad de algunos
de la cibdad, en especial de uno que se llamaba Juan
de la Hoz, é de otro que se llamaba Juan del Rio, é
de Fernando del Rio su hermano , que eran vecinos
de la cibdad, é de otros algunos que tenian gran pa-
rentela en ella, é dexólos entrar dentro con sus gen-
tes. Los quales se apoderaron de todo lo mas que
pudieron del alcázar, pero no pudieron apoderarse
de la torre, ni de la parte donde estaba la Princesa,
porque aquellos homes de Mosen Pedro que la ha-
blan tomado, la defendían. É ansí estovo en este es-
cándalo la cibdad é la fortaleza por espacio de un
dia. E luego el Obispo de aquella cibdad, que se lla-
maba Don Juan Arias , que estaba fuera della por
los debates que tenia con el Mayordomo Andrés de
Cabrera, entró en la cibdad ; é juntáronse con él to-
dos los caballeros , é la mayor parte del pueblo ; á
los quales traia el Obispo á su opinión contra el Ma-
yordomo é contra los que eran de su parte, dándoles
á entender que no era cosa de sofrir el mando ni la
administración de la justicia, é las otras opresiones
que el Mayordomo é sus oficiales facian. B luego el
pueblo, que quando está alborotado, ligeramente es
traído á facer insultos , en especial con el favor que
fallaban en el Obispo, combatieron las puertas de
la cibdad, en especial la puerta de Sant Martin é la
puerta de Santiago que tenian los del Mayordomo,
é luego las tomaron. Otra puerta que se dice de Sant
Juan, no la pudieron tomar, porque era mas fuerte,
y estaba mejor proveída de defensas.
Esto sabido por la Reyna que estaba en Tordesi-
Uas, luego á la hora cabalgó, é con ella el Cardenal
de España y el Conde de Benavente, é vino á Sego-
via. E como fué cerca de la cibdad, é se sopo por
el Obispo é por los caballeros della que la Reyna
REYES DE CASTILLA.
venia, embiaronle á suplicar dos cosas. La primera,
que no quisiese entrar en la cibdad por la puerta de
Sant Juan que tenia el Mayordomo Andrés de Ca-
brera, salvo por una de las puertas que el pueblo
habia tomado. La otra suplicación fué, que le plo-
guiese mandar al Conde de Benavente é á Doña
Beatriz de Bovadilla, muger del Mayordomo, que
no entrasen con ella en la cibdad, porque el Conde
era grande amigo del Mayordomo é de su muger, é
por esta razón era muy sospechoso al pueblo. El
qual estaba tan alterado y escandalizado, que si otra
cosa la Reyna ficiese, podria seguírsele gran deser-
vicio : especialmente porque de la mayor parte del
alcázar estaban apoderados aquellos cibdadanos que
se habían juntado con el pueblo ; é que todos los
mas de los caballeros é principales della estaban
odiosos al Mayordomo é á su muger. E con estas
razones, los que iban por parte de la cibdad á la
Reyna, le ponían grandes temores é le consejaban
que debía tener grato al pueblo é complir sus peti-
ciones, á fin que no oviesen lugar de errar contra
su servicio ; porque si una vez errasen, el miedo de
la pena les f aria perseverar en el yerro. E con estas
razones que decían á la Reyna, se trabajaban de la
indinar contra el Mayordomo é contra su muger,
para que le quitase el alcázar, é las puertas , y el
cargo que tenía de la justicia de la cibdad ; porque
constreñida por la necesidad que tenia presente,
diese el cargo de todo ello á aquellos principales de
la cibdad, que traían el pueblo á lo que querían. La
Reyna que conoció bien el engaño que aquellos
principales facían , para conseguir con voz del pue-
blo lo que á ellos compila, respondióles ansí : « Decid
)) vosotros á esos caballeros é cibdadanos de Sego-
»via, que yo soy Reyna de Castilla, y esta cibdad
« es mía, é me la dexó el Rey mi padre ; é para en-
» trar en lo mío no son menester leyes ni condicio-
» nes algunas, de las que ellos me pusieren. Yo en-
» traré, dixo la Reyna, en la cibdad por la puerta que
» quisiere ; y entrará comigo el Conde de Benaven-
»te, é todos los otros que entendiere ser complídero
ȇmi servicio. Decidles ansimesmo, que vengan
» todos á mí , é fagan lo que yo les mandare , como
» leales subditos, é se dexen de facer alborotos y es-
» cándalos en mi cibdad , porque dello geles puede
)) seguir daño en sus personas é bienes.)) E respon-
diendo esto, entró en la cibdad , é con ella el Carde-
nal y el Conde de Benavente, é luego fué para el
alcázar. La gente que había dentro estaba partida
en dos partes : en la una estaba la Princesa con los
homes de aquel Mosen Pedro de BobadíUa, é otros
algunos, que á la hora se mostraron de la parte del
Mayordomo, que defendían aquella parte ; y en la
otra estaban aquellos cibdadanos que habemos di-
cho que se apoderaron de cierta parte del alcázar.
Y entre los unos é los otros habia tan gran confu-
sión y escándalo, que no había lugar para lo pacifi-
car : porque la furia que ala hora tenian, les priva-
ba el entendimiento para obedecer á la Reyna como
debían. El Cardenal é los otros que la acompañaban,
estaban puestos en gran turbación, é no sabían que;
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL.
remedio dar para que aquel escándalo fuese pacifi-
cado. Estando las cosas en este estado, por parte del
Obispo é de aquellos otros cibdadanos, fué movido
todo el pueblo, dándoles á entender que á la Reyna
placia que todos á una voz se juntasen á le suplicar
que quitase al Mayordomo la tenencia del alcázar
é las puertas é la justicia de la cibdad, é lo diese á
homes cibdadanos é naturales della, que lo guarda-
sen para su servicio mejor que el Mayordomo ni los
Buyos lo hablan fecho. E con esta demanda venia
toda la multitud del pueblo, los quales llegaron á
la puerta del alcázar, demandando que les abriesen.
E partidos en partes, los unos con furia decian:
«Combatámoslas torres 6 pongamos á espada todos
»los del Mayordomo»; los otros tomaban consejos
varios é malos. El Cardenal y el Conde de Benaven-
te, é los caballeros é capitanes que estaban con la
Reyna, le dixeron : «Señora, si dais lugar que algu-
» nos de los que allí vienen entren en el alcázar, de
» creer es que cometan algún grand insulto en vues-
» tro deservicio, é mal de todos los que aquí esta-
» mos, porque vienen mas armados de furia que de
» razón. Por ende, mandad que se guarden las puer-
«tas, porque ninguno dellos pueda entrar.» Oidas
estas palabras por la Reyna, é conocida la turba-
ción de aquellos que con ella estaban, luego se le-
vantó, é dixo al Cardenal ó al Conde é á los otros
caballeros, que no se apartasen de aquel lugar do los
dexaba. Y ella fué para el patin del alcázar, é con-
tra el parecer de aquellos caballeros que con ella es-
taban, mandó que abriesen las puertas para que en-
trasen todos quantos pudiesen entrar. E luego fué
un mensagero que les dixo : « Amigos, la Reyna
» manda que todos entréis quantos aquí venis.» E
abiertas las puertas , entraron todos quantos pudie-
ron caber dentro ; é la Reyna allí con ellos, les dixo
ansí : « Decid agora vosotros mis vasallos é servido-
» res lo que queréis, porque lo que á vosotros viene
» bien, aquello es mi servicio é me place que se faga,
» pues es bien común de toda la cibdad.» Aquella
gente, oidas las palabras de la Reyna dichas á su
voluntad, luego se aplacó é mitigó la furia con que
venían; é fabló uno dellos, é dixo : «Señora, lopri-
» mero que este pueblo suplica á Vuestra Alteza es,
» que el Mayordomo Andrés de Cabrera no tenga la
«tenencia deste alcázar.» E como procedía á otras
demandas, la Reyna le impidió que no dixese mas ,
é díxoles : « Eso que queréis vosotros, quiero yo ;
» por ende subid luego á esas torres, é á esos muros,
» é no dexeis ende persona alguna del Mayordomo,
» ni desotros que me tienen ocupado este alcázar ; el
» qual quiero yo tener c confiarlo de un mi criado,
» que guarde la lealtad que debe á mí , é á la honra
» de todos vosotros.» Oidas por aquel común estas
palabras, luego á gran priesa, como vulgo favoreci-
do de su Rey, subieron á las torrres é al muro, di-
ciendo á grandes voces : Viva la Reyna. Y echaron
á quantos fallaron apoderados dellas, ansí de la par-
te del Mayordomo, como de los otros cibdadanos
que las habían tomado. E aquel Maldonadoque fizo
aquella traycion, con la turbación de los unos é de
3t3
los otros, ovo lugar de fuir. Esto fecho, dentro de
media hora quedaron libres las torres é muros de la
fortaleza, de aquellos que las tenían. E la Reyna
mandó á Gonzalo Chacón , su criado é Contador
mayor, que venia con ella, que se apoderase de todo
el alcázar. Visto por los del pueblo como el alcázar
quedaba en poder de la Reyna, é fuera del todos
los del Mayordomo, fueron muy contentos ; e la
Reyna, acompañada de toda aquella gente del co-
mún, salió del alcázar é vino á su palacio, que es
cerca de la Iglesia de Sant Martin. E con esta for-
ma que la Reyna sopo tener, pacificó aquel escán-
dalo, é ni el Obispo ni los otros cibdadanos que in-
ducían al pueblo, consiguieron el efeto de lo que
pensaban. Como la Reyna vino á su palacio, dixo á
toda la gente que venia con ella, que estaba de pro-
pósito de guardar á los vecinos de aquella cibdad
sus personas é bienes , de manera que cada uno vi-
viese seguramente en lo suyo, é no recibiese agra-
vio del Mayordomo ni de sus oficiales. Por ende, que
todos fuesen á sus casas é á sus labores, é so pacifi-
casen, é no ficiesen mas yuntamientos ni alboro-
tos, é diputasen tres ó quatro dellos, que viniesen
á le recontar los agravios que recibían, y ella los
remediaría como compila á su servicio ó bien de
todos. Todo aquel pueblo con estas razones se pa-
cificó, é otro dia diputaron ciertas personas, que vi-
nieron ante la Reyna á le decir, que el Mayordomo
é sus lugartenientes facían algunas sinrazones, ro-
bos é fuerzas, é otrag injurias, de las quales algunas
, recontaron particularmente. E la Reyna mandó fa-
cer inquisición con gran diligencia sobre todas las
querellas que se dieron del Mayordomo ó de los su-
yos ; é porque el Mayordomo no se f alió en culpa,
é si alguna había era bien pequeña , é no cometida
por él, salvo por sus oficiales ; la Re3'na mandó lue-
go restituirle la tenencia del alcázar é las puertas
de la cibdad ; porque conoció bien aquel escándalo
ser fecho por inducimiento de algunos caballeros é
cibdadanos principales de la cibdad , que alborota-
ron el pueblo á fin que la tenencia del alcázar se
quitase al Mayordomo é se diese á ellos.
CAPÍTULO LX.
De la reconciliación que (icicron con la Reyna el Arzobispo
de Toledo y el Marqués de Villena,
Los fechos del Arzobispo de Toledo é del Mar-
qués de Villena , ansí por las cosas pasadas, como
por la toma que el Maestre Don Rodrigo Manrique
fizo de la villa é castillo de Ucles , iban en perdi-
ción ; é pensaron de so reparar, reduciéndose al ser-
vicio del Rey é de la Reyna. E con la confianza
cierta que tenían en la intercesión que por ellos fa-
ria el Rey de Aragón, padre del Rey, acordaron de
embiar algunos religiosos de la Orden de Sant
Francisco á la Reyna, que estaba en Segovia; los
quales le suplicaron , que oviese memoria de los
servicios que el Arzobispo habia fecho al Rey é á
ella en los tiempos pasados, é olvidase los deservi-
cios que habia fecho en los presentes, ó que le pío-
314 CRÓNICAS DE LOS
guiese perdonar á él é al Marqués de Villena, é re-
ducirlos á su servicio , é apartar de sí el enojo que
dellos habia ; porque tanto mayor se mostraba la
grandeza é magnanimidad de los Reyes, quanto de
mayor graveza era el yerro que perdonaban á los
que con obediencia venian á pedir perdón. El Rey
de Aragón ansimesmo intervino en esta reconcilia-
ción, é muchas veces insistió con el Rey su fijo é
con la Reyna, que los perdonase. E como quier que
los yerros que cometieron habían seydo grandes é
la Reyna conoció que la necesidad é no la voluntad
constreñía al Arzobispo á facer esta suplicación,
pero por complacer al Rey de Aragón, su suegro,
cuyos ruegos no le parecía cosa honesta contradecir,
considerando ansimesmo las grandes humílíaciones
que de parte del Arzobispo le ficieron aquellos Re-
ligiosos, perdonó al Arzobispo, é perdonó ansimes-
mo al Marqués de Villena; é mandó desembargar
algunos bienes é maravedís de juro que tenían en
sus libros. Y el Marqués fizo entregar á la Reyna el
alcázar de Madrid, que estaba cercado por el Duque
del Infantazgo, según lo habemos recontado. E an-
simesmo se concordó con él, que entregase la forta-
leza de Trogíllo en tercería á Gonzalo de Avila,
Señor de Víllatoro, para que la toviese fasta ser
complidas ciertas cosas que con él se habían de
complír. Desta fortaleza en los tiempos pasados
habia fecho grandes opresiones á la cibdad aquel
Pedro do Baeza, á quien el Maestre Don Juan Pa-
checo la encomendó al tiempo de su muerte. Ansi-
mesmo se concertó, que Lope Vázquez de Acuña,
hermano del Arzobispo, entregase á la Reyna la
cibdad de Huete é su castillo, de la qual é de su
tierra el Rey Don Enrique le habia fecho merced
por juro de heredad. E desta manera se fizo la re-
conciliación del Arzobispo é del Marqués, los quales
juraron de servir al Rey é á la Reyna como á sus
Reyes naturales, é de no se juntar con el Rey de
Portogal ni con otra persona en su deservicio. Es-
cribió ansimesmo el Arzobispo al Papa una letra,
faciéndole saber las variedades que habia fecho, é
opiniones contrarias unas de otras que había tenido
cerca de la subcesion de los Reynos de Castilla ; é
confesaba haber errado gravemente en aquel jura-
mento que había fecho al Rey de Portogal é aquella
Doña Juana su sobrina, y en los haber servido; é
que se habia reconciliado é reducido al servicio de
la Reyna, conociendo verdaderamente el derecho
de la subcesion en los Reynos de Castilla ser suyo :
é que ella usando con él de clemencia le había per-
donado. Lo qual le facía saber, porque era cosa
justa de le dar razón de las cosas pasadas como á
superior.
CAPÍTULO LXI.
De las cosas que en aquellos días facía el Turco.
En aquellos tiempos acaesció (1) que el Turco,
un gran Príncipe de los moros, señor de gran parte
(1) La toma de Ncgroponte por el Turco Mahomet II fué en 19
de Mayo de 1471. Bergomens, Suplem, Cronicar., ¡ib. 15.
BEYES DE CASTILLA.
de la Asia, después que ovo tomado la cibdad de
Constantinopla, ó Pera, é Cafa, é otras cíbdades, é
villas é provincias de chrístianos, en las quales fizo
grandes rebos é quemas é otras muchas crueldades,
tomó ansimesmo una cibdad de Venecianos que se
llama Nigroponte, lugar muy fuerte y en tal sitio
asentado, que era paso muy dispuesto para entrar
en la tierra de Italia, en especial en las tierras de
Venecia, y en la cibdad de Rodas; en las quales
tierras los capitanes de aquel Turco facían cruel
guerra, é mataban é llevaban chrístianos captivos
en gran número. E tanto se estendió su señorío en
aquellas partes, que la cibdad de Venecia, no po-
diendo defenderse de los males que continamente
sofrían de los turcos , embiaron á notificar al Papa
é á todos los Príncipes de la christiandad las guer-
ras que de los turcos recibían , las fuerzas de los
quales eran tanto grandes, que ellos no las podían
resistir sin alguna ayuda que les fuese dada. Por
ende, que les requerían como á fieles chrístianos, les
ploguiese embiar sus gentes para resistir aquella
gente bárbara, la qual tanto mas crecía en crueldad,
quanto mas les daban lugar de estender su señorío.
Y en esta amonestación insistieron los Venecianos
por muchas veces, pensando ser ayudados de algu-
nos Reyes de la christiandad. E como quier que al-
gunos homes singulares á susproprias expensas iban
por servicio de Dios é por la salvación de sus áni-
mas á se juntar con los chrístianos que guerreaban
á los turcos, pero por estonces ningún Príncipe ni
r Rey embió el ayuda que les era pedida ; algunos
porque estaban impedidos en las guerras que tenían
en sus comarcas, otros por impedimentos de guer-
ras é necesidades que tenían dentro de sus Reynos,
é otros faciendo poca mención de aquellas guerras,
por ser muy lexanas de sus Reynos , do entendían
que les no podrían empecer. E aun se decía , que
aquellos Reyes é Príncipes que confinaban con los
Venecianos, no les pesaba que perdiesen sus tierras
é señoríos, porque eran tanto grandes, que sobrepu-
jaban en grandeza á todos los comarcanos. E por
esta negligencia el Turco ovo lugar de estender mas
su señorío en la tierra de los chrístianos que era en
su comarca.
CAPÍTULO LXII.
De como se falló la mina del oro.
En aquellos tiempos, en las partes de Poniente,
muy lexanas de la tierra de España , podría ser en
número de mil leguas por mar, se fallaron unas
tierras de gente bárbara, homes negros, que vivían
desnudos y en chozas ; los quales poseían mineros
grandes de oro muy fino, é fallóse desta manera.
Una nao de un puerto de los de España con fortuna
que ovo, tiró por la mar adelante contra aquellas
partes de Poniente, donde el viento forzoso la llevó
é paró en aquella tierra. La gente de aquella nao,
queriendo saber donde estaban , ovieron noticia de
aquella gente; la qual como vieron los homes de la
nao, vinieron á ellos desnudos , é con muchos peda-
DON FERNANDO
zos de oro en las manos para trocar por vestidos
viejos é por otras cosas de poco valor, que llevaban
en la nao. Los de aquella nao trocaron sus vestidos
viejos é las otras cosas de su nao que podian escu-
sar, por los pedazos de oro q.ue aquellos bárbaros
les daban. E babida gran suma de oro en aquella
manera, volvieron para España, é notificaron espe-
cialmente en aquellos puertos del Andalucía, lo que
hablan fallado, é probaron el oro que traian, é fa-
llaron ser fino. Esto sabido, algunas personas de
aquellos puertos f ornecieron una caravela , é aven-
turáronse de ir aquel viage. Los quales ansimesmo
vinieron con mucho oro trocado á vestidos viejos é
á latón viejo é á cobre. Esta fama se estendió tanto
por aquellos puertos del Andalucía, que todos tra-
bajaban por ir á aquella tierra ; é acaeció haber de
un viage diez mil pesos de oro, que era cada peso
valor de dos florines de Aragón, en especial el que
llevaba conchas de la mar muy grandes, aquel traia
por cada una veinte é treinta pesos de aquel oro ; é
todos cargaban de aquellas conchas el que las podia
haber ; las quales se habían en los puertos de las is-
las de Canaria, é una concha que no era estimada
en precio ninguno, acaeció valer por aquella causa
en la cibdad de Sevilla y en aquellos puertos del
Andalucía veinte reales de plata, por la granreques-
ta que dellas había para llevar á aquella tierra.
Esto sabido por el Rey é por la Reyna, veyendo
la grand utilidad que en aquella faciendase había,
pusieron la mano en ello ; é mandaron , que ningu-
no fuesti á aquellas partes sin su licencia, porque de
lo que ende se oviese, ellos recibiesen la quinta parte
que les pertenecía como aseñores de la tierra, de lo
qual se ñcieron grandes derechos para su cámara.
La gente que iba á aquellas partes , escogían naos
pequeñas é caravelas, porque había algunas rias por
donde habían de entrar en aquella tierra. Lo que
llevaban é se demandaba por las gentes de aquellas
partes, eran ropas viejas traídas, que no toviesen
pelo, é almireces de cobre, é candeleros de latón , ó
manillas de latón ; y en especial llevaban de aque-
llas conchas, que eran allá mucho demandadas. De-
cíase que eran preciadas, porque en aquellas parti-
das caían muchos rayos del cielo, é creían aquellos
bárbaros, que qualquíer que traia una concha de
aquellas era seguro de los rayos. El tiempo que tar-
daba una nao en ir á aquellas partes, era dos meses
ó tres, porque iban siempre abaxando ; y en la ve-
nida duraba siete ú ocho meses. E como se llegaban
á aquellas partes y entraban en las rias, luego
aquellas gentes bárbaras venían á ellos, cada uno
con el oro que tenia, é trocábanlo á las cosas que
llevaban. Muchos de los que iban peligraban en el
camino, porque la tierra es muy calurosa, é con el
calor bebían mucha agua , é comían de las frutas
de aquellas islas que fallaban en el camino ; pero el
que escapaba quedaba rico. Todos los que venían
de aquellas partes é andaban en aquella negocia-
ción, decían que quando algunas naos arribaban en
aquella tierra, luego las gentes della se llamaban
con vecinas unos á otros, porque moraban en los
É DOÑA ISABEL. 315
campos, é todos acudían á aquellos puertos á trocar
su oro. Esta negociación como era de gran ganan-
cía, fué usada de tantos navios de Castilla é de Por-
tugal que iban con las cosas que h abemos dicho á
aquella tierra, que aquellos bárbaros se avisaron
mas, é sopieron el precio de aquel su oro, é no lo
daban ya con tanta liberalidad como lo daban á los
principios ; pero siempre habían gran ganancia los
que allá iban. No sabemos si esta tierra donde este
oro se traía, fuese la tierra de Társis , ó la tierra de
Ofir, de que face mención la Sacra Escriptura, en el
libro tercero de los Reyes, de donde traian al Rey
Salomón oro, para la obra del templo que labró.
Agora dexa la historia de fablar desta materia, é
torna á proceder en las cosas que acaecieron en
Castilla.
CAPÍTULO LXIIL
De como fué tomada la cibdad de Toro.
Estando el Rey en el Reyno de Aragón , é la
Reyna en Segovía, do había venido por los debates
y escándalos acaecidos en aquella cibdad , según
que lo habernos recontado , vínole nueva en como
los capitanes é caballeros que habia dexado en las
guarniciones contra la cibdad de Toro , habían en-
trado en la cibdad y estaban apoderados della ; é
la forma como se tomó fué esta. Un pastor que
guardaba ovejas, que se llamaba Bartolomé, natural
de aquella ciudad de Toro , vino á Don Pedro de
Fonseca Obispo de Avila , que era uno de los que
tenían cargo principal de aquellas guarniciones
que la Reyna mandó asentar en circuito de Toro é
de Castronuño, é dixo que él sabia lugar cierto por
donde se podría entrar la cibdad de noche sin peli-
gro ninguno de los que la entrasen, é que él iria con
la gente que le diesen é mostraría por donde la en-
trasen. El Obispo oída aquella razón, quísose infor-
mar del lugar que el pastor le dixo , ó de la forma
que se habia de tener en la entrada. El pastor le
respondió que él guardaba continamente sus ove-
jas, has quales traia en derredor de Toro, é que mu-
chas veces las llevaba entre el rio é la cibdad por
lugares tanto ásperos é altos, que la mesma altura é
los barrancos que había por aquella parte, es la mu-
nición é fortaleza de la cibdad. E dixo, que en
aquellas partes por su grand altura , no se ponían
guardas, ni se presumía que ninguno pudiese en-
trar por aquel lugar ; é que él guardando su ganado,
de noche entraba en la cibdad por aquella parte mu-
chas veces é nunca fué sentido. El Obispo que era
natural de aquella cibdad , oída la razón del pastor
parecióle cosa razonable , porque sabía bien aque-
llos barrancos, é aquel lugar que el Pastor le decía ;
é aunque pensó ser cosa que podría venir en efeto,
pero quísolo primero experimentar, porque le pa-
reció cosa muy dífícile la entrada de la gente por
aquellos barrancos. Y embió una noche diez escu-
deros bornes, naturales de la cibdad, á aquel lugar
que decía el pastor, para verlo é tentar la entrada.
Los quales fueron con el pastor que los guiaba, é
316 CRÓNICAS DE LOS
por aquellos lugares é barrancos ásperos de grado
en grado, subiendo el pastor delante , los puso den-
tro de la ciudad ; é vieron que ninguna de las guar-
das estaba en aquellas partes, los quales tornaron á
salir por aquel mesmo lugar seguramente é dixe-
ron al Obispo lo que habian fecho , é certificáronle
que muy ligeramente podia subir por aquel lugar
la gente de armas y entrar en la cibdad, según que
ellos habian entrado sin peligro. E porque aquellos
que el Obispo embió eran homes de buen entendi-
miento, dióles fe á ello. Y embió por Don Fadrique
Manrique, é por Pedro de Velasco , é por Vasco de
Vivero, é por Pedro de Guzman, é por Pernal Fran-
cés, é por Antonio de Fonseca capitanes de la gen-
te de las guarniciones que la Reyna había dexado ; ó
comunicóles lo que el pastor le dixo, é como lo ha-
bia experimentado con aquellos escuderos que em-
bió. Lo qual visto ovieron su consejo , que fuesen
fasta seiscientos escuderos á pie con aquel pastor ó
con aquellos escuderos que habian primero tentado
la entrada, é toda la otra gente fuese por defuera
de la cibdad , é se pusiesen á una puerta della ; é
que una parte de aquellos seiscientos escuderos,
que entrasen en la cibdad, peleasen con las guardas
é rondas, é la otra parte fuese á aquella puerta á la
abrir, porque pudiesen entrar por ella toda la otra
gente. Este acuerdo tomado por el Obispo é por
aquellos capitanes, pusiéronlo en obra, é aguardan-
do una noche escura, fueron Don Fadrique Man-
rique , é Pedro de Velasco , é Antonio de Fonseca
con aquel pastor, é con aquellos otros escuderos que
habian ido primero. E puestos al pié de la subida,
algunos escuderos dubdaban el fecho, é ponian sos-
pechas é recelaban de subir, poniendo inconvinien-
tes, é dando á entender, que podia ser algún trato
doble, que aquel pastor traia en deservicio del Rey
é de la Reyna, y en perdición de todos ellos ; lo
qual decian que se certificaba mas , porque aquel
pastor facia tan fácil é tan sin peligro la entrada
en la cibdad. E daban razón de su sospecha dicien-
do, que no era cosa de presumir que los caballeros
Portogueses que con tanta diligencia guardaban
la cibdad estoviesen á tan mal recabdo que de-
xasen paso ni lugar en el circuito de la cibdad,
sin guarda é ronda. Decian ansimesmo , que la
entrada primera que aquellos diez escuderos ha-
bian fecho por aquel lugar, era causado mayor sos-
pecha : porque decian haber subido y entrado en la
cibdad sin haber sentido ni oido ninguna guarda
ni ronda ; y era de creer haberlos dexado entrar
porque eran pocos , á fin de tomar después los que
entraren quando fuesen muchos. Con estas razones
é sospechas amonestaban á los capitanes que no
entrasen ni aventurasen sus personas é gentes, ni
menos creyesen de ligero aquel fecho , donde tan
gran deservicio se podría segtiir al Rey é á la Rey-
na. El pastor que los habia puesto en aquel lugar,
afirmaba todavía la seguridad de la entrada, é qui-
tábales la dubda, ó decíales : «Venid vosotros en pos
nde mi, é no hayáis recelo ninguno.» El capitán
Pedro de Velasco, que habernos dicho, era home de
REYES DE CASTILLA.
gran esfuerzo é de buen entendimiento, é conocida
la simpleza del pastor, en la qual entendió que no
podia haber mistura de maldad , les dixo : « Caba-
«lleroSjSi en las fazañas de caballería no oviese
«aventura, no habría honra; é tanto es m«.yor la
«honra del caballero , quanto mayor es el peligro
«que comete. Bueno es, dixo, tener algún miedo que
«nos faga haber memoria de Dios, porque alcemos
» los ojos á él, para que nos ayude en nuestros f e-
«chos ; con la ayuda del qual yo dispongo subir es-
«tas cuestas , siguiendo el camino que este pastor
» me mostrare, porque tengo creído que ni tiene do-
«bladura en su condición, ni menos en este fecho
nde que nos ha avisado. « E luego Antonio de Fon-
seca subió el primero , en pos del subió Pedro de
Velasco, é luego subió Vasco de Vivero, é toda la
otra gente siguió á estos. Veyendo á sus capitanes
esforzados, cobraron ánimo, é llevando por guia á
aquel pastor por aquellos barrancos é lugares áspe-
ros, subieron de grado en grado fasta que todos es-
tovieron dentro en la cibdad, é no fueron sentidos,
porque en aquella parte estaba todo despoblado sin
morador ninguno. Puestos en la cibdad, la mayor
parte dellos fué á la plaza con grand ímpetu ; los
otros fueron á abrir la puerta por do entrase toda
la gente que estaba aguardando por defuera para
entrar. Algunos Portogueses que andaban en la ron-
da como sintieron la gente de armas en la cibdad,
comenzaron á pelear con ellos. La qual pelea duró
poco espacio, porque pensaron que los vecinos de la
cibdad les habian dado entrada, é que toda la cib-
dad estaba contra ellos ; y esta sospecha los fizo
luego retraer á la fortaleza. E como vieron que toda
la gente de las guardas habian entrado por la puer-
ta, ése habian apoderado de la cibdad, el Conde de
Marialva, que estaba por guarda della, acordó de
dexar la fortaleza á Doña María Sarmiento muger
de Juan de UUoa, é ir con toda su gente á.Castro-
nuño, é dende fué para Portugal. E ansi quedó la
gente del Rey é de la Reyna apoderada de la cib-
dad Toro , é aquella Doña María quedó apoderada
con ciertos escuderos suyos en la fortaleza. Como
la Reyna sopo que sus gentes habian tomado la
cibdad de Toro , partió de Segovia é fué para allá,
do fué recebida con placer de todos, por se ver li-
bres de la subjecion en que estaban de los Porto-
gueses. E luego mandó restituir la posesión de sus
casas é bienes y heredamientos á todos los caballe-
ros y escuderos de aquella ciudad que estaban des-
terrados ; á los quales habia fecho grande^ agravios
é robos aquel Juan de Ulloa que habernos dicho.
E fizo merced al pastor que mostró la entrada de la
cibdad para su mantenimiento de dineros de juro
de heredad para él é para sus descendientes, é fizó-
los francos de todos pechos é tributos. E mandó
luego poner estanzas contra la fortaleza, é traer
lombardas y engenios para la combatir. Visto por
algunos parientes de aquella Doña María la indina-
cion que la Reyna tenia contra ella, suplicáronle
que le ploguiese considerar, que el yerro cometido
por aquella dueña, habia seydo por mandado de su
DON FERNANDO
marido, é no de su voluntad : lo qual parecía claro,
porque ella agora que se veía libre, deseaba tornar
á su servicio , y entregarle su fortaleza ; é si en al-
guna defensa se ponia, no era con intención de re-
belar á sus mandamientos, salvo por el miedo gran-
de que habia de su ¡ndin ación, é á fin de le supli-
car por la seguridad de su persona é de sus fijos é
parientes é criados : la qual habida, luego vernia á
obediencia é á todo lo que la Reyna mandase. La
Reyna, oidas aquellas razones, considerando que era
hermana de Don Diego Pérez Sarmiento Conde de
Salinas, é de otros caballeros que en aquellas guer-
ras le hablan bien servido , movida ansimesmo á
piedad, porque era dueña viuda , é venia á le supli-
car por su seguridad con toda obediencia, concedió
á las suplicaciones que de su parte le fueron fechas,
é perdonóla é á todos los que con ella estaban. E
luego entregó el castillo á la Reyna, é la fortaleza
de la Mota al Mariscal Diego de Benavides cuya
era, las quales Juan de UUoa marido desta dueña
habia tomado é poseído muchos tiempos tiránica-
mente. Estas cosas fechas, por mandado de la Rey-
na, quedaron ciertos capitanes é gentes de armas en
circuito de Castronuño é de Cantalapiedra, é de
las otras fortalezas que estaban por el Rey de Por-
togal ; é la Reyna vino para Valladolid con inten-
ción de esperar en aquella villa al Rey su marido,
para dar orden en los sitios que acordaba de poner
sobre aquellas fortalezas , por los grandes robos é
daños que dellas se facian.
CAPÍTULO LXIV.
De como la Reyna partió de Valladolid, é fué á Ucles, para impe-
dir la elección que los Comendadores querían facer de Maestre
de Santiago.
Estando la Reyna en Valladolid , vínole nueva
que el Conde de Paredes Don Rodrigo Manrique (1),
que se llamaba Maestre de Santiago , era muerto.
Fué ansimesmo informada, que el Comendador
mayor de León Don Alfonso de Cárdenas venia con
gente de armas, desde la provincia de León á la
provincia de Castilla, para que los Treces é Comen-
dadores de la Orden en concordia le eligiesen por
Maestre de Santiago en el convento de Ucles. E
porque la Reyna habia suplicado al Papa que diese
aquel Maestradgo en administración al Rey, partió
luego de Valladolid y en tres dias vino á la villa de
Ocaña ; é como quier que era de noche á la hora que
llegó, é facia afortunado tiempo de aguas, pero
luego partió é fué á la villa de Ucles. E mandó ve-
nir ante ella los Treces é Comendadores que allí es-
H) El Maestre de Santiago Don Rodrigo Manrique murió en
Ocaña 4 H de Noviembre de U76, como se comprueba por su
epitafio que trae Salazar, y lo dice también Galindez en el sumario
de dicho año. El epitafio dice así :
Aquí yace el magnífico seSob don rodrigo Manrique,
maestre de santiago, hijo del adelantado don pedro man-
rique y de doña leonor de castilla , el qual venció veunte
Y QL'ATRO BATALLAS DE MOROS V CRISTIANOS. MURIÓ aSo DE
1476, Á 11 DE NOVIEMBRE.
Salazar, Pr. de ¡a casa de Lara, t. ii, pág. 316.
É DOÍÍA ISABEL. 317
taban juntos ; é díxoles, que bien sabían como aquel
Maestradgo de Santiago era una de la mayores dig-
nidades de toda España, é que allende de ser tan
grande en rentas é vasallos , habia en él muchas
fortalezas derramadas fronteras de los moros, é de
los otros reynos comarcanos ; é por esta causa los
Reyes sus progenitores siempre pusieron la mano
en esta dignidad é la tomaron en administración, ó
la dieron á su fijo segundo, ó á persona muy fiel á
la casa real de Castilla. E como quiera que el Co-
mendador mayor de León era persona leal al Rey é
á ella; pero por agora habia deliberado que el Rey
toviese aquel Maestradgo en administración, lo
qual habia acordado de suplicar al Papa. Por ende,
' que les mandaba que suspendiesen aquella elección
que querían facer, porque no complia al servicio
del Rey ni suyo ni al bien de sus Reynos. Otrosí,
que suplicaban al Papa, que les diese por adminis-
trador al Rey; porque ansí complia á la buena go-
bernación de la orden é de sus bienes , y embió á
decir al Comendador mayor que estaba en el Corral
de Almaguer, que dexase la solicitud que tenia de
haber esta dignidad , porque no complia al servicio
del Rey ni suyo ; é que le seguraba por su fe real,
que si el derecho que alegaba tener se averiguase,
ella lo mandaría guardar enteramente. Oída por
aquellos Treces é Comendadores lafabla y el manda-
miento que la Reyna les fizo, porque ora muy temi-
da de todos, acordaron de obedecer sus mandamien-
tos ; é suplicaron al Papa que proveyese al Rey de
la administración de la orden, según la Reyna gelo
mandó. Ansimesmo el Comendador mayor, habido el
mandamiento déla Reyna, como quiera que gele
fizo grave dexar aquella demanda , porque alegaba
tener derecho al Maestradgo, pero obedeció al man-
damiento de la Reyna. E luego volvió para la pro-
vincia de León, é se dispuso de servir al Rey é á la
Reyna en la guerra que habían con Portogal , tan
lealmentc como si le oviera dado el Maestradgo ;
porque propuso de no haber aquella dignidad salvo
limpiamente, seyendo elegido según los preceptos
é constituciones de su Orden, é ansimesmo de volun-
tad del Rey é de la Reyna, según era la costumbre
en Castilla.
CAPÍTULO LXV.
Del Consejo que se ovo para que el Rey fuese allende el puerto
é la Reyna á tierra de Estremadura; é como fundaron el mr
nesterio de San Juan de los Reyes en Toledo.
Como el Rey ovo fecho el socorro de Fuentera-
bía, é las justicias que díximos que executó en las
montañas, luego vino para la cibdad de Toro, é pro-
veyó en algunas cosas que entendió ser necesarias
á las gentes de armas que la Reyna dexó en guar-
niciones contra Castronuño, é Cabillas, é Siete Igle-
sias ; é dexó con sus poderes para proveer en la
justicia y en las cosas tocantes á la guerra, y en to-
das las otras cosas que fuesen necesarias en aquellas
partes, al bastardo su hermano Duque de Villaher-
mosa , ó al Conde de Haro su Condestable. Fecha
318
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA
aquella provisión, vino para la villa de Ocafia, don-
de la Reyna estaba , é de allí partieron el Rey é la
Reyna para la cibdad de Toledo , donde ficieron
algunas limosnas é otras obras pias, que hablan
prometido por la victoria que á Dios plogo les dar ;
especialmente fundaron un monesterio de la orden
de Sant Francisco, cerca de dos puertas de la cib-
dad, que se llama la una la puerta de Sant Martin,
la otra la puerta del Cambrón. E mercaron algunas
casas que estaban cercanas á aquellas puertas de la
cibdad, que fueron derrocadas para fundar aquel
monesterio, según está magníficamente edificado,
á la invocación de Sant Juan, el cual se llama hoy
Sant Juan de los Reyes. Complidos los votos
é devociones que el Rey é la Reyna hablan pro-
metido de facer , luego partieron de Toledo , é vi-
nieron á la villa de Madrid , donde ovieron nue-
vas que la gente de Portogal, por las partes
de Badajoz é Cibdad-Rodrigo, entraban á facer
guerra en Castilla ; é ansimesmo , que los de las
fortalezas que estaban por el Rey de Portogal, fa-
cían guerra á todas aquellas comarcas, á las quales
no podían resistir las gentes del Rey é de la Reyna,
que habían dexado en guarnición. Habidas estas
nuevas, luego proveyeron á la defensa de la tierra,
y embiaron sus poderes al Comendador mayor de
León, éá Don Lorenzo Xuarez de Fígueroa, Conde
de Feria, que eran vecinos en aquellas fronteras de
Portogal, para que defendiesen la tierra, é ficiesen
guerra al Reyno de Portogal ; é dieron sus cartas
para todos sus fijosdalgo é gentes de armas de ca-
ballo é de pie de aquellas partidas , que se juntasen
con ellos cada que los embiasen á llamar, é ficiesen
lo que les mandasen. Estos dos caballeros cada uno
por su parte facían guerra á Portogal, é defendían
de los Portogueses la tierra de Castilla en aquellas
comarcas ; y entraron algunas veces en Portogal
é traxeron robados ganados é bestias é prisioneros.
Eso mismo entraban los Portogueses en Castilla por
aquellas partes, é por la frontera do Cibdad-Rodri-
go, é Uebaban cavalgadas de todo lo que fallaban.
En estas entradas que los Castellanos facían á Por-
togal, é los Portogueses á Castilla, ovieron algunos
recuentros, donde fueron muertos é presos muchos
de la una parte é de la otra, é de contíno había en-
tre ellos cruda guerra. El Rey é la Reyna pensaron,
que si ellos fuesen á aquellas partes de Estremadu-
ra, se daría mejor provisión en la guerra de Porto-
gal, é pacificarían aquella provincia, que estaba de
largos tiempos puesta en robos é tiranías, por algu-
nos caballeros é otras personas naturales de la tier-
ra, é por los alcaydes de las fortalezas. E f arlan an-
simesmo que la fortaleza de la cibdad de TrogíUo,
que tenia el Marqués de Villena, se pusiese en terce-
ría, según que el Marqués era obligado de la poner.
Ansimesmo fablaban de ir á proveer en la guerra que
facían los de Castronufio, ó Cubillas, é Siete Iglesias,
é Cantalapiedra. E estando en deliberación de lo
uno é de lo otro, pensaban si seria mejor provisión
para aquellas dos necesidades , ir el Rey á proveer
en lo uno é 1^ Reyna en lo otro ; é quisieron cerca
dello saber el parecer de los caballeros, é perlados,
é doctores de su Consejo. E después de alguna plá-
tica habida, algunos de su Consejo dixeron que ni
el ^ey é la Reyna juntos, ni cada uno por sí debían
ir á aquellas parte de Estremadura. Lo primero,
porque les era necesario tener alguna cibdad ó villa
en aquella provincia, donde sus personas reales é
sus gentes pudiesen estar seguramente aposenta-
dos, sin recelo de las fortalezas que en ella había. E
como quiera que todas las cibdades é pueblos esta-
ban á su obediencia, pero que ninguno había que
no tovíese fortaleza enagenada en poder de algún
caballero', 6 tirano , que en los tiempos pasados
oviese cometido, y en el presente cometía tales cri-
mines, por los quales estoviesen temerosos de la
justicia. E que veyendo sus personas reales en aque-
llas partes, el temor les faría alterar de manera que
no querrían entregar las fortalezas que toviesen ; é
que no seria razón que su personas reales en tal
tiempo se aposentasen en pueblo, do semejantes ho-
mes estoviesen apoderados de la fortaleza. E que
no habiendo la seguridad que á sus personas reales
convenía, temían mayor necesidad de se guardar
de los alcaydes que de los contrarios. E dado que
deliberasen poner sitio sobre alguna fortaleza para
la haber de su mano ; esto decían ellos, que les pa-
recía mayor inconviniente, porque debiéndose ocu-
par en la guerra contra sus contrarios, se impidi-
rían faciéndola á los que la decían ser sus servido-
res. E allende desto, era de creer que, puesto sitio
sobre uno dellos, todos los otros se escandalizarían
é rebelarían : de donde se seguiría, que los que ago-
ra se mostraban servidores, se tornasen deservido-
res, de que se podrían seguir gran deservicio suyo,
é otros daños irreparables , por ser todas aquellas
fortalezas fronteras de Portogal. Especialmente de-
cían, que en aquella provincia donde era necesario
mostrarse mas la obediencia de sus subditos, había
muchas fortalezas donde estaban apoderados algu-
nos tiranos, que continamente facían robos é fuer-
zas ; é que faciéndose en su presencia , sin remediar
á los agraviados é punir á los malfechores, manifiesto
era el deservicio grande que dello geles seguiría. E
por estas razones decían, que ni el Rey ni la Reyna
debían ir á aquellaspartes de Estremadura, fasta tan-
to que la tierra estuviese mas pacificada, é obedien-
te á sus mandamientos ; la qual pacificación se po-
día mejor facer mediante algún capitán que embia-
sen é aquella provincia con gran poder de gente, y
este 80 juntase con el Comendador de León, é con
el Conde de Feria, para asegurar toda aquella tierra
é resistir á los Portogueses, é facerles guerra quan-
do entendiesen que se debía facer. Ansimesmo les
parecía que el Rey debía ir á poner sitio sobre las
fortalezas de Castronufio, é Cubillas, é Siete Iglesias,
é Cantalapiedra, é la Reyna debía estar en la cib-
dad de Toledo, porque desde aquella cibdad podría
proveer prestamente todas las cosas que ocurriesen,
ansi en la tierra de Estremadura é del Andalucía,
como en todas las otras partes, por en comedio de
sus Reynos, ó donde los Reyes pasados, habida esta
DON FERNANDO
consideración, la mayor parte de loa tiempos tovie-
ron BU silla real. El Rey é la Reyna oyeron aquellas
razones de los del su Consejo ; é como quiera que
les parecieron razonables, pero la Reyna que esta-
ba inclinada á proveer en toda aquella tierra de Es-
tremadura, é la pacificar, é poner la fortaleza de
Trogillo en tercería, según que el Marqués de Ville-
na era obligado , respondió á aquellos de su Conse-
jo: «Yo siempre oí decir, que la sangre como bue-
Hna maestra va siempre á remediar las partes del
» cuerpo que reciben alguna pasión ; pues oir conti-
» ñámente la guerra que los Portogueses como con-
«trarios é los Castellanos como tiranos facen en
» aquelas partidas , é sof rirla con disimulación , no
«seria oficio de buen Rey, porque los Reyes que
» quieren reyuar han de trabajar. A mí me parece
» que el Rey mi señor debe ir á aquellas comarcas de
«allende el puerto, é yo á estotras partes de Estre-
» madura, para proveer en lo uno y en lo otro. Ver-
1) dad es que en mi ida algunos inconvinientes se
» muestran de los que habéis declarado ; pero en to-
»dos los negocios hay cosas ciertas é dubdosas, é
fttan bien las unas como las otras son en las manos
» de Dios, que suele guiar á buen fin las justas é con
«diligencia procuradas.» Al Rey plogo de aquello
que la Reyna determinó, é á algunos de su Consejo,
porque conocía della ser rauger de grand ánimo. E
luego partieron de Madrid, el Rey para aquellas
partes de allende el puerto , é la Reyna para Estre-
madura.
CAPÍTULO LXVI.
Como el Rey puso sitio sobre las fortalezas de Castronuño ,
é Cubillas, é Cantalapiedra, é Siete Iglesias.
El Rey partió de la villa de Madrid , é vino para
Medina del Campo ; y embió á mandar á los capita-
nes que estaban en guarnición contra las fortalezas
de Castronuño, é Cantalapiedra, é Cubillas, é Siete
Iglesias, que viniesen á él. E ovo consejo con el
bastardo su hermano Duque de Villahermosa, é con
el Conde de Haro, su Condestable, de poner sitio so-
bre todas aquellas fortalezas, de las quales se fa-
cían continamente grandes robos é muertes, é se
despoblaba la tierra de la comarca ; los quales sitios
podía poner con menor dificultad , porque ya , se-
gún habemos dicho, estaba á su obediencia la cíb-
dad de Toro é su fortaleza, que fasta aquel tiempo
era grand impedimento para guerrear aquellas for-
talezas, é las sitiar. E luego mandó llamar las gen-
tes de armas de las comarcas , é puso sitio en un día
sobre aquellas cuatro fortalezas ¡ é dio cargo al bas-
tardo su hermano del cerco de Siete Iglesias, é á
Pedro de Guzman del cerco de Cubillas, é al Obis-
po de Avila, é á Vasco de Vivero , é á Alfonso de
Fonseca, é á Don Sancho de Castilla, del cerco de
Cantalapiedra, é á Don Luís, fijo del Conde de Buen-
día, é á Don Fadrique Manrique, del cerco de Cas-
tronuño. Puestos estos sitios, el Rey andaba todos
los días del un cerco al otro , proveyendo las cosas
necesarias. E luego á pocos días el alcayde de aque-
É DONA ISABEL. 319
lia fortaleza de Cubillas demandó al Rey merced
que le segurase la vida é los bienes, é que la entre-
garía. El Rey lo fizo, é redúxole á su servicio, áto-
mo la fortaleza. E mandó á Pedro de Guzman que
con la gente que tenia en el cerco della , pasase al
sitio que estaba puesto sobre la fortaleza de Castro-
nuño, porque en la defensa de aquella villa estaba
mayor copia de gente que la guardaba. El bastardo
hermano del Rey, puso ansimesmo gran diligencia
en el sitio que tenia puesto sobre la fortaleza de
Siete Iglesias, y en espacio de dos meses la puso en
mucho estrecho ; é al fin la combatió con las lom-
bardas tan de recio por todas partes, que el alcay-
de , é los otros que con él estaban , no se podiendo
mas defender, demandaron partido de las vidas, ó
que entregarían la fortaleza; y el Rey otorgólo, é
luego la entregaron. Algunos de los que fueron to-
mados en los combates y escaramuzas mandó afor-
car, é toda aquella fortaleza luego el Rey la mandó
derribar. Los que estaban en Cantalapiedra, veyen-
do que no se podían defender, é que habían estado
cercados por espacio de tres meses , é no habían ni
esperaban haber socorro, demandaron ansimesmo
partido al Rey que los dexase iráPortogal. El Rey
gelo otorgó, y entregaron la villa, é mandó derribar
todo lo fuerte della, é cegarlas cavas é otras defen-
sas que tenían fechas, é mandóla restituir al Obispo
de Salamanca, cuya era. E ansí quedó solo el sitio
que estaba puesto sobre Castronuño, alqual mandó
pasar toda la gente que estaba en los cercos de las
otras fortalezas que eran entregadas. E mandó po-
ner dos reales, é guardar por la parte del rio de
Duero, porque por el agua, ni por la tierra, no pu-
diesen haber entrada ni salida en la villa ; esto fe-
cho, acordó de combatir la villa. Algunos capitanea
de los que allí eran quisieron impedir el combate,
porque les pareció peligroso, por estar la villa tan
fortalecida de cavas é baluartes é otras defensas, ó
bastecida de mucha gente para la defender ; é de-
cían que teniéndolos cercados algunos días sin los
combatir, geles enflaquecerían las fuerzas; é tra-
yendo mas pertrechos, se podría con mayor fuerza
é menor peligro facer el combate. Otros decían que
se debía combatir luego durante el disfavor é temor
que los de dentro tenían por la entrega de las otras
fortalezas ; porque sí dilataba el combate, sus gen-
tes é los caballos que tenían allí en el campo por
ser comienzo de invierno, se perderían é no lo po-
drían sofrír. Eso mesmo se dañaría la pólvora ó los
otros pertrechos que tenían , é todo su exércíto re-
cibiría mucho daño si en tiempo de invierno esto-
viesen como estaban en el campo , é que le sería ne-
cesario alzar el real , de lo qual gele signiria gran
deservicio ; é que entendían con el ayuda de Dios
que se daría tal diligencia en ei combate , que por
fuerza entrasen la villa ; é aposentada la gente en
las casas podrían pasar el invierno, é tener sitiada
la fortaleza como compila. El Rey, oída aquella ra-
zón , parecióle que el combate se debía dar, é man-
dó luego aderezar las cosas que para ello eran ne-
cesarias. E una mañana al alba del día, comenzaron
3áo
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
á llegar los pertrechos para cegar las cavas, é der-
ribar las otras defensas que tenían fechas , porque
pudiesen llegar las escalas al muro por aquellos lu-
gares que entendieron que podian llegar. Los de
dentro salieron de la villa á pelear con la gente que
traian los pertrechos por los impedir que no llega-
sen ; é fué la pelea tan grande aquel dia entre los
unos é los otros, que murieron é fueron feridos mu-
chos do la una parte é de la otra ; é al fin los de den-
tro é los de fuera se retraxeron , porque la noche les
impidió de manera que no pudieron mas pelear. Otro
dia por la mañana tornaron con los pertrechos á ce-
gar las cavas con mucho peonage que el Rey man-
dó llamar. Los de la villa salieron según que de pri-
mero habían salido á pelear, é desde las defensas é
baluartes que tenían fechos defendían quanto po-
dian que las cavas no se cegasen, porque la gente del
Rey no oviese lugar de llegar las escalas al muro.
Esta manera de combatir unos con otros duró por es-
pacio de diez días, en los quales murieron é fueron
feridos muchos de la una parte é de la otra. El Rey
andaba á todas partes esforzando sus gentes, é pro-
veyéndolos de las cosas necesarias al combate, fas-
ta que acabaron de cegar por fuerza de armas todas
las cavas, é derribar los baluartes por aquellos lu-
gares donde acordaron de dar el combate. Otro dia
por la mañana, como quiera que la gente del Rey
había recebído grandes daños en los combates de
los dias pasados, pero con grand ánimo llegaron á
poner las escalas al muro ; las quales puestas con
el gran número de artillería ó ballestería que tira-
ban , los de dentro no lo podiendo mas defender, é
visto el daño que recibían , y el poco fruto que fa-
cían, desampararon la villa 6 retraxéronse á la for-
taleza , é las gentes del Rey entraron en ella por
fuerza de armas, é todos quantos pudieron haber
pusieron á espada, que ninguno escapó. El Rey, en-
trada, la villa, mandó aposentar en ella sus gentes,
é barrear las calles, é poner estanzas en circuito de
la fortaleza , las quales f orneció de muchas gentes é
pertrechos, los quales eran necesarios: de manera
que la fortaleza quedó sitiada por todas partes. El
Alcayde púsose en defensa, para lo qual tenía qua-
trocientos homes Castellanos é Portogueses, entre
los quales había mas de cíen escuderos Castellanos,
homes cursados en la guerra que vivían con él. Te-
nia ansimesmo nmchos bastimentos de pan é vino
é carné , é de todas las otras cosas necesarias al pro-
veimiento de los que con él eran, y esto tenia en
grand abundancia. Tenia ansimesmo gran copia de
pertrechos é artillerías para defender é ofender : de
todas estas cosas estaba tan bien f ornecído , que nin-
gún Rey pudiera mejor bastecer ninguna fortaleza
que con gran diligencia quisiera tener proveída. E
porque los que está Crónica leyeren tomen exemplo
en las cosas pasadas para las que tovieren presen-
tos, é sepan quanto deben fuir de ser causa de di-
visión en los reynos, porque es un pecado detesta-
ble , é de que Dios es deservido , é los reynos donde
]os hay son destruidos, ó los malos han lugar para
sus malos deseos, é los buenos son oprimidos é fa-
tigados : es de saber que este Alcayde de Caetronn-
ño fué un home de baxa manera , que se decía Pe-
dro de Mendafiá (1) , fijo de otro Alcayde de Castro-
nuño Gallego; y este fué natural de Paradinas, al
qual puso en aquel castillo por Alcayde Don Juan
de Valenzuela, Prior de la Orden de San Juan, que
fué privado de aquel Príoradgo. Y en el tiempo que
el Arzobispo de Toledo , y el Maestre de Santiago, y
el Almirante de Castilla , y el Duque Don Alvaro , ó
otros caballeros é perlados ficieron la división en el
Reyno quando alzaron por Rey al Príncipe Don Al-
fonso en la cibdad de Avila ; este Alcayde de Cas-
tronufio, veyendo tiempo dispuesto á su deseo é in-
clinación natural , recibió en aquella fortaleza mu-
chos ladrones é robadores con los furtos é robos que
facían en las comarcas, é defendíalos en aquella
fortaleza. Eso mesmo defendía á otros homes mata-
dores é criminosos é adebdados , é á otros que ha-
bían cometido excesos é maleficios. Los homes des-
ta condición crecieron en gran número so la defen-
sa deste alcayde ; el qual como se vido acompañado
de gente á quien su maldad apremiaba que le acom-
pañasen , Dios que muchas veces permite las guer-
ras para punir ó enmendar los pecados de los ho-
mes , permitió de crecer el corazón deste Alcayde á
mayores cosas, é tomó las fortalezas que habemos
dicho de Cubíllas, é Cantalapíedra , é fortaleció la
de Siete Iglesias, é puso gente en ellas ; de las qua-
les continamente robaban por aquellas comarcas, é
acudían á él con la'mayor parte de lo robado. Tomó
ansimesmo la villa de Tordesíllas, de la qual estovo
apoderado, é de tal manera creció su poder, que las
cíbdades de Burgos, é Avila, é Salamanca, é Sego-
vía, é Valladolíd, é Medina, é todas las otras villas
de las comarcas, le daban cierta quantía de pan é
vino é maravedís por haber seguridad. E allende
desto les facía otras demandas de dineros é de ga-
nados, é todo le era pagado á su voluntad, é con
esta tiranía llegó á tanta riqueza , que continamente
pagaba sueldo á trecientos homes á caballo. E to-
dos los Grandes del Reyno de aquellas comarcas le
habían miedo , é le daban dádivas porque no les fi-
ciese guerra en sus tierras. E desto vino á tener mu-
chos servidores é grande estado ; en especial tenia
homes dispuestos para la guerra, que vivían con
él , los quales destruían las costumbres de los homes
también como los bienes. E deste alcayde tomaron
exemplo otros muchos alcaydes del Reyno, que se
pusieron á robar é rescatar pueblos, é facer é defen-
der los crimines é maleficios que los robadores fa-
cían : en los quales crimines se manifestó bien el
justo juicio de Dios ; porque los mas de los caballe-
ros que fueron causa de aquella división que habe-
mos dicho , por la qual este alcayde ovo crecimien-
to , fueron guerreados é injuriados , é continamente
ofendidos del é de los otros alcaydes é tiranos ; de
(1) En el Manuscrito del Escorial se lee Pedro de Avendaño, y
en el del Señor Nava, de Mendaño. El Cura de los Palacios le llama
Pedro de Mendaño , y dice que era hijo de un zurrador de Para-
dinas , aldea de Salamanca ; en lo demás va conforme con esta
Crónica. Bernald., Historia de tos Reyes Católicos, cap. xn.
BON FEUNANDO
manera que no se podían remediar á las guerras é
rescates que á ellos é á sus vasallos é tierras facian
de contino. Donde podemos bien creer que fuera
menos daño á los caballeros sofrir qualesquier ma-
les que de los Reyes , aunque fuesen malos, les pu-
dieran venir, que aquellos que de tantas partes so-
frían, por la inobediencia que al Rey mostraron, é
división que en el Reyno ficieron. Este alcayde an-
BÍmesmo vivia con grande miedo de los estrafios, é
mas de los suyos, é ni lugar ni hora le eran segu-
ros, ni la noche tenia sin pena, ni el día con repo-
so, porque estaba acompañado de malos homes, de
quien recelaba ser muerto , é quisiera retraerse de
aquella manera de vivir con parte de sus riquezas,
salvo que estaba ya tan enlazado de los males en
que él mesmo se metió , que ni estar en aquella vida
le era seguro , ni para salir della tenia lugar. E an-
sí se mostró como los malos de sus mesmos males
son combatidos , porque dellos les nacen taies tra-
bajos, que les face vivir en contina pena. Como la
viJla fué entrada, luego el Alcayde puso gran re-
cabdo en su fortaleza, é repartió su gente á pelear
con la gente del Rey que estaba en las estanzas, do
morían y eran ferídos muchos de la una parte é de
la otra, con los grandes tiros de pólvora ó de balles-
tas que se tiraban. El Rey como dexó cercada aque-
lla fortaleza, partió de allí, é fué para la villa de
Medina del Campo á proveer en las cosas que ocur-
rían y eran necesarias en aquellas comarcas.
CAPÍTULO LXVII. ,
De como el Rey tomó la fortaleza de Monleon.
Estando el Rey en la villa de Medina del Campo,
vino á él un caballero que se llamaba García Oso-
rio, que tenia el cargo de la justicia en la cibdad de
Salamanca ; é notificóle como un caballero natural
de aquella cibdad que se llamaba Rodrigo Maldo-
nado, fué desobediente á la justicia, é vivía mal é
tenia tiránicamente el castillo de Monleon , que es
de aquella cibdad bien cercano al Reyno de Porto -
gal , en el qual había labrado moneda falsa , é ha-
bía cometido otros crimines en deservicio de Dios é
suyo, é daño de toda la tierra, la qual tenía muy
oprimida con robos é tiranías. El Rey oída aquella
querella, é informado de los delíctos que aquel al-
cayde había,;fecho, luego á la hora cabalgó, é solo
con un Secretario é con un Alcalde de su Corte que
se llamaba el Licenciado Diego de Proafío , en es-
pacio de ocho horas fué desde Medina á la cibdad
de Salamanca donde estaba aquel Maldonado ; é
descabalgó en la posada del Corregidor, el qual le
avisó como aquel alcayde estaba en su casa con otros
caballeros de la cibdad. El Rey que estaba allí se-
cretamente, cabalgó en su caballo, ó fué para la
casa do estaba aquel caballero; é luego se sopo de
uno en otro como el Rey estaba en la cibdad , é to-
dos los caballeros é gentes della se armaron , é vi-
nieron para el Rey. Aquel alcayde como sopo que
el Rey estaba en la cibdad , é que la salida de su
Cr.-in,
É Dof A ISABEL. 321
casa no le era segura, porque el Rey estaba ya á la
puerta con mucha gente, fuyó por los tejados, é me-
tióse en el monesterío de Sant Francisco. Como el
Rey lo sopo, mandó á las gentes que cercasen por
todas partes el monesterío. El Guardian é los Fray-
Íes, como vieron que el Rey mandaba entrar en el
monesterío, suplicáronle que no quisiese facer vio-
lencia en aquella casa de oración, é que le ploguie-
se acatar aquella reverencia que cathólíco príncipe
debe á los templos de Dios, é le ploguíese dar segu-
ro para que aquel caballero no padeciese muerte ni
lisien en su persona, y ellos gelo entregarían para
facer lo que Su Alteza mandase. El Rey como quie-
ra que fué informado que aquel alcayde había co-
metido delíctos de tan mala calidad , que no era dig-
no de gozar del privilegio de la Iglesia ; pero por
reverencia de aquel templo , é acatadas las humildes
suplicaciones del Guardian é de aquellos Frayles,
prometióles de salvar la vida de aquel alcayde, se-
gún gelo suplicaron , si entregase la fortaleza de
Monleon. Los Frayles habido el seguro del Rey, en-
tregáronle aquel caballero , é mandólo poner en pri-
siones, é llevarlo á la fortaleza; é quando fué cerca
della, le díxo : «Alcayde, cumple que luego me deis
«esta fortaleza.» El Alcayde díxo: «Pláceme de lo
)) facer ; dadme , Señor, lugar que f able con mí mu-
» ger é con mis criados que están dentro para que lo
sfagan.» El Rey mandó que saliesen seguros de la
fortaleza á fablar con el Alcayde aquellos que él
llamase ; é luego salieron á él algunos de sus cría-
dos, á los quales el Alcayde díxo : «Criados, el Rey
)) demanda esta fortaleza , é yo estoy en sus manos, é
» mi vida está en las vuestras ; por ende cumple que
)) luego salgáis della, é decid á mi muger que la en-
» tregüe á quien el Rey mandare.» Aquellos sus cria-
dos tornaron con el mandamiento del Alcayde, é
quando se vieron dentro, dixeron que en ningún
caso la entregarían al Rey, si no ficieso grandes
mercedes al Alcayde é á ellos. Decían ansimesmo
que si facían algún mal al Alcayde , luego se junta-
rían con los Portugueses á facer cruda guerra en
Castilla. Como el Rey vido que se dilataba la entre-
ga de la fortaleza, é que demandaban mercedes, é
facian amenazas, díxo con grand indinacíon al Al-
cayde : «Disponeos, Alcayde, á la muerte, que os
» dan esos á quien fiasteis la fortaleza. » E mandó
que luego á vista de su muger, é de todos los que
estaban en la fortaleza, le degollasen. El Alcayde,
vista la sentencia del Roy é como lo llevaban á de-
gollar, daba voces á los suyos, é demandábales que
entregasen la fortaleza, porque le escusasen la
muerte. Los suyos desde las almenas le decían que
en ningún caso la entregarían ; é que sí él padecie-
se por aquella causa, ellos farian tal guerra en Cas-
tilla, por donde su muerte fuese bien vengada. Traí-
do ya al lugar do el Rey mandó que lo degollasen,
llamó á su muger, é díxole : «O muger, gran dolor
n llevo por haber conocido tan tarde el amor tan
«falso que me mostrabas; sin dubda parece agora
«bien que te pesaba de mi vida, pues eres causa de
n mi muerte ; no me mata ñor cierto el Rey, sino tü,
21
52á
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
«ni menos me mata este que me ata las manos , maa
ftmátanrats mis criados, porque les fié lo mío. E que
» me aprovecha, deciaél,yo muerto, la venganza
fide mi muerte?)) Estas é otras cosas que decian oían
los de la fortaleza ; los quales veyendo que ya le
querían degollar, movidos á compasión de aquellas
palabras, llamaron á voces é dixeron que entrega-
rían la fortaleza, seyendo seguros de la vida del Al-
cayde é de la suya. E luego el Rey dio el seguro
que demandaban, y ellos salieron de la fortaleza, é
la dexaron libre ; la qual mandó el Rey entregar á
un caballero su criado, que se llamaba Diego Ruiz
de Montalvo, natural de la villa de Medina del Cam-
po. Como el Rey ovo aquella fortaleza, volvió para
la cibdad de Salamanca , é dende fué á proveer en
el sitio que tenia puesto sobre la fortaleza de Cas-
tronuño.
CAPÍTULO LXVIII.
Délas cosas que la Reyna fizo en la tierra de Estremadura , é las
fortalezas que ende tomó.
Según habernos recontado, quando el Rey partió
de Madrid para proveer en los cercos de Castronu-
fio, é de las otras fortalezas que estaban por el Rey
de Portogal, la Reyna ansimesmo partió para Es-
tremadura, é vino para la villa de Guadalupe. E de
allí embió un su Secretario á Pedro de Baeza, Al-
cayde de la fortaleza de Trogillo , con el qual le
embió mandar que la entregase á Gonzalo de Avila,
Señor de Villatoro, que la habia de tener cierto
tiempo en tercería, fasta ser coraplidas algunas co-
sas asentadas con el Marqués de Villena. Aquel Al-
cayde que estaba muy fortalecido, respondió que
en ningún caso la entregaría, antea entendía de la
defender fasta el postrimero día de su vida ; é dixo
en respuesta otras cosas muy duras , é sin esperanza
de la entregar. La Reyna, oída aquella respuesta,
embió otra vez aquel Secretario á le prometer gran-
des dádivas é mercedes porque la entregase, á fin
de no venir al experimento de la fuerza por los in-
convinientes que algunos de su Consejo le decian
que se podían seguir poniendo sitio sobre aquella
fortaleza, por estar tan cercana al Rej'no de Porto-
gal. El Alcayde, oidas las promesas que la Reyna
le embió á facer, respondió mas duramente que pri-
mero habia respondido , y embió suplicar á la Rey-
na que ni le mandase entregar la fortaleza, ni me-
nos viniese á aquella cibdad , porque le seria nece-
sario ponerse en defensa, de que ella podría recebir
algún deservicio. La Reyna, oída aquella respuesta
del Alcayde, ovo grand indinacion contra él, «¿E
))yo, dixo, tengo de sofrir la ley que mi subdito
» presume de ponerme, ni recelar la resistencia que
j) piensa de me facer? ¿ E dexaré yo de ir á mi cíb-
sdad, entendiendo que cumple al servicio de Dios
3)é mío, por el inconviniente que aquel Alcayde
B piensa de poner en mi ida? Por cierto ningún buen
3)Rey lo fizo, ni monos lo faré yo.» E luego mandó
llamar gentes de armas de las cibdades de Sevilla é
Córdova, é de todas las otras del Andalucía; las
quales vinieron á su Uamamieüio. E partió luego de
Guadalupe, é fué para la cibdad de Trogillo, donde
fué muy alegremente recebida por todos los caballe-
ros é pueblo de aquella cibdad. E vinieron á ella los
caballeros de aquella provincia ó de sus comarcas ;
é ansimesmo vino allí á la servir el Maestre de Ca-
latrava, que como habernos dicho era ya perdonado
ó reducido á su servicio, é Don Alonso de Monroy,
Clavero de Alcántara, que se llamaba Maestre de
aquel Maestradgo, por la elección que algunos Co-
mendadores le ficieron por fin del Maestre Don Gó-
mez de Cáceres, postrero Maestre que fué de aque-
lla Orden. Mandó ansimesmo traer toda la artillería
é lombardas y engenios que había en aquellas co-
marcas, y en algunos lugares del Andalucía. E
porque se informó de los robos é crimines que se
facían de algunas fortalezas, especialmente del cas-
tillo de Madrigalejo, donde estaba por Alcayde uno
que se llamaba Juan de Vargas, é de Castilnovo,
donde estaba por Alcayde otro que se llamaba Pe-
dro de Orellana, luego los mandó cercar. E los Al-
caydes dellas, recelando la indinacion de la Reyna
si por fuerza fuesen tomados, demandaron partido
á los capitanes que estaban en los sitios , que la Rey-
na les perdonase los yerros é crimines que habían
cometido en los tiempos pasados, é que entregarían
las fortalezas. La Reyna les perdonó su justicia, á
tal pacto, que satisficiesen á los agraviados de to-
dos los robos que habían fecho, é se fallasen en po-
der de qualesquier personas ; é con este partido en-
tregaron las fortalezas. E porque la Reyna fué in-
formada que de la fortaleza de Madrigalejo so ha-
bían fecho mayores crimines é robos, mandóla der-
ribar. De lo qual so imprimió tan grande miedo en
todos los de aquella tierra, que ningún alcayde do
toda Estremadura osó facer robo ni fuerza de las
que solían facer é todos vinieron , ó erabiaron sus
gentes á la servir. Mandó ansimesmo la Reyna que
tornasen á fablar con aquel alcayde de la fortaleza
de Trogillo, para que la entregase en torcería según
el Marqués de Villena lo habia prometido. El qual
le embió á suplicar con gran humiliacion que le plo-
guiese embiar por el Marqués que habia fiado dél
aquella fortaleza, al qual la entregaría luego: por-
que no tenia mandamiento suyo para la entregar á
otra persona, ni menos de la dar en la tercería que
el Marqués era obligado de la poner. La Reyna de-
liberó ser mejor consejo embiar á llamar al Marqués
de Villena para que la ficiese entregar, que poner
sitio sobre la fortaleza. E luego embió á su Secre-
tario Fernán Alvarez de Toledo, con el qual embió
á mandar al Marqués que ficiese entregar aquella
fortaleza á Gonzalo de Avila, que la habia de tener
en tercería según era obligado, é que si entendía
que aquel su alcayde no la entregaría por su carta,
viniese luego en persona á gelo mandar. El Mar-
qués, oído el mandamiento de la Reyna, porque
creía que aquel su alcayde no la entregaría , salvo
á él, según gelo habia prometido quando dél la con-
fió; recelando la indinacion de la Reyna, vino á su
llamamiento, E como el Marqués llegó á Trogillo
Don FERNANDO
luego la Reyna le mandó que entregase la fortale-
za á Gonzalo de Avila, para que la toviese en terce-
ría según estaba obligado. El Marqués le respondió
que le placía , pero que bien sabia Su Real Mages-
tad que antes que aquella fortaleza oviese de poner
en tercería , se habían de asentar otras cosas que
eran fabladas , tocantes á la restitución de algunos
sus oficios é bienes, é de las villas é lugares del Mar-
quesado de Víllena, que le estaban tomadas. La
Reina, oida la respuesta del Marqués, le dixo que
pospuesta toda dilación compila á su servicio que
entregase aquella fortaleza antes que en otra cosa
se fablase ; la qual entregada, ella mandaría enten-
der en sus negocios, y expedirlos, según de justicia
se debían expedir. El Marqués, vista la determina-
da voluntad de la Reyna, mandó á aquel su alcayde
que entregase la fortaleza á qualquier persona que
la Reyna mandase. E luego el Alcayde abrió las
puertas de la fortaleza, y entraron en ella todos los
que la Reyna mandó. E después entró ella acompa-
da de muchas gentes, é como quiera que la pudiera
tomar, é poner en ella por Alcayde á la persona que
le ploguiera; pero por complir lo que estaba asen-
tado con el Marqués , deliberó que se entregase á
aquel caballero Gonzalo dé Avila, Señor de Villato-
ro , que habernos dicho que la había de tener en ter-
cería cierto tiempo, é no la quiso tomar en otra ma-
nera.
CAPÍTULO LXIX.
De como la Reyna fué á Cáceres , é de lo que allí fizo.
Puesta la fortaleza de Trogillo en tercería, luego
la Reyna partió de la cibdad de Trogillo, é vino
para la villa de Cáceres, en la qual estovo algunos
dias ocupada, faciendo justicia de algunas personas
de aquella villa , é de las otras de su comarca, que
reclamaron ante ella de fuerzas que habían padecí-
do en los tiempos pasados. E otrosí , porque fué in-
formada que los oficios de regimientos , é mayordo-
mía, é tialdades, ó otros algunos de la villa, eran
proveídos por elección fecha cada un año á personas
de la villa , sobre la qual elección había grandes de-
bates entre las dos parcialidades que allí eran ; de
lo qual se recrecieron cada año muertes é otros in-
conviníentes ; la Reyna por escusar estos daños, or-
denó por constitución perpetua , que los oficíales de
fialdades , é regimientos , é mayordomia , é los otros
oficios que fasta aquel tiempo habían seydo electi-
vos cada año, fuesen dende en adelante por la vida
de aquellos á quien este año cupiesen por suerte. E
mandó que viniesen ante ella tantos de la una par-
te como de la otra ; é aquellos que por suerte les cu-
piese , fuesen regidores de la villa para toda su vi-
da , é quando alguno muriese , ella é los Reyes sus
subcesores proveyesen á quien entendiesen que com-
pila á su servicio. Y esto estableció en aquella villa
este año por ley perpetua según habemos dicho ; de
la qual constitución todos los de la villa fueron con-
tentos, porque se quitó entre ellos la causa de sus
eneraistades , é los males que cada año dellas se se
É DOÑA ISABEL. 323
guían, por causa de la elección que facían do aque-
llos oficios. Proveyó ansimesmo en la frontera de
Portogal , é puso gente de armas en la cibdad de Ba-
dajoz , y en los otros lugares que debían estar para
defensa de la tierra. Estas provisiones fechas, ovo
su consejo de ir a la cibdad de Sevilla.
CAPÍTULO LXX.
De como la Reyna fué á la cibdad de Sevilla, é de las cosas
que ende fizo.
En la cibdad do Sevilla ovo algunas guerras é di-
visiones entre Don Enrique de Guzman Duque de
Medinasidonia , é Don Rodrigo Poncc de León Mar-
qués de Cáliz. Y en la cibdad de Córdoba, ansimes-
mo había otros grandes debates y enemietades entre
Don Diego Fernandez de Córdoba Conde de Cabra,
é Don Alonso de Aguilar Señor de Montilla. Por
causa de las quales en aquellas dos cíbdadcs y en
SU8 tierras é comarcas acaecieron en los tiempos
que reynaba el Rey Don Enrique, grandes escánda-
los é guerras, do se siguieron muertos de homes , é
otras fuerzas é delictos en gran destruícion de la
tierra. Y especialmente fueron enagenadas las forta-
lezas que son en las tierras de aquellas cibdades en
poder de personas que ni al Rey ni á las cibdades
respondían con ellas ; é facían guerra é paz á su ar-
bitrio sin conocimiento ninguno de superior. Ansi-
mesmo el Duque estaba apoderado del alcázar é tara-
zanas do la cibdad de Sevilla , y el Marqués de Cáliz
de la fortaleza de Xerez de la Frontera , é los Al-
caydes que tenían las fortalezas, cada una seguía
la parcialidad que le placía seguir. En esta manera
estaba aquella tierra por esta causa divisa en dos
partes. La Reyna, considerando que aquellas cib-
dades é sus comarcas , por los debates destos caba-
lleros no estaban ordenadas en justicia según de-
bían, acordó de ir á aquella provincia del Andalucía
por la pacificar, é quitar los debates que en ella ha-
bía. E fué luego á la cíddad de Sevilla (1), donde
fué recebida con grande solemnidad ó placer de los
caballeros, clerecía, cíbdadados, é generalmente de
todo el común de la cibdad ; é para este recibimien-
to ficieron grandes juegos é fiestas que duraron al-
gunos días. Como la Reyna asentó en aquella cibdad,
é fué informada que había en ella muchos agra-
viados que la deseaban ver por ir á ella con sus
querellas; acordó de dar audiencia pública los días
de los Viernes en una gran sala de sus alcázares. Y
ella asentada en una silla cubierta de un paño de
oro , puesta en estrado de gradas altas , mandaba
que se asentasen en un lugar baxo de donde ella es-
taba , á la una parte los perlados é caballeros , é á
la otra los dotores de su Consejo ; é los Secretarios
que estoviesen delante della , é tomasen las peticio-
nes de los agraviados , é le ficiesen relación dellas.
(1) El Cura délos Palacios señala la entrada de la Reyna en Se-
villa á 25 de Julio de 1477, cuyas llaves y las de la fortaleza le
entregó el Duque de Medinasidonia, que estaba apoderarlo deella
desde la muerte del Rey Don Enrique. Bernald., Uist. MS. de los
Reyes Calóí,, cap. 29,
.'524
Crónicas de los reyes de castilla.
Mandaba ansimésmo estar delante della á los alcal-
des é alguaciles do su Corte , é sus ballesteros de
maza. E mandaba facer á todos los querellantes com-
plimiento de justicia sin dar lugar á dilación. E si
alguna causa venia ante ella, que requiriese oir la
parte , cometíalo á algún dotor de su Consejo ; é
mandábale que pusiese diligencia en examinar aque-
lla causa , é saber la verdad de tal manera, que den-
tro de tercero dia alcanzase el agraviado justicia.
E desta manera en espacio de dos meses ae fene-
cieron y executaron muchos pleytos é debates civi-
les é criminales. Otrosí fueron muertos por justicia
algunos malfechores, é restituidas muchas perso-
nas en la posesión de los bienes y heredamientos,
que forzosamente lea eran tomados ; los quales mu-
cho tiempo antes estaban pendientes. E con estas
justicias que mandaba executar era muy amada de
los buenos , é temida de los malos ; los quales rece-
lando la justicia que la Reyna mandaba executar, se
ausentaron do la cibdad , é dellos se iban á tierra
do moros , dellos al Reyno de Portogal , é á otras
partes. E porque estos eran en gran número , é rece-
laban que "seria mayor, si la justicia con rigor en
todo se executase, los caballeros é cibdadanos é co-
munidad de la cibdad , considerando que según la
gran disolución de los tiempos pasados, pocos ha-
bía en la cibdad que careciesen de culpa, porque fa-
ciendo , ó favoreciendo , ó en otras formas é circuns-
tancias de pecar, había gran número de culpados,
ovieron su acuerdo de suplicar á la Reyna por per-
don general para todos. E platicaron esto acuerdo
con Don Alonso de Solis Obispo de Cáliz (1), que
en aquella sazón estaba en la cibdad por Provisor
del Cardenal de España Arzobispo de aquella Igle-
sia. E un dia aquel Obispo con gran multitud de los
caballeros é cibdadanos , con los quales iban algu-
nas mugeres, cuyos maridos, fijos y hermanos, el
miedo de la justicia había fecho absentar de la cib-
dad , fueron ante la Reyna. Y ella estando en su si-
lla real , el Obispo propuso ansí : a Muy alta y exce-
))lente Reyna é Señora, estos caballeros é pueblo
») desta vuestra cibdad , vienen aquí ante vuestra
» real Magestad ; é vos notifican , que quanto gozo
j) ovieron los días pasados con vuestra venida á esta
» vuestra tierra , tanto terror y espanto ha puesto
» en ella el rigor grande que vuestros ministros
«muestran en la execucion de la justicia; el qual
«les ha convertido todo su placer en tristeza, toda
»8U alegría en miedo, é todo su gozo en angustia é
«trabajo. Muy excelente Reyna é Señora , todos los
» homes generalmente , dice la Sacra Escriptura,
» que somos inclinados á mal ; é para refrenar esta
(1) En el MS. del Escorial se lee al margen la nota siguiente:
«Este Obispo era natural de Coca, hijo de un labrador. Llamóse
» ron Pedro de Solis. Fué Obispo de lui , y de Cádiz , y Abad de
• Parn/es. Llamóse Solis porque era criado de Suero de Solis,
«vecino de Salamanca. Está enterrado en Coca en la capilla que
» él hizo , que está junto á la Iglesia mayor. » El Cura de los Pa-
lacios le llama Don Pedro Fernandez de Solis, y dice que fué uno
de los encargados por la Reyna para el primer establecimiento de
U Inquisición. Bernald., ílist. de los Reyes Caló!., cap. 43.
)) mala inclinación nuestra, son puestas y estableci-
» das leyes é penas , é fueron por Dios constituidos
» reyes en las tierras , é ministros para las executar,
» porque todos vivamos en paz é seguridad. Pero
)) quando los reyes é ministros son tales de quien no
» se haya temor , ni geles cate obediencia , no nos
«maravillemos que la natura humana, siguiendo
«su mala inclinación, se desenfreno, é cometa de-
» lictos y excesos en las tierras : especialmente en
» vuestra España , donde vemos que los homes por
» la mayor parte pecan en un error común , antepo-
«niendo el servicio de sus señores inferiores á la
» obediencia que son obligados á los Reyes sus sobe-
» ranos señores. E por cierto , ni á Dios debemos
«ofender, aunque el Rey lo quiera, ni al Rey aun-
« que nuestros señores nos lo manden. E porque per-
» vertimos esta orden de obediencia, vienen en los
« reynos muchas veces las guerras que leemos pasa-
« das, é los males que vemos presentes. Notorio es,
» muy poderosa Reyna é Señora, los delictos é crí-
« menes cometidos generalmente en todos vuestros
» Reynos en tiempo del Rey Don Enrique vuestro
« hermano, cuya ánima Dios haya, por la negligen-
» cía grande de su justicia é poca obediencia de sus
)) subditos ; la qual díó causa , que ansi como ovo di-
» sensiones y escándalos en todas las mas de lascib-
» dades de vuestros Reynos , ansí en esta , estos dos
« caballeros vuestros subditos Duque de Medina é
«Marqués de Cáliz, se discordasen, é, con el poco
«temor de la justicia real, se pusiesen en armas,
« en fuerza de las quales cada uno procuró de se-
)) guir su propósito en detrimento general de toda
» esta tierra. Y en esta discordia cibdadana, pocos,
» ó ningunos de los moradores della se pueden bue-
)) ñámente escusar de haber pecado , desobedeciendo
» al sceptro real , siguiendo la parcialidad del uno ó
« del otro destos dos caballeros. E dexando de recon-
» tar las batallas que entre ellos ovo en la cibdad é
«fuera della, é tornando á los males particulares,
» que por causa dellas se siguieron en toda la tierra;
« no podemos por cierto negar que en aquel tiem-
»po tan disoluto no fueron cometidas algunas fuer-
«zas, muertes é robos, é otros excesos por muchos
» vecinos desta cibdad é su tierra , los quales causó
» la malicia del tiempo , é no escusó la justicia del
« Rey ; y estos son en tanto número , que pensamos
«haber pocas casas en Sevilla que carezcan de pe-
» cado , quier cometiéndolo , quier encubriéndolo , ó
» seyendo en él participantes por otras vías é cir-
» cunstancias. E porque de los males de las guerras
» vemos caídas é destruiciones de pueblos é cibda-
«des, creemos verdaderamente, que si esta guerra
«mas durara, é Dios por su misericordia no lo re-
» mediara asentando á Vuestra Majestad en la silla
«real del Rey vuestro padre, esta cibdad de todo
« punto pereciera é se asolara. E si estonces , muy
» excelente Reyna é Señora , estaba en punto de se
« perder por la poca justicia , agora está caida por la
n mucha é muy rigurosa que vuestros jueces é mi-
«nistros en ella executan. De la qual todo este pue-
» blo ha apelado, é agora apela para ante la ciernen-
DON FERNANDO
« cia é piedad do Vuestra real Magestad ; é con las
)) lágrimas é gemidos que vedes é ois , se humillan
» ante vos , é os suplican que hayáis aquella piedad
)) de vuestros subditos, que Nuestro Señor ha de to-
1) dos los vivientes, é que vuestras entrañas reales se
« compadezcan de sus dolores, de sus destierros, de
» sud pobrezas , de sus angustias é trabajos, que con-
» tinamente padecen , andando fuera de sus casas
» por miedo de vuestra justicia. La qual, muy exce-
» lente Eeyna é Señora, como quiera que se deba
» executar en los errados , pero no con tan grande
)) rigor que se cierre aquella loable puerta de la cle-
« mencia , que face á los reyes amados , é si amados,
«de necesario temidos, porque ninguno ama á su
» Rey , que no tema de le enojar. Verdad es , muy
)) excelente Re5''na é Señora , que Nuestro Señor tan
)) bien usa de la justicia como de la piedad ; pero de
» la justicia algunas veces, é de la piedad todas ve.
«ees, é no solamente todas veces, mas todos los
« momentos de la vida; porque si siempre usase de
»]a justicia según siempre usa de la piedad, como
)) todos los mortales seamos dinos de pena, el mun-
n do en un instante perecería. E ansimesmo , porque
)) vuestra real prudencia sabe que el rigor de la jus-
«ticia engendra miedo, y el miedo turbación, é la
«turbación algunas veces desesperación é pecado;
)) é de la piedad procede amor , é del amor caridad,
» é de la caridad siempre se sigue mérito é gloria.
« E por esta razón fallará Vuestra Excelencia que
« la Sacra Scriptura está llena de loores , ensalzando
fila piedad, la mansedumbre , la misericordia, é la
» clemencia, que son títulos é nombres de Nuestro
» Señor, el qual nos dice que aprendamos del , no á
n ser rigurosos en la justicia : Mas aprended de mí,
» dice , que soy humilde é manso de corazón. La Santa
« Iglesia cathólica continamente canta : Llena está
« Señor la tierra de tu misericordia. E por el contino
« uso de su clemencia le llamamos : Miserator, mi-
» sericors , patiens, multae misericordiae. Mire bien
» Vuestra Alteza quantas veces refiere este su nom-
« bre de misericordioso , lo que no fallamos veces
)) tan repetidas del nombre de justiciero, é mucho
« menos de riguroso en la justicia ; porque el rigor
«de la justicia vecino es de la crueldad, é aquel
«príncipe se llama cruel, que aunque tiene causa,
» no tiene templanza en el punir ; é la piedad oficio
» es contino de nuestro Redemptor , del qual toman-
» do exemplo los Reyes y Emperadores , cuya fama
» resplandece entre los vivos, perdonaron los humil-
» des , é persiguieron los soberbios por remediar á
» aquel que les dio poder en las tierras. Entre los
)> quales aquel sabio é Rey Salomón , no demandó á
«Dios que se membrase en los trabajos, no de las
» limosnas , no de los otros méritos del Rey David
« su padre , ni menos de las justicias que fizo , é pe-
«nas que executó. Mas miémhrate, dixo, Señor de
» David, é de toda su mansedumbre; por méritos de
« la qual entendía aquel Rey ganar la mansedum-
» bre é la piedad de Dios , para remisión de sus pe-
» cados c perpetuidad de su silla real. E vos, Reyna
«muy excelente, tomando aquella dotrina mansa
E DONA ISABEL.' 325
de nuestro Salvador , é de los Reyes santos é bue-
nos, templad vuestra justicia , é repartid vuestra
misericordia en vuestra tierra; porque tanto seréis
junta con su divinidad, quanto le remedáredes en
las obras ; ó tanto le remedareis en las obras, quan-
to fuéredes piadosa ; é tanto seréis piadosa, quan-
to os compadeciéredes é perdonáredes los misera-
bles que llaman y esperan con grande angustia
vuestra clemencia. La qual , muy excelente Eey-
na , debe estar principalmente arraygada en vues-
tra memoria , y en los conceptos de vuestra áni-
ma ; porque se miembre Dios de vos é de vuestra
mansedumbre , é vos perdone como vos perdoná-
redes, é vos dé vida como vos la diéredes ; é per-
petúe vuestra silla real en vuestros descendientes
para siempre , especialmente con los desta cibdad
aunque hayan errado, considerando que entre
tanta multitud de errores difícil era vivir por sola
inocencia. El Rey Don Juan vuestro padre, no solo
en una cibdad , ni en una provincia, mas en todos
sus Reynos fizo perdón general quando las disen-
siones y escándalos en ellos acaecidos con los In-
fantes de Aragón sus primos. Vemos ansimesmo,
que vuestra clemencia manda poner en libertad á
los Portogueses que entraron en vuestros Reynos
á vos deservir , é cometieron en ellos grandes de-
lictos é maleficios ; é no solamente los mandáis po-
ner en libertad, mas mandaislos proveer de vues-
tras limosnas, é reducirlos á sus tierras. Reducid,
pues , Reyna excelente á los vuestros , á la piedad
que habéis con los estraños, habedla con vuestros
naturales. Los quales ansí como el ánima enferma
de cobdicia, aunque embuelta en el deseo de los
bienes temporales , siempre sospira á nuestro Dios
que las repare con su misericordia , bien ansí estos
vuestros subditos , aunque embueltos en las guer-
ras é males pasados, pero todavía tovieron un fer-
viente deseo de vuestra victoria é prosperidad;
porque en virtud de vuestro sceptro real , gozasen
de paz é seguridad , la qual muy humilmente os
suplican que derraméis en esta vuestra cibdad é
tierra, porque ansí como damos gracias á Dios por
los males que refrenó vuestra justicia, bien ansí
ge las demos por la vida que nos otorga vuestra
clemencia.!)
Como el Obispo ovo fecho esta suplicación, la
Reyna veyendo la multitud de aquellos homes é
mugeres atribulados , movida á compasión de sus
lágrimas, respondió al Obispo, que líberalmente
mandaría remitir los yerros de aquellos homes cri-
minosos ; pero que no podía con sana consciencia
perdonar las injurias agenas , ni negar la justicia á
las personas que continamente reclamaban delante
della , para que les ficiese justicia de los agravios
que habían recebido. El Obispo replicó : « Señora,
» muchos de los que aquí vienen á vos suplicar por
« piedad, son los que ansimesmo vos demandan jus-
» ticia. E ansí, muy excelente Señora, considerado
» bien por vuestra muy alta prudencia , fallará que
«esta causa que se os presenta, es de calidad que
» sufre bien recompensación de las injurias que unos
326 CRÓNICAS DE LOS EEYES DE CASTILLA.
» cometieron á otros ; pues aquellos que las sufrie-
» ron, también las cometieron, mayormente por to-
» car á gran número de personas , donde el perdón
»ha mayor lugar por reparo de toda una cibdad.»
La Reyna, considerando la calidad de todas aque-
llas querellas, é de sus circunstancias, respondió
que le placia conceder á su suplicación , é que man-
darla dar la orden que entendiese ser cumplidera al
servicio de Dios ó suyo , é á la seguridad de todos
olios. E después que platicó la materia algunos días
con los de su Consejo , mandó publicar perdón ge-
neral á todos los vecinos de la cibdad de Sevilla é
de su tierra é Arzobispado , de todas las muertes y
excesos é crímenes por ellos cometidos fasta aquel
dia, excepto el crimen de la heregía. E ansimesmo,
que fuese restituido lo robado á la persona á quien
fué tomado en aquel tiempo que se fallase. Mandó
ansimesmo á ciertos homes que hablan cometido
feos crimines , que fuesen desterrados de la cibdad
é de su tierra, dellospara siempre, dellos por algún
tiempo , según la calidad de sus excesos. E con este
perdón tornaron á la cibdad de Sevilla é su tierra
mas de quatro mil personas que andaban f uidos por
miedo de la justicia.
CAPITULO LXXI.
De las alegaciones que ficieron el Duque de Medina y el Marqués
de Cáliz , uno contra otro.
La Reyna veyendo la multitud de los pleitos é
negocios que habia en aquella cibdad, mandó á sus
porteros que dexasen entrar á donde ella estaba to-
dos los que viniesen con algunas querellas ; é con-
tinaba las audiencias públicas en su cámara. E los
de su Consejo é Alcaldes de su Corte trabajaban por
su mandado todos los dias en oir las querellas, é
facer complimiento de justicia á los agraviados.
Mandó ansimesmo, que si pleytos algimos viniesen
ante sus comisarios en que oviese alguna dubda,
que le ficiesen relación dellos, é que ella por su per-
sona los determinarla, porque las gentes no gasta-
sen su tiempo é bienes demandando justicia. Y en
estos tales entendía todos los dias, los quales exa-
minaba con tal diligencia, que conocía las alegacio-
nes que con malicia, é con intención de dilatar se
alegaban ; é sin dar lugar á ellas mandaba luego
executar la justicia. Esto fizo de tal manera, que
ítllende de las restituciones que se ficieron por sus
sentencias é de sus comisarios , las gentes estaban
tan sometidas é temorizadas de las penas que se
txecutaban, que qualquier que se sentia tener car-
go de otro, f acia justicia de sí mesmo, é satisfacía á
la parte agraviada por temor, ó por vergüenza de
Avenir á juicio delante do la Reyna. Otrosí el Duque
de Medinasidonia, que tenia en aquella cibdad gran
parcialidad de parientes é criados , suyos é de su
padre é abuelos, fizo relación á la Reyna, como el
Marqués de Cáliz , é muchos de su parcialidad ha-
blan fecho é cometido grandes crimines é delictos
en toda la tierra; é hablan puesto aquella cibdad en
tanto escándalo en tiempo del Rey Don Enrique su
hermano, que algunas veces estovo en punto de se
perder. É después que ella habia sucedido en el Rey-
no, habia tratado con el Rey de Portogal cosas cri-
minosas en su deservicio, mediante el Marqués de
Villena, cuya hermana tenia por muger. É represen-
tó á la Reyna sus servicios, diciendo los trabajos de
su persona, é grandes gastos que habia fecho de su
facienda,por tener á su obediencia aquella cibdad
étoda aquella tierra, é la defender de las guerras
públicas é otras formas secretas que el Marqués de
CáHz habia tenido por entrar en ella é la poner en
obediencia del Rey de Portogal. Díxole ansimesmo
que el Marqués tenia la cibdad de Xerez opresa, é
los moradores della fuera de toda libertad, con las
grandes sinrazones que les facia. É que tenia tira-
nizada la fortaleza de Alcalá de Guadayia, é otras
fortalezas de la cibdad de Sevilla ; é favorecía á los
alcaydes para que no acudiesen con ellos á la cib-
dad cuyas son, é para que desde ellas ficiesen las
fuerzas que hablan fecho. En especial favorecía al
Mariscal Fernandarias de Sayavedra, que tenia la
villa y el castillo de Tarifa, é la fortaleza de Utrera,
donde se hablan fecho , é facían robos é fuerzas á
los moradores de la comarca. En fin suplicóle, que
proveyese como Reyna justiciera debía proveer, re-
munerando á él los servicios que le habia fecho, é
procediendo contra el Marqués por los crimines que
habia cometido. La Reyna, oídas aquellas razones,
respondió al Duque, que la principal causa porque
deliberó venir á aquella tierra, fué por quitar della
todos crimines é tiranías ; en lo qual entendía con
el ayuda de Dios, trabajar, fasta la poner en toda
seguridad. E díxole que oviese buena esperanza, é
pacificase los caballeros de su parcialidad; porque
habiendo respeto á la justicia, ella estaba en propó-
sito de honrar su persona, é guardar las cosas que
le tocasen como de leal servidor. Los de la cibdad
de Sevilla, ansí los caballeros como los cibdadanos
é plebeyos, por la mayor parte eran aficionados al
Duque por la gran naturaleza que él é su padre é
abuelos de luengos tiempos tenían en aquella cib-
dad ; é publicaban que según las cosas pasadas, el
Marqués rebelaría á los mandamientos de la Reyna
é se pornia en resistencia contra ella si algo le man-
dase. E daban á entender á la Reyna, é consejában-
le que mandase aderezar todas las cosas necesarias
á la guerra contra el Marqués, antes que oviese lu-
gar de se proveer, porque bastecía la fortaleza de
Xerez, ó las otras fortalezas que tenia ; é trabajaban
de indinar á la Reyna contra el Marques, por quan-
tas maneras podían. La Reyna, movida por estas
informaciones , é considerando que el Marqués no
habia venido á le facer la reverencia que debía
concibió alguna indinacion contra él. Como esto vi-
no á noticia del Marqués, acordó de venir á la Rey-
na solo con un su servidor. E una noche estando la
Reyna retraída en su cámara, el Marqués entró, é le
dixo estas palabras : a Védesmeaquí, Reyna muy po-
nderosa, en vuestras manos; é si á Vuestra real Ma-
« gestad ploguiere, mostraré mi innocencia, é aque-
»lla vista, faga Vuestra roal Señoría de mí aquello
DON FERNANDO
nque le placerá. Yo no vengo aquí con fiucia de la
«seguridad que Vuestra real Magestad me haya da-
tó do, pero vengo con la que mi inocencia me da. Ni
» vengo á decir palabras, mas vengo amostrar obras;
»ni menos quiero dañar vuestras orejas reales , con-
«denando á ninguno, mas quiero salvar á mí con la
«verdad, que siempre salva al inocente. Erabiad Se-
Bñora á recebir vuestras fortalezas de Xerez, é de
»Alcalá, aquellas que mis adversarios vos dan á en-
»tender, que con gran gente, é mucho tiempo son
Bdifíciles de haber; é si las de mi patrimonio com-
»plen á vuestro servicio , dende esta vuestra cámara
Blas faré entregar, pues entrego mi persona. E por
»no enojar á Vuestra Magestad, dexode decir como
»el Duque mi adversario juntó la mayor parte del
npueblo desta cibdad, ó vino á mi casa, é me echó
»della, é me desterró de mi naturaleza. Ni menos
«quiero exprimir los agravios que á mí é á los mios
» ha fecho, porque Vuestra Señoría lo sabrá por ver-
« dad eras informaciones. É sobre todo crea Vuestra
«real Señoría, que me consolaré autes sofriendo
» vuestra ira que su orgullo. E si yo traté con el Rey
«de Portogal, ó fice alguna cosa en vuestro deservi-
«cio, á Dios que sabe las intenciones secretas doy
«por testigo, éá vos que habéis visto las obras pú-
«blicas.« LaReyna, oidas aquellas razones fué muy
contenta, porque f abló breve, é con ef eto , é díxole:
«Marqués, verdad es que yo he habido de vos no
«buenas informaciones, pero la confianza que vos
«ha fecho venir ante mí, da señal del descargo vues-
«tro; é dado que fuésedes diño de pena, haberos
«puesto desta manera en mis manos, me obligaría á
«usar con vos de benignidad. Entregad luego esas
«mis fortalezas de Xerez é de Alcalá que tenéis, é
»yo mandaré entender en los debates que son entre
«vos y el Duque de Medina, é determinaré aquello
«que sea justicia, guardando en todo vuestra hon-
«ra.« El Marqués como vido á la Reyna aplacada, ó
sin indinaciou,dixo: «Que le placía de entregar lue-
«go aquellas fortalezas que lo mandaba.» Otrosí le
dixo : «Téngovos, Señora, en merced señalada, que
«vos plega entender en estos debates que son entre
«mi y el Duque, porque fallará por cierto Vuestra
«real señoría, que ninguno hay, salvo que quiere el
«Duque solo señorear esta cibdad ; é que ni vos, que
« sois señora, uséis de vuestro señorío , ni el caballe-
«ro que es natural, goce en ella de su naturaleza. É
«cerca de la información que vos ha fecho de los
«tratos que yo he tenido con el Rey de Portogal en
« deservicio vuestro , por respeto de mi cuñado el
«Marqués de Villena; verdad es que yo soy casado
«con su hermana, pero no me obligó el casamiento
»á que yo quisiese lo que él quiere, ni siguiese el
«camino que él siguió : cada uno es libre para facer
» aquello que entiende que debe seguir, E si por
«ventura por alguna vía pública, ó escondida, Vues-
))tra Alteza fallare que yo en estos tiempos pasados
«favorecí la parte del Rey de Portogal, qualquiera
«pena que mo mandáredes dar sufriré con pacien-
» cía. Verdad es que no servia las guerras pasadas
»5á Vuestra Alteza como debia, é yo deseaba, por los
É DOÍÍA ISABEL. 327
«impedimentos é guerras grandes que por parte del
«Duque me eran fechas; en las quales no serví por
«cierto al Rey de Portogal, como el Duque dice, mas
«resistí á él como todos saben. » Dichas estas pala-
bras, partió de la cámara de la Reyna, é fué para la
cibdad de Xerez. La Reyna embió con él á Juan de
Robres, un su capitán á tomar la fortaleza de Xerez,
é usar en la cibdad del oficio de justicia. El Marqués
entregó luego la fortaleza á aquel capitán, é ansi-
mesmo la fortaleza de Alcalá de Guadayra, la qual
mandóla Reyna qua recibiese un caballero de su
casa, que se llamaba Pero Vaca.
CAPÍTULO LXSIL
Délas fortalezas de Sevilla, que se entregaron á la Reyna.
Como la venida del Marqués, é la entrega que fizo
de aquellas fortalezas, fué contra el pensamiento
del Duque , é de todos los de su parcialidad, é ge-
neralmente contra la opinión de todos los de aquella
tierra, fueron maravillados ; é pesó de aquella obe-
diencia que el Marqués fizo á algunos homes de ma-
los deseos, tan bien de su parcialidad, como de la
parte contraria ; porque con la rebelión que espera-
ban del Marqués entendían que habría en aquella
tierra guerras y escándalos , do pensaban ser acre-
centados. Como aquellas fortalezas de Xerez é Alca-
lá fueron entregadas por el Marques, luego mandó
la Reyna al Duque, que ansimesmo entregase las
fortalezas que tenia de la cibdad. El Duque, vístala
entrega que el Marqués había fecho, entregó luego
las fortalezas de Frexenal, Aroche, Aracena, Libri-
xa, Alanis, Constantina, Alcantarilla» que el Duque
y el Marqués, é algunos caballeros de sus parciali-
dades tenian. E puso la Reyna en ellas por alcaydes
homes naturales de la cibdad, que venían con ella é
no eran de ninguna destas parcialidades, Embió an-
simesmo la Reyna á mandar al Mariscal Fernanda-
rías de Sayavedra, que tenia la fortaleza de Tarifa,
que la entregase al Almirante Don Alonso Enriquez
tío del Rey, porque aquella tenencia había tenido el
Almirante Don Fadrique bu padre. Otrosí le mandó
que entregase la fortaleza de Utrera, que era de la
cibdad de Sevilla, para que la toviese por la cibdad
la persona que ella mandase, según había dispuesto
de todas las fortalezas de la cibdad. Aquel Mariscal
Fernandarias respondió, que las tenencias de aque-
llas fortalezas habían seydo de Gonzalo de Saya-
vedra su padre ; é que el Rey Don Enrique las ha-
bía confirmado á él, é no habia razón porque debie-
se ser desapoderado dellas. Y embió á mandar al
alcayde de la fortaleza de Utrera, é á los que esta-
ban con él que se defendiesen é no la entregasen á
la Reyna , porque él los socorrería sí fuesen cerca-
dos. La Reyna, sabida la respuesta del Mariscal,
mandó luego á ciertos capitanes de su guarda , que
fuesen á poner sitio sobre la fortaleza de Utrera. E
al cabo de quarenta días que estovo cercada, é fe-
chos algunos portillos en el muro con las lombardas
que le tiraban ; por mandado de la Reyna fué á re-
querir aquel sitio Gutierre de Cárdenas, su Contador
328
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mayor, por ver la dispusicion en que estaba, é pro-
veer en las cosas que fuesen necesarias. El qual fué
á requerir al alcayde, é á los que con él eran , que
la entregasen á la Eeyna, según que buenos subdi-
tos ó naturales eran obligados de facer, é que les
salvarla las vidas : las quales merecían perder por
la rebelión que hablan mostrado á los mandamien-
tos de la Reyna. El alcayde , é los que con él esta-
ban , respondieron, que no la entregarían , salvo al
Mariscal Fernandarias de Sayavedra , que allí los
habia puesto. Como esto oyó Gutierre de Cárdenas,
é conoció la rebelión de aquel alcayde , é de los que
con él eran, ordenó la gente que en aquel sitio es-
taba en quatro partes, é cada una forneció de per-
trechos, é mantas, ó artillería, é ballestería, la que
entendió ser necesaria para el combate. É todas las
cosas aparejadas, un dia por la mañana combatió la
fortaleza por quatro partes : en el qual combate
murieron algunos homes de los defuera. Murió an-
simesmo el alcayde de la fortaleza , que se llamaba
Pedro de Guzman ; é duró el combate todo el dia fas-
ta después de vísperas. Al fin los de dentro , porque
dellos eran muertos, dellos malferidos, é todos los
otros cansados de la priesa que la gente de la Reyna
les dio por todas partes, como vieron muerto al al-
cayde falleciéronle las fuerzas para pelear (1). É los
defuera ovieron lugar de entrar en la fortaleza por
fuerza, en la qual entrada fueron muertos é feridos
algunos escuderos de la guarda de la Reyna, que se
mostraron esforzados en aquella facienda, é fueron
presos veinte é dos homes que quedaron vivos de los
de la fortaleza. Estos traídos á la cibdad de Sevilla,
porque fueron rebeldes , é hablan cometido grandes
crimines é robos, la Reyna los mandó aforcar,
CAPÍTULO LXXIII.
De las cosas qne pasaron el año siguiente de mil é quatrocientos
t setenta é ocho años, é como este año nació el Principe Don
Juan.
El Rey, que eegan habernos contado , tenia pues-
to sitio sobre la fortaleza de Castronuño , veyendo
que no se podia combatir porque el lugar do estaba
fundada, era una cuesta alta é redonda , que se lla-
ma la Muela, en la qual estaba gente de armas de
aquel alcayde , que la defendían , é la artillería no
habia lugar de tirar a parte ninguna donde ficiese
daño, por la dispusicion del lugar; acordó de dexar
en aquel cerco sus capitanes proveídos de lo que
era necesario para el sitio. É vino (2) para la cibdad
(1) El sitio de Utrera se puso á últimos de Noviembre, pero no
se tomó hasta el Domingo de Quasimodo del siguiente de 1478,
como reücre el Cura de los Palacios, autor bien instruido en las
cosas de Andalucía. También varia el nombre del Alcayde, á quien
llama Alonso Tellez, un escudero que vivia en casa del Mariscal
Fernand Arias. Bernald., cap. 31.
(-2) El Rey entró en Sevilla de allí á un mes que la Reyna, i úl-
timos de Agosto, como refiere el Cura de los Palacios, que supone
que quando el Marqués de Cádiz se presentó estaban los Ueyes
ya juntos, y es mas probable, porque las resultas de sitiar las
fortalezas rebeldes son posteriores i la venida del Rey. Bernald.,
cop. W.
de Sevilla do estaba la Reyna, é fué recebido por
todos los de la cibdad con grand alegría ; é allí esto-
vo algunos dias, en los quales la Reyna se fizo pre-
ñada. Este preñado era muy deseado por todos los
del Reyno, porque no tenían sino á la Princesa Do-
ña Isabel que habia siete años ; en los quales la
Reyna no se habia fecho preñada. É con grandes
suplicaciones é sacrificios, é obras pías que fizo, plo-
go á Dios que concibió é parió en aquella cibdad un
fijo que se llamó el Príncipe Don Juan ; el qual na-
ció en aquella cibdad de Sevilla á veinte é nueve
dias (3) del mes de Junio deste año de mil é qua.
trocientos é setenta é ocho años. Por el nacimiento
deste Príncipe se ficieron grandes alegrías en todas
las cibdades é villas de los Reynos de Castilla é de
Aragón, é de Sicilia, y en todos los otros señoríos
del Rey é de la Reyna, porque plogo á Dios darlos
heredero varón. En estos dias que el Rey é la Rey-
na estovieron en la cibdad de Sevilla , el Rey de
Granada ombió sus embaxadores á demandar tre-
guas por cierto tiempo. El Rey é la Reyna acorda-
ron de gelas dar, pagando cada año las parias que
los Reyes Moros acostumbraban dar. El Rey Moro
que se llamaba Muley Albohacen , respondió , que
los Reyes de Granada que solían dar parias eran
muertos ; é que en las casas do se labraba estonces
la moneda que se pagaba en parias , se labraban
agora fierros de lanzas para defender que no se pa-
gasen. El Rey é la Reyna , como quiera que cono-
cieron ser soberbiosa respuesta, pero acordaron de
gelas otorgar por tiempo de tres años, sin que se
pagasen las parias acostumbradas , por causa de la
guerra que tenían con el Rey de Portogal, ó pen-
diente aquella, no estaban en tiempo de mover
guerra contra moros. Otrosí embiaron bus capitanes
Contra aquel Mariscal Fernandarias , que habemos
dicho que tenia á Tarifa, para le facer guerra por
la rebelión que habia mostrado contra sus manda-
mientos, é mandáronle tomar todos sus bienes. El
Mariscal visto que no podia resistir el poderío real,
embió á suplicar al Rey é la Reyna, que le perdo-
nasen, ó le mandasen restituir sus bienes que le ha-
bían tomado. El Rey é la Reyna, por contemplación
del Marqués de Cáliz , é de otros caballeros de la
cibdad parientes de aquel Mariscal , que les habían
bien servido, concedieron á sus suplicaciones, ó
perdonáronle. É luego entregó la villa de Tarifa al
Almirante Don Alonso Enriquez tio del Rey; el
qual dio la tenencia della á Don Pero Enriquez su
hermano, Adelantado mayor del Andalucía. Ansi-
meemo embiaron mandar á Pedro de Godoy un ca-
(3) El sumario de Galindez señala el nacimiento del Príncipe
en 28 de Julio, y Nebrixa en 29; pero no fué sino á 30, como
está en los impresos, y lo comprueba Zúfiiga por la carta de aviso
que tuvo la ciudad de Sevilla en Miércoles 1 de .'ulio que dice
como parió el dia antes. El mismo año á 29 de Julio, Miércoles,
hubo eclipse de Sol total, visible en Europa, Asia y África , á 42
pulgadas del centro al S. 0. y empezó á observarse en Sevilla
como á las dos de la tarde. Galind., alio 1478; Bernald., cap. 34.
Este autor trae muy á la larga las tiestas que se hicieron al naci-
miento del Príncipe, y las solemnidades de su bautizo y salid»
de la Reyna á misa, cap. 52 y 33.
DON FERNANDO
ballero que tenía la villa é los alcázares de Carmo-
na, que luego los entregase. E como quiera que este
caballero quisiera demandar equivalencias é merce-
des por aquella tenencia que le quitaban ; pero con-
siderando que no tenia lugar de mostrar desobe-
diencia á los mandamientos reales , é vista la gran
diligencia que ponia la Beyna en cobrar las fortale-
zas de su Eeyno que estaban enagenadas, é por la
justicia que vido que se executaba contra los rebel-
des á sus mandamientos, ovo su acuerdo de las en-
tregar: la tenencia de las quales fué dada por la
Keyna á Gutierre de Cárdenas su Contador moyor.
CAPÍTULO LXXIV.
úe como fué dado el Maostradgo de Sanctiago al Comendador
mayor Don Alonso de Cárdenas.
El Comendador mayor de León, que se intitulaba
Maestre de Santiago, no embargante que, según ha-
bernos contado, la Rey na estorbó que no fuese ele-
gido en el convento de Ucles; pero siempre sirvió
con gran lealtad al Rey é á ella en la guerra contra
el Reyno de Portogal, en el qual entró dos veces
con gente de armas, é fizo grandes quemas de luga-
res, é talas, é robos, é otros estragos. E siempre sii-
viéndoles con gran humildad, les suplicaba les plo-
guiese guardar su derecho cerca de la elección que
los Treces é Comendadores de la Orden le hablan
fecho en la provincia de León, é la que todos en
concordia querían confirmar en el convento de
Ucles. El Rey é la Reyna, como quier que habían
acordado que el Rey oviese el Maestradgo en ad-
ministración , pero considerando los servicios é obe-
diencia del Comendador mayor, é que por ningún
estorbo ni contradicion que le ficieron cerca de su
elección, le mudaron la constancia que tovo en las
cosas de su servicio; especialmente porque sintieron
algún cargo de sus consciencias, por contrariar las
constituciones de la Orden; acordaron de gelo otor-
gar, é dieron lugar que fuese elegido en concordia
c suplicaron al Papa que lo confirmase, y el Papa
lo confirmó. El Rey é la Reyna asentaron con él,
que de las rentas del Maestradgo fuese tenudo de
les dar todo el tiempo que fuese Maestre cada un
año tres cuentos de maravedís, pa,ra el reparo é
bastimento de los castillos que son frontera de Gra-
nada, é para las otras cosas concernientes á la
guerra de los moros, y el Maestre lo otorgó, y en
esta manera ovo el Maestradgo de Santiago. Como
este Maestre fué proveído d(?l Maestradgo, fué an-
simesmo proveído Don Gutierre de Cárdenas, Con-
tador mayor del Rey é de la Reyna, de la enco-
mienda mayor de León que tenía el Maestre. Este
Maestre era fijodalgo, é Lome esforzado, é de buen
entendimiento, é borne piadoso, é limosnero; fué
natural de Ocaña, fijo de un caballero que se lla-
maba Don Garcí López de Cárdenas, que fué Co-
mendador mayor de León en esta Orden de San-
tiago.
•k DO^A ISABEI/.
329
CAPÍTULO LXXV.
De como el Rey fué á ver al Rey de Aragón su padre.
Recebidas las fortalezas de la tierra de Sevilla,
é de la villa de Carmena, el Rey partió de Sevilla
é fué á la cibdad de Trogillo, é tomó la fortaleza de
poder de Gonzalo de Ávila, que la tenía en tercería,
porque el término que la había de tener era pasado:
la qual entregó á Sancho del Águila un caballero
de Avila, é proveyóla de gente, é de las otras cosas
necesarias para la guerra que se contiimaba contra
Portogal. É luego partió de Estremadura, é fué á la
cibdad de Victoria, donde esperó al Rey de Aragón
su padre; el qual vino allí, y el Rey le salió á reci-
bir fuera de la cibdad, é llegó á él, é demandóle la
mano para gela besar, y el Rey de Aragón no gela
quiso dar. Otrosí se puso á su mano izquierda y el
Key de Aragón no lo consintió. E ansí entraron en
la cibdad, el Rey de Aragón á la mano izquierda
del Rey su fijo, y el Rey fué con el Rey su padre
fasta su posada, é descabalgó en ella para le poner
en su cámara. El Rey de Aragón, quando sopo que
aquella era su posada, díxole: «Vos, fijo, que sois Se-
ȟor principal de la Casa real de Castilla, donde yo
)) vengo, sois aquel á quien todos los que venimos de
«aquella casa, somos obligados de acatar é servir
ncomo á nuestro Señor é pariente mayor; é los ho-
«nores que yo os debo en este caso, han mayor lu-
»gar que la obediencia filial que vos me debéis
«como á padre: por tanto tornad á cabalgar, yo me
«iré con vos á vuestra posada, porque ansí lo quiere
nía razón.» El Rey por los ruegos que el Rey su
padre le fizo, consintió que fuese con él fasta su po-
sada. El Rey de Aragón estovo en aquella cibdad
por espacio de veinte días, dando orden en las cosas
del Reyno de Navarra, que pertenecía al Rey Febo
BU nieto, y en la paz é seguridad de aquel Reyno.
Otrosí en las cosas que concernían á la buena go-
bernación de los Reynos de Aragón, é de Sicilia, é
de las otras islas; para lo qual era necesario plati-
car el uno con el otro. En todos los otros actos pú-
blicos é secretos que allí pasaron entre los dos Reyes
no consintió el Rey de Ar*gon que el Rey su fijo
le ficiese la cerímonia que le debía como á padre;
é todas las que él debía facer, fizo al Rey su fijo
como á pariente mayor. Fechas é asentadas todas
las cosas, para que allí se habían juntado, el Rey
de Aragón volvió para su Reyno, y el Rey vino
para el sitio que tenía puesto sobre Castronufio, en
el qual falló que sus gentes tenían bien opremidos
á los que estaban en la fortaleza; porque como
quier que de los bastimentos no tenían mengua,
pero faltaban muchos homes que eran muertos é
ferídos en las escaramuzas que de contíno facían.
El Rey, conocido el estado de aquel sitio, fizo mo-
ver partido al alcayde que entregase la fortaleza.
El alcayde dio f abla, é púsose en trato de la dar
al Rey: porque el mucho tiempo que habla estado
sitiado sin haber mensagero ni esfuerzo del Rey de
Portogal, le fizo perder esperanza del socorro que
330
le habia prometido. E ansimesmo porque ya no se
confiaba en la gente que con él estaba, á la qual
habia acostumbrado de tal manera, que recelando
de la dotrina que él mesmo les habia dado, pensaba
que le matarían, é darian la fortaleza al Eey. El
Bey ansimesmo, porque ovo nuevas que el Rey de
Portogal era despedido de Francia para pasar á su
Reyno, é considerando los inconvinientes que en la
dilación del tiempo podian nacer, condescendió al
partido que el Alcayde le demandó; é dióle seguri-
dad para que fuese á Portogal con todo lo que te-
nia en la fortaleza. Y en esta manera la entregó al
Eey, la qual mandó luego derribar por los muchos
robos é fuerzas que della se hablan fecho, é porque
no oviese lugar donde mas en adelante se ficiesen.
Como la fortaleza de Castronuño fué derribada, y
el Piey ovo expedido las cosas que fueron necesarias
en aquella comarca; luego vino para la cibdad de
Sevilla donde la Eeyna estaba. É acordaron de par-
tir de allí para la cibdad de Córdoba, por dar orden
en la justicia de aquella cibdad é de su tierra, é res-
tituir las fortalezas della que estaban tiranizadas,
é desagraviar á muchas personas que en los tiem-
pos pasados hablan recebido daños é fuerzas en sus
bienes. Antes que partiesen de la cibdad de Sevilla,
el Marqués de Cáliz suplicó al Rey é á la Eeyna que
le diesen lugar que volviese á la cibdad á estar en
BU casa, é no consintiesen que tanto tiempo estuvie-
se desterrrado de su naturaleza, sin haber otra cau-
sa, salvo la enemistad que con él tenia el Duque de
Medina. El Eey é la Eeyna, considerando que si
tornase á la cibdad, según las enemistades que ha-
bia entre el Duque y él, no se podrían escusar entre
ellos algunos inconvinientes é daños á los vecinos
de la cibdad, y escándalo en toda la tierra; acorda-
ron que ni él volviese á la cibdad de Sevilla, ni el
Duque estoviese en ella, é cada uno estoviese en su
tierra. B mandaron al Duque salir luego de la cib-
dad, é que no volviese á ella sin su licencia. Este
mandamiento que al Duque se fizo, le fué grave,
porque decia, que siempre habia servido al Eey é á
la Eeyna; é que en los tiempos de las turbaciones
é guerras pasadas habia sostenido con grandes tra-
bajos é peligros aquella cibdad para su servicio, é
que les habia fecho leales servicios dinos de gran-
des mercedes; é que no solamente no gelas facían,
mas en lugar dellas, le daban pena de destierro de
su casa é naturaleza. Decían ansimesmo, que no de-
bía ser fecha comparación de su persona é servicios
á la persona del Marqués de Cáliz que habia deser-
vido. É decia otras razones, por do mostraba ser
agraviado de aquel mandamiento que le fué fecho.
El Eey é la Eeyna, considerando quanto compila al
servicio de Dios é suyo, é quantos daños é muertes
se escusaban estando absentes aquellos dos caballe-
ros de la cibdad, é que farian agravio al Marqués
8i le dcxasen fuera quedando el Duque en la cibdad,
insistieron en su primero mandamiento, é ñcierou
salir de la cibdad al Duque; é prometieron al uno é
al otro, que habido tiempo conviniente entenderían
en sus debates, é darian tal orden, que con paz é
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
amor volviesen á estar en sus casas en la cibdad.
Embiaron ansimesmo en aquel año desde la cibdad
de Sevilla á Don Juan de Gamboa uu caballero de
la Montaña criado del Eey, que era Alcalde de
Fuenterrabía, é al Licenciado Don Juan de Medina
Arcediano de Almazan, del Consejo del Eey é de la
Eeyna, por sus diputados á la villa de Fuenterra-
bía (1) con sus poderes bastantes para platicar é
conferir con el Obispo de Lumbiers, é con otro ca-
ballero Francés, que el Eey de Francia había em-
biado á la villa de Bayona por sus diputados, sobre
las materias de la paz que el Cardenal de España
trataba que se firmase entre el Eey é la Eeyna, y
el Eey de Francia é sus Eeynos, é sobre las cosas
de las guerras pasadas.
CAPÍTULO LXXVI.
De la armada que se fizo por mar, para conquistar las islas de la
Graa Canaria.
Acordaron el Eey é la Eeyna de facer armada
por mar, y embiar á conquistar las islas de la Gran
Canaria, aquellas que eran rebeldes é no estaban
subjetas á señorío. E mandaron fornecer muchas
naos de armas, é bastimentos, ó caballos, y embia-
ron por su capitán de aquella conquista á un caba-
llero natural de Xerez de la Frontera, que se lla-
maba Pedro de Vera, home de buen esfuerzo, y
experimentado en las cosas de la guerra; el qual
descendió en las islas de la Gran Canaria, é peleó
muchas veces con las gentes bárbaras que moraban
en ellas. La qual conquista duró por espacio de tres
años, en los quales ovo con aquellas gentes guerras
continas. Y el Eey é la Eeyna ficieron grandes gas-
tos, porque continamente en todo tiempo embiaban
gentes de guerra, é otras grandes provisiones de
vino, é lienzo, é fierro, é paño, é armas, é de todas
las otras cosas que eran necesarias al sostenimiento
de las gentes, que por su mandado estaban en
aquella conquista, É al fin fueron puestas en subje-
cion del Eey é de la Eeyna. Aquellas islas son tier-
ra muy caliente, é fértil de pan, é de muchos ga-
nados domésticos, é miel, é otros muchos frutos.
Las gentes que allí moraban no se vestían ropas
de lana, salvo pellejos de anímales; ni tenían fierro
é defendíanse con piedras, é con varas de árboles,
que aguzaban con piedras agudas, las quales varas
por el grand uso que tenían de tirar, salían de sus
brazos tan recías como de ballestas é de arcos, é
pasaban una adarga; é defendíanse en cuevas, é
dellas facían tanta guerra que ninguno osaba me-
terse entre ellos por la espesura de las cuevas que
tenían. Moraban en chozas, é ramadas de árboles,
que los defendían del fervor del sol é de las aguas.
É labraban la tierra con cuernos de vacas, é con
poca labor cogían mucho fruto, por la gran fertili-
dad de la tierra. Su creencia era en un solo Dios de
lo alto; é tenían un lugar do facían oración, é su
(1) En el MS. de Monforl hay una nota marginal que dice: Éslt
Don Juan fué desj/nes Obispo de Segovla.
DON FERNANDO
ritu era rociar aquel lugar do oraban con leche de
cabras que tenían apartadas, é las criaban para sólo
aquello; é á estas cabras llamaban ellos animales
santos. Su lengua era bárbara muy cerrada, é apar-
tada de la lengua castellana. Pero porque habia
ende otras islas, que estaban en la subjecion del
Rey é de la Reyna, que eran ya christianos, los
quales iban é venian muchas veces á la cibdad de
Sevilla, y eran mostrados en nuestra lengua; de
aquellos tales llevaban intérpretes que entendían.
El Rey é la Reyna embiaron á aquellas islas fray-
Íes é clérigos, que los convirtiesen á la fé de Nues-
tro Salvador. Aquellas gentes eran muy agudas de
su natura, é placíales saber y entender las cosas de
nuestra fé. Ansimesmo en aquellos dias partieron
de la cibdad de Sevilla é de los otros puertos del
Andalucía fasta treinta é cinco caravelas para la
mina del oro : en las quales iban muchos mercade-
res é personas que se sentían dispuestos para sofrir
el largo camino de la mar, é las dolencias que se
recrecían en aquella tierra. Los quales llevaban
cargadas las naos de aquellas ropas viejas, é con-
chas, é almireces, é manillas de latón, é de las otras
cosas que eran demandadas por las gentes que en
aquellas tierras moraban. Y embiaron el Rey é la
Reyna en aquella flota por capitán un caballero que
se llamaba Pedro de Covídes, á quien mandaron que
obedeciesen todas las gentes é mercaderes que iban
en aquella flota. E de todo el oro que se traía de
aquella tierra, el Rey é la Reyna habian la quinta
parte, de lo qual habian gran renta.
CAPÍTULO LXXVIL
De la heregía que se falló en Sevilla y en Córdoba, y en otras al-
gunas cibdades de los Reynos de Castilla, é Aragón, 6 Valencia
é Cataluña (1).
Algunos Clérigos é personas religiosas é otros
muchos seglares, informaron al Rey é á la Reyna,
que en sus Reynos é señoríos habia muchos chris-
tianos del linage de los judíos, que tornaban á ju-
dayzar, é facer ritos judaycos secretamente en sus
casas; é ni creían la fé christiana, ni facían las
(1) El Cronista refiere en este capítulo varias cosas que perte-
necen á distintos tiempos. La ordenanza ó edicto del Cardenal de
Mendoza fué hecha y publicada en este año, pero no la conce-
sión de la Bula, ni el establecimiento de la Inquisición. Los Re-
yes á su partida de Sevilla dejaron encargado este negocio al
Provisor Don Pedro de Solis, al Asistente Diego de Merlo, y á un
Religioso de San Pablo llamado Fray Alonso, y estos formaron el
primer plan de la Inquisición, sobre el qual se pidió la Bula á
Sixto IV y éste la concedió en UfiO, siendo encargados de este
negocio en Roma Don Francisco de Santillan, Obispo de Osma, y
su hermano Don Diego de Santillan ambos Sevillanos, hijos del
Doctor Ruy García de Santillan, del Consejo del Rey Don Juan II,
como trae Zuñiga en sus Anal., año 1480, p. 389. Pero el estable-
cimiento formal de la Inquisición no se efectuó hasta el año 1481,
como afirma el Cura de los Palacios, y comprueba el mismo Zü-
ñiga por la lápida que está en la portada de dicho Tribunal en
Sevilla. Anal., año l-iSl, p, 389. Bernaldez señala los tres primeros
Inquisidores, que fueron dos Fray ¡es de Santo Domingo, un Provin-
cial é un Vicario, el uno llamado Fray Miguel, y el otro Fray Juan,
é con ellos d dolor de Medina, Clérigo de San Pedro, etc. Bcrnald,,
cap. 43 y 44.
t DOÑA ISABEL. 331
obras que cathólicos christianos debían facer. É so-
bre este caso les encargaban las consciencias, re-
quiriéndoles, que pups eran príncipes cathólicos, cas-
tigasen aquel error detestable; porque si lo dexasen
sin castigo, é no se atajaba, podría crecer de tal ma-
nera, que nuestra santa fé cathólica recibiese gran
detrimento. Esto sabido por el Rey é por la Reyna,
ovieron gran pesar, por se fallar en sus señoríos
personas que no sintiesen bien de la fé cathólica, é
fuesen hereges é apóstatas. Sobre lo qual el Carde-
nal de España Arzobispo de Sevilla, fizo cierta cons-
titución en la cibdad de Sevilla, conforme á los sa-
cros Cánones, de la forma que con el christiano se
debe tener desde el día que nace, ansí en el sacra-
mento del baptismo, como en todos los otros sacra-
mentos que debe recebir, é de lo que debe ser doc-
trinado, é debe usar é creer como fiel christiano, en
todos los dias é tiempos de su vida, fasta el día de
su muerte. É mandólo publicar por todas las Igle-
sias de la cibdad, é poner en tablas en cada parro-
quia por firme constitución. É otrosí de lo que los
curas é clérigos deben dotrinar á sus feligreses,
é lo que los feligreses deben guardar é mostrar á
sus fijos. Otrosí el Rey é la Reyna dieron cargo á
algunos Frayles é Clérigos, é otras personas reli-
giosas, que dellos predicando en público, dellos en
fablas privadas é particulares, informasen en la
f á aquellas personas, é los instruyesen, é reduxe-
sen á la verdadera creencia de Nuestro Señor Jesu
Christo, ó les mostrasen en quanta damnación per-
petua de sus ánimas, é perdición de sus cuerpos ó
bienes incurrían por facer ritos judaycos.
Estos Religiosos á quien fué dado este cargo, co-
mo quier que primero con dulces amonestaciones, é
después con agras reprehensiones , trabajaron por
reducir á estos que judayzaban, pero aprovechó
poco á su pertinacia ciega que sostenían. [Los qua-
les aunque negaban y encubrían su yerro, pero se-
cretamente tornaban á recaer en él, blasfemando el
nombre é dotrína de nuestro señor é redemptor Jesu
Christo. El Rey é la Reyna, considerando la mala é
perversa calidad de aquel error, é queriéndolo con
grand estudio é diligencia remediar, embiáronlo á
notificar al Sumo Pontífice, el qual dio su bula, por
la qual mandó, que oviese Inquisidores en todos
los Reynos é señoríos del Rey é de la Reyna, los
quales inquiriesen de la fé, ó castigasen los culpa-
dos del pecado de la herética pravidad ; é dio el car-
go principal desta inquisición á un Religioso de
vida honesta, que tenia gran zelo de la fé, que se
llamaba Fray Tomas de Torquemada, Confesor del
Rey, é Prior del monesterio de Santa Cruz de Sego-
via, de la Orden de Santo Domingo. Este Prior que
era principal Inquisidor, substituyó en su lugar In-
quisidores en todas las mas cibdades é villas de los
Reynos de Castilla, é Aragón , é Valencia, é Catalu-
ña. Los quales ficieron inquisición sobre aquella
materia de la herética pravidad , en cada tierra é
comarca donde eran puestos ; é ponían en ellas sus
cartas de edites, fundadas por derecho, para que
aquellos que habian judayzado, ó no sentían bieu
332
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de la fe , dentro de cierto tiempo viniesen á decir
sus culpas , é se reconciliasen con la Santa madre
Iglesia. Por virtud destas cartas y edites, muchas
personas de aquel linage, dentro del término que
era señalado, parecian ante los Inquisidores, é con-
fesaban sus culpas é yerros que en este crimen de
heregía habian cometido. Á los quales daban peni-
tencias según la calidad del crimen en que cada uno
habia incurrido. Fueron estos mas de quince mil
personas, ansi homes como mugeres. E si algunos
habia culpados en aquel crimen , é no venian á se
reconciliar dentro del término que les era puesto,
habida información de testigos del yerro que ha-
bian cometido, luego eran presos, é se f acian proce-
sos contra ellos, por virtud de los quales eran con-
denados por hereges é apóstatas , é remitidos á la
justicia seglar. Destos fueron quemados en diversas
veces y en algunas cibdades é villas, fasta dos mi]
homes é mugeres ; é otros fueron condonados á cár-
cel perpetua, é á otros fué dado por penitencia, que
todos los dias de su vida andoviesen señalados con
cruces grandes coloradas , puestas sobre bus ropas
de vestir en los pechos y en las espaldas. E los inha-
bilitaron, ansí á ellos como á sus fijos, de todo oficio
público que fuese de confianza, é constituyeron que
ellos ni ellas no pudiesen vestir, ni traer seda, ni
oro, ni chamelote, so pena de muerte. Ansimesmo
se f acia inquisición, si los que eran muertos dentro
de cierto tiempo habian judayzado; é porque se fa-
lló algunos en su vida haber incurrido en este peca-
do de heregía é apostasía , fueron fechos procesos
contra ellos por via jurídica, é fueron condemnados
é sacados sus huesos de las sepulturas, é quemados
públicamente; é inhabilitaban sus fijos para que
no oviesen oficios ni beneficios. Destos fué fallado
gran número, cuyos bienes y heredamientos fueron
tomados, é aplicados al fisco del Rey é de la Reyna.
Vista esta manera de proceder, muchos de los de
aquel linage, temiendo aquellas execuciones, des-
ampararon sus casas é bienes, é se fueron al Reyno
de Portogal, é á tierra de Italia, é á Francia, é á
otros Reynos, contra los quales se procedía en ab-
sencia por los Inquisidores, é les eran tomados sus
bienes : de los quales é de las penas pecuniarias que
pagaban los reconciliados, por quanto eran de aque-
llos que habian ido contra la fé, mandaron el Rey
é la Reyna , que no se destribuyesen en otra cosa,
salvo en la guerra contra los moros, ó en otras co-
sas que fuesen para ensalzamiento de la f é cathólica.
Algunos parientes de los presos é condemnados, re-
clamaron, diciendo que aquella inquisición y exe-
cucion era rigurosa, allende de lo que debía ser; é
que en la manera que se tenia en el facer de los
procesos, y en la execucion de las sentencias, los
ministros y executores mostraban tener odio á aque-
llas gentes. Sobre lo qual el Rey é la Reyna, come-
tieron á ciertos perlados homes de consciencia, que
lo viesen é remediasen con justicia. Falláronse es-
pecialmente en Sevilla, é Córdoba, y en las cibda-
des é villas del Andalucía en aquel tiempo qnatro
mil casas é mas, do moraban muchos de loe de aquel
linage ; los quales se absentaron de la tierra con eng
mugeres é fijos. E como quier que la absencia de es-
ta gente despobló gran parte de aquella tierra, é fué
notificado á la Reyna, que el trato se diminuía ; pero
estimando en poco la diminución de sus rentas, é
reputando en mucho la limpieza de sus tierras, de-
cía, que todo interese pospuesto quería alimpíar la
tierra de aquel pecado de la heregía ; porque enten-
día, que aquello era servicio de Dios é suyo. E las
suplicaciones que le fueron fechas en este caso, no
la retraxeron deste propósito, é porque se falló que
la comunicación que aquella gente tenia con los
judíos que moraban en las cibdades de Córdoba é
Sevilla é sus diócesis, era alguna causa do aquel
yerro, ordenaron el Rey é la Reyna por constitu-
ción perpetua, que ningún judio, sopeña de muerte,
morase en aquella tierra : los quales fueron constre-
ñidos de dexar sus casas, é ir á morar á otras partes.
CAPÍTULO LXXVIII.
las cosas que el Rey é la Reyna ficieron en la cibdad de
Córdoba.
Fechas é asentadas las cosas que habernos recon-
tado que ficieron el Rey é la Reyna en la cibdad do
Sevilla, dexaron en ella por Asistente con cargo de
administrar la justicia, á un caballero que se llama-
ba Diego de Merlo, é partieron para la cibdad de
Córdoba, en la qual habia dos parcialidades ; de la
una era Don Diego Fernandez de Córdoba Conde do
Cabra, é de, la otra Don Alonso de Aguilar Señor de
Montilla ; entre los quales en los tiempos pasados
ovo tales é tan grandes enemistades, que Don Alon-
so de Aguilar con los de su parcialidad, echó fuera
de la cibdad al Conde de Cabra é á los de la suya, é
le tomó los alcázares é la Calahorra , que tenia el
Conde en tenencia. E por causa destos debates, an-
si en la cibdad de Córdoba y en su tierra , como
fuera della en las comarcas, acaecieron muchas
muertes é robos é otros grandes crimines entre los
caballeros é otras personas de la una parcialidad ó
de la otra. E las fortalezas de la cibdad ansimesmo
estaban en poder destos dos caballeros é de sus pa-
rientes é allegados ; los quales no acudían con ellas
á la cibdad, ni facían dellas guerra ni paz, salvo á
su arbitrio é voluntad , sin conocimiento de superior.
Como el Rey é la Reyna fueron en aquella cibdad,
luego entendieron en la administración de la justi-
cia, é dieren audiencias públicas, según lo ficieron
en la cibdad de Sevilla. E oyeron á muchas perso-
nas que reclamaron de robos é fuerzas, é otros agra-
vios que habian recebído de algunos caballeros é do
otras personas de la cibdad é su tierra, á las quales
luego mandaron desagraviar ; é ficieron aquellos
dias restituciones de bienes y heredamientos que
algunos caballeros habian poseído largo tiempo
forzosamente. Ansimesmo mandaron facer justicia
de algunos ladrones é robadores que habían come-
tido feos delictos; é con esta justicia que ficieron,
toda la cibdad se pacificó. Otrosí tomaron las forta-
lezas de Hornachuelos, é de Anduxar, é de los Mar-
DON FERNANDO
molejoa, é de la Rambla, é de Santaella, ó de Buja-
lance, é de Montero, é del Pedroohe, é de Castro del
Rio; é pusieron en ellas por alcaydes á personas pa-
cíficas que las toviesen por ellos. Mandaron ansi-
mesmo á Don Alonso de Aguilar, que estaba en la
cibdad, que dexase los alcázares nuevo é viejo, é la
Calahorra que tenia, ó qife saliese de la cibdad é no
volviese á ella sin su licencia ó mandado, porque
ansimesmo el Conde de Cabra estaba fuera déla cib-
dad. Y entendieron que lo mas necesario para con-
servación del pacifico estado do la tierra, era el ab-
sencia de aquellos dos caballeros de la cibdad. Vino
ansimesmo á noticia del Rey é de la Reyna, que se
daban é repartían grandes dádivas, ansí á los de su
Consejo, como á los sus Contadores mayores é á sus
oficiales, é á los Alcaldes de su Corte, é Secretarios,
y Escribanos do cámara, é á otros que servían los
oficios de su corte; las quales dádivas se recebianso
color de derechos de sus oficios ; é los oficíales se
atrevían á demandar mas de lo que debían haber.
Por la qual causa los negociantes é librantes recla-
maban de los grandes cohechos que les llevaban, é
de la gran corrupción que cerca desto en todos los
oficios é oficiales de la corte generalmente había. E
habida sobre esto información, unos fueron priva-
dos de sus oficios, otros penados en sus bienes. E
por la solicitud de un honesto Religioso é devoto,
que se llama Fray Hernando do Talavera, Prior del
convento de Santa María del Prado cerca de Valla-
dolid, de la Orden de Sant Gerónimo, persona de
muy honesta vida, é de gran suficiencia, el qual era
Confesor de la Reyna, é de quien mucho fiaba; es-
tando en Córdoba el Rey é la Reyna ficíeron orde-
nanza, que ninguno del Consejo, ni los Contadores,
ni Alcaldes de la Corte, ni otro Juez, ni Comisario,
llevase presente, ni precio alguno de dinero, ni otras
cosas, de las personas que ante ellos tratasen pley-
tos. E ansimesmo ficíeron ordenanza de lo que los
oficíales de los Contadores ó los Secretarios y Escri-
banos de cámara , é todos los otros oficiales de la
corte, habían de haber de sus derechos. E constitu-
yeron, que ninguno excediese de aquella tasa, so
pena que lo pagase con las setenas. Allende desto
todos los oficiales en presencia del Rey é de la Rey-
na ficíeron juramento de guardar é complir aquella
constitución. E porque fué procedido contra algu-
nos que la quebrantaron , á que pagasen las setenas
de lo que allende de sus derechos habían llevado,
ninguno dende en adelante fué osado de demandar
allende de lo quo contenia la tasa que fué ordenada
que llevasen.
CAPÍTULO LXXIX.
Como el Rey é la Reyna ovieron nueva qne el Rey de Portngal
era vuelto á sa Reyno; é lo qae Gómez Manrique fabló á los
de Toledo.
Estando el Rey é la Reyna en la cibdad de Córdo-
ba, ovieron nuevas de como el Rey de Portogal era
Tenido de Francia por mar á su Reyno de Portogal;
é que estaba en propósito de proseguir la guerra que
É DOÑA ISABEL. 333
tenía comenzada contra estos Reynos de Castilla, é
mandaba poner gran diligencia en la guerra que so
facía en las fronteras. Ansimesmo sopíeron como el
Arzobispo de Toledo, ó porque los yerros pasados
no le daban seguridad, ó porque su natural inclina-
ción era deleytarse en guerras, é ver novedades de
tiempos , juntaba gente de armas en la su villa de
Alcalá de Henares, para favorecer al partido del
Rey de Portogal , é para lo meter otra vez en Casti-
lla; porque entendía caer su fama en la estimación
de las gentes , si se retraxese del propósito comen-
zado. E olvidando el tercero juramento que fizo de
ser siempre leal servidor al Rey é á la Reyna, é no
favorecer al Rey de Portogal , le escribía contina-
mente avisos ó consejos como debía entrar en estos
Reynos, é continar su demanda; dándole á enten-
der, que agora tenia mejor lugar para la proseguir
que en ningún tiempo de los pasados. Porque de-
cía que había algunos Grandes é Caballeros en el
Reyno descontentos del Rey é de la Reyna; los
quales deseando libertad disoluta, se juntarían con
él luego que entrase en Castilla, ó le serían servido-
res leales. Ansimesmo, que muchas cíbdades é pue-
blos le recebirían con gran voluntad, porque no po-
dían sofrír las imposiciones é tributos que les eran
impuestos, en especial las derramas que se cogían
de la hermandad en todo el Reyno, para sueldo de
la gente de armas, que continamente pagaban. E
que debía venir luego con gente para la su villa de
Talavera, ó de alli vernia para la cibdad de Tole-
do, donde le daba certinidad que seria rocebido por
Rey é Señor, porque los principales del común della
estaban á su mandado, é se levantarían contra Gó-
mez Manrique , que tenia la tenencia del alcázar é
la administración de la justicia. E que esta cibdad
habida en su señorío, con buena confianza se podía
llamar Rey de Castilla. Aquel caballero Gómez
Manrique, que sabía el trato del Arzobispo, tenia
continos trabajos en guardar la cibdad, no tanto de
los contrarios, quanto de la mayor parte de sus
mesmos moradores ; que por ser gentes de diversas
partes venidas alli á morar por la gran franqueza
que gozan los que allí viven, deseaban escándalos
por se acrecentar con robos en cibdad turbada. Los
quales no teniendo el amor que los naturales tienen
á su propria tierra , ni sentían, ni les dolía su daño.
Estos por sugestión de algunos alborotadores , en
los treinta años pasados, rebelaron muchas veces
contra el Rey Don Juan , é contra el Rey Don En-
rique su fijo , é pusieron la cibdad en incendios é ro-
bos, é agora incitados é atraídos con promesas é
dádivas del Arzobispo de Toledo, ficíeron una con-
juración secreta de matar aquel caballero que tenia
la guarda de la cibdad , é tomar por Rey al Roy do
Portugal ; é daban á entender en sus fablas secre-
tas á los que pensaban ser mas prestos al escándalo,
que mudando el estado de la cibdad geles mudaría
su fortuna, é habrían grandes intereses de las fa-
ciendas de los mercaderes é cibdadanos ricos como
otras veces habían habido, é grandes dádivas é mer-
cedes del Rey de Portogal, si tomasen armas , é pu-
334
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
siesen la cibdad en su obediencia. E con estas plá-
ticas que tenian , los comunes, que ligeramente son
traídos á facer en los pueblos levantamientos, es-
taban alborotados, é los cibdadanos pacíficos ate-
morizados de aquel escándalo que sentían, é de los
males que por él recelaban. Algunos cibdadanos pa-
cíficos é de buen deseo, requirieron á aquel caba-
llero que basteciese al alcázar é algunas torres é
puertas de la cibdad , ansí de armas, como de man-
tenimientos é gentes para donde se pudiesen re-
traer en tiempo de extrema necesidad fasta que
fuese socorrido. El qual les respondió que no en-
tendía retraerse , ni conocía lugar fuerte para se
defender contra el pueblo, porque toda la cibdad
era fortaleza, y el pueblo de Toledo era el Alcay-
de, é quando el pueblo era conforme á la rebelión,
ninguna defensa podía haber; pero aunque conocía
estar alborotado la mayor parte , creía haber en él
dosmilhomes que fuesen leales, é lo que entendía
facer era, ponerse con el pendón real en la plaza,
é con aquellos leales que se allegasen al pendón
real habia deliberado de pelear por las calles de la
cibdad contra los otros alborotadores é desleales. Al
fin por algunas formas que discretamente este ca-
ballero sopo tener en aquel peligro , sabida la ver-
dad de la conjuración , prendió á algunos que pudo
haber de los que en ella fueron participantes, é fizo
dellos justicia, otros f uyeron á lugares do no pu-
dieron ser habidos ; é ansí libró la cibdad de aquel
infortunio que recelaba. Fecha aquella justicia, pre-
sente la mayor parte del pueblo en su congrega-
ción, aunque sabia haber algunos entre ellos délos
que habían seydo en la conjuración ; pero porque
la execucion de la justicia en los muchos pensó ser
dificíle é peligrosa, acordó en la hora de disimular,
é con algunas reprehensiones é amonestaciones cor-
regir al pueblo , no nombrando á ninguno, porque
el secreto diese causa al repentimiento , é díxoles
ansí : «Si yo, cibdadanos, no conociese , que los bue-
n nos é discretos de vosotros deseáis guardar la leal-
)) tad que debéis á vuestro Roy, y el estado pacífico de
» vuestra cibdad, mí fabla por cierto é mis amones-
n taciones serian superfinas: porque vana es la arao-
)) nestacion á los muchos quando todos obstinados
B siguen el consejo peor. Pero porque veo entre vos-
» otros algunos que desean vivir pacificamente, veo
nansimesmo otros mancebos engañados con pro-
» mesas y esperanzas inciertas, otros vencidos del
)) pecado de la cobdicía, creyendo enriquecer en cib-
1) dad turbada con robos é f uezas; acordé en este ayun-
rttamiento de os amonestar lo que á todos conviene,
1) porque conocida la verdad no padezcan muchos
» por engaño do pocos. No se turbe ninguno, ni se
n altere , si por ventura oyere lo que no le place ;
«porque yo en verdad bien os querría complacer,
«pero mas os deseo salvar. Toda honra ganada é
t) toda franqueza habida, se conserva continando los
» leales é virtuosos trabajos con que al principio se
n adquirió , é se pierde usando lo contrarío. Los pri-
y. meros moradores desta cibdad seyendo obedientes
» é leulee á los Reyes, firmes é no variables en sus
«propósitos, caritativos é no crueles á sus cíbdada-
» nos, acrecentaron señorío, é ganaron honra ó fran-
» queza para sí é para vosotros. E segim nos pare-
«ce, algunos de los que agora la moran, con faza-
» fias de crueldad, deslealtad é inobediencia, traba-
« jan por la perder en gran peligro suyo é general
» perdición de todos vosotros. Los servicios que los
» primeros caballeros é oíbdadanos de Toledo ficie-
»ron á los Reyes de España, é la lealtad que les
«guardaron, porque merecieron la franqueza é li-
» bertad que oy tenéis no conviene aquí repetir,
» porque fueron muchos y en diversos tiempos fe-
» chos, é aun porque las grandes franquezas é liber-
» tades de que esta cibdad mas que otra ninguna de
» España goza, muestran bien ser leales é muy se-
« ñalados. Pero soy constreñido traer á vuestra me-
» moría los deservicios é rebeliones que de pocos
« tiempos acá en esta cibdad son cometidos contra
» los Reyes de Castilla ; porque sí por ellos no ovís-
» tes pena , que á los malos enfrena, hayáis vergüeu-
« za que á los malos reprime. El Rey Don Juan, pa-
» dre de la Reyna nuestra señora, vino á esta cib-
«dad, donde debiera ser recebí do como Reyé sobe-
» rano Señor; é vosotros, cometiendo grave caso,
)) é dando mal exemplo á los oyentes , le cerrasteis
« las puertas, é apoderastes en la cibdad contra su
« expreso mandamiento al Infante Don Enrique su
«primo, que ala hora no estaba en su gracia. Des-
»pues perdonado vuestro yeiTO, é tornados á su
» obediencia, dende á pocos días tornastes á desobe-
» decer é rebelar contra él , é suf ristes que viniese
B poderosamente á poner su real sobre vosotros. E
« seyendo único rey natural, y estando todo su rey-
» no pacífico á su obediencia, solos vosotros presu-
B mistes de le quitar su título real por vana é loca
« sugestión de los alborotadores de quien sois lige-
«ramente traídos á semejantes yerros. Muerto el
B Rey Don Juan , é jurado por Rey en todo el Rey-
« no y en esta cibdad su fijo el Rey Don Enrique,
Brebelastes contra él; é faciendo división enelRey-
Bno, tomastes por vuestro Rey al Príncipe Don
B Alonso su hermano. E después pasados algunos
«días dexastes al Príncipe Don Alonso, é tornastes
B al Rey Don Enrique ; el qual venido á esta cibdad,
B por voluntad de algunos de vosotros, el dia que
n entró en ella, mudando vuestro propósito, tomas-
B tes armas, é le constreñistes á salir fuera della, é
B tornastes á la obediencia del Príncipe Don Alon-
«so. Luego á pocos días tornastes á la obediencia
Bdel Rey Don Eurique, sin haber razón para las
Bunas, ni para las otras mudanzas, sino solo el in-
B ducimíento y engaño de vuestros alborotadores^
B que ciegos de cobdicía é ambición, ni saben dar
B buena paz, ni usar de justa guerra. Podemos ver-
B daderamente creer, que si la primera ó segunda re-
Bbelion fueran punidas según la graveza del yerro
B lo requería, ni oviérades atrevimiento para las
» otras , ni dellas á los reyes que recebistes, ni á la
B cibdad que moráis , tantos daños, robos, é destruí-
B cienes se siguieran ; porque cosa es cierta el pue-
»blo castigado obedecer, ó muchas veces perdona-
DON FERNANDO
i do soberbiar. Muerto eí Rsy Don Enrique , todos
9 vosotros-en unión conforme recebistes al Eey ó á
olaReyna, proprietari a verdadera destos Eeynos,
o por vuestros señores naturales ; é les f ecistes la
I) solemnidad del juramento de lealtad, que subditos
)) son obligados de guardar á su rey. Agora querría
« saber, ¿qué causa, qué razón tenéis, é qué fuerzas
»recebis, 6 receláis recebir, porque contra Dios, é
)) contra vuestra lealtad , y especialmente contra el
)) juramento que poco ha fecistes , dais orejas á los
o escandalizados é alborotadores del pueblo; que
«propuesto su interese, é vuestro daño, ponen ve-
oneno de división en vuestra cibdad, é no cansan
» de vos inducir é traer á los robos é incendios
o que han acostumbrado, é vos engañan que toméis
«armas, é pongáis esta cibdad en obediencia del
»Rey de Portogal con daño é destruicion do to-
» dos vosotros? ¿No habría alguna consideración al
)) temor de Dios , ni vos pungirla la vergüenza de
» las gentes , ó siquiera no habríadea compasión de
» la tierra que moráis ? ¿Podríamos saber qué es lo
» que queréis, ó quando habrán fin vuestras rebelio-
» ues, é variedades , ó podría ser que esta cibdad
» sea una dentro de una cerca ; é no sea tantas, ni
«mandada por tantos? ¿No sabéis quo en el pueblo
)) do muchos quieren mandar , ninguno quiere obe-
» decer? Yo siempre oí decir, que proprio es á los
)) reyes el mando, é á los subditos la obediencia ; é
)) quando esta orden se pervierte, ni hay cibdad que
» dure , ni reyno que permanezca. E vosotros no sois
» superiores , é queréis mandar, sois inferiores , é no
» sabéis obedecer , do se sigue rebelión á los reyes,
» males á vuestros vecinos , pecados á vosotros, é
» destruicion común á los unos é á los otros. Muchos
«piensan ser relevados destas culpas, diciendo: so-
B mos mandados por los principales que nos guian.
»¡0 digna é muy suficiente escusacion de varones!
» Sois obedientes á los alborotadores que vos raan-
» dan robar é rebelar, é sois rebeldes á vuestro Rey
n que vos quiere pacificar é guardar. E queréis dar
»á entender, que la rebellona los reyes, é los ro-
«bos que habéis fecho á vuestros cíbdadanos, se
» deben imputar á los consejeros ; como si vosotros
» no supiésedes, que rebelar é robar son crimines
» tan feos, que ninguno los debe cometer traído por
)) fuerza, ni menos por engaño de aquellos que de-
» cis que vos guían ; á los quales si vosotros tenéis
» por principales guiadores, mucho erráis por cierto
)) en la guía verdadera; porque sus principios des-
n tos principales son soberbia, é sus medios invidia,
« é sus fines muertes, é robos, é destruiciones. Ansí
« que menos podéis vosotros escusaros de culpa con-
ft sintiendo, que ellos de pena consejando. Verdade-
» ramente creed, que si cada uno de vosotros tuvie-
» se á Dios por principal , estos que llamáis princi-
» pales, ni temían autoridad, ni serían creídos como
» principales ; antes como indinos é dañadores se-
Drian apartados, no solamente del pueblo, mas del
«mundo; pues tienen las intenciones tan dañadas.
» que ni el temor de Dios los retrae, ni el del Rey
»los enfrena, ni la conciencia los acusa , ni la ver-
tí DOÑA ISABEL. á35
» gürnza los impide, ni la razón loa manda , ni la ley
» los sojuzga. E con la sed rabiosa que tienen de al-
n canzar en los pueblos honras é riquezas, carecíen-
« do del buen saber por do las verdaderas se alcan-
» zan , despiertan alborotos , é procuran divisiones
» para los adquirir, pecando é faciendo pecar al pue-
» blo. El qual no puede tener por cierto quieto , ni
«próspero estado, quando lo que estos sediciosos
» piensan , dicen , é lo que dicen , pueden , é lo que
n pueden osan , é lo que osan ponen en obra, é nin-
«guno de vosotros gelo resiste. ¡O infortunados
» aquellos, cuya memoria de tales crimines queda á
» los vivientes! Allende desto querría saber de vos-
n otros , qué riqueza , qué libertades, ó qué acrecen-
» tamientos de honra habéis habido de las alteracio-
» nes é rebeliones pasadas. ¿Dan por ventura, ó re-
« parten estos alborotadores algunos bienes é oficios
» entre vosotros, 6 falláis algún bien en vuestras ca-
» sas de sus palabras y engaños, 6 puede alguno de-
» cír que poséis algo de los robos pasados? No por
» cierto : antes vemos sus f aciendas crecidas , é las
» vuestras menguadas; é con vuestras fuerzas é peli-
» gros , haber ellos honras é oficios de iniquidad. E
« vemos, que al fin de todas las rebeliones é discrí-
» mines en que vos ponen, vosotros quedáis síem-
n pre pueblo engañado, sin provecho, sin honra, sin
» autoridad , é con disf amia , peligro, é pobreza ; é
« lo que peor é mas grave es , mostráis os rebeldes,
» á vuestro Rey, destruidores de vuestra tierra, sub-
» jetos á los malos que crian la guerra dentro de
« la cibdad do es prohibida ; é no tienen ánimo f ue-
» ra de ella , do es necesaria. E porque mi f abla mas
» pura sea , é faga el fruto que yo deseo , é á voa-
« otros cumple, converná aclarar una de las princi-
« pales causas destos vuestros escándalos, aquella
» en que, según pienso, el mayor número de vosotros
n peca. Pienso yo, que vosotros no podéis buena-
« mente sofrir , que algunos que juzgáis no ser de
«linage, tengan honras é oficios de gobernación en
» esta cibdad ; porque entendéis, que el defecto de
« la sangre les quita la habilidad del gobernar. An-
n simesmo vos pesa ver riquezas en hornea, que se-
« gun vuestro pensamiento no las merecen , en espe-
» cial aquellos que nuevamente las ganaron. E des-
))tas cosas que sentís ser incomportables, se engen-
» dra un mordimiento de invidia, é de la invidia
» nace un odio tal , que vos mueve ligeramente á to-
« mar armas , é hacer insultos en la cibdad. E no sé
«yo que se puede colegir desto, salvo que querria-
y> des enmendar el mundo, porque vos parece que
» va eiTado, é los bienes del no bien repartidos. ¡O
«cíbdadanos de Toledo, pleyto viejo tomáis por
» cierto , é querella muy antigua, no aun por nues-
«tros pecados en el mundo fenecida cuyas raices
» son hondas, nacidas con los primeros homes, é sus
«ramas de confusión que ciegan los entendimien-
» tos, é las flores , secas é amarillas que afligen el
» pensamiento , é su fruto tan dañado é tan mortal
» que crió é cria la mayor parte de los males que en
« el mundo pasan , é han pasado , los quo habéis oi-
» do , é los que habéis de oír. Mirad agora quanto
336
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
» yerra el apasionado desto error : porque dexando
»de decir como yerra contra la ley de natura, pues
» todos somos nacidos de un padre é de una masa,
» é ovimos un principio noble: y especialmente con-
»tra aquella clara virtud de la caridad que nos
» alumbra el camino de la felicidad verdadera ; ha-
» beis de saber que se lee en la Sacra Scriptura, que
a ovo una nación de gigantes, que fué por Dios des-
» truida, porque según se dice, presumieron pelear
» con el cielo. ¿Pues qué otra cosa podemos enten-
» der de los que mordidos de invidia, facen divisio-
» nes é robos en los pueblos? sino que remedando
» la soberbia de aquellos gigantes, quieren pelear
» con el cielo, é quitar la fuerza á las estrellas , re-
» putando las gracias que Dios reparte á cada uno
«como le place, en virtud de las quales alcanzan
» estas honras é bienes, que vosotros presumís en-
» mendar é contradecir. Vemos por experiencia al-
í) gunos homes destos que juzgamos nacidos de baxa
j) sangre , forzarlos su natural inclinación á dexar
)) los oficios baxos de los padres , é aprender scien-
»cia, ó ser grandes letrados. Vemos otros que tie-
» nen inclinación natural á las armas , otros á la
)) agricultura, otros á bien é compuestamente f ablar,
» otros á administrar é regir, é á otras artes diver-
«sas, é tener en ellas habilidad singular que les da
» su inclinación natural. Otrosí vemos diversidad
» grande de condiciones, no solamente entre la mul-
» titud de los homes , mas aun entre los hermanos
» nacidos de un padre ó de una madre : el uno ve-
» mos sabio , el otro ignorante ; uno cobarde , otro
n esforzado; liberal el un hermano, el otro avarien-
» to ; uno dado á algunas artes , otro á ningunas.
«En esta cibdad pocos dias ha vimos un homo pe-
« rayle , nacido é criado desde su niñez en el oficio
)) de adobar paños , el qual era sabio en el arte de la
1) astrología , y el movimiento de las estrellas , sin
» haber abierto libro dello. Mirad agora quan gran
n diferencia hay entre el oficio de adobar paños ó
» la sciencia del movimiento de los cielos ; pero la
« fuerza de su constelación le llevó á aquello, por do
n ovo en la cibdad honra é reputación. ¿Podréis por
» ventura quitar'á estos la inclinación natural que
n tienen, do les procede esta honra que poseen? No
» por cierto , sino peleando con el cielo , como ficie-
» ron aquellos gigantes que fueron destruidos. Tam-
» bien vemos los fijos é descendientes de muchos re-
1> yesé notables homes escuderos é olvidados, porser
» inhábiles é de baxa condición. Fagamos agora que
)) sean esforzados todos los que vienen del linaje
» del Rey Pirro, porque su padre fué esforzado. O
» fagamos sabios á todos los descendientes de Salo-
n mon, porque su padre fué el mas sabio. O dad ri-
» quezas, y estados grandes á los del linage del Rey
» Don Pedro de Castilla , é del Rey Don Dionis de
« Portogal , pues que no lo tienen, é vosparece que
n lo deben tener por ser de linage. E si el mundo
» queréis enmendar, quitad las grandes dignidades,
í) vasallos é rentas é oficios , que el Rey Don Enri-
Ti que de treinta años á esta parte dio á homes de
»baxo linage. Vano trabajo por cierto, é fatiga
« grande de espíritu da al ignorante este triste p6*
» cado, el qual ningún fruto de delectación tiene ;
» porque en el acto, y en el fin del acto engendra
» tristeza, con que llora su mal proprio, y el bien
n ageno. Ansí que no hayas molesto ver riquezas é
» honores en aquellos que á vosotros parece que no
» las deben tener, é carecer dellas á los que por li-
)) nage pensáis que las merecen , porque esto pro-
» cede de una ordenación divina , que no se puede
« repunar en la tierra , sino con destruicion de la
«tierra. E habéis de creer que Dios fizo homes
« ó no fizo linages en que escogiesen. A todos fi-
» zo nobles en su nacimiento; la vileza de la san-
» gre é obscuridad del linage , con sus manos la
» toma aquel que dexando el camino de la clara vir-
» tud se inclina á los vicios del camino errado. E
« pues á ninguno dieron elección de linage quando
«nació, é á todos se dio elección de costumbres
n quando viven, imposible seria según razón, ser el
« bueno privado de honra, ni el malo tenerla, aun-
» que sus primeros la hayan tenido. Muchos de los
« que descienden de noble sangre, vemos pobres , á
« quien ni la nobleza de sus primeros pudo quitar
« pobreza , ni dar autoridad. Donde podemos clara-
n mente ver , que esta nobleza que opinamos , nin-
» guna fuerza natural tiene que la faga permanecer
» de unos en otros , sino permaneciendo la virtud
» que la verdadera nobleza da. Habernos ansimesmo
» de considerar, que ansí como el cielo un momento
« no está firme ni quedo, ansí las cosas de la tierra
» no pueden estar en un estado ; todas las muda el
» que minea se rauda. Sólo el amor de Dios, é la ca-
ntidad del próximo es lo que permanece; la qual
n engendra en el christiano buenos pensamientos, é lo
« da gracia para las buenas obras que facen la ver-
« dadera fidalguía, é para acabar bien esta vida, ó
)) ser, del linage de los santos en la otra. Yo, seño-
« ros, considerando el crimen detestable que en esta
» c-ibdad imaginaban algunos cometer contra la ma-
n gestad real, bien quisiera estender mas la justicia
» que comencé á facer en algunos delinqüentes, pero
« déxolo agora por dos respetos : el primero , por-
» que conozco, que el Rey é la Reyna nuestros Se-
« ñores son tan piadosos, que no se gozan en la san-
« gre de sus subditos ; lo otro , porque entiendo que
» mis razones f aran tal fruto en los errados , que co-
» nocido su yerro , é temiendo la justicia, darán tal
» reposo á sí é á vosotros, que olvidaran todo mal
» pensamiento.
Oidas las razones de Gómez Manrique, todas
aquellas gentes partidas en partes, los unos se sal-
vaban afirmando no saber aquella conjuración, otros
la agraviaban mucho , é decian, que todos los que
en ella hablan entendido debían ser castigados.
Pero ansí los que en su secreto sabían sus yerros, por
ser libres de pena, como los inocentes, por gozar de
la paz que deseaban , fueron alegres por la seg^i-
dad que Gómez Manrique les dio. Y en aquella ma-
nera se remedió el escándalo que en aquella cibdad
se trataba.
DON FERNANDO
CAPITULO LXXX.
Como el Rey é la Reyna fueron avisados que el Rey de Porfogal
quería entrar otra vez en Castilla, é proveyeron en la guerra del
Marquesado de Villena; é de la reconciliación del Arzobispo de
Toledo.
El Eey élaEeyna, estando en la cibdad de C6r-
dova, fueron, según habernos dicho, avisados que
el Arzobispo de Toledo trataba de nuevo con el Rey
de Portogal que entrase en Castilla é viniese á la su
villa de Talavera; é que allí vernian á él algunos
grandes é otros caballeros del Reyno, á quien él
solicitaba que tomasen su voz ; é que dende aqu«-
11 a villa proseguiría su empresa para haber los Rey-
nos de Castilla. Sopieron ansimesmo, que el Rey de
Portogal lo babia aceptado, é que el Príncipe su fijo,
é otros algunos caballeros de su Reyno le retraían
dello, é le consejaban que no lo aceptase. Porque si
la primera entrada que fizo en Castilla con mejores
fundamentos é mayores fuerzas había seydo incier-
ta, é le había puesto en grandes peligros, quanto
mas lo seria la segunda, que no tenía otra certini-
dad, sino la que solo el Arzobispo le facía. El Rey
de Portogal , considerando que en haber principia-
do é no acabado su empresa recebia gran mengua,
refuaaba todo consejo que contra su voto le fuese
dado, porque entendía que mayor honra le era morir
con infortunios en Castilla prosiguiendo esta de-
manda, que vivir con prosperidad en otras partes
dexándose della. Otrosí ovieron nueva que el Mar-
qués de Villena había ido á la cibdad de Chinchilla
á resistir el sitio que el Gobernador que la Reyna
puso en el Marquesado tenia sobre aquella cibdad,
é le había impedido algunas execucíones de justi-
cia, que con los poderes reales quería executar en
aquella tierra, especialmente en la cibdad de Chin-
chilla , diciendo que aquello que executaba era in-
justo, é procedía de voluntad de aquel Gobernador,
ó no de voluntad de la Reyna, porque era contra lo
asentado con él al tiempo que le habían reconcilia-
do á su servicio. E fué fecha relación al Rey é á
la Reyna, como el Marqués había fecho aquel mo-
vimiento, porque conocía la necesidad en que esta-
ban puestos en la guerra que con el Rey de Porto-
gal se esperaba, á fin de recobrar las villas é tierras
que había perdido del Marquesado de Villena. El
Rey é la Reyna, habidas estas nuevas, embíaron
por capitanes á Don Jorge Manrique fijo del Maes-
tre Don Rodrigo Manrique, é á Pedro Ruiz de Alar-
con, bien proveídos de gente de caballo al Mar-
quesado de Villena, para guardar aquella tierra, é
resistir qualquier fuerza que el Marqués en ella
tentase facer ; é para facer guerra á la cibdad de
Chinchilla, é á las villas de Belmente é Alarcon , é
al castillo de Garcimufioz que estaban por él. Otrosí
proveyeron en aquel nuevo escándalo que el Arzo-
bispo facía, é dieron cargo al bastardo hermano del
Eey, Duque de Víllahermosa , que estuviese en la
villa de Madrid ; el qual puso gente de armas en
aquellos lugares comarcanos de la villa de Alcalá
Cr,— m.
É DOÑA ISABEL. 337
donde el Arzobispo estaba, para le resistir si mo-
viese á facer guerra, 6 si fuese á Toledo según pen-
saba que iría. E mandaron dar sus cartas para to-
das las cibdades , villas ó lugares del Arzobispado
de Toledo, recontando el ellas el perdón que pocos
días antes ficieron al Arzobispo de los yerros pasa-
dos. De los quales no contento, añadiendo otros ma-
yores, trataba con el Rey de Portogal para lo me-
ter en sus Reynos, é mover nuevas guerras en gran
deservicio de Dios é suyo , é quebrantamiento del
segundo juramento que poco antes le habia fecho :
por las quales cosas ellos querían proceder contra él,
é procurar con el Santo Padre quele privase del Ar-
zobispado, é le diese pena condigna de tales é tan
desleales crimines. Y entretanto mandaron embar-
gar todas sus rentas. Otrosí mandaron á todos los
que con él estaban , que luego se apartasen de su
compañía, é no le diesen favor ni ayuda, so pena
que perdiesen sus bienes, é les derribasen las casas
de su morada. E de fecho fueron derribadas en la
villa de Madrid las casas de algunos , que contra el
mandamiento del Rey é de la Reyna estovieron con
el Arzobispo.
Como estas cartas fueron publicadas en todos los
lugares del Arzobispado, luego fueron embargadas
las rentas del Arzobispo, é no le era acudido con
maravedís ni pan alguno dellas ; é muchos de los
que con él estaban se despidieron del , porque sus
casas no fuesen derribadas. Ansimesmo Diego Ló-
pez de Ayala un capitán de la Reyna , entró secre-
tamente en la villa de Talavera, é apoderóse de la
fortaleza della. Las otras villas é lugares del Arzo-
bispado que eran llanas, considerando quan desho-
nesta era la mudanza que el Arzobispo facía, estaban
alteradas para se alzar contra él. Los caballeros de
su casa é sus criados , por la mayor parte estaban
descontentos de aquel camino que el Arzobispo
tornaba á seguir , é requeríanle que lo dexase. E
porque creían que el Arzobispo facía este nuevo es-
cándalo por consejo de aquel Alarcon, á quien ha-
bernos dicho que daba gran crédito , fué de tal ma-
nera amenazado, que no creyendo que podría esca-
par de sus manos, acordó de se absentar, é fué para
el Reyno de Francia. Pero ni por el absencía de
este Alarcon, el Arzobispo dexó de continar su
propósito contra el voto da los principales de bu
casa. Entre los quales uno que se llamaba el Doctor
Don Tello de Buendia, Arcediano de Toledo, letra-
do, é home de loable exemplo de vida , criado anti-
guo del Arzobispo, veyeudo que no le podían apar-
tar de la compañía del Rey de Portogal , é que su
fecho iba en perdición, habiendo respecto á lo que
buen home es obligado de facer por su señor en tiem-
po de extrema necesidad ; como quiera que fuese ho-
me viejo, é apartado ya de toda negociación mun-
dana, fué al Arzobispo á le consejar que dexase
aquel camino que quería llevar adelante, é díxole:
« Señor, sí entre tanta multitud de gentes vedes que
»plogo á Dios elegiros por Prelado de la Iglsia ma-
»yor de las Españas ; en pago de tanto beneficio, no
«debéis escandalizar la tierra, ni ponerla en guerra,
22
33B CRÓNICAS DE LOS
B mucho agena de vuestro hábito é religión; por-
»que 08 mostraríades ingrato á Dios que vos dio
» esta dignidad, y enemigo de la tierra á quien de-
»beis ser padre. Contemplemos , sefior, en la breve-
ndad de nuestra vida, é gastémosla en enmendar
»Ios yerros "pasados; porque dexenjos acá buen
» exemplo, é alcancemos allá verdadera gloria. »
El Arzobispo, veyendo que algunos grandes del
Reyno con quien trataba no le respondían según
esperaba, é que no le acudían con sus rentas, ni te-
nia dinero para pagar el sueldo á la gente de armas
que tenia junta ; veyéndose puesto por muchas par-
tes en extremas necesidades, conociendo ansimes-
mo la sana intención deste Arcediano , dióle comi-
sión para facer aquello que entendiese que debia
facer en guarda de su honra y estado- Este Arce-
diano fué con esta comisión al Eey é á la Eeyna
que estaban en Córdoba, los quales le tenían en
gran veneración, por respecto de su sciencia é ho-
nestidad de vida. E como quiera que por la indina-
cion que tenian concebida del Arzobispo, estaban
en propósito de no oir mensagero , ni trato que les
fuese movido de su parte ; pero la bondad del men-
sagero fizo ablandar la ira que del Arzobispo tenian
concebida, é recebirlo humanamente. Este Arcedia-
no les dixo que la clemencia de los Reyes es un
vencimiento de mayor gloria que aquel que en las
batallas se alcanza ; é que no venia á salvar al Ar-
zobispo, ni dar razones de sus yerros, ni menos que-
ría decir que tenia confianza en su inocencia, pero
que la tenia en la magnanimidad del Rey é de la
Reyna, porque creiaque eran muy grandes, serian
muy piadosos, é mostrarían su grandeza en el per-
donar, é que no mirarían á los yerros presentes,
mas recordarían los servicios pasados , si algunos
les habia hecho el Arzobispo. Por ende que les su-
plicaba, que viesen la orden quo daban, é lo que les
placia que se ficiese, é luego se porniaen obra ; por-
que él y todo lo que tenia, se ponia en sus manos
reales. El Rey é la Reyna, oidas aquellas palabras,
respondieron, que verían en aquello que habia pro-
puesto, é lo mandarían expedir prestamente.
CAPITULO LXXXI.
Sígnense las cosas qne pasaron en el año de mil é qnatrocientos
é setenta é nueve años. Como el Rey é la Reyna fueron á Gua-
dalupe, é de las cosas que allí ficieron.
Fechas é asentadas las cosas que el Rey é la Rey-
na ficieron en Córdoba, acordaron de partir de
aquella cibdad, é venir para la villa de Guadalupe,
por estar en comarca del Reyno de Portogal, para
proveer en las cosas necesarias á la guerra de
aquella frontera, é ansimesmo en comarca del rey-
no de Toledo, é de la villa do Escalona, donde es-
taba gente del Marqués de Villena faciendo guerra
en aquella tierra. Venidos á Guadalupe, después de
algunas pláticas habidas con el Arcediano de Tole-
do en aquel negocio del Arzobispo, acordaron de
olvidar los yerros, é dexar la ira que del Arzobispo
habían concebido, é respondieron al Arcediano que
REYES DE CASTILLA.
les placia de usar con el Arzobispo de la piedad
que á ellos convenia, ó no de la justicia que él me-
recía, é que le perdonaban otra vez, ansí por gratifi-
car al Rey de Aragón, á quien sabían que placería
dello, como por las buenas razones é humillaciones
que de su parte les habia fecho. Paro demandaron
que les entregase el Arzobispo todas las fortalezas
que tenia , por quitarle del pensamiento los alboro-
tos que en fiucia dellag imaginaba facer en deser-
vicio de Dios, ó dafio de su cons.ciencía, y en agra-
vio general de la tierra. El Arcediano de Toledo, de
parte del Arzobispo prometió de las entregar luego
á quien el Rey ó la Reyna mandasen. El Arzobispo,
cumpliendo lo que el Arcediano prometió de su
parto, entregó las fortalezas de Alcalá la vieja, é
Brihuega, é Santorcaz, é la Guardia, ó Almonacil,
é Canales, ó Uceda ; en las quales el Rey é la Rey-
na pusiqron sus Alcaydes , que les ficieron pleyto
omenage, é prometieron de no acoger en ellas al
Arzobispo, ni á otra persona alguna sin su manda-
do. Asentaron ansimesmo, que la villa de Talavera
eetoviese en poder de aquel Diego López de Ayala
que la tomó, é toviese la justicia é jurisdícíon della,
é no recibiese al Arzobispo, ni á otra persona pode-
rosa salvo al Rey é á la Reyna, 6 á quien ellos man-
dasen ; é que el Arzobispo pagase las tenencias á
los Alcaydes que el Rey é la Reyna pusiesen en
aquellas fortalezas , é les diese todos los bastimen-
tos ó pertrechos que fueren menester para la pro-
visión ó guarda dellas. Las quales entregadas á las
personas qup el Rey é la Reyna pusieron por Alcay-
des, é puesto en execucion todo lo que por aquel
Arcediano fué asentado, el Rey é la Reyna manda-
ron sus cartas para desembargar sus rentas al Ar-
zobispo. El qual como se vido sin fortalezas, cesó
de pensar pensamientos escandalosos, é cesó ansi-
mesmo la pendencia que tenia con el Rey de Por-
togal , porque le fallescian las fuerzas con que le
podía ayudar ; é dende en adelante vivió pacifica-
mente, sin dar á su espíritu inquietud , é al Reyno
de Castilla escándalos.
CAPÍTULO LXXXIL
De la guerra que se fizo contra el Marqués de Villena
en Escalona y en el Marquesado.
Estando el Rey é la Reyna en Guadalupe, man-
daron al bastardo hermano del Rey, Duque de Vi-
llahermosa, que era capitán mayor de la gente de
las hermandades, que fuese con algunas gentes á
Almorox , un lugar cerca de la villa de Escalona,
para resistir á la gente del Marqués los robos é otros
malee que facían por la comarca. T en aquel lugar
de Almorox, y en Maqueda puso gentes de caballo,
que todos los mas dias salían al campo, ó peleaban
con los de la villa de Escalona ; en la qual estaba
por capitán un hermano del Marqués bastardo, que
se llamaba Don Juan Pacheco , que después fué
muerto en Zamora, é por Alcayde de los alcázares
un caballero natural de Madrid, que se llamaba
Juan de Luxan ; los quales tenían quatrocientos
DON FEBNANDO
homes á caballo, é quinientos peones, que salían
continamente por la tierra á traer los bastimentos
que eran necesarios. Ansimesmo en el Marquesado
donde estaban por capitanes contra el Marqués,
Don Jorge Manrique é Pero Ruiz de Alarcon, pe-
leaban los mas dias con el Marqués de Villena é
con su gente ; é habia entre ellos algunos recuen-
tros , en uno de los quales , el capitán Don Jorge
Manrique se metió con tanta osadía entre los ene-
migos, que por no ser visto de los suyos, para que
fuera socorrido le firieron de muchos golpes, é mu-
rió peleando cerca de las puertas del castillo de
Garciraufioz, donde acaeció aquella pelea, en la qual
murieron algunos escuderos é peones de la una ó
de la otra parte. En aquella guerra habia algunos
prisioneros que se tomaban, é los capitanes del Rey
é de la Rey na acordaron de af orear seis homes de los
que prendieron, porque siguiendo guerra injusta,
peleaban contra el Rey en su Reyno. Visto por la
gente de armas que estaba con el Marqués aquella
justicia, recelando que qualquier dellos que fuese
preso seria aforcado, requirieron á un caballero que
se llamaba Juan de Berrio capitán de la gente del
Marqués, que aforcase otros seis de los prisioneros
que estaban en su poder. Aquel capitán, temiendo
que su gente por aquella causa no enflaqueciese,
acordó de aforcar algunos de los que tenia presos ;
ó mandó que echasen suertes los presos, é los seis
dellos á quien cayese por suerte fuesen degollados.
Acaeció, que una de las suertes cayó á un escudero
vecino de Villanueva de la Xara aldea de Alarcon,
home de fasta quarenta é cinco años , casado é con
fijos; el qual tenia un hermano, que estaba ansi-
mesmo preso COQ él , mozo de fasta veinte é cinco
años. Este mozo, visto que por la suerte que habia
caido á su hermano mayor habia de morir, dixo:
» Hermano, yo quiero morir en lugar vuestro ; por-
» que no podría sof rir la pena que habría en vues-
»tra muerte, é carecer de vuestra vista.» El her-
mano mayor le respondió : « No plegué á Dios, her-
» mano, que padezcas tú por mí ; yo quiero sof rir
» con paciencia esta muerte , pues á Dios plogo qUe
j) muriese de esta manera. No es razón que tú, que
» eres mas mozo, é aun no has gozado de los bienes
«desta vida, mueras en tan tierna edad; encomién-
» dote mi n^ger é mis fijos, » El hermano menor re-
plicó: ((Hermano, vos sois casado, é tenéis fijos pe-
» queños, los quales quedarían sin abrigo ; mas vale
» que muera yo , é dexe temprano las tribulaciones
«desta vida, pues de mi muerte no viene dañoá otro
» sino á mí, » Esta quistion pasó entre estos dos her-
manos, é al fin venció el menor ; é por grandes
ruegos que fizo al capitán fué degollado, é quedó
vivo el mayor : pónase aquí este caso por ser sin-
gular exemplo de buena hermandad. El Marqués de
Villena, que estaba en el castillo ^de GarcimuSoz,
publicaba, que él no era causa de aquella guerra, é
que sus armas eran por resistir, é no por ofender ni
desobedecer al sceptro real. E sobre esto embió al
Rey é á la Reyna un caballero de su casa, [que se
llamaba Don Rodrigo de Castañeda; con el qual
E DONA ISABEL. 339
les embió á decir, que Dios era testigo de su volun-
tad, como no habia tomado armas ni movido guer-
ra en su deservicio, ni menos tenia olvidado el gran
beneficio que le ficieron en le perdonar ; por el qual
estaba en obligación de los servir é obedecer en los
dias de su vida. E que les suplicaba mandase saber
la verdad del movimiento de aquella guerra , é fa-
llarían que por él ni por parte suya fué movida,
salvo resistiendo al Gobernador que habían embia-
do al Marquesado, el cerco que sin causa habia
puesto sobre la cibdad de Chinchilla, sin tener man-
damiento del Rey ni de la Reyna para ello : porque
era contra lo que sus Altezas le habían prometido
quando le recibieron á su servicio. E que si guerra
en aquella su tierra y en la su villa de Escalona ha-
bia recrecido , aquello era queriendo defender su
persona, é los bienes que le habían dexado , é no
presumiendo de ofendelles ni desobedecer sus man-
damientos. E que les suplicaba no quisiesen creer
las malas é no verdaderas informaciones que algu-
nos, mas siguiendo sus pasiones que las vías de la
verdad les facían, é mandasen cesar aquella guerra
que contra él se facía, é oírle á su justicia.
El Rey é la Reyna , oída la suplicación del Mar-
qués , respondieron que si su gobernador en alguna
cosa habia excedido, debiera el Marqués recorrer á
ellos por el remedio para que lo mandase castigar,
é que habia errado en querer por su propia autori-
dad ponerse en armas á facer resistencia ; pero que
ellos mandarían saber la verdad de todas las cosas
pasadas, é facer aquello que de justicia debiesen.
Aquel caballero Don Rodrigo de Castañeda era ho-
me de mas altos pensamientos que fuerzas, y estan-
do allí en Guadalupe algunos dias, solicitando con
el Rey é con la Reyna la relevación de la guerra
que por todas partes se facía al Marqués ; porque se
falló contra él, que no mandándolo el Marqués, em-
biaba avisos al Rey de Portugal, dando orden en sa
entrada en Castilla, el Rey é la Reyna le mandaron
prender, é llevar á la villa de Talavera, donde es-
tovo preso algunos dias , é allí en la prisión murió*
CAPÍTULO LXXXin.
De las cosas qne pasaron con los mensajeros del Clavero
de Alcántara, é de la Condesa de Medellin.
Vinieron á Guadalupe do estaba el Rey é la Rey-
na mensageros de Doña María Pacheco Condesa de
Medellin, hermana del Marqués de Villena, fija bas-
tarda del Maestre de Santiago Don Juan Pacheco,
muger viuda ; la qual poco antes de aquellos dias
soltó á Don Pedro Puertocarrero Conde de Medellin
su fijo de las prisiones en que le tovo por espacio
de cinco años. Esta Condesa fué la principal que en
los tiempos pasados sostovo las guerras en aquellas
partes de Estremadura, favoreciendo unas veces á
unos, é otras veces á otros, muger de grandes atrevi-
mientos. La qual tenia usurpada la villa de Mérida,
que es del Maestradgo de Santiago; é tenia por fuer-
za la villa de Medellin al Conde su fijo, é todos los
otros 8UB bienes. Estos mensageros pidieron al Rey
340
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
é á la Reyna que le diesen la encomienda de aque-
lla villa de Mérida, é que mandasen que en toda su
vida toviese la villa de Medellin, é llevase la renta
della, ó que le diesen provisiones para ello ; deman-
daron ansimesmo otras cosas difíciles de facer. El
Rey é la Reyna, vistas las demandas que de parte de
la Condesa les fueron fechas, respondieron, que de
la villa de Mérida ni de su encomienda , ellos no
debian disponer por ser de la orden de Santiago , ni
menos le darian provisiones ni favor contra el Conde
su fijo, para llevar las rentas que le pertenecían.
Pero que vistas las causas que entre ellos eran, pro-
puestas é oidas las razones del Conde su fijo, man-
darían administrar sobre todo lo que fuese justicia.
Vinieron ansimesmo mensageros de Don Alonso de
Monroy, Clavero de Alcántara, que según habernos
dicho se llamaba Maestre, é tenia contención con
Don Alvaro de Stúñiga Duque de Plasencia, sobre
la posesión del Maestradgo de Alcántara, del qual
era proveído por el Papa Don Juan de Stúñiga, su
fijo. Este Clavero era home guerrero, é muy empa-
rentado en la tierra de Estremadura, y estaba apo-
derado de algunas fortalezas de su comarca ; é por
haber la posesión del Maestradgo, continuaba guer-
ra en aquellas partes, de la qual se siguieron mu-
chos é muy crueles fechos , ansí de robos, como de
muertes , é tomas , é furtos de fortalezas , é otros
grandes daños y engaños, en uno de los quales este
Clavero fué preso por el Alcayde de Magazela, de
quien se confió. En la qual prisión estovo algunos
dias, é después por mandado del Rey é de la Reyna
fué suelto, por las mercedes que ficieron al Alcay-
de que lo tenia preso. Los mensageros de este Cla-
vero suplicaron al Rey é á la Reyna, que le diesen
favor para haber el Maestradgo de Alcántara, que
de derecho decía pertenecerle, por la elección que
algunos Comendadores de la Orden le ficieron. En
esta suplicación que ficieron , ansi los mensageros
de la Condesa de Medellin , como loa del Clavero,
insistieron con gran instancia, é dieron á entender
que si el Rey é la Reyna no facían todo lo que su-
plicaban en su favor, luego se juntarían con el Rey
de Portogal, é lo meterían en Castilla, é se pornian
en su obediencia. El Rey é la Reyna respondieron á
los mensageros del Clavero , que el Papa, en vida
del Rey Don Enrique su hermano, había proveído
de aquel Maestradgo por sus bulas á Don Juan de
Stúñiga , fijo del Duque Don Alvaro, por virtud de
las quales había tomado la posesión de Alcántara,
é de la mayor parte de las fortalezas é tierras del
Maestradgo ; é que ellos no podían en aquel caso
repunar la provisión fecha por el Papa, ni quitar la
posesión de las tierras que el Maestre Don Juan
había tomado ; é que esta quistion era entre él y el
otro Maestre Don Juan, ó la determinación della
pertenecía al Sumo Pontífice, é no á ellos. Pero que
si el Clavero decía tener derecho, por qualquier
elección que le era fecha, ellos intervenían , é ter-
nian tal manera como su justicia enteramente le
fuese guardada ; é para esto le darian el favor que
necesario le fuese. Los mensageros deste Clavero é
de la Condesa no fueron contentos de las respues-
tas dadas al imo ni al otro ; porque pensaban el Rey
é la Reyna estar puestos en tan grandes necesida-
des de la guerra que esperaban con el Rey de Por-
togal, que de necesario sería otorgarles todo lo que
demandasen, é que ninguna cosa les seria negada,
por causa de las fortalezas é gente é parentela gran-
de que tenían en aquella frontera de Portogal. Des-
pedidos aquellos mensageros con la respuesta que
el Rey é la Reyna les mandaron, el Clavero é la
Condesa, que fasta aquel tiempo en las guerras pa-
sadas habían seydo enemigos, é tenido partes con-
trarias, luego trataron amistad en uno , y embiaron
sus mensageros al Rey de Portogal, ofreciéndole su
obediencia, é recibiéndole por su Rey, é obligáronse
de le servir como sus subditos. El Rey de Portogal,
recibiendo el ofrecimiento del Clavero é de la Con-
desa, prometió de les ayudar en todas las cosas que
le demandaron. E por seguridad que la Condesa
compliria con el Rey de Portogal lo que le prome-
tía, entrególe la fortaleza de Mérida.
CAPfí?ULO LXXXIV.
De la embatada que embió el Rey de Francia al Rey é á la Reyna,
é lo que propusieron.
Vinieron ansimesmo á aquella villa de Guadalupe
embaxadores del Rey de Francia, entre los quales
venia un Perlado que era Obispo de Lumbiers para
refirmar la paz entre el Rey é la Reyna é sus Rey-
nos, con el Rey de Francia é con los suyos: la qual
había tratado por sus cartas é mensageros en los
dias pasados el Cardenal de España. E aquel Obis-
po de Lumbiers propuso ante el Rey é la Reyna en
su gran consejo, los debdos de sangre que hay en-
tre los Reyes de Francia é de Castilla, é las amista-
des é confederaciones perpetuas que siempre en los
tiempos pasados ovo entre los Reyes destos dos
Reynos é sus subditos é naturales. Otrosí dixo como
el Rey de Francia su señor ovo gran placer por ha-
ber subcedído la Reyna en la silla real destos Rey-
nos del Rey Don Juan su padre. É como quiera quo
por algunas malas é siniestras informaciones, fe-
chas por parte del Rey de Portogal, pasaron algu-
nas diferencias entre el Rey de Francia su señor, y
el Rey é la Reyna ; pero aquellas habían cesado,
porque no tenían fundamento de verdad. Y en con-
clusión dixeron que ellos venían allí por mandado
del Rey de Francia é con su poder, á refirmar las
paces é confederaciones antiguas que fueron jura-
das por los Reyes pasados de Francia é de Castilla:
las quales eran obligados de guardar sus subcesores.
Por ende, que les ploguiese de las jurar é firmar
con aquel amor é fraternidad que ellos las habían
guardado, é según que el Rey de Francia su señor
estaba en voluntad de las guardar é conservar. El
Rey é la Reyna, oída aquella embaxada, como quier
que conocieron la intención que á los principios
tovo el Rey de Francia de se confederar con el Rey
de Portogal, é la guerra que sin causa fizo en la
provincia de Guipúzcoa, ó lo que agora le movía á
DON FERNANDO
facer mudanza é venir pidiendo paz ; pero por con-
sejo del Cardenal de España, mostraron inadverten-
cia á las variedades é siniestra intención del Rey de
Francia, é recibieron muy bien á sus embaxadores,
é no lea mostraron sentimiento de las cosas pasadas
é respondiéronles, que les placia aceptar la amistad
é confederación por ellos propuesta, porque los Re-
yes sus progenitores les hablan obligado á ello. B
ficieron mucha honra á aquellos embaxadores, é ce-
lebraron las confederaciones é amistades acostum-
bradas; en las quales se contenia que obligaban á
BÍ é á sus fijos primogénitos herederos de sus Rey-
nos, que serian amigos de amigos, y enemigos de
enemigos, según lo fueron los reyes pasados sus
progenitores, contra todas las personas del mundo,
excepto el Padre Santo. Lo qual juraron solemne-
mente aquellos embaxadores, por virtud del poder
que traian del Rey de Francia su señor; en el qual#
juramento dixeron, é se obligaron de lo guardar é
mantener, no embargante la confederación é amis-
tad que el Rey de Francia su señor nabia fecho con
el Rey de Portogal pocos dias habia. Fechas estas
ligas é confederaciones, el Rey é la Reyna manda-
ron dar de sus dones á aquel Obispo é á los otros
caballeros que vinieron con él, é mandáronlos des-
pedir. B cerca del debate que habia entre el Rey é
la Reyna, y el Rey de Francia sobre el Condado
de Ruisellon, acordaron que quedase al juicio de
dos personas, que nombrasen cada uno por su parte;
los quales toviesen poder de lo determinar dentro
de cinco años. É que el Rey de Francia pusiese
dentro de cierto tiempo la fortaleza de Perpiñan, é
las otras fortalezas de aquel Condado de Ruisellon
©n poder del Cardenal de España, para que las en-
tregase al Rey é á la Reyna, cumpliendo lo que los
arbitros determinasen que habia de haber el Rey de
Francia. Con estos embaxadores mandaron el Rey
é la Reyna, que fuesen Don Juan de Gamboa, y el
Arcediano de Almazan, que fueron los diputados
que estovieron en Fuenterabía por su mandado. Los
quales fueron al Eey de Francia, el qual en presen-
cia dellos, é de los de su consejo, retificó é juró
todo lo que aquel Obispo de Lumbiers é los otros
sus embaxadores en su nombre hablan fecho; lo
qual fué pregonado, é mandado guardar por todo
el Eeyno.
CAPÍTULO LXXXV.
Del trato de paz que movió la Infanta de Portogal, é como el Papa
revocó la dispensación que habia dado al Rey de Portogal.
La Infanta Doña Beatriz de Portogal que habia
eeydo casada con el Infante Don Fernando Duque
de Viseo hermano del Rey de Portogal, era una se-
ñora discreta, é conocía bien la calidad desta em-
presa que el Rey de Portogal habia tomado, é los
infortunios que en la prosecución della le acae-
cieron. É como agora por consejo de algunos Cas-
tellanos, tornaba á la continar, pesábale dello, por-
que amaba mucho al Rey de Portogal é al Príncipe
su fijo, que era su yerno, é ansimesmo á la Reyna
E DO^A ISABEL. 341
de Castilla que era su sobrina, fija de su hermana ; ó
deseaba quitar á ellos de quistion, é á sus reynos de
guerras. E fabló con el Rey de Portogal algunas
veces, atrayéndole á la paz con el Rey ó la Reyna,
é dábale razones porque lo debia facer, é dexar esta
conquista de Castilla, la qual ni habia sucedido se-
gún complia á servicio de Dios ni suyo, é mucho
menos á su honra; antes lo acaecido fasta aquel
tiempo habia seydo en gran pérdida de su Reyno, é
peligro é muertes de sus subditos é naturales. A
este voto de la Infanta estaba allegado el Príncipe
su yerno, á quien ansimesmo pesaba del propósito
que su padre tornaba á tomar, é ayudaba á la In-
fanta su suegra en las razones que decia al Rey su
padre. Y embió un mensagero á la Reyna á le decir
secretamente, que se debia llegar mas á aquella
frontera de Portogal, porque quanto mas cerca es-
toviese, habria mejor lugar de comunicar con ella
algunas cosas que convenían á la paz del Rey su
marido é suya con el Rey de Portogal; é que con el
ayuda de Dios é de la gloriosa Virgen su madre en-
tendía dar remedio de paz é concordia entre ellos.
La Reyna lo regradeció mucho, y embióle á decir,
que despedidos los embaxadores de Francia, é algu-
nos otros negocios que el Rey y ella tenían pen-
dientes en la villa de Guadalupe, luego llegarían á
aquellas partes de la frontera de Portogal, é podrían
fablar en aquella materia, según que lo acordaba.
Otrosí, como habemos dicho, el Papa, á suplicación
del Rey de Francia, é del Rey de Portogal, dio dis-
pensación para que aquella Doña Juana pudiese ca-
sar con persona conjunta á ella dentro en el quarto
grado de consanguinidad. De la qual dispensación
el Rey é la Reyna se agraviaron, y embiaron á
mostrar sus causas de los agravios que el Papa les
fizo en la otorgar. Lo qual visto en el colegio de
los Cardenales, considerando los escándalos, guer-
ras, é derramamientos de sangre, que por causa de
aquella dispensación se podrían seguir, el Papa
acordó de dar otra bula, en la qual declaró, que la
primera bula había seydo impetrada, no le faciendo
relación verdadera de la persona con quien aquella
Doña Juana habia de casar, ni de otras circunstan-
cias que la impetración de la bula se requerían é de-
bían ser declaradas: por ende que la revocaba é
daba por ninguna.
CAPÍTULO LXXXVI.
De la perra qne el clavero de Alcántara, é la Condesa de Hede-
Uin ficieron en favor del Rey de Portogal.
El Clavero de Alcántara Don Alonso de Monroy,
é la Condesa de Medellin, que según habemos dicho
se pusieron en la obediencia del Rey de Portogal,
comenzaron á facer guerra en aquellas partes de
Estremadura desde las fortalezas que tenían; ó alle-
gábanse á ellos muchos homes de malos deseos,
cobdíciosos de guerras que no sofrían orden de bien
vivir. É con estos se facían cada día mas poderosos
é fortificaban en aquellas partes la voz del Rey de
Portogal. El Rey é la Reyna, por remediar aquella
342
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
guerra, é ansimesmo por platicar en la concordia
que la Infanta tia de la Reyna, había movido; con
consejo del Cardenal de España, é de los otros Ca-
balleros é Dotores de su Consejo, acordaron de ir á
la cibdad de Troxillo. É antes que partiesen de
aquella villa de Guadalupe, vino nueva como el
Rey Pon Juan de Aragón, padre del Rey, era falle-
cido; el qual murió este año de mil é quatrocientos
é setenta é nueve años , dia de Sant Sebastian , á
veinte de Enero en la cibdad de Barcelona. É luego
todos los del Reyno de Aragón, é Valencia, é Sici-
lia, é Principado de Cataluña, é los otros señoríos,
en absencia deste Rey Don Fernando, le recibieron
por su Rey é Señor; y embiaronle á llamar, que
fuese á tomar la posesión de sus Reynos ó señoríos.
Habida esta nueva, luego partieron de Guadalupe,
é fueron para la cibdad de Troxillo, donde ficieron
solemnes obsequias por la muerte del Rey de Ara-
gón. Platicóse ansimesmo en el Consejo del Rey ó
de la Reyna, como se debían intitular; é como quie-
ra que algunos de su consejo eran en voto, que se
intitulasen Reyes de España, pues sucediendo en
aquellos Reynos é señoríos de Aragón, eran señores
de toda la mayor parte della; pero determinaron
de lo no facer, ó intituláronse en todas sus cartas
en esta manera.
«Don Fernando é Doña Isabel, por la gracia de
«Dios, Rey é Reyna de Castilla, de León, de Ara-
«gon, de Sicilia, de Toledo, de Valencia, de Galicia,
»de Mallorcas, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba,
»de Córcega, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de
»Algecira, de Gibraltar, Conde é Condesa de Bar-
Bcelona, Señores de Vizcaya, é de Molina, Duques
«de Atenas, é de Neopatria, Condes de Ruisellon, é
«de Cerdania, Marqueses de Oristan, é de Gociano,
«etc.» El Rey é la Reyna dieron orden en la guerra
que se facía contra el Reyno de Portogal, é contra
el Clavero, é la Condesa de Medellín, y embiaron á
llamar á bu Condestable, é gentes de armas de al-
gunas partes de las comarcas; las quales vinieron á
su llamamiento, é pusieron guarniciones de gentes
cercanas adonde ellos estaban, por escusar los robos
é males que facían en la tierra. Otrosí fornecieron
de gentes de armas la cibdad de Badajoz, y embia-
ron á mandar al Maestre de Santiago, que con la
gente de armas de su casa, estoviese en la villa de
Lobon, que es en comarca de la villa de Medellín,
do estaba la Condesa, é de la villa de Mérida, do
estaba el Clavero. Y embiaronle para fortificar su
guarnición, á Don Martin de Córdoba fijo del Con-
de de Cabra, é á Alonso Enriquez, é á Sancho del
Águila, capitanes de su guarda, con las gentes de
8US capitanías.
CAPÍTULO LXXXVII.
Como la gente del Rey de Portogal fué desbaratada por el Maestre
de Santiago.
Estando el Maestre en la villa de Lobon, fué avi-
sado como el Rey de Portogal embiaba al Obispo
de Ébora Don García de Meneses por capitán con
mucha gente de armas, para estar en la villa de Mé-
rida, que le había entregado la Condesa de Mede-
llín, é facer guerra desde aquella villa á toda la
tierra de la comarca. El consejo que el Rey de Por-
togal por estonces ovo, era de facer desde aquellas
dos villas é de otras seis fortalezas que la Condesa
de Medellín y el Clavero tenían, guerra en toda Es-
tremadura, tanta é tan cruda, que el Rey é la Rey-
na no podiendo remediar á todas partes, les fuese
necesario desampararla ; porque ellos absentes, ha-
bría lugar de entrar poderosamente segunda vez en
Castilla. Como el Maestre de Santiago ovo aviso
que la gente Portoguesa venía, partió de Lobon, é
fué camino de Mérida, por escusar la ;entrada en
aquella villa á los Portogueses é á los Castellanos
que venían con ellos , de los que habían tenido la
voz del Rey de Portogal. E considerando el gran
daño que le vernia sí el Clavero oviese lugar de se
juntar con los Portogueses, porque serian en mayor
número de gente que la suya, é no podía pelear
con ellos ; como^ra borne proveído en las cosas de
la guerra, mandó á algunos caballeros que corriesen
el campo, é llegasen bien cerca de la villa de Méri-
da, y él con toda su gente se puso en celada en un
lugar cerca de Mérida que se llama el Albuhera, por
donde los Portogueses habían de venir. El Clavero
que conoció bien la celada, recelando della, recogió
toda su gente en la villa, é mandó que ninguno sa-
liese á pelear con la gente del Maestre. E como
quier que sabía bien de la gente Portoguesa que el
Rey de Portogal embiaba en favor suyo é de la
Condesa, pero no sabía el día que había de llegar á
Mérida, ni lo pudo saber por las grandes guardas
que el Maestre puso para que lo no sóplese. E ansí
como el Maestre iba mas adelante al encuentro de
los Portogueses , ansí el Clavero guardaba mucho
mas de no salir de la villa, porque veía las atalayas
é guardas que el Maestre había puesto ; á los quales
había mandado que se mostrasen algunas veces , á
fin que el Clavero los viese, y estoviese siempre en
recelo de su celada , porque no saliese de la villa á
se juntar con los Portogueses. El Obispo de Ébora
é la gente de su capitanía continaron su camino,
fasta que llegaron el día primero de Quaresma dos
leguas de la villa de Mérida. Como el Maestre sopo
que los Portogueses se llegaban, fizo poner á punto
de batalla á Don Martin de Córdoba, é á Sancho del
Águila, é á Alonso Enriquez , capitanes que el Rey
é la Reyna le habían embíado, é ansimesmo á toda
la otra gente de su casa que con él iban ; los quales
ordenó en tres escuadras. Y el Obispo de Ébora,
que venia por capitán mayor de los Portogueses,
traía otros tres capitanes, el uno se llamaba Gonza-
lo Falcon, que venia por capitán de la gente del
Príncipe de Portogal, y el otro capitán se llamaba
Cristóbal Bermudez, el qual era castellano, é había
vivido con el Rey Don Enrique en las guerras pa-
sadas, é se había pasado al Rey de Portogal, ó otro
capitán Portogues que se llamaba Alonso de Al-
meyda, el qual traia en su batalla gente de Porto-
gal ó de Castilla. El Obispo de Ébora, capitán ma-
DON FERNANDO
yor traía en su batalla eetecientoa homes de caba-
llo, en los quales habia doscientos homes de armas
castellanos, de aquellos que habían estado en Cas-
tronuño, y en Cantalapíedra , y en las otras fortale-
zas que habían tenido la voz del Rey de Portogal.
Entre los quales venía el Adelantado Pedro de Pa-
reja, é Alonso Pérez de Vivero, ó Gonzalo Muñoz
de Castañeda, é Rodrigo de Añaya, é Pedro de Afia-
ya su hermano, é Alvaro de Luna, é Juan Sarmiento,
éotros muchos fijosdalgos castellanos, los quales ve-
nían con propósito de sofrirtoda pena en Castilla, é
al fin padecer la muerte antes que tornar á Portogal,
porque no eran bien tratados de los Portogueses. E
ansimesmo tenían propósito de facer tanta guerra,
que de necesario fuese al Rey é á la Reyna dexar
aquella tierra. Esta gente que el Obispo traía, ansi
Castellanos como Portogueses, eran homes esforza-
dos, ó usados en la guerra, ó muy bien armados.
Quando el Maestre de Santiago los vido, é recono-
ció bien que aquella gente venia con intención de
pelear, juntó todos los suyos ; é como quier que era
home de pocas palabras , díxoles ansí : a Señores
1) ó amigos, la honra de que el fidalgo goza toda su
Bvida, en un día tal como este la gana, faciendo lo
» que debe, ó la pierde si no lo face. Ansimesmo tene-
»mo8 cierta experiancia en las batallas, que los ene-
J)mig03 no nos faran tanto mal peleando, quanto
ufaremos á nos mesmos f uyendo. Por ende vos rue-
Ti go, que cada uno piense en la vida é honra que
Dgana el vencedor, y en la muerte é deshonra que
«recibe el vencido. Y esto considerado, aparejad los
n brazos, y esforzad los corazones, para que sin te-
amor acometamos á estos enemigos; ó yo flo en
nDios, y en el Apóstol Santiago, que en este día
«santo primero de Quarésma, habremos la victoria
uque deseamos. De mí vos seguro, que no veré á
nqualquier de vosotros en peligro, que no ofrezca
j) mi persona por salvar la suya.» Acabada esta ra-
zón del Maestre, todos quedaron tan esforzados que
pensaban no recebir mal sí peleaban bien. E luego
les fizo tomar por señal sendas retamas, por apelli-
do Santiago ; ó comenzó de andar de unos en otros,
esforzándolos, é faciéndoles que ee pusiesen en
punto de guerra ; é dio cargo á un caballero su pri-
mo, que se llamaba Rodrigo de Cárdenas, hermano
del Comendador mayor de León, home muy esfor-
zado, que con algunos caballeros se adelantase á
romper la batalla del Obispo de Ébora, porque si la
desconcertase, la pudiese mas ligeramente vencer.
Los Portogueses ó los Castellanos que venían con
ellos, como vieron la gente del Maestre con propó-
sito de pelear , é que les habían salido al camino,
ordenaron sus batallas ; á los quales no era nece-
sario amonestar , porque cada uno dellos, en espe-
cial los castellanos que allí eran, venían con gran-
de ánimo de pelear, ó morir matando 6 venciendo,
antes que fuír ni dexar el campo. E ansí con ímpetu
muy riguroso se vinieron las unas faces contra las
otras, é rompieron las lanzas los unos en los otros,
ó á los primeros encuentros cayeron de los caballe-
ros algunos de la una parte é de la otra, hoa paoQes
B DOÍfA ISABEL. 343
que el Maestre traía, como vieron loa primeros en-
cuentros de los caballeros , é las batallas rebueltas,
luego se apartaron é f uyeron. E los caballeros de la
una parte ó de la otra, perdidas las lanzas vinieron
á las espadas, é andaban mezclados unos con otros,
firiéndose tan crudamente , que muchos dellos por
estar tan juntos, no se podían aprovechar de las es-
padas, ó peleaban con los puñales. E ansí la fortu-
na de la una gente é de la otra estovo dubdosa , ó
duró por espacio de tres horas, que no se mostraba
vencimiento por la una parte ni por la otra ; porque
muchas veces llevaban los Portogueses á los Caste-
llanos, ó otras veces llevaban los Castellanos á los
Portogueses. Y en estas vueltas caían muchos muer-
tos de la una parte é de la otra ; é ni los muertos
caídos en el campo, ni las llagas é sangre que de
sus cuerpos veían derramar desmayaba á los unos
ni á los otros para se dexar vencer ; antes parecía
que quanto mas sangre veían vertida, tanto mas se
encrudelecian los unos contra los otros ; é olvidado
el miedo de la muerte, cada uno acometía á los ene-
migos, é se metía en- los lugares mas peligrosos, te-
niendo en poco la vida por alcanzar la victoria. El
Maestre como era experimentado en semejantes f a-
cienda?, andaba con los que le guardaban de unos
en otros, socorriendo á los lugares mas flacos, é jun-
tando los que estaban derramados, y esforzándolos;
ó peleaba por su persona vivamente contra los ene-
migos que veía andar mas esforzados, por los ven-
cer é derribar ; é do quier que entraba facía tal es-
trago en los contrarios , que casi al fin del día ee
mostró el vencimiento, é algunos de los Portogueses
comenzaron á se retraer é ponerse en fuida. Otros
algunos se quisieron recoger en un cerro, que pare-
cían querer tornar á pelear. Aquel Rodrigo de Cár-
denas que diximos, fué contra ellos con algunos de
los que pudo recoger ; ó subióles el cerro por f uer-
za,é desbarotólo, é mató algunos dellos, y el fué
mal ferido de muchas feridaa en todo su cuerpo ; é
ansí quedó todo el campo por el Maestre. Fueron
tomadas allí todas las banderas que traían los Por-
togueses, en especial fué preso el Obispo de Ébora
su capitán mayor, en poder de un escudero de baxa
manera, á quien el Obispo prometió tanta suma de
oro, que le soltó, é se vino con él para Mérida. Fué
preso el otro capitán que se llamaba Cristóbal Ber-
mudez. Fueron muertos peleando el Adelantado Pe-
dro de Pareja , é Diego Muñoz Señor de Cheles, é todos
los mas délos Castellanos. Fueron presos Alvaro
de Luna , é Rodrigo de Añaya , é Pedro de Añaya,
ó otros muchos caballeros principales. Los Castella-
que fueron presos en aquella batalla fueron puestos
en prisión por mandado del Rey é de la Reyna ; ó
los Portogueses después de algunos días fueron
sueltos por intercesión de la Infanta Doña Beatriz
tía de la Reyna, que suplicó por ellos. Todos los
otros que f uyeron, ó se derramaron por algunas par-
tee, acudieron á la villa de Merida ó de Medellin, é
á las otras fortalezas que estaban por la Condesa ó
por el Clavero. Tomáronles en ol despojo todo el
fardage que traían, que Be dijo ser en gran canti-
544
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dad ; porqae los Castellanos , ó aun muclios de los
Portogaeses mas principales, traian gran parte de
sus bienes, con propósito de facer su asiento en
aquellas villas. El Maestre fué ferido de dos feri-
das, é de los Castellanos de su parte fueron muer-
tos algunos, é feridos muchos. De los caballos de
la ima é de la otra parte se fallaron pocos vivos.
Esta batalla fué tan sangrienta, que todos los capi-
tanes de la una parte é de la otra fueron feridos, é
todos los capitanes de los Portogueses presos. Los
caballeros é capitanes vencedores, que poco antes
el espantoso terror de la batalla habia oprimido,
habida la gloria del vencimiento, unos llaman á
otros, júntanse con alegría, cuentan sus casos,
muestran sus feridas, ensalzan los fechos de armas
fuertes é osados que hablan pasado, también los de
los enemigos como los suyos ; é cada uno se gloria-
ba con el vencimiento habido. E por cierto en nues-
tra humana costumbre vemos, que como en las ad-
versidades el esforzado es culpado de flaqueza, ansi
en las victorias aun el cobarde tiene licencia de se
gloriar como esforzado. El Maestre como vino con
toda la presa á la villa de Lobon , fizo luego curar
los feridos, proveer á ,los que allí perdieron armas
é caballos ; é dando de lo suyo, é no tomando parte
del despojo, proveyó á todos los que en la batalla
recibieron daño. E fizo saber al Eey é á la Reyna,
que estaban en Truxillo , aquella victoria que Dios
les habia dado ; los quales dieron gracias á Dios por
aquel vencimiento que habia mostrado en su favor,
y embiaron luego al Maestre una su carta, por la
qual le facían merced de los tres cuentos, con que
era obligado de los servir cada un año , para reparo
de los castillos fronteros de tierra de moros. E
mandaron degollar por justicia en aquella villa de
Lobon aun capitán castellano, que fué preso en la
batalla, que se llamaba Cristóbal Bermudez, el qual
habia fecho en Castilla en los tiempos de las guer-
ras pasadas muchos robos é fuerzas.
CAPÍTULO LXXXVIIL
Como la flota de los Portogueses desbarató á la flota de los
Castellanos, que hablan ido á la mina del oro.
Según habernos contado, el año antepasado par-
tieron treinta é cinco naos de los puertos de la mar
que son en el Andalucía, para ir á la tierra donde
habia la mina del oro. Los que iban en estas naos
fueron en salvo á aquellas partes , é trocaron á pe-
dazos de oro las conchas é cosas de latón é ropas
viejas, é las otras cosas que llevaban , que son pe-
didas é deseadas por los bárbaros que moran en
aquella tierra. Fechos sus troques, á la vuelta que
volvían con gran suma de oro, los Portogueses que
fueron avisados, como habían partido á facer aque-
lla via, armaron ciertas naos, é aguardaron á las
naos castellanas al tiempo que entendían que po-
dían volver ; y encontraron con ellas , é tomaron
todas treinta é cinco naos con todo el oro que traian,
é prendieron á todos los qne iban en ellas, é del oro
que el Rey de Portogal ovo del quinto que le per-
tenecía de aquella presa, tovo dinero para pagar
sueldo, é fornecer la gente que fué desbaratada por
el Maestre de Santiago. E fueron trocados muchos
de los Portogueses que fueron presos en la batalla,
con los Castellanos que fueron presos en las naos ;
é ansí fueron libres los presos de la una parte é de
la otra. Después que el Maestre de Santiago ovo
aquel vencimiento, el Clavero de Alcántara salió al
campo, é recogió en la villa de Mérida la gente de
los Portogueses que habia fuido de la batalla, é
fueron proveídos de armas é de caballos, que el Rey
de Portogal les embió. Y ombió mandar al Obispo
de Ebora, que con la gento que pudiese haber, fue-
se á la villa de Medellin, por esforzar á la Condesa,
é desde aquella villa ficiese guerra en toda la tier-
ra. El Obispo fué luego á aquella villa de Medellin,
donde fué recebido por la Condesa con trecientos
homes á caballo, é otros algunos á pie ; é con esta
gente, é con la de la Condesa, facía guerra en todas
aquellas partes. El Clavero de Alcántara fué para
la villa de Deleytosa, que tenia tomada á un su her-
mano, que se llamaba Rodrigo de Monroy, é puso
ansimesmo gente en ella ; é semejante provisión do
gente fizo en todas las otras fortalezas que estaban
por él é por la Condesa en toda aquella provincia,
desde las quales todos los dias facía guerra en aque-
llas comarcas.
CAPÍTULO LXXXIX.
Ce las cosas que pasaron en Alcántara.
Después de algunos días que el Rey é la Reyna
esto vieron en la cibdad de Troxíllo, acordaron do
ir á la villa de Cáceres. Y estando en aquella villa,
la Infanta Doña Beatriz tía de la Reyna, que trata-
ba la paz con el Rey de Portogal, embió decir á la
la Reyna, que para mas breve conclusión de las co-
sas que se habían de platicar, seria necesario que
estoviesen ambas en un lugar cercano á la frontera
de Portogal. La Reyna, oída aquella embaxada,
embió á pedir á Don Alvaro, Duque de Plasencia, la
villa de Alcántara con su fortaleza , porque ella en
persona quería ir á estar en ella algunos días, para
entender en los tratos de aquella paz que le eran
movidos. El Duque Don Alvaro, que era Adminis-
trador de aquella orden por el Maestre Don Juan
su fijo, embió mandar al Alcayde del castillo, que
luego la entregase á la Reyna, con todo lo que en
ella estaba, é saliesen él é los suyos fuera. El Al-
cayde entregó luego aquel castillo á Gutierre do
Cárdenas Comendador mayor de León, á quien la
Reyna lo mandó tener. E luego partió de la villa
de Cáceres , é fué para la villa de Alcántara (1) .
(1) El Rey partió de Cáceres jonto la Reyna y fueron ambos á
Truxillo, en 22 de Mano de este año. Allí se detuvo algo mas de
lo que pensaba, hasta el mes de Junio, que fué á su nuevo Reyno
de Aragón, donde hizo su entrada en público en Zaragoza i 28 del
mismo mes, y se detuvo hasta Noviembre de dicho año arreglando
varias cosas pertenecientes á la buena gobernación del Reyno,
que el Cronista omite por no pertenecer á los sucesos de Castilla.
Véase Zurita, Anal., lib. 20, cap. 32
DON FERNANDO
El Rey ansimesmo partió de aquella villa, é fué
para el Reyno de Aragón á proveer en las cosas de
aquellos reynos ; para la qual provisión fué muchas
veces llamado, ó aun requerido por los caballeros
principales de aquellos reynos. La Infanta ansimes-
mo vino luego para Alcántara , é la Reyna la reci-
bió con gran veneración, mostrándole mucho amor,
é mandóla aposentar en la fortaleza donde ella po-
saba. Todos los del Consejo , é los contadores , é
otros oficiales, é la gente de armas , quedaron en la
villa de Cáceres ; é ninguno otro fué con la Rey-
na, salvo un letrado de quien mucho se confiaba,
que se llamaba el Doctor Rodrigo Maldonado, que
era de su Consejo, é Fernand Alvarez de Toledo su
Secretario, é alguna gente de armas de su guarda,
que mandó estar con el Comendador mayor de León
en la guarda de la villa é de su fortaleza. Venida la
Infanta á aquella villa, la Reyna fabló con ella en
los ocho dias primeros algunas cosas , en las quales
ninguna persona intervino ; é después que fueron
platicadas, é puestas en escripto, la Infanta deman-
dó á la Reyna licencia para volver, é término para
consultar con el Rey de Portogal, é con el Príncipe
su fijo. E la Reyna dio sus dones de oro é de plata
á la Infanta su tia, é á todas las dueñas é doncellas
que con ella venian, é la despidió. E mandó al Doc-
tor Rodrigo Maldonado de su Consejo, que fuese
con ella para platicar con el Rey de Portogal é con
los de su Consejo las materias é apuntamientos é
seguridades allí fabladas é apuntadas con la Infan-
ta. E luego volvió la Reyna á la villa de Cáceres,
donde la esperaba el Cardenal de España y el Con-
destable, é las otras gentes de armas de su hueste, é
todos los otros oficiales de su Corte. E dende á po-
cos dias que estovo en la villa de Cáceres, partió
para la cibdad de Troxillo.
CAPÍTULO xa
De los cercoif qa6 la Reina mandó poner sobre Mérida, Medellin,
jyiontanches , é Odeytosa.
Como la Reyna fué en la cibdad de Troxillo , en-
tendió luego en la provisión de las cosas necesarias
á la guerra que facían los Portogueses é los Caste-
llanos que estaban con ellos, especialmente desde
las villas de Mérida, é de Medellin, é Deleytosa, é
de Azagala , é Castilnovo , é Piedrabuena , é Mayor-
ga ; de las quales se facia tanta guerra, que ni los
caminos se andaban , ni la tierra se labraba, é toda
negociación cesaba en aquella provincia. E todas
las aldeas cercanas á aquellas fortalezas é á sus co-
marcas estaban despobladas , é los moradores dellas
las desampararon , é fueron á morar, dellos al An-
dalucía, dellos al Reyno de Toledo, é á otras par-
tes. E ningunos mantenimientos se podían haber en
la cibdad de Troxillo, donde la Reyna estaba , sino
traídos de tierra de Avila , é de Salamanca , é de
Toro , é del Reyno de Toledo ; los quales se ponían
en la villa de Guadalupe , ó de allí la Reyna embia-
ba gente de armas , que los traían en salvo fasta la
cibdad de Troxillo. Como algunos caballeros é otros
É DOÑA ISABEL, 345
del consejo de la Reyna vieron la dostruicion de
aquella tierra, considerando las^necesidades presen-
tes , ó recelando las por venir ; veyendo ansimesmo
como las fortalezas que estaban rebeldes , crecían
cada dia mas , con mayor número de gente del Rey-
no de Portogal, según lo qual parecía difícile aca-
barse aquella guerra , salvo en mucho espacio de
tiempo é con gran número de gente, otrosí consi-
derando que la estada de la Reyna en aquella cib-
dad , no solo era trabajosa por la gran falta de man-
tenimientos, mas era peligrosa á ella, é á todos los
que con ella estaban ; suplicáronle que dexando
guarniciones de gentes en las cibdades de Troxillo,
é Badajoz, é Cáceres, é sus comarcas, ella se apar-
tase de aquella tierra , é fuese para la villa de Tala-
vera, ó á otro lugar comarcano é mas seguro. Por-
que según les parecía, con tan poca gente como allí
estaba, no podía remediar guerra tan grande, fecha
por tantas partes. E que no era su servicio, ni me-
nos se guardaba su preeminencia real, sí estovíese
en aquella cibdad enmedío de todas aquellas forta-
lezas contrarias , veyendo ó oyendo los robos é pri-
siones que los Portogueses facían sin las remediar.
Otrosí decían, que si cerca de la paz que se fabla-
ba con la Infanta su tia , alguna cosa fuese necesa-
rio consultar , ansí bien se podía facer desde otra
villa aunque fuese algo mas lexana, como desde la
cibdad de Troxillo. La Reyna, oídas aquellas razo-
nes, respondió: «Pues ya soy venida á esta tierra
» ciertamente por f uír peligro , ni escusar trabajo,
« no la entiendo dexar , ni dar tal gloria á los con-
» traríos , ni tal pena á mis subditos. Por ende yo he
» deliberado de estar aquí fasta ver el cabo de la
» guerra que facemos , ó de la paz que tratamos. » E
luego embió llamar mas gentes de armas de todos
sus Reynos, é acordó de poner tres sitios sobre las
villas de Medellin, é Mérida, é Deleytosa. E mandó
al Maestre de Santiago que tomase cargo de sitiar
la villa de Mérida que es de su Orden , con la gente
de su casa, é con otra que ella le dio de su guarda.
E mandó á Luis Fernandez Puertocarrero, Señor de
la villa de Palma , que con dos mil homes á caballo,
é tres mil peones, pusiese sitio sobre la villa de Me-
dellin, donde estaba el Obispo de Ebora con gente
de Portogal ó de la Condesa. E mandó á Rodrigo de
Monroy , cuya era la villa é fortaleza de Deleytosa,
que la sitíase con gente que le mandó dar para ello.
Todos estos tres sitios fueron por su mandado pues-
tos ep un dia sobre aquellas tres fortalezas. E man-
dó al Conde de Feria Don Lorenzo Suarez de Figue-
roa , que estoviese por frontero en la cibdad de Ba-
dajoz con la gente de su casa , é con otra gente da
su guarda que le embió para facer guerra á Porto-
gal , é resistir la que por aquella parte facían los
Portogueses. La Reyna estando en la cibdad de
Troxillo , é con ella el Cardenal de España , y el
Condestable Conde de Haro ; todos los dias daba or-
den, é proveía de gentes é mantenimientos á aque-
llos tres sitios que mandó poner. Estando las cosas
de la guerra en el estado que hemos dicho, acaeció
que el Clavero de Alcántara vino á la fortaleza de
B46
CEÓNIOAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Montanchefl , la qual tenia un bu cuñado, Comenda-
dor de la Orden de Santiago, que Be llamaba Pedro
Puertocarrero , casado con bu hermana , é trató con
olla que le dexase apoderar de la fortaleza : la qual
por ruegos é promesas de su hermano, tovo manera
que entrase con algunos homes suyos, ó luego echó
i'uera toda la gente del Comendador bu cuñado, y él
quedó apoderado de la fortaleza. E comenzó á facer
.^íuerra á la cibdad de Troxillo , é los mas dias llega-
ba su gente fasta cerca de la cibdad é tomaban pri-
sioneros, é impedían que no viniesen mantenimien-
tos á la cibdad. La Reyna , como quier que ovo gran
pesar de la toma de aquella fortaleza , pero luego
entendió en la provisión que se debia facer en aquel
nuevo daño. E mandó á su Condestable , é á Don
Gutierre de Cárdenas, Comendador mayor de León,
que con la gente de armas que tenia en su guarda,
é con los caballeros continos de su casa, fuesen á
la fortaleza de Montanches, é la sitiasen , é resistie-
sen la guerra que facia la gente que el Clavero de-
xó en ella. Aquella fortaleza de Montanches es
fuerte ó inexpugnable , pero el Condestable , y el
Comendador mayor de León se aposentaron con la
gente de armas bien cerca della, en tal lugar, que
no podian salir á facer los daños que antes facian.
El Clavero fué para las fortalezas de Piedrabuena,
óMayorga, é Azagala, é Castilnovo que estaban
por él. E desde aquellas fortalezas , andando de una
en otra, facia guerra á Badajoz, é á Cáceres, é á
todas aquellas partes de sus comarcas. E algunas
veces metia gente de Portogal , con la qual facia
prisiones, é quemas, ó robos, é grandes estragos en
todas aquellas tierras. Ansimesmo iba al Rey de
Portogal á impedir la paz que trataban el Príncipe
su fijo, é la Infanta Doña Beatriz su suegra; é boU-
citaba con gran diligencia que entrase poderosa-
mente á socorrer su gente, que estaba sitiada en
quatro partes. En especial le daba á entender, que
si socorriese solamente el castillo de Montanches,
todos los otros sitios se alzarían ; é de aquella ma-
nera los suyos serian socorridos , y él quedarla vic-
torioso. Porque alzados los sitios, podría ir con gran
poder de gente á la cibdad de Troxillo , donde es-
taba la Reyna: la qual por falta de mantenimien-
tos, que eran trabajosos de haber, no esperarla en
aquella cibdad ; é que de necesario le convernia de-
xar toda aquella tierra , donde él quedaría Rey é Se-
ñor sin impedimento alguno. E habida aquella pro-
vincia á su obeddiencia , podria conquistar mucho
mejor á Castilla, ó con mayores fuerzas que primero.
Él Condestable , y el Comendador mayor que eran
avisados de lo que el Clavero solicitaba con el Rey
de Portogal, ponían grande guarda, no solamente
contra la fortaleza de Montanches , que tenían sitia-
da ; mas recelando que vernia el Rey de Portogal
contra ellos , ponían guardas é sobreguardas , y es-
cachas en los caminos , é atalayas sobre las sierras
por no ser tomados de salto. Y olios ó Io8 que con
ellos estaban, todas las noches estaban armados. B
porque el trabajo era tan grande é contíno , que ni
ellos, ni la gente de armas quo tenían en su capita-
nía lo podian sof rir , acordaron de facer encima de
una sierra cercana al castillo de Montanches un
circuito de piedra fuerte , donde ellos é toda la gen-
te de su- capitanía pudiesen estar seguros que no
fuesen tomados de salto ; el qual fué fecho ó fortifi-
cado en diez dias. E dentro de aquel circuito de
piedra, estaban ya seguros de no ser tomados, aun-
que viniese gían poder de gente del Rey de Porto-
gal. E todos los dias salían á pelear contra los de la
fortaleza, é los de la fortaleza contra ellos. Luis
Fernandez Puertocarrero, que tenia cercada la villa
de Medellin, habia escaramuzas con la gente que
estaba en ella ; los qualea eran tal número , que sa-
lían á pelear con los de fuera tantas veces que no lo
podiendo sof rir , fué necesario á este capitán alzar el
sitio que tenía puesto cerca de la villa, é lo apartar
por espacio de medía legua. E por aquella causa ha-
bían lugar los de la villa de salir fuera por mante-
nimientos algunas veces. E después de algunos diaa,
acaeció venir en aquel cerco una tan gran multitud
de moscas , que la gente que allí estaba no se podía
valer , porque ninguno podía comer sino teniendo
ocupada la una mano en se defender de las moscas,
é comían con la otra ; ni menos podían dormir, si
no á gran pena, que las moscas les daban. Ovo en
aquel cerco grandes escaramuzas , en las quales pa-
saron fechos de armas señalados ; porque los Caste-
llanos é los Portogueses contendían de valentía , é
quando venían alas manos, cada uno trabajaba de
sostener la honra de su nación ó la suya, y en es-
tas peleas murieron algunos de la una parte é do la
otra. E tantos caballos quedaron en el campo muer-
tos , que inficionaban de dolencias pestilenciales á
los unos ó álos otros. Rodrigo de Monroy, que ansi-
mesmo puso el cerco sobre Deleytosa, tenia en es-
trecho á los que la defendían. A los quales después
de tres mebes que estovieron sitiados , geles dañó el
agua ; é porque veían que el Rey de Portogal no les
embiaba socorro, según gelo habí a prometido, acor-
daron de no esperar á que geles dañase tanto que
no la pudiesen beber ; é demandaroh partido que les
salvasen las vidas é los bienes, é que entregarían la
fortaleza. La Reyna mandó que de eu parte les
asegurase ; y entregáronla á aquel Rodrigo de Mon-
roy cuya era, al qual, según habemos dicho, tiráni-
camente la tenia tomada el Clavero su hermano. E
mandó la Reyna que la gente que en aquel sitio
habia estado , fuese al sitio de Montanches do esta-
ba el Condestable y el Comendador mayor. El Maes-
tre de Santiago continó el cerco que tenia puesto
sobre la villa de Mérida, é fizo grandes baluartes é
cavas , é otras muchas defensas , para que él é su
gente estoviesen seguros , ansí de los cercados , co-
mo de qualquier otra gente que viniese defuera á
los socorrer. E ansí en aquel cerco como en todos
los otros , fallecían muchas veces loa mantenimien-
tos ; é la Reyna lo mas del tiempo entendía en los
mandar traer ó repartir por loa sitios que estaban
puestos, y embiarles todas las otras cosas que eran
necesarias. Estos sitios duraron por espacio de cin-
co niesds: en los quales allende de loa txuba^s,
DON FERNANDO
muertes é feridas que los cercadores padecieron en
los combates y escaramuzas que ovieron con los cer-
cados, sufrieron ansimesmo gran trabajo, por falta
de los mantenimientos, ó tanta pena, que muchos
dias pasaban con solo pan é agua. Porque las vian-
das que comían eran habidas á gran deseo , é mu-
chos dias se vendió un celemin de cebada por un
real do plata. E ansimesmo recibian fatiga en el
campo de grandes bochornos , de que se siguieron
enfermedades, é algunas dellas pestilenciales. El
Doctor Rodrigo Maldonado , que según habernos di-
cho , fué por mandado de la Reyna con la Infanta
su tia á platicar con el Rey de Portogal, é con los
de su Consejo en las materias de la paz que se ha-
bian apuntado en Alcántara, escribía á la Reyna los
mas dias : que el Príncipe de Portogal ó la Infanta
eu tía, no podían traer al Rey de Portogal á la paz
con aquellas condiciones que en Alcántara fueron
apuntadas , ó que demandaba cosas nuevas. Otrosí,
que había en su Consejo algunos Portogueses é Cas-
tellanos , que le daban á entender como recebia
mengua en dexar el título de Rey de Castilla que
había tomado ; especialmente el Clavero de Alcán-
tara le daba esperanza, que habría toda aquella
provincia de Estrernadura en poco tiempo, sola-
mente socorriendo la fortaleza de Montanches. E
con estas cosas, el Rey de Portogal estaba determi-
nado de proseguir la guerra, para lo qual tenia jun-
ta la mas gente de su Reyno. Quando la Reyna sopo
que el Rey de Portogal no estaba por los apunta-
mientos fechos con la Infanta, é que demandaba
cosas nuevas, embió mandar á aquel Doctor, que
Be despidiese, ó viniese para ella. El Príncipe de
Portogal , é algunos caballeros, é otras personas que
estaban en el Consejo del Rey su padre, á quien no
placía de la guerra que quería proseguir , le repre-
sentaron los inconviníentes que en esta demanda
ovo, é dióronle á entender que los habría mayores
si en ella insistiese ; especialmente que no tenía
aquellas fuerzas de gente é dinero que eran necesa-
rias para la continuar. E que no debía dar crédito á
los Castellanos, que poniendo su estado real en pe-
ligro, querían cobrar los oficios é bienes que habían
perdido en Castilla. Porque era cierto aquellos estar
ocupados de pasión, é no podían rectamente conse-
jar. E suplicáronle, que mandase al Doctor que no
partiese fasta que mas viese en las materias con-
cernientes á la paz , que habían seydo platicadas. El
Rey de Portogal , mudado aquel propósito por los
consejos del Príncipe é de la Infanta su suegra ó
de los Caballeros ó Doctores de su Consejo , mandó
al Doctor que no partiese , porque entendía ver mas
en las materias de la paz. El Doctor, por mandado
del Rey de Portogal se detovo, é tornó á platicar
mas con el Príncipe é con los del Consejo del Rey
de Portogal; é después do algunas pláticas habidas
en otros quince dias que se detovo , feneció la guer-
ra, ó fizóse la paz entre el Rey é la Reyna , é sus
Reynos é señoríos de la unapaj-te, y el Rey de Por-
togal é flu Eeyno de la otra , en esta manera.
É DO^A ISABEL.
347
CAPITULO XCI.
Como la Reyna concluyíJ la paz con el Rey de Portogal (i).
Primeramente , que el Rey de Portogal dexase el
título que había tomado de Rey de Castilla , é las
armas de Castilla que había puesto en su escudo.
Otrosí, que jurase de no casar en ningún tiempo
con aquella Doña Juana su sobrina. ítem que ella
toviese libertad por tiempo de seis meses de facer
de su persona lo que le ploguiese ; ó estando sí qui-
siese en aquel Reyno de Portogal , ó yendo á otra
qualquier parte que á ella bien viniese ; tanto que
el Rey de Portogal , ni otro alguno do su Reyno la
favoreciese. E que sí por ventura delíbrase no salir
del Reyno de Portogal, que complidos los seis me-
ses, luego fuese obligada de elegir una de dos vías:
ó que se obligase de casar con el Príncipe Don Juan
de Castilla , y estoviese en poder de la Infanta Doña
Beatriz tia de la Reyna, esperando fasta que el
Príncipe fuese de edad para casar con ella ; ó si esto
no quisiese facer , entrase en religión en la orden de
Santa Clara , en uno de los monesterios que le fue-
ron nombrados en el Reyno de Portogol. Otrosí
que el Príncipe Don Alonso fijo del Príncipe da
Portogal casase con la Infanta Doña Isabel fija del
Rey é de la Reyna. E que por certenídad de las co-
sas concordadas cerca desta paz, estos dos señores
Príncipe é Infanta estoviesen en poder de la Infan
ta Doña Beatriz , tía de la Reyna, en el castillo do
Mora, que es en el Reyno de Portogal ; el qual fué
entregado á la Infanta, que era suegra del Príncipe
de Portogal , para que los toviese por cierto tiempo,
fa.sta que fuesen complídas las cosas que se habían
de complir é habían seydo concordadas. Otrosí, que
la mina del oro quedase para el Rey de Portogal , é
para el Príncipe su fijo ; é que ninguno de los Rey-
nos ó señoríos del Rey ó de la Reyna fuesen á ella,
so grandes penas. ítem, que oviese paz entre d Rey
é la Reyna de Castilla y el Rey de Portogal, y en-
tre sus Reynos é señoríos é subditos ó naturales do
la una parte é de la otra; ó que esta paz fuese guar-
dada ó conservada so grandes penas, por tiempo de
ciento é un años. ítem , que la Reyna perdonase al
Clavero, é á la Condesa de Medellin, ó á todos los
Castellanos que habían rebelado contra el Rey ó
contra ella , é habían seguido el partido del Rey de
Portogal , de todos é qualesquier crimines é delic-
tos que o viesen cometido contra ellos , de qualquier
calidad que fuesen , ó les mandase restituir sus bie-
nes y heredamientos é rentas , que por eu mandado
les fueron tomados en Castilla , los que tenían al
tiempo que fueron á servir al Rey de Portogal. En
esta manera fué fecha é firmada la paz con el Rey
(1) Zorita trae mas á la larga este tratado de paces y afladeque
refiere sus condiciones mas particularmente por ser mas tiertas y
distintas que las escribe Hernando del Pulgar. El mismo se-
flala el nacimiento de la Infanta Doña Juana en SJbado 6 de No-
viembre de este aüo, pero la reconciliación del Marqués de Vi-
IPena la trae en el siguiente , y su concordia con los Reyes en 26
de Febrero del mismo año 14sb. Zurita, lit. 20, cap. 54 ^ S5,
348
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de Portogal é con su Reyno. E luego fueron alza-
dos los sitios , que estaban puestos sobre las forta-
lezas , é la villa de Mérida fué restituida al Maes-
tre, porque era de su Orden; é la villa deMedellin,
mandó la Eeyna que se entregase á aquel caballero
Puertocarrero , qua la tovo por su mandado sitiada,
fasta que mandase ver los debates que la Condesa
tenia con el Conde de Medellin su fijo, á quien per-
tenecía de derecho, é oidas las partes, determina-
se entre ellos lo que fuese de justicia. Fechas é asen-
tadas estas cosas , el Rey de Portogal las firmó é
juró, é las fizo pregonar en su Corte , mandando que
se guardasen so grandes penas. Y embió sus emba-
xadores con sus poderes bastantes á la cibdad de
Tresillo para las refirmar é ver firmar é jurar á la
Reyna. Lo qual la Reyna otorgó, é lo mandó pre-
gonar con trompetas públicamente en su Corte, se-
gún que fué pregonado en la Corte del Rey de Por-
togal. E luego la Reyna embió facer saber al Rey
que estaba en Cataluña , la paz que habia concluido
con el Rey de JPortogal, é la forma como se habia
asentado , de lo qual le plogo mucho. Fechas é con-
cluidas todas aquellas cosas, la Reyna puso sus Cor-
regidores é oficiales en aquella tierra de Estrema-
dura, é dio orden para que todos viviesen en paz ; é
mandó facer muchas restituciones á algunas viudas
é miserables personas, de los bienes y heredamien-
tos que en los tiempos pasados les eran ocupados
por fuerza. Esto fecho, partió de aquella tierra de
Estremadura para la cibdad de Toledo. El Rey an-
simesmo vino para aquella cibdad, é juró en pre-
sencia de los embaxadores del Rey de Portogal los
capítulos de la paz, sagun que la Reyna lo habia
jurado é firmado. Y embiaron sus cartas á todos los
Grandes de sus Reynos é señoríos , é á todas las cib-
dades é villas dellos, notificándoles la paz é concor-
dia que habia fecho la Reyna con el Rey de Porto-
gal é con su Reyno ; y embiáronles á mandar que la
guarcíasen so grandes penas. Estando en aquella
cibdad, vino el Marqués de Villena ante el Rey é
la Reyna , é suplicóles que por quanto queria mos-
trar ante Su real Magestad su inocencia, cerca déla
guerra que le acusaban haber movido , les ploguiese
oírle é guardar su justicia ; é ofrecióse á probar que
no fué culpante , ni promovedor de escándalo. E
dixo, que si él habia tomado armas, habia seydo
para defender su persona de aquellos que no sabían
mostrarse servidores, salvo mostrando á otros de-
servidores : los qualcs movieron guerra contra él,
sin mandamiento de Su Alteza ; é que si debieran
ser punidos si no la ficieran mandandogelo, mucho
mas lo debían ser por la haber fecho sin ser manda-
dos. El Rey é la Reyna mandaron poner en examen
do justicia la suplicación del Marqués. E porque se
falló, que no fué príncipiador de aquella guerra ; é
ansimesmo porque no se probó contra él , que des-
pués que fué perdonado , tomó voz del Rey de Por-
togal, ni menos trató con él en deservicio del Reyé
de la Reyna, fallaron que debían reconciliarle, é
seguraron su persona é bienes. Estando en esta cib-
dad de Toledo , parió la Reyna á la Infanta Doña
Juana en el mes de Noviembre deste año de mil é
quatrocientos é setenta é nueve años,
CAPÍTULO XCIL
Do como el Rey é la Reyna embiaron á Portogal sus embaxado-
res, sobre la profesión que Doña Juana babia de facer.
Según habernos contado , aquella Doña Juana de
Portogal, tovo libertad de elegir una de dos vías, 6
esperar fasta que el Príncipe de Castilla fuese de
edad para casar con ella, ó entrar en xeligion en
uno de cinco monesterios que le fueron nombrados
de la orden de Santa Clara. B porque eligió antes la
religión que el casamiento , el Rey é la Reyna em-
biaron á Fray Femando de Talavera, Prior del mo-
nesterio de Santa María de Prado su confesor , é al
Doctor Juan (1) Díaz de Madrigal de su Consejo,
por sus embaxadores al Rey de Portogal, para refir-
mar la paz fecha entre ellos , é otrosí para ver la
profesión que aquella Doña Juana habia de facer
en la orden que eligió. Estos embaxadores fueron
bien recebidos por el Rey de Portogal, é por el Prín-
cipe su fijo ; y en loor de la paz entre ellos celebra-
da, aquel religioso fabló al Rey de Portogal en esta
manera: «Muchas saludes, muy alto Rey é Principo
«esclarecido, é muy cordiales encomiendas vos em-
»bian los muy- altos é muy poderosos Rey é Reyna
))de Castilla, é de León, é de Aragón, é de Sicilia
«nuestros soberanos señores , con aquel amor é vo-
»luntad que á tan claro Rey é Príncipe, tan conjun-
»tos en debdo, tan confederados é aliados en verda-
»dera paz é amistad son debidas. Quisieron Sus AI-
»tezas que fuésemos sus embaxadores é portadores
))della8, como !5.uier que muy pequeños en su muy
«alto consejo , pero no menos que otros familiares,
»é aceptos á su servicio ; porque algunas cosas que
))á Vuestra Alteza é serenidad nos mandaron expo-
»ner é comunicar, son de tal calidad é misterio , que
«requieren ministros de semejante profesión. E aun
»por corresponder á la manera que vuestra muy ex-
»celente prudencia tovo en las novísimas embaxa-
«das é mensagerías que á Sus Excelencias fizo en
«estos días ; primeramente con el sabido Licenciado
»de Figueroa de vuestro muy alto consejo , é des-
«pues mas familiarmente con el devoto Religioso
«Padre Fray Antonio vuestro Confesor. Manera por
«cierto prudentísima émuy provechosa, porque por
»esta via mas que por otra serán confirmadas é per-
«petuadas vuestras bienaventuradas paces ó muy
Ddignas amistades en aquestos tiempos dignamente
«reformados. Ca por esta via, mas que por otra, se
«podían certificar vuestras muy buenas voluntades
»é las suyas ; refiriéndolas á aquellos que las cono-
«cen, como Dios cuyo es proprio asentar los cora-
(1) Zurita dice que el compañero en esta embajada no fué el
Doctor Juan Diaz de Madrigal como aquí dice Pulgar, sino el Doc-
tor Rodrigo Maldonado de Talavera. El mismo refiere una notable
resolución del Príncipe de Portugal quando los tratados de paz,
sobre la fé de García de Resende , autor Portugués, que puede
verse allí y cuya verdad no es tiempo ahora de examinar. Anal.,
¡ib. 20, cap. 38.
DON FERNANDO
«zones, qu6 según el Profeta son difíciles de cono-
»cer é por cosa deste mundo no dirán sino verda-
3)des. Manera otro sí decente é muy dina de sus rea-
a)les excelencias é vuestras : porque claramente de-
«muestra, que no solamente sois Príncipes científi-
j)Cos , é Reyes animosos , é muy proveídos en los
3>exercicios belicosos é actos militares, como á todos
»es notorio, mas muy católicos é sublimados, en to-
ído linage de heroycas é perfectas virtudes, quan-
»do ansí vos place elegir é destinar tales nuncios é
Dmensageros. Porque es regla general tan bien en
3)lo natural como en lo moral, é tan bien en las co-
«sas divinas como en las humanas , que los medios
»participan é han de participar en alguna manera
j)la condición de los extremos. Exemplo es muy su-
jttficiente , que Jesu Cristo nuestro Redemptor, para
Bser entre Dios é los homes perfecto medianero,
»ovo de ser Dios é home verdadero. E porque nos
Bcomenzamos á testificar lo que de cierto sabemos,
»crea vuestra serenidad , que la voluntad de nues-
Dtros soberanos príncipes Rey é Reyna nuestros se-
Kfiores (que por eso la decimos voluntad é no vo-
3)luntades, porque en esto y en todo bien son con-
»f ormes, ó tienen un querer é no querer , como muy
r> esclarecidos conjugados enitodo é por todo lo de-
»ben tener) es muy determinada, muy entera, muy
«constante en la perfecta conservación de las dichas
»paces, y en el cumplimiento de todo lo por ellas
«capitulado, según que de las vuestras son certifi-
j)cado3, especialmente por el dicho devoto Padre , á
Dquien Sus Altezas dan mucha fé por las razones
))ya dichas. E no sin causa vuestras muy ilustres vo-
oluntades é la suya, en esto son é deben ser confor-
»mes ; como esta bienaventurada paz é concordia
»sea á Nuestro Señor Dios muy apacible , que toda
jbuena paz ama é aprueba, como aquel que es di-
jcho della (1). El qual por facer paz verdadera é
«perpetua con el linage humanal, é paz entre sus
«santos ángeles é los homes, é paz entre los hom-
»mes de diversas condiciones, en la persona del fijo
Dse vistió de nuestra humanidad , y en ella recibió
«muerte é pasión , porque pudiésemos conseguir la
»paz del cielo, que es nuestra bienaventuranza, que
»3in la paz del suelo no se alcanza. É por eso quiso
«ser llamado príncipe de paz, é quiso nacer en tiem-
i>po de paz, é que sus ángeles la anunciasen en su
«santa natividad, é la dexó por herencia á sus muy
«amados discípulos en su testamento é postrimera
«voluntad, é con ella les mandó saludar la casa en
«que entrasen, é con ella les saludó él mesmo des-
Dpues de la gloriosa resurrección ; dando á entender
«que esta es verdadera salutación, y el mayor bien
«que se debe desear. E ansí la mandó dar en el tes-
«tamento viejo por bendición principal á su pueblo.
«Es otrosí la paz á vuestras serenísimas personas 6
já las suyas, causa de mucho descanso é consolación,
jporque da oportunidad para toda buena goberna-
«cion : como por el contrario la guerra é la discor-
(\) Parece que alude al epíteto que da San Pablo á Dios, 11a-
mándoi^ Diot dt fas, M PMHp,, lY, ven. 9.
É DOÑA ISABEL. 349
Ddia son causa de mucha fatiga y enojo é turbación.
«Y es la paz necesaria é muy provechosa á todos los
restados de sus reynos ó de los vuestros , cuyo bien
Dtodo príncipe con muy mucho estudio debe procu-
«rar, é anteponer al suyo ; é aun oportuna é conf e-
«rente á toda la religión christiana , y especialmen-
Dte en estos tiempos peligrosos ; y es mucho dañosa
íé por consiguiente molesta é odiosa á los enemigos
»de la santa fé cathólica , propinquos é remotos. E
«porque desto é de otras cosas que requieren au-
«diencia mas familiar é secreta, diré á Vuestra real
íMagestad é muy ilustre Señoría ; agora facemos
«fin muy humilmente, suplicando perdón en lo
«que menos debidamente es dicho, é remitiendo al
j> Doctor diño colega en esta nuestra legación, que
«como varón docto é prudente, supla lo que mi sim-
«pleza ha fallecido, » Después que aquel religioso
ovo fablado, el Rey de Portogal le respondió muy
bien , é les dixo : «Que su intención era de perma-
«necer en la paz asentada, considerando el fruto
Dloable que della se siguia.» El Doctor fabló ansi-
mesmo las cosas que fueron necesarias de se propo-
ner, por algunas novedades que se habían fecho do
unas partes á otras : sobre las quales el Rey de Por-
togal mandó á los de su Consejo que entendiesen
con estos dos embaxadores , é aclarasen todo aque-
llo que do razón é justicia se debiese facer. Lo qual
fué ansí fecho, é fueron las paces confirmadas con
placer de ambas las partes. E después este Religio-
so y el Doctor, fueron á la cibdad de Coimbra, don-
de estaba monja aquella Doña Juana en el mones-
terio de Santa Clara. Y este Religioso le fabló en
esta manera: «Somos aquí venidos, muy ilustre é
nmuy devota señora, por mandado de los muy altos
1) é muy poderosos Rey é Reyna de Castilla é de
»Leon, nuestros soberanos señores ; porque sus Al-
«tezas han sabido que es vuestra deliberada volun-
» tad de facer profesión en esta religión de la bien-
» aventurada Santa Clara, cuyo hábito degistes, é
» vos plogo tomar. Es por cierto, muy noble Señora,
»el que vos quesistes é queréis el mejor de los esta-
»do8, é por tal habido é aprobado en el santo Evan-
Bgelio; en el qual Nuestro Señor Jesu Christo alabau-
ndo la contemplación , á la qual es dedicada esta
n religiosa vida, dice, que María Magdalena, por la
«qual aquella es figurada, como la vida activa por
n) Santa Marta, escogió la muy mejor parte. Esta es
»la mas perfecta de las vidas, porque mas que nin-
))guna es dispuesta é ordenada para mas complida-
» mente amar á Nuestro Señor ; lo qual es todo el
«bien é perfección que en esta miserable carne vi-
» viendo se puede alcanzar. Conocida cosa es que
»el amor libre de las riquezas temporales, é libre
«otrosí, é apartado délos deleytes carnales, é de los
n cargóse actos conjugales, é sometido en todo ó por
«todo á complir é obedecer la voluntad de Nuestro
«Señor, la qual en cada cosa é causa nos declara y
«enseña el perlado ó perlada , que entre nos ó sobre
«nos tienen sus veces, es mas dispuesto que ningu»
«no para perfectamente amar á Nuestro Señor. Por-
»quQ como nuestro corazón no puede carecer <Je
350
CRÓNICAS DE LOS RE ÍES DE CASTILLA.
18 amor, que es de su propria operación, es forzado,
pque desamando, ó no amando las cosas baxas, quie-
j) ra é ame las altas ; ó que despreciando las cosas
Bcriada», que no hinchen su capacidad é medida,
«precie, quiera ó ame al hacedor é gobernador de-
» lias que tiene é da perfección complida. A esta cau-
)) sa, é no á otra los Santos por Nuestro Señor inspi-
Brados ñ alumbrados, notaron ó ordenaron que vo-
» tasemos aquellos tres votos principales de pobre-
»za, castidad, é obediencia, que son necesarias ó
B substanciales en toda religión perfecta é aproba-
»da,- por las quales son excluidas y desechadas
J> aquellas tres cosas, que facen á los homes indinos
»de participar y entrar al combite de las bodas ce-
«lestiales. Las quales tres cosas en el santo Evange-
» lio son figuradas y entendidas por la villa, que sig-
nnifica el señorío é honra temporal ; épor la muger,
» que significa el casamiento é todo deleyte carnal,
5)é por las yugadas de bueyes, que significan las ri-
I) quezas, que facen de terrenal esta perfección de
B amores. Esta es aquella preciosa , para la qual ha-
Bber, el santo Evangelio dice que habemos de ven-
» der todo lo que tenemos ; este es el tesoro abscon-
Bdido en el campo, por el qual', como ese mesmo
«Evangelio dice, todo haber con mucho gozo debe
B ser dado. Esta es la cruz muy preciosa con que
B Nuestro Señor quiere que crucificados le sigamos,
«Este es el su yugo suave ó carga liviana, que nos
«face verdaderos discípulos suyos , amigos, fijos y
«hermanos. Y esta nos face dinos, como ese mesmo
» Evangelio dice, que en el juicio universal , en si-
nllas muy altas, seamos con él asentados á juzgar.
B Esta es la vida inocente é pura, alegre é jocunda,
«pacífica é segura, é mas apta que ^ninguna, para
B facer complida penitencia de qualesquier pecados
«é yerros, por nosotros, ó á nuestra causa cometidos
Bé fechos ; pobreza muy rica, que quanto mas quie-
»re, tanto mas tiene, ó nada le falta, porque muy
«poco le basta. Castidad muy fecunda, llena é abas-
Btada de generación é deleyte espiritual. Subjecion
«llena de libertad ; mas libertad verdadera, ó final-
n mente mas angélica que humana, é mas del cíelo
«quédela tierra. E por eso la aconseja el Apóstol
«Sant Pablo á todas las personas, que aun no están
«atadas ni cargadas de casamiento. Por eso la esco-
ja gieron Santa Inés, Santa Cecilia, Santa Lucía, San-
»ta Caterina, é vuestra madre Santa Clara, é otras
«muchas doncellas de claros linages,é desecharon
» esposos muy generosos , é las bodas temporales.
«Pues considerando, muy ilustre Señora, la bondad
«perfección é mejoría que á vos plogo de elegir, é
«place de continar, np seria buen pariente, ni buen
«amigo, ni buen consejero, quien de cosa tan buena
«vos cuidase apartar. Mayormente, que pormaravi-
«11a es visto, antes nunca, que personas de vuestro
«linage después que en el monesterio entrasen, ha-
«yan tornado atrás, ni dexasen el hábito de la santa
«religión, y el santo propósito con que el primero dia
fl comenzaron ; agora entrasen por sola virtud, é solo
D amor de Nuestro Señor, é deseo verdadero de su
«segara Balvacion, agora impelidas é movidas por
B evadir qualquier necesidad , ó tribulación. La qual
«en tal caso llaman los Santos felicidad , porque
«compele á tomar estado de tanta excelencia é de
» tanta virtud é bondad. Quanto mas que, bien consi-
» derando la deliberación con que vos plogo de tomar
«este estado, y el tiempo que para deliberarlo voa
«fué dado, é la intención con que lo tomastes, que
«fué, no de probar, mas de siempre en él perseverar,
B el primero dia f uistes profesa , quanto á Dios , é
B quanto á la obligación de vuestra consciencia, aun-
« que no interviniese la solemnidad acostumbrada
B en la profesión expresa, que agora queréis facer
Ben faz de la Iglesia. E aun yo seria mal frayle, é
» muy mal siervo do Dios , si tal caida é tal aparta-
B miento de su verdadero amor vos aconsejase. Mas
«porque podría ser, que teniendo vos alguna dubda
n é recelo , que los dichos Rey é Reyna nuestros so-
fi ñores, no toviesen voluntad de complir lo que con
» el muy ilustre Rey vuestro tio al tiempo de las pa-
Bces capitularon cerca de vuestro casamiento con el
«serenísimo Príncipe Don Juan nuestro Señor, vos
« oviese movido á querer elegir ó tomar aqueste san-
» to é bienaventurado é mejor estado ; por esto voa
«facen saber, antes que mas vos atéis, aunque según
«lo dicho, quanto á Dios, é quanto á vos, é quanto á
«la Iglesia ya sois atada, que su voluntad fué, y es,
B é será de complir enteramente. E á mí dan por tes-
«tigo, que la sé como Dios, é por cosa deste mundo
«no diré sino verdad. Porque ansí vista, veáis bien
bIo que facéis, é si de aquello dubdais, perdáis toda
«dubda. Alumbre Nuestro Señor y esfuerce vuestro
«muy noble spíritu, para que aquello conozca é
«quiera, que á él es mas apacible, amen.» Como
aquel Religioso Prior ovo propuesto esta exhorta-
ción ó declaración á esta Doña Juana, luego ella di-
xo, que al principio de la concordia , en su ánimo
habia elegido mas la via de la religión , que la del
casamiento : porque muchas veces Dios le habia
mostrado los estados reales é otras qualesquier pros-
peridades mundanas ser transitorias , ó que el apar-
tamiento del mundo ora causa de se apartar la cria-
tura de pecar, é la poner en amor de Dios, que es lo
que permanece. Por ende, que ella sin ninguna pre-
mia, salvo de su propria voluntad quería vivir en
religión, é facer profesión, é fenecer en ella en ser-
vicio de Dios é de la Virgen bienaventurada Santa
María su madre, pospuestas todas otras cosas. É lue-
go presentes este Religioso y el Doctor, é la Abadesa
é las Monjas de aquel monesterio de Santa Clara,
é algunos caballeroso dueñas, é otras muchas per-
sonas, celebraron solemnemente lo que á tal acto é
sacramento requería. E aquella Doña Juana fizo
profesión en aquel monesterio , según orden de la
Iglesia.
Agora dexa la historia essa materia , ó contará lo
que ficieron los turcos en la tierra de los christianos.
CAPÍTULO XCIII.
De como los turcos eerearon la ciudad de Rodas, é lo que
ende pasó.
En este año los turcos ficieron gran guerra por
tierra é por mar en aquellas partes de los christia-
nos, que conünaban con los moros, é llevaron gran
número de captivos, ó ficieron robos é quemas de
lugares ; especialmente vino gran multitud de tur-
cos sobre la cibdad de Rodas j ó toviéronla cercada
por espacio de ocbo meses. É como la farna deste
cerco fué sabida por las tierras de la cbristiandad,
muchos Maestres ó Comendadores de la Orden de
Sant Juan, que son subjetos al Gran Maestre de
Kódas, fueron de todos los líeynos de la cbristiandad
por mar é por tierra á socorrer la cibdad, é al Maes-
tre que estaba en ella cercado ; ó ovieron grandes
batallas con loa turcos, donde murieron muchos de
los Comendadores de la orden de Sant Juan, é otros
bornes principales que estaban dentro en defensa de
la cibdad. La qual estovo en punto de se perder por
los grandes combates, que continuamente por tierra
é por mar los turcos le daban, é por la mengua
grande que padecian los christianos por falta de
mantenimientos, é de pólvora para la defensa de la
cibdad. E corno quiar que las naos que hablan veni-
do á la socorrer estaban cerca, pero ninguno osaba
entrar en el puerto por miedo de la grande flota que
los turcos tenian en guarda. E los christianos es-
taban en turbación, porque de la una parte veian el
perdimiento de la cibdad, si no la socorrían, ó de la
otra conocían su perdición, si se aventuraban á la
socorrer. Estando en la pena deste pensamiento, un
Comendador de la nación Inglesa, que había veni-
do con una nao, dixo á algunos de los capitanes de
las otras naos , que no sabia él qué aprovechaba el
trabajo y el gasto fecho en la venida fasta aquel lu-
gar, si se volviesen sin conseguir algún fruto de su
venida. É diciendo estas palabras, é disponiéndose
al peligro, mandó poner todas las velas á la nao ; é
peleando, é sufriendo muchos tiros de pólvora, que
le tiraban los de la flota de los turcos, entró por
fuerza de armas en el puerto , é basteció la cibdad
de las cosas necesarias , en especial de pólvora, con
que se pudo defender. É con esta fazafia grande
que aquel Comendador Ingles fizo, la cibdad de Ro-
das fué socorrida, é los turcos no ovieron lugar de
la tomar. Como los turcos vieron que la cibdad fué
en aquella manera socorrida, acordaron de la com-
batir ; é tan grande era la multitud de los turcos , é
las fortalezas de los combates dados por todas par-
tes, que ovieron lugar de entrar en ella por unapar-
te del muro que hablan derribado con el artillería.
E los christianos esforzáronse , é pelearon por las
calles con los turcos, y echáronlos fuera de la cib-
dad. En este fecho de armas murieron muchos de
los unos ó de los otros ; especialmente se fallaron
muertos de los de dentro catorce Comendadores, to-
dos homes principales, que pelearon con grand es-
fuerzo por botar los turcos fuora. Ú como yieroQ
DON l'ERNANDO É DONA ISABEL. Bol
los turcos que no podian haber la cibdad , porque
habia seydo socorrida, é por las grandes ayudas que
cada dia le venian de toda la cbristiandad por mar
é por tierra, acordaron de alzar los sitios que tenian
sobre ella puestos. E ansí quedó la cibdad libre del
sefiorio del turco, pero muy destruida déla gran
guerra que le fué fecha, ó de los combates que mu-
chas veces le dieron.
CAPÍTULO XCIV.
De las cosas que pasaron en Italia (1)¿
En estos tiempos era Padre Santo Sixto Qaarto,
un home de la nación de Genova, el qual habia sey-
do Cardenal é frayle de la orden de Sant Francis-
co, buen teólogo, ó borne de buena intención ; pero
sometido á la gobernación de otros , especialmente
de un su sobrino, que se llamaba Micer Hieróni-
mo, á qtiien fizo Conde de la cibdad de Imola. Este
era mancebo casado, de edad de veinte é ocho años,
é muy cobdicioso de haber señoríos , é con la mano
del Papa alcanzó mucho de lo que deseaba. E ansí
como le creció el estado , ansí creció la cob.dic¡a pa»
ra lo acrecentar; ó pensó de señorear la cibdad de
Florencia, en la qual por estonces habia dos ban-
dos, uno se decia de Pácia, otro era délos de Medi-
éis, E juntóse en amistad con los del bando de Pá-
cis , é prometióles el favor del Papa y el suyo , para
tener la gobernación de la cibdad sin impedimento
de los del otro bando de Médicis ; y ellos prometie-
ron á él de le tener por señor é superior en la cib-
dad. E para conseguir el efecto deste su propósito,
por parte de aquel Conde Hierónimo fué embiado á
la cibdad de Florencia un su amigo que era Arzo-
bispo de Pisa, natural de aquella cibdad. E según
después pareció, aquel Arzobispo con los del bando
de Pácis , acordaron de facer matar á Micer Pedro
de Médicis, é á Micer Lorenzo de Médicis, dos her-
manos que eran los principales de aquella parente-
la, que tenian por estonces la gobernación de la
cibdad. E un Domingo, estando el que se llamaba
Lorenzo de Médicis en misa, y el otro su hermano
Pedro de Médicis en la plaza de la cibdad, aquellos
que tenian cargo de poner las manos en ellos, lo
pusieron en obra ; y el Micer Pedro de Médicis fué
muerto á puñaladas en la plaza por uno que se lla-
maba Francisco de Pácis. El Micer Lorenzo que es-
taba en la Iglesia, se defendió, como quiera que fué
ferido. Este insulto fecho, luego la cibdad se albo-
rotó, é se juntó con Lorenzo de Médicis, é prendie-
ron á todos los que pudieron haber del otro bando
de Pácis : é prendieron ansimesmo á aquel Arzobis-
po de Pisa; é á todos los suyos, é arrastraron é ma-
(1) Este sucedo de la revolución de Florencia por el Conde Ge»
rónirao succedió el año antecedente. El Señor de Argenten que
fué comisionado por el Rey de Francia para pacificar estas dife-
rencias, cuenta el suceso con mucha particularidad y lo coloca en
dicho afio. El hermano de Lorenzo de Médicis que fué muerto por
Francisco de Pacis, no se llamaba Pedro, sino Julián de Médicis,
padre de Julio de Médicis, que después fué Papa y se llamó Cle-
mente VII. Memoir., lii, 6, c»p. 5, PreuT., númt CCXCiX. lo*
mo m,p. 552.
352
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
taron á aquel que mató á Pedro de Médicís. E toda
la mayor parte de la cibdad encendidos de ira, ma-
taron á todos quantos de aquella parentela de Pácis
pudieron haber ; é ansimesmo af orearon á aquel Ar-
zobispo de Pisa, é á diez sacerdotes de misa que
venian con él , é á todos los suyos. Y en aquel ím-
petu del pueblo fueron muertos algunos de los de
Pácis, aunque eran inocentes, por el odio que la
cibdad concibió contra los del linage de Pácis, por
la fazafia que imaginaron facer ; é todos los que se
pudieron salvar f uyeron é fueron desterrados de la
cibdad. E ordenaron en su consistorio , que home de
aquel linage de Pácis no estoviese jamas en ella,
porque fueron contra la libertad de los cibdadanos.
Por causa deste insulto toda Italia se alborotó é di-
vidió en partes, de la una el Papa, con el qual se
juntó el Rey Don Fernando de Ñapóles ; é de la otra
el Duque de Milán , con las comunidades de Vene-
cia é Florencia. E por causa desta división, ovo en
toda Italia este año muchas guerras é muertes en
los de la una parte é de la otra. Al fin visto como
la tierra se perdia por la guerra que facian unos á
otros, ó como los turcos ansimesmo por su parte
guerreaban, deliberaron facer treguas por algún
tiempo entre el Papa y el Rey de Ñapóles, é las co-
munidades de Florencia, é Venecia, é Genova, y el
Duque de Milán. Los turcos siempre continuaban
la guerra contra los christianos, ó tomaron la cib-
dad de Otranto , que és en el Reyno de Ñapóles ; é
armaban gran flota de naos para venir en Italia , y
entrar primeramente en el Reyno de Sicilia, porque
creian aquel Reyno ganado, según la comarca don-
de está, é la grand abundancia que en él hay de
mantenimientos, que podrian guerrear todas las
Italias. Todos los caballeros é gentes del estaban
temerosos de ser guerreados de los turcos, y escri-
bieron al Rey é á la Reyna el temor en que estaban
puestos, é como no habia resistencia en toda aque-
lla tierra de Sicilia si los turcos viniesen ; porque la
luenga paz de que la gente de aquel Reyno goza-
ba, les habia fecho ignorantes del exercicio de las
armas, é que les fallecían homes cursados en guer-
ra é armas para defensa de la tieiTa. El Rey é la
Reyna, considerando que era necesario proveer
aquel su Reyno, mandaron á ciertos mercaderes de
la cibdad de Burgos , que llevasen naos cargadas
de lanzas, é paveses, é corazas, casquetes, é balles-
tas, é almacén, é artillería, é otras armas. Ansimes-
mo mandaron á Alonso de Quintanilla su Contador
mayor de cuentas, é al Provisor de Villaf ranea. Go-
bernadores de las hermandades de Castilla, que en-
tendiesen en las cosas necesarias para la armada
que acordaban facer por mar, según adelante será
recontado.
CAPÍTULO XCV.
De las cosas que pasaron en el año siguiente de mil é quatrocien-
tos é ochenta aios. Primeramente de las cortes que se ficieron
en Toledo.
En este afio siguiente del Señor de mil ó quatro-
cieutos é ochenta años, estando el Bey é la Reyna
en la cibad de Toledo , acordaron de facer cortes ge-
nerales en aquella cibdad. Y embiáronlas notificar
por sus cartas á la cibdad de Burgos, León, Avila,
Segovia, Zamora, Toro, Salamanca, Soria, Murcia,
Cuenca, Toledo, Sevilla, Córdoba, Jaén, é á las vi-
llas de Valladolid, Madrid é Guadalaxara; que son
las diez é siete cibdades é villas que acostumbran
continamente embiar procuradores á las cortes que
facen los Reyes de Castilla é de León. Las quales
embiaron de cada cibdad é villa destas que son nom-
bradas, dos personas por procuradores con sus po-
deres bastantes para las cosas que en aquellas cortes
se oviesen de contratar. Ansimesmo vinieron á
aquellas cortes algunos Perlados é Caballeros del
Reyno ; y entendieron luego en restituir el patri-
monio real , que estaba enagenado de tal manera,
que el Rey é la Reyna no tenían tantas rentas como
eran necesarias para sostener el estado real é del
Príncipe é Infantas sus fijos. E ansimesmo para las
cosas que se requerían expender cada año en la ad-
ministración de la justicia é buena gobernación de
sus reynos ; porque el Rey Don Enrique lo había
enagenado en el tiempo de la división pasada que
ovo con su hermano el Príncipe Don Alonso. Y este
enagenamiento de las rentas reales se fizo en mu-
chas maneras , á unos se dieron maravedís de juro
de heredad para siempre jamas, por les facer mer-
ced en emienda de gastos, otros los compraron del
Rey Don Enrique por muy pequeños precios , por-
que la muchedumbre de las mercedes de juro de
heredad que se habían fecho , los puso en tan pe-
queña estimación , que por mil maravedís en dinero
se daban otros mil de juro de heredad. Y esta disi-
pación del patrimonio é rentas reales vino á tanta
corrupción , que se vendían albalaes del Rey Don
Enrique en blanco de merced de juro de heredad,
para qualquier que los quería comprar por poco
precio. E todos estos maravedís se situaban en las
rentas de las alcabalas , é tercias, é otras rentas del
Reyno, de manera que el Rey no tenia en ellas cosa
ninguna. Sobre esta materia los procuradores del
Reyno suplicaron al Rey é á la Reyna, que porque
el estado real convenia ser bien proveído de las co-
sas necesarias, ansí para sus gastos contínos, como
para las otras necesidades que ocurrían en el Rey-
no, mandasen restituir las rentas reales antiguas á
debido estado ; porque no lo faciendo , de necesario
les era imponer otros nuevos tributos é imposicio-
nes en el Reyno , de que sus subditos fuesen agra-
viados. Otrosí les suplicaron que mandasen reducir
á su corona real las cibdades é villas é lugares
que en los tiempos pasados el Rey Don Enrique ha-
bía dado, é revocar las mercedes que dellas habia
fecho. Porque decían ser dadas por necesidad do
las guerras, en que le habían puesto algunos caba-
lleros, ó no por leales servicios que oviesen fecho,
ni por otra justa razón que oviese para las apartar
de la corona é patrimonio real , é las dar á aquellos
que las dio. Sobre esta suplicación que les fué fe-
cha, platicaron con el Cardenal de España, é con
los Duques, é Condes, é Perlados, ó Caballeros ó
DON FERNANDO
Doctores de su Consejo, que con ellos estaban. E
después de muchas pláticas sobre ello habidas, to-
dos concordaron que la renta ó patrimonio real de-
bia ser restituido, é puesto en tan debida orden , que
el estado real é la^i necesidades que ocurrían en el
Keyno pudiesen ser proveídas de las rentas anti-
guas, sin poner nuevos tributos é imposiciones. Pe-
ro no se acordaban en la forma como se debia f a.
cer ; porque estos maravedís de juro de heredad es-
taban repartidos por grandes señores del Reyno , é
por otros Perlados é Caballeros y Escuderos ó Igle-
sias é monesterios , é otras personas de todos esta-
dos. Y el voto de algunos era que se debia facer
revocación general de todas las mercedes de juro
de heredad que se ficieron en el tiempo de aquella
división ; porque el Rey Don Enrique las habia fe-
cho, constreñido por necesidad, é no por justa cau-
sa ; que asaz bastaba el fruto que dellas hablan to-
mado los que las tovieron en los tiempos pasados.
Otrosí decían que estas mercedes no se habían fe-
cho á todos de una manera, ni por un respecto; ó
que si se ficiese revocación general , no seria cosa
justa, porque algunos las habían habido por servi-
cios que habían fecho, é por otras justas causas.
Otrosí algunos decían que no era cosa igual , ni bien
considerada que se quitasen á unos , é no á otros ; é
todos trabajaban de justificar las causas porque las
habían habido, sobre lo qual ovo diversos votos. E
porque esta negociación era ardua, é de grand im-
portancia, el Rey é la Reyna acordaron de escribir
sus cartas á todos los Duques, é Condes, é Perla-
dos, é Ricos-homes de sus Reynos, que estaban
fuera de su corte, faciéndoles saber las grandes
necesidades ó pocas rentas que tenían en todos
sus Reynos, por el enagenamíento que dellas ha-
bia fecho el Rey Don Enrique su hermano. Sobre
lo qual los procuradores de las cibdades ó villas de
sus Reynos, les suplicaron que las reduxesen á de-
bido estado. E porque era razón de saber su voto
cerca de esta materia, é de las otras que se habían
de tratar en sus cortes, les mandaron que viniesen
personalmente á entender en todo ello. Pero que si
estaban impedidos de tal impedimento que no pu-
diesen venir, embiasen á decir lo que les parecía;
porque visto en su consejo , se ficiese aquello que
mas cumpliese á servicio de Dios é bien de sus Rey-
nos. Muchos de los grandes señores é Caballeros ó
Perlados del Reyno vinieron á aquellas cortes, por
el llamamiento que les fué fecho de parte del Rey
é de la Reyna, é ansímesmo los que no pudieron
venir, embiaron sus pareceres por diversas mane-
ras ; pero todos concordaron que las rentas é patri-
monio real que estaba enagenado por las inmensas
dádivas que del eran fechas, debia ser reducido en
debido estado. El Cardenal de España, cuyo voto
el Rey ó la Reyna quisieron especialmente saber,
dixo que le parecía que aquellos maravedís de juro
de heredad, ó de merced de por vida, é tercias de
lugares, é otras rentas que el Rey Don Enrique dio
iá algunos caballeros é personas , las quales habían
levantado escándalos é guerra» en el Reyno , ó le
E DO^A ISABEL. S53
habían puesto en necesidad , solamente por haber
del mercedes ; que estas tales debían ser revocadas
del todo , ó aun de derecho debían restituir los fru-
tos que dellas habían habido. E que las mercedes
que habia fecho á otros caballeros é personas que
le sirvieron bien é lealmente, é trabajaron por sos-
tener su persona y estado real, é por le relevar de
las necesidades en que los otros le pusieron , é pe-
learon con él en la batalla que ovo con los caballe-
ros que tovieron la parte del Príncipe Don Alonso
su hermano, aquellas tales debían ser confirmadas,
é no les debían ser revocadas todas ni parte dellas.
Porque las habían bien merecido, sirviendo con
lealtad, é trabajando porque la división se quitase
de sus Reynos; é á estos tales, antes les debían aña-
dir mercedes , que quitar las que tenían. Ansímes-
mo , que se debían ver por los libros de contadores
los maravedís de juro de heredad que se dieron en
pago de sueldos é tenencias. E sí se fallase que ha-
bia seydo fecha en ello justa compensación, debían
ser á los tales confirmadas las mercedes que ovíe-
ron; ó si les fuesen revocadas, les debían ser paga-
dos en dineros los maravedís que debieron haber da
sus tenencias é sueldos. Otrosí dixo , que las merce-
des que el Príncipe Don Alonso en su vida, llamán-
dose Rey, dio á aquellos Caballeros ó Perlados, que
ficieron división en el Reyno , las quales por mane-
ras esquisitas ficieron que el Rey Don Enrique les
confirmase, le parecía que debían ser revocadas. E
ansímesmo debían revocar las otras que se vendían
con albalaes que el Rey Don Enrique daba en blan-
co. Otrosí, que aquellos que mercaron del Rey ma-
ravedís de juro, é le dieron dinero por ellos, les de-
bían ser tornados los tales maravedís á los que los
dieron , é que les debían tomar los privilegios que
de las tales mercedes ovieron , para que fuesen ras-
gados. E que cerca de todo esto se debia tener una
moderación igual , é muy conforme á la razón é jus-
ticia , porque cada uno oviese lo que le pertenecía
haber, é le fuese quitado lo que por maneras no de-
bidas había habido, según que á todos era notorio ;
é que faciéndose desta manera , ninguno temía ra-
zón de se agraviar de lo que le quitasen. Visto este
voto del Cardenal , algunos Grandes é Caballeros ó
Doctores del Consejo del Rey é de la Reyna confor-
máronse con él, é dixeron que era muy bien é justa-
mente dicho, é que se debía ansí poner por obra.
Otros algunos dieron votos contrarios á este , porque
algunos maravedís de juro fueron dados á iglesias
é monesterios de tal calidad , que no se debían qui-
tar; é que se debia haber respecto á la dinidad de
las personas que los tenían, porque si les fuesen qui-
tados se podría dello seguir deservicio al Rey é á
la Reyna , y escándalo en el Reyno. El Rey ó la
Reyna, oído el voto que dio el Cardenal é los otros
Caballeros é Perlados del Reyno, mandaron que ca-
da uno de los que tenían mercedes de juro de here-
dad diesen informaciones por escrípto de las causas
por donde las habían habido. Otrosí mandaron traer
ante sí los libros de todo el juro de heredad , é mer-
cedes de por vida, que los de sus Reynos general'
23
354
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mente tenían. E ovieron informaciones de los con-
tadores é oficiales del Rey Don Enrique , de las ra-
zones por donde cada uno las ovo. E para facer la
determinación de lo que debían quitar, é de lo que
debían dexar, pusieron en su consejo secreto al Maes-
tro Fray Fernando de Talayera, Prior delmoneste-
rio de Santa María de Prado, su confesor, porque
era borne de gran suficiencia. E por consejo deste
religioso quitaron todas las mercedes de juro de he-
redad, é de merced de por vida, que el Rey Don En-
rique había dado en aquellos tiempos, fasta en
quantía de treinta quentos de maravedís , poco mas
6 menos. A algunos quitaron la meytad , á otros el
tercio, é. otros el quarto, á algunos quitaron todo lo
que tenían, á otros no quitaron cosa ninguna ; é á
otros mandaron que oviesen é gozasen de aquellas
mercedes en su vida, juzgando é moderándolo to-
do, según las informaciones que ovieron de la for-
ma que cada uno lo ovo. E desta determinación que
se fizo , algunos fueron descontentos ; pero todos lo
sufrieron , considerando como ovieron aquellas mer-
cedes con disolución del patrimonio real. E manda-
ron que cada uno traxese dentro de cierto término
sus prÍ7Ílegios para rasgarlos, é les diesen otros
nuevos de los maravedís de juro que les dcxaban.
La Reyna no quiso que fuesen quitados maravedís
algunos, ni pan ni tercias, ni otras cosas de las que
ovieron los monesterlos ó iglesias é hospitales , ni
otras personas pobres. Y en esta manera fué deter-
minada aquella materia que era muy ardua é de
gran confusión ; la qual se quitó á causa de la gran
moderación que en ella tovieron el Rey é la Reyna,
En aquellas cortes de Toledo , en el palacio real don-
de el Rey é la Reyna posaban, había cinco consejos
en cinco apartamientos : en el uno estaba el Rey é
la Reyna con algunos Grandes de su Reyno , é otros
de su consejo, para entender en las embazadas de
los reynos estraños que venían á ellos , y en las co-
sas que se trataban en corte de Roma con el Santo
Padre, é con el Rey de Francia, é con los otros Re-
yes, é para las otras cosas necesarias de se proveer
por expediente. En otra parte estaban los Perlados
é Doctores, que eran diputados para oír las peticio-
nes que so daban , é proveer é dar cartas de justi-
cia, las quales eran muchas é de diversas calidades;
otrosí en ver los procesos de los pleytos que ante
ellos pendían , é determinarlos por sentencias difini-
tivas. En otra parte del palacio estaban Caballeros
é Doctores naturales de Aragón , é del Principado
de Cataluña, é del Reyno de Sicilia, é de Valencia,
que veian las peticiones é demandas , é todos los
otros negocios de aquellos Reynos : y estos enten-
dían en los expedir, porque eran instructos en los
fueros é costumbres de aquellas partidas. En otra
parte del palacio estaban los diputados de las her-
mandades de todo el Reyno, que veian las cosas
concernientes á las hermandades según las leyes
que tenían. En otra parte estaban los contadores
mayores é oficiales de los libros de la facienda é
patrimonio real ; los quales facían las rentas , é
libraban las pagas ó mercedes, ó otras cosas que el
Rey é la Reyna facían, é determinaban las causas
que concernían á la facienda é patrimonio real. E
de todos estos consejos recorrían al Rey é á la Rey-
na con qualquier cosa de dubda que ante ellos re-
crecía. E las cartas é provisiones que daban eran de
grand importancia ; firmaban en las espaldas los que
estaban en estos consejos, y el Rey é la Reyna las
firmaban de dentro. Otrosí los tres Alcaldes de su
Corte libraban fuera del palacio real las querellas
é demandas civiles é criminales que ante ellos se
movían, y entendían en la justicia é sosiego de la
Corte. Y en esta manera el Rey é la Reyna tenían
repartidos sus cargos , é proveían en todas las cosas
de sus Reynos. Mandaron ansimesmo facer en aque-
lla cibdad justicia de muchos homes criminosos ó
robadores, que en los tiempos pasados habían come-
tido delictos é crimines. E fué preso por su manda-
do aquel Femando de Alarcon, que habernos dicho
que estaba con el Arzobispo de Toledo ; é traído allí
fué degollado por justicia, porque confesó haber
movido muchos escándalos en el Reyno, y estorba-
do la paz por intereses que había habido. E con es-
tas justicias que mandaron executar ovo gran paz ó
sosiego comunmente en todo el Reyno ; porque la
justicia que executaban engendraba miedo, y el
miedo apartaba los malos pensamientos , é refrena-
ba las malas obras. Provisión fué por cierto divina,
fecha de la mano de Dios , é fuera de todo pensa-
mieato de homes ; porque en todos sus Reynos poco
antes había homes robadores é criminosos , que te-
nían diabólicas osadías, é sin temor de justicia, co-
metían crimines é feos delictos. E luego en pocos
días siípitamente se imprimió en los corazones de
todos tan gran miedo, que ninguno osaba sacar ar-
mas contra otro, ninguno osaba cometer fuerza, nin-
guno decía mala palabra ni descortes; todos se
amansaron é pacificaron, todos estaban sometidos á
la justicia, é todos la tomaban por su defensa. Y el
caballero y el escudero , que poco antes con sober-
bia sojuzgaban al labrador é al oficial, se sometían
á la razón, é no osaban enojar á ninguno, por míe-
do de la justicia que el Rey é la Reyna mandaban
executar. Los caminos estaban ansimesmo seguros,
é muchas de las fortalezas que poco antes con dili-
gencia se guardaban, vista esta paz estaban abier-
tas ; porque ninguno habia que osase f urtarlas, é to-
dos gozaban de la paz é seguridad. El Rey é la Rey-
na acordaron en aquel año de embiar Corregidores
á todas las cibdades é villas de sus Reynos , donde
no los habían puesto. Otrosí ficieron en aquellas cor-
tes leyes é ordenanzas, necesarias á la buena gober-
nación del Reyno y execucion de la justicia, ansí en
lo civil como en lo criminal. Entre las quales orde-
naron una , por la qual confirmaron la ordenanza ó
constitución antigua , fecha por los Reyes sus ante-
cesores ; para que todos los judíos é moros viviesen
apartados en las cibdades é villas do moraban , ó
que no morasen entre los chrístianos , é traxesen las
señales antiguamente ordenadas. Otrosí, que los ju-
díos no pusiesen plata ni oro en las toras ; é para
executar este apartamiento, maudaroa dar sus car-
DON FERNANDO
tas , y embiaroü personas que diesen orden en ello
é lo executasen dentro de un año. A estas personas
dieron cargo de facer inquisiciones en las cibdades
é villas, si habia algunos que recibiesen agravios, ó
fuerzas de Caballeros , ó Alcaydes de fortalezas , é
los no osaban querellar, para que lo notificasen á
los Corregidores, é ficiesen cumplimiento de justi-
cia. Otrosí les dieron cargo para que ficiesen resti-
tuir á las cibdades é villas é lugares los términos
que les estaban tomados en los tiempos pasados, por
qualesquier caballeros é otras personas. Otrosí ficie-
sen inquisición secreta si los Corregidores adminis-
traban la justicia como debían, ó si eran negligen-
tes en ella por interese ó afición ; ó si recibían dádi-
vas, ó presentes, ó otros algunos intereses corrom-
piendo la justicia. Y estos pesquisidores andaban
por todo el Reyno , faciendo las ínquigiciones que
les eran encomendadas ; é solicitaban que se execu-
tase la justicia, é se quitasen las fuerzas fechas en
todo el Reyno. Ansimesmo mandó librar la Reyna
á aquel Maestro Prior de Prado su Confesor, cierta
euma de maravedís para descargar su consciencía, é
satisfacer á las personas que fallasen que en su de-
servicio habían gastado algunos maravedís, ó ha-
bían perdido caballos , ó otros bienes en las guerras
pasadas ; é para proveer á las mujeres é fijos de al-
gunos que eran muertos en su servicio. Y este Maes-
tro su Confesor la administraba por su mandado
con gran diligencia.
CAPÍTULO X€VI.
Como fué jurado el Prfncipe Don Jaan por Rey de Castilla,
después de los dias de la Reyna.
En aquellas Cortes que se ficieron en la cibdad de
Toledo, acordaron los Grandes del reyno é los Per-
lados, é Caballeros, é Ricos-homes, é los Procurado-
res de las cibdades é villas, de jurar al Príncipe Don
Juan por succesor destos Reynos de Castilla é de
Lbod. y en un día del mes de Abril deste año de
mil é quatrocientos é ochenta años, estando presen-
tes el Cardenal de España, é Don Luís de la Cerda,
Duque de Medinacelí, é Don Alonso de Cárdenas,
Maestre de Santiago, é Don Pero Fernandez de Ve-
lasco, Conde de Haro é Condestable de Castilla, ó
Don Alonso Enriquez, Almirante de la mar, tío del
Rey, é Don Pero Álvarez de Osorio, Marqués de As-
torga , Conde de Trastamara, é Don Felipe de Ara-
gón, fijo del Príncipe Don Carlos, sobrino del Rey, ó
Don Enrique Enriquez, Mayordomo mayor del Rey,
é Don Diego López de Stúñíga, Conde de Miranda,
é Don Alvaro de Mendoza, Conde de Castro, é Don
Lorenzo Suarez de Mendoza, Conde de Coruña, é Don
Fernán Alvarez de Toledo, Conde de Oropesa, é Don
Gutierre de Sotomayor, Conde de Belalcázar, é Don
Iñigo López de Mendoza, Conde de Tendilla, é Don
Diego de la Cueva , Conde de Ledesma, é Don Juan
de Silva , Conde de Cif uentes, é Don Diego Fernan-
dez de Quiñones, Conde de Luna, é Don Diego Hur-
tado de Mendoza, Obispo de Palencia, é Don Alonso
de Burgos, Obispo de Córdoba, é Don Eemon d'Es-
É DOjSíA ISABEL. 355
pes , Obispo de ürgel, é Don Alvar Pérez de Gua-
rnan, Señor de Santa Olalla, é Don Gutierre de Cár-
denas, Comendador mayor de León, Contador mayor
del Rey, é Don Juan de Cardona, é Mosen Reque-
sens , Gobernadores de Cataluña, é todos los Procu-
radores de las cibdades é villas del Reyno, é otros
Caballeros é Ricos homes que se juntaron en aque-
llas Cortes; estando todos en la Iglesia de Santa
María, delante del altar mayor, juraron solemne-
mente en un libro misal que tenia en sus manos el
Sacerdote que habia celebrado la misa, de tener por
Rey destos Reynos de Castilla é de León al Prínci-
pe Don Juan su fijo mayor del Rey é de la Reyna,
para después de los dias de la Reyna, que era pro-
pietaria destos Reynos. É ansimesmo ficieron pley-
to omenage de lo complir é guardar por sí é por sus
subcesores, é por todas las cibdades é villas destos
Reynos, según y en la manera que lo habían jurado.
Otrosí el Maestre de Santiago suplicó al Rey ó á la
Reyna, que le entregasen los pendones ó insignias
del Maestradgo de Santiago: por quanto la costum-
bre antigua de España es que los Reyes de Castilla
entreguen de su mano por acto solemne los pendo-
nes del Maestradgo de Santiago, á los que son ele-
gidos por Maestres; porque en el acto se muestra el
consentimiento que los Reyes dan á los Maestres pa-
ra que hayan aquella dinidad en sus Reynos. É an-
simesmo porque en aquella entrega se da á entender
que le facen Capitán é Alférez del Apóstol Santiago
patrón de las Espafias, para la guerra contra los
moros, enemigos de nuestra santa fé. Y el Rey é la
Reyna oviéronlo por bien, é mandaron celebrar en
la Iglesia mayor una solemne misa; é después de
dicha, el Sacerdote bendixo los pendones con devo-
tas oraciones. Y el Maestre con fasta quatrocientos
Comendadores é Caballeros de la orden, todos ves-
tidos de mantos blancos largos, según su costumbre,
é sus hábitos de cruces de espadas coloradas en los
pechos, pasaron en procesión entre los dos coros de
la Iglesia. Y el Maestre entró en el coro, é fincadas
las rodillas ante el Rey ó la Reyna, le entregaron
de su mano en la suya los pendones ó insignias de
Santiago, é le dixeron: «Maestre, Dios vos dé bue-
snas andanzas contra los moros, enemigos de nues-
))lra santa fó católica.» El Maestre recibió aquellos
pendones, é besó las manos al Rey é á la Reyna ; ó
suplicóles que le diesen licencia, para que él con
toda la Orden de la caballería de Santiago fuese á la
tierra de moros, á les facer la guerra que era obli-
gado de facer, porque sirviese á Dios é á ellos, ó
cumpliese los estatutos de su Orden. El Rey é la
Reyna le dixeron, que su suplicación era de cathólíco
christiano, é de buen caballero, é que ellos ansi-
mesmo estaban en propósito de dar orden en la
guerra contra los moros; pero que agora estaban
ocupados en mandar facer armada contra los tur-
cos. Aquella expedida, luego entenderían en su su-
plicación, é le llamarían para lo que cerca de aque-
lla guerra se debia facer. En las Cortes de aquella
cibdad ficieron ansimesmo un estatuto, que ninguno
de los Duques de Castilla traxesen ballesteros de
566
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
maza ante sí, ni menos traxesen coroneles en los
escudos de sus armas, ni traxesen por orlas las ar-
mas reales, salvo aquellos que por justa causa las
pudiesen traer. Otrosí defendieron que ningún Du-
que, ni otro, quanto quier que fuese noble, no pusie-
se su título encima de la letra que escribiese á su
vasallo ; porque esto pertenecía á la preeminencia
real solamente. Ansimesmo en aquellas Cortes, el
Eey é la Reyna conociendo los leales servicios que
el Mayordomo Andrés de Cabrera é su muger Doña
Beatriz de Bovadilla señores de la villa de Moya
les ficieron, seyendo Príncipes, é después que fueron
Eeyes, acordaron de los remunerar, dándoles título
de Marqués é Marquesa de la su villa de Moya ; é
por los honrar, mandaron que aquel día comiesen
á su mesa. É la Eeyna les fizo merced de ciertos
lugares en el Eeyno de Toledo, que se llaman el
Sesmo de Valdemoro, los quales eran de tierra de
Segovia, porque pudiesen mejor sostener el estado
é dinidad que les babian dado.
CAPÍTULO XCVIL
De como el Rey é la Reyna partieron de Toledo, é pasaron los
puertos, é acordaron de ir á Medina del Campo, é dende á la
Tilla de Yalladolid.
Fechas las Cortes de Toledo, el Eey é la Eeyna
acordaron de pasar los puertos, é venir á la villa de
Medina del Campo : en la qual estovieron algunos
días, é mandaron facer justicia, é restituir los bie-
nes y heredamientos, que forzosamente en los tiem-
pos pasados estaban tomados. Y en este exercicio
de la justicia, ansí ellos como los Doctores que es-
taban en su Consejo, trabajaban continamente:
porque según los grandes reynos y estendidos se-
ñoríos que tenían, les convenia oir siempre los que-
rellosos, é los proveer de justicia. É mandaron de-
gollar por justicia á un caballero natural del Eeyno
de Galicia, que se llamaba Alvar Yafiez de Lugo
vecino de aquella villa de Medina, home muy rico;
el qual por haber ciertos bienes de un home, fizo
facer una escriptura falsa á un escribano, é después
porque el escribano no lo descubriese le mató, y en-
terró secretamente en su casa. Este delicto fizo tan
secreto, que ninguno fué en él partícipe, salvo solo
él, é un home suyo, á fin que no se supiese. Pero
todos los delictos por secreto que se fagan, descubre
el sol de la justicia de Dios, en cuya ofensa se facen;
é la muger de aquel escribano querelló deste delicto
ante el Eey é la Eeyna. É mandaron facer pesquisa
é prender aquel caballero; el qual mostrándole los
manifiestos indicios de su delicto, fallados por la
pesquisa, confesó su pecado, é daba al Eey é á la
Eeyna quarenta mil doblas para la guerra de los
moros, porque le salvasen la vida. Algunos ovo en
su consejo, cuyo voto era que se recibiesen, pues
aquello en que se habían de distribuir, era cosa
santa é necesaria. Pero la Eeyna no lo quiso facer,
é mandó degollar á aquel caballero, pospuesto el
grand interese que le era ofrecido. É como quiera
que sus bienes, según las leyes, eran aplicados á su
cámara, pero no los quiso tomar, é fizo merced da-
llos á sus fijos, porque las gentes no pensasen, que
movida por cobdicia había mandado facer aquella
justicia.
CAPÍTULO XCVIII.
Del proTeimiento que el Rey é la Reyna mandaron facer en el
Reyno de Galicia.
En el año siguiente del Señor de mil é quatro-
cientos é ochenta é un años, el Eey é la Eeyna
acordaron de partir de la villa de Medina del Cam-
po, é ir á la villa de Valladolid. É después de
haber estado en ella algunos dias, el Eey partió
para el Eeyno do Aragón á proveer en la justi-
cia, y en las otras cosas que en aquellas partea
ocurrían, donde era menester su presencia, espe-
cialmente para facer llamar á las cortes que se
habían de facer en aquel reyno. B la Eeyna quedó
en Valladolid, é con ella el Cardenal de España, y
el Almirante Don Alonso Enriquez, y el su Condes-
table Conde de Haro, y el Conde de Benavente, é
otros caballeros. E porque el Eeyno de Galicia por
muchos años habia estado en guerras é corrupcio-
nes, las quales duraron tanto tiempo, que los mora-
dores de toda aquella provincia estaban subjetos á
los tiranos é robadores; é ni el Eey Don Enrique,
hermano de la Eeyna, ni menos el Eey Don Juan
su padre, pudieron sojuzgar aquel reyno como de-
bían; ni los caballeros, ni los moradores del com-
plían sus mandamientos, ni les pagaban sus rentas,
salvo á la voluntad de los que las querían pagar :
é los tíranos las tomaban é apropiaban á sí. Otrosí
tomaban las rentas é los heredamientos de las Igle-
sias, é facíanse patrones dellas; é muchos mones-
terios no osaban tomar de sus propias rentas, salvo
lo que el caballero que en ellas se habia entrado
les daba de su mano. Ficí érense ansimesmo en
aquellos tiempos por todo aquel reyno muchas for-
talezas, sin licencia de los Eeyes pasados, donde
continamente estaban ladrones é robadores que te-
nían los pueblos subjetos. E tanto estaban habi-
tuados en aquella subjecion, que ya se convertía
en tal costumbre, que no se contradecía; é cada
uno apropriaba á sí los pueblos que mas podía so-
juzgar, é las rentas que podía tomar. Estaban an-
simesmo opresas é tiranizadas por lo» caballeros
de aquel reyno las cibdades é villas de Tuy, é
Lugo , é Orense, é Mondofiedo, é Vivero, é todas
las otras; en las quales el Eey é los Perlados de-
llas tenían poca parte. É como quier que los Ee-
yes pasados embiaron Gobernadores é Corregido-
res á aquel reyno con gente de armas, para lo»
tener en justicia; pero tanta era la confusión é
multitud de los tiranos, que en ningún tiempo los
pudieron poner en orden según debía. El Eey é la
Eeyna, entendiendo que compila al servicio de Dios
é suyo proveer en la buena gobernación de aquel
reyno, embiaron á Don Femando de Acuña, fijo del
Conde de Buendía, que era caballero de buen es-
fuerzo é de sana consciencia, ó á un letrado de su
DON FERNANDO
Consejo, qne se llamaba el Licenciado Garci Ló-
pez de Chinchilla, que era buen letrado, é home de
buen juicio, é constante en la administración da la
justicia. Este caballero y este letrado con poderes
del Key é de la Reyna fueron al Reyno de Galicia,
é llevaron gente de armas á caballo, y entraron en
la cibdad de Santiago; é por virtud de los poderes
que llevaban, embiaron á mandar á todas las cib-
dades, ó villas, é cotos del Eeyno de Galicia, que
embiaeen allí sus procuradores, para comunicar con
ellos sobre las cosas concernientes á la pacificación
de aquel reyno. Los quales vinieron á la cibdad de
Santiago; é después que todos fueron juntos, aquel
caballero, é aquel licenciado les dixeron, como ellos
venian allí con cargo de administrar justicia en
aquel reyno, é quitar del las tiranías en que estaba
puesto. Algunos de aquellos procuradores que allí
se juntaron dubdaban de los recebir, porque no
creían tener fuerzas para administrar la justicia
contra los tiranos, que de tan antiguos tiempos es-
taban habituados á robar é tiranizar. De lo qual era
la costumbre tan antigua, que los robadores adqui-
rían ya derecho á los robos, é los llevaban cada año
<Je los pueblos; é los robados, tanto tenían ya en uso
Bofrir aquellos robos, que los consentían como cosa
debida. En especial fallaban ser difícile desapo-
derar á aquellos tiranos de las fortalezas é castillos
do estaban fortalecidos, é punir tanta multitud de
ladrones como había en aquel reyno ; porque si to-
dos los malfechores é tiranos se juntasen, como
otras veces se habían juntado, eran muchos mas
8in comparación que la gente de armas que aquel
Don Fernando llevaba. É algunos que creían ser
imposible poner en justicia aquella provincia, res-
pondieron que ansí como traian poder del Eey de
la tierra, les era menester traer poder del Eey del
cielo, para poder punir tantos tiranos ó malfechores
como en aquel reyno había; de otra manera no
creían que pudiese facer execucion de justicia. Es-
tas é otras muchas razones decían aquellos procu-
radores, dubdando de los recebir, por no se enemis-
tar con los caballeros é tiranos de aquel reyno;
pensando que si se mostrasen favorables á la justi-
cia, se enemistarían con ellos, é la flaqueza de la
justicia no ternia fuerzas para los librar de sus
manos. Oídas aquellas razones, aquel caballero y el
letrado, lea dixeron: ((Estad señores de mejor áni-
»mo, ó tened buena esperanza en Dios, y en la pro-
«videncia del Eey é de la Eeyna nuestros señores,
»y en la voluntad que tienen á la administración
»de la justicia, é ansimesmo en el deseo que nos-
» otros tenemos de la executar en su nombre; é con
»el ayuda de Dios trabajaremos, que las tiranías
» cesen, é los tiranos sean punidos, é cada uno de
«los moradores deste reyno vivan en sosiego, de
«manera que sean señores de lo suyo, sin padecer
bIos agravios que fasta aquí habéis padecido.»
Aquellos procuradores, como quiera que inciertos
de aquella promesa, pero deseando ver alguna jus-
ticia, recibiéronlos al caballero por Gobernador, é
al letrado por Corregidor; é dixéronles, que esto-
É DOÑA ISABEL. 357
viesen continamente sus personas en aquel reyno,
é no lo desamparasen, fasta tanto que fuese puesto
en orden de justicia, é que ellos les darían favor ó
gente para la executar. Aquel caballero é aquel le-
trado lo prometieron; é asentadas las cosas entre
ellos, los procuradores se volvieron cada uno á la
cibdad ó villa donde eran. E aquel caballero é
aquel letrado comenzaron á oír algunas querellas,
é facer sus procesos por vía jurídica contra los mal-
fechores, é prendieron algunos, é ficieron justicia
dellos. É tan grande fué el terror de la justicia que
executaban, que en espacio de tres meses se absen-
taron de la tierra mas de mil é quinientos ladrones
é omícianos. É como las gentes conocieron que
aquel caballero y el licenciado, sin temor alguno de
las amenazas que por los caballeros é tiranos les
eran fechas, é sin intereses, ni acepción de personas
executaban la justicia, todos se juntaron con ellos,
cada que los llamaban, é pagaban al Eey é á la
Eeyna los pechos ordinarios, que de largos tiempos
tomaban los caballeros, é derribaron por todo el
Reyno de Galicia quarenta é seis fortalezas, de
donde se facían grandes fuerzas. E ficieron justicia
de muchos homes, que habían cometido en los
tiempos pasados fuerzas é crimines; entre los qua-
les ficieron justicia de un caballero que se llamaba
Pedro de Miranda, ó de otro caballero que se lla-
maba el Mariscal Pero Pardo: los quales no creían
que podía venir tiempo en que la justicia les osase
prender. E después de presos daban grandes sumas
de oro para la guerra de los moros, porque les sal-
vasen las vidas; pero aquel caballero é aquel letra-
do no lo quisieron recebir.
Otrosí ficieron restituir á las iglesias é moneste-
rios, é á otras personas eclesiásticas, muchos bienes
y heredamientos é beneficios que estaban entrados
forzosamente de muchos tiempos antepasados. É
con esta forma que tovieron, pacificaron en espacio
de año é medio todo el Eeyno de Galicia ; de ma-
nera que los moradores de aquella tierra, que no pen-
saban haber justicia ni libertad, como redemidos de
largo captiverio, daban gracias á Dios por la gran
seguridad de que gozaban, é loaban mucho la dili-
gencia que el Eey é la Eeyna mandaron facer para
execucion de la justicia; la qual se administró se-
gún debia, por la buena conformidad que aquellos
ministros tovieron el uno con el otro. Los quales
sufrieron grandes miedos, teniendo aquellas formas
que entendían para lo traer al estado que lo traxe-
ron; especialmente porque fueron tan rectos en los
juicios é tovieron las manos tan limpias de recebir
dones, que jamas fueron corrompidos por dádivas
que les fueron ofrecidas. E sin dubda el juez que
toma, luego es tomado é menospreciado de aquel
que le da, é no puede escapar de ser ingrato ó in-
justo : ingrato, si no face algo por el que le dio;
injusto, si lo face contra justicia. E sí por ventura
recibe algo porque faga justicia, yerra también si
toma precio por aquello que sin precio es obligado
de facer.
358
CRÓNICAS DE LOS EEYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO XCIX.
De la armada que se fizo contra el Turco.
Todos los mas dias venían nuevas al Rey é á la
Beyna, que el turco tenia grand annada por mar, ó
que embiaba á conquistar el Reyno de Sicilia, é an-
simesmo que por tierra continamente sus gentes
tomaban christianos, é les facian crueles muertes.
Lo qual puso tan grande terror, que mandaron en
las iglesias de sus Reynos todos los dias facer ora-
ción á Dios, porque le pluguiese alzar su ira, é li-
brar á los christianos de las fuerzas é poderío de
aquel enemigo de la christiandad. É acordaron de
facer armada por mar, para favorecer al Rey Don
Fernando de Ñapóles, é defender el Reyno de Sici-
lia. E mandaron á Alonso de Quintanilla, é al Pro-
visor do Villafranca, que administraban las cosas
de las hermandades, que fuesen á Vizcaya, é á Gui-
púzcoa, é á las montañas , é tomasen las naos que
pudiesen haber, é la gente, é vituallas, é armas, é
artillería que fuese necesaria, é ficiesen armada por
mar. Estos ministros ficieron juntar en la cibdad
de Burgos los procuradores de las villas é lugares
de las behetrías, que por obligación antigua son te-
nudos de dar galeotes para las armadas que los Re-
yes de Castilla mandaren facer. É porque los mo-
radores de las behetrías no tienen el uso de navegar,
por la gran distancia que hay de los lugares do
moran á los puertos de la mar, ficieron composición
con aquellos dos comisarios, de les dar cierta suma
de maravedís, con la qual tomasen otros galeotes de
las villas é lugares que son cerca de puertos de mar,
y ellos fuesen libres de ir en el armada. Aquellos
dos comisarios recibieron la suma que les fué dada ;
é fueron al Condado de Vizcaya é á la provincia de
Guipúzcoa, é ficieron juntar los caballeros é fijos-
dalgo, é procuradores de todas las villas é lugares
de aquellas tierras. A los quales notificaron, como
el Rey é la Reyna mandaban facer armada por mar
para ir contra los turcos, é ayudar á los christianos
é para defender el Reyno de Sicilia que el Turco
quería conquistar; é ansimesmo para que el Rey de
Ñapóles pudiese recobrar la cibdad de Otranto que
le tenían ocupada. É porque los que moraban en
aquel Condado de Vizcaya, y en la provincia de
Guipúzcoa son gente sabida en el arte de navegar
y esforzados en las batallas marinas, é tenían naves
é aparejos para ello, y en estas tres cosas que eran
las principales para las guerras de la mar, eran mas
instructos que ninguna otra nación del mundo;
por ende convenia que luego se dispusiesen á la
facer, é diputasen entre sí homes que procurasen
las cosas necesarias para ello. Porque si en otras
armadas que habían fecho, ansí contra Ingalaterra
como contra otras naciones en los tiempos pasados
habían seydo diligentes, é por la gracia de Dios
victoriosos; mayormente lo debían facer en esta
que tanto era servicio de Dios, ó del Rey é de la
Reyna, é defensa general de toda la christiandad, y
ensalzamiento de nuestra santa fe cathólica. Los mo-
radores de aquellas tierras son gente sospechosa, §
algunos dellos porque no les daban cargos, otros
porque no eran recebidos sus votos, otros porque
no se contentaban con los gages é sueldos que lea
daban, é otros porque no querían dar sus naves
para el armada, ponían empacho, é impedían que
se ficiese, diciendo ser contra sus privilegios, é
contra sus grandes libertades, de que los de aquella
tierra gozan, é les fueron guardadas por los Reyes
de España, antecesores del Rey é de la Reyna. É
sobre esto ponían turbaciones é impedimentos de
tan mala calidad, que todas aquellas gentes se es-
candaHzaron, diciendo que sus privilegios é liber-
tades eran quebrantadas. É aquellos dos comisarios
Alonso de Quintana y el Provisor de Villafranca,
fueron puestos algunas veces en gran peligro de
sus vidas, recelando el ímpetu de los pueblos que
estaban levantados. Porque los alborotadores les
daban á entender, que aquellos comisarios venían
á los engañar, é quebrantar sus privilegios é á los
facer pecheros é tributarios. Los comisarios rece-
lando el ímpetu del pueblo , engañado por aquellos
alborotadores, ficieron juntar todos los mas que pu-
dieron, é con palabras dulces les dieron á entender,
que ellos no venían á quebrantarles sus franquezas,
mas venían á gelas guardar mejor que fasta aquí
les habian seydo guardadas. É que dixesen ellos lo
que recelaban, é de toda su sospecha les darían
el saneamiento que quisiesen ; é que les ploguie-
se considerar quan santa era la negociación que
ellos traían, é otrosí los grandes estragos é derra-
mamientos de sangre que los turcos habian fecho,
é de cada dia facian en los christianos, é la gran
necesidad en que toda la christiandad estaba de re-
sistir aquel enemigo. B que como buenos christia-
nos debían dar gracias á Dios, porque aparejó cosa
tan grande, en que demostrasen el gran zelo que
tienen á la honra de su Rey é de su tierra, é al en-
salzamiento de la religión christiana; lo qual ellos
tanto mas eran obligados de facer, quanto eran mas
sabios en el arte de navegar, y esforzados en las
batallas marinas. E que debían tomar exemplo en
los Ingleses y en otras naciones, que habían fecho
semejantes armadas; especialmente los Portogue-
ses, los quales aunque de reyno pequeño, é caídos é
vencidos de las guerras y estragos que padecieron
en Castilla, pero que habian fecho armada é iban
con ella en servicio de Dios é de su Rey, é honra de
su tierra. «E si vosotros», dixo él, «podéis sufrir
«que los Portogueses con tanta honra vayan en la
«prosecución desta santa demanda, é vosotros Cas-
«tellanos, mas en número, mas poderosos, mas es-
» forzados, é mucho mas diestros en el arte de na-
«vegar, acordáis quedar folgando en vuestras casas;
«quedad señores enhorabuena.» Dichas estas é otras
razones, los pueblos fueron no solamente aplacados
mas engendróse en ellos de súbito tal embidia, que
mudada sospecha en orgullo, é sus escusaciones en
diligencia presurosa, dieron orden á facer el arma-
da. Y en aquellas dos provincias de Vizcaya é de
Guipúzcoa se armaron cinquenta naos; é juntas en
DON FERNANDO
el puerto de Laredo, dicha ende con gran solemni-
dad una misa, que celebró aquel Provisor de Villa-
franca, ó dichas ansimesmo las bendiciones sobre
las enseñas é banderas que llevaban las naos, par-
tieron del puerto de Laredo con gran gente de
aquellas montañas bien armada é bastecida. De la
qual iba por capitán Don Francisco Enriquez, fijo
del Almirante Don Fadrique; é juntáronse con esta
flota de los puertos de Galicia é del Andalucía otras
veinte naos, de manera que en toda el armada iban
setenta naos. Las quales con su capitán llegaron
fasta el Reyno de Ñápeles, donde ansimesmo vinie-
ron las armadas de Portogal é de otros reynos (1).
É al tiempo que llegaron, al Eey de Ñapóles que
tenia cercada la cibdad de Otranto, porque no fué
socorrida del Turco, gele entregó á partido, en que
salvó las vidas de los turcos que en ella estaban,
los quales desampararon la cibdad.
CAPÍTULO 0.
Del debate que ovo entre Don Fadrique Enriquez, é Ramiro Ñuño
de Guzman.
Acaeció en aquellos dias, que estando la Reyna
en Valladolid (2) y el Rey en Aragón , una noche
el fijo mayor del Almirante, que se llamaba Don
Fadrique, ovo palabras con el Señor de Toral que
se llamaba Ramir Nuñez de Guzman en el palacio
de la Reyna, sobre el asiento cerca de las damas ;
de las quales palabras Don Fadrique se sintió inju-
riado. E otro dia notificóse á la Reyna, que so espe-
raba algún inconviniento de la discordia que entre
aquellos dos caballeros había pasado; por ende que
Su Alteza lo remediase. La Reyna ovo información
délo que entre ellos pasó, é mandó áGarcilaso de la
Vega su Maestresala, que toviese preso en su posada
á Ramir Nuñez de Guzman ; é á Don Fadrique em-
bió á mandar, que estoviese preso en casa del Al-
mirante su padre, é no saliese della sin su licencia.
Y embióles á mandar, que de dicho ni de fecho no
inovasen el uno contra el otro cosa alguna , porque
ella lo mandarla remediar por justicia ; é puso tre-
guas entre ellos , las quales mandó que guardasen
80 ciertas penas. Don Fadrique presumiendo tomar
venganza por sus manos , é no por via de justicia,
absentóse porque los mandamientos de la Reyna no
le fuesen notificados. E la Reyna quando oyó decir
que Don Fadrique se habia absentado, fizo soltar á
Ramir Nuñez de Guzman, é dióle su seguro que no
recibirla daño ni injuria. E dende á pocos dias, an-
dando aquel caballero en una muía por la plaza de
(1) La armada de España que Iiabia salido de Laredo á 22 de
Junio de este año llegó á Italia á 2 de Octubre, y poco antes la
Portuguesa, pero una y otra tarde, pues ya se habia rendido
Otranto al Daque de Calabria con partido de la vida del Goberna-
dor y docieulos hombres; los demás á merced. Habia sido tomada
esta plaza por el Turco en 13 de Agosto del año antecedente, des-
pués del xnütil cerco de Rodas. Bernald., cap. 45. Zurita, lid. 20,
cap. 40.
(2) Gnlindez en el sumario de este año dice que este hecho pasó
en Medina del Campo, y que el Cronista lo cuenta muy falta y di-
minutamente con perjuicio de partes. No se uplica más.
É DOÑA ISABEL. 359
la villa, confiado del seguro que la Reyna le habia
dado , salieron á él tres homes á caballo cubiertas
las caras, é diéronle ciertos palos. Lo qual sabido
por la Reyna, como quiera que facia á la hora gran
fortuna de aguas , pero luego cabalgó, é salió sola
por la puerta del campo , que es en aquella villa de
Valladolid, é fué camino de Simancas, que tenia
el Almirante. E como se sopo por la corte que la
Reyna iba sola, luego todos los capitanes de su
guarda cavalgaron, é fueron corriendo fasta que
la alcanzaron. E ansimesmo fué el Almirante, é al-
canzó á la Reyna que estaba ya á la puerta de la
fortaleza, é díxole : «Almirante , dadme luego á Don
«Fadrique vuestro fijo para facer justicia del , por-
«que quebrantó mi seguro.» El Almirante le respon-
dió : «Señora no le tengo, ni sé dónde está.» La Rey-
na le replicó : «Pues no me podéis entregar vuestro
Dfijo ; entregadme esta fortaleza de Simancas , é la
«fortaleza de Rioseco.» El Almirante le dixo : «Se-
»ñora, pláceme de buena voluntad entregaros estas
Bfortalezas é todas las otras que tengo.» E luego
llamó al Alcayde, y en presencia de la Reyna man-
dó que entregase la fortaleza á quien ella mandase.
La Reyna mandó salir á todos los homes del Almi-
rante que estaban en ella, é mandó á un capitán que
se llamaba Alonso de Fonseca, que se apoderase de-
lla, é buscase si estaba dentro Don Fadrique , é no
fué fallado, é quedó la fortaleza en poder de la Rey-
na ó de aquel su capitán, á quien la mandó entre-
gar, é fizóle pleyto omenage por ella. E ante que
de allí partiese, fizo que el Almirante embiase á
entregar la fortaleza de Rioseco : la qual le fué
luego entregada , porque no osó el Almirante facer
otra cosa. E ansí quedaron aquellas dos fortalezas
en poder de la Reyna, é volvió para Valladolid.
Otro dia, del gran pesar que ovo por el quebranta-
miento de su seguro, é del trabajo que ovo del dia
antes, no se levantó de la cama. Preguntada qué
enojo sentía , respondió : «Duéleme este cuerpo de
»los palos que dio ayer Don Fadrique contra mi se-
»guro » ; é siempre mostró indinacion y enojo con-
tra el Almirante, aunque era tío del Rey su mari-
do, é contra sus parientes, por aquel delicto que
Don Fadrique cometió en su corte. El Almirante ve-
yendo que la Reyna mostraba contra él é contra to-
da su parentela grand indinacion, ovo su consejo
de buscar á do estaba Don Fadrique su fijo , é de lo
entregar á la Reyna, é remitirse á lo que le ploguie-
se facer. E dende á pocos dias , el Condestable de
Castilla que era tío de Don Fadrique, hermano de
su madre, lo llevó al palacio de la Reyna para gelo
entregar , é díxole : « Señora, yo traigo aquí á Don
»Fadrique mi sobrino, é lo entrego á Vuestra Seño-
))ría, para que mande facer del lo que por bien to-
Bviere , pero humilmente le suplico, que considere
»que no ha veinte años , é que esta edad no es aun
» bien capaz para saber el acatamiento , é obedien-
3)cia que se debe á los mandamientos reales : faga
» Vuestra Alteza del, ó la justicia que quisiere, ó la
»misericordia que debe.» La Reyna no quiso ver á
Don Fadrique , é mandó que lo entregase á un Al-
360
-CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
calde de m corte ; é mandó al Alcalde que pública-
mente lo llevase preso por la plaza de Valladolid, é
fuese con él á la villa de Arévalo, é lo entregase al
Alcayde de la fortaleza della ; el qual lo recibió é
lo tovo en prisiones muy estrechas, y en lugar que
nadie lo veia, salvo el que le proveía de lo necesa-
rio. Después de algún tiempo que estovo preso, con-
siderando que era primo del Rey, fué suelto é des-
terrado para el Reyno de Sicilia ; é fuéle mandado
por la Reyna que no entrase en Castilla sin su man-
damiento, so grandes penas. Este Ramir Nufiez,no
contento de la pena que la Reyna dio al fijo del Al-
mirante , presumió tomar venganza por sus manos;
é aguardó una noche que el Almirante salia del pala-
cio del Rey é de la Reyna, veniendo por una calle en
la villa de Medina del Campó ; sobrevino este Ramir
Nuñez con otros quatro de caballo que le guarda-
ban, é fué contra el Almirante por le f erir con un pa-
lo; é de fecho le injuriara , salvo por algunos homes
que le acompañaban que se pusieron delante , é le
ocuparon que no le pudo ferir. E por este acometi-
miento que Ramir Nuñez fizo, el Rey é la Reyna
mandaron proceder contra él por justicia; é le fueron
tomados todos sus bienes é rentas é castillos é forta-
lezas que tenia en el Reyno de León é de Castilla, y
él se fuyó, é se fué para el Reyno de Portogal.
CAPÍTULO CI. •
De las cosas que el Rey é la Reyna flcieron en los Reynos de Ara-
gón é de Cataluña, é como fué jurado el Principe Don Juan por
heredero de aquellos Reynos.
Según habemos contado , el Rey partió de Valla-
dolid para los Reynos de Aragón , con propósito de
facer juntar en Cortes á los Caballeros, é Perlados,
é Barones , é á los Procuradores de las cibdades é
villas de aquel Reyno, para que jurasen al Príncipe
Don Juan su fijo, por Rey de aquellos Reynos é Se-
ñoríos para después de sus dias, é para facer otras
cosas que convenían á la buena gobernación de
aquellas tierras ; ó otrosí por haber algún servicio
de dineros para las necesidades que le ocurrían. La
Reyna que había quedado en Valladolid, acordó an-
BÍmesmo de ir al Reyno de Aragón, donde estaba el
Rey , é llevar al Príncipe su fijo para que fuese ju-
rado en persona. E dexó en Castilla con sus poderes
reales, para la administración de la justicia é de las
otras cosas que ocurriesen, al Conde de Haro su
Condestable, é á Don Alonso Enriquez su Almiran-
te ; é con ellos mandó quedar algunos Doctores de
su Consejo, para que oyesen las causas, é proveye-
sen en ellas por justicia. Fecha esta provisión, par-
tió para la villa de Calatayud, que es en el Reyno
de Aragón , donde fué muy bien recebida con fies-
tas é alegrías de todos los de la cibdad. E luego vi-
no allí el Rey que estaba en Barcelona, é como fue-
ron juntos, vinieron el Justicia y el Gobernador ,é
todos los Perlados , é Caballeros é Barones , é los
Procuradores de las cibdades é villas, é todos los
otros oficiales que suelen facer las cortes de aquel
Reyno. E un día (1) del mes do Mayo de mil é qua-
(i) Domingo i fO de Mayo. Zurita, Anal., M. 20, cap. 40.
trecientos é ochenta é un años, en la Iglesia de Sant
Pedro de aquella villa de Calatayud , donde suelen
facer las congregaciones é actos generales ; estan-
do presentes el Rey é la Reyna y el Príncipe su fi-
jo, todos aquellos Caballeros é Barones é oficiales é
Procuradores de las cibdades é villas del Reyno, en
una concordia juraron solemnemente de haber por
Rey é Señor de aquellos reynos ó señoríos de Ara-
gón al Príncipe Don Juan , después de los dias del
Rey su padre. E ansimesmo el Rey é la Reyna ju-
raron de guardar sus privilegios é usos é costum-
bres, según que los Reyes pasados los habían guar-
dado. Fablóse ansimesmo por parte del Rey é de la
Reyna en aquella congregación , que considerados
los gastos fechos en las guerras pasadas , é las ne-
cesidades que tenían presentes, para sustentamien-
to del estado real, en especial para el armada que
facían por la mar, era necesario que ficiesen repar-
timiento de alguna suma de florines con que pu-
diesen reparar alguna parte de aquellas necesida-
des que les ocurrían. Fecha esta requeeta, los Caba-
lleros é Barones é los Procuradores de las cibdades
é villas, respondieron, que según los fueros guar-
dados en aquel Reyno, las semejantes ayudas no
se acostumbraban facer á los Reyes, fasta que los
agravios que eran fechos de unas personas á otras
fuesen satisfechos, é se ficiese justicia de las muer-
tes é otros crimines cometidos en el Reyno. E que
por la administración de la justiciase suelen facer
estas ayudas á los Reyes, é no en otra manera. Oí-
da esta respuesta por el Rey é por la Reyna, de-
mandaron que les diesen por escripto los agravios
que decían ser recebidos de unas personas á otras,
para los ver é desagraviar por justicia : los quales
fueron dados , y estovieron algunos dias en aquella
cibdad de Calatayud entendiendo en ellos. Entre-
tanto que estas cosas pasaban en las Cortes de Ca-
latayud , acaecieron en Castilla algunos debates en-
tre el Conde de Valencia y el Conde de Luna, que
tienen sus señoríos en el Reyno de León , é confi-
nan uno con otro : los quales juntaron sus gentes,
é ficieron algún escándalo en aquella provincia. Esto
sabido por el Rey é por la Reyna, embiaron man-
dar al Condestable é al Almirante , que tenían el
cargo de su justicia , que por haber procedido aque-
llos dos Condes en sus debates, por vía de fe-
cho , é no esperaron ser remediados por la vía del
derecho, faciendo escándalo en sus Reynos,- que
luego fuesen contra ellos é los prendiesen ; los qua-
les fueron presos, y estovieron en prisión muchos
dias, fasta que su debate fué visto ó determinado
por derecho ; é después fueron sueltes con ciertas
penas que les impusieron.
CAPÍTULO CU.
Como el Rey é la Reyna fueron á Zaragoza.
Después que el Rey é la Reyna estovieron algu-
nos dias en la cibdad de Calatayud, acordaron de
ir á la cibdad de Zaragoza , donde fueron recebidos
con grandes fiestas é alegrías de todos los estados
DON FERNANDO
de la cibdad generalmente. E mandaron allí venir
los Caballeros, Barones, é Procuradores , é Diputa-
dos de las Cortes que habían estado en Calatayud,
con los quales entendieron en desatar los agravios
que en aquel Keyno de Aragón eran fechos en los
tiempos pasados. En la qual negociación, como
qnier quo el Rey é la Reyna estovíeron ocupados
algunos dias, y entendieron en ellos con gran dili-
gencia ; pero porque las materias eran grandes é
de diversas calidades, no ovieron lugar por eston-
ces de las fenecer, según el fuero de aquel Reyno
lo requiero. Estando en aquella cibdad, vino nueva
al Rey é 4 la Reyna desde la cibdad de Venecia en
once dias, como el gran Turco era muerto; de la
qual muerto toda la christiandad generalmente ovo
placer, porque ninguno puede imaginar el terror
grande que aquel príncipe bárbaro tenia puesto en
los corazones de todos los christianos , según las
tierras quo habia conquistado, é las que adqueria é
ganaba cada dia , sin que pudiese ser fecha resis-
tencia ásu gran poder. El Rey é la Reyna ficieron
grandes procesiones por la cibdad é sacrificios, é
otras muchas devociones é limosnas, porque plogo
á Dios quitar de la christiandad tan grand enemi-
go. Este turco murió de dolencia en edad de cin-
qüenta años , en el tiempo de su prosperidad ; el
qual continamente tenia en el campo dos grandes
huestes , una que guerreaba é ganaba tierras é pro-
vincias de christianos , otra que guerreaba contra
otros moros que confinan con sus tierras. Muerto el
Turco, luego sus fijos ovieron división el uno con-
tra el otro, y el mayor mató todos los que estaban
en el consejo de su padre ; y entró en la cibdad de
Constantinopla, é mató todos los que tenían la voz
de su hermano, é apoderóse de la cibdad. Durante
la división que habia entre aquellos dos hermanos
fijos del Turco, el Rey Don Fernando de Ñápeles
cobró, según habernos dicho, la cibdad de Otranto,
que había ganado el Turco , y echó dende los tur-
cos que estaban apoderados della , é restituyóla en
BU señorío. Después que en la cibdad de Zaragoza
estovíeron el Rey é la Reyna algunos dias enten-
diendo en las cosas de aquel Reyno de Aragón,
acordaron de irá la cibdad de Barcelona, que es ca-
beza del Principado de Cataluña; donde fueron re-
cebidos muy solemnemente con grandes fiestas é
placer de todos los de la cibdad.
CAPÍTULO CIII.
De las Cortes que el Rey é la Reyna ficieron en la cibdad
de Barcelona.
Como el Rey é la Reyna fueron á la cibdad de
Barcelona, luego entendieron en los negocios que
Be habían de contratar en las Cortes de aquel Prin-
cipado ; para las quales en aquella cibdad estaban
juntos los Perlados , Caballeros , ó Procuradores , é
Diputados, é generalmente todos los tres estados de
las cíbdades é villas. Plácenos recontar aquí breve-
mente la causa principal del juntamiento destas
Cortes, porque los que esta Crónica leyeren , sepan
É DO^A ISABEL. 361
la causa porque se ficieron. Esta cibdad en los tiem-
pos pasados fué también gobernada por los princi-
pales que tenían cargo de su regimiento , que flore-
cía entre todas las cíbdades de la christiandad ; ó
todos los moradores della gozaban de seguridad de
sus personas é bienes , é de gran abundancia de las
cosas necesarias á la vida. E por la buena industria
é justa comunicación , igualmente guardada tam-
bién á los estrangeros , como á los naturales , algu-
nas personas de otras partes remotas, informadas
de su buen regimiento, traían á ellas sus bienes , á
fin de vivir en paz ó seguridad ; lo qual la engran-
deció, é fué populosa, é aun poderosa de gente é
riquezas. Pero la fortuna embidiosa de los grandes
estados , tentó de sobervía é los que la gobernaban;
los quales, perdidas las buenas costumbres por men-
gua de buenos varones , so color de libertad , rebe-
laron contra el Rey Don Juan de Aragón , padre
deste Rey Don Fernando , é tomaron algunos prín-
cipes é señores por gobernadores;, los quales por
muerte subcedió el uno al otro. Y en estos tiempos
siempre el Rey Don Juan la guerreó, á fin de la re-
ducir á su obediencia; é ni por la muerte de los go-
bernadores que tomaron, ni por los trabajos, muer-
tes é gastos é destruiciones habidas en la guerra,
los de aquella cibdad dexaron su rebelión ; en la
qual cometieron contra su Rey é contra la Reyna su
muger , é contra este Rey su fijo, que á la sazón era
Príncipe heredero , muchos crimines é delictos. Ovo
entre ellos grandes batallas , donde murieron mu-
chos de los vecinos de aquella cibdad étodo su prin-
cipado. Gastaron ansimesmo todos sus tesoros, por-
que la mengua de los buenos les dio mengua de los
bienes. Al fin de catorce años continos de guerra,
los de la cibdad , no pudiendo sof rir los daños que
recebian de la guerra que el Rey de Aragón les fa-
cía , trataron con él que los perdonase é reduxíese
á su obediencia, y entregáronle la cibdad ; la qual
de las guerras pasadas tenia ya caídas , no las tor-
res ni el muro , mas las costumbres é buena gober-
nación, mediante la qual los primeros governado-
res, con gran trabajo é mucho tiempo, la habían fe-
cho próspera é floreciente, Al fin el Rey de Aragón,
dexada la venganza, é usando de clemencia, los per-
donó é reduxo á su obediencia. El Rey é la Reyna,
habiendo consideración á los trabajos de aquella
cibdad, é porque fuese reducida en su primero esta-
do ; otrosí por no dexar á los servidores sin galar-
dón , é á los deservidores sin piedad , concluyeron
las Cortes en esta manera : conviene á saber , quo
todas las f aciendas é bienes raices, ansí villas como
lugares, heredamientos é rentas, que en el tiempo
de la guerra estaban tomados por los del Rey su pa-
dre á los que fueron sus contrarios é deservidores,
ansí por título de merced , como en otra qualquier
manera , fuesen restituidos á los que de antes las
poseían ; é que el Rey ó la Reyna ficíesen equiva-
lencia é los que agora las poseían , acatados los ser-
vicios que ficieron al Rey su padre , por respeto de
los quales habían seydo dados aquellos bienes. E
para que el Rey é la Reyna pudiesen facer esta
362 CRÓNICAS DE LOS
emienda, é otrosí para satisfacer al Rey de algunos
cargos, en que eran al Rey bu padre , la cibdad y el
principado de Cataluña sirviesen luego con cien mil
libras de oro, é ansimesmo les sirviesen con otras
doscientas mil libras ; las quales por los trabajos ó
necesidades de la cibdad no se dieron luego en di-
neros , pero impusieron ciertos derechos é imposi-
ciones sobre las mercaderías é mantenimientos de
aquel principado en ciertos años, para gelas pagar.
Ansimesmo les mandaron guardar sus privilegios,
franquezas, é usosé costumbres, según que goza-
ban antes que cometiesen la rebelión. Estando en
aquella cibdad de Barcelona, les vino nueva como
el Rey de Portogal era finado ; el qual falleció en la
cibdad de Lisbona , de enfermedad que duró vein-
te é cinco dias. El Rey é la Reyna mostraron gran
sentimiento de su muerte, é ficieron celebrar allí en
Barcelona sus obsequias solemnemente. Concluidas
las Cortes del Principado de Cataluña en la forma
que habemos dicho , el Rey é la Reyna partieron de
la cibdad de Barcelona, é vinieron para la cibdad
de Valencia ; en la qual fueron recibidos muy ale-
gremente , con grandes é muy sumptuosas fiestas,
ansí de gastos generales de la cibdad , como parti-
culares de muchos caballeros que ficieron justas é
torneos en todas las plazas é calles principales con
grandes arreos ; en las quales fiestas los de aquella
cibdad mostraran tener muchas riquezas , é ánimo
para gastarlas. Estas fiestas duraron los quince dias
que el Rey é la Reyna estovieron en aquella cibdad
ó luego partieron della para venir á Castilla.
CAPÍTULO CIV.
Délas cosas que pasaron en el año siguiente de mil é quatrocien-
tos é ochenta é dos años. Primeramente de lo que el Rey é la
Reyna ficieron sobre la provisión del Obispado de Cuenca que
el Papa babia fecho.
En el año siguiente del Señor de mil é quatro-
cientos é ochenta é dos años , al principio del año
el Rey é la Reyna partieron de la cibdad de Valen-
cia para la villa de Medina del Campo ; é allí vinie-
ron el Condestable y el Almirante, que habían te-
nido el cargo de la justicia, á les dar razón de lo
que habían fecho. Estando en aquella villa enten-
tendieron en las provisiones de los Obispados ó
Iglesias de sus Reynos, para que se ficiesen en Ro-
ma á suplicación suya, é no de otra manera. E por-
que el Padre Santo había proveído de la Iglesia de
Cuenca que era vaca, á un Cardenal su sobrino na-
tural de Genova, la qual provisión el Rey é la Rey-
na no consintieron , por ser fecha á persona estran-
gera, é contra la suplicación que ellos habían fecho
al Papa , acordaron de le suplicar, que le ploguiese
facer aquella é las otras provisiones de las Iglesias
que vacasen en sus Reynos , á personas naturales
dellos, por quien ellos suplicasen, ó no á otros ; lo
qual con justa causa acostumbraron facer los Pon-
tífices pasados , considerando que los Reyes sus
progenitores con grandes trabajos é derramamien-
to de BU sangre como christianisimos príncipes, ha-
REYES DE CASTILLA.
bian ganado la tierra de los moros , enemigos de
nuestra santa fe cathóHca, colocando en ella el nom-
bre de nuestro Rodemptor Jesu Chrísto, y extirpan-
do el nombre de Mahoma ; lo qual les daba derecho
de patronadgo en todas las iglesias de sus reynos y
señoríos, para que debiesen ser proveídas á suplica-
ción suya, á personas sus naturales, gratas é fieles
á ellos, é no á otros algunos, considerando la poca
noticia que los estrangeros tienen en las cosas de
sus reynos. Decían ansimesmo, que las Iglesias te-
nían muchas fortalezas, ó algunas dellas fronteras
de los moros, donde era necesario poner guarda para
la defensión de la tierra, ó que era deservicio suyo
ponerlas en poder de personas que no fuesen natu-
rales de sus Reynos.
Por el Papa se alegaba que era príncipe de la
Iglesia, é tenía libertad de proveer de las iglesias
de toda la chrístiandad á quien él entendiese ; é quo
la autoridad del Papa, y el poderío que por Dios
tenia en la tierra, no era limitado, ni menos ligado
para proveer de sus Iglesias á voluntad de ningún
principe, salvo en la manera que entendiese ser ser-
vicio de Dios é bien de la Iglesia. E por esta causa
el Rey é la Reyna embiaron diversas veces sus em-
baxadores á Roma, para dar á entender al Papa,
que ellos no querían poner límite á su poderío; pero
que era cosa razonable considerar las cosas suso
alegadas, según lo consideraron los Pontífices pa-
sados en las provisiones que ficieron de las iglesias
de sus Reynos. E porque estos embaxadores no pu-
dieron haber conclusión con el Papa , según lo ha-
bían suplicado, el Rey é la Reyna embiaron man-
dar á todos sus naturales que estaban en corte Ro-
mana que saliesen della. Esto ficieron con propósi-
to de convocar los Príncipes de la chrístiandad á
facer concilio, ansí sobre esto como sobre otras co-
sas que entendían proponer, complideras al servicio
de Dios, é bien de su universal Iglesia. Los natura-
les de Castilla é de Aragón, recelando que el Rey é
la Reyna les embargarían las temporalidades que te-
nían en sus Reynos, obedecieron sus mandamientos
é salieron de la corte de Roma. Estando las cosas en
este estado, el Papa embió al Rey é á la Reyna por su
embaxador con sus breves credenciales auno que se
llamaba Domingo Centurión, home lego, natural de
la cibdad de Genova. E como este llegó á la villa' de
Medina, embió facer saber al Rey é la Reyna que
venia á ellos como embaxador del Papa, para les co-
municar algunas cosas sobre aquella materia que
por estonces se tractaba. El Rey é ala Reyna, sabi-
da la venida de aquel embaxador, embiaronle á de-
cir, que el Papa se habia mas duramente en sus co-
sas, que en las de ningún otro Príncipe de la chrís-
tiandad, seyendo ellos é los Reyes sus predecesores
mas obedientes á la Silla Apostólica que ninguno
otro Rey cathólíco; é que, habida esta consideración,
ellos entendían buscar los remedios quo según de-
recho podían é debían , para se remediar do los
agravios que el Padre Santo les facía. E que lo man-
daban que saliese fuera de sus Reynos , é no se cu-
rase de les proponer ninguna embaxada de parte
DON FERNANDO
del Papa ; porque eran avisados que todo lo que
de su parte les quería explicar , era en derogación
de su preeminencia real. Y embiaronle decir que
ellos le daban seguridad de su persona ó de los su-
yos que con él venían en todos sus Reynos ó seño-
ríos, por guardar el privilegio é inmunidad de que
los mensageros y embaxadores deben gozar, espe-
cialmente viniendo por parte del Sumo Pontífice;
pero que se maravillaban del, estando las cosas en
el estado en que estaban, como había aceptado
aquel cargo, habiendo el Papa tratado tan inhuma-
namente sus embaxadores é procuradores, é no
queriendo conceder á sus justas é muy humildes su-
plicaciones. Aquel embaxador, vista la indinacion
del Eey é de la Reyna en las razones que le embia-
ron decir, é considerando que era lego, é que ellos
eran Reyes tan poderosos , embioles decir que él
renunciaba de su propria voluntad el privilegio é
seguridad que tenía como embaxador del Papa, é
no quería gozar del ; ó que si les ploguiese, él que-
ría ser natural suyo , é como su natural quería ser
juzgado por ellos, é sometido á su imperio en todo
lo que les ploguiese facer de su persona é de sus
bienes. La respuesta humilde de aquel embaxador
templó la indinacion que el Rey é la Reyna habían
concebido, E después de algunos días, el Cardenal
de España intercedió por él, é suplicó al Rey é á la
Reyna, que se ovíesen con él benignamente, é que
tornasen á f ablar en la concordia con el Papa ; lá
qual, mediante el Cardenal, se fizo, para que de las
Iglesias principales de todos sus Reynos, el Papa
É DO^A ISABEL. 363
proveyese á suplicación del Rey é de la Reyna, á
personas sus naturales , que fuesen dinas é capaces
para las haber. Y el Papa revocó la provisión que
había fecho de la Iglesia de Cuenca al Cardenal de
Sant Jorge su sobrino, é proveyó della á Don Alon-
so de Burgos, Capellán mayor de la Reyna, Obispo
que era de Córdoba, por quien había suplicado. El
Rey é la Reyna, siempre miraban con diligencia de
suplicar por las iglesias que vacaban en sus Reynos
en favor de personas generosas, por remunerar á ellos
é á sus parientes que les habían servido ; é muchas
veces suplicaban por personas religiosas, bornes de
honesta vida é letrados, considerando que tanto las
cosas públicas eran bien gobernadas, quanto los
perlados é ministros de las iglesias eran homes de
buena vida, é doctos, é predicadores de buenas doc-
trinas, de quien todos tomasen exemplo de vivir.
Acaesció en estos tiempos asaz veces, que el Rey é
la Reyna rogaron con los Obispados de sus Reynos
que ¡vacaron, á semejantes personas religiosas, ó
aun los apremiaron que los aceptasen ; los quales
esfaban tan apartados del mundo en sus moneste-
ríos, que no los querían aceptar, ni encargarse de
gobernación de iglesias ; y estos tales fueron apre-
miados por el Papa, so pena de obediencia que los
aceptasen. En especial fué mandado á Don Juan
de Ortega, fijo de Don Pedro de Maluenda, home
religioso, é general que fué de la orden de Sant
Hierónimo, que tomase el Obispado de Coria , é al
Doctor Tello de Buendia Arcediano de Toledo, que
aceptase el Obispado de Córdoba.
COMIENZA LA TERCERA PARTE
DE LA CEÓNICA
DE LOS MUY ALTOS Y MUY PODEROSOS
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL,
REY É EEYNA DE CASTILLA É DE LEÓN É DE SICILIA :
EN LA CUAL SE RECUENTA LA CONQUISTA QUE PICIERON CONTRA EL REYNO DE GRANADA,
Ú OTRAS ALGUNAS COSAS QUE INTERVINIERON.
CAPÍTULO PKIMERO.
Como los moros tomaron la villa de Zahara.
El Eey é la Reyna después que por la gracia de
Dios reynaron en los Reynos de Castilla é de León,
conosciendo que ninguna guerra se debia princi-
piar, salvo por la fe é por la seguridad, siempre to-
vieron en el ánimo pensamiento grande de conquis-
tar el Reyno de Granada, é lanzar de todas las Es-
pañas el señorío de los moros y el nombre de Malio-
ma. Pero el negocio era grande, y ellos estovieron
tan ocupados en la guerra que tovieron con el Rey
de Portugal, y en poner orden en las cosas de Casti-
lla, que no pudieron luego complir su deseo. E se-
gún en la segunda parte desta historia habernos re-
contado, dieron treguas á los moros por algunos
años, durante los quales el Rey de Granada que se
llamaba Alimuley Abenhazan, por aviso que ovo
que en la villa é castillo de Zahara no habia buena
guarda, vino con gente de moros sobre ella, é fizóla
una noche escalar ; é los moros que entraron en el
castillo, mataron al Alcayde, é apoderáronse déla
fortaleza (1), é tomaron captivos todos los que en la
villa moraban, é robaron los ganados é los bienes que
fallaron. Como el Roy é la Reyna, que estaban en la
villa de Medina del Campo, sopieron la toma desta
villa, é que los moros hablan quebrantado las tre-
guas que les hablan dado , proveyeron luego en la
seguridad de la tierra, y embiaron mandar á los
Adelantados é Alcaydes, é á las cibdades é villas é
lugares que son en la Andalucía y en el Reyno de
(1) La toma de Zahara qtte tenia á su guarda el Mariscal Con-
ralo Arias de Saavedra hijo del Mariscal Fernand Arias, fué en 26
de Diciembre segundo dia de Navidad del afío 1481, como refiere
el Cura de los Palacios, cap. 51. Zurita señala el dia 27. Anal.,
fib. 20, cap, 43:
Murcia, que pusiesen buena guarda en todas aque-
llas fronteras, porque no recibiesen daño de los
moros. E mandaron á Don Alonso de Cárdenas
Maestre de Santiago, que fuese con gente de armas
á la cibdad de Ecija, é á Don Rodrigo Tellez Girón
Maestre de Calatrava que estoviese en la comarca
de Jaén ; ó á otros capitanes mandaron estar en
otros lugares fronteros de los moros , para les facer
guerra, é defender la tierra. Aquel Rey Moro tenia
estonces mayor número de gente á caballo ó artille-
ría é las otras cosas necesarias á la guerra, que to-
vo ningún Rey délos que fueron en Granada todos
los tiempos pasados; ó confiando en sus fuerzas,
entraba á facer guerra en la tierra de los christia-
nos. E la gente de armas que estaban fronteros en-
traban á facer guerra en la tierra de los moros; é
tan bien los unos como los otros facian robos de
ganados, é prisioneros, é talas é otros daños, espe-
cialmente trabajaban de haber por furto cibdades
é fortalezas, para se apoderar mas adelante de la
tierra.
CAPÍTULO 11.
De como se tomó la cibdad deAlhama.
Pasados algunos dias después que los moros to-^
marón la villa de Zahara, aquel caballero Diego de
Merlo, á quien habemos dicho que el Rey é la Rey-
na pusieron por guarda é Asistente en la cibdad de
Sevilla, f abló con algunos escaladores é adalides en-
cargándoles que se informasen de la guarda que ha-
bia en algunas villas é castillos de los moros, é vie-
sen si las podrían escalar. É después que los adali-
des espiaron la tierra, é conocieron las faltas que en
la guarda de algunos lugares habia , informaron á
este caballero , que se podía escalar la cibdad dQ
366
Málaga ó la de Alhama, donde entendieron que no
habia tal guarda que pudiese ser sentida la escala.
Habida esta información, aquel caballero lo comu-
nicó secretamente con Don Rodrigo Ponce de León
Marqués de Cáliz é con Don Pedro Enriquez Ade-
lantado mayor del Andalucía ; y estos caballeros lo
ficieron saber á otros algunos caballeros é Alcaydes
de la comarca ; é juntáronse con ellos Don Pedro de
Stúñiga, Conde de Miranda , ó Juan de Eobles , Al-
cayde de Xerez, é Sancho de Avila , Alcayde de los
alcázares de Carmena por Don Gutierre de Cárde-
nas, Comendador mayor de León , é los Alcaides de
Antequera é Archidona é de Morón, é Don Martin de
Córdoba, fijo del Conde de Cabra. É por algunas di-
ferencias que por estonces habia entre el Marqués
de Cáliz é Don Enrique de Guzman, Duque de Me-
dinasidonia , no gelo notificaron. Estos caballeros é
Alcaydes que habemos dicho , con voluntad de ser-
vir á Dios é al Bey é á la Reyna, é de facer fazafia
notable, se dispusieron á tomar la cibdad de Alha-
ma ; é juntaron fasta tres mil homes á caballo é
quatro mil peones. É poniendo sus guardas, porque
no fuesen sentidos, llegaron fasta el campo de Can-
taril , é fueron adelante, é pasaron las sierras que
dicen del Arracif e, é andovieron con gran pena fas-
ta que llegaron media legua de la cibdad de Alha-
ma, postrero dia de Hebrero deste año.
Como allí fueron el Marqués y el Adelantado é
Diego de Merlo , mandaron que se apeasen fasta
trescientos escuderos, é que llevasen los trozos de
las escalas, é siguiesen al escalador é á los adalides
que iban delante. É como fueron cerca del muro de
la cibdad, por la parte de la fortaleza, informados
de sus escuchas como no se guardaba por aquella
parte , pusieron las escalas ; y el escalador que se
llamaba Juan de Ortega vecino de Carrion subió
primero, y empos del un caballero que se llamaba
Martin Galindo, é después subieron otros treinta es-
cuderos ; y entraron la barrera é subieron en el mu-
ro, é mataron al moro que lo guardaba, é á los otros
moros que fallaron en la guarda del castillo, é pren-
dieron á la muger del Alcayde , é á otras mugerea
que estaban con ella , porque el Alcayde no estaba
allí, que era ido á unas bodas á Velezmálaga, é aquel
caballero Martin Galindo peleando con los moros
fué f crido de una cuchillada en la cabeza. Apode-
rados de la fortaleza abrieron la puerta que sale al
campo, y entraron el Marqués y el Adelantado y el
Conde de Miranda é Diego de Merlo , é con ellos to-
da la gente que pudo caber.
Los moros, á quien la gran fortaleza de la cibdad
daba seguridad de sus personas, como vieron perdi-
do el castillo, é que aquellos christianos osaron en-
trar tanto dentro de aquel reyno, tomaron armas, é
guardaron las puertas de la cibdad , é apoderáronse
de las torres mas fuertes que estaban en el muro
para las defender, con esperanza cierta que tenían
de ser luego socorridos del Rey Moro , que estaba
en Granada á ocho leguas de aquella cibdad. Ansi-
mesmo barrearon las bocas de las calles que salían
ala fortaleza, é pusieron en ellas ballesteros y espia-
CRÓNICAS DE LOS REY^S DE CASTILLA.
garderos , que tiraban á la puerta de la fortaleza
tantos tiros, que los christianos que estaban dentro
no podían salir á la cibdad, sino á gran peligro por
ser muy estrecha la salida, lo qual les puso en gran
confusión , que no sabían que consejo tomar. Acae-
ció que aquel Sancho de Ávila, Alcayde de los al-
cázares de Carmena , é Nicolás de Roxas , Alcayde
de Arcos, homes esforzados , se aventuraron á salir
por aquella puerta , á fin que saliesen empos dellos
algunos otros ; é luego como salieron fueron muer-
tos de los tiros de las ballestas y espingardas que
los moros tiraron ; lo qual fué primero dia de Mar/o
deste año. Vista por algunos capitanes la muerte
de aquellos Alcaydes, y el peligro que habia por ser
la salida de aquella fortaleza tan estrecha , retraxé-
ronse. E algunos decían que la debían quemar é
desamparar, porque según el peligro grande que
veían en la salida de la fortaleza para entraren
la cibdad, y el socorro que los moros esperaban tan
presto, era cosa peligrosa esperarlos con tan poca
gente. El Marqués de Cáliz y el Adelantado é Die-
go de Merlo decían, que pues á Dios habia placido
que aquella fortaleza fuese en poder de christianos,
seria gran mengua desampararla, habiéndola gana-
do con tanto trabajo. É por esta diversidad de vo-
tos estuvieron en alguna diferencia, porque de la
una parte les oprimía el cansancio de las noches é
días pasados, el miedo del Rey Moro que esperaban
venir presto, la entrada peligrosa en la cibdad, y el
poco mantenimiento que tenían para se sostener; de
la otra parte les requería la virtud de la constancia,
que en tales fechos el caballero debe tener, é como
ningún fructo consíguían de sus trabajos pasados
si de presente no alcanzaban el fin que deseaban.
Esto considerado por el esfuerzo de aquellos caba-
lleros principales, no se desamparó. E acordaron de
romper un pedazo del muro del castillo por donde
pudiese saHr gran golpe de gente junta ; é otrosí que
fuesen algunos á pelear por la cerca, é otros subie-
sen por los texados ; de manera que fuesen los mo-
ros tan guerreados por todas partes, que por fuerza
desamparasen las calles é las torres que defendían.
É porque con mayor voluntad la gente se dispusie-
se al peligro , mandaron que la cibdad se pusiese á
sacomano; é que qualquíer presa, ansí do prisione-
ros como de facíenda, fuese de aquel que la toma-
se. Habido este acuerdo, venciendo la cobdicia al
peligro, rompieron un pedazo de la cerca, é salieron
juntos por aquel lugar que derribaron un golpe de
gente de armas, con los quales salió por capitán el
Marqués de Cáliz ; los otros capitanes salieron , de-
llos por la puerta, dellos por los texados, é otros por
el muro que va de la fortaleza á la cibdad, é pelea-
ron con los moros por las calles, desde la mañana
fasta la noche, do murieron muchos moros, é algu-
nos christianos. Los moros por recobrar su cibdad é
por la defensión de su vida, é libertad de sus per-
sonas, peleaban con todas sus fuerzas ; y esperando
cada hora que les vernia socorro de Granada, dura-
ban en la pelea é no les turbaban las í^ridas é muer-
tes de los que peleando veiaa caer. JjOS christianos,
DON FERNANDO
recelando que todos serian perdidos si la cibdad
fuese socorrida , peleaban con grand ánimo por la
ganar antes que el Key de Granada viniese á socor-
rerlos. Al fin los moros no pudiendo mas sofrir la
fuerza de los christianos, se retraxeron á una mez-
quita grande, que estaba cercana al muro de la cib-
dad, é de allí tiraban tantos tiros de espingardas é
ballestas, que los christianos no podian llegar á los
combatir, salvo con gran peligro; pero recelando
que los moros serian socorridos , cobraron mayores
fuerzas, é con mantas é otras defensas que ficieron,
llegaron á poner fuego á las puertas de la mezquita.
Los moros visto el fuego , como gente desesperada
salieron á pelear , é fueron muertos la mayor parte
dellos, é los otros fueron captivos ; é los christianos
se apoderaron de la cibdad é de las torres que los
moros al principio hablan defendido. Fueron allí to-
mados captivos gran número de moros é moras, an-
simesmo fueron robados muchos bienes muebles,
oro é plata é ganados en gran cantidad , porque
aquella cibdad era rica é de gran trato. Otrosí al-
gunos caballeros é peones pensando que no se po-
dría sostener la cibdad, é que la habían de desam-
parar, quebraron muchas vasijas que fallaron llenas
de aceite, é derramaron el trigo que el Eey de Gra-
nada allegaba de sus rentas en aquella cibdad. Otro-
sí sacaron todos los christianos que los moros tenían
captivos, y estaban metidos en mazmorras. Como
otro día por la mañana se sopo en Granada la toma
de la cibdad de Alhama, vinieron fasta mil moros
á caballo, é llegaron bien cerca de la cibdad por ver
si la pudieran socorrer. É como sopieron que los
christianos eran tantos, é que estaban ya apodera-
dos en todas las torres é puertas , acordaron de se
volver. Pasados quatro días después que aquella
cibdad se tomó, porque los christianos padescian
gran pena del mal olor de los moros muertos que
estaban por las calles é por las casas, acordaron de
echarlos fuera de la cibdad, é allí al campo do es-
taban salían los perros de la cibdad á los comer.
El Roy de Granada sabido como la cibdad de Al-
hama era tomada, vino con muchos moros á caba-
llo é á pié , é puso sitio en el campo do estaban los
cuerpos de los moros muertos que los christianos
habían echado en el campo. É visto por los moros
que los perros los comían , tiraron con las ballestas
é mataron los perros ; é la ira fué tan grande sobre
los de aquella cibdad que fasta los perros della fue-
ron muertos é captivos. El Rey de Granada pensan-
do de recobrar la cibdad , antes que los christianos
fuesen socorridos, porque entendió que no tenían
mantenimientos, ni las otras cosas necesarias para
se sostener, fizóla combatir ; é con el dolor que los
moros tenían por la pérdida de aquella cibdad, por-
que estaba casi en el comedio de su Reyno , llega-
ban al muro, é ponían las escalas por todas partes;
é subían por ellas indiscretamente, no guardando
tiempo, ni llevando pertrechos, mas todas horas, é
con qualesquíer defensas, pensando que la gran
muchedumbre dellos combatiendo por muchas par-
tes, confundirían á los christianos é los vencerían.
É DOÑA ISABEL. 367
El Marqués de Cáliz, y el Conde, y el Adelantado, é
Diego de Merlo é los otros caballeros é Alcaydes,
repartieron sus gentes por el muro é defendíanlo ; é
algunas veces salían fuera á escaramuzar con loa
moros. En estos combates y escaramuzas caian al-
gunos moros muertos é f eridos, porque segim habe-
mos dicho llegaban con loca osadía á los combates
por lugares peligrosos. Al fin no podiendo por com-
bate ganar el muro, pensaron de quitar el agua,é
de echar el rio que iba cerca de la cibdad por otra
parte. Los christianos visto que los moros quitaban
el agua, salieron á pelear con ellos ; pero no pudie-
ron resistir que los moros no quitasen gran parte
del agua, é la que dexaron no se podía beber , salvo
con gran trabajo, porque convenia que peleasen los
unos entretanto que los otros cogían agua para ellos
é para sus caballos , por una mina que salía de la
cibdad al rio. É por esta mengua del agua, todas las
horas del día é de la noche peleaban , é morían mu-
chos de los unos é de los otros. El Marqués y el Ade-
lantado, como se vieron puestos en aquella necesi-
dad, escribieron á las cibdades de Sevilla é de Cór-
doba é á los caballeros de las comarcas que les so-
corriesen é librasen del peligro en que estaban. Otro-
sí embiaron facer saber al Rey é á la Reyna , que
estaban en Medina del Campo , como habían toma-
do la cibdad de Alhama , é la sostenían contra el
Rey de Granada que los tenia cercados. E luego co-
mo en las cibdades de Sevilla é Córdoba y en las
comarcas se sopo que aquellos caballeros habían
tomado la cibdad de Alhama é la necesidad en que
estaban, el Duque de Medínasidonia , como quier
que tenía debates con el Marqués de Cáliz, pero en
aquella hora olvidando el odio se dispuso á los so-
correr ; é juntó luego toda la mas gente de caballo
é de pié que pudo haber de su casa é de otras par-
tes. Otrosí los caballeros é capitanes é alcaydes é
gente que estaban por fronteros, los que mas presto
se pudieron allegar, se dispusieron á socorrer á los
caballeros é gentes que defendían la cibdad.
CAPÍTULO in.
De como el Rey partió de Medina del Campo, é vino á tierra de
moros á socorrer los caballeros que hablan tomado la cibdad
de Alhama.
Como el Rey é la Reyna sopieron que el Marqués
de Cáliz y el Adelantado del Andalucía é Die-
go de Merlo é aquellos otros caballeros, habían
tomado la cibdad de Alhama , é que estaban cerca-
dos de los moros, luego embiaron sus cartas é men-
sageros á todos los caballeros , é cibdades é villas
del Andalucía, mandándoles que con la mayor dili-
gencia que pudiesen juntasen toda la gente de pié é
de caballo de la tierra , é fuesen á los socorrer. El
Rey el dia que lo supo partió de Medina del Cam-
po, é vinieron con él Don Beltran de la Cueva, Du-
que de Alburquerque, é Don Pedro Manrique , Con-
de de Treviño , é Don íñígo López de Mendoza,
Conde de Tendilla, é Don Enrique Enriquez, su Ma-
yordomo mayor, é Rodrigo de üUoa , BU Contador
808
CRÓNICAS DE LOS EEYES DE CASTILLA.
mayor ; é Don Juan de Silva , Conde de Cif uentes
salió de Toledo á ir con él, é á jornadas presurosas
llegó fasta la villa de Adamuz , que es á cinco le-
guas de Córdoba. É como llegó á aquel lugar , el
Duque de Alburquerque le dixo : « Señor, no debéis
»dar tan gran priesa á esta vuestra entrada en tier-
»ra de moros, porque no tenéis gente de Castilla
»con que podáis facer este socorro, sino sola la gen-
»te del Andalucía. É los Reyes vuestros predeceso-
j)res nunca entraron en el Rey no de Granada, sino
» acompañados de gran número de gente de Casti-
» lia. Otrosí Señor, debéis considerar que el Duque
»de Medinasidonia , y el Conde de Cabra, é Don
» Alonso de Aguilar, é los otros caballeros é alcay-
)) des que estaban juntos , son asaz gentes para fa-
» cer este socorro, é no debe Vuestra persona Real
» entrar á lo facer, pudiéndolo facer vuestros súbdi-
»tos ; porque los Reyes que tienen las gentes é los
» capitanes que vos tenéis, basta' que embien algu-
Bnosdellos á facer las guerras que se puedan bien
» facer sin que ellos sean presentes; é sus personas
» deben quedar á los esforzar.» El Rey, oidas aquellas
razones, le dixo: «Duque, si yo partiera de la villa
»de Medina con propósito de socorrer aquellos ca-
»balleros, vos dábades buen consejo ; pero habien-
» do partido con intención determinada de los so-
» correr por mi persona, y estando en el fin del ca-
» mino , cosa seria por cierto contra mi condición
«mudar el primero consejo, no habiendo para ello
«nuevo impedimento ; é por tanto con las gentes
»desta tierra, que están juntos, sin esperar la gente
» de Castilla que habernos llamado, entiendo, con
»el ayuda de Dios continar mi camino.» E luego
embió mandar al Duque de Medina , é al Conde de
Cabra, é á los otros caballeros é alcaydes que iban
á socorrer á Alhama , que le esperasen ; porque él
acompañado dellos quería entrar á la socorrer. El
Duque, y el Conde de Cabra, é Don Alonso de Agui-
lar, visto el mandamiento del Rey, bien le quisie-
ran esperar, según gelo embiaba á mandar ; pero
continaron su camino , porque estaban ya bien den-
tro en la tierra de los moros, y era peligroso ansí á
los que esperaban el socorro, como á ellos, si se re-
traxeran para tornar otra vez á entrar con el Rey,
porque se fatigaba la gente que con ellos iba. El
Rey continó su camino, é llegó á la cibdad de Cór-
doba, é tomó las muías de los que le salieron á rece-
bir, para que en ellas fuesen los que iban con él,
porque las suyas estaban tan cansadas que no po-
dían mas durar. É con la voluntad grande que tenia
de facer aquel socorro , no paró en la cibdad ; por-
que ovo nueva que el Duque de Medina, y el Conde
de Cabra, é los otros caballeros que iban á facer el
socorro, daban priesa en su camino. E fué fasta un
lugar que llaman el Pontón del Maestre , do ovo
mensagero de aquellos caballeros, con el qual le em-
biaron á decir, que no habían podido esperar según
gelo había embiado á mandar, porque los caballeros
é alcaydes que estaban en Alhama los llamaban con
necesidad grande que tenían de ser socorridos. E
Rey quisiera con aqtuellos pocos que iban con él en-
trar en el Rey no de Granada, salvo que los que con
él iban le amonestaron que no entrase, sin que fue-
se acompañado de muchas gentes, por el peligro que
había de las villas é castillos de moros por do había
de pasar. E acordó de estar en la cibdad de Ante-
quera, donde le vino nueva como el Rey de (1) Gra-
nada alzó el cerco que tenía puesto sobre la cibdad
de Alhama ; é no habia esperado á los caballeros é
gentes del Andalucía que iban á pelear con él. Sa-
bido por el Duque de Medina é por el Conde de Ca-
bra, que el Rey de Granada alzó el cerco , é que era
vuelto á Granada, llegaron fasta la cibdad de Al-
hama ; é como asomaron á vista de la cibdad , los
caballeros é alcaydes que estaban en ella, como li-
bres de extremo peligro salieron con deseo á los re-
cebir, é todos ovieron gran placer , los unos porque
ficieron lo que debían, é los otros porque escaparon
de lo que recelaban. El Marqués de Cáliz sabido co-
mo el Duque venia allí con tanta gente á le socor-
rer , informado de los gastos que fizo , é de la dili-
gencia que puso por le sacar de aquel peligro, llegó-
se á él, é después de las primeras saludes le dixo:
« Señor, el día de oy distes fin á todos nuestros de-
» bates ; bien paresce que en nuestras diferencias pa-
»sadas, mi honra fuera guardada, sí la fortuna me
«traxera á vuestras manos, pues me habéis quitado
» de las agenas é crueles» ; é allí se dieron paz, é que-
daron en buena amistad. E porque habían estado en
gran trabajo, ansí de las continas escaramuzas, co-
mo de la falta que tenían de los mantenimientos,
acordaron de salir de aquella cibdad dexándola f or-
nescídade alguna gente que la defendiese, é venir
adonde el Rey estaba. Aquel caballero Diego de
Merlo no quiso salir de la cibdad, porque habia
principiado la toma della, é propuso de no la de-
xar , salvo de la sostener, fasta entregarla al Rey, ó
á su cierto mandado ; é quedaron con él Don Mar-
tín de Córdoba , hermano del Conde de Cabra , é Fer-
nán Carrillo , capitanes con gente de las hermanda-
des , é otros algunos ; para los quales dexaron aque-
llos caballeros que los socorrieron mantenimien-
tos por algunos días fasta tanto que el Rey é la
Reyna la mandasen fornecer de gentes é manteni-
mientos (2).
(1) El Rey de Granada alzó el cerco de sobre Alhama , Viernes
29 de Marzo, después de tres semanas que lo tenia puesto, como
refiere el Cura de los Palacios, que cuenta este hecho con mas
puntualidad, señalando dias y sugetos, que omite Pulgar. Tomó
la nueva al Rey en Lucena, de donde volvió á Córdoba , dexando
por Capitán y Alcayde de Alhama al Asistente Diego de Merlo
con ochocientos hombres de pelea, que era la gente de las her-
mandades. Bernald., cap. 52.
(2) En el MS. del Señor Nava hay añadidas estas palabras:
«Fueron deste socorro el Duque de Medina, y Don Rodrigo Gi-
» ron Maestre de Calatrava , y Don Alonso de Aguilar Señor de la
«casa de Aguilar, y los Condes de Hureña, y Cabra, y López Vaz-
» quez de Acuña Adelantado de Cazorla, y Martin Alonso Señor de
» Alcaudete, y el Alcayde de los Donceles. »
DON FERNANDO
CAPÍTULO IV.
Del debate qae oto sobre la partición del despojo que se tomó
en Albama.
f Como aquellas gentes que tomaron la cibdad do
Alhama salieron della con los despojos que allí
ovieron, ovo gran debate entre ellos é los que vinie-
ron á los socorrer, los quales demandaban parte del
despojo que se ovo de los moros al tiempo que se
tomó, porque según habemos dicho, era en gran
cantidad ; é alegaban pertenecerles, pues por el so-
corro que ellos hablan fecho se habia ganado. Los
caballeros que tomaron la cibdad decian que á ellos
pertenescia todo, é que los caballeros que vinieron
á los socorrer no debian haber parte, por quanto
ellos eran los que con grandes trabajos é peligros
vinieron á ganar aquella cibdad , é sufrieron mu-
chas feridas en los combates que ficieron dende las
torres, y en las peleas de las calles , fasta vencer á
los moros, ése apoderar de toda ella, é los que por
la sostener hablan peleado con los moros todos los
dias que el Rey de Granada los tovo cercados, ó los
que sofrieron mucha hambre é otros trabajos por la
guardar; é que en todo esto las otras gentes que vi-
nieron á los socorrer, no hablan trabajado ni ovie-
ron aventura, salvo solamente que se dispusieron á
venir sin peligro fasta aquel lugar por los socorrer ;
á lo qual eran obligados no solamente como chris-
tianos, que deben facer guerra á los moros, mas co-
mo buenos christianos que deben socorrer á los
chrístianoa. E ¿qué inhumanidad, decian ellos tan
cruel, ó qué cobdicia tan corrupta pnede ser, que se
compare al querer tomar lo ageno ganado de tal
manera é con tantos trabajos? E con la ira que
concibieron decian que no llevarían parte, sino ga-
nándola con derramamiento de sangre de los unos
é de los otros. Las gentes que vinieron al socorro
decian : «A nosotros pertenece, no solamente parte,
» mas todo el despojo que aquí es habido ; porque
B quanto mayores trabajos é peligros vosotros ovis-
»tes, tanto mayor gloria á nosotros se debe impu-
ntar, comoá bornes que á vosotros é á ello libramos
»de muerte é perdición. Verdad es que ganastes este
«despojo, pero vosotros y ello érades perdidos, por-
uque no lo podíades salvar, é nosotros con nuestra
Avenida lo recobramos ; é como cosa por vosotros
«perdida, é por nosotros de nuevo ganada, nos per*
Ktenesce. Básteos, decian ellos, que movidos á com-
)) pasión del peligro en que estábades, aventuramos
«nuestras personas, é fecimos gastos de nuestras
nfaciendas por vos socorrer. E si batalla ni recuen-
»tro no ovimoB con los moros, no se puede decir
nque fuimos, pues los venimos á buscar para vos
«salvar ; y es de considerar el fin en todas las cosas,
«especialmente en las guerras, mucho mas que los
«principios. Deste fin é del interese que por causa
«del ovo, nosotros debemos ser partícipes , que fui-
amos en el efecto final, por donde se acabó de ga-
nnar. E ¿qué ingratitud, decian ellos, puede ser tan
agrande que niegue dar parte de loa bienes álos
É DOÑA ISABEL S69
nque salvan las vidas?» Sobre esta materia los nnos
é los otros, tentados gravemente de la cobdicia, raiz
de semejantes turbaciones, estaban en tanta discor-
dia, que se aparejaban á las armas.
El Duque de Medina, visto el grande daño que
de aquella quistion se esperaba, apartó á los suyos
é mandóles que no demandasen parte de aquellos
bienes; é dixo á los otros que vido mas puestos en
la cobdicia : « Pregúnteos yo, caballeros , ¿ qué guer-
»ra mas cruel nos farian los moros que la que el
»dia de oy queréis facer á los christianos? Por cier-
» to si venimos á dar venganza á nuestros enemigos,
» é perdición á nuestros amigos, debéis •insistir en
» esta demanda que facéis ; pero aquellos que to-
» vieren respecto á Dios é á la virtud , pospuesto el
«interese, aunque sea justo, se deben dexar dello en
«tiempo, por escusar tan grand inconviniente como
«desto que queréis se siguiria. Nosotros, dixo él, no
«venimos aquí á pelear con los christianos en favor
»de los moros, mas venimos por servicio de Dios
« ó del Rey ó de la Reyna á salvar del poder de los
«moros á nuestros hermanos los christianos, ni mó-
«nos venimos con propósito de ganar bienes, mas
«de salvar ánimas : esta fué nuestra intención. E
«pues á loor de Dios es complida, en lugar de le dar
«gracias, no demos pena á nosotros, é gloria á núes-
«tros enemigos. Aquí, dixo, ha de vencer la mag-
«nifícencia á la cobdicia, é la caridad al escándalo,
» que el diablo, envidioso de nuestra virtud, procu-.
«ra para nuestra perdición. Yo vos ruego que les
«dexemos sus despojos , porque si sus trabajos die-
«ron á ellos aquellas riquezas, los nuestros han da-
ndo á nosotros mayor honra, pues gelas dimos jun-
ntamente con la vida.» Vista la voluntad del Du-
que, todas aquellas gentes se dexaron de aquella
demanda, é cesó aquel escándalo que entre ellos so
encendía (1).
CAPÍTULO V.
De los aderexosque la Reyna mandó facer para eontinnarla gner*
ra contra los Moros.
La Reyna , que habia quedado en Medina del
Campo, escribió á algunos caballeros é á otras gen-
tes de las comarcas , que la cibdad de Alhama se
habia ganado á los moros, é oomo el Bey iba á so-
(1) El Cronista omite un sneeso may notab'e qae sncedid al
otro dia de tomada Albama , primero de Marzo. Los moros de
Ronda, Tiendo aquella tierra desierta de cristianos, porque casi
todos estaban en el cerco de Albama , salieron sobre los que ba-
bia con doscientos y sesenta de á caballo. Tomaron todos lus cau-
tiTOS con los ganados que apacentaban, y, sin temor de encuentro
alguno, se Tolvian con la presa á sus casas. Sabido por los cris-
tianos de Utrera, se juntaron hasta setenta y dos de caballo, y
con ellos por capitanes Gómez Méndez de Solomayor, Alcayde de
Utrera, y Mateo Sánchez, Alcayde de Bómos, y dando sobre los
moros en un cerro que dicen el lomo del Judio, que está dos le-
guas de Bórnos, los desbarataron, mataron ciento dellos , y les
tomaron toda la presa que llevaban, y i mas noTcnta caballus coa
muchas armas y otras cosas , todo con muerte de solos quatro
cristianos. Refiérelo el Cura de los Palacios, Hisl. de ¡os Rey»
Catól., cap. 57. Zurita lo cuenta con alguna díTersidad en el nu-
mero. Anal., üb. 20, cap, 43.
24
370
CRÓNICAS DE LOS RETES DE CASTILLA.
correr los caballeros que la habían tomado ; y em-
bióles mandar que luego partiesen , porque pudie-
sen entrar con él en el Reyno de Granada. Embió
ansimesmo sus cartas de apercebimiento á todos los
caballeros y escuderos que tenian tierras é acosta-
mientos della , mandándoles que estoviesen prestos
con sus armas ó caballos para quando los embiase
á llamar para la guerra que entendía facer contra
el Rey é Reyno de Granada. E porque ella ansi-
mesmo entendía de ir en persona al Andalucía, para
proveer en las cosas que fuesen necesarias , embió
también llamar á su Condestable para le dar cargo
de la gobernación de las tierras é provincias de
allende los puertos. El Condestable vino luego al
llamamiento de la Reyna, ó quando sopo que el Rey
era partido para el Andalucía, demandó licencia á la
Reyna para le ir á servir. La Reyna le dixo que no'
compila al servicio del Rey ni suyo que fuese al
Andalucía, porque había determinado de le dexar el
cargo de la justicia en toda la tierra de allende los
puertos , juntamente con el Almirante Don Alonso
Enriquez. El Condestable le respondió : « Señora, si
»en estas partes oviese necesidad de guerra, como
j)la hay en el Andalucía, seria en vuestra elección
B mandar que os sirviese en qualquiera de las guer-
nras que mandásedes ; pero habiendo, por la gracia
D de Dios , paz en todos vuestros Reynos , é guerra
»con los moros, ¿es cosa razonable que yendo el Rey
»á la guerra, quede yo en la tierra pacífica, tenien-
B do como vuestro Condestable el cargo principal de
j) vuestras huestes? Por ende humildemente suplico
j)á Vuestra real Magestad que no me mande facer
n aquello que yo habría por mal , é las gentes no
Bhabrian por bien si lo ficiese.» La Reyna, vista la
voluntad del Condestable, dióle hcencia que fuese
con el Rey , el qual era ya vuelto á la cibdad de
Córdoba, do esperaba á la Reyna. La Reyna proveí-
das las cosas necesarias á la tierra de allende los
puertos, dexó en ella al Almirante con sus poderes
reales, é mandó á ciertos doctores del su Consejo
que quedasen con él. E proveídas ansimesmo de
Corregidores é Asistentes algunas cibdades é vi-
llas de aquellas partes, donde entendió que era ne-
cesario, partió de la villa de Medina, ó fué para la
cibdad de Toledo, donde estovo los tres dias de
Pasqua de Resurrección. E como quiera que estaba
preñada é trabajada del camino, pero luego otro
día partió de Toledo , é fué para la cibdad de Cór-
doba, donde el Rey la estaba esperando.
CAPÍTULO Vi.
Como el Rey do Granada tornó & poner real sobre los qne queda-
roa en la cibdad de Alhama.
El Rey de Granada , quando sopo que el Marqués
de Cáliz é aquellos otros caballeros eran salidos de
la cibdad de Alhama, acordó de tornar á ella con
gran número de moros , é cercóla por todas partes,
é con los pertrechos que traía fizóla combatir por
los lugares que se podía entrar. E los moros traba-
jaban mucho en los combates y escaramuzas que
habían con los christianos, á fin de cobrar aquella
cibdad ; porque entendían que los lugares que son
en su comarca no podían tener seguridad si aque-
lla cibdad fuese poseída de christianos. Diego de
Merlo, é Don Martín de Córdoba, é Fernán Carrillof
capitanes, pusieron gran diligencia en la guarda,
é algunas veces salían á escaramuzar con los mo-
ros por los apartar del muro ; y en aquellos comba-
tes y escaramuzas recebian daño del artillería que
traían los moros. Un día (1) por la mañana , ha-
biendo peleado toda la noche, acordaron los moros
de escalar la cibdad por la parte de abaxo , donde
es lo mas fuerte della, ó por donde no se recelaba
que se podía entrar por escala. Puestas las escalas,
subieron los moros á gran peligro, é fallaron una
vela dormiendo , é matáronla. Otra fué á grandes
voces á las otras partes donde combatían , diciendo
como la cibdad por aquella parte era entrada de los
moros. E antes que los christianos socorriesen , ya
estaban dentro de la cibdad fasta setenta moros
bien armados, con los quales los christianos comen-
zaron á pelear por tres partes. Otros fueron al lugar
por donde los moros subían con las escalas á les de-
fender la subida , é pelearon con ellos, é ficiéronlos
retraer ; é algunos descendían por las escalas por
do habían subido, é á otros algunos facían saltar
por las peñas abaxo. E defendieron los christianos
aquel lugar por donde los moros subían, de manera
que no pudieron subir mas. Los otros moros que pe-
leaban por las calles , visto que no subían mas mo-
ros á los ayudar, perdido el esñxerzo que tenian en
la pelea , fueron vencidos , ó dellos fueron presos,
dellos muertos, é algunos fueron feridos, y escapó
la cibdad de ser tomada.
El Rey de Granada visto como la no podía to-
mar, alzó el real, é volvió con toda su gente para la
cibdad de Granada con propósito de convocar todos
los moros de su Reyno , é tornar otra vez á la cer-
car, porque estando aquella cibdad por christianos,
ninguna seguridad tenian los moros. Algfunos ca-
balleros é capitanes , especialmente del Andalucía,
que sabían aquellas tierras de moros, é conocían el
sitio é la comarca de la cibdad de Alhama, é los pe-
ligros que había para entrar á ella, considerando
que no se podía bastecer , salvo con gastos é traba-
jos grandes , por los muchos lugares de moros que
estaban en el circuito, consejaban al Rey é á la Rey-
na que la mandasen derribar. E decían que ya ha-
bía seydo ganada otra vez por el Rey Don Fernan-
do su trebísabuelo , é considerada la dificultad que
había en la sostener la ,habían desamparado. E de-
cían que era necesario juntar cinco mil rocines ó
muchos peones cinco ó seis veces en el año , para
meter la recua de los mantenimientos para los qu©
la guardasen , porque de otra manera no podía ser
proveída. E que estos juntamientos de gentes, tan-
(1) Fué esto i 20 de Abril. Duró el cerco cinco diaí, al cabo do
los quales lo alzó el Rey temeroso de las gentes que venian coa
el Rey Don Fernando. En su defensa se señalaron Pedro de Pi-
neda, y Don Alonso Ponce, deudos ambos de la casa del Marqués
de (;:ádiz. zurita, Hb, 30, cap, 43.
DON FERNANDO
tos y en tan poco espacio de tiempo, serian dificilea
é mny costosos , los quales no se podían escusar, si
la cibdad de Loxa no se ganase, E que Loxa era
gran cibdad, é para poner sitio sobre ella no había
tiempo, porque era ya el principio del mes de Mayo,
el qual se pasaría en la entrada que el Rey quería
facer á bastecer á Alhama; y era menester mas
tiempo, ansí para juntar lac gentes , como para ha-
ber las provisiones que fuesen necesarias traer de
Castilla, porque en el Andalucía aquel año había
habido mengua de mantenimientos. A la Reyna no
placía de aquel voto, é decía que bien conocía co-
mo en todas las guerras se recrecían gastos é tra-
bajos , é con aquel presupuesto ol Rey y ella ha-
bían deliberado de proseguir la conquista contra
el Reyno de Granada ; é pues aquella cibdad era la
primera que se había ganado, entendía que seria
imputado á mengua si se desamparase. Habido por
el Rey é por la Reyna aquel acuerdo , luego el Rey
partió de la cibdad de Córdoba, y con él el Carde-
nal de España, y el Duque de Villahermosa, y el
Condestable Don Pedro de Velasco, é Don Luís de
la Cerda, Duque de Medínacelí, é Don Iñigo López
de Mendoza , Duque del Inf antadgo, y el Duque de
Alburquerque, é Don Alonso de Cárdenas, Maestre de
Santiago, é Don Rodrigo Tellez Girón, Maestre de
Calatrava, y el Marqués de Cáliz, é Don Diego Ló-
pez Pacheco, Marqués de Víllena, y el Conde de
Cabra, y el Conde de Treviño, é Don Alonso Tellez
Girón, Conde de Urueña, é Don Iñigo López de
Mendoza, Conde de Tendilla, ó Don Diego Hurtado
de Mendoza, su hermano , Obispo de Palencía, que
fué después Arzobispo de Sevilla, é Patriarca de
Alexandria, é Cardenal de España, y el Conde de
Cifuentes, é Don Gutierre de Sotomayor, Conde de
Belalcazar, é Don Enrique Enriquez, Mayordomo
mayor del Rey, é Don Alonso, Señor de la Casa de
Aguílar, é Don Gutierre de Cárdenas, Comendador
mayor de León, é Rodrigo de Ulloa, é Don Juan
Chacón, Contadores mayores del Rey é de la Rey-
na, é otros muchos caballeros de Castilla , que la
Reyna mandó venir á la servir, é otros algunos del
Andalucía ; é fueron con el Rey á la cibdad de Eci-
ja, é dende continaron su camino fasta que entra-
ron en tierra de moros con fasta ocho mil homes á
caballo, é diez mil peones. E llegó el Rey (1) con
el Cardenal de España é con toda aquella hueste á
la cibdad de Alhama, é bastecióla é fortalecióla de
todas las cosas necesarias para su defensa ; é sacó
della á aquel caballero Diego de Merlo, é á los otros
capitanes é gente que en guarda della habían que-
dado ; é regradescióles los trabajos que habían ha-
bido en la defender , é dexó en ella por capitán á
Luis Fernandez Puertocarrero, Señor de Palma; é
mandó á Diego López de Ayala , é á Pero Ruiz de
Alarcon, é á Alonso Ortiz, capitanes de quatrocien-
tas lanzas de las hermandades, que quedasen con
él ; é dexó ansimesmo con ellos fasta mil peones á
pié. E con quarenta mil bestias que iban en suhues-
' íUlBiesto áj.atp.rceie.«ayq de «te afid, BernaW,, cap, 55. ,
É DOÍÍA ISABEL. 37Í
te cargadas de mantenimientos basteció la cibdad
por tres meses de las cosas necesarias. El Rey ó la
Reyna fundaron tres iglesias en tres mezquitas
principales que había en aquella cibdad : la una
iglesia fundaron á la vocación de Santa María de la
Encarnación, é la otra á la vocación de Santiago , é
la otra de Sant Miguel , las quales consagró el Car-
denal de España , é la Reyna las dotó de cruces é
cálices é imagines de plata, é de libros, é ornamen-
tos, é de todas las otras cosas que fueron necesarias
al culto divino. E allende desto movida con devo-
ción, propuso de labrar con sus manos algunos de
los ornamentos para aquella iglesia de Santa María
de la Encarnación, por ser aquella la primera igle-
sia que fundó en el primer lugar que se ganó en
esta conquista.
CAPÍTULO VII.
De la tala que el Rey flzo en la vega de Granada, é como It Rey-
na mandó llamar gente, é traer provisiones para cercar á Losa.
Entretanto que estas cosas pasaban, la Reyna,
que quedó en Córdoba, mandó facer repartimiento
por todas las cibdades é villas del Andalucía é de
Estremadura, é las tierras de los Maestrazgos de
Calatrava, é Santiago, é Alcántara , é del Priorazgo
de San Juan, é de todo el Reyno de Toledo, é allen-
de los puertos, fasta las cibdades de Salamanca, é
Toro, é Valladolid, é de aquellas comarcas, de cier-
to número de pan é vino é ganados é sal é puercos;
é mandó que lo traxesen la meytad en fin de Junio,
é la otra meytad en Julio al real que el Rey había
de poner sobre la cibdad de Loxa, é que cada uno
lo vendiese al precio que mejor pudiese. E mandó
ansimesmo dar sus cartas para todas estas tierras é
para todas las otras de sus Reynos fasta Vizcaya é
Guipúzcoa para que embiase cada un pueblo al real
de sobre Loxa cierto número de caballeros é peo-
nes. Otrosí mandó traer lombardas é otros muchos
tiros de pólvora, é facer los otros aparejos que fue-
ron menester para aquel sitio. El Rey como baste-
ció de gentes é mantenimientos la cibdad de Alha-
ma, é fizo algunas talas en los lugares de la vega
de Granada, volvió para la cibdad de Córdoba, é
mandó á todos aquellos caballeros que con él fue-
ron que ficiesen venir la mas gente que pudiesen
traer de sus casas, é que estoviesen prestos para ir
con él al real que entendía poner sobre la cibdad de
Loxa. Los moros temiendo los males que déla guerra
geles habían seguido, é recelando de los haber ma-
yores, embiaron sus Alfaquíes á publicar por todos
los reynos é pueblos de África el gran daño que re-
cebian, é la necesidad en que estaban por la guerra
que el Rey é la Reyna de España les facían , é que
temían perdición de la tierra, si no les embiaban
ayuda de gentes é mantenimientos. Sabido esto por
el Rey é por la Reyna, mandaron facer armada de
naos é galeras por la mar, de las quales eran capi-
tanes Martín Díaz de Mena, é Charles de Valera, 6
Arriaran. Estos capitanes por mandado del Rey é
del.^ Reyn^ esiatián continamente en el estrecho do ,
372
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Gibraltar, é andaban por los puertos de África, é
f acian guerra á los Moros é no dexaban pasar na-
vios de lá una parte á la otra.
CAPÍTULO VIII.
Como el Rey puso Real sobre la cibdad de Loxa , é lo que allí
pasó (1).
Traídos los mantenimientofl, é junta la gente de
pie é de caballo que la Reyna mandó llamar, el Rey
partió de la cibdad de Córdoba, é fueron con él los
caballeros é capitanes que le sirvieron en la tala que
habia fecho en la vega de Granada ; é siguiendo su
camino con sus batallas ordenadas , llegó cerca de
la cibdad de Loxa, é asentó su real entre los olivares
que estaban en unos valles é grandes cuestas cerca
del rio de Guadaxenil. Asentado el real, la gente de
la hueste ovo gran mengua de pan cocido , porque
todo lo que hablan traido era ya gastado ; é como
quier que habia gran cantidad de harina , pero no
ovo tiempo de facer en el real los hornos que eran
necesarios de se facer para cocer el pan, é las gentes
en dos dias que duró el asiento del real , comían el
pan cocido en las brasas. El Rey por mayor segu-
ridad de la hueste, mandó á Don Rodrigo Tellez Gi-
rón, Maestre de Calatrava, é á su hermano el Conde
de üruefia, é al Marqués de Cáliz , é al Marqués de
de Víllena , é á Don Alonso , Señor de la casa de
Aguilar, que con sus gentes se aposentasen en una
cuesta que está cerca de la cibdad , á quien los mo-
ros llaman Santo Albohacen. Los otros caballeros
pusieron sus estanzas cada uno en el lugar donde lo
fué sefialado por el Rey. Los moros que estaban en
la cibdad, que serian fasta tres mil homes de pelea,
con un capitán que se llamaba Abrahen el Alatar,
home muy esforzado é cursado en la guerra , salían
de la cibdad á pelear por todas partes con los chris-
tianos que estaban en la guarda y en las estanzas. Y
en estas peleas los christianos recebian algún daño,
porque el real estaba asentado en tan grandes cues-
tas , é había tan grand apartamiento de las unas
cuestas á las otras, que no podían prestamente ayu-
darse irnos á otros, porque la dispusícion de los lu-
gares gelo empedia. Aoaesció que el Sábado siguien-
te, que fué el quarto día que el real fué asentado, los
moros acordaron de salir con gente á pelear con
los que guardaban aquella estanza de Santo Albo-
hacen , que habernos dicho que fué encomendada al
Maestre de Calatrava , é á los Marqueses de Cáliz é
Villena, é al Conde de üruefia, é á Don Alonso de
Aguilar. Aquellos caballeros visto que los moros
cometieron la pelea con la guarda que tenían pues-
ta, salieron á pelear con ellos ; é los moros se pu-
sieron en f uida, á fin de apartar bien á los christia-
nos de su estanza, é como los vieron apartados, so-
brevino otra esquadra de moros que estaba puesta
en celada, é subieron muy prestamente á la estanza
de aquellos caballeros, donde habia quedado en
(i) El cerco de Lota fué i primeros de Jalio. El samarlo de
Galindez se&ala la muerte del Maestre de Calatrava en tres de di-
cbo mes.
guarda poca gente. É con aquellos alaridos qae loi
moros sudlen pelear , entraron en ella , é mataron
algunos christianos , é tomaron algunas cosas que
de presto pudieron haber. Aquellos caballeros visto
que los moros por otra parte habían subido la cues-
ta donde estaban sus tiendas, dexaron de seguir los
moros que iban en f uida , é tomaron á socorrer su
estanza , é pelear con los moros que la habían to-
mado. É luego los moros que iban en f uida , visto
que los christianos tornaban á socorrer su estanza,
siguiendo su manera antigua de pelear , volvieron
contra los christianos, é allí pelearon por espacio de
una hora , fasta que los moros visto que cargaban
sobre ellos mas gente, se retraxeron á la cibdad. En
aquella pelea murió el Maestre de Calatrava de dos
saetadas que le dieron. Fué la una por baxo del bra-
zo, por la escotadura de las corazas, tan mortal que
incontinente fué á caer del caballo , como cayera,
si no porque Pedro Gasea, caballero de Avila , que
iba á su lado, se abrazó con él, é le tomó, é llevó an-
sí fasta su aposento , donde murió dende á poco.
Desta muerte pesó mucho al Rey é á la Reyna, é co-
munmente á todos los que le conoscían , porque era
mozo, é de poca edad,é buen caballero, é de bue-
nos deseos.
CAPÍTULO IX.
De como se alzó real de sobre Lota.
El Rey visto, que ansí los caballeros que estaban
en aquella cuesta de Santo Albohacen como to-
dos los otros que guardaban las otras estanzas , es-
taban en peligro por la dispusícion de los lugares,
acordó de retirar el real de aquellos valles ó barran-
cos donde estaba, é ponerlo en un lugar que se lla-
ma Río Frío, apartado un poco mas de la cibdad, y
esperar allí las otras gentes que habían de venir,
para asentar dos reales sobre la cibdad ; porque de
otra manera no se podía empedir á los moros la en-
trada de los mantenimientos , ni el socorro de las
gentes que les podía venir por la sierra que estaba
de la otra parte del real. Este acuerdo tomado Sá-
bado en la tarde , luego otro día Domingo por la
mañana, antes que se pregonase la mudanza del
real, visto por alguna gente de los concegiles, é al-
gunos otros de los que venían á servir en aquella
guerra, que se alzaban algunas tiendas del real, en
especial las tiendas de aquellos caballeros que te-
nían la cuesta de Santo Albohacen ; é visto que los
moros luego la subieron é se apoderaron della, re-
celando que de noche habia entrado gran multitud
de moros, no esperaron tiempo para saber la ver-
dad, ni tovieron esfuerzo para esperar la pelea, ni
menos atendieron mandamiento del Rey ni do sus
capitanes para lo que habían de facer. £ pensando
fallar mas presta la salud en la fuida que en la
fuerza de sus manos, sin nengun perseguidor, se
pusieron en torpe fuida , tan sin tiento, que ningu-
no de los capitanes ni otros caballeros de los prin-
cipales los pudieron detener. El Rey é los capitanes
é caballeros que con él estaban, visto aquel descon<
DON FERNANDO
cierto, y el peligro grande en qne todos estaban por
la fuida indiscreta de aquellas gentes, mostraron el
ánimo de fortaleza qne fué necesario en tal tiempo
á la salud de todos, é fícieron rostro á los moros que
ealian de la cibdad para ir en seguimiento de aque-
llas gentes que fuian. É cada uno de aquellos caba-
lleros en su estanza con sus criados y las gentes de
sus casas pelearon con los moros , é fíciéronlos re-
traer. El Key con algunos caballeros púsose á ca-
ballo en un lugar bien peligroso de los tiros de pól-
vora é ballestas que los moros tiraban; é desde aquel
lugar proveía á los lugares mas flacos que entendía;
é mandaba á algunos que fuesen ayudar á otros an-
al ¿ pié como á caballo. Duró la pelea en gran pena
é fatiga de los christianos todo aquel dia, fasta que
ovo lugar de se alzar el real, é se alzó toda la arti-
llería. É todo ello puesto en salvo , el Rey é todos
los caballeros é capitanes principales vinieron á Rio
Frió adonde hablan acordado de venir; ó de allí vi-
no para la cibdad de Córdoba donde la Reyna esta-
ba. Algunas tiendas é mantenimientos que estaban
en el real no se pudieron salvar por falta de bestias
en que se cargasen ; porque eran partidas del real
para traer otros mantenimientos. El daño que los
christianos en aquel desbarato recibieron no fué
grande, pero fuera sin dubda mayor, no solamente
de los que allí se acaescieron, mas generalmente de
todos los de Espafia, si el Rey é los caballeros é ca-
pitanes principales no repararan con esfuerzo la fui-
da que aquellas gentes, que habemos dicho, ficie-
ron. El Condestable en aquella f acienda recibió tres
golpes en la cabeca. El Duque de Medinaceli fué
derribado de los moros en el suelo , é sooorrido de
los suyos. El Conde de Tendilla que tenia estanza
mas cercana al muro de la cibdad que otro, recibió
grandes golpes é f cridas peleando ; é fuera muerto
ó preso, sino porque fué socorrido de Don Francis-
co de Stúñiga, fijo del Duque de Plasencia, que con
la gente de su padre á gran peligro se metió entre
ellos, faciendo estrago en los moros por le salvar.
liOS dichos Conde é Don Francisco salvaron aquel
dia mucha gente del real que no peligrasen. El Mar-
qués de Cáliz con los continos de su casa peleó con
los moros por la parte do estaba , é fizo retraer del
alcance adonde iban siguiendo á los christianos. É
todos los fijosdalgo é caballeros continos de la casa
del Rey é de la Reyna pelearon con aquel esfuerzo
é osadía que la extrema necesidad pone á los varo-
nes fuertes por salvar las vidas é guardar las hon-
ras. El desbarato, ó mas propriamente f ablando, el
desconcierto que los christianos en aquella jornada
©vieron, procedió principalmente de tener en poco
las fuerzas del enemigo ; é de allí se siguió que no
fué bien mirado el sitio donde se habla de poner el
real antes que se asentase ; por la dispusicion del
qual los christianos recebian grandes daños. Otrosí
por el orgullo de alguno de los principales , que no
creyendo que los moros esperasen en aquella cib-
dad , fueron negligentes en proveer las cosas nece-
sarias para la hueste que en reino estrafio entra á
facer guerra. Quando la Reyua, que estaba en Cor-
É DOÑA ISABEL. 373
doba , sopo que el real puesto sobre Loza se había
alzado, é que no habia durado sino solos cinco dias,
informada de la manera que se alzó, pesóle mucho,
asi porque con gran diligencia habia trabajado en
todas las cosas necesarias para el proveimiento de
aquel real, como por el orgullo que los moros toma-
ban en verse tan presto libres del trabajo que rece-
laban. Pero ninguno pudo conocer en sus palabras
ni autos el gran sentimiento que tenia ; é propuso de
lo reparar, aderezando las cosas necesarias para que
el Rey tornase á entrar luego poderosamente en
tierra de moros á les facer daños é bastecer á Al-
hama. Alg^imas de las gentes que quedaron en la
cibdad de Alhama con Luis Fernandez Puertocar-
rero, é con Pero Ruiz de Alarcon, é con los otros ca-
pitanes que el Rey dexó en guarda de aquella cib-
dad, esperaban que se tomaría la cibdad de Loxa, é
que ellos habrían loable fin de los trabajos que por
sostener aquella cibdad habían pasado. É quando
sopieron que el real se habia alzado de aquella ma-
nera, é que el Rey era tornado con toda la hueste
para la cibdad de Córdoba, recelando que serían
cercados de gran multitud de moros á quien no po-
drían resistir, decían que seria buen consejo salir
de aquella cibdad, é la desamparar. Esta f abla quo
andaba de unos en otros los enflaquescía, é ponía
en tal miedo, que si á la hora los moros vinieran, to-
vieran poca ó ninguna resistencia. É como vino á
noticia de los capitanes, antes que aquellos que es-
to murmuraban osasen mas fablar, ni el temor se
estendíese á otros, aquel capitán Puertooarrero
acordó de les fablar en esta manera.
«Bien sabéis, caballeros, que fuisteis escogidos
sen la hueste del Rey é de la Reyna por varones
«esforzados para sofrir los peligros é pasar los tra-
ubajos que en la guarda desta cibdad se requieren;
ué de vuestra voluntad ofrecisteis á ello vuestras
Dpersonas, por haber honra en esta vida, é gloría en
}>la otra. Ansímesmo habéis mostrado fasta aquí
Ddevocion de buenos chrístíanos, y esfuerzo de no-
utables varones en la defensa destos muros é of en-
»sa de los moros de quien esperamos ser cercados é
«combatidos. Agora estos capitanes é yo habemos
«sabido que después que el Rey alzó el real que te-
unía sobre la cibdad de Loxa , habéis mostrado fia-
»queza en algunas f ablas, diciendo unos á otros que
»esta cibdad se debe desamparar por el peligro sin
«remedio que en ella se espera. E si ello es ansí,
»bien daríamos á entender que mostramos esfuerzo
«fingido quando no era menester, pues en el verda-
sdero fallescemos quando es necesario. Verdad es,
ícaballeros, que el Rey, no por el desbarato que fi-
»ciesen los moros, mas por el desconcierto que ficie-
íron algunos christianos, alzó el real que tenia pues-
»to sobre la cibdad de Loxa, é que es vuelto con to-
nda su hueste á la cibdad de Córdoba. É aun quiero
»que sepáis que por esta causa nosotros quedamos
»aquí sin aquella esperanza del presto socorro que
«prímero teníamos. Pero, si vencidos ya de flaqueza,
]>acordásemos desamparar esta cibdad , que fué de
»no8otroB confiada, ¿por qué lugar os parece que po-
374 CRÓNICAS DE LOS
»demo8 salir desta tierra para salvar la vida de to-
3>do8, pues vemos que uno solo que embiamos, á gran
«ventura se puede salvar, que no sea preso, ó muer-
Dto? Mucho querría yo, caballeros, que si proveéis
))al daño que receláis esperando , remediásedes á la
«muerte que se espera fuyendo ; é si en lo uno y en
»io otro hay peligro , escogiésemos el de menor da-
»ño é de mayor honra. É porque esperando es cier-
»ta la gloria, é fuyendo es dubdosa la vida é cierta
vía deshonra, á mí me paresce que no solamente de-
wbemos aquí esperar faciendo nuestro deber , mas
Jique debemos dar gracias á Dios, á quien plogo que
»á nosotros mas que á otros se ofresciese este caso,
2>en el qual dando buena cuenta á Dios de nuestras
íánimas, é al Rey de su cibdad, é al mundo de nues-
»tra virtud, fagamos larga, por fama, esta vida breve
»de días. Mayormente que no nos vienen de nuevo
ílos peligros, las necesidades, los trabajos que en la
3)defensa desta cibdad se requerían; cuando nos
«ofresciraos á la guardar, todo nos fué presente
wquando aquí venimos y entramos. Agora si por so-
dIo miedo sin ninguna fuerza desamparásemos es-
j)t08 muros que nos fueron encomendados, de razón
«seríamos reputados como los homes livianos que á
Dtoda cosa se ofrecen sin deliberación , é se retraen
»della con vergüenza ; los quales queriendo antes de
»la afrenta parescer esforzados, son soberbios ; pues-
3)tos en ella, enflaquecen é caen. Contrario de los va-
»rones fuertes, que son templados, é no se ofrescen
»á toda empresa , mas eligen con deliberación aque-
))lla donde muriendo ó viviendo resplandesce su
«loable memoria. E pues el dolor es de las cosas
«presentes, el temor de las futuras, é nosotros no
«tenemos llagas que doler , ni vemos aun fuerzas
«que temer, yo vos ruego que no sea menos fuerte
«nuestro ánimo para la obra, que fué nuestra pala-
3>bra para la promesa ; é que arméis vuestros cora-
jzones de fortaleza, no por premia del capitán , mas
»por premia de la virtud ; no por esperanza de in-
«terese, mas por haber el claro nombre que da la
«fortaleza, que se muestra, no combatiendo lo flaco
jmas resistiendo á lo fuerte, é tiene mayor grado
«esperando al que comete, que cometiendo al que
«espera. No quiero yo negar el miedo á todo home
«quando espera mayores fuerzas ; mas el temor an-
«sí como face caer á los flacos, ansí pone esfuerzo
3)á los fuertes : los quales no son vencidos de mie-
«dos vanos, ni de amenazas inciertas, mas miran las
ícosas según su realidad, é no según la pasión que
«ocupa el entendimiento. Nosotros debemos consi-
«derar que estos maros son fuertes, si nuestra fla-
«queza no los ficiere flacos , é que tenemos para los
«defender artillería é armas y el bastimento quepa-
»ra asaz dias es necesario. ¿ Qué pues f allesce aquí,
«salvo esfuerzo de buenos homes, é devoción de
«buenos christianos, para pelear en defensa de nues-
«tra fe, por el ensalzamiento de la qual con tanto
«mayor vigor debemos pelear , quanto mas verda-
«dera es nuestra santa ley que su mentirosa seta ?
«Pensemos ansimesmo , caballeros , en los casos de
ola fortuna que muchas veces acaescen. Por ventu-
REYES DE CASTILLA.
»ra estos moros, cuya fuerza receláis , no vemán
«por la división que hay entre ellos , ó si vinieren,
«por ventura habrán tal discordia , que los desbara-
»te , como ha acaescido en muchas huestes. Vimos
7)la esperanza que poco ha teníamos dé haber la cib-
«dad de Loxa por la fuerza de la gente que el Rey
«traxo sobre ella, é conocimos el grande miedo quo
«tenían los moros de la perder ; pero vimos quanto
í>se fizo en contrario de lo que nosotros esperába-
«mos é los moros recelaban. É nosotros^ christia-
«nos, ¿por qué perderemos aquella esperanza de la
Dsalvacion de nuestra cibdad que los moros ovieron
»de la suya? No creáis, caballeros, que puede nin-
Dguno dar juicio cierto en los fechos de las bata-
«llas , porque son muchos é varios. La dispusicion
»del lugar , la fortuna del tiempo , la hora , el sol
«contrario , la muerte de un home , la flaqueza de
«otro, una voz, un alarido, un caso que se atravie-
»sa, es causa de ser vencidos los muchos que espe-
«ran ser vencedores. Léese que el capitolio de Ro-
«ma, tomada ya por los Franceses la cibdad, fué re-
«cobrado por el graznido de un ánsar que despertó
«las velas. É nosotros ¿por qué perderemos esperan-
«za de haber en nuestro favor alguno de los seme-
« jantes casos? Como quiera que de tal manera nos
3>debemos proveer, que seyendo ó no seyendo la
afortuna favorable, demos loable fin á nuestro buen
^principio.
«Bien creo yo, caballeros, que mis razones des-
»piertau vuestra virtud para ser constantes ; pero
Dtambien creo que vos engaña el amor de la vida, é
«vos turba el temor de la muerte para tener entera
í>constancia. E querría preguntaros ¿á qué lugar
«fuera de aquí iremos que no tengamos este miedo?
»ó ¿ qué otra cosa son á toda edad los dias de la vi-
j)da, sino ciertas é presurosas jornadas para llegar á
jla muerte, para la qual todos nos debríamos apa-
srejar, pues ninguno la puede fuir? Porque temer
«aquella cosa que escusar no se puede , por cierto
«extrema flaqueza es , mayormente á nosotros que
«tomamos oficio que nos obliga toda hora á muerte
«honrada, é nos defiende f uida torpe. E si teméis de
«morir mancebos no habiendo aun gozado del en-
«gafioso dulzor desta vida, fallareis que mas muer-
»tes é mucho mas llorosas sufrió el Rey Príamo que
«vivió mucho, que Troylo que vivió poco. Deseche-
«mos pues los sentimientos que las vejezuelas flacas
«facen por los que mueren antes de tiempo, porque
^ninguno puede morir mal si vivió bien. E no pen-
«seis que Dios sea perezoso en los actos humanos;
í>mas algunas veces proluenga sus remedios , á fia
«de experimentar la virtud de la constancia que de-
j)bemos tener en las tentaciones y extremas necesi-
«dades. Por esto, capitanes, é por mí vos seguro, que
«entendemos morir defendiendo á Alhama , é no vi-
«vir captivos de los moros en el corral de Granada.
«Como quiera que debemos tener firme esperanza,
«que ni nuestro Dios desamparará su pueblo, ni
«nuestro Rey olvidará su gente.» Este razonamien-
to fecho, todos aquellos caballeros y escuderos é peo-
nes cobraron nuevos corazones, ó projpusieron de
DON FEBNANDO
gaardar aquella cibdad , é morir en la defensa de-
11a. E luego aquellos capitanes pusieron sus estan-
zas por todo el muro, en los lugares que entendieron
ser necesarios, é repartieron ansimesmo el pan que
era menester á cada uno ; la carne les f allescia por-
que los moros les hablan llevado los ganados que
se apascentaban cerca del muro, é comian carne de
caballos é bebian agua porque el vino les habla fal-
tado. Sabido por el Key de Granada que el real de
Loxa se alzó de aquella manera que habernos dicho,
luego juntó sus gentes, é con dos mil homes á caba-
llo é diez mil á«pié, vino sobre Alhama (1), con pro-
pósito de la combatir ; porque entendió que ligera-
mente la podría tomar, ansí por la falta que tenian
de mantenimientos, como porque entendió que no
podría ser tan presto socorrida. E puso su real bien
cerca de los muros de la cibdad , é combatióla por
algunas partes , por donde entendió que se podria
tomar. Pero los christianos defendieron el muro de
tal manera , que los moros no lo pudieron entrar. El
Rey é la Reyna sabida la mengua de mantenimien-
tos que habla en Alhama, é que el Rey de Granada
había venido sobre ella , luego tornaron á llamar
fasta seis mil homes á caballo é diez mil peones, con
propósito de ir el Rey en persona á socorrer á Al-
hama, é mandaron traer veinte é cinco mil bestias
cargadas de vino é de las otras cosas necesarias pa-
ra el proveimiento de aquella cibdad. Como todas
las cosas fueron prestas, el Rey partió de Córdoba,
é fueron con él el Maestre de Santiago, y el Condes-
table, y el Marqués de Cáliz, é Don Diego Fernan-
dez de Córdoba, Conde de Cabra, y el Conde de Be-
navente, y el Conde de Trevifio , y el Conde de Be-
lalcázar, é los alcaydes é capitanes é gentes de las
cibdades de Córdoba, é Sevilla, y Ecija , é Carmena.
El Rey moro, quando sopo que el Rey venia á so-
correr á los que estaban en Alhama , luego alzó el
real que tenia puesto sobre ella , é volvió para la
cibdad de Granada. El Rey llegó fasta la cibdad de
Alhama, ó bastecióla de todas las cosas que fueron
necesarias. E porque sopo los grandes trabajos é pe-
ligros que Luis Fernandez Puertocarrero é los otros
capitanes que con él estaban, sofrieron por sostener
aquella cibdad, gradeciógelo mucho é descargólos
de aquel cargo. E puso en la cibdad por capitán á
Don Luis Oso rio , Arcediano de Astorga, que fué
después Obispo de Jaén ; é mandó estar con él otros
capitanes é gente nueva de caballo ó de pié, para la
guardar.
CAPÍTULO X.
Como el Rey entró á talar la vega de Granada , é como los chris-
tianos perdieron la villa de Cañete.
Como el Rey ovo bastecido á Alhama , andobo
por aquella tierra de moros faciendo talas , é que-
mando algunas alearías , é faciendo otros daños ; é
luego volvió con toda su hueste para la cibdad de
(1) Deste tercer cerco no hablan los demás historiadores. El
Cara de los Palacios tampoco habla de Don Luis Osorio, y solo
dice que en lugar de Puertocarrero fué puesto Juan de Vera, Al-
cayde que faé de Jaén. Bernald., cap. S5.
E DOÍÍA ISABEL. 375
Córdoba. En estas entradas que el Rey fizo en tierra
de moros se mostró el gran poder del Rey é de la
Reyna, é la gran voluntad que tenian de facer guer-
ra á los moros ; porque en los meses de Junio é Ju-
lio é Agosto deste año , juntaron quatro veces gran
hueste, é quatro veces entró el Rey por su persona
en tierra de moros, ó fizo asaz daños é talas. Por las
quales los moros estaban en grandes trabajos, é
mengua de pan é de las otras cosas de que solian
ser proveídos, ansí por mar como por tierra; porque
el Rey é la Reyna tenian grand armada é manda-
ban guardar el estrecho de Gibraltar , para que no
pasasen moros de África á estas partes , ni los des-
tas fuesen allende. E los capitanes de la armada to-
maron muchos navios, é vencieron algunas batallas
marinas contra los moros de allende que pasaban á
tierra de Granada con gentes é caballos é manteni-
mientos , é les ficieron otros daños. Los moros ansi-
mesmo entraban en tierra de christianos , é f acian
guerras é robos é otros daños por la parte de Murcia
é de Lorca. Aoaesció un dia que los escuderos é otros
moradores que estaban en la villa de Cañete eran
idos á entrar en tierra de moros ; é los moros aquel
dia entraron en tierra de christianos, é pasaron por
aquella villa, la guarda de la qual tenia Don Pero
Enriquez, Adelantado del Andalucía. E como los
moros sopieron que los que guardaban aquella villa
eran idos, é quedaban pocos en ella para la defen-
der, combatiéronla y entráronla por fuerza, é lleva-
ron captivos todas las mugeres é viejos é niños que
en ella fallaron , é quemaron la villa. E como esto
sopo el Adelantado que la tenia en cargo , vino á la
villa con la gente de su casa, é propuso de no salir
della fasta reparar los muros é torres que hablan
destruido los moros ; é puso en ella moradores de
nuevo que la defendiesen, porque estaba en lugar
dispuesto para facer guerra á los moros, ó guardar
la tierra de los christianos.
CAPÍTULO XI.
De la división que había entre los moros , é de los capitanes que
el Rey é la Reyna mandaron poner en la frontera.
Allende de los trabajos é mengua de manteni-
mientos que padescian los moros, ovo entre ellos
gran división ; porque la mayor parte de los alcay-
des é cabeceras de aquel Reyno, en especial el lina-
ge de los Abencerrages , dexaron al Rey , porque
habla degollado á ciertos caballeros parientes su-
yos, é tomaron á un su fijo, ó alzáronlo por Rey. El
qual juntó gente contra su padre, é apoderóse de la
cibdad de Granada é del Alhambra é de otras fuer-
zas de la cibdad ; y el Rey su padre se retraxo á la
cibdad de Baza. Entre el padre y el fijo ovo algu-
nas batallas, donde murieron muchos moros. E un
dia el Rey viejo juntó la mas gente que podo ha-
ber, é vino ala cibdad de Granada; ó un escalador
que traia christiano escaló el Alhambra, y entraron
en ella fasta quinientos moros, é mataron los moros
que pedieron haber de los que la guardaban. E un
cabecera moro que estaba en ella por alcayde, qu©
tu CRÓNICAS DE LOS
se llamaba Abencomixar, retrasóse á una torre de
la fortaleza con los que con él pedieron escapar. E
luego que el Rey viejo, dexados algunos en la for-
taleza, salió á la cibdad de Granada, é por las calles
comenzó á pelear con los que fallaba , los de la cib-
dad é los del Albaycin que estaban por el Rey su
fijo, se juntaron ó pelearon contra él é contra la
gente que traia ; y echáronle de la cibdad , é retra-
sóse á una fortaleza que estaba por él , cerca de la
cibdad de Granada, é aquel capitán Abencomixar
tornó á recobrar el Alhambra. Pero ni por esta divi-
sión, ni por la enemiga grande que habia entre el
padre y el fijo , é los caballeros de la una parte é de
la otra, ninguna de las partes quiso recebir ayuda
de los christianos ; é antes querían padescer la bam-
"bre ó muertes que recebian, que meter christianos
en su Reyno. Como el Rey é la Reyna ovieron pro-
veído la cibdad de Alhama de nuevo capitán é gen-
tes é mantenimientos, acordaron de poner fronteros
en los lugares necesarios contra tierra de moros , é
dieron cargo á Don Pero Manrique , Conde de Tre-
vifio, á quien ficieron Duque de Náxera, de la fron-
tera de Jaén; é á Don Alonso de Cárdenas, Maestre
de Santiago , mandaron que estoviese en la cibdad
de Ecija. Y embiaron mandará todos los Adelanta-
dos, Duques, Marqueses, Condes, é Ricos-homes que
moraban frontera del Reyno de Granada, desde
Lorca fasta Tarifa, é á todas las cibdades é villas é
lugares de aquellas comarcas , que estoviesen aper-
cehidos é ficiesen guerra á los moros y embiasen
BU gente á aquellos capitanes mayores que dexaban
por fronteros con sus poderes reales, cada que los
embiasen á requerir. E porque Diego de Merlo , que
«ra Asistente de la cibdad de Sevilla , era muerto
encomendaron la justicia ó guarda de aquella cib-
dad á Don Juan de Silva, Conde de Cifuentes. E pro-
veídas las cosas que entendieron ser necesarias á la
provincia del Andalucía, partieron de la cibdad de
Córdoba, é vinieron para la villa de Madrid.
En el mes de (1) Junio deste año parió la Reyna
ó la Infanta Doña María en esta cibdad de Córdoba.
CAPÍTULO XII.
D»las cosas que pasaron en el afio de mil é quatroe lentos é ochen-
ta é Ires aüos. Primeramente de la provisión que flcieron al Rey
é la Rejna en las hermandades.
Como el Rey é la Reyna vinieron á la villa de
Madrid, luego entendieron en las cosas de las her-
mandades de sus Reynos, para dar en ellas buena
orden; porque les fué notificado que algunos oficia-
les que administraban los oficios de la hermandad,
no usaban como debían del cargo que tenían; é que
llevaban salarios demasiados é cosas extraordina-
rias. É para poner esto en execucion, mandaron
juntar los Diputados de las provincias, é los Procu-
radores de las cibdades é villas que eran principa-
les, é todos los Tesoreros é Letrados é oficiales que
(1) A veinte y nneve de Junio un dia antes que el Rey partiera
al sitio de Loxa. Zurita, Hb. 20, cap. 43.
REYES DE CASTILLA.
tenían cargo de la gobernación de las hermandades,
los quales fueron juntos en la villa de Pinto. Y en
aquella junta cada un diputado é procurador pro-
ponía los agravios que recibía el partido de que te-
nia cargo en las contribuciones, si entendia que su
partido estaba mas cargado de lo que debía pagar.
Otrosí se proponía qualquíer menosprecio, ó desobe-
diencia fecha á los oficiales de la hermandad ; 6 si
los alcaldes ó quadrilleros é otros oficiales della ha-
bían seydo negligentes en la administración y exe-
cucion de la justicia, quier por dádiva, quier por
afición, ó en otra manera. Venían aüíeímesmo ante
aquellos diputados las querellas de las dádivas ó
cohechos que algunos habían llevado no debida-
mente. Otrosí examinaban á los capitanes de la
gente de armas que pagaba la hermandad, si tenían
tantos homes quantos les eran pagados, é si tenían
caballos é armas. Todas estas cosas se trataban é
apuraban en aquel juntamiento, é facían restituir
qualesquíer maravedís é otros bienes que fuesen
llevados contra justicia, é punían á los que fallaban
culpantes, é privábanlos de los oficios. Otrosí enten-
dieron en los salarios que llevaban los Diputados é
Tesoreros é otros oficiales ; é quitaron algunos que
entendieron no ser necesarios, é moderaron la tasa
que entendieron ser convenible. Todo este examen
mandaron el Rey é la Reyna facer con gran dili-
gencia y execucion de justicia, sin recebir ruego de
ningún gran señor, é sin acepción de personas ni do
interese. En esta junta demandaron el Rey é la
Reyna á los Procuradores é Diputados de las her-
mandades diez é seis mil bestias, é ocho mil homes
que fuesen con ellas, para bastecer de manteni-
mientos á Alhama. B como quiera que el Reyno
estaba fatigado de las derramas que continamente
en él se cogían, ansí para la guerra de los moros,
como para otras necesidades que al Rey é á la Rey-
na ocurrían, especialmente para las otras llevas de
mantenimientos que habían embiado, pero luego
las otorgaron é fueron repartidas é puestas en fin
del mes de Mayo en la cibdad de Córdoba, según
les fué mandado, para bastecer la cibdad de Al<
hama.
CAPÍTULO XIII.
De las cosas que en este tiempo pasaron en la tierra de Italia.
Recontado habemos en esta crónica las alteracio-
nes y escándalos acaescidos en la cibdad de Floren-
cia, quando aforcaron al Arzobispo de Pisa, é á
otros muchos de los que eran del bando que se lla-
maba de Pácis, donde procedió que toda la tierra
de Italia se puso en armas é se partió en partes.
Algunas comunidades é caballeros se juntaron con
el Papa, é otros se juntaron con el Rey Don Fer-
nando de Ñapóles; el qual en favor de la comuni-
dad de Florencia fizo guerra al Papa é á la comu-
nidad de Venecía, que eran de una liga. Esta guer-
ra fué tan cruel en Italia, que el Rey Don Fernando
embió á su fijo el Duque de Calabria contra Roma,
é puso su real cerca de la cibdad, é tóvola en grand
DON FERNANDO
aprieto, porque defendía la entrada de los mante-
nimientos, é de las otras cosas que venian á ella.
La comunidad de Venecia que ayudaba al Papa
embió un su capitán con cierta gente de armas, los
quales entraron en Boma en veces por tan secreto
lugar, que el Duque de Calabria que la tenia sitiada
no lo sopo. Con este capitán veneciano se juntó el
Conde Hierónymo, que era capitán de la gente de
armas del Papa. É estos dos capitanes salieron jun-
tos una mañana con sus gentes á dar en el real de
los Napolitanos; é antes que fuesen sentidos pelea-
ron con ellos. É como el Duque de Calabria é sus
gentes no estaban apercebidos, fueron vencidos é
desbaratados, é se pusieron en fuida; y el Conde
Hierónymo, y el otro capitán veneciano fueron
vencedores, y entraron en el real que tenia puesto
el Duque, ó ovieron todo el despojo que en él falla-
ron. Por este vencimiento el Rey de Ñapóles acor-
dó de juntar mas gentes, ansí suyos, como de los
otros sefiores é comunidades de Italia, que eran de
su liga; é tornaron á facer la guerra al Papa, é á los
Venecianos, mas cruel que de primero la facian. El
Rey ó la Reyna, conocido el inconviniente que de
aquesta guerra de Italia se seguia en la Christian-
dad, especialmente por ser contra el Sumo Pontífi-
ce, embiaron sus embaxadores por diversas veces
al Papa, é al Rey de Ñápeles, é ansimesmo á todos
los señores é comunidades de Italia, faciéndoles
saber el pesar que tenían de la guerra nascida en-
tre ellos, conosciendo los inconvinientes que della
se podrían seguir en toda la cbristiandad si mas
durase, é que ellos por servicio de Dios, é por el
bien de la paz querían entender en su concordia. É
suplicaron al Papa, é rogaron al Rey don Femando
é á todos los otros Duques, é Condes, é Marqueses,
é Comunidades de Italia, que les ploguiese dexar
las armas, é tomar la vía de la concordia; é para la
tratar entre ellos ficieron grandes gastos en las em-
bazadas que diversas veces embiaron. E postrime-
ramente embiaron al Obispo de Gírona, que se lla-
maba Don Juan, é á un Dotor que se llamaba Bar-
tolomé de Berrio. Estos embaxadores fueron al Papa
é al Rey de Ñápeles diversas veces, y escribieron á
los otros señores é comunidades de Italia; é fecba
una congregación en Roma de los embaxadores que
embiaron |obre aquella materia de la paz, por la
gran diligencia que el Rey é la Reyna mandaron
poner, fué concluida por estonces la paz en Italia, é
cesaron las muertes, é destruiciones que en ella se
facian. Y el Papa escribió al Rey é á la Reyna un
su Breve plomado; el qual tomado en romance
decía ansí :
«Muy amados fijos : vuestros embaxadores Don
joJuan Obispo de Gírona, y el Dotor Bartolomé de
sBerrio, embiados á Nos á tratar la paz de Italia,
íf ueron por Nos rescebidos, é oidos con ánimo gra-
Dcioso, ansí por la benevolencia que siempre ovi-
3>mos á vuestras personas reales, como porque estos
•vuestros embaxadores son sabios varones, é de
íautoridad, é dignos de tan gran cargo ; los quales
apusieron tanta-diligencia por traer la paz de Italia
É DOÑA ISABEL. 377
»en ef eto, que ninguna cosa dexaron de facer de lo
»que vuestras personas reales les mandaron, por-
»que todos gozásemos comunmente de entera tran-
«quilidad. É Nos fuimos inclinados á la paz, porque
}>ninguna cosa deseamos mas, ni procuramos con
»raayor estudio. É si por ventura alguna injuria
»recebimos, declinando á la parte mas piadosa, la
íolvidamos, é quitamos de nuestro ánimo, ó la re-
»mitimos por respeto á vuestra Magostad real, per-
eque entendiésedes en quanta estimación é autorí-
ídad son habidos cerca de Nos vuestros ruegos ; á
»los quales con honesto ánimo concedimos é los
^otorgamos de buena voluntad. Ansí que, muy ama-
»dos fijos, podéis gozar de vuestro loable trabajo,
«pues que es la paz de Italia concluida. Esperamos
«que entraran en ella los Venecianos, á los quales
«vuestros embaxadores son idos por vuestro man-
:Ddado, é continamente solicitan é tratan que sean
»en esta paz comprehendídos ; porque no quedo
«centella ninguna por donde la tierra de Italia haya
Docasion de arder con daño de la república, é detri-
«mento de la cbristiandad. Ansí que pues una obra
]>tan piadosa é tan santa, con tantas fuerzas é gas-
j>to8 habéis procurado, é con tanta gloria habéis
Dalcanzado; finca agora que como Reyes Cathólicos
i>é religiosos, procuréis con grand estudio é diligen-
»cia de la facer guardar, según y en la manera que
^vuestros embaxadores de vuestra parte lo han pro-
ímetido. E somos ciertos que vosotros lo tenéis en
Dvoluntad, pues que toda» las cosas están puestas
Den vuestra mano, é de ello se vos sigue gloria in-
Dmortal. Dada en Roma á dos días de Enero de mil
»ó quatrocientos é ochenta é tres años.» El Colegio
de los Cardenales les embió una carta que decía
ansí :
«Muy altos é muy poderosos Príncipes Reyes ó
«muy amados Señores. Vuestros embaxadores , que
3>por tratar la paz de Italia embiastes, han trabaja-
ido con todas sus fuerzas por la traer en efeto; por
»la qual este Colegio siempre trabajó porque se
«alcanzase. É pues vuestra real Magestad como
«instrumentos é causa de esta paz habéis habido
«gloria inmortal, afectuosamente vos rogamos ten-
3)gai8 manera como aquella se conserve, pues todas
«las cosas á la paz concernientes están puestas en
«vuestras manos. Dada en Roma á dos días de
«Enero de mil é quatrocientos é ochenta é tres
Daños.» El pueblo Romano escribió otra carta que
decía ansí :
«Muy altos é muy poderosos Príncipes Reyes é
«Señores. Los Cónsules del pueblo Romano nos en-
Dcomendamos á vuestra real Magestad, la qual ha-
»brá sabido las guerras duras, é trabajos muy peli-
Dgrosos acaecidos en Italia. De las quales procedió
Dque nuestro muy santo Padre, é su Romana Curia
«estante en la santa cibdad de Roma donde la silla
«de Christo está asentada, fuesen cercados é apre-
»miados, é quanto por ellas este pueblo Romano
«fuese fatigado, de manera que ninguno era osado
«de salir de la cibdad, por miedo de los grandes
«peligros que se recrecían, también de dentro como
378 CRÓNICAS DE LOS
j)de fuera della. Pe manera que todos estábamos de
«propósito con nuestras mugeres é fijos de dexar la
Mcibdad; empero plogo á Dios, aquel que no dexa
Dperecer la navecilla de Sant Pedro, que vosotros
«como cathólicos príncipes, movidos á piedad de
«tantos estragos é daños sin reparo como se espera-
»ban en Italia, vos quesistes interponer á dar paz
»en la Silla Apostólica, y en toda la provincia de
«Italia. La qual concluyeron vuestros embaxadores
»con la autoridad de vuestra Eeal Magestad, é con
«el trabajo que ellos pusieron; en lo qual se mostró
svuestra santa intención, é la diligencia de vues-
»tros embaxadores. El fruto de la qual paz , que
3>gozamos, según parece por obra, dexamos de decir
«en prolixidad de palabras. Por ende , muy altos é
»muy poderosos Príncipes é Reyes, dámosvos mu-
«chas gracias, de las quales sois merecedores en
j>esta y en la otra vida; pues que con vuestros loa-
j)bles trabajos é gastos habéis quitado á esta cibdad
»é á toda la provincia de Italia, de los estragos ó
«muertes é destruiciones en que ardia ; é nosotros
«quedamos por vuestros perpetuos servidores, ro-
«gando á Dios por los dias é prosperidad de vues-
«tra Real Magestad. Dada en Roma á quatro dias
«de Enero de mil é quatrocientos é ochenta é tres
sanos.»
Esta paz de la Italia se concluyó por la gran di-
ligencia del Rey é de la Reyna á doce dias del mes
de Diciembre año de la Encarnación de nuestro Se-
ñor de mil é quatrocientos é ochenta é dos años. Y
el Papa vino al consistorio aquel dia, é fizo llamar
á los embaxadores de los príncipes é potestades de
Italia é del Rey de Ñápeles; é todos vinieron al
consistorio, donde ansimesmo estaban todos los
cardenales. Y el Papa embió á llamar al embaxa-
dor de Venecia, el qual no quiso venir. E visto por
el Papa que aquel embaxador no quiso ser presente
á la publicación de la paz, en su absencia la mandó
publicar en su consistorio. Leídos los capítulos de
la paz, el Papa dixo : que por quanto el Rey é la
Reyna de Castilla, é de León, é de Aragón, é de
Sicilia como cathólicos príncipes, condoliéndose de
las guerras de Italia, é de las molestias en que
aquella silla Apostólica estaba, se habían inter-
puesto, y embiado sus embaxadores por diversas
veces á tratar aquella paz, en la qual habían fecho
grandes expensas, é por la gracia de Dios la habían
concluido, á la qual él queriendo usar de benigni-
dad había concedido con ánimo sincero de la guar-
dar é conservar : por ende que lo notificaba á todos
porque sopiesen su voluntad, é ansimesmo el fruto
loable que se había consegido por el trabajo del
Roy é de la Reyna de España, é por la diligencia
que aquellos sus embaxadores por su mandado en
ello pusieron. El Papa en aquel auto fizo mas honra
á los embaxadores del Rey é de la Reyna, que á
ninguno de los otros príncipes é potestades; porque
les fizo asentar é cobrir las cabezas, é todos los em-
baxadores de los otros reyes é principes, é comuni-
dades estovieron las rodillas fincadas é descubiertas
las cabezas. Aquella paz se asentó en esta manera :
BEYES DE CASTILLA.
Que las cibdades é villas é lugares é fortalezas que
eran tomadas de las unas partes á las otras fuesen
entregadas al Rey é á la Reyna, ó á su cierto man-
dado dentro de ciertos días , porque ellos las entre-
gasen á aquellos que de derecho las habían de ha-
ber. En esta concordia no quiso entrar la Señoría
de Venecia que tenia tomada á Ferrara; por lo qual
el Papa y el Rey Don Fernando é los otros señores
que fueron comprehendidos en aquella paz embia-
ron sus gentes de armas á la cercar en favor del
Marqués de Ferrara, para se la restituir.
Fecho este asiento, los venecianos veyéndose
solos, é recelando que todos los señores é comuni-
dades de Italia se juntarían contra ellos, acordaron
de tratar amistad con los turcos que eran sus veci-
nos, para se defender, é ofender á los christianos, ó
les dar pasada segura por sus tierras para facer
guerra en Italia. É como esto fué sabido por el Rey
Don Fernando de Ñapóles, embió tratar amistad
con los turcos, é prometióles su ayuda contra los
Venecianos; porque se habían apartado é no quisie-
ron ser comprehendidos en la paz común que se
había fecho. Y embió al Rey é á la Reyna que es-
taban en Madrid por su embaxador al Conde de
Trevento; con el qual les embió á dar muchas gra-
cias por el trabajo y expensas grandes que habían
fecho en la contratación de la paz de todas las Ita-
lias. En la qual como quiera que el Sumo Pontífice,
y él ansimesmo, é todos los otros príncipes é comu-
nidades de Italia quisieron ser comprehendidos;
pero los venecianos soberbiosamente se quisieron
apartar, é no ser inclusos en ella, con propósito d©
tiranizar, é tomar lo ageno, según siempre lo acos-
tumbraron facer. E que habían tratado amistad con
los turcos, para les dar pasada por sus tierras á fin
de facer guerra en las Italias, especialmente en
el Reyno de Sicilia; é por escusar aquel inconvi-
niente, él ansimesmo habia tratado paz con los
turcos, para contra los venecianos ; en la qual eran
comprehendidos todos los príncipes é comunidades
de Italia, vista la gran rebelión é soberbia que los
venecianos tenían. Por ende que rogaba é requería
al Rey é á la Reyna, que considerada la gran perti-
nacia de aquella gente veneciana , les ploguiese ser
comprehendidos en aquella liga que él é toda Italia
facían con los turcos ; porque todos juntos en amis-
tad pudiesen guerrear á los venecianos, é abaxar
aquella su cruda tiranía é antigua soberbia ; é les
ficiesen restituir todas las cibdades é viUas é forta-
lezas que tiránicamente poseían tomándolas por
fuerza á los señores cuyas habían soydo, é tenían
á ellas justo título. Porque si esto no se pusiese por
obra, su señorío se estenderia cada día mas en gran
detrimento é perjuicio de todas las Italias, de ma-
nera que ninguno fuese señor de lo suyo. Y en es-
pecial su Reyno de Sicilia estaba en punto de per-
dición, sí se diese lugar que ellos ficiesen amistad
con los turcos; porque les darían pasada por su
tierra para venir á él seguramente, é favor por la
mar para lo guerrear. Esta embaxada oída por el
Rey é por la Reyna, respondieron que por quanto
DON FERNANDO
el Duqne é Señoría de Venecia habían embiado á
ellos sus embaxadores por ganar su paz é seguridad
la qual les habían otorgado, é los tenían por ami-
gos, que no sería cosa razonable quebrantar la
paz que les habían prometido sin haber causa por
do se debiese romper. Pero que ellos embiarian sus
embaxadores á la cibdad de Venecia á les facer
saber todas estas cosas que les eran propuestas; é
si no quisiesen conceder lo que de razón eran obli-
gados, estonces podrían con justa causa entrar en
aquella liga que todas las Italias y el Key Don Fer-
nando facían contra los venecianos, é mandar á
euB cibdades é villas é gentes del Eeyno de Sicilia
é de las otras islas de su señorío, que se juntasen
con ellos, é ficiesen aquello que de justicia debiesen
facer. É con esta respuesta despidieron al Conde
de Trevento.
CAPÍTULO XIV.
De los emprestidos que se pidieron por el Reyno, é del subsidio
que dio la clerecia para la guerra de los moros.
Ni el ánimo de la Reyna cesaba de pensar, ni la
persona de trabajar en haber dineros, ansí para la
guerra contra los moros, como para las otras cosas
que de contino ocurrían, necesarias á la goberna-
ción de sus reynos. Para la qual tenían gente de
armas continamente repartida en el Keyno de Gali-
cia, é con los otros capitanes que tenían puestos en
la frontera de los moros, é la que el Rey é la Eeyna
traían en su guarda; porque con esta gente estaban
poderosos é temidos, y en sus cartas é mandamien-
tos obedescidos, é su justicia executada ; é ningún
grande ni otro caballero osaba facer fuerza ni in-
juria á otro, é todos sus Eeynos gozaban de paz é
seguridad. E porque con el sueldo que pagaban á
esta gente de armas, allende de la gente que paga-
ban las hermandades del Reyno, é con los otros
gastos continos que se facían, ansí para las emba-
zadas, como para las otras cosas que se requerían al
sostenimiento del estado real é del Príncipe é de
las Infantas, estaban en continas necesidades; fue-
ron constreñidos á demandar dineros prestados en
todos sus Reynos á personas singulares, de quien
fueron informados que los podrían prestar sin daño
de sus faciendas; especialmente porque la cantidad
que se demandó á cada uno, era pequeña. É aque-
llos á quien fué demandada, lo prestaron de buena
voluntad, consideradas las necesidades, é otrosí
porque los Tesoreros é Eecabdadores les asegura-
ban que les seria pagado dentro de cierto término.
Ansimesmo el Papa por socorrer las necesidades de
la guerra de los moros, dio su bula, para que todos
los Perlados é Maestres y el estado Eclesiástico de los
Eeynos de Castilla é de Aragón diesen una suma
de florines en subsidio. É allende desto embió su
Nuncio apostólico al Rey é á la Reyna con su bula
de cruzada, la qual contenía grandes indulgencias
para todos los que la tomasen. El Rey é la Reyna
recibieron este Nuncio del Papa, é aquella bula de
la cruzada en el monesterio de Santo Domingo el
É DOÑA ISABEL. 579
Real de Madrid , con una solemne procesión , en la
qual iban el Cardenal de España, é Don Alonso de
Fonseca, Arzobispo de Santiago, ó Don Diego Hur-
tado de Mendoza, Obispo de Paleucía, é Don Gon-
zalo de Heredia, Obispo de Barcelona, é Don Juan
de Maluenda, Obispo de Coria, é otros muchos Per'
lados; ó la mandaron predicar en todos sus Reynos
é señoríos, donde se ovo gran suma de dineros. Los
quales se consumían en los sueldos, y en las otras
cosas que se requerían para la guerra de los moros.
CAPÍTULO XV.
De las cosas que pasaron sobre el casamiento que se movió del
Principe de Castilla con la Reyna de Navarra.
Estando el Rey é la Reyna en la villa de Madrid,
ovieron cartas é mensageros del Conde de Lerin , un
caballero del Reyno de Navarra, que estaba casado
con hermana bastarda del Rey, como el Rey de Na-
varra era muerto. Este Rey de Navarra, que se lla-
maba Febus, era fijo del Príncipe de Navarra, sobri-
no del Rey fijo de su hermana, el qual murió ante
que oviese título de Rey. Era ansimesmo este Rey
Febus sobrino del Rey de Francia, fijo de su herma-
na. Y el Rey de Francia trataba casamiento secre-
tamente á este Rey Febus de Navarra, su sobrino,
con doña Juana de Portogal ; la qual , según habe-
mos dicho, estaba monja profesa en el monesterio
de Santa Clara de Coimbra. Porque pensaba, fecho
aquel casamiento, que el rey de Navarra su sobrino
tomaría título de Rey de Castilla, á causa de aque-
lla Doña Juana, é le daría todo el favor que ovie-
se menester para poner división en el Reyno de
Castilla, é mover guerra al Rey é á la Reyna; la
qual podía facer dende el Reyno de Navarra, por-
que confina con Castilla. E no embargante las pa-
ces é amistad que con el Rey é con la Reyna tenía
juradas é firmadas, pero por no se desapoderar de
la posesión del Condado de Ruisellon, pensando sa-
near la guerra que tenía dentro de sí en tener lo
ageno , buscaba guerra defuera para lo mejor po-
seer, poniendo en necesidad al Rey é á la Reyna;
durante la qual creía, que no habría lugar de le de-
mandar aquel Condado, ni por vía de armas, ni en
otra manera. E ansimesmo porque este Rey de Fran-
cia ninguna cosa facía habiendo respecto á las co-
sas pasadas, ni á las por venir, salvo lo que ala ho-
ra le ocun-ia, é venia bien. Estas cosas considera-
das, el Rey é la Reyna, sabida la muerte del Rey
Febus de Navarra , platicaron con el Cardenal de
España, é con los otros Duques é Condes é Dotores
que estaban en su Consejo sobre la subcesion de
aquel Reyno. A los quales abiertamente declararon
su voluntad , é díxeron que bien sabían como Dios
por su infinita bondad los había asentado en las si-
llas reales de los Reyes sus padres , é los grandes
reynos é provincias que tenían en su señorío ; é Dios
era sabidor, que mas era su intención de le dar gra-
cias por la paz que en ellos les había dado , que no
mover guerra donde fuese deservido; ni menos
querían adquirir otros Reynos é señoríos, pues á
m CRÓNICAS DE LOS
Dios gracias, los que tenían eran grandes y esten-
didos. Pero que bien sabian la condición del Rey
Don Luis de Francia, y el trato de amistad que te-
nia con el Rey de Portogal ; é como no contento de
]a guerra que en su favor fizo en la provincia de
Guipúzcoa, agora de nuevo, después de haber fecho
paz é amistad con ellos, habia tratado casamiento
de aquel Rey Febus su sobrino con Doña Juana de
Portogal que estaba monja, á fin de mover guerra
é poner escándalo en Castilla. E agora que era
muerto el Rey Febus , creian que su madre apode-
raria al rey de Francia en las fortalezas del Reyno
de Navarra ; desde las quales habria lugar de facer
guerra á los Reynos de Castilla é de Aragón con
quien confinan. Por ende querían saber si seria bien
que se tratase casamiento del Príncipe Don Juan su
fijo con una hermana de aquel Rey Febus , á quien
pertenescia el Reyno de Navarra, por escusar los in-
convinientes é guerras que se podrían seguir del
mal conceto que el Rey de Francia tenia contra
ellos ; el qual no dubdaban que lo pornia por obra,
si oviese entrada en aquel Reyno de Navarra. Esta
materia platicada en su Consejo, el Cardenal de
España, é todos los otros que allí estaban con el Rey
é con la Reyna, acordaron que se debia tratar aquel
casamiento ; é ansimesmo debian embiar luego al-
gunos capitanes é gentes de armas, para se apode-
rar de todas las villas é lugares del Reyno de Na-
varra, que pudiesen haber, si el Rey de Francia
tentase de se apoderar del. Este consejo habido,
luego el Rey é la Reyna embiaron al Doctor Rodri-
go Maldonado, que era de su Consejo, á la Prince-
sa hermana del Rey de Francia é madre de aquella
Señora que habia subcedido por Reyna de Navar-
ra. Con el qual le embiaron á decir primeramente
el pesar que habían habido de la muerte del Rey
Febus su fijo, é á le consolar sobre ello. E después
de le haber dicho las palabras que se requerían á la
consolación de su trabajo, mandaron que le ficiese
fabla de casamiento del Príncipe Don Juan su fijo
con su fija, que subcedíó por Reyna de Navarra. Es-
te Dotor Rodrigo Maldonado fizo la embaxada en
la manera que el Rey é la Reyna le mandaron , ó
dio á entender á la Princesa la grand utilidad que
gele seguía de aquel casamiento ; porque su fija so-
lamente era Reyna de aquel pequeño Reyno de Na-
varra, é casando con el Príncipe Don Juan de Cas-
tilla, esperaba ser Reyna de los Reynos de Castilla,
é de Aragón, é de Navarra, é de Sicilia, é de todos
los reynos é provincias é islas que son en el señorío
del Rey é de la Reyna. Otrosí porque aquel Conde de
Lerin , que habemos dicho , era un caballero que
tenia la cibdad de Pamplona , é gran parte en el
Reyno de Navarra, y estaba en servicio del Rey é
de la Reyna ; embiáronle á Don Juan de Ribera con
gente de armas, para le ayudar á tener aquella cib-
dad, é resistir á qualquier gente de armas, que el
Rey de Francia embiase á se apoderar del Reyno de
Navarra.
La Princesa de Navarra, oída la embaxada de ca-
Bamiento que el Doctor Maldonado le propuso , res-
REYES DE CASTILLA.
pendió que le placía mucho de lo aceptar , é dar
forma como con la gracia de Dios se concluyese con
la Reyna su fija ; porque en toda la christiandad no
podía haber tan alto , ni tan grande casamiento co<
mo el del Príncipe de Castilla , é por otras manifies-
tas utilidades que del se siguían en aquel Reyno de
Navarra. Pero que era cosa razonable de lo consul-
tar con el Rey de Francia, su hermano, é haber su
parescer cerca dello ; é ansí quedó de facer por es-
tonces el ef eto aquel casamiento. El Rey é la Reyna
mandaron á sus capitanes que estoviesen siempre
con sus gentes de armas en aquel Reyno, para resis-
tir á qualquier gente francesa que viniese á apode-
rarse del. E acordaron que el Rey fuese á facer la
tala que este año se debia facer en el Reyno de
Granada, é la Reyna fuese á Logroño , ó á alguna
cibdad cercana al Reyno de Navarra, para enten-
der en aquel casamiento del Príncipe su fijo, y en
las otras cosas que eran necesarias de proveer en
todas aquellas partidas de Burgos é Castilla la
Vieja.
CAPÍTULO XVI.
Como partió el Rey de Madrid para ir á Galicia.
Contado habemos como el Reyno de Galicia, que
muchos tiempos habia estado en guerras y escán-
dalos, fué puesto en paz é seguridad ; é como Don
Fernando de Acuña y el Licenciado Garcilopez de
Chinchilla , que el Rey é la Reyna embiaron por
gobernadores é corregidores , tomaron algunas for-
talezas de aquel Reyno , é las pusieron en poder de
personas, á quien el Rey é la Reyna mandaron ; en-
tre las quales fué tomada la fortaleza de Lugo, que
es del Obispo de aquella cibdad, el qual Obispo
era hermano de Don Pero Alvarez de Osorio, Conde
de Lémos é Señor de Ponferrada. Este Conde de
Lémos era el mayor señor de aquel Reyno de Gali-
cia, é sintiendo á injuria que la fortaleza de su her-
mano le fuese tomada, visto que Don Fernando de
Acuña y el Licenciado Garcilopez eran absentes de
aquel Reyno, creyendo que antes podría tomar la
fortaleza que fuese socorrida, acordó de la cercar, y
embió gente de armas de su casa é de otros caba-
lleros sus amigos á poner sitio sobre ella. Lo qual
sabido por el Rey é por la Reyna , embiáronle á de-
cir que se maravillaban de haber osadía para cer-
car fortaleza en sus Reynos, especialmente aquella
que tenia alcayde puesto por su mano ; ó que le
mandaban que luego alzase el sitio que tenia pues-
to, é la dexase tener libremente al alcayde que por
su mandado la tenia. El Conde, visto el manda-
miento del Rey é de la Reyna , respondió que Don
Fernando y el Licenciado habían tomado aquella
fortaleza no debidamente. Porque como quiera que
tovieron razón de tomar otras fortalezas en aquel
reyno, por se haber fecho dellas algunos robos é
crimines , pero aquella fortaleza de Lugo siempre
habia estado en paz, é no se habían fecho della los
daños que de las otras que se tomaron fueron come-
tidos. Ansimesmo embió decir que él é su casa
DON FERNANDO
siempre h&bian servido al Rey é á la Beyna, é no
habían cometido cosa contra su eervicio ; é que si
él se movió á cercar aquella fortaleza de Lugo , era
porque el Alcayde habia impedido las rentas del
Obispo su hermano , é las tomaba , é habia fecho
otros excesos contra él é contra sus vasallos, por do
merescia no solamente ser privado de aquella te-
nencia, mas punido por los males que habia co>
metido. Por ende que suplicaba á Su Alteza, que no
pensase que habia en él presUmpcion de inobedien-
cia , salvo de escusar los daños que aquel alcayde
f acia de cada día á él é al Obispo su hermano , é á
BUS vasallos é rentas. El Rey é la Reyna, vista la res-
puesta del Conde, como quier que fué asaz humil-
de ; pero porque no alzó luego el sitio según gelo
embiaran á mandar, ovieron grand enojo. E luego
el Rey partió para el Reyno de Galicia á punir al
Conde por aquella osadía que cometió ; y en el ca-
mino le vino la nueva como el Conde habia alzado
el sitio, porque le dieron á entender el enojo que el
Rey é la Reyna hablan mostrado por lo haber pues-
to. E no embargante que el Rey sopo como el sitio
era alzado, todavía continó su camino para ir con-
tra el Conde. E quando llegó á la cibdad de Astor-
g&, sopo que el Conde era muerto , é no pasó mas
adelante, porque habia de ser á día cierto en la cib-
dad de Córdoba, donde el Rey é la Reyna manda-
ron que se juntasen ciertos caballeros é gentes de
armas é peones, para entrar á facer la tala en la ve-
ga de Granada. Este Conde de Lémos dexó fijas le-
gítimas , ó no dexó fijo varón ninguno que heredase
8u casa ; é un fijo que la heredaba, murió en vida de
BU padre, sin dexar fijo legítimo, salvo un bastardo
que se llamaba Don Rodrigo, mozo de veinte años,
á quien el Conde su abuelo en su vida apoderó de
las villas é fortalezas que tenia ; porque su volun-
tad era que aquel heredase su casa aunque era bas-
tardo. Este Conde Don Rodrigo luego como murió
el Conde su abuelo, tomó título de Conde de Lémos,
é juntáronse Con él todos los criados del Conde á le
flervir, é favorescer, para que heredase su casa. La
qual Don Rodrigo Alonso Pimentel , Conde de Be-
navente, decia que pertenescia á la fija mayor del
Conde de Lémos, que era desposada con su fijo, por-
que era legítima, é aquel Don Rodrigo era bastar-
do é no debia heredar. E para haber la posesión de
aquella casa é rentas para la esposa de su fijo, jun-
tó gentes, ansí de su casa, como de sus parientes é
amigos. Ansimesmo Don Rodrigo que se intitulaba
Conde de Lémos, juntó gentes para le resistir ; por-
que decia que le pertenescia , ansí por virtud del
testamento que el Conde de Lémos su abuelo fizo,
en el qual le constituyó heredero en todos sus bie-
nes, como porque aunque él era bastardo habia sey-
do legitimado por bula del Papa. E sobre este de.
bate se juntó mucha gente de los parientes é amigos
de la una parte é de la otra , donde se esperaban
guerras ó otros inconvinientes. Lo qual sabido por
el Rey, como quiera que le era necesario partir pa-
ra el Andalucía, pero detóvose en aquella cibdad de
Astorga algunos días ; y embió mandar á aquellos
¿ DO^A ISABEL. Sál
dos Condes, é á la gente de armas que con ellos es-
taban, que luego se derramasen é dexasen aquel es-
cándalo, é veniesen el uno y el otro á la cibdad de
Astorga, é mostrasen sus derechos que tenían á los
bienes del Conde de Lémos, y él les mandaría guar-
dar su justicia. Estos dos Condes derramaron luego
la gente que tenían junta , según por el Rey les fué
mandado, é vinieron á la cibdad de Astorga. El Rey
puso tregua entre ellos, fasta que su debate fuese
determinado por justicia. Otrosí tomó la villa de
Ponferrada de que estaba apoderado aquel Conde
Don Rodrigo, é dio la tenencia della á Don Enrique
Enriquez, su tío é su Mayordomo mayor, para que la
toviese ciertos días ; y el Rey é la Reyna mandaron
entregar una de dos fortalezas que hay en aquella
villa á un caballero contino de su casa , que se lla-
maba Jorge de Mendaño, que la toviese cierto tiem-
po, en el qual se habia de ver el derecho de las par-
tes. E luego partió el Rey de la cibdad de Astorga,
é vino para la villa de Madrid , donde la Reyna es-
taba.
CAPÍTULO XVII.
Sígnense las cosas de la guerra del año de mil é quatrocientos é
ochenta é tres años. De un engaño que un escudero fizo á los
moros, é de lo que el Rey é la Reyna sobre ello flcieron.
La guerra de los moros todos los días se contina-
ba. El Maestre de Santiago , y el Duque de Náxera,
á quien el Rey é la Reyna dieron cargo de la fron-
tera por la parte de Jaén, y el Duque de Medinasi-
donia,y el Marqués de Cáliz, y el Adelantado del
Andalucía, é Juan de Benavides , é Don Juan Cha-
cón, Adelantado de Murcia , cada uno por su parte
facían entradas é talas , é destruían la tierra de los
moros. Los moros ansimesmo entraban en la tierra
de los christianos , é llevaban ganados é prisione-
ros ; pero los moros recebian tanto daño en su tier-
ra é por tantas partes, que estaban oprimidos, é pa-
decían mengua de pan por las talas que les facían.
E la mayor fatiga que tenían era estar la cibdad de
Alhama en poder de christianos; porque estaba en
tal comarca, que los moros no podían andar libre-
mente por aquellas partes , sino á gran peligro de
ser muertos ó presos por la gente que el Rey é la
Reyna tenían en guarda de aquella cibdad. Acaesció
que un escudero de los que estaban en la capitanía
de Diego López de Ayala , que se llamaba Juan de
Corral, home de astucias cautelosas, conocida la vo-
luntad que los moros tenían de recobrar á Alhama,
con propósito de los burlar procuró seguro del Rey
de Granada para ir á fablar con él. Habido el se-
guro, la fabla que le fizo fué, que faria que el Rey
é la Reyna le restituyesen á Alhama, si el Rey de
Granada diese cierto número de doblas é captivos.
El Rey de Granada é los cabeceras que oyeron aquel
partido fueron muy alegres ; ó prometieron de tor-
nar á Zahara, é soltar todos los captivos que oviese
en el Reino de Granada, é de dar luego treinta mil
doblas en servicio al Rey é á la Reyna. E allende
desto, si les quisiese otorgar tregua, darian una gran
sama de doblas en paria» cada un año de quantos
382 CEÓNICAS DE LOS
gela otorgasen. Éste Juan de Corral vino con este
partido al Eey é á la Keyna, é no les dixo las cosas
que el Eey de Granada les ofresció ; pero dixoles
que el Eey de Granada les restituirla á Zahara, ó
con ella les daría otros castillos é villas del Eeino
de Granada, que son frontera de Castilla, é soltarla
todos los christianos que estaban captivos, é darian
una gran suma de doblas si le tornasen la cibdad
de Alhamá.
Al Eey é á la Eeyna plogo de aquel p&rtido, é
acordaron de le restituir á Alhama, é les dar treguas
por ciertos años, compliendo ellos aquello que aquel
Juan de Corral de su parte les of rescia ; porque era
mucho mas en cantidad y en calidad de lo que Al-
hama era. E mandaron dar su carta á este Juan de
Corral condicionalmente : conviene á saber que en-
tregando los moros aquellas villas é castillos , é las
doblas é los captivos que prometían , le daban fa-
cultad para que de su parte les prometiese que Al-
hama les seria restituida. Este Juan de Corral fué
con este poder, firmado de los nombres del Eeyé
de la Eeyna, é sellado con su sello real, al Eey mo-
ro. El qual oidas las palabras blandas , é promesas
graciosas que le ñzo, mirando solamente á la firma
é al sello del Eey é de la Eeyna, é no examinando
el poder limitado que dieron , ni la condición que
en él se contenia, dieron á este Juan de Corral cier-
tas doblas é captivos, con lo qual muy contento de
sí mesmo, porque habia sabido engañar á los moros,
vino para el Duque de Náxera. El Eey de Granada
conoscido el engaño que aquel escudero habia fe-
cho, embió á decir con sus axeas al Duque de Ná-
xera la contratación engañosa que con él habia fe-
cho aquel escudero, é lo que le habia dado , porque
le mostró poder del Eey é de la Eeyna. E que no le
habia engañado Juan de Corral, sino la firma é se-
llo que vido de tan altos é tan poderosos reyes ; los
quales á semejantes mensageros no debían confiar
BUS cartas limitadas ni en otra manera , porque so
color dellas las gentes ignorantes no recibiesen en-
gaños. El Duque do Náxera sabida la manera de
aquel engaño, embió aquel Juan de Corral á la villa
de Madrid donde el Eey é la Eeyna estaban ; á los
quales embió á decir la querella que los moros te-
nían, por la manera que habia tenido para los enga-
ñar. El Eey é la Eeyna fueron muy indinados con-
tra aquel escudero, é mandáronle prender, y embiá-
ronle preso al Duque de Náxera ; al qual embiaron á
mandar que le ficiese restituir luego las doblas é
otros qualesquier dones que habia recebido de los
moros ; é mandaron pagar el rescate que fué apre-
ciado por los captivos christianos que hablan solta-
do. E si luego no lo restituyese, que gelo entregase
preso , para que ficiesen del lo que les ploguiese,
porque ninguno de sus mensageros no oviese causa
de engañar con color de sus letras. El Duque de
Náxera, visto el mandamiento del Eey é de la Eey-
na, embió preso aquel Juan de Corral ala cibdad de
Antequera ; en la qual estovo preso en poder del Al-
cayde , fasta que enteramente restituyó todo lo que
liabía habido de los moros.
REYES DE CASIÜLLA.
CAPÍTULO xvm.
De la guerra que se continó contra lag islas de Canaria.
Dicho habernos como la Eeyna mandó facer grand
armada por la mar para ir á conquistar las islas de
Canaria , é como embió por capitán á un caballero
que se llamaba Pedro de Vera, natural de la cibdad
de Xerez de la Frontera , el qual ganó algunas vi-
llas de aquellos Canarios. Esta conquista siempre se
continó por aquel capitán con la gente é provisio-
nes que la Eeyna le embiaba en la flota, que conti-
namente tenia en la mar ; los quales ganaron las is-
las que se dicen la gran Canaria, en la qual aquel
Pedro de Vera é la gente de su capitanía pasaron
grandes trabajos , ansí de las cosas necesarias al ves-
tir é al comer, porque hablan de esperar que les vi-
niese por la mar, como en la guerra que hablan con
aquella gente bárbara. Los quales, como quiera que
no tenían armas, pero peleaban con piedras ép¿os
agudos con pedernales, é los tiros que facían eran
tan ciertos, que ninguno erraba donde quería dar ;
é tiraban recio, que pasaban una adarga, é con tan
grand osadía arremetían á ferir, que posponían el
morir por el matar. Estos Canarios andaban desnu-
dos de la cintura arriba, é con yervas é pellejos se
cubrían de la cintura abaxo, y eran muy diestros en
el pelear por el contino exercicio que tenían en las
guerras que habían unos con otros. Esta isla de la
gran Canaria fuera difícil de se ganar, salvo porque
habia en ella dos reyes contrarios uno de otro ; y
el uno por haber venganza del otro su enemigo , se
juntó con este Pedro de Vera capitán, é con el ayu-
da que le dio, fué vencido el Eey su contrarío. E
aquel capitán se apoderó de toda la isla , é la puso
en obediencia del Eey é de la Eeyna; y embió á
este rey que le ayudó é á su muger á la villa de
Madrid (1) , do el Eey é la Eeyna estaban ; los qua-
les mandaron proveer de todas las cosas necesarias
á ellos ó á todos los Canarios que con ellos vi-
nieron.
CAPÍTULO XIX.
Como los moros desbarataron al Maestre de Santiago, é al Mar»
qués de Cáliz, é á otros caballeros é capitanes.
El Maestre de Santiago Don Alonso de Cárdenas,
á quien el Eey é la Eeyna dieron cargo de la fron-
tera de los moros por la parte de Ecija, é Don Eo-
drígo Ponce de León, Marqués de Cáliz, fueron in-
formados por algunos adalides que podrían facer
guerra á los moros que vivían en unas grandes sier-
ras cercanas á la mar, que se decían el Axarquía, é
que habia un lugar cercano de la cibdad de Málaga
por donde las batallas de la gente que llevasen po-
drían entrar é salir seguramente sin recelo de rece-
(1) Fué esto por Jonio de este año. De las islas Canarias y sus
conquistas y medios como Pedro de Vera traxo uno de los dos re-
yes á Castilla , habló muy largamente el Cura de los Palacios,
Uist.delosReyesCalól.,cap.&i,6^y6Qt
DON FERNANDO
bir dafio de los moros. E porque sabían que en Má-
laga había por estonces pocos homes á caballo , co-
mo estos caballeros fueron avisados del estado de
la tierra, acordaron de juntar sus gentes. E ficiéron-
lo saber á Don Juan de Silva , Conde de Cif uentes,
que estaba por guarda é Asistente de la cibdad de
Sevilla, é á Don Alonso, Señor de la casa de Aguí-
lar, é á Don Pero Enriquez, Adelantado del Anda-
lucía ; los quales con sus gentes se juntaron con el
Maestre é con el Marqués de Cáliz para facer aque-
lla entrada. Juntáronse ansímesmo con estos caba-
lleros Bernardino Manrique, fijo de Garcí Fernandez
Manrique, que tenía la guarda é la justicia de la
cibdad de Córdoba, é Juan de Kobres, Alcayde é
Corregidor de la cibdad de Xerez , con las gentes
de aquellas cibdades ; é los Alcaydes de Antequera
é Morón é Archídona é de otras fortalezas cercanas
de tierra de moros ; é ansímesmo Juan de Almaraz
é Bernal Francés, capitanes de cierta gente de ar-
mas de las hermandades, á quien el Bey é la Reyna
mandaron que estoviesen en aquella frontera á la
gobernación del Maestre de Santiago. Estos caba-
lleros juntaron sus gentes de á caballo é de pié. E
porque tantos é tales caballeros, é con tanta gente
facían entrada en tierra de moros, otros algunos de
las cibdades de Sevilla, é de Córdoba, é de Ecija, ó
de aquellas comarcas , dellos movidos por servicio
de Dios, otros por ganar honra, é otros por haber
robos , se movieron de su voluntad á ir con ellos.
Porque creían, según la mengua de gentes é de ca-
ballos é las otras fatigas que los moros de cada día
habían recebido , que no temían fuerzas para resis-
tir al poder que estos caballeros llevaban. Todos es-
tos capitanes con sus gentes se juntaron en la cib-
dad de Antequera, donde ovieron diversos conse-
jos. El voto de algunos era que entrasen unos á unas
partes, é otros á otras. Algunos caballeros que sa-
bían aquella tierra, dixeron que la aspereza de
aquellas montañas era defensa de las gentes que las
moraban ; é que quando los venciesen habrían poco
provecho , porque eran pobres de ganados y ellos
se defenderían en las sierras y en los lugares áspe-
ros, ó decían que en las guerras no se debía aven-
turar lo mucho por haber lo poco. Al fin por aviso
de aquellos adalides acordaron de entrar en aque-
llas partes, é ordenaron sus batallas en esta mane-
ra. Don Alonso , Señor de la casa de Aguílar, y el
Adelantado del Andalucía tomaron cargo de llevar
el avanguarda, é con estos iban por guiadores los
adalides. Después de aquella batalla iba el Conde
de Cif uentes, do iban algunos homes principales de
la cibdad de Sevilla. El Marqués de Cáliz iba des-
pués desta batalla con la gente de su casa, é otros
algunes caballeros del Andalucía. La reguarda lle-
vaba el Maestre de Santiago con los caballeros de
su Orden, é de la cibdad de Ecija. Estos caballeros
é gentes llevaban gran recuage de acémilas é bes-
tias , en que iban provisiones para los días que en
tierra de moros estoviesen. Las batallas ordenadas
en esta manera, partieron de la cibdad de Anteque-
rft un d^ Miércples del mes de Mwzo, é andovieron
É DO^A ISABEL. 383
todo aquel día é la noche siguiente. E como aquella
tierra adonde habían acordado de ir es metida en
tierra de los moros, no pudieron llegar allá fasta
otro día Jueves. Aquel día ya bien tarde llegaron á
algunas aldeas , que son en aquella tierra de Axar-
quía; é por ser mucha la gente de los christianos , é
haber tardado tanto en la entrada , fueron sentidos
antes que entrasen ; é los moros ovieron lugar de
alzar sus ganados é bienes , é se retraer á las torres
é sierras é otros lugares fuertes que estaban en aque-
lla tierra. E por esta causa los christianos no pudie-
ron tomar salvo pocos ganados é prisioneros ; pero
quemaron algunas aldeas que fallaron despobladas.
Aquellos caballeros é capitanes que llevaban la de-
lantera, é algunos otros, se derramaron por todas
partes á buscar robos de ganados é de prisioneros;
el Maestre iba en la retaguarda , é llevaba su gente
junta. E pasando por una aldea de las quemadas
que se llamaba Molinete , salieron los moros que es-
taban recogidos en el castillo ; é como vieron á la
gente de caballo que el Maestre llevaba metida en
unas grandes ramblas é barrancos , donde los caba-
lleros no se podían bien rodear con los caballos, sa-
lieron de la fortaleza é pelearon con ellos. Y en
aquella f acíenda recibió el Maestre dafio en los su-
yos, que los veía ferir é matar sin los poder socor-
rer, ansí porque estaba defendiéndose de los mo-
ros , como por la mala dispusícion de los lugares ; y
embió llamar la gente que iba delante, que le vi-
niesen á socorrer. El Marqués de Cáliz quando sopo
que los moros peleaban con el Maestre , é le facían
dafio en su batalla, tornó á le socorrer con la gente
de caballo é con algunos peones que pudo recoger.
E con el socorro que el Marqués fizo, los moros se
retraxeron, y el Maestre é su gente pudieron salir
de aquellos malos pasos en que estaban metidos. Los
otros caballeros é capitanes que iban en la delante-
ra, habían quemado algunas aldeas é andaban der-
ramados buscando ganados é prisioneros. E porque
no sabían los malos pasos que en aquella tierra ha-
bía, metíanse en talos valles é angosturas, que re-
cebían algunos daños de los moros que salian á ellos
de unas partes é de otras , veyéndolos abarrancados.
El Conde é Don Alonso y el Adelantado, como so-
pieron que los moros peleaban con el Maestre é con
el Marqués, recogiéronse, é vinieron donde el Maes-
tre y el Marqués estaban ; los quales juntos , porque
conocieron que la díspusicion de aquella tierra era
mas para recebir dafio que para lo facer, especial-
mente porque todos los homes é mugeres eran re-
traídos con sus bienes, acordaron de dexar la presa
de algunos ganados que habían tomado , porque les
impedía la salida, é volver á tierra segura. E man-
daron á los adalides que los guiasen para salir de
aquellas ramblas é lugares ásperos. Los adalides á
quien cometieron la guía, pensando llevar la gente
por lugar mas seguro, tomaron camino de una sier-
ra tan alta é tan fragosa, por donde el peón podía
andar á gran pena. Los moros todo aquel día é la
noche pasada, según su costumbre, ficieron gran-
des fuegos por muchas partes en las cumbres de lai?
m
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
BÍerras y en otroB lugares altos ; é juntáronse mu-
chos de los que moraban en aquella serranía, é to-
maron la delantera por donde iban los christianos, é
dende aquellos lugares facían en ellos grandes da-
ños con piedras é saetas que tiraban por los lados
en la reguarda que llevaba el Maestre. E los chris-
tianos trabajando por salir de los malos pasos don-
de estaban metidos, sobrevino la noche. E recelan-
do que en aquel camino por do eran guiados no re-
cibiesen mas daño , volvieron á pasar un arroyo fon-
do debaxo de una sierra fragosa, que los moros ha-
bían ya subido. Quando los moros vieron á los chris-
tianos metidos en aquel valle angosto, desde las
alturas tiraban piedras y esquinas, é mataban mu-
chos christianos; é algunos de los que se aventura-
ban á subir la sierra por escapar, morían cayendo de
los barrancos altos, porque la escurídad de la noche
les impedia, de manera que ni veían, ni sabían el
tino por do habían de subir. E oyendo los alaridos
de los moros , é turbados con la escurídad de la no-
che é con la aspereza del lugar, enflaquescian , é no
sabían que remedio diesen á la perdición que veian;
é sufriendo esta pena estovíeron fasta la media
noche.
El Maestre é aquellos caballeros é capitanes , ve-
yendo á sus parientes é criados é á las otras gentes
de sus capitanías, á unos caer muertos, é á otros llo-
rar sus ferídas, é á otros gemir su flaqueza; é como
no tenían fuerzas para pelear, ni con el cansancio
de la noche é de los días pasados podían salir de
aquella fondura do estaban señoreados de los mo-
ros: «Muramos, dixo el Maestre, faciendo camino
«con el corazón, pues no lo podemos facer con las
» armas, é no muramos aquí muerte tan torpe. Su-
nbamos esta sierra como bornes, é no estemos abar-
)) raneados esperando la muerte, é veyendo morir
«nuestras gentes, no las pudiendo valer.» E dicien-
do estas palabras, dellos á caballo, dellos á pié, acor-
daron do se poner al peligro que podían recebir en
la subida de la sierra, é no al que veian estando en
aquel valle. E defendiéndose como mejor pudieron,
subieron fasta donde los moros estaban. En aquella
subida se perdió el Alférez del Maestre con su se-
ña, que se llamaba el Comendador Diego Becerra,
cuya era Torre Mexía ; é murió peleando un caballe-
ro primo del Maestre que se llamaba Juan Osorío,é
Juan de Bazan , Señor de la Granja ; é otros muchos
de sus parientes é criados , é de los otros caballeros
que trabajando por subir á lo alto, caían con la
fuerza de las esquinas é piedras grandes que los
moros derribaban. El Marqués que subió por otra
parte guiándolo un adalid, pasó adelante de aque-
lla sierra con la gente que le había quedado de su
batalla. El Maestre y el Conde de Cifuentes é Don
Alonso de Aguilar y el Adelantado é los otros capi-
tanes, que habían de seguir la via que el Marqués
llevaba, ansí porque quedaron peleando con los mo-
ros, como porque fueron impedidos con la oscuri-
dad de la noche , é turbados veyéndose rodeados de
los moros por todas partes , no pudieron seguir el
(¡amino que el Marqués habia llevado, é fuéles ne-
cesario descender á otro valle. E los mofOB ovleroii
lugar de se poner entre la batalla del Marqués é del
Maestre é de los otros caballeros, de manera que no
podían socorrer los unos á los otros , ni menos los
que estaban juntos se podían ayudar; porque cada
uno trabajaba lo que podía por se salvar de los ti-
ros de piedras é saetas que por todas partes tiraban
los moros que sabían bien aquella tierra é los malos
lugares donde la fortuna metió los christianos. El
Marqués de Cáliz , que pasó adelante, metióse con
la gente que le quedó en un valle , pensando en él
estar mas seguro, é recoger las otras gentes que ve-
nían en la rezaga. E alguna parte de los moros que
tenían tomada la delantera, salieron al encuentro, é
pelearon con él é con la otra gente que le pudo acom-
pañar. E como quier que fizo rostro á los moros ó
peleó con ellos , pero como su gente estaba cansada
del trabajo que habían pasado en subir aquellas
sierras , é muchos dellos f eridos , é los moros salían
todavía mas de refresco , é sabían los pasos donde
podían pelear á su salvo ; los que estaban con el
Marqués no pudiendo sofrir la fuerza de los moros
que entraban ya por ellos, fueron desbaratados; ó
los que tovieron fuerzas para fuír se pusieron en
fuida, é todos los otros fueron muertos é presos. El
Marqués visto el destrozo de los suyos, tomó otro
caballo, porque el suyo ya estaba cansado é mal fe-
rido , é guíándole un adalid por una sierra alta que
duraba quatro leguas , se pudo salvar. E los moros
siguieron el alcance fasta media legua, matando é
captívando muchos de los christianos. Allí en aquel
destrozo mataron los moros á Don Diego , é á Don
Lope, é á Don Beltran, hermanos del Marqués , é á
Don Lorenzo, é á Don Manuel, sus sobrinos, é otros
muchos de sus parientes é criados , é de los otros
que se llegaron á su compañía. El Maestre de San-
tiago y el Conde de Cifuentes y el Adelantado é Don
Alonso de Aguilar é los otros capitanes con las otras
gentes que quedaron en una ladera de aquella sier-
ra, como estaban muy cansados y enflaquecidos de
los trabajos de la noche é de los días pasados, é no
sabían los pasos de aquella sierra, caían muchos al
fondo del valle. Otros se metían en poder de los ene-
migos, porque elegían antes perder la libertad que
la vida, pues no podían pelear. Los moros daban
grandes alaridos con el orgullo del vencimiento ; é
los christianos gemían las muertes que veian de los
suyos, é las que ellos esperaban. Los caballeros é ca-
pitanes principales puestos en angustia é no veyen-
do reparo, estaban turbados, é fallecíales el conse-
jo , porque todas sus gentes estaban derramadas por
aquellas sierras, é tan grande era el temor que te-
nían , que ninguno sabia de su compañero ni le po-
día ayudar. A tal estado vinieron los christianos en
aquella hora, que ni oían señal de trompeta, ni
veían seña que guardasen , ni donde se acaudilla-
sen. El Maestre de Santiago , visto el perdimiento
de aquella hueste, dixo: «O Dios bueno, grande es
«por cierto la ira que el día de hoy has querido mos-
wtrar contra los tuyos, pues vemos que la gran
«desesperación que estos moros tenían, geles h*
DON FERNANDO
«convertido en tal osadía, para que sin armas ba-
»yan victoria de nosotros armados.» Algunos de sus
parientes é criados que con él estaban, le dixeron:
«Ya vedes, Señor, este perdimiento; dexad el es-
»fuerzo para pelear, é habed consejo para escapar,
»pues vedes que no hay otro remedio, sino poneros
j) en salvo , porque no padezcáis vos , é con vos to-
»do8 estos vuestros parientes é criados, é las otras
» gentes que ha placido á Dios que queden vivas ;
«porque vuestra estada aquí no sea causa de perdi-
»cion de todos.» Esto mesmo decían sus parientes é
criados á cada uno de los otros caballeros. El Maes-
tre porque no veia lugar de pelear, é conoció que to-
dos perescerian si él allí esperase, dixo : «No vuel-
»vo las espaldas por cierto á estos moros, pero fu-
nyo. Señor, la tu ira, que se ha mostrado hoy con-
»tra nosotros por nuestros pecados, que te ha placi-
))do castigar con las manos destas gentes infieles.»
E luego le dieron un caballo , porque estaba á pió ; é
guiándole un adalid por lugares muy ásperos se
salvó. Salieron ansiraesmo el Adelantado, é Don
Alonso de Aguilar, cada uno por su parte , subien-
do aquellas sierras por lugares fragosos , porque los
moros no los siguiesen. Muchos homes que estaban
á caballo fueron muertos é presos en aquel desbara-
to ; porque f uyendo por las cuestas altas , los que
estaban á pié se asían á las colas de los caballos, por
haber mas fuerza para subir ; é los caballos no pu-
diendo sufrir el trabajo de la subida, caían é que-
daban en el camino el caballero y el peón. El Con-
de de Cif uentes con algunos de los suyos que se fa-
llaron con él en un lugar muy estrecho , veyéndose
cercados por todas partes , é que no podían escapar
peleando, por la multitud de las piedras é saetas que
le tiraban , se dio á prisión , é fué llevado él y otro
BU hermano , que se llamaba Don Pedro de Silva , á
la cíbdad de Granada, con algunos otros de los su-
yos que pelearon con él. Los moros siguieron el al-
cance por todas partes donde iban los christíanos
f uyendo , é prendieron muchos dellos , é otros algu-
nos que tiraron por diversas partes se salvaron. Per-
dieron allí los christíanos todas las armas que lle-
vaban, é la mayor parte de los caballos, é todo el
f ardage , que era en gran cantidad ; é fueron presos
los Alcaydes de Antequera ó de Morón , é Juan de
Robres , é Bernardíno Manrique , é Juan de Pineda»
é Juan de Monsalve, é otros muchos caballeros prin-
cipales , que fueron en aquella entrada. E la victo-
ria de los moros fué tan grande , y el esfuerzo de
los christíanos tan pequeño , que dos moros desar-
mados prendían cinco ó seis christíanos de los que
andaban perdidos por aquellas sierras, é los lleva-
ban á la cibdad de Málaga, que era cerca de aquel
lugar donde fué este desbarato. E algunas mugeres
moras salían de la cibdad de Málaga, é prendían los
christíanos que fallaban derramados é perdidos por
los campos. Falláronse allí mil captivos é mas que
fueron llevados á otras partes.
Este desbarato que ovieron los christíanos fué
grande , lo qual en lo público pareció haber seydo
por la mala guia de loa ftdaUdesj lo secreto niogu-
Cr^IÍI,
É DOÑA ISABEL. 3á5
no lo pudo conocer, sino solo Dios , en cuya mano
son los vencimientos de las batallas. Pero según el
juicio de los homes, bien se mostró haber acaescido
por el orgullo é soberbia que tovieron los christía-
nos, teniendo en poco las fuerzas del enemigo ; é
porque olvidaban la confianza que debían tener en
Dios, la pusieron en la fuerza de la, gente (1).
CAPÍTULO XX.
De como el Conde de Cabra y el Alcayde de log Honceles vencie-
ron en batalla al Rey de Granada, é le preudieron.
Contado habemos la división que habia entre los
moros, é como la mayor parte de los principales de
aquel Reyno de Granada dexaron al Rey que tenían,
é se juntaron con su fijo mayor, é le alzaron por Rey;
é como durante esta división los moros tenían entre
sí guerra, allende de la que los christíanos les fa-
cían. El Rey Moro que se llamaba Alimuley Bahab-
deli , veyendo que su poder era mayor que el de su
padre, é conociendo que los moros tenían afición á
aquel Rey que.mayor guerra facía á loa christíanos,
juntó la mas gente de píe é de caballo que pudo ha-
ber en el Reyno de Granada. É considerando que la
frontera de Córdoba, é de Écija, é de todas aquellas
partes, por el desbarato que los christíanos ovieron
en el mes de Marzo pasado , estaría menguada de
gente , é que no fallaría resistencia ; acordó de en-
trar en tierra de christianos, é puso real sobre la vi-
lla de Lucena, que es del Alcayde de los Donceles,
é taló los panes é viñas de aquella villa, é de la vi-
lla de Aguilar, é de otros lugares do la comarca. La
nueva desta entrada vino á Don Diego Fernandez
de Córdoba, Conde de Cabra, que estaba en la su
villa de Baena; é luego juntó la mas gente que pu-
do, é fué para la villa de Lucena, donde sopo que
estaba el Rey de Granada con toda su gente, é allí
se juntó con él el Alcayde de los Donceles. Como
los moros sopieron que el Conde venía contra ellos,
ovieron su acuerdo de alzar el real, é volver con
toda la cavalgada que llevaban para la cibdad de
Loxa. El Conde de Cabra y el Alcayde de los Don-
celes, teniendo menor número de gente á caballo é
á pie que tenia el Rey de Granada , movidos mas
por alguna inspiración divina que por ninguna ra-
zón humana, acordaron de seguir á los moros, é
pusieron tal diligencia, que los alcanzaron fasta le-
gua é medía de Lucena, en un lugar que se llama el
Arroyo de Martin González. B como fueron á vista
dellos, pusieron toda su gente en una batalla, y es-
(1) En el MS. del Señor Nava se añade lo siguiente: «La qual
«escusaran, si al salir fueran juntos con ios adarves de Málaga:
»é porque no dieron tantas gracias á Dios quantas liabian de dar
•por la toma de Alliama ; que nrticlios dellos llevaban dineros para
■comprar el despojo de los moros, de manera que iban masa
•mercadear que á servirá Dios: porque pensaban que habia de
•ser el despojo como el de Alliama.» Sucedió esta derrota dia do
San Benito, á 21 de Marzo, como apunta el sumario «le Galindez, y
mas largamente el Cura de los Palacios, que cuenta mas por me-
nor este hecho, y discrepa algo en el número de los muertos y
prisioneros, que bace subir hasta mil y quinientos. Bemald» ear
titulo 60.
2¿
886
CRÓNIOAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
peraron los peones que traían, ó amonestáronles
que ficiesen lo que buenos christianos é bornes es-
forzados deben facer ; é que esperaban en la mise-
ricordia de Dios , y en la Virgen gloriosa su madre,
que les daria victoria de aquella gente infiel. Algu-
nos veyendo que los moros eran en número mucho
mayor que los christianos, fueron turbados, é de-
cían que con mayor deliberación debían salir al
campo , é con mas gente debieran seguir los enemi-
gos, ó ponerse en aquel lugar do estaban ; é quisie-
ran facer por su voluntad lo que la vergüenza les
ímpidia. El Conde cuando vido los ánimos de aque-
llos dubdosos é algo enflaquecidos, esforzábalos di-
ciendo que la vida en poco tiempo se pasaba, é
con pequeña dolencia se atajaba, ó que la debían
aventurar por haber fama loable si venciesen, é
gloria sí allí muriesen ; é que en tal lugar estaban
puestos , donde toda esperanza de la vida estaba
puesta en el esfuerzo, é no en la fuída. Y esforzan-
do toda su gente con semejantes razones, fueron
contra los moros.
Los moros venían en tres batallas : en la una ve-
nia el Rey de Granada, en la otra venía el Algua-
cil mayor, y en la otra venia por capitán el Alatar
de Loxa. El Rey de Granada y estos capitanes mo-
ros quando vieron que el Conde de Cabra y el Al-
cayde de los Donceles con sus gentes venían contra
ellos en batalla, juntaron las tres batallas que traian
en una. E los peones moros siguieron adelante su
camino con la cavalgada que llevaban; é los moros
con gran alarido é muy gran denuedo vinieron con-
tra el Conde é contra el Alcayde, pensando, según
su costumbre de pelear , que los christianos no pu-
diendo sufrir su arrebatado acometimiento , venci-
dos súbitamente de miedo, se pondrían en fuída. E
plogo á Dios é la Virgen su madre de les dar es-
fuerzo para sofrir aquel riguroso acometimiento de
los moros. E como los unos estaban ya cerca de los
otros para se encontrar, quan grande fué el arreba-
tamiento que ovieron los moros para acometer, tan
grande ó mayor fué para volver las espaldas ; é
luego sin esperar los primeros encuentros, se pu-
sieron en fuida. Y el Conde y el Alcayde de los
Donceles fueron contra ellos matando é captivando
fasta un lugar que so llama Xezna, que es cinco
leguas de Lucena ; é tomaron toda la cavalgada
que los moros desampararon. La nueva deste des-
barato vino á Don Alonso de Aguilar que estaba
en la cíbdad de Antequera, é cavalgó luego con la
gente de caballo que pudo haber, é púsose en el
atajo de los moros que iban fuyendo , ó captivo é
mató muchos dellos. En aquel lugar se fallaron
muertos fasta mil moros, allende de los que murie-
ron en otras partes; é fué preso el Rey de Granada,
é murieron algunos Alcayde ó cabeceras del Rey-
no de Granada, en especial murió el Alatar que era
Alcayde é capitán de Loxa, é fué tomado el recuaje
que traian, é fueron traídos presos á la villa de Lu-
cena é Aguilar muchos dellos. E fueron tomadas
nueve banderas, las quales con la cabeza de un Rey
puesta en una cadena, el Rey é la Reyna dieron fa-
cultad que el Conde trajese en el escudo de sns ar-
mas, y en las orlas que están en circuito del escu-
do. Cogido el despojo , é traído el Rey Moro ante el
Conde de Cabra , visto como poco antes la fortuna
le dio poder de rey, y el infortunio le puso tan pres-
to en estado de subjeto, por le consolar le díxo
que si como home discreto le considerase el presu-
roso movimiento de las cosíis humanas , ni la pros-
peridad que poco antes tovo le debía alterar, ni la
adversidad que tan presto le vino le debía entriste-
cer. Porque ansí como el bien pasado no tovo fir-
meza, ansí el mal presente se puede mudar. E con
estas, é con semejantes palabras consolándole, ó
guardándole la honra que debía como á rey, lo lle-
vó preso á la su villa de Baena. Sabido por los mo-
ros este desbarato, é como su Rey era preso, algunos
caballeros de aquel Reyno , que le obedecían por
rey, se tomaron á la obediencia del Rey su padre.
CAPÍTULO XXL
Como el Rey entró en la vega de Granada, é de la tala que
fiEO.
El propósito del Rey é de la Reyna era contínar
la guerra que tenían comenzada contra los moros.
E acordaron que este afio se ficíese tala en la vega
de Granada , é para la facer mandaron apercebir á
todos los caballeros é gentes que moraban en aque-
llas partes del Andalucía, é del Reyno de Toledo,
é de algunas cibdades é villas que son allende loa
puertos hasta Castilla la vieja ; é mandaron adere-
zar todas las cosas necesarias á la guerra. E como
el Rey vino de la cíbdad de Astorga para la villa de
Madrid do estaba la Reyna, luego otro día partió
para la cíbdad de Córdoba. La Reyna ansimesmo
partió de Madrid, é fué para la cíbdad de Sancto
Domingo de la Calzada, é fué con ella el Cardenal
de España , é algunos otros Doctores del su Conse-
jo , para entender en las cosas tocantes á la gober-
nación del Condado de Vizcaya , é de la provincia
de Guipúzcoa , é de todas aquellas partes de Castilla
la vieja, é de otras cosas tocantes al casamiento
que era movido del Príncipe Don Juan su fijo con
la Reyna de Navarra, que según habernos dicho,
subcedió en aquel Reyno por la muerte del Rey Fe-
bus BU hermano. E como el Rey llegó á Córdoba, no
se detovo en aquella cíbdad , porque el tiempo de
facer la tala se pasaba. E luego partió para la villa
de Almodovar, ó fueron con él el Duque de Náxe-
ra, y el Duque de Alburqu erque , y el Maestre de
Santiago, y el Marqués de Villena , y el Marqués
de Cáliz, y el Conde de Cabra, é Don Pedro Puer-
tocarrero , Conde de Medellin , é Don Garci López de
Padilla, Maestre de Calatrava, y el Conde de Mon-
te-Rey, é Don Gutierre de Sotomayor, Conde de Be-
lalcázar, é Don Pedro de Acuña, Conde de Buendfa
é Adelantado de Cazorla , é Don Iñigo López de
Mendoza, Conde de Tendí lia, é Don Juan de Guz-
man, fijo del Duque de Medinasidonía, é Don Enri-
que Enriquez , Mayordomo mayor del Rey, ó Luía
Fernandez Fnertocarrero, Sefior de Palma, é Bo'
DON FEENANDO
árigo de Ulloa, su Contador mayor, é Don Feman-
do de Velasco , capitán de la gente del Duque del
Infantadgo, y el Alcayde de los Donceles, é Don
Francisco de Estúfiiga , fijo del Duque de Plasencia.
Vinieron ansimesmo á servir al Eey é á la Reyna
una gente que se llamaba los Suizos , naturales del
Eeyno de Suecia (1), que es en la alta Alemana.
Estos son homes belicosos, é pelean á pié, é tienen
propósito de no volver las espaldas á los enemigos;
é por esta causa las armas defensivas ponen en la
delantera, é no en otra parte del cuerpo, é con esto
son mas ligeros en las batallas. Son gentes que
andan á ganar sueldo por las tierras , é ayudan en
las guerras que entienden que son mas justas. Son
devotos é buenos christianos ; tomar cosa por fuer-
za repútanlo á gran pecado.
Como todas las gentes que el Rey mandó llamar
fueron juntas , partió de la villa de Almodovar, é
poniendo sus reales llegó fasta un lugar que dicen
el Carrizal ; é allí esperó el artillería que iba en su
hueste, ansimesmo todo el recuage de los mante-
nimientos é otras cosas. E mandó facer alarde de la
gente que llevaba, é falló que estaban juntos en
aquel real fasta diez mil homes de caballo á la gi-
neta é á la guisa, é veinte mil homes á pié, é otros
treinta mil peones diputados solamente para talar.
E allende desto iban en aquella hueste otra gran
copia de gentes que tenían cargo de ir con las bes-
tias que llevaban los mantenimientos para bastecer
la hueste. Otrosí los que llevaban los bastimentos é
cosas necesarias para proveimiento do la cibdad de
Alhama. En esta hueste iban con los bastimentos é
artillería fasta ochenta mil bestias de recuage. E
mandó el Rey ordenar las batallas de la gente de
armas é de pié en esta manera. Al Maestre de San-
tingo , é al Marqués de Cáliz , é á Don Alonso de
Aguilar, é á Luis Fernandez Puertocarrero , Se-
ñor de Palma , mandó llevar el avanguarda con las
gentes de sus casas. A Don Garci López de Padilla,
Maestre de Calatrava, é al Conde de Monte-Rey
mandó ir en otra esqaadra. A Don Francisco de
Estúñiga con la gente del Duque de Plasencia su
padre, é del Maestre de Alcántara su hermano man-
dó ir en otra esquadra. Al Conde de Belalcázar, é á
Don Fadrique, fijo del Duque de Alba, mandó que
fuesen en otra esquadra. Al Duque de Náxera con
la gente de su casa é con la gente de las cibdades
de Jaén é Úbeda é Baeza mandó ir en otra esqua-
dra. Al Duque de Alburquerque, é á Don Juan de
Guzman, fijo del Duque de Medinasidonia, mandó
ir en otra esquadra. En la batalla real donde iba su
persona, iban mil caballeros, los quinientos homes
de armas á la guisa con caballos encubertados, é
otros quinientos á la gineta ; estos eran todos cria-
dos suyos é de la Reyna, que andaban continos en
su guarda. E mandó á Don Diego López Pacheco,
Marqués de Villena, que fuese por capitán de aque-
lla batalla, en la qual iba por Alférez de su estan-
darte real Don Alonso de Silva que lo servia por
(1) Asi dice el original que nos sirve de texto.
É DOÑA ISABEL. 387
Don Juan de Silva, Conde de Cifuentes, su herma-
no , que estaba preso en Granada. En la esquadra
de la rezaga mandó ir al Conde de Buendia, é á
Don Juan de Sotomayor, Señor de Alconchel, é á
Don Fernando de Velasco, capitán de la gente del
Duque del Infantadgo , é á la gente del Duque de
Medinaceli , é á Martin Alonso , Señor de Montema-
yor. Los peones mandó repartir en esquadras , cada
una con su capitán en los lugares convinientes. E
con el artillería é f ardage iban otras gentes á caba-
llo é á pié de las cibdades de Sevilla é de Córdoba é
de Écija é de toda el Andalucía con sus capitanes.
Ordenadas las batallas en esta manera que habe-
mos dicho , el Rey fué fasta un lugar que se llama-
ba la Cabeza de los Ginetes. E otro dia entró mas
adentro en tierra de moros, é mandó asentar su real
junto con Illora, que es villa muy fuerte de moros;
de la qual salieron algunos moros á escaramuzar
con la gente de caballo que iba en la delantera, ó
con los peones que iban con ellos. Los quales pelea-
ron é retraxeron á los moros , y entraron juntamente
peleando con ellos por el arrabal. Los moros visto
que el arrabal era tomado, retraxérouse á la villa.
E como los christianos se apoderaron del arrabal, el
Rey mandó quemar algunas parvas de panes, que los
moros tenían puestas bien cerca del muro de la vi-
lla, recelando la tala que el Rey entraba á facer en
aquella tierra. E los moros por defender los panes
del fuego , é los christianos por los quemar, pelea-
ron los unos contra los otros , é fué entre ellos bien
f erida aquella escaramuza. En la qual los christianos
recebian daño de los tiros de piedras é saetas é es-
pingardas, que los moros tiraban desde el muro, por
defender los panes. El Eey visto el daño que rece-
bian los suyos, fizólos retraer de la pelea; é mandó
á los artilleros que tirasen con los ribadoquines al
muro, é á los otros lugares do estaban los moros de-
fendiendo, é de aquellos recebian los moros tanto
daño, que desempararon los lugares donde defen-
dían las parvas , é los christianos ovieron lugar de
ponerles fuego, aunque estaban bien juntos con el
muro de la villa. Mandó ansimesmoel Rey quemar
todo aquel arrabal, é quedó la villa destruida por
la gran tala que en todo aquel término se fizo. An-
simesmo mandó al Conde de Cabra, é á Don Alonso
de Aguilar, que fuesen á una villa que se llama
Monte Frío á la talar con dos mil homes á caballo, é
diez mil peones taladores. Estos caballeros cumplien-
do lo que el Eey les mandó, fueron luego, é pusieron
toda la gente do armas á la puerta de la villa, por
resistir á los moros si saliesen á defender la tala;
entretanto que los peones taladores talaron todas
las huertas ó panes, é otras cosas que en el término
de aquella villa fallaron en circuito de una legua.
CAPÍTULO XXII.
De como se tomó la villa de Tajara.
Fecha la tala de aquellas villas , el Eey vino con
toda su hueste áotra villa que se llamaba Tajara, é
puestas sus batallas en orden venian por el camina
38d
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
los peones á pié que eran señalados para talar, é
derribando molinos, é quemando huertas, é talan-
do árboles por todos los campos. E allende de lo
que los peones taladores facían , la multitud de la
hueste no dexaba cosa inhiesta dos leguas en der-
redor de la tierra que pasaban. E como el Rey llegó
á aquella villa de Tajara , porque estaba en tal co-
marca, que los que guardabah á Alhama, recebian
della gran dafio , é los moros de Loxa gran ayuda,
mandóla combatir. E luego los f erreros é carpinte-
ros que traia en su hueste , de la madera de los ár-
boles que talaron, ficieron bancos pinjados , é man-
tas, é otras cosas necesarias para el combate. E co-
mo quier que los moros que estaban dentro eran
homes cursados en la guerra, é aventuraban la vida
por defender la entrada á los christianos ; al fin no
pudiendo sofrir los combates que les fueron dados,
desampararon la villa, é los que pudieron se retra-
xeron á la fortaleza , é los christianos la pusieron á
sacomano. Entrada la villa , los votos de algunos
caballeros é capitanes eran que la fortaleza no se
combatiese , porque decian que el muro era muy
fuerte, é no habia lombardas gruesas con que se
pudiese derribar. El votó de otros era que debia el
Rey mandar llegar los bancos pinjados, é tentar
con los picos el muro, por ver si se podría cavar
por baxo , para se poner en cuentos. El Rey visto
el parecer de los unos é de los otros , mandó que se
combatiese la fortaleza, conociendo que se habían
recogido en ella tantos moros é moras de los viejos
é criaturas, que no podían tener mantenimientos
para se sostener, é que la turbación que tenían en
ver tomada la villa , les quitaría las fuerzas para
defender la fortaleza. E mandó al Maestre de San-
tiago , é al Marqués de Cáliz , é á Don Alonso de
Aguilar, que toviesen cargo de combatir la una
parte del castillo, é al Duque de Náxera, é á Luis
Fernandez Puertocarrero , mandó combatir por otra
parte. E á Don Fernando de Velasco, capitán de la
gente del Duque del Infantadgo, mandó combatir
una de las torres que estaban á la puerta de la for-
taleza. E á Garci Fernandez Manrique mandó que
con la gente de Córdoba combatiese otro pedazo
del lienzo de la cerca. Repartidos estos combates,
aquellos caballeros é capitanes, jcada uno por su
parte comenzó el combate. E los moros se pusieron
en defensa é tiraban piedras , é tiros de pólvora , é
saetas desde los muros é torres , é facían gran daño
en los christianos. Aquel combate duró dende la
mañana fasta hora de vísperas ; en el qual fueron
muertos éferidos algunos fijos-dalgo, especialmen-
te fué f crido Don Enrique Enriquez, Mayordomo
mayor del Rey, de una espingarda en el pié. Los
moros visto que los christianos habían llegado al
muro , echaban de arriba manojos de lino é de cá-
ñamo , bañados en azeyte é pez ardiendo ; con los
quales quemaron algunos bancos pinjados, aman-
tas. Los christianos que estaban debaxo, desampa-
raron los bancos , que no los pudieron sostener por
el fuego que los moros de arriba habían lanzado. E
por esta causa aquel día no se pudo tomar el cas-
tillo. Otro día el Rey mandó tornar al combate, é
tan grande fué la priesa que los christianos dieron,
que los moros no pudiendo defender el muro por la
multitud de las espingardas é saetas é otros tiros
de pólvora que les tiraban , demandaron seguridad
á los que cambatían. E habido el seguro, embíarou
un alf aquí al Rey , á le of rescer el castillo , si le plo-
guiese dar seguridad de la vida, é libertad de las
personas é bienes á los que en él estaban. El Rey
como quier que les dio seguridad de las vidas, pe-
ro no les quiso otorgar libertad de las personas , ni
de los bienes, é mandó continar el combate. Algu-
nos de los moros veyendo que no se podían defender,
acordaron de se dar á prisión ; otros decían que de-
bían morir en la defensa del castillo. E porque esta
división que tenían les enflaquecía mas las fuerzas,
los christianos ovieron lugar de entrar por fuerza
el castillo, é pusieron encima del muro la seña real,
é prendieron todos los moros é moras, é fueron ro-
bados gran cantidad de bienes , é bastimentos , é
armas, é caballos que en él estaban. E de los caba-
llos é otras cosas de precio que allí se tomaron , el
Rey fizo merced á algunos caballeros y escuderos
que con mayor esfuerzo se ovieron en los comba-
tes. E mandó poner fuego á la villa, é derribar los
muros de la fortaleza para escusar el daño que de
los que allí moraban se siguia á la tierra de los
christianos. Talada é derribada la villa de Tajara,
el Rey acordó de ir con toda su hueste á bastecer la
cibdad de Alhama. E contínando aquel camino , la
hueste recibió tan gran fatiga por mengua de agua,
que perecieron algunas bestias. Y el Rey fué cons-
treñido de abreviar las jornadas fasta que llegó á la
cibdad (1), donde la gente ovo refrigerio, con la
abundancia de las aguas que fallaron ; é luego la
fizo bastecer con treinta mil bestias cargadas de
provisiones. Y entregó la tenencia della á Don Iñi-
go López de Mendoza, Conde de Tendílla, é díóle
la capitanía mayor de mil homes á caballo é á pié,
que estoviesen con él para la guardar, é facer guer-
ra á los moros. Bastecida la cibdad de Alhama, lue-
go el Rey mandó mudar el real en la ribera del río
de Cacin , fasta una legua de Alhama. E otro día
fué á otro lugar, que se llama Malaha ; é mandólo
quemar, é fueron derribadas é quemadas fasta tre-
cientas torres, é cortijos, é alearías que estaban en
aquel camino, y en dos leguas de su circuito. Otro
día mandó asentar su real en un lugar que se llama-
ba Alhendin , que es una legua de Granada, junto
con la sierra Nevada, donde hay una legua de oK-
vares , é huertas , é panes , é viñas. E mandó poner
guardas por todas partes en los lugares convinien-
tes, entre tanto que los que talaban derribaban to-
dos los árboles, é destruían los panes é otras cosas
que fallaron. Los moros veyendo la destruícíon que
se facía en su tierra, cometieron á escaramuzar con
los que tenían el avanguardia, é trabajaban por de-
fender á los christianos la entrada en aquel lugar.
(1) Fué esta tala y la toma de Imn por San Jaan de Junio de
este aOo. Bemold., cap, 63.
DON FERNANDO
Los christíanos que estaban á caballo, fueron contra
aquellos moros, é retraxéronlos de tal manera, que
los peones ovieron lugar de entrar en aquel lugar
de Alhendin, é pusiéronle fuego, é quemaron todas
las parvas que estaban en las heras cerca de la cib-
dad de Granada. Otro dia el Rey fué con todas sus
batallas ordenadas fasta bien cerca de la cibdad de
Granada, donde estovo todo el dia, entretanto que
los taladores andaban talando por todas partes. E
como quiera que los moros salieron á escaramuzar
algunas veces entre los olivares ; pero no pudiendo
resistir la tala que veian facer de sus frutos , acor-
daron de enturbiar el agua que iba por las acequias,
de donde los christíanos se proveían ; de manera
que la hueste no se podia aprovechar della. E por
esta causa el Rey mandó mudar su real de aquel
lugar é ponerlo cerca de ima villa que se llama
Huécar, porque la hueste no recibiese daño por
mengua de agua. E mandó á los taladores, que ta-
lasen la vega de Granada por todas partes, é por la
ribera de Guadaxenil ; en la qual tala el Rey durara
mas tiempo, é pusiera sitio sobre alguna villa, sal-
vo porque fallescian los mantenimientos que eran
necesarios para proveimiento de la hueste. Fecha
eeta tala en la manera que dicho habemos , el Rey
vino á Córdoba ; é como llegó á la cibdad , mandó
pagar sueldo á la gente de armas , é Jos jornales á
los taladores^ é á todas las otras gentes que fueron
con él, é mandólos despedir.
Desta entrada é de la tala que el Rey fizo en el
Reyno de Granada, los moros quedaron destruidos, é
BU tierra tan oprimida, que ovieron acuerdo de enviar
BUS embaxadores al Rey á le suplicar que les diese
treguas por algún tiempo; é como ofreciéronle gran
cantidad de oro cada afio de los que le ploguiese
otorgarlas. El Rey oida la embaxada del Rey de Gra-
nada , embiolo á comunicar con la Reyna, que esta-
ba en la cibdad de Victoria ; la qual embió á decir
que su parecer, si á él ploguiese, seria que aquella
tregua no se otorgase á los moros, si no entregasen
ciertas villas é fortalezas del Reyno de Granada por
seguridad de lo que hablan de dar en parias ; porque
ya otras veces les hablan seydo otorgadas, é las ha-
bían rompido quando no tenían tal premia que gelas
ficiese guardar. E porque los moros no las quisieron
entregar , é otrosí porque el Rey é la Reyna tenían
concebido en su ánimo de guerrear todo aquel Rey-
no de Granada, no les fueron dadas las treguas que
demandaron. Y embiaron á mandar que se pusiesen
grandes guardas en los puertos, para que ninguna
persona pudiese meter mantenimientos, ni paño, ni
otras cosas de las que solían llevar al Rey de Grana-
da. E como quiera que muchos caballeros é otros de
los que estaban captivos se rescataban por alguna
cantidad de azeyte é ganados é paños é otras algu-
nas provisiones ; pero la Reyna no daba lugar, que
grande ni pequeña cantidad de proveimientos se
llevase á los moros por rescate de ningún christiano.
E deliberaba de facerles ayuda de dineros en gran
cantidad para Be rescatar, antes que dar licencia
parft que oviesen los moros provisión alguna.
É DO^A ISABEL.
389
CAPÍTULO XXIÍi.
De las cosas qne pasaron en Córdoba con el Rey moro qn6
estaba preso.
Estando el Rey en la cibdad de Córdoba, vinie-
ron á él mensageros de la madre de Muley Bahade-
li. Rey de Granada , que estaba preso en poder del
Conde de Cabra, é de parte de otros caballeros ó ca-
beceras del Reyno de Granada , que estaban á su
obediencia, á le suplicar que le ploguiese ponerlo
en su libertad , ó reducirlo á su Reyno ; porque da
lo tener preso , no recebia servicio , é si lo soltase,
ofreciéronle que seria su vasallo , é le daría cierta
suma de oro cada afio de los que le diese treguas , 6
cierto número de christíanos , quales el Rey esco-
giese de los que estaban captivos en tierra de mo-
ros. El Rey oida aquella suplicación, embió mandar
al Conde de Cabra que traxese al Rey de Granada
é gelo entregase. El Conde obedesciendo el manda-
miento del Rey, partió luego de la su villa de Bae-
na , é vino para la cibdad de Córdoba , é traxo al
Rey de Granada preso, y entrególo al Rey. El Rey
recibió al Conde , é fizóle grande honor, é no quiso
ver al Rey Moro fasta que acordase si lo debía sol-
tar. E mandó á un caballero de su casa que se lla-
maba Martín de Alarcon que tenia la fortaleza de
Porcuna , que toviese cargo do la guardar ; y em-
biole decir con aquel caballero , que se esforzase, é
ovíese aquel placer que pone á los presos la espe-
ranza de la libertad. El Rey Moro oida la consola-
ción que el Rey le embió, respondió : «Decid al Rey
»de Castilla mi señor que yo no puedo ser triste es-
» tando en poder de tan altos é poderosos Reyes co-
»mo son el Rey é la Reyna su muger, especialmen-
»te seyendo tan humanos, ó teniendo tanta parte
» de la gracia que Dios da á los reyes que bien ama.
» Otrosí le decid que días ha que pensaba ponerme
»debaxo de su poderio para recebir de sus manos el
«Reyno de Granada, según que lo recibió el Rey mi
«abuelo del Rey Don Juan su suegro, padre de la
» Reyna. E que el trabajo mayor que tengo en esta
«prisión es haber fecho por fuerza lo que pensaba
«facer de grado.» E porque era necesario al Rey ve-
nir á la cibdad de Victoria do estababa la Reyna , ó
ansimesmo ir al Reyno de Aragón para proveer en
la justicia, y en otras cosas que en aquellas provin-
cias ocurrían ; acordó poner fronteros en los luga-
res do era necesario , para que la tierra estoviese
guardada, é se ficiese guerra á los moros. Ansimes-
mo quiso entender en las cosas que por parte del
Rey moro le eran ofrescídas para las dexar asenta-
das. E mandó á los que procuraban su deliberación,
que las declarasen en su Consejo. Los quales en
presencia del Rey, estando en su Consejo el Maestre
de Santiago, ó Don Garcí López de Padilla, Maestre
de Calatrava , y el Duque de Alburquerque , y el
Duque de Náxera , y el Conde de Cabra , y el Mar-
qués de Cáliz, y el Marqués de Víllena , y el Condo
de Belalcazar, j- el Conde de Corufia, é Don Alonso,
Señor de la casa de Aguilar, é Rodrigo de ülloa, ea
390
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Contador mayor , é otros caballeros é dotores de su
Consejo, é algunos capitanes é alcaydes de la fron-
tera ; los mensageros moros dixeron que si el Rey
ponía en libertad al Rey de Granada , él seria su
vasallo , ó le servirla , é f aria lo que le mandase co-
mo su subdito. Otrosí que le daría trecientos chris-
tianos, quales él escogiese de los que estaban capti-
vos en tierra de moros, é doce mil doblas de oro ca-
da año de los que le ploguiese otorgar treguas á los
lugares del Reyno de Granada, que estaban, ó den-
tro de ciertos días estoviesen por él. E para seguri-
dad que lo compliria, prometieron de dar en rehe-
nes un fijo legítimo de aquel Rey, é otros fijos de
Alcaydes é cabeceras del Reyno de Granada de los
que estaban á su obediencia. Otrosí demandaron
que el Rey mandase á sus gentes que le diesen fa-
vor para facer guerra á algunos lugares é fortale-
zas que se habían reducido al Rey su padre duran-
te su prisión , é á los otros que le habían estado ó
estoviesen rebeldes. E dieron á entender que si el
Rey no daba luego Orden en su deliberación , é se
tardaba algunos días, todos los caballeros principa-
les del Reyno , é las cibdades é villas é castillos é
tierras, que hoy estaban por él , perdida la esperan-
za de su libertad, tornarían á la obediencia del Rey
su padre , como algunos ya habían fecho. Oído por
el Rey aquello que por parte del Rey Moro se ofres-
cía , quiso saber lo que á los Duques é Muestres é
Condes é Marqueses, é á los capitanes que con él es-
taban en su Consejo páresela. Sobre lo qual ovo di-
versos votos, porque algunos decían que se debía
soltar é recebir aquello que se ofrescia ; otros de-
cían que no lo debía facer porque no era su servi-
cio, antes era mayor la utilidad que se seguía de lo
tener preso, que la que se ofrescia seyendo libre, E
porque uno de los principales que sostenían esta
opinión era Don Alonso de Cárdenas, Maestre de
Santiago , por dar á entender mejor su parescer, di-
xo al Rey : «Muy excelente Rey é Señor, tres cosas
ȇ mi ver deben considerar los Reyes en las con-
» quistas que mueven. La primera, si son justas ; la
»segunda, si tienen aparejo para las seguir ;• la ter-
»cera, si pueden forzar las fuerzas del enemigo.
sQuauto á la primera, quien bien mirare las cosas
«pasadas en estos vuestros reynos, después que por
«la gracia de Dios, Vos é la Reyna en ellos reynas-
Mtes, claro verá que Dios aderezó la paz con quien
«la debíades tener, quando la Reyna la concluyó
«con el Rey de Portogal, é vos despertó á la guerra
»que sois obligados de seguir, quando los moros
«rompiendo las treguas que les distes, tomaron la
«villa de Zahara. Bien creo. Señor, que sabe Vuestra
«reftl Magestad, como una de las cosas que losbue-
«nos Reyes christíanos vos han embidia, es tener en
«vuestros confines gente pagana con quien no solo
«podéis tener guerra justa, mas guerra santa, en
»que entendáis é fagáis exercitar vuestra caballería;
»cl qual exercicío no piense Vuestra Alteza ser po-
seo necesario para las guerras que nascen en los
«reynos. Léese en las historias romanas, que Tulio
«Oetilio el tercero Rey de Roma , movió guerra sin
» causa con los Albanos sus amigos é parientes , no
«por otro respecto, salvo por no dexar en ocio su
«caballería. Pues ¿quanto mejor lo debe facer quien
«tiene tan justa, tan santa, é tan necesaria guerra
«como vos tenéis? en la qual se puede ganar honra
«en esta vida é gloria en la otra. Quanto á la segun-
»da, Vos, Señor, por la gracia de Dios , tenéis bue-
»nos capitanes, mucha caballería obediente á vues-
Dtros mandamientos é de la Reyna nuestra Señora,
«cursada en esta guerra, bien pagada de sus gages;
«tenéis villas é castillos cercanos á la tierra de los
Dmoros; tenéis artillería é todos los aparejos que se
«requieren para continar la guerra. Ansí que no sé
»yo que consejo seria dexar de seguirla, pues no hay
«impedimento para que se deba escusar. La tercera
«es considerar si se pueden forzar las fuerzas del
«enemigo. E cerca desto no conviene mucho decla-
«rar, pues las vemos tan flacas, que ansí los de la
«una parte, como los de la otra, vienen con tanta
«cuita, que os ofrecen parias , é demandan tregua;
«por la qual muchas veces ha seydo ofrecida á
«vuestros capitanes alguna cantidad de doblas é
«de captivos christíanos, é ni á Vos, ni á la Rey-
»na ha placido otorgarla. Porque según todos sabe-
nmos, el fin principal vuestro é de la Reyna es fa-
«cer guerra, é ganar el Reyno de Granada, é no ce-
nsar della fasta le dar el fin que deseáis. En prose-
«cucion de lo qual, allende de los peligros, aventu-
«ras é trabajos habidos por vuestra persona real, é
«por vuestros capitanes é gentes ; es cierto que son
«fechos tantos é tan inmensos gastos, que sobrepu-
Bjan á la cantidad de las parias que estos moros
«ofrescen , ni podrían dar en muchos años. E no sé
«yo que aprovecharan los llamamientos de vuestras
«gentes, venidas de los fines de vuestros reynos, ni
«las batallas habidas con los moros , ni las talas é
« destruiciones que por vuestra persona real é por
«vuestros capitanes son fechas en su tierra, ni me-
»nos sé que aprovecharían los prestidos, los tribu-
«tos, las imposiciones puestas en vuestros Reynos,
«si teniendo la guerra para que se pusieron en el es-
«tado que la tenéis, la dexásedes agora, para que se
«pierda juntamente con el fruto que della se espe-
«ra, Ansimesmo Vuestra Alteza ve que este Rey
«preso, no solamente quiere libertad, mas demanda
«vuestro favor para ganar las tierras del Reyno de
«Granada, que le están rebeldes. E sí vuestras gen-
«tes se han de poner á los peligros que se requieren
')en ganar la tierra para él, mejor sería que los ovie-
«sen ganándola para vos ; porque los provechos de
«las parías que dieren , no son tan grandes que no
«sean mayores los trabajos que vuestra gente ovie-
«re, é los gastos que vos ficiéredes en le poner pací-
«fico en su Reyno. Ni menos se debe tener confian-
»za en la promesa que face de ser vuestro subdito,
«porque si la necesidad que agora tiene le obliga á
«esta subjecíon, la libertad que después toviere le fa-
»rá salir della. Allende desto. Vuestra real Señoría
«prosigue agora guerra contra un rey viejo dolíen-
«te, é desamado de los de su reyno ; el qual no pue-
»do bien seguir la guerra por el impedimento de su
DON FEKNANDO
ttperflQna é por la inobediencia de sus subditos. E si
«este rey preso ponéis en libertad, daienos un ene-
»migo mozo é sano, en lugar de otro enemigo viejo
»é doliente ; é los moros que agora están sin el ca-
» pitan que quieren, cobrarían el rey que desean. De
«donde seguirla, que los enemigos que agora tene-
nmos flacos é derramados por falta de buen capitán,
n estarían fuertes ó juntos con buen caudillo. Ni me-
»nos debemos tener confianza en la discordia que
nhay entre ellos; porque dado que agora estén di-
» versos, ¿ donde seremos seguros que permanezca
«esta división, é que no se reconcilien el padre y
«el fijo, é juntos sean mas fuertes para rebolar con-
»tra vos, como han fecho los Reyes de Granada con-
«tra los Beyes vuestros antecesores, todas las veces
«que han habido lugar de lo facer? A lo qual no les
«impedirán por cierto los rehenes que dan , aunque
«sean de mucho mas valor de lo que son estos que
» ofrescen ; porque los moros estiman en poco el
«captiverio, é no habrán empacho de perder los re-
nhenes que dieren de algunos, por facer lo que
«cumple á todos. Otrosí sabrá Vuestra real Señoría
» que el poder de los moros está agora caido por la
«prisión deste rey que amaban ellos, y están men-
«guados de gente de guerra é de armas é caballos
«por el desbarato que ovieron en la batalla do fué
«preso. E si agora le mandasedes soltar é diesedes
» tregua y el favor que piden , habrían lugar de se
«reparar de todas las cosas de que están mengua-
«dos, ó criaríades un enemigo para vuestros ami-
«gos, é un amigo para los enemigos, contra el qual
«no podríamos ansí bien guerrear, como facemos
s agora contra su padre , que no tiene los aparejos
«que ternia este si se viese libre. Ansí que mi pa-
«rescer es, que la guerra comenzada se debe conti-
«nuar, é que ni debéis soltar este rey, ni recebir las
«parias del otro; porque no movistes tan gran gu er-
ara para recebir lo que los moros os quisiesen dar,
«mas para que les quede lo que les quisiéredes de-
«xar, quando so vuestro imperio quisiéredes que vi-
»van. E lo que Vos, Señor, podéis tomar, no esperéis
«recebirlo de otro.»
Acabado este razonamiento , aquellos caballeros
é capitanes , cuyo voto era que la guerra contra los
moros se siguiese , por las razones que el Maestre
de Santiago dizo, se esforzaron mas á aconsejar al
Rey que no soltase al Rey Moro, ni recibiese sus
parias, é que siguiese la guerra comenzada. El Rey
quiso ansimesmo oir á los que eran en voto contra-
rio, é consejaban que el Rey Moro se soltase, é las
parias se recibiesen. E porque uno de los principa-
les que lo sostenían era Don Rodrigo Ponce de
León, Marqués de Cáliz, mandóle que dizese su pa-
rescer , el qual dixo ansí:
« Para que Vuestra real Señoría prosiga la guer-
»ra comenzada contra el Rey é Moros de Granada,
» asaz abundantes son por cierto las razones dichas
«por el Maestre de Santiago; las quales yo no en*
«tiendo repunar, porque mi parescer siempre fué,
»que la guerra contra los moros se continúe ; pero
sno hay en esta vida cosa tan gobernada por ra-
É DOÑA ISABEL. 391
» zon , que el tiempo y la edad é los casos nuevos
«notraygan pensamientos nuevos, para que aque-
«Uo que una vez njs parece que sabemos, otra vez
» no lo sepamos ; en lo que en un tiempo nos pare-
»ce provechoso , en otro nos parece dañoso é ageno
» de razón. Esto digo , muy poderoso Rey é Señor,
«porque la prisión deste rey, é lo que de su parte
«se ofrece, la división de los moros, la prisión do
«los christianos, traen cosas nuevas, que la pruden-
tt cía nos amonesta discerner para lo mejor é mas
«provechosamente proseguir. E ante todas cosas es
» de ver si Vuestra real Señoría gana honra alguna
«en tener preso este rey. E cerca desto, verdad es
«por cierto, que haberlo prendido un Conde vuestro
«subdito, honra es é grande; pero tenerlo preso
«ninguna. Porque los moros tienen poca fe con sus
«reyes, é les han tan poco acatamiento, queligera-
4) mente los facen é desfacen estando libres; ma-
«yormente estando presos, según que en diver-
» sos tiempos los habemos visto , é agora vemos en
» en la prisión deste. La qual sabida , luego los mas
«que estaban á su obediencia, tomaron á la del Rey
« su padre, é privaron al fijo del nombre de rey que
«le habían dado. Y esto mesmo es de creer que fa-
« gan los que quedan teniendo su voz, porque tanto
«menos le estimaran, quanto mas le tovieron absen-
« te. Ansí que no se puede decir que tenéis rey pre-
»so, mas que tenéis un borne particular; de cuya
«prisión, ni los moros facen mención, ni los Chris-
» tinos reciben honra. Veamos pues agora el prove-
«cho que su libertad da á los Christianos, y el daño
» que su prisión escusa á los Moros. Notorio es, muy
«poderoso Rey é Señor, que antes que este rey fue-
»se preso, la división que habia entre él é su padre,
«los tenia tan ocupados , que la guerra que les fa-
» ciamos era mas provechosa á nuestra parte, ó mas
«dañosa á la suya ; porque queriendo cada uno de-
» líos seguir su propósito , ni se podían bien def en-
« der de la guerra que les facíamos defuera, ni po-
«dian bien remediar ala que ellos tenían de dentro.
«Agora después que este rey fué preso, é algunos
«de los principales de Granada, que estaban por el
«fijo se han juntado con el padre, han habido lu-
«gar para defender mejor su tierra. Yo, muy pode-
«roso Rey ó Señor, no digo que cese la guerra que'
«tenéis contra los moros ; pero digo que se suelte
«este que es causa 'de su división, para que tengan
» dos guerras , una con ellos , ó otra con nosotros,
«porque les podáis mejor guerrear, y ellos se pue-
«dan mejor defender. Lo qual no se puede ansí bien
«facer, teniendo este Rey preso, porque aquellos
« que le esperan libre , quitos desta esperanza de su
«libertad, no es dubda que tornen á la obediencia
«de su padre, é Vuestra Alteza pierda la ayuda que
» nos facía su división. El inconviniente que se ró-
scela de su libertad es, que seyendo libre se recon-
» ciliará con su padre, é rebelará contra vos. E sin
« dubda es cosa que puede acaescer, pero mas debe-
nmos creer, que se continúe entre ellos la división
« que se espera, que la reconciliación que se recela.
» Porque este nombre de rey entre los humanos es
m
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
fide tanta excelencia, que aquel que una vez lo to-
j)ma por título, sino es pusilánime, no lo deja sino
s juntamente con la vida. Y es cierto, que pues el
«reynarno sufre dos, aunque sean padre éfijo, ni
«esto dexará la guerra fasta haber todo el Reyno á
» su obediencia, ni el otro dexará su venganza , f as-
»ta quedar rey único como lo era. E para esta su
«discordia, ninguna cosa se pierde, si Vuestra alta
» Señoría mandare favorecer á este, por manera que
«dure la división entre ellos; para lo qual no sola-
» mente se debe soltar este, mas debríades criar do
«nuevo otro, ei este no toviésedes. E puesto caso
«que este rebelase contra Vos, desto por cierto de-
»be facer Vuestra Alteza poca estima, porque en le
«dar libertad, se muestra magnificencia y en tener
» en poco BU rebelión, se muestra vuestro poderío.
«Ansí que, muy alto Rey é Señor, mi parecer es
«que le debéis mandar soltar, é otorgar tregua de
«algún breve tiempo ala tierra que está por él, é
«recebir las parias é los captivos que ofresce ; pues
«por esto no se impide la continuación de la guer-
» ra que facéis contra el Rey su padre. E fenecido
«el término de la tregua que le dais, el tiempo mi-
«nistro ó maestro de las cosas vos mostrará como
«ó contra quien debéis seguir la guerra que tenéis
» en propósito de facer, Y esto debe facer Vuestra
« Alteza por dos razones : la primera, por usar de
«caridad con vuestros subditos los christianos que
» os of reacen , redimiéndolos del captiverio que ovie-
» ron en servicio de Dios é vuestro; lo segundo,
«porque uséis de magnificencia ó liberalidad con
«este Rey que vos la demanda, la qual si él no es
» merecedor de la recebir por ser pagano. Vos sois
«diño de la dar por ser católico ; é porque la virtud
» de vuestra liberalidad resplandezca inmortalmen-
»te entre los vivos, quando so oyere, que teniendo
«preso un rey enemigo, vuestra humanidad no su-
«frió que muriese en fierros, mas que le distes li-
«bertad, que es el mayor don que se puede dar.
«Leemos en las historias antiguas que muchos reyes
«prendieron en batallas á otros reyes , é con ánimo
» cruel haberles dado diversas maneras de muertes é
«tormentos ; é otros que usando con ellos de piedad
«les dieron libertad. Pero la piedad que oímos de
«los unos, les da fama loable ; ó la crueldad de los
«otros, áspera ó absurda. E no sin causa, porque
» mediante la virtud que usamos, somos partícipes
«con Dios eterno; é usando de crueldad, participa-
» mos con las furias infernales. Los Reyes que usan
«de manificencia, no han de pensar en los gastos
ofechos, ni en los trabajos habidos ; todo lo ha de
«posponer el corazón noble, quando se ofrece tal
«caso en que puede mostrar su virtud, la qual jun-
«tamente con vuestro gran poder mostraia teniendo
«en poco su rebelión. Porque dado que la faga,
«queda vuestra voluntad junta con el poder, para
«gela reprimir, é con el ayuda de Dios, tomarle
n todas horas en el estado que le quisiéredes poner.»
Las razones que el Marqués de Cáliz dixo fue-
ron bien recebidas por todos', especialmente por
aquellos caballeros é capitanes , cuyo voto era que
el Rey Moro se soltase. E porque había muchos vo-
tos contrarios, el Rey lo embió facer saber á la
Reyna por saber su parecer. La Reyna vistas las
razones de la una parte é de la otra, respondió al
Rey, que vistas las voluntades de aquellos caba-
lleros sobre la deliberación del Rey Moro, porque
muchos Reyes de aquel Reyno de Granada fueron
vasallos de los Reyes sus progenitores; si á Su
Merced ploguiese, debía darle la libertad, é recebir-
lo por vasallo, especialmente porque se puedan re-
demirlos christianos que ofrecían del captiverio que
tienen. Visto por el Rey el parecer de la Reyna,
embió á decir á aquellos mensageros que trataban
la libertad del Rey Moro, que le placía de lo soltar ;
y ellos tovíeronlo á Su Señoría en señalada merced,
ó otorgaron en su nombre que seria vasallo del Rey
é de la Reyna, para facer su mandado, é venir á su
llamamiento cada que gelo mandase. Otrosí que les
daría quatrocientos christianos de los que estaban
captivos en el Reyno de Granada, los trecientos de-
Uos quales el Rey é la Reyna nombrasen, é mas
doce mil doblas zaenes cada año en parias. Otrosí
que las villas é cibdades é tierras que estaban y cpto-
viesen por él, fuesen obligadas á dar pasada segura
é mantenimientos á las gentes del Rey é de la Rey-
na, para facer guerra á los lugares que estaban ó
esto viesen por el Rey su padre. Estas cosas acorda-
das, el Rey Moro prometió é juró en su ley de las
mantener é complir ; y el Rey otorgó treguas por
dos años áél, é y á todos los lugares que estaban á su
obediencia, ó estovíesen dentro de treinta días des-
pués que estoviese libre en su reyno. E á suplica-
ción del Rey Moro mandó á los capitanes é gentes
del armada que traían por la mar, que dexasen pa-
sar libremente á un caballero Moro que estaba en
África llamado Máhomad Abencerraje, que era en
su obediencia. Fechas é asentadas estas cosas, man-
dó el Rey que le traxesen al Rey Moro á la cibdad
de Córdoba, é que todos los caballeros de su corte
saliesen á lo recebir. E mandó dar é él é á cinqüen-
ta caballeros moros que vinieron á procurar su de-
libracion, caballos é vestiduras de paños , brocados
é sedas, é otros ricos arreos, é toda la suma de di-
neros que ovieron menester para se reparar é tor-
nar á su tierra. E porque el Rey Moro había de pa-
recer ante el Rey á le facer reverencia , todos los
Duques ó Condes é otros caballeros que estaban en
su Consejo, acordaron que el Rey le debia de dar su
mano á besar como á su vasallo ; por conocimiento
de señorío é superioridad. E dixeron al Rey: «Se-
«ñor, pues este Rey Moro vos viene á facer reveren-
«cia, yes vuestro vasallo, cosa razonable es que
» como á vuestro subdito le deis la mano á besar.»
El Rey les respondió: «Díéragela por cierto, si es-
Bto viera libre en su reyno ; é no gelo daré, porque
» está preso en el mío.» Aquellos caballeros conoci-
da la humanidad del Rey, no le fablaron mas en
aquella materia. Asentadas estas cosas, el Rey Mo-
ro entró en la cibdad de Córdoba , acompañado de
todos los Duques é Condes é Marqueses é caballeros
que estaban en la corte, é fué á palaoio do el Rey
DON FERNANDO
estaba ; é como vido al Rey , inclinó las rodillas en
el suelo, é demandó que le diese la mano á besar,
ansí porque era su señor, y él era su subdito, como
por el gran beneficio de libertad que del recebia.
El Rey no gela quiso dar , como quiera que le su-
plicó con grand instancia, y el Rey le levantó del
suelo. E como un intérprete que alií estaba comen-
zase á fablar de parte del Rey Moro , ofreciéndole
por servidor del Rey, é dándole gracias, ó loándole
la magnificencia que con él habia usado ;lel Rey no
sufriendo loores en presencia, le interrumpió, é dixo
al intérprete : «No es necesaria esta gratificación:
» yo espero en su bondad, que f ara todo aquello que
«buen home, 6 buen rey debe facer.» E despedido
del, mandó á uno de los capitanes de su guarda
que lo acompañase con gente de armas, f ast^ lo po-
ner seguro en el Reyno de Granada.
CAPÍTULO XXIV.
Como Luis Fernandez Portocarrero é otros capitanes que estaban
en la frontera, desbarataron los moros.
Despedido el Rey Moro, é proveídas las cosas
necesarias en la provincia del Andalucía^ ansí las
que concernian á la guerra de los moros como á la
justicia de la tierra , el Rey partió de la cibdad de
Córdoba é vino para Santa María do Guadalupe,
donde tovo novenas, ó dende fué á la cibdad de
Vitoria donde estaba la Reyna. En este tiempo,
los moros que estaban en obediencia del Rey viejo,
sabido que el Rey mozo era libre, ó que habia de-
mandado al Rey gente para facer guerra á los lu-
gares que le estaban rebeldes, concibieron grand
odio contra él, porque creían que meterían chris-
tianos en su tierra para les facer guerra. E por
esta causa fué aborrecido de todos los moros, é no
fué bien recebido por aquellos que habían seydo
en su parcialidad , é de quien esperaba ayuda. E
porque los moros sopieron que el Rey era partido
de aquella provincia del Andalucía , acordaron de
se juntar quince alcaydes é cabeceras de las princi-
pales cibdades é villas del Reyno de Granada con
gran gente de caballo é de pié , y entraron á facer
guerra en la tierra del Andalucía. Acaeció en aque-
llos días, que seis christianos Almogávares entra-
ron en la tierra de los moros, como algunas veces
lo acostumbraban facer ; é pusiéronse en asechanza
encima de una sierra para facer sus asaltos é pren-
der algunos moros. Estos seis christianos , estando
en la cumbre de aquella sierra, vieron los caballe-
ros moros que estaban juntos, é seguían su camino
para facer entrada en tierra de Sevilla, é de Xerez,
ó de aquellas comarcas. E luego aquellos seis chris-
tianos se repartieron , los unos fueron á Luis Fer-
nandez Puertocarrero, Señor de Palma, otros fueron
al Marqués de Cáliz, é otros á la villa de Utrera, é
á los lugares de aquella comarca ágelo facer saber,
é los avisar de la entrada que los moros facían. Co-
mo lo sopo Luis Fernandez Puertocarrero, luego
fizo juntar á Figaeredo Alcayde de Morón, é á los
Alcaydes de Osuna, é de todas las fortalezas de
B DOÑA ISABEL. 393
aquella comarca ; é fizólo saber á Fernán Carrillo
capitán de cierta gente de las hermandades, é al
capitán de la gente del Maestre de Alcántara, E con
la gente de su casa, é con la que tenia en su capi-
tanía, informado del camino que los morca traían,
salióles al encuentro. Los moros ficieron tres partes
de su gente, una dexaron en la sierra, para guardar
el paso, porque no les fuese tomado por los chris-
tianos ; y en esta quedaron la mayor parte de los
peones, é de las otras sus gentes que traían mas
flacas. Otra parte embiaron delante por corredores,
á robar la tierra por el campo de Utrera. La otra
mayor parte dexaron en celada, cerca del rio quo
se dice de Lopera. Puertocarrero, é los otros alcay-
des é capitanes que con él iban, informados del lu-
gar donde los corredores robaban, fueron contra
ellos. Los moros corredores, como vieron á los chris-
tianos, luego se retraxeron al lugar do estaba la
mayor batalla de su gente puesta en celada. Los
christianos ficieron dos partes de su gente : en la
delantera íba'el Alcayde do Morón, y el Alcayde de
Osuna, ó Fernán Carrillo, y el capitán de la gente
del Maestre de Alcántara, en la otra quedó Puerto-
carrero con la otra gente. E la batalla delantera fué
al lugar donde la celada de los moros estaba, é con
grand osadía los moros que estaban en la celada,
todos juntos vinieron contra los christianos, é los
christianos , aunque no eran tantos como los moros,
fueron contra ellos ; é las lanzas quebradas , á los
primeros encuentros andaban los unos con los otros
embueltos peleando.
Estando en esto, Puertocarrero llegó con su ba-
talla ; los moros quaudo vieron entrar en la pelea
gente nueva, no podiendo sufrir la fuerza de los
christianos, luego se pusieron en f uida, é tomaron
dos caminos pensando do se salvar mejor. Los
christianos fueron en el alcance, matando los moros
que iban f uyendo por la una parte. El Marqués de
Cáliz con la gente de su casa , ó con los caballeros
de la cibdad de Xerez, que eran avisados de la en-
trada de los moros , é habían salido por otra parto
á los buscar, encontraron á caso con los moros quo
iban f uyendo, ó habían tomado el otro camino ; ó
siguiéronlos, é prendieron é mataron muchos dellos.
De manera, que ansí los que fuyeron por la una
parte, como por la otra, fueron seguidos, é los mas
dellos fueron muertos é presos. Entre los qualea
fué preso el Alcayde de Málaga, y el de Alora, y el
Alcayde del Burgo, é un Alcayde que se llamaba
Izbencidre, y el Alcayde de Cohin ; é fueron muer-
tos el Alcayde de Velezmálaga, é un caballero que
se llamaba el Gebiz, é otros cabeceras é moros de
los principales; é fueron tomadas quince bande-
ras (1).
Habido este vencimiento, luego Puertocarrero lo
fizo saber al Rey é ala Reyna, y embióles las quín-
(1) Fué esta batílla, dicha comunmente la de Lopera, Miérco-
les 17 de Setiembre de este año. Murieron en ella y fueron cauti-
vos mas de mil moros de los mil y doscientos que iiabian entra-
do. A los Alcaydes cautivos añade Bernaldez los de Gomares y
Marbella. Uisíor. de los Reyes Católicos, cap. 67.
394
ce banderas que tomó en aquella batalla. La Reyna
ovo gran placer con aquella nueva, ó tóvose por
bien servida de aquel caballero, por la gran dili-
gencia é buen esfuerzo que ovo en aquella facien-
da. E por le facer merced, di6 á su muger la ropa
que ella vistiese todos los años de su vida el di a de
los Reyes, por memoria de aquel vencimiento, é
fizo á él otras mercedes.
CAPÍTULO XXV.
Como el Marqués de Cáliz é Luis Fernandez Puertocarrero reco-
braron la villa de Zabara.
El Marqués de Cáliz fué informado por algunas
espías, quepodria recobrar la villa de Zahara, por-
que en ella y en la comarca habia poca gente. E
después que sopo de la gente que en ella estaba, é
de la manera como se guardaba, juntó la gente de
su casa é de la cibdad de Xerez, é llamó para aque-
lla facienda á Luis Fernandez Puertocarrero, é al-
gunos Alcaydes de su comarca. E fué para aquella
villa, é puso de noche un escalador con diez escu-
deros en un lugar escondido, é otros setenta escu-
deros cerca dellos en otro lugar, para socorrer á lo
que aquellos diez primeros cometiesen. Y él se puso
en celada con toda la otra gente, é fizo que ciertos
peones en esclareciendo corriesen el campo. Con-
tra los quales salieron fasta setenta moros á caba-
llo, é algunos peones de los que la noche pasada ha-
blan guardado el muro , porque no recelaban que
la villa se podria tomar de dia por escala. E como
los moros salieron, é quedó el muro sin guarda, ar-
remetió el escalador, é puestas las escalas, subió al
muro él é los diez escuderos que con él estaban, que
no fallaron resistencia ninguna, é comenzaron á pe-
lear con algunos moros que fallaron en la villa ; y
entretanto acudieron los otros setenta escuderos que
estaban en la celada, é subieron ansimesmo la esca-
la, é apoderáronse de las puertas ó torres principales.
Los moros que hablan salido á defender el campo
contra los peones christianos que lo corrían, sabido
que la villa era entrada, tornaron, é ovieron lugar de
se meter en ella. E luego el Marqués é Puertocarrero
salieron de la celada do estaban, por las señas que
les fueron fechas dende el muro, é corrieron empos
de los moros, y entraron en la villa. Los moros
como vieron la villa tomada , retraxeronse á la for-
taleza ; é luego el Marqués é Puertocarrero la cerca-
ron , é como eran muchos los que estaban dentro, é
no tenian bastimentos en ella para se sostener, saca-
ron partido que los desasen ir libres é dexaron la for-
taleza al Marqués. En está manera se recobró aque-
lla villa de Zahará, ó se escusáron los daños que
todos los mas dias facian los moros que estaban en
ella á las tierras comarcanas de los christianos (1).
(1) Fué la toma de Zahara Jueves á 28 de Octubre de este afioi
dia de San Simón y Judas. El Cura de los Palacios icaenta como
el Rey hizo merced de Zahara al Marqués de Cáliz, y del Wtulo de
Duque, pero que él estimaba en tanto el de Marqués, que nunca le
dejó, y Armaba siempre : Marqués Duque de Cáliz. Ilistor, de los
Reyes Católicos, cap. 68.
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO XXVI.
De las cosas que fizo el Conde de Tendilla en Alhama.
Dicho habemos que la tenencia de la cibdad do
Alhama fué encomendada por el Rey é por la Rey-
na á Don ífiigo López de Mendoza Conde de Ten-
dilla, porque era caballero esforzado, é de noble
sangre. El qual apoderado de la cibdad, luego tra-
bajó de ppner la gente de su capitanía en buenas
costumbres , é los doctrinar en cosas concernientes
al exercicio de la caballería ; é defendió los juegos
que falló, é otras luxurias que acarrean infortunios
en las huestes ; dándoles á entender , como muchas
veces el justo fundamento de la guerra se pervertía
con el injusto exercicio de los que la siguen , é las
dañadas costumbres pierden el próspero fin que se
espera en las guerras. E por los esforzar ó provocar
á virtud les dixo: «Caballeros, no digo que somos
«mejores que los otros que este cargo han tenido,
«para que con orgullo cayamos en algún error, ni
«menos somos peores para refusar los peligros de la
«muerte, por ganar la gloria que ellos ganaron. Con-
» viene, pues, que en aquello que virtuosamente fi-
«cieron, les remedemos ; é si algo dexaron de facer,
«lo suplamos de tal manera, que los que en este car-
B go subcedieren , reputen á buena ventura quando
«pudieren igualar á nuestras fazañas.B E púsolos
en tales costumbres, que olvidado todo juego é to-
da luxuria, que ocupan el tiempo y el entendimien-
to para bien facer, entendían continamente en la
guerra que tenian presente. E habiendo avisos con-
tinos de los consejos é movimientos de los moros,
ni dexaba en ocio á los suyos, ni en seguridad á los
enemigos. E algunas veces salió de la cibdad, é
combatió muchas torres é casas fuertes que eran
cerca de Granada, é las derribó é tomó prisioneros ó
bestias de arado , é otros muchos ganados. E tanta
solicitud ponía en la guerra, que los de la cibdad de
Granada, visto que fasta una legua no osaban salir
á sembrar, ni facer labor en el campo, se levantaron
contra el Rey viejo, é le pidieron remedio para po-
der salir de la cibdad seguros. El qual acordó de po-
ner gente de caballo , que estoviese en el campo de
contino, entretanto que las gentes de la cibdad fa-
cian sus labores. Acaeció en aquel tiempo , que con
la gran fortuna de las aguas del invierno, cayó una
gran parte del muro de Alhama, lo qual puso gran
miedo á la gente que estaba en la guarda della; por-
que recelaban, que sabido por los moros el gran por-
tillo fecho en la cerca, vernia multitud dellos á com-
batir y entrar en la cibdad por aquel lugar. Conoci-
do esto por el Conde, usó de una cautela, é luego pu-
so una gran tela de lienzo almenado que cubría to-
da aquella parte del muro que se cayó ; é de tal ma-
nera era el lienzo , que al parecer de los que se mira-
ban de lexos , ninguna diferencia habia de la colí*
del muro á la color del lienzo. E mandó poner gran
guarda en la cibdad, porque ninguno saliese para
avisar los moros del peligro en que estaban por lá
falta de aquel muro caído j é puso tan gran diligen-
DON FEKNANDO
cía en lo facer, qxxe en pocos días lo tornó á fortale-
cer, tanto ó mas que de primero estaba. E como
quier que los moros vinieron en aquellos dias á cor-
rer la cibdad , pero no pudieron ver el defecto del
muro caido. Acaeció ansimesmo que ovo falta de
moneda en aquella cibdad para pagar el sueldo que
á la gente de armas se debia, é por esta causa cesa-
ba entre ellos el trato necesario á la vida. Vista por
el Conde esta falta, mandó facer moneda de papel
de diversos precios altos é baxos , de la cantidad
que entendió ser necesaria para la contratación en-
tre las gentes. Y en cada pieza de aquel papel escri-
bió de su mano el precio que valiese , é de aquella
moneda ansí señalada, pagó el sueldo que se debia
á toda la gente de armas é peones, é mandó que va-
liese entre los que estaban en la cibdad , é que nin-
guno la refusaso. E dio seguridad que quando de
allí saliesen , tornándole cada uno aquella moneda
de papel, le daría el valor que cada pieza toviese es-
cripto , en otra moneda de oro ó de plata. E todas
aquellas gentes , conociendo la fidelidad del Conde,
se confiaron en su palabra , é recibieron sus pagas
en aquella moneda de papel ; la qual andovo entre
ellos en la contratación de los mantenimientos , é
otras cosas sin la refusar ninguno, é fué gran reme-
dio á la extrema necesidad en que estaban. Después
al tiempo que el Conde dexó el cargo de aquella
cibdad, antes que della saliese , pagó á qualquiera
que le tornaba la monedado papel que habia rece-
bido, otro tanto valor en moneda de oro ó do plata
como en la de papel estaba escripto de su mano.
Este Conde de Tendilla fizo poner á sus espensas
en una torre de Alcalá la Real un farol que ardiese
para siempre todas las noches, para que los capti-
vos christianos que estaban en Granada y en los
otros lugares de moros que se soltaban de la prisión,
pudiesen venir de noche á se salvar al tino de aque-
lla lumbre. El qual dicho Conde por estas fazafias
é otras muchas, quando se ganó la cibdad de Gra-
nada, fué escogido para Alcayde é Capitán general
della , é quedó en el Alhambra con quinientos caba-
lleros é mil peones, quedando la cibdad é todo su
Reyno poblado de moros , como adelante se dirá.
CAPÍTULO XXVII.
De las cosas que la Reyna fizo en Vitoria.
El tiempo que el Key estovo en el Andalucía
ocupado en la guerra de los moros , la Reyna esto-
vo en la cibdad de Vitoria, entendiendo en la jus-
ticia é buena gobernación de las montañas. E por-
que la absencia de los reyes da osadía á las gentes
de aquellas partes que sigan bandos é parcialidades,
é cometan delictos é fuerzas con poco temor de la
justicia real ; estas cosas consideradas, la Reyna en-
üó en el Condado de Vizcaya , é f ué á la villa de
Bilbao , ó mandó executar la justicia en algunos
malf echores ; ó puso gran temor á los moradores de
la tierra, de tal manera, que todos estaban someti-
dos á la justicia é vivían en paz , é sin pensamiento
de cometer las fuerzas que antes cometían. E man-
É DOÑA ISABE]^. S95
dó examinar sus leyes é fueros , é confirmóles los
que debían ser guardados para el bien común de la
tierra ; é puso sus Corregidores é Jueces en todas
aquellas provincias é valles. E mandó facer pesqui.
sa contra los Jueces é Corregidores que antes esta-
ban puestos , é prender algunos que falló haber per-
vertido la justicia por dádivas é intereses, é facer
justicia dellos.
En este año murió el Rey Duarte de Inglaterra, é
dexó dos fijos varones, encomendados á su herma-
no el Duque de Glocestre ; el qual los prendió , ó
después los mató, é tomó para sí el Reyno.
En este año murió el Rey Luis de Francia, ó sub-
cedió por Rey en el Reyno su fijo que se llamaba el
Carlos mozo de trece años. El qual por consejo do
algunos Duques é señores de la sangre real de Fran-
cia, fizo grandes restituciones de patrimonios é ren-
tas, que el Rey su padre habia quitado á algunos
señores particulares de Francia. E los que eran
muertos, este Rey usando de gran magnificencia
con sus fijos, gelo restituyó enteramente; porque
entendieron que el Rey temía su Reyno mas pacífi-
co, é sus subditos mas obedientes, quando le viesen
usar de magnificencia ó piedad con aquellos caba-
lleros, á quien el Rey su padre habia desbaratado
de sus patrimonios. Este Rey Don Luis de Francia,
estando enfermo de la enfermedad que falleció,
mandó facer dos campanas en la Iglesia de Santia-
go de Galicia; y embió maestros é metal é todas las
cosas necesarias, para que se ficiesen mayores que
las mayores que ovieso en toda la cristiandad. Para
lo qual embió diez mil coronas de oro, é mandó que
ficiesen en la Iglesia de Santiago una gran tor-
re muy fuerte á sus expensas , que las pudiese sos-
tener.
En este año el Rey Don Juan de Portogal dego-
lló por justicia al Duque de Berganza , un gran se-
ñor de aquel Reyno. No sabemos la causa cierta des-
ta justicia, pero sabemos que quando le llevaban al
cadahalso donde fué degollado , el pregón sonaba,
porque habia conjurado contra la sangro real. E se
decía que se trataba con otros de matar al Rey, é to-
mar por su Rey al Duque de Viseo , primo del Rey,
fijo del Infante Don Fernando su tío, mozo de vein-
te años. Fizo ansimesmo matar por justicia otros
seis caballeros, porque se decía que eran partícipes
en aquella conjuración. Fácese aquí memoria de la
muerte deste Duque, porque era gran señor é bien
cercano de la sangre real. Fueron ansimesmo des-
teiTados de aquel Reyno el Condestable de Porto-
gal, y el Conde de Faro, é Don Alvaro, tres her-
manos de aquel Duque, é otros caballeros ó servi-
dores suyos.
CAPÍTULO XXVIII.
En que se signen las cosas qne pasaron en el afio de mil é qua-
trocienios é ochenta é quatroañüs. E primeramente lo que pa-
só sobre la restitución de los Condados de Ruisellon é de Cer-
dauia.
Contado habemos como el Rey Luis de Francia,
que murió en este año pasado, tenia ocupados loa
396
Condados de Enisellón é de Cerdania, que son en el
Principado de Cataluña. Por la restitución de los
quales, ansí por el Eey Don Juan de Aragón en su
vida, como después por el Key é por la Keyna quan-
do subcedieron por señores de aquel Principado, fué
requerido que gelos restituyese, pues no tenia razón
alguna para los retener. E como quiera que mostra-
ba en sus respuestas que le placía de lo facer , pero
siempre tenia maneras para lo dilatar. Al fin ve-
yéndose cercano á la muerte, mandó que libremente
fuesen restituidos. E mandó al Obispo de Lumbiers
un Perlado de su Eeyno , que fuese á facer la resti-
tución de aquellos Condados al Eey é á la Eéyna;
con el qual embió á absolver del pleyto omenage
que le tenia fecho el alcayde que por él tenía los
castillos de aquellas tierras. Este Obispo yendo á
facer la restitución, sopo en el camino como el Eey
de Francia era muerto ; é como lo sopo , acordó de
suspender en el cargo que llevaba, fasta lo consul-
tar con el Eey Carlos su fijo, que luego subcediópor
Eey en aquellos Eeynos , é con los Duques é otros
señores de su Consejo. Los quales le embiaron á man-
dar que dexase de facer la restitución de aquellos
Condados , fasta que mas viesen cerca de aquella
materia ; é por esta causa cesó de facerse aquella
restitución. E luego el Eey Carlos que habia subce-
dido por Eey en Francia , embió su embaxador al
Eey é á la Eeyna que estaban en la cibdad de Vi-
toria, ales notificar la muerte del Eey su padre, é
como él habia subcedido por Eey en Francia como
su fijo heredero ; porque entre estos Eeyes de Casti-
lla é de Francia es costumbre que quando alguno
dellos muere, el fijo que subcede en el Eeyno, noti-
fica al otro Eey la muerte de su padre, é se ofrece á
guardar con él las antiguas alianzas que son entre
estos dos Eeyes é sus Eeynos.
Esta embaxada oída por el Eey é por la Eeyna,
fuéles respondido, que les habia pesado de la muer-
te del Eey su padre ; pero que les placía haber él
subcedido por Eey en su lugar , como su fijo here-
dero. Otrosí, que ellos embiarían á él sus embalado-
res, ansí sobre la entrega que debía facer de los
Condados de Euísellon y de Cerdania, según que el
Eey su padre lo había mandado, como para refirmar
con él las loables alianzas é confederaciones que
entre ellos é sus Eeynos antiguamente eran. E lue-
go el Eey é la Eeyna embiaron á Don Juan de Eíbera,
Señor de Montemayor , é con él mandaron ir á un
Dotor que se llamaba Juan Arias (1) Dean de la
Iglesia de Sevilla, de su Consejo , por embaxadores
al Eey de Francia. A los quales dieron sus letras
de creencia é sus poderes, para facer con el Eey de
Francia las alianzas é confederaciones que anti-
guamente fueron entre los Eeyes sus predecesores
é sus Eeynos é subditos del uno é del otro. Pero
mandáronles , que no las otorgasen , fasta que ante
todas cosas restituyesen realmente aquellos Conda-
dos de Euísellon é de Cerdania ; pues la razón le
(1) En el MS.de Monfort hay una nota marginal, que dice: Don
Juan Arias del Villar , que después fué Obispo de Oviedo y Segu-
9ia.
CRÓJÍTICAS DÉ LOS REYES DE ¡DASTILLA.
obligaba á lo facer, ansí porque de justicia é buena
igualdad no los podían retener, como porque cono-
cido por el Eey su padre tenerlos no debidamente,
los había en su vida mandado restituir.
Este caballero acompañado de muchos escuderos
é fijos-dalgo de su casa, ó compuesto de grandes ar-
reos, é otrosí aquel Dean que mandaron ir con él,
fueron á la cibdad de Torres en Torayna , que es en
el Eeyno de Francia donde estaba el Eey. E des-
pués que de parte del Eey é de la Eeyna le repre-
sentaron sus graciosas salutaciones é ofrecimientos,
propusieron su embaxada, estando presentes los se-
ñores de su sangre , é los Duques é Caballeros é Do-
tores de su Consejo. En la qual expresamente decla-
raron que ellos venían allí á retíficar las antiguas
alianzas é confederaciones que son entre los Eeyea
é Eeynos de Castilla é de Francia , faciéndose pri-
mero la restitución de los Condados de Euisellon ó
de Cerdania, que el Eey áe> Francia tenia ocupados,
según que por el Eey é por la Eeyna les fué man-
dado. E después de los haber recebido é tratado ho-
norablemente, les fué respondido por escripto en
lengua latina , lo que en esta nuestra lengua se si-
gue.
« El Christianísimo Eey de Francia Carlos Octa-
»vo, con bueno, gracioso é alegre ánimo, vído, re-
Bcibió é oyó á los magníficos embaxadores de los
» Serenísimos Eeyes de Castilla é de León ; é plógo-
»le mucho de esta visitación, por la qual da gra-
ncias inmortales á Dios , y entiende dar obra para
«facer al tanto con gran fervor de amistanza. Cier-
«tamente asaz es manifiesto á los Eeyes de Francia
né á los moradores de su reyno haber siempre ama-
» do á los Eeyes de Castilla, é á los de su Eeyno ; ó
»no sin causa, porque estos dos reynos antiguamen-
nte fueron ligados con sancta é inviolable confede-
»racion, la qual el Christianísimo Eey de Francia
«moderno ha constituido é deliberado preservar en
» tal manera, que ninguna cosa pueda acaescer , que
«jamas della le pueda revocar. E por tanto ha acor-
» dado de embiar prestamente sus Legados muy dí-
»nos, á visitaré honrar los excelentes Eeyes de Cas-
» tilla, é allende desto á renovar é confirmar la vieja
«liga que es entre ellos. E como quiera que no es
«necesaria nueva confederación , pues que ya fué
«fecha por perpetuamente, no solo por los Eeyes é
«por sus subcesores, mas también por el uno é por el
«otro reyno, de la qual confederación tan sancta los
«reyes no se pueden apartar, en perjuicio de los mo-
«radores del uno é del otro reyno; pero porque los
«embaxadores parece haber propuesto ser dificile
» guardarse esta confederación, sino se restituyesen
«los Condados de Euisellon é de Cerdania, la Alte-
»za del Eey ha deliberado , de cometer á los emba-
nxadores que ha de embiar, para que cerca deste ar-
«tículo fablen abundosamente, de tal manera que
«ninguna cosa pueda intervenir que dañe la muy
«vieja liga é benivolencia que es entre ellos; como
«quiera que la causa de Euisellon no pende del Rey-
«no de Castilla, é no obstante aquella, las confede-
« raciones antiguas deben penuanesoer sin violencia.
DON FEENANDO
»A las quales el Serenísimo Rey de Francia firme-
» mente é con toda constancia se entiende allegar, é
»no facer cosa que sea agena della3;y esto protesta
«expresamente declarando que no quiere con las
«Magestades de los Reyes de Castilla contender,
«salvo de benivolencia é amistad singular. Dada en
«Torres á veinte é tres di as de Marzo, año de mil é
«quatrocientos é ochenta é quatro años. »
Esta respuesta dada por el Rey de Francia é por
los de su Consejo, é vista por los embaxadores del
Rey é de la Reyna, porque les pareció forma de di-
lación , pues no se ponia en obra la restitución de
aquellos dos Condados , no ficieron, ni refirmaron
con el Rey de Francia la liga é confederación que
llevaban en cargo de facer. E acordaron de facer en
nombre del Rey é de la Reyna un requerimiento en
forma ante Notarios apostólicos al Rey de Francia,
é á los de su Consejo, é á los tres estados del Reyno,
en presencia de sus procuradores que estaban pre-
sentes , por el qual dixeron , que bien sabian como
aquellos dos Condados de Ruisellon é de Cerdania
eran del Rey, é le pertenescian de derecho , por fin
del Rey Don Juan de Aragón su padre. El qual de-
recho sabido ó conoscido por el Rey Don Luis de
Francia de esclarescida memoria, en su vida los
mandó restituir al Rey é á la Reyna , y embió al
Obispo de Lumbiers á facer esta restitución , é ab-
solvió del pleyto omenage, que por las fortalezas le
tenia fecho un caballero que se llamaba Busillo , á
quien habia dado cargo de la tenencia dellas. La
qual restitución fuera fecha si la muerte del Rey no
interviniera ; é pues la paz entre estos dos reynos
no puede ser guardada, seyendo agraviados é des-
pojados el Rey é la Reyna de la posesión destos Con-
dados que de derecho les pertenescen : por ende re-
quirian al Rey de Francia que le ploguiese man-
darlos restituir luego, según que el Rey su padre lo
mandó, pues no habia razón porque los debiese re-
tener. La qual cosa seria apacible á Dios é á los bo-
rnes, é conforme á la justicia ; especialmente á la
conservación de las ligas é loables confederaciones,
fechas é celebradas antiguamente entre los Reyes
de Francia é de Castilla. Ansimesmo se compliria la
voluntad que en su vida cerca deste caso mostró el
ilustrísimo Rey su padre ; la qual él , como su fijo é
subcesor, era tenido de complir. E que si no le pla-
cía mandar facer luego esta restitución, protestaban
que incurriese en las penas de oro é plata, y en las
otras penas contenidas en las alianzas é confedera-
ciones , como transgresor dellas, é fuese obligado él
é sus Reynos é subditos é naturales á todos los da-
ños é intereses que al Rey é á la Reyna, é á sus rey-
nos é subditos é naturales dellos por esta causa se
recreciesen.
Fecho este requirimiento por los embaxadores
del Rey 6 de la Reyna, luego les fué respondido por
parte del Rey de Francia, que él estaba presto de
continar con el Rey é con la Reyna , como con Re-
yes de Castilla aquella loable amistad é antigua
confederación, que los Reyes sus antecesores tovie-
ron é guardaron con los Beyes pasados de Castilla,
É DOSÍA ISABEL. 39t
é que por su parte no faltaba de las renovar é afir-
mar luego con ellos. A lo qual no debia impedir la
entrega de aquellos Condados, por ser en el señorío
de Cataluña , que no atañen en cosa ni en parte á
los Reyes é Reynos de Castilla , según que lo habia
respondido. E que él entendía con el ayuda de Dios
embiar sus embaxadores á contratar con el Rey é
con la Reyna sobre la materia de aquella restitu-
ción, para que se ficiese lo que de justicia é buena
igualdad se debiese facer, según que primero lo ha-
bia respondido. Dada esta réplica, los embaxadores
se despidieron del Rey de Francia, sin conseguir
efeto de las cosas que llevaban en cargo. E porque
la parte del Rey de Francia deseaba mucho la con-
firmación de las alianzas que con los Reyes de Cas-
tilla antiguamente tenían, este embaxador Don
Juan de Ribera fué muy rogado que le ploguiese
mostrar al Rey é á la Reyna la voluntad que el Rey
de Francia tenia á la paz con sus reynos, y el amor
con sus personas ; é que cerca desto toviese aquella
sinceridad que todo caballero amador de concordia
debe facer para la traer en efeto. E considerando
que los gastos que había fecho, é las dádivas de
caballos é otras cosas que habia dado á algunos de
su corte, correspondían á la nobleza de su sangre,
le embió á su posada gran suma de plata. Y embió-
le á decir con el Obispo de Lumbiers, é con su Maes-
tresala, que recibiese del aquel don, porque ansí
como en sus actos habia dado á conocer que era ca-
ballero diño de lo recebir, ansí bien era razón que
conociese como el Rey habia gran voluntad de gelo
dar ; é que le rogaba que recibiese aquella cantidad
de plata que le embiaba, con esperanza que le daba
de le facer mayores mercedes. Este caballero regra-
desció mucho al Rey la liberalidad grande con que
le quería gratificar , pero embióle á suplicar que no
gelo mandase recebir. Y embióle á decir, que nin-
gún don le traería tanto á su servicio , quanto le
movería la grand afición que tenia á le servir. No
ser recebído por este caballero aquel don que el Rey
de Francia le embió, fué muy molesto , ansí á él co-
mo á los de su Consejo. E reputándolo á muy grave
cosa, tornó el Rey á replicar, rogándole que le plo-
guiese de lo recebir , porque los dones que los Re-
yes de Francia embiaban fasta las posadas de los
embaxadores , no solían ser ref usados , ni tomados
á su cámara por ninguno, quanto quier grande se-
ñor que fuese. Este caballero reprimido de vergüen-
za, por la mengua que el Rey mostraba en ser ref u-
sado lo que le daba, respondió: «Ni yo por cierto
» me escusaría de servir á la real magestad del Rey
» de Francia, ni menos ref usaría de tomar sus mer-
« cedes, porque yo reputo á gran prosperidad mía
» quando su Alteza me falla diño de las recibir ; é
» sin dubda las recibiera, si algún efeto oviera con-
» seguido la emhaxada que habernos traído. Pero
«restantes las materias de nuestro cargo en el esta-
ndo en que están, decid vosotros á la Señoría del
«Rey de Francia, que le suplico humildemente no
n haya por grave no recebir yo agora sus dones,
» fasta que con ayuda del muy alto Dios, las mate*
398
CRÓNICAS DE LOS RETES DE CASTILLA.
»rias presentes que entre el Rey é la Reyna mis so-
» beranos señores 6 Su Alteza penden , sean reduci-
» das al fin deseado , estonces habrá mejor lugar Sa
t> Señoría para me facer merced, é yo ninguna causa
» para la no recebir. » E al fin de grandes ruegos
que le fueron fechos, perdida toda cobdicia de
aquella gran suma que le fué of rescidá , nunca este
caballero lo quiso recebir ; porque según el estado
en que conoció estar las cosas pendientes, pensó
que viniendo en alguna rotura de guerra, no era
cosa dina de caballero ser contrario en guerra, al
que era en cargo de dones. B ansí despedidos, vol-
vieron este Caballero é aquel Dean que habia ido
con él para Castilla, sin refirmar cosa alguna tocan-
te á la renovación de las ligas 6 confederaciones
que con el Rey de Francia se debían facer, según
la costumbre antigua que entre estos Reyes é Rey-
nos habia. E porque esta respuesta dada por el Rey
de Francia muchas veces, pareció ser mas forma de
dilación que conclusión, )io quedaron bien sanea-
das por estonces las voluntades de la una parte é
de la otra. E considerando que podría venir en al-
gún rompimiento con el Rey de Francia por causa
de aquella restitución , fallóse en aquella sazón en
el Consejo del Rey é de la Reyna, que se debían em-
biar algunos capitanes é gentes de armas é otros
aparejos de guerra al Principado de Cataluña para
recobrar aquellos Condados.
CAPÍTULO XXIX.
De la gente de armas que se puso frontera de Navarra.
Habemos ansímesmo recontado como por parte
del Rey é de la Reyna fué movido casamiento de
Don Juan su fijo Príncipe de Castilla é de Aragón
con la Reyna de Navarra fija de la Princesa, tia des-
te Rey Carlos de Francia hermana de su padre. E
como la Princesa no lo quiso aceptar, diciendo ha-
ber gran desigualdad en las edades del Príncipe é
de la Reyna su fija ; al fin la casó con el fijo del Se-
ñor de Labret, que es en la provincia de Gascuña,
del señorío de Francia. E porque esta Princesa re-
fusó este casamiento , fué conocido della que en las
cosas tocantes al Rey é á la Reyna , no tenia aque-
lla voluntad sana que de razón debía tener. E creía-
se, que movida guerra á los Franceses por aquellas
partes de Cataluña, se juntaría con el Rey de Fran-
cia su sobrino é le ayudaría , é daría lugar por el
Rey no de Navarra á los Franceses, que entrasen á
facer guerra á Castilla.
E conocida la voluntad de aquella Princesa , tó-
vose manera con algunos caballeros é otros homes
principales, é con ciertas villas é lugares de aquel
Reyno de Navarra, en especial con la villa de Tu-
dela, que estovíesen á servicio del Rey é de la Rey-
na, é no diesen lugar que por aquellas parces entra-
sen Franceses, ni ficiesen guerra en Castilla, E pu-
sieron gente de armas é capitanes en la frontera de
Navarra, para resistir á los Franceses é Navarros, si
por aquellas partes quisiesen entrar. E dieron el car-
go principal de la capitanía de aquella frontera á
Don Juan de Ribera, aquel caballero que embíaroü
por embaxador á Francia.
Agora dexa la historia de relatar lo que toca á
esta materia, é cuenta las cosas que se ficieron en
el Reyno de Granada.
CAPÍTULO XXX.
De la tala que ciertos caballeros por mandado del Reyédela
Reyna ficieron en tierra de moros, en el afio de mil 6 quatro-
cientüs ochenta é quatro afios.
Después que el Rey vino á la cibdad de Vitoria,
do estaba la Reyna, porque estaban ocupados en la
gobernación de las cosas que ocurrían de los Rey-
nos de Aragón, é de Valencia, é Barcelona y en
aquellas partes, no pudieron ir por estonces ala
guerra de los moros, y embiaron á un Tesorero que
se llamaba Ruy López de Toledo, é á un su Secre-
tario que se llamaba Francisco Ramírez de Madrid,
á la cibdad de Córdoba con sus cartas para el Maes-
tre de Santiago, é para el Duque de Medinasídonias
é para el Conde de Cabra, é para el Marqués de Cá-
liz, é para Don Alonso de Aguilar, é para Luis Fer-
nandez Puertocarrero, Señor de Palma, é para otro,
caballeros, é capitanes é alcaydes, é para las cibda-
des é villas del Andalucía, mandándoles que se jun-
tasen con los capitanes generales, y entrasen en el
Reyno de Granada con sus gentes, é con la otra
gente del Andalucía , é talasen los panes é huertas
déla cibdad de Málaga, é de los otros lugares de
aquellas comarcas. Estos dos Tesorero é Secretario,
dadas las cartas á los caballeros á quien se diri-
gían, solicitaron con algunas cibdades é villas, que
se juntasen con ellos á facer la tala que el Rey é la
Reyna mandaban facer. E fueron con ellos el Al-
cayde de los Donceles, é Garcifernandez Manrique,
Corregidor de Córdoba con la gente de aquella cib-
dad ; é Juan Guillen, é Pedro de Roxas con la gen-
te de Sevilla ; y el Licenciado Juan de la Fuente,
Corregidor de Xerez, con la gente de aquella cib-
dad, é la gente de Ecija, é de Carmena; é la gente
del Duque de Medinasidonia , é la gente del Conde
de Cabra con los otros capitanes que el Rey é la
Reyna embiaron ; y el Alcayde de Morón, con la
gente del Conde de Uruefia. Todos estos caballeros
juntos en el rio de las Yeguas, ficieron alarde, é re-
partieron las batallas en la forma que debian en-
trar, é fueron adelante á poner real en los prados
de Antequera. E acordaron todos de estar á la go-
bernación del Maestre de Santiago, é del Marqués
de Cáliz, é Don Alonso de Aguilar, Los quales pu-
sieron justicia é oficiales en la hueste, é dieron car-
go al Licenciado Juan de la Fuente, Corregidor de
Xerez, que era Alcayde del Rey é de la Reyna en
BU corte, que la administrase; ó todos los manda-
mientos, é pregones, y execuciones de justicia , que
se facían en el real, sonaban ser fechos por manda-
do del Rey é de la Reyna. E porque en la hueste
venían muchas mugeres mundanas , aquellos capi-
tanes acordaron délas echar fuera, é no consintie-
ron que ellas ni otra persona sin provecho f uesQ
DON FERNANDO
en aquella haeste. E ordenaron sus batallas en esta
manera: en la avanguarda iba Don Alonso de Agui-
lar, y el Alcayde de los Donceles, ó Puertocarrero,
é Jnan de Almaraz , é Juan de Merlo, é Carlos de
Biezma, capitanes del Rey é de la Reyna con las
gentes de sus capitanías. En otra batalla iba luego
el Maestre de Santiago y el Marqués de Cáliz con
las gentes de sus casas, é Don Martin de Córdoba , é
Antonio de Fonseca , é Fernán Carrillo , capitanes
con las gentes de sus capitanías, é la gente del Maes-
tre de Calatrava, é la gente de Gonzalo Mexía, Se-
ñor do Sanctofimia. Y en las dos alas desta batalla
iba Gonzalo Hernández de Córdoba, é Diego López
de Ayala, é Pedro Ruiz de Alarcon , y el Comenda-
dor Pedro de Ribera, é Pedro Osorio, é Bemal Fran-
cés , é Francisco de Bovadilla , capitanes , con las
gentes de sus capitanías. En la otra batalla iba la
gente del Duque de Medina , é la gente del Conde
de Cabra con sus capitanes, y el Alcayde de Morón
con la gente del Conde de Uruefia , é con la gente
de Martin Alonso, Sefior de Montemayor. En la re-
gpiarda iba el Comendador mayor de Calatrava con
la gente de su capitanía, é con la gente é capitanes
de Xerez y Ecija é Carmena. Toda esta gente , que
eran fasta seis mil homes á caballo, é doce mil peo-
nes, ballesteros é lanceros, con gran copia de espin-
garderos, repartidos en estas batallas, entraron en
el Reyno de Granada contra las partes de Málaga,
é talaron luego los panes é viñas é olivares é Agüé-
rales, é todas las otras cosas que fallaron en el cir-
cuito de la villa de Alora. Y entretanto que la tala
se facia, la batalla de la gente del Duque de Medi-
na, é del Conde de Cabra, y el Alcayde de Morón
con la gente del Conde de Urueña , se pusieron de-
lante de la villa para facer resistencia á los moros
que estaban en guarda della que no saliesen á facer
daño en los taladores.
Talada toda aquella tierra, la hueste pasó adelan-
te, é talaron todos los panes é olivares é viñas é
huertas é Agüérales, é todos los otros árboles que
fallaron en los valles é tierras de Cohin, é del Sabi-
nal , é de Cazarabonela , é de Almexía , ó de Cárta-
ma, en lo qual estovieron diez días. E los moros de
Cártama salieron á defender la tala que se facia en
las huertas que eran cerca de la villa ; é la gente de
los christianos que iba en la batalla de la avan-
guarda, pelearon con ellos, é los retraxeron á la vi-
lla, é robaron é quemaron todo el arrabal. Otro dia
pasó la gente adelante, é talaron todos los panes é
viñas, é otros árboles de Pupiana , é por todo el ca-
mino , fasta que llegaron á la villa de Alhendin. E
los moros de aquella villa porque tenían grandes
olivares é huertas é gran copia de panes, cometieron
partido á los capitanes que no les talasen su térmi-
no, é que les darían todos los christianos captivos
que tenían en su villa é comarca. El Maestre de
Santiago y el Marqués de Cáliz no lo pudieron facer
porque los taladores estaban ya tan tendidos por
todas partes talando é quemando, que no ovo lugar
de lo resistir; é aquella villa é tierra quedó del to-
4o destruida. E cierta gente de Xerez con el Corre-
É DO^A ISABEL. 399
gidor, ó la gente de Ecija é de Cannona pasaron la
sierra de Cártama por la otra parte , é talaron todos
los panes, é quemaron todos los olivares ó almen-
drales que en aquella parte fallaron. Otro dia la
hueste fué adelante, é taló é quemó todo el término
de la torre del Atabal, é los valles de Pupiana é
Churriana, é toda la vega de Málaga, que ninguna
cosa dejaron enhiesta. E tanta fué la diligencia que
el Rey é la Reyna mandaron poner en las cosas de
la guerra, que aquellos oficiales é ministros á quien
dieron el cargo, tovieron manera que entretanto que
la gente estovo faciendo la tala en estos lugares,
llegaron á la costa de la mar bien cerca de la tierra
navios de las cibdades de Sevilla é de Xerez , que
traían los mantenimientos necesarios para la hues-
te, donde fué proveída de todo lo que ovo menes-
ter ; de tal manera que por falta de mantenimien-
tos é de las otras cosas necesarias no dexasen la
gueiTa. Llegados aquestos navios, é proveída la
gente, el Maestre y el Marqués é los otros caballe-
ros é capitanes, acordaron de ir con sus batallas or-
denadas á la cibdad de Málaga por talar los panes
é huertas que estaban cerca de la cibdad. E como
llegaron con sus batallas, los moros salieron á pe-
lear con ellos, é duraron aquel día todo escaramu-
zando, donde fueron muertos é feridos algunos de
la una parte é de la otra. E durante aquella escara-
muza la gente de los christianos andaba quemando
é talando panes é viñas é huertas é olivares é al-
mendrales é palmas é otros árboles, é quebraron to-
dos los molinos que fallaron en el término de Má-
laga. Otro dia pusieron real sobre la villa de Cohin,
é talaron todo lo que fallaron en circuito della, fas-
ta que libaron al término de Altazayna, é de Cu-
tero ; é talaron ansimesmo á Alhaurín, é destruye-
ron toda aquella tierra é sus comarcas. En todos los
lugares que talaron ovieron escaramuzas ó peleas
con los moros, donde fueron muertos é feridos tara-
bien de los christianos, como de los moros. Había
en aquella hueste cirujanos, que la Reyna embiaba
quando entraba su gente en tierra de moros, á los
quales mandaba que sin ningún precio curasen los
feridos, porque ella lo facía todo pagar. Fecha esta
tala, que duró por espacio de quarenta días, volvie-
ron todos aquellos caballeros é capitanes con sus
gentes para los prados de Antequera. E allí se des-
partieron, con apercebímiento que les fué fecho de
parte del Rey é de la Reyna, que estoviesen prestos
para entrar con el Rey á la tala que había de facer
en la vega de. Granada, é bastecer la cibdad de Al-
hama.
CAPÍTULO XXXL
Como el Rey é la Repa fueron i la cibdad de Tarazona.
El Rey que según habernos dicho era venido á
Vitoria, é la Reyna que había salido de las monta-
fias de Vizcaya, proveída la frontera de Navarra, é
las otras cosas que fueron necesarias de proveer en
aquellas provincias, partieron de Vitoria, é fueron
á la cibdad de Tarazona. á entender en las cortes de
400
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Aragón que se facían en aquella cibdad , sobre al-
gunas cosas concernientes á la administración de
la justicia é otras necesidades que en aquel Reyno
por estonces ocurrían. E vinieron á aquella cibdad
por su mandado todos los mas caballeros é varones
é procuradores de las cíbdades é villas , é todos los
otros que acostumbraban juntarse en las cortes de
aquel Reyno. E como fueron juntos, por parte del
Rey é de la Reyna les fueron notificadas algunas
necesidades que por estonces tenían , ansí para re-
cobrar los Condados de Ruísellon é de Cerdanía,
como para la guerra de los moros, que se continaba,
é para los otros gastos, que para sostener su estado
real eran necesarios. Ansimesmo por los del Reyno
fueron propuestas al Rey é á la Reyna algunas co-
sas que para conservación desús fueros é leyes com-
plia de se executar é remediar. En las quales enten-
dieron con gran diligencia los días que en aquella
cibdad estovieron ; pero eran tantas é de tan diver-
sas calidades, que no se pudo dar ñn á ellas por es-
tonces. E porque era ya el mes de Abril, y el tiem-
po para entrar en el Reyno de Granada á facer la
guerra é la tala que se había de facer se pasaba , la
Reyna, que tenia mucho en el ánimo aquella guer-
ra de los moros, acordó que se debían dexar aque-
llas cortes de Aragón, por la dilación grande que se
daba en la conclusión dellas, é todas cosas pospues-
tas debían ir al Andalucía en prosecución de la
guerra de los moros. Porque decía ella que era tan
justa é tan sancta empresa, que entre todos los prín-
cipes christianos no podía ser mas honrada, ni que
mas dina fuese; para que faciéndose debidamente
se oviese el ayuda de Dios y el amor de las gentes.
El voto del Rey era que primero se debían recobrar
los Condados de Ruísellon é de Cerdania, que los te-
nia injustamente ocupados el Rey de Francia; ó que
la guerra con los moros se podía por agora suspen-
der, pues era voluntaria, ó para ganar lo ageno, é
la guerra con Francia no se debía escusar, pues erg,
necesaria, é para recobrar lo suyo. E que si aquella
era guerra santa, estotra guerra era justa, é muy
conviniente á su honra. Porque sí la guerra de los
moros por agora no se prosiguiese, no les seria im-
putada mengua ; é si estotra no se ficiese , allende
de recebir daño é pérdida, incurrían en deshonra,
por dexar á otro rey poseer por fuerza lo suyo , sin
tener á ello título ni razón alguna. Decía ansimesmo
que el Rey de Francia era mozo, é suparsona é Rey-
no andaba en tutorías é gobernación agena; las qua-
los cosas daban oportunidad para facer la defensa
de los Franceses mas flaca, é la demanda de resti-
tución mas fuerte. E que sí por agora se dexase, era
do pensar que cresciéndole la cobdicia con la edad,
seria mas difícile de recobrar é sacar de su poder
aquella tierra. Otrosí decía que quanto n\as tiempo
dexase de mover esta guerra , tanto mayor posesión
ganaba el Rey de Francia de aquellos Condados ; é
los moradores dellos, que cada hora esperaban ser
tomados á su señorío, veyendo pasar el tiempo sin
dar obra á los recobrar , perderían la esperanza que
tenían de ser reducidos al señorío primero ; é que el
tiempo faría asentar sus ánimos en ser subditos del
Rey de Francia, é perderían la afición que tenían al
señorío real de los Reyes de Aragón. La qual afición
decía él que no era pequeña ayuda para los reco-
brar prestamente. Otrosí decía que no podía bue-
namente sof rir los clamores de algunos caballeros é
cíbdadanos de aquellos Condados que , por servicio
del Rey su padre é suyo , han estado tanto tiempo
desterrados de sus casas y heredamientos ; é recla-
maban toda hora solicitando que se diese obra á la
reducion de aquella tierra, por tornar á sus casas é
bienes. Todas estas razones decía el Rey á fin que
la guerra se moviese para recobrar aquella tierra da
Ruísellon é de Cerdanía. La Reyna que estaba muy
inclinada ácontinar la guerra comenzada contra los
moros decía , que si agora estoviesen en tiempo de
elegir qual de aquellas guerras se debía comenzar,
habían lugar las causas que el Rey decía para co-
menzar la de Francia é dexar la de Granada. Pero
que comenzada ya de dos años antes la guerra con
los moros , para la qual con grandes trabajos eran
fechos aparejos, é se habían fecho inmensos gastos
é costas, ansí por mar como por tierra, ateniéndola
en el estado que la tenían, parecía mal consejo per-
dello todo por comenzar otra guerra de nuevo , pu-
diéndose proseguir la de los moros, proveyendo es-
totra que se esperaba con los Franceses. Para la
qual decía ella que debrían quedar con el Rey en
aquellas partes de Aragón é de Cataluña algunas
gentes de armas de Castilla : con los quales é con
la gente de la tierra podía facer el Rey lo que que-
ría. E que ella iría en prosecución de la guerra que
tenia comenzada contra los moros, y en esta mane-
ra se proveía lo uno é lo otro.
En este acuerdo asentaron el Rey é la Reyna é
los de su Consejo, é luego dieron orden en la admi-
nistración de la justicia que había de quedar en las
tierras de allende el puerto ; de la qual dieron car-
go al Almirante Don Alonso Enriquez é al Condes-
table Conde de Haro , á los quales mandaron que
estoviesen en la villa de Valladolíd. Otrosí manda-
ron á ciertos Dotores de su Consejo , que estoviesen
con ellos, é librasen las causas que pendían, é de
nuevo naciesen en aquellas partes, é proveyesen en
ellas : para lo qual el Rey é la Reyna les dieron sus
poderes bastantes.
Fecha esta provisión , el Rey quedó en aquella
cibdad de Tarazona , entendiendo en las cortes que
se facían, é la Reyna partió de aquella cibdad, ó
con ella el Cardenal de España, é vinieron á la cib-
dad de Toledo. E como la Reyna llegó cerca de la
cibdad, porque era costumbre antigua, é muy guar-
dada , que quando los Arzobispos entran la primera
vez en ella , los caballeros de la cibdad salen á le
recebir fuera de la cibdad ; é todos vienen con él á
pié en circuito de la cavalgadura en que entra, fasta
lo poner á las puertas de la Iglesia donde descaval-
ga é face oración á la cruz , con que la clerecía de
la Iglesia le está esperando ; la clerecía de la cib-
dad requirió al Cardenal que pues aquella era la
primera vez que entraba en la cibdad , después que
DON FEKNANDO
filé proveído del Arzobispado , le ploguiese guardar
la cerimonia debida álos Arzobispos, y entrar en la
cibdad un dia antes que la Keyna entrase ; porque
entrando solo, los caballeros oviesen lugar de le fa-
cer aquella honra acostumbrada. E como la Reyna
le rogase aquello mesmo , el Cardenal le respondió :
« Señora, pues vuestra voluntad fué de me procurar
» la provisión de este Arzobispado, yo reputo la ma-
)) yor honra que puedo recebir entrar acompañando
))á vuestra persona real , é que vos me pongáis por
» vuestra mano en la posesión de la Iglesia que
»me procurastes; — quédese, dixo, esta cerimonia
» para otro tiempo é lugar» ; é no quiso entrar en la
cibdad, salvo con la Reyna, acompañándola. Aque-
lla respuesta que el Cardenal dio, é la voluntad que
en aquel caso mostró, fué notada á virtud de humil-
dad é de agradescimiento ; porque eligió antes ir
con los otros acompañando á la Reyna , que entrar
Bolo en la cibdad con aquella gran cerimonia é hon-
ra que le era debida é le ofrescian. E ansí entró en
la cibdad acompañando á la Reyna, á la qual fué
fecho grande recibimiento, y estovo en la cibdad
los tres dias de Pasqua de Resurrección ; é luego
partió para el Andalucía, é con ella el Cardenal, ó
fué á las cibdades de Úbeda é Baeza é Andúxar ó
Jaén. E vistas todas aquellas partes proveyó algu-
nas cosas que entendió ser necesarias á la adminis-
tración déla justicia, é buena gobernación de aque-
llas cibdades : en especial defendió el juego de los
dados en aquellas tierras y en todos sus Reynos so
grandes penas , ó mandó á sus Corregidores que las
executasen en qualesquier persona que los jugasen.
E los ministros de la justicia habían tan gran te-
mor de la Reyna, que executaban con mucha dili-
gencia sus mandamientos ; é algunos por miedo de
las penas que se executaban , se refrenaban é dexa-
ban de jugar : de manera que los grandes de ver-
güenza, é los otros por miedo de la pena, todos jue-
gos cesaron. Cosa fué por cierto dina de memoria,
porque esto se guardó tanto, que no se fallaban en
todo el Reyno dados para jugar, ni agora ninguno
los osaba tener ni vender. Asentadas todas estas
cosas por la Reyna en aquellas cibdades, acordó de
venir para la cibdad de Córdoba, á esperar la gente
de armas que había mandado llamar para facer guer-
ra en el Reyno de Granada.
CAPÍTULO XXXII.
De las cosas qae la Reyna fizo en la cibdad de Córdoba , é como
el Rey dexó las cortes de Tarazona , é vino á Córdoba do es-
taba la Reyna.
Como la Reyna llegó á la cibdad de Córdoba, lue-
go vinieron á su llamamiento el Maestre de Santia-
go, y el Conde de Cabra y el Marqués de Cáliz, y
el Marqués de Villena , é Don Lorenzo Suarez deFi-
gueroa, Conde de Feria, é Don Alonso de Aguilar,
y el Conde de Belalcázar, y el Conde de Osomo, Co-
mendador mayor de Castilla, y el Conde de Nieva,
y el Conde de Uruefia , é Don Juan de Guzman, fi-
jo del Duque de Medinasidonia con la gente del
Cr.-IIÍ.
É DOÍÍA ISABEL. 401
Duque su padre , ó Don Juan de Sotomayor, Señor
de Alconchel, é Puertocarrero , Señor de Palma, é
Juan de Guzman, Señor de Teba , é todos los otros
capitanes é gentes de armas que embió á llamar.
Otrosí, vinieron fasta mil peones ballesteros é lan-
ceros y espingardcros, é mandó traer gran número
de carros é madera é fierro é piedras é maestros para
las labrar, é todas las otras cosas que eran necesa-
rias para las lombardas é otros tiros de pólvora de
su artillería, según la orden que para ello dábanlos
maestros que fizo venir de Francia é de Alemana,
que tenian aquel cargo. E allende de las trece mil
bestias que el Reyno le dio en servicio este año para
meter los bastimentos necesarios á la gente que es-
taba en Alhama , mandó ansimesmo traer alquila-
das otro gran número de bestias é de carretas, para
llevar las cosas necesarias á las gentes de armas é
peones que habían de entrar en la vega de Grana-
da. Otrosí mandó aderezar grande flota de naos ó
galeras é carracas por el mar, é fornescerlas de ar-
mas é gentes é mantenimientos, para guardar el es-
trecho que no pasasen mantenimientos ni gentes de
las partes de África para favorecer los moros. E dio
cargo de la capitanía do esta flota á Don Alvaro de
Mendoza, Conde de Castro. Aparejadas todas las co-
sas que eran necesarias para la guerra , pensando
que el Rey se deternia en las cortes de Aragón , dio
cargo de la capitanía general de toda su hueste al
Cardenal de España , para que entrase en tierra de
moros; y ella acordó de ir á las cibdades de Ante-
quera é Alcalá la Real , para proveer en las necesi-
dades que ocurriesen ; porque la presencia de la
Reyna, é la forma que tenia en la gobernación de
las cosas , f acia á sus ministros é servidores poner-
las en obra con diligencia. Las cosas de la gueiTa
fechas é aderezadas por la Reyna en la manera que
babemos dicho , el Rey dexó las Cortes de Aragón,
é suspendió en la guerra que estaba en propósito d©
facer á los Franceses ; porque en aquellas Cortes no
falló por estonces el aparejo que era necesario para
la principiar, é vino para la cibdad de Córdoba don-
de estaba la Reyna. E juntos aquellos caballeros ó
capitanes que estaban en su Consejo , fablóse cerca
de la guerra que se había de facer aquel año. E por-
que el voto de algunos era , que se debía facer tala
en la vega de Granada , según se había fecho los
años pasados , y el voto de otros era , que se debía
asentar real sobre alguna Villa ; aquellos cuyo voto
era de facer la tala, decían que pues había tan gran
recabdo en la mar, para que no pasasen manteni-
mientos de África con que los moros de Granada se
pudiesen proveer, les parecía que debían entrar en
la vega , é facer la tala de los panes é otras cosas,
según que otras veces se había fecho. E que qui-
tando á los moros por todas partes el mantenimien-
to, geles faria mayor gueira que en otra manera:
porque no pudiendo sofrir la mengua de los mante-
nimientos , seria forzado darse todos de hambre ; y
en esta forma seria fecha guerra general á todo el
Reyno , lo que no se faria cercándose una villa sola.
Los que eran en voto que eo cercase alguna villa^
2S
402
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
decían que bien seria facerse la tala, si generalmen-
te se pudiese facer en todas las partes del Reyno
de Granada , pero que no se podia facer , salvo so-
lamente en la vega , é aun en aquella no se podia
talar cumplidamente, salvo algunos lugares ; é ansí
quedaban todas las otras cibdades é villas é lugares
é partes de aquel Reyno por talar, de donde los mo-
ros se podían proveer. Ansí que facer la tala era
una guerra de grandes costas á los christianos, é
poco daño á los moros. Esto bien considerado , de-
cían que el Rey debía poner sitio sobre alguna villa
de las de aquel reyno , pues tenia gran poder de gen-
tes é artillería para la guerrear é combatir. E ni por
esto cesaría la tala , pues que las gentes de la hues-
te talarían asaz tierra de la que estoviese en circui-
to de la villa que se sitiase. Sobre esta materia ovo
grande plática é diversidad de consejos entre los ca-
balleros é capitanes que estaban en el Consejo. Al
fin el Rey é la Reyna, vistas las razones que se ale-
gaban por los unos é por loa otros , determinaron,
que se debía poner sitio sobre alguna villa de mo-
ros é la combatir , porque entendían de la haber con
la fuerza del artillería. E determinaron que se sitia-
se la villa de Alora, porque tomada aquella villa,
aseguraba gran parte de las otras tierras de chris-
tianos que estaban frontera de los moros, de donde
se podia facer guerra á las otras villas é tierras del
Reyno de Granada, que estaban en la comarca. Este
acuerdo habido, fué tan secreto que ninguno lo so-
po , salvo muy pocos de su Consejo. E aprovechó
tanto el secreto, que los moros no proveyeron aque-
lla villa de las cosas que se requerían para su de-
fensa ; é recelando que el Rey cercaría otra vez la
cibdad de Loxa, pusieron en ella los moros guarda
de mucha gente é mantenimientos, é fortificáronla
mas que otra ninguna cibdad ni villa de aquellas
partes.
CAPÍTULO XXXIII.
Como el Rey tomó la villa de Alora.
Habido el acuerdo que habemos dicho luego el
Rey partió para la cibdad de Córdoba con todos
los caballeros é gentes de caballo é de pié que la
Reyna había fecho juntar ; é sus batallas ordena-
das, vino fasta un lugar que se llama el Rio de las
Yeguas. Estando allí, mandó al Marqués de Cáliz que
con la gente de su casa, é con la batalla de la gen-
te de armas del Cardenal de España, do iba por ca-
pitán Don Antonio de Mendoza su sobrino, fuese
adelante á asentar real en lugar conviníente. Como
el Marqués fué partido, el Rey lo siguió, y entró
mas adelante en tierra de moros con toda su hues-
te, donde iban de las bestias que dio el Reyno, é de
las otras que la Reyna mandó traer alquiladas, fas-
ta en número de treinta mil cargas, que llevaban
los mantenimientos para la gente. Iba ansimesmo
gran número de carros con el artillería, é una gran
parte de los peones pasaban adelanto por las sier-
ras y puertos de aquella tierra, allanando los cami-
pos é lugares ásperos por donde pudiesen pasar los
carros. Y en esta forma fué el Rey poniendo san
reales fasta que llegó sobre la villa de Alora, Vier-
nes once días del mes de Junio deste año. Los mo-
ros que en ella estaban ficieron grandes aparejos de
defensas en los muros é torres , y el Alcayde que
tenia la fortaleza repartió su gente en los lugares
que entendió ser necesarios para la defender. Esta
villa es tan fuerte ó puesta en tal sitio , que los mo-
ros recelaban poco de ninguna fuerza ni combata
que les fué fecho. El Rey, puesto su real, mandó asen-
tar el artillería , é que tirase á ciertas partes del mu-
ro é de las torres. Los moros ansimesmo tiraban
con espingardas , é con otros tiros de pólvora, é sae-
tas con yervas é ferian algunos christianos. E para
curar los f eridos é los dolientes , la Reyna embiaba
siempre á los reales seis tiendas grandes, é las ca-
mas de ropa necesarias para los feridos y enfermos;
y embiaba físicos é cirujanos é medicinas é hornea
que los sirviesen, é mandaba que no llevasen pre-
cio alguno , porque ella lo mandaba pagar. Y estas
tiendas con todo este aparejo , se llamaban en loa
reales el Hospital de la Reyna. Asentadas las lom-
bardas grandes, é comenzando á tirar, derribaron
dos torres é á una gran parte del muro. E como
aquella parte del muro fué caída , los moros traba-
jaron por facer otro muro de tapia por de dentro
para se defender ; pero los ribadoquines é otros ti-
ros de pólvora tiraban tantas veces á aquella parte
do el muro había caído, que los moros no tenían lu-
gar de facer ninguna defensa dentro ; é si algunos
trabajaban de la facer , luego eran muertos ó lisia-
dos con la gran muchedumbre de artillería que con-
tinamente tiraban.
Visto por el Rey como las torres con aquella par-
te del muro eran caídas, mandó aderezar los bancos
pinjados é grúas é mantas, é los otros pertrechos
necesarios para el combate; é repartió los lugares
por do la villa se había de combatir á cada capitán.
Los moros, que primero estaban esforzados é con
poco temor de recebir daño , quando vieron las tor-
res con grande parte del muro derribado , é como
toda la artillería continamente tiraba é derribaba
cada hora mas , é que no podían defender el muro,
ni andar seguros por las calles ; sintiéndose guer-
reados por tantas partes, requirieron al Alcayde que
diese al Rey la villa, porque ni veían manera para
la defender ni tenían fuerza para pelear. El Al-
cayde, visto que gran parte de sus moros perdían el
esfuerzo , con algunos que vido tener mejor ánimo,
se puso en una torrea fin de la defender; é reprehen-
día á los otros por la flaqueza que mostraban, éde-
ciales, que antes debían allí morir que perder su
tierra, é ser puestos so la servidumbre de los chris-
tianos, á quien no conocían sino por enemigos crue-
les. E con estas é otras semejantes razones trabaja-
ba de los esforzar , pero los moros , veyendo loa
muertos é feridos é como cada hora sus muroa
caían, puestos en aquella necesidad peligrosa, la
turbación les privaba el entendimiento para tomar
acuerdo de lo que debían facer. Estando en esta
priesa , descolgáronse por la cerca tres moros é vi-
DON FERNANDO
níeron al Rey á le decir el estado de la villa, y el
desacuerdo que habia entre los moros sobre la de-
fender ó entregar. Estonces el Rey les embió á de-
cir con un faraute ó intérprete, que él les asegura-
ba la vida é los bienes, é que los embiaria sin daño
á qualquier parte que quisiesen , si luego le entre-
gaban la villa. Los moros, oyendo la piedad que el
Rey les ofrecía, esforzáronse mas contra el Alcay-
de é decíanle : «Tú, Alcayde, que nos mandas defen-
» der, danos si puedes vida para poder pelear, é plá-
» ceños morir defendiendo, si poderaes defender pe-
» leando ; mas si no podemos guardar la vida para
» defender la villa, locura es perder la vida é la vi-
))lla. Tú quieres que muriendo veamos moriré cap-
» tivar nuestras mugeres é fijos, é al fin que sepier-
» da la villa ; sábete que no lo queremos facer, án-
» tes queremos gozar de la piedad que el Rey nos
» ofrece , que usar del consejo que tú nos das. » El
Alcayde , visto que cada hora mas desmayaba su
gente con las muertes de unos é feridas de otros,
acordó de entregar al Rey la villa ; y el Rey seguró-
les las vidas é los bienes , é mandó al Comendador
mayor de León Don Gutierre de Cárdenas, é á Puer-
tocarrero Señor de Palma, que entrasen en ella. A
los quales el Alcayde dio lugar que se apoderasen
de una torre con fasta veinte homes de armas , en-
tretanto que los morog de la villa recogían sus bie-
nes, é los sacaban fuera. E luego fueron puestas
sobre las torres de la villa las banderas del Rey é de
la Reyna , y el pendón de la Cruzada. Fué entrega-
da esta villa al Rey, á veinte días del mes de Junio,
año del nascimiento de nuestro Redemptor de mil
é quatrocientos é ochenta é quatro años. E mandó
poner en seguro todos los moros é moras con sus
fijos é bienes ; otrosí mandó rescatar todos los chris-
tianos que estaban en ella captivos. Como la villa
fué desembargada, el Key entró en ella con una
solemne procesión, éfué á la mezquita principal, é
fundó en ella una iglesia, que por intercesión de la
Reyna fué intitulada Santa María de la Encarna-
ción. E mandó reparar las torres y el muro que ha-
bían derribado las lombardas, é dio cargo de la ca-
pitanía mayor de aquella villa á Luis Fernandez
Puertocarrero, con docientos homes á caballo é otras
gentes á pié. E proveyóla de mantenimientos é de
las otras cosas necesarias, é partió con toda su hues-
te para el valle que dicen de Cártama.
Tomada la villa de Alora, el Rey mandó mover
su real é fué al valle que dicen de Cártama por lo
talar; y embió delante al Marqués de Cáliz con la
gente de su casa, é con la gente del Cardenal de
España, é otros capitanes , que serian fasta dos mil
de caballo. E como entró en aquel valle, fué para
la villa de Alozayna; é los moros della , veyendo
que no se podían defender , salieron al Marqués , é
trataron con él de se poner en el señorío del Rey é
de la Reyna, é ser sus vasallos. El Marqués embió á
decir al Rey, como los de aquella villa querían ser
BUS siervos, si les mandase guardar sus bienes. El
Bey le embió á mandar que la recibiese, é no les
ficiese guerra, é que los asegurase de su parte. Y
É DO^A ISABEL. 403
en esta manera aquella villa quedó en el señorío del
Rey é de la Reyna. El Rey con toda su hueste en-
tró en aquel valle de Cártama, é asentó real sobre
una villa que se llama Cazarabonela . que es fuerte.
E los moros que estaban en ella salieron á escara-
muzar por tales lugares, que á su salvo podían fa-
cer harto daño en los christianos , é no recebirlo, se-
gún la dispusicion de la tierra é de los grandes oli-
vares é otras ramblas é barrancos que estaban en el
circuito. E algunos de los christianos con orgullo é
cobdicía de robar, soltáronse de algunas batallas
sin orden é sin mandamiento de los capitanes , é
fueron á escaramuzar con los moros por aquellos lu-
gares que no sabían. Algunos de los capitanes visto
aquel daño entraron en la escaramuza, por retraer
della á los christianos ; é la confusión é desorden de
pelear fué allí tan grande , que de los christianos
fueron algunos muertos é muchos f eridos de los ti-
ros de saetas con yervas y espingardas que tiraban
los moros.
Murió en aquella facienda de una saetada Don
Gutierre de Sotomayor, Conde de Belalcázar, que
entró á retraer la gente de su batalla. Este Conde
era mozo de veinte é quatro años, borne de muy
buenos deseos, é tan bien acondicionado , que pesó
mucho al Rey é á la Reyna de su muerte. Dio tan
gran tristeza en las gentes del real, que todos los
que andaban en la escaramuza, oída la muerte de
aquel Conde, se retraxeron. E los moros de algunas
villas de aquel valle , que por la toma de la villa
de Alora estaban tan caídos que pensaban darse
por subditos del Rey é de la Reyna , quando oyeron
el daño que ficieron en aquella escaramuza, cobra-
ron tanto esfuerzo, que mudaron el propósito é no
se quisieron dar. El Rey mandó talar todos los pa-
nes é viñas é olivares de aquel valle, é por acuerdo
de algunos capitanes, deliberaba volver para Cór-
doba, é vino fasta los prados de Antequera. La
Reyna que todos los días trabajaba embiando dine-
ros é gentes é requas é mantenimientos é facía con-
tínos aparejos para aquella guerra , oído como el
Rey deliberaba tan presto dexar la guerra é salir
con toda su hueste de tierra de moros, embió decir
al Rey , que si le ploguiese debía facer la tala en la
vega , ó poner sitio sobre alguna otra villa , pues
habia aun asaz tiempo del verano en que se podía
facer. El Rey sabida la voluntad dp la Reyna , co-
mo quier que ya la gente comenzada á se volver;
pero ansí los grandes señores , como los capitanes,
é todos los otros caballeros é gentes de la hueste,
visto como el consejo de la Reyna era razonable;
tornaron á entrar en la vega de Granada con el
Rey. El qual, ordenadas sus batallas, fué aun lugar
que se llama Alhendin , é quemó las viñas é oliva-
res é otros árboles é todos los panes que estaban en
las eras ; é quemó las casas de la Marbaha , é de
Gabiar, é Autora é Goxa. E otro día fué con algu-
nas gentes por cerca de un lugar que se llamaba
Dilar, que es al pié de la Sierra Nevada. E fueron
muertos algunos moros que salían á escaramuzar
con la gente del Rey, é otros fueron captivos; é
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
404
fueron quemados tJxixar é Acibia dos lugares cer-
canos de la cibdad de Granada, é quemaron las par-
vas de los panes, é las viñas é huertas , é otros fru-
tales que estaban en aquel circuito. Otro dia el Rey
con toda su hueste, sus banderas tendidas, é la gen-
te dispuesta á la batalla, fué camino de la cibdad
de Granada, por encima de Armilla, que es por la
parte de la Sierra Nevada, quemando é talando todo
lo que fallaba en circuito de dos leguas, é quema-
ron á Armilla la menor, é las eras de Abra, é que-
braron los molinos de Jarambi, que son cerca de la
puerta de Granada que se llama Bibarrambla, é to-
dos los otros molinos que estaban cercanos de la cib-
dad. El Rey con su batalla real se puso delante las
puertas de la cibdad, quanto un quarto de legua
por la parte de la Sierra Nevada, á pelear con los
moros , si saliesen á defender la tala que los suyos
f acian por todas partes ; los quales quemaron las al-
deas, alearías, é casas, é torres, é mezquitas que los
moros tenian en aquella parte , ó todos los olivares
y huertas , é parvas que estaban en las heras. E lle-
garon algunos caballeros é peones fasta cerca del
muro de la cibdad de Granada. Otrosí la Reyna ha-
bía mandado al Duque de Medinasidonia, é al Con-
de de Cabra que, entre tanto que el Rey estaba en
la vega faciendo esta tala, entrasen en la tierra de
los moros con las gentes de sus casas : al Duque por
la parte de Ximena, é al Conde de Cabra mandó
que fuese al término do la cibdad de Loxa. Estos
dos caballeros, cumpliendo el mandamiento de la
Reyna, entraron en tierra de moros, é talaron é
quemaron é destruyeron todos los panes é viñas é
árboles que fallaron en aquellas partes, é traxeron
ganados é prisioneros en gran número. Fizóse en
espacio de quarenta días que el Rey duró en la ve-
ga, y en la entrada que estos dos caballeros cada
uno por su parte fizo la mayor tala é destruicion
que se fizo en aquella tierra , después que los moros
la poseen.
Fecha esta tala , el Rey vino con toda su hueste
para la cibdad de Alhama , é fizo meter en ella cin_
co mil bestias cargadas de mantenimientos que la
Reyna había embiado de Córdoba parsjbastecimien-
to de aquella cibdad, é sacó della al Conde deTen-
dilla que la había sostenido , é dio el cargo de la
capitanía mayor á Don Gutierre de Padilla, Clave-
ro de Ja orden de Calatrava. E dexando el provei-
miento de las cosas necesarias para aquella cibdad,
volvió con toda su hueste á la cibdad de Córdoba.
CAPÍTULO XXXIV.
Como el Rey tomó la villa de Setenll.'
Porque el tiempo del verano duraba para poder
estar gente en el campo , acordaron en su Consejo
el Rey é la Reyna de no dex/xr pasar el tiempo sin
facer otra entrada, é poner sitio sobre alguna villa
de moros. E como quier que ovo diversos votos en-
tre los capitanes que en esto entendían, porque unos
decían que dobian poner sitio sobre Cambil que es
cerca de Jaén, otros decían que se debía poner so-
bre Montefrio, otros sobre lUora ; pero al fin acor-
daron que se debía poner cerco sobre Seteníl, por
muchas razones que mostraban ser esta villa mas
provechosa que las otras, si se pudiese haber, por
la seguridad que los chrístianos habrían, é por el
daño que los moros recibirían si se ganase. E como
quier que la plática de estas cosas era secreta en su
Consejo, pero aquello que determinaban facer esta-
ba mucho mas secreto, porque ninguno sabía la
final determinación salvo muy pocos. Habido este
acuerdo, luego el Rey partió de la cibdad de Cór-
doba con toda la gente de armas de su hueste , y
embió delante al Marqués de Cáliz ; el qual con dos
mil homes á caballo fué muy presto á la villa de
Seteníl , por guardar que los moros no se proveye-
sen , si ovíesen aviso del camino que el Rey lleva-
ba para la cercar. Otrosí mandó llevar el artillería;
é como llegó el Marqués tomó algunos moros que
andaban en el campo , de los quales sopo como en
la villa no había otra gente, salvo el Alcayde é los
vecinos de ella , pero sopo que eran asaz para la de-
fender, é homes cursados en la guerra para pelear.
E luego el Rey vino con toda su hueste, é asentó su
real bien cerca de la villa ; é porque los caminos
eran fragosos por do habían de pasar los carros en
que iba el artillería, mandó que viniesen delante al-
guna gente de peones con picos é palas de fierro, é
otros aparejos para allanar los lugares altos é fra-
gosos por do pudiesen pasar. Los moros, veyendo la
villa cercada de todas partes, salieron algunas ve-
ces á escaramuzar con la gente que estaba en la
guarda ; pero visto los daños que los tiros de pólvo-
ra facían en ellos, acordaron de no salir mas ala es-
caramuza , é cerraron todas las puertas de la villa,
é tapiáronlas por de dentro , é acordaron de defen-
der el muro é las torres. E por esta causa la gente
de la hueste estaba segura de los moros , que no te-
nian por do salir á pelear con la gente del real ; el
qual estaba muy bastecido de todas las cosas nece-
sarias , porque la Reyna embió oficiales é provisio-
nes é las otras cosas que eran menester para la hues-
te en grand abundancia ; otrosí embió las seis tien-
das que se decían el Hospital de la Reyna para los
dolientes é f eridos , según lo acostumbraba á em-
biar á los otros reales. Asentadas las lombardas
gruesas, el Rey mandó que tirasen á dos torrea
grandes que estaban en la entrada de la villa ; ó
como tiraron por espacio de tres días , luego las
derribaron con un gran pedazo del muro. Y entre-
tanto los otros tiros de cebratanas é pasabolantes é
ribadoquines, tiraban á las casas de la villa, é ma-
taban los homes é mugeres ó niños é derribaban
las casas. E tan gran temor pusieron los tiros de
pólvora , é tanto daño y estrago facían en los mo-
ros , que no lo podían sof rir , ni tenian vigor para
pelear, ni para se defender. E demandaron partido
al Rey que les salvase las vidas é las faciendas, ó
les diese libertad para ir en salvo do les ploguíese.
El Rey otorgóles seguridad de las vidas con todo
lo que pudiesen llevar j é luego el Alcayde é todos
DON FERNANDO
08 moros entregaron la villa al Rey (1). E mandó á
dos capitanes que con la gente de sus capitanías
fuesen con el Alcayde , é con todos los moros , á
los poner en salvo en la cibdad de Ronda. Y el Rey
entró en la villa , é mandó reparar las torres ó mu-
ros que hablen derribado las lombardas, é fizóla
bastecer de pertrechos ó bastimentos é de las otras
cosas necesarias. E dexó por capitán mayor á Don
Francisco Enriquez con docientos homes de caba-
llo, é con la gente de pié que fué necesario para la
guardar ; é luego fué con toda su hueste para la
cibdad de Ronda , que es á dos leguas de Setenil , ó
fizo talar los panes é viñas é olivares ó los otros fru-
tales que estaban á una legua en circuito de aque-
lla cibdad. Sabido por la Reyna como la villa de Se-
tenil tan presto fué tomada, ovo gran placer; por-
que fué cercada por algunos Reyes pasados en otros
tiempos, é como quier que habia durado el sitio so-
bre ella mucho tiempo, nunca se pudo tomar; é
acordó de ir á la cibdad de Sevilla. El Rey, que ha-
bia salido de la tierra de moros, vino á ella al ca-
mino , é ambos entraron en la cibdad, donde estu-
vieron el invierno proveyendo en las cosas necesa-
rias, ansí á la buena gobernación de sus Reynos,
como á la guerra de los moros, al bastecimiento de
las villas que eran tomadas , é de las otras gentes
que estaban puestas en la frontera. En este tiempo
los capitanes que dexaron en Alhama, y en Alora,
y en Setenil, continamente facían entradas en tier-
ra de los moros ; ó les facían tanta guerra, que es-
taban oprimidos , é no tenían aquellas fuerzas que
solían para entrar á facer guerra en la tierra de los
christianos por aquellas partes. E muchas veces
ofrecieron gran número de oro en parias al Rey é á
la Reyna, ó que el Rey moro seria su vasallo para
los servir, según lo habían seydo algunos moros
del Reyno de Granada de los Reyes de Castilla sus
antecesores. Pero porque su propósito , según habe-
rnos dicho , era de conquistar todo el Reyno de Gra-
nada , no lo quisieron aceptar. E mandaban á sus
capitanes é gentes que favoreciesen al Rey mozo
contra el Rey su padre, según gelo habían prometí-
do. Los moros, considerando que aquel Rey mozo
recebía ayuda de los christianos, é recelando que
los metería en su tierra , aborrescíanle, é apartában-
se del , y estaba retraído en la cibdad de Almería.
CAPÍTULO XXXV.
Da lu cosas qae pasaron en la junta qne las Hermandades del
Reyno ficieron en este año en la villa de Orgaz.
Los diputados é oficiales de las Hermandades de
las cibdades, é villas é provincias, é otrosí Alonso
de Quintanilla, y el Provisor de Villafranca que te-
nían cargo por el Rey é por la Reyna de los admi-
nistrar, acordaron de se juntar en el mes de No-
viembre de epte afio en la villa de Orgaz, para en-
tender en las cosas de la justicia que el Rey é la
Beyna les habían dado facultad que entendiesen, y
(1) Fué esto por Setiembre de este afio. Bernald,, cap. 71.
É DO^A ISABEL. 405
en los repartimientos é otras cosas que compilan de
se facer. Fueron presentes en esta junta el bastardo
de Aragón, Duque de Villahermosa, Capitán general
de la gente de armas de las hermandades , ó Don
Alonso de Burgos , Obispo de Cuenca , que era Pre-
sidente. E juntos en aquella congregación , ó plati-
cadas algunas cosas necesarias de se proveer, aque-
llos ministros relataron los trabajos en la guerra
con los moros , en la qual se facían tan grandes gas-
tos, que sobrepujaban á las rentas ordinarias que
el Rey é la Reyna tenían. Por ende les encargaban
de parte de su Real Magostad, que considerada
aquella necesidad , ó la cosa en que se habían de
destribuir, repartiesen allende del repartimiento or-
dinario alguna suma , para ayuda de pagar las lle-
vas de los mantenimientos que se habian de llevar
al real el verano siguiente, ó para bastecer la cib-
dad de Alhama ; otrosí para ayudar á pagar las cos-
tas que se requerían facer en el artillería , é para
pagar los caballos que eran muertos en las peleas ó
batallas habidas con los moros. Aquellos Procura-
dores é Diputados, oído lo que les fué propuesto, é
habida consideración á las cosas para que se de-
mandaba aquella ayuda, con buena voluntad de to-
dos respondieron, que les placía de servir al Rey é
á la Reyna con todo lo que de su parte les era de-
mandado : porque como Reyes executaban la justi-
cia, é como señores defendían sus Reynos, é como
cathólícos celaban la fe , é como animosos guerrea-
ban los enemigos , é como prudentes gobernaban en
tal manera sus Reynos , que cada uno era señor de
lo suyo , é no daban lugar que ninguno robase lo
ageno; é porque con los tributos que les daban,
ellos eran Reyes mas poderosos, ó con su poder sus
subditos eran mas honrados é defendidos. Ansímes-
mo respondieron , que si á los Reyes pasados se fa-
cían servicios é pagaban tributos , visto que algu-
nas veces se distribuían menos debidamente que de-
bían, aquellos se otorgaban con cargo, é se repar-
tían con dificultad , é se cogían con trabajo. Pero
considerando que la intención con que se pide este
servicio es recta , é la guerra en que se gastaba es
sancta, éla manera del gastar veían ser reglado; les
parecía que la razón les obligaba á contribuir nue-
vas contribuciones , pues se facían nuevos é necesa-
rios gastos. E allende del repartimiento que ordina-
riamente pagaban para el sueldo de la gente de ar-
mas que contínaba en la guerra, les placía de ser-
vir este afio con doce quentos de maravedís, para
pagar los alquileres de las bestias que habian de
llevar los mantenimientos al real , ó ai proveimien-
to de la cibdad de Alhama é de las villas de Alora é
Setenil ; é mas otro medio quento de maravedís para
pagar las bestias é acémilas que se murieron el afio
pasado llevando los bastimentos, ó ansimesmo lo
que se gastaba en el artillería. Dada esta respuesta
por los Procuradores del Reyno , ó presentada á la
Reyna por el Duque de Villahermosa, é por el Obis-
po de Cuenca, é por los otros comisarios que fue-
ron presentes en aquella junta , la Reyna regrades-
ció la obediencia que los Frocuradorea de sus Bey-
40(1
nos mostraron ; é considerando que por las derramas
que se cogían en el Keyno , sus subditos sentirían al-
guna fatiga, acordó que no se repartiesen mas de
los doce quentos que eran necesarios para el alqui-
ler de las bestias que hablan de llevar los basti-
mentos al real, é al proveimiento de Alhama é Alo-
ra é Seteail, porque estas no se podían escusar. To-
dos los otros repartimientos mandó que cesasen , é
mandó dar sus cartas para los diputados de las pro-
vincias, que no repartiesen otra suma allende de
aquellos doce quentos.
En este año murió el Papa Sixto Quarto , é fué
elegido por Sumo Pontífice Inocencio Octavo. Otro-
sí, estando el Rey é la Reyna en aquella cibdad , les
vino nueva como el Rey de Portogal había muerto
por su mano al Duque de Viseo su primo, hermano
de la Reyna su muger, é fijo del Infante Don Fer-
nando su tío, hermano del Rey su padre, é de la
Infanta Doña Beatriz tía de la Reyna. Este Duque
de Viseo era mozo de veinte años , é como estanue-
va vino dubdosa , porque unos decían que era muer-
to , otros que era preso ; el Rey é la Reyna, por el
debdo de sangre que con ellos tenia , acordaron de
embiar á Don íñígo López Manrique, Obispo de
León é á Mosen Gaspar Fabra un caballero de Ara-
gón por embaxadores al Rey de Portogal, á le ro-
gar con grand afición , que si no era muerto el Du-
que, no procediese contra él á la muerte , fasta que
con mayor piedad mirase la causa de su prisión ; é
si era muerto, de su parte consolasen á la Infanta
Doña Beatriz su madre.
Estos embaxadores partieron luego á la hora que
les fué mandado, é como sopieron en el camino que
el Rey había muerto al Duque , fueron á decir á la
Infanta la gran turbación que el Rey é la Reyna
ovieron de aquel caso acaescido al Duque su fijo, é
á le consolar según les fué mandado. Esta Infanta
era muger discreta, é como quiera que era tierno el
dolor que sintió por la muerte del Duque su fijo, es-
pecialmente porque se añadió á la muerte del Du-
que de Guimaranes su yerno, á quien el Rey de Por-
togal el año pasado había fecho degollar por justi-
cia ; pero mostró tener aquella consolación que per-
sona discreta debía mostrar en tiempo de tal turba-
ción, y embió á regradescer al Rey é á la Reyna su
buena consolación. E como quier que la muerte de
este Duque haya acaecido en reyno extraño ; pero
porque era de sangre real é home de grand estado,
plácenos de recontar aquí la causa , que oimoa ha-
ber movido al Rey de Portogal de matar á este
Duque.
Según que en las cosas acaescidas el año pasado
habemos recontado , un caballero de los principales
de aquel Reyno de Portogal é de mayores parientes
era el Duque de Guimaranes, á quien el Rey de Por-
togal habia fecho degollar por justicia. El qual é
los otros sus hermanos é debdos, sintiendo á grave-
za la poca estimación que el Rey facía dellos, por-
que seyendo cercanos á su sangro no los trataba con
aquella humanidad que el Rey su padre los habia
tratado ; notábanle ser de dura y esquiva conversa-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cion , é murmuraban del, imponiéndole ser avarien-
to, é injusto, é incapaz, é los otros defetos qaelos
que aborrescen á su mayor le suelen imponer quan-
do del están descontentos. E de día en día cresció
tanto el odio entre ellos, que no cesaban de afear las
esquividadesé condiciones ásperas del Rey: las qua-
les comparadas á la humanidad é dulce conversación
que tenían con el Rey su padre les parecían mucho
mas grávese intolerables. Esta plática se estendió en-
tre ellos tantas veces que vino á noticia del Rey como
aquel Duque de Guimaranes é los otros sus herma-
nos é parciales maculaban sus costumbres, é afea-
ban con palabras la manera de su gobernación. De
lo qual se engendró entre ellos tan grand odio , que
el Rey no pudiendo sofrir los mordimientos de sus
subditos pensó como los castigase. Y ellos creyen-
do no tener vida segura viviendo el Rey , dícese
que imaginaron de lo matar, é facer Rey á este Du-
que de Viseo su primo. Informado el Rey de Porto-
gal de la conjuración que contra él se facía por algu-
nos que se dice que la sabían, mandó prender al Du-
que de Guimaranes, é fecho proceso contra él, fué
degollado, según habemos dicho, por justicia. B
desterró el Rey a todos sus hermanos é parciales , é
mandó degollar á otros caballeros que eran partíci-
pes en aquella conjuración, é tomóles todos sus bie-
nes. E habiendo consideración que este Duque de
Viseo era su primo , é de tan poca edad , que no po-
día inventar fazaña tan criminosa, le dixo que le
perdonaba , é que dende en adelante se guardase de
creer á ninguno que en tal yerro con falsa esperan-
za le pusiese. Muerto aquel Duque de Guimaranes,
el odio concebido contra el Rey creció mas en aque-
llos que amaban al Duque, é desamaban al Rey;
mayormente porque continaba siempre en aquellos
apartamientos y esquividades que habían seydo
principio de su odio. E dixose por parte del Rey,
que aquellos perseveraron en la conjuración , que
primero habían imaginado, para lo matar é tomar
por Rey en su lugar á este Duque de Viseo. El qual
por las palabras de exaltación que de contino le de-
cían los que eran partícipes en la conjuración, elevó
su ánimo á subir en silla real , é con esperanza de
reynar usaba de algunas pompas é cerimonias que
á ninguno son debidas , salvo á Rey. Allegábase á
esto el vano conocimiento de algunos que presu-
miendo saber las cosas futuras , le decían que ha-
bia de ser rey é le pronosticaban el reyno , porque
la fortuna de su nascimiento le era favorable para
lo haber. E como los reyes, aunque son humanos,
pero por experiencia vemos tener alguna especiali-
dad divina , que naturalmente face imprimir en los
ánimos de sus subditos un amor reverencial para
los servir é conservar : dixose que algunos de los
que sopieron la verdad de la conjuración, por gra-
tificar al Rey, é no caer en yerro tan feo como es
matar á su príncipe , le descubrieron el peligro que
contra su persona se ordenaba ; é le informaron de
los lugares é tiempo é formas como se habia de exe-
cutar su muerte. El Rey, informado de la conjura-
ción, recelando que la dilación no le fuese peligro-
DON FERNANDO
Ba , anticipóse á la atajar. Y entrando una noche
este Duque en su cámara , el Rey movido de ira fué
contra él con un puñal ; « ¿E tú , traidor , dixo él ,
» piensas matarme , é reynar en mi lugar? Por cier-
» to si mi brazo me ayuda , tu corazón no verá ni
» habrá lo que piensa.» E diciendo esto dióle dos pu-
fialadas, é luego cayó muerto. Fizo prender ansi-
mesmo al Obispo de Ebora (1), un Perlado de gran
Buficencia , que se dixo ser partícipe en la conjura-
ción ; é murió luego en la estrecha cárcel en que le
puso. Fizo ansimesmo justicia de otros algunos ca-
balleros , que se dixo que eran partícipes en aquel
delito ; é otros muchos fuyeron, é vinieron para Cas-
tilla. E ansí feneció aquel Duque , é todos aquellos
que se dixo haber entendido en aquella conjuración.
Verdad es que los Reyes deben fuir de toda execu-
cion acelerada, é sin oir primero no deben facer jus-
ticia, especialmente por su mano. Otrosí deben ser
humanos é tratables con sus naturales, pero dado
que no lo sean , é tengan otros defetos, los subditos
no han de ser jueces de su rey ; porque Dios que
los puso por sus vicarios en la tierra , reservó este
juzgado para sí. Leemos en muchas historias haber
acaecido conjuraciones contra sus príncipes ; las
quales si se descubren é no vienen en efecto, re-
dundan en perdición de los conjurados ; é si se exe-
cutan es mucho peor, porque habernos visto por ex-
periencia, é leído en historias seguirse muy mucho
mayores muertes é destruiciones en las tierras do se
imagina é pone en obra el crimen tan detestable,
como es matar ó perseguir los subditos á su Rey.
CAPÍTULO XXXVL
Síguense las cosas pasadas en el año de mil é quatrocientos é
ochenta é cinco años. Como el Infante Moro hermano del Rey
de Granada tomó la cibdad de Almeria , é lo que ende fizo.
Recontado habemos en las cosas acaescidas en el
afio pasado, como el Rey de Granada mozo estaba
en la cibdad de Almería , esperando que viniesen á su
obediencia los caballeros é cabeceras é las cibdades
é villas de aquel Reyno que no estaban en su par-
tido ; é como el Rey é la Reyna le proveían de di-
neros é de las otras cosas que le eran necesarias , é
mandaron dar sus cartas para las cibdades é villas
é castillos que eran en comarca de Almería , para
que le favoreciesen faciendo guerra á los lugares
de moros que no le obedescian. E porque el Rey
viejo su padre era tan impedido de enfermedades
que no podía gobernar su Reyno, ni salir fuera de la
Alhambra de Granada ; los moros se llegaron á un
Infante hermano de aquel Rey viejo que se llama-
ba Muley Bahadeli , porque conoscian que era hábile
para defender la tierra de los moros , é guerrear la
de los christianos. Este Infante trató con algunos
alfaquíes que estaban en Almería, que le diesen en-
trada de noche en la cibdad, para prender al Rey
(1) Don García de Meneses, el mismo que entró de Capitán en
Castilla , cuando el Rey Alonso V disputaba esta corona á la Rey-
aa Dona Isabel. Faria, Epil. de las Uistor. Portug., p. 3, cap. 14.
É DOÑA ISABEL. 407
mozo, porque era amigo de los christianos, é los que-
ría meter en el Reyno de Granada. E los alfaquíes
con otros moros de la cibdad aceptaron el trato que
les fué movido , á fin de destruir al Rey mozo , por-
que recebia ayuda de los christianos. Y el Infante
moro, con cierta gente de caballo é con cierto nu-
mero de peones, entró en la cibdad de Almeria , por
el lugar que le dieron los alfaquíes con los otros
moros que con ellos eran en el trato. Y el Rey mozo
salió f uyendo de la cibdad , é fué á la tierra de los
christianos, donde se pudo salvar. Y el Infante en-
tró en la casa donde estaba é mató un hermano del
Rey mozo de pequeña edad é á los otros que pudo
haber de su parcialidad, é apoderóse de la cibdad,
é púsola en obediencia del Rey viejo su herma-
no. Después, pasados algunos días, los moros cono-
cidas las enfermedades del Rey viejo é como no te-
nia fuerzas para defenderla tierra, tomáronle, é
con su muger é algunos servidores le pusieron en
una fortaleza ; donde murió dende á pocos dias. Y
en su vida alzaron por Rey de Granada á este In-
fante su hermano Muley Bahadeli ; y el Rey mozo
vino á donde estaba el Rey é la Reyna.
CAPÍTULO XXXVII.
Como entró el Conde de Cabra con otros caballeros á facer
guerra en ciertos lugares del Reyno de Granada.
Entretanto que el Rey é la Reyna estaban en Se-
villa el invierno deste año, los caballeros é capita-
nes que dexaron por fronteros en las cibdades de
Écija é Jaén y en los otros lugares del Andalucía,
ficieron, según habemos dicho, algunas entradas
en tierra de moros, é sacaron captivos é ganados
aunque pocos : porque los moros con sus bienes es-
taban retraídos en las sierras y en otros lugares de-
fensibles , por miedo de la guerra que continamen-
te les era fecha. De las quales entradas , por no haber
seydo en tanta cantidad , ni haber pasado recuen-
tros ni fechos de armas, no se face aquí memoria.
Pero acaesció que el Conde de Cabra é Martin Alon-
so , Señor de Montemayor , é Don Diego de Castri-
Uo , Comendador mayor de la Orden de Calatrava, é
Diego López de Ayala , capitán de cierta gente de
las hermandades , é con la gente de las cibdades de
Úbeda é Baeza donde era Corregidor, ó Pero Ruíz
de Alarcon, con la gente de su capitanía, é Fran-
cisco de Bovadilla, Corregidor de las cibdades de
Jaén é Andúxar con las gentes de aquellas cibda-
des , por el aviso que ovieron de algunos adalides,
acordaron de facer una entrada en tierra de moros,
é pasar adelante una legua de la cibdad de Granada
hacia la Sierra Nevada á facer guerra en dos luga-
res que se llaman el uno Nibar, y el otro Guáxar;
considerando que los moradores destos dos lugares,
pensando estar en tierra mas segura, no temían
tanto cuidado de se guardar. Estos capitanes que
habemos dicho con sus gentes entraron en tierra
de moros contra aquellos dos lugares, llevando por
guia los adalides que sabían la tierra. El capitán
Pero Ruiz de Alarcon, que era caballero esforzado
408
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
y experimentado lo mas de su vida en la guerra de
los moros , veyendo que entraban muy adentro en
la tierra de los enemigos , dixo al Conde de Cabra ó
á los otros caballeros que estaban juntos , que de-
bían con mayor diligencia dar orden en la seguri-
dad de la salida, que en la manera de la entrada;
porque la gente que va á facer semejante guerra,
esta dispuesta á obedecer su capitán quando entra,
mucho mas que quando sale, y lleva las fuerzas
mas vivas quando va á facer, que quando vuelve
de haber fecho. É quier sea por cansado de lo que
han trabaxado, quier por orgullo del vencimiento
que han habido , con deseo de salir de la tierra age-
na é volver á la suya , no guardan aquella orden en
la salida que tovieron en la entrada. E por tanto, dixo
él, que se debía poner en los pasos é vados por do
había de salir tal recabdo de gente, que no recibie-
sen daño al tiempo de la vuelta. E por las amones-
taciones deste capitán, el Conde é los otros caballe-
ros pusieron mucha guarda en los vados é pasos de
las sierras por donde habían de salir. Estos capita-
nes que habemos dicho , entraron á aquellos dos lu-
gares , y embiaron corredores adelante , é tomaron
los ganados é prisioneros que pudieron. E como fue-
ron sentidos, salieron de la cibdad de Granada
gran multitud de moros á pié é á caballo con el In-
jfante que habían tomado por Rey. El qual embíó
luego de sus gentes á tomar la delantera , é los va-
dos é pasos por do entendían que los chrístíanos ha-
bían do volver; pero no los pudieron tomar , por la
gran guarda que en ellos estaba puesta. Y el Rey
moro vino empos de los chrístíanos que se volvían
con la presa. El Conde é los otros] caballeros, como
vieron venir al Rey, é los moros contra ellos, pu-
siéronse en orden de batalla , é tornaron contra los
moros , que venían firiendo en la reguarda. E los
moros quando vieron que los chrístíanos tomaban
contra ellos, volvieron las espaldas, é pusiéronse
en fuida, é los chrístíanos fueron empos dellos, pero
no los siguieron mucho, por recelo de caer en algu-
na celada. Los moros visto que los chrístíanos no
osaban ir adelante, volvieron contra ellos, con gran-
des alaridos, según costumbre de pelear; y en aque-
lla vuelta firieron en los chrístíanos que iban en la
reguarda , é allí quedaron muertos algunos. Esfor-
záranse los moros para los seguir mas adelante, sal-
vo porque el Conde é los otros capitanes volvieron
tres veces contra los moros, é los resistieron pelean-
do con ellos ; ó acordaron de se juntar todos é po-
nerse en una cuesta, donde los moros no podían su-
bir salvo á gran dafio suyo. E ansí estuvieron los
unos á vista de los otros, é ninguna de las batallas
osaba acometer á la otra, porlaindispusicion délos
lugares do estaban. Al fin los chrístíanos ansí por-
que la noche se acercaba, como porque no había
dispusicion en el lugar do estaban para pelear ; con-
BÍderando que si cometiesen la pelea, recebirían
mayor daño venciendo, que los moros seyendo ven-
cidos, acordaron de se volver con alguna parte de
la presa que pudieron llevar, por los lugares é pa-
BOB por do habían puesto las guardas; las quales fa-
llaron que habían peleado Con ftlgtino» peones de los
moros ; que habían subido la sierra por tomar la de-
lantera ; é visto que los no podían tomar , volvié-
ronse é dexaron la sierra. E los chrístíanos como
vieron volver á aquellos peones moros , fueron con-
tra ellos, é mataron algunos, porque no pudieron
ser socorridos de los otros moros de caballo que ha-
bían quedado al pié de la sierra. E fuera mayor el
vencimiento que ovieron los chrístíanos , salvo que
los lugares do aquella f acíenda acaesció , eran peli-
grosos , y estaban cercados por tantas partes de los
moros, que los chrístíanos no osaban seguirlos, ni
continar la victoria que parecía ofrecérseles : por-
que acordaron de estar siempre juntos en una bata-
lla, é no consentían salir á ninguno della , salvo á
aquellos que mandaban ir contra los moros quando
era necesario. Y en esta forma pasaron los chrístía-
nos aquella jornada, sin recebir el dafio grande
que recibieran, sino guardaran la orden que guar-
daron.
Pónese aquí este recuentro , no porque f uesa en
gran dafio de los unos ni de los otros , mas porque
fueron libres los chrístíanos, de ser todos perdidos,
por el buen consejo que ovieron en mirar tanto é
mas la seguridad de la salida que la forma de la
entrada.
CAPÍTULO XXXVIII.
De las cosas qne pasaron en Sevilla, estando el Rey é la Reyna en
aquella cibdad.
Estando el Rey é la Reyna en la cibdad de Sevi-
lla, vino á ellos un Nuncio del Papa con poderes
para facer ciertas cosas en los Reynos de Castilla 6
de León, especialmente para haber la posesión del
Arzobispado de Sevilla, que vacó por fin de Don
Iñigo Manrique, Arzobispo que fué de aquella Igle-
sia ; de la qual el Papa había proveído á un Carde-
nal que era su Vicecanceller , natural de la cibdad
de Valencia (1). Desta provisión no plogo al Rey
ni á la Reyna , porque entendían ser en deservicio
de Dios ó suyo, é respondieron á aquel Nuncio , é
por sus letras notificaron al Papa en como aquella
Iglesia era una de las mas principales de sus Rey-
nos , é tenia tierras cercanas á la tierra de los mo-
ros ; é que no era razón que fuese della proveída
persona estrangera, é no natural de Castilla, por los
grandes é claros inconviníentes que de la tal provi-
sión se podrían seguir en deservicio de Dios é dafio
de aquella Iglesia é de las cosas della. E que para
la provisión de las Iglesias de sus Reynos debía es-
perar la suplicación que le ficíesen antes que dellas
proveyese , según fué asentado con el Pontífice pa-
sado. Y especialmente de aquella Iglesia de Sevi-
lla, de la qual por ser tan insigne era necesario que
fuese proveída persona natural dellos que no esto-
(1) Cl MS. del Escorial afíade aquí nna cláusula, tomada al pa-
recer de alguna nota marginal, que dice asi : «Este se llamó Don
«Rodrigo de Borja, que habla venido primero por Legado del
aPapa, y después fué Papa Alexandro Sesto.»
DON FERNANDO
viese absenté de la tierra ; porque de la absencia
del Perlado se podrían seguir grandes é irrecupera-
bles dafios, ansí en las tierras de Iglesia, como en
todas aquellas comarcas do está colocada. E certifi-
caron á Su Sanctidad, que guardando lo que complia
á BUS conciencias como cathólicos príncipes, quan-
do alguna Iglesia acaescia vacar en sus Reynos,
siempre le suplicaban por personas dinas , é quales
compilan á servicio de Dios é suyo , é á la buena
administración de las Iglesias. Por ende le suplica-
ban que lo remediase de tal manera que no oviesen
lugar los manifiestos inconvinientes que de aquella
provisión se podrían seguir. El Papa habida su in-
formación, condescendió á la suplicación del Rey é
de la Reyna, é tovo manera como aquel Cardenal
Vicecanciller resinase en sus manos la provisión que
el fizo ; é tornó á proveer de aquel Arzobispado de
Sevilla á Don Diego Hurtado de Mendoza , Obispo
de Palencía que fué Patriarca de Alexandría é Car-
denal de España, por quien habían suplicado ; ó de
la Iglesia de Palencía á Don Alonso de Burgos
Obispo que era de Cuenca , Capellán mayor de la
Eeyna ; é de la Iglesia de Cuenca proveyó á Don
Alonso de Fonseca, Obispo que era de Avila ; 6 pro-
veyó de la Iglesia de Avila á Don Fernando de
Oropesa , Prior del monesterio de Sancta María de
Prado, de la orden de Sant Hierónimo, Confesor
de la Reyna. Todas estas traslaciones é provisiones
fizo el Papa, según que por el Rey é por la Reyna
le fué suplicado : porque fué informado que mira-
ban primero sí las personas por quien le suplicaban
eran dinas de la dinídad que les procuraban.
CAPÍTULO XXXIX.
De la diligencia que el Rey é la Reyna mandaban poner en exa-
minar los Corregidores si usaban retamente de la justicia é de
los cargos que tenían en las cibdades.
Estando en la cibdad de Sevilla, mandaron el
Rey é la Reyna que se ficiese la visitación que se
eolia facer en las cibdades é villas ó provincias do
BUS Reynos , para saber si los Corregidores é otras
personas que tenían en ellas cargo de justicia , la
administraban retamente ; é si por afición de per-
sonas condenaban á algunos, ó por interese que te-
nían relevaban ó otros de la pena que merecían , ó
si eran negligentes en ella ; é mandaban executar
las penas en aquellos que en esto fallaban culpan-
tes. Otrosí mandaron que los Corregidores ficiesen
sus residencias en las cibdades é villas , do habían
tenido cargo de justicia, en fin de cada un año , se-
gún las leyes de sus Reynos lo disponen. Y en esto
tenían grande solicitud, que ninguno osaba corrom-
per la justicia, ni ser negligente en ella. E porque
fueron informados que algunos caballeros é cibda-
danos é otras personas por su propria autoridad te-
nían entrados algunos términos é dehesas é otras
tierras de las cibdades é villas de sus Reynos, é las
habían apropiado á sí , faciendo particular de uno
lo que era común de todos ; embiaron pesquisidores
á las cibdades é villas, los quales habida informa-
É D05ÍA ISABEL. 409
cion, ficieron restituir á las cibdades é villas todas
las tierras é términos que los caballeros é otras per-
sonas habían tomado. E los que fallaron plantados
de viñas é huertas , é otros qualesquier frutos, los
ficieron talar é arrancar, de manera que todos que-
daron esentos para los pueblos. E también manda-
ron que se guardase la prohibición que la Reyna
fizo del juego de los dados, é de tal manera man-
daban executar la pena en la persona que los ju-
gaba, que ninguno los osaba jugar ; é las penas
que desto se habían, mandábanlas destríbuir en co-
sas pías. E antes que los Corregidores fuesen rece-
bidos en las cibdades, juraban estas cosas que por
el Rey é por la Reyna fueron ordenadas. «Primera-
» mente, que bien é diligentemente é con toda leal-
»tad usaría de aquel oficio de justicia que le daban
«encargo. Otrosí, que no tomaría alcalde, ni al-
nguacil, ni escribano, por ruego ni intercesión de
«persona alguna, varón ni muger. E que no serian
» naturales del lugar do toviese el oficio , ni de los
«otros lugares subjetosá su jurisdicion ; é que fue-
»sen los mejores ó mas hábiles que para aquel ofi-
» cío pudiese haber. Otrosí, que no se juntaría, ni
« f aria, parcialidad con alguno ni algunos regido-
«res ni caballeros ni otras personas de los tales
«pueblos, salvo que igualmente ternía á todos en
« justicia quanto á él posible fuese. E no recibiría
«daño, ni aceptaría promesa de ninguna persona.
« durante el tiempo de su oficio ; ni conseutiria á
«sus oficíales ni á su muger ni á sus fijos, ni i otra
«persona alguna, do cuya mano haya do venir á éL
«que reciba mas de su salario é derechos que jus-
«tamente debiere haber. Otrosí, que lo mas presto
«que podrá, sacará copia de las sentencias que son
«dadas en fapvor del lugar do es Corregidor, sobre
«los términos ; é se informará quales dellas están
«executadas, é las que fallaren que no están execu-
«tadas, ó después las tornaron á tomar contra el
«tenor de las tales sentencias, que las f ara luego
«executar, é dexar los tales términos libres é des-
» embargados á la cibdad , villa ó lugar de donde
«fueren ; é fará execucion en bienes de la persona
«que ansí tiene ocupados los términos con el tenor
«de las tales sentencias, por la pena en ellas coute-
«nida. Pero si de la tal execucion se temiese escán-
« dalo, ó otra gran dificultad, que fará relación dello
nal Rey é á la Reyna, ó lo embiará al su Consejo lo
«mas presto que podrá. Otrosí, que no llevará, ni
«consentirá llevar á sus oficiales mas derechos de
«los que justamente debieren haber, según la tabla
«que oviere escripia delloB en el lugar donde f ue-
«re ; é sino la oviere, que la mande facer con acuer-
«do de los oficíales del Consejo, é poner en lo pü-
«blico de su audiencia; é que por aquella tasa Ue-
» varán los derechos é no mas, é que executaria las
«penas de los que lo contrarío ficiesen. Otrosí, que
» no llevaría ni consentiría á sus oficíales llevar de-
«rechos de execucíones por ningún contrato ni
«obligación, ó de sentencia de que se pidiere exe-
» cucion, fasta que el señor de la debda sea pagado
»é contento. E que por un contrato é obligación é
410
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
» sentencia, ó por una debda no llevará mas de un
» derecho, según lo quieren é disponen los derechos
«é las leyes del Rey no. Otrosí, que no dará, ni con-
» sentirá á sus oficiales que den dádivas ni presen-
»tes, ni farán promesas de les dar presentes á per-
nsona alguna de las que continamente residen en
» corte, ni á sus mugeres é fijos , ni á oficiales, ni á
«otras personas, para que vengan á la mano de
» aquellas directé ni indireeté. Otrosí , que no llevará
» ningunas penas de las que disponen las leyes, sin
» que primero las partes sean oidas é vencidas é
«sentenciadas. Otrosí, que á todo su leal poder de-
«fenderá la jurisdicion real en los casos que según
«derecho no deba ser ocupada. Iten, que ni pública
»ni ocultamente , directé ni indireeté no procurará
«que le sean leídas cartas de los jueces eclesiásticos,
«para que sea impedida de guardar y executar la
«jurisdicion real : porque como el Rey é la Reyna
«quieren que la jurisdicion eclesiástica sea guarda-
»da, ansí quieren que su jurisdicion real no sea
«usurpada. Otrosí, que las penas ordenadas por las
«leyes, que pertenescen á su cámara , él ni sus ofi-
« cíales no las ocuparán ; mas luego que fueren sen-
«tenciadas por sentencia pasada en cosa juzgada,
«porná diligencia en las cobrar é poner en depósito
« en poder del escribano del Consejo, para que estén
«allí de manifiesto, y el limosnero pueda poner co-
fibro en ellas; y embie lo mas presto que podrá re-
«lacion dellas al limosnero para que las cobre.
«Otrosí, que no aceptará ruego, ni carta, ni mensa-
«gería que le sea fecha en favor de algunas perso-
»nas del pueblo donde estoviere, por palabra ni por
» escripto, aunque sea de qualquier persona de las
«que andan en la corte é contino residen en su ser-
» vicio. Otrosí, que castigará é fará castigar á sus
«oficiales las blasfemias, é juegos prohibidos, é los
«otros pecados públicos é no porná penas para sí ni
«las llevará. Otrosí, que !^no llevará, ni consentirá
«llevar á sus oficiales las acesorias, ni vistas de pro-
« cesos para las sentencias que diere. Otrosí , que
«fará á sus oficiales que juren todo aquello que el
«Corregidor jurare, antes que les sea dado el oficio
» é la administración del. Iten , que guardará é fará
« guardar á sus oficiales las leyes del quaderno de
«las alcavalas, fechas por el Rey é por la Reyna,
«de la manera que se ha de tener en el demandar
»de las alcavalas á los labradores é oficiales, para
«que no sean fatigados indebidamente.»
CAPÍTULO XL.
De la embatada que embid el Rey de Fez, é de la diligencia que
se facía para la guerra de los moros.
Según en otras partes desta Crónica habernos di-
cho, el Rey é la Reyna tenían mayor voluntad de
facer guerra á los moros, que la tovieron ninguno
de los Reyes sus predecesores ; é tan grand afición
mostraban á las cosas que para la proseguir eran ne-
cesarias, que pareció ser movidos á ella por algu-
na divina inspiración ; porque su pensamiento é
trabajo contino ora mandar guardar los puertos por
tierra é tener gran ilota de navios por la mar, por-
que no pasase gente , ni caballos , ni mantenimien-
tos de los Reynos de África á proveer el Reyno do
Granada. Otrosí, mandaban poner gran diligencia
en fomescer el artillería, é tener bien pagada la
gente de armas de los sueldos é tierras que les
mandaban dar cada año. E de lo que se cogía
de la Cruzada é subsidio de la clerecía, é de las pe-
nas que se ponían á los que habían judaizado , é se
reconciliaban á la Iglesia, é de las otras sus rentas
ordinarias, é de todas las partes que podían haber
dineros, mandaban distribuirlo en las cosas de la
guerra. E porque su fama era divulgada por todo el
mundo, especialmente por los Reynos de África, el
Rey de Fez les embió sus embaxadores con presen-
tes de caballos é jaeces para el Rey, é sedas é per-
fumes para la Reyna, é otras cosas de las que hay
en aquella tierra. Y embióles á suplicar que le to-
viesen en su buena gracia, é le oviesen por reco-
mendado, é mandasen á sus capitanes que andaban
en armada por la mar, que no ficiesen guerra á sus
gentes , é que él quería ser su servidor en todas las
cosas que le mandasen. El Rey é la Reyna gelo em-
biaron á regradescer, é respondieron á los moros
embaxadores, que mandarían á sus capitanes é gen-
tes que guardaban la mar, que no ficiesen daño á
BUS moros, tanto que ellos no lo ficiesen á los chris-
tianos, ni pasasen al Reyno de Granada gentes, ni
armas , ni caballos , ni mantenimientos. Otrosí el
Rey de Portogal embió su embaxador al Rey é á la
Reyna, notificándoles la muerte del Duque de Viseo,
de la qual relatamos en las cosas escriptas en el año
pasado ; y embió á decir las razones que le habían
movido á lo facer. E mandó á su embaxador que
les mostrase la pesquisa que se fizo contra los que
habían conjurado de lo matar ; é las otras cosas que
habían pasado cerca de aquella muerte. E que lea
rogaba que considerando el crimen tan detestable
como contra su persona se quería facer, le releva-
sen de culpa , é apartasen de sus ánimos todo mal
concepto, si alguno por este caso tenían.
CAPÍTULO XLI.
Como el Rey é la Reyna mandaron juntar sus gentes, f el Rey
entró en el Reyno de Granada.
El Rey é la Reyna el año pasado habían dado sus
cartas de apercebimiento para algunas gentes de
armas é peones de Castilla ; por las quales les em-
biaron á mandar que estoviesen prestos para venir
á la cibdad de Córdoba en el mes de Marzo siguien-
te, para la guerra que entendían continar contra el
Rey é moros del Reyno de Granada, á donde el Rey
en persona había de ir. E partieron de la cibdad do
Sevilla para la cibdad de Córdoba, é con ellos el
Príncipe Don Juan, é las Infantas Doña Isabel é
Doña Juana é Doña María sus fijos ; y el Cardenal
de España, é los otros caballeros é oficiales que por
su mandado continaban en su corte. E luego como
fueron en la cibdad de Córdoba , embiaron á llamar
todos los caballeros é gentes de caballo é de pié que
DON FERNANDO
habían mandado apercebir. E vinieron á bu llama-
miento el Maestre de Santiago , y el Maestre de Al-
cántara, y el Duque de Medinaceli , y el Duque de
Náxera, é Don Juan de Guzman, fijo del Duque de
Medinasidonia con la gente del Duque su padre, y
el Conde de Benavente, y el Marqués de Cáliz, y
el Conde de Cabra, é Don Bernardino de Mendoza,
Conde de Coruña, é Don Pedro Enriquez , Adelanta-
do mayor del Andalucía, é Don Alonso, Señor de la
Casa de Aguilar, é Don Francisco de Estúñiga con
la gente del Duque dePIasencia su padre, é Martin
Alonso, Señor de Montemayor, é Don Hurtado de
Mendoza, capitán de la gente de armas del Carde-
nal de España su hermano, é Luis Hernández Puer-
tocarrero. Señor de Palma, é Diego Fernandez de
Córdoba, Alcayde de los Donceles, é Pero Carrillo
de Albornoz, capitán de la gente de armas que em-
bió Don Iñigo López de Mendoza, Duque del In-
f antadgo, é Juan de Villafuerte, capitán de la gen-
te de armas que embió Don Garciálvarez de Tole-
do, Duque de Alva, é Garcilaso de la Vega, capitán
de la gente de armas que embió Don Lorenzo Sua-
rez de Pigueroa, Conde de Feria. Otrosí vinieron
caballeros y escuderos que tenían tierras é acosta-
mientos del Rey é de la Reyna, é los peones que
embiaron á mandar que viniesen de las provincias
de Vizcaya é Guipúzcoa, é Castilla la Vieja , é de
Álava, é de Rioja, é de las Asturias de Oviedo, é
del Reyno de León, é de todas las cibdades é villas
é tierras que embiaron á llamar. Otrosí vinieron á
servir á esta guerra los homes fijos-dalgo, que go-
zaban de franquezas por razón de su fidalguía. Don
Pedro Fernandez de Velasco , Condestable de Cas-
tilla é Conde de Haro , no fué llamado. E como
quier que le embiaron á mandar que residiese allen-
de los puertos con el cargo de la justicia de aque-
llas partes , pero respondió al Rey é á la Reyna que
por quanto él estaba para servir á Dios é á ellos en
aquella guerra, les suplicaba que no le constriñie-
sen á que ficiese lo contrario ; porque nb era honra
suya, seyendo su Condestable é yendo el Rey á la
guerra de los moros, quedar él sin le servir en ella
por su persona. E luego vino á la cibdad de Cór-
doba, é vinieron con él Don Beltran de la Cueva,
Duque de Alburquerque, é Don Pedro de Estúñiga,
Conde de Miranda, é Don Alonso Tellez Girón, Con-
de de üreña sus yernos, é Don Bernardino de Ve-
lasco, BU fijo , Señor de Pedraza, é Don Sancho de
Velasco, su hermano. E todos estos Duques é Con-
des é Maestres ó caballeros vinieron cada uno con
la gente de su casa, que les fué mandado traer ade-
rezada con grandes arreos de guerra , los quales se
presentaban con lasesquadras de la gente que traían
delante el palacio real. Vinieron ansimesmo á su
llamamiento las gentes de caballo é de pié del An-
dalucía. Otrosí mandaron traer gran número de
bueyes de las tierras de Avila ó de Segovia , é de
otras partes ; é carros para llevar las lombardas, é
otros tiros de pólvora , é las escalas, é mantas é
grúas yengenios, é otros pertrechos para combatir:
con lo qual venían carpinteros con sus ferramien-
É DOÑA ISABEL. 411
tas, é f erreros con sus fiaguas, que andaban de con-
tino en los reales y en todas las otras partes por do
se llevaba el artillería , é maestros lombarderos, y
engenieros, é pedreros que facían piedras de canto
é pelotas de fierro , é todos los maestros que eran
necesarios, é sabían lo que se requería para facer la
pólvora, é para todos aquellos oficios , é para todas
las cosas que eran menester. De cada lombarda da-
ban cargo á un home , para que solicitase de tener
la pólvora , é todos los aparejos que le fuesen me-
nester, de manera que por falta de diligencia no de-
sasen de tirar. Otrosí mandaron que dos capitanes
con la gente de caballo é de pié de sus capitanías
andoviesen de contino en la guarda del artillería é
de la pólvora. E como las cosas necesarias al arti-
llería é á los pertrechos fueron aderezadas , vinie-
ron luego gran número de bestias é carros alquila-
dos, é homes que los traían, allende las bestias que
el Reyno pagaba, para llevar las provisiones de pan
é de vino é de cebada ; é otrosí los ganados é todas
las otras cosas que eran necesarias para el mante-
nimiento de las gentes de la hueste. Embió ansi-
mesmo la Reyna las tiendas grandes que se llama-
ban el Hospital de la Reyna ; con el qual Hospital
embiaba físicos é cirujanos, é ropa de camas é me-
dicinas, é homes que servían á los feridos y enfer-
mos ; é todo lo mandaba pagar, según lo acostum-
braba en los otros reales. Todas las cosas de la guer-
ra aparejadas en la forma que hemos dicho, el Rey
é la Reyna mandaron platicar en su Consejo, en qué
parte del Reyno de Granada se debía este año facer
la guerra. E después de oídos los votos, acordaron
secretamente que el Rey entrar debía aponer su real
sobre la cibdad de Málaga, é mandar al Conde de
Castro su capitán mayor de la flota, que pusiese
los navios acerca de la cibdad, porque estoviese
cercada por la mar e por la tierra. Pero acordaron
que era necesario tomar primero las villas de Ca-
zarabonela é Cártama é Co in, é todos los otros cas-
tillos é lugares que están en el valle que dicen de
Sancta María, y en el valle de Cártama, que están
antes de la cibdad de Málaga ; porque si estos cas-
tillos no se tomasen primero, los moros f arian daño
en la gente que fuese á los herbages, y en los que
traxiesen mantenimientos. Los grandes señores que
allí vinieron facían gastos demasiados en los ves-
tidos é arreos de sus personas, é otrosí tenían dema-
siada familia de pages é servidores, é de otros ho-
mes inútiles para la guerra ; ó ansimesmo gastaban
excesivamente en traer cada uno delante de si mu-
chas hachas encendidas, é facían grandes gastos en
los platos de diversos manjares que se ponían á sus
mesas, y en todas las otras cosas que se requieren
para mostrar grandes estados ; de lo qual tomaban
exemplo los otros caballeros que no eran de tanto
estado. E porque los gastos fechos en semejantes
cosas, allende de ser inútiles, crian en los homes
alguna moUeza, enemiga del oficio de las armas ; el
Rey é la Reyna mandaron que ce f ablase con algu-
nos principales de aquellos grandes señores, dándo-
les á entender , quanto daño é poco fruto habia en
412 CnÓNICAS DE LOS
aquellos gastos excesivos ; rogándoles que los tem-
plasen, especialmente en tiempo de guerra, porque
los otros tomasen exemplo dellos. Después de habi-
do consejo de lo que se debia facer en tierra de
moros, el Rey partió de la cibdad de Córdoba en
el mes de Mayo desto año ; é fueron con él los Du-
ques é Condes é capitanes que habernos dicho , ó
llegó á poner real á un lugar que se llama el Pon-
tón de Don Gonzalo, que es junto con el rio de Gua-
daxenil. E mandó el Rey otro dia mover su real de
aquel lugar , é fué para el Rio que se dice de las
Yeguas, donde estovo dos dias recogiendo las otras
gentes de caballo é de pié que venian por otros ca-
minos. Otrosí llegó el artillería é pertrechos que
traían fasta mil carros , delante los quales venian
gran número de peones con picos é azadas, facien-
do llanos los caminos é pasos en las sierras y en los ,
lugares altos é ásperos por donde pudiesen pasar
los carros. E como todos los caballeros é gentes que
habernos dicho fueron, juntos con el Rey en aquel
lugar, movió de allí su real con las batallas ordena-
das en esta manera. El avanguarda llevaba el Con-
destable, é con él el Duque de Albur querque, y el
Conde de Miranda sus yernos con las gentes de sus
casas é con mil homes á caballo de los fijos-dalgo,
é con los peones que vinieron de Castilla la vieja.
E delante desta avanguarda, según la antigua cos-
tumbre de Castilla, iba el Alcayde de los Donceles
con algunos caballeros á descubrir la tierra. En otra
esquadra cerca del avanguarda iba do la una parte
Garcibravo Alcayde de Atienza capitán de quatro-
cientos homes á caballo ; y en la otra parte iba otra
esquadra de quatrocientos é cinqüenta homes á ca-
ballo con el capitán Pero Vaca. En otra batalla iba
el Duque de Medinaceli con la gente de su casa. Y
en otra esquadra iba Don Furtado de Mendoza con
la gente de armas del Cardenal de España, y el
Conde de Coruña, é Pero Carrillo de Albornoz, ca-
pitán de la gente del Duque del Infantadgo. En
otra batalla iba el Conde de Cabra, y el capitán
Sancho de Róxas con la gente de su capitanía. En
otra batalla iba Don Juan, fijo del Duque de Medi-
nasidonia con la gente del Duque su padre. Des-
pués destas batallas en esta manera ordenadas iba
la batalla real, en la qual iba por capitán Don Pero
Manrique, Duque de Náxera. E otrosí iba en esta
batalla el Adelantado del Andalucía, é Diego Ló-
pez de Ayala, é Luis Fernandez Puertocarrero, é
Pedro Ruiz de Alarcon, y el Comendador Pedro
de Ribera, é Bernal Francés, é Francisco de Bo-
vadilla, é Antonio del Águila é Juan de Merlo,
capitanes de las gentes de las guardas del Rey
é de la Reyna, é de las Hermandades, é las otras
gentes de armas que tenían tierras é acostamien-
tos del Rey é de la Reyna. E cerca de la batalla
real á la mano derecha iba la gente do Sevilla , é
de los Obispados de Córdoba é de Jaén. E con el
guión donde iba la persona del Rey, iba Don Gu-
tierre de Cárdenas, Comendador mayor de León, é
Don Enrique Enriquez, su Mayordomo mayor, con
todos los criados é caballeros é fijos-dalgo que eran
REYES DE CASTILLA.
continos en la casa del Rey é de la Reyna. Luego
después desta batalla iba todo el requage, élas otras
bestias que llevaban las provisiones é manteni-
mientos para la hueste. En la reguarda de todo iban
las batallas de la gente de armas del Maestre de
Santiago é del Marqués de Cáliz, é con ellos iba el
capitán Don Juan Manrique con la gente de su ca-
pitanía. Los peones que fueron llamados, iban con
sus capitanes, partidos en los lugares que fué acor-
dado. Mandó ansimesmo el Rey á dos alcaldes é á
dos alguaciles de su corte, que fuesen con la hues-
te ; los quales con los alguaciles que el Condestable
tiene facultad de poner en loa reales, considerando
los grandes inconvinientes que de la desorden é poco
temor de la justicia se siguen en las huestes, facían
tan grandes castigos en los que erraban, que la gen-
te, aunque era en gran número iba tan atemorizada
déla justicia, que no osaba facer daño en los panes
ni en las viñas de la tierra de los christianos , ni me-
nos osaba ninguno sacar armas contra otro, ni facer
fuerza ni exceso, por la gran diligencia que el Rey
mandaba poner en la execucion [de la justicia. Co-
mo el Rey con toda la hueste entró en la tierra de
los moros , por consejo de algunos escaladores ó
adalides que sabían la tierra , acordó de embiar á
escalar una villa de los moros que se llamaba Mon-
tefrio ; porque si se pudiera haber, se ganara gran
parte de la tierra, é se habría mayor seguridad para
la gente que iba en la hueste. E moviéronse á ello,
porque fueron avisados que no había tanta gente
en aquella villa ni en su comarca para la defender ;
porque toda la mas gente de guerra de aquel Rey-
no, se había llegado á las partes de Málaga, é á las
otras villas é castillos de su comarca, por defender
aquella cibdad é tierra de la guerra que sopieron
que les seria fecha por el Rey este año. E como los
escaladores con ciertas gentes de armas ó peones la
quisieron escalar,fueron sentidos, porque los moros
que estaban en ella tenían tal guarda que no se pu-
do haber. Acaesció ansimesmo en aquel tiempo que
vino una lluvia con tanta tempestad de truenos é
de relámpagos, que todos fueron espantados é pen-
saron perecer. E la gente de la hueste que iba orgu-
llosa, sabido que la villa no se pudo tomar, é vista
la gran tormenta que vino del cielo , como pueblo
movido ligeramente por opinión, imaginaron que
era señal de algún infortunio que les habia de
acaescer, é caídos de la esperanza que tenían, falle-
cieron de las fuerzas que primero mostraban. Los
capitanes cada uno á sus gentes esforzábanlos di-
ciendo, que en las grandes conquistas no era nue-
vo acaescer semejantes alteraciones, é que aquella
gran tempestad pasada que vieron, y el tiempo se-
reno que veían, era señal cierta para conocer que
después de los trabajos que oviesen gozarían de la
victoria que deseaban.
DON FERNANDO
CAPÍTULO XLII.
Como el Rey mandó poner dos reales sobre la villa ds Coin é de
Cártama, é las tomó; éansimesmo la villa de Benamaqucx, é
lo que en ella flzo.
Quando el Rey llegó á aquel lugar que habernos
dicho, ovo conseio con el Maestre de Santiago, é
con el Condestable , é con los Duques é Condes ó
otros caballeros que con él estaban , sobre lo prime-
ro que debian facer, porque el acuerdo que oviesen
se pusiese prestamente en obra, antes que los mo-
ros se apercibiesen, ni sopiesen á qual parte debian
poner mayores defensas. E fué acordado en su Con-
sejo que el Maestre de Santiago , y el su Condesta-
ble, é Don Alonso, Señor de la Casa de Aguilar, é
Puertocarrero, Señor de Palma, fuesen á poner cer-
co sobre la villa de Cártama. Otrosí el Marqués de
Cáliz , y el Conde de Coruña é Don Furtado de Men-
doza con la gente del Cardenal de España , y el
Adelantado del Andalucía ^ fuesen á cercar la villa
de Coin. E mandó á estos caballeros que pusiesen
estos sitios en un dia sobre estas dos villas. Y el Rey
movió adelante con toda la otra gente de su hues-
te, é pasó allende á la villa de Alora, é asentó su
real en medio de aquellas dos villas de Coin é de
Cártama, en tal lugar, que podia ver á la una é á la
otra, é socorrer, si fuese necesario, á aquellos ca-
balleros que embió á las cercar. Y el dia siguiente
fué con algunos caballeros á ver las dispusiciones
de estas dos villas, por ver donde era mas necesa-
rio que asentase su real. E conoscida la dispusicion
de ambos lugares; como quiera que la villa de Car-
tama vido ser muy fuerte, é asentada en lugar ás-
pero , pero porque conosció que la villa de Coin
era mayor, é la dispusicion de la tierra era mas
fuerte, porque toda estaba rodeada de cuestas
grandes é ramblas é de huertas é lugares é ace-
quias é pasos que la fortificaban , acordó de po-
ner su real sobre ella. Acaesció que el año pasado
estando el Rey con su hueste en aquella tier-
ra, los de la villa de Benamaquex, que es una vi-
lla bien cerca de Coin, trataron con el Marqués de
Cáliz que querían ser Mudéxares subditos del Rey,
é acudirle con los tributos que acudían al Roy Mo-
ro , é que el Rey les asegurase sus personas é bie-
nes, é mandase que les fuesen guardadas las viñas
é olivares é frutales é panes é las otras cosas que te-
niac sembradas. El Rey condescendió á las humil-
des suplicaciones que le ficieron los de aquella vi-
lla ; é mandóles guardar todos sus bienes , é no les
fué fecha guerra ni daño. E los de la villa ficieron
pacto con el Rey de ser sus subditos, é de facer guer-
ra é paz por su mandado, é acoger sus gentes, é le
acudir con los tributos que al Rey Moro solían dar.
Después que el Rey é sus gentes partieron de
aquella tierra, luego los de la villa rebelaron, é
acogieron álos moros, édieronles favor en la guerra
que facían á los christianos. Conocido aquel engaño
que habían fecho , el Rey indinado contra ellos,
4ixo : oTo f aré que la pena destos sea temor á otros,
É DO^^A ISABEL. 413
» para que guarden lealtad por fuerza , quando no la
«guardaren de grado». E luego mandó combatir
aquella villa, é tanta fué la ballestería y espingar-
das é otros tiros de pólvora que tiraban al muro,
que los moros que lo guardaban perdieron la f uer-
za, é la gente del Rey que la combatía , pudo llegar
los bancos pinjados é las mantas al muro ; é los mo-
ros lo desampararon , de manera que los christianos
entraron en la villa. Y el Rey mandó facer justicia
de los moros que en ella estaban , é fueron puestos
á espada é aforcados ciento é ocho moros principa-
les della. E mandó que se tomasen captivos todos
los otros , é las mugeres é criaturas que en ella fa-
llaron, é mandó quemar la villa , é derribar el mu-
ro. Tomada é derribada la villa de Benamaquex,
embió el Rey á uno de los adalides que venían en
su hueste, que se llamaba Gonzalo Arias , é un in-
térprete de arábigo , á facer saber á los de la villa
de Coin la justicia que se habia fecho en los mo-
radores de Benamaquex ; por ende, que les manda-
ba que entregasen luego la villa á sus gentes, por-
que no recibiesen el daño que veían padescer á sus
vecinos. Los de aquella villa de Coin no quisieron
oír la fabla, ni facer partido, é pusiéronse en de-
fensa , é salieron á escaramuzar con la gente que
el Rey habia embíado delante á la sitiar. E luego el
Rey mandó poner las estanzas en tales lugares que
la gente no recibiese daño, pero no se pudieron asen-
tar por todo el circuito de la villa, por la grand as-
pereza é dispusicion de los lugares do está asenta-
da. E mandó poner guardas é sobreguardas y escu-
chas, porque fuese sabido sí los moros de las ser-
ranías que estaban cercanas á aquella villa se mo-
viesen á venir á ella ; é mandó poner guardas en los
caminos , porque las requas de los mantenimientos
que contíno venían al real no recibiesen daño. Otro-
sí porque entendió ser necesaria mas gente para
fortificar el sitio que mandó poner sobre la villa de
Cártama , embió al Duque de Alburquerque , é al
Conde de Miranda con la gente de bus casas , é al
capitán Alonso Osorio , é á Garcilaso capitán de la
gente del Conde de Feria, é á Pedro Carrillo, capi-
tán de la gente del Duque del Infantadgo é á Juan
de Ayala, Señor de Cebolla, é al capitán Pero Vaca, é
áJuan Arias de Avila, señor deTorrejon consus gen-
tes, los quales serian fasta en número de cinco mil
homes á caballo, é diez mil peones ballesteros é lan-
ceros y espingarderos , para que estuviesen con el
Maestre de Santiago , é con el Condestable , é con
los otros caballeros que primero habia embíado á
poner sitio sobre aquella villa , porque de todas par-
tes estovíese cercada, y ellos fuesen mas seguros
de la multitud de los moros que estaban en las sier-
ras cercanas ; y embióles ansímesmo parte del arti-
llería para la combatir. Sabido por el Rey Moro co-
mo el Rey mandó sitiar aquellas dos villas , luego
embió á aquellas partes algunos caballeros é peones
para facer guerra á las gentes del real que salían al
herbage, é á los que traían los mantenimientos, loa
quales tomaron algunas bestias que venían con bas-
timento para la hueste, é los homes que venían coü
414
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ellas laa desampararon, é se pudieron salvar. Lo
qual sabido por el Rey, mandó que les fuese paga-
do el valor de todo lo que les fué tomado , porque
ninguno se escusase de llevar mantenimientos al
real. E mandó poner guarda de gente de caballo é
de pié en todas las sierras é pasos , y en otros luga-
res do podian haber peligro ; porque dende en ade-
lante no recibiesen daño los que venían al real con
mantenimientos. Los moros de la serranía de Ron-
da, é de todas las serranías é valles de aquellas co-
marcas, como sopieron los cercos que el Rey man-
dó poner sobre la villa de Cártama é Coin^ vinieron
gran multitud dallos á la villa de Monda, que es
una legua de Coin , entre los quales vinieron algu-
nos moros que se llamaban Gomeres. Esta gente de
los Gomeres son homes que en los Reynos de África
usan la guerra continamente , é pasan dellos á estas
partes del Reyno de Granada á ganar sueldo, é fa-
cer guerra á los christianos. Los moros de aquella
villa de Monda é aquellos Gomeres, desde las sier-
ras altas é desde los otros lugares ásperos donde se
pusieron , sallan á tirar saetas y espingardas , é al-
gunas veces cometían de pelear con las guardas
que por todas partes estaban puestas á las entradas
del real. Y estos acometimientos de los moros fa-
cían estar toda la hueste en temor tan contíno, que
no solamente guardaban aquellos á quien cabían
las guardas , mas todos los caballeros é capitanes
guardaban é trabajaban é facían trabajar á sus gen-
tes , por poner en gran guarda la persona del Rey é
toda la hueste. E cada uno amonestaba á los suyos,
que guardasen los lugares é pasos, y estovíesen
prestos á la pelea quando fuese necesario, é tovie-
sen aquel ánimo que varones esforzados debían te-
ner para defender la vida é resistir á aquella mul-
titud de moros. Los christianos que veían á los mo-
ros , deseaban venir con ellos á batalla campal , sí
la díspusicion de la tierra do estaban no gelo impi-
diera ; é quisieran mas disponerse á los peligros que
pudieran haber batallando , que sofrir aquella pena
contína que padescían guardando é resistiendo los
acometimientos que los moros facían. Entretanto
que estas cosas pasaban, el Rey mandó que con
gran diligencia se asentase la artillería repartida en
tres partes. Ansimesmo el Condestable y el Maestre
de Santiago con el artillería que el Rey les mandó
dar , facían tirar al muro de la villa de Cártama ; y
el sonido de las lombardas era tan grande que se
oían en el un cerco los tiros de las lombardas que ti-
raban en el otro. Los moros de la villa de Coin,
confundidos de los grandes sonidos del artillería
que continamente oían , é del daño que vían facer
en los muros, no sabían que consejo tomar para se
remediar, especialmente porque vieron caer una
parte del muro de la villa ; donde se fizo un gran
portillo. Los moros Gomeres que habían venido á la
villa de Monda para socorrer á Coin , informados
como aquella villa é los moradores della estaban en
peligro, si la villa se entrase por fuerza de armas,
cometieron algunas veces de entrar en ella por la
defender, é no pudieron por la gran guarda que el
Rey mandaba poner en el real é fuera del. É como
sopieron que la cerca era derribada , un moro capi-
tán dellos les dixo: «Ea, moros, quiero ver quien
» será aquel que se compadescerá de los niños é mu-
» geres de Coin, que esperan la muerte y el captíve-
» rio ; é aquel á quien la piedad de Dios moviere bí-
»game,que yo me dispongo á morir como moro
» por socorrer á los moros. » E diciendo estas pala-
bras tomó una seña blanca , é siguiéronle los moros
Gomeres. E los moros de Coin que sopieron la hora
que los Gomeres habían de venir, ficieron tal reba-
to en el real , que no geles pudo resistir la entrada
que estos moros con gran osadía ficieron en la villa.
Los quales amonestaban á los vecinos della, dicíen-
doles que se esforzasen á defender su vida é su vi-
lla, porque con buen esfuerzo se defenderían, é sí
desmayaban se perderían ; y ellos porque eran cur-
sados en las guerras, tanto mas se esforzaban á de-
fender, quanto mayores combates les daban los
christianos. El Rey entendió que por el portillo que
ficieron las lombardas en el muro se podría comba-
tir y entrar en la villa. E mandó al Duque de Náxe-
ra é al Conde de Benavente, que se aparejasen con
sus gentes para la combatir, é ordenasen el comba-
te con los pertrechos que fuesen necesarios para
mayor seguridad de sus gentes. Otrosí embió ánjan-
dar á Don Luís de la Cerda Duque de Medínaceli,
que embíase sus gentes á aquellos caballeros para
les ayudar. El Duque sintiendo grave el manda-
miento que el Rey le fizo, porque le mandaba em-
biar su gente á otros caballeros, respondió á los
mensageros: «Decid al Rey mí señor, que yo vine
))á le servir con la gente de mí casa, é que si mi
«gente manda que vaya á qualquier parte, tengo
» yo de ir con ella , porque ni yo estaré en la guerra
» salvo acompañado de los míos , ni los míos es ra-
» zon que vayan á ningún fecho de armas , sin que
» vaya yo delante dellos. Por ende que si Su Alteza
» se quiere servir de mi gente , yo que soy su capi-
» tan iré con ella do me mandare ; porque ni la gen-
» te puede bien servir sin capitán , ni el capitán sin
» gente. »
Estando la cosa en este estado, aderezando el
combate que el Rey mandaba ordenar, algunas gen-
tes del real con el capitán Pero Ruiz de Alarcon, se
anticiparon al combate , é tomaron mantas é otros
pertrechos de defensas, y entraron la villa por
aquel portillo que las lombardas habían fecho, é
comenzaron á pelear con algunos moros que falla-
ron luego á la entrada de la villa por las calles. E
los christianos peleando retraxieron á los moros fas-
ta una plaza de la villa, á la qual sobrevinieron de
súbito con grand alarido muchos moros de aquellos
Gomeres , é socorrieron á las calles é á otros luga-
res por donde entraban los christianos, é pelearon
con ellos. E los christianos no podiendo sofrir la
fuerza de los moros, ni los tiros de piedras é texas
que les tiraban por las ventanas , é veyendose tur-
bados, porque no sabían los lugares ni las calles por
do habían de pelear , volvieron las espaldas ; é los
moros firiendo en ellos , los echaron fuera de la vi-
DON FERNANDO
Ita por aqnel portillo que habían entrado. E aquel
capitán Pero Ruiz de Alarcon con algunos de los
que entraron con él , peleó con los moros en una ca-
lle , do esperaba que seria socorrido de los christia-
nos. E como quier que vido volver las espaldas á
los que al principio con él estaban , pero como era
varón esforzado , y en otros fechos de armas tan
experimentado, que se aparejaba antes á esperar
muerte que á recebir mengua , queriendo pagar con
la virtud la muerte que debia á la natura , dixo :
« No entró yo á pelear para salir de la pelea fuyen-
» do. n E peleó con gran esfuerzo faciendo estrago
en los moros, los quales le rodearon por todas par-
tes ; é no podiendo mas sof rir las grandes f cridas
que tenia, cayó muerto peleando con fama de buen
caballero. En esta manera quedó libre á los moros
la villa que habia seydo ya entrada por los christia-
nos. Murieron é fueron feridos en aquella f acienda
algunos christianos, entre los quales fué muerto
otro caballero que se llamaba Tello de Aguilar. Co-
mo el Rey sopo la muerte de aquellos dos caballeros
y el desbarato que sus gentes ovieron , ovo grand
enojo , porque habían principiado el combate sin su
mandado, é luego mandó apretar mas el cerco, é
que tirasen las lombardas gruesas é loa otros tiros
do pólvora. Los quales f acian tan grand estrago en
los moros y en las casas de la villa, que no pudien-
(lo sof rir el daño que veian , é recelando la muerte
que esperaban , demandaron f abla para entregar la
villa, é pidieron al Rey que les diese seguridad de
las personas é bienes para se poner en salvo. El Rey
que estaba indinado por la fuerza que los moros
hablan fecho en su gente, quisiera tomar la villa
por combate , é no segurar á los moros que la defen-
dían; pero considerando el peligro en que estaban
el Ck)nde8table y el Maestre de Santiago é los otros
caballeros que con ellos eran en el cerco que tenían
sobre la villa de Cártama , por la gran morisma que
se habia puesto en las sierras que estaban en el cir-
cuito de aquellas villas , é por escusar los peligros
que á sus gentes podrían acaescer en el combate , é
otrosí por quitar los grandes trabajos que la hueste
sofría continamente en guardar las entradas del real
de la multitud de los moros que todas horas é por
muchas partes guerreaban; acordó dar el seguro que
pedían, é recebir la villa con el partido que los mo ■
ros demandaron. E los naturales della con sus mu-
geres é fijos, é los otros Gcmeres que habían veni-
do á la defender, la dexaron libre al Rey, é se fue-
ron con sus bienes. E luego el Rey la mandó derri-
bar, porque era de gran circuito, y en tal sitio pues-
ta , que no se podía defender , sino á gran peligro
de los que la guardasen. Entretanto que estas cosas
pasaron en el cerco de Coin, el Condestable y el
Maestre de Santiago é los otros caballeros é capita-
nes que con ellos estaban , ponían diligencia en el
cerco de Cártama, é tenían á los de la villa en aprie-
to ; pero esperaban ser socorridos de los moros que
estaban en las sierras cercanas á la villa. E por este
recelo que el Condestable y el Maestre tenían , es-
taban é facían estar la gente armada continamente
É DOÑA ISABEL. 415
é presta á la batalla. Otrosí facían quo tirasen al
muro de la villa las lombardas é otros tiros de pól-
vora , las quales pusieron tan grand espanto á los
moros , que no pudíendo sofrir el gran daño que les
facían , otrosí sabido que la villa de Coin era toma-
da , f allescíeronles las fuerzas que al principio mos-
traban en la defender. Lo qual sentido por el Maes-
tre é por el Condestable , embiaron á decir al Rey,
que pues la villa de Coin era ya tomada, y estaba
ya libre del trabajo de aquel sitio , le pluguiese de
venir al cerco que les habia mandado poner sobre
la villa de Cártama, porque creían que sabido por
el Alcayde é por los otros moros que la guardaban
como su persona real venía allí , luego se darían : y
era razón, quier se tomase la villa por fuerza de
armas, quier usando con los que la defendían de
piedad , Su real Magestad ovíese la gloria de qual-
quier de aquellos vencimientos. E luego el Rey vi-
no á aquella villa ; é sabida por los moros su veni-
da, no podiendo sofrir el daño que recebian del ar-
tillería, suplicaron que les diese seguridad de la vi-
da é de los bienes que en ella tenían, é que gela en-
tregarían. El Rey, con acuerdo de aquellos caballe-
ros', les dio la seguridad que pidieron , por escusar
las muertes que los christianos podrían haber en el
combate, é por estar mas libre para ir adelante ó
á seguir su conquista. E luego los moros naturales
de la villa, ó los otros Comeres que habían entrado
á la guardar, salieron della con sus mugeres é ñjos
é con todos sus bienes seguramente, é dexaron la
villa libre con su fortaleza al Rey. Entretanto que
los cercos de Coin ó Cártama duraron, los moros
vecinos de las villas de Churriana é Pupiana é Cam-
panillas é do Fadala é de Lahuin, é de Alhurin, é
de Guarro, recelando de ser muertos ó captivos,
desampararon todas estas villas é se fueron con los
bienes que se pudieron llevar á otras partes. E co-
mo sopo el Rey que estaban yermas , mandó derri-
bar todas las torres é muros é cortijos que tenían.
Otrosí mandó derribar la torre del Atabal , é otra
fuerza que se decía la torre nueva del Quizóte. To-
mada la villa de Cártama , el Maestre de Santiago
embió á suplicar al Rey, quo por quanto aquella Or-
den de la caballería de Santiago donde él era Maes-
tre, fué fundada para facer guerra á los moros ene-
migos de la santa fe cathólíca , y él estaba en propó-
sito de seguir aquello que por las constituciones de
su orden era mandado, le ploguiese de le dar el car-
go de la tenencia de aquella villa , porque era dos
leguas de la cibdad de Málaga , ó asentada en lugar
dispuesto para seguir la guerra comenzada contra
los moros que estaban en aquellas comarcas. El Rey
vista la suplicación del Maestre, é conoscídasu bue-
na intención , mandó que se reparasen las torres é
muros que habían derribado 'las lombardas, é bas-
tecerla de los bastimentos é pertrechos que fueron
menester , mandógela entregar. Y el Maestre la re-
cibió , é le fizo pleyto omenage por ella , é puso por
Alcayde en la fortaleza á un caballero de su casa
que se llamaba Juan de Céspedes. La Reyna que
había quedado en la cibdad de Córdoba , mandaba
416
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
poner gran diligencia en repartir é traer los mante-
nimientos , porque todos los dias anduviesen las re-
quas que iban con ellos ; é mandaba ir los oficiales
é ministros é todas las otras cosas que eran necesa-
rias para el proveimiento del real. Otrosí tenia cui-
dado de embiar el sueldo para la gente de armas , é
para los otros gastos que se requerían en la guerra,
lo qual era en gran cantidad. Y embió á mandar al
Comendador mayor de León, su Contador mayor,
á quien dio cargo de la administración de las cosas
que en la hueste fuesen necesarias, que pusiese
gran diligencia en mandar á los tesoreros que paga-
sen bien la gente, é la toviesen contenta, ó prove-
yese en todas las otras cosas que fuesen menester,
tan Cumplidamente , que por falta de lo necesario
no se desase de facer la guerra como convenia. E
mandó ansimesmo poner paradas en el camino , por
las quales en poco espacio era informada de todo lo
que en el real cada hora se facia. Otrosí escribía
cartas graciosas á los grandes de sus Keynos que
estaban en la hueste, é algunos otros caballeros é
capitanes, á quien entendía ser necesario: á unos
agradeciéndoles lo que facían , á otros loando su vo-
luntad de lo que deseaban facer. E con estos pro-
veimientos que la Reyna facia, tenia gratos á los
grandes señores é á los otros caballeros para sofrir
loa trabajos que pasaban.
CAPÍTULO XLIII.
Como el Rey con algnnos caballeros fué á dar vista á la cibdad
de Málagai
El Rey siguiendo el primer consejo que en Cór-
doba en presencia de la Reyna ovo , de cercar la
cibdad de Málaga , dexó su real puesto cerca de la
villa de Cártama, ó con algunos caballeros ó fijos-
dalgo que con él fueron, partió con sus batallas or-
denadas para la cibdad de Málaga , por ver el sitio
donde se debía poner el real. E como llegó cerca de
la cibdad , salió el Rey Moro con fasta mil homes á
caballo ; los quales, según se mostró en el arreo de
sus personas y en los caballos que traían, parecían
homes de guerra los mas escogidos que había en to-
do el Reyno de Granada. Otrosí salieron con él gran
número de peones , que se mostraron por las huer-
tas é olivares cercanos á la cibdad. E trabóse entre
los unos ó los otros una escaramuza , la qual cre-
ciendo de grado en grado, se encendió tanto , que
caían muchos de los unos é de los otros ; é quanto
jos moros se esforzaban á mostraren aquella facien-
da sus fuerzas, tanto los chrístianos pugnaban con
mayor ánimo por los vencer. En esta pelea, una vez
los chrístianos retraían á los moros fasta los poner
bien cerca del muro ; otra vez los moros con espin-
gardas é con la multitud de saetas que tiraban den-
de los olivares é huertas ferian muchos homes é ca-
ballos de los chrístianos ó los facían retraer del mu-
ro donde llegaban. Y en esta manera duró aquella
escaramuza entre ellos, fasta tanto que el Rey man-
dó á los capitanes que ficiesen retraer su gente ; ó
loa moroB ansimesmo se retraaieron, Murierou é fue-
ron feridos en aquella escaramuza algnnos de los
chrístianos, especialmente murió Don Fernando de
Ayala, el heredero mayor de la casa de Ayala, que
con osadía de caballero se metió tanto entre los mo-
ros firíendo é recibiendo f cridas, fasta que lo ma-
taron. Estonces el Rey mandó ver el sitio donde se
podría asentar su real ; é porque no se falló lugar
do pudiese haber tanta abundancia de agua que
bastase para toda la hueste, porque un río que pasa
cerca de la cibdad estaba seco ; otrosí porque había
tanta multitud de moros en la cibdad , que fuera pe-
ligrosa la guarda del real que allí se pusiese ; acor-
dó que por estonces no se pusiese real sobre la cib-
dad de Málaga , é volvió para la villa de Cártama,
donde ovo consejo de lo que debria luego facer.
Acerca desto ovo diversos votos, algunos decían
que bastaba la guerra fecha en aquella entrada,
pues con tales trabajos é peligros se habían ganado
las villas de Cártama, ó Coin, é Benamaquex, é se
habían despoblado las otras villas é torres que se
derribaron ; é que en la guerra y estrago grande
que en aquellas partes se había fecho , las gentes de
la hueste habían trabajado tanto que era razón que
reposasen. El voto de otros era, que pues quedaba
asaz tiempo del verano para guerrear en otras par-
tes de aquel Reyno, no lo debían perder ; é que de-
bía ir el Rey á talar los panes é árboles é viñas ó
huertas de muchos lugares que estaban metidos eu
los valles cercanos á aquella comarca, 6 debía po-
ner real sobre la villa de Cazarabonela. Ansimesmo
quando la Reyna sopo que las villas de Coin é Car-
tama eran tomadas , embió á decir al Rey, que si á
él pareciese debía proseguir su conquista contra
otras partes, quales entendiese en aquel Reyno;
pues había asaz tiempo del verano en que las gen-
tes podían estar en el campo, é que ella embiaría
lo que fuese necesario para bastecer la hueste.
El Rey, oído lo que la Reyna le embió á decir, é
los votos de los caballeros que con él estaban , 'por-
que fué informado que alguna gente de pelea , que
guardaba la cibdad de Ronda, la habían dexadopor
venir á socorrer á Málaga, é á los otros lugares de
su comarca, é que los vecinos de aquella cibdad es-
taban sin sospecha de ser cercados , pensó que sería
mejor acuerdo conquistar luego aquella cibdad que
ninguna otra de los moros. Este pensamiento que
el Rey ovo, comunicólo en su secreto con algunos
caballeros é capitanes que sabían la tierra y enten-
dían las cosas de la guerra, los quales le díxeron,
que la cibdad de Ronda era muy fuerte y el lugar
de su asiento era áspero , é que sería trabajoso el
cerco que sobre ella se pusiese , por la multitud de
los moros que en las sierras cercanas á aqucUa-cib-
bad estaban. E aunque los principales homes de la
guerra eran absentes della, pero por ser cibdad po-
pulosa, siempre quedarían en ella asaz moros para
la defender. Mas porque vieron al Rey inclinado á
la cercar, conformáronse con él para lo poner en
obra.
DON FERNANDO
CAPÍTULO XLIV.
Como el Rey paso real sobre la cibdad de Ronda, é la combatió
é la tomó.
El Rey poniendo por obra la voluntad que tovo
de cercar la cibdad de Ronda , mandó al Marqués de
Cáliz , ó á Don Pero Enriquez , Adelantado del An-
dalucía, é á Don Furtado de Mendoza, capitán de
la gente del Cardenal de España, é á Rodrigo de
ülIoa,8u contador mayor, que luego fuesen para
aquella cibdad con tres mil homes á caballo é ocho
mil peones , é guardasen por todo el circuito que
ninguno entrase ni saliese della.
Estos caballeros partieron luego como el Rey lo
mandó , é pusiéronse con la gente que llevaban cer-
ca de la cibdad á guardar la entrada é la salida de
los moros. El Rey, como dexó reparado el muro élas
torres de la villa de Cártama é bastecida de lo ne-
cesario para su defensa, movió su real de allí é to-
mó el camino de los prados de Ante quera, que es
bien desviado del camino de Ronda. E como se vido
por todas las gentesla vuelta que el Rey con toda su
hueste facía para aquellas partes, los moros creyeron
que iba á poner sitio sobre la cibdad de Loxa ; lo
qual ansí mesm o creían todos los que iban en su hues-
te, salvo aquellos pocos á quien en su secreto había
comunicado la voluntad que tenia do cercar á Ron-
da. E como todos pensaron que habían do ir por el
rio de Guadalherce arriba, camino do Loxa, volvió
por aquel rio abaxo camino de Ronda por la vía de
Taba é de los prados de Antequera. É mandó al
Conde de Benaveute que con dos mil homes á ca-
ballo é quatro mil peones, tomase la delantera, é
fuese á Ronda á se juntar con «1 Marqué» de Cáliz ,
é con los otros caballeros que había ombiado prime-
ro ; é que asentasen el real en los lugares que en-
tendiesen , entretanto que el Rey llegaba con toda
la otra gente de su hueste.
La razón demanda que fagamos aquí mención
del asiento desta cibdad de Ronda, é de la natura-
loza de la tierra é su comarca, é de la condición de
la gente que la moraba. Esta cibdad es hacia la par-
te del poniente, apartada de la mar por espacio de
ocho leguas, y está asentada sobre una gran peña
alta y esenta de todas partes; y en la parte de lo
mas llano de la peña está fundado un alcázar, for-
talecido con tres muros , torreados con muchas tor-
res. De la otra parte está fortalecida con la dispu-
eicion del lugar, porque las dos partes de la cibdad
rodea una hoz, do está un valle muy fondo, é por el
valle corre un rio do están los molinos. Y estas dos
partes de la cibdad son inexpugnables, que no hay
juicio de home que las ose combatir; é debaxo de una
peña de las que están en aquella hoz, á la parte de la
cibdad, sale una fuente con un caño de agua muy
grueso ; é desta fuente se sirven los de la cibdad,
por una mina que está fecha antiguamente dentro
del muro. De la otra part© de la cibdad están gran-
des peñas é lugares ásperos que la fortifican , é á la
parte del alcázar tiene dos arrabales, uno alto, ó
Cr.-m.
É DOÑA ISABEL. éVJ
otro baxo. E ansí los maros de la cibdad, como lo»
de los arrabales , son fortalecidos de muchas torres
é peñas que los defienden. La tierra cercana á la cib-
dad es montuosa de grandes sierras fértiles por las
muchas é buenas aguas que abundan en ellas ; está
poblada de muchos moradores á quien la aspereza de
aquellas montañas face ser homes robustos é ligeros
é guerreros , porque en aquellas fronteras siempre
continaron la guerra con los christianos. Estas gen-
tes acostumbran mostrar sus fijos de pequeños á ti-
rar la ballesta , y en esta arte, por el grand uso que
tienen , son tan maestros, que no yerran de dar en
qualquier lugar do tiran.
Los caballeros que habemos dicho , con la gente
que el Rey embió delante , llegaron á la cibdad , é
cercáronla por todas partes , de manera que ningu-
no podía entrar ni salir della. E después que el Rey
llegó con todas los otras gentes , é llegaron los car-
ros de la artillería é de los pertrechos , mandó asen-
tar en el circuito de la cibdad dos reales. En el uno
se asentaron sus tiendas , é las de sus oficiales ó
guardas ; é cerca de las tiendas del Rey, á la parte
de la cibdad que dicen el Mercadillo , mandó apo-
sentar al Maestre de Alcántara, é al Conde de Bena-
vente, é al Maques de Cáliz con sus gentes. Otrosí
se aposentaron cerca destos otros capitanes de! Rey
é de la Reyna con las gentes de sus capitanías. Bu
otro real, á la parte del alcázar, se asentó la artillería
é puso en guarda della al Condestable, con otros ca-
balleros ó gente de la hueste. Y en otra parte de la
cibdad estaba el Maestre de Santiago con sus gen-
tes é con otros capitanes que fueron aposentados en
aquella parte. Los otros caballeros é gentes de la
hueste se aposentaron cada uno en el lugar que les
fué señalado por los Mariscales del Rey, é fueron
repartidas las estanzas en tales lugares, que la cib-
dad fué bien cercada por todas partes. Otrosí man-
dó el Rey poner guardas sobresalientes para socor-
rer á qualquier estauza que oviese menester ayuda.
É á cada uno de los caballeros ó capitanes que te-
nían cargo de algunas estanzas , fizo facer cavas ó
albarradas é tapias para la fortificar. Asentado el
real é las estanzas en la manera que habemos dicho,
mandó el Rey poner guarda en el campo y en los
caminos, é sobreguardas y escuchas, para sentir
qualquier movimiento que los moros quisiesen fa-
cer. Este real estaba bastecido con abundancia de
pan é vino é carne, é de todos los oficios é oficíales,
é de las otras cosas que eran menester para la hues-
te, porque la Reyna mandaba, que no cesasen las
requas todos los días de llevar provisiones. E por-
que mayor abundancia oviese, mandaba poner en
los reales dos grandes montones, uns donde oviese
veinte mil fanegas de cebada , ó otro donde oviese
otro tanto de harina; y estos montones estaban
siempre enteros , que no se tocaba á ellos , salvo al-
gún dia sí cesaban las requas de venir con las pro-
visiones al real.
Como el Rey moro que estaba en Málaga , sopo
que el Rey había puesto real sobre la cibdad de Ron-
da, embió algunos caballeros á aquellas paiies, ^
27
418 CRÓNICAS DE LOS
los homes de gtterra naturales de la cibdad, que es-
taban fuera de ella, con las gentes que moraban en
aquellas serranías , se juntaron ó vinieron bien cer-
ca de la cibdad. E puestos en las sierras y en las
torres y cuestas , é otros lugares ásperos , sallan to-
dos los dias á pelear con las guardas que iban al her-
baje , é con las otras guardas que estaban en los ca-
minos. Otrosí facían grandes fuegos encima de las
cumbres de las montañas, é descendían de aquellas
alturas con ímpetu riguroso , según su costumbre
de pelear, ó acometían con grandes alaridos á las
guardas de los christianos. E como quier que facían
muchos tiros de saetas y espingardas é piedras, pero
el Bey defendió que ninguno sin licencia suya ó de
BUS capitanes saliese de la guarda donde estaba á pe-
lear con los moros, por escusar el daño que se pe-
dia seguir peleando con ellos por aquellos lugares
do no había dispusícion para la pelea, salvo á gran
ventaja de los moros. E todos los señores é caballe-
ros é capitanes de la hueste, con gran diligencia tra-
bajaban cada uno en la parte do estaban ; los unos
en defender las entradas del real , é tener los peo-
nes que no subiesen la sierra , los otros en defen-
der las estanzas que tenían puestas contra la cibdad.
Acaeció algunas veces que los moros naturales de
la cibdad , con el pesar que tenían de la ver cerca-
da, acometían á las guardas, peleando con tanto
corage, que indiscretamente se ofrecían á la muer-
te, á fin de matar ó entrar en la cibdad á la defen-
der. La cibdad tenia un arrabal muy fuerte repar-
tido, como habernos dicho , en dos partes, uno alto
é otro baxo ; y el Rey mandó que el artillería se
asentase en tres lugares par% que tirasen á tres par-
tes del muro que cercaba el arrabal. Los moros de
la cibdad quando se vieron cercados, juntáronse
con el Algualcíl mayor de Ronda, é dispusiéronse á
la defender ; é pusieron sus guardas en las torres é
muros , y en las puertas de la cibdad é de los arra-
bales, y en los lugares que entendieron ser necesa-
rias. Los maestros del artillería comenzaron á tirar
con las lombardas gruesas, é derribaron en espacio
de quatro dias el petril é las almenas, é todo lo alto
de tres torres , con un pedazo del muro que cerca-
ba los arrabales. É de tal manera fué derribada la
defensa por aquella parte, que los moros no habían
lugar do se poner á los defender, por los muchos
tiros de ribadoquines ó otros tiros de pólvora que se
tiraban. Otrosí cayó en otro lugar, por do tiraban
las lombardas, un pedazo del adarve donde murie-
ron algunos moros.
Los christianos, visto'que eran derribadas algunas
almenas é defensas del muro , cobraron mayor es-
fuerzo para combatir. E la gente del Conde do Be-
navente é del Maestre de Alcántara , que guarda-
ban una estanza , á gran peligro subieron una cues-
ta alta , por ganar aquella parte do combatían ; ó
por fuerza de armas cobraron una peña, que para el
combate era gran defensa á los moros é ayuda á los
christianos. Los do las otras estanzas que habernos
dicho, cada uno por su parte trabajaba por llegar al
tnuro ; y especialmente unos peones del CondestA'
REYES DE CASTILLA.
ble, que estaban en la guarda de una estanza, visto
que las lombardas habían desmochado una torre, á la
parte que ellos guardaban, arremetieron á la torre ó
subieron en ella. El Rey que continamente andaba
requiriendo las estanzas y esforzando la gente, vis-
to como aquellos peones habían ganado la torre, es-
forzólos mas. É mandó á la gente de armas de aque-
lla estanza quo socorriesen á aquellos peones ; é con
el esfuerzo que el Rey les puso, arremetieron con
osadía al muro, é apoderáronse ¡de aquel torrejon.
Los de las otras estanzas arremetieron cada uno por
su parte , de manera que los unos por unas partes ó
los otros por otras, entraron los arrabales.
Acaesció que un caballero, que se llamaba Alon-
so Faxardo, capitán de ciertos peones, puso una es-
cala al muro en la parte que combatía, é subió el
primero por ella, é luego subieron tras él otros es-
cuderos ó peones ; los quales pelearon con los moros
é ganaron aquella parte del adarve. Y este capitán
Faxardo se adelantó, é tomó la seña que llevaba el
Alférez de aquellos peones, é trabajó por lo poner
encima de la torre de una mezquita que estaba en
aquel arrabal. Los moros que guardaban la torre vi-
nieron contra él , é tomáronle la bandera. Y él pe-
leando con ellos en los texados de la mezquita , á
vista de todos la recobró por fuerza de armas con
ayuda que Inficieron los que le seguían ; é pelearon
con los moros de aquella torre, fasta que la ganaron
é ficieron retraer á los moros por las puertas del al-
cázar de la cibdad. Al fin los moros , veyendo los
christianos entrar por tantas partes, é no les pudion-
do resistir la entrada ni sofrir el daño que recebian
de los muchos tiros que el artillería facía , desam-
pararon los arrabales , é retraxiéronse á la cibdad,
élos christianos quedaron apoderados dellos, é ro-
baron las casas , é todo lo que fallaron (1). Toma-
dos los arrabales de Ronda , luego otro día mandó
el Rey meter las lombardas grandes é los otros ti-
ros de pólvora , ó los engenios é cortaos para com-
batir la cibdad. Los que tenían cargo de proveer
las cosas necesarias en el real, trabajaban por sus
personas é solicitaban á los ministros que tenían
puestos, para que pusiesen gran diligencia cada uno
en el cargo que les habían dado , porque no oviese
punto de falta en el tiempo que fuese menester.
Otrosí daban grand acucia, para que el artillería se
asentase en los lugares que los maestros acordaron
que se debía poner. E como fué asentada, luego
comenzaron á tirar juntamente las lombardas grue-
sas con los otros tiros de pólvora medianos é meno-
res. Armáronse ansimesmo los engenios é los cor-
taos que tiraban á la cibdad. Otrosí ficieron los maes-
tros del artillería unas pellas grandes de hilo de cá-
ñamo ó pez ó alcrevite ó pólvora, confeccionadas con
otros materiales, de tal manera é compostura, que
poniéndoles fuego echaban de sí por todas partes
centellase llamas espantosas, é quemaban todo quan-
to alcanzaban, y el fuego que lanzaban de sí du-
(1) Tomáronse los nrrabales de Ronda Jaév«s doce de Hayo do
este afio, Bcmalt^t cap. n.
DON FERNANDO
raba por grand espacio y era tan riguroso, que
ninguno osaba llegar i lo matar. Ficieron ansimes-
mo pelotas redondas grandes é pequeñas de fierro,
é destas facían muchas en molde, porque en tal ma-
nera templaban el fierro , que se derretía como otro
metal ; y estas pelotas f acian grand estrago do quie-
ra que alcanzaban. Las lombardas grandes tiraron
tantas veces al muro de la cibdad é del alcázar que
derribaron gran parte de las almenas é de las otras
defensas que habla en las torres é adarves. Otrosí
por otras partes tiraban los cortaos é los engenios ;
é tantos é tan continos eran los tiros que f acia el ar-
tillería , que los moros que guardaban la cibdad á
gran pena se oian los unos á los otros, ni tenian lu-
gar de dormir, ni sabian á que parte socorrer; por-
que de la una parte las lombardas derribaban el ruu-
ro, é déla otra los engenios é cortaos derribaban las
casas. E si loa moros trabajaban por reparar lo que
las lombardas derribaban, no habia lugar de lo fa-
cer, porque los otros tiros de pólvora medianos que
continamente tiraban no les daban lugar á lo repa-
rar, é mataban todos los que estaban sobre la cerca.
Otrosí con un engenio echaron una pella grande de
fuego dentro en la cibdad, la qual venia por el ayre
echando de sí tan grandes llamas, que ponia espan-
to á todos los que la veían. Esta pella cayó en la
oibdad, é comenzó de arder la casa donde acertó.
Los de la cibdad , á quien su gran fortaleza largos
tiempos habia dado confianza de seguridad , muda-
da súbitamente su confianza en turbación, é su se-
guridad perdida con el miedo , ni podian tomar ar-
mas ni administrarlas , porque veyendo á los unos
caer feridos , é á los otros muertos, arderlas casas,
caer las torres , estaban turbados , que no sabian á
quál lugar socorrer , ni qué consejo tomar. Porque
ninguno podía estar , ni en el muro defendiendo,
ni por las calles andando, ni faciendo otra alguna
manera de defensa. Las mugeres, no acostumbradas
de tal infortunio é los niños, enflaquecidos con el
espanto del fuego é de los golpes de las lombardas,
daban voces, é lloraban unas las muerte» de sus ma-
ridos é de sus fijos , otras sus f cridas , otras la des-
truicion de la cibdad. É con los gritos é lloros que
facían , desmayaban los moros principales, é priva-
do el sentido , perdían las fuerzas para dar remedio
á sí ni á la gente de la cibdad. Los christianos cada
uno por su parte en el cargo que tenia, ponia dili-
gencia ; los unos en guardar los pasos á los moros
que venían por la sierras con grandes alaridos, fasta
cerca de las entradas del real ; otros en que se con-
tinasen los tiros del artillería. E quantos mayores
daños veían recebir á los moros, mayor esfuerzo to-
maban para los guerrear. Y esta manera de comba-
tir duró diez días , fasta que los moros perdieron la
fuerza para pelear y el esfuerzo para defender ; é
recelando la muerte 6 el captiverio general de to-
dos, demandaron seguro para fablar en partido de
entregar la cibdad. Y el Eey mandógelo dar , é que
cesasen por todas partes los tiros que facía el arti-
llería ; pero que les convenia dexar libre la cibdad,
é que log moradores della se fuesen é vivir á otras
É DO^A ISABEL. *19
partes. El Alguacil mayor , é los otros viejos é ca-
balleros moros, conociendo del Rey que no faria
otro partido, prometieron de le entregar la cibdad
é dexarla libre de los moradores della , dándoles se-
guro de las vidas é de las f aciendas , para que se
fuesen los que quisiesen á los reynos de moros que
son en África, ó á la cibdad de Granada, ó á otras
partes. E si algunos quisiesen morar en qualesquier
cibdades é villas del Reyno de Castilla , que el Rey
les mandase recebir en ellas , é les conservase en su
ley , é mandase que fuesen tratados con paz. El Rey
prometió de lo facer según le fué demandado , por
escusar las muertes é otros daños que pudieran ha-
ber los suyos en los combates y en la entrada de la
cibdad, que era tan áspera, que con poca resisten-
cia que los moros ficieran , pudieran facer gran da-
ño en los christianos , ó otrosí por los relevar de
los trabajos continoa que tenían guerreando con
la multitud de los moros que estaban sobre aque-
llas sierras é lugares ásperos. Otorgado el partido
á los moros , por parte del Rey les fué demandado
que por seguridad de lo que habían prometido,
apoderasen luego en una torre del alcázar á un ca-
ballero que él mandase , porque no oviese mudanza
de lo que con él habían asentado. Los moros res-
pondieron que les placía. E luego mandó el Rey á
Don Bernardino do Velasco fijo del Condestable,
que con gente de annas se apoderase de una torre
del alcázar que los moros le entregaron ; el qual
estovo apoderado della fasta que todos los moros
é moras con sus bienes fueron salidos de la cibbad,
é la dexaron libre al Rey. En la qual entró este Rey
Don Femando con los señores é caballeros de su
hueste, Domingo diade la Pascua de Sanctispíritus,
á veinte y dos dias de Mayo, contados del nasci-
miento de nuestro Redemptormil é quatrocientos
é ochenta ó cinco años.
Haberse ganado esta cibdad, fué cosa mas digna
de admiración que gobernada por razón; porque
según su fortaleza é la multitud de aquellas gentes
bárbaras que moraban en ella y en las serranías que
son en su circuito , no se pediera imaginar por los
homes de la sitiar con esperanza de la ganar en mu-
chos tiempos é con gran multitud de gentes. E co-
mo la cibdad de Ronda fué tomada, luego aquella
multitud de moros que estaban en las montañas se
derramaron , é los peones del real subieron aquellas
sierras empos dellos, é los siguieron , pensando pe-
lear con ellos é los matar ó captivar ; é no fué en
poderío de ninguno de los capitanes resistir á aque-
llos peones la subida; pero los moros que sabian la
tierra , se pusieron en las villas cercadas y en las
muchas torres que hay en aquella serranía de Ron-
da, do se pudieron salvar. El Alguacil mayor de
Ronda con sus fijos é parientes que era gente noble
entre los moros, demandaron que querían ir á mo-
rar en la cibdad de Sevilla y en la villa de Alcalá
de Guadayra ; de lo qual plogo al Rey é á la Rey-
na , é mandáronles dar bus cartas para que los reci-
biesen en aquellos lugares, é los tratasen bien é ho-
norablemente, é diéronles franquezas de todos tri-
420
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
butos. Otrosí les mandaron dar casas , é les ficieron
merced de pan, é de algunas otras provisiones para
su mantenimiento. Otros vecinos de la cibdad se
fueron á morar á la serranía de Eonda, á ser mu-
déxares con los otros que moraban en aquella tier-
ra. Otros algunos pasaron con seguro del Rey, á los
reynos de África ; é ansí quedó despoblada aquella
cibdad de los moros, que muchos tiempos antes la
habían poseído.
La Reyna , quando sopo que la cibdad de Ronda
era tomada, ovo gran placer, é mandó facer proce-
siones é grandes sacrificios, dando gracias á Dios
por aquellas victorias. E mandó dar la tenencia de
aquella cibdad á un caballero de su casa que se lla-
maba Antonio de Fonseca. E fueron fundadas en
ella estas Iglesias : la primera se fundó en una mez-
quita, que era la mayor, á la advocación de Sancta
María de la Encarnación. Otra se establesció en otra
mezquita á la advocación de Sanctispíritus, porque
la cibdad se entregó al Rey en aquel día. Otra Igle-
sia cerca desta se estableció en otra mezquita á la
advocación de Santiago Apóstol, Otra Iglesia se es-
bleció á la advocación de Sant Juan Evangelista.
Otra Iglesia se estableció en otra mezquita que es-
taba cerca de unas tiendas que eran en el arrabal , á
la advocación de Sant Sebastian. E para todas estas
Iglesias embió la Reyna cruces é cálices, y encen-
sarios de plata, é vestimentas de seda é de broca-
dos, é retablos, é imagines, é libros, é campanas, é
todos los otros ornamentos que eran necesarios para
celebrar en ellas el culto divino. Fueron ansimesmo
moradores christianos de las cibdades de Sevilla é
de Córdoba, é de otras partes á la poblar. E porque
los moradores de aquellos valles é serranías de Ron-
da despoblaban la tierra é se iban á otras partes, por
miedo que habían de ser muertos ó captivos, el Rey
les dio seguro, é mandó á todas sus gentes que no
les ficiesen guerra ni daño. E porque algunos tenta-
ron de quebrantar este seguro, é tomaban algunas
mugeres é niños captivos, el Rey, informado de la
verdad, mandó facer justicia de los que se falla-
ron culpantes, é restituir todo lo que habían to-
mado.
Visto por los moros que el Rey les guardaba el
seguro, é facia justicia de los que les facían algún
robo, aseguráronse para estar en aquellas serranías
donde quedaron mudéxares é servidores del Rey é
de la Reyna ; é dende en adelante contrataban libre-
mente con los christianos, é venían seguros al real
del Rey por las cosas que eran necesarias.
CAPÍTULO XLV.
Como se entregaron otros lugares de moroi.
Sabido por aquellas comarcas de los moros como
la cibdad de Ronda era tomada , imprimióse en los
corazones de las gentes de aquella tierra tan gran
terror, que recelando los vecinos de cada lugar que
si fuesen cercados serian muerto» é perdidos, otro-
sí, informados como aquellos á quien el Rey asegu-
raba eran bien guardados, vinieron mensageros de
las villas que eran en la comarca de la cibdad de
Ronda, é suplicáronle que le ploguiese tomarlos por
vasallos , pues que de su voluntad venían á se po-
ner en su servidumbre ; é como subditos que son
obligados á su Rey, le querían acudir con sus tribu-
tos en la manera que acudían á los Reyes moros.
Otrosí le suplicaron humildemente que le ploguie-
se dar su seguridad : primeramente para que pudie-
sen vivir en su ley de Mahoma, é para que sus per-
sonas é de sus mugeres é fijos fuesen seguras, épo-
diesen poseer sus bienes é casas y heredamientos.
El Rey dio el seguro que las villas aquí nombradas
embiaron á pedir, con condición que luego entre-
gasen las fortalezas de cada una dellas, é todas las
torres , é qualesquier fuerzas que en ellas oviese , á
los que él mandase. E los moros prometieron de lo
facer, é fueron entregadas las fortalezas siguientes
á las personas que el Rey mandó , en esta manera.
La villa de Yunquera é su fortaleza á Diego de
Barrasa. La villa é fortaleza del Burgo á Pedro de
Barrio Nuevo. E la villa de Monda é su fortaleza á
Hurtado de Luna. E la villa de Tolox é su fortale-
za á Sancho de Ángulo. E la villa é fortaleza de
Guasin á Pedro del Castillo. E la villa é fortaleza
de Casares á Sancho de Saravia. La fortaleza de
Montexaque á Alonso de Barrio Nuevo. E las forta-
lezas de Hazualmara é Cárdela que son en la serra-
nía de Villaluenga, se entregaron al Marques de Cá-
liz. Las fortalezas de las villas de Benauxan é de
Montecortol é de Audita mandólas el Rey derribar.
E todos los moradores destas villas é lugares que-
daron por siervos mudéxares del Rey é de la Rey-
na. E juraron los alfaquíes é viejos de cada uno des-
tos lugares , por la unidad de Dios que sabe lo pú-
blico ó lo secreto, el que es criador vivo, é dio la
ley á Mahomad su mensagero, de ser buenos é lea-
les subditos é vasallos del Rey é de la Reyna, ó
cumplir sus cartas é mandamientos, é de facer guer-
ra é paz por su mandado , é de les acudir con todos
los tributos é pechos é derechos que en aquellas vi-
llas se acostumbraron dar á los Reyes moros; é que
esto farian bien é lealmente sin ningún engaño. El
Rey les prometió en su palabra real de los conser-
var en la ley de Mahomad , é de no facerles ni con-
sentir que les fuese fecha opresión alguna ; é con-
sentir que sean juzgados sus pleytos por juez é al-
faquí, é á consejo del Alcalde, é por la ley de Ja-
racuna. E que les serán guardadas sus personas é
bienes por qualesquier partes de sus Reynos é seño-
ríos que andovieren , con condición que no fuesen á
ninguna de las fortalezas de los christianos que son
en su señorío frontera de moros, para estar en ellas
una hora antes que se pusiese el sol.
Vinieron ansimesmo á obedecer al Rey en la ma-
nera que habemos dicho los mensageros é procura-
dores de otras diez é nueve villas que son en la ser-
ranía, que se dice el Arrabal ; é los procuradores ó
mensageros de otras diez é siete villas é aldeas que
son en la serranía de Gausin. E de la serranía de
Villaluenga vinieron los procuradores de otras doce
villas ó aldeas. 'Et todos estos procuradores juraron
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL.
421
como los de las otras villas ; y el Bey les dio la mes-
ma seguridad condicionada que dio á los otros. E
porque todas las villas é lugares que eran en el va-
lle de Cártama fueron puestas en el señorío del Rey
é de la Rey na, é los de la villa de Cazarabonela que
es en aquel valle, no vinieron, según que todos los
otros de las comarcas habían venido, el Rey les es-
cribió su carta, embiándoles á mandar que entrega-
sen aquella villa con su fortaleza á quien él manda-
se ; é si lo ficiesen , les asegurarla sus vidas é bienes
para que no les fuese fecha guerra ni daño, é si luego
no lo pusiesen por obra, que embiaria sus gentes á la
combatir, con daño ó destruicion de sus moradores.
Los vecinos de aquella villa , oido el mandamiento
del Rey, escribiéronle una carta que decia ansí (1).
«Alabado sea Dios poderoso en unidad, que no
» hay otro en faz de la su gracia é salvación que
» Mahomad nuestro profeta su mensagero. Escribi-
»mos la presente carta al gran Rey muy poderoso^
» señor de muy grandes rey nos é señoríos é de mu-
»chas provincias, poderoso é justo en sentencias, é
» amador de la justicia , Rey de Castilla : ensálcelo
«Dios y esfuércelo. Nos la Comunidad, é Alguacil é
»Alcayde del castillo de Cazarabonela (junto con
» esto acreciente Dios vuestro real estado) recibimos
))una carta, é leímosla, y entendimos lo en ella con-
«tenido, y estamos todos en voluntad de obedecer
»á Vuestra Alteza, pues que oimos é vemos que
«vuestra palabra es verdad, é cierta en dicho y en
j> fecho. Por quanto nos dixeron que Vuestra Alteza
« había dicho que cuando los moros de Cazarabonela
i¡> vinieren á darme la obediencia^ estonces faré yo lo
))que ellos quisieren, ensalce Dios á Vuestra Alteza.
«Nunca obedescimos ni servimos á rey, ni á ningún
«caballero en toda nuestra vida, é fuimos honrados
»é acatados de todos los reyes ; pero á Vuestra Alte-
»za nos conviene servir é acatar, pues vos fizo Dios
«tan poderoso é dichoso en todas las cosas, é place-
ará á Dios que siempre sea ansí. Por ende, pues que
»nos ponemos en manos de Vuestra Alteza, seamos
» bien tratados é'honrados como siempre fuimos de
«todos los otros reyes, quanto mas seyendo Vuestra
» Alteza mas poderoso é mayor é mejor que no ellos.»
Recebida por el Rey esta carta con los mensageros
que aquella villa embió, luego les mandó dar su se-
guro en la manera que se dio á las otras villas é
tierras. E los de la villa ficieron juramento de ser
subditos del Rey ó de la Reyna , é de les dar é pagar
los tributos que daban al Rey moro, en la forma
que las otras villas lo ficieron ; y entregaron luego
el castillo é todas las fuerzas de la villa al capitán
Don Sancho de Roxas que embió el Rey á la recebir.
CAPÍTULO XLVI.
Como el Rey tomó la eibdad de Marbella.
Tomada la eibdad de Ronda é su serranía, é las
otras villas é castillos é valles que habemos dicho,
(1) Trae esta misma carta con mas extensión el cura de los Pa-
lacios, y señala la entrega de Cazarabonela Jueves, día del Cor-
pus, á dos de Junio de este año. Bematí., cap. 72.
el Rey acordó de tomar la^cibdad de Marbella, que
es en la ribera de la mar ; porque tomada aquella
eibdad, los moros do Málaga estarian mas oprimi-
dos, é no podrian haber provisiones por la mar de
los reynos do África, salvo con gran dificultad. Ha-
bido este acuerdo, escribió una carta, mandándoles
que luego entregasen la eibdad á quien él mandase;
é que seguraba sus personas é bienes para que fue-
sen do quisiesen. Los moros de la eibdad respon-
diéronle por una carta que decia ansí :
«Loado sea Dios. Esta es nuestra carta al señor é
» mayor honrado nuestro señor Don Fernando Rey de
«Castilla é de León, que acreciente Dios los días de
«su vida é honra. Besamos vuestros pies ámanos
«vuestros servidores y esclavos é subjetos los de la
«eibdad de Marbella. E facemos saber á Vuestra Al-
D teza (é pedimos á Dios que sea ensalzado) nos lle-
«gó una carta de Vuestra Alteza, que se entendió en
«ella de estar á vuestra obediencia é mandamiento;
«aunque estaban fuera de aquí algunos, é por es-
«perarlos se ha tardado. E después de juntos, acor-
» damos de ser vuestros, y estar so vuestro amparo.
«Y embiamos á Vuestra Alteza nuestro Alguacil
«honrado Mahomad Abenaza con otros de nuestro
«pueblo, á pedir á Vuestra Alteza que se haya con
«nosotros piadosamente. Aquel que os dio el venci-
B miento, os de la mansedumbre para nosotros.»
Recebida esta carta por el Rey , luego les embió
otra carta , regradeciéndoles su buena voluntad, é
mandándoles que todavía dexasen libre la eibdad.
E prometióles seguridad para ellos é para todas sus
cosas ; é que entregada la eibdad , si los moradores
della quisiesen vivir en otros lugares cercanos , él
los mandaría guardar en sus usos é costumbres, ó
que no les seria fecho mal ni daño. Pero porque en
su consejo se platicó, que si el Rey se absentase de
la tierra, los moradores de aquella eibdad se move-
rían de lo que al presente mostraban por su letra ;
el Rey deliberó de ir en persona con toda su hueste
á aquella eibdad , que es ocho leguas de la eibdad
de Ronda ; aunque el camino es tan áspero de sierras
agrandes montañas, que los peones á gran pena lo
pueden andar. E mandó ansimesmo que llevasen su
artillería para la combatir si los moros luego no la
entregasen. Este consejo habido, lu'ego el Rey partió
de la eibdad de Ronda con toda la gente de su hues-
te; é mandó poner su real cerca de la villa de Zahara,
é den de partió para la eibdad de Arcos. E porque los
caminos eran tan fragosos para pasar los carros del
artillería, é la gente de la hueste recebia gran fatiga
deteniéndose en los reales, otrosí porque era necesa-
rio ir delante gran multitud de peones con picos é
azadones é destrales, derribando peñas ó talando
árboles, é allanando los lugares por do pasasen los
carros ; el Rey acordó de se detener en aquella ciu-
dad de Arcos. E como los moros de Marbella sopie-
ron que el Rey estaba en Arcos é había movido su
real para ir contra ellos, embiaron á él sus mensage-
ros , que le dixeron como los moradores de aquella
eibdad ge la dexarian libre é se irian á vivir á otras
partes. Y embiaronle otra carta que decia ansí :
422 CRÓNICAS DE LOS
«Alabado sea Dios. Muj» poderoso, grande, alto,
» esforzado, nombrado, gran guerrero, fatigador de
»lo8 reyes é de sos tierras, que de su condición es
» usar de piedad é clemencia con los pobres é con
nloa que tienen poca facultad, é usar de rigurosi-
»dad, ó fatigar á los que no quieren obedescer bus
Dmandamientos é servirle ; el excelente, fuente de
nvirtud, nuestro señor Don Fernando Rey de Cas-
j) tilla, é de Aragón, é de Sicilia, é de la mar con
1> todas sus islas, ó de otras muchas provincias é se-
j)ñorío8, é de muchas serranías é campos yermos é
» poblados ; el que fatiga á los reyes, é sojuzga sus
1) señoríos é pónelos so su obediencia; Señor de to-
j)dos los Grarbiades de Málaga, é de todas sus forta-
«lezas, cibdades, villas é lugares, rey grande, temi-
»do, nombrado ó preciado, rey que la virtud con
»ól mora : ensalce y prospere Dios poderoso vues-
I) tro real estado, é acreciente vuestra vida. Besan-
»do vuestras reales manos vuestros servidores los
«que esperan vuestra piedad é clemencia, el alcay-
» de, alf aquí, alguacil, viejos, caballeros, cibdadanos,
Ȏ comunidad, vuestros siervos, que viven en el real
»de Vuestra real Señoría en la cibdad de Marbella;
nplega á Dios poderoso poner en vuestro corazón
«quiera usar con ellos de piedad é clemencia, y es-
Dperamos en Dios que ansí será. Porque con los que
»son rebeldes ó no quieren obedecer, muestra su
«poderío gran rigor ; é con los que vienen á ponerse
«en manos de Vuestra Alteza, usa con ellos de pie-
«dad é virtud, aunque hayan mucho errado. Quan-
»to mas á loe que de pura voluntad é buena inten-
» cion deliberadamente obedescen y entran en ser-
« vicio de Vuestra real Señoría, que somos cier-
«tos que habedes de facer con ellos según con-
« viene facer á vuestra grande é muy alta é real Se-
«fioría. Porquo según es cierto que Vuestra Alteza
«sigue el camino recto é verdadero (portante visí-
«teos Dios poderoso é grande), los que siguen el se-
«mejante camino é siguen la verdad, alcanzan lo
« que quieren ; é desta causa vencéis á los que ven-
» ceis, en mantener la verdad ó aborrescer su con-
«trario, é satisfacer al agraviado de aquel que lo
«agravia. E con esto vencéis é venceréis, fasta que
«todo este reyno sea vuestro é so vuestra obedien-
«cia, é la verdad vence é su contrario es vencido.
«Porque Dios no apiada al que no apiada al nece-
B sitado; ni entra en paraíso primero que nadie, si-
«no al que ha piedad é clemencia de las criaturas,
» que sean de qualquier calidad. Saludes con acre-
« centamiento de mucha vida, é grande honra é vic-
«toria sean con nuestro señor el Rey, é la piedad
«de Dios é su bendición; junto con esto ensalce
I) Dios vuestro real estado. Vuestros humildes servi-
» dores facen saber á Vuestra Alteza, como recebi-
«mos vuestro honrado mandamiento é carta, por el
» qual nos embiábades á requerir é mandar ciertas
» cosas, según que por él se contiene ; é prestamen-
»te lo leímos é oímos, é luego lo obedecimos ; é di-
«ximos: lo cumpliremos con buena voluntad todo
« lo que el Rey nuestro señor, sojuzgador de los re-
syes é cervices de las gentes , nos embia á mandar :
REYES DE CASTILLA.
» aquel que da vida á las almas qne están en pena,
»é las relieva della. E lo mas presto que pedimos»
» ante todas cosas embiamos á Vuestra Alteza bien-
» aventurada obediencia como Vuestra Alteza nos
«embia mandar. Considerando é conociendo el gran
«poder é poderoso estado ó muy esforzado de Vues-
» real Señoría, é confiando en vuestra mucha bondad
«é virtud, no se falló borne que contradixese en la
«cibdad, obediencia bienaventurada, con el ayudado
«Dios é de todos los vecinos que viven en la cibdad
«de Marbella, que es de Vuestra real Señoría é toda
«su tierra ; antes todos en general con apacible vo-
«luntad é agradable intención, todos entraron en
» servicio de Vuestra real Señoría , é le obedecieron
«por rey é señor, é se pusieron so su mandado é ju-
» risdicion, en la manera que Vuestra Alteza mandó.
«Que los que quisiesen vivir aquí en esta tierra
«en las aldeas y en otras partes, viviesen segu-
«ramente so vuestro amparo é def endimiento ; y
«el que quisiese pasar allende, Vuestra. Alteza lo
«pasaría seguramente en vuestros navios fasta don-
»de quisiesen, con favor é amparo de Vuestra Alte-
»za ; de manera que podiesen seguramente asentar
«en los lugares donde Dios les pusiese en voluntad
«de vivir. Todo lo que conviene facer á los r«yes
«que son como Vuestra Alteza. E por el muy pode-
«roso Rey nuestro señor, que algunos desta cibdad
«de los principales que tienen la fabla y el consejo,
«están absentes en Granada y en Málaga, é de ca-
»da día los esperamos. Esi parece á Vuestra Alteza
«mandarlos esperar un mes, fasta quefablemos to-
« dos juntos los absentes é los presentes, y estonces
«verná Vuestra Alteza á la cibdad; esto rogamos é
«suplicamos, y el parecer de Vuestra Alteza es lo
«mejor. Aquí están algunas parcialidades de Gome-
«res, que tienen sus parientes é sus mugeres en Má-
«laga : suplican á Vuestra Señoría les mande dar
«su seguro, para que puedan salir dende aquí con
» los que quisieren pasar. E ansimesmo sepa nuestro
«señor el Rey, que la gente desta cibdad, mas que
«todos los de las otras cibdades del reyno de Gra-
«nada son muy pobres ó necesitados ; é los que Dios
«ha ordenado que se vayan della á donde Dios qui-
«siere, son tan pobres, que si no piden por Dios,
«no se podrán remediar: de manera, quede su hora
«no podrían aderezar sus cosas. Por ende suplica-
«mos á Vuestra real Señoría, que el que quisiere ven-
«der algunas cosas, que haya quien las compre por
«justo precio, por manera que no pierdan ninguna
«cosa. E si algunos quisieren, vivir é quedar en sus
«casas, que queden según y en la manera que Vues-
«tra Alteza asentó é capituló con todos los otros que
«quedan en servicio de Vuestra Alteza. Allá embia-
nmos ciertas personas de nosotros, para que fablen
«con Vuestra Alteza, é asienten todas las cosas: los
» quales llevan poder de toda la cibdad, para que
«todo lo que ellos ficieren é asentaren en todas las
«cosas susodichas, habrán por bueno é pasarán por
«ello. E suplicamos á Vuestra Alteza les mande dar
«su seguro para el alcayde que está en la fortaleza,
«para que vaya do quisiere ; porque él no quiso ser
DON FERNANDO
»con nosotros en ninguna cosa recelando do su se-
nfior, porque no mandase pasar contra él; por ende
j) Vuestra Alteza le mande dar el seguro, para que
»él é todos los suyos vayan á do quisieren. Ansi-
»mesmo suplicamos á Vuestra Alteza, que no pue-
í)da entrar en la cibdad ninguna gente sino la que
«nosotros dixéremos, é que sea poca, fasta que pa-
»sen allende los que o vieren de pasar, ó acordaren
»de quedar los que ovieren de quedar. Porque mu-
j)chas gentes recelan, que entrando mucha gente
«recibirán algún dafio, lo qual no esperamos rece-
»bir con el favor é ayuda de Vuestra Alteza. Quan-
»to mas, que todos chicos é grandes, en veyendo la
» carta de Vuestra Alteza, todos la obedecieron é
«cumplieron el mandamiento de Vuestra Alteza. E
«vuestro servidor el que leyó la carta de Vuestra
«Alteza á los chicos é á los grandes é la declaró ó
«fizo entender, ó puso en sus corazones que la obe-
» deciesen é cumpliesen, pide por merced á Vuestra
» Alteza á parte de los de la cibdad, algunas cosas :
«suplicamos á Vuestra Alteza las quiera facer. Lo
«primero darle seguro é aparte, pues que lealmente
«08 sirvió. Lo segundo, una fusta para que pasen él
«ó todos los que con él están, ansi los de su casa co-
»mo sus parientes é parcialidades; é que puedan
«vender todas las cosas que tovieren de vender
«por precio razonable, é lo que llevaren en la dicha
n fusta que sea seguro. Lo tercero, que el salario que
«él tenia del Rey de Granada eran quince pesantes
«por alcayde, é quarenta por alfaquí cada mes, é le
» son debidos desto diez meses, á causa de las guer-
«ras. Por ende suplica á Vuestra real Señoría ge los
« mando pagar, é todo se fará como Vuestra Señoría
«lo mandare, é se entregará á Vuestra real Señoría
BÓ á quien mandare. Y esto suplica á Vuestra real
«Señoría, porque es público é notorio á todos vues-
»tra gran virtud, é quanto bien lo face con todos,
«quanto mas con quien tan bien os sirvió. E Dios
«prospere y ensalzo é acreciente la vida y estado de
«Vuestra muy alta é real Señoría, é cumpla todo lo
«que por ella es deseado. Escripia de veinte é dos
»de Jumedi en el primero, que es á dos de Junio.
«Otrosí muy grande, poderoso ó preciado, é muy
«temido Rey nuestro señor, facemos saber á Vues-
«tra Alteza, que son muy muchos los que quiereu
«pasar allende ; son menester buenas fustas. E an-
«simesmo sepa Vuestra Alteza, que los que estaban
«absentes de la cibdad en Granada y en Málaga, son
«venidos ; é todos juntamente de una voluntad da-
«mos la obediencia á Vuestra Alteza, ó vos recebi-
«mos por Rey é por Señor. E ante todas cosas su-
«plicamos á Vuestra Alteza, que nos mande dar un
n navio para que pasen algunos de nosotros allende,
«á ver si nos quieren recebir, ó si nos recibieren,
«bien ; é sino, que siempre estemos so amparo é se-
«guridad de Vuestra Alteza, ó seamos siempre su-
» yos donde Dios quisiere. »
Vista por el Rey la carta, é oídos los mensageros,
como quier que la gente estaba fatigada de los tra-
bajos é caminos pasados ; pero todavía acordó de ir
«n persona á tomar aquella cibdad. Porque según
É DO:ÑA ISABEL. 423
habemos dicho, ovo dubda que absenté el Rey de la
tierra, mudarían los moros el propósito, é no la en-
tregarían á ningún capitán que allá embiase. E
mandó á la gente facer talegas por quince dias, é
que el artillería quedase con gran guarda de gente
de caballo é peones en los prados de Antequera ; y
él con toda su hueste fué á la cibdad de Marbella.
E como llegó á la cibdad, luego los moros ge la en-
tregaron , é salieron fuera della todos los homes é
mugeres que la moraban ; á los quales el Rey dio
seguro para que pudiesen ir con todos sus bienes é
ganados donde quisieren. E otrosí mandó dar na-
vios é gentes, que pasasen seguros á los que quisie-
sen ir á la tierra de África. E quedó la cibdad libre
al Roy, ó mandóla f omecer de gente , é bastecer de
los pertrechos é mantenimientos que fueron menes-
ter, y entrególa á Don Pedro de Villandrando, Con-
de de Ribadeo, el qual fizo pleito omenage por ella
al Rey ; é á la Reyna. Otrosí sacó el Rey todos los
cabtivos christianos que falló en esta cibdad de
Marbella y en la cibdad de Ronda é su serranía, y
en todas las otras villas, é lugares, é tierras que to-
mó de los moros en este año, é púsolos en libertad.
Los de las villas de Montemayor é de Cortes é de
Alaricate, con otros diez lugares comarcanos á la
cibdad de Marbella , sabido como el Rey la habia
tomado, se vinieron á él , ó obligáronse de ser sus
subditos, é le ficieron el juramento ó obligación que
los de las otras villas habían fecho. Y el Rey les dio
seguro de sus vidas é bienes, según que lo dio á los
otros. Concluidas las cosas que fueron necesarias
para la provisión de Marbella, el Rey partió de
aquella cibdad; é andando con la hueste por la cos-
ta de la mar poniendo sus reales, llegó á un lugar
que se llama la Fuente-Giróla. En estos dias la gen-
te de la hueste recebia gran fatiga, ansí del cansan-
cio grande por la continacion de los caminos áspe-
ros é trabajosos , como porque fallecieron los man-
tenimientos ; ó padecieron tan grande hambro , que
no comían los homes ni los caballos otra cosa , sal-
vo palmitos ó yerbas : porque los bastimentos que
se embiaron por la mar, con los vientos contrarios
no pudieron llegar á tiempo que pudiesen aprove-
char. E la gente ansí trabajada pasó adelante por la
ribera de la mar, é cerca de dos lugares de moros
que llaman el uno Oznar, y el otro Misas. Estos dos
lugares se entregaran luego al Rey , salvo porque
algunos moros, ó malos christianos que iban en su
hueste, los avisaron de la gran hambre é fatiga que
la gente de los christianos padecía. El Rey asentó
su real cerca de un lugar que se llama Churriana,
que es una legua de Málaga. Los moros que fueron
avisados de la flaqueza que llevaban las gentes de
la hueste por la gran hambre que padecían, dexa-
ron pasar gran parte de la gente que iba adelante
entre las sierras é la mar por caminos muy estrechos
é vinieron á dar en el f ardage ; porque según la dis-
pusicion de aquellos lugares, poca gente podía pe-
lear con mucha. El Maestre de Alcántara, ó Don
Gutierre de Cárdenas, Comendador mayor de León,
que venían en la rezagai como vieron á loa moroa
424
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que venían contra ellos, ovieron recelo que serian
todos perdidos, según la flaqueza é desorden que to-
dos traian. E considerando quanto grande fuera el
infortunio, si después de habidas tantas é tan prós-
peras victorias, en el ñn oviesen algún caso sinies-
tro, ficieron juntar algunos capitanes que venian
con ellos en guarda de la rezaga, Y encubriendo la
flaqueza que padecían con el esfuerzo que mostra-
ron, ficieron rostro á los moros, é pelearon con ellos
por aquellos lugares do ningunas otras gentes de
los cbristianos que iban delante podian tornar á los
socorrer, por la indispusicion de los lugares angos-
tos donde iban. Y estos defendieron el f ardage de
los moros que lo seguían, é peleando con ellos, los
retraxeron fasta los meter por aquellos dos lugares
de Ozuar é Míxas. El Rey con toda la hueste siguió
adelante su camino, fasta venir á un lugar que es-
taba encima de la mar á la vista de Málaga, que se
llamaba Benalmadala ; el qual mandó derribar, por-
que estaba en tal sitio que no se podia defender,
salvo á gran peligro de los cbristianos. Los de la
cibiiad de Málaga, veyendo el poderío del Rey, ansí
de gentes como de artillería , estaban en gran mie-
do de ser cercados, é no dubdaban de ser perdidos,
6 de entregar la cibdad al Rey, según habían fe-
cho los de la cibdad de Ronda é de Marbella , é
las otras villas é lugares que se entregaron. E sin
dubda el Rey é los grandes señores ó caballeros
principales que con él iban, bien quisieran poner si-
tio sobre aquella cibdad, salvo porque conocieron
la gran fatiga é cansancio que la gente traia de ha-
ber andado tantos días por caminos muy ásperos é
peligrosos, é por la gran hambre que habían por
falta de los mantenimientos. Otrosí, porque los ca-
ballos estaban flacos é tan perdidos, que los traian
do diestro, é otros muchos dexaban por los campos
que no los podian mover. Ansimesmo ovo gran fal-
ta en el real de sillas é albardas, é de ferrage, é de
otras muchas cosas de las que son necesarias al pro-
veimiento de las gentes que van en hueste. Estas
cosas consideradas, el Rey acordó de pasar adelante,
é poner su real cerca de la villa de Alora. E dende
partió otro día é fué á los prados de Antequera,
donde falló grandes requas de mantenimientos que
la Reyna había embiado, é allí se proveyéronlas
gentes é satisfacieron á la gran hambre que por
mengua de mantenimientos fasta aquel dia habían
padecido.
Estando el Rey en aquel lugar , ovo consejo con
algunos de los principales caballeros que con él ve-
nian, de lo que debía facer, pues tenía manteni-
mientos de los que la Reyna había embiado. B como
quier que había asaz tiempo del verano , para pro-
seguir la conquista comenzada ; pero porque cono-
cieron la indispusicion de la gente, acordaron que
el Rey la debía dexar reposar algunos días, é des-
pués podría facer otra entrada en tierra de moros.
El Rey, habido por bueno aquel consejo, partió con
toda su gente, é vino á poner real en el Rio de las
Yeguas, é de allí vino á la villa de la Rambla, don-
de tuvo el dia de Sant Juan. La Reina, como mandó
ir las requas de los mantenimientos por tierra parft
bastecimientos del real , bien ansí embió á mandar
á sus oficiales que tenía puestos en los puertos de la
mar, que embiasen á la cibdad de Marbella trigo ó
vino é mantenimientos, ó todas las otras cosas nece-
sarias para el proveimiento de aquella cibdad.
CAPÍTULO XLVII.
Como el Rey entró en la cibdad de Córdoba.
Pasado el dia de Sant Juan, luego otro dia partió
el Rey de la villa de la Rambla é todos los caballe-
ros é capitanes que con él habían estado en la guer-
ra, y entró en la cibdad de Córdoba; ó saliéronle á
recebir con grande solemnidad todas las dinidades,
é canónigos é clerecía de la iglesia mayor, é de las
otras iglesias de la cibdad. Ansimesmo salieron
fuera de la cibdad á le recebir el Príncipe Don Juan
su fijo, y el Cardenal de España, é los embaxado-
resde Venecia é de Ñapóles é de Portogal, que ha-
bían quedado con la Reyna , negociando las cosas
de sus embaxadas; é salieron .los Perlados é Docto-
res que estaban en su corte y en su consejo. Otrosí
salieron la justicia é regidores é caballeros ancianos
que habían quedado en la gobernación de la cib-
dad ; é los oficiales de todos los oficios fueron al ca-
mino , é por toda la cibdad ficieron grandes juegos
é alegrías, por la victoria que Dios le habia dado.
El Rey acompañado de todas estas gentes entró en
la .cibdad é llevaba delante todos los cbristianos
que redimió del captiverio. E fué primero á la igle-
sia mayor á facer oración , é dar gracias á Dios por
las victorias que le habia dado. E después fué para
su palacio, donde falló á la Reyna, que le salió á
recibir fasta la puerta del palacio , acompañada de
muchas dueñas é doncellas que continaban en su
servicio. E ansimesmo las Infantas Doña Isabel é
Doña Juana, é Doña María sus fijas, é con ellas
las dueñas sus ayas, é otras muchas dueñas é don-
cellas arreadas de paños brocados , é de sedas , é de
otros grandes arreos. E de esta manera fué rece-
bido con grande alegría de todos, é fueron fechas
por la Reyna grandes fiestas en su palacio. Y el Rey
é la Reyna embiaron al monesterío de Sant Juan
de los Reyes que fundaron en la cibdad de Toledo
todos los fierros de los captivos cbristianos que re-
dimieron de tierra de moros , los quales están en
aquel monesterío fasta el presente dia. Puédese
bien creer por todos aquellos que esta Crónica leye-
ren, que los grandes señores é caballeros é los capi-
tanes que sirvieron al Rey é á la Reyna en esta jor-
nada , ovieron singular afición al servicio de Dios ó
suyo ; lo qual pareció en la grand obediencia que
ovieron á los mandamientos que les eran fechos,
porque desta obediencia habida por cada uno en es-
pecial, procedió gran concordia de todos en general;
é déla concordia se siguió buen conocimiento é rec-
to consejo, para administrar las cosas que ocurrían.
E disponiendo sus personas al trabajo, é dando exem-
plo á las otras gentes que se dispusiesen á lo mesmoi
so siguió el loable fin que habernos contado.
DON FERNANDO
CAPÍTULO XLVIII.
De lo que el Rey é la Reyna ücieron estando en Córdoba.
Después que el Rey entró en la cibdad de Córdo-
ba , se pagó el sueldo á todos los caballeros é peones
é otras gentes de la hueste. E porque algunas gen-
tes, especialmente los que habían venido de Casti-
lla, estaban fatigados de los trabajos pasados, é
hablan de volver á sus tierras que eran lexanas , el
Rey é la Reyna los mandaron despedir. Otrosí acor-
daron de escrebir al Papa é al colegio de los Carde-
nales las victorias que Dios les habia dado contra
los moros, enemigos de nuestra sancta fe ; é las ciu-
dades é villas , é castillos , é tierras que hablan ga-
nado, que eran gran parte del Reyno de Granada.
Otrosí le embiaron á decir , como mediante el ayu-
da de Dios é de la gloriosa Virgen su madre, ellos
entendían continar su conquista, fasta ganar todo
aquel Reyno ; é los trabajos habidos , é los gastos
fechos en la guerra, ó los que se esperaban haber
en ella; é como hablan redemido muchos christianos
que estaban captivos en poder de los moros.
El Papa é los Cardenales, oida aquella nueva,
óvieron muy gran placer; y el Papa, considerando
los muchos gastos que en aquella conquista se re-
querían facer , otorgó segunda Cruzada con gran-
des indulgencias , á todos los que la tomasen en to-
dos los Reynos é señoríos del Rey é de la Reyna.
Otrosí mandó por sus bulas, que la clerecía é las ór-
denes contribuyesen para aquella guerra décima de
todos sus frutos; la qual cometió al Cardenal de Es-
paña que la moderase é ficiese repartir en la mane-
ra que él entendiese. El qual la moderó en la suma
de cien mil florines de oro de Aragón. Otrosí acor-
daron el Rey é la Reyna de dar orden en la tierra
ganada de los moros. E mandaron á Juan de Tor-
res un caballero de los que estaban en el contino
servicio de su palacio, é al licenciado Juan de la
Fuente, Alcalde en su corte, que fuesen á las cibda-
des de Ronda é Marbella, é á las villas de Cártama,
éCazarabonela,é Setenil, é alas otras villas, é valles
é serranías é tierras que se ganaron de los moros, é
pusiesen términos á cada una , é repartiesen las ca-
sas y heredades entre los moradores christianos que
nuevamente las fueron á poblar. Otrosí mandaron
poner las fronteras contra los moros en otras villas
é castillos, mas adelante de lo que primero estaban.
E por quanto la cibdad de Gibraltar , é las villas de
Ximena é Teba , ó todas las otras villas é castillos,
que por ser en frontera de moros llevaban cada año
pagas é llevas, estaban seguras por ser ya de chris-
tianos la cibdad de Ronda é todas las otras villas
que se ganaron de los moros , mandaron que no las
ganasen. E mandaron poner las fronteras veinte le-
guas mas adelante , en los lugares que entendieron
ser mas necesarias. Otrosí, porque algunoa marine-
ros é otras personas de los que pasaron los moros
allende la mar, contra el seguro que el Rey é la
Reyna les habían dado , f urtaron algunos homes é
mugeres é criaturas , é les habían tomado sus bie-
É DOÑA ISABEL. 425
nes ; é como el corazón noble no puede sof rir mal-
dad , la Reyna indinada contra los que esto ficieron
mandó á este Licenciado de la Fuente su alcalde,
que ficiese pesquisa quien oviese fecho aquellos fur-
tos, é los mandase luego restituir, y executase su
justicia en aquellos que fallase culpantes.
Este alcalde, poniendo diligencia en lo que la Rey-
na le mandó, informado quien eran los robadores,
fizo justicia dellos, é tomóles todo lo que habían
robado , é pasó allende la mar. E como llegó al puer-
to , embió á pedir seguro á los moros para descen-
der en tierra, porque venia á restituir lo que les
habían robado. Los moros le respondieron, que
mensagero de tan altos é poderosos reyes, no habia
menester el seguro que demandaba, porque la gran-
deza de su rey daba seguridad á sus subditos en to-
da la tierra. El alcalde, oída aquella respuesta, aun-
que fué amonestado que no se confiase en las pala-
bras de los moros ; pero pospuesto el temor de la
muerte é del captiverío que aquélla gente bárbara
le pediera facer : « Nunca plega Dios , respondió él,
que la virtud del Rey é de la Reyna mis señores,
que estos moros facen cierta, mi miedo la faga dub-
dosa. » E diciendo esto con gran confianza, é con-
tra el voto de los que con él eran , saltó luego en
tierra; é puesto en poder de los moros con todo lo
que les llevaba, lo repartió á las personas robadas.
E de tal manera fizo esta execucion de justicia que
los agraviados quedaron satisfechos.
CAPÍTULO XLIX.
Como facron desbaratados algunos caballeros christianos, que
salieron deAlhama.
Algunos caballeros de los que estaban con el Cla-
vero de Calatrava en guarda de la cibdad de Alha-
ma, é otros algunos que vinieron á aquella cibdad
por facer guerra á los moros , cavalgaron un dia por
el aviso que ovieron de algunos adalides, é fueron
fasta bien cerca de la cibdad de Granada , é toma-
ron los ganados que fallaron de vacas é ovejas é
yeguas, é algunos prisioneros. La cibdad de Grana-
da estaba tau menguada de gente de caballo, que
no salieron los moi-os della á lo resistir , porque to-
da la gente de caballo de la cibdad estaba con el
Rey Moro en la defensa de la cibdad de Málaga.
Los christianos , veyendo que ninguna resistencia
les era fecha , perdido el cuidado que convenia tener
en guardar la orden de la guerra, derramáronse
unos de otros por el camino que volvía Alhama con
la cavalgada que traían. El Rey Moro, sabido como
el Rey habia dexado la tierra é se habia vuelto con
toda la hueste á la cibdad de Córdoba, partió de
Málaga con todos los caballeros que allí tenia, é fué
camino de la cibdad de Granada. E acaso sin saber
aviso alguno de los caballeros christianos que ha-
bían fecho aquella cavalgada, encontró con ellos.
Los christianos que venían desordenados sin ningu-
na guarda, como vieron los moros venir contra
ellos, luego desamparáronla cavalgada , ó se pusie-
ron en fuida , é los moros los siguieron, fasta los
426
CEÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
meter por las puertas de Alhama; y en el alcance
mataron muchos dellos, é tomaron el despojo de
campo , é tornaron para la cibdad de Granada con
todo ello, é coa la presa que los christianos habían
fecho,
CAPÍTULO L.
Como desbarataron los moros al Conde de Cabra cerca de
Moclin.
Visto como quedaba aun asaz tiempo del verano
para estar gente en el campo , embiaron el Rey é la
Eeyna sus cartas de llamamiento para algunas gen-
tes de caballo ó de pié de Estremadura é del Mar-
quesado de Villena, é de Sevilla, é de Jaén, é Ube-
da, é Baeza , é Andúxar , é sus comarcas; los quales
á cierto dia que les fué mandado se juntaron en la
cibdad de Córdoba , para entrar con el Rey este año
segunda vez en el Reyno de Granada. E como la
gente fué junta, el Rey é la Reyna acordaron que
se debia poner sitio sobre alguna villa de moros,
pero ovo diversos votos en su consejo. Porque el
parecer de algimos era, que ei Rey debia asentar
su real sobre la villa de Illora, otros decian que so-
bre Montefrio. El Conde de Cabra que estaba en la
villa de Baena , escribió al Rey é ala Reyna, que te-
nia aviso cierto , que en la villa de Moclin no habia
tanta gente para la defender como convenia, é que
habia buena dispusicion para la cercar. Algunos
otros decian, que pues era necesario bastecer á Al-
hama , el Rey debia entrar con toda su hueste á la
bastecer, é bastecida, poner su real sobre alguna vi-
lla la mas cercana á Alhama ; é que Moclin no se
debia sitiar, por estar tan cerca de la cibdad de
Granada , donde tenia presto el socorro de muchas
gentes. Oidos estos votos , porque el Conde de Ca-
bra todavía embiaba á certificar que la villa de Mo-
clin se podia cercar, é tomar presto ; el Rey con
propósito de cercar á Moclin , partió de la cibdad de
Córdoba , é fué á Alcalá la Real. E mandó al Conde
de Cabra, é á Martin Alonso de Montemayor, é á
ciertos capitanes de su guarda, que fuesen adelan-
te, para que ningunos moros entrasen ni saliesen de
la villa. E mandó al Maestre de Calatrava é al Con-
de de Buendía, que iba por capitán de la gente del
Cardenal de España, é al Obispo de Jaén, é á Gar-
ci Fernandez Manrique, capitán de la gente de Cór-
doba , que con quatro mil de caballo que llevaban é
seis mil peones fuesen á las espaldas del Conde de
Cabra é de los otros caballeros que habia embiado
delante, para que todas estas gentes cercasen la vi-
lla por todas partes. Y el Rey, que estaba cerca, ha-
bia de venir luego con toda la otra gente para asen-
tar su real. Otrosí porque las cosas que se requerían
para sostener el real fuesen mejor proveídas, acor-
dóse por todos, que la Reyna se acercase á aquellas
partes de Alcalá. La qual partió de la cibdad de
Córdoba, é fué parala villa de Baena, acompañada
del Príncipe Don Juan , é do la Infanta Doña Isa-
bel , sus fijos , é del Cardenal de España. El Conde
de Cabra é los otros capitanes que fueron primero,
partieron á la medía noche , é llegaron á la villa de
Moclin antes de la hora que debían llegar , seg^n se
habia acordado con el Maestre de Calatrava, é con
los otros caballeros é capitanes que iban cerca del
en la reguarda. E acaeció que el Rey moro , infor-
mado que el Rey quería poner cerco sobre Moclin,
vino con veinte mil homes de caballo é peones para
aquella villa ; el qual puso parte de su gente en una
albarrada bien cerca de la villa. E como alguna
gente de la que iba con el Conde llegó de noche á
aquella albarrada é la abrieron , los moros pensan-
do que los christianos eran mas gente, fuyeron é
desampararon aquel lugar ; é los christianos que en-
traron, entendieron mas en robar algunas pocas co-
sas que allí fallaron , que en seguir á los moros que
f uian. Los moros visto que los christianos no los se-
guían, tornaron á pelear con ellos. Y el Conde llegó
con su batalla á socorrer á los suyos , é peleó con
los moros en una parte ; y embió á decir á los otros
capitanes que venían en la rezaga , que no entrasen
en aquel lugar do él habia entrado á pelear, salvo
que se pusiesen en lugar llano cerca del , para le fa-
cer ayuda. E los moros como conocieron que la gen-
te de los christianos era poca, cargaron gran bata-
lla de caballeros é peones contra el Conde , é pelea-*
ron con él. Las otras gentes que venían en la reza-
ga, que no pensaban haber gente alguna en la guar-
da de la villa , como vieron la multitud de los mo-
ros que de súbito salieron contra ellos, fueron pri-
vados del seso con el grande miedo que ovieron, ó
sin ser perseguidos de ninguno se pusieron en torpe
f uida. El Conde é los que con él estaban , pelearon
lo que pudieron fasta que el Conde fué ferido de
una espingarda en la mano , é su caballo de quatro
lanzadas ; é no pudiendo mas sostener la fuerza de
los moros , volvió las espaldas ; é los moros siguie-
ron el alcance fasta una legua contra él , é contra
las otras gentes que fuyeron. En esta pelea é alcan-
ce mataron á Don Gonzalo , hermano del Conde, é
muchos peones é caballeros de su tierra é de otras
partes; é mataran muchos mas, salvo porque el
Conde fuyendo, algunas veces tornaba contra los
moros por los detener ; é otrosí porque sobrevinie-
ron las otras batallas de gente donde venían el
Maestre de Calatrava y el Conde de Buendía y el
Obispo de Jaén , los quales fueron á socorrer á los
christianos que venían fuyendo, é resistieron á los
moros que los seguían. Murieron ansimesmo en
aquella facienda algunas cabeceras é capitanes de
los moros en los primeros encuentros que el Conde
ovo con ellos (1). Como el Rey sopo el desbarato del
Conde de Cabra é de las gentes que con él habían
ido en la delantera, ovo gran pesar; é detovosecon
toda la gente de su hueste en el lugar do estaba que
se llamaba la Fuente del Rey á tres leguas de Mo-
clin, fasta haber acuerdo de lo que debia facer, E
algunos Caballeros é capitanes le consejaron que de-
bia dexar el cerco de aquella villa, ansí por el grand
(1) Fné este desbarato i 3 de Setiembre de este año , como se-
fiala el sumario de Galindez y Zurita, lib. 20, cap. 64.
DON FERNANDO
orgullo que los moros tenían con el vencimiento
que ovieron , como porque era mal consejo poner
BÍtio sobre lugar donde tanta gente habia para lo
defender , como el Rey tenia estonces para lo cer-
car. Otrosí decían que lo guerreado este año era asaz
tierra, é que debia dexar folgar las gentes de guer-
ra, porque estoviesen mas prestas para el año si-
guiente. En especial decian que el Rey no debia en-
trar en la tierra de los moros sin ir acompañado de
la gente de armas de Castilla, según hablan fecho
los Reyes pasados, quando entraban á cercar qual-
quier villa de aquel Reyno. Otros decian ; que no
seria honra de su persona real, antes seria contra
la estimación en que era tenido su gran poder, si
por el desbarato que ovo un solo caballero de su
hueste, se mostrase tan grande flaqueza, é dexaso
de continar el propósito que llevaba de cercar aque-
lla villa , é que todavía lo debia proseguir. Otros al-
gunos afirmaban , que aunque el Rey quisiese poner
sitio sobre aquella villa, no habia dispusiciou de lo
poner ; porque toda la tierra que estaba en el cir-
cuito era peilas é piedras grandes , do no se podian
fincar estacas para armar las tiendas, ni atar los
caballos ; é que seria mejor consejo poner sitio sobre
alguna villa de la comarca. Y estos decian que por
quanto la necesidad de Alhama constreñía tanto de
se bastecer, que si luego no se basteciese, estaba
en peligro de se perder ; que el Rey dexadas tod«is
las cosas, debia ir á la bastecer con toda su hueste,
é podia cercar alguna villa de las que eran en su co-
marca. El Rey, oidas las variedades destos consejos»
no se determinaba en ninguno dellos. La Reyna que
habia quedado en la villa de Baena, sabida la nue-
va de aquel desbarato , aunque era de gran corazón,
pero la muerte de los christianoa que allí cayeron
la fatigaba tanto que estaba en alguna turbación,
especialmente por la variedad de los consejos que
Bopo haber entre los caballeros que con el Rey esta-
ban. Ansimesmo rescebia fatiga por el bastecimien-
to de Alhama, que de necesario debia facerse, é no
habia lugar para ello. El Cardenal de España, conos-
cida la congoxa en que la Reyna estaba , le dixo:
« Señora , si en la guerra que tenemos con la tenta-
))cion interior, recebimos alteración, no es maravi-
» lia haberla en la exterior que tememos con los ene-
j) migos. Habéis , Señora, de creer, que ninguna con-
» quista de tierras ni de reynos se fizo jamas, donde
» los que son vencedores algunas veces no sean ven-
D cidos ; porque si no oviese resistencia en las con-
» quistas, mas se podría decir toma de posesión que
«actos de guerra. Considerad, Señora, que los mo-
lí ros son homes belicosos , é poseen tierra tan mon-
»tuosa ó áspera, que no se pudo conquistar en los
» tiempos pasados por ninguno de los Reyes vues-
» tros predecesores ; porque la dispusicion de la tier-
»ra, es la mayor parte de bu defensa. Vos, Señora,
n debéis dar gracias á Dios, porque ansí como ovis-
Btes mas constante propósito que ninguno dellos
«para guerrear, ansí os ha dado gracia para adque-
» rir mas cibdades é villas é tierras en tres años, que
» los otros Reyes en docientos años que las guerrea-
É DO^A ISABEL. 427
» ron. E por tanto , Señora , pues el Rey é todos los
» principales caballeros é capitanes que están con
»él, por la gracia de Dios son libres é sanos, no de-
» beis por el desbarato de aquella poca gente rece-
» bir tal alteración que ocupe el consejo para lo que
Bse debe facer. E si á vos. Señora, place, yo iré
» luego con tres mil homes á caballo mios é de mis
» parientes, á bastecer á Alhama, é proveeré ansi-
» mesmo á las necesidades de dinero , si algunas hay
» por el presente. » E diciendo esto, considerado que
la Reyna habría algún empacho de le declarar en
presencia la necesidad que á la hora le ocurría, tor-
nó la fabla á los del consejo que estaban presentes,
é díxoles : « Vosotros , pues platicáis con la Reyna
» mi Señora en las necesidades que ocurren , venid á
» mí con lo que Su Señoría al presente oviere menes-
))ter; é si fuere menester alguna provisión de dine-
» ro, yo la faré» ; é fizóla luego de lo que á la hora
fué necesario. E disponíase á ir en persona do el
Rey estaba, salvo que la Reyna, oídas las razones ó
ofrecimientos con obra del Cardenal , regradesció-
gelo mucho ; é porque su compañía le era gran con-
solación, é su consejo gran descanso, é remedio á
las cosas que ocurrían , no dio lugar que se apartase
della. E después que platicó con él é con los del su
Consejo en lo que se debia facer, determinó que se
desase por estonces la guerra de aquellas partes, ó
que se pusiese sitio sobre las f oi-talezas de Cambíl y
el Harrabal , que son tres leguas de la cíbdad de
Jaén ; porque la Reyna tovo siempre cuidado gran-
de de tomar aquellas fortalezas, considerando los
grandes daños que dellas habían recebido , é de ca-
da día recebian la cibdad de Jaén, é las otras cib-
dades de la comarca. Y embió decir al Rey lo que
con el Cardenal habia acordado , ó que le páresela
que debia dexar por este año la conquista de aque-
lla parte , é debia luego venir á poner su real sobro
aquellas dos fortalezas : porque la negligencia que
se imputaba á los Reyes sus antecesores por no las
haber ganado en los tiempos pasados , agora no se
imputase á ellos, si trabajasen en las ganar. Otrosí
mandó la Reyna átres capitanes de su guarda, que
con mil homes de caballo llevasen á la cibdad de
Alhama algunos mantenimientos, entretanto quo
embiaba la gran requa de provisiones que después
embió.
CAPITULO LI.
Como se pnaron las fortalezas de Cambil y el flanabal.
Visto por el Rey el consejo que la Reyna embió á
decir, parecióle bien, é luego mudó su real con toda
la hueste, para ir á aquellas dos fortalezas de Cam-
bil y el Harrabal. Y embió delante al Marqués de
Cáliz con dos mil homes á caballo, que guardase la
entrada é salida de los moros, entretanto que él lle-
gaba con toda su hueste. Otrosí mandó llevar toda
el artillería é pertrechos para la combatir, é la Rey-
na vino para la cibdad de Jaén, é con ella el Prin-
cipe Don Juan é la Infanta Doña Isabel sus fijos, y
\ el Cardenal de España.
428 CRÓNICAS DE LOS
Conviene pues agora que digamos aquí la calidad
de estos dos castillos , y el sitio do están asentados,
é la forma de su edificio. En lo baxo de un gran
valle , rodeado por todas partes de altas é grandes
cuestas , puso la natura dos peñas grandes ó altas,
tanto cerca la una de la otra quanto un tiro de pie-
dra. Encima de aquellas dos peñas están edificados
dos castillos fortalecidos con un grande muro é mu-
chas torres : al un castillo llaman Cambil , é al otro
Harrabal. Por medio de ambos castillos, entre las pe-
fias do están asentados , pasa un rio donde estaban
los molinos. E los Reyes de Granada , considerando
que por estar tan cerca de la tierra de los christia-
nos , tenian dispusicion grande para la guerrear, pu-
sieron siempre gran diligencia en los guardar, ansí
con gente escogida para la guarda é para la guer-
ra, como proveyéndolos de muchas armas é mante-
nimientos , é de las otras cosas necesarias. En aquel
tiempo era Alcayde de aquellos dos castillos un ca-
ballero de los mas esforzados del Reyno de Granada
que se llamaba Mahomad Lentin , el qual tenia mu-
chos homes de los Gomeres , que le ayudaban á los
defender. E como llegó la gente de armas que em-
bió el Rey con el Marqués de Cáliz en la delantera,
no fué necesario á los moros que los guardaban fa-
cer novedad alguna de defensa : porque siempre
ponían ellos grande guarda, y estaban en contina
guerra con los christianos de las comarcas. E des-
pués que el Marqués llegó á los castillos, el Rey
vino con grandes trabajos que padecieron las gen-
tes é bestias de la hueste en los pasos de las monta-
fias fragosas é altas que pasaron para llegar á las
fortalezas. E púsose el real repartido en tres cues-
tas altas , é apartadas una de otra , porque no había
dispusicion de lugar donde en otra parte é forma se
pusiese. Puesto el real, la gente no podía combatir
las fortalezas, porque eran inexpugnables; y espe-
raban que llegase el artillería, la qual estaba tres
leguas del real, é deteníase, porque según la aspe-
reza de las sierras , la gente pensaba ser cosa dif íci-
le poder pasar los carros que la traían. E por los
mandamientos é gran solicitud que la Reyna f acia^
los que tenian cargo de la llevar, buscaban por di-
versas partes de aquellas sierras algún lugar menos
fragoso, donde ficiesen camino para pasar los car-
ros. Al fin rodeando por otras partes, fallaron sier-
ras menos agras de pasar, por donde se pudiese
allanar algún camino. E porque vimos aquellas
grandes montañas , é pensamos ser casi imposible
con ningún trabajo ni industria de homes pasar car-
ros por ellas, plógonos ir á ver los lugares por don-
de acometieron facer el camino que se fizo. E falla-
mos que seis mil homes, que embiaron el Rey é la
Reyna, con picos é otras ferramientas derribaron
toda una sierra, é la allanaron fasta la igualar con
el valle baxo. Y en otras partes finchieron valles de
grandes piedras que derribaron de lo alto, é de
grandes alcornoques é otros árboles que cortaron. E
ansí andando estos peones doce dias por los lugares
mas fragosos , cortando é sacando piedras é derri-
bando árboles, pudieron allanar un camino por do
REYES DE CASTILLA.
los carros del artillería pudieron pasar ; del qual pa-
so los moros estaban bien seguros , porque creían
ser dificile que muchas gentes y en muchos tiempos
pudiesen arrancar tantas é tan grandes peñas , ni
facer llanas tan altas sieiTas , como la naturaleza
había criado en aquellos lugares , é facer por ellas
camino llano. E ciertamente en esto mas que en
otra cosa se mostró el gran poder é la gran voluntad
que el Rey é la Reyna ovieron á esta conquista;
porque como quiera que otros grandes Reyes ó
Príncipes hayan juntado muchas gentes , é conquis-
tado grandes provincias, pero no se lee cosa tan
dina de memoria como haber allanado montañas
altas, igualándolas con los valles baxos, como se
vee fecho allí en el presente día. Llegada el artille-
ría, porque se decia que el Rey de Granada quería
venir con gran multitud de moros á socorrer aque-
llas fortalezas, el Cardenal de España fué al real
donde el Rey estaba, por le acompañar en aquella
necesidad. E luego los maestros del artillería dieron
gran priesa en asentar las lombardas en dos partes,
é los otros tiros de pólvora repartidos por diversos
lugares. E comenzaron á tirar las lombardas gruesas
un día Miércoles, y en ese día lanzaron ciento é
quarenta piedras ala fortaleza del Harrabal, é der-
ribaron dos torres, é las almenas, é otras defensas
que estaban sobre la puerta. E de tal manera fué
aquella parte del castillo desbaratada , que los mo-
ros que estaban dentro no podían ponerse á defen-
der aquellos lugares , porque los tiros que facían de
contino los ribadoquines , é los otros tiros de pólvo-
ra medianos, derribaban los moros que en aquellos
lugares se ponían á reparar ó defender. Visto perlas
gentes del real como los moros no osaban ponerse á
defender los lugares derribados, llegaban al muro
por unas partes é por otras á lo combatir con pie-
dras é con saetas indiscretamente. Aquel Alcayde ó
los moros que con él estaban , como vieron que nin-
gunas fuerzas les bastarían para resistir al artille-
ría, é que de qualquíer defensa que ficiesen no ha-
bría otro fruto , salvo morir todos é al fin perder las
fortalezas, demandaron luego esa noche fabla para
las entregar, y el Rey dio seguro al Alcayde é á to-
dos los moros que con él estaban (1). E otro día sí-
guíente vino el Alcayde é despidióse del Rey, é con
todos sus moros se fué para Granada , é dexaron li-
bres aquellos dos castillos. Los quales la Reyna
mandó entregar á la cibdad de Jaén ; é los regido-
res é caballeros y escuderos é común de la cibdad
toviéronselo en señalada merced : porque quitados
los robos é muertes é captiverios que aquella cibdad
é sus comarcas padescian continamente de aquellas
fortalezas, dende en adelante podían salir sin peli-
gro á las labores del campo, y estenderse á labrar é
criar sus ganados. Tomadas las fortalezas de Cam-
bil y el Harrabal, el Rey vino para la cibdad de
Jaén, é acordó con la Reyna que el Maestre de
{V Zarita dice que halló en memorias antiguas , que estos dos
castillos se tomaron dia de San Mateo, el mismo dia que se per-
dieron en tiempo del Rey Don Pedro, año 1368. Anal., 1. áQ,cap, 64.
DON FERNANDO
Santiago , y el Marqués de Cáliz , é Don Alfonso de
Aguilar, é Rodrigo de ülloa su Contador mayor, é
con ellos los capitanes de sus guardas é otros caba-
lleros del Andalucía con quatro mil rocines é cinco
mil peones , fuesen á poner segura la requa de los
mantenimientos, que estaba presta para bastecer á
Alhama.
CAPÍTULO LII.
Como el Clavero que estaba por capitán mayor en Alhama tomó la
villa de Zalea.
El Clavero de Calatrava, que como habemos dicho
era capitán mayor en la cibdad de Alhama, tenia
contina gueira con los moros de las cibdades de Gra-
nada é de Loxa ó de los otros lugares comarcanos
que le guerreaban, especialmente con los moros de
la villa de Zalea, que era á dos leguas de la cibdad
de Alhama. Los quales por ser tan cercanos , se po-
nían en los lugares encubiertos, é f acian saltos , é
mataban , ó captivaban muchas veces á los christia-
nos que salían de la cibdad ; é por esta causa los
constreñían á estar encogidos, que no osaban salir
della salvo con grandes guardas. Un día vino al Cla-
vero un moro de Zalea, é díxole que le faria haber
aquella villa, porque estaba dentro un su hermano
con quien él tenia trato de dar entrada en la forta-
leza. El Clavero , oído el of rescimiento de aquel mo-
ro , platicólo con algunos capitanes é caballeros que
estaban en su compañía ; los quales conocida la gen-
te que estaba en la fortaleza, é la gran guarda que
en ella ponían , pensaron que aquel moro venia con
algún trato engañoso para tomar dentro los christia-
nos que la fuesen á tomar ; ó si era verdadero , cre-
yeron que seria algún pensamiento liviano que
acaesce figurarse á homes de poco saber, que pien-
san ser f ácile lo que es dificile ; é pusieron grandes
inconvinientes al Clavero, amonestándole que no
creyese lo que aquel moro decia. Este moro fablaba
con solo el Clavero , é quanto mayores dificultades é
inconvinientes se ponían en la entrada, tanto la fa-
cía el moro mas f ácile ; é aseguraba é afirmaba que
no había peligro alguno en la entrada, ni en su tra-
to había engaño ni malicia. El Clavero ovo conoci-
miento en las palabras de aquel moro que no traía
trato doble. E para lo mejor esperimentar, mandóle
que tornase á la fortaleza de Zalea, é afirmase bien
el trato con aquel su hermano que había de dar lu-
gar para la entrada, é volviese luego con seguridad
cierta que la daría.
Aquel moro fué á fablar con bu hermano, é traxo
seguridad é palabra que daría la entrada ; é asentó
con él la noche y el lugar do él velaba, por donde
echaría un cordel para subir la escala. El Clavero,
vista la certinidad que aquel moro facía, é ansimes-
mo la utilidad que se síguiria á la cibdad de Alha-
ma si aquella villa de Zalea se ovíese, é consideran-
do á quánta flaqueza de ánimo le sería imputado
si dexase perder aquella villa que con tanta confian-
za se le ofrecía , informóse primero quánta era la
gente que la guardaba, é puso escuchas por los ca-
E DONA ISABEL. 429
minos , por ver si entraba gente nueva en la forta-
leza. Espiadas todas las cosas , é informado que nin-
guna gente habia entrado de nuevo en la fortaleza,
esforzó la gente de su capitanía, díciéndoles que
ninguna loable fazaña podía ser dina de memoria
do no interviniese osadía de varones que aventura-
sen la vida por ganar honra. E con estos é semejan-
tes esfuerzos que les fizo, les quitó la dubda, é les
puso muy grand ánimo para acometer qualquier fa-
zaña. E venida la noche que aquel moro asentó con
el otro moro su hermano, fueron con él cierto núme-
ro de caballeros é peones ; é con las escalas é otros
pertrechos necesarios para la subida fué á la villa
de Zalea , é por el camino llevó suelto al moro que
facía el trato. E como llegó cerca de la fortaleza,
mandóle atar las manos, é ansí atado púsolo al pié
de la fortaleza , por la parte que su hermano habia
de echar la cuerda. E fecha la señal que estaba entre
ellos, el moro que estaba en la torre velando y es-
perando que viniese la gente, echó la cuerda , é ata-
da la escala, subióla arriba, é subió primero por ella
un escudero que se llamaba Gutierre Muñoz , é des-
pués del otro que se llamaba Pedro de Al varado, é
luego subieron otros escuderos. E como fueron pues-
tos en el muro tres ó quatro dellos, fueron sentidos
por los moros, ó luego de improviso salieron con
paveses é lanzas, é comenzaron á pelear con aque-
llos primeros que habían subido; y estos, aunque-
pocos, tovieron tan buen esfuerzo, que ficieron ros-
tro á los moros , entretanto que los otros á gran prie-
sa subían por socorrer á los primeros que estaban
ya en el muro peleando. E allí acudieron de los unos
é de los otros , é los moros por defender, é los chris-
tianos por ganar del todo la torre é un pedazo del
muro , duró entre ellos la pelea por espacio de una
hora; en la qual fueron muertos é feridos muchos
de los moros é algunos de los christianos. Al fin los
moros, visto que los christianos estaban apoderados
de las torres , é cada hora subían mas é se apodera-
ban de todo lo mas del muro, fueron vencidos é cap-
tivos todos. E ansí quedaron los christianos apode-
rados de aquella villa ; lo qual sabido por la Rey-
na, mandó que fuese una gran requa de manteni-
mientos con gente de armas para la bastecer.
La toma desta villa por estar en el lugar do está
asentada, fizo gran daño á los moros que estaban
en la comarca , en especial á los de la cibdad de Ve-
lez-Málaga ; porque todos los mas días era guerrea-
da de los christianos que allí quedaron en guarni-
ción. El Rey é la Reyna proveídas las fronteras del
Andalucía, partieron para el Reyno de Toledo, é
acordaron de tener el invierno en la villa de Alcalá
de Henares.
CAPÍTULO LIIL
De como el Rey é la Reyna partieron del Andalucía , é vinieron
para el Reyno de Toledo.
Porque la tierra del Andalucía estaba fatigada
ansí por la falta de mantenimientos como por los
otros trabajos que los moradores della sufrían co«
430
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
las gentes de guerra que en ella habían continado,
el Eey é la Eeyna acordaron de la dexar f olgar el
invierno , ó venir al Reyno de Toledo , para que las
gentes de guerra é los otros que venían á su corte
no gastasen los mantenimientos que eran necesarios
para el verano del a£o siguiente, que entendían tor-
nar á la cibdad de Córdoba á continar la conquista
que tenían comenzada. E proveídas las fronteras de
los moros de las gentes que eran necesarias para
guarda de la tierra, vinieron á la villa de Alcalá de
Henares , é con ellos el Príncipe Don Juan , é las
Infantas Dofia Isabel é Doña Juana é Doña María
sus fijos , y el Cardenal de España , é Don Diego
Hurtado de Mendoza, Arzobispo de Sevilla, é todos
los otros caballeros é perlados é oficiales que contí-
naban en su corte , la qual era llena de gente. Por-
que allende de los oficiales del Rey é de la Reyna,
el Príncipe tenia donceles é pages fijos de grandes
señores de los Reynos de Castilla é de Aragón é Si-
cilia , que le acompañaban ; é ansímesmo todos los
oficiales que se requerían para el servicio de su per-
sona. Otrosí cada una de las Infantas apartadamen-
te tenia gran copia de homes, é dueñas, é donce-
llas, é otras personas que tenían cargo de su crianza
é de las cosas que se requerían á su servicio.
Venidos á Alcalá, la Reyna parió á la Infanta
Dofia Catalina (1) Jueves á quince días de Deciem-
bre deste año de mil é quatrocientos é ochenta é
cinco años ; é ficiéronse justas é fiestas grandes. El
Cardenal de España cuya era aquella villa da Alca-
lá, fizo un gran combite al Rey é á la Reyna é á to-
dos los caballeros é dueñas é doncellas de su corte,
por honra del nascimíento de aquella Infanta.
Estando en aquella villa, porque los alcaldes de
la corte se entremetían á usar en ella de la jurisdic-
ción real , el Cardenal de España alegó que no lo
debían facer en la tierra de su Arzobispado, según
los privilegios de los Reyes de Castilla é la costum-
bre usada é guardada en este caso todos los tiem-
pos pasados. La Reyna repugnó mucho aquella ale-
gación que por el Cardenal se fizo, diciendo que la
jurisdicción superior de todos sus Reynos era suya, é
por esta superioridad sus oficíales tenían jurisdic-
ción en qualquier lugar de sus Reynos do estoviesen,
aunque fuese de Iglesia ó de qualquier de las órde-
nes , ó en otra qualquier tierra que toviese privilegio
de los reyes con qualesquíer prerogatívas ó faculta,
des ; las quales no podían ser tales que derogasen á
la superioridad del sceptro real. E sobre esta mate-
ria ovo grandes pláticas, porque la Reyna no daba
lugar que se impidiese la superioridad de su justi-
cia , y el Cardenal decía que en sus tiempos no daría
lugar que la Iglesia perdiese su preeminencia. E
todo el tiempo que en aquella villa estovíeron duró
esta qüestion, é algunas veces juzgaban los del Ar-
zobispo, é otras veces juzgaban los de la Reyna.
Fueron tomados por parte de la Reyna algunos tes-
tigos, los quales depusieron que habían visto en
(i) Zurita y el Sumario de Gaündez señalan el nacimiento dt
ests Princesa i 16, lib. 20, cap, 61.
otros tiempos usar la jurisdicción real en las tierras
del Arzobispado quando los Reyes estaban en ellas;
los quales fueron contradichos por parte del Carde-
nal , é al fin acordaron que se viese el derecho por
letrados. E la Reyna nombró para lo ver cinco do-
tores de su consejo ; é por el Cardenal fueron nom-
brados otros cinco letrados Canónigos de la Iglesia
de Toledo , para que estos diez sobre juramento que
ficíesen, determinasen lo que por derecho se fallase
sobre aquella qüestion. En la qual por estonces no
ovo determinación alguna, por el impedimento de
los jueces, é porque el Rey é la Reyna partieron
luego de aquella villa de Alcalá para allende los
puertos.
Otrosí, porque en la corte se trataban muchos
pleytos é causas ante los del consejo , los quales eran
tantos é de tantas calidades, que impedían á los del
consejo que no pudiesen entender en las cosas que
ocurrían é habían de librar por expediente ; la Rey-
na acordó que todos los pleytos que eran entre par-
tes é pendían en su corte ante los de su consejo por
demanda é respuesta, se remitiesen á su chancillería
que estaba en Valladolid. En la qual puso por Pre-
sidente á Don Alfonso de Fonseca, Arzobispo de
Santiago, é con él ocho doctores de su consejo. B
mandó que ansí los pleytos que fuesen de todo el
Reyno por apelación , como los otros que eran casos
de corte, fuesen á se tratar é difinir en la chancille-
ría; porque los del consejo que con ella estaban que-
dasen libres para entender en laa mas cosas que
ocurrían en su corte.
CAPÍTULO LIV.
De la embalada que el Rey é la Reyna embiaron i Roma.
Estando el Rey é la Reyna en la villa de Alcalá,
el Papa Inocencio Octavo embió un mensagero á le
recontar las inobediencias é rebeliones, guerras é
otros daños que el Rey Don Fernando de Ñápeles
había cometido en los tiempos pasados contra la
Silla Apostólica ; en los quales perseveraba de pre-
sente, porque de lo pasado no ovo pena condina á
sus deméritos, é que favorescia la una parcialidad
de Italia, á solicitaba á algunos Cardenales é á otros
Señores que le fuesen desobedientes ; ó que no pa-
gaba el tributo que era obligado á pagar cada un
año por razón de aquel reyno que tenía y era tribu-
tario á la Iglesia Romana; é que la rebelión que te-
nia había cerrado la puerta de la clemencia que con
él se debía usar. Lo qual les facía saber, porque si
contra él procedía á privación del señorío de aquel
reyno, é otras qualesquíer penas de que él era me-
rescedor, conociesen que como el Rey Don Feman-
do perseveraba en sus yerros , ansí bien el Papa no
se podía escusar de los castigar. Otrosí el Rey Don
Fernando les embió un su embaxador, con el qual
les notificó que el Papa, debiendo ser padre de paz ó
caresciente de toda afición, había despertado las vie-
jas qüestiones de Italia, é había fecho otras de nue-
vo ; é que mostrándose favorable al bando de los de
Colona, habia procedido contra la parte de los Ür-
í)ON FEENANDO
sinos, é habia prendido dos Cardenales, é solicitan-
do algunos varones é otros caballeros é cibdades é
villas de su reyno de Ñapóles para que rebelasen
contra él, le habia movido guerra injusta, por la
qual le fué necesario ponerse en armas, no para
ofender á la Silla Apostólica, mas para defender su
persona y estado, ó para proceder contra aquellos
sus subditos que, instigados por el Papa,babian re-
belado contra él. Por ende les rogaba, por los deb-
dos de sangre é por la amistad que con él tenian,
que embiasen á mandar á su reyno de Sicilia, é ala
cibdad de Barcelona, é á las otras islas de su seño-
río, que le favoreciesen con gentes ó navios é con
las otras cosas que oviese necesidad , para se defen-
der de la guerra que el Papa le facia. El Key é la
Reyna, oidas las querellas de la una é de la otra par-
te, ovieron grande enojo; especialmente porque
eran informados de los que de aquellas partes ve-
nían como la guerra era grande entre el Papa y el
Rey Don Fernando ; el qual habia perdido la cibdad
del Águila, é otras algunas cibdades é señoríos de
BU reyno. E que algunos varones é caballeros sus
subditos habían rebelado contra él, diciendo que no
podían sufrir el duro señorío que usaba con ellos; é
por otras algunas sinrazones que alegaban haber re-
cebido en los tiempos pasados del é de sus fijos, é
que decían ser intolerables. E por estas causas ha-
bían enviado á llamar al Duque de Lorena, nieto
del Rey Reínel , á quien decían que pertenecía aquel
reyno , para le tomar por Rey, con gente é favor que
el Rey de Francia su primo le daba. E ansí por esta
causa que era grande ó muy ardua , como porque, se-
gún habemos recontado en las cosas del año pasa-
do , el colegio de los Cardenales habia elegido por
Padre Santo á este Inocencio Octavo por fin del
Papa Sixto , é porque la costumbre era de embiar su
obediencia al nuevo Pontífice : acordaron de embiar
por embaxador á aquellas partes, con el cargo destas
cosas, á Don Iñigo López de Mendoza, Conde de
Tendilla; porque, allendo de ser caballero esforza-
do , era bien mostrado en las letras latinas , é home
discreto é de buena prudencia para semejantes ne-
gocios. Y embiaron con él á un dotor de su conse-
jo que se llama Juan de Medina. Este Conde acep-
tó el cargo que el Rey é la Reyna le dieron , é fizo
grandes gastos en los arreos quo llevó de su persona
é para las gentes que fueron en su compañía. E co-
mo llegó á la cibdad de Florencia é vido la gran
guerra que sobre estas cosas había en Italia, embió
sus mensageros al Papa á le notificar su venida y el
cargo que el Rey é la Reyna le habían dado. E por-
que era servicio de Dios é conservación de la pre-
eminencia que á Su Santidad era debida, le suplica-
ba mandase cesar la guerra por algunos días, fasta
que él oviese propuesto ante Su Santidad el cargo de
la embazada que por mandado del Rey é de la Rey-
na traía. El Papa , oido lo que el Conde le embió á
decir, como quier que estaba poderoso de gente para
proceder contra el Rey Don Femando , al qual la
fortuna por estonces era contraria, por la guerra que
le facían los suyos dentro de su reyno, é por la que
É DOtA ISABEL. 431
sufría por los que lo eran contrarios defuera ; poro
por la grand estimación en que eran tenidos el Rey
é la Reyna, conoscido por el Papa como no les pla-
cía del daño que el Rey Don Fernando recebía , ni
del que adelante recibiese , é que le habían de ayu-
dar á sostener su estado, condescendió ala suplica-
ción que el Conde de su parte le fizo. E asentóse en-
tre las partes suspensión de guerra por días limita-
dos ; en los quales el Conde f abló secretamente con
el Papa é con algunos caballeros que el Rey Don
Fernando le embió. E después de algunas pláticas
habidas con los unos é con los otros, el Conde con-
cluyó la paz con ciertas obligaciones fechas por la
una parte ó por la otra ; de las quales la historia no
face aquí mención, salvo que el Rey Don Fernando
é sus subcesores en aquel reyno pagasen dende en
adelante cada año al Papa quarenta é ocho mil du-
cados de tributo, por razón del feudo que eran obli-
gados á dar á la Iglesia Romana; é que el Papa fi-
cíese restituir al Rey Don Fernando las cibdades
é villas que se habían rebelado contra él , é ficiese
tornar á su obediencia los caballeros é varones que
se habían subtraido de su señorío. E por la seguri-
dad que fué menester para cumplir las otras cosas
que se asentaron, fueron puestas en poder deste
Conde de Tendilla algunas fortalezas de ambas las
partes por corto tiempo. Y en esta manera el Rey
Don Fernando, mediante el favor que el Rey é la
Reyna le embiaron , é la industria é trabajos de
aquel Conde, fué libre del infortunio que estaba
aparejado contra su persona é contra su estado.
Asentada la paz de Italia en la manera que habe-
mos dicho , el Conde y el Dotor Juan de Medina que
después fué Obispo de Astorga, estando el Papa en
su consistorio con todos los Cardenales , le presen-
taron la obediencia con gran solemnidad de parte
del Rey é de la Reyna , é de los Reynos de Castilla
é de León é de Aragón é de Sicilia é de Valencia é
de Cataluña, con todas las islas é otros señoríos que
poseían.
En el mes de Marzo deste año (1) ovo eclísis en
el sol, é las gentes estovieron muy temorizadas de
la fortuna que algunos astrólogos dixeron que ha-
bía de haber en la tierra. Después en los meses de
Noviembre é Deciembre siguientes, ovo tantas é tan
contínas lluvias generalmente en todo el Reyno,
que la mayor parte de los ganados de todas mane-
ras perescieron. Otrosí cayeron muchas casas é mu-
chos edificios, especialmente los que eran nueva-
mente fechos ; é los ríos crescieron tanto, que der-
ribaron los lugares que estaban cercanos á ellos , é
destruyeron por gran tiempo todas las dehesas ó
huertas é viñas que estaban en las riberas ; é lleva-
ron todas las presas é molinos é azeñas é muchas
puentes é todos quantos edificios estaban fundados
en los rios é sobre los arroyos ; é ahogáronse mu-
chas vacas é yeguas que andaban en las riberas.
(1) Fué este eclipse á 16 de Mamo, Tlsible en Europa, África y
Asia al O., centr. 39, 45, y debió empezar á observarse á las tres y
inedia de la tarde según el meridiano de Madrid.
432
CKÓNIOAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Especialmento el rio de Guadalquivir cresció tan-
to cerca de la cibdad de Sevilla , que entró por el
monesterio de las Cuevas, é derribó é destruyó toda
la mayor parte del. Otrosí murieron muchos vena-
dos é ciervos é puercos monteses ; é con las aguas
manaron los silos é dañóse mucho pan, é ahogáronse
muchos homes, é llevaron los rios todos los barcos;
é las gentes no osaban andar por las calles por la
gran tormenta de las aguas, ni estar en las casas de
miedo que no se cayesen. E fueron inumerables los
daños y estragos que las aguas ficieron en este año,
tales que memoria de homes no se acordaron ver
ni oir lo semejante. E valiendo una fanega de tri-
go tres reales, llegó á valer una fanega de fariña en
algunas cibdades veinte reales por falta de molien-
das. Y esto mesmo acaeció en los reynos de Aragón
é Portogal y en algunas partes de Italia. Después
en el mes de Julio é Agosto é Setiembre é Otubre
siguientes, ovo tantas dolencias de calenturas ge-
neralmente en todo el Reyno , que con verdad se
puede decir no haber persona que escapase sin do-
lencia, la qual imprimió mas en los niños, porque
muchos fallecieron. Y en algunas cibdades é tierras
ovo gran pestilencia.
Este año, continándose la inquisición comenzada
en el Reyno contra los christianos que hablan seydo
de liuage de judies, é tornaban á judaizar, se falla-
ron en la cibdad de Toledo algunos homes é muge-
res que escondidamente facian ritos judaicos. Los
quales con grand ignorancia é peligro de sus áni-
mas, ni guardaban una ni otra ley; porque no se
circuncidaban como judíos según es amonestado en
el Testamento viejo. E aunque guardaban el Sábado
é ayunaban algunos ayunos de los judíos, pero no
guardaban todos los Sábados, ni ayunaban todos los
ayunos, é si facian un rito no facian otro. De ma-
nera que en la una y en la otra ley prevaricaban ; é
fallóse en algunas casas el marido guardar algunas
cerimonias judaicas, é la muger ser buena christia-
na, y el un fijo ser buen christiano, y el otro tener
opinión judaica ; é dentro de una casa haber diver-
sidad de creencias, y encubrirse unos de otros. Des-
tos fueron reconciliados á la fe muchos, é fueron
recebidos á la Iglesia , é les fueron dadas peniten-
cias á cada uno , según la confesión que fizo. Algu-
nos otros fueron condemnados á cárcel perpetua, ó
otros fueron quemados. E porque en este caso d©
la heregía se recebian testigos moros é judíos é sier-
vos é homes infames é raeces, é por los dichos des-
tos tales eran presos algunos é condemnados á pena
de fuego, se fallaron en esta cibdad algunos judíos
homes pobres é raeces que por enemistad ó por ma-
licia depusieron falso testimonio contra alguno de
los conversos , diciendo , que los vieron judaizar. E
sabida la verdad la Reyna mandó que fuesen justi-
ciados por falsarios, é fueron apedreados é atenaza-
dos ocho judíos.
CAPÍTULO LV.
De las cosas que pasaron en el año de mil é quatroeientos é
ochenta é seis años. E primeramente de las guarniciones que
se mandaron poner contra el Conde de Lémos,
Recontado habemos en esta crónica el debate que
había entre Don Rodrigo Alonso Pimentel , Conde
de Benavente, é Don Rodrigo Osorio, Conde de Lé-
mos , é como el Rey fué á la cibdad de Astorga ó
puso tregua entre ellos, é tomó la villa de Ponfer-
rada , é la entregó á un caballero que se llamaba
Jorge de Avendafio , para que la toviese fasta que
por justicia se determinase en su Consejo quien de-
bía subceder en el señorío de aquel mayoradgo. Es-
te Conde Don Rodrigo Osorio, visto que el Rey é la
Reyna se absentaron de aquella tierra, no esperó la
determinación que por justicia se había de facer,
mas tovo atrevimiento de cercar la fortaleza do
aquella villa de Ponferrada é tomóla por fuerza de
armas al alcaide que la tenia. De lo qual la Reyna
ovo grand indinacion por haber osadía de combatir
la fortaleza que estaba por el Rey é por ella. E con
propósito de castigar la inobediencia de aquel Con-
de, é dar exemplo á otros que no cometiesen seme-
jante crimen, como quiera que el tiempo de ir á la
guerra de los moros se abreviaba, pero acordó de
pasar los puertos, é ir á aquellas partes fasta la vi-
lla de Medina del Campo. Y embió á mandar á aquel
Conde Don Rodrigo, que dexase libremente la villa
ó viniese ante el Rey é ante ella, á dar razón en el
crimen que había cometido en la combatir é tomar.
Aquel Conde, por consejo de algunos caballeros de
Galicia, rebeló á los mandamientos del Rey é de la
Reyna, é púsose en armas, é fizo algunos robos é
fuerzas por la comarca para bastecer aquella villa ó
las otras fortalezas que tenia en el Reyno de Gali-
cia. La Reyna, como quier que estaba en propósito
de ir en persona á proceder contra él, pero dexólo
por estonces, á fin de ir á la guerra de los moros;
para la qual el invierno pasado había mandado
aparejar el artillería é las otras cosas necesarias. E
por esta causa dio cargo al Conde de Benavente do
la capitanía mayor en aquella tierra , con el qual
mandó que estoviesen algunas gentes de armas, an-
sí de las comarcas como de las Hermandades é de
las otras que andaban en su guarda, E pusieron
guarnición de gente en los lugares cercanos de la
villa de Ponferrada, porque aquel Conde Don Ro-
drigo é las gentes que con él estaban no oviesen lu.
gar de facer daño en las comarcas. E luego el Rey
é la Reyna partieron de Medina , é fueron para la
cibdad de Córdoba.
CAPÍTULO LVI.
Sígnense las cosas que en la guerra contra los moros acaecieron
en el año de mil é quatroeientos é ochenta é seis afios.
El Rey é la Reyna, como partieron de la villa de
Medina del Campo, vinieron para la cibdad de To-
ledo donde estovieron algunos dias provey wdg em
DON FERNANDO
ia administración de la justicia y en otras cosas
que entendieron ser necesarias en aquellas partes.
E luego partieron de aquella cibdad , é fueron á la
cibdad de Córdoba, é mandaron aderezar el artille-
ría, é traer los mantenimientos é las otras cosas que
eran menester para la guerra. E como los caballeros
é capitanes, é la gente de pié é de caballo que ha-
blan embiado á llamar fué junta , el Eey con toda
BU hueste partió de Córdoba. E vino este año á le
servir Don Iñigo López de Mendoza, Duque del In-
f antadgo, el qual traxo de la gente de su casa qui-
nientos homes de armas á la gineta é á la guisa, é
los peones de su tierra que le mandaron traer; é fizo
grandes costas en los arreos de su persona, é de los
fijos-dalgo que vinieron con él. Entre los quales se
fallaron cinqüenta paramentos de caballo de paño
brocados de oro, é todos los otros de seda, é los otros
arreos de guarniciones muy ricas. Vinieron ansi-
mesmo por llamamiento del Rey é de la Reyna peo-
nes de Galicia , é de las Asturias , é de Vizcaya, é
Guipúzcoa, é de todos los otros valles é tierras que
son en aquellas montañas, y en Castilla vieja, é al-
gunos de los homes de armas que vivian en tierra
de Burgos, y en todas las otras cibdades é villas del
Reyno. Otrosí la gente de armas que embió el Car-
denal de España con uno de sus capitanes que se
llamaba Juan de Villanufio, é la de los Maestres de
Calatrava é Alcántara, é del Duque de Alburquer-
que. Otrosí , con propósito de servir á Dios é al Rey
é á la Reyna, vino este año del Reyno de Ingala-
terra un caballero que se llamaba Conde de Esca-
las, home de grand estado é de la sangre real, é tra-
xo en su compañía fasta cien Ingleses archeros é
homes de armas que peleaban á pié con lanzas, é ha-
chas de armas. Vinieron ansimesmo algunos Fran-
ceses con deseo de servir á Dios en aquella guerra,
é con todas estas gentes que serian fasta doce mil
homes á caballo, é quarenta mil peones ballesteros
é lanceros y espingarderos , otrosí con número de
setenta mil bestias de requage que llevaban loa
mantenimientos, el Rey llegó al rio de las Yeguas.
E la Reyna mandó luego partir el artillería, que lle-
vaban dos mil carros; delante del artillería iban
otros seis mil peones con hazadas é picos de fierro
allanando los lugares altos, é quebrantando algunas
peñas que impedían el paso á los carros. Y en esto
se ponían grandes fuerzas, con las quales se vencía
la natura de las peñas, é la aspereza de las cuestas
altas, é las igualaban con los llanos ; iban ansimes-
mo maestros que facían puentes de madera para pa-
sar las acequias é arroyos.
Junta toda la hueste en el rio de las Yeguas, el
Rey ovo nueva en como el Rey de Granada mozo,
que se llamaba Muley Bahabdeli, no embargante la
fidelidad que prometió y el juramento que fizo de
ser vasallo del Rey é de la Reyna , é de complir sus
mandamientos, olvidadas las mercedes que de la
Reyna continamente recebia, había quebrantado la
fe que dio é la promesa que fizo, é se había juntado
con el Rey su tío, é habían partido el Reyno de Gra-
p^» para lo defender, é facer guerra 6 Castilla; é
É DOÑA ISABEL. 433
que este Rey mozo se había puesto con gente esco-
gida de pié é de caballo en la cibdad de Loxa para
la defender, porque recelaba que el Rey la quería
tomar á cercar.
CAPÍTULO LVIL
Como se puso el real sobre la eibdad de Loxa.
El Rey é la Reyna que estaban sentidos del des-
barato pasado que se ovo en el real de Loxa, tenían
pensamiento secreto de la mandar sitiar. E ansí por
esto , como porque ni la provisión de las villas ga-
nadas, ni la conquista de las por ganar se podia bien
facer, si aquella cibdad no se oviese , según la co-
marca donde estaba, mandaron este año facer gran-
des diligenciase gastos, ansí en adobar el artillería,
como en juntar mayor número de gentes á caballo é
á pié , á los quales se publicó en como el propósito
del Rey é de la Reyna era cercar la cibdad de Lo-
xa. Algunos que conocían el asiento é fortaleza de
aquella cibdad , informados de la gente de moros
que en ella estaba para la defender , recelando que
la gente no recibiese mayor daño en el cerco que
agora se pusiese, que ovo en el que antes se había
puesto , suplicaron al Rey que mirase mejor como
mandaba sitiar cibdad de tan áspero asiento, é don-
de tanta gente de guerra estaba para la defender.
Porque según habían visto no podia ser bien cerca-
da, sin poner sobre eUa tres reales, é cada uno for-
necido de tanta gente que pudiese pelear con el po-
derío de Granada, porque la gente del un real no
podia socorrer al otro, si mucha gente de moros de
los que estaban cerca viniesen á la socorrer. E que
si la experiencia de las cosas pasadas era doctrina
en las por venir, el daño que allí se recibió amones*
taba lo que se debía facer para no recebir otro ma-
yor. Por ende que les parecía que se debía poner
cerco sobre otra villa , que con menor aventura se
pudiese sitiar. El Rey, oída aquella razón respondió
que el desbarato que se ovo en aquel cerco, ni se de-
bía imputar á la flaqueza de sus caballeros , ni á la
fortaleza de los moros, mas á la dispusicion de los
lugares do acaesció el desbarato pasado; el qual an-
sí como estonces fizo victoriosos á los contrarioSj
ansí f aria agora maestros á los suyos para saber
mejor guardarse de los daños que se podrían haber
por la dispusicion del lugar. E porque él era bien
informado en qué lugar se podría asentar su real
para seguridad de sus gentes , la voluntad suya ó
de la Reyna era de poner todavía sitio sobre aque-
lla cibdad; porque entendía, según la comarca do
estaba asentada, que ni se podría bien continar la,
conquista comenzada contra todo el Reyno de Gra-
nada, ni menos habría seguridad para las tierras de
los christianos que son en la comarca , si primero
aquella cibdad no se ganase. Los caballeros é todos
los otros capitanes, conoscida la voluntad del Rey ó
de la Reyna, se dispusieron al trabajo é aventura
de aquel cerco. E luego el Rey partió del rio de laa
Yeguas con toda la hueste , é sus batallas ordena-
das, UesO á potter su real cer9a de una peña que e?
434
• CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dice de los Enamorados (1) ; é mandó poner gran-
des guardas por todos los caminos é partes donde
los moros pudieran ser avisados de su venida. Es-
tando en aquel real, acordó con los caballeros é ca-
pitanes de su hueste , que fuesen en la delantera
cinco mil homes á caballo é doce mil peones con el
Maestre de Santiago, é con el Marqués de Cáliz , é
con los Condes de Cabra, é de Urueña, é con Don
Alonso de Aguilar, é con el Adelantado del Anda-
lucía, é con otros capitanes ; é que estos caballeros
trabajasen de pasar adelante de la cibdad á la par-
te de Granada, é asentasen real junto con la cuesta
que decían de Sancto Albohacen. El Rey con toda
la hueste siguió el camino que aquellos caballeros
llevaban , para asentar su real desta otra parte de la
cibdad , porque de ambas partes fuese cercada. Co-
mo estos caballeros que vinieron en la delantera
fueron cerca de la cibdad, comenzaron algunos de-
llos á pasar las acequias é otros pasos ásperos que
están en el valle baxo de la sierra cercano á la cib-
dad ; pero no pudieron pasar sino muy pocos por
la grand estrechura é fondura que habia en los pa-
sos por do pasaban. Estos caballeros , como viesen
el peligro en que estaban por no poder ser socorri-
dos de los christianos si los moros de la cibdad sa-
liesen contra ellos, ovieron acuerdo de tornar á se
juntar con la otra gente, que aun no habia pasado;
pero no ovieron lugar de lo facer por los lugares
que primero hablan pasado , sin gran pena é peli-
gro, porque los moros de la cibdad comenzaban ya
á salir contra ellos. E visto el daño que geles apa-
rejaba, acordaron de se apear de los caballos é lle-
varlos de diestro ; é rodeando por otra parte de la
sierra por lugares muy ásperos , se juntaron con las
otras gentes, las quales, veyendo el gran trabajo que
liabian en el pasar de la gente por aquel lugar, fi-
cieron pontones de madera por donde la gente pa-
sase. Entretanto el Rey llegó con toda la hueste ; é
porque habia peligro en asentar el real , mandó re-
partir la gente , unos que estoviesen en la guarda
para pelear con los moros, otros que asentasen las
tiendas. Los moros como vieron que el real se asen-
taba en partes donde recebirian daño, salieron de la
cibdad á pelear con los christianos por aquella par-
te de la cuesta de Sancto Albohacen, donde la otra
vez ovieron la victoria. E los christianos que esta-
ban apercebidos, descendieron de la cuesta do es-
taban, é comenzóse la escaramuza entre ellos, que
duró por espacio de dos horas; en las quales los mo-
ros pelearon con gran fuerza, porque la dispusicion
de loa lugares do peleaban , era grand ayuda para
se defender é ofender. Las gentes que estaban en
las otras partes , aunque no podian venir á socorrer
á los que peleaban por la grand aspereza de los lu-
gares é malos pasos que habia de las unas cuestas á
las otras ; pero entretanto que por aquella parte pe-
leaban, comenzaron ellos á talar las viñas é huertas
é árboles que estaban en el circuito de la cibdad , ó
(1) Es un monte así llamado A medio eamiao entre Archidona
^'Antoqncra. La historia que tiió lugar á este nombre, trae Naria-
pa, /(/•, 19, cíí;., /(//,
cometían á entrar los arrabales. Los moros que pe-
leaban en aquella parte, por socorrer á estotra parte
délos arrabales, aflojaron en la pelea que facían, é
retrasáronse á la cibdad, é los christianos empos de-
Uos, tirándoles lanzas y espingardas ó saetas , fasta
que los metieron por el arrabal. En aquella pelea
se fallaron muertos muchos homes é caballos, ansí
de los unos como de los otros ; é allí fué f erido el
Rey moro de dos feridas. E al fin se asentaron por
fuerza las estanzas de aquellos caballeros é capita-
nes con las gentes que llevaban, en aquel lugar que
es cerca de la cuesta de Sant Albohacen, porque los
moros no lo pudieron resistir.
CAPÍTULO LVIII,
Gumo se combatieron los arrabales de Losa , y se entregó
la cibdad.
Asentado el real sobre la cibdad de Loza en la
manera que habernos dicho , los moros, veyendo á
los christianos en estanzas tan cercanas é dañosas
á la cibdad, salían todas horas á pelear por unas
partes é por otras ; é las salidas y escaramuzas que
facían eran tan continas que no dexaban punto de
reposo á los christianos. El Rey, como vido aquel
daño, mandó facer con gran diligencia una cava
fonda é tan larga, que rodeaba gran parte del cir-
cuito de la cibdad ; y en los lugares do no pudo al-
canzar, mandó facer baluartes é palenques é otras
defensas tantas é tales, que ni los moros que salie-
sen pediesen facer daño, ni menos los que viniesen
á socorrer pediesen entrar en la cibdad por ningu-
na parte. E mandó facer puentes de madera en el
rio de Guadaxenil, y en las acequias é arroyos fon-
dos, por do pasasen las gentes á se ayudar de las
unas partes á las otras. Otrosí mandó poner guar-
da en el campo, en la qual continamente estaban
dos mil homes á caballo , é dos mil peones. E un
día que cupo la guarda del campo á Don Iñigo Ló-
pez de Mendoza, Duque del Inf antadgo é al Conde
de Cabra, el Duque embió un caballero de su casa
que se llamaba Pero Carrillo de Albornoz, para que
fuese con cierta gente camino de Granada, é sintie-
se sí alguna gente de los enemigos habia salido de
la cibdad. Este caballero estando en la guarda, so-
po de las escuchas que estaban puestas , como ha-
bían sentido algunos moros que venían camino de
Loxa ; é aparejándose á la pelea, fué contra ellos, é
falló fasta veinte peones moros que venían á buscar
lugar por do pediesen entrar en la cibdad ; é peleó
con ellos, é mató algunos, é prendió á los otros. Es-
tos moros presos fueron traídos al Rey ; los quales
le dixeron, que pocos días antes se habia levantado
un alf aquí en Granada oon otros moros, que decían
á altas voces en una plaza : a O Moros, guardaos de
» los homes que quieren señorear é no saben def en-
n der. ¿ Para qué tenéis afición á quien os trae á
n perdición?» E que estas palabras andaba dicien-
do por las plazas de Granada. E que los viejos é al-
faquíes, veyendo que la división era causa de su
perdi-^ion, rpquiriflron á los dos reyes tío é sobrino,
DON FERNANDO
que se concordasen de manera que por causa de su
discordia no se perdiesen los moradores de la tierra.
Los quales por las amonestaciones que les fueron
fechas, se hablan concordado en uno, é aun pasado
dádivas é presentes del uno al otro, é habian par-
tido el reyno de Granada, para que cierta parte es-
toviese á la obediencia del uno, é la otra parte á la
del otro. E que el rey viejo de Granada había pro-
metido al rey mozo su sobrino que si Loxa , ó otro
qualquier lugar de los que estaban á su obediencia,
fuese cercado de los christianos , él por su persona
é con todo su poder vemia á le socorrer, Dixeron
ansimesmo que todo el pueblo de Granada, sintien-
do grave el cerco de Loxa, habian requerido al Rey
Moro que saliese de la cibdad é pelease con los
christianos ; é por las grandes amonestaciones que
le fueron fechas , habia juntado gran multitud de
caballeros é peones, é puesto con aquella gente en
el campo, algunos alfaquíes é capitanes le requirie-
ron que viniese á socorrer la cibdad de Loxa. El
Rey Moro les respondió que bien sabian como an-
tes que los Reyes de Granada fuesen obedecidos por
reyes en aquel reyno, facian juramento en su ley
de no pelear en batalla campal con los Reyes de
Castilla. E pues el Rey Don Fernando con todo su
poder estaba sobre Loxa, ni según su juramento, ni
según BU gente pedia pelear con él. E dixeron mas
estos moros : que el Rey de Granada habia dicho á
todos los alfaquíes é cabeceras que con él estaban,
que era bien cierto si volviese á Granada sin so-
correr á Loxa, que ellos le matarían ; pero que mas
quería morir él solo , que poner á la muerte tantos
moros como peligrarían si pelease con el Rey de
Castilla. E que en esta plática estaban los moros
con su Rey, é al fin habian acordado de embíar á
ellos, por tentar sí habría lugar de entrar algunos
moros en la cibdad para la defender. E desta ma-
nera concordaron todos aquellos moros , tomando
de cada uno su dicho á parte. El Rey, sabido este
aviso, mandó facer otras mayores defensas en los
lugares por donde les moros podían venir ; é man-
dó doblar las guardas y escuchas en el campo, para
que fuese avisado de qualquier gente de moros que
viniese. Otrosí acordó con los caballeros é capitanes
de su hueste, que se combatiesen luego los arraba-
les ; porque, aquellos tomados , los christianos esta-
rían mas seguros, é los moros mas retraídos , é no
habrían lugar de salir tantas veces ni por tantas
partes á pelear con los del real. E mandó asentar
con gran diligencia el artillería, para que tirase á
quatro partes de los muros é torres de la cibdad ; é
mandó, que todas las gentes fuesen prestas para el
combate de los arrabales , é señalóles lugares do
combatiesen algunos de los caballeros é capitanes
de BU hueste. Como las mantas é grúas, é bancos
pinjados, é los otros aparejos necesarios para aquel
fecho fueron prestos, luego se comenzó el combate
por todas partes juntamente, é los moros con gran-
des alaridos mostrando esfuerzo, salieron á lo de-
fender. E como los de aquella cibdad eran homes
guerreros é habían fecho en la tierra de los phris-
É DOÑA ISABEL. 435
tíanos muchas talas é prisiones é robos é otras cruel-
dades ; recelando la crueldad de la venganza , pe-
leaban con grand osadía, por defender sus vidas é
sus bienes é sus muros é la libertad de sus perso-
nas. Los christianos por su parte , especialmente los
Andaluzes, menbrándose de los robos é muertes é
captiverios crueles que continamente recebían de
los de aquella cibdad, con sobrada fuerza y esfuer-
zo pugnaban por ser vencedores, tanto que cada ,
uno dellos osadamente aventuraba la vida por dar
la muerte al enemigo que tenía delante. Otrosí los
caballeros é fijos-dalgo de la casa del Rey é de la
Reyna peleaban con grand ánimo por la honra é por
la vida, é por alcanzar venganza de la injuria rece-
bida en el sitio pasado de aquella cibdad. E ansí
duró el combate é la pelea por espacio de ocho ho-
ras. En las quales, porque algunos de los christianos
se cansaban, é otros veyendo el peligro del comba-
te desmayaban, los caballeros é capitanes, cada uno
por su parte en los lugares do combatían, esforza-
ban sus gentes, é poniéndose ellos primero al peli-
gro, avivaban las fuerzas de los suyos, á facíanles
acometer é pelear: especialmente aquel Conde de
Escalas Ingles con los flecheros é hombres de armas
á pié que traía, se aventuraba en los lugares é ca-
sos peligrosos, é desta forma cada uno de los otros
peleaba por las partes que combatía. E porque es-
taba una torre fuerte é muy cercana al arrabal, en
la qual estaban algunos moros que facían grandes
f cridas á los christianos que peleaban , el Rey man-
dó á Don Francisco Enríquez"", con la gente de su
capitanía combatiese aquella torre. Este capitán
por mandado del Rey se apeó con su gente, é con
ciertas mantas é bancos pinjados combatió aquella
torre por quatro partes, é á gran peligro llegó é ella
é púsole fuego. Los moros , no podiendo sofrir el
fuego por una parte é los combates por otra, descen-
dieron á pelear con los christianos, pensando que
se podrían salvar y entrar en la cibdad. Los chris-
tianos fueron contra ellos, é aquel capitán fizólos
atajar ; é allí peleando firieron é mataron algunos
christianos, é todos aquellos moros fueron muertos.
Los moros que peleaban en el arrabal, vista la mul-
titud de las saetas y espingardas é flechas que los
christianos tiraban, é las muertes é feridas que re-
cebían, fueron turbados, é fallecieron en las fuerzas
de tal manera , que los chrijtanos cobraron mayor
osadía para la entrada ; é unos por el muro , otros
por los texados, otros por las puertas , entraron los
arrabales por todas partes. Los moros , visto que los
arrabales de la cibdad se entraban , pensaron de los
defender peleando por las callos, que eran muy es-
trechas, y echar fuera á los christianes. E allí los
moros por defender, é los christianos por no perder
lo que habian ganado , pelearon por las calles en
cinco partes, é feríanse con golpes de lanzas é de
ballestas é de espingardas. Y en esta pelea se en-
cendieron los unos é los otros con tanto fervor,
que á ninguno turbaba ver caer delante de sí á su
compañero, ni le ponía miedo el vertimiento que
veía de la sangro ; mas olvidado el miedo de 1a
436 CRÓNICAS DE LOS
muerte é deseando la gloria del vencimiento, arre-
metían los unos contra los otros : especialmente los
moros, ofresciéndose indiscretamente á la muerte,
llegaban á f erir en los christianos con los puñales
é con los terciados , reputando ser salvos en la otra
vida, si muriesen matando christianos en esta. E
aquella manera de pelear duró entre ellos por espa-
cio de tres horas, en las quales no cesaban de tirar
al muro é á las torres de la cibdad é de la fortale-
za veinte lombardas gruesas, é los otros géneros de
artillería. Al fin el rigor de la pólvora venció la fu-
ria de los moros , é púsoles tan grand espanto, que
les privó las fuerzas ; é no podiendo sofrir mas las
muertes é feridas que recebian , se retraxeron á la
cibdad . Los christianos los siguieron , peleando é
matando dellos fasta que todos los arrabales fueron
ganados por los christianos. En estos combates mu-
rieron muchos moros que se fallaron caídos por las
calles y en las casas. Ansimesmo murieron de los
christianos : especialmente fué f erido de dos feri-
das aquel Conde de Escalas ; la una en la boca que
le derribó dos dientes ; é fueron muertos algunos
de los Ingleses que con él estaban. Otrosí pelearon
en aquella entrada Don Enrique de Guzman, é Don
Martin de Córdoba, é Antonio de Fonseca, é Mar-
tin de Alarcon, é Juan de Alraaraz, é Luis Fernan-
dez Puertocarrero, y el Comendador Pedro de Ribe-
ra, é Gonzalo Fernandez de Córdoba capitanes de
la guarda del Rey é de la Reyna, con las gentes de
BUS capitanías é otros fijos-dalgo contínos de su
casa ; é algunos fueron muertos é otros f eridos, por-
que en la estrechura de las calles donde peleaban,
pocos tiros había de espingardas ó de ballestas que
no ficiesen sangre en la una parte ó en la otra.
Acaeció que un moro texedor con su muger estaba
texiendo en su casa, sin ninguna alteración de lo
que veía pasar en aquella hora. E como su muger é
vecinos le aquexasen que se retraxese presto á la
cibdad por escapar con sus bienes, como todos los
otros facían , este moro respondió : « ¿ Do queréis
que vamos ; ó para que nos guardaremos ? ¿ para
»la hambre, ó para el ñerro, ó para la persecución?
» Dígote , mujer, que pues no hay amigo que ha-
n hiendo piedad de nuestros males me repare, quíe-
Bro esperar enemigo que habiendo cobdicía de nues-
»troB bienes , me mate. E por no ver los males de
smi gente, quiero mas morir agora con fierro, que
«después en fierros; porque ya Loxa, ofensa de
n christianos é defensa de moros, es fecha sepultura
j) de sus moradores é morada de sus enemigos.» E
con esta opinión quedó este moro en su casa, fasta
que los christianos la entraron é lo mataron. Fallá-
ronse por las calles é por las casas del arrabal fasta
quatrocientos é cinqüenta moros muertos, sin los
otros que se fallaron en la cibdad ; é porque el he-
dor de los muertos era grande, fueron echados de
la cibdad é quemados en el campo.
Tomados los arrabales de Loxa , luego el Rey
mandó poner las estanzas contra la cibdad bien
cercanas al muro, y embió gran copia de homes de
Unaíw 9 gentes al campo, para que estoviesen en la
REYES DE CASTILLA.
guarda hacia la parte de Granada. Otrosí mandó que
tirasen las lombardas mayores é los otros tiros de
pólvora medianos é menores , porque derribasen
ciertas partes del muro , donde mas sin peligro se
pediese facer el combate. E como el artillería tiró
por espacio de un día é dos noches, luego cayeron
algunos pedazos del muro , do se ficieron tan gran-
des portillos, que se veíanlas casas de la cibdad é los
homes que andaban por las calles. E por aquellos
portillos mandó el Rey que tirasen los ribadoquines
é otros tiros de pólvora ; los quales derribaban las
casas é mataban homes é mugeres, é destruían la cib-
dad en todo lo que alcanzaban. Tiraban ansimesmo
los cortaos que echaban las piedras en alto, é caían
sobre la cibdad é derribaban é destruían las casas.
E las piedras que se tiraban eran tantas, que loa
moros fueron puestos en grande turbación, é no te-
nían espacio para se remediar, ni sabían que conse-
jo tomasen para se defender. Y el dolor que sentían
en ver los muertos é f eridos, é pensando en la gran
caída que los moros habrían si aquella cibdad se
perdiese, por ser una de las mas principales del
Reyno, les facía trabajar por reparar los muros é
los otros lugares que el artillería derribaba ; pero
los tiros eran tantos, que no les daban lugar á fa-
cer reparo, porque qualquier moro que se ponía en
el muro, luego era arrebatado con la multitud do
los tiros de pólvora que se tiraban.
Estando los moros en esta turbación, los maestros
del artillería tiraron con los cortaos tres pellas con-
fecíonadas de fuego, las quales subían en el ayre
echando de sí llamas é centellas , é cayeron sobre
tres partes de la cibdad, é quemaron las casas do
acertaron, é todo lo que alcanzaron. Los moros es-
pantados de aquel fuego, é veyéndose por tantas
partes combatidos, no pudiendo ya mas sofrir las
muertes y estragos que padescían é veían padescer
á los suyos, visto ansimesmo como el Rey Moro
estaba ferido, é que todos los otros sus capitanes,
dellos eran muertos é dellos ferídos ; demandaron
seguro para algunos moros que viniesen á f ablar en
entregar la cibdad, y el Rey mandógelo dar. E loa
moros que vinieron ante el Rey, le suplicaron : pri-
meramente, que perdonase al Rey Moro, por haber
quebrantado la promesa que había fecho al Rey é á
la Reyna. Lo segundo, que dexaria el titulo de Rey
de Granada, é que el Rey le diese título de Duque
ó de Marqués de la cibdad de Guadix, si dentro de
seis meses la pudiese haber, E si quisiese venir á
Castilla, pudiese estar seguro en ella ; ó si quisiese
pasar allende, el Rey é la Reyna le mandasen dar
seguridad para la pasada. Otrosí que segurase la
vida de todos los moros que saliesen de la cibdad,
é lasfaciendas que luego pudiesen llevar; é que si
algunos dellos quisiesen vivir en los Reynos de Cas-
tilla, ó de Aragón, ó de Valencia, lo pudiesen facer
seguramente. E que, este seguro habido, ellos entre-
garían libremente la cibdad ó todos los captivos
christianos que en ella tenían. E que entretanto
que las cosas se asentaban , mandase suspender loa
tiros de artillería é los otros» ctos de gaerrat El Rey^
DON FERNANDO
habido su acuerdo con el Duque del Infantadgo, ó
con el Maestre de Santiago, é con el Marqués de Cá-
liz, é con los otros condes é capitanes é caballeros
que con él estaban, como quier que conocían bien
que los moros estaban en tal estrecho que se podía
tomar la cibdad por fuerza de armas ; pero consi-
derando que en los combates pasados eran muertos
algunos é feridos muchos chriatianos, é por escusar
las muertes que en los combates podian acaecer,
mandóles dar el seguro que pedían. -E mandó al
Marqués de Cáliz, é á Don Alfonso Señor de la Casa
de Aguilar, que de su parte fablasen con aquellos
moros, é les otorgasen las cosas que demandaron.
Los quales de parte del Eey les dixeron, que como
quier que el Rey Moro habia errado gravemente
traspasando el juramento fecho al Rey é á la Rey-
na de ser su vasallo, é les servir con toda fidelidad;
pero porque sopiesen los moros que todas las veces
que errasen, ni f allesceria el poder para los guer-
rear, ni clemencia real para los perdonar, al Rey
placia de usar con ellos de piedad, é de les otorgar
el seguro que demandaron, para que, dexada la
cibdad , se fuesen libres con sus bienes. E que si
querían que el artillería cesase de tirar, les conve-
nia dar rehenes por seguridad que la cibdad se en-
tregaría luego. Los moros, vista la respuesta que el
Rey les mandó dar, como libres del peligro de la
muerte é del captiverio que esperaban , plógoles de-
11o ; é luego se pusieron por rehenes el Alcayde de
la fortaleza, é los fijos del Alatar de Loxa, é los
cabeceras é capitanes que allí estaban, los quales
el Rey mandó recebir á ciertos caballeros de su
casa. E luego los moros dexaron la cibdad, é se
fueron con sus bienes á Granada.
Entregóse esta cibdad de Loxa é su fortaleza al
Rey Lunes á veinte é nueve dias del mes de Mayo,
año del nascimiento de Nuestro Redemptor Jesu
Christo de mil é quatrocientos é ochenta é seis años;
la tenencia de la qual el Rey mandó dar á Don Al-
varo de Luna, Señor de Fuentedueña. Fueron libres
ciento é quarenta homes christianos que se falla-
ron captivos en aquella cibdad.
Sabido por la Reyna que estaba en '.Córdoba la
entrega de Loxa, ovo grande placer, é luego mandó
facer una solemne procesión , en la qual ella é la
Infanta Doña Isabel su fija, é todas las dueñas é
doncellas de su palacio, fueron á pió dende la Igle-
sia mayor fasta la Iglesia de Santiago ; é fizo algu-
nos sacrificios é obras pias , é repartió limosnas á
iglesias é á monesterios, é á pobres ; é rogó á algu-
unas personas devotas que estoviesen en oración
contina rogando á Dios por la victoria del Rey é
de su hueste. Otrosí embió grandes é muy ricos do-
nes á aquel Conde de Escalas Ingles, entre los qua-
les le embió dos camas de ropa guarnecidas, la una
con paramentos brocados de oro , é doce caballos, é
ropa blanca, é tiendas en que estoviese, é otras co-
sas de gran valor. El Rey ansimesmo le fué á visi-
tar á su tienda, é á le consolar por las llagas que en
los combates habia recebido, especialmente de dos
dientes que le habían botado de la boca. E díxole
É DOÑA ISABEL. 437
que debía ser alegre, porque la su virtud le derribó
los dientes, que su edad ó alguna enfermedad le
pudiera derribar. E que considerando cómo y en
qué lugar los perdió, mas le facían hermoso que dis-
forme ; é que mayor precio le daba aquella mengua,
qué mengua le facía aquella f erida (1). Aquel Con-
de respondió, que daba las gracias á Dios é á la glo-
riosa Virgen su madre , porque se veia visitado del
mas poderoso rey de toda la chrístiandad, é que re-
cebia su graciosa consolación por los dientes que
había perdido ; aunque no reputaba mucho perder
dos dientes en servicio de aquel que gelos había
dado todos. E fundáronse luego en la cibdad de
Loxa en dos mezquitas dos iglesias , la una que es
cerca de una fuente, á la advocación de Sancta Ma-
ría de la Encarnación, é la otra á la advocación de
Sanctiago. E para estas iglesias embió luego la
Reyna ornamentes muy ricos, é cálices, ó cruces de
plata, é libros, é todas las otras cosas necesarias al
culto divino. E mandó ir maestros é albañiles é car-
pinteros, para que reparasen lo que las lombardas
habían derribado de los muros é de las torres de
aquella cibdad.
CAPÍTULO LK.
Como el Rey con toda la hueste partió de la cibdad de Loxa ,
é faé á poner real sobre lUora.
Ganada la cibdad de Loxa , é proveída de gentes
de guerra que la guardasen , é de mantenimientos é
otras cosas necesarias para los que la guardasen, el
Rey acordó de ir mas adelante , ó poner real sobre
la villa é castillo de lUora, que es quatro leguas de
la cibdad de Granada. Esta villa está puesta en un
valle donde hay una vega muy estendí da, y en
aquel valle está una peña alta, que señorea todo el
circuito ; y en lo alto de aquella peña está fundada
la villa, de fuertes torres é muros. Y el Rey ovo avi-
so que los moros de aquella villa con propósito de
la defender, habían embiado á Granada todos los
homes viejos, é las mugeres é niños é otros que eran
impedimento para la guardar, é inhábiles para pe-
lear; é que habían quedado en ella fasta dos mil
homes para la defender. Habido este aviso , el Rey
mandó al Maestre de Santiago, é al Marqués de Cá-
liz, que con quatro mil homes á caballo , é doce mil
peones fuesen delante , é viesen las partes mas se-
guras donde se asentase su real. E como aquellos
caballeros llegaron al valle cerca de la villa , ovie-
ron acuerdo de poner el real en un cerro alto que
está en la otra parte de la sierra , camino de un
puerto que dicen el puerto de Lope hacia la parte
de Granada. Y el Rey que partió luego con toda la
hueste, asentó su real en un lugar que dicen el cer-
(1) Pedro Martyr cuenta de otro modo este dicho del Ingles. Dice
que habiendo ido á cumplimentar á la Reyna luego que hubo cu-
rado, y consolándole esta sobre la pérdida de los dientes, respon-
dió agudamente: Que Dios que habia hecho toda aquella fábrica,
quiso abrir allí una ventana para ver mejor lo que pasaba dentro.
Martyr, Epistolar., lib. i, epist. 61. Bemaldez señala la toma de
Loxa un día antes, cap. 75.
438 CRÓNICAS DE LOS R
ro de la Encinilla, é mandó repartir por los caballe-
ros é capitanes de su hueste las estanzas en circui-
to de la villa en tales lugares , que estoviese cerca-
da por todas partes. Otrosí fué traida el artillería, é
delante della venían siempre gran multitud de peo-
nes con ferramientas para allanar los caminos é fa-
cer carriles. Otrosí traían muchos carros de madera
para facer pontones , por do pasasen las acequias é
arroyos fondos. Asentado este real en los lugares
que habemos dicho , el Rey ovo aviso que , por es-
tar los moros lastimados por la pérdida de Loxa é
por las pérdidas que recelaban haber, se habían jun-
tado muchos de los principales de aquel Eeyno, é
amonestaron á los otros, que saliesen á se remediar
é defender su tierra, é que muriendo ó venciendo se
librasen de las fatigas que cada hora recebian , y
esperaban recebir.
Esto sabido por el Rey é por los caballeros , é
otras gentes de su hueste, considerando la enemiga
que generalmente había entre ellos por las muertes
é robos é captíverios crueles que todos los tiempos
pasaban de unos á otros, recelaron de algún ímpetu
furioso que la multitud de los moros que estaban
tan cerca en la cibdad de Granada, farian en las
gentes del real. E como muchas voces acaesce que
el miedo da aviso para el remedio en los peligros,
todas aquellas gentes de la hueste se pusieron al
trabajo de fortificar cada uno sus estanzas de cavas
é baluartes é palizadas, é de tales defensas, que po-
dían estar seguros de qualquier acometimiento que
los moros ficiesen. Otrosí mandó el Rey doblar las
guardas y escuchas en el campo , é poner gente do
pié é de caballo á la parte de la sierra que es cerca-
na á la villa , donde no se podían poner estanzas;
porque por aquella parte, ni pudiese entrar gente de
moros, ni salir á pelear con los del real. Otrosí man-
dó poner homes que guardasen en una torre que se
dice de los Yesos , que es camino de Granada, y en
otra torre que se llama de la Loma , y en la torre
del Hachuelo de Tajara, y en la torre del Agua de
Mérida, y en la torre que dicen del puerto Lope;
porque de todas partes f ueee sabido, si alguna gen-
te de moros se moviese á venir contra el real. E pa-
'ra estrechar la villa, acordó que se debían combatir
los arrabales, en los quales los moros habían fecho
grandes defensas ; especialmente habían f oradado
las casas, para que pudiesen andar ayudándose de
unas á otras, é habían fecho en las paredes grandes
troneras c saeteras , tantas que ninguno podía en-
trar en las calles, sino á gran peligro de ser muerto
ó ferido. Otrosí quemaron é derribaron algunas ca-
sas que pudieran ser defensa á los cercadores, é da-
ño á los cercados. E como el Rey ovo este acuerdo,
el Duque del Infantadgo le suplicó que le diese
cargo de combatir una parte del arrabal , y el Rey
gelo otorgó. E como el real fué asentado, é las co-
sas para el combate aderezadas, el Duque con su
gente acometió aquella parte del arrabal que esco-
gió para combatir. Los moros, visto que los del Du-
que se acercaban, tiraron tantas espingardas é sae-
tas, é tantos truenos é búzanos, que la gente recela-
EYES DSl CASTILLA,
ba llegar al combate. Visto por el Duque que los
suyos no tenían aquel fervor de ánimo que se re-
quería para acometer les djxo : « Ea, caballeros, que
» en tiempo estamos de mostrar los corazones en la
)) pelea, como mostramos los arreos en el alarde ; é
)) si os señalastes en los ricos jaeces, mejor os debéis
» señalar en las fuertes f azañas. Porque no es bien
» abundar en arreo, é fallecer en esfuerzo ; ó doblada
» disf amia habríamos habiendo tenido buen corazón
» para gastar, sino la toviésemos para pelear. Por
» ende, como caballeros esforzados pospuesto el míe-
»do, é propuesta la gloria, arremetamos contra los
« enemigos, y espero en Dios , que como ovimos la
» honra de homes bien arreados, la habremos de ca-
» balleros esforzados. » Aquellas gentes, oídas las pa-
labras del Duque, comenzaron á mover adelante , é
sufriendo muchos tiros de piedras é de saetas , en-
traron por el arrabal. Los moros puestos en los pa-
lenques y en las otras defensas que tenían , pelea-
ban é ferian muchos de los del Duque. El Conde de
Cabra que peleaba con su gente por otra parte, otro-
sí los caballeros é capitanes que combatían por otras
partes, con grand esfuerzo acometieron, é peleando
con los moros é sufriendo muchas feridas de saetas
y espingardas, llegaron por fuerza de armas, y en-
traron los arrabales ; é luego fueron puestas las es-
tanzas contra la villa bien cerca del muro. E asen-
táronse diez é ocho lombardas grandes repartidas
en tres partes ; é para la guarda dellas ó de la otra
artillería, mandó el Rey á los caballeros é peones
de las cibdades de Jaén é Andúxar é Ubeda é Bae-
za que pusiesen sus estanzas en los lugares cercanos
á los asientos do estaban las lombardas. Las quales
con todos los otros tiros é cortaos é pasabolantes é
cebratanas tiraron á la villa, é derribaron algunas
torres é gran parte del muro. Otrosí tiraban con los
cortaos é ribadoquines á las casas, é pasábanlas, ó
mataban é destruían todo lo que alcanzaban. E tan-
ta fué la diligencia que se puso en los tiros de las
piedras, é tan grande estrago facían en las casas y
en las torres y en los muros , que ni podían dormir
¡os moros, nf tenían espacio para comer , ni menos
se oían los unos á los otros, con el sonido riguroso
que de contíno oían. Al fin los moros, que cada ho-
ra esperaban socorro, veyendo que bus fuerzas f a-
llescían, é las de sus muros no los podían defender,
c que según la priesa que los christíanos daban al
combate, antes serian perdidos que socorridos, vi-
nieron á fabla, é demandaron seguro para se ir cou
sus bienes, é dexar la villa libremente. El Rey man-
dógelo dar para sus personas é para sus bienes, sal-
vo las armas que les mandó dexar ; é ansímesmo
dexasen libres todos los captivos christíanos que en
ella fallasen. E luego como el Rey les otorgó el se-
guro, el Alcayde é los moros entregaron la villa. El
Rey mandó á uno de sus capitanes que los llevase
á poner en lugar seguro camino de la cibdad de
Granada, é puso por Alcayde en aquella villa é su
fortaleza al capitán Gonzalo Fernandez de Córdo-
ba, hermano de Don Alonso, Señor de la Casa de
Agnilar. E mandó reparar las torres ó muros que
DON FERNANDO
derribaron las lombardas é bastecerla de armas é
mantenimientos, é de otras cosas necesarias para su
defensa.
CAPÍTULO LX.
Como la Rcyna vino á la cibdad de Loxa.
Tomada la cibdad de Loxa é la villa de Illora, el
Rey embió á rogar muchas veces á la Eeyna que
viniese do él estaba, porque era necesaria su presen-
cia para el consejo de lo que se debía facer en la
guarda é proveimiento de la tierra. La Reyna, mo-
vida por los ruegos del Rey , é por comunicar con
él algunas cosas arduas que ocurrían tocantes á la
gobernación de sus Reynos, vino á la cibdad de Lo-
xa. E luego embió á visitar los caballeros é otros
continos de su casa que allí hablan quedado feri-
dos, diciéndoles que debian ser alegres, porque co-
mo caballeros se of rescieron á los peligros por en-
salzar la fé y ensanchar la tierra, é que si ella gelo
agradecía para gelo remunerar en esta vida, Dios
cuya era la causa, no se olvidaría de gelo remune-
rar en la otra. E junto con esta consolación les em-
bió su Tesorero, que les diese dineros para ayuda
de sus gastos , á cada uno según la manera de su
estado. E porque el Rey, después que tomó la villa é
castillo de Illora, habla movido su real para ir sobre
la villa de MocUn, la Reyna partió de la cibdad de
Loxa é fué do el Rey estaba ; y el Rey acompañado
de los caballeros é fijos-dalgo de su hueste, la salió
á recebir, c todas las gentes ovieron gran placer con
su venida (1).
CAPÍTULO LXI.
Como se ganó la villa de Moclin.
La villa de Moclin fué siempre reputada en la
estimación de los moros é de los christianos por
una de las principales guardas que tiene la cibdad
de Granada, ansí por la fortaleza grande de sus tor-
res é muros, como por ser asentada en tal lugar, que
da seguridad si es amiga , é guerra á las comarcas
do es enemiga. Por esta causa , é porque los moros
sabian que el Rey é la Reyna estaban sentidos del
desbarato que sus gentes el año pasado allí hablan
recebido, é que su intención era de la mandar otra
voz sitiar, ficieron grandes cavas é baluartes, é bas-
teciéronla de armas é artillería, é pólvora, é de las
otras cosas necesarias para su defensa. E pusieron
en ella gente de guerra escogida para la defender;
c sacaron todos los viejos é niños é mugeres , é to-
dos los que eran inhábiles para la guerra. Como el
Rey é la Reyna fueron con toda su hueste á sitiar
aquella villa, después de pasados grandes trabajos
(1) El MS. del Señor Nava añade estas palabras: A la qual em-
bió á recibir antes que llegase á Loxa, al Marqués de Cádiz y al
Adelantado Don Pedro Enriquez. El Cura de los Palacios dice es-
to mismo y describe con prolijidad el recibimiento y festejos qne
se hicieron por esta venida de la Reyna al real, que fué Lunes 1*2
de Junio, quatro dias después de tomada Illora, Beruald, , caj^i-
lulo 76.
É DOÑA ISABEL. 439
en el camino por las ásperas sierras é sendas angos-
tas por donde fueron, luego que llegaron, asentaron
su real ; y el Rey mandó poner las estanzas en tor-
no de la villa, é guardas en el campo y en las otras
partes que fué necesario. Otrosí se pusieron en me-
dio del real dos montones, el uno de harina y el
otro de cebada, que se llamaba el albóndiga real. E
cerca de los mantenimientos que eran necesarios
para la hueste que el Rey traia en esta conquista,
queremos recontar con toda verdad , que se sofrían
mayores gastos que pudieron facer otros reyes en
las conquistas de los reynos é provincias que gana-
ron; porque si tierras é lugares conquistaron, en ellas
mesmas habla provisiones en abundancia para sus
gentes. Pero en la conquista deste Reyno de Gra-
nada, ninguna provisión se habla de las villas que
se ganaban, porque las gentes que las moraban eran
contrarias en ley, é diversas en lengua, y enemigas
en conversación, y muy pobres de mantenimientos,
por las talas é guerras que de contino les eran fe-
chas. Otrosí , porque convenia lanzar fuera de las
villas é lugares á los labradores, é otras personas sus
naturales, que usaban el agricultura é trato de las
mercaderías, é quedaban en ellas gentes de armas
que trabajaban en guardar é pelear, ó no en labrar,
ni en criar, ni en otros oficios mecánicos necesarios
á la vida. Lo tercero porque todo aquel Reyno os
villas cercanas é muy fuertes, é no habla pueblo sin
cerca que se rindiesen , do se pudiese haber alguna
ayuda de los mantenimientos. Lo quarto porque no
habia en aquella comarca puertos de mar seguros
donde se pudiesen descargar los mantenimientos
que de otras partes se traxiesen, é convenia que to-
dos los dias andoviesen las requas de veinte mil
bestias, trayendo de muy lexos los mantenimientos
é vestuarios, é todos los oficios é oficiales é ferra-
mientas é pertrechos , é otras cosas necesarias ala
vida é á la guerra. Otrosí era necesaria gran copia
de gentes de armas que de contino entrasen é salie-
sen con las requas, porque las asegurasen de los ene-
migos que moraban en la comarca por do pasaban,
en lo qual las gentes sofrían trabajos, é facían
grandes gastos é continos.
Puestas las estanzas en torno de la villa, los arti-
lleros asentaron las lombardas en tres lugares, é re-
partieron los cortaos é otros medianos tiros por
otras partes en circuito de la villa , é comenzaron á
disparar las lombardas, é firieron en las torres prin-
cipales de la fortaleza ; é continaron los tiros aquel
día é la noche siguiente , fasta que derribaron gran
parte del muro é del potril, é almenas de algunas
toiTes. Los moros reparaban lo que podían, é siem-
pre tiraban con los ribadoquines é búzanos é otros
tiros de pólvora de que estaban proveídos , con los
quales facían daño á las gentes del real. E duró por
espacio de dos noches é un dia el rigor de los tiros
del artillería que se tiraban tan continos que espa-
cio de un momento no había en que no se oyesen
sonidos é se recibiesen daños de la una parte é de
la otra.
En este comedio los maestros del artillería tiraron
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
440
una pella confeccionada de las que lanzaban cente-
llas de fuego é subían en el ayre. E por caso que
páreselo traído de la divina providencia, vino á caer
en una torre de la fortaleza donde los moros tenian
en gran guarda toda su pólvora, é alcanzó una de
las centellas al lugar donde la pólvora estaba , é
quemóla toda, é quemó ciertos moros é provisio-
nes , é todas las cosas cercanas al lugar donde cayó.
Los moros visto aquel dafio que súbitamente les
vino, é que por fallescimiento de la pólvora no les
quedaba ninguna manera de defensa, luego les fa-
llecieron las fuerzas é no fallaron otro remedio á
sus vidas , salvo venir á fabla é demandar seguro
de sus personas é bienes. El Rey é la Reyna gelo
dieron, el qual habido, los moros salieron de la villa,
é dexaron en ella todas las armas é mantenimien-
tos, y entregaron los christianos que tenian capti-
vos. Y el Rey é la Reyna mandaron á un su capitán
que los pusiese en lugar seguro camino de la cibdad
de Granada.
Haberse ganado por la manera que se ganó esta
villa en tan pocos dias, considerada su gran forta-
leza é la diligencia que los moros hablan puesto en
la guardar , bien pareció ser cosa traida por la ma-
no de Dios ; porque de otra manera no se pudiera
tomar en largo tiempo , é con mucho gasto é pérdi-
da de gente. Falláronse en los campos que son en
circuito de aquella villa algunos cuerpos de chris-
tianos muertos, de los que fueron en el desbarato
5 que allí ovo el Conde de Cabra el año pasado. Por-
que como fueron f eridos en la batalla , no podian
fuir con las feridas, é caian muertos en las matas ó
tras las peñas y en otros lugares encubiertos ; los
quales la Reyna mandó recoger é sepultar en las
iglesias que se fundaron en aquella villa.
CAPÍTULO LXIL
Como el Rey fa§ é talar la vega de Granada, ¿ como se tomaron
las Tillas de Montefrio é Colomera.
Después que se ganó la villa de Moclin, el Rey é
la Reyna, habido su acuerdo con el Maestre de San-
tiago, ó con el Duque del Inf antadgo, é con los Mar-
queses de Cáliz é de Villena, é con los otros Condes
é caballeros de su Consejo, embiaron á los capita-
nea de la gente de Sevilla é de Xerez , é de la villa
de Carmena á poner sitio sobre la villa de Monte-
frio, que es cerca de Moclin; é mandáronles que
llevasen algunos tiros de pólvora para la combatir.
La Reyna quedó en la villa de Moclin con las gen-
tes de armas de su guarda, donde recibió letras del
Goude de Benavente, por las quales le facia saber
como el Conde de Lémos permanescia en su rebe-
lión, é que bastecía sus fortalezas, é acogía en ellas
malf echores que facían robos é fuerzas en la tierra.
El Rey partió con toda la gente de su hueste para
la cibdad de Granada á facer tala de los panes é
otros frutos que estaban en el campo. E las bata-
llas ordenadas , é los taladores talando los panes é
todos los otros frutos que fallaban , fué camino de
la cibdad j é mandó asentar bu real en un lugar que
se dice los Ojos de Huácar. E aquel dia el Maestre
de Santiago y el Marqués de Cáliz tovieron la guar-
da del campo, junto con los olivares de la cibdad. E
contra esta guarda salieron de Granada caballeros
moros á escaramuzar, é duró la escaramuza por es-
pacio de dos horas, do murieron algunos caballeros
de la una parte é de la otra; especialmente fueron
muertos dos hermanos moros, que habían seydo al-
caydes, el uno de lUora y el otro de MocUn. Los
moros, visto el dafio que recebían, retraxéronse ala
cibdad. Otro día, porque la tala se ficiese mejor, ó
de los frutos mas cercanos á la cibdad, mandó el Rey
mudar el real cerca de la huerta que dicen del Rey,
que está de la otra parte de Granada. Los moros,
visto que los christianos se acercaban á la cibdad,
salieron fasta mil é quinientos homes á caballo en
una batalla, é otras quatro batallas de gran número
de peones , é pusiéronse cerca de unas huertas ro-
deadas de acequias é olivares que los defendían. El
Rey, vista la gran multitud de moros fuera de la cib-
dad, mandó ordenar las esquadras de la gente, é to-
dos dispuestos para la pelea pasaron adelante ; ó
mandó que todo el requage fuese cerca de su bata-
lla real, porque ninguna cosa de la hueste pudiese
recebír daño. El Duque del Inf antadgo con sus dos
batallas, la una de gente de armas é la otra de gi-
netes, quedó en la reguarda para facer rostro á loa
moros sí moviesen alguna pelea. E cerca de las ba-
tallas del Duque iba Don García Osorío, Obispo de
Jaén, é Francisco de Bovadílla, Corregidor de Jaén
con dos esquadras de gente de armas de las cíbda-
des de übeda, é Baeza, é Jaén, é Andúxar. E como
el Duque pasó por el rio junto con el camino que
dicen de Elvira, los moros que siempre en las pe-
leas usaron de astucias engañosas , vista la grand
orden que los christianos llevaban, no cometieron
á las batallas del Duque, pero movieron escaramuza
con la gente de aquellas cibdades que iban con el
Obispo, é con Francisco de Bovadílla, corregidor.
De las quales salieron algunos caballeros á escara-
muzar con los moros, los quales mostraron que f uian
á fin que los christianos siguiéndolos se desordena-
sen. Los moros, como vieron que los christianos los
seguían con algún desorden, tomaron contra ellos
é Brieron é mataron algunos. Las otras batallas del
Obispo é del Corregidor, visto que los suyos se re-
traían, movieron sus batallas por los socorrer , é si-
guieron los moros fasta que los metieron por la
huerta del Rey. Los moros , quando vieron que los
christianos se habían metido en aquel lugar , solta-
ron el rio de Guadaxenil para que corriese por una
acequia grande que rodeaba el circuito donde aque-
llos caballeros christianos se habían metido. E co-
mo los vieron atajados con el agua tornaron contra
ellos con recio acometimiento. Los christianos, quan-
do se vieron en aquel peligro , algunos que ovieron
mayor esfuerzo pelearon con los moros, otros se re-
traían y trabajaban por pasar el acequia é salir de
aquel lugar. El Duque del Infantadgo como vio al
Obispo é al Corregidor con sus gentes en aquel pe-
ligro, mandó volver sus enseñas, é á gran priesa
DON FERNANDO
p&BÓ la batalla áe BtiB ginetes el acequia, é socorrió
á los de aquellas escuadras que estaban pelean-
do con moros. Los moros que estaban firiendo
en los christianos , quando vieron que la gente del
Duque volvía á socorrer, tornaron á fuir; é la gen-
te del Duque los siguió por el camino de Elvira
hacia la cibdad de Granada. Y en aquella manera
escaparon aquellos caballeros de ser perdidos.
Murieron en aquella pelea dos caballeros princi-
pales; el uno se llamaba el Comendador Martin
Vázquez de Arze, y el otro se llamaba Juan de Bus-
tamante, é otros algunos de los chriatianos. E por
pasar el acequia muchos perdieron sus caballos, ó
cayeron é fueron lisiados é desbaratados ; é fuera
mucho mas el daño, salvo por la batalla del Duque
del Infantadgo que los socorrió. Otro dia, continán-
dose la tala , el Conde de Cabra é Don Martin de
Córdoba su hermano con sus gentes, estando en un
lugar cerca del rio donde les fué encomendada la
guarda, comenzaron una escaramuza con los moros
que estaban guardando entre las huertas ; á la qual
acudieron gran multitud de moros que salieron de
la cibdad, y encendióse tanto la pelea entre ellos,
que fué necesario salir la enseña real , é venir el
Rey con toda la gente á socorrer al Conde é á aquel
capitán é á sus gentes, que estaban en grand aprie-
to rodeados por todas partes de los moros. En aque-
lla facienda murieron algunos escuderos de los
christianos é de los moros, que cayeron luego en el
primer acometimiento. Fecha la tala en circuito de
Granada, el Rey con toda la hueste salió de la vega
por el puerto Lope. Otro dia vino á poner real cer-
ca de la villa de Moclin, do estaba la Reyna. E vi-
nieron ante ellos los alcaydes de Montefrio é Colo-
mera, é suplicáronles que diesen su seguro para los
moradores de aquellas villas é para sus bienes, é
que gelas entregarían. El Rey é la Reyna gelo
mandaron dar , para que fuesen con sus bienes á
Granada, dexando todas las armas é bastimentos
que en ellas oviese.
Tomadas estas villas é fecha látala en la manera
que habernos recontado, el Rey é la Reyna dexaron
por alcayde en la villa é castillo de Moclin al Comen-
dador Martin do Alarcon, y en la villa de Montefrio
al Comendador Pedro de Rivera. La villa de Colo-
mera entregaron á un caballero de Alcalá la Real, que
se llamaba Fernán Alvarez de Alcalá. Y en todas es-
tas villas mandaron estar gentes de caballo é do pié
con estos alcaydes, para las guardar é facer guerra
á la cibdad de Granada. E repartieron otras gentes
de caballo é de pié en las villas de Cártama é Alo-
ra, para guerrear en aquellas partes que son fronte-
ras á la cibdad de Málaga. Otrosí fundaron iglesias
en las villas de lUora, é Montefrio, é Moclin, ó Co-
lomera ; las quales proveyó la Reyna de cálices é
cruzes de plata, é de libros, é de todas las otras co-
sas necesarias al culto divino. Mandaron ansimes-
mo traer ciento é treinta mil fanegas de pan , las
quales se repartieron en todas aquellas fronteras
para provisión de la gente de caballo é de pió
que las guardaban. E proveídas de armas é de ar-
É DO^A ISABEL. 441
tilleria, é de todas las otras cosas necesarias para
su defensa, el Rey é la Reyna dieron el cargo de
capitán mayor de todas aquellas tierras á Don Fa-
drique de Toledo, fijo de Don Garci Alvarez de Tole-
do Duque de Alva, con cierta gente de caballo é de
pié. E mandaron á todos los alcaydes é gentes de
armas que dexaron en aquella tierra, que acudiesen
al llamamiento deste capitán mayor, é ñciesen lo
que él mandase. E luego partieron de aquella tier-
ra, é volvieron para la cibdad de Córdoba.
CAPÍTULO LXIII.
De eomo el Rey entró en la cibdad de Córdoba.
Asentadas ó proveídas las cosas en la manera que
habernos dicho , la Reyna vino para la cibdad de
Córdoba, y el Rey quedó con toda la gente de su
hueste algunos dias en aquella tierra, para segurar
las requas de los mantenimientos que venían, é se
repartían por las cibdades de Loxa é Alhama, é por
todas las otras villas que habían ganado. E mandó
al Maestre de Santiago , que fuese con la gente de
su casa á segurar una grande requa de fariña que
se llevaba para provisión de las villas de Cártama
é Alora, é de los otros castillos que habían ganado
en aquella comarca. Fecha aquella provisión, el Rey
se fué para la cibdad de Córdoba, é salióle á rece-
bír el Príncipe Don Juan su fijo acompañado del
Maestre de Calatravaé de todala caballería de Cór-
doba ; y entró por la cibdad baxo de un paño de oro,
é fué á la iglesia mayor donde estaba el Obispo de
aquella cibdad vestido de pontifical, é acompaña-
do de los Obispos de Cuenca é de Coria é de León é
de Tuy, con toda la clerecía é las cruzes de las Igle-
sias. E como el Rey llegó á aquel lugar, descabalgó
del caballo, é fincó los hinojos en tierra ; é fecha
oración á la cruz, entró en procesión con toda la
clerecía fasta el altar mayor, donde el Obispo le dio
la bendición. Fecho aquel auto, salió de la iglesia,
é acompañado de todas aquellas gentes, fué á su
palacio donde la Reyna é la Infanta Doña Isabel
su fija con todas las dueñas é doncellas de su pala-
cio le estaban esperando vestidas de ricos arreos, é
allí fué recebído con alegría común de todos. E
acordaron de partir de aquella cibdad ; pero antes
que de Córdoba partiesen, dieron orden en los apa-
rejos que eran necesarios para proseguir la guerra
contra los moros el verano siguiente. E los maes-
tros que para esto pusieron, ficieron traer gran co-
pia de fierro para facer picos, ó azadones, é palas, é
otras ferramientas necesarias para quebrar las pe-
ñas, é allanar los caminos, é facer cavas é albarra-
das en los reales. Otrosí dieron orden para haber
los mantenimientos que se habían de llevar al real.
E porque de las contrataciones que los alhaqueques
facían entre christianos é moros, é de las fablas
que habían con ellos, se podrían recrescer inconví-
nientes , mandaron que ningún alhaqueque chris-
tíano fuese osado de entrar en tierra de moros, ni
menos consintiesen á ningún alhaqueque ni truxa-
man moro, que viniese á tierra de christianos, so
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASULLA.
442
pena de muerte é de perdición de eiis bienes. Otrosí
mandaron facer pan bizcocho para proveimiento de
!a flota que andaba por la mar. E mandaron á Mar-
tin Diaz de Mena, é á otro que se llamaba Arriaran,
6 ú Antonio Bernal capitanes, que con ciertas naos
ó caravelas andoviesen por el estrecho de Gibral-
trar é por la costa de África, guardando que no pa-
sasen de allende homes ni caballos ni armas ni
mantenimientos á estas partes del reyno de Grana-
da ; é que ficiesen guerra a todos los puertos de
mar que estaban por los moros. Estos capitanes an •
dando en la guarda de la mar con sus navios, to-
maron muchas zabras é cárabos é otras fustas de
moros que pasaban de allende á estas partes , é do
los que pasaban del reyno de Granada para los rey •
nos de África. E tenian en tanto estrecho aquella
parte de la mar, que ningún navio de moros de ios
que solían traer trigo é otras provisiones , osaban
navegar, E algunas veces descendieron en tierra
en los puertos ó playas de África, é tomaron capti-
vos, é robaron é quemaron alearías é lugares que
fallaron sin cerca; é ficieron tanta guerra, que fué
forzado á las gentes que moraban en aquellas par-
tes cercanas á la mar desar sus moradas é meterse
mas adentro á vivir.
CAPÍTULO LXIV.
De los prestidos que el Rey é la Reyna demandaron.
El Rey é la Reyna facían grandes gastos en pa-
gar los acostamientos á las personas que dellos
tenian tierras, é los sueldos á la gente de armas que
continamente traían en su guarda , y en la guarda
de las cibdades é villas é castillos que habían ga-
nado en tierra de moros ; é otrosí los gastos que se
requerían facer en el artillería, y en la provisión de
la gente de la flota que continamente andaba arma-
da por la mar. Otrosí habían necesario gran canti-
dad de dinero para pagar sueldo á la gente de ar-
mas ó peones que mandaban llamar quando entra-
ban en el reyno de Granada, é para los otros gastos
que eran necesarios continamente para provisión de
la guerra. E porque sus rentas ordinarias no po-
dían bastar para todos estos gastos, embiaron á pe-
dir prestidos á algunas personas singulares, los qua-
Ics prestaban de buena voluntad lo que les era pe-
<lido. E algunos caballeros é otras personas se ofre-
cían á prestar de sus dineros sin gelos pedir, porque
veían que los gastaban en aquellas cosas que eran
servicio do Dios é honra de su corona real, é porque
la Reyna tenia gran cuidado de mandar pagar bien
á qualquier persona que le prestaba dineros para
aquellas necesidades. Otrosí, conociendo el Papa que
esta guerra era tan sancta é para ensalzamiento de
la fe catholica, é considerados los gastos é trabajos
que en ella se habían, embió su bula para que toda
la clerecía pagase otra décima este año de todas las
rentas de las iglesias é monesterios ó otras perso-
nas eclesiásticas, la qual fué tasada por el Carde-
nal de España en cíent mil florines de Aragón.
CAPITULO LXV.
De la guerra que los moros se facían uaos á otros.
Entretanto que estas cosas pasaban, el Rey viejo
que estaba apoderado de la cibdad de Granada é de
la mayor parte de aquel reyno , facía guerra contra
el Rey mozo su sobrino ; é mandaba matar todos los
que tenian su voz sin haber dellos piedad, é tomá-
bales sus bienes, é á otros facían andar desterrados
de sus casas. Otrosí sopo el Rey mozo que buscaba
su tío maneras como le traer á la muerte , dándole
yerbas, é prometiendo grandes dádivas á algunos,
porque fablando con él lo matasen. E para poner
esto en obra, le embió algunas embaxadas, por las
quales le decía : que mirase bien como su división
era causa que se perdiesen ellos, é ganasen los chris-
tianos las cibdades é villas é lugares del reyno de
Granada, que los Reyes de Castilla pasados nunca
pensaron haber. E que pues conocían la causa de
su perdición é la podiau remediar, le requería con
Dios que la remediase, é que él quería dexar el títu-
lo de rey, ó sería subdito, é faria lo que mandase,
dándole algún lugar do pudiese vivir retraído. El
Rey mozo sopo el secreto de como el Rey su tio, á
fin de señoreárselo, le embiaba aquellos ofresci-
mientos, é aun con ellos le embiaba presentes ; é
sopo que aquellos que los llevaban, habían tomado
cargo de lo matar, ansí por las dádivas que el Rey
viejo les había prometido, como porque los moros le
tenian grand odio porque tomaba ayuda de chris-
tíanos. E por esta causa el Rey mozo no quería ver
á los que estas embaxadas del Rey su tio le traían.
E respondíale, que aquel reyno de Granada habia
seydo del Rey su padre, y él como su legítimo he-
redero habia de trabajar de lo haber é de le cortar
la cabeza, porque sin piedad fizo matar á su her-
mano é á otros caballeros que seguían su parciali-
dad, quando entró en la cibdad de Almería , por la
traycion que algunos de la cibdad le ficieron. E por
esta causa crecía mas la enemistad entre ellos y en-
tre los caballeros de la una parte é de la otra. El
Rey mozo estaba en una villa que se llamaba Vélez
el Blanco, é algunas veces entraba en Castilla, y era
recebido en las cibdades é castillos de la frontera, ó
favorescido de los christiauospor mandado del Rey
é de la Reyna.
CAPÍTULO LXVL
Como el Rey 6 la Reyna partieron de Córdoba é fueron para el
reyno de Galicia, élo que ende ficieron.
El Rey é la Reyna, movidos por las cartas é men-
sagerías que recibieron del Conde de Benavente, por
las quales les facía saber la rebelión del Conde de
Lomos, partieron de la cibdad de Córdoba para ir
al reyno de Galicia, á fin de proceder contra aquel
Conde por vía de justicia , porque otro no tomase
exemplo de se poner en armas, é mostrar rebelión á
sus mandamientos ; é otrosí por reformar las cosas
de aquel reyno, donde los Reyes de Castilla se lee
DON FERNANDO
haber ido pocas veces. Y embiaron sus cartas de
llamamientos. á todos los caballeros é gentes de ar-
mas que moraban en aquellas partes , para que á
cierto término se juntasen en la villa de Benavente,
do ellos entendían ir. E como fueron en aquella vi-
lla, vinieron á su llamamiento todas las gentes de
pié é de caballo que embiaron á llamar. Yembiarou
sus cartas é mensageros al Conde de Lémos que es-
taba en la villa de Ponferrada, por las quales le
mandaron que luego saliese della, é la dexase des-
embargada de las gentes de armas que en ella tenia,
é viniese personalmente donde ellos estaban, para
estar á justicia sobre todo lo que le fuese deman-
dado.
El Conde, conocida la indinacion que el Rey é la
Reyna mostraban contra él, por no incurrir mas en
BU ira, deliberó de obedescer sus mandamientos. E
acompañado de algunos caballeros sus parientes,
pareció ante el Rey é ante la Reyna, é les suplicó
que les ploguiese perdonarle ; porque si él no ha-
bia cumplido sus mandamientos luego que le fue-
ron mostrados, no era á fin de rebelar ni desobede-
cer á lo que le fué mandado de su parte. Pero que
habia suspendido en la execucion dellos, por repu-
nar al Conde de Benavente con quien tenia debate ;
el qual habia informado á Su real Magostad de si-
niestras informaciones contra él, por le poner en su
indinacion é haber los bienes de su mayorazgo que
le pertenescian, é le habia dexado su abuelo Don
Pedro Alvarez Osorio, Conde de Lémos. E pues esto
era debate de parte á parte , en que Su real Magos-
tad por justicia habia de entender como superior,
que dobia cesar todo mal concepto que por la rela-
ción del Conde de Benavente oviese habido contra
él. Otrosí algunos caballeros parientes del Conde su-
plicaron al Rey é á la Reyna que les ploguiese ha-
berse con él beninamente, pues la causa de su in-
obediencia no habia seydo por otro respeto, salvo
por el debate que tenia con el Conde de Benavente.
El Rey é la Reyna, visto como aquel Conde cum-
pliendo sus mandamientos, habia parecido ante
ellos, movidos á piedad por las suplicaciones de
aquellos caballeros, perdonaron la vida al Conde ;
pero mandáronle que no entrase en el Reyno de
Galicia por ciertos años , é que pagase el sueldo é
las costas que hablan fecho todas las gentes de ar-
mas que el Rey é la Reyna hablan mandado estar
en guarnición contra él todo el tiempo pasado.
Otrosi el de la que ellos estonces hablan mandado
llamar que era gran cantidad ;é para lo pagar entre-
gó luego ciertas villas é castillos que tenia. Otrosi
le mandaron pagar é restituir á los agraviados é
robados todos los robos, é satisfacer las fuerzas que
hablan fecho él é los que en su compañía estaban;
é que entregase ciertas villas é rentas que perte-
nescian á la Marquesa de Villafranca que era tia
deste Conde de Lémos, fija del Conde su abuelo ; la
qual era casada con el Marqués de Villafranca fijo
del Conde de Benavente. Otrosí tomó la Reyna para
sí é para la corona real de sus reynos la villa de
Ponferrada, é dio en equivalencia della ciertos
B DONA ISABEL, 443
cuentos de maravedís para el casamiento de las
fijas del Conde de Lémos, tías de aquel Conde Don
Rodrigo, hermanas de su padre.
Fechas é concluidas estas cosas con aquel Conde,
el Rey é la Reyna entraron en el Reyno de Galicia,
en el qual habían puesto por Gobernador á Don
Diego López de Ilaro, é visitaron la iglesia del
Apóstol Santiago, é dotáronla de sus dones magní-
ficamente. E después fueron á la cibdad de la Co-
ruña, é á algunas otras cibdades é villas de aquellas
comarcas ; é como quier que los gobernadores é jus-
ticias que en aquel Reyno habían puesto los años
pasados, é los que agora en él estaban, habían exe-
cutado algunas injusticias, é lanzado muchos mal-
fechores de la tierra; pero el Rey é la Reyna oye-
ron é remediaron grandes querellas é fuerzas fechas
de mayores á menores. Sopieron ansímesmo como
muchos caballeros tomaban las rentas de las igle-
sias é de los monesterios é de los clérigos, é que de
largos tiempos las habían apropríado á si, encorpo-
rándolas en sus rentas patrimoniales, sin haber para
ello otro título , salvo la fuerza que facían. Falla-
ron ansímesmo que algunos caballeros se facían
comendadores de los monesterios , é por fuerza les
tomaban cierta renta por aquel cargo de la enco-
mienda. Otrosí oyeron muchos crimines é delictos
cometidos por los moradores de aquella tierra, ansí
clérigos como legos. E como fueron informados do
todas estas cosas , mandaron luego derribar fasta
veinte fortalezas, de las quales fueron informados
que se habían fecho algunas fuerzas é robos. Otro-
sí pusieron todas las reutas de los clérigos é patri-
monios de las iglesias é monesterios é abadías en
libertad, y esentaronlas é ficíeronlas libres de aque-
lla tiranía en que de largos tiempos estaban, en po-
der de aquellos que por fuerza las llevaban ; á los
quales mandaron , so grandes penas , que dende en
adelante las no llevasen, é dexasen las personas
eclesiásticas é sus bienes en toda libertad. E man-
daron facer justiciado algunos malfechores ; é qui-
taron las fuerzas é opresiones é tiranías que falla-
ron fechas de largos tiempos, fasta en aquella sa-
zón, por algunos caballeros é personas á algunas
villas é aldeas, tomándoles sus términos é su ren-
tas , é apropriándolas á sí. E reformadas é puestas
en orden todas las cosas de aquel Reyno , dexaron
en él por Gobernador é justicia á Don Diego López
de Haro que antes habían puesto. E otrosí dexaron
con él quatro Dotores del su Consejo , que contino
estoviesen en aquel Reyno, é toviesen audiencia de
justicia, é la executasen, y entendiesen en las otras
cosas que al bien común de todos los moradores de
la tierra compliesen ; é no consintiesen las fuerzas
é tiranías que en ella so acostumbraban facer. E
mandaron salir de aquel Reyno algunos caballeros
naturales del, que entendieron ser complidero á su
servicio é al estado pacífico de la tierra. E manda-
ron á otros venir á la guerra de los moros y estar
en las villas é castillos fronteros, porque su estada
en aquel Reyno no fuese impedimento á la buena
gobernación ó administración de la justicia. E luc-
444
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
go partieron de allf, é vinieron para la villa de Be-
navente, donde el Conde les fizo grandes fiestas, ó
den de acordaron de venir á la cibdad de Salaman-
ca, por tener ende el invierno.
Estando el Rey é la Reyna en aquel Reyno de
Galicia, acaesció en la cibdad de Troxillo , que un
home de la cibdad cometió un crimen, por el qual
la justicia del Rey é de la Reyna le mandaron pren-
der. Este home alegó ser de corona, é porque la
justicia real no le quiso luego remitir á la jurisdi-
cion eclesiástica, algunos clérigos parientes de aquel
preso tomaron una cruz é salieron por la cibdad,
dando apellido, é diciendo á las gentes, que no era
fecho á la iglesia ningún acatamiento, según chris-
tianos lo debían facer ; é porque la fe de Nuestro
Señor Jeau Christo bo perdía , que se doliesen, é to-
masen armas en defensión de la fe christiana.
El pueblo alborotado por las palabras de los cléri-
gos, tomaron armas, é faciendo grand alboroto por
la cibdad, fueron á la casa del Corregidor , é com-
batiéronla, é soltaron de la cárcel aquel malfechor
que estaba preso, é todos los otros presos que esta-
ban en ella. El Corregidor, visto como la gente ovo
osadía de ofender de tal manera la justicia real,
f uélo á denunciar al Rey é á la Reyna. Los quales,
habida información de aquel insulto, embiaron un
capitán con cierta gente de armas de su guarda á
la cibdad de Troxillo ; el qual aforcó los que pudo
haber de los principales que fueron en aquel albo-
roto, é derribóles las casas , é á otros desterró , é á
otros que fuyeron condenó á pena de muerte, ó á
otros condenó en penas pecuniarias para la guerra
de los moros. E los clérigos que fueron causadores
de aquel escándalo, fueron desnaturados de los
Beynos de Castilla; é fuéles mandado que como
ágenos saliesen luego dellos, é do todos los señoríos
del Rey é de la Reyna.
CAPÍTULO LXVII.
Sfguense las eosas que pasaron en el año de mil 6 qaatrocientos
é ochenta é siete años.
Estando el Rey é la Reyna en la cibdad de Sa-
lamanca, fuéles querellado que el Mariscal Don Pe-
dro de Ayala, Señor de Ampudia ó Salvatierra, ha-
bía fecho degollar un escribano suyo sin haber jus-
ta causa para ello, salvo porque h bia dado á Doña
María su madre , con quien tenia debate , una es-
criptura del testamento de su padre, que él no qui-
siera que fuera dada. De lo qual el Rey é la Reyna
quisieron haber información ; é habida, mandaron
á un alcayde é á un alguacil de su corte, que pren-
diesen luego al Mariscal Don Pedro. Este Mariscal
era casado con una nieta del Condestable fija del
Conde de Miranda su yerno, los quales en aquellos
días estaban en la corte. Otrosí embiaron á la villa
de Ampudia un alguacil de su corte á prender al
Alcalde de aquella villa, é á otros ciertos vecinos
della, que habían seydo en la muerte de aquel es-
cribano , por mandado del Mariscal su señor. E
porque resistieron al alguacil de la Reyna la prisión
que le mandó facer, luego embió nn su capitón con
gente de armas á aquella villa ; el qual prendió á
ciertos vecinos della, que fueron en resistir al al-
guacil, é á los que fueron en la muerte del escriba-
no que el Mariscal mandó degollar; é derribóles
sus casas, ó quitóles sus bienes, los quales fueron
aplicados para la cámara de la Reyna, é muchos
fueron sentenciados á pena de muerte , é otros á
pena de destierro por cierto tiempo. Y en esta ma-
nera fué executada la justicia contra los que fue-
ron en resistir al alguacil de la Reyna en aquella
villa. El Condestable porque creía que el Rey é la
Reyna estaban determinados de proceder contra la
persona de aquel Mariscal, luego en la hora que
sopo su prisión, partió de la corte, y embió á decir
al Rey é ala Reyna, que no quería ser presente á
la justicia que querían facer de aquel caballero,
por el debdo tan cercano que con él tenia. La Rey-
na, porque no ovo pensamiento de proceder á muer-
te contra el Mariscal, embió mandar al Condestable
que luego volviese á su corte, porque su intención
era de haberse piadosamente, é no proceder contra
el Mariscal á pena de muerte, ni á lisien de su per-
sona. E luego el Condestable volvió á la corte, ó
fizo relación á la Reyna, que por quanto los incon-
vinientes que en aquel caso eran pasados é los que
adelante se podían seguir, procedían de las diferen-
cias que aquel Mariscal tenia con su madre , sobre
razón del testamento que había fecho su padre ; lo
suplicaba las mandase ver en su Consejo, é deter-
minadas por derecho, cesarían todos los inconvi-
nientes que sobre aquel caso podrían acaescer en-
tre madre é fijo, é los acaescidos se atajarían. El
Rey é la Reyna mandaron tener preso á aquel Don
Pedro, entretanto que las diferencias que él é su
madre tenían se vieron por los de su Consejo ; é
fueron determinadas por justicia, é cesaron los de-
bates é pleytos que entre ellos había.
Otrosí estando en aquella cibdad el Rey é la
Reyna, mandaron ver por justicia el debate que el
Conde de Miranda tenia con el Duque de Alva, so-
bre razón de la su villa de Miranda que el Duque
le tenia ocupada. E porque se falló que el Duque
no tenia derecho alguno para la tener, embiaronle
á mandar que luego la dexase, é la restituyese al
Conde cuya era. El Duque obedesció los manda-
mientos del Rey é de la Reyna, y entregó luego
aquella villa al Conde, según gelo mandaron, por-
que no osó rebelar á sus mandamientos ; é cesaron
los inconvinientes que entre ambas paites sobre es-
te caso se esperaban. Otrosí dieron por jueces cier-
tos Obispos é Dotores del su Consejo para que en-
tendiesen en la demanda que Don Alonso Enriquez
Conde de Alvadeliste puso al Duque de Medinasi-
donia, diciendo que todo el mayorazgo del Duque
pertenescia á este Conde de Alvadeliste por parte
de su madre. E mandaron ver y expedir otros nego-
cios arduos que ante ellos pendían, tocantes á algu-
nos Grandes de bus Reynos. E quisieron ver algu-
nos pleytos que estaban pendientes ante los Oidores
de su chancillería, é mandólos determinar, porque
DON FEENANDO
las gentes no se gastasen siguiendo pleytos largo
tiempo. E reformaron la chancillería, poniendo en
ella Dotores escogidos en sciencia y experimenta-
dos en buena consciencia. Otrosí , guardando las le-
yes que ficieron en sus Cortes, embiaron pesquisi-
dores á las cibdades ó villas, que tomasen residen-
cia á los Corregidores, é se informasen de la ma-
nera que hablan administrado la justicia, y embia-
sen la relación de todo lo que fallasen ante ellos.
Otrosí embiaron sus oficiales á las cibdades de Se-
villa é de Córdoba y Ecija é aquellas comarcas,
para que toviesen prestas las provisiones de man-
tenimientos, é otras cosas que eran necesarias á las
gentes que hablan mandado llamar para la guerra
que entendían facer contra los moros el verano si-
guiente. Y embiaron mandar á Francisco Kamirez
de Madrid, el qual tenia cargo del artillería, que
ficiese aderezar todas^as cosas que fuesen menester
para quando la mandasen mover de la cibdad de
Ecija; y embiaron primero gentes de armas é peo-
nes para guarda del artillería en aquella guerra.
Y embiaron mandar á algunos Grandes de sus Eey-
nos que viniesen , ó embiasen cada uno cierto nú-
mero de gente de armas é peones para los servir en
aquella guerra. E ansimesmo embiaron sus cartas
de llamamiento á los caballeros y escuderos que
tenían tierras é acostamientos, é á las montañas de
Vizcaya, é de Guipúzcoa, é á Galicia, é á las Astu-
rias de Oviedo é de Santillana, é á todas las merin-
dades de Castilla la vieja, é á otras cibdades ó vi-
llas de sus Reynos, é á las hermandades, para que
embiasen cierto número de peones ; é que todas es-
tas gentes fuesen en la cibdad de Córdoba para
veinte é cinco dias del mes de Marzo siguiente. E
porque en el Reyno de Galicia había muchos homes
homicianos, que por muertes é delitos estaban con-
demnados á pena de muerte é destierro, é otras pe-
nas corporales, y estos eran en gran número, los
quales por miedo de la pena, habían fuido dellos al
Reyno de Portugal, é dellos al Ducado de Bretaña,
ó á Francia, é á otras partes, mandaron dar sus car-
tas de seguro, para que todos estos homicianos vi-
niesen á la guerra de los moros, é sirviendo en ella
ogaño á sus costas , fuesen perdonados , para que
pudiesen tornar, y estar seguramente en sus casas,
seyendo perdonados de los enemigos. Acaeció en
estos dias que el Rey é la Reyna embiaron ciertos
corregidores é oficíales de justicia al Condado de
Vizcaya. E como los de aquella montaña son homes
prestos al escándalo, so color que sus privilegios ó
usosé costumbres se quebrantaban, desobedescieron
á la justicia, é maltrataron á los oficiales, é ficieron
insultos é alborotos contra ellos. El Rey é la Reyna
considerando que aquel negocio era de grand im-
portancia, é que lo debían proveer con diligencia ,
habido su consejo, determinaron de embiar á aquel
Condado al Licenciado Garcilopez de Chinchilla,
que era de su consejo , el qual había dado leyes é
puesto en alguna orden de vivir á los Reynos de
^alicia.
É DO^A ISABEL. 445
Reyna á aquel Condado de Vizcaya, y estovo en él
algunos dias. E dando á entender á los de aquella
tierra los crimines que cometieron , por la desobe-
diencia que ficieron á los mandamientos reales, loa
quitó de las alteraciones en que estaban, é procedió
por justicia contra los principales que alborotaban
el pueblo, condemnando á unos á pena de muerte,
é á otros á destierro, é á otros á penas pecuniarias
para la guerra de los moros. E les dio leyes en que
viviesen, é revocó algunos malos usos é costumbres
de que usaban, las quales eran causa de sus alboro-
tos, é quitóles de algunas opiniones que contra toda
razón tenían. Especialmente una vana é muy erró-
nea, que de largos tiempos estaba imprimida en sua
entendimientos, diciendo que si el Perlado de aquel
Obispado , ó otro qualquiera Obispo entrase en su
tierra, serian quebrantados sus privilegios. E paci-
ficó toda la tierra , é dióles orden para que viviesen
en paz dende adelante.
CAPÍTULO LXVni.
Sígnense las cosas que pasaron en la guerra contra los moros &k
el aOo de mil é quatrocientos é ochenta é siete años.
En los dias que el Rey é la Reyna estovieron en
el Reyno de Galicia y en la cibdad do Salamanca,
los moros que estaban en la obediencia del Rey
viejo, ficieron algunas entradas en la tierra de los
chrístianos á las partes de Jaén, ó übeda, é Baeza,
é Murcia, é llevaron algunos ganados é prisioneros.
Ansimesmo Don Fadrique de Toledo, que según
habernos dicho quedó por mandado del Rey ó de la
Reyna por capitán general en la frontera , fizo al-
gunas entradas en la vega de Granada, y en las
partes de Málaga , é Velezmálaga ; é ovo algunos
recuentros y escaramuzas con los moros que esta-
ban en las serranías que dicen de la Algarbía é de
la Axarquía. E porque aquella tierra es muy fra-
gosa, los chrístianos pudieran recebir grandes da-
ños si este capitán no ficiera tomar los puertos é loa
pasos de aquellas sierras altas, porque los moros
no los tomasen. Ansimesmo Juan de Benavides, á
quien el Rey é la Reyna mandaron estar por capi-
tán de la cibdad de Lorca, con la gente de su capi-
tanía é con la de aquella cibdad é sus comarcas
fizo algunas entradas en tierra de moros á la parto
de Baza, é Guadix, é de Almería. Este capitán pe-
leó en campo dos veces con -los moros, ó los venció,
é sacó captivos é ganados, é guerreó á los moros da
aquellas partes. E por mandado del Rey é de la
Reyna daba favor al Rey mozo contra el Rey sti
tío, é contra aquellas tierras que no le querían obe-
descer por su rey ; de manera que por las unas
partes é por las otras había contina guerra, é facían
daño los unos á los otros , porque la gente de loa
moros en el arte de guerrear es mas sabida , que
fuerte para pelear en las batallas campales. Otrosí
el Rey mozf, veyendo al otro Rey su tío apoderada
en el reyno que á él pertenescia, é que no era rece-
bido en ninguna de las cibdades é villas del, ó vista
440 CRÓNICAS DE LOS R
nía, le dexaban cada dia, porque no tenia que les
dar ; con aquel sentimiento que padescen los que
ven lo suyo en poder ageno, aventuróse á la muer-
te ó al vencimiento. E con alguna gente de caba-
llo que con él había quedado, pasando un dia é dos
noches á gran peligro, ansí de sus enemigos, como
de grandes montañas que atravesó fuera de cami-
no, llegó una noche á las puertas del Albaycin de
Granada. E desando los que con él venian en un
lugar cercano al Albaycin , con quatro ó cinco que
tomó dellos, llamó á las velas é á los que guardaban
la puerta del Albaycin, sin tener con ellos trato ni
asiento cerca de su venida, ni de la hora que habia
de llegar. E según lo que después subcedió pode-
mos decir, que ansí como las guardas le abrieron
las puertas del Albaycin, ansí abrió Dios las vo-
luntades de los moros, para le recebir como á rey,
é no le facer mal como á enemigo. Quando fué den-
tro, andovo llamando á las puertas de los principa-
les que moraban en el Albaycin, é luego tomaron
armas para le defender, é ayudar contra el otro Rey
8u tio que estaba en el Alhambra. E como por la
mañana la voz fué por la cibdad de Granada, é su
tio sopo que el Rey su sobrino estaba apoderado en
el Albaycin, luego fizo armar la gente de guerra de
la cibdad, é vino contra los del Albaycin, é los del
Albaycin con el Rey mozo fueron contra los de la
cibdad ; é salieron al campo , é ovieron entre ellos
una gran pelea do murieron muchos de los unos é
de los otros. Habida esta batalla, los de la cibdad
pusieron estanzas contra los del Albaycin, é pelea-
ban con ellos continamente ; é las peleas que ha-
bían, eran tan crueles, que qualquier que era toma-
do por la una parte ó por la otra, no tenia esperan-
za de vida. El Rey mozo, veyéndose aquexado de
los moros de la cibdad, embió sus mensageros á
Don Fadrique capitán mayor , puesto por el Rey é
por la Reyna, faciéndole saber su venida al Albay-
cin, é la guerra contina que tenia con los de la cib-
dad, é que recelaba de los moros que con él eran,
que cansados de ver las muertes é trabajos continos
que pasaban, mudarían sus voluntades, é darían en-
trada á los moros de la cibdad en el Albaycin, é
que él se vería en peligro de muerte. Por ende le
rogaba que le viniese á socorrer con la mas gente
de caballo que pudiese. Don Fadrique, sabido el es-
tado en que estaba el Rey mozo, é que habia nece-
sario el socorro, juntó la mas gente que luego pudo
haber de caballo é de pié, é vino camino de Gra-
nada, é llegó bien cerca de la cibdad. El Rey mozo
quando vido á Don Fadrique que con la gente de
los christianos le venia á socorrer, embíóle un caba-
llero de su parcialidad que se llamaba Abencomixa
con alguna gente de caballo, y él quedó en el Al-
baycin.
El Rey viejo, como sopo que la gente de los chris-
tianos era venida en ayuda del Rey su sobrino, é
que estaba tan cerca de Granada, siJió al campo
con toda la gente de guerra, ansí de pié como de
caballo de la cibdad, para pelear con los christía-
noa. E Don Fadrique, quando vido las batallas do
EYES DE CASTILLA,
los moros puestas en el campo, puso toda stl gente
repartida en los lugares que entendió que estaría
mas á su ventaja para pelear con los moros. Ovo
ende algunos caballeros que conocían las artes de
los moros, é la enemiga que tenían con los chris-
tianos, é sospecharon que todas aquellas diferencias
que los dos Reyes mostraban eran fingidas ; é aun-
que fuesen verdaderas, recelaban que en aquella
hora para mal de los christianos , se concertama el
tio con el sobrino , é los unos é los otros los toma-
rían enmedio por los matar ó captivar. Esto comu-
nicado con Don Fadrique, porque estaba ya puesto
con la gente en tal lugar que no se pudiera retraer
sin gran daño, pensó de mostrar esfuerzo á las gen-
tes para la batalla, é puso á Abencomixa, aquel ca-
ballero moro que el Rey mozo le había embiado,
con su gente en la delantera ; porque si alguna tray-
cion tenían pensada, no pudiesen f erir en las espal-
das de sus gentes. E fizo mover las esquadras mas
adelante contra el Rey Moro que estaba fuera de la
cibdad. Los moros comenzaron el escaramuza con-
tra aquel caballero Abencomixa que estaba en la
delantera, é con algunos de los christianos que le
ayudaban. Las otras batallas do estaba Don Fadri-
que é los otros capitanes, esforzaban á los de la es-
caramuza, y estaban prestos para entrar á pelear
con los moros, si se apartaran de los olivares é ace-
quias donde se pusieron. E la escaramuza duró por
espacio de quatro horas, en las quales murieron al-
gunos de la una parte é de la otra. Los moros de
Granada, quando vieron que los christianos estaban
quedos, é que por ninguna cosa que les cometían
no desordenaban sus batallas, volvieron á la cibdad
é continaron la guerra que tenían contra el Rey
mozo, é contra la gente del Albaycin que le ayu-
daban. Don Fadrique, quando vido que los moros
se tornaron á la cibdad , quedó en el campo á vis-
ta de Granada por espacio de un dia. E la gente del
Albaycin vistas las batallas de los christianos que
vinieron en su favor, tomaron mayor esfugrzo para
se defender de los de Granada ; porque Don Fadri-
que les embió á decir , que sirviesen al Rey mozo
en aquella necesidad, pues aquel era su Rey verda-
dero ; é que él de parte del Rey é de la Reyna les
seguraba sus personas é bienes, para que pudiesen
salir á qualesquier partes, é facer sus labores, é tra-
tar sus mercaderías libremente sin daño ninguno.
Los moros, visto el seguro , tomaron mayor esfuerzo
para ayudar al Rey mozo, é defender el Albaycin, é
guerreará los de la cibdad. Las peleas de noche é de
dia que habia entre los unos é los otros, se contina-
ron tanto, que el Rey mozo embió á decir á Don
Fadrique que le embíase alguna gente de pié y
espingarderos para que le ayudasen, porque los
moros de la cibdad habían fecho algunos portillos
en la cerca, é trabajaban todas las horas peleando
por entrar. Don Fadrique, considerando quanto com-
pila al bien de aquella conquista que el Rey mozo
fuese favorescido, embió á Fernán Alvarez de So-
tomayor, Alcayde de Colomera, con algunos peones
espingardírps ; los quales entraron en el Albayício,
DON FERNANDO
é fueron bien recebidos de los moros , porque les
ayudaban á pelear contra los de la cibdad. E ansí
duiaron en estas peleas por espacio de cinqüenta
días los nnos contra los otros.
CAPÍTULO LXIX.
Délas gentes que se juntaron con el Rey en Córdoba , para en-
trar en el Reyno de Granada.
Como el Rey é la Reyna fueron en la cibdad de
Córdoba, luego vinieron á su llamamiento los
Maestres de Santiago é de Alcántara , é Don Pedro
Manrique, Duque deNáxera, é los Marqueses de
Cáliz é de Villena, é Don Rodrigo Alonso Pimen-
tel, Conde de Benavente, é Don Juan Tellez Girón,
Conde de üruefia, é Don Garci Alvarez de Toledo,
Conde de Oropesa, y el Conde de Cabra, é Don Gó-
mez Suarez de Figueroa, Conde de Feria, é Don Ga-
briel Fernandez Manrique , Conde de Osomo, y el
Comendador mayor de León, é Don Pedro Puerto-
carrero, Conde de Medellin, é Don Pedro de Villan-
drando, Conde de Ribadeo, ó Don Enrique Enri-
quez, Mayordomo mayor del Rey, ó Don Pero Enri-
quez, su hermano. Adelantado mayor del Andalu-
cía, é Don Juan Chacón, Adelantado mayor del
Reyno de Murcia, é Don Alonso , Señor de la Casa
de Aguilar , é Don Diego Fernandez de Córdoba,
Alcayde de los Donceles, é Don Pero López de Pa-
dilla, Clavero de Calatrava, é Don Hurtado de Men-
doza, capitán de la gente del Cardenal de España.
E los caballeros que no vinieron en persona , em-
biaron las gentes de armas é peones que por el Rey
é por la Reyna les fué mandado que embiasen, é
vinieron al término que les fué mandado. La gente
del Duque de Alva, ó la gente del Duque de Plasen-
cia, é la gente del Duque de Medinasidonia, é la
gente del Duque de Medinaceli, é la gente del Du-
que de Alburquerque, é la gente del Maestre de
Calatrava, é la gente del Marqués de Aguilar, é la
líente del Marqués de Astorga, é la gente del Obis-
po de Cuenca, é la gente del Conde de Castro, é la
^ente del Conde de Coruña, é la gente del Conde
de Miranda , é la gente del Conde de Nieva, é la
gente del Conde de Pliego, é la gente del Conde de
Fuensalida, é la gente del Conde de Paredes, é la
gente del Conde de Alvadeliste, é la gente del Con-
de de Monteagudo, é la gente de Don Bernardino
de Velasco, fijo del Condestable de Castilla, é la
gente de Don Esteban de Guzman, Señor de Santa
Olalla, é la gente de Sancho de Roxas, Señor de
Cavia. Vinieron ansimesmo algunos capitanes de
las guardas del Rey é de la Reyna con Don Fadri-
que de Toledo, Capitán general de la frontera.
Otrosí vinieron Don Diego de Castrillo, Comendador
mayor de Calatrava, é Luis Fernandez Puertocarre-
ro, Señor de Palma, é Don Martin de Córdoba, fijo
del Conde de Cabra, é Juan de Almaraz, é Antonio
de Fonseca, é Juan de Merlo , é Fernán Carrillo , é
Alonso Osorio, é Pedro Osorio, é Juan de Biedma,
é Antonio del Águila, é Hurtado de Mendoza, ó
Bernal Francés, é Francisco de Bovadilla, ó Diego
É DONA ISABEL. 447
López de Ayala, y el Comendador Pedro do Ribera,
é Don Fernando de Acuña, con las gentes de sus
capitanías. Otrosí vinieron las gentes de caballo é
de pié de todas las cibdades é villas é montañas é
provincias que embiaron á llamar ; é vinieron las de
las Hermandades de Castilla diez mil peones, de los
quales tenían cargo Alonso de Quintanilla un ca-
ballero de las Asturias de Oviedo, é Don Juan de
Ortega, Provisor de Villafranca, que eran goberna-
dores de las Hermandades. Otrosí vinieron los ho-
micianos del Reyno de Galicia, á quien el Rey é la
Reyna otorgaron perdón porque viniesen á servil-
ón aquella guerra. E vinieron ansi mesmo los fijos-
dalgo . que eran tenudos de venir á servir en las
guerras cada que fuesen llamados. E de los Reynos
de Aragón, é de Valencia, é de Sicilia, é del Princi-
pado de Cataluña, é de las islas, é otros señoríos del
Rey é de la Reyna, vinieron Don Felipe de Navar-
ra, sobrino del Rey, Maestre de Montesa, é Don
Luis de Borja, Duque de Gandía, ó Don Juan de
Luna, Señor do Lierta, é Don Blasco de Alagon, é
Mosen Manuel de Sesé, Bayle general de Aragón, é
Mosen Juan de Coloma, Barón del Alf agerin, é Mo-
sen Ferrer de Lanuza, Señor de Zaylla, é Mosen Pe-
dro de Perea, é Don Juan de Ventemilla, Barón de
Buxena, é Micer Bernardo Gayton, Barón de Sexe,
é Don Pero Maza de Lizana, Señor de Mosen, é
Mosen Requesens de Soler, Governador de Catalu-
ña, é Mosen Gabriel Sánchez, Tesorero mayor del
Rey, é otros caballeros fijos-dalgo de aquellas par-
tes. Quando todas aquellas gentes fueron juntas,
que podían ser en número de veinte mil homes á
caballo é cinqüenta mil á pié , platicóse en el Con-
sejo del Rey é de la Reyna , quál cibdad de Moros
se debía conquistar primero en este año , sobre lo
qual ovo diversos consejos. Algunos fueron en vo-
to que el Rey debía poner real sobre la cibdad de
Málaga, porque si se tomase, por ser la principal de
aquellas partes, luego se rendirían la cibdad de
Velezmálaga, é todos los castillos é villas que son
en su comarca, y en las serranías de la Axarquía,
que quiere decir en lengua Arábiga Oriente, é de la
Algarbía que quiere decir Ocídente. El consejo de
otros era que el cerco puesto sobre la cibdad de
Málaga seria peligroso para la hueste, si primero
no se tomase la cibdad de Vélez, porque está asen-
tada entre Málaga é Granada, y es muy fuerte é
grande, donde se recogerían muchos moros que po-
drían venir seguros desde Granada, fasta entrar en
ella. Los quales faciendo guerra por la una parte, ó
la gente de pelea que estaba dentro en Málaga por
la otra ; los que estovíesen en el real sobre Málaga
no podían ser seguros, é seria forzado de lo alzar.
Otros decían, que tomada la cibdad de Velezmála-
ga, no era necesario al Rey poner sitio sobre la cib-
dad de Málaga, pues quedaba por todas partes cer-
cada, de tal manera que ninguno podría entrar ni
salir en ella : porque de la una parte estaban las vi-
llas é castillos de Cártama, é Alora é Cazarabonela ;
é de la otra parte, ganándose la cibdad de Velezmá-
laga, ó poniendo navios por la mar que guardasen
448
CRÓNÍCAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
la entrada de la 45ibdad á los de África, de necesa-
rio se rendiria , sin que el Rey con toda su hueste
fuese sobre ella. El voto de algunos otros capitanes
é adalides que sabian aquella tierra, decían, que si
cerco se habia de poner sobre la cibdad de Velez-
málaga, era necesario asentarse en un valle rodea-
do por la una parte de la mar, é por la otra de ás-
peras montañas pobladas de muchos moros, gente
belicosa , de los quales se podria recrescer gran pe-
ligro si alguna gente viniese de Granada á les ayu-
dar. Pero al fin de algunas pláticas, porque paresció
eer mas necesario el cerco de Velezraálaga, el Rey
acordó de ir sobre ella, é partió de la oibdad de Cór-
doba Sábado á siete dias del mes de Abril. Y esa
noche antes que el Rey partiese, casi á las dos horas
después de media noche, ovo terremoto en la cib-
dad, especialmente en aquella parte donde son los
palacios reales. Desta señal fueron algunas gentes
espantadas, pensando que el temblor de la tierra en
aquella hora era señal de alguna fortuna que acaes-
ceria en la hueste ; otros creyeron aquello ser cosa
que suele acaescer como vemos las otras cosas na-
turales que de contino se veen. Con este acuerdo el
Rey partió de la cibdad de Córdoba, y embió man-
dar á Francisco Ramírez de Madrid, el qual tenia
cargo del artillería, é á los otros capitanes de la
gente de caballo é de pié que andaban en guarda
della, que luego partiesen de Ecija donde estaban.
E mandó al Maestre de Alcántara, é á las gentes
de caballo é de pié de la cibdad de Ecija, é á Mar-
tin Alonso, Señor de Montemayor, é álos alcaydes
de Soria é de Carmena con las gentes de caballo é
de pié de sus capitanías, que fuesen en guarda del
artillería. El Rey, continuando el camino con toda
la hueste , puso su real en el rio de las Yeguas,
donde ovo tantas é tan continas lluvias que las gen-
tes é las bestias é todo el f ardage recibió gran daño.
El Rey movió de allí la hueste, é fué mas adelante,
é llegó el Jueves de la Cena (1) á las vegas que di-
cen de Archidona. E como quier que facia grandes
aguas, pero estovo en aquel real por oír los oficios
divinos que se celebraban en aquellos dias ; é allí
fizo publicar la determinación que ovo en su con-
sejo delante de la Reyna para cercar á Velezmálaga.
Otro día, yendo mas adelante camino de aquella
cibdad, mandó asentar su real en un lugar que se
llama la fuente de la Lana. E porque las muchas
aguas habían dañado los caminos, acordó que la
artillería fuese por el mejor camino, porque los
bueyes que la llevaban fallasen herbage que co-
mer, é no lo fallasen comido de las muchas bestias
que iban en la hueste ; y el Roy con toda la hueste
fué por otra parte desviado del camino que llevaba
el artillería. En aquel lugar mandó el Rey ordenar
BUS batallas en esta manera. En la delantera iba el
Alcayde de los Donceles con los Mariscales, é con
las gentes de caballo que embiaron el Duque de
Alburquerque, y el Conde de Sant Estovan ; y estos
[i) iiijbm Sajoitoi w f^é di«bo 9ÍÍ9 4 Agce i^ Abril»
iban adelante á ver los lugares donde el real se po-
dria mejor asentar. El avanguarda llevaba Don
Alonso de Cárdenas, Maestre de Santiago, con mil
é decientas lanzas, é con ciertos peones de las her-
mandades, é con las gentes del Duque de Plasencia,
é del Duque de Medinaceli, que iban en las alas. En
otra batalla iba Don Rodrigo Ponce de Leen, Mar-
qués de Cáliz ; en otra iba el Conde de Urueña , é
Don Alonso, Señor de la Casa de Aguilar. En otra
batalla iba el Conde de Feria, é la gente de caballo
que embió Don Diego Hurtado de Mendoza, Arzo-
bispo de Sevilla. En otra batalla iba la gente del
Duque de Medinasidonia, donde iba por capitán
Pero Vaca. En otra batalla iba el Clavero de Cala-
trava. En otra batalla iba el Conde de Cabra con la
gente de caballo é pié de su casa. En otra batalla
iba Don Hurtado de Mendoza con la gente de ca-
ballo é de pié del Cardenal de España su hermano.
En otra batalla iba el Duque de Náxera , é con él
iban Niiño del Águila é Fernán Duque , capitanea
del Rey é de la Reyna con las gentes de sus casas,
é con la gente que embió el Marqués de Astorga.
En otra batalla iba el Conde de Benavente , y en
esta batalla iba Garci Bravo, Alcayde de Atienza»
é Don Alvaro Bazan con las gentes que tenían de
sus capitanías. E después destas batallas iba la ba-
talla real, donde iba por Alférez el Conde de Ci-
f uentes que llevaba el pendón real ; y en esta ba-
talla iba Don Gutierre de Cárdenas , Comendador
mayor de León con la gente de su casa, é Don Fa-
drique de Toledo, fijo del Duque de Alva, que tenia
cargo de la capitanía general de la frontera de loa
moros, y el Adelantado del Andalucía, é Don Fran-
cisco Enriquez, é Luis Fernandez Puertocarrero,
Señor de Palma, é Don Martin de Córdoba, é Juan
de Almaraz, é Antonio de Fonseca, é Juan de Mer-
lo, é Fernán Carrillo, capitanes del Rey é de la
Reyna con las gentes de caballo de sus capitanías.
Otrosí iban en esta batalla real todos los caballerea
fijos-dalgo que vivían con el Rey é con la Reyna,
y estaban continamente en su corte ; y en las doa
alas desta batalla iban las gentes de caballo é de
pié de las cibdades de Sevilla é Córdoba. E luego
cerca de la batalla real iba todo el f ardage, y en
guarda del iba la gente de caballo é do pié de la
cibdad de Xerez de la Frontera. Y en la rezaga iba
Diego López de Ayala, é Francisco de Bovadilla, é
Pedro de Vera, y el Alcayde de Moren con las gen-
tes de sus capitanías, é con las gentes de caballo ó
é de pié que vinieron de las cibdades de Jaén, é
übeda é Baeza é Anduxar. Los peones iban reparti-
dos en veinte é tres batallas. E porque con las mu-
chas aguas los arroyos iban crescidos, é habia pasos
trabajosos de pasar alas gentes de pié, el Rey man-
dó al Alcayde de los Donceles que iba delante, quo
llevase dos mil peones é maestros carpinteros para
facer puentes de madera en loa arroyos, é que ficie-
se poner piedras grandes en los charcos de las aguaa
por donde laa gentes de pié pudiesen pasar. Con
estas batallas ordenadas en la manera que habernos
dicho, el Rey mandó mover bu real pwft ir ia{U|
Don FERNANDO
ajelante ; é porque el camino que habían de llevar
era angosto, mandó ir adelante quatro mil peones
con picos é palas de fierro para quebrar las peñas é
adobar los malos pasos. E de aquella manera la
gente de la hueste con gran pena andovo cinco le-
guas de montañas tan fragosas, que muchas bestias
de las que llevaban el f ardage perescieron porque
no se pudo fallar rio, ni dispusicion donde el real se
asentase, fasta que llegaron á un lugar que se dice
Salmilla. E porque era metido entre las montañas
que poseían los moros, el Rey mandó al Comenda-
dor mayor de Calatrava que con algunas gentes de
caballo é de pié tomase los pasos de aquellas sier-
ras, porque los moros que las moraban no oviesen
lugar de los tomar, é facer daño en los christianos.
CAPÍTULO LXX.
Como se pnso real sobre la cibdad de Velezmálacra.
Pasados los trabajos de las lluvias é de los cami-
nos ásperos que habemos dicho, el Rey con toda la
hueste llegó cerca de la cibdad de Velezmálaga. Lle-
garon ansimesmo por la mar Don Juan , Conde de
Trevento, con quatro galeras armadas, é Martin
Díaz de Mena, é Arriaran, é Antonio Bernal, capi-
tanes, con las naos é caravelas de la flota del Rey é
de la Reyna que tenian en cargo. Ésta cibdad es
cercana á la mar por espacio de media legua, y está
cercada de todas partes de grandes montañas, é una
dellasque es la mas cercana á la cibdad, se continúa
fasta la cibdad de Granada. Estaba poblada de mu-
chos moros cursados en la guerra. La cibdad está
asentada bazo en la falda de una sierra , que se
aparta un poco de aquella montaña. La fortaleza es
en lo mas alto, é la cibdad está tendida por la lade-
ra, bien cercada de muros é torres fuertes y espesas
con una barrera que la cerca toda en torno ; é tiene
junto con los muros dos grandes arrabales fortales-
cidos de albarradas é de grandes fosados. Otrosí
cerca de la cibdad , por espacio de una legua , en
una sierra alta, está fundada una villa muy fuerte,
que se llama Bentomiz ; de manera que de la una
parte esta cibdad tiene la mar, ó de todas las otras
partes está rodeada de montañas que poseen los
moros. El artillería no pudo llegar quando él llegó
con BU hueste, por el impedimento que ovieron de
las aguas ó de las sierras é peñas, é otros malos pa-
sos que habia en el puesto que dicen de Alf ornare,
por do habia de pasar. E como quier que los minis-
tros que la tenian en cargo cada uno por su parte
ponía gran diligencia en la traer ; pero á gran pena
podían andar en todo un día una legua, porque era
necesario ir delante gente de pié con picos é palas
de fierro quebrando peñas é allanando los lugares
de aquel puerto, por do pudiesen pasar los carros.
Como el Rey llegó cerca de la cibdad, el voto de
algunos caballeros era, que'el real se asentase baxo
en lo llano, ó que no se pusiese en las cuestas que
estaban entre la cibdad é la villa de Bentomiz ; por-
que estando entre dos lugares enemigos, ó tanto
cercanos el uno del otro, la gente podría recibir
É DOÑA ISABEL. 449
daño. El voto del Rey fué qne se debía asentar en
aquellas cuestas que eran entre la cibdad é aquella
villa de Bentomiz, porque la gente del real aunque
recibiese algún trabajo en la guarda, pero defen-
dería á qualquier gente que de aquella villa viniese
á entrar en la cibdad para la socorrer.
E acaesció, que andando el Rey acompañado de
algunos pocos caballeros, mirando en que lugares
menos dañosos á sus gentes estarían las estanzas,
mandó poner cierta gente de pié en un cen-o que
estaba sobre la cibdad; porque aquel guardado,
eran mas seguros los que estoviesen en el real ; é
para tener el cerco aprovechaba mas que otra estan-
za de las que contra la cibdad se pusiesen. Los mo-
ros, veyendo que tomado aquel cerro geles seguiría
gran daño, salieron lyia grand esquadra de los que
estaban en la cibdad, é tirando saetas y espingar-
das, vinieron contra los que lo guardaban. Los peo-
nes turbados del acometimiento arrebatado que los
moros ficieron , desampararon el cerro , é se pusie-
ron en f uida ; é los moros los siguieron matando é
firiendo en ellos. El Rey, que como habemos dicho
andaba á caballo proveyendo en el asiento del real,
visto que los moros venían faciendo daño en los
christianos, ansí como se falló á la hora , armado
solamente de unas corazas é una espada en la mano,
sin esperar otra arma ni ayuda de gente arremetió
contra los moros ; y entró tan de recio en ellos, que
algunos de los christianos que venían f uy endo , vis-
to el socorro que el Rey por su persona é por su
mano les facía, tomaron tanto esfuerzo, que torna-
ron á entrar en los moros. E ansí juntos con el Rey,
pusieron á los moros en f uida , matando é firiendo
en ellos, fasta los meter por las puertas de la cib-
dad. E recobrado por el Rey aquel cerro, mandólo
fomescer de mas é mejor gente para lo guardar. En
aquella hora los que se fallaron mas cerca del Rey,
fueron el Marqués de Cáliz , y el Conde de Cabra, y
el Adelantado de Murcia, é otros dos caballeros, el
uno se llamaba Garcilaso de la Vega, y el otro Diego
de Atayde. Estos caballeros, visto el peligro en que
el Rey se metía, pusiéronse delante porque no re-
cibiese daño de la multitud de las espingardas é
saetas que los moros tiraban.
Sabido por la hueste como el Rey peleaba con loa
moros, acorrieron allí muchas gentes; é los Gran-
des é caballeros que con el Rey se fallaron , é los
otros que después vinieron, como quiera que conos-
cieron bien que aquello que el Rey fizo fué necesa-
rio para librar los suyos del daño que recebian ; pero
veyendo de quanto precio era la vida del Rey para
la conservación de todos , le dixeron , que pues tan-
tos Grandes é tan buenos capitanes é caballeros ha-
bia en su hueste , le ploguiese en semejantes casos
servirse dellos é guardar su real persona ; porque el
príncipe que ama sus gentes, guarda su vida, que
es vida de los suyos. E que considerase quantas
huestes fueron perdidas por la caida de su rey ; por
ende le suplicaban que dende en adelante les ayu-
dase con la fuerza de su ánimo gobernando, é no
con la de su cuerpo peleando. El Rey les respondió
29
450
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que les tenía en servicio lo que le decían , é que no
podría buenamente sof rír ver los suyos padescer , ó
no aventurar su persona por los salvar. De esta reS'
puesta todas las gentes ovieron gran placer, é to-
maron grand esfuerzo , porque veían que como Rey
los gobernaba, ó como buen capitán los socorría.
Recobrado aquel cerro , luego se asentó el real en
diversas partes, según la dispusicion del lugar lo
requería. Y el Rey mandó otro día por la mañana
que se combatiesen los arrabales , para el qual com-
bate la gente del real se aparejó, é cada uno traba-
jando por mostrar el esfuerzo de su persona , llega-
ron por muchas partes á combatir los arrabales. E
los moros se dispusieron con todas sus fuerzas por
las calles á los defender , é comenzaron la pelea ; en
la qual los de la una parte por. ofender, é de la otra
por defender, poniéndose con osadía al peligro, tra-
bajaban encendidos con mayor cobdícia de matar ó
ferir al enemigo , que defender á sí mesmos.
Esta cruel pelea duró por espacio de seis horas ,y
en todo este tiempo la fuerza de los christianos no
pudo mover á los moros de los lugares que comen-
zaron á defender. Visto por el Duque de Náxera é
por el Conde de Benavente la gran fuerza que los
moros tenían en la defensa de sus arrabales , y el
daño que facían en los christianos que los comba-
tían, llegaron con sus gentes por dos partes al com-
bate é acometieron la pelea con tal osadía, que ficie-
ron retraer los moros á la cibdad ; é los christianos
quedaron apoderados de los arrabales. Murieron en
este combate Ñuño del Águila, ó Don Martin de
Acuña, ó fueron feridos Garcílaso de la Vega , é Don
Carlos de Guevara , é Fernando de Vega , é Juan de
Merlo capitanes, é otros fasta número de ochocien-
tos homes ; é falláronse muertos por las calles mu-
chos moros. Tomados los arrabales , el Rey mandó
al Duque de Náxera, é al Conde de Benavente, é á
Don Fadrique de Toledo con sus gentes , é á Pero
Carrillo de Albornoz, con la gente del Arzobispo de
Sevilla que tenia en su capitanía, que pusiesen es-
tanzas en el arrabal contra la cibdad. Estos caballe-
ros las pusieron luego bien cercanas á los muros , ó
las fortificaron con cavas é palenques , é las forne-
cíeron de gente de armas que las defendiesen. Otro-
sí mandó el Rey al Comendador mayor de León é á
Rodrigo de Ulloa que toviesen cargo de facer cavas
en torno de la cibdad, que la ciñesen desde los ar-
rabales fasta el lugar donde estaban asentados los
reales ; de manera que ninguno pediese entrar , ni
salir en la cibdad. Después que el Rey proveyó en
el asiento del real , luego entendió en la seguridad
de los caminos ; porque las recuas de los manteni-
mientos que la Reyna mandaba venir al real vinie-
sen seguras. E mandó que desde la villa de Archi-
dona fasta el real, que son diez leguas, estoviesen
gentes de caballo é de pié repartidas por las sierras
y en los lugares mas necesarios, para segurar á los
que viniesen al real. E mandó á Diego López de
Ayala, é á Francisco de Bovadilla, que con las gen-
tes de sus capitanías , é con los caballeros é peones
4e las cibdades de Jaén , é übeda, é Baeaaé Andú-
xar, pusiesen real en un cerro alto apartado una le-
gua del real , é cercano á una villa que se llama Go-
mares; porque la gente de moros que estaba en
ella y en las otras fortalezas de Bentomiz, é Cani-
llas, é Competa, é Benamarhoja, otrosí los moros
que estaban metidos en las breñas é lugares áspe-
ros de aquellas sierras, no ficíesen daño en las gen-
tes que venían con las provisiones. E no embar-
gante la gran guarda que había en la seguridad de
los caminos, pero las montañas son tan ásperas, que
los moros habian lugar salir dellas, é facer saltos, é
mataré captívar algunos christianos que venían
con poca compañía al real. Otrosí las gentes de las
villas é fortalezas de moros que habemos dicho cer-
canas á la cibdad , é los que moraban en aquellas
montañas , encendían de noche grandes fuegos en
las cumbres de las sierras , é facían acometimientos
de pelear con las gentes que estaban en la guarda
del real. Y estos rebatos eran tantos , que convenia
á los del real estar siempre apercibidos , é con espe-
ranza contína de pelear.
CAPÍTULO LXXI.
De las ordenanzas que el Rey mandó guardar en sos reales.
El Rey por quitar los ruidos é otros inconvinien-
tes que en las grandes huestes acaescen , constituyó
é mandó pregonar ciertas ordenanzas, conviene sa-
bor : que ninguno jugase dados ni naypes, ni blas-
femase , ni sacase armas contra otro , ni revolviese
ruido. Otrosí , que no viniesen mugeres mundarias ,
ni rufianes al real ; é que ninguno saliese á escara-
muza que los moros moviesen, sin licencia de su ca-
pitán ; é que todos guardasen el seguro que diese á
qualquier lugar de moros en general , ó á cualquier
moro en especial ; é que no se pusiese fuego á los
montes que eran cercanos al real ni á los otros rea-
les que dende en adelante se pusiesen. E franqueó
á todos los que traxíesen mantenimientos á sus rea-
les por mar ó por tierra, para que los pudiesen ven-
der libremente sin pagar derecho de qualquier ca-
lidad que fuese. E todas estas cosas mandó guardar
80 ciertas penas ; el temor de las quales, visto que
se executaban en los culpados, engendró tal obe-
diencia , que entre tantas gentes como concurrían
en los reales, no se falló sacar arma , ni decir pala-
bra fea uno á otro , do pudiese haber escándalo.
Pasados quatro días después que el real se asentó,
los moros que moraban en aquellas montañas se
juntaron en gran número, é descendieron á unas
cuestas cercanas al real, con propósito de ferir en la
gente que guardaba la una parte del real , y entrar
en la cibdad ; porque ellos juntos con los que la
guardaban, farian tanta guerra á los christianos, que
les ficíesen alzar el sitio. E si les viniese el socorro
de la mucha gente de moros que esperaban , ellos
por una parte , ó los que viniesen en su socorro por
la otra, podrian vencer á los christianos. Como
aquellas gentes de moros fueron vistas, el Rey man-
dó á Don Gutierre de Cárdenas, Comendador mayor
de León, é á Don Pero López de Padilla, Clavero
DON FERNANDO
de Calatrava , que con cierta gente de caballo é de
pié subiesen luego á las cuestas do estaban é pelea-
sen con ellos. Otrosí mandó armar otros capitanes ,
para que fuesen á las espaldas destos á los ayudar.
El Comendador mayor y el Clavero, cumpliendo el
mandamiento del Rey, subieron con sus gentes
aquellas cuestas. E los moros, luego que vieron á los
christianos , ficieron rostro ; é como les tiraron los
primeros tiros de las muchas ballestas y espingardas
que traian , é vieron que los christianos los sufrían
é arremetían contra ellos, volvieron las espaldas é
pusiéronse en fuida, y el Clavero con algunos de ca-
ballo é con la gente de pié fué en el alcance. Pero
no pudo seguirlos mucho, porque se metieron en
otras sierras mas altas, y en tales lugares donde
oran seguros de los christianos que no los podian
seguir.
El Rey mandó poner gran diligencia para que vi-
niese el artillería ; pero no pudo venir toda ; porque
los caminos eran tan fragosos, que ni se pudo fallar
camino por donde pasase, ni dispusicion donde
con grand industria é trabajo se pediese facer. E
después de diez dias que el real se asentó , llegó fas-
ta media legua del real una parte della, que traia
fasta mil é quinientos carros con algunos tiros de
lombardas medianas , é pasabolantes , é cebratanas,
é ribadoquines , é otros géneros de artillería. Todas
las mas gruesas lombardas que no pudieron ser traí-
das , quedaron en la cibdad de Antequera.
CAPÍTULO LXXIL
Como el Rey moro que estaba en Granada, vino con gente á so-
correrá Velezmálaga.
Entre los moros de la cibdad de Granada é los
que moraban en el Albayzín duraban siempre las
peleas é las muertes de homes que facían crecer en-
tre ellos las enemistades que tenían. Los de la cib-
dad que seguían el partido del Rey viejo, estaban
oprimidos por la guerra que tenían dentro con los
moros del Albayzín , é fuera con los christianos que
estaban en los castillos fronteros ; de manera que
todas horas les convenia pelear, ó con los moros, ó
con los christianos. Los alf aquíes é viejos de la cib-
dad, sabido que el Rey tenia gente por la tierra é
flota de navios por la mar sobre la cibdad de Vélez;
recelando que sí aquella cibdad se perdiese. Málaga
con todas las montañas que son cerca de ella , se
perderían, llegaron al Rey que estaba en el Alham-
bra, é preguntáronle: que si él trabajaba por ser
rey, de quál tierra lo pensaba ser , si toda la dexa-
ba perder. Otrosí le decían é andaban predicando
por la cibdad , que estas peleas que habían con sus
hermanos é parientes é las muertes que se daban
unos á otros , mejor seria que lo ficiesen defendien-
do la tierra de los enemigos, que matando á sus
amigos ; é que se debían doler veyendo poseer á los
christianos las casas que edificaron, é gozar del
fruto de los árboles que plantaron sus padres é abue-
los ; y en ver sus hermanos é parientes andar dester-
rados de la tierra que poseían ellos é poseyeron sus
É DOÍÍA ISABEL. 451
padres largos tiempos; los quales derramaron su
sangre por la ganar , y ellos la derramaban por la
perder. El Rey viejo, oídas estas cosas é sabido que
el Rey con toda su hueste estaba sobre la cibdad de
Velezmálaga, ovo gran turbación; porque nunca
pensó que los christianos to vi eran osadía de se me-
ter entre tantas é tan ásperas montañas que los ro-
deaban por todas partes. E no quisiera salir de la
cibdad , porque recelaba que luego el Rey su sobri-
no entraría en ella é seria recebido por Rey. Y em-
bióle á decir , que se doliese de la perdición que de
día en día veía facer en los moros; é que pues los
chistianos se habían metido en la huesa , agora te-
nían tiempo para les echar la tierra encima ; é que
él quería dexar el título de rey que había tomado, ó
venir baxo de su bandera á su gobernación ; é que
viniesen juntos á socorrer aquella cibdad , é habrían
la venganza que los moros deseaban é los christia-
nos temían. El Rey mozo no quiso aceptar lo que su
tío le embió á ofrescer, por las grandes enemistades
que entre ellos habían causado las crudas muertes
de los propinquos que habían muerto de la una par-
te é de la otra. Y embióle decir, que estaba en pro-
pósito de se vengar é no concordar con él. E que no
se osaba fiar de sus palabras , porque sabía quántas
veces é por quántas maneras le había tratado la
muerte ; é porque creía , que toda hora que pudiese
gela daría. El Rey viejo, desesperado de lo que pen-
saba que el Rey mozo faria , aquexado de las conti-
nas amonestaciones que los alfaquíes é viejos de la
cibdad de Granada le facían, juntó el mayor núme-
ro que pudo de gente á caballo é á pié , é vino por
los lugares mas encubiertos de la montaña que vie-
ne de Granada á se juntar con aquella cibdad de
Velezmálaga. E paresció un día en la tarde con toda
su gente en lo alto de la montaña donde estaba la
villa de Bentomíz. Y estovo allí aquella noche fa-
ciendo grandes fuegos por muchas partes de la mon-
taña. Algunos caballeros é capitanes, quando vieron
las batallas de los moros, consejaban al Rey que
mandase armar toda la gente de su hueste é subie-
sen por aquella sierra á pelear con ellos. E porque
el Rey vido que aquello no se podía facer, salvo al-
zando el sitio que tenia puesto sobre la cibdad , man-
dó que toda la gente estovíese queda, ó guardasen
las estanzas é los lugares que cada uno tenía en
cargo de guardar ; é no cometiesen á subir la sier-
ra ni comenzasen pelea con los moros. Otro día las
guardas que estaban puestas , tomaron ciertos mo-
ros , que dixeron que el Rey de Granada venia con
propósito de embiar algunos moros á caballo, é
veinte mil peones á pelear con el Maestre de Alcán-
tara, é con las otras gentes que venían en guarda del
artillería, porque los carros tomaban largo trecho
de tierra é podrían quemar qualquier parte del ar-
tillería, pensando que los christianos que la traian
non eran tantos que pudiesen guardar la longura de
la tierra que traian los carros. E que si algunos
christianos saliesen del real á le defender , el Rey
moro podría darporuna parteen el real é ala misma
hora saldrían los moros de la cibJaJ á pairar onn
452
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
los que guardaban las estanzas; de manera que
guerreados por todas partes no se pudiesen valer, ó
fuesen vencidos.
Sabido esto por el Rey, mandó al Comendador
mayor de León, que partiese con cierta gente de
caballo ó de pió á se juntar con el Maestre de Al-
cántara, é que pelease con los moros que venian á
dar en el artillería. El Comendador mayor partió
luego con la gente que el Rey le mandó llevar ; ó
veia los moros que iban por lo alto de la sierra con
propósito de destruir el artillería. Los moros ansi-
mesmo veian á este capitán é á sus gentes que iban
por lo baso á la defender , é pelear con ellos ; é los
unos é los otros esperando la pelea , temían la muer-
te. El Rey moro que estaba en las cuestas altas, vis-
ta la gente que partió del real á defender el artille-
ría, fizo volver á los moros que había embiado á la
destruir ; porque pensó que su gente no podría for-
zar á la de los christianos que la guardaban. E acor-
dó de baxar de una sierra alta donde estaba á otras
cuestas mas baxas , para socorrer la cibdad. E sus
batallas de gente de caballo é de pié ordenadas, cer-
ca ya de la noche comenzó á mover por la sierra
abaxo dando grandes alaridos , é mostrando venir
á la batalla con grand esfuerzo. El Rey había man-
dado armar toda la gente del real, é mandó al Con-
de de Cabra, é al Conde de Feria, é á Don Hurtado
de Mendoza, é al Adelantado del Andalucía, que
fuesen luego con sus gentes , é se pusiesen al en-
cuentro de los moros en el camino por donde podían
descender para venir contra el real. Otrosí mandó á
Garcí Fernandez Manrique , Capitán de la gente de
Córdoba , é á los capitanes de la gente de Écija é
Carmena que tomasen un cerro que era en la una
ala hacia la parte de la mar. Y en la otra ala man-
dó estar al Conde de ürueña é á Don Alonso de Aguí-
lar con ciertos capitanes é gentes encima de otra
cuesta ; de manera que los moros estaban rodeados
de la gente de los christianos , é no podían descen-
der de las cuestas para venir contra el real por la
una parte ni por la otra, salvo peleando con algu-
nas destas gentes. Otrosí mandó al Maestre de San-
tiago que con sus gentes é otros capitanes que man-
dó estar con él, se pusiesen en la delantera contra
la cibdad, é ayudasen al Duque de Náxera, é al
Conde de Benavente, é á Don Fadrique de Toledo,
é á Pero Carrillo de Albornoz que guardaban las
estanzas , si por ventura los moros de la cibdad sa-
liesen á pelear con ellos. E por todas las entradas
del real puso gentes de armas que las guardasen.
El Rey, acompañado de muchos caballeros é fijos-
dalgo de su hueste , andaba de unas partes á otras
amonestando á los caballeros é capitanes que avi-
vasen las fuerzas para pelear ; porque en tal lugar
estaban , que ninguna manera de guarescer había,
salvo el buen esfuerzo. E como le trazieron un ca-
ballo, cavalgó en él , é dexó una muía en que ve-
nia ; porque las gentes conociesen , que ansí como
era rey para mandar , seria compañero en la nece-
sidad. Algunos ovo en los quales el gran miedo en-
gendró mayor esfuerzo para vencer ó morir pelean-
do ; otros algunos, veyéndose cercados por todas
partes de la mar é de los enemigos, estaban con re-
celo , é dubdaban del fin que Dios é la fortuna te-
nía ordenado de facer en aquella hora. E los unos é"
los otros daban diversos votos ; unos decían, que se
debía buscar lugares por donde subiesen aquella
montaña á pelear con los moros ; otros decían , que
la subida por cualquier parte era trabajosa , é que
la pelea que en aquellos lugares se ficiese , seria á
gran ventaja de los moros, ó á gran peligro de loa
chístianos. El Rey, visto los votos de los unos ó de
los otros, mandó quetodas las gentes estoviesen que-
das en los lugares que les había mandado guardar
é no ficiesen mudanza, salvo quando les fuese man-
dado. Sópese ansimesmo como el Rey Moro amo-
nestaba sus gentes , diciéndoles, que si fuesen va-
rones esforzados, en aquel día cobrarían todo lo
perdido en los pasados , é que les requería que tra-
bajasen por vencer 6 morir en una vez , ganando el
paraíso matando chrístianos, é no en tantas veyen-
do los moros perder la tierra, é andando cuitados
por moradas agenas. Diciendo estas cosas el Rey
Moro movió sus gentes un poco mas abaxo contra
la batalla de Don Hurtado de Mendoza, que estaba
en la delantera con la gente del Cardenal su her-
mano. Don Hurtado , visto que los moros se acerca-
ban contra él, movió su batalla mas adelante contra
ellos. El Conde de Cabra y el Conde de Feria y el
Adelantado del Andalucía , que estaban con sus ba-
tallas un poco mas abaxo de la cuesta , é los mas
cercanos á la batalla de Don Hurtado embiaronle á
decir, que había fecho como caballero esforzado en
haber ido adelante con su batalla contra los moros;
é que ficiese en aquella jomada como fijo del Mar-
ques Don Iñigo López su padre é nieto de sus abue-
los , que nunca f uy eron á sus enemigos ; é que le
daban su fe como caballeros de le ayudar , quando
le viesen ferír en los moros. Todas estas gentes es-
taban á pié, porque según la dispusícion de los lu-
gares no podían estar á caballo ; é á unos esforzaba
la esperanza del claro renombre que habrían en la
victoria, é á otros enflaquescía el temor de la muerte
que temían si viniesen á la batalla. Los fuegos que
los moros habían fecho defuera, é los que parecían
dentro en las torres de la cibdad , eran tan grandes,
que todas aquellas montañas relumbraban tanto,
que se veian bien los unos á los otros , ir los chris-
tianos contra los moros, é los moros contra los chris-
tianos. E quando se vieron cerca comenzaron á ti-
rar por todas partes tiros de espingardas é de sae-
tas ; é tan grande era el sonido del artillería que pa-
recía estremecerse la tierra , porque aquellas sierras
é valles resonaban de tal manera; que ninguno po-
día oír á su compañero. Aquel capitán Don Hurta-
do trabajaba por subir aquella cuesta, é comenzar
la pelea con los moros. Ansimesmo los que estaban
en las alas de su batalla los querían acometer , pero
la subida era tan áspera, que los homes armados
no la podían subir sino con gran pena é peligro,
por la dispusícion de los lugares do estaban. Loa
moros ansimesmo no osaban descender mas abaxo,
DOIí FERNANDO
ni acometer á los christianos. Y en esta manera de
pelear con tiros de pólvora é ballestas duraron gran
parte de la noche.
Venida el alba, é vistas por los moros las bata-
llas de los christianos , é la voluntad que mostraban
de subir contra ellos , é la gran guarda de gentes
que por todas partes estaba en el real y en todos
los pasos y entradas por donde podian acometer la
pelea ; recelando que como viniese el dia subirían
á ellos por unas partes é por otras, perdieron las
fuerzas, é como gente caida de la esperanza que
traian , el esfuerzo que al principio mostraron, ge-
les convirtió de súbito en gran miedo , é volvieron
las espaldas, é se pusieron en fnida. É ansí como la
muchedumbre que presto se arma de loca presump-
cion, quando se dilata la victoria que espera, ge-
les privan presto las fuerzas ; ansí aquella multitud
de gentes bárbaras , perdido el esfuerzo y el sentido
se derramaron por las montafias , é dexaron las lan-
zas, é las espadas, é las corazas, é las ballestas, y
espingardas, por estar mas ligeros para escapar fu-
yendo. Algunas gentes de caballo ó de pió de los
christianos, que venido el dia fueron en seguimien-
to dellos, fallaron por la sierra gran multitud de
aquellas armas , é vinieron cargados dellas. La Rey-
na que habia quedado en la cibdad de Córdoba,
quando sopo que el Rey moro con tanta multitud
de gente habia ido contra el Rey, llamó luego las
gentes de todas aquellas partes del Andalucía; é
mandó por sus cartas que todos los bornes de se-
senta años abaxo éde veinte años arriba, tomasen
armas é fuesen luego donde el Rey estaba á le ser-
vir. Otrosí el Cardenal de España que habia que-
dado con la Reyna , ofresció sueldo á toda la gente
de caballo que le quisiese seguir, é se dispuso á
partir luego de Córdoba, é ir do el Rey estaba, pa-
ra se fallar con él é con la gente de los christianos
en aquella necesidad. É porque las gentes que la
Reyna mandó llamar fuesen mas prestas , deliberó
de ir en persona á algún lugar cercano de donde el
Rey estaba ; ó cesó de lo facer , porque luego sopo
el desbarato que los moros ovieron. Algunos caba-
lleros ó capitanes cursados en la guerra , que cono-
cían los engaños de que los moros muchas veces se
aprovechaban , visto como habían f uido tan súbi-
tamente , pensando ser alguna encubierta , díxeron
al Rey, que por ventura los moros mostraban ser
vencidos á fin que la gente de la hueste se ase-
gurase , é no poniendo en el real aquella guarda
que convenia , podrían salir de las breñas y espesu-
ras grandes do se habían metido , é darían sobre la
gente del real. El Rey, conociendo que en las guer-
ras se debe poner remedio á todo lo que se puede
recelar, mandó que otra noche siguiente la gente
del real estoviese apercebída ; y en la guarda de su
tienda estovieron mil caballeros é fijos-dalgo ar-
mados, según que estovieron las noches pasadas.
E luego se sopo de las guardas, como el Rey moro
era ido á la villa de Almufiecar, é de allí partió pa-
ra la cibdad de Almería, é tornó á la cibdad de
Guadix. Los moros do la cibdad de Granada, sabi-
É DOÑA ISABEL. 453
do el poco provecho que fizo su Rey , y el mucho
daño que recibió la gente de los moros que fué con
él á facer el socorro, luego llamaron al otro Rey
mozo que estaba en el Albaycin , é le apoderaron
en el Alhambra, y en las otras fuerzas de la cib-
dad. E como se vido apoderado dellas, cortó las
cabezas á quatro caballeros los mas principales de
la cibdad que le habían seydo contrarios, y él que-
dó por Rey en la cibdad. É porque los moros de-
seaban haber seguridad para labrar el campo , é an-
dar libres por todas partes, el Rey mozo que esta-
ba en la cibdad de Granada, envió suplicar al Rey
ó á la Reyna , que les ploguiese asegurar á todos
los moros vecinos de qualesquier cibdades ó villas
ó castillos del Reyno de Granada , que se reduxesen
á su obediencia, é se apartasen de la del Rey su
tío , porque con deseo de seguridad , creía que to-
dos tornarian á su partido. El Rey é la Reyna por
le ayudar , mandaron á todas las cibdades é villas
de la frontera , é á sus capitanes ó alcaydes que le
favoresciesen contra el Rey viejo su tío ; ó mandá-
ronle dar sus cartas, para que todos los vecinos de
Granada fuesen seguros , é pudiesen salir de la cib-
dad á facer sus labranzas , é ir á tierra de christia-
nos á traer della mantenimientos é paños é todas
las otras cosas, tanto que no fuesen armas. Otrosí
mandaron dar sus cartas de seguro para todas las
cibdades villas é castillos de tierra de moros que
estaban por el Rey viejo , 8i dentro de seis meses
se alzasen por el Rey mozo , é le obedeciesen como
á su Rey. É si dentro de este tiempo no lo ñciesen,
que el Rey é la Reyna las pudiesen guerrear ó to-
mar para sí.
CAPÍTULO LXXIIL
Como se entregó la cibdad de Velezmálaga.
Los moros de la cibdad de Velezmálaga, visto co-
mo el Rey moro que los vino á socorrer era vuelto,
é sus gentes desbaratadas , é que los carros del ar-
tillería llegaban al real ; perdidas sus fuerzas ó re-
celando las délos christianos, procuraron de haber
seguridad para sus personas é bienes , é de entregar
la cibdad ; é movieron fabla al Conde de Cífuentes,
para que suplicase al Rey que le ploguiese dársela.
El Rey considerando que habia de ir á tomar la cib-
dad de Málaga ó proseguir mas adelante su con-
quista , porque el tiempo del verano no se pasase
en aquel sitio , plógole dello. E mandó dar su segu-
ro á todos los que estaban en aquella cibdad, para
que fuesen á las partes de África, ó á otras quales-
quier ; é que pudiesen sacar sus bienes, excepto las
armas é los mantenimientos y el artillería que en
ella ovíese. E sí quisiesen ser siervos del Rey é de
la Reyna, é vivir en aquellas partes de su señorío,
que lo pudiesen facer , tanto que no fuesen en lu-
gares cercanos á la mar. Los moros de la cibdad
otorgaron de lo facer; é luego mandó el Rey al Co-
mendador mayor de León, que recibiese aquella
cibdad é su fortaleza. B los moros apoderaron á él
con BUS gentes en todo ello , é puso el pendón de la
454
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cruz, é los pendones del Apóstol Santiago é de las
armas reales en las torres del castillo ; é dio á los
moros término de seis dias para que saliesen de la
cibdad , é para que vendiesen sus bienes muebles.
E los moros entregaron al Rey fasta ciento é vein-
te christianos captivos homes é mugeres que tenían
en aquella cibdad. E los unos fueron á los Reynos
de África, é otros fueron á otras partes.
Entregóse esta cibdad de Velezmálaga al Rey
Don Fernando Viernes (1) á veinte é siete dias del
mes de Abril , en el año del nascimiento de Nues-
tro Redemptor Jesu Christo de mil é quatrocientos
é ochenta é siete afios. Fundáronse luego en jlas
mezquitas de aquella cibdad cinco iglesias; una á la
advocación de Sancta María de la Encarnación,
otra á la advocación de Santiago, otra á la advoca-
ción de Santa Cruz , otra á la advocación de Sant
Andrés, é otra á Sant Estevan : para las cuales la
Reyna embió cruces, é cálices, é ornamentos, ó to-
das las cosas necesarias al culto divino. Otrosi el
Rey embió mandar á las villas é lugares que eran
en comarca de aquella cibdad, que las entregasen
á las personas que embió á las recebir. E luego en-
tregaron los moros las villas é castillos de Bento-
miz, en la qual puso por Alcayde á Pedro Navarro
y en la villa de Comares puso á Pedro de Cuéllar,
y en la villa é castillo de Canillas á un caballero
que se llamaba Apolo , y en Narija á Pedro de Cór-
doba, y en la fortaleza de Xedalia á Juan de Hi-
nestrosa , y en la fortaleza de Competa á Luis de
Llena, y en la fortaleza de Almexía á Mosen Pedro
de Sant Estévan. Otrosí vinieron á se ofrecer por
subditos del Roy é de la Reyna todos los que mo-
raban en las villas é lugares de Maynete, é Bena-
quer, é Aboniayla, é Benadaliz, é Chimbecbinlas,
é Padalip, é Bayros, é Sitanar, é Benicorran, Casis,
é Búas, é Casamur, Abistar , Xararaz, Curbila, Ru-
bir, Alchonche, Canillas de Abayda, Xauraca, Pi-
tarxis, Lacus Alharaba, Acuchayla, Albiutan,
Daymas, Alborgi, Morgoza, Machara, Haxar, Co-
tetrox, Alhadaque, Almedira, Aprina, Alatin, Re-
rixa. Marro. E mandaron el Rey ó la Reina, que
todas estas villas é lugares é alearías , é todos los
que morasen en aquellas sierras que llaman las Al-
puxarras, fuesen comprendidos so la jurisdicion
de Velezmálaga. Vinieron los viejos é alfaquíes en
nombre de todos estos lugares , é de todos los otros
que son en las Alpuxarras, é parecieron ante el Rey;
é juraron por la unidad de Dios que es un solo en
unidad , el que es vencedor, é alcanzador de las
cosas, sabidor de lo público é de lo secreto, é por las
palabras del Alcorán que Dios embió por la mano
do Mahomad su mensagero, que ellos ó sus descen-
dientes para siempre jamas serian siervos é subdi-
tos del Rey é de la Reyna , é después de sus dias
serian leales subditos al Príncipe Don Juan su fijo
é á sus descendentes, é que obedescerian é compli-
rian sus cartas é mandamientos, é farian guerra é
paz por su mandado. Otrosí que les pagarían todos
(1) El cura de los Palacios dice que i tres de Mayo, cap. 78.
los tributos é rentas , según que fasta aquí los pa-
gaban á los Reyes moros. El Rey les aseguró sus
personas é bienes , é les prometió que les dexaria
vivir en la ley de Mahomad , é guardar sus buenos
usos é costumbres. Otrosí les mandó que quando
fuesen á sus heredades no llevasen armas , ni fue-
sen á ningún lugar de moros que no estoviese á su
obediencia , ni contraten con los que en ellos mora-
ren, ni los reciban en sus lugares ni en sus casas.
Otrosí que no vayan á las villas é castillos que es-
tán por el Rey, salvo una hora antes que se ponga
el sol. E que si algún moro ó moros de los que es-
tán captivos en tierra de christianos, ó algunos
christianos de los que están captivos en tierra de
moros se soltaren, é viniere á los lugares ó casas
donde ellos moran que los no encubran, é que
luego que vinieren , los entreguen al alcayde que
estoviere puesto por el Rey. E que ningún moro
entre en lugar ni villa de christianos con armas,
salvo por llamamiento del Rey , ó de los alcaydes
que por el Rey fueren puestos. Otrosi , que si gen-
te de moros alguna viniere de los lugares contra-
rios á los lugares donde ellos moraren, que lo ifoti-
fiquen luego á los Alcaydes, 6 gelos entreguen pre-
sos, si los pudieren tomar. E que todo esto cumplan
so pena de muerte, ó captiverio, ó perdimiento de
bienes.
CAPITULO LXXIV.
Como el Rey partió de la cibdad de Velezmálaga para la cibdad
de Málaga.
Proveídas las cosas que en la cibdad de Velez-
málaga y en su tierra fueron necesarias, el Rey,
continando su conquista, acordó de ir sobre la cib-
dad de Málaga ; porque las tierras é provincias de
moros que los años pasados había ganado, fuesen
seguras , é no guerreadas de las gentes que en aque-
lla cibdad estaban. E mandó cargar luego por la
mar la artillería , é aparejar todos los navios de la
flota ; y él con sus batallas ordenadas por la tierra,
é los navios por la mar, partió de la cibdad de Ve-
lez , é fué ese dia á poner su real á dos leguas de la
cibdad de Málaga ribera de la mar, cerca de un lu-
gar que se llama Bezmillana. E desde aquel lugar
embió á decir con sus raensageros á los de la cibdad
de Málaga, que el Rey de Granada con gran pode-
río de moros vino á socorrer la cibdad de Vélez , é
que había f uido ; é su gente fué desbaratada, é que
la cibdad de Velez gele había entregado. Por ende,
que embíasen ante él algunos diputados para dar
la forma que se requería en la entrega que le habían
de facer de la cibdad ; é que les seguraría sus bie-
nes é daría libertad á sus personas , según lo había
fecho á los de las otras cibdades é fortalezas , que
sin fuerza de armas le habían seydo entregadas.
En aquella cibdad estaba estonces un capitán
principal, que se llamaba Hamete Zelí, á quien el
Rey viejo había encomendado la guardia dalla. E
con este capitán estaban gentes de los Gomeros
que habían pasado de África para la defender. E
DON FERNANDO
ansimesmo estaban otras gentes en las comarcas,
que se metieron en ella con sus mugeres é fijos é
bienes. Los quales confiando en su grandeza, y en
las fortalezas que tenia, y en la gente que la guar-
daba , pensaron guardar la cibdad, é ser defendidos
con las fuerzas della.
Aquel capitán, considerando la fortaleza de los
muros é la mucha gente que tenia dispuesta para
los defender , tomó tan grand orgullo, que respon-
dió á los mensageros del Rey , que no le habia sey-
do encomendada aquella cibdad para la entregar
como el Rey pedia , mas para la defender como ve-
rla. E los mensageros del Rey maltratados de los
moros , volvieron á dar esta respuesta ; los quales
le informaron del estado de la cibdad, é de la mu-
cha gente que en ella habia ; é que el capitán con
los moros que con él eran , estaban en propósito de
poner todas sus fuerzas para la defender. Oida es-
ta respuesta é comunicada entre los Grandes é ca-
pitanes que con él estaban , algunos fueron en vo-
to , que pues la cibdad de Velezmálaga era toma-
da, ó la cibdad de Málaga por todas partes estaba
cercada de villas é fortalezas que estaban por el
Rey é por la Reyna ; poniendo guarda por la mar,
no era necesario que el Rey fuese sobre ella á la si-
tiar ; porque guerreada de todas partes , en poco
tiempo serian constreñidos á la entregar, pues por
la parte de la mar ni por la tierra no tenían lugar
para salir, ni entrar en ella. Otros algunos fueron
en voto, que pues el Rey habia movido su real con
propósito de ir á la sitiar é habia llegado tan cerca,
todavía la debia cercar. Porque si por estar cerca-
da de las fortalezas que estaban por el Rey en cir-
cuito , los moros serian constreñidos á la entregar,
en mas breve tiempo la entregarían estando cer-
cados de gente poderosa puesta á las puertas. Otro-
sí decian, que si el Rey no la sitiase, aunque la cib-
dad estoviese cercada por todas partes , podrían ve-
nir por tierra gran multitud de moros, é meter en
ella mantenimientos , é bastecerla de gente, é de
las cosas necesarias , cada que lo oviesen menester;
de lo qual se podría seguir guerra larga con aque-
lla oibdad que estorbase la conquista que era co-
menzada en todo aquel Reyno, é pues estaba tan
cerca con tantas gentes, no debia esperar otro tiem-
po en que mejor lo pudiese facer. El Rey, oídos los
votos de los unos é de los otros, determinó depo-
ner real sobre la cibdad. E otro día por la mañana
mandó á las gentes de la hueste que moviesen ade-
lante, é los capitanes del armada, que partiesen con
todos los navios de la flota. E las batallas de la gen-
te por la tierra, é los navios de la flota por la mar,
llegaron en una hora sobre la cibdad de Málaga.
CAPÍTULO LXXV.
Del asiento de la cibdad de Málaga , é como el Rey paso real
sobre ella.
La cibdad de Málaga según nos pareció, es pues-
ta casi en fin de la Mar de levante á la entrada de
la Mar de poniente , é cerca del estrecho de Gibral-
É DOÑA ISABEL. 455
tar , que parte la tierra de España con la tierra de
África. Está asentada en lugar llano al pié de ima
cuesta grande, é cercada de un muro redondo, for-
talescido de muchas torres gruesas, é cercanas unas
de otras. E tiene una barrera alta é fuerte , do an-
simesmo hay muchas torres. E al cabo de la cibdad
é al comienzo de la subida de la cuesta , está fun-
dado un alcázar , que se dice el Alcazaba, cercado
con dos muros altos é muy fuertes , é una barrera.
En estas dos cercas pedimos contar fasta treinta
é dos torres gruesas , é de maravillosa altura é ar-
tificio compuestas. E allende de estas tiene en el
circuito de los muros fasta otras ochenta torres
medianas é menores, cercanas unas de otras. Deste
alcázar sale una como calle cercada de dos muros,
y entre muro é muro podrá haber seis pasos en an-
cho ; y esta calle con los dos muros que la guardan
van subiendo la cuesta arriba, fasta Hegar á la
cumbre, donde está fundado un castillo que se lla-
ma Gibralf aro ; el qual por ser en lo mas alto , é te-
ner muchas torres, es una fuerza inexpunable. En
esta otra parte de lo llano de la cibdad está una
fortaleza con seis torres gruesas ó muy altas , que
se dice Castíl de Ginoveses. E después están las ta-
razanas torreadas con ciertas torres donde bate la
mar. Y en una puerta de la ciudad que va á la mar
está una torre albarrana, alta é muy ancha, que
sale de la cerca como un espolón, é junta con la
mar. Otrosí tiene dos grandes arrabales puestos en
lo llano junto con la cibdad; el uno que está á la
parte de la tierra , es cercado con fuertes muros ó
muchas torres ; en el otro que está á la parte de la
mar, habia muchas huertas é casas caídas. E las
muchas torres , é los grandes edificios que están fe-
chos en los adarves y en estas quatro fortalezas,
muestran ser obras de varones magnánimos, ea
muchos é antiguos tiempos edificados , para guar-
da de sus moradores. E allende de la fermosura
que le dan la mar é los edificios , representa á la
vista una imagen de mayor fermosura con las mu-
chas palmase cidros, é naranjos, é otros árboles ó
huertas que tiene en grand abundancia dentro la
cibdad y en los arrabales, y en todo el campo qu&
es en su circuito. Cerca de aquel castillo alto que
habemos dicho que se llama Gibralf aro , está un
cerro igual con él en altura , é apartado por espacio
de dos tiros de ballesta ; el qual tiene agrá é difíci-
le la subida, porque es muy enhiesto por todas par-
tes , salvo de la parte que mira al castillo. Este cer-
ro está puesto entre aquel castillo é una gran sier-
ra en tal lugar que la gente de los christianos no
podia pasar á poner real á la parte do están los po-
zos del agua, ni donde son los arrabales: porque
los moros que los guardaban impedían el paso á los
christianos. Quando aquel capitán moro vido venir
contra la cibdad las batallas de la gente por la tier-
ra, é la flota de los navios por la mar , luego fizo
tomar armas á los moros, é puso guardas en las
puertas y en las torres é muros, y en las otras fuer-
zas de la cibdad, é puso fuego á las casas de los ar-
rabales que eran cercanas á los muros. E fiíso salir
456
CRÓNICAS DE LOS HEYES DE CASTILLA.
fuera á aquella parte de Gibralfaro por donde la
gente de los christianos venia, tres batallas de mo-
ros. La una para que guardase aquel cerro, é la otra
estaba mas abaso en una albarrada cerca del casti-
llo por donde habla de pasar la hueste , é la otra á
la parte de la mar encima de una cuesta alta.
Visto por las gentes de caballo ó de pié que iban
en la delantera que la hueste no podia pasar si
aquel cerro no se tomase, partiéronse en dos partes
algunos peones del reyno de Galicia, é pugnaron por
subir la cuesta que estaba á la parte de la mar.
Otros algunos caballeros é fijos-dalgo de casa del
Key é de la Eeyna, cometieron á los moros que guar-
daban el paso que era baxo del cerro por do habia
de pasar la hueste ; é los unos é los otros peleaban
por estas dos partes con los moros. El Maestre de
Santiago que llevaba la avanguarda, estovo quedo
con su batalla de gente de caballo en el valle que
es en aquel lugar entre grandes barrancos, facien-
do espaldas á los que peleaban á la una parte é á la
otra ; porque en aquellos lugares habia tantas cues-
tas, que la gente de caballo no podia pelear sin
gran daño. Los peones del reyno de Galicia subie-
ron una vez con gran peligro la cuesta que estaba
á la parte de la mar. Los moros quando los vieron
subidos en lo alto, fueron contra ellos con tan arre-
batado acometimiento, que lo ficieron venir f uyen-
do la cuesta ayuso. Al pié desta cuesta estaban á
caballo Don Hurtado de Mendoza , y el Comenda-
dor mayor de León, é Rodrigo de UUoa, é Garcila-
Bo de la Vega ; é con ellos habia otros fijos-dalgo
de la casa del Rey é de la Reyna. Los quales reco-
gieron la gente de pié que venian f uyendo ; é se-
gunda vez esforzados por el Comendador mayor é
por los que con él estaban, tornaron los Gallegos é
subieron la cuesta ; é ansimesmo los moros que vi-
nieron contra ellos los ficieron fuir otra vez, é de-
xar lo alto que hablan ganado. E como el Comen-
dador vido que era necesario ganar aquella cuesta,
embió decir al Maestre de Santiago, que le embiase
de su batalla algunos homes á caballo, para 'que
con los caballeros que con él estaban por una par-
te, ó los peones por otra , trabajasen otra vez por
subir la cuesta. E aunque el Maestre de Santiago
lo embió á decir que la pelea en aquel lugar era
peligrosa, ó que debia quitar afuera la gente de ca-
ballo é do pié que por allí peleaba, el Comendador
mayor todavía continó la pelea por aquella parte
por ganar la cuesta. Entretanto que esta pelea pa-
saba en aquel lugw, los otros caballeros que habe-
rnos dicho peleaban con los moros que guardaban
el cerro alto, que es cercano al castillo de Gibralfa-
ro. E porque los moros conocieron que la dispusi-
cion del lugar do los christianos estaban era á su
gran ventaja, arremetieron contra ellos ; los quales
no podiendo sof rir la fuerza de los moros, volvie-
ron las espaldas fuyendo un recuesto abaxo ó los
moros los siguieron tirándoles saetas y espingardas,
fasta que se retraxieron á la batalla del Maestre de
Santiago que estaba cerca. E luego los unos por
una parte ó los otros por otra, tornaron á pelear ; é
algunas veces los christianos aoometian ¿ los mO'
ros é los retraían fasta los meter por las cuestas al*
tas ; é otras veces los moros descendían contra los
christianos, é se metían entre ellos con tanto esfuer-
zo, que páresela tener mayor deseo de matar chris-
tianos, que de guardar sus vidas ; y en estas peleas,
que duraron por espacio de seis horas el sonido de
las trompetas, las voces, los alaridos, el golpear de
las armas, el estruendo de las espingardas é de las
ballestas de la una parte é de la otra eran tan gran-
des, que todos aquellos valles resonaban. Elos chris-
tianos sintiendo muy grave no poder vencer á los
moros, é los moros deseando verter sangre de chris-
tianos, arremetían unos contra otros fasta que lle-
gaban á se ferir con las espadas é con los puñales.
E tan grande era el deseo de la venganza , que pri-
vaba al deseo de la cobdicia ; porque ninguno pug-
naba por captivar al enemigo aunque podia, salvo
por lo ferir ó matar. Todas las otras batallas de los
christianos de pié é de caballo que quedaban en la
rezaga, no podían pasar adelante ; porque de la una
parte estaba la mar é de la otra una sierra muy
alta. E la senda que estaba en medio por do la gen-
te pasaba era tanto estrecha é de tan fragosos pa-
sos, que la gente de caballo ni la de pié no podían
ir sino uno tras otro. Y el gran número de las bes-
tias que llevaban el fardage é también la gente de
armas é de pié, se empedian en aquellos pasos unos
á otros ; de tal manera, que aunque oian el estruen-
do de las armas y el sonido de las trompetas y el
alarido de los moros, no podían ir adelante en ayu-
da de los christianos que peleaban.
Durante el tiempo de estas peleas, ciertas gentes
de peones de las Hermandades é de otras partes , se
aventuraron á subir lo agro de aquella sierra, é á
gran trabajo pasaron adelante con siete banderas.
E puestos en la cumbre, mostráronse á los moros en
aquella parte de Gibralfaro, donde defendían el
paso á los christianos. Los moros , vistas aquellas
batallas que venian contra ellos , retraziéronse á
aquel cerro que habemos dicho que estaba entre la
sierra y el castillo de Gibralfaro. El Comendador
mayor é Don Hurtado, por la otra parte de la mar
donde estaban con los peones de Galicia é de otras
partes, cometieron tercera vez á subir aquella otra
cuesta. E como quier que la subida era muy agrá,
pero Rodrigo de Ulloa é Garcilaso de la Vega ó
otros algunos de caballo con ellos, comenzaron á
subir poruña parte; y el Comendador mayor esfor-
zando los peones gallegos para que subiesen por el
otro cabo, subieron á lo alto de la cuesta. Los moros
tirando saetas y espingardas como las otras dos
veces habían fecho, vinieron contra ellos. E los
christianos ficiéronles rostro, especialmente un al-
férez de los peones de Mondoñedo que se llamaba
Luis Mazeda, sufrió el recio acometimiento que los
moros luego ficieron, é se metió con la bandera que
traía entre ellos. E algunos gallegos é castellanos
que le siguieron, pelearon con tan gran denuedo con-
tra los moros, que los ficieron fuir é retraer al cas-
tillo de Gibralfaro.
^ '■ DON FERNANDO
Visto por los christianos que peleaban por esta
otra parte de Gibralf aro, como los moros que pelea-
ban por la parte de la mar se habían retraído , co-
mo quier que la subida del cerro era tanto áspera
que á gran pena lo podían subir ; pero mucho mas
la voluntad que la posibilidad, les fizo acometer á
lo subir : porque veian, que si aquel cerro no se to-
mase, la gente de la hueste no podía seguramente
pasar é poner real en los lugares donde estaba acor-
dado. E como las cosas aunque difíciles, la fervien-
te voluntad de las haber las face fáciles, dellos ca-
yendo , dellos levantando , unos por unas partes,
otros por otras , tirando é recibiendo tiros de pie-
dras é da espingardas é ballestas, posponiendo la
vida por haber loable fama, subieron el cerro; é
los moros que lo guardaban , cansados é muchos
dellos f erídos , se retraxieron f oyendo al castillo.
Como los christianos que allí peleaban se apodera-
ron del cerro, luego el Rey con toda la hueste pudo
pasar adelante, sin haber el peligro que de aquel lu-
gar se esperaba. E porque en aquellas peleas y es-
caramuzas se pasó todo lo mas del día, é la gente de
la hueste llegaron tarde é fatigados, dellos de las
peleas, dellos del trabajo que ovieron en los malos
pasos del camino , no se pudo esa noche asentar el
real en los lugares donde convenia. Y el Rey, acom-
pañado de algunos Grandes é caballeros de su hues-
te, andovo esa noche poniendo estanzas contra la
cibdad, é guardas é sobreguardas y escuchas para
sentir qualquier movimiento que los moros quisie-
sen facer. Otro día por la mañana se asentaron las
tiendas del Rey en un lugar ; é allí fueron aposen-
tados los caballeros que andaban en su guarda é
todos sus oficiales. En otro lugar cercano á la mar
jEueron aposentados los Maestres de Santiago é de
Alcántara con otros capitanes. En otro lugar esta-
ban las gentes de caballo ó de pió de algunas cib-
dades ó villas de las montañas. En otro lugar esta-
ba el artillería é las gentes de pelea que la guarda-
ban, é los oficiales que labraban de contíno el fierro
é las piedras é las maderas é otras cosas que eran
necesarias.
CAPÍTULO LXXVI.
Como se asentaron las estanzas contra la cibdad de Málaga.
Como el real fué asentado, luego acordó el Rey
de poner las estanzas contra la cibdad en los luga-
res donde convenia, é f ortalescer de tapias é cavas
aquel cerro que estaba contra el castillo de Gíbral-
f aro ; ó mandó estar en él dos mil é quinientos de
caballo é catorce mil bornes á pié, é fornecello de
tiros de pólvora. E dio el cargo principal para lo
guardar al Marques de Cáliz ; ó mandó al provisor
de Víllafranca, que con algunos peones de las Her-
mandades estoviese con el Marqués en ciertas es-
tanzas. E cerca de las estanzas del Marqués mandó
tener otra estanza á Don Martín de Córdoba con la
gente de su capitanía ; é junto con esta estanza se
puso otra que tenía Hernando de Vega ; é cerca
desta estaba ,otra estanza que tenia Garci Bravo,
É DOÍÍA ISABEL. 457
alcayde de Atienza ; é fué puesta otra do estaban
Pero Vaca é Carlos de Arellano, capitán de la gen-
te del Duque de Medinacíli. E cerca desta tenia
otra Hernán Carrillo ; é junto con esta tenia otra
estanza Jorge de Beteta, alcayde de Soria ; é cerca
de esta tenia otra estanza Miguel Dansa ; é después
desta estaba otra que tenía Francisco de Bovadi-
11a; é luego cerca desta tenia otra estanza Diego Ló-
pez de Ayala. Todos estos capitanes con las gentes
de sus capitanías , tenían estas estanzas en toda
aquella parte que desciende desde el cerro alto cer-
cano á Gibralf aro, fasta dar en la mar. E desta otra
parte de la cibdad que viene desde Gibralf aro ro-
deando por los arrabales, mandó poner otras es-
tanzas en esta manera. Al alcayde de los Donceles
mandó tener una estanza contra una parte de la
cibdad que dicen la puerta de Granada ; ó porque
esta tenia grande espacio de tierra, mandó estar
con él cierta gente del Duque de Medinasidonia é
del Duque de Alburquerque. E después desta tenia
otra estanza el Conde de Cíf uentes con la gente de
caballeé de pié de la cibdad de Sevilla ; é cerca desta
mandó tener otra al Conde de Feria ó al Comenda-
dor mayor de Calatrava ; é cerca desta tenia otra
el Clavero de Calatrava con la gente de su capita-
nía é con la gente del Maestre de Calatrava é Alon-
so Enriquez, capitán de la gente de Ecíja. E cerca
desta tenía otra estanza el Conde de Benavente, con
el qual mandó que estoviese Pero Carrillo de Al-
bornoz con la gente de su casa , é con la gente del
Arzobispo de Sevilla que tenía en su capitanía ; en
otra estanza cerca desta estaba el Conde de Urue-
fia, é Don Alonso Señor de la Casa de Aguilar; otra
estanza cerca desta tenía el Duque de Náxera, con
el qual estaba un capitán del Rey, que se llamaba
Hernán Duque, con la gente de su capitanía; é
cerca desta estaba otra estanza que tenia Don Fa-
drique de Toledo, é con él estaba Juan de Almaraz
é Alonso Osorío, capitanes, con las gentes de sus
capitanías ; cerca desta tenia otra estanza Don Hur-
tado de Mendoza con la gente del Cardenal de Es-
paña ; ó junto con ella tenía otra estanza el Conde
de Cabra ; é cerca desta tenía otra estanza el Comen-
dador de León ; é cerca desta estaba otra que tenía
Garcifernandez Manrique con la gente de la cib-
dad de Córdoba ; é cerca desta estaba otra estanza
que tenia el Maestre de Alcántara, con el qual man-
dó el Rey que estoviese Antonio de Fonseca, ó An-
tonio del Águila , capitanes , con las gentes de sus
capitanías ; é luego junto con esta estanza estaba
el Maestre de Santiago , é con él estaba Puertocar-
rero. Señor de Palma. E porque andando en torno
de la cibdad, desde la una parte de la mar fasta la
otra había grand espacio de tierra, convino ceñirla
con todas estas estanzas , porque estoviese cercada
de todas partes. E todas fueron fortificadas de ca-
vas é baluartes, é repartidos en ellas espingarderos
é ballesteros, é otros bornes de pelea que las guar-
daban. Otrosí mandó el Rey á Mosen Requesens
Conde de Trevento, é á Martín Ruiz de Mena, é á
Arriaran, é á Antonio Bernal, capitanes de lá flota
458
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que estaba en la mar, que en las noches pusiesen
juntas todas las naos é las galeras é las caravelas é
todas las otras fustas, por manera que ciñesen la
cibdad por la parte que la cerca la mar. Los moros
estaban proveídos de muchas lombardas é otros
tiros de pólvora, é oficiales artilleros, é de todas las
otras cosas necesarias para se defender, é ofender.
E quando vieron el real del Rey asentado en aque-
llas partes, conoscido el lugar donde la tienda real
estaba, tiraron á ella tantos tiros de truenos é búza-
nos, que fué necesario de la mudar, é poner tras
una cuesta en lugar mas seguro.
Asentados los reales é las estanzas en torno de la
cibdad, luego el Eey mandó sacar de las naos el ar-
tillería que babia venido sobre Velezmálaga, é traer
las lombardas grandes, que por el impedimento del
camino fragoso hablan quedado en la cibdad de An-
tequera. Llegó ansimesmo por la mar un caballero
que se llamaba Don Ladrón de Guevara con dos naos
armadas que venian de Flándes, en las quales el
Rey de los Romanos fijo del Emperador, embió al
Rey ciertas lombardas é tiros de pólvora, con todos
los aparejos que eran necesarios. Otrosí para facer
los pertrechos é proveimientos del artillería, habia
muchos oficiales ferreros, carpinteros, aserradores,
hacheros, fundidores, albañies, pedreros que busca-
ban mineros de piedras, é otros pedreros que las la-
braban , é azadoneros, carboneros que tenían cargo
de facer el carbón para las fraguas, y esparteros que
facían sogas y espuertas. Y en cada uno destos ofi-
cios había un ministro, que tenía cargo de solicitar
los oficíales, é darles todo lo que era necesario parala
labor que facían. Otrosí andaba gran número de car-
retas, é con cada cien carretas era diputado un mi-
nistro que tenia maestros, á quien dábalos aparejos
necesarios para las reparar. E habia otros maestros
de facer pólvora, la qual se guardaba en cuevas que
facían debaxo de tierra trecientos homes repartidos
de noche é de día para la guardar. E mandó el Rey
traer de las Alxeciras que estaban despobladas, to-
das las piedras de lombardas que el Rey Don Alon-
so el bueno su trasbísabuelo fizo tirar contra aque-
llas dos cibdades quando las tovo cercadas.
Después que el artillería fué llegada al real, é
fueron fechos los aparejos que se requerían para
que tirasen, el Rey mandó á Francisco Ramírez , ca-
pitán del artillería, que ficíese subir á la cuesta
grande que guardaba el Marqués de Cáliz contra el
castillo de Gibralf aro , cinco lombardas gruesas é
otros tiros medianos é pequeños. Y en la estanza
del Marestre de Santiago, que es cercana a la huer-
ta que dicen del Rey, mandó asentar seis lombardas
con otros tiros de pólvora ; é los otros tiros se re-
partieron por otras partes, do fué acordado por los
artilleros. E para facer los lugares do se habían de
asentar las lombardas, fué necesario grande guarda,
porque los moros tiraban tantos tiros de pólvora é
de saetas contra los que facían los asientos, que no
podían estar seguros ; é convino facerlos de noche,
é con grandes amparos, para escapar del daño que
los moros facían con su artillería.
CAPITULO LXXVIL
Como se combatió una parte del arrabal de Malaga.
Según habemos recontado, el un arrabal déla
cibdad tenia los muros fuertes, é poblados de mu-
chas torres. E porque su circuito era grande, los
moros tenían en él sus ganados, é habían lugar de
salir á pié é á caballo á pelear ; é peleaban tantas
veces con los que guardaban las estanzas, que fa-
cían á las gentes del real estar armados para los
combates que continamente les facían. E por escu-
sar aquel daño, é porque ganándose una gran torre,
que está en el esquina de la cerca, se ganaba gran
parte del arrabal , el Rey mandó asentar contra ella
ciertas lombardas , las quales derribaron parte del
muro que habia de torre á torre, é las almenas é to-
das las defensas que aquella torre é otras cercanas
á ella tenían por la parte defuera. El Conde de Ci-
fuentes é Juan de Almaraz é Hurtado de Luna ca-
pitanes, é otros fijos-dalgo de la casa del Rey é de la
Reyna, visto que con menor peligro podían comba-
tir el muro , por ser derribadas las defensas que te-
nia por defuera, llegaron con algunos pertrechos á
aquella torre, é pusieron las escalas. Los moros por-
que en lo alto no tenían defensas, descendieron á
una bóveda de la torre, é desde aquel lugar echaron
pez é resina con lino é con cáñamo, é quemaron las
escalas, é los otros pertrechos que estaban arrimados
á la torre. Los chrístíanos por los muchos tiros que
los moros facían , fueron constreñidos por aquella
hora de apartar el combate. E porque luego salieron
de la cibdad muchos moros para defender aquella
torre, el Rey mandó al Duque de Náxera, é al Co-
mendador mayor de Calatrava, que viniesen al com-
bate con sus gentes. Otro día por la mañana los
chrístíanos traxíeron otros pertrechos é tornaron á
poner las escalas, é subieron por ellas á la torre, é
pusieron en ella las banderas de los capitanes.
Los moros, visto que los chrístíanos la habían se-
ñoreado, asentaron dentro en el arrabal algunos ti-
ros de pólvora con que tiraron á la torre por derri-
bar las defensas que amparaban en ella á los chrís-
tíanos que habían subido. E con gran peligro de las
piedras y esquinas que tiraban de alto, llegaron los
moros al pié de la torre , é cavaron cierta parte de-
Ua , é pusiéronla en cuentos para la derribar. Los
christianos , por socorrer á los que habían subido,
llegaron con pertrechos al muro, que estaba ya
tanto derribado de las lombardas , que podían ver
á los moros que peleaban de dentro. E por aquel lu-
gar, los christianos pugnando por entrar é los moros
defendiendo la entrada , duró la pelea entre ellos
todo aquel día é la noche siguiente. Otro día los mo-
ros con los tiros que ficieron derribaron algunas al-
menas que en la torre habían quedado por la parte
de dentro; é porque aquellas defendían á los chrístía-
nos que estaban en lo alto , fueron constreñidos de
baxar á la bóveda de la torre que los moros habían
desamparado. Los moros , visto que con todas sus
fuerzas nopodiaii lanzar los christianos de la torre,
DON FERNANDO E DOÑA ISABEL.
459
pusieron fuego á los cuentos de madera , é cayó una
parte della con algunos de los christianos que la de-
fendían. Los otros que quedaron con gran pena del
humo é de los tiros que f acian los moros , defendie-
ron la torre fasta que otros ovieron lugar de subir á
los socorrer. E después que la señorearon , tiraron
della tantos tiros de piedras y espingardas, que ma-
taban é ferian muchos de los moros que la comba-
tían por la parte de dentro. É los christianos que
combatían por defuera , pudieron subir al muro , é
saltando el fosado que los moros hablan fecho por
de dentro, pasaron adelante peleando con los moros
por espacio de tres horas. E alli fué necesario el es-
fuerzo del corazón juntamente con la fuerza de las
manos , porque la pelea en aquellos lugares fué tan
ferida , que no se ganó paso de aquellos arrabales,
que no fuese regado con sangre de los unos é de los
otros. Al fin los moros, quando no pudieron sofrir la
fuerza de los christianos , se retraxieron á la cibdad,
é los christianos los siguieron firiendo é matando
algunos dellos ; é ansi quedaron apoderados de toda
la mayor parte de los arrabales. Otro dia Don Hur-
tado de Mendoza combatió un portillo que estaba
en el muro del arrabal por aquella pai-te donde te-
nia su estanza , é peleando con los moros entró con
su gente , ó ganó una torre que estaba cercana de
aquel portillo. E algunos de sus escuderos é peones
tendiéronse por las calles é otros lugares del arrabal
que no sabían. Los moros, que conocían las en-
tradas ó pasos de aquellas calles, salieron por otra
parte, é atajaron á aquellos que andaban desman-
dados, é pelearon con ellos, é á unosfirieron, é á
otros mataron ; otros se retraxieron al portillo que
habían ganado. Y el acometimiento que los moros
ficieron contra los christianos fué tan arrebatado,
que aquellos que estaban sobre la torre que habían
ganado, perdido el sentido se dexaron caer della , é
la desampararon con toda aquella parte del arrabal.
E ficieran los moros mayor daño en los christianos,
salvo que Don Hurtado socorrió con la otra gente,
é peleando con los moros , los retraxo fasta los me-
ter por la cibdad ; é tornó á recobrar la torre que los
auyos habían desamparado.
CAPÍTULO LXXVIII.
Como la Reyna vino al real de Málaga, é de las cosas que ende pa-
saron.
En algunos lugares de los que son en comarca
de la cíbdBd de Málaga, había en aquellos días pes-
tilencia, é las gentes de la hueste por esta causa es-
taban en temor recelando no la ovíese en el real.
Otrosí acaesció algunas veces haber carestía en los
mantenimientos, quando las fustas por la mar é las
recuas que los traían por la tierra, tardaban en ve-
nir con ellos. E como en las grandes huestes suele
acaescer, que algunos murmuran é se quexan quan-
do semejantes cosas ocurren , algunos malos chris-
tianos de livianos sesos é dañados deseos creían que
el Rey por estas causas no se podría allí sostener ;
é con gran daño de sus ánimas apeligro de sus cuer-
pos; se pasaban á los moros , é les informaban des-
tas cosas, é agraviándolas mas en dicho que eran en
fecho, les decían que las gentes del real estaban
mal contentos, é que se iban de dia en dia sin licen-
cia del Rey é de sus capitanes. E allende desto les
daban á entender que la Reyna, temiendo la pesti-
lencia, escrebia de contino al Rey, suplicándole que
ñciese luego alzar el real , é que embiaba á mandar
á los Grandes que con él estaban, que gelo conse-
jasen , por el recelo que había de algún daño que
por esta causa acaeciese en sus gentes. Y estos ma-
los christianos amonestaban á los moros, que pues
eran tantos é tan escogidos homes que se detovie-
sen, é no ficiesen partido de entregar la cibdad al
Rey , pues que el real no podía allí durar. Los mo-
ros que hgeramente creen las cosas que desean, es-
forzábanse , é crescíales mas su pertinacia, pensan-
do ser verdad lo que aquellos malos christianos les
decían. E mostrando sus fuerzas para defender la
cibdad , facían en los lugares menos fuertes grandes
fosados é palizadas , ó todos los días salían á pelear
con los christianos que guardaban las estanzas.
Como el Rey fué informado que los moros creían
que la Reyna procuraba que se alzase el real , á fin
de los quitar de aquel propósito embió decir á la
Reyna, que para la brevedad de las cosas de aque-
lla conquista convenía que ella viniese en persona,
y estoviese en aquel sitio ; porque los moros por ex-
periencia viesen la voluntad que él y ella tenían de
permanescer en aquel cerco , é de lo no alzar por
ninguna cosa que ocurriese fasta ganar la cibdad.
Quando la Reyna fué certificada destas cosas por
las cartas é mensageros del Rey , acordó de venir al
real, pensando que sí los moros sopiesen de su ve-
nida , se dexarían de la esperanza que aquella falsa
información les había dado , é que entregarían lue-
go la cibdad. Otrosí se movió á venir, porque ocur-
rían algunas cosas , ansí tocantes al dinero que era
necesario para sostener la guerra , en que ella prin-
cipalmente proveía , como en otros negocios arduos
de sus Reynos que continamente ocurrían ; los qua-
les era necesario comunicar con el Rey, é recebian
algún detrimento por no se platicar con él.
Como la Reyna vino al real fué recebída por el
Rey, é por los Grandes é caballeros; é comunmente
por todas las gentes de la hueste con gran placer,
porque su venida les pareció ser alivio de los traba-
jos pasados , é se esforzaron mas para los continar.
E algunos caballeros é fijos-dalgo , é otros mance-
bos dados á virtud que no habían seydo llamados
este año para la guerra , sabido que la Reyna esta-
ba en el real , se movieron á venir por sus personas
á la servir. Venida la Reyna al real, luego el Rey
mandó apretar mas el cerco, é facer cavas é paliza-
das en los lugares donde era mas necesario. E man-
dó á un intérprete que fablase con los de la cibdad,
faciéndoles saber como la Reyna era venida al real,
é que estaba en propósito con el ayuda de Dios de
permanescer en aquel cerco , é de lo no alzar por
ningún caso que acaesciese fasta ganar la cibdad.
Por ende que se dexasen de qualesquier palabras
460
que contra esto les fuesen dichas, pues veian no ser
verdaderas; é que entregasen luego la cibdad, y el
Rey é la Reyna se habrían piadosamente con ellos,
é les darian seguro para que pudiesen ir libremen-
te con BUS bienes á las partes de África ó de España,
según lo habia dado á los de Velezmálaga. E que no
esperasen tiempo tal que su rebelión dañase á su
vida é á su libertad , para que no pudiesen librar á
BÍ ni á sus mugeres é fijos de muerte ó de captive-
rio. Oida por los moros esta amonestación, luego
aquel capitán Hamete Zelí, é otro capitán de la
gente de los Gomeros , que se llamaba Aliderbart,
menospreciando el beneficio de la libertad que por
parte del Rey é de la Reyna les fué ofrescido , no
quisieron responder, ni dieron lugar que moro nin-
guno respondiese á la f abla que les fué fecha; é
continuaron en mayor rebelión , teniendo confianza
en la fortaleza de la cibdad , y en la gente que te-
nían para la guardar. Otrosí tenían esperanza que
aquel sitio no podía durar muchos días, por las llu-
vias que en aquella tierra suelen caer, las quales
traerían toda la gente de la hueste en perdición si
allí esperasen. E también porque aquella cibdad no
tiene puerto , é su playa es tan peligrosa á los na-
vios en tiempo de fortuna, que ninguno puede es-
tar en ella ; y esperaban que con la primera tor-
menta las fustas de la flota peligrarían , ó les seria
forzado de ir á otros puertos, y ellos habrían liber-
tad por la mar de ir á África , é los de África venir
á la cibdad á la socorrer con las gentes é provisio-
nes que oviesen menester. Ansimesmo pensaban
que acaescerian en el real otros algunos inconvi-
níentes de los que suelen acaescer en las huestes
que están muchos días en el campo. Y estas espe-
ranzas que los moros tenían, les dieron esfuerzo
para se defender é poner dobladas guardas en to-
das las fortalezas é muros de la cibdad. Para lo
qual se dividieron en quadrillas cada una de cien
homes con un capitán , los unos para rondar, otros
diputaron para que saliesen á pelear, otros manda-
ron que estoviesen sobresalientes para socorrer á los
que peleasen; é todas estas gentes proveyeron de
armas é de muchas espingardas é ballestas é otros
tiros de pólvora. Armaron ansimesmo por la mar
seis albatozas é fornesciéronlas de gente é de mu-
chos tiros de pólvora. E defendieron que ninguno
de los moros respondiese á los christianos á qual-
quier f abla que les dixesen ; é ni ellos entre si unos
con otros fablasen en dar la cibdad por qualquíer
partido que les fuese fecho, so pena de muerte.
Ovo algunos moros que en su f abla mostraron vo-
luntad de responder á los christianos, 6 que no pa-
recían tanto diligentes en la defensa de la cibdad ;
y estos tales luego fueron muertos ó feridos por
aquellos Gomeros ó por sus capitanes, sin esperar
dellos razón alguna. E con estas muertes ó feridas
que dieron á algunos , todos estaban tan atemoriza-
dos , que ninguno osaba f ablar con otro á parte , ni
mostrarse negligente en fecho ni en dicho, que to-
case á la defensa de la cibdad. É cada uno pensaba
de mostrar el esfuerzo ^ ó de lo poner á otros, é de
CRÓNÍtJAS DBliOS REYES DE CASTILLA.
no aceptar ni oír partido alguno, que por los chris-
tianos le fuese ofrescido. Los mercaderes é otras
gentes pacíficas de la cibdad , á quien la manera de
su vivir habia fecho ágenos del uso de las armas,
fueron puestos en turbación tal , que ni pensaban
tener amparo ni lugar seguro á su vida ni de sus
mugeres é criaturas, ni sabían sí era buena aquella
defensa que se facía , ó si era mejor consejo entre-
gar la cibdad al Rey ; porque el miedo de los chris-
tianos que los guerreaban de fuera , é la fuerza de
los Gomeros que los señoreaban de dentro , les pri-
vaba el entendimiento para haber consejo,
CAPÍTULO LXXIX.
De la pelea que se ovo con los de la fortaleza de 6ibralfar9<
Las lombardas que el Rey mandó asentar contra
el castillo de Gíbralf aro , tiraron algunos días á una
torre la mas alta de aquel castillo , é otra menor
que estaba cerca della , é á un muro que había en-
tre ambas estas torres ; é derribaron gran parte del
muro é de las torres , de manera que páresela no
quedar defensa ninguna á los moros para se ampa-
rar en ellas, si el castillo por aquella parte se com-
batiese.
Los moros , visto aquel daño , luego ficieron por
de dentro un fosado é lo fortalecieron con palizadas
é tapias, de manera, que la entrada por allí fuera
peligrosa á los christianos. Algunos capitanes que
dubdaban de la defensa que los moros ficieron por
de dentro , consejaban que el castillo se debía com-
batir, pues las lombardas habían derribado todas
las defensas que los moros podían tener en aquella
parte. El voto de otros era que no se debía cometer
el combate ; porque sospechaban que los moros ha-
bían fecho las defensas que ficieron. E decían, que
si el muro se ganase, aquello seria á gran peligro
de los christianos ; é aunque lo entrasen , la entra-
da seña sin provecho, porque no podrían pasar
adelante por la gran cava é defensas que los moros
temían fechas por las partes de dentro. Al fin de al-
gunas pláticas fué acordado que cesase el combate;
pero que el Marqués de CáUz acercase mas su estan-
za al castillo por aquella parte de las torres derri-
badas ; é que esto se podía facer seguramente , pues
que los moros no tenían defensa alguna donde lo
pediesen resistir. El Marqués, visto el acuerdo que
sobre esto se ovo , aunque dubdoso de llegar su es-
tanza tanto cercana al muro ; pero porque no pares-
cíese ref usar qualquier trabajo aunque fuese peli-
groso, fizo llegar su estanza cerca del castillo quan-
to un tiro de piedra de la mano.
Los moros, visto que los christianos se habían lle-
gado tan cerca , salieron fasta dos mil dellos dando
grandes alaridos é tirando tiros de saetas é piedras
y espingardas. E con el acometimiento arrebatado
que suelen facer, pasaron las defensas que tenía el
estanza que había acercado el Marqués, é firieron
é mataron algunos de los que la guardaban; é fue-
ron mas adelante peleando con los christianos que
venían á ayudar á los que estaban en el estanza. El
nON FERNANDO
Marqués é Don Martin de Córdoba, é Garci Bravo,
Alcayde de Atienza , é algunos de los gallegos con
sus capitanías, é otras gentes de las Hermandades
que estaban en otras estanzas cercanas á la del
Marqués , salieron luego á resistir los moros. E por
los grandes barrancos é quebradas que habia en
aquellas cuestas , pelearon á pié unos contra otros
con tanto denuedo, que llegaban á se ferir con las
espadas é con los puñales ; é los unos caian muertos
de las f eridas , otros rodaban al fondo de las cues-
tas. É los moros peleando á su ventaja, é los chris-
tianos á su peligro por la dispusicion de los lugares,
duró la pelea por espacio de una hora, fasta que
acudieron mas gentes que ficieron retraer á los mo-
ros. En esta pelea fueron muertos Garci Bravo, Al-
cayde de Atienza , é Iñigo López de Medrano , se-
ñor de Cabanillas, é Gabriel de Sotomayor, é otros
dos capitanes de los gallegos, que se llamaba el
uno Pedro Pamo y el otro Vasco de Meyda , é otros
tres capitanes de las hermandades , é algunos peo-
nes gallegos é castellanos ; é fué el Marqués ferido
de una saeta en el brazo , al qual no fálleselo fuer-
za en aquel lugar , pero falleció lugar para usar de
su fuerza, porque la aspereza de los barrancos lo
impedia ; é fueron f eridos otros muchos.
Como los moros fueron retraídos al castillo, lue-
go el Marqués , visto el gran peligro é poco prove-
cho que se habia en tener la estanza tan cerca del
castillo, fizóla retraer al lugar donde primero esta-
ba. B cesó ansimesmo el consejo que algunos daban
para que se combatiese , por el peligro que pareció
en la gran defensa ó mucha gente de moros que lo
guardaban.
CAPÍTULO LXXX.
Como fálleselo la pólvora, é de la provisión que se fizo para la
haber.
Las lombardas é otros tiros del artillería, no cesa-
ban de tirar por todas partes tan continamente que
fallesció la pólvora. El Eey é la Reyna embiaron
luego tres galeras , una á la cibdad de Valencia,
otra á la cibdad de Barcelona , é otra al reyno de
Sicilia, para que traxiesen pólvora. Otrosí embia-
ron ¡al Rey de Po'rtogal , á le rogar que embiase la
mas pólvora que se pudiese haber en su reyno, é de
todas partes fué traída gran cantidad de pólvora ;
pero los tiros eran tantos é tan continos, que se gas-
taba toda la que se traía por la mar é por la tierra.
Los moros, confiando en sus fuerzas, salían á pelear
algunos días contra unas estanzas , otros dias contra
otras, según veían la dispusicion de los lugares
contra quien mas daño podían facer ; é ningún día
pasaba que no peleasen por dos ó tres partes. E tan
contínas eran las peleas , que convenía á los chris-
tianos estar todas horas en las estanzas armados é
apercebidos, recelando ser acometidos por los mo-
ros. E destas peleas caian algunos muertos é otros
f eridos , que se retraían á las tiendas que se decían
pl Hospital de la Reyna , donde eran curados.
£ como quier que los moros viejos é las mugeres I
É DOtA ISABEL. 4ÓÍ
é otras gentes de la cibdad facían planto é gemianías
muertes é las feridas de sus fijos é de sus maridos ó
de otros sus propíneos , é la destruicion que todas
horas veían de su cibdad, pero si alguno mostraba
desear concordia por escusar aquellos males, los
Gomeres , gente inhumana, 6 lo mataban , ó lo ator-
mentaban , de manera, que ninguno osaba mover
trato de concordia con el Rey é con la Reyna.
Acaesció un día que algunos homes pacíficos de la
cibdad secretamente se concordaron de embiar un
moro con una cédula de creencia al Rey é á la
Reyna, para mover con ellos trato de les entregar
la cibdad por una parte que ellos entendían haber
para dar la entrada , con seguro que oviesen para
las vidas é bienes é libertad de sus personas é de
todos los que estoviesen en la cibdad. Este moro sa-
lió secretamente é fué tomado por las guardas ó
traído al Rey é á la Reyna. Los quales oída su em-
bazada, le dixeron que les placía dar seguro á todos
los de la cibdad en la forma que lo suplicaban. É
como el moro tornase con la respuesta por aquel lu-
gar é á la hora asentada con aquellos que le embia-
ron, las guardas de los moros Gomeres que le vieron
venir, queriéndole prender, lo firieron. Y el moro fe-
rido escapó de sus manos é pudo volver fuyendo al
real , é murió de las feridas que le dieron.
CAPÍTULO LXXXI.
De la eerea qne se fizo, é de la guarda qne el Rey é la Reyna man-
daron poner en las eslanzas.
Los moros salían de la cibdad á pelear por todas
partes con los que guardaban las estanzas puestas
en la tierra, é con sus albatozas con las gentes que
guardaban la mar : de manera que las peleas no ce-
saban por la mar é por la tierra. E por alguna rele-
vación de los trabajos que las gentes del real habían
después que fueron ganados la mayor parte de loa
arrabales, el Rey mandó poner las estanzas cercanas
á los muros de la cibdad. É porque eran muchas é con-
venia que estoviesen bien f ortalescidas con cavas é
palenques é otras defensas é fornescídas de gentes é
pertrechos é de otras cosas necesarias; el Rey dio car-
go á tres caballeros de su hueste para que todos los
dias andoviesen por el circuito de la cibdad prove-
yendo á los de las estanzas de las cosas que les eran
necesarias. El uno destos caballeros era Garcílaso
de la Vega, el otro se llamaba Juan de Zúfiiga , y el
otro Diego de Atayde ; é cada uno destos andaba
por su parte proveyendo las cosas que eran menes-
ter para fortificar las estanzas , de tal manera que
los moros no pudiesen salir como muchas veces sa-
lían á pelear con los que las guardaban. É porque
en aquellas partes que descienden de las cuestas al-
tas de Gíbralf aro fasta la mar , las estanzas no se
podían bien fortificar con cavas é palenques , por la
indispusicion de los lugares, el Rey é la Reyna man-
daron que se ficiese una gran cerca que guardase
toda aquella parte que rodea la cibdad desde la for-
taleza de Gíbralf aro hasta la mar, é desta otra parte
fasta llegar á los arrabales ; é luego fué fecha dg
462
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
tres tapias en alto ; é ficiéronse en ella algunos por-
tillos , é mandaron poner en ellos gentes que los
guardasen. É con esta cerca, todos los que guardaban
aquellas partes estaban mas seguros; porque los
moros no habían lugar de salir á dar en los chris-
tianos , ni de facer tanto daño como f acian con los
tiros que tiraban del muro é torres de la cibdad.
CAPÍTULO LXXXIL
De los Consejos que se o vieron, si se debia combatir la cibdad
de Málaga.
En el real habia grand abundancia de manteni-
mientos , porque todos los dias venian navios de
los puertos de la mar que son en el Andalucía, car-
gados de provisiones é de las otras cosas necesarias.
Algunos moros de África, sabido el cerco que esta-
ba puesto sobre aquella cibdad, armaron de sus
fustas , é puestos en el estrecho de Gibraltar , to-
maron algunos barcos de aquellos que continamen-
te iban é venian con bastimentos é provisiones. E
por esta causa mandó el Eey á los capitanes de la
flota , que pusiesen en aquella parte navios armados
que guardasen la mar.
Otrosi algunos malos christianos , que según ha-
bemos dicho se aventuraban á entrar en la cibdad,
informaban á los moros del estado del real, dicién-
doles los que eran muertos é f eridos , é los trabajos
é dolencias que padescian é recelaban padescer las
gentes de la hueste. Otrosi les decian , que los mo-
ros de allende tenian en la mar navios armados en
su favor, é que escusaban los mantenimientos que
venian al real. E que las gentes de la hueste no po-
diendo sofrir estos trabajos , se iban de dia en dia,
é que el Rey constreñido por estas causas alzaria
presto el real. Los moros, informados de estas cosas,
como quier que los mantenimientos se les iban di-
minuyendo , pero todavía duraban en su rebelión é
no querían venir en ninguna f abla de partido , es-
perando que el cerco en breve se alzaria. B desea-
ban notificar á los de Granada é á los de las otras
cibdades , el estado de la cibdad é como les eran
necesarios mantenimientos é socorro de gentes. Al-
gunos moros de la cibdad con zelo de su secta é
amor de su gente , se disponían á morir ó á enga-
ñar; é salían de la cibdad, é poníanse en las manos
de las guardas , ofrescíendose á ser christianos. Y
estos informaban al Rey , de como la cibdad estaba
bien proveida de gentes é de mantenimientos ; é
conosciendo que el combate seria peligroso á los
christianos, daban á entender al Rey, que la cibdad
se podía tomar sí se combatiese por aquellas partes
donde las lombardas habían tirado. Otros moros
que salían de la cibdad, é se pasaban á los christia-
nos por falta de mantenimientos que habia en la
cibdad , informaban al Rey de lo contrario , é de-
cian que los mantenimientos se diminuían , é no se
fallaba pan á comprar como solía , é que si de fuera
no fuesen proveídos, presto la hambre les f aria en-
tregar la cibdad.
Habidas estas informaciones contrarias nnas de
otras, algunos caballeros é capitanes, recelando
que en la dilación del tiempo podrían venir lluvias
ó recrescerse otras cosas que ficiesen alzar el cerco,
consejaban al Rey, que debia mandar combatir la
cibdad por aquella parte que guardaba el Maestre
de Santiago , donde las lombardas habían derriba-
do algunas almenas é otras defensas de las torres é
del muro : porque entendían que después que los
moros perdieron los arrabales, no tenian aquellas
fuerzas que solian tener para defender ; é que si
viesen llegar los pertrechos al muro, por ventura
vernian en alguna fabla para entregar la cibdad.
El voto de otros era, que por agora no se debia
cometer el combate , porque los muros é barreras
de la cibdad eran muy fuertes é altos , é tenian tor-
res grandes é cercanas unas de otras , é habia den-
tro mucha gente que las defendía. E como quier
que el artillería habia derribado las almenas ó de-
fensas del muro é de algunas torres, aquello era
en solo una parte de la cibdad ,é que las otras par-
tes estaban sanas é con enteras defensas. Decían
ansímesmo , que para combatir tan grande cibdad,
eran necesarios muchos mas tiros de lombardas
gruesas de los que había, para que ficiesen portillos
en muchos lugares de la cerca, por donde la gente
podiese combatir, é los moros de dentro no pedie-
sen socorrer á todas partes. E que combatiéndose
solamente por aquella parte , podrían peligrar mu-
chos é de los mejores de la hueste : porque aquellos
son los que con mayor esfuerzo osan ponerse á los
peligros. E por tanto decían que el combate debia
cesar, fasta que mas é mejores partes del muro fue-
sen derribadas. Otrosí decían que debían esperar
para saber mas cierta información del estado de la
cibdad , é de la falta de los mantenimientos que los
moros tenian ; porque se debía creer, que cibdad
tan grande é populosa no podía durar muchos días
sin ser proveída de mantenimientos que le viniesen
de fuera ; é que estos no habían lugar de entrar por
mar ni por tierra , por las guardas que en todas
partes habia.
El Rey, vista aquella diversidad de votos, estaba
en dubda de lo que debia facer, porque comba-
tiendo era cierto el peligro é no cierta la entrada, y
esperando , se recelaban los inconvínientes que re-
crescen en la dilación de los cercos , considerando
que los moros satisfacen á la natura con poco man-
tenimiento. E después de algunas pláticas que so-
bre esto se o vieron, la Rey na acordó que se suspen-
diese el combate fasta que se pudiese facer con ma-
yor seguridad de las personas. E allende de los per-
trechos que estaban fechos para combatir, manda-
ron luego facer mantas reales , é mantas de carre-
tones encoradas con cueros de vacas , é mandare-
tes, é bancos pinjados, encorados de manera que
no pudiese en ellos prender el fuego , para que con
ellos se pudiese cavar el muro. Ficieron facer ansi-
mesmo bastidas de diversas formas é de singular
artificio compuestas , en cada una de las quales po-
dían ir seguramente cien homes. E ficiéronse grúas
é torres do madera ; é destas torres salían nnas es-
DON FERNANDO
calas cubiertas de madera por los lados , para echar
sobre los muros ; y en estas escalas estaban enxeri-
das otras escalas , para descender el muro abaxo.
Ansimesmo mandaron facer galápagos de madera
gruesa é cubiertos de cueros , é otras escalas com-
puestas , é todas las otras cosas que eran necesa-
rias para que con mayor seguridad el combate se
pudiese facer. E acordaron que se ficiesen minas se-
cretas por debaxo de tierra ; dellas para poner al-
gunas partes de los muros en cuentos , é dellas para
que alguna gente entrase en la cibdad entretanto
que los combates se daban á los moros.
E mandó el Eey al Duque de Náxera é al Conde
de Benavente , que por la parte de sus estanzas fi-
ciesen una mina , é al Conde de Feria mandó facer
otra por la estanza que guardaba. Y en la estanza
del Claverp de Calatrava otra mina , é por la estan-
za que guardaba Don Fadrique de Toledo se ficiese
otra mina. Y en estas minas se puso gran diligen-
cia ; porque todos los dias é las noches andaban los
minadores con muchos peones cavando por aque-
llas quatro partes que el Rey acordó que se minase.
CAPÍTULO LXXXIII.
De las cosas qne pasaron en Granada.
Entre los dos Reyes de Granada crecia siempre
la enemistad , é como en los pueblos de los moros
se sopo que los de la cibdad de Málaga estaban
en necesidad de mantenimientos , quisieran poner-
se á todo peligro por los socorrer, salvo por la divi-
sión de los dos Reyes.
El Rey viejo que estaba en Guadix , requerido
por algunos alf aquíes de la tierra , escogió algunos
moros de caballo é de pié, y embiólos camino de
Málaga con un capitán para que entrasen en la
cibdad. Estos caballeros moros , creyendo que si
entrasen f arian grande f azafia , é si muriesen pe-
leando ganarían el ánima, iban con voluntad de
morir , ó entrar en la cibdad. Quando el Rey mozo,
que estaba en Granada, sopo que el Rey su tio em-
biaba aquella gente , juntó los mas moros que pudo
á pié é á caballo de la cibdad de Granada , y embió
un capitán á pelear con ellos ; é desbaratólos, é ma-
tó algunos dellos , é los otros fuyeron, é tornaron
para la cibdad de Guadix. Y embió sus embaxado-
res al Rey é á la Reyna, faciéndoles saber el venci-
miento que ovo contra aquellos moros que les iban
á deservir. E ansimesmo les embió decir, como era
informado que en la cibdad de Málaga se diminuían
los mantenimientos, é que mandase poner grande
guarda por mar é por tierra, de manera que no pu-
diesen ser socorridos de gente , ni de provisiones, é
que con esta guarda sin otro combate habria pres-
to la cibdad. Otrosí embió al Rey presente de caba-
llos é jaeces de oro, é á la Reyna embió presentes
de sedas é de perfumes ; é suplicóles que le oviesen
por su servidor, é le mandasen las cosas que fue-
sen en su servicio , porque él las f aria con toda leal-
tad. El Rey é la Reyna gelo embiaron á regradescer
é mandaron dar sus cartas para todas sus cibdadea
E DONA ISABEL. 463
é villas , é para los alcaydes de las fortalezas , que
le diesen el favor que oviese menester contra el
otro Rey su tio ; ó que guardasen el seguro que ha-
blan dado á los lugares que estaban por él. Los mo-
ros que vivian en la oibdad de Granada y en todos
los otros lugares , como quier que sentían gran do-
lor por el cerco que estaba puesto sobre la cibdad
de Málaga ; é por los mantenimientos que le falta-
ban quisieran ponerse á todo peligro por los socor-
rer , á fin que ellos no perdiesen , ni los christia-
nos ganasen cibdad tan noble; pero no osaban
mostrar por obra la voluntad que tenian secreta,
por no perder la seguridad que el Rey é la Reyna
les hablan dado , con la qual tenian libertad para
labrar el campo , é andar con sus mercaderías, é fa-
cer sus contrataciones seguramente por todas
partes.
CAPÍTULO LXXXIV.
De los caballeros del Reyno de Valencia é del Principado de Ca.
talufia que vinieron al real.
Como en las cibdades de Valencia é de Barcelona
é de Zaragoza , y en aquellas partes fué la fama que
el Rey acordaba de combatir la cibdad de Málaga,
é algunos caballeros é fijos- dalgo de aquellas par-
tidas sopieron que la Reyna estaba en el real , ó
oyeron los peligros é trabajos grandes que se ha-
bían en aquel sitio, movidos con zelo de virtud se
dispusieron á venir por servir al Rey é á la Reyna
en aquel fecho de armas. Los nombres de los qua-
les son los que se siguen: Don Juan Ruiz de Co-
rella , Conde de Cocentayna con una nao armada,
é Don Juan Francés de Proxita , Conde de Almena-
ra é de Aversa , con otra nao armada , é Mosen Mi-
guel de Busquete, con dos galeas armadas, é Don
Diego de Sandoval , Marqués de Denia , con fasta
otros quatrocientos fijos-dalgo naturales de aque-
llas tierras. E todos estos que eran homes é fijos de
homes principales, vinieron bien fornescí dos de ar-
mas é de las otras cosas necesarias á la guerra. E
algunos dellos que vieron los pertrechos que el Rey
é la Reyna mandaron facer para el combate, é lo
que las lombardas habían derribado , consejaban al
Rey que el combate se cometiese por aquellas par-
tes de la cibdad donde la artillería había derribado
parte del muro.
Durante estas cosas fueron tomados dos moros
de la cibdad, que certificaron al Rey é á la Reina,
que fállesela todo el pan de trigo , é que comían
pan de cebada. Esta información habida , el Rey é
la Reyna mandaron , que todavía se suspendiese el
combate fasta saber mayor información del estado
de la cibdad. Otro día salió otro moro , que certificó
al Rey é á la Reyna la mengua de los manteni-
mientos que los moros sofrían ; pero que todavía
estaban en propósito de defender la cibdad. Porque
habían recebído cartas ó mensageros de la cibdad
de Baza, por las quales los esforzaban para que du-
rasen en aquella defensa que facían ; é que les cer-
tificaban , que ganaban tan gran corona de virtud
464
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
que aun los que estaban en la otra vida les habían
embidia , é deseaban estar en Málaga á ser partíci-
pes con ellos en los trabajos que tenían en defen-
der aquella cibdad; é que esperaban en Dios , que si
las gentes de los moros no los socorriesen , él por su
gran piedad los socorrería milagrosamente. La ham-
bre crescia en la cibdad, ó los moros Gomeros anda-
ban por las casas buscando pan do quier que lo falla-
ban , ó tomábanlo , ó repartíanlo entre sí ; é quan-
do alguno negaba el pan que tenía , matábanlo é
tomaban todo el mantenimiento que tenia en su
casa. En el real había gran abundancia de mante-
nimientos, porque siempre estaban en el campo
grandes montones de fariña é de cebada para qual-
quierque dellos quería comprar. E allende desto
todos los días venían por la mar navios cargados
de pan é vino , é de paja é cebada , é de todas las
provisiones que eran menester de los puertos del
Andalucía, é del Reyno de Valencia, é de otras
partes. E como concurrían gentes de tantas partes
al real, había en la hueste muchos enfermos, é la
gente estaba fatigada de los trabajos que pasaban
é peleas que contino habían con los moros. E por-
que estaban fechas muchas ramadas, las quales
estaban ya secas, recelaban de algún fuego que
por caso se encendiese, 6 que fuese echado por los
moros mudéxares que andaban en el real ; é ansi-
mesmo se temía de algún veneno que se echase en
los pozos del agua donde las gentes bebían. E por
esta causa el Rey é la Rey na mandaron que todos
los moros mudéxares saliesen luego del real , é no
tomasen á él sin su licencia. E dende en adelante
mandaron que de día é de noche andovíesen con la
justicia homes que amonestasen á las gentes que
guardasen el inconvíniente del fuego , é que mirase
cada uno por los homes que andaban sin señor , ó
sin tener causa de estar en el real, de quien se pu-
diese sospechar algún mal , ó que lo notificasen á la
justicia. E los Alcaldes ponían tanta diligencia en
esto , y en la execucion de la justicia , que el miedo
de las penas facía refrenar á los malos , é vivir en
seguridad á los buenos. Cosa fue por cierto dina de
exemplo , porque con algunas justicias que en el
principio se executaron , no se falló entre tantas
gentes, y en tanto tiempo que uno sacase arma
contra otro, ni andovíesen en el real latrocinios, ni
otros excesos de los que en las grandes huestes sue-
len acaescer.
CAPÍTULO LXXXV.
De las peleas que pasaron en las minas que se ficieron contra la
cibdad de Málaga.
La hambre crescia mas todos los días en la cib-
dad, é no se fallaba pan ninguno de cebada ni de
trigo. Los capitanes moros andaban á lo buscar por
las casas , é todo lo que fallaban ficieron juntar , é
dieron cargo á algunos que lo toviesen , é repartie-
sen á cada un moro de los que peleaban quatro on-
zas de pan á la mañana , é dos á la noche.
Su esto» días las minas que ue comenzaron ando-
vieron adelante , é las del Duque de Náxera , é del
Conde de Benavente , é del Clavero de Calatrava,
llegaron á los muros de la cibdad. Los moros como
las sintieron cavaron por dentro , é ficieron contra-
minas fasta que llegaron á se descubrir las unas
contrarias de las otras; é los christianos por su par-
te, é los moros por la suya , pusieron grandes guar-
das. B los moros acordaron de facer una gran cava
delante de la barrera en aquella parte donde habían
tirado las lombardas , porque á la hora del comba-
te los pertrechos no pudiesen llegar á sus muros. E
comenzando á cavar por de fuera, los christianos
comenzaron la pelea con aquellos que cavaban , é
lanzábanles tiros de ballestas é de espingardas por
empacharles aquella labor. Los moros pusieron
mantas é otras defensas para que pudiesen cavar
sin recebir daño. Y entretanto que cavaban no ce-
saban las peleas entro los unos é los otros, fasta
llegar tan juntos que se ferian con las lanzas é con
las espadas ; y entretanto que los unos moros pelea-
ban , los otros cavaban. Esta manera de pelea du-
ró entre ellos por espacio de seis días que no cesó
el pelear ni el cavar , fasta tanto que los moros aca-
baron de facer la cava que comenzaron. E luego re-
quirieron las minas , é fallaron que otra mina que
había comenzado Don Fadrique de Toledo , llegaba
á los muros de la cibdad ; y ellos ficieron otra con-
tramina , é aventurándose á gran peligro entraron
por ella, é pelearon con los que la guardaban, y
echáronlos fuera, é pusiéronle fuego , é derribaron-
la toda. Como vieron los moros derribada aquella
mina, cobraron tanto esfuerzo, que pensaron co-
meter pelea por todas partes , á fin de quemar é der-
ribar las otras minas; é armaron sus albatozas,é
f ornescíeronlas de gentes , é de tiros de pólvora. E
ordenaron que dos capitanes de cada cien homes
fuesen á dar en la estanza que guardaba la gente
de Córdoba, do era capitán Garci Fernandez Manri-
que, é que otros quatro capitanes con quatrocientos
homes saliesen á dar en la estanza del Alcayde de
los Donceles. Ansimesmo que otras gentes saliesen
á pelear con las gentes de las estanzas que guarda-
ban el cerro que estaba contra el castillo de Gibral-
f aro. E mandaron á los que guardaban las minas,
que peleasen con los christianos ; é los unos por la
mar é los otros por la tierra é otros por debaxo de
tierra, todos á una hora cometieron la pelea con los
christianos. Los capitanes de la mar embiaron al-
gunos navios pequeños que llegasen cerca de la
tierra para resistir á los moros que con su artillería
facían daño en las fustas mayores. Otrosí los de las
otras estanzas, é los que guardaban las minas, de-
fendiendo cada uno por su parte, pelearon con los
moros ; é por la dispusicion de los lugares, veces
retraían los moros á los christianos, veces pujaban
los christianos contra los moros. Estas peleas por
la mar, é por la tierra, ó por debaxo de tierra dura-
ron por espacio de seis horas.
Al fin los capitanes christianos que peleaban por
la tierra, á gran peligro arremetieron contra loa
moros, é recibiendo f erídas de los adarves é fírien-«
DON FERNANDO
do en los moros, los ficieron retraer á la cibdad. E
los moros que peleaban por las minas no ovieron
lugar de les echar fuego, por la resistencia que ficie-
ron los christianos que las guardaban. Como los
moros no to viesen mantenimientos dentro, ni espe-
rasen socorro de fuera , é viesen en las peleas caer
cerca de sí unos muertos é otros f eridos , cosa fué
dina de notar la osadía que aquella gente bárbara
tenia en pelear, ó la obediencia que tenían á sus ca-
pitanes, é su trabajo en reparar sus defensas, é su
astucia en los engaños de la guerra, é la constancia
que tovieron en el propósito que comenzaron.
CAPÍTULO LXXXVI.
De la embazada é presente que embió el Rey de Tremeccn.
En estos dias vino un embaxador del Bey de Tre-
mecen, que es en los Reynos de África, al Rey ó á
la Reyna, con el qual les embió gran presente ; al
Rey de caballos moriscos é de jaeces de oro é al-
bornozes, é á la Reyna vestiduras de sedas de di-
versas maneras, é argollas grandes de oro, é perfu-
mes, é otras cosas de las mas preciosas que se usa-
ban en aquellas partes.
Aquel embaxador dixo al Rey é á la Reyna, como
el Rey su señor habia oído la fama de su gran po-
derío, é que habia visto los muchos moros que ha-
bían pasado de estas partes á las partes de África
con su seguro, el qual les era guardado complida-
mente, é que por ser reyes tan poderosos é de tanta
verdad ó virtud, deseaba ser su servidor, ó facer su
mandado. Por ende , que les suplicaba que le reci-
biesen en su encomienda, é que le mandasen dar
su seguro para él é para los de su Reyno ; porque
no recibiesen daño de sus flotas que andaban arma-
das por la mar, ni de sus gentes que descendiesen
en tierra. El Rey é la Reyna le respondieron, que
le agradescian el presente que les habia embiado, é
mucho mas su buena voluntad é ofrescimiento ; ó
dieron su seguro para todos los subditos de aquel
Keyno de Tremecen. E mandaron á los capitanes
de lámar que lo guardasen, é no les ficiesen guerra
ni daño, guardando ellos de facer guerra á los su-
yos, é no ayudando á los moros de Granada con
gente, ni con armas, ni con mantenimientos.
CAPÍTULO LXXXVII.
De la osadía qae cometió un moro de los Comeres.
La hambre crescia mas en la cibdad, é los moros
ya no comían pan sino muy pocos, é no tenían car-
ne, é los mas dellos comían carne de caballos é de
asnos ; é aquella gente de los Gomeres entraban en
las casas de los judíos, que habia en aquella cibdad
é robaban los mantenimientos que tenían, é vinie-
ron á tal estado , que algunos de los judíos murie-
ron de hambre.
Sabida entre los moros de otras partes la hambre
que padecían los de Málaga , é los peligros que es-
peraban, quisieron ponerse á toda aventura por los
socorrer ; é tenían la voluntad para ello tan presta,
Cr.-III.
É DO^A ISABEL. 466
que con qualquierá de los Reyes se aventuraban á
la muerte por librar á los de Málaga de aquel pe-
ligfro. Un moro que se llamaba Abrahen Algerbí,
natural de la cibdad de Guerba, que es el Reyno de
Túnez, el qual moraba en estas partes en una aldea
de la cibdad de Guadix, concibió en su ánimo de se
disponer á la muerte por matar al Rey é á la Rey-
na ; porque con esta gran fazafia f aria alzar el real
de Málaga, ó muriendo vengaría á los moros de to-
das las muertes é pérdidas de tierras, que les ha-
bían fecho los christianos. Este moro publicó entre
los moros que era santo , ó que Dios le embiaba
con un ángel revelaciones de lo que habia de ser;
por las quales sabia que los moros serian reparados,
é la cibdad de Málaga quedaría victoriosa contra
los christianos que la tenían cercada. E como los
moros por la mayor parte son livianos, especial-
mente atribuyen fe á sus alfaquíes, é tienen por
santos á los que viven en los yermos á manera de
ermitaños, juntáronse con este moro fasta quatro-
cientos moros, dellos Gomeres de allende, dellos na-
turales destas partes , é acordaron de le seguir , é
aventurarse á todo peligro , faciendo lo que les dí-
xese. Estos moros vinieron camino de Málaga, é por
no ser sentidos de las guardas y escuchas, andovie-
ron de noche por las montañas é sierras ásperas
fuera de camino, fasta que llegaron cerca de la
cibdad ; é ahí acordaron de entrar por una estanza
la mas cercana á la mar por la parte de abaxo, do
estaban las estanzas contra Gíbralf aro. E una ma-
ñana, casi al alba, los docíentos deUos vinieron sú-
pito, é dieron en los christianos que guardaban
aquella estanza, é los otros cometieron á las otras
mas cercanas. Los christianos aunque salteados,
comenzaron la pelea con ellos. Los moros algunos
entrando por el agua de la mar, otros saltando por
los palenques , entraron en la cibdad fasta docien-
tos ; todos los otros fueron muertos é presos.
Aquel moro que tenían por santo venia en pro-
pósito de se ofrecer por captivo á los christianos
para poder facer lo que en el ánimo habia concebi-
do. E porque no fuese muerto con la furia del ven-
cimiento, con grand astucia que en aquella hora
tovo, se apartó del lugar do peleaban, é púsose de
rodillas, é alzadas las manos al cielo fingió que ha-
cia oración. Los christianos habido el vencimiento,
buscando los moros por las cuestas é barrancos que
estaban en aquella parte, fallaron aquel moro en la
manera que habemos dicho. E como vieron que no
facía movimiento ninguno , llegaron á él, é llevá-
ronlo preso al Marqués de Cáliz. E preguntándole
algunas cosas, le respondió , que era moro santo , é
que sabia las cosas que habían de acontecer en
aquel cerco, porque Dios gelas habia revelado. Pre-
guntóle el Marqués si sabia quando é como se ha-
bía de tomar aquella cibdad, é respondió, que bien
sabia como é fasta quanto tiempo se tomaría,
pero que Dios le mandó, que no lo dixese á otra
persona salvo al Rey é á la Reyna en su secreto. El
Marqués, como quier que conoció aquello ser livian-
dad , pero enviólo á decir al Rey é á la Reyna,
30
m
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Los qaale8 mandaron que lo traxiesen ante ellos,
y en la forma que fué fallado quando lo prendie-
ron, vestido un albornoz , é ceñido un terciado, fué
traido á la tienda del Rey é de la Reyna, rodeado
de muchas gentes que le deseaban ver, porque ya
la fama sonaba de aquel moro que se decia santo.
Acaeció que el Rey habia comido, é dormia á la
hora que llegaron con él á su tienda. E aquí pare-
ció claro como esta Reyna era movida á las cosas
por alguna inspiración divina, porque como quier
que era humana é también ella como todas las gen-
tes le deseaban f ablar , pero fué cosa maravillosa
que en aquella hora la Reyna , tocada de algún es-
píritu divino, dixo que no lo quería ver, ó mandó
que lo guardasen fuera de la tienda fasta que el
Rey despertase. E los que lo traían metiéronlo en
una tienda cercana á la tienda del Rey, donde po-
saba Doña Beatriz de Bovadilla, Marquesa de Mo-
ya, é otra dueña que se decía Doña Felipa, muger
de un caballero que se llamaba Don Alvaro de Por-
togal, fijo del Duque de Berganza, con las quales á
la hora estaba aquel Don Alvaro. El moro como no
sabía la lengua , creyó según el aparato é vestidu-
ras que vido á Don Alvaro é á la Marquesa, que
aquellos serian el Rey é la Keyna , é poniendo en
obra su propósito, sacó aquel terciado é dio á aquel
caballero Don Alvaro una gran cuchillada en la
cabeza, de la qual llegó á punto de muerte ; é tiró
otra cuchillada á la Marquesa por la matar, é con
la turbación que ovo no le acertó ; é diérales otros
golpes, salvo que un tesorero de la Reyna que se
llamaba Ruy López de Toledo, que estaba á lá hora
f ablando con la Marquesa , tovo esfuerzo para so-
correr aquel peligro , é se abrazó con el moro, é le
tovo tan fuerte los brazos, que no pudo facer mas
tiros ; é luego fué fecho pedazos de la gente que le
rodeaban.
Como esto acaesció, los caballeros é capitanes é
gentes del real fueron turbados de aquella fazafiá,
é vieron como Dios maravillosamente quiso guar-
dar las personas del Rey é de la Reyna. E algunas
gentes del real tomaron los pedazos de aquel moro
y echáronlos en la cibdad con un trabuco. Quando
los moros lo vieron , juntáronlos é cosiéronlos con
hilo de seda, é lavaron el cuerpo, é perfumado de
muchos olores, lo enterraron con gran sentimiento
que mostraron de su muerte. E tomaron luego un
cbristiano de los principales que tenían captivos, é
matáronlo ; é puesto sobre un asno, lo echaron al
real. Luego fué acordado , que de mas de las guar-
das que continamente de día é de noche estaban en
la tienda del Rey é de la Reyna, andovíesen con la
persona del Rey y estoviesen con la persona de la
Reyna docíentos caballeros fijos-dalgo de los Rey-
nos de Castilla é de Aragón con sus gentes, y estos
guardasen que ninguna persona llegase á ellos con
armas. E mandaron que ningún moro entrase en el
real, sin que primero se sopiese quien é cuyo era,
é que no llegase por ningún caso á las personas
reales.
CAPÍTULO LXXXVIII.
Como vino al real el Duque de Medinasidonia , é otras gentes
que de nuevo fueron llamadas por el Rey é por la Reyna.
Don Enrique de Guzman, Duque de Medinasido-
nia, como sopo que el Rey é la Reyna estaban en el
real sobre Málaga, é como aquel sitio se dilataba
tantos días, como quier que había embiado la gen-
te de caballo é de pié que al principio le manda-
ron ; pero acordó de venir al real con todos los ca-
balleros de su casa. Y el día que entró en el real,
llegaron por la mar cien navios, algunos de armada,
é otros cargados de provisiones. E fecha la reveren-
cia al Rey é á la Reyna , le dixeron que le agrade-
cían mucho su venida, especialmente por venir sin
que ellos le embíasen á llamar. El Duque les res-
pondió , que la necesidad del Rey llama al caballe-
ro leal aunque el Rey no le llame ; é que él venia
allí á los servir con Don Juan su fijo, é con toda la
gente que había quedado en su tierra, é con la fide-
lidad que aquellos donde él venia habían servido á
los Reyes sus progenitores. Otrosí, porque conoscia
quantos gastos se requerían en la guerra que se
alarga, é pensaba que por la dilación de aquel sitio
Su real Magestad estaría en alguna necesidad, que
él traía allí para les prestar veinte mil doblas de oro.
El Rey é la Reyna recibieron aquel prestido, é se
ovieron por bien servidos del Duque por la gente
que traxo é por el dinero que prestó , é mucho mas
por la voluntad que le movió á lo uno é á lo otro.
Aquella gente que el Duque traxo de su tierra é
otra mucha mas , era necesaria en el real ; porque
como quier que habia en él mas de sesenta mil com-
batientes, pero los muchos trabajos é peleas habi-
das en tantos días, é las guardas que convenían es-
tar en los campos y en las estanzas, y en las minas,
é por la mar, y en otras partes , tenían la gente tan
cansada, que el Rey é la Reyna acordaron de em-
biar á llamar gente de nuevo que viniese á los ser-
vir. Y embiaron á las cíbdades de Toledo, é Sego-
via, é Madrid, é Alcaraz, é Truxillo, é Cáceres, é Ba-
dajoz, é otros lugares mas cercanos, á demandar
gente de caballo é de pié. Otrosí embió el Duque
del Inf antadgo un capitán con la gente de armas
de su casa ; é otros algunos caballeros vinieron , é
otros embiaron sus gentes, según que el Rey é la
Reyna gelo embiaron á mandar. E con algunos que
ovieron tiempo de llegar, fué alguna relevación de
los trabajos á los que habían estado en el real des-
de el principio.
CAPÍTULO LXXXIX.
Como el Comendador mayor de León puso una estanza cercana
al muro de la cibdad de Málaga.
Porque ni por la hambre que de dentro padescian
los moros, ni por la guerra que sufrían de fuera,
parescia en ellos ninguna flaqueza é de contino sa-
lían á pelear con los christianos, el Rey é la Reyna
estaban en pensamiento de lo que debían facer;
DON FERNANDO
porque de la una parte veían que no se debía alzar
aquel sitio sin tomar la cibdad, de la otra recelaban
que acaeciese algún caso que los constriñese á lo
alzar. E mandaban que se moviese f abla, ofrecien-
do segundad á los moros de la vida é de los bienes
é libertad de sus personas , sí luego la entregasen.
Los moros no lo quisieren facer, porque , según ha-
bernos dicho , algunos malos christianos los avisa-
ban de los muertos é feridos é de algunas enferme-
dades que en el real había, y estas informaciones
les facían permanecer en la defensa é no venir á
partido. Vista su pertinacia, platicóse en el consejo
del Rey ó de la Reyna, que forma se temía para los
apremiar é tener mas estrechos, ó combatiéndolos,
ó llegando mas las estanzas al muro. E porque la
Reyna no daba lugar que el combate se cometiese,
recelando las muertes é ferídas que pudieran acaes-
oer, acordóse de estrechar los moros, llegando mas
al muro algunas estanzas. El Comendador mayor
de León Don Gutierre de Cárdenas , visto un sitio
donde se podía poner estanza cercana á los muros,
en aquella parte donde los moros comenzaban á
facer otras cavas por defuera de la barrera , á fin
de escusar aquella defensa y estrechar mas los mo-
ros, fizo un baluarte contra aquel muro. E andando
mas adelante faciendo baluartes de paso en paso
ganando tierra, llegó con su gente á poner la estan-
za tan cercana al muro , que con una piedra tirada
con la mano daban dentro en la cibdad.
Como los moros vieron aquella estanza tanto cer-
cana á sus muros, trabajaban por confundirla desde
las torres de la cerca con muchas piedras y esqui-
nas que tiraban á los que la guardaban. Otros sa-
lían con gran {peligro á facer la cava que habían
comenzado fuera de la barrera. Los christianos sa-
lían algunas veces á pelear con los moros por la
escusar, é peleaban con las lanzas é con las espadas,
é sufriendo las piedras y esquinas que tiraban del
muro, arremetían contra los moros, ó mataban ó
prendían algunos dellos. Y en esta manera de pe-
lear continaron algunos días, fasta que retraxieron
á los moros é les ficieron dexar aquella defensa que
comenzaron á facer, y escusaron los daños que por
aquellas partes facían en los christianos. Ansimesmo
pensaron algunos capitanes tomar por combate dos
torres del arrabal, que eran cercanas al muro de la
cibdad do estaba la puerta que se decía de Granada;
é los moros las defendieron de tal manera, que los
christianos dexaron el combate, porque conoscieron
el peligro que en él había. E desde otras torres bien
cercanas que tenían , las guerreaban todas las horas
con ballestas y espingardas , de tal manera que los
moros las desampararon, pero desde otras torres
cercanas defendían que los christianos no las toma,
sen. Y en esta manera aquellas dos torres quedaron
sin amparo, porque ni los christianos , ni los moros
osaban estar en ellas. E porque sí se pudieran ga-
nar, los moros por aquella parte fueran muy retraí-
dos é se señoreaba aquella puerta principal de la
cibdad ; el tesorero Ruy López con algunos criados
del Rey é de la Reyna tornaron ó las combatir.
É DOÑA ISABEL. 467
Como los moros vieron que les ponían las escalas,
luego subieron en las torres por las defender, é con
grandes piedras que tiraron , derribaron las escalas
con los que en ellas estaban. Los christianos torna-
ron otra vez á las poner, é tirando por defuera mu-
chos tiros de ballestas y espingardas , ovo lugar de
subir primero en una de las torres un caballero que
se llamaba Pedro de Quexana, el qual peleó dentro
en la torre con los moros que la guardaban ; é dan-
do é recibiendo ferídas, fué muerto porque los
christianos no podieron subir á le socorrer. Este
combate duró por espacio de dos horas, ó algunos
de los christianos por fuerza de armas subieron al
muro, é peleando lanzaron de las torres á los moros
que las defendían. Visto por los moros como habían
perdido las torres , acorrieron muchos dellos é pu-
siéronles fuego, é tan grande fué el fumo é los tiros
que les tiraban por baxo é desde las otras torres
cercanas, que los christianos las desampararon por-
que no las pedieron sostener. En estos combates
murieron el Comendador Juan de Virues, é Alonso
de Santillan, é Diego de Mazariegos, é otros seis
fijos-dalgo de la casa del Rey é de la Reyna, é otros
algunos. E al fin ni los christianos ganaron las tor-
res, ni los moros las podieron tener, é fueron des-
amparadas por los unos é por los otros , según esta-
ban primero.
CAPÍTULO XO.
De las cosas que pasaron dentro en la eibdad de Málaga.
La hambre crescía tanto en la cibdad, que los
mas días algunos moros salían á se ofrescer por es-
clavos de los christianos, eligiendo de su voluntad
el captiverio, por sostener la vida. Estos deciau
que ya en la cibdad eran bien pocos los que podían
haber pan de cebada, é que comían cueros de va-
cas cocidos, é á las criaturas daban fojas de parras
picadas é cocidas con aceyte. Decían ansimesmo,
que los Gomeres entraban en las casas é tomaban
por fuerza las cosas que fallaban de comer, é que-
braban arcas, é derribaban las paredes é otros luga-
res donde pensaban fallar pan é otros manteni-
mientos escondidos. E que andaban ya tan disolu-
tos faciendo tales fuerzas, que los moradores de la
cibdad estaban atribulados por la hambre que pa-
descian é por las fuerzas que recebian ; é que llora-
ban la hambre de dentro , é la muerte ó el captive-
rio que esperaban de fuera. E como quier que en
la cibdad eran muchos los muertos ó feridos, no
consentían los capitanes que se fablase en ningún
trato de entregar la cibdad ; porque estaba dentro
un moro que tenían por santo, el qual les certifica-
ba, como Dios tenia ordenado que saliesen un día é
diesen en el real, é que habían de haber victoria
cumplida de sus enemigos, é gozarían de los man-
tenimientos que estaban en el real. El Rey é la
Reyna no creían que la hambre de los moros fuese
tan grande , pues no movían f abla, ni querían oír
partido de entregar la cibdad, é continamente sa-
lían á pelear por las minas, é con loa que guarda--
468 CRÓNICAS DE LOS
ban las estanzas é las torres del arrabal. Otrosí es-
caramuzaban por la mar con las naos de la flota ; é
un dia movieron una escaramuza con sus albatozas
armadas, é metiéronse tanto entre los navios de los
christianos, que anegaron con su artillería una nao
armada del Duque de Medinasidonia, é ficieron re-
traer los otros navios pequeños que llegaban á la
cibdad. Y en estas peleas marinas, los moros sallan
arrebatadamente con sus navios, é facían daño con
los muchos tiros de pólvora que tiraban , é luego
prestamente se volvían á la orilla, donde eran defen-
didos de los que guardaban los muros por aquella
parte de la mar. Después de pasados algunos días
la hambre cresció tanto en la cibdad , que ninguno
comía pan, salvo carne de bestias é cueros de vacas
cocidos, é comían lo seco de laa palmas molido, de
que facían pan. Los moros oficiales é mercaderes é
otras gentes, eligiendo mas el captiverío que rece-
laban que la hambre que padescian, pospuesto el
temor de los Gromeres, osaban ya f ablar á los capi-
tanes é á las otras gentes de guerra , amonestándo-
les con Dios que entregasen la cibdad al Rey é á
la Reyna. E juntáronse con un alfaquí que se lla-
maba Abrahen Alharíz otros dos moros principales
de la cibdad, al uno llamaban Amar-Benamar, é al
otro Alidurdux, con otros algunos mercaderes ó
oficíales ; é aquel alfaquí dixo al capitán Hamete
Zelí ". «Requirímoste con el Dios poderoso, que en-
» tregües luego la ciudad al Rey de los christianos,
«pues no tenemos otro remedio para guardar la
• vida, sino perder la tierra. E tú que eres nuestro
B capitán, no nos seas mas duro enemigo matándo-
Bnos de hambre, que los christianos que nos matan
Bcon fierro: porque esta nuestra porfía mas pares-
»ce buscar la muerte, que celar la libertad. Mira
nquán tos de nuestros peleadores ha muerto el cu-
Bchillo, no quieras tú que la hambre mate á los que
» quedan, é á nuestras mugeres é fijos que gimiendo
Bdemandan pan, é nos ponen dolor , porque no los
«podemos remediar. ¿Son por ventura mas fuertes
bIos muros de Málaga que los muros de Ronda ? ó
Bsois vosotros mas guerreros que los caballeros de
» Loxa? La fortaleza de Ronda ya se humilló, é la ca-
nballería de Loxa no pudo resistir el poderío destos
» Príncipes que con gran poderío de gentes nos tie-
nnen tanto tiempo ha cercados: los quales ya no
n deben pelear con nosotros, pues nuestra hambre
«pelea por ellos. Pero si os sentís aun tan valientes
«para os defender, salid fuera, é pelead con los
«christianos, é comeréis los que peleando quedáre-
» des vivos. ¿Qué esperáis? ¿Qué es vuestra con-
B fianza? ¿Pensáis que podréis comer sino peleáis
«allá fuera ó podréis pelear, sino coméis acá den-
«tro? ¿ O consejaisnos por ventura que padezcamos
«la hambre con esperanza de algún socorro? Ya
«no hay tiempo de esperanza: ya Granada perdió
» su fuerza, ya Granada no tiene caballeros, no tie-
»ne rey, perdió sus capitanes, perdió su orgullo.
«Por Dios no perezcamos con esperanzas vanas que
«nos ponen homes sin seso, é no esperemos de ha-
»ber consejo para quando no hay tiempo do lo ha-
REYES DE CASTILLA.
» bcr.» Estas cosas osaban ya decir como desespe-
rados de la vida , porque veían la perdición de la
cibdad. Pero los capitanes moros confiando en lo
que les predicaba aquel moro que tenían por santo,
no querían dar oreja á ninguna razón con esperan-
za de salir fuera á pelear con la gente del real, el
día que aquel moro gelo dixese.
CAPÍTULO XCI.
Como se ganó ana tone de la cibdad de Málaga que estaba Junto
con la puente.
Junto con la barrera de la cibdad de Málaga ha-
bía una puente con quatro arcos , y en el muro de
la barrera donde se principiaba esta puente habia
una torre, y en el cabo de parte defuera había otra.
Estas dos torres eran grandes é muy fuertes. El
Rey, visto que si aquellas dos torres se tomasen, la
cibdad con menor peligro se podría combatir, man-
dó á Francisco Ramírez de Madrid, capitán del ar-
tillería, que con la gente é oficiales de su capitanía
combatiese aquellas dos torres. Aquel Francisco
Ramírez, compliendo el mandamiento del Rey, fizo
traer mantas é los tiros de pólvora necesarios para
el combate. E porque la gente no podía llegar sin
gran peligro, fizo una mina que llegaba fasta el ci-
miento de la torre primera, é fizo cavar fasta que
llegó á lo hueco de la torre, é allí puso un cortago
la boca arriba, é armáronlo para que tírase al sue-
lo de la torre, sobre el qual estaban los moros que
la defendían. E por la parte de fuera faciendo ba-
luartes de paso en paso, para que la gente se defen-
diese, ganó tierra fasta llegar bien cerca de la tor-
re, é allí puso algunos tiros de pólvora, é comenzó
á combatir la torre.
Los moros que estaban encima defendíanse, é fe-
rian á algunos christianos, é desta manera duró
aquel combate quatro dias, que todas las horas ti-
raban de la una parte á la otra tiros de pólvora é de
saetas. Un dia los christianos llegaron las escalas é
las mantas é otros pertrechos para subir á la torre;
y estando la gente en la furia del combate , los ar-
tilleros pusieron fuego al cortago que estaba arma-
do debaxo del suelo de la torre, é con el tiro que
fizo derribó gran parte del suelo do estaban los mo-
ros que la defendían, é cayeron quatro dellos. Quan-
do los otros vieron que no podían andar libremente
sobre el suelo para defender la torre, luego la dea-
ampararon, é se pasaron á defender la otra torre
que estaba fundada al otro cabo de la puente sobre
la barrera de la cibdad. Los christianos subieron á
aquella torre, é apoderados della tiraban tiros de
piedras é de saetas y espingardas á los moros que
guardaban la otra torre, é los moros á ellos. E por
baxo en medio de la puente, ni los unos ni los otros
osaban estar, porque la pelea en aquella puente era
peligrosa. Los christianos, viendo que se podía com-
batir la otra torre, comenzaron á facer en la puente
un baluarte con propósito de ir faciendo defensas
de paso en paso, fasta llegar á la otra torre. Loa
moros, viendo que los christianos trabajaban por ga-.
DON FERNANDO É DOSfA ISABELA
nár la puente, tiraron tantos tiros de búzanos é lom
469
bardas, que lo resistieron á los christianos; é pelea-
ban continamente los unos del un cabo de la puen-
te é los otros del otro. Y en aquellos combates mu-
rieron algunos moros principales de la cibdad, es-
pecialmente murieron dos capitanes que se llama-
ban el uno Cidi Mahomad y el otro Abdurrhamen.
E por estos capitanes ficieron los moros gran sen-
timiento, porque eran de los naturales, é de los mas
principales de la cibdad, é fué causa que se ganase.
Después que se entregó la cibdad, el Key, conside-
rando los trabajos é grandes fechos de armas que
aquel Francisco Kamirez fizo en aquellos combates,
fallándole diño del honor de la caballería, le armó
caballero en aquella torre que ganó por combate.
CAPÍTULO XCII.
Como salieron los moros áe la cibdad á pelear con los del real.
La hambre cresció tanto en la cibdad, que ya los
moros que la defendían no la podian sofrir. E aquel
moro que tenian por santo les dixo que saliesen á
pelear con los del real, é que Dios les daria victoria, é
venganza de sus enemigos ; é amonestóles que guar-
dasen de pararse al despojo, salvo que peleasen como
varones esforzados, é cada uno fuese adelante ma-
tando christianos, é que no perdonasen la vida á nin-
guno de quantos topasen. Otrosí amonestóles que se
perdonasen las injurias unos á otros , é que la cari-
dad que oviese entre ellos los faria vencedores.
Los moros, por el consejo de aquel moro santo,
salieron un dia por la mañana fasta ciento de ca-
ballo é quatro batallas de moros á pié, é tirando
muchas saetas y espingard,as , vinieron con grand
ímpetu á dar en dos estanzas que guardaban el
Maestre de Santiago y el Maestre de Alcántara. E
como los christianos fueron súbitamente salteados,
no pudieron tan presto resistir á los moros , é ovie-
ron lugar de matar é ferir algunos de los que las
guardaban. E luego acudió á un portillo del Maes-
tre de Santiago Don Pedro Puertocarrero, Señor de
Moguer, é Don Alonso Pacheco, su hermano, con
sus gentes, é defendieron aquel portillo peleando
con los moros por espacio de media hora, de ma-
nera que les resistieron la entrada por aquella par-
te. Por la estanza del Maestre de Alcántara acorrió
á otro portillo un caballero de su casa , que se lla-
maba Lorenzo Suarez de Mendoza, con algunos su-
yos, é peleó é defendió la entrada á los moros, fasta
que acudieron muchas gentes de las unas partes é
de las otras, é pelearon con los moros, é matando ó
firiendo en ellos, los retraxieron á la cibdad. En es-
ta pelea fueron feridos é muertos muchos moros, é
algunos eran los mas principales. Y el dolor que se
ovo en la cibdad de aquel vencimiento, é los llantos
de los homes é de las mugeres que facían por los
muertos é por los feridos fué tanto grande, que
aquel capitán principal no osó estar en la cibdad, ó
se retraso al Alcazaba , é dixo á los moros que ficie-
sen partido de entregar la cibdad con todas sus for-
talezas al Rey é á la Reyna,
CAPÍTULO XCIIL
Como salieron ciertos moros de Málaga á demandar partido al Rey
é á la Reyna para entregar la cibdad.
Los más de los capitanes moros Gomeres eran
muertos é feridos ; é aquel capitán principal Hame-
te Zelí, según habemos dicho, se retraxo á la forta-
leza. E los moros de la cibdad constreñidos por la
hambre que padescian, demandaron seguro para
ciertos moros que querían embiar á dar forma sobre
la entrega de la cibdad. El Rey é la Reyna gelo
mandaron der, é vinieron ante ellos el alfaquí é los
otros dos moros que habemos dicho que se llamaba
el uno Alidurdux, y el otro Amar-Benamar, é otros
tres de los principales , los quales demandaron al
Rey é á la Reyna que les diese seguridad para sus
personas é bienes, é que ellos entregarían la cibdad
con todas sus fuerzas , quedando ellos en sus casas
por mudéxares , siervos del Rey é de la Reyna.
Otrosí que les diesen la villa de Coin para algunos
moros que la querían poblar ; é que sí algunos qui-
siesen dexar aquella tierra, é ir á las partes de Áfri-
ca, ó á otros lugares de España, les mandasen dar
seguro para lo facer, según habían fecho á los de
Velezmálaga é de las otras cibdades que habían
conquistado , é que les suplicaban que no menos-
preciasen la subjecion de tantas gentes como geles
ofrescian por subditos.
El Rey é la Reyna, vista esta demanda, cometie-
ron la respuesta al Comendador mayor de León. El
qual por su mandado les respondió que si al princi-
pio entregaran la cibdad según ficieron los de Ve-
lezmálaga é de las otras cibdades , ellos les dieran
el seguro que á los otros dieron. Pero que después
de tantos días pasados é tantos trabajos habidos,
venidos en el estado en que su pertinacia los había
puesto, mas estaban en tiempo de dar que de deman-
dar ni de escoger partidos. E que no les darian el
seguro que demandaban , porque bien sabían ellos
que los vencidos deben ser subjetos á las leyes que
los vencedores quisieren. E que pues la hambre é
no la voluntad les facía entregar la cibdad, que se
defendiesen, ó remitiesen á lo que el Rey é la Rey-
na dispusiesen dellos ; conviene á saber, los que á
la muerte, á la muerte, é los que al captiverio, al
captiverio. Los moros volvieron á la cibdad, é como
notificaron á los vecinos della esta respuesta, sin-
tiéndola por muy grave, respondieron que ellos da-
rian la cibdad al Rey é á la Reyna con todas sus
forj;alezas, é con todos los bienes que en ella había.
Pero que sí no les daban seguro para libertad de
sus personas, ellos colgarían de las almenas de la
cibdad fasta quinientos homes é mugeres christianos
que tenian captivos, é puestos los viejos é mugeres
é niños en el alcazaba, pornían fuego á la cibdad, ó
saldrían todos á morir matando christianos , por-
que al fin el Rey é la Reyna oviesen la victoria san-
grienta ; de tal manera que el fecho de la cibdad
de Málaga fuese nombrado á todos los vivientes, y
en todas las edades que el mundo durase.
470
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Quando el Rey oyó la respuesta de los moros,
embióles á decir que no habrían del otro seguro, sal-
vo aquel que fuese en su voluntad de les dar, como
al principio les fué respondido ; é que fuesen cier-
tos, que si S0I9 un captivo christiano matasen, solo
un moro no quedaria vivo en la cibdad de Málaga,
que todos pasarían por el cuchillo.
Los moros estaban en gran turbación, porque al-
gunos quisieran facer alguna gran fazafia, en la
qual elegían morir antes que ver captivos á sí é á
sus fijos é mugeres é propíneos en poder de chris-
tianos. Otros había, que con alguna esperanza de
reparo que hay en la vida, ref usaban la muerte, que
naturalmente se f uye. Al fin , todos acordaron de
embiar al Rey é á la Reyna catorce homes de ca-
torce quadríUas de gentes que había en la cibdad,
para saber su final intención. Con los quales les
embiaron una carta que decía en esta manera :
«Alabado Dios poderoso. A nuestros señores, á
«nuestros Reyes el Rey é la Reyna, mayores que
«todos los reyes é todos los príncipes, ensálceos
»Dios, encomiéndanse en la grandeza de vuestro
«estado, é besan la tierra debaxo de vuestros pies,
» vuestros servidores y esclavos los de Málaga gran-
»des é pequeños: remedíelos Dios, é después desto
«ensálceos Dios. Vuestros servidores suplican á
«vuestro estado real, que los remedie como convie-
«ne facer á vuestra grandeza, habiendo piedad é
«misericordia dellos , según á vuestro real estado
«conviene, é según ficieron vuestros padres é vues-
;»tro8 abuelos los Reyes grandes é poderosos. Ya
««habréis sabido, ensálceos Dios, como Córdoba fué
«cercada gran tiempo, fasta que se tomó la mitad
'»de la cibdad, é quedaron los moros en la otra mí-
» tad, fasta que acabaron el pan que tenían, é f ue-
«ron mas estrechados que nosotros. Después supli-
» carón al gran Rey vuestro abuelo, é rogáronle que
«les asegurase, c aseguróles, é recibió su suplicación,
«é oyó su fabla, perdónelos Dios, é dióles todo lo que
«tenían, ansí facienda como joyas, é ganó la loa de
«gran fama fasta el día del juicio. E ansimesmo,
«nuestros Reyes, ensálceos Dios, acaesció en Alxecí-
»ra algún día, y en Antequera con vuestro abuelo
»el grande, esforzado é nombrado, el Infante, que
«él la cercó dos meses é medio , y entró la cibdad,
»é quedó el alcazaba por tomar obra de siete dias,
» fasta que se les acabó el agua que bebían; y os-
«toncesle suplicaron, é se echaron á su favor, é
«demandaron del les asegurase, para que saliesen,
«como se demanda á los príncipes é reyes que son
«como vos. E sacólos, é fecha su suplicación, dió-
»les lo suyo é sus bienes é mercadurías, é quedó su
«fama á recontar el bien que fizo fasta el día del
«juicio ; perdónelo Diosé á vosotros ensálceos Dios.
«Nuestros señores Reyes, mas honrados que todos
» los reyes é todos los príncipes , es publicada vues-
» tra fama é vuestro favor, ha parecido vuestro se-
«guro, é vuestra honra, é vuestra piedad, sobre
«las gentes que se dieron antes de nosotros ; é ha
» ido vuestra fama á recontar vuestro seguro aquen-
» de é allende entre los christianos y entre los mo-
«ros. E nosotros vuestros servidores y esclavos bien
» conoscemos nuestro yerro, é nos ponemos en vues-
Btras manos, y echamos nuestras personas á la
» vuestra merced ; é suplicamos de vos nos asegu-
«reis, remediéis á honrar nuestras personas, é nos
» otorguéis esto, como pertenesce á Vuestras Altezas.
»E todos venimos bien en que la cibdad, con todo
» lo que hay en ella , quede para Vuestras Altezas ; é
«con esto parescerá el seguro é la honra que está
«con los señores del poder, é nosotros estamos col-
» gados de vuestro favor, é nos metemos so vuestro
Mamparo ; faced como conviene á vuestra grandeza
» con vuestros servidores, é Dios poderoso ponga en
» vuestra voluntad que fagáis bien á vuestros sier-
» vos, pues vos ensalzó Dios, é sois mayores señores
» é los príncipes ; é no plega á Dios que fagáis con
«nosotros sino lo que conviene á vuestra grandeza
»de toda honra é de toda virtud. Esto es lo que su-
)) pilcan é piden vuestros siervos, y en manos de
«Vuestras Altezas nos ponemos, é Dios poderoso é
»alto acresciente el ensalzamiento y estado de Vues-
«tras Altezas.»
Sabido por algunos de la hueste el efecto desta
carta, quisieran indinar al Rey é á la Reyna, para
que mandasen que todos los moros fuesen puestos
á cuchillo, por las muertes é ferídas que habían
fecho en los christianos. E decían que pues la con-
quista no era acabada , é quedaban aun por tomar
algunas grandes cibdades é fortalezas de aquel Rey-
no, que debían facer en los moros de Málaga tal
castigo, que fuese exemplo para las otras cibdades,
que no toviesen osadía de facer los males, ni durar
en la rebelión que los de aquella cibdad duraron. E
porque la Reyna no daba lugar á ninguna crueldad,
el Rey respondió á los moros una carta , que decía
en esta manera.
«El Rey: Al Concejo, é viejos, é vecinos é mora-
adores de la cibdad de Málaga. Vi vuestra carta, por
»la qual me embiastes á facer saber que queréis
» entregar esta cibdad con todo lo que en ella está,
» é que vos dexe ir vuestras personas libres do qui-
«siéredes. Si esta suplicación ficiérades al tiempo
«que vos embié á requerir (1) desde Velezmálaga,
»ó luego después que aquí asenté mi real, parescie-
«ra que con voluntad de mi servicio vos movíades
ȇ ello, y estonces oviera placer de lo facer. Pero
» visto que habéis esperado fasta lo postrimero de
«lo que os podéis detener, á mí servicio no cumple
«de vos recebir de otra manera, salvo dándoos á
» mi merced, como determinadamente vos lo embió
» á decir con vuestros mensageros. Y este es menor
» ínconviniente para vosotros, que no haber de es-
» perar mas, según el estado en que estáis. » Quan-
do los moros de la cibdad vieron esta carta; é sus
mensageros les declararon la voluntad del Rey,
fueron puestos en gran turbación, é había entre
ellos diversos votos, unos inclinados á crueldad
para matar los captivos christianos, é quemar la cib-
(1) Os embié á requerir. El MS. de Nava añade : con Pulgar del
Salar. Parece tomado de alguna nota marginal.
DON FERNANDO
dad é ponerse á la muerte ; otros con esperanza de
vida se querían ofrescer á lo que el Rey dellos qui-
siese facer. Al fin como el entendimiento fatigado
con el mal se consuela con esperanza de algún bien,
recelando que si crueldad cometiesen, aquella seria
causa de otra mayor que contra ellos se executase,
tomaron á embiar sus mensageros al Rey é á la
Reyna, los quales dixeron, que pues aquella era su
determinada voluntad , embíasen á tomar la cibdad
con sus fortalezas , é que todos quantos habia en
ella se ponian en la misericordia de su corazón.
Pero que les suplicaban que su ira no se estendiese
también contra el inocente como contra el rebelde;
é que oviesen consideración, que ellos ó otros de la
cibdad procuraron que les fuese entregada en los
primeros dias, é ovieron por ello algunos tormen-
tos é peligros de^muerte. El Rey é la Reyna, habida
información de los que querían é no pudieron dar
la cibdad, mandaron que fuesen seguros ellos é sus
bienes con todas sus cosas. E mandáronles que tra-
xiesen veinte homes de los principales de la cibdad,
é que estoviesen presos por seguridad de los que la
fuesen á recebir, fasta que fuesen apoderados de
ella. E luego como fueron traídos, mandaron al Co-
mendador mayor de León que entrase con gente en
la cibdad, é se apoderasen della é de todas sus forta-
lezas. E luego el Comendador mayor entró primero
en la cibdad armado encima de un caballo , é des-
pués entraron con él algunos de sus criados é otros
caballeros é capitanes del Rey é de la Reyna, é apo-
deróse de toda ella. E puso en una de las principa-
les torres del alcazaba el pendón de la cruz, é otro
pendón del Apóstol Sanctiago, y el estandarte real
con las armas del Rey é de la Reyna. Y encomendó
la guarda de las torres é puertas é fortalezas de la
cibdad á Don Alvaro de Bazan, é á Ruy Diaz de
Mendoza, é á Don Pero Sarmiento, é á Pero Méndez
de Sotomayor, é á Don Enrique de Guzman, é á Don
Luis de Acuña, é á Juan Enriquez, é á Juan Cabre-
ro, é á Alonso Osorio, é á Pero Vaca , é al Mariscal
Juan de Benavides, é al Mariscal Alonso de Valen-
cia, é á Don Alonso de Silva, é á Don Pedro de Sil-
va, BU hermano, é á Don Bernardino de Quiñones,
é al Gobernador Juan de Cárdenas, é á Juan Velaz-
quez de Cuéllar, é á Antonio de Luzon, é á Furtado
de Luna, é á Alonso Enriquez, é á Gerónimo de
Valdivieso, é á Rodrigo de Cárdenas, é á Don Gar-
cía Enriquez, é á Antonio de Córdoba, é á Juan Za-
pata, é á Lope Alvarez de Osorio , é á Don Juan
Manrique, é á Juan de Leyva , é al Comendador
Ruy Diaz Maldonado,é á Mosen Gralla, éá Juan de
Hinestrosa, é á Luis de Cárdenas, é á Diego Mufiiz,
é á Godoy , é á Martin de Ortega, caballeros fijos-
dalgo de la casa del Rey é de la Reyna. Repartidos
todos estos cada uno con sus gentes en las torres é
fuerzas principales de la cibdad, después que fué
entregada, é los christianos fueron della apodera-
dos, el Rey é la Reyna mandaron tomar todas las
armas é artilleria, é mandaron que todos los moros
é moras de la cibdad saliesen de sus casas, y entra-
sen en dos grandes corrales que son en el alcazaba.
É DOÑA ISABEL. 471
baxo de ciertas torres, de las qnales estaban apo-
derados los christianos. E mandaron luego poner
en fierros al capitán principal que se llamaba fía-
mete Zelí. Preguntado aquel capitán que le movió
á tanta rebelión, pues veia traer daño á él é á todos
los moros de Málaga, respondió, que él habia toma-
do aquel cargo con obligación de morir ó ser preso
defendiendo su ley, é la cibdad, é la honra del que
gela entregó ; é que si fallara ayudadores, quisiera
mas morir peleando que ser preso no defendiendo
la cibdad.
Los moros é moras que desampararon sus casas,
esperando la muerte ó el captiverio en las agenas,
andando por las calles, torcían sus manos, é alzan-
do sus ojos al cielo decían : «¡O Málaga, cibdad
«nombrada é muy fermosa, como te desamparan
Btus naturales! ¿púdolos tu tierra criar en la vida,
» é no los pudo cobijar en la muerte ? ¿ Do está la
«fortaleza de tus castillos? ¿Do está la fermosura
»de tus torres? No pudo la grandeza de tus muros
» defender sus moradores, porque tienen ayrado su
«criador. ¿Que farán tus viejos é tus matronas?
«¿Que farán las doncellas criadas en señorío delica-
»do, cuando se vieren en dura servidumbre? ¿Po-
ndrán por ventura los christianos tus enemigos ar-
í ranear los niños de los brazos de sus madres, apar-
«tar los fijos de sus padres, los maridos de susmu-
»geres, sin que derramen lágrimas?» Estas pa-
labras é otras semejantes decían con el dolor que
sentían en ver como perdían su tierra é su libertad.
Después que la cibdad fué entregada, el Rey man-
dó acañaverear doce christianos que se tomaron
dentro en la cibdad, los que se pasaren á los moros,
é los informaban de las cosas del real , é los esfor-
zaban para que no entregasen la cibdad. Estas cosas
pasadas, el Rey é la Reyna no quisieron entrar la
cibdad fasta que fuese limpia de los malos olores
de los cuerpos muertos que en ella habia, é fasta
que la mezquita mayor fuese consagrada, para que
ellos fuesen primeramente á ella á facer oración, ó
á dar gracias á Dios , porque procurando el ensal-
zamiento de su sancta fe , les había dado la victo-
ria. E mandó asentar cerca de la cibdad una tienda
é poner en ella un altar. Y ellos presentes salieron
de la cibdad con una cruz fasta quinientos captivos
homes é mugeres en procesión , dando gracias á
Dios, é al Rey é á la Reyna, porque les habían li-
brado del duro captiverio en que estaban. E luego
les mandaron quitar los fierros, é proveer de vesti-
duras é de las otras cosas que ovieron menester
para ir á sus tierras.
Tomada la cibdad de Málaga , luego el Rey é la
Reyna embiaron un capitán que se llamaba Pedro
de Vera con cierta gente de caballo é de pié, é con
algunos tiros de lombardas á dos villas cercanas de
la mar ; la una se decía Míjas, é la otra Osuna, que
estaban con la cibdad de Málaga en una conserva,
é de contíno facían guerra á las gentes que iban é
venían al real , é mandáronlas combatir, ó poner á
cuchillo á todos los que en ellas fallasen, si luego
no se rindiesen, según habían fecho los de Málaga.
472 CRÓNICAS DE LOS
Los de aqaellas villas, vista la amonestación que les
fué fecha, ó que los de Málaga se habían rendido,
recelando la muerte, se ofrescieron al captiverio, é
luego fueron tomados é traídos á los corrales donde
estaban los de la cibdad de Málaga.
CAPÍTULO XCIV.
Como se repartieron los moros de Málaga, é como el Rey 6 la
Reyna entraron en la cibdad.
Como la cibdad de Málaga fué limpia, luego en-
traron en ella Don Fernando de Talavera, Obispo
de Avila, é Don Pedro de Prexamo, Obispo de Ba-
dajoz, é Don García de Valdivieso, Obispo de León,
con todos los capellanes é cantores del Rey é de la
Reyna, é fueron en una solemne procesión á la mez-
quita mayor ; é fechos en ella los actos que se re-
querían para la consagrar, intituláronla Sancta Ma-
ría de la Encamación.
Fecho aquel santo acto, el Rey é la Reyna, é con
ellos el Cardenal de Espafia , acompañados de los
señores é caballeros que estaban en el real , entra-
ron en la cibdad, é fueron á aquella Iglesia en pro-
cesión, é oyeron una misa con gran solemnidad. E
porque la nobleza de aquella cibdad requería que
BU Iglesia fuese Catedral, el Cardenal de Espafia
con consejo de aquellos perlados dio orden en la
cantidad é calidad de las dignidades, é calongías,
é raciones, é capellanías que debía haber, para que
el culto divino fuese en ella celebrado como con-
venía al servicio de Dios. E fué ordenado que las
cíbdades de Ronda, ó Velezmálaga , é las villas de
Alora, é Cártama, é Cazarabonela, é Coin, con to-
das las villas é aldeas que son en la serranía de Ron-
da y en la Algarbía y en la Axarquía, fuesen subje-
tos á la diócesi de Málaga. E porque un su limos-
nero llamado Don Pedro de Toledo, Canónigo de
la Iglesia de Sevilla era home de vida honesta, é
buen eclesiástico, instructo en las letras sacras, el
Bey é la Reyna suplicaron al Papa Inocencio , que
estonces tenia el Pontificado en Roma, que prove-
yese de la perlada de aquella Iglesia á este Don
Pedro. Y el Papa á su suplicación le proveyó de
aquel Obispado, é confirmó las dignidades é calon-
gías é raciones é capellanías é toda la orden que el
Cardenal de Espafia con los otros Obispos institu-
yeron en aquella Iglesia Catedral , y en todas las
otras Iglesias que se fundaron en la cibdad. La qual
se entregó al Rey Don Femando é á la Reyna Doña
Isabel su muger, á diez é ocho dias del mes de Agos-
to, andados del nascimiento de nuestro Redemp-
tor mil quatrocientos é ochenta é siete años. Falla-
mos por las historias antiguas que fué poseída por
los moros síetecientos é setenta años , desde el dia
que la ganaron fasta este dia que la perdieron.
El Rey é la Reyna mandaron repartir los moros
que allí se tomaron en tres partes , la una la ofres-
cieron por amor de Dios para redempcion de los
captivos que estaban en tierra de moros en las par-
tes de África. E para lo poner en obra mandaron
é todos los que tenían sus fijos 6 debdos captivos en
REYES DE CASTILLA.
aquellas partes, que los ficiesen escrebir en una copia
para que fuesen rescatados. La otra segunda parte
mandaron repartir por todos los caballeros, é por
los de su consejo, é por los capitanes, é otros fijos-
dalgo, é oficiales, é otras personas Castellanos, é
Aragoneses, é Valencianos, é Portogueses, é por
todas las naciones que vinieron á aquella guerra,
habiendo respeto á las personas é á los servicios que
cada uno fizo. La otra tercera parte tomaron para al-
guna ayuda de los grandes gastos que se ficieron en
el tiempo que duró aquel cerco. E primeramente
embíaron al Papa cien moros de aquellos Comeres,
y embíaron á la Reyna de Ñapóles cínqüenta mozas
doncellas, y embíaron á la Reyna de Portogal
otras treinta doncellas. E la Reyna fizo merced, é
repartió otra gran cantidad de moras por algunas
dueñas de su Reyno , é por otras que continaban en
su palacio.
Otrosí ovieron algunos dias plática con el Carde-
nal de España, é con los otros caballeros é dotores
de su consejo, sobre las leyes é fueros que se debían
dar á la cibdad de Málaga, é sobre la forma que á
los principios se había de tener, para que fuese po-
blada é conservada en buenos fueros é costumbres.
E acordaron de le facer merced de las villas de Cár-
tama é Cazarabonela, é Coin, é de todas las villas é
serranías que son en la Axarquía y en la Algarbía,
para que fuesen tierra é jurísdícion de la cibdad. E
pusieron en ella por Alcayde á Garcí Fernandez
Manrique , é diéronle cargo de la guarda , é poder
para usar de su justicia en ella y en todas las tier-
ras que le adjudicaron. Otrosí criaron en ella cier-
to número do alcaldes é regidores é jurados y escrí-
banos, que toviesen cargo de regir é administrar la
república. Ficieron ansimismo merced de las casas
de la cibdad á muchas personas que luego vinieron
á morar en ella ; é pusieron repartidores para que
señalasen los términos entre las villas é lugares é
aldeas que le dieron por tierra é jurísdícion, E dié-
ronle fueros é leyes en que viviesen, según enten-
dieron que compila para la buena conservación de
la cibdad é sus tierras.
Fechas ó constituidas todas estas cosas, partieron
de la cibdad de Málaga é vinieron para la cibdad
de Córdoba, donde fueron recebados por el Príncipe
Don Juan su fijo, é por todos los caballeros que
quedaron en su guarda, é por el Obispo de la cib-
dad, en una solemne procesión, con la qual fueron
fasta la Iglesia mayor, é ficieron oración ante el
altar mayor, é recibieron la bendición del Perlado.
CAPÍTULO XCV.
Sígnense las cosas que pasaron en el año de mil é qnatrocíentos
é ochenta é ocho años. Primeramente de las hermandades 6
otros establecimientos que se ficieron en el Reyno de Aragón.
Proveídas de gentes é de mantenimientos las cíb-
dades, é villas é castillos, que el año pasado de mil
é quatrocientos é ochenta é siete años el Rey é la
Reyna ganaron de tierra de moros, acordaron de
partir de la cibdad de Córdoba é ir á la cibdad de Za-
DON FERNANDO
ragoüa, que es en el Reyno de Aragón. E mandaron
llamar los Perlados, é Caballeros é Barones é Pro-
curadores de las cibdades ó villas de aquel Reyno
para facer Cortes, é proveer en las rentas del gene-
ral, é dar orden en la justicia, la qual no se execu-
taba según debia, por una costumbre antigua que
tenian que se llamaba firma de derecho , en fuerza
de la qual la justicia se dilataba, ó los raalfechores
no hablan la punición que debian. Porque en co-
metiendo qualquier crimen , recorrían á la justicia
de Aragón, por una provisión que les daba, que se
decia manifestación, la qual impedia la justicia
real, de tal manera que no podia prender ningún
malfechor. E si caso fuese que lo prendía, tomába-
lo de poder de la justicia qualquier pariente del
criminoso sin pena alguna. E por esta causa nin-
gún crimen era castigado, é los malf echores habían
lugar de andar esentos sin miedo de la justicia.
Habida consideración por el Rey é por la Reyna
del inconviniente grande que deste uso se seguía á
la execucion de la justicia, necesaria para la buena
gobernación de los reynos, acordaron de lo reme-
diar. E para lo mejor facer, comunicaron su volun-
tad con un dotor natural de la cibdad de Zaragoza,
que se llamaba Micer Alonso de la Caballería, Vi-
cechanciller del Reyno de Aragón, porque era gran
letrado, é home de buena prudencia, é muy instruc-
to en los fueros é costumbres de aquel reyno. Con
el qual , habido su consejo, mandáronle que plati-
case con los Perlados, é Caballeros é Procuradores
de las cibdades é villas de aquel Reyno de Aragón
en las materias que en aquellas Cortes se habían de
tratar, y especialmente les declarase la voluntad
que tenian de proveer aquellos reynos de justicia,
por manera que castigando los malfechores, otros
se refrenasen de ser homicidas, é facer las inju-
rias que en fiucia de aquella firma de derecho se
facían, é todos viviesen en paz é seguridad.
Fecha la congregación , como quier que la cos-
tumbre antigua, quanto quier que sea dañosa en los
pueblos, pero su antigüedad la justifica, é face so-
frir BU defecto á las gentes, las quales con dificul-
tad son traídas á mudanza de lo que por grandes
tiempos acostumbraron, pero este doctor fizo en
aquella congregación sus fablas sobre este caso,
fundadas con tales é tantas razones é autoridades
que mudó las voluntades á las gentes que le oye-
ron, é fizo aborrescer aquello que dañaba al bien
común, aunque lo tenian por ley en tiempos anti-
guos usada. E tenido delante el zelo del bien co-
mún, los fizo unánimes para dexar aquella usurpa-
ción del derecho, é poner la gobernación de la jus-
ticia, que dende en adelante en aquel reyno se de-
bia tener, en el arbitrio é dispusicion del Rey é de
la Reyna, é se remitieron á las leyes y estatutos
que ellos ordenasen.
Esto fecho, con consejo deste doctor Micer Alon-
so, é de algunos de los otros principales de aquella
congregación, el Rey é la Reyna mandaron quitar
aquel uso, é otro qualquier que impidiese la execu-
cion de la justicia. E porque mejor dende en ade-
É DOlíA ISABEL. 473
lante fuese executada, ordenaron que oviese Her-
mandades en aquella tierra, según las había en los
reynos de Castilla. E constituyeron leyes é orde-
nanzas, é pusieron jueces que determinasen, y exe-
cutores que executasen las penas en que los malfe-
chores incurriesen en qualquier de los casos que
instituyeron en aquella hermandad, de lo qual to-
dos fueron contentos, porque conoscieron ser pro-
vechoso á la seguridad común. El qual provecho
se falló luego por experiencia, porque cesaron den-
de en adelante los robos, é muertes ó crimines, que
sin miedo de la justicia se cometían con la confian-
za que tenían en aquella firma de derecho fasta en
aquel tiempo usada. Otrosí proveyeron en las cosas
que concernían al provecho é rentas del general de
la cibdad ; de manera que dende en adelante estu-
viese bien proveído, según estovo en los tiempos
pasados. Otrosí fué notificado en aquellas Cortes los
grandes gastos fechos en la guerra contra los mo-
ros, é los que dende en adelante eran necesarios de
se facer, fasta concluir con el ayuda de Dios la
conquista comenzada contra el Reyno de Granada.
Sobre lo qual, después que por todos se ©vieron al-
gunas pláticas, los Perlados, é Caballeros é Barones
é Procuradores que en aquellas Cortes se juntaron
en nombre de todo el Reyno, considerando los gran-
des gastos que en la guerra de los moros se facían,
para los quales todos los Reynos de Castilla conti-
namente contribuían en gran cantidad ; otrosí, con-
siderando quanto necesaria era aquella Hermandad
que nuevamente era constituida, é los salarios que
se habían de pagar cada año á los oficíales é mi-
nistros que diputaron para la gobernar, é otrosí
para pagar el sueldo á la gente de armas que fué
ordenado que siempre estoviese presta para favo-
rescer la justicia ; acordaron de repartir cierta su-
ma de libras de la moneda de Aragón, las quales se
gastasen solamente eu las cosas necesarias á la
guerra de los moros, y en las otras cosas concer-
nientes á la execucion de la justicia de aquel Rey-
no. Otrosí les sirvieron con ciento é quince mil li-
bras que montaron las sisas que habían seydo co-
gidas en los tres años pasados ; lo qual todo se dis-
tribuyó en la guerra de los moros. Otrosí, porque
en aquellos Reynos de Aragón é Valencia, y en el
Principado de Cataluña había muchas personas del
línage de los judíos, cuyos padres é abuelos se ha-
bían tornado christianos , y el Rey é la Reyna fue-
ron informados que algunos de aquellos no creyen-
do bien la fe christiana, facían ritos judaicos; em-
biaron los años pasados á aquellos reynos é provin-
cias jueces que ficiesen inquisición, é procediesen
contra los que en aquel pecado fallasen maculados.
Los deste línage que decimos eran muchos, é
abundaban en riquezas, é algunos dellos tenian los
oficios públicos de la cibdad. E reputándolo á grand
injuria porque afirmaban ser tan buenos christia-
nos, que no era necesario facer inquisición con
ellos ; algunos que mas grave lo sintieron, pensan-
do escapar si matasen un juez que creían que soli-
citaba aquella inquisición mas con enemiga que les
474
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
tenia que con celo de la fe , movidos con proposito
diabólico, tovieron manera que estando aquel in-
quisidor (1) en maytines fincado de rodillas delan-
te un altar de la Iglesia mayor de la cibdad de Za-
ragoza, entrasen dos homes las caras cubiertas é le
matasen. Por este feo crimen fueron indinados to-
dos los de la cibdad. Y el Rey é la Reyna, que
quando esto acaesció estaban en la cibdad de Cór-
doba, mandaron proceder contra los que se falla-
ron culpantes en aquel delicto, é fueron quemados
ellos, é otros algunos que facian ritos judaicos, ansí
en aquella cibdad como en las otras cibdades é villas
de aquel Reyno. E fueron aplicados todos sus bienes
para la cámara del Rey é de la Reyna, los quales
fueron en gran cantidad. Otros muchos fueron re-
conciliados á la fe, é les fueron dadas penitencias
á cada uno según la medida de su yerro.
CAPÍTULO XCVI.
Como el Rey é la Reyna fueron á la cibdad de Valencia , é lo que
allí íicieron.
Ordenadas las cosas que para la buena goberna-
ción del Reyno de Aragón eran necesarias, el Rey
é la Reyna, é con ellos el Príncipe Don Juan, é las
Infantas sus fijas, y el Cardenal de España con otros
perlados é caballeros que continaban en su corte,
partieron de la cibdad de Zaragoza, é fueron á la
cibdad de Valencia. E porque en aquel reyno habia
algunas disoluciones dañosas á la república, por
causa de los bandos antiguos que son entre los ca-
balleros de aquel reyno, de los quales recrescian
muertes de homes é otras injurias, ó se facian gas-
tos é destruiciones de bienes ; otrosí porque se falla-
ron algunos agravios, é tomas de bienes, é fuerzas
fechas por caballeros, é otras personas singulares
de algunas villas é pueblos de aquel reyno ; el Rey
é la Reyna con gran diligencia entendieron en aque-
llas cosas que les fueron querelladas. E para pro-
veer en lo pasado , é dar orden en lo porvenir, man-
daron facer Cortes, é juntar en la cibdad de Orihue-
la los Perlados, é Caballeros, é Barones, é los tres
estados, é Procuradores de las cibdades é villas que
acostumbran juntarse á entender en la gobernación
de aquel Reyno de Valencia. E después que fué pla-
ticado con ellos en aquellas materias , dieron orden
para que fuese la justicia temida. E como fasta
estonces qualquiera que se sentía injuriado, menos-
preciando la vía del derecho, recorría á los de su
bando, para que le ayudasen por via de fecho,
mandaron so grandes penas, que todo bando é par-
cialidad cesase, é todos recorriesen á los jueces
para que por via de derecho el agraviado alcanzase
el cumplimiento de justicia y el criminoso pade-
(1) Este Inquisidor fué el Maestro Pedro Arbues de Epila, qne
hoy veneramos en los altares, y el suceso de su herida á 15 de Se-
tiembre de U85. Murió el dia 17 casi á la misma hora que habia
sido herido. Las circunstancias de este caso traen por extenso
Zurita , lib. XX, cap. 65 , y mas exactamente Gerónimo Blancas en
sus hermosos Comentarios de las cosas de Aragón, íom. III de
la Hispania lUustraía, pág. 709.
cíese la pena que merescia. Otrosí acordaron de re-
partir en aquellas Cortes ciento é veinte é cinco mil
libras, las cínqüenta mil dellas para satisfacer lue-
go los agraviados que reclamaban continamente
ante el Rey é la Reyna, de los daños que habían
recebido ; é por las setenta é cinco mil libras finca,
bles, pusieron imposición sobre ciertas mercadurías
para pagar cada año al Rey é á la Reyna cinco mil
libras para la guerra de los moros. Estando el Rey
ó la Reyna en la cibdad de Valencia fueron infor-
mados que el Rey de Francia embiaba ante ellos un
embaxador, á les proponer algunas cosas tocantes
á las confederaciones antiguas que son entre los
Reyes é Reynos de Francia é de Castilla. E como
sopieron que era entrado en la tierra de Cataluña,
embíaronle á decir con un caballero de su casa que
se llamaba Mosen Marímon , que si traía comisión
del Rey de Francia para les restituir luego á Per-
piñan, é á todas las tierras de los Condados de Ruí-
sellon é Cerdanía que injustamente les tenía ocupa-
dos, que viniese en buen hora á proponer ante
ellos el cargo de su embazada. Pero si esta comi-
sión no traía, que se volviese, é no entrase mas ade-
lante en su señorío ; porque ninguna buena paz se
podía tratar con el Rey de Francia, ni tratada po-
día permanescer , durante el agravio que les facía
en retenelles aquellos dos Condados que les perte-
nescian. Oido por el embaxador este mandamiento,
como quier que respondió que su embazada seria
apacible, é della resultaría toda buena paz é concor-
dia entre el Rey de Francia su señor , y el Rey é la
Reyna, pero porque díxo que no traia la comisión
que demandaban para entregar aquellos Condados,
cumpliendo la amonestación que le fué fecha, no
pasó mas adelante, é volvióse para el Rey de Fran-
cia, sin ser recebido ni oido por el Rey é por la
Reyna.
CAPÍTULO XCVII.
De las cosas que en Valencia se contrataron con el Sefior de
Labrit.
Recontado habernos en esta Crónica como el Rey
Don Luís de Francia padre del Rey Carlos , que
agora en aquel reyno reynaba, tomó el Ducado de
Borgoña, diciendo pertenecerle por fin del Duque
Charles, que murió sin dexar fijo varón legítimo,
salvo una fija que casó con el Rey de los Romanos,
fijo del Emperador de Alemana. La qual ansímes-
mo murió, é dexó una fija que casó con este Rey
Carlos de Francia é un fijo pequeño que estaba en
poder de aquel Rey de los Romanos su padre. El
qual ansí en vida del Rey Luis, como después en
tiempo deste Rey Carlos , siempre trabajó j)or reco-
brar el Ducado de Borgoña, que decía pertenecer á
aquel su fijo. E sobre el recobrar del uno y el re-
tener del otro, ovo entre ellos guerras, do se recre-
cieron grandes daños, muertes, é robos, é tomas de
cibdades é villas de la una parte á la otra en aque-
llas partes. Especialmente el Rey de Francia favo-
resció á las cibdades de Gante é de Brúxas, é á las
DON FERNANDO
otras cibdades é villas del Condado de Flándes, que
pertenescian al fijo deste Rey de los Romanos, para
que se alzasen contra él. Los quales , con los esfuer-
zos del Rey de Francia, ficieron un insulto grande,
y entraron en el palacio do estaba el Rey de los
Romanos, é prendiéronlo, é apoderáronse de su fijo,
é mataron los principales de su Consejo. Esto sa-
bido por el Emperador su padre, vino con mucha
gente de los Alemanes, é constriñó á los de la cibdad
do Bruxas do estaba preso, que lo soltasen. E por
esta causa creció mas la enemistad que habia entre
el Rey de Francia é aquel Rey de los Romanos su
suegro. Ansimesmo el Duque de Bretaña , y el Du-
que de ürliens, y el Señor de Labrit, é otros caba-
lleros de Francia estaban en la indinacion del Rey
de Francia, por algunos desacuerdos que entre ellos
habia. E las querellas crecieron de tal manera, que
el Rey de los Romanos por su parte , é los Duques
de Bretaña é ürliens, é aquel Señor de Labrit por la
suya , acordaron de meter Ingleses que son enemi-
gos del Rey de Francia, para se ayudar dellos é fa-
cer guerra en el reyno.
Ansimesmo habernos recontado en esta Crónica,
como después que la Princesa de Navarra no acep-
tó el casamiento que le fué movido del Príncipe de
Castilla para su fija que era Reyna de aquel reyno,
é la casó con el fijo del Señor de Labrit , el Rey é la
Reyna mandaron á Don Juan de Ribera, que con
cierta gente de armas que le dieron, estoviese en al-
gunos lugares frontera del Reyno de Navarra, é se
apoderase de las cibdades é villas del , para resistir
á los Franceses , si quisiesen por aquellas partes en-
trar á facer guerra en Castilla. El qual tomó la villa
de Viana , é los castillos de Sant Gregorio , é Irule-
ta, é otras algunas tierras del Reyno de Navarra.
Aquel Señor de Labrit , veyendo que de la una
parte estaba en la indinacion del Rey de Francia, é
que le habia tomado toda su tierra , ó de la otra par-
te el Rey ó la Reyna f acian guerra al Rey de Na-
varra su fijo , é le entraban por su reyno ; acordó de
poner á él é al Rey su fijo , é á todo aquel Reyno
de Navarra en las manos del Rey é de la Reyna, por
Be pacificar con ellos , é haber su ayuda contra el
Rey de Francia. E trató con Don Juan de Ribe-
ra que le acompañase , é ambos vinieron á la cibdad
de Valencia. Y este Señor de Labrit propuso ante el
Rey é la Reyna , presente el Cardenal de España ó
otros caballeros é doctores de su Consejo, en esta
manera.
« Muy poderosos é muy temidos señores : aunque
I) la necesidad no me constriñera venir ante vuestra
»real Magestad, todavía me llamara vuestra mag-
» nanimidad, que ni face, ni consiente facer fuerza.
1) Quisiera yo, muy excelentes Señores, pues la ven-
j> tura me habia de traer á vuestras manos reales ,
» haber principiado á servir, antes que comenzase á
» demandar : porque siento pena en ser enojoso án-
» tes que servidor. Yo , muy poderosos señores , si-
» guiendo la lealtad que mis predecesores guardaron
» á la corona real de Francia , siempre serví al Rey
t Luis , é 6, este Rey Carlos su fijo sin punto de yer-
É DOÑA ISABEL. 475
»ro, salvo si erré, nomo placiendo sus yerros. E
» como quier que esto es notorio , pero este Rey Cár-
» los , que heredó también la cobdicia como el Rey-
» no del Rey su padre ; hame tomado lo mió, porque
» le defiendo que no tome lo ageno que pertenece al
» Rey de Navarra mi fijo, según que todo es mani-
» fiesto á Vuestra real Magestad ; é hame traído á
» tal estado que do quiera estoy mas seguro que
» en mi tierra.» Después que ovo propuesto ante
el Rey ó la Reyna estas razones , é las injurias é
agravios grandes que el Rey de los Romanos, é
los Duques de Bretaña é de ürliens , y él é otros se-
ñores de aquel reyno de Francia habían recebido del
Rey Luís pasado, é los que agora recebian deste Rey
Carlos su fijo, díxo que él confiando en la magnani-
midad del Rey é de la Reyna, habían acordado de
poner en sus manos á él, é al Rey de Navarra su fijo^
é á todo su reyno , para que ficiesen dellos todo lo
que les ploguiese. Otrosí les díxo , como el Rey de
los Romanos é los Duques de Bretaña é de ürliens ,
é algunos otros señores de Francia estaban á su ser-
vicio para los ayudar á recobrar los Condados de
Ruisellon é Cerdanía , que el Rey de Francia contra
toda justicia les tenia ocupados.
El Rey ó la Reyna recibieron este caballero gra-
ciosamente , é ficíéronle mucha honra. É depues que
deliberaron sobre lo que ante ellos propuso, acorda-
ron de se haber con él liberalmente ; é mandaron á
Don Juan de Ribera que luego dexase al Rey su fijo
la villa de Viana, é toda la otra tierra de Navarra
que le había tomado. É allende desto embiaron man-
dar á todas las villas é lugares que son en los puer-
tos de Vizcaya é de Guipúzcoa, que ficiesen una
grand armada , é que fuesen con este Señor de La-
brit, é ayudasen por mar é por tierra al Duque de
Bretaña ó á este Señor de Labrit contra el Rey do
Francia. Y embiaron por capitán de toda la gente de
la armada á un caballero Catalán Maestresala del
Rey , que se llamaba Mosen Gralla. Los de aquellas
provincias, cumpliendo el mandamiento del Rey é
de la Reyna, juntaron luego gran flota de navios*
y este capitán Mosen Gralla con aquella gente des-
cendió en tierra de Bretaña. Ansimesmo vino de In-
glaterra con gente en ayuda del Duque de Bretaña
el Conde de Escalas. Lo qnal sabido por el Rey do
Francia , juntó gente de armas , é tomó las cibdades
de ürliens é Blaya, ó las otras tierras pertenecientes
al Duque de ürliens, é vino con gran poder de gen-
tes al Ducado de Bretaña , á sus capitanes tomaron
algunos pueblos , é robaron é quemaron otros , é fi-
cieron cruda guerra en aquel Ducado.
Los Duques de Bretaña é de ürliens y este Señor
de Labrit , veyéndose f avorescídos con la gente de
España que les había embiado el Rey é la Reyna, é
con la gente de Inglaterra que traxo aquel Conde
de Escalas, salieron al campo á pelear con la gente
del Rey de Francia, é ovieron una gran batalla cer-
ca de la cibdad de Nántes ; en la qual fueron ven-
cedores los capitanes del Rey de Francia , é murie-
ron muchos Bretones, é Ingleses, é Castellanos, que
habían ido á los ayudar. É allí murió peleando aquel
476
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Conde de Escalas, porque no se quiso dar á prisión.
Otrosí fué preso el Duque de Urliens , é otros capi-
tanes é caballeros que estaban en ayuda del Duque
de Bretaña ; entre los quales fué preso aquel capi-
tán Mosen Gralla, que el Rey ó la Reyna habían em-
biado con la gente de la flota. Y este Señor de La-
brit, visto el desbarato que ovieron los de su parte,
ovo lugar de se salvar, é vino para la cibdad de Nan-
tes. E dende á pocos dias murió el Duque de Breta-
ña , é díxose que la causa de su muerte fué el pesar
grande que ovo en se ver vencido , é todos sus ami-
gos é valedores presos é muertos en aquella batalla.
Después de la muerte del Duque de Bretaña , su-
cedió en el señorío de aquel Ducado una de sus fijas
la mayor, que se llamaba Madgma Ana. A la qual el
Bey é la Reyna continando su propósito, f avorescie-
ron para poseer el Ducado del Duque su padre, é
para recobrar las villas é lugares que le tenia en-
tradas é ocupadas el Rey de Francia. É la Reyna, es-
tando el Rey ocupado en la guerra de los moros, em-
bió segunda vez á Don Diego Pérez Sarmiento, Con-
de de Salinas , ó con él á Pero Carrillo de Albornoz,
é otros caballeros é capitanes con mil homes de ar-
mas á caballo, é con gente de peones ballesteros é
lanceros y espingarderos á pié para ayudar á la Du-
quesa. Y embió sus cartas para todas las villas é lu-
gares que son en los puertos del mar de Vizcaya é
Guipúzcoa é Castilla la Vieja, mandándoles que lue-
go diesen al Conde é á todos los que con él iban na-
vios é marineros para pasar ellos é las cosas que lle-
vaban .
El Conde de Salinas con todos los otros capitanes
é gentes que la Reyna embió con él, embarcaron con
ciertas naos é caravelas , ó pasaron en Bretaña. Los
quales se juntaron con los Bretones , é con algunos
Ingleses, que segunda vez hablan venido en ayuda
de la Duquesa, para facer guerra á los Franceses.
CAPÍTULO XCVIII.
De lo qae el Rey éla Reyna ficierou en la cibdad de Murcia.
Estando pendientes las cosas que se habían plati-
cado en las Cortes de la cibdad de Valencia , porque
se llegaba el tiempo del verano para continar la con-
quista comenzada contra el Reyno de Granada, el
Bey é la Reyna partieron de aquella cibdad, é vinie-
ron á la cibdad de Orihuela, donde concluyeron las
cosas que fueron movidas en las cortes del Reyno de
Valencia. En las quales constituyeron algunas leyes
é ordenanzas para que pudiesen vivir bien é segu-
ramente los de aquel reyno , é defeiilieron so gran-
des penas las malas costumbres que traían daño á
la república. De las quales ordenanzas é prohibicio-
nes, todos los de aquel Reyno do Valencia fueron con-
tentos, porque conocieron que les escusaban los gas-
tos del dinero é los peligros de las personas , que te-
nían continos en la prosecución de los bandos é
parcialidades que seguían. Otrosí les quitaban la
causa del pecar, pensando en las muertes é vengan-
zas que se deseaban los unos á los otros. E todos los
Caballeros é Perlados é Barones ó Síndicos Procu-
radores de las cibdades é villas de aquel Reyno do
Valencia, vista la utilidad común y el bien que á to-
dos se seguía , las obedecieron é juraron solemne-
mente en aquella cibdad de Orihuela de las guardar.
Después de fechas é concluidas aquellas Cortes, el
Rey é la Reyna, é con ellos el Príncipe é las Infan-
tas sus fijas, y el Cardenal de España , é los otros ca-
balleros é oficíales que andaban en su corte partie-
ron de la cibdad de Orihuela, é vinieron para la cib-
dad de Murcia ; porque por las partes de Lorca en-
tendían este año facer guerra á las cibdades de Baza
é Guadíx é Almería. E como fueron en aquella cib-
dad, el Rey é la Reyna mandaron llamar todas las
gentes de armas é peones que el año pasado habían
apercebído. E como la gente fué junta, el Rey par-
tió de la cíbad de Murcia á cinco dias andados del
mes de Junio deste año, é fué á la cibdad de Lorca;
é fueron con él el Duque de Alburquerque, y el Mar-
qués de Cáliz , y el Conde de Buendía , y el Conde
de Ledesma, y el Conde de Monteagudo, é Don Al-
varo de Mendoza, Conde de Castro, é Don Diego de
Córdoba, Conde de Cabra, y el Conde de San Esto-
van, é Don Enrique Enriquez, su Mayordomo ma-
yor, é Don Juan Chacón, Adelantado de Murcia, é
Pero López de Padilla , Adelantado de Castilla , ó
otros caballeros é capitanes fijos-dalgo de la casa
del Rey é de la Reyna.
E como el Rey llegó á la cibdad de Lorca , man-
dó al Marqués de Cáliz é al Adelantado de Murcia,
que fuesen con cierta gente en la delantera á poner
real sobre la cibdad de Vera. E como el Alcayde ó
los cabeceras de aquella cibdad sopieron que el Rey
venía á los cercar , salieron á f abla con el Adelan-
tado, é dixéronles como estaban en servicio del Rey,
é que viniendo él en persona , luego le entregarían
aquella cibdad con sus fortalezas. Visto por aquellos
capitanes el ofrescimiento fecho por los moros, es-
cribiéronlo al Rey , el qual fué con toda la hueste á
aquella cibdad, y el Alcayde é los moros della sa-
lieron con las llaves, é se las entregaron. Y el Rey
seguró sus personas é bienes para que se pudiesen ir
á las partes de África, ó á las aldeas comarcanas á
la cibdad, ó á otro qualquíer lugar que quisiesen,
según que lo dio á los de las otras villas é castillos
de aquel Reyno, que sin premia se le habían entre-
gado. E puso por Alcayde é gobernador de aquella
cibdad á Garcilaso de la Vega su Maestresala (1).
Sabido por algunas villas é fortalezas de las co-
marcas , como la cibdad de Vera se había entregado
al Rey, luego vinieron ante él los Alfaquíes é Pro-
curadores de las Cuevas, é de Huesear , é Hueral , ó
de Sugena, é Alborea , é Moxácar, é Bedar, é Se-
rena, é Cabrera, é de Lubrer é Ulela, é Sorbas,
ó Teresa, ó Locayna, é Torrillas, é de Híyunque,
é Suebro, é Taraba, é de Belefique , de Nixar, ó
Huércar , é de Vélez el Blanco , ó de Vélez el Ru-
bio ó de Cantería , ó de Cartabona é Oria, ó Xer-
cos, é Albor, é Alxamecid, é Beniandala, é Be-
(1) La entrega de Vera fué á 10 de Junio de este año. Zar., llb,,
cap. 75.
Í)ON FERNANDO
nitarafa, é Atahelid, é Alardia, é Alhabia, é Be-
nial guacil, éBenilibel, é Benzano, é Benimina, é
Almánchez, é Cotobar, é Benicaglat, é Líxar, é Fi-
nes, é Lula, é de Huesga, é de Orze, é Galera, é
Caetiiiejaé Búllar, éBenamaurel. Los quales entre-
garon luego las fortalezas que habia en estos luga-
res al Rey , é puso en ellas sus Alcaydes ; é dio se-
guro á los moros que dexaron la tierra , para que
fuesen á morar á las partes que quisiesen con todos
sus bienes ; é los que quedaron por mudéxares en es-
tos lugares , ficieron juramento de ser buenos ó lea-
les vasallos, é siervos del Rey é de la Reyna, é de
les pagar sus tributos , según lo ficieron los otros
moros que quedaron por mudéxares en los otros lu-
gares que se ganaron en los años pasados. Recebi-
dos todos estos lugares, é puestos los Alcaydes en
las fortalezas que se entregaron, el Rey acordó de ir
á la cibdad de Almería, para ver el asiento della, é
bí habría lugar este afio para 4a sitiar. E mandó al
Marqués de Cáliz, é al Duque de Alburquerque , é al
Adelantado de Murcia, que fuesen en la delantera,
los quales llegaron á vista de la cibdad. É como los
moros vieron aquella gente, recelando ser cercados,
pensaron de excusar el asiento delreal,é salieron de
aquella cibdad á escaramuzar con las batallas que
iban en la delantera. E después que el Rey llegó
con toda la otra gente, porque vido que de aquella
escaramuza, por ser entre las huertas de la cibdad ,
los christianos recebian daño , mandó cesar la esca-
ramuza, é retraer toda la gente. E después que por
todas partes vido el asiento de aquella cibdad, tor-
nó con toda la hueste á poner real cerca del rio de
Almería, que es media legua de aquella cibdad. E
otro día mudó su real , é fué para la cibdad de Baza
donde estaba el Rey viejo ; el qual salió de la cib-
dad con gente de caballo é de pié á escaramuzar
con las batallas del Marqués de Cáliz é del Adelan-
tado de Murcia que iban en la delantera. E los chris-
tianos fueron tanto adelante peleando con los mo-
ros, que los retraxieron fasta los meter por las huer-
tas , donde los moros tenían puestas sus celadas. Y
en aquella f acienda, por la dispusicion de los luga-
res donde peleaban recibieron mayor daño los chris-
tianos , porque fueron feridos é muertos algunos de-
Uos con los tiros de ballestas y espingardas que los
moros tiraban. Especialmente fué muerto de un tiro
de espingarda Don Felipe de Aragón , Maestre de
Montesa, sobrino del Rey, fijo bastardo del Príncipe
Don Carlos, su hermano. Sabido por el Rey la muerte
de su sobrino, pesóle mucho ; é mandó á las batallas
que iban en la delantera, que retraxiesen la gente de
la escaramuza , é que se volviesen al real, que man-
dó asentar dos leguas de la cibdad , cerca de un rio
que se llamaba Guadalquiton. Los moros, como vie-
ron que se tornaban las batallas de los christianos, é
que los de la escaramuza se retraían , salieron mas
número de caballeros moros de refresco, con gran-
des alaridos, é siguieron á los christianos que iban
en la rezaga de las batallas, matando é firiendo en
ellos, fasta que por fuerza ficieron fuir á algunos é
juntarse con las batallas (¿ue iban en la delantera.
É DOf A iSABEt/. 477
Visto por el Adelantado de Murcia, que tenia
cargo de la reguarda, como los moros seguían á loa
christianos, volvió con su batalla, é recogióla gen-
te de los christianos que iban f uyendo , é acometió
tan recio contra los moros, que los fizo retraer. Y el
Adelantado con sus gentes de pié é de caballo los
siguió, firiendo é matando en ellos fasta que los
metió en las huertas déla cibdad. E otro día siguien-
te el Rey vino para la cibdad de Huesear, la qual
gele entregó luego, é puso en ella por alcayde á
Don Rodrigo Manrique. E allí mandó despedir toda
la gente, é fué á facer oración á la Cruz de Carava-
vaca ; é de allí vino á la cibdad de Murcia donde
estaba la Reyna.
CAPÍTULO XCIX.
De las eosas qae el Rey é la Reyna ordenaron , después qne el Rey
salió de tierra de moros.
Como el Rey llegó á la cibdad de Murcia, luego
el Rey é la Reyna acordaron de dar el cargo de la
capitanía mayor de todas las viílas é castillos que
este año ganaron de tierra de moros á Luis Fernán,
dez Puertocarrero, Señor de Palma. E mandaron á
los alcaydes que dexaron en las fortalezas é á los
otros capitanes de gentes, que mandaron quedar en
la tierra , que esto viesen á su gobernación , para la
guardar, é facer guerra al Rey viejo que estaba con
gente en las cibdades de Baza é Guadix. Otrosí pu-
sieron oficiales para que por tierra embiasen requas,
é por mar embiasen navios con provisiones de pan
é otros qualesquier mantenimientos necesarios á los
alcaydes é gentes de armas que dexaron en los cas-
tillos é tierras que este año se ganaron en aquella
comarca ; y ellos acordaron de venir para la villa de
Valladolid á tener el invierno. E porque la guerra
que en aquella tierra se esperaba facer , ansí en el
defender, como en el ofender, era peligrosa ; algu-
nos mancebos fijos-dalgo que andaban en servicio
contino del Rey é de la Reyna, con deseo de ganar
fama loable en los fechos de las armas , quedaron
de su grado con este capitán mayor, para le ayudar
en aquel cargo.
Acaeció en estos dias que estando la Reyna en
Murcia, le fué certificado , que el Alcalde mayor da
la tierra del Duque de Alva , y el alcayde de una
fortaleza, que se decía Salvatierra, habían injuria-
do é apaleado al recaudador que cogía los derechos
reales del servicio é montadgo de los ganados que pa-
saban por aquella tierra del Duque é á un escribano
que andaba con él. É como fué informada de aqueste
delicto, encubierto el sentimiento que dello ovo, man-
dó secretamente á un Licenciado Diego de Proano,
Alcalde en bu corte , que con diligencia ficiese justi-
cia de los que fallase en aquel exceso culpantes.
Este alcalde partió secretamente de la cibdad de
Murcia, é fué disimulado fasta que llegó cerca de
la villa de Alva de Tormes , é tovo tal astucia , que
prendió al alcayde dentro en la fortaleza de Salva-
tierra do estaba ; é ansimesmo al alcalde del Duqua
é aforcó luego al alcayde en aquel mcsmo lugajj
4t8 CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA,
donde fizo la injuria al recaudador ; é tomó preso
al alcalde mayor , é llevólo ante los Oidores de la
Chancillería, que reside en la villa de Valladolid.
Los quales conocido el delicio , mandáronle cortar
la mano , é desterrar por toda su vida del Reyno.
Destas justicias fechas en personas tan señaladas,
pesó mucho á los malos , porque so refrenaron en
BUS malos deseos , é plogo á los buenos , porque go-
zaban de la paz que deseaban tener en eus personas
é bienes.
CAPITULO C.
De las cosas que el Rey é la Reyna ficieron en Valladolid.
El Rey é la Reyna partieron de la cibdad de
Murcia, é con ellos el Príncipe, é las Infantas sus
fijas y el Cardenal de España ; é vinieron á la villa
de Valladolid por dar orden en la inquisición que
se f acia contra los hereges, é proveer de letrados é
presidente la Chancillería, y en otras cosas concer-
nientes é la gobernación de la justicia. E mandaron
irhomes letrados que ficiesen inquisición sóbrelos
corregidores de las cibdades é villas, á los quales
embiaban á mandar, que acabado el tiempo de su
corregimiento estoviesen treinta dias sin tener car-
go de justicia, faciendo su residencia é dando razón
de lo que habían llevado de penas é de otras cosas,
é como habían usado de su oficio. E si alguno fa-
llaban culpado , llevando algún cohecho , ó habien-
do fecho otro exceso en la justicia, luego era traído
á la corte preso , é penado según la medida de su
yerro ; é á este tal no se encargaba dende en ade-
lante oficio ninguno. Visto la gran diligencia que
en esto la Reyna ponia, todos trabajaban por se sal-
var, usando limpiamente de su cargo. Otrosí man-
daron juntar en aquella villa todos los inquisido-
res que habían seydo puestos en las cibdades é vi-
llas, é los fiscales é receptores y escríbanos, é otros
oficiales que habían entendido en aquella negocia-
ción. E después de habidos largos consejos sobre
esta materia, por quanto era ardua, é tocaba á mu-
chas personas, dieron cierta forma que se guardase
en los procesos é prisiones, é otras cosas que en esta
causa dende en adelante ocurriesen. Falláronse
muchos judíos hombres raeces que depusieron fal-
samente contra algunos conversos por los traer á
la muerte. Lo qual fallado por verdadera informa-
ción, fueron en Toledo apedreados por justicia al-
gunos dellos. Otrosí nombraron inquisidores que
embiaron á algunos Obispados, para que fecha la
inquisición en forma jurídica, fuesen castigados
los que fallasen culpantes , é apurasen del todos los
ritos judaicos que guardaban, é alímpiasen la tierra
de aquella mala é iniqua opinión que algunos te-
nían. Otrosí ordenaron la ley de la plata que dende
en adelante se labrase en sus Reynos, que fuese
apurada, é de la ley que se labraba en la cibdad de
París. E pusieron grandes penas á qualquíera que
aquella ordenanza quebrantase.
CAPÍTULO Cí.
De la guerra que facian los moros á los lugares que estaban por
el Rey é por la Reyna.
Estando el Rey é la Reyna en la villa de Valla-
dolid, ovieron nueva como por la mala guarda que
habia en la villa é castillo de Nixar donde era al-
cayde Bernal Francés , los moros ovieron lugar de
la combatir é recobrar, é que habían muerto á cu-
chillo setenta escuderos, é todos los peones que la
guardaban. Ansimesmo que tornaron á recobrar
otra fortaleza que se llamaba Competa, é que el Rey
viejo que estaba en Guadíx facía cruda guerra á
toda aquella tierra que se habia dado al Rey é á la
Reyna, donde habían seydo muertos é desbaratados
é feridos é presos en escaramuzas algunos christia-
nos. Especialmente fué muerto un mancebo Comen-
dador de la Orden de Santiago, que se llamaba Ruy
Díaz Maldonado, fijo del Doctor Rodrigo Maldonado
Señor de Bavila Fuente, el qual eligió antes la muer-
te peleando que sofrir la vida con vergüenza fu-
yendo. Otrosí sopieron como aquel Rey viejo que
estaba en Guadix, vino con gente de moros á pié é
á caballo, ó con muchos pertrechos á combatir la
villa é fortaleza de CúUar , en la qual no estaba á
la hora Carlos de Biedma á quien el Rey é la Reyna
habían puesto en ella por alcayde, é se decía que
con recelo se salió della. E como quier que por la
dispusicion natural é obra artificial que esta villa
tiene parece inexpugnable, por las grandes peñas
é cuestas altas é grandes edificios de que por todas
partes está fortificada, pero la multitud de los mo-
ros y el osado atrevimiento que ofreciéndose á la
muerte tovieron para la combatir, fué tan grande é
por tantas partes, que por fuerza entraron en la vi-
lla, é la robaron é mataron ios christianos que den-
tro pudieron haber. Otros algunos que se dispusie-
ron á pelear por las calles, no pudiendo resistir al
poderío é fuerza de los moros , se retraxieron á la
fortaleza con un alcayde que por estonces estaba en
ella, que se llamaba Juan de Avales.
Este alcayde fué tan constante en la virtud de la
verdadera fortaleza, que ni la multitud de los mo-
ros le turbó, ni sus combates enflaquescieron su áni-
mo, para morir defendiendo aquellas torres que le
fueron encomendadas. Los moros, á quien la victo-
ria que ovieron en la entrada de la villa habia fe-
cho crecer su orgullo para combatir la fortaleza,
pudieron llegar con algunos pertrechos al muro;
é pusieron en cuentos una torre con gran parte del
lienzo de la cerca y entraron por fuerza la barrera.
Aquel alcayde Juan de Avales peleaba con grand
esfuerzo, remediando á los lugares mas flacos, é
poniendo esfuerzo á los que con él estaban, los qua-
les visto el esfuerzo del alcayde, se dispusieron á le
ayudar. E como quier que los moros habían ya ga-
nado la barrera, pero el alcayde con aquellos que
le ayudaron, con muchas piedras y esquinas echa-
das de lo alto, lanzaron á los moros fuera de la
barrera que habían ganado. Este combato fué muy
DON FERNANDO
riguroso, é doró cinco días , porque los moros eran
en tanto número, que quando los unos se apartaban
del combate , llegaban otros de nuevo á combatir :
de manera que los christianos no tovieron una hora
de espacio para se reparar. Pero conosciendo que
Beg^n el dafío que habían fecho en los moros se-
rian todos muertos si fuesen tomados, el miedo
que concibieron les fizo avivar las fuerzas é conti-
nar los trabajos, fasta que los liioros visto que per-
dían su gente é no ganaban el muro, acordaron de
quemar la villa é se retraer é dexar la fortaleza.
Otrosí dos capitanes moros el uno se llamaba Ali-
Alatar, que estaba apoderado de la villa é fortaleza
de Alhendín, é otro que se llamaba Iza-Alatar, que
estaba con gente de moros en la villa de Salobreña,
guerreaban desde aquellas á los moros de Granada,
que estaban por el Rey mozo, ó á todos los chris-
tianos é moros que estaban en las villas é lugares
que se habían ganado los años pasados ; é traían
cavalgadas é tomaban continamente captivos, é
facían tan cruda guerra , que el capitán mayor é
los otros capitanes é alcaydes de las cíbdades é vi-
llas que estaban por el Rey é por la Reyna, no lo
podían resistir. Otrosí los moros de la cíbdad de Al-
mería ó de Tabernas, é los que moraban en el valle
de Purgena, é de todas aquellas partes, entraban en
la tierra de los christianos que son á las partes de
Lorca é de Murcia, é tomaban homes captivos, é
llevaban ganados, é facían cruda guerra á todos
los que moraban en aquellas comarcas. E para pro-
veer á estos daños, el Rey é la Reyna embiaron
mandar á Juan de Benavídes , é á Garcilaso de la
Vega, que fuesen con gente de caballo para resis-
tir á los moros por aquellas partes é facerles guer-
ra. Otrosí embiaron á Francisco Ramírez Secreta-
rio, que tenía cargo del artillería, con sus cartas
para todos los caballeros, é cíbdades é villas del
Andalucía, que son en aquellas partes , mandándo-
les que se juntasen é resistiesen aquellos daños que
los moros facían. Los quales cumpliendo el manda-
do del Rey é de la Reyna se juntaron é resistieron
las guerras é cavalgadas que aquellos moros facían,
é ovieron con ellos algunas batallas ó recuentos
donde murieron algunos christianos é moros. Pero
porque aquellos capitanes moros estaban en casti-
llos roqueros, do no había salvo gente de guerra,
nunca cesaban de facer guerra por todas las partes
que podían á los christianos.
CAPÍTULO CII.
De la embaxada que el Rey de los Romanos embió al Rey é á la
Reyna.
Estando el Rey é la Reyna en la Villa de Valla-
dolid entendiendo é proveyendo en las cosas que
suso habemos recontado , sopieron como venían á
ellos embaxadores del Rey de los Romanos, fijo del
Emperador de Alemania, el bastardo de Borgoña,
fijo del Duque Cháries, é otro capitán que se lla-
maba Juan de Salazar. Los quales habían venido
^or mar, é ,del puerto de la Corana descendieron ó
É DOÍÍA ISABEL. 479
vinieron á la cíbdad de Burgos. E como la Reyna
sopo que habían llegado á aquella cibdad , é que
del trabajo largo de la mar é fatiga que habían pa-
decido en los caminos , estaban no bien proveídos
de cavalgaduras, é de los otros arreos que les eran
necesarios, embió á ellos un tesorero, para que les
proveyese de las bestias é ropas é todas las cosas
que oviesen necesario.
Estos embaxadores llegaron á la villa de Valla-
dolíd, é por mandado del Rey é de la Reyna les fué
fecho honorable recebimiento por los Duques é Con-
des é Caballeros é Perlados que estaban en su cor-
te. E como reposaron algunos días, propusieron su
embaxada ante el Rey é la Reyna, presentes el Car-
denal de España é algunos Duques é Condes é Per-
lados de su Consejo ; primeramente las recomenda-
ciones é graciosos ofrecimientos que con toda be-
nivolencia el Rey de los Romanos les embiaba. B
díxeron de su parte, que porque el amor grande que
había á sus personas reales, se consolidase con ma-
yor debdo de afinidad é consanguinidad, había
acordado de embiar ante Su real Magestad, á lea
rogar, que les ploguíese de otorgar la Infanta Doña
Isabel su fija en matrimonio para él. Otrosí que les
ploguíese prometer en matrimonio á la Infanta
Doña Juana quando saliese de edad , para Filípo
Duque de Borgoña , Conde de Flándes, cuyas eda-
des ansí del padre como del fijo, convenían bien con
las edades de las Infantas que pedía. E cerca des-
tos matrimonios, que por la gracia de Dios se mo-
vían, é con su voluntad se esperaba concluir, re-
contaron algunas utilidades que á ambas partes so
seguían de presente, é medíante la [gracia divina
esperaban que se siguirian de futuro.
E acabada de proponer la materia destos dos ca-
samientos de las Infantas que pidieron , ficieron sa-
ber al Rey é á la Reyna los agravios é injurias que
el Rey de Francia había fecho á su fijo el Duque de
Borgoña en le tener ocupado por fuerza su Duca-
do que le pertenescia, é otras algunas tierras que
habia heredado é poseído legítimamente por fin de
la Duquesa su madre. Otrosí tenia tomadas algunas
villas é lugares é puertos de mar de la Duquesa de
Bretaña, que era sobrina del Rey, fija de su herma-
na, é que pugnaba por desheredar totalmente tam-
bién en aquel Ducado como en el de Borgoña.
Otrosí que tenía preso al Duque de Urliens, é le ha-
bia mandado tomar sus tierras ; é ansimesmo al
Señor de Labrit, é á otros caballeros de Francia.
Otrosí recontaron la injusticia que al Rey é á la
Reyna facía en les tener por fuerza los Condados
de Ruisellon é Cerdania que les tenia ocupados ; é
que páresela cosa contraría á la razón seyendo Re-
yes tan poderosos, consentir en su patrimonio fuer-
za tan notoria, para la qual ninguna otra osadía
tenia el Rey de Francia, salvo la poca diligencia
que veía en gela resistir. E que mirasen bien que
su cobdicía tanto mas crescía para haber lo ageno,
quanto menos resistencia fallaba para conservar lo
proprio. E sobre esta materia díxeron otras razo-
nes para indinar al Rey é á la Reyna contra el Rey
480
CRÓNICAS DE LOS EEYE3 DE CASTILLA.
de Francia. Y en conclusión, ofrescieron el amistad
é confederación del Rey su señor, para ayudar al
Rey é á la Reyna, para recobrar á Ruisellon, fa-
ciendo guerra al Rey de Francia por aquellas par-
tes de Flándes é de Brabante, fasta (jue restituyese
á ellos, é á él, é á su fijo, é á la Duquesa de Bretaña
todo lo que forzosamente les habia tomado. Para
lo qual afirmaron tener cierta el ayuda del Empe-
rador BU padre, é de muchos príncipes de Alemana,
é la del Rey de Inglaterra, el qual embiaria luego
de sus capitanes é gentes para entrar en Francia
por la parte de Bretaña é Flándes. E que faciéndole
guerra dentro de su reyno por todas partes, f aria
por fuerza lo que la cobdicia no le consentía facer
por justicia.
Oidas por el Rey é por la Reyna estas é otras ra-
zones que en este caso propusieron, mandaron res-
ponder á aquellos embaxadores, como á ellos placía
mucho de su venida, é que eran alegres en saber del
estado é buena dispusicion del Rey de los Romanos
su primo, é del Duque de Borgoña su fijo. E cerca
de las materias que habían propuesto , ¡porque eran
grandes é arduas, les dixeron, que mandarían pla-
ticar sobre ellas en su consejo, é responderles aque-
llo que fuese servicio de Dios, é bien é honor suyo
é del Rey de los Romanos su primo , é del Duque
BU fijo. Estos embaxadores estovieron en la villa de
Valladolid por espacio de quarenta dias, en los
quales el Rey é la Reyna mandaron facer justas é
torneos, é otras muchas fiestas de grandes é sump-
tuosos gastos é arreos. E al fin les mandaron res-
ponder, que ellos eran alegres en saber la buena
voluntad é amor que el Rey de los Romanos su
primo mostraba á sus cosas, y el deseo que tenía de
lo refirmar con mayor debdo de sanguinidad; é que
cerca del matrimonio que demandaba de la Infan-
ta Doña Isabel su fija les ploguíera mucho de lo
otorgar, salvo por la pendencia que tenía de su ma-
trimonio con otro Príncipe, por quien primero les
fué demandada; é que fasta ver el fin de aquella
pendencia, no seria honesto platicar cerca de su
matrimonio con otro príncipe. E cerca de lo que
tocaba á la Infanta Doña Juana que pedia para el
Duque Fehpe su fijo, les fué respondido, que su
edad no era aun perfecta para celebrar aquel acto
de matrimonio ; pero por el deseo que tenían de re-
firmar por nuevo debdo el amor que con él tenían,
les placía prometer que temían manera con la In-
fanta su fija quando fuese de edad, que otorgase
aquel matrimonio, ó celebrase en faz de la sancta
madre Iglesia los actos que para ello se requirian.
E cerca de lo que habían recontado tocante á las
fuerzas que el Rey de Francia había fecho é facía,
les mandaron responder, que no les venia de nuevo
todo lo por ellos recontado, lo qual sentían como
se debía sentir, é lo tenían en el ánimo para pro-
veer según que seria proveído, é á su honra com-
plia ; é que si fasta allí no habían entendido en
ello, era porque habían estado y estaban ocupados
en la conquista que facían de las cíbdades é villas
é tierras del Beyno de Granada, la qual era tanto
grande é de tantos discrimines é dificultades qtíe
requerían grandes fuerzas é trabajos para la pro-
seguir, é que durante aquella no podían comenzar
oti-a guerra. Pero que ellos habían embiado una
flota armada con sus capitanes é gentes á la Du-
quesa de Bretaña. E allende de aquello entendían
embiar cada que necesario fuese mas gente para le
ayudar, é facer guerra al Rey de Francia, á fin que
recobre las villas é tierras que le tienen tomadas de
su patrimonio , lo qual ansimesmo sería ayuda al
Rey de los Romanos , para ser restituido el Duque
su fijo en lo que le estaba tomado é ocupado. E
cerca de su amistad é confederación que demanda-
ban con el Rey de los Romanos, respondieron que
les placía de la facer, é de le tener por su amigo ó
confederado, para le ayudar contra el Rey de Fran-
cia, para recobrar lo que tenía ocupado al Duque
su fijo.
Otrosí estos embaxadores por virtud del poder
que traían del Rey de los Romanos , juraron é pro-
metieron de ayudar al Rey é á la Reyna, é á sus
gentes é capitanes contra el Rey de Francia cada
que fuese necesario para recobrar los Condados de
Ruisellon é Cerdania. E como estas cosas fueron,
asentadas, el Rey é la Reyna los despidieron , dán-
doles grandes dones de oro, é plata, é brocados, ó
caballos.
CAPÍTULO cm.
Como el Rey é la Reyna restituyeron la cibdad de Plasencia
á su corona real.
El Rey Don Juan, padre desta Reyna Doña Isa-
bel, fué constreñido en tiempo de algunas disen-
siones acaescídas en el tiempo que reynó, de d ar la
cibdad de Plasencia al Conde Don Pedro de Stúñi-
ga, que era su justicia mayor, la qual dádiva revo-
có luego por ser excesiva, é contra su voluntad. El
efecto desta revocación no ovo lugar, por algunos
impedimentos que ansí él como el Rey Don Enri-
rique su fijo tovieron en aquellos tiempos que rey-
naron ; é por esta causa ovo lugar de heredar el
señorío de aquella cibdad el Duque Don Alvaro fijo
de aquel Conde Don Pedro de Stúñiga, é después
del Duque Don Alvaro, su nieto, fijo de su fijo ma-
yor, que agora la poseía.
La Reyna que fué informada como la merced de
aquella cibdad fué fecha por importunidad, é re-
vocada con justa razón, trató con algunos caballe-
ros é cibdadanos principales de la cibdad, que, de-
xado el señorío de aquel Duque Don Alvaro, se tor-
nasen á su señorío real. Los quales conosciendo que
aquella cibdad por ser una de las principales dql
Reyno, é cabeza de Obispado , no debía ser aparta-
da de la corona real ; é que ellos sentían ser opre-
sos viviendo fuera del señorío real , poniendo en
obra lo que tenían en voluntad, se juntaron, é to-
maron armas , y echaron fuera de la cibdad á la
justicia é oficiales que el Duque Don Alvaro tenia
puestos; é cercaron la fortaleza, é pusieron sus es-
^uzas para que ninguno pudiese s^lir ni entrar ei^
DON FERNANDO
ella. Esto fecho, embiaron á decir al Rey é á la
Reyna el estado en que tenian la cibdad ; por ende
que fuese luego el Rey á la recebir, é ansimesmo á
facer la fuerza necesaria al alcaydo de la fortaleza,
bí se pusiese en resistencia, para gela tomar.
Como esta nueva vino al Rey é á la Reyna, es-
cribieron luego sus cartas para los caballeros é cib-
dadanos de Plasencia, regradesciéndoles lo que ha-
blan fecho. E otrosí el Rey partió para aquella cib-
dad, y escribió á todos los caballeros é gentes de
armas de las cibdades de Salamanca é Zamora, é
Toro, é Cibdad- Rodrigo, é Truxillo, é Cáceres, é Ba-
dajoz, é á todas esas comarcas, que con sus caba-
llos é armas viniesen para la cibdad de Plasencia.
E como el Rey con todas aquellas gentes llegó á la
cibdad, el Duque Don Alvaro que sopo el levanta-
miento fecho contra él en ella, é como el Rey era
ido á la tomar, recelando que si se pusiese en alguna
resistencia perdería todo el otro su patrimonio, ovo
su acuerdo de obedescer los mandamientos del Rey
é de la Reyna, é fué luego,y entrególa con su for-
taleza al Rey. Y él la recibió, é puso en ella por Al-
cayde é Justicia á Antonio de Fonseca.
En este año ovo en muchas partes de los Reynos
de Castilla é de Aragón grandes aguas mucho ma-
yores que las que ovo en el año pasado ; é ficieron
grandes destruiciones de molinos y edificios, é mu-
rieron muchos ganados. Especialmente en la cibdad
de Murcia y en su comarca llovió un agua tan recia,
que las gentes pensaron ser anegados; é algunos pas-
tores, é otros que andaban en los campos peligraron,
salvo los que buscaron torres é lugares altos donde
escapar. Ansimesmo en Santa Maria del Puerto en el
mes de Marzo de este año llovió tanto que las gentes
creyeron ser otro diluvio. E los vecinos de aquella
villa veyeron una nube mucho negra é una multitud
de tordos volando en medio della ; é con arrebatado
viento que vino con aquella nube, todas las texas é
ladrillos de las casas cayeron é se quebraron, de tal
manera que parescian molidas. Cayeron ansimesmo
todas las casas de aquella villa, é murieron algunos
homes é muchos ganados; perdiéronse los mas de los
bienes que tenian en las casas. Ansimesmo quebran-
tó todas las fustas é barcos que estaban en tierra ri-
bera de la mar, que ninguna dexó sana. E una cara-
vela que estaban adererezando ciertos maestros , el
gran viento la mudó de su lugar veinte pasos, é la
quebró toda ; é arrebató algunos barcos que estaban
en la mar, é los sacó á tierra todos fechos piezas en
el mismo ayre. Otrosí temblaron las torres de la for-
taleza ; é aquel terremoto, por do pasaba aquella
nube, fizo otras cosas tan espantables, que paresció
á las gentes ser contra todo curso natural (1).
(1) El cura de los Palacios refiere lo de estas aguas, y añade que
enloda tierra de Andalucía hubo tanta fertilidad, y tal cosecha
de granos, que todo el tiempo de la cosecha valió la fanega de
trigo á cincuenta maravedís, y en algunas parles á real, que valia
entóneos treinta y un maravedís. También se alzaron este año los
moros de r.nucin y otros de Sierra Bermeja, confiados en lo fuer-
te de la estación y aspereza del sitio, hasta que después fueron
sujetados por el Marqués de Cádiz. Bernald., lUsíor. áe los Reyes
Cuto I., cap. 84^85.
Cr.~III.
É DOÑA ISABEL.
481
CAPÍTULO CIV.
Sígnense las co^as que pasaron en el año de mil é quatroeientos 6
ochenta é nueve años. E primeramente como fué el Rey á con-
tinar la guerra contra los moros.
Porque el tiempo del verano para proseguir la
guerra comenzada contra el Reyno de Granada se
acercaba , acordaron el Rey é la Reyna de partir de
la villa de Valladolid. E fueron á la cibdad de Jaén,
é con ellos fueron el Príncipe Don Juan é las Infan-
tas sus fijas , y el Cardenal de España ^ é los otros
caballeros é oficiales que acostumbraban andar en
su corte. Y embiaron luego sus cartas de llamamien-
tos para todos los caballeros y escuderos é gentes
de armas, de caballo é de pié, á quien hablan aper-
cebido para que se juntasen en las cibdades de Ube-
da é Baeza ; porque en aquellas fronteras que son
de Baza é Guadix, acordaron de facer la guerra este
año. Especialmente determinaron de poner sitio so-
bre la cibdad de Baza ; porque fué platicado en su
consejo , que si aquella cibdad se ganase, seria me-
nos trabajosa la conquista de las cibdades de Gua-
dix é Almería, é de las otras cibdades é castillos que
en aquellas partes quedaban por conquistar. E como
las gentes llamadas se juntaron, la Reyna acordó de
quedar en la cibdad de Jaén , é con ella el Príncipe
é las Infantas sus fijas , y el Cardenal de España. Y
el Rey partió de aquella cibdad á veinte é siete dias
del mes de Mayo ; é mandó poner su real en el lu-
gar que se llama Sotogordo, donde acordó de espe-
rar todas las gentes de caballo é de pié , para los or-
denar en batallas. Impidióse el juntamiento de aque-
llas gentes ocho dias , por las grandes aguas que re-
crescieron ; las quales dañaron los caminos , é ficie-
ron crescer los rios ; é trabajaron las gentes de tal
manera, que no pudieron juntarse con el Rey al
tiempo que les fué mandado.
Después que con grandes trabajos del tiempo se
juntaron, el Rey mandó facer alarde ; é falláronse
en su hueste trece mil homes de caballo é quarenta
mil homes de pié , los quales mandó que fuesen or-
denados en esta manera. En la delantera mandó que
fuesen ciento é cinqüenta homes á caballo con el
Alcayde de los Donceles ; que según la orden anti-
gua de España, debe ir con los mariscales para apo-
sentar las huestes. E mandó que fuesen en el avan-
guarda el Maestre de Santiago con mil ochocientas
lanzas; con el qual iba la gente de Ecija con ciento
é cinqüenta lanzas é setecientos peones, é ciento é
cinqüenta espingarderos de la cibdad de Toledo. En
la una ala desta batalla mandó ir al Clavero de Ca-
latrava con quatrocientas lanzas é mil peones. Y en
la ala de la otra parte iba Pero López de Padilla con
decientas lanzas de los escuderos que tenian tiei*-
ras é acostamientos del Rey é de la Reyna, que
le fueron dadas en capitanía. En la segunda batalla
iba Don Diego López de Haro con ciento é cinqüen-
to lanzas é quatro mil peones del Reyno de Galicia
que le fueron dados en capitanía. En la tercera ba-
talla iban mil homes de armas é ginetes, é mil ho-
31
482
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mes á pié del Cardenal de España ; de los quales
iban por capitanes Don Rodrigo de Mendoza, Señor
del Cid, é Don Hurtado de Mendoza, Adelantado
de Cazorla. En la quarta batalla iba las gentes de
pié é de caballo de las hermandades, cada quadrilla
con 8U capitán. En la quinta batalla iban Don Die-
go de Córdoba, Conde de Cabra, con decientas é
cinqüenta lanzas é trecientos peones; é Martin Alon-
so de Montemayor con ciento é setenta lanzas, é do-
cientos peones. La sexta batalla llevaba Don Enri-
que de Guzman con trecientas é cinqüenta lanzas,
que le fueron dadas en capitanía. En la séptima ba-
talla iba el Marqués de Aguílar con ciento é cinqüen-
ta lanzas , é docientos peones ; é Fernán Duque con
docientas é setenta lanzas , que les fueron dadas en
capitanía. En la octava batalla iba Don Francisco de
Velasco, capitán de ciento é cinqüenta lanzas del Du-
que del Infantadgo, é ciento é ochenta peones, é
ciento é cinqüenta lanzas del Conde de Feria. En la
novena batalla iban trecientas lanzas del Duque de
Medinasidonia , é ciento é cinqüenta lanzas del Du-
que de Medinaceli , con sus capitanes que ellos em-
biaron. En la décima batalla iba Don Alonso , Señor
de la casa de Aguilar, con trecientas lanzas é tre-
cientos peones. Delante la batalla real iba el Conde
de Tendilla con quatrocientas é sesenta lanzas suyas
é del Arzobispo de Sevilla , su hermano , 6 del Con-
de de Benavente ; é Don Martin de Acuña con cien-
to é veinte é cinco lanzas que le fueron dadas en ca-
pitanía. En la batalla real iba el Marqués de Cáliz
con quatrocientas lanzas é trecientos peones , é cien-
ta é cinqüenta lanzas del Adelantado del Andalucía,
é Gonzalo Hernández de Córdoba con setenta lan-
zas , é Alonso Osorio con cien lanzas , é Martin de
Alarcon con cinqüenta lanzas, é Bernal Francés con
cien lanzas, é Pedro de Ribera con setenta lanzas,
é Don Sancho de Castilla con ciento é cinqüenta
lanzas, é Garci- Alonso de üUoa con deciéntase vein-
te lanzas, é Villa- Fuerte con ciento ó diez lanzas, é
Hernando de Ribera con cien lanzas, y el Comenda-
dor del Montijo con ciento é ocho lanzas , y el Al-
cayde de Morón Luis de Figueredo, con cien lanzas
é ciento é ochenta peones, é otros mil é ciento é se-
tenta peones de las Asturias de Oviedo, é quatro-
cientos peones de Vizcaya , é docientos é cinqüenta
peones de Álava é de Victoria, é docientos é treinta
peones de la provincia de Guipúzcoa, é quinientos
peones de Castilla la Vieja, é Trasmiera, é de las
Asturias de Santillana. Y en las alas de la batalla
real á la mano derecha iba el Conde de Cifuentes
con quinientas lanzas de Sevilla é cinco mil peones;
c á la mano izquierda iban seiscientas lanzas é qua-
tro mil peones de la cibdad de Córdoba. E delante
del fardage, porque no se mezclase con la batalla
real , iba Don Pero Sarmiento con setenta lanzas é
trecientos peones de la villa de Carmena, é cinqüen-
ta lanzas é docientos peones de Andúxar. E para en
la reguarda del fardage iba Alonso Enriquez , Cor-
regidor de Jaén , con docientas é cinqüenta lanzas ó
mil peones de Jaén , é Juan de Robres con docien-
tfts lanzas é ochocientos peones de Xerez é Pedro
de Ángulo con trecientas lanzase mil peones de übe-
da é Baeza. Iban en la reguarda en una batalla Luis
Fernandez Puertocarrero , Señor de Palma , Capi-
tán de cien lanzas, é Don Rodrigo de León, capi-
tán de docientas é cinqüenta lanzas, é Pedro de Oso-
rio, capitán de cinqüenta lanzas, é Miguel Danza,
capitán de treinta lanzas , é Garcilaso de la Vega,
capitán de quarenta lanzas , y el Comendador Mar-
tin Galindo, capitán de ciento é cinqüenta lanzas, é
Francisco de Bovadilla, capitán de noventa lanzas,
é Hurtado de Luna, capitán de cien lanzas, é Don
Diego de Córdoba, capitán de cien lanzas, é docien-
tas lanzas é mil peones del Adelantado de Murcia,
é Fernán Álvarez , Alcayde de Colomera , capitán
de cinqüenta lanzas. Otrosí iban en guarda de la per-
sona del Rey quatrocientos caballeros fijos-dalgo do
los sus continos , é de la casa de la Reyna ; en los
quales iban Don Enrique Enriquez , su Mayordomo
mayor, é Don Gutierre de Cárdenas , Comendador
mayor de León , Señor de Maqueda , é Rodrigo de
ülloa , su Contador mayor, é otros caballeros é fijos
de grandes señores de los Reynos de Castilla é Ara-
gón , é Valencia é Sicilia.
CAPÍTULO CV.
De las guardas que asentó el Rey en los caminos, é como cercó
é tomó la villa de Cúxar.
Como la gente fué ordenada en las batallas que
habemos dicho , el Rey con toda su hueste fué á si-
tiar la cibdad de Baza , según que fué acordado en
el Consejo, presente la Reyna. Páreselo difícile po-
ner aquel [sitio, porque los moros de Guadix é de
las otras villas é castillos que son en la comarca, po-
drían impedir las requas de los mantenimientos , é
otras cosas que hablan de venir para el bastecimien-
to del real. E para remediar este inconviniente , el
Rey mandó á Alonso Enriquez , Corregidor de las
cibdades (1) de Úbeda é Baeza que con las gentes de
caballo é de pié de aquellas cibdades, se pusiese en
aquel lugar de Sotogordo , que habemos dicho , el
qual es dos leguas de Quesada. E mandó á Diego
de Aguayo, Corregidor de la cibdad de Jaén é An-
dúxar, que con las gentes de aquellas cibdades se
pusiese más adelante otras dos leguas en un campo
que se dice Campo-Cuenca. E mandó á Luis Méndez
de Figueredo, que con la gente de su capitanía esto-
viese cerca del castillo de Benzalema. E á estos ca-
pitanes con sus gentes mandó que estoviesen conti-
namente en aquellos lugares que les señaló, segu-
rando las requas de los mantenimientos que vinie-
sen al real. E allende destas guardas mandó repar-
tir otras gentes de caballo é de pié, que andoviesen
continamente las noches por las sierras que son á
la parte de Guadix , é defendiesen los saltos é pro-
sas que los moros saliesen á facer. E como quier
(1) De Ubeda é Baeza. Alonso Enriquez era Corregidor de Jaén,
como se dice en el capitulo antecedente. Quizás estarán aquí tras-
trocados los nombres de las Ciudades, y donde dice Ubeda ¿ Bae-
za, deberá decir Jaén é Andtucar; y al contrario. Pero todos loa
(Códices se conforman con el impreso.
Don FERNANDO
que estas gentes con gran diligencia guardaban los
caminos é las sierras ásperas que son en aquella par-
te ; pero los moros que sabían la tierra, siempre sa-
llan por lugares encubiertos á facer saltos, é ma-
taban homes é bestias , é tomaban algunos mante-
nimientos que venían al real. Acordó ansimesmo el
Rey de cercar la villa de Cúxar, que es á dos leguas
de Baza; porque si primero aquella villa no se tomase
fuera trabajo peligroso sostener cerco sobre la cib-
dad de Baza. El Rey Moro que estaba en Guadíx in-
formado que el Rey quería cercar la cibdad de Ba-
za, é conosciendo que desde aquella villa de Cúxar,
según el lugar do es asentada , podría guerreando
impedir los mantenimientos é gentes que viniesen
al real , embióla á f ornecer de gente de caballo é de
pié , é por la mejor defender echaron los viejos é
niños , é todos los que eran inútiles para pelear.
El Rey movió toda su hueste, é mandó que fuesen
delante mil peones , quebrantando las peñas, é alla-
nando los malos pasos , é faciendo puentes en los
rios , que con las muchas aguas habian crescido ;
otrosí abriendo los caminos que por causa de la
guerra continada delargos tiempos en aquellas fron-
teras estaban cerrados. Después que con grandes
trabajos la hueste pudo pasar adelante, el Rey man-
dó poner real sobre aquella villa de Cúxar , é cercó-
la por todas partes ; é mandó poner guardas y es-
cuchas é atalayas por las torres é sierras que son
desde aquella villa, fasta una legua de las cibdades
de Baza é Guadix , para ser avisado de qualquier
gente que de aquellas cibdades se moviese á venir
en socorro de la villa. E mandó fablar con los mo-
ros, requiriéndoles que entregasen la villa, é que les
ofresciesen de su parte libertad de sus personas é
seguridad de sus bienes , é les certificasen , que si
luego no la entregaban ; que si escapasen do la
muerte , no serian libres del captiverio.
Los moros, confiando en la fortaleza de la villa,
que por natura é artificio está fortificada con mu-
chas torres é muros, no quisieron dar oreja á nin-
gún partido , que de parte del Rey les fué ofrescido;
é salieron de la villa á pelear con las gentes del
Rey. El Maestre de Santiago que llevaba el avan-
guarda, mandó á algunos escuderos que se apeasen
é peleasen con los moros por algunos lugares cerca-
nos á la entrada de la villa , donde la gente de ca-
ballo por la rambla é concavidades grandes que allí
había no podían pelear. Otrosí Don Diego López de
Haro por mandado del Rey con algunos gallegos
peleó con los moros por otras partes, fasta que los
retraxieron á la villa. En esta pelea murieron algu-
nos moros é chrístianos ; pero los christianos su-
friendo tiros de espingardas é de ballestas , fueron
tanto adelante peleando, que pudieron ganar el ar-
rabal. En el qual mandó el Rey aposentar la gente
del reyno de Galicia, é poner estanzas de otras gen-
tes contra la villa por todas partes. Otrosí mandó
asentar algunos tiros de pólvora, que tiraron á una
parte del muro , do estaban fundadas una torre
grande é otras tres menores ; porque si aquella par-
te del adarve se pudiera con las lombardas derribar,
E DOÑA ISABEL. 483
fuera el combate de la villa menos peligroso. E man-
dó facer manderetes é bancos pinjados, para llegar
al muro. E los gallegos ficieron una mina , que lle-
gó fasta la torre mayor, la qual fué puesta en cuen-
tos. Los moros desde lo alto defendían con esquinas ,
é por baxo salían á pelear con los christianos ; é con-
tinóse la pelea é los combates con toda osadía , de
los unos acometiendo, é de los otros defendiendo,
fasta que los moros cansados é muy trabajados
guardando de noche las minas , é peleando de día
en los combates , al fin no pudiendo sufrir el daño
que recibían , demandaron f abla para entregar al
Rey la villa, con seguridad de sus personas é bie-
nes. El Rey indinado, porque al principio no qui-
sieron recebir lo que agora al fin demandaban , eno-
jado ansimesmo por las muertes que los moros ha-
bian fecho de algunos christianos , mandó que no
se rescíbiese su fabla, é que se continasen las mi-
nas é los combates que facían con el artillería. Los
moros, visto que al Rey no placía otorgarles la se-
guridad que demandaban, deliberaron morir pelean-
do , sino pudiesen vivir defendiendo. É trabajaron
mucho mas en la defensa , faciendo contraminas ;
é con unas calderas asidas con cadenas una á otra,
echaron fuego, é quemaron los bancos pinjados , é
algunos mandaretes que estaban juntos con el muro;
é con daño que recibieron los christianos , se retra-
xieron del combate. Los moros como homes ofresci-
dos ala muerte, dando é recibiendo f cridas, peleaban
con indiscreta osadía. Visto por los caballeros é ca-
pitanes que con el Rey estaban , como la tardanza
sobre aquella villa era impedimento para el fin acor-
dado de cercar la cibdad de Baza , é por escusar el
peligro que en los combates pudieran recebir los
christianos; otrosí porque los consejos de piedad ha-
bían mayor lugar con el Rey, que aquellos que se en-
derezaban á crueldad; le suplicaron que los recibiese
apartido , otorgándoles la vida é libertad, con tanto
que dexasen la villa con todas las armas que en ella
había. El Rey gelo mandó dar, é los moros recebida
esta seguridad , dexaron la villa libre , é se fueron
para la cibdad de Baza. Y el Rey mandó á sos gen-
tes que se apoderasen della, é puso por Alcayde á....
Otrosí mandó al Conde de Tendilla , que fuese á
dos fortalezas que son cercanas á la cibdad de Ba-
za, la uñase llama Froyla, la otra Bacos, é las com-
batiese. El Conde, con la gente de su capitanía, fué á
estas fortalezas; é como quier que ni por fuerza, ni
por partido las pudo haber la primera vez que fué so-
bre ellas, pero dexólas de tal manera dispuestas, que
la segunda vez que fué á ellas mas fornecido de
gente , costrifió á los alcaydes que las tenían, de tal
manera, que gelas entregaron; en las quales mandó
el Rey poner gentes que las guardasen. Otrosí em-
bió el Rey á requerir al Alcayde moro que tenia la
fortaleza de Benzalema, que la entregase luego; el
qual recelando la indinacion del Rey, respondió que
le placía entregársela , veniendo él á la recebir en.
persona. E como el Rey fué con su hueste, luego leí
fué entregada , é puso en ella por Alcayde á un ca^
ballero que se llamaba Juan de Avalos.
484
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Visto por los moros que estaban en Canillas,
como la villa de Cúxar é las otras fortalezas que
estaban cercanas á Baza se entregaron al Rey, é
que el Conde de Tendilla iba sobre Canillas; como
quier que aquel lugar es fuerte é cercano á la cib-
dad de Baza, por espacio de una legua; pero los
moros que en él estaban, recelando que no lo po-
drian defender al poderío del Rey, lo desampararon
luego; y el Rey lo mandó tomar ai dicho Conde, é
fornecer de gentes é mantenimientos, é poner Al-
cay de en él.
CAPÍTULO CVI.
Del asiento de la cibdad de Baza, é como faé proveída de gente
é mantenimientos.
Sabido por el Rey moro que estaba en Guadix,
como el Rey habia tomado la villa de Cúxar, é que
deliberaba cercar la cibdad de Baza, mandó que to-
dos los moros de pié é de caballo mas dispuestos
para la guerra de las cibdades de Guadix é Almería
é de Tabernas é Purchena, é de otros lugares de
aquella comarca, é de todas las serranías cercanas
de aquellas partes, é algunos moros de Granada,
que de su voluntad escondidamente venían á le
ayudar, entrasen en la cibdad de Baza, que serian
en número de diez mil moros á pié é á caballo, bo-
rnes esforzados por el contino exercicio que tenían
en las guerras, é maravillosamente gobernados en
la pelea á sola una voz de su capitán. E como estas
gentes entraron en la cibdad de Baza, metieron to-
do el pan que habia en las comarcas, é las otras vi-
tuallas que pudieron haber para su mantenimiento,
é todas las armas é pertrechos que fallaron para su
defensa. É los de la cibdad , como quier que sus pa-
nes, según el tiempo era, no estaban aun maduros;
pero acordaron de los segar é los meter en la cib-
dad, á fin que la hueste del Rey no se aprovechase
dellos.
Conviene agora , pues , que escribamos primera-
mente el sitio de la cibdad de Baza. Esta cibdad,
según nos paresció, es asentada casi al Mediodía,
desviada de la entrada de la mar de Levante por
espacio de diez leguas. Y en aquella parte do es
fundada, podrá haber de tierra llana ocho leguas
de largo, é tres de ancho, cercada por todas partes
de una sierra que se llama Xabaleohol, do descien-
den las aguas á lo llano. É á esta llanura, que se
dice la Hoya de Baza, riéganla dos ríos : al uno lla-
man Guadalquiton, é al otro Guadalentin. La cibdad
está asentada en un llano al cabo desta sierra bien
cercano á ella por espacio de quatro tiros de ballesta.
Entre la cibdad é la sierra está una cuesta do salen
dos grandes fuentes; é los moros llaman Albohacen
á la cumbre de aquella cuesta. Los arrabales desta
cibdad son grandes, é puestos en circuito della,
pero no tienen tal cerca que los pudiese amparar,
porque es fecha de tapia baxa de casamuro. La cib-
dad tiene el muro muy fuerte, é las torres del mu-
chas é grandes, cercanas tmas de otras; especial-
mente á la una parte tiene quatro torrea albarranas
altas, é tanto anchas, que cada una sale del muro
por espacio de quatro pasos. É al cabo de la cibdad
á la parte de la sierra está fundado un alcázar arti-
ficiosamente fortalescido con muchas torres é altos
muros. Luego á la salida de la cibdad, por la parte
de lo llano, está plantada una huerta espesa cou
muchos é grandes árboles é frutales que ocupan
casi una legua de tierra en circuito. Y en esta huerta
habia mas de mil torres pequeñas, porque cada ve-
cino de aquella cibdad que tenia en ella alguna
parte, facia una torre cercana á sus árboles; é aque-
llo que le pertenescia regaba con azequias de las
muchas aguas que descienden de aquella parte de
la sierra. Y en cada pertenencia particular habia
tantos é tales edificios, que fortificaban toda la
huerta. Ansí que la cibdad está fortalescida de la
una parte con la sierra é grandes ramblas é cuestas,
de la otra con la huerta grande y espesura de ár-
boles, é de la parte de la vega la fortificaban las
muchas azequias é barrancos altos é baxos artificio-
samente fechos, donde corren las aguas. Y en la
cibdad estaban por capitanes el Caudillo que se lla-
maba Mahomad-IIacen, é por Alcayde otro moro
que llamaban Hamete Abahali; y estaban otros
ocho capitanes que se llamaban Yaya Alnayal, é
Alcaymalfot, é Aliabocar, é Adalgan, é Mahomad
Alatar, é Hamet Alatar, é Reduan Zafarja,é Ali
Zabadon.
CAPÍTULO CVIL
Del sitio que el Rey mandó poner sobre la cibdad de Baza, é de
la batalla qae en la haerta de la cibdad ovo.
El Rey, según habia acordado, movió con toda
gu hueste, para sitiar aquella cibdad. É como llegó
cerca della con sus batallas ordenadas, mandó po-
ner su real desviado de la huerta, que estaba plan-
tada cerca de los arrabales; pero en tal lugar, que
no impedia la entrada é salida de la cibdad á los
moros. Algunos caballeros é otros adalides que sa-
bían las entradas é salidas de aquella cibdad, visto
el poco dafio que Imi moros recebian de la gente
que estaba en el real, por estar asentado en lugar
tan apartado, dixeron al Rey que debia mandar
que se asentase dentro en la huerta cerca de los ar-
rabales ; porque los moros constreñidos de los del
real no toviesen libre la entrada é salida como la
tenían. E porque pareció ser conviniente aquel
consejo, el Rey mandó mudar el real, é asentarlo
dentro en la huerta bien cerca de los arrabales; ó
mandó poner algunas de su gentes al rostro de los
moros para les resistir la salida de los arrabales, en-
tretanto que el real se asentaba, é se facían é for-
tificaban las estanzas que se habían de poner contra
la cibdad. Mandó ansimesmo al Maestre de Santia-
go, que entrase con sus batallas ordenadas á pié ó
á caballo por medio de la huerta en derecho del al-
cazaba. É al Marqués de Cáliz, é á Luis Fernandez
Puertocarrero, Señor de Palma, mandó que entrasen,
con sus gentes por la parte de la sierra, é que fue-
sen con ellos la gente de Castilla la vieja é de las
DON FERNANDO
Asturias. É mandó á Don Rodrigo de Mendoza, é á
Don Hurtado de Mendoza, Adelantado de Cazorla,
que eran capitanes cada uno' de quinientos homes
á caballo de la gente del Cardenal de España, é á
Don Sancho de Castilla é al Clavero de Calatrava,
que entrasen por otra parte, é que fuesen con ellos
la gente de caballo é de pié de la cibdad de Ecija,
é del Adelantamiento de Cazorla. É por otra parte
mandó que entrase la gente de caballo, é doce mil
peones á pié de las Hermandades, cada quadrilla
con su capitán. E mandó áDon Juan de Silva, Con-
de de Cifuentes, que con la gente de caballo é de
pié de la cibdad de Sevilla entrase por otra pate. E
mandó á Don Gutierre de Cárdenas, Comendador
mayor de León, é á Don Diego López de Haro, que
con cierta gente de las guardas é peonage del rey-
no de Galicia entrasen por la parte de la sierra que
es encima de la cibdad. É mandó á los Condes de
Cabra é de Tendilla é de Urueña, ó al Marqués de
Aguilar, é á los otros caballeros é capitanes de su
hueste, que con sus gentes á pié é á caballo estovie-
een repartidos por otros lugares contra la cibdad.
Como el Maestre de Santiago é los otros capitanes
é gentes entraron en la huerta con sus batallas or-
denadas, certificaban á sus gentes, que Dios median-
te alcanzarían la victoria que deseaban, si acome-
tiesen con osadía é durasen en el esfuerzo. Los ca-
pitanes moros , recelando que si el real se ponia en
la huerta perderían la libertad que tenian para la
entrada é salida en la cibdad, é que los christianos
habrían lugar de asentar el artillería bien cerca de
BUS muros, amonestaban á los suyos que saliesen
fuera, é peleasen por el sostenimiento de su ley,
por la defensa de &u tierra, por la guarda de sus
parientes, é por la vida é libertad de sus personas;
los quales decían no tener otro remedio, salvo aquel
que Dios les embiase, y el que sus manos les diesen
con el esfuerzo de sus corazones. Los moros esfor-
zados con las amonestaciones de sus capitanes, se
dispusieron á echar fuera de la huerta á los chris-
tianos. E fecho el signo de las trompetas de la una
parte é de la otra, juntáronse por muchas partes de
la huerta las armas enemigas unas contra otras, é
firiéronse luego con los tiros de las lanzas y espin-
gardas é saetas; é por unas partes se comenzó la pe-
lea á caballo, é por otras á pié. Pero las muchas
torres, los edificios de las casas, la espesura de los
árboles, las azequias, é angostura de los lugares,
daba mayor ventaja en la pelea á los moros que es-
taban á pié que á los christianos que estaban á ca-
ballo; especialmente porque conoscian las entradas
é salidas de las azequias é de los lugares angostos
do habian de entrar para salir sin daño. Visto por
algunos de los caballeros é capitanes christianos
este inconviniente, mandaron que se apeasen mu-
chos de los escuderos, é se juntasen con los peones.
Estonces la gente del peonage, favorecida con los
escuderos que se apearon, ovieron mayor esfuerzo
para pelear, é los christianos cometiendo con osadía
é los moros resistiendo con esfuerzo, encendióse en-
tre ellos la pelea tan cruel, que cada uno parecía
É DO^A ISABEL. 485
disponer con voluntad á la muerte para darla al
enemigo. É sí los christianos pensaban ser vence-
dores por ser mayor número de gente, los moros
no pensaban ser vencidos por la dispusicion de los
lugares do peleaban; é ansí los unos é los otros dan-
do é sufriendo feridas, duraron en la pelea por es-
pacio de doce horas; en las quales ni los unos ni los
otros podían haber espacio para recobrar las fuer-
zas, porque también por las espaldas como por de-
lante é por todas partes, ocurrían cada hora enemi-
gos que salían á ferir é guerrear. En este tiempo el
vencimiento entre los unos é los otros fué variable:
porque muchas veces los christianos como vencedo-
res retraían á los moros en algunos lugares; é por
otras partes cansados é vencidos de estar tanto
tiempo peleando, se retraían y eran vencidos de
los moros; é no podian guardar bandera, ni estar á
gobernación de capitán, porque la dispusicion de
los lugares les constreñía á pelear derramados é por
diversos lugares, sin tener orden de batalla. É ansí
los moros como los christianos, andando sueltos
acá é allá, turbados de miedo, é algunas veces ocu-
pados con los árboles, fuian de los suyos mesmos,
no conoscíendo si eran amigos ó enemigos. Y el
presuroso sonido de los tiros, é ballestas, é ribado-
quínes y espingardas, y el alarido de los vencedo-
res, y el gemido de los vencidos é feridos, é la con-
fusión de las voces diversas en lengua é mezcladas
unas con otras, turbaban é ponían tal espauto á to-
dos, que ni sabían, ni podian ver quales eran los
vencedores, ni en qué partes, ni quales eran los
vencidos para los ayudar, por la turbación de la
batalla, é la grand espesura de los árboles y edifi-
cios que les impedían. En este espacio de tiempo
los christianos ganaron algunas torres de las que
estaban en aquella huerta, otras había que guarda-
ban los moros; é los christianos por ganar las que
tenian los moros, é los moros por recobrar las ga-
nadas por los christianos, ofresciéndose á gran pe-
ligro, les ponían fuego. E oíanse los clamores mise-
rables de los que sufrían las llamas, é sonaban las
voces crueles de los que ponían el fuego; é ni los
irnos ni los otros podian en aquel peligro socorrer á
los suyos, por el impedimento de los árboles é bar-
rancos que por todas partes había. Algunos caba-
lleros é capitanes christianos, vista la desorden de
aquella batalla, quisieran retraerse de la huerta con
sus gentes, salvo porque perdido el tino de la sah-
da, eran constreñidos á durar en la pelea. La qual
fué tan cruel, que en todo el tiempo que duró, ni
los moros se retraían mostrando miedo, ni los chris-
tianos dexaban la pelea con deseo de vencer. El
Rey estovo con todas las otras sus gentes á una
parte de la huerta ayudando é proveyendo de gen-
tes de pié é de caballo, y esforzando á los suyos do
era menester. Pero estaba en gran pena, porque con
el impedimento de los árboles é torres no podía ver
ni proveer á todas partes. Al fin plogo á Dios en
este tan peligroso descrímen de batalla, dar tan
buen esfuerzo á los christianos, que durando en el
trabajo que sufrieron peleando, cansaron á los mo-
486
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ros, é los ficieron retraer á un lugar que tenían for-
talecido de palizadas entre la huerta é los arrabales,
el qual impedia á los christianos que no los pedie-
sen mas adelante seguir.
Como los moros fueron retraídos, los christianos
por mandado del Rey ficieron muy presto estanzas
fortalecidas con grandes palizadas, bien cercanas á
las defensas que los moros tenian fechas; en las
quales mandó el Rey poner gentes que las guarda-
sen, é mandó luego allí en la huerta asentar su real.
Murieron ó fueron feridos en aquella batalla al-
gunos de los christianos é de los moros : especial-
mente fué allí muerto un capitán principal de los
moros, home esforzado, que se llamaba Reduan Za-
farja, por cuya muerte los de la cibdad mostraron
gran sentimiento; falláronse muertos muchos ca-
balleros. Derribaron los moros con un búzano el
brazo al Alférez de una batalla de las del Cardenal,
que se llamaba Juan de Perea , sobrino del Ade-
lantado Rodrigo de Perea. É Don Rodrigo de Men-
doza, fijo del Cardenal, que después fué Marqués de
Zenete, capitán de su hueste, vista la bandera en
perdición , como quiera que fuese mozo é aun no i
experimentado en fecho de las armas tan peligroso;
pero su inclinación, que en aquella hora pareció ser
de home esforzado, le fizo avivar. E sufriendo los
tiros de ballestas y espingardas que por todas par-
tes le tiraban, recobró su bandera, é fizo tener que-
da su gente, é ir adelante peleando contra los mo-
ros. El Maestre de Santiago sufrió grandes peligros
é trabajos peleando por su persona y esforzando su
gente, especialmente por la guardar que no reci-
biese el daño grande que él y ellos recibieran de los
moros por causa de la grand espesura de los árbo-
les. Otrosí el Marqués de Cáliz é todos los otros ca-
balleros é capitanes, trabajaron peleando en aquella
f acienda tanto, que podían alcanzar la victoria que
en aquel día plogo á Dios de les dar.
Otras particularidades é casos grandes acaescidos
en esta batalla dexamos de recontar, porque ningu-
na razón de palabras podría igualar con la grande-
za de los fechos que en ella pasaron. Pero puédese
bien creer por los que este fecho de armas leyeren,
é consideraren el lugar do acaesció, y el ánimo que
los christianos tovieron para ofender, y el esfuerzo
que los moros cobraron para defender, que pocas ó
ningunas batallas se leen haber acaescido do tanta
gente y en semejante lugar concorriese, é que tan
cruel é peligrosa fuese é tanto durase, como la que
en este día ovo este Rey Don Fernando; especial-
mente porque, según el lugar do acaesció, ni los
christianos pedieron haber entera gloría del venci-
miento, ni los moros gran caída por ser vencidos.
Después que los moros fueron retraídos, dexada
la tristeza que debían tener por sus amigos muer-
tos, y encendidos de ira contra los enemigos vivos,
tornaban á salir de sus estanzas á pelear con los
christianos ; salvo que la oscuridad é la gente que
el Rey mandó estar toda la noche armada é junta
con sus arrabales, les refrenó la osadía que mostra-
ban tener.
CAPÍTULO CVIIL
Como se levantó el real de la huerta de Baza, é se asentó donde
primero estaba.
El asiento del real , que según habernos dicho se
puso en la huerta, fué trabajoso, porque la espesura
de los árboles é los barrancos grandes, impedían el
asiento de las tiendas de tal manera, que á gran
pena se fallaba lugar donde buenamente se pedie-
sen armar. E porque estaban cercanas á las estanzas
de los enemigos donde se podría recrescer peligro
á los del real, mandó el Rey que las guardas de
aquella noche fuesen fornecidas de mas gentes, ó
que se repartiesen en tres lugares. E allende de los
caballeros é peones que estovieron en las guardas,
fué necesario que la otra gente de la hueste esto-
viese armada; porque los moros no cesaron toda la
noche de salir é acometer á los christianos, veces
por unas partes, veces por otras, tirando saetas y
espingardas, é cometiendo con ellos escaramuzas.
Otro día por la mañana , visto por el Rey el trabajo
é peligro que sus gentes aquella noche en la guarda
del real ovieron, y el que dende en adelante se es-
peraba sí allí estoviese, ovo consejo con los caba-
lleros é capitanes de su hueste sobre el remedio que
cerca de este ínconviniente se debia poner. É todos
los mas acordaron que el real se debia quitar de la
huerta, porque la gente de armas no podría sufrir
el trabajo que se recrecía, ansí en las guardas, como
en las peleas que los moros continamente movían.
El Rey, visto aquel acuerdo, mandó que se alza-
se, é se asentase en el lugar donde primero estaba.
É por escusar la pelea peligrosa que entre los árbo-
les é barrancos se podía mover por los moros sí ve-
yesen alzar el real, mandó que ninguna tienda se
desarmase, fasta que todo el f ardage fuese sacado
de la huerta; y entretanto mandó fornecer de gen-
tes las estanzas que estaban contra las palizadas é
albarradas de los moros. Y el Rey con toda la otra
gente de su hueste se puso al rostro de la cibdad,
fasta que todo el fardage é las tiendas fué levan-
tado del lugar do estaba, é asentado do había de
estar. Como el real fué puesto, luego se retraxo el
Rey con todas sus gentes, é ansímesmo desampara-
ron las estanzas aquellos que las tenian cercanas á
los arrabales.
Visto por los moros que los christianos desampa-
raban las estanzas que tenían, salieron contra ellos
por muchas partes á pié é á caballo con tiros de
saetas y espingardas, é arremetiendo é tirándoles
lanzas. Pero los christianos, que en semejantes ca-
sos conoscían la manera de pelear de los moros;
recelando el ínconviniente por venir, é proveyén-
dose antes que viniese, salieron de las estanzas or-
denadamente faciendo algunas veces rostro á los
moros, otras veces siguiéndolos fasta los meter en
sus albarradas; é ansí pedieron salir de la huerta, é
dexar las estanzas que tenian sin daño suyo. Des-
pués que el real se asentó fuera de la huerta, el Rey,
considerando como estando apartado de la cibdad.
DON FERNANDO
los moros podían salir y entrar libremente en ella,
quiso saber de los caballeros é capitanes que con él
eran lo que se debia facer para que estoviese cer-
cada, de manera que los moros estoviesen oprimi-
dos é no toviesen aquella libertad que tenian. Sobre
lo qual ovo diversos votos en su consejo; porque
algunos dixeron, que no solamente habia fecho
buen acuerdo en mudar el real, mas que lo faria
mejor si mudase el consejo que ovo de cercar aque-
lla cibdad , considerando el lugar do es asentada,
é la huerta, y edificios, é torres, é azequias, é cues-
tas, é barrancos, é albarradas, é otras fortalezas de
que por natura é por artificio está fortalecida por
todas partes, é la mucha gente de los moros que la
guardaban. E que seria dif ícile con la gente que
allí estaba, aunque pasaba de ciuqüenta mil com-
batientes, cercarla como debia ser cercada, para que
ninguno saliese della ni entrase, salvo con mayor
copia de gente. Allende desto decian, que según la
información que el Rey tenia de los mantenimien-
tos é gente de guerra que estaba dentro, era me-
nester mucho tiempo é gran suma de dinero para
durar en aquel cerco, é que en los muchos dias po-
drían nascer tales necesidades, que constriñesen á
alzar el real. E por tanto que era mejor alzarlo
agora sin daño, que después con algunos inconvi-
nientes; é que les parescia que se debian fornecer
de gentes de caballo é de pié las fortalezas de Ca-
nillas, é Benzaloma, é Benamaurel, é Cúxar, é Froy-
la, é Bacos, é Cúllar, que el Rey tenia en circuito
de aquella cibdad para que la guerreasen por todas
partes; é que en aquella manera se podria decir que
estaba cercada la cibdad de Baza, mejor que estan-
do allí el Rey con sus gentes, donde consumido el
tiempo y el dinero é trabajada la gente, habia poca
esperanza de se ganar. É que debia de ir á conquis-
tar las villas de Tabernas é Purchena, é otras algu-
nas que son en la comarca, las quales se podian
haber con mayor certinidad é menor trabajo; é ha-
bidas, se pornian en tal aprieto las cibdadcs de Al-
mería é Guadix, que seyendo otro año taladas é
guerreadas por todas partes, vernian mas con fuer-
za de hambre que con fuerza de armas á la subje-
cion del Rey é de la Reyna, según que otros luga-
res habían fecho.
Después que el voto destos fué oído é platicado,
el Rey, movido á piedad de sus gentes por los tra-
bajos é peligros que habían pasado é creía que so-
frírian en aquel cerco sí allí durase, é la dificultad
grande que habia en los caminos por do se habían
de traer las provisiones á su real, determinó de lo
mandar alzar, é poner guarniciones en las fortale-
zas que estaban en circuito de la cibdad.
Esta humanidad conoscida en el Rey, inflamó la
afición á las gentes de la hueste, para se disponer
mas por su servicio á los trabajos é peligros que en
el cerco se podrían haber. E porque los moros pen-
sarían haber alcanzado victoria si el real se alzase,
estaban descontentos , ó comenzaron á murmurar
por todo el real diciendo, que tan gran hueste é con
tanto trabajo llegada, no se debia derramar ni mo-
É DOÑA ISABEL.' 487
ver de aquel lugar, fasta lo tomar ; é reprehendían
á aquellos que consejaban al Rey que alzase el real.
Algunos otros de su consejo que eran de voto con-
trarío , dixeron al Rey que el cerco no se debia al-
zar, pues ya era puesto, porque los moros de aque-
lla cibdad, é los do las cibdades de Guadix é Alme-
ría, é de todas aquellas comarcas, é también los de
la cibdad de Granada, pensando que por flaqueza
que habia, ó por algún otro peligro que se recelaba,
el Rey mandaba alzar el real, cobrarían orgullo
creyendo ser victoriosos ; é que vista la absencia
del Rey, se juntarían según otras veces han fecho^
é cercarían alguna villa ó castillo de las que son en
aquella comarca, á la qual seria necesario socorrer,
E que para los semejantes socorros no todas veces
se fallan las gentes é los otros aparejos necesarios
estando el Rey absenté , como estando sobre aque-
lla cibdad, donde toda la mas é mejor gente de
guerra que había en todo el reyno de Granada es-
taba junta. Allende desto decían, que á todos era
notorio como los moros de la cibdad do Granada
deseaban victoria á los de Baza, é que les ayuda-
rían con todas sus fuerzas, salvo por el defendi-
miento que el Rey mozo que estaba en el Alhambra
les ponía. Pero que su resistencia no temía en este
caso tanta fuerza con ellos, para que sí veyesen
victoriosos á los de Baza no les ayudasen publica-
mente con gran multitud de moros, como agora les
ayudan de secreto con alguna poca gente é con to-
dos los avisos que pueden ; é que esforzándose en
este pensamiento, tomarían armas, é mostrarían
clárala amistad que tenian á sus moros, é la ene-
mistad encubierta que tenían á los christianos : la
qual seria causa que la conquista comenzada se di-
latase por mas tiempo : por ende decian que consi-
derados bien estos ínconviníentes, el cerco comen-
zado sobre aquella cibdad se debía contínar, é que
ante todas cosas se debia talar la huerta que tiene
en circuito ; porque escombrando el campo á los
moros, se quitaría la defensa que tenian con la es-
pesura de los muchos árboles, é los christianos ter-
nían libertad de ver las salidas y entradas de la
cibdad para las resistir. E que talada la huerta é
puestas estanzas en los lugares convinientes, se po-
dría quitar la salida y entrada á los moros. E como
quier que para esto se requería mucho trabajo, ó
algún tiempo, é grandes costas, é mas gente de la
que allí estaba, pero que se notaría á mengua, sí un
Rey tan poderoso, por escusar trabajo é por falta de
dinero, dexase de contínar la empresa que habia co-
menzado. E decían, que en muy poco se debian esti-
mar los trabajos habidos por respecto de virtud, ma-
yormente teniendo esperanza , que mediante aque-
llo se puede haber el fin deseado. E sobre todo esto
decian que debía consultar á la Reyna, que tenia
cargo de dar orden en el proveimiento de la guer-
ra, para haber su parescer cerca de las cosas que ea
la continacíon de aquel cerco eran necesarias.
El Rey, vista la voluntad que la gente de su
hueste tenían, é las razones que decian aquellos de
su consejo porque el real no se debia alzar, embió
488
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
á decir á la Reyna los votos que para lo uno é para
lo otro había en su consejo ; porque en diez horas
por las paradas que tenian puestas, era informada
de todas las cosas que en el real pasaban. La qual
embió á decir al Rey é á los Grandes é Caballeros
que estaban en su consejo, que cerca del continar
ó alzar el cerco de sobre la cibdad de Baza, no en-
tendía dar determinación alguna, é que lo remitía
á lo que el Rey en su consejo acordase con los ca-
pitanes é caballeros que estaban en su hueste. Pero
que si acordaban de continar el real sobre aquella
cibdad según que al principio todos conformes lo
hablan acordado , ella con el ayuda de Dios daria
orden para que fuesen bien proveídos de gentes , é
dineros, é provisiones, é de todas las otras cosas que
fuesen necesarias fasta que aquella cibdad se to-
mase.
CAPITULO OIX.
Como el Rey mandó talar la huerta de Baza.
Vista la respuesta que la Reyna embió, luego el
Rey acordó do continar el cerco que tenia puesto
sobre la cibdad de Baza, porque ansí él, como to-
dos los de su consejo, consideraron que aquellas co-
sas que la Reyna ofrescia son las principales que
sostienen las guerras.
Sabido por las gentes de la hueste el acuerdo
que el Rey ovo de permanescer en aquel sitio, cosa
fué por cierto maravillosa de ver como la tristeza
que todos tenian porque se alzaba el real, se con-
vertió luego en alegría tan grande , que paróscia
cada uno tener la victoria delante ; é loaban de lea-
les y esforzados á los que habían dado el consejo
para que el real durase ; é decían haber seydo mal
consejo sacarlo de la huerta, porque estando en ella
como al principio se puso, los moros estaban cer-
c:\dos é tan oprimidos, que no tenian lugar de salir
ni entrar en la cibdad. E decían, que se debían dis-
poner á todo trabajo , para lo tornar á poner do
primero estaba.
El Rey, considerando el gran peligro que había
éi el real se tornase á poner en la huerta, dexados
todos los votos que sobre esto se daban en su con-
Bejo, mandó luego asentar dos reales sobre aquella
cibdad. En el uno mandó que estoviese el artillería
é todos los pertrechos que se traían en la hueste
para combatir , y en este real mandó que se apo-
sentasen el Marqués de Cáliz, y el Marqués de Agui-
jar, y el Conde de Urueña, é Don Alonso de Aguí-
lar, Señor de Montilla , é Luis Fernandez Puerto-
carrero, Señor de Palma, ó los Comendadores de
Alcántara é Calatrava, é Francisco de Bovadilla, é
Juan de Almaraz con las gentes de sus capitanías,
é otras gentes de las Montañas é de las Provincias
de Vizcaya, é Guipúzcoa, ó del Reyno de Galicia.
En el otro real estaba el Rey con todos los otros
caballeros é gentes de su hueste ; y en medio des-
tos dos reales estaba la cibdad, é de la otra parte
estaba la sierra alta, é de la otra parte de lo llano
estaba la huerta, é podía haber del un real al otro
espacio de medía legua, si fuesen por medio de la
cibdad do era el camino derecho. Pero porque con-
venia ir rodeando apartados de la cibdad en cir-
cuito de la huerta podría haber fasta una legua,
de manera que con gran dificultad podría socorrer
la gente de un real al otro ; é por esta causa mandó
el Rey facer grandes cavas, é palizadas, é otras de-
fensas en ambos reales, porque la gente estoviese
mas segura. Asentados estos dos reales, el Rey
mandó talar la huerta ; é como quier que páreselo
cosa trabajosa por ser grande, é por los muchos ó
gruesos árboles que en ella había, pero luego se
puso por obra, é dio el cargo principal á Don Gu-
tierre de Cárdenas, Comendador mayor de León,
para que ficiese aquella tala.
Sabido por la Reyna como el Rey deliberaba de
continar el real, é que mandaba facer [la tala déla
huerta, mandó ir luego las gentes ó f erramientas que
fué necesario para la facer, é la forma como se fa-
cía era ésta. El Rey mandaba estar al rostro de los
moros dos mil liomes de caballo é cinco mil peones,
allende de la otra gente que estaba por guarda en
lo alto de la sierra que descubría toda la cibdad.
En las espaldas de la guarda andaban quatro mil
peones talando con destrales por el pié todos los
árboles. Y entretanto que se facía la tala, los mo-
ros salían contra la una guarda de la sierra é contra
la otra que estaba puesta al rostro de sus estanzas;
é talando é peleando, duró esta tala quarenta días,
porque la grosura y espesura de los árboles facían
tan gran impedimento á quatro mil taladores, que
con gran trabajo podían escombrar diez pasos cada
día. En este tiempo ningún día falleció que los
moros no saliesen dos veces á escaramuzar con los
chrístianos, veces por dos, veces por tres, é veces
por quatro partes; y en estas escaramuzas caían
muertos é feridos también de los unos como de los
otros. E como quier que los moros recebian los mas
días el mayor daño, pero no páresela f allecerles el
esfuerzo otro día para salir á las peleas. Acabada
en estos días de talar la mayor parte de la huerta,
páreselo mas clara la cibdad ; pero el circuito era
tan grande é de tantas concavidades ó cuestas de
todas partes, que ni los dos reales, ni menos las
guardas que de dia é de noche estaban á pié é á ca-
ballo, podían bien impedir la salida y entrada á los
moros en la cibdad. Visto que con el gran trabajo
que las gentes sufrían en las guardas, los moros no
estaban cercados según debían, el Rey acordó de
facer una gran cava é palizada que llegase del un
real donde él estaba , fasta el real do mandó estar
la artillería ; y en esta cava se fizo una gran pali-
zada con los árboles que fueron talados de la huer-
ta ; é por mas la fortificar, mandó el Rey traer las
aguas que descendían de la sierra para que corrie-
sen por medio della. E allende desto, porque toma-
ba circuito de una legua , y era necesario copia de
gente para la guardar, mandó edificar en ella
quince castillos de tapias con sus torres é almenas
do estoviesen las gentes que la guardasen. Estos
castillos estaban derramados por la CAva, é podía
DON FERNANDO
haber de castillo á castillo trecientos pasos. El un
castillo mandó guardar á Bonifacio , capitán de la
gente de Burgos, é otro mandó guardar á Juan Car-
rillo con gente de Castilla la Vieja ; otro á Anto-
nio de Arévalo, capitán de la gente de Guadalaxa-
ra ; otro á Pedro de Ayala, capitán de la gente de
la Provincia de Castilla, que es de la Orden de San-
tiago ; otro á Alonso de Barahona con gente del
Arzobispado de Toledo ; otro á Alonso Alvarez de
Avila con gente de la cíbdad de Toro ; otro á Juan
de Villacortes con la gente de la cibdad de León;
otro á Pedro de Gamarra, capitán de la gente de
Murcia ; otro á Antonio de Morales con la gente de
la cibdad de Zamora ; otro á Francisco de Bovadi-
11a con gente de la cibdad de Córdoba ; otro á Juan
de Calatayud con gente de la cibdad de Cuenca;
otro á Juan de Robres con gente de la cibdad de
Xerez ; otro á Antonio de la Peña con gente de la
cibdad de Truxillo ; otro á Hernando de Barradas
con algunos escuderos de las montañas ; otro man-
dó guardar á Bernardino de Lerma con gente do la
cibdad de Soria. E con esta cava é palizada que
llegaba del un real al otro , en la qual estaban fa-
bricados estos quince castillos, la cibdad estaba
cercada toda por la parte de lo llano, que nin-
guno podia entrar en ella ni salir. E por la parte
de la sierra mandó el Rey facer otro castillo, en
el qual mandó estar á Bernal Francas con la gente
de caballo é de pié que estaba en su capitanía. Y
en el campo que habia entre la cibdad é la cava
donde estaban estos castillos, ordenó el Rey que es-
toviese una guarda de gente de caballo é de pié ; é
por la parte de la sierra cerca del castillo que guar-
daba Bernal Francés, mandó estar una guarda ; é
con estas guardas que se mudaban de dia é de no-
che, la cibdad estaba mejor cercada por aquellas
partes. Pero los moros tenian libertad por la parte
do la sierra de ir á qualquier parte que quisiesen, ó
los mas dias por aquella parte sallan de la cibdad,
é tomaban bueyes é bestias, é captivaban homes de
los que sallan del real por provisiones , porque las
guardas no podían guardar tanta distancia de tier-
ra, que resistiesen á los moros la guerra que f acian.
Visto por el Rey este inconviniente, mandó que
86 ficiese una cava é palizada, é que se consiguiese
con la otra que estaba fecha en lo llano, é subiese
la sierra arriba, é cercase la cibdad por aquella par-
te de lo alto, como estaba por la parte de lo llano ;
de manera que ni los moros pediesen salir fuera de
aquel circuito, ni otros pediesen entrar en la cibdad
á los socorrer. E dio el cargo de facer esta cava al
Comendador mayor de León , que habia fecho la
cava en lo llano , é mandóle dar diez mil peones
para la facer. E ste caballero con esta gente, puso
en obra el mandamiento del Rey, é duró en facer
aquella cava otros dos meses ; porque los peones
no podían facer su obra todas horas, con el impe-
dimento que los moros lea daban con las escaramu-
zas é peleas que moviau contra el Comendador ma-
yor é contra los que con él estaban ; á los quales
convenía solicitar á los peones c^ue facían la cava,
É DOÑA ISABEL. 489
é ansimesmo estar siempre armados, é prestos para
la pelea que los moros les movian por estorbar que
no se ficiese. Esta cava tomaba en circuito de la
sierra andadura de dos leguas ; en la qual convino
facer dos grandes é muy anchas paredes, fortifica-
das con piedras, é tierra, é madera ; y entre estas
dos paredes habia una calle de quatro pasos en an-
cho, á fin que la gente que estoviese en esta calle
toviese la una pared por defensa contra los moros
que quisiesen salir de la cibdad, é la otra pared con-
tra otros qualesquier que quisiesen venir de fuera
á los socorrer. Y en este edificio, que fué grande,
aquellos diez mil peones continamente trabajaban,
unos en traer piedras, otros traían madera, otros
cavaban, otros tapiaban.
Este Comendador mayor puso tal diligencia, que
como quier que fué gran obra, se acabó en pocos
días ; de manera que la cibdad estaba cercada por
todas partes, que ninguno podia salir ni entrar en
la cibdad. Pero dentro do aquel circuito, los moros
todos los días salían á pelear , veces con las guar-
das, é otras veces salían á combatir é guerrear á
los que estaban en los castillos. E porque algunos
días peleaban por tres ó quatro partes, convenia
que toda la gente del real estoviese armada para
socorrer á las guardas, é á los que guardaban los
castillos, é á las gentes que facían las paredes por
encima de la sierra.
CAPÍTULO ex.
Como el Rey acordó en el real de Baza de tomar la fuente que
estaba dcbaxo del Alboliacen, é lo que los moros ücieron.
Durante el tiempo que las cavas, é palizadas, é
castillos se facían en todo el circuito de Baza, ansí
por lo alto de la sierra, como por lo llano do es-
taba la huerta, algunos moros salían é se venian
al real, los quales avisaban al Rey del estado de la
cibdad, é de las otras cosas que entre los moros
pasaban. E algunos decían que habia división en-
tre ellos, porque algunos amonestaban al caudi-
llo ó á los capitanes , que ficiesen partido con el
Rey, é que habiendo seguridad para los bienes , é
libertad para las personas, le entregasen la cibdad.
Decían ansimesmo, que los mantenimientos se les
disminuían, é que no tenían ya carne, ni sal, ni
aceyte ; é que el pan que tenían no los podía durar
veinte dias. Otros decían , que tenian bastimento
para dos meses ; de manera , que cerca de la provi-
sión que tenian en la cibdad no se pudo saber por
el Rey la verdad, por las variedades que los moros
que cada dia se pasaban al real decían. Pero todos
concordaban, que si la fuente que estaba debaxo do
la cuesta de Albohacen se tomase, la cibdad pade-
cería gran falta de agua, é allende de la mengua, los
moros estarían tan apremiados, que no podrían de-
fender la cibdad. El Rey, habido consejo sobre loa
avisos que daban los moros, deliberó de tomar por
combate aquella cuesta de Albohacen; porque
aquella tomada, se defendería la fuente á los mo-
ros que no se pediesen aprovechar della. E para dar
490
CEÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
este combate mandó facer un castillo de madera,
el qual se había de llevar por piezas, é armarse bien
cerca de aquella cuesta de Albohacen, é poner en
él gente que defendiese á los moros la salida, en-
tretanto que en aquella cuesta se fundaba otro cas-
tillo de tapias.
Otrosí fué necesario talar algunos árboles , que
impedían el paso de la gente , é de los pertrechos
que se habían de llevar para el combate. E mandó
el Rey al Comendador mayor de León Don Gutierre
de Cárdenas , que con cierta gente de caballo é de
pié estoviese en la guarda de los peones que habían
de talar aquellos árboles. Como la tala se comenzó
é los moros lo sintieron, luego salieron con sus ba-
tallas ordenadas para la defender. E los christianos
por amparará los taladores, é los moros por defen-
der que no se ficiese la tala, comenzóse la pelea en-
tre los árboles é ramblas que había en aquel lugar.
El Comendador .;mayor, vista la ventaja grande
que el lugar daba á los moros para pelear , acordó
de retraer la gente, é dexar de facer la tala. E por-
que retrayéndose los que estaban á caballo podrían
recebir mayor daño de los moros , apeóse , é mandó
á todos que estaban á caballo que se apeasen ; é pe-
leando, é retrayéndose paso á paso, veces firiendo
en los moros, veces sufriendo sus fuerzas é tiros
desvió la gente de aquel lugar con menor daño que
pudo. E ansí como había moros que de la cibdad se
pasaban al real , ansí bien había algunos malos
christianos, que dexaban el real é se pasaban á los
moros, é los avisaban que en el real había mengua
de gente , é que no pagaban sueldo ; é les contaban
otras faltas del Eeal , que les daban esfuerzo , é les
facían estar constantes en la defensa de la cibdad.
Especialmente los avisaron del consejo que el Rey
ovo de tomar aquella cuesta de Albohacen , por im-
pedir á los moros el agua que cogían de la fuente
que estaba cerca ; é que para lo poner en obra ha-
bía mandado armar un castillo de madera. Como
los moros ovieron este aviso, conociendo que si
aquella cuesta fuese tomada , ellos estarían oprimi-
dos , é no podrían salir de la cibdad ni guardarla
de dentro como debían ; acordaron de fabricar en
ella un castillo de tapia. E luego la primera noche
que lo sopieron, puesta gente de armas en la delan-
tera, comenzaron á tapiar sin que se podiese ver
por los del real la obra que facían. E luego por la
mañana se vído fecho un circuito de tapias , donde
pusieron un capitán con ciertos moros para las de-
fender ; las quales estaban en tal lugar, que no se
podía combatir salvo á gran daño de los christia-
nos ; é luego la noche siguiente contínaren su edi-
ficio. Ansí edificando en las noches ficieron un cas-
tillo de tapias en aquella cuesta de Albohacen , de
donde defendían su fuente , que los christianos no
eran parte para quítalles el agua.
CAPÍTULO CXI.
De! desbarato que algunos caballeros que salieron á el real de
Baza ficieron en los moros de Guadix; 6 de las cosas que pasa-
ron en Granada.
Estando el real asentado sobre la cibdad de Ba-
za , los moros que habemos dicho que estaban en las
fortalezas del Padul é Alhedin, é algunos otros de
las cibdades de Guadix é Almería , salían á facer
guerra en los lugares que estaban en la obediencia
del Rey é de la Reyna , é llevaban cavalgadas de
ganados é prisioneros. Ansimesmo algunos de los
caballeros christianos salían del real, é iban á guer-
rear los moros á los lugares do eran avisados que
podían haber presas.
Acaesció en aquellos días, que algunos mancebos
fasta trecientos de caballo, é docientos peones de
los que estaban en el real, con ánimo de ganar hon-
ra é haber provecho, se juntaron con Don Antonio
de la Cueva , fijo del Duque de Alburquerque , é con
otro caballero que se llamaba Francisco de Bazan,
informados de algunos adalides, que podrían facer
presa en ciertas aldeas cercanas á la cibdad de Gua-
dix, fueron á aquellas partes, é tomaron algunos ga*
nados é prisioneros. E como venían con la presa,
salieron contra ellos por mandado del Rey moro que
estaba en Guadix fasta seiscientos moros á caballo
é á pié para les defender la presa. Algunos de los
christianos, quando veyeron los moros ser en mayor
número que ellos, decían que debían dexar la caval-
gada é salvar sus personas , pues lo podían facer
buenamente ; é que no debían pelear con los moros,
ansí porque estaban en tal lugar que la pelea seria
á ventaja de los moros, como porque ellos é sus ca-
ballos estaban cansados de dos noches é dos días
que habían andado trabajados por haber la presa
que llevaban ; é que se pornían en aventura de se
perder , si esperasen la pelea con los moros que sa-
lían de refresco. Los capitanes esforzaban la gente,
é amonestábanles que volviesen é peleasen con los
moros, porque mayor seguridad habrían mostrando
esfuerzo é peleando, que retrayéndose para dar lu-
gar á los enemigos que los siguiesen; especialmente
porque en el alcance todos los peones que llevaban
serian perdidos.
Estas amonestaciones de los capitanes no esfor-
zaban mucho á aquellas gentes, porque eran homes
allegados de unas partes é de otras , é no eran de
sus casas proprias, ni les daban sueldo que les oblí-
gase á servir. Y estos tales usando de su libertad,
no pensaban obedescer peleando , sino salvarse fu-
yendo. Otros algunos había, que doliéndose de como
los peones christianos se perderían si los desampa-
rasen , decían que debían facer rostro á los moros,
é pelear con ellos. E ansí estos como los capitanes,
amonestaban al alférez que volviese la bandera , ó
fuese con ella adelante contra los moros que venían
ya cerca. E porque había entre ellos diversas volun-
tades, el Alférez dubdaba de entrar en los moros
con la bandera , según que los mandaban los capí-
DON FERNANDO
tañes. Vista esta división por un escudero que era
de las guardas del Rey é de la Reyna, Alcayde de
la fortaleza del Salar, que estaba en aquella compa-
ñía , que se llamaba Hernán Pérez del Pulgar (1),
home de buen esfuerzo, tomó una toca de lienzo , é
atóla en su lanza por via de enseña , é dixo á aque-
llos caballeros : «Señores ¿para qué tomamos armas
» en nuestras manos , si pensamos escapar con los
«pies desarmados? Pocas veces se ve vencido el
» esfuerzo. Oy veremos quién es el home esforzado,
» é quién es el cobarde ; el que quisiere pelear con
« los moros , no le f allescerá bandera si quisiere se-
)) guir esta toca. » E diciendo estas palabras, volvió
BU caballo con aquella seña contra los moros. E to-
dos los caballeros como vey eron aquello ; dellos mo-
vidos de su voluntad , dellos vencidos de vergüen-
za, siguieron aquella toca mirándola por bandera,
y entraron en los moros é pelearon con ellos. Los
moros, visto que los christianos mostraban esfuerzo
para pelear , á los primeros encuentros se pusieron
en f uida , é los christianos los siguieron, matando ó
firiendo, é captivando dellos, fasta bien cerca de
la cibdad de Guadix. Fueron muertos aquel dia fas-
ta quatrocientos moros , que fueron despojados en
el campo por los christianos. Habida esta victoria:
vinieron en salvo para el real con la cavalgada que
tomaron. El Rey, informado como habia pasado
aquel fecho, armó caballero á aquel Alcayde de Sa-
lar , é por memoria de su buen esfuerzo , le dio li-
cencia para traer por armas una lanza con una toca
atada en el cabo della , que fué la bandera de aquel
vencimiento, por memoria de el buen esfuerzo que
ovo aquel dia. Los moros de Guadix , veyendo que
su gente por todas partes se disminuía , é que si la
cibdad de Baza se tomaba , la tierra toda se perde-
rla , acordaron de embiar gente de caballo é de pié,
é con gran requa de fariña é de otras cosas necesa-
rias , pensando que podrían entrar de noche con to-
do ello en la cibdad para la bastecer. E como el Rey
lo sopo por las guardas y escuchas que estaban
puestas por su mandado en los caminos, luego man-
dó al Conde de Tendilla é al Conde de ürueña, que
saliesen al encuentro de los moros, para que les de-
fendiesen la entrada en la cibdad. Los moros quan-
do sintieron la gente de los christianos que venian
contra ellos , acordaron de volver á la cibdad de
Guadix con la requa que traian; pero los christia-
nos no pedieron tanto guardar el campo, que algu-
nos moros no entrasen en la cibdad , andando por
los caminos ó veredas ásperas que sabian de aque-
lla sierra. Otrosí algunos moros de la cibdad de
Granada , visto que el cerco de la cibdad de Baza
se continaba, ó oidas las escaramuzas é batallas
que se hablan en aquel sitio, donde muchos de los
moros é algunos de los principales que«staban en
(1) Este Hernán Pérez del Pulgar, llamado el de las hazañas,
fué el mismo que después escribió y dedicó al Emperador Car-
los V un breve Sumario de los Hechos del Gran Capitán, confun-
dido de muchos escritores con nuestro Cronista, y hasta ahora de
ninguno que yo sepa perfectamente distinguido ; de esto se ha ha-
blado mas largamente ea el Ptóloso.
É DOÑA ISABEL. 491
defensa della, eran muertos, doliéndose de sns da-
ños pasados, é deseando remediar los por venir, acu-
saban la negligencia de los principales de la cibdad,
é decíanles en secreto que veian á sus enemigos ma-
tar á sus amigos de su ley é de su sangre, é que mi-
raban como se perdía su tierra, é que tenían pacien-
cia para lo sufrir. Otrosí les decían que Dios estaba
ayrado contra ellos por sus divisiones , que les ha-
bían fecho perder la tierra é la libertad , é amones-
tábanles que despertasen é no callasen sus males
como fasta aquí habían fecho , é con el ayuda del
poderoso se remediasen , é fuesen á ayudar á su san-
gre, pues se derramaba por salvar á todos ellos; por-
que si los de la cibdad de Baza se perdían , ningu-
na esperanza habia de remedio. Estas, é otras cosas
semejantes andaban diciendo en la cibdad, por al-
borotar al pueblo contra el Rey moro que estaba en
el Alhambra , para lo matar , é para ir gran multi-
tud de moros á Guadix, é dende socorrer á Baza.
El Rey moro que estaba en Granada , sabido este
alboroto , fizo pesquisa por saber quien eran los que
lo movían ; é sabida la verdad, prendió á los princi-
pales que predicaban por el pueblo estas cosas, é fi-
zóles cortar las cabezas ; é con aquella justicia que
fizo , puso sosiego en toda la cibdad que estaba al-
borotada. A este Rey moro proveía la Reyna cada
mes de dineros para el mantenimiento suyo é de los
que con él estaban ; é por su respecto el Rey c la
Reyna dieron seguridad á todos los de Granada,
para que saliesen libremente á facer sus labores por
el campo, é iban con sus mercadurías seguramente
por todo el reyno de Castilla.
CAPÍTULO CXII.
De la cmbaxada que el Gran Soldán embió al Papa , sobre esta
conquista de Granada que el Rey 6 la Reyna facían.
Los moros del Reyno de Granada, visto que la
guerra contra ellos se continaba , é las tierras que
los años pasados habían perdido ; pensando ser re-
parados en lo porvenir, embiaron su embaxada al
Gran Soldán , faciéndole saber de la guerra que el
Rey é la Reyna habían movido contra ellos, é que-
rellándose á él gravemente de las opresiones é cap-
tiverios , ó guerra cruel que sus gentes por su man-
dado continamente les facían , é de las cíbdades , é
villas , é castillos , é fortalezas que les habían to-
mado, c cada día pugnaban por tomar, é como los
habían lanzado fuera de sus casas é tierras , que ellos
é sus antepasados largos tiempos habían poseído.
Por ende que le suplicaban que les diese ayuda para
recobrar lo perdido é para no perder lo que les que-
daba , é que si aquella ayuda por agora no les pe-
diese dar, les escribiese que los dexasen estar en sus
cibdades, é villas, é tierras libremente, según que
estovieron ellos é sus antepasados de largos tiem-
pos á esta parte.
El Gran Soldán, oída esta embaxada, mandó á dos
Frayles del Sepulcro sancto de Jerusalem de la or-
den de Sant Francisco , que viniesen á Roma al
Sancto Padre con sus cartas ; por las quales le em-
4Í)2 CRÓNICAS DE LOS
bió á decir, como había sabido que el Rey é la Rey-
na de España que es en la parte de Europa, habían
movido guerra contra los moros del Reyno de Gra-
nada que confína con sus señoríos , é que habían re-
cebido dellos grandes agravios é sinrazones, tomán-
doles sus villas é cibdades, é apremiándoles que sa-
liesen fuera de sus casas, é captívándolos,é tomán-
doles sus bienes, é faciendo contra ellos otras gran-
des crueldades ; é que aquello era contra toda hu-
manidad natural , porque bien sabía el Padre Santo
como en sus tierras é señoríos había gran copia de
christianos que vivían so su imperio, los quales eran
conservados en su ley, é guardados en sus bienes
y en su libertad. Por ende que le exortaba que
escribiese al Rey é á la Reyna de Castilla que ce-
Basen de aquella guerra, é tornasen á los moros to-
das las cibdades é villas é castillos é fortalezas que
les habían tomado , é los reduxesen en toda liber-
tad , según y en la manera que él en sus tierras é se-
ñoríos mandaba tratar á los christianos. E que si
esto ficiese, él faría bien en ige lo mandar , y ellos
f arían aquello que notables príncipes son obligados
ala piedad natural. E que si no lo ficíesen, á él se-
ria forzado de tratar á los christianos de su señorío
en la manera que el Rey é la Reyna de Castilla tra-
taban á los moros que eran de su ley y estaban so
su amparo. El Papa , vistas estas cartas , é oído lo
que aquellos dos Frayles embaxadores del Soldán
le dixeron , acordó de lo remitir al Rey é á la Rey-
na , y embióles con ellos un Breve , por el qual les
facía saber lo que el Gran Soldán le había escripto :
por ende , que diesen la respuesta que cerca dello
habían de dar, é ge la embiasen con aquellos dos
Frayles.
El Rey é la Reyna, visto el Breve del Papa , é la
carta y embaxada que el Gran Soldán le había em-
biado, respondieron al Papa que bien sabía Su San-
tidad , y era notorio por todo el mundo, que las Es-
pafias en los tiempos antiguos fueron poseídas por
los Reyes sus progenitores ; é que sí los moros po-
seían agora en España aquella tierra del Reyno de
Granada , aquella posesión era tiránica é no jurídi-
ca; é que por escusar esta tiranía los Reyes sus
progenitores de Castilla é de León, con quien confi-
na aquel reyno , siempre pugnaron por lo restituir
á BU señorío, según que antes había seydo.
Otrosí le escribieron que allende de tener los mo-
ros tiránicamente esta tierra de Granada, habían fe-
cho é facían guerra contína á los christianos sus
subditos é naturales , que moraban en las cibdades,
é villas , ó tierras que confinan con aquel Reyno de
Granada ; ó habían pugnado por tomar , é tomaban
quando podían las cibdades, é villas, é castillos , é
fortalezas que son en su señorío ; é robaban gana-
dos, é tomaban de ellas captivos, é facían guerra
cruel á todas las partes de los christianos que son
en sus comarcas. Lo qual veía bien su Santidad que
no era de sofrir, é que les era necesario cobrar lo
suyo guerreando, é defender á los suyos resistien-
do ; é que si el Soldán trataba bien á los christianos
que moraban en las tierras de sus señoríos, ellos an-
BEYES DE CASTILLA.
símesmo trataban bien á otros muchos moros que
estaban derramados en sus reynos, é tierras , é pro-
vincias que viven so su imperio , é conservan sus
personas en toda libertad , é poseen sus bienes li-
bremente , é los consienten vivir en su ley con toda
esencion , sin les facer premia ; é que esta conser-
vación é libertad habían guardado á los moros de
algunas cibdades é villas é tierras de aquel Reyno
de Granada, que habían querido estar debaxo de su
imperio , é gozarían de ella con todos los que qui-
siesen estar ; pero que á los otros rebeldes, é á aque-
llos que tiránicamente presumen de poseer la tier-
ra que no es suya, é facer guerra á los christianos
sus subditos, é pugnan por tomar las cibdades é vi-
llas de su señorío , que su Santidad veía bien quan-
ta razón había de resistir su tiranía, é de facerles
guerra fasta que dexen la tierra, salvo sí quisiesen
vivir en ella debaxo de su imperio como los otros
moros que moran ó viven en otras partes de sus
reynos.
Esta respuesta dieron el Rey é la Reyna por sus
letras al Santo Padre ; é f ablaron largament e con
aquellos Frayles del Sepulcro santo de Jerusalem ,
que traxíeron esta embaxada del Soldán, informán-
doles de estas cosas, para que las diesen á entender
al Soldán. Dada esta respuesta, é despedidos aque-
llos Frayles embaxadores, la Reyna les dio mil du-
cados cada año situados en sus rentas; los quales
dio orden que se llevasen á Jerusalem por cambios
cada un año, para que las cosas necesarias al culto
divino se ficíesen en el santo sepulcro mas honra-
damente. Otrosí les dio un velo , que ella movida
con devoción había fecho por sus manos, para po-
ner encima del santo Sepulcro.
CAPÍTULO CXIIL
De la gente que la Reyna embió á llamar de nuevo para estar en
el cerco de Baza.
El cerco de la cíbdad de Baza se dilataba porque
los moros, como quier que había quatro meses que
estaban cercados, pero no mostraban tener mengua
de lo necesario, é siempre parescía estar vivos en
sus fuerzas, porque todos los días salían á pelear y
escaramuzar con los christianos. E algunos de los
moros que se salían de la cíbdad é venían al real,
informaban al Rey que el caudillo de Baza los es-
forzaba, díciéndoles que el real no podría durar allí
muchos días, porque la primera lluvia que viniese
los constrifierian que lo alzasen. Otrosí lo decían
que algunos christianos de los que se pasaban del
real á la cíbdad avisaban al caudillo de la poca
gente que el Rey tenía, porque mucha de laque ha-
bía traído era consumida, dellos muertos, é dellos
f eridos, é ptros dolientes. Otrosí , que le decían de la
dificultad que había en el traer de los mantenimien-
tos , é de la gran carestía con que se vendían , é de
la falta de dinero , é de otras menguas que cada día
recrescian en el real; las quales cosas, é también la
fortuna del invierno que esperaban , constriñeria á
que lo aLsasen ; é alzado , ellos se repararían de los
DON FERNANDO
males pasados , é cobrarían la tierra que habían per-
dido , é como victoriosos gozarían de aquella honra
que es otorgada á los vencedores. E con estas razo-
nes que oían los moros , estaban tan constantes en
la defensa de la cibdad , que no querían oír partido
ninguno de los que les eran ofrescidos.
• Sabido esto por el Eey, é considerando que el
cerco se prolongaría, é que en las peleas y escara-
muzas pasadas la gente de su hueste se había algo
diminuido, embiólo á decir á la Reyna, la qual em-
bió luego sus cartas é mensageros á algunos Gran-
des é Caballeros de sus Reynos , mandándoles que
viniesen por sus personas, ó embiasen sus gentes
para contínar el cerco que el Rey tenía sobre la cib-
dad de Baza.
Recebídas estas cartas, luego vinieron por el lla-
mamiento de la Reyna Don Fadrique de Toledo,
Duque de Alva, é Don Fadrique Enriquez, Almi-
rante mayor de Castilla, é Don Pedro Manrique,
Duque de Náxera, é Don Pedro Alvarez Osorio,
Marqués de Astorga, é Don Gabriel Manrique, Con-
de de Osorno, é otros caballeros con gente de ca-
ballo é de pié ; é algunos Grandes que no pedieron
venir, embiaron sus gentes con sus capitanes, se-
gún les fué mandado. Otrosí algunas cibdades é
villas á quien la Reyna mandó que embiasen peo-
nes espíngarderos é lanceros é ballesteros , embia-
ron luego el número de la gente que les embió á
mandar. E con estos caballeros é gentes que vinie-
ron, se fornesció el real de mas gente, é la hueste
pudo mejor comportar los trabajos de las guardas
é peleas contínas que se habían con los moros. E
porque ambos á dos reales estoviesen mejor fornes-
cidos de gentes , mandó el Rey al Duque de Náxo-
ra que se aposentase en el real do estaba el artille-
ría, é con él otros homes á caballo , é gentes de pié
de los que vinieron por el llamamiento de la Rey-
na. Y en el real donde el Rey estaba , se aposenta-
ron el Duque de Alva, y el Almirante, y el Marqués
de Astorga, y el Conde de Osorno con toda la otra
gente de armas que traxieron. E como quier que los
moros veían las gentes que de nuevo venían á con-
tínar en aquel sitio , pero entendiendo que aquella
cibdad habida por los christianos habría poca re-
sistencia en las cibdades de Guadíx é Almería, y en
todas las otras villas é tierras que estaban á la obe-
diencia del Rey Moro que estaba en Guadíx, acor-
daron de mostrar esfuerzo, é avivar mas sus fuer-
zas para se defender é pelear por la guarda de
aquella cibdad. Considerando ansimesmo la Rey-
na quanta disfama se imputaría á la conquista por
el Rey ;é por ella comenzada contra aquel Reyno
de Granada, si se alzase el real é no se ganase la
cibdad, trabajaba en bastecer la hueste de dineros
é gentes é de todas las cosas necesarias. Este real,
todo el tiempo que estovo puesto sobre aquella cib-
dad, cosa es digna de memoria la abundancia que
en él ovo de todas las cosas ; é no solamente de pan
é vino é carne, pero otrosí de armeros , silleros,
freneros é de todos los otros oficios necesarios en
Job reales; mas allende desto concurrieron allí
É DOÑA ISABEL. 493
mercaderes de Castilla , é de Aragón, é del Reyno'
de Valencia, é del Principado de Cataluña, y del
Reyno de Sicilia. Los quales truxieron brocados, é
sedas, é paños, é lienzos, é tapicerías, é algunas
otras cosas que moUecen la gente de guerra, é da-
ñan é no aprovechan en las huestes.
CAPÍTULO CXIV.
De las escaramuzas que se habían con los moros en el cerco de la
cibdad de Baza.
Todos los días salían los moros á pelear con los
christianos, veces con aquellos que guardaban las
estanzas que tenían puestas los del real del artille-
ría, é otras veces con las guardas de la sierra, é
muchos días con aquellos que guardaban los casti-
llos. Y en estas peleas siempre facían daño é lo re-
cebian ; é algunos dias facían rebatos dos ó tres ve-
ces, en los quales convenía que todo el real tomase
armas para socorrerlas partes do combatían.
Acaesció un día en la tarde después de las escara-
muzas que se ovieron en la mañana por dos ó tres
partes, sintiendo los moros muy grave la cava é pa-
lizada que habemos dicho que se f acia por la sierra
alta, acordaron de ferír en el Comendador mayor
Don Gutierre de Cárdenas, que tenía cargo de la fa-
cer. E pusiéronse en celada en una rambla fasta qua-
tro mil peones é docientos homes de caballo; é como
la noche vino, é los christianos que trabajaban é guar-
daban en aquella obra se retraxieron, é los moros
veyeron que la guarda del día se iba antes que la
de la noche llegase , arremetieron una esquadra
delloB con gran ímpetu é alarido contra el Comen-
dador mayor de León, é contra Don Rodrigo de
Mendoza , capitán de la gente del Cardenal que le
vino á socorrer. Y estos dos capitanes ficieron ros-
tro á los moros en el primero acometimiento é pe-
learon con ellos ; pero quando ovieron conocimien-
to de la celada que tenían armada, retraxieronse
con su gente á un cerro , fasta que vinieron Don
Sancho de Castilla y el Comendador Pedro de Ri-
bera capitanes con sus gentes á los ayudar ; é como
los veyeron venir, tornaron contra los moros, é pe-
learon con ellos por lo alto é por las faldas de la
sierra ; é algunas veces retrayendo los moros á los
christianos, é otras veces los christianos á los rao-
ros, caían homes ó caballos de la una parte é de la
otra. El Rey, visto que la pelea se encendía, mandó
á algunos capitanes que acometiesen á los moros
por otras partes ; y él con las gentes de su guarda
fué por la sierra alta por esforzar sus gentes que
peleaban. Los moros, visto que cargaba gente de
los christianos contra ellos por todas partes, se re-
traxieron á sus estanzas.
En esta batalla, que duraría por espacio de dos
horas, recibieron algún daño los christianos, porque
fueron feridos peleando Don Sancho de Castilla,
capitán, é Don Carlos de Guevara, é Don Alvaro de
Mendoza, fijo de Ruy Díaz de Mendoza, Maestresa-
la de la Reyna, é Pedro de Texeda, capitán de la
gente del Duque de Alva; é fué muerto Felipe Or-
494 CRÓNICAS DE LOS
dofiez, otro capitán , de las muchas feridas que re-
cibió ; é fueron feridos é muertos otros muchos de
pié é de caballo. Acaesció en esta escaramuza, quan-
do ya los unos é los otros se retraían , que un caba-
llero que se llamaba Martin Galindo , de la capita-
nía del Marqués do Cáliz, llamó á batalla singular
de uno por uno á un moro que estaba á caballo. El
moro visto que aquel caballero christiano le llama-
ba, vino para él, y encontráronse de las lanzas, y
y en el primero encuentro el christiano derribó al
moro del caballo. E luego como el moro se vido en
tierra, aunque f erido en la cara, se levantó presto é
cobró su lanza ; é antes que el caballero christiano
le pediese tirar golpe, fué contra él, é peleó con él
á pié con tanta fuerza é osadía, que le firió de dos
feridas, una en la mano, é otra en el brazo ; é ferié-
rale mas, salvo porque fué socorrido.
Otros algunos mancebos de la hueste, embidiosos
de la destreza que este moro tovo, aunque en luga-
res asaz peligrosos, se ofrescian á facer semejantes
armas con algunos de los moros. Pero el Rey, que
no menos cuidado tenia de la guarda de sus gentes
que de la victoria que esperaba , defendía los osa-
dos atrevimientos do se mostraba el peligro mani-
fiesto ; otrosí defendía, que no se moviesen escara-
muzas, porque allende de ser los moros mas mos-
trados que otras gentes en semejante arte de pe-
lear, los lugares do las movían les eran tan favora-
bles, que mas veces facían daño en los christianos
que lo recibían. Después que esta pelea acaesció,
porque de los moros que habían salido de la cibdad
é pasado al real , se sospechó que quier avisando á
los de la cibdad, quier imaginando de facer algún
mal en la hueste, se podría seguir algún inconví-
niente, el Rey mandó pregonar que dende en ade-
lante ningún moro de los que habían salido de la
cibdad estoviese en el real, é que fuese libre á qual-
quier lugar que quisiese de aquellos que estaban
por el Rey é por la Reyna ; é que si dende en ade-
lante algunos otros saUesen de la cibdad para se
pasar al real, que fuesen captivos. E no embargan-
te este pregón, algunos moros que sentían la men-
gua de los mantenimientos que había en la cibdad,
ealian é se venían al real, of resciéndose de voluntad
por esclavos de los christianos antes que padescer
la hambre que decían padescer. Pero esta mengua
de mantenimientos no se sentía defuera, porque
veían el Rey é los de la hueste todos los mas días
salir caballeros é peones bien dispuestos, é que pe-
leaban como homes esforzados, é no menguados de
mantenimientos.
CAPÍTULO CXV.
De la celada que el Rey mandó poner á los moros de Baza.
Los moros de la cibdad de Baza, según habernos
dicho, todos los días salían á pelear, é acometían á
los christianos que estaban en las guardas puestas
por todas partes, y en las estanzas é castillos que
estaban fechos en circuito de la cibdad por la parte
t>{u;a de lo llano. E allende desto, todas las veces
REYES DE CASTILLA.
que los christianos acomedían á los moros , siempre
los fallaban prestos, é salían á pelear por quales-
quier partes que les era movida la escaramuza. E
porque en algunos de los recuentros é peleas habi-
das en los dias pasados los moros se sentían vence-
dores, cobraban tan grand orgullo, que algunas ve-
ces teniendo en poco la fuerza de los enemigos,
arremetían á las estanzas de los christianos, é de sal-
to ferian é mataban homes, é tomaban armas é ro-
pas, é otras cosas de las que ende fallaban. El Rey,
que desde su menor edad fué criado en las guerras
que el Rey su padre tovo en la tierra de Cataluña,
y era bien mostrado en todos los actos que se reque-
rían para la disciplina militar, é tenia buena indus-
tria en las cosas del campo, vista la soltura de los
moros, é que su orgullo les ponía la vida en aventu-
ra, ordenó de armarles una celada en esta manera.
Mandó al Comendador mayor de Calatrava, é a
Antonio del Águila, é á Diego Hernández de Cór-
doba, que sueltos sin guardar orden de batalla cor-
riesen con las gentes de sus capitanes contra las
estancias de los moros. E mandó á Francisco de
Bovadílla, capitán, que estoviese en una celada ; ó
al Marqués de Aguilar, é á Luis Hernández Puerto-
carrero, Señor de Palma, é á Gonzalo Hernández de
Córdoba, capitán é Alcayde de Alora, que con sus
gentes estoviesen en otra celada; y el Rey se puso
en otra parte encubierta con sus gentes. E mandó
á los de las celadas que á cierto toque de las trom-
petas saliesen, é que la una celada fuese á atajar á
los moros si saliesen por una parte, é la otra celada
atajase por otra, é la otra gente arremetiese contra
los moros que saliesen.
Dada por el Rey esta orden , é puestos los capita-
nes en los lugares de las celadas, como veyeron los
moros las gentes de los tres capitanes primeros ir
sueltos é desordenados, imaginando que iban per-
didos salieron contra ellos, é siguiéronlos fasta el
lugar do estaba una de las celadas. E como allí fue-
ron, el Marqués de Aguilar, é Puertocarrero é los
otros capitanes oído el signo que el Rey mandó fa-
cer á las trompetas, salieron de sus celadas; é no
fueron derechos contra los moros , mas fueron por
la orden que el Rey había dado, á los lugares do se
podían atajar. E como los capitanes moros veyeron
ansí sus gentes atajadas de la una parte, é que los
de la otra celada venían contra ellos, conociendo su
peligro volvieron las espaldas, fuyendo á se meter
en sus albarradas, é los christianos empos dellos.
Pero antes que pediesen llegar á sus defensas , los
christianos ñrieron en ellos , é mataron fasta qua-
trocíentos moros é mas de cien caballos, sin que los
moros volviesen rienda á se defender ni pelear. Los
christianos habido aquel vencimiento, se volvieron
sin recebir daño. E ni por la caída que los moros
ovieron este día, se les amansó el ánimo para tor-
nar á la pelea, antes el dolor que sintieron les des-
pertó la ira, para luego otro día ponerse en una ce-
lada, para tomar algunos christianos que andaban
desmandados, é otros cogiendo atocha. Y esperan-
do que la guarda de la noche se fuese, é antes (juq
DON FERNANDO
llegase la qne había de gnardar el dia en aquella
parte, los moros salieron fasta setenta de caballo é
quinientos peones del lugar do estaban encubiertos,
é fueron contra los christianos, é mataron algunos,
é prendieron otros , é mataron algunas bestias, an-
tes que los caballeros que venian á la guarda los
pediesen socorrer.
CAPÍTULO CXVI.
De otro recuentro qne ovieron los christianos con los moros en el
cerco de Baza.
El Rey algunos dias iba desde su real á lo alto de
la sierra, por ver la cava é castillo que habernos
dicho que en aquellas partes se facían. E iban en la
guarda de su persona con sus gentes Don Diego
López Pacheco, Marqués de Villena, é Don Pedro
Enriquez, Adelantado mayor del Andalucía, é Don
Enrique Enriquez, su Mayordomo mayor. E mandó
á Don Rodrigo de Mendoza , é á Don Hurtado de
Mendoza, Adelantado de Cazorla, Capitanes de la
gente del Cardenal de España, é á Don Sancho de
Castilla, que habían tenido la guarda del campo en
la sierra la noche antes, que no dexasen la guarda
que tenían fasta que viniesen los Condes de Cabra
é de Urueña, y el Marqués de Astorga, é los otros
caballeros que habían de tener la guarda del dia en
aquel lugar, porque él podiese bien ver desde lo
alto la cibdad, é los lugares á donde mejor se po-
dían acercar las estancias contra los arrabales.
Los moros, que tenían propósito de poner sus
fuerzas para impedir la obra que sobre la sierra se
facía, salieron fasta quatrocientos de caballo é tres
mil peones, 6 fueron por la sierra arriba contra la
batalla de Don Rodrigo de Mendoza, é del Adelan-
tado su tío, é de Don Sancho de Castilla, é pelearon
con ellos. E porque de la cibdad salían mas moros
en ayuda de los que primero acometieron la pelea,
el Rey mandó al Conde de Tendilla que acometiese
á los moros por otro lugar, á fin que dexasen la pe-
lea comenzada contra los capitanes é gentes del
Cardenal é de Don Sancho de Castilla. El Conde
de Tendilla acometió según le fué mandado por otra
parte á los moros que estaban cerca de la cibdad,
los quales salieron contra él, é comenzaron á ferir
en su gente con acometimiento tan arrebatado, que
algunos de los caballeros é peones que con él iban,
no podiendo sufrir el ímpetu riguroso de los mo-
ros, ni los muchos tiros de pólvora é saetas é lanzas
que tiraban , volvieron las espaldas é dexaron al
Conde ; el qual pensando que si se retraía del lugar
do estaba, podría él é los suyos que con él queda-
ron recebir mayor peligro , con grand esfuerzo sos-
tuvo aquel lugar peleando ó sufriendo la fuerza de
los enemigos, fasta que de la gente del real vinie-
ron & le socorrer.
Visto por el Rey que los moros duraban en la
pelea por aquellas partes, embió á mandar al Maes-
tre de Santiago que cometiese á los moros por una
parte, é al Marqués de Cáliz , é al Duque de Náxera,
é á los Comendadores de Calatrava é Alcántara, ó
É DOÑA ISABEL. 495
á Francisco de Bo vadíllá , que entrasen á ferir en
los moros por la parte del real donde estaba el ar-
tillería.
Los moros ansimesmo salieron contra esta terce-
ra esquadra de gente, é pelearon con ellos , é algunas
veces los moros retraían á los christianos, é otras
veces los christianos retraían á los moros. Oido por
los que estaban en el real que el Rey peleaba , ar-
máronse todas las gentes de la hueste, é fueron á
donde el Rey estaba ; é juntos con los que primero
peleaban, fueron contra los moros. Los quales no
podiendo sofrir la fuerza de los christianos que por
tantas partes les movieron la pelea, fuyeron por las
cuestas, é los christianos los siguieron firiendo é
matando en ellos, fasta que los metieron por los
arrabales de la cibdad, en los quales entraron mu-
chos de los peones christianos, é sacaron de las ca-
sas de los moros ropa é todo lo que fallaban. E pe-
dieran los christianos aquel dia ganar los arraba-
les, salvo por las grandes cavas é palizadas que los
moros tenían fechas, las quales defendían la entra-
da á los de caballo. También impedia que no po-
diesen entrar muchos peones juntos la estrechura
grande que había en las entradas.
En la batalla deste dia, que duró por espacio de
quatro horas, los unos é los otros eran iguales en el
esfuerzo, pero á los christianos ayudaba el mayor
número, é á los moros el mejor lugar. E al fin los
caballeros é capitanes christianos, firiendo é sufrien-
do golpes de muchas partes , tovieron ánimo para
ser constantes, é haber el vencimiento de aquella
pelea ; en la qual si por ventura alguno de su natu-
ral era cobarde, la vergüenza del compañero, é la
presencia del Rey, le constreñían á encubrir su fla-
queza, é á mostrar en aquella hora fuerzas y es-
fuerzo para pelear. E por cierto la presencia del
principe mucho face en las batallas, ansí para po-
ner ánimo á los suyos, como para que el esforzado
no quede sin ser galardonado, y el flaco no quede
sin ser conocido.
Falláronse muertos de los christianos trecientos
homes, caballeros é peones, pero ninguno principal,
salvo un mancebo que se llamaba Don Juan de Lu-
na, fijo heredero de la casa de Luna en Aragón, ó
algunos feridos. De los moros se fallaron muertos
mas de quinientos, é muchos caballos de la una par-
te é de la otra.
CAPÍTULO CXVII.
De las cosas que se ficieron en el real de Baza, é como la Reyna
mandó adobar los caminos.
Pasados cinco meses del tiempo que el Rey tovo
cercada la cibdad de Baza, las gentes de la hueste
estaban trabajadas, porque era necesario salir dos
guardas cada dia, é otras dos de noche , una por la
parte del real do estaba el Rey, é otra del real do
estaba el artillería. E allende destas guardas, por-
que no era aun acabada la cava é los muros que se
facían en circuito de la cibdad por lo alto de la
sierra, é porque se recelaba que alguna gente de la
496
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cibdad de Granada viniesen á Guadix para desde
allí venir á entrar en Baza , el Rey mandaba poner
en aquellas partes gente de caballo, que anduvie-
sen por sobreguardas en las montañas é lugares al-
tos, é otras guardas escusañas, y escuchas en luga-
res ciertos , fasta llegar bien cerca de la cibdad.
Allende desto, las gentes de armas estaban traba-
jadas de las escaramuzas é peleas que continamen-
te hablan con los moros, donde todos los mas dias
había f erídos é muertos homes é caballos ; pero la
esperanza de la victoria les facía sofrir la pena de
los trabajos, especialmente porque los mas dias sa-
lían moros de la cibdad que se daban á los chris-
tianos, eligiendo mas el captiverio que la mengua
de los mantenimientos que decían haber en la cib-
dad. Y estos daban esperanza cierta al Rey que
prestamente la habría, especialmente por la men-
gua del pan é de la sal, é de otras cosas necesarias
á la vida. Ansimesmo decían, que el Caudillo é los
moros de la cibdad habrían demandado partido de
entregar la cibdad, salvo por algunos christianos
que se pasaban á ellos, é les daban confianza cierta
que el Rey no se podría sostener por los grandes tra-
bajos que las gentes padescian en los muchos dias
que allí habían estado, é por las menguas é cares-
tías de viandas que había en la hueste , é por el
tiempo del invierno quo venia presto : en el qual
seria imposible según la calidad de la tierra, estar
gente en el campo. Y estas informaciones que se
habían acá é allá, facían á los unos é á los otros so-
frir los trabajos que padescian, los unos pensando
ser descercados, é los otros esperando haber la cib-
dad. La Reyna , que estaba en Jaén, siempre pro-
veía de dineros para el sueldo, é mandaba ir las re-
quas de los bastimentos continamente, porque no
oviese falta de lo necesario en el real. Ansimesmo el
Rey mandó facer casas en el real , para defensa del
frío é de las aguas que con el tiempo del invierno es-
peraban. E luego los Grandes, é caballeros, é capi-
tanes que estaban en el real, ficieron casas de tapias,
é cubiertas de madera é texa, de tal manera que era
defensa para las fortunas del invierno, é del frió é del
sol. En facer estas casas ovo tanta diligencia, que
en espacio de quatro dias ficieron mas de mil casas
puestas en orden por sus calles. E allende de las ca-
sas, todas las gentes de píe ficieron ramadas é chozas,
cubiertas de tal manera, que defendían del frío ó las
aguas. Pero después que estas casas se ficieron , so-
brevino una lluvia tan grande, que derribó muchas
dellas, é la gente del real padesció mucha pena, é
murieron algunos homes, é muchos caballos é otras
bestias. E allende de los trabajos que sofrieron con
aquella lluvia , se dañaron los caminos de tal ma-
nera, que las requas que andaban con los manteni-
mientos no los podían pasar por el crecimiento de
los ríos, é por la grandes hoyas é barrancos que la
fortuna de las aguas fizo. E porque solo un dia por
esta causa cesaron de andar las requas, ovo tan
grande falta en el real de pan é cebada, que las gen-
tes, quitada toda esperanza de poder allí durar, se
querían ir por miedo de la hambre que recelaban.
La Reyna, sabido aquel incon viniente, luego em-
bió muchos oficiales é fasta seis mil peones, para
reparar los caminos. Y estos maestros é peones fi-
cieron calzadas é puentes tantas, que duraron siete
leguas de tierra, por donde pedieron pasar las re-
quas de los mantenimientos. É las gentes de armas
que el Rey mandó estar de contino derramadas por
los cerros é por otros lugares para guarda de loa
caminos, ficieron dos sendas, una para las requas
que iban con los mantenimientos, é otra para los
que venían; porque yendo é viniendo los unos, no
impidiesen el camino á los otros.
CAPÍTULO CXVIII.
De la forma qne la Reyna tovo para bastecer de dineros é mante-
nimientos á la hueste que el Rey tenia sobre Gaza.
Recontado habernos en esta Crónica como ningu-
na conquista de tierras ni de reynos se lee, donde
se requiriesen tantas cosas, ni oviese tantos peligros
para llevar los mantenimientos necesarios á las
huestes, como en esta conquista del Reyno de Gra-
nada, que el Rey Don Fernando é la Reyna Doña
Isabel su muger conquistaron; porque sí algunos
reyes y emperadores guerrearon reynos é provincias
aquellos habían los mantenimienlos para su hueste
traídos por mar, ó por riberas, ó en carros, ó ha-
bíanlos de las mismas tierras que conquistaban,
que abundaban en vituallas; contrario de lo que
fué en esta guerra, porque no solamente convenia
traer mantenimientos para la gente de la hueste,
mas allende desto era necesario traerlos para la
gentes que moraban en la tierra que se ganaba, é
para las gentes de armas que quedaban para la
guardar ; é ni había mar cercana por do se traxie-
sen , ni ríos que se pediesen navegar, porque la
tierra era de tan altas sierras é tan fragosos cami-
nos, que ni por los ríos, ni con los carros se po-
dían traer. Allende desto, era necesario gente de
armas, que contíno andoviese con las requas que
iban á los reales, para los segurar de los enemigos.
E porque ningún mercader se movía á llevar man-
tenimientos para los vender por su interese proprio,
por las dificultades é pérdidas que habían en los
llevar, la Reyna á fin de tener bastecida su hueste,
mandó alquilar á su costa catorce mil bestias. Otrosí
mandó comprar el trigo é cebada que se pudo ha-
ber en todas las cibdades, é villas, é lugares del
Andalucía, y en las tierras de los Maestradgos de
Santiago é Calatrava, é del Priorazgo de San Juan
fasta Gbdad-Real; é dio cargo á unos que lo reci-
biesen, é á otros que lo llevasen á los molinos, é á
otros que estoviesen en ellos estantes, solicitando
las moliendas, y entregando la fariña á las requas,
que de contino andaban acarreándolo al real ; otroa
tenían cargo de recebir la cebada y embiarla. Con
cada docientas bestias andaba un home que tenia
cargo de solicitar los requeres, é los ministrar por
los caminos é proveerlos de lo necesario, porque sola
un dia las requas no cesasen de andar. Y en esta
provisión do los mantenimientos, é las cosas qu^
DON FERNANDO
para ello ae requerían, la Reyna estaba contina-
mente entendiendo; é todos los de su consejo é ofi-
ciales por su mandado estaban solícitos, porque era
necesario embiar todos los dias cartas é mensageros
á todas partes, porque no cesasen las catorce mil
bestias que tenia alquiladas para llevar la fariña é
cebada que era menester en el real; lo qual recebian
oficiales puestos por la Reyna, é lo ponian en un
lugar que se llamaba el albóndiga. É aquellos que
lo recebian, tenian cargo de lo vender á los de la
hueste á un precio tasado, que ni bajaba ni subia
mas.
En esta negociación, contado el precio que costa-
ba el trigo é la cebada, y el precio á como se ven-
dia, é las costas que sobre ello se facian; se falló de
pérdida en tiempo de seis meses mas de quarenta
cuentos de maravedís. Pero allende de los otros
gastos que se facian, convenia á la Reyna facer
este gasto, á fin que las gentes del real estoviesen
bien proveídos, é no oviesen razón de se quexar por
la carestía de los matenimientos. Otrosí, porque el
cerco que se puso sobre esta cibdad se dilataba, y
el tiempo habia consumido gran suma de dineros
que la Reyna al principio tenia, ansí de la cruzada,
como del subsidio é de sus rentas, para sostener
esta guerra, acordó de echar prestido en todos
sus Reynos. E luego embió sus cartas á todas
las cibdades é villas, para que le prestasen cierta
Buma de maravedís, según el repartimiento que á
cada uno cupo. Allende desto, escribió á perlados é
caballeros, é dueñas, é mercaderes, é otras personas
singulares, que le prestasen lo que le pediesen pres-
tar. É todos conociendo que la Reyna tenia cuida-
do de pagar bien estos prestidos, la prestaban cada
uno lo que podía según su facultad. É algunos ca-
balleros é dueñas, é otras personas, conociendo la
necesidad en que estaba, é veyendo en que lo gas-
taba, se movían de su voluntad á le prestar algunas
sumas de oro é de plata sin ge lo demandar. É por-
que estos prestidos, que podían ser en número de
cien cuentos, no bastaban á los gastos continos que
Be recrescian en la guerra, acordó de vender alguna
cantidad de maravedís de sus rentas, para que las
oviesen por juro de heredad qualesquíer personas
que los querían comprar, dando diez mil maravedís
por un millar. B destos maravedís que á este precio
compraron muchas personas de sus Reynos les man-
daba dar sus privilegios para que les fuesen situa-
dos en qualesquíer rentas de las cibdades, villas é
lugares de sus Reynos, para que los oviesen é lle-
vasen todos los años, fasta que les mandasen vol-
ver las quantías de maravedís que por ellos dieron.
É deste empeñamiento de rentas se ovieron asaz
quantías de maravedís; pero porque todo este dine-
ro se consumía, é no bastaba á los grandes gastos
del sueldo contino, é otras cosas concernientes á la
guerra; la Reyna embió todas sus joyas de oro é de
plata, é joyeles, é perlas, é piedras á las cibdades
de Valencia é Barcelona, á las empeñar; é se empe-
ñaron por grande suma de maravedís.
Cr.~III.
É DOÑA ISABEL.
497
CAPÍTULO CXIX.
De los baluartes qne el Rey mandó facer, é de las peleas que
ovieron con los moros en el real de Baza.
El real do estaba la gente que guardaba el arti-
llería, era mas cercano á la cibdad que el otro real
do estaba el Rey. É como quier que según habemos
dicho, del un real al otro habia espacio de una le-
gua; pero todos los mas dias el Rey iba á visitar
aquel real, é lo mandaba proveer de gentes é de lo
que era necesario. É porque consideró que los mo-
ros de la cibdad estarían mas apremiados estando
las estancias de los suyos mas cercanas, mandó que
un baluarte que estaba fecho contra una estancia
de los moros se acercase mas adelante, é dio el car-
go para lo facer al Marqués de Cáliz é al Duque de
Náxera, é á los otros caballeros que estaban con
ellos en el real del artillería. É una noche, que to-
vieron la guarda por la parte de la sierra el Maes-
tre de Santiago, é por la parte de lo llano el Duque
de Alva, y el Almirante de Castilla, y el Marqués
de Astorga, y el Conde de Osorno, comenzaron los
christíanos con dos mil peones á facer el baluarte
que el Rey mandó; é los caballeros peleando, é los
peones cavando, se acabó de facer tanto cerca de
las estancias de los moros, que se tiraban piedras
de mano los unos á los otros. Los moros quando
otro día veyeron el baluarte fecho tan cerca de sus
estancias, tiráronle con sus búzanos, é movían pe-
leas contra la gente que lo guardaba; y estas eran
tantas, que convenia á los christíanos mudar cada
hora la gente que guardaba aquel baluarte, porque
los unos descansasen en tanto que los otros pelea-
ban. Pasados quatro dias después que aquel baluar-
te se fizo, salieron de la cibdad fasta cient moros
de caballo, por tomar algunos christíanos que ve-
yeron andar desordenados por el circuito do había
estado la huerta. Como los vido Don Alvaro de Ra-
zan que acaso se acertó fallar en aquella parte, fué
con su gente contra aquellos moros, é revolvióse la
pelea entre ellos, que duró por espacio de una hora.
En este comedio Bernal Francés é Sancho del Águi-
la, capitanes, salieron por otra parte á dar en una
estancia de los moros con propósito de la quemar;
é como llegaron con sus gentes cerca á le poner
fuego, salieron contra estos dos capitanes fasta
quinientos moros á pié é á caballo. Y estos por una
parte, é Don Alvaro de Bazan por la otra, pelearon
con los moros, donde la victoria fué varía, porque
los moros retraían á los christíanos, é otras veces
los chrístianos vencían á los moros. El Rey venia
en este tiempo á ver el baluarte, é la cava que man-
dó facer en el real del artillería; y en la guarda de
su persona venían con sus gentes Don Diego López
Pacheco, Marqués de Villena, é Don Enrique Enrí-
quez, su Mayordomo mayor, é Don Pedro Enriquez
Adelantado mayor del Andalucía; é como vido
aquella pelea, mandó á aquellos caballeros que ve-
nían con él, que fuesen á yudar á Don Alvaro. É
como los moros veyeron venir contra ellos mas
32
498
CEÓNTCAS DE LOS REYES DE OASTILLA.
gentes, retraxieronse á la cibdad con daño que re-
cibieron en los suyos é ficieron en los christianos,
donde murieron é fueron feridos algunos homes é
caballos; especialmente fué ferido aquel capitán
Don Alvaro de Bazan, después que le mataron el
caballo peleando.
CAPÍTULO CXX.
De algunas escaramuzas, é otras cosas que pasaron en el real.
El cerco sobre la cibdad de Baza se dilataba, é
las gentes recebian grandes trabajos, ansí en las
continas escaramuzas é peleas que hablan con los
moros, como en las guardas de noche é de dia que
convenia tener fornescidas con mucha gente de pié
é de caballo en diversas partes.
Considerado esto por el Bey, é recelando no recre-
ciesen en el real lluvias ó otras cosas que le cons-
triñesen á lo alzar, é porque ovo verdadera infor-
mación que en la cibdad habia mantenimientos
para tres ó quatro meses; bien quisiera facer algún
partido al caudillo é á los moros, é algunas veces
les embió á ofrecer libertad de las personas é segu-
ridad de los bienes; é allende desto, facia otras mer-
cedes al caudillo porque se le entregase. Pero no lo
quiso aceptar, porque creyó que estos ofrescimien-
tos procedían de alguna mengua que habia ó se es-
peraba haber en el real, é daba mayor esfuerzo á los
moros para ser constantes en la guarda de la cibdad;
especialmente tenían por ciertas las lluvias é las for-
tunas del invierno, é que de necesidad farian alzar
el real. Con esta confianza , otrosí por mostrar que
ni les f alíesela esfuerzo en sus personas, ni manteni-
mientos en su cibdad, salían todos los días por las
partes que entendían, á dar en los christianos que
estaban en las guardas de los que facían las cavas.
Acaesció un dia, que salieron de la cibdad fasta
trecientos homes á caballo é dos mil peones, é su-
bieron por la sierra á lo alto, á fin de tomar algunos
christianos, y estorbar la cerca que en aquella par-
te se continaba; é mataron algunos escuderos del
Conde de Urueña, que estaban cerca de las escuchas
puestas en aquella parte, é fueron contra otra es-
quadra de gente de á caballo que estaba en un cer-
ro por guarda, é ficíeronlos retraer. É siguiendo
tras ellos, sobrevino el Conde de Tendilla, é Gon-
zalo Hernández de Córdoba con sus gentes, é ficie-
ron rostro á los moros. É los moros se vinieron
para ellos, é firiéronse de las lanzas ; é con muchos
tiros de espingardas que habia de la una parte é de
la otra, se revolvió entre ellos la pelea, de tal mane-
ra que los chi-istianos recebian daño de los moros
por causa del lugar do peleaban, fasta que acudie-
ron el Conde de Urueña é Don Alonso de Aguilar
con BUS gentes que guardaban en aquella parte. Es-
tos caballeros, aunque á gran peligro, acometieron
tan de recio á los moros peones que estaban en un
cerro, que les ficieron perder el lugar que tenían, ó
retraer á sus albarradas é defensas que tenían en
aquellas partes. En este recuentro murieron é fue-
roa feridos algunos christianos; é los moros reci-
bieron mayor daño, porque retrayéndose los peones
que dexaron en el cerro, el Conde de Urueña é Don
Alonso de Aguilar los siguieron fasta la cibdad, ó
mataron gran parte dellos antes que llegasen á las
defensas. E como quier que ansí en el recuentro
habido este dia, como en los que se ovieron en los
otros pasados, la gente de los moros menguaban
pero no les menguaba el esfuerzo para salir todos
los días á pelear por todas partes, é veces tentaban
de noche á algunos caballeros de los que estaban
en lo llano, otras veces subían por lo alto de la
sierra á los lugares donde entendían; é algunas ve-
ces prendían homes, é mataban bestias, é traían á
la cibdad ganados de los que fallaban cerca de
sus albarradas , é facían otros daños que no se
les podían resistir, porque tenían grand espacio de
tierra do pediesen salir á su salvo, por los grandes
barrancos é cuestas que habia en el circuito de la
cibdad en la parte de la sierra ; é salían todas las
veces que les era mandado por sus capitanes, los
quales tenían sus gentes tan bien acaudilladas, que
poniéndose á la muerte osaban facer todo lo que les
mandaban. É porque fálleselo dinero para pagar
sueldo á los moros que peleaban , el caudillo é los
cíbdadanos tomaron las manillas é zarcillos de las
mugeres é todas las joyas de oro é de plata que te-
nían en la cibdad; lo qual ofrecían de su voluntad,
é ficieron dello moneda para pagar el sueldo que
debían haber la gente de armas que vino á defen-
der la cibdad.
Como el Rey fué avisado de estas cosas que en
la cibdad pasaban, considerando que ni por las
muertes ni feridas que todos los días los moros pa-
descian les menguaba el esfuerzo para pelear, ni
por la mengua de las cosas necesarias que se decía
haber en la cibdad mostraban flaqueza para recebir
ningún partido de los que les ofrescian; acordó de
lo notificar á la Reyna. Y embióle á rogar que vi-
niese al real, que era como una villa donde había
mas de mil casas fechas, porque mejor fuese infor-
mada de las cosas que allí pasaban. Los grandes ó
caballeros que cerca del Rey estaban en su consejo,
le embiaron á suplicar esto mismo, dándole á enten-
der, que visto por los moros que ella venía á estar
allí, é creyendo que el Rey con ella estaria de asien-
to fasta tomar la cibdad, vernían en partido de la
entregar. É sobre esto embiaron á ella diversas ve-
ces, suplicándole é aun requiríéndola que le plo-
guiese de lo facer. Pero lo que se decía por verdad
que movía á estos que procuraban la venida de la
Reyna, era porque enojados de los trabajos pasados
é temerosos de los peligros por venir, é vista la per-
tinacia de los moros, é sabido que tenían manteni-
mientos para todo el invierno, estaban sin esperan-
za que la cibdad se pediese tomar. É por la una
parte daban su voto, é consejaban de secreto al Rey
que alzase el real, é mandase poner las guarnicio-
nes en circuito de la cibdad que al principio acor-
daba de poner; é de la otra parte considerando
los trabajos continos que la Reyna había pasado en
forneecer de gente, é dineros, é mantenimientos «I
DON FERNANDO
real, é al fin de tanto tiempo no conseguirse el fru-
to que se esperaba, recelaban de consejar en públi-
co lo que al Rey consejaban en secreto. É porque
la Reyna viese las peleas continas, é las muertes é
feridas que todos los dias habia en el real, é las
aventuras é grandes peligros é trabajos que sofrían
y esperaban sofrir las gentes de su hueste, y el
poco fruto que de todo aquello se consiguia; iusis-
tian suplicándole que todavía viniese al real, porque
veyendo en persona lo que oia por informaciones,
que le placería que el real se alzase, dexando guar-
niciones de gentes en circuito de la cibdad.
CAPÍTULO CXXI.
Como la Reyna vino al real de Baza.
La Reyna, movida por los ruegos del Rey, é por
las muchas suplicaciones é amonestaciones de los
Grandes é Caballeros que con él estaban, platicada
primero su ida con el Cardenal de España é con los
otros de su consejo ; acordó de ir al real que el Rey
tenia sobre la cibdad de Baza , é partió de la cib-
dad de Jaén, é con ella el Príncipe Don Juan é las
Infantas sus fijas , y el Cardenal de España, é Don
Diego Hurtado de Mendoza, Arzobispo de Sevilla,
que después fué Patriarca de Alexandria é Carde-
nal de España, y el Obispo de Avila y el de Coria,
é los otros Doctores que residían en su consejo , é
fué para la cibdad de übeda. B mandó quedar en
aquella cibdad al Príncipe Don Juan é á las Infan-
tas, ó con ellos al Arzobispo de Sevilla, é á los otros
Obispos é Doctores de su consejo ; y ella siguió su
camino para el real de sobre Baza, é con ella la In-
fanta Doña Isabel, su fija, y el Cardenal de Espa-
ña ; é fueron ansimesmo con ella Doña Beatriz de
BovadiUa , Marquesa de Moya , é Doña María de
Luna, muger de Don Enrique Enriquez, Mayordo-
mo mayor del Rey , é Doña Teresa Enriquez, mu-
ger del Comendador mayor de León Don Gutierre
de Cárdenas, é -otras damas é doncellas fijas-dalgo,
que estaban en el contino servicio de su cámara.
E salió el Rey al camino á la recebir, é con él el
Maestre de Santiago, y el Duque de Al va, y el Al-
mirante de Castilla, é los Marqueses de Cáliz é de
Astorga, é los Condes de Urueña é de Osorno, é to-
dos los otros caballeros que estaban en el real, sal-
vo aquellos que quedaron en las guardas de la sier-
ra é de lo llano , y en las estancias que estaban
puestas contra la cibdad. La venida de la Reyna al
real fué con placer común de todos ; especialmente
porque como las gentes estaban enojadas, deseaban
ver cosas nuevas, é creían que su venida traería tal
novedad, que el cerco que habia durado seis meses
con grandes trabajos é peligros, habría algún buen
fin (1).
Otrosí los moros, sabida la venida de la Reyna é
del Cardenal de España, no podemos pensar, si cre-
(1) Fué esta ida de la Reyna al real de Baza á siete de Noviem-
bre. Martyr, epist. 79, lib. o, nota que el autor se halló en este si-
tio du liaza.
É DOÍTA ISABEti. 499
yendo que venia para facer asiento fasta tomar la
cibdad, ó movidos por alguna otra imaginación,
pero de qualquier cosa que ello procediese, fué por
cierto caso digno de admiración ver la súbita mu-
tación que en su propósito se vído. E porque fui-
mos presentes é lo vimos, testificamos verdad de-
lante Dios que lo sabe , é delante los homes que lo
veyeron ; que después que esta Reyna entró en el
real, páreselo que todos los rigores de las peleas,
todos los espíritus crueles, todas las intenciones
enemigas é contrai'ias cansaron é cesaron, é pares-
ció que amansaron : de tal manera, que los tiros de
espingardas é ballestas ó de todo genero de artille-
ría, que sola una hora no cesaban de se tirar de la
una parte á la otra, dende en adelante ni se vído, ni
se oyó, ni se tomaron armas para salir á las peleas
que todos los dias antepasados fasta aquel día se
acostumbraban tomar, salvo la gente del real que
continaba ir á las guardas del campo en los lugares
que solían estar. E luego el Caudillo comenzó áfa-
blar con los christianos, diciendo que quería oir lo
que el Rey é la Reyna demandaban.
CAPÍTULO CXXII.
Como el Rey é la Reyna dieron cargo al Comendador mayor da
León que rabiase con el Caudillo de Baza.
Como el Rey ó la Reyna sopieron que el Caudillo
de Baza quería venir á fablar cerca de la entrega
de aquella cibdad , porque la Reyna deseaba que
quito el rigor de las armas , se oviese por partido ;
dieron cargo de aquella contratación á Doq Gutier-
re de Cárdenas, Comendador mayor de León, é man-
dáronle que fuese á fablar con el Caudillo de la
cibdad. El qual informado de la voluntad final del
Rey é de la Reyna, asentado el lugar é la hora don-
de fablase, é dadas las seguridades que convenían
de se dar por la una parte é por la otra, el Comen-
dador mayor, acompañado de gente de armas, y el
Caudillo de Baza, acompañado de ciertos caballeros
moros, se juntaron en el lugar acordado á vista del
real é de la cibdad. El Comendador mayor dixo al
Caudillo estas razones: «Sí vos honrado Caudillo
2)pensaÍ8 que fecho lo último de vuestro poder, po-
ndréis al fin defender la cibdad de Baza al poderío
»del Rey é de la Reyna mis soberanos señores : dí-
»goos, que aunque sois conoscido por caballero es-
»forzado, seréis habido por home mal aconsejado,
«porque según vos conocéis , ley común es á todos
dIos humanos de obedescer al mas poderoso; ó
«qualquier que esta ley quiere repugnar, mas se
«puede decir cobdicioso de mala muerte, que ama-
»dor de verdadera libertad. E porque pienso que lo
«entiende bien vuestra prudencia, vengo á os do-
«clarar, que la voluntad del Rey é de la Reyna de
«España es haber en su señorío esta cibdad que tie-
»nen cercada. E porque conoscen ser mas seguro el
«reynar voluntario que el imperio forzoso, querrían
Kque esto se ficiese con voluntad vuestra é de loa
«cibdadanos della, á fin de usar con vosotros do
«piedad, ó no del rigor que en la furia del vencí-
500
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
amiento no tiene templanza. E por tanto, honrado
acaballero, que yo sin dabda deseo mas el bien que
3)la perdición vuestra, vos amonesto, que el pensa-
smiento que fasta aquí habéis tenido de guerrear,
))lo convirtáis en haber paz ; y el propósito que ha-
»beis sostenido de defender, lo mudéis en obedes-
3)cer ; é la crueldad que tiene ocupado vuestro áni-
»mo para dar é recebir muertes, la reduzgais en dar
»vida ó seguridad á vos ó á vuestros cibdadanos.
»E si entendéis que á Dios é á vuestra cibdad habéis
ídado buena cuenta fasta aquí resistiendo, de aquí
^adelante ge la daréis mejor obedesciendo, pues no
»podeÍ3 resistir. Porque notorio es á vos, buen Caudi-
»llo, quanto es vana ó peligrosa la presumpcion del
acercado que se detiene, si no espera ser socorrido;
»ó si no es cierto, que por las flacas fuerzas del cer-
3)cador será descercado. E si por ventura vos espe-
))rais socorro de vuestros moros, yo os consejo que
«insistáis en vuestro propósito ó defendáis vuestra
«cibdad. Pero si esto no esperáis, é pensáis que la
afortuna del tiempo constreñirá que se alce el sitio
wque vedes sobre vuestra cibdad ; mirad que la
jReyna mi señora es venida, no á real fornecido de
atiendas, mas á cibdad poblada de casas, E si espe-
jrais que habrá mengua de combatientes en nues-
tra hueste, mirad nuestras batallas llenas, é que
Dtodos los dias vienen nuevas gentes de guerra, E
))si esperáis la falta de nuestras provisiones, mirad
«nuestra albóndiga, que abunda en todas cosas ne-
«ccsarias á nuestros mantenimientos. E si por ven-
))tura sois informado, que al Rey é á la Reyna mis
«señores faltarán dineros para sostener la guerra,
»no creáis buen caballero, que á los que poseen
agrandes reynos, é señorean ricos homes, puedan
3>fallecerles riquezas. E porque acá sabemos que
^vuestros mantenimientos cada dia menguan, de-
«beis pensar que nuestra esperanza de haber presto
«la cibdad todas horas cresce ; mayormente porque
ídebeis creer, que después de seis meses de tiempo
«pasados, é después de tantos gastos fechos, é tra-
íbajos habidos en el principio é medio de esta con-
«quista, seria mal consejo no atender el fin do se
«espera la victoria. E porque esta no se haya con
«aquel rigor, que á los de Málaga por ser pertina-
3>ces vistes padecer ; tomando á Dios por testigo os
«requiero, que hayáis aquella piedad que todo buen
Dcapitan debe usar con sus cibdadanos porque no
íse pierdan; é agora que tenéis lugar, recibáis
«buen consejo, antes que venga tiempo en que no lo
apodáis haber. E yo de parte de Su Alteza os ofrez-
»co, que si luego, quito todo rigor de armas, entre-
«gais esta cibdad, todos los que estáis en ella seréis
aguardados como sus subditos , é conservados en
«vuestra ley y en vuestra libertad, y en la posesión
3)de vuestros bienes, como lo facen á los que de su
«grado se han puesto en sus reales manos. E de
3>esto vos é los de Baza podéis ser seguros, pues la
«experiencia vos ha mostrado , que ni ellos men-
«guan punto de su palabra, ni yo por cierto seria
3>medianero de cosas fingidas. E si todavía delibe-
«ráredes continar en vuestra pertinacia^ considerad
jagora, buen caballero, qüanto 08 será «argo las
«muertes, captiverios y estragos que daríades á la
«cibdad de Baza, que tanta honra ó bienes vos ha
«dado. )> Oidas por el Caudillo las razones que el
Comendador mayor le fizo, respondió que le placía
mucho de su f abla, é mucho mas de su conocimien-
to. Porque como había creído del ser caballero es-
forzado, ansí seria verdadero en sus palabras, e
que tenia en merced al Rey é á la Reyna el ofreci-
miento de seguridad que embiaba á él á á la cibdad
de Baza. Pero porque convenía comunicarlo con
los cibdadanos é viejos de la cibdad, habida esta
comunicación , respondería la final conclusión de
lo que acordasen.
CAPÍTULO CXXIII.
De la consulta que ovieron el Rey Moro é los de Gnadlx, para qi»
entregasen la cibdad de Baza.
El Caudillo de Baza después que oyó las razones
que el Comendador mayor de León le dixo, tomó,
según habemos dicho , término para deliberar con
los viejos é cibdadanos, é con los capitanes que con
él estaban, lo que debían facer. Los quales acorda-
ron, que debían embiar al Rey moro que estaba en
Guadix, á le notificar, que ni en la cibdad habia
mantenimientos para se sostener, ni en el real de
los christíanos había mengua dellos porque se de-
biese alzar , ni menos se alzaría por ser constreñi-
dos de la fortuna del invierno por las muchas casas
que los christíanos tenían fechas é de nuevo todos
los dias facían, para que, defendidos de las fortunas
del tiempo, pudiesen durar en aquel sitio. E para le
notificar estas cosas , el Caudillo embió al alcayde
de la cibdad de Baza, el qual dixo al Rey Moro el
estado en que estaban los de la cibdad, é las men-
guas que tenían de lo necesario, las quales cada día
crescian, é como en seis meses que habían sofrido
el cerco que sobre ellos estaba, faltaba mucha de la
gente que habia entrado en la cibdad' para la defen-
der dellos muertos, é dellos ferídos, é muchos que
estaban enfermos. Ansímismo les f aüecian las ar-
mas é pólvora , é otros pertrechos necesarios á la
defensa , é que para se reparar de todo esto, les era
necesario socorro de gente. Porque según Dios sa-
bia é á los homes era manifiesto , el Caudillo é ca-
pitanes, é otras gentes que en aquella cibdad en-
traron, habían fecho fasta aquel tiempo todo su
poder para la defender con las muchas peleas que
las noches é los días habían habido con los chris-
tíanos, las quales ya no podian continar por la fal-
ta de los muertos, é flaqueza de los que quedaban
vivos. Por ende, que si pensaba de los socorrer cou
tanta copiado moros que pediesen ' pelear con el
poder del Rey Don Fernando , todos los trabajos
habidos fasta aquel tiempo les serían alegres, sí de
los mayores ó mas peligrosos que cada hora recela-
ban los pediese salvar. E sí este socorro no podía
facer, le ploguiese dar tal consejo de salvación á la
gente de los moros, para que en lugar del giialar-
don que por sus loables trabajos habían merescidp,
DON FERNANDO
no oviesen la muerte é captiverio que recelaban.
Allende de esto le dixo, que debía considerar quan-
tas cibdades é villas de aquel Eeyno eran perdidas,
é quantos de sus moradores vencidos é captivos, los
campos destruidos, la caballería destrozada, las ri-
quezas del Reyno perdidas y enagenadas ; é que en
.^odas las cosas pasadas hablan experimentado la
ventura que siempre hablan fallado contraria.
El Rey Moro, oido lo que el alcayde de Baza le
dixo, quiso haber deliberación con los alfaquíes é
viejos de la cibdad de Quadix, sobre lo que debia
facer. E algunos ovo cuyo voto era, que debia re-
querir al pueblo de Granada que era grande ; por-
que vista la extrema necesidad en que estaban los
de Baza , se dispornian á tomar armas, é se junta-
rían con los de aquella cibdad de Guadix, é los unos
con los otros serian tan gran número, que los po-
drían socorrer. E que para facer este socorro se de-
bían disponer á todo peligro ; porque si la cibdad
de Baza se entregase á los christianos, todo el Rey-
no de Granada habrían en su poder, é los moros lo
perderían juntamente con la esperanza que tenían
de lo recobrar. Otros del pueblo, los mas principa-
les, decían que muchas veces habían requerido á
los de Granada , para que se juntasen con ellos á
socorrer á los de Baza ; é como quier que algunos
se disponían á lo facer, pero la mayor parte de la
cibdad por gozar de la seguridad que los christia-
nos les guardaban, eran negligentes, é ni se dispo-
nían á facer guerra, ni á se juntar con ellos á facer
aquel socorro ; é que los de Guadix no eran tantos
ni tales, para que solos lo pediesen facer. Por ende
dixeron, que debían los de Baza ganar seguridad
del Rey Don Fernando é de la Reyna Doña Isabel
para sus personas é bienes, é que les [debían entre-
gar las fuerzas de la cibdad.
El Rey Moro, oídas aquellas razones, é conside-
rando que quanto era grande su deseo , tan flaco
era su poder para facer aquel socorro, respondió al
alcayde de Baza que su voluntad no era que sofrie-
sen mas trabajos, ni esperasen mas peligros aque-
llos que con fazañas dignas de memoria los habían
sof rido tanto tiempo ; por ende, que fíciesen aquello
que á la guarda de sus personas é bienes entendie-
sen que debia ser mas cumplidero. La cibdad de
Guadix era grande é populosa , é como á noticia de
la comunidad vino el voto que algunos de los prin-
cipales habían dado para que la cibdad de Baza se
entregase, é como al Rey Moro f allescian las fuer-
zas del ánimo para sostener el señorío que perte-
nescia al título real que había tomado, é para reco-
brar lo que había perdido ; considerando que pues-
ta la cibdad de Baza en poder de los christianos, é
la cibdad de Guadix quedarían flacas fuerzas para
se defender, ó que les seria forzoso venir en poder
del Rey é de la Reyna; luego la gente común se
alteró, é la seguridad que de largos tiempos habían
gozado se convertió en tristeza , considerando como
habían de mudar la servidumbre que tenían anti-
gua, é venir nuevamente á subjecion de rey ageno
de su ley é de su lengua. E como quíer que algunos
É DOÑA ISABEL. 50Í
decían, que por la defensa de bu ley é de su liber-
tad debían tomar armas é poner en defensa ; pero
otros conoscida su flaqueza é la fuerza del Rey é
de la Reyna, decían que debían ponerse en la sub-
jecion de su imperio. E con esta diversidad de vo-
tos , ovo entre ellos grandes escándalos ; porque
privados del entendimiento con la súbita mudanza,
no pensaban tener lugar seguro, ni amigo cierto
que los amparase, ni sabían procurar paz, ni seguir
guerra, ni los consejos de sus mayores tenían auto-
ridad, ni con la turbación sabían discernir lo que
les seria mas seguro. E todos vagando acá é allá,
llenos de miedo, é privados de toda buena razón,
preguntaban si podían haber seguridad de la vida,
Conoscida por los principales de la cibdad aquella
confusión, con palabras de seguridad é de paz pro-
metieron de les haber toda libertad de sus personas
é pacífica posesión de sus bienes , é que permanes-
cerían en la ley de sus padres. E con estas prome-
sas, el pueblo que ligeramente se mueve á todas
partes, cesó de aquella alteración en que estaba.
CAPÍTULO CXXIV.
De la respuesta que el Caudillo de Baza dió al Comendador m»-
yor de León sobre la entrega de la cibdad de Baza.
Quando el Caudillo é capitanes de Baza fueron
informados por el alcayde de la respuesta que el
Rey Moro que estaba en Guadix le dió, la qual nin-
guna esperanza les ponía de socorro, embió á decir
al Comendador mayor de León, que le ploguiese ve-
nir á aquel lugar donde le había movido la prime-
ra fabla, é que le daría la final respuesta. El Co-
mendador mayor, consultando lo primero con el
Rey é con la Reyna, é habida su licencia, é asenta-
das las seguridades de la una parte é de la otra, se
juntó con el Caudillo , el qual le dixo : a Noble ca-
íballero, ni la mengua de nuestras provisiones, ni
)>la flaqueza de nuestros muros, ni menos la de los
«moros que los guardamos, nos constriñen á entre-
»gar al Rey Don Fernando ó á la Reyna Doña Isa-
»bel la cibdad de Baza ; pero muévenos la gran vír-
»tud é nobleza de su real condición , que pone vo-
wluntad é estos capitanes é á mí para gela entregar.
»E no solamente la habrá de mis manos , pero mo-
»vído con ferviente amor que tengo á su servicio,
«prometo á vos noble caballero tener tal manera,
«como sin trabajo ni costas las cibdades de Guadix
Dé de Almería sean entregadas en su poder : con
3)tal pacto, que los moradores dellas , viviendo so el
«imperio de su real señorío, puedan mantener la
«ley de sus padres, é morar en sus casas , é poseer
Dsus bienes. Otrosí habiendo de su real poderío la
ídef ensa ó seguridad que todo buen rey es obliga-
»do á facer á sus leales siervos , según que vos de
«parte de su grandeza lo ofrecistes. «
Esta respuesta dada por el Caudillo, é comunica-
da por el Comendador mayor con el Rey é con la
Reyna, agradescieron al Caudillo su buena volun-
tad é ofrescimiento, é prometieron de le facer mer-
cedes, é de recebír á él é á sus parientes en su serví-»
502
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cío. E luego mandaron pregonar por los reales se-
guridad de la una parte á la otra. Y el pacto de la
cibdad de Baza se asentó entre ellos en esta mane-
ra. Primeramente, que todos los caballeros é peones
que habían venido de fuera de la cibdad á la de-
fender, saliesen luego é la desasen libre, ó que po-
díesen ir seguros con sus armas é caballos á sus ca-
sas, ó á otros lugares que quisieren. Otrosí : que to-
dos los que moraban dentro de la cibdad de Baza
saliesen á morar en los arrabales ; é que si en ellos
no quisiesen morar, pediesen ir seguramente con
sus bienes á otras partes donde les ploguiese. ítem,
que los que quedasen moradores en los arrabales,
ticiesen juramento de ser buenos é leales siervos
del Rey é de la Reyna, é que guardarían su servi-
cio en todas cosas, é obedescerian sus cartas é man-
damientos, é lo que de su parte les mandasen sus
capitanes é alcaydes , é aquellos que tovieren su
poder. ítem, que acudirían al Rey é á la Reyna, é á
BUS rebcadadores é receptores, con todos los pechos
é tributos que acostumbraron antiguamente dar á
los Reyes moros. El Rey é la Reyna prometieron,
que guardando ellos lo que juraban, les conserva-
rían en la ley de Mahomad que mantovieron sus
padres, é los dexarían en el uso de sus leyes é fue-
ros, por donde según la costumbre de los moros
suelen ser juzgados é gobernados. Otrosí, de no les
facer, ni consentir que les sea fecha fuerza, ni ro-
bo, ni injuria ; é si alguno tentase de lo facer le
mandarían punir por justicia. Otrosí, que la cibdad
de Baza con su alcazaba se entregase al Rey é á la
Eeyna, ó á quien mandasen, dentro de seis días; en
los quales los moros ovíesen lugar de la desembar-
gar de todos sus bienes é cosas que en ella tenían.
E para seguridad que dentro deste término el Cau-
dillo é capitanes complirian este asiento, entrega-
ron al Comendador mayor quince mozos fijos del
Citudillo, é de los principales cibdadanos de la cib-
dad. Otrosí, el Caudillo y el alcayde, que vinieron
á entregar los rehenes, ficieron reverencia al Rey é
á la Reyna, é se ofrescieron de lo servir en todo lo
que les mandasen. Y el Rey é la Reyna los recibie-
ron por suyos, é les mandaron facer mercedes de
dineros, é ropas, é caballos é otras cosas
Sabido por los moros que moraban en las comar-
cas de Baza, como el Caudillo y el Alcayde de la
cibdad habían fecho partido con el Rey é con la
Reyna de ge la entregar, é habían recebído y espe-
raban recebir mercedes por la entrega que facían
luego los Alcaydes de Almuñecar é Tabernas, é to-
dos los que tenían cargo de fortalezas en las mon-
tañas que llamaban Alpuxarras, y en todas aquellas
sierras, les embiaron á decir, que ellos ansímesmo
ge las entregarían con sus fuerzas, faciéndoles sa-
tisfacion de los gastos é costas que en la guarda
dcllas habían fecho, é dándoles el seguro que daban
á los moradores que quedaban en los arrabales de
Baza para que viviesen en su ley y en sus facien-
das, quedando en la tierra por inndéxares. El Rey
é la Reyna, habido su consejo, aceptaron aquel
gfrescimiento, é respondieron que les placía de re-
cebir las fortalezas, é facer mercedes á los Alcay-
des, é dar el seguro que pedían para todos los que
moraban en aquella sierra, según lo habían dado á
los que de su grado se ofrescieron por sus siervos.
E luego vinieron los Alcaydes de las villas é forta-
lezas, é los viejos é alfaquíes de todos los lugares
que son en aquellas comarcas desde Almería fasta
Granada, á les entregar las fuerzas que tenían. El
Rey é la Reyna les ficieron mercedes de dineros á
cada uno, según la calidad de la villa ó fortaleza
que entregaban, é pusieron alcaydes en ellas. Y en-
tre los Alcaydes moros que vinieron á facer la en-
trega de los castillos que tenían, vino un moro que
se llamaba Alí Abenfahar, Alcayde de la villa é
fortaleza de Purchena; é díxo al Rey é á la Reyna :
«Yo, señores, soy moro é de línage de moros; é soy
«Alcayde de la villa é castillo de Purchena, que mo
«pusieron en ella para la guardar: vengo aquí ante
«Vuestra real Señoría, no á vender lo que no es mío,
«mas á entregaros lo que la fortuna fizo vuestro. É
«crea Vuestra real Magestad, que si no me enfla-
«queciese la flaqueza que fallo en los que me de-
«bian esforzar, que la muerte me seria el precio que
«recibiese defendiendo la fortaleza de Purchena, ó
«no el oro que me ofrecéis vendiéndola. Embiad,
«muy poderosos Reyes, á recibir aquella villa que
«vuestro gran poder fizo ser vuestra. Lo que supli-
»co á vuestro gran poderío es, que hayan en su en-
«comienda á los moros de aquella villa, é á los que
» moran en su valle, é los manden conservar en su
«ley y en lo suyo, é á-mí den seguro, para que con
«mis caballeros é cosas pueda ir á las partes da
«África.» El Rey é la Reyna oída la razón de aquel
moro, creyeron que fuese home leal, é notaron
aquel su propósito en el grado de virtud que se de-
bía notar. E como quiera que le ofrescieron merce-
des de oro é caballos como á los otros, no lo quiso
recebir. Y embiaron luego á recebir aquella villa á
Diego López de Ayala, uno de los capitanes que
andaban en su guarda, con las seguridades que se
entregaron todas las otras fortalezas. Otrosí, pasa-
dos los seis días del término asentado con el Cau-
dillo de Baza, luego entregó el alcazaba é la cibdad
al Rey é á la Reyna; ó pusieron en ella por capitán
á Don Enrique Enriquez, Mayordomo mayor del
Rey, el qual puso por Alcayde á Don Enrique de
Guzman, su primo, fijo del Conde de Alva de Liste.
Entregóse esta cibdad de Baza al Rey Don Fer-
nando é á la Reyna Dofia Isabel, á quatro días del
mes de Decíembre, año del nascímiento de nuestro
Salvador Jesu Christo de mil é quatrocientos é
ochenta é nueve años, habiendo estado cercada por
este Rey Don Fernando seis meses é veinte días.
Sacaron della el día que se entregó quinientos é
diez homes é mugeres é niños chrístianos que esta-
ban captivos é puestos en mazmorras. Otrosí el Car-
denal de España, que era Arzobispo de Toledo,
puso en aquella cibdad su Vicario; porque se falló
por Bula del Papa, que antiguamente era la cibdad
de Baza de diócesi de Toledo.
Fecha Ja entrega do la cibdad de Baza é de las
DON FERNANDO
villas de Purchena é Tabernas, é de las Alpuxarras
é de Almufiecar, é de todas las otras comarcas, el
Caudillo de Baza, que era ya subdito del Rey é de
la fioyna, é le habían mandado asentar sueldos é
acostamiento cada año como á su vasallo, fué á la
cibdad de Guadix, é dixo al Rey moro que pues
habia visto que la fortuna era contraria á los de
aquel Reyno, é de dia en dia conoscian mas como
en todas las cosas fallaban á Dios ayrado de tal
manera, que no les quedaban fuerzas ni esperanza
para recobrar lo perdido, que conformándose con
lo que veian ser ordenado de arriba, ficiese entre-
gar al Rey é á la Reyna las cibdades de Guadix é
Almería, pues veia claro que ni tenia, ni esperaba
tener fuerzas para las defender al poderío grande
de sus gentes; é que considerase bien la gente ó
provisiones que la cibdad de Baza tenia para se de-
fender, é fecho lo último de su poder, ni ellos, ni
los de la cibdad de Málaga pedieron haber otra
cosa, salvo trabajos é peligros; é que los unos que-
daron captivos, é los otros muertos é destruidos.
Díxole ansimesmo que la destruicion de la tierra se
debria sofrir quando habia alguna esperanza para
la recobrar; pero que quando esta no habia, á gran
crueldad le seria imputado, si no los podiendo re-
mediar, los consintiese destruir. E que no pensase
que recibía injuria en perder lo que poseía, pues ge
lo tomaba un Rey tan poderoso, á quien no podia
resistir.
Oídas por el Rey moro estas razones, é informa-
do como allende de la cibdad de Baza, todas las
otras fortalezas, é villas é lugares de la comarca se
entregaron al Rey é á la Reyna, veyéndose puesto
en aquella pena que sienten los Reyes, que ni á sí
pueden proveer, ni á los suyos remediar, respondió
al Caudillo que determinaba poner eu persona en
las manos del Rey é de la Reyna é de les entre-
gar las cibdades de Guadix é de Almería, para que
del é dellas dispusiesen lo que su real señoría tovíe-
se por bien. El Caudillo vino al Rey é á la Reyna á
les notificar como la voluntad del Rey Moro era de
poner á él é á toda la tierra que por él estaba so el
imperio de su real señoría, para que del é dellos
dispusiese lo que les ploguíese.
El Rey é la Reyna, oida la determinación del
Rey Moro, dixeron que ge lo agradescian, é que
lo mandarian tratar bien é honestamente é con toda
seguridad, según que á su persona pertenecía. E
luego partió el Rey de la cibdad de Baza, é fué
para la cibdad de Almería, E llegando bien cerca
de la cibdad, vino el Rey Moro; é vista la persona
del Rey, descavalgó del caballo para le besar la
mano. El Rey, guardando la preminencia debida al
título real que aquel Moro habia tomado, no con-
sintió lacerimonia que le quería facer, é rogóle que
tornase á cavalgar. El Rey Moro, cumpliendo lo
que el Rey quiso, é puesto en su caballo, se llegó á
él é le dixo : «¡Oh Rey vencedor! aunque he cometi-
»do contra tu servicio cosas que no eran de perdo-
í)nar, pero tu g^-an benignidad me dio aquella espe-
nranza do salvación que me quitó la ignorancia de
É DOÑA ISABEL. 503
»mís consejos. Verdad es, Rey poderoso, que qui-
ssiera é no pude defender la tierra de los moros do
»tu gran poder. Pero, pues plogo al soberano Rey
»de los Reyes escaparte con prosperidad de los pe-
»ligros que te rodearon en el cerco de Baza, bien
«parece que su voluntad fué en el cielo quitar esta
«tierra á mí é darla á tí. E por tanto he deliberado
»que hayas ganado á mí por vasallo, como ganaste
»la tierra por subdita. E porque tu misericordia
»creo será tan divina para perdonar como tu poder
»es grande para señorear, vengo ante tu real seño-
»ría por haber della no lo que mis deservicios me-
Brescen, mas lo que tu piedad acostumbra.» El Rey
provocado á piedad por las palabras humildes que
el Rey Moro dixo, é considerando la confianza con
que se ponía en sus manos, respondió que si esperi-
mentando sus fuerzas se falló vencido, esperimen-
tando agora su gracia, se fallaría vencedor, é la
ganaba del para la conservación de su vida é liber-
tad; é mandóle tratar bien é honestamente con toda
seguridad. E luego el Rey moro confiando en la
palabra que el Rey le dio, entregó todas las fuerzas
é puertas de la cibdad de Almería al Rey é á la
Reyna. Y encomendaron la guarda é capitanía de-
lla al Comendador mayor de León, el qual puso en
su lugar por Alcade á Don Pedro Sarmiento.
CAPÍTULO CXXV.
Como el Rey é la Reyna facron á la cibdad de Guadix, é la reci-
bieron, é otros lugares de moros.
Recebída por el Rey é por la Reyna la cibdad de
Almería, é fornecida de gente de armas é pertre-
chos é mantenimientos, é de las otras cosas necesa-
rias á la gente que en ella dexaron por guarda,
dieron luego seguro á todos los moros de la cibdad,
para que pudiesen vivir en la ley de Mahomad; é
prometieron que no les seria fecha fuerza ni agra-
vio en sus personas, ni en la posesión de sus bienes;
é que consentirían que fuesen juzgados por sus al-
caldes, según sus fueros é costumbres antiguas. É
los moros de la cibdad juraron por el Criador
alto é por la virtud del Alcorán, que serian leales
siervos é subditos del Rey é de la Reyna, é que
cumplirían sus cartas ó mandamientos, é las de
aquellos que su poder oviesen, é les acudirían cada
año con todos los derechos é tributos que son debi-
dos al Rey, según lo acostumbraban pagar á loa
Reyes de Granada. E que esto complirian cesante
todo engaño é pensamiento que lo pudiesen revocar.
Dado este seguro, é recebido este juramento de
los vecinos de Almería, el Rey é la Reyna, é coa
ellos el Cardenal de España, partieron de aquella
cibdad, é fueron para la cibdad de Guadix, é fué con
ellos á gela entregar el Rey Moro. E como llegaron
á la cibdad con toda su hueste, fueron recebidos
por los moradores della con buena voluntad. E no
embargante la enemiga que habia entre ellos é los
christíanos criada de largos tiempos, por las guer-
i'as é muertes é captiverios pasados de unos á otros,
pero visto que el Rey é la Reyna con gran diügen-
504
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cia mandaban gaardar bus personas é caBas é cam-
pos, é que los cercos, muertes é destruiciones que
otros moros padecían y ellos recelaban, geles con-
vertía en paz é seguridad; como gente libre de mie-
do, ovieron tan súbito gozo, que loaban al Rey é á
la Reyna, y ensalzaban sus personas diciendo tener
entendimiento é fuerzas divinas, é que sus cosas
eran por mandamiento de Dios fecbas; é mostraban
placer por ser puestos so el yugo de su servidum-
bre. É luego el Rey Moro entregó al Rey é á la
Reyna el alcazaba é todas las fuerzas, é torres é
puertas de la cibdad de Guadix; é dieron la tenen-
cia de la fortaleza é la capitanía de aquella cibdad
á Don Hurtado de Mendoza Adelantado de Cazorla.
Los caballeros é gente de la hueste, visto como se
tomó la cibdad de Baza, é que se habían entregado
al Rey é á la Reyna Almería é Guadix, cibdades tan
populosas é grandes, ó las otras villas é castillos é
tierras llanas, é las montañas que son desde Alme-
ría fasta la cibdad de Granada, sin las muertes ó
trabajos é gastos é dilación de tiempo que se espe-
raban de Bof rír antes que se pudiesen ganar, fueron
maravillados, é creían proceder por voluntad divi-
na, pues pensamiento humano no pudiera imaginar
que tan fuertes cibdades se pudieran en largos
tiempos haber sin grandes trabajos ó industria de
bornes.
Entregadas aquellas cibdades é sus tierras, luego
los alcaydes moros que tenían las villas é fortalezas
de Salobreña é Almuñecar, é todas las otras villas
é castillos é fortalezas de los moros que quedaban
por ganar en el Reyno de Granada, vinieron de su
voluntad é las entregaron al Rey é á la Reyna; los
quales pusieron en ellas sus alcaydes é gentes que
las guardasen. É porque si echasen de las villas
cercadas á los moros que las moraban, creían que
la tierra se despoblaría, ovieron consejo de dexarlos
en ellas por mudéxares con sus mugeres é fijos é
bienes. Los quales ficieron al Rey é á la Reyna se-
guridad é juramento según bu ley, de ser sus leales
subditos é vasallos, é de no rebelar contra sus man-
damientos, ni dar favor, ni ayuda ni avisar por nin-
guna via que fuese al Rey é moros de Granada, ni
á otros algunos contra el servicio del Rey é de la
Reyna. Otrosí ficieron merced ál Rey viejo de cier-
tos lugares de tierra de moros en que pudiese estar
é de toda lo renta dellos con que se pudiese soste-
ner. Y este Rey Moro lo recibió; é dende á pocos
dias, dexada la tierra que le habían dado, se pasó
allende la mar á los Reynos de los moros que son
en África, con pensamiento que ovo, pues ya no
podía ser Rey de aquel Reyno, no quería estar en
tierra donde lo había seydo é no tenia esperanza de
lo ser.
CAPÍTULO CXXVI. .
De las eosas qne pasaron con el Rey Moro que estaba en Grana-
da, después que fueron tomadas las cibdades de Baza, é Gua-
dix, é Almería.
Según habernos recontado, el Rey que estaba en
la cibdad de Granada, después que mediante los
favores que ovo del Rey é de la Reyná fué récebido
por Rey en aquella cibdad, é siempre estovo en ella
á su servicio, porque él é los moradores della goza-
ban del seguro que les habían dado, con el qual te-
nia la libertad de salir fuera é facer sus labores ea
el campo, é andar libremente con sus negociaciones
por todas las partes de Castilla, este Rey de Grana-
da había fecho partido con el Rey é con la Reyna,
que tomadas las cibdades de Baza é Guadix é Al-
mería les entregaría dentro de cierto tiempo la cib-
dad de Granada con su Alhambra é Alcazaba, é con
todas sus fuerzas é torres é puertas, dándole para
donde estoviese con sus mugeres é fijos ciertos lu-
gares de tierra de moros. Después que fueron toma-
das las cibdades de Baza é Guadix é Almería, é to-
das las tierras é castillos de aquel Reyno, el Rey é
la Reyna le embiaron á requerir que entregase la
cibdad de Granada al Conde de Tendílla con otros
BUS capitanes é gentes dentro del tiempo que estaba
obligado, é que ellos le mandarían dar las villas,
tierras é rentas que le habían prometido. Este Rey
Moro respondió que aquella cibdad era muy grande
é populosa, é que allende de sus moradores natura-
les, se habían recogido á ella otras muchas gentes
del Reyno de Granada, entre los quales había tal
división de votos é intenciones diversas, que no po-
día buenamente complir lo que había prometido,
dentro del tiempo que era obligado. É por esta cau-
sa, el Rey é la Reyna acordaron de facer nueva con-
veniencia con él, conviene á saber, de le facer mer-
ced de otros lugares donde estoviese con la renta
dellos para su mantenimiento; é que dentro de cier-
to tiempo les entregase la cibdad de Granada con
sus fuerzas. É porque la gente de aquella cibdad
era mucha, é no se podría señorear con gran gente
de chrístianos, aunque fuesen apoderados en laa
fuerzas é torres della, el Rey é la Reyna acordaron
de pedir las armas ofensivas é defensivas de los
moros que estaban en la cibdad, ansí de los natura-
les, como de los que de nuevo estaban en ella.
Otrosí, demandaron que dexasen libres ciertas ca-
sas que son en algunos lugares los mas fuertes do
la cibdad, para que las morasen chrístianos, porque
los capitanes é gentes puestos por el Rey é por la
Reyna en la cibdad la pudiesen mas seguramente
señorear. Los moros de la cibdad , vistas aquellas
demandas, como quíer que algunos homes pacíficos
á fin de vivir en paz é seguridad, quisieran otorgar-
las, pero algunas otras gentes de guerra no consin-
tieron que se otorgase aquel partido. Y el Rey Moro
que estaba apoderado en Granada, ansí porque el
Rey é la Reyna no le quisieron dar la tierra que él
demandaba, como porque fué inducido é traído á
rebelión por algunos caballeros moros que estaban
con él en la cibdad, mostró desobediencia contra el
Rey é contra la Reyna; é comenzó á facer guerra á
los chrístianos, é tomó la fortaleza del Padul, é al-
gunas otras torres é fuerzas que estaban en poder
de los chrístianos cercanas á la cibdad de Granada.
Visto por el Rey é por la Reyna como el Rey é los
moros de Granada habían tomado propósito nuevo
CON FERNANDO
rebeUndo contra ellos, mandaron fomescer de gen-
tes é de las otras cosas necesarias las fortalezas de
Alhendin é Moclin, ó Montefrio, é Colomera, é lUo-
ra, é Alcalá la Beal, é Loxa, é todas las otras que
habían tomado, y estaban en circuito de la cibdad
de Granada; de las quales continamente se facia
guerra por los christianos á los moros de Granada,
é por los moros á los christianos.
CAPÍTULO CXXVII.
Sígnense las cosas que pasaron en el año de mil é quatrocientos
é noventa afios. É primeramente como el Rey é la Reyna man-
daron entender en la justicia del Reyno.
El Rey é la Reyna, que estaban en la cibdad de
Córdoba, acordaron de ir á tener el invierno deste
año á la cibdad de Sevilla. E como fueron en aque-
lla cibdad, luego entendieron en la justicia del Rey-
no, según lo facian los afios pasados. Y embiaron
á todas las cibdades pesquisidores con sus poderes
bastantes, para tomar la residencia á los corregido-
res, é á los alcaldes é alguaciles y escribanos, é á
los otros oficiales que hablan tenido cargo de ad-
ministrar la justicia é inquirir si hablan errado en
algunas cosas de las que hablan jurado de guardar
é administrar, al tiempo que recibieron el cargo del
corregimiento. E si se fallaban haber incurrido en
algunas dellas, eran traídos á la corte; é les era de-
mandado por el Rey é por la Reyna en su consejo
razón de sus negligencias é yerros; é penaban á los
que fallaban culpantes, faciéndoles restituir con las
setenas lo que indebidamente hablan llevado, A
otros desterraban, ó á otros inhabilitaban para que
dende en adelante no pudiesen usar oficios públi-
cos; é á cada uno daban la pena según la calidad
del yerro que habia cometido.
CAPÍTULO CXXVIII.
De los embaladores que vinieron de parte del Rey de Portogal á
demandar por esposa para su fijo á la Infanta Doña Isabel.
Estando el Rey é la Reyna en la cibdad de Sevi-
lla, el Rey Don Juan de Portogal les embió sus em-
baxadores un caballero que se llamaba Don Her-
nando de Silveyra, é un dotor su Chanciller mayor.
A los quales el Rey é la Reyna mandaron recebir é
tratar honorablemente; é después de algunos dias
pasados propusieron en su consejo la embaxada que
traian en cargo. El efecto de la qual era contarles
los grandes é cercanos debdos de sangre que tenia
el Rey de Portogal con el Rey é con la Reyna; otro-
sí, la amistad que por la gracia de Dios se habia
celebrado entre ellos, é la paz que se habia guar-
dado entre los subditos é naturales de la una parte
é de la otra. É dixeron que porque el debdo que
entre ellos habia se renovase, y el amor se acrecen-
tase, venían por mandado del Rey su señor, á les
rogar que les ploguiese dar la Infanta Doña Isabel,
su fija mayor, por muger para el Príncipe Don
Alonso, su fijo primogénito heredero de su Reyno;
porque en este matrimonio entendían que Dios seria
É DO^A ISABEL, S05
servido, é las partes habrían aquella utilidad que
de tan bueno é loable yuntamiento se suele seguir.
Después que estos embaxadores ovieron propuesto
su embaxada, el Rey é la Reyna quisieron haber
su consejo con el Cardenal de España, é con los
Duques é Condes é Perlados é Doctores que residían
en su consejo; los quales, después que sobre esta
materia platicaron algunos dias, acordaron que, pues
muchas veces los Reyes é Príncipes destos sus Rey-
nos se hablan juntado en debdo matrimonial con
los de la sangre real de aquel Reyno de Portogal,
por ser tan vecinos de Castilla, este matrimonio que
el Rey de Portogal embiaba á pedir, se debia otor-
gar, por la paz é otras utilidades que dello se po-
drían seguir. Fecha esta deliberación, é habido el
consentimiento para que este matrimonio se con-
cluyese, aquel caballero Don Hernando de Silveyra,
á quien el Príncipe de Portogal embió con su poder
para se desposar con la Infanta, se desposó con
ella. Y en aquellos dias que este desposorio se cele-
bró, que fué en el mes de Mayo (1) deste año de
mil é quatrocientos é noventa afios, se ficieron en
aquella cibdad de Sevilla muy grandes fiestas é tor-
neos é grandes alegrías. É porque esta Infanta era
la fija mayor é la primera que el Rey é la Reyna
casaban', aquestas fiestas que se ficieron duraron
quince dias, é fueron muy ricas é sumptuosas, don-
de el Rey é la Reyna ficieron muy grandes gastos.
Otrosí los Duques é Condes é Caballeros que fueron
á ellas presentes, ficieron grandes arreos é vestidu-
ras de brocados de sus personas, é también de los
caballeros é pages de sus casas que los acompaña-
ban. Ansimesmo vinieron á estas fiestas muchos ca-
balleros é fijos-dalgo de los Reynos de Aragón, é
Valencia, é Cataluña, é del Reyno de Sicilia, é de
las otras islas é señoríos del Rey é de la Reyna, ar-
reados de vestiduras de paños de oro, é cadenas é
collares de gran precio. É los caballeros castellanos
que eran continos en la casa del Rey é de la Reyna
en número de cien mancebos fijos-dalgo, fueron
arreados de vestiduras brocadas, é chapadas, é bor-
dadas de oro é de plata; é ningún caballero ni fijo-
dalgo ovo en aquellas fiestas que pareciese vesti-
do, salvo de paño de oro é seda. Otrosí la Reyna
salió á las justas é otras fiestas que se ficieron en
aquellos quince dias vestida de paño de oro; é
salieron con ella é con esta Princesa de Portogal
Infanta de Castilla fasta setenta damas de los ma-
yores señores de España, vestidas de pafios broca-
dos, é todas con grandes arreos de cadenas é co-
llares é joyeles de oro con muchas piedras precio-
sas, é perlas de gran valor. É para las justas que
duraron estos quince dias se fizo un campo grande
fuera de la cibdad, la tela de pafio de seda; é fueron
fechos cien cadahalsos, cinqüenta de la una parte
de la tela, é cinqüenta de la otra parte, donde
estoviesen las damas, é todos los otros señores que
(1) El Cura de los Palacios y Gerónimo Zurita señalan el des-
posorio de esta Princesa en Domingo de Quasimodo, que fué á 18
de Abril. Bernald,, Historia de los Reyes Católicos, MS., cap. 8a.
Zurita, Anales, Lib. KX, cap. 84.
506 CEÓNICAS DE LOS
vinieron á aquellas fiestas. É todos estos cadahalsos
eran cubiertos de tapicería é de paños de oro é de
seda. En estas fiestas fueron fechos grandes gas-
tos, ansí por el Key como por los Duques é Condes
é grandes señores é cahalleros que continaban en
la corte, é otros muchos que vinieron de otras par-
tes, é ansimesmo por la Eeyna, é las Duquesas é
Condesas, é otras señoras é dueñas que allí vinie-
ron; en lo qual todos mostraron grandes riquezas
é grande ánimo para las gastar.
CAPÍTULO CXXIX.
Como se celebraron las bodas entre el Principe de Portogal é la
Princesa Dofia Isabel , Infanta de Castilla.
Concluidas estas fiestas, ó asentadas las cosas que
se habían de complir, ansí por parte del Príncipe
de Portugal, como por parte de la Princesa su espo-
sa, acordaron que se celebrasen las bodas entre
ellos para el raes de Noviembre siguiente. El qual
asiento fecho, el Rey é la Reyna mandaron expedir
aquellos embaxadores Portogueses, é remunerarlos
magníficamente con sus dones de oro é de plata ó
brocados é caballos. É para celebrar aquellas bo-
das, el Rey é la Reyna mandaron aderezar las cosas
que se requerían, en las quales quisieron mostrar
la grandeza de sus ánimos, é abundancia de sus
Reynos é señoríos; porque allende de la suma de oro
que le dieron en dote, según lo que se acostumbraba
dar en casamiento á las Infantas de Castilla, el Rey
é la Reyna le mandaron dar quinientos marcos de
oro é mil marcos de plata, quatro collares de oro
con muchas perlas é piedras preciosas é otras cade-
nas é joyeles de gran valor. Otrosí le dieron muchos
paños de tapicería de oro é seda, é veinte ropas de
paño brocado de diversas colores, é otras quatro
ropas de hilo de oro tirado, é otras seis ropas de
sedas bordadas con perlas é chapadas de oro; lo
qual todo se estimó en cien mil florines de oro.
E allende desto le dieron ropa blanca de lino é de
tanto valor, que ansí en esta ropa blanca do había
cinqüenta camisas labradas de hilo de oro é de seda
como en todas las otras cosas que se ficieron para
el arreo de su persona, fué estimado en veinte mil
florines de oro. E para el tiempo que fué asentado
el casamiento, el Rey é la Reyna rogaron al Carde-
nal de España que acompañase á la Princesa fasta
la poner dentro en el Reyno de Portogal; é quando
la Princesa partió de la cibdad de Córdoba, fué
acompañada del Cardenal. Otrosí fueron con ella
Don Alonso de Cárdenas, Maestre de Sanctiago, é
Don Juan de Zúñiga, Maestre de Alcántara, é Don
Rodrigo Alonso Pimentel, Conde de Benavente. é
Don Alonso Suarez de Figueroa, Conde de Feria, é
Don Luis Osorio, Obispo de Jaén, é Rodrigo de
Ulloa, Contador mayor del Rey, é otros muchos
caballeros é fljos-dalgo continos de la casa del Rey
é de la Reyna, en niimero de mil é quinientas ca-
valgaduras. Los quales la acompañaron fasta el rio
de Caya, que parte término entre Castilla é Portu-
gal, é allí vinieron á la recebir do mano del Oarde-
REYES DE CASTILLA.
nal, é de los Maestres é Condes é Caballeros qu6
con ella iban, Don Manuel Duque de Viseo, primo
del Rey de Portogal, é los Obispos de Ébora é
Coimbra, y el Conde de Monsante, y el Conde de
Marialva, é otros muchos Caballeros fijos- dalgo del
Reyno de Portogal, vestidos de vestiduras brocadas
con grandes arreos. É después de las saludes que
allí en el campo el Duque presentó á la Princesa
de parte del Rey de Portugal, é de parte del Prín-
cipe su esposo, la tomó por la rienda, é acompañada
de aquellos Condes é Obispos é otras muchas gentes
del Reyno de Portogal que vinieron á la recebir,
entró en el Reyno de Portogal, é con ella el Conde
de Feria, y el Obispo de Jaén, é Rodrigo de IJlloa,
é otros muchos Caballeros fijos-dalgo de Castilla
que la fueron á servir en aquella jornada, é fué
para la cibdad de Ébora, donde el Rey de Portogal
y el Príncipe su fijo la salieron á recebir con muy
grande é solemne recibimiento, é todos los Perlados,
é condes é Caballeros é dueñas, é generalmente to-
dos los estados de Portugal. É celebraron en aque-
lla cibdad las bodas con gran solemnidad, é ficieron
grandes fiestas, justas é torneos que duraron treinta
días; é para lo que se requería á estas fiestas, ansí
el Rey de Portogal como todos los señores princi-
pales, é otras gentes de su reyno, ficieron grandes é
muy costosos aparejos en los edificios do se ficie-
ron las fiestas, y en los recebimientos grandes é
juegos que para ello se aderezaron ; é otrosí en loa
muchos paños de brocados, é sedas, é guarniciones
que ficieron para arreos de sus personas, y en las
dádivas que dieron. Lo qual todo fué tan por ex-
tremo, que queriendo los Portogueses emparejar
con la grandeza de los Reynos é señoríos del Rey
é de la Reyna, paresció tener mayor ánimo para
gastar, que bastaba su facultad para lo que gasta-
ban.
CAPÍTULO CXXX.
De la tala que el Rey fizo este afio en la vega de Granada.
Concluidas las fiestas que se ficieron en la cibdad
de Sevilla á los desposorios de la Infanta Doña Isa-
bel de Castilla, Princesa de Portogal, é despedidos
los embaxadores que habían venido sobre esta ma-
teria, luego el Rey é la Reyna partieron de aquella
cibdad, é vinieron á la cibdad de Córdoba, donde
informados, como muchas quadrillas de moros sa-
lían de la cibdad de Granada é andaban sueltos, é
como Almogávares robaban en los caminos é facían
saltos por diversas partes, guerreando á los chris-
tianos é á las villas é tierras que estaban por ellos,
acordaron de acrecentar la gente de guerra, para
que estoviesen en los lugares cercanos á la cibdad
de Granada; y encomendaron la capitanía mayor
de toda la frontera á Don Iñigo López de Mendoza,
Conde de Tendilla, el qual con la gente de todas
las capitanías, fué á la cibdad de Alcalá la Real, é
repartió los capitanes que estaban en su goberna-
ción por todas las villas é castillos que estaban mas
cercanos á la cibdad de Granada, para resistir las
DON FERNANDO
guerras que los moros de la cibdad salían á facer.
Con los quales se ovieron recuentros é peleas, donde
'algunas veces fueron vencedores los christianos, é
otras veces los moros. É como el tiempo vino, en
el qual entendieron que se debia facer la tala de
JloB panes que estaban sembrados en la vega, y en
circuito de la cibdad de Granada; el Rey é la Rey-
na mandaron llamar los caballeros é gentes de
guerra de toda el Andalucía. Los quales con la
gente del Cardenal de España é del Duque de Me-
dinasidonia é del Marqués de Cáliz é del Conde de
Uruefia, é del Conde de Cabra, é^ de Don Alonso de
Aguilar, é de los otros caballeros de las cibdades
é villas é tierras de aquellas comarcas, vinieron
fasta en número de cinco mil homes de caballo, é
veinte mil peones. El Rey, acompañado destas gen-
tes, entró en la vega de Granada para talar los pa-
nes que estaban en el circuito de la cibdad, é lle-
vando su hueste por jornadas é lugares mas seguros,
llegó á la vega de Granada, é mandó facer la tala.
É los moros , visto que los christianos les talaban
los panes é las otras frutas que tenian, salieron de
la cibdad; é repartidos por quadrillas, teniendo ma-
yor confianza en sus engaños, que en la fuerza de
BU gente, se pusieron en lugares mas seguros para
lo resistir. É porque los christianos se llegaban á
talar los panes é otros frutos mas cercanos á la cib-
dad, los moros trabajando por defender, é los chris-
tianos por ofender, en treinta dias que duró aquella
tala ovo grandes escaramuzas, donde murieron mu-
chos de los unos é de los otros. En estas escaramu-
zas caian y eran feridos mas de los christianos que
de los moros , porque les con venia pelear tanto con
la dispusicion del lugar como con la fuerza del ene-
migo, que sabia é se ponia en los lugares mas se-
guros.
Considerado por el Rey que en aquellas peleas
los christianos habrían menor provecho seyendo
vencedores, que los moros podrían haber daño se-
yendo vencidos, por la dispusicion de los lugares
do peleaban, mandó retraer sus gentes. E fuéles
amonestado por el Rey é por los capitanes, que fi-
ciesen la tala, y estoviesen quedos sin salir á las
escaramuzas que los moros todas horas movían por
el inconviniente que dello se seguía. Murió en una
destas escaramuzas un caballero hermano del Mar-
qués de Villena, que se llamaba Don Alonso Pa-
checo, é otro capitán, que se llamaba Esteban de
Luzon; y el Marqués peleando fué ferído de una
lanzada que le pasó el brazo derecho. Otros algu-
nos de su capitanía fueron feridos é muertos; é
oviera mayor daño en los christianos, salvo por la
osadía y esfuerzo de algunos caballeros, que of res-
ciéndose á la muerte por haber fama, entraban á
socorrer á los christianos en lugares peligrosos do
se habían metido. En estos días que duró la tala, se
talaron todos los mas panes que los moros tenían
sembrados en la vega de Granada, é los que se pe-
dieron talar de los que estaban mas cercanos á la
cibdad. Fecha aquella tala, el Rey dexó gente por
fronteros en todas las villas é castillos que estaban
É DOÑA ISABEL. 507
en el circuito de Granada ; é mandóles que estovie-
sen á la gobernación del Marqués de Villena, á
quien había dado cargo de la capitanía mayor de
la frontera, é volvió para la cibdad de Córdoba.
Desta tala los moros quedaron menguados de lo
necesario; pero como son gente que se sostienen con
poco mantenimiento, é se proveían de las gentes
que moraban en las sierras que son de la otra parte
de Granada ; permanecían en su rebelión, é no da-
ban fabla, ni oían trato ninguno, que fuese para
entregar la cibdad (1). A esta tala vino la Reyna
Doña Isabel y el Príncipe Don Juan, é la Princesa
de Portogal sus fijos; é quedaron en Modín la Rey-
na é la Princesa. Y el Príncipe Don Juan fué al
real, donde fué armado caballero junto á la acequia
gorda; é fueron sus padrinos el Duque de Medina-
sidonia y el Marqués de Cáliz, estando el Príncipe
y el Rey su padre, que lo armó caballero, caval-
gando. El Príncipe armado caballero, armó caballe-
ros aquel día á fijos de Señores; el primero fué Don
Fadrique Enriquez, fijo del Adelantado Don Pedro
Enriquez, que fué después Marqués de Denia, é á
otros. Duró esta tala doce días. Vino á servir al
Rey aquel Caudillo de Baza con ciento é cínqüenta
de caballo, y el Alguacil de Baza, vasallos del Rey;
é tomaron el mas peligroso lugar; é tomaron la
torre de Román que está dos leguas de Granada, é
ciertos moros que en ella estaban, con cierto enga-
ño. Ansimismo vino á servir al Rey el Rey que ha-
bía seydo en Guadix con docíentos de caballo, que
ansimesmo eran vasallos del Rey.
CAPÍTULO CXXXI.
Como los moros tomaron el castillo de Alhendin é lo derribaron;
é tomaron otras dos fortalezas, é cercaron la vüla de Salobrefia.
Fecha la tala que este año fizo el Rey en la vega
de Granada , é vuelto para la cibdad de Córdoba,
el Rey de Granada con ayuda y esfuerzo que le
dieron algunos de la cibdad é los que moraban en
las serranías que son á la parte de la sierra Nevada,
salió de la cibdad con mucha gente de moros á pié
é á caballo, é cercó el castillo de Alhendin, donde
estaba por Alcayde un caballero que se llamaba
Mendo de Quesada, con docíentos ó cínqüenta ho-
mes dispuestos é cursados en la guerra. Este casti-
llo de Alhendin, por estar muy cercano á la cibdad
de Granada, tenia á los moros tan encogidos, que
no osaban salir á facer las labores del campo, ni
tenían libertad de ir á otras partes que no fuesen
presos ó captivos, salvo si no saliesen tantos en nú-
mero que pediesen resistir á los que estaban en
aquel castillo de Alhendin. Los quales por manda-
do del Alcayde, é por sus propríos intereses, siem-
pre salían é se ponían en asechanzas, é captívaban
é mataban bien cerca de la cibdad á los moros que
salían della. Visto por los moros estos trabajos que
todas horas padescian de los que estaban en aquella
(1) A esta tala vino la Reyna. Todo esto que sigue tiasta el fia
del capítulo, no se lee en el MS. del Escorial.
505
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
fortaleza, é considerando como el Rey con toda su
hueste era vuelto á la cibdad de Córdoba, acordaron
de cercar aquella fortaleza, porque creyeron que la
tomarían antes que el Rey pediese volver con gente
á la socorrer. É puesto el real sobre ella, el Alcay-
de é los christianos que con él estaban, se pusieron
en defe'nsa, é pelearon con los moros, el dia que pu-
sieron el sitio; é otros seis dias continos, que no fá-
lleselo dia ni noche que cesasen entre ellos las pe-
leas por dos ó tres partes. Pero los moros, que eran
en gran número, é con los que todas horas sallan de
la cibdad de Granada, tenían gente para pelear los
unos entretanto que los otros descansaban, de ma-
nera que todas horas peleaban. Con estas peleas é
combates que los moros daban tan continos é pre-
surosos, los christianos cansados con el poco dormir,
é no teniendo espacio para comer, ni lugar alguno
para reposar, fueron constreñidos de se recoger á la
barbacana de la fortaleza, la qual les fué dos veces
entrada por los moros, é fueron echados della con
la fuerza y esfuerzo de los christianos. Al fin el
Alcayde, veyendo los muertos é feridos que tenia en
BU compañía, é que no podian defender la barrera,
acordó de la dexar, é defender una gran torre prin-
cipal, é los otros lugares que le parecieron defensi-
bles en la fortaleza. Los moros, visto que los chris-
tianos se hablan retraído, arrimaron á la torre prin-
cipal las mantas é bancos pinjados, é otros aparejos
que traian; é cavaron la torre, é pusiéronla toda en
cuentos. Venida la nueva deste cerco al Rey é á la
Rey na que estaban en Córdoba, luego mandaron
llamar gentes de pié é de caballo del Andalucía, é
de las comarcas. É como fueron juntos, partió el
Rey para socorrer los que guardaban aquella forta-
leza, é luego volvió para la cibdad de Córdoba, por-
que sopo una jornada antes que llegase, como el
Alcayde la había entregado á los moros ; porque
vido que los que le ayudaban, dellos eran muertos,
é dellos feridos, ó todos los otros estaban ya cansa-
dos de los continos combatos, que les fallescian las
fuerzas; especialmente porque vido que toda la tor-
re que defendía estaba puesta en cuentos de made-
ra, é los moros la querían poner fuego para la der-
ribar. Y el Rey Moro tomó por captivos al Alcayde
é á todos los que falló en la fortaleza , é fizóla derri-
bar por el inconviniente que se siguiria á los moros
si los christianos la tornasen á recobrar.
Después que los moros tomaron aquella fortaleza
é la derribaron , cobraron mayor ánimo para guer-
rear ; é salieron de la cibdad de Granada mucha gen-
te de pié é de caballo, é fueron contra otras dos for-
talezas que son entre la cibdad de Guadix é Alme-
ría, é la una se llama Marchena, é la otra Buluduy.
E porque los alcaydes que las tenían no estaban
bien proveídos de gente, ni de las otras cosas ne-
cesarias á la defender, los moros con los combates
presurosos que les dieron, ovieron lugar de las to-
mar, é llevaron captivos á los alcaydes é á los que
con ellos estaban. E como el Rey Moro se vido
victorioso por la toma de aquellas fortalezas, con-
siderando que no tenía puerto de mar por donde
pediese haber mantenimientos de África, acordó
de cercar la fortaleza de Salobreña, que es cerca de
la mar. E poniendo en obra este acuerdo, tornó á
salir de la cibdad de Granada con mucha gente de
pié é de caballo, é cercó aquella villa é su fortaleza.
(1) En este tiempo el Conde de Tendilla, que te-
nia á cargo la frontera de Alcalá la Real, ovo aviso
que eran entrados ciertos caballeros moros é cíent
peones, á correr á Quesada ; é salió al camino con
ciento é cinqüenta lanzas, é púsose en Barcina, tres
leguas de Granada, y esperó allí un día é una noche
en una celada. Los caballeros que estaban con él
querían que el Conde se fuese , con el qual nunca
lo pedieron acabar, fasta que sus guardas vinieron
dos horas antes que amaneciese , é ficieron lumbre
los moros en Poríate. E vinieron á decir al Conde
como venían los moros, y el Conde fizo cavalgar la
gente, é los moros que venían con muchos captivos
homes é mugeres, é muchas azémilas é joyas que
habían tomado de personas que iban seguras á
Baza, no se cataron fasta que el Conde dio sobre
ellos é los desbarató, é mató treinta é seis moros, ó
captivo cinqüenta é cinco ; é tomaron quarenta é
cinco caballos ensillados, é los otros se salvaron
por la noche é por la aspereza de la tierra. E ansí
el dicho Conde tornó á Alcalá la Real con los mo-
ros captivos, é los christianos é christianas libres.
Donde de toda la cibdad fué recebido con grande
alegría, é de su muger que le había venido á ver
este dia, á cabo de dos años que no le había visto,
la qual era fija del Maestre Don Juan Pacheco é de
Doña María Puertocarrero, Marquesa de Villena, su
muger.
Los moros que habían quedado por mudéxares
en la villa, pospuesto el juramento de fidelidad que
ficieron al Rey é á la Reyna, dieron lugar al Rey
Moro para que entrase en la villa, é ayudaron á los
moros con armas é viandas , é las otras cosas que
ovieron necesario para cercar la fortaleza. El Al-
cayde que en ella estaba, puesto por Francisco Ra-
mírez de Madrid que tenía el cargo principal de
aquella fortaleza, con otros algunos christianos que
entraron á le ayudar, se puso en defensa, é repartió
las estanzas en los lugares por donde los moros
querían combatir. Sabido esto por Don Francisco
Enriquez, tío del Rey, Capitán de la cibdad de Ve-
lez-Málaga, é por otros capitanes é alcaydes que
estaban en la comarca , vinieron para entrar en la
villa para la defender; pero no lo pedieron facer
por la multitud de les meros que por todas parteg
la tenían cercada. Visto por aquellos capitanes
christianos que no podían entrar en la villa, é que
eran pequeño número para pelear con los moros,
pusiéronse en una peña que estaba cercana á la mar,
donde ni los moros á ellos , ni ellos á los moros po-
dían facer dañe ; pero esfuerzaban á los de la for-
taleza diciéndoles que se detuviesen, porque presta-
(1) En esle tiempo. En el MS. del Escorial falta este suceso del
Conde de Tendilla ; y aunque se halla en el MS. del Señor Nava,
mas parece nota marginal, que verdadero texto de la Crónica.
DON FERNANDO
littente vemia el Hey á los socorrer. Y en aquella
manera los moros tovieron cercada aquella forta-
leza, combatiéndola por espacio de quince dias.
Sabido por el Rey como los moros tenian cerca-
da aquella villa , é que el Alcayde é los que con él
la guardaban estaban en muy grande aprieto por
los continos combates que los moros les daban,
partió de la cibdad de Córdoba con la mas gente
que pudo haber, é apresurando su camino, llegó cer-
ca de aquella villa por la socorrer. Sabido por el Rey
Moro como el Rey venia con gente en socorro, lue-
go alzó el real que tenia puesto , é volvió con toda
su hueste para la cibdad de Granada , é ansí quedó
aquella villa libre. Y el Rey é la Reyna ficieron
mercedes al Alcayde é á los que con él estaban é la
defendieron, por los trabajos que ovieron en la de-
fender, é porque fueron constantes contra los com-
bates que sufrieron, é miedos que les eran puestos
por los moros que los hablan cercado (1). E aquí
en esta fortaleza metió por un postigo el Alcayde
Pulgar en ella setenta homes. E habiendo falta de
agua, por mengua de la qual los moros la espera-
ban tomar, porque perdiesen aquella esperanza, los
fizo dende el adarve colgar un cántaro della ; y en
albricias del combate con que los amenazaban, les
dio una taza de plata ; que fué causa, que como los
cercados se esforzaron, los cercadores se alzaron.
CAPÍTULO CXXXII.
Como el Rey tornó á la vega de Granada, é fizo tala en los pani-
zos, y echó todos los moros de los lugares cercados.
Deseando el Rey é la Reyna dar fin á la conquis-
ta que principiaron del Reyno de Granada, man-
daron poner gran diligencia en las cosas concer-
nientes á la guerra ; é acordaron que se ficiese en
el mes de Septiembre deste año la tala de los pani-
zos que los moros tenian sembrados en circuito de
la cibdad. Habido este acuerdo , mandaron juntar
en la cibdad de Córdoba toda la gente de guerra,
ansí del Andalucía como de las provincias que son
comarcanas á ella. E como los capitanes con las
gentes de sus capitanías fueron juntos, el Rey par-
tió de la cibdad de Córdoba con sus batallas orde-
nadas ; é porque fué informado que los moros ha-
bían alzado el cerco que tenian puesto sobre la vi-
lla de Salobreña, volvió camino de Granada, é fizo
talaj los panizos que estaban sembrados en circuito
de la cibdad. Los moros, visto que les talaban los
mantenimientos, salieron de la cibdad á lo resistir;
y en quince dias que duró aquella tala, ovo algunas
escaramuzas, donde murieron é fueron feridos al-
gunos de los moros é de los christianos. Fecha la
tala, porque se sopo que los moros después que to-
maron laa fortalezas de Alhendin é Marchena y el
(1) E aquí en esta fortaleza. Desde estas palabras hasta el fin
del capítulo falU en el MS. del Escorial. Este Alcayde Pulgar es
el del Salar de quien se habló en el cap. 111, y cuent» él mismo
este suceso con alguna mas extensión en el Sumario de los He-
chos del Gran Capitán, pá{f. 11, aunque con la modestia de ocul-
tar sa Bombre.
É DO^A ISABEL. 5Ó9
Buluduy, cobraron ánimo para salir é combatir é
tomar otras fortalezas, otrosí porque fueron infor-
mados que algunos moros de los que habían dexa-
do que morasen en las cibdades de Baza, é Guadix
é Almería, trataban secretamente con el Rey Moro
de Granada que los viniese á socorrer, porque ellos
entendían tomar armas, é se alzar con aquellas cib-
dades é villas contra los que tenian las fortalezas,
las quales entendían con su esfuerzo combatir é to-
mar ; el Rey partió con toda su hueste, é fué para
aquellas partes. E mandó salir de aquellas tres cib-
dades é de sus arrabales, é de todas las otras villas
cercadas todos los moros é moras que en ellas ha-
bían dexado por mudéxares ; é díóles seguro para
que pasasen si quisiesen á las partes de África, ó
si quisiesen quedar con sus casas ó bienes en sus
reynos é señoríos, pudiesen morar en las aldeas ó
alearías, éno entrasen en cibdad ni villa cercada.
Los moros, visto el mandamiento del Rey, luego
desampararon sus casas, é dexaron libres todas las
cibdades é villas cercadas ; é dellos se pasaron á los
Reynos de África, é dellos fincaron en aquella tier-
ra, é moraron en las aldeas é alearías, que no tenian
cercas ni fuerza donde pudiesen rebelar, ni facer
daño á la tierra de los christianos. Con esto el Rey
remedió la tierra, é quedó segura ; porque los moros
cesaron de imaginar los insultos que deseaban fa-
cer morando en las cibdades é villas cercadas.
CAPÍTULO CXXXIIL
Como el Rey fué á Sevilla, é de allí fué á cercar á Granada qnan»
do la tomó (2).
Acabada la tala é de echar el Rey á los moros de
los lugares ya dichos, partió de Córdoba para Se-
villa ; y en el camino en la 'villa de Constantina
despidió á su fija la Princesa de Portogal. E desde
Sevilla partieron á once de Abril año de mil é qua-
cientos é noventa é un años , é con ellos el Principe
é las Infantas sus fijas. E la Reyna y el Príncipe é
sus fijas quedaron en Alcalá la Real, y el Rey fué á
veinte del dicho mes á poner su real á la cabeza de
los ginetes, y estovieron allí otro dia Jueves espe-
rando la gente. Otro dia Viernes fué al Val de Ve-
lillos, que es junto á la puente de Pinos, y el Sába-
do fueron á los Ojos de Huécar , que es una legua
de Granada, á do vinieron algunos moros de Grana-
da caballeros. E de allí esa noche el Marqués de
Villena con tres mil de caballo é diez mil peones
fué al Val de Lendin, que son unas aldeas que están
á la entrada de las Alpuxarras, á destruirlas, á do
suele haber cosas de mantenimientos para Granada.
E por miedo que no se juntase contra el Marqués
mucha gente de las Alpuxarras, movió el Rey á fa-
celle espaldas. E los de Granada salieron é dieron
(2) En el MS. del Escorial faltan los dos capítulos siguientes;
y á la verdad no parecen de Pulgar. Tal vez serán parte de una
Adición que sigue en varios MSS., y entre ellos en el del Señor
Nava. Aparte de la notoria diversidad del estilo, el Doctor Galin-
dez de Carvajal, que tuvo esta Crónica original en su poder, afir-
ma expresamente que Pulgar solo escribió hasta el año noventa.
t'refac, al Registro de las Jomadas de los Reyes Católicos, US.
510
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
eu los de la rezaga, los quales entraron con ellos en
escaramuzas, é fueron tan apretados los christianos
que ovieron de f uir, á do ovo de los moros algunos
muertos. El Rey llegó al Padul, á do falló que ya
venia el Marqués de Villena con su gente, los qua-
les como los moros del Val de Lendin estaban des-
cuidados, destruyeron nueve aldeas, é mataron mas
de quinientos moros , é traxieron grande presa, an-
sí de moros é moras, como de otras muchas cosas,
los quales llegaron al real Domingo en la noche.
Otro dia Lunes, el Rey determinó de destruir todos
los lugares que el Marqués habia comenzado á des-
truir, é otros que estaban mas adentro en las Alpu-
xarras. El Domingo en la noche vinieron de Grana-
da por la sierra mucha gente de pié é de caballo
con tres capitanes á ponerse en un paso, para que
la gente no pasase á las Alpuxarras. Otro dia Lunes
partió la hueste, é algunas gentes delante ; é fueron
á donde los moros estaban esperando á los christia-
nos, é pelearon con ellos, é los moros fueron f uyen-
do, quedando allí muertos mas de ciento , é á vida
tomaron setenta. Y el Rey pasó adelante, donde
quemaron é destruyeron las nueve aldeas, é otros
quince lugares mas, á donde murieron muchos mo-
ros é moras, é se captivaron muchos ; é traxieron
mucho despojo por ser la tierra rica, é después se
taló quanto habia sembrado en aquella tierra. El
dia de Sant Marcos volvió el Rey al Padul, y en to-
do esto no murió ninguno, salvo un page de la Rey-
na que se llamaba Avellaneda. Y el Rey volvió á la
vega, é asentó su real cerca de donde es oy dia
Santa Fé, que es cabe los ojos de Huócar, que fué á
veinte é seis dias de Abril ; el qual real no se levan-
tó fasta que se tomó é ganó la cibdad de Granada,
é duró el cerco ocho meses. En el qual tiempo se
taló todo lo sembrado é huertas que pudieron; é
tomó todas las aldeas que pudo á la redonda. Des-
que el real fué fortalescido, la Reyna con sus fijos
vino allí ; á los quales los mas de los Grandes sa-
lieron á recebir. Sábado á diez é ocho del mes de
Junio, fué la Reyna á mirar á Granada, é la cerca
que tenia, é con ella el Príncipe é la Infanta Doña
Juana, é fueron con ella mucha gente. E allegó á
una aldea que se llamaba la Zubia, que está junto á
la cibdad, é mandó poner mucha gente á la halda
de la sierra que está junto con el aldea, é otra gen-
te hacia la cibdad. La qual la Reyna se paró á mirar
desde una ventana de una casa de aquella aldea, y
embió á mandar que se escusase escaramuza, porque
no muriese gente, é no lo pudo escusar tanto que
no la oviese. E como los christianos que andaban
con ella eran muchos, para defender los otros ovo
de soltar la gente, é ñcieron retraer los moros fasta
la cibdad, é fueron tras dellos, é mataron mas de
seiscientos moros, é firieron é captivaron otros mu-
chos, que serian por todos dos mil, é tomáronles dos
tiros de pólvora que traían. Los moros quedaron
desta vez escarmentados, é no osaron salir tan suel-
tamente de allí adelante. La Reyna en aquella al-
dea fizo un monesterio de Sant Francisco.
Estando en el real, Jueves en la noche, á catorce
de Julio, la Reyna mandó & «na moza de cámata
quitar una vela de su tienda de una parte, é pasar-
la á otra, porque le estorbaba el dormir, é durmien-
do ella é todos los de su tienda, prendióse fuego á
la tienda de aquella vela, de cuyo fuego se encendió
mucha parte del real ; é salió la Reyna con mucho
peligro, y ella por una parte, y el Príncipe é la In-
fanta por otra, se acogieron á otras tiendas. Y el
Rey cavalgó con mucha gente, é salió fuera del
real hacia Granada, porque los moros no viniesen á
facer daño. En esta mesma noche se quemó la fe-
ria de Medina. Y esta tarde antes, corriendo el Prín-
cipe Don Alonso de Portogal un caballo en la ribe-
ra de Tejo estando en Santaren, tomó el caballo un
hombre entre las manos, que fué causa que el Prín-
cipe cayese ; é nunca f abló ni tornó en su sentido
fasta que murió, el qual era yerno del Rey é de la
Reyna. E al cerco de Granada antes que se alzase
vino la Princesa su muger, é posó en Santa Fé,
que ya estaba fecha. Pasado este fuego, ficieron to-
dos casas de texa , que parecía una cibdad con sus
calles ordenadas, é todas la cosas deseadas, en tan-
ta abundancia de sedas é paños ó brocados , é todo
lo demás, como si fuera una buena feria. Después
se fizo Santa Fé, la qual ficieron las cibdades é los
Maestrazgos, é cada uno puso su letrero de lo que
fizo, lo qual fué parte de dexar guarniciones de
gentes sobre Granada, la qual ficieron á la forma
de Villa-Real, que es una villa cabe Vallado , que
se fizo para lo mesmo con sus calles derechas , é
quatro puertas una enfrente de otra muy fuertes.
En el mes de Deciembre, no teniendo sino muy po-
cos mantenimientos los de la cibdad de Granada,
demandaron partido, la fabla de lo qual duró trein-
ta dias ; y en los treinta de Deciembre entregaron
las fortalezas que el Rey Moro tenia, que la princi-
pal es el Alhambra, al Rey Don Hernando é á la
Reyna Doña Isabel ; con tanto que todos quedasen
en su ley y en sus faciendas é otros muchos capí-
tulos. E también los moros otorgaron otros ; y en
rehenes que complirian lo de las fortalezas, é que
darían las armas que toviesen, dieron á muchos
principales de la cibdad.
Un moro loco andaba por las calles de la cibdad
alborotando el pueblo para que el partido no se
ficiese ; con el qual se juntó tanta gente, que el Rey
Moro no osaba salir. E ansí otro dia Sábado mandó
llamar á los de su consejo, é á los que habían fecho
aquel alboroto ; é diciéndole ellos lo acontecido, les
dixo tales palabras con que los amansó , diciendo
que ya no era tiempo de facer tal movimiento, pues
ya no tenían con que se poder sostener ; ó lo otro
por las rehenes que estaban dadas, de donde ge les
siguiria mas cierto el daño que el remedio, pues de
socorro no tenían esperanza. E dicho esto se volvió
al Alhambra, las quales fortalezas estaban asenta-
das que se entregarían el dia de los Reyes. Y el Rey
Moro escribió al Rey que él compliría lo asentado,
no embargante el alboroto, é que abreviase el tiem-
po. E visto esto, el Rey é la Reyna , á dos dias de
Enero con toda la hueste del real partió la vía d^
í)ON FERNANDO
Granada. La Reyna y el Príncipe éla Infanta Doña
Juana se pusieron en un cerro cerca de Granada, y
el Rey con la gente junto de la cibdad , cabe el rio
Genil, á donde salió el Rey Moro, é le entregó las
llaves, é se quiso apear á le besar las manos. Y el
Rey lo uno ni lo otro no le consintió, é le besó en
el brazo, é dióle las llaves. Y el Rey diólas al Con-
de de Tendilla, á quien habia fecho merced de la
alcaydía de Granada , é al Comendador mayor de
León Don Gutierre de Cárdenas. Los quales entra-
ron en el Alhambra, y encima de la torre de Goma-
res alzaron ia cruz, ó luego la bandera real. E dixe-
ron los Reyes de armas en altas voces : Chanada^
Granada por los Reyes Don Femando é Doña Isa-
bel. Vista la cruz por la Reyna, los de su capilla que
allí estaban cantaron el Te Deum laudamus. Fué
tanto el placer, que todos lloraban. Luego todos los
Grandes que con el Rey estaban , fueron á donde la
Reyna estaba, é le besaron la mano por Reyna de
Granada. E junto con el pendón real, se levantó el
pendón de Santiago que traia el Maestre.
Este dia fizo el Rey Moro dos actos de tristeza, é
fueron, que tienen por costumbre los Reyes moros
quando pasan algún rio de poca agua, que los ca-
balleros moros le cubren los pies é los estrivos con
los suyos, y él no lo quiso consentir ; é quando su-
ben alguna escalera, dexan los alpargates, é gelos
lleva el mas principal moro que allí está, lo qual él
no quiso consentir. Ecomo fué asurcasa, que era en
el alcazaba, entró llorando lo que habia perdido, é
díxole su madre, que pues no habia seydo para de-
fenderlo como home, que no llorase como mnger.
Falláronse en esta toma de Granada el Cardenal
de España Arzobispo de Toledo, Don Pedro Gonzá-
lez de Mendoza, y el Maestre de Santiago Don Alon-
so de Cárdenas, é los Duques de Medinasidonia é
Cáliz, é Don Alonso de Aguilar, y el Marqués de
Villena, é los Condes de Urueña é Cabra; y el Ade-
lantado del Andalucía, é Don Diego Hurtado de
Mendoza, Arzobispo de Sevilla, é otros muchos Per-
lados, Condes ó Marqueses. E por evitar los incon-
vinientes que en la cibdad podia haber, no estando
ellos en ella, mandaron el Rey é la Reyna pregonar
que ninguno entrase en Granada sin su licencia an-
tes de BU entrada. E porque Pedro Gasea de Avila,
fijo de Gil González de Avila, entró sin ella con
ciertos escuderos suyos é de su hermano Luis de
Guzman, Comendador de Aceca, le mandaron pren-
der é mandaban cortar la cabeza. Pero siguiendo la
condición que los Príncipes han de tener para los
que los desean servir, eran estos Reyes tan agrades-
cidos, que considerando lo que este caballero los
habia servido en todas las guerras, desde la de Toro,
no solo le perdonaron, pero le ficieron mercedes en
aquella cibdad é reyno.
Entregada el Alhambra, traxieron luego todas
las armas de la cibdad á ella, salvo las que se escon-
dieron. El Rey Moro salió de allí con otros princi-
É DO^A ISABEL. 511
pales, é se fué al Val de Parchena, que eíft lo que le
dieron para que estoviese. E después otro dia el
Rey é la Keyna entraron .en el Alhambra, á donde
los salió á recebir el Arzobispo nuevo, Don Fray
Hernando de Talavera, con mucha clerecía á la
puerta del Alhambra en procesión. Estovo el Rey
en Santa Fé en su real, é á las veces en el Alham-
bra, fasta el mes de Mayo de mil é quatrocientos
é noventa é dos años por dexar segura la cibdad.
En aquel tiempo ovo algunos alborotos de moros , é
fallaron una mina llena de armas, sobre lo qual se
fizo mucha justicia, é de todos los que ficieron los
alborotos. E dexaron en ella mucho recabdo, é par-
tiéronse para Castilla.
CAPÍTULO CXXXIV
Del tareo que embíó el Gran Maestre de Rodas al Papa.
Ya habemos dicho (1) como el gran Maestre de
Rodas, á este hermano del Turco, queriéndose so-
correr del contra el Gran Turco su hermano, lo em-
bió al Rey Luis de Francia. El qual no solamente
no lo quiso recibir, mas aun no quiso que estovie-
se en su Reyno ; y el gran Maestre lo embió al
Papa. E porque su hermano el Gran Turco lo temia,
fizo su amistad con el Papa, ó prometióle de dar
cierta cantidad de ducados cada año porque lo to-
viese á buen recabdo. E ansí estovo fasta que el
Papa lo dio al Rey Don Carlos de Francia quando
fué á Ñápeles, el qual Turco murió allá. E por mas
contentar al Papa el Gran Turco, le embió al Papa
Inocencio el fierro de la lanza con que fué abierto
el costado de nuestro Redemptor Jesu Christo, que
se cree habérselo embiado á pedir.
Sabido por el Papa que venia el fierro, embió dos
Obispos al mar de Ancona á recibirlo ; é después el
Papa con todos los Cardenales é clerecía salió en
procesión á recebirlo. Y el Papa lo traxo en sus ma-
nos fasta dentro de la Iglesia de Sant Pedro, á
donde se puso en mucha veneración. Al tiempo que
se traxo, este Turco fué á fablar al Papa; y estaba
el Papa en un cadahalso vestido de pontifical cqn
todos los Cardenales é Perlados que habia en Ro-
ma ; é iba con el Turco el Maestre de cerimonias,
diciéndole do habia de fincar las rodillas y él no qui-
so facerlo. E subiendo que subió á lo alto del ca-
dahalso, fué al Papa é abrazólo é dióle luego una
palmada en las espaldas. E reprehendióle el Maes-
tre de cerimonias porque lo habia fecho, diciendo
que era Vicario de Dios. Respondió el Turco, di-
ciendo que él habia fecho mucho en lo que fizo por-
que no seyendo él christiano , ni creyendo en su
ley, é seyendo él fijo de Rey, y el Papa fijo de un
mercader, lo habia igualado consigo.
(1) A primera vista se conoce que este capitulo es un retazo
arbitrariamente unido á los anteriores ; y todo demuestra que la
Crónica de Pulgar quedó incompleta. [N. delC.)
im D8 LA OBÓNIOA.
APÉNDICE i:
CONTINUACIÓN DE LA CRÓNICA DE PULGAR,
POR UN ANÓNIMO (1).
Luego que se tomó y entregó Baza , el Rey Muy-
ley Bahudili el Zagal, rey que se llamaba de Gua-
dix, hizo BUS capitulaciones con los Reyes Cathóli-
cos, é se pasó allende ; y en el mismo tiempo las
ciudades de Almería é Guadix é Purcheua con sus
tierras , é otras muchas villas y fortalezas del dicho
reino de Granada, enviaron sus mensajeros al Rey
Cathólico á la ciudad de Baza , donde estaba, á ha-
cer sus capitulaciones é partidos para entregarse, y
allí se hicieron y efectuaron ; y el Rey Cathólico
embió sus capitanes é gente de armas á tomar las
dichas ciudades , y se le entregaron; y los Reyes
Cathólicos hicieron merced de la tenencia de la for-
taleza é guarda de la dicha ciudad de Almería á
Don Gutierre de Cárdenas, Comendador mayor de
León, é de la fortaleza é guarda de la dicha ciudad
de Baza á Don Enrique Enriquez, tio é mayordomo
del Rey, é de la tenencia é guarda de la dicha ciu-
dad de Guadix á Don Hurtado de Mendoza, herma-
no del Duque del Inf antadgo , que entonces era , y
del Cardenal Don Pero González de Mendoza, y de
la guarda y fortaleza de la ciudad de Purchena á (2)
y á todos los mandaron prever
y fueron proveídos de la gente de caballo y de pié
que tenían necesidad para la guarda de aquellas
fortalezas y ciudades ; y al mesmo tiempo le hicie-
ron merced al Comendador mayor de León de la
fortaleza é tacha de Marchena, ques cerca de Alme-
ría, ques una cosa muy calificada, y á Don Rodrigo
de Mendoza é de Bivar, hijo del Cardenal Don Pero
González de Mendoza, de las villas de Zenete é
Guadix, que son siete, con título de Marqués de
Zenete.
Proveídas las cosas dichas , los Reyes Cathólicos
salieron al Andalucía, é porque la salida fué en lo
mas bravo del invierno y el año fué muy lluvioso»
recibieron muy gran trabajo en la salida, f pades-
cieron muchas bestias é gentes en los arroyos é ma-
lí) Tom» da deunMS. de la Biblioteca del Excmo. Sr. Dnqae
de Osuna.
2 F.ste hueco y ios siguientes esti^n en el original, excepto
alguno quo resulta de palabras totalmeute ilegibles.
Cr.—III.
los pasos, é por el quebrantamiento y cansancio de
tan largo cerco. En la ciudad de Granada y sus Al-
puxares estaba y quedó por Rey el Muley Bahude-
li, el Chiquito, que dicen primogénito del Rey Muli
Bulhacen, padre de los infantes de Granada qae
hoy viven, Don Juan é Don Fernando ; é porque
este Rey Muley Bahudeli, siendo mancebo, por ia-
ducíraiento del Alatar, que era cabecera de Loxa y
hombre muy sabio y esforzado en guerra y en toda
otra cosa, y alguno de los Abencerrajes y Audi lloa-
res, que eran caballeros muy principales en el dicho
reyno, y de otros caballeros que seguían su partido,
se levantó por Rey contra el dicho Rey Muley Bul-
hacen, su padre, con las ciudades Loxa y Alhama y
Málaga é Velez Málaga y Ronda é Marvella é coa
todas las otras villas é fortalezas que estau á la
parte del poniente, por esto le llamaron el Rey Chi-
quito. Este rey Muley Bahudeli el Chiquito salió
de Loxa, é con él el Alatar y otros muchos caballe-
ros, é con mas de mili de caballo y de siete á ocho
mili hombres de pié, entró por Iznajar por correr
las villas de Cabra y Lucena y otras muchas villas
é lugares questan cerca dellas ; é salieron contra él
el Conde de Cabra que entonces era, y el Alcaide de
los donceles que se halló en su villa de Lucena con
la gente que pudieron juntar, que era muy poca se-
gund la que el Rey Bahudili tenia. Y pelearon
con él entre Cabra y Eznajar , cerca del rio que di-
cen de Bedera , y lo desbarataron , é fueron presos é
muertos muchos, y el Alatar, que era un hombro
tan principal como está dicho, y viejo, no pareció
muerto ni vivo : tiénese por cierto que se ahogó en
el dicho rio de Bedera ; y el rey Chiquito fué presa
allí, que le halló un vecino de Lucena apeado y es-
condido en una mata, y fué llevado preso á la di-
cha villa de Lucena por el dicho Alcaide de los Don-
celes ; y porque cada uno pretendió que él lo habia
prendido, y que se le habían de dar las insinías de
la prisión, que la truxiese en sus armas, hubo gran-
des diferencias entre el Conde de Cabra y el Alcai-
de de los Donceles; y entendiendo el Rey é la Rey-
na Cathólicos la razón de cada uno, mandaron que-
cada uno les truxiese igualmente , y ansí las traen,
35
5U
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
é les hicieron otras mercedes de algunos juros.
Preso este Rey Chiquito, fué traído á los Reyes Ca-
thólicos, pienso que á Toledo, donde estuvo algunos
dias. E después el Rey é la Reyna Cathólicos se con-
certaron con él que quedase por su vasallo, y lo
soltasen, y que le diesen gente é dineros é favor
porque volviese á entrar en el Reyno de Granada y
se señorease del.
Porque al tiempo que este Rey Chiquito se alzó
contra su padre el Rey Muli Bulhacem, este dicho
rey Muli Bulhacem era ya muy viejo y ciego ; y en
su tiempo fué el mejor rey sabio y esforzado y de
todas buenas maneras que los moros tuvieron. Apa-
sionado del levantamiento del hijo, hizo llamar á
un hermano suyo , que se llamaba Muley Bahudili,
que estaba en Velez Málaga ; é veniendo de camino
pasó por cerca de Alhama con setenta ó ochenta de
caballo, y muchos dellos en acémilas, en que venian
muchos alfaquís. Y al tiempo hablan salido de la
ciudad de Alhama, que la tenia en guarda Don Gu-
tierre de Padilla, Clavero de Calatrava que enton-
ces era, y después fué Comendador mayor, é Pedro
de Ángulo, Comendador que fué de Calatrava, con
hasta cinqüenta Caballeros, toda gente principal , á
correr la vega de Granada, é volviendo su camino,
dieron súpitamente con el Rey dicho Muley Bahu-
dili é su gente ; y como los Christianos venian can-
sados y trasnochados y descuidados de tal encuen-
tro, desbaratáronse luego, é pusiéronse en huida; é
fué preso el dicho Comendador Pedro de Ángulo y
otros muchos Caballeros de la orden de Calatrava
con él, y muertos pocos y tomados muchos caballos ;
y con esta victoria Muley Bahudili vino á Grana-
da, é fué recibido alegremente é con gran algazara
de todos los moros , y mas del Rey Mulhacem , su
hermano. Y porque como está dicho este Rey Muli
Bulhacem (1) era muy viejo y ciego, renunció el
reyno en dicho Muley Bahudili (2), su hermano, y
todos los moros le recibieron por Rey é le llamaron
el Rey Muli Bahudili, que quiere decir esforzado,
y este nombre le pusieron los meros por la victoria
que hubo que arriba está dicho, porque entró con ella
én Granada ; y el Rey Muli Bulhacem murió dende
á pocos dias Estando las cosas en este es-
tado, vino el Rey Muli Bahudili (3) el Chiquito con
concierto é favor de los Reyes Cathólicos al Reyno
de Granada. Y donde primero fué recibido por Rey
fué en Loxa, y ahí fué recibido, y en otras ciuda-
des, villas é lugares del reino , á cuya causa habia
guerras é diferencias entre estos dos reyes
sobre si el rey é la reyna Cathólicos soltarían al di-
cho Rey Chiquito de la prisión en questaba, y para
ver lo que con él se debía hacer, hubo muy grandes
consejos y diversos pareceres , porque á la verdad
el punto delicado es en determinar si un rey cauti-
vo debe ser suelto ó no, pero fué muy grande mag-
nanimidad y prudencia soltar al dicho Bey Chiquí-
(1) Abol-Hacen Aly.
(2) Abo-Abdil-1-lah Muhammad, hermano, en efecto, de Abol-
Hacen Aly.
\Z) Abo-Abdil-1-lah Muhammad, hijo del dicho Abol-Hacen.
to, porque los moros no tienen respeto mas á su rey
de quanto le tienen presente, porque teniéndolo
cautivo ó por otra qualquier cosa que sea fácil, al-
zan luego otro, y porque era poco efecto tenello
preso y porque se esperaba muy gran cosa soltallo
por la discordia y revoluciones que podían poner
en el dicho reino de Granada como de hecho loa
puso, fué muy bien acertado lo que se hizo.
Estando los negocios en el estado arriba dicho,
por medios que este rey Muli Bahduli el Chiquito
tuvo, se rebeló y se levantó el Albaícín de la ciudad
de Granada, que es una parte de la ciudad, fuerte
de sitio y por lo llano está cercada de una cerca
que parte el dicho Albaícín de la Alcazaba de la
dicha ciudad, y podría haber entonces en el dicho
Albaícín hasta tres mil ó tres mil é quinientos veci-
nos, toda gente belicosa é feroz , aunque la mayor
parte labradores. Visto esta rebelión y levantamien-
to del Albaícín y el Rey Chiquito, con favor que le
dieron, Gonzalo Fernandez de Córdova, que des-
pués se llamó el gran capitán, que tenia la tenen-
cia déla villa de Allora, que es una villa cinco le-
guas de Granada, y Martín de Alarcon , que tenia
en la manera dicha la villa de Modín , que fueron
con él con la gente de sus capitanías, que eran de-
cientas lanzas, se metió en el dicho Albaícín, donde
estuvo mucho tiempo, y dende allí hacia guerra al
dicho Zagal (4), questaba en la ciudad por de dentro
del dicho Albaícín, y en el campo con escaramuzas
continuas, y siempre estaba con él el dicho Gonza-
lo Fernandez de Córdova y Martín de Alarcon con
sus gentes, y después por tractos que el dicho rey
Chiquito tuvo con algunos caballeros y alfaquie-
de la ciudad, se levantaron en su favor contra el día
cho rey Zagal, y entendido esto por el dicho rey
Zagal, questaba á peligro del Alhambra, que sale
al camino de Guadíx, se fué á Guadíx. Y en tiem-
po deste, como arriba está dicho, el Rey é la Rey-
na Cathólicos ganaron la ciudad de Baza y las otras
cosas arriba dichas, echado el rey Zagal de la ciu-
dad de Granada, y el Rey Chiquito quedó rey pací-
fico en ella. Este Rey Chiquito cuando se concertó
con el Rey é con la Reyna Cathólicos para librar de
su cautiverio, para seguridad que complíría los
apuntamientos hechos , dio por rehenes dos hijos
suyos los quales puso en poder de Martín de Alar-
con en la dicha villa de Modín ; y estos son los que
arriba he dicho que se tornaron christianos.
Después que este rey Cliiquíto quedó pacífico
Rey en Granada, como arriba he dicho, el Rey y la
Reyna Cathólicos por diversos medios tractaron con
él y le pidian que compliese los apuntamientos que
con ellos tenia puestos quando le dieron la libertad;
y aunque sobre esto hubo muchos tractos é nego-
ciaciones, vinieron en efecto, porque el dicho Rey
no se atrevía por miedo del pueblo, y porque en la
(4) Se ha mencionado al principio ; pero sobrentiéndase qce
este Zagal es el Abo-Abdil-l-Iah Muhammad , hermano de Abol-
Hacen. El otro Abo-Abdil , el Chiquito, era sobrino suyo, como
hijo de dicho Abol-Hacen. La igualdad de nombres ocasiona coa»
fusión en las personas, como ha sucedido ya alguna vez.
DON FERNANDO
verdad no era él parte para complir los dichos apun-
tamientos, que teuian por fin principal que entre-
gase á Granada.
Como en los capítulos precedentes está dicho , el
Rey é la Reyna Cathólicos, ganada Baza y todas las
otras ciudades arriba declaradas, se vinieron á tener
lo que restaba del invierno en el Andalucía, que
fué el principio del año de ochenta y nueve, y veni-
da la primera vera , mandaron juntar sus exércitos,
y embiaron á talar los panes de la vega de Granada,
y asi se hizo, y lo mismo hicieron el año de (1)
y esta providencia se hizo por que segund la mu-
cha gente que en ella estaba y la estrechura y la
manera de las calles delja, era imposible tomalla si
no era por necesidad de hambre ; y para traerlos á
esta y porque el cerco después no fuese tan largo,
los hicieron talar los panes é panizos los dichos dos
años, uno en pos de otro. Luego año de
á la primera vera, los Reyes Cathólicos mandaron
juntar los exércitos é gentes en que se tuvo por cier-
to doce mili de caballo é poco menos de cient mili
hombres de pié, y con estos exércitos el Roy Cathó-
lico entró ; y iban con él todos los grandes del An-
dalucía con sus casas é gentes, y algunos de Casti-
lla, aunque pocos, y con este exército , ordenadas
sus batallas, entró por la vega de Granada hasta un
lugar que dicen el Gozco, ques poco mas de legua
é media de Granada y un quarto de legua del rio
de Genil, y allí hizo asentar su Real muy ordenado,
cercado de cavas hondas, y en ellas sus puentes
para las entradas é salidas de la gente. Y en este
tiempo la Reina Cathólica quedó en la ciudad de
Xerez, y mandó labrar una casa en la fortaleza de
la villa de Moclin muy buena, é pasóse allí, porque
estaba quatro leguas del Real, y allí residió mucho
tiempo porque se consultaban muchas cosas que
convenia para la provisión de los exércitos y para
los tractos que continuamente andaban con el rey
Chiquito para traelle á que entregase á Granada ; é
después la Reina Cathólica se pasó al Real, donde
residió hasta que se tomó Granada. Duró el cerco,
hasta que Granada se entregó, ocho meses y algo
mas. Casi cada día habia escaramuzas, donde mu-
chas veces iba bien á los christianos, y otras por el
contrario, y señaladamente sucedía esto el día que
iban á talar los olivares y huertas y arboledas que
estaban cerca de Granada, porque los christianos
por hacer la tala, y los moros por resistirla, cada
ora se revolvían, donde de una parte é de la otra
habia muertos é heridos. Y entre otras cosas que
desta manera sucedieron, fué una notable, y es que
el Rey y la Reyna Cathólicos mandaron un día mo-
ver sus exércitos dexando el Real á muy buen recau-
do, y que fuesen á talar las huertas é viñas y oliva-
res y arboledas del Alcubia y otras alearías que es-
taban allí cerca, lugares muy frescos y arboledas, y
para esta tala fueron el Rey é la Reyna Cathólicos,
é con ellos todos los grandes é caballeros é galanes
cortesanos que allí estaban, que al tiempo eran
(1) Fácil es suplir esta y las feciías que siguen.
É DOÑA ISABEL. 515
muchos ; y porque estas alearías estaban cerca de la
sierra los caballeros de Granada y muchos balleste-
ros salieron por la parte que dicen Rubí, y pusié-
ronse repartidos en la mejor que pudieron para den-
de allí resistir la dicha tala. Revolvióse una escara-
muza con muchos caballeros christianos que alU
andaban, y como estaban presentes el Rey é la Rey-
na Cathólicos y lo miraban los caballeros christia-
nos y otras gentes, apretaron tanto á los moros, que
les hicieron volver las, espaldas y vinieron en el al-
cance hasta el rio de Genil, que es poco mas de un
tiro de piedra, é de Dar Albaida ques una puerta de
la ciudad. En este alcance murieron mas de cient
moros, porque ninguno se tomó á vida, todos muy
buenos escuderos é gentes de guerra; é fué cosa de
mucho regocijo al Rey é la Reyna y á sus exércitos,
y en Granada por los moros se hizo gran sentimien-
to. E porque esto se acabó harto temprano, Don Alon-
so Hernández de Córdoba ó Don Luis Puerto Carre-
ro, Señor de Palma, Micergilio ó Gonzalo Fernandez
de Córdoba, que después fué gran capitán, con otros
caballeros y gentes de sus casas pensaron un ardid,
é fué que luego que el Rey é la Reyna Cathólicos
con sus exércitos se volvieron al Real, que algunos
moros saldrían de la ciudad para recoger é llevar
los moros muertos, y que poniéndose ellos en algún
lugar encubierto, saldrían á los moros que viniesen
á recoger los muertos y que harían en ellos alguna
cosa señalada ; é para poner en obra su ardid, se
pusieron en celada muy cerca de la ciudad de Gra-
nada, donde les pareció lugar dispuesto para su
propósito, é que no podrían ser vistos ; ó fueron sen-
tidos de los moros é salieron á ellos é desbaratáron-
los y hiriéronle el caballo á Gonzalo Fernandez de
Córdoba, el Gran Capitán , y desmayóle y quedó á
pié, é llegó á él un muy buen escudero que se de-
cía Valenzuela, y apeóse de su caballo,
é dióselo á Gonzalo Fernandez, y asi no habia aca-
bado de cabalgar, cuando llegan los moros y alan-
cearon el escudero que dio el caballo á Gonzalo Her-
nández, y quedó allí, y Gonzalo Hernández se salvó
á muy gran trabajo, y después crió y casó los hi-
jos é hijas deste escudero. Murieron en esta refrie-
ga hasta veinte é cinco escuderos christianos, é con
esto los moros se consolaron algo de su pérdida, é
los 'christianos templaron algo la alegría de la vic-
toria que el mesmo día habían habido.
A este cerco vino el Duque del Infantadgo, agüe-
lo de este Duque que agora es, muy como señor y
muy bien acompañado de muchos caballeros de su
linaje é continos de su casa, é quatrocientos hom-
bres de armas é docíentos gínetes , que fué de ver
su entrada y recibimiento en el Real.
El Rey Chiquito tenia consigo á su madre que se
decía Ceti Esta nació christiana é fué
cautiva cuando los moros robaron á Cieza, que es
una villa en el Reyno de Murcia, y como al tiempo
era chiquita, con halagos y otros medios tornóse mo-
ra , y salió de buen gesto y muger de bien , y el rey
Muli Bulhacem casóse con ella porque entre los
moros era esto tenido en mucho que el rey y otro
616 CRÓNICAS DE LOS
cualquier caballero pudiese casar con una
que es christiana tornada mora. Deste casamiento
nació el Rey Chiquito. Esta Reyna era de grande ó
valeroso ánimo, ó contradecía con toda posibilidad
que el Rey Chiquito su hijo no entregase el reyno
de Granada á los Reyes Cathólicos ni se concertase
con ellos, y que esperase la postrera fortuna é mu-
riese rey, é por esto el Rey Chiquito se guardaba
que su madre no supiese que él trataba con los Re-
yes Cathólicos de entregalles el reino ; y concluida
ya la capitulación, como está dicho, lo supo la Rei-
na su madre, é disimuladamente se dice que lo tomó
por la mano y se subió á la torre de Comares, que es
en el lugar donde mas se descubre la grandeza de
Granada ; é después de haberle traido á la redonda
por toda la torre, y echados entrambos entre dos al-
menas, le dixo : « hijo, mira qué entregas, y acuér-
desete que todos tus pasados murieron reyes de
Granada y que el reino acaba en tí.»
El Rey é la Reyna Cathólicos, visto que el cerco
se dilataba y que los moros estaban firmes, é que
cada dia salían á las escaramuzas y á resistir las
talas que se hacían, y que el invierno se acercaba,
tuvieron por dificultoso de poder sostener el Real,
principalmente por la falta de los bastimentos, por-
que si entrase el invierno y cargasen las aguas, los
bastimentos se harían con muy grande dificultad,
porque habían de ir del Andalucía con el creci-
miento de los ríos y malos pasos que hay. Paresció-
les cosa muy dificultosa é casi imposible la perma-
nencia del Real, é por este respecto, habido su con-
sejo, mandaron hacer una villa de muy buena cerca
é muy buenas cavas, é con muy buenos baluartes é
con sus traveses, é todo lo que era mas necesario
para que pudiesen defensar é sostenerse junto al
mismo Real é casi dentro en él, é mandaron á las
ciudades y órdenes que allí tenían gente que la hi-
ciesen, y repartieron á cada una ciudad y orden lo
que habían de hacer por sus quarteles, é hízose en
muy breve tiempo, y poblóse toda de casas, é su
determinación era dexar allí muy buena gente de
guarnición para que hiciesen guerra á Granada ó
no desasen salir á los moros á sembrar ni hacer otras
cosas del campo; é pensaban que con esto otro año
la tomarían fácilmente.
Estando las cosas en este estado, los moros con
la gran necesidad de hambre que padescian, permi-
tieron que el Rey Chiquito hablase en partido, é para
esto vinieron ciertos caballeros moros y alfaquís
de Granada al Real, donde los Reyes Cathólicos esta-
ban; y entre ellos fué uno que dentro de treinta
dias la ciudad de Granada y su Alhambra é fortale-
zas se entregase á los reyes Cathólicos 6 á su cierto
mandado, y les besaron las manos; y entendido á
lo que venían, lo oyeron con alegre ánimo y des-
pués señalaron personas que entendiesen con ellos
en hacer los apuntamientos, y los que yo sé que se-
ñalaron fueron Don Gutierre de Cárdenas, Comen-
dador mayor de León, y el Secretario Hernando de
^afra, que en aquel tiempo entendía principalmen-
te en todas las cosas de la guerra; é sobre los apun-
REYES DE CASTILLA.
tamientos que los moros pedían y los que se otor-
gaban, hubo muchas pláticas é pasó mucho tiempo,
é los moros fueron muchas veces á Granada á pla-
tícallo con el Rey é con las otras personas que en
ello entendían, hasta que plugo á Dios que dia de
Santa Catalina del año de noventa é uno se asenta-
ron é concordaron é firmaron los dichos capítulos.
Y durante el tiempo que corrieron los dichos
treinta días, los moros entregaron todas las armas,
conforme á otro capítulo, á las personas que para
ello señalaron los Reyes Cathólicos, é pusiéronse en
el Alhambra.
El primer domingo del año de noventa é dos, el
Rey é la Reyna Cathólicos movieron el Real con to-
dos sus exércítos puestos en orden, é fueron la vía
derecha de Granada, é no entraron por la ciudad
' sino por el Genil arriba, é por la puerta de los Mo-
linos é por el Realejo hasta la puerta principal del
Alhambra, y allí salió el Rey Chiquito, y se apeó de
su caballo con las llaves en las manos, é les entregó
las dichas llaves del Alhambra é fortaleza é ciudad
de Granada; é con esto sus Altezas entraron en el
Alhambra y se aposentaron en la casa real.
La Reyna Cathólica é sus damas fueron aquel
día csquísitamente ataviadas al modo que entonces
' se usaba, y estuvieron ay algunos dias, é á suplica-
ción del Cardenal Don Pero González hicieron mer-
ced á Don Iñigo López de Mendoza, Conde de Ten-
dílla, de la tenencia de la dicha Alhambra y de las
otras fortalezas de la ciudad de Granada, que son
Vivataubín , de que hicieron una buena fortaleza,
é la torre de la puerta Elvira, é para la guarda de-
xaron quinientas lanzas é mili peones de muy poli-
da gente, é proveyeron á Fray Femando de Tala-
vera, prior que era de Prado, de arzobispo de Gra-
nada, é dexáronle alli para la gobernación de la
dicha ciudad é reino, é fuélo asoluto hasta el año
de noventa é nueve, que los Reyes Cathólicos tor-
naron á la dicha ciudad é pusieron por Corregidor
en ella al Licenciado Calderón, Alcalde de su casa
é Corte, que al tiempo era, y proveídas las cosas
dichas, y lo que mas les pareció les convenia para
la gobernación é para sostener el dicho reyno, se
vinieron á Castilla.
ítem, entre otros apuntamientos de la dicha capi-
tulación que se hizo, fué uno que el Rey Chiquito
quedase en las Alpuj arras por señor dellas en su
vida con ciertos mili ducados de renta cada año; é
porque esto era cosa de muy gran peligro quedar
el dicho Rey Chiquito en aquel reino que estava
casi todo poblado de moros, donde pudia cada que
le parescíese rebotar el reino é poner en necesidad
á los reyes Cathólicos, quando hirieron al rey Ca-
thólico en Barcelona (1), el Chiquito embió ciertos
caballeros moros criados suyos, y al Pequini, que
era un hombre principal que después se llamó
Don Fernando Enriquez, y el Rey é la Reyna Ca-
thólicos, é por su mandado, contrataron con estos
(1) Si esto no es ana intercalación extemporánea , no sabenof
j & qoé viene aquí.
DON FERNANDO
Caballeros moros que el Rey Chiquito les vendiese
todo lo que tenia en el reino de Granada, y así se
hizo, é le dieron ciertos mili castellanos con que el
rey Chiquito se pasase allende, y lo mismo se
hizo con otros caballeros moros que tenian algunos
bienes, é de esto pesó en el alma al Rey Chiquito,
é se quexaba é decia que sus caballeros no hablan
tenido poder para hacer esta contractacion, mas
fuele forzado complir lo que se habia capitulado, é
pasó allende; é con esto los Reyes Cathólicos y el
dicho reino de Granada quedaron muy asegurados.
El año de noventa é nueve los Reyes Cathólicos
fueron por Mayo á Granada. El recibimiento que
se les hizo fué muy solemne, é lo que mas fué de
ver que en la Xarca del Albaicin y abaxo en todo
lo llano hasta Sant Lázaro, habia treinta mili moras
é mas, todas con sus almarafas blancas, y era cosa
de admiración verlas, y estuvieron en Granada has-
ta el mes de Octubre entendiendo en las cosas que
convenían á la buena gobernación, é de allí fueron
á Sevilla á tener el invierno; é quedóse en Granada
el arzobispo de Toledo Don Fray Francisco Xime-
nez, que después fué Cardenal. El qual con buen
celo quísose informar de todos los moros que en
qualquier manera venían de linage de christianos,
y hacíalos traer ante sí, y por buenas palabras y
presumpciones procuraba con ellos que se convir-
tiesen á nuestra sancta fé cathólica, porque se de-
cia que sin grandísimo pecado no se podría premi-
tir que estos viviesen en ley de moros, y los que se
convertían en esta manera amercedábalos y gratifi-
cábalos, y á los que no se querían convertir echába-
los en la cárcel; é trabajaba con ellos por todos los
medios posibles que se convirtiesen, y pareció que
esto tocaba á muchos moros y se escandalizaron
deJlo; y estando así día de nuestra Señora de la O
del dicho año de noventa y nueve, un alguacil del
dicho arzobispo de Toledo fué á prender á un moro
al Albaicin, donde se juntaron algunos moros, é los
moros le mataron; y esto seria á las dos oras des-
pués de medio día; y hecha esta muerte revolvióse
todo el Albaicin. Vino la nueva á la ciudad, é todos
los christianos viejos se pusieron en armas y ocur-
rieron á las puertas y adarves de la dicha ciudad
que salen á dicho Albaicin, y todo ese día que era
miércoles é la noche siguiente del jueves los chris-
tianos y los moros tuvieron muy grande alboroto é
desasosiego, y hubo algunas muertes; especialmen-
te los moros mataron á un Barrionuevo, alguacil
del campo, pariente del dicho Corregidor Calderón
que inadvertidamente veniendo fuera de la dicha
ciudad se entró en el Albaicin, no pensando que la
cosa estaba tan encendida; é llegando á cierta paite
del dicho Albaicin que se dice la Xarca, le hicie-
ron pedazos esa noche de nuestra Señora de la O.
El Conde de Tendilla , que , como está dicho, era
alcayde é capitán general, á ora de las tres oras
é media baxó del Alhambra con alguna gente de
caballo é de pié, porque lo demás dexó para guar-
da de la dicha Alhambra, é vino junto al Albai-
ciií, y encomendó las puertas que salen al dicho
E DO^A ISABEL. 517
Albaicin á algunos caballeros de la ciudad, y él
quedó aposentado en la dicha Alcazaba, é toda
esa noche los unos é los otros pasaron en vigilia
con mucha grita é pedradas é algunas saetadas
como en estos pasos se suele hacer. El arzobispo
de Granada con su cruz y algunos clérigos que
le acompañaban salió por la puerta de Guadix é
fué á subir al Albaicin; é porque los moros tira-
ban muchas pedradas, el clérigo que llevaba la
cruz no osaba pasar adelante, y el arzobispo le
tomó la cruz, é con ella en las manos empezó á su-
bir una cuesta arriba hacia el Albaicin, y aunque
le tiraban muchas piedras, continuaba su camino
hasta que algunas dinidades é canónigos de su
Iglesia é caballeros de la ciudad que con él se ha-
llaron le retiraron casi por fuerza.
Otro día de mañana el Conde de Tendilla vino
á la puerta del Alcazaba que sale al Albaicin , que
se dice Bibalbunut, é mandó llamar algunos homes
principales moros que vivían en la ciudad, é pla-
ticó con ellos é con otros caballeros christianos él
medio que se debía é podría tener para pacificar
el Albaicin; y aunque muchas pláticas hubo, nin-
guna se concluyó hasta muy tarde que se tuvo me-
dio que muchos moros del Albaicin principales
saliesen á la puerta de Bibalbunut á hablar con el
Conde é con los moros ó alf aquís que con él esta-
ban, y llegados allí, metíanlos de la puerta adentro
é reteníanlos, é desta manera se tomaron hasta casi
ochenta, que embiaron á la cárcel, é la mayor parte
dellos se tornaron christianos luego, é los otros que
no se quisieron tornar christianos, por la rebelión
que habían cometido hízose justicia dellos. E luego
otro día, viernes de mañana, diéronse sus pregones
en parte donde los oían todos los del Albaicin , en
que se contenia que á todos los que que quisiesen
tornarse christianos, les perdonaban las rebeliones
é muertes que habían cometido, é los que no se
quisiesen tornar christianos, se procedería contra
ellos por los dichos delitos. E quando fué viernes á
medio dia vinieron á hacer sus conciertos é apun-
tamientos, é se hicieron é entregaron las armas que
tenian, que eran gorguzes y lanzas y pocas balles-
tas, y con esto quedó pacífico, y se tornaron chris-
tianos todos.
Luego se revoltó Guejar, que es un lugar grueso
junto á la Sierra Nevada, y fueron sobre él el Con-
de de Tendilla é Gonzalo Fernandez de Córdoba,
que después fué Gran Capitán, y por combatirse el
lugar desordenadamente y sin tiempo, mataron los
moros mas de cient christianos, en que fueron al-
gunos principales y mas de quarenta hombres de ar-
mas, y el combate se retiró ya noche, y el Conde y
Gonzalo Fernandez se vinieron á dormir al alearía
de Quantar, y luego otro dia de mañana vino nueva
que los moros habían dexado á Guejar y retirádose
al Castillo, que está metido en la Sierra Nevada una
legua; y sabido esto por el Conde y Gonzalo Fer-
nandez, se volvieron á Guejar, y estuvieron allí dos
días, y después subió el Conde de Tendilla al Casti-
llo donde tuvo una noche harto trabajosa de frío,
618
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
y otro dia de mañana los moros se entregaron, y
traídos á Granada, se vendieron.
En este mismo tiempo se levantaron las Alpuj ar-
ias, que estaban todas pobladas de moros, donde
por ser tierra fuerte y brava se fueron muchos mo-
ros huyendo, y la razón de este levantamiento fué
por no tornarse christianos. El Rey Cathólico vino
á Sevilla y á la dicha ciudad de Granada, y hizo
juntar mucha gente de caballo y de pió de Andalu-
cía, y mandó á Don Luis de Viamonte, Condestable
de Navarra, que al tiempo era Capitán General de
cierto número de gentes de pié é de caballo, que en-
trase en las dichas Alpuj arras por el puerto de Hue-
nejay Andarax, y el dicho Condestable juntó su
gente en la villa de Piaña y con bibiosa {sic) jornada
y dia de Carnestolendas pasó el puerto de Huenexa
donde había mucha nieve, y el exército pasó con
harto trabajo. Y en el tiempo que los moros se re-
belaron, tomaron la fortaleza de Lanxaron, y la
fortalecieron conforme á la brevedad del tiempo, y
esta fortaleza es la entrada de las Alpujarras ; y el
Rey Cathólico movió con su exército de la ciudad
de Granada la via del dicho Lanxaron, y por ser la
tierra muy áspera y la entrada fragosa, el exército
pasó con dificultad, y luego que pasó, los moros hi-
cieron muy poca resistencia y se desbarataron, y
Lanxaron se entregó luego, y los christianos siguie-
ron el alcance tras los moros que huían hasta la
villa de Orgiba, que son dos leguas, donde fueron
muertos é captivos muchos moros, y el Rey Cathó-
lico mandó que no los siguiesen mas.
É luego otro dia se comenzó á tractar que las di-
chas Alpuxarras se entregasen, y el concierto se
concluyó, y hizo una capitulación de muchos capí-
tulos, y entre ellos fué uno que todos se convirtie-
sen christianos, y con eso el Rey los perdonó la
rebelión y muertes que habían cometido.
Entretanto que esto se hacía en Lanxaron, el
Condestable de Navarra , como está dicho, entró por
el dicho puerto de Huenexa, y salió á Andarax, y
antes que llegase á Andarax el exército de los
christianos desbarató ciertos moros que habían sa-
lido de Andarax á ponerse en algunas albarradas
que tenían hechas] para defender el paso, é incur-
rieron allí .en el alcance hasta doscientos moros,
en que habia muchos alguaciles é gente principal.
Este dia se tomó una parte principal de la dicha
Andarax , y en la otra parte , que es algo mas
fuerte, se recogieron los moros, donde había mucho
número, porque se habían recogido á la dicha An-
darax, y como el lugar mas principal y mas fuerte,
nmchos moros y moras de otros lugares de las di-
chas Alpujarras. Y esa noche se capituló que otro
dia de mañanase entregasen todos los dichos moros
y se tornasen christianos, y quando fué el dia se-
gundo á las nueve oras habiendo los moros entre-
gado las armas conforme á lo capitulado, algunos
christianos del exército se soltaron por robar y en-
trar en donde estaban los moros, y se comenzaron
á revolver unos con otros, y como se sentió en el
exército, fueron muchos allá y mataroa muchos
moros y moras en número de ma» de tres mili áni-
mas, que en sola la mezquita murieron mas de seis-
cientos, que estaban allí recogidos, que fué cosa de
muy grand lástima en todos los demás moros y
moras que fueron presos, y se soltaron libremente,
y se tornaron christianos conforme á lo que se ca-
pituló con el Rey Cathólico, y el saco que allí se
hizo fué muy grande, porque muy grand parte da
las riquezas de las Alpujarras estaban allí recogi-
das, y después acá la Alpujarra está pacífica.
En el año de quinientos é uno luego seguiente»
se rebelaron muchos moros nuevamente conver-
tidos en la Sierra Bermeja, y el Rey y la Reyna
Cathólícos enviaron contra ellos por capitanes ge-
nerales al Conde de Urueña y Don Alonso Fer-
nandez de Córdoba, cuya fué la casa de Aguilar,
con mucha gente de caballo ó de pié, y allí fué
muerto Don Alonso una noche por los moros, é mu-
chos caballeros y deudos suyos é criados con él, y
á esta causa el Rey Cathólico fué desde Sevilla la
ciudad de Ronda, que es muy cerca de la Sierra
Bermeja, é mucha gente de caballo é de pié, y den-
de á pocos dias que allí llegó, los dichos moros de
la dicha Sierra Bermeja se entregaron con partido
que los que quisiesen pasar allende se pasasen, y
que se les diesen navios en que ellos y sus bienes
muebles pudiesen ir, y los que quisiesen quedar se
tornasen christianos; y así se estuvo.
Dende á pocos dias se levantó un castillo que se
dice Velef equi, que es muy fuerte de su sitio, y allí
se recogieron algunos moros y cristianos nuevos. Ele-
gieron por su capitán ó rey un negro, que era va-
liente hombre, y los Reyes Cathólicos enviaron con-
tra ellos al Alcayde de los Donceles que entonces
era, que fué después Marqués de Gomares, con gente
de caballo é de pié, y habiéndolos tenido cercados
algunos dias, se entregaron á merced, y se hizo
justicia del negro y de los principales del levanta-
miento, y todos los demás quedaron libres, y los
que no eran christianos se bautizaron, y con esto
se acabó toda la conversión del reino de Granada, é
las rebeliones que por causa de la dicha conver-
sión se hicieron.
En este tiempo fué nacida en España otra mal-
dad, porque muchas gentes de judíos moraban y
estaban mezclados por el reino viviendo entre los
christianos, y algunos de los judíos que Fray Vi-
cente con su predicación habia convertido, teniendo
en lo público hábito de christianos é por tales se
mostrando, usaban cerimonias judaicas, por causa
de lo qual doliéndose estos christianísimos prínci-
pes, y porque Nuestro Señor Jesu Christo no fuese
tan continuamente crucificado , y deseando purgar
sus reinos de tanta pestilencia, con consentimien-
to é auctoridad del pontífice que en la Iglesia de
Dios residía, hicieron inquisidor á Fray Tomas de
Torquemada, prior del monesterio de Santa Cruz, que
es extramuros de la ciudad de Segovia, de la Orden
de predicadores, que era hombre religioso y excelen-
te letrado, y ansí mismo fueron dados jueces inqui-
sidores que celasen nuestra sancta fé cathólica por
DON FERNANDO
el Reino de Castilla, y ansi mismo en los Reynos de
Aragón é Cicilia é Valencia, en los quales Eeynos
el excelentísimo Rey Don Fernando habia sucedi-
do por fin é muerte del Rey Don Juan su padre. A
estos inquisidores que por el Papa fueron dados, en
que agora hablamos, el Rey é la Reyna dieron gran-
des favores, é á los jueces deputados para conoscer
deste crimen con oservancia de regla verdadera en
la ciudad de Sevilla y en otras muchas ciudades é
partes del Reyno hallaron haber incorrido en este
pecado diversas é muchas personas, así hombres
como mugeres, é algunos de los tales delinqüentes
confesando sus errores y demandando á la madre
eanta Iglesia saludable penitencia, les fué por los
padres de la santa inquisición otorgada. Así fueron
reconciliados é quitados de aquella herética pravi-
dad en que antes habían vivido otros muchos que
en este crimen caídos se hallaron; é siendo por tes-
tigos vencidos, fueron quemados, é purgada tan-
ta pestilencia aunque no del todo, porque algunas
reliquias duran hasta el día de hoy.
Siendo pues celosos de la fé el Rey é la Reina,
no quisieron poner tampoco en olvido las cosas que
de su reino por el Rey Don Enrique enagenadas
estaban , las quales como á manera de pródigo el
Rey habia dado, y todas estas cosas que enajenadas
estaban fueron tornadas por estos Reyes á su mis-
ma corona real, cuyas antes eran, aunque esto hi-
cieron con mucha dificultad é gran trabajo por estar
semejantes cosas puestas en manos de hombres
grandes é poderosos ; é todos los que en servicio
del Rey é del Reino servido habían, fueron de ma-
nos destos Reyes gratificados, haciéndoles merce-
des, asi como á cada uno convenia recibir por lo
que servido habían.
Después desto é limpiado el Reyno de maldades que
antes habia, todos los duques, condes y marqueses y
otros grandes señores é varones se pusieron é fueron
sometidos debaxo de la obediencia real, aunque
antes que estos príncipes reinasen casi á señor ni á
reino reconoscian. Ganaron ademas estos reyes las
ínsulas de Canaria, en donde la secta de Mahoma
se guardaba; é como en estos príncipes ninguna otra
intención fué más principal que la de la fé, consi-
derando que el Reino de Granada estaba en Anda-
lucía, siendo como era el quinto reino de los que
conquistaron, que pertenecia al Rey de España, aun-
que desde el tiempo del Rey Don Rodrigo estaba
usurpado y en poder de los moros, considerando
quan grandes daños á los christianos hacían los pa-
ganos y enemigos de la fé corrompiendo vírgines,
maltractando matronas, é violando los templos, en-
cendiendo lugares y quemando los campos, miran-
do otras muchas maldades que los moros de Gra-
nada contra nuestra sancta fé cometian, movieron
sus reales banderas yexército de guerra contra ellos,
y con sus huestes batallando con muchos trabajos é
dapnos y espensas que desto recrecían , é muertes
de sus súbdictos y naturales que en el servicio desta
guerra estaban, con tanto ánimo é fé como habia
en los corazones de estos reyes, porque la fé de Jesu
É DOKa ISABEL. 519
Christo fuese acrecentando, con ayuda de su mismo
Dios, Redentor nuestro, ganaron aquel reino; el cual
así de riquezas como de fuerzas inexpunable pare-
cía, y lo que otros reyes predecesores habían guer-
reado contra aquel reino, comenzando, estos prín-
cipes de ganarlo acabaron, y del mismo Reyno
lanzaron la secta mahomética, y hicieron que el
nombre de Jesu Christo nuestro Señor en aquellas
partes fuese conoscido y adorado. Hicieron ademas
en este reino, que con tanto trabajo conquistaron,
un arzobispo metropolitano con cuatro iglesias ca-
tedrales, é pusieron en ellas perlados que las gober-
nasen, é hicieron en este mesmo reino otros mones-
terios é parrochias, así de religiosos como de cléri-
gos, para que el sancto Evangelio predicasen; ó
pusieron sacerdotes en él para que los santos ecle-
siásticos sacramentos administrasen á los christia-
nos y moradores del Reyno.
Era ganado ya como dicho es el Reyno de Gra-
nada y vuelto en la observancia de la christiana
religión ; y como dentro de los términos de estos
reinos no hubiese provincia ni mención que de chris-
tiano no fuese, con el mismo hervor y ¿eseo que
estos Reyes celadores de la fé tenían, mandaron
hacer una flota grande, aumentándola é bastecién-
dola de todas las cosas que sobre la agua para ella
fuesen necesarios, é pusieron capitanes en las naos
para que fuesen por la mar, para que qualesquier
ínsulas que hallasen que de christianos no fues&n
ocupadas, las ganasen, y después á nuestra sanotís-
sima fé cathólica convertieseu los moradores que
en las tales ínsulas hallasen. Y así partieron na-
vegando estos que en las naves y van contra la par-
te oriental, y descubrieron unas grandes ínsulas
muy fértiles y abundosas ; y estas ínsulas estaban
llenas de gente bestial que idolatraba, á los qua-
les el sancto evangelio no les habia sido predica-
do, y conquistándolos los que en las naves yvan,
lis ganaron é pusieron nombres, é sometiéronlas
debaxo de la subjecion é mandado de la corona real
de estos excelentísimos príncipes y reyes. Los mo-
radores que en estas islas hallados fueron estaban
desnudos, y en modo de bestias fieras vivían, ó
carnes humanas por sus manjares comían , y ha-
bían otras necesidades no oidas. antes afirmaban
muchas personas de auctoridad que estas gentes
así adoraban á los demonios , que muchas veces les
hablaban y recibían las respuestas de sus pregun-
tas ; y esto les veían hacer muchos de los españoles
que allí estaban.
En estas dichas ínsulas fueron hallados muchos
mineros así de oro como de plata y de otros meta-
les, de lo qual fué gran suma é cantidad de oro em-
biado á sus altezas con lo que constituyeron y doc-
taron en estas ínsulas una Iglesia archíepiscopal y
tres iglesias catedrales con sus perlados, los quales
convertiesen á nuestra sancta fé aquellas barbári-
cas gentes (y así fué con ayuda de nuestro Señor
Dios fecho), que viven oy en conoscimiento y ala-
banza de su verdadera fé. Fué pues ayuntada nueva
y descubierta tierra á nuestra España, que se llama
520
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Indias, todo esto eu la felicidad próspera destos
Cathólicos príncipes.
Quedaba ademas en estos Reinos otra pestilencia:
grande número é cantidad de judíos que estaban
derramados y esparcidos por todos los reinos, y es-
tos judíos tomaban las rentas y alcabalas del rei-
no, en que ganaban é destruían á muchos de los
cbristianos, haciéndose ricos, dando é tomando á
usura todo lo que más podian. Esta gente dapna-
da inñcionando con sus maldades á estos pueblos
de Castilla, y haciendo á muchos de su ley que á
la nuestra se habían convertido, que siguiesen sus
rictos y cirimonias judaicas, movidos por tal mo-
tivo é por quitar tal ocasión , estos excelentísimos
príncipes mandaron que todos los judíos saliesen
del Reyno, señalándoles plazo ó dia para que así
lo hiciesen , salvo aquellos que á nuestra sancta
fé é religión christiana se quisiesen convertir, po-
niendo pena de muerte á los que dellos esto no
compliendo, en el Reyno se hallasen. Dado pues
el pregón, algunos dellos fueron vueltos cbristianos,
y otros se fueron más de cient mili, sin los hijos que
llevaban; ó ansí de género de hombres como de
mugares saliendo destos reinos, vendiendo las ha-
ciendas que tenian, é llevando consigo los dineros
que más podian haber y alzar, salieron el dia é tér-
mino que por sus altezas asignado les habia sido,
teaiendo por cierto é seyendo de verdad, segund
que por sus rabis les habia sido dicho, que la mar se
les habia de abrir en carreras, como habia hecho á
los hijos de Israel en el tiempo del Rey Faraón. E
ya que á la mar fueron llegados, hicieron sus ora-
ciones, y mirando que la mar no se les abria, muchos
dellos se volvieron é bautizaron, otros desta mesma
generación entrando en sus naves por diversas par-
tes del mundo fueron derramados y esparcidos, y
otros de los mismos robados de los marineros que
los pasaban. E habiendo andado diversos reinos é
muchas provincias, é padecido diversas injurias,
despojados de todos los bienes que llevaron, volvie-
ron en España á se tornar en cbristianos ; si verda-
dera ó fingidamente á nuestra sancta fé se convir-
tieron, Dios, escudriñador de los corazones, es el que
lo sabe, porque muchos de ellos se hallaron tornar
á las cirimonias de la vieja ley que tenian , é confe-
sando sus pecados , por los padres ministros de la
inquisición, pues suficientes testigos manifestaban
sus ofensas y culpas, fueron quemados. Alumbra-
dos por la gracia de Dios é del Espíritu Sancto, lo
generación que de los tales deciende bien puede
tener conoscimiento de nuestra verdadera é sancta
fé siendo buenos cbristianos, aunque áspera é dura
cosa parece dexar alguno de obrar 6 de hacer lo que
vio á sus padres 6 lo que continamente es acostum-
brado.
Habia allende destos otra barbárica gente que
la secta de Mahoma seguía, los quales con oficios
serviles que tenian , moraban en el reino, mante-
niéndose por sus trabajos, negando los tales ser
Christo Nuestro Señor é Salvador Dios verdadero; y
aunque profeta, nacido de virgen, por graciado
Dios engendrado, los tales le confesasen, conversa-
ban y se entremetían entre los cbristianos no ha-
ciendo en perjuicio de la fe ningún escándalo, pero
seguían la secta de su legislador Mahoma ; y como
de los cbristianos no fuesen opremidos ni sojuzga-
dos, no habían querido dexar la mala secta y opi-
nión que seguían; mas estos christíanísimos prínci-
pes, deseando que en su reino una santa fé é una
cathólica iglesia se honrase, menospreciando las
rentas que dellos á su corona real se acrecentaban,
mandaron pregonar públicamente que asimismo to-
dos los moros hasta cierto término y dia señalado que
se les puso, 6 que saliesen fuera del Reyno, ó que á
la f é de nuestro Señor se convertiesen, poniéndoles
también para esto pena de muerte é de confiscación
de bienes. Llegado el término fueron convertidos á
la fé y bautizados todos los que en el reino estaban,
aunque algunos dellos se pasaron en África; y así
quedó España limpia de tanta y tan mala genera-
ción, todos vueltos cbristianos. Y plega á Dios que
estos nuevamente á la fe cathólica convertidos, así
sirvan á Nuestro Señor Jesu Christo con el corazón
como le confiesan por la boca, y que todos crean,
confiesen y tengan una fé, un bautismo y una Igle-
sia, fuera de la qual no hay ni puede haber salud
ni salvación.
Falleció el Príncipe Don Juan en la ciudad de
Salamanca y en Sanct Francisco, año de mili é qua-
trocientos y noventa é siete. Casó con la Princesa
Doña Margarita , y quedó preñada del y mal parió.
Fué jurada en Toledo por princesa de Castilla la
Reina de Portugal, hija primogénita, y el Rey de
Portugal como su marido. El Rey é la Reina Cathó-
licos los fueron á jurar por príncipes de Aragón en
Zaragoza, y allí después de jurados, falleció desta
vida la Reina Princesa, y allí parió un hijo que fué
jurado por príncipe de Castilla en las Cortes de
Ocafia, y se llamó el Príncipe Don Miguel.
Estando el Rey é la Reina Cathólicos en la ciu-
dad de Granada, llevó Dios para sí al Príncipe Don
Miguel. Después desto fueron llamados Príncipes
de Castilla la Infanta Doña Juana y Don Felipe,
archiduques de Austria, los quales vinieron á Cas-
tilla é fueron jurados por príncipes en la ciudad de
Toledo, donde hubo muchas fiestas y justas, y de
allí fueron á Aragón, y el Rey Cathólico con ellos^
y fueron jurados por principes.
capítulo de los hijos y generación del Rey Don Fernando y
Reina Dofia Isabel, y de como los casaron, y lo que después
sucedió.
No me parece que sería bueno dexar de decir la
generación que hubieron estos excelentísimos Prín-
cipes y Reyes durante el tiempo del matrimonio; es
á saber: que primeramente hubieron una hija lla-
mada por nombre Doña Isabel, de vida y costum-
bres excelentes y asazmente adornada, la qual fué
casada con el Príncipe Don Juan de Portugal, hijo
primogénito del Rey Don Alonso, de quien arriba
la corónica habla; y así hecho este casamiento, por
lo que convenia á la paz y servicio destos reyes y
DON FERNANDO
de sus reinos, este Príncipe Don Juan pocos dias
pasados después de se haber casado, corriendo un
caballo fué muerto, quedando la dicha Doña Isabel
viuda é virgen; la qual después de muchos años in-
ducida más por el mandamiento destos Reyes sus
padres, que por determinada gana ni voluntad de
se casar ni de reynar, fué matrimonialmente y por
legítima muger otorgada á Don Manuel, Rey de
Portugal, del qual hubo un hijo llamado Don Mi-
guel, de cuyo parto esta Reyna Princesa Dofia Isa-
bel su madre murió, y asimismo dentro en dos años
este Príncipe de Castilla y de Portugal, Don Miguel,
murió. Hubieron más estos Reyes otro hijo, que fué
llamado Don Juan, que era Príncipe de Asturias y
de Girona. Este Príncipe Don Juan sucedió en estos
reinos de Castilla é de Aragón. Era varón de muy
excelentes costumbres, siguiendo y señalando las
mismas pisadas de sus padres. Casó con Dofia Mar-
garita, hija del Rey de Romanos, y en el primer año
que fué casado, murió en Salamanca. Llamóle Dios
para su Reino por las maldades y pecados deste
pueblo en España. Dio su muerte el mayor dolor,
pérdida, tribulación y desventura que jamas dio
muerte de Príncipe, y con gran razón. Dexó preña-
da á su legítima muger la Princesa Doña Margarita,
la qual movió antes que el convenible tiempo de su
parto llegase. Sucesivamente hubieron estos Reyes
otra hija llamada Doña Juana. Esta fué casada con
Don Phelipe, archiduque de Flandes, hijo primogé-
nito del sobredicho Rey de Romanos, é murió en
este mesmo tiempo el Príncipe Don Miguel que era
Príncipe de Castilla por la Reina de Portugal Dofia
Isabel, su madre. Por la muerte deste Príncipe niño,
la Archiduquesa Dofia Juana fué Princesa de Cas-
tilla, como subcesora é hija primogénita destos Rey
é Reina, y el Archiduque Don Phelipe Príncipe como
su marido; á causa de lo qual Don Felipe y Doña
Juana vinieron de Flandes, pasando en España en
la ciudad de Toledo, que es en el Reyno de Castilla,
y en la ciudad de Zaragoza fueren jurados por prín-
cipes dentrambos Reynos. Hubieron más el exce-
lentíssimo Rey Don Fernando é la sereníssima Rey-
na Doña Isabel otra hija, por nombre llamada Dofia
María, que por dispensación del Papa fué casada
con el dicho Don Manuel, Rey de Portugal. Hubie-
ron más otra hija llamada Dofia Catalina, que fué
casada con Artús, Príncipe de Galles, hijo primogé-
nito del Rey de Inglaterra, los quales fueron pues-
tos en estado real con mucho gozo que hubieron
estos reyes sus padres, aunque por verlos de sí au-
sentes tristeza alguna tuviesen.
Capítulo de la guerra y discordia que hubo con el Rey de Fran-
cia sobre el Reino de Ñapóles, é lo que después sobrevino y
aconteció.
En el año del ñas cimiento de Nuestro Salvador
Jesu Christo de mili é quatrocientos é noventa é
cinco años, reinando en España los serenissiraos
Reyes Don Fernando ó Dofia Isabel , el Rey Don
Carlos , Rey de Francia , afirmando é diciendo que ¡
el reyno de Ñapóles á su corona pertenecía , con I
É DOÑA ISABEL. 521
grand exercito y orgullosa salida de mucha sober-
bia fué contra el Rey de Ñápeles, Don Fadrique, y
le tomó su reino, y después desto este dicho Rey
de Francia entró en Roma, y ayuntándose ciertos
cardenales, tomó por fuerza de armas á Ostia, que
está colocada en la ribera del rio Tiber ; y haciendo
asimismo muchas muertes y robos, pasó en el Rey-
no de Ñapóles , y con mucha dificultad le ocupó é
le tomó, é de allí deliberó de pasar á la ínsula de
Sicilia , que era del Serenísimo Rey Don Fernando,
queriéndola conquistar y tomar ; por lo qual entre los
españoles y franceses hubo grande discordia y ene-
mistad, asi por mar como por tierra, y á esta causa
fué embiado Gonzalo Hernández de Córdoba, beli-
coso caballero, hombre muy esperto en las cosas
y exercicio de la guerra. Este Gonzalo Fernandez
es hoy Marqués de Terranova intitulado, y este
noble varón con algún número de caballeros é gen-
tes de pié pasó á resistir al Rey de Francia la en-
trada de Sicilia, é para que diese ayuda al rey Fe-
derico de Ñapóles, por donde me paresce que el
nombre de los numidas, que como escribe Salustio,
fué en España renovado, con tanta mayor gloria
debe ser ensalzado en Italia y Sicilia y en todo el
mundo, por los memorables fechos deste estremado
y excelente caballero.
Fué estonces el Rey Don Fernando á la ciudad
de Girona, que es en el Principado de Cataluña , y
ordenó su hueste contra el Rey de Francia , movido
con ánimo de le destruir en su reino. Entre estas
turbaciones que á la sazón sobrevinieron , fué de-
nunciado á la Reyna Doña Isabel como muchos
franceses, parte dellos armados, parte dellos sin ar-
mas, entraron en Castilla so color de ir en romería
de Sanctiago ; los quales eran tantos, que si de ma-
no de Dios no fuera proveído, como de ladrones de
casa el reino fuera é padesciera grand detrimento
é mucho dapno. Entonces la serenísima Reina, con
el amor y celo que á su Reino tenia, mandó llamar
algunos que en su Consejo residían, diciendo su
Majestad dos estremos : que quitar la entrada á los
franceses, le era grande cargo de conciencia por no
quitar la visitación y romería de Sanctiago á los es-
trangeros, que en tal romería grandes indulgencias y
muchos perdones con peregrinación ganaban ; por
otra consideración decía parecerle que si tal entra-
da á los franceses se diese, questo seria en mucho
detrimento é dapno de su mismo Reyno, porque no
puede ser mas malvada cosa que el famiHar enemi-
go ; y puesta en esta congoxa y perplexidad la
Reyna, mandó á algunos de su Consejo que todas
estas cosas de su parte dijesen al Arzobispo de To-
ledo, su confesor y consiliario , hombre de buena
vida y loable fama, y lo mismo mandó decir á Don
Alvaro de Portugal, varón de grande linage, docta-
do de mucha prudencia y Presidente del su Conse-
jo Real ; á los quales por el mandamiento real estas
cosas fueron dichas ; á cuyo parecer y determina-
ción fué respondido que la entrada de los franceses
se debía estorbar ; la qual respuesta, después que
fué por la Reina y Señora oída, tornó á decir que
622
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
no era su parecer ni quería perturbar la entrada á
los franceses , que más quería atreverse á caer en
manos de los enemigos , que no quitar la visitación
del apóstol Sanctiago, patrón de sus reinos Despa-
fia ; y siguiendo su alteza las pisadas del Rey ó Pro-
pheta David, quiso más caer en las manos de Dios,
que no temer el poderio de los hombres, y asi no
fué negada la entrada do su'romeria á los franceses.
Tornando nuestra corónica á decir lo que este ca-
ballero Gonzalo Fernandez hizo en el camino que
llevó á Ñapóles, es de saber , que hizo al Rey de
Francia por fuerza de armas volver á su tierra y
desocupar el reino de Ñápeles que tenia tomado ;
y este rey Carlos de Francia, después que dfe Ñapó-
les fué echado, en los Alpes fué mal recibido de
cierta gente de guerra que en aquella tierra estaba,
é tanto fué perseguido destos, que apenas pudo sal-
var la vida de sus manos. Murió después este Rey
Carlos, é sucedió en el Reino el Duque de Urliens,
llamado Ludovico, el qual con favor y ayuda del
Rey Don Carlos á Ñapóles habia pasado, y algún
tiempo después acaeció que este rey ajuntó gran
gente, y no con menos soberbia que el Rey Carlos
antepasado , la envió en prosecución del reino de
Ñapóles, diciendo pertenecerle, en pocos dias ocu-
pando la mayor parte del Reino ; por la qual otra
segunda vez tornó el Duque de Terranova, hoy lla-
mado grand capitán, en Ñapóles con gran flota , é
igualando sus hechos con Julio Cesar y Anibal,
en poco tiempo recobró por fuerza de armas y, ocu-
pó todo el Reino de Ñapóles, que el Rey de Francia
tenia usurpado, ó le puso so la subjecion del Rey
Don Fernando y la Reina Doña Isabel, después de
haber muerto en ciertas batallas que hubo más de
veinte mili franceses, y otros muchos que en Fran-
cia despojados volvieron. Doliéndose dello el Rey de
Francia, tornó á embiar otro exercito de guerra no
menor que el primero para cercar Salsas, fortaleza
muy singular, que está sitiada en las postreras par-
tes é términos Despaña ; y estos franceses pusieron
en Real y la cercaron muy fuerte por ganarla. Los
que estaban en la fortaleza defendiéronse muy fuer-
temente matando muchos de los franceses que en
el Real, estaban. Estonces el Rey Don Fernando, que
en Barcelona se halló con gran gente , que la Sere-
nissima Reina Doña Isabel su muger de Segovia le
embió, fué contra los franceses , los quales oyendo
como el Rey con sus gentes contra ellos iba, alza-
ron el cerco é Real que sobre Salsas tenian puesto,
y dieron á huir , siguiéndolos el Rey con su gente
de guerra, y fué en su alcance hasta dentro de Fran-
cia, quemando y destruyendo todos los lugares que
en el camino estaban, salvando las vidas de los
hombres, pues por misericordia su alteza movido,
mandó que á ningún francés sus gentes matasen ;
y desta manera contra la voluntad del rey de Fran-
cia se ganó el Reyno de Ñápeles, el qual por derecho
al Rey Don Fernando pertenecía. Esto acabado, el
Rey Don Fernando se vino á la villa de Medina del
Campo, donde estaba la Reina Doña Isabel, que avia
allí venido á ver á la Princesa Doña Juana, su hija,
pues el Príncipe Don Felipe era ido á Flandes ; y el
Papa por su bula plomada declaró que en el dicho
Reino de Ñápeles no sucediese sino fijo ó fija que
naciese dentrambos cuerpos del Rey Don Fernando
y la Reina Doña Isabel, y los decendientes dellos.
Capítulo de las grandes excelencias de la Reina Dofia Isabel.
No pasemos en silencio tantas excelencias como
esta Reina tuvo : tractemos de algunas dellas, pues
que la natura no crió otra semejable que en su rei-
no asi gobernase ; que si en la antigüedad se alabó
á Semiramis , ó á ks Amazonas , ó á algunas otras
hembras por fechos claros que hiciesen ó por gran-
deza ó hermosura que tuviesen , todas estas, si algu-
nas gracias tuvieron, con algunas mancillas las en-
suciaron ; mas esta excelentísima Reina Doña Isa-
bel desde el día de su nacimiento fasta el día de su
muerte se halló siempre no menos fuerte que cons-
tante y magnánima haber sobrepujado á las que
arriba habernos dicho. Vivió tan sobre bondad com-
puesta, que nunca demasiada palabra alguna se ha-
lla haberle oído que dixese. Fué castísima muger,
llena de toda honestidad, enemicisima de palabras
ni muestras deshonestas ; nunca se vio en su perso-
na cosa incompuesta ; nunca se halló en sus obras
cosa mal hecha, ni en sus palabras palabra mal di-
cha. Por cierto debe creerse en sus pensamientos
muy sanctos é justos ; que aunque muger, y por eso
de carne flaca, era alumbrada de dones y de gracia
espiritual. Fué fiel amiga, subjecta cara y carísi-
ma de sus amigos, favorescedora de las mugeres
bien casadas, y de lo contrario muy enemiga, ca-
thólíca y christianisima devota , f edelisima á Dios,
madre muy piadosa á sus subdictos, reina muy justa
á BUS vasallos , dada á contemplación y dedicada á
Dios: ocupábase en los oficios divinos muy con-
tinuamente ; ni por eso dexaba la gobernación hu-
mana. Era religiosa y devota á todas las religiones ;
tenia grand caridad , suma prudencia , grandísimo
favor de justicia, mucha modestia, grand honesti-
dad y estudio de vida apartada : era exemplar de
buenas é loables costumbres, magnánima, líberalí-
sima en mandas y dones repartidos por todo el mun-
do. A los embaxadores que venían de otros prínci-
pes y á sus servidores é criados muy gracta ; á to-
dos los suplicantes y negociadores de sus reinos
muy apacible. Descargó en su vida y en dias de
salud y alegría grandes sumas de quentos de dine-
ros de sus descargos, deudas é promesas y obliga-
ciones que dende su tierna edad era obligada, y
también descargó las conciencias de sus progenito-
res. Su mansedumbre fué admirable ; su magestad
la mayor que jamas fué vista; su misericordia so-
bre todo loor ; mas aunque asi usaba de piedad, no
olvidaba el ceptro de la justicia. Todas estas virtu-
des tenía esta Reina , de tal manera asi allegadas,
que siguiendo la doctrina de Sant Gregorio , en to-
das las cosas que duda tenían, más á misericordia
que á rigurosa justicia se inclinaba, ó por esperíen-
cia de sus obras asi lo demostraba dando grandes
limosnas que á todas las ordenes meudicautes, per-
DON FEBNANDO
Bonas meneeteroeas é pobres necesitados larguisi-
mamente repartía ; á doncellas huérfanas doctaba, y
á otras con grandes doctes las casaba. Al sepulcro
sancto de Jeruealem con grandes limosnas é devoto
ánimo de corazón visitaba, pues que por la flaqueza
mugeril é por la dinidad real con los pies corpora-
les no podia. Fué esta tan excelentísima Keina, que
ni después que Koma fué fundada , ni tampoco des-
que España fué poblada, rey, príncipe, ni empera-
dor, ni otra excelentíssima muger que reinos go-
bernase, ninguna hubo á quien con gozo maravi-
lloso esta Reina no sobrepujase, y todos los pasa-
dos que por seguimiento de sus virtudes se puedan
en ausencia alabar, todas en presencia desta Reina
é Señora con la mucha grandeza de sus obras é sin
comparación se debrian callar ; é segund dice la
Sacra Escriptura, ninguno en su voluntad deba ser
loado. Cosa digna de publicar é manifiesto es que
el poderoso Rey Don Fernando asi es doctado é
compuesto de todas aquellas excelentes virtudes
que desta christianisima Reina á hablar comenza-
mos, y faltaría ingenio para haberlas de contar.
Fueron Rey é Reina juntos por Dios escogidos, por
el ayuntados, que juntamente asi ayuntados reina-
ron é gobernaron treinta años , y aunque en cuerpos
dos, en voluntad ó unión eran uno solo. Firmaban
las cartas é provisiones juntamente el uno y el otro.
Estos Reyes de templos y casas de Dios constitu-
yeron obras innumerables, y hazañas tantas hicie-
ron, que para mas verdaderamente hablar no se po-
. dian escribir mas brebemente.
Capitulo de la fln é mnerte desta excelentísima Reina Doña
Isabel.
Sobrevino recia enfermedad corporal á la Reina
Doña Isabel ; é opremídas é agravadas las feme-
ninas fuerzas de la christianisima Reina , estuvo
por espacio de cient días continuos de grand enfer-
medad fatigada; é como en la Iglesia de Dios por
su salud muchas oraciones, ayunos é sacrificios fe-
chos fuesen, é por su juicio oculto poco aprovecha-
sen, viendo la excelentísima que el tiempo que á
su vida estaba por Dios determinado se acercaba,
mandó que de rogar á Dios por su salud corporal
los eclesiásticos cesasen , é fuesen por la salud es-
piritual, y que los sacramentos eclesiásticos traídos
le fuesen. Era tanta la honestidad é tan grande la
observancia de su pudicicia, que al tiempo que la
estremauncion le fué dada , ningún miembro suyo
quiso que fuese visto, sino de solo el sacerdote, y no
deníngun criado ni criada de su Real casa. Hizo tes-
tamento tan ordenado y maravilloso, que casi di-
vino se puede decir ; la gobernación destos sus Rei-
nos que dexaba, á su marido el Rey Don Fernando
encomendó, encargándole y pidiéndole que las ren-
tas de su corona real no enagenase ; y acabó sus
días la excelentísima Reina Doña Isabel, honra
de las Españas, espejo de las mugeres, en la villa
de Medina del Campo á veinte é seis días del mes
de Noviembre, año del Señor de mili é quinientos é
cuatro años, entre las once é doce del día , más cer-
É DOÑA ISABEL. 523
ca de las doce horas ; con la qu»l muerte todo el go-
zo que España tenia pereció. Fué después tomado
su cuerpo por algunos perlados é grandes del Rei-
no, é puesto en el Real Palacio en el hábito del Se-
ñor Sanct Francisco ; en el siguiente día fué lleva-
do á enterrar al reino é ciudad de Granada, el qual
Reyno sus altezas habían ganado con mucho tra-
bajo. Fué por el camino de mucha gente acompa-
ñada: enterráronla humilmente, sin pompa algu-
na, como por su testamento antes que muriese ha-
bía mandado hacer. Desta Reina, considerada la fé,
vida, é religión ó fin , no seria temeridad afirmar
que está en el cielo : á lo menos que purgadas algu-
nas culpas de sus peccados, pues como dice el Após-
tol, no hay justo ni quien pueda decir que está sin
pecado, en breve será colocada en la celestial glo-
ría con los Santos, dexando reino temporal para al-
canzar gloria para siempre jamas.
Capítulo como después de la muerte de la Reina Doña Isabel, la
Princesa Doña Juana, su legitima heredera, fué alzada por
Reina y Señora destos Reinos de Castilla y León.
Siendo huérfana España de su Reina é Señora,
segund que ya arriba habéis oído, comenzaron á
temerse las guerras é males antiguos que en el tiem-
po de su vida adormidas estaban ; mas nuestro Se-
ñor Dios aviendo misericordia Despaña, quiso vol-
ver toda esta tristeza en placer, porque en este día
que la Reina murió, el Rey Don Fernando con gran-
des lágrimas salió de Palacio con muchedumbre de
grandes destos Reinos , é subió en un cadahalso,
guardando las cirímonias que este tal caso reque-
ría , y hizo levantar pendones por la Reina Doña
Juana, su hija, que era casada, como arriba dixi-
mos, con el Príncipe Don Phelípe, con trompetas y
rey de armas ; é teniendo un pendón real el Duque
de Alba en sus manos, díxieron Castilla, Castilla,
Castilla, por la Reina Doña Juana nuestra Señora,
La Reina Doña Isabel de gloriosa memoria en su
testamento dexó por gobernador destos Reinos al
poderoso y excelente Rey Don Fernando, en ausen-
cia de la Reina Doña Juana su hija, no viniendo á
estos Reinos porque estaba en Flandes ; ó veniendo
la Reina, é no queriendo ó no pudíendo gobernar,
que el Rey Don Femando gobernase. Esta clausu-
la fué leída é publicada delante gran número de
gentes, y ansí quedó por gobernador destos Reinos,
y los mantuvo en tanta justicia, paz é sosiego
quanto estaban en el tiempo que la Reina vivía. Du-
ró la gobernación del Rey por espacio de año é me-
dio. En este tiempo hubo ciertas diferencias y con-
tiendas entre el Rey Don Fernando y el rey Don
Phelípe su hierno ; é fué tal asiento hecho é dada
esta concordia con los embaxadores que entre estos
Reyes entendían : que ambos juntamente reinasen,
poniendo á esto ciertas capitulaciones las quales de
guardar y mantener asi el Rey Don Fernando como
el embaxador del Rey Don Phelípe, que en Castilla
estaba, con sus propias manos juraron. Den de á
poco tiempo, pasando el Rey Don Phelípe y la Reina
Doña Juana con gran flota que traían , entraron eu
524
CRÓNICAS DE LOS EEYES DE CASTILLA.
España en el mes de>Abril, año del Señor de mili ó
quinientos é seis años. Aportaron al Reino de Galicia
en la ciudad de la Curufia á cuyo recibimiento sa-
lieron muchos grandes del Reino, é algunos afirma-
ron que por inducimiento é consejo de algunos de-
llos fueron deshechas y rompidas todas las capitu-
laciones que entre estos Reyes antes juradas é
puestas estaban ; y el Rey Don Fhelipe con grand
compañía de gente armada que consigo traía, salió
del Reino de Galicia entrando en Castilla. El Rey
Don Fernando le salió á recibir pacificamente á
diez é nueve dias del mes de Junio del dicho año,
y viéronse estos Reyes ambos juntos cabe la aldea
de Remesa , estando muy pocos presentes, y mu-
chos de lexos mirando la habla que estos Reyes tu-
vieron. Después de haber hablado , pareció comun-
mente ser visto á todos que la fina reverencia por
el Don Phelipe acerca de su padre como convenia
no serle guardada. En este tiempo el Rey Don Fer-
nando, mas forzado de voluntad que con ella, salió
destos Reinos de Castilla, y se partió para sus rei-
nos de Aragón , y dende alli con grande armada
pasó al Reino de Ñapóles.
Capitulo como él Rey Don Phelipe é la Reyna Doña Juana entra-
ron en el Reino de Castilla , y de las condiciones deste Rey
Don Phelipe, é de su Un y muerte.
Luego que el Rey Don Felipe y la Reyna Doña
Juana entraron en Castilla y pacíficamente la pose-
yeron, dicha Doña Juana, como fuese Reina é Señora
destos Reinos, no la veían sus subditos é naturales, é
por esta causa les parecía que debía por el Rey ser
detenida á manera de encarcelada, porque estando
en poder del Rey Don Phelipe, ni gobernaba, ni
tampoco parecía, é si esto por su voluntad ó constre-
ñida por el Rey Don Phelipe así se hacia, en este
tiempo á saber no lo alcanzaron sino pocos. Después
desto fueron ayuntados los procuradores de Cortes
en la villa de Valladolid, donde juraron á la Reina
nuestra Señora por Reina é Señora natural destos
Reinos, y al Rey Don Phelipe como á Rey é Señor,
como á su legítimo marido, y después de los dias
de la Reina Doña Juana al ilustríssimo Príncipe
Don Carlos, su primogénito heredero hijo, que ago-
ra nuestro Príncipe es. El Rey Don Phelipe, solo
contradiciéndole alguno del Reino, estos reinos go-
bernaba ; y este Rey Don Phelipe careciendo de la
esperiencia y consejo que para regir é gobernar
convenia, de buena gana daba á todos los grandes
todo lo que de la real Corona pedido le era, é por
consejo de algunos sus consejeros dio algunas cosas
que el Rey Don Fernando y Reina Doña Isabel sus
padres con grande vigilancia habían cobrado. Otros
grandes destos Reinos, viendo esto murmuraban, é
las comunidades destos Reinos las gentes estra-
fias que el Rey Don Felipe consigo habia traido,
aborrecían; y como los tales estrangeros fuesen
dados á demasiado comer y beber mucho, desórde-
nes y delictos cometían, é comenzó la justicia algo
á enflaquecer y caducar. Era este Rey Don Felipe
mancebo, y de muy buen cuerpo y de muy hermosa
cara, y de liberal y gentil dispusicion. Era blando
á todos, y apacible y mucho noble, más que ningu-
no deseador de justicia, muy aparejado para todas
virtudes. Era asimismo dado á los juegos, y holga-
ba de fablas y tractar con mugeres; no le parecía
cosa mejor que los gentiles gestos de mugeres. Co-
mía é dormía bien; reinó por espacio de quatro me-
ses; llegó á la ciudad de Burgos donde adolesció, y
dentro de seis dias , de su enfermedad opreso mu-
rió, á veinte é cinco días del mes de Septiembre, año
de mili é quinientos é seis años. Muchos decían que
esta muerte deste Rey á este Reino había sobreve-
nido por juicio de Dios, por la desobediencia que
este Rey tuvo al Rey Don Fernando su padre; otros
afirmaban que con mal regimiento deste siglo al
otro habia pasado. Dexémoslo al juicio de Dios en
cuya mano é determinación está todo.
Capitulo como después de la muerte deste Rey Don Felipe fn6
el Reino por los del Rea! Consejo gobernado, é lo que acaes-
ció; é como el Rey Don Fernando pasó en Castilla á gobernar
el Reino como antes hacia.
Quedando la Reina Doña Juana viuda é preñada,
la qual así por el dolor que sintió en la muerte de
su marido, á quien mucho amaba é quería, como
por la poca esperiencia que en gobernar reinos
tenía, é como quisiese no entender en la gobernación
destos sus reinos, gobernóse el Reino por las perso-
nas que estonces en el su real Consejo estaban. Pí-
cese en las historias romanas que Rómulo, el primer
fundador de Roma, después que creció en el Señorío
escogió cíent varones para su consejo, los quales lla-
mó Senadores. Este de un rayo ó trueno desapareció;
los Senadores que antes había tomado gobernaron
esperando si volvería. Estos fueron año y medio
por esta causa tenidos en gran precio é mncha repu-
tación ; mas, los Despaña que por diez meses y más
solos gobernaron estos Reinos, siendo maltractados
de algunos grandes del Reino, no por ser personas
que en el Consejo Re^l presidian, mas aun como
privadas, eran extremados en el trabajo é sudor que
tenían, y grande su vigilancia, y el cuidado muy
mayor. Eran estos varones doctados de ciencia, y
algunos dellos de aprobado linaje, y todos de cos-
tumbres leales como convenían; eran por número
diez ú once, muy pocos en comparación de los que
leímos en el capítulo octavo de los Macabeos, que
hacían consejo trecientos é veinte varones cada día
para gobernar las cosas públicas. Estos del Consejo
Real no son menos de loar que aquellos que arriba
dixímos, por los grandes trabajos que pasaron , en-
tendiendo con sudor continuo en aplacar tantas
desobediencias é maldades como en estos Reinos
habían nacido. La Reina Doña Juana envió á su-
plicar al Rey Don Fernando, su padre, que viniese
á entender en la gobernación destos Reinos, y man-
dó al Doctor Oropesa y al Licenciado Muxica y
al Doctor Carbajal y al Licenciado Polanco, todos
quatro de su Consejo, que le escribiesen ; y asi esta
e.mbaxada fué embíada al Reino de Ñápeles donde
estaba, y porque el Rey estaba ocupado en los ne-
DON lí'ERNANDO
gocios de aquel Reino, no pudo luego embarcarse
para pasar á Castilla , mas embió á decir que aque-
llo acabado, Su Alteza entendía vendría á aceptar
la gobernación destos Reinos ; y así fué que después
se embarcó á quatro dias del mes de Junio, afio del
Señor de mili é quinientos é siete años, acompañado
de gran flota, así de naves como de galeras de aquel
BU Reino de Ñapóles. Estuvieron antes desto por
espacio de diez meses y más los Reinos de Castilla
sin gobernación; en el qual tiempo muchos géneros
de males é dapnos é desobediencias se cometían ;
entre los quales en silencio no es de pasar como
el Duque de Medina Sidonia, queriendo por fuerza
de armas tomar la ciudad de Gibraltar, siendo como
era de la corona y patrimonio real, allegó mucha
gente de armas para la ganar; los ciudadanos de la
qual con fidelísimo esfuerzo y determinado ánimo
por la corona Real se tuvieron, y de tal manera se
defendieron, que quedando vencedores al Duque y
á su gente que en el cerco estaba, huir del campo
como leales vasallos le hicieron. Pocos dias des-
pués que aquesto así aconteció, por el juicio de Dios
murió el Duque, y acabó sus dias de enfermedad de
pestilencia. Estando la república de España en
aquestas turbaciones y cosas que sobrevenían, el
Conde de Lemos tomó la villa é fortaleza de Pon-
ferrada, que es en el Reino de Galicia, que asi
mesmo era de la corona real, con mano armada;
contra el qual Conde se firmó un proceso por los
del Real Consejo que en este tiempo el Reino go-
bernaban, y asi mismo contra el usurpador de la
corona real procedieron para le tomar la dicha vi-
lla y fortaleza, é tomada, justamente tenían man-
dado que todas las guardas é gentes de armas que
en el Reino estaban fuesen contra el Conde de De-
mos. Iban por capitanes generales desta gente Don
Fadrique de Toledo, Duque de Alba, y el Conde de
Benavente, tomando esta empresa por servicio de
su Reino en tanta estima como caballeros de mucha
fidelidad é de mucho amor á su patria. Y como el
Conde de Lemos sabidor fuese de la copia de gente
que contra él venia, usando de mejor consejo, dio de
su voluntad libre y desembargadamente la villa é
fortaleza de Ponf errada á la persona que para reci-
birla los del Consejo enviaron; é si la venida del Rey
Don Fernando no se esperara, cosas muy graves é
muy terribles por el Reino se cometieran. Asi España
opremida de tantos é tan diversos males, estaba es-
perando para su salud la venida del Rey, que allegó
por la voluntad de Dios en este tiempo en la playa
de Valencia, y dexando las ondas de la mar, saltó
en la tierra á veinte dias del mes de Julio deste
dicho año, sea dada gloria á nuestro Señor Jesu
Christo. La Reina Doña Juana nuestra Señora,
oyendo la venida del Rey su padre, con gran ale-
gría fué personalmente á la Iglesia, dando gracias
á Dios, y mandó cantar el cántico de Sant Ambro-
sio y Sant Agustín Te Deum laudamus. Estuvo la
$eiii,Sb algunos dias en un lugar pequeño llamado
■Omillofl, ,é partiendo el Rey Don Fernando de su
ciudad de Valencia dende á poco tiempo, el amor
É DOÑA ISABEL. 6!25
que á su patria tenia le hizo tan de presto venir,
con tanta y tan entera voluntad como tenia quan-
do con la Reina Doña Isabel era casado; y saliendo
la Reina Doña Juana á recebir al Rey su padre,
vinieron á un lugar llamado Tortoles, donde á vein-
te é ocho dias del mes de Agosto del mismo año
que arriba diximos se vieron é hablaron. El Rey
tracto á su hija con toda cerimonia y acatamiento,
y la Reina fincadas las rodillas en el suelo, de-
mandando las manos al Rey su padre para se las
besar, no queriendo el Rey dárselas, con aquel
amor paternal que le tenia, la abrazó é le dio paz,
y entraron en un mismo palacio, ó con gran pla-
cer reposaron. La Reina con el grande amor que
al Rey Don Phelipe su marido tenia, no avia con-
sentido que pusiesen debaxo de tierra su cuerpo,
antes en su sepulcro de plomo le mandó meter ó
traerle consigo, haciendo decir por su ánima sa-
crificios divinos por muchas religiones ó diversas
órdenes que desto cargo tenían.
Á veinte é cinco dias del mes de Setiembre deste
afio se cumplió un año que el Rey Don Phelipe muer-
to había; éseguiendo la Reina la costumbre Despafia
cerca desto, mandó decir solemnemente vísperas
cantadas por el ániüía de su marido, y en el se-
guiente dia con gran solemnidad mandó que se
cantase misa y oficios de réquiem, en los quales
estuvieron el Rey é la Reina é muchos grandes é
perlados del Reino, como se escribe en el segun-
do libro de los Macabeos, capítulo duodécimo, que
viendo que Philípo Rey avia muerto, piadosamente
pensando é creyendo en la resurrección, rogaban á
Dios nuestro Señor por su ánima, devota y reli-
giosamente. Comenzó después desto el Rey Don
Fernando á entender en la gobernación y cosas
deste Reino, el qual aunque estaba muy alborotado,
en poco tiempo después queste excelentíssimo Rey
comenzó á gobernar, se levantó á estar en la mis-
ma felicidad próspera que antes estaba, porque
escripto es en la sagrada escriptura escogerse para
la gobernación de la república un varón, y enton-
ces el pueblo estaba en paz. Declaró el Rey Don
Fernando el ánimo y intención de su venida, di-
ciendo como en reparación destos Reinos él habia
dexado los suyos propios, porque España estuviese
segura; ca así dice Sant Gerónimo que la gober-
nación del pueblo se debe dar á quien Dios es-
cogiere, en el qual sea claridad de ley é virtud
con todo el pueblo, y esto mismo se escribe en el
decreto. De ahí á pocos dias partió la Reina y el
Rey Don Fernando de Tortoles, é fueron á la villa
de Sancta María del Campo, que es lugar de la
diócesis de Burgos, y después desto el Rey partió
de allí, dexando á la Reina en un lugar llamado por
nombre Arcos. El Rey fué á la ciudad de Burgos, en
donde por algunos meses é muchos dias su Alteza
aposentado estuvo, y la Reyna en el lugar de
Arcos cerca de Burgos. La Reina Doña Juana
estuvo en aquel lugar, y el Rey Don Fernando su
padre en la ciudad de Burgos, de donde algunas
veces visitaba aunque pocas á la Reina su hija,
626
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Después que el Rey fncHto estuvo en la ciudad de
Burgos que le pareció lugar más conveniente, do
tuvo algún reposo para entender en la gobernación
y pacífico estado de los Reinos, trabajaba é pensa-
ba quanto podia sosegar y traer al buen ñn é tér-
mino que antes solian estar algunos negocios é ca-
sos que siendo él ausente nascieron é comenzaron,
muy perjudiciales é dapnosos al bien de la repúbli-
ca ; y para punición de algunos crimines y excosos
que en la ciudad de Córdoba y sus comarcas acae-
cieron, embió á llamar Su Alteza al Licenciado
Hemand Gómez de Herrera, uno de los Alcaldes de
la Casa é Corte real, donde el dicho Licenciado for-
zosamente con gente armada tomó y metió preso al
Marqués de Pliego en una su fortaleza de Montilla
donde lo tenia guardado y á mucho recaudo encar-
celado; y como este caso tan feo vino á oidos del
Rey, considerando que si lo desase disimulado, sin
punición y castigo, sería causa y opinión de otros
muchos á quel dicho Marqués ó otros se atreverían
á hacer, pospuesto el buen Rey todo trabajo, con
los muy grandes calores que como fuego asan, por
el mes de Julio, al tiempo que el Sol entra en el
sino de León, de la dicha ciudad de Burgos do es-
taba partió, y á mucha priesa llegó á Córdoba, don-
de visto y examinado con mucha diligencia el gran
error y no debido atrevimiento del dicho Marqués,
el muy alto Consejo Real condenóle á privación de
todos los oficios reales y mercedes que de la Coro-
na Real tenia, y la muy buena fortaleza de Monti-
lla derrocaron y arrojaron por el suelo por manda-
do de la justicia, que no parecía della cosa alguna
ni rastro que ende hubiese habido edificio ; y esto
así fecho. Su Alteza partió dende para Sevilla, por-
que el Duque de Medina Sidonia tampoco quiso
complir ni efectuar algunas cesas que le habían
sido mandadas por Su Alteza ; y luego que llegó á
Sevilla, de noche, calladamente, por los muros de
la ciudad como mejor pudo, con consejo é compañía
de Don Pero Girón, primogénito del Conde de üre-
fia, marido de la hermana del dicho Duque, fué á
Portugal por estas inobediencias y rebeldías. Deter-
minó el Rey por más segurar los fechos refrenar
sus osadías, y por le traer á bien, tomar al dicho
Duque todas sus villas y tierras y fortalezas; y em-
biando allá su exército de pie é de caballo, tomó la
villa de Niebla, que es muy antigua, y de quien
hacen gran memoria las corónicas Despaña ; y por-
que los vecinos de la dicha villa no se quisieron
dar ni obedescer el mandamiento real, mas resistían
y porfiaban quanto podían por no se dar á la gente
de armas, entró en la villa por fuerza haciendo mu-
cho mal y dapno en los moradores con harta cruel-
dad; y con el dapno de la hacienda é bienes con-
tentos los soldados, no cometieron muertes de hom-
bres, ó adulterios y otros males que en semejantes
lugares é tiempos acontecen; mas como no hay
quien impida á la gente de armas vencedora su
curso é querer, complieron todo á su voluntad. Con
esto, dado fin á lo del Andalucía, vino luego Su Al-
teza á ValladoUd, donde estuvo casi todo el año de
mili é quinientos é nueve, entendiendo en muchas
cosas que para el pacifico é quieto estado del Reino
convenia comunicar é prever. Con todo esto, luego
que llegó dende Andalucía á Valladolid, fué el Rey
al lugar de Arcos donde estaba la Reina Doña Jua-
na su fija, é sacándola dende, la traxo consigo á la
villa de Tordesillas, y ende la puso con alguna
compaña de servidores en los palacios reales, y de-
xó de traerla consigo en corte por algunos impedi-
mentos y enfermedades que Su Alteza padescia.
En este año Don Fray Francisco Ximenez, de la
Orden de los freyres menores. Cardenal de la Sanc-
ta Iglesia romana, con título de Sancta Balbina,
Arzobispo de Toledo, Primado de las Espafias, con
mucho celo y amor de ensalzar la Sancta fé cathó-
lica, determinó pasar en África para hacer guerra
á los moros, enemigos de Dios nuestro Señor, con
grande y crecido exército de pie y de caballo, con
sancto propósito de aumentar la fé cathólica; asi
que allegado mucho grande y copioso exército, ó
muy crecida flota de naos, en el puerto de Cartage-
na entró el Arzobispo y Cardenal Primado de las
Españas en la mar, y metió y embarcó todo el exér-
cito, aunque grande, en las naos que copiosamente
allegó, y con próspero viento de buen tiempo qu»
Dios le quiso dar, allegó con salvedad de todos los
que traía en el Puerto de Mazalquivir, que es en la
costa africana. Sabida su venida, que antes la ha-
bían oido los moros, así de la muy antigua y noble
ciudad de Oran, como de las otras ciudades é villas
é lugares é comarcas, se juntaron mucho número
bien armados á pié y á caballo, y con mucha osadía
peleando, porfiaron que el buen Arzobispo con su
gente no tomase ni entrase en la tierra, pero con el
ayuda de Dios é buena osadía y esfuerzo que los
christianos mostraron en aquel dia, á pesar de toda
la morisma que ende llegó, tomó tierra con todo su
exército, matando é f eriendo muchos moros, destro-
zando las compañas é batallas moriscas, y de tal
manera é guisa con mucho esfuerzo y proeza pelea-
ron los christianos^aquel dia, que mezclados los unos
con los otros, á su pesar entraron en la ciudad de
Oran, donde comenzaron é trabaron gran combate
los dos exércitos de christianos y moros, los chris-
tianos muy esforzados y ardidos por la sancta fé
cathólica, los moros por necesidad de librar á sí y á
sus mugeres y fijos é propia ciudad y tierra, do
tantos tiempos é siglos moraron ; é con esto é por-
que con la ira é furor de la batalla crecía su ánimo,
valientemente combatían y se defendían los moros;
mas los christianos pensando en la justa causa de
la fé, y como les era honesto é justo é glorioso
morir en las armas de tan sancta expedición, mos-
traron tanta virtud é proheza de armas, que á los
moros arrancaron del lugar donde era la pelea y
ruido, é los ahuyentaron fuera de los muros de la
ciudad á mal grado suyo, y murieron muchos y en
tan poco espacio, que estaban montones de cuerpos
muertos y tropezaban en ellos, resbalando en la
sangre humana que se vertía. Así los christianos
no bíu mucho misterio aquel dia que descendieron
í)ON FERNANDO
en África tomaron é tuvieron la ciudad de Oran por
suya, é todos los moradores de ella, homes y muge-
res, grandes é pequeños, viejos y mozos, presos, ex-
cepto los moros que peleando murieron, tomaron; y
asi mismo mucho oro y plata, joyas é perlas pre-
ciosas, y otras muchas cosas y riquezas y aver que
no se podria bien numerar. El dia seguiente la mez-
quita mayor consagró el buen Cardenal Arzobispo
en Iglesia, y donde muchas veces el nombre de
Dios Jesu Christo nuestro Señor fué blasfemado,
allí fué loado gloriosamente con muchos sacrificios
y solemnes misas, é vísperas, y horas canónicas, no
con poca alegría é placer de los christianos; é por
memoria que por el Arzobispo de Toledo se ganó la
ciudad de Oran, ende se crió y eregió una abadía
subjeta á la Sancta Iglesia de Toledo. Todo esto
fecho, el Keverendísimo Cardenal á cuyo loor é
alabanza todo nuestro decir es inferior, vino con
todo su exército á su sancta Iglesia y silla arzobis-
pal de Toledo, dexando proveido á Oran de gente
de armas é vituallas abundosamente. Asimismo,
como el Cathólico Rey Don Fernando tuviese siem-
pre gana de ensalzar y estender la sancta fé ca-
thólica y no desamparar la guerra que contra los
moros habia comenzado, encomendó al Conde Pero
Navarro, varón muy diestro y esforzado en el fecho
de la guerra, que con muy grande flota é gente pa-
sase en África y conquistase las villas é ciudades
marítimas; el qual dicho Conde como buen caba-
llero, seguiendo el consejo de su Rey, con mucho
trabajo é peligro é con harto discrimen de pelea
entró con su exército é tomó por fuerza de armas
la ciudad de Tripol de Berbería, é de Bugia, las
quales en breve saquearon y robaron las gentes de
armas del exército christiano; y después que así
ganaron é robaron las dichas ciudades, las compa-
ñas de los christianos muy ricos é cargados do oro
y de plata, é de joyas, é de hombres é de mugeres é
niños moros de las ciudades robadas, que nadie es-
capó, volvieron á su propia tierra sin dapno ni le-
sión alguna con mucha victoria y honra.
E como en este exército tan poderoso, en uno con
el Conde Navarro fuese capitán Don García de To-
ledo, hijo primogénito heredero del Duque de Alba,
hombre por cierto muy bien notado de toda arte é
ciencia militar y de buenos desseos, determinó de
entraré tomar la Isla de los Gelves; é dicen algu-
nos que contra la voluntad del Conde Pedro Na-
varro fué la entrada de los Gelves ; é como el dicho
Don García entró en la Isla de noche, y el dia si-
guiente pública y placeramente entrase con el exér-
cito christiano en la Isla, por el gran calor sin
quento que aquel dia hizo, que asaba y quemaba, é
por la frogosidad de la tierra muy enemiga á los
estrangeros , é porque Dios asi lo quiso, valiente-
mente peleando ende el dicho Don García y con él
otros caballeros españoles que le seguieron, muchos
se ahogaron con el calor, é muchos en la mar, y
otros quedaron presos y esclavos siervos de los mo-
ros , y los que escaparon con harta dificultad entra-
ron y embarcaron en las naos después de haber na-
É DO^A ISABEL. 527
dado mucho; y aunque ei Cathólico Rey sentiese
mucho deste desbarato é pérdida de gente , no por
eso abatió su corazón é sancto deseo que tenia de
servir á nuestro Señor, é consideró que pues tenia
quatro ciudades con muy buenos puertos de mar en
la costa de África, conviene á saber, Mazar quivir,
Oran, Bugia é Tripol, que son puerto y entrada
muy segura para toda África, á causa de quitar los
hombres de la maldita secta mahomética y allegar-
los nuestro Señor Dios á su verdadera ley é doctri-
na, determinó firmemente el mesmo en persona ir
á pasar en África, pues tenia aparejo de las ciuda-
des ya dichas, y muchos reyes de África tenia en
treguas por sus vasallos pagándole cada uno dellos
tributo y censo en cada un año ; é para este pasa-
je de su Real persona convocó y ayuntó tanteé tan
noble exército de gente noble , quanto á la grande-
za de tal Príncipe, Rey é Señor pertenecía. E con
este proposito de pasar en África personalmente,
partió en fin deste año dende é de Valladolid para
la villa de Madrid, é dende fué para mediado el año
de quinientos é diez para Monzón á tener Cortes
generales, é que los aragoneses, catalanes é valen-
cianos le ayudasen é serviesen de dinero para esta
tan sancta é justa guerra que contra moros africa-
nos determinaba facer ; porque asi convenia atenta
la forma de sus fueros é previlegíos , que antes é
primero se junten Cortes é satisfagan los agravios,
que al Rey sirvan ni hagan ayuda de dinero. Así
que llamados para hacer é tener las dichas Cortes
los grandes , nobles é caballeros , y los tres estados
que conviene conforme á sus fueros ser llamados,
é juntadas las Cortes, pusieron los querellosos los
casos en que se metían por agraviados , ó como en
todas las otras cosas era el Rey prudente, con mu-
cho consejo é deliberación dio fin , satisfaciendo y
aplacando todos los querellantes, reparándolos en
tal manera, que nadie tuvo que hablar ni causa de
se quoxar, é de buena voluntad le concedieron el
servicio de dinero que le habían de hacer pax-a la
guerra africana. Así que concluido el negocio de las
Cortes bien , tornó el Rey á Madrid , de donde prin-
cipiado el mes é año de quinientos é once, partió su
Alteza para Sevilla con harta tempestad de aguas,
nieves é fríos muy recios , é con la mucha priesa de
andar que hizo, en pocos días llegó con su corte en
Sevilla; y avedes de saber que como antes tenia el
Rey mandado á sus oficíales de guerra que tuviesen
aparejadas todas las cosas y mantenimientos nece-
sarios para el pasaje do África, sabido por los tales
oficiales que el Rey era llegado en Sevilla , muy
prestólas naos que primero estaban secrestadas é
señaladas para este pasaje , é todos los manteni-
mientos é fardaje necesario á tan gran exército fue-
ron llegando en la ciudad de Cáliz , donde estaba
concertado de ante el ayuntamiento de la flota ó
gente de armas que habia de pasar con su Alteza ; lo
qual todos vimos manifiestamente connuestros ojos,
é nadie puede negar , é todo el mundo confiesa que
lo sabe évió. Sabido ya é divulgado por toda Espa-
ña que el Rey pasaba en persona, muchos grandes
52á
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
señores, duques, marqueses é perlados, puesto que
su Alteza á nadie mandó ni puso premio alguno, se
ofrecieron deciendo que querían pasar la mar con-
tra los moros africanos con el Rey , á sus propias
espensas ó misión , é muchos dellos vinieron perso-
nalmente ala ciudad de Sevilla dó el Rey estaba, é
otros hombres é caballeros ó hijos dalgo é gente
popular que contra los moros quiso pasar, teniendo
por cierto que vivos é muertos alcanzaban premio.
Tanto era el número, que creer no se puede, é las
muchas naos é grande flota que en Cáliz se ayuntó
no coplera ni pudiera tener á tanta gente. Digoos
que de Inglaterra vinieron muchos mancebos para
servir á su Alteza en esta santa guerra é pasar la
mar contra los africanos , y ende ir con los españo-
les matando los moros ; mas como el enemigo anti-
guo del humanal linaje, Satanás, considerase é mi-
rase quantos comedios y provechos nacian y recre-
cían destas guerras sanctas é justas, doliéndose mu-
cho de quantas ánimas pecadoras perdia, que cada
dia para penar las suele llevar al Infierno , las qua-
les si con estas guerras se tornasen christianos los
moros, era posible que se salvasen y aun fuesen
sanctos entre todos los Principes christianos, puso é
mezcló tantos é tan malos pensamientos con que es-
torbó la conquista de los moros que se hacia, y tan
injustamente, que impidió la entrada en África.
Avino asi que en este tiempo en la Iglesia Romana
era Padre Sancto Julio Segundo, natural de Italia, y
andados del su pontificado ocho años, porque á
ciertos cardenales no concedió todo lo que ellos
querían, los dichos cardenales con favor é ayuda de
Ludovico, Rey de Francia, se rebelaron contra el
Vicario de Jesu Christo. Decían estos Cardenales, y
tomaban occasion para colorar su proposito, que
no fué justa jurídica é rectamente elegido por Papa,
salvo ende que por simonía tomó y subió al Ponti-
ficado á ser Vicario de Sanct Pedro. Con este pro-
pósito platicaron entre sí, salieron calladamente
de la corte Romana, é salidos, sin vergüenza ni aca-
tamiento ninguno convocaron Concilio para conos-
cer sobre esta simonía y sobre estos crimines y ex-
cesos que alegaban tener el Papa, sabiendo ellos
muy bien que es defendido por los Sacros Cánones
que el Papa sea juzgado por alguno en la tierra,
pues él ha de juzgar á todos, excepto por crimen de
heregia que hubiese en el Papa. El lugar para el
Concilio asignaron en Rabena, y escribieron todo
lo susodicho á todos los Prelados; y lo que fué
peor , al mismo Sancto Padre citaron é llamaron
para este Concilio. Eran los Cardonales que en esto
entendían hasta cuatro : el principal actor é guia-
dor dicen que fué Don Bernardino de Carbajal, na-
tural de España, de noble generación, cardenal de
la Iglesia Romana con título de Sancta Cruz en
Jerusalem ; el qual asimismo era Arzobispo de Si-
güenza , peusando que con sus revueltas por ventu-
ra alcanzarla el Pontificado. Quien quiera que esto
inventase, á él como á mas sabido y poderoso de
eutre ellos se atribuyó la culpa , como comunmente
t>a todos los otros uegocÍ9S acaeció, Ppr complir el
Roy de Francia, lo prometió i estos cardenales, y
aunque ohristianisimo, los puso en esta discordia, y
embió su exercito en Italia para f avorescer los car-
denales cismáticos é su conciliábulo, que ya comen-
zaron á hacer. También nuestro Rey Catholico, y el
Rey de Romanos, y el Rey de Inglaterra estituyeron
y concertaron entre sí de defender y amparar al Pa-
dre Sancto como á verdadero pastor y Pontífice le-
gitimo , Vicario de Jesu Christo, y por esto el noble
y bienaventurado Catholico Rey Don Fernando den-
de la ciudad de Sevilla, do estaba entendiendo en los
fechos de la guerra contra moros, como arriba dixi-
mos , dexados todos sus pensamientos y flota y per-
trechos, que habia aderezado con infinita costa, vi-
no para la ciudad de Bm-gosá mucha priesa, y pensó
el buen Rey quemas justo y honesto era destruir los
fieles domésticos, que los estrafios de África: lo qual
da á entender é muestra que á su Alteza no movían
las guerras con intención de reinar en muchos pue-
blos, salvo por acrecentar la fé é complirla; y luego
embió á mandar á Don Ramón de Cardona, su Viso-
rey é Lugar-teniente general en el Reino de Ñapóles,
que con toda presteza viniese á Italia con todo su
exercito , y se juntase con la gente del Papa , para
que ambos exercitos juntados, estorbasen y pusiesen
freno al exercito francés , que era poderoso y co-
pioso , y lo desbaratasen ; é lo que los tres Reyes
acordaron é concertaron entre si sobre esta guerra,
fué que el Rey de Romanos y el Rey de Inglaterra
personalmente viniesen y se hiciese guerra á fuego
y á sangre, é nuestro Rey que también entrase por
la parte Despafia en Francia, é hiciese lo mismo;
é para esto el Rey de Inglaterra embiase cierta gen-
te de armas para nuestro Catholico Rey , para que
ayuntado con el exercito español , ganasen el Du-
cado de Guiana , que dicen que pertenescia al Rey
de Inglaterra , y tomado el dicho Ducado, lo resti-
tuyesen al Rey de Inglaterra. El Rey inglés com-»
pliendo lo prometido, envió diez mil hombres de pe-
lea, los qu ales aportaron en el Puerto de Pasajes,
ques en Guipúzcoa. Dellos se aposentaron en luga-
res é villas cercanas á las costas de la mar, y otros
por otra tierra cercana, esperando tiempo conveni-
ble para entrar en Francia. Nuestro exercito Despa-
ña se hacia para entrar poderosamente en Francia
con toda priesa y diligencia. Entre tanto que estas
cosas y aparejos se concertaban para entrar en
Francia por parte Despafia , acaescieron los hechos
de la guerra en Italia, de tal manera que no se pu-
do dilatar el ayuntamiento y la batalla que por fuer^.
za habia de haber, después de ayuntados , entre los
españoles y franceses. Finalmente en dia de Pascua
de Resurecion, el año de mili é quinientos é doce,
ae ayuntaron ambos exercitos Despaña y Francia,
uno cerca de la ciudad de Rabena, que es en Italia;
y alli hubieron su batalla , que loa españoles, aun-
que su proposito era dilatar y evitar la batalla,
viendo á ojo el enemigo exercito francés, no du-
dando peligro alguno, por la honra de caballeriíi
no pudieron hacer sino romper ; y asi comenzó 1^
pelea y batalla entre los unos y los otros, en It^
DON FERNANDO
qual muchos de ambas partes murieron y cayeron
y fueron heridos, y á poco de tiempo muchas veces
estuvo dudosa la ventura de la victoria , mas al fin
por poca destreza y constancia del capitán de nues-
tro exército , los enemigos sobrepujaron por la mu-
cha matanza que con la artillería en los nuestros Des-
paña ficieron. No es de poner en olvido la fortaleza é
grande ánimo que los infantes españoles ápié mos-
traron en este dia, porque casi á los primeros en-
cuentros , por desdicha , ó porque asi fué ordenado
de Dios , fueron desbaratados los hombres de ar-
mas é gente de caballo ; lo qual visto por la infan-
tería de la gente á pié, todos se juntaron en uno, y
hecha una rueda é torno en ordenanza al rededor,
sufrieron todos los encuentros é Ímpetus que los
hombres de armas franceses arremetiendo contra
ellos hicieron ; é tanta virtud é fortaleza de ánimo
generoso mostraron, que catorce mili é mas perso-
nas de hombres enemigos del exército francés por
su mal no mataron ; y aunque la muchedumbre de
los enemigos los cerraron por todas partes, é los
apartaron y rompieron de entre sí y los arrancaron
del campo , matando muchos dellos, aunque esta
victoria hubieron los franceses , sangrienta y muy
cara y á grande precio les costó. Acaeció otra ma-
yor grandeza de ánimo , que después de asi desba-
ratados los infantes españoles, otra vez los qUe es-
caparon de la muerte se tornaron uno á uno, é dos
á dos, é hicieron comienzo de batalla, levantando
BU seña é pendón de batalla y polea , y estuvieron
en el campo alzados sus pendones y estandartes
por la honra del campo y de aquel dia ; é tanto fué
el miedo que hubieron los franceses que se tenían
por vencedores de la batalla pasada, que no osaron
acometer ni ir contra las reliquias de los vencidos.
Acaeció esta batalla de tal manera , que puesto que
los franceses digan ser ellos vencedores y señores
de aquel día, á su mal querer forzadamente fueron
constreñidos ádexar todo lo que en Italia poseían, é
fueron huyendo á sus propias villas en Francia, de-
xando por miedo las ciudades de Milán é Genova,
tan grandes é nobles ciudades é de tanta importancia
é renta, que mucho tiempo de hecho y de derecho
poseyó el Rey de Francia , las quales vinieron á la
parcialidad nuestra é á nuestro amparo é liga Des-
paña ; y la gran fortaleza que á todo el mundo pa-
recía ínexpunable, que el Rey de Francia edificó en
Genova y llamaban Lanterna, que estuvo cercada
mucho tiempo , finalmente por no la poder socorrer
la potencia francesa, se tomó y derribó por el suelo.
Demás desto los cardenales cismáticos , que presu-
mieron con su Concilio dañar al Papa dexado, des-
mamparado su conciliábulo é todo su aparato é
pensamientos ilícitos, huyeron desde Rabena do
estaban, é fueron á Francia á uña de caballo, no
esperando el que antes pudo salir al otro ; á los que
en tanto, fecho proceso en corte romana , é legíti-
mamente declarados por herejes cismáticos quitán-
dolos é privándolos de todos sus oficios y benefi-
cios que eran de mucha renta , los dieron y confi-
ñeron á otras personas eclesiásticas , especialmente I
É DO^A ISABEL. 629
al Cardenal de Santa Cruz, privado del obispado de
Sigüenza y de la Abadía de San Zoil de Carrion,
que en España poseía, y del Arzobispado de Gosen-
cia, que en Ñapóles tenia, de lo qual todo se hizo
colación é promisión á otros.
Esto que dicho tengo, acaeció en Italia. Tor-
nemos entre estas palabras á lo que- acaeció en
España; no lo dexarémos en olvido. Como dixi-
mos arriba, estaba asentado aquel exército Des-
paña junto con la gente que el Rey de Inglaterra
envió para que entrasen en Francia; mas como
esta entrada en Francia no se podía hacer segu-
ra ni cuerdamente, dexado en medio al Reyno de
Navarra, donde por casamiento con la Reina Doña
Catalina, reinaba el Rey Don Juan, pariente del
Rey de Francia é natural de Francia, hijo del Se-
ñor de Labrit , era de recelar mucho é le tener te-
mor é sospecha , y por esto le fué embiado un em-
baxador al dicho Rey Don Juan, preguntándole si
queria entrar en paz é liga nuestra, ó no; alo qual
el Rey Don Juan de Navarra respondió que queria
estar en paz sin ayudar á ninguno , sin se mostrar
parcial; mas para esto que respondió de no ayudar
á nadie, le fué pedida seguridad y rehenes de algu-
nas fortalezas é lugares de su Reino de Navarra, lo
qual rehusó é no lo quiso hacer. Visto por el Papa
que el Rey Don Juan rehusaba, é no salía entera-
mente á lo que era razón, con sus bulas apostólicas
amonestó al dicho Rey Don Juan, y á la Reina Do-
ña Catalina, y á sus hijos, que al Rey Luis de Fian-
cía y á su exército ni parte del no ayudasen en pú-
blico ni en secreto direte ni indírete, sopeña de
privación del Reino; el qual Reino, sí contra esto
que le protestaba y amonestaba hiciese, lo daría y
concedería á los Reyes é Príncipes fieles servidores
de Dios y de la Iglesia. A la postre, puesto que con
las bulas apostólicas fueron requeridos el dicho Rey
é la Reina de Navarra y sus hijos, no quisieron
obedescer al Papa ni sus mandamientos; á la qual
cansa, como ya se manifestaron é declararon loa
corazones é pensamientos de los Reyes de Navarra
que se inclinaban á la parte de los franceses cismá-
ticos, determinó el Cathólico Rey primero y ante
todas cosas de tomar el Reino de Navarra; y por
mas asegurarse, mientras que esto se aparejaba,
hubo algunas diferencias entre los ingleses, que
son gente incomportable é diferente á nuestra na-
ción en el vivir , y los de la provincia de Guipúzcoa,
y murieron pública y ocultamente muchos de am-
bas naciones ingleses y guípuzcoanos, en tanto que
los ingleses sin mas cuenta ni razón, embarcaron
en sus naos y se fueron á Inglaterra, sin dar fin á
la guerra. Nuestro Cathólico Rey que tenia ya ayun-
tado todo su exército poderoso , embió con él por
capitán general á Don Fadrique, su primo, Duque
de Alba, Marques de Coria, para conquistar el Rei-
no de Navarra, el qual en pocos días se ganó por
la parte Despaña, y echó fuera del Reino, sin que
hombre muriese, sin que sangre se derramase, á
Don Juan y á Doña Catalina, que reinaba en el di-
cho Reino de Navarra, los quales fueron al Rey do
31
530
CRÓNICAS DE IOS REYES DE CASTILLA.
Francia á le pedir socorro contra nuestro Rey para
tornarlo á tomar, pues á su causa lo perdieron con
las honras y armas. No faltó en esto el Rey de Fran-
cia, antes muy prestamente, como quien se dolia
del perdimiento que hubo , embió gentes á pié é á
caballo hasta diez ó siete mili é mas número de gen-
te lucida, instruta de armas, con los quales entró
el mesmo Don Juan de Labrit, Rey que solia ser
en el dicho Eeino , robando y quemando y destru-
yendo todo lo que en medio halló ; é llegó á la ciu-
dad de Pamplona do estaba el Duque Don Fadrique
de Toledo, acompañado de mucha gente noble é
gran número de caballeros españoles ; el qual luego
que supo la venida de los franceses, embió correos
y cartas al Rey Cathólico pidiéndole gran ayuda.
En esto los franceses puesto á la ciudad el cerco y
real , la combatieron por tres veces reciamente, é
con la su grande artillería rompieron el muro con
la gana que traian de entrar en la ciudad y haber-
la á sus manos; y no solo este mal facian, mas aun
lo que no es de decir, robaron las Iglesias que fuera
de la ciudad estaban , violaron las monjas, come-
tieron estupros y adulterios : no se hallaba maldad
que no cometiesen, como gente alongada del amor
é gracia de Dios. A los nuestros, como en otras
partes, y lugares é tiempos, no faltó ánimo de resis-
tir é impedirles la entrada de la ciudad por la parte
del muro que derrocaron , antes alli mesmo varo-
nilmente se pusieron peleando con los franceses, y
no pudiendo tanto los franceses , los arrancaron de
alli , aunque hubo pelea muy crecida é trabada en-
tre los unos y los otros. Murieron é fueron feridos
muchos, porfiando unos por entrar, otros por de-
fender la ciudad ; é los franceses, viendo que no
aprovechaba nada por los grandes é recios combates
é golpes é f cridas é impetos que mas que hombres
hicieron, dexada la pelea é ruido del portillo é mu-
ro quebrado , se retruxeron á su real. En esto acae-
. ció que nuestro Rey estaba en la ciudad do Logro-
ño, no muy lexos de Pamplona, aparejando las co-
sas necesarias para la guerra; y porque supo que fal-
taba á los de la ciudad de Pamplona questaban cer-
cados, los mantenimientos y todo lo necesario, em-
biópara su socorro áDon Pedro Manrique, Duque de
Nájera, varón muy sesudo y en la arte militar muy
diestro , é probado de tiempo antiguo entre todos
los caballeros Despaña, con gente de armas á pié é
á caballo. Sabido por los enemigos como contra
ellos con exército venia el dicho Duque, cuya fama
é gloriosa memoria en las armas sabian los capita-
nes franceses y el mismo Rey Don Juan que fueron
vecinos, teniendo por cierto que no les había de
consentir tener cercada la ciudad, ó les había de
dar batalla por les echar dende, acordaron la noche
siguiente de se ir, y de hecho dexaron la ciudad y
cerco que tenían, é fueron camino de Francia; álos
quales el mngnánímo Duque como á vencidos no
quiso seguir ni matarlos, que pudiera, pues muer-
tos de hambre y de frío fuian, é decía el Duque que
puente de plata convenia facer al enemigo que
huía. Pues acaesció que los hijosdalgo moradores
en la provincia de Guipúzcoa , porque el Rey lea
hizo saber que los franceses iban levantado su real
la vía de Francia , salieron al encuentro y los halla-
ron en lugar llamado Veíate, é pelearon con loa
franceses, é matando muchos, aunque por compasión
dieron á muchos la vida , los echaron fuera de la
tierra, é les tomaron la artillería de cañones de co-
bre que llevaba el Rey Don Juan y el exército
francés, la cual artillería era de mucho precio é va-
lor increíble; é por memoria la llevaron los Guipuz-
coanos é pusieron en la ciudad de Pamplona para
que á los franceses con sus propias armas los mata-
sen. Acaeció mas : que los franceses no contentoa
con el cerco que tenían puesto sobre la ciudad de
Pamplona con el exército ya dicho, fecho y con-
gregado otro exército grande como el que estaba
en Navarra, entraron en Guipúzcoa, pensando déla
tomar , y asi tomada , juntar el uno exército que
entró en Guipúzcoa con ol que estaba en Navarra, y
hacerse fuertes; é como pusiesen cerco á la villa de
San Sebastian, los de la dicha provincia sin ayuda
del Rey ni de la otra gente estrafia defendieron la
dicha villa, é mataron mucha gente francesa, é loa
echaron de la tierra mal de su grado , é los despoja-
ron de todo. Asi fecho , nuestro exército se despi-
dió, é fué cada uno á su casa, con todo dexando en
Pamplona y en Navarra el recaudo que para la
guarda y gobernación del Reino nuevamente ad-
querído era necesario y convenia ; y dexó su Alteza
con la gente que dexó en Navarra por Visorey al Al-
caide de los donceles de la casa real. El Rey reci-
bió con mucha alegría á los que vinieron de Na-
varra , y fué á tener la fiesta de Navidad en Burgos,
de donde, pasada la fiesta, fué para Valladolid,
donde estuvo casi todo el año de mil é quinientos é
trece holgando ; é como por causa de la caza con
que mucho se recreaba estuviese é morase en la Me-
jorada , ques un monasterio de la orden de Sanct
Jerónimo , legua é medía de Medina del Campo,
adoleció gravemente, en tal manera y en tal grado,
quede juicio de todos era imposible escapar, por-
que los médicos desafuciaron de su salud, diciendo
questa enfermedad tan recia é tan súpita le vino
porque tomó ó comió , sabiendo ó no sabiendo, al-
gunas cosas de medicina que ayudaban á facer ge-
neración. Otros piensan que le dieron yerbas, vene-
no ó tósico. A la postre guareció de aquella enfer-
medad algún poco , pero nunca tornó á su primer
seso , é fuerza , é valor , é subjeto recto de persona
que solía tener, que dende á poco, porque no se pu-
día bien tener ni sostener á pié, para poder andar
aun en el Palacio Real se asentaba en una silla de
caderas , y en ella se hacía llevar por sus criados
para subir y andar en las andas en que iba á la ca-
za ; aboiTCCíó los negocios á que era primero tan afi-
cionado ; el resplandor y semblante sereno del ros-
tro jocundo perdió, é casi en otro hombre del que
solia se mudó ; la compañía de los hombres, aun do
los servidores domésticos familiares de su casa, de-
negaba y rehusaba, y como el ciervo llagado con
saeta ó arma andaba por los campos y montes co-»
DON FERNANDO
iladoB, pensando que desta manera escusaria la
muerte propincua é cercana que le estaba acechan-
do aparejada. Finalmente andando asi , partió den-
de la ciudad de Plasencia para ir á Sevilla, y en
Madrigalejo, un lugar cerca del nombrado y devo-
tísimo monasterio de Guadalupe, de la orden de
Sanct Jerónimo, á veinte é dos de enero de mil é
quinientos é diez seis años, dexó de usar desta vi-
da presente, ó dio el alma á Dios, habiendo primero
recibido los Sanctos Sacramentos eclesiásticos muy
devotamente , en edad de sesenta é quatro años de
BU nascimiento, menos dos meses y algunos dias,
después que reinó en Castilla y Aragón quarenta
años; cuya ánima tome reposo con Dios, que nadie
de los Reyes antepasados fué mas justo en piedad
y de mayor gloria en las armas é batallas. Eligió
para su sepultura en la ciudad de Granada la capi-
lla que mandó hacer la Reina Doña Isabel su mu-
ger, no inferior áél en virtud y excelencias; é fué
llevado allá su cuerpo al lado diestro del cuerpo de
la Reina con muy magnificas obsequias y aniver-
sarios que á tan alto principe pertenecían. En su
testamento instituyó é dexó por heredera de todos
sus Reinos é Señoríos de Aragón á su hija Doña
Juana, que era Reina de Castilla, León y Granada; é
por algunos impedimentos de enfermedad que su
Alteza padecía , dexó por gobernador dellos al
muy alto y excelente Señor Don Carlos , que está
en Flandes supliendo cualquier defecto de edad,
que no habia sino diez y seis años ; é entre tanto
que á estos Reinos viniese fasta que otra cosa man-
dase el Príncipe su nieto , mandó que los Reinos de
León é Granada recogiese Don Fray Francisco Xi-
menez de Cisneros, Arzobispo de Toledo, Cardenal
Primado de las Españas,y la gobernación de Ñá-
peles y Sicilia y Aragón su hijo Arzobispo de Zara-
goza. Plega á Dios que presto salvo ésano venga á
tomar la posesión é gobierno de tales é tantos Rei-
É DOÑA ISABEL. 531
nos que le están aparejados y esperando con toda
bienaventuranza.
El Principe Don Carlos siendo certificado de la
muerte del Rey Cathólico, su agüelo , embió pode-
res al Cardenal Fray Francisco Ximenez para go-
bernar estos reinos el tiempo de su ausencia , é con
mensajero propio escribió á los del Consejo Real
con titulo y nombre de Rey para que entendiesen
en las cosas que convenían al bien délos Reinos, é
ordenaron las provisiones por Doña Juana é Don
Carlos, Reina é Rey, en Madrid, miércoles después
de medio dia , diez dias del mes de Septiembre de
mili é quinientos é diez y seis años , en las plazas
de San Salvador , el presidente Arzobispo de Grana-
da é los Licenciados Zapata y Muxica, y el Doc-
tor Carbajal, y los Licenciados Sanctiago é Polanco
y Aguirre y Coalla; é con un Rey de armas manda-
ron pregonar é publicar paz y alianza perpetua entre
sus Altezas y el Rey de Francia. Vino el Rey Don
Carlos en España dende el Condado de Flandes con
grande y gruesa flota y armada. Tomó tierra pri-
meramente en Villaviciosa , puerto de mar en el
Principado de las Asturias , en diez ó nueve diaa
del mes de Septiembre de mili é quinientos é diez y
siete años. Juntáronse Cortes en Valladolid, é vinie-
ron todos los Procuradores del Reino, é recibiéron-
le y juraron en el monesterio de San Pablo por Rey
é Señor destos Reinos, estando presentes asi mismo
muchos grandes é perlados que también le juraron
é besaron la mano como á Rey é Señor dellos.
En la Corónica deste Rey que fué después elegi-
do por Emperador, hallarás algunas cosas verdade-
ras , é bien todas en la palentina Corónica en latin,
y mas en la Corónica de romance , y están en roman-
ce mas largamente en el libro intitulado historia, y
muchos que hablan de todos los Reyes Despaña ; y
comienza la historia del Rey Don Carlos en la foja
de aquel libro, fojas 177 fasta fojas 254. Deo gratias.
APÉNDICE 2;
ANALES BREVES
del reinado de los Reyes Católicos D. Fernando y Doña Isabel, de gloriosa memo»
ria, que dejó manuscritos el Dr. D. Lorenzo Galindez Carvajal (1).
1.* Los Reyes Católicos D. Fernando y Dofia Isa-
bel fueron de los mas esclarecidos Príncipes que han
reinado sobre la tierra , cuya fama con gran razón
debe ser inmortal , de la cual pueden tomar ejem-
plo todos los Reyes que quisieren con santidad y
prudencia gobernar á sus vasallos. Fueron grandes
celadores de la religión y fe, de alto y valeroso co-
razón ; sufrieron con buen semblante las adversi-
dades que les vinieron , y recibieron con gran tem-
planza lae prosperidades y vitorias que tuvieron,
ordenándolas á Dios y dándole gracias por ellas.
Fueron de gran consejo y providencia, así en las
cosas presentes como en las venideras, para que no
les hallasen desapercibidos ; amaron mucho la jus-
ticia y todo género de virtudes, honrando y f avo-
(1) Hemos tomado este escrito del tomo xvín de la Colección
de documentos inéditos para la Historia de España, por los señores
D. Miguel Salva y D. Pedro Sainz de Baranda (Madrid, 185t), don-
de se inserta á la pig. 227.
Publicó y anotó estos Anales, el año 1787, D. Rafael Floranes,
Señor de Tavaneros, y para mayor ilustración antepuso esta ad-
vertencia.
Ciertas obras de Galindez no conocidas, Zdfiiga, pig. 813, col. i.
No encontramos con este ejemplar las demás Memorias de aquel
tiempo que Argensola cita en el cap. 40, pág. 368, con el nombre
de Manuscritos curiosos que andan con los Anales del Dr. Lorenzo
de Carvajal y son sin duda suyos, en los cuales se trataba de la
desgraciada empresa contra Argel por el Cardenal Jiménez, á car-
go del General Diego de Vera, destruida por Barbarroja el dia de
San Jerónimo del año 1516.
(AI margen dice:)
Esto lo añade
aquí Floranes
(COKIENZA LÜÉGO:)
Respecto que en esta obra 8« escribe el me-
morable reinado de los Católicos Reyes D. Fer-
nando y Doña Isabel, para que conste un digno
y completo elogio de su buen gobierno, pondre-
mos aquí el que les hizo con exacta descripción
y mucba elegancia un doctísimo Consejero suyo
en Memorial que dio á manos de su nieto el Se-
ñor Emperador Carlos V, el cual trasladó Julián
del Castillo en su Historia de los Reyes Godos,
lib. IV, Oisc. XI, pág. 312 y siguientes, edición
de Madrid, año 1624, y por su copia dice asi:
Un Consejero de su tiempo dejó escrito un Memorial, que remi-
tió á la ínclita memoria del Emperador Carlos, que por parecerme
muy á propósito para el intento que llevo, he querido copiarle é
introducirle en mi Historia, y dice asi:
reciendo con palabras y obras á los q^tie las poseían.
Fueron de gi*an veneración en sus personas, en par-
ticular la Reina ; oian ordinariamente con gran be-
nignidad y mansedumbre á sus vasallos : tuvieron
en su Consejo y oficios y cerca de sus personaa
hombres insignes y en número conveniente : tuvie-
ron gran casa y corte acompañada de Grandes y
varones principales, á los cuales honraron y subli-
maron conforme la calidad de su grado, ocupáudo-
les en cosas en que les podían servir, y cuando se
ofrecía ocasión tenían memoria de les hacer mer-
ced ; con que todos andaban satisfechos y deseosos
de servir en el gobierno del reino y de su Consejo:
tuvieron mas atención de poner personas prudentes
y de habilidad para servir, aunque fuesen media-
nas, que no personas grandes y de casas principa-
les. En su hacienda pusieron gran cuidado , como
en la elección de personas para cargos principales
de gobierno, justicia, guerra y hacienda ; y si algu-
na elección se erraba ( que sucedía pocas veces ) al
punto lo emendaban , no dejando crecer el daño,
sino remediándolo con presteza ; y para estar mas
prevenidos en las elecciones tenían un libro, y en él
memoria de los hombres de mas habilidad y méri-
tos para los cargos que vacasen ; y lo mismo para
la provisión de los obispados y dignidades eclesiás-
ticas (2). Despachaban los negocios con toda bre-
(2) Véase abajo la petición 66 de las Cortes de Valladolid de
1537, y á D. Francisco Bermudez de Pedraza en su libro Del Se-
cretario del Rey , impreso en Madrid, año 1620, Disc. 3.", folio 18
vuelto, donde dice: «Si en España hubiese libro para escribir los
•servicios de los vasallos y memoria de premiarlos, sus Reyes,
»que lo son de corazones , lo serian también de leones para se-
«fiurear lo que resta del mundo, y cesarían las quejas militares
»de que ellos conquistan los reinos, y otros gozan el fruto de
«ellos.»
CORTES DE VALLADOLID DE 1537.
PETICIÓN 66.
Otrosí, los Reyes Católicos de gloriosa memoria, vuestros abue-
los, para informarse délas personas de quien podrían servirse,
conforme á sus habilidades , para todos los cargos que tenían que
proveer en estos reinos, mandaban hacer información secreta de
todas las calidades y habilidades de las personas de sus reinos, é
tenían libro desto dentro en su Cámara Real : é porque esto con-
viene 6 es mas necesario á V. M. por tener mas reinos é señoríos,
é para tener mucho descanso en su servicio, é los pueblos esta-
634 CRÓNICAS DE LOS
vedad, teniendo dia señalado para esto ; y para los
demás negocios hacían andar á los ministros y ofi-
ciales con gran cuidado para que los vasallos no re-
cibiesen detrimento ni gastasen su hacienda y
tiempo con dilaciones.
2."* Entraron estos ínclitos Reyes á reinar en Cas-
tilla con las armas en la mano , porque estaba el
reino dividido en dos parcialidades, la una tenia el
nombre de la Reina, y la otra sustentaba la opinión
de una señora que se decía ser hija del Rey D. En-
rique el Cuarto, hermano de la Reina Doña Isabel,
siendo falso y fingido ; y esta parte siguieron mu-
REYES DE CASTILLA.
chos de los mas principales del reino y con ellos el
Rey de Portugal; y juntándose con esta facción y
favoreciendo á aquella señora , que era su sobrina,
entró en Castilla con gran poder, y ocupó algunas
plazas en ella, y al fin se vino á determinar la cosa
por una batalla pública y campal, en que se derra-
mó mucha sangre de ambas partes , quedando la
victoria por el Rey Católico. Habida y alcanzada
esta victoria, hicieron perdón general á los que
fueron contrarios , con algunas condiciones ; y des-
pués se hizo paz y alianza con Portugal ; y á los que
desirvieron y fueron perdonados siempre se les
guardó justicia ; y á los que bien sirvieron no sola-
rán mas gobernados ; suplicamos á V. M. se informe é tenga libro
desto, según que los Reyes Católicos vuestros abuelos lo hi-
cieron.
A esto vos respondemos: que nos habernos informado é infor-
maremos siempre dello.
Impresas en un oiiaderno de 2,0 folios en Valladolid por Sebas-
tian Marlinez, impresor, á 10 de febrero de 1553.
Este registro ( dice el autor que va á citarse, en el cap. 37, pá-
gina 587) es de mucha importancia para los Reyes. Del sabio y
muy prudente Rey D. Felipe II se dijo que en su tiempo tuvo
otro como él, y te habían de tener todos y en todo tiempo, y mas
cuando está menoscabado el poder y se van disminuyendo las
rentas, consumiendo las fuerzas, y la fortaleza de los enemigos
aumentando, etc.
Este mismo libro de razón de los hombres beneméritos para
emplearlos en beneQcio del Estado, dejaba él aconsejado en el
cap. 13, pág. 161.
El docto P. Fr. Juan de Santa María, franciscano descalzo, en
su libro de Oro titulado República y policía cristiana, impreso en
Madrid, año 1515, procurado exterminar después por el privado
duque de Lerma (aunque en vano) por las verdades que le decía,
cu el cap. 36, pág. 539, escribe lo siguiente:
«Uno de los principales Consejeros certiflcd á una persona
«grave que siendo él Alcalde de Corte vacó un oficio de verdugo,
»y que fué tan pretendido y con tales intercesiones, que convino
•hacer dos para cumplir con las demás obligaciones. Y de la Reí-
>na Católica Doña Isabel se dice que cuando gobernaba con el
■rey Don Fernando su marido, se le cayó acaso un papel i!e la
«manga en que tenía escrito de su propiamano : La pregonería de
*la ciudíid se ha de dar á fulano, porque tiene mayor voz: y si en
•ofleio tan vil tenían aquellos tan Católicos y prudentes Reyes
«tanto cuidado con las calidades, ¿qué se debe hacer en los de
«justicia y gobierno? ¿Qué en las dignidades eclesiásticas, que
«son las columnas de nuestra Santa Religión? Cuando llegare el
«dia de la cuenta estrecha y rigurosa que pedirá Dios verán lo
«que esto importaba.»
Pero el elogio mas completo de estos insignes Reyes Católicos
por la gravedad, acierto y juicio de sus elecciones, se contiene en
la carta que el Consejo escribió á su nieto Carlos V, estando aún
en Flandcs antes de venir á España, año 1517, conservada por el
Sr. Galindcz en sus Anales, cap. 16, donde podrá verse.
Fueron muchos los viajes que hicieron de una parte á otra,
no habiendo sido la vida de estos Reyes mas de una continua pe-
regrinación. Hacíase esto entonces con menos aparato y preven-
ción, porque no se dejaban aprisionar con los grillos de la gran-
deza, pareciéndoles que esta se aseguraba mejor en el crédito de
su gobierno que en la ostentación de su casa ; teniendo por fan-
tasía la fama que no se funda en lo sólido de las virtudes. Así lo
ejecutaron con grande utilidad de sus vasallos, que aunque los
ministros que tuvieron fueron los mas excelentes que hubo jamás
en otro reinado, como aquellos que eran de su mayor satisfacción
ninguno hay que pueda suplir por el dueño, que según razón debe
estar libre de los inconvenientes á que está sujeto el que no lo
es, aunque sea de mayores prendas y talentos.
Así el discreto D. Francisco Pinel y Monroy en su Retrato del
buen vasa/lo, lib. 2.°, cap. 17, pág. 291, Madrid, 1677.
De la política que estos gloriosos Reyes seguían en la parte le-
gislativa, que es la mas difícil de las funciones de la soberanía,
nos da la especie siguiente el celoso D. Mateo de Lison y Bied-
Bia, Sefior de Alganirejo XX1V.° y Procurador de Cortes de la
ciudad de Granada, en el Desengaño que escribió para el Rey Don
Felipe IV en 13 de junio de 1623, el cual se halla impreso entre
sus Discursos y apuntamientos políticos, fol. 26.
« En la República romana, tan vigilante en su gobierno cuan
«desinteresada en sus elecciones, las leyes que hacían, antes que
»se publicasen, las fijaban en público, porque todos las pudiesen
»ver y cada uno que quisiese dijese contra ellas: con lo cual se
»veian los defectos y las reformaban á lo mas conveniente. Y el
«Católico Señor Rey D. Fernando fué alabado de que las órdenes,
xpremáticas ó leyes importantes, las mandaba primero echar una
«voz á lo público para ver como se recibían, y antes de pubiicar-
»las reconocía los inconvenientes y dificnltades que el común les
«ponía, y si eran considerables las reformaba : y así fueron sus
«mandatos tan estimados y bien ejecutados, y los que se publica-
»ban un dia no se revocaban otro por mirarse tan bien su conve-
«nencia. Y si esto se hacia en órdenes ó leyes escritas, ¿cuánto
«mas se debe hacer en leyes vivas, que son los consejeros, go-
«bemadores, corregidores y jueces que las ejecutan?»
De aquí creo yo provenga el hallarse muchas fundaciones de
vínculos y mayorazgos, mejoras de tercio y quinto, que he visto
disputar en esta Chancillería, arregladas á las leyes de Toro, antes
de su promulgación en aquella ciudad en 7 de marzo de 1505, en
los tres años intermedios desde el de 1502 en que se hicieron en
las Cortes de Toledo , que deberán tener presentes nuestros ju-
ristas en los casos que se ofrezcan.
« El Rey D. Fernando el Católico encargó al doctor D. Lorenzo
«Galindez de Carvajal, de su Consejo y Cámara, la enmienda y pu-
«blicacion de las Crónicas.» (Sempere, Ensayo de una Bibl. espa-
ñola, tom. iii, pág. 194.) Véase á Zurita al principio del libro Cor-
rtccion y enmienda, y el plan para la impres. de las crónic. de
Cerda.
Zurita en el prólogo al libro de las Corrección, y enmiend. de
las Crónic. de Ayala, publicado por los herederos de Dormer en
Zaragoza, año de 1683. « El doctor Lorenzo Galindez de Carvajal
•postreramente en tiempo del Rey Católico se hzo censor y juez
«para emendar los escritos de los cronistas que fueron de los Re-
»yes D. Juan el Segundo y D. Enrique sn hijo, que por letras y
•autoridad lo podía muy bien ser.»
El doctor Carvajal, alabado por el doctor Francisco López de
Villalobos, médico del Emperador Carlos V, in glossa literari in
l.m tX'i.'^ ¡Libros hist.natur. Pliníi, edit Complut. apud Michael
de Eguia an. 1524 ad D. Alphons. de Fonseca Tolelan. Archiepis-
cop. ubi in prolog. loquens de bis qui laborera suum víde-
runt, ait.
«Postremo vero doctor Carvagialis Imperatorís Consiliarius eam
Hf'glossam) jussu Caesaris examinavit , qui in utroque jare et in
«cunctis litteris eminentis esse doctrina; creditur.-»
Vid. Luc. Marín. Sícul. in Vir. íllustrib. qui tractatus est.
lib. XXV, suae de reb. hispan. Histor., fol. 168, ct lib. 21, fol. 126,
ubi Ínter Consiliarios qui regnum regebant cum Francisco Xime-
nio. — ítem Laurentius Carvaiallus doctor egregius el genere nobili.
Este memorial siguieron y citaron Zurita y Garibay, y lo mismo
Alvar Gómez in Prcefation. ad histor de rebus Xlmenii.
Escribióle el doctor Carvajal, pasado el año de 1523, de que
refiere sucesos en el cap. 11, al fin.
Cronista le llaman muchos, pero no lo fué en rigor eon título de
los Reyes, sino de estadio privado y por propia aplicación, y así
no le pone el ilustre D. Luis de Salazar en ia lista de cronistas
que forma en sus Adveríenc, historie., pág. 156 y 157.
« DON FERNANDO
mente justicia, sino también mucha gracia y mer-
cedes en lo que se ofrecía, siendo presentados y pre-
feridos en las honras y provechos en sus personas
y casas, que fué causa de ser estos Reyes sumamen-
te amados y temidos.
3." Después de compuestas las cosas de la guerra
y estado, entendieron en extirpar los tiranos, que
habia muchos por el reino, multiplicados con la fal-
ta de justicia de los años pasados, y tenian opresa
y agraviada la pobre gente ; y en esto tuvieron tal
modo, que en poco tiempo allanaron y plantaron
la justicia, andando por el reino de unas provincias
en otras, para que con su presencia temiesen los in-
solentes , y osasen pedir justicia los temerosos.
4.° Los cargos de justicia , gobierno , guerra y
hacienda, obispados, dignidades eclesiásticas, no
las proveían por favor , ruegos ni intervención de
nadie, ni por servicios, sino por virtud, habilidad y
méritos de los proveídos : y cuando alguno pedia
algo de lo dicho, alegando sus servicios, se le res-
pondía que en otras cosas se habían de remunerar
los servicios, como se hacia ; porque en aquellas no
se había de atender sino al bien del negocio y bue-
na provisión del cargo ; y así para ellos se llama-
ban de sus casas á las veces los que mas sin pensa-
miento estaban de ser proveídos ; lo cual fué causa
que estos Reyes fuesen bien servidos, y los vasallos
tuviesen afición á la virtud. Tuvieron gran cuenta
con sus criados, que bien los sirvieron , y después
de muertos con sus hijos ; y esto también fué causa
de ser servidos con grande amor y fidelidad , te-
niéndose por seguros los que bien servían, que sus
servicios habían de ser remunerados en sus perso-
nas ó en las de sus hijos.
5.° Asentado que fué lo de la justicia , entendie-
ron en reformar las religiones de frailes y monjas
que estaban necesitadas de remedio, y aunque les
puso este negocio en cuidado, al fin se redujo todo
á mejoría y observancia.
6." Después desto deliberaron de conquistar por
fuerza de armas el reino de Granada, y le ganaron
valerosamente, y echaron de Castilla todos los mo-
ros que no se volvieron cristianos.
7.° Después de expelidos los moros, mandaron
salir del reino todos los judíos, que había muchos,
por el aumento de la fé cristiana, no atendiendo á
los muchos tributos que perdían.
S.° Expelidos del Reino los moros y judíos, pu-
BÍeron la Inquisición contra los herejes y perturba-
dores de la religión católica.
9.** Mantuvieron sus reinos en grande autoridad
y reputación con mucha gente de armas y caballos;
BUS vasallos bien tratados y contentos ; los pueblos
bien gobernados y alegres ; tenían personas de mu-
cha confianza y secreto que andaban por los reinos
disimuladamente informándose como se gobernaba
y administraba la justicia, y lo que se decía y ha-
blaba de los ministros ; y las tales personas traían á
los Reyes nota particular de las faltas que sentían,
y lo remediaban como la necesidad lo pedía.
Con esta buena orden y templanza de su parto
É DOÑA ISABEL. 535
tuvieron ayuda y servicios de sus vasallos para con-
quistar, no solo el reino de Granada y otras plazas
en la costa de África, sino también contra los fran-
ceses, ganando los reinos de Ñapóles, Navarra y
condado de Ruísellon. En su tiempo y buena ven-
tura se comenzaron á descubrir las Indias del mar
Océano, y con haber tenido muchas guerras y
grandes gastos, dejaron sus reinos desempeñados, y
á sus vasallos muy prosperados y ricos, y á sus rei-
nos en paz y tranquilidad con buen orden, religión
y justicia, que duró mientras reinaron.»
Memorial y registro breve de los lugares donde el Rey
y Reina Católicos, nuestros Señores, estuvieron cada
año desde el de 1468 hasta que Dios los llevó para
sí, escrito por el doctor Lorenzo Galindez de Car-
vajal de su Consejo y del de Cámara de Carlos V, y
por merced suya {hecha año de 1525) (1) Correo
mayor del Perú, ó como allí dicen, maestro mayor
de los chasquis.
PROEMIO.
La costumbre y uso del escribir historias y coró-
' nicas, así en tiempos pasados como en los presen-
tes, paresce no solo haber sido aprobada por gran
discurso de tiempos, pero celebrada y confirmada
por todas las naciones y gentes capaces de razón,
como lo manifiesta la continuación que siempre
hasta agora se ha tenido y tiene, y cabe en razón:
porque si en el escribir se guarda lo que se debe,
no solo se nos da manera para bien y virtuosamen-
te vivir, pero también somos instruidos en el fin
que debemos seguir, de el cual esperamos alcanzar
aquella bienaventuranza para que fuimos criado» ;
la cual está claro se alcanza siguiendo y obrando
los actos virtuosos pasados , huyendo y apartándo-
nos de los vicios presentes; porque entonces la co-
rónica tiene autoridad para ser imitada y seguida,
cuando en la ordenación de ella se guarda la for-
ma debida : pero muchas veces la poca verdad que
algunos con pasión desordenada tienen en escribir
las corónicas, disminuye la autoridad de ellas y las
hace tener en menos ; porque siendo el cronista juez
de la fama, testigo de la verdad, y espejo en que
se contempla en lo pasado, ni juzgan verdad, m la
dicen, ni representan las cosas pasadas como pasa-
ron, antes ponen confusión en el tiempo, callando
y escuresciendo á unos, y esclareciendo y subliman-
do á otros como no deben, lo cual hacen pervirtien-
do la justicia, que es dar á cada uno lo que es suyo,
y no pensando los actos de fama según lo que va-
len y pesan ; mas siguen el tiempo y estado presen-
te, y la caUdad que en él tenia la persona que los
hizo ; como si agora los que tienen grandes estados
(1) La merced de Correo mayor de las Indias se la hizo la Rei-
na Doña Juana por cédula de 14 de mayo de 15U, y U sobrecarta
es del Emperador por su Consejo de Indias á 25 de octubre de
1523, mandando que ni al dicho 1). Lorenzo Galindez, ni a sus
tenientes se les ponga embarazo en el despacho de los correos.-
Vcytia yLinage, Horle de la contratación de Indias, trata larga-
mente dt esta lúerced, lib. 1.^', cap. .V¿, núm. 3.
636
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
y lug&Téé con privanza , fuesen al eterno , y nunca
hubieran comenzado, ó como si se concluyese de
necesario que loa grandes estados y privanza in-
fundiesen virtudes; siendo todo por el contrario,
que de la templanza vinieron las riquezas, y de allí
los estados justos , y no de las riquezas ni de la
acepción de los Príncipes la templanza , ni el uso
de vivir virtuosamente, así como cada dia lo ve-
mos, y paresció claro en tiempo del Rey D. Enri-
que IV y en tiempo del Rey D. Juan II su padre,
que tantos fueron sublimados en dignidades y esta-
dos cuantos supieron agradar fuera de razón á los
Príncipes y á sus privados ; pero ni por eso á los
poderosos debe de desmenuir el lugar justamente
habido, que merecen eegun lo que mas aventuran ;
pero, pues, como dice el apóstol Omnis potestaa á
Deo est, etc., y pues se comete falsedad no solo di-
ciendo lo que no pasó, pero callando, ó disminu-
yendo ó alargando lo que pasó, claro es que el co-
lonista en todas estas maneras ofende la verdad y
comete falsedad ; la cual es mas grave y detestable
cuanto es dicho ó escrito en perjuicio de honra ó
fama de alguno , ó en excelencia de otro que no lo
merece, y en tiempos que mas la verdad se usó,
porque si se tiene por malo el hurto de la hacienda,
por peor se debe tener y estimar el de la honra y
fama : y ansí el tal coronista en muchas cosas ofen-
de á Dios, é al Príncipe, é á la república, é á la par-
te, cometiendo falsedad junta con hurto de el loor
ageno con engaño y daño de muchos, ó por mejor
hablar, de todos : por lo cual se podría decir lo del
poeta: Sic vos non vobis, etc. De esto se quejaba la
Sabiduría. . , . Stabunt Justi in magna constantia, etc.
Mucho se habia de mirar en la elección de la per-
sona que ha de escribir la corónica, que fuese nom-
brada por el Príncipe con aprobación de muchos,
pues se hace do perjuicio de tantos, y no dar lugar
que cada uno fácilmente se ingiriese á escribir lo
que le place en loor de pocos, y en perjuicio de to-
dos : y en tal elección se habia también de mirar el
bien de la legalidad de la persona, que el elegido
fuese de buena parte ; porque ni temor de los po-
derosos, ni afición de su gente le hiciesen apartar
de la verdad. E ansí vemos que se hizo en los tiem-
pos pasados en la ley divina y humana, y en nues-
tros tiempos, que fueron coronista Poro López de
Ayala y Hernán Pérez de Guzman. Y no embar-
gante que Hernando del Pulgar, que por mandado
de la Reina Católica escribió esta corónica hasta el
año de 1490, era buena persona , elocuente y dis-
creto , y es de creer que escribió verdad , según la
relación que tuvo de los hechos , y que lo que dejó
fué porque no lo supo, ni alcanzó ; pero no se pue-
de negar haber pecado en muchos casos , y tanto
mas cuanto la corónica era de Príncipes mas glo-
riosos, como lo fueron el Rey D. Fernando y la
Reina Doña Isabel Católicos; en cuyos tiempos
bienaventurados pasaron los mayores y mas nota-
bles hechos de virtud , y religión , y justicia y es-
trenuidad de caballería que pasaron muy grandes
tiempos atrás. En todo ello el coronista pasa sucin-
tamente, que lo que escribe aun no ©s una suma
muy breve de lo mucho que deja por decir; y lo
que peor es , que en muchas parles y lugares pro-
cede tan desnudo de particularidades, que ni nom-
bra las personas , ni dice el hecho entero con sus
circunstancias como pasó, antes trocándolo é abre-
viándolo demasiadamente, lo confunde con alguna
retórica vana, de que muchas veces se usa, en tanta
manera, que no se pued§ del todo bien juzgar si lo
hizo por dolo ó por culpa, porque aunque en las co-
rónicas principalmente se deben contar las vidas y
hechos de los Príncipes ; pero no por eso se deben
dejar ni olvidar los hechos notables de las personas
que inciden en el tiempo de que la corónica habla
y trata , nombrándolas y expresando los lugares y
circunstancias necesarias que se requieren para en-
tera noticia del hecho , y para mayor gloria de loa
Reyes en cuyo tiempo los tales hechos pasaron y
para memoria de los porvenir, fama y ejemplo de
sus subcesores, que se esfuercen á los seguir. A in-
felicidad grande por cierto de la nobleza de España
se debe atribuir, siendo los tiempos felices y los actoa
notables, que se repartieron por todos los linajes y
casas de España , según la magnanimidad de tan
grandes Príncipes, que á todos amaban y de todos
se servían y eran de todos servidos, haberles dado
coronista tan escaso y estéril de dar á cada uno su
talento. Y por eso no sé cual sea mejor, ser nom-
brado con los pocos ó callado con los muchos. Lo
que parece mas grave, que en unos lugares no cuen-
ta el coronista los hechos, mas júzgalos antes de
los contar, siendo por ventura á él incierto el fin é
intención que en los hacer tuvieron los que los hi-
cieron ; á la manera de los que testificaron contra
Cristo , que imponiéndole que había dicho possum
destruere templum, etc. del templo de Salomón, fue-
ron tenidos por falsos, habiéndolo él dicho y enten-
dido de su precioso cuerpo. Y lo que no tiene excu-
sa es, que quiso en esta corónica tanto alabar y su-
blimar á un prelado de estos reinos, aunque por
cierto muy digno de loor (1) que mas se puede de-
cir la corónica de él que del Rey ni la Reina ; y á
otro suprimió y oscureció tanto , que aunque digno
de culpa, no se puede negar en algunos pasos ha-
berle sido este coronista asaz odioso y aun injurio-
so. Ovo otra desdicha esta corónica de Pulgar, que
cayó originalmente en manos de otra persona prin-
cipal, el cual hizo en su cosa propia algunas adicio-
nes, como le plugo, las cuales, puesto que fuera
verdad , como es de creer, era especie de falsedad é
grande ambición ponerlas por su autoridad en coró-
nica de tan altos Principes, aunque algo le excusa
la escaseza y brevedad del coronista ; pero aquellaa
adiciones no van en la corónica de suso escrita,
puesto que es de creer que algunos no advertidoa
de esto las teman en sus libros, solamente se puso
en la dicha corónica á la letra lo que el coronista es-
cribió, como á él le plugo, sin mudar, ni desminuir,
ni acrescentar una sola palabra, por excusar maa
(1) El Cardenal Mendoza.
DON FERNANDO
mudanzas de verdad ; excepto cuando en algunos
nombres propios erró, los cuales se redujeron á la
verdad. Y porque los que pasaren por esta corónica
sepan enteramente los hechos , se presupone que la
corónica del Bey y Reina Católicos parte de ella fué
copilada por cinco autores (1). El uno fué Hernan-
do de Pulgar, de quien habernos contado, cuya es-
critura á la letra es puesta de suso. El otro fué Tris-
tan de Silva, vecino de Ciudad-Rodrigo, que escri-
bió poco, y de ello ninguna cosa se puso en esta
corónica. El tercero fué un Alonso Florez , vecino
de la ciudad de Salamanca , familiar del duque de
Alba, que escribió lo de Toro y Zamora , y aquello
se dejó también de poner por algún respeto (2). El
cuarto fué Hernando de Ribera, vecino de Baza,
que escribió la guerra del reino de Granada en me-
tro : y en la verdad , según muchas veces yo oí al
Rey Católico, aquello decia él que era lo cierto ;
porque en pasando algún hecho ó acto digno de es-
crebir lo ponia en coplas y se leia á la mesa de su
Alteza, donde estaban los que en lo hacer se hablan
hallado , é lo aprobaban ó corregían , según en la
verdad habia pasado. Pero escrito (3) que por rela-
ción de personas dignas de fe se tiene por averiguado
que D. Enrique Enriquez, tio del Rey, quiso saber
de este Ribera, que era su familiar , cómo le ponia
en la corónica, y él respondió muy bien según la
verdad pasaba: á lo cual D. Enrique le replicó:
¿ponéis lo de mi espingarda en lo de Tajara? (4).
Hernando de Ribera le respondió que no, porque no
hallaba cosa en aquello que le pudiese honrar ; de
lo cual D. Enrique se escandalizó, y le tornó á pre-
guntar la causa ; y él dijo, que ya sabia que no pe-
dia decir sino verdad, y que la espingarda mas se
podia imputar á caso fortuito, en que no cabia cul-
pa ni gloria ; porque aquella pelota que le dio en la
(1) Hace de lodos memoria Lucio Marineo Siculo en sns Elo-
ffios y en la Histor. de reb. hispan., lib. 20, fol. 113, y lib. 2o, fo-
lio 168, y aun menciona algunos mas. Y él mismo se debe incluir
en el catálogo. El cual ademas de haber compuesto unos Anales
de los Reyes Católicos ( que cita en el lib. 23, fol. 140 vuelto, ha-
ciendo el elogio deD. Antonio Fonseca), escribió de estos Reyes,
cuando ninguna historia de ellos estaba publicada, libros 19, 20
y 21, en que casi comprende Iodos sus principales hechos, con los
ilustres varones de su reinado, que va poniendo en los tres si-
guientes. Pero el Sr. Galindez no alcanzó publicada esta historia
completa en Alcalá, año de 1550. Hágase también memoria de
D. Gerónimo Gascón de Torquemada, citado de Florez en las
Reynas, y el cura de los Palacios Andrés Bernaldez, extractado al-
gunas veces por Ziíñiga en sus Anal, sevillan. Argote de Molina
en el índice de manuscritos, previo ásu Nobleza de Andalucía, que
tuvo presentes para escribirla , cuenta en ellos la Historia de la
guerra de Granada de los Reyes Católicos por Fernando de Baeza.
(2) Esta Historia de Alonso Florez de Salamanca , que quedó
manuscrita, es citada especiücamente. después de haberla visto,
por el curioso y elegante D. Francisco Pinel y Monroy en su Re-
trato del buen vasallo , pág. 165. De Carolo Verardi italiano de
Cesena. Fabric, tomo i, pág. 353.
(3) Al margen del manuscrito dice: es cierto.
(-i) Año 1483. En el cerco de Tajara fué herido de una espin-
garda D. Enrique Enriquez, tio del Rey, y lleváronlo á curar á
Alhama.-Palabras de Zurita, lib. 20. cap. 51, fol. 326, col. \, to-
mo IV, año 1483, en el mes de junio.
El Siculo no fué tan escrupuloso, y refirió el caso en gracia de
aquel ambicioso Grande, lib, 24, fol. 154 vuelto, en el Elogio del
Cardenal Mendosa.
É DOÑA ISABEL. 537
pierna habia sido de recudida, que primero habia
dado en una peña é sin riesgo ninguno ni peligro
suyo ; de lo cual D. Enrique se escandalizó é tuvo
por no contento, y dende algunos dias imbió por la
corónica que estaba en un monasterio, y casi que
por fuerza la sacó y quitó lo que quiso, y lo que de-
jó no se puso arriba, porque la corónica no quedó
tan cumplida, ni en la sinceridad que Ribera lo es-
cribió. El quinto autor fué Alonso de Falencia, dig-
no coronista, que en latin por décadas, á la manera
de Tito Livio, escribió larga y verdaderamente esta
corónica del Rey y Reina Católicos hasta la toma
do Baza, con las circunstancias y particularidades
necesarias ; á la cual se debe siempre recurrir como
á fuente de agua limpia, y no sin causa, porque de
él se dijo : Omatiorem historiographum potuit ali'
quando habere Hispania , sed veratorem neminem. Lo
que Antonio de Lebrija después escribió no fué
como coronista, aunque tenia título de ello , sino co-
mo traducidor de romance en latin, de lo mismo
que tenia escrito Hernando de Pulgar ; porque yo
fui testigo que le di la corónica original para que
la tradujese en latin (5) ; pero ni Hernando de Pul-
gar , ni Alonso de Palencia], como es dicho , acaba-
ron de escrebir esta corónica, solamente llegaron el
Palencia hasta la toma de Baza, y el Pulgar al afio
1490, y no la acabó. El coronista que le sucedió fué
Ayora (6), el cual , según se supo, comenzó á escre-
bir del afio 1500 en latin y en romance, por mane-
ra que quedaron rezagados diez años : es verdad que
el protonotario Pedro Martin, natural de Milán,
varón entero y asaz docto , no como coronista , mas
por una nueva manera de Epístolas, escribió en latin
aquellos años y otros muchos adelante : de cuya es-
criptura se podrá ver alguna lumbre de lo que en
ellos pasó (7); porque no saber lo de fuera, no es
(5) Lucio Marineo al principio del lib. 20, fo!, 113, dice también
de Nebrija: «Cato (Pulgarii) magnum volumen in latinum sermo-
nem vertií Antonius Nebrisensis; cuius ego traductionis initium dum-
taxat legi, in quo satis elaborasse mihi vissus est, et bene castígate.*
(6) De quien dice Zurita en La vida del Rey Católico, lib. 8, ca-
pítulo 30, tomo vi: «Y entre todos se queria señalar Gonzalo de
«Ayora como aquel que presumía ser muy diestro en la disciplina
«militar, y que no solo podia ponerlas manos como cualquier ca-
«pitan en los hechos de la guerra, mas intervenir en los conse-
»jos, que tenia cargo de ordenar la historia del Rey , pero ejercita
»mas su elocuenciaen el hablar que en escribir las cosas nota-
»bles de su tiempo como fuera razón. »
(7) Algunos curiosos hubo á más de estos cronistas, que hallán-
dose en la corte al tiempo de algunos sucesos sobresalientes, for-
marón relaciones de ellos, y los enviaron por noticia á persona-
jes de fuera ó á amigos de su satisfacción, las cuales ha sucedido
no perderse y llegar hasta casi nuestros tiempos: tal es aquella
relación de Lope Vázquez de Acuña enviada al Rey D. Juan de
Aragón, padre del Católico, al principio del año 1474, de que
habla Zurita, lib. 18, cap. 63, tomo iv, del cariñoso recibimien-
to que el Rey D. Enrique IV, contra todo lo que podia esperarse,
hizo en Segovia á su hermana la Princesa Doña Isabel la Católi-
ca, y á su marido el Principe de Aragón D. Fernando, hijo del
Rey, á quien la escribe: y de la opípara merienda que les dio el
mayordomo Andrés de Cabrera (en la que el triste Rey D. Enri-
que se dijo haber quedado herido de muerte ). Tai el elegante
poema de Triumpho Granatensi, en que el poeta Marco Pompilio
Romano celebró la conquista de Granada, y los personajes, gran-
des, provincias y naciones del reino que concurrieron á ella: y
tales, en fin, otras piezas sueltas de este género, de que no dejan
de hallarse boy algunas.
538
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
culpa, aunque saberlo sea loable; pero no saber lo
que pasó en la propia patria y naturaleza, como sea
no saber lo de dentro de casa, es no solo culpa, mas
torpeza. Y porque después que la Reina Católica fa-
lleció vino á mis manos un Sumario de su cámara
de todos los lugares en que sus Altezas estuvieron
desde el año 1468 que eran Príncipes, hasta el afio
de 1504, que su Alteza falleció ; el cual memorial
yo, como mejor pude, continué hasta el año de 1516
que falleció el Rey Católico su marido, mi Señor,
como testigo de vista, porque nunca de él me partí;
ansi me paresció que lo debia juntar con la dicha
corónica, poniendo en él entrambos testamentos del
Rey y la Reina Católicos, á cuyo otorgamiento y á
8u ordenación me hallé , con algunas adiciones en
los dichos años de algunas cosas mas notables, se-
gún que lo vi, y lo que no alcancé, lo supe de per-
sonas dignas de fe, que lo vieron y se hallaron pre-
sentes á ello en la manera siguiente.
Memorial ó registro breve de los lugares donde el Rey
y Reina Católicos, nuestros Señores, que hayan glo-
ria, estuvieron cada año desde el de 1468 en ade-
lante, hasta que Dio? los llevó para sí, que fueron
los de la Reina ansí de Princesa como de Reina y
treinta y seis, y los del Rey cuarenta y seis, ansí de
Príncipe como de Rey , y de Gobernador de estos
reinos de Castilla, etc., sacando de esto lo que estu-
vo en Ñapóles, cuando partió de Castilla, y quedó
por Rey el Señor D. Phelipe, su yerno, marido de
la Reina Doña Juana , nuestra Señora , propietaria
de los dichos reinos , hija de los dichos Reyes Don
Hernando y Doña Isabel Católicos.
Ato 1468.
En el año de 68 fué jurada la Reina nuestra Se-
ñora Princesa de los reinos de Castilla y León, en
el raes de agosto (1) en los Toros de Guisando, é
vino á ser jurada desde Avila á Cebreros , y desde
allí á Cadahalso, y después dende á Casarrubios (2),
y desde allí á Ocaña (3). Y esto se hallará mas lar-
gamente en las corónicas del Rey D. Enrique IV de
este año.
(1) No faé sino día lunes 19de setiembre segnn Zorita, que está
en esto puntualísimo y produce documentos con que enmienda
los cronistas. Lib. 18, cap. 19, tom. iv de los Anales de Aragón.
(2) Con el Rey D. Enrique, donde con fecha del dia 23 del mis-
mo setiembre, de conformidad y bajo de un contexto avisaron á
los pueblos esta deseada concordia y acto. Un ejemplar de la cir-
cular trae Zurita donde arriba.
(3) Donde estuvo todo el resto del año , aunque no con mucha
libertad, lo uno por ser lugar de D.Juan Pacheco, Maestre de
Santiago, que daba muestras de quererlo mandar todo; y lo otro
perlas varias y encontradas relaciones de los tres matr^imonios
con que alli la mortilicaron, uno con D. Alonso, Rey de Portugal,
que repelido ahora, después con la entrada en Castilla la dio bien
en que merecer; otro con Carlos, duque de Berri, hermano del
Rey de Francia; y el tercero que se logró y fué efectivo, habién-
dole aceptado y jurado secretamente la Princesa alli mismo an-
tes de salir de Ocaña , con D. Fernando, Principe de Aragón y Rey
de Sicilia, que aceptó y juró las condiciones de 61 en Cervera, á 3
de marzo del año siguiente, como tod > se podrá ver en Zurita
con más instrucción y puntualidad que en otro. Lib. 18, cap. 20
y 21 , tom. IV.
Afío 1469.
Este año estuvo su Alteza en ócaña hasta el mes
de agosto, que partió para Arévalo (4), y en el ca-
mino vino nueva que habia tomado á Arévalo la
Condesa de Plasencia y Alvaro de Bracamente; y fué
S. A. á Madrigal (5) , y estuvo alli hasta el mes de
octubre que partió para Valladolid (6), y ende por
la voluntad y gracia de Dios se casaron el dia de
San Lúeas el Rey y la Reina nuestros Señores en las
casas que agora son la Chancillería, que entonces
eran de Juan de Ribero (7).
AÑO 1470.
Este año (8) fueron sus Altezas á Dueñas ; é alli
nasció la Señora Princesa Doña Isabel , 1.» dia del
mes de octubre (9) que después fué Reina de Portu-
gal y Princesa de Castilla , que casó con el Príncipe
D. Alonso , hijo del Rey D. Juan de Portugal , y des-
pues segunda vez casó con el Rey D. Manuel de
Portugal, que era primo hermano del dicho Rey
Don Juan , y hermano de la Reina Doña Leonor su
mujer del dicho Rey Don Juan. Y fué la dicha Doña
Isabel muy sabia y honesta y Católica Reyna. Fá-
lleselo en Zaragoza de parto del Príncipe D. Mi-
guel, á 23 de agosto de 1498. Está sepultada en el
monasterio de Santa Isabel de Toledo , que funda-
ron el Rey y la Reina en las casas que fueron de
Doña Inés de Ayala, madre de Doña María de Aya-
la, segunda mujer del Almirante D. Fadrique, cu-
ya hija fué Doña Juana Reina de Aragón , madre
de este D. Hernando. Fálleselo el Príncipe D. Mi-
guel en Granada á 20 de julio de 1500 (10), y allí
yace sepultado en la capilla Real del Rey y de la
Reina (11).
(4) Que era villa de su madre la Reina Doña Isabel, en cuya
compañía queria estar, para sosegar si pudiese de tantas zozo-
bras. Zurila, lib. 18, cap. 24, donde lo pone todo circunstanciado.
(5; Donde se hallaba la Reina viuda su madre, y donde también
recibió entre no pocos sobresaltos la satisfacción del primer pre-
sente de su esposo el Príncipe de Aragón, que fué un collar rico
estimado en 40.000 ducados, suma excesiva, si cierta , para aquel
tiempo, y un bolsillo con 8.000 florines, que fué menos dinero á
proporción. Zurita, ibid. Omite Galindez que de Madrigal pasó á
Ontiveros, y de allí á Avila , de donde por la peste que se sintió,
la fué preciso trasladarse á Valladolid , lugar pacífico y sano; por-
que así se halla en la carta satisfactoria que desde esta ciudad
escribió la Princesa al Rey su hermano el dia 8 de setiembre, y con
ella lo refiere Zurita, cap. 25, lib. 18.
(6) A donde entró (dice Zurita, cit., cap. 24) el postrero del mes
de Agosto, y fué resabida con gran regocijo y fiesta, Cou que se
dejará para mis adelante el mes de octubre en que pone esta en-
trada Galindez.
(7) Esto se halla mas largo en dicha corónica, y siempre mejor
que en otro en Zurita por su admirable puntualidad. Cap. 26 y 27,
libro 18.
(8) En principio de mayo, de Valladolid (Zurita cap. 30).
(9) A 2 de octubre dice Zurita, cap. 31, lib. 18.
(10) Véase adelante el año 98.
ill) En 7 de noviembre el Principe D. Fernando hallándose en
Dueñas con la Princesa su muger, llegó á estar tan apurado de
unas fiebres malignas que se temió no saliese , pero á poco tiem-
po convaleció por la buena asistencia de su médico, Lorenzo Da-
dos. Zurita , cap. 31, lib. 28.
ASfO 1471.
Este año estuvieron sus Altezas enMedina de Rio-
seco , y dende vinieron á Simancas (1), y dende Si-
mancas á Rioseco y de ahí á Dueñas (2), y en fin de
este afio á Tordelaguna, y de ahí á Sepúlveda que
se ganó , y desde Sepúlveda á Tordelaguna é á Ta-
lamanca é á Alcalá (3). Todo esto é otras cosas que
en este afio pasaron , están cumplidamente en las
corónicas escritas de latin é romance del Rey Don
Enrique, y del Rey y Reina Católicos.
AÑO 1472 Y 1473.
Volvieron sus Altezas desde Alcalá á Tordelagu-
na (4), y de aquí á Sepúlveda , desde Sepúlveda á
Aranda, y dende aquí otra vez á Sepúlveda, y de
aquí á Segovia en el mes de diciembre de 1473 (5).
Fallescieron en este afio de 73 el almirante D. Fa-
drique, y el condestable Miguel Lúeas (8), y el
maestro de Alcántara D. Gómez de Cáceres de So-
lis , y D. Alonso de Fonseca , arzobispo de Sevilla,
(1) Y (le Simancas fué el Príncipe á Tordesillas con gente á
sorprenderla, llamado del bando de los Cepedas contra los Al-
deretes; pero se malogró el ardid, y machos fueron presos, y al-
gunos muertos. (Zurita, cap. 35, lib. 18.) Con lo que sin otra ven-
taja se restituyó poco glorioso ü Rioseco, donde estuvo con la
Princesa su muger desde principio de Enero. Ibid., cap. 39.
(2) Zurita, cap. 39, lib. 18.
(3) En Alcalá se dividieron, quedando allí la Princesa y pasan-
do el Principe á Aragón á verso con su padre el Rey D. 'Juan, lo
que ya toca á los sucesos del año siguiente 1472 , en que lo es-
cribió Zurita, cap. 40, al med., lib. 18. De Alcalá pasó la Princesa á
Tordelaguna donde la halló la vuelta de su marido. Zurita, cap. 12
y 49, lib. 18. Y habiendo estado allí todo el mes de febrero se vol-
vieron á Alcalá, donde los visitó el legado del Papa, Cardenal de
Valencia, que había estado en Castilla sin adelantamiento, y se re-
tiraba ya la via de Valencia (cap. 31).
(4i Estaban el Príncipe y Princesa en Taiamanca á 26 de marzo
de73. Zurita, cap. 52, lib. 18.
(S) Los vizcainos juntos en Bilbao en el mes de setiembre de
1473 quitaron la obediencia á su Rey y Señor natural el Rey don
Enrique á quien la tenían jurada, y la dieron á los Príncipes don
Fernando y Doña Isabel, reconociéndoles desde luego por Seño-
res de Vizcaya. Como por este hecho se les mortilicaba de orden
del Rey con guerrasy procesos, para castigarlos y darlos por trai-
dores, según Zurita, lib. 18, cap. 61, tom. iv, ellos necesitados de
socorro, estando la Princesa Doña Isabel, ya su nueva Señora, en
Aranda, á 14 de octubre , la interpelaron para que les eonflrmase,
como les confirmó y juró solemnemente, sus fueros y privilegios,
y les dio de esto la carta que imprimen á continuación de .ellos
con dicha fecha.
(6i De Iranzo, que era también Canceller mayor del Rey Don
Enrique de quien hay crónica particular, que no sé que esté pu-
blicada. Su muertejfué el dia de San Benito, 21 de marzo, en Jaén,
donde vivia, inhumana y sacrilegamente por la canalla del pueblo,
estando oyendo misa en la iglesia mayor, á pretexto de que volvía
por los conversos de judíos, á quienes el pueblo quería oprimir
para arrebatarles los bienes, como por ese tiempo se hizo también
impunemente en Andújar, Córdoba y otros pueblos de Andalu-
cía. Por su muerte proveyó el Rey la Condestabilia en D. Pedro
Fernandez de Velasco, conde de Haro , su Camarero, y el Cance-
lerato en el Cardenal D. Pedro González de Mendoza , obispo de
Sigñenza, luego Arzobispo de Toledo, que acababa de recibir por
gracia del Papa Sisto IV, Armada en Roma, viernes 7 de este mes,
dos no pequeñas, el Capelo y el arzobispado de Sevilla con reten-
ción de la mitra de Sigüenza. Dieg. Enriq., cronic. de D. H. IV,
capítulo 157 y 159. Salazar de Mendoza, crónic. del carden., lib. 1,
cap. 36 y 57. Chac. in Sixt. IV. Pulg., crónic. de los RR. CC, par.
1." al fin. Ximena, Anales de Jaén, pág. 424. Su elogio por la cons-
tancia y lidelidad á su Rey. Zurita, 4 part. lib. 17, cap. 31.
DON FERNANDO É DOÑA ISABEL. 539
que hizo el mayorazgo de los de Fonseca (7). En el
afio de 72 un dia antes de la víspera de Navidad , á
á las doce horas de la noche, nació el que esta suma
recopiló en la ciudad de Plasencia {al margen dice :
«Nacimiento del doctor Galindez.)»
AfíO 1474.
Este año el dia de los Reyes estuvieron sus Alte-
zas y el Sefior Rey Don Enrique en Segovia en las
casas del obisi;o, que son cerca de la iglesia mayor.
E desde allí fué el Rey por mayo á lo de Carrion, en
que el Conde de Benavente escapó, de que fué echa-
do por el Duque del Infantazgo é sus parientes. Y la
Reina nuestra Señora quedó en Segovia, y estuvo en
ella hasta que el Rey D. Enrique fálleselo en el Al-
cázar de Madrid, domingo en la noche, víspera de
Santa Lucía á once de diciembre de este afio (8). Y
no embargante que el cronista diga que no hizo tes-
tamento, sino un memorial que se halló en poder de
Juan de Oviedo su secretario, la verdad fué que hizo
testamento, y en él dejó por su heredera do los rei-
nos de Castilla, etc., á aquella Doña Juana que se de-
cía su hija, y juró que era su hija , y dejó por testa-
mentario al Marqués de Villena y al conde de Be-
navente y al obispo de Sigüenza ; y este testamen-
(7) Y pues Zúñiga en los Anales de Sevilla, pág. 365, en varie-
dad de opiniones no sabe resolver si la muerte de este prelado se-
villano fué en este año ó el siguiente, diré por los papeles de su
casa, que el Arzobispo D. Alonso de Fonseca murió en su villa y
palacio de Coca , lunes á la noche, 17 de mayo de 1473, y allí está
enterrado con otros de su linaje. En la elección de sucesor para
Sevilla hubo discordia , porque el Papa Sisto IV se anticipó á ex-
pedir las bulas para su sobrino el cardenal D. Fr. Pedro Riario,
que cargado mas de dignidades que de años, disolvió las diflcul-
tades que nuestros Reyes y la misma iglesia sevillana opusieron
á su elección, perniciosa á la Regalía y á las leyes de la Nación,
muriendo en Roma sin venir acá á 3 de enero del año siguiente 74,
sin tener aun cumplidos 29 de edad, ni suplirla la ciencia y ex-
periencia. La iglesia postulaba con empeño á D. Fadrique de Gnz-
man (hijo del conde de Niebla D. Enrique, y hermano del Duque
de Medina-Sidonia D. Alonso Pérez de Guzman), deán que había
sido de ella, y ahora obispo de Mondoñedo. Pero á pesar de los
deseos de la iglesia y de sus parienítes, que demasiado temprano
se adelantaron á ocupar los lugares y rentas de la dignidad, no
prevaleció sino el voto del Rey y Principes D. Enrique, Doña Isa-
bel y D. Fernando, que solo esta vez de acuerdo, enviaron la su-
plicación por su igualmente amado el Cardenal D. Pedro Gonzá-
lez de Mendoza, Obispo de Sigüenza, antes de Calahorra , antes
abad de Valladolid y de San Zoil , y primero arcediano de Gua-
dalajara su patria. Zúñiga , página 366 á 367.
(8) Aunque aquí y en otras partes se dice (fue su muerte fué
domingo á la noche 11 de diciembre, realmente no fué sino en-
trado ya el lunes 12 á las dos de la mañana. En el mismo dia lu-
nes tuvo ya la noticia su hermana la Princesa Doña Isabel que se
hallaba en Segovia. Inmediatamente dispuso dos cosas: una des-
pachar propio con ella á su marido el Príncipe D. Fernando au-
sente en Aragón , otra celebrar las exequias por el difunto ; y el
martes siguiente se hizo proclamar en aquella ciudad, y levantar
pendones por ella y su marido como sucesora , y lo anunció á las
ciudades y Grandes ausentes para que hiciesen lo mismo. A la
provincia de Guipúzcoa envió á solicitarlo á Antonio de Baena, su
criado , y Bartolomé de Zuazola, su vasallo , con cartas del 15 que
están en sus fueros, pág. 355 á 357, avisando por la primera áe
ellas haber sido la muerte del hermano el domingo postrimero pa-
sado en la noche que fué áii de este presente mes de ■diciembre: y
á Sevilla destinó con iguales cartas del 20 á Pedro de Silva su
maestresala y persona de su confianza , como dice Zúñiga , pági-
na 369 y 370.
540
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
to dejó Juan de Oviedo en poder de un clérigo cura
de Santa Cruz de Madrid , el cual con otras muchas
escrituras lo llevó en un cofre y lo enterró cerca de
la villa de Almeida, que es en el reino de Portugal,
porque no le fuesen tomadas. Y esto vino á noticia
de la Keina Católica, mediante cierto aviso que de
ello dio el bachiller Fernán Gómez de Herrera, ve-
cino de Madrid, que era amigo del dicho cura, al cual
y al dicho cura imbió su Alteza desde Medina del
Campo el año de 1504 estando ya mal dispuesta de
la enfermedad de que fálleselo , á traer el dicho co-
fre con las escrituras , y lo trajeron pocos dias antes
que fallesciese, y no lo pudo con su indisposición
ver, y quedó todo en poder del dicho Hernán Gómez;
y mediante el licenciado Zapata del Consejo, á quien
el dicho Hernán Gómez avisó, fallescida la Keina^
lo supo el Rey Católico, que quedó por Gobernador
de los reinos, y dicen que lo mandó quemar. Otros
dicen y afirman que quedó en poder de aquel licen-
ciado Zapata; y por este servicio al dicho Hernán
Gómez se le hicieron después algunas mercedes, en-
tre las cuales le fué dada un alcaldía de Corte, á se-
mejanza del siervo que dio al pueblo romano la es-
critura de que se hace mención en la ley 2. ff. de
Oríg. Jur. Pero como aquel acto de jurar el Rey Don
Enrique que la dicha Dofia Juana era su hija, lo
hubiese hecho otras veces (1), como en su Corónica
se lee, no es de maravillar que por encubrir que daba
su muger á sus privados lo continuase aconsejado
de los mesmos ; é ansi muerto el Rey D. Enrique, la
Reina Doña Isabel , nuestra Señora , como propie-
taria de estos reinos, y el Rey D. Hernando , nues-
tro Señor, como su marido , fueron alzados por la
gracia de Dios por Reyes, aunque el Rey estaba au-
sente de estos reinos de Castilla en Aragón , como
mas largamente se cuenta en las corónicas de ro-
mance y latin. Y en este año á 1." de octubre (2) mu-
rió el maestre de Santiago D . Juan Pacheco en una
aldea de Trujillo, que se llama Santa Cruz de la
Sierra , el cual está enterrado en el monasterio del
Parral de Segovia , en la capilla principal que el
Rey D. Enrique habia fundado para sí. Y en este
año fué maestre de Alcántara D. Juan de Estúñiga,
hijo del duque de Plasencia D. Alvaro é de la Du-
quesa Doña Leonor Pimentel, su segunda muger ; y
de justicia dicen que pertenescia aquel maestrazgo
á D. Alonso de Monroy Caballero (3) que fué de
aquella orden. E ansí lo poseyó algún tiempo ; y esta
dicen que fué la causa por que después lo renunció
el dicho D. Juan en manos del Rey y Reina, como
adelante se contará (4).
íl) La última y más solemne antes deT testamento , que por
circunstanciada y concurrida de Prelados, Grandes y pueblos ad-
mira como después se trastornó, fué en el acto de Valde-Lozoya
dia viernes 26 de noviembre de 1470. Véase á Pellicer, Memorial
del conde de Miranda, fol. 51, después de las Crónicas y Historiado-
res vulgares.
(2i Este mismo dia pone Haro, tom. ii, pág. 318. Pero en el
maltes 4 de octubre dice Zurita, lib. 20, cap. 9.
(3) Al margen dice : leo-Clavero.
(4 Kn este año fué el conceder el Papa Sisto iV á las iglesias
catedrales de España, por su bula dada eu Roma á 1.^ de diciem-
Afío 1475.
En este año (5) estuvieron sus Altezas en Medi-
na (6) y en Valladolid (7) ; fueron al Abrojo , y do
allí partió la Reina nuestra Señora para Alcalá, y
el Rey nuestro señor se quedó en Valladolid, y des-
de Toledo (8) volvió S. A. á Avila, Medina (9),
Tordesillas (10), donde se juntó la gente para el Real
de Toro. De Tordesillas fué su Alteza á Vallado-
lid (11), y el Rey nuestro Señor á Burgos á cercar la
fortaleza , y la Reina á Palencia , y de allí se volvió
á Valladolid (12). Estando allí fué el reencuentro de
Almería, donde hirió Pedro de Avila á D. Alvaro
de Portugal por el rostro , lo qual le quisiera mos-
trar D. Alvaro. Después, siendo presidente, se tomó
la residencia al dicho Pedro de Avila de la gober-
nación del Principado de Asturias , queriéndole to-
mar por ejecución una cadena que traia al cuello,
la cual el dicho Pedro de Avila puso so el pie y em-
puñó su espada ; y el Rey y Reina reprendieron al
dicho D. Alvaro lo que pretendió hacer (13). E de
bre, ampliada por otras dos de í." de enero del siguiente 75 y 17
de abril de 76, las dos nuevas prebendas magistral y doctoral , la
una para teólogo y la otra para canonista , que se hablan de pro-
veer por los prelados y cabildos de canónigos in sacris á oposición
en los más beneméritos, según lo que habia quedado asentado por
su legado el cardenal D. Rodrigo de Borja cuando estuvo acá al
principio de su pontificado, y capituló cierto subsidio con el esta-
do eclesiástico. Zúñiga, pág. 567, núm. 3. D. Nicolás García, Trac-
tat. de Beneftc., part. 5.', cap. -i, núm. 169, estampa la primera
de estas bulas y otra aun más extensiva del papa León X del año
1521. Véase al P. Mariana, lib. 23, cap. 18, ai fin en la latina y
castellana.
(5) A 2 de enero entró el Príncipe D. Fernando ya Rey de Cas-
tilla en Segovia de vuelta de Aragón, como por carta del 5 lo avi-
só á Sevilla, y permanecían allí en el 30 del mismo y dias 15 y 20
de febrero siguiente. Zúñiga, pág. 371, donde la imprenta yerra
el año 1474 por 1475.
(6) Privilegio de juro allí de 12.000 mrs. á Rodrigo de ülloa, á
2 de marzo, y cédula para Sevilla de 17 del mismo. Zúñiga, ibid.
núm. 4.
(7) A 26 de abril firmaron aquí para Sevilla las credenciales y
poder que refiere Zúñiga cit., núm. i.
(8) Estaba la Reina en Toledo á 20 de mayo y á 2t también el
Rey, según documentos que cita Zúñiga en este año , núm. 5,
pág. 372, donde individualiza que estaba el Rey en Tordesillas
mientras la Reina eu Toledo. Zúñiga, ibid.
(9) Estaban en Medina donde tenían Cortes y les otorgó el Rei-
no 172 cuentos de mrs. en 1.° y 5 de agosto. Zúñiga, núm. 7.
(10) En Tordesillas á 12 de julio, otorgó el Rey su primer testa-
mento teniendo su Real cerca del puente que iba sobre Toro. Zu-
rita, lib. 29, cap. 23.
(11) Donde estaba á 9 y 15 de agosto. Zúñiga con documentos
núm. 7 y 19. En jueves 5 de octubre en Sahagun. Vid. Escalona,
pág. 693.
(I2j Donde estaba á 31 de octubre. Salazar, Cas. de Lar., tom. iv,
pág. 397, y en 2 de noviembre libraron aquí el privilegio de au-
mento de armas y merced de la Escusabaraja, dia de Navidad en
cada año á D. Andrés Cabrera y Doña Beatriz de Bobadilla, des'
pues primeros marqueses de Moya. Pinel., Retral. del buen vasallo,
págs. 238 y 249.
(lü) Y bien lejos de disgastarse del hecho de D. Pedro Dávila,
ahora mismo estando en Valladolid á 22 de noviembre de este
año 73, atendiendo á sus grandes y fieles servicios que les habia
hecho aun desde antes que reinasen, le hicieron merced perpetua
para sí y sus sucesores de la fortaleza y término del Risco cerca
de Avila su patria, con título de Conde. Véase el privilegio en
Haro , tom. n, pág. 93.
DON FERNANDO
Valladolid partió la Reina (1) á rescebir el castillo
de Burgos (2), y el Rey partió de Burgos al trato de
Zamora, é la ganó (3), como se contiene en las coro-
nicas de latin é romance de este tiempo.
aSío 1476.
Este año la Reina estuvo en Valladolid en prin-
cipio de él. En el mes de marzo (4) venció el Rey
Católico al Rey de Portugal en la batalla de entre
Toro y Zamora. De allí f u^á Tordesillas y de allí
vinieron sus Altezas á Madrigal donde hicieron Cor-
tes y juraron á la Princesa Doña Isabel (5) é hicie-
ron leyes , y se ordenó la hermandad en la villa de
Dueñas (6). E de Madrigal fué el Rey á cercar á
Cantalapiedra, é allí se libró el conde de Benavente
de la prisión de Baltanás, é le dieron sus fortale-
zas (7). Los Reyes se vinieron á Medina é á Tor-
desillas (8), y de allí partió la Reina para Segovia,
cuando se alzó Maldonado con la Torre de Don
Juan (9) ; y el Rey partió á Burgos é á Guipúzcoa
al socorro de Fuenterrabía, cuando la cercaron
los franceses (10). Y en este tiempo se tomó á To-
(1) A 8 de noviembre en Dueñas, 6 leguas de Valladolid, en el ca-
mino á Burgos, libraron i Juan de Valladolid , negro , título de
juez y mayoral de los negros y negras , loros y loras , que ya por
este tiempo se hablan traido en grande número de Guinea á Sevi-
lla , y residían de asiento en aquella ciudad. Züñiga, nüm. 10 de
este afio.
(2). Que se le rindió en enero 51. Zurita. Y ese dia lo avisó de
,] allí á Sevilla. Züñiga, año 76, núm. 1.
!3) Estaba ya el Rey en Zamora á2 de febrero. Züñiga, afio 76,
número 1.° Y ganó el alcázar á 19 de marzo del año siguiente, y
nombró alcaide á D. Sancho de Castilla. Züñiga, año 76, núm. 1.
(4j Viernes dia I.»— Pulgar, 2.' part., cap. 45. Zurita , Ana/.,
tom. IV , lib. 19, cap. 44, y Züñiga con cédula del Rey en que lo
dice, dada en Zamora á 9 del mismo mes, año 76, núm. i.' En 30
de marzo estaban en Medina del Campo y libraron allí el privile-
gio y merced á las Condesas de Cabra del brial que las Reinas de
Castilla vistiesen el dia de Pascua de Resurrección de cada año.
Salaz., Advert., pág. 322.
(5) Corrían estas Cortes en 29 de abril, y en ellas se acordó, en-
tre otras cosas , jurasen los pueblos los tratados matrimoniales
de esta Princesa con el Principe de Capua. Züñiga con la orden á
Sevilla de dicha fecha, año 76, núm. l.o
(6) Todo esto fué desde mitad de julio, dia de Santigo, de que
es la fecha del cuaderno de la Hermandad, hecho en junta de Due,
lias, precedida otra y otro en Óigales á 13 de junio, sin el prime-
ro de Madrigal de 8 de mayo, donde las peticiones de Cortes por
lo tocante á lo general del Reino salieron Armadas en 27 de abril
como todo consta por los mismos cuadernos.
(7) Esta prisión del conde de Benavente fué hecha por el mis-
mo Rey de Portugal en Baltanás del Valle de Cerrato el dia 18 de
setiembre del año anterior, y le llevaron preso á Peñaflel, lu^^ar
de sn contrario el conde de Urueña , junto al Duraton, donde en-
tra en el Duero. Zurita, lib. 19 , cap. 53.
(8) En Valladolid á 26 de junio libraron sus contadores privile-
gio de conflrmacion de otros de unjuro á Pedro de Herrera, Doña
Isabel y Doña María sus hermanas, la primera abadesa que des-
pués fué del monasterio de las Huelgas de esta ciudad de Valla-
dolid, y hermanos de Fernando, Diego, Francisco, Sancho y Doña
Inés de Herrera, todos ocho hijos de García de Herrera, guarda
del Rey D. Juan II, difunto poco antes del dia 28 de octubre de
1439, en que por su muerte este Rey empezó á confirmar á los hi-
jos los mrs. de este juro.
(9) Y allí día 13 de agosto confirmó el cuaderno de Hermandad
hecho en junta de Dueñas el dia 25 de julio.
(10) Iba caminando á ese destino el dia 18 de junio, en que en
Guevara, lugar fuerte del conde de Oñate después de Vitoria y an-
tes del Puerto de San Adrián, por donde entonces era el paso más
wmw de Álava á Guipúzcoa, libró á «sta última provincia la cé-
É DO^A ISABEL. Ui
ro (11) é vino la Reina áToro desde Segovia, y el Rey
á 1.° dia de noviembre de este año cercó á Castro-
Nuño (12) estando la Reina en Toro : é desde To-
ro (13) partió su Alteza á üclés sobre lo del Maes-
trazgo de Santiago : de allí volvió á Ocafia y fué á
Toledo; é allí vino el Rey habiendo ganado á Cas-
tro-Nuño. Fálleselo este año dia de San Martin en
Ocaña á 11 de noviembre, D. Rodrigo Manrique
dula que cita el P. Henao, tom. ii, pág. 392. Pero no debió pasar
adelante por entonces y volvió á Vitoria, donde aun nos le da Zu-
rita (lib. 19, cap. 50) en 29 del mismo mes. Y en prueba de su
puntualidad tengo la carta original firmada de su mano y refren-
dada de Felipe Climente su protonotario, secretario y de su Con-
sejo, con fecha de ese día 29 de junio en Vitoria , requiriendo á
los alcaldes de Iturrla y valle de Amescoa, en la merindad de Es-
tella, reino de Navarra, para que hiciesen volver á Juan Sánchez
de Vicuña, el mozo, vecino de Vicuña, su vasallo , una yegua que
los de allá le habían llevado, ó su valor, sin darle lugar á otro
procedimiento más sensible. Con fecha del mismo dia 29 de junio
en Vitoria libraron Real facultad á D. Rodrigo Ponce de León,
Marqués de Cádiz, Conde de Arcos de la Frontera, su primo, va-
sallo y de su Consejo (que así le llaman) para sacar de su mayo-
razgo las ciudades de Cádiz y Arcos, y las villas de Marchena, Ro-
ta, Bailen y Mairena, y otros cualesquiera lugares, dignidades,
oficios, bienes ¡y ¡rentas, y dejarlos libremente ó en uno ó más
mayorazgos á sus hijas Doña, etc. Y en 9 y 17 de julio siguiente,
en cuyo dia partió de aquella ciudad para Bilbao á prevenir las co-
sas que allí dice, donde ya estaba el dia 20. En el 30 se hallaba en
Guernica, donde confirmó y juró, como Señor nuevamente venido
á Vizcaya, los fueros de aquel señorío, con la formalidad que se
vé en el mismo privilegio, impreso á continuación de los del dia,
aunque no les toca, porque estos se hicieron posteriormente. Allí
se dice parte del acompañamiento que llevaba, con olvido de don
Antonio Carrillo, obispo de Pamplona, á quien los vizcaínos (que
no permitían entrada de obispo alguno en Vizcaya, no sé por qué
aprehensión antigua retenida en los fueros , que once años des-
pues les prescribió Garci-Lopez de Chinchilla enviado para ese y
otros efectos por este Rey á Vizcaya) hicieron salir de los térmi-
nos del señorío; y porque habla pisado tierra de él en contraven-
ción á sus fueros y costumbres , dieron al Rey en aquella prime-
ra vista el raro y enfático espectáculo de recogerla, quemarla y
arrojar a! mar las cenizas, como todo lo cuenta D. Juan Margarit,
después Obispo de Gerona y Cardenal, que iba en el viaje y lo
presenció, admirándolo no menos que todos. Estuvo el Rey en Viz-
caya dando las órdenes parala defensa de aque'lla costa contra los
franceses (según Zurita, cap. 32) hasta el 15 de agosto, y de allí
volvió á Vitoria para donde tenia aplazadas vistas con su padre el
Rey D. Juan li de Aragón, que habia llegado á aquella ciudad el
13, y se verificaron á breves días con grande lucimiento y aparato.
(11) Toro se entró jueves á la noche 19 de setiembre, y la
Reina llegó sábado 28, y la fortaleza se rindió sábado 19 de octu-
bre. Zurit., lib. 19, cap. 58. Pero es debido hacer aquí mención de
la noble toresana Antonia García y su marido Juan de Monroy, á
quienes los Reyes en el privilegio que concedieron á sus hijas y
descendientes confiesan deberse aquella fortuna á costa de la vida
de ella, malamente sacrificada de orden del Rey de Portugal, que
atribuyó la fidelidad á traición. En 6 de octubre, en Medina del
Campo libraron á Rodrigo de ülloa privilegio de juro de 16,000
maravedises cada año. En 4 de diciembre confirmaron un privile'
gio á Cuenca. Pinel., pág. 87.
(12) Cubillas y Siete Iglesias, que fué un dia después de la lle-
gada del Rey á Toro. Zurit., ibid., cap. 58.
(13) En 4 de diciembre firmaron allí privilegio á Pedro de las
Cuevas de un juro de 5.000 mrs. En 5 de Diciembre fué á Ocaña,
ocupó aquella villa y luego á Uclés , cuyo convento también ase-
guró á su poder, y estaba de vuelta en Ocaña el sábado 14 con lo
demás que escribe Zurit., lib. 20, cap. 1.° y 2.*^, donde dice que el
Rey tuvo la Pascua de Navidad en Medina del Campo , y de allí
pasó á Ocaña donde en 9 de enero ya se hallaba pacificado, por la
buena diligencia de la Reina, todo lo correspondiente á la pacili-
cacion del maestrazgo de Santiago en aquella provincia. Y aun
se añadió la felicidad de reducir enteramente á su servicio á dou
Juan Tellez Girón, conde do Urueüa,
542
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Conde de Paredes, Maestre de Santiago; está se-
pultado en el convento de Uclés. Fué luego Maestre
en acto D. Alonso de Cárdenas, que también en vida
de D. Rodrigo se llamó Maestre, y era Comendador
mayor de León. Estas cosas y otras que acaescieron
este afío se hallarán mas largamente en las coróní-
cas de latín y romance.
Afío 1477.
Este año estuvieron los Reyes parte de él en To-
ledo (1), é por abril partió el Rey para el cerco de
Cantalapiedra que ya estaba cercada, y la Reina
para Trujillo (2); é habida la fortaleza, que la tenia
Pedro de Baeza por el Marqués de Villena, fué de
Cáceres á Sevilla (3) ; de allí á Jerez de la Frontera,
y tornó á Sevilla donde estuvo todo este año (4). Y
en este dicho año á once de junio, día de San Berna-
bé, en la noche (5), fálleselo en Salamanca en el mo-
nasterio de San Agustín Fr. Juan de Sagun, y co-
menzó á hacer milagros á 28 de junio de 1488, vis-
pera de San Pedro y San Pablo, y después acá ha
hecho muchos milagros (6). Este año el obispo de
León, que se llamaba el Dr. D. Rodrigo de Vergara,
natural de la ciudad de Logroño, hizo matar al te-
sorero de la Iglesia que se llamaba Pero Baca, que
era caballero muy emparentado en la ciudad, y los
parientes de dicho tesorero cercaron al obispo en
sus casas, y él se salió huyendo, y llegó á las casas
del conde de Luna, donde le mataron estando en
las faldas de la condesa (7). Este año mataron los
de Fuente Ovejuna á D. Hernán Gómez de Guz-
man, Comendador de Calatrava, que era hijo de
D. Juan Ramírez de Guzman, que ansimismo fué
Comendador mayor de Clatrava y de Otos, y le ma-
taron á pedradas en su casa. Este año en el mes de
mayo mataron en Sahelíces de los Gallegos á García
de Sequeyra, señor de aquella villa. Y este dicho dia
(1) En Madrid á 9 de marzo conOrmaron á Valderas su esencion
de alcabalas y pechos. Ximena, Anal, de Jaén, pág. 430.
(2) Donde se hallaba á 20 de junio. Ziíñiga, año 77, núm. 1.°:
habiendo pasado por Guadalupe en 10 de mayo. Ibíd. núm. i, pá-
gina 380.
(5) Estaba en Cáceres á 4 de julio. Zúñlga núm. 5, y en 25 en-
tró con palio en Sevilla. Ibid.
(4) Y el Rey que entró el 15 de setiembre y permanecían en 26.
Zurita. Estaban en Xerez de la Frontera á 20 y 28 de octubre, en
utrera á 9 y 16 de noviembre, y ya en Sevilla de vuelta el 20. Zú-
fiiga, nüms. 8 y 9.
(5) De 1478. Vid. Fr. Juan de Sevilla Ap. Herrera Historia de
Satt Agustín de Salamanca, pág. 67, 68 y 265.
(6) En este año á 12 de marzo murió en Roma D. Juan Diaz de
Covarrubias y Coca, auditor y decano de la Sacra Rota, obispo de
Calahorra y antes de Oviedo, y primero Dean de Burgos, natural
de aquella ciudad, en edad de 77 años. Sepultáronle en la Miner-
va, de donde sus huesos fueron trasladados el aflo 1480 á la capi-
lla de la Visitación de la Catedral de su patria, á quien dejó por
heredera. Gil González, Teat. ecles., tom. ii, pág. 364. Salazar, Ad-
vertenc. historie, pág. 247. Sucedióle en la silla de Calahorra Don
Fr. Juan de Quemada, natural de Toledo y visitador general de su
arzobispado, que murió el año siguiente 1478. Tejada, Historia de
Sanio Domingo de la Calzada, pág. 397, núm. 4 y 5. Y le sucedió
D. Pedro de Aranda, natural también de Dúrgos, que luego fué
Presidente del Consejo hasta el año 1494 de su muerte.
(7) Garibay, lib. 18, cap. 13, tom. ii, pág. 610, col. 2, tomándolo
de aquí. Véase hoy al P. M. Risco, tom. 56, donde individualiza
circunstancias muy particulares que bubo en este raro caso.
de San Esteban á 26 de diciembre un eScudéto mtttS
al Duque de Milán, que se llamaba Galeazo, y es-
tando á unas oyendo misa, porque le tomó á su mu-
jer, el cual fué luego muerto allí por las guardas del
Duque.
aSo 1478.
Este año estuvieron los Reyes en Sevilla (8)
hasta que nasció el príncipe D. Juan, que fué á 28
de junio (9). En este año fué lo de Castronuño¡(10).
E á cabo del año vinieron á Córdoba, é allí estuvie-
ron hasta en¡fin del año. Miércoles á 29 (11) de julio
de este año de 78, hubo eclipsi del todo scuro (12).
ASfo 1479.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
Córdoba (13), y desde allí fueron á Guadalupe, don-
de juraron las paces con Francia (14). E allí vino
nueva de la muerte del Rey D. Juan de Aragón,
padre del Rey D. Fernando, y fué un martes á 19
de enero en Barcelona. E de allí fué la Reina á Cá-
ceres, y desde allí á Alcántara á las vistas con la
Señora Infanta Doña Beatriz, madre del Rey Don
Manuel y de la Reina Doña Leonor, mujer del Rey
(8) De donde vino el Rey á Madrid por febrero, y allí tuvo junta
de los diputados de las hermandades, y logró se prorogasen por
tres afios mas, mandando lo mismo por lo tocante á las de Vizca-
ya. Permanecía allí á 24 de marzo y se detuvo hasta fin de abril.
Zurita, lib. 20, cap. 21. Zúñiga, año 78, núm. 1.°
(9) Zurita, lib. 20, cap. 22, le cita é impugna diciendo que fué á
postrero á las once del dia, y que se bautizó el dia 13 de julio si-
guiente, y dice fué padrino Nicolás Franco, obispo Paternino, le-
gado del Papa en España, que era veneciano , asistiendo también
al acto los embajadores de aquella República en nuestra Corte, y
los Grandes y ciudad con el grande esplendor que correspondía á
un Príncipe heredero tan deseado, como por menor se podrá ver
en Zúñiga, año 78, núm. 2.", donde califica haber sido el dia del
nacimiento el que dice Zurita, con la carta de aviso que en el dia
siguiente 1.* de julio escribió el Rey participándolo á los pueblos.
Añade, núm. 3, que salió la Reina á misa de parida á la Santa
iglesia el domingo 9 de agosto, cuya lucidísima función dejó es-
crita el cura de los Palacios, testigo de vista que allí copia. Dón-
de estuvieron los Reyes después por todo el año. Véase allí desde
el núm. 4.
(10) En Sevilla á 21 de agosto de este año 1478 libraron privile-
gio á D. Andrés de Cabrera y Doña Beatriz de Bobadilla, sumu-
ger, primeros Marqueses de Moya que fueron luego, haciéndoles
merced del señorío de la casa y lagar de Ormaza, confiscado i
Gonzalo Muñoz de Castañeda, por haber seguido la voz del Rey de
Portugal. Pinel, fieíraío ¿e/ ¿«en «asa/Zo, pág. 267, cuyo privilegio
revocaron luego por haberle perdonado. En 18 de setiembre aun
permanecían en Sevilla, donde libraron la pragmática 198 contra
los de Córdoba y su jurisdicción, que á pretexto de ser exentos
de pedidos y monedas, extendían la exención á todos los demás
tributos y pechos. En 30 de setiembre en Sevilla, título de Mar-
qués de Gibraltará D. Enrique de Guzman, Duque de Medina Si-
donia. Ayala. En 15 de noviembre estaban en Sevilla. Concord. de
la mest., tom. i , folio 180 vuelto, núm 920.
(11) Á 19 dice Zúñiga, citando al cura de los Palacios, testigo
ocular, año 78, núm. 4.
(12) Vid. el cura de los Palacios en Zúñiga, pág. 584, núm. 4.
(13) En 30 de enero libraron al Duque y Duquesa de Alba Don
García Alvarez de Toledo y Doña María Enriquez, facultad Real
para fundar mayorazgos de sus estados y bienes. Salaz., Memorial
del marqués de Yillafranca , pág. 135 y 134.
(14) No ya en Córdoba, sino en Guadalupe, libraron carta á Sevi-
lla á 8 de enero, donde se mantenían e 116; pero en el 22 de él y á
7 y 19 de febrero se hallaban en Trujillo. ZúQiga eu este año, nii-
mero l. Zurita, lib. 20, cap. 27 y 28.
DON FERNANDO
D. Juan de Portugal. Y de esta Doña Beatriz era
hermana Doña Isabel, madre de la Reina Católica
Doña Isabel; la cual de allí se volvió á Cáceres, y
de Cáceres (1) á Trujillo, donde estuvo en tanto
que fué la batalla de la Albuera, martes de carnes-
tolendas á 28 de Lebrero, á donde fué vencido el
Rey de Portugal, mediante la ayuda que el Maestre
de Santiago D, Alonso de Cárdenas hizo. E fueron
los cercos de Herida é Medellin, y Montanches, y
Castilnovo, y Deleitosa, y Magacela, y Zalamea, y
Bienqueroncia é Armón chon de la orden de Alcán-
tara, y se firmaron las paces de Portugal (2) ; y de
allí vinieron los Reyes á Guadalupe, y de allí á To-
ledo en el mee de octubre de este año (3). Y en el
mes de noviembre nasció la Señora Infanta Doña
Juana, que casó con el Archiduque D. Felipe, conde
de Flándes, hijo del Emperador Maximiliano, y de
Madama María, hija del duque Charles y Madama
Catalina de Borbon.
Afío 1480.
Este año hicieron los Reyes Cortes en Toledo (4),
é hicieron las Leyes y las Declaratorias, todo tan
bien mirado y ordenado, que páresela obra divina
para remedio y ordenación de las desórdenes pasa-
das (5). E allí estuvieron hasta en fin del año, que
partieron para Medina del Campo, donde quedó la
Reina (6), y de allí fué el Rey á Calatayud é á Za-
ragoza.
ASfo 1481.
Este año estuvieron los Reyes en Aragón y Bar-
celona y Valencia, y en fin de él volvieron á Medi-
(1) Estaban los Reyes en Cáceres á fin de marzo y 11 de mayo.
Zurila, lib. 20, cap. 32. Zúñiga, año 79, núm. 4. Y permanecieron
allí hasta 22 de mayo (no marzo como se impriraiú en Zurita), en
cuyo dia vinieron juntos á Trujillo, donde el sábado 5 de junio se
separaron, porque quedando allí la Reina, el Rey se partió para
Aragón á jurarse Rey de aquellos reinos por muerte de su padre,
donde entró en 22 de dicho mes, habiendo caminado por Guada-
lupe y Santa Olalla, donde se halló en 10 de él. Zurita, donde arri-
ba. La Reina permanecía en Trujillo á 28 de agosto.
(2) Cuya conclusión avisó la Reina á Sevilla desde la villa de
Almaraz á 5 de octubre. Zúfiíga cita núm. i.
(5) Esto está malo. Los Reyes no vinieron juntos ni en ese
tiempo. Queda visto que el Rey pasó para Aragón solo en el mes
de junio. La Reina quedó en Trujillo, donde se hallaba aun en 28
de agosto, como acredita con documento Züñiga, nüra. 4, y allí
mismo que estaba en Almaraz de Extremadura á 5 de octubre. En
21, pues, de este, acredita él mismo con carta suya se hallaba ya
en Toledo, adonde volvió el Rey de Aragón pocos dias antes de
parir allí la Reina á la Infanta Doña Juana, después su sucesora,
el dia sábado 6 de noviembre entre las 6 y 7 de la mañana. Zurita,
libro 20, cap. 34.
(4; En dos de mayo libraron allí la á villa de Salvatierra de
Álava privilegio con inserción de otros de sus antecesores, en que
se la conürmaron generalmente los suyos.
(5) Salazar de Mendoza en la crónica del cardenal Mendoza, li-
bro 1, cap. 31, pág. 174, cita y alaba este lugar de Galindez en su
JSemorial ó Registro.
(G) Estaban ya allí el dia 29 de setiembre, en que libraron la
pragmática inserta en la 17, y en el día 9 de noviembre, en que la
Reina sola libró cédula que he visto original, firmada de su mano
y refrendada de Diego de Santander, su secretario, para que los
aposentadores no diesen huéspedes allí en la posada en que habia
de estar el doctor Juan Ruiz de Medina de su Consejo, ni en casa
de Pedro Fernandez de Rincón, que asimismo habia de tener por
posadas, no obstante que dicho doctor no se hallase en la dicha
villa, por cuanto su Alteza le enviaba á algunas cosas cumplideras
^ su servicio fuera de esta villa.
É DONA ISABEL. 543
na del Campo, á donde acaesció la diferencia entre
D. Fadrique Enriquez, hijo mayor del Almirante
D. Alonso Enriquez, y Ramir-Nuñez de Guzman,
Señor de Toral, en lo cual el coronista de romaneo
queda asaz falto y diminuto en perjuicio de par-
tes (7).
Afío 1482.
En principio de este año se ganó Alhama postre-
ro dia de hebrero (8) que fué la primera cosa que
se ganó del reino de Granada , en que se halló Don
Rodrigo Ponce de León, Marqués que se decia de
Cáliz (9) ; y partieron los Reyes con la nueva al so-
corro de Alhama, que la cercaron los moros. Y ea
este año estuvieron sus Altezas en la Andalucía , y
nació en Córdoba la Infanta Doña María, que fué
Reina de Portugal, segunda muger del Rey Don
Manuel, cuyo hijo es el Rey D. Juan de Portugal,
que después casó (10) con la Infanta Doña Catalina^
hermana del Rey D. Carlos , nuestro Señor. En este
año á 13 de julio mataron loa moros de una saeta-
da con yerba en el Real de sobre Loja á D. Rodri-
go Tellez Girón, Maestre de Calatrava. En este año
á 1." de julio murió en Alcalá de Henares D. Alon-
so Carrillo, Arzobispo de Toledo (11); sucedió en bu
(7) Año 1481, en .alladolid á 28 de febrero, la Rema dio la
carta de comisión y creencia al Reverendo Señor D. Juan de Or-
tega, provisor de Villafranca, sacristán de SS. AA., y Alonso do
Quintanilla, su contador mayor, directores de las hermandades, y
como tales enviados 'según Pulgar, este año, cap. 99j á Vizcaya,
Guipúzcoa y Montañas á diligenciar naos, gente, vitu illas, armas
y artillería para la armada contra el Turco, que infestaba cruel-
mente el reino de Sicilia y otros puertos de la cristiandad. Estos
comisarios parece que también llevaban comisión para sacar con
buenas artes el mas dinero que pudiesen, pues aun de esta espe-
cie también había falta. Así lo hicieron (dice Pulgar) con los lu-
gares de las Behetrías juntos por sus Procuradores en la ciudad
de Burgos, donde redimieron á dinero la antigua obligación (que
para esta ocasión no se olvidó) de dar galeotes para las armadas.
Estos comisionados pasando de allí llegaron á Vitoria y presenta-
ron su credencial á la junta general de la provincia y hermandades
de Álava, dia 22 de marzo de este año, hallándose diputado de
ellas Lope López de Ayala, aunque Pulgar no habla de esta pro-
vincia; y tuvieron tal maña, que por buena composición les saca-
ron un servicio de 500.000 mrs. en dinero, aunque fuese con la
protesta que su diputado y procuradores hicieron de que esto no
causase perjuicio y ejemplar á sus exenciones, franquezas y pri-
vilegios. Acta y adjunta la carta, cax. G., tít. 32. Archivo de la pro-
vincia. En dos de abril del mismo año 1481 libraron en Valladolid
la pragmática 195, interpretando y declarando el privilegio de las
exenciones de Simancas. Este año, dia 4 de abril, estaba la Reina
en Valladolid. Cédula que imprimió Salazar, Cas. Lar. tomo iv„ pá-
gina 93. En 13 de agosto en Tordesillas, Concordia de la Mcsía,
fol. 151, núm. 834.
(8) Del dia en que se ganó, por quiénes y cómo hay una carta
original en Alderete, Antigüed. de Esp., pág. 214, la cual se debe
poner aquí porque es muy apreciable. Vid. Francisco Guzman.
Nobiliario verb.. Ortega , fol. 71 vuelto.
(9) En 20 de marzo estaban en Medina d?l Campo. Concord. de
la Mest., fol. 151, número 857, y pragmática 197.
(10) En Estremozá 5 de febrero de 1525, dice Mariana en el su-
mario. Sandoval lo toca tres veces y nunca señala el mes y dia,
mas de que el casamiento se habia contratado en Valladolid en
el verano antecedente, lib. 11 , § 25 y 27 al fin, y lib. 12, § 14.
Sayas, Anales de Aragón, cap. 119, pág. 748.
(11) El mismo dia señala Zurita, lib. 20, cap. 43, tora, iv, y Zü-
ñiga en los Anal, de Sevilla, pág. 393, advierte con oportunidad y
utilidad haber sido esta la primera vacante á que no concurrió
postulación del Cabildo teco., por la gracia que ya tos heyes tentar^
544
dignidad el Cardenal D. Pedro González de Mendo-
za, que era Arzobispo de Sevilla; y sucedió en Se-
villa D. Iñigo Manrique, obispo que era de Jaén, y
Jaén se dio á D. Luis Osorio, hermano de D. Alvar
Pérez Osorio, primer Marqués de Astorga, Y fálles-
elo este año por mayo D. Gabriel Manrique, pri-
mer Conde de Osorno : y musió en este año por he-
brero D. Alvar Pérez de Guzman, Señor de Santa
Olalla (1).
AÑO 1483.
Este año taló el Eey la vega de Granada y la
corrió, y basteció á Alhama, é tomó é derribó á Ta-
zara. En este año murió el conde de Lemos, D. Pe-
dro Alvarez Osorio , en hebrero. Y en este mesmo
año fué el desbarate del Maestre de Santiago é
Marqués de Cáliz en el Ajarquia , que se dijo la de
las lomas de Málaga, dia de San Benito, 21 de mar-
zo (2). La Eeina estuvo este año en Santo Domin-
go de la Calzada y en Vizcaya, y la Navidad en Vi-
toria, á donde vino el Rey que venia de Aragón. En
este año fué preso el Rey Muley Boabdech de Gra-
nada, que llamaban el Chiquito, que le prendieron
el Conde de Cabra y el alcaide de los Donceles , y
desbarataron los moros, y mataron ó prendieron
gran muchedumbre de ellos.
aSo 1484.
Este año partieron los Reyes en principio de él (3)
desde Vitoria, y fueron á Tarazona, y de allí vinie-
ron á Guadalajara, é á Toledo, é á Córdoba (4), y en
el mes de julio ganaron á lUora, y en el de septiem-
bre á Setenel, é invernaron en Sevilla. Este año fué
el Rey al ardid de tomar la villa de Leja, y no se
hizo (5).
&So 1485
Este año ganaron los Reyes á Ronda é su tierra,
é Coin, é Cártama é otras muchas villas é fortalezas,
é ganaron á Cambiel. Este año al septiembre fué des-
baratado el Conde de Cabra , yendo á cercar á Mo-
clin. E fueron los Reyes á invernar á Alcalá de He-
nares. Y este año lluvió desde Todos Santos hasta en
obtenida para presentar todas las iglesias de sus reinos, perdiendo
asi los cabildos su mayor preeminencia. Los motivos, fundamen-
tos y antecedentes que hubo para esto, se podrán ver con exten-
sión en el doctor Salazar de Mendoza, Crónica del cardenal Men-
doza, líb, 1, cap. 52 por todo él.
(1) En 13 de agosto de 82 en Soria. Quad. de la líes/. allí, nú-
mero 843, pero puede ser equivocación. En 30 de agosto en Cór-
doba crearon en ducado la ciudnd de Nájera , y dieron título per-
petuo de Duque de ella á D. Pedro Manrique, Conde de Trevifío.
Salaz., Cas. de Lar., tom. ii, pág. 113, y tora, iv, pág. 293.
(2) En Madrid á 2(i de abril libraron la pragmática 136, excep-
tuando de la ley de Toledo y de los oflcios acrecentados manda-
dos por ella consumir» los pertenecientes á hijos de los que hu-
biesen muerto ó murieren en la guerra de los moros, siéndoles
renunciados, y ellos mayores de 18 años para servirlos.
(3) No debió ser tan al principio de él, pues á 6 de abril en Ma-
drid libraron á Rodrigo de Ulloa, su contador mayor, un privile-
gio de juro de 57.500 mrs. en cada año.
(41 En Córdoba á tres de setiembre libraron la pragmática 179,
prohibiendo entrar sal fuera del reino.
(5) Gracias al valerosísimo y diestro escalador leonés Ortega
de Prado, por cuyo desengafío se logró que el Rey no aventurara
Hlli todo su ejército, no bien aconsejado por servidores de menos
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
fin de enero (6). Y en este año nasció en Alcalá de
Henares á 16 de enero (7) la Infanta Doña Catalina,
Reina que después fué de Inglaterra, que casó pri-
mero con el Príncipe Arcturo, y aquel fallecido, casó
con Henrique su hermano, Rey que hoy es de In-
glaterra. Y en este año por el mes de mayo fálleselo
en Valladolid el Almirante Don Alonso Enriquez,
que está sepultado en San Francisco de Palencia (8).
aSo 1486.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
Alcalá de Henares, y desde allí se fueron á Córdo-
ba. Y ese verano, ganaron á Loja, lUora, Moclin,
Montefrio y Colomera. Y este año fueron los Reyes
en romería á Santiago, y de camino cobraron á Pon-
ferrada y otras villas y fortalezas (9) y volvieron á
tener el invierno á Salamanca.
Afio 1487.
Este año estuvieron los Reyes en Salamanca (10) y
á principio del invierno en Córdoba, y fueron á cer-
car á Velez-Málaga, y fué cercada un dia después
de Pascua de Resurrección, 19 de abril, y fué ga-
nada Velez. Y cercaron á Málaga á 17 de mayo del
dicho, y fué ganada el mes de septiembre (11) y fue-
ron tomados cautivos todos los moros y sus bienes,
y volvieron este invierno los Reyes á Zaragoza (12).
aSío 1488.
Estuvieron los Reyes en principio de este año en
Zaragoza (13),'y de allí fueron á Valencia (14), y de
(6) Terrible peste y aguaceros de este año y el siguiente. Pul-
gar, 3.' parte, cap. 54. Véase otra al año 1488.
(7) Diciembre, dice Zurita, lib. 20, cap. 64 al fln, y también Flo-
rez en las Reinas, pág. 848, aunque señala el dia 15.
(8) Y en 30 de octubre ó poco después, en Linares de Sierra-
Morena, D. Alonso de Aragón, Duque de Villahermosa, hermano
bastardo del Hey, cuya muerte pone mas adelante en el año 89.
Este año dice Riol, núm. 23, en su Informe del Archivo de Siman-
cas á Felipe V, se hizo concordato entre Roma y España sobre
provisión de obispados, la cual descubrió en dicho archivo.
(9) Del color con que el Conde de Lemos decía haberse apode-
rado de Ponfcrrada, veráse al Señor Palacios Rubios, De donatio-
nib. ad rubric, § 65, núm. 61 et 62.
(10) Donde libraron en 28 de enero la pragmática 193 sobre las
hidalguías venales del tiempo del Rey D. Enrique, su antecesor.
Y pasó en Salamanca lo demás que refiere su cronista Pulgar.
(11) A 18 de agosto de este año, según la crónica, en los dos
impresos y en mi manuscrito coetáneo, cap. 206, la crónica, 3.*
parte, cap. 93. Zurita, en el lib. 20, cap. 76, tomo iv, lo pone en
general después de 6 de setiembre y por resulta de la muerte del
Duque D. Alvaro, que se pone aquí luego.
(12) Donde libraron en 24 de diciembre á los lugares del valle
de Orduña conQrmaciou condicional de una sentencia y despacho
con su inserción que tienen á su favor de la chancillería del Rey
D. Juan I, librado por sus Oidores en Valladolid á 7 de diciembre
de 1385 del pleito sobre entramiento, litigado con D. Fr. Fernán
Pérez de Ayala, su señor. En este año 1487 fué proveído obispo
de Oviedo D. Juan Arias del Villar, deán de Sevilla y del Consejo
de los Reyes. Tomó posesión en 23 de agosto y le rigió juntamente
con la presidencia de Valladolid, que se le dio en 1492 hasta 1498,
en que fué promovido á Segovia. Risco, tom. xxxix, pág. 75 y 76.
(13) En Zaragoza , donde á 15 de enero confirmaron á la provin-
cia y hermandades de Álava el cuaderno de las ordenanzas con
que hoy mismo se rigen y gobiernan, dadas por 3 comisarios con-
sejeros del Rey D. Enrique IV el año 1463, como se podrá ver por
el mismo cuaderno en las dos impresiones de 1607 en Valladolid
y 1765 en Vitoria.
(14) Donde á 12 de abril libraron la pragmática sobre la ley d;
la plata, e te, que «s la 12? de su cokc«ioA.
DON FEENANDO
sin á Murcia (1), y ganaron este año á Vera, Velez
Blanco y Bubio , Huezca, Muxecar y otras villas y
castillos ; y fueron á tener el invierno á Medina del
Campo (2). Y en fin de este año á 10 de octubre re-
cobraron los Reyes á Plasencia por mano de los
Carvajales y de otros caballeros (3). Y en este año
por el mes de mayo murió D. Alvaro , duque que
era de Plasencia , hijo de D, Pedro, primero Conde
de este linaje. Y fálleselo D. García Alvarez, duque
de Alva por el mismo mes de mayo (4) , y sucedió
BU hijo D. Fadrique ; y en este mismo mes murió
D. García Alvarez de Toledo, obispo de Astorga, y
le sucedió D. Bernardino de Carabajal, que después
fué obispo de Badajoz, Cartagena , Sigüenza, Pla-
sencia, y Cardenal de Santa Cruz, que murió en Ro-
ma á 16 de septiembre del año de mil quinientos
veinte y tres,
AÑO 1489.
Este afio (5) vinieron los Reyes á la Andalucía
por Guadalupe, y cercaron (6) á Baza, y en fin del
afio la ganaron, é á Guadix, Almería y Mufiecar, é á
Salobreña (7) con todas las Alpujarras, y tuvieron
el invierno en Sevilla. Este afio por el mes de sep-
tiembre, á 16 dias andados, murió D. García López
de Padilla, maestre de Calatrava, y tomaron la ad-
ministración los Reyes por autoridad apostólica ; é
hoy está incorporado él y los otros maestrazgos por
bula apostólica que concedió Adriano VI. Y mu-
rió (8) D. Alonso de Aragón, duque de Villa-Her-
mosa, hermano bastardo del Rey D. Fernando ; y
D. Pedro de Ayala, conde de Fuensalida, el cual
fálleselo en fin de este afío en Salamanca, donde era
Corregidor.
AÑO 1490.
En principio de este afio estuvieron los Reyes en
(1) Donde en 30 de j alio libró la Reina á DoSa María Zapata,
en nombre de D. Pedro Bazan su hijo, Vizconde de Palacios, la
cédula inserta en la que se imprime, lib. 5, tit. 8, fol. 160 de las
Orden, de la C^ancilleria de YalladoM.
(i) En 8 de octutre estaban en Valladolid. Cédulas en Salazar,
Casa de Lar a, tom. iv, pág. 576, y en las Ordenanzas de la Chan-
eilleria, lib. 5, tlt. 8, fol. 160.
(3) Consta de documento del dia 20 que estaba el Rey en Pla-
sencia, y que en ese dia les juró los fueros y privilegios. P. Fer-
nandez, Anal, de Plasene., lib. 2, cap. 13, pág. 152. Aguaceros ter-
ribles de este año. Pulgar, 3.' part., cap. 103 al fin.
(4) Dia 20 de junio, habiendo antes fundado por escritura de 16
de octubre del afio anterior 87, cinco ilustres mayorazgos para
cinco ilustres hijos, titulándose en ella Duque de Alba, Marqués
de Coria , Conde de Salvatierra y Sefior de Valdecorneja , sin
ejemplar hasta entonces en Castilla de haber concurrido juntos
en un personaje los títulos de Duque, Conde, Marqués y Señor.
Salaz., Memorial del Marqués de Vtllafranca, pág. 112.
(5) A 26 de enero en Valladolid libraron un privilegio de juro
de 3.000 mrs. á Rodrigo de UUoa, su contador, Señor que fué de
la Mota.
(6) A 6 de marzo de 89 en Medina del Campo. Concord. Mesl.,
íol. 183 vuelto. A 24 de marzo de este año, en Medina, dieron or-
denanzas á la Chancilleria de Valladolid, lib. 1.° de ellas, tit. 3,
número 82, fol. 42 vuelto.
(7) A 26 de mayo estaban en Jaén. Concord. de la Mest., fo-
lio 133, núm. 845.
(8) No murió sino en el año 1485, como expresamente se lo en.
mlenda Zurita, lib. 20, cap. 6i, tom. iv, fol. 339 vuelto. Véase su
criado Juan Pérez de Vargas , ms. de Linages,
Cr.-IU.
É DOÑA ISABEL. 645
Sevilla (9), é allí se desposó la Princesa Doña Isabel
con el Príncipe D. Alonso de Portugal, hijo del Rey
D. Juan, y nieto del Rey D. Alonso, que fué venci-
do en la de Toro (10), y casáronse por el mes de no-
viembre del dicho año. Y este afio taló el Rey la
vega de Granada, y volvieron los Reyes á Sevilla ^
donde estuvieron el invierno (11).
AÑO 1491.
Estuvieron los Reyes en principio de este afio en
Sevilla, y pasada la Pascua florida partieron á cer-
car á Granada por el mes de abril, y entraron por el
mes de mayo, y corrieron la Vega y quemaron cier-
tos lugares, y volvieron á poner Real sobre la ciu-
dad, y edificaron la ciudad de Saiita-Fé, y tuvieron
el invierno en dicho Real. Y este afio tomaron los
Reyes asiento con Cristóbal Colon, ginovés, natural
de Saona, sobre el descubrimiento de las Indias é
Islas del mar Occéano, de que tanta honra y prove-
cho se ha seguido á estos reinos (12). Este año fá-
lleselo el Príncipe Don Alonso de Portugal , á 13 de
julio de una coz de un caballo en la ciudad de Ebo-
ra (13). Este año fueron quitados el Presidente é oi-
dores de Valladolid (14) juntamente , porque en un
(9) Donde en 6 de mayo libraron á la universidad de Salamanca
la cédula impresa en las Ordenanzas de la Chancilleria de Yalla-
doM, lib. 5, tit. 8, fol. 161.
(10) Provisión en Córdoba á 8 de noviembre. Salaz. , Casa de
Lar., tom. ii, pág. 120.
(11) Allí. En 6 de diciembre de él libraron privilegio ai con-
vento de San Ildefonso de Toro, confirmándole un juro de 10.500
maravedís que le cedió Rodrigo de Ulloa, Señor de la Mota, con
carga de ciertas misas.
(12) El primer asiento con Colon no fué en este afio, sino en el
siguiente 1492, conquistada ya Granada, y estando los Reyes en
Santa Fé á 17 de abril. Züfiiga, Anal, de Sevilla, pág. 412. En los
registros originales de la corona de Aragón, conservados en su
tesorería general de Zaragoza , se notó lo siguiente : « En el mes
»de abril de 1492, estando los Reyes Católicos en la villa de San-
>ta Fé cerca de Granada, capitularon con D. Cristóbal Colon para
»el primer viaje de las Indias ; y por los Reyes lo trató su secre-
«tario Juan de Colonia; y para el gasto de la armada prestó Luis
»de Santangel, escribano de raciones de Aragón, 17.000 florí-
»nes etc.» Extractó esta memoria Argensola en sus Anales,
continuando los de Zurita, lib. 1 , cap. 10, pág. 100, donde añade
lo de haber salido de Aragón el primer oro con que se equipó el
viaje de Colon; con el primero que él trajo de retorno del Nuevo-
Mundo que descubrió, mandó años después el Rey Católico se
dorasen los techos y artesónados de la sala Real del palacio de la
Aljafería en aquella ciudad. Habla venido Colon á España y se
hallaba en eila á esta solicitud desde el año 1484. Nuestros Reyes,
ocupados entonces en las conquistas de Andalucía, no pudieron
oirle, pero llevaron ¡a política de entretenerle hasia que las con-
cluyeron, y él mismo asistió á ellas y les sirvió no poco con su
pericia y valor. Hallándose estos Príncipes en Córdoba á 12 de
mayo de 1489, escribieron con esta fecha á la ciudad de Sevilla
para que le diese aposentamiento y ayuda de costa, porque venia
á su Corte á tratar de cosas de importancia. Ahora , pues, con-
cluidas todas las empresas con la última toma de Granada en 2
de enero de 1492, llegó el caso de cumplirle los Reyes su pala-
bra y él á ellos lo suya, oyéndose mutuamente, entrando en ca-
pitulación á 17 de abril, y dando la orden á Sevilla para su avio
en 15 de mayo, y haciéndose á la vela en 3 de agosto. Zúñiga, pá-
gina 404, col. 1 y 412, núm. 11.
(15) En 5 de agosto libraron en el Real de la Vega la pragmá-
tica 18; y á 20 de diciembre en el mismo Real la 165.
(14) Don Felipe IV en tiempos mas modernos depuso en un dia á
todos los Consejeros de Hacienda de sus plazas porque no cumplían.
Mario, Cutcll. ad leg. Sicul.,pág. 603, núm. 4. D. Larrea, Alleg.
105, núm. 11. Bolero de coctorib. Fisci. tit. 1, q. 15, núm. 2 et 11,
35
546
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
caso que ante ellos vino otorgaron una apelación
para Roma (1), debiendo ellos conoscer de ella. Y
era Presidente D. Alonso de Valdivieso, obispo de
León, é oidores el Dr. Martin de Avila, el Licencia-
do Chinchilla, y los Doctores del Caño y de Olme-
dilla. Sucedió por l^residente el Dr. D. Juan Arias
del Villar, obispo de Ovieío, que después lo fué de
Segovia, é oidores el Licenciado de Villena, el Doc-
tor de Palacios , los Licenciados Villainuriel y Pa-
lacios Rubios, y el Dr. de Viliobela y el Licenciado
Aetudillo (2).
Afío 1492.
Á dos dias del mes de enero de este año ganaron
y entraron los Reyes la honrada y gran ciudad de
Granada, y la pusieron á obediencia de nuestro Se-
ñor Jesu-Cristo, y suya en su nombre, á honra y
gloria de Dios (3); y estuvieron en la dicha ciudad
hasta el mes de mayo (4). E hicieron Arzobispo de
Granada á Fr. Hernando de Talavera, de la orden
de San Gerónimo, que era obispo de Avila, y pri-
mero Prior de Prado, de Valladolid , y su obispado
dieron á D. Francisco de la Fuente, Dean que era
de Toledo y de Granada; y dejaron por alcaide de
la Alhambra y por capitán al conde de Tendilla,
D. ífiigo López de Mendoza, nieto del marqués de
Santillana; y partieron para Barcelona (5), do tu-
vieron el invierno. Este año mandaron los Reyes (6)
desterrar de todos sus reinos de Castilla y León á
los judíos, por término de tres meses, que fueron, ju-
nio, julio y agosto (7). En fin de este año, viernes á
(í) Mal admitida, porque de España en lo civil á Roma ninguna
apelación podia haber. Cronic. de D. Fernando IV, año 1306, ca-
pitulo 27, foi. 42 vuelto. Vid. Cronic. de D. Alonso el Sabio, capí-
tulo 75, fol. 51 vuelto, donde liay otro caso.
(2) En 14 de noviembre de este año 1491 residía el Consejo en
Burgos. Consta de la provisión de esta l'eclia que se imprime en
los tueros de Vizcaya, después de la ley 3.°, tít. 32, y consta que
k la sazón era Virey y Gobernador de él, á nombre de sus Alte-
zas, el Condestable, pues dice al On: « D. Pedro Fernandez de
«Velasco, Condestable de Castilla por virtud de los poderes que
«tiene del Rey y de la Reina, nuestros Señores, la mandó dar.»
(3) Como con la misma fecha lo avisaron de allí á la ciudad de
Sevilla por la carta que copia Zúñiga, pág. 406.
(4 En cuyo dia 27 libraron en Santa Fé la pragmática 25. En
24 de junio hay cédula dada por sus Altezas en Guadalupe remi-
tiendo á la Chancilleria de Valladolid, y mandándola observar los
capítulos de reformación resultantes de la visita que en ella hi-
cieron 1). Juan de Daza, deán de Juan, y el doctor D. Alonso Ra-
mírez de Villaescusa, corregidor de Valladolid. Ordenanza de la
Chancilleria, fol. 206. Otra del dia 23. Salaz., Cas. de Lar., tomo ii,
pág. 119, y tomo iv, pág. 294.— Temo sea falsa la data de la 1."
pragmática dada en Valladolid á 22 de julio de este año 1492 y la
cédula de 19 del mismo que suena dada por ambos Reyes en Aran-
da y se halla impresa en las Ordenanzas de la Chancilleria de Va-
lladolid, lib. S, tít. 8, fol. 190. Serian dadas por el Consejo que á
la sazón residía en Valladolid, como lo dice allí mismo otra cédu-
la que sigue impresa y es dada por sus Altezas en Zaragoza á 20
de setiembre de este afio 92.
(5) En 10 de agosto estaban en Barcelona. Concord. de la Mes-
la, fol. 198.
(6) Por la pragmática 5." de su colección impresa, dada en Gra-
nada á 31 de marzo de este año.
(7) No sino mayo, junio y julio, á los últimos de cuyo mes había
de estar veriCcada la efectiva expulsión, sin llevar oro, plata, mo-
neda amonedada ni otra cosa de las de saca prohibida. Lo cual se
Tfuso asi en obra, dice la pragmática siguiente á esta de S de sc-
6 de diciembre, fué herido en Barcelona el Rey por
el famoso loco Juan de Cañamares, que es tierra
que se llama de Remenza, natural de Cataluña, é
hicieron justicia de él (8). E aquel afio se ordenó
la cofradía que hoy hay en la Corte. Fálleselo en
este año, dia de los Reyes, D. Pedro Fernandez de
Velasco, Condestable de Castilla; y en el mea de
hebrero (9) murió D. Pedro Enriquez, Adelantado
de Andalucía, viniendo de Granada, en una venta
en el rio de las Yeguas, cerca de la ciudad de An-
tequera. Y en el mes de agosto (10) murieron en una
semana los duques de Medina-Sidonia, D. Enrique
de Guzman, y D. Rodrigo Ponce de León, duque de
Cáliz, y en el mes de septiembre murió D. Pedro de
Stúñiga, conde de Miranda (11) : y víspera de Todos
los Santos murió D. Beltran de la Cueva, primero
duque de Alburquerque, y Fr. Diego de Muros,
fraile de la Mercedle obispo de Ciudad-Rodrigo (12)
tio hermano de su padre D. Diego de Muros, obispo
de Oviedo que hoy es, que hizo el colegio de San
Salvador, que hoy está edificado en la parroquia de
San Bartolomé de Salamanca. Y fálleselo en este
año el Papa Inocencio VIII á 23 de julio, y fué
asumpto D. Rodrigo de Borja, que era Vice-Chan-
ciller, y llamóse Alejandro VI, natural de Játiva,
en el reino de Valencia. Y este año hicieron los
Reyes merced del Cénete á D. Rodrigo de Mendoza,
hijo del cardenal D. Pedro González de Mendoza, de
que le dieron título de Marqués, y al condestable
D. Bernardino, hijo de D. Pedro Hernández de Ve-
lasco, le dieron título de duque de Frias. En este
año se acabó el colegio de Santa Cruz que dicho
Cardenal hizo en Valladolid.
Afío 1493.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
tiembre de 1499, que fué para expelernuevamente olra porción de
judíos introducidos después en el reino, que pretendían perma-
necer, diciendo que ellos no habían sido de los expulsos y que
no les comprendía la pragmática; de cuya expulsión hizo memoria
Juan Pico escribiendo á la sazón el libro 5 advers. Astrolog. Vide
Salced. ad Lucum pract. crimin. canonic, cap. 23, ndra. 9. Estos
Reyes procedieron en tal expulsión con indiscreto celo y falta de
política, queriendo mas reinar á los desiertos que á los poblados,
de cuyo error se han compadecido los mejores políticos. VideMO"
rium Cutellum ad Leg. Sicul., pág. 2U donde lo lamenta.
(8) En 30 de este dicho mes de setiembre permanecían en Bar-
celona. Cédula para la Chancilleria de Valladolid, lib. 2, tít. 1, fo-
lio 100 de sus Ordenanzas.
(9) Dia 8, como enmienda Zúñiga el 4 de la inscripción de su
sepulcro, puesta 27 años después en su capilla del convento de las
Cuevas de Sevilla, pág. 409 y 410.
(10) El primero, dia 25 viernes repentinamente en su villa de San
Lúcarde Barrameda, y el segundo , lunes 28 en Sevilla, donde
fueron enterrados, el primero en San Isidro del Campo, y el se-
gundo en la capilla mayor de San Agustín. Y como no dejó hijos
legítimos, sino hijas naturales, los Reyes Católicos se aprovecha-
ron de esta ocasión para recobrar la ciudad de Cádiz, dando al
heredero U. Rodrigo Ponce, hijo, la mayor en recompensa, el tí-
tulo de duque de Arcos con el de conde de Casares, y otras mer-
cedes por privilegio en Barcelona á 20 de enero del año siguiente
93. Zúñiga, pág. 412, núm. 1. Ramos, Títulos de Castilla, pág. 32
á 33, §. 75.
(H) Á 5 de octubre. Pellicer, Casa de Miranda, pág. 62.
(12) Y antes de Tuy, que murió, no en este año sino en el ante-
rior, á 9 de diciembre.— Florez, tom. xxu, pág. 243.
DON FERNANDO
Barcelona (1), y en este afio les entregó el Rey
Carlos de Francia la ciudad de Perpifian y su for-
taleza, con todas las otras villas y fortalezas del
condado de Ruisellon (2). En el mes de septiembre
y en las cuatro témporas de este mes fué creado
Cardenal de Santa Cruz en Roma D. Bernardino de
Carbajal á suplicación de la Reina. Este año al co-
mienzo de él tomaron los Reyes la ciudad de Cáliz,
que tenia D. Rodrigo Ponce de León, por merced
que el Príncipe D. Alonso (3) le habia hecho, y
como murió sin hijos, tornáronla á incorporar en la
corona Real (4). Y tuvieron las Reyes el invierno
en Zaragoza. Este año á 1." de julio murió en Lle-
reua D. Alonso de Cárdenas, maestre de Santiago.
Y estando los Reyes en Barcelona fueron todos los
Grandes del reino á los visitar.
aSo 1494.
En principio de este afio estuvieron sus Altezas
(i) Se mantenían allí á 21 de marzo y,19 de julio en que libra-
ron á la Chancilleria de Valladolid las cédulas impresas en sus or-
denanzas, lib. i, tíf. 6, fol. 5-2, y lib. 2, tít. 10, fol. 100 vuelto, y li-
bro i, tít. 2, fol. 128. Continuaban en Barcelona en 10 de agosto,
con cuya fecha libraron allí la pragmática 20; y en 26 de octubre
de que es la cédula impresa en las ordenanzas de la Chancilleria
de Valladolid, Hb. S, tít. 2, fol 148: y á 2 de setiembre. — Salazar,
Cas. de Lar., tom. ii, pág. 121.
(2) En este lugar bailé en Lucio Marineo Siculo, lib. 21, fol. 125
de la Edición de Alcalá de 1535, la nota siguiente, al margen, pues-
ta de mano de aquel tiempo alusiva al pasaje en que dice este
autor la liberalidad con que el Rey Carlos VIH de Francia resti-
tuyó á los nuestros los condados de Rosellon y Cerdania, levan-
tando mano al empréstito de los 300.000 ducados ó coroiías de
Francia porque los habia empeñado el Rey D. Juan de Aragón,
padre del Católico, al Rey Luis, padre de Carlos; «Ut mihi rela-
»tum fuit causa hujus liberalitatis hsec fuil: Carolus de quo hic,
•amore pulcrse Ducisae et Comitisse Britaní» captus, cum ea con-
«trahere voluit et ipsa renuit, ut fertur, eo quod Carolus mons-
•trosus erat, habens magnum capul plusquam humano homini
•decebat, quamvis ornatus sensu, et omní virtute, et re mílitari
•strenuus fortisque bello: qui cum despectum se vídisset, bellum
•Comitisae intalit: quae adjuta á Ferdinando numis milítibusque
xfuit, et nihilominus bello superata et á Carolo capta, partlm per
»vim, precibusque cum eo contraxit, Reginaque Francia? efeta et
»á Carolo marito nímis dilecta fuit. Quse condignum prsemium ob
»prsedictum adjutorium Ferdinando daré volens, marito suo Ca-
»roIo petivit et precibus impetravit (prseventa, ut fertur, ab ipso
• Ferdinando) ut ídem Carolus Ferdinando Comitatus Rusinonis et
«Ceritanise pignoratos restitueret; quod Carolus libenter anuil et
• adimplevit, ut scriptura refeit; licet postea Magnates et conven-
»tus juridici Francise certiores de hoc facti, molesté ferentes, fe-
^cerunt ut Carolus revocaret restitntionem; quod intempesté fuit
•faetum nam eo temporejam Ferdinandus ceperat possesionem
«Comitauum, et in eis munitiones possuerat: quod causji fuit dife-
»rentia3, quai adhuc durat inter Regem Franciae super jure Comi-
•tatuum et eorum recuperationc, et Regem Hispaniae pro defen-
•sione.» Sobre todo lo cual no obstante se podrá ver k Zurita,
lib. 1, cap, 18 de la Historia del Rey Católico, donde pone la total
entrega de aquellos estados á este Rey, legítimo heredero de ellos,
y presente él mismo á recibirlos en Perpiñan á 10 de septiembre
de este año 93, acompañándole la Reina , que á este fln habían sa-
lido juntos de Barcelona el antecedente viernes 6, á donde, dejando
tomada la posesión y las cosas puestas en orden, se restituyeron
el martes 9 del siguiente mes de octubre y permanecían aun allí
el dia 2i.
(3) No , sino del Rey D. Enrique, según el privilegio de rein-
corporación,
(i) Esta incorporación fué capitulada en Barcelona á 7 de enero
con Doña Beatriz Pacheco, duquesa viuda de Arcos, gobernadora
de los estados por el nuevo joven sucesor D. Rodrigo, nieto de su
É DO^A ISABEL. 547
en Zaragoza, y de allí vinieron (5) á Valladolid, á
Medina, y Tordesillas. E allí en Valladolid, á25 de
enero, fallesció Rodrigo de Ulloa, contador, hijo del
Dr. Per-Yafiez, y consumióse su contaduría: queda-
ron solas dos, que fueron la de D. Juan Chacón,
adelantado de Murcia, y la de D, Gutierre de Cár-
denas, comendador mayor. Y en Medina (6) vino
nueva de la muerte del Rey D, Fernando de Ñapó-
les, primo hermano del Rey D, Fernando el Cató-
lico, y casado con su hermana. Y en Tordesillas hi-
cieron los Reyes capítulo general de las Ordenes de
Santiago y Calatrava, y estuvieron en Medina hasta
el mes de junio (7), y de allí fueron á Arévalo á
donde estuvieron el San Juan, y de allí fueron á
Segovia, á donde estuvieron hasta agosto (8), y de
allí fueron á Madrid, donde estuvieron el invier-
no (9), y fueron á Guadalajara á visitar al cardenal
D. Pedro González de Mendoza, que estaba muy
enfermo de la enfermedad quo murió. Y en fin de
este año se tomó por los Reyes asiento con D. Juan
de Ziifiiga, maestre de Alcántara, que dejase el títu-
lo de maestre, y tomaron la administración los Re-
yes, y dieron al dicho D. Juan equivalencia. Y en
fin de este año inviaron los Reyes desde Madrid á
Gonzalo Hernández de Córdoba, que después fué
Gran Capitán en Ñapóles. E inviaron nueva Chan-
cilleria á Ciudad Real para los negocios de Tajo
allende, y fué Presidente D, Alonso Carrillo, obispo
de Catanga, y después de Ávila; y después el afio
1505, en fin de él , se mandó pasar esta Chancilleria
á Granada. Y en fin de este año se dio el obispado
de Salamanca al M." Fr. Diego Deza, que era maes-
tro del Príncipe D. Juan, y después fué obispo de
Jaén, y arzobispo de Sevilla, é confesor del Rey, é
Inquisidor general, y después de electo arzobispo
de Toledo, murió año de 1523 por junio.
AÑO 1495.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
Madrid el mes de mayo. Y en principio de este año
fallesció el Cardenal D. Pedro González de Mendo-
za á 11 de enero, domingo: está sepultado en la ca-
marido del mismo nombre; y el privilegio de incorporación el dia
20 de enero de 1403 á la muerte de D. Rodrigo Ponce en 27 de
agosto del año anterior.
(5) Por Almazan, donde á 5 de enero dieron licencia para el
apartamiento y desistencia que Doña María Ponce de León, hija
de D. Luis Ponce de León, hizo al pleito que habia puesto á los
estados de Arcos, y la transacción en su razón otorgada entre los
interesados.
(6) Donde en 8 de febrero y 14 de marzo libraron á la Chanci-
lleria de Valladolid las cédulas impresas en sus Orden., lib. 4, tí-
tulo 2, fol. 129, y lib. 5, tít. 8, fol. 170. Y otra á 14 de abril sobre
carta de la expresada de 14 de marzo cit., fol. 129. Y en el dia 4
de abril la pragmática 195 para no agraviar á ios hidalgos en los
empadronamientos de pecheros nuevamente manílados.
(7) En cuyo dia 17 libraron allí la pragmática 27, y la cédula
impresa en las Ordenanzas de la Chancilleria de Valladolid, lib. 5,
tít. 8, fol. 105.
(8) Y aun hasta setiembre, en cuyo dia 1.° conOrmaron allí la
transacción y apartamiento que Doña María Ponce de León, muger
de D, Antonio Álvarez Zapata y Toledo, hizo al estado y mayoraz-
go de Arcos.
(9) Y en 18 de noviembre libraron allí las pragmáticas 32 y 35.
548
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA
pilla mayor de Toledo; é se dio el arzobispado á
D. Fr. Francisco Ximenez de Cisneros, provincial
de los franciscos, que primero habia sido arcipreste
de üceda, y capellán mayor de Sigüenza, y se lla-
maba el Br. Gonzalo de Ciflucros, hijo de Alonso
Ximenez, procurador de causas, vecino de Tordela-
guna, que fué después Cardenal de Santa Balbina,
y gobernador de los reinos de Castilla, que fallesció
en la villa de Roa á 8 de noviembre del año 1517.
Está sepultado en Alcalá de Henares en el colegio
de San Ildefonso, que él fundó con el estudio que
allí hay; y muerto D. Pedro González, dieron los
Reyes el obispado de Sigüenza á D. Bemardino de
Carvajal, que era obispo de Cartagena, y Cartage-
na á D. Juan de Medina, que era obispo de Bada-
joz, y fué presidente después de la Chancillería de
Valladolid y obispo de Segovia ; y Badajoz dieron
á D. Juan de Fonseca, que era arcediano de Sevi-
lla. Este año á 16 de septiembre (1) murió D. Luis
de Acuña , obispo de Burgos : dióse el obispado á
Fr. Juan Pascual de la orden de Predicadores (2);
y por el mes de junio partieron sus Altezas de Ma-
drid y fueron á Valladolid, á donde estuvieron
poco (3), y dende á Burgos, á donde (4) estuvieron
hasta el mes de agosto, y fueron á Tarazona (5),
y de ay fueron á Alfaro (6) , é allí vino á sus Al-
tezas la Reina de Navarra. Y en este tiempo falles-
ció el Rey de Portugal D. Juan, dia de San Simón
y Judas. Y murió el Conde de Coruña en un rui-
do (7) en Valladolid ; y fueron sus Altezas este in-
vierno á Tortosa á tener Cortes. Este mesmo año
(1) No fué sino en el 14 de este mes, día lunes, como dejó es-
crito en un ejemplar del breviario Burgense de su uso, el canónigo
Sedaño que vivía entonces; el cual dice : Morió el Señor obispo Don
Luis de Acuña, obispo de Burgos, lunes XIV de setiembre de XCY, á
las seis del dia á toque de prima. Florez , España , Sagrada, to-
mo Kxvi, pág. 408, núm. 17.
(2) Cuya muerte se verá adelante al año 1512. Fué consagrado
en Burgos en 7 de febrero de 1497 por el arzobispo de Toledo, los
obispos de Salamanca y Astorga con grande solemnidad y con-
curso, presentes el Rey Católico, su hijo el Piíncipe D. Juan y toda
la Corte. Véase á Fr. Francisco de Vargas en el Apéndice.
(3) En el medio está Santa María del Campo, donde celebraron
este afio Cortes, según lo que dice en el proemio de la ley 1.* ti-
tulo 6, lib. 6 de la liecopilacion. Y debió ser en este tiempo.
(i) En 8 de julio dirigieron á la Chancillería de Valladolid la
cédula impresa en sus Ordenamos, lib. 5, tit. 8, fol. 176, á favor
del hospital Real de Burgos.
(5; Donde en 5 y 2B de octubre dirigieron al estudio de Falla,
dolid la pragmática 34 sobre provisión de cátedras, y la cédula
impresa en las Ordenanzas de su Chancilleria, lib. 5, tit. 8, folio
178 vuelto.
(6) En Alfaro á 10 de setiembre libraron la pragmática inserta
en la 169, fomentando la fábrica de navios de porte mayor, por el
medio de ofrecer el mayor acostamiento á los del mayor buque.
i7; Véase á Rodrigo Suareí, que dice fué procesado por esta
quimera, Kepet. ieg. I'ost rem judicatam, notabil. IX vers. Est
alius rasus edition. Salmantic. ann. 1556, pág. 263, col. 2, ubi OUns
ita habct: «et quia sibi accidit de fado in causa propia, calamum
xextendit; nam fuit criminaliter accusatus super morte comitis de
Camina á quodam ejus fámulo inadvertenter occisi in quartara
«magna rixa quse in hac villa accidit.» Camina está también en la
edición Duacens. de 1614. Y asi ha de ser; porque de los condes
de Coruña, Cruña ó Clunia, ninguno murió en este año. El 1.*, don
Lorenzo Suarez de Mendoza y Figueroa murió en 1481, y el 2.°,
D. Bemardino Suarez de Mendoza su hijo, en 1334. Haro, tom. i,
pág. 405 y 4Ü6.
fueron concertados los desposorios del Principé
D. Juan con la Princesa Doña Margarita, hija del
Rey de Romanos, y de la Infanta Doña Juana
con el Archiduque D. Felipe, duque de Borgofia.
aSo 1496.
Este año estuvieron los Reyes hasta Pascua flori-
da en Tortosa (8), y dende partieron después de
Pascua para Almazan, y estuvieron ende hasta me-
diado julio, é de ahí partió el Rey para Girona, y
la Reina se fué á Biirgos y á Laredo (9) á imbiar
á la Archiduíiuesa para Flándes : fué con ella el
Almirante D. Fadrique y Doña María de Velasco su
madre; é imbiada en buen hora, los Reyes se fue-
ron á Burgos (10). Y este año de 96 fué lo de Salsas
con el Rey de Francia. Y fallesció la Reina Doña
Isabel, que estaba en Arévalo, á 15 de agosto, se-
gunda muger del Rey D. Juan II y madre de la
Reina Católica.
Aíío 1497.
En principio de este afio estuvieron loa Reyes en
Biirgos (11), y vino la Princesa Doña Margarita en
el mes de marzo, y casaron al Príncipe D. Juan é á
ella lunes de Quasimodo 3 de abril : velólos el Ar-
zobispo de Toledo, y fueron padrinos el Almirante
y su madre. Murió en estas fiestas , que fueron muy
grandes, D. Alonso de Cárdenas, hijo segundo del
Comendador mayor de León D. Gutierre de Cárde-
nas. Y por el mes de mayo se partieron y fueron á
Valladolid (12) é á Medina, y estuvieron en Medina
del Campo hasta el mes de septiembre (13), é partie-
ron los Reyes dicho mes á Madrigal (14), é dende
para Valencia de Alcántara. Y fallesció en Salaman-
ca el Príncipe D. Juan á 4 de octubre de este año,
y fué llevado á Santo Tomas de Avila donde ya-
(8) Donde á 9 de enero libraron la célebre pragmática 133 para
la igualdad (que aun ao se ha veriflcado) de todos los pesos y me-
didas en el reino.
(9) Donde á 3 de agosto libraron título de conde de Cedillo á
D. Antonio Álvarez de Toledo, para después de los dias de Fer-
nán Álvarcz de Toledo su padre, del Consejo de sus Altezas, su
secretario y notario mayor del reino de Granada, perpetuo para sí
y sus sucesores, á condición de servir con 15 lanzas de hombres
de armas en todos los llamamientos generales de los obligados á
este servicio. Tráele Haro, tom. ii, pág. 113 y 114,
(10) Donde firmaron en 20, 28 de octubre y 23 de diciembre la
cédula para la Chancillería de Valladolid, que se halla impresa en
sus Ordenanzas, lib. 2, tit. 5, fol. 87 vuelto, y la pragmática 15, que
es la de 20 de octubre, y la 29, que es del 28, y la 30 de la misma
fecha.
(11) Donde á 24 de enero y 2 de marzo libraron las cédulas im-
presas en las Ordenanzas de la Chancillería de Valladolid, lib. S,
tft. 8, fol. 189 vuelto y 195.
Í12) En 22 de junio libraron en Medina la pragm. 24.'
(13) En Medina á 30 de julio libraron la cédula Ordenan, de la
Chancilleria, lib. 1, tit. 3, n. 61, f. 38. Y en 30 de agosto, tit. 5,
n. 21, fol. 88. En 10 de setiembre en Valladolid libraron la confir-
mación y provisión que cita Colmenares, Hisí. de Segovia, cap . 35,
§ 11, pág. 443, col. 2.— En 12 del mismo habían vuelto á Medi-
na. Cédula allí con esa fecha para la Chancillería de Valladolid
en sus Ordenanzas, lib. 1, tit. 6, n. 31, fol. 54.
(14) Donde i 14 de él libraron á la Chancillería de Valladolid la
cédala impresa en sus Ordenanzas, lib. 2, tft. 1.°, n. 1, fol 61
vuelto.
DON FERNANDO
ce (1). Y casaron este mesmo año el Rey D. Manuel
de Portugal con la Reina y Princesa Doña Isabel,
que habia sido Princesa y muger del Príncipe Don
Alonso de Portugal su sobrino. Y vinieron sus Al-
tezas á tener el invierno á Alcalá de Henares, y
movió ende la Princesa Doña Margarita una hija.
Este año á 28 de octubre (2) murió en Roma D. Juan
Arias de Avila, Obispo de Segovia, y dicen que ha-
bla ido á defender los huesos de su padre ; y suce-
dió en su obispado D. Juan Arias del Villar, que
era obispo de Oviedo, y dióse el obispado de Ovie-
do á D. García Ramírez de Villaescusa, que era
prior de San Marcos de León , é de allí adelante los
priores fueron anuales (3), que antes eran perpe-
tuos (4). Este año por setiembre murió D. Juan de
Guzman, duque de Medina-Sidonia, hijo de D. En-
rique y de Doña Leonor de Mendoza, que ganó en
África á Melilla y Cazaza. Fallesció en este año Don
Diego de Castrillo, Comendador mayor de Calatra-
va,y la dieron á D, Gutierre de Padilla, que era cla-
vero , y la clavería á D. Alonso de Silva , hermano
del Conde de Cifuentes (5). Y en este año á 27 de
noviembre en Alcalá de Henares cayé de una ba-
randa D. Luis Pimentel , marqués de Villaf ranea,
hijo mayor de D. Rodrigo Alonso Pimentel , conde
de Benavente, de que murió, y fué enterrado en el
monasterio de San Francisco de Villalon, que fun-
dó su padre.
aSo 1498.
En principio de este afio (6) estuvieron los Beyes
(1) Con el epitafloqae copia Raro, tom. ii,p. 5.
(2) En el mismo di» conviene Colmenares, cap. 35, § 15, contra
Garibay que le habia anticipado al 24, y expone su testamento y
el resto de sus memorias.
(3) Ha de leerse trienales por los documentos que nuevamente
alega el M. Risco, tom. xxxix, pág. 84 y 85, donde se verá que las
bulas para ello fueron en 17 de marzo de 1501, y de 11 de abril
de 1503, y así no anterior la provisión del último prior perpetuo
D. García al obispado de Oviedo.
(4) En esto se equivoca , pues por la promoción de D. Juan
Arias del Villar al obispado de Segovia , no se dio el de Oviedo á
D. García Ramírez de Villaescusa, sino á D. Juan Daza, que le
gozó hasta 1503 , en que fué promovido á Cartagena y de ahí á
Córdoba, donde murió y fué sepultado en 21 de mayo de 1510,
habiendo sido antes visitador de la Chancillcria de Valladolid,
presidente de la de Granada y últimamente del Consejo. Y en-
tonces ( esto es en 1503) entró en Oviedo por obispo sucesor suyo
D. García Ramírez de Villaescusa, prior que habia sido 17 años
de San Marcos de León, y con cinco de obispado murió en Cas-
tropol á 23 de abril de 1508. M. Risco, tom. xxxix , pág. 79 á 86,
donde ilustra á satisfacción y con puntualidad, como acostumbra,
las memorias de todos.
(5) En 8 de noviembre en Madrid libraron sus Altezas la prag-
mática 28. Y la cláusula siguiente á esto en Galíndez fué copiada
por D. Luis de Salazar en el Memorial por el marqués de Villa-
franca, pág. 71, como aqní va.
(6) Al principio de este afio 1498, estando sus Altezas en Alca-
lá, enviaron á mandar á todas las ciudades del reino que para día
cierto que señalaban enviasen allí dos personas, cada una inteli-
gentes para arreglar la moneda y ver la que se habia de labrar. Y
Valladolid, en el lunes 8, y miércoles 24 de enero, nombró para ello
á Francisco López de Burgos, con IfiO mrs. de salario, el que sa-
lió en el 25 siguiente, y estuvo en la Corte en Alcalá y caminó 64
días en que devengó 9.600 mrs. La otra persona fué el conde de
Rivadeo, Regidor, que se ofreció sin salario. Libro de acuerdos,
íol. 59, 43 y 109 vuelto.
É DOÑA ISABEL. 64§
en Alcalá de Henares (7), y de allí vinieron en fin
de abril á Toledo, é ahí vinieron el Rey D. Manuel
de Portugal, y la Reina Princesa, y fueron jura-
dos (8) por Príncipes de Castilla y León, y de allí
partieron á mediado mayo, y fueron á Zaragoza (9),
donde la Reina Católica estuvo (10), é murió la Rei-
na Princesa de sobre parto del Príncipe D. Miguel
á 23 de agosto, y fué jurado D. Miguel por Prínci-
pe de Aragón y Sicilia : cerca de lo cual se ha de
ver lo que está dicho de suso el año de 1470 (11).
ASfo 1499.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
Ocafia (12) y estuvo la Reina muy mala (13), é ahí
juraron al Príncipe D. Miguel en Cortes por Prínci-
pe de Castilla y León en el mes de enero. Y estu-
vieron en Ocaña hasta fin de hebrero, E allí fué
muerto en un ruido trabado D. Alonso Pimentel,
hijo de D. Juan Pimentel y de Doña Juana de Cas-
tro. E de allí se vinieron á Madrid (14). A 1.° de he-
brero de este año de 99 fallesció en Salamanca en
el monasterio de San Francisco Fr. Juan Hortela-
no, varón de santa y simple vida, el cual en vida y
después ha hecho muchos milagros (15). En el mes
de mayo murió el Rey Carlos de Francia, que di-
jeron el Cabezudo, y Doña Leonor de la Cerda, hija
tínica del duque de Medina-Celi D. Luis de la Cer-
da, muger de D. Rodrigo de Mendoza, marqués de
Cénete, hijo del Cardenal D. Pedro González de
Mendoza ; y casó segunda vez dicho D. Rodrigo con
Doña María de Fonaeca , hija de Alonso de Fonse-
(7) En 27 de enero libraron allí á la Cbancilleria de Valladolid,
la cédula que está en sus Ordenanzas, lib. 1, tit. 6, fol. 54 vuelto.
(8) Domingo 28 del mismo abril. Salaz. Cas. de Lar., tom. ii,
pág. 121.
(9) En este año á 25 de julio estaba el Con sejo en Valladolid
y era Virey y Gobernador de él con poderes del Rey y Reina el
condestable duque de Frías, D. Bernardino Fernandez de Velasco.
Cédula de las Ordenanzas de Ckancillerla, lib. 1, tft. 3, núm. 82,
fol. 43, y entre los Consejeros que firmaron con él Alcocer, Mal-
partida } Oropesa. Otra á 7 del mismo mes, lib. 2, tit 4, núm. 139
fol. 84, con mención de estos Consejeros, y de que era también
Virey con poderes del Rey y Reina el duque marqués D. Fadri-
que de Toledo, duque de Alba, por cuyo mandado de acuerdo con
ellos se libró ; y consta del libro de acuerdos de la ciudad.
(101 Y en 2 de agosto Rey y Reina libraron allí la pragmática 7."
(11) En 24 de noviembre en Ocaña libraron á la Chancilleria de
Valladolid la cédula impresa en sus Ordenanza, lib. 4, tit. 5. fo-
lio 134, prohibiendo como supersticiosos los juramentos que per-
mitían y mandaban hacer en León sobre el sepulcro de San Isidoro.
(12) En 15 de enero de 99, cédula allí con inserción de la ante-
cedente, probibiende los que se hacían sobre el sepulcro de San
Vicente en Avila.
(13j Se hicieron rogaciones públicas por su importante salud , y
en Valladolid una procesión de disciplinantes. Consta de la cuen-
ta de Propios, donde está cargada la cera que en esta procesión se
consumió. Ltbro de acuerdos de 1407 á 1502, fol. 114.
(14) Donde en 8 de mayo libraron cédula dirigida á la junta de
la provincia y hermandades de Álava, para que Lope López de
Ayala , acluai diputado de ellas, lo fuese por todos los días de su
vida, y después entrase á serlo Diego Martínez de Álava, como se
verificó desde el afio 1507 en que Ayala murió. Archivo de la pro-
vincia. Cax. A., tit. i, núm. 1.
(15) En 19, 20, y 27 de marzolestaban los Reyes en Madrid don-
de libraron las cédulas impresas en las Ordenanzas de la Chanr
cilleria de Valladolid, lib. 4, tit. 10, fol. 141, y lib. 5, tit. 8, fo-
lio 195, y la última en el Fuero de Vizcaya, eijtre las insertas á
continuación de la ley 3.', tit. 32,
550 CRÓNICAS DE LOS
Da, Señor de Coca y Alahejos, y de Doña María de
Toledo; cuya hija es Doña Mencía de Mendoza,
muger de D. Enrique conde de Nassau. De Madrid
partieron los Eeyes por el mes de mayo para Gra-
nada, y llegaron allá en el mes de julio. B á 25 de
agosto murió D. Pedro de Toledo, ¿ijo bastardo del
Relator, que fué el primer obispo que hubo en Má-
laga (1) después de la toma de aquel reino ; y su-
cedió el licenciado D. Diego Kamirez de Villaescu-
Ba, que era obispo de Astorga (2), y en Astorga su-
cedió el doctor Juan de Medina, que era procurador
de los Reyes en corte romana. Y fálleselo D. Rodri-
go Alonso Pimentel , conde de Benavente , á 4 de
septiembre de este año (3) ; é á 27 de este mes fá-
lleselo Fray Alonso de Burgos, obispo de Falencia,
que primero lo habia sido de Córdoba y Cuenca,
que fundó el colegio de San Gregorio en Valladolid,
dende yace ; al cual sucedió Fray Diego Deza, maes-
tro en teología, natural de Toro, de la Orden de los
dominicos, que era obispo de Jaén ; y en Jaén su-
cedió el doctor Alonso Suarez de Fuente el Sabuco,
que era obispo de Lugo , é Lugo se proveyó al li-
cenciado Pedro de Rivera, que era deán de Grana-
da. Y fallesció también en Córdoba este mes Don
Francisco de la Fuente, obispo de Córdoba, que pri-
mero fué obispo de Avila é Inquisidor general ; y
en este mes fallesció Fray Tomás de Torquemada,
prior de Santa Cruz de Segovia é Inquisidor gene-
ral, que está sepultado en el monasterio de Santo
Tomas de Avila, que él fundó. Dióse el obispado de
Córdoba á Don Juan de Fonseca, obispo de Bada-
joz, y el de Badajoz á D. Alonso Manrique, maes-
tre-escuela de Salamanca. En el mes de abril de
este año partió la Princesa Doña Margarita para
riandes por f allescimiento del Príncipe D. Juan su
marido, y casó en aquellas partes con el duque de
Saboya, y luego tornó á enviudar ; é habia sido pri-
mero desposada con el Rey Carlos de Francia , que
dijeron el Cabezudo. En el dicho mes de octubre
de dicho año vino á Granada la Reina de Ñápeles,
é desembarcó en Almería , é venia con ella D. Luis
de Aragón, cardenal, nieto del Rey Católico Don
Fernando, hijo de D. Rodrigo su hijo bastardo, y el
Rey la fué á rescibir á Guadix. Este año á 15 de
noviembre, dia de San Eugenio, nasció la Infanta
Doña Leonor, hija del Príncipe D. Felipe y de la
Princesa Doña Juana (4). Mediado el mes de no-
(1) Pulgar, 3/ par., cap. 94, fol. 269, col. i, hablando de cuan-
do se tomó en agosto de 1487, le alaba mucho y dice era limosne-
ro de h Reina y canónigo de Sevilla.
(2) Escribió una obra de religión cristiana muy aplaudida y
dosveces citada del Señor Palacios Rubios en sus obras de Juris-
prudencia Allcgat. itt materia hmresis, § 5 eí5, pág. 565, col 1.*,
et 367, col. % cdilion. Lugdunens. omn. oper. jurídicor., auno 1576,
por quien la menciona I). Nicolás Antonio sin otra noticia. El año
1512 continuando en la silla de Málaga , le dedicó Antonio de Ne-
irija su edición ilustrada de las obras de nuestro antiguo poeta
Aurelio Clemente Prudencio, acabada en Alcalá en casa de Brocar
el dia 2 de setiembre de aquel año; tomo en i.°, letra de tórtis.
(3) El dia siguiente 5 libraron los Reyes en Sevilla la pragmá-
tica 6.° de su colección.
(4) No pudo nacer Doña Leonor en 15 de noviembre de 99,
eeindo como es constante que su madre parió al Principe D. Cár-
REYES DE CASTILLA.
viembre (5) de este año partieron los Reyes de Gra-
nada, y vinieron para Sevilla á tener el invierno, y
vinieron para Alcalá la Real, Baena, Ecija é Carme-
na, y entraron en Sevilla martes 10 de diciembre.
Este año en fin de él, víspera de Santa María de la
O, comenzó á hacer la conversión de los moros de
Granada á nuestra Santa Fé Católica el Arzobispo
de Toledo, D. Francisco Ximenez, de la Orden de
San Francisco, de donde sucedió por la voluntad
de Dios la conversión de todos los moros del reino
de Granada, aunque no sin gran escándalo de aquel
reino, porque dia de nuestra Señora de la O se re-
beló, é se hizo en la mezquita la iglesia catedral.
En este año se hizo la pragmática que no cabalga-
sen en muía (6), Y este año murió D. Luis OfeOiio,
obispo de Jaén , y sucedió Fr. Diego Deza , que era
obispo de Salamanca.
Aífo 1500.
Estuvieron este año los Reyes en Sevilla desde
enero (7), y partió el Rey desde Sevilla para Gra-
nada lunes á 27 de enero, por el levantamiento que
hicieron los moros de las Alpujarras, y quedó la
Reina en Sevilla (8). Este mes se tornaron cristia-
nos todos los moros é moras de Granada é sus al-
querías ; y fueron, según dicen, hasta cincuenta mili
almas, y dende arriba, y fueron consagradas todas
las mezquitas de Granada , grandes y pequeñas á
á honor de la Santísima Trinidad (9). A 25 de fe-
brero de este año, dia de San Matías, nasció el Prín-
cipe D. Carlos en Flandes, hijo del Archiduque Don
Felipe, Príncipe de Castilla, y de la Princesa Doña
Juana, y dijola Reina Católica cuando lo supo : Ce-
cidit sor 8 super Mathiam. En 1." de marzo de este
año entró el Rey en las Alpujarras, y el jueves 5 de
dicho mes mandó combatir á Lanjaron y fué toma-
do ; y este mismo dia ciertos capitanes de sus Alte-
zas fueron á Andarax por mandado del Rey, y la ga-
naron ; y luego todas las Alpujarras se dieron, y los
moros de Guejar, Lanjaron y' Andarax que se pu-
sieron en resistencia, fueron tomados cautivos (10).
En el mes de abril de este año , jueves 30 dias, á la
tarde entró en Sevilla el Rey D. Juan de Navarra :
los, después Emperador, el dia de San Matías, 25 de febrero del
año siguiente, según reparó el M. Florez en las Heinas Católicas,
tom. II , pág. 851, el cual por lo mismo pone su nacimiento el año
anterior 98.
(5) A 18 aun estaban allí, y libraron á la Chancillería de Va-
lladolid la cédula impresa. en sus Ordenanzas , lib. 1, tit. 3, nú-
mero 81, fol. 41 vuelto.
(6) Dada en la muy nombrada y gran cibdad de Granada á 30
de setiembre de 1499.— Está en la colección de las de su reinado,
pragmática 15i.
(7) En cuyo dia 18 libraron allí la pragmática 16.
8) Donde se mantenía en 31 de marzo, en que se libró allí sola
la cédula impresa en las Ordenanz. de la Ckancilleria de Vallado-
lid, lib. 5, tit. 8, fol. 190 vuelto.
(9) En 17 de febrero en Granada libraron el Rey y Reina la
cédula impresa en las Ordenanz. de la Chancillería de Valladolid,
lib. 1, tit. 5, nüm. 34, fol. 91 vuelto.
(10) En 24 de marzo estaba el Consejo en Valladolid, donde li-
bró la pragmática 31 iirmada así: < El Conde de Cabra, D. Diego
Fernandez de Córdoba. El conde de Cabra por virtud de los po-
deres que tiene del Rey é de la Reina, nuestros señores, la man-
dó dar con acuerdo de los del Consejo de sus Altezas.»
DON FERNANDO
sábado á diez y seis de mayo ala mañana se partió
de la Corte de sus Altezas el Rey de Navarra (1).
Lunes á 22 (2) de junio del dicho año do 500 partie-
ron los Reyes de Sevilla para Granada por la maña-
na, y fueron á comer é dormir á Marena ; otro dia
martes fueron á Marchena : ay estuvieron el dia de
San Juan. Jueves á 25 de dicho mes fueron á Su-
ma (3), y de allí é Estepa, é Antequera é Luxa (4)
é Santa Fée, y entraron en Granada sábado 23 de
julio. Fálleselo D. Iñigo López de Mendoza, duque
del Infantazgo, á 15 de julio de este año. En este
mes á 20 fálleselo el Príncipe D. Miguel (5). Miér-
coles á 23 de septiembre se partió de Granada en
buen hora la Reina de Portugal Doña María para
se casar, y fueron los Reyes con ella (6), y estuvie-
ron en Santa Fée hasta miércoles 30, dia de San
Gerónimo, y se despidió de sus Altezas, Fué con eUa
D. Diego Hurtado de Mendoza, Arzobispo de Sevi-
lla, y Patriarca de Alejandría , que luego fué Car-
denal del título de Santa Sabina, hermano del con-
de deTendilla, cuyas hermanas fueron Doña Cata-
lina, madre de D. Bernardino de Rojas, marqués
do Denia. y Doña Mencía, muger de Pedro Carrillo
de Albornoz. Jueves luego siguiente vinieron los
Reyes á Granada. En los meses de agosto, septiem-
bre y octubre de este año por la gracia de Dios se
tornaron cristianos todos los moros de las Alpuj ar-
ras, y de las ciudades de Almería, Baza é Guadix,
é de otras muchas villas y lugares del reino de Gra-
nada. Miércoles á 21 de octubre partieron los Reyes
para Santa Fée (7), En los dichos meses de septiem-
bre y octubre se alzaron los moros de Belefigui y
Nijar. Y quedaron por Gobernadores de estos rei-
dos de Castilla, en tanto que los Reyes estaban en
(1) En 1.° de junio en Sevilla libraron á la villa de Madrid la
cédula impresa en las Orienanz. de la Chancilleña de Valladolid,
lib. 4, tit. 10, fol. 138 vuelto y 139.
(2) En ese dia libraron allí la cédula que cita Pinel en el Ue-
írat. del buen vasallo, pág. 500, haciendo merced á D. Miguel Ge-
rónimo de Cabrera de la encomienda de Mures y Benazuza en la
orden de Santiago. Y el dia siguiente 23 libraron allí la pragmáti-
ca inserta en la 19 de su volumen.
^3) Leo-Osuna.
(4) Loxa.
(5) Dia 12 de setiembre en Granada libraron á los primeros
marqueses de Moya D. Andrés de Cabrera y Doña Beatriz de Bo-
badílla su muger y sus sucesores perpetuamente el privilegio de
la copa de oro cu que bebiesen los Reyes todos los años el dia
de Santa Lucía 13 de diciembre. .Pinel, Relrat. del buen vasallo,
lib. 2, cap. 17, pág. 292.
(6) Ese dia antes de salir de Granada firmaron para la Chanci-
Uería de Valladolid la cédula impresa en sus Ordenanzas, lib. 5,
tit. 2 al fln, fol 110 vuelto. Sobrecarta para que el presidente y
oidores que habiaii visto el pleito de la reversión del valle de Lc-
niz entre el conde de Oñate y el fiscal, en virtud de la cláusula
Enriqucña, pues no se conformaba y tenían duda, pusiese cada
uno su voto y parecer separadamente y firmado , y los enviasen
todos bajo un plegó cerrado á sus Altezas para que en su vista
providenciasen lo que fuese justicia, como antes les fué manda-
do, y no lo habían exactamente cumplido.
(7j En 31 aun los supone en Granada la fecha de su pragmá-
tica 10, que es á favor de los hijos de estos moros, que se habían
vuelto cristianos, para que sus padres moros no les negasen la
parte de bienes que les tocasen por herencia entre los otros her-
manos. Continuaban los Reyes en Granada eu 13 de noviembre en
que libraron al Consejo que residía en Valladolid la cédula que
e»tá á continuación de ia pragmática 37 de sus Altezas.
E DOtA ISABEL. 551
Granada, D. Gómez Suarez de Figueroa, conde de
Feria, é D. Diego Hernández de Córdoba, conde de
Cabra, y los doctores de Alcocer y Oropesa, y el
licenciado Malpartida.
aSo 1501.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
Granada (8), y tomáronse los dichos moros de Be-
lefigui en el mes de enero de este año, y fueron muer-
tos é ajusticiados todos los varones que eran para
pelear, é todas las mugeres fueron captivas ; los de
Nijar y Guecar fueron todos tomados cautivos en
el mismo mes , é los niños de once años abajo man-
daron los Reyes que no fuesen cautivos por ser ino-
centes y tornáronlos cristianos. En el mes de enero
de este dicho año se alzaron ciertos lugares de mo-
ros de la serranía de Ronda, Sierra-Bermeja é Vi-
Ualuenga, y mataron los moros á D. Alonso de Agui-
lar é á Francisco de Madrid é á otras gentes (9);
fué á 18 de marzo de dicho lunes (10). A 22 del mis-
mo mes (11) partió para dicha serranía el Rey, y la
ganó é allanó , é á los moros de ella mandó luego
para allende (12). Volvió el Rey á Granada y entró
en ella sábado 15 de mayo á la tarde (13). Viernes á
21 de maj'o por la mañana partieron los Reyes de
Granada con la Princesa de Gales , Doña Catalina ,
que partió para Inglaterra en buena hora. Miércoles
2 de junio á la tarde partió de Granada la Reina de
Ñapóles para Valencia , y salieron los Reyes con
ella á la tarde hasta Albalate , donde durmieron esa
noche ; otro dia jueves volvieron á Granada. A
15 (14) de julio nasció Madama Isabel , hija de los
Príncipes D. Felipe y Doña Juana. En el mes de
julio de este año se entregó á los Reyes católicos y
al Rey de Francia el reino de Ñápeles, y le partie-
ron ; de que después nascieron grandes discordias y
guerras (15). A 26 de agosto de este año se embarcó
la Princesa de Gales para Inglaterra en la Coruña,y
fueron con ella el arzobispo de Santiago, D. Alonso
de Fonseca, )y D. Diego Hernández de Córdoba,
conde de Cabra , y D. Antonio de Rojas, obispo de
Mallorca , que después fué arzobispo de Granada y
presidente del Consejo, patriarca de las Indias y
obispo de Falencia, y D. Pedro Manrique, cuya fué
('8) A 10 de marzolibraron allí la cédula impresa en las Orde"
nanzas de la Chancillerla de Valladolid, lib. 5, tit. 8, fol. 159.
(9) En 19 de febrero estaba el Consejo en Valladolid , y era Vi-
rey y gobernador de él con poderes del Rey y Reina él conde de
Cabra D. Diego Fernandez de Córdoba. Cédula impresa en el
Fuero de Vizcaya, 1. 1.", tit. 3d.
MO) En el dia 10 del mismo mes de marzo, estando los Reyes on
Granada, libraron la cédula impresa en las Ordenanzas de la Caan-
cilleria de Valladolid, lib. S, tit. 8, fol. 172.
(11) Este dia antes de salir de Granada libraroná la Chancillerla
de Valladolid la cédula impresa en sus Ordenanzas, lib. 1, tit. 5,
núm. 2, ful. 45, y antes otra en 1(>, tit. 6, ejusdera lib., núm. 29,
fol. 53 vuelto.
(12) En 29 de abril libraron en Granada la pragmática 36, con
inserción de la 33 para el estudio de Salamanca.
(13) En el día 8 ya firmó allí la cédula á la Chancillería de Valla-
dolid, lib. 1, tit. 7i, núm. 62, fol. 38 de sus Ordenanzas.
(14) A 18, dice Ponto Ileutero, y en Bruselas.
(ih) En 20, 2(] y 30 de julio libraron é hicieron publicar en Gra
nada las pragmáticas 11 y 17, estando allí sus Altezas.
552
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Valde-Ezcaray. En el mes de Agosto de dicho año
volvió por el mal temporal la Princesa de Gales á
Laredo, y desde allí se embarcó segunda vez para
Inglaterra á 27 de Septiembre (1). En este mes fa-
llesció D. Juan Arias del Villar, obispo de Segovia
y presidente de la Chancillería de Valladolid en Mo-
jados , y fué sepultado en la capilla mayor de la
de la iglesia, que él edificó la capilla mayor de San-
ta Clara en Valladolid , y dio para la fábrica del
puente de Buecillo (2), al cual sucedió el doctor Don
Juan de Medina, obispo de Cartagena, y en Carta-
gena sucedió D. Juan de Velasco, hermano bastar-
de del condestable D. Bernardino. Martes á la tarde
20 de octubre del dicho año partieron los Reyes de
Granada, y fueron á dormir á Santa Fée , y de allí
fueron á Alcalá la Real, y de ahí á Baena y Espejo,
y entraron en Ecija sábado 7 de noviembre, y estu-
vieron (3) allí hasta Santa Lucía , que partieron de
Ecija para Sevilla, y vinieron á Palma, Alora, Can-
tillana , é vinieron por el rio , y entraron en Sevilla
á 14 de diciembre ; y estuvieron ay la Navidad. Dia
de Santa Catalina 25 de noviembre de este año fá-
lleselo el Duque de Medina-Celi , D. Luis de la Cer-
da , hijo de D. Gastón y de Doña Leonor de Men-
doza, condes de Medina-Celí.
ASfo 1502.
En principio de este año estuvieron los Reyes en
Sevilla (4). A 3 de enero llegaron los Príncipes don
Felipe y Dofia Juana á Fuente-Rabia , y vinieron
por sus jornadas por Guipúzcoa y Vitoria hasta
Burgos y Valladolid, Medina, Segovia y Madrid. En
la cual venida fueron festejados en Francia por
aquellos Reyes ; aunque en la verdad dicen que
quisiera el Rey de Francia que lo cataran subjecion
en algunos actos, que procuró que se hiciesen, dán-
doles cierta moneda, que fué en ofrescerla , la cual
la Princesa aunque estaba en reino extraño no qui-
so rescebir ; dicen que el Principe ofreció lo que le
dieron. En el dicho mes de enero recobraron los Re-
yes la ciudad de Gibraltar y su fortaleza para la co-
\i) EnZyli de este mes se mantenían los Reyes en Granada,
7 libraron allí las pragmáticas 8 y 12.
(2) A la villa de Valladolid, en cuya jurisdicción se comprendía
Boecillo entonces, por una parte fiSO.OOO mrs. porque envió comi-
sarios á darle gracias en acuerdo del lunes 12 de octubre del año
anterior l.iftO, y por otra 6.426 que debía cobrar y remitió de sn
aposentamiento del año 1501 hasta el dia 2 de agosto en que sa-
lió de la presidencia, y partió de esta villa para la de Mojados,
donde murió. Libro de acuerdos de Valladolid del año 1497 y si-
guientes hasta 1502, fol. 181. 186 y 310. Por lo demás, en cuanto á
su entierro en Santa Clara y obras que hizo en este convento, con-
viene con el Señor Gaiindez, Antolinez de Burgos en su Historia
manmcrita de Valladolid, lib. 2, cap. 56.
(3) Si es cierto el orden que aquí lleva el Señor Carvajal, no lo
puede ser el día 4 de setiembre de la pragmática 9.' dada en la
eiudad de Ecija. En Ecija á 4 de diciembre libraron á la Chanci-
llería de Valladolid la cédula impresa en sus Ordenansas ,U j . 4,
tlt.2, fol. 12Í vuelto.
(4) A 2 y 10 de enero libraron allí la pragmática 2." de su co-
lección , y la cédula impresa en las Ordenanzas de la Chancillería
de Valladolid, lib. 5, tlt. 8, fol. 172.
roña Real (5). Otrosí en este mes de enero (6) man-
daron los Reyes salir de sus reinos de Castilla y
León todos los moros que vivían y moraban en ellos,
por los meses de marzo, abril y mayo , é aunque los
mandaron salir , después de llegado el plazo no lo
consintieron sino que se tornasen cristianos (7). Sá-
bado 25 de hebrero fueron los Reyes al Pedroso, y
estuvieron ende el domingo. Lunes 27 de hebrero
vinieron á Cazalla , y de allí á Guadalcanal , á la
Puente del Arzobispo, y entraron en Llerena jueves
3 de marzo , y sábado 12 partieron de allí, y vinie-
ron á Valencia de la Torre , y estuvieron allí esa
noche y el domingo ; y el lunes partieron de ay y
vinieron á dormir al Campillo, y de allí se partieron
martes siguiente y vinieron á dormir á Zalamea , á
do estuvieron la Pascua de Flores, Miércoles á 30
de marzo partieron de Zalamea, y fueron el dia si-
guiente de Pascua á dormir á Quintana, viernes á
Ceden, y sábado á la casa de los frailes de Guada-
lupe , que está cabe la venta de los Palacios ; estu-
vieron alli el domingo ; el lunes siguiente que fue-
ron 4 de abril , estuvieron en Guadalupe, de donde
salieron miércoles 13 de abril y vinieron á dormir á
la venta de los Palacios , jueves á otra venta que
está pasado el puerto de Arrebatacapas , y viernes á
la puente del Arzobispo ; estuvieron ende sábado y
domingo, y partieron lunes 18 de abril y fueron á
dormir á Calera, é martes 19 entraron en Talavera,
miércoles 30 fueron á Zebolla, jueves vinieron á Bu-
rujón, y viernes 22 entraron en Toledo. Sábado 7 de
mayo entraron los Príncipes D. Felipe y Dofia Jua-
na en Toledo, habiéndose detenido ocho dias en
Olias, que el Príncipe estuvo malo de sarampión,
y dicen que el sarampión tenia la Princesa y noel.
Domingo 22 de mayo fueron jurados por Príncipes
de Castilla y León en la Iglesia mayor de Toledo en
presencia de los Reyes Católicos , estando ende el
cardenal D. Diego Hurtado de Mendoza, el arzobis-
po D. Fr. Francisco Ximenez, el condestable Don
Bernardino de Velasco, y los duques-del Infanta-
do, Alba, Bejar y Alburquerque , el marqués de Vi-
(5) De poder de D. Jnan Alonso de Gnzman, tercer dnqne de
Medina Sidonia y segundo marqués de Gibraltar, sin oirle ni darle
por ella recompensa alguna que se sepa. Para ello sin contar coa
él para nada, estando en Toledo á 22 de diciembre del año ante-
rior 1501 despacharon con provisión á recobrarla parala corona á
Garcilaso de la Vega, caballero de su casa y su confidente, co-
mendador mayor de Castilla, y á la sazón de Vera y sus tierras;
quien se presentó con este despacho en Gibraltar domingo 2 da
enero inmediato de 1502 y sin dificultad se apoderó de lodo. Aya-
la, Hislor. de Gibraltar, pág. 208, y Apend., i^ig. 20. Y á 10 de ju-
lio por otra cédula en Toledo concedieron sello y escudo de armas
á la ciudad. Ibid., pág. 211 y 33. En 6 de Febrero allf libraron á la
Chancillería de Valladolid la cédula impresa en sus Ordenanzas,
lib. 1, tlt. 7, niím. U, fol. 56 vuelto.
(6) Y por pragmática en Sevilla á 12 del mismo, que es la 15
de su colección impresa, providenciaron la expulsión, entendién-
dose para con los varones de 14 y hembras de 12 años arriba, y
con término solo hasta fin de abril, y por los puertos de Vizcaya
y no otros, ni á tierra de África, ni á las del Turco , con quienes
tenían guerra, sino á las del Soldán ú otras indiferentes, y les
prohiben sacar plata, oro, moneda ti otra cosa de ilícita extrac-
ción.
(7) En 12 de febrero libraron en Sevilla la pragmática 19.
DON FERNANDO
llena, y los condes de Miranda, Oropesa, Belalca-
zar, Corufia, Símela, Fuensalida, Rivadeo, Aya-
monte y otros, y los obispos de Falencia, Osma,
Córdoba , Salamanca, Jaén , Ciudad-Rodrigo, Cala-
horra , Mondoñedo , Málaga y otros muchos Perla-
dos y Caballeros. Aquí vino nueva que el Príncipe
de Gales Arturo era f allescido, que fué casado con
la Infanta Doña Catalina, la cual casó segunda vez
con el Príncipe D. Enrique, hermano de Arturo, que
después fué Rey de Inglaterra (1). Lunes á 18 de
julio á la tarde partió el Rey para Zaragoza y fué
por Alcalá de Henares (2). Lunes 29 de agosto par-
tieron para Oc-afia y Aranjuez los Príncipes (3). A 28
de septiembre partió de Toledo para Madrid la Rei-
na Católica y desde Toledo vino por Torrijos , don-
de estuvo ocho dias, y desde ay á Fuensalida y desde
ay á Casarrubios, y entró en Madrid viernes 4 de octu-
bre (4). Lunes 30 de dicho mes entró el Rey en Madrid
de vuelta de Zaragozaé vino en posta, porquela Rei-
na estaba mala. A 14 de esto mes de octubre murió en
Madrid el cardenal D. Diego Hurtado de Mendoza (5).
Viernes á 13 de noviembre entró en Madrid el Prín-
cipe D. Felipe que vino de Zaragoza, y quedó allá la
Princesa. En este mes murió D. Diego de Rojas ,
marqués de Denia y le sucedió D. Bernardino de
Rojas , su hijo. Lunes á 19 de diciembre partió el
Príncipe D. Felipe de Madrid para Flándes, y fué por
Francia (6). En este año se tomaban á revolver en
en el reino de Ñapóles los castellanos y franceses, y
y fué mucha culpa de los franceses. En este año por
el mes de diciembre vino á Madrid D. Hernando de
Aragón, duque de Calabria , que lo envió allí preso
el Gran Capitán.
Afío 1503.
A 15 de enero de este año fueron los Reyes á Al-
calá y de allí partió el Rey para Zaragoza á 24 de
(1) En 5 de jnnio libraron en Toledo la cédala impresa en el
Fuero de Vizcaya después de la ley 3, tít. 32.
(2) A 42 de julio libraron en Toledo la pragmática 37, y la cédu-
la impresa en las Ordenanzas de la Chancilteria, lib. 5, tit. 1, folio
154 vuelto. Y en 26 del mismo las ordenanzas impresas desde el
fol. 198 á 200 vuelto. En 4 de agosto libraron los Reyes en Tole-
do la pragmática i de su Colección impresa.
(3) En 50 permanecía la Reina en Toledo. Cédulas suyas en
Toledo con esa fecha á la Chancillería de Valladolid, en sus Or-
denanzas, lib. 1, tít. 2, núm. 47, fol. 23 vuelto, y lib. 3, tít. 6, folio
112. Y en 17 de setiembre libró en la misma ciudad de Toledo la
pragmática 14.
(4) En su dia 2G libraron Rey y Reina la sobrecarta que se im-
prime en las Ordenanzas de la Chancillería, fol. 198 hasta 201.
(b) Arzobispo de Sevilla. Pero si se ha de estar á lo que escribe
Zúfiiga y á la inscripción de su sepulcro que estampa, pág. 421, no
murió sino en 12 de setiembre de este año. En su lugar presen-
taron nuestros Reyes á D. Juan de Zúñiga, hijo de la casa de Be-
jar, qne luego fué cardenal y antes maestre de Alcántara hasta el
año 1195, en que lo renunció en manos del Rey; pero le gozó poco
esta iglesia, muriendo á los dos años después en Guadalupe por
agosto de 1504. Entonces proveyeron sus Altezas esta sede en
D. Fray Diego de Deza su confesor, que se hallaba electo de Jaén,
cuyas Memorias son conocidas. Véase Zúñiga, págs. 411 á 424.
A 1." de noviembre estando la Corte en Madrid se publicó allí
la pragmática 37, como al pie de ella consta.
(6) A '2o del mismo mes permanecía en Madrid el Rey D. Fer-
nando, y libró allí con esa fecha la cédula impresa en las Ordenan-
zas de la Chancilleria de Valladolid lib, 5, l(t. 8, fol. 17o, que tam-
poco explicó cuuo eu sí es el Otálora, 4.' part., cap. \, página 285.
É DOtA ISABEL. 553
dicho mes. En 21 de enero fálleselo en Alcalá Don
Gutierre de Cárdenas, Comendador Mayor de León.
Viernes á 10 de marzo parió la Princesa Doña Jua-
na al Infante D. Fernando en Alcalá de Henares;
bautizólo el Cardenal Fr. Francisco Ximenez, Arzo-
bispo de Toledo (7). En el mes de julio vino nue-
va, que la gente que pasó con D. Pedro Puertocar-
rero, venció en batalla á Moflsiur de Oveni en Ña-
póles, adonde fué muerto el Visorey francés de-
que diremos, y cuatro mil y quinientos franceses, y
tomó la ciudad de Ñápeles. En Alcalá á 5 de julio
de este año murió el Adelantado de Murcia D. Juan
Chacón (8). Viernes á 14 de julio partió la Reina
para Madrid, y durmió esa noche en Rejas, y al dia
siguiente llegó á la dicha villa. Al." de agosto de
este año murió el Papa Alejandro VI, y fué asump-
to el Cardenal de S. Pedro ad Vincula, que se llamó
Julio II. En 15 de septiembre cercaron los france-
ses á Salsas, y el Rey juntó gente en Perpifian y los
franceses huyeron en el mes de noviembre, y nues-
tra gente los siguió y los franceses se acogieron á
Navarra, y los nuestros entraron en Francia y des-
truyeron muchos lugares y fortalezas, especialmen-
te á Leocata, y otros muchos lugares, y pidieron tre-
guas al Rey Católico, y él se las otorgó, y despidió
la hueste y vínose para donde la Reina estaba. A
25 de septiembre fálleselo en Segovia D. Alvaro de
Portugal súpitamente; estando comiendo se cayó
de una silla, y depositáronle en S. Francisco de Se-
govia, y después lo llevaron á Portugal. Partió la
Reina de Segovia (9) para Medina del Campo á 26
de noviembre, y durmió esa noche en Garcillan, y
fué otro dia á S. Juste, y entró en Medina otro dia,
que fueron 28 de noviembre. Entró el Rey en Me-
dina del Campo á 20 de diciembre , que venía del
socorro y de descercar á Perpiñan,
Aífo 1604.
En principio de este año vino nueva como el Gran
Capitán D. Gonzalo Hernández de Córdoba venció
la batalla del Garillano , donde hubo gran número
de franceses muertos, y tomó á Gaeta y el resto del
reino de Ñapóles. Viernes á 1." de marzo partió la
Princesa Doña Juana para Flándes, y estuvo sábado
y domingo en Valladolid, y de allí fué su camino
derecho á Laredo, y de allí se embarcó , y se fué en
buen hora. Domingo de Ramos 31 de marzo se ju-
raron las paces con Francia por tres años en la Me-
(7) El Sr. Sandoval nos ha conservado una relación coetánea
de la grandeza y magnificencia con que fué celebrado su bautizo,
útil para conocer las mayores galas de aquel tiempo. Hisloria de
Carlos Y, lib. 1, § 13. Continuaba la Reina allí en 20 y 29 de este
mes. Cédulas Reales de esas fechas en las Ordenanzas de la Chan-
cillería de Valladolid, fol. 25 vuelto y 23 vuelto.
(8) Y allí la Reina con esa fecha libró al Señorío de Vizcaya la
cédula de ese dia impresa en sus Fueros después de la ley 3.",
tít. 32, y á 10 la siguiente á ella.
(9) Donde en 30 de agosto dirigió á la Chancillería de Vallado-
lid los capítulos de reformación de ella, qne hablan resultado de
la visita que la hizo D. Martin de Córdoba, para que los guardase
y cumpliese. Cédula con su inserción impresa en sus OrdenanzaSf
fól. 207 vuelto hasta 210 vuelto.
554
CRÓNICAS DE LOS REYES DSl CASTILLA.
jorada. El día de viernes Santo de este afio fueron
hechos grandes terremotos en Castilla, especialmen-
te en Sevilla, Carmena, é otros muchos lugares de
Andalucía ; y se abrieron las bóvedas de las iglesias
y fortalezas , de los muros y torres , y cayeron mu-
cha parte de ellos en tal manera que los vivos en
los tiempos presentes nunca tal vieron. Murió Pedro
de Avila, Señor de las Jíavas, en Abril de este afio,
y heredó la casa D. Esteban Dávilasu hijo, y murió
en Medina del Campo á 8 de octubre de dicho año,
é sucedió su hijo D. Pedro Dávila. Por mayo en Me-
dina del Campo f allesció Doña Magdalena, Infanta
de Navarra, y D. ... (1) Enriquez, tio del Rey (2).
En 26 de julio de este año adolecieron los Reyes en
Medina. Este dia f allesció D. Juan de Zúñiga , que
era Cardenal é Arzobispo de Sevilla, y primero ha-
bía sido Maestre de Alcántara, en una granja cerca
de Guadalupe, y está sepultado en dicho monaste-
rio, donde también yace D. Juan de Sotomayor, su
antecesor, en la claustra, en la capilla de S. Martin.
Martes á 26 de noviembre de dicho año entre once
y doce del dia llevó Dios á la Reina Católica, y lle-
váronla á enterrar á Granada. Este dia á la tarde
fueron alzados los pendones por la Reina Doña Jua-
na, como señora propietaria de estos reinos, y por
el Rey D. Felipe, como su legítimo marido, en pre-
sencia del Rey D. Fernando , que quedaba por Go-
bernador de los reinos, y del Consejo y de los Gran-
des y Caballeros que allí se hallaron (3). Alzó los
pendones el Duque de Alba D, Fadrique de Toledo.
En fin de noviembre fué el Rey á la Mejorada á en-
tender en el testamento de la Reina, é vino ende el
Arzobispo de Toledo, y se entendió en el dicho tes-
tamento. Por diciembre partió el Rey para Toro á
donde estuvo hasta el mes de abril del año siguien-
te, entendiendo en cumplir el testamento de la Rei-
na con el Arzobispo de Toledo D. Fr. Francisco Xi-
menez, y con el de Sevilla D. Fr. Diego Deza, que
nuevamente había sucedido en el arzobispado , por-
que de Jaén vino á Palencia, y de aquí á Sevilla. E
allí en Toro dieron algunos Caballeros é Grandes
ciertas tentativas al Rey , y él temió, de modo que
algo se enflaqueció la justicia (4).
(1) D. Enrique Enriquez, le llamó en el prólogo.
(2) En 6 del mismo mes de mayo permanecían los Reyes en
Medina. Cédula impresa en las Ordenanzas de la Chancilkria de
Valladolid , lib. 1, tít. 2, niim. 67, fíl. 28, como también en 3 y 24
de Julio, cédula allí, lib. 2, tít. 7, núm. 14, fól. 98 y lib. 3, tít, 10,
fól. 120.
(3) Y en el mismo dia escribió el Rey la noticia de la muerte
de la Reina á su hija y yerno á Flandes, para que cuanto antes
dispusiesen su venida á estos reinos. La carta se hallará copia-
da al lin de este comentario. Con la propia fecha 10 avisó á la
Chancillería de Valladolid por cédula particular, y en otra déla
misma liata, Doña Juana su hija, ya Reina, los habilitó para que
á su nombre continúen administrando bien la justicia. Están im-
presas una y otra en las Ordenanzas de la Chancilleria, lib; 5, títu-
lo 8, fól. 194.
(4j Esto repite Sandoval citando á Galindez, tom. i, pág. 9,
lib. 1, § 17 al üa.
AffO 1605.
Este año estuvo el Rey en Toro (5) hasta fin de
abril, que partió para Segovia, y fué por Arévalo,
y entró en Segovia por mayo , y alli estuvo hasta
lunes 6 de octubre que partió para Cerezuela á mon-
te. Y en dicho mes de mayo fué trasladada la Reina
Doña Isabel, segunda mujer del Rey D. Juan el Se-
gundo , y madre de la Reina Católica Doña Isabel,
del convento de San Francisco de Arévalo al con-
vento de Miraflores de Burgos de la orden de los
Cartujos, que fundó el dicho Rey D. Juan , donde
yace sepultado é embalsamado. En agosto de este
año hizo y imbió el Rey una armada para allende, á
instancia y suplicación del Arzobispo de Toledo , y
desembarcó en el puerto de Mazalquivir jueves á 11
de septiembre, y sábado siguiente, que fueron 13 de
dicho mes, fué ganada Mazalquivir , y fué el capi-
tán de esta armada D. Diego Hernández de Córdo-
ba, alcaide de los Donceles , que después fué Mar-
qués de Gomares. Este mismo dia 13 de septiembre
parió la Reina Doña Juana en Fiándes á la Infanta
Doña María. En Agosto murió D. Pedro Alvarez
Osorío, Marqués de Astorga , y sucedió su hijo Don
Alvar Pérez Osorío. E ansimismo murió D. Gómez
Suarez de Figueroa, Conde de Feria, y le sucedió su
hijo D. Lorenzo, que después fué Marqués de Plie-
go, porque casó con Doña Catalina de Córdoba, hi-
ja mayor de D. Pedro Hernández de Córdoba y de
Doña Elvira Enriquez , hija de D. Enrique ; el cual
dicho Marqués D. Pedro fué hijo de D. Alonso de
Aguilar. Murió asimismo D. Alonso de Fonseca, Se-
ñor de Coca y Alaejos, hijo de Hernando de Fon-
seca, que fué hijo del doctor Juan Alonso y de Bea-
triz Rodríguez de Fonseca (6). Lunes 20 de octu-
bre partió el Rey del bosque de Segovia para Sala-
manca, durmió esa noche en Abades, y llegó este
dicho mes á Salamanca y estuvo en ella hasta fin de
este año de 1505 (7). Este año por el invierno hizo
muy grandes heladas y nieves, é ansimismo hubo
mucha seca. Por diciembre de este año murió Don
Diego Gómez Sarmiento , Conde de Salinas, y Don
Francisco de Velasco, Conde de Siruela, y D. Pedro
(5) Aquf lo de las Cortes de Toro , en que se le juró propie-
taria á Doña Juana y á él Gobernador , y se publicaron las 84
leyes.
(6) En 17 de setiembre nació 5 D. Felipe y Dofia Juana en
Bruselas la Infanta Doña María. Fueron sus padrinos de pila el
Emperador Maximiliano su abuelo y la Condesa viuda de Engel-
verto de Nassau. Ponto Heutero Delphio Rer. belgicar , lib. 6 , pá-
gina 275. Harco Anual. Brabanti», tom. i, pág. S14. Esta infanta
fué Reina de Hungría y Bohemia por su casamiento en 1521 con
el Rey Luis, de quien no tuvo hijos. Viada de él, gobernadora de
Flandes por el Emperador Carlos V su hermano, fundadora de la
ciudad de Mariemburg de su nombre, y vuelta á España, murió en
Cigales á 18 de Octubre de 1538. .Sepultáronla en S. Benito de Va-
lladolid, y de ahí fué trasladada al Escoria!, afio 1574. Florez, Rei-
nas Católicas, tom. u, pág. 834.
(7) No en balde, sino negociando con los embajadores de su
yerno el Señor de Veré y Andrea del Burgo , la deseada concor-
dia que después de tantas tentativas y desazones entre ellos,
tuvo efecto el dia 24 de noviembre , siguiente, y la trae Zurita, li-
bro 6, cap. 23, y á la entrada del año inmediato la menciona el
Señor Carvajal.
Don FERNANDO
Hurtado de Mendoza, Adelantado de Cazorla, her-
mano del Cardenal D. Pedro González de Mendoza.
Murió también D, Alonso de Fonseca, Obispo de Os-
ma, que primero lo habia sido de Avila y Cuenca, y
sucedió en Osma D. Alonso Enriquez, hijo bastardo
del Almirante D. Fadrique, de que muchos del rei-
no tuvieron que decir , por ser el dicho D. Alonso
hombre profano.
AÑO 1506.
Estuvo el Rey en Salamanca en principio de este
año, y el dia de Reyes 6 de enero, se pregonaron allí
las concordias entre el Rey y sus hijos , mediante
Mr. de Veré su embajador, é ponia en las cartas:
D. Fernando , D. Felipe y Doña Juana, etc. A 9 de
enero partieron de Flandes D. Felipe y Dofia Jua-
na, é corrió mucha tormenta , é aportaron á Ingla-
terra á Morilas , y aquel Rey les hizo mucha fiesta.
Partió el Rey de Salamanca el mes de marzo, y en-
tró en Valladolid sábado 14 de dicho mes , y lunes
16 partió á Dueñas, á donde se veló con Doña Ger-
mana de Fox á 18 del mismo mes , la cual era hija
de D. Juan Gastón, Señor de Narbona, Conde de
Fox, hijo de Doña Leonor, hija del Rey D. Juan de
Aragón y Navarra, y de Doña Blanca su prima mu-
jer. Reina de Navarra. Esta Germana era sobrina
del Rey D. Fernando su marido, nieta de su herma-
na, y la madre de dicha Doña Germana era herma-
na del Rey Luis de Francia, que entonces reina-
ba (1). Lunes 20 de abril partió el Rey de Vallado-
lid á rescibir á los Reyes D. Felipe y Doña Juana,
pensando que desembarcarían en la montaña , y
quedó la Reina Germana en Valladolid , y las Rei-
nas de Ñapóles , madre é hija , que hablan venido á
Salamanca por noviembre. Domingo 26 de abril
(1) La filiación de nuestra Reina Doña Germana procede de
este modo: fué hermana de D. Gastón de Fox, Vizconde de Nar-
bona y Duque de Nemoui, muerto sin hijos en la batalla de Ra-
vena año 1512: los dos hijos de Juan Gastón de Fox, Señor de
Narbona, Gobernador de Viena y del DelQnado, Caballero del Or-
den de San Miguel , que se halló en las jornadas de Ñapóles y
Fournove, y murió en Estampes, donde está enterrado; y de ma-
dama María, hija de Carlos, Duque de Orleans, y hermana de
Luis XII, Rey de Francia, que reinaba á esta sazón, y como el pa-
riente más cercano habia sucedido á Carlos VIII en 1498, el cual
Don Juan Gastón, Señor de Narbona, padre de la Reina Germana
habia tenido hermano mítyor á D. Gastón , Conde de Viena , Prín-
cipe muy galán y de excelentes perfecciones, que fué muerto des-
graciadamente el año 1470 á un golpe de lanza en un torneo en
Libourne, y yace en San Andrés de Bordeaux, casado con Madale-
na de Francia, hija de Carlos VII y hermana de Luis XI, de quien
tuvo á Francisco Phebo, Rey de Navarra y Conde de Fox, que mu-
rió sin hijos, y á la Reina Doña Catalina que le sucedió en el de-
recho de aquella corona, á quien y á su marido D. Juan de Labrit
la arrancó por las armas el Rey Católico el año 1512 y la reincor-
poró á la de Castilla. Estos dos Gastones hermanos , Juan y Gas-
tón V del nombre, fueron hijos de D. Gastón el IV, XVI Conde de
Fox, difunto en 1472, dos años después de su hijo primero, y de
la Infanta Doña Leonor, hermana de padre del Rey Católico, hija
como él del Rey D. Juan de Aragón y de la Reina Doña Blanca de
Navarra, por cuya muerte aquel Rey volvió á casar con la ilustra
Doña Juana Enriquez, madre del Católico; y así la Doña Germana
de Fox, segunda mujer de éste, venía á ser sobrina suya larga,
nieta de su medio hermana. Claude Paradin, Atüances Génealogi-
ques des fíois et Princes de Gaule. León 1S61. pág. 842 y 845. y an-
tes 146 y 147.
É DOS^A ISABEL. 556
desembarcaron los Reyes en la Corufia , y vino la
nueva al Rey estando en Torquemada , y de ay se
partió la vía de León, y fué á Astorga, Ponf errada,
Villaf ranea, é de ay volvió la vía de la Puebla de
Sanabria, y fueron las vistas del Rey Católico con
su yerno D. Felipe , entre la Puebla de Sanabria y
Asturianos : é allí se vieron sábado 20 de junio , de
las cuales vistas partieron desconcertados , y de alli
fué el Rey Católico á Villaf afila y á Tordesillas, y
sus hijos á Benavente, víspera de San Juan. En este
mes murió en Monterey de Galicia D. García Fer-
nandez Manrique , Marqués de Aguilar : concertá-
ronse los Reyes que D. Fernando (2) fuese á sus
reinos de Aragón, y le quedaron los maestrazgos en
Castilla, y los tres cuentos de maravedís que la Rei-
na Católica su mujer le dejó : y de allí se fué el Rey
Católico á Tudela de Duero, y sus hijos á Mucien-
tes, y de ahí concertaron vistas, y se vio con su yer-
no en Renedo una legua de Valladolid ; é de allí se
despidieron y partieron el Rey Católico para Ara-
gón y sus hijos para Valladolid, de donde fueron á
Segovia por agosto, é volvieron sin llegar á Sego-
via por Cogeces á Tudela de Duero ; porque los Mar-
queses de Moya entregaron el Alcázar de Segovia á
D.Juan Manuel, sobre que el Rey iba (3). A 20 de
agosto fálleselo en Segovia D. Gutierre de Toledo,
Obispo de Plasencia , por muerte de D. Rodrigo Dá-
vila, hijo del doctor Pedro González, del Consejo del
Rey D. Juan , que lo habia habido por muerte de
D. Juan de Carbajal, Cardenal de San Ángel, su Se-
ñor. Fué este D. Gutierre enterrado en el monaste-
rio de San Francisco de aquella ciudad, en la capi-
lla mayor. Sucedió en el obispado de Plasencia Don
Gómez de Toledo, hijo de D. Gutierre de Solís, y de
Doña Francisca de Toledo , Condes que fueron de
Coria ; por muerte de D. Gómez sucedió D. Bernar-
dino ,de Carbajal, Cardenal de Santa Cruz, Arzobis-
po de Rosano y de Sabina y Patriarca de Jerusa-
len ; y por muerte del Cardenal sucedió D. Gutierre
de Vargas Carbajal, Obispo que agora es de Plasen-
cia, hijo del licenciado Francisco de Vargas , y de
Doña Inés de Carbajal. Estando los Reyes en Tu-
dela fué visto en el cielo un cometa grande (4), y es-
(2) Estando en Tordesillas á 1.* de julio escribió á Francisco
de Rojas su embajador en Roma la carta que va por apéndice, dán-
dole parte de todo lo sucedido hasta aquí entre el y sus hijos, y de
la concordia que habia tomado con éstos para que entendiese que
ya los reinos de Castilla no corrían de su cuenta, sino sólo los de
Aragón y Sicilia, por los cuales se debería mantener allí por tal
embajador, haciéndolo todo presente á su Santidad, y cultivando
la amistad de los Cardenales afectos.
(3) En 6 de mayo de este año 1506 murió en Valladolid el in-
mortal Cristóbal Colon, descubridor de las Indias, estando en la
Corte á la solicitud de sus negocios. Su cuerpo fué trasladado á
Sevilla al Monasterio de la Cartuja de las Cuevas, y de ahí á la
iglesia y Catedral de la isla y ciudad de Santo Domingo, donde
yace con la inscripción que podrá borrarse de la piedra, pero no
de la memoria de los hombres :
Á CASTILLA Y Á LEÓN NUEVO MUNDO DIO COLON.
(4) Este coméis fué visto en Italia. Aí;ustin NifoSucsano, filó-
sofo de aquel tiempo, le observó el dia 3 de agosto de este año.
Vióse también en Valladolid y tuvo atónito al pueblo. Testifícalo
Alvar Gutiérrez do Torres de Toledo, que parece lo presencio, pues
en su Sumario de cosas maravillosas , que escribía el aüo 1523
556 CHÓNICAS DE LOS
tuvieron ende hasta fin de agosto que partieron á
Burgos ; y allí pusieron en el convento de San Pa-
blo, doce cabezas de vírgenes y mártires , y á 14 de
septiembre (1), dia de Santa Cruz, hubo jubileo. En
Burgos adoleció el Rey D. Felipe , é finó viernes á
25 de septiembre á medio dia en las casas del Con-
destable. Todo este año en el verano llovió tan poco^
que fué tenido á mucha maravilla. En octubre murió
Pero López de Padilla, Adelantado de Castilla, Do-
mingo 20 de diciembre partió la Reina de Burgos
donde habia estado después de la muerte del Rey su
marido, y llegó á Torquemada jueves 23 de dicho
mes. Por este tiempo estando el Rey Católico en la
ciudad de Saona, que iba para Ñapóles, dia de San
Francisco 4 de Octubre, supo la muerte de su yer-
no, é no dejó su viaje hasta componer las cosas del
reino de Ñápeles (2).
aSo 1507.
Parió la Reina Doña Juana, que quedó preñada
cuando el Rey D. Felipe su marido murió , á la In-
fanta Doña Catalina, jueves 14 de enero entre cin-
co y seis de la mañana en Torquemada en las casas
de un clérigo , que salen sobre la cerca y sobre el
rio , que era donde era palacio , que es cerca de la
puerta del puente (3). En 30 de dicho mes murió en
Segovia el doctor D. Juan de Medina, Obispo de
aquella ciudad, y le sucedió D. Fadrique de Portu-
gal, Obispo de Calahorra, y aquí sucedió D. Juan de
Velasco Obispo de Cartagena , y este se dio al doc-
tor D. Martin de Ángulo , Arcediano de Talavera,
Presidente que fué después de la Chancillería de
Valladolid. Mediado abril se partióla Reina de Tor-
é imprimió en Toledo en el siguiente, fól. 88 vuelto, dice de este
modo : « Estando el muy esclarecido y iiberalísimo Rey D. Felipe
«en Valladolid, fué vista algunas noches en el cielo liáeia la parte
•septentrional una cometa de longura de una lanza de armas; á la
«cual salia el pueblo á ver por la puerta del campo de la misma
•villa, que fué portento de la desdichada muerte que tan presto
•arrebató al dicho poderoso Rey. » Añade el doctor Alonso Pérez,
catedrático de una y otra Filosofía natural y moral en Salamanca,
in stium. toí. meleorolog. edil. Salmant., an. 1576, 2.* parí., cap. 2,
fól. 21, loque se sigue: «Invasit quippe illo anno Hispaniam
•nostram dirá fames ex nimia siccitate et sterililate. Audivi enim
»ab agricolis, quod trisicum terrse mandatum in altioribus locis
•mansit incorruptum, defectupluvialis humoris, et scquenti anno
•nascebaturhumore accepto. Et post paucos raenses postappa-
•ritionem comi'ta;, videlicet anno 1507, imminente vera peste
•inquinarla orta est, quse per totam Hispanian grassata plurimam
•partem habitatorum interfecit: et vocaturilleannus á nostrisan-
•nos pestis per antonomasiam. Et ut ex dictis Nyphi nobis cons-
•tat simillimis malis et a^rumis Italia illo anno laboravit.» Este
autor era natural de Plasencia , como testifica Fr. Alonso Fernan-
dez en \o$ Anales de aquella ciudad.
(1) Dos dias antes en 12 del mismo libró allí el Rey Católico
para la Chancillería de Valladolid la cédula impresa en sus Orde-
nanzas, lib. 1. tít. 7, mira. 4, fól. 53.
(2j En este año murió en Venecia el célebre embajador D. Lo-
renzo Suarez de Figueroa, uno de los prudentes y sabios caballe-
ros que hubo en su edad, y de tanto influjo y autoridad sobre
aquella República , como ésta le mostró en el sentimiento y de-
mostración de su entierro , haciéndosele con tantu aparato que
mayor ni más ostentoso no se habia visto á un ministro de algún
Príncipe enviado á corte extranjera. Zurita, lib. 6, cap. 27, to-
mo IV.
3) Que ha pocos años se hundieron y servían de mesón, afiftde el
Señor Sandoval, lib. 1, § 24.
REYES DE CASTILLA.
quemada (4) é vino á Hornillos. A 8 de mayo fa-
llesció en Granada D. Fr. Fernando de Talavera, de
la orden de San Gerónimo , primer Arzobispo de
Granada, é antes Obispo de Avila, y se dio el arzo-
bispado á D. Antonio de Rojas, Obispo de Maliorca,
y en éste sucedió D. Diego de Ribera, hijo de Don
Juan de Ribera de Toledo. Y fallesció en este año (5)
D. Garci-Ramirez de Villaescusa, Obispo de Oviedo,
y sucedió en el obispado D. Valeriano Ordofiez de
Villaquirán, natural de Zamora, Obispo de Ciudad-
Rodrigo (6), y en éste sucedió D. Francisco de Bo-
badilla, hijo del Marqués de Moya, que agora ea
Obispo de Salamanca. Viernes 4 de julio salió el
Rey Católico de Ñápeles para Castilla. Sábado 26
de dicho mes entró el Infante D. Fernando en Hor-
nillos á ver á su madre. Lunes 23 de agosto entró
el Rey en Almazan de vuelta de Ñapóles, habiendo
desembarcado en Valencia por Nuestra Señora de
Agosto, y entró en Tortoles sábado 28 de dicho mes.
En septiembre salieron los Reyes de Tortoles y vi-
nieron á Santa María del Campo, á 2 de septiem-
bre : allí se trajo el capello á D. Fr. Francisco Xi-
menez. Arzobispo de Toledo, con el título de Santa
Balbina, é se hicieron las solemnidades media legua
de Santa María del Campo , en un lugar que se dice
Mahamud, y fué Inquisidor general: é allí el Rey
Católico hizo hacer el cabo de año al Rey D. Felipe
su yerno: y en este año D. Alonso de Fonseca, Ar-
zobispo de Santiago, renunció el arzobispado en
D. Alonso de Fonseca su hijo , y él tomó título de
Patriarca; lo cual fué tenido en todo el reino por
cosa muy dura y áspera y de mal ejemplo. Dieron
causa á que se hiciese este desorden ruegos de per-
sonas aceptas al Rey y que cuando salió de estos
reinos para Ñápeles fué con él dicho D. Alonso, al
cual no faltó en Roma lo que se requería para aca-
bar tal negociación. Hubo quien oyó decir al Rey
Católico que de dos cosas le acusaría gravemente la
conciencia ; la una consentir esta resignación de pa-
dre ahijo en dignidad tan principal, siendo el hijo
en quien se renunciaba, mancebo y de poca edad,
sin letras ni experiencia. La otra haber nombrado
Obispo de Osma á D. Alonso Enriqí^ez , hijo bastar-
do de D. Alonso Enriquez, Almirante de Castilla, y
de una esclava ; porque era hombre muy profano ó
sin ninguna dotrina, tanto que decía Fr. Antón de
la Peña, predicador del Rey Católico , que no tenía
este Perlado más espiritualidad que un jarro. Sábe-
(4) Antes de esto pasó á Patencia donde en 5 de febrero li-
bró á la Chancillería de Valladolid la cédula impresa en sus Or-
denanzas , lib. 1, tít. 4, nüm. 2, fól. 44, y lib. 5, tít. 8 , fól. 178
vuelto y 179.
(5) A 23 de abril. Historia del coleg. viej. de San Bartolomé,
página 113 y 114; pero se engañan, porque su muerte no fué sino
en Castropol del Principado á 23 de abril del año siguiente
1508, como se ve por la inscripción de su sepulcro en Oviedo, que
nuevamente ha publicado el diligente continuador de la España
sagrada, tom. xxxix, pág. 86, donde con él advierte el engaño de
nuestro Galindez, y por consiguiente que el sucesor no pudo en-
trar antes de aquel tiempo.
(6' Que murió en Burgos á 12 de Agosto de 1S12 como diee alU
el Señor Galindez y con él Garibay, lib. 20, cap. 15, tora.n, donde
I ponen su sucesor.
DON FERNANDO
86 que al tiempo que el Arzobispo de Santiago , el
viejo, hizo la renunciación en D. Alonso de Fonse-
ca su hijo, dijo D. Fr. Francisco Ximenez, Arzobis-
po de Toledo , que habia hecho mayorazgo del ar-
zobispado con cláusula ó vínculos de restituciones,
que se mirase si habia excluido las hembras ; pero
como quiera que fué la substitución fideicomisaria,
paró en que muerto D. Guillermo de Croy, sobrino
de Xéures, inmediato sucesor en el arzobispado de
Toledo al Cardenal Giménez , fué Arzobispo de To-
ledo este D, Alonso el mozo, en lo cual hubo muchos
juicios por las necesidades y guerras que habia con
Francia sobre lo de Fuente-Rabia. Y en Santiago
sucedió el licenciado D. Juan Tavera (sobrino de
D. Fr. Diego Deza, Arzobispo de Sevilla) Obispo que
fué de Gudad-Rodrigo, y después de Osma, y Pre-
sidente del Consejo Real. A 8 de octubre (1) partie-
ron los Reyes de Santa María del Campo é vinieron
á Arcos donde se quedó la Reina, y su padre vino á
Burgos, y estuvieron la Reina en Arcos y el Rey en
Burgos hasta fin de este año. En 27 de diciembre
murió el Comendador Gonzalo Chacón, Señor de
Casarrubios del Monte, que la Reina le habia da-
do (2), y sucedió en su casa D. Gonzalo Chacón su
nieto, hijo de D. Juan, Adelantado de Murcia, y de
Doña Luisa Faxardo, porque D. Pedro Faxar-
do, su hermano mayor, heredó la casa de su
madre.
Afío 1508.
Estuvo el Rey Católico en principio de este año
en Burgos y la Reina su hija en Arcos, é ansí estu-
vieron hasta julio, yendo y viniendo el Rey á Ar-
cos; é allí le vino nueva como el marqués de Priego
D. Pedro Hernández de Córdoba habia preso al al-
calde Fernán Gómez de Herrera en Córdoba, é le
habia embiado preso á la villa de Montilla, porque
el dicho alcalde habia ido por mandado de su Al-
teza á hacer justicia en cierto caso á Córdoba; y
partió el Rey camino de Valladolid por julio, y fué
á Mahamud, é allí estuvo cinco ó seis dias esperando
á la Reina y tornó á Arcos, y tomó el Infante con-
sigo, y partió á Córdoba, y fué por Olmedo al Espi-
nar, Guadarrama y Toledo, donde estuvo cinco ó
eeis dias ; de allí salió martes 28 de agosto, y fué
por las Ventas, el Molinillo, Ciudad Real, Caracuel,
el Pedroche, Adamud, y entró en Córdoba á 7 de
petiembre donde estuvo hasta fin del mes.
aSo 1509.
Partió el Rey de Cáceres otro dia después de Re-
yes, y vino camino de la Plata, Alva y Salamanca
é de ay á Medina del Campo, y entró en Valladolid
(1) Dos dias antes en 6 libró allí la Reina título de Alcaide de
la fortaleza de la villa de Alegría en Álava á Juan López de La-
zarraga su Secretario y de su Consejo con 50.000 mrs. de sueldo
como antes la tenía Fernando Navarro, último Alcaide.— Original
en mi poder.
(2) Cuando se confiscó á Juan de Oviedo, Secretario que habia
sido del Rey D. Enrique, su hermano, porque siguió la voz de los
jiorlugueses en CastiUa,
É DOÑA ISABEL. 657
por hebrero : pasó á Arcos, y vino con la Reina Doña
Juana á Tordesillas por marzo, y dejándola allí, se
vino el Rey á Valladolid (3). Á 18 de marzo parió
Doña Juana de Aragón, hija bastarda del Rey Ca-
tólico, segunda muger del doctor Bernardino Her-
nández de Velasco, condestable de Castilla, á Doña
Juliana Angela de Aragón, que casó con su primo
D. Pedro de Velasco, conde de Haro, hijo del con-
destable D. Iñigo y de Doña María de Tobar su
muger. A 3 de mayo en las casas del Almirante,
parió la Reina Germana al Principe D. Juan de Ara-
gón, que murió presto, y fué depositado en el con-
vento de San Pablo de Valladolid, y de ay le lleva-
ron á Aragón al monasterio de Poblete. Y este año
pasó á África el arzobispo de Toledo, cardenal de
España, título de Santa Balbina, con buen ejército
de guerra (4) por servicio de Dios y de su santa Fé
Católica y de sus Altezas, y conquistó é ganó la
ciudad de Oran, y echó todos los moros de ella y de
su tierra, y la redujo á poder de christianos el vier-
nes después del dia de la Ascensión, 19 de mayo, y
la dejó fortalecida y provehida de gente y armas y
bastimentos, y se vino y erigió en ella una dignidad
que llamó Abadía, y le dio silla en la iglesia de
Toledo; no embargante que el obispo, que era en-
tonces, antes que fuese ganada Oran, tuvo gran de-
bate sobre ello con el Cardenal. Mayo y junio estuvo
el Rey en Vallodolid, y miércoles 28 de junio (5)
partió él para Medina del Campo y volvió por Tor-
desillas á Valladolid. Jueves 11 de junio, dia de Sau
Bernabé, casó segunda vez la princesa de Gales
Doña Catalina, con el Rey de Inglaterra D. Enri-
que, que nuevamente habia sucedido en el reino por
la muerte del Rey Don Enrique su padre, que habia
f allescido en el mes de mayo pasado ; y el dia de
San Juan se hizo la coronación y la fiesta de la
boda, y este dia fué muy honradamente festejado
por el Rey Católico en Valladolid y jug¿ él mismo
á las cañas (6). Piimero dia de octubre partió el Rey
de Valladolid, á Balbuena á la montería de venados,
(3) Donde estaba á 4 de marzo. (Zurita, lib. 8, cap. 32, tom. vi),
y continuaba á 3 de abril, y libró la cédula, fol. 2C, núra. 59, tít. 2,
lib. 1, Ordenanzas de la Chancilleria.
(A) «De manera que después de fundado y asentado su colegio,
»en aquel invierno hizo un grueso ejército en Alcalá de catorce ó
«quince mil hombres, y á la primavera su jornada. Y él se quedó
»en Mazalquivir orando las manos puestas y alzadas al ciclo, á
«imitación de Moysen, por la Vitoria y buen suceso del ejército
•cristiano; y ansí se le dio Dios súbitamente sin resistencia de
•los enemigos, y fué luego ganada la ciudad, afio 1509, á 18 de
«mayo por la Ascensión.» Tal fué el informe que pasó á Alvar
Gómez, cuando se preparaba á escribir su célebre historia del
cardenal Ximenez, el doctor Hernando de Balvás, su coetáneo y
familiar, uno de los primeros colegiales teólogos de su colegio
mayor de Alcalá, y por él canónigo, tesorero, maestre-escuela y
abad de la colegial de San Justo, y rector de la universidad, en
carta de 16 de febrero de 1558. Traela el P. Quintanilla en la Vida
del Cardenal, Apéndice, pág. 75, después de haber tratado larga-
mente y con circunstancias muy particulares de esta prodigiosa
conquista en el cuerpo de la obra y por dos capítulos enteros que
son el 19 y 20 del lib. 3.0
(5; En 8 de él libró en Valladolid á la Chancilleria las cédulas
impresas en sus Ordenanzas, lib. 5, tít. i, fol. 149 vuelto y 150.
i6) Se mantenía aquí dia 13 de agosto. Cédula impresa por Sa^^
lazar, Can. Ue Lar., tom. lY, pág. 180.
558 CRÓNICAS DE LOS
y volvió de ay á 20 días. Miércoles á 14 de noviem-
bre tornó á salir, y volvió á Valladolid á 17 de di-
ciembre. En este dicho mes fallesció Doña María
de Toledo, muger de Alonso de Fonseca, que está
sepultada en la Mejorada, y Doña Aldonza de Cas-
tilla, muger de Rodrigo de ülloa, contador, que se
enterró en el convento de monjas de San Ildefon-
so (1) de la ciudad de Toro.
AÑO 1610.
Á 6 de enero se tomó la ciudad de Bugía en Áfri-
ca (2). E á 27 de julio se tomó á Tripol por el conde
Pedro Navarro con ejército del Rey Católico y de
su hija la Reina Doña Juana, estando el Rey Cató-
lico en Cortes en la villa de Monzón, que es el reino
de Aragón : y el Consejo Real quedó por goberna-
dor, y el Infante D. Femando y el cardenal de Es-
paña D. Fr. Francisco Ximenez, arzobispo de Tole-
do. A 28 de agosto fué muerto y desbaratado en
los Gelves D. García de Toledo, hijo mayor de Don
Fadrique, duque de Alba. Partió el Rey para Ara-
gón por abril, lunes de Quasimodo, y tuvo Cortes
en Monzón hasta fin de agosto (3), y partió de
Monzón á 1." de septiembre, y el dia 8 estuvo en
Zaragoza, y otro dia parto de ay, y fué á Madrid,
y dende allí en fin de octubre partió para Tordesi-
llas á visitar á la Reina Doña Juana su hija, á don-
de estuvo veinte dias. E allí como juez arbitro pro-
nunció las sentencias entre D. Enrique de Guzman,
duque de Medina Sidonia, y el conde de Alba de
Aliste sobre el estado é casa de Medina Sidonia,
para que quedase con el dicho Duque, y él diese al
dicho Conde ciertos cuentos de maravedís. Asimis-
mo pronunció allí sentencia entre el dicho Duque
y D. Francisco Hernández de la Cueva, duque de
Alburquerque sobre la villa de Ximena, para que
quedase por el dicho duque de Medina Sidonia, y
él diese ciertos cuentos de maravedís al duque de
Alburquerque : y de allí (4) volvió á Madrid, donde
estuvo hasta fin del año. Otro dia después de Reyes
partió para Sevilla. A 10 de septiembre en Palencia
murió casi súpito D. Juan de Castilla, obispo de
Salamanca, hijo de D. Sancho de Castilla, y sucedió
en el obispado D. Francisco de Bobadilla, obispo
de Ciudad Rodrigo, hijo del marqués de Moya, y el
de Ciudad Rodrigo se dio á Fr. Francisco Ruiz,
riado del cardenal arzobispo de Toledo.
(1) No es de monjas, sino de frailes dominicos.
(2) El dia 2 de marzo estaba el Rey en Valladolid, y allí libró
la cédula impresa en el Fuero de Vizcaya, después de la ley 3, ti-
tulo 32. Y en el dia 23 del mismo mes de marzo estaba su Alteza
en Madrid donde libró á la Chancillería de Granada la cédula in-
serta en las Ordenanzas de la Chancillería de Valladolid, lib. 5,
tít. 8, fol. 164 vuelto, hoy lib. 7, tlt. 1, lib. 6, Recop., donde el co-
lector, siguiendo á Otalora, i.' part., cap. 2, niim. S, la entiende
bien al contrario de lo que ella permite.
(3) Según esto está errada la fecha de la cédula del Rey en Mu-
cientes (acaso por Monzón) á 8 de julio de 1510 en las Ordenanzas
de ta Chancillería de Valladolid, lib. 1, tít. 2, núm. 56, folio 24
vuelto.
(4) De donde en 28 de noviembre libró á la Chancillería de Va-
lladolid las cédulas impresas en sus Ordenanzas, lib. 3, tit. 8, nú-
mero 12, fol. 118, y lib. 5, tit. 1, ful. 146.
REYES DE CASTILLA.
Afío 151x-
Partió el Rey de Madrid (5) para Sevilla á 7 de
enero, y á 31 estando en Talavera finó D. Pedro de
Silva, comendador de Otos en Calatrava : sucedió su
hermano Don Hernando de Silva por provisión del
Rey como Maestre; y llegó á Sevilla en el mes de
hebrero, aderezando su ejército para pasar allende,
lo cual todo el reino le estorbó que no hiciese; aun-
que se dice que la verdad de secreto era aparejar
contra el Rey de Francia; é ansí dicen que el Rey
de Francia decía que el Sarracín contra quien se
aparejaba el Rey Católico su hermano era contra
él. A 17 de enero murió en Madrid Doña Beatriz
Hernández de Bobadilla, marquesa de Moya; é An-
drés de Cabrera, su marido, fallesció en este año en
Chinchón á 4 de octubre, é están sepultados en Car-
boneros, aldea de Moya, en un monasterio de la or-
den de Santo Domingo, que fundó D. Juan de Cabre-
ra, arcediano de Toledo y hermano del dicho mar-
qués. Estuvo el Rey en Sevilla (6) entendiendo que
el Rey de Francia no oprimiese al Papa Julio é á la
iglesia, hasta el mes de junio (7) que salió á tener
el San Juan en Cantillana. Este año imbió el Rey á
la mayor parte de su ejército que tenia para pasar
allende, el cual embarcó en Málaga. Fué por capi-
tán general Alonso de Carvajal, hijo de Dia Sánchez
señor de Jodar y Tovaruela, y por coronel de in-
fantería Zamudio. Vino el Rey á Burgos por agosto
desde Sevilla, y estuvo allí hasta fin del año (8) en-
tendiendo de estorbar el conciliábulo que el Rey de
Francia con ciertos Cardenales hacia en Pisa, aun-
que salió algunas veces á caza y á haber placer.
AÑO 1512.
Estuvo el Rey en Btirgos este año hasta el mes
de agosto (9), que partió para Logroño, é tuvo el
dia de Nuestra Señora en Santo Domingo de la
Calzada. Estuvo en Logroño (10) entendiendo en la
(5) En Madrid el dht antetior 6 Kbró á la Cancillería de Valla-
dolid la'jCédula impresa en sus Ordenanzas, lib. 5, tK. 8, fol. 166 y
vuelto.
Aguas grandes y extraordinarias en Valladolid en mayo de este
año, que se tomaron por testimonio, saliendo de á caballo por las
calles la Chancillería.
(6; Donde en 30 de marzo libró la cédula impresa en las Orde-
nanzas de la Chancillería de Valladolid, lib. 5, tít. 8, fol. 158, hoy
lib. 6, tít, 1 .', lib. 2 de la Recop., declarando que las leyes de Toro
se extienden á los casos anteriores á ellas, cuando en particular
ellas mismas no se limitan á los posteriores.
(7) En 14 de ese mes se mantenía en Sevilla. Concord. Mest., fo-
lio 231 vuelto.
(8) Es tan cierta esta noticia de la venida del Rey i Rórgos,
que allí á 8 de setiembre á nombre y en cabeza de la Reina Doña
Juana su hija libró al Señorío de Vizcaya la cédula impresa en su
Fuero, lib. 14, tít. 1.°
(9) A 31 de enero libró allí al estudio de Alcalá el privilegio de
confirmación del que tiene del Rey D. Sancho IV, impresa en las
Ordenanzas de la Chancilleria de Valladolid, lib. 5, tít. 8, fol. 163;
y en 21 de febrero la cédula impresa después, fol. 201 vuelto. En
3 de abril en cabeza de la Reina Doña Juana su hija la conürma-
cion de los Fueros de Vizcaya, impresa á continuación de ellos.
(10) En 5 y 18 de noviembre libró allí las dos cartas que impri-
me Pellicer en el memorial por el conde de Miranda, fol. 65, lla-
mando á este Señor para que acudiese á servirle con su gente.
DON FERNANDO
toma del reino de Navarra por autoridad apostó-
lica; porque el Rey D. Juan y la Reina Doña Ca-
talina, su muger, siguieron al Rey de Francia en el
scisma que ovo en tiempo del Papa Julio, é siendo
amonestados los dichos Reyes por el Papa, que de-
jasen de seguir los scismáticos ó se juntasen con él
é con la Silla Apostólica dentro de ciertos términos,
los cuales pasados daba facultad para les poder
hacer guerra, y exponía las personas é bienes y el
dicho reino á cualquier Príncipe cristiano que lo
ocupase y ganase, y no lo quisieron hacer, creyen-
do mas á Mr. Doval, tio del Rey D. Juan, que era
imbiado por el Rey de Francia, que al Papa ; y el
Rey Católico, tio de la Reina, se contestaba que,
para que el Papa fuese seguro, le diese tres fortale-
zas que las tuviesen caballeros navarros, lo cual
nunca quisieron hacer hasta ser privados ellos y
sus descendientes del derecho de dicho reino, el
cual fué consistorialmente aplicado al dicho Rey
Católico é á sus subcesores en las coronas de Casti-
lla é León. Y después vino á Burgos, víspera de
Navidad, y partió luego á Valladolid. En Burgos
lunes de hebrero de este dicho año á las nueve horas
del dia fálleselo el condestable D. Bernardino Fer-
nandez de Velasco: sucedió su hermano D. Iñigo
Fernandez (1). En este dicho año, 22 de este dicho
mes de hebrero, fálleselo D. Juan de Silva, conde
de Cifuentes, Presidente que fué del Consejo. En
marzo de este año fálleselo en Burgos el Infante de
Granada, D. Fernando, hermano del Rey Chiquito
de Granada, que se llamaba Muley Abdalla, y her-
mano del Infante D. Juan de Granada, hijos de Alí
Abul Hacen, Rey de Granada. Este Infante Don
Fernando tuvo persona valerosa, y casó con Doña
Mencía de la Vega, Señora de Tordehumos, é Guar-
do, é Castrillo, hija de D. Diego de Sandoval é Doña
Leonor de la Vega. Este D. Diego de Sandoval era
hermano de la madre de D. Pedro Manrique, pri-
mer duque de Nájera, y hermano del conde de Cas-
tro, D. Hernando de Sandoval, todos hijos de Dia-
Gomez de Sandoval, primer conde de Castro : este
D. Diego de Sandoval fué ahogado por mal ó bien,
año de 1495, en el Pardo de Madrid ; é así la hija
Doña Mencía de la Vega, fué muy mala muger y
fué casada muchas veces; la primera con D. Pe-
dro de Mendoza, hijo de D. Diego Hurtado, duque
del Infantado; la segunda" con D. Bernardino de
Quiñones, conde de Luna, el cual tuvo grandes de-
safíos con D. Pedro Alvarez Osorio, marqués de
Astorga, diciendo que habia tenido que hacer con
la dicha Doña Mencía; ansí dicen que fué la verdad;
la tercera vez con D. Juan de Mendoza, hijo terce-
ro del cardenal D. Pedro González de Mendoza; y
la cuarta con este Infante D. Fernando de Granada,
y al cabo se dice que el dicho Infante murió de
enojos que de ella rescibió. Y el Infante D. Juan
de Granada, su hermano, casó con Doña Beatriz de
(1) En cuya casa se hallaba el Rey hospedado el dia 2 de mayo
en qne otorgó su primer testamento, dando en él las disposicio-
nes acerca de la sucesión y gobierno de los reinos, que podrán
jcrse en Zuriia, lib. 10, cap. 99, tom. yi.
É DOÑA ISABEL. 559
Sandoval, hija de D. Juan de Sandoval, hijo de Don
Diego Gómez de Sandoval, primer conde de Castro.
La batalla de Ravena en Italia fué domingo de
Pascua de Resurrección, á las 10 horas del dia 11 de
abril de 1512, y fué en ella el ejército de su Alteza
y del Papa Julio y otros señores contra el Rey de
Francia, la cual dicha batalla fué muy cruel y du-
dosa la victoria, porque aunque los franceses eran
muchos mas en número, los Infantes españoles que-
daron en el campo, é alli fué muerto por ellos el
capitán general de Francia D. Gastón Mr. de Nar-
bona. Señor de Fox, hermano de la Reina Germana,
muger segunda del Rey Católico. Y en esta batalla
fueron muertos de ambas partes muchos capitanes
y personas principales en número de mas de 20.000
hombres. Viernes á 7 de mayo de este año partió de
Burgos la Reina de Aragón á tener Cortes en Ara-
gón. A 27 de julio murió en Roma D. Fr. Juan Pas-
cual de la Orden de Santo Domingo, obispo de Bur-
gos (2). Sucedióle Don Juan de Fonseca, obispo de
Falencia, y en Falencia D. Juan de Velasco, obispo
de Calahorra, y aquí sucedió D. Juan Castellanos
de Villalba, hermano del coronel Villalba. A 12 de
agosto murió en Burgos D. Valeriano Ordoñez do
Villaquirán, obispo de Oviedo, y sucedióle en el
obispado D. Diego de Muros, que era obispo de
Mondoñedo (3) y aquí sucedió D. Diego de Villa-
muriel, presidente de Granada. Miércoles á 17 do
noviembre cercaron los franceses á San Sebastian
y quemaron á Irun, Iranzu, y Rentería y Ernani, y
viernes 19 de dicho mes, alzaron el cerco y se fue-
(2) No en 27 sino en 19 fué la muerte de este santo prelado,
como consta de la inscripción de su sepulcro en el convento de
la Minerva de Roma, y del apuntamiento del canónigo Sedaño en
el breviario Rurgense de su usso en estos términos: Murió el Se-
ñor obispo D. Pascual en Roma á XIX de julio, de calenturas, yen-
do al concilio: enterráronlo en la Minerva, casa de su orden. lucié-
ronle honras en Burgos, domingo XII de octubre de este año MDXII,
— Florez, España Sagrada, tom. xxvi, pág. 4U. Su elogio se podrá
ver alli en la inscripción romana que copia, como también en el
Siculo, lib. 24, fol. 160, y Fr. Francisco de Vargas en el Apéndice.
—En cuanto á su sucesor, el Señor Sedaño, prosigue así : Tomó
la posesión del obispado de Burgos D. Juan Rodrigues de Fonseca,
obispo que fué de Falencia, viernes á tas VII después de medio dia,
día de San Gines XXV de agosto, y tomóla su provisor por él. Vino á
Burgos víspera de San Andrés de este año MDXIIII, que es el mis-
mo en que este canónigo lo escribía, y no puede darse mejor les.
tigo. Florez alli pág. 416 donde va poniendo las demás memorias
de este prelado con olvido entre otras de las qne pudiera haber
tomado de las epístolas de Rembo, lib. 16, epls. 9; del P. Sigúen-
za, en la Historia de la Religión de San Gerónimo, 3." part., lib. 2,
cap. 37, pág. 414, y de Nebrija, su ayo y maestro, que cuando era
obispo de Radajoz le dedicó su rara obra poética De Vafre dictis
pliilosopliorum.
(3) De quien habló sobre el año 1492, llamándole sobrino del
otro I). Fr. Diego de Muros, mercenario, obispo de Tuy y Ciudad-
Rodrigo, cuya muerte señala alli en aquel aDo, aunque fué en el
anterior 91 á 9 de diciembre como en aquel lugar apunté. Extra-
fio que el P. M. Risco no hubiese tenido presente este testimonio
del Señor Galindez tan perspicuo y útil para la distinción de los
obispos Muros de un mismo nombre, cuando la trata y aclara fe-
lizmente en el tom. xxxix, pág. 89 á 101. También fué mucho se
le hubiese escapado la carta 5.', lib. IC, del Bembo (edit. de León
1540) que le escribió el Papa León X en 20 de diciembre de 1517,
constando por ella que á la sazón retenia aun el arcedianato de
Carmona de la santa iglesia de Sevilla, juntamente con la digni-
dad episcopal.
660
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ron; acercáronse allí D. Juan de Aragón, nieto bas-
tardo del Rey Católico, que iba á Plandes y Don
Juan de Lanuza que llevaba consigo; y aprovecha-
ron mucho para que se alzase aquel cerco. Después
desto vinieron el Rey D. Juan de Labrit y el Delfín
de Francia con grande ejército á recobrar el reino
de Navarra, que el ejército del Rey Católico habia
tomado, yendo por capitán el duque de Alba, Don
Fadrique de Toledo, y en Roncesvalles viniendo el
dicho ejército de Francia y el Rey D. Juan mataron
á Alonso de Carvajal, natural de Zamora, capitán
que era de la infantería del Rey Católico y ansi-
mismo mataron á Valdés, que era capitán de la
guardia del Rey Católico en el Burguete. Martes 30
de noviembre, huyeron los franceses del Real de
Pamplona, y el sábado antes, que fueron 27 de di-
cho mes, la combatieron muy recio, estando dentro
por capitán general el dicho duque de Alva, á quien
se habían dado primero los de Pamplona, é murieron
de los nuestros muy pocos, y de los enemigos mu-
chos; é ansí se acogieron á Francia, y los nuestros
les tomaron la artillería, así por seguimiento de al-
gunos de los nuestros, como por la fragosidad de
la tierra y sierras y asperezas de los caminos é fal-
ta de mantenimiento; y se cree que si el Rey nues-
tro Señor no hubiera piedad de ellos, mandando
proveer que no los siguiesen, gran número de ellos
se perdieran y murieran. Partió el Rey de Logroño
y se fué á Burgos é á Valladolid, y allí se estuvo
hasta en fin del dicho año. En este mes de moviem-
bre en Logroño fué preso D. Fernando de Aragón,
duque de Calabria, hijo del Rey Federico de Ñapó-
les, por cierto trato que dicen traia con Luis Rey
de Francia, y fué descuartizado Felipe Copula, y
el Duque estuvo preso en Játiva hasta el año 1523
que S. M. por el mes de mayo lo mandó soltar, y lo
redujo á su gracia. En este año, en fin de él, se dio
el obispado de Sigüenza á D. Fadrique de Portugal,
obispo de Segovia, por privación de D. Bernardino
de Carvajal, cardenal de Santa Cruz, diciendo que
habia seguido al Rey de Francia en su scisma, so-
bre lo cual pasaron muchas cosas, y en fin el dicho
cardenal fué reducido y se le dio recompensa por
lo que habia perdido; porque á la verdad él se per-
dió por seguir á S. M. del Emperador, siendo Prin-
cipe mas de lo que el Católico quisiera (1). Y el
obispado de Segovia se le dio á D. Diego de Rivera
obispo de Mallorca, y este se dio á D. Rodrigo de
Mercado, abad de Santa Marta. Este año enviaba el
(1) Todas estas cansas las descubre bien Zurita (qne parece
escribió en todo con telégrafo) en la historia de este suspicacísi-
mo y delicado Rey, lib. 6, cap, 17; pero se liicieron luego las
amistades y el cardenal volvió á su gracia. Los oficios que pasaron
para esto entre el I*apa León X, el Emperador Maximiliano y
nuestro Rey D. Fernando el Católico, se pueden ver por las cartas
del primero á los dos en 15 de febrero de 1514 en la Colección del
Bembo. Epist. U, 13 y 16, lib. 7, edic. de León, 1540. El carde-
nal ha sido uno de los más grandes varones de España y de los
españoles que mas (si es posible) han ilustrado la púrpura : sabio,
docto y hombre de Estado. Su sagacidad y su elocuencia en las
oraciones que han quedado suyas se podrá ver en el Sículo, libro
94, íol. lo4, í D, Nicolás Aatouio, Bibliolk, Nov., tom, ;, pá{[. 168,
Rey Católico al Gran Capitán otra vez á Ñapóles
y después estándose aderezado le mandó que no
fuese (2).
aSo 1513.
Este año el Rey Católico fué á visitar á la Reina
Doña Juana á Tordesillas por enero. En 28 de este
mes murió D. Enrique de Guzman (3) , duque de
Medina-Sidonia ; sucedió en su Estado D. Alonso
Pérez de Guzman su hermano , que casó en Plasen-
cia con Doña Ana de Aragón, nieta del Rey Católi-
co, hija de D. Alonso de Aragón, arzobispo de Za-
ragoza, hijo bastardo de dicho Rey, y se celebró el
casamiento en la ciudad de Plasencia en diciembre
de este dicho año (4). Por hebrero volvió el Rey de
Tordesillas á Valladolid, y de allí fué á Medina del
Campo y á la Mejorada , ya mal dispuesto , y f ué á
Valladolid (5), á donde recibió los embajadores de
Francia, y ovo fiestas por el mes de agosto (6). En
este año por el mes de marzo adolesció el Rey Ca-
tólico en Medina del Campo viniendo de Carrionci-
11o (7), tierra de Medina del Campo, que se habia
ido á holgar con la Reina Germana su muger, de
un potage frió que le hizo dar la dicha Reina, por-
que le hicieron entender que se baria preñada lue-
go (8) ; á lo cual se halló Doña María de Velasco,
muger de Juan Velazquez de Cuellar, de la cual en-
fermedad al cabo ovo de morir el dicho Rey Cató-
lico. Partió su Alteza de Valladolid para Madrid el
mes de septiembre del dicho año (9) , é allí vino
Mercurio de Gatinara por parte del Emperador Ma-
(2) Pomo sé qué sospechas del caviloso Rey Católico, que po-
cos creyeron bien fundadas, contra el héroe que le habia hecho á
él con una corona más. Zurita, lib. 10, cap. 28.
(3) En Osuna donde quedó enterrado , y vivia en compañía de
su cuñado D. Pedro Girón, marido de su hermana Doña Mencia
de Guzman, á cuyo título pretendió preferirse y ocupar sus esta-
dos con violencia y por las armas , como adelante se verá largo,
á su hermano y sucesor legitimo D. Alonso Pérez de Guzman,
que en efecto aunque en cuestión con él y con cierta incapacidad
natural , fué duque de Medina-Sidonia por la buena inteligencia
de su madre Doña Leonor de Zúfiiga , gobernadora de su persona
y casa, Zúfiiga, pág. 4G1, col. 2; Zurita, lib. 10, cap. 51, tom. vr.
(4) A principios de diciembre estando allí el Rey : pero no de
este año 13 sino del 13, según Zurita, lib. 10, cap. 98, tom. ti.
El trato sí de la boda habia sido en el año de 13. Zurit. lib. 10,
cap. 79.
(5) Donde en 21 de mayo y 7 de junio libró á la Chancillerfa las
cédulas impresas en sus Ordenanzas, lib. 1, tit. 1, núm . 81, fo-
lio 42 vuelto, y lib. 5, tít. 8, fol. 180.
(6) En cuyo mes murió aquí D. Alonso de Aragón, duque de
Villahermosa, que fué llevado á enterrar al monasterio de Poble-
te. Y en 26 del propio mes murió también su hermano D. Alonso
de Aragón, antes obispo de Tortosa y ahora arzobispo de Tarra-
gona, de que habia tomado posesión en 15 de julio antecedente.
Zurita, lib. 10, cap. 55 al fin, tom. vi.
(7^ Donde habia nacido el Rey D. Juan II de Aragón su padre,
y tenia el cazadero el Rey D- Fernando su abuelo, siendo Infante
de Castilla y Señor de Medina.
(8) Lo que ella mucho deseaba y no menos el Rey, por la poca
afición que ya mostraba á la sucesión de la casa de Austria, como
añade Pedro Mártir y con él Zurita, libr. 10, cap. 55, tom. vi.
(9) Dice bien; pues en 13 y 22 de agosto aun permanecía en
Valladolid, donde libró dicho dia22 al Consejo de la Mesta la
primera sobrecarta impresa en las Ordenanzas de la Chancilleria
de Valladolid, lib. 5, tít. 8, fol. 180, y á la ChanciHeria de Grana-
da la cédula de dicho día 13, impresa en el mismo libro, fol, 197^
CON FERNANDO
ximiliano, entre el cual y el Rey Católico se hizo
cierto juramento sobre la gobernación de España,
que tenia el Rey Católico , y allí en Madrid estuvo
hasta en fin de dicho año (1).
aSo 1514.
Partió el Rey Católico de Madrid y vino á Sego-
via, y estuvo su Alteza en Segovia, y de allí partió,
y vino á Valladolid, y de ahí á Medina del Campo, i
y de ahí fué á caza hacia León, donde se alegró de
la enfermedad ; y de allí volvió á Valladolid (2), y
de Valladolid fué á Medina del Campo , donde se
sintió malo, y de allí partió á la Mejorada , á donde
se acrescentó su indisposición, por la Semana Santa
y Pascua de Resurrección.
aSo 1515.
Partió la Reina Germana (3) de la Mejorada (4)
á tener Cortes en Aragón : fué el Rey Católico con
ella hasta Aranda, por el mes de abril de este dicho
año. De allí partió el Rey para Burgos viernes á 8
de mayo de este dicho año, donde tuvo Cortes (5):
allí se otorgó servicio de 150 cuentos, é se incorpo-
ró el reino de Navarra por Cortes en la corona Real
de Castilla y León (6). En una noche á 27 de junio
estuvo tan malo que pensaron que no llegara á la
mañana, y fué sentido por los monteros de la guar-
da, que le tornaron. Partió su Alteza de Burgos
para Aranda viernes 20 de julio de este año (7) á
donde mandó prender (8) á Micer Antonio Agustín,
BU Vice-Canciller de Aragón , que venia de las Cór-
(1) Y mas, pues en 18 de febrero del siguiente 1514 , todavía
firmó en Madrid la cédula para la Chancillería de Valladolid im-
presa en sus Ordenanzas, 11b. 1, tít. 6, núm. 29, fol. 52 vuelto.
(2) Donde en 2 de setiembre libró al Concejo de la Mesta la
segunda sobrecarta impresa en las Ordenanzas de la Chancilleria
de aquella ciudad, lib. 5, tít. 8, fol. 180 vuelto.
(3) La Señora Reina Doña Juana estaba en Medina del Campo
este año á 26 de febrero, con cuya fecha libró allí á la ciudad de
Soria la cédula impresa en las Ordenanzas de la Chancilleria de
Valladolid, lib. 5, tít. 8, fol. 173 vuelto. Y en 28 de marzo per-
maneciendo allí dirigió á la misma Chancilleria los capítulos re-
sultantes de la visita que en ella hizo D. Juan de Tavera, obispo
de Ciudad-Rodrigo y de su Consejo allí, fol. 211 á 214.
(4) En cuyo monasterio asistió el Rey á los oficios de Semana
Santa, y de allí se fué muy debilitado y doliente á la villa de Ol-
medo, de donde salía á Ventosilla su aldea á la caza de ciervos.
En Olmedo á 12 de abril despachó orden á los aragoneses para
Juntarse á Cortes en Calatayudá 11 de maye. Y luego en el mis-
mo mes partió la Reina á celebrarlas y el Rey en su compañía
hasU Aranda. En Aranda se le agravó al Rey Y
estando muy indispuesto en las casas de D. Juan de Acuña á 26
de abril otorgó su segundo testamento en la forma que muestra
Zurita, lib. 10, cap. 92 y 99, tom. vi. Del cual si alguna noticia tu-
vo no hace memoria aquí nuestro Carbajal.
(5) Y en 18 de él libró cédula á la Chancillería de Valladolid
aprobando el nombramiento de los 30 procuradores de causas de
satisfacción, que había mandado proponerle. Ordenanzas, lib. 2,
tít. 3, ndm. 3, fol. 66. Y por la del dia 31 allí, tít. 4, núm. 89, fo-
lio 78 vuelto, firmó el Reglamento de Receptores.
(6) Vid. Viicay. en el libro de la Naturaleza de los de San Juan
de Pié de Puerto, donde pone el privilegio ó acta.
(7) Con cuya fecha en el mismo dia en Burgos libró á la ciudad
de Valladolid la cédula dada antes á Soria, extendiendo á aquella
ciudad la providencia dada para esta, que sobre pleitos de pala-
bras, concillándose las partes, no procedan los jueces.
(8) Ea la noche del 13 de agosto. Zurita. 10, 93.
É DOÑA ISABEL. 561
tes de Aragón de Monzón (9), é aunque le dieron
otro color, verdad fué que lo mandó prender porque
requirió de amores á la Reina Germana (10), y estu-
vo preso en Simancas mucho tiempo, hasta que con
fianzas le hizo soltar el cardenal D. Fr. Francisco
Ximenez en el tiempo de su gobernación (11). Partió
su Alteza de Aranda para Segovia y llegó lunes 27
de agosto^ de este año : pasó en el monasterio de
Santa Cruz de la orden de los predicadores, á donde
estuvo asaz malo , é aunque le fué dicho que no se
partiese, no se pudo acabar con él. Partió su Alteza
de Segovia á lo de las Cortes de Aragón , que no
eran acabadas, sábado 15 de setiembre (12) y estuvo
en Calatayud y quedó el Consejo en Segovia. Tor-
nó el Rey desde Calatayud, y entró en Madrid pos-
trero de octubre, y partió de Madrid para Plasen-
cia, estando ya muy mal dispuesto, miércoles 12 de
noviembre de este dicho año : llegó á Plasencia vís-
pera de San Andrés , donde fué honradamente res-
cibido, porque después que redujo aquella ciudad á
la corona Real, nunca en ella habia entrado : posó
en la fortaleza. E allí vino nueva que era f allescido
D. Gutierre de Padilla, Comendador mayor de Cala-
trava en Almagro, y dícese que si venciera de dias
al Rey Católico, que tomaría el maestrazgo de Ca-
latrava, porque tenia esperanza de ser elegido. A 2
de diciembre murió en Granada Gonzalo Hernán-
dez de Córdoba, Gran Capitán, duque de Sesa y de
Terranova (13) , el cual ansimismo afirman que si
mas viviera que el Rey Católico , que ocuparía el
maestrazgo de Santiago , porque dicen que tenia
bulas apostólicas ; pero S. M. ovo otra bula en el
mismo mes por medio del cardenal Santa Cruz para
poder tener todos sus maestrazgos como los habían
tenido sus abuelos.
aSo 1516.
Partió BU Alteza á 27 de diciembre del año pasa-
do de Plasencia, y fué á Trujillo á donde tuvo los
Reyes de este año , y de allí fué al lugar de Alber-
tura, é á otros lugares, é fué á Madrigalejo, donde
(9) No, sino de Calatayud. Zurita, ibidem.
(10) «Cosa (dice Zurita, lib. 10, cap. 93) de muy gran liviandad é
»indígna de creerse, y aun de escribirse»; puesto que el doctor
Carbajal no la calla en sus Anales, antes lo que es de maravillar
de autor tan grave, la afirma por verdadera y con tal seguridad
que no deja razón de dudar que él llegó á saber lo cierto.
(11) Después de la muerte del Rey. Y habiendo pasado á Flan-
des en seguimiento de su causa, el Rey D. Carlos, sucesor, le dio
por libre en Bruselas á 23 de setiembre del año 1517. Zurit., ibid.,
cap. 99 al fin. Y el mismo D. Carlos en Valladolid á 14 de diciem-
bre de dicho año le hizo merced del oficio de su abogado riscal
y patrimonial de Aragón. Dormer, al fin de sus Anales, en las adi-
ciones y correcciones, fol. 1 vuelto. Todo es poco para celebrar
dignamente al padre de tan gran hijo como D. Antonio Agustín.
(12) El día anterior 14 libró á Vizcaya la cédula que, insertas
otraG seis anteriores, se imprime en los Fueros después de la 1. 3,
tít. 32.
(13) Jamás se habrá visto panteón de héroe mas adornado de
trofeos; una corona que ganóá la de Castilla y Aragón, y dos-
cientos estandartes á sus enemigos. Virum enim pluribus virtuii-
bus prmdiíum, bellieisque in rebus clariorem hominem mías nostra.
non habeí; atque haud scio an eliam parentum avorumque noslro-
rum mtates habuerint, mereció que dijese de él el Papa León X,
aun cuando vivía. Epist. 57, lib. 10 del Bembo.
562
CKÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
nuestro Señor le llevó de esta presente vida miérco-
les entre una y dos de la mañana á 23 de enero
de 1516 años. Dejó por su universal heredero de
todas sus coronas y estados á la Reina Doña Juana
6u hija , y por universal Gobernador al Príncipe
D. Carlos su nieto, y en su ausencia en estos reinos
de Castilla y de León al cardenal de España ; y en
los reinos de Aragón y sus coronas al arzobispo de
Zaragoza, su hijo bastardo. Porque los que este
Memorial leyeren sepan cumplidamente loa hechos
como pasaron, se presupone que el Rey Católico es-
tando en Burgos poco antes que f allesciese, viéndo-
se muy enfermo de la enfermedad de que murió,
hizo testamento ; en el cual entre otras cosas, dejó
por Gobernador de estos reinos al Infante D. Fer-
nando, su nieto, que él queria mucho , é tenia vo-
luntad que tuviese los tres maestrazgos después de
BUS dias, porque nunca creyó que el Príncipe D. Car-
os viniera en estos reinos á los regir y gobernar,
estando ausente de ellos, como á la sazón estaba,
porque siendo aquellos por quien se regia, no na-
turales de ellos, tenia por cierto que no le aconse-
jarían que los viniese á regir, ni él siendo criado en
aquellas partes á otras costumbres y manera , lo
querría hacer, en especial no teniendo noticia de
ellos ; porque con dificultad se muda la costumbre
en que los hombres se crian , y fácilmente se tiene
en poco lo que jamás se conosció ni supo.
CAPÍTULO I.
De lo que pasó después qne el Rey Católico partió de Plasencia y
fué á Madrigalejo, y de lo que allí sucedió.
Después que el Rey partió de Burgos fué á Ara-
gón por lo de las Cortes que allí tenían, é no pasó
de Calatayud , á donde negociadas algunas cosas
dejó allí en su lugar á la Reina Germana su muger
é habilitada. De allí tomó á Castilla, y llegando á
Madrid, á donde estuvo poco, tomó el camino de
Plasencia (1) por el campo de Arañuelo, y en la
Serena tuvo la fiesta de Navidad ; y estando allí lle-
gó el embajador del Príncipe y de sus gobernado-
res, D. Adriano deán de Lobayna, su maestro, que
después fué Pontífice, á tratar con el Rey Católico
algunas cosas concernientes á la gobernación de los
reinos é al bien de la aceptación de ellos , según que
(1) k donde llegó en fin de noviembre tan debilitado y doliente,
qae se entendió no podría vivir muclios dias. Sin embargo, le re-
cibieron con grandes tiestas los placentinos por ser la primera
vez que tenían el gasto de ver á sa Rey, después que había saca-
do nquelia ciudad del dominio del duque de Bejary la habla re-
incorporado á la corona. Al principio del siguiente mes de di-
ciembre hizo celebrar alli la boda de su nieta Doüa Ana de Ara-
gón con el nuevo duque de Medina Sidonia U. Alonso Pérez de
Guzman, en medio de su demencia é ineptitud; cuyo casamiento
ha puesto mal nuestro Galindez arriba en el año 1513. En el día
11 se hallaban en la Abadía , lugar y casa de recreo de su estima-
do duque de Alba, que procuró divertirle á la caza de ciervos, de
que abundaba ^qtiel bosque. Y allí en ese dia juró por si y á nom-
bre de su hija y sucesora la concordia con Inglaterra, presentes
Juan Rufo, obispo de Cosenza, y micer Galeazo, nuncios del
Papa, D. Bernardo de Rojas, marqués de Denla, y D. Fernando de
Toledo. Comendador mayor de León. Zurita , lib. 10, capi 98, to-
VttVU
él mostraba ; aunque á la verdad venia á lo que de
yuso se dirá, como paresció, fallescido el Rey Cató-
lico, por los poderes que traía el dicho Dean (2) : y
entre otras cosas que se asentaron allí, otorgó quo
Monsiur de Xeures , camarero mayor del Príncipe^
que había sido en le embiar, porque tenia mas parte
en el Príncipe que no otro, no entendiese en la go-
bernación ; ni otro fuese su camarero, como lo era ;
lo cual aunque á Xeures no plugo , y después por
ellos trató mal al dicho Adriano ; pero á todos pa-
resció que aunque no se debiese de cumplir, que ha-
bría hecho lo que al Príncipe convenia, según que
adelante se dirá. Asimesmo porque en Flándes s©
sabia de la indisposición del Rey fué embiado el
dicho embajador, para que avisase de todo lo que
pasase de secreto y tratase , como es dicho, y esto
era lo publicó, y para en caso que el Rey f allescie-
se, tomase la posesión de los reinos por el Príncipe ;
para lo cual y para todas las cosas de la goberna-
ción traía secretamente poderes bastantes. El Rey
partió de Plasencia y vino á Zarayzejo por la puen-
te del Cardenal en andas, y de allí, con asaz pasión
y dolor, otro dia sin mas detenerse partió y fué á la
Bentura, á donde estuvo cinco ó seis dias, y de alli
fué á Madrigalejo, aldea de Trujillo, y sabido por
el Embajador como la enfermedad del Rey se agra-
vaba, vino á Madrigalejo desde Guadalupe, á donde
el Rey tenia acordado estar algunos dias para asen-
tar los dichos tratos de todo , y para hacer capítulo
de la orden de Calatrava , y proveer la encomienda
mayor, que había vacado por muerte de D. Gutier-
re de Padilla, la cual se tenia por cierto que había
de proveer á su nieto D. Femando de Aragón, hijo
de D. Alonso de Aragón, arzobispo de Zaragoza, su
hijo ; ó á D. Gonzalo de Guzman , Clavero de dicha
orden, hermano de Ramírez Nufiez de Guzman, ayo
del Infante D. Fernando , dando la claveria al di-
cho Don Hernando de Aragón. Fecho saber al Rey
que el Embajador era venido é le queria ver, sos-
pechó mal de aquella venida, y con enojo que ovo,
dijo : No viene sino á ver ai muero. Decidle que se
vaya, que no me puede ver. E así el Embajador con
asaz confusión se fué por entonces ; aunque le hizo
tomar á llamar por consejo é intercesión de algunas
personas que alli estaban ; al cual habló dulcemen-
te, y le encargó que se fuese adelante á Guadalupe,
y que le esperase allí , que presto entendía ser allí
con él.
CAPÍTULO IL
Como se le agravó la enfermedad al Rey Católico en Madrigalejo,
y de la habla que tuvo con los del Consejo, y de lo que allí
ordenó, y como, rescibidos los Sacramentos, fallesció en hábito
de Santo Domingo.
Estando el Rey en Madrigalejo, antes que falles^
cíese, le fué dado á entender que estaba muy cerca-
no á la muerte, lo cual con gran dificultad lo pudo
creer, porque á la verdad le tentó mucho el enemi«
(i) Firmados en Bruselas á mediado de octubre antecedente d«
I este mismo «Ao 154$. ZuritA, lib. 10, cap, 98^ U)jn, n^
DON FERNANDO
go con incredulidad que le ponia de no morir tan
presto, para que ni conf eeaee ni rescibiese los Sa-
cramentos ; á lo cual dio causa que estando el Rey
en Plasencia, uno del Consejo que venia de la Beata
del Barco de Avila , le dijo que la Beata le hacia
saber de parte de Dios que no habia de morir hasta
que ganase á Jerusalen (1) , y por esto no queria
ver ni llamar á Fr. Martin de Matienzo, del orden de
predicadores , sa confesor , puesto que algunas ve-
ces el confesor lo procuró ; pero el Rey lo echaba de
sí diciendo que venia mas con fin de negociar me-
moriales, que no entender en el descargo de su con-
ciencia ; pero al fin algunas buenas personas ansí
criados como otros que deseaban la salvación de su
ánima, le apartaron é revocaron de aquel mal pro-
pósito, y el Espíritu Santo inspiró en él, é hizo una
tarde llamar al dicho su confesor, con ol cual se
confesó como católico cristiano, y después rescibió
á su tiempo los Sacramentos, y de la confesión re-
sultó que mandó el Rey llamar al Licenciado Zapa-
ta ó al Doctor Carbajal , sus relatores y referenda-
rios é de BU Consejo de la Cámara, é al Licenciado
Vargas, su tesorero, todos del Consejo Real, á los
cuales en gran secreto dijo que ya sabían cuanto de
ellos habia fiado en la vida y de lo que le habían
aconsejado, siempre se habia hallado bien, que ago-
ra en la muerte les rogaba y encargaba muy cara-
mente le aconsejasen lo que habia de hacer princi-
palmente cerca de la gobernación de los reinos de
Castilla ó Aragón, lo cual en el testamento que ha-
bia hecho en Burgos había encomendado al Infan-
te D. Femando su nieto, que habia criado á la cos-
tumbre y manera de acá, porque creía que el Prín-
cipe D. Carlos su nieto no vendría ni estaría de
asiento en ellos 'jk los regir y gobernar como era
menester, y estando como estaba fuera de ellos, su
gobernación de personas no naturales, que mirarían
antes su propio interés que no el del Principe, ni el
bien común de los reinos. A lo cual fué respondido
por los del Consejo ya dichos , que su Alteza sabia
bien con cuantos trabajos y afanes habia reducido
estos reinos en buena gobernación, y paz y justicia,
en que estaban, y que asimesmo su Alteza sabía
que los hijos de los Reyes todos nacen con codicia
de ser Reyes, é que ninguna diferencia cuanto á
esto habia entre el mayor y los otros hermanos,
sino tener el primogénito la posesión, y que ansi-
mísmo conoscía la condición de los Grandes y Ca-
balleros de Castilla, que con movimientos y necesi-
dades en que ponían á los Reyes, se acrescentaban,
y que por esto les parecía debía dejar por Gober-
nador de los reinos de Castilla al que de derecho le
pertenesciala sucesión de ellos, que era al Príncipe
(1) De esta Beata se ocasionó ona fuerte competencia de juris-
dicción entre ia regia y la eclesiástica el año de 1509, como cons-
ta de los documentos que imprimió D. Josef Peilicer afio 1665,
en el Memorial de ios UUoas de Cáceres, fol. 115 vuelto y 116*
donde cita también todos los lugares en que hizo mención de ella'
Pedro Martin de Angleria en sus Cartas. Véase la que yo escribí
al P. Montoya, que está en la correspondencia con literatos, don-
de me pidió y le di largas noticia» d« esu nager faUdica,
É DO^A ISABEL. 663
D. Carlos, su nieto ; porque no embargante que el
Señor Infante D. Fernando fuese tan esoelente en
virtudes y buenas costumbres, en quien cesaba toda
sospecha ; pero siendo de tan poca edad , como era,
habia de ser regido y gobernado por otros, de los
cuales no se podía tener tanta seguridad, que pues-
tos en la posesión y gobierno no deseasen movi-
mientos y revoluciones para se acrescentar, y que no
podría haber seguridad bastante que esto excusase,
sino dejando lo suyo á su dueño, y que esto era con-
forme á Dios y á buena conciencia y razón natural é
á todo divino é humano, y en que habia menos in-
conveniente ; que sí se acordaba de lo pasado y de
la dificultad y trabajo que él y la Reina Católica
habían tenido en principio de su reinado para re-
ducir estos reinos á su obediencia y devoción , co-
nosceria claro en cuanta ventura y discrimen que-
daba todo, dejando por gobernador al Infante, es-
tando ausente el Príncipe y viviendo la Reina Doña
Juana su hija, y quedando la posesión del gobierno
al Infante D. Femando que estaba presente, en es-
pecial si le dejaba los maestrazgos , como se de-
cía (2), y que el menor inconveniente que de esta
provisión se seguía, era nunca venir el Príncipe eu
estos reinos, que en la verdad él era el mayor ; por-
que viendo á su hermano el Infante apoderado, no
faltaría quien le [pusiese grandes dificultades que le
entibiasen mas su venida , y que el mando y gran
poder convidaría al Infante á lo que no era de su
(i) «Pensar (dice Zurita, 11b. 10, cap. 99) que deliberaba dejar
•los maestrazgos al Infante, es cosa sin ningún fundamento, y así
«ninguna mención hizo de ello en su favor en ninguno de sus pri-
«mcros testamentos, y muéstrase bien que el Señor Carbajnt nin-
• guna noticia tuvo de lo que se asentó con el Dean de Lobayna
•sobre la incorporación de los maestrazgos en la corona de Cas-
•tilla ; pues de tai manera estaba aquello dispuesto, que la ad-
•ministracion le estaba encomendada por la Sede Apostrtiica, y
•nunca en su vida le pasó por el pensamiento procurarla para el
•Infante; y menos éabia de presumir que después de su muerte se
•le babia de conceder por el Sumo Pontífice.» Este asiento coa
el Dean de Lobayna, Embajador del Principe, nieto D. Carlos,
de que aquí se acusa á Galindez no haber tenido noticia, fué en
la Serena ó bien en la Abadía poco después de la fiesta de Navi-
dad, en que el Dean llegado de Flándes se presentó alli ai Rey con
sus credenciales la primera vez. Con el titulo De nueva capitula-
ción y concordia, la puso Zurita en el cap. 98 anterior. Y es cierto
que en él para quitar al Príncipe y su gobierno flamenco el rece-
lo de que el Rey en perjuicio de sus rentas y de la corona queria
dejar los maestrazgos al Infante D. Fernando también su nieto,
se ofreció S. M. á que procuraría con el Papa su incorporación
perpetua á ella, por considerarse asi conveniente, quedando él
con la administración por sus dias. Pero yo extraño que un hom-
bre del talento de Zurita critique en este paso al doctor Carba-
jal y le tome la residencia por una concordia no todavía pura y
perfecta, y que mas bien que tal puede decirse apuntamientos para
ella, ó como un pliego de proposiciones. Era de advenir que en
la misma quedó capitulado que se hubiese de enviar á Flándes
para que allá la aprobase y jurase el Principe y su ministerio y
pueblos, con cierta formalidad muy solemne que allí se previene.
Y que hecho esto, el Rey Católico, su abuelo, hubiese de hacer
lo mismo acá en Castilla. Nada de lo cual jlegó á ejecución, ni la
estrechez del tiempo dio lugar á ello, agravándosele mas de dia
en dia la enfermedad mortal con que ya se hallaba , y muriendo
de ella en Madrigalejo á 23 del siguiente enero de 16. Asi que el
historiador y el público, de cuya voz se decía es él un mero re-
lator, hicieron bien en no hacer caso de un capitulado que no lle-
gó á tener efecto, y se evaporó con las esperanzas de la vida det
Rey.
¿64
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
condición. Oidas estas razones y otras que le fue-
ron dichas, el Rey así llorando dijo que le páres-
ela bien , y que ordenasen las cláusulas del testa-
mento, y páresela que lo que él tenia ordenado pri-
mero en Burgos, le debia del todo casar, que nunca
paresciese, y escribir de nuevo todo el testamento,
porque no paresciesen testigos de él ni se engen-
drase algún mal concepto ; pero esto fué muy se-
creto que no lo supo el Infante que estaba en Gua-
dalupe, ni Gonzalo de Guzman, Clavero de Cala-
trava, su ayo , ni Fr. Alvaro Osorio, obispo de As-
torga, su maestro, que estaba con él. Dijeron asi-
mismo al Rey aquellos del Consejo , que en lo de la
gobernación de Aragón que dejaba á D. Alonso de
Aragón su hijo, arzobispo de Zaragoza, les parecía
muy acordado ; porque en él cesaban todos los in-
convenientes , y era natural y amado é bien quisto
de aquellos reinos por la mayor parte, é los podia
gobernar en paz é justicia. Fué dicho al Rey que
pues páresela que debia dejar por Gobernador al
Príncipe de los reinos de Castilla y León, etc., que
estaba ausente , que para el entretanto que viniese
6 proveyese de Flándes donde estaba, era necesario
poner algún Gobernador que entretuviese las cosas
de estos reinos, que le aconsejasen quién seria el
que habia de nombrar ; porque persona mediana ni
el Consejo con ella no bastarla para este efecto de
entretener el buen gobierno y la paz y la justicia ;
y que dejar Grande era inconveniente según la ex-
periencia de las cosas pasadas, especial que habría
discordia entre el que fuese nombrado y los otros,
y no le obedescerian llanamente como era menes-
ter, de que se seguirían mayores daños é inconve-
nientes. Fué nombrado por uno de los del Consejo,
que allí estaban, el cardenal D. Fr. Francisco Xime-
nez, arzobispo de Toledo, y luego paresció que no
habia estado bien el Rey en su nombramiento , y
dijo de presto : « Ya vosotros conosceia su condición)) ;
y estuvo un poco sin que ninguno le replicase, y
tornó á decir : aaunqiie buen hombre, es de buenos de-
seos, y no tiene parientes, y es criado de la Reina y
mió y siempre le habernos visto y conoscido tener el
afición que debe á nuestro servicio)) ; y los del Conse-
jo le respondieron que ansí era la verdad todo lo
que BU Alteza les decía, y que era buena la elección
y mejor considerados los inconvenientes que de los
nombramientos de otros se esperaban (1). Luego el
(1) Es de maravillar ( dice Zurita cit., lib. 10, cap. 99, tom. ti)
qne escriba tal variación Carbajal, caando el Rey le tenia ya nom-
brado en el testamento que habia heclio el año antes en Aranda, y
aquí confiesa su idoneidad. El P. Fr. Pedro de Qnintanilla y Men-
doza, que no quisiera hallar, no digo mancha, pero ni la menor
mo/aen el purpúreo sayal de su héroe el Señor Ximenez, piensa
cogerá nuestro fialindez en complicación en este paso(pá6. 2ü9
y '¿20, y en el Apénñce, pág. 6i ) ; pero en vano se oponen meras
conjeturas, por no decir sombras, á un testigo grave y presencia!,
que escribe lo que pasd, no lo que no debió pasar. Si el Rey fué
siempre de un genio caviloso, cúlpenle al Rey, no al historiador:
deje el P. Quintaniíla de deteriorar la fé del Señor Galindez (solo
en este paso, pues en los demás siempre le sigue, y gracias por
la materia que le dio para sus amplios elogios), llamando á su
obrii, solo ahora con desprecio, unos borradores manuscritos del
gidor Lorenso Galindo de Carbajal. A critica no se Us aposta-
Rey tornó á decir : « Pues en lo de los maestrazgo»
¿qué me aconsejáis f)) Los del Consejo respondieron
que lo mismo que hablan aconsejado en lo de la
gobernación de los reinos de Castilla y León, por
las mismas razones ; y porque si un solo maestraz-
go puesto en persona llana bastaba para poner di-
sensión é hacer movimientos en los reinos, como
habia visto, que muy mas claro era, que tres puestos
en una persona Real causarían división y otras al-
teraciones, y para esto no habia otro mejor testigo
que su Alteza porque á esta causa el Rey y la
Reyna Católicos hablan proveído mutuamente en
poner en sus personas Reales la administración de
todos los maestrazgos, lo cual parecía haber sido
muy provechoso, como la experiencia lo habia mos-
trado. El Rey dijo : « Verdad es lo que decís , pero
mirad que queda muy pobre el Infante.» A lo cual
por los del Consejo fué respondido que la mayor ri-
queza que su Alteza podría dejar al Infante era
dejarle bien con el Príncipe D. Carlos, su hermano
mayor. Rey que habia de ser; porque quedando
bien con él, siempre librarla mejor, y que su Alteza
le podia dejar en Ñapóles lo que fuese servido , y
que asi cesaban los inconvenientes de los reinos de
Castilla y le aprovecharía la guarda del reino de
Ñápeles. Al Rey paresció bien lo que le aconsejaban
los del Consejo, y mandó que se aconsejasen y or-
denasen las cláusulas y provisiones necesarias, ansí
para lo de la gobernación y maestrazgos en favor
del Príncipe D. Carlos , como de cincuenta mil du-
cados de renta cada año en Ñápeles para el Infan-
te. Los del Consejo se partieron del Rey, y fueron
á ordenar las dichas cláusulas de su testamento, y
la suplicación para el Papa sobre lo de los maes-
trazgos, aunque dicen que el cardenal de Santa Cruz
tenia ya hecha esta diligencia en Roma, y el Gran
Capitán para sí. E uno de ellos lo escribió todo de su
mano, é de aquella minuta se trasladaron á la letra
en el dicho testamento las clásulas, como por él pa-
resce, y fué nescesario de tornalle todo á escribir,
porque no paresciese rastro de lo que primero se
habia otorgado en Burgos, y con mucha dificultad
se pudo tornar á escribir ; porque el mal del Rey se
agravaba y la escritura no era pequeña. La Reina
Germana, segunda muger del Rey, que estaba te-
niendo Cortes en Calatayud del reino de Aragón,
llegó á Madrigal ejo, andando días y noches, el lú-
rá al elocuente Alvar Gómez (fundador que asi podemos llamarle
de la historia de Ximenez), y en verdad que le pasó y nada tuvo
que oponerle en este lugar. ¡Qué ! ¿Nada mas hay que esto de la
tal cual condición en la estampa del grande hombre? ¡Y se deja
morir de un triste cartazo que le espeta un Mota! Galindez sin
lisonja porque no comió pan del Cardenal, ni tomó beca en so
colegio de San Ildefonso, su fortuna la hicieron sus méritos, le
trató cerca muchas veces á la frente del Senado y á puerta cerra-
da, y supo muy bien que, aunque era Grande, era hombre: Sum-
misunt /tomines lamen, como ya dijo Quintiliano. Tollo jaclanHam,
et homines quid sunt nisi homines,Sia Agustín. Es menester ha-
ber vivido en un encierro y no conocer la historia del mundo y
de los hombres, ni aun por el forro, para excandecerse por tan
pocas cosas. Y eso que tienen por delante el suceso del Graa Ca-
pitán, y k traea entre nanos.
DON FERNANDO
nes por la mañana (1) ; y martes siguiente en la
tarde que se contaron 22 de enero del año 1516,
otorgó el Rey su testamento y mas tarde rescibió
el Santísimo Sacramento, y mas tarde pidió la un-
ción, la cual le fué dada, y después de media noche,
entre una y dos, entrante en miércoles, que se con-
taron 23 de enero, pasó de esta presente vida (2).
Nuestro Señor le quiera perdonar, que buen Rey fué.
Fálleselo en hábito de Santo Domingo (3). Estaba
(1) Y en el mismo día escribió al Príncipe D. Cários, su nieto,
á Flándes, la tierna carta que estampó Dormer en sus Anales de
Aragón, lib. 1, cap. i, pág. 1, dándole noticia de su fatal estado,
despidiéndose de él, y encargándole el cumplimiento de su testa-
mento y en particular lo tocante á su mugar la Reina Doña Ger-
mana, y el cuidado y respeto de su persona é intereses, etc.
{i) Por memoria en la sala de la casa donde murió, propia de
los PP. de Guadalupe, se puso una tabla con esta inscripción, que
copia Dormer allí, pág. 3: Falleció el muy alio y poderoso Rey Don
Femando el Quinto, de gloriosa memorta, aquí en esta cámara de
Madridejos en la casa de Nuestra Señora Santa María de Guada-
lupe, miércoles dia de San Ildefonso entre ¡as tres y las cuatro de
las mañana, que fueron 23 dias del mes de enero de 1516.
(3) En 9 de febrero siguiente se sabia ya en Roma, y con esa
fecha lo anunció el Papa León X al Emperador Maximiliano, es-
cribiéndole el pésame en nombre de la Iglesia y de toda la cris-
tiandad, con gran sentimiento por la falta de tan grande Rey, de
cuyos elogios se hace panegirista.
É DOÑA ISABEL. 565
muy deshecho, porque le sobrevinieron cámaras,
que no solo le quitaron la hinchazón que tenia de la
hidropesía, pero le deshicieron y desemejaron en
tal manera, que no parescia él : porque á la verdad
su enfermedad era hidropesía con mal de corazón,
aunque algunos quisieron decir que hablan sido
yerbas, porque se le cayó parte de una quijada;
pero de esto ninguna cosa de cierto se puede saber
mas de cuanto muchos creyeron que de un potaje
que le fué dado en Carrioncillo , cerca de Medina,
para ejercitar su potencia, le habia venido aquel
mal ; porque luego en llegando á Medina en vier-
nes se sintió mal dispuesto, en lo cual afirman haber
sido Doña María de Velasco, muger de Juan Velaz-
quez, contador mayor, y Doña Isabel Cabra, cama-
rera de la Reina, con sabiduría de la Reina Ger-
mana su segunda muger, porque deseaba mucho
parir del Rey por haber la sucesión de los reinos de
Aragón (4).
(4) Siguen á eontinnaeion otros capítulos que narran los suce-
sos ocurridos desde la muerte del Rey Católico ; pero nuestro
intento no va tan allá, habiéndonos solamente propuesto con la
publicación de estos Anales Breves d« Gaiindez completar en lo
posible Is Crónica de Pulgar. (N. del C.)
HISTORIA DE LOS REYES CATÓLICOS
DON FERNANDO Y DOÑA ISABEL,
ESCRITA POR EL BACHILLER
ANDRÉS BERNALDEZ,
CURA QUE ruá DE LA VILLA DE LOS PALACIOS Y CAPELLÁN DE DON DIEGO DEZA|
ARZOBISPO DE SEVILLA.
AL LECTOR,
POR BL LICENCIADO RODRIGO CABO.
Esta historia, que siempre ha corrido manascrip-
ta á nombre del Cura de los Palacioí, ha sido citada
de muchos con este título solo, y alguno mal infor-
mado llamó á este autor el Bachiller Medina. Yo
hice particular diligencia, viendo los libros del bap-
tismo originales que escribió y firmó en la villa de
los Palacios, siendo allí cura desde el año de 1488
hasta el año de 1613, donde hallé escrito siempre
Andrés Bemáldez, y algunas veces Bemal; y en los
mismos libros apuntadas algunas cosas de las que
en su tiempo sucedían.
Escribe esta historia como testigo de vista de los
sucesos, y conocimiento de muchas personas prin-
cipales, como del gran don Rodrigo Ponce de León,
Marqués de Zahara, Duque de Cádiz, y D. Christo-
bal Colon; ambos fueron sus guéspedes, é escribe
su hábito y faiciones, y assí de otros señores. Tuvo
ajustadas relaciones de todo lo que escribió de fuera
del Reyno : muéstrase entendido en la geografía y
lección de la antigua historia. Su lenguaje es el que
corría entonces, sin ninguna cultura, antes repite al-
gunas cosas sobradamente, pero jamás falta á la ver-
dad, que es el alma de la historia, y así ésta ha sido es-
timada de todos porque en ella demás de la sustan-
cia de las cosas, refiere algunas muy particulares y
que otros de aquel tiempo no escribieron, como por
el discurso lo podrá ver el lector. No tuvo otro pre-
mio que de Cura de los Palacios y capellán del Ar-
zobispo D. Diego Deza. Esto me pareció advertir,
otros harán mejor jucicio, yo digo lo que siento.
Eli LlOSMOIADO RODBIQO CABO.
A esta odverteneia sigue en el MS. ¡a nota que eeptatnot i «mtmué'
eion, sin saber quién sea su autor (1).
Este libro hice trasladar de uno que tenia el li-
cenciado Rodrigo Caro, escrito de su mano, que
por su muerte fué á poder de D. Juan de Santelizes,
del Consejo Real de Castilla, é por muerte del su-
sodicho, de mano en mano á la de D. Francisco
Flores, en quien hoy para. Es la verdadera historia
que escribió el cura de los Palacios, porque ademas
de la fée que hace el estar escrita de mano de ua
hombre tan grande y firmado el prólogo de su nom-
bre, yo he mostrado este traslado al Dr. Símela, ra-
cionero de la santa Iglesia de Sevilla, que no tien©
primero en todo género de buenas letras, y me ha
dicho ser esta la verdadera historia, y tener él otro
traslado del mismo original donde yo saqué éste.
Hame obligado á escribir estos renglones el ver qua
anda otra, que siendo trasladada de la que anda
impresa que escribió Fernando del Pulgar, la quie-
ren confirmar por del Cura de los Palacios. Esto es
la verdad, y porque el lector no se ofusque, y ee
desengañe y lea con gusto esta, si es que desea la
verdadera, he tomado el trabajo de ver muchos
grandes hombres mostrándosela y todos concuerdan
ser esta la verdadera. Yo confieso de mí que me
duró el deseo de conseguir el tenerla muchos día»,
y mucha solicitud por ser autor recibido.
(1) Esta advertencia trae la edleion de Sevilla del aflo 1870,
que tenemos presente, aunqne ni ésta ni ninguno de los códice»
de que también nos valemos, nos puede servir de texto único y
exclusivo. Todos son útiles, porque se corrigen mutnameate.
HISTORIA DE LOS REYES CATÓLICOS.
EN EL NOMBRE DE DIOS.
Aqut comienza la Historia é vida del Rey Don
Enrique^ según la escribió Hernando del Pulgar^
coronista del Rey Don Femando, y de la Reina Doña
Isabel, nuestros Señores, en libro que fizo de lo& cla-
ros varones, con algunas cosas entretexidas que él
dejó deponer, que acaecieron en vida del dicho Rey
Don Enrique en los Reynos de España; y por que
sus prosperidades, y sus grandes trabajos, y sinies-
tra fortuna, acaecieron enmisdias, de lo cual yo ove
vera noticia, quise tomar por principio escribir desde
su vida las memorias de las cosas mas hazañosas que
en mi tiempo han acaecido, de que yo ove verdadera
información.
CAPÍTULO PRIMERO.
Del Rey Don Enrique.
El Rey Don Enrique IV, hijo del Rey Don Juan
el II, fué hombre alto de cuerpo, y hermoso de ges-
to y bien proporcionado en la compostura de sus
miembros; y este Rey, seyendo Príncipe, dióle el
Rey su padre la ciudad de Segovia, y púsole casa y
oficiales, seyendo en edad de catorce años. Estuvo
en aquella ciudad, apartado del Rey su padre los
mas dias de su menoridad, en los quales se dio en
algunos deleites que la mocedad suele demandar, y
la onestad debe negar. Hizo hábito de ellos, porque
ni la edad flaca los sabia refrenar, ni la libertad que
tenia los sofria castigar; no bebía vino, ni quería
vestir paños muy preciosos, ni curaba de la cirimo-
nia que es debida á persona real. Tenia algunos
mozos aceptos de los que con él se criaban, y dá-
bales grandes dádivas. Desobedeció algunas veces
al Rey su padre, no porque de su voluntad proce-
diese, mas por inducimiento de algunos, que si-
guiendo sus propios intereses le traían á ello. Era
hombre piadoso y no tenia ánimo de hacer mal,
ni ver padecer á ninguno, y tan humano era que
con dificultad mandaba executar la justicia crimi-
nal, y en la execucion de la civil, y en las otras
necesarias en la gobernación de sus Reynos algu-
nas veces era negligente y con dificultad enten-
día en cosa ajena de su deleitación , porque el ape-
tito le señoreaba la razón. No se vido en él jamas
punto de soberbia en dicho ni en hecho; ni por
cobdicia de haber grandes señoríos le vieron ha-
cer cosa fea ni deshonesta, é si algunas veces había
ira, durábale poco y no le señoreaba tanto que da-
ñase á él ni á otro; era gran montero, y placíale
muchas veces andar por los bosques apartado de
las gentes. Casóse, seyendo Príncipe, con la Prin-
cesa Doña Blanca, hija del Rey Don Juan de Ara-
gón, su tío, que entonces era Rey de Navarra,
con la que estuvo casado por espacio de diez años;
y al fin ovo divorcio entre ellos, por el defecto
de la generación que él imputaba á ella, y ella
imputaba á él. Muerto el Rey Don Juan su padre,
año de J.454, reinó él luego pacíficamente en los
Reinos de Castilla y de León, siendo ya de edad
de treinta años, é luego que reinó usó de gran
magnificencia con ciertos caballeros é grandes Se-
ñores de su reino, soltando á unos de las prisiones
en que el Rey su padre los había puesto, é reducido
é perdonando á otros que andaban desterrados de
sus Reynos, é restituyéndoles todas sus villas, é lu-
gares, é rentas, é todos sus patrimonios é oficios
que tenían.
Teniendo la primera mujer de quien so apartó,
casó con otra hija del Rey Don Duarte de Portugal,
y en este segundo casamiento se manifestó su im-
potencia, porque como quier que estuvo casado con
ella por espacio de quince años, é tenia comunica-
ción con otras mujeres, nunca pudo haber á ningu-
na con allegamiento de varón. Reynó veinte años,
y en los diez primeros fué muy próspero, é llegó
gran poder de gente é de tesoros, é los grandes y
caballeros de sus Reynos, con grande obediencia
cumplían sus mandamientos. Era hombre franco, y
hacia grandes mercedes é dádivas, y ni repetía ja-
mas lo que daba, ni le placía que otros en su pre-
sencia ge lo repitiesen. Llegó tanta abundancia de
tesoros, que allende de los grandes gastos y dádivas
que hacia, mercaba qualqnier villa y castillo ó otra
grande renta que en sus Reynos se vendiese, para
acrecentar el patrimonio real. Era hombre que las
mas cosas hacia por solo su adbitrío, á placer de
aquellos que tenia por privados, y como los apar-
tamientos que los Reyes hacen, y la gran afición
que sin justa causa muestran á unos mas que á
otros, y las excesivas dádivas que les dan, suelen
provocar á odio, y del odio nacen malos pensa-
mientos y peores obras, algunos grandes de sus
Reynos á quien no comunicaba sus consejos, ni la
gobernación de sus Reynos, y pensaban que de ra-
zón les debía ser comunicado, concibieron tan da-
ñado concepto que algunas veces conjuraron con-
tra él para lo prender ó matar; pero como este Rey
era piadoso, bien asi Dios usó con él de piedad, y
DON FERNANDO
le libró de la prisión, y de los otros males que con-
tra su persona real se imaginaron, Y ciertamente se
debe considerar que, como quier que no sea ajeno
de los hombres tener afición á unos mas que á otros,
pero especialmente los Reyes que están en el mira-
dero de todos, tanto menor licencia tienen de errar
quanto mas señalados y mirados son que los otros,
mayormente en las cosas de la Justicia, de la qual
también deben usar, mostrando su añcion templada
al que lo mereciere, como en todas las otras cosas;
porque de mostrarse los Reyes aficionados sin tem-
planza, y no á quién, ni cómo, ni por lo que deben
ser, nacen muchas veces las envidias, de dó se si-
guen las desobediencias, y vienen las guerras y
otros inconvenientes que á este Rey acaecieron.
Era gran músico, y tenia buena gracia en cantar y
tafier, y en hablar en cosas generales, pero en la
execucion de las particulares y necesarias, algunas
veces era flaco, porque ocupaba su pensamiento en
aquellos deleites de que estaba acostumbrado, los
que le impedían el oficio de la prudencia, como á
qualquier que de ellos está ocupado ; y ciertamente
vemos algunos hombres hablar muy bien, loando
generalmente las virtudes, y vituperando los vicios;
pero quando se les ofrece caso particular que les
toque, entonces vencidos del interese ó del deleite,
no han lugar de permanecer en la virtud que loa-
ron, ni resistir el vicio que vituperaron. Usaba asi
mismo de magnificencia en los recibimientos de
grandes hombres, y de los Erabaxadores de Reyes
que venian á él, haciéndoles grandes y sumptuosas
fiestas, y dándoles grandes dones. Otrosí en hacer
grandes edificios en los Alcázares y casas Reales, y
en Iglesias y lugares sagrados. Este Rey fundó de
principio los Monasterios de la Virgen Santa María
del Parral de Segovia y de San Gerónimo del Passo
de Madrid, que son de la Orden de San Gerónimo,
y dotóles magníficamente; y otrosí el Monasterio de
San Antonio de Segovia de la Orden de San Fran-
cisco, é hizo otros grandes edificios y reparos en
otras muchas Iglesias y Monasterios de sus Reynos,
dioles grandes limosnas é hízoles muchas mercedes.
Otrosí mandaba pagar cada año en tierras y acos-
tamientos gran número de gente de armas, y allen-
de de esto, gastaba cada año en sueldo para la gen-
te de á caballo continua, que traia en su guarda,
otra gran cantidad de dinero, y con esto fué tan
poderoso, y su poder fué tan renombrado por el
mundo, que el Rey Don Fernando de Ñápeles le
envió á suplicar que le recibiese en su omenaje.
Otrosí, la ciudad de Barcelona, con todo el Princi-
pado de Cataluña le ofreció de se poner en su Seño-
río, y de le dar los tributos debidos al Rey Don Juan
de Aragón su tio, á quien por entonces aquel Prin-
cipado estaba rebelde. Por inducimientos y persua-
siones de algunos que estaban cerca de él en su
Consejo, mas que procediendo de su voluntad, tuvo
algunas diferencias con este Rey de Aragón su tio,
que así mismo se intitulaba Rey de Navarra, y en-
tró por su persona poderosamente en el reyno de
Navarra, y envió gran copia de gente de armas con
É DO^A ISABEL. 569
sus capitanes al reyno de Aragón, é hizo guerra á
los Aragoneses é Navarros; é puédese bien creer
esto, según su grande poder é la disposición del
tiempo, é de la tierra, é la flaqueza, é poca resisten-
cia que por entonces habia en la parte contraria; si
este Rey fuera tirano é inhumano, todos aquellos
reynos y señoríos fueran puestos á su obediencia,
de ellos con pequeña fuerza, y de ellos de su vo-
luntad. Y para pacificar estas diferencias, se trata-
ron vistas entre él y el Rey Don Luis de Francia,
que como arbitro se interpuso á les pacificar ; á las
quales vistas fué acompañado de grandes Señores
y Prelados, y de gran multitud de caballeros y hi-
jos-dalgo de sus Reynos. En los gastos que hizo y
dádivas que dio, y en los arreos y otras cosas que
fueron necesarias de se gastar y contribuir para tan
grande acto, mostró bien la franqueza de su cora-
zón, y pareció la grandeza de sus Reynos, y guar-
dó la preeminencia de su persona, y la honra y loa-
ble fama de sus subditos. Fué la habla de estos dos
Reyes entre la villa de Fuenterrabía, que es del
reyno de Castilla, y la ciudad de Bayona, que es
del reyno de Francia en la ribera del mar. Conti-
nuó algunos tiempos guerra contra los moros, é hizo
algunas entradas con gran copia de gente en el
reyno de Granada. En su tiempo ganó Gibraltar y
Archidona, y otros algunos lugares de aquel reyno,
constriñendo á los moros que le diesen parias algu-
nos años, porque no les hiciese guerra; y los Reyes
comarcanos temían tanto su gran poder, que nin-
guno osaba hacer el contrario de su voluntad ; ó
todas las cosas le acarreaba la fortuna como él las
quería; y algunas mucho mejor de lo que pensaba,
como suele hacer á los bien afortunados. Y los de
sus Reynos todo aquel tiempo que estuvieron en
obediencia gozaban de paz, y de los otros bienes
que de ella se siguen. Fenecidos los diez años pri-
meros de su señorío la fortuna envidiosa de los
' grandes estados, mudó como suele la cara próspera,
y comenzó á mostrarla adversa, de la qual mudan-
za muchos veo que se quejan, y á mi ver sin causa,
porque según pienso, allí hay mudanza de prospe-
ridad do hay corrupción de costumbres ; y así por
esto, como porque se debe creer que Dios queriendo
punir en esta vida alguna desobediencia que este
Rey mostró al Rey su padre, dio lugar que fuese
desobedecido de los suyos; y permitió que algunos
criados de los mas aceptos que este Rey tenia, y á
quien de pequeños hizo hombres grandes, y dio tí-
tulos y dignidades, y grandes patrimonios, quier lo
hiciesen por conservar lo habido, quier por lo acre-
centar y añadir mayores rentas á sus grandes ren-
tas, erraron la vía que la razón les obligaba ; y no
pudiendo refrenar la envidia de otros que pensaban
ocuparles el lugar que tenían, conocidas en este
Rey algunas flaquezas nacidas del hábito que tenia
hecho en los deleytes, osaron desobedecerle, y po-
ner disensión en su casa ; la qual porque al princi-
pio no fué castigada según debía, creció entre ellos
tanto que hizo descrecer el estado del Rey y el te-
mor y obediencia que los grandes de sus Reynos 1©
670
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
habían, donde se siguió que algunos de éstos se
juntaron con otros Prelados, y grandes Señores del
Reyno, y tomaron al Príncipe Don Alonso su her-
mano, mozo de once años, y haciendo división en
Castilla, lo alzaron por Rey de ella ; y todos los
Grandes y Caballeros, y las Ciudades y Villas estu-
vieron divisas en dos partes, la una permaneció
siempre con este Rey Don Enrique, la otra estuvo
con aquel Rey Don Alonso, el qual duró con título
de Rey por espacio de tres años, y murió en la edad
de catorce años. En esta división se dispertó la cob.
dicia, y creció la avaricia, cayó la justicia y señoreó
la fuerza, reynó la rapiña, y disoluiose la lujuria;
y ovo mayor lugar la cruel tentación de la sobervia,
que la humilde persuacion de la obediencia ; y las
costumbres por la mayor parte fueron corrompidas
y disolutas, de tal manera que muchos, olvidada la
lealtad y amor que debian á su Rey y á su tierra, y
siguiendo sus intereses particulares, dexaron caer
el bien general de tal forma, que el general y el
particular perecía; y Nuestro Señor que algunas ve-
ces permite males en las tierras, generalmente para
que cada uno sea punido, particularmente según la
medida de su yerro, permitió que hubiese tantas
guerras en todo el Reyno que ninguno pueda decir
ser eximido de los males que de ella se siguieron;
y especialmente aquellos que fueron causa de los
principiar, se vieron en tales peligros, que quisieran
dejar gran parte de lo que primero tenían, con se-
guridad de lo que les quedase, y ser ya salidos de
las alteraciones que á fin de acrecentar sus Estados
intentaron ; y así pudieron saber con la verdadera
esperiencia, lo que no les dejó conocer la ciega cob-
dicia. Y por cierto así acaeció, que los hombres an-
tes que sientan el mal futuro, no conocen el bien
presente , pero quando se ven envueltos en las ne-
cesidades peligrosas en que su desordenada cobdí-
cia los mete, entonces querrían, y no pueden hacer,
aquello que con menor daño pudieran haber hecho.
Duraron estas guerras los diez años postreros que
este Rey reynó : los hombres pacíficos padecieron
muchas fuerzas de los hombres nuevos que se le-
vantaron , y hicieron grandes destrucciones é gas-
tos en estos tiempos, que el Rey todos sus tesoros, y
allende de aquellos gastó y dio sin medida casi todas
BUS rentas de su patrimonio real , y muchas de ellas
que les tomaron los tiranos que en aquel tiempo eran,
de manera que aquel que de la abundancia de los
tesoros compraba villas y castillos, vino en tanta
necesidad que vendió muchas de veces las rentas de
su patrimonio todo para el mantenimiento de su
persona. Vivió este Rey cinqüenta años, de los qua-
les reinó veinte , y murió en el alcázar de la villa de
Madrid de dolencia de la hijada, de la qual en su vi-
da fué muchas veces de ella gravemente apasionado.
Hasta aquí Hernando del Pulgar.
CAPÍTULO II.
De la división qne ovo en Granada entre los moros.
División ovo en Granada entre los moros sobre
elegir Rey , é fué en el tiempo de la prosperidad de
este Rey Don Enrique ; é fueron dos parcialidades,
una que queria á Cadíadiz, que era hijo de su Rey
natural, é otra, la mayor, eligieron á uno de los Aben-
zerraxes.
Cadíadiz, é su hijo Muley-Hacen, que ambos rey-
naron después , se vinieron huyendo en Castilla al
Rey Don Enrique con docientos de á caballo ó mas,
el qual les recibió y trujo consigo mas de un año en
la Corte, é les facía muchas honras, é les daba tanta
suelta que las gentes mormuraron del Rey, porque
enojaban á los christíanos por donde andaban.
El dicho Cadíadiz tenia mucha parte en Málaga,
é en la Sierra de Ronda , é Casarabonela , é trató
con el Rey Don Enrique que le daría á Málaga, y
que le diese favor para reynar en Granada. El Rey
Don Enrique sacó muy g^an hueste de gente, é fué
sobre Málaga , é sabido en Granada mataron al Rey
que habían alzado , é enviaron secretamente á lla-
mar á Cadíadiz , que fuese á reynar sobre ellos ; é
llegando el Real ya cerca de Málaga , Cadíadiz se
fué con los suyos del Real de noche, dejando al Rey
Don Enrique sobre Málaga, é recibiéronlo luego por
Rey en Granada ; é desque el Rey Don Enrique esto
vído , salió de tierra de moros por la ciudad de Gi-
braltar, y tomó á Estepona la qual algún tiempo se
tuvo , é después por los grandes gastos é daños que
de ella se seguían, la mandó derribar; y tomó á Xi-
mena que siempre se tuvo , de la qual fizo merced á
Beltran de la Cueva criado suyo, que después fué
Duque de Alburquerque ; en su tiempo se tomó Ar-
chídona á los moros, y dio un moro llamado el Zurro
á Gibraltar, y se tomaron otros lugares de moros del
dicho Reyno de Granada (1), á quien le dieron pa-
rías algunos años porque no les ficiese guerras. Los
Reyes comarcanos temían tanto su gran poder que
ninguno osaba hacer el contrarío de su voluntad , ó
todas las cosas le acarreaba la fortuna como él las
queria , é aun mejor de mucho, como suele hacer á
los hombres afortunados ; é los de sus Reynos todo
aquel tiempo que estuvieron en su obediencia, goza-
ban de paz é de los otros bienes que de ella se siguen.
CAPÍTULO m.
De la batalla que Don Rodrigo Ponce de León, é Lnis de Pemia
vencieron.
Después que el Rey Muley Cadíadiz reynó pací-
fico en Granada sobre los moros de todo el reyno,
el Infante Muley Hacen, su hijo, le demandó gente
y licencia para correr tierra de christíanos, porque
tenía mucha saña de algunas cabalgadas que habían
hecho dos famosos Alcaydes que en aquel tiempo
había en la frontera de Loxa é Málaga, que eran
Luís de Pemia, Alcayde de Osuna, é Rodrigo de
Narvaez, Alcayde de Antequera; y el Rey no le que-
ría dar gente ni licencia , reconociendo los benefi-
cios que en Castilla había recibido del Rey Don En-
rique ; y en cabo con importunidad de los caballe-
(1) Este trozo, hasta el fin del capitulo, falta en la edición de
Sevilla.
•^ DON FERNANDO
iros de Granada, y del dicho Infante, y porque no
mormurasen de él, ovo de dar licencia contra su vo-
luntad, que por la via de Loxa viniesen á correr.
El Infante Muley Hacen, sacó de Granada tres mil
de caballos muy escogidos, é quatro mil peones, no
mas, porque le pareció que para donde habian de
correr, que habia harto. E partidos de Granada, en-
traron por tierra de christianos por Archidona , y
enviaron desde Archidona mil é doscientos de caba-
llo por corredores , é los quatrocientos de ellos fue-
ron sobre Teba ; y los ochocientos de ellos fueron
correr por el campo de Alhenos , é de Osuna , é de
Écija, é quedó la celada atrás con el Infante con
mil é ochocientos de caballo, é la mayor parte de
los peones, porque algunos pocos habian ido con los
corredores , y para ayudar á traer el ganado ; y se
cuidó por la tierra de esta entrada de los moros Don
Eodrigo fixo de Don Juan Ponce de León, Conde
de Arcos, siendo mozo de diez y siete años ó diez y
ocho, salió de Marchena, se juntó con Luis de Per-
nia, Alcayde de Osuna, y con doscientos de caballo
que aquí se hallaron , é algunos peones, fueron des-
de Osuna á buscar los moros , y hallaron los quatro-
cientos corredores sobre Teba. Estuvieron allí que-
dos un gran rato, vieron venir los ochocientos de
caballo , con la cabalgada que traían seiscientos
bueyes , y mil y quinientas vacas , é treinta y siete
hombres christianos presos, y pasaron con su cabal-
gada, é juntáronse con los quatrocientos corredo-
res que estaban sobre Teba que pasaron la via de
tierra de moros. Y entonces Don Rodrigo Ponce , é
Luis de Pernia ficieron su gente tres batallas y
echaron la una adelante, en que eran once de á ca-
ballo escogidos, con el Comendador de Cazalla, que
era muy buen hombre , el qual arremetió dos veces
¿ la zaga de los moros , é la primera vez mató dos
moros , ó la segunda mató tres moros ; y con esto
apretáronse los moros , é salieron de una angostura
adelante , é los christianos tras de ellos , é salieron á
un llano, cerca de un cabezo, é los moros se pararon
é aderezaron , é embrazaron sus adargas para volver
sobre los christianos , y dixo Luis de Pernia á Don
Rodrigo: señor, estos moros quieren pelear, ved
que queréis que hagamos. E dixo Don Rodrigo:
¿ qué habemos de hacer sino pelear con ellos ? y
Luis de Pernia quería mucho aquel día escusar la
pelea , porque Don Rodrigo era mozo, é por dar bue-
na cuenta de él, é dixo : Catad , Señor, que estos mo-
ros nos tienen mucha ventaja, y estos peones de Osu-
na , que aquí tenemos , yo los conozco , que viendo
los pelear, huirán , é se subirán á esta sierra. E don
Rodrigo dixo : conviene que no vamos de aquí sin
pelear; y mostró allí muy viril corazón , y habló co-
sas con que esforzó mucho la gente, que no hizo
mas demudamiento por ser mozo, que si fuera de
quarenta años é tuviera allí diez mil de caballo. Y
los moros, puesto caso que hicieron aquel ademan,
se estuvieron quedos ; é habia con Don Rodrigo y
con Luis de Pernia obra de quatrocientos peones, é
estaba allí un cerro alto cerca de ellos, é por eso te-
zniau que los peones se les irían allí; estuvieron
E DONA ISABEL. 57Í
quedos los unos é los otros un rato, é los moros vol-
vieron las riendas, é poco á poco siguieron en pos
de su cabalgada á mas andar ; y Don Rodrigo é
Luis de Pernia con toda la gente de lo seguir á las
aldas ; é pasaron hasta donde estaba el Infante Mu-
ley Hacen, con los mil y ochocientos de caballo en
la celada , é con los peones ; é los christianos con
las alturas de las tierras perdieron de vista á los mo-
ros, é por miedo de la celada no osaron pasar de lar-
go, é subiéranse en un cabezo é no muy defensible
que dicen del Madroño, é posaron allí, é estaban muy
cerca de la celada. Como los moros de la cabalgada
llegaron al Infante , y le recontaron de aquellos po-
cos christianos que les seguían, é que en toda la tier-
ra no parecían mas; el Infante acordó que volviesen
á ellos mientras la cabalgada se alargaba, pensando
que por ser tan pocos los podrían también llevar con
la cabalgada; y ficieron para volver tres batallas,
en la primera vino por capitán un caballero moro
llamado Abdalla Ambran, capitán de la gente de
Baza é Guadíx, con mas seiscientos de á caballo; y
los christianos recogiéronse al dicho cabezo del Ma-
droño , y aun no estaban recogidos de el todo los
peones, é Don Rodrigo é Luis de Pernia, se apode-
raron en aquel cabezo, é ficieron su gente apretar é
los caballos colas con colas , é ficieron muro de sí
mismo en circuito, todas las puntas de las lanzas á
de fuera, para se defender á bote de lanza como fué,
E Abdalla Ambran, llegó é díóles una vuelta alre-
dedor ; y los moros de su batalla, de que no les pu-
dieron entrar, les arrojaron muchas lanzas por un
cabo é por otro , é los christianos se las recibían en
las adargas é con las suyas. E en esto Abdalla Am-
bran , vído venir peones christianos á hilo , y dexó
aquel combate , y corrió con su batalla á donde ve-
nían los peones christianos, y fué matando por ellos
por donde venían gran trecho de tierra. E el peona-
je era de Ecija, é mató ciento y veinte y tres hom-
bres , y vino sobre Don Rodrigo y sobre los chris-
tianos la segunda batalla de otros tantos caballeros
é ficieron de la manera de la otra, é arrojaron todas
las lanzas, y se vinieron alrededor, é nunca pudie-
ron mover los christianos.
Estando en esto , asomó el Infante con otra muy
gruesa batalla muy ordenadamente, que no salía
hombre de hombre ; é tres Alf aquies ante él en tres
sendos caballos, vestidos de sendas alcandoras blan-
cas muy cumplidas sobre las armas , y con sendas
espadas sacadas, amagando á un cabo y á otro, á las
cabezas de los caballos que no salia uno de otro ri-
giendo la batalla. jEl Infante bien pensó que quan-
do él llegase que ya los christianos serian desbara-
tados , y como los vieron , arremetieron é también
echaron las lanzas, é allí pelearon muy fuertemen-
te los unos con los otros. E Don Rodrigo Ponce é
Luís de Pernia de tal manera pelearon é esforzaron
sus gentes, é nuestro Señor milagrosamente les dio
tanto esfuerzo , que se mezclaron peleando con la
batalla del Infante, y mataron allí muchos moros, é
fué herido Don Rodrigo de una lanza arrojadiza
que le pasó un brazo, é ansí herido salieron de allí
572
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
en pos de los moros , peleando muy fuertemente , é
los moros , é su Infante volvieron las espaldas á
huir , que no pudieron Bof rir á los christianos que
salieron hechos un cuño con todas sus lanzas que no
hablan echado ningunas, é los moros habían echa-
do la mayor parte de las suyas que no parecían sino
parva en deredor de los christianos y de allí los
christianos siguieron el alcance , matando muchos
moros. E allí perdió el Infante su seña, é el paje
con ella , é otras muchas señas , que cada capitán
tenia la suya, é las ovo Don Eodrigo,é siguieron el
alcance , hasta que cerró la noche ; é aquella noche
fué Don Eodrigo en gran peligro de bu persona;
desque se resfrió la lanzada que le pasaba el brazo
por la muñeca , se desangró mucho é desmayó por la
mucha sangre que le salió , y después fué conforta-
do, y con la fortaleza de su corazón, y el favor del
vencimiento, él mesmo se esforzaba, é aquella no-
che durmieron en el alcance en un arroyo. E otro
día salió á la delantera el Conde de Cabra con nue-
vecientos de caballo é hizo grande estrago en los
moros que alcanzó. E Rodrigo de Narvaez , Alcayde
de Antequera, salió por su porte por otro cabo é ma-
tó, é cautivó muchos moros , é ovo muy gran des-
pojo y provecho del fardaje, mas que ninguno de
los otros que se hallaron en encuentro con los moros
quando iban huyendo. Como los moros que iban con
la cabalgada vieron que el Infante y los suyos iban
desbaratados , y huyendo , dexaron la cabalgada y
huyeron, y la cabalgada se volvió toda aquella no-
che á sus querencias. El Infante Muley Hacen , é
Abdalla Ambran , é loa mas que pudieron se fueron
á uña de caballo. E fué esta batalla en viernes once
dias del mes de Abril año del nacimiento de nues-
tro Redentor Jesuchristo de mil quatrocientos é se-
senta y dos años , en tiempo del Papa Pie II. Este
año adelante en el Agosto se tomó á Gibraltar, ca
lo dio el Zurro al Rey Don Enrique; é el Duque de
Medina Don Enrique con la gente de Sevilla, é con
la gente de su tierra fué por Capitán á la tomar, y
Don Rodrigo Ponce de León, fué presente á ello
con la gente del Conde Don Juan su padre ; é la
ciudad se tomó sin peligro, é dio el Rey la tenencia
de ella al Duque de Medina Sidonia.
CAPÍTULO IV.
De los bandos é guerras.
Dejando de contar de los infinitos bandos á par-
cialidades que en Castilla ovo entre los caballeros
é comunidades, que es imposible el poderse escribir
de aquel tiempo de los ^tr abajos de este dicho Rey
Don Enrique, me vino á memoria escribir algún
poquito , de lo que acaeció en Sevilla entre el Du-
que de Medina Sidonia y el Marqués de Cádiz Don
Kodrigo Ponce de León, que eran como dos colum-
nas que toda la ciudad é Andalucía sostenían. Vi-
viendo ambos en Sevilla en el año de 1471, é go-
zando de la ciudad é de su tierra, ovo algunas cis-
mas entre ellos por inducion de malos hombres de
pié é rufianes que se arrimaban á sus casas llamán-
dose suyos. E otrosí también por algunos pundo-
nores de honra, é montar, é valer en la ciudad, é
mandar de manera que aunque ellos en sus pundo-
nores muchas veces se pacificaron habiendo gana
de vivir en paz, nunca los dejaron malos hombres,
é los unos diciendo Niebla, é los otros León, como
el tiempo les mudaba por el decaimiento de la jus-
ticia, aunque por un cabo se apagaba el fuego, por
otro se encendía ; de manera que cresció tanto el
enojo entre ellos que sus casas se pusieron en armas
del uno contra el otro , y se volvió la pelea entre
ellos, é pelearon por las calles de Sevilla muchos
dias é noches, é las gentes del uno é del otro afli-
gían mucho la ciudad, y la metían á saco mano, é
el Marqués tenía el barrio de Santa Catalina con sus
cercas ; y érale la torre de S. Marcos en contra, y
unos rufianes de la parte del Marqués pusieron
fuego á las puertas de la iglesia pensando no hacer
tanto, y encendióse toda la iglesia, y ardió toda sin
remedio ; é desque esto se vido por toda la ciudad
fué en muy gran mormuracion, é mandaron repicar
en la iglesia mayor, y recogióse tanta gente contra
el Marqués que él é los suyos ovieron de salir hu-
yendo, é vino á parará Alcalá de Guadaira, donde
le dio la fortaleza é la villa Fernán Darías de Saa-
vedra, Señor del Viso é Castellar, é veinti-quatro
de Sevilla que la tenia, ca era su cuñado, casado
con su hermana ; é el Marqués fortaleció mucho á
Alcalá é la tuvo ; é dende fué á la ciudad de Jerez,
é la tomó é fortaleció , é labró mucho la fortaleza,
donde se hizo muy poderoso ; é siguióse la guerra
entre estos dos caballeros, de donde se siguieron
muchos males é muertes de hombres, é robos, é hur-
tos, é bandos en todos los lugares de esta Andalu-
cía. Y el Marqués como era hombre de muy gran
corazón y olvidaba tarde los enojos , quisiera mu-
cho haber batalla con el Duque ; y con este deseo
volvió á Sevilla é se puso en Tablada con tres mil
de á caballo de su tierra é casa, é de sus amigos á
valedores, é con él los peones que le pareció eran
menester, é dende envió á desafiar al Duque. E el
Duque salió fuera de los muros de la Ciudad con
su gente é valias, con gran multitud de confesos
que le amaban é querían en demasiada manera. E
el Comendador mayor de León Don Alfonso de Cár-
denas, que después fué Maestre de Santiago, ó otros
nobles caballeros se atravesaron en medio y los mi-
tigaron, é amansaron algo al Marqués de su furia,
con intercesión de los frailes é religiosos de todas
órdenes, que no cesaron de noche y de día hasta
que los pusieron en tregua ; é volvióse el Marqués,
é el Duque se metió en Sevilla, y siguióse todavía
la guerra. E en Carmena había dos parcialidades,
una por el Duque, otra por el Marqués, é pelearon
muchas veces , é los dos alcázares estaban por el
Marqués el uno, é el otro por el Duque, é cuando pe-
leaban , cada uno de los dichos señores facía socor-
rer á su parte. Y así fué que un día lunes 8 de Mar-
zo de 1473, se encontraron cerca de Alcalá de Gua-
daira, é facía Carmena donde dicen Peromingo, do
una parte Don Pedro de Stuñiga, é dos hermanos
í)OÑ FERNANDO
bastardos de dicho Duque de Medina, Don Pedro
que era yerno del Comendador mayor, é Don Alon-
so que era mancebo y otros gentiles hombres, y
otros muchos caballeros de Sevilla que hablan sa-
lido á bascar con quien pelear de sus enemigos, ó á
llevar cabalgada. E de la otra parte Fernán Darlas
de Saavedra, cufiado del Marqués casado con su
hermana, Sefior del Viso, susodicho, con los caba-
lleros de Marchena ; é serian de cada parte hasta
ciento y cinqüenta de caballo, pocos mas ó menos,
así que la ventaja era poca de unos á otros, aunque
algo mas eran los de Marchena ; é hubieron su ba-
talla, é fueron desbaratados los de Sevilla, é venci-
dos é muertos Don Pedro é Don Alonso, hermanos
del Duque ; recreció gente de Alcalá y siguieron el
alcance, en que se hizo más daño en la gente del
Duque, de muertos, é presos, é despojos ; é los que
de ellos escaparon fueron á uña de caballo. En la
villa de Carmena tenian los dos Alcázares el Ma-
yordomo Godoy que era un honrado caballero, por
la parcialidad del Marqués, en que gran parte de la
villa se acostaba ; y tenia el otro Alcázar otro c^a-
llero llamado Luis Méndez de Sotomayor, con otra
muy gran parte de la villa por el duque de Medina,
é pelearon muchas veces ambos bandos, donde se
hacian mucho daño de muertos é heridos; é allí
murió un dia el famoso y buen caballero Luis de
Pernia,Alcayde de Osuna, deunaespingardada, que
era de la parte del Marqués, el qual habia habido
muchas victorias contra los moros. Quedó en toda
la frontera de los moros, entre los christianos, gran
dolor de su muerte. Ovo el Marqués en aquel tiempo
de aquella guerra, muchas victorias contra los mo-
ros y christianos é tomó á Cárdela por fuerza de
armas á los moros. E tomóle á el Duque á Medina,
que es el título del ducado, el qual nunca cesaba de
noche y dia de pensar como hacer la guerra á sus
contrarios, é siempre traia entre moros los adalies,
é eso mesmo en la tierra de sus contrarios ; é sabia
quales fortalezas se velaban bien, é en quales habia
mal recaudo, é Pedro de Vera su Alcayde de Arcos,
por le servir, hurtó una noche á Medina Sidonia, es-
tando fuera el Alcayde Basurto, é la entregó al Mar-
qués, el qual la tuvo hasta que después la dio de su
grado, hechas las amistades.
En aquel tiempo de aquella guerra salió el Du-
que de Sevilla con todo su poder, é con lá Ciudad,
é su tierra, é cercó la villa de Alcalá de Guadayra,
é sus fortalezas, é túvola cercada ciertos dias, é el
Marqués fué allí muy poderoso spbre él, y estuvo
allí hasta que el Conde de Tendilla, é otros caballe-
ros é religiosos los concertaron. E el Duque akó el
cerco é se fué á Sevilla, é el Marqués se volvió á
Jerez, é Alcalá se quedó por él.
No se pueden escribir tantas cosas é robos, é'
muertes, é hurtos, é fortunas quantas de estas guer-
ras se causaron.
Salió el Marqués de Sffvilla, como dicho es, miér-
coles postrero dia del mes de Julio , año de 1471,
é duró la guerra entre estos dos caballeros y sus
valías quatro años, de donde esta Andalucía recibió
E DOÑA ISABEL. 573
mucha pena y mas por los tiempos que vinieron
estériles é faltos de pan y vino que se encareció,
que el año de 1472 no se cogió mucho pan ; é el año
de 1473 fué seco é fizóse la sementera los meses
postrimeros del año de 72 y después nunca llovió,
Febrero ni Marzo, ni Abril ni Mayo del año de 73.
Los panes en berza sin sazón en las mas partes de
esta Andalucía , é valió el pan muy caro todo este
año, é el año de 74, hasta que se cogió pan nuevo; é
comunmente valia una fanega de trigo 700 é 800
maravedís, é valia un buey 3.000 maravedís, é una
vaca 2.000 maravedís, é una fanega de cebada 300
maravedís é aun mas. El dicho año de 1474, se
cogió muy poco vino, é valía el arroba 300 mara-
vedís. E esta falta fué desde puertos de Castilla á
acá. En el Maestradgo de Santiago habia mucho
pan, de donde la ciudad de Sevilla y su tierra se
proveía en aquellos tiempos. Y por la mar vino bas-
teciraiento de pan, y si no fuera por las guerras no
llegara á valer tan caro, que por lá mar se proveye-
ra con tiempo ; mas como los dichos señores se ha-
cian guerra por tierra é mar, no se podían proveer.
Llegó á valer en la ciudad del Puerto de Santa Ma-
ría, 1.000 maravedís una fanega de trigo. El año
de 1474 envió Dios nuestro Señor tan abundoso de
pan, é vino é frutas, que visitó su pueblo desque
se cogió, que comunmente los labradores cogieron
de cada fanega dos, é tres, é quatro cahíces de trigo
y de cebada. E no penséis que esta hambre , é ca-
restía é esterilidad de tiempos, acaesció tan solamen-
te en estas partes donde yo he hablado particular
mente acá ; en toda España alcanzó , y también de
la fertilidad y hartura que nuestro Señor envió el
año de 1474 años.
CAPÍTULO V.
Como los portugueses tomaron á Arcilla y Tanjar.
En el dicho año de 1471 años, á 24 dias de Agos-
to, dia de San Bartolomé, tomaron los portugueses
la villa de Arcilla á los moros allende de la mar, en
el reino de Fez, por fuerza de armas; y dende en
ocho dias despojaron los moros á Tanjar é tomáron-
la los portugueses, que la hallaron una mañana.
Esto fué reynante en Portugal el muy noble Rey
Don Alonso, ^fijo del Rey Don Duarte, é nieto del
Rey Don Juan, Reyes de Portugal. E él mesmo en
persona é el Príncipe Don Juan su fixo, fueron pre-
sentes en esta victoria.
CAPÍTULO VI.
De la mina de oro que descubrieron los portugueses.
En el dicho año de 1471 años descubrió la flota
del dicho Rey Don Alonso la mina de oro que hoy
los Reyes de Portugal poseen , que es en la costa
del mar Océano, hacia la parte de nuestro medio-
día, pasadas las costas de los negros xelofes, é sus
confines, é mucho mas adelante tanto al norte, poco
menos se les esconde con la redondez de la tierra ;
donde al tiempo que la hallaron y en los primero^
574
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
viajes, la mayor parte de los navegantes adolecían,
y se raorian sin remedio ; y después, prosiguiendo
sus viajes , se desenconó el camino y se sanaron é
cesaron de morirse. De la qual mina de oro muy
gran riqueza y honra ha procedido á los Reyes de
Portugal é cada dia procede mucho provecho á to-
do su reyno ; no porque ellos sean señores de la co-
secha del oro, ni señores de la tierra donde se coge,
salvo hanlo por su rescate en una fortaleza que allá
en la mar tienen, que ficieron nuevamente, donde
los negros de todas aquellas comarcas de su placer
é gana se lo traen á vender y rescatar, por las cosas
que de acá les llevan de cobre é latón, peltre é ro-
pas é otras muchas cosas, hechas alhajas, que no
son de mucho valor, é conchas de Canarias, que
tienen los negros en muy grande estimación é
precio.
CAPÍTULO VII.
Del pronóstico del reinado del Rey D. Femando el Católico en
Castilla.
Después que se comenzaron guerras en Castilla
entre el Rey Don Enrique, é los caballeros de sus
reinos, é antes que el Rey Don Fernando casase con
la Reyna Doña Isabel , se decia un cantar en Casti-
lla que decian las gentes nuevas, á quien la música
suele aplacer, á muy buena sonada : Flores de Ara-
gón, dentro en Castilla son: Flores de Aragón, dentro
en Castilla son. E los niños tomaban pendoncicos
chiquitos; y caballeros en cañas, jineteando de-
cian: Pendón de Aragón; pendón de Aragón. E yo
lo decia y dije mas de cinco veces ; pues bien po-
demos decir aquí, según la experiencia que ade-
lante se siguió : Domine ex ore infantium et lacten-
tium perfecisü laudem, propter inimicos tuos , ut des-
truas inimicum et ultorem: Señor, tú hiciste acatada
alabanza de la boca de los niños é de los que maman,
por razón de los tus enemigos , por destruir al enemi-
go é el que se vengó / pues que significó esto en
allende de la glosa que la Santa Madre Iglesia de
ello tiene, contemplativamente lo podemos atribuir,
según lo vemos por experiencia. Y que fué , sino
que viendo nuestro Señor su pueblo de toda Casti-
lla, padecer llena de mucha soberbia é de mucha
herejísi, é de mucha blasfemia é avaricia, é rapiña,
é de muchas guerras é bandos, é parcialidades, é
de muchos ladrones é salteadores, é rufianes ó ma-
tadores, é tahúres, é tableros públicos que andaban
por renta, donde muchas veces el nombre de nuestro
Señor Dios é de nuestra Señora la gloriosa Virgen
María, eran muchas veces blasfemados, é renegados
de los malos hombres tahúres, y las grandes muertes
y estragos y resgates que los moros hacían en los
christianos, y- para el remedio que nuestro Señor por
su infinita piedad y bondad propuso hacer, púsolo
en boca de los niños sin pecado, por hablar en señal
de batallas con pendones , y en cantar de la otra
gente nueva con alegría, antes que remediase y
destruyese lo que á Castilla destruía y aflijia ; y asi
que las flores y el pendón que entraron en Castilla
de Aragón á celebrar el santo matrimonio cou la
Reyna Doña Isabel, donde juntos estos dos reales
cetros de Castilla y Aragón, procedieron en espacio
de treinta años, que ambos reynaron juntos, tantos
bienes é misterios , é tantas ó tan milagrosas cosas,
quantas habéis visto y oído, los que hoy sois vivos,
las quales nuestro Señor en tiempo, y por manos de
ellos obró é hizo ; y los que de ello somos testigos,
bien podemos tomar por nos aquello que dijo nues-
tro Señor Redemptor : uBeati oculi qui vident quod
y)Vos videtis. » Y ansí, con esta junta de estos dos rea-
les cetros, se vengó nuestro Señor Jesuchristo de
sus enemigos, y destruyó el vengador ó matador.
Enemigos de Dios son los malos christianos é
aquellos que están en propósito de todo mal , los
herejes, é ladrones, é engañadores, é todos los que
andan fuera de la doctrina de la Santa Iglesia.
Vengador quiere decir matador, el que mata sin
piedad, como hacían los moros antes que el reyno
de Granada se ganase, que sin ninguna piedad
quando podían mataban á los christianos, é por
ellífc se tome aquí : « Ut destruas inimicum et ulto-
vrem: porque destruyas el enemigo ó el matador.»
Pues no es oculto quando comenzaron de rey-
nar, la mayor parte de estos Reynos serles en con-
tra', y dárselos en sus manos maravillosamente,
pues por fuerza de armas lo ganaron como por to-
dos fué visto ; de donde quebrantaron la soberbia
de los malos, é puestos sus Reynos en mucha justi-
cia encendieron el fuego á los herejes , donde con
justa razón, por sinodal constitución han ardido , ó
arden, é arderán en vivas llamas hasta que no haya
ninguno ; é por mas aína dar fin á la herejía mo-
saica, le quitaron las raices, que eran las descomul-
gadas sinagogas. A los renegadores, ladrones é ru-
fianes, ya sabéis quanto los aborrecieron é manda-
ron punir ; pues el tablero grande, los grandes jue-
gos que por renta andaban en las tierras de los se-
ñores, donde el nombre santo de nuestro Señor era
muchas veces blasfemado, sin que nadie por Él vol-
viese, ved desque lo defendieron, si mas se osó
usar.
Pues contra los moros de aquende en la conquis-
ta del reyno de Granada, ved quan glorioso é victo-
rioso fin le dieron. Comenzaron de reynar con buena
intención y esperanza de ver al servicio de Dios es-
tos Reynos sojuzgados á su poder , é vencidos sus
enemigos, de hacer la guerra á los moros, é todo lo
vieron é hicieron.
Cierto es que todos los que en este mundo alguna
obra ó jornada comienzan , la comienzan con inten-
ción de ver su fin , é si el fin de la obra es bueno,
alegra mucho á aquel que la deseó ver acabada. Yo
el que estos capítulos de Memorias escribí, siendo
de doce años , leyendo en un rejistro de un mí abue-
lo difunto, que fué escribano público en la villa de
Fuentes, de la encomienda mayor de León , donde
yo nací, hallé unos capítulos de algunas cosas haza-
ñosas que en su tiempo habían acaecido, y oyéndo-
melas leer mi abuela viuda, su mujer, siendo en casi
senitud me dijo : hijo, ¿y tú por qué no escribes asi
í)ON FERNANDO
ías cosas de ahora, como están esas? pues no hayas
pereza de escribir las cosas buenas que en tus dias
acaecieren , porque las sepan los que después vinie-
ren , y maravillándose, desque las lean , den gracias
á Dios. Y desde aquel dia propuse hacerlo asi , y des-
pués que mas se me entendía, dixe muchas veces
entre mí : si Dios me da vida y salud, y vivo, escri-
biré hasta que vea el Reyno de Granada ser ganado
de christianos; é siempre tuve esperanza de lo ver,
é lo vi como lo visteis é oísteis los que son vivos; á
nuestro Señor Jesuchristo sean dadas muchas gra-
cias é loores. E por ser imposible poder escribir to-
das las cosas que pasaron en España por concierto
durante el matrimonio del Eey Don Fernando é de
la Reyna Doña Isabel, no escribí , salvo algunas co-
sas de las mas hazañosas de que ove vera informa-
ción , é de las que vi , é de las que á todos fueron
notorias y públicas que acaecieron, é fueron é pa-
saron , porque viva su memoria ; y porque algunos
caballeros y nobles personas que lo vieron , é otros
que no lo vieron , é los que nacerán y vernán des»
pues de estos tiempos , habrán placer de lo leer é
oir, é darán gracias á Dios por ello. Porque no em-
bargante que ello todo por los coronistas de Sus
Altezas, sea muy cumplidamente escrito, como las
corónicas no se comunican entre las gentes comu-
nes, luego se olvidan muchas cosas acaecidas, y el
tiempo en que acaecieron y quien las hizo, si parti-
cularmente no son escritas y comunicadas ; é por
este provecho que de aquí se seguirá , suplico nin-
guno me tenga á locura quererme meter á escribir
lo que es ajeno de mi oficio ; cá los que mejor lo su-
pieren lo que yo escribo, ó á qualquier parte de ello
por lo haber visto , é se haber acaecido en ello, su-
plico, si algunos defectos ó yerros fallaren en mi es-
cribir, los quieran enmendar, á la corrección de los
quales é de toda verdad é buena razón me someto
en mi voluntad , no movida á ninguna defectuosa
afición ni vanagloria, ñipara á nadie , ofender. É
pensando no ser yerro escribir por memoria lo que
tácito no debe quedar; á loor y alabanza de Nuestro
Redemptor Jesuchristo , y de su gloriosa Madre la
Virgen Santa María nuestra Señora, y á honra y en-
salzamiento de la muy loable y muy gloriosa y per-
petua memoria de Sus Altezas, y de sus hijos y nie-
tos y subcesores , y linaje de estos christianísimos y
muy virtuosos é invictísimos Rey Don Fernando é
Reyna Doña Isabel, su muger, reyes de España, de-
sechando la ociosidad entro al exordio de lo sobre-
dicho, contando primeramente la real progenie don-
de estos Reyes vienen.
CAPÍTULO vni.
De el linaje de donde viene el Rey Don Fernando.
El Rey Don Fernando V de este nombre, nació
en Aragón á dos dias de Marzo del año del naci-
miento de Nuestro Redemptor de mil y quatrocien-
tos y cinqtienta y dos, en una villa que llaman Ros;
viernes nació á las diez horas del dia, estando su
planeta é signo en muy alto triunfo de bien aven-
E DOÑA ISABEL. 575
turanza, según dijeron los astrólogos. Es fijo del
Rey Don Juan, que fué primero de Navarra, porque
ovo aquel reyno con su primera mujer. El Rey do
Aragón, uno de los Infantes de Castilla fijos del In-
fante Don Fernando, que fué fijo del Rey Don Juan
de Castilla , primero de este nombre , hermano del
Rey Don Enrique tercero de este nombre , el Bueno
que dixeron, é fué doliente, padre del Rey Don
Juan II, é fué tutor el dicho Infante Don Fernan-
do del dicho Rey Don Juan II su sobrino , é le alzó
por Rey de Castilla en la cuna , é gobernó á Castilla
en tiempo de su niñez del dicho Rey Don Juan, é fizo
á los moros del reyno de Granada muchas guerras é
daños, é les ganó lugares é villas, especialmente las
villas de Antequera é Zahara ; é siendo gobernador
de Castilla fué á reynar en Aragón é Cataluña é sus
provincias , é islas invocado é rogado por aquellos
reynos ; é su madre del Rey Don Fernando fué se-
gunda mujer del dicho Rey de Navarra é Aragón, su
padre , é fué fija del Almirante de Castilla llamado
Don Federico, que fué uno de los claros varones de
España.
CAPÍTULO IX.
Del linaje de la Reina Dofia Isabel.
Esta Reyna, nació año de mil quatrocientos y cin-
qüenta años en el mes de Noviembre, dia de Santa
Elisabet en Avila. La Reyna Dofia Isabel fué fija
del Rey Don Juan de Castilla , segundo de este
nombre, é nieta del Rey Don Enrique tercero suso-
dicho, el Bueno , é viznieta del Rey Don Juan , pri-
mero de este nombre. Así el Rey Don Femando é la
Reyna Doña Isabel habían los abuelos hermanos, é
la madre de la Reyna Dofia Isabel llamada Doña
Juana, era fija del Rey Don Juan de Portugal, é fué
segunda mujer del Rey Don Juan , é era hermana
de la Emperatriz de Alemania, mujer del Empera-
dor Federico tercero.
Casaron en uno el Rey Don Fernando é la Reyna
Doña Isabel después de la muerte del Rey Don Alon-
so su hermano , que los caballeros habían alzado por
Rey de Castilla en vida del Rey Don Enrique su
hermano, é el matrimonio se celebró en 18 dias de
Septiembre del año de 1469 en Valladolid , siendo
el Rey Don Fernando Rey de Sicilia y Príncipe de
Aragón , que así se intitulaba en vida de su padre ;
é la Reyna Doña Isabel Princesa de Castilla é de
León. Fueron Principes de Castilla hasta la muerto
del Rey Don Enrique quarto, é así les llamaban,
puesto caso que habia en Castilla la doncella hija
de la Reyna Doña Juana , mujer del Rey Don Enri-
que, que nació en casa del Rey Don Enrique, á quien
á los grandes de Castilla habían publicado no ser su
fija, aunque algunos le llamaban Princesa, é todas
las comunidades la llamaban públicamente por el
nombre de aquel gran privado del Rey Don Enrique
que decían era su padre. Vivieron y estuvieron aquel
tiempo hasta que murió el Rey Don "Enrique en Cas-
tilla la Vieja en Tordesillas é en sus comarcas, muy
obedientes al Rey é muy agradables á las gentes,
é76
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPITULO X.
Déla coronación de los Reyes Católicos é bandos de Castilla.
Murió el Rey Don Enrique como dicho es , é su
hermano en Castilla en Madrid á 12 dias de Di-
ciembre de 1474, estando en Segovia la Princesa
Doña Isabel, y el Rey Don Fernando estaba en
aqwel tiempo en Aragón, é Rodrigo de Ulloa vino
con la nueva cierta á Segovia el dia de Santa Lucía,
é la Princesa Doña Isabel se cubrió de luto ó fizo los
llantos que convenían hacer por el Rey su herma-
no , é fuese á la iglesia de San Miguel, é allí fueron
los pendones del Rey Don Enrique, é los de la mes-
ma Ciudad , bajos é cubiertos de luto; é allí después
de fechos los autos del luto, y oficios é misas y ose-
quias, hicieron un cadahalso y la alzaron por Reyna
de Castilla é de León , á la Princesa Doña Isabel , é
luego el Mayordomo Cabrera le entregó los alcáza-
res de la ciudad , é le dio las llaves de ellos , é le en-
tregó las varas de la justicia , é dio los tesoros del
Rey Don Enrique su hermano , cuyo mayordomo él
era; y ella se lo mucho agradeció, y le volvió las
varas y llaves que las tuviese é ministrase por ella.
El Rey Don Fernando vino dende á quince dias, y
entró por la puerta de San Martin, donde todos los
caballeros y grandes de Castilla que allí estaban con
la Ciudad é clerecía é cruces le salieron á recebir, é
confirmó los privilegios de Segovia é allí lo al-
zaron por Rey de Castilla , é de León ; é de los
grandes de Castilla, que fué publico placerles de
su reynar y buenaventura , que luego se demostra-
ron , fueron el Arzobispo de Toledo Don Alonso
Carrillo , que era hombre de muy varonil corazón, é
interesal , é muy rico , é tenia 'muchas fortalezas é
ciudades , villas y lugares , así de su casa como de
la corona real , é muchos parientes. Este fué él mas
principal en su casamiento. La pública fama era en
aquel tiempo, que él le habia casado é dado todo el
favor de su ayuntamiento , aunque después dio la
vuelta é le fué enemigo. E fué el Almirante Don
Alonso Enriquez, é el Conde do Treviño Duque de
Nájera , D. Pedro Manrique , é el Condestable Don
Pedro de Velasco Conde de Haro, el Duque del In-
fantado Don Diego de Mendoza, é otros muchos,
empero eran muchos los llamados é pocos los esco-
gidos, porque muchos se mostraban en parte , mas
no en todo , porque estaban de secreto á viva quien
vence.
Asi comenzaron é reynar en Castilla el Rey Don
Fernando é la Reyna Doña Isabel , dexando aque-
llos pocos dias del mes de Diciembre de 1474 años á
fuera, desde el comienzo del año del nacimiento de
nuestro Señor Jesuchristo de 1475 años ; habiendo
en Castilla otra parcialidad en sus contrarios tan
grande ó mayor que la suya , que querían meter al
Rey Don Alonso de Portugal. Ya es dicho en las
cosas que atrás son escritas del Rey Don Enrique, co-
mo en su segunda muger manifestó su impotencia,
por lo qual ella se dio á mal recaudo , ó fué fama
pública (jue se empreñó de un caballero el mas pri-
vado del Rey su marido, é parió una hija á quien Ha*
marón Doña Juana , la qual siempre se crió con
aquella sospecha de no ser hija del Rey y por tal la
juraron los grandes de Castilla cuando depusieron
al Rey Don Enrique, que no era su hija; é así lo hi-
cieron pregonar por toda Castilla con las otras cosas
é tachas que á él Rey pusieron , é afirmando esto. La
dicha Reina Doña Juana, segunda mujer del dicho
Don Enrique, dio de sí muy mal exemplo ca se em-
preñó é parió dos fijos de otro caballero de sangre
real, continuo de su casa, é esto parece que lo causó
la desventura del Rey su marido por no poder haber
acceso á ella, é por no ser celoso de su casa é honra:
cá muchas veces acaece á muy nobles dueñas pecar
en esta cuitada humanidad de ser forzadas, ó toma-
das la primera vez en lugar donde no se pueden de-
fender y por conservar su honra callan , é á esto dan
causa los maridos 6 padres ó hermanos ó señores de
casa , que se confian no mirando de quién ni cómo.
Ca saludable cosa es á los hombres con buen juicio
ser celosos y recelosos. Decían en aquel tiempo que
siendo niño el Rey Don Enrique que le fué fecho
mal, ó ovo tal lisien de que se causó su impotencia.
E esto sabe Dios si fué así ó si no.
Con esta doncella, llamada la Princesa Doña
Juana, hija del Rey , se alzaron ciertos grandes de
Castilla contra el Rey Don Fernando, para la casar
con el Rey Don Alonso de Portugal, allegándose á
la cláusula del testamento del Rey Don Enrique,
que diz que decía que la dejaba por su hija heredera.
E los primeros que se mostraron é manifestaron
con la dicha doncella Doña Juana , fueron el Mar-
qués de Villena, Don Diego Pacheco, que la tuvo en
su poder, é sus primos el Maestre de Calatrava Don
Rodrigo Girón é su hermano Don Alonso Tellez Gi-
rón , Conde de Urueña, hijos del Maestre de Calatra-
va Don Pedro Girón, y Don Alonso de Estúñiga,
Conde de Béjar y Duque de Arévalo , que entonces
se lo llamaba, é tenia; é de estos quatro pendía la
mitad de Castilla é eran muy grandes señores cada
qual de ellos, é con ellos habia otros muchos decla-
rados, é otros no del todo declarados, é otros á viva
quien vence ; é en esto pasó alguna parte de los pri-
meros meses del dicho año de 1475 é las parcialida-
des de los caballeros no cesaban , cada uno buscan-
do favores é haciendo ligas , unos declarándose por
una parte, otros por otra, otros dilatándose tiempo,
no queriendo declararse , porque esperaban la en-
trada del Rey de Portugal.
CAPÍTULO XI.
Prosiguen las parcialidades, y cómo el Arzobispo de Toledo se
apartó de los Reyes.
Vuelta ovo grande en el corazón grande del Ar-
zobispo de Toledo , y decían que por dos causas ; la
primera porque no quisiera que el Rey y la Reyna
salieran de su mandar é obediencia ; como si los
reynos fueran suyos , é él se los diera. E quisiera él
poner de su mano ciertos contadores é oficiales , é
porque luego como él lo quería no se hizo. E lo se-
DON FERNANDO
gundo fcon envidia que ovo de la buena voluntad
que el Rey y la Reyna mostraban al Obispo de Si-
güenza Don Pedro González de Mendoza, diciendo:
« éste es mancebo y yo viejo privará tanto que será
Arzobispo de Toledo después de mí ; » é por otras co-
sas, é por estas. En fin él se fué de Segovia de la
corte muy enojado, camino de Alcalá de Henares,
y la Reyna, desque lo supo, envió en pos de él al Du-
que de Alba, y al Duque de Nájera, á le amansar é
rogar que volviese á la corte , é nunca con él pudie-
ron, sino que lo dejasen ir á sus tierras. Y la Reyna
desque esto supo, porque el tiempo estaba tan en
peso y no convenia enojar á los de su parte, antes
dar y agradar á los contrarios para los hacer suyos,
cabalgó é fué en pos de él , y desde Colmenar Viejo
envióle á decir á Alcalá de Henares , donde ya esta-
ba, que oviese por bien que ella iba á comer con él
á tal hora, que la atendiese ; y el Arzobispo con mal
seso , le envió á decir á la Reyna , que supiese certi-
ficadamente que si allá iba , que entrando ella en
Alcalá por una puerta, que él se iria huyendo por la
otra. Y como esto supo la Reyna estando oyendo
misa , la misa acabada ovo tanto enojo que echó
mano á sus cabellos, ó recobrada alguna poca de
paciencia dijo contemplando : Señor mió Jesuchrís-
to, en vuestras manos pongo todos mis fechos, y de vos
me defienda el favor y ayuda , y otras cosas con que
ella propia se conortaba. Y desde aquí el Arzobispo
comenzó de hacer allegamiento de gente de guerra
y no quiso mas volver á la corte, ca él tenia dos ma-
los consejeros por quien se regia; un Mayordomo
dicho Alarcon, que era muy mal hombre , é un Bea-
to , los quales mandaban á él é toda su casa , é le
aconsejaban mal, ó consintieron, 6 dieron lugar ó
consejo á ello ; que gastó el Arzobispo por mucho
espacio é tiempo muy gran suma de dinero en alqui-
mias, con alquimistas , procurando facer oro é pla-
ta, é de lo qual se imputaba á el dicho Arzobispo é
cargaba gran culpa.
É la Reyna se volvió desde Colmenar Viejo, é ha-
bló cerca del Collado un caballero, que le llamaba
la obediencia de Toledo, é tomó camino de Toledo,
é la ciudad se le dio é tomóla, é entregóse en ella y
después dio la vuelta de Toledo para Segovia. E
Juan Luxan, Alcayde de Escalona, la quisiera ofen-
der que estaba por el Marqués de Villena; y la Rey-
na no llevaba tanta gente de guerra con que le pu-
diese atender, é fuese á mas andar hasta Cebreros,
y de allí el dicho Alcayde se volvió con su mal pro-
pósito. En este medio é tiempo, mas con halagos
que con amenazas, el Rey por un cabo y la Reyna
por otro, adquirieron por Castilla quanto podían ; é
la otra parcialidad que estaba con intención de me-
ter al Rey de Portugal, por semejante; é como el
Arzobispo de Toledo se había ausentado de la corte
sañudo, é era hombre belicoso, y seguía mas veces
la afición que no la razón, y placíanle guerras y
parcialidades, é era hombre que insistía mucho en
la opinión que tomaba, ó como era gran Señor, re-
cibían mucha pena el Rej y la Reyna de su apar-
tamiento, é ficieron mucho por lo volver á su amís-
Cr TTf.
É D05?A ISABEL. 577
tad, é nunca pudieron. Entonces todo el mundo
pensaba que á la parto que él se acostase pesaria
mas la balanza. É estando así las cosas, le fué en-
viada de la corte del Rey ó de la Reyna la siguien-
te epístola, notada é fecha é enviada por el Coro-
nista Fernando del Pulgar, creyóse que por manda-
do de Su Alteza.
CAPÍTULO XIL
CSrta de FerHando de Pulgar al Arzobispo.
«Clama, no ceses, dice Isaías, Muy Reverendísi-
mo Señor; y pues no vemos cesar este Reyno de
llorar sus males, no es de cesar de clamar á vos,
que dicen ser causa de ellos.» «Poca cosa os parece,
dice Moisés á Coré y á sus sequaces, haberos Dios
elejido entre toda la multitud del pueblo, para que
le sirváis en el sacerdocio, sino que en pago de su
beneficio le seáis adverso escandalizando al pue-
blo.» « Contad, muy Reverendísimo Señor, vuestros
dias antiguos y los años de vuestra vida, conside-
rad los pensamientos de vuestra ánima, y fallareis
que en tiempo del Rey Don Enrique vuestra casa
fué receptáculo de caballeros airados y descon-
tentos, é inventora de ligas y conjuraciones contra
el cetro Real, favorecedora de desobedientes é de
escándalos del Reyno. É siempre vos habemos vis-
to gozar en armas la quietud del pueblo, é ayunta-
mientos muy ajenos de vuestra profesión, enemigos
de la quietud del pueblo. E dejando de recontar los
escándalos pasados, que con el pan de los diez-
mos habéis tenido el año de 74, contra el Rey Don
Enrique, se fizo aquel ayuntar de jente que todos
vimos ser el primer acto de inobediencia clara que
V. S. siendo cabeza y gobernador, sus naturales
le quisieron mostrar, ó osaron mostrar aquel casi
amansado por la sentencia que en Medina se orde-
naba, é Vuestra Reverendísima se tornó á yuntar
con el Rey, y luego á pocos dias acordó de mudar
el propósito y se juntó con el Príncipe Don Alonso,
haciendo división en el Reyno alzándolo por Rey.
Estas mudanzas, é en tan poco espacio de tiempo
por Señor de tan gran dignidad fechas, no en pe-
queña injuria de la persona é de la dignidad se pu-
dieron hacer; durante esta división se dispertó la
maldad de los malos, la cobdicia de los cobdiciosos,
la crueldad de los crueles, y la rebelión de los re-
beldes inobedientes. V. M. Rda. Señoría lo considere
bien, é verá cuan medicinal es la Santa Escritura
que nos manda por San Pedro obedecer á los Re-
yes, aunque disolutos, antes que facer división en
los reynos; porque la confusión y males de la divi-
sión son muchos y mas graves sin comparación,
que aquellos que del mal Rey se pueden sufrir. Con
gran vigilancia vemos á V. S. procurar que vues-
tros inferiores os obdezcan y sean sujetos; dejad,
pues, por Dios, Señor, los sujetos de los Príncipes,
no los alborotéis, no los levantéis, no les mostréis
sacudir de sí el yugo de la obediencia, la qual es
mas aceptable á Dios que el sacrificio. Dejad ya,
Señor, de ser causa de escándalos é sangre : ca si á
37
578
CEÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
David por ser varón de sangre no permitió Dios fa-
cerle casa de oración; ¿cómo puede V. S. en guerras
de tantas sangres como se han seguido, envolveros
con sana conciencia en las cosas que vuestro oficio
sacerdotal requieren? Contagioso y muy irregular
ejemplo toman y han los otros Prelados de esta nues-
tra España viendo á vos, el principal de todas las
armas y divisiones. No pequéis por Dios, Señor, ni
fagáis pecar, ca la sangre de Jeroboan, de la tierra
fué desarraigada por este pecado. Dejad ya. Señor,
de rebelar y favorecer rebeldes á sus Reyes é Se-
ñores, que es el mayor denuesto que dio Nabal á
David, fué irado y desobediente á su Señor ; Hieru-
salen y todas aquellas tierras, según cuenta el his-
toriador Josefo, en caida tal vinieron cuando loa
sacerdotes, dejado su oficio divino, se mezclaron en
guerras y en cosas profanas. ¡Oh! pues vuestra dig-
nidad vos hizo padre, vuestra condición no os haga
parte, y no profanéis ya mas vuestra persona, reli-
gión y renta que es consagrada, y para sus cosas
pias dedicada. Gran inquisición hizo Achimeiech,
sacerdote, antes que diese el pan consagrado á
David, por saber primero si la gente que lo habian
de comer eran limpios; pues considere agora bien
V. S. de consideración espiritual, si son limpios
aquellos á quienes vos lo repartís; y cómo y á quién,
por qué se lo dais y á quién se debia dar, é cómo
sois transgresor de aquel santo decreto que dice :
Virum catholicum prcedjpué domine sacerdotem. Can-
sad ya por Dios, Señor, cansad, á lo menos habed
compasión de esta tribulada tierra que piensa tener
Prelado, é tiene enemigo; gime y reclama por que
tuviste poderío en ella, del qual á vos place usar,
no para instrucción, como debéis, mas para su des-
truicion como facéis; no para su reformación, como
sois obligado, mas para doctrina y ejemplo de paz
y mansedumbre ; mas para corrupción y escándalo
y turbación. ¿Pars qué vos armáis sacerdote sino
para pervertir vuestro hábito y religión? ¿para qué
os armáis padre de consolación sino para descon-
solar y hacer llorar los pobres é miserables, y para
que se gocen los tiranos é robadores y hombres de
escándalos y sangres con la división continua que
V. S. cria y favorece? decidnos por Dios, Señor, si
podrán en vuestros días haber fin nuestros males, ó
si podremos tener la tierra en vuestro tiempo sin
división. Catad , Señor, que todos los que en los rey-
nos y provincias procuraron divisiones, vida y fines
hubieron atribuladas : temed, pues, por Dios, la cai-
da de aquellos cuya doctrina queréis remedar, y no
trabajéis mas este Reyno, ca no hay so el cielo rey-
no mas deshonrado que el diviso. Lea V. S. á San
Pedro cuya orden recibisteis, é hábito vestís, y ha-
bed alguna caridad de la que os recomendó que ha-
yáis. Básteos el tiempo pasado á voluntad de las
gentes ; sea el porvenir á voluntad de Dios, que
hora es ya , Señor, de mirar do vais , é no atrás do
venís; no queráis mas tentar á Dios con tantas mu-
danzas, no queráis dispertar sus juicios que son ter-
ribles, y espantosos. Y pues vos eligió Dios entre
tanta multitud para que le sirváis en el sacerdocio,
en retribución de su beneficio, no le eacandaliceíá
el pueblo, según fueron las primeras palabras de
esta epístola.»
Esta sobredicha carta fué fecha é enviada, del
Coronista del Rey é de la Reyna Fernando del Pul-
gar, al Arzobispo de Toledo Don Pedro Carrillo, des-
pués que se fué sañoso de la corte, é se juntó con la
liga de los que querían meter al Rey de Portugal,
al tiempo que ya el Rey y la Reyna del no tenían
esperanza que volviese á su corte, é por eso con la
verdad, se le envió la carta tan ejemplosa y lasti-
mera de la corte; é parece que á esta carta ó á otra,
respondió por el Arzobispo un caballero su criado
al Coronista, disculpando al Arzobispo é poniendo
algunas razones por él, é queriendo hacer entender
que el Arzobispo no haría cosa que no debiese con-
tra el Rey y la Reyna; y en respuesta á aquel caba-
llero, el dicho Coronista sin ningún temor y con
esperanza de la prosperidad que Dios demostraba
al Rey é á la Reyna, respondió al dicho caballero y
le envió la presente carta.
CAPÍTULO XIII.
Carta de Fernando de Pulgar á un caballero criado del Arzobispo
de Toledo.
«Señor: vuestra carta recibí, por la qual queréis
relevar de culpa al Sr. Arzobispo vuestro amo por
este escándalo nuevo que se sigue en el Reyno de
la gente que agora tiene junta en Alcalá, y queréis
darme á entender que lo hace por seguridad de su
persona, y por paz en el Reyno, y también decís
que ha miedo de yerbas; para este temor de las
yerbas entiendo yo que será mejor atriaca, que jen-
te, aunque costaría menos; y quanto á la seguridad
de su persona y paz del Reyno, haced vos, Señor,
con el Sr. Arzobispo que se sosiegue su espíritu, y
luego holgará él y el Reyno: y por tanto. Señor,
escusada es la ida vuestra á Córdoba, á tratar paz
con la Reyna, porque si paz queréis, ahí la habéis
'de tratar en Alcalá con el Arzobispo. Acabad vos
con su Señoría que tenga paz consigo, y que esté
acompañado de jente de letras, como su orden lo
requiere, y no rodeado de armas como su oficio lo
defiende; y luego habréis tratado la paz que él
quiere procurar y vos queréis tratar. Con todo eso,
aunque me han dicho que el Doctor Calderón ea
vuelto á corte, plegué á Dios, que este Calderón
saque paz. Justo es Dios y justo es su juicio; en ver-
dad. Señor, yo fui uno de los Calderones con que el
Rey Don Enrique muchas veces envió á sacar paz
del Arzobispo, y nunca pudo sacarla. Agora veo
que el Arzobispo envía su Calderón á sacar de la
Reyna : plegué á Dios que la concluya con Su Al-
teza, mejor que yo la acabé con el Arzobispo. Pero
dexando agora esto aparte, ciertamente, Señor,
gran cargo habéis tomado si pensáis quitar de car-
go á ese Señor por este nuevo escándalo que agora
hace, salvo si alegáis que el Beato, y Alarcon, le
mandaren de parte de Dios que lo hicieíe ; y no lo
dudo que se lo dixesen, porque cierto e« que el Ar->
DON FERNANDO
/obispó sirvió tanto al Rey y á la Reyna en los
principioa y tan bien, que si en el servicio perseve-
raba, todo el mundo dixera, que el comienzo, me-
dio y fin de su reynar, había sido el Arzobispo y
toda la gloria se imputara al Arzobispo. Dixo Dios
gloriam meam al Arzobispo non dabo; y para guar-
dar para mí esta gloria que no me la tome ningún
Arzobispo, permitiré que aquellos Alarcones, le di-
gan que sea contrario al Rey y á la Reyna, y que
ayude al Rey de Portugal para les quitar este Rey-
no, y contra toda su voluntad y fuerza lo daré á
esta Reyna, que lo debe haber de derecho, porque
vean las gentes que quantos Arzobispos hay de mar
á mundo, no son bastantes para quitar ni poner Re-
yes en la tierra, sino solo yo que tengo reservada
la semejante provisión á mi tribunal. Así que, Se-
ñor, esta via me parece para escusar á su Señoría,
pues que lo podéis autorizar con tal Moisen y Aa-
ron, como el Beato y Alarcon. Con todo eso vi esta
semana una carta que enviaba á su Cabildo, en que
reprende mucho á el Rey é á la RejTia porque to-
maron la plata de las Iglesias, la qual sin duda es-
tuviera queda en su sagrario, si él estuviese quedo
en su casa. También dice que fatigan mucho el
Reyno con Hermandades, y no ve que la que da él á
ellos, caúsala que dan ellos al Reyno. Quéjase asimis-
mo porque favoreció la toma de Talavera, que es de
BU iglesia de Toledo, y no se miembra que favore-
ció la toma de Cantalapiedra, que es de la iglesia
de Salamanca. Siente mucho el embargo de sus ren-
tas, y no se miembra quántas ha tomado y toma del
Rey, y aun nunca ha presentado el privilegio que
tiene para tomar lo del Rey, y que el Reyno no
pueda tomar lo suyo. Otras cosas dice la carta que
yo no consejara á su Señoría escribir, si fuera su
escribano, porque la Sacra Scriptura manda que no
hable ninguno con su Rey papo á papo, ni ande
con él á dime y dirte hé. Dejando agora esto á par-
te, mucho querría yo que tal señor como ese consi-
derase que las cosas que Dios en su presencia tiene
ordenadas para que hayan fines prósperos y dura-
bles, muchas veces vemos que han principios y
fundamentos trabajosos, porque quando vinieren
al culmen de la dignidad hayan pasado por el cri-
sol de los trabaxos, y por grandes misterios ignotos
de presente á nos, y notos de futuro á él. La Sacra
Scriptura y otras histoíias están llenas de estos
exemplos. Persecuciones grandes ovo David en su
principio, pero Jesu fili David decimos. Grandes
trabajos pasó Eneas do vinieron los Emperadores
que señorearon el mundo : Júpiter, Hércules, Rómu-
lo, Céres, Reyna de Sicilia, y otros y otras muchas;
á unos criaron ciervos y á otros lobos, echados por
los campos; pero leemos que al fin fueron adorados
y se asentaron en sillas reales, cuya memoria dura
hasta hoy. Y no sin causa la ordenación divina
quiere que aquello que luengamente ha de durar,
tenga los fundamentos fuertes y tales, sobre que se
pueda hacer que la obra dure. Viniendo ahora, pues,
al propósito, casó el Rey de Aragón con la Reyna,
madre del Rey nuestro señor, v lueco fué deslifirf».
É DOÑA ISABEL. 579
dado y desterrado de Castilla. Ovo este su hijo, que
desde su niñez fué guerreado y corrido, cercado,
combatido de sus subditos y de los extraños ; y su
madre con él en los brazos huyendo de peligro en
peligro. La Reyna nuestra señora desde niña se le
murió el padre, y aun podremos decir la madre, que
á los niños no es pequeño infortunio. Vínole el en-
tender, y junto con él los trabaxosos cuidados ; y lo
que mas grave se siente en los reales, es mengua
extrema de las cosas necesarias ; sufría amenazas,
estaba con temor, vi via en peligro. Murieron los
príncipes Don Alfonso y Don Carlos sus hermanos;
cesaron éstas, ellos á la puerta de su reynar y el
adversario á la puerta de su Reyno. Padecían guer-
ra de los extraños, rebelión de los suyos, ninguna
renta, mucha costa, grandes necesidades y ningún
dinero, muchas demandas, poca obediencia. Todo
esto así pasado con estos principios que vimos, y
otros que no sabemos. Si ese Señor vuestro amo, les
piensa tomar este Reyno como un bonete, y darlo á
quien se pagare, digo, Señor, que no lo quiero creer,
aunque me lo diga Alarcon y el Beato. Mas querré
creer á estos misterios divinos que á esos pensa-
mientos humanos; y como para esto murió el Rey
Don Enrique sin generación, y para esto murieron
el Príncipe Don Carlos y Don Alfonso, y para esto
murieron otros grandes estorbadores; para esto hizo
Dios todos estos fundamentos y misterios que ha-
bemos visto, para que disponga el Arzobispo vues-
tro amo de tan grandes Reynos á la medida de su
enojo. De espacio se estaba Dios en buena fe, si ha-
bía de consentir que el Arzobispo de Toledo venga
sus manos lavadas, y disponga así lijeramente de
todo lo que él ha ordenado y cimentado, de tanto
tiempo á acá con tantos y tan divinos misterios.
Hacedme agora tanto placer, si deseáis servir á ese
señor, que le aconsejéis que no lo piense así, y que
no mire tan somero, cosa tan honda ; en especial le
consejad que huiga cuanto pudiere, de ser causa de
divisiones en los Reynos, como de fuego infernal,
y tome exemplo en los fines que han habido los que
divisiones han causado. Vimos que el Rey Don Juan
de Aragón , padre del Rey nuestro señor, favoreció
algunas parcialidades y alteraciones en Castilla ; y
vimos que permitió Dios á su hijo el Príncipe Don
Carlos que le pusiese escándalo y divisiones en su
Reyno. Y también vimos que el hijo que las puso y
los que le sucedieron en aquellas divisiones, murie-
ron en el medio de sus días, sin conseguir el fruto
de sus deseos. Vimos que el Rey Don Enrique crió
y favoreció aquella división en el reyno de Aragón,
y vimos que el Príncipe Don Alfonso su hermano
le puso división en Castilla, y vimos que plugo á
Dios de le llevar de esta vida en su mocedad como
á instrumento de aquella división. Vimos que el Rey
de Francia procuró asimismo división en Inglaterra,
y vimos que el Duque de Guiana su hermano pro-
curó división en Francia ; y vimos que el hermano
perdió la vida sin conseguir lo que deseaba. Vimos
que el Duque de Borgoña, y el Conde de Barvique,
V otrna muchos nroouraron en los reynos de Incla-
580
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
térra y de Francia divisiones y escándalos, y vimos
que murieron en batallas despedazados, y no enter-
rados. Y si queréis exeraplos de la Sacra Scriptu-
ra, Architofel y Absalon procuraron división en
el reyno de David y murieron ahorcados. Así que
visto todo esto que vimos, no sé quien puede estar
bien y estar quedo, y querer estar mal y estar bu-
llendo.»
Y el Arzobispo en este tiempo se aclaraba cada
dia mas por el Rey de Portugal con los caballe-
ros de la liga; é aun soberbecido, se publicó que
decia que les quitaria el Reyno, y baria volver á
hilar la rueca á la Reyna, como si fuera en él, é
envió con los otros á Portugal su palabra á el Rey
Don Alonso.
CAPÍTULO XIV.
Be una carta que Fernando de Pulgar escribió al Rey de Portugal.
Como sea parte del oficio de los coronistas en
servicio de los Reyes sus señores despedir epístolas
en su servicio en los tiempos que conviene, para
saber lo que se hace en otros reynos, é acojer las
respuestas é tomar de ellas aquello que á su oficio
conviene de algunas cosas hazañosas, é haber conos-
cimiento de los Reyes comarcanos, é de bus coro-
nistas por intercesión de letras, para enjerir en las
crónicas algunas cosas de las que acaecen en sus
tiempos ; las de acullá acá, é las de acá acullá que
convienen por la verificación serán si escritas, é
con su dulce escribir, deben procurar de evitar es-
cándalos, é guerras entre los Reyes y los señores y
procurar la paz, é la concordia por epístolas de dul-
ce y autorizado escribir.
El cronista del Rey é de la Reyna nuestros seño-
res, Fernando del Pulgar, pesándole mucho de los
impedimentos y cosas que se atravesaban, contra
el reyuar en Castilla de estos Cathólicos Reyes, é sa-
bido é publicado cómo los dichos caballeros de Cas-
tilla habían procurado é procuraban meter al Rey
de Portugal á casar con la doncella Doña Juana su
sobrina, que llamaban la Princesa ellos, é para que
reynase en Castilla, allende de otras muchas demos-
traciones é requerimientos que le f uerotí fechos, que
no tomase la tal empresa ni entrase, le envió la pre-
sente epístola.
CARTA AL REY D. ALONSO.
« Muy poderoso Rey y Señor : sabido hé la incli-
nación que V. A. tiene de aceptar esta empresa de
Castilla que algunos caballeros de ella os ofrecen ;
y después de haber bien pencado en esta materia,
acordó de escribir á V. A. mi parecer. Bien es, muy
excelente Rey y Señor , que sobre cosa tan alta y
ardua haya en vuestro consejo alguna plática de
contradicion disputable por que en ella se aclare
lo que á servicio de Dios, y honor de vuestra coro-
na real, bien y acrecentamiento de vuestros Rey-
nos mas conviene seguir. Y para esto, muy pode-
roso Señor, según en las otras guerras santas dó
feabeis seido victorioso habéis hecho, porque en
esta con ánimo limpio de pasión lo cierto mejor se
pueda discernir, mi parecer es que ante todas las
cosas aquel Redemptor se consulte que vuestras co-
sas conseja , aquel se mire que siempre es guia,
aquel se adore y suplique, que vuestras cosas y es-
tado segura y prospera. Porque como quier que
vuestro fin es ganar honra en esta vida, y vuestro
principio sea ganar vida en la otra ; y quanto toca
á la justicia que la Señora vuestra sobrina dice te-
ner á los Reynos del Rey Don Enrique, que es el
fundamento que estos caballeros de Castilla hacen,
y aun lo primero que V. A. debe mirar. Yo por
cierto, Señor, no determino agora su justicia, pero
veo que estos que ¡os llaman por executor de ella
son el Arzobispo de Toledo, y el Duque de Aréva-
lo, los hijos del Maestre de Santiago, y del Maestre
de Calatrava su hermano, que fueron aquellos que
afirmaron por toda España, y aun fuera de ella pu-
blicaron, que esta Señora no tener derecho á los
Reynos de Don Enrique , ni poder ser su hija por la
impotencia esperimentada, que de él en todo el
mundo, por sus cartas y mensajeros divulgaron : y
allende de esto, le quitaron el título real, y hicieron
división en su Reyno. Desearíamos pues, saber co-
mo hallaron entonces esta Señora no ser heredera
de Castilla, y pusieron sobre ello sus estados en
condición ; y como hallaron agora ser su lejítima
subcesora, y quieren poner á ello el vuestro. Estas
variedades, muy poderoso Señor, dan causa justa de
sospecha, que estos caballeros no vienen á vuestra
Señoría con celo de vuestro servicio, ni menos con
deseo de esta justicia que publican ; mas con deseo
de sus propios intereses que el Rey y la Reyna no
quisieron, ó por ventura no pudieron cumplir se-
gún la medida de su cobdicia , la qual tiene tan
ocupada la razón en algunos hombres , que tentan-
do sus propios intereses acá y allá, dan el derecho
ageno dó hallan su utilidad propia ; y debéis creer,
muy excelente Señor, que pocas veces vos sean fie-
les aquellos que con dádivas oviéredes de sostener :
antes es cierto, aquellas cesantes, os sean deservi-
dores, porque ninguno de los semejantes viene á
vos como debe venir , mas como piensa alcanzar :
y quando vencido ya de la instancia de ellos, vues-
tra real Señoría acordase todavía aceptar esta em-
presa, yo por cierto dudaría mucho entrar en aquel
Reyno teniendo en él por ^ayudadores, y menos por
servidores los que el pecado de la división pasada
hicieron, y quieran agora de nuevo hacer otra,
reputándolo á pecado venial , como sea uno de los
mayores crímenes que en la tierra se pueden co-
meter, y señal cierta de espíritu disoluto y inobe-
diente. Por el qual pecado los de Samaria, que fue-
ron causa de la división del reyno de David, fueron
tan escomulgados , que nuestro Redemptor mandó
á sus discípulos, en la provincia de Samaria no
entréis, numerándolos en el gremio de las idolatrias,
y aun por tales mandó el hombre de Dios al Rey
Amadas que no juntase su gente con ellos para la
guerra que entró á hacer en las tierras de Seir , y
en caso que este Rey había traído cien mil de ello^
DON FERNANDO
y pagádoles el sueldo , los de^ó, por ser varones de
diviaion y escándalo, y no osó envolverse con ellos
ni gozar de su ayuda en aquella guerra por no te-
ner irada la divinidad , la qual en todas las cosas,
y, en la guerra mayormente debemos tener aplaca-
da, porque sin ella ninguna cosa está, ningún sa-
ber vale, ningún trabaxo aprovecha ; y por tanto
mirad por Dios , Señor , que vuestras cosas (hasta
hoy florecientes) no las envolváis con aquellos, que
el derecho de los reynos que es divino, miran no
según su validad, mas según sus pasiones y propios
intereses. Y cuanto á la promesa tan grande y dul-
ce como estos caballeros os hacen de los Eeynos de
Castilla, con poco trabaxo y mucha gloria, ocúrre-
me un dicho de San Anselmo que dice: compuesta
es y muy afeitada la puerta que convida al peligro;
y por cierto , Señor, no puede ser mayor afeita-
miento ni compostura de la que estos vos presen-
tan. Pero yo hago mas cierto el peligro de esta em-
presa, que cierto el efecto de esta promesa : lo pri-
mero, porque no vemos aquí otros caballeros sino
estos solos, y estos no dan seguridad ninguna de
BU lealtad ; y caso que haya otros secretos que afir-
man aclararse, los tales no piensan tener firme como
deben, mas temporizar como suelen , para declinar
á la parte que la fortuna se mostrase mas favora-
ble. Lo segundo, porque dado que todos los mas de
los grandes, y de las ciudades y villas de Castilla,
como estos prometen, vengan luego á vuestro obe-
diencia, no es duda según la parentela que el Rey
tiene, que muchos caballeros y grandes señores y
ciudades y villas, se tengan por él y por la Reyna,
á los quales así mesmo los pueblos son muy aficio-
nados, porque saben ella ser hija cierta del Rey Don
Juan, y su marido hijo natural de la casa Real de
Cfistilla; y la Señora vuestra sobrina, hija incierta
del Rey Don Enrique, y que vos la tomáis por mu-
jer, de lo qual no pequeña estima se debe hacer,
porque la voz del pueblo es voz divina, y repugnar
lo divino es querer con flaca vista vencer los fuer-
tes rayos del sol. Eso mismo , porque vuestros sub-
ditos nunca bien se compadecieron con los castella-
nos, y entrado V. A. en Castilla con título de Rey
podría ser que las enemistadas y discordias que en-
tre ellos tienen, y de que estos hacen fundamento,
á vuestro reynar todas se saneasen contra vuestra
gente, por el odio que antiguamente entre ellos es.
Lo otro, por que en tiempo de división, así á vos de
vuestra parte, como al Rey y á la Reyna de la suya,
converná dar y prometer, rogar y sufrir á todos
porque no muden el partido que tuvieren, para se
juntar con la parte que mas largamente con ellos
se oviera. Así <iue, Señor, pasaríades vuestra vida
sufriendo , y dando y rogando ; que es oficio de
snbjecto, y no reynando y mandando, que es el fin
que vos deseáis y estos caballeros prometen. Tor-
nando agora, pues, á hablar en la justicia de la Se-
ñora vuestra sobrina, yo, muy alto Rey y Señor,
de esta justicia dos partes hago , una es esta que
vosotros los reyes y príncipes , y vuestros oficiales
por cosas probadas mandáis executar en vuestras
E DONA ISABEL. 58Í
tierras, y á esta conviene preceder prueba y decla-
ración , antes que la execucion , porque de otra ma-
nera, mal se cumpliría aquel común hablar de loa
letrados, que el Juez debe sentenciar conforme á
lo alegado y probado, y es injusta sentencia conde-
nar sin oír las partes, si no fuese en rebeldía. Otra
justicia es la que por juicio divino, por pecados á
nosotros ocultos vemos ejecutar , veces en las per-
sonas propias de los delincuentes y en sus bienes,
veces en los bienes de sus hijos y sucesores, así co-
mo hizo al Rey Roboan hijo del Rey Salomón, cuan-
do de doce partes de su reyno, luego reynando per-
dió las diez. No se lee , pues , Roboan haber cometido
público pecado hasta estonce por dó los debiese
perder ; y como juntase gente de su reyno para co-
brar lo que perdía, Semey, profeta de Dios, le dijo
de su parte : Está quedo, no pelees, no es la volun-
tad divina que cobres esto que pierdes ; y como
quiera que Dios, ni hace ni permite hacer cosa sin
causa, pero el profeta no gelo declaró , porque tan
honesto y comedido es nuestro Señor, que aun des-
pués de muerto el Rey Salomón, no le quiso deshon-
rar ni á su hijo avergonzar declarando los pecados
ocultos del padre, porque le plugo que el sucesor
perdiese estos bienes temporales que perdía. En la
Sacra Scriptura, y aun en otras historias auténticas,
hay de esto asaz exemplos ; mas porque no vamos á
cosas muy antiguas y peregrinas, este vuestro reyno
de Portugal, á la Reina Doña Beatriz, hija heredera
delRey Don Fernando y mujer del Rey Don Juan de
Castilla, pertenecía de derecho público ; pero plugo
al otro juicio de Dios oculto , darlo al Rey vuestro
abuelo, aunque bastardo y profeso de la orden de
Cistel ; y porque este oculto juicio este Rey Don
Juan quiso repugnar, cayeron aquella multitud de
castellanos que en la de Aljubarrota sabemos, y es
notorio ser muertos. De derecho claro pertenecían
los Reynos de Castilla á los hijos del Rey Don Pe-
dro ; pero vemos que por virtud del juicio de Dioa
oculto, los poseen hoy los descendientes del Rey Don
Enrique su hermano, aunque bastardo. Y si quiere
V. A. exemplos modernos , ayer vimos el reyno de
Inglaterra que pertenecía al Príncipe hijo del rey
Don Enrique, y vemos hoy poseer pacífico al Rey
Eduarte, que mató al padre y al hijo. Y como quier
que vemos claros de cada día estos y semejantes
efectos, ni somos ni podemos ser acá jueces de sus
causas, en especial de los Reyes, cuyo juez es Dios
que los castiga, veces en sus personas y bienes, ve-
ces en la sucesión de los hijos según la medida de
sus yerros. San Agustín en el libro de la Ciudad de
Dios, dice : ¿ el juicio de Dios oculto puede ser iní-
quo ? no , que sabemos es muy excelente Rey y Se-
ñor. Si el Rey Don Enrique cometió en su vida algu-
nos graves pecados por dó tenga Dios deliberado eu
su juicio secreto disponer de sus Reynos en otra
manera de lo que la Señora vuestra sobrina espera,
y estos caballeros procuran, según hizo á Roboan y
á los otros que he declarado ya á vuestra Señoría.
De los pecados públicos se dice del, que en la admi-
nistración de la justicia ( que es aquella por dó loa
582
Beyes reynan) fué tan negligente que sus reynos
vinieron en total corrupción y tiranía ; de manera
que antes de muchos dias que falleciese, todo quasi
el poderío y autoridad real le era envanescido. Todo
esto considerado , querría saber quién es aquel de
sano entendimiento que no vea quan difícil le sea
esto que á V. A. hacen fácil, y esta guerra que di-
cen pequeña, quanto sea grande y la materia de ella
peligrosa, en la qual si algún juicio de Dios oculto
hay por dó V. A. repugnándolo oviese algún sinies-
tro, considerad bien, Señor, quán grande es el aven-
tura en que ponéis vuestro Estado real, y en quán-
ta obscuridad vuestra fama, que por lo grande de
Dios, por todo el mundo relumbra. Allende de esto,
de necesario ha do haber quemas , robos , muertes,
adulterios, rapiñas, destrucciones de pueblos y de
casas de oraciones, sacrilegios, el culto divino pro-
fanado, la religión apostatada, y otros muchos es-
tragos y roturas que de la guerra surten. También
vos converná sufrir y sostener robos y robadores, y
hombres criminosos sin castigo ninguno , y agra-
viar los ciudadanos y hombres pacíficos, que es ofi-
cio de tiranos y no de Key ; y vuestro reyno entre
tanto no será libre de estos infortunios, porque en
caso que los enemigos no le guerreasen , vos será
forzado con tributos grandes y continuos , y servi-
dumbres premiosas para la guerra necesarias, fati-
gásedes de manera que procurando una justicia co-
metiérades muchas injusticias. Allende de esto,
vuestra Real persona que por la gracia de Dios está
agora quieta , es necesario que se altere ; vuestra
conciencia sana, es por fuerza que se corrumpa ; el
temor que tienen vuestros subditos al vuestro man-
dato, es necesario que se afloje ; estáis quieto de
molestias, es cierto que habréis muchas ; estáis li-
bre de necesidades, metéis vuestra persona en tan-
tas y tales , que por fuerza os harán subdito de
aquellos ; que la libertad que agora tenéis os hace
Bey y Señor. Y porque conozco quanto cela vuestra
alta Señoría la limpieza de vuestra excelente fama,
quiero traer á vuestra memoria como ovistes envia-
do vuestra embaxada á demandar por mujer á la
Beyna ; también es notorio quantas veces en vida
del Rey Don Enrique vos fué ofrecida por mujer la
Señora vuestra sobrina, y no vos plugo de lo aceptar,
por que se decía vuestra conciencia real no se sa-
near bien del derecho de sucesión. Pues considerad
agora esta mudanza, sin preceder causa pública por-
que lo debáis hacer , quien no habrá razón de pen-
sar que halle agora derecha sucesora á vuestra so-
brina, no porque lo sea de derecho, mas porque la
Beyna que demandasteis por mujer contrajo antes
el matrimonio con el Rey su marido, que con vos
que la demandasteis, y habría lugar la sospe-
cha de cosas indebidas, contrarias y mucho á las
virtudes insignes que de vuestra persona Real , por
todo el mundo están divulgadas ; y soy maravilla-
do de los que hacen fundamento de este Reyno quo
vos dan, en la discordia de los caballeros y gentes
de él, como si fuese imposible la reconciliación en-
tre ellos, y conformarse contra vuestras gentes. Po-
CRÓNICAS DE LOS BEYES DB Vi<3ASTILLA.
demos dech ' Poy cierto, muy alto Señor, que el que
esto no ve es, ciego del entendimiento , y el que lo
ve y no lo dícx ' es desleal. Guardad, Señor, no sean
estos consejeros los que consejan, no según la recta
razón, mas según la voluntad del Príncipe ven in-
clinada ; y poitanv<^o> ™uy alto y poderoso Rey y
Señor, antes que ést».^ guerra se comience, se debe
mucho mirar la entradiv" » porque principiar guerra,
quien quiera ic puede ha.«er; salir de ella no, sino
como los casos de h forttmx' «e ofrecieren , los qua-
les son tan varios y pdigrosí», <1"® Estados Reales
y grandes no se les deben comet&í ' ^}^ grande y ma-
dura deliberación, y á cosas muy jv^stas y ciertas.»
CAPÍTULO XV (1).
Desque el Arzobispo de Toledo se declaró pOk" ^^
Bey de Portugal, muchos caballeros, criados suyos
fijosdalgo, fueron muy pesantes de ello y muy maV
contentos de él ; de los quales fueron López Váz-
quez, su fijo, é su hermano el Conde de Buendia, &
Gómez Manrique, é Hurtado de Luna, los quales
siempre mucho se lo estorbaron é contradixeron,
poniéndole delante la vergüenza, é los muchos da-
ños é inconvenientes que de aquel trasmudarse con-
vernian, é diciéndole como quería contradecir lo
que siempre había afirmado estos Reynos justamen-
te ser de la Reyna, é venirle por justo título, é se
los ayudó á dar é entregar este dia que la alzaroa
por Reyna , é eso mesmo les otorgó é dio su voz d&,
ello al Rey Don Fernando su marido cuando fué ea
lo alzar por Rey de ellos, de que en él, é ellos espe-
raban muchas mercedes ; é ni con esto, ni con otras;
muchas razones ni afrentas que le presentaron,,
nunca lo pudieron volver de sus intereses é mal pro-
pósito. E desque esto vieron los caballeros susodi-
chos, siguiendo la lealtad que á su Rey debían, é la
nobleza de donde venian, se despidieron del é de su
servicio, é se pusieron con el Bey Don Fernando é
con la Beyna Doña Isabel á venir , é siguiendo su,
servicio de allí en adelante. E ansi como estos nobles;
caballeros había en casa del Arzobispo que le acon-
sejaban bien , había otros á quien él daba su crédito
que le aconsejaban mal en la contra de estos otros
con dañadas autoridades, así como eran Alarcon, al-
quimista mayor su mayordomo é privado, é sus se-
quaces , al qual dicho Alarcon, después de hecha la
guerra, el Bey Don Fernando permanente victorioso
fizo degollar en Toledo en Zocodover, é lo degolla-
ron sobre una espuerta de paja tendida por mas bal-
don según su gran merecimiento, ca se halló ser
muy traidor al Bey, é á la Beyna muy contrario.
CAPÍTULO XVI.
Como el Rey Don Alonso de Portugal determinó entrar en Castilla.
Muchas embaxadas fueron y vinieron de los ca-
balleros de Castilla de la liga de la Señora Doña
(1) Falta el epígrafe de este capitulo en los manuscritos quehe^
mos tenido á la vista y en las ediciones de Granada y Sevilla.
DON FERNANDO
Juana, particulares y generales, al Rey Don Alonso
de Portugal, convidándole con ella para casar, é
con Castilla para reynar, afirmándole venir los Rey-
nos por subcesion del Rey Don Enrique su padre.
É el Rey Don Alonso, resistido todo buen consejo,
é todo buen pensamiento precediente del Espíritu
Santo, encendido en el pecado de la cobdicia, ovo
de aceptar el partido , de lo qual mucho pesó á los
caballeros de su reyno que deseaban su servicio é
BU honra, porque sabian el caso no ser á él conve-
nien-.e aceptarlo ; los quales mucho se lo estorbaron
é puáeron delante mirase en quánto trabajo é iu-
eonveiientes é peligro quería poner su persona é
Reync , en aceptar de entrar en Castilla á reynar,
para la haber de conquistar por armas ; é nunca le
pudieron hacer mudar el concebido propósito. Pues
de la parte del Rey é de la Reyna , no creáis que
quedó de le molestar, y rogar y requerir de parte de
DioÉ que no entrase en Castilla, ni creyese el conse-
jo de los que se la prometían , haciéndole saber el
taso muy por estenso, desde el comienzo hasta el ñn,
le cómo la Señora su sobrina nótenla aquella justi-
cia que le decian á los Reynos, lo qual él bien sabia,
é siempre resistió el consejo de los embaxadores del
Rey é de la Reyna. É de un cabo molestado, reque-
rido é rogado en Castilla ; é del otro comunicado é
llamado á ella ; de un cabo ciego de la gran cobdi-
cia ; de otro muy turbado de los inconvenientes y
peligros que delante le presentaban que le podrían
venir, no sabia de sí que hacer, é deliberó de enviar
cartas y presentes á la mayor parte de los caballe-
ros de Castilla que no estaban en su liga , é prosi-
guió esto presentándoles el título como él quería
casar con la hija del Rey Don Enrique, cuya era
Castilla , que lo oviesen por bien , é lo recibiesen , é
les faria muchas mercedes ; é envióles á cada uno,
Begun quien era , muchos cruzados de oro, é muchas
tazas é piezas de plata labrada , pensando que los
que recibiesen no le faltarían, é ellos, asi los de
Castilla como los de Andalucía, ó la mayor parte
de ellos, recibieron lo que les envió, con intención
algunos de le servir, otros de estar á viva quien
vence , y en tanto no le ofender. Otros con inten-
ción de le dar guerra con su mesmo dinero, ansi
como fizo el Duque de Alba Don García, que era ca-
sado con tia, hermana de la madre del Rey Don Fer-
nando ; y ovo el Rey Don Alonso de Portugal tal
atrevimiento, que le envió gran suma de cruzados,
no mirando lo que mirar debia, que de tal pariente
antes se debiera mucho de guardar , y este recibió
con que después le hizo la guerra, y este publicó la
embazada en tiempo debido , y la intención , é lo
mostró por obra é así ficieron otros. E de ellos le
enviaron sus cartas firmadas, é de ellos su palabra
en la qual el Rey Don Alonso gastó muy gran suma
de oro, é desque entendió que tenia á su sf^rvicio la "
mayor parte de Castilla, aceptó el casamiento, é
deliberó en venir en ella á reynar si pudiese. É fué
concertado entre él é los caballeros que lo metieron,
en tiempo y lugar, é dónde é cómo se oviese de ce-
lebrar el matrimonio.
É DOÑA ISABEL.
583
CAPÍTULO XVII.
La entrada del Rey Don Alonso de Portugal en Castilla.
El primer año del reynado del Rey Don Fernando
y de la Reyna Doña Isabel su mujer, en el quinto
año del pontificado del Papa Sixto IV en el mes de
Mayo del año del nacimiento de nuestro Salvador
Jesuchristo de 1475 años, entró en Castilla el Rey
Don Alonso de Portugal en título de Rey de ella,
con tres mil é quinientos de á caballo, é muchísima
gente de pié de guerra, é vino á Plasencia donde le
aguardaban los caballeros de Castilla que le metían
con la Señora Doña Juana su sobrina, Reyna que de-
cian de Castilla , para celebrar el matrimonio con
ella y allí le ficieron muy honrado recibimiento; é fi-
cieron un cadahalso muy alto émuy ricamente ador-
nado donde todos los de la ciudad le podian ver. É
á 25 días de Mayo, día de la fiesta del Corpus Chris-
ti. Jueves, subieron allí al dicho Rey, y á la dicha
Señora Doña Juana su sobrina, é á vista de todos los
desposó un Obispo, é luego allí los alzaron por Rey-
na é Rey de Castilla é León , con todos los otros tí-
tulos de Castilla ; é dijeron: Castilla, Castilla, por el
Rey Don Alonso , é por la Reyna Doña Juana su
mujer, tocando muchas bastardas é instrumen-
tos de música é atabales. Desde este dia comen-
zó de arder Castilla otra vez , como quando en vida
del Rey Don Enrique alzaron por Rey á su herma-
no Don Alonso : quidquid agat omnes, intentio indicat
omnes : la intención de aquellos señores que lo me-
tieron , Dios lo supo si fué por la lealtad que debían,
6 si fué por asegurar lo que tenían de la Corona Real,
porque el Rey Don Fernando no les quiso confir-
mar ; ca ellos eran en aquel tiempo los mas grandes
é mas poderosos de toda Castilla, é el Duque de Aré-
valo , Conde de Béjar, Señor de Plasencia Don Al-
varo de Stúñiga, puesto caso que era ya muy viejo,
tenia á Arévalo y su tierra , y tenia á Burgos, é el
Maestradgo de Alcántara, é poco menos toda la tier-
ra de Estremadura, é todas sus tierras é Señoríos , é
otras cosas harto bien pacificadas ó á su servicio é
mandar; é no es dubda estar el mayor de los caba-
lleros de Castilla con lo susodicho , é con sus hijos
y parientes; é el Arzobispo de Toledo, Don Alonso
Carrillo que era el mayor prelado de España, que es
la segunda casa de renta de Castilla, tenia muchas
tierras, ciudades, é villas , é castillos suyos y de la
corona real ; é el Marqués de Villena , á quien habia
quedado en guárdala Señora Doña Juana, tenia á
BU mandar mas villas é castillos que ningún grande
de todo el Reyno, ó no habia otro mayor que él , é
se intitulaba estonce Maestre de Santiago é Duque
de Truxillo ; é el Maestre de Alcántara, que era muy
gran Señor, é el Duque de Ureña su hermano eso
mesmo ; é de estos pendía la mayor parte de Casti-
lla ; é ovo otros muchos que aclamaron antes que el
Rey Don Alonso llegase. Asimesmo Alonso Carrillo,
Señor deMaquedaé Castañeda, Señor del Portillejo
é de las Calañas é Pareja , Adelantado de Galicia,
Juan de Ulloa , Alcayde de Toro é Mariscal de Za-
684
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
mora, el Conde de Valencia, é otros muchos, de-
jando los que estaban de callada, con los que le fa-
cían muy gran parcialidad al Rey Don Alonso ; é él
pensó que con ellos sojuzgaría á Castilla. E como
nuestro Señor sabe las intenciones é aficciones de
cada uno de los hombres, permite que cada uno sea
sojuzgado según su intención; el que mala intención
tiene , que sea juzgado para pena de tormento ; el
que buena, que sea juzgado para ver gloria; é sobre
todo él es justo juez y juzga derecho , é á él es á
dar los reynos á cuyos son , é le place de los dar ; el
qual no judició según el querer de estos poderosos
caballeros é de este Rey, ni según sus intenciones
donde pareció no ser buenas, ni les proveyó cosa
alguna de lo que deseaban, según adelante se dirá.
CAPÍTULO XVIII.
Prosigue lo que hizo el Rey Don Alonso de Portugal en Castilla.
Movió el Rey Don Alonso su hueste, é partió de
Plasencia, é fué la vía de tierra de Campos, requi-
riendo á'los Alcaydes, le entregasen las villas é cas-
tillos por do iba; é de ellos decían : andad. Señor,
adelante, que esto es todo vuestro, é de ellos, se las
daban, y otros se le defendían; y siguió su vía has-
ta la ciudad de Toro, é Zamora , é llegado, luego se
le entregaron, que estaban por él , y asentó su esta-
da por allí algún tiempo, que tenía mucha parte de
villas é castillos por cerca de aquella ribera de Due-
ro, é allí llegó muy gran gente para si necesario le
fuese haber batalla.
En este tiempo el Rey Don Fernando allegó muy
grande hueste de gente en el mes de Julio del di-
cho año de 1475. É estando el Rey Don Alonso en
Toro, le puso el real á una legua de Toro en una al-
dea llamada Temules; donde juntó mas de treinta
mil hombres, en que decían haber mas de diez mil
de á caballo, é la gente de á pié eran de ellos muy
gran parte Vizcaínos, y Asturianos, y Montañeses
que en demasiada manera amaban á el Rey Don
Fernando, allí se juntaron con los Grandes de Cas-
tilla que tenían de su parte al Duque de Nájera , el
Duque de Alba Don García, el Conde de Haro, el
viejo, Condestable de Castilla, el Almirante de Cas-
tilli, é su hermano ; el Adelantado de Andalucía, el
Duque del Infantado , Marqués de Santíllana, Don
Alonso de Aragón, hermano bastardo del Rey Don
Fernando, Maestre de Calatrava que estonce se lla-
maba Duque de Villahermosa , que era muy esfor-
zado caballero é de muy gran consejo para la guer-
ra, el primero que metió robadequines en Castilla ;
la gente del Marqués de Astorga, que tenia en ad-
ministración Don Luis Osorio, Capitán que después
fué, é guarda de Alhama, é después Obispo de
Jaén , que era tutor del Marqués de Astorga que
era niño ; é el Obispo de Sigüenza , Don Pero Gon-
zález de Mendoza, que fué después Arzobispo de
Sevilla, é después Arzobispo de Toledo é Cardenal
de España, é otros muchos. E allí estando un día en
el consejo, en una iglesia del dicho lugar Temules,
el Rey y los caballeros muy gran pieza del día, salió
sonido por el real entre la gente de á pié, que \o¿
caballeros querían prender al Rey, é allegáronse los
Vizcaínos y Montañeses, y otros muchos con ellos
todos armados, á pié é alborotados , é fueron á la
puerta de la iglesia del consejo á voces ; dad acá á
á nuestro Rey , dad acá á nuestro Rey ; é fué muy
gran turbación en el real, y el Rey salió á la puerta
de la iglesia para que le viesen , diciendo : heme
aquí, hermanos, no temáis que ninguno me hay» de
hacer traycion , que todos estos caballeros son mis
parientes y leales vasallos , y otras muchas coses por
los apaciguar, é nunca con ellos pudo hasta que lo
sacaron de la iglesia, y lo llevaron consigo á si real
E después de haber estado allí el real algunos diae.
visto que el Rey Don Alonso no quiso salir á pilean
ó no osó , y que el cerco para no estar sobre él en
muy peligroso é muy gastoso, el Rey Don Feraan'
do dejó sus guarniciones bien ordenadas é biea re-
partidas á donde convenia, é volvióse á Medina, dé.
Campo, y dende fué luego á poner cerco sobre Biír-
gos que estaba de la parte del Rey de Portugal per
el Duque de Arévalo, é dióse luego la ciudad, y tú-
vose la fortaleza cerca de nueve meses, estando po?
Alcayde de ella Don Juan Sarmiento, hermano de
Obispo de Burgos Don Luís de Acuña.
CAPÍTULO XIX.
Prosiguen los sucesos del Rey Don Alonso de Portugal
en Castilla.
Supo el Rey Don Alonso estando en Toro , cómo
el Rey Don Fernando había puesto el cerco á Bur-
gos, é partió de Toro con toda su hueste para ir en
socorro, é fué por Arévalo é estuvo allí algunos dias|
y de allí salieron un día el Conde de Pharo é Don
Alvaro su hermano , portugueses , con cierta gente
de caballos, é ovieron batalla con el Conde de C¡-
f uentes con el qual se encontraron, que era la par-
te del Rey Don Fernando, é pelearon, é fué desba-
ratado el Conde de Cífuentes é su gente , é los por-
tugueses volvieron á Arévalo con victoria, é des-
pués de esto partió el Rey Don Alonso de Arévalo,
é con él el Marqués de Víllena , Maestre de Santia-
go é Duque de Trujillo, que todos llamaban , é el Ar-
zobispo de Toledo, é otros muchos caballeros para
ir á Peñafiel, é supo que el Conde de Benavente Don
Pedro Pímentel estaba en una villa suya que lla-
maban Saltanas, que es llana y estaba toda barrea-
da de tapias para según el tiempo; é fué sobre él, é
cercóle la villa , é combatióla , é tomóla ; é entró«6
por la parte que el Marqués de Víllena combatía , ó
prendieron al Conde de Benavente , el qual salió á
pié fuera de la villa á besar la mano al Rey, é se !a
dio, é el Rey durmió allí aquella noche ; é otro día
llevó consigo al Conde preso, el qual le dio en rehe-
nes por sí por ser suelto, tres ó quatro villas, é á su
hijo Don Luís ; é las villas fueron Portillo, é VíUal-
va, é Mayorga ; é el Rey fué de allí á Peñafiel que
es del Conde de Urefia, que estaba por él ; y no osó
dende pasar á socorrer á Burgos, porque supo de
los grandes favores y grandes gentes que se allega-
DON FERNANDO
ban y recibian á el Rey Don Fernando, y volvióse á
Arévalo, y dende á Toro y Zamora, y por allí, ribera
de Duero hacia su estado, y hacia Cantalapiedra que
estaba por él, é quitó á García de Malo que la tenia,
y puso por Alcayde á Alonso Pérez de Vivero, fijo ,
ó nieto del Contador que mató 1 1 Maestre Don Al-
varo de Luna ; y á este la tomó después el Rey Don
Fernando. De la prisión del Conde de Benavente , é
rehenes que en el dicho viaje acaecieron , muy gran
sospecha se causó y publicó diciendo que era todo
hechizo, y que el Conde como era muy sagaz y dis-
creto, conoció el tiempo, y quiso mañosamente con-
tentar á ambas partes, de lo qual después se le si-
guió mucho provecho ; lo interior de su intención él
lo supo.
CAPÍTULO XX.
De Burgos.
Tuvo el Rey Don Fernando cercado el castillo de
Burgos ocho ó nueve meses, «n que le dieron muchos
y muy grandes combates de lombardas , é tiros de
pólvora , é quartagos é ingenios, é ponían en el cer-
co muy gran recabdo, é algunas veces quando pen-
saban los cercadores que en mas estrecho ^tenían á
los cercados, les mostraban de dentro perdices, na-
ranjas y otras cosas. En fin en tanto estrecho les
pusieron , que se ovieron de dar á merced del Rey
con algunos partidos en que el Rey los tomó, y man-
dó ahorcar muchos é degollar otros , en que luego
ahorcaron é degallaron veinte y nueve hombres , é
después otros muchos; é esto fué en tiempo de ocho
6 nueve meses que duró el cerco ; é se vino á tomar
el año de 1476 en el mea de Febrero. En este tiem-
po no cesaban guerras, robos , rapiñas , muertes,
peleas entre caballeros, fuerzas en los pueblos ó en
los campos, é injusticia, é sacrilegios de poca hon-
ra, que cataban á las iglesias y clerecía por toda
Castilla. Ca ardía su fuego entre las parcialidades ,
é entre muchos ladrones cosarios que andaban con
la voltoria del tiempo, é no hacían sino robar, nom-
brándose de la parte que se les antojaba , ó según
vían el tiempo ó el lugar en que se hallaban, é vian
que les convenia donde no eran conoscídos. E asi
mismo todas las fronteras de Portugal ardían en vi-
vas llamas de robos , y hurtos y cautiverios que los
castellanos de la parte del Rey Don Fernando é
otros muchos ladrones hacían en tanto grado, que
de las camas los sacaban de noche de los lugares, y
los traían cautivos á Castilla, á ellos é á sus fijos, é
haciendas, é ganados ; de ^onde procedió despoblar-
se muchos lugares de la frontera entre Portugal y
Castilla, también de Castilla como de Portugal, y se
tuian, é metían los Reynos adentro.
CAPÍTULO XXI.
De Castronufio y Cantalapiedra.
De Castronufio y Cantalapiedra, que fueron dos
fortalezas muy proveídas de ladrones é malos hom-
bres, é do hombres que habían gana de ganar, ro-
É m^A ISABEL. 585
bando é faciendo la guerra, fué de donde mas daños
se recibieron en Castilla, en las tierras reales de
parte del Rey Don Fernando. Castronufio era muy
fuerte fortaleza ribera de Duero, y era del Prior do
San Juan llamado Valenzuela, que era criado y muy
servidor del Rey Don Enrique; y en el tiempo de
sus guerras y trabajos que ovo cuando alzaron por
Rey al Rey Don Alonso su hermano en Castilla, la
tomó é se alzó con ella por el Rey Don Alonso un
ladrón mal hombre llamado Pedro de Mendaño, fijo
de un hombre zurrador, vecino dePardínas, aldea
del Obispado de Salamanca, que fué muy valiente
en su oficio de robar, y matar y hacer la guerra,
uno de los que el tiempo de las guerras crió; el qual
triunfó tanto y creció desde allí, que todas las tier-
ras de las comarcas le tenían é habían miedo en
damasiada manera. É desque falleció el Rey Don
Alonso, nunca ovo disposición de tiempo para le
sacar de allí ; é al tiempo que falleció el Rey Don
Enrique quedó el criado gusano inficionado, grueso
y poderoso verdugo para aquella tierra, que allega-
ba cada vez que quería quinientos é seiscientos de
á caballo, é peones quantos quería, con que sojuz-
gaba á Medina del Campo, á Valladolid, é á Toro, ó
á Zamora, é á Salamanca é á todas sus tien-as é lu-
gares, que nunca le faltaron en aquellos tiempos
otros de su condición ; é algunos caballeros de los
grandes, lo habían en dicha tenerlo por amigo, é
otros lo querían mal é les pesaba de tan gran subida
como había subido, por ser de tan baxa suerte, é
por haber rapiñado ; é por la disposición del tiempo
no se curaban de poner con él en armas ; é algunos
pueblos, é personas particulares é muchas, se le
ofrecían con servicios porque no les robase é ficíeso
mal. É el Duque de Alba Don García que estonces
era, se puso un tiempo á lo castigar, é con la mala
disposición del tiempo de guerras ó vueltas no pudo,
ca lo halló mucho poderoso para estonce; ca él tenía
siete fortalezas muy cerca unas de otras en ribera
de Duero; ca él tenía á Castronufio, é á Navares, ó
á Cubillos, é á Iglesias é otra fortaleza en la ribera;
é tenía á San Cristóbal, é á Rabe, é tenía en todas ó
en cada una de ellas su Alcayde, todos rufianes é
ladrones, é muy malos hombres. Estas siete acoxi-
das tenía el Alcayde de Castronufio, é aun otras de
tierras de sus amigos, de donde salía á hacer mil
saltos é robos en todas aquellas comarcas; é al tiem-
po que falleció el Rey Don Enrique é comenzaron
de reynar el Rey y la Reyna, no siguió su partido
porque no le confirmaron é dieron lo que tenía hur-
tado é robado, como hicieran otros que siguieran su
partido, si les dieran lo de la corona real que tenían
robado é por fuerza.
Mas como aquellos que entran á reynar, é sojuz-
gar, é cobrar lo perdido como reyes de la tierra, é
no á ser sujetos de nadie, é entraban á ser temidos
y no á temer, no quisieron dar por precio de suje-
ción lo que era suyo, ni sojuzgarse á nadie, como
hizo el Rey Don Alonso de Portugal, que porque
fuesen con él les confirmó é mandó lo que tenian, é
mas que no tenian, y por esto este Alcayde de Cas-
586
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
tronufio siguió la via y parcialidad del Rey de Por-
tugal.
En Cantalapiedra ovo dos Alcaydes en aquel
tiempo : el primero fué García de Meló que quitó el
Rey de Portugal quando por allí fué, é puso á Alón"
Bo Pérez de Viveros ; é los capitanes que de allí fa-
cían la guerra á el Rey Don Fernando eran Chris-
tóbal Bermudez, é Juan de Tobar, Señor de Cívico
é de la Torre, caballeros de Castilla, los quales ha-
cían asaz daños, y á las veces los recibían, y á las
veces algunos. Y después algunos de ellos fueron
degollados por mandado del Rey Don Fernando,
que fueron piesos en una batalla; é como quiera
que acaeciese en aquel tiempo siempre avian vic-
toria, é llevaban ventaja los del Rey Don Fernan-
do sobre sus contrarios.
CAPÍTULO XXII.
De como se ganó á Zamora.
Zamora se tomó en esta manera. Era Alcayde de
la puerta un ciudadano llamado Valdés, y estando
en propósito de dar entrada al Rey Don Fernando,
el Rey Don Alonso supo alguna cosa de ello y en-
vióle á llamar y vino á la ciudad, y díxole lo que
de él le habían dicho ; y él mostró de aquello senti-
miento, y pidió por merced al Rey que quisiese
tomar las llaves de la puente, y el Rey confiado se
las dejó y no trató por estonce de mas ; y este Val-
dés fizo un baluarte luego detrás de las puertas de
la torre de la puente, y el Rey le volvió enviar á
llamar aquella noche, y dijo que no era hora, y tor-
nóle á enviar á llamar, y dijo estonce : á fuera, á
fuera, Femando, Fernando; y el Rey le mandó dar
muy gran combate aquella noche y poner fuego á
las puertas, donde le mataron los de la torre mucha
gente de la mas honrada que allí traia, en que des-
pués de quemadas las puertas vieron el baluarte, é
vieron que era imposible tomárselas, é dexaron el
combate ; é desto el Rey Don Alonso fué muy tris-
te, é temió estar en la ciudad, y otro día partióse para
Toro, y dexó muy buen recaudo en la fortaleza ; y
estonce Valdés y Pedro Mazarego, otro caballero
de la ciudad, enviaron por socorro á las guarnicio-
nes é valias del Rey é de la Reyna mas cercanas, é
una noche metieron en la ciudad tanta quanta gen-
te quisieron, que nunca fué sentida, é tomaron la
ciudad, la qual estaba de buena gana de se dar al
Rey Don Femando; é allí robaron é despojaron á
todos los portugueses que pudieron, y todos los de
la valia del Rey Don Alonso fueron á la fortaleza
por donde pudieron. Luego pusieron cerco á la for-
taleza las guarniciones del Rey y de la Reyna ; é
Valdés é Pedro Mazarego que ficieron este concier-
to, escribieron al Rey y á la Reyna lo que era fe-
cho, é que no tardasen de les venir á socorrer.
CAPIffüLO XXITÍ.
Del desbarato y rompimiento del Rey Don Alonso de Portugal.
El Rey Don Alonso, desque supo que la gente del
Rey Don Fernando estaba en la ciudad, vino luego
desde Toro con gran gente, y con el Príncipe de
Portugal Don Juan su hijo, que Rey de Portugal
se llamaba, y el Duque de Guimarans, y el Condes-
table su hermano, y otros muchos caballeros portu-
gueses, y el Arzobispo de Toledo, y Alonso Carrillo
Señor de Maqueda su sobrino, y otros muchos ca-
balleros castellanos, é asentó su real sobre Zamora,
de cabo del rio, en manera que el rio Duero estaba
en medio del real y de la ciudad; y de allí lombar-
deó las torres de la puente ; estuvo allí con fasta
tres mil é quinientos de á caballo é mas; é con fas-
ta cinco mil peones quince días. En tanto vino el
Rey Don Fernando, é entró en Zamora con la gente
que pudo, é cercó mejor la fortaleza, é ansí estaban
ambos reales el rio en medio. É desque el Rey Don
Alonso vido que no podía socorrer la fortaleza de
Zamora, ni facer cosa en su honra, levantó su real
é fuese orilla del rio arriba la via de Toro, é echó
el fardaje é el peonaje; é el Príncipe su hijo é los
otros caballeros, ordenaron sus batallas atrás, é co-
menzaron el viaje con fasta tres mil é quinientos
de á caballo poco más ó menos que allí tenían.
Otros decían que alzó el real por temor, que supo
que venían grandes gentes en socorro del Rey Don
Fernando. Y como el Rey Don Fernando sintió que
se querían ir, mandó prestamente alistar toda la
gente que allí tenía, y fizo muy aina con mucha
madera adobar lo quebrado de la puente, é pasó en
pos del Rey Don Alonso fasta dos mil é quinientos
de á caballo é cinco mil peones, poco mas ó menos,
é ordenadas sus batallas, llevando la delantera Don
García de Toledo Duque de Alba con una gruesa
batalla de caballeros, con dos capitanes caballeros
sus parientes, casados con dos sobrinas suyas, el uno
era Don Alonso de Fonseca, Señor de Alahejos é
Coca, y el otro Pedro Dávila, Señor de Villaf ranea
é las Navas. Siguió el Rey Don Alonso orilla del
Duero arriba camino de Toro, é alcazáronlo á doa
leguas de Toro é tres de Zamora, é aquí era muy
tarde ; y el Rey Don Alonso é sus batallas, desque
vieron la gente é que no se pedia escusar la batalla,
ordenadas sus haces, se vinieron á encontrar con
las batallas del Rey Don Fernando ; y el Duque de
Alba rompió por medio con su gruesa batalla, é des-
barató mucha gente y derribó de los contrarios ; y
estonce los reyes ambos rompieron con sus batallas
é pelearon muy fuertemente de ambas partes, y al
fin el Rey Don Alonso fué vencido é desbaratado,
é mucha de su gente muerta é ahogada en el rio. E
su fijo el Príncipe de Portugal quedó con una grue-
sa batalla de caballeros á una parte encima de un
cabezo, que nunca osó romper, donde cogió muchos
de los que iban desbaratados de la pelea; é el Rey
Don Alonso escapó de la batalla huyendo con ocho
de á caballo, é fué esa noche á aportar á Castronu-
DON FEBNANDO
fio que estaba por él, donde le acogieron. Esta ba-
talla se comenzó muy tarde y llovía, y peleando le
cerró la noche, que si de dia fuera, muy mayor daño
hubiera de muertes de gentes. Murieron en el rio
ahogados muchos del Rey Don Alonso, que los atro-
pellaron las batallas del Rey Don Fernando é facían
caer dentro, é otros por huir ; é como era orilla del
río no se podía escusar ; y entre pelea y ahogados
en el rio, á lo que se pudo saber, murieron mil é
doscientos hombres de la parte del Rey Don Alon-
so, pocos mas ó menos, en que ovieron gran despo-
jo é presa el Rey Don Fernando é los suyos, de ca-
ballos, é armas, é prisioneros, é oro, plata, é ropa y
otras muchas cosas. Fué muerto en esta batalla el
Alférez del Rey Don Alonso, é desarmado é tomado
ti pendón real, el qual con el arnés del dicho Alfé-
rez, é con otras muchas banderas que allí se toma-
ron, fué traído á Toledo é puesto en la capilla de
los Reyes donde está hasta hoy, é estará para me-
moria. Fué aquella noche preso el Conde de Alba
de Liste Don Enrique, hermano del Almirante vie-
jo que iba en la batalla del Rey Don Fernando, é
Bíguió el alcance fasta Toro, y allá lo prendieron,
y era hombre de mas de sesenta años, é después sa-
lió por rescate. E la gente del Rey Don Fernando
ovo muy poco daño de muertes de hombres. Esta
batalla fué primero dia de Marzo, primero viernes
de quaresma, año del nacimiento de Nuestro Salva-
dor Jesuchristo de 1476 años. Vencida la batalla,
vueltos del alcance los que le siguieron, la gente
del Rey Don Fernando, así peones como caballe-
ros, cojieron el campo é toda la presa que allí ©vie-
ron delante del Príncipe de Portugal, que no se
movió nunca aquella noche de encima de un cerro,
fasta que á la media noche el Rey Don Fernando
ee partió, cojida su jente con la presa á Zamora.
Estonce el Príncipe de Portugal se partió para Toro,
La Reyna Doña Isabel estaba en este medio tiempo
en Tordesillas, é lo supo en poco espacio. Así vol-
vió el Rey Don Fernando á Zamora con mucha
honra vencedor, é fizo qüenta que en aquella noche
Nuestro Señor le había dado á toda Castilla. En
esta batalla se falló con él Don Pedro González de
Mendoza, Obispo de Sigüenza, Arzobispo de Toledo
que después fué, é le sirvió mucho é peleó con el
roquete sobre el arnés. Fué este día de este venci-
miento dia de San Alvin Confesor, del qual se ha-
cia en Castilla fiesta menor de tres liciones, y el
Rey y la Reyna mandaron desde este dia honrar
BU fiesta é facer mayor de nueve liciones é segunda
dignidad, como se face hoy.
CAPÍTULO XXIV.
Victoria de los Vizcaínos contra los Franceses.
Cerca de este tiempo, reynando en Francia el Rey
Iiuis, tenía con el Rey Don Alonso, é por le van-
dear, envió gran gente de Francia franceses sobre
Fuenterrabía, é la tuvieron cercada, é hicíéronle
gran guerra por la tomar, para pasar por allí en
Castilla. E los vizcaínos se dieron á buen recaudo
É DOÑA ISABEL. 587
en muchas veces que pelearon defendiendo la vHla,
é siempre quedaban con honra ; é un dia hubieron
una muy gran pelea é batalla, é los franceses fue-
ron vencidos é desbaratados, é muchos de ellos
muertos é presos, é los vizcaínos fueron vencedo-
res. E después el Rey Don Fernando tomó la for-
taleza de Zamora, é después de la batalla habida
con el Rey Don Alonso de Portugal, fué á visitar á
Vizcaya donde fué recibido con muchas alegrías
que le amaban mucho, é estuvo allá favoreciendo
los vizcaínos é reformando la tierra algunos días.
E quedaron la Reyna é Don Alonso de Aragón her-
mano del Rey en tierra de Campos favoreciendo
su partido, é aliñando de poner cercos á los con-
trarios.
CAPÍTULO XXV.
Como el Rey Don Alonso se volvió i Portugal.
El Rey Don Alonso de Portugal desque se vido
vencido é gastado, é que no le habían acudido en
Castilla según pensó, é se vído con pocos dineros
é poco favor, é vido que en demasiada manera cre-
cía el favor del Rey Don Femando, é como le ha-
bía tomado á Burgos y á Zamora, é vido que de
grado se le daban muchas villas é lugares, conside-
ró no ser segura su estada en Castilla; é dejando
BUS Alcaydes é guarniciones se fué á Portugal, don-
de con mucha tristeza é lloro de los suyos fué reci-
bido él y el Príncipe Don Juan su hijo, quedando
el fuego de la guerra en Castilla encendido. E lue-
go como salió de Castilla, el Rey Don Fernando
puso el cerco á Toro é túvolo cercado fasta que
tomó la ciudad é fortaleza, la qual se tomó por par-
tido ocho meses después de la batalla, en el mes de
Noviembre del dicho año de 1476 años. En el qual
dicho cerco se dieron muchos combates ó ovo mu-
chas cosas de contar, especialmente se dio un gran
combate á la ciudad por mandado de la Reyna, en
que fueron en lo dar el Conde de Benavente, é el
Almirante, é el Obispo de Avila que después fué
Obispo de Cuenca, é Don Fadrique Manrique her-
mano del Conde de Paredes é otros. E diéronse á
tal recaudo los de la ciudad, é ficieron tanto daño
en los combatientes, que se ovo de dejar el comba-
te ; é dejado, proveyeron poner en el cerco buen
recaudo fasta que todo lo tomaron , como dicho es.
Y no penséis que solo este cerco en este tiempo
tenia el Rey Don Fernando, que tenia otros mu-
chos cercos sobre villas y castillos, que seria luen-
go de escribir, que tenia cercados á Castronuño, á
Cantalapiedra, Siete Iglesias, CubíUas é otros cas-
tillos que tenía el Alcayde de Castronuño, ó otros
caballeros.
CAPÍTULO XXVI.
Como se tomó la ciudad de Toro.
Por que fué gran llave el cerco de Toro para la
concordia de Castilla, quiero aclarar mejor cómo se
tomó. Debéis saber que dende á pocos días después
68?
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILlA.
de la batalla, ido el Rey Don Alonso á Portugal, el
Rey Don Fernando hizo poner guarnición é cerco á
la ciudad de Toro en esta manera. Puso guarnición
en San Román de Ornija, é á dos leguas de Toro, é
en Villar, é en Bezames, que son lugares de su co-
marca, que la corrían cada dia, é no osaba salir na-
die de ella. E escaláronla una noche, por el aviso
y consejo de un hombre llamado Bartolomé Pastor,
por la parte del rio; é abrieron la puerta de la
puente los escaladores por de dentro la gente de la
celada ; é un capitán de las guarniciones llamado
Espinosa tuvo la forma del concierto con el dicho
Bartolomé Pastor. E desque la gente comenzó de
entrar, entraron por la ciudad hasta la plaza; é
como fueron sentidos, los de la ciudad comenzaron
de pelear é trabajar por los votar fuera; y eso mes-
mo f acian los de la fortaleza, é nunca pudieron, é
la cüudad se hinchó de gente del Rey Don Fernan-
do, y estonce arrojáronse á la fortaleza los que pu-
dieron. Y el Conde de Marial va, portugués, que es-
taba por Capitán é Gobernador de aquella ciudad,
salió huyendo fuera, é fuese á meter en Villa Alon-
so, un lugar é fortaleza de Juan de üUoa; é la mu-
jer de Juan de üUoa, Alcayde de Toro, quedó en la
fortaleza de Toro con ochenta escuderos, é cercó
luego la gente del Rey Don Fernando la fortaleza,
é túvola treinta dias, y en cabo de este tiempo dio-
so á el Rey é á la Reyna á partido, estando la Rey-
na en el cerco.
CAPÍTULO XXVII.
De como el Rey Don Alonso faé á Francia á demandar socorro al
Rey Luis, é no se lo dio.
Pasados algunos pocos de dias, después que el
Rey Don Alonso salió de Castilla, como dicho es,
estando en Portugal, ordenó ir á demandar favor y
ayuda al Rey de Francia, quedando su Rey el fijo
el Príncipe Don Juan, alzado é titulado por Rey de
Portugal; y estuvo en Francia con el Rey Luis, el
qual no le acudió, ni dio favor según remaneció ; é
lo que aJlá entre ellos pasó, no se supo, y después
de haber estado allá algunos dias en Francia se
volvió á Portugal. Y después que salió de Castilla
en Portugal, pasó un año poco mas 6 menos, y el
Rey Don Juan su fijo, le volvió el reyno é titulo, y
ansí estuvieron ambos en el reyno como padre é fi-
jo, é la Reyna Doña Juana que de Castilla llevó,
que él intituló de Reyna para se casar con ella, á la
qual decían que nunca ovo aceso, é la fizo guardar
en Portugal hasta que él fué en este reyno según
adelante se dirá.
En todo este torno de tiempo, siempre había cruel
guerra en Castilla é Portugal , é las parcíaKdades;
é tenia el Rey Don Fernando diversos cercos pues-
tos á sus contrarios, é siempre los portugueses eran
vencidos las mas veces, é robados, é muertos, é des-
trozados ellos y los de sus valías. Ca los castella-
nos se iban á ellos como vencedores á vencidos,
é de favorecidos á desfavorecidos; é sacaban gran-
des cabalgadas de Portugal, é tanto que todas \&é
fronteras de Portugal eran yermas y despobladas,
CAPÍTULO XXVIII.
De la toma de Castronuño, é de como se dieron al Rey Don Fer-
nando muchas ciudades, villis y lugares, é pusieron debajo de
su obediencia á toda Castilla la Vieja el Rey y la Reyna, y los
contrarios le vinieron á demandar clemencia.
Castronuño fué la primera fortaleza que el Rey
Don Femando tomó en aquella tierra , é túvola cer-
cada el Rey Don Fernando desde el principio que
le comenzaron á cercar fasta que se tomó, once me-
ses; en que la combatieron con las lombardas fasta
que no habia que derribar; donde murieron muchos
hombres de los cercadores, y de los de dentro tam-
bién. Y en cabo de ocho meses de cerco puesto en
forma , que no salia uno ni entraba otro , se dieron
á partido los cercados y se fueron á Portugal ; y el
Rey Don Fernando, tomada la fortaleza, la fizo der-
ribar é asolar toda por el suelo. É antes de esto to-
mó á Cantalapiedra en dos meses de cerco, é á Siete
Iglesias , y Cubillas, y Rabe , y á San Christobal éá
las otras fortalezas que tenia el Alcayde de Castro-
nuño. É para que mejor podáis saber en que año
fué cada cosa , es así que el Rey Don Fernando to-
mó la fortaleza de Burgos año de 1476 en el mes de
Febrero ; en este mismo tiempo y año se le dio Za-
mora, é vino luego de Burgos á la favorecer, é vino
el Rey de Portugal desde Toro á cercarlo á él é á la
ciudad por el cavo del rio, y estuvo ende : y el pri-
mer dia de Marzo de dicho año de 1476 , se iba del
cerco, é aquel dia fué la batalla, y dende á pocos
dias se fué en Portugal , y luego se pusieron lag
guarniciones é cercos sobre otros muchos castillos,
ansí como Cantalapiedra, é Castronuño é otros. Em-
pero tomado Toro se pusieron en forma , y tomóse
Cantalapiedra y los otros, y quedó Castronuño, y
pusiéronle el cerco en forma , fasta que se tomóf
como dicho es, é vínose á tomar en el verano del
año de 1477 años.
Habidas estas victorias tantas por el Rey Don
Fernando é por la Reyna Doña feabel su mujer, lue-
go ovo muchas vueltas en los corazones de los hom-
bres , y gran esfuerzo en los de su parcialidad, muy
gran tristeza y desmayo en sus contraríos, élos que
de palabra se le habían ofrecido, de hecho lo venían
á servir, é los que esperaban á viva quien vence, im-
pedidos de los cruzados del Rey Don Alonso, con
todas sus fuerzas se le presentaban y servían. En
este medio tiempo se le dio Madrid que le teolan cer-
co, é se le dio Atienza, y se dio Villena con la ma-
yor parte dd marquesado, y otras muchas ciudades
é villas é lugares que tenían los caballeros de Casti-
lla, de ellos, de sus patrimonios é señoríos, é de eHos,
de la corona real. En este tiempo ordenaron é ficie-
ron Hermandades el Rey y la Reyna, en tal manera
que ficieron mucha gente de á caballo que les paga-
ban las Hermandades, é ficieron muchas lombardas,
mas de las que tenían é muchos tiros de pólvora, de
diversas maneras, é muchos robadequines. Visto
DON FERNANDO
por loB Graneles de Castilla que á la opinión con-
traria habían tenido , como Nuestro Señor punaba é
peleaba por estos Beyes y daba en sus manos tan-
tas victorias , cada uno procuraba y procuró de ve-
nir á decir : Tibi soli pecavi, Domine : y el Rey y la
Reyna los recibían é facian con ellos sus partidos, é
siempre usaron de mucha clemencia con todos los
caballeros que se la demandaron. El Arzobispo de
Toledo conoció su pecado y demandó clemencia , y
aunque el deservicio fué tan grande en les querer
destruir en tal tiempo , la clemencia de ellos fué
muy mayor, que todo se lo perdonaron , acordándo-
se de los servicios que en otros tiempos del recibi-
do hablan , él qual les entregó cuantas fortalezas te-
nia. E asentados los negocios de Castilla Vieja é de
León , é toda la tierra de allá puesta debajo de sus
Reales cetros, no sin infinitos trabajos de sus Reales
personas , ansí de las armas y exercicios de la guer-
ra, que tan bien ella como él usaban , como de la vi-
gilancia y trabajo de sus espíritus que continuamen-
te perdiendo el sueño hablan consejo por no errar é
por haber victoria de sus contrarios ; propusieron
pasar á los puertos é venir á tierra de Estremadura,
donde Truxillo, é Medellin, é Mérida, é otros luga-
res é castillos les estaban en contra. Truxillo estaba
por el Marqués de Villena, de donde Duque de Tru-
xillo se llamaba, y aun Maestre de Santiago ; y allí
vinieron el Rey y la Reyna, y estuvieron en el ve-
rano del año de 1477 algunos dias y tanto, fasta que
Truxillo se les dio á partido por mandado del Mar-
qués de Villena que la tenia ; y quedaron en contra
. Medellin , y Mérida é otras algunas fortalezas que es-
taban de la valía del Rey de Portugal, que aunque
fueron requeridos no se quisieron dar. De allí el
Rey y la Reyna por la sierra se vinieron para Sevi-
lla, y en este viaje y en la toma de Truxillo, se fizo
la conformidad entre el Rey y la Reyna y el Mar-
qués de Villena , y el Maestre de Calatrava Don Ro-
drigo Girón, y el Conde de Ureña su hermano , y la
casa de Estúñiga. Y el Rey y la Reyna los perdona-
ron y recibieron por suyos , á ellos, y á otros mu-
chos que hablan estado de sus valías, é les ficieron
mercedes; é desde allí les comenzaron de servir estos
dichos caballeros al Rey é ala Reyna, é triunfaban
mucho en su corte.
CAPÍTULO XXIX.
Como el Rey é la Reyna vinieron á Sevilla , é como fueron ende
recibidos, é como el Marqués de Cáliz vino una noche á besar-
les las manos.
Continuando su viaje el Rey y la Reyna para Se-
villa, la Reyna se adelantó, y el Rey quedó pacifi-
cando sus villas é lugares de las sierras de Cons-
tantina ; é la Reyna Doña Isabel entró en la ciudad
de Sevilla en veinte y nueve dias del mes de Julio'
del dicho año de mil quatrocientos y setenta y siete
años , donde le fué hecho muy alto recibimiento por
el Duque de Medina Don Enrique , que la tenia é
mandaba desde la muerte del Rey Don Enrique , é
por todos los otros caballeros, é veintiquatros, é ofi-
É DO^A ISABEL. 589
cíales de oficios reales de ella, é por la clerecía de
la ciudad. B dende á un mes poco mas ó menos, en-
tró el Rey Don Fernando, é le fué fecho otro tal re-
cibimiento. ¿Quién podrá decir aquí la grandeza de
la tan excelente corte que les siguió y tuvieron en
Sevilla, de caballeros y Prelados, Duques, Marque-
ses, Condes, Arzobispos, Obispos, Deanes, Abades
reglares y seglares. Comendadores y grandes seño-
res , así de estos Reynos, como de Aragón é Catalu-
ña , Navarra, Ñapóles, é Sicilia , é de otras muchas
tierras? El Duque de Medina Don Enrique que
mandaba á Sevilla é tenia las fuerzas de ella , luego
se las entregó como vinieron, especialmente á la
Reyna que entró primero , le dio las llaves de todo.
E estuvieron en Sevilla holgándose é habiendo mu-
cho placer el Rey é la Reyna , pacificando las cosas
del Andalucía fasta el mes de octubre. En este me-
dio tiempo el Marqués de Cáliz Don Rodrigo Ponce
de León, tenia á Xerez de la frontera é Alcalá de
Guadaira á su mandado é gobernación , alto é bajo,
é Constantina, desde el tiempo del Rey Don Enri-
que : así como tenia el Duque de Medina á Sevilla;
y el Mariscal Fernando Arias de Saavedra, veinti-
quatro de Sevilla , tenia la fortaleza de Utrera, y te-
nia á Zahara y á Tarifa ; y como Tarifa no era suya,
demandábasela el Almirante de Castilla, que estaba
enagenada desde el tiempo de la guerra del Rey
Don Juan con los Infantes , y por esto temió y fue-
se á Zahara, confiando que el Duque de Medina te-
nia algún medio con Sus Altezas en su partido, por-
que él vivia con el Marqués de Cáliz; y de estas co-
sas decían algunos que el Mariscal no debía ser solo
en rebelar así. Y el Duque de Medina y el Marqués
de Cáliz, aunque contrarios, siempre estuvieron de
la valía del Rey Don Femando y de la Reyna Doña
Isabel. Y el Marqués no entraba en Sevilla desde
la pelea del año de setenta y uno que salió fuera. Y
desque supo que el Rey Don Fernando entró en Se-
villa, luego tomó consigo algunos de los suyos , y
una noche con tres de á caballo dio al postigo del
Alcázar que sale al campo, y dijeron á el Rey é á la
Reyna como el Marqués de Cáliz estaba al postigo,
y que les venia á besar las manos, y mandáronle
abrir y entró por el dicho postigo , y hallólos ambos
solos , y besóles las manos, y abrazóronlo el Rey y
la Reyna , y recibiéronlo con mucho placer maravi-
llándose mucho de su venida, porque había sido así
y sin les de ella avisar ; y allí el Marqués les dio las
llaves de Xerez, Alcalá y Constantina , y les suplicó
las fuesen á tomar que él allí las tenia á su servicio,
y muy mas fornecidas, y fortalecidas, y fabricadas
las fortalezas , que no las había recibido. E de aquí
pusieron el Rey é la Reyna mucho amor cou el Mar-
qués por ver su tan noble liberalidad, lealtad y con-
fianza ; porque por dicho de algunas personas , nó
creían Sus Altezas, que tan franca y deliberada-
mente se ovieran ; é confirmáronle á Cáliz , é metié-
ronlo en su amistad , consejo y secretos, y diéronle
muchas gracias por el tan señalado servicio como
les facía, é ovieron allí mucho gozo y placer aque-
lla noche con él ; y el Marqués les demandó licencia,
690 CRÓNICAS DE LOS
y besándoles las manos, se despidió de ellos y se
volvió aquella noche á Alcalá. En este tiempo acom-
pafiaban la Corte el Cardenal de España Don Pedro
González de Mendoza, y otros muchos Obispos y
Prelados. Este Don Pedro González de Mendoza fué
Arzobispo de Sevilla, é Cardenal de España luego,
desde que comenzaron de reynar estos Rey é Rey-
na , ca estaba vacante la sede en Sevilla desde el fa-
llecimiento de Don Alfonso de Fonseca que fué Ar-
zobispo de Sevilla ; y el Almirante de Castilla ; y el
Condestable , y el Duque de Alba , el Comendador
mayor que fué de Segura é Fuentes, que se llama
la Encomienda mayor de León , Contador mayor
que fué de Castilla, Señor que después fué de
Maqueda , yerno que era del Almirante viejo, ca-
sado con Doña Teresa , hija bastarda de dicho Al-
mirante ; é Don Juan Chacón el viejo, Contador ma-
yor de Castilla , é su fijo el Adelantado mayor de
Murcia , é el Marqués de Moya , Comendador é Ma-
yordomo mayor, marido de la Señora de Bobadilla,
Marquesa de Moya, é sus ¡mujeres, é Rodrigo de
UUoa, Contador mayor de Castilla , y otros muchos
caballeros, é otras muchas é muy nobles dueñas é
grandes señoras, acompañaban la casa é corte del
Rey é de la Reyna en aquel tiempo en Sevilla. Esto
ho dicho de los de Castilla , dejando los del Anda-
lucía , que no menos le acompañaban é servian :
traian en su guarda muchos caballeros é guarnicio-
nes con sus capitanes bien ordenadamente, sin re-
prehensión de gente de guerra ; sus Alcaldes , Al-
guaciles, é Justicias tan concertadas], tan temidas,
tan executivas; tan espantosas á los malos, á los la-
drones, á los rufianes é á los mal vivientes , que por
puro temor, muchos fueron á Portugal, é otros á
tierra de moros , y allende se pasaban. Esto digo,
porque de Sevilla f uyeron muchos mal vivientes en
aquel tiempo, ca en ella habia muchos malos, ladro-
nes , matadores , rufianes , tahúres, robadores, here-
jes, é tan avejados de tiempo, ca eran conocidos
por quien eran , y con favores de los señores se sos-
tenían. De estos tales dispararon fuera de estos Rey-
nos, por temor de la justicia de Sus Altezas, que era
muy espantosa á los malos ; muchos ovo que non
pararon fasta tierra de moros, é allende de otros á
Portugal.
CAPÍTULO XXX.
Como el Rey é la Reyna fueron por el rio á la ciudad de Xerez, é
el Duque de Medina les fizo grandes fiestas en Sanlücar, é el
Marqués en Rota.
En el mes de Octubre del dicho año de 1477 fue-
ron el Rey y la Reyna á asentar en Xerez de la Fron-
tera', é fueron por el rio embarcados fasta Sanlúcar;
é las guarniciones de la guarda real , los mas de los
cortesanos fueron por Utrera é por los Palacios ; y
en Sanlúcar el Duque de Medina, les fizo gran reci-
bimiento, é convites , é gastó mucho con sua Alte-
zas en demasiada manera ; é dende fueron á Rota,
donde el Marqués de Cáliz dio otros muchos abun-
dantes convites, é de allí se partieron con mucho
REYES DE CASTILLA.
placer, é fueron á la ciudad de Xerez , donde les tí-
cieron muy honrado recibimiento , é les entregó el
Marqués la ciudad é fortaleza, y alto y bajo de ella,
la qual habia tenido y recojido á su cargo y gober-
nación desde el mes de Agosto del año 1471, que sa-
lió de Sevilla ; la qual fortaleza él fortaleció , y fa-
bricó mucho, según que agora está ; y Sus Altezas se
aposentaron en la fortaleza, é se apoderaron en lo
alto é bajo de todo, é estuvieron ende algunos días
é dieron vuelta é vinieron á Utrera ; é tomaron po-
sada en casa de Pedro Matheos, que fué de Espera,
que era Alcayde, un gran rico y muy honrado hom-
bre ; y aposentados, el Rey envió á decir al Alcay-
de de la fortaleza que se la diese ; el qa&l , y loa
que con él estaban se la denegaron, que estaban
puestos en mal propósito por mandado del Mariscal
con la intención de la defender por armas, y esta-
ban guarnecidos de muchas viandas y armas te-
miendo ser cercados. Y el Rey y la Reyna les tor-
naron á requerir que se les diesen su fortaleza, y
respondieron que no lo podían hacer sin mandado
del Señor que allí los habia dexado ; y desque el
Rey y la Reyna vieron su mal propósito , partiéron-
se para Sevilla y dexaron puesto cerco á Utrera,
Esto fué en fin de Noviembre del dicho año 77, é fue-
ron por Alcalá y entregósela el Marqués ; y se vino
é invernó, y reposaron en Sevilla el Rey é la Reyna
é su corte.
CAPÍTULO XXXI.
Como pusieron el cerco á la fortaleza de Utrera é de cuanto dura
el cerco, é como la tomaron por fuerza de armas.
Pusieron el cerco á la fortaleza de Utrera en loa
postreros dias de Noviembre de 1477 años. Habia
dentro quarenta ó cinqüenta escuderos bien adere-
zados y escogidos para la defender, y otros hombres
de pelea, é de servicio algunos. Había un fijo del
Mariscal , mozuelo de fasta catorce ó quince años
que les habia dexado en compañía como por pren«
da. Era el Alcayde déla fortaleza Alonso Tellez, aa
escudero que vivía con el Mariscal. Era Capitán nn
escudero llamado Juan de Guzman que tenia nn
ojo menos, el qual habia sido ya contra el Rey Don
Fernando; é lo habían lisiado en los cercos de Cas-
tilla é sacado por partido ; é púsose á vivir con el
Mariscal , solo para le defender aquella fortaleza^
ansí como hombre que sabia de la guerra. Tenia
grandes cavas, é baluartes é edificios la f ortaleía j é
palizadas ; é muchas armas é viandas, é todo lo quo
era menester. Los cercadores que allí el Rey puso,
fueron quatro capitanes, Biedma, é Sancho del Águi-
la, é Basco de Vivero, Don Gutierre de Cárdenas,
cabo, con fasta seiscientas lanzas 6 poco mas , é dos
mil peones , poco más ó menos ; é tuviéronla cer-
cada quatro meses, combatiéndola muchas veces , y
tirándole [con dos lombardas grandes é otros tiro»
medianos , fasta que le derribaron los adarves por
el suelo, y horadaron la torre mayor en que le que-
braron la escalera , que no podían subir arriba; y hi-
cieron muchas minas los de fuera, y estando «st
DON FEBNANDO É DONA ISABEL.
59Í
para dar combate, vino Juan de Robles, Alcayde de
Xerez, con la gente de Xerez é de Lebrixa, y un
dia comenzáronle á dar muy fuertes combates; dur6
gran pieza del dia, y en chico rato murieron mas
de cinqüenta hombres de los de una parte y de otra:
empero los de adentro mataban quantos querían de
los de fuera , é diéronse á tal recaudo que no les
pudieron entrar ; ca echaban en las cavas sobre la
lefia que les hablan puesto, é sobre los que entraban,
aceite hirviendo ; y viendo los que combatían que
no aprovechaba, é que moria la gente, cesaron el
combate, é Juan de Eobles se volvió á Xerez , y tú-
vose el cerco como primero. Y un dia fué una saeta
de fuera y acertó al capitán Juan de Guzman por
la cara , é por la cabeza, de que murió ; de lo qual
los de dentro recibieron mucho disfavor ; é proveyó
el Mariscal alguna gente de refresce, en que en una
noche entró un escudero de Sevilla llamado Esqui-
velfpor capitán, y defendiéronse hasta el dia de Cua-
simodo del año de 1478 , que vino el Marqués de
Cáliz de Arcos por allí, y decian que la venia á com-
batir. Y estando comiendo, los capitanes del cerco,
no atentos de su venida, mandaron por cada parte
arremeter, y los de dentro con la venida del Mar-
qués estaban un poco seguros, y estaba en Atalaya
un escudero llamado Morales, y como vido mover la
gente, descubrióse á los de afuera, y vino una ser-
pentina y llevóle la cabeza, y no hubo quien apelli-
dar ; y súbitamente por todas partes les entraron , y
aun los capitanes en la delantera, de forma que , an-
tes que el Marqués acabase de comer, todo era he-
cho; y allí prendieron al Alcayde, é á todos , é tomá-
ronles las armas é quanto estaba en la fortaleza. É
por mandado del Rey, de ellos degollaron, y de ellos
enf orearon , y á Esquivel y á otros llevaron á Sevi-
lla encarretados, é ficieron justicia de ellos, é los
ficieron quartos ; y el Marqués suplicó á Sus Altezas
por algunos de ellos que no eran tan culpados, que
primeramente hablan sido guiados del Mariscal, y
por su ruego escaparon once hombres en que fueron
de ellos el fijo del Mariscal ya dicho , que se decia
Pero Fernandez, y el Alcayde Alonso Tellez, y Juan
de Cebdad , que aunque vivia con el Mariscal , era
vasallo del Marqués , vecino de los Palacios , y el
Marqués los trujo consigo á este lugar de Palacios ,
é les dio de comer ; y ansí estos se escaparon por
ruegos del Marqués de Cáliz ; todos los otros murie-
ron mala muerte , degollados y enf oreados.
El Mariscal en este tiempo estaba en Zahara , y
en Ronda que era de moros, y por allá pasaba su vi-
da ; y sabiendo de él el Rey de Granada Muley Bau-
dilihacen, enviólo á llamar, y él fué allá por tierra
de moros con cinco de á caballo, y el Rey le fizo
honra, y fué á tiempo que el Rey f acia alarde , é
vido el alarde el Mariscal, y díxole el Rey que se
hallaba á la sazón con siete mil de caballo, é ochen-
ta mil ballesteros ; y díxole al Mariscal que le requi-
riese, y que él le mandaría ayudar en lo que oviese
menester; y despedido del Rey moro se vino á Zahara.
Y después de tomada Utrera, ovo caballeros que ro-
garon por él y entregó á Tarif a'el Mariscal, y el Rey
y la Reyna lo perdonaron é quedó con Zahara. É loa
padres é maridos é fijos de aquellos que allí murieron,
ansi en su favor, como en su contra, siempre le tu-
vieron odio y mal quista, y toda la villa de Utrera,
según los males y pérdidas é infames de mujeres,
con la gente de la guarnición se les recreció, á cau-
sa de rebelarse él al Rey, que tuvo la villa de Utre-
ra, con aquella gran gente de guarnición en mucha
fatiga con los posadores que continuamente tenían
dentro en sus casas , y habia continuamente mu-
chas veces sobre ello ruidos y muertes de hombres,
y por esto tenían muy mala voluntad al Mariscal ;
y aun demandaban á Dios peticiones sobre él ; ó
quiso su ventura que dende á pocos días estando
en el Xarafe, con su mujer, é fijos é criados, en una
torre , casa fuerte suya , una noche la torre se derri-
bó, y cayó sobre él y sobre toda su casa, é mató ca-
torce personas, é á él, é á su mujer; é á todos , que
no escapó uno ; decian que de un temblor de tierra
había quedado aquella torre estremecida.
Quedó Zahara al Mariscal su hijo , la qual dende
á pocos días la tomaron los moros hurtiblemente
una noche, é la perdió ; la qual después el Marqués
de Cáliz la ganó á los moros como diré en su lugar.
Así la fortuna lastima á los que siguen la pura afi-
ción, y no miran antes que comience la cosa lo que
dende podrá redundar según su calidad, y mas en
las cosas de la guerra, que de chica centella se le-
vanta gran fuego , y una muerte de un hombre no
se puede satisfacer con muchos dineros ; y un ánima
que no puede ser comprada por oro ni plata , si va
á el infierno no se puede rescatar, aunque den por
ella todos los tesoros del mundo. Pues por tantos
cuerpos y ánimas como allí perecieron en aquel
cerco contra el Rey, ¿ cómo se satisfarán ? Satisfá-
galo Nuestro Señor : por su gloriosa pasión redimió
á todos ; que él quiera perdonar á los unos y á loa
otros.
CAPÍTULO XXXIL
Del nacimiento é bautismo del Príncipe Don Juan.
En treinta días del mes de Junio del año susodi-
cho de mil quatro cientos setenta y ocho años, entre
las diez é once horas del dia parió la Reyna Doña
Isabel un hijo Príncipe heredero, dentro en el Alcá-
zar de Sevilla. Fueron presentes á su parto, por man-
dado del Rey, ciertos oficiales de la ciudad, los qua-
les fueron estos: Garci Tellez, é Alonso Pérez Mel-
garejo, é Ferrando de Ábrego , é por servicio Juan
de Pineda. Fué su partera con quien parió, una mu-
jer de la ciudad que se decia la Herradora, vecina
de la Feria. Dieron por ama al Príncipe á Doña Ma-
ría de Guzman, tía de Luis de Guzman , Señor de la
Algava, mujer de Pedro de Ayala, vecino de Toledo.
Ficieron muy grandes alegrías en la ciudad trea
días de dia y noche, así los ciudadanos como los cor-
tesanos.
En Jueves nueve días de Julio del dicho año, en
Santa Maria la mayor en la pila suya , bautizaron
al Príncipe muy triunfalmente, cubierta la capill^
S92
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
de la pila del bautismo de muchos paños de broca-
dos, y toda la Iglesia y pilares de ella adornada de
muchos paños de raso : bautizóle el Cardenal de
España, Arzobispo que era de la misma ciudad , Don
Pero González de Mendoza , al qual pusieron por
nombre Juan. Fueron padrinos el Legado del Santo
Padre Sixto IV, que se falló en la Corte en aquel
tiempo ; é unembaxador Nuncio Cónsul de Venecia^
é el Condestable Don Pedro de Velasco, é el Conde
de Benaveute, é ovo una madrina, la qual fué la
Duquesa de Medina Sidonia Doña Leonor de Men-
doza, mujer del Duque Don Enrique. Fué fecha en
la ciudad y en la iglesia este dia una gran fiesta.
Fué traido el Príncipe á la iglesia, con una gran
procesión con todas las cruces de las collaciones de
la ciudad, é con infinitos instrumentos de músicas
de diversas maneras de trompetas, é chirimías, é sa-
cabuches; trújelo su ama en los brazos muy triun-
f almente debajo de un rico paño de brocado , que
traían ciertos rejidores de la ciudad con sus cetros
en las manos, los quales eran estos : Fernando de
Medina, el de la Magdalena, é Juan Guillen, é el Li-
cenciado Pedro de Santillan, é|;K¡badeneyra, sota al-
mirante, é Alonso de las Casas , fiel ejecutor, é Pe-
dro Manuel Dolando é Monsalve, é Diego Ortiz
Contador ; todos estos vestidos de ropas rozagantes
de terciopelo negro que les dio Sevilla. Traian el
plato con la candela, é capillo é ofrenda, Don Pedro
de Stúñiga, fijo del Duque Don Alvaro Stúñiga, ma-
rido de;Doña Teresa, hermana del Duque de Medina,
el qual traia un paje ante sí pequeño que traia el
plato en la cabeza , y él teniéndolo con las manos.
La ofrenda era un excelente de oro de cinqüenta
excelentes. Traian junto con él dos donceles de 1%
Señora Reyna, ambos hermanos fijos de Martin
Alonso de Montemayor, un jarro dorado, una copa
dorada, é venían acompañando á la Señora Ama
quantos Grandes habia en la Corte, é otras muchas
gentes é caballeros. Venia la Duquesa de Medina ya
dicha á ser madrina, muy ricamente vestida y ador-
nada, y acompañada de los mayores de la Corte. Trú-
xola á las ancas de su muía el Conde de Benavente
por mas honra, la qual traia consigo nueve donce-
llas vestidas todas de seda, cada una de su color, de
briales, ó tabardos ; é ella venia vestida de un rico
brial de brocado, é chapado con mucho alfojar grue-
so y perlas, una muy rica cadena á el cuello, é un
tabardo de carmesí blanco ahorrado en damasco,
el qual ese dia, acabada la fiesta, dio á un jodio Al-
badan del Bey que llamaban Alegre.
CAPÍTULO xxxin.
Oe como salió la Reyna i misa, i presentar al Principe á Dios.
Domingo nueve dias de Agosto sahó la Reyna á
misa á presentar al Principe al templo , é á lo ofre-
cer á Dios, Bcgun la costumbre de la Santa Madre
Iglesia, muy triunfalmente apostada en esta mane-
ra. Iba el Rey delante de ella muy festivamente en
nna hacanea rucia, vestido de un rozagante broca-
(lo é chapado de oro , é un sombrero en la cabeza^
chapado de hilo de oro ; é la guarnición de la'^a-
canea era dorada de terciopelo negro. Iba la Reyna
cabalgando en un trotón blanco en una muy rioa
silla aerada, é una guarnición larga muy rica de
oro y plata, é llevaba vestido un brial muy rico de
brocado con muchas perlas y aljófar; iba con ella
la Duquesa de Villahermosa, mujer del Duque Don
Alonso hermano del Rey , y no otra dueña ni don-
cella ; íbanles f estivando muchos intrumentos de
trompetas é chirimías, é otras muchas cosas, é muy
acordadas músicas que iban delante de ellos ; iban
allí muchos Regidores de la ciudad á pié , los me-
xores; íbanles acompañando cuantos Grandes habia
en la Corte, que iban alrededor de ellos : iba el Con-
destable á la mano derecha de la Reyna, la mano
puesta en las camas de la brida de la Reyna ; y el
Conde de Benavente á la mano siniestra, de esta
misma forma de este. Otrosí iban á sus pies y estri-
bo, el Adelantado del Andalucía, y Fonseca el Señor
de Alahejos. Iba el ama del Príncipe encima de una
muía en una albarda de terciopelo, é con un repos-
tero de brocado colorado llevaba al Príncipe en sua
brazos ; iban alrededor de él muchos grandes de la
Corte : junto con el ama iba el Almirante de Cas-
tilla ; y todos estos Grandes iban á pié. Este dia di-
jéronle la misa en el altar mayor de la Iglesia ma-
yor, muy festivalmente.
Ofreció la Reyna con el Príncipe dos excelentes
de oro, de cada cinqüenta excelentes cada uno: ovo
la Fabricad uno,é los Capellanes de la Reyna el
otro. Oída su misa, así ordenadamente como habían
venido, se volvieron al Alcázar.
A este tiempo ya el Rey y la Reyna tenían dos
fijas; á Doña Isabel que era la mayor, é á Doña
Juana ; después ovieron Doña María, y después á
Doña Catalina, los quales todos vieron casados ; á
Doña Isabel la mayor, con el Príncipe Don Juan de
Portugal, fijo del Rey Don Juan, nieto del Rey Don
Alonso que habia entrado en Castilla á reynar, se-
gún es dicho. Esta ovo muchas desventuras que
muy presto fué de él viuda , que corriendo un día
en caballo en Portugal, por no trompicar un mu-
chacho que pasaba , cayó el caballo con él y luego
murió. Después fué otra vez casada con el Rey Don
Manuel de Portugal, y después de haber parido de
él un fijo en Zaragoza de Aragón, que llamaron
Don Miguel, de la parición murió ; el Príncipe tam-
bién é después de haber traido su mujer de Flándes
murió dende en pocos días. Doña María casó con el
Rey de Portugal Don Manuel ; y la dicha Doña Ca-
talina casó con el Príncipe de Inglaterra y fué viu-
da del en poco tiempo, y casó después con el segun-
do fijo del Rey de Inglaterra. De cada uno se dirá
en 8u lugar alguna cosa.
CAPÍTULO XXXIV.
Del espantoso eclipse qne el sol biza
El dicho año de mil é quatrocientos y setenta y
ocho, á veinte y nueve dias del mes de Julio dia de
Santa Marta, á medio dia, fizo el sol un eclipse, el
DON FERNANDO
ínáB espantoso que nunca los que fasta allí eran na-
cidos vieron, que se cubrió el sol de todo é se paró
negro, é parecían las estrellas en el cielo como de
noche ; el qual |duró así cubierto muy gran rato,
fasta que poco á poco se fué descubriendo, é fué
g^an temor en las gentes , y f uian á las iglesias, y
nunca de aquel ora tornó el sol en su color, niel
dia esclareció como los dias de antes solía estar, é
así se puso muy calijinoso.
CAPÍTULO XXXV.
De como el Rey Don Fernando envió i demandar sus parias al
Rey moro de Granada , y de como envió á conquistar la Gran
Canaria.
En estos tiempos, después de sojuzgada el Anda-
lucia , envió el Rey Don Fernando Embaxador á
Granada á demandar las parias del Rey moro Mu-
ley Hacen, que eran debidas, según que las solían
dar los Reyes moros antepasados á los Reyes de
Castilla, é que se las enviase ; y el Rey de Granada
estaba en aquel tiempo rico y muy poderoso , y res-
pondió que los que las daban ya eran muertos, y los
que las recibian también ; que él allí estaba para las
non dar, salvo defenderlas en el campo con su ca-
ballería é gente ; é de aquí se comenzaron á facer
algunos actos de guerra contra los moros por estas
fronteras, quede antes paces Labia; y el Rey Don
Fernando mandó facer muchos tiros de pólvora, é
gruesas lombardas y pertrechos, y dende á pocos
dias mandó pregonar guerra contra los moros en
toda la frontera desde Lorca á Tarifa. E en este
tiempo envió á conquistar la isla de la Gran Cana-
ria desde Sevilla, á dos capitanes llamados Juan de
Rejón, é Pedro del Algaba, entre los quales ovo cis-
ma é muertes , é no pudieron ganar sino muy poco
de ella, fasta que fué por capitán Pedro do Vera,
Alcayde de Arcos, que fué allá desterrado é por ca-
pitán, é con él Alonso de Lugo, é la ganaron. El di-
cho Pedro de Vera partió de Xerez en el mes de Ju-
lio del año de 1480 , é fué desterrado de Castilla por
la muerte de Basurtoel Alcayde de Medina Sidonia,
que en tiempo de la guerra del Duque Don Enri-
que y el Marqués Don Rodrigo Ponce de León,
hurtó á Medina y dióla al Marqués. Murió allí el Al-
cayde Basurto que se había hallado fuera de la for-
taleza una noche , y el Alcayde Pedro de Vera le
tomó toda su hacienda; é dieron en penitencia que
volviese lo que tomó, é fuese á conquistar aquella
Isla, de la^qual ovo victoria, según adelante se dirá.
CAPÍTULO XXXVI.
Como Sas Altezas partieron de Sevilla, é fueron visitando sus vi-
llas é ciudades de esta Andalucía, é trataron de ir á poner cerco
sobre Mérida éMcdcUin.
En el mes de Septiembre , cerca de San Miguel,
año dicho de 1478, partieron los Señores Rey y Rey-
na do Sevilla con el Príncipe y Corte, é fueron á
Carmona, y dende á Ezija , y dende á Córdoba pa-
cificando su Andalucía, é visitándola, é poniendo
Cr.—IIL
E DOlíA ISABEL. ¿9^
toda la tierra debajo de su obediencia, E dende
fueron á Toledo, é Castilla, á negociar sus fechos
por donde mas les convenia, é todavía les estaban
rebeladas y en contra las fortalezas é villas de Mé-
rida, é Medellin, é Montanchez, las quales estaban
por la Condesa de Medellin, fija bastarda del Maes-
tre de Santiago é Marqués de Villena Don Juan Pa-
checo, que era una varonil mujer ó de grande es-
fuerzo, y era de la parcialidad del Rey de Portugal.
Y estaba también en aquella parcialidad estonce el
Clavero Don Alonso de Monroy, Maestre que so lla-
maba de Alcántara, al qual comunmente las gentes
llamaban el Clavero, é tenia á Montanchez, ó Zaga-
la, é Piedrabuena, é otras algunas fortalezas, el qunl
mediante la'terribilidad de los tiempos de la guerra,
había echado á perder al Maestre de Alcántara Don
Gómez de Solís en tiempo del Rey Don Enrique, ó
tomádole el Maestradgo]''por fuerza do armas, é por
hurtos é mafias, é con costa de muchos robos é hur-
tos que él é los suyos hicieron á muchos labradores,
é criadores de ganados, é ciudadanos é mercaderes,
é con ciertos partidos ; la casa do Stúñiga le ayudó
á tomar la cabeza del Maestradgo, que es Alcánta-
ra, y otros muchos lugares. Y después ovo división
entre la casa de Stúñiga é él, muy grande, que seria
prolijo do contar: y digo la casa de Stúñiga, por-
que el Duque de Arévalo, Conde de Béjar, é Señor
de Plasencia, Don Alvaro Stúñiga, era muy viejo, ó
mandaban la casa su mujer é sus fijos, é ayudában-
le, con muchas condiciones que después se non tu-
vieron al Clavero, é quedóseles Alcántara. Y qu an-
do el Rey Don Fernando vino de Truxillo la prime-
ra vez, después de despachado el cerco de Castro-
nuño, vino allí el dicho Clavero, que aun fasta es-
tonce nunca se había mostrado por Portugal, é de-
mandaba el Maestradgo ; é tantas ovo de las quejas
del dicho, robos y muertes fechas á causa suya, que
el Rey no lo pudo comportar, é mandábalo prender
secretamente, y él súpolo, y huyó, y pasóse con el
Rey de Portugal, é comenzó á favorecer á Mérida y
Medellin. E ovo el Maestradgo Don Juan de Stúñi-
ga, fijo del dicho Conde de Béjar que se había inti-
tulado ya, y el Rey y la Reyna se lo confirmaron
con ciertas condiciones , é fué Maestre de Alcánta-
ra ; é ahí fué público contrario el Clavero del Rey
Don Femando, é favoreciendo el partido del Rey de
Portugal favoreció á Mérida, é Medellin , fasta que
por cerco se tomaron; ó la manera é forma de los
cercos de Mérida é Medellin, fué esta.
El Rey Don Femando queriendo dar fin á su con-
quista, como aquella tierra le estaba en contra, vi-
no á Truxillo en el mes de Febrero del año de 1479
años, y estando allí el Conde de Medellin, siendo
mancebo, andaba fuera de Medellin que la madre
no le quería acojer, que no se confiaba del, é estan-
do en un lugar que dicen Meajadas, camino de Tru-
xillo, ovo un trato con ciertos vecinos de Medellin
vasallos suyos, que le darian entrada en la villa una
noche, y escribiólo al Rey y á toda la tierra que le
socorriesen, y el Conde entró en Medellin antes que
los valedores le pudieren socorrer, y vino primero el
38
594
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Clavero desde Mérida en favor de la C ondesa su
madre, y echaron al Conde fuera de Medellin á
lanzadas é saetadas, é él se fué f uyendo sin facer lo
que quería.
E el Maestre de Santiago Don Alonso de Cárde-
nas habia partido de Llerena á socorrer al .Conde
conforme al llamamiento, y llegando cerca de Val-
verde envió adelante al Comendador Rodrigo de
Cárdenas é á otros capitanes con gente de á caba-
llo, los quales entre Mérida y Valverde encontraron
al Clavero, Maestre de Alcántara que se decia Don
Alonso de Monroy, con ciento é cinqüenta lanzas
poco mas, é pelearon con él é desbaratáronlo, é
prendiéronle algunos caballeros ; é él é los otros es-
caparon huyendo é metiéronse en Mérida, é de aquí
supo el Maestre como el Conde iba desbaratado é
fuera de Medellin ; é volvióse de alli el Maestre á
Valverde con su gente, é con algunos capitanes del
Rey, de los quales eran Don Martin de Cabra é To-
llo de Aguillar. El Maestre tenia nueva que habia
de venir gente de Portugal á socorrer é favorecer á
Mérida é Medellin, y aguardó por allí fasta que
supo la nueva cierta que venia el Obispo de Ebora
■ con una gruesa batalla de gente de á caballo , en
que le dijeron que traia ochocientos de á caballo ó
mas, é algunos peones, é que venia gente muy luci-
da é muy armada ; é él tenia fasta ochocientos de
á caballo y quinientos peones.
CAPÍTULO XXXVII.
De la batalla campal que ovieron el Maestre Don Alonso de Cár-
denas con su gente é capitanes, con el Obispo de Ébora é gente
del Hey de Portugal.
Salió el Maestre Don Alonso de Cárdenas, Maes-
tre de Santiago, de Valverde cerca de Mérida con
su gente, é tomó el camino del Albaera que es una
legua de Mérida, é llegando á la dicha Albuera lle-
gó al encuentro con los portugueses, en los quales
venia por Capitán mayor el Obispo de Ebora Don
Garoia de Meneses , con una gruesa batalla de gente
muy lucida, y tanta que no se conocía qual fuese
mas, ella ó la del Maestre, que toda parecía por un
igual, y la diferencia era muy poca según ios que
lo vieron dixeron ; y de parte del Maestre Don Mar-
tin llevaba la delantera con una bandera y una ba-
talla de caballeros ; y de parte de los portugueses,
traia la delantera un Don Fernando, hermano del
Obispo de Ebora, con otra batalla gruesa, al qual
vino á romper en la batalla de Don Martin de Cabra;
y Don Martin é su batalla , fueron á romper en la
batalla de Don Fernando de Meneses susodicho, de
manera que se encontraron los unos á los otros é se
mezclaron, é fué desbaratada la batalla de Don Mar-
tín, é f uyóle la gente, é desque se vido así desbara-
tado, retráxose á un cerro con su bandera, é recogió
allí toda la mas de la gente que f uia suya de la ba-
talla, E como el Maestre vido que la gente de Don
Martin andaba á mal andar y f uia de la batalla, re-
cudió personalmente é fuese á encontrar con su
gruesa batalla, con la gran batalla de los portugue-
ses, donde venia el Obispo de Ébora , é rompieron
la una batalla en la otra, y pelearon un rato muy
fuertemente, que no se conocía mejoría en todas las
batallas de los portugueses é las de los castellanos,
salvo la batalla de Don Martin que habia ido des-
baratada, y estaban en el cerro con la bandera. Y
andando así peleando, muchos de los de la batalla
del Maestre f uian y se iban ; y el Maestre daba
grandes voces esforzando sus gentes diciendo que
ee esforzasen como buenos caballeros é procurasen
de vencer, que aquel era el dia de su crecida hon-
ra ; é peleaba él mesmo por sus manos é con su
persona dando ejemplo á los suyos ; é sus criados le
guardaban muy bien, y no facían menos los suyos
al Obispo de Ebora, que le guardaban muy bien, é
peleaban ante él como buenos esforzados caballe-
ros ; y andando asi peleando, é no se pudiendo co-
nocer quien habría la victoria, volvió Don Martin
do Cabra á la pelea con la gente que habia recoxido
en el cerro , y rompió por medio de todos, é desba-
rató á todos, castellanos y portugueses, é comenza-
ron á f uir de la batalla los unos y los otros, así cas-
tellanos como portugueses ; y el Maestre conoció la
bandera y los que con él andaban, y esforzóse mu-
cho diciendo : Castilla, Castilla : y pelearon todavía
fasta que del todo los portugueses fueron desbarata-
dos, é el Maestre ovo la victoria de esta batalla, ó
el Obispo de Ebora é los portugueses fueron venci-
dos é desbaratados é fueron muchos ferídos é muer-
tos, é presos, aunque como toda era gente de guerra
é iba armada, pocos murieron; que lo que se pudo
saber luego, allí no murieron sino treinta escuderos
de los portugueses , é fueron presos mas de tres-
cientos hombres ; y de los del Maestre, en lo que se
pudo saber , fueron muertos diez hombres ó pocos
mas, é pocos ferídos. Aquí no pelearon peones nin-
gunos, sino de caballeros á caballeros lo ovieron, ó
como estaban muy armados , ovo pocos muertos
para según la pelea fué, que duró gran rato. En es-
ta batalla fuá preso el Obispo de Ébora, é un ebca-
dero de la parte del Maestre de los de Úbeda por
haber merced de él, que lo conoció, lo salvó é huyó
con él á Mérida, antes que fuese recojida la cabal-
gada, al qual diz que él fizo grandes mercedes. Des-
pués ovieron aquel dia allí el Maestre de su parto
gran cabalgada de prisioneros é caballeros, é armas
é cémilas é ropas de oro é plata, é otras muchas co-
sas. Esta dicha batalla fué en Miércoles 24 de Fe-
brero del año del nacimiento de Nuestro Redentor
Jesuchrísto de 1479 años primero dia de quaresma,
dia de la Ceniza. Fueron allí presos aquel dia algu-
nos fidalgos de Castilla de los que siguieron la par-
cialidad del Rey Don Alonso de Portugal, entre los
quales era uno Cristóbal Bermudez, Alcayde de Ca-
nales, que es cerca de Toledo, é otro Arellano, é Al-
varo de Luna, é Francisco Anaya, é Diego Manuel ;
este murió estando preso de las feridas de la bata-
lla. E después que el campo fué recojido, el Maestre
se vino con toda la presa á Lobon, é de allí fizo sa-
ber al Rey é á la Rey na la victoria que Dios le ha-
bia dado á él y á aquellos caballeros que con él iuQ-
DON FERNANDO
jfon ; € envióles á decir que él creía que en la buena
ventura, él había vencido aquella batalla ; é el Rey
é la Reyna ovíeron de esto muy gran placer y ale-
gría, y el Rey envió un Rey de armas suyo á Lobon
para que degollase algunos fidalgos de aquellos prí-
"■ BÍoneros porque le habían sido en contra ; é degolló
algunos en la plaza de Lobon ; entre los quales de-
golló á Cristóbal Bermudez, y otros escaparon por
ruego del Maestre, otros resgataron, é otros destro-
caron por otros que estaban en Portugal. Desde es-
ta batalla en adelante, poseyó el Maestre susodicho
pacíficamente el Maestradgo de Santiago , é se lo
confirmaron el Rey é la Reyna, é lo amaron mucho,
é le saldaron ciertos quentos de maravedís de pen-
sión que de él habían para sus guerras ciertos tiem-
pos había, de las rentas del Maestradgo.
CAPÍTULO XXXVIIL
Del Maestre de Santiago Don Alonso de Cárdenas, é de sus vic-
torias é buenas venturas.
Antes que proceda de los cercos que el Rey Don
Fernando é la Reyna Dofia Isabel mandaron poner
sobre la ciudad de Mérida, é sobre la villa é forta-
leza de Medellín, pues que agora viene á mano cer-
ca de esta su victoria ya dicha, quiero escribir de
este Maestre Don Alonso de Cárdenas, y de sus vic-
torias y buenas venturas, pues es fuerza de decir de
los cercos, y algo del Maestradgo, y no se puede de-
cir sin tocar á él.
El dicho Maestre de Santiago Don Alonso de Cár-
denas fué fijo del Comendador mayor de León,
Don García López de Cárdenas, é sucedió á el dicho
su padre en la Encomienda mayor de León , que es
Fuentes , é Segura , é Valencia, é otros lugares del
Maestradgo de Llerena, é fué Comendador mayor
mas de veinte años , é fué Gobernador del Maes-
tradgo de abajo mucho tiempo en vida del Rey Don
Enrique, estando el Maestradgo sin Maestre, des-
pués de la muerte del Maestre Don Alvaro de Luna;
é después sucedió en el Maestradgo en tiempo del
Rey Don Enrique Don Juan Pacheco Marqués de
Villena, é fué Maestre pacífico, é casó su hijo Don
Pedro Portocarrero, con Dofia Juana fija de dicho
Comendador mayor por haber su amistad , é porque
estaba muy prosperado, é tenia muchas fortalezas
del Maestradgo ; é falleció de esta presente vida el
dicho Maestre Don Juan Pacheco en el mes de agos-
to de 1474 teniendo cerco sobre la ciudad de Tru-
xillo, de la qual el Rey Don Enrique le había fecho
merced , que fuese Duque de ella. Adoleció en un
lugar que dicen Santa Cruz, tres leguas de Truxi-
llo , é allí falleció quatro meses antes que falleciese
el Rey Don Enrique ; é luego ovo gran división , é
alborotos é guerras en el Maestradgo. Intituló de
Maestre de Santiago Don Rodrigo Manrique, Co-
mendador de Segura de la Sierra é Conde de Pare-
des , diciendo que lo había de haber de justicia por
quanto el Comendador mayor de Castilla su tío Don
Gabriel Manrique, Conde de Osorno, le h^ía renun-
ciado la acción, y justicia que había al Maestradgo;
É DO^A ISABEL. 595
y tomó luego todo lo que pudo del Maestradgo de
arriba , especialmente á Ocaña é otras muchas villas
é lugares, de ellas por guerras , é de ellas que se lo
dieron. E tituló también el Marqués de Villa , fijo
del dicho Maestre , que tenía gran parte del Maes-
tradgo, en lugar de su padre por Maestre de San-
tiago ; é fuera Maestre sí no se lo impidiera después
la parcialidad del Rey de Portugal , que sobrevino
luego dende á quatro meses como murió el Rey Don
Enrique. É titulóse eso mesmo , Maestre de Santia-
go, el dicho Comendador mayor Don Alonso de
Cárdenas, é elijiéronlo para ello la mayor parte de
los trece electores de la Orden, é tituláronlo Maes-
tre. Y alegaba esto el que era Comendador mayor
uno de los dos de quien según la Orden mandaba
que debían elegir Maestres , é que era antiguo en la
Orden ; é que fuera de la Orden no podía de justi-
cia ser elegido Maestre. É de estos tres Maestres
cada uno defendía lo que tenía. En tiempo de estas
divisiones falleció el Rey Don Enrique , ó comen-
zaron de reynar el Rey Don Fernando , y la Reyna
Dofia Isabel ; el Rey Don Alonso de Portugal se ti-
tuló Rey de Castilla por su mujer , é los dos Maes-
tres Don Rodrigo Manrique é Don Alonso de Cár-
denas, alzaron pendones por el Rey Don Fernando
y por su mujer ; y el otro Maestre alzó pendones
por el Rey Don Alonso y su mujer ; y así el Marqués
con la vuelta de los Reyes , y por no ser Caballero
de la Orden, quedó sin el Maestradgo. Después de
muerto el Rey Don Enrique , como muchos grandes
caballeros querían ser Maestres, é tomaban é ocu-
paban quanto podían del Maestradgo ; é viendo esto
estonce se concertaron con el Conde Don Rodrigo
Manrique y el Comendador mayor Don Alonso de
Cárdenas, que cada uno defendiese lo que tenía fasta
que o viese disposición de tiempo para ver por jus-
ticia quien debía haber el Maestradgo. Estos y otros
capítulos vino á facer Don Jorge fijo del dicho Don
Rodrigo Manrique, con el dicho Maestre Don Alon-
so de Cárdenas ; el qual Don Jorge Manrique murió
en una pelea de las mismas guerras de Castilla, des-
pués de la muerte del dicho su padre. É ansí confe-
derados los dichos dos Maestres , vivió obra de dos
afios el Maestre Don Rodrigo Manrique, é murió, ó
quedó el Maestradgo á Don Alonso de Cárdenas.
Esto fecho así entre los dos, cada uno defendía lo
que era suyo.
Antes de esto el dicho Maestre, siendo Comenda-
dor mayor de León , luego como falleció el Maestre
de Santiago en Truxillo, aunque tenia muchas for-
talezas, temía mucho que viniese sobre él el Maestre
Don Juan Pacheco, Marqués de Villena, fijo del
Maestre, ó otros grandes, y demandó favor al Duque
de Medina Don Enrique que estaba en Sevilla , en-
víándole á decir que le fuese valedor é amigo para
haber el Maestradgo, y que le prometía quando él no
lo pudiese ser, que él lo seria y otro Grande no, que
él daría su voto á él ; y el Duque con e&ta embaxada
estaba en esperanza de haber el Maestradgo , é se-
gún lo que pareció, pensó que el Comendador ma-
yor nunca pudiera salir con tan grande empresa. i\
59é CRÓmCAS DE LOS
esto tiempo tenia el Comendador mayor estas for-
talezas: á Segura de su Encomienda, é del Maestrad-
go á Xerez , é la villa de Llerena, é Rey na, é Mon-
temolin, é Hornachos , é Medina, é otros. É fasta la
muerte del Rey Don Enrique, habia tenido por amigo
al dicho Señor Duque de Medina, é tenia mucha con-
fianza del, puesto caso de que nunca lo llamó ni lo ovo
menester. En este tiempo el Conde de Feria habia
también cobdicia del Maestradgo, y era en contra al
Comendador mayor, el qual era mucho amigo del
dicho Duque de Medina que tenian casados sendos
hermanos ; é ovieron manera que llegó á ciertos Co-
mendadores y alzaron por Maestre de Santiago áDon
Diego de Alvarado Comendador de Lobon, para que
después renunciase el hábito ó dignidad en él , o en
el Duque de Medina, é fizo saber al Duque como el
Comendador mayor se llamaba Maestre de Santiago,
é de aqui propuso facerle guerra el dicho Conde al
dicho Comendador mayor, y el dicho Duque de Me-
dina eso mesmo le propuso de le venir á tomar por
fuerza el Maestradgo al dicho Comendador mayor,
é siguióse guerra entre ellos según se sigue.
CAPÍTULO XXXIX.
De la pelea que ovo el Conde de Feria, é el Maestre en Xerez,
é de como el Conde fué vencido.
El Conde Don Gómez Suarez de Figueroa, Conde
de Feria, tenia gran parte en la villa de Xerez do
parientes é criados quo vivian con él ; asi mesmo
los M^laveres , que querían mal al Maestre Comen-
dador mayor, é otros; y el Maestro tenia la fortale-
za, é tenian con él el Comendador Juan de Bazani, é
sus valias é otras pocas valias. E la parcialidad del
Conde metió al Conde en la villa, é tomaron la igle-
sia de San Bartolomé por fortaleza, é muchas casas
fuertes, é barrearon bien la mayor parte de la villa,
é querían echar por fuerza de armas á los de la par-
te del Maestre ; y tomar si pudieran la fortaleza. E
el Maestre, desque lo supo, partió para allá desde Se-
gura con la mas gente que pudo, é llegó salido el
sol un dia, é con su vista esforzáronse mucho los
del bando ; é desque reposó é comió, mandó pelear,
é armóse la pelea entre el Maestre y el Conde , é
duró desde las diez del dia fasta vísperas, en que
ovo de ambas partes muchos feridos é algunos muer-
tos, y el Conde fué vencido, y él é loa suyos salie-
ron huyendo de la villa, ó al salir fueron de ellos
muchos presos é despojados, y el Maestre no quiso
seguir el alcance, ni lo dejó seguir á los suyos, por-
que si el alcance se siguiera, no pudiera el Conde
dejar de ser muerto ó preso. Así quedó la villa de
Xerez por el Maestre también como la fortaleza ; en
la qual hizo poner tal recaudo, que nunca después la
perdió. Esta pelea fué Miércoles once dias del mes
de Enero año do mil quatrocientos setenta y cinco.
El Conde así desbaratado se fué á Zafra, é el Maes-
tre se fué á Medina de las Torres, é dende por los
otros lugares del Maestradgo á Llerena, el qual fizo
bastecer bien todos los castillos asi de viandas como
de armas é gente.
REYES DE CASTILLA,
CAPITULO xl;
De como el Duque de Alédina fué de Sevilla poderosamente, é en-
tró en el Maestradgo, é de los robos que los suyos ücieron, é de
como fueron él y los suyos vencidos.
Partió de Sevilla el Duque de Medina Don Enri-
que, en 9 de Enero del dicho año de 1475, con dos
mil de á caballo,'gente muy lucida, é peones los que
quiso llevar, á tomar el Maestradgo de Santiago.
Iban con él la flor de la caballería de Sevilla y sn
tierra, y por capitanes muchos de los más nobles é
generosos , entre los quales iba Don Martin , fijo del
Conde de Cabra, yerno del Conde de Arcos, y Mar-
tin Alonso de Montemayor, nieto del Conde Don Pe-
dro Ponce, y el Mariscal Fernán Darías de Saavedra,
é otros muchos ; la qual gente iban de guerra y de
fiesta , qne el dicho Sr. Duque llevaba muy gran
capilla de cantores , con muchas trompetas é chere-
mías, é sacabuches, é músicas acordadas, é niños
cantores de la] iglesia mayor , é muchos arreos de
vestimentos y ornamentos. E llegando á Aracena,
supo la nueva del desbarato del Confie de Feria , ó
allí vino el Conde ; ó dende partieron con toda la
hueste , é fueron á Xerez , é def endióseles ; é desque
vieron que la villa é fortaleza estaban á tal recau-
do , que con muchos tiros de pólvora , y saetas , é
con mucha gente se defendían , f uéronse por Bur-
guillos á Zafra, é dende entraron así poderosamen-
te en el Maestradgo por los Santos; é dende á Rive-
ra, é la fortaleza de Rivera , les dio el Alcayde de
Todesillas donde se detuvieron algunos dias, é re-
caudaron lo quo pudieron de renta de la mesa maes-
tral. E dende vinieron á Fuente de Cantos, donde
eso mesmo el Duque cobró de las rentas , á lo mas
que, pudo , é so detuvo algunos dias , é dende la vi-
lla de Fuente de Cantos , é las otras villas todas ó
lugares de por allí recibieron muchos daños en sus
personas é haciendas, que les tomaron é robaron
aquellas gentes de guerra muchos ganados , bueyes
y vacas , y ovejas , y ovo hatos de ochocientas ove-
jas é otros de menos, en que ni una no dejaron, que
todas las comieron sin las pagar , é muchas bestias,
caballos, é asnos; é muchas alhajas de casas que
les robaban , é ropas que muchos malos hombres de
la hueste robaron é hurtaron, y enviaban á cargas á
Sevilla , por los caminos atraviesas de los goUisos
de zuf re ; lo qual fué visto, é manifiesto. De esto los
Señores Duque y Conde no eran sabidores , ni les
placía de ello ; empero como la gente era mucha,
desmandábanse, y los malos y ladrones habían lu-
gar de emplear sus deseos. Después de allí haber es-
tado algunos dias toda la hueste, partióse el Conde
para Medina á combatir las Torres y el Duque fué á
dar vista á Llerena, donde el Maestre estaba ; é pasó
por cerca de la villa bu gente muy bien reglada é
acaudillada ; é no llevaba ya tanta como habia traí-
do , que algunos se habían despedido, viendo que
no eran menester, é por los grandes gastos. El
Maestre se asomó entro las almenas á mirar las ba-
tallas , é tuvo bien cerradas las puertas de la vill»!
DON FERNANDO
que por todo aquel día no dejó á ninguno salir ni
entrar, y era aquel dia Martes de Carnestalendas á
siete dias de Febrero ; ó el Duque é su hueste se fue-
ron aquella noche á aposentar en Guadalcanal, é no
curaron de echar guarda al campo, sino muy segu-
ros como si en sus casas estuvieran ; y el Maestre
salió aquella noche de Llerena, con fasta trescien-
toa y cinqüenta de caballos, é otros tantos [peones;
é al quarto del alba Miércoles de la Ceniza, entró en
Guadalcanal, é comenzaron á decir todos á grandes
voces quantos llevaba consigo : «Cárdenas , Carde-
denas », ó tocando las trompetas ; é la gente de á
pié echaban herrojos á las puertas, y los de la villa
conocieron que era el Mae?tre, é algunos guarecían
á sus huéspedes é otros los robaban , é otros se fue-
ron á juntar con la gente del Maestre é le ayu-
daban.
É la gente del Duque desque vieron é conocieron
que el Maestre andaba por la villa con su gente
abriendo y cerrando las puertas, sallan huyendo to-
dos los demás ahorrados, por poner sus personas en
salvo ; é muchos salían cabalgando diciendo, Cárde-
nas, Cárdenas , é íbanse en salvo ; é el Maestre en-
derezó á la posada del Duque, é quando llegó ya el
Duque salia, é sacólo su huésped, y guareciólo como
no lo conocieron , que como era de noche , no pudo
Ber reconocido, é los que sallan de la posada con él
decían Cárdenas, Cárdenas ; é Martin Suarez nun-
ca se partió del Duque ; é guiándolos el huésped de
la posada fueron á parar á Alanís, é ansí escapó el
Duque aquella noche, é fué preso Don Alvaro su her-
mano , é otros muchos fidalgos ; é los del Duque sa-
lieron todos huyendo de la villa , é unos tomaron
camino de Alanís , é otros camino de Cazalla, y Don
Martin de Cabra, é Martin Alonso de Montemayor
é los suyos ovieron lugar de cabalgar, é desque fué
de dia , ficíeron rostro al Maestre é pelearon é aun
fueron ambos feridos por guarecer algunos de la
gente, é pusiéronse á vista á un cabo de la villa ó
un arroyo en medio donde recojieron doscientas cin-
qüenta lanzas, é muchos peones que escapaban de
la villa é fuer huían allí ; é de allí se vinieron aquel
dia á Alanís. El Maestre é los suyos, é los de la vi-
lla ovieron allí aquel día , muy gran ¡cabalgada é
despojos, de caballos, é de acémilas y muías , é de
lo que pareció alcanzó fueron mas de quatrocientas
bestias, dejando lo hurtado. E ovo el Maestre la va-
jilla de plata , é arreos, é la capilla, é cantores é los
instrumentos músicos ; é esto guardó el Maestre, é
después se lo envió. E ovieron allí el Maestre y los
Buyos otras muchas vajillas de oro é plata , é cama
é ropas , é respuestos , é arcas , é reposteros , é ar-
mas , é otras muchas cosas ; con la qual presa y ca-
balgada se '.vinieron á Llerena aquel dia, é repartió
bien la cabalgada con los que lo siguieron , é guar-
dó las cosas de la iglesia é la vajilla del Duque fas-
ta que fueron amigos que se la dio, é ansí volvió el
Duque á Sevilla por sus pecados é por los pecados
de muchos malos é ladrones que consigo llevó , que
habían robado en este viaje á muchos labradores, ó
trabajadores , que no debían cosa alguna ni mere-
É DONA ISABEL. 501
cían mal, é les habían comido sus vacas é ovejas, ó
ganados , según dicho es ; é no quiso Dios que aque-
llo pasase sin pena muchos dias ; apareció evidente
que oyó los gemidos é peticiones de aquellos labra*
dores é de sus mugeresé fijos, que viéndose robados
y perdidos clamaban á Dios.
El Conde supo esta nueva estando en Medina,
que quería combatir las Torres, é luego á la hora se
fué á Zafra, y aun por se ir á prisa quedaron algu-
nos pertrechos é tiros de pólvora perdidos, que co-
braron los de las Torres.
Desde este dia comenzó el Maestre á ser grande
é poderoso, é fizo muchos de caballo, é entró mu-
chas veces á Portugal por facer servicio al Key Don
Fernando, é facer guerra al Rey Don Alonso, ó
siempre en sus entradas é salidas ganó honra, ó
siempre en sus cosas era vencedor ó no vencido. E
el año siguiente de 1476, en el Agosto, quando el
Rey Don Fernando tenia el cerco sobre Toro, falle-
ció de su muerte natural el Maesti-e Don Rodrigo
Manrique en la villa de Ocaña, é ansí no tuvo con-
traditor el Maestre Don Alonso de Cárdenas á el
Maestradgo, é salió con él. Ovo su Encomienda ma-
yor su pariente Don Gutierre do Cárdenas, Conta-
dor mayor de Castilla,
CAPÍTULO XLL
De los cercos de Mérida y Medellin é Montanchez.
Agora volviendo á decir de los cercos de Mérida
é Medellin é Montanchez, sabed que se pusieron en
el verano del año de 1479, cinco meses poco mas ó
menos tiempo después de la batalla de Mérida que
el Maestre ovo con los portugueses. Era caudillo
mayor de estos cercos el dicho Maestre de Santiago
Don Alfonso de Cárdenas; é pusiéronse ambos á un
tiempo; é el Maestre se puso sobre Medellin, el mas
del tiempo en un lugar que llaman Menga- abril, ó
tenían gente en Don Benito, é tenían repartidos
muchos capitanes por el campo en las comarcas de
Medellin, donde convenia, de manera que estaban
las guarniciones á una legua é media de Medellin
y de allí la corrían cada dia; é había en la guarni-
ción de este cerco muchos capitanes de el Rey : es-
taba Don Martin de Cabra, é Luis Puerto Carrero,
y el mesmo Conde de Medellin , á quien la Condesa
su madre tenia por fuerza la villa, é fortaleza; ó
otros con gente» de diversas partes é lugares do
Castilla.
El cerco do Mérida estaba de otra manera, que
los cercadores tenían la villa, é los cercados la for-
taleza donde recibieron muchos combates de tiros
de pólvora, é quartagos ó injenios; donde recibieron
muchos daños los unos do los otros; é habla en efite
cerco por capitanes Don Pedro Puerto Carrero, Se-
ñor de Moguer, yerno del Maestre, é Juan Nuñez de
Prado, natural de Medellin, é Juan de Vera, Alcayde
de la mesma ciudad de Mérida é capitán Mayor, é
Sancho del Águila, é otros capitanes del Rey con
muy aderezada gente, E al tiempo de estos cercos
siempre la Condesa y el Obispo de Ebora estuvieron
598
CRÓMICAS DE LOS REYES DB CASTILLA.
en Medellin, é esperaban socorro, é nunca les vino.
Estuviéronse tres meses poco mas ó menos, é dié-
xonse á partido cerca de San Miguel, é dióse prime-
ro la Condesa en Medellin, é entregó la fortaleza, en
la qual entró Luis Puertocarrero, Señor de Palma,
en nombre del Rey. E dende á ciertos dias, salieron
los portugueses de Mérida, y entregaron la fortale-
za al Maestre ; é andando en los tratos de esto, se
comenzaron á tratar las paces de entre Portugal,
y Castilla, y antes que los portugueses cercados se
fuesen á Portugal, destrocaron los prisioneros todos
que se tenian desde el comienzo de las guerras los
unos por los otros que allí estaban y traxeron los
que estaban en Portugal, é llevaron á Portugal los
que estaban en Castilla, é todo esto fué en los par-
tidos de Mérida, é Medellin, é luego concertaron y
apregonaron paces, entre Castilla y Portugal en el
dicho año de 1479 años. Duró la dicha guerra qua-
tro años é nueve meses. Montanchez que es una
gran fortaleza cerca de Mérida é muy fuerte del
Maestradgo de Santiago que estaba por el Clavero
Don Alfonso Monroy, Maestre de Alcántara que
llamaban, quedó de esta vez por ganar, aunque
siempre en los dichos cercos habia estado bien cer-
cado de gente del Rey y del Maestre que la tuvie-
ron siempre puesta guarnición en Valdefueotes.
Sobre este quedaron guarniciones como se estaban,
y fasta que dende cinco ó seis meses entregó la
fortaleza Don Francisco fijo del dicho Clavero Maes-
tre de Alcántara, que se decia, al Maestre de San-
tiago por partido, sin concierto de su padre, é se
vino á vivir con el Maestre é lo casó con una pa-
rienta suya hermana de Francisco de Cárdenas, Al-
cayde que fué de Reyna, é ansí ovo el Maestre la
fortaleza de Montanchez, que es una de las fuertes
de Castilla.
CAPÍTULO XLIL
De como el Rey Don Fernando fué á Aragón á la muerte de su
padre, que falleció en este tiempo.
En el sobredicho año de mil quatrocientos seten-
ta y nueve en el tiempo de los cercos de Mérida é
Medellin, murió el Rey de Aragón, padre de el Rey
Don Fernando ; fué allá é fizo hacer las honras é
obsequias como covenia á tan generoso é tan hon-
rado Rey; é recibió ios reynos de Aragón, Valencia,
é el Condado de Cataluña con tod^s las islas á ello
anexas, é volvió presto para dar asiento en las co-
sas de entre Castilla é Portugal, asi en las paces de
la tierra, como por mar, porque habia gran división
entre castellanos é portugueses, sobre la mina de
oro que los portugueses habían hallado que iban
los castellanos á resgatar ; é por facer Cortes ; é fi-
cieron Cortes en todo lo del Rey Don Fernando é
la Reyna Doña Isabel, teniendo ya todos sus Reynos
pacíficos; donde convocados todos los grandes de
Castilla, así caballeros como prelados , é los procu-
radores de todas las villas é ciudades de estos Rey-
nos, é fueron ordenadas muchas buenas cosas; é co-
mentadas, é declaradas muchas leyes antiguas, y
de ellas acrecentadas, é de ellas evacuadas; é fechas
muchas pragmáticas provechosas al pro común, y á
todos según el Libro que mandaron facer sus Alte-
zas, al Doctor Alfonso Díaz de Montalvo que hoy
dia parece, el qual Libro mandaron tener en todas
las ciudades. Villas é Lugares, é llaman el Libro de
Montalvo; é por él mandaron determinar todas las
cosas de Justicia para cortar los pleytos. E median-
te el tiempo de estas Cortes anduvieron muchas ve-
ces los embaxadores de Castilla é Portugal de unos
reynos á otros, fasta que plugo á Nuestro Señor que
los Reyes vinieron en concordia é afirmaron bien
las paces, é para cumplir algunas cosas necesarias
ordenaron que entre ellos algún tiempo oviese rehe-
nes, é fué llevada la Infanta mayor Doña Isabel
á Portugal, la qual el Maestre de Santiago Don
Alonso de Cárdenas llevó encargo para la dar de
rehenes en Portugal ; é yendo de dia tuvieron la
Pascua de Navidad fin del año de 1480 é comienzo
del año de 1481 en Fregenal ; é pasada la Pascua
se partieron para Mora, é llegando cerca de Mora
en Portugal, el Maestre entregó la Infanta Doña
Isabel, y recibió al Duque de Viseo Don Diego, fijo
del Infante Don Fernando, defunto hermano que
era del Rey Don Alonso ; este dicho Duque de Vi-
seo era hermano de la princesa de Portugal, é fijo
de la Infanta Doña Phelipa, hermana del Rey Don
Duarte, y de la Reyna de Castilla segunda mujer
del Rey Don Juan, madre de la Reyna Doña Isabel.
En poder de la dicha Doña Phelipa quedó en Mora
la dicha Infanta; é fué traído allí á Mora el Prínci-
pe de Portugal, niño chiquillo, fijo del Rey Don
Juan, é nieto del Rey Don Alonso, é puesto en po-
der de la dicha Infanta Doña Phelipa su abuela.
Fué allí fecho un muy gran recibimiento é muy
solemne é muy rico por los grandes de Portugal á
la Infanta de Castilla, é vino allí á la recibir la
Duquesa de Braganza, hermana de la Reyna de
Portugal, é muchas condesas é grandes señoras é
damas. Desque el Maestre ovo entregado la Prin-
cesa é recibido al Duque volvióse en Castilla. E la
Infanta estuvo desta vez dos años en Mora é quatro
meses; en manera que salió en el mes de Mayo de
1483, é vino á tener las Pascuas del Espíritu Santo
en Plasencia, que fué aquel año á 18 dias de Mayo;
podia ser la Infanta estonce de hasta doce ó trece
años.
CAPÍTULO XLIII.
Del comienzo de la heregía é del comienzo de la Inquisición é de
quando ovo su inclinación la mosaica pravidad, y castigo de las
ceremonias judaicas.
La herética pravidad ;mosáica reinó gran tiempo
escondida y andando por los rincones, no se osando
manifestar, y fué disimulada y dado lugar que por
mengua de los Prelados, é Arzobispos, é Obispos de
España que nunca la acusaron, ni denunciaron á
los Reyes, ni á los Papas según debían, y eran obli-
gados. Ovo su comienzo esta heregía mosaica en el
año de Nuestro Redemptor de 1390 años en el co-
DON FERNANDO
mienzo del reinado de Castilla del Rey Don Enri-
que tercero de este nombre, que fué el robo de la
judería por la predicación de fray Vicente, un san-
to cathólico, varón docto de la orden de Santo Do-
mingo, que quisiera en aquel tiempo por predicacio-
nes é pruebas de la Santa Ley é Escriptura conver-
tir todos los judíos de España, é dar cabo á la inve-
terada é hedionda sinagoga. Predicóles mucho á los
judíos, él é otros predicadores en las sinagogas, é
en las iglesias, é en los campos; y los rabíes de
ellos por la Escriptura de la Santa Ley, profecías y
experiencias de ella, todos^eran vencidos é no sabían
qué responder. Empero embocados, é con aquella
glosa del Talmud que ficieron los dos rabíes Rava-
te, é Ravina, después del Nacimiento de Nuestro
Redemptor, quatro cientos años, la qual tenía en
escritura tanto como diez veces la Biblia, é la en-
viaron por todo el mundo donde quier que había
judíos para los esforzar, porque vían de todo caer
la sinagoga. E en la dicha glosa había muy gran-
des mentiras, é intrincados argumentos. E así como
Moisés en su tiempo hacía, aquellos dos rabíes fir-
maron aquel grande y descomulgado libro del Tal-
mud ; y pusieron so pena de muerte espiritual que
ningún judío sabio, ni simple, fuese osado contra
aquellos preceptos ir ni venir, ni diesen otra predi-
cación ni otra doctrina, lo qual fué la perpetua
damnación de esta generación; niegan la verdad, é
están ignorantes de ella ; y por eso para con ellos
es dicho contra negantes veritatem nulla est disputa-
tio. Así no pudo fray Vicente convertir sino muy
pocos de ellos ; y las gentes con despecho, metié-
ronlos en Castilla á espada, y mataron muchos, é
fué un concierto que fué en toda Castilla, todo un
día martes. Entonce veníanse á las iglesias ellos
mismos á baptizar, é ansí fueron baptizados y tor-
nados christianos en toda Castilla muy muchos de
ellos; y después de baptizados se iban algunos á
Portugal é á otros reynos á ser judíos; y otros, pa-
sado algún tiempo, se volvían á ser judíos donde
no los conocían, é quedaron todavía muchos judíos
en Castilla, y muchas sinagogas, é los guarecieron
los señores, é los Reyes siempre por los grandes
provechos que de ellos habían ; é quedaron los que
se baptizaron christianos y llamáronlos conversos •
é de aquí ovo comienzo este nombre converso por
convertidos á la Santa Fé ; la qual ellos guarda-
ron muy mal, que de aquellos, y de los que de
ellos vinieron por la mayor parte fueron y eran
judíos secretos, y no eran ni judíos ni christianos,
pues eran baptizados, mas eran hereges, y sin ley,
y esta heregía ovo de allí su nacimiento como ha-
béis oído ; é ovo su impinacion é lozanía de muy
gran riqueza y vanagloria de muchos sabios é doc-
tos, é obispos, é canónigos, é frailes, é abades, é
sabios, é contadores, é secretarios, é factores de
Reyes, é de grandes señores. En los primeros años
del reynado de los muy cathólicos é chrístianísimos
Rey Don Fernando y Reyua Doña Isabel su muger
tanto empinada estaba esta heregía, que los letrados
estaban en punto de la predicar la ley de Moysen,
É DOÑA ISABEL. 599
é los simples no lo podian encubrir ser judíos ; y
estando el Rey y la Reyna en Sevilla, la primera
vez que á ella vinieron y el Arzobispo de Sevilla,
Don Pedro González de Mendoza, Cardenal de Es-
paña, había en Sevilla un santo y cathólico hombre,
fraile de Santo Domingo en San Pablo, llamado fray
Alonso, que siempre predicaba y punaba en Sevi-
lla contra esta heregía; éste y otros religiosos y ca-
thólicos hombres, ficieron saber á el Rey y á la Rey-
na el gran mal y heregía que había en Sevilla; so-
metieron el caso al Arzobispo que lo castigase y
ficiese enmendar, y él fizo ciertas ordenanzas sobra
ello, é proveyó de ellas en la ciudad y en todo el
Arzobispado. Puso sobre ello en la ciudad diputados
de ellos mismos, y con esto pasaron obra de dos
años , é no valió nada , que cada uno hacía lo acos-
tumbrado ; é mudar de costumbre es apartar de
muerte.
¡O f era pésima, fomes pecati, nutrimentum f ac mo-
rís, pabulum mortis! ¡O bestia fiera, malvada, disfor-
me pecado, nudrimento de traición , hallamiento de
muerte, perdimento de vida!
Podéis saber que según lo vimos en qualquier
tiempo, que estañera pésima es la heregía, y como
en aquel tiempo los hereges y judíos malaventura-
dos huían de la doctrina eclesiástica, ansí huían de
las costumbres de los christianos. Los que podian
escusarse de no baptizar sus fijos, no los baptiza-
ban, é los que los baptizaban, lavábanlos en casa
desque los traían; y desto se halló infinita culpa en
el reconciliar de infinitos viejos que no eran bapti-
zados ; é los inquisidores los ficieron é facían des-
pués baptizar. Habéis de saber, que las costumbres
de la gente común de ellos ante la Inquisición, ni
mas ni menos que era de los propios hediondos ju-
díos, y esto causaba la continua conversación que
con ellos tenían ; ansí eran tragones y comilones,
que nunca perdieron el comer á costumbre judaica
de manjarejos, é olletas de adefina, manjarejos de
cebollas é ajos, refritos con aceite, y la carne guisa-
ban con aceite, ca lo echaban en lugar de tocino é
de grosura por escusar el tocino ; y el aceite con la
carne es cosa que hace muy mal oler el resuello ; y
ansí sus casas y puertas hedían muy mal á aquellos
manjarejos; y ellos ese mesmo tenían el olor de los
judíos por causa de los manjares y de no ser bapti-
zados. Y puesto caso que algunos fueron baptiza-
dos, mortificado el carácter del baptismo en ellos
por la credulidad, é por judaizar, hedían como ju-
díos ; no comían puerco si no fuese en lugar forzo-
so; comían carne en las quaresmas y vigilias é qua-
tro témporas de secreto ; guardaban las pasquas y
sábados como mejor podian; enviaban aceite á las
sinagogas para las lámparas ; tenían judíos que les
predicaban en sus casas en secreto, especialmente á
las mugeres muy de secreto; tenían judíos rabíes
que les degollaban las reses é aves para sus nego-
cios ; comían pan cenceño al tiempo de los judíos,
carnes tájeles ; hacían todas las ceremonias judaicas
de secreto en qiianto podian; así los hombres como
las mugeres siempre se escusaban de recibir los sa-
600
cramentos de la Santa Iglesia de bu grado, salvo
por fuerza do las constituciones de la Iglesia. Nun-
ca confesaban la verdad ; y acaeció á confesor con
persona de esta generación cortarle un poquito de
la ropa, diciendo : pues nunca pecaste, quiero que
me quede vuestra ropa por reliquia para sanar los
enfermos. En Sevilla fué un tiempo que se mandó
que no se pesase carne el sábado, porque la comían
todos los confesos el sábado en la noche, é manda'
ronla pesar los domingos de mañana. No sin causa
les llamó nuestro Redentor generatio prava et adul-
tera. No cpeian dar á Dios galardón por virginidad
y castidad. Todo su hecho era crecer é multiplicar.
E en tiempo de la empinacion de esta herética pra-
vedad de los gentiles-hombres de ellos, é de los mer-
caderes, muchos monasterios eran violados, é mu-
chas monjas profesas adulteradas y escarnecidas, de
ellas por dádivas, de ellas por engaños de alcahue-
tas, no creyendo, ni temiendo la descomunión; mas
antes lo hacian por injuriar á Jesuchristo, y á la
Iglesia. Y comunmente por la mayor parte eran
gentes logreras, é de muchas artes y engaños, por-
que todos vivian de oficios holgados, y en comprar
y vender no tenian conciencia para con los chris-
tianos. Nunca quisieron tomar oficios de arar ni
cavar, ni andar por los campos criando ganados,
ni lo enseñaron á sus fijos salvo oficios de pobla-
dos, y de estar asentados ganando de comer con
poco trabajo.
Muchos de ellos en estos Reynos en pocos tiempos
allegaron muy grandes caudales é haciendas, por-
que de logros é usuras no hacian conciencia, di-
ciendo que lo ganaban con sus enemigos, atándose
al dicho que Dios mandó en la salida del pueblo de
Israel , robar á Egipto , por arte y engaño deman-
dándoles prestados sus vasos é tazas de oro é de
plata ; é así tenían presunción de soberbia, que en
el mundo no había mejor gente, ni mas discreta, ni
mas aguda, ni mas honrada que ellos , por ser del
linaje de las tribus é medio de Israel. En quanto
podían adquirir honra, oficios reales, favores de
Reyes ó señores , algunos se mezclaron con fijos é
fijas de caballeros christíanos viejos con sobra de
riquezas que se hallaron bien aventurados por ello,
por los casamientos y matrimonios que ansí ficie-
ron, que quedaron en la Inquisición por buenos
christíanos é con mucha honra. De todo lo sobre
dicho fueron certificados el Rey y la Reyna estan-
do en Sevilla ; partiéndose dende quedó el cargo
del castigo c de mirar por ello al provisor de Sevi-
lla, obispo de Cádiz, Don Pedro Fernandez de So-
lís, y el Asistente que entonces quedó en Sevilla,
que era Diego de Merlo , para tolerar tan grande
mal, y quedó fray Alonso , segundo fray Vicente,
para ver sobre ello , y otros clérigos y frailes ; y
visto que en ninguna manera so podían tolerar ni
enmendar sino se facía inquisición sobre ello , de-
nunciaron el caso por esténse á sus Altezas, é fa-
ciéndoles saber cómo y quién y dónde se hacian
las judaicas ceremonias, y cómo cabían en perso-
nas poderosas y en muy gran parte de la ciudad de
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Sevilla ; y junto con esto fueron certificados que en
toda su Castilla había esta disforme dolencia ; y
ovieron Bulla del Papa Sixto IV para proceder con
justicia contra la dicha heregía por vía del fue-
go. Concedióse la Bulla y ordenóse la Inquisición el
afio de X480.
CAPÍTULO XLIV,
De como comcnzaroh en Sevilla á prender y quemar y reconciliar
los hereges judaicos, 6 de la gran pestilencia del año de ochea-
ta y uno.
Habida la Bulla para la Inquisición por sus Al-
tezas del Papa Sixto concedida, estando por Asis-
tente de Sevilla Diego de Merlo , que era un hon-
radísimo christiano caballero, muy discreto, y ce-
loso de la fé de Jesuchristo y de la justicia, vinie-
ron los primeros Inquisidores á Sevilla dos frailes
de Santo Domingo , un provincial é un vicario, el
uno llamado fray Miguel, y el otro fray Juan; é
con ellos el Dotor de Medina, clérigo de San Pedro,
los quales todos tres, así como uno , con gran dili-
gencia comenzaron su Inquisición en comienzo del
año de mil quatrocientos ochenta y uno. En muy
pocos días por diversos modos y maneras , supieron
toda la verdad de la herética pravedad malvada, é
comenzaron de prender hombres é mugeres de los
mas culpados, é metíanlos en San Pablo ; é pren-
dieron luego algunos de los mas honrados é de los
mas ricos, veintiquatros y jurados, ó bachilleres é
letrados, é hombres de mucho favor ; á estos pren-
día el Asistente ; é desque esto vieron f uyeron de
Sevilla muchos hombres y mugeres ; y viendo que
era menester, demandaron los Inquisidores el Cas-
tillo de Tríana , donde se pasaron , é pasaron los
presos'; é allí ficieron su Audiencia ; é tenian su
Fiscal, ó Alguacil é Escríbanos, é cuanto era ne-
cesario, é facían proceso según la culpa de cada
uno, é llamaban Letrados de la cuidad seglares , é á
el Provisor al ver de los procesos é ordenar de las
sentencias, porque viesen como se hacia la justi-
cia, é no otra cosa ; é comenzaron de sentenciar para
quemar en fuego ; é sacaron á quemar la primera
vez á Tablada seis hombres é mugeres que quema-
ron ; é predicó Fr. Alonso de San Pablo, celoso de la
f é de Jesuchristo, el que mas procuró en Sevilla esta
Inquisición ; é él no vido mas de esta quema, que
luego dende á pocos días murió de pestilencia que
estonce en la ciudad comenzaba de andar. Y dende
á pocos días quemaron tres de los principales de la
ciudad y de los mas ricos, los quales eran Diego
de Susan , que decían que valia lo suyo diez cuen-
tos ; y era gran rabí, y según pareció murió como
christiano ; c el otro era Manuel Saulí, é el otro Bar-
tholomé de Torralba ; é prendieron á Pedro Fernan-
dez Venedeva, que era mayordomo de la Iglesia,
de los señores Dean y Cabildo , que era de los mas
principales de ellos, é tenia en su casa armas para
armar cien hombres ; y á Juan Fernandez Albola-
sia, que había sido muchos tiempos Alcalde de la
Justicia, é era gran Letrado, éá otros muchos, é
DON FERNANDO
muy principales, é muy ricos , á los quales también
quemaron, é nunca les valieron los favores, ni las
riquezas ; é con esto todos los confesos fueron muy
espantados é habían muy gran miedo é f uian de la
ciudad é del Arzobispado ; é pusiéronles en Sevilla
pena que no fuyesen, so pena de muerte, é pusieron
guardas á las puertas de la ciudad ; é prendieron
tantos que no habia donde los tuviesen ; ó muchos
huyeron á las tierras de los señores, é á Portugal, é
á tierra de moros. Este año de 1481 , no fué pro-
picio á natura humana en esta Andalucía, mas
muy contrario é de gran pestilencia é muy general,
que en todas las ciudades, villas y lugares de esta
Andalucía murieron en demasiada manera, que en
Sevilla murieron mas de quince mil personas; é
otras tantas en Córdoba, é en Xerez, é en Ezija mas
de cada ocho ó nueve mil personas, y ansí en todas
las otras villas é lugares ; é después en el Agosto
alzóse la pestilencia, y con todo eso por mas de ocho
años duró, que poco 6 mucho acudía, ora en una
parte, ora en otra de esta Andalucía, y el año de 1488
murieron en Córdoba otra vez, generalmente de-
cían, que aun mas cantidad del año de ochenta y
uno, ya dicho. Así que tornando al propósito, la
Inquisición comenzada en el dicho año de ochenta
y uno, como vieron que se encendía la pestílencia,y
huyan los chrístíanos viejos de Sevilla, demanda-
ron licencia al Asistente los confesos para se ir fue-
ra de Sevilla por guarecer de la pestilencia, el qual
se la dio, con condición que llevasen cédulas para
las guardas de las puertas, é que no llevasen las ha-
ciendas, salvo cosas livianas de que se sirviesen ; y
de esta manera salieron muchas gentes de la Ciudad
de ellos , especialmente de la tierra del Marqués de
Cádiz que era su enemigo, desde las guerras del
Duque. Vinieron mas de ocho mil almas á Mairena,
y Marchena , y los Palacios, é los mandó acoger é
facer mucha honra, é á la tierra del Duque de Me-
dina é de otros señores ansí por semejante ; y de
estos fueron muchos á parar á tierra de moros allen-
de, é aquende, á ser judíos como lo eran ; ó otros se
fueron á Portugal , é otrOs á Roma ; é muchos se
tornaron á Sevilla á los Padres Inquisidores, dicien-
do ó manifestando sus pecados é su heregía é de-
mandando misericordia ; é los padres los recibieron,
é se libraron bien é reconciliáronlos, é hicieron pú-
blicas penitencias ciertos Viernes, disciplinándose
por las calles de Sevilla en procesión. E en aquel
año de ochenta y uno, desque los Inquisidores vieron
que crecían las pestilencias en Sevilla, f uéronse hu-
yendo á Aracena, donde fallaron que hacer é pren-
dieron é quemaron veinte y tres personas , hombres
y mujeres, herejes mal andantes, é ficieron quemar
muchos güesos de algunos que fallaron que habían
morído en la herética mosaica , llamándose chrís-
tíanos, y eran judíos , y ansí como judíos habían
morído. Y aquel año desque cesó la pestilencia vol-
viéronse los Inquisidores á Sevilla é prosiguieron
su Inquisición fasta todo el año de ochenta y oclío,
que fueron ocho años, quemaron mas de setecien-
tas personas, y recoüciiiaroD mas de cinco mil y
É DOÑA ISABEt. 601
echaron en cárceles perpetuas, que ovo tales y 'es-
tuvieron en ellas quatroó cinco años ó mas y sacá-
ronles y echáronles cruces é unos San Benitillos co-
lorados atrás y adelante , y ansí anduvieren mucho
tiempo, é después se los quitaron por que no crecie-
se el disfame en la tierra viendo aquello. Entre loa
que he dicho quemaron en Sevilla en torno do
aquellos dichos ocho años, quemaron á tres clérigos
de misa, é tres ó quatro Frailes todos de este linaje
de los confesos , é quemaron un Dotor fraile de la
Trinidad que llamaban Savariego, que era un gran
predicador, y gran falsario , hereje engañador, que
le conteció venir el Viernes Santo á predicar la Pa-
sión y hartarse de carne. Quemaron infinitos güesos
de los Corrales de la Trinidad y San Agustín é San
Bernardo, de los confesos que allí se habían enter-
rado cada uno sobre sí al uso judaico, é apregonarou
é quemaron en estatua á muchos que hallaron da-
ñados de los judíos huidos.
Aquellos primeros Inquisidores ficieron facer
aquel quemadero en Tablada, con aquellos quatro
Profetas de yeso, en que los quemaban , y fasta que
haya heregía los quemarán. Muy hazañosa cosa fué
el reconciliar de esta gente, por donde se supo por
sus confesiones, como todos eran judíos ; y súpose
en Sevilla de los judíos de Córdoba , Toledo, Bur-
gos, Valencia y Segovía , y toda España ; como to-
dos eran judíos, y estaban so aquella esperanza que
el pueblo de Israel estuvo en Egipto ; que aunque
habían de los Egipcianos muchos majamientos, es-
peraban que Dios los había de sacar de entre ellos
como después los sacó, con mano fuerte, é brazo
estendido ; y así ellos tenían que los chrístíanos
eran los Egipcianos, ó peores, é creían que Dios
milagrosamente los sostenía é los defendía ; é tenían
que por mano de Dios habían de ser acaudillados,
visitados, é sacados de entre los chrístíanos, y lle-
vados en la santa tierra de promisión. So estas lo-
cas esperanzas estaban y vivían entre los chrístía-
nos, como por ellos fué manifestado é confesado,
de manera que todo el linage quedó infamado é
tocado de esta enfermedad. Ovo reconciliación en
Sevilla que salían en la procesión de éstas discipli-
nas de los Viernes mas de quinientas personas, hom-
bres é mugeres, con las caras descubiertas por las
calles.
Esta Santa Inquisición ovo su comienzo en Se-
villa, é después fué en Córdoba , donde habia otra
tan grande sinagoga de malos chrístíanos como en
Sevilla ; é después fueron puestos inquisidores por
toda Castilla , é Aragón, é son infinitos quemados,
y condenados y reconciliados, encarcelados en to-
dos los Arzobispados é Obispados de Castilla é Ara-
gón ; é muchos de los reconciliados tornaron á ju-
daizar, que son quemados por el mesmo caso en
Sevilla, y en las otras partes de Castilla. Agora no
quiero escribir mas de esto, que no es posible po-
derse escribir las maldades de esta herética prave-
dad ; salvo digo, que, pues el fuego está encendido,
que quemará hasta que halle cabo al seco de la le-
fia, que será necesario arder hasta que sean des-
602
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
gastados y muertos todos los que judaizaron, que
no quede ninguno ; y aun sus hijos los que eran de
veinte años arriba menos que fueran tocados de la
mesma lepra.
Fué este año de 1481 al comienzo desde Navi-
dad en adelante de muy muchas aguas y avenidas,
de manera que Guadalquivir llevó é echó á per-
der el Copero , que habia en él ochenta vecinos, y
otros muchos lugares de su rivera, é subió la cre-
ciente por el Almenil de Sevilla é por la Barranca
de Coria en lo mas alto que nunca subió, é estuvo
tres dias que no decendió ; é estuvo la Ciudad en
mucho temor de se perder por agua.
CAPÍTULO XLV.
De como el gran Turco vino sobre Rodas é la tuvo cercada con
grande hueste é sobre ella embistió é fué desbaratado; é de
como los Turcos tomaron á Otranto, é de como el Duque de
Calabria la recobró, é de otras muchas cosas.
En el año de 1480 en el Verano , vinieron sobre
Rodas una muy grande armada de turcos, enviada
por el gran Turco Mahometo Otomano que envió
desde Constantinopla, é tuviéronla cercada dos me-
ses, en el qual tiempo la mayor parte de los muros
la derribaron, con gran número de lombardas que
le asestaron, é pusieron á los christianos en mucho
estrecho; é los christianos hicieron muy hondas
cavas por de dentro de la ciudad, las quales si fe-
chas no fueran, la ciudad se perdiera; y estando
un dia los de la ciudad un poco seguros, arremetie-
ron los turcos de las estacadas y dieron un gran
combate, en que muchos de ellos entraron por cima
de los muros derribados é pasaron las cavas, é en-
traron en la ciudad ; é no plugo á nuestro Señor que
la tomasen ; é los christianos que eran en la ciudad
se esforzaron mucho con su Maestre é capitanes
dando grandes voces diciendo Jesuchristo, y Santa
María, y San Juan , y á ellos, y pelearon esforzada-
mente dentro en la ciudad con ellos, en que de en-
trambas partes murieron muchos, y el Maestre y
los christianos con la ayuda de Dios se esforzaron,
y pelearon de tal manera que vencieron á los tur-
cos, é los turcos volvieron las espaldas á f uir, é fue-
ron de ellos allí muchos muertos , é quedaron las
cavas llenas de ellos donde fueron ahogados infini-
tos de ellos, é otros muchos fueron despeñados de
los muros á bajo , de manera que la ciudad quedó
deliberada y los christianos vencedores, é siguieron
el alcance , donde ovieron infinitos despojos, é ri-
quezas de artillería, é armas, é ropas , é otras cosas
de prisioneros que allí tomaron. E los turcos ansí
vencidos, metiéronse en las fustas é navios fuyen-
do, é dejaron las estacas é todo lo que en ellas te-
nían en el cerco, y confesaban algunos turcos que
vieron en aquella pelea un caballero muy teme-
roso armado de blanco, el qual los detruia, é decían
que era San Juan, glorioso Apóstol, de cuya Orden
es aquella ciudad, que la vino á defender, porque
aquel dia milagrosamente fué defendida, pues tanta
muchedumbre de turcos la entraron. E desque los
turcos vieron aquel desbarato , alzaron velas, é fué-
ronse por la mar. Quedó el Maestre de Rodas , he-
rido de tres heridas de las quales escapó. El arma-
da de ellos no volvió en Constantinopla, mas antes
un Bajá, Capitán mayor de ella con despecho del
desbarato de Rodas, vino en las partes de Calabria
que es en el Reyno de Ñapóles, que se llama la gran
Sicilia, y destruyó muchos lugares, y hizo muchos
daños y males en aquela tierra , y cercó á Otranto,
que es ciudad del Duque de Calabria , é combatióla
noches y dias donde los de la ciudad por se defen-
der mataron muchos turcos , é los turcos la entra-
ron por fuerza de armas , é metieron á espada la
mayor parte de los christianos que en ella había ; ó
después do apoderado en la ciudad é fortaleza
mató á todos los clérigos que halló, é fizo aserrar
por medio al Obispo de Otranto, é fizo matar mil y
quatrocientos hombres atados con sogas, é robaron
la ciudad, y enviaron la presa á Constantinopla
donde del gran Turco habían sido enviados ; é aquel
Bajá, é los otros ordenaron de dejar gente para de-
fender la ciudad, é dejaron en ella cinco mil tur-
cos y hombres de pelea con todas las cosas que
eran menester, é con mucha artillería é f uéronse en
Constantinopla, y ansi Otranto quedó con los tur-
cos por suya.
Horrible plaga fué el perdimiento de Otranto,
que quando los perros de los turcos entraron en
aquella Provincia sabían que no habia gente de
socorro, y por eso se pusieron en cerco de Otranto,
por que el Duque de Calabria, Señor de aquella
tierra , estaba de ahí ciento y cinqüenta leguas en
Toscana, é el Rey de Ñapóles su padre, tenían guer-
ra con Florencia , que eran padre é fijo, é el Duque
estaba en Sena con la gente de ambos que eran va-
ledores de los Seneses ; é el Rey de Ñápeles estaba
en Ñapóles que son ciento de Otranto , ó no tenia
gente de armas con que socorrer ; é así ovieron lu-
gar de facer el estrago que ficieron. Después de
esto el Duque de Calabria vino con gran gente de
guerra, é puso cerco sobre Otranto, y estando en el
cerco invocó ayuda del Rey Don Fernando de Casti-
lla su primo, y del Rey de Portugal, temiendo qa©
habrían los cercados socorros de los turcos ; y fue-
ron de Castilla veinte y dos naos de gente de socor-
ro, y Don Francisco Enriquez, hermano del Adelan-
tado, por Capitán, y el Obispo de Ebora Don Gar-
cía de Meneses, y no llegaron sino hasta Ñapóles,
que ya él habia tomado á Otranto. El Duque de Ca-
labria desque puso el cerco , dióle muchos comba-
tes, é mucha priesa , é viendo que no se podían te-
ner, é temiendo el perdimiento , un Capitán de loa
cercados llamado Damasquino, habiendo ya seis
meses que estaban cercados, fizo un partido que lo
salvasen á él y á doscientos hombres de su capita-
nía, é que daría á todos los otros cautivos á meroed
del Duque ; el Duque concedió el partido, é salvó
al capitán é los doscientos hombres é tomó todos loa
otros cautivos, en que tomó dos mil y quinientog
hombres 6 poco mas 6 menos , que todos los otros
eran muertos de pestilencia que les habia dadt), é
DON FERNANDO
de los combates del cerco ; é el Duque de Calabria
tomó la ciudad, é la fortaleza, é vendió todos aque-
llos, é ovo allí todo el despojo de los turcos, é oro,
é plata, é joyas , é caballos , é armas, é de aquellos
cautivos muchos echó en las galeras, é dio de ellos
á sus vasallos, é dejó para sí doscientos y quarenta
hombres turcos, que eran de rescate, que llevó á la
iglesia de Isea, que es diez y ocho millas de Ñapó-
les ; y así el Duque de Calabria el Graoho cobró á
Otranto, é fizo coger y enterrar los güesos de los
christianos que los fieros turcos hablan devorado
en el campo, é fizólos sepultar en el monasterio de
San Francisco, que los turcos habían derribado. Ovo
allí el Duque de Calabria tal artillería que los tur-
cos habían dejado pensando poseer é tener á Otran-
to, la qual si mediante este tiempo el gran Turco no
muriera, socorriera, é porfiaban á tener que le daban
los turcos por ella ducientos mil ducados ; la qual
el Duque fizo llevar á una ciudad que se llama
Leche.
Después de esto en el mes de Mayo, el tercero día
del dicho mes, día de Santa Cruz año de 1481 mu-
rió é descindió' al infierno el gran Turco Empera-
dor de Constantinopla, llamado Mahometo Otoma-
no, que mas de treinta años había hecho la guerra
muy cruelmente á los christianos de Grecia y sus
comarcas, y ganó de ellos muchas tierras é ciuda-
des, é villas , é lugares , é ganó la ciudad de Cons-
tantinopla, é dio muerte á el Emperador, en el año
del Señor de 1455 años. Este era el Emperador de
Grecia, y de aquí desfalleció el imperio de Grecia,
é no ovo mas Emperador fasta ahora, salvo el Tur-
co lo es.
En aquel propio año que murió el Turco viejo
Mahometo Otomano , grande escándalo se levantó
en Constantinopla con dos fijos que dejó ; el pue-
blo quería por su Emperador y Señor al mayor lla-
mado Bayaceto, fijo mayor del gran Turco ; é los
barones , é caballeros, de la casa del gran Turco,
querían al mas chico, que nació después del otro,
por BU Emperador y Señor llamado Sizimo, y so-
bre esto pelearon y venció la parcialidad del mayor
al menor, y el mayor fué levantado por Emperador
en el sexto calendas de Julio del dicho año, y Sizi-
mo, como se viese vencido fuese en Siria, cuidando
tomar por allá el Imperio y la tierra que su padre
dejó, y tomó á Prusa, y su hermano fué contra él
con gran hueste, y corriólo de allá y echólo de la
tierra, y tomó y señoreó todo el imperio do su pa-
dre, y el vencido Sizimo se vino á Rodas, y dende
en Roma donde fué detenido fasta que murió.
CAPÍTULO XLVL
Como el Rey y la Reyíia fueron á visitar sus reynos de Aragón,
y del presente que les dieron los judíos de Zaragoza.
En el dicho año de 1481 fueron el Rey Don Fer-
nando é la Reina Doña Isabel con toda su corte á
Aragón, Cataluña y Valencia , á ser recibidos por
Beyes é Señores de la tierra, é á tomar posesión de
«Ruellos Reynos é Condado de Barcelona; é apo-
É DOÑA ISABEL. 603
doráronse de todo ; donde les hicieron muy solem-
nes recibimientos, é dieron muy grandes presentes
é dádivas, asi los Consejos de las ciudades, como los
caballeros é mercaderes, é los judíos, ó los moros
sus vasallos, lo qual no es necesario escribir que se-
ria muy prolijo, empero quiero decir del presente
de los ¡judíos de Zaragoza , porque fué muy gran
concierto é en número de doce.
En Zaragoza les presentaron los judíos é Cabildo
de ellos en número de doce por muy singular or-
den, lo qual fué doce terneras, doce carneros, to-
dos emparamentados, y en pos de esto una singular
vajilla de plata que llevaban doce judíos por sus
piezas de platos é escudillas ; é uno de ellos llevaba
encima de el plato una rica copa llena de castella-
nos ;é otro llevaba encima de otro plato un jarro
de plata ; el Rey é la Reina, puestos donde lo vie-
ron todo, lo mandaron recibir é recibieron , é se lo
tuvieron en muy gran servicio, é les dieron por
ello muchas gracias é se lo agradecieron mucho.
Visitaron primero el Reyno de Aragón, y dende
fueron á Barcelona, y visitaron el Condado de Ca-
taluña ; y á la postre vinieron á Valencia, donde en
todas estas partes les hicieron muy grandes y so-
lemnes recibimientos , y les dieron muy grandes
dones y presentes.
CAPÍTULO XLVIL
Como casó el Delñn de Francia con Margarita, fija de Maximiano
Duque de Austria, Rey de Romanos, siendo niños.
En el dicho año de 1481 fueron concertados el
Rey Luis de Francia é Maximiano, Duque de Aus-
tria, Rey de los Romanos, fijo del Emperador Fede-
ricus, tercio nieto del Rey Duarte de Portugal, yer-
no d(!l Gran Duque Carlos de Borgoña, Conde de
Flándes, y por evitar algunos escándalos é guerras
que entre ellos se esperaban por algunas causas de
sus Reinos é Provincias, casaron al Delfín de Fran-
cia Carlos, fijo del dicho Rey Luis, con Margarita,
fija del dicho Maximiano é Doña María, su mu-
jer, difunta, fija del dicho Carlos Duque de Borgo-
ña é Conde de Flándes, difunto, siendo él de poca
edad, de nueve años, y especialmente Margarita
de quatro años. E fecho el concierto é casamiento ó
desposorio, el Rey de Francia mandó á su fijo so
pena de su maldición, que otra mujer no tomase, é
dióla en guarda é cargo al Parlamento é Consejo
de París, para que la criasen. Ca luego que fué he-
cho el concierto se la entregó su padre , y fue lla-
mada mientras el Rey Luis vivió Princesa ó Delfi-
na, de Francia ; y esto hecho, dende á quatro meses,
cerca de San Juan de Junio, murió el Rey Luis de
Francia ; y el Parlamento ovo cuidado, é los Caba-
lleros de Francia de criar los jóvenes desposados;
llamaban á la Margarita Reyna de Francia, también
como al desposado, que como murió el Padre le ti-
tularon Rey de Francia. Estuvo el Reyno de Francia
en tutela del Parlamento é caballeros gran tiempo
esperando la edad del Rey fasta que fuese para lo
regir, el qual no salió dispuesto quanto fuera me-
604
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
nester, é no le osaron darla gobernación del Rey no,
fasta que pasaron aun mas tiempo de lo que el de-
recho permitía; é desque le dieron la gobernación,
comenzó á favorecer desconciertos, y no quiso estar
por el casamiento de Margarita, que su padre habia
fecho é le habia mandado afirmar y hacer desque
fuese de edad, y todas los cosas se le hicieron mal,
y vivió poco, como adelanto se dirá.
CAPÍTULO XLVIII.
De como se comenzó la guerra entre los christianos é los moros.
En este año de 1481 en el de Octubre, comenzó
el Marqués de Cáliz á facer públicamente la guerra
á los moros, é sacó su hueste, é amaneció una ma-
ñana sobre Villaluenga, é quemóla, é corrió los lu-
gares de la Sierra, é corrió á Ronda, é durmió sobre
ella , é derribóles la torre de Mercadillo, é fizóles
muchos daños , é volvióse con su honra ó cabalga-
da, é dende en adelante fizo otras muchas entradas,
é se siguió la guerra entre christianos é moros en
toda la frontera.
CAPÍTULO XLIX.
De como falleció el Rey Don Alonso de Portugal.
En el dicho año de 1481 falleció el muy noble
Rey Don Alonso de Portugal, en un lugar que lla-
man Santarem, y su cuerpo fué llevado á enterrar
á Santa María de la Batalla, al enterramiento de sus
antecesores que ende está, donde fué sepultado con
las honras y obsequias según á su Real estado con-
venia. Falleció siendo de cinqüenta años ; nació el
año de 1432 á 15 dias del mes de Enero , é falleció
en dicho año en el raes de Agosto. Fué muy amado
y querido en su reino de Portugal , por sus muchas
virtudes, y bondades que en él habia, era muy de-
voto, é christianísimo, é sabio, é cuerdo, é franco, é
halló la mina de oro. Él ganó á los moros a Tánjer
é Arcila, con que se acompañaron Alcázar y Ceuta,
que él tenia allende. Fué luego después de la publi-
cación de su muerte, fama pública en todo Portu-
gal, que el Rey Don Alonso no era muerto, por
quanto no fué enseñado después de difunto, como
si fuera ó debiera ser enseñado ; nin ovo persona
que diese fé, que lo vido morir ; nin ovo persona
que adornase su cuerpo para la sepultura, nin se
pudo saber quién lo adornó, como suelen facer á loa
Reyes cuando mueren ; é toda su fin fué tan secreta,
que lo que fué no lo supo sino el Príncipe y el Rey
Don Juan su fijo ; é muy pocos de su secreto, é por
eso dijeron, é fué pública fama que como él habia
eido muy buen Rey y temeroso de Dios é de su
conciencia, é caritativo, é devoto, é do virtud , que
aun se hablaba de él que adonde ponia sus manos
en el nombre de Jesuchriáto sanar los enfermos es-
pecialmente los lamparones, é iban á él desde muy
lejas tierras, é que teniendo su conciencia, conside-
ró é pensó en los muy grandes daños é muertes de
gentes, é robos, é hurtos, é despojos, ó traiciones, é
disfames de muieres , é perdimientos de gentes é
pueblos que por su causa hablan sucedido, é se h&-
bian fecho ó recrecido por haber entrado en Caeti"
lia á reynar. E eso mismo consideró la necesidad
grande en que habia puesto su reyno de Portugal.
Ca habia echado y cojido en el tiempo de la guerra
á sus vasallos todos muy grandes pechos , é derra-
mas ó prestidos que habia tomado la plata y oro da
las iglesias y monasterios de sus rey nos prestada , y
aun estaba por pagar mucho de ello ; é de como lo
habia todo gastado muy mal gastado en la deman-
da de Castilla, sin facer cosa alguna en lo que pen-
só ; y así mesmo consideró las siniestras desdichas
y afrentas que habia recibido en la dicha demanda,
ansí en los suyos como en su persona ; é queriendo
dello facer penitencia le pesó mucho de todo lo pa-
sado, é que atribuyó todo el pecado é cargo á sí mes-
mo é no á otro, é consideró que todo le habia venido
así por BU pecado é que todo cargaba sobre su áni-
ma, é vido ser imposible salvarse sin hacer gran
penitencia, é por esto después de ordenar su ánima
se fué pelegrinando á Jerusalen. Otros dijeron quo
se metió fraile, é se fué á visitar los Lugares San-
tos de Santiago é Roma. Esta fué la común opinión,
é tanto se publicó que mandaron pregonar y defen-
derlo, y que el que tal dijese que muriese por ello;
como quiera que sea. Dios le quiera perdonar por
su gran misericordia, y á nosotros también. Este no-
ble Rey, aunque casó con su sobrina ya dicha, hija
de la Reyna Doña Juana, mujer del Rey Don Enri-
que de Castilla , fué fama pública que no quiso ha-
ber aceso á ella, antes la guardó mucho, é como asen-
tó las paces con Castilla la fizo meter en un monas-
terio de monjas en Santarem con cierta renta para
su mantenimiento é provisión, é con mucha guarda
la qual estuvo allí hasta el comienzo del año 1506,
que el Rey Don Manuel la mandó sacar y llevar á
Lisboa, é siempre la llamaron en Portugal la excC"
lente Señora.
CAPÍTULO L.
Como reinó su fijo el Rey D. Juan de Portugal.
El Rey Don Juan de Portugal comenzó de rey-
nar en el Portugal año de 1481, después de la muer-
te del Rey Don Alonso su padre, en el mes de Agos-
to del dicho año, é reinó catorce años. En el co-
mienzo de su reinado ovo diferencias é turbaciones
entre él é algunos Grandes de Portugal el año de
1483 después de las entregas desfechas é venida en
Castilla la Infanta, é el Duque de Viseo á Portugal
y el Príncipe de Portugal llevado é Ébora, estando
seguro el Duque de Braganza, que era casado coa
hermana de la Reyna, en la Ciudad de Ébora, el Rey
lo mandó prender, el qual fué preso Jueves dia del
Corpus Christi , á 29 dias del raes de Mayo , é fizo
proceso contra él é fué degollado por su mandado
desde á quince dias Viernes, é de esta fué grande
espanto en los caballeros de Portugal ; y el Condes-
table su hermano del dicho Duque huyó en Castilla,
é otros algunos ; el Rey tomó é fisco toda la hacien-
da del Duque para sí é disimuló el Rey por estonce.!
DON FERNANDO
En el año de 1484 en el mes de Agosto en Setubal,
estando el Rey en su Palacio entraron á él seguros
una noche, el Duque de Viseo , su primo, hermano
de la Reyna, Don Diego, é el Obispo de Ébora; y el
Rey tenia ya concertado de los matar , é así como
entraron dio de puñaladas al Duque y matólo, é fizó-
lo echar por una ventana abajo sobre un tejado que
era en lo alto de la sala , é prendió á el Obispo é fi-
zólo echar en una cisterna donde estuvo fasta que
murió. E esto fecho, f uyeron con temor muchos ca-
balleros de Portugal é vinieron en Castilla, especial-
mente el Conde de Faro, é Fernando de Silveyra ; é
Don Alvaro hermano del Duque de Braganza ya es-
taba en Castilla , ca diz que como oyó , ó entreoyó
que hacian los caballeros monipodios contra el Rey,
él por no entender en ello luego se vino á Castilla
antes de la muerte del Duque su hermano ; y el Rey
tomó todas sus haciendas á los ausentados, é las fis-
co para' sí. E después prendió é degolló á Don Fer-
nando de Meneses hermano del Obispo de Ébora,
dos fijos del susodiclio , y desquartizaron á él uno ;
é fizo degollar á Pedro de Alburquerque, é á otros.
E esto diz que fizo el Rey porque falló que los di-
chos caballeros le ordenaban la traición, é tenían
concertado de matar é él, é á su fijo, é alzar por Rey
de Portugal al dicho Don Diego Duque de Viseo,
hermano de la Reyna, fijo del Infante Don Fernan-
do, hermano del Rey Don Alfonso. Este Rey Don
Juan era hombre discreto, esforzado, feroz, é agudo,
sospechoso, deseoso de saber cosas nuevas, traía
comunmente muchas carabelas á descubrir por el
mundo ; las primeras carabelas que fueron é descu-
brieron la especería Calecud en Indias al Levante,
é las envió, é después de su muerto vinieron en
Portugal, reynando el Rey D. Manuel. Este Rey Don
Juan desde que por sus manos mató ásu cufiado, co-
mo he dicho, nunca mas se aseguró ni tuvo segura
la vida, porque era hermano de su mujer y de su
sangre Real ; y era viva su madre Doña Phelipa
suegra del Rey, á la qual dio mal trago. Dio luego
á Don Manuel á Viseo, é todo lo que su hermano
tenia, é rezóle que tuviese manera de le ser leal,
CAPÍTULO Ll.
Gomo tomaron los moros á Zahara, éla tuvieron.
En el segundo día de Navidad en fin del dicho
año de 1481 escalaron los moros á Zahara, é toma-
ron la fortaleza é la villa con toda la gente, é
quanto en ella había ; é se perdieron entre muertas
é cautivas, chicas é grandes que ovieron los moros
ciento é sesenta personas christianas, que no so sal-
varon , salvo algunos hombres que saltaron por los
adarbes; é la Villa así tomada, tuviéronla y defen-
diéronla cerca de dos años, fasta que se la tomó é
ganó el Marqués de Cáliz; é de muchas veces que
por allí entraron mientras la tuvieron á correr tier-
ra de christianos siempre les fué mal á los moros, é
volvieron vencidos é desbaratados. Perdióse por
mal recaudo de los que la rejian, por no estar aper-
^Cibidos de guerra los vecinos de ella que la tenían
É DOÑA ISABEL. 605
por el Mariscal mozo, fijo del Mariscal Fernán Da-
rías de Saavedra, defunto suso dicho.
CAPÍTULO LII.
Como tomó el Marqués de Cádiz á Alliama de los moros é como
é quien fué con él y en qué tiempo.
En Jueves postrero día del mes de Febrero, año
del nacimiento de Nuestro Redemptor Jesuchristo
de 1482 años, tomó la villa de Albania el famoso y
muy esforzado caballero Don Rodrigo Pon ce de León,
Marqués de Cáliz, Conde de Arcos, Señor de la villa
de Marchena á los moros con la gente del Andalucía,
é fué de esta manera. Había un sagaz hombre es-
calador que llamaban Ortega de Prado y de noche
andaba escuchando donde se velaban bien ó mal
los moros ; y supo tanto de Alhama, que con ayuda
de Dios se atrevió de escalar, é fizólo saber al Rey
Don Fernando, estando el Rey en Castilla la Vieja,
é el Rey cometió el caso con gran secreto de ello al
Marqués susodicho, confiando de su notable esfuer-
zo é liberalidad ; el qual tomóla empresa á su cargo,
é sacó su hueste, é llevó consigo á Diego de Merlo
Asistente de Sevilla, con la gente de Sevilla, é á Juan
de Robles, Corregidor de^Jerez, y al Adelantado del
Andalucía Don Fadrique ; é llevó consigo todos los
Alcaydes de su tierra, é otros Alcaydes de esta fron-
tera, en que allegó dos mil y quinientos dea caballo
é tres rail peones. Y el Conde de Miranda que se halló
entonces negociando en esta tierra ahorrado, se fue
con ellos; é no sabia ninguno donde iba sino el
Marqués, é Diego de Merlo, é el Adelantado ; é de-
jaron apercebida toda la tierra, é partieron de Mar-
chena á la vía do Antequera, é desque allegaron al
Rio de las Yeguas dejaron ende el fardaje, é fue-
ron sobro Alhama Miércoles noche, é dos horas an-
tes que amaneciese otro dia Jueves, el Marqués lle-
gó cerca de Alhama; é envió delante á Martin Ga-
lindo, Comendador de la Reyna, Alcayde que era
estonce de Marchena, é con él otros Alcaydes y es-
cuderos de los mas esforzados do quien él confiaba
que por la honra habían de osar morir , antes que
recibir mengua ; ó fueron con el escalador Ortega
de Prado , número de fasta de treinta hombres ; ó
echaron las escalas por la fortaleza por donde man-
dó el Escalador, é plugo á nuestro Señor que no fue-
ron sentidos, é el primer hombre que subió en pos
del escalador fué Martin Galindo, é el segundo Juan
de Toledo su criado, é el tercero también su criado
Estremera ; é luego el Alcayde de Archidona, é lue-
go los otros Alcaydes, los quales montaron, é mata-
ron las velas, é alcaydes, é tomaron la fortaleza ; é
ficiéronlo saber al Marqués que estaba ahí cerca en
la celada con la gente, el qual, como lo supo, fizo
tocar las trompetas é atabales é la gente dieron gri-
ta y allegaron cerca de la villa é descansaron, é die-
ron cebada, é almorzaron ; é los moros trabaron po-
lea con los christianos que habían escalado la for-
taleza ; é algunos de aquellos que habían escalado
descendieron dentro á lo llano, por echar de allí 4
unos moros que les tiraban saetas, é trabaron pe^
606
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
lea. Murieron allí dos alcaydes honrados , los quales
eran Nicolás de Rojas, Alcayde de Arcos , é Sancho
de Avila, Alcayde de Carmona. E desque la gente fué
descansada el Marqués fizo apregonar combate es-
cala franca é luego oradaron el muro por un cabo,
é diéronle combate por muchas partes é entráronles
por fuerza ; é desque entraron pelearon dentro en
la villa con los moros por las calles , que se les te-
nían muy fuertemente, é ficieron en ellos muy grande
estrago metiendo á espada todos los varones, é to-
maron la villa é todas las personas que ende habia
hombres é mujeres chicos é grandes que no escapó
ninguno, salvo algunos hombres que fueron f uyen-
do á la vuelta por la mina ó por otras partes, é allí se
tuvieron ciertos moros con sus mujeres é jente me-
nuda en una Alhima, que no les pudieron entrar
fasta el tercero dia que se dieron. E en lo que se
pudo saber murieron allí ochocientos moros varo-
nes dejando algunas moras que murieron también
á las vueltas. Fueron presos cautivos tres mil áni-
mas, poco mas ó menos, entre chicos y grandes ; la
villa era de seiscientos vecinos. Ansí fué tomada la
villa de Alhama, que era la ma» rica pieza de su ta-
maño que habia en tierra de moros. Ovieron en ella
el Marqués, é todos los que con él fueron infinitas
riquezas de oro y plata y aljófar é sedas é ropas de
seda de Zarzaham é tafetán , é alhajas de muchas
maneras, é caballos é acémilas, é infinito trigo é ce-
bada, é aceite, é miel, é almendras, é muchas ropas
de finos paños , é de arreos de casas. Deliberaron
ende todos los christianofi que habia en ella cauti-
vos, que hallaron en una mazmorra, é hicieron jus-
ticia de un tornadizo que allí tomaron. Elche, traidor
renegado que habia hecho muchos males, entrando
á tierra de christianos , como sabia la tierra de
cuando él era christiano. La villa tomada, pusieron
sus guardas é todo á buen recaudo ; é estubieron allí
holgando Viernes, é Sábado, é Domingo é Lunes, é
fasta que el Martes que vino sobre ellos el Rey Mu-
ley Hacen de Granada, con cinco mil y quinientos
de á caballo, y ochenta mil peones á cercallos, é aún
el fardaje del Marqués no era llegado , que habia
estado detenido en el camino esperando jente de
á caballo para entrar, é en tanto vino el señor Don
Alonso de Aguilar con su jente de á pié é de á ca-
ballo é tomó el fardaje para llevarlo é meterlo en
Alhama. E visto por el Marqués, el dicho Martes de
mañana, como los moros les venían á poner cerco,
é sabia que ese dia habia de llegar Don Alonso con
el fardaje é repuesto, envióle á decir á uña de caba-
llo que se volviese presto que ya no era tiempo que
en Alhama pudiese entrar , porque el Rey de Gra-
nada era venido á los cercar, el qual, viendo el men-
sajero dio vuelta con el fardaje, é anduvieron toda
aquella noche hacia Antequera ; y el Rey de Gra-
nada supo la nueva de aquella gente é fardaje como
iban, é como daban la vuelta, é abajo Miércoles de
mañana con todo su Real en pos de ellos y no los
pudieron alcanzar á causa que no curaron mucho
de los seguir é volviéronse los moros é asentaron
daje fasta Antequera, y dendo cada uno se íaé
para su tierra.
CAPÍTULO Lili.
Como el Rey de Granada combatió al Marqués é 5 el Adelantado,
é á el Asistente de Sevilla é;á todos ¡los christianos que esta-
ban en Alhama.
E como el Rey moro volvió sobre Alhama dejan-
do de seguir los que se volvieron con el fardaje,
mandóle dar combate por todas partes , é llegaron
los moros con las escalas hasta los muros, é comba-
tían muy bravamente osando morir ; é el Señor Mar-
qués y los otros señores capitanes cada uno por su
cabo esforzaron su gente, y diéronse á tal recaudo
que mataron é firieron de los moros muy muchos,
y defendieron bien sus vidas y la villa, en tal ma-
nera que los moros se enojaron é dejaron el com-
bate desque vieron que tanto daño les facían. El
Domingo siguiente dieron otro muy gran combate,
é minaron el muro, é vieron é vinieron á lo dar muy
armados é pertrechados y dando muy grandes ala-
ridos é gritos, el qual duró por muy grande espacio
en que al fin fueron mas de dos mil moros muertos
é heridos. E dende este dia , no osaron dar maa
combate Real , salvo en el agua que quitaron mu-
chas veces á los de la villa , é hacían mucho daño
que echaban el arroyo por otra parte, é salían loa
de la villa por la mina é volvíanla á echar por do
solía ir ; y sobre esta agua recibieron asaz daño los
christianos que de algunos que murieron los mas
fueron sobre el agua, porque no tenían sino un po-
zo en la villa, é padecieron los cercados muy gran-
des penas de sed á causa que los moros les quita-
ban así el rio. Estuvieron cercados el Marqués á
aquellos señores é gente que la tomaron veinte y
cinco días , tanto se estuvo el Rey de Granada so-
bre ellos. El Rey Don Fernando supo en breve
tiempo la nueva de lo que estaba fecho, aunque es-
taba lejos en Castilla, é envió á mandar á todos los
caballeros del Andalucía , é comunidades que fue-
sen en socorro del Marqués á descercar á Alhama,
y luego se juntaron con el señor Duque de Medina
Don Enrique, Conde de Niebla, grandes gentes de
Sevilla y su tierra é sus comarcas, é juntáronse el
Conde de Cabra é Don Alonso de Aguilar, é Martin
Alonso de Montemayor, é el Maestre de Calatrava
Don Rodrigo Jirón, é el Adelantado de Cazorla, ó
el Marqués de Víllena, con muchas gentes de sus
tierras é de el Andalucía, de manera que se hizo una
muy grande y muy hermosa hueste de muy gran
caballería , y peonaje, y juntáronse todos cerca de
Antequera, y el Rey Moro de Granada desque supo
que iban sobre él alzó su Real y fuese huyendo á
Granada. E alzó el Real un Viernes de mañana á 29
días de Marzo. E la gran gente de los christianos
del socorro llegaron á Alhama el Domingo siguien-
te de mañana donde fueron recibidos con mucha
alegría de los que dentro estaban ; é allí salió el se-
ñor Marqués de Cádiz, y el Adelantado de Andalu-
cía con muchos caballeros á recibir el socorro y ék
DON FERNANDO
los señores eobredichos, los quales todos abrazaron
y besaron, al Marqués primero, y después á el Ade-
lantado del Andalucía ; alli se ficieron aquel dia
muchas amistades entre dichos señores de algunos
enojos y diferencias, que en algunos tiempos ha-
blan pasado. Fornecieron la villa de viandas é ar-
mas, é de gente de refresco con algunos de los que
dentro estaban, y dejáronla por el Rey y Reyna de
Castilla, é por Capitán é Alcayde de ella al dicho
Diego de Merlo, Asistente de Sevilla, con ochocien-
tos hombres de pelea, en los quales dejó el Maes-
tre cinco alcaides suyos con la gente de su tierra
que ende quedó. E volviéronse todos por Anteque-
ra como uno en sus tierras, é supieron como el Rey
Don Fernando estaba en Lucena que venia al so-
corro , é dende dio vuelta á Córdoba, que supo lo
que era fecho y que la gente se volvía.
CAPÍTULO LIV.
Como tornó el Rey Moro á cercar á Alhama y entraron en ella
por combate ciertos moros.
Tornó el Rey Muley Hacen, moro Rey de Grana-
da dende á pocos días sobre Alhama é púsole cer-
co é túvola cercada cinco días, en los quales la com-
batió muy fuertemente é fizo tirar con una gruesa
lombarda tres tiros ; é entraron los moros por una
escala que de ante noche habían puesto en un lugar
pequeño de unas peñas é vuelta del adarbe en la
villa al tiempo del combate, é estaban ya dentro se-
cretamente quarenta moros sobidos en el Adarbe,
en un compás secreto, que no los veía nadie é por
subir mas quebróseles el escala é no pudieron subir
mas. En esto los christianos ovieron vista de mo-
ros, é desque ellos vieron que los habían visto sa-
lieron peleando é dando grita , é muchos christia-
nos se alteraron é dieron á huir diciendo que sin
remedio la villa era tomada, é los moros mataron
dos christianos, é otros christianos que estaban cer-
ca de allí se esforzaron , y arremetieron donde sin-
tieron que estaba el escala é vieron que se les ha-
bía quebrado, é atajaron los moros entrados, é ma-
taron de ellos doce, é prendieron veinte y ocho, é
murieron muchos moros en aquel combate, é fue-
ron muchos heridos. E desque el Rey moro esto
vído, alzó el Real, é volvióse á Granada. E así
ovieron allí el Asistente con todos los otros capi-
tanes, con todos los demás que ende estaban la vic-
toria aquel dia é mucha honra. E entre los moros
que tomaron ovo ocho moros de buen rescate, é re-
partieron la presa entre todos.
CAPÍTULO LV.
De como el Rey D. Femando faé á ver i Alhama.
A catorce días del mes de Mayo del dicho año de
mil quatrocientos ochenta y dos, fué el Rey Don
Fernando á ver á Alhama con muy grande hueste
de gente é entró en ella, é ovo ende mucho placer,
é mandóla mucho adobar é fortalecer, é mudó la
gente, é sacó al asistente, y á todos los que ende
É DO^A ISABEL. 607
habían quedado é paso gente de refresco, é puso
por capitán y Alcayde al Señor Luis Puertocarrero,
Señor de Palma, del qual estuvo su domada ; y des-
pués lo mandaron, é pusieron al Comendador Juan
de Vera Alcaide que fué de Jaén. E otro sí de esta
vez que el Rey Don Fernando fué á ver á Alhama,
vino á Lo ja, é otros lugares de los moros.
CAPÍTULO LVI.
De como en Granada alzaron otro Rey, é dejaron al Rey viejo.
Después que el Rey moro Muley Hacen volvió
de Alhama en Granada sin la tomar, luego fué
gran división entre los moros , é alzaron por Rey á
Muley Baudili su fijo en Granada los grandes de la
ciudad. Y alzóse también su hermano Muley Bula-
haique ; é fuese de Granada é tomó contra su Padre
á Almería, é el otro quedó Rey en Granada ; y des-
que esto vído el Rey viejo Muley Hacen fuese á
Málaga é con toda su casa é tesoros ; é la mayor
parte de este daño le vino al Rey viejo por envidia
que habían los caballeros de Granada , por la gran
privanza que con él tenia el Ibocacim Venegas, Al-
guacil de Guarda, que mandaba á Granada é todo
el Reyno mucho mejor que el Rey. Este Alguacil,
era de linaje de christianos de los Venegas de Cór-
doba, é su padre é abuelos fueron christianos é él
nació en tierra de moros, é era muy gran servidor
del Rey.
CAPÍTULO LVIL
De la batalla del Lomo del Judio que vencieron los christianos
de Utrera.
Viernes primero dia del mes de Marzo año suso-
dicho de 1482, que fué un día después de la toma
de Alhama , acaeció que los caballeros de Utrera
que quedaron en guarda de la tierra, los quales fue-
ron quarenta y ocho, todos los mas ancianos, mas
viejos que mozos, los quales sabida la nueva que
entraban los moros, que como tenían á Zahara, no
eran sentidos muchas veces fasta que corrían ; é
por esto f uéronse á Bomos, llevando por Capitán al
Alcayde de Utrera , Gómez Méndez de Sotomayor,
é jimtáronse con algunos caballeros muy pocos que
ahí estaban é con algunos peones, é estando en
Bornes el dicho Viernes de mañana, amanecieron
los dichos moros de Ronda é de su tierra sobre ellos,
los quales eran doscientos y sesenta de á caballo
los que allí vinieron, é algunos peones, é el peona-
je dejáronlo en la Sierra , é corrieron el campo de
Bornes é de Espera, é de Sevilla, é recojieron quan-
to ganado hallaron, élos pastores que pudieron ha-
ber, en que llevaban once mil cabezas poco mas ó
menos, íbanse poco á poco con ellas que como no
había gente, que eran idos á Alhama, no había quien
se lo contradijese. E desque esto vieron los chris-
tianos que estaban en Bornes , los quarenta y ocho
de Utrera é diez de á caballo del mismo lugar, é de
Arcos seis de á caballo, de Espera otro do á caballo,
que fueron todos setenta y dos de á caballo con I09
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Alcaydes de Utrera Sotomayor, é Matlieo Sánchez,
Alcayde de Bornos, todos los mas hombrea viejos
canos, salieron á trecho de los moros con obra de
treinta peones y fuéronse en pos de ellos, fasta el
cerro que dicen el Lomo del Judío, á dos leguas de
Bornos ; ó allí los moros desque vieron tan poca
gente, habido su consejo, diciendo que también los
podrían llevar como la cabalgada, volvieron sobre
ellos , pensando que les f uirian ; é los christianos
desque los vieron venir, ficiéronse un cuño y apre-
táronse, é pusieron los peones al un cabo, y esfor-
zándose los unos con los otros, diciendo unos á otros
que todos ficiesen como buenos, que Dios, é la Vir-
gen Santa María é el Apóstol Santiago les ayuda-
rían ; y los Alcaydes ambos eran hombres esforza-
dos, y esforzaron mucho la gente é pusiéronla en
orden, y apretáronse mucho todos , puestas sus lan-
zas de encuentro ; y los moros viniéronse para ellos,
y queriendo encontrarse soltaron los moros tres es-
pingardas á caballo facía los christianos, é non les
ficieron daño ; arremetieron los unos con los otros
diciendo los christianos Santiago , é rompieron los
unos en los otros ; los peones se estuvieron quedos
fecho adarbe con las puntas de sus lanzas que les
non pudieron entrar; é volvióse la pelea; mas los
christianos horadaron luego la batalla de los moros
andando muy apretados, é acaudillados, é dieron
vuelta otra vez sobre ellos , derribando é matando
muchos. Los peones, desque vieron derribados mu-
chos moros , comenzaron de matar é ayudar á los
suyos. Los moros como vieron tantos caídos de ellos
é los christianos en su vigor, comenzaron de huir
vencidos, é muertos, é desbaratados ; los christianos
siguieron el alcance gran rato, é fueron muertos
mas de cíen moros y cautivos no mas do tres, é
murieron quatro christianos, tres de Utrera, y uno
de Arcos ; y volvieron todo el ganado que llevaban
los moros, é cojieron el campo, en que ovieron no-
venta caballos é muchas armas, ó volvieron toda la
presa que los moros llevaban, é tornaron con mu-
cha honra á sus casas, é^repartieron la presa por to-
dos los que allí so hallaron y pelearon. Este año
fué Juan de Vera , fijo del Comendador Diego de
Vera, enviado á Granada por Embaxador, é estando
en la Alhambra ovieron unos moros disputa do co-
sas de la fé, é un moro Benzorraje dijo que nuestra
Señora la Virgen María no quedó Virgen después
quo parió á Nuestro Señor Jeauchristo, y Juan de
Vera dijo que mentía , y lo hirió con la espada en
la cabeza, é el Rey Don Fernando se lo agradeció
mucho é le dio mercedes.
CAPÍTULO LVIII.
De como el Rey fué primera vez sobre LoXa, y tío DZo lo ^ue qui-
siera.
En el dicho año do 1482 después de San Juan de
Junio , sacó el Rey Don Fernando su hueste con
muchos de los Grandes de Castilla, ó fué sobre Lo-
xa con asaz artillería , é púsolo cerco del un cabo é
túvola cercada cuatro 6 cinco días, é los rucres ea
lían á pelear muchas veces por dónde más á mand
hallaban las estancias , é cada día les entraban mo-
ros de refresco en la villa , que el real no lo podía
defender, que estaba entre la villa y el Real é estan-
cias , el río Guadajeníl. E un día salieron loe moros
do la villa á pelear por estancia donde estaba el Maes-
tre de Calatrava Don Rodrigo Girón , é él saüié á
pelear con ellos, é diéronle una saetada de que mu- ;
rió luego, é acudió gente del real é ñcieron huir los
moros. E viendo esto el Rey é los Caballeros, é vis-
to como tenían poca gente, é estaban cerca de Gra-
nada donde muy presto se podían recrecer , é socor-
rer á aquella villa mucha gente, ordenaron de alzur
el real , porque no se fallaron mas de quatro mil de
á caballo é doce mil peones, é según la calidad do
la tierra eran menester para aquel cerco aquellos , y
otros tantos ; é como los moros de la villa vieron
que el real se alzaba salieron á pelear ya que la ma-
yor parte era alzado , é ficieron muy grande alboro-^
to en el real, é muchos caballeros é peones dieron á
f uir al Rey mesmo ; é como vido aquello acudió por
aquel lugar con algunos pocos do caballeros, dicien-
do á voces : « tener caballeros , tener caballeros » ; ó
peleó allí el mesmo con los moros é desbarató una
batalla, y atajó otra de cinqüenta moros que no pu-
dieron tomar el paso, é no tuvieron otro remedio si-
no echáronse los mas de ellos en el río donde se aho-
garon , é los otros murieron á lanzadas y en esto el
real tuvo algún tanto de lugar lo que no era alzado
de se alzar y poner en cobro. E como el Roy en esto
andaba peleando con los moros recrecíanse mas mo- í'
ros , é vídolo el Marqués de Cádiz é socorriólo con
sesenta lanzas, dejando el cabo donde estaba, évino
allí é fizo quitar al Rey de aquel peligro é púsose
él allí, é salieron otra vez los moros por allí ; é fizo
el Marqués tres ó quatro vueltas sobre ellos muy es-
forzadamente con los que con él estaban , é echó una
lanza á un moro é atravesólo , é quedó sin lanza, 6
firíéronle el caballo de una saetada, é con estas
vueltas que fizo escusó que no se perdió parto del
real. Con todo eso se perdió mucha harina, vino, é
algunos tiros de pólvora, en los quales fueron qua-
tro ó cinco robadoquines. E esto fecho el Rey fizo
bastecer á Alhama de aquellos bastimentos que ha-
bían ido al real, é vínose sin facer lo que quería , é
fué esquela al Roy este cerco primero de Loxa en
que tomó lición , y deprendió ciencia con que des-
pués fizo la guerra, é con ayuda de Dios ganó la
tierra', según adelante será dicho. E desde esta vea
le creció contra los moros muy gran omezillos éfizo
facer sobre la que tenia muy gran artillería de tiroa
de pólvora en Huezna , é muchos robadores, é guar-»
necióse mucho de todas las cosas necesarias para
la guerra ; é fizo facer sobre la que tenia muy gran
artillería y muchas gruesas lombardas , é labrar en
esta Andalucía muchas piedras para ella, é en la
sierra de Constantina muy mucha madera para Isk
dicha artillería.
DON FEEÑANDO
CAPÍTULO LIX.
Como el Rey Muley Hacem corrió el campo de Tarifa.
En el dicho año de 1482 mientras el Rey estaba
sobre Loxa, corrió el Rey Muley Hacem el Viejo
el campo de Tarifa, en que llevó mucho ganado va-
cuno, como no había caballeros que so lo resistie-
sen , que estaban en el cerco de Loxa ; é á la salida
cerca de Castellar , dieron en la delantera de los mo-
ros Pedro de Vera, Alcayde de Gibraltar, é Christó-
bal de Mesa, Alcayde de Castellar, con fasta sesenta
de á caballo, é desbarataron ciento y cinqüenta de
á caballo moros muertos é heridos , é con aquel al-
boroto se volvieron mas de dos mil vacas de las que
llevaban los moros, é con todo eso llevaron todavía
mas de tres mil vacas , é ansí el Rey moro se vol-
vió á Málaga, donde estonce reynaba , después que
Granada lo despidió, tomando por Rey á su hijo Mu-
ley Boabdelin.
CAPÍTULO LX.
Del desbarato que los moros ficieron en los christianos en el
Axarquía de Málaga.
En el mes de Marzo de 1483 años entraron á cor-
rer tierra de moros por Antequera el Maestre de
Santiago Don Alfonso de Cárdenas, é el Marqués de
Cádiz, é Don Alonso de Aguilar, é Juan de Vera é
el Adelantado de Andalucía , é el Conde de Cifuen-
tes, Asistente de Sevilla, que sucedió después de la
muerte del virtuoso Señor Diego de Merlo, ó Juan
de Robles, Corregidor é Alcayde de Jerez, é recogie-
ron la gente en Antequera , é falláronse con mas de
tres mil de á caballo é con pocos peones, según fue-
ron menester para la tierra donde iban. El consejo
del Marqués era de combatir á Almejía , é el Maes-
tre no quiso sino que fuesen á destruir los lugares
del Axarquía, para lo qual habían sido munidos é
allegados, é para dar vista á Málaga , é ovieron di-
visión en el concierto de la entrada á causa que el
Maestre tenia adalides que habían sido moros, ó
decíanle de una manera, faciéndole muy llana y sin
peligro la entrada. El Marqués tenia también sus
adalides tornadizos, entre los quales uno era Luis
Amar, uno de los que le dieron á Montecorto, é fa-
cían la entrada por allí muy peligrosa ; y en fin si-
guieron todos la voluntad del Maestre , é dejaron el
fardaje en Antequera , é todos los que tenían fla-
cos caballos. Partieron de Antequera los dichos se-
ñores con pocos menos de tres mil de á caballo , y
obra de mil peones ; é entraron en la Axarquía de
Málaga comenzando de correr, é quemar lugares , é
matar é robar, un Jueves de mañana víspera de San
Benito á veinte días de Marzo, fasta la tarde que se
apellidó toda la tierra de los moros sobre ellos ; la
tierra era muy fragosa y áspera de muchos collizos
é lomas, ó barrancos , é dieron los moros en la bata-
lla de la rezaga é ficieron mucho daño á saetadas
desde arriba de aquellos barrancos , como los caba-
lleros po podían dar vuelta Bobre ellos , y tai mata-
Cr.-m.
É DOÑA ISABEL. 609
ban é desbarataban mucha gente á cada paso, de
manera que se erró en los christianos, é ovo tan mal
acuerdo é tan gran desmán , que no tenían valor
para pelear los mas de ellos , temiendo la grita do
los moros, é las infinitas saetas que cada uno les
echaban. El Marqués, por guarecer la gente de la
rezaga, quedó atajado aquella noche que no pudo
llegar ni pasar á la gran batalla del Maestre y do
los otros señores , y allí por amparar la rezaga le
mataron el caballo , é quedó con fasta cinqüenta do
á caballo atajado, é habia muchos moros entre él ó
la otra gente , é estuvo gran parte de la noche allí,
é los tornadizos le amonestaron é aconsejaron que
saliese por una parte por do le guiarían, pues no
podía juntarse con los demás sin peligro de su per-
sona; é que si allí aguardaba á la mañana amanece-
rían sobre aquellos moros que lo tenían cercado,
otros en gran suma , é que estonce no se podría qui-
zá poner en cobro ; é de tal manera se vido afren-
tado aquella noche, que ovo de tomar el consejo de
los tornadizos , é no pudo facer sino escapar su vida
á uña de caballo por donde lo guiaron los adalides
suyos tornadizos y Luis Amar, y al fin salió de An-
tequera.
El Maestre é los otros señores con toda la otra
gente estuvieron toda esta noche cercados de loa
moros, con diez mil candelas de fuego ardiendo al-
rededor que no habia por donde saliese uno , ni en-
trase otro, recibiendo de cada parte muchas saeta-
das que le tiraban á montón, en que se recibían
muchos daños de f eridos é muertos. Los moros nun-
ca cesaron aquella noche de velar toda la hueste al
derredor, dando gritos é faciendo tantas algazaras
fasta otro día Viernes de San Benito, de manera que
se movió la hueste de los christianos para se venir
puesta su retaguardia á la zaga, é comenzaron de
pasar cuestas é barrancos , y los moros con ellos á
cada paso revueltos por unas lomas y pasos muy
inustos , é echaban muchas piedras á rodar é con las
manos muchas saetas, é salían á las delanteras por
donde no podían subir los christianos, é así mata-
ban é herían ; y los christianos, como iban ahilados,
la tierra era tal que no podían facer vuelta, ni se po-
dían valer unosá otros ; y desque vieron que la gen-
te se ponía en huida, ó según la aspereza y bacana -
miento de la tierra , la gente de á caballo no podía
pelear, dixeron al Maestre y á los señores que iban
con él en las delanteras los adalides que si querían
escapar que anduviesen presto, antes que los moros
les tomaran un puesto grande que adelante estaba;
de manera que el Maestre é los otros señores comen-
zaron de meter espuelas é andar cuanto podían; é
como esto vieron los de la hueste é de la rezaga^
toda la gente se puso en huida , cada uno cuanto
mas podía ; é dejaron la vía por donde iba el Maes-
tre muchos caballeros , ó tomaron la vía de Alora, é
los moros siguieron el alcance, é mataron ó cauti-
varon mil é ochocientos hombres christianos 6 pocos
menos , en que fueron muertos dos hermanos del
Marqués de Cádiz, Don Lope é Don Beltran , é Pe-
dro Vázquez, hermano del Mariscal , é Gómez Men-
39
610
dez de Sotomayor Alcay do de Utrera , é Alonso de
las Casas, é otros muchos caballeros de Sevilla y
de Jerez y do toda el Andalucía , fueron muertos é
cautivos, é fué preso el Conde de Cifuentes, Asis-
tente de Sevilla, y Don Diego Ponce de León, her-
mano del Marqués, ó su sobrino Juan do Pineda,
nieto del Conde Don Juan , y otros muchos criados
y parientes del dicho señor Marqués. E fueron muer-
tos é presos muchos Comendadores do la Orden de
Santiago, entre los quales fué muerto Juan de Ba-
zan. Comendador de Almendralejo, que fué un
muy esforzado y honrado caballero. E fueron presos
Don Lorenzo Ponce de León , Señor de Villagarcía
que era paje del Maestre, é Juan Zapata sobrino
del Maestre , fijo de Pedro Zapata, Comendador de
Hornachos. Afirmábase entre muchos muertos y
cautivos mas de treinta Comendadores faltaban ; é
fueron presos é cautivos otros muchos caballeros,
criados é parientes de los señores Adelantados é se-
ñores Don Alonso de Aguilar, é Alcaydes desta An-
dalucía , entre los quales fueron presos Juan de Ro-
bles , Corregidor, é Alcayde é Capitán de la gen-
te de Jerez , Don Juan hermano del Duque de Me-
dina Sidonia, Don Manuel sobrino del Marqués fijo
de Don Pedro de Guzraan el Vayo, Monsalvo, Juan
Gutiérrez Tello, Diego de Fuentes, é Pedro Esqui-
vel , veinte y quatro de Sevilla, é Gómez de Figue-
roa, é Gonzalo de Saavedra, Alcalde mayor é vein-
te y quatro de Córdoba , é otros semejantes fidalgos
é ricos hombres.
Así que el desbarato fecho , los moros cojieron el
campo é juntaron la cabalgada en Málaga en que
juntaron ochocientos veinte y cinco hombres , en
que habia en ellos doscientos ciuquenta hombres,
principales caballeros, é Alcaydes, é Comendadores,
é generosos é fidalgos de grandes rescates, alas qua-
les apartaron luego é llevaron á la Alcazaba, é pu-
siéronlos aparte, é quedaron allí en el corral qui-
nientos setenta y cinco , estos fueron sin algunos
que los mas hurtaron los moros, y sin algunos que
después fallaron.
Este desbarato hicieron muy pocos moros mara-
villosamente, é pareció que nuestro Señorío consin-
tió, porque es cierto que la mayor parte do la gente
iba con intención de robar é mercadear ; mas que no
de servir á Dios , como fué probado é confesado por
muchos de ellos mesmos que no llevaban la inten-
ción que los buenos christianos han de llevar á la
pelea é batalla de los infieles , que han de ir confe-
sados, é comulgados é fecho testamento, é con in-
tención de pelear é vencer á los enemigos en favo^
de la Santa fé cathólica, é ovo muy pocos que la
tal intención llevasen ; mas por la mayor parte iban
todos puestos en cobdicia de haber por robo cosas
é alhajas como las doAlhama, diciendo que muchos
fueron ricos do Alhama ; y otro» muchos llevaron
muchos dineros y encomiendas de sus amigos para
comprar do las cabalgadas que habían de hacer, es-
clavos y esclavas, y ropas de seda como si hecho lo
tuvieran, y pensaban sin dar é temer á nuestro Se-
ñor Dios el mal propósito q,ue para esto llevaban,
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
quiso por castigar los malos que recibiesen pena
los buenos ; que dijeron los christianos que fueron
presos, que puesto caso que había muchos moros en
los cerros y de cada cabo , que todos los moros que
ficieron el destrozo ó daño que no fueron sino fasta
quinientos peones é cinqüeuta de á caballo , é quo
todos los otros no llegaron fasta quo estaba fecho
el desbarato.
Los señores Marqués, é el Maestre , é Adelantado
Don Alonso de Aguilar, é todos los que escaparon
vinieron á Antequera , é muclios fueron á parar á
Alhama é otras partes, é muchos estuvieron por los
montes ocho días comiendo yerbas é bebiendo agua,
y después salían andando de noche, é de dia escon-
didos ; é acaeció que venían ftiyendo é venian á pa-
rar á Herbar, que es un castillo que tenían los moros,
donde estaban tres ó quatro moros, que estaba á
quatro leguas de Antequera; é como vieron aquellos
moros venir por allí dos ó tres christianos , presu-
mieron lo que era que venian desbaratados, é salie-
ron 'é cautiváronlos ; é después vieron venir mas , ó
dejaron en la fortaleza dos moros con los presos , é
soltóse uno de los christianos, é mató á el un moro
y firió el otro, ó alzóse con la fortaleza, é tuvieron él
é los otros dos que él desató fasta que le vinieron á
poner cobro los señores. E aquellos que escaparon
juntos en Antequera, esperaron todos los que ve-
nian, é recojído cada uno los suyos, é visto que le
faltaban con mucho enojo, dolor y angustia, se fué
cada uno en su tierra donde ya se os entiende con
que placer podrían recibirlos. Y fué llamada por
mal de los christianos , y es hoy día la de la Axar-
quía, otros" Jo llaman la de las Lomas, é de aquí
creció mas la enemiga entre chisíianos y moros.
CAPÍTULO LXL
De como fué preso el Rey mozo Muley Baudili cerca de Lucena.
La fortuna que nunca para, ni deja en un ser mu-
cho tiempo permanecer las glorias mundanas, ni á
los malos disimula sus maldades y yerros luenga-
mente para que siempre hayan de perseguir á los
buenos, mas por divina ordenación vemos que los
malos, aunque en algún tiempo prevalecen , presto
son consumidos, y los buenos , aunque algunas ve-
ces perseguidos por que no conozcan á Dios , siem-
pre Dios los socorre y consuela ; y así estando esta
Andalucía en muy gran tristeza y no limpios los
ojos de llorar en ella ó en gran parte de Castilla
donde tocó el dolor; los moros muy enlo9anados por
la victoria, y no contentos con lo pasado que se ha-
bia fecho en las Lomas, ordenaron entrar á correr
Loxa tierra de christianos, peusandoque por temor
del estrago fecho no habría quien les ficiese resis-
tencia ; y fué de esta manera, que el Rey moro Mu-
ley Baudily que reynaba en Granada, desque supo el
desbarato que se habia fecho en los christianos ade-
rezó su gente é sacó su hueste desde Granada en que
habia nueve mil peones y setecientos de á caballo,
y entró á correr el campo de Aguilar é de Lucena, ó
desque fueron vistos por los christianos , apellidósa
Don FERNANDO
la tierra é salió el Alcayde de los Donceles , con fas-
ta setenta de á caballo, é unos pocos de peones, é
asomó por un cabo ó lado de los moros ; é asomó el
Conde de Cabra por el otro cabo é lado de los] mo-
ros, con fasta doscientos de á caballo é quatrocien-
tos peones. E los moros en el campo volvían ya de
vuelta, é el Alcayde de los Donceles fizo tocar una
trompeta cerca de la delantera de los moros, é el
Conde de Cabra fizo tocar sus trompetas, y los unos
christianos con los otros esforzáronse, puesto caso
que eran muy pocos en comparación de tantos mo-
ros, se esforzaron unos con otros. Y el Rey de Gra-
nada y su hueste estaban en un llano, y como los
christianos asomaron por los cabezos, no podían
bien juzgar si eran pocos ó muchos, é comenzaron á
desmayar por el sonido de las trompetas de cada
parte, y el Conde por su cabo con su gente bien co-
gida rompió por medio de los moros, y no menos
hizo el Alcaide, aunque tenia muy poca gente, por
la otra parte ; é desque los moros se vieron cometi-
dos por dos partes, pensaron que toda Castilla esta-
ba allí, é comenzaron á f uir como cobardes é corta-
dos, no mirando la honra de su Rey toda la peonaje;
y de la gente de á caballo algunos, é otros, recibie-
ron ferozmente los primeros encuentros en que los
christianos derribaron muchos de ellos, como ellos
usan cabalgar corto, ficieron por cada parte entra-
da é salida en ellos, é desbaratáronlos, é estonce
comenzaron todos á fuir, y los christianos á los se-
guir, derribando, é matando en ellos hasta el rio de
Guadaxenil, el qual iba estonce crecido, é no lo po-
dían pasar salvo por ciertos vados; é de los que allí
llagaron muchos se metieron á el agua é fueron
ahogados; así que orilla del rio fueron muchos
muertos á lanzadas, é muchos ahogados en el rio, en
tal manera que de todos los moros, así de á caballo
como de á pié, escaparon muy pocos en esta batalla
y alcance á lo que se pudo ver ; es á saber : fueron
muertos é presos todos los setecientos de á caballo
que nó escaparon, salvo algunos pocos que ovieron
lugar de pasar el rio, é otros escondidos ; é fueron
muertos é presos siete mil peones poco mas ó me-
nos. Así que se estragó y pereció casi toda la hues-
te de los moros que habían entrado, entre los quales
el Rey moro fué preso; y el Alatar viejo, Alcayde de
Lora.'"'que era un esforzado y nombrado moro , fué
muerto y ahogado en el rio que nunca jamas pare-
ció ni entre los muertos pudo ser conocido; era
hombre de mas de sesenta años, el qual había fecho
desde su mocedad guerra á los christianos. E habida
la victoria, los christianos cojieron el campo, don-
de ovieron muy gran cabalgada é riquezas ; prime-
ramente , el Rey moro cautivo con otros caballeros
moros , muchos y de grande rescate, é otros muchos
cautivos de mediano rescate , é otros muchos de co-
mún rescate y valores , y muchas acémilas, é fue-
ron tantas, que se maravillaron los christianos don-
de había tantas scémilas, y los moros cautivos les
dixeron que cada peón traía una acémila, ó al me-
nos entre dos peones una acémila, por amor del tra-
bajo de las tres marchadas, é por las vituallas del
É DONA ISABEL. 611
comer, é aun por parecer mas gente de á caballo ; ó
ovieron muchas armas é ropas , é oro , é plata , é ca-
ballos ; é ansí volvieron el Conde de Cabra , é el Al-
cayde los Donceles, con la cabalgada é muy hon-
rados.
E Don Alonso de Aguilar, en este medio tiempo
estando en Anteqnera, supo el desbarato de los mo-
ros, é salió al campo á la delantera de los que ha-
bían escapado, é ¡ovo mas de ochenta moros que
tomaron él y los suyos. El primer moro de los de á
caballo que entró solo en Loxa, fué uno que se lla-
maba Cidi Caleb , sobrino del Alf aquí mayor del
Albaicinde Granada; é como lo vieron ansí solo, fué
muy grande alboroto por un poco en la villa , y
dixéronle «¿caballero, dó el Rey y la gente?» y él
respondió : « allá quedan, que el Cielo cayó sobro
ellos, é todos son perdidos é muertos.» Estonce co-
menzaron en Loxa muy gran llanto , é muy gran
lloro y tristeza, é este moro mesmo llevó la nueva
á Granada, donde la gente de ella fué muy triste y
cuitada, é fué muy llorada por los moros la pérdida
del Rey ; é sabed que los que con él se perdieron,
eran todos los mas caballeros de los mejores é mas
principales de Granada , ó de Loxa é de toda la
frontera. El Conde de Cabra , é el Alcayde de los
Donceles, desque conocieron al Rey moro entre los
presos, guardáronle é ficiéronle mucha honra, é pre-
sen tárenlo al Rey Don Fernando desque vino á
Córdoba, el qual no tardó de venir de Castilla, des-
que supo la victoria habida por los christianos, al
qual el Rey lo tuvo preso algún tiempo, é después
lo soltó sobre rehenes, é volvió en tierra de moros,
é algunos de los caballeros moros no lo obedecieron,
en algunos lugares lo recibieron, é en algunos no.
Fué llamada esta batalla por mal de los moros, la
de Lucena, otros la llamaron la del Rey moro, por
que fué allí cautivo.
CAPÍTULO LXII.
De cómo los moros tornaron á tomar por Rey al Rey viejo.
En el dicho año de 1483, luego como los moros
de Granada vieron perdido á el Rey , é vieron que
era tanta gente con él estragada é perdida , envia-
ron por el viejo á Málaga que volviese á reynar , ó
vino luego é apoderóse en Granada como antes es-
taba, y tuvo la ciudad fasta San Juan del ftio de
1485 que fueron tres años, en su honra y prosperi-
dad; y en aquel tiempo todo, tenia la ciudad do
Almería contra él, su fijo Muley Baudili Agije el
Infante, por su hermano, el que se había perdido
cerca de Lucena, é en este tiempo el Rey cautivo
se deliberó por rehenes é ciertos partidos secretos,
de poder del Rey Don Fernando, é fué á Granada,
é no le quisieron recibir, é fuese á Guadix, é allí lo
recibieron, é allí estuvo algún tiempo fasta que sa-
lió de alh' para ir á Vera, é desque salió de Guadix,
nunca mas lo quisieron acojer en ella, é estuvo en
Vera fasta que mataron á su hermano el Infante
en Almería, é estonce huyó él é vínose á Castilla, é
estuvo acá algunos dias, é después volvióse á Vera,
612
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
é estuvo allá fasta quo se tomó Loxa, que se vino
á Granada, é lo acojieron en el Albaicin , é en todo
este tiempo habia división entro los moros como
adelante se dirá.
CAPÍTULO LXIII.
Como el Rey Don Fernando tomó á Zahara á los moros.
En el mes de Junio año susodicho de 1483^ fué
el Eey Don Fernando á meter la recua á Alhama
poderosamente, é combatió á Zahara, é tomóla por
fuerza 'de armas , é tomó los moros cautivos que
fueron ciento, ó poco mas ó menos, que guardaban
la fortaleza ó villa que la gente menuda no osó to-
da aguardar, é fizo talar la Vega de Granada, é tu-
vo allá el San Juan ; y en Zahara hubo mucho trigo,
é cebada é gran presa, de lo qual fizo bastecer á Al-
hama, é sacó de ella á Luis Puertocarrero, é dejó al
Conde de Tendilla por Capitán é Alcalde ; é de esta
vez quedaron los moros de Granada muy atemori-
zados de el Rey Don Fernando de ver tanta y tan
noble caballería y gente como llevaba, entró y salió
eata vez en Alhama, dando vista á Granada.
CAPÍTULO LXIV.
De las siete islas de Canarias.
Las islas de Canarias son siete situadas dentro en
el mar Océano, mas vecinas y cercanas de tierra de
Añ-ica que de otra tierra ; yendo de Cádiz á ellas
queda la tierra á la mano siniestra ; son vecinas á
la tierra de la mas pequeña algunas quince leguas,
¿algunas treinta leguas, ó algunas cinqüenta le-
guas, poco mas ó menos. La mas pequeña linda con
la tierra de Tagaos é Desa ; es la primera isla como
van do Castilla , Lanzaroto , que es tierra de mucho
pan y ganado , especialmente cabras ; es tierra para
plantar viñas é árboles, salvo que no las ponen por
el mucho ganado que los comen é destruyen ; no
tienen aguas dulces, beben los hombres y ganados
aguas llovedizas que cojen en cisternas que llaman
maretas ; es tierra de muchos conejos é palomas, po-
cos vecinos , é moradores menos de ciento , tienen
buenos pescados, hay desde Cádiz allá doscientas
leguas.
Es luego Fuerte Ventura : llámase la población el
Valle c|| Santa María; es tierra de muchas aguas
dulces de rios, hay muchas cabras, pocas vacas,
parras de uvas, huertas, é almendras y otros árbo-
les ; está tres leguas mas allá de Lanzarote.
Gran Canaria es luego , que es grande isla, muy
virtuosa, de muchas aguas é rios dulces , é muchod
cañaverales de azúcar, é tierra de mucho pan, trigo,
é cebada, é vino, é higuerales, é muchas palmas de
dátiles, é es tierra para muchas plantas , tiene bue-
nas viñas y muchos conejos ; está diez y ocho leguas
adelante de Fuerte Ventura.
Tenerife es luego que es tieiTa muy virtuosa de
pan y ganados, y de aguas dulces, donde hay una
sierra de las mas altas del mundo , que ven encima
de ella algunas veces arder llamas de fuego como
hace el Monjebel en Cecilia ; es grande isla ; hahíá
en ella nueve Reyes é nueve parcialidades que so-
juzgaban toda la otra gente, es tierra de mucho pan,
como dicho es, é muy aparejada para plantar vi-
ñas é huertas é todas las otras cosas necesarias á la
vida de los hombres ; está doce leguas adelante de
la Gran Canaria.
La Gomera es luego seis leguas de Tenerife ; es
muy virtuosa tierra do pan, é do ganados, é de azú-
cares, é aparejada para plantar viñas é árboles de
todas plantas.
La Palma es luego , é es tierra de mucho pan y
azúcar, é aguas dulces de la calidad de la Gomera,
hay en ella pastel y no hay en todas estas islas ; Ar-
chila está quatro leguas adelante de la Gomera, y
no hay pastel sino en ella.
El Fierro es la cabeza de todas , é mas lejos es
tierra áspera , á lugares; tiene muchos puercos , y
de todos ganados hay en ella ; no tiene ningunas
aguas dulces, salvo de cisternas é maretas: del agua
lluvia beben los ganados.
En esta isla hay una gran maravilla de laa del
mundo, que el pueblo bebe del agua que un árbol
suda por las hojas. Hay un árbol de manera de un
álamo, y es verde todavía que nunca pierde la hoja
y su fruto que da es unas bellotillas que amargan
como hiél , é si las comen son medicinales , y no
hacen daño al cuerpo, y es de altura de una lanza
mediana ; tiene grandes ramas é copa ; es de gor-
dor cuanto pueden abrazar dos hombres ; el pié de
él suda maravillosamente gotas de agua continua-
mente, que caen en una alberca que está abajo do
él, de tal manera que una gota de agua no se puede
perder. De allí han abasto de agua toda la que
pueden beber todos los de la isla, que solia haber
ochenta vecinos , é todos é sus casas son hartos y
abastados de aquel árbol; son las hojas y color co-
mo de laurel, sino que son un poco mayores. No hay
en todas siete islas árbol de aquella natura , ni en
toda España ; ni hay hombre que otro tal haya vis-
to en parte ninguna ; y por esto parece bien que es
misterio de Dios, y que quiso dar allí aquel agua de
tal manera por dar consolación á las gentes que en
otro tiempo allí fueron echadas, donde otro pozo ni
fuente dulce se falló jamás, ni falla.
Estas siete islas tenían siete lenguajes, en cada
una el suyo, que no se entendían ni parecían unos
á otros, los quales ahora los de la nación de ellas, se
retienen entre ellos. Antes de ser ganadas de chris-
tianos, en todas andaban desnudos como nacieron,
ellos é'ellas, salvo en la Gran Canaria traían unas
bragas de palmas como por gala, ellos y ellas ; em-
pero no cubrían bien los lugares inhonestos, porque
no eran cerrados por abajo, salvo una cuerda ceñi-
da por las caderas, y de allí colgaban unas flocadu-
ras de palmas ripiadas.
En todas estas siete islas tenían mucho ganado
do que parecía que Dios les proveyó , en especial
cabras de que comían carne, y leche, é manteca, é
queso, é hacían mantas de los pellejos con su pelo
muy sobados é adobados, en que se echaban, é ta-
DON FERNANDO
marcos, que se cobijaban algunas veces por el sol,
y por el aire, que traian en los hombros é en las es-
paldas. Criaban los niños desque nacian, envueltos
en pellejos de cabritos chiquitos ; é de los matrimo-
nios cada uno tenia su mujer ó mujeres, empero por
muy livianas cosas se partia el matrimonio, é ellas,
é ellos, se comunicaban con quien querían. Eran
idólatras sin ley : en la Gran Canaria tenian una
casa de oración llamada allí Toriña, é tenian alli
una imájen de palo tan luenga como media lanza,
entallada, con todos sus niervos, de mujer desnuda,
con sus miembros de fuera, y delante de ella una
cabra de un madero entallada, con sus figuras de
hembra que queria concebir, y tras de ella un ca-
brón entallado de otro madero, puesto como que
queria sobir á enjendrar sobre la cabra. Allí derra-
maban leche y manteca, parece que en ofrenda, ó
diezmo ó primicia, é olia aquello allí mal á la leche
6 manteca. No tenian hierro de que se servir, salvo
de algunos desbaratos que hacian en los christianos
que les facían guerra, algunas armas é cuchillos
se servían. Sembraban el trigo y cebada con cuer-
nos de cabra metidos en varas, especialmente en
Gran Canaria en lugar de arados , é así volvían la
tierra y cubrían el grano, é cojían en gran multi-
plicación de una medida cínqüenta é mas ; no ha-
cian pan, salvo gofio envuelto el grano majado con
la leche é con la manteca. Fué preguntado á los mas
ancianos de Gran Canaria, que si tenian alguna
memoria de su nacimiento, ó de quien los dejó allí,
é respondían : nuestros antepasados nos dijeron que
Dios nos puso y dejó aquí , é olvidónos, ó dijéron-
nos, que por la vía de tal parte se nos abriría é
mostraria un ojo ó luz por donde viésemos, y seña-
laban hacía España, que por allí habían de ver, é
se les había de abrir el ojo por donde habían de ver.
Son en todas estas islas hombres de buen esfuerzo,
y de grandes fuerzas, y grandes braceros, y hom-
bres livianos y lijeros, y mas los de la Gran Cana-
ria. Son en todas las islas hombres razonables de
buenos entendimientos, y de agudo injenío, por ser
silvestre é pastores ellos y ellas, y son gente fiel, y
caritativa, y de verdad, y buenos christianos.
CAPÍTULO LXV.
Como fueron conquistadas primero estas islas.
Fueron conquistadas estas islas la primera vez
por un capitán francés que andaba de armada por
la mar, llamado Monsen de Bethenchohurt, en el
año de 1400 ó muy poco antes ó después, según pa-
rece por razón de los tiempos , creo que seria en
tiempo del Rey Don Enrique III, en aquellos diez
años que reinó, 6 en el comienzo de la tutela del
Rey Don Juan II su fijo, que comenzó á 'reynar de
veinte meses en el año de 1407 años. E ovo victo-
ria aquel capitán de las quatro islas, de ellas de las
mas pequeñas é menos poderosas, conviene á saber:
Lanzarote, Fuerte-ventura, La Gomera, El Hierro.
Estas ganó, é tomó é sojuzgó , é con las otras no
pudo, é quedaron por ganar en su vigor. Este capi-
É DOÑA ISABEL. 613
tan Monsen de Bethenchohtirt , no contento con
ellas, buscó quien se las comprase en Sevilla, ó com-
próselas el Conde de Niebla Don Juan Alonso, pa-
dre del primer Duque de Medina, quo fué el Du-
que viejo Don Enrique , y el dicho Conde, no con-
tento con ellas, las vendió é trocó por ciertos luga-
res á Fernán Peraza caballero de Sevilla que vivía
con él, é Fernán Peraza las tuvo, é señoreó ó poseyó
quanto vivió, y aun fizo guerra á las otras tres, don-
de en la conquista de la Palma le mataron los pal-
meses un hijo llamado Guillen Peraza, soltero, que
no tenía otro varón , é por eso quedó su fija doña
Inés Peraza por heredera y señora de las islas , é el
dicho Fernán Peraza nunca pudo ganar ni señorear
las tres islas , conviene sabor : Gran Canaria. Tene-
rife y la Palma ; empero por halagos, ó como quier
que fué, los regimientos de todas tres le besaron la
mano por su Rey y Señor, y llamábanle las gentes
Rey de Canaria. No sé yo si él se intituló de ello.
Murió Fernán Peraza , señor de las dichas islas, en
buena fama de muy buen caballero que fué, é dejó
casada á su fija doña Inés Peraza con Diego de
Herrera, caballero de Castilla, hermano del maris-
cal do Ampudia, é quedaron ella y su marido señor
de las dichas islas, é llamábanlos Rey é Reyna de
Canaria, y durante su matrimonio ovieron tres fijos
é desfijas, á Pedro García de Herrera, é Fernán Pe-
raza, é Sancho de Herrera, é á doña María de Aya-
la, que casó en Portugal con el conde de Porto-ále-
gre Don Diego de Silva, é á doña Fulana que casó
con Pedro Fernandez de Saavedra , fijo del maris-
cal de Zahara, é señorearon las quatro islas suyas,
empero nunca pudieron sojuzgar las tres. E luego
como el Rey Don Fernando y la Reyna doña Isabel
vinieron á Sevilla á la primera vez, sabiendo la fe-
rocidad de aquella gente de aquellas tres islas, y la
fertilidad de la tierra, propusieron conquistarlas, y
enviaron á la Gran Canaria á Juan de Rejón, é Pe-
dro del Algaba, dos capitanes con quinientos hom-
bres , é ficieron la torre donde es ahora la pobla-
ción, é ovieron discordia entre ambos capitanes é
envidias, é siendo compadres é muchos amigos,
mató Juan de Rejón á Pedro del Algaba ; é después
fizo matar Fernán Peraza, fijo de Diego do Her-
rera, á Juan Rejón : ansí el malo feneció mal.
No contentos de está conquista Diego de Herrera
y doña Inés Peraza, pusiéronse á justicia con el
Rey y la Reyna , diciendo que era la conquista su-
ya. Hallóse por justicia, que pues eran vasallos, no
se podían llamar Reyes, y que á ellos seria imposi-
ble sojuzgar ni ganar aquellas tres islas , que per-
diesen la acción que á ellas tenían, y recibiesen cin-
co qüentos de maravedís , é tanto les dieron. Y así
quedó la conquista de aquellas tres islas al Rey y
Reyna de Castilla, é la obediencia de todas ; ó vista
la discordia de aquellos dos capitanes , enviaron el
Rey y Reyna allá á Pedro de Vera por capitán ma-
yor como dicho es, é quedaron señores de sus qua-
tro islas Diego do Herrera y doña Inés Peraza, é
falleció él do esta presente vida dende á pocos días,
después de hecho el partido , é vivió ella después
614
jnas de veinte años viuda, ó gobernóse muy bien
como muy noble, é muy varonil é virtuosa dueña,
y falleció en Sevilla en buena vejez de eciad de mas
«le ochenta siSos,
CAPÍTULO LXVI.
De la isla déla Gran Canaria, é quien 6 como las ganó, y de sus
cosas.
En la Gran Canaria habia dos Guárdateme s, é
dos Fagzames, los Guardatemes eran reyes en lo
seglar, é en todo mayores , los Fagzames eran así
como en lo espiritual como obispos ; el uno era rey,
é el otro obispo de Galda, é el otro rey de Telde, ó
el otro Obispo de Telde, que eran dos parcialidades
é dos reynos en toda la isla ; y era mayor el rey de
Telde de mas gente que el otro, é el rey de Galda
66 fizo amigo de los cbristianos é aseguróse é fizóse
vasallo del Key de Castilla, é enviólo Pedro de Ve-
ra á Castilla, donde el Eey y la Reyna le ficieron
mucha honra, é lo vistieron, é fizo con ellos su
amistad é prometió de serles siempre leal, é volvió
en Gran Canaria , é ayudó mucho á hacer la guerra
al Rey, y hubieron un dia una batalla en el invier-
no del año de 1483 en una sierra, fortaleza de po-
nas é puertos, que llaman Ventangay é tenian la
fortaleza del risco los de Telde , é los cbristianos é
Pedro de Vera, su capitán mayor, é un vizcaíno que
llamaban Michel, que era capitán debajo de Pedro
de Vera ; el rey de Galda con sus canarios tenian la
cuesta abajo, y llevaron de vencida al rey de Telde,
é retrajese con su gente á Ventangay , y volvieron
sobre loa cbristianos á pedradas, é mataron muchos
de los delanteros , y entre ellos al capitán Michel
que se habia metido mucho en ellos, y los cbristia-
nos desmayaron, é volvieron á huir, é los canarios
de la parcialidad se pusieron á la frente, é el mis-
mo rey de Galda, é defendieron á los cbristianos,
que si así el rey de Galda no lo ficiera, no escaparan
aquel dia sino á uña de caballo. E vista la flaqueza
de los cbristianos, la hueste de Telde al Guárdate-
me de Galda dijo : a Conoce este dia y quítate de en-
medio, y mataremos todos esos cbristianos, y que-
daremos libres vosotros, y nosotros, é nunca nos
podrán sojuzgar» : y dijo el Guárdateme, no quie-
ro que no faré traición por cierto, que así lo tengo
prometido ; é aquel dia se volvieron los cbristianos
vencidos poco á poco dejando muertos mas de dos-
cientos hombres con Michel , é murieron de los ca-
narios contrarios mas de cien hombres , é dendc á
quince días tomaron los cbristianos de noche á Ve^;!-
tangay ; é los de Telde viendo que no se podían
amparar ni defender, diéronse á partido á Pedro de
Vera, con su Guárdateme, diciendo que querían ser
cbristianos é los dejasen libres, é ansí los recibieron,
é bautizólos el Obispo de Canarias Don Juan de
Frías; é Pedro de Vera, diciendo que fuesen con él
en las carabelas á facer cabalgada é correr á Tene-
rife, para ganar para los vestir, con este engaño, de-
bajo de tilla, en las Carabelas los envió á España, é
|os trajeron á Cádiz, é á el Puerto, é dende á Sevilla
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
el año de 1483 años , cerca de San Juan de Junio.
Fué Alonso de Lugo en esta conquista capitán, al
qual los canarios querían mucho , porque con mu-
cho amor los trataba é conquistaba ; era medianero
muchas veces entre ellos ó Pedro de Vera en laa
paces, é treguas é conciertos. Y si de la ¡manera su-
sodicha Pedro de Vera no sacara los isleños do
aquella isla con aquel engaño , fuera gran maravi-
lla poderlos sojuzgar, que habia entre ellos seiscien-
tos hombres de pelea, grandes ó muy lijeros, y bra-
ceros y esforzados, é muy feroces , é tenian en lu-
gares muy fuertes, tierra é pasos para se poder de-
fender. Quedaron estonce en Canarias las mujeres
todas é la gente menuda, las quales después las en-
viaron en Castilla, é les dieron casa en Sevilla, y
toda la parcialidad del rey de Telde vino á Sevilla,
y fueron allí vecinos á la puerta de Mihojar; é mu-
chos se mudaron donde quisieron libremente, y mu-
chos se finaron que no los probó la tierra, y después
los volvieron por su grado en las islas en la misma
Gran Canaria, desque estaba poblada de gente do
Castilla, los que quedaron ; é muchos UcA^aron á la
conquista de Tenerife, donde murieron asaz de
ellos. E así el Rey Don Fernando é la Reyna Doña
Isabel conquistaron é ganaron la Gran Canaria, ó
habia en ella los lugares é aldeas siguientes po-
blados.
Telde, de donde se intitulaban el Rey y un Obis-
po.— Galda, de donde se intitulaban el otro Rey y el
otro Obispo. — Araguacad. — Arajínes. — Themensay.
— Atrahanaca. — Atairia. — Atagad.— Adf alagad. —
Furic. — Artenaran. — Afaganige . — Areaganigui. —
Arecacasumaga, — Atasarti. — Aeragraca. — Arbenu-
gania. — Arerehuy. — Atirma.— - Aracuzem.— Artu-
brirgains. — Atamaraseid.— Artagude. — Aregayeda.
Aregaldan. — Areagraxa, — Areagamasten. — Area-
chu. — Af urgad. — Areh ucas. — A terura. — Atenoya.
— Aráremigada. — Ateribiti. — Arautiagata.
Todos estos lugares tenian poblados al tiempo
que la conquista se comenzó. Habia entre estos ca-
narios hombres fidalgos y caballeros, á quien los
otros tenian acatamiento. Habia entre ellos y ellas,
diversas leyes y costumbres : cuando habían de
casar alguna doncella, poníanla después de concer-
tado el matrimonio ciertos días en vicio á engor-
dar, y salía de allí y desposábanlos , y venían los
caballeros é fidalgos del pueblo ante ella, é habia
de dormir con ella uno de ellos primero que el des-
posado, qual ella quisiese, y si quedaba preñada do
aquel caballero, el hijo que nacía era caballero, y
si no los fijos de su marido eran comunes , y para
ver si quedaba preñada, el esposo no llegaba á ella
fasta saberlo por cierto , por vía de la purgación.
Esta y otras costumbres gentílicas y como de ali-
mañas, tenian, y ansí como bestias no habían em-
pacho de sus vergüenzas , ellas y ellos. Eran gran-
des criadores de cabras y ovejas, é las mujeres ejer-
citaban tanto el trabajo como los hombres, é aun
mas, para los mantenimientos de sus casas. No te-
nian viñas, ni cañas de azúcar, ni había en la isla
la riqueza y fertilidad que hoy , salvo figueras mu-
DON FERNANDO
chas y desque fueron los chistianoB, pusieron par-
ras é vinas, é cañaverales de azúcar, y llevaron ga-
nados, quo ellos no tenían sino muchas cabras, é
trigo, é cebada ; no tenian caza de conejos ; ó de un
conejo é una coneja que los christianos llevaron,
se hicieron tantos en tan poco tiempo, que toda la
isla era llena de ellos, é les comian las cañas de
azúcar, é plantas , é quanto tenian que no sabían
que remedio poner j é llevaron muchos perros, é
dieron por mucha manera á los destruir y apocar,
y cercaron las heredades que pudieron, y así se re-
mediaron, y tienen de ellos cuanta caza quisieren é
los toman con poco trabajo.
CAPÍTULO LXVII.
De la batalla que comunmente se dice la de la Lopera.
En el mes de septiembre á diez y siete, Miérco-
les, año susodicho de 1483, después que el Rey mo-
ro viejo fué recibido en Granada por Roy á causa
del cautiverio de su fijo , vinieron de su licencia y
mandado mil y doscientos de á caballo, ó pocos
mas, escojidos, á correr tierra de christianos, en los
quales vinieron muchos Alcaydes y hombres prin-
cipales, é recojiéronse en Ronda, é entraron por
Zahara, y trujeron consigo gran peonaje, el qual de-
jaron en la sierra, é todos los caballeros entraron
por Lopera á correr el campo de Utrera, é el Coro-
nil, é los Molares ; é echaron trescientos de á caba-
llo á correr la vía de Utrera, los quales llegaron á
dos leguas de él, y ciento y cinqüenta al Coronil,
que llegaron cerca del lugar, y quedaron los otros
en la celada"; y los que fueron al Coronil corrieron
el campo y recogieron el ganado, que fué una gran
boyada é vacas, c todo lo que hallaron; é al rebato
salieron de Utrera sesenta de á caballo é algunos
peones, é dieron en la zaga de los corredores moros,
no acobardando de pelear con ellos ; é en chico es-
pacio por una tierra mas áspera que llana, derriba-
ron fasta treinta moros, de los quales algunos ma-
taron del todo ; y desque los moros vieron á los
christianos salidos de lo áspero á un llano, ya esta-
ban todos cerca de la celada , é volvieron gran par-
te do los trescientos corredores sobre los christia-
nos, y los christianos huyeron á meterse en un
monte que estaba allí cerca ; é en aquella vuelta
mataron los moros siete ó ocho christianos, é en es-
to vínoles á los moros nueva que fuesen presto que
tenian en la celada la batalla aparejada, y los chris-
tianos al rostro , que no curasen de la cabalgada.
En esto vino otra nueva que la celada era desbara-
tada, y quo los christianos venían ya sobre los mis-
mos corredores, é parecían ya muchos christianos
en el campo. Estonce los moros corredores se fue-
ron huyendo, de ellos al monte donde los christianos
de Utrera se habían metido, de ellos por otras partes;
é en aquel monte acaeció , donde estaban los chris-
tianos meterse los moros en las mismas matas d es-
conder, dejados los unos y los otros los caballos
desamparados, é desque los christianos conocieron
quo los moros huiau, salieron ó tomaron sus caba-
É DOÑA Isabel; bis
líos é otros, é cautivaron de aquellos moros los quo
pudieron fallar, é de ellos siguieron el alcance.
E la pelea de la celada fué de esta manera : quo
de la entrada de estos moros habian avisado las
guardias de la frontera al Alcayde de Morón FiguQ«
redo, que era un esforzado caballero, é él lo fizo sa-
ber luego é muy aprisa en toda la comarca, é jun^
táronso cerca del Coronil, el Alcayde de Morón, ó
Martin Galindo, é el Señor de Palma de Micergilio
Luis de Puertocarrero, é otros capitanes, con la
gente de Ecija, y Morón, é Osuna, é Antón Rodrí-
guez Alcaide que después fué de Zahara, con la gen-
te de Marchena, é tenia señase trompetas, é asoma-
ron sobre la celada, después de haber comido é be-
bido, é aderezado cada uno su caballo é armas como
convenia para el tan cierto ejercicio que habían de
haber de batalla, é asomaron sobre los moros que
estaban quedos ó mal aparejados en un llano, y los
christianos se apretaron é estuvieron un poco para-
dos, y los moros se apercibieron muy bien, y los
christianos mandaron tocar una trompeta é se fue-
ron á los moros, é los moros se vinieron á ellos es-
forzadamente, é rompieron los unos con los otros, é
volvióse la pelea, é á los primeros encuentros fue-
ron derribados é muertos muchos moros , é hecho
muy gran destrozo en ellos, y comenzaron á huir
é los christianos ú los seguir , é en torno de media
legua, con los que murieron en la batalla , queda-
ron muertos mas de quatrocientos moros ; é no mu-
rieron christianos ningunos en esta batalla, que sa-
bido fuese. Cá Nuestro Señor y Santiago, cuyo ape-
llido invocaron, los guardó, y los christianos siguie-
ron el alcance quanto vieron que convenia, y mata-
ron en la dicha batalla y alcance los caballeros su-
sodichos, en los que pudieron ser contados seiscien-
tos moros en trecho de una legua ; é fué esta bata-
lla en la Fuente de la Higuera, cerca de Lopera, é
loa christianos cogieron el campo donde ovieron
moros cautivos é muertos, é caballos é armas, é ro-
pas, é volvieron con mucha honra á sus casas.
El Marqués de Cádiz estaba en Jerez al tiempo
que le avisaron de la entrada de estos moros , é ví-
nose á Arcos, é dende al rio Guadalete del cabo de
Zahara , é cuando llegó allí ya los moros que ha«
bian escapado iban f uyeudo pasado el río, y siguió-
les, é ovo noventa moroso cien caballos que llevó á
Arcos, y los caballeros de Jerez llevaron cerca de
otros tantos que les dio, que les tocaron de sus par-
tes, que se hallaron con él , é envió el Marqués em-
presentados de aquellos caballos al Rey, ocho caba-
llos ; é el Alcayde do Ronda, é el de Setenil escapa-
ron desta manera. Eran ellos los que llevaban la
boyada delacampiñade Utrera, é desque vieron qne
la celada era desbaratada, tomaron con fasta treinta
de á caballo, é metiéronse en tierra de christianos la
viadeLebrixa, guiándolosuuElche quesab.ia la len-
gua é tierra, é anduvieron aquel día fuera de earaiao
fasta la noche, que fueron á pasar á Guadalete por
cerca de Arcos, guiándolos el dicho Elche , que era
un traidor que había sido christiano y era moro, el
qual sabia bien la tierra, é llamábanlo el Panero, y
616
CEÓNICAS DE LOS HE ÍES DE CASTILLA.
oí decir que era de Arcos. Allí fueron aquel dia
muertos é cautivos muchos caballeros y Alcaydea
moros ricos, é de grandes resgates ; entre los quales
fueron cautivos el Alcayde de Málaga, é el de Alo-
ra, é el Alcayde de Marbella, é el del Burgo, é el de
Gomares, é el de Coin, y el de Velez Málaga. Y de
los peones moros no peligraron, salvo algunos man-
cebos que entraron entre los caballeros á las espue-
las, é otros que se [atrevieron á su lijereza, porque
todo el peonaje quedó en la sierra. Fué esta batalla
Miércoles diez y siete de septiembre, dia de las
quatro témporas de Santa Cruz, año susodicho de
mil quatrocientos ochenta y tres. Quedó de esta vez
muy turbado el rey no de Granada, en especial Má-
laga y Ronda, é sus comarcas, que perdieron lamas
de la caballería ; é en el despojo de la batalla se
ovieron muchas ricas corazas , é capacetes é babe-
ras, de las que se hablan perdido en el Axarquía, ó
otras muchas armas, é algunas fueron conocidas
de sus dueños que las hablan dejado por huir ; é
otras fueron conocidas que eran muy señaladas de
hombres principales que habían quedado muertos
ó cautivos ; é fueron tomados muchos de los mis-
mos caballos con sus ricas sillas, de los que queda-
ron en la Axarquía, é fueron conocidos cuyos eran.
Ansí en pago de la de la Axarquía, esta era la se-
gunda, en que por la misma forma que los moros
ofendieron fueron ofendidos, y aquellos que lo fi-
cieron, aquellos lo vinieron á pagar por mal de los
moros. Fué esta llamada la de Lopera, que de mil ó
doscientos de á caballo que entraron, no se salva-
ron los doscientos, y do estos los mas sin caballo,
apeados y escondidos por los montes. No ee halla-
ron otros christianos muertos en] toda esta batalla,
salvo los siete ú ocho hombres que mataron los
corredores moros, de los de Utrera. En esta se cau-
tivó el Alcayde de Burgo que era un grande escala-
dor, el qual habia escalado áMontecorto, quando
lo tenia el Marqués de Cádiz, que lo habia también
habido por otro escalador. Este ovo el Marqués, é
nunca fué rescatado é acá pereció é murió.
CAPÍTULO LXVIIL
De cómo el Marqués tomó á Zahara.
Tenia por costumbre el Marqués de Cádiz de te-
ner los hombres especiales é adalides que osasan
de noche andar en tierra de moros, é saber quales
fortalezas se velaban bien, é quales estaban á mal
recaudo, é asi tomó á Cárdela en tiempo que tenia
la guerra con el Duque de Medina, é tomó á Monte-
corto é tomara á Setenil , si no fuera por la cobar-
día de los escuderos, que lo envió á escalar; é facía
mercedes á los dichos adalides , é sabia de qué ma-
nera se velaban los castillos de la Frontera. E así
fué informado para tomar á Zahara, é la escaló, é
tomó por sí mismo, é fué en esta manera. Día de los
gloriosos Apóstoles San Simón y San Judas á vein-
te y ocho días de Octubre, Jueves, año susodicho do
mil quatrocientos ochenta y tres, púsose con su gen-
fe antes que amaneciese en la celada cerca de ella, é
envió treinta escuderos con sus escalas á meter, ca-
be el muro de la villa, en fondo de una peña, é
puso una atalaya á vista de la celada de los esca-
ladores, cu manera que los de la villa la non pudie-
sen ver. E esto que fué fecho amaneció, é estuvie-
ron asi fasta cerca de medio día, é los moros estu»
vieron seguros de que no vieron nadie por el cam-
po, y descendiéronse los moros á la villa', é hizo el
atalaya que lo veía señas á los escaladores ¡que es-
lasen, é á la celada que saliese é fuese á dar com-
bate por la puerta de la villa , porque los escalado-
res escalaban por la otra parte ; é los escaladores
echaron la escala, y la mayor parte de la celada á
rienda suelta fueron á hacer rebato á las puertas de
Zahara, y el Marqués arremetió fuertemente con su
caballo al lugar por donde escalaban, y llegó y
apeóse, y entró por las escalas en pos de quince
hombres que habían entrado ; y como los moros so
habían socorrido á la puerta con el alboroto de los
de la celada que á cerca de ella habían llegado,
ovieron lugar los escaladores y el Marqués de en-
trar por la otra parte , é tomar la villa ; é como los
moros los vieron, huyeron y metiéronse todos en la
fortaleza, donde el Marqués los tuvo aquel dia cer-
cados y se le dieron luego con temor á partido que
los dejase ir libres sus personas con lo que pudie-
sen llevar de lo suyo dejando las armas], y así los
dejó. No habia allí mujeres ni muchachos , salvo
hombres de pelea : así Nuestro Señor se lo aderezó
todo bien al Marqués, é tomó á Zahara sin peligro
ni muerte de su gente. Fallaron dentro un captivo
no mas, llamado Frutos, natural de Fuentes dondo
yo nací, fijo de Juan Alonso, hombre bueno. Fizo el
Marqués bastecer muy bien la fortaleza de viandas
y armas y gente, y eso mesmo la villa, y estuvo ende
fasta que lo dejó todo á buen recaudo , y volvióse á
Marchena con mucha honra. E sabida por el Rey é
por la Reyna la buena andanza y ventura que el
Marqués ovo en tomar á Zahara en tal manera,
ovieron por bien de le hacer merced de ella para
siempre, é mandáronle intitular Duque de Cádiz é
Marqués de Zahara dende en adelante, y él en quan-
tas cartas firmaba, nunca dejó este nombre de Mar-
qués, é primero ponía Marqués que no Duque, en
esta manera : Marqués Duque de Cádiz.
CAPÍTULO LXIX.
De como cobró el Rey Moro Mulcy Hacen á Almería , é fué dego-
llado su fijo Benahajitc, é de la gran tala que ficieron los chris-
tianos en tierra de moros.
En el año del nacimiento de Nuestro Rederaptor,
en el mes de Febrero de mil quatrocientos ochenta
y quatro , recobró el Rey Moro Muley Hacen la
ciudad de Almería, que se la tenía contra su volun-
tad el segundo hijo suyo Muley Benahajite, é dió-
sela por traición un Alfaquí, é envió á la tomar á
su hermano el Infante Muley Baudílí Azagal, quo
reynó después de él ; el qual desque la tomó, dego-
lló al Infante Benahajite su sobrino, y á un caballe-
ro de valia de loa Abenzerrajes , é á otro caballero
DON FERNANDO É DOSíA ISABEL.
Benalhagzar, é á otros mnclios de los que con ol
Infante falló, é tomóles las mujeres é fijos, ó quan-
to tenían, y puso Alcaydes y justicias por el Rey
viejo su hermano, el qual después tomó el reyno.
617
CAPITULO LXX.
De la gran tala.
Fueron á hacer una gran tala en tierra de moros
por mandado del Rey Don Fernando en el mes do
Marzo del año de mil quatrocientos ochenta y qua-
tro, el Maestre de Santiago, é el Marqués Duque de
Cádiz, é Don Alonso de Aguilar , ó el Adelantado
del Andalucía, é Luis Puertocarrero , Señor de Pal-
ma, y ciertos capitanes del Rey, con los caballeros
y gente de las guarniciones con mas de tres mil do
á caballo, é fasta quince mil peones ; é entraron por
Alora é el Val de Cártama é bajo, é taláronlo todo;
é fueron sobre Málaga, é taláronle todas sus co-
marcas, panes y viñas, huertas y olivares, é almen-
drales, é talaron todos los lugares del Axaquía, don-
de se habian perdido los christianos el año antes, é
otros muchos lugares. Ficieron muchos daños en
toda aquella tierra de moros , fasta que por la mar
les llevaron bastimentos de Sevilla, y aun les fizo
el tiempo contrario á los navios con los vientos, é
padeció la gente mucha hambre. Tuvieron en esta
tala muchas escaramuzas, especialmente una que
ovo Bernal Francés, capitán del Rc}', en que mu-
rieron ochenta moros, los mas de ellos de los de
Coin, é ellos nos mataron mas de veinte caballos de
los escuderos del dicho capitán. E desque la tala
fué fecha muy largamente, viniéronse los dichos
señores é gente con bu honra.
CAPÍTULO LXXL
De cómo el Rey tomó á Alora.
En el mes de Junio año susodicho, fué el Rey
Don Fernando sobre Alora con gran hueste é con
muchos de los grandes de Castilla que iban con él,
en especial el Maestre de Santiago, é el Marqués
Duque de Cádiz, y el Adelantado, y Don Alonso de
Aguilar, é otros muchos, é con mucha artillería ; ó
púsole cerco y tomóla en dentro de ocho días por
la fuerza délas lombardas, que á los primeros tiros
derribaron gran parte de la villa ó fortaleza, é lue-
go los moros se dieron á partido y los dejaron ir.
Estando el real sobre Alora , fueron del gentes á
talar á Casarabonela, y mataron los moros al Conde
de Benalcázar de una saetada ; é era muy gentil
hombre y muy dispuesto, é llamábanle en la Corte
el Conde Lozano, é á Rodrigo de Vera. El Rey fizo
adobar los muros de Alora y bastecióla de gente é
de municiones, é fué menester bastimento á Alha-
ma; y vínose por la vega de Granada, é talóla, é
quemó los panes y fizóles nmchos daños, é volvió-
Be con mucha honra á Castilla.
CAPÍTULO LXXIL
De lo que hallaron los marmoleros.
En ol año susodicho de mil quatrocientos ochen-
ta y quatro murió ol Papa Sixto IV, habiendo im-
perado y reynado en Roma trece años ; y fué elejido
por Papa Inocencio VIII genovés, el qual imperó
en Roma ocho años. En su tiempo acaeció que an-
dando cavando en Roma unos liombres marmole-
ros, allende de Roma, cerca de San Sebastian, halla-
ron una sepultura entrada en un mármol blanco, do
hechura de una grande arca con su tapa de mármol
blanco encima muy justa, é dentro una doncella de
fasta veinte años sepultada , cubierta de un bálsa-
mo muy precioso en manera que toda la bañaba y
conservaba, y estaba abierta por el hijar, y no te-
nia consigo las tripas, ni lo de dentro del cuerpo
entraño, que son los livianos ; y por allí entraba el
bálsamo dentro del cuerpo. Estaba desnuda, é tan
fresca, é tan hermosa como si estuviera viva, y casi
se le doblaban é mandaban todos sus miembros ó
coyunturas ; la qual trojeron por cosa maravillosa
á Roma, y la pusieron en el Capitolio sobre una
estera con mucha juncia é arrayan donde todos la
vieron, é no parecía sino que en aquel punto había
acabado de espirar ; decían todos que los que la ha-
llaron, le quitaron muchas manillas de oro é ani-
llos, é mucha riqueza que tenia consigo ; é allí no
tenia sino una albadena de seda, tocada con franja
de oro. Todo el bálsamo cojieron, é guardaron por
cosa de gran valor. E la doncella estuvo allí tres
días que la guardaron á ver que seria , é en cabo
de tres dias se corrompió é olió mal como si fuera
recien muerta, é quemáronla. De esto me certifiqué
de muchas personas dignas de fé que vinieron de
Roma , y de la fama pública que de ello fué ; des-
pués me certificó un fraile romano de Señor San
Francisco, que en el letrel de la sepultura aun han
fallado que era una doncella fija de Q. Curcio philó-
sopho que fué en tiempo del Gran Alexandro, tres-
cientos años y mas antes del nacimiento de Nues-
tro Redemptor ; el qual disputó con Alexandro re-
putándole su codicia, así como dice el Especulo na-
tural.
CAPÍTULO LXXIII.
Del título Jesús Nazareno.
En el tiempo de dicho Papa Inocencio VIII,
acaeció que andando labrando la Iglesia do Santa
Cruz en Roma, los maestros fallaron éti una oque-
dad de una pared una caja de plata, y dentro el tí-
tulo que fué puesto en la Cruz de nuestro Señor Je-
sucliristo quando fué crucificado , con las letras en
tres lenguajes que decían : Jesús Nazarenus , etc. El
Papa fué allá y con gran reverencia lo adoró y
mostró al pueblo como estaba, é estaban con él tres
anillos de oro, é tres torzales de seda colorada, en
que estaba metido cada anillo en un torzal, é decían
que esto pusiera allí la Reyna^anta ¡Elena , madre
618
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
del Emperador Constantiuo, é el Papa lo tomó todo
é puso eo muy honrado lugar.
CAPÍTULO LXXIV.
Como el Rey tomó á Setenil á los moros.
En el mes de Septiembre del dicho año de mil
qnatrocientos ochenta y quatro, sacó el Rey Don Fer-
nando su hueste y fué sobre Setenil, é envió delan-
te al Marqués Duque de Cádiz por cercador, el qual
amaneció una mañana sobre la villa y cercóla de
todas partes, de manera que no pudo entrar uno,
ni salir otro ; é túvola cercada ocho dias, fasta que
el Rey llegó con el artillería, é con él algunos Gran-
des de Castilla ; é asentados los tiros combatieron
la Villa é no la podian mucho empezar, porque los
tiros no la podian empecer ni cojer ; é ovo alguna
murmuración contra el Marqués entre los caballe-
ros, diciendo que nohabia dado buen consejo al Rey
que cercase á Setenil en tal tiempo sobre invierno,
que creian que la no podria ganar , y fué á bu no-
ticia, y luego aquel dia en la noche quiso poner las
lombardas debajo de los muros é á raiz de la puer-
ta de Setenil, é tiraron, é ficieron tanto daño, que
luego los moros ficieron partido , é así en quince
días que la tuvo cercada el Rey Don Fernando tomó
á Setenil, é los moros se dieron á partido que les de-
jasen ir con lo suyo, é ansí se lo aseguró, é los en-
vió á Ronda con gente del real é con el Marqués,
fasta que los puso en salvo , y el Rey se tuvo en
este cerco por muy bien aconsejado é servido del
Marqués Duque de Cádiz, ó le tuvo en mucho ser-
vicio el consejo, é gran trabajo, é mucha diligencia
que puso noche y dia, que no cesaba mientras el
fierco duró. E sacaron de Setenil veinte y quatro
cautivos chrístíanos que fueron redimidos en esta
victoria. Fizo el Rey adobar lo derribado de la villa
y fortaleza ó guarnecióla de gente y manteni-
mientos y armas, é dejó por Alcayde de ella á Don
Francisco Enriquez , hermano del Almirante , é del
Adelantado, é volvióse en Castilla con mucha honra.
CAPÍTULO LXXV.
De U hermosa entrada que el Rey fizo en tierra de moros.
En el nombre de Jesuchristo Salvador y Re-
demptor del mundo, en quince dias del mes de Abril
año del nacimiento de Nuestro Redemptor de mil
quatrocientos ochenta y cinco, sacó el ínclito y fa-
moso Rey Don Fernando su hueste muy grande, é
muy maravillosa, é muy fermosa, de Castill¶
ir á facer guerra á los moros. Su partida fué de Cór-
doba el dicho dia, é dende á Ezija, con muy gran-
de artillería, é entró por el Val de Cártama á yuso,
muy poderosamente con los mas de los Grandes de
Castilla; los nombres de algunos de ellos son los
BÍguientes. El Maestro de Santiago, Don Alonso de
Cárdenas, el Maestre de Alcántara Don Juan de Zú-
fiiga, el Duque de Medinaceli Don Luis de la Cerda,
é el Duque do Alburqu erque Don Beltran de la
Cueva, é el Condestable de Castilla, Conde de Haro
Don Pedro de Velasco , é el Duque de Alba, Don
García de Toledo, su fijo con su gente, é el Conde
de Ureña, ó el Conde de Treviño, Duque de ¡Nájera,
Don Pedro Manrique, ó el Conde de Benavente Don
Juan Pimentel , é el Conde de Cabra , é el Conde do
Feria Don Gómez Suarez de Figueroa, é Don Alon-
so Fernandez de Córdoba, señor de la Casa do Agui-
lar, é otros muchos Grandes, Condes, Duques, é
Señores, que seria luengo de contar, en que el Rey
allegó mas de doce ó trece mil de á caballo. En los
peones de pelea no hay qüenta ; empero decían que
había mas de ochenta mil peones, é ministros, é ar-
tilleros, é carreteros, é de todos oficios ; y habia mas
de rail y quinientas carretas do artillería en qua
iban muy gruesas lombardas, y entrando el Rey en
el dicho Val de Cártama, fizo poner tres cercos jun-
tamente, el uno sobre Cártama, el qual encomendó
al Maestre de Santiago, el otro en Benamaquis , el
otro en Coin ; é él asentó su real en comarca de to-
dos. El de Benamaquis fué encomendado al Mar-
qués Duque de Cádiz, é fué tomado por fuerza da
armas por combate que les dieron á los moros , por
que no quisieron darse en tiempo , é mataron algu-
nos chrístíanos en las estancias, fizólos el Rey me-
ter á espada á todos, é así murieron mas de cíen
moros por armas feobos pedazos, é quedó tomada la
villa é fortaleza.
E luego dieron eombat© á Coin con las lombar-
das, y rompiéronle por muchas partes los muros,
y los moros se dieron á partido que se fuesen con
lo suyo, é dejasen la villa, é así se fizo. En este me- i
dio tiempo, el Maestre fizo combatir á Cártama con
las lombardas muy fuertemente ; é díósele á parti-
do como los de Coin ; y el Rey mandó fortalecer &
Cártama y abastecer de armas y viandas, y adere-
zar lo derribado , é dejóla con gente á buen recau-
do, é fizo aportillar por muchas partes á Benama-
quis é á Coin ; é dejó los yermos, é fizo cargar toda
la artillería é ir la vía de Málaga, é echó fama por
todo el real que iba á poner cerco sobre Málaga ; é
los moros que estaban por cima del real á su vista
metidos en riscos, todos pensaron que así era, é
ficiéronlo saber los unos á los otros, é por ir á de-
fender la ciudad, fuéronse á meter dentro; é el Rey,-
desque fueron dentro, envió al Marqués Duque de
Cádiz con dos mil do á caballo á cercar la ciudad
de Ronda, el qual amaneció sobre ella una mañana
é púsole sobre ella cerco , é siguióle mas gente del
real, con que en tal manera lo cercó que ninguno
salió de quantos dentro estaban , ni entró otro. Y el
Rey, fecho este engaño á los moros, dio vuelta otro
dia con todo el real y artillería dejando muchos lu-
gares despoblados y destruidos, é de los que los
moros en aquella comarca tenían ; é vino por la vía
que habia entrado fasta Alora, é dende á Ronda, y
como los moros esto vieron otro dia, entendieron el
engaño. E los mancebos de Ronda que estaban en
la Sierra mirando donde declinaría el real , é se ha-
bían ido á meter en Málaga, dieron vuelta á Ronda,
é quando llegaron halláronla cercada y no pudieron
entrar, é de esta manera quedó la mayor parte de I*
DON FERNANDO
taancebia de la Ronda fuera , y no había en la ciu-
dad tanta fuerza cuanta hubiera , ei todos los man-
cebos dentro se hallaran. Y desque el Rey llegó
con el real de la gente, é gran artillería, fizo poner
sobre Ronda tres reales, y en cerco el mas pequeño
entre Ronda y la Torre del Mercadillo , en medio
del real, y de Ronda el rio y muy grandes barrancas
de él. En este estaba la gente de Córdoba, é de Ézi-
ja, é la do Carmena con sus capitanes, cercados de
paredes de piedra é cavas. El arroyo arriba hacía
donde nace el sol, estaba el real del Marqués Duque
de Cádiz por sí, en el mayor peligro por el arroyo é
una ladera muy inhiesta, con algunos capitanes de
las guarniciones del Rey que estaban á su goberna-
ción y mandado, ó por la parte del mayor peligro se
acercaron de un vallado , é á lugares de pared de
piedra seca. E el gran real donde el Rey Don Fer-
nando, estaba asentado del cabo de Ronda facía al
mediodía, é estaba tan grande é tan fermoso que
parecía á la ciudad de Sevilla. Las tiendas del Rey
estaban asentadas en medio del Real , y el Rey se
aposentaba en una torrecilla que ende estaba en los
olivares |y viñas* {y al derredor de sus tiendas y de
aquella torrecilla estaban las tiendas de los Grandes
de Castilla ya dichos. Y entre este gran rsal y el real
del Marqués Duque de Cádiz, tiraba la artillería de
las grandes bombardas, quede los tiros que de cada
cabo tiraban ; y entre estos dos reales ya dichos, es-
taba la carretería y dormía la gran boyada de ella ;
y desde el real del Rey hacía al poniente, abajo de
la ciudad, fasta cerca del río, descendía por hilo un
gran real fasta un cerrillo, donde estaba una gruesa
batalla aposentada con sus tiendas , donde estaba
el Maestre de Alcántara por caudillo , y de todas
partes de estos reales tiraban robadoquines é otros ti-
ros á Ronda. Tenían en Ronda una mina los moros se-
creta, descendía de la altura de la ciudad por esca-
lones, en la qual yo conté ciento y treinta pasos de
descendida, por donde venían y tomaban el agua
que habían menester de tres pozos, que abajo al
peso del agua del rio , tenían fechos é llenos de
agua: desto supo ol Marqués, é él mesmo con los
suyos combatió por allí, y fizo facer un portillo
por la pared del gran barranco rpor donde descu-
brió el escalera de los posos , é metió gente que
guardaron el agua de dentro de la bóveda de la
mina, y así el Marqués Duque de Cádiz les quitó el
agua, por lo qual los moros fueron muy aflijidos, é
310 se pudieron tener. Dieron combate á los arraba-
les, Jueves doce de Mayo, é entráronlos por fuerza
de armas por donde habían aportillado las lombar-
das, con muy poco peligro de los christíanos , é pu-
sieron las estancias dentro al pié de la Alcazaba, é
comenzaron de horadarlas dentro de bancos, y de-
bajo de ellos pinjados. E desque los moros vieron
las torres do la Alcazaba derribadas á pedazos, é los
muros aportillados del grande estrago do las lom-
bardas por el cabo do facía donde el Rey estaba,
hacía el mediodía de la Ciudad, que es lo mas fla-
co, que por las otras partes no tienen combates, ni
eepodia tpmar, é vierpn tanto fuego de ali^uitran
É DOÑA ISABEL. 615
que les echaban con los cuartagos que ardía la ciu-
dad, temieron la muerte, y que les entrarían por
fuerza de armas ; é demandaron partido, é que ce-
sase el combate, y el Rey mandó cesar, y los moroa
de Ronda pidieron que los dejasen ir con los su-
yos dó quisiesen, é les asegurasen fasta que fuesen
en salvo, é él se lo otorgó, que había de ser con con-
dición que luego ante todas cosas le entregasen todoa
los christíanos que tenían cautivos, é los moros seles
presentaron luego al real , y era por cuenta quatro-
cíentas personas, poco mas ó menos, los quales fue-
ron con sus hierros á los pies á besar ios píes y ma-
nos al Rey, llorando con gozo de alegría diciendo :
¡Oh Rey alto, poderoso y esforzado! ensálcevos Dios
el estado, y sea siempre en vuestros fechos ; quite do
nuestros días, y ponga en los vuestros. Decían al Rey
estas cosas y otras semejantes, que no había perso-
na que los viese, que propter gaudium con ellos no
llorase, viéndoles los cabellos é barbas fasta las cin-
tas, desnudos, é desarrapados, é aherrojados é ham-
brientos. Salieron allí hombres de grandes rescates,
especialmente Don Manuel, sobrino del Duque de
Cádiz, fijo de Don Pedro el Bayo, é dos fijos de Die-
go de Fuentes, é un fijo de Pedro Matheos, Alcayde
de Espera, vecino de Utrera, é otros muchos que al-
•\ gunos de ellos estaban en rehenes por sus padres é
por otras personas que se habían perdido en el
Axarquia. E desde el Jueves que les entraron los
arrabales por fuerza, en tres días siguientes que fué
el día de Pascua del Espíritu Santo, dieron la ciu-
dad al Rey, é le entregaron todo lo alto y bajo, y
el Rey les dio quince días de plazo para que se fue-
sen donde quisieran con todo lo suyo ; en el qual
término todos salieron, é de ellos fueron á tierra de
moros , é de ellos vinieron á poblar en Alcalá del
Río cerca de Sevilla, los quales fueron el Cordo, Al-
cayde de Setenil , é el Alguacil de Ronda que eran
las cabezeras, con mas de cíen casas, é díóles el Rey
bestias en que vinieron fasta Alcalá, con sus fijos y
familias.
É quand© esto fué fecho y 1» ciudad despachada
de los moros, ya las caleras estaban fechas y coci-
das con la cal, é el Rey tomó este estilo desque
tomó á Alora, que en asentando el real, comenza-
ban los caleros á facer cal, é mandó adobar todo lo
derribado de Ronda. Desque el Rey tuvo a Ronda
envió al Marqués de Cádiz, el qual era el todo del
ardid de aquel cerco, é por su consejo se había
dado la vuelta de Málaga é cercado á Ronda, que
fuese á requerir á los lugares déla Sierra de Villa-
luenga é Benaocáz, é Archite, é Obriquo, é Cardo-
la, é Cuidita é otros; é tomó el Marqués las fuer-
zas , é envió mensaje al Rey á dar la obediencia Ca-
sares, é Haucín, é todo el Alhavaral, y Sierra Ber-
meja é Marbella ; é de esta otra parte, el Burgo é
Yunquera aquella semana de Pasqua. É en ciertos
días después se hicieron los partidos con los moros,
de manera que dieron las fuerzas de las villas é las
armas, é quedaron por estonce en lo suyo, fasta que
el Rey después determinó lo3 lugares que queda-
ron. Por estonce , Viernes d© esta semana de Pus-
620
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
qua, partieron los christíanos cautivos quo salieron
de Honda é del Val de Cártama , por mandado del
Bey, para Córdoba á facer reverencia é besar las
manos ala Reyna doña Isabel, los quales fueron
por qüenta quatrocientas diez y siete personas, hom-
bres y mujeres, é muchachos, é fizóles el Eey dar
bestias y despensas para el camino, y fueron de la
Eeyna é de la Infanta, é de otras muchas gentes,
muy bien recibidos, é entraron en la ciudad con
gran procesión fasta donde estaba la Reyna é la In-
fanta en ordenada manera , é besáronles las manos
con humilde reverencia , y siguieron su procesión
fasta la Iglesia mayor ; é la Reyna les mandó dar de
comer é á cada uno ocho reales de limosna, para
con que fuesen en sus tierras ; eran de aquellos cau-
tivos quarenta mujeres. Ovo una mora moza que al
tiempo que iba con su padre é madro, dijo que que-
ría ser christiana, y que no queria ir en tierra de
moros. É un mancebo de los christianos que hablan
salido de Ronda, estando en el real del Serenísimo
Rey Don Fernando , dijo que se la diesen por mu-
jer, é ella plugo , é asi so la dieron por mujer des-
pués de bautizada.
Envió el Rey á requerir á Casarabonela que se le
diesen, puesto que no se podían defender ni escu-
sar de se le dar, pues que ya habían tomado toda la
comarca, é que antes que moviesen el real para ir
sobre ella, que tuviesen por bien de lo dar la villa
é la fortaleza. E los moros le enviaron por escrito
en respuesta una carta que decía así :
CARTA DE CASARABONELA AL RE.Y.
«Alabado Dios poderoso en "unidad , que no hay
criador sino él, ni hay otro á su faz igual del, é dé
BU gracia é salvación , con Mahomat nuestro Profe-
ta y su mensajero. Escribimos la presente carta al
gran Rey muy poderoso Señor de muy grandes rey-
nos é señoríos, é de muchas provincias, poderoso y
justo en sus sentencias, amado de la justicia, Rey
de Castilla, ensálcelo Dios é esfuércelo. Nos la Co-
munidad y Alguacil y Alcayde del castillo de Casa-
rabonela, junto con esto acreciente Dios vuestro
Real Estado. Recibimos vuestra carta é la leímos, y
entendimos lo en ella contenido ; luego pusimos en
obra de enviar á dar la obediencia á vuestra gran-
deza y muy gran virtud y bondad , é estamos con
voluntad de todos obedecer á V. A. porque oímos
y vimos que vuestra palabra es cierta y verdad en
dicho y en fecho por quanto nos dijeron de Vuestra
Alteza dijo : quando los moros de Casarabonela vi-
nieren á darme obediencia, entonces f aré yo lo que
ellos querrán , y nosotros , ensalce Dios V. A., nunca
obedecimos ni servimos á ningún Rey en toda
nuestra vida ni á ningún caballero ; y fuimos hon-
rados y acatados de todos los reyes ; pero á Vuestra
Alteza nos conviene servir y acatar, pues Dios os
fizo tan poderoso y dichoso , y en todas las cosas
quiere cumplir vuestra voluntad. Placerá á Dios po-
deroso que siempre será así ; por ende, pues que nos
ponemos en mano de V. A., seamos bien tratados y
honrados , como siempre fuimos de todos los otroa
reyes, cuantimás siendo V. A. mas poderoso, y ma-
yor y mejor que ellos.»
E luego, como el Rey recibió esta carta, envió á
tomar la fortaleza de Casarabonela , é asentó con los
moros que quedasen en la villa por mudejares, é
entregáronle la fortaleza y fornecióla de jente y Al-
cayde, é viandas, é armas, la que es de las más
fuertes del Reyno de Granada, é entregáronla é die-
re nía al Rey, Jueves, día de Corpus Chrísti á dos de
Junio de dicho año.
Este día se celebró la fiesta de Corpus Chrísti en
Ronda, siendo la mezquita mayor convertida en
Iglesia é bendita por Don Fray Luis de Soria, Obis-
po de Málaga ; é llevaron los cetros con el cielo bo-
bre el arca de la amistancia de nuestro Redemptor
Jesuchristo , el Rey y el Maestre de Santiago , é el
Condestable, é el Duque de Medina Sidonía , é el
Duque de Nájera, é el Conde de Ureña, é el Maestre
de Alcántara, é otros grandes. Fizóse muy solemne
fiesta con los instrumentos , músicas y cantares de
él, y de los grandes Señores. Llevaban el arca cier-
tos Obispos é Prelados de Sevilla^ é de Castilla, ó
ficieron la misa muy ricamente y solemnes canta-
res, y músicas acordadas. Mandó el Rey adobar
muy bien los muros de Ronda, para lo qual hicie-
ron ir albañiles, é carpinteros de Sevilla, y allí pu-
sieron en la obra algunas pelotas de las grandes
lombardas en memoria de esta victoria; é dejóla
Ciudad á buen recaudo y movió su hueste para ir
á Marvella, dejando la gran artillería cerca de Zaha-
ra, y llevando algunos tiros livianos en acémilas, ó
fué por la ciudad de Arcos , y reposó allí algunos
días , y dende siguió su vía fasta Marvella, y dióse-
le luego, y echó los moros fuera á las aldeas, ó
puso en ella gente de su guarnición, é Alcayde, é
puso en Guacin y Cazares, Alcaydes christianos, é
en la Fonjíronla, é dejó los moros por allí por mu-
dejares en sus f aciendas , y fuese rodeando la sierra
fasta cerca de Málaga, é salió por Alora, é Ante-
quera por donde había entrado, é volvióse á Córdo-
ba de donde había partido , venturoso y victoriado
donde con mucha honra y solemnidad fué recibido.
Los nombres de los lugares que el Rey Don Fer-
nando ganó de esta entrada , son los siguientes :
Primeramente en el valle de Cártama.
Cártama.
Coin.
Benamaquis.
Fadala.
El Haurin.
Campanillas.
Esquinillas.
Guaro.
Monda.
Locaina.
Benalmadayna.
Casarabonela.
Yunquera.
El Burgo.
La ciudad de Ronda.
Venaoxan.
Monte corto.
Audita.
Cagracalima.
Asnalmara.
Archite.
Oblique.
Benaocaz.
Cárdela.
t)ON FERNANDO
JSn el Algabaral é sierra Bermeja.
Guacin. Alulea. Benestepar.
Casares.
Cristalina.
Himenea.
Alcastin.
Vida cara.
Bautadari.
Benicami.
Oxera.
Alcabar.
Achucár.
Motron.
Tolos.
Xubrique.
Boleron.
Ginalgacin.
Benameda.
Monarda.
Almachar.
Cortes.
Alvasmeria.
Venatis.
Dardio.
Marvella.
Oxen.
Frixiana.
San Ablastar. Benamaya.
Faraxan, Taxete.
Benayon. Albacete.
Jucar. Benadalid.
Caritalxime. Benarraba.
Benajeriz. Benalaba.
Bena Acín. Algatucin.
Faraca. Botillas.
É otros, é quedaron allí estonce Mijas y Osuna,
dos leguas, lugares nauy fuertes enriscados, que se
no quisieron dar hasta quo se ganó Málaga.
CAPÍTULO LXXVI.
De lo que hizo Muley Baudili Alzagal porque lo alzaron por Rey.
En el dicho año en el tiempo que el Rey Don
Fernando ganó á Ronda, acaeció que salió de Gra-
nada el Infante Muley Baudili Alzagal á socorrer á
Málaga, dicen que el cerco se enderezaba á ella ; é
después , volviéndose á Granada con mas de seis-
' cientos de á caballo é muchos peones, encontró
cerca de Alhama con Juan de Ángulo, capitán del
Rey que estaba en Alhama por frontero, que traia
una cabalgada de cerca do Granada con ciento y
veinte de á caballo ; é el Infante moro le fizo un
engaño , púsose en celada , y echó veinte de á ca-
ballo delante, é armóle de tal manera que le quitó
la cabalgada, é mató, é llevó cautivos muchos, é
los que se escaparon fué á uña de caballo, é fuese
con la cabalgada á los lugares cerca de Granada, ó
no quiso entrar en Granada fasta que lo alzaron
por Rey do olla ; é como los moros vieron que fizo
aquello aficionáronse á él , é él tuvo tal manera con
ellos que lo alzaron por Rey de Granada, é depuso
á su hermano y despojólo del reyno diciendo que era
viejo, é ciego, é que no era para defender el reyno.
CAPÍTULO LXXVII.
De las grandes lluvias del año de i84&en los meses postreros.
En el dicho año de 1485 años en el mes de Agos-
to, después de haber reposado la gente algunos
dias del trabajo de la entrada primera, el Rey sacó
BU hueste para ir sobre Moclin é Illora, é envió de-
lante por cercador al conde de Cabra, é con él á
Martin Alonso do Montemayor é otros caballeros
para que cercasen á Moclin. Una madrugada acae-
ció, que estaban allí el Rey que habían alzado en
Granada los moros, Muley Baudili Alzagal, y aun-
que lo supo el conde no se le dio nada por ello, ni
quiso aguardar mas gente, é comenzóse la batalla
antes que amaneciese , é huyó la gente al conde , é
É DOÑA ISABEL. 621
quedó con muy pocos fasta la mañana ; é desque
vido el mal recaudo , ovo de volver las espaldas á
huir, por guarecer su persona, después de haber
mucho peleado y trabajado por defender los peo-
nes que habían desbaratado los mesmos christíanos
de á caballo, cuando volvieron á fuir antes quo el
día fuese claro. É allá perdió el conde un hermano
que decían Don Gonzalo ; é salváronse aquel día
los de á caballo, que no murieron sino muy pocos,
y mataron los moros mas de seiscientos peones
christíanos á hilo como iban ; é visto por el Rey el
mal recaudo volvió de Alcalá la Real y fué la vía
de Cambíles, que está 7 leguas de Sevilla, digo da
Jaén , y estando é habiendo llegado púsole cerco, ó
combatiólo con las lombardas y tomólo y fortale-
ciólo , é luego los moros de la comarca dejaron ú
Arenas y Apiñes é Asnallos, Esta fortaleza de Cam-
bíles es muy fuerte, é combatiéronla con las lom-«
bardas tres dias , y los moros so dieron á partido
que los dejasen ir libres á Granada.
En este medio tiempo que el Rey estaba sobra
Cambíles tomaron los christíanos de Alhama una
villa una noche , por el concierto de dos moros que
en ella vivían 6 estaban, que eran de linaje de chris-
tíanos, é la villa se llamaba Acaleha, é cautivaron
toda la gente de ella , é mataron á algunos por quo
se defendían, é fornecieron la villa y fortaleza, é
tuviéronla á buen recaudo fasta que el Rey los pro-»
veyó.
En este tiempo murió el Rey viejo Muley Hacen,
en Salobreña, que es un lugar pequeño donde el
hermano lo había desterrado é mandado estar quan-
do lo ficieron rey en Granada, que luego lo mandó
salir de la ciudad á él é á su mujer, é aun les tomó
el oro y plata y haber que tenían , é trujéronle á
Granada def unto en una azémíla , é fué enterrado
muy pobre é abultadamente, por mano de dos chris-
tíanos cautivos en su osario.
CAPÍTULO LXXVIII.
Otra vez de muchas aguas.
En este dicho año do 1485 á 11 de Noviembre,
comenzó de llover hasta el día do la Natividad de
Nuestro Redemptor, que son seis semanas, que nun-
ca en este tiempo ovo sino dos ó tres en que des-
campase, é llovió tan recio é tantas aguas, que
nunca los que eran nacidos estonces vieron ni tan-
tas aguas, ni tantas avenidas en tan poco tiempo;
é subió el agua del Guadalquivir en las mas altas
señales de la almenilla de Sevilla é de la Barranca
de Coria, é duró una vez once días en aquel peso
que poco mas ó menos no abajaba, y estuvo la ciu-
dad aquellos once dias en muy grande temor de ser
perdida por agua , é entró el agua por ella por laa
atarazanas ; andaban cópanos por la ciudad é por
la laguna andaban barcos, que pasaban la gente de
un cabo á otro ; cayéronse infinitas casas ; derribó
el rio gran parte de Triana é bañó todo el monaste-
rio de las Cuevas , é sacaron los monjes en barcos,
ó recibió muy gran daño el monasterio. Destruyó y
622
CBÓNICAS DE LOS EEYES DE CAStlLLA.
llevó de esta vez el Guadalquivir muchos lugares
BUS vecinos, especialmente desde Córdoba á acá,
gran parte de Écija y parto de Cantillana, é todo
Brenes, é del Algaba, y Einconada gran parte, lo
que habia quedado del Copero del año 1481, tornó-
lo á bañar, llevó todo el rincón que la otra vez no
habia llegado á él. Fueron en toda Castilla estas
muy grandes avenidas, en que se perdieron total-
mente muchos hombres, y muchas haciendas, cayé-
ronse infinitas casas y edificios, muriéronse infinitos
ganados, muchas arboledas y viñas arrancadas, é
otras cubiertas del légamo del rio. Derribó el rio la
mayor parte de los arrabales de Sevilla que dicen
Cestería é Carretería, é estuvo Sevilla cercada de
aguas en todas partes, en manera que en tres dias
lio le entró pan cocido de fuera ni oti*a cosa, nin
podian entrar en ella, nin salir con las muchas
aguas.
CAPÍTULO LXXIX.
De cómo el Rey tomó á Loxa é Illora.
Sacó su hueste el Ecy Don Fernando muy pode-
rosa con muchos de los grandes de Castilla, el qual
partió de Córdoba en un di a del mes de Mayo del
año 1486, y puso cerco a la villa de Loxa con me-
nos jente que el año antes sobre Konda habia lleva-
do ; y llevó esta vez consigo un Conde de Inglatera,
pariente de la Keyna que sedecia el Conde de Esca-
las , que pasó acá en aquel tiempo por servir á Dios y
facer guerra á los moros con trescientos hombres
artilleros é flecheros muy esforzados ; y como el Key
llegó, salieron muchos moros de á pié y de á caba-
llo por defender que el real no se asentase, y co-
menearon de pelear defendiéndolo á saetadas é es-
pingardadas desde entre las huertas, y trabóse la pe-
lea con los moros, los dichos ingleses, y ciertos hom-
bres de las montañas que hablan venido con el Du-
que del Infantado, y con el Duque de Nájera de los
quo acá dicen lacayos é vizcaínos; é como el Conde
de Escalas vido la pelea, dijo, que pues la pelea es-
estaba trabada y los moros se defendían, que queria
pelear á uso de su tierra , y descabalgó del caballo,
armado en blanco , y con una espada ceñida , é una
hacha de armas en las manos, y con una cuadrilla de
los suyos , así mismo armados de blanco con sus ha-
chas, se lanzó delante de todos en los moros, y con
viril y esforzado corazón , dando golpes en unos y
otros, matando y derribando, que ni le faltó cora-
zón ni fuerza ; é como esto vieron los castellanos
montañeses ya dichos , no menos ficieron al moiiien-
to siguiendo tras los ingleses , é dieron tal prisa á
los moros que les hicieron volver las espaldas á
huir, é los christianos revueltos con ellos se encon-
traron en los arrabales do Loxa, los quales nunca
perdieron ni dejaron. El Rey socorrió luego en per-
sona á los suyos. Murieron muchos moros en esta
entrada, é algunos christianos , é fué ferido el Con-
de inglés de una pedrada, que le quebraron un dien-
te ; é murieron tres ó quatro hombres de los suyos.
^ tomado el arrabal pusieron en él sus estancias ; é
el Eey asentó su gran real , é cercó al derredor de
Loxa, y asestadas las lombardas mandó tirar y en
chico espacio les derribaron un gran lienzo de loa
muros de la villa ; é desque los moros vieron esto
diéronse al Eey á partido, que los dejase ir con lo
suyo que pudiesen ; é el Eey asi se lo otorgó, é se
fueron, é le dejaron la villa, é pidieron por merced
al Eey que los enviase á Granada seguros con el
Marqués de Cádiz, porque no los robasen, é mata-
sen en el camino, é el Eey ansí lo fizo, que envió al
Marqués por capitán é guarda de ellos con otros
caballeros, é mucha gente, fasta que los pusieron
en salvo ; los quales moros y moras iban haciendo
muy grandes llantos y amarguras. Salió estonce do
Loxa con ellos el Eey Muley Baudili, prisionero del
Eey de Castilla, que decían que lo tenían allí los
moros en son de preso por que se había acontecido
estar allí en este tiempo. Los christianos cautivos
que el Eey redimió no pude saber enantes eran,
salvo que fueron sueltos y presentados al Eey an-
tes que los moros saliesen. Fué el día que la villa
de Loxa entregaron al Eey, Lunes 28 dias de Mayo
del dicho año de 86. Fortalecióla luego el Eey, é
fizóla muy bien adobar é guarnecióla de gentes , é
viandas, é armas, é puso en ella gente de gnarni-
cion, é movió su hueste, é artillería, é fué á cercar
á Illora ; é envió delante por cercador al Duque del
Infantado , é á el Conde de Cabra con sus gentes,
la qual cercaron Domingo, 4 dias del mes de Junio
del dicho año , é luego el Lunes los dichos señores
Conde y Duque, con la gente que tenían, entraron
en el arrabal por fuerza de armas, é este día llegó
el Eey y se asentaron las lombardas , é el real ; y el
Miércoles tiró la artillería, é derribaron gran parte
de la villa, é mataron algunos moros de dentro los
tiros de las lombardas, de lo qual ovieron muy gran
temor los moros , y no osaron mas esperar ; é dié-
ronse Jueves bien de mañana á partido, el qual el
Eey les otorgó como los de Loxa, que llevasen todo
lo suyo ; los quales tenían ya muy poco que llevar,
que todo lo habían llevado esperando lo que lea
vino. E había en Illora ochocientos moros de pelea,
en que eran los doscientos negros ; é había cínqüen-
ta mujeres, é habia entre ellos fasta treinta de á
caballo; é el Viernes siguiente, 9 dias de el dicho
mes , dejaron la villa desembargada los dichos mo-
ros, c enviólos el Eey á Granada, seguros con loa
dichos señores Duque del Infantado é Conde de Ca-
bra, con tres mil de á caballo, é fueron con ellos fas-
ta la Puente de Pinos ; é por once christianos cau-
tivos que estaban en Illora, que los moros habían
llevado a Granada mientras que se tomó Loxa, tom6
el Eey otros tantos moros de Illora, é los tuvo has-
ta que trujeron los christianos ; é el Eey fizo adovar
é guarnecer á Illora y ponerla á buen recaudo.
CAPÍTULO LXXX.
De como vino la Reyna al real y la recibieron.
El Viernes que los moros partieron de Illora para
Granada, partieron del real el Marqués Duquo d«
Don FERNANDO
Cádiz, é el Adelantado del Andalucía con gran ca-
ballería á recibir la lleyna doña Isabel ala Peña do
los Enamorados, que venia á ver el Real y haber
parte de la victoria y buena ventura del Rey su
marido ; la qual llegó al Real, el Limes 11 de dicho
n-es á Illora, donde el Rey estaba. Traia consigo
dejando la gente que la fué á recibir, hasta quarcn-
ta cabalgaduras en que habia fasta diez mujeres. El
recibimiento que le fué fecho fué muy singular, en
que salieron al camino los primeros el Duque del
Infantado, que habia venido de esta vez á la guerra
en persona muy poderoso y muy pomposo , é el
Fondón de Sevilla y su gente, é el Prior de San Juan,
fasta una legua y media del Real ; é púsose una ba-
talla á la mano izquierda del camino por donde ella
Tenia, todos bien aderezados y como para pelear ; y
como la Reyna llegó fizo reverencia al Pendón de
Suvilla, y mandólo pasar á la mano derecha, é co-
mo la recibieron , salió toda la gente delante con
mucha alegría corriendo á todo correr, de que su
Alteza ovo muy gran placer, é luego vinieron to-
das las batallas, é las banderas del real á le facer
recibimiento, é todas las banderas se abajaban quan-
do la Reyna pasaba ; é luego llegó el Rey con mu-
chos grandes de Castilla ú la recibir^ é antes que so
abrazasen se hicieron cada uno tres reverencias, en
que la Reyna se destocó , y quedó en una cofia el
rostro descubierto, y llegó el Roy y abrazóla y be-
sóla en el rostro ; y luego el Rey se fué á la Infan-
ta su hija, y abrazóla y besóla en la boca, y santi-
guóla. Venía la Reyna en una muía castaña en una
silla andas guarnecidas de plata dorada ; traia un
paño de carmesí de pelo, y las falsas riendas y ca-
bezadas do la muía eran rasas, labradas de seda, do
letras de oro entretalladas, y las orladuras borda-
das de oro ; y traia un brial de terciopelo, y debajo
unasfaldetas de brocado y un capuz do grana;
vestido guarnecido morisco, é un sombrero negro
guarnecido de brocado al derredor de la copa y rue-
do. Y la Infanta venia en otra muía castaña guar-
necida de plata blanca, y por orladura bordados de
oro, é ella vestido un brial de brocado negro, y un
capuz negro guarnecido de la guarnición del de la
Reyna.
El Rey tenia vestido un jubón de demesin, de
pelo, é un quísote de seda rasa amarillo y encima
un sayo de brocado, y unas corazas de brocado,
vestidas, é una espada morisca ceñida muy rica , é
una toca, é un sombrero, y en cuerpo en un caballo
castaño muy jaezado. E los atavíos de los grandes
que ahí estaban, eran muy maravillosos é muy ricos
é de diversas maneras, ansí de guerra como de
fiesta, que seria muy luengo de escribir. Allegó el
Conde de Inglaterra luego en pos dgl Rey á hacer
recibimiento á la Reyna y á la Infanta, muy pom-
poso en estraña manera, á la postre de todos, arma-
do en blanco á la guisa, encima de un' caballo cas-
taño con los paramentos fasta el suelo de seda azul,
y las orladuras tan anchas como una mano de seda
rasa blanca, y todos los paramentos estrellados de
oro en forrados en ceptí morado j y él traía sobre
É DOfíA ISABEL. 623
las armas una ropata francesa de brocado negro
raso, un sombrero blanco francés con un plumaje,
é traía en su brazo izquierdo un broquelóte redon-
do é varas de oro, ó una cimera muy pomposa, fe-
cha do tan nueva manera que á todos parecía bien;
é traía consigo cinco caballos encobertados con sus
pajes encima todos vestidos de seda y brocado ; y
venían con él ciertos gentiles hombres de los suyoa
muy ataviados, é ansi llegó á facer reverencia y re-
cibimiento á la Reyna y a la Infanta, é después fizo
reverencia al Rey, y anduvo un rato festejando an-
te todos encima de su caballo, é saltando á un cabo
é á otro muy concertadamente, mirándolo todos los
grandes é toda la jente, é á todos pareció bien do
esto; sus Altezas ovíeron mucho placer, é ansi vi-
nieron fasta las tiendas reales , donde los señores
Reyes é su fija fueron bien aposentados, é las da-
mas y señoras que las acompañaban en este viaje,
CAPÍTULO LXXXI.
De Moclin c Monlcfrio, é Colomera. Como el Rey y la Reyna IíTS
tomaron, 6 de las cosas que allí acaecieron.
Después que fueron hechos los carriles para lle-
var y subir el artillería á Moclin, el Rey lo fizo cer-
car y alzó su real, y f uelo á poner cerca del, é fizólo
combatir con las lombardas, é á los primeros tiros
una pelota les horadó una bóveda donde tenían la
pólvora, é ardióles toda á muy grandes llamas, é
desque los moros vieron esto diéronse al Marques
Duque de Cádiz, é encomendáronse que les ficiese el
partido con el Rey, el qual el Rey les fizo como á
los otros que se fuesen con lo suyo , é así fué he-
cho, ó la Reyna se aposentó dentro en Moclin, é el
Rey fizo allí su jente tros partes, la una fué á cer-
car á Montef rio, la otra quedó en guarda del Real,
é de la Señora Reyna, é él fué con la otra que fué la
mayor parte de la gente caballería , á talar é correr
la vega de Granada, en la qual fizo á los moros mu-
chos daños, que les taló los panes y panizos, oliva-
res y huertas, é fecho esto dio vuelta á su Real, é
falló como los moros de Montefrio se querían dar
é habían demandado partido á la Reyna, é todos los
grandes con toda la hueste é artillería asentaron el
Real y tiendas ahí cerca , en el qual lugar estuvie-
ron quatro ó cinco días, y el Rey afirmó el partido,
é envió los moros , é tomó la fortaleza é lugar de
Montefrio , é forníólo, é púsolo á buen cobro, é re-
dimió allí veinte y seis christianos hombres é mu-
jeres que estaban cautivos, é envió a requerir á los
moros de Colomera que le diesen la fortaleza, é lu-
gar, é ellos lo tuvieron por bien , é se la dieron sin
recibir afrenta ni combate con temor, é se fueron
con lo suyo como los otros ; y así de esta entrada
dio Nuestro Señor en manos del Rey y de la Reyna,
las sobredichas villas y fortalezas, Loja, Illora,
Montefrio, Colomera , en obra de un mes ; que en
otro tiempo la menor era bastante tenerse un año y
no poderse tomar sino con hambre. Y con estas
victorias y honra, el Rey y la Reyna con todo su
real se volvieron, é con toda su artillería, é saliei
62Í
CEÓNICAS DE LOS ílEtES DE CASTILLA.
ron por la villa de Priego , é dende por sus iorna-
das á Córdoba donde ee había partido de primero;
y allí el Príncipe Don Juan su fijo con toda la Ciu-
dad, les salieron á recibir.
CAPÍTULO LXXXn.
De Velez Málaga, é como la tomó el Rey.
En el nombre de Nuestro Redemptor Jesuchrís-
to, Sábado 17 días del mes de Abril , año del naci-
miento de Nuestro Redemptor de 1487 años, partió
el Rey de Córdoba por hacer servicio á Dios y
guerra á los moros con muy gran caballería, y con
su artillería é gente de todos sus Reynos, é muy gran
gana é disposición de pelear con los moros , é fué
por sus jornadas hasta Velez Málaga. El Sábado
que partió de Córdoba era víspera de Ramos , é fué
á dormir á La Rambla, é dende fué otro día al rio
de las Yeguas donde recojió é guardó su gente , é
estuvo hasta el Jueves de la Cena, é dende fué á
Archidona, y de allí á Calza, é el Lunes de Pascua
de Resurrección volvió , y llegó á Velez Málaga,
donde los moros salieron á escaramucear con los
christianos con muy buen esfuerzo defendiendo la
villa, é el Mariis de Pasqua siguiente, el Rey man-
dó entrar en los arrabales por fuerza de armas ; é
como toda la gente venia]con ánimo de pelear é des-
truir los moros, dieron combate por muchas partes,
é matando é firiendo en los moros los desbarataron
é les entraron por muchas partes , é tomaron los ar-
rabales por fuerza de armas , lo qual el Duque de
Nájera cometió primero, é fizo con los suyos que
los moros se metieron f uyendo en la villa y cerra-
ron las puertas ; é allí ovieron los christianos gran
despojo de joyas é ropas, é arreos de casas y frutas;
é como los moros se vieron todos encerrados en la
villa, comenzaron á la defender muy bien, é él fizo
cercar la villa de tal manera, que ni podía entrar
uno ni salir otro. En este tiempo había dos reyes
en Granada, como es dicho, Muley Baudíli Alzagal,
é este tenia el señorío de la mayor parte de la Ciu-
dad, é Muley su sobrino , prisionero del Rey de Cas-
tilla ; é los moros de Granada afincaron su Rey ma-
yor que fuese á socorrer ú Velez, é ovo de salir de
Granada, y fué con mucha gente de caballo, y de
pié', y asomó un di a por unos cerros altos sobre
Velez, á vista del real de los christianos, y fué que
quiso tomar á Ventomiz, una fortaleza de moros
que estaba allí, é no se la quisieron dar los moros
porque habían dado la obediencia al Rey Don i 'or-
nando desde el primer día que cercó á Velez. Y los
moros, desque vieron el cerco, esforzáronse pensando
ser descercados, é el Rey moro y su Consejo envia-
ron un tornadizo christiano á los moros do Velez,
con cartas que tal noche á tales horas hiciesen se-
ñas y saliesen de la villa, é diesen en las estancias,
é estonce daria el Rey con los del socorro sobre el
real de los christianos ; el qual tornadizo fué toma-
do de los guardas del Rey Don Fernando, é vistas
las cartas, é sabido el secreto del Rey], hizo poner
gran recaudo en su real, é mandó eaforcar el torna-
dizo, y el Rey moro se movió y abajo fácia el real
de los christianos de una sierra donde estaba con
muy gran suma de moros que allí tenía, é pusiéron-
se en una ladera, y desque vieron que los de la
villa no acudían con el concierto aquella noche, es-
tuviéronse allí fasta otro dia, é el Rey mandó ir allá
al Marqués Duque de Cádiz con mucha gente de á
pié y de á caballo, é con muchos robadoquínes para
que les tirasen ; é fueron á cerca de ellos al pió de
una ladera donde estaba un grueso batallón, é tirá-
ronle muchos tiros, é ficieron huir aquella batalla,
que era la mas cercana de los christianos, por la
sierra arriba , que no pararon fasta encima de la
sierra donde estaba el real del Rey moro. Y desque
los moros del real vieron que los otros iban huyen-
do, cayó entre ellos un temor y comenzáronse de
irá mas andar, ni el Rey, ni los caballeros los pu-
dieron detener ni escusar de f uir, que según el lugar
donde estaba el real , ellos estaban muy seguros ó
muy fuertes para se defender, y así ellos mesmos
se desbarataron en f uir y no defender la sierra , á
los quales los christianos no habían de cometer por
allí si ellos estuvieran quedos donde el real estaba.
Y quando el Marqués y los caballeros, y gente que
con él iba, vieron que ninguno les defendía la cues-
ta, encumbraron la sierra y vieron que todo el real
iba f uyendo, y fueron en alcance salvo que se ha-
llaron pocos y los moros eran muchos. Hallaron in-
finito despojo de armas , y otras muchas cosas que
los moros no pudieron llevar, y volviéronse al real
con todo aquel despojo. Y los grandes de Granada,
desque supieron la poca honra con que su Rey iba,
cerráronle las puertas , é no lo dejaron entrar en
Granada, y dijéronle que no querían que rey n ase
sobre ellos, y alzaron por Rey al Rey Muley Bau-
díli BU sobrino , que estaba retraído en el Albaícin
de Granada, é el otro fuese á reynar sobre Baza é
Guadíx, é Alpujarras, é otras tierras.
El Rey Don Fernando puso gran recaudo en el
cerco, y fizo requirímiento á los de Velez que le
diesen la villa, pues el socorro les era f uido ; é ellos
no quisieron, que creían que la gran artillería no
podía pasar los puertos ni llegar á Velez, que aun
no era llegada estonce, é dende á quatro ó cinco días
vieron asomar la dicha gran artillería , é todos los
cerros é puertos hechos caminos y carriles llenos do
carretas y bueyes con las grandes lombardas, y
con la multitud de tiros de pólvora , é ingenios, ó
robadoquínes ; é aun quedaba la memoria de este
ínclito ó famoso Rey para siempre, por razón de
aquellos caminos de tantas sierras y laderas, é puer-
tos, é peñas, é ajosinamientos como hizo llanos á
azadón, y barrapala, y almádana, en toda la tierra
que ganó á los moros, que es cosa increíble á quien
no ha visto los pasos por dó tan gruesas lombardas
é tan grande artillería pasaba, é así mismo vieron
venir tan gran gente de guardia con la dicha arti-
llería, que fueron muy espantados é desmayados ;
é llegó la artillería y el Maestre de Alcántara que
fué estonce por caudillo mayor de ella ; é los moros
no osaron aguardar que tirasen, antes demandaroa
DON FERNANDO
luego al Rey partido, que los dejase ir con sus ha-
ciendas, y el Rey se lo otorgó , y los moros entre-
garon la fortaleza y la villa, y se fueron con lo que
pudieron llevar, é algunos se fueron á Granada, 6
otros allende, é algunos al real para venir á Casti-
lla á vivir, é á todos el Rey Don Fernando envió se-
guros, y fizo poner en salvo en ella, dia de Santa
Cruz, á tres de Mayo, año susodicho de 1487 ; y es-
taba ya dentro su guión, é la cruz de la Santa Cru-
zada que siempre traia en su hueste , é el Conde de
Cifuentes, Asistente de Sevilla, su Alférez mayor,
que hablan primero en la fortaleza entrado ; é reci-
bieron al Rey quando entró en procesión , é fueron
con la procesión á la Mezquita mayor é mas hon-
rada, ó bendijéronla , á ficiéronla iglesia, é púsole
e! Rey con muy gran devoción Santa María de En-
carnación, por vocación. E luego el Rey fizo poner
gran recaudo en la fortaleza é la villa, é envió por
la comarca á requerir los lugares de los moros que
viniesen á le dar la obediencia, é vinierónsela á dar
todos los lugares de la Axarquia que están entre la
villa de Velez, é la ciudad de Málaga. Los nombres
de algunos de ellos son los siguientes, de los que se
dieron en esta entrada, desque asentó sobre Velez.
Primeramente la villa de
Velez Malaga. Alcoche. Nereja.
Abentomiz. Ahnayate. Torronilla.
Cantinas. Alarroba. Xaraba.
Gomares. Albaida. Pancaxe.
Sédala. Atiadar. Lacus.
Xavales. Alisan. Dairaalos.
Compata. Aximas. Escalera.
Torrox. Almohia. Mará é otros.
E estando el Rey en Velez, le trajeron los moros
en presentado á Juan de Robles, Alcayde é Corre-
gidor de Xerez, de Málaga, é fizóle presento de él el
Alcayde de Málaga que llamaban Albocin Aben Co-
mix, el qual se lo trujo, é vino con élá Velez, édejó
por Alcayde á un su hermano en el Alcazaba, é pre-
sumióse que venían por parte de la ciudad á facer
partido con el Rey, el qual el Rey les ficiera en que no
perdieran nada de sus bienes muebles ; é como los
moros son voltarios é muy livianos en sus fechos,
mientras el Alcayde con el Rey estaba, juntáronse
con un moro llamado el Cegrí, que era Alcayde del
Castillo de Gibra-alfaro, los cabeceras de la ciu-
dad, é tomaron el Alcazaba, é pusieron otro Alcay-
de, é pusieron recaudo en todas las fuerzas de la
ciudad , é alzáronse por el Rey viejo Muley Baudili
Azagal, lo qual fue ocasión de su total y perpetuo
perdimiento de todos los de Málaga, chicóse gran-
des. Sacó el Rey Don Fernando y redimió ciento y
ocho christianos y christianas cautivos, que estaban
en fierros, é supo como poco habia, hablan pasado
de Velez á Almuñecar catorce, temiendo lo que les
vino, que eran hombres de comunales rescates; é
por esto el Rey quando libertó los moros de la villa
,tomó en prenda á sus amos, é túvolos en hierros
¡fasta que lo trujeron los catorce christianos, é ansí
joltó á los amos ; é envió el Rey estos christianos
^ue estaban cautivos y redimidos, á la Reyna su mu-
É DOÑA ISABEL. 626
jer á Córdoba , á los quales ella mandó recibir con
gran procesión, é ella los recibió dentro en la igle-
sia mayor, estando con su fija la Infanta doña Isa-
bel dentro de la dicha iglesia , donde los podia bien
mirar ; é todos pasaban por dó ella estaba uno á
uno, é le besaron la mano, é eso mesmo á la Infan-
ta, é mandólos aposentar, é mandólos dar limosna á
cada uno un florín de oro. Pública fama era en el
real de Velez que tenia el Rey diez mil de á caballo
é ochenta mil peones. Salió de Velez con los moros
vencidos un caballero moro de Málaga, que llama-
ban Mahomad Meque, que tenia su casa, é mujer é
fijos en Málaga, é tenia mucha parte en ella ; é co-
nociólo un criado del Marqués Duque de Cádiz, lla-
mado JuanlDiaz, é trúxolo á su tienda del Marqués,
é díxole: «Señor, á este debe V. S. hacer mucha
honra, que es caballero de Málaga, é tiene en ella
mucha parte, é puede en la toma de ella aprovechar
mucho»; é luego el Marqués le fizo facer mucha
honra, é fizo f ablar con él á sus adalides en el caso,
é rogóle que tuviese manera de facer que Málaga se
diese al Rey antes que allá fuesen, pues via que lo
por todas maneras no podia escusar, según via en el
aparejo ; y el moro se lo prometió de lo procurar
con todas sus fuerzas é maneras, que él f aria dar la
ciudad, ó ál menos el castillo de Gibra-alfaro, al
Rey. El Marqués díjole al Rey esto luego , é el Rey
ovo de ello placer, é dijo al Marqués: «Duque, yo
dejo en vuestras manos este concierto, que lo procu-
réis, ó pongo mis tesoros que los repartáis en el par-
tido de Málaga , si la podéis haber en mi nombro,
como vos quisiéredes » ; é luego el Marqués con au-
toridad del Rey armó caballero al moro Mahomad
Meque , é le dio un caballo suyo, é sus propias co-
razas, é su propia lanza, é su propia adarga, é dio
otro tanto á otro moro su compañero é pariente, ó
los envió á Málaga con el dicho su criado Juan
Diaz, que sabia bien la lengua arábiga é pláticas de
los moros, con cartas de creencia de partido, en
que daba al Cegrí, alcaide de Gibra-alfaro, porque
entregase al Rey la fortaleza, la villa de Coin, de
jMo y heredad, é cuatro mil doblas en oro. E daba
á otro capitán, llamado Abrahen Cénete, que estaba
en s« compañía é liga, una alquería, qual escojiese,
é dos mil doblas en oro. E daba á Hazan de Santa
Cruz, que era un caballero que se habia criado en
' Castilla, y habia vivido con el Marqués, otra alque-
ría é dos mil doblas de oro ; é daba á las gentes de
Gibra-alfaro quatro mil doblas de oro, que repartie-
sen en la ciudad ; daba cualquier partido que de-
mandasen, que el Rey se lo daria en tal que deja-
sen la ciudad, é que él con gente se fuese ó saliese
á vivir por las aldeas. E idos con esta embaxada
entraron en Gibra-alfaro, é comunicada la embaja-
da, el alcaide del Cegrí, con quien le convenia, des-
pués de haber fecho mucha honra á los mensaje-
ros, respondió diciendo: «Decid al Sr. Marqués, que
si no nos hubiéramos concertado la ciudad é nos-
otros, que aun ayer nos acabamos de concertar, que
luego á la hora ficiéramos lo que nos manda á de-
cir. Empero, que puea me oacojieron á mí en egt^
40
t!EÓNICÁS DE LOS REYES DE CASTILLA.
626
ciudad gor el mejor de los moros en ella, é me en-
tregaron la ciudad é este castillo de Gibra-alfaro, é
le teugo muy bien bastecido , é la ciudad asimismo
está muy bien lastrada de todo lo que es menester,
que si yo liciese algo de lo que me envia á mandar,
sin ver por que, me tenia por el mas malo é cobarde
moro de todos los moros. Empero decid á su seño-
ría, que viniendo el Key sobre nosotros, que yo le
doy mi fé al Marqués, que quando oviéremos de fa-
cer partido, é nos oviéremos de dar al Rey, que no
f ablará ni fará en nuestro partido sino él, ni menos
nos daremos á otro sino á él ; y para que vea su se-
fioría que yo digo esto, decidle por señas, que fabló
conmigo ciertas razones quando nos tomaron á
Loja.» E los mensajeros se partieron -con esto de
noche de Gibra-alfaro é vinieron é lo contaron al
Marqués é al Eey ; é el Rey mandó que volviesen
otra vez, é volvieron, é fallaron muchas guardas de
noche, é no pudieron entrar de noche con esta em-
baxada secreta, é oviéranse perdido si no fueran por
dó sabían la tierra ; é después de esto, que no pudo
ser por vía secreta , envió el Marqués de parte del
Rey por vía pública á requerir al Cegrí é cabeceras,
que mirasen si se querian dar al Rey, que les faria
buenos partidos, y antes que moviese el real para
ir á ellos, viniesen á darse : donde no, que podía ser
y creía que sí no venían , y el real se movía para
irlos á cercar, que otro partido no hubiesen, salvo
el hacer á todos cautivos. E ni por eso la dura cer-
viz é soberbia del Cegrí quiso conocer del caso, pen-
sando ganar mucha honra.
CAPÍTULO LXXXIII.
Del cerco de Málaga, é de las cosas que en él acaecieron.
Movió el Rey de Velez su gran real y artillería
para ir á cercar á la ciudad de Málaga, é llegó allá
un lunes, siete días del mes de Mayo, año del Señor
de 1487. E los moros salieron á defender que no se
asentase el real, peleando muy ferozmente como
hombres muy esforzados, con muchas saetas é es-
pingardas, é escaramuzas, como aquellos que por k)
suyo querían morir é defenderlo ; é los chrístíaij<ps,
como llegaron los delanteros, como aquellos^ue
lo habían gana de lo facer, que ¿ otra cosa ejercitar
no habían ido, sino á pelear con los moros , les die.
ron tanta prisa por muchas partes.
Aquí á los primeros encuentros quedaron muer-
tos mas de ochenta moros por entro las huertas, y
los enterraron, y encerraron los moros en la tiudad
y en Gibra-alfaro, no sin pérdida de los christianos
é tomaron las huertas, que eran pasos fuertes, é
asentaron el real, é tomaron é pusieron el cerco, á
pesar de todos los moros; é tomó el Marqués-Duque
de Cádiz las estancias é parte de Gibra-alfaro, don-
de era el más peligro, que así lo tenía por costum-
bre, ponerse siempre en los cercos en el mayor pe-
ligro, donde do necesario hubiese de estar siempre
á buen recaudo. El Maestre de Alcántara tomó el
otro cabo facía el poniente, orilla del mar, é luego
cabe el Maestre de Santiago los otros Duques, Con-
des, Marqueses é grandes señores é capitanes de las
ciudades de Sevilla, é Córdoba, é Écija, é Xerez, é
de las otras ciudades de Castilla tenían sus estancias
é reales cerca unos de otros en derredor de la ciudad
de Málaga, por el cabo de la tierra, é terminábase
desde el real é estancia del Marqués-Duque de Cá-
diz que tenia la vera de la mar. Ansí estaban laa
estancias é cerco desde el un cabo de la mar fasta
el otro. E el Rey tenia sus tiendas é gran real á de
fuera en el comedio, de donde podía socorrer á todas
partes presto. E luego como llegó sobre Málaga, en-
vió á requerir los Alcaydes é Comunidad, que le die-
sen la ciudad, antes que más sobre ella se ficiese, y
púsoles término para ello, diciendo que les faria
buen partido; é fué endurecido el corazón del Cegrí
como el de Faraón, é fizo endurecer con vanas es-
peranzas el corazón del pueblo; é el Rey lea envió
á decir y á amenazar, que si fasta tal día no se da-
ban, que les f acia saber que con la ayuda de Dios
los había de sacar á todos cautivos de la ciudad; ó
ni por eso se dieron mucho el Cegrí y Abrahen Cé-
nete, alcaydes é capitanes nuevos mayores de lá ciu-
dad, é otros cabeceras semejantes de la ciudad, é
nunca quisieron fablar por entonce en partido, ni
dar la ciudad al Rey. E desque esto vido el Rey,
mandó asestar el artillería, é mandó tirar con los ro-
badoquines, y con algunos tiros medíanos por todas
partes, por les facer mal y daño; mas la ciudad era
muy grande é muy fuerte, adarbada y torreada,
é no le podían hacer daño mucho, é no le podían
tirar con las lombardas grandes por no dañar la
ciudad. Por el cabo de la mar estaba cercada Ma-
laga con la armada del Rey, de muchas galeras
é naos, é carávelas, en que había mucha gente é
muchas armas, é combatían la ciudad por la mar
con los tiros de pólvora. Era una gran fermosura
ver el real sobre Málaga por tierra y por mar, había
una gran flota de la armada que siempre estaba en
el cerco, é otros muchos navios que nunca paraban
trayendo mantenimientos al real; é pasaron mas do
treinta días, que parecía que los moros no se les
daba mucho por el cerco, é mandó el Rey asestar
siete gruesas lombardas, que se llamaban las siete
hermanas Ximonas, é muchos coartagos é engeños
con que tiraban algunos tiros de alquitrán por ate-
morizar á los moros porque se diesen. E en este
tiempo vino la Reyna Doña Isabel al real, é la In-
fanta mayor, su fija, por ver el real, y ser en la toma
de Málaga, é vino bien acompañada de caballeros,
é dueñas, é damas de su corte, y saliéronla á recibir
los Grandes de Castilla que allí estaban, algunos da
ellos, en especial el Marqués, y el Maestre de San-
tiago, é después que llegó cerca del lugar salió el
Rey á la recibir muy triunfalmente; é todos los del
real pensaban, que por la venida de la Reyna se
habían de dar los moros; y ellos como personas de
España é según los zamoranos en su tema, esforza-
damente salían á pelear y dar en las estancias, mu-
chas veces concertadamente, mejor que de primero,
é ninguna mención facían de entender en partido,
sino de pelear é defender su ciudad, ofendíendq
DON FERNANDO
quanto mas podían, é recibiendo ellos también mu-
chos da508 é muertes ; é de las salidas que ficieron
á pelear fueron dos mas de notar que las otras, se-
gún se sigue.
Salieron un dia de la ciudad por el castillo de
Gibra-alfaro muchos moros, é quisieron dar en las
estancias del Marqués -Duque, tomando la gente
segura; el Marqués tenía tal recaudo, que fueron
justamente vistas ya que estaban fuera, desde la
tienda ó estancia del Marqués; é había una estan-
cia, la mas cercana al castillo, que aquella noche
los escuderos de ella habían mudado y acercado
bacía Gibra-alfaro, é la gente de ella estaba muy
cansada, que no habia dormido, ni descansado dos
días habia. E con este despecho de aquel estancia
que se les acercaba, se creyó que los moros ordena-
sen de salir á pelear por allí; é el estancia del Mar-
qués estaba arriba mas .afuera casi un tiro de ba-
llesta; é el Marqués, como vido los moros salir, aper-
cibióse para ir allá, é los moros arremetieron con la
estancia é dieron en los christianos, é los christía-
nos dieron á huir los de aquella estancia y de otras
cercanas á ella; é arremetió á pié muy bien armado,
dando grandes voces, desque vido que todos huían,
diciendo: «vuelta, hidalgos, vuelta, hidalgos, que
yo soy el Marqués, á ellos, á ellos, no temáis»: é iba
BU bandera ante él. E desque los escuderos que huían
vieron al Marqués con su gente y bandera, cobra-
ron esfuerzo é volvieron sobre los moros é pelearon
muy fuertemente los unos con los otros, é la bande-
ra del Marqués en medio en lo mas áspero de la pe-
lea, la qual estuvo muy cerca de ser perdida, si el
mesmo Marqués con su persona, y los que la guar-
daban no los socorriese. En fin, los moros fueron
vencidos y volvieron fuyendo é se metieron en Gi-
bra-alfaro, é fueron de ellos feridos y muertos mas
de quatrocíentos, y de los christianos murieron lue-
go mas de treinta hombres, y fueron feridos mas de
trescientos; é fué ferido el Señor Don Diego Ponce
de León, de una saetada, que era hermano del Mar-
qués, y los moros vencidos. El Marqués fizo proveer
las estancias susodichas cercanas á Gibra-alfaro, de
gente, é ballesteros, é espingarderos; é estando allí
en una de aquellas estancias, los moros de la forta-
leza tiraban muchos tiros de espingarda allí, y de
ballestas; é pareció que desde el castillo lo conocie-
ron, é tiraron una espingardada al Marqués, de la
qual pareció que Dios milagrosamente lo quiso guar-
dar, que le dio en el adarga que ante sí tenía por
medio de los cordones, é dióle la pelota en la barri-
ga por bajo de las corazaBj^é paró en el sayo, que
ninguna cosa le firió ni empeció. Fué ferido tam-
bién el Señor Don Luis Ponce, su yerno, aquel dia,
é el alcayde de Utrera Garci Goraez de Sotomayor,
é el alcayde de Atienza y otros muchos escuderos
honrados. Entre los que murieron é fueron feridos
el mas daño que recibieron fué quando dejaron las
estancias, que si se tuvieran é no f uyeran, no reci-
bieran tanto daño, pues tenían el socorro tan cerca,
é el Marqués se lo reputó á muy mal aquella huida,
é si no fuera por su esfuerzo, todo aquel real de so*
É DOÑA ISABEL. G27
bre Gibra-alfaro desbarataran. En esta pelea truxe-
ron los moros por principal capitán á Abrahemtreta,
que era un muy esforzado moro, el qual allí fué
herido.
CAPÍTULO LXXXIV.
De como una noche entraron ciertos moros por vera de la mar en
Málaga, y tomaron algunos de ellos; é el uno que decían Moro
Santo, é de lo que acaeció con él, é como pensando que daba al
Rey acuchilló á Don Alvaro, é á la Bobadilla.
Cerca de este tiempo vinieron una noche á entrar
en Málaga por la orilla de la mar por el cabo de
Gibra-alfaro, por donde estaba el real del dicho Se-
ñor Marqués-Duque de Cádiz, ciento y cinqüenta
moros, y fueron sentidos de las guardas, é prendie-
ron la mitad de ellos, é la otra mitad se les entra-
ron, porque no pudieron mas, porque ovo mal re-
caudo en las guardas, que quando los sintieron iban
ya dentro; é como era de noche no se pudo mas fa-
cer, é todos venían á pié, ó traían armas é pólvora
para socorrer é esforzar los de la ciudad. E estos
moros que así tomaron, hubo uno que teniéndolo el
Marqués preso, dijo: «Señor, lléveme al Rey, é yo le
daré orden como tome á Málaga»; é el Marqués no
dando crédito á su decir, no se daba nada por él, é
algunos de los suyos le aquejaron que lo enviase y
que ellos irían con él; é el Marqués díxo, que lo lle-
vasen aquellos que lo decían; é el moro ganó de
ellos que lo llevasen en la forma que lo habían to-
mado, porque el Rey le escuchase; é estonce diéronle
su albornoz é un alfanje, é lleváronlo así; é el perro
moro llevaba concebido de matar al Rey, porque
muriese su vida, y viviese su fama, queriendo pa-
recer á Mucio Scevola Romano, que salió de Roma
por matar al Rey que tenía cercada la ciudad de
Sena, é pensando que mataba al Rey, con la espada
dio á otro y matólo, y maguer preso por ello se que-
mó el brazo, porque no mató al Rey que tenía cer-
cada la ciudad. E los romanos por esta osadía y
atrevimiento facen de él gran memoria de hombro
desesperado. O quiso aquel moro parecer á Fabio,
que se lanzó en el lago boca de infierno que en Ro-
ma se abrió, donde muchos perecían por librar á
Roma, é libróse por su perdimiento Roma, que lo sor-
bió aquella sima infernal y cerróse, y contentóse
con aquel que nunca mas fué visto. Y aquel perro,
como hombre gentílico, pensó asi dar su vida á la
muerte por facer descercar la ciudad y ganar fama
desesperada entre los moros. Y lleváronle así al
Rey, é quando llegaron á las tiendas con él, el Rey
é la Reyna estaban retraídos, é entráronse con él en
una tienda, donde estaba Don Alvaro de Portugal,
hermano del Duque de Berganza, é la señora Boba-
dilla, Marquesa de Moya, é como vido que les facían
todos mucho acatamiento, como no entendía la len-
gua castellana, demandó un jarro de agua por dar
lugar á su brazo é alzar el albornoz, é estonce sacó
el alfanje por debajo, é comenzó de dar de cuchilla-
das á Don Alvaro, é á la Condesa que estaban ju-
gando tablas, pensando que eran el Rey, é la Reyna,
y firió muy mal al dicho Señor Don Alvaro, de una
628
cuchillada por la cara é cabeza. E la Marquesa como
aquello vido se dejó caer de bruzas, é cortóle de
ciertas cuchilladas la ropa , empero no la firió, y si
no fuera porque cada vez topaba con el alfanje ar-
riba en la tienda, no hay duda sino que los matara.
E estonce Martin de Lccena, asturiano, que estaba
allí, y Luis Amar de León, adalid del Marqués, é
Tristan de Eivera, que hablan ido con él, diéronlo
tantas cuchilladas que le hicieron pedazos, é el Rey
é la Reyná salieron al alboroto y se hicieron mara-
villados de tal hazaña, y no quisieran que lo hubie-
ran muerto; é después echáronlo así por un trabuco
en la ciudad; ó los moros desque aquello vieron,
mataron un christiano gallego, que hablan cautiva-
do en Velez, quando el Rey tomó los arrabales, é
cargáronlo encima de un pollino, é echáronlo por
una puerta afuera, é ansí lo tomaron en el real los
christianos. E esto ficieron en pago del otro que les
enviaron con el trabuco. Pasaron estas cosas é otras
muchas é pasó el mes de Mayo, Junio é Julio, é
siempre en el real facían engaños y escalas, é ficie-
ron una escala real, que llamaron Gra, que era tan
alta como una torre, para el día que habian de dar
combate real, é los de la estancia minaron, é el ar-
tillería tiraba, é facían mucho daño en la ciudad, é
todavía mostraban esfuerzo los moros é salían á pe-
lear muy ferozmente, é faltó la pólvora en el real, é
envió el Roy una galera por pólvora á Valencia, y
prestamente fuá venida con ella; é envió al Rey de
Portugal por pólvora en una caravela, é también se
la envió y vino muy prestamente.
Ordenaron muchas veces de entrar la ciudad por
combate, é dejábanlo de dar temiendo la muerte de
la gente, é temiendo comenzarlo y no acabarlo, por
que la ciudad era muy fuerte é muy torreada, é de-
cíase haber en ella ocho mil hombres de pelea, é para
dar el combate envió el Rey por mucha gente, mas
de la que tenia, é envió á llamar al Duque de Medina
Sidonia, Conde de Niebla, el qual vino luego al real,
con mucha gente y muchos bastecimientos y mante-
nimientos por mar y por tierra, y dio en el real muy
gran refresco y placer, que ya la gente estaba eno-
jada en dos meses y medio que estaban en el cerco
y aun mas; é la pólvora venida, é el refresco de la
gente, ordenaba el Rey dar el combate el día de
Santiago, é algunos de los Grandes eran de opinión
que po se diese combate, y todos los Grandes se
prefirieron de ayudar al Rey con sus tesoros é fa-
ciendas fasta que por hambre tomase la ciudad, é
que no quisiese poner á riesgo el real. E los moros
deseaban mucho el combate porque tenían ya muy
pocos mantenimientos; é como son agoreros, tenían
un moYo que decían el moro Santo, que debía ser
algún alf aquí, el qual les ofrecía y certificaba, que
los montes de harina que veían en el real blan-
queando, ellos comerían aquella harina, y que no
temiesen, que los del real les huirían; y en algo dijo
verdad, que ellos comerían después de la harina de
aquellos montones gran parte, empero estando cau-
tivos. E este moro Santo agorero, había entrado
(juando entró ol otro desesperado que pensó matar
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
al Rey, y este los esforzaba con vanas esperanzad,
é les fizo detener tanto, díciéndoles, que habian de
ser descercados é vencedores, que así le era á él re-
velado de Mahomad, y con esto les facía salir á pe-
lear muchas veces. La segunda vez, de las dos que
fueron mas de notar, que salieron los moros de Má-
laga á pelear, fué desque no tenían sino muy pocos
mantenimientos; y salieron una madrugada más do
mil moros, é pelearon é dieron en las estancias ó
gentes del Maestre de Alcántara por orilla de la
mar, y mataron y hirieron algunos christianos que
hallaron durmiendo á mal recaudo, é ficieron albo-
roto y rebato en el real; é llegó Abrehen Senete en-
cima de un caballo á unos mozuelos, donde pudiera
matar siete ú ocho de ellos, é volvió el encuentro de
la lanza, é dióles de coscorrones díciéndoles: «andar,
andar, rapaces, á vuestras madres», é los otros ca-
balleros moros, desque viefon los muchachos ir hu-
yendo, comenzaron de reñir con él porque había
llegado á ellos é no los había matado, é él les res-
pondió: ftno maté porque no vide barbas»; é esto le
fué contado á gran virtud, que aunque era moro,
fizo virtud como hidalgo; y acudieron al rebato loa
Maestres é los otros mas cercanos; é pelearon con
los moros, é metiéronlos á lanzadas por la ciudad, y
quedaron muertos mas de doscientos moros, que se
non pudieron valer, é desde esta vez quedaron los
moros muy desmayados, é no osaron salir á pelear;
é como no tenían que comer, salíanse de la ciudad
algunos moros, é venían al real, é llevábanlos al Rey
y sabia de ellos la necesidad de la ciudad, y que
tanto se podrían tener, y con esto los del real so
esforzaron.
En este tiempo vinieron embaxadores de las par-
tes de África al Rey Don Fernando, con un presente
en que le truxeron de las cosas de allá que acá no
hay, y envióle á suplicar, que se oviese en la toma
de aquella ciudad piadosamente con los moros do
ella, como había fecho con los otros de los otros lu-
gares, ciudades é villas que había tomado; é envió
á pedir por merced al Rey, que le enviase pintadas
sus armas, que quería ver la forma de ellas á saber
qué tales eran. E el Roy Don Fernando se las envió
moldadas en ciertos escudetes de oro, acerca tan
anchos como la mano, é respondió al Rey de Treme-
cen, é envió honradamente los mensajeros, é pasó el
mes do Julio é parte de Agosto, é la comunidad de
Málaga recibía mucha pena é laceria de hambre, y
de los tiros y combates, que no cesaban cada día.
Suplicaban á las cabeceras y al Cegrí que pidieso
partido al Rey, é el Cegrí, y los que seguían su opi-
nión era que matasen las mujeres, niños y viejos,
que no eran para pelear, é después que saliesen pe-
leando é muriesen, que no que diesen tal honra y
victoria á los christianos de darse á partido.
E desque vido su locura del Cegrí y sus sequaces,
un moro muy honrado y muy rico mercader de la
ciudad, llamado el Dordux, tuvo manera como ami-
gablemente tomó á los alcaides el Alcazaba é el
castillo de Genoveses, é apoderóse de ellos, que son
dos fortalezas grandes y muy fuertes, é túvolas al-
DON FERNANDO
gunos días, é ya pasados algunos dias de Agosto,
que ya no tenían qué comer, envió al real á deman-
dar partido en nombre de todo el común. E en este
tiempo el Cegrí, alcayde de Málaga, estaba en Gibra-
alfaro, ansí como retraído, que no entraba en las
otras fortalezas, é estaba con ál el ijaoro Santo ago-
rero, huido por miedo de la comunidad, porque lo
querían matar, por las esperanzas é promesas men-
tirosas que les había dicho. E el Dordux demanda-
ba al Rey que tomase las fortalezas é les dejase
mudejalmente con lo suyo en la ciudad, é salieron
'los farautes con esta mensajería por las estancias
del Comendador mayor de León, Gutierre de Cár-
denas, Mayordomo y Contador mayor del Rey, é él
jnesmo los llevó al Rey, é vista su embaxada, el
Bey ovo de ello muy grande enojo, y los mandó
volver á la ciudad, é les dijo que les dixesen, que
se tuviesen quanto pudiesen, que con la ayuda de
Dios muertos ó cautivos los entendía de sacar todos
de allí; é con esto los mensajeros se fueron, é otro
día la ciudad envió con sus mensajeros á rogar al
Marqués-Duque de Cádiz á sus tiendas, por la vía
de Gibra-alfaro, que le pedían por merced hiciese
el partido con el Rey, é el Marqués le respondió que
no podía, pues que tan al cabo se liabian dejado lle-
gar, é que se tornasen al Comendador mayor, pues
á él se habían primero encomendado, que él lo tra-
taría; é con esto los mensajeros se volvieron; é visto
esto, el Dordux é la Comunidad fablaron é abajaron
en el partido, ó salió el Dordux mesmo, por donde
primero los primeros mensajeros habían salido, é el
Comendador mayor los llevó al Rey, é denunció al
Rey la embaxada é la comisión que el Dordux traía
para el partido, según el Dordux por la lengua do
los que la sabían al Comendador mayor habían con-
tado; é entendido por el Rey lo que pedían, dijo con
gran enojo al Comendador mayor: «Dadlos al dia-
blo, que no los quiero ver, facedlos volver á la ciu-
dad, y no loa he de tomar sino como á vencidos
del todo, dándose á mi merced»: y con esto el Dor-
dux y los que con él habían venido se volvieron,
é entrados en la ciudad mandó el Rey tirar toda
la artillería, é dieron una gran grita todos los del
real, é tiraron todas las lombardas é injeníos, é fi-
cíeron muchos daños en la ciudad, é con Ja res-
puesta de los embaxadores oida por la comunidad,
ovieron en Málaga muy gran ruido é muy gran tur-
bación, é ficieron las gentes de ella muy grandes
llantos é lloros, así los hombres como las mujeres ó
pequeños, é ya á este tiempo comían los caballos, é
asnos, é perros, é gatos; é comían de los troncones
de las palmas altas molidos hechos pan, é muchos
de los que comían aquel pan desque bebían el agua
sobre ello morían, é ansí murieron muchos, que se
hinchaban con ello é morían ; é llegaron á tanta ne-
cesidad antes que se diesen, que se murieron de
hambre muchos. E vistas las respuestas del Rey,
entraron en su cabildo y ordenaron de se dar á mer-
ced del Rey é de la Reyna, pues que ya no podía ser
de otra manera; é ficieron la siguiente carta, con la
qual el Dordux volvió al Comendador mayor, é lo
E DOÑA ISABEL. 629
llevó al Rey ó dio por él la carta al Rey é á la
Reyna , y es la siguiente :
« Alabado Dios Poderoso.
«Nuestros Señores Reyes, el Rey y la Reyna, ma"
yores que todos los Reyes , é que todos los Prínci-
pes , ensálcelos Dios ; encomendándose en la gran-
deza de vuestro estado , é besando la tierra debajo
de vuestros pies , vuestros servidores y esclavos loa
de Málaga, grandes y pequeños, remedíelos Dios,
Después de esto los servidores vuestros suplicamos
á vuestro estado real , que nos remedie como con-
viene hacer á vuestra grandeza , habiendo piedad y
misericordia de nos, según á vuestro real estado
conviene, y según ficieron vuestros antepasados, ó
vuestros abuelos los Reyes grandes é poderosos. Ya
habéis sabido, ensálcevos Dios, como Córdoba fué
cercada gran tiempo fasta que se tomó la mitad, é
quedaron los moros en la otra mitad fasta que aca-
baron todo el pan que tenían , é fueron estrechados
mas que nosotros ; y después suplicaron al gran Rey
vuestro abuelo, é rogáronle que los asegurase, é
asegurólos , é recibióles sus suplicaciones , é oyó su
fabla, y perdonóles, é dióles todo lo que tenían en
su poder, así facienda, como joyas, ó ganó la gran,
fama fasta el día del juicio. Ansimesmo en Ante-
quera con vuestro abuelo, el grande, esforzado y
nombrado Infante, que la cercó seis meses y medio
y tomó la ciudad y quedó el Alcazaba obra de seis
meses, fasta que se les acabó el agua, y estonces le
suplicaron é echaron á su favor, ó le demandaron
que les asegurase para que saliesen, é recibió sus
suplicaciones, ó sacóles, é dióles todos sus bienes é
mercaderías, é quedó su fama é el bien que fizo
fasta el día del juicio, perdónelo Dios, y á vosr
otros ensálcevos Dios, nuestros señores Reyes, mas
honrados que todos los Reyes é Príncipes. Pública
es vuestra buena fama, é vuestro favor, é vuestra
honra, é vuestra piedad, é ha parecido con las gen-
tes que se dieron antes que nosotros ; ha ido vues-
tra buena fama á allende é aquende entre los chrís-
tianos é entre los moros ; y nosotros vuestros servi-
dores y esclavos, bien conocemos vuestro yerro, y
nos ponemos en vuestras manos , é echamos nues-
tras personas á vuestra merced. Suplicámosvos,
nos aseguréis é libréis en ahorras nuestras personas,
é nos otorguéis esto como parecerá al seguro é hon-
ra que está con vos señores de poder. Nosotros es-
tamos degollados en vuestro favor, ó nos metemos
só vuestro amparo ; faced con vuestros siervos como
conviene á V. A. y Dios Poderoso ponga en vuestra
voluntad , que lo fagáis bien con vuestros siervos.
Pues ensálcevos Dios mayores que los Reyes ó Prín-
cipes , é no plegué á Dios que fagáis con nosotros
sino lo que conviniere á la vuestra grandeza é hon-
ra de toda virtud ; esto es lo que suplicamos á
V. A. é pedímos vuestros siervos : en manos da
VV. AA. nos ponemos. Dios Poderoso acredite el
ensalzamiento de VV. AA.»
Y luego respondió el Rey :
«YO EL REY.
)) Qoncejo é viejos é vecino» 4© la ciudad de Má"
630
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
]aga: vi vuestra carta, por la qual me enviades á
facer saber, que me queriedes entregar esa ciudad
con todo lo que en ella estaba, y que vos dejase
vuestras personas libres ir á donde quisiérades ; y
esa suplicación si la ficiérades al tiempo que os en-
vié á requerir desde Velez-Málaga, ó luego que aquí
sentó el real , pareciera que con voluntad de mi ser-
vicio 08 movíades á ello, estonces oviera placer de
lo facer ; pero visto que habéis esperado fasta lo
postrimero que os podéis detener, á mi servicio no
cumple os recibir do otra manera, §alvo dándoos á
mi merced, como determinadamente os lo he envia-
do á decir con vuestros mensajeros ; y este es muy
menor mconveniente que no haber de esperar mas,
eegua el estado en que estáis. »
CAPÍTULO LXXXV.
Como se dio Málaga.
Vista esta respuesta por los moros de Málaga, el
Dordux, antes que entregase las fortalezas, fué é
vino muchas veces á el Rey é á la Reyna, é ganó,
que puesto caso que todos los moros fuesen escla-
vos, empero que el Rey les asegurase la vida á to-
dos, é fuéle otorgado. Mas ganó, con ayuda de rue-
gos de caballeros , perdón para si , y para quarenta
casas de sus parientes, que quedasen libres é francos
en la ciudad con todo lo suyo por mudejares ; y así
le fué concedido, é quedaron. En esto así concerta-
do , luego el Dordux entregó al Rey las fortalezas
é torres, é aljimas , é sobre puertas de la ciudad , de-
jando á Gibra-alf aro , que lo tenia el Cegrí. É el Rey
mandó á pregonar, que qualquiora que tomase cosa
de los moros ó les faciese desaguisado , muriese por
ello, é envió su guión é la cruz de la Cruzada , é el
pendón de las hermandades , acompañados de mu-
chos caballeros é muy armados, después de haber
tomado rehenes del Dordux , á tomar las fortalezas
de Málaga. E desque vido , empinados sobre las mas
altas torres su gente señorear las fuerzas de la ciu-
dad, dio muchas gracias al Señor nuestro Dios y
agradecióle mucho la victoria grande que allí le ha-
bia dado. E la Reyna é la Infanta, con sus dueñas é
damas é toda la campaña real, hincadas de rodillas
en tierra, presentaron á nuestro Señor é á la Vírjen
Santa María gloriosísima muchas oraciones y ala-
banzas, y al Apóstol Santiago. E eso mesmo hicie-
ron todos los devotos christianos del real. E los
Obispos é clerecía que allí se hallaron, cantaron Te
Deum laudamus é Gloria in excelsis Deo. i
Fué este dia que la ciudad se entregó Sábado 18
dias andados del mes de Agosto, año susodicho de
nuestro Señor Jesuchristo de 1487 años. Habia esta-
do cercada desde siete dias andados de Mayo ; ansí
el Rey la tuvo cercada tres meses é once dias, fasta
que la entregaron como dicho es. E luego el Rey
mandó á pregonar por toda la ciudad entre los mo-
ros, que cada uno con lo suyo estuviesen seguros
en BUS casas, é fizo entre ellos poner muy grandes
guardas por las calles é puertas, porque ninguno no
60 fuese, ni ninguno los agraviase, ni los enojase,
ni tomase lo que tenían. É luego demandó los cau-
tivos christianos que en Málaga estaban , é fizo po-
ner una tienda cerca de la puerta de Granada, don-
de él é la Reyna ó la Infanta, su fija, los recibieron,
y fueron entre hombres y mujeres los que allí lo»
moros les trajeron fasta seiscientas personas; é ala
puerta por dó salieron estaban muchas personas con
cruces é pendones del real, é fueron en procesión
con ellos fasta donde estaba el Rey y la Reyna aten-
diéndolos. E llegando donde SS. AA. estaban, todo»
se humillaban é caían por el suelo, é les querían be-
sar los pies, é ellos no lo consentían, mas dábanles
las manos, é cuantos los veian daban loores á Dios,
é lloraban con ellos con alegría ; los quales salieron
tan flacos y amarillos con la gran hambre, que que-
rían perecer todos , con los hierros , é adovones á los
pies , é los cuellos é barbas muy cumplidos. É des-
que besaron los pies al Rey y ala Reyna, loaron to-
dos á Dios mucho, rogándole por la vida y acrecen-
tamiento de SS. AA. É luego el Rey les mandó dar
de comer é de beber, é les mandó desherrar, é los
mandaron vestir é dar limosnas , para despensa de
cada uno donde quisiese ir , y así fué fecho y cum-
plido. É en estos cautivos habia personas de gran-
des rescates que estaban rescatados ; é habia perso-
nas que habia diez é quince é veinte años que es-
taban cautivos, é otros menos.
E desque el Cegrí , Alcayde do Gibra-alf aro, vido
la ciudad tomada, demandó partido, é el Rey no le
quiso dar otro sino como al común de Málaga, é en-
tregó la fortaleza dos dias después que Málaga se
entregó. E luego el Rey mandó tomar todas las ar-
mas á los moros é metiéronlas en la Alcazaba, ansí
defensivas como ofensivas. Y así el Rey é la Reyna
fueron señores de Málaga, é la tomaron con todos
los moros.
capítulo LXXXVI.
De como se dieron Mijas y Osuna.
Dos fuertes lugares é fortalezas , que estaban en-
tre Málaga é Fonjirola, que llaman al uno Mijas, é
á otro Osuna, que no se quisieron dar en todo el
tiempo del cerco de Málaga , é siempre el Rey tuvo
guarnición sobre ellos, tomada Málaga fueron re-
queridos, é pensando que los de Málaga habían he-
cho buen partido, diéronse al partido de los de Má-
laga , é entregaron las fortalezas , é el Rey envió las
galeras de la armada por la gente de ellos, en que
trujeron ochocientas personas con sus haciendas
muebles, é quando se hallaron en Málaga todos á su
partido , halláronse todos cautivos perdidos. É de
estos, é de los que se hallaron en Málaga huéspe-
des , que entraron á defender la ciudad , que no eran
naturales ni vecinos, repartió el Rey por los caba-
lleros é les dio á cada según quien era ; á los Duques
cien moros á cada uno , é al Maestre de Santiago
cien moros; y á los Condes y demás señores cin-
quenta, é á otros mas, é á otros menos; é fizo pre-
sente de ellos al Rey de Ñapóles y al Rey de Portu-
gal ; é envió al Papa Inocencio VIII, que ímperab»
DON FERNANDO t D05ÍA ISABEL.
estonces en Roma, cien moroB empresentados , los
quales el Papa recibió é hizo traer en procesión por
toda Roma, por cosa hazañosa, en memoria de la
victoria de los christianos, á los quales hizo con-
vertir é volverse christianos, y allí se remembraron
las victorias romanas, que los claros varones de
Roma hicieron, en especial los Escipiones, é Lucios
Metelius, Fabius, Quintius, Publiua, Lucius, Syla,
Marius, Gayus, Pompeyus, Marcelus , Julius César,
é otros muchos que por Roma conquistaron por di-
versas partes del mundo. E cuando venían con las
victorias ó enviaban las cabalgadas que habían, era
la ciudad toda conmovida á los recibir, y ver. Así
por ver aquella parte de la cabalgada, que el Rey
Don Fernando envió en Roma al Santo Padre, de la
victoria que Dios le dio de la ciudad de Málaga é
BU tierra, la ciudad de Roma fué conmovida toda á
lo ver , y el Santo Padre se lo agradeció mucho , é
fizo facer plegarias é conmemoraciones muchas á
Dios nuestro Señor por él.
Antes que el Rey se partiese de Málaga, quitó á
todos los moros mudejares de la Sierra sus vasa-
llos, las armas todas ofensivas y defensivas.
Había en Málaga al tiempo que el Rey la tomó
quatrocíentas cinqüenta personas, judíos é judías
moriscos, chicos é grandes. Estos rescatólos un ju-
dío de Castilla, llamado Abrahan Señor, arrendador
é facedor mayor de las rentas del Rey, en fiducia,
de las alhamas é juderías de Castilla; los quales res-
cató por veinte mil doblas jayenes, á pagar en cier-
to tiempo , y apartáronlos luego de los moros, é to-
máronles todas sus buenas alhajas , é joyas , é do-
blas, é monedas que tenían á todos para en cuenta
del rescate ; é ficieron líos las cosas de cada casa so-
bre sí, é sellaron los líos y escribieron en cada uno
cuyo era, é todo el rescate ficieron junto, é ansí
para ello ficieron común todo lo que tenían , puesto
caso que unos tenían mucho é otros poco, é el dicho
judío tomó el rescate á su cargo.
CAPÍTULO LXXXVIL
De la manera que se tuvo con los moros de Málaga, é con sus bie-
nes , é como vinieron cautivos, é de los judíos, é de las cosas
del cerco de Málaga.
Los moros de Málaga suplicaren al Rey, luego
como entregaron las fortalezas, que les mandase
dar pan por sus dineros , que se morían de hambre,
y el Rey les mandó dar pan y harina de los monto-
nes que ellos miraban que estaban en el real», que el
moro Santo les certificaba que comerían ; é aqui se
cumplieron sus agüeros, en que dijo verdad, que
comerían de aquella harina, y asi la comieron, em-
pero cautivos.
Suplicaron eso mesmo al Rey y á la Reyna que,
pues eran sus cautivos , los quisiesen rescatar ; é sus
Altezas mandaron entender en ello en sus Consejos.
E visto sobre ello ficieron entender al Rey, que era
mejor rescatarlos, é tomarles en qüenta sus bienes
muebles, é oro, é plata, que ííb sacarlos remota-
paente que supiesen ellos que iban cautivos sin re-
63Í
medio ; porque esconderían é echarían en pozos su
oro , é plata é aljófar , é joyas ; é el Rey tuvo á bien
de los rescatar ; é el concierto del rescate fué de esta
manera : Que le dieran por todos los que aquel dia
se hallaron vivos, así chicos como grandes, á trein*
► ta doblas jayenes por cada uno varones é mujeres,
chicos é grandes , é que diesen luego en señal todo
el oro, é plata, é aljófar, é ropa, é alhajas, é seda, é
riquezas, apreciado todo en su valor, é que por lo
restante aguardase el Rey ocho meses ó poco mas
tiempo , y que el rescate fuese en todos á voz da
uno enmancomunados, é que por los que estonce
eran vivos, aunque después se muriesen, sepagaso
como por los otros ; y que si no cumpliesen el res-
cate en los ocho meses, ó tiempo aceptado, que fue-
sen esclavos, y que por tales los pudiesen vender é
facer de ellos lo que quisiesen, é que si al dicho
plazo pagasen el rescate é lo cumpliesen todo, qua
fuesen libres donde quisiesen. É desque este parti-
do plugo á los moros , como ningún remedio tuvie-
sen , pensaron poder cumplir y salvarse por esta
vía ; é ansí fué celebrado é concertado el concierto
del rescate. É el Comendador mayor Gutierre de
Cárdenas, fizo por parte del Rey los contratos de
esto con ellos, é con condición , que viniesen todos
presos á Castilla , salvo los que habían de procurar
el rescate allende y aquende. E esto hecho , y asen-
tados contadores é diputados para ello, con muy
gran recaudo, los llamaron por los barrios, é colla-
ciones, é casas, é á cada casa sobre sí con todas las
personas é haciendas , é como venían escribían
cuantos eran, é como les llamaban á cada uno, es-
cribían sus bienes, é facienda, é facían los líos ó
sellábanlos , é escribían encima cuyos eran , é man-
dábanlos ir con ello cada uno con lo suyo al corral
de Málaga, salvo el oro é plata, é doblas que les to-
maban luego, é el aljófar, perlas, é corales, é pie-
dras preciosas, é manillas, é ahorcas, y al salir
buscábanlos á todos y á todas en tal manera y tan
sagaz, que no pudieran esconder ninguna cosa, ni
sabían los unos de los otros si los buscaban ; y por
esta arte ovo el Rey Don Fernando todos los teso-
ros é riquezas de Málaga ; y ansí los sacaron de sus
casas por qüenta extremados ó contados, como quien
extrema ovejas, á los que si con tiempo al Rey sq
dieran, fueran libres con todo lo suyo, y aun reci-
bieran mercedes ; mas parece que nuestro Señor di6
lugar que asi sus corazones fuesen endurecidos,
como Faraón con sus ejipcíos cuando fatigaban el
pueblo de Dios, porque fuese vengado en ellos el
derramamiento de sangre de los christianos, que
los moros de aquella ciudad habían, desde el tiem-
po del Rey Don Rodrigo , é el estrago y perdimien-
to de los que por allí habían pasado allende y se
habían perdido ; así ellos se ovieron de perder total-
mente, é allí donde ellos acorralaron los christianos,
de la gran cabalgada que hicieron de la Axarquía
el año de 1483, é donde por costumbre tenían de
meter la cabalgada de christianos que traian cauti-
vos, para los partir ó vender, allí fueron ellos metí-
dos y acorralado^ eu aquel corral, ó acorralado» é
ft32
CRÓNIOÁS DS LOS REYES DE CASTILLA:
contados, ¿cautivos é vendidos; ó alli apartaron los
gandules de los naturales, é vendieron, é estuvie-
ron alli en aquel'corral hasta que dieron forma de
los llevar á Castilla, los quales trujeron por mar á
Castilla en las galeras é navios de la armada fasta
Sevilla, é otros muchos por tierra, é repartiéronlos
por las ciudades, é villas, é lugares por casas délos
vecinos, á cada uno uno, ó dos, é que les diesen de
comer é se sirviesen de ellos, fasta cumplido el
tiempo en que hablan de pagar todo el cumpli-
miento del resgate. Nunca pude saber quantas áni-
mas fueron las del resgate, empero la ciudad era
de mas de tres mil yecinos ; por aqui podréis en-
tender quantas ánimas habria poco mas ó menos,
que yo creo que pasaban de once mil ánimas : Aun-
que algunos de ellos vinieron por la tierra, la ma-
yor parte vinieron en los navios, é se repartieron
en Xerez é en Sevilla, como dicho es, é en su tierra.
É después pasó el tiempo é no pudieron cumplir
el resto del rescate, y quedaron todos cautivos del
Key é de la Reyna.
Los judios partieron postreros de Málaga en dos
galeras de la armada, y echáronlos en el Bodegón
del Rubio , é allí los dieron por qüenta en primero
dia del mes de Octubre del dicho año , ó fallaron
quatrocientas cinqüenta ánimas , las mas eran mu-
jeres en la lengua arábiga , é vestían á la morisca.
El Rey, antes que partiese de Málaga, fizo ado-
bar lo derribado , é dio vecindad á muchos vecinos
que la venian demandando ; dejó sus guarniciones,
é puso por alcaide é justicia mayor á Don Manri-
que , de Málaga é toda su tierra , é puso sus alcai-
des en Mi jas, é Osuna, é en todas las otras fortale-
zas que ganó de esta entrada. Las cosas del cerco do
Málaga no hay quien contarlas todas pueda.
El Rey tenia cruces y campanas , con lo qual les
daba muy mal solaz álos moros, que continuamen-
te velan la cruz , é oian las campanas tañer á todas
las horas y repicar á todos los rebatos, desde la pri-
mera fortificación que ganó , que á la hora siempre
llevaba el Rey campanas en sus huestes y reales; y
al comienzo les decian los moros : ¿ cómo , no tienes
las vacas, y traes los cencerros? las quales campa-
nas andaban con el artillería , y do allí se repartían
por el real. Al comienzo de esta santa guerra, el
Papa Sixto le dio cruz por estandarte, é dejó en las
iglesias, que de mezquitas se consagraron en igle-
Bias en Málaga, mas do quarenta campanas grandes
é muy hermosas, é en los lugares que se ganaron
de esta entrada. Fué el real de Málaga muy 'baste-
cido de todas las cosas, salvo de paja para las bes-
tias é caballos , que ovo mucha mengua : porque no
80 encareciese el pan en el real , que aquel año no
Bo cojió muy sobrado , puso el Rey tasa por quatro
años , al trigo á quatro reales, é la cebada á dos rea-
les; é húbose é mantúvose. Había en el real de Má-
laga muchos clérigos é frailes de todas órdenes, que
decian misas , é predicaban por todo el real , así á los
sanos como á los enfermos, é absolvían plenaria-
mente á todos por virtud de la Santa Cruzada ;
liUende de los clérigos, de los cantores de la capilla
del Rey é de la Reyna , ó do otras capillas de Gran-
des, que asi era honrado el culto divino en aquel
real como en una muy gran ciudad, y asi parecía
que lo ordenaba Dios con infinitas músicas y canto-
res. Habia un hospital muy grande , de tiendas que
el Rey mandó facer , donde todos los enfermos ó he-
ridos eran curados é mantenidos á costa del Rey,
así de heridas de los moros , como de qualesquier
enfermedades que enfermaban. Habia físicos y ci-
rujanos cuantos eran menester, que los curaban.
CAPÍTULO LXXXVni.
Como esluvieroa en el cerco de Málaga la flor de Grandes
y caballeros de Castilla.
Los nombres de los Grandes de Castilla que se
hallaron presentes en la dicha victoria, no es razón
que queden en silencio, pues que ovieron parte de
la gloria de ella, é fueron victoriosos sirviendo á su
Rey; fueron los siguientes :
Primeramente el Cardenal de España , Arzobispo
do Toledo, Don Pedro González de Mendoza, quo
vino con la Reyna al medio tiempo del cerco, c al-
gunos Obispos.
El Maestre de Santiago, Don Alonso de Cárdenas.
El Maestro de Alcántara, Don Juan de Estúñiga.
El Maestre de Calatrava , Don Juan García do
Padilla, no vino á esta ni á la de Ronda, porque
quedaba siempre en la frontera de Granada para
guarda de la tierra.
El Marqués-Duque de Cádiz, Don Rodrigo Pone©
de León.
El Duque de Medina-Sidonia , Conde de Niebla,
Don Henrique de Guzman, que vino en medio tiem-
po del cerco con muchos mantenimientos y gente
de refresco.
El Duque de Nájera, Conde de Treviño, Don Po-
dro Manrique.
El Duque de Escalona, Marqués de Villena, Don
Juan Pacheco.
El Coride de Benavente, Don Juan Pimentel.
El fijo del Duque de Alva, Don Fadrique de Toledo.
El Conde de Cabra, Mariscal de Baena, Don Die-
go Fernandez de Córdoba.
El Conde de Feria, Don Gómez Suarez de Fi-
gueroa.
El Conde de Ureña, Don Alvaro Tellez Girón.
El Conde de Cifuentes, Don Juan de Silva.
El Adelantado de Andalucía Don Fadrique En-
riquez.»
El Señor de la Casa de Aguílar, Don Alonso Fer-
nandez de Córdoba.
Don Pedro Puerto carrero. Señor de Moguer.
Don Luis Puertocarrero, Señor de Palma.
El Comendador mayor de León, Don Gutierre do
Cárdenas.
El Conde de Miranda.
El Conde de Ribadeo.
El Adelantado de Murcia , Don Juan Chacón , ó
otros muchos Caballeros, Condes y Señores, que sq-
ria luengo de escribir.
DON FERNANDO
' El Condestable de Castilla no vino acá esta
vez , empero vino su hijo Don Bernardino con su
gente.
El Duque de Alburquerque no vino, pero vino su
fijo con su gente, en manera que de todos los Ca-
balleros de Castilla, ó de la mayor parte de ellos, el
Eey y la Reyna fueron servidos en esta victoria.
Llegó el Eey sobre Málaga mas de diez mil do
caballo, é decían que mas de ochenta mil peones:
Fatigáronse algo los pueblos con los reparti-
mientos de los pechos, para los grandes gastos do
aquel cerco, y ayudaron la clerecía é iglesias con
subsidios.
La ciudad puesta en cobro, el Rey y la Reyna , y
los Grandes de Castilla se volvieron en Castilla con
victoria, é mucha honra con su ejército é artillería.
Los moros de Málaga enviaron á Granada, é Ba-
sa, é Guadix, é Almería, é por todo el reyno de Gra-
nada, é enviaron á los moros é Reyes de allende á
demandar limosnas para dar el rescate, é todos tu-
vieron por respuesta, que tenían tantas necesidades,
ijue les non podían socorrer ; así que de aquende ni
de allende no pudieron remediarse , é cumplido el
plazo del partido el Rey los mandó vender, é fue-
ron vendidos mas de once mil ánimas de Málaga,
dejando los gandules é loa valederos estranjeros
que les vinieron á ayudar.
CAPÍTULO LXXXIX.
Como el Rey tomó á Vera con toda su tierra.
En el nombro de Dios , en el mes de Mayo del
año del nacimiento de nuestro Eedemptor Jesu-
christo do 1488 años, el Rey Don Fernando sacó su
hueste por la vía de Murcia, estando él é la Reyna
8u mujer allí, é juntó poco mas de quatro mil do
caballo, é catorce mil peones, é algunos do los
grandes de Castilla ; é quedó la Reyna é el Cardenal
de España en su compañía, é el Maestre de Santia-
\ go, que se sentía malo, en Murcia ; é el Rey fué con
'eu gente, pasando por Lorca, sobre la ciudad de
. Vera, é envió al Marqués-Duque de Cádiz delante,
con una gran batalla de caballeros , á les facer re-
4iuerimientos á los moros de Vera, que le quisiesen
■desempachar la villa é entregársela ; é el Marqués
hizo sus dilíjencias, y requerimientos, y protesta-
ciones, que si no se daban y el cerco consentían po-
ner, que no so les daría otro partido sino como á los
de Málaga, que fueron todos cautivos ; é los moros
de Vera, con temor que ovieron, concedieron todo
lo que el Marqués les dijo , é con ciertos partidos,
que de parte del Rey les prometió , luego entrega-
ron la fortaleza, sin mas esperar cerco ni combate;
é el Marqués puso en ella al Señor Don Diego, su
hermano, el qual entró con ciertos escuderos é se
apoderó de ella, é la tuvo fasta que el Rey llegó. E
el partido fué, que los moros se fueron con todo lo
Buyo á donde quisieron, é desempacharon la ciudad
en ciertos días. E como el Rey lleg4 fizo bastecer
la fortaleza de Vera do gente de armas é manteni-
laieutoíi, é dip la tenencia de,©Ua á G^rci-Laeso d?
E DONA ISABEL. ^ 63T
la Vega. E envió por toda la comarca de Vera á
requerir á todos los lugares que le vengan á dar*
obediencia, é siguió su vía con su hueste hacia Al-
mería, tomando muchos lugares, é allegó fasta Al-
mería; y estaba dentro el Rey moro Muley Baudili
Alzagal, é fizóle talar la tierra, é dio vuelta por to-
da esa cercanía de los moros, y contando desde Ve-
ra, tomó los lugares siguientes, de los quales ó do
la mayor parte Vera es cabeza :
La ciudad de Vera. Lijar. Filambre.
Las Cuevas. Mijar. Vidari.
Hueral. Cantoría. Lubrir.
Curgena. Oria. La Caynera.
Moxacar. Cantalobo. Huero.
Alborea. Torbal. CurríUas.
Bedar. . Riñes. Aliynor.
Serena. Atahalic. Ulela.
Teresa. Axameyto. Sornas.
Cabrera. Benalibre. Huesear.
Overa. Benazaron. Castilleja.
Beuatarafa. Baulirba. CuUar.
Alhambra. Benechamir. Velez el Blanco.
Bena Alagracis. Alva. Velez el Rubio,
Albos. Alcudia. Benamaurel.
Almanchez. Chercos. Galera.
E otros lugares y alcaydias de que no es de hacer
mención. E todos estos lugares, é villas, é fortale-
zas se dieron al Rey sin combate é sin cerco, que
así pareció que plugo á la Providencia divina ; ó
entregaron lo fuerte, é quedaron por estonce en lo
otro por mudejares, é el Rey puso alcaides chrístia-
nos en las fortalezas, é echó los moros de algunos
de aquellos lugares á lo llano ; y dejándolos todos
por vasallos', fizo la Salida por Baza, donde los mo-
ros de ella salieron á escaramucear con los christía-
nos, y á la fin se encerraron huyendo ; y allí murió
un sobrino del Rey, que llamaban Don Luis, Maes-
tre de Montesa^ del reyno de Valencia, en Aragón ;
murió en la escaramuza de una saetada, é Don Luis
era fijo bastardo de Don Carlos , hermano del Rey
Don Fernando. Esto así fecho el Rey se volvió con
mucha honra á Murcia, donde estaba la Reyna, y la
Infanta y la corte, é dende en Castilla.
CAPÍTULO XC.
Como los moros de Guacia se alzaron.
En el mes de Octubre del sobredicho año de 1488,
hicieron movimiento los moros mudejares de la
Sierra Bermeja, é se alzaron conGuacín, que lo
hurtaron al alcayde chrístiano que lo tenia, y súpolo
el Marqués-Duque de Cádiz una noche , estando en
su palacio de los Palacios, é despachó cartas de lla-
mamiento á un cabo y á otro, donde convenia, lue-
go aquella noche, é partió para allá, é llegó con la
gente que pudo , é asentó su real sobre Guacín , é
allí acudió luego el Conde de Ureña, é el Adelanta-
do, é el Conde de Cifuentes con la gente de Sevilla,
é la gente de Xerez, en los quales todos se allegó
poca .gente, y hízoles el tiempo de muchas aguas,
que.sfliieron todos los ríos ea esta tierra de madre,
634
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
cosa que pocas veces se ve en el mes de Octubre, é
por el tiempo no se atrevieron por armas á sojuz-
garlos. El Marqués los envió á llamar, ó asegurólos
de parte del Rey del alboroto y mal caso, é diéron-
le la fortaleza ; é diéronle por descargo, que lo ha-
bían hecho por muchas sinrazones que del alcayde
recibían. Este fué el primer alboroto que los moros
mudejares de la Sierra Bermeja é sus comarcas
ficieron ; como la tierra es la mas áspera embreña-
da del mundo , é fértil de muchas frutas é aguas,
cuevas, capas, é riscos para se mantener é huir é
tenerlos, dio ocasión á hacer muchas veces movi-
mientos, é matar é hurtar muchas veces.
CAPÍTULO XCI.
De la fertilidad del año de 1488, é de las aguas de la otoiiadadel
89 siguiente, é de como tomó el Rey á Placencia ó ovo el Maes-
tradgo de Calatrava.
Este año sobredicho de 1488 fué mucho vicioso
y abundoso de pan, tñgo é cebada, é vino, é aceite,
é de muchas frutas , generalmente en toda España.
Ovo pestilencia en algunas partes, especialmente
en Sevilla é en Toledo. Valió el pan desque se co-
jió hasta pasado el mes de abril del siguiente año
de 1489 en esta Andalucía y comarca de Sevilla á
cinqüenta maravedís la fanega y menos, que en al-
gunas partes, especialmente Sevilla é Toledo é su
tierra, valió á real, que era estonce un real treinta
maravedís, é la fanega de cebada á real. La semen-
tera que se fizo este dicho año de 1488 en Octubre
é Diciembre fué muy mala é lloviosa é con muchas
avenidas, é por esta causa se perdieron muchos pa-
nes de los sembrados , é después de hechas las se-
menteras, fizo tan grandes aguas en el mes de Ene-
ro, que subió el agua del rio Guadalquivir á la se-
ñales del año de 1485 en los muros de Sevilla, y en
las otras partes donde suele llegar é están por me-
moria ; y aun en algunas partes pasó, é estuvo Se-
villa en gran temor, empero asi como aquella gran-
de ímpetu de corriente vino, pasó á plazo, que no
duró el enracamiento de lo mas alto por mas de una
hora. Llevó el rio los lugares que había llegado y
pasado el año 1485, é llevó todas las simenteras de
BUS vecindades , en que echó á perder y llevó desde
Cantillana abajo, mas de ciento cinqüenta cahíces
de pan sembrado. Cojióse muy poco pan en esta
Andalucía el año de 89, de esta causa; é habian
quedado las alturas con algunos panes, é ^sin se co-
jiera de allí común el pan, salvo que en fin de Ma-
yo vinieron quatro ó cinco dias de agua é niebla,
como de invierno, y anubló los panes en muchas par-
tes, y de esta causa alzó el trigo hasta cien mara-
vedís la fanega , é la cebada á cinqüenta maravedís
la fanega, poco mas ó menos, é duró estos precios
fasta San Miguel. E íué este año de 89 muy vicioso
páralos ganados, de muchas yerbas. Criáronse muy
muchos puercos, como habia mucho pan del año de
ochenta y ocho.
Cerca de Todos-los-Santos del dicho año de 1488,
tecibió el Rey Don Feraando la ciudad de Placen-
cia de poder de la casa de Estúfiíga, después de la
muerte del Duque Don Alvaro de Estúñiga, Conde
de Bajar , Duque que se llamó de Arévalo, en tiem-
po de su nieto Don Alvaro, nieto del dicho Duque,
fijo de su fijo mayor Don Pedro de Estúñiga, ha-
biendo heredado el mayorazgo y señoreado la casa
de Béjar.
Falleció de esta presente vida el Maestre de Ca-
latrava, García de Padilla, el año de 1489, el qual
habia sucedido en el Maestradgo por muerte de
Don Rodrigo Xiron, que mataron los moros en Lo-
ja, é el Rey tomó en sí luego el Maestradgo é rentas
de él, é trujo bulas del Papa para ello , porque da
ello se ayudase para los grandes gastos de la guer-
ra. E este fué el primero de los Maestradgos en que
el Rey y la Reyna sucedieron por sus vidas, con bu-
la del Santo Padre, para ayuda de los gastos de la
guerra.
CAPÍTULO XCIL
Del gran cerco de Baza y de las cosas que en él se flcieron 8
acaecieron, é de como la Reyna fué al real, é de como se di(S
Baza al Rey é á la Reyna á partido, é entraron en el partido Al-
mería é Guadix é otras muchas villas.
En el nombre del muy alto Rey de los Reyes, en
cuyo poder es dar la victoria á las huestes, é bata-
llas á quien le place, en el año sobredicho del Se-
ñor de 1489 años, el Rey Don Fernando, por servir
á Dios, é facer guerra á los moros , estando en la
ciudad de Jaén, invocó grandes huestes , é gentes
de todos sus reynos de Castilla, y hizo aparejar mu-
chos mantenimientos, é principios, é provisiones,
para ir sobre la ciudad de Baza, é fueron con él en
el mes de Mayo, á cerca del fin del mes ; y la Reyna
y corte quedó en Jaén, y el Rey partió con su hues-
te, y fué la vía de Baza, y cercó la villa de Cu-
xar é combatióla con las lombardas ; sobre la qual
estuvo ocho dias, fasta que se dio á partido, de ma-
nera que entregaron la fortaleza é la villa, é se fue-
ron con todo lo suyo, que pudieron llevar ; y el Rey
fizo poner luego gran recaudo en la villa é fortale-
za, é puso allí gran guarnición , é luego los moros
dejaron de miedo á Venzalema, un castillo muy cer-
cano allí, y despoblaron Canilla, una villa muy
cerca de allí ; é el Rey la mandó despoblar, y ai-
guiendo su vía fué á poner cerco á la ciudad de
Baza, é llegó un día del mes de Junio y entraron
en las huertas para asentar el real, é estando la gen-
te del real ya entrada en gran parte de las huertas,
los moros que estaban en defensa de la ciudad eran
muchos, y de los mas honrados ó esforzados del
reyno de Granada; salieron y pelearon muy fuerte-
mente con los christianos , de manera que de ambas
partes murió gente ; y como las huertas estaban cer-
cadas de muchas acequias, é caoces, é cerraduras,
los christianos no quisieron señorearlas , antes me-
dio huyendo se ovieron de retraer atrás, por la re-
sistencia é gran fuerza de los moros, é visto esto
por el Rey , y sabido que en la ciudad habia gran
gente de pelea, que decían que había veinte mil mo-
DON FERNANDO
ros de pelea, en los quales había setecientos de á
caballo, fizo retraer la gente atrás , y asentó su real
alderrredor de Baza en forma, é puso sus estancias
é guardas en derredor de la ciudad, é túvola cerca-
da seis meses, que no pudo entrar á los moros la
entrada é salida de la ciudad, fasta que la cercó to-
da alderredor de muy hondas cavas é altas albara-
das é paredes, en las quales fizo facer catprce cas-
tillos por sus trechos de tapias muy fuertes, é fizo
poner en cada uno trescientos hombres, en algunos
mas, é en algunos menos , según en cada cabo la
afrenta se esperaba ; y esto acabado do facer, luego
los moros no pudieron mas entrar ni salir ; acaeció
algunas veces, que salieron los moros de la ciudad
á los que andaban faciendo las cava'te por algunas
partes que los vian á mal recaudo, y mataron algu-
nos é llevaron los azadones. Y el líey tuvo forma
como un dia les armó una celada, antes que amane-
ciese echó fuera los azadoneros, é los moros salie-
ron á ellos, é salió la celada de muchos caballeros
de lugar de donde los moros no se guardaban, é
fueron matando en ellos fasta los muros de la ciu-
dad, en que fueron muertos é presos mas de tres-
cientos moros, y de esta vez no se osaron ú salir por
allí mas.
Habia en Baza tres principales caudillos, el ma-
yor era, que se llamaba Hacen el viejo, á quien to-
dos acataban ; el otro, llamado Audali, era capitán
de la gente; el otro era Tube Corazagan, alcaide de
Cuxar, que era muy esforzado caballero, á los qua-
les el Rey mandó requerir que le diesen la ciudad, é
les faria mercedes ; ordenó que supiesen de cierto,
que con la ayuda de Dios se le habia de tomar, é
que no habia de alzarse de alli fasta que fuese se-
ñor de ella ; é la respuesta fué , que no estaban allí
para dársela, sino para defendella. Esta vez, ó otras
que les envió á requerir , nunca por estonce quisie-
ron venir en partido. Estonce fizo facer casas é pa-
lacios en el real, de tapias, é madera, é teja, que
traían de los lugares que los moros despoblaron, é
de las casas de las huertas, é fizo facer para sí unos
fuertes palacios é bien altos, de á donde podía mi-
rar la ciudad. E otro tanto ficieron facer el Maestre
de Santiago é los Duques é grandes Señores, que
ficieron casas muy fuertes donde estaban. El Mar-
qués-Duque de Cádiz tenía real por sí en la gran ar-
tillería, la qual él tuvo á cargo en este cerco, é no
quiso facer casa de _teja, salvo de paja. E todos
quantos en el real había ficieron casas, de ellos de
teja, de ellos de paja, de forma que parecía el real
una gran ciudad con sus calles é hincados.
Ovieron sobre quitar el agua de una fuente, que
mantenía gran parte de la ciudad de aguas, muchas
peleas los christianos con los moros, en que de am-
bas partes murieron gentes, é á las veces la quita-
ban, é á las veces la dejaban.
Fueron muchas veces capitanes á correr á Guadíx
é á Almería, é á otras muchas villas y lugares de
tierra de moros , é trujeron muchas cabalgadas é
ficicronIc3 muchos daños, siempre los christianos
siendo vencedores j tenía el Rey sus guarniciones
É DOÑA ISABEL. 635
por los caminos, por"sus trechos, y donde convenia,
desde Quesada fasta el real, por guarda de los arrie-
ros, é acemileros, é gente que abastecía el real de
mantenimientos. No se pudo el Rey en este cerco
mucho ayudar de su gran artillería, porque con las
muchas huertas , acequias é cerraduras de una par-
te, é áspera sierra de otra, nunca pudieron allegar
á los muros de Baza.
En el mes de Julio , estando el Rey en este cerco,
vinieron á él dos frayles de Jerusalem por embaxa-
dores del Soldán de Babilonia, de la orden del Se-
ñor San Francisco, el uno castellano y el otro ita-
liano, y el Soldán los envió al Rey á le demandar
ayuda de Sicilia, para sus guerras; y el Rey ovo
gran placer en ello, y eso mesmo la Reyna, á la qual
fueron á visitar á Jaén , y el Rey y la Reyna les
ficieron mucha honra , é les dieron respuesta de lo
que querían, é les libraron cierta suma para el repa-
ro del monasterio, é de los frayles, é de la Santa
iglesia de Jerusalen, é del Santo Sepulcro de nues-
tro Redemptor Jesuchristo.
Después de tornados á requerir los moros de Ba-
za, que diesen la ciudad al Rey, é de ver su contu-
macia é respuesta, el Rey hizo pertrechar é bastecer
el real, para tener allí el invierno, é los moros pen-
saban ser imposible al Rey, porque la tierra es muy
fría y natural de muchas nieves; y esperaban que
en todo el compás donde el real estaba , no queda-
ría cosa por cubrirse de nieve, según que en todos
los años ende acaecía ; mas nuestro Señor, en cuyas
manos son todas las cosas, al qual obedecen las
plantas ó signos, fizo lo contrarío de lo que ellos
pensaron, que el mes de Septiembre llovió ni mas ni
menos de lo que era menester para el Otoño, de ma-
nera que aprovechó y no empeció, y el mes de Oc-
tubre llovió lo que era menester para sembrar, y no
empeció al real , y ficiéronse muchas é buenas se-
menteras en todas partes, que se cojieron el año si-
guiente muchos é infinitos panes ; y el mes de No-
viembre no llovió poco ni mucho en toda España
antes parecía verano, siendo natural invierno, é
tiempo de aguas é los mas chicos días del año. Esto
parecía ser fecho proveído por la divina Providen-
cia, y así fué tenido por todos los christianos, que
milagrosamente Dios proveyó tales tiempos.
Partió la Reyna de Jaén, é llegó al real, á cinco
días de Noviembre, donde le fué fecho solemne re-
cibimiento, como solía en los otros reales ; con sa
venida todos los del real fueron muy alegres y es-
forzados, porque en pos de sí llevaba muchos man-
tenimientos siempre, y gente, y creían que por su
venida se les haría mas aína el partido con los; mo-
ros. Los moros fueron mucho maravillados con su
venida en invierno, y se asomaron de todas las tor-
res y alturas de la ciudad, ellos y ellas , á ver la
gente del recibimiento , y oír las músicas de tantas
bastardas, clarines y trompetas italianas, é chiri-
mías, é sacabuches, é dulzainas, é atabales, que pa-
recía que el sonido llegaba al cielo. Iba con la Rey-
nr la Infanta Doña Isabel, su mayor fija, la qual
nunca de sí partía, é algunas damas é dueñas de sa
636
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
casa ; é después de esto, pasados algunos días, des-
que los moros conocieron la voluntad del Rey, que
no habia de alzar de sobre ellos fasta cumplir su
propósito, ordenaron demandar partido, y deman-
daron seguro, é salió el caudillo mayor de Baza Ha-
zen el viejo, é vino al real á f ablar en el partido
con el Rey y Reyna , é demandó plazo para ir á f a-
blar con el Rey Muley Baudili Alzagal , que estaba
en Guadix, el qual le dieron, y fué y fabló, y estuvo
con él é con los de su consejo , é con los de Guadix,
é habido su consejo entre el Rey é los caudillos y
alcaydes de la tierra, que le obedecían, hallaron que
bí Baza lies tomaban por fuerza ó hambre, lo qual
ya no tenia remedio de se poder sostener , que toda
la tierra perderla, y que mas valia darla al Rey á
partido, en la mejor forma que pudiesen, de mane-
ra que diesen fin ala guerra, pues tenian á Granada
en contra, y allí ordenaron de hacer el partido por
toda la tierra que tenia el Rey Muley Baudili Alza-
gal, el qual envió al Rey y á la Reyna el mismo Ha-
zen el viejo, el qual con otros farautes c mensajeros,
vinieron fasta que los Reyes se concertaron en los
partidos ; de manera que entregaron á Baza luego
al Rey, la fortaleza é la ciudad, la qual le entrega-
ron en quatro dias del mes de Diciembre del dicho
año de 1489, dia de la gloriosa Santa Bárbara, é los
moros de guerra é los gandules se fueron ; é de los
de la ciudad los que se quisieron ir con lo suyo, é
los naturales é vecinos dende salieron con lo suyo á
los arrabales, é quedaron allí por estonce. E en el
partido de Baza entró Guadix é Almería, é toda la
tierra del dicho Rey moro ; é toda so la otorgó de
dar y entregar, é toda entró en el partido de Baza.
E puesta en muy gran recaudo la ciudad é la forta-
leza de gente christiana, é con muchas armas é
mantenimientos, el Rey despidió mucha de la gente
del gran real de las comunidades, dejando las que
habia menester para lo que le quedaba de hacer.
CAPÍTULO XCIIL
Como el Rey tomó á Almería é Almufiecar.
Partió el Rey de Baza con su caballería é hueste,
é fué la via de Almería, y la Reyna y la Infanta su
fija, en pos de él, una jomada atrás y fueron toman-
do las fortalezas, é poniendo alcaydes christianos
en ellas, ó guarniciones, ó el viaje fué de esta
manera :
Partió el Rey de Baza, é fué á Canillas, é deudo
á Purchena, é á Tabernas, é á Almería, á la qual
llegó Mái-tes á veinte y dos del mes de Diciembre;
é habia partido de Baza á diez y siete dias del di-
cho mes ; ansí estuvo seis dias en aquel viaje hasta
allí, é hasta Almería. É llegando el Rey Don Fer-
nando cerca de Almería, el Rey moro Muley Bau-
dili Alzagal lo salió á recibir con ciertos moros de
á caballo, é so apeó de un caballo en que iba, é fué
á pié un rato , fasta que llegó á él , é le besó el pié
y la mano , estando el Rey Don Fernando á caba-
llo, el qual se abajó un poco y lo abrazó desde en-
cima de su caballo, é lo recibió de mucho placer, é
lo fizo cabalgar en su caballo, ó ansí fué fasta
donde el Rey paró é su gente. É otro dia Miérco-
les, el Rey moro entregó al Rey Don Fernando la
ciudad de Almería, é fortaleza, é fuerzas de ella, é
el Rey Don Fernando forneció la fortaleza de gen-
te, é de armas é mantenimientos; y otro dia, Jue-
ves, víspera de Pasqua de Navidad, llegó la Reyna
Doña Isabel , é su fija, é su hueste, é holgaron allí
las Pasquas del Nacimiento de nuestro Rederaptor
Jesuchristo; é de allí el Rey moro envió á entregar
á Almuñecar al Rey Don Fernando , é otras muchas
fortalezas, á las quales el Rey Don Fernando llevó
alcaydes é guarniciones de gente, é se apoderó en
ellas.
Estando en Almería el Rey Don Fernando, é la
Reyna, con su corte é hueste, concertaron monte-
ría, para que f uesen á haber placer, é fueron el
Rey, y la Reyna, é la Infanta, é fueron con ellos el
Maestre de Santiago, é el Marqués-Duque de Cádiz,
é otros caballeros grandes, é el Rey moro, é la Rey-
na su mujer ; é el monte era ahí cerca orilla de la
mar, ¿mataron quatro puercos monteses, en que
ovieron mucho placer, é acaeció que estaba en el
monte un lobo é salió á lo raso , é como se vido
aquejado de la gente, metióse en la mar, huyendo
á nado ; y como aquello vido un mozo de la villa de
Utrera, llamado Alonso Donayre, desnudóse é echó-
se á nado en la mar en pos del lobo, en presencia
de todos , é toda la caballería no miraba otra cosa,
é siguiólo tanto hasta que con las ondas no se veía
el lobo ni el mozo , é todos pensaban que eran aho- ^
gados, é dende poco dieron vuelta, el lobo delante,
á el mozo detras de él , acarreándolo hacia donde la
gente estaba, é llegando cerca de tierra, el Rey Don
Fernando entró en su caballo en la mar, hasta que
le daba el agua á las cinchas, é mató el lobo á lan-
zadas, y el mozo salió y fuese por otra parte ; y to-
dos ovieron mucho placer de esto, y el Rey pregun-
tó por el mozo, y nunca vino ante él, que se creyó
que le hiciera merced.
CAPÍTULO XCIV.
Como el Rey tomó i Guadix; é del número de los christianos cau-
tivos que sacó de esta entrada , é de los partidos con que eston-
ce quedaron los moros en la tierra.
Pasada la Pasqua , el Martes siguiente , á veinte
y nuevo dias del mes de Diciembre, partieron de
Almería el Rey é la Reyna, é corte, é hueste, dando
la vuelta para Guadix, é durmieron esa noche en
Finana, é el Rey moro con ellos ; é el Miércoles
llegaron á Guadix, é llegando luego el Rey Muley
Baudili é sus alcaydes, entregaron la ciudad é for-
taleza, é alcazaba , é fuerzas de Guadix al Rey Don
Fernando, el qual fizo bastecer luego muy bien la
fortaleza , é dejó allí guarnición é buen recaudo. É
los partidos de estas ciudades, villas, é lugares eran
secretos entro los Reyes , empero lo que se alcanzó
á saber era, que los moros quedasen mudejares en
BUS haciendas, dejando las ciudades cercadas, que
no viviesen dentro , salvo en los arrabales y en las
DON FEENANDO
alcazabaa ; é donde quiera que habia fuerza ó for-
taleza, que no viviesen, salvo en los llanos ; é que-
dó el Rey Muley Baudili por Señor é Rey de Fan-
darax , que es una villa fuerte de trescientos veci-
nos, con otros lugares é alquerías de su comarca, é
por vasallo del Rey de Castilla; é estuvieron en
Guadix Jueves é Viernes, é partiófle el Rey moro
para Fandarax, el Sábado segundo dia de Enero,
buen comienzo del año 1490, que el Rey y Reyna y
corte y hueste se partieron para Jaén con la gracia
de Dios, victoriosos con tanto triunfo é honra,
cuanto nuestro Señor ministrarles quiso , de donde
llegados , despidieron toda la gente. Ansí que de
esta entrada , siete meses ó mas duró el real é gente
«n el ejército de la guerra , donde se hicieron tantos
gastos, que son innumerables de contar. Pechaban
de veinte en veinte dias todos los vecinos é mora-
dores de todas las villas , é ciudades , é lugares", por
contía de lo que cada vecino tenia, en manera que
ya no lo podían cumplir; ovo subsidios do las igle-
sias y clerecía, é dineros de hermandades, é del
fisco de los herejes, que todo se adquiría é era me-
nester para los muy grandes gastos de la dicha san-
ta guerra. Ayudóse estonce el Rey, para la dicha
guerra, con prestidos de dineros, que echó á las ciu-
dades, ■^llas é lugares de sus Reynos de Castilla, en
esta Andalucía con prestidos que echó de mucho
trigo é cebada , lo qual muy bien después pagó. E
ovo en las comunidades con la fortuna del mucho
pechar, é de los prestidos, muchas mormuraciones,
diciendo, que tomase el Rey todas sus haciendas é
cumpliese por ellos , que no lo podian cumplir. E
como en esta España para tal caso los vasallos ó lo
suyo todo sea del Rey, mas quiso fatigar los Rey-
nos suyos é atreverse á sus vasallos, é á sus bienes,
que no dejar los moros allí por siempre ; los quales
desipaban, é despachaban, é mataban en los chris-
tianos lo que numerarse no podía, é conoció el tiem-
po en que nuestro Señor permitía llevarlos de ven-
cida ; é f uéle forzoso fatigar asimismo á todos sus
; Eeynos y señoríos , y pareció que quiso nuestro Se-
ñor que todos recibiesen fatiga por quitar la fatiga
y el trabajo , que tantos tiempos habia que les fati-
gaba, y según lo que de esta victoria y entrada flo-
reció, aquellos pechos y servicios aprovecharon en
eer empleados y gastados en tan santo acto de guer-
ra ; los que lo dieron so hallaron más ricos con lo
que les quedó , que no de antes ; con todo esto se
entendió por aquellos, que los ánjeles dijeron en el
glorioso nacimiento de nuestro Redemptor, quando
cantaron la Gloria in excelsis Deo, et in térra pax
, Jiominihus honce voluntatis. Halláronse ricos con lo
• que les quedó, los buenos christianos é de buena
voluntad, llegados á razón, temerosos de Dios, que
atribuyendo todas las buenas cosas que los Reyes
hacen á Dios, porque el corazón del Rey bueno
Dios lo rije , y no puede el Rey facer la guerra por
8Í sola, ni con lo suyo , sino con ayuda de sus vasa-
. Uos é de sus bienes. Redimió é sacó de cautiverio el
Bey Don Fernando , de Baza, Almería, é Guadix, é
00 las otras villas é lugares, que ganó en el viaje
É DOÑA ISABEL. 637
susodicho, mil y quinientos christiánOs, hombres ó
mujeres , que estaban cautivos en poder de los mo-
ros enemigos de nuestra santa fé cathólica , los qua-
les con mucha dilijencia demandó é fizo buscar
fasta en todas las aldeas é alcaydías de los moros, y
le fueron traídos é entregados. Estuvo muy baste-
cido el real, en todo el tiempo que el Rey estuvo
sobre Baza, de pan, é harina, é cebada, é carnes ;
falleció algunas veces el vino ; no ovo cosa de que
mas mengua oviese, que de paja para los caballos
é bestias del servicio ; proveyó nuestro Señor, que
les daba astocha de esparto, é ansi lo comían, é des-
que á ello se hicieron no hacia mengua la paja.
Sirvieron á el Rey y á la Reyna en el cerco de
Baza todos los caballeros de Castilla muy lealmen-
te, de ellos en personas, é de ellos con sus capita-
nes. É eso mesmo todas las ciudades de Castilla en-
viaron sus capitanes con sus gentes, con sus pen-
dones é banderas, tan ordenadamente, que parecía
que Dios lo ordenaba todo. Fué por capitán de Se-
villa y su tierra, el Conde de Cifuentes, su Asis-
tente, y salió con el pendón de Sevilla é su tierra
el Conde dicho, a quince dias de Mayo de 1489 , é
volvió á entrar en Sevilla á doce dias de Enero de
1490 ; ansí pasaron casi ocho meses.
Los partidos, que vulgarmente se decia, que el
Rey había hecho con el Rey Muley Baudili Alza-
gal , que le entregó á Baza é Almería, é Guadix, á
Almuñecar, é sus tierras donde él reynaba, fué que
le quedó Fandarax , donde se intitulaba Rey , con
ciertos lugares é provincias , é que oviese cumpli-
miento de dos mil vasallos con sus rentas ; é sobre
lo que rentase , que el Rey Don Fernando le cum-
pliese á cuatro qüentos de renta, é mas, que le die-
se luego cierta suma de dineros, é que quedasen
por iiTJdejares en su ley, él é sus vasallos. Eso mis-
mo se hizo con el caudillo de Baza, é con el Algua-
cil , que les dio el Rey vasallos , é les dio é fizo mer-
cedes, porque quedaron estonces todos mudejares y
en lo llano, sin fortalezas ningunas, y así quedaron
todos por estonce , é después ellos quebraron el par-
tido é plugo á Dios que quedase el Rey moro aquen-
de la mar, que ellos hicieron después tales livian-
dades y alborotos, con que quebrantaron lo que
prometieron , en manera que fueron echados de las
ciudades y villas, é el Rey moro les fué tirado, é
se pasó allende.
CAPÍTULO XCV.
Del casamiento de la Infanta Doña Isabel.
Estando la corte en Sevilla, en el mes de Abril
se celebró el matrimonio de la Infanta Doña Isabel,
con el Príncipe Don Juan de Portugal, ala qual el
Rey Don Juan de Portugal enVió á demandar á el
Rey y la Reyna, é á ellos plugo de se la otorgar, é
celebróse el desposorio por escriptura é anillos por
los embaxadores, el dia de Quasimodo, á diez y
ocho dias del mes de Abril de 1490 años. Fueron
fechas en Sevilla por ello muy grandes fiestas, é
justas, é torneos por loa caballeros cortesanos de
638
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
estos Reynos, é justó el Roy, é quebró muchas va-
ras. Estaba la tela é los cadahalsos, donde estaba
la Reyna é sus fijas , é el Principe, é los Prelados»
é las grandes Señoras, é las damas acerca de las
atarazanas, en aquel compás de entre ellas é el rio.
Estuvieron presentes al matrimonio los Grandes de
Castilla, é á las dichas fiestas el Cardenal de España
Arzobispo de Toledo , Don Francisco González de
Mendoza, el Duque de Medina-Celi, el Duque de
Medina-Sidonia, é el Marqués-Duque de Cádiz, é
otros muchos Condes, é grandes Señores, é ricos
hombres. Duraron las dichas fiestas hasta el dia de
Santa Cruz de Mayo. Estaba en Sevilla estonce con
su padre é madre el Príncipe Don Juan é las In-
fantas Doña Juana, é Doña Cathalina é Doña Ma-
ría. Este fué el primer placer que el Eey é la Rey-
na ovieron del matrimonio de sus fijos. ¡Quien pu-
diera contar el triunfo, las galas, las justas, las
músicas de tantas maneras, el recibimiento que hi-
cieron é los embaxadores de Portugal, la regla, el
concierto, las galas de las damas, los jaeces é ri-
quezas de los Grandes é de los galanes de la corte,
el concierto de quando sallan á ver las justas la
Reyna y su fijo el Príncipe, é sus fijas, é las damas,
y señoras que las acompañaban, que fué todo cum-
plido tan sobrado, con tanto concierto, que decir
mas no se puede ! Iban de dia á las justas, y venían
de noche con antorchas á los alcázares ; y la dama
que menos servicio , traía ocho ó nueve antorchas
ante, cabalgando en muy ricas muías todas , é muy
jaezadas de terciopelos y carmesíes , é brocados.
CAPÍTULO XCVI.
De la tala de Granada, ¿ de la torre Roma é Alhendin.
El Eey Don Fernando, después de pasadas las
fiestas del desposorio de su fija, prosiguiendo eu
conquista contra los moros de Granada , envió des-
de Sevilla sus mensajeros á la ciudad de Granada,
é á los caudillos é rejimiento de ella, amonestándo-
les que le entregasen la ciudad , é le trajesen todas
las armas que en ella tenian á tierra de christianos,
y que si esto facían , que él lo f aria muy bien con
ellos, é les faria bienes y mercedes, como facía á
los otros que se le habían dado ; donde no, lo con-
trario haciendo , que les destruiría los panes é vi-
ñas, é frutos, é les faria cruel guerra ; é esto envió
el Rey á decir al rejimiento de Granaba, y no al
Rey, porque el Rey Muley Baudili, prisionero del
Rey Don Fernando , puesto caso que estaba en Gra-
nada en el Albaicin , é le tenian por su Rey , des-
pués que cerraron las puertas á Muley Baudili, su
tio, porque huyó de Velez, y no la descercó, ni él
se fiaba de ellos, ni ellos de él, y creyóse que mu-
chas veces vívia con mucho temor entre ellos, é no
los podía sojuzgar; y muchas veces lo hubieran
matado , sino fuera por miedo del Rey Don Fer-
nando. E vista la embaxada del Rey Don Fernando,
en Granada los moros fueron por ello muy tristes,
y respondieron, que antes morirían, que no dar la
ciudad , y otras cosas que no convenían al servicio
de Dios ni pro de Castilla, é enviaron al alguacií
de Granada, Aben-Gomix, con la confirmatoria res-
puesta á Sevilla al Rey é la Reyna, de lo qual el
Rey ovo un enojo; é invocó toda la gente de Ex-
tremadura ó maestradgo, é Andalucía, é partieron
de Sevilla un Lunes á diez de Mayo, él, é la Reyna,
é la Princesa de Portugal , é la Reyna quedó en Mo-
clin , é el Rey é el Príncipe , é todos los caballeros
é gente, fueron á la Vega de Granada, y sus co-
marcas, donde estuvieron diez ó doce días talando,
ó faciendo mal é daño en los bienes é hacienda de
los moros, donde les talaron panes, viñas, huertas,
é habales ; é vino á esta tala el caudillo de Baza,
vasallo del Rey Don Fernando, con ciento cinqüen-
ta de á caballo, y eso mesmo vino con él el algua-
cil de Baza, é desque besaron las manos al Eey ó al
Príncipe , fuéronse á poner en los mas peligrosos
pasos de la tala , donde hicieron mucho servicio al
Rey, que ellos tomaron la torre de Roma, que está
dos leguas de Granada, por ima muy gentil arto.
Tomaron ciertos moros de ellos una mañana ciertas
reses, é dos christianos maniatados, é fuéronse para
la torre, diciendo que traían cabalgada, que les
abriesen, que no había donde ir á guarecerse sino
allí; é como los de la torre conocieran que eran
moros, abrieron é saliéronlos á recibir, y |llos es-
tonce tomáronles la torre , con quanto en ella esta-
ba, y á ellos enviáronlos libres á Granada, porque
todos eran moros, é ovo de esto el Rey muy gran
placer, é fizo mucho pertrechar aquella torre, é puso
en ella guarnición.
El Rey moro Muley Baudili Alzagal , de Granada
asimismo, vino allí como vasallo del Rey, á servir
con doscientos de á caballo. Los moros de Granada
pusiéronse á defender su ciudad, y salieron fuera
muy gran cantidad , é pusiéronse muy cerca de la
ciudad, é no pudieron escusar la tala, salvo muy poco
de lo que estaba muy cercano, é allí ovo escaramu-
zas, de que murieron algunos de ambas partes.
Fueron en persona á esta guerra é tala los Gran-
des de Castilla siguientes : Los Arzobispos de To-
ledo é Sevilla, Duque de Medina-Sidonia, Marqués-
Duque de Cádiz, Conde de Cabra, Conde de Urefia,
Duque de Escalona, Marqués de Villena, al qual fi-
rieron los moros muy mal en un brazo, al pasar de
una acequia, de que quedó hsiado ; Don Alonso de
Aguilar, los Adelantados de Andalucía é Murcia, el
Comendador mayor Cárdenas , é otros muchos Se-
ñores y Condes , en presencia de los quales el Prín-
cipe Don Juan fue armado caballero en la vega de
Granada por el Rey Don Fernando, su padre; fue-
ron sus padrinos los Duques de Cádiz é Medina-Si-
donia.
Basteció el Rey esta vez el castillo de Alhendin,
que estaba por él , y lo tenia un alcayde moro , y
entregóselo estonce , el qual lo había tenido desde
un dia despuep de la toma de Baza, é dejó el Rey
esta vex un capitán que lo defendiese , con doscien-
tos hombres. É esto fecho, el Rey volvió por don-
de había quedado la Reyna, é la Princesa de Portu*»
gal , é dende se vinieron á Córdoba,
DOií FERNANDO
Dejó el Rey esta vez en la frontera de Granada
por Capitán general á Don Fadrique de Toledo,
muy noble eeñor, hermano del Duque de Alba.
CAPÍTULO XCVII.
Como los moros de Granada ganaron i Alhendin , é llevaron todos
los chrlstianos que ahí estaban cautivos; é como se alzaron los
moros vasallos del Rey moro Baudili Alzagal, contra él, 6 de
como se cartearon los moros de Guadix con los de Granada, é de
lo que el Marqués de Villena, que era Capitán general, fizo so-
bre ello.
Los moros de Granada , y el Rey Muley Baudili,
salieron á quince dias del mes de Julio, de Granada
muy gran multitud de ellos, é fueron Bobre Alhen-
din, é tuviéronlo cercado quatro dias, é combatié-
ronlo , y entre los que dentro estaban ovo división;
y diéronse, y fueron cautivos todos á Granada, y
quando fué el socorro ya eran dados , y los moros
derribaron todo el castillo por el suelo.
En este tiempo se alzaron los mas de los vasa-
llos moros al Rey Baudili Alzagal, Rey de Fanda-
rax, vasallo del Rey Don Fernando, é los moros de
Guadix se cartearon con los de Granada, y tenian
ordenado de matar á todos los christianos que esta-
ban en la fortaleza, é de alzarse con ella, é con la
ciudad por Granada ; y algunos de los mismos mo-
ros, no siendo de ello contentos, lo revelaron ; y el
Marqués de Villena, que habia quedado por Capi-
tán general, entró allá con dos mil de á caballo, é
asaz peones, é diciendo que iba á Fandarax álos lu-
gares que se habían rebelado contra el Rey Baudili
Alzagal , hizo el viaje por la ciudad de Guadix , y
Aposentándose allí cerca de la fortaleza , bastecióla
muy bien , é hizo salir todos los moros de la ciudad
á facer alarde, é desque estuvieron fuera, fizo cer-
rar muy bien las puertas de la ciudad, é no dejó en-
trar en ella mas los moros , salvo de dos en dos , é
de tres en tres, les mandó que fueran á sacar sua
mujeres é fijos, é hacienda, y así los echó todos
fuera, y ellos quejábanse, y él decía qué lo hacia
con causa, que oviesen paciencia, que por lo que
ellos ordenaban contra el servicio del Rey en esta
ciudad, los mandaba salir de ella; é el Marqués con
muy buenas razones les rogó que se aposentasen
por ahí cerca, y que él escribiría al Rey sobre ello,
para que los culpados fuesen castigados, é los sin
culpa se volviesen é sus casas. E los moros se apo-
sentaron en las huertas , é por eso enviáronse á que-
xar al Rey de el Marqués de Villena, é el Rey les
envió á decir desde Córdoba , que no oviesen enojo,
que él volvería muy presto á Guadix , é les guarda-
rla su justicia, y volverían á sus casas.
CAPÍTULO xcvin.
De como el Re; moro se pasó allende con machos moros.
Partió el Rey Don Fernando otra vez, el dicho
año de 1490, de Córdoba, á los veinte días del mes
de Agosto, para Granada, á le talar los panes, é le
facer guerra, con siete mil de á caballo, é veinte
mil peone», é de esta vez no fué con él el Marqués-
É DO^A ISABEL. 639
Duque de Cádiz, que quedó enfermo en su Marehe-
na; é corrió é taló toda la vega é confines de Grana-
da, é fizóles á los moros muchos daños, é envió
gente á descercar á Salobreña, que se la tenían los
moros cercada, é fué la vía de Guadix, donde el
Marqués de Villena estaba, é hizo pesquisa de la
traición que los moros ordenaban, primero que el
Marqués los sacase de le ciudad, é supo la verdad
de todo, é los moros le suplicaron, quejándose del
Marqués de Villena, que les dejase entrar á vivir en
sus casas, como les habia prometido, é el Rey les
respondió, diciendo: «Amigos, yo soy bien informa-
do do la traición que entre vosotros me teníades
ordenada, de matar mi alcaide ó escuderos, que
guardaban mi Alcazaba, y alzaros con. ella, é con
la ciudad contra mí, por el Rey é común de. Grana-
da; por esto veis que sois dignos y merecedores de
grandes penas; empero porque no digáis que no
uso con vosotros dé piedad , y que no vos quiero oír
justicia, á mí place que sea do esta manera: que se
haga la pequisa mas larga é mas en forma, y que
todos los que se hallaren culpados padezcan por
ello, é que los que no, sean libres; é de cierto os
fago saber y digo, que miréis que de quantos fa-
llare culpados no ha de escapar uno; por ende, yo
vos doy plazo para que os vais é escojáis de doa
cosas una; lo que dicho tengo, ó que os vais con
vuestras mujeres, é fijos ó vecinos, donde quisiére-
des, é yo vos mandaré poner en salvo, ó me entre-
gareis todos los que eran en esta traición, para que
haga justicia de ellos, é sabed que no ha de esca-
par ninguno de ellos». Y los moros de Guadix, como
todos, ó la mayor parte de ellos , fuesen culpados ó
consentidores de la traición que ordenaban, habido
su consejo é acuerdo sobre ello, pidieron por merced
al Rey que los dejase ir libres con todo lo suyo por
dó quisiesen, y quedase con su ciudad, y el Rey los
envió seguros á cada uno con lo suyo donde quiso
ir; y así deliberó el Rey del todo la ciudad de Gua-
dix do mano de los enemigos de nuestra santa fé
cathólica, á cabo de setecientos setenta años que
había que la poseian, desde el tiempo del Rey Don
Rodrigo, que la ganaron é tomaron á los christia-
nos; é esto fué misterio de nuestro Señor, que no
quiso consentir que tan noble ciudad dejase mude-
jar en poder de moros mas tiempo de lo pasado; é
el Rey fizo luego bendecir todas las mezquitas é
iglesias en toda la ciudad, donde fizo luego decir
misas y horas, y dio vecindades, y pobló la dicha
ciudad de Guadix de christianos, donde Jesuchristo
fuese adorado como los tiempo antiguos, ante que
fuese de moros, ó por ventura mejor.
El Rey Baudili Alzagal había quedado por Rey
y señor de Fandarax, con dos mil vasallos moros de
aquella comarca, que le rentase dos cuentos, é que
el Rey le diese de Castilla otros dos cuentos, que
fuesen quatro cuentos de renta de cada año, para
siempre, é que quedase, él é sus moros, mudejares,
vasallos de Castilla del Rey é de la Reyna. Coma
en los partidos de Baza, que Dios hizo á los moroi^
por abreviar la guerra, é escusar las muertes de lo^
m CRÓNICAS m LOS
christianos, é grandes gastos, habían quedado tan-
tos mudejares, que con toda aquella tierra quedaba
en muy gran peligro, no plugo á nuestro Señor que
entre los christianos oviese é quedase tal ocupación,
ni oviese Rey moro por tantos tiempos, como del
partido se publicaba; puso en corazón de los moros
la división, como ellos sean muy livianos en sus
movimientos, é muy voltarios, alzáronse los vasa-
llos del Rey Baudili Alzagal, Rey de Fandarax,
contra él, todos los mas, y aun lo mataran si pudie-
ran. Esto ficieron quando los moros de Granada to-
maron á Alhendin, y alzáronse por el común y Rey
de Granada; é como esto viese el Rey moro susodi-
cho, par dar seguridad á su vida, la qual él no podia
seguramente tener entre aquellos moros, vino á
truadix, y Suplicó al Rey Don Fernando que reci-
Ibiese las fortalezas que le habían quedado, y cum-
pliese con él lo que entre ellos había quedado; é que
¿1 se quería pasar allende, que el Rey Don Fernan-
do le diese pasaje seguro, y al Rey Don Fernando
plugo mucho de esto, é cumplió con él todo lo que
le había prometido, y díóle pasaje á él y á quantos
moros con él quisieron ir allende; habiendo primero
recibido de él, é de los alcaydes que por él estaban,
íodas las fortalezas, é derribado algunas no prove-
chosas; é de esta vez se pasaron allende con el Rey
Baudili Alzagal muchas casas de moros, á los qua-
les el Rey Don Fernando permitió pasar, é pasaron
Seguramente, porque en los partidos había quedado,
que cada y quando que el Rey, ó qualquiera de los
moros que se dieron en su partido, se quisiesen pa-
sar allende, que el Rey Don Fernando les diese pa-
saje seguro. E esto fecho, é bastecidas las fortalezas
que el Rey le dio de gente é mantenimientos, y
gentes, é armas, dejando sus guarniciones donde
(Convenía, é al Marqués de Villena por Capitán ge-
neral, el Rey Don Fernando, victorioso é muy hon-
rado, se volvió á Córdoba.
CAPÍTULO XCIX.
Como fué la infanta Doña Isabel la primera vez á Portugal,
casada con el Príncipe Don Juan.
En Jueves , once días del mes de Noviembre del
dicho año de 1490 años, ficieron el Rey y la Reyna,
y su corte, estando en Constantina, villa de la ciu-
dad de Sevilla, las fiestas de la partida de la Prin-
cesa, de Portugal, su fija; y desde allí ía enviaron á
Portugal al Príncipe Don Juan, su esposo; é fueron
con ella, con los poderes para la entregar, el Conde
de Feria, Don Gómez Suarez de Figueroa, é el Obis-
po de Jaén, Don Luis Osorio, é Rodrigo de ülloa,
Contador mayor de Castilla, é acompañáronla fasta
Monzón de Portugal, el Cardenal de España, é el
Conde de Benavente, é dos hermanos suyos, é otros
muchos caballeros é fidalgos, que partieron de la
corte con ella; é en el camino salieron otros muchos
caballeros, que la acompañaron, ansí como Don Pe-
dro Puertocarrero, con muchos Comendadores de la
Orden de Santiago, é el Maestre de Alcántara.
.^Partieron de Constantina, é fueron á Guadalca-
REYES DE CASTILLA.
nal, é dende á Llerena, donde el Maestre Don Al-
fonso do Cárdenas les fizo gran recebimíento é hon-
radamente hospedar, é les fizo grandes convites é
salas, é dende por sus jornadas fasta Portugal don-
do la entregaron al Rey de Portugal, é al Príncipe
de Portugal Don Juan, su fijo, al mojón de Castilla
entre Portugal, al mojón entre Badajoz y Sílves en
la puente del rio Caya, donde la salieron á recebir
con muy noble recebimíento de gente; é dende el
Cardenal y los otros caballeros se volvieron; é en-
traron con la Princesa en Portugal el Conde de Fe-
ria, é el Obispo de Jaén, é Rodrigo de Ulloa, suso-
dichos, é fueron fasta Ebora, donde le fué fecho
solemne recebimíento, é se celebró el matrimonio,
é ficieron las fiestas, é justas é muchas alegrías, ó
grandes gastos, é el Rey, é la Reyna, é el Príncipe
dieron grandes dádivas á los caballeros que fueron
con la Princesa, é á las dueñas é damas; é pasadas
las fiestas, la Princesa se quedó en paz con su ma-
rido, é los que la entregaron se volvieron en Casti-
lla á la corte á Sevilla, á dar razón de su viaje.
CAPÍTULO C.
Del cerco de Granada, y de lo que acaeció al comienzo.
Partieron de Sevilla á once días del mes de Abril
del Nacimiento de nuestro Salvador Jesuchristo de
1491 años, ol Rey Don Fernando y la Reyna Doña
Isabel, é el Príncipe Don Juan, su hijo, é las Infan-
tas y corte, para ir á poner cerco sobre Granada; é
primera jornada fueron á Carmena, y dende á Cór-
doba, é dende á Alcalá la Real donde por estonco
quedó la Reyna y el Príncipe y las tres Infantas.
Partió el Rey de Alcalá la Real con su hueste, con la
gracia de Dios, «n Miércoles veinte días del dicho
mes de Abril del dicho año; é asentó su real en la
cabeza de los Ojinetes, é esperó allí el Jueves las
gentes que le seguían , y movió de allí el Viernes
siguiente, é fué al valle de Velillos, cerca do la
puente de Pino, é allí llegó á él la gente de Sevilla
é de su tierra, que iban por la parte de Loxa, é el
Sábado siguiente partieron de allí, é fueron á los
Ojos de Huecar, que es una legua de Granada, poco
mas, é allí parecieron estonce algunos caballeros
moros de Granada.
Esa noche, Sábado, el Rey mandó ir al Duque de
Escalona, Capitán general de la frontera, con fasta
tres mil de á caballo é diez mil peones al Alaceria,
que son unos valles que están á la entrada de la
Alpuxarra donde hay muchas aldeas, á las destruir,
porque era tierra muy rica, de donde Granada ha-
bia mucho reparo, é partido ol Marqués-Duque de
Escalona, dijeron al Rey que se podrían juntar del
Alpuxarra treinta mil hombres de pelea, é por eso
movió su real para ir á facer espaldas á la gento
enviada, y fué la vía de Padul, é á la pasada de
Granada salieron todos los caballeros de Granada
á dar en la falda de la gente, é trabaron la es-
caramuza con ellos por mandado del Rey; y el
Conde de Tendilla, y el Conde de Cabra salieron á
la escaramuza, y dieron tan gran prisa con ella, que
DON FERNANDO
los moros ovieron de huir é fueron algunos muer-
tos, é fueron tomados algunos de ellos, é presos,
ansí á caballo como estaban, y hecho, pasó todo el
real sin peligro, y llegó á Padul, donde fallaron
que venia el Marqués Duque de Escalona con la
presa, y con la gente que habían tomado, que ellos
habían entrado en las aldeas del Alazarin, é como
los moros estaban descuidados, diciendo que no ha-
bría quien osase allí entrar, tomáronlos de salto é
robaron, é destruyeron nueve aldeas, á mataron mas
de quinientos moros, é ovieron nluy gran presa de
moros ó ganados, é ropas, é joyas, é oro, é plata, é
destruyeron lo que pudieron, é allí todos juntos con
©1 real durmieron aquella noche, Domingo en- la
noche; y otro día de mañana, Lunes, el Rey acordó
de tornar á entrar á destruir del todo los lugares
que el dicho Marqués habia destruido, é otros que
estaban mas adelanle, enmedío de las Alpuxarras.
E esa noche, Domingo, vinieron de Granada por la
sierra tres capitanes moros con mucha gente de á
caballo, é de á pié, ballesteros, á ponerse en un paso
áspero, por defender á que la gente del real no pa-
sase adelante; é el Rey otro dia, Lunes, partió de
allí con su hueste, é el Duque de Cádiz, con otros
Grandes del real, con algunos capitanes de los con-
trarios de el Rey, enderezaron al paso donde los
moros estaban, y pelearon con ellos, y desbaratá-
ronlos, y los moros huyeron, y quedaron allí muer-
tos mas de ciento, é tomaron á vida mas de sesenta,
é pasaron adelante á las Alpuxarras, é quemaron é
destruyeron del todo los nueve lugares primeros, y
robaron, quemaron y destruyeron otros quince lu-
gares adelante de las Alpuxarras, en que fueron
muchos moros muertos, é muchas moras, chicos é
grandes cautivos, é ovieron los christíanos muchos
despojos de sedas, oro, plata, alhajas, ropa, gana-
dos, é otras muchas cosas, que aquella tierra estaba
muy guardada é rica, y bien creían los moros, que
primero se perdería Granada, que allí les entrasen;
é después de esto, el Rey mandó talar los panes, é
taláronlos todos quantos en esa tierra habia, y este
dicho dia. Lunes, dia de San Marcos, el Rey y todo
el real se volvieron á dormir á Padul. E en todo
esto no ovo muerte ni daño en los christíanos, sal-
■vo algunos pocos peones que fueron heridos de
saetas, ni ovo daño de muerte en persona señalada,
salvo en un paje de la Reyna, llamado Avellaneda,
que murió de una herida que le dieron los moros
en la pelea; é el Rey volvió á la vega de Granada,
é de vuelta tomaron la torre de Gandía, donde se
tomaron treinta moros, é asentó su real en el Agosto
donde edificó la villa de Santa- Fé, cerca de los Ojos
de Huecar, á vista de la ciudad de Granada, muy
fuerte, é de muy fuertes edificios y de muy gentil
hechura, en cuadro, como hoy parece, para enfrenar
á Granada, é el Rey le'puso Santa-Fé, porque su de-
seo é el de la Reyna su mujer, era siempre én acre-
jcentamiento é favor de la Santa Fé Cathólica de
■Jesuchristo. Puédese contar el comienzo del cerco
de este vencimiento desde veinte y seis de Abril, un
dia después de San Marcos, ^ue volvió el Rey desde
B DO^A ISABEL. Uí
el Padul, asentó acerca de donde está ahora la villa
de Santa-Fé, enduró el cerco ocho meses, fasta el di»
de los Reyes Magos, é más ocho días, dejando loa
días de Abril, pasados en el ejercicio susodicho.
CAPÍTULO CI.
Del ejército, del real, é de los Capitanes, é de como emprestó el
Duqae de Cádiz su tienda al Rer, é de los moros que murieron
un dia que la Reyna fué á ver la ciudad.
El Rey asentó su real muy ordenadamente á la
parte donde edificó la villa de Santa-Fé, dos leguas
de Granada, donde continuamente tuvo mas de
quarenta ó cinqüenta mil hombres de pelea, en que
había diez mil de caballo ; é de allí salian concer-
tadamente capitanes con gente á correr é talar con-
tinuamente á Granada por todas partes; en el qual
tiempo el Rey fizo combatir muchas fortalezas de
acerca de la ciudad, é tomólas por fuerza de tiros ó
lombardas, é de ellas derribó de el todo por el sue-
lo, é de ellas fortaleció é puso guarnición en ellas;
y sobre las talas ovieron muchas escaramuzas é pe-
leas entro los moros é los christíanos, de que siem-
pre volvieron huyendo los moros á la ciudad.
Los Capitanes mayores que el Rey tuvo en aquel
cerco fueron : el Maestre de Santiago, el Marqués-
Duque de Cádiz, el Duque de Escalona, el Conde
de Tendilla, el Conde de Cifuentes, el Conde de
Cabra, Don Alonso de Aguilar, el Conde de Ureña,
caballeros de Andalucía, que corno estaban cerca
vinieron á este cerco, estos é todos los otros caba-
lleros del Andalucía; é de los Grandes de Castilla,
como estaban cansados de venir tan lejos, á las
otras guerras é cercos, muchos no vinieron á este
cerco en persona, salvo enviaron sus capitanes con
gente, y de muchas partes de Castilla no vinieron,
por las grandes fatigas padecidas de cada año. Y
porque en este cerco, puesto caso que era la mayor
priesa é honra, no se temía tanta afrenta como en
lo pasado, fizo el Rey cercar el real muy bien de
paredes é cavas, como lo tenia por costumbre en
los otros cercos, é desque el real fué fortalecido, la
Reina, y el Príncipe, é la Infanta Doña Juana vi-
nieron al real desde Alcalá la Real, donde habían
quedado; á los quales el Maestre de Santiago, é el
Marqués-Duque de Cádiz, é otros Grandes, salieron
á recibir, é después el Rey, desque allegaron cerca
del real. E viendo el Duque de Cádiz, que la Reyna
habia necesidad de una tienda, emprestóle la suya,
que era la mayor, pieza por pieza, que habia en el
real, é de las mas fuertes, é mas gentiles del mundo,
la qual él habia mandado hacer con intención de la
Santa guerra, y servía desde el comienzo de los cer-
cos do Alora y Setenil, é Ronda; é allí en aquella
tienda del Duque de Cádiz fué la Reyna Doña Isa-
bel muy bien aposentada, é el Duque tenia muchas
tiendas, de que se amparó en el dicho cerco; é el
Rey, é la Reyna, é el Príncipe, é Infantas, é Damas
é Señoras, tenían sus tiendas é posadas en lo mas
fuerte é seguro del real; é la Reyna é su fija cabal
gabán muchas veces por ver el real é la '^iudad dQ
41
642 CRÓNICAS DE LOS
Granada, é tenían muchos refrijerios y placeres de
muchas trompetas bastardas, é chirimías, é sacabu-
ches, é atabales, é atambores continamente, que en
el real no cesaban.
E un dia. Sábado, á diez y ocho dias del mes de
Junio, la Reyna dijo que quería ir á ver de mas cer-
ca á Granada, de donde la pudiese bien mirar lo
alto y lo bajo; é cabalgaron el Rey y el Príncipe,
con ella é con la Infanta, é fueron con ella una
gran batalla de caballeros é peones, é fuéronse á
poner á unas aldeas, que llaman las Julias, que es-
tán como fuera del real á la mano izquierda do la
ciudad, muy cerca de ella, de donde se parece lo
llano de la ciudad, y mandaron al Duque de Esca-
lona, y al Conde de Ureña y á Don Alonso de Cár-
denas, Señor de Aguilar, y á otros caballeros, que
se pusiesen con sus batallas en la aldea de la Sier-
ra, que está encima de la aldea, donde sus Altezas
se pusieron á mirar desde una ventana de una casa
muy buena, donde se apearon é metieron; é el Mar-
qués-Duque de Cádiz, é el Conde de Tendilla, é el
Conde de Cabra, y Don Alonso Fernandez, Señor
de Alcaudete é Monteraayor, se pusieron al rostro
de la ciudad con sus batallas, entre el lugar donde
el Rey é la Reyna estaban é la ciudad. E la Reyna
envió á mandar al Duque de Cádiz, que no oviese
escaramuza con los moros, porque no muriese gen-
te, é que la escusase quanto pudiese, porque los mo-
ros sallan á defender su ciudad, muchos é muy ar-
mados, é el Duque la escusó fasta medio dia. Y los
moros salieron fuera de la ciudad muchos de ellos,
ó sacaron dos tiros gruesos de pólvora, con que
tiraban á las batallas del Duque, é salieron muy
muchos moros á caballo é á pié, é apretaron á unos
pocos de caballeros christianos mucho fasta las ba-
tallas del Duque, por trabar el escaramuza, en ma-
nera que no se pudo escusar el escaramuza, ni se
pudo guardar el mandamiento de la Reyna, é los
moros se alejaron un poco de la ciudad afuera de
las huestes, é fasta quarenta de á caballo chris-
tianos, é algunos peones de los do las batallas
del Duque entraron en la escaramuza con los mo-
ros, é como los christianos eran pocos, los moros
los apretaban mucho; é el Duque acordó de arre-
meter con toda la gente á ellos, é arremetió con
su batalla, en la qual había fasta mil y doscien-
tas lanzas, contra los moros, v el Conde de Ten-
dilla con su batalla, por la mano derecha del Duque,
y el Conde de Cabra, é Don Alonso Fernandez do
Montemayor por la mano izquierda del Duque con
la suya y fueron á dar con los moros, y desba-
ratáronlos, y mataron muchos moros, y fueron en
el alcance fasta las puertas de la ciudad, en que
fueron mas de seiscientos moros, y heridos y cau-
tivos; ansí que entre muertos, y heridos y cauti-
vos fueron mas de dos mil moros, é tomáronles
los tiros de pólvora que habían sacado; é muchos
moros escaparon huyendo por la sierra. Todo lo
qual vieron muy bien el Rey é la Reyna, y Prín-
cipe é Infanta desde la ventana de la casa donde
«Rtaban;y el Rey, y la Reyna y la Infanta, quando
REYES DE CASTILLA.
vieron pelear, se hincaron de rodillas, rogando á
Dios nuestro Señor que quisiese guardar los chris-
tianos, é ansí ficieron las Damas, é las señoras que
las acompañaban; é los moros, aunque eran muchos,
no se pudieron valer con la priesa é impetuosa vuel-
ta que el Marqués-Duque de Cádiz, con su batalla,
que iba delante, les dio; é los otros, Conde de Ten-
dilla, é Conde de Cabra, ó Don Alonso Fernandez
con las suyas, que iban de un cabo y del otro, según
dicho es; é los moros mesmos, desque empezaron á
huir, se derribabais, unos á otros; é no ovo allí caba-
llero christiano aquel dia de aquellas batallas, que
no fincase su lanza en moro; é no ovo daño allí
aquel dia en los christianos, salvo algunos pocos
heridos, é ovo caballos muertos; é el Rey é la Reyna
ovieron de este vencimiento mucho placer, y mas
porque fué la Reyna la causa de ello. E después de
fecho el desbarate, é de cojido el despojo, sus Alte-
zas vinieron por donde el Duque estaba; y dijo el
Duque: «Señora, de Dios y de la buena ventura da
Vtra. Alteza, se cometió este desbarato»: y la Rey-
na y el Rey dijeron: «Duque, antes habernos sida
servidos de vuestra buena dicha, por lo vos así ha-
ber cometido.» Los moros quedaron esta vez muy
espantados, y no osaban salir de la ciudad tan suel-
tamente como antes.
Acaeció en el real , un Jueves en la noche, catorce
dias del mes de Julio , que la Reyna mandó quitas©
una vela á una doncella en su tienda de un cabo, y
poner en otro á la hora de dormir , porque le impe-
dia la lumbre ; pero durmiendo la Reyna y la de-
más gente del real , dejando los que velaban y ron-
daban, como quiera que fué, ó de la flama de la di-
cha vela, que alcanzó á la tienda, ó cayó sobre la
vela alguna cosa, que encendió la tienda é alzó lla-
mas de fuego, alcanzó de ella el fuego á otras, é
como había muchas ramadas, encendióse un gran
fuego ; y como la Reyna lo sintió , salió huyendo de
su tienda , y fuese á la tienda del Rey , que estaba
allí cerca de la suya, y recordó al Rey, que dormía,
y cabalgaron luego ambos á caballo, y en tanto el
Príncipe é la Infanta , Damas y Señoras , todos sa-
lieron fuera de las tiendas , en tanto que la gente
apagaba el fuego , que fué muy grande y espanto-
so, con aquellas casas de ramas que había, que so
quemaban , é mandó el Rey ir mucha gente la vía
de Granada, porque si los moros viniesen, viend»
el fuego al real , que hallasen quien los detuviese.
Y como el Marqués-Duque de Cádiz vido el fuego,
luego cabalgó é salió al campo la vía de Granada, ó
le siguieron mas de tres mil de caballo, y se puso
en el lugar por donde mayor peligro esperaba. Que-
máronse muchas tiendas^ ropas é joyas, que no pu-
dieron ser socorridas ; quemóse la tienda donde la
Reyna estaba, que era la primera en donde el fue-
go se encendió, é otras tiendas del Rey, que esta-
ban juntas con ella, é muchas ramadas, que estaban
por allí cerca. Era aquella tienda que se le quemó á
la Reyna, la tienda alfaneque, muy singular, la
mejor que en el real había, que el Duque de Cádiz
la habia prestado en que se aposentase. Ovo gran*
DON FERNANDO
de alboroto en todo aquel real sobre aquel fuego,
diciendo quien lo liabia puesto, y la Reyna dixo,
que no pensasen otra cosa , sino que una doncella
Buya lo habia puesto, no queriéndolo liacer, salvo
por mal recaudo. Cerca de este tiempo , en este mis-
mo mes de Julio, se encendió un fuego en Medina
del Campo, en que se quemaron mas de doscientos
pares de casas, que nunca les pudieron poner re-
medio.
En este mismo mes de Julio, no pude saber si fué
el propio dia, antes ó después siete ú ocho dias,
acaeció la gran desdicha é desastrada muerte del
Príncipe de Portugal, yerno del Rey é de la Reyna,
marido de la Infanta Doña Isabel, que corriendo á
la par con un escudero , que iba en otro caballo ,
cayó de él , é murió luego súpito. Esto acaeció en
la villa de Santarem ; é aun antes que el cerco so
alzase , vino la Infanta cubierta de luto á sus padres
á Illora, é estuvo ende, donde el Rey é la Reyna la
fueron á visitar, é haber con ella parte de su dolor
é desventura.
CAPÍTULO CU.
Del partido de la Alhambra , y como se dio Granada.
Pasaron Julio, é Agosto, é Septiembre, é Octubre,
.<é Noviembre, que nunca los moros se quisieron dar,
y ya en el mes de Diciembre, que no teuian que co-
mer sino pocos mantenimientos, demandaron par-
tido al Rey é á la Reyna, el qual se concertó entre
el Rey y los moros en treinta dias del mes de Di-
ciembre , de entregar todas las fortalezas , que ellos
y el Rey Baudili tenian, é el Alhambra, á el Rey
Don Fernando , que los dejase en su ley é en lo
suyo , é en este partido fueron conformes todos ; é
él Rey y la Reyna se lo otorgaron, con otras condi-
ciones y capítulos, que se fuesen los que quisiesen,
y donde quisiesen, é cuando quisiesen, é que les die-
een pasaje, é diesen ellos todos los christianos cau-
tivos, é los que hablan pasado allende de tanto
iiempo fasta allí; y en firmeza de esto, ol común y
caudillos de Granada , é el Rey Muley Baudili, jun-
to con ellos, enviaron al real quatrocientos moros,
chicos é grandes, personas de valor para rehenes,
hasta que entregasen á Granada, conviene á saber,
las fuerzas de ella ; y los dichos rehenes entregados,
como los moros son movibles é muy livianos en sus
movimientos, é alboroto y agüero, creyeron mu-
chos de ellos á un moro que se levantó por la ciu-
dad, diciendo : «que hablan de vencer ellos, ensal-
zando áMahomad, é reptando el partido»; é ando-
vo por la ciudad dando voces, é levantáronse con
él mas de veinte mil moros. É el Rey Baudili, des-
que vido el alboroto , no osó íjalir de la Alhambra á
Be lo resistir, hasta otro dia, que era Sábado, que
salió al Albaycin, y mandó llamar los de aquel
Concejo , é ellos vinieron alborotados, é preguntó-
les que qué era aquello, y ellos se lo contaron, y él
i]es dijo su parecer , y amansólos lo mejor que pudo,
¡diciendo : que ya no era tiempo de facer movimien-
•jto , lo uno por la necesidad^ en que estaban , la qual
É DOÑA ISABEL. 643
no daba lugar á se poder mas sustentar, lo otro por
los rehenes ser ya entregados, que mirasen bien el
gran daño, y la muerte que tenian delante de si, sin
ningún remedio de socorro ; á esto dicho, volvióse
á su Alhambra. Y el concierto era, que las fuerzas
de la ciudad se hablan de entregar el dia de los
Reyes Magos, como dicho es; y el Rey Baudili,
viendo aquel impedimento de liviandad de los mo-
ros, é aquel alboroto, escribió al Rey Don Fernan-
do todo el fecho del alboroto, é como los moros
hablan fecho movimiento en lo capitulado é asen-
tado, como hombres de poco saber, y que él no es-
cedia ni desviaba de lo que habia concertado ; que
antes suplicaba á su Alteza, que viniese luego sin
más tardar á recibir el Alhambra, é no aguardase á
los seis dias de Enero , pues tenia los rehenes , y sin
embargo del alboroto, prosiguiese en lo primero
asentado y capitulado. É el Rey é la Reyna, vista
la carta é embaxada del Rey Baudili, aderezaron de
ir á tomar el Alhambra, y partieron del lugar del
real, Lunes dos de Enero, con sus huestes, muy or-
denadas sus batallas ; é llegando cerca de la Alham-
bra, salió el Rey Muley Baudili, acompañado de
muchos caballeros , con las llaves en las manos, en-
cima de un caballo, y quísose apear á besar la mano
al Rey, y el Rey no se lo consintió descabalgar del
caballo, ni le quiso dar la mano, é el Rey moro le
besó en el brazo y le dio las llaves, é dijo : «Toma,
Señor, las llaves de tu ciudad , que yo, y los que es-
tamos dentro somos tuyos», y el Rey Don Fernando
tomó las llaves é dióselas á la Reyna, y la Reyna se
las dio al Príncipe , y el Príncipe las dio al Conde
de Tendilla , al qual , con el Duque do Escalona,
Marqués de Villena, é con otros muchos caballeros
é con tres mil do á caballo é dos mil espingarderos,
envió entrar en el Alhambra é se apoderar de ella
é fueron, é entraron, é la tomaron, é se apoderaron
de lo alto y bajo de ella, é fueron, é entraron, é mos-
traron en la mas alta torre primeramente el estan-
darte de Jesuchristo, que fué la Santa Cruz, que el
Rey traia siempre en la santa conquista consigo; é
el Rey, é la Reyna, é el Príncipe , á toda la hueste
se humillaron á la Santa Cruz, é dieron muchas gra-
cias é loores á nuestro Señor ; é los Arzobispos é
clerecía dijeron Te Deum laudamus; é luego mos-
traron los de dtntro el pendón de Santiago , que el
Maestre de Santiago traia en su hueste, y junto con
él el pendón Real del Rey Don Fernando , y los re-
yes de armas del Rey dijeron á altas voces: «¡Cas-
tilla, Castilla!» é ficieron allí é dijeron allí aquellos
reyes de armas lo que á su oficio era debido de fa-
cer, é dieron sus pregones, é fueron presentes á este
acto é bienaventurada victoria, con el Rey é con la
Reyna, el Príncipe Don Juan é la Infanta Doña
Juana, sus fijos, é el Cardenal de España, Arzobis-
po de Sevilla, é el Maestre de Santiago, é el Duque
de Cádiz, é otros muchos Caballeros, é Condes, ó
Prelados , é Obispos , é grandes Señores, que seria
prolijo de escribir ; é otros muchos quedaron guar-
dando el real, que no fueron allí. E esto fecho, el
Bey y la Reyna con todas las huestes se volvieron
6I«
CRÓNICAS DE LOS REYES DÉ CASTILLA:
al real, dejando en el Alhambra al Conde de Tendi-
11a con toda la gente que era menester para la guar-
dar ; é los moros de Granada entregaron luego al
Rey todas las sobre-puertas, é torres, é fortalezas
de Granada, é el Rey envió alcaydes á todas, é s©
apoderó en todo lo fuerte de Granada, é esto fecho,
el Rey fizo tomar las armas é fortalezas, así ofen-
sivas como defensivas, y se las truxeron todas á el
Alhambra, y quedaron todos sin armas, salvo algu-
nas que escondieron. El Rey moro Muley Baudili,
con los caballeros mayores de Granada, é con otros
muchos, salieron de la ciudad é se fueron, según
las condiciones del partido; muchos se fueron allen-
de , y otros á los lugares de los moros mudejares, ya
ganados, y el Rey Muley Baudili se fué á vivir y á
reinar al Val de Purchena, que es en las tierras que
el Rey habia ganado cuando ganó á Vera , que era
todo de mudejares, donde el Rey le dio señorío, é
renta en que viviese, é muchos vasallos, é le alzó
la pensión que de antes le debia , y le dio sus rehe-
nes, que le tenia desque lo soltó sobre rehenes.
El Rey é la Reyna, é la corte se estuvieron en
Santa-Fé, en la qual todo el tiempo del cerco fabri-
caron é labraron , é en el real , y á veces en tiempos
en el Alhambra, fasta fin de todo el mes de Mayo
del año de 1492 años, y aun parte del mes de Junio,
que no osaron de allí partir fasta dejar quieta la
ciudad , en el qual tiempo ovo algunos alborotos en
los moros, y les hallaron una mina llena de armas,
é el Rey puso en la ciudad muchas justicias é al-
caydes, é tan buen concierto, que sojuzgó muy bien
la muchedumbre de los moros, que en ella habiá,
que pasaban de quarenta mil vecinos ; y por los al-
borotos y desconciertos que algunos moros ficieron
mientras la corte allí estuvo , que se alborotaron
dos ó tres veces, mataron muchos por justicia, é
quartearon, é despedazaron otros, en tal manera,
que los pusieron sobre el yugo del temor y obedien-
cia que convenia. E ganada é sojuzgada , é puesta
debajo del yugo de Castilla la gran ciudad de Gra-
nada, el Rey, y la Reyna y la corte, en los primeros
dias de Junio, se partieron del Alhambra é vinie-
ron á tener la Pasqua del Espíritu Santo á Córdoba,
que fué aquel año á diez dias de Junio, victoriosos
y bien afortunados con tanto triunfo de honra y
bienaventuranza quanta la honra le manifiesta. E
ansí dieron glorioso fin á su santa y loable con-
quista, é vieron sus ojos, lo que Aiuchos Reyes é
Príncipes desearon ver, un reyno de tantas ciudades
é villas , é de tanta multitud de lugares, situados en
tan f ortísimas y fragosas tierras , ganado en diez
años. ¿ Qué fué esto sino que Dios les quiso proveer
de eUo é darlo en sus manos ?
CAPÍTULO CIIL
De c6mo, y porqué, y cuándo empresentó el Gran Turco Bayace-
to al Papa el fierro de la lanza con que nuestro Redemptor Je-
snchristo fué herido en el costado ; é de la hechura del santo
hierro, é de las reliquias que están en Constantinopla.
En el año de 1492 envió el Turco Bayaceto , Em-
perador de Constantinopla , Soldán de la Turquía,
al Papa Inocencio VIII, quarenta mil ducados áo
la pensión é tributo que cada año le daba, porqua
tuviese en Roma á buen recaudo á su hermano Za-
liacio , del qual ya oísteis en el XLIV capítulo da
este libro , como viniéndose vencido por la mar á
tierra de christianos, antes de demandar seguro,,
gente del gran Maestre de Bodas lo envió al Rey
Luis de Francia, el qual no lo quiso recebir, é dijo
que no lo quería, ni quería que estuviese en sus rey-
nos, ni los viese, é pusieron en poder del dicho
Papa Inocencio ; é sabido por el Turco su hermano,
que estaba en Roma, envió á hacer su amistad con
el Papa, y ofrecióle de le dar cada año, porque la
tuviese á buen recaudo, cierta suma de ducados,
decían que quarenta mil ducados, porque se temía
mucho de él , y el Papa lo tuvo en Roma á buen re-
caudo todo el tiempo que vivió, dejándolo vivir é
ser servido como gran señor, empero con muy gran-
des guardas , de manera que no se pudiese ir , y el
Papa Inocencio VIII, entre sus embaxadas, se crea
le enviaría á pedir el hierro de la lanza con que el
caballero hirió á nuestro Redemptor Jesuchristo es-
tando en la Cruz, en el costado, que estaba con las
reliquias que estaban en Constantinopla, y el Turco
se lo envió, con la dicha pensión de los dichos du-
cados, aunque le fué muy costoso de darlo, según
la estimación y reverencia, y precio que sabe que
los christianos tenian allá, y la gran devoción en
aquel santo hierro , y en las otras santas reliquias
que están en Constantinopla en poder de los chris-
tianos grecos. Y el Papa, sabiendo que venían los
embaxadores, y traían el santo hierro, enviólo á
recibir con dos Obispos á la Marca de Ancona, los
quales le truxeron de allí á Roma, é salió el Papa»
vestido de Pontifical, con todos los Cardenales á lo
recibir con grandes procesiones, todos á pié; y el
Papa se sentía mal, é iba en unas andas, y salieron,
por la puerta del Pópulo á recibirlo, y el Papa so
apeó de las andas, é se humilló en tierra con muy
^ran acatamiento, é lo tomó en las manos en una
caja de oro , donde venia engastonado , en un viril
christalino de muy fermosa hechura, y por todas
partes^ se parecía el propio hierro la punta hacia ar-
riba. E el Papa lo mostró al pueblo , donde todos lo
adoraron como ámuy santa reliquia, que tocó en et
costado de nuestro Redemptor , é fué en tiempo da
su pasión allí presente. Y así en las andas lo trujo
el Papa fasta la iglesia de San Pedro , donde lo pu-
sieron en muy honrado lugar ; y el hierro era corto,
según parecía á todos los que lo adoraron, y pudo
ser, que algún gran señor ó Rey, de los que han te-
nido aquellas santas reliquias en guarda, la quitase
algo de lo que entró en el santo costado y glorioso,
para mas devoción, así como hizo un Emperador da
Grecia, que hizo una barbada para el freno de su
caballo , en que gastó uno de los clavos con que
nuestro Redemptor fué clavado en la Cruz, é sojuz-
gó é ganó muy grandes tierras é reynos , é tuvo que
por virtud de aquel freno lo habia Dios hecho vic-
torioso, segr.n cuenta^ Mosen Juan de Mandavilla j
y el dicho fierro es de esta hechura y tamafio de ía^
DON FERNANDO
íanza, & lo que parecía, la mitad de la verdadera
Cruz en que nuestro Redemptor padeció ; é era fas-
ta estonces , que fué enviado al Papa como he di-
cho , el fierro de la lanza con que el caballero firió
el costado de nuestro Redemptor después de haber
espirado , é una de sus ropas sin costura, é la espon-
ja, é el vaso con que le dieron á beber el hiél y vi-
nagre , quando estaba en la Cruz , é una parte de la
corona con que nuestro Redemptor fué coronado, é
la Cruz, é uno de los clavos, é otras muchas reli-
quias; é eso mesmo está en Constantinopla, el cuer-
po de Señora Santa Ana , madre de nuestra Señora
Santa María, que lo fizo traer allí Santa Elena, é
yace el cuerpo do San Lúeas é otros muchos cuer-
pos santos.
Murió el Papa Inocencio VIII desde á poco
tiempo después de haber recibido el santo fierro, en
el año de 1492, á veinte y siete de Julio; é crearon
Papa los Cardenales al Vice-canciller, Cardenal Ar-
zobispo de Valencia, el qual se llamó Alejandro VI;
fuéle muy contrario el Cardenal Advíncula Sancti
Petri, en la elección, y aun después en algunas
óosas.
CAPÍTULO CIV.
Del fallccimionto de algunos Grandes , é del Marqüés-Duqüe
de Cádiz.
En el tiempo del cerco de Granada murió en Cas-
tilla en su tierra é casa el noble caballero Don Pe-
dro Fernandez de Velasco, Conde de Haro, Condes-
table de Castilla ; sucedióle el Señor Don Bernardi-
no, su hijo. Murió el Adelantado del Andalucía,
Don Fadrique, viniendo del real do Granada, de su
muerte natural , en el campo cerca de Antequera en
una tienda ; allí le truxeron los Sacramentos , é dio
eu ánima á Dios gimiendo sus pecados y con muy
gran contriccion, en quatro dias de Febrero, año
de 1492. Subcedióle su hijo Don Francisco Hen-
riquez.
Murió el Duque de Medina-Sidonia, Don Enri-
que de Guzman, en su villa de Sanlúcar, en sus
palacios, este dicho año de 1492, Viernes noche,
amaneció Sábado de mañana finado, á veinte dias
del mes de Agosto ; subcedióle su hijo Don Juan de
Guzman, Murió el esforzado caballero Marqués-Du-
que de Cádiz, Don Rodrigo Ponce de León, en la
ciudad de Sevilla, dentro de sus casas, de achaque
de una opilación que se le hizo andando en la guer-
ra contra los moros. Recibió todos los Sacramentos,
é dejó por subcesor á su nieto Don Rodrigo. Este
fué el caballero que mas trabajó de los Grandes de
Castilla en la guerra, que desque Alhama tomó no
'ovo entrada que el Rey ficiese, que él no fuese en
ella, en todos los diez años que duró la conquista
del reyno de Granada. Él fizo el comienzo y vido
el fin, é ovo su parto de la gloria^ victoria, que él
fué presente en la entrega de Granada, que fué el
sello de la conquista, y asimismo fué honrado en
la muerte ; pasó de esta presente vida en Lunes
veinte y siete de Agosto del dicho año de 1492, dada
i DO^A ISABEL. 645
la una , en presencia del Prior é del Vicario de Saa
Gerónimo , que lo absolvieron con la Santa Cruza-
da é consolaron hasta la fin, la qual esperó como
él era, é ovo muy buena é con mucho arrepenti-
miento de sus pecados, é fizo christianos actos ea
su testamento , é firmólo ante Christóbal Gutiérrez,
ó Francisco Sánchez, escribanos públicos de Sevilla,
en presencia de todos los quales estaban, así caba-
lleros como dueñas. Desque ovo espirado, luego el
Señor Don Luis Ponce, é su Padre Don Pedro Ponce,
Señor de Villagarcía, é todos sus parientes, ó herma-
nos , é criados , é escuderos de casa se cubrieron do
jerga, y eran tantos, que no cabían en toda la casa;
é alcanzó mucha honra en su fin , que estuvieron á
su fallecimiento é enterramiento y se cubrieron por
él de luto el Señor Don Alonso de Aguilar, que era
mucho su amigo, y Don Pedro Puertocarrero, her-
mano de la Señora Duquesa, Señor de Moguer ; é el
Señor Don Luis Paertocarrero, Señor de Palma ; y
otros muchos honrados señores ; Fernán Darías, Se*
ñor del Viso, é Pedro de Vera, é Don Luis Méndez
Puertocarrero, é Francisco Cataño, ó otros; todos
estos se cubrieron de luto, que faltó la jerga con el
fallecimiento del Duque de Medina ; é pusiéronlo
en un atahud aforrado en terciopelo negro é una
Cruz blanca de Damasco , en presencia de los dos
frailes, vestido de una rica camisa é un jubón de
brocado , é un sayo de terciopelo negro , é una mar-
Iota de brocado fasta en pies, é unas calzas de gra-
na, é unos borceguíes negros , é itn cinto de hilo de
oro, é su espada dorada ceñida, según él acostum-
braba traer quando era é andaba en las guerras de
los moros, é ansí decindieron el atahud con él déla
sala é lo pusieron en unas andas enf erradas de ter-
ciopelo negro, abajo en el cuerpo de las casas, don-
de los Ronces sus hermanos y parientes , y la Du-
quesa su mujer y otras muchas dueñas hicieron so-
bre él grandes lloros é sentimiento ; eso mesmo
hicieron sus escuderos é criados, é doncellas, é gen-
te de su casa , é otros é otras muchas de su tierra é
también de la ciudad , que era muy bien quisto ca-
ballero. Desque fué noche, antes del Ave María, vi-
nieron mas de ochenta clérigos con la Cruz de Santa
Cath aliña, y tres órdenes de frailes del Carmen, de
la Merced é de San Francisco , y encomendáronlo ó
sacáronlo en las andas, acompañándolo los de los
eclesiásticos, el Provisor é todos los mas honrados
Canónigos de la iglesia mayor, é Arcedianos, é Dig-
nidades , é los Obispos que se hallaron en la ciudad;
é de lo seglar el Conde de Cifuentes, Asistente de
Sevilla, y la mayor parte del Rejimiento de la Ciu-
dad de Veintíquatros y Alcaydes mayores, é otras
gentes, que no cabían por todas las calles ; llevá-
ronlo por la calle de la Albóndiga é por San Lean-
dro, faciendo por sus trechos sus paradas, donde la
clerecía le decía sus (responsos ; é las gentes que
seguían sus plores, y les ayudaban las dueñas , que
salían á mirar desde sus puertas é ventanas á lo llo-
rar, é daban tan grandes gritos las mujeres de la .
ciudad por donde lo llevaban, como si fuese su pa-
dre, ó fijo, ó hermano 4^ todas, siguiéronlo é acom*
ei6
CKÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
pafiáronlo tantas gentes fasta San Agustin , que no
cabían por las calles, ni por los adarves, ni en la
iglesia de San Agustin; é ansí iban gentes acompa-
ñándolo y honrándolo como cuando facen la fiesta
del Corpus Christi en Sevilla, aunque era de noche.
Salieron con él desde su casa doscientas quarenta
hachas de cera encendidas , que parecía por donde
iban que era en mitad del día. Acompañáronle asi-
mismo desde su casa hasta la sepultura diez bande-
ras, que por sus fuerzas é guerras que hizo á los
moros antes que el Key Don Fernando comenzase
la conquista del reyno de Granada las ganó, las
quales en testimonio allí iban cerca del, c las pu-
sieron sobro BU tumba, donde ahora están susten-
tando la fama de este buen caballero , la qual no
puede morir é es inmortal , así como el ánima ; é
quedaron allí en memoria. Saliéronlo á recebir los
frailes de San Agustin con la Cruz é cirios, é ocho
incensarios vestidos de almástigas negras , é así lo
metieron muy honradamente en la iglesia y pusie-
ron las andas en una muy alta cama, donde estuvo
hasta que le dijeron quatro vijilias, cada orden la
suya, é otra la clerecía, é dichas lo depositaron en
BU tumba, cerca de los Condes Don Juan su padre,
é Don Pedro Ponce, su abuelo. Nue&tro Señor le dé
santa gloria. Otro día le dixeron muchas misas.
El Rey é la Rey na, desque supieron la muerte del
Marqués-Duque de Cádiz, se retrajeron, é encerra-
ron, é ovieron mucho sentimiento ; é pusieron luto
negro por él, y las damas Uorarqn mucho en la
casa del Rey, que lo amaban mucho, que las servia
é daba mucho, é lo conocían de como recibía y
acompañaba á la Reyna y á ellas en tierra de mo-
ros, porque llevándolo la Reyna é ellas cerca de si,
hacían cuenta que llevaban al Cid Ruy Díaz en su
tiempo, porque los moros lo temían mucho , tanto,
que donde quiera que sabían que iba , conocían su
bandera, no esperaban ni osaban pelear.
Dares y Homero, coronistas, escribieron muy por
estenso en las historias de las conquistas de Troya
las facciones de Héctor, é París, é Troilo, sus her-
manos, é de los otros troyanos que fueron famosos
en las armas ; c eso mesrao los de Diomedcs é Uli-
ses, é de Menelao, é Agamenón, é Aquilea Griego,
que fasta hoy viven, por ser escritas, aunque fue-
ron gentiles y sin ley ; pues ¿quauto mas debían
ser escritas las cosas hazañosas y virtuosas que los
nobles caballeros de España haceu j^han hecho en
las guerras, y junto con ellas las faccionos y con-
diciones de cada imo? y poi'que las de este noble ca-
ballero Duque de Cádiz merecen ser escritas, son
las siguientes :
Era hombre de buen cuerpo, derecho , mas me-
diano que grande, de muy recios miembros, brazos
é piernas, muy gran caballero de la gineta ; era
blanco en el cuerpo ó rojo en la cara, é cabellos é
pescuezo, é tenía algunas pintas por ol pescuezo é
manos; era hermoso de gesto, la cara mas larga que
angosta ni luenga, no había en ella reprehensión ;
la habla é órgano de ella muy clara, é muy buena ;
los cabellos rojos é crespos, é las barbas rojas ; era
muy esforzado c bravo, é muy feroz á sus enemi-
gos, ó muy verdadero amigo de sus amigos ; amaba
mucho sus vasalles , é volvía por ellos quando lo
habían menester, é era muy bien templado en co-
mer é dormir ; era casto, é cauto , é muy celoso de '
todas las mujeres de su tierra, é deseaba que no hu-
biese ninguna mala, y no consentía que ninguno
suyo burlase á ninguna mujer, ni la infamase, y so-
bre esto hacia tanto, que el que algo de esto peca-
ba no osaba parar en toda su tierra. Quería que sus
vasallos así honraran á los alcaydes é alguaciles do
su tierra como á él mesmo. Retenía mucho los eno-
jos, y no podía haber tan ahina la templanza de la
paciencia ; perdonaba tarde á quien lo enojaha ; no
le aplacia facer burla de los locos , nin de simples,
nin le aplacian los truanes, nin trompadores; tenia
continuamente asaz aleones, y no le aplacia mucho
la caza, luego so enojaba; era muy cobdicioso y
cuidadoso por acrecentar el patrimonio de sus an-
tepasados, y compró castillos, vasallos, donadíos,
lugares y heredamientos ; con que mas de medio á
medio acrecentó en la renta de su patrimonio ; era
muy amador de la justicia, y hacíala, y continua-
mente tenia sus vasallos, en justicia, é toda su
tierra, é oía sus vasallos, é deliberábalos é proveía-
los muy presto cuando ante él venian, y enviába-
los á sus casas, porque no se gastase; pugnaba y
hacía mucho por la honra suya ó de sus parientes ;
hacía bien á sus parientes, no quería en su compa-
ñía hombres cobardes, ni lisonjeros, ni de malos
artes ; ni quería ver ni oír hombres traidores ni la-
drones ; agradábale la música algo, especialmente
trompetas bastardas é chirimías, é sacabuches, é
atabales, é de aquella que alegran las gentes en la
guerra ; era muy devoto de Santa María Nuestra
Sonora, y de la Iglesia, y ordinariamente oía misa
cada día, y rezaba sus oraciones por libro, y des-
pués en unos corales ; y desde la conf es'on hasta
« ite misa est» nunca hablaba á ninguna persona, ni
alzaba las rodillas del suelo ; comunmente hacía ce-
lebrar con mucha solemnidad las fiestas de Nuestra
Señora de la O y la fiesta de la Anunciación , que
cae en Marzo, y aun las mandaba celebrar en sus
ciudades, villas y lugares, en las quales hacia dar
grandes colaciones é limosnas ; tenia una capilla de
vestimentos, cálices é ornamentos, como convenía,
con que le decían la misa en su casa é posada, era-
pero nunca se hacía perezoso de ir á oír misa á la
iglesia del pueblo donde se hallaba ; era caballero
que le placía mucho la geometría de labrar y repa-
rar castillos, y casas y cercas y fortalezas, y labró
y gastó en ella, con lo que labró y fortaleció en Al-
calá de Guadáira y en la ciudad de Xerés, é Alanís,
quando la tomó en tiempo del Rey Don Enrique,
mas de diez y siete quentos, según él decía é sus
mayordomos. De sus fechos é victorias ya es dicho
en sus tiempos é Jugares. Nuestro Señor le quiera
perdonar y poner en su santa gloría. Amen.
DON FERNANDO
CAPÍTULO CV.
De Bretaña, é de como el Rey de Francia la tomó é se casó
con la Duquesa.
Cerca de estos tiempos murió el Duque de Breta-
ña, é subcedióle una fija, que no tenia otro fijo va-
ron ni fija, el qual Duque no estaba bien quisto con
el Eey de Francia, antes en guerra , porque favore-
cía á algunos caballeros de Francia, que deservían
al Rey, y los acojia en su tierra, así como á Mon-
seor de Labrit, é á otros. E ya oísteis como el Rey
Luis de Francia falleció el afio de 1482 y le sucedió
Carlos su hijo, é quedó pequeño é desposado con
Margarita, fija del Rey délos Romanos, niña de
quatro años, ó ambos quedaron cada uno á su parte
en el reyno de Francia , en tutela é gobernación del
Parlamento de Paris, é de algunos de 'los Grandes
de Francia ; é el Rey Carlos salió mozo mal dispues-
to é feo de miembros y gesto ; é luego como fué de
edad é le dieron la gobernación del reyno, comenzó
á hacer la guerra á la Duquesa de Bretaña, porque
otros tiempos habia sido sujeta á la Francia, y la
Duquesa estaba desposada por cartas y embaxado-
res con el Rey de los Romanos , Duque de Austria,
Maximiliano, fijo del Emperador Federico de Ale-
mania é Roma, yerno que fué del Gran Duque Car-
los de Borgoña, Conde de Flándes ; y la Duquesa
de Bretaña comenzóse de amparar, y defender, y
apercibir de valedores, y vino en su favor el Conde
de Escalas, inglés, que fué en la batalla de Loxa,
el qual murió en una batalla que ovo entre france-
ses é bretones ; é el Rey Don Fernando de Castilla
fué valedor de la dicha Duquesa, é como andaba
en guerra de los moros de la conquista de Grana-
da, aunque le socorrió no fué tanto como quisiera,
y Monseor Labrit, caballero de Francia, Señor de
gran parte de la Gasconia, andaba ausentado de
Francia, por enojo que á el Rey habia fecho , é el
Eey de Francia le habia tomado la tierra, y era
también valedor de la Duquesa ; y este estaba tam-
bién enemistado con el Rey Don Fernando de Casti-
lla, por partes del reyno de Navarra, que habia ca-
sado su fijo con la Reyna de Navarra contra la vo-
luntad del Rey Don Fernando, y tuvo Monseor de
Labrit forma como se hiciese amigo del Rey Don
Fernando, é el Rey le dio gentes y facultad con que
fuese á socorrer á la Duquesa de Bretaña, é envió
con él otros capitanes é á Pedro de Mosquera, con
mas de cinco mil hombres de España, de á caballo
é de á pié. E el Rey de los Romanos, su esposo de
la Duquesa, no pudo socorrerla ni venir á facer el
matrimonio personalmente , porque habia morido
estonces el Rey Mathías de Ungría, su legítimo her-
mano, el qual era casado con fija del Rey Don Fer-
nando de Ñápeles ; é el Rey de los Romanos habia
guerra allá sobre aquel reyno, diciendo que le per-
tenecía gran parte de él, é conquistábalo, é después
no salió con él, é por esto no socorrió á la Duquesa
en la dicha guerra , que el Rey de Francia la mo-
vió. E eetaqdo el Rey Don Fernando en la guerra
É DOÑA ISABEL. 64?
de la conquista del reyno de Granada, el Rey suso-
dicho Carlos, mozo que comenzaba á reynar eu
Francia, se movió en persona con muy gran hueste
é artillería, é fué sobre Nántes de Bretaña, que es la
más principal ciudad y la mayor de Bretaña, y cer-
cóla, estando dentro la Duquesa ; é Monseor de La-
brit fué traidor á la Duquesa y al Rey Don Fernan-
do, á quien se habia ofrecido por suyo, é le habia
dado gente con que ficiese la guerra al Rey do
Francia, en defensa de la dicha Duquesa de Breta-
ña , ó vendió la ciudad é la Duquesa al Rey ds
Francia, é desque pensó la traición , según decían,
él hizo ir en persona al Rey de Francia , y le pro-
metió dar la ciudad y la Duquesa, y que le perdo-
nase del enojo que del tenia , y diese sus tierras , é
el Rey se lo prometió , y aun le mandó gran suma
de dineros, é le fizo otras muchas mercedes, é le
volvió sus tierras ; é como el Rey de Francia llegó
á Nántes, é la cercó é comenzó de combatir, Mon-
seor de Labrit, después de hecho el concierto, abrió
las puertas, y entraron los franceses , é tomaron la
ciudad y la Duquesa y despojaron á todos los espa-
ñoles é echáronlos de la ciudad, é así se vinieron á
mal recaudo, por la gran traición de Monseor de
Labrit, que los vendió ; é el Rey tomó la ciudad é
se apoderó de ella, y dende toda Bretaña, é fizo un
cuerpo de Bretaña y Francia, y de aquí creció sus
reynos, é tomó mujer por fuerza, y dejó la mujer con
quien su padre lo habia desposado y mandado casar,
Margarita, su hija del dicho Rey de los Romanos,
con la qual se habia desposado el año de 1481, sien-
do ella de tres ó quatro años, ó fué tenida por Reyna
de Francia cerca de diez años ; y dentro en Fran-
cia, en ese mesmo trono é honra tenida, é habida su
gobernación y tutela de el Parlamento de Paris é
de los grandes de Francia, así como estaba el mes-
mo Rey Carlos su esposo ; é desque el Rey de Fran-
cia ovo tomado á Bretaña, dijo que Margarita no
era su mujer, é mandóla llevar á su padre, y como
fuese ya mujer, doncella de discreción, de trece años
poco mas ó menos, habiendo reynado en Francia los
mas de ellos, ved qué sentiría su ánima ; hizo gran-
des llantos ó lamentaciones, ella ó todos los suyos,
quejándose de la sin ventura acaecida, por ella ve-
nida por tal manera ; é envió la triste nueva á su
padre el Rey de los Romanos, é envióle el Rey á
decir, que no saliese de Francia, sino que si á él iba
y de tal manera, que él haría presente de su cabeza
al Rey de Francia, su marido ; ved qué haría la sin
ventura en tan terrible caso; mucho mas amaba
perder la vida, que verse despojada de tal manera
de reynos y marido ; maldecía á su fortuna é sinies-
tra ventura, su nacimiento , su vida , su crianza, su
mala suerte , y quejábase á Dios de los cielos con
muchas lágrimas, demandando justicia del cielo ; é
todos los suyos, é las dueñas é doncellas de su casa
hacían muy gran llanto con ella, é todos quantos la
conocían. E la Reyna desdichada ovo de salir de
Francia con muy gran dolor ó sentimiento de su
corazón ó de su ánima, con fiucia que Dios le haría
justicia de aquella injuria, que el Rey do Francia
648 CRÓNICAS DE LOS
8U marido lo había fecho , é privaría del reyno de
Francia, como él á ella habia fecho. E ansí fué, que
el Parlamento é Grandes de Francia, desque vieron
que el Roy Carlos se habia así casado con la Du-
quesa de Bretaña, enviaron á Margarita en Flándes
y Alemania á tierras de su padre, é Carlos quedó ca-
sado con la Duquesa, é ovo un fijo, del qual no go-
zó, que finóscle ; é él logró mal el reyno de Francia,
que no reinó después de casado sino obra de quatro
años, y murió sin loor , y casó su mujer con el Du-
que de Orliens, que reynó en Francia después de él,
según mas adelante se dirá ; y ansí castiga Dios
también á los reyes como á los otros de qualquier
estado, que hacen lo que no debían hacer, y no mi-
ran que hay Dios, que es mayor que todos, el qual
en los malos y perversos, continuamente vemos que
cumple aquello que dijo David por el Espíritu San-
to : Viri aanguinum et dolosi non dimidiahunt dies
stios.
Los capitanes que el Rey Don Fernando envió á
Bretaña, fueron : Pedro Carrillo , Señor de Pliego é
Torralva, que son en el Obispado de Cuenca, con
trescientas lanzas; Pedro Quijada, Señor de Villa-
garcia, que es cerca de Medina de Rioseco, con
trescientas lanzas, el qual ovo fortuna en la mar, é
volviólo el tiempo dos veces á Castilla , una á San-
tiago, é otra á Bilbao é Santander , é volvió otra
vez hasta que llegó en Bretaña ; é sobre todos fué
Pedro Mosquera, para proveer; é desque vido el
i Tencimiento fecho por el Rey de Francia, queríase
i quedar allá, después que él fué en dar la ciudad en
rehenes; é los capitanes no lo dejaron, é viniendo
por la mar, desde la nao se echó en el mar y se aho-
gó, el día de San Benito de Julio, estando el Rey
Don Fernando en el cerco de Granada.
CAPÍTULO CVI.
De el reyno de Navarra, é de sus cosas é guerras, é como reynó en
él el Rey Don Juan, Rey de Aragón que después fué, é de como
su fijo Don Cirios fué contra él.
El Rey Don Juan de Aragón, padre del Rey Don
Fernando, ovo el reyno de Navarra con su primera
mujer, siendo Infante do Castilla é Príncipe de Ara-
gón, y fué de esta manera : Ovo en Navarra un Rey
llamado Don Carlos, é no ovo fijo varón, é ovo una
fija, que se , llamó Doña Blanca, -^ue le sucedió en
el reyno, que casó con el dicho Don Juan, de la qual
el dicho Rey Don Juan ovo dos fijas, la mayor, lla-
mada Doña Brianda, que casó con el Conde de Fox,
Febus en Francia, en la Gasconia, é la otra, nom-
brada Doña Blanca, que casó con el Rey Don En-
rique de Castilla, siendo Príncipe, y después ovo un
fijo, que llamaron Don Carlos, que fué Príncipe de
Navarra, é después de Aragou, é murió la Reyna
Doña Blanca de Navarra tempranamente, é casó el
Rey Don Juan segunda vez con Doña Juana, fija
del Almirante de Castilla Don Fidiricus, y siendo
el Príncipe Don Carlos de catorce años arriba, jun-
táronse con él do dos parcialidades que habia en
Navarra, l^unfi la ele los Lusitanos, que era el Con-
REYES DE CASTILLA.
destable de Navarra, Mosen Fierres de Peralta, é su
hermano el thesorero, é metieron bullicio y escán-
dalo en el reyno , é requiriendo al Rey Don Juan
que se lo entregase al Príncipe su hijo, pues era
suyo ; y el Rey alegaba que aun no era tiempo, que
aun no era de pdad para gobernar; ó estuvieron
con el Rey la parcialidad de los Agrimonteses, que
es el Conde de Lerin , é otros muchos caballeros, ó
siguióse multa mala entre ellos ; y los del Príncipe
tomaron á Pamplona, que es la mayor ciudad de
Navarra, y dende el Príncipe fué á cercar una villa,
que llaman Sangüesa, la qual estaba por el Rey, y
el Rey salió á la descercar, é sabiéndolo el Principo
Don Carlos, su fijo, salióle al camino , partiendo de
Olite con su hueste , é ovieron su batalla campal, el
fijo con el padre, donde murieron algunos de una
parte y otra, y el padre fué vencedor, é venció al
hijo, é le desbarató é prendió con otros muchos, y
lo trujo preso á Zaragoza, de Aragón, y lo tuvo allí
aprisionado, y á ruego de la Reyna Doña Juana, su
mujer, lo soltó, y juró estonces el Príncipe Don Car-
los é puso las manos corporalmente sobre la hostia
consagrada, de no ser mas contra su padre, sino es-
tar siempre á su obediencia y mandado ; é como se
vido suelto, tornóse otra vez á alzar é hizo cuanto
pudo contra el padre, por lo echar del reyno, y vien-
do que no podía prevalecer contra el padre con el
reyno de Navarra ni su favor, fué á demandar fa-
vor al Conde de Almiñanque, el qual no se lo dio ;
é fué á demandar favor al Conde de Febus de Fox,
su cuñado, ,y tampoco se lo dio; é desque esto vido,
fué á demandar favor ai Rey Luis de Francia, padre
del Rey Luis, el qual tenia estonce cuestión con el
Delfin Luis, su fijo, y con algunos caballeros de
Francia, y respondió al Príncipe Don Carlos, su pa-
riente, diciendo: «¿qué ejemplo daré yo á mi fijo
ayudándovos á vos contra vuestro padre?» é con
esto respondió ; y el Príncipe Don Carlos anduvo y
tornó á Navarra en persona, pugnando si pudiera
echar del reyno á su padre, é desque vido que no
podía, fuese á Ñapóles á su tio el Rey Don Alon-
so, hermano del Rey su padre, el qual lo recibió de
muy buen grado, é le riñó mucho é castigó los yer-
ros que contra su padre habia fecho, y le dijo : aso-
brino, pues has ido contra tu padre, huye delante de
su cara » ; é enviólo en Sicilia ultraf aro, é fizóle
Príncipe de ella ; é así vivió Don Carlos en aquella
tierra en mucha honra fasta que falleció el Rey Don
Alonso su tio ; é fallecido el Rey Don Alonso, los
catalanes dijeron que querían que viniese su Prín-
cipe y estuviese en la tierra, y el Rey Don Juan,
ya Rey de Aragón, que sucedió al Rey Don Alonso
su hermano, plugo de ello, é enviaron por el Prín-
cipe Don Carlos á Sicilia los catalanes de Barcelona,
donde le fué fecho muy grande y solemne recebi-
miento de los barceloneses. Y á este tiempo estaba
el Rey Don Juan haciendo Cortes en Fraga y en
Lérida, y el Principe, después de haber reposado
tu Barcelona, partió con los Grandes de Barcelona
á ver y besar las manos al Rey su padre ; y en Lé-
rida la Reyna Doña Juana y los Grandes de la corto
DON FERNANDO
le salieron á recebir y fueron con él á Fraga, donde
el Eey estaba, y el Rey salió de la villa á un llano
fuera de ella á recibir á la Reyna y al Príncipe, y
la Reyna descabalgó é se hincó de rodillas y dixo
al Rey : « Señor, suplico á V. A. que perdonéis al
Príncipe mi hijo Don Carlos», y el Rey calló; y es-
tonces el Príncipe, estando hincado do rodillas, di-
jo : « Suplico á V. A. me perdone » ; y estonce habló
el Rey y dijo : «Hijo, por amor de la Reyna, que
me lo suplica, te perdono, y no te tornes mas» ; y
estonce el Príncipe le fué á besar el pió y el Rey
huyó el pié del estribo, y dióle la mano á besar, y
besólo en la boca, y así con grandes alegrías, y con
mucha solemnidad de trompetas y atabales y mu-
chas músicas, se entraron en Fraga, y en la mesma
posada que el Príncipe había de posar, quando pa-
saban, estaba un loco á la ventana, y dijo pasando
el Rey : « Ved que encara lo has de tornar á prender.»
Y estando el Rey y la Reyna en aquellas Cortes y
el Príncipe Don Carlos, que tenia el Rey Cortes con
aragoneses é valencianos, vinieron allí embajado-
res de muchas partes, é fueron allí por embaxado-
Tea del Rey Don Enrique de Castilla , un caballero
alcayde de Burgos', é un frayle ; é un dia dijo al
Príncipe el Rey : « Hijo, bueno será que te cases con
la Infanta de Portugal»; y respondió el Príncipe :
«Señor, mas con estotra, pues se ha hablado y está
ya de concierto »; y dijo el Rey; «¿De concierto?
luego mas sabe en ello, que no yo.» Luego envió
por el frayle, embaxador, y preguntóle, que qué
concierto traía con su hijo, y' el frayle le respondió,
que él no sabia nada, que no le habían á él dado
parte de tal secreto : y estonco huyó el otro emba-
xador, y vínose en Castilla, y fué fama estonce que
el Rey Don Enrique lo quería casar con Doña Isa-
bel , su hermana, y lo facía Maestre de Santiago, y
le quería dar favor para que destruyese á su padre;
y estonce su padre le tornó á prender, y moviéronse
los catalanes ádemandallo, y el padre lo llevó pre-
so á Fraga, desde Lérida, y los catalanes y barcelo-
neses lo cercaron en Fraga al Rey, porfiando que les
diese al Príncipe, fasta que se lo ovo de otorgar, é
partieron de Fraga el Rey é la Reyna, é el Príncipe,
en son de preso, para Cataluña con los catalanes , é
vinieron todos á Villaf ranea de Panadés, que está
á seis leguas de Barcelona, é allí dio el Rey el Prín-
cipe á los catalanes, é juró el Príncipe allí otra vez
no salir de la obediencia é querer de su padre, é los
barceloneses acordaron y pacificaron con el Rey, é
llevaron al Príncipe consigo á Barcelona ; á desque
el Príncipe se vido en Barcelona , él ni los catala-
nes no osaron mas de acudir con la obediencia al
Rey, fasta que murió Don Carlos dende á cierto
tiempo, y de allí decían los catalanes, que había lle-
vado el mal de la corte de su padre. Y muerto Don
Carlos, demandaron los de Barcelona al Rey, que
les diese á su fijo Don Fernando por Príncipe, con
condición que el Rey no entrase en Barcelona ; y el
Bey les dijo, que ni él quería estar en Barcelona, y
que le placía que lo oviesen por su parte ; y la Rey-
pa dijo, que si así querían tener á su hijo por Prín-
É DO^A ISABEL. 649
cipe , que ella había de estar con su hijo en doudo
él estuviese, y así se concertó, que la Reyna y el
Príncipe estuviesen en Barcelona, y el Rey no en-
trase, y esto era porque los catalanes barceloneses
desamaban mucho al Rey Don Juan. E como la
Rej-na estuviese en Barcelona con su hijo el Prín-
cipe Don Fernando, el Rey ovo de entrar un dia en
Barcelona á ver á su mujer la Reyna, é su fijo, é su
casa; é como esto vieron é supieron los del Consejo
de Barcelona, ordenaron y mandaron , que al Rey,
Reyna é Príncipe los botaran fuera de Barcelona; y
luego salieron fuera el Rey, Reyna é Príncipe, coa
toda su casa, y desde aquel dia se rebelló Barcelo-
na contra el Rey Don Juan, y toda Cataluña, y re-
quirió al Rey Don Enrique de Castilla con su obe-
diencia, y no lo quiso, y truxeron al Infante Don
Pedro de Portugal, por Señor, el qual tuvieron dos
años, ó poco mas ó menos, fasta que murió, é muer-
to invocaron al Conde de Proenza, hijo del Rey
Reynel, que se llamaba Duque de Calabria, y á otros
grandes Señores, los quales, viendo que habían ne-
gado y rebelado á su Rey, no quisieron su partido^
y así quedaron sobre sí los catalanes ; é desque se
comenzó la guerra entre ellos y el Rey Don Juan,
fasta que se acabó, pasaron diez años, en los quales
muchos males y muertes y robos se siguieron en
aquellos reynos de Aragón, entre los catalanes y el
Rey Don Juan.
CAPÍTULO CVII.
De la subcesion de los reynos de Aragón.
Muerto el famoso Rey y esforzado Don Alonso,
Eey de Aragón, de Valencia, é Ñápeles, Sicilia ó
Mallorca, Cerdeña, Iviza é Barcelona, y Señor de los
otros señoríos á la casa de Aragón pertenecientes é
anejos, é Infante de Castilla, subcedióle su hermano
el Rey Don Juan de Navarra, Infante de Castilla,
conforme á su testamento y al derecho, en todos los
reynos y señoríos, dejando el reyno de Ñapóles, que
se llama la gran Sicilia Citrafaro, porque la ganó el
Conde con mucho trabajo por curso de muchos años,
porque venia á la casa de Aragón de derecho, y es-
taba anexado en poder de quien no le venia de de-
recho, según la antigüedad de ello lo cuenta, y por
eso, no con sentimiento de la casa de Aragón, sino
de su hermano, que lo dexó á Don Fernando, su hijo
bastardo, el qual fué muy buen Roy después de su
padre en Ñápeles; é como el Rey Don Juan comen-
zó de reynar en los dichos reynos é señoríos, vino el
Príncipe Don Carlos, su fijo, como ya oísteis, de la
Italia en Barcelona, y sembróse la discordia entre él
y su padre y los catalanes é tomáronlo los catalanes
á su padre ,é tuviéronlo en Barcelona fasta que mu-
rió tempranamente ; é desque el Rey Don Juan vido
que su fijo era muerto, á quien pertenecía el reyno
de Navarra, envió por el Conde de Febus de Fox, é
sucedió á Don Carlos, y entrególe el Reyno de Na-
varra ; y en este tiempo envió también por la Con-
desa Doña Brianda, su fija. Princesa de Navarra
que es quien como tengo dicho subcedió á Don Car- *
650 CKÓNICAS DE LOS
los, y á quien tocaba, y en este tiempo siempre cre-
cia la discordia y mal quista, que estaba entre los
catalanes y el Rey, y estando la Reyna Doña Jua-
na y el Príncipe Don Fernando en Girona , el Rey
ausente [de la tierra, salió Barcelona , y cercáronlos
allí para los prender é destruir, y tuviéronlos cerca-
dos hasta que el Conde Febus vino de Navarra con
mucha gente de [armas y los socorrió y descercó, y
fizo fuir los catalanes.
CAPÍTULO CVIII.
Como fué empeñado Perpiñan al Rey de Navarra, y sus guerras.
Volviendo á la subcesion del rey no de Navarra,
como murió el Príncipe Don Carlos, reynaron en Na-
varra Doña Brianda y Don Phebo su marido , Con-
des de Fox, los quales ovieron quatro fijos é cinco
fijas, y el mayor, á quien convino la subcesion del
reyno, fué llamado Felipo, é fué casado con una her-
mana del Rey Luis de Francia, ó este murió tempra-
na muerte, antes que el Rey Don Juan su abuelo, é
subcediéronle un fijo é una fija, Phebo é Doña
Brianda, é Don Phebo reynó en Navarra siendo ni-
ño, so la guarda é tutela del Rey Don Juan, su abue-
lo, é murió siendo mozuelo, é subcedió Doña Brian-
da, que quedó ¡en poder de su madre ; é mientras el
Rey Don Juan vivió, siempre tuvo muy gran parte
y favor en Navarra, y fortalezas á su mandar, las
quales nunca osó soltar, por temor del daño que del
Rey de Francia le podia venir ; y en aquel mesmo
grado entró el Rey Don Fernando su fijo , después
que murió el Rey Don Juan ; é como murió el Rey
Don Phebo, Rey de Navarra, quedó en la encomien-
da del reyno el Rey Don Fernando, é como Don Phe-
bo murió , quedó la subcesion del reyno á Doña
Brianda, su hermana, la qual ee llamó luego Reyna
de Navarra, y el Rey Don Fernando la quisiera ca-
sar con el Príncipe Don Juan , su fijo , puesto caso
que ella era de mas años que no él, é nunca la pudo
haber, ni su madre, que la tenia en poder, se la qui-
so dar, ni el Rey de Francia fué de este casamiento
contento, cobdiciándola casar en Francia, por tener
de su mano el reyno de Navarra ; é su madre de la
dicha Reyna , sin placer ni consentimiento del Rey
Don Fernando , ni del Rey de Francia, sus tios , la
casó con un fijo de Monseor de \iabrit, Señor de la
Gasconia, ya dicho en el capítulo de Bretaña, del
qual casamiento ovo mucho enojo los reyes susodi-
chos de Castilla y Francia, sus tios ; y eso mesmo
Jos navarros, é una gran parcialidad de ellos tuvie-
ron tanto enojo, que no querían recebir por Rey al
marido de su Señora, y decían que no reynaria so-
bre ellos, é tuvieron en Navarra diversas opiniones
é las villas é fortalezas que estaban por el Rey Don
Fernando nunca se las quiso entregar, no embar-
gante que le mandó dar sus rentas, recelando que
podia el Rey de Francia entrar é ofender á Castilla,
é á Aragón , é siempre ovo en Navarra dos parciali-
dades, las antiguas é las de Mosen Pierres de Peral-
ta, y otros caballeros tenían con el Rey é Reyna de
Navarra, bus Señores ; é el Conde de Lerin , Mosen
REYES DE CASTILLA.
Juan de Piamonte, yerno del Rey, y Juan de Ara-
gón , casado con su fija bastarda , y otros muchos
caballeros é comunidades, de que era cabeza el Con-
de de Lerín , tenían con el Rey Don Fernando ; ó
ovo sobre esto con el Rey Don Fernando, é la Rey-
na Doña Brianda, é el Rey de Navarra, su marido,
muchas divisiones y conciertos é rehenes, é concor-
dias, é vino la Reyna de Navarra á ¡Castilla, donde
el Rey Don Fernando y la Reyna Doña Isabel , su
mujer, le ficieron muchas honras , é le dieron muy
grandes dádivas , é alhajas, é oro, é plata, é ropa , ó
riquezas sin medida, é todavía se retuvieron las for-
talezas, ó sobre ciertos conciertos quedó en rehenes
una fija del Rey de Navarra, que murió acá en Cas-
tilla, y el Rey Don Fernando le desempeñó algunas
villas é fortalezas , é afirmaron su concordia é paz
con él , é reynaron en Navarra pacíficamente.
CAPÍTULO CIX.
De el Rey Don Juan de Araron.
E el Rey Don Juan , desque vido la enemiga de
los catalanes é rebelión , y que no tan solamente se
la defendían , mas antes le ofendían y querían des-
truir, fué demandar socorro al Rey de Francia Luis,
al qual empeñó los quatro castillos en el condado de
Rosel Ion, [Perpiñan , la Vellaguarda, Roca y Coli-
bre, por cierta suma de coronas de oro, con lo qual
é con la ayuda de Dios é del dicho Rey de Francia,
domó é sojuzgó á Barcelona, é toda Cataluña, é que-
daron las dichas quatro fuerzas al Rey de Francia, ó
llevó mucho tiempo las rentas de aquellas tierras;
é después con concierto los ciudadanos de Perpiñan
alzáronse contra el Rey de Francia, é dieron la ciu-
dad al Rey Don Juan, é vínolos á cercar el Rey do
Francia con gran poder, estando el Rey Don Juan
dentro de la ciudad ; é fué sobre los cercadores el
Príncipe Don Fernando, Rey de Sicilia, que se lla-
maba, é desbaratólos é fizo alzar el cerco, é quedó la
ciudad por el Rey Don Juan ; é siguióse guerra en-
tre el Rey de Francia, é el Rey Don Juan é sus tier-
ras, é volvió el Rey de Francia otra vez sobre Perpi-
ñan , mas poderoso, é púsole cerco, é tomóla, é sojus-
góla en todo lo empeñado, é tóvola fasta que murió
el Rey Don Juan, que murió año de 1479 que nunca
pagó la suma del desempeño ; é túvola más el dicho
Rey de Francia todos los días de su vida fasta que
murió el año de 1481 , y mandó en su testamento,
que dando el Rey Don Fernando la suma y desem-
peño que su padre el Rey Don Juan había recibido,
le diesen á Perpiñan, é todo lo empeñado é esto man-
dó á su fijo Carlos, Delfin , que así lo hiciese á cum-
pliese; é el dicho Rey Carlos de Francia, que subce-
dió al Rey Luis su padre, é sus tutores, aunque por
el Rey Don Fernando por muchas veces fueron re-
queridos, nunca deliberaron de dar los dichos empe-
ños, fasta que Dios lo permitió.
DON FERNANDO
CAPITULO ex.
I)e como fueron los Judíos echados de España.
En el nombre del muy alto Dios nuestro Señor,
Visto por los cathólicos cliristianísimos Rey é Rey-
na, el muy gran daño procedido de la endurecida
opinión y perpetua ceguedad de los judíos, y como
de allí habían su nudrimento la herética pravedad
mosaica ; estando en el cerco de Granada el año de
1492, mandaron y ordenaron, que á todos los judíos
de toda España, é todos los Reynos de ella, les fue-
se predicado el Santo Evangelio é fé cathólica, é
doctrina christiana, é que los que quisiesen se con-
vertir é baptizarse, permanecieran en sus Reynos; así
como sus vasallos , con todo lo suyo, y los que no
ee quisiesen convertir, que dentro de seis meses se
fuesen é partiesen de sus Reynos; é so pena de
muerte no volviesen mas á ellos, é que llevasen to-
do lo suyo, ó lo vendiesen en lo que quisiesen, salvo
no sacasen oro ni plata. E salido este edicto é man-
dado en todas las sinagogas, é plazas é iglesias,
por los sabios varones de España les fué predicado
el Sauto Evangelio é doctrina de nuestra Santa Ma-
dre la Iglesia, ó probado por sus mismas escrituras,
como el Mesías que aguardaban era nuestro Re-
demptor Jesuchristo, que vino en el tiempo conve-
nible, el qual sus antepasados con malicia ignora-
ron, y todos los otros que después de ellos vinieron,
nunca quisieron dar el oído á la verdad, antes enga-
ñados por el f ¿liso libro del Talmud, teniendo la ver-
dad ante sus ojos y leyéndola en su Ley cada día, la
ignoraban, embriagados así los sabios de ellos como
los simples, por el edicto y doctrina do Revase é de
Ravina, que compusieron el dicho Talmud. Y porque
sepáis de qué manera y en ;qué tiempo fué fecho el
dicho descomulgado Talmud, los que no lo habéis
leido, me pareció ser bien en este lugar poner el ca-
pítulo siguiente , sacado del Fasciculum temporum,
que dice así :
{{Talmud Judeorum, quodsonat apud eos Doctrina,
cirea licec témpora anno CCCC.áduohussummisRab-
hi8 S. Rahina, etRahase, liberutique gramUs etmaior
decem Biblis, in quo sunt inexecrabilia mendatia, tur-
pia facta, abominabilia contra legem Dei, contra le-
gan naturoc, contra legem scriptam. Videntes namque
Judei legem suam quotídie deficere, etfidcm christia-
nam projicere in tota orbe etiam cum gloria tempora-
lium, hi dúo deceptores, instigarunt quatenus hunc U-
hrum componerent, et tamque 3Ioysi scríptus firmari,
adhibcrent Jidem,prohiberent que, sub penamortis, ne-
quis aliquid negaretdc his quce in eo continentur. Fac-
tum est ita ad suam infelicem excerationem et suorum
perpetuam damnationem. Ne autem simplices Tiabeant
ocasionem recedend ia tanta falsitate, innuerunt eis, ut
interrogati de dificilíbus, responderent : <s.Nos hcec non
))intellegimus, sed Rabhi nostri poterunt responderé vo-
))his.)) Sic traddíti sunt inreprobum sensum, utplus his
nugis creddant, quam Moyse, aut Christo , verum ta-
mem piaren in divcrsis mundi partibus conversis ere.
É DOÑA ISABEL. 651
bro leguntur, et aliqui profide magna fecerunt, etuti-
lissima scripta reliquerunt,))
Que quiere decir en nuestro lenguaje castellano :
<r El libro de los judíos , llamado Talmud, suena
» acerca de ellos doctrina ; fué compuesto cerca de
«aquellos tiempos, en el año del Nacimiento de
» nuestro Redemptor Jesuchristo de quatrocienlos
» años, de dos grandes Rabies, llamados el uno Ra-
» base, y el otro Rabina, y fué ciertamente un libro
B grande mayor que diez Biblias, en el qual hay men-
)) tiras muy escuras , y abominables cosas de locu-
»ra, contra la ley de Dios , y contra la ley de natu-
»ra, y contra la ley de escriptura. Viendo los judíos
» en aquel tiempo ya dicho amenguarse, y crecer la
n ley christiana en todo el mundo, y aun con gloria
)) de bienes temporales , buscaron estos dos engafia-
)) dores, conviene á saber, Rabina y Rabase,para que
» compusiesen este libro, y tan como á los libros
B de Moisen, y'defendieron, so pena de muerte, que
» ninguno negase cosa alguna de lo que en él era
» escripto, y fué así compuesto para su ceguedad y
» perpetua pena, mal aventurada de los suyos; y por-
« que no hubiesen los simples ocasión de apartarse
»de su ceguedad, mandáronles que cuando fuesen
» preguntados de algunas cosas dificultosas, que
» respondiesen : « Nosotros no entendemos eso, mas
» nuestros Rabies vos responderán ; é de esta mane-
» ra fueron caldos en reprobado entendimiento, cre-
» yendo mas á las mentiras de este libro, que no á
o Moysen y á Christo. Empero muchas veces se lee
B muchos de ellos ser convertidos en diversas partes
» del mundo. Otro sí ficieron grandes cosas por la fe,
»é después de sus días dejaron escripturas muy
» provechosas.»
É cebados con la dicha descomulgada doctrina
del Talmud los judíos que en aquel tiempo vivían
en España, aunque ante los ojos vian el destierro
y la perdición suya, aunque requeridos fueron y
amonestados por la dichas predicaciones y amones-
tamientos, siempre quedaron pertinaces é incrédu-
los, y aunque de fuerza dieron el oído, nunca de gra-
do recojieron en el corazón cosa que les aprovecha-
se, antes quitados de oir la predicación evanjélica,
les predicaban sus Rabies la contraria, é los esforza-
ban y ponían esperanzas vanas , y les decían , que
supiesen por cierto que aquello venia por parte de
Dios, que los quería sacar de cautivos, y llevarlos á
la tierra de promisión ; y que en esta salida verían
Israel, pues que del pueblo de Israel ovieron co-
mienzo de salvación , é ovieron ley, é conocieron ó
recibieron el Mesías verdadero, que los redimió, que
fué Nuestro Redemptor Jesuchristo , Dios y hom-
bre , que Dios había prometido enviar é envió, el
qual ellos por su malicia no conocieron é reci-
bieron los que estonce eran, ni quisieron dar el
oido á sus grandes milagros é maravillas que fizo,
antes con malicia lo persiguieron é mataron ; y el
yerro hecho, nunca se arrepintieron, ni quisieron
creer la verdad, ni por la muchedumbre de los mi-
lagros de los Apóstoles y discípulos de Jesuchristo,
que eran de su linaje, por lo qual Dios los guardó
652
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
para que se conociesen y arrepintiesen, y recibiesen
la santa doctrina de el su Santo Mesías , que les en-
vió, que era Nuestro Redemptor Jesuchristo quarenta
años y en cabo de los quarenta años, viendo Nuestro
Señor como era pueblo rebelde, incrédulo y duro de
cerviz y sin provecho, envió sobre ellos la su ira , é
del Emperador de Roma Vespasiano, é Tito su hijo,
que destruyeron á Jerusalen y á toda su comarca, y
mataron un cuento y cien mil judíos , é vendieron
ochenta mil, é cautivaron é prendieron toda la tier-
ra de ellos, é trujeron á Roma é todas sus tierras mu-
chos cautivos, é de todos aquellos ochenta mil ven-
didos, é de los otros cautivos é desterrados, vinieron
á Francia y á España muchos en muchas veces, que
Be libertaron por diversas maneras, é modos, de don-
de estos que este tiempo eran vivos procedieron, asi
en linaje como en contumacia; de los quales se fa-
llaron en los Reyuos de Castilla treinta mil vasallos
y mas, que eran treinta mil casas y mas; de lo qual
escribió Rabí Mair al Rabi mayor Don Abrahan Se-
£or, su suegro, por verdad supiese, que desterraba
el Rey y la Reyna treinta y cinco mil vasallos, que
eran treinta y cinco mil casas de judíos. E de loa
Rabíes que yo baptizó á la vuelta que volvieron de
allende, que fueron diez ó doce, é de uno que era
muy agudo á natura, que llamaban Zentollo, que
era de Vitoria, al qual yo puse nombre Tristan Bo-
gado, fui yo certificado que habia en Castilla mas de
treinta mil judíos casados, y que habia en Aragón
como Dios hacia por ellos muchos milagros, y los sa-
caría de España ricos y con mucha honra, según lo
esperaban, que si en la tierra oviesen alguna fortu-
na ó siniestra, que en entrando en la mar verían co-
mo Dios era su guiador, como habia fecho á sus an-
tepasados en Egipto. Los judíos ricos hacían la cos-
ta de la salida de los judíos pobres, y usaban los
unos con los otros en aquella partida de mucha ca-
ridad; ansi que en ninguna manera se quisieron con-
vertir, salvo algunos , muy pocos , de los mas nece-
sitados. Comunmente entre los judíos, así simples
como letrados, en aquel tiempo, habían opinión y
creían todos, do quiera que habitaban, que ansí co-
mo con mano fuerte y brazo estendido y mucha
honra y riquezas. Dios por Moysen habia sacado el
otro pueblo de Israel de Egipto milagrosamente; que
así de estas partidas de Espina habían de volver
ellos y salir con mucha honra y riquezas, sin perder
nada de lo suyo á poseer la santa tierra de promi-
sión, la qual confesaban haber perdido por sus
grandes é abominables pecados, que contra Dios sus
antepasados habían fecho ; de lo qual en esta salida
todo á la contra de lo que esperaban les acaeció, co-
mo ellos negasen y enemigos do la verdad fuesen;
ca en la otra salida que salieron del cautiverio de
Egipto; por mandado de Nuestro Señor, que era su
valedor y los quería bien , en pago de los trabajos
é majamientos que los egipcios les habían dado é les
debían, les mandó robar á Egipto seguramente, é los
robaron cuando quisieron salir para ir al desierto,
donde Dios los mandó ; diciendo que habían de vol-
ver, demandaron prestadas joyas de oro, é plata, ó
seda, é paños, é otras cosas á los egipcios, qne les
prestaron, según dice el capítulo XII del Éxodo, y
estonce muy bien cupo, ca ellos eran buenos y hu-
mildes, y creían en Dios soberano y eterno, criador
del cielo y de la tierra ; los egipcios eran malos y
gentiles é idólatras, y ahora por la contra, los judíos
eran malos y descreídos , é idólatras , y no fijos de
Israel , salvo fijos de Canaám , y de perdición , y los
christianos son buenos é fijos de Dios, de ley de ben-
dición y de obediencia, é pueblo de Dios , é fijos de
seis mil casados, esto se entiende con Cataluña y Va-
lencia, en que habia masde ciento y sesenta mil áni-
mas, al tiempo que el Rey y la Reyna dieron la sen-
tencia que los que no quisiesen ser christianos que
fuesen desterrados de España para siempre. En el
tiempo del edicto de los seis meses vendieron é mal-
barataron cuanto pudieron de sus haciendas, é apa-
rejaron su viaje los chicos y los grandes, mostran-
do grande esfuerzo y esperanza de haber próspera
salida é cosas divinas, y en todo ovieron siniestras
venturas ; ca ovieron los christianos sus faciendas
muy muchas, é muy ricas casas y heredamientos por
pocos dineros, y andaban rogando con ellas , y no
habia quien se las comprase , é daban una casa por
un asno , y una viña por un poco paño ó lienzo, por-
que no podían sacar oro ni plata ; empero es verdad
que sacaron infinito oro é plata escondidamente , y
en especial muchos [cruzados é ducados abollados
con los dientes , que los tragaban é sacaban en los
vientres, ó en los pasos donde habían de ser busca-
dos , ó en los puertos de la tierra é de la mar , y en
especial las mujeres tragaban mas, cá á persona
le acontecía tragar treinta ducados de una vez.
CAPÍTULO CXL
De como salieron é por donde los jadíos de Castilla.
En el plazo de los seis meses vendieron é malba-
rataron los judíos lo que pudieron de sus haciendas,
é casaron todos los mozos é mozas que eran de doce
años arriba, unos con otros, porque todas las hem-
bras de esta edad arriba fuesen á sombra é compa-
ñía de marido ; é comenzaron á salir de Castilla los
primeros en la primera semana del mes de Julio,
año del Nacimiento de nuestro Redemptor Jesu-
christo de 1492 años. Salieron de Castilla é entraron
en Portugal con consentimiento del Rey Don Juan
los siguientes; salieron por Benavente, tres mil
ánimas y mas, que entraron en Portugal por Ber-
ganza ; salieron por Zamora treinta mil ánimas á
Miranda, que entraron en Portugal; salieron por
Gudad-Rodrigo á Villar treinta y cinco mil áni-
mas, y salieron por Miranda de Alcántara á Ma-
man, quince mil; salieron por Badajoz á Helves
diez mil ánimas. De los que estaban en frontera de
Navarra , metiéronse en Navarra dos mil ánimas.
De los que moraban en frontera de Vizcaya, entra-
ron por Laredo en la mar , é de los de Medina de
Pumar é su tierra trescientas casas ; y entraron por
Cádiz en la mar ocho mil casas de los del Andalu-
cía; é de los del Maestradgo de Santiago. Otros mu-
DON FERNANDO
chos fueron por Cartajena é por los puertos de Ara-
gón y de aquellas comarcas, é otros fueron á em-
barcar por los puertos de Aragón é sus confines.
Los de los reynos de Aragón é Cataluña embarca-
ron por los puertos de Cataluña ó Aragón , é entra-
ron por la mar, y muchos de ellos entraron en la
Italia, é otros á tierra de moros al reyno de Túnez é
Tremecen é otros reynos, donde su ventura los echa-
ba. Estos fueron los de los reynos de Aragón é de
Cataluña, é los de Castilla, que embarcaron por los
puertos de Cartajena é confines del reyno de Valen-
cia, de los quales los mas ovieron siniestras fortu-
nas, robos é muertes en la mar y en la tierra por
donde iban y arribaban, ansí de los christianos como
de los moros.
CAPÍTULO CXII.
De como los moros vivían en España , y de sus riquezas é oficios,
é de la fortuna que llevaban.
Volviendo á contar de los otros judíos que embar-
caron en el Puerto de Santa María é en Cádiz, é de
los siniestros é fortunas que acontecieron á los unos
é á los otros en este destierro , digo : que estos ju-
díos de Castilla, en cuyo tiempo fué este edicto del
Rey y de la Reyna, estaban heredados en las mejo-
res ciudades, villas é lugares, é en las tierras mas
gruesas é mejores, y por la mayor parte moraban
en las tierras de los señoríos, é todos eran mercade-
res é vendedores, é arrendadores de alcabalas é ren-
tas de achaques, y hacedores de señores, tundidores,
sastres, zapateros, curtidores, zurradores, tejedores,
especieros, buhoneros, sederos, plateros, y de otros
semejantes oficios ; que ninguno rompía la tierra,
ni era labrador, ni carpintero , ni albañiles, sino to-
dos buscaban oficios holgados , é de modos de ga-
nar con poco trabajo ; eran gente muy sotil, y gente
que vivía comunmente de muchos logros y osuras
con los christianos, y en poco tiempo muchos po-
bres de ellos eran ricos. Eran entre sí muy caritati-
tivos los unos con los otros. Aunque pagaban sus
tributos á los señores y reyes de las tierras de don-
de vivían, nunca por ello venían en mucha necesi-
dad, porque los Concejos de ellos, que llamaban
Aljamas, suplían por los necesitados. Eran bien se-
ñores de lo suyo ; do quiera que vivían, había entre
ellos muy ricos hombres, que tenían muy grandes
riquezas y faciendas, que valían un cuento y dos
cuentos, y tres; personas de diez cuentos, donde
eran, así como Abraham Señor que arrendaba la
masa de Castilla, y otros que eran mercaderes, que
tenían gran suma de dineros ; y propuesta la gloria
de todo esto , y confiando en las vanas esperanzas
de su ceguedad, se metieron al trabajo del camino,
y salieron de las tierras de sus nacimientos, chicos ó
grandes , viejos é niños , á pié y caballeros en asnos
y otras bestias, y en carretas, y continuaron sus
viajes cada uno á los puertos que habían de ir ; é
iban por los caminos y campos por donde iban con
muchos trabajos y fortunas, unos cayendo, otros
levantando, otros moliendo, otros naciendo , otros
É DOÑA ISABEL. 655
enfermando, que no había chrístiano que no oviese
dolor de ellos, y siempre por do iban los convidaban
al baptísmo, y algunos con la cuita se convertían é
quedaban, pero muy pocos, y los Rabies los iban
esforzando, y facían cantar á las mujeres y mance-
bos, y tañer panderos y adufes para alegrar la gen-
te, y así salieron fuera de Castilla y llegaron á los
puertos, donde embarcaron los unos, y los otros á
Portugal.
Los que fueron á embarcar por el Puerto de San-
ta María é Cádiz, ansí como vieron la mar, daban
muy grandes gritos é voces, hombres é mujeres,
grandes y chicos, en sus oraciones demandando á
Dios misericordia, y pensaban ver algunas maravi-
llas de Dios y que se les había de abrir camino por
la mar, y desque estuvieron allí muchos días, y no
vieron sobre sí sino mucha fortuna, algunos no qui-
sieran ser nacidos ; é ovieron de embarcar en vein-
te y cinco navios é naos, en que iban siete naos do
gavia, é fué por Capitán Pero Cabrón, é tomaron la
vía de Oran , donde estaba en el puerto el corsario
Fragoso con su armada, y viendo esto, enviaron un
Rabí, que allí llevaban, ansí como por caudillo ma-
yor de los judíos entre sí, que llamaban Rabí Leví,
y llegando al Fragoso en la barca, le contó el hecho
de su embaxada, y le prometió diez mil ducados
porque no les ficiese mal, y les dejase allí desem-
barcar, con esto el corsario se aseguró, é volvió el
Rabí á la flota y al capitán Pero Cabrón. En tanto
anocheció, é habido su consejo, dieron la vuelta
para Arcilla, é ovieron fortuna, é fueron los diez y
siete navios á parar al puerto de Cartajena, donde
salieron ciento y cinqüenta ánimas demandando
bastimento, é se lo dieron, é se volvieron en Casti-
lla hechos christianos ; é dende la flota volvió á Má-
laga, donde asimismo demandaron baptísmo qua-
trocientas personas, hombres y mujeres , é los saca-
ron de los navios é fueron baptizados, é se volvie-
ron en Castilla ; todos los otros llevaron fasta Arci-
lla é allí los echaron á tierra, é dende se fueron
áFez.
CAPÍTULO CXIII.
De lo que fué de los judíos que entraron en Portugal.
Los judíos que entraron en Portugal dieron al
Rey Don Juan á cruzado por cabeza, porque los de-
jaso estar ende seis meses , é cumplido el plazo em-
barcaron en el puerto de Portugal, y salieron en el
mes de Marzo de 1493 para ir en África al reyno do
Fez, y quedaron en Portugal seiscientas casas da
los mas ricos, por cierto tiempo, dando al Rey á
cien cruzados por casa , é quedaron otras cien ca-
sas , que dieron á ocho cruzados por cabeza de cada
persona, de las que en ella había ; é esto ficieron ó
dilataron fasta saber cómo iba á los demás que sa
partían ; y porque ya sabían la mala andanza de los
que primero habían embarcado, y quedaron mas de
mil ánimas cautivas en poder del Rey, porque no
pagaron los cruzados de los derechos de la entrada.
Los maa de los navios , de la muchedumbre de ju~
654
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dios que embarcaron en Gibraltar, fueron á desem-
barcar en Arcilla, é de allí los llevaron por sus con-
ciertos en guarda ciertas capitanías de moros , por
sus dineros, á Fez, por mandado del Rey de Fez,
donde en el viaje eran robados por diversas mane-
ras, é les tomaban las mozas, é las mujeres, ó los
lios de la hacienda, é echábanse con las mujeres á
vista de sus padres é de sus maridos, faciéndoles
mil plagas é mil desventuras; de manera que tam-
bién los que estaban en Fez , puesto caso que tam-
bién allá habia muchos judíos moriscos, también
eran muy mal tratados , y estaban desesperados ; y
sabido esto por los que iban, unos y otros no facían
(sino desembarcar, y estarse en el campo allí en Ar-
cilla, como quien está en feria, donde se allegó un
gran real de gente ; é estando allí aquella muche-
dumbre, habían su consejo, é muchos se venían á la
villa y se hacían baptizar ; é muchos se volvían de
Fez, viendo la mala andanza de allá, de donde los
del real sabían como los trataban. Allí, habido bu
acuerdo, se ficieron dos partes, la una se fué su vía
por el reino de Fez, la otra parte demandaron al
Conde de Borva, que estaba por Capitán general
en Arcilla, que por amor de Jesuchristo, en el qual
ellos creían, que los ficíese baptizar, é los ficiese
volver á España ; el qual los recibió é fizo mucha ca-
ridad ; y los clérigos los baptizaban echándoles agua
con un hisopo por encima, que eran muchos, lo
qual después acá supimos los curas y los clérigos
por donde vinieron, los quales despedidos de Arci-
lla por todo el año de 1493 , desque comenzaron á
dar vuelta á Castilla, fasta el año de 1496, no cesa-
ron de pasar de allende acá en Castilla á volverse
christianos. Aquí en este lugar de los Palacios, apor-
taron cien ánimas , que yo baptizé , en que habia
algunos Rabíes , que traian por escudo de lo que
habían leído una autoridad del capítulo X de Isaías :
« Aperiam in montibus flumina , et in mediis campis
fontes disrumpam, et terram sitientcm sine aquas
confundam. Ecce puer meus exaltabitur , et elevahi-
tur et suUimis erit valde. Haurietis aquas in gaudiis
defontibus Salvatoris, et dicetis in illa die , confite-
<mini Domino , et invócate nomen ejus, cántate Domino
quoniam magnijicefecit, anunciate hoc in universam
terram^ etc.y> Que quiere decir: «Abriré rics en mon-
otes , en medio de los campos abriré, romperé fuen-
3)tes, y confundiré la tierra sedienta sin agua. Hé
3>ahí mi niño será ensalzado é levantado será muy
Dalto ; sacareis agua con gozo de las fuentes del
«Salvador , y diréis en aquel día confesaos al Señor,
))invocad su nombre, dad á conocer á los pueblos
))8U8 invenciones, recordadvos cá ensalzado es su
3)nombre, cantad al Señor, cá maravillas fizo, anun-
3)ciad esto en toda la tierra.» Esta y otras muchas
profecías del advenimiento, encarnación, nacimien-
to y pasión y resurrección de Nuestro Señor Jesu-
christo , venían confesando en hebraico , ser verda-
dero y haberse cumplido en el advenimiento de
Nuestro Señor Jesuchristo , el qual confesaban que
verdaderamente creían ser el verdadero Mesías, del
fjnal decían, que habían estado ignorantes por im-
pedimento de sus antepasados, que les habían deja-
do, so pena de descomunión, que no leyesen ni oye-
sen las EscTÍpturas de los christianos.
Todos cuantos judíos pasaron al reyno de Fez
que volvieron por aquí, venían desnudos, descalzos
y llenos de piojos, muertos de hambre é muy mal
aventurados, que era dolor de los ver, y esto fué
dentro en pocos días, porque viendo el Rey, des-
pués de habellos recojído aquella gente en Fez,
que era perdición suya, y que era gente robada 'y
pobre, de quien él no podía haber provecho, díóles
licencia que se volviesen ó fuesen do quisiesen , é
con esto hubo lugar á que muchos de los de Fez,
así hombres como mujeres, se volvieron en Casti-
lla, y venían todos como dicho es; y por los cami-
nos por donde venían desde Fez á Malzalquívir, ó
dende á Arcilla, saheron los moros y los desnuda-
ban en cueros vivos, y se echaban con las mujeres
por fuerza, y mataban los hombres, y los abrían
por medio , buscándoles el oro en el vientre, porque
supieron que lo tragaban ; é á ellos é á ellas aparta-
ban del camino , y les hacían abrir las bocas para
que les diesen el oro, metiéndoles así mesmo las
manos abajo para esto mismo ; y después de haber
padecido tantos males, viéndose libres acá, daban
gracias á Dios porque los había sacado de entre ta-
les bestias , y traídolos á tierra de gentes de razón
y aun las mujeres confesaban cosas muy feas quo
aquellos brutos animales moros alarbes con ellas
cometian, y con muchachos, que no conviene escri-
birlas; ved qué desventuras, qué deshonras, qué
plagas, qué mancillas, qué majamientos vinieron
en esta generación por el pecado de la incredulidad,
y porfiada y vana afección que tomaron de nogar al
Salvador y verdadero Mesías suyo, que es Nuestro
Señor y Redemptor Jesuchristo , el qual siempre lea
tuvo los brazos abiertos para los recibir, y nunca
de grado quisieron , fasta que por fuerza ovieron
de venir, por las plagas ya dichas, y aquí pareco
que se cumphó la profecía, que dice David en el
Psalmo: Convertentur advesperam, et famem palien-
tur ut canes, et circundabunt civitatem; que quiere
decir : «Convertirse han en la tarde, y habrán ham-
))bre como perros, y andarán cercando la ciudad» ;
así estos fueron convertidos muy tarde por fuerza
é por muchas penas, como dicho es. É como vieron
que continuamente se venían á ser christianos cuan-
tos podían , mandó el Rey poner guardas que non
dejasen venir mas de los que ya eran venidos, y si
licencia tuvieran para se volver, ó dineros para se
libertar, de cuantos jxidíos de Castilla Centraron en
el reyno de Fez, no quedara allí ninguno que no se
viniese á ser christiano. De las setecientas casas
que entraron en Portugal , algunos se embarcaron
para Italia, y otros para tierra del Turco, é muchos
se convirtieron é bautizaron é volvieron en Castilla
á sus mesnias tierras. Debéis saber, que estos ju-
díos, que en España habitaban, no todos venían de
el derramamiento de la destrucción de Jerusalen,
que fué quarenta años después do la pasión de
nuestro Redemptor, que antes de aquellos había ju-
Don Fernando
áío9 en España, especialmente en Toledo, los qua-
les, eegun contaban algunos judíos de estos é algu-
nos de los confesos que venían de aquellos , vinie-
ron en el tiempo que Koma sefioreaba la mayor
parte del mundo, é señoreaba á Jerusalen é á Espa-
ña; é otros decían, que quando Roma pobló á Tole-
do é á Segovia ; é que los libros de memorias de
esto , fueron quemados en el robo de la judería en
tiempo de Fr. Vicente , en el qual tiempo se halla-
ban en Castilla cien mil casados é aun mas; porque
seria prolijo y sin provecho escribir mas de estos
judíos, no quiero aquí mas de ellos escribir, salvo
que en Fez el nuevo hicieron una muy gran judería
de casas de paja , los que allí asentaron , y un dia
no supieron cómo, se encendió la villa de muy gran
fuego, que quemó mas de dos mil casas, con todas
las haciendas y alhajas que en ellas estaban é con
muchas librerías de su hebraico , é ovieron que ha-
cer en poner las personas en salvo , y con todo eso
se quemaron , que murieron luego diez y ocho per-
sonas é quedaron muchos quemados vivos , que se
escaparon huyendo, de lo qual murieron después
mas de ochenta personas, y después dio pestilencia
en la judería que de acá fué, que en muy pocos días
murieron de ellos mas de quatro mil personas do
pestilencia , y de cámaras mas de dos mil.
CAPÍTULO CXIV.
De los judíos de la ciudad de Fez.
Podéis saber, que en el reino de Fez , y en la ciu-
dad mesma ovo anexamente muchos judíos, así
como acá en España , ca se hallaban mas de cien
mil vecinos, é también fueron robados é muertos
no ha muchos años, como en Castilla, todos en un
tiempo. Ovo un judío, que llamaron Aaron, sabio
muy sotil , que privaba mucho en demasiada mane-
ra con el Rey de Fez, en manera, que él rejia y
mandaba en el reyno quanto él quería, de lo qual
los moros eran muy mal contentos , los que algo va-
lían, é alborotaron el común contra el Rey y contra
los judíos, y levantóse el común de Fez, y mataron
al Rey y al privado Aaron, é dende entraron en las
juderías, donde había en la ciudad mas de dos mil
casas, y metiéronlas á espada, y mataron é robarpn
y no dejaron mas de los que decian que querían ser
moros , é ansí ficieron en todas aquellas comarcas,
é ficieron Rey en Fez ; y en su tiempo aquellos tor-
nadizos judíos no tenian mas ley de Mahomad, que
de antes , como hacían acá los malos conversos so-
bre quien vino la Inquisición, é ovo quien dijo al
Rey como aquellos judíos habían sido moros por
fuerza, y que proveyese sobre ellos, á ver si eran
moros 6 no , é el Rey mandó salir al campo todos
los judíos moros tornadizos que habia en Fez, é
mandó que los que quisiesen ser judíos quedasen, y
los que quisiesen quedar moros por su grado, que lo
quedasen é que fuesen libres como los otros moros,
é los que quedasen judíos, que fuesen sujetos á
ciertas leyes é condición que les puso , que no cal-
casen zapatos, salvo alpargatas de esparto, que
É DO^A fSÁBEt. 655
no cabalguen en caballo ensillado , y que nunca ca-
balguen en la ciudad, salvo que todos andan, é an-
den á pié, que no tomen ni traigan armas, que los
hombres nunca vistan albornoces, nin toquen to-
cas, salvo todo negro ; que las mujeres judías non
traigan caragueles, nin la cara tapada, nin trajesen
tocas moradas, nin vistiesen almejía; y sobre todo
ficieron otras muchas ordenanzas en perjuicio de
los judíos. B estando en el campo mandaron que so
apartasen los judíos, y los moros que quedasen par
de ellos á otra parte , é ellos temieron que lo que-
rían facer por matarlos, que dijesen que querían ser
judíos, y no quedaron sino muy pocos judíos, todos
los mas quedaron moros tornadizos, y de estos que-
dó la ciudad y toda la tierra llenas , de donde ahora
hay infinitos de ellos, y después acá se han liberta-
do y tornado á ser judíos muy muchos de ellos, que
hay de aquel metal , dando al Rey una pieza de oro,
é les da licencia que sean judíos ; así lo acostum-
bran é hacen aun ahora.
CAPÍTULO CXV.
De como el Rey Don Fernando demandó á Perpiáan.
Quando el Rey Don Fernando estaba sobre Gra-
nada envió embajadores al Rey Carlos de Valois, de
Francia , demandándole á Perpiñan é el condado de
Rosellon, el qual se lo prometió, que en alzando de
sobre Granada se lo daría , dándole la suma del di-
nero que sobre ello se le debía hizo esta esperanza.
Después de ganada Granada é puesta en concierto,
partió el Rey de Córdoba con la Reyna é Príncipe,
é toda la corte para Barcelona y fueron á Zaragoza,
donde estuvieron algunos días, y dende á Barcelo-
na, en el agosto del año de 1492, E estando allí vi-
nieron los embaxadores del Rey de Francia con el
concierto de le entregar á Perpiñan, á los quales
dio el Rey Don Fernando muy grandes dádivas do
oro, plata, caballos é joyas, con que se volvieron
en Francia, é vueltos, el Rey Carlos habia mudado
propósito , é dilató la data de Perpiñan, é ovo mu-
cha dilación ; é el Rey Don Fernando ovo mucha
turbación de ello, é ovo algunos desconciertos en-
tre los fronteros de ambas partes , é el Rey Don
Femando comenzó de demandar por vía del Papa
su condado, y el Papa, vista la justicia, mandó al
Rey de Francia que le diese lo suyo á su dueño , y
en esto se dilató un año , que no lo quiso entregar,
y por ventura no lo entregara, si la muerte del Rey
Don Fernando de Ñapóles no interviniera en ello;
lo qual intervino de esta manera ; que por cobdicia
de tomar é señorear el reino de Ñápeles , y porque
eabia que le habían de conquistar á Perpiñan mien-
tras él ausente, lo quiso entregar, como adelante fie
seguirá, por ir maa seguro sobre Ñapóles.
CAPÍTULO CXVI.
De la cachillada que un mal hombre dio al Rey Don Fernando,
Estando el Rey Don Fernando allí en la ciudad
de Barcelona, esperando de recobrar á Perpiñan.
656
CRÓNICAS Í)E LOS REYES DE CASTILLA.
con su condado do Éosellon, por trato de los emba-
xadores, el diablo envidioso de los santos misterios
y cosas que nuestro Señor Labia fecho y mostrado
por este muy noble Rey, envidioso y pesante de to-
das sus cosas, honras y prosperidades, puso en co-
razón de un maligno y dañado hombre que lo ovie-
ee de matar, y acaeció, que estando el Rey un Vier-
nes, vigilia de la Concepción de la Vírjen nuestra
Beñora, siete dias del mes de Diciembre del dicho
año de 1492 años, en la casa del judgado, asentado
en juicio, juzgando y oyendo el pueblo, en lo qual
había estado desde las ocho horas hasta las doce, é
desque se levantó del juicio, descendió por unas
gradas abajo fasta una plaza, qué dicen « Plaza del
Bey», con muchos caballeros y ciudadanos con él,
los quales todos cada uno se fué á cabalgar en sus
caballos é muías, y el Rey se paró en lo mas cerca
de las gradas abajo cerca del suelo, á [departir con
su tesorero, y allegóse cerca de él, por detras, aquel
dañado y traidor hombre, y así como el Rey acabó
de departir con el tesorero, abajó un paso para ca-
balgar en su muía, y él que tendía el paso, y el
traidor que tiraba el golpe con un alfanje ó espada,
cortanchano, de fasta tres palmos, y quiso Nuestro
Señor milagrosamente guardarlo , que si le diera
antes que se mudara, partiérale por medio la cabe-
za hasta los hombros, y como se mudó, alcanzólo
con la punta de aquel mucron una cuchillada, desde
encima de la cabeza por cerca de la oreja, el pes-
cuezo ayuso, fasta los hombros. Y como el Rey se
sintió é vido herido, púsose las manos en la cabeza
é dijo : «Santa María, val» ; y comenzó do mirar á
todos, y de decir: «¡Oh qué traición! ¡oh qué trai-
ción!» que pensó que era ordenada allí entre mu-
chos traición contra él, y mirando á todos, no vido
ir ninguno contra sí ; mas vido un mozo de espue-
las Sauzedo, que este era su nombre , é un su trin-
chante, llamado Ferrol, que daban de puñaladas
allí al traidor, y otros allí tomándolo y teniéndolo,
los quales le impidieron de manera que él no le pu-
do dar al Rey mas de un golpe ; y estonce el Rey di-
jo: «No muera ese hombre», y así quedó, que no lo
mataron, herido de ciertas puñaladas, y lleváronlo
preso, y metiéronlo al Rey en su palacio á curar, y
el traidor curáronle también por estonce. ¡ Oh áni-
ma! advierte quién podrá contar V turbación y llo-
ro, la grita que ovo en la ciudad, diciendo : «Trai-
ción, traición, mataron al Rey, muerto es el Rey.»
Armáronse los cortesanos y armáronse los de la ciu-
dad en favor del Rey, y andaban por las calles de
la ciudad todos á una parte y á otra, corriendo, to-
dos espantados, llorando á muy grandes gritos y
tristezas, así hombres como mujeres, que no se vian
los unos á los otros por toda la ciudad ; y en este
caso muchas eran las opiniones , unos decían :
((Francés es el traidor»; otros decían: «Navarro es
el traidor» ; otros decían : «No es sino castellano» ;
otros decían : «Catalán es el traidor»; y nuestro Se-
ñor no quiso dar lugar milagrosamente que murie-
/sen gentes, que maravilla fué no perderse la ciu-
dpd , según que so decían las naciones, y estando
ellos ofuscados con esto, salió otro sonido por toda
la ciudad, « vivo es el Rey, vivo es el Rey », y el Rey,
como fué curado, envió á decir por toda la ciudad,
que supiesen que era vivo y sin peligro, que diesen
gracias á Dios é oviesen placer ; ó estaban en derre-
dor del palacio del, donde lo curaban , y por todas
las plazas y calles muy gran multitud de gente ar-
mada, y todos decían, que querian ver al Rey si era
vivo, y el Rey se asomó á una ventana , donde lo
vieron, y les f abló y dijo, que se fuesen en buen
hora á sus posadas. Aquí podréis sentir , qué turba-
ción habrían la Reyna, el Príncipe, la Infanta , las
señoras continuas de la corte, las damas, los seño-
res del Consejo , todos los de casa del Rey y de la
Reyna, todos fueron en muy gran sobresalto, y en
muy gran turbación y temor, y pensaban que la
traición era de la ciudad, hecha pensada, y que to-
da la ciudad era contra ellos , y apercibieron luego
las galeras para se meter luego dentro ; el Rey en-
vió á los confortar diciendo , que creyeran con la
ayuda de Dios ser sin peligro, que no se turbasen.
El traidor dañado pareció ser catalán y loco imají-
nativo y malicioso, y muy mal hombre á natura, y
de muy mal gesto y figura, y por eso halló el diablo
en él morada, y confesó que había envidiado al Rey
por sus buenas venturas ; y confesó, que el diablo le
decía cada día á las orejas, «mata á este Rey, y tú
serás Rey, que este te tiene lo tuyo por fuerza»: y
en esta manera todas las naciones de gentes que ha-
bía en Barcelona fueron claramente limpias sin cul-
pas. La ciudad de Barcelona y los caballeros y cón-
sules fueron en muy gran tristeza, y mostraron mu-
cho sentimiento por haber acaecido un caso como en
ella y por manos de catalan,'y mostraron su lealtad
y limpieza muy cumplida y abundantemente.
El Rey llegó á ser en gran peligro de la herida,
y tomaba tanta paciencia, que decía, que él atribuía
aquella pena serle dada por sus pecados.
El traidor fué condenado por la justicia de la
ciudad á muy cruelísima muerte ; fué puesto en un
carro y traído por toda la ciudad, y primeramente
le cortaron la mano con que le dio al Rey, y luego
con tenazas de hierro ardiendo le sacaron una teta,
y después le sacaron un ojo, y después le cortaron
la fttra mano, y luego le sacaron el otro ojo, y lue-
go la otra teta, y luego las narices, y todo el cuer-
po le abocadaron los herreros con tenazas ardiendo,
é fuéronle cortando los pies , y después que todofl
los miembros le fueron cortados, sacáronle el cora-
zón por las espaldas y echáronlo fuera de la ciudad,
lo apedrearon, é lo quemaron en fuego é aventaron
la ceniza al viento : llamábase este traidor Juan do
Cañamas.
El Rey fué bien curado, y en su fatiga é trabajo
visitado de todos los Reyes sus amigos, y del Rey
de Francia, que enviaron á él sus nuncios á lo ver
y visitar en tan terrible y espantoso caso ; é sanó
después de haber sacado huesos é de haber recibido
muchas penas, é mientras que estuvo malo no se
negoció ninguna cosa de Perpifian, empero uo cesQ
la demanda.
t)ON FERNANDO
CAPÍTULO CXVII.
De la mnerte del Rey de Ñapóles y entrega de Perpifian.
Andando en los tratos de Perpifian y cosas del
Bosellon , en el año de 1493, entre el Rey Don Fer-
nando y el Rey de Francia, murió el Rey mny fa-
moso y honrado Don Fernando de Ñápeles, fijo del
muy famoso ínclito Rey Don Alonso de Aragón, y
sucedió su fijo Don Alonso , Duque de Calabria el
Garzo, que llamaban, fijo de su primera mujer, el
qual era muy mal quisto en bu tierra é en todo el
reyno de Ñapóles, é comenzó de reynar en Ñapóles,
é el Rey de Francia tenia muy gran cobdicia jde el
reyno de Ñapóles, porque le decian que le pertene-
cía de antiguo, y por poderlo ir á tomar mas dea-
empachadamente, deliberó de entregar á Perpifian»
finjiendo que lo hacía por descargar el ánima de su
padre, y antes que entrase fizo su paz , amistad y
hermandad, sobre lo qual ficieron é firmaron cierta
capitulación, y prometieron de ser amigos y herma-
nos, amigos de amigos , y enemigos de enemigos,
ealvo que si el Rey de Francia fuese contra la Igle-
sia, que estonce no fuese el Rey Don Fernando obe-
decido á la capitulación. Fecho esto concierto , el
Rey Don Fernando envió la suma de dinero del des-
empeño al Rey de Francia, y entrególe á Perpifian
y laa otras fortalezas del condado, y fizo presente
de toda la suma del dinero á la Reyna Doña Isabel,
para ayuda á los gastos fechos en las guerras de los
moros, por mostrar magnificencia y grandeza ; otros
dijeron, que lo había fecho, porque mas que aquello
ee debía de las rentas corridas, y por descargo del
ánima de su padre, que había fecho y fizo muchos
dafios en aquel condado de Rosellon, que destruyó,
cuando se rebeló Perpifian, y en muchas villas y lu-
gares que destruyó totalmente, que nunca jamas
después acá se poblaron ; é también el Papa, ante
quien el Rey Don Fernando la demandaba, le man-
dó, so pena de excomunión, que diese lo suyo á su
dueño. El día de Nuestra Sefiora de Setiembres e en-
tregó Perpifian, y luego partieron para alia el Rey,
y la Reyna y el Príncipe y corte desde Barcelona, y
ficieron por ello muchas alegrías , y dio el Rey á los
franceses muchas dádivas y joyas de oro é plata,
con que se fueron á su tierra é le dejaron sus for-
talezas d«l condado de Rosellon ; así vieron sus ojos
lo que deseaban, y cobró aquellas fortalezas y ciu-
dad, en cabo de mas de treinta años que habia que
estaban empeñadas y en poder del Rey de Francia.
CAPÍTULO CXVIII.
De como faeron descubiertas las Indias.
En el nombre de Dios Todo-poderoso, ovo tin
hombre de tierra de Genova , mercader de libros de
estampa, que trataba en esta tierra de Andalucía,
que llamaban Chrístobal Colon, hombre de muy al-
to injenio, sin saber muchas letras, muy diestro de
la arte de la Cosmographía, é del repartir del mun-
do, el qual sintíé, por lo que en Ptolomeo leyó, y
Cr.~III.
É DO^A ISABEL. éti
por otros libros y su delgadez, cómo y en qué ma-
nera el mundo este en que nacemos y andamos está
fijo entre la esfera de los cielos, que no llega por
ninguna parte á los cielos, ni á otra cosa de firmeza
á que se arrime ; salvo tierra é agua , abrazadas en
redondez, entre la vaguidad de los cielos ; y sintió
por qué vía se hallaba tierra de mucho oro ; y sintió
como este mundo y firmamento de tierra y agua
es todo andable en derredor por tierra y por agua,
según cuenta Juan de Mandavilla; quien tuviese
tales navios, y á quien quisiese guardar por mar y
por tierra por cierto él podía ir y trasponer por el Po-
niente, de en derecho de San Vicente, y volver por
Jerusalen, y en Roma y en Sevilla, que seria cercar
toda la tierra y redondez del mundo, é hizo su in-
jenio un mapa-mundi, y estudió mucho en ello, y
sintió que por qualquier parte del mar Océano, an-
dando y travesando no se podía errar tierra, y sin-
tió porque vído se f allaria tierra de mucho oro ; y
leto de su imajinacion , sabiendo que al Rey Don
Juan de Portugal api acia mucho el descubrir, él le
fué á convidar, y recontado el fecho de su imagina-
ción, no le fué dado crédito , porque el Rey de Por-
tugal tenía muy altos y bien fundados marineros,
que no lo estimaron, y presumían en el mundo no
haber otros mayores descubridores que ellos. Asi
que Chrístobal Colon se vino á la corte del Rey
Don Fernando y de la Reyna Doña Isabel , y les
hizo relación de su imajinacion, á la qual tampoco
no daban mucho crédito, y él les platicó y dijo ser
cierto lo que les decía, y les ensefió el mapa-mundi,
de manera que les puso en deseo de saber de aque-
llas tierras ; y dejado á él, llamaron hombres sabios
astrólogos, y á astrónomos, y hombres de la corte
sabidores de la cosmographía, de quien se informa-
ron, y la opinión de los mas de ellos, oida la plática
de Chrístobal Colon, fué que decía verdad, de mane-
ra que el Rey y la Reyna se afirmaron á él, y le man-
daron dar tres navios en Sevilla, bastecidos, por el
tiempo que él pidió, de gente é vituallas, y lo envia-
ron en el nombre de Dios nuestro Señor é de nuestra
Señora, á descubrir; el qual partió de Palos en el mes
de Setiembre de 1492, é tomó su viaje por el mar, ade-
lantando á las islas de Cabo-verde, y dende siempre
al Occidente, siempre en popa hacía donde nos ve-
mos poner el sol en el mes de Marzo, por donde
todos los marinos creían ser imposible hallar tierra,
y muchas veces los reyes de Portugal enviaron por
aquella vía á descubrir tierras , pues la opinión de
muchos era, que por aquella vía se habían de hallar
tierras muy ricas do oro, y nunca pudieron fallar
ni descubrir tierra alguna, siempre se volvían con
el trabajo perdido ; y la buena ventura del Rey y
de la Reyna, y su merecer , quiso Dios que en sus
días y tiempos se hallasen y descubriesen. Ellos
ansí, en uno de los navios iba de capitán Martin
Alonso Pinzón, vecino de Palos, gran marinero , é
hombre de buen consejo para la mar, y desde la isla
de Cabo-verde, fueron hacía donde era la creencia
de Colon, el capitán de la armada, é anduvieron
treinta y dos días, fasta que hallaron tierra ; y en loq
42
658
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
postreros días de esto, viendo que habían andado
laas de mil leguas y no se descubría, las opiniones
de los marineros eran muchas, que de ellos decian,
que ya no era razón de andar mas, que iban sin re-
medio perdidos, y que seria maravilla acertar á vol-
ver ; y de esta opinión eran los mas ; y Colon y los
otros capitanes, con dulces palabras, los convencie-
ron que anduviesen mas, y que fuesen ciertos, que
con la ayuda de Dios fallarían tierra. E Christobal
Colon miró al cielo un dia, y vido aves ir volando
muy altas, de una parte hacia otra, é mostrólas á
los compañeros, diciéndoles, buenas nuevas ; y de
allí á medio dia descubrieron tierra, y llegados á
ella perdieron el navio mayor de los tres que lleva-
ban, en la Española, que encalló en bajo, empero no
se perdió ningún hombre, y en la primera isla sa-
lieron, é Colon tomó posesión en forma por el Rey
y por la Reyna, con pendón y bandera estendida, y
púsole nombre la isla de San Salvador, y llámanla
los de ella Guanahani, y allí vieron como todas las
gentes de aquellas tierras andaban desnudas como
nacieron, ansí hombres como mujeres ; y allí, aun-
que huían de las gentes de acá, ovieron de llegar á
hablar con algunos de aquellos indios, é diéronles
de lo que llevaban, con que los aseguraron. E á la
segunda isla que halló, puso nombre Santa María,
á honra de Nuestra Señora.
A la tercera isla que halló , puso nombre Fernán-
dina, en memoria del Rey Don Fernando ; á la quar-
ta. isla que halló, puso el nombre la Isabela, en me-
moria de la Reyna Doña Isabel ; á la quinta isla que
halló, puso nombre Juana, en memoria del Principe
Don Juan, y así ácada isla de las que hallaron no-
minaron de nombre nuevo ; y esta isla Juana si-
guieron el costado de ella al Poniente, y halláronla
tan grande , que pensaron que seria tierra firme y
como no hallaron villas ni lugares en la costa de
la mar de ella, salvo pequeñas poblaciones con la
gente, de las quales no podían haber f abla, por que
luego huían como los vían, volvieron atrás á un se-
ñalado puerto, donde Christobal Colon envió dos
hombres la tierra á dentro para saber sí había Rey
ó grandes ciudadanos , los quales anduvieron tres
jornadas, é hallaron infinitas poblaciones de ma-
dera y paja , todas con gent A sin número , mas no
cosa de rejimiento , por lo qual se volvieron , é los
indios que ya tenían tomados dijeron por señas, quo
allá no era tierra firme , salvo isla ; é siguiendo la
costa de ella al Oriente fasta ciento y siete leguas,
donde le fallaron fin por aquel cabo, y desde allí
vieron otra isla al Oriente distante de estas diez y
ocho leguas, á la qual puso nombre Christobal Co-
lon, la Española, é fueron allá, y siguiendo la parte
del Septentrión, ansí como de la Juana, de la qual
todas las otras y esta, vieron ser hermosísimas á
maravilla, y esta Española mucho mas famosa que
todas las otras, que en ella hay muchos puertos de
mar muy singulares, sin comparación de buenos, y
los mejores que en tierra de christianos se pueden
hallar; y muchos ríos y grandes á maravilla; las tier-
ras de ella bou altas y en ellas hay muy altas sier-
ras y montañívs altísimas, hermosas y de mil hechu-
ras, todasandablesy llenas de árboles, demil hechu-
ras y naturas, muy altos, que parece llegan al cie-
lo, creo¡ que jamas pierden la hoja, según por ellos
parecía, que era en el tiempo cuando acá es ivierno,
que todos los árboles pierden la hoja, é allá estaban
todos como están acá en el mes de Mayo ; y de ellos
estaban floridos, y de ellos en sus frutos y granas;
y allí en aquellas arboledas cantaban el ruiseñor, y
otros pájaros en las mañanas en el mes de Noviem-
bre como hacen acá en Mayo ; allí hay palmas de
seis ó siete maneras, que es admiración verlas, por
la diversidad de ellas ; de las frutas , árboles yer-
bas que en ella hay es maravilla ; hay en ella pi-
nares, vegas y campiñas muy grandísimas ; los ár-
boles y frutas no son como los de acá; hay minas
de metales de oro, el qual no era estimado de ella
en su valor. Pareció á Christobal Colon, y á los de-
mas que con él fueron, que según la grosedad y
hermosura de las tierras, que serian de mucho pro-
vecho para labrar, plantar y criar mieses y ganados
de acá de España, y por tales las reputaron. Vieron
en esta isla Española muy grandes ríos y muy dul-
ces, y supieron que había mucho oro en ellos entre
las arenas. Vieron que los árboles montesinos no
parecían á los de acá. Vieron y supieron por los in-
dios, como en aquella isla había grandes minas do
fino oro, y de otros metales. Las gentes de éstas
islas y de las sobredichas andaban todas desnudas,
así hombres como mujeres como nacieron, tan sin
empacho, y tan sin vergüenza, como las gentes de
Castilla vestidas ; algunas mujeres traían cojido un
solo lugar abajo, con una hondilla de algodón y con
una cuerda de cintura por entre las piernas , que
cubrían no mas de lo bajo por honestidad. Otras
traían tapado aquello con una hoja de un árbol que
era larga y propia para ello. Otras traían una man-
tilla tejida con algodón recinchada, que cubría las
caderas, y fasta medio muslo, y creo que esto traían
cuando parían. Ellos no tenían hierro ni acero, ni
armas, ni cosa que de ello se hiciese, ni de otro nin-
gún metal, salvo de oro ; eran é son gente muy te-
merosa de la de acá , que de tres hombres con ar-
mas huían mil, y no tienen armas , sino de cañas, 6
de varas sin hierro , con alguna cosa aguda en el
cabo, que pueden á los hombres de acá empecer
muy poco ; y aunque aquellas armas tenían, no sa-
bían usar de ellas, ni de piedras , que es fuerte ar-
ma, porque el corazón para ello les faltaba. En el
dicho viaje aconteció á Christobal Colon enviar del
navio dos ó tres hombres á alguna villa para haber
habla con aquellas gentes, y salir á ellos gente sin
número, y después que los vian llegar cerca, huían
todos, y no quedar ninguno ; y después que se ase-
guraban algunos é perdían el miedo, eran muy man-
sos y muy alegres, y holgábanse mucho de platicar
con los de acá. Ellos eran todos gentes sin injenio y
BÍn malicia, liberales y de muy buena voluntad,
partiendo lo que tienen los unos con los otros, y
convidan con lo que tienen dándolo sin escasear,
los quales después de perdido el temor venían á los
DON FERNANDO
navios, mostraban á la gente de acá muy grande
amor y caridad, y por qualquier cosa que de los na-
vios les daban , daban ellos mucbas gracias y lo
recibian con mucha merced y como reliquia, y da-
ban ellos á los de acá cuanto tenian allí. Acaeció á
un marinero por una agujeta, haber un peso de dos
castellanos y medio de oro, y á otros, por cositas de
poco valor así mesmo, mucho mas, y por blancas
nuevas daban por uno dos pesos de oro de tres cas-
tellanos; é una aiToba, é dos de algodón, hiladO;
que tienen mucho en aquellas tierras. No conoció
Christobal Colon, ni los que con él en este viaje
fueron, la creencia ni seta de estas gentes, y al cie-
lo señalaban que creían que allí era la fuerza y
santidad toda, é pensaban é creían que aquella gen-
te con aquella armada que allí habia ido era salida
del cielo y que eran gente de otro mundo, y con aquel
acatamiento y reverencia los reverenciaban en todo
lugar, después de haber perdido el temor ; y esto no
por que ellos fuesen tan inocentes y de tan poco en-
tender, que es gente muy sutil y de muy agudo inje-
nio, y hombres que navegan en todas aquellas ma-
res, y es maravilla la cuenta que dan de todo, salvo
que nunca vieron gente vestida ni semejantes navios
ni los habian oído decir.
Luego como Christobal Colon llegó á las Indias
con su armada, en la primera isla tomó algunos in-
dios por fuerza para haber noticia de las cosas de
allá, y fué así que ora por señas ora por hablas, muy
presto se entendieron ios de los navios con ellos; y
estos aprovecharon mucho en el viaje; que por don-
de llegaban soltaban y enviaban algunos, y ellos
iban diciendo por la tierra á grandes voces: avenid,
venid á ver gente que vino del cielo», y los que
oían, desque se informaban bien de ello iban á de-
cirlo á otros por la tierra de lugar en lugar, y de
villa en villa, que viniesen á ver tan maravillosa
gente que venia del cielo, y así todos, hombres y
mujeres, venían á ver tan gran maravilla, y después
de haber perdido el miedo, y los corazones seguros
todos 86 llegaban sin temor á los hombres de acá de
la armada, y les traían de comer y beber maravillo-
samente, de lo que tenian ellos. Tenian en todas
aquellas islas unas naves con que navegaban, que
llaman canoas, que son y eran de longura de fustas
de ellas grandes, y de ellas chicas , salvo que son
angostas, por que no es cada una mas que de un
tronco de un árbol, y los facen con piedras de pe-
dernales muy agudas; y tales hay que son tamañas
como una fusta de ocho bancos, mas una fusta no
tendrá con ellas al remo, por que van tan recias
que no es de creer; y con estas canoas navegan las
gentes de aquellas islas todas aquellas mares por
allí, y tratan sue cosas unos con otros. Algunas
canoas habia en que cabían y navegaban sesenta
hombres, y otras habia mayores, en que cabían y
navegaban ochenta hombres; cada uno con su remo
en las manos, y en todas aquellas dichas islas no
vieron diversidad en la hechura y costumbres de
las gentes, ni en la lengua, salvo que todos eran
las gentes, las frentes y laa caras largas, las cabezas
É DOÑA ISABEL. é50
redondas, tan anchas de sien á sien, como de U
frente al colodrillo, los cabellos prietos corrientes,
de medíanos cuerpos, de color rojos, y blancos mas
que negros; todos parecia que se entendían y eran
de una misma lengua, que es cosa maravillosa on
tantas islas, no haber diversidad de lengua, y po-
díalo causar el navegar, que era señores de la mar,
y por eso en las islas Canarias no se entendían por
que no tenian con que navegar, y en cada isla habia
una lengua. Ya dije como Colon habia andado en
derredor de la isla á que puso nombre Juana, con
su navio ciento y siete leguas por la costa de la
mar, por derecha línea, por lo qual dijo que le pa-
recia ser mayor isla que Inglaterra y Escocia jun-
tas. De la parte del Poniente de la isla Juana que-
daron dos provincias que Colon no anduvo, á la una
llaman los indios Naan, donde dicen que nacen lo9
hombres con la cola, empero yo no creo que sea allí,
según se señala en el mapa-mundi, en lo que yo he
leído, y si es allí, no tardará mucho en se ver, con
la ayuda de Dios; las quales islas y provincias, se-
gún los indios decían, podían tener cinqüenta ó se-
senta leguas cada una de longura.
La isla Española, á quien los indios llaman HaiH,
es entre las otras ya dichas ansí como oro entre
plata; es muy grande, é muy fermosa, de árboles de
ríos, de montes de campos, es de muy fermosos
mares é puertos; tiene un circuito mas que toda
España desde Colibre, que es en Cataluña, cerca de
Pefpiñan, por la costa del mar de España en derre-
dor de Granada, y Portugal y Galicia, é Vizcaya fas-
ta Fuenterrabía, que es en cabo de Vizcaya; é ellos
anduvieron ciento y ochenta y ocho leguas en qua-
dro por derecha línea de Occidente á Oriente, y por
aquí pareció bu grandeza de esta Española, que es
muy grande, y está en lugar mas convenible y me-
jor comarca para las minas del oro y para todo tra-
to, así de la tierra firme de acá, como de la tierra
firme de allá. Tomó asiento Christobal Colon allí en
la Española, Haití llamada por loa indios, en una
villa á la qual puso nombre la villa de la Navidad^
y dejó allí quarenta hombres con artillería é armas
é vituallas, comenzando á hacer una fortaleza, y
dejó maestros para la facer, y dejóles que comiesen
fasta cierto tiempo, y dejó allí hombres de los que
llevó especiales y de buen saber y entender para
todo, y fué forzoso, según pareció, dejarlos, por que
como se perdió el un navio, no habia en qué vinie-
sen, y esto se calló acá y se dijo que no quedaban
sino por comienzo de pobladores; y puso su amistad
Colon con un Rey de aquella comarca, donde dej6
la gente, y otorgáronse muchos por amigos como
hermanos, y encomendóle Colon aquellos hombres
que allá dejaba. La nao se perdió en la Española
cerca de donde dejó aquellos quarenta hombres.
Hay allí en la entrada de las Indias ciertas islas,
que llaman los indios de las islas ya dichas Caribes,
que son pobladas de unas gentes que estos tienen
por muy f er'Vies, y han de ellos gran temor, por que
comen carne humana; estos tienen muchas canoas
con las quales corren todas aquellas islas comarca-
660
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ñas y roban cuanto pueden y fallan, y llevan pre-
sos los hombres y mujeres que pueden, y mátanlos
y Gómenlos, lo qual es cosa de muy grande admi-
ración y espanto. Ellos no son mas disformes que
los otros, salvo que tienen esta mala costumbre, y
son gente mas esforzada, y tienen muchas armas,
que usan flechas é arcos de cañas, y ponen en las
flechas un palillo agudo al cabo, ó espinas de pes-
cados por defecto de hierro, que no tienen. Estos
traen los cabellos luengos como mugcres, y son te-
midos por feroces, entre estos pueblos é islas suso-
dichas, y esto es por que los otros son gentes muy
cobardes, y muy domésticas y sin malicia; mas no
por que ellos sean fuertes, ni las gentes de acá los
hayan de tener en mas que á los otros. Y en las is-
las de estos Caribes, y en las otras susodichas hay
oro sin cuento, é infinito algodón, especialmente
muchas especias como es pimienta, que quema y
tiene mayor fuerza que la pimienta que usamos en
España quatro tantos, la qual todas aquellas gentes
tienen por cosa muy provechosa y muy medicinal,
y hay árboles de lino, aloe, y almástiga, y ruibarbo,
y otras muchas buenas cosas, según pareció al dicho
Colon. No habia res de quatro pies, ni alimaña de
las de acá pudieron ver en quantas islas de esta vez
descubrieron, salvo unos gozquillos chiquitos, y en
los campos unos ratones grandísimos, que llaman
nutras, que comen y son muy sabrosos, y cómenlo
como acá los conejos, y en tal precio los tienen. Hay
muchas aves diferentes todas á las de acá, especial-
mente muchos papagayos.
Descubierta la tierra susodicha por el dicho Cris-
tóbal Colon, se vino á Castilla, é llegó á Palos á
veinte y tres de Marzo, año de 1493 años, y entró
en Sevilla con mucha honra á treinta y un dias del
mes de Marzo, Domingo de Ramos, bien probada
8u intención, donde le fué fecho buen recibimiento;
trujo diez indios, de los quales dejó en Sevilla quatro
y llevó á Barcelona á enseñar á la Reyna y al Rey
Seis, donde fué muy bien recibido, y el Rey y la
Beyna le dieron gran crédito y le mandaron adere-
zar otra armada mayor y volver con ella, y le die-
ron titulo de Almirante mayor de la mar Océano,
de las Indias, y le mandaron llamar Don Cristóbal
Colon, por honra de la dign*5clad; é él se partió de
Barcelona, encomendado al muy honrado y discreto
varón Don Juan de Fonseca, Arcediano que era en-
tonces de Sevilla, Obispo que fué de Badajoz, é des-
pués de Córdoba, é después de Falencia, y Conde
de Pemia, que tenia el cargo estonce por Sus Alte-
zas de las armadas y grandes negocios de Sevilla,
y de esta Andalucía; y de allí con este concierto se
vino á Sevilla, donde en breve tiempo fué proveído
de la dicha armada, y de la gente, y vituallas y
mantenimientos que para ella fueron menester, y
de capitanes, y de justicias y de hombres letrados,
y físicos, y hombres de muy buen consejo, y de ar-
mas, y de todas las otras cosas que para ello era
menester, y de muy buenos navios, y de muy esco-
gidos marineros, y de hombres buenos cribes para
saber conocer y apurar el oro,
CAPÍTULO CXIX.
De la segunda Armada de las Indias.
Partió con la gracia de Dios el Almirante Don
Christóbal Colon, por mandado del Rey Don Fer-
nando, y de la Rejma Doña Isabel, con la flota que
Sus Altezas enviaron de España para las Indias,
desde Cádiz á 22 de Septiembre del dicho año de
1493, con diez y siete navios bien aderezados, y con
mil é doscientos hombres de pelea en ellos, ó pocos
menos, con viento y tiempo convenible al viaje, y
duróles aquel tiempo dos dias, en los quales andubie-
ron poco, y luego les hizo buen tiempo, de manera
que en otros dos dias llegaron á la Gran Canaria,
donde tomaron puerto, lo qual les fué necesario por
reparar un navio que hacia mucha agua, é estuvie-
ron allí todo aquel día, y luego otro día partieron,
y hízoles algunas calmas, de manera que estuvieron
en llegar á la Gomera quatro ó cinco dias, y allí
fuese necesario estar algunos dias, donde hicieron
provisiones de carne, é leña, é agua para su grande
jornada, así que en aquellos tiempos y puertos, y
un día que les hizo calma, desde la Gomera tarda-
ron de llegar á la isla del Yerro veinte dias; desdo
allí por la bondad de Dios les tornó el mejor tiempo,
que nunca flota llevó tan buen viaje, tal que dentro
de veinte dias estuvieron á vista de tierra, y ovié-
ranla en catorce ó quince dias si la Nao Capitana
fuera tan buena velera como los otros navios; y en
todo este tiempo nunca ovieron fortuna, salvo la
víspera de San Simón y Judas, que ovieron fortuna
que les duró, que los puso en harto estrecho; y el
primer Domingo después de todos Santos, cerca del
alba, dijo un piloto de la Nao Capitana, albricias
que tenemos tierra, de lo qual muchos ovieron mu-
cho placer. Contaron aquel día los pilotos del Ar-
mada desde la isla del Yerro de Canarias hasta la
primera tierra que vieron, unos ochocientas leguas;
otros, ochocientas menos veinte, de manera que la
diferencia no era mucha; é trescientas que ponen
desde la isla del Yerro hasta Cádiz, que son por to-
das desde los fines de España, que son Cádiz y los
puertos de esta Andalucía, hasta los primeros puer-
tos de las Indias, mil y cien leguas. Vieron el Do-
mingo de mañana por proa una isla y luego á ma-
no derecha pareció otra primera tierra alta de sier-
ras, por aquella parte que vieron la otra, era tierra
llena de árboles muy espesos, é luego que fué mas
de día comenzaron á parecer de una parte y de otra
árboles é islas, de manera que aquel día vieron seis
islas, por diferentes partes, y las mas harto gran-
des, y fueron enderezados hacia la que primero vie-
ron, y llegaron por la costa andando mas de veinte
leguas, buscando otro puerto para seguir el qual
todo aquel espacio jamas se pudo hallar. Era todo
aquello que parecía de esta isla montaña muy her-
mosa y muy verde hasta el agua que era alegria de
mirarla, porque en España á tal tiempo apenas hay
cosa verde.
Después que alli no hallaron puerto, acordó ©1
DON FERNANDO
Almirante de volver á la otra isla que parecia á la
mano derecha, que estaba de esta otra quatro 6 cin-
co leguas, y quedó por estonce un navio en esta isla
primera buscando puerto aquel dia para cuando
fuese necesario venir á ella, el qual halló buen puer-
to, y vido las casas y gentes, y luego se partió aque-
lla noche para á donde estaba [la flota que habia ya
tomado puerto en otra isla donde descindió el Al-
mirante en tierra, y mucha gente con él con la ban-
dera real en las manos, á donde tomó posesión por
BUS Altezas el Rey Don Fernando y Doña Isabel su
muger, Reyes de España en forma de derecho. En
esta isla habia tanta espesura de árboles que era
maravilla, é tanta diferencia de árboles no conoci-
dos de nadie, que era para espantar de los frutos,
de ellos con color, y de ellos verdes; ansí que todos
los árboles eran verdes; allí hallaron un árbol cuya
hoja tenía el mas fino olor de clavos que ser podía,
y era como laurel, salvo que no era ansí de grande.
Allí habia frutas salvaginas de diferentes maneras,
é algunos no muy sabios probaron de ellas, de los
quales ovo algunos que del gusto solamente, tocán-
doles con la lengua ss inchaban las caras, é le ve*
nía tan grande ardor, é dolor que parecia que rabia-
ban, los quales se remediaban con cosas frias. En
esta isla no hallaron gente ni señal de ella, creyóse
Ber despoblada, en la qual estuvieron dos horas del
dia, porque quando allí llegaron era tarde; luego
Otro dia por la mañana partieron para otra isla, que
parecia á vista de esta, que era muy grande, fasta
la qual habrá siete ú ocho leguas, y llegaron allá
hacia la parte de una gran montaña que parecia que
quería llegar al cielo, en medio de la qual montaña
estaba un pico más alto que toda la otra montaña,
del qual se vertían á diversas partes aguas muchas
en especial á la parte de facía la flota, que de tres
leguas parecia un golpe de agua tan gordo como un
buey, que se despeñaba tan alto como si se cayera
del cielo, é como se parecia de tan lejos, ovo en los
navios muchas apuestas y porfías que unos decían
que eran peñas blancas, é otros que era agua; é des-
que llegaron mas cerca vídose lo cierto, y era muy
f ermosa cosa de ver, y muy maravillosa de tan pe-
queño lugar como nacía tan gran golpe de agua, y
de cuan alto se despeñaba; é luego que llegaron
mandó el Almirante á una caravela ligera que fuese
á buscar puerto, la qual se adelantó, y llegando á
la tierra vido unas casas, en las quales halló gente,
é luego que los vieron al capitán é á los que iban
con él huyeron las gentes, y el capitán entró en las
casas y hallaron las cosas que ellos allí tenían, que
no habían llevado nada; donde tomó y halló dos pa-
pagayos muy grandes, y muy diferenciados de to-
dos quantos se habían visto, y halló mucho algodón
hilado, y por hilar, y cosas de sus mantenimientos,
y de todo trujo un poco, é trajo quatro ó cinco hue-
sos de piernas é brazos de hombres, é luego como
aquello vieron conocieron ser aquellas las islas de
los Caribes que son habitadas de gente que comen
carne humana; y el Almirante, por las señas que á
©1 otro primer viaje le habían dado los indios dg
E DOÑA ISABEL. 66Í
las islas que descubrió del sitio donde estaban, hizo
el viaje por allí por descubrirlas, y por que esta^
ba mas cerca de España, y también por que por
allí se hacia el camino mas derecho para la Es-
pañola, á 8U parecer, donde antes habia dejado la
gente, á la qual por la bondad de Dios, y por el
buen saber del Almirante, fueron tan derechos coma
si por un camino sabido y seguido fueran á aque*
lia isla. Es grande, que por el lado que la vieron
pareció que habia de luengo de costa veinte y cinco
leguas; fueron costeando por el lado de ella bus-
cando puerto mas de dos leguas, y por la parte
donde iban eran montañas muy altas, y á la otra
parte que dejaron parecían grandes llanuras, é por
la vía de la mar, habia algunos poblados peque-
ños, é luego que vían las velas huían todos; an-
dadas dos leguas fallaron puerto ya muy tarde, 9
esa noche acordó el Almirante que á la madru-
gada saliesen algunos á tierra para tomar lengua,
á saber qué gente era, no embargante la sospechar
de lo que ya habían visto.
Salieron esa madrugada algunos capitanes por
la tierra, é los unos vinieron á hora de comer, é
trujeron un mozo de fasta catorce años, y á lo que
después se supo y él dijo, era de los que aquella
gente tenían cautivos, é los otros se dividieron, é
trujeron un muchacho pequeño, el qual tenia ua
hombre por la mano, y por huir lo desamparó; es-
te enviaron luego con algunos de ellos, y los otros
quedaron, é de los que quedaron, unos tomaron cier-
tas mugeres naturales de la isla que trujeron, 6
otras mugeres se vinieron de grado con ellos quo
eran de las cautivas. De esta compañía se apartó
un capitán, no sabiendo si habia lengua, con seis
hombres, el qual se perdió con ellos, que jamás
supieron tomar fasta que en cabo de quatro diaa
toparon la costa de la mar, y siguiendo por ella tor-
naron á topar con la flota; ya los tenían por perdi-
dos é comidos de los Caribes , porque ya no bastaba
razón á creerlo de otra manera; y entre ellos iban
pilotos y marineros, que por la estrella sabían ir y
venir hasta España, y creíanse que en tan pequeña
espacio no se podían desatinar ni perder. Aquel dia
que allí descendieron, andaban por la playa junta
á el agua muchos hombres y mugeres, mirando la
flota, é maravillándose mucho de cosa tan nueva; é
allegando alguna barca á tierra á hablar con ellos,
decían: tainon, tainon, que quería decir, bueno, bue-
no, y esperaban en tanto que no salian del agua
juntos con el monte, de manera que cuando ellos se
querían, se podían salvar; en conclusión, que de los
hombres ninguno se pudo tomar por fuerza, ni por
grado, salvo dos que se aseguraron, y después los
trujeron por fuerza allí; se tomaron mas de veinte
mugeres, de ellas de las cautivas, que de bu grado
se venían, y otras naturales de la isla que fueron
salteadas, é tomadas por fuerza, y ciertos mucha-
chos cautivos se vinieron á la flota huyendo de los
naturales de la isla que los tenían para comer ; y es-
tuvieron en aquel puerto ocho días, acaso de la pér-
dida del capitán susodicho, donde muchas veceg
662
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Balió gente de la flota á tierra á andar por bus nao-
radas, é pueblos que estaban á la costa, donde ha-
llaron infinitos huesos de hombres, é los cascos de
las cabezas colgadas por las casas á manera de va-
sijas para tener cosas del servicio de casa; esto era
de la gente que comian. En todo este espacio no se
vieron muchos hombres , porque diz que eran idos,
y según las mugeres dijeron, á saltear en diez ca-
noas á otras islas, é las saltear. E la gente de esta
isla parece mas política que no la de las otras islas
que vieron de por allí, y tenían mucho mejores ca-
sas, aunque todas eran de paja, y estos las tenían
de mejor hechura, y mas proveídas de manteni-
mientos, é parecía mas industria de ellos, y en ellas
que en los otros, tenían mucho algodón hilado y por
hilar en sus casas, y muchas mantas del mismo al-
godón tan bien tejidas que no debían nada á las do
Castilla.
Preguntando á las mujeres que eran cautivas en
esta isla , qué gente era esta que las tenia cautivas,
respondían que eran Caribes, y después que enten-
dieron que los castellanos tal por su mal uso de comer
hombres, holgábanse mucho de ello ; y sí de nuevo
traían algún hombre ó mujer de los Caribes , secre-
tamente decían á los de los navios como eran Cari-
bes ; y aun allí donde estaban en poder de los cas-
tellanos mostraban haber gran temor de ellos, y de
esto se conoció quales eran Caribes, é quales eran
los otros, porque los Caribes traían en cada una
pierna dos argollas tejidas de algodón, la una jun-
to con la rodilla, é la otra junto á los tobillos, de
manera que les facían las pantorrillas grandes, é
de los dichos lugares muy ceñidas, y esto pareció
que ellos tenían por gentileza ; asi que por esta di-
f eriencia conocieron los unos é los otros los Cari-
bes, de mala costumbre. E las costumbres de los Ca-
ribes son tales. Esta susodicha se llama Quaréque-
na ; la otra que primero se vido se llama Quariquí ;
otra se llama Ayan. Estos todos son como si fue-
sen de un linage , y no se facen mal unos á otros,
empero facen guerra á todas las otras islas comar-
canas, los quales van por mar á ciento y cinqüenta
leguas á lo mas lejos á saltear con muchas canoas
que tienen , que son fustas pequeñas hechas de un
solo madero cada una, según dicho es en el capi-
tulo antes de éste. E sus armas, son flechas , é en lu-
gar de fierro, porque ellos no poseen ningún fierro,
ponen unas puntas fechas do huesos de tortugas;
otros ponen unas espinas de un pez, de que parecen
naturalmente hechas como si fueran de fierro, con
que pueden bien ofender é matar, empero para gen-
te de acá de España no son armas para mucho ofen-
der. Esta gente saltea en las otras islas, y traen las
mugeres que pueden haber, en especial mozas her-
mosas, las quales tienen para su servicio y para te-
ner por mancebas ; y esto se supo por que mas de
veinte mozas de las cautivas fueron las que se vi-
nieron á la flota , é decian que también usaban con
ellas de una terrible crueldad aquellos hombres Ca-
ribes, que parece increíble cosa, que los hijos que
en ellas engendraban se loa comian, y que solamen-
te crian los que han en las mugeres naturaleb. Los
hombres que pueden haber tráenlos á sus casas , é
facen carnicería de ellos cuando quieren , é que los
que matan por los prender, cómenlos luego, é di-
cen que la carne del hombre es tan buena cosa que
no hay tal cosa de comer en el mundo , é bien pa-
recía en su mal vicio y costumbre , porque los hue-
sos que en su casa se hallaron, todo lo que se po-
día comer estaba muy roído , que no había sino lo
que por su mucha dureza no se podía comer. Ha-
llóse en una casa cociendo un pescuezo de hombre;
é los muchachos que cautivan chicos, cóltaules á
cada uno su miembro generativo, é sírvense de ellos
fasta que son hombres, ó fasta que quieren, é des-
pués facen fiesta, é mátanlos, é cómenlos, é dicen
que la carne de los muchachos, é de las mujeres no
es bu3na, ni tal como la de los hombres; de estos
muchachos se vinieron huyendo á la flota tres, to-
dos cortados los miembros generativos á raíz de las
redi jas.
En cabo de quatro días vino el capitán que se
había perdido con los compañeros, porque de su
jenida estaban ya bien deeafuciados, que los habían
ido á buscar otras quadrillas, é aquel día vino la
una, y todas volvieron sin saber de ellos, é con su
venida holgaron mucho los de la flota como si nue-
vamente se hubieran fallado. Trajo este capitán , é
los que con él fueron diez personas entre mucha-
chos é mugeres. Estos é los otros que los fueron á
buscar nunca fallaron hombres, ó porque se habían
huido, ó porque había pocos en aquella comarca,
habían á encontrar Como dijeron las mugeres. Vino
el dicho capitán , y los que con él fueron , tan des-
trozados del monte, que era lástima de los ver ; de-
cian que se habían perdido por la aspereza de los
árboles, que era tanta que el cielo no podían ver, ó
que algunos de ellos que eran marineros, habían
subido por los árboles de noche para mirar la estre-
lla del norte, é nunca la pudieron ver, é si no topa-
ran con la mar, no pudieran tornar á la flota ; la
qual partió de aquella isla con la gracia de Dios
ocho días pasados después que allí llegaron ; é lue-
go otro día vinieron á otra isla no muy grande á
hora de medio día, que distaba de esta otra doce
leguas ; é porque el primer día que partieron les
fizo calma, fueron juntos con la costa de esta isla,
y dijeron las mugeres indias que aquella isla no era
habitada de gentes, porque los Caribes la habían
despoblado, é por eso la flota no paró allí; é luego
esa tarde vieron otra isla, y esa noche cerca de ella
hallaron unas bajas, é no osaron á andar hasta que
fué de día, é luego á la mañana pareció otra isla
asaz grande, éá ninguna no llegaron, por ir á con-
solar los hombres que habían dejado esotro viaje
en la isla Española, é no plugo á Dios que los fa-
llasen vivos como adelante se dirá. Otro día llega-
ron á otra isla, que parecía muy bien, é muy po-
blada, é fueron, é tomaron puerto en ella; luego ol
Almirante mandó ir á tierra una barca guarnecida
de gente para sí pudiesen tomar lengua, é saber
qué gente era, é para haber información de bu via-
DON FERNANDO
je que era menester, no embargante que el Almi-
rante, aunque no liabia fecho aquel camino, iba
muy bien encaminado según pareció. E saltaron
ciertas personas en tierra de la dicha barca, é lle-
garon á un poblado donde la gente ya se habia es-
condido, é tomaron cinco ó seis mugeres, é mucha-
chos, de las quales supieron que eran las mas cau-
tivas como en la otra isla, por que allí también eran
Caribes. Esta barca so queria tornar á los navios
con priesa , é por parte de abajo venia una canoa,
en que venían quatro hombres é dos mugeres, é un
muchacho, é después vieron la flota, maravillado^
Be embebecieron tanto, que por una grande hora no
Bo movieron de un lugar, casi dos tiros de lombarda
de los navios ; en esto fueron vistos de los que es-
taban en la barca , é de toda la flota ; luego los de
la barca fueron á ellos tan juntos con la tierra, que
con el embebecimiento que tenian, maravillándose
y pensando qué cosa seria aquella que nunca los
vieron hasta que estuvieron muy cerca de ellos que
no los pudieron mucho fuir, aunque farto trabaja-
ron por ello, y los de la barca trabajaron harto que
no se pudieran ir. Los Caribes, desque vieron que
el huir no les aprovechaba, con mucha osadia pu-
sieron mano á los arcos , también las mugeres como
los hombres, é digo con mucha osadía, porque ellos
no eran mas de quatro hombres , é dos mugeres , é
eran los de la barca, é de toda la flota ; luego los
de la barca fueron á ellos tan juntos con la tierra
que con el embebecimiento , siendo así que loa Ca-
ribes eran quatro hombres é dos mugeres , é eran
los de la barca veinte y cinco, de los quales firieron
dos , al uno dieron dos flechadas , y al otro una por
el costado , é si no fuera porque llevaban adargas,
é tablachinas, é por que los embistieron presto con
la barca, é les trastornaron la canoa, asaetaran los
mas de ellos con sus flechas. Después de trastorna-
da la canoa quedaron en el agua nadando, é habia
allí unos bajos, é tuvieron farto que hacer en to-
marlos, que todavía trabajaban por tirar, é con todo
eso se les f uyó el uno , é no lo pudieron tomar si no
mal herido de una lanzada, de que murió. La dife-
rencia de estos indios Caribes á los otros dichos, es
en el hábito, que los de Caribi tienen el cabello
muy largo, son trasquilados, é fechas muchas di-
ferencias en las cabezas de cruces, é otras pinturas
en diversas maneras , cada uno como se le antoja,
lo qual hacen con cañas agudas; é todos, ansí de
Caribi como los otros , es gente sin barbas , que por
maravilla hallareis hombre que las tenga, que to-
das se las pelan , é quitan antes que crezcan, de ma-
nera que parece que no les nacen. Estos Caribes que
allí tomaron , venían tiznados los ojos y las cejas,
lo cual parece que hacen por gala , é con aquello
parecían cosa espantable ; el uno de ellos dijo que
en una isla de aquellas llamada Cario, que es la
primera que se vído , á la qual la flota no llegó, que
había mucho oro, y que si allá fuesen y llevasen
fizadones , é cosas para hacer sus caminos , que trae-
rían cuanto oro quisiesen.
E lue^o aquel día partió de allí la flota en cabo
É DOÑA ISABEL. 663
de seis ú siete horas , y después de haber allí llega-
do , fueron á otra tierra que parecía á ojo , é esta
isla estaba en el camino que habían de llevar, é lle-
garon noche cerca do ella , é otro día de mañana
fueron por la costa, é era muy gran tierra, aunque
no era muy continua, que eran mas de quarenta
islas é tierra muy é alta, la mas della pelada, lo
qual no es ninguna de las que habían visto ; á esta
no llegaron para saltar en tierra , salvo una carabe-
la latina que llegó á un islon de aquellos, en el
cual hallaron ciertas casas de pescadores, é las mu-
jeres indias que traían dijeron que no eran pobla-
das aquellas tierras ; anduvieron por aquella costa
lo mas de aquel día , fasta otro día en la tarde quo
llegaron á otra isla llamada Boriqui , cuya costa
corrieron todo un día, é se juzgaba que tenía por
aquella costa treinta leguas. Esta isla es muy fer-
mosa y muy fértil al parecer , é á esta vienen los
caribes á saltear y conquistar, de la qual llevan mu-
cha gente para comer, é no tienen estos canoas
ningunas, nín saben andar por mar, empero usan
de arcos y flechas como los caribes, con que pelean
é se defienden , é si por ventura han victoria de los
que los vienen á saltear, también se los comen,
como los caribes á ellos. En un puerto de esta isla
estuvo la flota dos dí*s, donde saltó mucha gente
en tierra, empero nunca pudieron haber lengua,
que todos huyeron como gente atemorizada de los
caribes. Todas estas islas fueron descubiertas en
este viaje, que en el otro ninguna había visto el
Almirante ; y aunque todas parecían muy fermosas
islas, empero ésta parecía mejor.
Aquí se acabaron las islas que facía á la parte de
España atrás había dejado por ver el Almirante en
el primero viaje, y aun se cree haber algunas islas
antes que estas, quarenta 6 cinqüenta leguas facía
España, porque antes que viesen tierra los de esta
flota vieron unas aves que llaman rabihorcadas vo-
lar, é son aves de rapiña marinas, y no sientan ni
duermen sobre el agua, y viéronlas sobre tarde ro-
deando subir en alto , después seguir su vía buscan-
do tierra para dormir, las quales no podían ir, se-
gún era tarde , á dormir mas de doce ó quince le-
guas, é esto era sobre mano derecha de la flota fa-
cía España, de donde todos juzgaron quedar allí
tierra, la qual no se buscó porque se facía rodeo y
tardanza para el viaje.
De esta isla de Boríquí partió la flota una ma-
drugada, y aquel día antes que fuese noche ovieron
vista de tierra, lo qual no era conocida tampoco de
los del otro viaje , empero por las nuevas de las mu-
jeres indias que llevaban, sospecharon que sería la
Española, que iban á buscar, y érala misma Espa-
ñola, así llamada por los indios, y entre ella y la do
Boriquen parecía otra isla , aunque no era grande.
CAPÍTULO CXX.
Como llegaron á la Espafiola y hallaron muertos los hombres
que habían dejado.
Llegados á la Espafiola el Almirante y toda la
flota, á donde arribaron por aquel comienzo, ert^
664
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA,
toda la tierra llana y muy baja; mas del conoci-
miento dalla estaban todos dudosos, porque por
aquella parte ni el Almirante ni los otros que con
él fueron non la hablan visto. Esta isla es muy
grande, y es nombrada por provincias, y á esta
parte por donde llegaron llaman Ahia, é á otra pro-
vincia junto con esta llaman Samana, é á otra Boio,
é á otra Albao; é hay otras muchas provincias, así
como acá en España. Por la costa de esta isla cor-
rió la flota al pié de cien leguas, porque hasta don-
de el Almirante habia dejado la gente habia este
compás, que seria el medio de la isla.
Andando por derecho de la provincia llamada Sa-
mana, echó el Almirante en tierra uno de los indios
que el otro viaje habia traido á España, vestido y
con algunas cosillas ; aquel dia se finó el marinero
vizcaíno herido que habia sido de los caribes ya di-
chos que tomaron, é murió por su mala guarda , é
porque iban por costas dióse lugar que saliesen en
una barca á enterrarlo, é fueron en guardado labar-
ca dos carabelas, é acercáronse á tierra, é salieron á
la barca, desque salió á tierra, muchos indios, délos
quales algunos traian oro al cuello é á las orejas, é
querían venir con los christianos á los navios ; y no
los quisieron traer , porque no llevaban licencia del
Almirante, los quales desque vieron que no los que-
rían traer, se metieron dos de ellos en una canoa, é
Be vinieron á una de las dos carabelas , en la qual
los recibieron con su canoa, é trujéronlos á la nao
del Almirante; dijeron medíante un intérprete indio,
de los que iban de acá de España, que un Rey de
aquella provincia los enviaba á saber qué gente era,
é que les rogaba que se saliesen á tierra, é que da-
ría al Almirante mucho oro que tenia é de comer de
lo que tuviese, é el Almirante les mandó dar sendas
camisas é bonetes é otras cosillas, éles dijo, que por-
que iba donde estaba Guacanari, no se podía dete-
ner, que otro tiempo habría para que lo pudiese ver;
é con esto se fueron.
E la flota no cesó su viaje hasta llegar á un puer-
to que el Almirante llamó Monte Juan, donde estu-
bieron dos días para ver la disposición de la tierra;
porque no habia parecido al Almirante el lugar don-
de habia dejado la gente que estaba en un asiento.
Para hacer asiento descindieron en tierra, había
muy cerca de allí un gran río de muy buena agua,
empero era toda tierra muy anf^ada y muy indis-
puesta para habitar. Andando viendo el río é tierra
algunos de la flota, hallaron dos hombres muertos
juntos con el río: el uno con un lazo al pescuezo, y
el otro con un lazo al pié : esto fué el primero día ;
é otro dia siguiente hallaron otros dos hombrea
muertos mas adelante de aquellos, el uno dellos es-
taba en disposición de que se le pudo conocer tener
muchas barbas, é algunos de la armada sospecharon
mas mal que bien, en razón porque los indios son
todos sin barbas, como dicho es, é este puerto está
del lugar donde habia quedado la gente christíana
el primer viaje doce leguas. Pasados dos días alza-
ron velas para ir donde el Almirante habia dejado
la sobre dicha gente en compañía del Rey de los in-
dios de aquella provincia, llamado Guacanari, que
parecía ser de los principales de la isla ; Jaquel día
llegaron en derecho de aquel lugar ya tarde , é por-
que allí había unos bajos donde el otro viaje se ha-
bia perdido la nao en que habia ido el Almirante, no
osaron tomar el puerto cerca de tierra, fasta que otro
día de mañana se sondase, é pudiesen entrar segu-
ramente ; quedaron aquella noche una legua de tier-
ra , é esa tarde yendo por allí de lejos, salió una ca-
noa en que parecían cinco ó seis indios , los quales
venían aprisa para la flota, é el Almirante creyen-
do que lo siguieran hasta alcanzarlo, no quiso que
los esperasen, y ellos porfiando llegar, llegaron fas-
ta un tiro de lombarda de la flota, é parábanse á mi-
rar, é desque vieron que no los esperaban, dieron
vuelta; é después que surjieron en aquel lugar, so-
bre tarde, el Almirante mandó tirar dos lombarda»
á ver si respondían los christianos que habían que-
dado cerca del dicho Guacanari, porque también les
habían quedado lombardas, de lo qual se desconso-
ló mucho la gente, é tomaron la sospecha que de-
bían tomar; estando así todos tristes, pasadas quatro
ó cinco horas de la noche, vino la misma canoa que
esta tarde habían visto, é venia á la flota dando vo-
ces, preguntando por el Almirante ; é un capitán de
una carabela donde primero llegaron, trújulos ala
nao del Almirante, los quales nunca quisieron ha-
blar hasta que el Almirante les hablase, y deman-
daron lumbre para le conocer , y después que le co-
nocieron entraron en la nao ; era el uno privado de
Guacífnari , el qual Guacanari los habia tornado á
enviar después que ellos se habían vuelto aquella
tarde, é trujeron dos carántulas de oro que Guaca-
nari enviaba en presente, la una para el Almirante,
y la otra para el capitán que el otro viaje habia ido
con él , y estuvieron en la nao fablando con el Al-
mirante en presencia de todos por tres horas , mos-
trando mucho placer; é preguntándoles por los chris-
tianos que allí habían quedado qué tales estaban*
aquel privado dijo que todos estaban buenos , aun-
que entre ellos habían muerto algunos de dolencia,
y otros de diferencias que habían acontecido entre,
ellos ; é que Guacanari estaba en otro lugar herido
en una pierna, ó que por eso no habia venido ; pero
que otro dia vendría, porque otros dos Reyes, lla-
mado el uno Caonaboa, y el otro Maríema habían
venido á pelear con él y que le habían quemado el
lugar. Luego esa noche se volvieron diciendo que
otro dia vernian con el dicho Guacanari, é con esto
dejaron esa noche consolada la gente de la armada
y se partieron. Otro dia de mañana estuvieron es-
perando al Guacanari, é nunca vino, y entretanto
saltaron á tierra algunos por mandado del Almiran-
te, é fueron al lugar donde solía estar Guacanari,
é halláronlo quemado, é un cortijo algo fuerte con
una palizada, donde los christianos habitaban é te-
nían lo suyo, estaba también quemado é derribado,
é ciertas vernías é ropas que los indios habían trai-
do á echar en la casa ; y los indios que por allí pa-
recían andaban muy estrafios, é no se osaban llegar
á los christianos, é arrojándoles cuentas, é cascabe-
DON FERNANDO
les, é otras cosas, ovo de asegurarse un pariente de
Guacanari é otros tres, los quales entraron en la bar-
ca, é trujéronlos á la nao, é preguntáronles por los
cliristlanos, é dijeron que todos eran muertos, em-
pero no lo habian creido; preguntando á este indio
pariente del Guacanari quién los habia muerto, dijo
que el Rey Caonaboa, y el Rey Mariema, é que les
quemaron las casas del lugar, é que estaban muchos
heridos , é que también el Guacanari lo estaba en
otro lugar, y que él queria luego á lo llamar, al qual
dieron algunas cosas , é luego se partió para donde
estaba Guacanari, al qual todo aquel dia estuvieron
esperando, é nunca vino. Otro dia saltó en tierra el
Almirante é algunos con él, é fueron á donde solia
estar la villa y habian quedado los christianos, la
qual estaba toda quemada; élos vestidos délos chris-
tianos ee hallaban por aquella yerba, é no se vido
estonce ningún muerto; habia sospecha si el Gua-
nacari los oviese muerto, otros decian, que como ha-
bia él de quemar su villa. El Almirante mandó ca-
var todo el sitio donde los christianos estaban for-
talecidos, porque él les habia mandado que des-
que tuviesen alguna cantidad de oro que lo enter-
rasen, y entretanto que esto se hacia quiso llegar
cerca de una legua de allí, donde le habia parecido
haber buen sitio para edificar una villa , é llegaron
á un poblado donde habia siete ú ocho chozas, las
quales los indios luego que vieron ir los christianos
desampararon, é llevaron lo que pudieron, que era
gente bestial que no tenia discreción para escojer
donde hurtar, que los que vivian á la marina era
maravilla cuan bestialmente vivian, las casas llenas
de yerba en derredor y de humidad, que era maravi-
lla como vivian ; fallaron alli muchas cosas de los
christianos', así como una almalafa muy gentil, la
qual nunca se habia descosido de como se habia lle-
vado de Castilla, é calzas, é una azuella de la nao
que el Almirante allí habia perdido el otro viaje, é
pedazos de pafio, é otras cosas, é aun hallaron las co-
sas que tenían guardadas, en una esportilla muy co-
gida ó á mucho recaudo una cabeza de hombre muy
guardada, é creyeron que seria la cabeza de alguno
que tenían por reliquia de padre ó madre, ó de al-
gún Rey, ó por alguna costumbre de la tierra ; de
allí el Almirante se volvió y los que con él iban, por
donde estaba la villa, y halló muchos indios que se
habian asegurado con los que quedaron allí, cavan-
do, buscando si los christianos oviesen dejado oro
escondido, é con otros christianos de la flota que allí
habian quedado, é habian resgatado con ellos oro
fasta un marco, é habian mostrado donde estaban
muertos once hombres de los christianos cubiertos
ya de la yerba que habia crecido sobre ellos, é todos
aquellos indios hablaban por una boca, que Caona-
boa é Mariema los habian muerto; empero afirma-
ban y decian que los christianos tenia cada uno tres
ó quatro mujeres, de donde se creyó quel mal que les
vino á aquellos christianos que allí sin dicha habian
quedado, fué por su desconcierto, é por se envolver
con las mujeres indias, los indios de zelos los ma-
taron, ó por algunas cosas de desaguisados que ha-
É DOÑA ISABEL. 665
cían en la tierra, se invocarían para los matar. Otro
dia de mañana, porque por todo aquello no habia lu-
gar dispuesto para poblar, envió el Almirante una
carabela á buscar por una parte, y él fué por otra,
y él falló un puerto muy seguro con muy gentil dis-
posición de tierra para hincar, é quando volvió era
venida la carabela que habia ido por la otra parte,
en la qual habia ido Melchor, y otros cuatro ó cinco
caballeros , hombres de pro; é yendo costeando por
su viaje salió á ellos una canoa con dos indios, el uno
hermano de Guacanari, el qual conocido por un pi-
loto que iba en la carabela , le preguntó que quién
iba allí, é el piloto les dijo: hombres principales del
Almirante, y el indio les dijo, que Guacanari les ro-
gaba saliesen á tierra donde él tenia su asentamien-
to, el qual era hasta sesenta casas, é salieron en tier-
ra los mas principales que iban en la carabela, y fue-
ron donde estaba el Guacanari, al qual hallaron en
su cama echado é haciendo del doliente herido , ha-
blaron con él preguntándole por los christianos,
respondió concertado con la misma razón que los
otros, que Caonaboa y Mariema los habian muerto é
que á él lo habian herido en un muslo, el qual mos-
tró ligado, los que estonces lo vieron así les pareció
que seria como él lo dijo, á tiempo de depesdirse á
cada uno de ellos dio una joya de oro , á cada uno
como le pareció que lo merecía según el hábito en
que lo vía. Este oro hacían ellos en hojas muy del-
gadas para carátulas é para poderse asentar sobre
betumen que ellos facían ; y si así no fuera no se
asentara de otra manera ; facían para asentar en la
cabeza é para colgar en las orejas é narices, é para
todo lo facían delgado, que asi era menester, é ellos
no tenían nada de ello por riqueza ni cosa de gran
valor, salvo por bien parecer.
Dijo el Guacanari por señas, como mejor él pudo,
que dijesen al Almirante como él estaba ansí heri-
do, que lo viniese á ver ; é luego como el Almiran-
te llegó los sobredichos le contaron todo lo dicho, é
otro dia de mañana acordó el Almirante de ir allá,
al qual lugar llegó con los que iban con él dentro de
tres horas, que la jornada era tres leguas y aun me-
nos desde donde estaba la flota fasta allí, é cuando
allí llegaron era hora de comer , é el Almirante co-
mió antes de salir en tierra, é luego mandó que todos
los capitanes viniesen con sus barcas para ir en tier-
ra, porque ya esa mañana antes que partiesen da
donde estaban habia venido el hermano de Guaca-
nari, y habia hablado con el Almirante á darle prie-
sa que fuese donde estaba el dicho Guacanari ; allí
fué el Almirante á tierra é toda la mas gente de pro
con él , tan ataviados que en una ciudad principal
parecerían bien; llevó algunas cosas para le presen-
tar, porque ya habia recibido de él alguna cantidad
de oro y era razón responder con la obra y voluntad
que él habia mostrado. El dicho Guacanari , tenia
asi mismo para le hacer presente aparejado; é cuan-
do el Almirante llegó con los capitanes é gente de
pro al lugar é casa donde estaba Guacanari, hallá-
ronlo echado en su cama como ellos la usan, col-
gada en el aire hecha de algodón como de red, no
€66
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Be levantó, salvo desde la cama hizo el semblante de
cortesía como él mejor supo : mostró mucho senti-
miento con lagrimasen los ojos por la muerte de los
christianos, y comenzó á hablar con ellos mostran-
do como mejor podia, como unos murieron de do-
lencia é como otros se hablan ido á Caonaboa , á
buscar la mina de oro, y que allí los hablan muerto,
y que los otros que se los hablan venido á matar en
BU villa, é á lo que pareció en los cuerpos muertos
podia haber dos meses que eran muertos é que ha-
bla acontecido aquello. A esa ora presentó al Almi-
rante ocho marcos y medio de oro, é cinco ó seis la-
brados de pedrería de diversas colores, é en un bo-
nete de la misma pedrería estaba un joyel, lo qual
le dio con mucha veneración. Estaban allí presentes
el Dr. Chanca, vecino de Sevilla, y otro cirujano de
la armada, y dijo el Almirante á Guacanari como
eran aquellos sabios para curar las enfermedades de
los hombres, que les quisiese mostrar la herida, y él
respondió que le placía, para lo qual el dicho Doc-
tor le dijo que seria necesario si pudiese que saliese
de casa, porque la casa estaba obscura que no se po-
dría bien ver, lo qual él hizo luego, creo que seria
mas de empacho que no de gana, y arrimándose á
él salió fuera ; después de asentado llegó el ciruja-
no, é comenzó de desliarle; estonce dijo el Guaca-
nari al Almirante que era herida hecha con piedra;
después que fué desatado, llegáronle á tentar el Doc-
tor y el cirujano, y no tenia mas en aquella pierna
que en la otra , aunque él hacia del raposo que le
dolía mucho. Ciertamente este caso puso á todos
mayor sospecha de la que tenían ; pero ni aun con
todo eso ningún hombre cuerdo se pudo bien deter-
minar para juzgar en este caso la verdad, porque las
razones eran tan ignotas, que ciertamente muchas
cosas había que mostraban haber venido gente con-
traria. Asi mismo el Almirante no sabia qué se ha-
cer, pareciéndole y á otros muchos, que por estonce
hasta bien saber la verdad que se debía disimular,
porque después de sabido cada que quisiese se po-
dría tomar enmienda.
Aquella tarde se vino con el Almirante á la flota,
y mostráronle caballos y cuanto allí había, de lo
cual quedó muy maravillado como de cosa estraña,
tomó colación en la nao y esa tarde se volvió á su
casa; el Almirante le dijo queflueria habitar allí con
él y que quería hacer allí casas, y respondió le pla-
cia, pero que el lugar era mal sano y inimedo, y tal
era él por cierto. Esto todo pasaba por intérprete de
dos indios de los que habían venido con él en Casti-
lla, que andaban allí con el Almirante, y éstos ha-
bían quedado de siete que partieron do Sevilla, que
los cinco se murieron en el camino , y aquellos dos
se escaparon por maravilla, habiendo llegado á gran
peligro.
Otro día estuvieron surtos en aquel puerto, y qui-
so saber Guacanari cuando se partía el Almirante, y
el Almirante le mandó decir que otro día, é aquel
día vino á la nao el sobro dicho hermano suyo, é
otros con él, y trujeron algún oro para resgatar.
En la nao había diez mujeres de las que se habían
tomado, que estaban cautivas en las islas de Caribí,
y eran las mas de ellas de las islas de Boriquen, é
aquel hermano del Guacanari habló con ellas, y les
dijo lo que luego esa noche pusieron por obra, y eS
que al primer sueño muy mansamente se echaron al
agua, é se fueron á tierra, de manera que cuando
fueron halladas menos iban tanto trecho que con las
barcas no se pudieron tomar mas de las quatro, las
quales tomaron al salir del agua ; fueron nadando
una gran media legua. Otro día de mañana el Al-
mirante envió á Guacanari le enviase aquellas mu-
jeres, que la noche antes se le habían huido, y que
luego las mandase buscar, y cuando fueron hallaron
el lugar despoblado, que no hallaron persona en él.
Aquel día estuvo la flota queda , porque el tiempo
era contrarío para salir. Otro día acordó el Almiran-
te de mañana que fuesen todas las barcas á buscar
puerto, é fueron por la costa buscando tierra de bue-
na disposición para hacer habitación: y también los
habitadores indios de por allí no se aseguraban de
los castellanos, é llegaron á un lugar á donde todos
oran fuidos, adonde hallaron fuera do las casas me-
tido en el monte un indio herido de una vara con
una herida que resollaba por las espaldas, el cual
no había podido huir mas lejos. Los indios de esta
Isla ¡Española, Ha'iti por ellos llamada, pelean con
varas agudas, las quales tiran con unas tiraderas co-
mo facen los muchachos acá en Castilla, con las qua-
les tiran muy lejos y asaz certero, que para gente
desarmada pueden hacer harto daño.
Este indio herido dijo al Almirante que Caonaboa
y los suyos le habían herido é habían quemado las
casas de Guacanari ; así que el poco entender que
les entendía, y las razones y notas, tenían confusos
al Almirante y á todos, que no podían saber de cier-
to cómo hubiese sido la muerte de los christianos.
No hallaron en aquel puerto disposición salada-
ble para trazar pueblo; acordó el Almirante volver-
se por la costa donde había venido allí de Castilla,
porque la nueva del oro er a f acia allá. Fué el tiem-
po tan contrario, que mayor pena les fué andar trein-
ta leguas que ir allá desde Castilla , que en el tiempo
contrario é largueza del camino, ya eran tres meses
pasados cuando descendieron en tierra ; plugo á
Nuestro Señor que por la contrariedad del tiempo
que no los dejo ir mas adelante, ovieron de tomar
tierra en el mejor sitio y disposición que se pudiera
escojer, donde había muy gran puerto y bueno , y
mucha pesquería , de la qual tenían mucha necesi-
dad por el cansamíento de las carnes, que no había
en toda aquella tierra, la qual era muy gruesa para
todas cosas. Tenia junto un rio principal, y muy cer-
ca otro razonable, de muy singular agua; allí comen-
zó á edificar una ciudad, ala qual puso nombre Isa-
Vela. Comenzóse á edificar una villa sobre la ribera
del mar , en muy hndo lugar, que un corral se des-
lindaba con el agua con una barranca de peña taxa-
da tal, que por allí no había menester defensa nin-
guna, la otra mitad estaba cercada de una arboleda
tan espesa, que apenas pudiera un conejo andar, é
tan verde que en ningún tiempo del mundo fuego
DON FERNANDO
le podia quemar. Comenzaron de sembrar hortalizas
y muchas cosas de las de acá, y crecían mas allá en
ocho días, que acá en Castilla en veinte. Fecho allí
el asiento y comienzo del pueblo, luego el Almiran-
te se conoció con los capitanes ó reyes de aquella
comarca, que ellos llamaban allá Caciques, é traían-
les de sus viandas, y venian allí continuamente mu-
chos indios con oro, y á resgatar y cargados de maíz,
que es un buen manjar, y es como nabos, que se
cria debajo de la tierra, del qual se hacen muchos
manjares en muchas maneras, el qual es muy cor-
dial manjar con que se mantienen allá las gentes en
lugar de pan. Hay otro manjar que llaman ajes; tam-
bién cria debajo de la tierra, y hay otro que llaman
cazabi. Había allí otras muchas maneras de man-
jares y frutas, todos muy diferentes de los de acá
de Castilla.
Lo que de esta gente se pudo luego conocer fué
que eran muy simples, sin letras de ninguno; no
habían empacho de andar desnudos como nacieron,
como andan ; las mujeres, por la mayor parto traían
cubiertas sus vergüenzas recinchado una mantilla
de algodón en derredor de las caderas, é otras con
fojas de árboles ; sus galas de ellos é de ellas era
pintarse, unos de negro, otros de blanco y colorado,
é de otras colores, é de tantos visajes que verlos era
cosa para reír, las cabezas rapadas en lugares, y en
lugares con vedijas de tantas maneras que no se
podia escribir, é todo lo que hacen acá en la cabeza
de un loco, el mejor de ellos lo había allá en muy
buena ventura que lo ficiesen en la suya. Lo que
luego pareció desta gente que sí luego tuvieran len-
gua á los castellanos con que los bien entendieran,
luego se querían tornar christianos ; é cuanto vían
que facían los christianos, todo lo hacían ellos, é
fincar las rodillas, poner las manos , decir el Pater
noster, el Ave María é las otras devociones, é santi-
guarse, é decían que querían ser christianos, puesto
caso verdaderamente que eran idólatras, porque en
BUS casas había figuras de muchas maneras y todas
muy disformes y feas , que parecían al diablo, las
quales también traían en las carátulas que se tocaban
y en los cintos de algodón ; y preguntándoles que
era aquello, decían qnefurey, que quiere decir cosa
del cielo, y si les querían tomar aquellas figuras, dí-
cíéndoles que era cosa aborrecible, que lo echasen
en el fuego, mostraban por ello tristeza , y parecía
que tenían en aquello mucha devoción, y asi mismo
pensaban, que cuanto los castellanos tenían y ellos,
todo había venido del cielo, y á todo llamaban fu-
rey, que quiere decir en su lengua cielo. Luego que
allí asentaron é comenzaron de hacer población, se
tendió gente de los castellanos por aquella comar-
ca, é vieron en poco tiempo cosas por la tierra bien
hazañosas que hay por allí, y vieron que hay árbo-
les que llevan lana, y harto fina y. tal, que los que
Babían del arte decían que se podrían hacer buenos
paños de ella, y de estos árboles hay tantos que se
podian cargar carabelas de lana, aunque es trabajo-
sa de cojer, porque los árboles son muy espinosos,
lampero biea se podia hallar injenio para la cojer.
E DONA ISABEL. 667
Hay que se vido infinito algodón de árboles perpe-
tuos que lo dan , que son del tamaño de un duraz-
no ; é árboles que llevan cera en color é en sabor y
arde tan bien como la de abejas, tal que no hay di-
ferencia mucha de una á otra. Hay infinitos árbo-
les de trementina muy singular y muy fina; hay
mucha alquitara también muy buena ; hay árboles
que pareció á los físicos que allí iban que eran de
los que llevan nuez moscada : salvo que estaban es-
tonce sin fruto, y juzgáronlo ser dello porque la sa-
bor y el olor de la corteza era como de nuez mos-
cada. Vídose una raíz de genjíbre que la traía un
indio colgada del pescuezo ; hay también lino aloe,
aunque no es de la manera del que se ha visto acá
en Castilla, pero no es de dudar que sea una de las
especies de lino aloe que los dotores ponen. Vieron
también que hay una manera de canela, empero no
tan fina como la que acá vemos , que viene por la
vía de Alejandría, é lo podría facer no ser tan fina
el defecto de no la saber cojer en tiempo ; ó por
ventura críala así la naturaleza de la tierra ; tam-
bién hallaron mirabolanos cerinos, salvo que eston-
ce estaban debajo del árbol, y como la tierra era
muy húmeda, estaban podridos , y tenían el sabor
muy amargo, é creyóse que sería del pudrimiento,
empero lo otro, salvo el sabor que es corrompido,
es de mirabolanos verdaderos ; y también almártí-
ga muy buena, hay también pimienta muy buena,
y quema dos veces mas que la que acá tomamos,
críase en arbolíUos como de hortaliza, es floja, no
tan dura como ésta que acá viene por la vía de Ale-
jandría, é mayor un poco, la qual tienen los indios
por cosa muy medicinal y muy buena, é la siem-
bran y cojen.
Es maravilla de como las gentes de todas aque-
llas islas no tienen ni poseen fierro, de las ferra-
míentas que tienen de piedras muy agudas y hechas
á maravilla, asi como hachas y azuelas é otras fer-
ramientas con que se sirven y facen sus cosas. Sus
mantenimientos son pan de raices que Dios les
echó y dio en aquella tierra en lugar de trigo, que
trigo, ni centeno, ni cebada, ni avena, nín escaña,
nin piuizo, nín saina, nin mijo no hay allá, nin cosa
que se les parezca ; hay cazabí, que se coje en unos
racimos como que quieren parecer al panizo , sino
que son mucho mayores los granos é mas blan-
cos; hay maiz,é ajes, é otros manjares é raices,
con que han vivido fasta agora, y otras frutas y
mantenimientos salvajes é cosas que Dios allí les
dio con que se crian y mantienen , y han criado y
mantenido desque Dios Nuestro Señor allí los echó.
No había cosa de mantenimientos hasta aquel tiem-
po que los castellanos fueron allá probar de las que
acá hay, ni que se le pareciese; no había habas, ni.
garbanzos, ni yeros, ni lantejas, ni atramuces, ni
res de quatro pies, ni alimaña, salvo unos gozeos
pequeños, y aquellas utias, que son como grandes
ratones, y son como entre ratones y conejos, y son
muy buenas y sabrosas de comer, y tienen pies y
manos como de ratón, y suben por los árboles ; son
del tamaño de un conejo uueyoj los gozeos so^
668
CRÓNICAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
blancos é prietos é de todas maneras de colores. Hay-
lagartos y culebras , y no muchas , porque los co-
men los indios, y facen tanta fiesta dellos, como nos
los castellanos de perdices ; son los lagartos de allá
como los de acá, en el tamaño , salvo que en la he-
chura son diferentes ; aunque en una isla pequeña
que está junto con un puerto que se llama Monte
Juan, donde la flota estuvo algunos dias, se vido
un lagarto muchas veces de gordura de un becerro
y tan cumplido como una lanza, y muchas veces sa-
lieron por lo matar, y no podian con la espesura y
huia y metiaseles en la mar. Otro sí comen los in-
dios allende de comer lagartos y culebras, cuantas
arañas y gusanos hallan por el suelo , ansí que pa-
rece de su bestialidad mayor que la de ninguna bes-
tia del mundo.
Llevó ei Almirante de este viaje diez y siete na-
vios, como dicho tengo, en que iban cuatro naos y
trece carabelas, y mil y doscientos hombres de pe-
lea para quedar allá prosiguiendo la posesión de la
tierra, é para ejercitar y saber del oro lo cierto y
adquirirlo para el Rey é Reyna , quier por grado,
quier por fuerza, de los habitadores ; é llevó veinte
y quatro caballos, é diez yeguas, é tres muías, é lle-
vó puercos y puercas , becerros y cabras , y vacas y
ovejas, de todo un poco para criar , para lo qual la
tierra fué muy conforme y aprovechable, y muy
mas sana que para los hombres. El Almirante ha-
bía determinado una vez de enviar los navios en
Castilla antes de ir á buscar las minas del oro, se-
gún el aviso que tenia de los indios, la una en Ci-
bao, que es una provincia donde hay mucho oro, y
la otra en Atti, tierras del Rey Caonoboa, que era
muy poderoso en aquella tierra, los quales hallaron
muchas muestras donde se podia hallar mucho oro,
é en mas de cinquenta ríos é arroyos é fuentes ha-
llaron que había mucho oro, y se podia cojer, y tru-
jeron muestras de todas partes, y creyendo que ca-
vando la tierra bien honda se hallaría mucha can-
tidad de oro, pues que en las arenas de los arroya-
deros del agua se hallaban , y pues que los indios
no cavaban mas en hondo la tierra de un palmo,
que no tenían con qué ni lo hallaban. Esto sabido,
el Almirante despidió los navios para acá para Cas-
tilla, y dejó allá los que vido que eran necesarios
quedar, y envió el oro que mas pudo haber al Rey
y á la Reyna, é vinieron los lAvíos á Cádix, donde
fasta que el Sr. Obispo Don Juan de Fonseca fué,
no osaron salir á tierra fasta le entregar el oro, y
donde en adelante se tuvo esta forma : que todos
los navios que venían délas Indias venían á Cádix
y allí entregaban lo que traían al dicho Señor fasta
que Sus Altezas lo pusieron en otros negocios mas
altos que no éste, y lo subieron en honra como lo
él merecía, de Embaxador entre Sus Altezas y el
Emperador y Flándes sobre los casamientos de sus
lijos, y le hicieron Obispo de Badajoz, é después de
Córdoba, é después de Valencia, de bien en mejor,
y todo bien empleado ; é después que este Señor
dejó el cargo de las armadas y receptoría del oro,
ovo otras formas y ordenamiento en lo recibir. En
este mismo año de 94, que vinieron los navios dé
las Indias, dejando en la Española el Almirante y
la gente castellana en el pueblo comenzado de edifi-
car, envió otra armada el Señor Don Juan de Fonse-
ca con refresco para la dicha gente de mucho pan,
é vino, é vituallas , la qual fué á buen tiempo y lea
hizo mucho provecho , é vinieron en marzo de 1494
los navios de las Indias, y volvió la armada con los
mantenimientos dende á pocos dias.
El Almirante no echó en olvido la muerte de los
treinta y nueve hombres que le mataron, é hizo su
inquÍBÍcion, y supo de los mismos indios quien los
habia muerto, y entró por la tierra, y cautivó infi-
nitos dellos, de los quales envió en la segunda vez
que invió los navios quinientas ánimas de indios é
indias, todos de buena edad, dende doce años hasta
treinta y cinco, poco mas ó menos, los quales todos
se entregaron en Sevilla al dicho Señor Don Juan de
Fonseca, é vinieron ansí como andaban en su tierra,
como nacieron , de lo qual no habían mas empacho
que alimañas, los quales todos vendieron, y aprove-
charon muy mal, que murieron todos los mas, que
no les probó la tierra.
Ovo cisma entre el Almirante y algunos de los
que fueron debajo de su mandado, que no le querían
obedecer, y decían que habían engañado al Rey y
á la Reyna en les decir que habia tanto oro, lo qual
afirmaban que no era verdad , y que sí algo habia
que sería mas el gasto que se pondría en buscar y
sacar ; muchos creyeron esto acá en Castilla y ovo
muy grandes mormuraciones contra el Almirante,
y él como soberano sobre ellos, envió presos algunos
dellos, así como á Fermín Zedo , vecino de Sevilla,
que había ido por maestro para conocer y apurar el
oro, el qual hacia escarnio del oro, y él y otros de-
cían que aquel oro que aquellos indios poseían é
daban al Almirante, que lo tenían de mucho tiem-
po, é lo habían habido sucesivamente de sus ante-
cesores; é envió preso á Bernardo de Pisa, alguacil
de la corte , y á otros muchos , y los entregaron en
Sevilla presos ; y de aquí se siguieron muchas di-
sensiones contra el Almirante , y todas á muy gran
sinrazón, según pareció la verdad. Esto acaeció des-
pués que él vino de descubrir la tierra firme de la
parte del austro, donde se engorró y tardó allá qua-
tro 6 cinco meses del año de 94.
CAPÍTULO CXXI.
De como el Almirante fué por la tierra á bascar el oro á la pro-
vincia de Cibao, y lo que le pareció de la tierra, é de la forta-
leza que hizo.
Después de partidos los navios en que fué la di-
cha armada de la ciudad Isabela, comenzada de
fundar, los quales vinieron debajo de la capitanía
de Antonio de Torres, hermano del ama del Prínci-
pe Don Juan, que partieron de la dicha ciudad Isa-
bela á 3 de Febrero del año de 94, el Almirante dio
priesa en fortalecer la ciudad, y en aderezar las co-
sas que para allá convenían para remediar las vi-
das, y la vivienda de toda aquella gente que all4
DON FERNANDO
quedó, y fecho algo dello á 12 de Marzo se partió
con toda la gente que fué menester, de á pié é de á
caballo, para ir á ver la provincia de Cibao, que es-
tá de la ciudad 18 leguas, al austro de la dicha ciu-
dad, y atravesó vegas y puertos, é fué é halló la di-
cha provincia, é hizo caminos llanos algunos puer-
tos, é fizo allá una fortaleza en Cibao , en que puso
gente, alcayde y maestros para el edificio é para po-
der señorear la gente della. Cibao es nombre de
provincia, como ya es dicho, y quiere decir Pedre-
gal^ porque es áspera, tierra de cabezos y montañas
muy altas, llenas de piedras todas ó la mayor parte
dellas, no muy agrias, y sin árboles, mas no sin
yerbas, ca es tierra muy fértil de mucha yerba, la
cual es toda como grama, y mas espesa é mas alta
que alcacel, y en algunas partes hasta las sillas de
los caballos, y así está continuamente espesa si no
la queman ; debajo de la qual todas aquellas mon-
tañas y cabezos son llenas de guijarros grandes y
redondos como en una ribera ó playa, é todos ó la
mayor parte son azules. Esta provincia es toda tier-
ra muy fuerte é defensible, templada é sanísima, y
en ella llueve muy amenudo ; al pié de cada cabezo
hay un arroyo y un rio chico ó grande , según la
montaña ; y el agua es delgada y sabrosa, f ria y no
cruda, como otras aguas que dañan é hacen mal á
la persona, é esta agua es como medicinal, que que-
branta la piedra de los ríñones, é muchas personas
so sintieron muy bien é sanos con ella. En todos
• aquellos cabezos é arroyos hay mucho oro y todo
en granos.
CAPÍTULO CXXII.
De los granos de oro y experimentos de él, é de cómo los indios
los cogían.
La fortaleza que el Almirante hizo en Cibao lla-
móla Santo Thomás , y al tiempo que allí estuvo
edificándola vinieron muchos indios con gana de
cascabeles y otras cosillas, de lo qual no se les daba
nada hasta que trajesen oro, y como esto se les de-
cía, corrían á la ribera y en menos de una hora traía
cada uno de ellos una hoja ó un caracol lleno de
granos de oro, y un indio viejo trujo dos granos do
peso de tres castellanos, que fasta entonces el Al-
mirante no había visto tan grandes, salvo uno que
le había presentado Guacanarí, que había enviado
con el capitán Antonio de Torres al Rey y á la Rey-
na, con otros menudos que les envió ; empero los
mas de ellos fueron fundidos, creyendo á Fermín
Zedo, que estaba allá por hombre de mucho saber
en el oro, el qual erró en esto destos granos, porque
eran de nacimiento y no fundidos , como él dijo, y
después se supo lo cierto que Fermín Zedo sabía
muy poco en ello , que también dijo al Almirante
de unos granos que había entre los otros, que eran
de oro bajo , que había sido falsificado con latón,
de que no supo lo que dijo, y también andaba erra-
do porque supo que aquello procedía de la mina
donde nació ; ni es de creer que los indios aunque
¡supiesen fundir que mezclasen el latón con el oro,
É DO^A ISABEL. 669
pues que tienen en mas estima el latón cien veces
mas que el oro. Ansí que recibidos los dos granos
del viejo, el Almirante le dio un cascabel , el qual
recibió en tanta estima como si recibiera alguna
buena villa, y dijo al Almirante que eran pequeños
aquellos á comparación de otros que habia en su
tierra, que era cinco leguas de allí, y figuró en pie-
dras tamañas como una nuez , é dijo que tamaños
granos de oro habia él hallado é mayores, y otros fi-
guraban que habia granos tamaños como naranjas,
y mayores se hallaban algunas veces ; otros de-
cían , que entre ellos se habían visto tan grandes
como una piedra, que señalaban, que pesaría media
arroba , en fin , de los que se vido fasta entonces
hubo grano de ocho castellanos.
Los indios, allende de ser gente bestial son pe-
rezosos y malos trabajadores , porque su hábito lo
hacía manifiesto , porque el invierno que allá se
siente hace asaz frío, aunque no hay lana hay mu-
cho algodón, de que se podrían vestir y hacer mu-
cha ropa é repararse, é déjanse andar así como
bestias por pereza, sufriendo en sus personas el frío
y el calor.
Volvió el Almirante á la ciudad Isabela desde
Cibao, é dejada en concierto la gente, aderezó de irá
descubrir la tierra firme de las Indias , pensando
hallar por aquella vía la grande y muy riquísima
ciudad del Catayo, que ea del gran Kan.
CAPÍTULO CXXIII.
Como fué á descubrir el Almirante.
Partió el Almirante á descubrir la tierra firme de
las Indias á 24 días del mes de Abril del dicho año
de 1494 : dejó en la ciudad por presidentes ásu her-
mano é un frayle, que se decía Fr. Benito , y orde-
nado lo que cada uno habia de hacer ; partió con
tres carabelas de vela redonda , y en pocos dias lle-
gó al muy señalado puerto de San Nicolao, el qual
está en la Isla Española frontero del cabo de Alf ac-
to, que es en la Juana, que él judgaba por isla y es
tierra firme, fin y cabo de ¡las Indias por el Oriente,
y enderezó al dicho cabo, llegó á él é dejó de seguir
la costa de la tierra del Septentrión , por donde el
viaje primero había andado, y navegó al Poniente
corriendo la otra costa de la parte del austro, las
quales costas van ansí ambas al Poniente , desvián-
dose la una del Polo Ártico y la otra acercándose á
él por la anchura de la tierra, que comienza por
angosto y va subiendo al Septentrión por la parte
del Austro, dejando la tierra de la Juana sobre la
mano derecha ; navegó pensando dar la vuelta al
rededor y correr después de ver el cabo la vía de
su deseo, que era buscar la provincia y ciudad del
Catayo, diciendo que la podía hallar por allí, que ea
en el señorío del gran Kan, la qual se lee, según di-
ce Juan de Mandavilla y otros que la vieron , que
es la mas rica provincia del mundo, y la mas abun-
dosa de oro y plata, y de todos metales y sedas;
pero son todos idólatras y gente muy agudísima, y
nigromántica, y sabia en todas artes é caballerosa.
670
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
é dellag escriben muchas maravillas, según cuenta
el noble caballero inglés Juan de Mandavilla, que
lo anduvo ó vido é vivió con el gran Kan algún
tiempo. Quien de esto quisiere saber lo cierto lea en
su libro en el 85, 87 y 88 capítulos, é allí verá como
la ciudad de Catayo es muy noble é rica , é como la
provincia suya tiene el nombre de la ciudad. La
qual provincia é ciudad es en las partidas de hacia
cerca de las tierras del Preste Juan de las Indias en
la parte que señorea y mira al Norte , por donde el
Almirante lo buscaba. Yo digo que habia menester
muy grande distancia de tiempo para lo hallar,
porque el gran Kan fué antiguamente Señor de los
Tártaros ; y desde la Gran Tartaria, que es en loa
confines de Buxia é Bahía, é podemos decir que se
comienza la Gran Tartaria desde Ungría, que son
tierras que están mirando desde esta Andalucía por
el derecho á donde sale el sol en el mes de los ma-
yores dias del año, é por aquel derecho solían ir los
mercaderes en aquella tierra, que por la banda que
el Almirante buscaba el Catayo, es mi creer que con
otras mil é decientas leguas, andando el firmamento
de la mar é tierra en derredor no llegare allá , y ansí
se lo dije é hice entender yo el año de 1496, cuan-
do vino en Castilla la primera vez después de haber
ido á descubrir, que fué mi huésped é me dejó algu-
nas escripturas, en presencia del Señor Don Juan
de Fonseca, de donde yo saqué y cotéjelas con las
otras que escribieron el honrado señor el Dr. Anca
ó Chanca y otros nobles caballeros que con él fue-
ron en los viajes ya dichos, que escribieron lo que
vieron, de donde yo fui informado, y escribí esto
de las Indias, por cosa maravillosa é hazañosa, que
Nuestro Señor quiso demostrar en la buena ventura
é tiempo del Rey Don Fernando é de la Reyna Doña
Isabel, su primera mujer.
Ansí que el Almirante pensando que la Juana era
isla, andubo mucho por la costa della , y pregunta-
ba á los indios si era isla ó tierra firme, y como ellos
son gente bestial y piensan que todo el mundo es
isla y no saben qué cosa sea tierra firme, ni tienen
letras ni memorias antiguas, ni se deleitan en otra
cosa sino en comer é en mujeres, decían que era isla,
empero algunos le dijeron que no la andaría en qua-
renta lunas, é mientras mas seguían la costa , mas
los echaba la tierra al Austro; .tie él bien pensó dar
vuelta á la Juana y volver al Poniente , é dende al
Septentrión donde pensaba hallar la noble ciudad ó
provincia riquísima del Catay, é ovo por fuerza de
seguir aquella banda por donde la tierra lo desvia-
ba de sí, é descubrió por aquella vía la isla de Ja-
maica, y volvió á seguir la costa de tierra firme se-
tenta dias andando por ella, hasta haber pasado á es-
tar muy cerca al Áurea é Forneso, á donde tomó la
vuelta por temor de los tiempos y por la grandísima
navegación é mengua de mantenimientos, é de allí
le vino en mente, que si próspero se hallara, que pro-
bara á volver á España por Oriente, viniendo por el
Ganges, y dende al Seno Arábico, é después por Etio-
pia, é después pudiera venir por la tierra á Jerusa-
len , é dende á Japha, y embarcar y entrar en el mar
Mediterráneo, é dende á Cádiz. El viaje bien se pti-
diera hacer desta manera, empero muy peligroso por
la tierra, porque todos son moros dende Etiopía á
Jerusalen , empero él pudiera ir por la mar todavía,
ir desde allí fasta Calicud , que es la ciudad que sa-
lieron los portugueses é la descubrieron, y para
no salir por tierra sino todavía por agua, él habia de
volver por el mismo mar Océno rodeando toda la Ly-
bia , que es la tierra de los negros, é volver por don-
de vienen los portugueses con la especería de clavo
á Barta, que después de haber andado el Almirante
trescientas veinte é dos leguas á quatro millas cada
una, ansí como acostumbran en la mar, desde el ca-
bo de Alfaeto, se volvió sino por el camino donde
había ido cuando pasó por aquel cabo de Alfaeto,
que está al comienzo de la tierra Juana, puso allí
columnas de cruces, tomada la posesión por sus
Altezas , é fué muy bien fecho , pues remaneció ser
el estremo cabo é puerto, que debéis saber aquel
es estremo cabero, cabo de la tierra firme del Po-
niente, el cabo de San Vicente, que está en Por-
tugal, enmedio de los quales cabos ambos se con-
tiene todo el poblado del mundo, que por tierra
desde el cabo de San Vicente podrá ir siempre á Le-
vante sin pasar ninguna cosa del mar Océano hasta
llegar al cabo de Alfaeto é desde Alfaeto, por la
contra, venir fasta el cabo de San Vicente por
tierra firme á quien Dios ayude en el viaje.
CAPÍTULO CXXIV.
De como el Almirante llegó á tierra donde los árboles llevan dos
veces fruto, é del pescado é serpientes que hallaron, é como fue-
ron á la isla de Jamaica.
Tornando á proseguir é recontar mas amenudo
las islas é tierras é mares que el dicho Almirante
descubrió de aquel viaje, siguió por la mar, como di-
cho es, dejando la tierra firme á la mano derecha,
fasta un puerto muy singularísimo, al qual llamó
Puerto grande. En aquella tierra los árboles y las
yerbas llevan dos veces en el año fruto, esto se supo
y experimentó por verdad, de los quales muy suaví-
simo olor salía, que alcanzaba en gran parte á la
mar. En aquel puerto no habia población, é como en-
traron en él vieron á mano derecha muchos fuegos
juntos con el agua, y un perro y dos camas sin per-
sonas; descindieron en tierra é hallaron mas de qua-
tro quintales de peces en asadores al fuego , é co-
nejos, é dos serpientes, é allí en muy cerca estaban
puestas á los pies de los árboles en muchos lugares
muchas serpientes, las mas asquerosas é feas cosas
que los hombres vieron, é todas cosidas ; las bocas
eran todas de color de madera seca, y el cuero de
todo el cuerpo muy arrugado, en especial en la ca-
beza, que les descendía sobre los ojos, los cuales te-
man venenosos y espantables , é todas eran cubier-
tas de conchas muy fuertes como un peze de esca-
ma; é desde la cabeza hasta la punta de la cola por
medio del cuerpo tenían unas conchas altas é feas
é agudas como puntas de diamantes ; é mandó el Al-
mirante tomar el pescado, con que ovo refresco U
DON FERNANDO
gente, é después andando buscando puerto con la
barca, vieron del cabo de un cerro mucha gente des-
nuda á la costumbre de allá , y haciéndoles señales
que se llegasen , allegóse uno y f abló un indio que
el Almirante llevaba por intérprete de los que ha-
bían venido á Castilla, que entendía ya bien el cas-
tellano, y entendía también á los indios , é el indio
estrafio fablaba desde encima de una piedra, é co-
mo entendió al otro aseguróse é llamó á la otra gen-
te, que era obra de setenta hombres, los quales dije-
ron que andaban cazando por mandado de su cazi-
que para una fiesta que querían facer, y el Almiran-
te les mandó dar cascabeles é otras cosillas, é man-
dóles decir que perdonasen que él habia tomado el
pescado é no otra cosa, é holgaron mucho cuando
supieron que no les habia tomado las serpientes , é
respondieron que fuese todo en buen hora, que ellos
pescarían mas á la noche. Salió de allí otro día an-
tes que saliese el sol , siguió al Poniente la costa de
la tierra, la qual veían ser muy f ermosa é muy po-
blada tierra, y como veían tales navios, venían á las
playas á ver mucha gente é niños chicos y grandes,
trayéndoles pan y cosas de comer , corriendo mos-
trando el pan y las calabazas llenas de agua, llaman-
do «comed, tomad, gente del cíelo», y rogábanles
que descindieran y fuesen á sus casas , y otros ve-
nían en canoas á lo mismo, ansí navegaron fasta un
golfo donde habia infinitas poblaciones, y las tier-
ras y campos eran talesj que todas parecían huertas
las mas famosas del mundo y todas tierras altas é
montañosas ; surjieron allí y la gente de la comarca
luego vinieron, é trajéronles pan y agua y pescado;
y luego otro día siguiente en amaneciendo partie-
ron de allí, é andando hacia un cabo, después deter.
minó el Almirante dejar aquel camino y aquella
tierra y navegaron en busca de la isla Jamaica al
Austro, y en cabo de dos días y dos noches allega-
ron á ella con buen viento é fueron á dar en el me-
dio della, la qual es la mas f ermosa que los ojos vie-
ron, ella no es montañosa, y parece que llega la tier-
ra al cielo, es muy grande, mayor que la Cícilía, tie-
ne en cerco ochocientas millas, y es toda llena de
valles é campos é planos; es fértilísima ultra modo,
que ansí á la lengua del mar como en la tierra aden-
tro toda es llena de poblaciones y muy grandes y
muy cerca unos de otros á quatro leguas; tiene ca-
noas mas que en ninguna otra parte de por allí, y
las mas grande que fasta entonces habían visto, to-
das de un tronco como dicho es, enteras de un árbol,
y cada Cacique de todas aquellas partes tiene una
canoa grande de que se precia de tener una nao
grande y f ermosa ; ansí traen labradas aquellas ca-
noas en proa y popa á lazos y pinturas, que es ma-
ravilla la fermosura dellas; en una de aquellas gran-
des midió el Almirante noventa y seis pies de luen-
go y ocho pies de ancho,
CAPÍTULO CXXV.
De la isla Jamaica.
Ansí como el Almirante llegó cerca de la tierra
de Jamaica, luego salieron contra él bien setenta
É DotÁ ISABEL. en
canoas todas cargadas de gente y varas por armas,
una legua á la mar, en son y forma de pelear, y el
Almirante con sus tres carabelas y gente no dio por
ellos nada, é siguió todavía el camino de la tierra,
é desque esto vieron, ovieron miedo é volvieron hu-
yendo, y el Almirante tuvo forma con su carabela
é faraute, como una de aquellas canoas se aseguró
é vino á él con la gente , é dióles vestidos é otras
muchas cosas que ellos tuvieron en gran precio, é
dióles licencia que se fuesen, y él fué á surjir á un
lugar que puso nombre Santa Gloria, por la estrema
hermosura de su gloriosa tierra, porque ninguna
comparación tienen á ella las huertas de Valencia,
ni de otra parte, y esto es en toda la isla ; y dur-
mieron allí aquella noche, y otro día en amanecien-
do fueron á buscar puerto cerrado para despalmar y
adobar los navios, y andando al Poniente quatro le-
guas, hallaron un singularísimo puerto, y el Almi-
rante envió la barca á ver la entrada , é salieron á
ella dos conoas con mucha gente y le tiraron mu-
chas varas, empero luego huyeron desque vieron re-
sistencia, pero no tan presto que no recibieran cas-
tigo, y el Almirante entró en el puerto y surgió, y
vinieron tantos indios sobre él que cubrían la tier-
ra, y todos teñidos de mil colores y la mayor parte
de negro, y todos desnudos á su uso, y traían plu-
majes en las cabezas, de diversas maneras, y traían
el pecho y el vientre cubiertos con hojas de palma,
dando la mayor grita del mundo, y tirando varas,
aunque no alcanzaban; y en los navios tenían nece-
sidad de agua y de lefia allende de adobar los na-
vios; y el Almirante vio que no era razón dejarlos
en aquella osadía sin pena, porque otra vez no se
atreviesen ansí. Arrimó todas tres barcas, porque
las carabelas no podían andar y llegar donde ellos
estaban por el poco hondo, y porque conociesen las
armas de Castilla allegáronse cerca dellos con las
barcas y tiráronles con las ballestas y desque los pi-
caron bien, y comenzaron de coger miedo, saltaron
en tierra á ellos despeldando tiros, y como los indios
vieron que los castellanos descindieron á ellos , die-
ron todos los indios á huir, hombres y mujeres, que
no pararon ninguno en toda la comarca, é un perro
que soltaron de un navio los seguía é mordía, é les
fizo gran daño, que un perro vale para contra los in-
dios como diez hombres. El día siguiente antes del
sol salido, volvieron seis hombres de aquellos in-
dios á la playa, llamando y diciendo al Almirante
que aquellos Caciques todos le rogaban , que no se
fuese, que los querían ver é traer pan é pescado ó
frutas ; al Almirante le plugo mucho de la embaja-
da, é ficieron su amistanza é seguro, é vinieron loa
Caciques é muchos indios á él , é trujéronle muchos
mantenimientos con que refrescó mucho la gente,
é estuvieron muy abundosos de todo todos los dias
que allí estuvieron, y los indios quedaron muy con-
tentos con las cosas que el Almirante les dio; é ado-
bados los navios é descansada la gente partieroq
de allí.
m
CRÓNICAS t)E LOS HEYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO CXXVI.
De muchas islas que se descubrieron.
Partió el Almirante con sns tres carabelas de Ja
máica, y navegó treinta y quatro leguas facia el Po-
niente, fasta el golfo de buen tiempo, é allí ovieron
los vientos contrarios para seguir la costa adelante
de la dicha isla de Jamaica, de la qual su calidad
era bien conocida y vista que no habia en ella oro
ni metal ninguno, aunque de lo otro era como un
paraíso, y por mas que oro tenida ; ficieron del vien-
to contrario bueno y volvieron á la tierra firme de
la Juana con propósito de seguir la costa de ella que
habían dejado por saber cierto sí era tierra firme ; é
fueron á parar á una provincia que llaman Macaca,
quo' es muy f ermosa, y fueron á surjir á una pobla-
ción muy grande, el Cacique de la cual ya conocía
al Almirante y las carabelas de antes que fuesen á
esta jornada, que allegaron por aquella costa las
idas de la primera vez que el Almirante fué á des-
cubrir, que todos los Caciques de aquella tierra lo
supieron , é fué toda aquella tierra é islas alborota-
das de tan nueva coea é navios, é todos decían que
eran gente del cielo , no embargante que él no ha-
bía navegado á aquella costa, salvo la otra del Sep-
tentrión; y llegados allí el Almirante envió presen-
tes al dicho Cacique de las cosas que ellos allá te-
nían en mucho precio ; y el Cacique les envió buen
refresco, y á decir como le conocían y al Almirante
por oídas, y conocían á su padre de Simón , un in-
dio que el Almirante había traído á Castilla é dado
al Príncipe Don Juan ; y el Almirante descindió en
tierra y preguntó al dicho Cacique y á los indios de
aquel lugar , si aquello era tierra firme ó isla ; y él
con todos los otros le respondieron que era tierra in-
finita de que nadie habia visto el cabo , aunque era
isla. Esta era gente muy mansa, y desviada de ma-
los pensamientos ; hay diferencia en gran mane-
ra de esta gente de esta tierra Juana, á las otras de
todas las islas comarcanas, y eso mesmo hay en las
aves, y en todas las otras cosas , que estas de esta
isla Juana son de mejor condición é mas mansas.
Otro dia partieron de allí é navegaron al Septentrión
declinando al noroeste siguiendo la costa de la tier-
ra ; á oras de vísperas vieron tie lejos que aquella
costa volvía al Poniente y tomaron aquel camino
por atajar, dejando la tierra á mano derecha. Otro
dia al salir el sol miraron de encima del mastelero
y vieron la mar llena de islas á todos cuantro vien-
tos: y todas verdes y llenas de árboles, la cosa mas
fermosa que ojos vieron, y el Almirante quisiera
pasar al Austro, y dejar estas islas á la mano dere-
cha, mas acordándose haber leído que toda aquella
mar es así llena de islas, y Juan de Mandavilla di-
ce que en las Indias hay mas de cinco mil islas, de-
terminó de andar adelante, y no dejar la vista de ¡a
tierra firme de la Juana y ver lo cierto si era isla ó
no , y cuanto mas andaban mas islas descubrían , y
dia se fizo anotar 164 islas , y el tiempo para nave-
gar entre ellas siempre se lo dio Dios bueno, que
corrían los navios por aquellos mares que parecía
que volaban ; y llegaron el día de Pascua de Espí-
ritu Santo de 1494 á posar á la costa de tierra firme,
á un lugar despoblado, y no por destemperanza del
cíelo ni esterilidad de la tierra ; y en un grande pal-
mar de palmas que parecía que llegaban al cielo;
allí en orilla de la mar salían de la tierra dos ojos
de agua de debajo de ella, tan grandes que en el
ahujero cupiera una gorda naranja , y venia esto
en alto con ímpetu, cuando la marea era decrecien-
te; era tan fria y tal y tan dulce, que no la habrá me-
jor en el mundo ; y este frío no es salvaje como
otros que dañan el estómago, sino sanísimo; y des-
cansaron allí todos en las yerbas de aquellas fuen-
tes, y al olor de las flores, que allí se sentía maravi-
lloso , y al dulzor del cantar de los pajaritos, tantos
eran y tan suaves, y la sombra de aquellas palmas
tan grandes y tan fermosas, que era maravilla ver
lo uno y lo otro. Allí no parecía gente ninguna, em-
pero señal habia de andar gente por allí, que habia
señales de ramas de palmas cortadas. De allí el Al-
mirante entró en una barca y fué con ella y con las
otras á ver un rio al Levante de allí una legua, y
hallaron el agua tan caliente que escasamente se
sufría la mano en ella; y anduvieron por él arriba
dos leguas sin hallar gente ni casas , y siempre la
tierra era en aquella hermosura y los campos muy
verdes y llenos de infinitas uvas y tan coloradas co-
mo escarlatas, y en toda paiie por allí habia el olor
de las flores y el cantar de los pájaros muy suave,
lo qual todos vieron y sintieron en cuantas islas por
allí llegaron, y porque eran tantas que no se podían
en singular nombrar cada una, púsoles el Almiran-
te por nombre el Jardín de la Reyna. Y el dia siguien-
te, estando el Almirante en mucho deseo de haber
lengua, vino una canoa á caza de peces, que así lla-
man ellos, caza, que cazan con unos peces otros, qu©
traían atados unos peces por la cola con unos cor-
deles, y aquellos peces son de hechura de congrios
y tienen la boca larga, toda llena de sosas, ansí co-
mo de pulpo, y son muy osados, como acá los uro-
nes, é lanzándolos en el agua ellos van á pegarse á
cualquier pece, de estos en el agua non los despe-
garán fasta que los saquen fuera , antes morirá, y
es pece muy ligero, y desque se apega , tiran por el
cordel muy luego en que lo traen atado, y sacan ca-
da vez uno, y tómanlo en llegando á la lumbre del
agua, ansí que aquellos cazadores andaban muy
desviados de las carabelas y el Almirante envió las
barcas armadas y con arte que no les f uyesen á tier-
ra, y llegados á ellos, les hablaron todos aquellos ca-
zadores como corderos mansos sin malicia, como si
toda su vida los ovieran visto, que se detuviesen
con las barcas, porque tenían uno de estos peces pe-
gado en fondo á una grande tortuga, fasta que la
oviesen recojido dentro en la canoa, y así lo hicie-
ron, y después tomaron la canoa, y á ellos con qua-
tro tortugas, que cada una tenia tres codos en luen-
go, é los trujeron á los navios al Almirante ; y allí
aquellos le dieron nuevas de toda aquella tierra é
islas, y do su cacique , que estaba allí »uy cerco,
DON FEENANDO
que los había enviado á cazar , y rogaron al Almi-
rante que Be fuese allá, y que le harian gran fiesta,
y diéronle todas quatro tortugas , y él les dio mu-
chas cosas de las que llevaba, con que fueron muy
contentos , y preguntóles si aquella tierra era muy
grande, y ellos respondieron que al Poniente no te-
nia cabo, y dijeron que toda aquella mar al Austro
é Poniente era llena de islas, é dióles licencia; y ellos
le preguntaron cómo se llamaba, y ellos le dijeron
el nombre de eu Cacique, y volvieron á su 'ejercicio
de pescar.
CAPÍTULO CXXVII.
De la tierra donde los hombres comen perros, y los engordan
con pescado para ello , é del suavísimo olor de la tierra.
Partió el Almirante de allí, por entre aquellas is-
las por las canales mas navegables , siguiendo al
Poniente, no se desviando de tierra firme, y des-
pués de con buen tiempo haber andado muchas le-
guas , falló una isla grande y al cabo de ella una
gran población ; y aunque las carabelas llevaban
buen tiempo , surjieron allí y fueron á tierra ; mas
no hallaron persona alguna, que todos huyeron y
dejaron el lugar ; creyóse ser gente que se gober-
naba de pescados ; allí hallaron infinitas conchas de
tortugas que tenian por aquella playa ; allí halla-
ron todos juntos quarenta perros, no grandes ni
muy feos : no ladraban , parecía estar criados á pes-
cado , y cebados. Supieron como los indios los co-
mían, y que tienen tan buen sabor como acá cabri-
tos en Castilla , porque algunos castellanos los pro-
baron. Tenian allí aquellos indios muchas garzotas
mansas, é otras muchas aves, é el Almirante man-
dó que no les tomasen ninguna cosa , y partióse de
allí con sus navios, y luego hallaron otra isla ma-
yor que aquella , y no curaron de ella , mas ende-
rezaron á unas montañas que vieron muy altas de
la tierra firme , que estaban de allí catorce leguas,
y allí hallaron una gran población , y el Cacique y
los demás habitadores de muy buena conversación,
y de muy buen trato , y allí dieron muy buen re-
fresco al Almirante y á su gente de pan y frutas y
agua ; y preguntóles el Almirante si aquella tierra
8e andaba mucho al Poniente adelante , y respondió
el Cacique, que con otros viejos de su tiempo que
lo sabían, cá era hombre viejo, que aquella tierra
era grandísima y jamas oyó decir que tuviese cabo,
mas que adelante sabría mas de la gente de Ma-
gon, de la qual provincia ellos estaban comarcanos.
Navegaron el siguiente día al Poniente, siguien-
do siempre la costa de la tierra, y anduvieron mu-
chas leguas siempre por islas mas grandes , y no
tan espesas como primero; llegaron á una sierra
muy grande y muy alta, que andaba mucho aden-
tro en la tierra, tanto que no se pudo ver el fin de
ella; y de la parte de la mar de ella había pobla-
ciones infinitas, de las quales luego vinieron á los
navios gente infinita con fruta y pan, y agua, y
algodón hilado, y conejos, y palomas, y de otras
mil maravillas de aves de otras maneras, que no
Cr,~IU.
É DOÑA ISABED. 673
hay acá, cantando por fiesta, creyendo que aquella
gente y navios venían del cielo; y aunque el indio
intérprete que llevaba el Almirante les decía que
era gente de Castilla, creían que Castilla era el cie-
lo, y que el Rey y la Reyna Señores de aquellos
navios cuya era aquella gente, estaban en el cielo.
Llámase aquella provincia Ornophay ; llegaron allí
una tarde y habían andado en poca agua , y allá no
pudieron hallar hondo , y el viento de la tierra loa
echaba fuera y estuvieron una noche allí á la cuer-
da pairando , que no les pareció una hora de mano
por el suavísimo olor que de la tierra venia, y el
cantar de los pájaros y de los indios , que era muy
maravilloso y contentable ; allí dijeron al Almiran-
te que adelante de allí era Magon , donde todas las
gentes tenian rabo , como las bestias ó alimañas , y
que á esta causa los hallarían vestidos, lo qual no
era ansí, mas parece que entre ellos hay este crédi-
to de oídas , y los simples dellos lo creen ser ansí
con su simpleza , y los discretos creo yo que no lo
creerán , porque parece que ello fué dicho primera-
mente por burla, faciendo escarnio de los que an-
daban vestidos, como dice Juan de Mandavilla en
el 74 cap. de su libro , que en las ludias en la pro-
vincia de la Moré todos andan desnudos como na-
cieron, y que hacen burla de los que andan vesti-
dos ; y dicen que es gente que no creen en Dios,
que hizo á Adán y á Eva nuestros padres , el qual
los hizo desnudos, y dicen que de lo que es natural,
ninguno debe haber vergüenza ; y ansí los de esta
provincia de Ornophay, como ellos todos andan
desnudos, hombres y mujeres, facen escarnio de
los que oyen decir que andan vestidos, y el Almi-
rante supo ser burla, que si algunos donde ellos de-
cían andan vestidos, tampoco tienen rabo, como
ellos dijeron. Dijeron allí también al Almirante quo
adelante había islas innumerables y poco hondo, y
que el fin de aquella tierra era muy lejos, é tanto
que en quarenta lunas no le podría llegar á cabo ; y
ellos fablaban según el andar de sus canoas, que es
muy poco , que una carabela andaría mas en un día,
que ellos en siete.
CAPÍTULO CXXVIII.
De la mar blanca.
Partió el Almirante de Ornophay el día siguiente
con buen viento con sus carabelas, é cargó de velas,
é anduvo muy gran camino fasta que entró en una
mar blanca todo de un golpe, é pasó muchos bajos
antes de llegar á ella , la qual mar era blanca como
leche y espesa como el agua en que los zurradores
adoban los cueros ; y luego les faltó el agua, y que-
daron en dos brazas de hondo , é el viento les acu-
dió, é estando en una canal muy peligrosa para
volver atrás ni para surjir con los navios, porque
no podían volver atrás , ni virar sobre el ancla la
proa al viento , ni había hondo para ello , porque
siempre andaban rastraendo el ancla por el suelo, é
anduvieron así por estas canales de dentro do estas
islas las diez leguas fasta una isla donde hallaron
43
674 CRÓNICAS DE LOS
dos brazas é un codo de agua , y largura para estar
las carabelas , é allí surjieron y estuvieron con muy
grande pena pensando dejar la empresa , y que no
harian poco en volver á donde habían partido ; mas
nuestro Señor, que siempre socorre á los hombres
humillados de buena voluntad, les puso esfuerzo y
puso en corazón al Almirante que siguiese adelan-
te, y el día siguiente envió una carabela pequeña al
fondo de aquella mar allí cerca á ver si fallaría
agua dulce en la tierra firme, de que tenían todos
los navios mucha necesidad, volvió con la respuesta
que á la orilla de la tierra era el lodo muy hondo y
estaba dentro en la mar el arboleda tan espesa, que
no entraría por allí un gato ; había por allí tantas
islas que eran tan espesas, y mas que en el Jardín
ya dicho, y tantas arboledas en derredor de la ori-
lla de la mar, que parecían muros, y juntos con
aquellas arboledas había tierra alta, y muchas mon-
tañas y muy verdes, y en ellas parecían muchas hu-
madas y grandes fuegos, é el Almirante determinó
ir adelante, y navegó por aquellas canales entre
aquellas islas, las quales, como dicho es, eran mas
espesas que en el Jardín de la Reyna, y navegó fas-
ta que llegaron á una punta muy baja de tierra, á
la qual el Almirante le puso nombre la Punta del
Serajin; allí ovieron muchos trabajos, que muchas
veces se vieron con los navios en seco ; y dentro de
esta punta la tierra bajaba al Oriente , y se descu-
brían al Septentrión montañas muy altas lejos de
esta punta y entre medías limpio de islas, que to-
das quedaban al Austro y al Poniente. Ovieron allí
el viento bueno y hallaron allí tres brazas de hondo
de agua, y el Almirante determinó tomar el camino
de aquellas montañas, á las quales llegó otro día si-
guiente y fueron á surjir á un palmar muy fermo-
so é muy grande, donde hallaron fuentes de agua
muy dulce y buena y señal que allí había estado
gente.
Acaeció allí que estando forneciendo los navios
de leña é agua, salió un ballestero de las carabelas
á caza por la tierra con su ballesta, é alejado un
poco se halló con obra de treinta indios, y el uno
de ellos era vestido con una túnica blanca hasta los
pies; y se halló tan súpito sobre ellos, que pensó
por aquel vestido que era up fraile de la Trinidad
que allí iba en la compañía^, y después vinieron á
él otros dos con túnicas blancas, que les llegaban
abajo de las rodillas , los quales eran tan blancos
como hombres de Castilla en color ; estonces ovo
miedo , y dio voces , é volvió huyendo á la mar , y
vido que los otros se estaban quedos y el de la tú-
nica cumplida venia tras de él llamándolo, y él
nunca osó esperar ; y ansí f uyendo se vino á los
navios , y el Almirante desque lo supo envió allá
por saber qué gente era, é quando fueron no halla-
ron á ninguno , é creyeron que aquel de la túnica
cumplida sería el Cacique de ellos.
El día siguiente envió el Almirante veinte y cin-
co hombres bien armados, que anduviesen ocho ó
diez leguas por la tierra adentro , hasta hallar gen-
te, y andando un quarto de legua hallaron una vega
REYES DE CASTILLA.
que andaba de Poniente á Levante é luengo de ía
costa, é por no saber el camino quisieron travesar
la vega, y nunca pudieron andar con yerba tanta y
tan entretejida, y volviéronse cansados como si
ovieran andado veinte leguas, y dijeron que por allí
era imposible poder andar la tierra, que no había
caminos ni vereda. Otro día fueron otros al luengo
de la playa y hallaron rastros de bestias grandísi-
mas de cinco uñas, cosa espantable, ó juzgaban
que fuesen grifos, é de otras bestias, que juzgaban
que fuesen leones, y también se volvieron atrás.
Allí hallaron muchas parras y muy grandes, y car-
gadas de agraz, que cubrían todos aquellos árboles,
que era maravilla de ver. Tomó el Almirante da
aquel agraz una espuerta llena, é de los trozos de
las parras, é de la tierra blanca de la mar para mos-
trar, é para enviar á el Rey y á la Reyna; también
allí habia muchas aromáticas frutas, como en los
otros lugares susodichos ; también habia allí gru-
llas, mayores dos veces que las de acá de Castilla.
Visto el Almirante que habia dejado la punta del
Serafín, á donde la tierra bajaba á el Oriente y ha-
bia atravesado á las montañas al Septentrión, nave-
gó de allí al Oriente por la misma costa hasta que
vido que la una costa y la otra se juntaban y hacían
seco ; volvieron atrás otra vez al Poniente, y aunque
andaban los navios y gente muy cansada , pensó el
Almirante navegar al Poniente á unas montañas
que habia visto lejos treinta y cinco leguas de donde
habia tomado el agua, y andando las nueve leguas
hallaron una playa y tomaron el Cacique de ella,
el qual, como ignorante y persona que no habia
salido de aquellas montañais, que les dijo que era
la mar muy honda y baja al Septentrión é muy
gran número de jornadas , levantaron las áncoras,
y siguieron su viaje muy alegres , pensando que se-
ría como él les habia dicho, y andando ciertas le-
guas se hallaron embarazados entre muchas islas, y
en muy poco fondo , de manera que no hallaban ca-
nal que los consintiese pasar adelante, é á cabo de
un día y medio por una canal muy angosta é baja
por fuerza de anclas y cabestral ovieron de pasar
los navios casi una braza por la tierra en seco, has-
ta haber andado bien dos leguaíi, á donde hallaron
dos brazas y medio de agua, en que navegaron los
navios, y anclando mas adelante hallaron tres bra-
zas; allí vinieron muchas canoas á los navios, y las
gentes de ellas decían que las gentes de aquellas
montañas tenían un rey de grande estado ; é ellos
parecia lo tenían en maravilla, el modo é suma de
religión y su grande estado, diciendo que tenía infi-
nitas provincias, y que le llamaban Santo, y que
traía túnica blanca que le arrastraba por el suelo, y
ansí siguieran aquel camino siempre por la costa
de la mar con tres brazas de agua de hondo , y des-
pués de navegado cuatro días y pasadas las mon-
tañas, que quedaban mucho al Oriente, y siempre
hallaron la costa de la mar ansí anegada y arbole-
das espesas cerca do ella, como dicho es, que era
imposible entrar por ellas, y estando metidos con
los navios en un seno por donde otra vez la tierra
Don FERNANDO
voivia al Oriente, vieron unas montañas muy altas
allí donde aquella tierra Lacia cabo , lejos de ellos
veinte leguas. Determinó el Almirante ir á ella,
pues la mar no cojia al Septentrión, y era de muy
grandísimo hondo, como el Cacique habia dicho y
dijo que por allí por donde el Almirante quería ir,
que en cinqüenta lunas no hallaría cabo, y que así
lo habia oído decir. Navegaron por de dentro de
muchas islas , y al cabo de dos días con sus noches
llegaron á las montañas que habían visto, que era
un Chererrojo tan grande como el de la Áurea como
la isla de Córcega. Cercáronla toda, y nunca pudie-
ron hallar entrada para ir á la tierra adentro , por-
que era la tierra ansí llena de lodo ó de árboles es-
pesos, como la otra que dicho es, é las ahumadas
do gentes eran en la tierra adentro muy grandes é
muchas. Estuvieron allí por aquella costa siete dias
buscando agua dulce, de que tenian necesidad, la
qual hallaron en la tierra de parte de Oriente en
unos palmares muy lindos, y allí hallaron nácares
y grandísimas perlas ; vieron que allí habría bue-
nas pesquerías si las continuasen ; después que to-
maron agua y leña navegaron al Austro y siguien-
do la costa de la tierra, y después al Poniente, si-
guiendo siempre la costa de la tierra firme , fasta
que los llevaba al Suroeste y parecía que habían de
llevar por aquella grande número de jornadas, y al
Aiistro vieron toda la mar llena de islas después de
haber andado gran pieza de donde habían partido,
y aquí los navios estaban muy desconcertados por
las muchas dadas en lo bajo, y las cuerdas y apare-
jos gastados, é la mayor parte de los mantenimien-
tos muy perdidos, en especial el bizcocho, por la
mucha agua que hacían los navios, y toda la gente
estaba muy cansada y temerosa de mantenimien-
tos, y dudando que la sazón de los vientos á la vuel-
ta les podrían ser adversos ; habían andado hasta
alli desde el cabo de Alfaeto mil é doscientas é
ochenta é ocho millas , que son trescientas veinte y
dos leguas, en que habían descubierto muy muchas
islas, según dicho es, y la tierra firme.
Estonce acordó el Almirante dar la vuelta por
otro camino , y no por donde habían ido, y volver
por Jaime , el qual nombre de Santiago el Almiran-
te le habia puesto , y acabar de redondear toda la
parte del Austro que les habia quedado por andar,
y así dieron la vuelta pensando poder pasar dentro
de unas islas que allí estaban, en las quales nunca
hallaron canal, y les fué forzado volver atrás por
un brazo de mar por donde habían navegado hasta
la punta del Serafín á las islas donde primero ha-
bían surjido en la mar blanca.
CAPÍTULO CXXIX.
De los cuervos marinos que vieron, é mariposas, é tortugas muy
grandes.
Viniendo de vuelta, después que ovieron pasado
las casas del cacique susodicho una jornada, un día
antes que el sol saliese, vieron venir de mar en fue-
ra al camino de la tierra mas de un cuento y medio
E DOÑA ISABEL. 675
de cuervos marinos todos juntos, é lo ovieron por
maravilla tanta multitud de cuervos; y el día si-
guiente vinieron á los navios tantas mariposas, que
escurecían el aire del cielo y duraron así hasta la
noche, que las destruyó una grande agua que llo-
vía , y truenos con ella ; también desde donde deja-
ron la tierra donde decían que estaba el Rey Santo
para ir al Teroneso á quien de San Juan Evanjelis-
ta pusieron el nombre, bien que en todo el viaje
vieron que habia muchas tortugas é muy grandes;
empero muchas mas vieron en estas veinte leguas,
cá la mar era toda cuajada de ellas y muy grandí-
simas , é tantas que parecía que los navios se que-
rían encallar en ellas , y así rujian entre ellas. Tié-
nenlas los indios en gran precio y por muy buen
manjar, y sanas y sabrosas.
CAPÍTULO CXXX.
De la provincia de Omopliay é de donde el Almirante flzo decir
misa , é del recibimiento que el cacique de aquella tierra le fizo.
Partieron de allí é navegaron por un brazo de
mar blanco, como lo es todo lo otro de por allí, y
muy poco hondo , y andadas pocas leguas llegaron
al cabo de las muchas islas donde habían surjido la
primera vez en la mar blanca, que fué maravilla de
nuestro Señor acertar á venir allí y milagro , mas
que no por saber ni injenio del hombre. Dende vi-
nieron fasta la provincia de Ornophay con no me-
nos peligro del pasado, é allí surjieron en un río, é
fornecieron los navios de agua é lefia para navegar
á el Austro é no volver por donde habían ido, é de-
jar el Jardín de la Reyna á la mano izquierda, y
así vinieron , é no se pudieron escusar de comuni-
car con muchas islas que hasta estonce no habían
visto. Aquí, como es dicho, es la tierra montañosa y
fértilísima, y gente mansa en gran manera, y muy
abundosa de fi-utas, y de viandas, que de todos les
dieron muy gran parte, é eran frutas suavísimas y
aromáticas ; allí les trujeron infinitas aves, papaga-
yos, y de otras aves, é las mas de ellas eran palo-
mas y muy grandes , y tan sabrosas como perdices
de acá de Castilla, y tenian el papo lleno de flores,
que olían mas que azahar de los naranjos ; allí hizo
el Almirante decir misa, hizo plantar una cruz de
un gran madero , así como acostumbraba facer en
todos los otros cabos donde llegaban y le parecía
que convenia ; era Domingo cuando al Almirante
dijeron misa, y él descindió en tierra, y el Cacique
de allí era hombre muy honrado, y Señor de mucha
gente é familia , cuando vido al Almirante descen-
dido de la barca en tierra , le tomó de la mano , y
otro indio de mas de ochenta años que venia con él
le tomó de la otra mano haciéndole mucha fiesta , y
traía aquel viejo un ramal de qüentas de piedra
mármol al pescuezo, las quales tienen ellos allá en
gran precio , un cestillo de manzanas en la mano,
las quales luego dio al Almirante ansí como díscin-
dió de la barca en presente ; y el Cacique , y el viejo
y los otros andaban desnudos como nacieron sin
ningún empacho , así como andan en todas las otra
676
CRÓNICA DE LOS REYES DE CASTILLA.
partes de la tierra descubierta por el Almirante Co-
lon ; y ansí por las manos fueron y todos los otros
indios en pos de ellos fasta donde el Almirante fué
á facer su oración y oir misa adonde habia manda-
do aparejar para ello, y después que el Almirante
acabó su oración , el viejo indio con muy buen sem-
blante y osadía fizo allí razonamiento y dijo que él
habia sabido como el Almirante corría y buscaba
todas las islas y tierra firme de aquellas partes , y
que supiesen que allí estaban en la tierra firme de
allá , y dijo al Almirante que no tomase vanagloria,
puesto caso que toda la gente le oviese miedo , por-
que él era mortal como los otros hombres, y comen-
zó por palabras y señas figurando en su persona como
todos los hombres nacieron desnudos y tenían alma
inmortal , y que del mal de cada miembro el ánima
•era la que se dolía y que al tiempo de la muerte del
desprendimiento del cuerpo sentia muy gran pena,
y que iban al Rey del Cielo, ó en el abismo de la
tierra, según el bien ó mal que habían fecho ó obra-
do en el mundo ; y porque él conoció del Almirante
que habia placer de lo oír, él se alargaba mas en el
razonamiento con tales señas que todo lo entendía
el Almirante ; y el Almirante le respondió por in-
tercesión del indio intérprete que traía, que habia
venido á Castilla , el qual entendía bien la lengua
castellana y la pronunciaba , y era muy buen hom-
bre y de muy buen injenio; y respondió que él no
habia fecho á persona ninguna mal, ni era venido
por facer mal á los buenos, salvo á los malos, y que
antes facía bienes y mercedes á los buenos y mucha
honra , y que esto era lo que los Señores suyos el
Rey Don Fernando y la Reyna Doña Isabel , muy
grandes Reyes de España, le habían mandado, y el
indio respondió, muy maravillado al intérprete, di-
ciendo : « ¿ cómo, este Almirante tieno otro Señor á
quien obedece?» Y el intérprete indio di jo : «al Rey
y á la Reyna de Castilla, que son los mayores Se-
ñores del mundo» ; y de aquí les contó al Cacique y
al viejo , y á todos los otros indios las cosas que él
habia visto en Castilla y las maravillas de España,
y de las grandes ciudades y fortalezas, é iglesias, y
gentes , y caballos , y alimañas , y de la grande no-
bleza y riqueza de los Reyes y grandes señores , y
de los mantenimientos, y de las fiestas y justas que
habia visto, y del correr de los toros, y de las guer-
ras lo que habia sabido, y todo se lo recontó muy
bien y en forma que el viejo y los demás se goza-
ron y holgaron mucho por lo saber ; é lo comunica-
ban los unos á los otros ; é el viejo dijo que él que-
ría venir á ver tales cosas, é se determinaba de se
venir con el Almirante , salvo por impedimento de
su mujer é fijos que lloraban, y por esto por piedad
de ellos lo dejó con mucha pena, y el Almirante
tomó otro mancebo allí , que trujo sin escándalo de
la tierra, el qual con el otro Cacique que traía, que
habia tomado , envió á el Rey y á la Reyna, después
de él venido del viaje á la Española.
Todas aquellas gentes isleñas y de la tierra firme
de allá, aunque parecen bestiales y andan desnudos,
según el Almirante y los que con él fueron este yia-
je, les parecieron ser bien razonables y de agudos
injenios, los quales todos huelgan mucho de saber
cosas nuevas, como hacen acá los hombres que de-
sean saber todas las cosas, que aquello no nace sino
de viveza y agudo injenio, y son aquellas gentes
muy obedientes y muy leales á sus Caciques, que
son sus Reyes é señores, é los tienen en muy grau
quenta é honra; é luego donde quiera que las cara-
belas llegaban hacían saber cualesquier indios que
allí estuviesen el nombre de su Cacique, y pregun-
taban por el nombre del Cacique de las carabelas
para replicarlo entre ellos, y el uno con el otro lo
replicaban porque no se les olvidase, y después pre-
guntaban cómo llamaban á los navios, y si venían
del Cielo, ó donde venían, y aunque les decían que
era gente de Castilla, ellos pensaban que Castilla
era en el Cielo, porque ellos no tienen ningunas le-
tras, ni saben de leyes, ni de historias, ni saben qué
cosa es leer, ni leyenda, ni escríptura, y por esto es-
tán tan ignorantes; é ellos dicen que los de Magou
andan vestidos porque tienen rabo, por cobijar aque-
lla fealdad, é tienen por injuria entre ellos andar
vestidos, como dicho es. La tierra es tan fértil en lo
que se puede conocer por todas aquellas islas y tierra
de aquellas mares , que aunque fuesen muchas mas
gentes y fuesen cien veces otros tantos les sobra-
rían los mantenimientos. Bien puede haber en la
tierra á dentro otros regimientos é otras diferiencias
é modos de gentes é cosas extrañas, que no puede
ser menos, las quales de este viaje no se pudieron
ver ni saber. Despidióse el Almirante de aquel Ca-
cique, y de aquel viejo honrado, su privado ó pa-
riente, de Ornophay, é con mucha amistanza ó cou
muchas obligaciones.
CAPÍTULO CXXXI.
De como el Almirante se partió de allí; é de lo que anduvo, é de
cuantas leguas puede andar una carabela, y de como aportaron
á una isla de muchas poblaciones, é del Cacique que se metió
con su muger é su casa en la carabela para venir con el Almi-
rante; é de como volvió á la Española; y del fin de esta escríp-
tura, é de la muerte del dicho Almirante.
Partió el Almirante de la provincia de Ornophay
del Rio de las Misas á que puso nombre, navegaron
al Austro para dejar el Jardín de la Reyna, que eran
muchas islas verdes y hermosas, á la mano izquier-
da, por el peligro de navegar que primero á la ida
habían pasado, vinieron á tener á la provincia de
Macaca por causa de los vientos que le resistieron,
y allí en toda la provincia los recibieron muy bien,
y allí en un golfo muy grande, á donde puso el Al-
mirante Buen- tiempo por nombre; allí navegaron al
Poniente hasta que llegaron al cabo de la isla, y
dende al Austro, hasta que llegaron á la tierra Bo-
jía al Oriente, y ansí al cabo de ciertos días llegaron
al monte Chrístalíno, y de allí á la punta del Farol,
y á la Baja, que es mas al Levante once leguas,
á donde hace fin la isla sobredicha; allí ovierou
ciertos días de vientos contrarios. Los marineroa.
tienen que el común navegar de una carabela en
un día son doscientas millas de qnatro e» legua,
DON FERNANDO
que son en un día natural cinqüenta leguas, en un
dia grande setenta é dos leguas, destas les acaecie-
ron al Almirante y á su gente en este viaje hartas
jomadas, según ellos contaban, y escribió el Almi-
rante en el libro que de ello hizo, y no parezca ma-
ravilla que navegando se pueda arbitrar el camino
en cierto, mas antes se prueba por muy verdadero;
porque muchas veces se vuelve el navio á la isla
otra de donde salió, y no con el mesmo tiempo y
viento, salvo con el contrario y adverso; aquí con-
siste el saber del maestro y el remediarse al tiempo
de la tormenta: nin se tiene por buen piloto ó maes-
tro aquel que aunque haya de pasar de una tierra á
otra muy lejos sin ver señal de otra tierra alguna,
que yerre diez leguas, aunque el tránsito sea de mil
leguas, salvo si la fuerza de la tormenta le fuerza é
priva de usar del injenio; ansí que navegando ellos
á la partida del Austro, fueron á surjir una tarde á
una bahía adonde allí en aquella comarca habia
muchas poblaciones, y vino un Cacique de una muy
grande población, que está en un alto, á los navios,
y trujóles muy buen refresco, y el Almirante les dio
á él y á los suyos de las cosas que él tenia é les
agradaban, é el Cacique preguntó de dónde venían,
é cómo llamaban al Almirante, y el Almirante res-
pondió que él era vasallo de los altos y esclarecidos
Keyes el Rey y Rey na de Castilla, sus Señores, los
quales le habían enviado en aquellas partes á saber
y descubrir aquellas tierras y honrar mucho á los
buenos y destruir á los malos, y esto fué por inter-
cesión del indio intérprete que fablaba, de lo qual
el dicho Cacique se holgó mucho, y preguntó muy
por extenso al indio de las cosas de acá, y él se las
contó mucho por extenso, de lo qual el Cacique y
los otros indios muy maravillados se holgaron mu-
cho, y estuvieron allí hasta la noche, é se despidie-
ron del Almirante; y otro dia partió el Almirante
de allí y ya que iba á la vela con poco viento, vino
el Cacique con tres canoas y alcanzó al Almirante,
el qual venia tan concertado que no es dejar de es-
cribir la forma de su estado; la una de las canoas
era muy grande como una grande fusta y muy pin-
tada; allí venia su persona é la mujer é dos fijas, la
una de fasta diez y ocho años, muy fermosa, des-
nuda del todo como allá acostumbran , muy hones-
ta, la otra era menor, y dos niños muchachos sus
íijos , y cinco hermanos, y otros criados, y los otros
todos debían de ser sus criados y vasallos ; traía él
en su canoa á un hombre como alférez, éste solo
venia en pié á la proa de la canoa con un sayo de
plumas coloradas, de hechura de cota de armas, y
en la cabeza traía un grande plumaje que parecía
muy bien, y traía en la mano una bandera blanca
eín señal alguna; dos ó tres hombres venían con las
caras pintadas de colores de una mesma manera, y
cada uno traía en la cabeza un gran plumaje de he-
chura de zelada, y en la frente una tableta redonda
tan grande como un plato, y pintadas así la una
como la otra de una misma obra y color, que no
habia diferencia, ansí como en los plumajes, é traían
?8to8 en la mano un juguete con que tañían ; había
É DO^A ISABEL. 67Í
otros dos hombres ausí pintados en otra forma; es-
tos traían dos trompetas de palo muy labradas de
pájaros y otras sutilezas; el leño de que eran era muy
negro, fino, cada uno de estos traía un muy lindo
sombrero de plumas verdes muy espesas, de muy
Botil obra; otros seis traían sombreros de pluma»
blancas, y venían todos juntos en guarda de las co-
sas del Cacique. El Cacique traía al pescuezo una
joya de arambre de una isla, que es en aquella co-
marca que se llama Guaíiique, es muy fino, y tanto
que parece oro de ocho quilates, era de hechura de
uña flor de lis, tamaña como un plato, traíala al
pescuezo con un sartal de quentas gordas de piedra
mármol, que también tienen ellos allá en muy gran
precio, y en la cabeza traía una gran guirnalda d©
piedras menudas verdes y coloradas puestas en or-
den, y entremedias algunas blancas mayores, á don-
de bien parecían, y traia mas una joya grande col-
gada sobre la frente, y á las" orejas le colgaban dos
grandes tabletas de oro con unas sartitas de cuentas
verdes muy menudas; traia un cinto, aunque anda-
ba desnudo, ceñido de la misma obra de la guirnal-
da, y todo lo otro del cuerpo descubierto; y así mis-
mo su mujer venia adornada, desnuda, descubiertai
salvo un solo lugar de su miembro, que de una co-
BÍlla no mayor que una hoja de naranjo do algodón
traía tapado; traia en los brazos debajo del sobaco
un bulto de algodón hecho como los brahones de
los jubones antiguos de los franceses, traia otros dos
como aquellos y mas grandes en cada pierna el suyo
como ahorcas , también de algodón, abajo de las ro-
dillas; la hija mayor y mas hermosa toda andaba
desnuda, un solo cordón de piedras muy negras y
muy menudas solamente traía ceñido del qual col-
gaba una cosa de hechura de hoja de yedra de pie-
dras verdes y coloradas pegadas sobre algodón te-
jido; la canoa grande venia entre las dos, y mas con
una poca de ventaja adelante, y luego como llegó
este Cacique á bordo del navio comenzó de dar á
los maestros y gente cosas de su comarca. Era de
mañana y el Almirante estaba rezando, y no vído
tan ahina las dádivas y determinación de la venida
de este Cacique, el qual luego entró en la carabela
con toda su gente, y quando el Almirante salió ya
tenia enviados los vasallos que volviesen las canoas
á tierra, y iban ya lejos, y luego vído al Almirante
se fué á él con cara muy alegre, diciendo: «Amigo,
yo tengo determinado dejar la tierra y irme contigo
y ver al Rey y á la Reyna y al Príncipe su hijo, los
mayores Señores del mundo, los quales tienen tanto
poder que han sojuzgado acá tantas tierras por tí,
que los obedeces y vas por su mandado todo este
mundo sojuzgando, como he sabido de estos indios
que contigo traes, y que en todo cabo están las gen-
tes de tí tan temerosos que es maravilla, y á los ca-
ribes, que es gente innumerable y muy brava, les
has destruido las canoas é casas é tomado las mu-
jeres é fijos, é muerto de ellos los que no huían. Yo
sé que en todas las islas de esta comarca, que es in-
finito número de gente y gran mundo, te temen y
han gran miedo, y les puedes facer mucho mal é
678
daño si no obedecen al gran Rey de Castilla, tu Se-
ñor, pues ya conoces las gentes de estas islas y su
flaqueza y sabes la tierra ; pues antes que rae tomes
mis tierras y señoríos, yo me quiero ir contigo con
mi casa en tus navios á ver los grandes Rey y Rey-
na tus Señores y á ver la tierra mas abundosa y rica
del mundo, donde ellos están, y á ver las maravillas
de Castilla, que son muchas, según tu indio me ha
dicho.» Y el Almirante, habiendo compasión de él
y de su fija, y de sus hijos y de su mujer, se lo es-
torbó viendo su inocencia y sana voluntad, y dijo,
que él lo recibía por vasallo del Rey de España y
de la Reyna , y que por entonces se quedase , que
aun le faltaba mucho por descubrir, y que tiempo
habria de otra vuelta para cumplir su deseo, é ficie-
ron amistad, é así se ovo de quedar con su gente é
casa.
El Almirante navegó dende al Austro y al Orien-
te por aquellas mares, entre otras islas pobladas de
aquellas mesmas gentes desnudas , según escribió
dello el Almirante , de las quales por no hacer tan
larga escriptura dejo de escribir, y basta esto, por-
que toda la gente era como la susodicha. Cuando
volvió para la Española de donde habia partido, vino
á salir por entre las islas de los Caribes f acia por
donde habia ido el segundo viaje. Ya no hacían
cuenta de él en la Española ni de sus navios, sino
que pensaban que él fuese perdido, y en Castilla así
mismo lo tenían, que habían escrito de la Española
como no parecía tanto tiempo había ; alegráronse
con su venida los que lo bien querían, y por la con-
tra otros que le non tenían voluntad les pesó, por-
que no les dejó aprovechar á ninguno, ni resgatar
cosa alguna, salvo todo para el Rey y Reyna, por-
que había muy grandes gastos hechos en la deman-
da, y habia muy grandes murmuraciones contra él.
No halló cojido oro, ni hubo quien procurase de lo
haber, ni quien lo supiese ni osase buscar por temor
de los indios, mientras él fué en el dicho viaje. Des-
que fué venido, luego puso en obra de haber lo mas
que pudo, y por las discordias que ovo entre ellos
fizo justicia de algunos de ellos , y otros envió pre-
sos al Rey como hemos dicho ; los gastos eran muy
muchos, los provechos eran pocos hasta entonces,
la sospecha que no habia oro era muy grande ansí
allá como acá en Castilla. Ovieron falta de man-
tenimientos é llegó la gente^á estar en mucha ne-
cesidad y necesidades, lo qual remedió de acá el
Señor Don Juan de Fonseca, Obispo de Badajoz que
fué , é después do Córdoba , é después de Falen-
cia que tenia el cargo de proveer. Ovo quien fizo
entender al Rey y á la Reyna que siempre sería
mas ol gasto que el provecho , de manera que en-
viaron por el Almirante , y vino en Castilla en el
mes de Junio de 1496 años, vestido de unas ro-
pas de color de hábito de fraile de San Francisco,
de la observancia, y en la hechura poco menos que
hábito, é un cordón de San Francisco por devoción,
y trujo consigo algunos indios que antes que él de
allí partiese él habia prendido, al gran Cacique
Caonaboa, é á un su hermano, é á un su fijo de fas-
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
ta diez años, no en pelea , salvo desque los aseguró
y después diz que dijo que los traía á ver al Rey y
á la Reyna para después volverles en eu honra y es-
tado. Traía al Caonaboa y aun su hermano de fasta
3o años, á quien puso por nombre Don Diego éá un
mozuelo sobrino suyo, fijo de otro hermano , y mu-
rióse el Caonaboa en la mar ó de dolencia ó poco
placer. Traía un collar de oro el dicho Don Diego,
hermano del dicho Caonaboa , que le facía el Almi-
rante poner cuando entraba por las ciudades ó lu-
gares, hecho de eslabones de cadena, que pesaba
seiscientos castellanos, el qual yo vi y tuve en mis
manos, y por huéspedes en mi casa al dicho Señor
Obispo, é al Almirante, é al dicho Don Diego. Trujo
estonce el Almirante muchas cosas de allá de las del
uso de los indios, coronas, carátulas, cintos, collares
y otras muchas cosas entretejidas de algodón, y en
todas figurado el diablo en figura de gato, ó de cara
de lechuza, ó de otras peores figuras, de ellas enta-
lladas en madera, de ellas hechas de bulto del mes-
mo algodón, ó de lo que era la alhaja. Trujo unas
coronas con unas alas y en ellas unos ojos á los la-
dos de oro, y en especial traía una corona que de-
cían que era del Cacique Caonaboa, que era muy
grande y alta, y tenía á los lados estando tocada
unas alas como adarga y unos ojos de oro tamaños
como tazas de plata de medio marco , cada uno allí
asentado, como esmaltado, con muy sotil y extraña
manera y allí el diablo figurado en aquella corona,
y créese que así se les aparecía, y que eran idólatras
y tenían al diablo por señor. Los que de aquellos
indios que trujo vivieron presentó con las cosas y
oro que trujo á el Rey y á la Reyna, de los quales
fué muy bien recibido, é ovieron mucho placer de
ver las cosas extrañas é de saber de lo descubierto;
y aunque el Almirante tenia hartos contrarios, quo
no lo podían tragar por ser de otra nación y porque
sojuzgaba mucho en su capitanía é cargo, á los so-
berbios y adversos. E estuvo esta vez el Almirante
en la corte de Castilla, é en Aragón, mas de un año,
que con las guerras de Francia no le podían despa-
char, é después ovo licencia y flota, y despachos de
Sus Altezas, y estando él en la corte se negoció é
concertó é se dio licencia á otros muchos capitanes
que la procuraron para ir á descubrir, é fueron é
descubrieron diversas islas.
Partió el Almirante de vuelta á las Indias en fin
del mes de Agosto del año de 1497 con tres carabe-
las, y atinó hacia ciertas islas donde no habia lle-
gado en las partes del Austro en par de las islas de
los Caribes, y descubrió y halló la isla de las perlas
y no quiso que resgatasen, salvo muy poca cosa por
de muestra, de que los marineros fueron del muy
mal contentos, porque les habia dicho que de lo que
Dios les diese é echase en encuentro en aquel viaje,
que partiría con ellos, é después díjoles que el Rey
y la Reyna lo enviaban á descubrir por aquella via,
y no á resgatar, y siguió su viaje de vuelta á la Es-
pañola, y llegado en ella dio forma en las minas de
oro y en las poblaciones, donde trabajó muclio, y
halló muy grandes minas de oro como él creía que
DON FERNANDO
las había, y lo decia, y no era creído de muchos,
así caballeros como marineros é escuderos, é gente
común, que hacían burla de su f ablar; y fechas mi-
nas y dada orden muy agudísima en el buscar el
oro, pasó cerca de un año, que no pudo hallar la
abundancia de él, é en el año de 1499 comenzó de
hallar la abundancia y en el año de 1500, y como
Se cojia todo en nombre del Rey y de la Reyna,
aunque pagaban algo á los que trabajaban en las
minas, como el Almirante lo recibía y adquiría
todo, había muchas murmuraciones contra él, y él
se engorró y tardó de enviar el oro al Rey algo mas
de lo que debía, en tal manera que ovo quien escri-
bió de allá ó vino acá á decir á el Rey y á la Reyna
que encubría el oro, y que se quería ensefiorear de
la isla, é otros que la quería dar á genoveses, é otras
muchas cosas de lo qual lo menos, ó ninguna cosa
se debiera creer que él tal hiciera, y el Rey man-
dó un gobernador llamado Fulano de Bobadilla, á
la Española, é envió por el Almirante, el qual di-
cho gobernador se lo envió en ramo de preso con el
oro que tenía , el qual aportó á Cádiz en el verano
del año de 1501, y presentado al Rey con el oro que
trujo, y él dado su descargo, el Rey le mandó, que
porquG así convenía á su servicio, que no entrase ja-
mas en la isla Española, y por los servicios que ha-
bía fecho confirmóle su Almirantazgo para siempre
con sus derechos é rentas, é que andubiese en la cor-
te ó estuviese en Castilla donde él quisiese, é díjole
que en esto creyese que le hacia mucha honra y
merced y que le quitaba del peligro de los castella-
nos, que estaban muy indignados contra él, y que
BÍ allá volviese no podría escusar el alboroto y es-
cándalo, que sería dar á los indios mal ejemplo.
El Almirante, vista la voluntad del Rey y de la
Reyna, le suplicó á Sus Altezas, le diesen licencia
para ir á descubrir por la vía del Septentrión el cos-
tado derecho de la tierra firme, que le había queda-
do por descubrir, porque aun cuando su voluntad
fué el ir aquella vía cuando desde allá fué á descu-
brir la tierra firme, lo echó por la otra banda, y el
Rey le dio licencia, y fué con tres navios á descubrir
por el Septentrión, y ovo en el viaje muchos sinies-
tros y afrentas y fortunas, después de haber pasado
allende de la Española, que halló las mares muy
bravas, y no pudo andar tanto cuanto él quisiera, é
aunque descubrió en el viaje muchas islas, según él
escribió, su propósito no pudo haber el efecto que
deseaba, é en algunos puertos con las fortunas es-
tuvo retraído algunas distancias de tiempo, que le
impidieron el descubrir, y del mucho navegar, 6 del
mucho trabajo, ó del humor de aquellos mares, que
de tal manera pegan en los navios, se les comieron
de bruma, y maravillosamente él y la gente esca-
paron en uno á una isla cerca de la Española. El
navio iba también muy perdido, donde por vía de
indios el gobernador supo del, y enviaron por él, y
lo trujeron con la gente que habia ido con él á la
Española, é dende lo envió en Castilla, y lo trujo
Diego Rodríguez Cómitre, vecino de Triana, el año
do 150áj á c§,r9a dp Navidad, el qual dicho Almi-
É DOÑA ISABEL. 6ͧ
rante Don Christobal Colon, de maravillosa y hon-
rada memoria, natural de la provincia de Geno-
va (1), estando en Valladolid el año de 1506, en
el mes de Mayo, murió in senectute bona, inventor
de las Indias, de edad de 70 años poco mas ó me-
nos. Nuestro Señor lo ponga en gloria. Amen.
DEO GRATIAS.
Por ahora no quiero escribir mas del descubrir de
las Indias, pues á todos es notorio, y hay otros mu-
chos que lo descubren, y sábenlo escribir, y recuen-
tan lo que ven por toda España. Sucedióle su ma-
yor hijo en el Almirantazgo é rentas é honras quo
él por su trabajo, é industria é buena ventura ganó
en la buena ventura é buena dicha del Rey y de la
Reyna que para ello le aparejaron y dieron.
CAPÍTULO CXXXII.
De la isla de la Palma en Canarias.
En el nombre de Dios : aunque sepáis muy breve
la toma de la isla de la Palma, porque esplicada-
meute no lo supe, me pareció no ser cosa para dejalla
de escribir, pues no hay memoria nin escriptura quo
de infieles é gente bestial la viese quitada, nin se-
ñoreada pacífica de otra nación, fasta el tiempo de
la buena ventura del Rey Don Fernando y de la
Reyna Doña Isabel; fué de esta manera: Alonso
de Lugo, caballero ciudadano de la ciudad de Se-
villa, de noble generación, hombre pacífico y do
muy buena condición y sana conciencia, agudo y
de buen corazón, é injenio, cuidadoso de ganar
honra, é de servir á Dios y á Sus Altezas del Rey
é de la Reyna, en conquistar las gentes bárbaras
é idóilatras, ignorantes y enemigas de la fé cathó-
lica; este fué un capitán con Pedro de Vera, el
gobernador, en ganar la isla de la Gran Canaria,
como atrás dicho es. Este ovo heredamiento allí
en Gran Canarias, y quedóse allí viviendo, y quan*
do vido tiempo convenible demandó á el Rey y
á la Reyna la conquista de la isla de la Palma,
que es una de las siete islas de Canarias, la qual
tomó y se obligó con la ayuda de Dios de la con-
quistar y ganar á su costa y expensas, con con-
dición que las cabalgadas y despojos que dello
oviese fuesen para él, para el gasto de la gente;
y conquistóla el año de 1493 años, é ovo de ella
la victoria, é ganóla, ó ovo de cabalgada é des-
pojos mil é ducientas ánimas varones é mujeres,
chicos y grandes, é veinte mil cabezas de ganados
cabnmo é ovejuno, y dio la isla desempeñada á
Sus Altezas. Eran las gentes de esta isla todos des-
nudos, salvo de pellejos de cabras se cubrían y
aprovechaban en lugar de paños é de lienzo; al-
canzaban asaz mantenimientos de raíces de yer-
bas y de granas, y con leche y manteca y carne
se mantenían, y con pescado.
(Ij El texto (le Rodrigo Caro dice «Miljin»,
680
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
CAPITULO CXXXIII.
Del Haestradgo de Santiago.
Murió el muy honrado caballero é muy leal á la
corona real el Maestre de Santiago Don Alfonso de
Cárdenas, en la villa de Llerena, el año de 1493
años, de su muerte natural, en el mes de Julio, in
senectute hona, de setenta años, 6 poco menos; fué
sepultado allí en la iglesia del Apóstol Santiago; el
Señorío pasó al Rey é á la Reyna, del qual el Papa
Alejandro VI les fizo merced por sus vidas, en ga-
lardón de los trabajos y gastos de la santa guerra
que á los 'moros ficieron ; y así ol Rey y la Reyna
Bucedieron en el Maestradgo de Santiago, después
de haber tomado el de Calatrava.
CAPÍTULO CXXXIV.
De Tenerife, isla de Canarias.
Despuep que Alonso de Lugo ovo la victoria de
la isla de Palma, demandó al Rey y á la Reyna la
conquista de la isla de Tenerife , que era la última
y setena de las Canarias, y una de las mejores, y la
mayor de gentes, que en ella habia infinitos gana-
dos y de cabras, y ovejas, y puercos, y muchas gen-
tes y señoríos, en que habia nueve grandes señores
6 capitanes á quien ellos llamaban.
Esta tierra es por la mayor parto fortísiraa y
3 muy áspera de hollar, de sierras y cabezos, y en ella
hay una sierra la mas alta que hay en todas las
islas de la, mar, de quien los naturales de España
dan noticia, que ella descubre por la mar cinqüen-
ta leguas ó mas ; y visto por Sus Altezas la buena
cuenta que de sí dio en la conquista de la Palma,
cometiéronle el cargo de la conquista de Tenerife,
el qual fizo su armada con gente de Sevilla y desta
Andalucía, y de las mismas islas de Canaria en los
navios que fueron menester, é arribaron en Tenerife,
é tomaron tierra, é comenzaron de hacer la guerra
á los guauchos, que ansí se llamaba aquella nación
de gente de aquella isla, guanchez , y ellos respon-
dieron que querían ser christianos y libres, y no
querían guerra , y que los dejasen en sus casas é
sierras por vasallos del Rey é la Reyna de Castilla,
lo qual no le fué acogido por muchas causas; lo
primero por los grandes gastos que estaban ya he-
chos de las gentes que sobre ellos iba , lo segundo
porque ellos habían sido requeridos muchas veces
que se diesen ál Rey y á la Reyna de Castilla y que
fuesen christianos y libres, y no habían querido ; lo
tercero que no confiaban en ellos aunque se diesen,
y siendo ellos naturales y señores en sus tierras, te-
míase que cada que quisiesen se podían rebelar y
alzar, por ser la tierra áspera; y por otras muchas
razones no los recibieron : salvo los christianos, con
mucha cobdicia antes de haber esclavos, y esclavas
y despojos, que no por servir á Dios, que así se de-
cía que en la hueste no hablaban sino de las ganan-
cias que de allí habían de haber : les cometieron un
día después de haber habido algunas divÍHiones en-
tre los de la hueste ; é yendo peleando en pos de lo9
guanches! por una sierra, diéronse á flojura los
christianos y á mal recaudo, y los guanchez volvie-
ron sobre ellos á pedradas muy esforzadamente, y
los christianos con su mal concierto volvieron hu-
yendo malaventuradamente, que nunca el buen ca-
pitán Alonso de Lugo se lo pudo resistir , y los
guanchez tomaron tanto esfuerzo á pelear y seguir
en pos de los que huían, que desbarataron toda la
hueste y siguieron el alcance hasta la mar, y allí
de ellos se metieron en los navios, y de ellos se ar-
rojaron á la mar, y de ellos se enrocaban en los pe-
ñascos, barrancos y veras donde bate el mar, y allí
los mataban, y de ellos , desque crecía la mar, los
ahogaba; ansí que murieron de los christianos
ochocientos hombres ó poco menos ; ansí fué aquel
dia la pelea malaventurada para los christianos, y
los que escaparon se volvieron con los navios á la
Gran Canaria, é dende cada nno en sus tierras.
Fué este gran desconcierto , ó por los pecados de
los christianos y de su mala codicia ¡que lleva-
ban, ó por la inobediencia que muchos de la hues-
te tuvieron al capitán mayor Alonso de Lugo, el
consejo y mandado del qual muchos no quisieron
tomar.
Esto así fecho , creció mucho la enemiga en
el corazón del capitán Alonso de Lugo y en los
corazones de sus amigos y valedores contra los
guanchez, y vino en Castilla Alonso de Lugo, y de-
mandó favor al Duque do Medina , Conde de Niebla
Don Juan de Guzman, é fizo su partido con él, é le
dio favor é ayuda é gente, con que luego el siguien-
te año de 1495 volvió con gran ilota é gente sobre
Tenerife con nobles capitanes, é tomaron tierra
como la otra vez, é con mejor orden é concierto pe-
learon con los guanchez y los vencieron, y tomaron
cautivos chicos é grandes, que uno no quedó, con
todas sus haciendas é ganados, y ansí ovieron la vic-
toria de la isla de Tenerife, é la metieron en el se-
ñorío de Castilla, del Rey y de la Reyna , y aquí se
acabó la conquista de las islas de Canarias. Nuestro
Señor Jesuchristo sea loado por siempre jamás,
Amen. El desbarato de los christianos que en ella
ovieron déla primera conquista fué en el año de
1494 en el mes de Abril. La toma é vencimiento
que ovieron los christianos fueron el siguiente de
1495 años; en las quales guerras y tomas el dicho
Alonso de Lugo ganó mucha honra , y riquezas y
título que le dio el Rey y la Reyna de Adelantado
de las Canarias.
CAPÍTULO CXXXV.
De como pusieron defendimiento sobre las muías el Rey y la Rey-
na porque se perdía la caballería de Espafta.
En el año de 1494, habiendo visto el Rey y la
Reyna que do todos sus Ileynos de Castilla y León
para la guerra de los moros, á duras penas podían
llegar diez ó doce mil hombres de á caballo, y ha-
bia mas de cien mil encabalgados en muías, prove-
yeron de una premática con muy grandes penas,
DON FERNANDO
qne ninguno, ni alguno caballero, Duque, ni Conde,
ni otra dignidad, escudero ni labrador viejo ni mo-
zo, no fuese osado de cabalgar en muía enfrenada
y en silla, so pena de que se la matasen, salvo la
clerecía de orden sacra y las mujeres. Hicieron al
comienzo tales ejecuciones sobre ello las justicias
del Rey, que se tuvo y mantuvo en tal manera, que
Duques, Condes y Marqueses y todos los otros se-
fiores la temieron y mantuvieron todo el tiempo que
vivió la Reyna Doña Isabel, como si en la quebran-
tar oviesen de perder la vida, y deshízose la caba-
llería de las muías muy presto, é valieron muy de
valde, echáronlas á el uso de la albarda, y del tra-
bajo de arar, moler, carretas, andar en harrias, y las
muy famosas fueron vendidas fuera de los Reynos;
y el Rey mesmo dio tal ejemplo en esto, que jamás
cabalgaba en muía, salvo siempre á caballo. Algu-
nos dijeron que esto se hizo por las guerras que se
esperaban de Francia, porque la gente se encabal-
gase á caballos, é oviese mas gente de á caballo.
Dije que se mantuvo esta premática muy bien y
muy temidamente fasta que la Reina Doña Isabel
falleció, y ansí lo dijo, y aun se tuvo y mantuvo
hasta la venida del Rey Don Felipe é salida del Rey
Don Fernando , que hasta allí ninguno la osó que-
brantar, salvo desque la Reyna falleció; algunos de
los Grandes del Andalucía, que por sus obras pare-
cía desamar al Rey Don Fernando, la quebrantaron
luego como la Reyna falleció, algunos de los quales
quisieron luego ver vuelta en estos Reynos , salvo
que Nuestro Señor lo impidió, y en los comunes
nunca ovo mudamiento, por la gracia y querer de
Dios. Como comenzó de reynar Don Plielipe luego se
quebrantó y cabalgaron en muías todos los que la
pudieron alcanzar y los que quisieron. Esta premá-
tica y otras muy provechosas y conformes á justi-
cia y & la pro y bien del Común se quebrantaron
luego, y nunca ovo quien lo resistiese, é comenzó
de reynar el Rey Don Phelipe.
CAPÍTULO CXXXVI.
Caándo y crtmo el Rey Carlos de Francia , fijo del Rey Luis
de Francia, entró con gran poder en la Italia.
Este Rey de Francia fué hombre de mediano
cuerpo , é feo de gesto é cuerpo, é de mala é fea
composición, é ansi fueron sus fechos : no recibía
consejo de los sabios ni de los antiguos , según dé!
Be decia , antes seguía los apetitos de su voluntad.
Era llevado en adquirir , de la honra , y grandes se-
ñoríos ; placíanle mucho caballerías, batallas, gente
de guerra ; no creía que en el mundo habia su par.
Do lijero movimiento, sin pensar muy bien, y sin
cotejar la victoria y honra que de salir de sus rey-
nos á tan lejanas tierras podría alcanzar, siendo
vencedor, con la mengua y gastos, é pérdidas, é
muertes de sus gentes que le podrían venir, siendo
vencido , sin tener necesidad de justo título, salió
de Francia en el mes de Septiembre del afio de 1494
años con quarenta mil hombres de guerra, y con
muy grandes artillerías por tierra y mar, con inten-
É DOÑA ISABEL. 681
clon de tomar para sí el reyno do Nápolee, é por so-
juzgar la Italia. La causa é primero movimiento de
esta guerra fué la muerte del buen Rey Don Fernan-
do de Ñapóles, fijo del ínclito y muy buen Rey y
esforzado Don Alonso de Aragón ; que como murió
le subcedió su fijo Don Alonso, Duque de Calabria;
llamábanle el Garcho , por lo mal señalado de ojos ;
el qual era hombre muy mal quisto en el reyno, y
habíanle muy gran miedo todos los caballeros de
Ñapóles, cá era muy esforzado, y muy osado para
lo que quería facer ; el qual habia mandado matar
é mató algunos grandes señores del reino , siendo
Duque de Calabria, especialmente al Príncipe de
Salerno y al Príncipe do Bisiniano, y mató de un
linaje de Ñápeles, que dicen los Garrafos, que son
grandes señores, muchos, y comenzando de reynar
publicóse que el Papa Alejandro VI, que entonces
tenia la silla, le envió á demandar setenta mil du-
cados de oro de tributo del reyno de cada un año
de los pasados, que se debían á la Iglesia de los
años del tiempo do su padre, porque diz que tanto
tiene la Iglesia Romana sobre aquel reyno ; y él
diz que no respondió bien á el Papa, ni le enten-
dió pagar tal tributo, salvo como lo pagaban los
Reyes antepasados, que íiaciau pago con una ha-
canea adornada, que presentaban cada año al Papa,
con lo qual se contentaba ; y como aquellos caba-
lleros de Ñapóles tuviesen muy mala voluntad al
Rey Don Alonso, que nuevamente comenzaba á rey-
nar, no queriendo estender la cerviz al yugo, y fi-
cieron liga, según pareció por la obra, de dar el
reyno al Rey de Francia, y antes morir ó perder sus
estados, que no sufrir por su Rey al Duque de Ca-
labria Don Alonso el Garcho.
Los quales caballeros traidores de Ñapóles fue-
ron estos : el Príncipe de Salerno, el Príncipe de Bi-
Bíuiano, el Príncipe de Altamura, el Señor Virjilio,
capitán mayor de todo el Reamen de Ñapóles, yer-
no del mismo Don Alonso de una su hija bastarda, y
otros muchos. De algunos de estos se publicó lue-
go la traición, y del Señor Virjilio Ursino no, hasta
que después lo puso por obra. Estos y |sus secuaces
se fueron é enviaron á convidar al Rey Carlos de
Francia con el reyno de Ñapóles, é se ficieron sus
vasallos, é le suplicaron que viniese á tomar el rey-
no de Ñapóles, que estaba aparejado para se le dar.
Algunos dijeron que el mismo Papa fué consenti-
dor en este mesmo concierto , porque el Rey Don
Alonso le rebeló el tributo, y por otros enojos que
tenia del de sinrazones que le habia fecho, en es-
pecial que diz que el Papa habia comprado del Rey
Don Fernando una provincia en la Pulla plana in
finihus Campamos, que son doce ó trece villas, y una
ciudad que llaman Trípoli, y estas habían sido de
los Garrafos que habia muerto el Rey Don Alonso
siendo Duque de Calabria é Príncipe de Ñapóles en
vida de su padre , y él no las quiso dar al Papa ;
por esto se dijo que el Papa hizo liga con los caba-
lleros de la Italia contra él, y que él fué inprimis
consentidor que viniese á Ñapóles el Rey de Bran-
cia, é aun se dijo que le envió un breve para que
682
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
viniese, y después de visto que habia sido mal con-
Bejo aquel, le envió otro breve para que no viniese
ni en ninguna manera se moviese de su tierra para
Italia, por cuanto si al camino de tal viaje se me-
tía no se podia facer sin muy gran dafio y estrago
así del Imperio Eomano como de su gente france-
sa, y amonestóle y requirióle en el segundo breve
como hijo obediente que no quisiese tomar el tal
camino, y el Rey de Francia echólo en disimula-
ciones, y echó fama que queria ir contra el Turco,
é otros decian que iba á conquistar á Jerusalen, é
no dejó por eso de moverse con ios quarenta mil
hombres por la tierra é por la mar con su armada,
dejando primero hechas las amistades y hermanda-
des con el invictísimo Rey Don Fernando de España
y con el Rey de Inglaterra y con los grandes seño-
res sus comarcanos. Entró por la Italia con su gran
poder, y el Duque de Milán le fué favorable y dio
lugar por su tierra. Las señorías de Genova , é Flo-
rencia, é Pisa, é Luca,é Sena, todas se le humillaron,
y dieron lugar que pasase , é mantenimientos por
BUS dineros, é pasó por todas estas señorías, y acer-
cándose á Roma, el Papa fué muy pesante y teme-
roso de su ida.
CAPÍTULO CXXXVIL
De como el Rey de Francia entró en Roma.
El Santo Padre Alejandro VI, viendo que el Rey
de Francia se acercaba á Roma, y oyendo los es-
tragos y robos que la gente de guerra iba haciendo,
le envió á decir al Rey de Francia , que le ficiese
saber dónde iba, ó qué queria en aquellas tierras de
Roma y de la Santa Iglesia. El Rey de Francia le
envió á decir, que él iba á Roma, primeramente por
le besar las manos , y que allá le hablaría á su vo-
luntad, empero que su partida de Francia habia
sido á tomar el reyno de Ñapóles, que era suyo y le
pertenecía ; de donde después que lo tuviese con la
ayuda de Dios, entendía pasar á conquistar á Jeru-
salen, é la Santa Tierra de promisión, y que para
esto suplicaba á Su Santidad que le dejase pasar
por la ciudad de Roma, de lo qual el Papa fué muy
mal contento y dijo que lo otorgaba, con intención
y condición que entrase en Roma con mil hombres
de armas y quatro mil peones y no mas, y este con-
cierto fué entre el Rey y el Papa , y el Rey entró
en Roma con la condición dicha, con mil hombres
de armas, é cuatro mil peones arqueros y artille-
ros, é gente de guerra, el tercero dia de la Pasqua
de Navidad , dia de San Juan Evanjelista, tarde á
27 dias del mes de Diciembre, tres dias andados del
año del Nacimiento de Nuestro Redemptor Jesu-
christo de 1495 años; y el Papa le hizo muy solem-
ne recibimiento, cá salió con toda Roma á lo reci-
bir, é el mesmo Papa lo recibió en las gradas de
San Pedro, é allí se vieron, é besó el Rey el pié al
Papa dentro de la iglesia de San Pedro ; y el Papa
le hizo muy gran fiesta, y dio muchas colaciones
allí dííhtro en San Pedro ; y de allí el Rey se fué á
aposentar qon aquella gente en la casa de San Mar-
co, donde el Papa lo mandó, y el Papa se quedó
allí en su sacro palacio. La otra gente habia que-
dado aquel dia media jornada de la ciudad, con con-
dición que no habían de entrar por Roma , salvo
que so pasasen por de fuera , desque llegasen del
Montefrasco y de Viterbo, donde quedaban ; y lue-
go otro dia de los no merecientes, llegó toda la otra
gente francesa de guerra é lanzóse en Roma á po-
sar del Papa é común romano ; é el Rey le envió á
decir al Papa, que no oviese enojo, é estuviese se-
guro que él le prometía de no le enojar, nin tomar,
nin demandar cosa alguna de lo suyo ni de la Igle-
sia, y que esto lo prometía sobre su real fee. Y en-
trada la multitud de gente francesa en Roma , se
aposentaron en campo de Flor, en lo mejor de Ro-
ma ; á pesar de los vecinos tomaban las posadas
que querían , y sobre el aposentar y después de
aposentados ficieron muchos robos y fuerzas y
muertes de hombres, y metieron á saco mano gran
parte de la Judería, donde habia pasado de tres mil
vecinos judíos, y forzaron muchas mujeres de to-
das suertes, casadas y doncellas; y los romanos por
defender sus casas peleaban con ellos, y también
mataron de ellos, en que murieron de una parte y
de otra, mientras allí estuvieron, mas de mil hom-
bres, según se decía ; otros decían que fueron mu-
chos mas. El Papa, sabiendo y viendo tan grandes
estragos, y robos, é fuerzas, é descortesías , ó muer-
tes que los franceses hacían, fué muy turbado, y
envió á suplicar al Rey sobre ello lo ficiese enmen-
dar; y era sospecha entre el Papa y los de su Con-
sejo que el Rey tenia algún mal propósito , como
después pareció. Pasaron algunos dias ansí, y un
Domingo siguiente, que fueron 6 dias de Enero del
año de 1495 el Rey descubrió su mal propósito del
todo. Envió á demandar al Papa quatro cosas , 6
mas especial, á Civita-vieja , y á Terrachina, dos
fortalezas de Roma , é al Cardenal Don César, hijo
del Papa , que era entonces Cardenal de Valencia
por Legado, y al fijo del Gran Turco, hermano del
Turco Emperador, Señor de Turquía é Constantino-
pla, que el Papa tenia preso gran tiempo habia, é
porque le tuviese á buen r^audo é no le soltase le
daba el Turco su hermano cada año al P^pa seten-
ta mil ducados, porque se temía mucho de él, que
era muy varonil é belicosc hombre, que si se sol-
tase que le tomaría el imperio y señorío. El Papa,
visto su propósito del Rey, le concedió y dio todas
estas quatro cosas, por le contentar, é con condi-
ción que otra cosa ninguna non le demandase, y el
Rey se lo prometió por su fee Real, de no le de-
mandar mas cosa alguna, como otra vez primero lo
habia dicho ; y así habido esto, elRey estándose
en Roma, prosiguió su dañado propósito y mala vo-
luntad, y envió á demandar al Papa el castillo de
Sanct Angelo, y el tesoro de la Iglesia. El Papa es-
tonce envióle por embajador al Cardenal Don Ber-
nardino de Carvajal, castellano, diciendo que se
maravillaba mucho de haberlo prometido por su
fee Real no le enojar ni demandar cosa alguna do
la Iglesia, y habiéndole dado lo que fasta allí de-
DON FERNANDO
mandó, quería ir contra la Santa Madre Iglesia y
demandar lo que era imposible darle ; que supiese
por cierto que él no le podia dar en ninguna mane-
ra el castillo de Sanct Angelo, ni menos le podia
dar thesoros de la Iglesia ; el castillo es de la Igle-
sia, y la Iglesia no tenia otros thesoros sino cruces
y cálices, y cuerpos santos,' y esto le platicó muy
bien el dicho Cardenal Don Bernardino de Carvajal,
el qual le habia llevado el turco, é ni por esa mu-
daba su monstruosa é dañada intención, antes man-
dó luego aderezar la artillería para tirar é comba-
tir el castillo, diciendo que si no se lo daba que él
lo allanaría por el suelo, é lo tomaría por fuerza, é
muy airado no lo podia tirar de este mal pensa-
miento.
CAPÍTULO CXXXVIII.
De los remedios que el Papa proveyó de secreto para protejerse
y defenderse del Rey de Francia, é de la conformidad que des-
pués ovo entre el Santo Padre y el Rey de Francia.
Los remedios que el Papa de secreto proveía y
mandaba hacer para su defensa y del castillo, era
mandar poner por los adarves, torres y almenas por
donde habían de tirar, las cruces y las reliquias de
los Santos , y el arca con el Corpus Christi , de ma-
nera que todo en derredor lo guarneciesen con co-
Bas sagradas, con flucia que, cuando á ollas manda-
se tirar, que Dios lo hundiría como á Datan y Aví-
ron ; y sabido por los nobles caballeros romanos Ur-
sinos el propósito del Re}', allegaron á él é detrajé-
ronselo mucho , é hicí érenle entender en cuan gran
peligro de su alma , é de su cuerpo se quería poner,
y cuan gran bofetada quería dar á los christianísi-
mos Reyes de Francia sus predecesores, que siem-
pre fueron obedientes fijos de la Santa Madre Igle-
sia de Roma, y ficiéronle saber cómo le habían de
defender el castillo con gente mas esforzada que la
que él traía ; que habían de poner el arca sagrada
con el Cuerpo de Nuestro Redemptor, y las reliquias
de San Pedro y San Juan Baptista ; é de los otros
Santos, y las cruces y reliquias sagradas de la Igle-
BÍa en los lugares de la afrenta por donde él habia
de mandar tirar las lombardas , que no dudase que
por ventura, sí tal combate comenzase, toda la
christiandad se levantaría contra él ; y de aquí plugo
á Nuestro Señor que el Rey se retrujo de su maligni-
dad que quería facer, y mudó su propósito, y envió
á demandar perdón al Papa. Hízose entre ellos paz
y concordia, y el Rey envió por merced á pedir al
Papa que se viesen, y que quería oír su misa, y con-
certóse que fuese el día de San Sebastian el día que
el Papa habia de decir la misa ; el qual día el Papa
salió acompañado de muchos Cardenales, y Arzo-
bispos, y Prelados, y Clerecía, y Caballeros roma-
nos, dejando en el castillo muy buen recaudo de
caballeros castellanos , entre los quales estaba Don
Garci-Laso de la Vega , el qual estaba por capitán
y alcaide del castillo, que el Papa no lo osaba fiar
de otra nación, salvo de hombres de Castilla, pro-
veídos para ello por el Rey Don Fernando de Cas-
tilla ; y como el Papa salió, el Rey lo aguardó y le
É DOÑA ISABEL. 683
fizo gran recibimiento vestido á la francesa con
muchos de los nobles de Francia, en la casa de San
Pedro ; y como llegó el Papa á la entrada del huer-
to que se juntaron, el Rey se inclinó por el suelo, y
le besó los pies y le hizo muy grande acatamiento.
El Papa dijo misa allí aquel día al Rey y á los
Grandes de Francia, y el Roy dio allí aguamanos
al Papa, y el Papa, acabada la misa, dio la absolu-
ción é indulgencia plenaria al Rey y á los suyos, y
allí se despidieron, y el Rey se fué á la casa de San
Mm-cos ásu posada, y mandó el Papa que lo acom-
pañasen y acompañáronlo hasta su posada de la
gente del Papa veinte y dos Cardenales. El Rey
fué muy maravillado de la solemnidad de la misa
del Papa, y de las muy grandes riquezas y vestí-
mento, y de los trajes de los Cardenales y de la
gente del Papa, y ovo mucho placer en ver las co-
sas que aquel día vido. Luego el día de San Vicen-
te , que fueron 22 de Enero, hicieron sacar su tesoro
de 8U moneda y poner en un montón en Campo de
Flora, dentro do la ciudad , y pagó el sueldo de to-
dos. Allegó el Duque de Borbon al Rey y deman-
dóle á Sicilia ultra faro , diciendo que le pertenecía,
y el Rey dijo que vería los capítulos que tenia fe-
chos con su hermano el Rey de Castilla Don Fer-
nando, y le respondería.
CAPÍTULO CXXXIX.
De como el Rey de Francia partió de Rema , é de como Don Anto-
nio de Fonseca, Embaxador de España, le rasgó los capítulos
porque se quitaba de lo capitulado, y de las \illas que el Rey
tomó y de como llevó consigo al Cardenal Don César é al turco
prisionero del Papa, é de como se liuyó Don César.
Después de dado el sueldo, otro dia mandó el Rey
cabalgar é partir de Roma toda su gente; y él ar-
mado de blanco fué á besar la mano al Papa é á se
despedir do la casa de San Pedro, é descabalgó y
entró ante un altar donde el Papa estaba , é inclinó-
se á él y besóle el pié y así se despidió de él. Y el
Papa ovo muy gran temor en ver así humillado al
Rey de Francia y con tanta gente , y le vino un
desmayo de grande vapor ; el Rey se partió luego
de Roma con toda su gente, y llevó consigo á Don
César, Cardenal de Valencia, hijo del Papa, por Le-
gado y por rehenes, y al gran turco Sizíno ó Saha-
bo, que dicho es, y olvidado de las promesas que
había prometido por su Real fee de no tomar cosa
de la Iglesia, ni ser contra ella, ni contra el Papa,
fué luego y tomó á Marino, una villa muy rica de
Roma, de los Coloneses, que está de Roma diez mi-
llas, y tomó á Petíche y á Terrachina, que son dos
villas del Santo Padre, y sobre la demanda del Du-
que de Borbon , francés , y por ver lo que tenía ca-
pitulado con el Rey de España, mandó llamar al
Embaxador del Rey Don Fernando, que era Don
Antonio de Fonseca, hermano de Don Juan de Fon-
seca, Obispo de Córdoba, y que iba allí con él desdo
Francia, el qual pareció ante el Rey con los capítu-
los, que no deseaba otra cosa por tener lugar de le
decir lo que debia y convenía al Rey de España, su
señor, y puso los capítulos en la mano al Rey, é el
C84
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
Rey se los volvió y se los mandó leer, los quales es-
taban en latin , y leyéndolos Don Antonio , los que
le parecían bien al Rey decia, está bien fecho, y el
que no le agradaba, decia que no estaba bien, y él
mesmo lo borraba y rayaba, y ansí borró y chán-
celo siete capítulos de los que eran necesarios á la
honra y pro del Rey Don Fernando y de sus Reynos
y del Santo Padre y de la Santa Iglesia de Roma ; y
desque Don Antonio deFonseca vido borrados y da-
dos por ningunos aquellos siete capítulos, y cómo
el Rey de Francia se quitaba de la verdad y prose-
guía su interés y mal propósito contra el Papa, to-
mándole y dematndándole lo de la Iglesia , dijo al
Rey : «Mirad, señor , que V. A. firmó todos estos ca-
5> pítalos y prometió de estar por ellos ; y pues que
3)no valen estos que V. A. borró, de parte del Rey
»de España mi señor digo que tampoco valdrán es-
»tos otros, y todos los doy por ningunos» : y eston-
ce con ambas manos, como caballero muy esforza-
do y muy leal á su señor, pospuesto el temor al
gran Rey, rasgó y hizo pedazos todos los capítulos,
y echó los pedazos en el suelo á los pies del , y se
inclinó ante el Rey, y el Rey le echó mano de los
corbejones espantado de tal osadía, y le mandó y
dijo : (( no te partas de mí , porque no te maten » ; y
Don Antonio no se osaba quitar de par del Rey, y el
Rey le envió á poner en salvo en Roma con un ca-
pitán y gente que le guardaron y pusieron en sal-
vo ; el qual luego se metió en el castillo de Sanct
Angelo, con Garci-Laso de la Vega. Y desque el
Cardenal Don César, hijo del Santo Padre , vido que
el Rey habia tomado aquellas villas de la iglesia,
aquella noche de la toma de ellas, volvió huyendo
á Roma, é el Rey volvió á Roma, é volvió á pasar el
Tíber por la puente Sixto, y tomó á Civitavieja é á
Viterbo , é á Montero , é á Torrevacano, é tornó á Os-
tia, que es un muy gran fuerte que está sobre el Tí-
ber, que se la entregó el Cardenal de Ad vincula,
el qual quería mal al Papa é andaba fuera de
Roma, é por allí volvió el Rey á pasar el Tíber, que
es el rio de Roma, aunque creo que es un brazo del,
que después que se despide de Roma se hace en
tres brazos; é pasado por allí fué á el Águila é dió-
sele , é dende á Sundi , que es por allí principio del
Reamen de Ñápeles, é diósele ; y fué á San Germán,
y def endiósele , cá era una fuerte villa, é comba-
tióla, é tomóla por fuerza de armas, aunque era
muy murada y muy fuerte villa, é metióla á saco-
mano y cuchillo, como si fueran turcos ó moros, é
dende tomó á Traino ; é dende tomó el principado
de Capuano ; é dende fué sobre Gaeta, donde esta-
ba el Rey Don Alonso, el qual no lo osó allí aguar-
dar, por la desconfianza que tenia de los caballeros
del reyno, salvo dejóla al mejor cobro que pudo , y
fuese á la ciudad de Nápjiües , y el Rey de Francia
cercó á Gaeta é tomóla, algo por fuerza, y algo de
grado é querer que so le dio, étomó áSesa, é Mola,
é prosiguió el viaje por unas partes é por otras, ga-
nando toda la tierra. Allí en Gaeta murió el Gran
Turco, ó le dieron con qué, ó de muy grande enojo
de verso preso é maltratado entre los franceses,
porque él primero estaba en Roma muy vicioso,
aunque detenido, y á su placer y muy servido.
CAPÍTULO CXL.
De lo que hiio el Rey Don Alonso de Ñapóles desque vido que el
Rey de Francia le entraba á mas andar en su reyno.
El Rey Don Alonso no osó aguardar en Gaeta al
Rey de Francia , é partido de alK fué á mas andar
á Ñápeles, y demandó socorro á la ciudad, y la ciu-
dad le respondió bien , y los caballeros de ella se le
ofrecieron de le ayudar é poner por él sus estados
é haciendas ; é estonce con la mas gente que pudo
volvió á Cápua á resistir el paso al Rey de Francia,
que venia enderezado allí á pasar por la puente de
la ciudad, que está sobre un gran rio, llamado Vol-
turno, é cuando llegó halló pasados los capitanes
suyos al Rey de Francia con toda la gente de ar-
mas, especialmente al Señor Virgilio Vicino, señor de
vasallos , que era capitán general del reyno, é todos
los otros que estaban puestos para la resistencia del
Rey de Francia ; y de que vido toda la traición y la
poca lealtad de aquellos suyos en que él confiaba y
tenia su esperanza, que antes murieran por él que
no hacerle vileza , volvióse á Ñapóles con muy gran
dolor de su corazón viendo el perdimiento de su
reyno, é aderezó luego de se pasar á Sicilia, é sacó
sus tesoros y joyas, é casa é familia, é púsolo todo
en las galeras de su armada ; y ovo quien dijo, que
pues ya masnopodia hacer, que renunciase el reyno
en su hijo Don Fernando, Duque de Calabria, que
era mozo de menos de veinte años, é muy esforzado
y de muy buen sentido ó consejo. Estonce el Rey
Don Alonso llamó á su hijo Don Fernando é le re-
nunció el reyno, é se lo dio é confirmó, é crió nuevo
Rey, y juró sobre un libro misal de nunca jamás rey-
nar en Ñapóles, é rogó á todos los caballeros de la
ciudad que lo recibiesen por su Rey y señor é le fue-
sen leales , que él creía que por sus grandes peca-
dos permitía Dios que perdiese el reyno, con lo qual
plugo mucho á todos los de la ciudad , é recibieron
á Don Fernando por su Rey ele besaron la mano; ó
esto así pasado , en quatro galeras cargadas de sus
joyas y tesoros, se metió con su hijo el Rey Don Fer-
nando segundo ya dicho, y con la Reyna de Ñapo-
Íes , mujer que fué del Rey Don Fernando su padre,
hermana del Rey Don Fernando, de Castilla, é con su
fija, hermana suya, que después, aunque tía y so-
brino, casó con el dicho Don Fernando, Rey nueva-
mente constituido , y con todas sus joyas y familias,
ó lo mas que pudieron llevarse , pasaron en Sicilia,
en la ciudad de Mesina, y aun no era partido el Rey
Don Alonso do Ñápeles ni entrado en las galeras,
que aun estaba en Castilnovo , é vino por la otra
parte un gran capitán de Francia, llamado Antonio
el Bastardo, con mucha gente francesa, é de la del
Reamen de guerra, y en presencia del Rey Don Alon-
so le abrieron las puertaa los traidores déla ciudad,
é lo recibieron é alzaron banderas por todas las
torres, diciendo : «¡Francia, Francia!» é estonce se
metió el Re^ Don Alonsp en una de sus quatro gale-?
jDOÑ FERNANDO
ras , é fizo poner fuego á tres naos suyas que que-
daban en el puerto, que no ovo quien las poblase, é
así se pasó por el faro en Sicilia, donde ese propio
año murió de dolencia y enojo.
Dijese comunmente que el Eey Don Alonso fué
causa de su perdimiento , porque no quiso con tiem-
po obedecer é llamar socorro del Rey Don Fernando
de España su primo ; antes decían que decía mal
de los españoles y de la Reyna Doña Isabel, y de-
cían que no tenía en nada á ninguno, y esto junto
con lo otro ayudó á su perdimiento.
CAPÍTULO CXLI.
De la traición de los capitanes del Rey Don Alonso.
Antes que el Eey de Francia llegase á la ciudad
de Cápua, donde estaba el Capitán general del Rey
de Ñapóles, que era el Señor Virgilio Vi ciño, y otros
capitanes con la gente de guerra, lo salieron á reci-
bir el mismo Virgilio é los otros, é lo recibieron por
Señor é por su Rey, y sin afrenta ni combate lo
metieron en la ciudad de Cápua, que es llave y
puerta de todo el Reamen , é el Rey la tomó pacíñ-
caniente , é se apoderó della , é como fuese sabido
por toda la tierra de Bruto con la Pulla, se dieron
al Rey de Francia sin ver ninguna afrenta, que son
muchas ciudadep, é villas, é lugares; é Bruto, Mar-
fedronia, Carleta, Ascoli, Barí con Trizana, Foja
GalipoIjTarento. No quedaron sino Brindis y Otran-
to. Diéronse otras muchas ciudades, Ñapóles, Ve-
nosa, Marfeta, Altamura, Astoní, Leche. Estas son
todas muy buenas ciudades, y creyó que con solo
temor de él lo hacían , por la crueldad que hizo en
San Germán y en su comarca, y dejó en Gaeta á
Monseñor Dulatte, é envió á la Pulla á Monseñor
de Borbon, é él en persona fué á Ñapóles, donde es-
taba don Antonio el Bastardo, que era capitán gene-
ral, é halló las puertas abiertas, é entró, é hizo luego
poner cerco á los seis castillos que tiene Ñapóles,
conviene á saber: San Telmo, Castil del Ovo, Peti-
falcon, Capuana, San Vicente, Castilnovo. De estos
con poca afrenta se le dieron los quatro, y túvose
Castilnovo, y túvose San Telmo á merced , y ahor-
có de los que estaban dentro, veinte y siete hom-
bres españoles, y ansí se apoderó de Ñápeles, y se
vido Señor della, y pdo ende entalladas las victo-
rias del buen Rey Don Alonso de Aragón, Infante de
Castilla, en alabastro, y otras muchas maravillas y
antigüedades de Ñapóles y las puertas fechas á mil
maravillas de oro éazul, é fizólas arrancar de don-
de estaban, é por la mar enviólas en Francia, con
envidia, porque el loor y fama de aquellos Royes
de Ñapóles de gloriosa memoria, cesase, y el suyo
ee levantase. Y habida la victoria de Ñapóles, ansí
de la ciudad, que es de las mas gentiles del mundo
y de las más hermosas y ricas de todo el reyno del
orbe poblado de el mundo, como de toda la mayor
parte del Reamen, enlevado y tan sublimado fué de
vana gloria, que ee tituló y nombró Mex Regum et
Dominus dominantium. Rey de Reyes , y Señor de
ios Señores, título que á solo Dios pertenece; no
É DO^A ISABBt. 685
miró lo que por el espejo de la Santa madre Igíesía
tenemos : deposuit potentes et exaltavit humiles , di-
cho por Nuestra Señora la gloriosa Vírjen madre de
Dios ; y lo que dijo la boca del Redemptor Nuestro
al xviu capítulo de San Lúeas : Omnisqui se exaltat
humiliabitur ; et qui se humiliat exaltabitur ; y el
siervo mortal que usurpa el título á su Criador Dios
inmortal, soberano Rey de Reyes é Señor de Seño-
res, ved sí es razón quedar sin pena ; aquí es razón
decir lo que dijo Martin Clavero, criado del Duque
de Gandía :
Dios depone los potentes
de sos grandes poderíos,
quítales los señoríos
por serle desobedientes.
A los que son obedientes,
Él los hace prosperados;
hace ser en so alzados
los humildes exurientes.
CAPÍTULO CXLIL
De la gran liga que se hizo conlra el Rey de Francia, é de la ba-
talla que se dio en la Mota entre el Rey de Francia é el Rey
Don Fernando de Ñapóles é Gonzalo Fernandez, é de otras
cosas.
Bien sabéis que desque el Rey Carlos partió de
Francia para la Italia, nunca se despidió ni apartó
del el Embaxador de España Don Antonio de Fonse-
ca, ya dicho , fasta Roma, y llegado el Rey en Ro-
ma, ya es dicho de los desconciertos que hizo, y co-
mo fué contra la Iglesia y contra el Papa, y no cum-
plió lo capitulado del compromiso que había firmado
y prometido al Rey Don Fernando de España, por
lo qual Don Antonio de gran loor le rompió los capí-
tulos delante, en que se quebrantó la amistad délos
dos muy grandes Reyes , é se volvió en enemistad,
é luego Don Antonio le fizo saber al Rey de España
todo lo que en Roma y en Italia era pasado, para
que proveyese como á su honra y Estado convenia.
Y el Papa muy quejoso, injuriado y robado, se que-
jó al Rey de España y á toda la Señoría de Italia
que se adoleciese de Roma , que era cabeza de la
Iglesia y de la christiandad, y recontando á cada uno
las demasías, los robos, las injurias que el Rey de
Francia con la gente francesa había fecho , y facía
de cada dia, y rogándoles y mandándoles que luego
ficiesen liga y hermandad contra él para lo echar de
la Italia , la qual luego fué fecha 'y concertada,
y fueron en ella el Papa mesmo , y el Rey Don
Femando de España, el Duque de Milán, la Se-
ñoría do Venecía con el estandarte de S, Marcos,
y otras muchas señorías y reynos , los quales luego
se pusieron todos en armas contra el Rey de Fran-
cia, y se pusieron con sus tierras al ejercicio de la
guerra, y el Rey Don Femando, así como supo de los
capítulos rompidos antes ae la liga concertada, lue-
go proveyó é envió á Gonzalo Fernandez , segundo
hijo de la noble casa de Aguilar, con setecientos da
á caballo é tres mil peones al socorro de Ñápeles,
por cuanto en lo capitulado era la amistad, con con-
dición de que el Rey de Francia no fuese contra la
Iglesia ni contra el Papa, lo qual así como fué en
íj86
CílÓNtCAS DE LOS BEYES DE CASTILLA.
Roma quebrantó el dicho Rey ; y aun cuando le le-
yeron delante del los capítulos firmados de su nom-
bre, no se quiso retraer ni enmendar dello, antes
borró como dicho es siete capítulos , y temiendo lo
qual él fizo que lo haria é por amparo y guarda de
Sicilia, el Rey proveyó do España antes de tiempo,
lo que fué á tiempo, á dicho Gonzalo Fernandeíj
con la dicha gente española ; y el amistad quebra-
da , mandó en todos sus Rey nos pregonar guerra
contra Francia, y prosiguiendo la liga, Gonzalo Fer-
nandez arribó con toda su gente en Sicilia Ultraf aro,
Reyno del Rey Don Fernando de España. E invocó
la gente de Sicilia con cartas del Rey Don Fernando,
é juntóse con el Rey mozo de Ñapóles Don Fernando
Segundo, é fué é descindió en tierra en el Reamen
de Ñápeles, é juntaron su gente el Rey mozo é Gon-
zalo Fernandez, é había en su favor tres mil hom-
bres de armas do Sicilia^ y el Rey de Francia, des-
que supo la venida del Reamen de aquella gente,
fuese á la Mota á buscar á Gonzalo Fernand-ez para
pelear, y alli se hallaron los unos con los otros, éhu-
bieron su batalla, é pelearon muy valientemente los
franceses con Gonzalo Fernandez é con el Rey de
Ñapóles el mozo, la qual batalla fué muy bien reñi-
da de ambas partes, y los franceses fueron vence-
dores, y Gonzalo Fernandez con la gente española
é el Rey Don Fernando fueron vencidos , y estonce
Martin Alonso, y Pedro de Paz, y Diego de Arella-
no, españoles, capitanes de la gente de España con
Gonzalo Fernandez, como hombres diestros en la
guerra, conocieron ser vencidos por defecto de se
haber flojamente en la batalla algunos de su favor
é batallas ; recojieron é rehicieron seiscientos de á
caballo, é volvieron de súpito sobre los franceses, é
ovieron otra vez batalla, é volvieron Gonzalo do
Córdoba é el Rey Don Fernando á la batalla á socor-
rer á los suyos con toda la gente que habia huido y
escapado de la batalla primera , é pelearon de tal
manera que vencieron á los franceses é los desbara-
taron, é Gonzalo Fernandez y el Rey Don Fernando
el mozo quedaron señores del campo, é lo cojieron,
donde ovieron muchos caballos é armas é muy gran
presa, é murieron en aquella batalla, según lo que se
pudo saber é dijo en ambas á dos, doce mil france-
ses ó poco mas ó menos, y de lá gente de Gonzalo
Fernandez é del Rey mozo quatrocientos de á caba-
llo y setecientos peones. E en este medio tiempo vi-
no la nueva al Rey de Francia de la gran liga que
era fecha contra él, é aun tenia dos castillos de Ñá-
peles por tomar, que se le no habían dado, Capua é
Pizifalcone; ó como supo la nueva de la liga, guar-
neció todas las fortalezas que tenia de gente de ar-
mas é artillería, é con gran temor dio la vuelta á
Gaeta, é dende, cojida bu hueste, comenzó su viaje
para Francia, é vino y entró con toda su gente por
la ciudad de Roma, y no halló al Papa en Roma, que
ansí como supo de su vuelta no lo osó allí aguardar,
é dejó á Garcilaso de la Vega , Embaxador del Rey
de España, por Alcayde del Castillo de Sanct Angelo
con otros muchos españoles, que no se fiaba de otra
nación, é fuese á su ciudad do Perosa huyendo, por
no ser mas afrentado del. É entrada la gente ír&ú-
cesa en la ciudad de Roma, como gente muy cruel y
de mal concierto, si primero le ficieron muchos ma-
les, y fuerzas y robos, muy peor lo volvieron á fa-
cer en esta vuelta, ca estuvieron en punto de meter
lá ciudad á fuego y sangre,y ficieron muchos robos;
y metieron muchas casas y palacios de caballeros á
sacomano, y mataron muchos varones romanos, y
forzaron muchas mujeres casadas y vírgenes, y ma-
taban sobre ello á sus maridos é padres, y robában-
les las casas á los que huían á las iglesias, y allí siii
temor de Dios los degollaban y mataban, aunque se
abrazaban á las imágenes de los santos ; y de las
mismas iglesias robaban cuanto hallaban, y por mu-
chas quejas que iban de ellos al Rey de Francia no
curaba de lo remediar ni castigar. Desque pasaron
de Roma prosiguiendo sus crueldades enToscanela,
que es una ciudad del Papa, ficieron muy grandes
daños y crueldades, y forzaron muchas mujeres, y
robaron la ciudad y las iglesias della, y derramaron
en ella mucha sangre; y así por donde aquella gen-
te mal gobernada iban, no era sino como fuego, y
sonó por toda la Italia sus crueldades, y toda la gen-
te de la tierra alborotada y amedrentada se ponía en
armas para se defender, é algunos fuián de su en-
cuentro, y otros muchos se pusieron en armas y les
salieron á les ofender. E alejados mas acá de Roma
en la Toscana, malpararon áSena y Pisa é otras ciu-
dades é villas é lugares de la Toscana, ansí como en
Montefortino y en Monte San Juan, que ficieron mu-
chas crueldades é robos, de lo qual pareció que non
plugo á Dios que se fuesen sin hacer enmienda.
CAPÍTULO CXLIIL
Cómo fu6 desbaratado el Rey Carlos en la Italia.
Después de haber estado el Rey de Francia en
Roma y en el Reamen de Ñápeles poco mas de seis
meses, en el qual tiempo ganó é se dio todo el reyno
de Ñapóles , é fizo las fuerzas é sinrazones á ida y
venida en Roma y su tierra, en esta vuelta que die-
ron por medio de la liga, é llegado el Rey é los su-
yos en tierra de Genova á Pontremol, en el mes de
Julio del año sobredicho de 1495, salió un capitán
de la liga, llamado Micer Juan de Bentebolla, capi-
tán de Boloña, con ochocientos de á caballo é con
cierta gente de á pié, é dio con el fardaje del Rey de
Francia en un puerto, que iban á hilo , é mató mu-
chos de los franceses, é despojó étomó gran parte
del fardaje é de la artillería é quedóse con ello. E
el Rey y la gente francesa no cesaron de andar ade-
lante cuanto mas podían, por salir de la tierra áspe-
ra, y porque ya creían haber otros mayores encuen-
tros que aquel, y saliendo cerca de Fariña en el lla-
no, saUó en el encuentro el Marqués de Mantua, ca-
pitán de venecianos, con mucha gente de armas de
á pié é de á caballo , é salió el Duque de Milán de
otra parte, eso mesmo, con mucha gente de armas
é peonaje, puesta á punto de dar batalla de concier-
to con el dicho Marqués de Mantua; é los franceses
desque vieron el paso tomado, ú no podían pasar sin
Í)ÓN FEBNANDO
batalla, se pusieron en son de la dar, é de consejo de
un caballero italiano , llamado , echaron todo el
fardaje é carruaje de las bestias adelante, para que
se detuviesen é embarazasen á robar los italianos de
la liga, mientras el Eey huia y pasaba el rio ; é lue-
go muchos comenzaron de robar y detenerse en ello,
é otros dieron batalla y pelearon, donde fueron mu-
chos muertos de ambas partes, é aun el Bey fué he-
rido un poco en la cara de una lanza , que lo hirió
un caballero gentil-hombre italiano, é á causa del
robar se ovieron flojamente los italianos. El Rey tuvo
lugar de pasar el rio del Pó, que pasa por allí , que
es un gran rio y de muchas aguas cuando crece, y
pasó con harta priesa y peligro de su persona él ó
todos los que pudieron pasar de los suyos huyendo,
é toda su gente que llevaba consigo fué allí desba-
ratada aquel dia, é muerta, é despojada, é los que
escaparon fueron huyendo de noche y de dia por log
montes. El Rey aportó en cabo de ciertos dias hasta
después de verse andar perdido noches y dias por
los bosques y montes, y aun algunos dicen que si el
rio no creciera como él ovo pasado , que él fuera
muerto ó preso, é aun se dijo que aportó á Este en
cabo de siete dias á pié, en su cabo, que está cin-
qüenta millas de donde fué la batalla; no sé si fué
verdad , empero el Rey y todos los que escaparon
con la vida que no fueron presos de sus franceses,
todos aportaron á la ciudad de Hasto, que es de
Francia. Los dichos Duque de Milán ó Marqués é
sus gentes fueron vencedores en esta batalla, é ovie-
ron muy gran cabalgada de caballos é acémilas , é
artillería, é armas, é oro, é plata, é otras muchas co-
sas. Allí ovo el Duque de Milán la bandera del títu-
lo, que decía : Mex Eegum, Dominus dominant¿um:s>,
la cual era la principal bandera del Rey. Esta bata-
lla se dio é fué cerca de una villa del Duque do Mi-
lán que llaman Fornova, y pasa aquel rio llamado el
Pó, que es muy grande , en el qual se anegaron y
ahogaron aquel dia muchos franceses huyendo por
pasar y escapar, é otros peleando. Ved cuan presto
el Rey Carlos é su gente ovieron el pago é galardón
de su soberbia é crueldades que ñcieron en Roma é
sus tierras, siendo contra la Iglesia y contra el Pa-
pa, robando y derramando sin causa la sangre ino-
cente de los do San Germán é de los otros lugares.
Ved cuan gran castigo Nuestro Señor permitió que
dello oviese el Rey de Francia, donde por ejemplo
quedará para siempre que un Rey, el mayor de la
christiandad, fuese asi vencido y perdido, sólo por
los montes , á pié y muerto de hambre y de sed, y
padecido sin honra, en cabo de siete dias,por se mo-
ver sin tener razón y justicia, de lijero movimiento,
tantas jornadas de su tierra, faciendo mal por tier-
ra de christianos ; é aquí parece muy bien lo que dijo
el dicho Martin Clavero en persona del Rey Carlos
de Francia :
Muy tristes fueron las fiestas
Que nos dio la Lombardía :
Mi ánima triste sentía
Mil veces la cruel muerte;
Aquella batalla fuerte
De aquel sanguinoso dia.
E DOíÍA ISABEL. £41
Rey glorioso, ¿qué sentí
En lo mas alto sentado,
Desque ove conquistado
Aquel Reyno que vencí?
¡Oh cuan presto le perdí.
Sin gozar del quatro meses,
Por los falsos entremeses
De fortuna contra mi !
Allí donde se dio la batalla está una villa que se
llama Fornova, es en el Ducado de Milán , y va un
gran rio , donde se anegaron muchas gentes.
CAPÍTULO CXLIV.
Como fué presa la armada de la mar del Rey de Francia,
Aquel proprodia del vencimiento de la batalla su-
sodicha, viniendo el armada del dicho Rey de Fran-
cia por la mar cerca de Genova, salió la grande ar-
mada de genoveses é del Rey de España, vizcaínos
é de otras naciones de la liga , é la prendieron é to-
maron toda, de donde ovieron infinitas riquezas, que
valió más de cien mil ducados ; y debéis saber que
allí venían todas las antiquitates y cosas riquísimas
y gentiles entalladas en alabastro, y las puertas do-
radas y las otras bellas cosas de Ñápeles, que el Rey
Carlos habia quitado de sus lugares donde están
asentadas, é las embarcó para enviar en Francia en
señal de vencimiento, y -^enía toda la artillería de
Ñápeles, que era la mas hermosa del mundo, toda
de cobre, la qual toda venia cargada en galeras y
galeazas, y desque se supo que habia de venir aque-
lla armada de Francia con aquellas cosas ricas do
Ñapóles, siempre la aguardaron la armada de los
genoveses, é vizcaínos, é españoles^ é gente de la li-
ga, que estaban de la parcialidad é favor del Rey
de Ñápeles , y los franceses desque vieron á el en-
cuentro la dicha armada, fueron al puerto de Pisa,
y allí los genoveses y vizcaínos pelearon con loa
franceses muy fuertemente, y venciéronlos y tomá-
ronles toda la flota y cuanto traían, y los franceses
saltaron en tierra los que pudieron, y escaparon las
vidas, y todos los otros fueron presos é echados en
las galeras.
CAPÍTULO CXLV.
Del cerco de Novara, y del cerco de Salzas,
Cuando el Rey Carlos pasó por la Lombardía para
Roma quedó el Duque de Orliens su tio en Novara,
que es en el Ducado de Milán , que es suya, que él
no fué á Roma ni á Ñapóles, y al tiempo que el Rey
Carlos fué desbaratado, eso inesmo estaba allí, y
desque los de la liga fueren vencedores, el Duque
de Milán y el Marqués de Mantua lo cercaron allí,
é tuvieron cercado hasta que el Rey de Francia fué
á Francia é se tornó á rehacer, é volvió á lo descer-
car y lo sacó de allí por partido, y estonces pusie-
ron tregua entre el Rey de Francia y los de la li-
ga por ciertos meses , y con condición que acabadas
aquellas habían de poner otras treguas generales; y
aquellas cumplían en fin del mes de Octubre y dos
dias antes, y las generales se habían de asentar el
CRÓNICAS DE LOS HEYÉS DE CASTILLA.
dia de Todos los Santos, año de 1496, y los france-
ses antes que se asentasen vinieron de salto podero-
samente á Salzas en Cataluña, é entráronla por fuer-
za de armas, é mataron é prendieron cuantos en ella
estaban. Esto fué en 30 días del mes de Octubre de
1496, como adelante mas largo dirá.
CAPÍTULO CXLVI.
De el Rey Don Juan de Portugal.
Afio de 1495 murió el Rey Don Juan de Portugal,
y sucedióle en e* reyno su primo Don Manuel, Duque
de Viseo, hijo del Infanto Don Fernando, hermano
que fué del Rey Don Alonso , que entró en Castilla,
padre del dicho Rey Don Juan ; el qual dicho Don
Manuel se halló el más cercano y lejítimo en la línea
Real de Portugal ; ó casó primera vez con Doña Isa-
bel, Princesa que habia sido de Portugal, fija prime-
ra del Rey Don Femando é de la Reyna Doña Isabel,
Reyes de España , é segunda vez con Doña María,
fija de los dichos Rey é Reyna, hermana de la dicha
Doña Isabel, según se dirá donde conviene.
CAPÍTULO CXLVIL
De como el Rey D. Fernando II ganó á Ñapóles, é Gonzalo Fer-
nandez vencieron la batalla.
El Rey Don Fernando de Ñapóles, segundo deste
nombre, después de la batalla vencida é salido el
Rey Carlos del Reamen para su tierra, él y Gonzalo
Fernandez rehicieron su gente é allegaron setecien-
tos hombres de armas , é seiscientos ginetes, é qua-
tro mil hombres de á pié, á que llaman allá Infan-
tes, é comenzaron de hacer la guerra á la gente fran-
cesa que habia dejado el Rey Carlos, el qual habia
dejado mas de quince mil hombres de armas y de
guerra , y con ellos los Príncipes de Salerno y Besi-
niano, naturales del reyno, traidores , que cada uno
de ellos tenia tanta gente como el Rey Don Fernan-
do mozo susodicho, é apartados el Rey por un cabo
é Gonzalo Fernandez con la gente española por otro,
facían la guerra; el Rey vino sobre la ciudad de
Ñapóles lo mas poderoso que pudo, é abriéronle las
puertas, é tomóla sin lanzada é sin combate , como
primero se habia perdido , é fizo poner cerco á los
castillos, é diéronse en breve tiempo Castilnovo, é la
torre de San Vicente, é Petifalcon, éhizo venir lue-
go á las señoras Reynas la Reyna Doña Juana, que
fué segunda mujer de su abuelo, é su fija Doña Jua-
na, con la qual se casó, é con sus familias é casas
las aposentó en Castilnovo, Gonzalo Fernandez con
BU gente española y con la otra que traía á su cargo
hizo en aquel año de 95 é en el de 96 muchos des-
trozos en los franceses, é ganóles muchas ciudades,
é villas, é castillos que estaban por ellos en la Cala-
bria é en la Pulla ; é ovo batalla con el Virey fran-
cés Mosiur de Obeni, campal, de la qual Gonzalo
Fernandez fué vencedor y el Virey vencido , é mu-
rieron en aquella batalla mas de mil franceses, é
Gonzalo Fernandez é los suyos cojieron el campo,
doude ovieroü gran presa é despojo, é muchos ca-
ballos é armas, de donde Gonzalo Fernandez rehizo
su gente, é hizo muchos hombres de armas, é fué é
puso cerco á Besiniano, é ovo otras muchas peleas é
victorias contra los franceses , de que siempre fué
vencedor, en tal manera, que en todo el Reamen los
contrarios habían del gran temor, y el Rey Fernan-
do lo liizo luego Duque de Monte Gargano.
CAPÍTULO CXLVIII.
De lo que hizo el Rey Don Fernando, é del cerco de Gaeta.
El Rey Femando siguiendo como comenzó de
reynar, desque tuvo la ciudad de Ñapóles recobrada,
por recobrar el Reamen mas presto, envió sus em-
baxadores á se concertar con la Señoría de Venecia
y Genova, y les empeñó tres ciudades por doscien-
tos cinqüenta mil ducados, é enviáronle al Marqués
de Mantua con setecientos hombres de armas é mil
peones pagados por seis meses, é enviáronle al Se-
ñor Gerónimo Tocavilla, con setecientos caballos
lijeros é otros mil peones pagados por seis meses, ó
vinieron en Ñapóles en veinte y dos galeazas en el
comienzo del año de 1496; é las ciudades que el
Rey empeñó é entregó á la Señoría de Venecia para
pagar esta gente, fueron Brindis, é Otranto, é Mo-
nopoli; é duró la guerra en el Reamen todo lo que
quedaba del año de 1495, desque el Rey de Francia
salió, é todo el año de 1496. En fin de Febrero do
1496 se acabaron de dar los castillos de Ñapóles
que quedaron á la postre, conviene á saber, Castil
del Ovo é San Telmo, é Capuana, é diéronse á par-
tido que los pusiesen seguros en Marsella, é ansí se
fizo : quedaron por ganar la ciudad de Gaeta é el
castillo de Salerno, sobre los quales el Rey tenia sus
cercos bien fuertes é bastecidos. En este tiempo
acaecieron muchas cosas en la Italia sobre esta
guerra, que serian muy luengas de contar. Por mar
y tierra el Duque de Milán guardaba que por tierra
el Rey de Francia no podia socorrer á Gaeta ni á
la gente de Francia que estaba en el Reamen. Las
annadas de España é de la liga, que andaban por
la mar, no dejaban entrar socorro por la mar á
Gaeta, é en el mes de Diciembre de 1495 vino una
armada de Francia con mantenimientos y vituallas
en socorro de Gaeta, é estaba la armada de España
en contra ; el Conde de Trebento y otros capitanes
de ella con el tiempo no pudieron escusar ni defen-
der la entrada en Gaeta á seis naos francesas con
el refresco, é otras se volvieron, que no pudieron
entrar; é estonces el Conde é los otros capitanes to-
maron una nao francesa con trescientos liombrea
de pelea, é mil é trescientos quintales de pan-bizco-
cho, y setecientos presutos, que son tocinos, é se-
senta y cinco botas de vino y otras umchas vitua-
llas; y en este tiempo estaba por capitán sobre
Gaeta el Príncipe Don Federico, tío del Rey, por
tierra, y el armada de España, catalanes y españo-
les y vizcainos por la mar; y ansí estuvo cercada
Gaeta parte de el año de 1495, que se tomó después
de la muerte de el dicho Rey Don Fernando.
CAPITULO CXLIX
Oe una gran lluvia.
Acaeció en Roma un diluvio ó tempestad de
aguas súpitamente, á diez dias de Diciembre de
1495 años, que fué una cosa muy espantable, que
cayó tanta agua del cielo en tan breve espacio, que
en Camponason pudiera andar una nao de ducien-
tas botas, y á los bancos desde las finiestras toma-
ban el agua con la mano; y demás en Santiago de
los españoles subió un codo el agua sobre el altar;
y decian que habia hecho de daño mas de un mi-
llón de ducados.
CAPÍTULO CL.
De la muerte del Rey Don Fernanda.
Don Femando, el Rey de Ñapóles, el segundo de
tal nombre, comenzó de reynar en Ñapóles desde el
comienzo del año de 1495, que su padre le renun-
ció el reyno, y casó con la hija del Rey Don Fernan-
do su abuelo, primero de este nombre. Rey de Ñá-
peles, é hija de su segunda mujer, hermana del Rey
Don Fernando de España. Este Rey, habiendo reco-
brado la ciudad de Ñapóles ó la mayor parte del
reyno con muchos trabajos é con la ayuda de Espa-
ña é de sus amigos é teniendo el cerco de Gaeta, en
el qual estuvo Gonzalo Fernandez de Aguilar, Gran
Capitán, con la gente de España, murió temprana
muerte á trece dias de Diciembre del año de 1496
años, dia de Santa Lucía, en la ciudad de Puzzol,
decian que atoxicato, ó como fuese su desventura.
Quedó la Reyna su mujer desdichada, quejosa de la
fortuna de su madre la Reyna Doña Juana, y del
Príncipe Don Federico su hermano, al cual quedó la
sucesión del Reyno por estonces; y á este tiempo los
de Gaeta no se podían sostener, y andaban en par-
tidos en vida del dicho Rey, é no se habían podido
concertar; y muerto Don Fernando comenzó de rey-
nar en Ñapóles Federico, segundo hijo del Rey Don
Fernando primero, é luego fizo partido con los fran-
ceses, é le dieron la ciudad, é escaparon con sus vi-
das, é f uéronse en Francia á do quisieron.
CAPÍTULO CLI.
De como comenzó i reinar Federico en Ñapóles.
Don Federico, hijo del Rey Don Fernando de
Ñapóles, comenzó de reinar en Ñapóles desde el
dia de Santo Thomé Apóstol, 21 dias del mes de
Diciembre año de 1496, después de la muerte de su
sobrino el Rey D. Fernando el mozo, el qual reci-
bieron por su Rey los caballeros y comunidades del
reino de Ñapóles, y el Gran Capitán de España
Gonzalo Fernandez, é siendo Rey luego perdonó á
los Duques de Salerno é Besiniano, que habían sido
traidores á los Reyes de Ñapóles su hermano y so-
brino, é ansí fueron luego á él é le dieron el galar-
dón que suelen dar los tales, é en comienzo de su
reynar se dio la ciudad de Gaeta, que habia estado
%-III.
DON FERNANDO É DO^A ISABEL. é89
mucho tiempo cercada, é Gonzalo Fernandez, el
Gran Capitán de España, le dejó todo el reyno de
Ñapóles ganado é obediente, é quedaron las susodi-
chas ciudades empeñadas á la Señoría de Venecia,
é tenia eso mesmo el Gran Capitán muchas fortale-
zas en la Calabria por el Rey Don Fernando de Es-
paña, por los gastos que habían hecho en la guerra,
que no le entregó.
CAPÍTULO CLII.
Como el Gran Capitán fué á Roma, é por mandado del Papa tomó
i Ostia.
El Gran Capitán vino á Roma á ruego del Papa
Alejandro para ir á combatir á Ostia, que aun esta-
ba por la parcialidad de los franceses contra Roma,
y como estaba sobre el rio Tiber de Roma, impedia
los mantenimientos que no fuesen á Roma, de lo
cual se recibía en Roma mucha fatiga y mengua
de cosas necesarias; la qual fortaleza de Ostia habia
estado así contra Roma desque el Rey Carlos pasó
á Ñapóles; é partió Gonzalo Fernandez de Roma á
poner el cerco á Ostia, é con él un capitán llamado
Esforza, sobrino del Duque de Milán é del Cardenal
Ascanio, fijo de su hermano, que era capitán de ve-
necianos por el Marqués de Mantua, é habia queda-
do en Roma doliente, é el Duque de Candía, fijo
del Papa, yerno de Don Enrique Enriquez de Cas-
tilla; é Gonzalo Fernandez sentó el cerco con su
gente española é con la gente que le seguía desde
Roma, é tuvieron cercada á Ostia trece dias com-
batiéndola ; en cabo de trece dias se dio á partido
que se fuesen con sus vidas los cercados, é derriba-
ron toda la fortaleza por el suelo, porque traia muy
gran daño á Roma, que no dejaba ir los manteni-
mientos é mercadurías que iban de otras tierras por
la mar; y estando allí en el cerco riñeron el Duque
de Candía é Esforza, é injuriáronse de palabra, y
venidos á Roma con el vencimiento de Ostia, Gon-
zalo Fernandez se despidió del Papa y se volvió al
Reamen : todo esto pasó en el año de 1497 al co-
mienzo.
El Duque de Candía, que era un mtíy mal hom-
bre, no echando en olvido las palabras y enojo que
habia habido con Esforza, puesto caso que Gonzalo
Fernandez los habia hecho amigos, como era mal
hombre y soberbio y muy enlodado de grandeza, 6
de mal pensamiento, é era muy cruel, y muy fuera
de razón, tomó un dia quatro hombres atados do
Esforza, y hízolos ahorcar en la plaza de San Pedro,
y sobre esto hicieron amigos el Papa y el Cardenal
á el Duque y á Esforza ; y Esforza túvosela guar-
dada, y en el dicho año de 1497, Martes á 19 dias
de Mayo, sabiendo Esforza de una enamorada que
el Duque tenia, llamada Madama Damiata, hizo ir
en la noche una mujer con una máscara, que es de
aquellas carátulas que usan en Roma para ir disfra-
zados, la qual llegó al Duque donde estaba, y dijo
que lo llamaba Madama Damiata, y lo esperaba á
la hora en el Campo Santo, y salió solo, como hom-
bre de mal consejo, y embriagado, y captivo dg
é90
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
maloB vicios, y matáronlo á puñaladas y cortáronle
la cabeza, y metido en un saco, desde ponte Sixto
lo echaron con todo lo que tenia vestido y calzado
en el rio Tíber ; y después Viernes á 22 de Mayo
siguiente lo hallaron en el saco con su cadena de
oro, y joyas y dineros, y lo enterraron en la capilla
del Papa Calixto, y Esforza se retnijo en las casas
de Ascanio su tio el Cardenal, y entonces se dijo
que el mismo Esforza lo había matado al Duque á
puñaladas y lo habia cortado la cabeza, y antes que
lo hallasen no sabian qué fuese del, antes sospecha-
ban que en la ciudad lo hablan muerto y enterrado.
Y el Papa mandó á pregonar y prometer muchos
dineros á quien del dijese donde estaba muerto ó
vivo, é ovo un labrador que dijo que tal noche á
media noche oyó un gran golpe en el rio que le
echaron de la puente Sixto abajo, y por esto lo bus-
caron é lo hallaron en el rio. El Papa hizo muy gran
sentimiento por su hijo, é mandó combatir la casa
donde estaba Esforza y la vecindad, é ficieron mu-
cho daño con los tiros la gente del Papa en Roma;
é Esforza é los de su parte se defendieron muy bien,
é defendieron las casas donde estaban; é murieron
en la pelea é combate mas de doscientos hombres
de ambas partes, y allí hirieron á Garcilaso de la
Vega y al Obispo de Segovia Don Juan Arias, que
eran parte del Papa; y viendo el mucho daño que
la gente del Papa hacía, y como destruían por una
parte á Roma con las lombardas, Roma se alzaba
contra el Papa; el Papa la quisiera destruir, y el
consejo suyo y Cardenales no le dejaron mas facer
porque no convenia á Su Santidad dar causa que
toda la ciudad se alzase contra él. Ovo otro hijo é
una hija el Papa Alejandro, por los quales é por el
Duque ya dicho, siendo vivo, se vido en muchas
congojas y enojos y afrentas ; el qual dicho segun-
do era el Cardenal de Valencia, que habia ido por
Legado y rehenes con el Rey Carlos de Francia
cuando pasó por Roma, al qual después de muerto
el Duque de Candía, quitó el capelo, é desf izólo de
Cardenal, é llamóse el Duque de Valentino, é fué
casado con una hija de Monsieur Labrit, señor de
Gasconia de Francia, hermano del Rey de Navarra,
é fué muy mal hombre, é soberbio é cruel, é enle-
vado de soberbia é grandeza, como el otro, ó vicio-
so, é mañoso, é de malas artes, al qual prendió en
Ñápeles el Gran Capitán Gonzalo Fernandez, des-
pués de la muerte del Papa su padre, porque le fué
con arte á quererle engañar, é envióle preso á Espa-
ña, ó estuvo preso por traidor en Játiva é en Medi-
na del Campo, é después soltóse, é fuese en Navarra,
tierra de su cufiado, que tenia guerra con el Conde
do Lerin, y allí murió un día en contra con un hom-
bre de armas del Conde mala muerte, el qual era de
Agreda de Castilla.
CAPÍTULO CLIIL
De la guerra entre Francia y España, é de Salías.
El Rey Carlos de Francia quedó muy enemigo y
muy quejoso del Rey Don Fernando de España por
la liga y por el favor que dio al Rey Don Fernanáo
de Ñápeles : decia que siendo su amigo no quería
considerar la culpa, ni conocer que él quebrantó el
amistad el dia que borró los capítulos y fué contra
la Iglesia; y en el mes de Julio del año de 1496 hizo
gran allegamiento de gente en Narbona y en aque-
lla comarca de armas y artillería, para entrar á des-
truir la tierra de Perpiñan ; y como lo supo el Rey
Don Fernando, fué de Castilla en persona con mucha
gente de guerra para se lo resistir y defender, y en
29 de Julio del dicho año de 96 entró en Barcelona,
y salió de ella en 8 de Agosto é fué para Gerona , é
dende al campo por donde los franceses habían do
entrar en sn tierra, porque se habían mucho acer-
cado, é allegaron gran gente de cada parte, é loa
franceses no osaron entrar, antes ovieron por bien
una tregua que se trató entre ambos Reyes, que es-
tando la una hueste de la otra cinco leguas nunca
osaron entrar, que su pensamiento parece que era
entrar de salto é robar toda la tierra, pensando que
no se pudiera llegar tan aína gente tanta que lea
resistiera; ó la tregua fué por cierto tiempo que se
cumplía en fin del mes de Octubre, 6 dos días antes,
y que estonces entrarían y asentarían otras treguaa
generales el día de Todos los Santos; y el Rey da
Francia tuvo este aviso, mandó secretamente alle-
gar mucha gente y ponerse cerca de la comarca del
condado de Rosellon, y el día que se acabó la tre-
gua, luego esa noche é otro dia fueron treinta días
del mes de Octubre del dicho año de 1496 amane-
cieron sobre Salzas, Domingo, y la combatieron
muy fuertemente y la tomaron por fuerza de ar-
mas, y tomáronla tan aina porque algunos de loa
de dentro se dieron flojura, é no creyeron al capi-
tán Don Diego de Acevedo, que murió peleando, y
los de la ciudad estaban casi seguros y oviéronso
flojamente en las armas, ca si algo se tuvieran fue-
ran socorridos: y así entrada Salzas, los franceses
entraron y degollaron mas de quinientos hombres,
é llevaron cuanto en ella habia de cabalgada é des-
pojo. Murió allí, como dicho es, el capitán y el al-
cayde Don Diego de Acevedo, hijo del Arzobispo de
Santiago. E luego el Rey D. Fernando mandó ado-
var é tornó á redificar la fortaleza é villa de Salzas
muy mas fuerte que no era de primero.
CAPÍTULO CLIV.
De los easamientos del Príncipe y del Archiduque.
En el año de 1490 se concertaron los casamientos
del Príncipe Don Juan de Castilla é de su hermana
la Infanta Doña Juana, hijos del Rey Don Fernando
é de la Reyna Doña Isabel, Reyes de España, con el
Archiduque de Borgoña é con Doña Margarita su
hermana, fijos del Emperador de Alemania Maxi-
miliano, nietos del gran Duque Carlos, Conde de
Flándes, Duque de Borgoña, Rey en Frisa, que fué
un famoso caballero é gran señor, á quien sucedió
el dicho Archiduque Don Felipe por parte de su ma-
dre, que fué fija del dicho Duque de Borgoña, Con-
de de Flándes, é casó con el dicho Maximiliano,
DON PT3TIÑAND0
elendo Bey de los ílomanos, hijo del Emperador
Federico y de su primera mujer, hija del Rey Duar-
te de Portugal ; ansi que trocaron, que casó el dicho
Príncipe Don Juan con Doña Margarita, é el dicho
Archiduque Don Felipe con Doña Juana, é partió la
flota de España, en que fueron ciento treinta naos
é navios é mas de veinte ó veinte y cinco mil hom-
bres de armada en ella, con la Infanta Doña Juana,
é la llevaron á Flandes para traer á la Princesa
Doña Margarita; é partieron en el mes de Septiem-
bre del dicho año de 96 de Castilla do los puertos
de Vizcaya, é fué tan grande armada por la guerra
que había con Francia; é fué por capitán desta ar-
mada el Almirante de Castilla, y por Prelado Don
Luis Osorio, Obispo de Jaén, á quien iba encomen-
dada la dicha Doña Juana, Archiduquesa de Flan-
des é Infanta de Castilla. Estuvieron en Flandes,
después de entregarla al dicho señor su marido,
todo el invierno, donde murieron de la campaña y
armada mas de diez mil hombres é mas, de mal go-
bierno é de frío, é los probó la tierra; é vinieron
con la Princesa de Castilla Doña Margarita en el
mes de Marzo del año de 97, en cabo de siete me-
ses ó poco menos, é aportaron en Santander los do
la flota, que escaparon, con la dicha Princesa é con
el Almirante, que el Obispo Don Luis Osorio allá mu-
rió con los otros muchos que murieron en Flandes;
é decindió en tierra la Princesa en Santander, é
fuéle hecho el recibimiento de Castilla en Burgos,
y desposáronla luego allí á 19 de Marzo, Domingo
de Ramos, y veláronlos en el Cuasimodo adelante
2 de Abril. Triunfaron por España aquel año é o vie-
ron placer el Príncipe y la Princesa gozando ma-
trimonio como buenos casados asaz poco tiempo, y
como la rueda de la fortuna nunca para en este
mundo, á unos dando, á otros quitando, á unos fa-
ciendo, á otros desfaciendo, á unos con mucha mi-
seria y pobreza dando muy luenga vida de años,
hasta que se enojan de vivir y querrían la muerte;
á otros que son ricos, príncipes, reyes y grandes
sefioreS; y á nuestro ver muy necesarios en el mun-
do para que viviesen, dando la muerte en el tiempo
de su mayor empinacion , y no se cura la dicha for-
tuna que sean grandes ni pequeños, ricos ni pobres,
Papas ni Emperadores ; llegó al Príncipe Don Juan
susodicho por sus ciertas jornadas el cabo del viajo
de su peregrinación que vino á andar en este míse-
ro mundo, y envióle á llamar el Señor del mundo
que lo crió, al cual ninguno de nos puede ir sin que
primero pase por el trago de la muerte, é llegaron
á él los mensajeros de la muerte natural en el mes
de Octubre el dicho año que se casó de 1497, y par-
tió desta vida de su muerte natural la víspera de
San Francisco, á 3 dias de Octubre en la ciudad de
Salamanca, é su cuerpo fué depositado ende algún
tiempo, y después fué llevado á Avila, de la qual
muerte é fallecimiento quedó mucha desconsola-
ción á BU padre é madre, é á la sin ventura Marga-
rita, su mujer, Reyna que fué en su niñez de Fran-
cia, y después Princesa de Castilla é de España, la
cual quedó preñada y malparió sin dias una fija ; y
É t»O^A ISABEL: 691
después el Rey y la Reyna la enviaron á bu padre á
su tierra á Flandes, en el mes de Setiembre del año
de 99, con el Obispo de Córdoba Don Juan de Fonse-
ca é con noble compañía por tierra por Francia, é
de allí casó con el Duque de Saboya en Píamente,
é en cabo de pocos años murió el Duque de Saboya,
é tornó á ser viuda Margarita.
CAPÍTULO CLV.
Como tornó la Infanta Dofia Isabel á Portagal.
En el mes de Septiembre año susodicho del Se-
ñor de 1497, se concertó el casamiento de Doña
Isabel, Infanta de Castilla, Princesa que habia sido
de Portugal , con el Rey Don Manuel de Portugal , y
quedando el Príncipe de Castilla enfermo en Sala-
manca, donde falleció, fué la Reyna Doña Isabel á
Alcántara con la dicha su hija, Princesa de Portu-
gal , á la entregar al Rey su marido, é se la entregó
é dio por mujer ; é mientras ella fué allá falleció el
Príncipe Don Juan de Castilla en Salamanca, estando
presente el Rey su padre , el qual lo confortó mucho
en su muerte, diciéndole : «Fijo mucho amado, aved
«paciencia, pues que vos llama Dios, que es mayor
»Rey que ninguno otro, y tiene oti-os reinos y se-
Dñoríos mayores é mejores que non estos que vos
jíteniades y esperábades para vos dar, que os dura-
»rán para siempre jamás , y tened corazón para re-
«cibir la muerte , que es forzoso á cada uno recibir-
»la una vez , con esperanza que es para siempre in-
smortal é vivir en gloria» : y otras semejantes co-
sas dijeron que decía el padre al hijo muy consola-
torias ; y acabado de depositar su cuerpo en Sala-
manca, se partió para Alcántara, donde la Reyna
habia entregado la Reyna de Portugal su fija al Rey
Don Manuel su marido; y con gesto agradable llegó
á la Reyna , la qual le preguntó luego por el Prínci-
pe, y le dijo que estaba bueno, é no le dijo otra
cosa, fasta que de otro lo supo. Ansí fueron las ale-
grías del matrimonio, llantos, lloros y lutos por el
Príncipe, todo en una semana; y fechas las honras
y obsequias por el Príncipe, dende á cinco meses
enviaron el Rey y la Reyna por el Rey Don Manuel
é por la Reyna su mujer á Portugal, que viniesen
como Príncipes de Castilla, para que fuesen recibi-
dos y jurados por Príncipes, é vinieron, é entraron
en Castilla, é ficieron el viaje por Guadalupe, don-
de llegaron víspera de Ramos, á 7 de Abril, año de
1498, é dende fueron á la corte , donde los recibie-
ron é juraron por Príncipes los grandes de España,
é andubieron en la corte, hasta que después la
muerte della los apartó.
Estando la corte del Rey y la Reyna en Aragón
en Zaragoza , en el mea de Octubre del dicho año
de 1498, parió un hijo, á quien ella mandó llamar
Don Miguel, é murió de aquel parto dende á dos ho-
ras desque parió, é vivió Don Miguel siendo Príncipe
de Castilla un año y siete meses, hasta el mes de
Julio del año de 1600, que murió do su natural
muerte en Granada, estando allí la corte. El prime-
ro cuchillo de dolor que traspasó el ánima de la Rey-
692 CEONICAS DE LOS
na Doña Isabel, fué la muerte del Principe, el se-
gundo fué la muerte de Doña Isabel su primera
hija, Reyna de Portugal ; el tercero cuchillo de dolor
fué la muerte de D. Miguel su nieto , que ya con él
se consolaba, y (Jesde estos tiempos vivió sin placer
la ínclita y muy virtuosísima y muy necesaria en
Castilla Reyna Dofia Isabel, y se acortó su vida y
su salud. *
CAPÍTULO CLVL
De Melilla.
Afio de 1497 susodicho, en el mes de Septiembre,
por mandado del Rey Don Fernando fizo el Duque
de Medina Sidonia, Conde de Niebla , Don Juan de
Guzman, una armada que había de ir allende á to-
mar y poblar á Melilla, que es en el reyno de Tre-
mecen, linde con el reino de Fez, porque se supo
por ciertas diferencias que los moros lo habían despo-
blado ; é fueron en la dicha armada cinco mil hom-
bres, y descíndieron en Melilla, la qual hallaron va-
cía de gente y despoblada , é pobláronla , é repará-
ronla , é fortaleciéronla mucho , é el Rey fizo gober-
nador della al dicho Duque , é le dio la tenencia , el
qual á costa del Rey la mantuvo é gobernó mien-
tras vivió, é tuvo ende alcaides é capitanes que
ficieron mucha guerra á los moros de la comarca,
en especial á Mariano de Rivera, que fué su primo,
muy esforzado, é fizo muchas cosas buenas é cabal-
gadas en los moros , estando allí , dándolas é reci-
biéndolas á veces , é tomó á Cazaca desde allí á los
moros.
CAPÍTULO CLVIL
Del Capitán de Perpiñan.
En él dicho afio de 97 murió el capitán general de
Perpifian, Don Enrique de Guzman, hijo del Conde
de Alva de Liste, señor de las Garrovillas, que fué
pr.eso en la batalla de Zamora é llevado á Portugal,
saliendo á un ruido que había entre la gente de la
guarnición que estaba contra la Francia, é de la
ciudad cayó una piedra, no supieron de dónde, y le
dio en la cabeza , de que murió. El qual era muy
devoto y muy virtuoso caballero, y pariente del
Rey. Era casado con hija de su primo Enrique En-
riquez, hermano de la mujer del Duque de Candía,
hijo del Papa Al*3Jandro, que murió en Roma, como
es dicho. Era este dicho capitán fijo del dicho Con-
de de Alva de Liste Don Enrique Enriquez, que fué
hijo del Almirante Don Alonso Enriquez , que fué
hijo del Maestre de Santiago Don Fadrique, que
mató el Rey Don Pedro , su hermano.
CAPÍTULO CLVIII.
De la muerte del Rey Garlos de Franela.
Afio del Sefior de 1498, á 7 días del mes de Abril,
víspera del Domingo de Ramos, murió el Rey Car-
los de Francia, que habia entrado en la Italia, se-
gún ea 4iíhQ, Murió ea Francia, en la ciudad de
REYES DE CASTILLA.
Molius, en Barbones. Reynó en los años de su nifiea
é tutela diez y seis años y ocho meses , desde la
muerte del Rey Luis su padre. Sucedióle en el rey-
no el Duque de Orliens su tío, primo de su padre, á
quien por la línea masculina de derecho mas lejíti-
mamente vino é perteneció el reino de Francia , ó
luego lo elijieron y alzaron por Rey los grandes de
Francia pacificamente. El qual luego á la hora que
vido muerto al Rey Carlos, envió mensajeros al Rey
Don Fernando de España haciéndole saber la muer-
te del Rey Carlos, y como él era Rey de Francia é
quería su amistad y hermandad, según lo acostum-
braban é solían tener los Reyes de Castilla con los
de Francia los tiempos pasados ; y el Rey Don Fer-
nando fizo sentimiento por la muerte del Rey Car-
los de Francia, y concedió al Rey Luís, Duque de
Orliens, que nuevamente comenzó de reynar, su em-
baxada y amistad ; y con esto los mensajeros se vol-
vieron en Francia ; é al tanto fizo el liey con los
otros Reyes y grandes Señores, que les fizo saber de
la muerte del Rey Carlos su sobrino , y les pidió
amistad.
CAPÍTULO CLIX.
De la especería de Calecnd, cómo se halló.
A diez días de Junio, año de 1499, vino á Lisboa
en Portugal uno de los dos navios que el Rey Don
Juan de Portugal había mandado á descubrir, el
qual ya pasaba de dos años que habia partido de
Lisboa, los quales por el mar Océano del costado de
la Mina fueron la tierra siempre á la mano izquier-
da , mas adelante de lo descubierto hasta alh' mil
ochocientas leguas, hasta que llegaron en Indias,
donde hallaron una ciudad mayor que Lisboa, po-
blada, llamada Calecud, y estaba poblada do chris-
tianos indianos, los quales tienen iglesias y campa-
nas, y casas hechas de piedra á la morisca, y las
calles derechas, y el Rey de la dicha ciudad se hace
muy bien servir, é tiene su palacio muy bien orde-
nado, con sus escuderos, é camareros, é porteros, en
la qual ciudad hay muchos mercaderes moros riquí-
simos , y todo el trabajo es en sus manos, y el Rey
se gobierna y rije por consejo de los dichos moros.
Toda la escala de las especias es en la dicha ciudad.
Vale un peso de canela, que son cinco quintales,
diez ó ocho ducados de oro ; hay pimienta y clavos
á aquel respecto, genjibre la mitad menos, las qua-
les especias nacen en ciertas islas, de la dicha ciu-
dad cerca de ciento y setenta leguas, y son cerca de
la tierra firme una legua, y son pobladas de moros,
y ellos son señores de las dichas islas. Hay infini-
tas naos allí por aquella comarca , que dicen hay
mil y quinientas, y la mayor no pasa de setenta
toneles, y no llevan mas de un mástil, y no pueden
navegar sino á popa, y son débiles y sin ninguna
artillería ni armas, y todas son de moros y navega-
das por manos de moros, y las naos que van á las
dichas islas por las especias y llanas, porque hay
poco hondo y algunas hay que no llevan hierro,
porque han de pasar por la piedra imán, que es d^
DON FERNANDO
la dicha isla poco ; en la qual isla no vale un quin-
tal de canela mas de un ducado y medio , é á sus
naos vienen con las dichas especias un gran golfo
que es adelante de la dicha ciudad , que atravesa-
ron los dichos navios que fueron á descubrir, é fue-
ron bien setecientas leguas de traviesa , en el qual
golfo hay infinitas ciudades, é villas, é castillos,
todos de moros ; y después á la fin del dicho golfo
pasa un estrecho como el de Gibraltar, y entran en
otro golfo donde de la parte derecha es el mar Ru-
bio, y allí descargan las dichas especias, y allí hay
otros navios mas pequeños , por respecto que hay
poco hondo , é de allí las llevan á otro puerto, que
es cerca de la casa de la Meca, que es una ciudad
asentada en los desiertos de Arabia : allí yace el
cuerpo del malaventurado Mahoma enterrado tres
jornadas adelante del dicho puerto, é después van
BUS jornadas y su camino al Cairo con camellos , y
pasan al pié del monte Sinay. E todas las dichas
villas son habitadas, é muradas, é fermosas, é fe-
chas á la morisca, é los portugueses descindieron é
fueron en buena compañía. Y este no pudo ser sino
el golfo de Arabia, de que escribió Plinio. Las gen-
tes de aquellas ciudades son christianos, vestidos
de la cintura abajo, é también ansí las mujeres;
é aquellas de los hombres honrados se cubren tam-
bién de la cintura arriba de cierta tela delgada.
Hay allá terciopelo, damasco, raso, tafetanes de
cada color, é paños de Luca é de otras suertes, é
telas muy delgadas, y latón, y estaño muy bien la-
brados, hay de todo mucha abundancia ; hay mal-
vacía de Candía en barriles, y mi opinión es que
toda esta viene del Cairo, donde vienen á parar la
mayor suma de aquellas especias : hay trigo , mu-
cho de acarreto , que se lo llevan aquellos moros
con las dichas naos ; hay bueyes y vacas, y son pe-
queños; hay naranjas y todas dulces, limones, ci-
dras, melones, duraznos é otras muchas frutas, dá-
tiles verdes y secos ; hay azúcar é facen conservas ;
tienen algodón y nácar infinita, y brasil los mon-
tes llenos, y estoraque, y menjuí, y algalia, é joyas
de todas suertes , aunque son caras , y no es mara-
villa , porque los moros lo atraviesan todo é lo que
quieren allá por estas mercaderías no es sino oro é
plata ; allí corre la moneda del Soldán del Cairo,
que son serafines de oro , que pesan menos que el
ducado dos 6 tres granos ; corren ducados venecia-
nos é de Genova ; hay moneda de plata menuda,
que asimismo debe ser del Soldán. Hay marea como
acá, y crece la mar y mengua ; hay grandes more-
rías en aquellas partes y todos loros como los india-
nos ; é más acá del dicho golfo obra de cien leguas
hallaron una mina de oro en tierra de negros , que
casi Bon subditos moros. E porque del primer viaje,
como dicho es, descubrieron é supieron los portu-
gueses que' fueron descubrir en el tiempo y vida del
Rey Don Juan , fijo del Rey Don Alonso é por su
mandado lo susodicho, é vinieron reinando el Rey
que le sucedió en el reyno, que fué Don Manuel, fué
mi voluntad asentarlo aquí en este libro de memorias,
porque esto fué in primis. Y de aquí se prosiguió
É DOÑA ISABEL. 69á!
que el Rey Don Manuel de Portugal envió muchaíí
veces sus armadas por aquellas vías, y descubrieron
mucho mas en aquellas partes , é tomaron la pose-
sión por él de la conquista, é del resgatar é descu-
brir , y le trujeron á Portugal el uso de las merca-
derías de las especias de aquellas tierras, que nun-
ca tal fué visto por tantas leguas del mar Océano
que se cree ser de viaje desde Portugal hasta allá
cerca de tres mil leguas con los rodeos que se ha-
cen ; é en las riquezas de las especias , desque lo su-
sodicho se descubrió , Lisbona y Setubal se volvie-
ron Alejandría : lo qual fué muy gran perjuicio del
Soldán del Cairo y Babilonia, enemigo de nuestra
santa fée cathólica, é fué en amenguamiento de sus
rentas; que todos los mercaderes de Venecia, Ge-
nova ó Florencia , que son los mas ricos mercade-
res del mundo, iban á la ciudad de Alejandría, quo
es suya y el puerto mas principal que él tiene, é á
otras partes de su tierra á cargar de las dichas de
las especias é mercaderías para proveer toda la
christiandad latina, que es Italia, Francia, Alema-
nia, Inglaterra, España y Flandes, é agora todo lo
mas es quitado, y se provee de Portugal , de donde
el Rey de Portugal acrecentó mucho en su honra y
renta.
CAPÍTULO CLX.
De las Reynas de Ñapóles é del bautismo de los moros.'
Año de 1499 vinieron las Reynas de Ñapóles ma-
dre é fija, de Ñapóles en España, hermana y sobri-
na del Rey Don Fernando, y con ellas el Gran Capi-
tán Gonzalo Fernandez, Duque de Montegargano,
é tres ó quatro Prelados muy honrados. Arzobispos
é Obispos, é quedó en Aragón la Reyna moza en uu
lugar cerca de Valencia, é la madre vino á Grana-
da en el mes de Julio del dicho año, donde estonces
estaba la corte, donde le ficieron honrado recibi-
miento el Rey su hermano y la Reyna. Estuvo allí
la corte ciertos meses dando forma como se bauti-
zasen aquella multitud de moros que había en la
dicha ciudad, por quitar muchos daños que dello se
recrecían, é muertes, é cautiverios que los moros
de las veras de la mar hacían y consentían hacer,
que venian los moros de allende y llevaban de no-
che los lugares enteros y á vueltas todos los chris-
tianos que en ellos había ; y partióse la corte para
Sevilla , y quedó el Arzobispo de Toledo con el de
Granada dando forma en el convertimiento de la
ciudad, y buscaron todos los linajes que venian de
christianos y convirtieron y bautizaron muchos de
ellos, y los moros tuvieron esto por muy mal, y al-
borotáronse unos con otros y escandalizaron la ciu-
dad de manera que se alzaron unos y otros, se fue-
ron (le la ciudad y alborotaron los lugares comar-
canos é las Alpujarras, é alzáronse contra los chris-
tiattos, é socorrieron luego los christianos mas cer-
canos, é ficieron algunos destrozos en los moros, é
partió el Rey de Sevilla á mas andar , y fué á Gra-
nada ; é esto fué en el comienzo de el año de 500, 6
apaciguó la ciudad 1q mejor que pudo , é fué sobr^
694 CRÓNICAS DE LOS
Lanxaron, é tomólo por fuerza de armas, é mató ó
captivo los moros de aquella comarca, é tomó por
partido todas las Alpiijarras, é dejó á buen recaudo
todas las fortalezas, é á todo esto fué presente el
Gran Capitán Don Gonzalo Fernandez, é volvióse en
Granada é dejó orden como predicasen á los moros
la santa fée é bautismo, é los convirtiesen por cien-
cia é por buena razón , é les ficiesen saber como la
voluntad suya é de la Reyna era que todos fuesen
christianos, pues en otra ley no habia salvación
para el ánima sino en la de Jesuchristo ;é dado este
concierto se volvió en Sevilla, é dende á pocos dias
prosiguiendo lo susodicho los dichos Arzobispos y
la clerecía de Granada, convirtieron la ciudad y
bautizaron mas de setenta mil personas grandes é
chicas en Granada y su comarca, de manera que en
toda la ciudad no quedó ninguno por bautizar.
CAPÍTULO CLXI.
De la división entre el Rey de Ñapóles Federico y el Rey
de España.
Las Reynas de Ñapóles se dijo venir en España
por la desconsolación que tenían después de la
muerte del Rey Don Fernando segundo deste nom-
bre, el mozo ; é como reinó Federico, el Rey de Es-
paña quisiera, é también la Reyna su hermana, que
casara su hijo de Federico, Duque de Calabria, con
la mujer del Rey Fernando el mozo, su sobrina,
que era asaz moza y de muj' gran merecimiento ; el
qual casamiento Federico ni bu hijo diz que no qui-
Bieron conceder ; y diz que el Rey Don Fernando es-
cribió algunas cartas á Federico su sobrino , Rey do
Ñapóles, sobre el mismo casamiento y sobre otras
cosas convenientes para entre ellos, y que teniendo
á él no temiese al Rey de Francia ni á otro , que él
le ayudaría á defender el reino de Ñápeles ; porque
el Rey Don Fernando temia que el Rey de Francia
habia de volver á conquistar aquel rey no ; y el Rey
Federico diz que era mucho mas aficionado á Fran-
cia que no á España, porque diz que casó en Fran-
cia una vez, y vivió allá con el Rey de Francia gran
tiempo , y diz que las cartas que el Rey de España
le enviaba, mostraba el Rey de Francia á los em-
baxadores del Rey Don Fernando de España, de lo
qual el Roy hubo asaz enojo , é no se pudo acabar
con Federico y bu hijo que el dicho casamiento se
liciese, é por esta causa é desconsolación, é por
otras cosas, les convino venir á las dichas Reynas
en España , é asimismo vino el Gran Capitán con
ellas , é dejó en la Pulla y Calabria del Reamen de
Ñápeles muchas fortalezas á buen recaudo por el
Bey de España, por ciertas deudas é gastos que so-
bre la conquista se seguían, ó no las habia entrega-
do al Rey Federico. E estuvieron desta vez acá las
Bcfíoras Reynas en España hasta que el Rey Don Fer-
nando las volvió en Ñápeles en fin de la segunda
conquista de Ñapóles, y aun mucho tiempo después;
é lo mas deste tiempo estuvieron en Valencia de
Aragón la madre é la fija.
REYES DE CASTILLA.
CAPÍTULO CLXIl.
Del Rey de Francia, é de Milán.
Don Luis de Valois, Duque de Orliens, Rey de
Francia, comenzó de reynar después de la muerte del
Rey Carlos su sobrino: en el comienzo de su reynar
sacó su hueste de Francia muy grande ó entró por
la Lombardía muy poderoso sobre el Ducado de Mi-
lán, con título de Duque de Milán, diciendo que era
suyo é le pertenecía por lejítiraa causa de antigüe-
dad, é diéronsele luego en la Lombardía quatro vi-
llas, de ellas por fuerza, de ellas por grado ; y el
Duque de Milán Ludovico, hubo temor de su propia
ciudad de Milán é de la gente della que le ficiesen
traición , é vido tales esperiencías que no osó espe-
rar al Rey de Francia en Milán , é salió della con
trescientos hombres de armas y sus tesoros, é fuese
en Alemania al Emperador Maximiliano, que era su
cufiado, casado con su hermana , y el Rey de Fran-
cia fué sobre Milán , y abriéronle las puertas , y en-
tróse dentro , é tomóla , é diósele luego todo el Du-
cado de Milán, é diósele Genova é toda su señoría,
é el Rey dejó sus guarniciones, é capitanes é alcay-
des en lo ganado, é volvióse á Francia.
Estando así Milán en la gobernación de franceses,
como loH franceses dicen ser gente de mal sufri-
miento é horrible de comportar , los luilaneses des-
contentos dellos é de sus importunidades, enviaron
por el Duque 'de Milán su señor, diciendo que le
querían dar la ciudad ; é vino muy poderoso con la
ayuda del Emperador é con mucha gente de suizos
que trujo á sueldo, é con ayuda de sus amigos, y co-
mo allegó á Milán, sin embargo de los franceses, los
de la ciudad le abrieron las puertas de la ciudad , ó
se entró en ella é la tomó.
El Rey do Francia , como era hombre mañoso é
muy esforzado, é traía buen concierto en la guer-
ra , é tenia gran hueste de mucha gente de Francia
y muchos suizos á sueldo, y tenia gran parte y fa-
vor en la Italia, díó luego vuelta con la hueste so-
bre Lombardía é sobre el Ducado de Milán.
El Duque de Milán, con intención de pelear y de-
fender su tierra, se puso con su gente é con muchos
suyos que tenia á su lado en Novara, é vino el Rey
de Francia allí sobre él en el mes de Abril del año
de 1500, é cercó al Duque allí en la ciudad de No-
vara, é ovo traición en los suizos que tenia á sueldo
el Duque de Milán, y nunca quisieron pelear ni ha-
cer lo que debían contra el Rey de Francia ni con-
tra su hueste, porque dijeron que veían un pendón
ó bandera do suizos allí en la hueste del Rey de
Francia, y que en ninguna manera no podían pelear
ni ir contra él sin caer en descomunión y mal caso,
de manera que dieron gran turbación y desmayo en
la hueste del Duque, y el Duque estaba dentro en
Novara, y quejoso y muy turbado de la traición de
los suizos, que no quisieron pelear ni hacer su de-
ber, maldecía la fortuna ó la siniestra é desastrada
suya ; é los suizos les dijeron que ellos tenían segu-
ro del Rey de Francia para salir ahorrados y para
DON FERNANDO
fee ir do quisiesen , que saliese entre ellos ansí ahor-
rado y disfrazado como suizo si queria escapar, y el
desdichado Duque viendo su perdimiento , causado
de la gran traición, considerando que no vive el leal
mas que lo que quiere el traidor, viendo su gente
salir de la ciudad y pasar segura por los reales de
los enemigos franceses , pensó pasar por suizo, co-
mo le dijeron, é metióse entre ellos á salir disfraza-
do, é fué conocido y tomado preso ; y el Key tomó
á Novara, é prendió al Duque é al Cardenal de As-
canio, su hermano, é á todos los caballeros é nobles
que con ellos estaban de la familia y casa del Du-
que, y enviólos presos á Francia, donde tuvo al Du-
que preso hasta que murió dende á quatro ó cinco
afios ; é de allí el Rey fué sobre la gran ciudad de
Milán, é sobre todas las ciudades é villas del Duca-
do, é todo se le entregó sin recibir mucha afrenta ;
é el Rey de Francia estonces confirmó su amistad
con las señorías de Genova, é Florencia, é Pisa, é
quedó señor de la Lombardía : en esto sobrepujó en
renta y señorío á todos los otros Reyes de Francia
antes del pasados ; é esto todo pasó en el verano del
año de 1500, y ya en este tiempo era fecha amistad
entre el Rey de Francia y el Rey Don Fernando de
España, é estaban de acuerdo é buena amistad; é so-
nábase que el Gran Turco, Emperador de Constan-
tinopla , queria venir con muy gran armada sobre
esta tierra de christianos , y de aquí tuvo color el
Rey Don Fernando de ordenar la armada que envió
con el Gran Capitán , diciendo que para defender á
Sicilia si el Turco allí aportase, y fué mas que el
Rey de Francia estaba tan pujante en la Italia tan
cerca del Reamen de Ñapóles é Sicilia para le resis-
tir, si algo quisiese hacer, y fué muy bien mirado y
pensado del Rey Don Fernando, según lo que des-
pues sobrevino , como se dirá donde conviene ade-
lante.
CAPÍTULO CLXIII.
De como el Gran Turco destruyó á Corfú y Modon.
El Gran Turco Bayaceto, Emperador de Constan-
tinopla, señor de la Turquía é Grecia, en este tiem-
po aderezó una muy grande armada para ir contra
los christianos, y no se sabia á donde iria , é la se-
ñoría de Venecia lo hizo saber é los Reyes é señores
comarcanos ; é esto fué en comienzo del año de
1500, é luego el Rey D. Fernando ordenó su arma-
da con el Gran Capitán ; y dijeron que el Rey de
Francia envió otra armada, é no llegaron á tiempo,
é los turcos vinieron sobre Corfú é Modon, ciudades
de la Señoría de Venecia, é los turcos vinieron muy
poderosos, que la señoría no los pudo resistir, ó co-
mo que ello fué , los turcos entraron en las dichas
ciudades por fuerza de armas, é las destruyeron é
metieron á sacomano, é mataron ó captivaron toda
la gente de ellas ; é los turcos fueron mañosos en
esto, que finjieron y enderezaron que iban á otra
parte, é volvieron é dieron de súpito sobre las dichas
ciudades, y las entraron antes que ningún socorro
hs viniese ; é cuando el Gran Capitán llegó gon su
É DOÑA ISABEL. 695
armada ya el dafio era fecho, como ip.as adelante 69
dirá.
CAPÍTULO CLXIV.
Del Rey de Navarra.
Postrero dia de Abril , año de mil y quinientos^
estando la corte en Sevilla , vino el Rey de Navar-
ra ahorrado con obra de veinte de caballo á Sevilla,
á negociar con el Rey y con la Reyna, al qual el Rey
mandó facer muy honrado recibimiento en esta ma-
nera : la Ciudad delante, todos los Veinte-y-quatros
y Regimiento delante, al qual besaron la mano por
mandado del Rey, é luego la clerecía toda por sí y
capellanes de la corte , luego los priores muy orde-
nadamente, y luego el Rey Don Fernando á la pos-
tre con el Patriarcha Arzobispo de Sevilla, Don Diego
Hurtado de Mendoza, écon un Cardenal é dos ó tres
Obispos italianos, que habían venido con la Reyna
de Ñapóles, y con los grandes y con los Obispos de
la corte salieron camino de Alcalá media legua á los
recibir, y llegados se abrazaron é humillaron , é vi-
nieron á la ciudad por la puerta de Carmona, é de-
cían que el Rey le había dado muchos ducados , é
en Sevilla le hicieron muchas fiestas.
En este mismo año de 1500 adelante , en el mes
de Octubre se ficieron las fiestas del casamiento de
Doña María, tercera fija del Rey Don Femando é de
la Reyna Isabel, é casó con el Rey Don Manuel de
Portugal, é la enviaron Sus Altezas á reynar á Por-
tugal con el Arzobispo de Sevilla, que era entonces
Don Diego Hurtado de Mendoza, ó con Don Alonso
de Aguilar, é con otros caballeros é noble compañía,
é la entregaron al Rey Don Manuel su marido en
Portugal, por la vía de Mora, é la salieron á recibir
el Rey é los grandes de Portugal , é les ficieron muy
gran recibimiento.
CAPÍTULO CLXV.
De DoSa Catalina su hermana, hija menor del Rey Don Fernando
é de la Reyna Doña Isabel, su mujer.
Estando en Granada el Rey é la Reyna, en el año
de 1501, vinieron Embasadores del Rey de Ingla-
terra á su corte, á le demandar para el Príncipe de
Inglaterra su hijo, llamado Artus, á la Infanta Doña
Catalina, su quarta é menor fija, é el casamiento se
concertó, é finalmente la enviaron á Inglaterra des-
de Granada, á veinte y un días de Mayo del dicho
año de 1501 : fueron con ella á la entregar el Arzo-
bispo de Santiago Don Alonso de Azevedo, y el
Obispo de Osma, y el Obispo de Salamanca, y el
Conde de Cabra, y el Comendador mayor de Cárde-
nas, y la Condesa de Cabra vieja, y Doña Elvira Ma-
nuel por su dama de honor, y fueron á embarcar en
la ciudad de la Coruña en Galicia , é embarcaron á
diez y siete días de Agosto, é yendo por la mar vol-
vióles el tiempo contrario, é aportaron en Laredo,
en Castilla la Vieja, en donde adoleció muy mal
Doña Catalina, é después de convalecida é buena
embarcó ea veinte j seis dias de Setiembre en unft
696
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
nao, la mejor que llevaba de quatro naos que lleva-
ba de trescientos toneles: ovieron buen viaje, y fue-
ron á desembarcar en un puerto que llaman Fala-
monte, á dos di as de Octubre, donde fué fecho á la
Señora Dofia Catalina muy gran recibimiento é mu-
chas fiestas, y fué desposada y velada con el Prín-
cipe Artus, hijo mayor del Rey Hafo de Inglater-
ra, el qual le duró poco, ca falleció de pestilencia
estando en su Principado de Gales, á dos dias de
Abril afio de 1502, en una villa que sollama Budlo;
é ansí fué casada Dofia Catalina Princesa de In-
glaterra seis meses, y estuvo viuda en Inglaterra, y
casó segunda vez con el Reyjhermano del primero ma-
rido menor, llamado Henrique, en un lugar que se
llama Granuche, diade San Bernabé del afio de 1503;
coronáronse el dia de San Juan adelante con las ma-
yores fiestas del mundo.
CAPÍTULO CLXVI.
De como enviaron á bautizar los moros, é como los de Sierra Ber-
meja se alborotaron é se alzaron, é de como pelearon, é como
murió Don Alonso de Aguilar,éde otras cosas.
En el afio del Sefiordel500 desde el comienzo del
afio, comenzaron de enviar é enviaron el Arzobispo
de Sevilla é los Obispos de la comarca de Granada
á les predicar é convertir y bautizar, donde algunos
fueron muertos é martirizados, ansí como en Day-
din é Benahabis , dos de Alcalá de Guadaira , An-
tón de Medellin é Alonso Gascón, que los mataron
las mujeres y muchachos á cañibetadas porque no
se quisieron tornar moros , é otros fueron llevados
captivos; quelos moros desque vieron que los torna-
ban christianos por fuerza, se concertaban con los
moros de allende, é venían de noche con las fustas
é llevábanlos, é con ellos los clérigos y quantos ha-
llaban, y llevaron ansí muchos lugares y alearías
de los que estaban cerca de la mar por toda la cos-
ta; y como vieron que por toda la tierra les amones-
taban que fuesen christianos, alborotáronse , y ha-
cían sus ayuntamientos y levantamientos.
En el mes de Enero del afio de 1 501 , estando la
la corte en Granada, alborotáronse los moros de
Sierra Bermeja é de las comarcas de Ronda, é alzá-
ronse para se defender ó pasarse allende, antes que
no ser christianos, é por temor que habían fecho mu-
chos dafios é muertes en los christianos , é habían
matado entonces á los doa clérigos de Alcalá An-
tón de Medellin é Alonso Gascón en Daiden , é los
quemaron, después do los haber muerto atados á sen-
dos árboles á cañaveradas é pedradas, é retrujéron-
86 de las alearías á los lugares mas fuertes de las
tierras bermejas ansí como á Monardo é á otros lu-
gares de por allí. É desque esto se supo de toda es-
ta Andalucía, apellidáronse muchos hombres sin
concierto, é sin mando do Rey fueron sobre ellos
mas de ochocientos hombres por matarlos é robar-
los, é robaron muchos lugares é alearías, é con esto
se alborotaron mucho mas los moros, éseretrujeron
los df» aquella comarca á sierra Bermeja, é los de la
Sierra luenga también se alzaron é pusieron en ar-
mas é defensa, viendo el daño que los otros reci-
bían de la gente desmandada que había ido sobre
ellos. Estonce el Rey envió á mandar al Conde de
Cif uentes. Asistente de Sevilla, que fuese con la gen
te de Sevilla é de toda la tierra sobre ellos, é fué ,
é acudió luego el Conde de Urefia con su gente, 6
Don Alonso de Aguilar con la suya, é la ciudad de
Jerez é la gente de toda la comarca fueron sobre
ellos, é fizóse un gran Real de gente , que se asen-
tó cerca de Monarda, al pié de lo alto ó mas fuerte
de la Sierra Bermeja, un gran arroyo de un gran
gollizo é espesura enmedío del Real y de los moros
y sierra, y de aquel Real entraban algunos caballe-
ros y peones á los lugares que los moros habían de
jado, é traían cuanto podían , trigo , cebada , pasas,
semillas, vacas é cabras, con que mantenían el Real;
y estuvieron ansí algunos días , que no se querían
dar, y una tarde, estando los moros en la ladera de
la sierra, cerca del Real en su defensa, porque no
les subiesen por allí é entrasen la sierra, sin ningún
concierto, uno, dos ó tres hombres de mala ventura,
consejados parece que por el diablo, tomaron una
bandera y comenzaron pasados el arroyo de subir en
pos de los moros , y el Real se desmandó y comen-
zaron pasados el arroyo de subir en pos de los mo-
ros muchas gentes , y subir á la sierra arriba, é Don
Alonso de Aguilar movióse con los suyos é siguió
en pos dellos la sierra arriba peleando con los mo-
ros, y en la sierra había á trechos algunas llanadas
en la ladera, é los moros peleaban é defendíanse , ó
iban retrayendo, é cuando llegaban á aquellos lla-
nos que se hacían en la ladera, huían hasta la fuen-
te, y ansí se fueron retrayendo hasta un gran llano
encima de la sierra que se hacia fuerte de ciertas
partes con pefias é aspesuras, donde tenían el Real,
é las mujeres, é los muchachos, é las haciendas ; ó
como allegaron allí los moros que iban huyendo de-
lante de los christianos, el real de las mujeres é chi-
cos é grandes por el cabo que los christianos llega-
ron comenzaron de huir , y Don Alonso de Aguilar
y su fijo, y el Conde de Urefia y su fijo Don Pedro
Girón iban allí en la delantera dando en los moros,
y la gente común de los christianos desque vieron
que los moros desampararon su real , comenzaron
de robar é tomar líos de las ropas de los moros, ca-
da uno cuanto podía, y las moras y los muchachos
comenzaron á dar muy grandes voces y grítos,y era
ya noche que escurecía, y el apellido de las moras
y de los morenos muchachos, doliéndose de sus mu-
jeres y fijos y viendo que había añejado el comba-
te de los christianos , que no los seguían é que se
habían metido á robar, aunque en este medio tiem-
po los caballeros Don Alonso de Aguilar y el Conde
de Urefia y otros capitanes no les dejaban dando vo-
ces «adelante, sofiores, no se robe ni se pare ningu
no», volvió la multitud de los moros sobre los chris
tidnos en gran furiosidad súpitamente peleando, y
como los mas andaban robando, halláronlos tan flo-
jos, que luego volvieron las espaldas á huir todos
los mas, salvo Don Alonso de Aguilar é su bandera,
é el Alcayde é capitán de Marchena Eslaba , é otroa
DON FP]RNANDO
buenos é esforzados caballeros, que tuvieron pelean-
do el rostro á los moros ; y unos huyendo, otros pe-
leando, cerró la nochey escureció , y quiso la sinies-
tra fortuna que entre los christianos que peleaban
se pegó fuego á un barril de pólvora, y dio tales lla-
maradas, que alumbró toda el compás de la pelea é
toda la cuesta de la sierra, de manera que vieron los
moros como los christianos iban huyendo y no ha-
blan quedado sino muy pocos con Don Alonso de
de Aguilar, é diéronles entonces tan gran combate
de saetadas é pedradas , fasta que los vencieron é
mataron á todos cuantos allí quedaron , que no es-
caparon sino algunos que pudieron huir á pié á las
veces despeñándose, á las veces rodando, como no
sabian ni vian las entradas y salidas y veredas de
la dicha sierra, é muchos no acertaron aquella no-
che al real fasta otro dia, é fasta otros dias, porque
fueron á salir lejos de allí por la otra parte de la
sierra. Quedaron allí muertos Don Alonso de Agui-
lar é otros mas de ochenta hombres escuderos é caba-
lleros , é alcaydes hombres de bien, y el Conde de
Urefia, y su fijo Don Pedro Girón, y Don Pedro, fijo
del dicho Don Alonso de Aguilar, é otros muchos ca-
balleros é escuderos, escaparon huyendo despeñados
y con mucho trabajo unos por un cabo, otros por otro,
y quedaron por aquellas laderas muchos caballos
despeñados y muertos también como hombres. Des-
que los moros se vieron vencedores, siguieron el al-
cance las laderas ayuso, hasta donde estaba el pen-
dón de Sevilla é el Conde de Ci fuentes con la gente
de Sevilla en una llana de la ladera, que hablan pa-
sado el arroyo en pos de la otra gente , y desque
sintió que venian desbaratados los christianos reco-
jia allí los que venian, y los moros vinieron á parar
allí aquella noche y comenzaron de combatir el real
aquella noche á muchas pedradas é saetadas, y el
conde fizo poner tal recaudo y esforzó la gente en
tal manera, que resistiéronse de los moros con mu-
chas saetas y espingardas, y fué á tiempo que si no
fuera por el esfuerzo del conde é de ciertos capita-
nes y escuderos que tenia consigo, toda la gente que-
ría huir é pasar el otro arroyo real del asiento, y hu-
yeran si vieran que la gente de Sevilla huía, y si
huyeran fuera peor ó tan malo como lo de las lomas
é Axarquía , é quiso Dios remediarlo como dicho es,
por esfuerzo é buen concierto del Conde de Cifuen-
tes é de sus buenos capitanes é escuderos ; é estuvo
el real ansí toda aquella noche hasta que los moros
se fueron , é otro dia pasó el arroyo, é viniéronse al
real donde habían partido, é estuvo el real allí al-
gunos dias, hasta que sabido en Granada el desba-
rato, el Rey partió luego de 6h-anada á. mas andar é
vino á Ronda, é dende al real , é tomó los moros á
partido, aquellos y todos los de la sierra Bermeja,
que se pasasen allende despojados é perdiesen todo
cuanto tenían, y así fué fecho. También tomó el
Rey estonces á partido los moros de la sierra de Vi-
llaluenga, que estaban también alzados, que se fue-
sen despojados allende, é dióles pasaje, é despojá-
ronlos á todos, é fuéronse allende con el diablo.
Aquella desdicha y mala aventurada pelea fué en
É DO^Á ISABEL. 697
diezy seis dias del mes de Marzo, año del nacimien-
to de nuestro Redentor de mil y quinientos é un años
y la causa de aquella perdición fué por el pecado de
la mala codicia de la gente común de los christia-
nos, que como llegaron á las tiendas de los moros
llevándolos de vencida, es cierto y verdad que echa-
ban las armas de las manos y se cargaban de ropas
é líos de las haciendas de los moros, aechaban mano
de las moras é los muchachos, sin haber vencido; ó
aun de aquel despojo vino harto á tierra de chris-
tianos, que los que sabian la tierra , pudiéronlo sa-
car é salvar , é ansí los malaventurados que con su
codicia comenzaron de robar dejando de pelear,
dieron causa á la muerte de tan noble y leal, esfor-
zado y loable caballero Don Alfonso de Aguilar,
que valia mas que todos los moros. Algunos luga-
res é alearías quedaron en la comarca susodicha es-
tonce que no fueron en aquel alboroto, é dijeron que
más querían ser christianos que no pasar allende, y
quedaron, y nunca fueron leales.
CAPÍTULO CLXVII.
Del Rey de Francia, Duque de Orliens.
El Rey Luis de Valois de Francia, Duque de Or-
liens, desque comenzó á reynar él se supo gobernar
muy bien, como muy sagaz y mañoso é esforzado,
y su fama siempre fué tal. En comienzo de su rey-
nar dejó su mujer la Duquesa de Orliens, hermana
del Rey Luis, con bula del Sto. Padre, á su grado
della, según se dijo, porque no paria , ca era muy
gibada é no bien proporcionada, é era doliente, é
fizóla meter en orden; é casóse con la Duquesa
Reyna de Bretaña, mujer de su sobrino el Rey Car-
los, por haber fijos, y porque no saliese el Ducado
de Bretaña de la casa de Francia ; y desque reynó,
ganó, como dicho es, á Milán con toda su tierra, de
que mostraba título que por derecha línea le venia,
é que el Duque de Milán lo tenia usurpado é toma-
do injustamente, y había sucedido en él por una
vía de fuerza é bastardía de una mujer, el qual él
siendo Duque de Orliens lo había demandado é uo
podía haber fasta que fué Rey , que lo hubo en la
forma y manera ya dicho en el capítulo atrás.
E viéndose este Rey tan sublimado Rey de Fran-
cia, pacífico Gran Duque de Bretaña, Gran Duque
de Milán, pacífico Señor de la Lombardia é de las
Señorías de Genova, Florencia é Pisa, é amigo del
Rey Don Fernando de España, é puesto caso que sa-
bia bien cuan caro había costado á Francia la con-
quista del Reyno de Ñápeles, cuando el Rey Carlos
la tomó, descubrió su corazón é intención y propó-
sito, é dijo que el Reyno de Ñapóles le pertenecía ó
venia de justicia, y que lo quería ir á conquistar é
tomar, é aderezó todas las cosas que le convenían
de vituallas é armas, é muy gran gente, é fué sabi-
do por toda la tierra como quería ir sobre Ñápeles,
reynando en él Federico II, hijo del buen Rey Fer-
nando I de este nombre. Rey de Ñápeles, el qual
era mas aficionado á Francia que no á España , se-
gún se decía, el qual por su culpa perdió el Reyno,
698 CRÓNICAS DE LOS
porque quiso Dios volverlo á la lejítima de Aragón,
cuyo era ; é decian que este Federico fué ingrato al
Bey de España su tío, é no quiso desque comenzó
de reinar estar á su consejo, antes se decia que las
cartas que le enviaba para su pro é favor hallaban
los embajadores de España en poder del Rey de
Francia. Ordenada así su hueste, el Rey de Fran-
cia muy grande y muy poderoso por tierra é por
mar, la envió sobre el Reyno de Ñápeles, sin ir él
allá, é como llegaron al Reamen la gente francesa
toda se le dio , é en la ciudad de Ñapóles les abrie-
ron las puertas como la otra vez, sin recibir afrenta.
El Rey Federico desde que esto vido, muy cuitado
c muy mancillado, viendo ansí perder su Reyno, é
como ya sabia antes'de estonces la voluntad del Rey
de Francia, é tenia f ucia que lo no dejaria sin darle
parte en el Reyno ó gran renta con que viviese en
otra parte, fuese á Francia 6 á donde el Rey estaba,
á ponerse en su poder con su casa , é antes que la
gente francesa partiese desta vez para tomar á Ña-
póles, sabiendo el Rey de España la intención del
Rey de Francia , y que por cosa del mundo no le
pudieran estorbar, ni facer revocar su propósito, y
como lo vido tan empinado y en tan gran cantidad
mas crecido y mayor que los otros Reyes de Fran-
cia, capituló con él la amistad que ficieron, é le fizo
saber que él tenia casi la mitad de aquel Reyno de
Ñápeles por dos cosas : primero, porque le venia de
patrimonio y justicia por la casa de Aragón, é lo
habia ganado habiéndolo perdido el Rey su sobri-
no; é lo segundo, que no lo habia entregado al Rey
Federico por los grandes gastos é despensas que so-
bre ello habia fecho, que se le debían de cuando lo
recibió de la gente de Francia, é por amparar al
Rey Fernando el mozo, que era hombre de su li-
naje é casado con hermana suya, los quales á él
placía que reynasen en aquel Reyno, puesto caso que
á él pertenecía por justo título de la casa de Ara-
gón :, é pues que eran amigos y hermanos, que en lo
que él tenia que él no curase dello, ni enojase en
cosa dello ; y el Rey de Francia dijo que le placía,
é fué capitulado entre ellos aun mas que esto, é par-
tieron de concierto el Reyno por medio, por guar-
darse la amistad el uno al otro, é proveyeron lo
mejor, que la propia ciudad de Ñapóles é toda su
comarca, que es la parte de Poniente del Reyno,
quedase al Rey de Francia, é la Calabria, é Pulla, é
tierra de Labor, que es en la parte de Levante del
Reyno, quedase al Rey de España; é ansí se partió
entre los capitanes franceses é el Duque Gonzalo
Fernandez, el qual estaba allá ; é los embaxadores
de ambos Rayese Gonzalo Fernandez tenían á muy
buen recaudo todas las fortalezas y ciudades de la
Calabria é Pulla que estaban por el Rey de España,
con intención de las defender de los franceses, al
qual dicho Gonzalo Fernandez el Rey había envía-
do, como atrases dicho, con muy grande armada
contra el Turco en favor de los venecianos, y por-
que estuviese allá por amparo del reyno de Ñápeles,
Bospechando lo que después nació. E desque los
franceses partieron el reyno de Nápolee con Gonza-
REYES DE CASTILLA.
lo Fernandez, según la capitulación que ambos Re-
yes asentaron é ficieron , muy poco estuvieron en
paz, porque los franceses tenían en poca estimación
á Gonzalo Fernandez é á los españoles, é siempre
buscaban insidias para quebrar con ellos, ca en todo
les mostraban muy mortal enemiga, y con todo eso,
desque partieron, cada uno sabia bien lo que que-
dó al Rey de Francia é lo que quedó al Rey de
España, é dende á pocos días comenzaron á haber
diferencias.
CAPÍTULO CLXVIII.
De las victorias del Gran Capitán, é de como partió de Espafia, é
del viaje que Dzo, é de las diferencias con los franceses y otras
cosas.
Partió el Gran Capitán Don Gonzalo Fernandez,
fijo segundo de la casa noble de Aguilar, del puer-
to de Málaga, á quatro días de Julio año de 1500,
por mandado del Rey Don Fernando, para ir en la
Italia con trescientos hombres de armas, é por ca-
pitanes de ellos fueron Don Diego de Mendoza , é
Mosen Peñalosa, teniente del Clavero de Calatra-
va; é Pedro de Paz , teniente de Don Juan Manuel,
llevó mas de trescientos ginetes, de los quales fue-
ron capitanes el Comendador Mendoza é Luis de
Herrera é Mosen Hoces. La gente de pié que llevó
fueron quatro mil peones para por la tierra, y otros
quatro mil para por la mar, con capitanes, é la ar-
mada de la mar fueron tres carracas, é veinte y sie-
te navios, é veinte y cinco carabelas é gallas, é al-
gunas fustas é bergantines, con que se fizo unamuy
fermosa flota é armada. Allegaron á Mallorca á seis
días del dicho mes, víspera del Corpus Chrístí ; allí
decindió en tierra el Gran Capitán é fizo la proce-
sión de aquel día con mucha honra y solemnidad, ó
tornóse á la flota aquel día, é siguió la vía de Sici-
cia é fizóles calma, y estuvo en llegar allá veinte
dias, é llegado á Mesina en 28 días del dicho mes,
desembarcaron allí en fin del mes de Setiembre para
Corfú é Modo, que supieron como los turcos les te-
nían cercadas aquellas dos ciudades de la Señoría
de Venecia, para las socorrer, é antes que llegasen
los turcos se fueron con la cabalgada é hallaron la
armada de Venecia, que tampoco había llegado á
tiempo el socorro y se volvían, é el Gran Capitán so
fué con su armada al Puerto de Jacanto, é allí en
el dicho Puerto se juntaron ambas armadas españo-
la y veneciana en Miércoles 28 de Octubre del dicho
año de 1500, é se ficieron muchas fiestas é solemni-
dades los unos á los otros.
Habia en la armada veneciana dos carracas ó
diez y nueve galeazas é once naos, é treinta cara-
belas é galeras ; allí se concertaron el Gran Capitán
y los capitanes de la armada veneciana de ir sobre
la Papaloneta, que la tenían los turcos, que es una
villa muy fuerte en una isla en aquella mar: llega-
ron allá á dos de Noviembre, é tuviéronla cercada
dos meses poco menos, ó combatiéronla muchas ve-
ces muy fuertemente, é estaban dentro seiscientos
hombres turcos, que el Turco habia dejado, los mas
esforzados de su tierra é los mas escojidos, é de
DON FERNANDO
quien confiaba que harían su deber, porque el Tur-
co supo de las armas que iban, y sospechó que no
hallando con quien pelear que irian á parar alli, ó
proveyó destos 600 hombres para allí, los qaales de-
fendieron la villa é fortaleza acerca de dos meses
muy esforzada y varonilmente, y con las artillerías
española y veneciana que les tiraban los allanaban
y destruyeron toda la muralla, y combatiéronlos
muy fuertemente, y ellos se defendían tan bien y
tan varonilmente que fueron muchos heridos y
muertos; y en cabo los turcos fueron vencidos y to-
mados un día víspera de Navidad ; y el Gran Capi-
tán luego entregó la fortaleza á los venecianos, y
de allí se despidió dellos con la gracia de Dios, é se
vino á Zaragoza con su aunada, é allegó allí á vein-
te y dos días del mes de Enero año de 1501. Como
el Gran Capitán volvió á Zaragoza, quitó el cargo
de la gobernación de la ciudad á Mosen Margarite,
según del Rey le fué enviado á mandar, y la dio á
Mosen Luis Pexo. Y de allí se fué á Palermo, á pro-
veer algunas cosas que cumplían para el armada, y
dejó la gente aposentada en ciertos lugares alder-
redor de la ciudad, y antes que de allí se partiese
vino Gabriel Mora, embaxador de los venecianos, y
le trajo un presente de cinquenta y dos piezas de
plata labrada y dos piezas de carmesí pelo, y el pri-
vilejio de Gentil-hombre de Venecia ; y luego el
Gran Capitán envió las dos piezas de seda á la Rey-
na de España, su Señora , con otras cosas de allá.
Allegó el Gran Capitán á Palermo á 27 de Mayo de
1501, y aposentóse en un jardín, que no entró den-
tro porque venia de donde morían, é halló allí que
entonce había llegado San Vicente, el aposentador
del Rey Don Fernando, con la capitulación que traía
del reyno de Ñápeles, de cómo habia de ser partido
entre el Rey de Francia y el Rey de España.
En la capitulación fué acordado que cupiese en
la parte del Rey de Francia Ñapóles é Gaeta con
toda la tierra de Labor, que es la mejor del Reyno;
é Pulla é Calabria, que son provincias del dicho rei-
no de Ñápeles, situadas en la parte de Levante del
dicho Reyno, que es la menor, cupiesen al Rey Don
Fernando de España, é que las otras provincias ó
tierras que no quedaban nombradas, fuesen para
igualar las partes é rentas de entre ellos como fue-
sen iguales ; é luego como comenzó la partija , co-
menzó á faltar la verdad entre los franceses, é á
crecer la soberbia é la envidia de ellos, porque lue-
go tuvieron manera que Taranto, que era en la
parte del Rey de España, se tuviese é no se diese al
Gran Capitán, por manera que al Duque Don Fer-
nando no se entregase, como en la capitulación
estaba.
Púsose cobro Taranto á 28 días de Septiembre del
dicho año de 1502 , y el Martes primero de Marzo
Be entregó la ciudad é salió el Duque della é se pasó
en Mesina en fin del mes de Agosto ; é este es el
Duque de la Calabria, hijo del Rey Federico, que
perdió el Reyno.
El Duque de Nemours é Monsiur de Obeni, Vi-
reyes é Capitanes generales del Rey de Francia en
É DOÑA ISABEL. 699
este tiempo, enviaron á decir al Gran Capitán que
mandase dejar una provincia que llaman Capitana-
ra, que es la cabeza de Pulla , y siempre por tal se
tuvo ó nombró, é los dichos Capitanes franceses de-
cían, que puesto caso que así oviese sido , que ellos
la querían, por quanto Ñapóles no podía vivir sin
aquella provincia ; é á esto respondió el Gran Capi-
tán, que ninguna razón para ello tenían, y que si
pensaban que la tenían , que se viesen el Gran Ca-
pitán é el Duque de Nemours entre Melfa y Látela;
é Jueves quatro de Abril de 1502 se vieron en una
ermita de San Antonio que estaba enmedio del ca-
mino donde estaban aposentados, é fué acordado
entre ellos que se viese por justicia entre los Doc-
tores, que podían muy bien determinar la justicia ;
é andando en esto dieron dilación en el concierto
los franceses, y secretamente enviaron por gente al
Rey de Francia, mañeando siempre en la concesión
de la justicia, y dilatando tiempo en tanto que su
gente llegaba, á desque la gente llegó, dijeron que
no querían justicia, sino que de necesidad se les
había de dejar aquella provincia ; é requirióles mu-
chas veces el Gran Capitán que se viese por justi-
cia, que él no quería que por ninguna manera se
rompiese el amistad y la capitulación, porque ansí
le era mandado, é jamás con ellos pudo, ni su
templanza que con ellos quería tener le valió, é so-
bre esto los dichos Duque de Nemours y Monsiur
de Obeni enviaron al Gran Capitán un trompeta
con requerimientos que luego dejase la dicha pro-
vincia deCapitanara é luego della saliese, é man-
dase salir toda la gente que en ella estaba aposen-
tada, porque tenían mucha necesidad ; é el Gran
Capitán les respondió, que se viese por justicia ; é
luego el dicho trompeta sacó otro requerimiento
del seno é se lo puso en la mano al Gran Capitán,
en el qual le enviaban á decir, que si luego á la hora
no salía déla dicha provincia é la dejaba, que se la
tomaria por fuerza, é que no querían otra justicia.
Como esto oyó el Gran Capitán , 'en presencia de
todos los que ende estaban, tomó el postrero reque-
rimiento en la mano y púsose de rodillas en el sue-
lo é alzó los ojos al cielo é dijo estas palabras : «Yo
))presento esta escriptura, Señor Dios, delante de tu
«justicia, pues sé que eres verdadero Juez, é sabes
))é ves la mucha justicia que el Rey é Reyna mis se-
Dñores en este caso tienen, é la mucha soberbia que
»el Rey de Francia muestra é sus ministros quic-
»ren ; yo te ruego. Señor , que Tú muestres en esto
»tu Justicia, que yo espero en tu infinita misericor-
»día, que anssí lo farás.» É tornó é dio la respuesta
que se sigue al trompeta :
Respuesta que dio el Gran Capitán al trompeta.
« Hermano, andad con la gracia de Dios, y decid
»al Duque de Nemours é á Monsiur de Obeni, que
«puesto tantas veces les he dicho é requerido que
»esta diferencia se vea por justicia, y no quieren,
«y envíanme á decir que por fuerza me la lian de
»tomar, que espero en Dios y en bu bendita Madre
too
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
lode defendérselo é aun ganarles lo suyo , é ver muy
«presto al Rey de España mi señor, ser señor de to-
»do este Reyno, por la justicia que á todo ello tie-
rno; ó que vengan cuando quisieren, que aquí me
«hallarán, ó que me esperen, que yo seré lo mas
«presto que pueda con ellos; y decidle á Monsieur
»de Obeni, que palabras demasiadas en esto son es-
»cueadas, é que si él quiere que de mi persona á la
»suya esto se determine, yo recibiré merced de
» ello, porque se escusarán muertes de otros muchos
»é dilación de tiempo.» E con esto despachó el trom-
peta. Y los capitanes franceses no tornaron mas á
replicar en ello, ni Monsiur de Obeni respondió al
desafío. Tenian entonces los franceses doblada gen-
te que el Gran Capitán , é estaba junta la que nue-
vamente habia venido de Francia con la que esta-
ba de antes, y la que por los aposentos estaba se iba
juntando ; é como esto vio el Gran Capitán, dio mu-
cha priesa á juntar la suya, que también estaba por
los aposentos, para se hacer fuerte en alguna psrte
donde esperase algún socorro de gente, de la qual
él tenia necesidad harta, é también de dineros para
pagar la que tenia.
CAPÍTULO CLXIX.
Como el Gran Capitán hizo saber al Rey de España las cosas de
Ñapóles, é de como el Rey proveyó é envió socorro á Puerto-
carrero, é de la guerra.
El Gran Capitán juntó su gente en Barletta, que
es una ciudad en la Pulla, donde tenia los rostros
en los enemigos é las espaldas á la mar, por donde
podia ser socorrido ansí de gente como do mante-
nimientos : entró en Barletta á 10 de Julio de 1502,
é estuvo en ella cerca de nueve meses.
De como los franceses comenzaron la guerra.
A quince dias de Agosto del dicho año comenza-
ron los franceses á romper la capitulación, que fue-
ron á cercar á Canosa, un lugar donde estaba por
capitán de peones Pedro Navarro con otros dos ca-
pitanes con hasta 600 hombres, é el ejército de los
franceses con mucha gente de pié é de caballo é
muy grande artillería les cercó allí, é les dieron has-
ta catorce combates, é les derribaron con artillería
la mitad de la muralla, é nunca les pudieron entrar,
é mataron los cercados de los cercadores mas de
mil hombres con los combates , sin perder quince
hombres de los suyos ; é el Gran Capitán envió á
decir á Pedro Navarro, que ansí por la villa ser fla-
ca, como por no tener él aparejo para le socorrer por
estar todo el ejército de Francia allí junto sobre
él, que si no se podia tener, que hiciese el mejor
partido que pudiese, é que si algunos dias se podia
tener que él le socorrería, aunque á mucho peligro
le fuese ; é el dicho Pedro Navarro no tenía gana
de hacer partido, sino tenerse hasta ser socorrido, é
uno de los otros dos capitanes secretamente trataba
partido, por el peligro que esperaban. E ansí que
cuando supo esto Pedro Navarro, é vio que medio
no le quedaba de se poder defender, acordó de ha-
cer el mas honroso partido que jamas ninguno hízft
en esta manera : que le dejasen salir al dicho Na-
varro é á los otros dos capitanes con toda su gente
armados por medio de su real, con sus banderas
tendidas, é con sus atambores é trompetas tañendo,
diciendo: «¡España, España!» y que dejasen salir
á todos los del lugar que con él quisiesen ir, con
toda la hacienda que quisiesen llevar, é que los que
quedasen no les fuese fecho enojo ninguno. E ansí
salieron é fué fecho, é se fueron camino de Barletta,
é los salió á recibir el Gran Capitán mas de una
milla del lugar, é abrazó é besó en el rostro á Pedro
Navarro, é le dijo muchas palabras de honra y de
amor.
Después desto, á 22 dias del mes de Agosto del
dicho año de 1502, pasó toda la hueste de los fran-
ceses por delante de las puertas de Barletta, é sa-
lieron á ellos algunos ginetes, é lancearon en la
zaga algunos dellos, é fueron á asentar su real en
las faldas de las viñas de la ciudad, del cabo de un
rio que llaman Lefanto, é estuvieron allí tres días,
é iban á comer uvas de las viñas, é salieron por
mandado del Gran Capitán Don Pedro de Acuña, y
Pero Ort de Mesina é Mosen Peñalosa con cierta
gente, é atajaron hasta doscientos suyos, de loa
cuales no escapó ninguno, é entonces los franceses
alzaron su real é f uéronse á poner por aposentos por
los lugares que habia por allí, é dende á pocos diaa
partió Monsieur Obeni para Calabria.
Prosigue la guerra;
A treinta dias del mes de Septiembre fué el Des-
pensero mayor á correr á Canosa con cierta gente,
por aviso que ovo de Mosen Theodoro, capitán de
los griegos, é trujo cierto ganado, é siguiendo el
alcance le prendieron á él y á treinta de los suyos,
é concertáronse los rescates de unos por otros, ó
quedaron debiendo los franceses cierto dinero, lo
qual dentro de ciertos dias quedaron de dar dentro
de una ciudad que llaman Trana, que enviasen loa
españoles allí por ellos, que luego se los darían.
CAPÍTULO CLXX.
Del desafío de doce á doce franceses é españoles.
Los franceses demandaron campo á los españoles
que se matasen doce por doce hombres de armas
sobre el derecho del Reyno, porque Dios mostrase
su justicia, é los que fuesen vencedores pareciese
que su Rey tenía mejor justicia y acción al Reyno;
é ansí fueron señalados de cada parte doce, é salie-
ron al campo, é elijieron de cada parte uno para
jueces, é pelearon once por once, los quales pelearon
nueve horas, en que descansaron y se apartaron di-
versas veces, é después de los primeros encuentros
cayeron á tierra cuatro franceses y un español, é de
los franceses murió uno, é de los que quedaron á
caballo se rindió uno, y los tres que quedaron á pió
se rindieron : murieron nueve caballos de los fran-
ceses, de los quales ficieron reparo dentro del qual
DON FERNANDO
¿d pusieron que nunca de allí quisieron salir, de
manera que cuando querian llegar los españoles á
afrontarlos se espantaban los caballos de los otros
caballos muertos ; é ansí estuvieron todo aquel dia
hasta que la noche los despartió, é todos los espa-
ñoles rompieron sus lanzas, y en los franceses ha-
bla nueve lanzas cañas. Dentro de tercero dia el es-
pañol que se rindió desafió al francés rendido, di-
ciendo que él tuvo muy mayor causa para rendirse
que no él, porque él se habia rendido caido en el
suelo á tres hombres armados que sobre él cargaron,
y él se habia rendido estando á caballo á otro ca-
ballero solo como él. Concertóse el desafío para dia
señalado: el español salió al campo y esperó en el
campo todo el dia, y el francés no osó salir, y el
español hizo allí todas sus dilijencias, é volvióse del
campo con mucha honra.
Y acaeció que el Gran Capitán envió cierta gente
á sacar cierto ganado que estaba herbajando, que era
en asaz cantidad, é era dentro de donde habia gen-
te gruesa de los franceses, é iban hasta ochenta
de caballo corredores para tomar el ganado á la
parte donde estaba la gente francesa, de manera
que fuesen vistos, é saliesen á ellos, é el Gran Ca-
pitán púsose en celada con quinientas Janzas, é los
franceses salieron con hasta quinientos hombres de
armas á los españoles coiredores, é ansí viniendo
en huida los corredores, salió el Gran Capitán con
la celada é desbarató los franceses, donde fueron
presos doscientos hombres de armas, é trajeron el
despojo é treinta mil cabezas de ganado poco me-
nos, con que se quedaron, é volvieron con su victo-
ria; é esto fué á diez de Diciembre del dicho año de
mil y quinientos y dos.
CAPÍTULO CLXXl.
De Don Diego de Mendoza.
A diez y nueve de Enero, víspera de San Sebas-
tian, de 1503 años, fué el Comendador Mendoza por
el dinero resto del resgate, según es dicho, á Trana
con quince de caballo; é acordaron los franceses de
le poner una celada en el camino de cinqüenta y
cinco de á caballo para que le tomasen el dinero é
lo prendiesen é tomasen; é fué dello avisado el
Gran Capitán, é proveyó que Don Diego de Mendoza
naliese con ciertos ginetes é hombres de armas á se
poner en una sobre celada, é como los franceses
estaban ya envueltos con el dicho Comendador, lle-
gó el dicho Don Diego de Mendoza con la gente
que llevaba, é de los cinqüenta y cinco franceses
mataron los cinqüenta, é los cinco fueron heridos, é
se acojieron á uña de caballo, é no se pudo sufrir
el Gran Capitán, é fué á ver cómo se hacia con sie-
te de á caballo, é fué á tiempo que hizo su parte.
CAPÍTULO CLXXII.
De Castellaneta, é de lo que allí aconteció.
A doce de Febrero de dicho año de 1504, acaeció
^ue en Castellaneta estaban aposentadas cien lan- |
É DOÍÍA ISABEL 701
zas f ancesas, y sobre una bota de vino los france-
ses mataron un clérigo de misa, y del despecho
desto los del lugar enviaron á llamar á Pedro Na-
varro é á Luis de Herrera, que estaban seis millas
de allí, y que ellos les abrirían las puertas; é vinie-
ron é entraron el lugar, é fueron sentidos, y los
franceses se quisieron defender y los españoles ma-
taron 40 de ellos, é prendieron 60, é ovieron todo
el despojo, é vino sobre ellos el Duque de Nemours
con mucha gente, é combatiéronlos, é los castella-
nos le mataron 50 hombres, é desque vido esto,
volvióse, que no hizo nada.
CAPÍTULO CLXXIII.
Del desafio de los italianos y franceses.
A trece de Febrero del dicho año de 1503, se de-
safiaron trece franceses con trece italianos, y fué el
concierto, que de los que destos fuesen vencidos ó
rendidos, ó echados del campo, perdiesen por cada
uno cien ducados, é las armas, é el caballo; fueron
vencidos todos trece franceses y echados del campo,
y pagaron el precio, é los italianos quedaron ven-
cedores : fué dellos capitán Jacobo Torre Fieremos-
ta. Fizóles el Gran Capitán mucha honra, é diólea
para salir al desafío á cada uno un sayo de raso, la
mitad morado é la mitad blanco, para sobre laa
armas.
CAPÍTULO CLXXIV.
De lo que hizo el Comendador Solis.
En estos mesmos dias fué el Comendador Solis á
Cosencia, que tenían cercada la fortaleza los Prín-
cipes y estaban con la ciudad aposentados, y entró
de noche el dicho Comendador con fasta cinqüen-
ta de caballo, é púsose en la plaza, diciendo: «¡Es-
paña, España!» é mató mas de treinta dellos, é
prendió mas de sesenta, é toda la otra gente se des-
colgaron por la muralla abajo. Tras esto salió Don
Diego de Mendoza con cien hombres de armas ó
cinqüenta ginetes, é púsose en una celada para la
gente que salía de Visella á hacer el herbaje, é cor-
riéronlos el campo, é alancearon los que alcanzaron,
é alcanzaron una ordenanza de 70 suizos bien ar-
mados, los quales se metieron en una torre, é llegó
allí Don Diego á los requerir que se diesen, é na
quisieron, é combatiéronlos é tomáronlos, é despe-
ñáronlos de la torre abajo á todos, salvo uno que
enviaron con la nueva con dos cuchilladas por la
cara.
CAPÍTULO CLXXV.
De Lezcano.
A veinte de Febrero del dicho año fué Lezcano
el capitán en busca de las quatro galeazas del Piti-
Juan, con su armada, ó las corrió é metió en el
puerto de Tranto, que es de venecianos, é prendió
algunos, porque toda la gente huyó, é libró del cap^
tiveri^ á muchos españoles que andaban aherroja»
Í02
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA.
dos : las quales geleazas hacían mucho daño, porque
corrían toda la costa, é quitaban todos los mante-
nimientos que venían al real de los españoles, é
tomó las dichas galeras el dicho Lezcano, é si no
fuera por no quebrar con los venecianos, no esca-
para hombre d© los que en ellas andaban.
CAPÍTULO CLXXVL
De lo que hizo el Gran Capitán en Renubo.
A 22 días del mes de Febrero, Jueves en la no-
che, salió el Gran Capitán de Barletta y fué sobro
un lugar que llaman Renubo, que está diez leguas
de Barletta, é amaneció otro día, Viernes, sobre el
lugar, é en llegando le combatió con el artillería
casi dos horas, é luego le dieron otro combate de
manos tan reciamente, que le entraron por fuerza
de armas, é mataron hasta sesenta hombres de ar-
mas, é prendieron á Monsicur de la Paliza é á un
capitán de la gente del Duque de Saboya, é con
ellos hasta seiscientos hombres franceses, entre
hombres de armas y archeros, é tomaron mil caba-
llos, con los quales se encabalgaron muchos hom-
bres del Gran Capitán, é obieron allí otro mucho
despojo; é el Gran Capitán se puso á la puerta, é no
dejó sacar cosa alguna de la iglesia ni ninguna
mujer, é no consintió que les ficiesen á las mujeres
ninguna descortesía, é ansí se volvieron aquel día
á Barletta con aquella victoria; é á seis de Marzo
del dicho año enviaron á decir los de San Juan Re-
dondo al Gran Capitán, que ellos eran muy maltra-
tados de los franceses que allí estaban aposentados,
que se querían dar á él, que les enviase algún capi-
tán con gente, é quoUos les abrirían las puertas ; é
el Gran Capitán envió á Arriarán con trescientos
peones; é salteólos una noche, é mató trescientos é
ochenta franceses é prendió otros ciento é tomó el
lugar. Después desto, á 13 de Marzo, viniendo Pe-
dro Navarro é Luís de Herrera de Taranto, en las
Argentallas toparon con una batalla de franceses
que los estaban esperando en el camino, é los des-
barataron, é mataron 200 é prendieron 50, é dende
á doce días se topó Pedro Navarro en otro camino
cerca de Villasella con el hijo del Conde de Conca,
é lo desbarató é prendió á él é á otros 15 é mataron
80 de ellos. Tras este desbarato fué otro que hizo
el capitán Nolíba pasando de un lugar á otro con
su gente : se topó con ciertos franceses é los desba-
rató é mató 30 dellos. Viniendo Pedro Navarro, é
Lezcano, é Luis de Herrera de Tarento á Barletta,
toparon en el camino con el Marqués de Bitonto é
con el Señor Juan, bu cufiado, con muy buena gente
que traían, así de hombres de armas como de caba-
lleros lijeros, que se iban á juntar y ayudar á los
franceses, y pelearon con ellos, é desbaratáronles, é
prendieron al dicho Marqués de Bitonto y á otros
con él, y mataron á su cufiado el Señor Juan con
otros 60 hombres, y con esta victoria se vinieron al
Gran Capitán.
En estos mesmos días un capitán de peones, que
llamaban Bemardino de Valmaseda, estaba én un
lugar aposentado con su gente, con 150 hombrea
de pié, é por veces mató mas de doscientos y cín-
qüenta franceses, y un día se halló en un paso con
33 hombres suyos é desbarató 400 franceses, é mató
cínqüenta dellos, é prendió mas de otros tantos.
Muchas otras cosas ovo é pasaron entre españolea
y franceses en aquel tiempo que el Gran Capitán
estuvo en Barletta, que no son aquí escritas, de qua
siempre los españoles fueron vencedores y los fran-
ceses vencidos.
CAPÍTULO CLXXVIL
De la batalla qne ovieron los castellanos con Mosen de Obeni, ea>
pitan general de Francia, é con los franceses en Calabria, é los
franceses fueron vencidos.
Como los Príncipes de Salerno é Visiniano, é Ro-
sano, é Condes de ¡Capacho é de Melíto, que todos
estos estaban en Calabria, é otros Señores é Barones
supieron la discordia entre el Gran Capitán é el
Duque de Nemours é Monsieur de Obeni, é como
llegaban gente los unos y los otros, é la guerra era
rota, comenzaron de decir por Calabria: «¡Francia,
Francia!» é ficieron rebelar toda la tierra; é la pri-
mera cosa que ficieron fueron á cercar á Terranova,
é tomaron la ciudad é tomaron la fortaleza, é tu-
viéronla 36 días cercada, é fué por capitán el Con-
de de Melíto. E como el Virey de Sicilia supo la
revuelta de Calabria, fuese de Palermo para Me-
sina por ver sí podía poner algún remedio desda
allí, é no halló con que socorrer gente ninguna es-
tranjera, y estando en esto llegó Don Hugo de Car-
dona, que venia de Roma con hasta 250 peones, y
el VirQy habia hecho otros tantos, con fasta 100 de
á caballo sicilianos, é pasó en Calabria; esto fué en
comienzo á 6 de Octubre de 1502; y dende á dos
días llegó García Alvarez Osorío con otros 250 peo-
nes, é luego le pasó el Virey la gente, é pasó á jun-
tarse con Don Hugo á un lugar de Calabria que
llaman Semanara, á ocho millas de Terranova, é
juntóse con ellos Ñuño de Campo con cierta gente,
á fueron á Terranova á socorrerla. El Conde de Me-
líto, como supo que iban, salió de la ciudad con
trescientas lanzas, y pelearon un Martes á once de
Octubre é fué desbaratado el Conde de Melíto, é
muertos cínqüenta hombres de armas de los suyos,
é él fuyó é acojióse á MelíLo.
CAPÍTULO CLXXVIir.
Del socorro de España.
Sabido por el Rey de España que era menester
socorro en Calabria , envió á Manuel de Benavidea
con quince naos, en que llevó 200 hombres de ar-
mas : eran capitanes Antonio de Leyva y Alvaro, ó
más llevó 300 peones, é desembarcaron en Rijoles
á 18 días del mes, é fallóse haber muerto por la mar
hasta allí 80 caballos. Juntóse esta gente con la de
Don Hugo en San Jorje á 25 del dicho mes, y de
allí se fueron apoderando en algunos lugares de la
Calabria, á la qual hubo de venir Monsieur de Obe-
t)ON FERNANDO
ni de Pulla, é partió su ejército en dos partes, é vino
á juntarse con los Príncipes en Calabria, y quedó el
Duque de Nemours con la mayor parte de la hues-
te en Pulla, el rostro al Gran Capitán.
Manuel Benavides é los otros capitanes ya dichos
estando en Terranova, vino sobre ellos Mr. de Obe-
oi con los Príncipes del Reyno susodichos é con mu-
cha gente de franceses; é los españoles acordaron
dejar la ciudad, porque era flaco lugar, é porque
tenían necesidad de los mantenimientos é de otras
cosas ; tomaron su recuaje delante , é salieron por
una puerta un Domingo de mañana, é salió la gen-
te algo ahilada y cada uno con su recuaje ; quedó
en la zaga algún cuerpo de gente, ó saliendo de
Terranova por una puerta, entró Monsieur de Obe-
ni por la otra, é salieron en pos de los españoles
toda la gente de armas de los franceses, é como era
mucha gente no los podían sufrir los españoles, é
Manuel de Benavides recojió su gente é volvió so-
bre loa franceses, en que de aquella vuelta mataron
á Monsieur de Jerani, é á otros veinte hombres, é
á otro capitán, é los franceses atajaron á Gonzalo
de Avales, é lo prendieron con otros con él de los
españoles ; é los españoles se fueron ordenadamen-
te para un puerto arriba que no perdieron seis hom-
bres : é vínose á aposentar Manuel do Benavides á
un lugar quejllaman Tura, é los franceses se vol-
vieron á Terranova, é otras muchas cosas le acae-
cieron en la Calabria con los franceses , que seria
luengo de escribir, hasta que llegó el segundo so-
corro de España, que fué Portocarrerro con la gen-
te de España.
CAPÍTULO CLXXIX.
De la batalla de Calabria.
Sabido por el Rey Don Fernando de España la ne-
cesidad que su gente española tenia en el Reamen,
y como los franceses eran muchos, mas querían
guerra que no paz, y como habían rompido la ca-
pitulación de entre él y el Rey de Francia, é como
la Calabria estaba en peso de perder é tornar dellos,
ordenó muy presto una armada que envió de Espa-
ña, en la qual envió á Luís Puertocarrero, Señor de
Palma, é Meser Filio por capitán general, el qual lle-
gó en Mesina á 5 días de Marzo año de mil y qui-
nientos y tres años, con 300 hombres de armas, ó
300 ginetes, é 2500 peones: iban con él por capitanes
Don Femando de Andrada é Don García de Ayala,
que murió en Cerdeña, é Alonso Ñuño, é Carvajal, é
Figueredo, alcayde de Morón, é Fernando de Quija-
da ; é como llegaron á Rijoles plugo á Nuestro Señor
murió el dicho Luis Puertocarrero de dolencia, é fizo
BU testamento como hombre muy cathólíco chrístia-
no que él era, de la cual muerte no poco dolor dejó
en todos los que con él pasaron y allá estaban de la
parte del Rey de España, é dejó en su lugar á Don
Femando de Andrada, al qual luego elijieron todos
aquellos capitanes por capitán general , é fué muy
temido y obedecido por todos como él lo merecía,
porque segua bu nobleza todos le tenían mucho
É DOÑA ISABEÍi. ?08
amor é lo tuvieron en aquel acatamiento que tuvie-
ran al dicho Puertocarrero si viviera. E puesto caso
que Manuel de Benavides había ido primero por
capitán de su gente, fué el primero que lo elijió;
é cierto el dicho Don Fernando dio muy buena
cuenta de su cargo. Y luego como Mr. de Obeni,
Virey y capitán general, supo de la gente española
quo era llegada á Rijoles, los envió á desafiar á ba-
talla, é vínose para un lugar que llaman Joya, que
es á seis millas de Palma, que es un lugar donde
estaba la gente castellana, é allí se concertó la bata-
lla para Viernes d© mañana 21 días de Abril, la qual
los españoles no quisieran dar porque lo llovabau
ansí mandado del Rey, y por importunidad de di-
cho Monsieur de Obeni la ovieron de dar , porqua
no tenían en cosa alguna de estimación á los espa-
ñoles ó les enviaba á decir muchos ultrajes, é ultra-
jados de su gran soberbia fué forzado de se la dar;
aun primeramente cuando envió á la demandar
con un trompeta , le fué respondido donosamente,
por deferir algunos d¡as|Fernando de Andrada para
juntar consigo á Manuel de Benavides , é á Alvara-
do, é Antonio de Leyva, capitanes que estaban re~
partidos en ciertas fortalezas, ó ansí ovieron lugar
de se juntar en tres días 300 hombres de armas, ó
300 ginetes é 3500 peones, é la otra gente quedó eix
guarda délos lugares; é el dicho día Viernes 22 do
Abril de 1503 salieron al campo los unos y los otros,
ó los españoles pasaron un rio , ó vino sobre ellos
Monsieur de Obeni con toda su hueste, que nunca
los castellanos lo vieron hasta que los franceses díe-«
ron en las guardas, y los castellanos iban ordena-
dos en esta manera : en la delantera 200 hombrea
de armas, á la mano derecha de ellos 300 ginetes, á
ala mano izquierda el peonaje; en la rezaga Don
Fernando de Andrada con 100 hombres de armas é
500 peones para añadir á la parte donde fuese ma-
nester.
Los franceses se hicieron dos batallas, é echaron
en la delantera 300 hombres de armas mas escoji-
dos, en otra batalla atrás otros 500 hombres de ar-
mas, luego allí con ellos el peonaje, é luego como so
vieron juntos arremetieron los franceses á los cas-
tellanos los mas furiosos del mundo, y fueron por
semejante recibidos por los castellanos en tal ma-
nera, que pronto amansaron la furia , é tan presto
como fueron envueltos lo» unos con los otros, acu-
dieron los ginetes castellanos sobre ellos é ficieron
tanto daño en ellos , que en poco espacio volvieron
las espaldas á huir, ansí los que quedaron enhestoíi
de los 300 como de los 500, después de se haber en-
contrado, é eso mesmo el peonaje francés se puso
en huida, de manera que los castellanos ovieron la
honra de la batalla é fueron vencedores, é los fran-
ceses fueron vencidos é desbaratados, é quedaron
dellos mueítos en el campo dos mil doscientos hom-
bres, é los que escaparon fueron huyendo por el
campo de Hoya por donde habían venido, é los cas-
tellanos fueron en pos dellos hasta que los encerra-
ron en el dicho lugar de donde habían salido, é allí
los cercaron, é tomaron, ó despojaron ; ó Monsieur
m
CRÓNICAS DE LOS REYES DÉ CASTILLA.
de Obení pot Se salvar tomó el camino de Melito, é
Baoza de Benavides é Alvarado los siguieron hasta
que se les encerró en Rocaganjito, é con la gente que
otro dia les siguió les cercaron, é enviaron por arti-
llería á Mesina, y lo tuvieron cercado treinta dias,
y en fin le tomaron é prendieron , é después lo lle-
varon á Ñapóles, desque se ganó, é llegó allá en 11
de Julio, é lo llevó Don Fernando é puso preso en
Castilnovo. E en dicho desbarate é vencimiento é en
la villa de Hoya tomaron los castellanos 600 prisio-
neros ; ansí que esta batalla fué en Calabria como
dicho es, ovieron los castellanos mas de 800 caba-
llos é 400 acémilas é mucho otro despojo que seria
luengo de escribir, sin morir hombre de los caste-
llanos, peón ni caballero, salvo algunos pocos he-
ridos : ¿ que se puede aquí decir sino que « á Dómino
Dfactum est istud mirabile in oculia nostris))? Esta ba-
talla fué antes que la que ovo el Gran Capitán en la
Chirinola otro dia, é luego se dio la Calabria toda al
Bey de España Don Fernando. Agora volveremos á
contar las cosas del Gran Capitán que atraa dejamos.
CAPÍTULO CLXXX.
De la batalla que el Gran Capitán ovo con el Virrey Doqne de
Nemours de Fraacia.
La batalla que el Gran Capitán ovo en Pulla con
el Virey francés Duque de Nemours fué desta ma-
nera : El Gran Capitán estaba de asiento en la ciu-
dad de Barletta, é salió de Barletta á pelear con los
franceses un Jueves tarde á 27 de Abril, año de 1503,
é salió porque de pura necesidad no podia hacer
otra cosa, porque el Virey francés Duque de Ne-
mours lo tenia casi cercado , é porque morían de
pestilencia en la ciudad, é porque tenían mucha ne-
cesidad de los mantenimientos é de otras cosas; é
antes desto, hallándose con poca gente é pocos di-
neros, el Gran Capitán al comienzo de la guerra en-
vió sus embaxadores al Emperador de Alemania
Maximiliano, consuegro del Rey de España, rogán-
dole á Su Alteza le socorriese con alguna gente , é
el Emperador le envió dos mil alemanes, é con ellos
nn sobrino suyo por coronel, que quiere decir capi-
tán, é antes que enviase al Emperador envió á decir
al Rey Don Femando que enviase socorro é gente en
Calabria, de donde procedió que le fué socorro de
España dos veces, como dicho es, antes de la bata-
lla de la Calabria, y los dichos alemanes vinieron y
allegaron á diez de Abril en Monfredonia; é como
el Gran Capitán lo supo, luego dio priesa en allegar
toda la gente que estaba por los aposentos, y envió
á llamar todos los 'capitanes , é recojidos todos á
Barletta, así los alemanes como los españoles, salió
el Gran Capitán, como dicho es , de Barletta aquel
Jueves tarde , é tomó el camino de la Chirinola , y
f uéles hacer noche cabe un rio que llaman Lef anto,
que estaba á seis millas del real de los franceses,
porque ellos tenían su real asentado en «el campo
acerca de Canosa ; é otro dia de mañana, Viernes 28
de Abril , el Gran Capitán con todo su campo toma-
fQu el camino de la Chirinola, que es una villa é for-
taleza que estaba por los franceses, é estaba de allí
diez y ocho millas, é fizo aquel dia tan grande sol é
calor, que pensaron todos ser perdidos de sed, por
que en todo el camino no habia poblado ni gota de
agua, y hallóse que aquel dia murieron treinta y dos
personas del ejército de sed, que en ninguna mane-
ra se pudieron remediar, porque fueron todas diez y
ocho millas sin reposar, y como los franceses loa
vieron ir y pasar y vieron la necesidad que lleva-
ban, é cuan casados llegaron , acordaron de ir á dar
sobre ellos. Puso el Gran Capitán tanta diligencia
aquel dia, que él mesmo tomaba á los hombres de
pié que venían cansados ó aquejados de sed, é los
llevaba á las ancas de su caballo ; é ansí hizo que
hiciesen los hombres de armas, é los ginetes, é da
esta manera escaparon muchos de los peones y no
dejaron rezagado ninguno, y en todo aquel camino
no cesó el Gran Capitán de dar con un frasco é un
tazón de beber á la gente, que si esto no hiciera
mucha mas gente se le ahogara. De los alemanes,
aunque era toda gente de á pié no se ahogó ningu-
no, porque iban pertrechados entre cada dos un
frasco lleno de vino é agua, que es un barril de ma-
dera. Llegó el Gran Capitán con su ejército á la Chi-
rinola aquel dia dos horas antes que fuese de noche,
y la gente cansada con mas gana de descansar quo
de pelear, ca venían muy deseosos de se hartar de
agua, y allí cabe la Chirinola están ciertos pozos, en
los cuales toda la gente cargó á beber, y los france-
ses que estaban en la villa y fortaleza, no hacían
sino tirar á la gente con la artillería á los pozos , é
plugo á Nuestro Señor que toda iba por alto y á nin-
guno ofendieron ni mataron. Estando la gente en
esto como dicho es, venia un trompeta francés so-
nando, é preguntando por el Gran Capitán, y el Gran
Capitán mandó que se lo trajesen ; y traído le pre-
guntó y el trompeta le dijo : «el Virrey mi señor haco
saber á tu Señoría que ha sabido tu salida, y que to
ruega que le esperes, que mañana será contigo y te
dará la batalla, y de su parte y de todos los prínci-
pes te lo digo y lo requiero.» El Gran Capitán res-
pondió : «Dile á su Señoría que yo soy salido de Bar-
letta á destruir todos aquellos que el mandamiento
del Rey de España, mi señor, no quisieren obedecer,
y que si su Señoría viniere, que aquí me hallará, y
que yo con la ayuda de Dios , de esta tierra no me
partiré hasta que vea la bandera de España sobre la
mas alta torre, con vencimiento , y de esto le hago
saber»; al qual trompeta mandó el Gran Capitán dar
de comer y beber, y le dio una cadena de oro é un
jarro, é un tazón de plata, é con esto se fué. E aquí
parece que los franceses engañosamente enviaron
el trompeta á aplazar la batalla para otro dia , pues
que luego á la hora vinieron en pos del trompeta ; y
estando así la gente del Gran Capitán aun no bien
aposentada, sonaban los tiros de pólvora de loa
franceses é venían las pelotas por cima del Real ¡
luego el Gran Capitán envió treinta y dos de á ca-
ballo ginetes á ver sí el Virrey venia ó estaba que~
do, los quales luego volvieron corriendo, é dijerou
como loa franceses venían con toda bu hueste ma^
DON FERNANDO
éérca, ordenada para dar en ellos, é estonces todo
el ejército de España se alborotó é puso en arma ; é
el Gran Capitán mandó tocar sus trompetas é tam-
bores, é mandó poner toda su gente en orden , para
pelear ; é mandó meter toda la gente en un circuito
grande que allí estaba de tiempo viejo que solia ser
viñas, é estaban allí unos valladares viejos derri-
bados, á la parte por donde los franceses habían de
venir, é mandó poner artillería á fuera de los valla-
dares, é mandó estar la gente de armas todas juntas
dentro del circuito, hacia la mano izquierda, é los
ginetes repartidos , la mitad con los hombres de ar-
mas, é la mitad con cinqüenta estradiotes griegos, á
la mano derecha, y cabe ellos todos los alemanes, y
en la delantera de los alemanes ochocientos estoperos
de los mesmos alemanes, y en medio toda la gente
española delante de todos, é junto á Cindaro mandó
que estubiesen mil y quinientos soldados todos con
lanzas cebaderas y rodelas para que á la ordenanza
que por allí viniese se las arrojasen todas á la par;
y juntos con ellos toda la ballestería y luego la pi-
quería, y los alabarderos ; y luego mandó que cuan-
do los trompetas tecasen que toda la gente en su
concierto fuese con ellos.
CAPÍTULO CLXXXI.
De la gente qae el Gran Capitán tavu en esta batalla, é de la que
tuvo el Virrey de Francia.
El Gran Capitán tenia de nómina, con los dos mil
alemanes, cinco mil y quinientos soldados, que eran
de á pié, é mil é quinientos de á caballo, que eran
los setecientos de ellos hombres de armas, é doscien-
tos archeros, é ciento y cinqüenta estoperos, é qua-
trocientos ginetes.
El Virrey y los príncipes del Reyno que estaban
con él en el campo puestos, tenían mil y quinientos
hombres de armas é ginetes, é siete mil peones, en
que era poca la ventaja de los unos á los otros, cá la
otra gente de mas que había de los unos y de los
otros guardaban las fortalezas, y los franceses pen-
saron que por estar la gente del Gran Capitán tan
cansada y fatigada del camino que no hubiera mu-
cho que hacer en vencer la batalla , y parece ser
engaño lo que el Virrey envió á decir con el
trompeta.
CAPÍTULO CLXXXII.
Del razonamiento que el Gran Capitán hizo á los suyos.
« Señores : mirad que las honras que los buenos
ganan venciendo á sus enemigos, en ningún ven-
cimiento se pueden ganar sin algún trabajo ; cum-
ple agora que todos trabajemos por vencer, porque
con este trabajo acabaremos de ganar lo que mucho
ya nos cuesta ; tomando esperanza en nuestro Se-
ñor, que los pocos á los muchos suelen vencer con
justicia, como nosotros la tenemos ; é acordaos de la
bondad de Nuestro Rey é Reyna á quien servimos,
y del mucho derecho que tienen é esto Reyno sobre
que andauíoa y estaüios; é llamad á nuestro aboga-
Ú DOÑA ISABEL.
101
do Santiago que bien podéis tener cierto que los
habernos de vencer, é sus, á ellos.» E los franceses
asomaron por un cerro muy llano, tirando con los
tiros de su artillería los mas furiosos del mundo, y
toda la gente del Gran Capitán se tendió en el sue-
lo, y los de á caballo sobre los arzones de las sillas
se acostaban porque no los cojiesen los tiros de las
lombardas, y allegados ya muy cerca del Real del
Gran Capitán cuanto un tiro de ballesta, ya el sol
se quería poner, mandó el Gran Capitán que la ar-
tillería suya jugase, la qual fué tal que ovo cañón
que dio por la batalla del Virrey, é del primer gol-
pe llevó quarenta hombres de armas ; y visto por el
Virrey y Capitanes franceses el daño que la artille-
ría les facía, arremetieron de hecho con sus lanzas
en ristre en la delantera del Virrey con ochocientos
hombres de armas, y en la rezaga los Príncipes del
Reyno, y ellos allegaron tan derechos y con tanta
ferocidad que fué cosa de maravilla ; y como al en-
cuentro primero no hallaron con quien encontrar,
dieron con el valladar viejo que allí estaba de pri-
mera necesidad, á dó ovieron de dar lado para tornar
á enristrar y al lado que dieron , los espingarderos
alemanes que eran los mayores espingarderos del
mundo, que el Emperador los envió los mas escogi-
dos entre cuantos tenia , asestaron á la batalla en
que mataron muchos de los franceses. Junto con
esta batalla allegó Monsiur de Sander el qual era Co-
ronel de todos los Suizos franceses, con todas las or-
denanzas, con las quales saltaron todos los soldados
arrojando las lanzas é saltaron con ellos toda la
gente del Gran Capitán diciendo juntamente victo-
ria, victoria, agrandes voces ; é la otra gente decían
que huyen que huyen ; é el Gran Capitán arreme-
tió á ellos con la gente de armas muy esforzadamen-
te, é los príncipes que traían la retaguardia atrás,
entráronse por la batalla adelante peleando con su
gente de armas é ginetes, y el Gran Capitán é loa
suyos los recibieron como convenia, é los ginetes y
estradiotus del Gran Capitán iban cerca de él, y to-
dos pelearon y trabajaron de tal manera , y se es-
forzaron á vencer, que los franceses no lo pudieron
sufrir, é volvieron su gente, y puestos en huida , la
gente del Gran Capitán siguieron el alcance aque-
lla noche hasta su Real, é como cerró la noche no
murieron mas, ca si de día fuera no fuera maravilla
no quedar hombre de ellos para que llevara la nueva
á Francia que no fuera muerto ó preso. Esto fecho
mandó el Gran Capitán tocar las trompetas á reco-
ger la gente, y mandó asentar su Real donde pri-
mero se habia dado la batalla é allí asentaron sus
tiendas. É Próspero Colona , capitán , siguió aquella
noche hasta el campo de los franceses, el qual se es-
taba asentado en la manera que el Virrey lo había
dejado, con sus tiendas armadas con cuantas rique-
zas y joyas tenían. El Próspero, y los que con él si-
guieron dieron por el Real, é mataron é robaron, ó
ficieron cuanto quisieron , y tomaron muy grandes
riquezas, é ovieron é trujeron el dinero todo que el
Virrey tenia cogido del Reyno.
Murió en la batalla el Virrey Duque de Nemours, ó
45
706
CRÓNICAS DE LOS REYES DE CASTILLA:
BU Capitán General , é murieron otros quince Capi-
tanes é mucha gente con ellos, que adelante se dirá
la suma de ella. Otro dia Sábado de mañana el Gran
Capitán estaba el mas pensativo hombre del mundo,
en non saber que había acaecido del Virrey, si era
vivo ó muerto, é mandó á pregonar por el Real que
qualquiera que le diese nuevas del Virrey muerto ó
vivo que le daria quarenta ducados de oro, en que
se halló que un soldado trujo un prisionero de la
Cámara é casa del Virrey, que habia aprendido en
el campo en las tiendas de los franceses, el qual dijo
que si él viese al Duque su Señor si era muerto que
él le conocerla, y luego el Gran Capitán le mandó
ir con dos capitanes á lo buscar, é yendo ansí el ca-
marero con los dos capitanes, vido á un soldado
llevar un pedazo de la ropa de brocado del Virrey
y luego lo llamó, y conoció el brocado, y comenzó de
llorar por su señor, diciendo que su señor era muer-
to ; é andándole á buscar con las señas que el ca-
marero habia dado, las cuales eran que el Virrey
era mancebo de fasta veinte y un años, y de gran
cuerpo é linda persona , y en la mano derecha dos
anillos , y que el Jueves pasado se habia bañado y
raido el cabello de abajo : el qual por estas señas
hallaron, con tres heridas, la una en la teta izquier-
da, la otra en el vientre, é la otra en la cara; y sa-
bido por el Gran Capitán, mandólo traer á sus tien-
das, con el qual el recibió gran dolor, y lloró mucho
de sus ojos, é llorando se retrajo á una cámara de
BU tienda, é se puso de pechos sobre una cama llo-
rando la muerte de tan lindo hombre, é luego man-
dó que lo abriesen y salasen , y mandó encender
viente y quatro hachas de cera que ardieron mien-
tras se aparejaron las andas para lo llevar, é mandó
á Don Tristan de Acuña que lo hiciese llevar á Bar-
letta muy honradamente, é lo ficiese enterrar en el
monesterio {^e San Francisco ; é después que esto
oviese fecho, que ficiese enterrar todos los otros
muertos; é el Capitán hizo ir con el cuerpo del
Virrey cien hombres de armas é una compañía de
Beldados, é los hombres de armas llevaban todos
sus hachas de cera encendidas en las manos, y al
tiempo que partió el cuerpo del Virrey así en las
andas para Barletta, quedó el Gran Capitán hacien-
do el mayor llanto del mundo de maravilla y do-
lor del.
El Gran Capitán mandó saber é facer copia de
loB muertos que murieron de los franceses en bata-
lla antes que los enterrasen , é dio cuenta el dicho
Don Tristan de Acuña que él hizo enterrar tres mil
y seis cientos y sesenta y quatro hombres, sin los
que él no vido que creía serian mas de otros cien.
Murió allí Monsiur de Sander, el qual era coronel de
todos los Suizos franceses ; é ovieron en aquella ba-
talla mas de mil prisioneros de los franceses, que
después resgató el Gran Capitán ; é luego aquel día
Sábado se entregó é dio la Chirinola al Gran Ca<
pitan. E luego aquel Sábado, otro dia después de la
batalla, el Gran Capitán envió á Pedro de Paz, ca-
pitán de hombres de armas, que fuese en pos de los
que habían escapado de la batalla francesa, el qual
partió luego con doscientos hombree de armas á
cinqüenta ginetes ; el qual , anduvo tanto, que llegó
áCapua, é halló que habían pasado los ¿anceses
la puente por allí, é iban la vía de Gaeta, los qualea
al pasar dijeron que iban á proveer la Ciudad, quo
tenían nueva de la gran armada de España que
iba, que no osaron decir que iban desbaratados
huyendo. La ciudad de Capua, sabida la verdad por
el capitán Pedro de Paz de la victoria del Gran
Capitán, alzaron sus banderas por el Rey de Es-
paña ; y juntáronse con el dicho Capitán quinientos
mancebos de la ciudad y fueron detrás de los fran-
ceses, é alcanzaron hasta cinqüenta hombres de
armas, é ciento infantes é hombres de á pié, que
prendieron é mataron, y Pedro de Paz dio la presa
á los Capuanos ; y ovo prisionero de ellos que les
valió quatro mil ducados de resgate. E el Gran
Capitán estuvo tres días en la Chirinola donde fué
la batalla, é de allí partió para Ñápeles señoreando
la tierra, y de esta manera que dicha es acaeció y
mas que he dicho, en la batalla de la Fulla que
ovieron franceses y españoles, donde totalmente la
gente é hueste francesa fué venoida ó perdida , é su
capitán el Duque de Nemurs, Viso-Rey por el Rey
de Francia muerto con los dichos capitanes de
Francia. Sólo el Gran Capitán Gonzalo Fernandez,
Capitán General por el Rey, é los españoles , fueron
vencedores é por maravilla que Nuestro Señor quiso
hacer de los españoles no murieron sino muy pocos;
la qual dicha batalla fué Viernes noche á 28 días de
Abril del Nacimiento de Nuestro Redemptor de 1503
años , é ocho días después de la batalla de Calabria
que vencieron los castellanos.
CAPÍTULO CLXXXIIL
De como Pedro de Paz, yendo en seguimiento de los réncidos,
tomó el castillo en el Careliano, é comenzó á facer gaeru i
Gaeta, é de como el Gran Capitán tomó á Melfa, y prendió al
Duque della; y de como se le dio la Pulla é Ñápeles, é tomó
á Castiluovo.
Partió el Gran Capitán de la Chirinola Lunes
primero dia de Mayo, la vía de Melfa é cercóla é
tomóla, é tomó al Duque de ella dentro, el qual dióse
luego con condición que lo dejasen estar en una
villa suya que se llama Trana, á él é á su mujer é
fijos, hasta esperar lo que el Rey de España mandara
á hacer de él. Esto fecho, luego pasado adelante el
Gran Capitán camino de Ñapóles, el dicho Príncipe
de Melfa se fué para los franceses, é dende á dos
dias que el Gran Capitán tomó á Melfa, se le vino
á dar toda la Pulla, con las llaves en las manos, de
las ciudades, villas é lugares é castillos que en ella
habia.
E de allí el Gran Capitán fué sobre Ñapóles , y
asentó su campo en un lugar que llaman la Cherra,
y de allí envió sus embaladores á Ñápeles, al Re-
gimiento y Señores, á les rogar y requerir que se
diesen y alzasen banderas por España ; y la ciudad
acordó luego de le enviar y entregarla ciudad, con
tal que les confirmase sus privilegios, é el Graq,
Capitán fué á Algandelo, que es ocho millas dg
DON FERNANDO
Ñapóles , é allí salieron á contratar con él el conde
de Matera, y los síndicos de Ñapóles, y asentaron
eu capitulación para entregarle la ciudad, é á 15 de
Mayo entró en la ciudad al Gran Capitán con todo
Bn campo, é le ficieron muy noble recibimiento los
de la ciudad con toda la clerecía, y fué metido de-
bajo de un muy rico paño de brocado, en sus cetros
que llevaban los mayores de la ciudad, é fueron
ansí hasta donde se aposentó que fué en las casas del
conde de Matalón, que son al collegio de la Capua-
na, y puso un alcaide que luego alzo banderas por
todas las torres, diciendo «España, España.»
La gente de ordenanza se aposentó en la Rúa Ca-
talana, cerca de Castilnovo; y de allí salian dende
adelante cada tarde á dar vista á Castilnovo todos,
é los franceses del castillo salian á escaramucear á
pié con ellos, é en tal manera, é en tales lugares se
ponían los españoles, que siempre los franceses iban
descalabrados, cada vez que salian, é por otra
parte los minaba el Gran Capitán como no lo sen-
tían.
Domingo á 28 del dicho mes, se tomó la torre de
San Vicente, la qual tomó Pedro Navarro, con
solo 30 hombres, que fué cosa de maravilla, é pasó
en una barca allá; é estaban en la torre quarenta
hombres con mucha artillería, é apretó tan recio con
ellos, é comenzó de cabar para hacer reparo por
amor de los tiros, y ellos pensaban que los mina-
ban, y dentro en quatro oras se les dieron, y luego
de allí dio tanta guerra á Castilnovo y al del Ovo
que no dejaba asomar persona.
CAPÍTULO CLXXXIV.
De el Castil Novo.
El Gran Capitán fizo minar el Castilnovo y nun-
ca sintieron los franceses que en él había que es-
taban cercados, y esto se hacia al tiempo que los
cercadores les combatían é escaramuceaban con
ellos , por que no lo oyesen , y fué tanta la ventura
y los engaños que el Capitán Pedro Navarro les
hizo, que no miraron ni sintieron los franceses nada
basta que la mina fué acabada ; é la mina acabada,
mandó el Gran Capitán tocar las trompetas dicien-
do que les quería dar batalla ; é había en el Castil-
novo setecientos hombres escogidos de pelea , con
mas artillería, municiones y bastimentos que nunca
Castilnovo tuvo, ca diz que tenian recado para diez
años; é los franceses como oyeron las trompetas,
salieron luego fuera á la Ciudad al lado del Castillo
donde estaba el Gran Capitán creyendo que les
quería escalar; y allí mandó el Gran Capitán que les
tirasen con los peltrechos de todas partes, y como
el Gran Capitán vido que los franceses estaban
embebidos en pelear, mandó á todos los capitanea
que retrujesen á fuera toda la gente española ; y
la gente tirada á fuera, mandó que le diesen fuego
á la mina, é ansí que le dio fuego vino abajo un
lienzo del adarbe de la Ciudadela, con toda la
gente que en él estaba, muy súpitamente, con un
ftstruendo que pareció que toda la ciudad se hundía.
K DOÑA ISABEIi. 707
Arremetió la gente del Gran Capitán, é entrároust*
á las vueltas peleando con los franceses en la
Ciudadela, é los franceses huyeron á meterse en el
castillo por la puente levadiza, é los españoles lea
dieron tanta prisa, que nunca pudieron, alzar la
puente ni cerrar las puertas, é todos de tropel se
entraron dentro en el castillo juntos. A las vueltas,
el Gran Capitán y dentro pelearon muy fuerte-
mente, y de los primeros que entraron en el patío
por la puerta del castillo fueron quatro que dijeron
en el patio «España , España.» A los tres dellos hi-
cieron los franceses pedazos, y el otro escapó con
seis heridas ; y los españoles que por la puerta del
castillo no podían entrar los viérades entrar por loa
adárvese por las ventanas, é aun por las picas
arriba se subían , é andaban tanto por cada parte
peleando, cubiertos todos de pólvora del artillería,
que era espanto de lo ver; é en fin el Gran Capitán
fué vencedor, é los suyos en espacio de dos horas
tomaron el castillo, é ovo en él tantos muertos y
heridos, que todo el patio del castillo era lleno de
chorros de sangre, é había tantos brazos é pier-
nas, é cabezas cortadas que no había hombre que
no se espantase. E murieron de los franceses, según
lo que se pudo saber, quatrocientos ó mas hombres,
é de los españoles treinta no mas, ansí heridos como
quemados con pólvora ; é tomado el castillo, luego
alzaron las banderas por todas las torres , diciendo
«España, España »; de lo cual todos los de la ciudad
fueron muy espantados y maravillados del gran es-
fuerzo del Gran Capitán, y de la gente española.
Ovieron allí el Gran Capitán y su gente muy gran
cabalgada, de mucha moneda, oro é plata, joyas,
armas, mantenimientos, é muchos atavíos, é ha-
ciendas que otros habían allí puesto, en guarda de
los contrarios del Gran Capitán, y todos prisioneros,
lo qual fué en muy gran suma: á la munición no
tocaron en ninguna cosa.
El Gran Capitán, viéndose así victorioso, dio
muchas gracias á Dios y á Nuestra Señora, por tan-
tas mercedes como le habían fecho, é mandó enter-
rar los muertos, é curar los heridos, é aposentóse lue-
go en el dicho castillo. Fué tomado el dicho casti-
llo Novo, como dicho es, en 11 de Junio de 1503 años.
Acordó el Gran Capitán dejar sitiado el Castillo
del Ovo, que de los cuatro castillos no habia otro
por tomar, é ir sobre Gaeta, é puso por Capitán del
cerco á Pedro Navarro, é dejó por Alcayde en el
Castilnovo que ganó á Ñuño de Ocampo, un capitán,.
y concertó ir sobre Gaeta, y así lo hizo, ca dejó el
cerco sobre el Castil del Ovo, y á buen recaudo como
dicho es.
En fin del mes de Julio se juntaron Don Fernando
de Andrada é los otros capitanes de Calabria con
la hueste del Gran Capitán sobre Gaeta.
CAPÍTULO CLXXXV.
De Gaeta ¿ sas cercos que tavo.
Partió el Gran Capitán de Nápolea para poner ei
cerco á Gaeta á 18 d^m d© Junio, año Je 1503, y
70S
CRÓNICAS DE LOS REYES DÉ CASTILLA.
fué con su campo por Aversa é Capua é otros lu-
gares, donde fué recibido con mucho placer é ale-
gría y honra, y fué el dia de San Juan á San
Germán , el qual estaba tomado por los españoles
desde el dia propio que se tomó Oastilnovo; é tomá-
ronle Diego García Coronel , é Samudio, capitanes,
con mil y quinientos peones : quedó entonces cerca
de allá en el monasterio de San Benito en el Monte
Cansino, Pedro de Medices, con fasta doscientos
franceses; púsose con ellos el Gran Capitán en trato,
por no se detener, que iba la via de Gaeta, y que-
daron de se dar dentro de 12 dias, lo qual no cum-
plieron, é ansí quedaron por estonce, que no se pudo
facer mas ; que iba mas en lo de delante.
Fué á asentar su campo á las viñas de Ponto
Corvo á 26 dias del dicho mes, ribera del rio Ga-
rellano; é víspera de San Pedro se levantó el campo
é pasó el dicho rio, y se fué á asentar al pié de Roca
Guillermo, que estaba por los franceses, los qual es
80 pusieron en defender, y á otro dia acordó el
Gran Capitán de la combatir, y sacó toda su gente
y ordenó todos sus escuadrones para subir á ellos:
y cuando esto vieron los franceses desampararon la
fortaleza y el lugar, y f uéronse por el cuchillo de
una sierra camino de Gáeta, é abajaron los del
lugar con las llaves en las manos al Gran Capitán
y entregáronle la villa y la fortaleza con condición
que la gente del ejército no entrase dentro por que
no los robasen , y que darían de servicio cinco mil
ducados para ayuda de pagar la gente, y así se
concertaron, y quedó allí por Gobernador y Al-
cayde DonTristan de Acuña, y pasó el campo ade-
lante.
A primero de Julio se fué á asentar el campo en
el Burgo de Gaeta , año de 1503, é fué puesto el
cerco á la ciudad , y había dentro tres mil y qui-
nientos hombres útiles de guerra, é había mil y
quinientos caballos é tenian hechos tantos reparos
dentro en Gaeta y en el monte de ella, é tanta arti-
llería asentada que no se podría decir; y era la
entrada tan angosta al lugar é monte, que causaba
mucho peligro, porque toda la cerca la mar, salvo
aquella entrada, que podía ser un tiro de ballesta
de pié.
Tiraban al real del Gran Capitán de trece partes
con su artillería, de que les facían muchos daños,
en especial antes que se asentase el artillería del
Gran Capitán, con la qual después de asentada, les
derribaron dos paños de la cerca , con una torre en
medio, y por allí acordaron de la combatir ; y el dia
que se acordó se halló que tenia el reparo que esta-
ba dentro fecho mas fuerte que la muralla, é por
aquello se dejó el combate ; é estando en el dicho
cerco, vino la nueva como era tomado el Castil del
Ovo.
CAPÍTULO CLXXXVI.
De como 8e tomó el Castil del Ovo en Ñapóles.
A 11 días de Julio se tomó el Castil del Ovo y fué
desta manera: Que Pedro Navarro, que allí habia
quedado por capitán, les fizo una mina y les pusd
fuego, y cayó un gran pedazo delantero, en que ca-
yó el Alcayde y otros treinta hombres con él, y en
cayendo arremetió la gente por lo caído, y lo toma-
ron por fuerza de armas é ovieron allí mucho des-
pojo de armas é ropas, dineros, vituallas é prisione-
ros ; é dende se vino Pedro Navarro á Gaeta.
Volviendo á lo de Gaeta.
Acordó el Gran Capitán con los otros capitanes
de retraer el cerco por el gran daño que recibían del
artillería francesa, ansí de la que tiraban de la ciu-
dad, como de la que tiraban de la armada de la mar,
ca como la armada francesa de la mar era mas po-
derosa que la de España entonces, por eso no podía
allí venir la armada del Gran Capitán, é estuvo si-
tiada treinta y seis dias, é pegado el Real del Gran
Capitán á la muralla, que en este tiempo ovo pocas
escaramuzas, que no osaban salir ; una vez que sa-
lieron hasta veinte de ellos fueron atajados por los
ginetes castellanos, por ardid que dio Ñuño de Ma-
ta por detras de unos jardines ; ansi que aquellos se
tomaron y después no osaba hombre salir, é cuan-
tos salían no tornaba hombre de ello que no fuese
tomado.
E vínole de socorro á la ciudad mil y quinientos
hombres en dos carracas é cinco galeones, á quatro
dias del mes de Agosto, é á cinco días del dicho
mes se retiró el real, é aquel dia murió el coronel d©
los alemanes de un tiro de la artillería francesa,
que le llevó la cabeza, é el Real se retrujo á los jar-
dines que estaban fuera del Burgo cerca de una
Iglesia que se llama Santiago. Otro dia se alzó da
allí y fueron una milla mas adelante^, camino do
Castillon ; é salieron aquel dia de Gaeta hasta dos
mil é quinientos franceses á dar en la rezaga del
campo de el Gran Capitán ; é el Gran Capitán venia
á la postre, é tuvo su gente que no volviese ninguno
hasta sacarlos mas afuera del Burgo suyo , y des-
pués que los vio en el arrabal soltó hasta quatrocien-
tos peones, los quales volvieron á ellos tan recia-
mente, que los desbarataron é hicieron poner en
huida y en el alcance mataron hasta doscientos do
ellos hasta meterlos por las puertas de Gaeta, E ti-
rado el Real de donde estaba , se arredró quatro mi-
llas de Gaeta , donde los franceses se estaban tan
cercados como de antes é mas sin peligro el campo
de España de su artillería de Francia, y no salía
hombre de los franceses á comer uvas, que luego no
era tomado.
CAPÍTULO CLXXXVII.
De la traición que hicieron los de Roca Guillermo.
A 14 de Agosto los de Roca Guillermo enviaron á
decir á los franceses que estaban en Gaeta é á Mon-
sieur de Alegre, que les embiasen allí gente que
ellos se les darían, y prenderían al Alcayde el qual
era Don Tristan de Acuña, que sabían muy bien co-
mo otro día habia do bajar á misa, y que allí lo pren-
derían , é se lo entregarían con la fortaleza ; y asi
como lo dijeron se concertó : y prendieron á el AU
DON FERNANDO
cayde y lo llevaron al pié de la fortaleza , y requi-
rieron á tres hombrea que estaban dentro quo se
diesen, que sino que degoUarian al Alcayde , y res-
pondió uno de ellos que si lo dejaban de degollar
por falta de cuchillo que tomasen su puñal, que les
echaba, y echóles su puñal ; y que si gana tenian,
que lo degollasen, que ni por eso se le habia de dar
el Castillo hasta que se lo echaran encima, y que
ellos lo entendían defender c comenzáronles de ti-
rar, E como el Gran Capitán supo la nueva, envió
allá á Pedro Navarro con mil peones á socorrerlos, é
fué aquella noche por partes de la sierra y llegó
á media noche á la fortaleza , y preguntóles quien
vivia y dijéronle los de adentro España, España , é
díjoles estonce como era Pedro Navarro, é fizo su
gente dos partes, y la mitad mandó que entrasen
por debajo en la Villa, é el con la otra mitad entró
por lo alto, de manera que de stis cientos franceses
que dentro estaban , pocos escaparon de muertos ó
presos; é estos seiscientos franceses que allí estaban
é vinieron á prender el Alcayde é tomar la villa, en
la hora que allí litigaron enviaron á pedir mas gen-
te á Gaeta, para sostener Roca Guillermo , y los de
Gaeta les tornaron á enviar otros seiscientos hom-
bres ; los quales yendo por el camino , los villanos
de un lugar que estaba par del camino, el cual se lla-
ma Itro, supieron el desbarato que habia echo Pedro
Navarro en los de Roca Guillermo , é pusiéronse
ellos en un paso, y prendieron y mataron todos los
seiscientos franceses, que iban al socorro ; y con los
que prendieron vinieron ante el Gran Capitán ; é
traíanlos atadas las manos, y muchos de ellos traían
mugeres que se habían hallado aquel día al pozo
peleando ; é así entraron aquel día al Gran Capitán
por Castellón donde estubieron fasta cinco de Oc-
tubre.
CAPÍTULO CLXXXVIII.
De como el Duque Valentino escribió al Gran Capitán.
Murió el Papa Alejandro á 18 días de Agosto, año
susodicho de 1503, y el Duque Valentino, su hijo,
escribió al Gran Capitán ofreciéndose al servicio del
Rey de España, y envió á llamar á Próspero Colona
diciendo que le quería entregar su estado, é con
esto el Gran Capitán envió al Próspero Colona, é con
él á Don Diego de Mendoza, con muy buena gente de
hombres de armas y peonaje. Y después de la muer-
te del Papa Alejandro eligieron por Papa en Roma
aun Cardenal muy viejo, é ovo alguna contienda
en la elección entre los Cardenales, é detúvose la
elección algunos días, é en cabo eligieron al dicho
Cardenal, el cual se llamó Pió tercero, é murió quo
aun no vivió treinta dias cabales ; é después eligie-
ron al Papa Julio Segundo, quo fué el Cardenal de
Vincula Sancti Petri ; ó la gente que llevó el dicho
Próspero Colona para Roma, que el Gran Capitán
dio, fueron quinientos hombres de armas é doscien-
tos ginetes, é dos mil y quinientos infantes de or-
denanza, y cuando llegaron ya habían elegido Papa
en Roma, ca Próspero Col-^na iba onn su intención
É DOÑA ISABEL. 70§
de dar favor al Cardenal Colona 8U hermano para
si pudiese ser Papa. El Próspero Colona y Don Diego
de Mendoza, con toda aquella gente entraron en
Roma, y el Duque Valentino después de les haber
entregado el Próspero lo suyo, acordó de se ir par»
los franceses que venían al socorro de Gaeta, y allí
conocieron el engaño del Duque Valentino.
B los españoles en Roma, vino el grande socorro
de Francia que venia á Gaeta, é cerraron las puer-
tas de Roma los de la ciudad que no los dejaron en-
trar hasta que saliesen Próspero y^Don Diego^de Men-
doza , y así salidos de Roma se volvieron al Gran
Capitán.
Partió el Gran Capitán de Castellón, Viernes á 6 de
Octubre, é como supo la venida de los franceses, é
fué aquella noche al rio Careliano, y otro día pasó
el rio é fué á Roca de Vanda, que estaba por los
franceses, y así dejó gente sobre ella é se pasó otro
día Domingo á San Germán, é allí se hizo fuerte.
Viernes á 13 dias del mes de Octubre se juntó la
gente francesa toda, así los que venían como los de
Gaeta, al río Careliano. Venia por Capitán general
de la gente del socoro el Marqués de Mantua, é fizó-
se un muy gran número de gente é muy armada é
con mucha artillería, porque allende de la gente
francesa, venia gente de Florencia ó Boloña, é Sena,
é Mantua, é Ferrara, donde es cierto que era muy
mayor ejército que no el del Gran Capitán, é toda
la dicha gente junta pasó aquel dia el rio Garellano,
CAPÍTULO CLXXXIX.
De Roca Seca, y de lo que ende acaeció.
Asentaron los franceses cerco sobre Roca Seca á
15 del dicho mes, que es junto con el Careliano, y
tenia puestos allí el Gran Capitán mil é doscientos
hombres, y los capitanes de ellos eran Pizarro , Ví-
llalva , Zamudio, Mercado y Espejo. E el Marqués
de Mantua lea envió un trompeta amonestándoles
que saliesen é dejasen el lugar, donde no, que los
haría piezas si lo tomaba ; esto era por que primero
al pasar, cuando la gente de Francia pasó por allí
viniendo de Roma, les habia fecho otros requeri-
mientca que sacasen provisiones al campo, y ellos
respondieron que no habia provisiones alli, que fue-
sen á San Germán que allí se las darían ; é como vie-
ron venir el trompeta, Villalva y Pizarro salieron á
él é oida su embaxada , Villalva sacó un cordel , y
con él lo ahorcaron de un olivo, de lo qual el Mar-
qués recibió muy grande enojo de la muerte del
trompeta, porque era hombre á quien tenia mucho
amor, y decía que no daría vida á ningún español
que tomase, é acordó luego de combatirlos, é luego
batió la artillería ó allanólea un gran pedazo de la
muralla ; y luego los franceses apretaron el comba-
te ; é los españoles no tan solamente se contentaron
con defender el lugar , mas salieron á pelear é ficié-
ronlos retraer fasta detrás de su artillería, é matáron-
le-? mas de quatrocientos hombres, é ganáronles la
artillería, é porque cargó todo el exército é era me-
nester mucha gente para arrancarla, no la pudiercr|
710
CRÓNICAS DE LOS RE ÍES DE CASTILLA.
llevar, y asi tornaron al dicho lugar con esta victo-
ria, é estuvieron allí los franceses en la llana de
Koca Seca impedidos con las muchas aguas que 11o-
via, que llovió en aquel medio tiempo tantas aguas
que era espanto ; y el Gran Capitán nunca hacia
Bino pensar cómo les burlaria, y los franceses traba-
jaban de dar batalla, y el Gran Capitán decia : si
jne quieren aqui estoy ; los quales nunca osaron ir
donde estaba el Gran Capitán. E otro dia, después
de la pelea susodicha, acordáronlos franceses de
tornar á combatir á Roca Seca, é súpolo el Gran
Capitán que estaba ocho millas de allí, como dicho
es, en San Germán, y acordó de venir á los socor-
rer luego si les diesen el dicho combate ; é supiéron-
lo, é díjose por el Real de los franceses que venia el
Gran Capitán sobre ellos, é levantaron el Real é tor-
naron á pasar el Careliano, é como el Gran Capitán
ya venia é supo la levantada del exército de los
franceses, volvióse para San Germán, donde á dos
dias tornaron otra vez los franceses á pasar el Ga-
rellano hacia la parte donde estaba el Gran Capi-
tán, é fueron á aposentar á un lugar que llaman
Aquino, de donde fué Santo Thomás de Aquino, que
era seis millas de San Germán ; é des que vieron que
el Gran Capitán estaba de asiento , f uéronse de allí
é retrajéronse hasta Ponte Corvo que estaba quatro
millas atrás, é á causa de ser el dia muy lluvioso, ó
muy fortunoso de aguas é Jvientos, no los alcanzó
el Gran Capitán, é no se dio batalla ; que así como
Be supo que se movia, salió de San Germán con toda
la gente , é fué tanta el agua que llovió aquel dia,
que aunque el Gran Capitán se dio priesa, no pudo
allegar hasta que los franceses acabaron de pasar el
lio, é desque esto vido se volvió á San Germán.
jEsto fué á 21 dias del mes de Octubre, é de allí en-
vió estonces socorro á Pedro de Paz , capitán que
estaba del cabo de Careliano, é envióle doscientos
ginetes é por capitán de ellos á Figueredo, Alcayde
de Morón , y en su compañía al capitán Carbajal,
porque creyó que los franceses iban allá sobre ellos
»1 castillo que estaba cabe la puente, por donde ha-
bían de pasar ; y el dicho Pedro de Paz tenia sus
reparos hechos de la parte de Ñápeles, en canto del
agua con sus minas, por donde andaban, por causa
de la artillería que los franceses allí habían envia-
do delante, la qual les daba mucha guerra y todo
cuanto en el castillo tenían pasaron á las minas; y
tenia consigo doscientos hombres de armas, é qui-
nientos soldados del Reamen, los quales como vie-
ron venir los franceses , tan de hecho desampararon
pus reparos y comenzaron á huir, que si los hombres
de armas allí no estubieran, pasaran los franceses á
donde quisieran ; lo qual como Pedro de Paz vido
huir los villanos, cabalgó en un caballo y comenzó á
detenerlos á palos y lanzadas, los quales dejaron las
armas y votaban á huir que no podía con ellos; tanto
fué el miedo que ovieron de la mucha gente france-
ea, y gran artillería que vieron venir ; é allí le mata-
ron á Pedro de Paz el caballo de un tiro de artillería;
é tomó luego otro trabajando por volver alguna
gente, y fueron muy pocos los que volvieron.
E llegados los franceses, trabajaron de pasar la
puente de piedra, é Pedro de Paz con los que tenia
la defendieron muy esforzadamente , é fué cosa de
maravilla que á tanta gente la pudieron defender ;
y con la gente que el Gran Capitán les envió, como
dicho es, de socorro , se esforzaron mucho é la de-
fendieron , ó pelearon con los franceses tres dias
con sus noches á botes de lanzas, sobre la puente, y
siempre la defendieron hasta tanto que el Gran
Capitán vino y se asentó á vista de los franceses á
tres tiros de ballesta del Careliano de la parte don-
de estaban los españoles, é mandó á Pedro de Paz
que dejase la puente desamparada para que pasasen
si quisiesen los franceses ; é estonce asentó bien su
campo y mandó á Pedro Navarro quemase la puen-
te, el cual fué y quemó lo que era de madera ; y los
campos asentados uno de un cabo del rio y otro del
otro, el Gran Capitán mandó asentar el artillería ha-
cia los franceses, y tirar, y así mismo hacían los fran-
ceses, donde se mataba harta gente, y fué maravi-
lla que en cuanto tiempo allí estubieron los campos
el uno á vista del otro, no murió hombre del campo
del Gran Capitán de tiro de la artillería francesa,
salvo un dia que á causa de la gran hambre que
había en el campo del Gran Capitán, toda la mas do
la gente andaba fuera del campo, buscando provi-
siones para comer, é los franceses sintieron la fla-
queza de la hambre y necesidad que en el campo
del Gran Capitán había, y ordenaron de pasar so-
bre una puente que habían hecho sobre galeras en lo
quebrado de la puente ; y pasaron á mas andar
cuantos pudieron , y el Gran Capitán desque supo
que pasaban mandó tocar las trompetas y tambo-
res, el qual se halló con muy poca ¿fente, que en
todo su campo no había de hombres de armas é gi-
netes é infantes cinco mil hombres, con los qualea
fué á la puente, y ya habían pasado hasta quatro mil
franceses en los quales dio é peleó con ellos en qu©
los desbarató ; é de muertos é de ahogados ovo en
los franceses mas de dos mil, que por huir se lanza-
ban en el agua, en el rio, y todo esto á vista del cam-
po de los franceses, el rio en medio, é asestada su
artillería é flechería de los franceses.
El Gran Capitán andubo en esta pelea, peleando
á pié, con una alabarda en las manos, como muy
esforzado varón, y llegó hasta la puente peleando,
y no cesó hasta que los hizo tornar á pasar de la
otra parte, é ovo banderas de las del Gran Capitán
que pasaron detras de los franceses á la otra parte
con ellos ; y el Gran Capitán, des que vido la buena
ventura y el vencimiento que Dios le había dado,
mandó tocar las trompetas á retraer toda su gente:
y al volver que se volvían disparó la gran artille-
ría francesa, é matóles treinta hombres de ordenan-
za é dos ginetes é cinco hombres de armas : é lue-
go esa noche volvió á mandar el Gran Capitán á
Pedro Navarro que fuese y quemase aquella puen-
te, el qual fué y la quemó aquella noche con toda la
guardia que en ella estaba guardándola, de lo qual
los franceses fueron muy espantados, y llenos de
temor, y de alli en adelante no curaron de hacer
DON FERNANDO
toas puentes. E des que el Marqués de Mantua, Ca-
pitán general de los franceses, vido la ferocidad
del Gran Capitán, y de todos los suyos, y de como
Be metían tan sin temor en los franceses y no les te-
mian,ni á sus grandes artillerías dijo: «agora creo
yo que ios españoles no son hombres , sino diablos,
pues que pocos á muchos, ni muchos á pocos ningún
temor enseñan »; é como caballero docto é diestro en
la guerra, que él era, conoció la gran prudencia del
Gran Capitán, y su muy grande esfuerzo y habili-
dad, y la obediencia y lealtad y muy buena volun-
tad que todos los españoles le tenían, é vido la gran
gana con que todos peleaban, conoció que era im-
posible los franceses prevalecer en esta demanda,
cuanto y mas por las victorias habidas por el Gran
Capitán, que en recordarse de ellas no había cora-
zón contra el Gran Capitán ni sentido que bastare,
y fingió que estaba malo y que se quería ir á Roma
á curar, de lo qual los franceses fueron muy mal
contentos é ovieron enojo. Mosiur de la Tramulla,
é Mosiur da Alegre, é Mosiur de la Vite é otros ca-
pitanes, diciendo contra el Marqués de Mantua que
para qué se había encargado del campo si entendía
dejallo ; el qual respondió que el había prometido
al Rey de Francia de descercar á Gaeta , y que ya
lo había hecho, que el no quería pelear con el Gran
Capitán, ni con los españoles, que ya los conocía, y
con esto se despidió, y se fué en Roma, y quedaron
por capitanes mayores Mosiur de la Tramulla, é Mo-
siur de Alegre , é por Capitán ¡general sobre todos
el Marqués de Salucia, que era Mosiur de Saluces.
Antes desto el Domingo, 6 días del mes de No-
TÍembre, había entrado el Gran Capitán en consejo
con los otros sus capitanes sobre ver lo que se debía
facer sobre las muchas necesidades que había en
el Real, á la qual causa la gente se iba, y el parecer
de todos los capitanes fué que se retragesen atrás
á la ciudad de Capua que es muy fuerte, y que allí
86 podía sofrir, y que allí esperasen á los franceses,
6 esperasen á que pasase el tiempo fortuno ; é res-
pondió el Gran Capitán, después quo todos habían
dicho, é dijo: «Señores, lo que á mí me parece es que
nunca Dios quiera que tal cosa se haga, que yo
acuerdo de antes ganar dos pasos adelante, aun-
que sean para mi sepultura, que tornados atrás para
mi salvación y remedio»: y con este acuerdo queda-
ron el Domingo 5 días del mes de Noviembre, un
día antes de la batalla; y luego Lunes 6 de Noviem-
bre fué la dicha batalla de la puente, que los fran-
ceses hicieron como dicho es.
CAPÍTULO CXC.
De como se tomó á Gaeta.
Martes siguiente, á 7 de Noviembre, se pregonó
la batalla en el campo del Gran Capitán contra los
franceses, porque ellos la enviaron á demandar al
Gran Capitán, é el Gran Capitán se la otorgó, y les
envió á decir que él se proferia, que hasta que toda
BU gente fuese pasada y toda su artillería, que nin-
gún acometimiento les faria. por ende que todog
É DOÑA ISABEL. 711
pasasen que á todos juntos quería esperar, y aco"
meter ; é los franceses no osaron pasar, é por mos-
trar cora